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ENCUENTROS INTERNACIONALES DE DERECHO TAURINO Segundo Tercio: Los Juristas y la tauromaquia Madrid, 14, 15 y 16 de mayo de 2010 Feria de San Isidro

Miguel Cid Lorenzo Clemente Naranjo Juan Antonio Cremades Emmanuel Durand Tomás Ramón Fernández Carlos García de la Vega Ramón Garín Fernández de Piérola Olivier Goujon Patrick Leonard Annie Maïllis Pedro Plasencia François Zumbiehl André Virad


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Índice Discours............................................................................................. Patrick Leonard

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El reglamento taurino: ¿Unificación?.............................. Miguel Cid

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Curiosidades sobre el derecho y los toros.................. Lorenzo Clemente Naranjo

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El arbitraje en derecho taurino........................................ Juan Antonio Cremades

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La création d’un Institut Internacional de Droit Taurin............................................................................................ Emmanuel Durand

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El reglamento taurino. ¿Unificación?.............................. Tomás Ramón Fernández

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LOS SEGUROS TAURINOS................................................................. Carlos García de la Vega

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La gestión en el mundo de los toros................................ Ramón Garín Fernández de Piérola

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L’Union internationale des barreaux de villes de tradition taurine................................................................... Olivier Goujon La corrida et sa légitimité culturelle........................... Annie Maïllis La unidad de la fiesta de toros ¿Una cuestión de constitucionalidad?............................................................. Pedro Plasencia

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La fiesta de los toros: un patrimonio cultural......... François Zumbiehl

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Conclusiones.................................................................................. André Virad

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Clausura del segundo tercio............................................... Juan Antonio Cremades

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Discours Patrick Leonard Bâtonnier de l’Ordre des Avocats de Nîmes

Monsieur le Bâtonnier, Monsieur le Président, Messieurs les magistrats, Messieurs les Professeurs, Messieurs les Bâtonniers, Mes Chers Confrères, Mesdames, Messieurs, En ma qualité de Bâtonnier en exercice du Barreau de Nîmes, il m’est revenu le grand honneur d’accueillir le premier tercio des Rencontres Internationales de Droit Taurin à Nîmes les 17, 18 et 19 septembre 2009. C’est aujourd’hui le Barreau de Madrid qui accueille ce deuxième tercio. Pour le Barreau de Nîmes que je représente ici, cet accueil est à la fois un honneur et un privilège. Le Barreau de Madrid est parmi les plus grands barreaux européens voire le plus grand. Je rappelle, à titre de comparaison, que le Barreau de Paris ne représente que 22 000 avocats. Évidemment, l’échelle n’est pas la même entre le Barreau de Madrid et le Barreau de Nîmes, mais ce qui est de l’essence de la Profession est commun. J’ai pu apprécier, lors de la venue du Bâtonnier HERNANDEZ GIL à Nîmes, une véritable proximité et une reconnaissance mutuelle tout à fait indifférente au nombre d’avocats. Nous avons pu effectivement échanger sur notre situation et rôle respectifs, constatant que, finalement, les mêmes questions et les mêmes problèmes se posaient et qu’il fallait les résoudre. Ce n’est pas la première fois que le Barreau de Nîmes est présent à Madrid. Mon prédécesseur, le Bâtonnier GOUJON, était déjà venu lors des premières Rencontres de Madrid. Je suis moi-même revenu pour les deuxièmes Rencontres en octobre dernier. Les thè-


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mes abordés ont été de première importance et de grande actualité. Notamment, a été traité le cas de l’Avocat en entreprise représentant une question d’extrême actualité pour les avocats français qui a provoqué un débat très nourri et qui n’est d’ailleurs pas terminé. La venue du Barreau de Madrid à Nîmes a été un grand évènement. Celle du Barreau de Nîmes à Madrid l’est tout autant. Je suis heureux de saluer ici les nombreux avocats venus de France, de Nîmes bien sûr, mais également de différentes régions. Le partenariat entre Madrid et Nîmes pour l’organisation de ces Rencontres de Droit Taurin était légitime et évident: Parce que Nîmes est la capitale française de la tauromachie, Parce que Madrid est la capitale mondiale de la tauromachie. Déjà le premier tercio nous avait permis de nous enrichir dans la connaissance philosophique, économique et juridique du monde taurin. Ce deuxième tercio va nous permettre d’approfondir encore nos connaissances. Nous devons être conscients de la chance unique que cela représente pour chacun. Le Barreau de Nîmes a pu procéder à la publication des travaux du premier tercio qui sont présentés sous la forme d’un ouvrage actuellement disponible. Je renouvelle mes remerciements au Barreau de Madrid pour l’accueil qu’il nous a réservé. Je suis persuadé que nos travaux seront couronnés de succès particulièrement sur les projets dont ils se trouvent porteurs. Mesdames, messieurs, Je vous remercie de votre attention.


EL REGLAMENTO TAURINO: ¿UNIFICACIÓN? Miguel Cid

Abogado de Madrid, Presidente de la Asociación Taurina Parlamentaria

Me ha correspondido moderar la Mesa Redonda titulada El Reglamento Taurino: ¿Unificación?, por lo que me considero en la obligación, que asumo con placer, de presentar el tema con unas reflexiones sobre el mismo y que, sobre todo, justifiquen su inclusión en estos interesantísimos Encuentros Internacionales HispanoFranceses de Juristas Taurinos. Aunque puede resultar obvio, que duda cabe que la vieja polémica sobre la reglamentación taurina única o diversa, sigue estando vigente, sobre todo en España, donde como consecuencia del régimen político de Comunidades Autónomas en que se ha constituido el Estado español, está planteando día tras día esta cuestión reglamentaria. Debe decirse que, en un principio, el espectáculo taurino se regulaba por normas consuetudinarias o disposiciones de diversa índole como bandos o pragmáticas de la autoridad local, provincial o incluso real. No fue hasta 1847, cuando se aprobó el primer reglamento de plaza de la de Málaga capital y cuando surgió la corriente de los reglamentos de plaza, que se continuó con el de Pamplona de 1850 y el de Madrid 1852, para seguir con el de Barcelona de 1857, el de Sevilla de 1858 y el del Puerto de Santa María de 1861, hubo muchos otros posteriores de los que cabría destacar el de 1887 de la plaza de Barcelona, elogiado por todos los estudiosos y que sirvió de modelo a muchos otros. Sin embargo, en 1917, bajo el reinado de Alfonso XIII, se aprueba un reglamento taurino considerado de carácter general, aunque solo se aplicó en su integridad en las plazas de primera categoría. Este reglamento regulaba tanto las corridas de toros como las de novillos y becerros y se adentra en la organización del espectáculo, destacando la regulación de las condiciones que deben reunir las enfermerías y las puyas de la suerte de varas, no obstante lo cual fue calificado de intervencionista. Así pasamos a los reglamentos taurinos de 1930 y 1962 y, en este último, se introdujo una novedad importante, cual


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fue la responsabilidad del ganadero por la falta de integridad en las defensas de las reses. Por fin, en 1991, se acuerda la denominada Ley Taurina de 4 de abril, Sobre Potestades Administrativas en Materia de Espectáculos Taurinos, que sigue vigente y que era exigible como consecuencia de la Constitución de 1978, que exigía que la potestad sancionadora tuviera reserva legal. Pues bien, con posterioridad a dicha Ley, se han aprobado hasta la fecha 5 reglamentos autonómicos taurinos en las Comunidades Autónomas de El País Vasco, Navarra, Aragón, Andalucía y Castilla y León, que aunque tienen grandes similitudes establece no pocas diferencias en aspectos no desdeñables como el cómputo de la edad de las reses de lidia, el control de la responsabilidad del ganadero, el análisis de las astas, algunos aspectos del desarrollo de la lidia, etc... Todo ello, ha llevado a decir a alguna figura del toreo que debería llevar en la cuadrilla un asesor jurídico. Ante esta situación ha habido numerosas opiniones contrarias a la diversificación reglamentaria del espectáculo taurino, por razones evidentes, como seguramente hoy oiremos aquí, ya que no aportan nada esencial al espectáculo en si, y sin embargo pueden crear, de hecho ya las están creando, disfunciones en el mismo. A tal efecto, en una jornada celebrada en el Senado en enero de 2010, promovida por la Asociación Parlamentaria que presido y a la que asistieron diez Comunidades Autónomas, el Ministerio del Interior, diversos estamentos de la Fiesta y el Observatorio Francés, se llegó por unanimidad a la conclusión de manifestar su disposición a trabajar en aras a conseguir una regulación básica común de la Fiesta de los Toros, con respeto a las especificidades de cada Comunidad Autónoma. Esta conclusión ha servido para que se frenaran algunos otros reglamentos taurinos autonómicos que estaban elaborándose e incluso próximos a ser aprobados. Esto significa que dicha jornada puede considerarse un punto de inflexión en la dispersión reglamentaria y una vuelta a lo que parece mas razonable, cual es la reglamentación única. Esto es, resulta evidente la necesidad de que la regulación básica sea única, sin perjuicio de que las peculiaridades de cada Comunidad o incluso de cada plaza sobre cuestiones que no sean básicas o esen-


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ciales ¿Es que acaso tendría sentido que dependiendo de la categoría de los equipos actuantes o del campo de juego se regulara un deporte de masas como el fútbol de forma diferente? Entendemos que para la Fiesta de los Toros, segundo espectáculo de masas en España, después del fútbol, la diversidad reglamentaria no puede traerle mas que problemas añadidos a los que ya tiene, por lo que debe abogarse, a mi juico, por un reglamento único. Escuchemos pues ahora a los prestigiosos intervinientes que componen esta Mesa sobre tan interesante asunto, con la seguridad de que sabrán abordarlo con el rigor y la autoridad que les caracteriza, sirviendo todo ello como una aportación importante en aras a conseguir el objetivo de una mejor y mas adecuada reglamentación taurina que trascienda, incluso, a los dos países que hoy representamos y pueda ser también tenida en cuenta en el resto de los países de nuestro mundo taurino.


CURIOSIDADES SOBRE EL DERECHO Y LOS TOROS Lorenzo Clemente Naranjo

Abogado de Madrid y autor del libro “La tauromáquia a través de sus conflictos”

Buenos días. Quiero agradecer, en primer lugar, al Colegio de Abogados de Madrid su invitación a participar en este Segundo Tercio de los Encuentros Internacionales de Derecho Taurino y, sobre todo, su disposición y apoyo al Colegio de Nimes en esta iniciativa. Nuestros compañeros franceses, los aficionados franceses, han sido siempre, pero están siendo especialmente en estos años, un ejemplo de defensa cabal y profunda de la Fiesta, de estudio y preocupación por sus valores, por su fundamentación, por sus raíces culturales y artísticas. Poder compartir con ellos estos días es toda una satisfacción. Como lo fue poder compartir con ellos el Primer Tercio en el Colegio de Nimes. Es un placer, además, hacerlo en la finca de El Juli, un torero que demuestra como pocos los valores de la Fiesta: la constancia. la superación, el esfuerzo, el triunfo... Desde la primera tarde que le vi en su encerrona con seis novillos en Las Ventas, me impresionó cómo podía tener esa frescura y seguridad delante del toro (en una tarde particularmente ventosa). Años más tarde, cuando se puso a torear por naturales en la despedida de Curro Vázquez, comprendimos para siempre la hondura que acompañaba a esa frescura y a esa técnica. Quizá por esa aparente facilidad, Juli ha sido un torero especialmente maltratado por los Presidentes. Todos recordamos faenas en Madrid como la del toro Cantapájaros o la del sobrero de Ana María Bohórquez, como recordamos las orejas robadas en Las Ventas en los últimos años, o la segunda oreja que un Presidente con ansias de titulares le robó Sevilla hace unas semanas en una tarde gloriosa en la que, pese a todo, consiguió salir a hombros por la Puerta del Príncipe, como constatación ineludible de la rotundidad que lleva demostrando cada tarde esta temporada. Y quiero reivindicar la parte artística del toreo porque me temo que en la regulación que nuestros legisladores han hecho de la Fiesta de los Toros no la han tenido en cuenta, centrándose en cuestiones de orden publico que en la actualidad carecen absolutamente de fundamento.


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*** Cuestiones de orden público como el respeto a la autoridad que deben los toreros al Presidente y al delegado gubernativo. Y cuya vulneración puede costarles serios disgustos. Como le ocurrió al gran torero placentino Juan Mora y a su hermano Carlos, que iba con él de subalterno en su cuadrilla en una corrida en Vitoria el 9 de agosto de 1995, en la que les impusieron sanciones por falta de respeto a la autoridad que fueron recurridas y que dieron lugar a sendas sentencias del TSJ del País Vasco de 23 de marzo y 13 de abril de 2000. Juan Mora auna de forma única valentía y arte, pellizco y pundonor, valentía, raza y constancia. Ha sido un torero serio, de plazas importantes, en las que ha tenido triunfos sonoros y duras cornadas. Un toreo absolutamente primoroso con el capote y profundísimo con la muleta, aunque, por desgracia, no muy certero con el estoque, lo cual, unido a sus muchos e inoportunos percances, le ha privado del lugar importante que se merecía en la historia de la tauromaquia. En unos días volvemos a verle en Madrid. A ver si tiene suerte1. Pues bien, en la corrida de Vitoria de 9 de agosto de 1995, Juan Mora y su cuadrilla tuvieron un intercambio de opiniones con el delegado gubernativo. La sentencia lo explica así “El 9 de agosto de 1995 se celebró una corrida de toros en la plaza de Vitoria en la que el recurrente intervino como matador, y tras haber banderilleado al segundo toro, y al comprobar que una de las banderillas había quedado colocada en una posición delantera de forma peligrosa para la lidia posterior del toro, el recurrente pidió a su cuadrilla que procediese a quitar aquella antes de comenzar la faena de muleta, solicitando a la misma que mantuviera alejado al toro mientras efectuaba el oportuno brindis, resultando que en ese momento se acercó el Delegado gubernativo, quien gritando y sin ninguna consideración indicó a los miembros de su cuadrilla que dejarán al toro en paz, lo que aquéllos no hicieron ante las órdenes recibidas, volviendo a insistir el Delegado gubernativo de muy malos modos que dejaran al actor en paz, en ese momento un miembro de la

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Meses después de impartida esta conferencia, pero antes de su publicación, Juan Mora revivió el toreo eterno la tarde del 2 de octubre de 2010 en Las Ventas en dos faenas plenas de torería, empaque y majestuosidad.


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cuadrilla alterado por la actitud del delegado gubernativo se dirigió a él, y éste haciendo oídos sordos a las explicaciones que le dio siguió insistiendo en su petición y en su actitud, ante lo cual su cuadrilla cesó en el empeño de quitar la banderilla, interviniendo el recurrente con el único objeto de apaciguar los ánimos y de poner fin a la conversación, lo que fue interpretado erróneamente por el delegado gubernativo que lo tomo como una falta de respeto” El debate jurídico se centra en si el acta de la corrida, en la que consta la versión del delegado, tiene valor probatorio suficiente frente a las manifestaciones del matador. Y en la posible desproporción de la sanción. Ambos argumentos del matador son desestimados y se ratifica la sanción. Como se ratifica la de su hermano Carlos, aunque en este caso se rebaja de 6.000 a 3.000 euros por la desproporción que supone respecto a los ingresos que percibió el banderillero por actuar esa tarde: 600 euros. Pues bien, con el debido respeto a la labor de la Administración, que a quien ha percibido 600 euros por intervenir en un festejo se le imponga una multa de 3.000 euros por desobedecer a quien le ordena retirar los capotes no es que sea injusto o desproporcionado, es que es un absoluto despropósito. Todo esto se hace porque la Ley 19/1991 atribuye a los poderes públicos unas facultades en aras de la defensa de la pureza de la Fiesta que no se conocen en ninguna otra manifestación cultural. Y prueba de ello es que su control sigue estando incardinado en el Ministerio del Interior y no en el de Cultura. Porque obviamente cualquier aficionado considera que hay que defender la pureza de la Fiesta. Pero sólo como manifestación cultural. Pero debe ser que los extremeños no tenemos en nuestro código genético el respeto a la autoridad como un valor principal. Miguel Ángel Perera, en el año 2004 (el de su alternativa), demostró en Valencia con un curioso brindis que tenía el pundonor y orgullo suficiente para mandar en el toreo. Fue un brindis que le supuso un notable enfrentamiento con el delegado de la autoridad de la Plaza de Toros de Valencia y que José Luis Ramón cuenta así en “La Tauromaquia de Miguel Ángel Perera” (de la Serie Oro de 6 Toros 6):


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“En el festejo del 17 de junio, encuadrado en el certamen “Valencia busca un torero” y que era el de su despedida como novillero, Perera brindó una de sus faenas al delegado que, tras triunfar en la matinal de Fallas, les echó (o intentó echarles) al torero y a su apoderado, Raúl Galindo, del callejón en la corrida de la tarde. En el brindis, tras señalarle que el protagonismo en una plaza debe tenerlo el torero, Perera le dijo: “A ver si tienes cojones a hacerle a una figura del toreo lo que me hiciste a mí aquella tarde”. Según se escribió en esta revista, el delegado le contestó: “Eso me lo dices en el juzgado y la montera te la metes en el culo”. El equipo gubernativo demandó al torero “por desacato y desobediencia a la autoridad”, al tiempo que se indicó que se iba a hacer “todo lo posible” para que Perera no toreara en ninguna plaza de la Comunidad Valenciana. El enfrentamiento quedó en nada, y en las Fallas del año siguiente se anunció y toreó Miguel Ángel con absoluta normalidad”. Si efectivamente aquel Delegado de la Autoridad se hubiera salido con la suya y hubiera conseguido que Miguel Ángel Perera lo tuviera difícil para torear, ¿hubiera hecho un gran servicio a la Fiesta? Afortunadamente no se salió con la suya y Miguel Ángel Perera, pudo hacer en la temporada de 2008 probablemente la temporada más importante que se recuerda a torero alguno en los últimos quince o veinte años. Triunfando todas las tardes. Y gran parte de ellas en las principales plazas. Dejando faenas realmente memorables y tardes para la historia como la de la encerrona en Madrid con seis toros en la Feria de Otoño. A ver si podemos verle en unos días recuperar ese sitio. *** Pero no sólo en la reivindicación de la autoridad del Presidente la normativa interfiere en el normal desarrollo del arte. Y un ejemplo claro lo tenemos en las sanciones que se impusieron a Espartaco y a César Rincón en la corrida de la Expo. Les recuerdo los antecedentes: para anunciar la celebración de la Expo de Sevilla del año 92 se programó en La Maestranza en octubre de 1991 una corrida que iba a tener como protagonistas a Espartaco, César Rincón y Ortega Cano. Máximas figuras en aquel momento. Luego, Ortega Cano tuvo una lesión y se acordó sustituirlo por Curro Romero... No era mal cartel que, además, iba a ser televisado por Televisión Española (¿se acuerdan cuando la televisión pública retransmitía corridas de toros?). Pues bien, la mañana del


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festejo hubo baile de corrales, varios toros no pasaron el reconocimiento, la empresa los sustituyó por otros que no eran del agrado de los toreros y Espartaco y César Rincón se negaron a torear. Curro... Curro no se opuso. Al día siguiente de la suspensión de la corrida el editorial del ABC de Sevilla se preguntaba cómo Espartaco, con su poderío técnico, y César Rincón que en aquella temporada del noventa y uno no renunció a ningún compromiso serio (como prueba, toreó cuatro veces en Las Ventas y las cuatro abrió la Puerta Grande) decidieron no torear por cambiarse un toro. A mi juicio, lo que habría que preguntar es por qué los veterinarios tienen el poder que tienen para decidir qué toros deben lidiarse y por qué un torero va a estar obligado a torear reses distintas de aquellas que se ha comprometido a hacerlo con el empresario. A Espartaco y César Rincón les sancionó la Junta de Andalucía por haberse negado a torear las reses aprobadas en el reconocimiento, las sanciones se recurrieron por los toreros, que defendían que ellos no estaban obligados a torear porque en sus contratos con la empresa se indicaba que los toros a lidiar eran de una determinada ganadería, cuando varios de los toros a lidiar iban a ser de otras ganaderías diferentes. El asunto llegó al Tribunal Supremo, que se pronunció en dos sentencias distintas. La primera en el tiempo es la de 24 de octubre de 2000 y en ella el Tribunal Supremo argumenta que los diestros están obligados a lidiar las reses que sustituyan a las que no pasen el reconocimiento veterinario. Y dice textualmente que el torero: “venía obligado (...) a cumplir la determinación administrativa de la Presidencia y a participar en la corrida (...), aunque en el contrato con la empresa se hubiera convenido otra cosa en orden a la ganadería, y consecuentemente la negativa a lidiar los toros que resultaron aprobados en los reconocimientos previos a la corrida (...), constituye la inasistencia injustificada tipificada como infracción grave en el artículo 15.l) de la repetida Ley 10/1991.” La segunda, de 17 de mayo de 2001 analiza con detalle por qué, a su juicio, se considera que no es un problema entre empresa y matador, sino vinculado con las potestades administrativas en materia de festejos taurinos. Así, expone cómo el matador alega “que los toros que se comprometió a lidiar, según el contrato suscrito con la empresa, eran de la ganadería Torrealta,


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por lo que, al no haberse aprobado todos los toros de dicha ganadería y sustituirse cuatro de ellos (...) no estaba obligado a torear las reses ajenas a la ganadería anunciada en el cartel. (...). En esta visión del festejo taurino, lo único que contaría es el contrato entre empresa y profesional taurino. Sin embargo, no puede olvidarse que las potestades que corresponden a la Administración Pública en la preparación y celebración de los festejos taurinos están justificadas en virtud de la necesidad de garantizar los derechos e intereses del público (...). [Y] Entre dichas potestades se encuentra como muy señalada la de efectuar los reconocimientos” Sin duda, el argumento del Tribunal Supremo es irreprochable. Más allá de lo discutible que pueda resultarnos a algunos que sea la Administración quien deba determinar qué toros deben lidiarse y cuáles no, lo cierto es que si esta potestad existe, habrá que estarse a sus decisiones. Pero, ¿eso determina la obligación de los toreros de torear lo que decida unilateralmente el empresario? Yo creo que no. Si los toros no pasan el reconocimiento, el empresario (a mi juicio) debería acordar con los toreros los nuevos toros a lidiar. Y si no hay acuerdo, los toreros no están obligados a hacer el paseíllo. La decisión administrativa de que los toros anunciados no son aptos, hace que el contrato entre empresa y matador sea imposible de cumplir. Pero creo que la potestad administrativa no puede alcanzar a permitir que una de las partes (en este caso, la empresa) modifique unilateralmente su objeto. *** Cierto es que el Tribunal Supremo se ha metido en otros charcos de más enjundia. Por ejemplo, cuando ha tenido que dilucidar sobre el contenido, el alcance, la propia definición del “trapío”, como ya comentamos en Nimes refiriéndonos a aquella sentencia de 24 de abril de 2003 que denegó la indemnización que reclamaba un empresario tras la suspensión de un festejo por carecer los toros del suficiente “trapío”. El Supremo acoge la definición de “trapío” que se aportó al procedimiento y considera que no puede hablarse, como hacía el recurrente, de que sea un concepto “indeterminable” y que son los veterinarios (y no los aficionados) quienes pueden establecer en los corrales si los toros presentados cumplen o no este requisito exigido para su lidia. “Los informes técnicos aportados por el recurrente contienen, continúa la Sala de instancia, una definición de trapío co-


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mo «forma ideal del conjunto de caracteres raciales propios y esenciales de la raza de lidia cuando se dan en plenitud, expresión idónea del patrón racial», informe del señor F. S., o como «resultante del concierto entre la morfología y el «buen aire en el manejo del cuerpo»” Y añade que “sin perjuicio de que un aficionado pueda apreciar el «trapío» en base a «máximas de experiencia», sin duda ello no impide que pueda considerarse mejor fundada la opinión de quien une a esa experiencia conocimientos técnicos específicos.” *** Aunque no sólo el Tribunal Supremo ha entrado en materia taurina. También el Constitucional, que se ha pronunciado sobre un procedimiento de suma relevancia al que nos referiremos más tarde (la difusión de las imágenes de Paquirri en la enfermería de Pozoblanco) y sobre dos anécdotas que, entre nosotros, creo que nunca deberían haber llegado hasta el Alto Tribunal, pero que en los dos casos anuló las sentencias recurridas. La más divertida de las Sentencias taurinas del Constitucional es la de 2 de junio de 2004, sobre una espantá de Julio Aparicio. Julio Aparicio es un torerazo. Yo estaba en Las Ventas el 18 de mayo de 1994, cuando confirmó alternativa alternando con Ortega Cano y Jesulín. Esa tarde, vi volverse loca a la Plaza. Aparicio, que de novillero tenía ya una importante legión de seguidores, tardó varios años en confirmar en Madrid. Primero por desacuerdos con la empresa, dudas... y, finalmente, porque una lesión le hizo caerse de la Feria de San Isidro de 1993 en la que estaba anunciado. Cuando finalmente llega a Madrid a confirmar, en el toro de la confirmación, no lo ve claro y abrevia. Pero en el quinto, con la muleta, después de un par de pases de tanteo, echó a correr hacia el centro del ruedo. Comenté entonces con mi compañero de asiento si no habría tenido una visión el torero. Nos extrañaba, pero debió ser algo así. Desde allí, citó al toro y lo embebió en su muleta con pases de una inspiración desbordada. Toreó no sé si por bulerías, soleás o alegrías. Pero toreó flamenco en cualquier caso. Era un toreo arrebatado, con el corazón, mezclando improvisación y genio... El torero lloraba, desfondado, después de cada tanda. Y se sentó derrumbado junto a las tablas después de matar al toro. Se vació por completo y nos hizo sentir la inmensa majestad del arte a eso de las ocho y media de la tarde.


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Los periódicos lo recogieron al día siguiente. Joaquín Vidal tituló su crónica “soñar el toreo” y decía cosas como estas: “Fue el toreo soñado. (...) El toreo perfecto, el toreo mágico; la suma y compendio de cuantos retazos de toreo profundo, emotivo y bello se hayan podido ver en toda una vida de aficionado. Aquellos muletazos de dominio, aquellos pases de suavidad infinita, la galanura de las trincherillas y de los cambios de mano, los naturales en su expresión más pura, los redondos convertidos en exquisitez; el broche deslumbrante de las suertes cabalmente ligadas, resuelto mediante el revoloteo jubiloso del pase de pecho el embrujo del ayudado; la estocada en la cruz a volapié neto, volcándose el matador sobre el morrillo del toro.” Pero, como todos los toreros de pellizco, Aparicio tenía sus días. Y resultó que un día, toreando en Ubrique, en una plaza portátil, antes de que hicieran la actual de fábrica, decidió no matar al toro porque pensaba que estaba toreado. La Junta de Andalucía sanciona al diestro con 5.000.000 de pesetas (30.000 euros) de multa y tres meses de suspensión para lidiar en Andalucía. El torero recurre alegando que no mató al toro por estar toreado, y dice también que el toro debía estar resabiado porque había estado de sobrero en varias plazas. El TSJ de Andalucía dicta una Sentencia el 20 de marzo de 2001 que demuestra un desconocimiento absoluto de los rudimentos más básicos de la lidia. Por ejemplo, reprocha al diestro que alegue que el toro haya sido toreado y no probarlo “fehacientemente” (sic). ¿Y cómo pretendía que lo hiciera? Por la exposición que hace la sentencia, parece que lo que entendieron los jueces del TSJ es que el diestro alegaba que se había toreado al toro en otra plaza, cuando deberían saber que si el toro sale a una plaza es muerto a estoque o indultado (o devuelto, en cuyo caso se le mata en los propios corrales de la plaza). Y que si se le indulta vuelve al campo con unas heridas que tardan un tiempo en curar, antes de que se le pueda poner a padrear. Lo que el diestro alegó (como reconoce más tarde el Tribunal Constitucional) es que el toro había debido ser toreado furtivamente en el campo, lo cual le hacía haber “desarrollado sentido”, de modo que la lidia se hacía notablemente peligrosa. Esa Sentencia se recurre en amparo ante el Tribunal Constitucional, al considerar que el procedimiento había vulnerado su derecho a la tutela judicial efectiva. En sentencia de 2 de junio de 2004, el Tribunal Constitucional considera que efectivamente se


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ha vulnerado el derecho a la tutela judicial efectiva del torero y que debe anularse la sanción. La sentencia efectúa un relato con numerosas curiosidades, entre ellas cómo el diestro argumenta que toreó en aquel coso a pesar de tratarse de una plaza de tercera categoría por ser la localidad de nacimiento de su compañero Jesulín de Ubrique y cómo la sanción impuesta era la misma que por dejarse sin matar un toro en Las Ventas, lo cual no parece muy ajustado al principio de proporcionalidad. Luego, el Tribunal Constitucional reprocha a la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia que confunde el argumento del torero, que lo que expone es que el toro debía haber sido toreado “furtivamente” por la peligrosidad con la que se desenvolvía y no que hubiera sido toreado en Cuenca, como se empeña en demostrar la Sentencia... Pero hay otro caso que ya me dirán si les parece razonable. Se trata de una sanción de 600 euros al Boni (uno de los mejores subalternos que existen hoy en día) por obstaculizar el arrastre de un novillo en un festival para que el público insistiera en la concesión de trofeos al matador, que no es que sea una labor plausible, pero que tampoco debería originar un procedimiento que llegara hasta el Constitucional, que se ha pronunciado sobre el mismo en una sentencia de 9 de febrero del año 2009. Resumidamente, la cuestión es la siguiente: por retrasar el arrastre de un novillo en un festival, la Administración, que es evidente que no tiene ninguna otra cuestión más relevante ni urgente de que preocuparse, impone a un banderillero una sanción de seiscientos euros. Trata de notificar la sanción a un domicilio erróneo (en vez de hacerlo en el que figuraba en el Registro General de Profesionales Taurinos en el momento de iniciación del procedimiento, lo hace en otro que había tenido antes el banderillero). Al no conseguir notificarlo en el domicilio porque no era el correcto, en vez de corregirlo, la notifica por edictos. Como el banderillero (al igual que el resto de los ciudadanos de este país) no acostumbra a leer los edictos, no tiene conocimiento de la sanción hasta que le embargan la cuenta corriente para hacerla efectiva, momento en el cual recurre. La Administración, en vez de consultar los datos de la notificación y constatar que se ha equivocado, insiste en el error y no admite el recurso al considerar que se ha interpuesto fuera de plazo, porque

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