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LAS OTRAS GEOGRAFÍAS

Joan Nogué

Universitat de Girona

Joan Romero

Universitat de València (Eds.)

Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Dirección: JOAN ROMERO GONZÁLEZ Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

1ª Edición en Editorial Tirant lo Blanch (2006) © Joan Nogué Joan Romero y otros

©

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es I.S.B.N.: 978-84-15442-63-9 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Índice Otras geografías, otros tiempos. Nuevas y viejas preguntas, viejas y nuevas respuestas .............................................................................................. JOAN NOGUÉ

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Cátedra de Geografía Humana, Universitat de Girona

JOAN ROMERO Cátedra de Geografía Humana, Universitat de València

I. LAS OTRAS GEOGRAFÍAS DE LA GLOBALIZACIÓN 1.

Los nuevos retos de la lucha contra la pobreza .................................. IGNASI CARRERAS ADELA FARRÉ

53

Intermón Oxfam

2.

La descartografía del mundo. Estados fallidos y conflictos olvidados CARLOS TAIBO

81

Universidad Complutense de Madrid

3.

Las geografías de las crisis olvidadas .................................................. CONSUELO LÓPEZ ZURIAGA JORDI PASSOLA

97

Médicos Sin Fronteras

4.

Las naciones sin Estado ........................................................................... AGUSTÍ COLOMINES

113

Universitat de Barcelona

5.

Los desplazados forzosos en el mundo y sus derechos. Sobre las políticas de inmigración y asilo ............................................................. JAVIER DE LUCAS

139

Cátedra de Filosofía del Derecho, Universitat de València

6.

Las múltiples geografías del terrorismo .............................................. MIREIA FOLCH-SERRA

157

University of Western Ontario

7.

Geografía actual del Comercio Justo ................................................... RAFAEL SANCHIS

173

Intermón Oxfam

8.

Los espacios de la Alter-globalización. Geografía y movimientos sociales ......................................................................................................... ANTONI LUNA Universitat Pompeu Fabra

191


8 9.

ÍNDICE

De cómo la fe mueve montañas… y la religión las convierte en paisaje: una aproximación a la geografía de la religión ................. ABEL ALBET

211

Universitat Autònoma de Barcelona

II. LOS NUEVOS TERRITORIOS 10. El tiempo del territorio, los territorios del tiempo ............................. FRANCESC MUÑOZ

235

Universitat Autònoma de Barcelona

11. La geografía de los tiempos lentos ......................................................... PERLA ZUSMAN

255

Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas, Buenos Aires, Argentina

CRISTINA HEVILLA Universidad Nacional de San Juan

MATÍAS MOLINA Universidad Nacional de San Juan

12. Geografía de los tiempos y de los espacios efímeros y fugaces ........ DANIEL HIERNAUX

269

Universidad Autónoma Metropolitana de México, Campus de Iztapalapa

13. De la geografía de los riesgos a las geografías de la vulnerabilidad ANNA RIBAS

285

Universitat de Girona

DAVID SAURÍ Universitat Autònoma de Barcelona

14. Geopolítica de los recursos naturales ................................................... RICARDO MÉNDEZ

301

Consejo Superior de Investigaciones Científicas

15. La ciudad en el campo: nuevas ruralidades y lugares rururbanos CLAUDIA BARROS

325

Universidad Nacional de Luján, Universidad de Buenos Aires, Argentina

16. Desigualdades agrícolas mundiales y sub-alimentación ................. MARCEL LOUIS MAZOYER

339

Institut Nacional Agronomique Paris-Grignon

III. LAS OTRAS CIUDADES 17. Vulnerabilidades urbanas: separar, olvidar, deshabitar ................ JOSEP M. MONTANER Universitat Politècnica de Catalunya

353


ÍNDICE

18. La ciudad y el miedo ................................................................................. LAIA OLIVER-FRAUCA

9 369

Universitat Autònoma de Barcelona

19. La ciudad informal ................................................................................... RAQUEL HEMERLY TARDIN COELHO

389

Universidad Federal de Río de Janeiro

20. Resistencias urbanas y conflicto creativo: lo público como espacio de reconocimiento ........................................................................................... ABEL ALBET

405

Universitat Autònoma de Barcelona

ANNA CLUA Universitat de Vic

FABIÀ DÍAZ CORTÉS Universitat Autònoma de Barcelona

21. La espacialidad de la vida cotidiana. Hologramas socio-territoriales de la cotidianeidad urbana .............................................................. ALICIA LINDÓN

425

Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Iztapalapa, ciudad de México

22. Ciudades en el dial. Medios comunitarios y estrategias de regeneración urbana ................................................................................................ ANNA CLUA

447

University of Durham

IV. EL CUERPO 23. El cuerpo como mercancía ...................................................................... JOSEPA BRU

465

Universitat de Girona

24. Sexo, género y lugar .................................................................................. MARIA PRATS FERRET

493

Universitat Autònoma de Barcelona

25. Espacios disidentes homosexuales ......................................................... XOSÉ M. SANTOS

511

Universidade de Santiago

26. Geografía y discapacidad ........................................................................ ANA OLIVERA

527

Universidad Autónoma de Madrid

Postfacio: nunca renunciar frente a lo intolerable ................................... SAMI NAÏR IEREM y Universidad de París VIII

543


Presentación El libro que tienen ustedes en sus manos responde al absoluto convencimiento de los editores de la relevancia cada vez mayor del saber geográfico en el mundo que nos ha tocado vivir. Sea cual sea el ámbito al que nos refiramos (social, cultural, político, económico), la geografía se nos muestra como un saber útil —e imprescindible— para su comprensión. Ahora bien, las dinámicas territoriales de las sociedades contemporáneas no siempre saltan a la vista; no siempre se corresponden con los grandes temas tradicionalmente estudiados por la academia; no siempre son de fácil acceso. Por eso hablamos de las ‘otras’ geografías, es decir de aquellas expresiones geográficas de la contemporaneidad poco estudiadas habitualmente por su intrínseca dificultad y accesibilidad, o por su apariencia invisible, intangible, efímera y fugaz. Y, sin embargo, la importancia y significación de estas otras geografías es cada vez mayor. Entendíamos que hasta el presente y en lengua castellana estas otras geografías no habían recibido la atención necesaria en los textos de geografía humana convencionales, ni tampoco en los correspondientes a otras muchas ciencias sociales. Queríamos contribuir, modestamente, a rellenar un hueco a todas luces evidente, aunque, como debe ser, sólo el lector podrá juzgar con total imparcialidad si hemos conseguido o no el objetivo que nos proponíamos. Así lo entendió también la editorial Tirant lo Blanch que desde el primer momento acogió nuestra idea con un entusiasmo poco común y que trasciende con mucho la cotidiana tarea editorial. La selección de temas no fue fácil y tampoco lo fue su encadenamiento lógico y progresivo y su estructuración en cuatro grandes bloques, los referidos a “Las otras geografías de la globalización” (Bloque I), “Los nuevos territorios” (Bloque II), “Las otras ciudades” (Bloque III) y “El cuerpo” (Bloque IV), precedidos todos ellos del capítulo introductorio “Otras geografías, otros tiempos. Nuevas y viejas preguntas, viejas y nuevas respuestas”, a cargo de los dos editores y coordinadores del libro. Concluye el libro un excelente, crítico y esperanzador texto de Sami Naïr. Estos cuatro grandes apartados no sólo siguen una secuencia de magnitud de los fenómenos analizados en lo referente a su escala geográfica, sino que responden también a unos ámbitos temáticos


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claramente diferenciados, aunque no por ello menos interrelacionados entre sí. El cuerpo como sujeto y objeto geográfico, las nuevas configuraciones urbanas, los nuevos territorios de la contemporaneidad y la cara oculta de la globalización son, desde nuestro punto de vista, imprescindibles para conocer y entender el complejo mundo que nos rodea. Los temas a desarrollar en forma de capítulos en cada uno de los bloques señalados fueron encargados a los mejores especialistas que supimos y pudimos encontrar en su momento, intentando en la medida de lo posible que tanto la procedencia geográfica como disciplinar de los mismos fuera lo más amplia posible. Así, en el presente volumen participan arquitectos, economistas, filósofos, geógrafos, historiadores, ingenieros agrónomos, periodistas, juristas, médicos, politicólogos, sociólogos y urbanistas, procedentes de veinte universidades y centros de investigación de Argentina, Brasil, Canadá, España, Francia y México. A esta diversa representación se han querido incorporar representantes de Intermón Oxfam y Médicos Sin Fronteras, dos Organizaciones No Gubernamentales de acreditada experiencia y muy comprometidas con las causas justas. Conseguir esta variada formación académica y origen geográfico ha representado, para los editores, una de las mayores satisfacciones a lo largo del dilatado proceso de confección del presente texto, en especial al comprobar que todos ellos compartieron desde el primer momento los objetivos que nos marcamos. Y no sólo eso, sino que comulgaron con ellos con la misma pasión e ilusión que quienes escriben estas líneas. Vaya por delante nuestro más sincero agradecimiento a todos ellos y muy especialmente a Claudia Barros, que nos dejó por el camino después de una larga enfermedad. Siempre nos conmoverá recordar que escribió buena parte de su capítulo en la habitación de un hospital de Buenos Aires. El libro está escrito por especialistas de reconocido prestigio, pero no va dirigido a especialistas, sino a un público amplio y variado. En efecto, estas páginas pretenden llegar tanto al estudiante universitario de cualquier disciplina como a toda persona que se interesa por cómo se está transformando el mundo que tiene a su alrededor. Porque, en última instancia, de eso se trata: de intentar comprender algo mejor el mundo que nos rodea mediante, en este caso, los instrumentos que ofrece la geografía contemporánea y otras ciencias sociales conexas. Y ello implica hablar de la globalización y de sus detractores, de la dialéctica localglobal, del comercio —del justo y del injusto—, del terrorismo, de la exclusión, de la pobreza, del hambre y de la subalimentación, de los


PRESENTACIÓN

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desplazados, de la formación de identidades colectivas, de la geografía de las religiones, del papel del Estado-nación tradicional ante el creciente protagonismo de entidades supraestatales y subestatales. Implica también referirse al surgimiento de nuevos territorios y de nuevos agentes sociales y políticos creadores de nuevas regiones y, cómo no, de la compleja gestión de los recursos naturales, de los riesgos ambientales, de las vulnerabilidades urbanas y de las nuevas ruralidades, sin olvidar la ciudad informal, los miedos a la ciudad, las resistencias urbanas, las geografías de la cotidianeidad urbana y los espacios electromagnéticos como espacios de resistencia, para acabar con el cuerpo como mercancía, con el género y sus geografías, con los espacios disidentes homosexuales y con las geografías de la discapacidad, siempre tan olvidadas. Son muchos y muy variados los temas aquí tratados, por lo que se ha hecho imprescindible un gran esfuerzo de síntesis y de contención. Somos conscientes de que cada uno de estos aspectos merecería un tratamiento mucho más exhaustivo, pero la limitada extensión del libro no lo permitía. Deseamos que la bibliografía que se adjunta al final de cada capítulo permita al lector profundizar en aquello que más le interese. En este libro, que se ha querido plural e interdisciplinar, el lector o lectora encontrará escasas certezas. Hallará, en cambio, numerosos interrogantes. Viejas y nuevas preguntas para encontrar explicación a muchos de los procesos y de las fuerzas que están cambiando el mundo y que afectan a los territorios y a las personas de forma muy diferente. También encontrará una aproximación muy sugerente a “viejas y nuevas formas de subjetividad”, en palabras de Luisa Passerini en su espléndido libro Memoria y utopía. La primacía de la intersubjetividad (2006). Pero, sobre todo, el lector o lectora encontrará que en estas páginas se pretende ofrecer una mirada especial al mundo en que vivimos. Desde el presente. Y una mirada especialmente dirigida hacia aquellos que tienen menos voz; o que carecen de ella por muchas razones. Una mirada especial hacia aquellos que un día fueran definidos por Eduardo Galeano: “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada Los nadies: los ningunos, los ninguneados (…) Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía.


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Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local…” En 1890, el periodista Jacob A. Riis realizó uno de los reportajes más impresionantes que se hayan escrito nunca sobre las condiciones de vida de quienes vivían en el lado invisible de la ciudad de Nueva York. Aquel reportaje mítico se titulaba Cómo vive la otra mitad. Quiso dar noticia de cómo eran las vidas cotidianas de aquellos de los que los diarios únicamente se ocupaban en las páginas de sucesos o aparecían en los registros policiales de defunciones. Parafraseando a Jabob Riis y salvando todas las distancias, en este libro también hemos querido ocuparnos de aquellos que, a los ojos de muchos, son simplemente invisibles; de aquellos para los que apenas queda espacio en los márgenes de los libros de texto. JOAN NOGUÉ y JOAN ROMERO


Otras geografías, otros tiempos. Nuevas y viejas preguntas, viejas y nuevas respuestas JOAN NOGUÉ Cátedra de Geografía Humana, Universitat de Girona

JOAN ROMERO Cátedra de Geografía Humana, Universitat de València

1. EL FINAL DE UN “VIEJO ORDEN”, PERO ¿EL COMIENZO DE QUÉ? En este brumoso inicio de milenio los cambios en curso son de tal profundidad que ofrecen pocas certezas. A la seguridad y, pese a todo, certidumbres de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, los cambios que adquieren forma en los ochenta abren la puerta a un horizonte definido por la incertidumbre, la fragmentación, la inseguridad y la vulnerabilidad. Sólo quienes se sitúan en posiciones integristas o fundamentalistas —sea desde Oriente, sea desde Occidente— pueden exhibir argumentos sin aparentes debilidades ni dudas, pese a que los hechos se encarguen de desmentirlos dramáticamente cada día. Para la gran mayoría, sin embargo, las preguntas están cambiando a gran velocidad. También las respuestas. Ya no son de utilidad muchas de las grandes preguntas con las que hemos acostumbrado a encarar problemas y desafíos colectivos. Parafraseando a Octavio Paz podríamos decir que no solamente ya son de poca utilidad las respuestas tradicionales, sino que los procesos y los hechos incluso nos han cambiado las preguntas. Vivimos tiempos precarios, tiempos hostiles, tiempos inciertos. Tiempos de muros y vallas. Tiempos de fronteras entrecerradas. Tiempos en los que prima la invisibilidad y la efimeralidad. Tiempos en los que se abren las puertas a los capitales y las mercancías y se cierra el paso a las personas. También son tiempos de repliegue, en los que las gentes se “refugian”, se “defienden”, se “identifican” cada vez más en función del


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color de su piel, de su religión, en su etnia o del lugar en el que viven, más que en función de su ideología o de sus valores. Nadie sabe hacia dónde nos va a conducir el proceso de cambio en esta nueva Era de la información y la comunicación. Algunos autores como Friedman (2005) llaman la atención sobre las nuevas fuerzas que están “aplanando” la Tierra y cuyas consecuencias no han hecho más que empezar a hacerse visibles. Hace ya muchos años que lo anunció Harvey cuando hablaba de la pérdida de significado tradicional del tiempo y del espacio. Castells (1998) desarrolló esa idea de forma magistral años después. Pero, muy probablemente, ni ellos mismos alcanzarán a prever la verdadera profundidad de los cambios y las imprevisibles consecuencias que se derivan de esta forma de entender la globalización. Porque —y es una idea central que planea sobre todo el libro—, si bien es cierto que la globalización ha venido para quedarse, no es menos cierto que caben, o cabían, otras formas alternativas de conducirla y gobernarla. Las explosiones de violencia periódicas en cualquier ciudad de América Latina y las revueltas y las manifestaciones en Francia son un síntoma y al tiempo una metáfora de cómo cambian los contextos y cuán escasos son los instrumentos para enfrentarse a la desesperación y para encarar los cambios tanto en países pobres donde la desigualdad extrema es su rasgo más distintivo, como en el seno de las sociedades opulentas: no se trata de movilizaciones que propongan cambios sociales profundos o incluso revolucionarios, sino explosiones provocadas por la desesperación o movimientos sociales de repliegue impelidos por mero instinto de conservación en el seno de sociedades donde cunde el temor y el desánimo. Por otra parte, en los territorios pobres del planeta, más allá de la delimitación tradicional de unas fronteras que en ocasiones son irrelevantes, la historia también se acelera. Y esa aceleración hace que fragmentación, segmentación e integración selectiva sean rasgos distintivos del nuevo contexto. En uno y otro caso, los poderes públicos evidencian una impotencia y una perplejidad ciertamente llamativas. Existe un consenso básico en torno al final de un “viejo” orden mundial. Incluso disponemos de algunas fechas que ya han quedado en la historia como referencia ineludible para indicar un antes y un después. La caída del muro de Berlín simboliza mejor que ninguna otra ese final. Pero los consensos se diluyen cuando de intentar explicar el “nuevo” orden se trata. Así pues, hemos dejado atrás el final de un viejo orden, pero ¿cómo definir esta nueva era? En este caso, la cantidad de referencias que califican el nuevo contexto son interminables: nuevo orden, nuevo desorden, nueva Edad Media, geopolítica de la compleji-


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dad, geopolítica de las fracturas, geopolítica del caos, segunda modernidad, modernidad radical, modernidad líquida, postmodernidad… Esta nueva etapa geopolítica a la que nos estamos refiriendo tiene como uno de sus hitos fundamentales el primer gran atentado de la nueva era del terror global: el hundimiento de las Torres Gemelas de Nueva York y del edificio del Pentágono, al que habrían de seguir otros atentados como el de Madrid o Londres. Ese atentado simboliza muchas cosas y con él se han derrumbado otras tantas. Se ha desvanecido la sensación de seguridad interna presente en las democracias occidentales. Se ha desplomado el símbolo de la globalización económica. Se han desmoronado las bases de la tradicional política exterior, de defensa y de seguridad de los países más poderosos de la tierra. Supone el final de las formas convencionales de afrontar conflictos armados, para dar paso a un nuevo escenario en el que el posible enemigo no sólo carece de rostro y territorio concreto, sino que, a modo de caballo de Troya posmoderno, puede encontrarse viviendo y trabajando entre nosotros. Ha quedado en evidencia la fragilidad y vulnerabilidad del Estado-nación para hacer frente al terror global. Se ha derrumbado —por si quedaba alguna duda— la idea de hegemonía, de supremacía y de triunfo definitivo de EEUU (y por extensión de Occidente) sobre el resto del mundo. En efecto, en esta nueva Era de (des)orden global, de fracturas, de incertidumbres, de malestar, no puede hablarse de hegemonía geopolítica de un solo país. Tras la caída del muro, muchos lo pensaron. Incluso algunos profetizaron el final de la historia. Sin embargo, si alguna cosa se va perfilando en este brumoso inicio de milenio es un horizonte en el que no puede imponerse el unilateralismo de un solo país. Ya lo explicó Joseph Nye en su Paradox of American Power (2002) cuando proponía analizar la distribución global de poder en el mundo imaginando una compleja partida de ajedrez en tres dimensiones. En el tablero superior, sugería, la fuerza militar es todavía en gran medida unipolar, con el dominio de Estados Unidos, y su capacidad de despliegue militar global. Sin embargo, en el tablero central el poder económico es crecientemente multipolar. A la tríada compuesta por Estados Unidos, Europa y Japón que representan dos tercios de la producción mundial, ya se han unido la India, Brasil y especialmente un país como China dispuesto a disputar la hegemonía a los poderes económicos “tradicionales”. En el tablero inferior la situación es de tal complejidad y dificultad que ya ni siquiera está completamente en manos de los Estados, sino de otros muchos agentes legítimos e ilegítimos que en ocasiones evidencia una capacidad y un poder superior al de los propios Estados. Hasta tal punto se


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encuentra disperso el poder en este nivel, subraya Nye, que carece de sentido utilizar términos como unipolar, multipolar o hegemonía. Ello no impide, no obstante, que en esta transición del viejo al “nuevo” orden no sigamos asistiendo a exhibiciones y demostraciones de fuerza o al mantenimiento de dobles raseros en muchas partes del mundo y por parte de muchas potencias de primer y de segundo orden. Con diferentes varas de medir se apoyan, a conveniencia, dictaduras y teocracias “amigas” al tiempo que, con la libertad como bandera, se auspician, propician, consienten o toleran episodios y acontecimientos indignos. Sea en Irak, sea en Chechenia, sea en Kurdistán, sea en China, sea en El Salvador, sea en Sudán, sea en la franja de Gaza. Hay una potencia aún inigualable en el plano militar, pero necesitada de acuerdos y alianzas en el terreno político y económico. Otras potencias emergentes o en proceso de recuperación disputan a Estados Unidos espacios de influencia. Si algún conjunto geopolítico queda algo más desdibujado en este nuevo contexto, ése es Europa. Más allá de sugerentes visiones como la de una Europa cosmopolita, como la que propone Ulrich Beck (2006), cargadas de esperanza y de voluntad de querer ser, Europa, como actor geopolítico global, afronta el nuevo milenio con demasiados interrogantes aún sin resolver. Si miramos a nuestro alrededor y analizamos los silencios, las alianzas implícitas y explícitas y su impotencia política, es lógico que algunos se pregunten si Europa es algo más que un espacio económico cada vez más amplio. A Europa le sobran gestores y le falta liderazgo político y moral. En esos escasos momentos en los que la historia se acelera —y ahora estamos en uno de ellos—, es cuando llega la hora de la política y de las grandes decisiones. Y la nueva Europa, que ya ha sido capaz de reparar las deudas contraídas con su propia historia, debe aspirar a ser un actor político capaz de reconstruir consensos y de devolver la confianza a millones de ciudadanos, de Europa y del mundo, que asistimos atónitos a este proceso de deterioro moral y de falta de principios. Europa tiene ahora la obligación moral de ayudar a construir una segunda modernidad y de restaurar los puentes de encuentro con las culturas que otros se han dedicado a destruir de forma sistemática. El proceso de cesión voluntaria de soberanía desde los Estados miembros a favor de una nueva realidad política supraestatal es positivo. La cesión de soberanía refuerza su autonomía frente a otros actores políticos y hace a cada uno de los Estados más fuerte e invulnerable. Sin embargo, en momentos decisivos Europa no es capaz de actuar como un actor político con capacidad de liderazgo mundial. No dispone de una voz


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propia ni de una posición común. Hace tiempo que evidenció su impotencia en conflictos internacionales como el de Palestina e Israel o el de Irak, o en procesos de dimensión global como el de la inmigración. Europa construye un mercado más amplio, pero a la vez se hace políticamente más pequeña. O cuando menos, más irrelevante e invisible. Es una visión eurocéntrica miope, poco ambiciosa y no hace justicia con nuestra propia historia. Porque, en lo básico, nos mantiene como europeos en una posición dependiente y subalterna. Miope en sus objetivos y subalterna en las actuaciones. Son las cuestiones profundas y los valores morales los que movilizan a los ciudadanos. Y el actual contexto obliga sin duda a tener que hablar de valores, de ideales, de derechos, de culturas, de civilizaciones, de diálogo y de respeto. Europa tiene la obligación de liderar ese debate. Aunque sólo sea por respeto hacia aquellas personas que han empedrado el camino de la historia con sus vidas para hacer avanzar los principios de la Ilustración y los derechos básicos de ciudadanía. En este nuevo contexto los conflictos son de otro tipo, pero el número no se reduce de forma significativa. Ahora son más regionales, tienen lugar preferentemente en el Sur, afectan cada vez más a civiles e incrementan el número de damnificados y de refugiados. Son más anónimos, pero no son menos las personas afectadas, sino que simplemente mueren en medio del silencio y el olvido. Ahora han perdido el ropaje ideológico que los envolvía durante el viejo orden. Su etiología ya no puede disfrazarse de comunismo/anticomunismo, sino que tienen como fuente la disputa por recursos y materias primas, el enfrentamiento por razón de religión, de género o por el color de la piel. No está claro que éstas no fueran también las causas últimas en etapas anteriores, pero ahora se hacen más visibles. Y solamente les prestamos atención cuando algún estallido o crisis suscita el interés de algún medio de comunicación o cuando alguna Organización No Gubernamental llama a las puertas de nuestras conciencias. Pero pasa el tiempo y las cosas vuelven a la “normalidad”. Se apagan los focos mediáticos, las ONG y otras instituciones —entre las que casi nunca faltan las religiosas— continúan con sus silenciosos pero eficaces trabajos de ayuda humanitaria, la llamada comunidad internacional vuelve a sus rutinas, los conflictos o crisis pasan al olvido… y las gentes siguen muriendo en silencio.


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Los pilares del nuevo contexto La crisis social ha alcanzado niveles hasta ahora desconocidos y aumenta el riesgo para la mayor parte de la humanidad. No es necesario invocar aquí los centenares de informes disponibles para constatar que la brecha existente entre los que lo tienen casi todo y los que no tienen nada se ha agrandado a lo largo de las tres pasadas décadas. Nunca el mundo había sido tan desigual y nunca los niveles de concentración de la riqueza habían alcanzado proporciones tan obscenas. Pobreza y desigualdad son los rasgos distintivos de un modelo social que es capaz de mantener a más de 800 millones de personas en el mundo en situación de hambre extrema y que además ha visto emerger el llamado Cuarto Mundo en el seno de las islas de seguridad, de las fortalezas, que integramos un reducido grupo de países del planeta pertenecientes al club de las llamadas democracias maduras. Aumentan las desigualdades entre Norte y Sur y aumentan igualmente en el seno de las sociedades del Norte y del Sur. Las sociedades han evolucionado a lo largo de los últimos cincuenta años desde estructuras en las que, como explica Castells, la distribución de la renta se asemejaba a una forma de almendra o diamante hacia estructuras que adoptan una forma de reloj de arena. El nuevo milenio se ha inaugurado con una distribución de la renta que, de manera algo sarcástica, se asemeja a una imaginaria forma de “copa de champán”, imagen llena de simbolismo al reordenar el mundo en dos únicas categorías: los ganadores y los perdedores de la globalización (Held; McGrew, 2003). Ganadores y perdedores que ya no se ajustan de manera precisa a los clásicos esquemas de la geografía, porque ahora el Norte se presenta cada vez más disperso y fragmentado y el Sur también. Hemos asistido, en efecto, a la emergencia de muchos Nortes y de muchos Sures. Afirma Beck que hemos construido un modelo de sociedad que no está asegurada, ni puede estarlo, porque los peligros son incuantificables, incontrolables, indeterminables e inatribuibles. El nuevo contexto globalizado entraña nuevos desafíos para los Estados y el riesgo de que la globalización no pueda ser gobernada democráticamente. El proceso de globalización ha evidenciado la impotencia de la estructura del Estado-nación nacido en Westfalia para controlar democráticamente procesos que escapan al ámbito de decisión política de los Estados y para abordar cuestiones que son determinantes para garantizar la sostenibilidad y que no conocen fronteras. Los Estados, en un proceso de profunda transformación, han perdido autonomía y han cedido sobera-


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nía. Nuevos actores y nuevos poderes, especialmente las empresas multinacionales, han ampliado dramáticamente su capacidad de maniobra. Como diría Daniel Bell, ante la profundidad de los cambios en marcha y de los riesgos que entrañan, la estructura de los Estados que hasta ahora hemos conocido empieza a ser “demasiado grande para resolver pequeñas cosas y demasiado pequeña para resolver grandes cuestiones”. Y está además, no conviene olvidarlo, la interminable relación de Estados imposibles, inviables o fallidos. De otra parte, se cuestiona la gran capacidad de decisión que ostentan determinados organismos internacionales o instituciones globales que, aun gozando de cierta legitimidad democrática indirecta, tienen atribuida una capacidad de decisión y de influencia muy superior a la de muchos Estados, afectando con sus decisiones a las vidas de millones de personas del planeta, sin que éstos puedan hacer nada para evitarlo. En el mismo nivel global existen procesos sobre los que parece que no existe posibilidad o voluntad alguna de atribuir responsabilidades y de ejercer un aceptable grado de control democrático. El abrumador movimiento diario de transacciones financieras especulativas que escapan al control fiscal de los respectivos gobiernos y que son capaces de provocar la crisis económica y social de regiones enteras, provocando el estrangulamiento de sus economías e incluso el colapso (Stiglitz, 2002), es buena muestra de ello. El sistema de producción empleado por determinadas empresas multinacionales, que utilizan mano de obra infantil o adulta en condiciones de semiesclavitud, reclama algún tipo de reglamentación internacional global que trascienda la frontera de los Estados. Un simple repaso de los recientes accidentes medioambientales durante la última década es suficiente para hacerse una primera idea de cómo grandes compañías aprovechan reglamentaciones diferentes y “zonas de sombra” en las normativas de los países para hacer negocio, explotando personas y recursos al margen de cualquier control democrático global. Esos poderes económicos globales plantean nuevos desafíos a los Estados (Martin; Schumann, 1996; Beck, 2000) y obligan a abrir el debate acerca de cuál es el grado de autonomía de los Estados en relación con esas fuentes de poder ilegítimas y, a su vez, a explorar formas más efectivas de democracia (Holden, 2000) y de cooperación entre Estados. La profundidad de los cambios en curso ha propiciado también una situación paradójica en nuestras sociedades satisfechas (Galbraith, 1992): la consolidación del propio Estado de Bienestar, garantía de seguridad económica y social para la mayoría de la población en las democracias maduras, no nos protege de las amenazas y de los peligros


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que nosotros mismos hemos creado, en parte para mantener el propio modelo de “desarrollo”. Es más, la crisis de los sistemas de bienestar aumenta el grado de inseguridad porque se debilitan los niveles de cohesión social, elemento básico de sostenibilidad. Las profundas transformaciones ocurridas en los mercados de trabajo en los países occidentales, unido a la dinámica de la población y a los cambios sociales y culturales y sus repercusiones en la estructura de la familia tradicional, abre, por vez primera desde la Segunda Guerra Mundial, un horizonte distinto, más incierto, de mayor riesgo, de menor seguridad, también en aquellos pocos países que hemos sido capaces de construir, antes o después, el Estado de Bienestar. Hasta hace una década, nunca habíamos estado más seguros y, a la vez, nunca habíamos empezado a estar tan inseguros. Disponemos todavía de un amplio elenco de derechos básicos de ciudadanía (educación, sanidad, pensiones, cobertura contra el desempleo), por el simple hecho de haber nacido en un determinado país, pero estamos a merced de un conjunto de riesgos cada vez mayores. De una parte, aquellos que derivan de la incertidumbre que provoca el hecho de que el empleo sea más precario, peor retribuido y más inestable; de otra, los que se relacionan con el hecho de que no exista certeza de que va a poder garantizarse un nivel de pensión aceptable a la hora de la jubilación; por otra parte, aquellos que se relacionan con la reducción o el recorte de algunos derechos básicos hasta ahora universales; por último, aquellos riesgos relacionados con los procesos de producción y de la sociedad de consumo, de los que en buena medida aún desconocemos sus efectos para nosotros y para las generaciones venideras. Y ya que hacemos mención a los riesgos, hay que reconocer que el nuevo contexto globalizado aumenta también los riesgos para una eficaz garantía de la “biodiversidad cultural” (González, 2003). Los prepotentes intentos de uniformizar, de colonizar, de suprimir, por diferentes vías, al “Otro”, es decir, a las diversas expresiones de renovados sentimientos identitarios, suponen nuevas fuentes de conflicto y riesgo de desencuentros. Y también se incrementan los riesgos para la democracia. En las democracias maduras hace tiempo que se asiste con preocupación a una crisis de representación y, en las jóvenes democracias, la fragilidad del sistema es aún mayor. Las razones que lo explican están relacionadas con los cambios en la estructura de las sociedades, con el incremento de la inseguridad que enfrenta a las sociedades a nuevas y desconocidas situaciones de riesgo y con la percepción instalada entre


OTRAS GEOGRAFÍAS, OTROS TIEMPOS

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los ciudadanos de que los Estados tienen cierta impotencia para combatir las situaciones de precariedad, nueva pobreza y exclusión social. En el caso de las democracias maduras, existe el riesgo de que la nueva situación pueda favorecer el resurgimiento de particularismos agresivos y que se produzca un desplazamiento del centro de gravedad a favor de expresiones políticas de derecha autoritaria y xenófoba (Paramio, 1997). Existe igualmente el riesgo de que el lugar que dejan los partidos y los parlamentos sea ocupado por lo que Dahrendorf (2002) define como los “nuevos mediadores”, es decir, organizaciones o corporaciones (como medios de comunicación, Agencias u Organizaciones no Gubernamentales) que no se someten a ningún control democrático. Existe igualmente el riesgo de involución autoritaria o la consolidación de formas de “democracia autoritaria”, vaciando de contenido el sistema democrático a favor de diferentes expresiones, más o menos populistas, de presidencialismo (Bovero, 2002). En el caso de las jóvenes democracias, la reducción del número de ciudadanos que confía en la democracia se corresponde con el aumento de quienes estiman que es indiferente que exista democracia o dictadura. Esta situación aumenta el riesgo de aparición de experiencias “presidencialistas”, “populistas” o incluso tentaciones autoritarias, se debilita la ya frágil estructura de partidos, aumenta la inestabilidad política y la posibilidad de reacciones explosivas de las poblaciones, se favorece la aparición de territorios “gobernados” por nuevos poderes criminales en los que el Estado está ausente… En definitiva, la coincidencia de crisis económica, social e institucional se traduce en una notable crisis de gobernabilidad democrática que deja en situación aún más precaria, a amplios sectores de la sociedad de esos países (Romero; Nogué, 2004). El reciente informe del PNUD sobre La democracia en América Latina (2004) es el mejor ejemplo sobre el estado de salud de la democracia en el subcontinente y deja pocas dudas al respecto. Incluso en los países que gozan de mayor estabilidad y mayor nivel relativo de cohesión social, como Chile, un porcentaje muy elevado de ciudadanos se considera indiferente ante el hecho de que el gobierno sea una democracia o una dictadura. Nada debe extrañar, por tanto, la crisis de los partidos tradicionales y mucho menos la facilidad con la que emergen liderazgos de corte populista como alternativa, tan frágiles como inciertos. En otras regiones la transición hacia sistemas democráticos también presenta demasiadas zonas de sombra. No hay más que ver la reciente historia de las repúblicas nacidas tras la implosión de la URSS para


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