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La lista de Schindler

Abismos que el derecho difĂ­cilmente alcanza


La lista de Schindler Abismos que el derecho difícilmente alcanza

Juan Antonio García Amado Catedrático de Filosofía del Derecho Universidad de León

México D.F., 2012


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© juan antonio garcía amado

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«El totalitarismo es la gran novedad de este siglo, es la experiencia terrorífica que hizo temblar sus cimientos… ¿Los cimientos de qué? De todo, pero en particular de nuestras ideas racionales habituales. El totalitarismo expulsa de sí mismo y pone fuera de la ley al ser humano. Pero precisamente esa situación fuera de la ley, esta muerte masiva que es de mártires, aunque sean involuntarios, vuelve a traer a la mente del hombre aquello de lo que fue despojado, la columna básica de su cultura y de su existencia, la ley» (Imre Kertész, Un instante de silencio en el paredón).


Ìndice

PRESENTACIÓN........................................................................

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I. FICHA TÉCNICA.............................................................

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II. LA PELÍCULA FRENTE A LA HISTORIA 1. La realidad de los hechos y la representación de los hechos......................................................................... 2. Más que personajes, estereotipos.............................. 3. Sutiles mensajes ideológicos.....................................

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III. LOS HECHOS, LOS PERSONAJES, LOS LUGARES... 1. Hechos........................................................................ 1.1. Los campos de concentración........................... 1.2. La explotación privada de los prisioneros de los campos................................................................ 1.3. El personal SS.................................................... 1.4. Organización y vida diaria de los prisioneros.. 2. Personajes de la película............................................ 2.1. Oskar Schindler.................................................. 2.2. Amon Goeth, comandante del campo de Plaszow...................................................................... 3. Lugares de la película................................................ 3.1. El Campo de Plaszow........................................ 3.2. El gueto de Cracovia..........................................

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IV. EL DERECHO ANTE EL NAZISMO: LUCES Y SOMBRAS 1. De los juicios de Nuremberg al Tribunal Penal Internacional...................................................................... 2. La persecución penal de los crímenes nazis después de los juicios de Nuremberg...................................... 3. Indemnizaciones para los trabajadores forzosos.....

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NOTA BIBLIOGRÁFICA.............................................................

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Índice


Presentación

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a lista de Schindler es gene ralmente mencionada como la película que rompe con el llamado tabú cinematográfico de las cámaras de gas, pues contiene una muy discutida escena en las cámaras de Auschwitz. Antes, los directores que filmaron historias ambientadas en el nazismo y el holocausto habían evitado rebasar esa barrera, compartiendo tácitamente la idea de que un horror de tal calibre superaba toda posibilidad de seria expresión directa y realista. Y así sigue siendo en gran medida. Baste recordar que en la reciente película Amen, de Costa-Gavras, hay una crucial escena en que el protagonista observa por la mirilla de la puerta de la cámara de gas y contempla la muerte que dentro está ocurriendo, pero al espectador no se le muestra nada de lo que su mirada ve. En cambio, la pretensión realista de Spielberg hace que no quiera ahorrar al espectador la contemplación de los detalles más escabrosos, si bien, como veremos, será muy criticado por el equívoco mensaje que en algunas escenas, como la misma de la ducha, se

desprende sobre la verdadera intensidad del horror y sobre el destino de los judíos en los campos. La película está marcada por la tensión entre dos circunstancias paralelas. Por una parte, la de ser una ficción que reproduce, o pretende reproducir, una historia verdadera, la misma que había sido novelada, con más pormenor, en el libro de Thomas Keneally Schindler´s List, originariamente publicado en 1982. Por otra, la de ser una película realizada con técnicas propias del estilo realista, con apariencia documental, incluso, en muchas ocasiones, pero que, a juicio de numerosos historiadores y críticos da una visión demasiado sesgada de la realidad, lo cual sería el precio que ha de pagar toda pretensión de recrear artísticamente un fenómeno tan abismalmente incomprensible como las prácticas criminales del nazismo. De ahí que sea tan enconado el debate entre quienes son partidarios del estilo propiamente documental y más pudoroso, por así decir, de la cinta Shoah, de Claude Lanzmann, el otro gran

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testimonio cinematográfico sobre el holocausto, y quienes prefieren las reconstrucciones al modo de Spielberg, especialmente por su capacidad para calar en un público masivo y generar en él la reflexión sobre lo que no debe caer en el olvido. Como quiera que sea, este libro no tiene que ser de cine, sino de derecho, tomando como base la película que comentamos. Como estudio cinematográfico de la película podemos remitir al lector al magnífico libro La lista de Schindler. Steven Spielberg, publicado en 2001 por Arturo Lozano Aguilar. Por tanto, nos importan los problemas jurídicos que al hilo de la cinta cabe plantear. Y, naturalmente, si hablamos del nazismo y sus aberraciones, dichos problemas pueden ser prácticamente infinitos. Por esa razón hemos tenido que optar de salida entre una doble posibilidad: tomar pie minuciosamente en concretas escenas y particulares anécdotas de las que en la película se narran, para glosarlas en su alcance jurídico, de modo que por esa especie de vía inductiva pudiéramos acabar en el tratamiento de problemas jurídicos generales; o prescindir del detalle preciso y arrancar directamente de las preguntas más relevantes que al lego en leyes se le pueden suscitar al contemplar la película en su conjunto. He-

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mos elegido esta última alternativa. En consecuencia, no haremos análisis jurídicos de sucesos particulares de la película, sino que iremos directamente a las grandes preguntas que pueden inquietar a quien la contemple como exposición de los radicales abusos del nazismo. Y de esas grandes cuestiones, nos preocupará ante todo una: ¿cómo reaccionó el derecho, dentro y fuera de Alemania, cuando aquel putrefacto régimen terminó, con la derrota militar que puso fin a la Segunda Guerra Mundial? Al final de la película se muestra fugazmente la ejecución en la horca de Amon Goeth, el comandante del campo de concentración de Plaszow y, antes, responsable de la evacuación del gueto de Cracovia. Pues bien, eso es lo que queremos plantear, quién, cómo, cuándo, dónde y con qué argumentos jurídicos hizo justicia, si es que se hizo, a las víctimas del nazismo y a la vesania y el oportunismo de sus verdugos y beneficiarios. Naturalmente, de los muchos problemas prácticos con que el derecho se topó a propósito del nazismo, dirigiremos nuestra mirada solamente a los que puedan tener más directa relación con lo que en la película se nos cuenta. En consecuencia, tres serán los focos principales de nuestra atención desde los miradores del derecho: cómo respon-


Presentación

pectador de la película se agranden con el conocimiento de más extensos y precisos datos de lo acontecido en el mundo y el tiempo que la película recrea. En suma, nuestro recorrido será así: del análisis de la película bajo la óptica de la teoría social pasamos a la historia real de los hechos narrados y al trasfondo histórico de los mismos, y desde ahí saltamos al derecho y nos preguntamos por su capacidad de reacción ante fenómenos de tal magnitud. Que la respuesta a esta última pregunta será un tanto escéptica, a la vista de las enseñanzas de la historia del siglo XX, es lo que justifica el largo subtítulo que hemos elegido y que nos sirve también de conclusión: abismos que el derecho difícilmente alcanza.

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dió (y responde) frente a los crímenes del nazismo el derecho internacional, y cómo los encajó en sus categorías y normas el derecho penal. Por último, nos preguntaremos también si se compensó de alguna manera a los millones de prisioneros que con su trabajo esclavo rindieron al Estado alemán y a tantas empresas alemanas grandísimos beneficios. Pero antes de plantear esos asuntos de derecho nos pararemos en dos capítulos previos. Uno será la exposición, resumida, de las más destacadas objeciones que a esta cinta se han hecho desde los campos de la crítica ideológica e histórica. Y otro, una breve ampliación de los datos históricos, de manera que las posibilidades analíticas y críticas del es-


Ficha técnica

Título original: Schindler’s List Año: 1993 País: Estados Unidos Duración: 188 min. Director: Steven Spielberg Guión: Steve Zaillian (basado en la novela de Thomas Keneally) Productores: Irving Goving, Kathleen Kennedy, Branko Lustig, Gerald R. Molen, Robert Raymond, Lew Rywin, Steven Spielberg. Fotografía: Janusz Kaminski Música original: John Williams Diseño de producción: Allan Starski Dirección artística: Ewa Skoczkowska y Maciej Walczak Decorados: Eva Braun Montaje: Michael Kahn Reparto: Liam Neeson (Oscar Schindler), Ben Kingsley (Itzhak Stern), Ralph Fiennes (Amon Goeth), Caroline Goodall (Emilie Schindler), Jonathan Sagalle (Poldek Pfefferberg), Embeth Davidtz (Helen Hirsch), Malgoscha Gebel (Victoria Klonowska), Shmulik Levy (I) (Wilek Chilowicz), Mark Ivanir (Marcel Goldberg), Michael Schneider (Juda Dresner), Anna Mucha (Danka Dresner), Adj Nitzan (Mila Pfefferberg), Ezra Dagan (Rabino Lewartow), HansMichael Rehberg (Rudolph Höss), Daniel Del Ponte (Josef Mengele).

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I. Ficha técnica


La película frente a la historia

Imre Kertész, reciente premio Nobel de literatura y sobreviviente de los campos de concentración nazis, escribió lo siguiente sobre la película de Spielberg: «Sí, el sobreviviente contempla con impotencia cómo le quitan su única posesión: las experiencias auténticas. Sé que muchos no coinciden conmigo cuando califico de kitsch la película de Spielberg La lista de Schindler. Dicen que Spielberg prestó un gran servicio a la causa por cuanto su película atrajo a los cines a millones de personas, muchas de las cuales no mostraban normalmente interés por el tema del «holocausto». Puede ser. Pero ¿por qué debo yo, sobreviviente del holocausto y poseedor de otras experiencias del terror, alegrarme de que sean cada vez más las personas que ven estas experiencias en la pantalla… de manera falsificada? Es evidente que el norteamericano Spielberg, quien, por cierto, aún no había nacido en la época de la guerra, no tiene ni idea —ni puede tenerla— de la auténti-

ca realidad de un campo de concentración nazi (…) Veo el mensaje más importante de su cinta en blanco y negro en la multitud victoriosa que al final de la película aparece en color; pero considero kitsch cualquier descripción que no implique las amplias consecuencias éticas de Auschwitz y según la cual el SER HUMANO escrito con mayúscula —y con él, el ideal de lo humano— puede salir intacto de Auschwitz. (…) Considero kitsch cualquier descripción que procura tratar el holocausto de una vez para siempre como algo ajeno a la naturaleza humana y expulsarlo del ámbito de experiencias del hombre. Además, considero también kitsch degradar Auschwitz a un simple asunto entre alemanes y judíos, o sea, a algo así como una incompatibilidad fatal entre dos colectivos; prescindir de la anatomía política y psicológica de los totalitarismos modernos; no concebir Auschwitz como una experiencia universal, sino como algo limitado a los directamente afectados. Por otra

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II. La película frente a la historia


La lista Schindler

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parte, considero kitsch todo cuanto es kitsch» (Un instante de silencio en el paredón, p. 92). Las palabras de Kertész sintetizan en buena parte el tono general de las objeciones que a la película se han puesto desde las filas de la crítica cultural y de algunos sobrevivientes del holocausto. Junto a la entusiasta recepción del público y la crítica cinematográfica, unos pocos autores han venido denunciando la película por sus numerosos falseamientos,

por sus abundantes simplificaciones de la realidad histórica o el drama moral y por sus negativas consecuencias ideológicas, derivadas de que, sutilmente, produce más refuerzo de estereotipos negativos y rancios que auténtica reflexión ética y política. Trataré a continuación de resumir los más relevantes y repetidos de esos reproches. Los sistematizaré según que se refieran a los hechos, los caracteres y la ideología de fondo.

1. La realidad de los hechos y la representación de los hechos La crítica cinematográfica coincide en atribuir a Spielberg un propósito de realismo, bien visible en el uso del blanco y negro y en ciertos planos que recuerdan el estilo del documental. Sin embargo, bajo ese rasgo estilístico se escondería una gran falta de fidelidad histórica en el tratamiento de los hechos. Semejante crítica se vincula con varios datos principales: lo poco verosímil de ciertas escenas que se representan, lo engañoso de la historia que se cuenta y del modo como se cuenta, unido a lo que se silencia y no se muestra. Respecto de lo primero, pongamos un solo ejemplo, señalado por un crítico alemán (Kramer):

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en la película, los prisioneros judíos polacos hablan con toda normalidad con los alemanes. Desaparece así uno de los elementos esenciales del caos de la convivencia en los campos, como era la difícil comunicación en aquella torre de Babel de lenguas en la que, además, los prisioneros que no conocían el alemán, y que eran la mayoría, tenían muchas menos posibilidades de sobrevivir. Los atajos expresivos que el cine, y especialmente el de Hollywood, necesita se cobran el precio de la simplificación de la realidad. Toda la literatura escrita por los supervivientes muestra a los prisioneros en una situación en sí misma incomprensible y envuel-


La película frente a la historia

mal» no era que por las duchas de Auschwitz saliera agua, sino zyklon-b, el gas letal. Como apuntan Kramer o, entre nosotros, José A. Zamora, se embellece la realidad de Auschwitz al presentar una excepción donde apenas las hubo. En el mismo sentido dice Omer Bartov que el transformar un caso completamente extraordinario en un segmento representativo de historia, dejando al margen el caso del holocausto más real, supone una distorsión de la realidad, realidad que fue la de la aniquilación industrialmente organizada. Pasa a segundo plano que la mayoría de los judíos murieron, que la mayoría de los alemanes colaboraron con los asesinos o fueron cómplices pasivos, que la mayoría de las víctimas enviadas a las duchas fueron gaseadas y que la mayoría de los supervivientes no caminaron por

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tos, además, en una circunstancia de muy difícil comunicación, tanto entre ellos mismos como con sus guardianes. De esto en la película no hay rastro apenas, y es este una paso crucial en la trivialización de la vida de los campos: hacer que el espectador comprenda significa ocultarle la real situación de radical incomprensibilidad e incomunicación que supuestamente se le quiere describir. En cuanto a lo engañoso del modo en que se combina lo que en la película se narra y lo que se calla, podemos mencionar varios aspectos. Se ha insistido mucho, en primer lugar, en la desfiguración que supone presentar como asunto central de una película sobre el holocausto lo que no fue la regla, sino la excepción. Porque la regla, lo «normal», no fue la salvación, sino la aniquilación, la muerte en las cámaras. Lo «nor-

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