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Proceso penal desde la historia Silvia Barona Vilar

teoría Ante el crimen se pone en escena algo de lo común, de lo comunitario: se trata del tejido que modela cómo estamos con los otros. El fenómeno del crimen solapa esferas políticas, jurídicas, éticas y estéticas. Implica aquello que querríamos que no nos preocupara, también lo que podemos esperar del gobierno de la comunidad y lo que sentimos, pensamos y debemos hacer. En este estudio se recorre un archipiélago conformado por teorizaciones de la antropología, la sociología y la filosofía. Se presupone la relevancia de estudiar el contexto cultural del derecho, interrogando fondos y horizontes del mundo jurídico. Así, empleando la imagen de Rousseau que Lévi-Strauss repetía para dar cuenta de la tarea de la antropología, se trata de mirar a lo lejos para lograr una perspectiva densa del tejido comunitario del crimen. Crítica a la criminología, aun a la criminología crítica, el texto se orienta a una crítica de las violencias: el colonialismo, la devastación de la naturaleza, el falocentrismo y el genocidio. Ante las dimensiones del crimen, ¿qué hacer? La interpelación requiere considerar algunos rasgos de nuestro complejo entorno: racionalidad instrumental; desigualdad económica; marginación cultural; industrialización del delito; e intersección de sensibilidades: indiferencia, que dona las existencias al espectáculo y el consumo; e inseguridad, sobresalto de la finitud y la contingencia que lleva a la reacción.

CRIMEN Y COMUNIDAD CLAUDIO MARTYNIUK CRIMEN Y COMUNIDAD

Claudio Martyniuk es profesor de Epistemología de las Ciencias Sociales y de Filosofía del Derecho, e investigador del Instituto Gino Germani (Universidad de Buenos Aires). Algunos de sus libros son: Wittgensteinianas. Filosofía, arte y política (1977), Esma. Fenomenología de la desaparición (2004), Imagen de Julio Cortázar (2004), Sobre la norma del gusto, la normatividad del arte y la narración de la justicia (2006), El proyecto polaco. Anotaciones sobre el emigrar (2008), Jirones de piel, ágape insumiso. Normatividad, epistemología y estética (2011), Estética del nihilismo. Filosofía y desaparición (2014) y Ensayo sobre el testimonio (2016).

Crisis y crítica de lo común, más acá y más allá de la criminología

Derecho y verdad IV. Problemas Germán Sucar Jorge Cerdio Herrán (Eds.) La gracia de los jueces Robert Jacob Razonar sobre derechos Juan Antonio García Amado (Coord.) ¿Por qué castigar? Razones por las que merece la pena castigar Winfried Hassemer Derechos, libertades y jueces Ronald Dworkin Los lenguajes de la jurisprudencia, la sociología y la ética Ulises Schmill Ordóñez Derecho penal constitucional Gonzalo Quintero Olivares Derecho y verdad II. Genealogía(s) Germán Sucar Jorge Cerdio Herrán (Eds.) ¿Justicia de transición? Pablo Galain Palermo (Ed.) La cuestión de lo político Eric Herrán

CLAUDIO MARTYNIUK

Teoría crítica constitucional Ricardo Sanín Restrepo Argumentación jurídica Marina Gascón Abellán (Coord.) Tratado de criminología 5ª ed. Antonio García-Pablos de Molina Libertad y familia Encarna Roca i Trias El buen jurista Cristina García Pascual (Coord.)

teoría

La justificación de las leyes penales José Manuel Paredes Castañón Teoría del derecho y argumentación jurídica Ramón Ortega García (Coord.)


CRIMEN Y COMUNIDAD Crisis y crítica de lo común, más acá y más allá de la criminología


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad deValencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad deYale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad deValencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad deValencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad deValencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


CRIMEN Y COMUNIDAD Crisis y crítica de lo común, más acá y más allá de la criminología

CLAUDIO MARTYNIUK

Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

TEORÍA Segunda época Colección dirigida por

Jorge Cerdio

© Claudio Martyniuk

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9169-849-4 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Prólogo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 I Crimen: lecciones de la antropología. . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 Crimen y crítica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 La lección de la antropología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18 En nombre de la comunidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25 Lo común es local. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32 II Crímenes contra lo común . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 Cortar la lengua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 Progreso técnico y reacción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48 Atendiendo a los victimarios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49 Crimen y lucro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 Vergüenza y crimen: efusiones de una marmita. . . . . . . . . . . . . . . . . . 54 La sociología como criminología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56 El Leviathan como genocida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 Crítica, el fuego de la desolación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61 III Una genealogía de la criminología: de la legitimación de la tortura a la policía de la sensibilidad. . . . . . . . . . . . . . . . . 63 Tortura y verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 Cárcel y utilidad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68 Castigo y racionalidad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74 Miedo, riesgo y policía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80 Razón de Estado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103 IV Anomia, nomos de la polis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105 Lazo social y desvinculación social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105 Vida y política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107 Excepción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 Violencia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 Pueblos, violencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109 El campo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 Tragedia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111


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Índice

La voluntad de no querer. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113 ¿Puede el arte ser un freno ante el límite?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113 Unión de mundos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114 La gravedad de la ideación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115 El gesto inaudito. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119 Atención. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120 Ética sensible y justicia abstracta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122


Prólogo i. Se intenta producir un acercamiento a la cuestión del crimen desde las ciencias sociales, las disciplinas humanísticas y la filosofía.Y esto implica adoptar un prisma que difiere de aquel otro tan transitado en las aulas de las escuelas de derecho y que reafirma la insularidad del conocimiento jurídico. Se propone recorrer un archipiélago conformado por teorizaciones provenientes de la antropología, la sociología y la filosofía. Este intento presupone la relevancia de estudiar el contexto cultural y social del derecho. Se trata de una relevancia que incide en la observación de la dinámica jurídica y que problematiza los suelos y horizontes del mundo jurídico. Así, empleando la imagen de Rousseau que Claude Lévi-Strauss repetía para dar cuenta de la tarea de la antropología, se tratará de mirar a lo lejos para lograr una perspectiva más compleja y densa del tejido comunitario del crimen. ii. Esa mirada le dará una puntuación a las capas de conocimientos producidos por la criminología. De 1876, cuando aparece L’uomo delinquente de Cesare Lombroso, en adelante, la criminología se concentró en el fenómeno del desorden, buscando un patrón explicativo. Desde entonces se fueron solapando visiones psiquiátricas, psicoanalíticas y sociológicas. El curso partirá de ellas para abordar omisiones y mostrar solapamientos. De esta forma, se promoverá tanto una crítica a la criminología como el trazado de un perfil que considere diversos espectros del crimen. En ese sentido, la revisión también debe comprender a la llamada criminología crítica, sus presupuestos y metas políticas. iii. La criminología omitió a los genocidios. En direcciones que se analizan, el desenvolvimiento de la criminología abonó


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presupuestos del Leviathan genocida. Por eso también se recorre una genealogía de la modernidad, centrada en la problemática foucaultiana de la biopolítica y en la debatida interrogación de Jean-Luc Nancy acerca de la comunidad inoperante. iv. Este decurso conduce a una ardua cuestión kantiana: ¿qué hacer? Tal interrogación se desenvuelve en un contexto complejo: desigualdad económica y social; violencias, exclusiones y marginaciones culturales; y reproducción delictiva se enlazan a tejidos provenientes de dos sensibilidades solapadas: indiferencia, que dona las existencias al espectáculo y el consumo; e inseguridad, sobresalto de la finitud y la contingencia que lleva a la reacción y conduce a la preocupación. Del crimen se querría su negación ontológica: que no existiera en la comunidad; de existir, se querría que otros se hicieran cargo y resolvieran la cuestión: que no demandara nuestras respuestas; y en caso de demandar tomar partido y dejar la pasividad de la indiferencia, se querría que él no nos afectara, que no lo sintiéramos. La cuestión del crimen, entonces, solapa esferas políticas, jurídicas, éticas y estéticas. Implica aquello que querríamos que no nos preocupara, también lo que podemos esperar del gobierno de la comunidad y lo que sentimos, pensamos y debemos –a veces sin poder esquivarlo– hacer. Ante el crimen, se pone en escena algo de lo común, de lo comunitario: se trata del tejido que modela cómo estamos con los otros. v. Desde tal condición, un prisma, un programa político, jurídico, filosófico se pone en tensión: la llamada “teoría republicana de la pena”, que promueve un giro del castigo carcelario a la reparación comunitaria. Por fin, se retorna a la cuestión del crimen y la crítica, de la experiencia y los saberes sobre ese límite que configuran también pliegues y repliegues de la comunidad


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(entre ellos, junto a los dispositivos disciplinarios, se localiza la criminología). Sin tal cuestión, que implica la crisis de lo común y el criterio (remedio) para tratarla, sin tal cuestión –que además implica la crisis de los criterios– difícilmente se lograrían abrirse las consideraciones propuestas. vi. Resta lo completamente arduo. Más allá de los modos posibles de castigo y reparación, ¿cómo perdonar lo imperdonable? Más acá de la teoría, de la mirada intensa capaz de prever, de la predicción demandada de prevención, ¿cómo justamente salvar lo que se debe del olvido? ¿Cómo perseverar correctamente en la memoria, cómo reparar nuestra nave en medio del mar, y también cómo cada tanto descansar del agobio de las tareas y dejar que el olvido haga su tarea? En común, entre el crimen y la crítica, ¿cómo alcanzar paz en los pensamientos? vi. Tanto la producción de estas reflexiones como la ocasión de exponerlas al público han sido motivadas por Germán Sucar. También él ha realizado valiosos comentarios y correcciones. El texto es un paso más, uno pequeño, en las múltiples direcciones compartidas desde hace tres décadas por nuestra amistad.


I

Crimen: lecciones de la antropología Crimen y crítica i. Un curso acerca de las esferas del crimen: antropología, sociología y filosofía. O cómo orientarse en el derecho desde las humanidades. De esto se tratará. Retornando caminos omitidos, interrogando otras direcciones, conjugando disciplinas y teorizaciones, trazando un perfil pluralista que abra y deje expuesto lo criminal a la historicidad, el crimen a la crítica, la crítica a la responsabilidad. ii. Así como el término latino crimen está ligado al verbo cernere (cernir, cribar, distinguir, analizar), y ese verbo dispone de la raíz indoeuropea krei, sobre la cual los griegos tejieron las palabras krinein (separar, decidir) y krisis, la interrogación sobre el crimen implica la cuestión del separar y distinguir la culpa de la inocencia. Remite a criterios y demandas críticas. Crimen y crítica, en esta relación tensa se muestran dos espacios definidos por la reflexión sobre los límites. Dos esferas escindidas y los requerimientos críticos interpelan esas distancias y observan solapamientos. Indican también casos en los cuales la crítica es un crimen (dogmatismo), y casos en los cuales el crimen es juzgado por el tribunal de la razón (crítica). El discurso del crimen, criminología, está solapado al discurso de la crítica, y en ciertos contextos de crisis, en los que crece la preocupación por la inseguridad, la reflexión sobre los límites se cruza con la inseguridad de los criterios para orientarse mediante el


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pensamiento y con la inseguridad para remediar las crisis de la sociedad. iii. La cuestión criminal interpela al pensamiento crítico. El crimen es puesta en crisis de lo común. El crimen desata una reafirmación de lo común (tal la promesa de lo común ante la posible transgresión) o una muestra de su deslizamiento (descompromiso y cambio). En cualquier caso, muestra prácticas en los límites. Y la tarea crítica, tarea filosófica, se desenvuelve en ese filo. Por eso, la reflexión sobre lo criminal es una reflexión sobre los límites: el lenguaje, el logos, esto común, carga con la responsabilidad –el logos carga con aquello que debe: persiste adeudando repuestas, debe preguntar y donar preguntas y respuestas– de mostrar las aristas propias de lo común, esas certezas (que se adelantan, impropias) sobre las cuales se desplazan las oscilaciones y se destacan los parecidos de familia. Lo común y el crimen se deben –y se trata de una deuda poética– una reciprocidad: Car Je est un autre. Tal la lección de Rimbaud, más acá de la antropología y más allá del derecho: porque lo común es el crimen, la poética –donación de exceso– eclosiona, ingresa, salta, lanza, golpea, remueve, expande. Rebasar lo común, dilapidar la herencia, martillar la tradición, traicionar las palabras, intercambiar lo intercambiable: nada ya más común. Se expande lo común y el crimen, pero ya en el desencantamiento, en el nihilismo, esta poiesis se ajusta a los estudios de Michel Foucault y la poesía quedó como aquel dibujo en la arena desdibujado por el oleaje. Hay que ser absolutamente moderno, se debe enterrar la imaginación, y en tal lucidez arrojada al mundo con una atención radical, la demanda de justicia persiste, enterrada, alojada en el anacronismo de la poesía. A la búsqueda de lo otro, ese ensayar moderno de la antropología, ese continuo rectificar del derecho, ese comercio, esta merced. A la búsqueda de la poesía,


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esa demanda de justicia a lo común: logos, discurso, lenguaje; esa acción crítica por lo común, donada a ello, pone en cuestión sentidos comunes, significados ordinarios. iv. El paso de la comunidad, ciudadanía común a víctimas y victimarios, aparece como un ritmo que sostiene el eco de una acción, suspende ciertos actos. Disociar, diferenciar unos actos de otros, y ligar actos a existencias: tal el método de la teoría, epojé que sostiene la evaluación y la responsabilidad, que demanda consideración recíproca. ¿Método? Camino compartido. Camino, sendero, indicación: trazado de la regla, nomos. Lo común, reconocer el método compartido. Claro, el lenguaje, el logos, lo va tejiendo. Teje la ligadura, diferencia causa de culpa en permanente tensión entre repetición y apelación (re-petición). Reconoce esa diferencia, y en esa operación se distingue y excluye, se singulariza; se hace un caso. A una persona se le atribuye un daño, y se interrogan acciones y responsabilidades. Y se responde. Se atiende el caso, pero siempre sobre un fondo. Si las respuestas se hallan de alguna manera codificadas, a veces se promueve un pliegue: a modo de metacodificación, por ejemplo, se responde que la articulación social de desigualdades y segregación –como fuerza fáctica, como palanca causal– condena al crimen, y la decisión normativa de un caso imputado a esa clase de condenados debe ser absolutoria, o lo más cercana a la absolución, ya que la culpa profunda no le es atribuida al procesado sino al sistema social. Se invoca una modalidad de estoppel, de algo que hace la comunidad y que la debilita para castigar al acusado (cfme. Antony Duff, Sobre el castigo. Por una justicia penal que hable el lenguaje de la comunidad, Buenos Aires, S XXI, 2015). En una comunidad en pánico esa invocación puede apenas ser considerada como advertencia, como señal que marca otra dirección, pero también puede ser comprendida –


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malinterpretada– como dirección que alienta aquello que abona el pánico. El problema comunitario de nuestra época es que tal invocación, esa intervención de la razón que pone en cuestión a la comunidad –rebasando el hacer de alguno de sus miembros–, es política, moral, jurídica y estéticamente bien atendida por parte de comunidades (o grupos internos a ellas) que rechazan, y han rechazado con un considerable registro de eficacia, tal dinámica de desigualdad y segregación. Tales comunidades justas no están exentas de tensiones, sobre todo cuando aparece en su interior el afuera de desigualdad y opresión, sea a través de migrantes, de ciudadanos refugiados cuya integración despierta resistencias, sea mediante la constatación de que tal orden justo se sostiene suspendiendo ciertos lazos de pertenencia con la sociedad mundial (ver, p.e., de Avishai Margalit La sociedad decente, Barcelona, Paidós, 1997).Y también en dichas comunidades, de fuerte compromiso igualitario, las políticas de encarcelamiento que dan lugar a la “industrialización del delito” son revisadas, y el declive del encierro acompaña cierto ánimo abolicionista, un escepticismo que impulsa el abandono de las prisiones y, a la vez, una problematización de la repuesta colectiva ante la constatación de un crimen; la comunidad se interroga cómo hacerse cargo de lo ocurrido, y en su responder impulsa la recuperación de lo común, persigue más bien reparar que castigar, aunque no siempre se lo logre. En cambio, frente a un crimen, en aquellas sociedades marcadas a fuego por la desigualdad y la opresión, el ánimo punitivo cobra vigor y despiertan polémica y rechazo las estrategias académicas, políticas y judiciales destinadas a eximir o minimizar responsabilidades en base, justamente, a la condena previa consumada por el sistema social, que traza los senderos de la selección de la población compelida a delinquir y a ocupar las celdas carcelarias, y a repetirlo en el insuperable


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retorno de la reincidencia (sobre la dinámica de la desigualdad y la criminalidad, ver, p.e., Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y estado, de Loïc Wacquant, Buenos Aires, SXXI, 2007); tal tipo de polémica muestra la débil adhesión que logra esta táctica interpretativa (esas búsquedas de versiones para desincriminar, de versiones diferentes a las hegemónicas en la comunidad, convocan sub-versiones) y, además, indica que en la sensibilidad colectiva eso poco irrita. ¿Acaso la desigualdad, que en el fondo se alega como eximente de responsabilidad, no debe ser la razón de respuestas de campos diferentes al judicial penal? ¿Acaso el dejar expuesta a la sociedad a la repetición del delitoinocente no agrava el entorno de inseguridad y brinda una comunicación disfuncional, que instala una forma de anomia: el valor de la regla vale para unos (que serían, sí, responsables) y, como afirman unos encargados de interpretarla o aplicarla (académicos o magistrados contraculturales), no debe valer para otros (que no deben ser considerados responsables), reafirmándose de tal modo la desigualdad? Por otra parte, ¿cómo la decisión de un caso podría incidir para astillar, violentar la facticidad, aunque se trate de un vano nadar contra la corriente? ¿Y por qué se debería dejar de intentarlo? Tales interrogaciones no aseguran un remedio, no dan cura a padecimientos de la comunidad. Se trata de apenas remedos, entre libras de carne y trozos de alambre. No hay garantismo capaz de garantizar el respeto de los derechos. Ya Max Weber observó que el proceso de racionalización del derecho moderno queda expuesto a decisiones judiciales arbitrarias: excepciones a la regla general. Ninguna regla se aplica a sí misma, y la superposición de reglas con el fin de garantizar aquella regla que sería básica no logra más que trasladar la irresolución de una cuestión que interpela el malestar en la cultura.


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La lección de la antropología Una sociedad no conoce un derecho único, sino que aplica una superposición de derechos. Marcel Mauss, Manual de etnografía (1926)

i. Interrogar el crimen implica atender las puntadas y tonalidades de la malla simbólica que diferencia las acciones inapropiadas. Ese tejido de lo impropio a la comunidad, ese resaltar y castigar el lado sombrío de las conductas posibles es lo propio de la comunidad. Reconociendo lo criminal, la voz de la sociedad se hace propia. Interrogar al crimen muestra, entonces, lo común. Y así, la sociabilidad del crimen aparece como la sombra o el eco de la sociedad. Tal reverso, el de lo sombrío, el de lo impuro, es también el lado del desarraigo de lo común. La acción separadora de la acción e identificadora de su responsable es la puesta en acto de lo común; es aquello que materializa, realiza lo común. Un grupo, todo agrupamiento humano, aparece definido por su derecho, por la organización de expectativas colectivas, por la movilización de redes simbólicas en las prácticas. Ese tejido captura casos, y los casos forman precedentes: el uso, rebasando su singularidad, se muestra como criterio, paradigma de lo común. La antropología ha recorrido casos, se ha entregado a observar casos, y les ha donado esas observaciones a las culturas a las que se debe; ha cumplido, de esta forma, con el deber de reciprocidad, de allá y de acá: de allá, donde no entregar un potlach expone al responsable a quedar aplastado por el peso de la vergüenza, más allá de su consentimiento –Claude Lévi-Strauss en Tristes trópicos relata una escena que se hará famosa: “la lección de escritura”, tal como la llama Jacques Derrida, de los nambiquara, a quienes el antropólogo, como lo había hecho antes entre los caduveo, donó


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hojas de papel y lápices; con esos útiles, el jefe de la tribu trazó líneas que “fingió leer”, hallando en ellas “la lista de los objetos que yo debía dar a cambio de los regalos ofrecidos…” (Tristes trópicos, Buenos Aires, Eudeba, 1970, pp. 293/4); la lección, vinculada a la lectura y la ley, a la escritura y el poder de administrar, prosigue en las investigaciones etnográficas y sociológicas de allá y de acá, del crimen en “otras” culturas. Del crimen en “nuestras” subculturas, ver –además de los ejemplos que más adelante se indican– el trabajo de cinco años en el East Harlem de la década de 1980 que realizó Philippe Bourgois, plasmado en su libro In Search of Respect: Selling Crack in El Barrio (Cambridge University Press, 1995; En busca de respeto.Vendiendo crack en Harlem, Buenos Aires, SXXI, 2010)–; acá, a la definición de responsabilidad se le suman atributos a la subjetividad, y el sujeto de conocimiento, en la dimensión de sus deberes, es un representante en el campo del saber de la comunidad a la que pertenece, y por eso el antropólogo, como mandatario, embajador, ministro, debe volver y devolver, y también así buscar su individualización a través de un criterio público, derivado del intercambio: el reconocimiento. El mismo sujeto que ha experimentado, intercambiado y estudiado a “otros” de allá y de acá, “debe” también donar las lecciones de sus contactos, mostrando las discontinuidades y, para la “sorpresa” de la comunidad de sus lectores, también las ligaduras entre ambas comunidades o “sub” culturas; de ese modo, a través de dichas comunicaciones, lo impropio, ajeno y extraño deviene “común”. Por otra parte, el agente penitenciario, en comunidad con ambos lados de las rejas, experimenta el viaje de la “libertad” a la “restricción”, media entre el adentro del afuera, y al salir de esa caverna antiplatónica, experimenta también el afuera del adentro, desplegando una reciprocidad en la cual los dones vehiculizan nuevos crímenes e intercambios de experiencias; aquí,


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la arqueología se hace requisa, mientras que el cuaderno del etnógrafo se llena de registros y listas burocráticas. La amabilidad y cortesía del antropólogo aparecen, desde el descarnado prisma de su contemporáneo penitenciario, como imposturas útiles: ¿acaso esos cuadernos, entre la literatura y la ciencia, y a pesar la buena voluntad y ánimo humanista, no han sido también sendas de la colonización y el panopticismo? Por su lado, en los campos etnografiados y en los alambrados concentracionarios, la prosa jurídica, la lección de escritura del derecho ha desparramado la tinta de los abogados, de los apoderados que empoderan y empobrecen, traduciendo todo, dones y promesas de dones, protestas y faltas, al lenguaje del derecho, prosa de la humanidad: ¿qué etnografía resta por escribir cuando ya en el siglo XX, tras genocidios y colonialismos, tras explotaciones y sumisiones, pero sin abandonar tal acumulación de violencia, se han hecho todas las declaraciones universales de los derechos humanos? Las agencias internacionales, nacionales y locales, estatales y de la sociedad civil, donan sus plaquetas: derechos de todos, de todas, de todxs, de tobas y de cada tribu, y de cada individuo individualizado. Lecciones y ensayos que realizan lo común en la traducción: antropología y derecho, en sentido estricto articulan etnografías, construyen el tratado de la cultura, escriben lo común, que se llena de detalles incisivos, que abunda en un sinfín de diferenciaciones. ii. El perfil epistemológico del término constructivismo abarca tonos que van de la magia a la ingeniería. El dibujo que traza permite reconocer una figura: la eficacia simbólica. Y un fondo de caja negra (la comunidad, para la comunidad, esboza tanto el mundo que sostiene lo precomprensivo como aquello que lo excede; podría indicarse eso, à la Wittgenstein, como lo místico). Así se solapan suelos y cielos, horizontes y eclipses de sentido. Así se acumulan prestaciones, intercambios entre in-

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