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REPRESENTACIÓN, ESTADO Y DEMOCRACIA

MARCOS CRIADO DE DIEGO Universidad de Alicante

tirant lo b anch Valencia, 2007


Copyright ® 2007 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© MARCOS CRIADO DE DIEGO

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 8456 - 794 - 3


ÍNDICE Introducción: Finalidad y objeto de la investigación ...

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Capítulo Primero La naturaleza dialéctica del concepto de representación 1. Consideraciones etimológicas para el planteamiento del problema ......................................................... 2. El contrato privado de mandato y las dos concepciones contrapuestas de la representación .................. 2.1. Planteamiento del problema ........................... 2.2. La representación en el derecho romano e intermedio ............................................................ 2.3. Las dos concepciones contrapuestas de la representación de derecho privado .......................... 2.4. Naturaleza y características de la relación subyacente a la representación, con especial referencia al contrato de mandato ......................... 3. La representación medieval y moderna .................. 3.1. Planteamiento del problema ........................... 3.2. El surgimiento de la idea de representación .. a) Presupuestos del nacimiento de la idea medieval de representación ............................ b) Las aportaciones del Derecho canónico ..... c) Las aportaciones de la organización ciudadana ............................................................. 3.3. La representación en la Baja Edad Media y en la Edad Moderna .............................................. a) El mandato escrito como documento de procura y el instituto de la plena potestas ...... b) La experiencia de las Cortes castellanas y de los Reinos históricos italianos ...............

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Capítulo Segundo La construcción del concepto estático de representación y su adaptación a la forma parlamentaria de gobierno 1. Evolución lingüística y conceptual de la representación durante el Renacimiento .................................. 2. La construcción del concepto estático de representación ............................................................................ 2.1. El problema de la representación (estática) como problema de la personalidad del estado .......... a) Unidad política, soberanía y legitimación en Hobbes ......................................................... b) La construcción liberal burguesa: entre estado y nación ............................................... 2.2. La representación como principio de gobierno universal ........................................................... 2.3. La representación estática como solución antifederal ........................................................ 2.4. La representación (estática) como expresión de la ideología liberal burguesa ........................... a) La representación como técnica de la homogeneidad social ........................................... b) La representación como expresión de la técnica de la división del trabajo .................... c) La exclusión de la economía del ámbito de la representación ........................................ d) La representación como principio aristocrático de gobierno ........................................... f) La existencia efectiva de relación representativa ........................................................... 3. La introducción de elementos relacionales en la forma parlamentaria de gobierno ................................ 3.1. La consideración doctrinal de la relación representativa en el parlamentarismo .................... 3.2. La disolución anticipada del parlamento como mandato del cuerpo electoral al cuerpo representativo ........................................................... a) Rechazo de esta posibilidad en las monarquías constitucionales puras ...................... b) Rechazo de esta posibilidad en los sistemas parlamentarios ...........................................

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Capítulo Tercero Concepto estático de representación y estado de partidos 1. Planteamiento del problema: Sublimación y dominación como elementos de la representación política 2. La aparición del carácter plebiscitario de la soberanía: el poder popular como ratificación ................... 3. La reflexión sobre el parlamentarismo y la representación en la República de Weimar ..................... 3.1. Presidencialismo, corporativismo y civilización capitalista en el pensamiento de Max Weber . 3.2. Identidad y democracia en el pensamiento de Carl Schmitt ..................................................... 4. El estado de partidos como tensión entre principios constitucionales democráticos y principios constitucionales liberales ...................................................... 4.1. «Mutación constitucional» y principio plebiscitario en la teoría de Gerhard Leibholz sobre la representación política en el estado de partidos 4.2. La traducción constitucional de la tensión entre realidad y norma: la jurisprudencia del Bundesverfassungsgericht sobre extinción del mandato de los diputados elegidos en un partido declarado inconstitucional .......................... 4.3. La prohibición de mandato imperativo como límite al principio plebiscitario .......................... 4.4. La prohibición de mandato imperativo como deber de actuar en interés de la nación .......... 5. La evolución del estado de partidos ........................ 5.1. El momento de la mediación: la democracia en los partidos políticos ........................................ 5.2. El momento de la integración .......................... 5.3. La intervención sobre el pluralismo en España: la sentencia 48/2003 del Tribunal Constitucional ..................................................................... a) La jurisprudencia constitucional antes de la STC 48/2003 ................................................ b) El cambio operado por la STC 48/2003 .....

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Capítulo Cuarto Representación de contenido y contenido de la representación 1. Planteamiento del problema ................................... 2. La representación de contenido ............................... 2.1. Representación de contenido e identidad ....... 2.2. La representación de contenido frente a la justificación ética y no social del estado .............. 2.3. La representación de contenido como recuperación del método jurídico ................................... 2.4. Representación de contenido y estado social .. 3. Representación y estado en la obra de Hermann Heller ........................................................................ 3.1. Política y estado en Heller ............................... 3.2. La homogeneidad social como condición de la representación y la fundamnetación suprapositiva del derecho ............................................. 4. Representación y mandato imperativo en los modelos de estado propuestos ..........................................

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Recapitulación y Conclusiones ......................................

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Introducción

FINALIDAD Y OBJETO DE LA INVESTIGACIÓN En las páginas que siguen se pretende analizar el significado teórico o estructural de la representación política en el modelo europeo occidental de estado constitucional democrático. El objeto de la investigación queda delimitado en su extensión, referida a la representación ante órganos políticos colegiados, y en su metodología, propiamente jurídica, con lo cual lo que se pretende es establecer el significado jurídico de la representación ante órganos políticos colegiados. No existe una regulación mínimamente detallada o, al menos, concreta de la representación ante órganos políticos, sino que es más bien una cualidad —la de ser representativo— que se predica de determinados órganos. El derecho regula cómo se accede a la cualidad representativa, mediante los procedimientos del derecho electoral, y las consecuencias (funciones y prerrogativas) del ser representativo. Pero estas materias nada nos dicen sobre el qué de la cualidad representativa ni del porqué llamamos representantes a los miembros de ciertos órganos políticos. La Constitución española contiene regulaciones que nos permiten acercarnos de manera indirecta a la respuesta a estas cuestiones. Sin embargo, se trata de regulaciones contradictorias difíciles de sistematizar: por un lado, la Constitución nos dice


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que el procedimiento de elección no condiciona la cualidad representativa, pues los representantes son autónomos de sus electores (art. 67, que regula la prohibición de mandato imperativo); pero, por otro lado, nos dice que la soberanía reside en el pueblo (art. 1) y que los partidos políticos son los instrumentos de participación de los ciudadanos en la vida pública (art. 6), partidos que, siendo de libre constitución social y sometiendo a sus representantes a la disciplina de partido, se crean para ligar la función del representante a los intereses de sus electores. Por tanto, no podemos saber si las consecuencias del ser representativo, es decir las funciones que ejercen los representantes y las prerrogativas de las que gozan, las prevé la Constitución en función de la autonomía del representante o en función de lo contrario: de su sometimiento a los intereses concretos de los electores. Estas contradicciones se producen porque las constituciones incorporan regulaciones que se corresponden con tradiciones jurídicas y de pensamiento históricamente diferenciadas, tradiciones comunes al ámbito europeo occidental y contradicciones que, en términos muy similares, se repiten en las constituciones de dicho ámbito. El término «representación» goza de una rica tradición intelectual y práctica en el mundo occidental. De ahí que resulte complejo, cuando no imposible, realizar una síntesis desde un punto de vista estrictamente dogmático, sin la apoyatura de una sistematización teórica que aborde esa tradición y la proyecte en el mundo jurídico-constitucional contemporáneo.


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«Nuevos lectores crean nuevos textos y sus significados son una función de las nuevas formas»1. D. F. McKenzie traza así el espacio en el que debe moverse el investigador de una institución social, situado en medio de una historia de prácticas, social e históricamente diferenciadas, y de una historia de representaciones, inscritas en los textos o producidas por los individuos. No cabe sino atender a una y otra orilla de la investigación, poniendo de manifiesto las relaciones entre práctica jurídica y teoría de la representación. Este análisis del significado jurídico histórico de la institución representativa, la muestra en su complejidad, pero también pone de manifiesto su carácter de categoría central de la teoría del estado. A la luz del concepto de representación comienzan a cobrar significado jurídico concreto términos como «soberanía», «estado» o «democracia», términos que materializan la orfandad de precisión dogmática en la que vive el derecho constitucional respecto a algunas de sus categorías basilares. En la medida de lo posible, se ha intentado poner de manifiesto estas relaciones con el objetivo final de dibujar una guia, siquiera esbozada en algunos de sus elementos, para una consideración dogmática de la representación política que deberá ser objeto de futuros trabajos. En el primer capítulo se trata de analizar la estructura jurídica de la representación desde tres

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Cfr. D. F. McKenzie, Bibliography and the Sociology of Texts: Panizzi Lectures (1985), Londres, The British Library, 1986, p. 20.


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fuentes de significado distintas pero interrelacionadas: la evolución del significado linguístico del término; el debate iusprivatista sobre la institución representativa y la conformación teórica y práctica de la representación ante órganos políticos colegiados durante la baja Edad Media y el Renacimiento. La representación se revela así como una institución jurídica de estructura compleja, formada por una relación de gestión de un interés ajeno y por una situación de poder del representante frente a terceros, elementos que conviven en una relación de tensión dialéctica. En el segundo capítulo abordaré la construcción teórica del concepto estático de representación como principio de gobierno y sus problemas de adaptación a la práctica jurídica de los sistemas parlamentarios durante el siglo XIX. El tercer capítulo se centra en los problemas teóricos y dogmáticos que plantea la supervivencia constitucional del principio de gobierno representativo en el estado de partidos y la adaptación de sus instituciones jurídicas, en concreto la prohibición de mandato imperativo, a la práctica partidista. El cuarto capítulo analiza la recuperación del método jurídico para el análisis de la representación política, entendida como institución jurídica y no como principio de gobierno, y las distintas formas de limitación de la autonomía del representante según se adopte un modelo de estado entendido como expresión fenoménica del pueblo democrático o un modelo de estado como una realidad sustancialmente distinta de lo individuos que lo forman. Por último, en el capítulo de conclusiones se realiza una reordenación de los resultados de la investigación orientados hacia una consideración dogmática de


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la representación en las constituciones contemporáneas.


Capítulo Primero

LA NATURALEZA DIALÉCTICA DEL CONCEPTO DE REPRESENTACIÓN 1. CONSIDERACIONES ETIMOLÓGICAS PARA EL PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA El término latino re-praesentare significa hacer presente o manifiesto, o bien presentar de nuevo. En latín clásico, su uso queda reducido casi por completo a objetos inanimados, con el significado de hacerlos literalmente presentes, de llevarlos a la presencia de alguien. Esta acepción de «hacer presente aquello que está ausente» está recogida en el Libro de la Sabiduría (14, 17): «Y a quienes los hombres no pueden de presente honrar por estar lejos,/ de lejos se imaginan su semblante/ y hacen la imagen visible de un rey venerado,/ para adular al ausente con igual diligencia que si estuviera presente (tanquam praesentem)»2. En las definiciones antiguas, como por ejemplo la del Dictionnaire Universel de Furetière en su edición de 17273, las acepciones de la palabra «re-

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Edición de la B.A.C., trad. directa de los textos orientales de Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga, O. P., Madrid, 1977. Vid. Furetière, Dictionnaire universel, contenant généralement tous les mots français tant vieux que modernes et


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presentación» muestran dos familias de sentidos aparentemente contradictorios: por un lado, la representación significa una ausencia, lo que supone una neta distinción entre lo que se representa y lo que es representado; por otro, la representación es la exhibición de una presencia, la presentación pública de una persona o de una cosa. En la primera acepción, la representación es el instrumento de un conocimiento mediato que hace ver un objeto ausente al sustituirlo por una «imagen« capaz de volverlo a la memoria y de «pintarlo» tal cual es. De estas imágenes, algunas son materiales, sustituyendo el cuerpo ausente por un objeto parecido o no: como los maniquíes de cera, madera o cuero que se colocaban encima del atáud real durante los funerales de los soberanos franceses e ingleses; otras, juegan en el campo de la relación simbólica que, para Furetière, es «la representación de algo moral mediante las imágenes o las propiedades de las cosas naturales (...). El leon es el símbolo del valor, la gallina el de la inconstacia, el pelícano el del amor maternal». Se postula entonces una relación descifrable entre el signo visible y el referente. La relación de representación, entendida como la que se da entre una imagen presente y un objeto ausente, estructura toda la teoría del signo en el pensamiento clásico, elaborado en su mayor complejidad por los lógicos de Port Royal. Ello permite discriminar distintas

les termes des sciences et des arts, corregido por M. Basnage de Bauval y revisado por M. Brutel de la Rivière, La Haya, 1727, artículos «Représentation et Symbole».


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categorías de signos (ciertos o probables, naturales o intuidos, adheridos o separados de aquello que se representa...) y caracterizar el símbolo por su diferencia con otros signos4. Por otro lado, identifica las dos condiciones necesarias para que la relación sea inteligible: a saber, a) el conocimiento del signo como signo, en su separación de la cosa significada; y b) la existencia de convenciones que rigen la relación del signo con la cosa. Estas condiciones permiten plantear en sus justos términos la cuestión de las posibles incomprensiones de la representación, ya sea por falta de «preparación» del intérprete, o por la «extravagancia» de una relación arbitraria entre el signo y el significado. Ello nos mete de lleno en la problemática metódica de toda investigación que, como es el caso, pretende establecer el significado (o la historia del significado) de una determinada institución social: el situarse en medio de una historia de prácticas, social e históricamente diferenciadas, y de una historia de representaciones, inscritas en los textos o producidas por los individuos. Las formas de teatralización de la vida social en el Antiguo Régimen, dan un ejemplo manifiesto de la perversión de la relación de representación a que aludían los lógicos de Port-Royal. Todas ellas tienden a hacer que la cosa exista dentro de la imagen

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Cfr. A. Arnaud y P. Nicole, La logique ou l’Art de Penser, Paris, Presses Universitaires de France, 1965, Libro I, pp. 52-54. Sobre la teoría del signo en Port-Royal, Vid. L. Marin, La Critique du Discours. Etude sur la Logique de Port-Royal et les Pensées de Pascal, París, Les editions de Minuit, 1975.


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que se exhibe, que la representación oculte en lugar de «dibujar» adecuadamente aquello que le sirve de referencia. Pascal pone al desnudo este mecanismo de manipulación de signos, destinados a aparentar y no a conocer las cosas tal como son: «Nuestros magistrados conocieron muy bien ese misterio, sus trajes rojos, sus armiños, de los que se envuelven en gatos forrados, los palacios donde juzgan, las flores de lis, todo este aparato augusto es muy necesario; y si los médicos no hubiesen tenido sotanas y mulas, y los doctores no hubiesen tenido gorros cuadrados y batas amplias de cuatro lados, jamás habrían podido engañar al mundo, que no puede resistir una muestra tan auténtica. Si ellos poseyeran la verdadera justicia y si los médicos tuvieran el auténtico arte de curar, no tendrían que hacer gorros cuadrados: la majestuosidad de estas ciencias sería bastante venerable en sí misma. Pero al tener sólo ciencias imaginarias, es necesario que adopten esos vanos instrumentos que golpean la imaginación; y así, en efecto, consiguen el respeto»5. La relación de representación se ve entonces alterada por la debilidad de la imaginación, que hace que se tome el señuelo por lo real, considerando los signos visibles como índices seguros de una realidad que no lo es. Así encubierta, la representación se convierte en una máquina de fabricar respeto y sumisión, en un intrumento que produce una coac-

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Cfr. Pascal, «Pensées», 104, en Oeuvres Complètes, París, Gallimar, «Bibliothèque de la Pléiade», 1954, p. 1118.


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ción interiorizada, necesaria allí donde falla el recurso a la fuerza bruta: «las únicas personas de guerra no están disfrazadas de este modo, porque de hecho su parte es más esencial: se establecen por la fuerza, los otros por el fingimiento»6. Esta función «enmascaradora» o «ideológica» de la representación no puede perderse de vista en un trabajo sobre la historia de su significado jurídico, y provoca una cautela metodológica de primer orden a la hora de distinguir las prácticas sociales representativas de sus representaciones. Hans-Georg Gadamer, en sus estudios sobre la superación cristiana de la prohibición hebrea de las imágenes, ha observado que el término «representación», ya familiar a los latinos, adquiere un significado completamente nuevo a la luz de las ideas cristianas de encarnación y de cuerpo místico. Repraesentatio no significa ya copia o reproducción figurativa, sino «tener el lugar de», y Repraesentare significa «hacer que sea presente». «Lo importante en el concepto jurídico de representación, es que la persona representada es sólo lo presentado y expuesto, y que sin embargo el representante que ejerce sus derechos depende de ella»7. Gadamer subraya el carácter creativo de esta idea de representación con respecto a la noción ori-

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Ibidem. Cfr. H. G. Gadamer, Wahrheit und Methode: Grundzüge einer philosophischen Hermeneutik, 2.ª ed., J. C. B. Mohr, Tubinga, 1965. Cito por la traducción italiana Verità e metodo, trad. de Gianni Vattimo, Milán, Bompiani, 1983, p. 176.


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ginaria: mientras los símbolos son «puros y simples vicarios», la imagen «tiene también una función de representación, pero la cumple por sí misma, en virtud del exceso de significado («incremento de ser» lo llama en otros pasajes) que aporta»8. El primer significado, el de la representación-símbolo, se corresponde con la idea de hacer presente algo preexistente sin lo cual la representación carecería de significado. Representación significa «presentar de nuevo». En el segundo significado, el de la representación-imagen, lo representado no tiene una auténtica existencia previa, pues sólo se hace presente en cuanto que representación, y sólo como representación se «presenta» al sujeto. Esta construcción de la representación supone un concepto estático de la misma como aspecto externo de reproducción, del ver en cuanto tal. Desde el punto de vista jurídico, el primero de los significados propuestos se corresponde con el uso del término «representación» para referirse a la comparecencia en juicio; el segundo significado, se corresponde con el uso del término en el derecho canónico para referirse a la representación legal. El carácter creativo de la representación-imagen ya fue señalado por uno de los maestros de Gadamer, Martin Heidegger, que nos permite considerar la distinción semántica en el terreno propiamente político y jurídico: «El «representante» tiene su esencia genuina sólo allí donde la «representación» es necesaria por esencia... hace aparecer el

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Ibid., p. 191.


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ente mismo en su ser, es decir en la presencia, en la parousía, y es así el ente»9. Según Heidegger, no habría auténtica representación sino en el segundo de los significados propuestos, allí donde el representante «crea» el objeto representado y es esta creación por el agente representativo la «esencia» tanto del objeto como de la representación misma. Ello tiene una repercusión crucial en la alternativa entre representación de derecho privado (Vertretung) y representación política (Repräsentation)10: la primera se limitaría a recoger, por vía sustitutiva o vicaria, una voluntad ya existente y determinada; la segunda funda o crea una voluntad unitaria que antes no existía. Por tanto, el concepto de representación en el ámbito polí-

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Cfr. M. Heidegger, Nietzsche, 3.ª ed., Neske, Pfullingen, 1961., cito por la trad. francesa Nietsche, trad. de Pierre Klosossowski, Paris, Gallimard, 1971, vol. I p. 273. Sobre la diferencia entre Vertretung y Repräsentation: «Un representante (Vertreter, en el sentido que se da en el derecho privado) actúa sobre la base de un acto de voluntad propio que, sin embargo, está objetivamente delimitado no sólo por la ley sino también por la voluntad de los mandantes; un representante (Repräsentant, en el sentido que se le da en el derecho público) actúa sobre la base de un propio acto de voluntad, que no puede ser delimitado por la ley, ni siquiera por la voluntad de los representados (Repräsentirten); y además es signo distintivo de la representación (Repräsentation) que lo representados (Repräsentirten), por cuanto necesitan de la representación, son incapaces de expresar una voluntad jurídicamente relevante» (E. Fraenkel, La componente rappresentativa e plebiscitaria nello stato costituzionale democratico, trad. it. de Clemente Forte, Turín, G. Giappichelli Editore, p. 76, nota 59).


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