Issuu on Google+


Ética y gobernanza Estado y sociedad ante el abuso del poder

PABLO GARCÍA MEXÍA Doctor en Derecho Profesor de Ética y Gestión Pública (Universidad Carlos III de Madrid) Letrado de las Cortes Generales

Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Directores de la Colección: ISMAEL CRESPO MARTÍNEZ Profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Murcia PABLO OÑATE RUBALCABA Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia

© PABLO GARCÍA MEXÍA

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 147 - 4


A MarĂ­a, mi querida esposa


ÍNDICE

Presentación ...............................................................................

11

Capítulo Primero ACERCA DE ÉTICA Y GOBERNANZA. PERSPECTIVAS ESPAÑOLAS Notas introductorias .................................................................. ÉTICA, GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA ............................................................ – Acerca de la importancia del tema .................................. – El abuso del poder y en especial, la corrupción en nuestro país ................................................................................... – ¿Qué mecanismos existen en el mundo y en España para prevenir y combatir la corrupción? ................................. Bibliografía .................................................................................

15 21 21 24 42 82

Capítulo Segundo GOBERNANZA Y ÉTICA DE LA EMPRESA Notas introductorias .................................................................. CORRUPCIÓN Y RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA: EL NUEVO DÉCIMO PRINCIPIO DEL PACTO MUNDIAL ............................................................................. Bibliografía .................................................................................

85

89 95


10

ÍNDICE

Capítulo Tercero DOS ASPECTOS ESPECÍFICOS DE LA ÉTICA EN LA ESFERA PÚBLICA (I): EL LOBBYING Notas introductorias .................................................................. EL LOBBYING Y SU POSIBLE REGULACIÓN................ – La legislación sobre lobbying en los EE.UU. .................. – La regulación del lobbying en la Unión Europea ........... – La regulación en los países de la Unión Europea: en especial, los casos de Alemania y Polonia ....................... – ¿Hacia una regulación no-penal del lobbying en España? Bibliografía .................................................................................

97 101 103 110 112 113 116

Capítulo Cuarto DOS ASPECTOS ESPECÍFICOS DE LA ÉTICA EN LA ESFERA PÚBLICA (II): EL URBANISMO ESPAÑOL Notas introductorias .................................................................. CORRUPCIÓN Y URBANISMO EN LA ESPAÑA ACTUAL ..................................................................................... – Introducción ..................................................................... – En torno a las causas de la corrupción en nuestro urbanismo ................................................................................ – ¿Qué soluciones podrían arbitrarse? ............................... Bibliografía .................................................................................

119 126 126 127 130 139

Capítulo Quinto LOS CÓDIGOS ÉTICOS. UN ESTUDIO DE CASO Notas introductorias .................................................................. EL CÓDIGO DE BUENA CONDUCTA DE LA ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA DEL ESTADO ............................ – El preámbulo .................................................................... – El ámbito de aplicación.................................................... – Los principios éticos y de conducta ................................. – El cumplimiento del código ............................................. Bibliografía .................................................................................

141 147 147 149 150 172 175


PRESENTACIÓN

E

s agradable presentar una nueva obra. Más aún cuando es el fruto de años de estudio, de manera que el autor ve con ello culminar una labor siempre ardua y en ocasiones incluso sacrificada, por más que el propio estudio, por qué negarlo, sea muchas veces objeto de satisfacción, y hasta de deleite personal. Si cabe, el agrado aumenta incluso al considerar, y es el caso de este libro, que sus refl exiones han surgido en multitud de oportunidades al calor de discusiones docentes y que gran parte de sus conclusiones nunca habrían podido alcanzarse sin el acicate intelectual del debate académico. De hecho, esta obra nace de una doble necesidad profesional de su autor: primera, desde luego, la de ordenar algunos de los principales escritos sobre ética y gobernanza producidos a lo largo de los últimos casi quince años, con el fin de darlos a conocer al gran público; pero segunda, y en modo alguno menos importante, la de poner a disposición de los alumnos que durante el año suelen —con toda paciencia, por cierto— atender mis explicaciones, una serie de materiales pretendidamente completos, sistemáticamente seleccionados y debidamente actualizados sobre esta apasionante disciplina. Alumnos que tengo la fortuna de venir encontrando en foros de la más diversa índole, estrictamente universitaria, como es la Universidad Carlos III de Madrid; o administrativa: como el Instituto Nacional de Administración Pública; escuelas de administración de Comunidades Autónomas como Madrid, Castilla y León o Aragón, junto con eventos como los pa-


12

PABLO GARCÍA MEXÍA

trocinados por Cantabria; o institutos de estudios y formación como el del Ayuntamiento de Madrid, entre otros. Ética y gobernanza es notoriamente el título de esta obra. Al rubricarla así, pretendo incidir en la íntima conexión existente entre ambas nociones, hasta el punto de no poderse en absoluto abordar a fondo un programa de gobernanza sin tratar cuestiones relativas al uso legítimo y su correlato, el abuso del poder, al menos si la noción de gobernanza, como creo ha de suceder, conlleva carga axiológica, en calidad de cuasi-sinónima de “buen gobierno (y buena administración)”. Y a la recíproca, difícilmente podrá profundizarse en el estudio de la ética sin tener en cuenta la dimensión ciudadana de la vida humana, en cuanto elemento indisociable de la idea misma de libertad. En una palabra, la orientación general del libro pretende hacer ver que el ejercicio ético del poder sencillamente es buen gobierno. Al hilo de ello, el libro desarrolla los que a mi juicio constituyen aspectos esenciales de un temario de ética de gobierno y administración, constituyendo en tal sentido un complemento ideal para la exposición oral de la materia. Cuatro de sus capítulos explican ideas generales. El último de ellos presenta un estudio de caso, incidiendo de este modo en la imprescindible dimensión práctica que (como a todos) ha de darse a estos temas. El primer capítulo, Acerca de ética y gobernanza. Perspectivas españolas, es el adecuado para introducir al lector en la amplia panoplia de temas abarcables en esta materia, al proporcionar una visión de conjunto sobre los mismos, en particular sobre el abuso del poder, la corrupción como una de sus variedades capitales, la incidencia del problema en España y las posibles soluciones que frente al mismo cabe aplicar. El segundo, Gobernanza y ética de la empresa, se centra en la dimensión privada —fundamentalmente empresarial— de estos temas, tradicionalmente “ensimismados” en sus protagonistas públicos, ya cargos, ya empleados públicos. Con ello se refuerza desde aquí la propia idea de gobernanza como estudio orientado a promover un desenvolvimiento armónico, no sólo del Estado, sino también de la sociedad. Los capítulos tercero y cuarto cubren dos aspectos específicos de la ética en la esfera pública, seleccionados ambos por sus muy


ÉTICA Y GOBERNANZA

13

notables relevancia y actualidad en este ámbito de estudio. El primero de ellos, analizado en el capítulo tercero, es el lobbying, tema siempre conexo —mal que pese a los lobbistas— al de la ética del poder político y económico, dado su alto potencial de deslizamiento hacia actuaciones corruptas; y tema particularmente necesitado de consideración en Europa, pero sobre todo en España, a la vista de la patente ausencia de toda regulación al respecto más allá del Código Penal y de la, en ocasiones patente, en otras latente, presencia de dicha actividad en nuestro Estado y en nuestra sociedad. El segundo aspecto anunciado es la corrupción urbanística, siendo por desgracia innecesario argumentar con gran detalle por qué su estudio debía en todo caso incluirse en una obra de estas características, bastando decir que el problema no puede ser de mayor actualidad, dada su enorme repercusión, por supuesto sobre la legitimidad del poder público, pero también sobre la sostenibilidad del desarrollo económico español; y dada también la necesidad de promover ideas que coadyuven a su mejor solución. Finalmente, y como acaba de indicarse, el capítulo quinto da muestra de la aplicación práctica de muchos de los principios e ideas examinados en los cuatro anteriores. Está dedicado al estudio de caso de un código ético, en concreto el elaborado por el autor, junto al profesor José Andrés Rozas Valdés, para la Administración Tributaria del Estado, a través del Instituto de Estudios Fiscales del Ministerio de Economía y Hacienda. Su texto incluye un comentario de todos los preceptos del código en cuestión, a efectos de combinar el enfoque aplicativo con el correspondiente marco conceptual. Al hilo de la lectura podrá por otro lado observarse que cada uno de los cinco capítulos va precedido de una nota introductoria, impresa en molde tipográfico específico. La razón de incluir estas notas reside en proporcionar al lector un encuadre temático general, a modo de presentación del trabajo que subsigue, en casi todas las ocasiones escrito con anterioridad, a fin de: subrayar aspectos relevantes del tema que en este último se trata, realzarlos —si procede— mediante un examen detenido, o “refrescar” de alguna manera su contenido a través de reseñas de mayor actualidad. Estas notas, escritas todas ellas inmediatamente antes


14

PABLO GARCÍA MEXÍA

de dar a la imprenta la obra, contribuyen en suma a dotarla de coherencia y homogeneidad, a modo de argamasa que fundiera esas distintas partes, compuestas en circunstancias bien diferentes entre sí. Sólo resta agradecer. Primero, a cuantas personas —alumnos en cursos, oyentes en conferencias o ponencias, colegas en seminarios...— me han ayudado con sus comentarios, sus observaciones, sus sugerencias, sus críticas, a lo largo de estos años de trabajo sobre estas cuestiones, a comprender los fundamentos de tantas ideas, a hacer fraguar mis propias reflexiones y a moderar o rectificar mis opiniones. Es muy posible que algún lector de estas mismas líneas se convierta poco después en uno de tales comentaristas o críticos y, en consecuencia, me permito extenderle de antemano mi agradecimiento. Quiero también testimoniar mi especial gratitud a Jaime Rodríguez-Arana, maestro en tantas cosas —colega en muchas otras—, pero muy singularmente en cuanto atañe a la ética del gobierno y de la administración. Como antes decía, va a hacer casi quince años que comencé a cultivar estos temas: sin la comprensión, el apoyo efectivo y el consejo atinado de Jaime, estoy convencido de que mi aprovechamiento al respecto habría quedado muy lejos del que se debe desear. Mi apreciado editor, Salvador Vives, lleva años demostrándome su confianza en mis proyectos editoriales. Se lo agradezco vivamente: muy poco más que eso necesita un autor, siempre ansioso por ver en letra impresa sus pensamientos. Por último, las gracias a quienes mueven cotidianamente mi vida, y por ende han hecho posible, mediatamente si se quiere, este proyecto. A mis queridos hijos: Pablo, Alejandra, María y Pedro. Y a mi querida esposa María, investigadora y escritora de éxito, que ha aguantado activa, que no impasible, mis peroratas en voz alta acerca de muchos de los problemas tratados en el libro; que ha leído y comentado conmigo sus distintas versiones; y que en todo momento me ha animado a que su contenido terminara por ver la luz. Las Rozas de Madrid, marzo de 2008.


Capítulo Primero

ACERCA DE ÉTICA Y GOBERNANZA. PERSPECTIVAS ESPAÑOLAS

U

no de los escollos frente a los que con mayor frecuencia choca el estudioso de esta materia es el de la existencia o no de principios morales abstractos que, más allá de la personal individualidad, rijan como pautas generalmente válidas de conducta. Como Charles Taylor (2007) narra en su Secular Age, y si bien sólo en Occidente, las fronteras de una fe cristiana hegemónica en las esferas privada y pública han quedado plenamente rebasadas. Pero también ha sucedido así, por mor del pensamiento irracionalista, existencialista o deconstructivista, con esa modernidad que fungió como martillo de la propia omnipresencia cristiana. Así las cosas, resulta sumamente difícil transmitir que el gobierno y la administración de instituciones públicas o la gerencia de empresas u otras entidades privadas ha de ajustarse per se a valores generalmente aceptados, como puedan ser los de justicia, igualdad o integridad, por sólo citar algunos. Además de los mencionados, ¿cuáles son esos valores? ¿Es posible acaso fijarlos de antemano? ¿Quién ha de establecerlos? ¿Por qué tales valores y no otros? ¿Responden tales valores a concepciones filosóficas, religiosas, incluso políticas, determinadas? Preguntas como éstas no hacen sino introducir, y ello muy someramente, la dificultad a la que me refiero. Insistamos en ello: no cabe duda de que los actuales no son tiempos de certidumbres, de principios sólidos, de verdades comúnmente asumidas, de fácil apelación a la idea de ética, a la


16

PABLO GARCÍA MEXÍA

idea de moral. En efecto, al menos en Occidente, el horizonte cultural se encuentra sembrado de dudas, de permanente cuestionamiento de cualquier valor, de relativización suma de la verdad (“la verdad no existe, es la de cada uno...”), de huida de compromisos morales. En un honesto trabajo de reorientación ideológica personal, Francis Fukuyama (2007) lo pone claramente de manifiesto, citando a Allan Bloom: el relativismo cultural está instalado de lleno en las sociedades occidentales contemporáneas: legitimado por Nietzsche y Heidegger, fue transmitido por modas intelectuales del tipo del postmodernismo o el deconstructivismo; al tiempo que traducido a la práctica por la antropología cultural y otras vertientes academicistas. Tales circunstancias constituían así “el terreno abonado” para la conquista de la universidad, lo que como se sabe tuvo lugar en Berkeley a partir de 1964 y en París desde 1968. Y desde ella, añado aquí, para conquistar al conjunto de la sociedad. También Jürgen Habermas (1998) ha insistido en esta crucial idea, siendo de paso capaz de trazar con inigualables precisión y claridad los perfiles del panorama filosófico y cultural de nuestro tiempo: un panorama marcado por el relativismo que fluye del pensamiento de los que denomina “jóvenes conservadores”, como Bataille, Foucault o Derrida, en su crítica a la “razón total” de la modernidad. Éstos trabajan en abierta contraposición a los “viejos conservadores”, quienes rechazan la modernidad como factor destructor de cosmovisiones metafísicas o religiosas. Y también en oposición a los “neoconservadores”, que aceptan las manifestaciones sociales, pero no las culturales, de esa misma modernidad. De hecho, y seguimos en ello a Ralf Dahrendorf (2006, 117), es notorio existen tres polos de anclaje para la vida humana en las sociedades libres: la libertad política, la prosperidad económica y la cohesión social. A su juicio, el reto para Occidente es lógicamente conseguir las mayores cotas de cada uno de ellos. Sin embargo, si bien libertad política y prosperidad económica gozan en nuestras sociedades de niveles bien aceptables (no digamos si los comparamos con los de sociedades de menor


ÉTICA Y GOBERNANZA

17

desarrollo político o económico, o ambos), no sucede lo mismo con la cohesión social: de la mano de lo que el clásico francés de la Sociología Émile Durkheim denominaba “anomia”, Dahrendorf refiere así que nuestras sociedades están desarticuladas, desestructuradas, “deconstruidas”, nunca mejor dicho. La falta de valores estables a que venimos aludiendo termina abocando a dicho autor a proclamar que hoy en Occidente, simplemente “vale todo”, anything goes: ningún criterio, ninguna pauta tiene mayor valor que ninguna otra: todas importan, todas sirven exactamente por igual. Al fin y al cabo, la sociedad libre y democrática se limita a dar “oportunidades de elección”, nada más. De ahí que para el gran politólogo anglogermano sea preciso un paso más, fijar “ligaduras” que indiquen al ciudadano qué es lo bueno, qué lo malo, qué lo gris. El riesgo de no hacerlo no es otro que el de caer en el autoritarismo, incluso el totalitarismo, de quien sí podría tener muy clara la idea de suprimir por entero democracia y libertad (Dahrendorf 2006, 48; 50). A pesar de todo, la pretensión de hacer valer un criterio por encima de otros probablemente sea, más pronto que tarde, tachada de “fundamentalista”, de “intolerante”, en la sociedad libre de nuestros días. Razonamiento éste que hila fácilmente con la más que estimulante teoría de Ernest Gellner (1997) sobre la “unicidad de la verdad”. Para el sociólogo británico, la noción de verdad permite deslindar frente a ella tres grandes bloques de posiciones: primero, la de los fundamentalistas, que creen en la verdad y en el bien como exclusivos de ellos mismos; segundo, la de los relativistas, quienes no creen en la verdad ni en el bien como valores únicos, por no poder pertenecer “a nadie”; por último, la de los puritanos ilustrados, creyentes en la verdad y en el bien, al tiempo que no los consideran exclusivamente suyos. Qué duda cabe, la del puritano ilustrado es la posición del equilibrio, entre la intolerancia del fundamentalista, que niega toda verdad fuera de sus propios postulados; y la no menor intolerancia —por más que con gran frecuencia reniegue justamente de este término— del relativista, que desprecia por “acientífica” toda verdad que pretenda rebasar la mera empirie. Lo que sin embargo omite Gellner es que ésta del “puritano ilustrado”


18

PABLO GARCÍA MEXÍA

recuerda llamativamente a la bella idea de gentleman de otro británico, también oxfordiano, John Henry Newman (2002); ese gentleman que “conoce tanto la fuerza como la debilidad de la razón humana, el campo que le es propio y los límites de este campo. Si no tiene fe, será demasiado profundo y de mentalidad demasiado amplia como para pretender ridiculizar la religión o actuar en contra de ella. Es demasiado sabio como para ser dogmático o fanático de su incredulidad [...] Es amigo de la tolerancia religiosa, y esto no sólo porque su filosofía le ha enseñado a mirar con mirada imparcial todas las formas de fe, sino también por esa especie de delicadeza gentil en los sentimientos, que es propia de la civilización.” Dicho todo esto, es natural que pocas ideas como la de “verdad” resulten hoy de más necesaria comprensión. Tras la estela de Popper, afirma así George Soros (2006) que el proceso crítico constituye el núcleo de una “sociedad abierta”, siendo el principio básico de ese proceso el de que “la verdad importa”. Por eso es necesario comprometerse en “la búsqueda de la verdad”. Una de las aportaciones en la materia de José Antonio Marina (2005) nos es de gran ayuda a ese doble fin: el de comprender y el de buscar. Para este autor podemos distinguir tres tipos de verdad: la verdad privada, basada en la propia experiencia (“fulanito es de fiar...”); la verdad colectiva, fundada en una experiencia compartida, es decir, que rebasa la mera individualidad, pero simultáneamente queda restringida a una determinada colectividad (por ejemplo, una creencia religiosa); y la verdad universal, basada en una experiencia general, propia del común de la humanidad. Entiendo que la contribución de Marina es de gran utilidad, por cuanto da por sentada la existencia de una idea de verdad, sin perjuicio de su ulterior desdoblamiento: una existencia de la que desde luego en estas páginas y en las que siguen tampoco se duda. Pero además porque en esa noción de “verdad universal” hallan fácil cabida principios a los que las páginas siguientes harán expresa o implícita alusión, como son los de justicia, igualdad, objetividad, integridad o transparencia, entre otros, todos ellos —valga la redundancia— “universalmente” propugnados


ÉTICA Y GOBERNANZA

19

como necesarias metas de una acción ética de gobierno, administración o empresa. Más aún. A despecho de quien liminalmente rechaza la posible existencia de postulado ético-material alguno, y como ha afirmado Gómez Pérez (2007, 61), todos los grandes sistemas filosóficos y religiosos de la historia de la humanidad, desde Confucio hasta la Biblia o la antigua Grecia, desde el taoísmo a Zaratustra, desde el budismo o el hinduismo al cristianismo o el Islam, todos han incluido entre sus enseñanzas la siguiente “regla áurea”: “no causar a un semejante lo que, por ser un daño, no se desea para sí”. C. S. Lewis (2007, 23) concreta con mayor hondura, empleando incluso el vocablo chino Tao, al equiparar las “modalidades platónica, aristotélica, estoica, cristiana u oriental” de éste con “la doctrina del valor objetivo, la convicción de que ciertas actitudes son realmente verdaderas y otras realmente falsas respecto a lo que es el universo y lo que somos nosotros”: un Tao que Lewis desgrana en las que denomina sus “ilustraciones”, consistentes en toda una serie meramente indicativa (que no exhaustiva) de leyes como la de beneficencia general, tanto en positivo (del tipo “amarás”) como en negativo (del tipo “no matarás”); la de beneficencia especial (del tipo “ama a los tuyos”); la de la justicia (del tipo “da a cada cual lo suyo”); la de la buena fe y la veracidad (del tipo “no engañarás”); la de la piedad (del tipo “intercede por el débil”); o la de la magnanimidad (del tipo “vive noblemente”, o “ama la sabiduría”). Como Karl Jaspers (1968) demostró, lo curioso es además que, bien los fundadores, bien eruditos fundamentales para todos los sistemas citados (así sucede, con Elías, Jeremías o Isaías respecto de las dos más recientes “religiones del Libro”, cristianismo e Islam), surgieran en los correspondientes rincones de un mundo por entonces mucho peor comunicado, prácticamente a la vez, en torno al que este autor denominó “tiempo-eje”, entre los siglos VI y V antes de Jesucristo, siglos en los que se tienden las bases, que aún perduran, de las principales civilizaciones actuales, en los que la razón comienza a “desmitificar” el pensamiento, en los que, en suma, una ética universalizada empieza a espiritualizar la existencia.


20

PABLO GARCÍA MEXÍA

Autores tan respetuosos con la tradición de la modernidad como Adela Cortina (2007, 101-102; 271) llegan en el fondo a una conclusión muy similar. Y así, para Cortina, la ética no ha de estar ayuna de racionalidad, debiendo poderse hablar de ella “más allá de en primera persona”: de lo contrario, asegura, quedará legitimada la tajante separación que en las democracias liberales se viene detectando entre vida pública, en manos de los expertos en la racionalidad teleológica; y vida privada, sujeta a las decisiones privadas de conciencia. Si tal separación quedara consumada, continúa, resultaría imposible criticar la vida pública desde lo moral, o criticar desde el conocimiento racional el ámbito de las decisiones privadas, por irracional y subjetivo. Sobre estas bases, nuestra autora termina asentando el que denomina “principio de universalización” ética, que define como el “intento en el plano moral de situarse en el lugar ajeno a la hora de defender intereses o tomar posiciones”; principio que sin escrúpulo intelectual alguno defiende como el verdadero objetivo de progreso moral para una sociedad occidental contemporánea. Éste de intenso postmodernismo cultural es en síntesis el contexto en que el trabajo que a continuación se reproduce debe necesariamente encuadrarse. Y el de decidida defensa de la existencia de valores éticos como los citados, el norte que guía su elaboración: si no deseamos para nosotros mismos un trato injusto, discriminatorio o sesgado, ¿cómo desearlo a los demás? Por otro lado, algunas de las ideas que seguidamente se exponen figuraban ya en otros trabajos anteriores, publicados en forma de libro o de artículo entre los años 2001 y 2006, y cuyas referencias obran en la bibliografía adjunta. Otras, bien son enteramente nuevas, bien se presentan replanteadas, a la luz de acontecimientos y reflexiones ulteriores.


ÉTICA Y GOBERNANZA

21

ÉTICA, GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA Acerca de la importancia del tema Afirmar que el del abuso del poder en sus diversas formas es tema de capital importancia suena evidentemente a lugar común. De ahí la necesidad de aportar cuanto antes datos adicionales. Uno, bien convincente, lo viene proporcionando Transparencia Internacional: según sus informaciones, una de las principales variedades del abuso del poder, la corrupción para ser más exactos, mueve anualmente una cifra próxima a los cinco billones de dólares, o lo que es lo menos mismo, unas cuatro veces el Producto Interior Bruto anual de un país como España. Otro dato, sociológico esta vez: no es la eficacia, o la capacidad de dirigir y estimular equipos, ni siquiera la visión u otras cualidades las que más valoran los ciudadanos españoles en sus líderes políticos, como en un principio pudiera quizá suponerse. Según demuestran múltiples encuestas llevadas a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) español (y los datos serían muy probablemente extrapolables a cualquier otro país de características similares al nuestro), las cualidades más valoradas por los españoles son la honradez y la integridad en el ejercicio de sus funciones políticas (Kaufmann 2004). Por fin, una justificación politológica para tan “tautológico” comienzo: el del ejercicio ético del poder viene erigiéndose en problema de creciente importancia en el estudio del más amplio tema de la gobernanza1. Y ello desde un doble punto

1

Vino por ejemplo a demostrarlo la ponencia sobre el tema del experto del Banco Mundial S.J. Kpundeh, expuesta con ocasión de un seminario sobre corrupción política celebrado en Wilton Park (Reino Unido) a inicios de junio de 2004 (cfr. www.wiltonpark.org.uk).


22

PABLO GARCÍA MEXÍA

de vista: tanto desde el de los países desarrollados, donde se reconoce con generalidad como un elemento crucial de legitimidad de sus sistemas políticos; como desde el de los países en desarrollo, respecto de los que ha llegado a ser considerado, no ya como un obstáculo más al desarrollo —cosa que no sorprendería—, sino como el mayor de todos ellos2. De ahí que no puedan dejar de sorprender tesis como la de M. Naim (2005), quien ha llegado a asegurar literalmente que “la lucha contra la corrupción perjudica al mundo”, en la medida en que bajo su bandera encuentran justificación múltiples tentativas políticamente desestabilizadoras, siendo no obstante constatable la “prosperidad” (sic) de países donde la corrupción alcanza tasas elevadas (China, Italia o Hungría serían algunos ejemplos), a los que sólo un consejero “descubridor de mediterráneos” recomendaría ser más libres y democráticos. Muy aventurada, casi temeraria, la tesis de Naim debe a nuestro juicio y, sin embargo, agradecerse, por lo que de sincero y valiente tiene, y en esa misma línea, dado su indiscutible valor como una suerte de antidogmática “sacudida académica”, siempre saludable, al obligar a revisar fundamentos que casi de forma inconsciente figuran ya “incrustados” en nuestras mentes. Con todo, no podemos compartirla. Sin ánimo de recurrir a un análisis exhaustivo, y para empezar, incurre en contradicciones, al iniciarse afirmando que —y en ello esta-

2

Así lo hizo durante su intervención en el Congreso fundacional de la Organización Mundial de Parlamentarios contra la Corrupción (GOPAC, en sus siglas inglesas), desarrollado en Ottawa (Canadá) en octubre de 2002, una de las Vicepresidentas del Banco Mundial (www.parlcent.ca/ gopac/index_f.php). Quizá por ello, la principal conclusión de la Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo mantenida en Monterrey (México) entre los días 18 y 22 de marzo de 2002 bajo el auspicio de las Naciones Unidas, había radicado en la necesidad que —a juicio de los países desarrollados— tienen los países en desarrollo de prevenir y combatir la corrupción, siempre y cuando deseen continuar percibiendo la ayuda de aquéllos para su progreso. Dejamos al lector el juicio moral y político de esta conclusión.


ÉTICA Y GOBERNANZA

23

mos plenamente de acuerdo— la corrupción es un fenómeno por naturaleza inmensurable, para basar después importantes argumentos en el hecho de que la guerra anticorrupción no habría producido una disminución de dicho mal. Además, imputar inestabilidad política a la lucha contra la corrupción, en especial en América Latina, como hace nuestro autor, supone desconocer que, si bien la corrupción es una de las causas de ulteriores males (singularmente la desigualdad económica y social), no es en modo alguno la única, lo cual tampoco priva al problema de una dimensión deslegitimadora nada desdeñable. Por otro lado, cuál no sería la “prosperidad” de esos países sistémicamente corruptos de haber sido capaces de mantener en niveles aceptables sus hoy altos índices de corrupción, idea que paradójicamente reconoce el propio Naim. Aconsejar asimismo libertad y democracia como los remedios últimos de la corrupción supone a la postre situar la dimensión del problema en los términos dogmáticamente más correctos, siendo ésta y en general todo abuso del poder, una de las mayores amenazas para tales principios. Finalmente, y sobre todo, cualquiera (también desde luego el bienintencionado Naim, estamos seguros) convendrá en que como todo mal, la corrupción no puede ser aceptada: ¿qué hacer pues ante ella? ¿Nos queda alternativa al mero y simple “cruzarnos de brazos”, mientras socava el crédito ciudadano de las instituciones? Sin duda que sí. La alternativa sencillamente no puede ser otra que prevenirla y combatirla. Y como explícita pero también implícitamente demuestran las páginas de una interesante obra (Neild 2002), esa prevención y esa lucha no sólo se emprenden desde la acción política, administrativa o económico-social, sino igualmente desde la actividad académica, no tanto “moralizando”, cuanto “entendiendo” de la mejor manera posible su naturaleza y sus efectos. A tal fin pretenden contribuir las páginas que siguen.


1_9788499853963