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MIGRACIÓN Y DESARROLLO EL VÍNCULO DEL CODESARROLLO

Alexis Cloquell Lozano

Valencia, 2013


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A mis estrellas Miguel y Jorge, Valencia, abril 2012


ÍNDICE Prólogo..................................................................................................... 11

Capítulo I

MIGRACIÓN Y DESARROLLO INTRODUCCIÓN.................................................................................... 25 1. EL GRAN PARADIGMA DEL DESARROLLO. UNA REVISIÓN HISTÓRICA CONCEPTUAL.............................................................. 26 1.1. Las teorías clásicas del crecimiento económico............................ 32 1.2. La economía del desarrollo.......................................................... 35 1.3. Los enfoques alternativos del desarrollo...................................... 57 2. EL ESTUDIO DE LAS MIGRACIONES. TEORÍAS EXPLICATIVAS DEL FENÓMENO MIGRATORIO.................................................... 67 3. TEORÍAS INTERPRETATIVAS DEL BINOMIO “MIGRACIÓN Y DESARROLLO”................................................................................. 74 4. CAPITAL SOCIAL Y DESARROLLO COMUNITARIO..................... 82

Capítulo II

EL CODESARROLLO: SU DEFINICIÓN Y OPERATIVIZACIÓN EN LA PRÁCTICA INTRODUCCIÓN.................................................................................... 93 1. UNA PRIMERA APROXIMACIÓN CONCEPTUAL AL CODESARROLLO............................................................................................ 94 1.1. Problemas de definición............................................................... 94 1.2. Una aproximación al término desde el ámbito académico........... 96 2. DE LA IDEA A LA PRÁCTICA DEL CODESARROLLO. ÁMBITOS DE INTERVENCIÓN O APLICACIÓN.............................................. 103 2.1. El ámbito de las remesas y sus usos productivos.......................... 105 2.2. El ámbito de la formación, empleo y economía social.................. 119 2.3. El ámbito de la fuga de cerebros, retorno y circulación de la diáspora............................................................................................. 122


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Índice

Capítulo III

EL CODESARROLLO EN EL MARCO DE LA POLÍTICA MIGRATORIA DE LA UE Y SU IRRUPCIÓN EN FRANCIA INTRODUCCIÓN.................................................................................... 133 1. ANTECEDENTES A LA POLÍTICA COMÚN EN MATERIA DE ASILO Y MIGRACIÓN...................................................................... 134 2. DE TAMPERE A ESTOCOLMO. LA ECLOSIÓN DEL CODESARROLLO EN LA POLÍTICA COMUNITARIA.................................. 137 3. EL CODESARROLLO EN LA ASOCIACIÓN EUROMEDITERRÁNEA.................................................................................................... 150 4. LA NUEVA POLÍTICA EUROPEA DE VECINDAD........................... 159 5. SU IRRUPCIÓN EN FRANCIA.......................................................... 161 5.1. Antecedentes: los programas de retorno asistido.......................... 161 5.2. El modelo oficial francés.............................................................. 173 5.3. Los convenios de codesarrollo..................................................... 181 5.4. La propuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores...................... 191

Capítulo IV

EL CODESARROLLO EN EL ESTADO ESPAÑOL: EL DISCURSO OFICIAL INTRODUCCIÓN.................................................................................... 195 1. LAS PRIMERAS REFERENCIAS AL CODESARROLLO EN ESPAÑA...................................................................................................... 196 2. EL CODESARROLLO EN LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL....... 197 2.1. El codesarrollo en la política oficial de inmigración e integración. 198 2.2. El codesarrollo en la política oficial de cooperación al desarrollo................................................................................................ 205 3. EL CODESARROLLO EN LA ADMINISTRACIÓN AUTONÓMICA....................................................................................................... 214 3.1. El codesarrollo en los planes autonómicos de cooperación al desarrollo........................................................................................ 216 3.2. El codesarrollo en los planes autonómicos de inmigración e integración........................................................................................ 230 3.3. El codesarrollo en la Administración municipal o local............... 236 Conclusiones finales.................................................................................. 241 Bibliografía............................................................................................... 253


PRÓLOGO La naturaleza del vínculo entre migración y desarrollo sigue siendo objeto de numerosos debates. Tras la década de los setenta —cuando la migración era vista como positiva para el desarrollo— y la década de los ochenta —cuando se incidía en las consecuencias negativas de la migración para los países en desarrollo—, en la actualidad la discusión ha vuelto a tomar protagonismo. Lo que se plantea ahora, tal como hace el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe de 2009, es sobre todo que la migración puede tener tanto efectos positivos como negativos, pero que de lo que se trata es de buscar y potenciar los mecanismos que permitan ampliar los aspectos positivos de la migración y minimizar el resto. Cómo conseguir que la migración se integre en una estrategia de desarrollo global compartido es el reto que nos dicen que debemos afrontar. Sin embargo, dicha aspiración se enfrenta a numerosos problemas y, muy especialmente, a intereses notablemente divergentes. Considerar la migración dentro de la compleja ecuación del desarrollo supone aceptar una movilidad que los Estados de recepción no siempre están dispuestos a admitir. Las políticas de migración en la Europa de los últimos años han sido una buena muestra de los intentos por limitar la movilidad de las personas que esperan alcanzar el desarrollo fuera de sus fronteras. Los países europeos se han movido entre la necesidad de una mano de obra que asegurase su propio desarrollo y la obligación moral de apoyar el desarrollo de las sociedades de las que proceden esos trabajadores, aunque quizás sin llegar a tomar plena conciencia de que el desarrollo los países de estos últimos también depende en buena medida de la migración. La contradicción ha consistido fundamentalmente en desear a un mismo tiempo un desarrollo con migración para nosotros y un desarrollo sin migración para los otros, algo que las propias políticas de cooperación para el desarrollo han mostrado con notable claridad. Al calor del endurecimiento de las políticas migratorias, las políticas de cooperación para el desarrollo también han venido experimentando una apreciable giro, quedando cada vez más ligadas a los intentos por fijar a los potenciales migrantes en sus lugares de origen,


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cuando no al retorno de los que ya se hallaban en suelo desarrollado. Esa obligación moral que suponía la promoción del desarrollo en sociedades menos favorecidas se ha visto empañada por el interés en detener una movilidad percibida como amenazante. En este contexto político, la aparición del término codesarrollo ha abierto nuevas vías para revincular la migración y el desarrollo, pero también ha suscitado una importante desconfianza. En la última década, el codesarrollo, entendido como una forma de vincular positivamente la migración con el desarrollo con la participación de los propios migrantes, ha arraigado en entidades y prácticas que han tratado de materializar esta idea. La propuesta no es nueva, ni el término codesarrollo tan reciente, pero el auge que ha adquirido —esperemos que no pasajero— nos indica un cambio de enfoque en el tratamiento de la migración, vista no sólo como un problema a resolver sino como una oportunidad para ampliar las opciones de desarrollo de las personas. A nuestro entender, lo más significativo es que, además de las diferentes administraciones y de las ONGD que ya venían trabajando en el ámbito de la cooperación para el desarrollo, un número creciente de asociaciones de inmigrantes han aparecido en la escena para reivindicar su papel como agentes de desarrollo de sus sociedades de origen. Mediante numerosas prácticas los ausentes no sólo se hacen presentes en sus lugares de origen, sino que se reivindican como ciudadanos de dos sociedades a un mismo tiempo o, mejor dicho, como ciudadanos de una nueva sociedad que se ha extendido por encima de las fronteras nacionales. Las organizaciones transnacionales de migrantes, es decir, aquellas asociaciones constituidas por inmigrantes que están aquí pero que quieren participar allí, están llamadas a ser el verdadero actor del codesarrollo. Esa “sociedad civil migrante” a la que se refería Jonathan Fox — constituida por asociaciones de inmigrantes, por organizaciones de desarrollo locales en las que los inmigrantes se han insertado o por organizaciones de desarrollo de los países de origen donde los inmigrantes intervienen desde la distancia— se presenta hoy en día como un nuevo componente en las siempre complejas relaciones entre la sociedad civil y el Estado. El campo emergente del codesarrollo ha facilitado ese encaje y ha permitido también materializar ese transna-


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cionalismo que se ha señalado como uno de los elementos innovadores de las migraciones más recientes. Aunque sabemos poco sobre los efectos en el desarrollo de los países de origen, no cabe duda de que los impactos de las acciones de las organizaciones de migrantes no son sólo económicos, sino también sociales, culturales, cívicos y políticos. El valor de sus experiencias tiene una dimensión tanto material como simbólica. La participación de los migrantes en acciones de codesarrollo también ayuda a cambiar su imagen, no sólo a ojos de la población de la sociedad de acogida, sino también de la de origen. Conocer más sobre estas organizaciones —características, modos de actuación, necesidades— es fundamental para poder mejorar sus prácticas y el nivel de incidencia de las mismas. Reivindicamos pues aquí la necesidad de apoyar en mayor medida la labor de las organizaciones de migrantes que se enfrentan a numerosas dificultades —antes y durante el contexto de crisis—, en especial como una manera de situar el codesarrollo en el centro de una estrategia de fortalecimiento de la sociedad civil, y no como pilar de políticas migratorias o de cooperación para el desarrollo. La misma OCDE advertía en 1993 que la mejor ayuda al desarrollo pasa por mejorar los marcos políticos y sociales de los países en desarrollo. Una sociedad civil migrante fuerte, integrada dentro de un codesarrollo bien entendido, puede ser una buena baza. Joan Lacomba Departament de Treball Social. Universitat de València.


INTRODUCCIÓN Adentrados en la segunda década del siglo XXI, no es difícil apercibirse de que somos actores presenciales de un mundo que se transforma, en donde la intensificación, interconexión e interdependencia planetaria de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales se hace patente. En este sentido, Giddens define la globalización como “la intensificación de las relaciones a escala mundial que enlazan a las regiones más distantes, de manera que los acontecimientos locales se ven influenciados por sucesos que ocurren a muchas millas de distancia y viceversa” (1990: 64). Precisamente, los cambios contemporáneos acaecidos a mediados de la década de los setenta aceleraron el proceso complejo de la globalización. Ya por entonces, la sociología de la mano de Alain Touraine (1969) y Daniel Bell (1976) auguraba el advenimiento de la sociedad postindustrial. Si bien es cierto, tal como argumenta García Ferrando y Hernández (2010: 28), la determinación y descripción de los rasgos de la modernidad, así como el análisis, comprensión y articulación de las formas de cambio social conducentes a ella, han constituido desde el primer momento el objetivo de la sociología. Como consecuencia de todo ello, la sociología actual trata de estudiar y comprender los cambios que están conduciendo a la aparición y consolidación de una sociedad global. En esta línea, Castells (2006) nos habla de la forma que está tomando el mundo a finales del milenio, originaria de la coincidencia histórica de tres procesos independientes: la revolución de la tecnología de la información; la crisis económica tanto del capitalismo como del estatismo y sus reestructuraciones subsiguientes; y el florecimiento de movimientos sociales y culturales. Según este autor, la interacción de todos estos procesos al igual que las reacciones desencadenadas propició la creación de “una nueva estructura social dominante: la sociedad red; una nueva economía, la economía informacional/global; y una nueva cultura, la cultura de la virtualidad real” (Ibíd.: 405-406). En su opinión, la nueva estructura social de la era de la información está compuesta por redes de producción, poder y experiencia (Ibíd.: 421). En este sentido, las redes constituyen el núcleo central en el análisis de los factores y


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condicionantes bajo los cuales avanza la globalización. De hecho, según Castells (2005: 551), “las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites... (y al mismo tiempo) son los instrumentos apropiados para una economía capitalista basada en la innovación, la globalización y la concentración descentralizada... y para una organización social que pretende superar el espacio y aniquilar el tiempo”. De manera similar, para Giddens (1995 y 1999), la modernidad comporta una progresiva reorganización del tiempo y del espacio, emparejada con la expansión de mecanismos de desmembración que liberan las relaciones sociales de la influencia de los emplazamientos locales, recombinándolas de tal manera que conectan presencia y ausencia. En este mismo marco analítico, el sociólogo alemán Ulrich Beck señala que la modernización disuelve hoy en día los contornos de la sociedad industrial, como lo hizo en el siglo XIX con la sociedad agraria, para dar continuidad a la modernidad en una nueva figura social a la que denomina “la sociedad del riesgo” (Beck, 1998a). De este modo, tal y como argumenta el mismo autor, los riesgos en la sociedad del riesgo, “ya no se limitan a lugares y grupos, sino que contienen una tendencia a la globalización que abarca la producción y la reproducción y no respeta las fronteras de los Estados nacionales, con lo cual surgen unas amenazas globales que en este sentido son supranacionales y no específicas de una clase y poseen una dinámica social y política nueva” (Ibíd.:19). Esta postura también es compartida por Giddens (1995), entendiendo que la modernidad por un lado reduce riesgos totales en ciertas áreas, pero por otro lado introduce nuevos parámetros de riesgo desconocidos en su mayor parte o totalmente en épocas anteriores. En suma, tal y como apuntan Castles y Miller (2003), el mundo al comienzo del siglo XXI está en medio de la transformación sistemática. García Ferrando y Hernández (2010; 20-21), señalan los principales cambios cruciales que viene experimentando el mundo en cada una de las siguientes dimensiones: en la esfera demográfica, se destaca la explosión de población en el Tercer Mundo, en contraste con el estancamiento y el proceso de envejecimiento de la población en los países más desarrollados, teniendo en cuenta los flujos migratorios mundiales que se desplazan del Sur empobrecido hacia el Norte; en el


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ámbito económico, se asiste al desarrollo de una economía capitalista liberal basada en la innovación, la información, la descentralización y la organización mundial en red; en la dimensión política, se señala la crisis de la centralidad del Estado-nación soberano y se reabre el debate en torno al papel del mismo; en el campo de la cultura, se da una desterritorialización de las culturas, que implica fenómenos de homogeneización, diferenciación e hibridación culturales consecuencia de la extensión y los avances en las tecnologías de la información y comunicación; en la esfera social, se destaca el incremento de las desigualdades entre los más ricos y los más pobres, así como la fragmentación de la mano de obra; y por último en la dimensión ecológica, se señala la crisis medioambiental consecuencia de la era expansiva de la sociedad industrial que provoca un desequilibrio entre crecimiento económico y ecosistema. En este contexto, las migraciones internacionales constituyen una dinámica clave dentro del proceso complejo que representa la globalización. De hecho, tal y como apuntan Escrivá y Ribas, es evidente el papel que desempeñan hoy en día los movimientos internacionales de población, erigiéndose como un potente motor en este escenario de descentralización, glocalismo, microfinanzas y atención a la multidimensionalidad del desarrollo (2004: 26-27). Según datos del PNUD (2009) y de la OIM (2010), Europa representa la región que registró el mayor número de migrantes en 2010, con un total de 77,1 millones de personas nacidas en el extranjero que viven en esta región. No obstante, a efectos de comparación, aunque Oceanía registra el número más bajo de migrantes con 6 millones, la población inmigrada respecto al total de la población de esta región representa el porcentaje más alto (16,8%). Por otra parte, la región que ha experimentado un mayor crecimiento de población inmigrada ha sido América del Norte, ya que ha pasado de representar un 9,8% de la población total en 1990 (27,8 millones), a representar el 14,2% en 2010 (50 millones). Asimismo, para este mismo año, Estados Unidos sigue siendo el país con mayor número de migrantes, mientras que España ocupa la octava posición en la rae die ranquin, de países con mayor población extranjera (5,7 millones). Con todo, cabe señalar que la migración no solo afecta a los mismos migrantes, sino que vincula las áreas de origen y destino e incluso


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impulsa importantes cambios en ambas sociedades. Precisamente, hoy en día, la conexión entre las migraciones y los procesos de desarrollo en los lugares de origen se presenta como uno de los temas emergentes en la agenda investigadora (Escrivá y Ribas, 2004; Giménez et al. 2006). A este respecto, tal y como viene reconociendo la OIM en sus últimos informes, entre otros destacamos “World Migration Report 2010. The Future of Migration: Building Capacities for Change”, se ha producido en los últimos años un cambio significativo a la hora de interpretar y de pensar acerca del vínculo entre la migración y el desarrollo. Durante muchos años, el centro de debate se centró en la migración como problema, consecuencia en gran medida de la falta de desarrollo. Por tanto, se intentaba reducir las presiones migratorias alentando el desarrollo y, en consecuencia, reduciendo los efectos negativos de la migración con relación al desarrollo, es decir, la fuga de competencias o “fuga de cerebros”. En la actualidad, el enfoque internacional está cambiando. Si bien se siguen considerando las causas originarias y los efectos negativos de la migración, existe una mayor toma de conciencia respecto al potencial y los beneficios de la migración para el desarrollo. En este sentido, los migrantes, ya sea a título individual, o como colectivo a través de las organizaciones o asociaciones de migrantes, se convierten en agentes del desarrollo que pueden reforzar la cooperación entre las sociedades de origen y de acogida, y contribuir de este modo al desarrollo de sus países de origen mediante la transferencia de competencias, conocimientos y capitales (remesas). De la misma manera, Naciones Unidas vienen reconociendo en los últimos años, precisamente tras dedicar un diálogo de alto nivel a la migración internacional y el desarrollo (septiembre de 2006), el importante nexo que existe entre la migración internacional y el desarrollo, así como la necesidad de ocuparse de los problemas y las oportunidades que presenta la migración para los países de origen, tránsito y destino. Una reciente muestra de ello lo observamos en la resolución (A/RES/65/170) de marzo 2011 aprobada por la Asamblea General, donde se expone la importancia de incluir en los debates y deliberaciones pertinentes que se llevan a cabo a nivel internacional, inclusive en Naciones Unidas, la necesidad de examinar los aspectos multidimensionales de la migración internacional y el desarrollo, a fin


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de determinar los modos adecuados para aprovechar al máximo los beneficios del desarrollo y reducir al mínimo sus efectos negativos. En este sentido, se hace evidente y justificada la necesidad de realizar estudios centrados en el vínculo migración-desarrollo. Precisamente, en los últimos años este campo ha tomado una notable relevancia en la agenda política y ha suscitado un gran interés en el mundo académico (Sørensen, Van Hear y Engberg-Pedersen, 2002). Hay que tener presente que la investigación en este campo se ha visto reforzada con la aparición del término “codesarrollo”, cuya primera formulación podemos situarla en el contexto francés de finales de los noventa. Ciertamente, desde que el profesor universitario y politólogo Sami Naïr (1997)1 acuñara el término “codesarrollo”2, presentado en el informe denominado Rapport de bilan et d´orientation sur la politique de codéveloppement liée aux flux migratoires, no hemos dejado de observar el creciente interés que ha suscitado el término. En esta línea, el codesarrollo poco a poco ha ido ganando adeptos y captando la atención de políticos, técnicos y representantes de las asociaciones de migrantes (Giménez et al., 2006). Si bien el codesarrollo ha sido objeto de numerosas controversias, así como de diversas definiciones, su fuerza radica en aportar un enfoque teórico que vincule la migración y el desarrollo, y al mismo tiempo conciba a los migrantes como vectores del desarrollo de sus países de origen. Asimismo, el codesarrollo ha sido objeto de estudio

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Encargado en aquellos momentos de la Misión Interministerial para el Codesarrollo y las Migraciones Internacionales (MICOMI) del gobierno francés. Según Thomas Lacroix (2004), el origen del término aparece a finales de los setenta en un club de reflexión del Partido Socialista francés, el CERES. El término en este caso se utiliza para designar una nueva vía de cooperación entre el norte y el sur. Por otro lado, tenemos constancia de su aparición de forma explícita en 1985, concretamente en un coloquio internacional titulado “Les assises du codéveloppement” celebrado en la Universidad de Lovaina (Bélgica), el cual como el caso anterior solamente hace referencia a la cooperación entre los países del Sur y los países del Norte con el objetivo de contribuir al desarrollo de ambos, sin vincularlo para nada con el fenómeno migratorio.


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en el ámbito académico, de hecho, haciendo un pequeño repaso a la literatura relacionada podemos encontrar los trabajos pioneros de Giménez (1997), Malgesini (1998 y 2001), Herrero (1999) y Lacomba (2002), que aunque no centran todo el estudio en el codesarrollo, sí lo hacen respecto al vínculo migración y desarrollo. Por otro lado, encontramos todos aquellos trabajos centrados especialmente en el codesarrollo. Este corpus teórico de carácter multidisciplinar ofrece un panorama del estado de la cuestión en España, y clarifica el escenario en el cual tiene cabida la multitud de actores que lo acompañan tanto en su definición como en su praxis (Malgesini 2001, 2007 y 2010; Aubarell, Olivan y Aragall 2003; Atienza 2004; Giménez 2004; Giménez et al. 2006; Gómez 2005; Rey 2006; Cortés 2006; Lacomba y Cloquell 2007; Fernández, Giménez y Puerto 2009; Falomir 2009b; Cebolla 2010; Crespo 2010; Lacomba 2010a). Por su parte, en esta misma línea, Gómez y González (2007) y Falomir (2009a) centran su análisis en la Comunitat Valenciana. Del mismo modo, pero en menor número, encontramos todos aquellos ensayos y estudios que de manera específica analizan el codesarrollo en el marco de las políticas públicas (Aubarell y Aragall 2003 y 2005; Aubarell, Oliván y Aragall 2003; Moreno 2005; Ramón 2005 y 2010; Olabarría 2009; Pinyol y Rollo 2010). No obstante, tal y como apunta Lacomba (2010a), la literatura y la investigación en España sobre este campo son todavía muy incipientes. Igualmente, en los últimos años se han venido celebrando cursos, seminarios y postgrados universitarios especializados en esta materia. Cabe mencionar entre otros, el postgrado “Migración y Codesarrollo” de la Universidad Autónoma de Madrid, patrocinado desde 1999 por el IMSERSO; el curso “Codesarrollo y Movimientos Migratorios” dirigido conjuntamente desde noviembre de 2004, por la Universidad de Valencia y el Centro de Estudios de la Inmigración de la Comunidad Valenciana (CeiMigra); y el postgrado oficial “Cooperación al Desarrollo”, concretamente la especialidad “Movimientos Migratorios y Codesarrollo”, del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local (IIDL) de la Universitat de València. Entre las jornadas dedicadas a este término, destacamos las “Jornadas sobre Codesarrollo e Inmigración” celebradas en Madrid durante los días 25 y 26 de septiembre de 2003 por el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación (IUDC) de la Universidad Complutense


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de Madrid y por la Oficina de Planificación y Evaluación (OPE) de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica (SECIPI); las “1as Jornadas sobre Inmigración y Codesarrollo” celebradas en Bilbao durante los días 12 y 13 de diciembre de 2002 y organizadas por la Dirección de Inmigración del Gobierno Vasco, donde concretamente se planteo el término en la mesa de debate “El codesarrollo: reflexiones teóricas y prácticas”; y el II Congreso Internacional de Cooperación al Desarrollo bajo el título “Migraciones y Codesarrollo”, celebrado en la Universidad de Alicante durante los días 15 y 17 de noviembre de 2007. Pero lo cierto es que a día de hoy seguimos sin tener una respuesta clara ante la pregunta ¿qué es el codesarrollo? En este sentido, compartimos la postura de Giménez cuando afirma: “una y otra vez, aparece esa cuestión, ya un tanto cansina, quizás algo masoquista y en cualquier caso preocupante de que algo puede estar fallando o no funcionando” (2010: 12). Es evidente que la pluralidad de actores que participan e intervienen en el codesarrollo, así como la diversidad de ámbitos donde se proyecta, no solo muestra la heterogeneidad de planteamientos que lo acompañan, sino que plantea al mismo tiempo numerosos interrogantes acerca de su definición y praxis. Consecuentemente, el objetivo de este trabajo, es esclarecer y contribuir a un mayor conocimiento acerca de la realidad del codesarrollo. La investigación que aquí presentamos en parte es fruto de mi tesis doctoral titulada “Las organizaciones transnacionales de inmigrantes en la Comunidad Valenciana y su papel en el codesarrollo”, perteneciente al programa de doctorado “Cooperación al Desarrollo” de la Universitat de València y financiada por la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía de la Generalitat Valenciana a través de la “Convocatoria específica de proyectos de investigación y formación en temas relacionados con la cooperación internacional para el desarrollo 2010”. Al mismo tiempo, forma parte del proyecto de investigación “Diásporas y codesarrollo desde España. El papel de los inmigrantes y sus asociaciones en el desarrollo de los países de origen” (CSO 2011-22686), concedido por el Ministerio de Ciencia e Innovación dentro de la Convocatoria 2011 de ayudas para la realización de proyectos de investigación (I+D+I).


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En cuanto a la estructura del libro, el primer capítulo se dedica a recoger y analizar las principales aportaciones teóricas y metodológicas con relación al concepto de “desarrollo” y a profundizar en las teorías explicativas del fenómeno migratorio. En lo que sigue, teniendo en cuenta el contexto actual, el capítulo aborda la dimensión del capital social y del desarrollo comunitario, al entender que el capital social permite impulsar iniciativas locales y resolver problemas que afectan a la comunidad y, por tanto, ofrece un enfoque alternativo del desarrollo distinto de la perspectiva dominante del crecimiento económico, pensando que éste se acerca más a la realidad del codesarrollo. El segundo capítulo, con el objetivo de acercarnos de manera conceptual al codesarrollo, trata de presentar y analizar las principales aportaciones teóricas realizadas desde el ámbito académico, al igual que pretende recoger y profundizar en los ámbitos en los que se enmarcan hoy por hoy la mayor parte de las prácticas vinculadas al codesarrollo: las remesas; la formación, el empleo y la economía social; y la fuga de cerebros, el intercambio de conocimientos y el retorno. Del mismo modo, difícilmente se pueda entender en la actualidad el significado del codesarrollo sin tener presente en qué contexto histórico y político surgió el término. De ahí que en el capítulo 3 hayamos dedicado una especial atención en nuestro análisis a la política migratoria de la UE, así como al modelo francés de codesarrollo. Todo ello nos ha llevado a realizar una revisión de todos aquellos documentos que lo plantean. En este caso nos referimos a los Comunicados de la Comisión Europea y a las Conclusiones de la Presidencia de los respectivos Consejos Europeos. Señalar que parte de nuestro análisis se ha focalizado en el marco de la Asociación Euromediterránea y en la futura Política Europea de Vecindad. El capítulo 4, ofrece un recorrido histórico del codesarrollo en España. Así pues, la revisión y el análisis de las fuentes escritas procedentes del discurso oficial nos muestran cómo han ido proliferando las referencias al concepto y tomando cuerpo el enfoque del codesarrollo en el Estado español. Para ello, hemos considerado apropiado dividir nuestro análisis distinguiendo cada uno de los diferentes niveles de la Administración pública española (central, autonómica y local), así como el ámbito o área de intervención (cooperación al desarrollo, inmigración e integración).


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Finalmente, la investigación se completa con una serie de reflexiones que a modo de conclusiones finales exponemos en el último capítulo. En cuanto a las deudas contraídas con personas e instituciones en el transcurso de este trabajo, éstas son múltiples. En primer lugar, quiero mostrar mi agradecimiento especialmente a mi director de tesis Joan Lacomba; no cabe la menor duda de que el resultado de este trabajo tiene mucho que ver son sus sabias indicaciones y orientaciones. A Fernando Falomir, técnico de la Fundación CeiMigra, por ayudarme a comprender la complejidad y los entresijos del codesarrollo. También a Vicente Cabedo, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, por darme la oportunidad de formar parte y enriquecerme en mi labor investigadora del Grupo de investigación sobre Menores Inmigrantes No Acompañados (Grupo MINA). A Kepa Fernández, profesor de la Universidad Pública de Navarra, por su interés y contar con mi presencia como profesor invitado en la línea “codesarrollo, inmigración e interculturalidad” del Máster Oficial en Bienestar Social. Asimismo, a Ginés Marco, profesor de la Universidad Católica de Valencia y a los profesores de la Universitat de València, Francisco Santonja, Francisco Guerrero y María Elena Cobas por su ayuda incondicional e inestimable amistad. Mi agradecimiento también va dirigido a Fernando Giner (Escuela de Negocios Estema), Gotzone Mora (Conselleria de Inmigración y Ciudadanía) y Gabriel Martínez (Universidad Católica de Valencia) por darme la oportunidad en su día de aprender y crecer profesionalmente en el ámbito de la docencia e investigación. A Vicente Sastre (Instituto de Investigación en Ciencias Sociales) que aunque ya no se encuentra entre nosotros en su especial vocación investigadora me abrió los ojos hacia la “imaginación sociológica”. Y por último, a todos los representantes y líderes de las asociaciones de migrantes que me han conferido su confianza, su tiempo y su dedicación: Mauricio Pinto (Entreiguales Valencia), Luis Luna (Asociación Valenciana de Ecuatorianos para el Progreso Iberoamericano-AVALE), Paulina Cardona (Asociación Rumiñahui Hispano-Ecuatoriana para la Colaboración al Desarrollo), Erick Pereyra (Bolivia España Unida), Iván Santos (Asociación Sociolcultural y de Cooperación al Desarrollo por Colombia e IberoaméricaACULCO), Maka Loo (Askan Wi), Enrique Minga (Asociación de Indígenas Ecuatorianos residentes en la Comunidad Valenciana-INTI


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ÑAN), Uberney Marín (Asociación América-España Solidaridad y Cooperación-AESCO), Abdennabi El Yamani (Asociación de Inmigrantes Marroquíes de Tendrara-ASIMT), Luís Felipe Naranjo (Asociación Colombianos en Elche), Hicham Alla (WAFAE Elche), Imán Slami (Asociación Sociocultural Ibn Batuta-ASCIB) y Falou Ndiaye (Asociación Sociocultural Macodou Sall-ASOCMACS). Por último, reservo las últimas palabras de agradecimiento a mi familia, especialmente a mis padres, Miguel y Fina; a mi mujer, Elisa e hijos, Miguel y Jorge. Vuestro cariño y amor han sido mis fuerzas para seguir adelante.


Capítulo I

MIGRACIÓN Y DESARROLLO INTRODUCCIÓN Desarrollo y migración son dos fenómenos cuya conceptualización se ha ido concibiendo de forma diferente a lo largo del tiempo. Como veremos seguidamente, existen bastantes dificultades a la hora de examinar la vinculación de ambos. En cierta medida, se debe, como afirma Lacomba (2004), a una deficiente conceptualización de los dos términos. “La migración entendida como una realidad unidireccional cuyas causas se encontrarían exclusivamente en los países emisores, así como el desarrollo es concebido como un fenómeno económico de carácter universal que seguiría los pasos de las sociedades occidentales. De esta primera constatación podría extraerse la conclusión de que es necesario avanzar más en la definición de ambos conceptos y establecer previamente un debate sobre qué tipo de migración y desarrollo hablamos. Igualmente hay que tener en cuenta los espacios y los tiempos para valorar de forma más precisa los efectos de las migraciones sobre el desarrollo: efectos a escala internacional, nacional, regional, local, familiar e individual, así como a corto, medio y largo plazo” (Lacomba, 2004: 32).

En este capítulo, hemos querido centrar nuestra mirada en el ámbito conceptual del “desarrollo”. Este intento de comprensión del término nos lleva necesariamente a la revisión histórica del propio concepto, tarea ardua y necesaria ya que dicha aproximación nos ayudará a encontrar aquellas interpretaciones cuya aplicabilidad sea palpable en el codesarrollo. En este sentido, no podemos dar por sentado el término “desarrollo”, cuyo alcance interpretativo es tan amplio que quizá al mismo tiempo no nos permita acotar y clarificar el objeto de nuestra investigación, nos referimos en este caso al “codesarrollo”. Según palabras de Rist, parece ser que todos sabemos de qué hablamos cuando utilizamos el vocablo “desarrollo”. Sin embargo, el consenso favorable que rodea este término es el centro de un malentendido que paraliza el debate (2002: 17).

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