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Eutanasia y cine

BENJAMÍN RIVAYA RICARDO GARCÍA MANRIQUE VÍCTOR MÉNDEZ BAIGES

Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant. com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección:

JAVIER DE LUCAS Catedrático de Filosofía del Derecho

© BENJAMÍN RIVAYA RICARDO GARCÍA MANRIQUE VÍCTOR MÉNDEZ BAIGES

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 020 - 0


Prólogo.........................................................................................

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¡No hay salida! Eutanasia y cine B. Rivaya 1. Trilogía cinematográfica de la eutanasia: Las invasiones bárbaras, Mar adentro, Million Dollar Baby ............. 1.1. Pero ¿qué es la eutanasia? ............................................ 1.2. La Asociación DMD versus la Iglesia Católica ............. 2. Otra filmografía sobre la eutanasia .................................. 2.1. El cine del suicidio ........................................................ 2.2. Y algunas referencias a la deshumanización de la medicina y el encarnizamiento terapéutico en el cine ..... 2.3. Hitos para una historia del cine de la eutanasia ......... 2.4. Tópicos del cine de la eutanasia ................................... 3. ¿Un cine contra la eutanasia? ........................................... 3.1. Capra, el suicidio y la eutanasia ................................... 3.2. Cuidados paliativos en el cine ...................................... 3.3. Una mirada realista sobre la eutanasia: Sidney Lumet.................................................................................. 3.4. Eutanasia, cine antropológico y de ciencia ficción ..... 4. Una conclusión y algunos temores ................................... 5. Filmografía citada ............................................................... 6. Bibliografía utilizada .......................................................... 7. Algunas páginas web ..........................................................

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Million Dollar Baby R. García Manrique 1. Equilibrio, compromiso y fidelidad ................................. 1.1. Hechos el uno para el otro ............................................ 1.2. Fidelidad a prueba de managers .................................. 1.3. El accidente ................................................................... 1.4. El compromiso de Frank .............................................. 2. La relevancia del contexto ................................................. 2.1. Media hora de eutanasia en dos horas de película ......

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Índice


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Índice

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4. 5. 6.

2.2. Condiciones de legitimidad de la eutanasia (en hipótesis) ............................................................................... 2.3. Actualidad en perspectiva de las condiciones.............. 2.4. Privación de la capacidad de obrar y legitimidad de la eutanasia ........................................................................ 2.5. El sentido de la vida de Maggie .................................... 2.6. Autenticidad de la voluntad .......................................... 2.7. El morir como parte del vivir ....................................... Una cuestión personal ........................................................ 3.1. Frank se las arregla solo................................................ 3.2. El lugar del personal sanitario...................................... 3.3. El lugar del derecho ...................................................... 3.4. Religión y autonomía moral ......................................... Conclusión: la dignidad de la vida de cada uno............. Ficha de la película ............................................................. Argumento ............................................................................

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Salida, voz y eutanasia V. Méndez Baiges 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.

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Un nuevo protagonista ....................................................... La salida y la voz ................................................................. La convivencia entre la salida y la voz ............................. La vida sin salida y la muerte sin voz .............................. Se prepara la cooperación entre la salida y la voz ........ El estallido de la salida y de la voz................................... La muerte con voz ............................................................... La necesidad de la salida y de la voz ...............................

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a eutanasia es una de las cuestiones más controvertidas de nuestro tiempo, una de esas cuestiones que no dejan indiferente a casi nadie. Así lo atestiguan la prensa y los telediarios, la crónica policial y la de los tribunales, los debates públicos entre partidarios y detractores, los proyectos legislativos, la literatura bioética… y el cine. En los últimos años se han estrenado unas cuantas películas que cuentan historias de personas sometidas a graves e irreversibles padecimientos causados por un accidente o por una enfermedad y que, por ese motivo, desean morir y piden a los demás que les ayuden a hacerlo en las mejores condiciones. No es difícil comprender el interés que estas historias tienen para el cine: para empezar, los casos de eutanasia tienen una carga dramática considerable que garantiza un impacto emocional en el espectador y su inmediato compromiso con aquello que se le está mostrando. A esa carga dramática se agregan además, aumentándola, otros factores de naturaleza diversa

que rodean a la muerte contemporánea y que la hacen aparecer de manera distinta a la de otras épocas: por una parte el avance imparable de una medicina altamente tecnificada, la deshumanización de las relaciones entre los pacientes y el personal sanitario, el aumento generalizado de la esperanza de vida y, por otra, la secularización de las creencias y de las esperanzas, la creciente valoración de la autonomía individual, la mayor conciencia de los propios derechos por parte de las personas en general y de los enfermos en particular, acaso también una mayor sensibilidad hacia el sufrimiento, al menos hacia el sufrimiento de los que tenemos más cerca. Todo ello se une a la capacidad de los medios de comunicación para hacernos próximas historias que suceden más allá de nuestra vida cotidiana. De aquí el interés público por la eutanasia y su reflejo cinematográfico, plasmado en un buen número de películas de calidad que interpelan al espectador y le exigen reflexión y respuesta. Este libro está compuesto por tres estudios de contenido y estilo bien distintos pero

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coincidentes en la atención que prestan al carácter individual y trágico de las situaciones eutanásicas. Benjamín Rivaya ha escrito sobre los hitos fundamentales de la historia del cine de la eutanasia; Ricardo García Manrique lo ha hecho sobre la muy notable película de Clint Eastwood, Million Dollar Baby; y Víctor Méndez Baiges recurre a las categorías de la salida y de la voz, tal como las propuso el economista Albert O. Hirschman,

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para mostrar esos rasgos de los que venimos hablando y que han convertido a la eutanasia en objeto de tanta atención cinematográfica. Los autores esperan que la diversidad de sus modos de contar no oculte la común perspectiva que les une y que constituye el hilo conductor de este libro. Quieren aprovechar también la ocasión de este prólogo para agradecer conjuntamente a Javier de Lucas la hospitalidad de la colección que dirige.


BENJAMÍN RIVAYA* Universidad de Oviedo

“Hablamos de la vida y de la muerte, y no es en abstracto. Estamos hablando de “mi” vida y de “mi” muerte […] Ahora ya no es hora de agudezas verbales […] Ahora es la hora de la sencillez […] Tengo miedo […] Me quiero esconder. Quie… Quiero hacerme un ovillo”. Vivian Bearing (Emma Thompson), en Amar la vida (Mike Nichols, 2001).

Los estudios de Derecho y Cine encuentran en el tema de la eutanasia un buen ejemplo de su virtualidad. Aunque no se trate de un tópico tan explotado por la industria cinematográfica como el de la pena de muerte o el de la cárcel, hay un considerable número de películas que, ya de forma directa o incidental, trata la temática; que además las películas más características compartan ciertos rasgos comunes (personajes, situaciones,

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dramatismo, hipotética opción moral y/o política, etc.), nos indica que aunque casi nadie estaría dispuesto a hablar de un género, sí puede hablarse sin ningún problema, y cada vez más, de un cine de la eutanasia. Al igual que Víctor Méndez ha hablado de una “novela de la eutanasia” para referirse a los casos reales más conocidos de la historia de la eutanasia, el cine de la eutanasia se refiere a los casos cinematográficos más conocidos, a veces ficticios y a veces basados en hechos reales, de esa misma historia. El cine de la eutanasia sirve para plantear problemas morales, políticos y jurídicos que giran en torno a la eutanasia. Lo que por razones obvias esas películas no suelen hacer, sin em-

Mi agradecimiento a Jesús A. Fernández Suárez, José Manuel Fuentes, Pablo de Cima, Pilar Pedraza y Juan López-Gandía por la ayuda que me prestaron en la elaboración de este trabajo, que se enmarca en el Proyecto de Investigación titulado Derecho, Cine y Literatura, SEJ 2005-05469/JURI, cuyo Investigador Principal es Benjamín Rivaya.

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bargo, es fijar los presupuestos conceptuales de la cuestión; es decir, no tratan de dilucidar con sofisticados argumentos qué es y qué no es eutanasia, ni distinguir entre eutanasias de uno y otro tipo, por ejemplo, pero en cambio sirven para aplicar sobre las narraciones cinematográficas las diversas teorías que sobre la eutanasia se han elaborado. Por ejemplo: la muerte de Maggie, en Million Dollar Baby; la de Ramón Sampedro en Mar adentro; o la de Rémy, en Las invasiones bárbaras, ¿constituyen casos de eutanasia? Esas películas (o, en su caso, las hechos reales que narran) valdrían, dicho llanamente, como casos prácticos. Por eso también servirían como supuestos concretos de los que partir para elevar categorías y principios con mayor nivel de abstracción; servirían, dicho también claramente, como presentación de la temática. Además, quien quiera hacer la sociología de la eutanasia (no sólo

de las prácticas que así se denominan, sino también de la mentalidad de nuestras sociedades al respecto) debería fijarse en el cinematógrafo. Recuérdese que Griffith, yendo más allá de la visión que lo reduce a arte y entretenimiento, dijo del cine que era “cuna de las ideas”. En efecto, el cine no es la fuente de las ideas, pero en él se crían, crecen y en él encuentran luego un potente altavoz. Sin hacer valoración alguna, creo que quien conozca la sociología y la regulación legal de la eutanasia en nuestro entorno, y a la vez haya seguido el cine de la eutanasia de los últimos tiempos, puede predecir la extensión, en un futuro próximo y entre los países occidentales, de la despenalización de prácticas que normalmente son calificadas de eutanasia y que hasta ahora han estado generalmente castigadas por el Derecho Penal. La cuna de las ideas que es el cine hace que éstas crezcan, se desarrollen y se inserten en la sociedad.

1. TRILOGÍA CINEMATOGRÁFICA DE LA EUTANASIA: Las invasiones bárbaras, Mar adentro, Million Dollar Baby La cantidad de declaraciones y artículos que, relativos a la película y al tema de la euta-

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nasia, siguieron a su estreno fue sorprendente… Aún se recuerda y, en cualquier caso, se puede


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ran declaraciones ya no sobre la película sino sobre la temática de la que trataba la película resulta llamativo, pero más lo sería lo que ocurrió después, pues Mar adentro generó un debate en la sociedad española mayor incluso que el que produjeron los sucesos reales que narra. Esos sucesos son muy conocidos: Ramón Sampedro, un marinero gallego que quedó tetrapléjico a los veintiséis años, en 1969, con todo el cuerpo paralizado y tras mucho tiempo en esa situación, solicitó a los tribunales españoles autorización para suicidarse, negándosela éstos. Sus experiencias las plasmó en un libro que fue un éxito de ventas, Cartas desde el infierno. Por fin, el 12 de enero de 1998, se suicidó bebiendo cianuro ante una cámara de video que lo filmó, tras leer un testamento en el que hacía una completa apología de la eutanasia. La película de los últimos momentos de Sampedro se emitió por todos los telediarios nacionales y por muchos internacionales. Creo que se puede decir que Ramón Sampedro se convirtió en el mártir de la causa de la eutanasia en España. La historia de Sampedro resultaba tan dramática e interesante que constituyo el argumento de un documental que a principios de la década de los noventa se pasó por Televisión Española, “Euta-

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confirmar en las hemerotecas o en internet, que la presentación en Madrid de Mar adentro, la película de Alejandro Amenábar, el 3 de diciembre de 2004, tuvo enorme repercusión mediática. Nada menos que el presidente y seis ministros del gobierno español asistieron al estreno. Rodríguez Zapatero dijo que estaba allí para dar su apoyo al cine español, y cuando le preguntaron por su opinión sobre la eutanasia respondió que sólo quería hablar de cine. En cambio José Bono, titular entonces del Ministerio de Defensa, dijo sentirse cerca de los que sufren, se supone que en alusión a Sampedro y a los que, como él en su momento se encontró, se hallan en circunstancias semejantes, y vino a distinguir entre la solidaridad y la inquisición, se entiende como posibles criterios a utilizar a la hora de juzgar la resolución de dilemas morales como el que planteaba la película. Por su parte, Jesús Caldera, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, manifestó que el asunto de la eutanasia competía tanto al gobierno como a la sociedad, y que si se daba una nueva regulación habría de hacerse con el mayor consenso posible. Que tantas autoridades políticas acudieran a un estreno cinematográfico y que en el acto de presentación algunas hicie-


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nasia: morir para vivir” (Laura Palmés y Miguel Ángel Martín, 1993) y luego, en 2001, fue llevada al cine por Roberto Bodegas, logrando una buena película que desde luego no era una superproducción como la de Amenábar y que pasó mucho más desapercibida que la de éste. Tras el rodaje y la proyección de Mar adentro, y una vez prescrito el delito de ayuda al suicidio, Ramona Maneiro confesó públicamente que había sido ella la que colaboró con Ramón para poner fin a su vida. Evidentemente, aquellos hechos generaron un gran debate en España y ahora Mar adentro lo reavivó; incluso lo amplificó. Desde el PSOE hubo quien dijo precisamente que la película había vuelto a poner la cuestión de actualidad y que ese partido estaba dispuesto a que el Parlamento estudiara el tema de la eutanasia. Más allá fue algún representante de Izquierda Unida, que además de alabar la película de Amenábar por su labor de “sensibilización, compromiso y concienciación”, pidió cambios legislativos tendentes a aprobar las prácticas eutanásicas, conforme —se aseguró— al sentir mayoritario del pueblo español. En cambio, el Partido Popular, también tras el estreno de la película, por medio de su portavoz en la Comisión de Sanidad del

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Congreso expresó su negativa a la eutanasia y su opción partidaria, la de desarrollar todas las técnicas paliativas posibles. La postura del Partido Popular parecía acorde con la de la Iglesia. Precisamente desde ámbitos eclesiales se reaccionó con dureza contra Mar adentro, entendiendo que la película utilizaba la manipulación emocional para hacer pasar por razonables tesis que carecían de justificación. Se trataba, como vino a decir el presidente de una asociación de médicos cristianos, de una “apología sentimental de la eutanasia” (http://mundovisual.blogia. com/2004/091305-colectivoscristianos-califican-i-mar-adentro-i-de-apologia-sentimental-ala-eut.php). Esta última crítica tiene especial interés, pues plantea el problema de si Mar adentro, y el discurso cinematográfico en general, sufre o no un déficit de racionalidad. La cuestión puede parecer improcedente si se observa el cine como mero entretenimiento, pero no lo es tanto cuando sabemos que las películas sirven para implantar socialmente creencias que conforman el imaginario colectivo y que sin duda tienen eficacia práctica. En otros términos, en términos perelmanianos: Mar adentro ¿nos convence o nos persuade de la moralidad de la eutanasia y de la necesidad de su legalización?


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cernos verdaderas razones, es algo a discutir. Y se discutió. A los dos días de estrenarse la película, Juan Manuel de Prada, en ABC (6-904), la sometió a una censura despiadada: no se trababa de una obra que reivindicara “la libertad del hombre para gobernar su destino”, como aparentaba ser —dijo—, sino de “justificar, a través del engaño y la tergiversación de brocha gorda, las razones de su protagonista”, esto es, de legitimar la eutanasia. Desde el punto de vista ideológico, por tanto, una película enormemente tendenciosa y manipuladora, que se servía de recursos intolerables (como presentar de manera grotesca, esperpéntica, al sacerdote que trataba de entrevistarse con Sampedro y convencerle del error que significaba la decisión de poner fin a su vida), de recursos intolerables —decía— para persuadir al público de la bondad de la eutanasia. No se pretendía enfrentar seriamente los argumentos de los partidarios y los detractores de la eutanasia, por tanto, cuando las razones de una de las partes eran tomadas a risa. Desde la perspectiva artístico cinematográfica, Prada también juzgaba mal la película, o por lo menos algunos recursos que —decía— si eran utilizados por el cine de Hollywood servían

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O con Habermas: ¿es la de esta película una acción estratégica o comunicativa? Es decir, ¿nos ofrece argumentos que todo ente de razón habría de aceptar como justificadores de la eutanasia o simplemente, utilizando técnicas como las publicitarias pero sin ninguna otra razón de fondo, hace que nos adhiramos a sus tesis liberalizadoras? Evidentemente, una película como Mar adentro no es un estudio filosófico sobre la eutanasia y apela a las emociones del espectador; no hay ilegitimidad alguna en ello. Pero el espectador ha de saberlo y el crítico puede manifestarlo; tampoco hay ilegitimidad alguna en ello. Lo que es una desventaja, sin embargo, también puede verse como algo positivo, pues el discurso moral no debe ser ajeno a las emociones, es decir, el juicio moral no es una operación matemática. Lo que ocurre es que una película no es más que un documento, un documento fílmico, que hay que analizar e interpretar. Se pueden y se deben discutir las razones y las emociones que se muestran en una película pero en cualquier caso ha de saberse que, lo mismo que una novela o un cuento, no es un ensayo filosófico o científico. Sea como fuere, la crítica de que Mar adentro sólo trata de persuadirnos de la bondad de la eutanasia, sin ofre-


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para que los críticos lo desprestigiaran. La “razón de Estado”, venía a concluir, hacía que todo eso se silenciase y que, en cambio, fuese obligatorio reverenciar la producción que luego sería tan premiada. También desde El País se criticaría la película. Un experto en bioética, Pablo Simón, escribió un artículo titulado “Mar adentro: las otras orillas. Sobre la eutanasia” (12-X-04), artículo en el que salvaba sus valores estéticos (estaba “fuera de toda duda —decía— la extraordinaria calidad cinematográfica” de la cinta) pero censuraba los ideológicos o, al menos, los procedimientos de que a su juicio se valía Amenábar para imponer su verdad, pues Mar adentro jugaba con las emociones de los espectadores con el propósito de persuadirles de la bondad de la opción favorable a la eutanasia. No planteaba, sin embargo, otras cuestiones que el autor consideraba fundamentales: qué hacer cuando alguien solicita que se le mate; qué han de hacer, en particular, los profesionales de la sanidad (“que sorprendente y tristemente, no aparecen para nada en la película”, decía el autor); y, sobre todo, qué hacer cuando falta la petición expresa del paciente. Evidentemente, la película no planteaba semejantes problemas ni tenía por qué

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hacerlo. Pablo Simón lo admitía, pero así se hurtaba “a los españoles —decía— la necesidad de plantearse abierta, crítica y seriamente toda la complejidad del problema moral y legal de la eutanasia”. La respuesta se la daría Víctor Méndez, autor de Sobre morir, uno de los mejores libros que se ha escrito en castellano sobre la eutanasia, en las mismas páginas del diario El País (16-11-04). No entraba en la cuestión de los valores cinematográficos de Mar adentro (quizás los daba por supuestos), sino que se centraba directamente en los ideológicos, en la crítica de la manipulación emocional, que rechazaba, y en la competencia que los expertos en bioética se atribuían para vigilar “la pureza del debate”. Frente a éstos, frente a Pablo Simón, Méndez aseguraba que la película de Amenábar había conseguido que el público pudiera plantearse seriamente, de forma abierta y crítica, “la cuestión del derecho a disponer de la propia vida”. No deja de llamar la atención la fuerza polémica de la película de Amenábar, capaz de generar una discusión que aún no ha terminado y que, quizás, acabe en el Parlamento. Un caso interesante para los estudios de Derecho y Cine. Pero hay algo más que llama la atención. Mar aden-


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nos de su padre, que es profesor universitario, para que vayan verle y le digan que le echan de menos. Un médico amigo le comentará que, como tratamiento paliativo, la heroína es más eficaz que la morfina y Sebastian se la buscará para hacerle más llevadera la enfermedad. Al fin, sin que nada se haya hablado ante la cámara, el hijo de Rémy le pedirá a un amigo de éste las llaves de su casa de campo, y allí se trasladarán todos. Inevitable, surge el tema del sentido de la vida, la mirada atrás, la sensación de fracaso, el miedo… Sebastian le dirá a su padre que no se preocupe, que él decide. Temprano, una mañana llega una enfermera: instala el gotero y luego se despide de Sebastian diciéndole que ella nunca estuvo allí. Uno tras otro, los invitados a la reunión van pasando a despedirse. El gotero está lleno de heroína… Las invasiones bárbaras no narra el caso de quien se encuentra impedido, sufriendo una enfermedad o una lesión insufrible, sino el del enfermo terminal que decide, aunque eso no se muestre, acabar cuanto antes con ese sufrimiento. No se encuentra en ella ninguna reflexión explícita sobre la eutanasia, sino que —creo— se da por supuesto, por evidente, el derecho del enfermo a decidir qué hacer. Diga

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tro obtuvo, junto con otros muchos premios, el Oscar de 2005 a la Mejor Película Extranjera, el mismo año que Million Dollar Baby obtuvo cinco Oscars, entre ellos los más importantes. Refiriéndose a estas dos películas, Jesús Mosterín dirá más adelante que lo que hacían era celebrar “la eutanasia por amor” y que mostraban “lo anacrónico del tabú legal que todavía rodea la eutanasia”. Además, curiosamente, el año anterior había sido Las invasiones bárbaras, una coproducción franco canadiense que también trataba el tema de la eutanasia, la película que logró la estatuilla a la mejor película extranjera. La pregunta resulta inevitable: ¿está de moda la eutanasia? De la trilogía, la primera película fue Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003). La historia es —supongo— mas común que las de Mar adentro y Million Dollar Baby; al menos la historia de la enfermedad. Sencillamente, Rémy, un hombre de mediana edad, cincuenta y tantos, está enfermo de cáncer, lo que hace que su hijo vaya a verle y retome el contacto con él. Será este hijo, Sebastian, el que se entere de que su padre está muy enfermo y el que se interese por los medios paliativos más adecuados, el que reúna a sus amigos junto a él y el que pague a varios alum-


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iglesia donde habitualmente escucha misa. El cura le dice que bajo ningún concepto lo haga. Sufriendo ya los remordimientos, sin embargo, desconectará a Maggie el respirador y le pondrá una inyección de adrenalina que la matará. A primera vista, la película de Eastwood plantea la cuestión de que la eutanasia debe ser practicada por médicos: Frankie debería haberle inyectado primero la adrenalina y desconectar el respirador después, y no al contrario. Y plantea, sobre todo, el problema moral que sufre un católico que rompe con las normas de su confesión. Pero, si moralmente es condenable causar la muerte a Maggie, ¿qué hacer? ¿Hay alguna otra salida? ¿Cómo arrogarse la autoridad suficiente para rechazar las súplicas de quien, en ese estado terrible, se niega a seguir viviendo? ¿Acaso estamos ante otra “apología sentimental de la eutanasia”? Pero ¿no son precisamente los casos de eutanasia casos en los que los sentimientos humanitarios juegan un papel central? ¿Por qué sería malo entonces que se mostraran esos sentimientos? ¿Deberían ocultase acaso? Evidentemente, como en España Mar adentro, Million Dollar Baby generó un gran debate en los Estados Unidos.

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lo que diga el ordenamiento jurídico, pues únicamente hay una referencia a la prohibición legal de participar en ese acortamiento de la vida, la de la enfermera que les ayuda a ponerle fin, pero que nunca estuvo allí. Million Dollar Baby, por fin, la gran ganadora de los Oscars de 2005, resulta una historia conmovedora en la que el drama aumenta debido a las creencias del protagonista. Maggie es una chica que quiere dedicarse al boxeo y, tras convencer a Frankie Dunn, un entrenador dedicado a ese deporte, a que la enseñe a boxear y la entrene para ello, Maggie comienza a ganar combates, convirtiéndose en una triunfadora en ese mundo. En el último combate que celebra, queda media hora de película, un golpe a traición de la contrincante la dejará tetrapléjica. Sin sentir nada, sin poder moverse y necesitada constantemente de un respirador, Maggie decidirá luchar para que se ponga fin a su vida cuando, además, le tengan que amputar una pierna. Se lo pedirá a Frankie, pero éste, católico que asiste a misa diariamente desde hace veintitrés años, se negará. Maggie buscará la forma de hacer saber que su decisión es en serio, y Frankie hablará con el párroco de la


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1.1. Pero ¿qué es la eutanasia? ¿Efectivamente tratan las tres películas vistas hasta aquí de casos de eutanasia? Es obvio que depende de lo que entendamos por eutanasia, y que es éste un término cuyo significado no está perfectamente delimitado. Así todo, salvo que se utilizara un concepto estrechísimo, los tres supuestos planteados por esa trilogía cinematográfica son casos de eutanasia. En muchas ocasiones, la discusión sobre la eutanasia está lastrada y avocada al fracaso por la poca claridad con que se utilizan los términos. ¡A veces parece que quienes se declaran partidarios de la eutanasia están a favor del genocidio nazi! ¡A veces que quienes se manifiestan en contra aplauden el encarnizamiento terapéutico! Parece prudente distinguir, matizar, y no atribuir a quien se adhiere a una tesis determinada otras que no están contenidas en la que defiende. Por eso creo que sería bueno discriminar entre un concepto estricto, otro amplio y otro más, amplísimo, de eutanasia. Con sus correspondientes relatos cinematográficos. Creo que para poder hablar de eutanasia en sentido estricto, aunque haya quien la entienda todavía de forma más restringida, tiene que darse uno de estos dos supuestos: o bien que una

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persona sufra una enfermedad terminal, entendiendo por terminal que la esperanza de vida sea muy limitada (que no vaya más allá de los seis meses, conforme a una convención que parece estar asentada), o bien que sufra una enfermedad insufrible, entendiendo por insufrible que produzca padecimientos muy relevantes. La eutanasia en sentido estricto significaría causar la muerte, por acción o por omisión, al enfermo que se halla en una de esas dos situaciones, a petición de éste. Hay quien entiende que la eutanasia, para ser tal, tiene que llevarla a cabo un médico o practicarse bajo la dirección de un médico, pero en este caso no hay problema en hablar de eutanasia médica o sanitaria, permitiéndose así que el autor de la eutanasia tanto pueda ser personal sanitario como no sanitario. Y hay quien entiende que la eutanasia, lo que se dice eutanasia, sólo puede practicarse cuando el enfermo se encuentra en la fase terminal de la enfermedad, pero entonces el término no abarcaría los casos de enfermedad no terminal pero irreversible y productora de graves sufrimientos, lo que habitualmente se entiende que constituye un caso de eutanasia. Realmente la eutanasia, aun en


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dose en la fase terminal de una enfermedad o sufriendo una enfermedad que produce “graves padecimientos y difíciles de soportar”, solicita que se ponga fin a su vida. En cuanto a las penas, se atenúan considerablemente. Por lo demás, luego se apuntarán algunas otras películas de eutanasia entendida de esta forma. En un sentido más amplio, en cambio, se habla de eutanasia como homicidio por piedad o por compasión. Evidentemente, los dos casos antes citados son casos de homicidio por piedad, pero bajo este rótulo se pueden encontrar otros muchos supuestos. Entendida en este sentido más amplio, el cine ha tratado muchas veces de la eutanasia, pues hay bastantes conocidas películas en las que se causa la muerte de alguien por ese motivo altruista. Basten algunos ejemplos. De entre éstos, creo que es un clásico del cine, Danzad, danzad, malditos (1969), de Sydney Pollak, la que mejor lo expresa. De hecho una traducción casi literal del título original (They shoot horses, don´t they?) sería A los caballos se les mata, ¿no?, en referencia a una práctica habitual que se lleva a cabo con los animales heridos para evitar su sufrimiento. La película, que comienza así, con el disparo a un caballo malheri-

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sentido estricto, puede revestir variadas formas. Dworkin, por ejemplo, incluye dentro de ella el suicidio, la asistencia al suicidio y la cancelación de tratamientos médicos o soportes vitales. Nos preguntábamos si los casos de la trilogía cinematográfica referida eran casos de eutanasia. Depende del concepto que utilicemos; depende de los matices que quieran hacerse. En Mar adentro Ramón Sampedro sufre una enfermedad insufrible, lo mismo que Maggie en Million Dollar Baby; mientras que en Las invasiones bárbaras Rémy sufre una enfermedad terminal. En los tres casos es patente, en dos de ellos de forma expresa y en el otro de forma tácita, que los enfermos piden que se les ayude a morir y, por tanto, estamos antes supuestos de eutanasia. Habrá quien asegure que Ramón Sampedro se suicidó y que, por tanto, quien lo posibilitó lo que hizo fue cooperar de forma necesaria en el suicidio, y es cierto, pero creo que la cuestión moral y la jurídica se mantiene más o menos en los mismos términos, por lo que se puede hablar sin problema de eutanasia. No en vano, el apartado 4º del artículo 143 del Código Penal español equipara al que causa la muerte con quien “coopera activamente” en la causación del fallecimiento de aquella persona que encontrán-


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