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Miguel テ]gel Presno Linera Benjamテュn Rivaya (Coords.)


Una introducción cinematográfica al Derecho MIGUEL ÁNGEL PRESNO LINERA BENJAMÍN RIVAYA (Coords.)

tirant lo b anch Valencia, 2006


Copyright ® 2006 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección:

JAVIER DE LUCAS Catedrático de Filosofía del Derecho

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura

© MIGUEL ÁNGEL PRESNO LINERA BENJAMÍN RIVAYA y otros

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 84 - 8456 - 498 - 3


Índice

1.

Palabras previas, por Miguel Ángel PRESNO LINERA y Benjamín RIVAYA .............................................................

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Derecho y cine. Sobre las posibilidades del cine como instrumento para la didáctica jurídica, por Benjamín RIVAYA ..............................................................................

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¿De qué hablamos cuando hablamos de Derecho Constitucional?, por Miguel Ángel PRESNO LINERA ..................

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Una aproximación cinematográfica al Derecho Internacional: libre determinación de los pueblos, uso de la fuerza y terrorismo en La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo, por Javier A. GONZÁLEZ VEGA ......................................

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Crimen y castigo. Derecho penal, ¿para qué? A propósito de Soy un fugitivo, por Miguel DÍAZ y GARCÍA CONLLEDO

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Derecho, procedimiento, proceso: Josef K versus…, por María José GARCÍA SALGADO ........................................

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El Derecho ambiental y la calidad de vida. Lluvia negra (Kuroi Ame), por Mario RUIZ SANZ ................................

134

Evocación de un humilde transportista ante un mundo globalizado. Plácido y el Derecho Mercantil, por Isabel ÁLVAREZ VEGA ................................................................

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Cine y Derecho de familia. A propósito de La gran familia, por Julio CARBAJO GONZÁLEZ ......................................

178

10. El Derecho del trabajo en el cine: A propósito de Tiempos modernos, por Joaquín GARCÍA MURCIA .......................

198

11. Los intocables de Elliot Ness o los atajos de la ley. En contra de la justicia como método, por Xacobe BASTIDA FREIXEDO ........................................................................

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12. Filosofía del Derecho con Raíces profundas, por Juan Antonio GARCÍA AMADO .................................................

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13. Derecho, violencia, Sin perdón, por Javier DE LUCAS ...

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2.

3. 4.

5. 6. 7. 8.

9.

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Una introducción cinematográfica al Derecho

Índice


Palabras previas

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sté libro tiene su origen en las ponencias presentadas en el Curso de Verano de la Universidad de Oviedo que se celebró en Vegadeo (Asturias) entre los días 19 y 23 de julio de 2004, con el título Una introducción cinematográfica al Derecho. Como directores de aquel Curso y editores del presente libro queremos expresar nuestro agradecimiento a todos los que han hecho posible tanto uno como otro: en primer lugar a los ponentes del Curso y luego autores de los trabajos que aquí se recogen, por el entusiasmo mostrado para que ambas empresas salieran adelante; en segundo lugar, a las instituciones que acogieron e hicieron posible el Curso de Verano: la Universidad de Oviedo, a través de su Vicerrectorado de Extensión Universitaria y Servicios Universitarios, y el Ayuntamiento de Vegadeo y, de manera especial, la Casa de Cultura municipal, cuyos responsables, Félix, Aurora y Pilu, colaboraron para que todo saliera bien. Finalmente, aunque no desde luego en último lugar, manifestamos nuestra gratitud y

la de los demás autores a la Editorial Tirant lo Blanch y, de modo especial, a Salvador Vives y al director de esta colección, Javier de Lucas, que se han atrevido no sólo a romper el monopolio de las editoriales anglosajonas en la difusión de los estudios sobre Derecho y Cine, sino a impulsar una colección que, por sus características y hasta donde conocemos, es única en el mundo. A modo de breve presentación, hemos de decir que esta obra pretende enriquecer el conjunto de publicaciones que en los últimos tiempos se han ocupado del fenómeno jurídico en el cine, aportando como elemento diferenciador una visión jurídica pero multidisciplinar, de tal manera que utilizando la metodología propia de los estudios de Derecho y Cine, cada autor, partiendo del análisis de una o varias películas, utiliza éste para presentar una concreta rama del ordenamiento jurídico: El libro se abre con un estudio de Benjamín Rivaya sobre las posibilidades del cine como instrumento para la enseñanza del Derecho, teniendo en cuenta las

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Una introducción cinematográfica al Derecho

Miguel Ángel Presno Linera y Benjamín Rivaya

próximas reformas que se van a llevar a cabo. Después, Miguel Ángel Presno se refiere a muy diversas películas, desde Intolerancia, de Griffith (1916), hasta Million Dollar Baby, de Clint Eastwood (2004), para acercar al lector al Derecho Constitucional; Javier González Vega, tomando como punto de partida La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo (1966), desarrolla su explicación de lo que es el Derecho Internacional, a la vez que trata de la actual problemática de las relaciones internacionales; Miguel Díaz se vale de Soy un fugitivo (Mervyn LeRoy, 1932) para adentrarnos en el concepto de Derecho Penal y fijarse, sobre todo, en el tradicional tema de los fines de la pena; María José García Salgado utiliza el clásico de Kafka llevado al cine por Orson Welles, El proceso (1962), para exponer lo que es el Derecho Procesal en clave sistémica; de Lluvia negra (Shohei Imamura, 1989) se sirve Mario Ruiz para aclarar el concepto, las características y los fines del Derecho ambiental, además de presentar la temática de la energía nuclear en el cine. En cuanto a las ramas del Derecho Privado, Isabel Álvarez Vega realiza una introducción al Derecho Mercantil partiendo de una película de Berlanga, Plácido (1961), en cuyo argumento la letra de cambio juega un papel des-

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tacado; Julio Carbajo analiza La gran familia (Fernando Palacios, 1962) a la vez que expone el concepto y los aspectos más relevantes del Derecho de familia; y Joaquín García Murcia comenta el clásico de Chaplin sobre el mundo del trabajo, Tiempos modernos (1935), para introducir el Derecho Laboral y su problemática. Por fin, los tres últimos capítulos del libro se dedican a la filosofía del Derecho, para lo que los autores se sirven de películas que podemos denominar típicamente jurídicas: Juan Antonio García Amado y Javier de Lucas analizan dos westerns clásicos, Raíces profundas (George Stevens, 1953) y (aunque sea reciente ya es un clásico) Sin perdón (Clint Eastwood, 1992); mientras que Xacobe Bastida se vale de una película de gansters, Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987). Así, entre tiros, se exponen magistralmente los grandes temas de la filosofía jurídica: el de la teoría del Derecho y el de la teoría de la justicia. Esperemos que entre todos hayamos logrado lo que se pretendía, realizar una introducción al mundo del Derecho a través del cine.

Miguel Ángel Presno Linera y Benjamín Rivaya Vegadeo-Oviedo, abril de 2005


Una introducción cinematográfica al Derecho

Benjamín Rivaya

Derecho y cine Sobre las posibilidades del cine como instrumento para la didáctica jurídica* BENJAMÍN RIVAYA Universidad de Oviedo

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asi no hace falta decir que, a lo largo de más de un siglo de historia, el cine ha reflejado constantemente la vida del Derecho: muchos de los grandes argumentos cinematográficos son asuntos jurídicos. Por eso no es extraño que haya surgido un movimiento que se ha denominado Derecho y Cine, y que se dedica a estudiar las relaciones entre ambos fenómenos; con todo lo que eso significa: un conjunto suficientemente amplio de estudios sobre la presencia del Derecho en las narraciones cinematográficas, estudios que analizan concretas instituciones (el proceso en el cine, el divorcio en el cine, la pena de muerte en el

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cine, etc.) o la ideología jurídica que se refleja en cierta filmografía o en concretas películas (el Derecho en el cine negro, el Derecho en el western, el Derecho en la comedia, etc.), lo que trae consigo que se publiquen libros y artículos sobre la temática; un conjunto de investigadores y personas interesadas que organizan congresos y reuniones para debatir sobre ese objeto de análisis; un conjunto de asignaturas que, bajo el rótulo de Derecho y Cine u otro similar, se aplican a la enseñanza del Derecho utilizando el cine como recurso pedagógico. Probablemente los estudios y los experimentos de Derecho y Cine comenzaron a gestarse en Estados

El presente trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Innovación Docente titulado Cine y didáctica jurídica, financiado por la Universidad de Oviedo en el año 2003 (PB-03-030).

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Derecho y cine

Derecho y Cine se encuentra en la importancia que el cine ha alcanzado en nuestras sociedades, importancia en diversos órdenes: en el del arte, la industria, el ocio, en el ideológico, etc. Lo que también explica que las películas, desde distintos puntos de vista, se hayan convertido en objeto de investigación y, en los más variados campos, en instrumento para la docencia.

1. Historia y Cine, Literatura y Derecho, Derecho y Cine Así, quien esté interesado en el estudio de las relaciones entre el Derecho y el cine, relaciones que también son de diversa índole y que se pueden observar desde diversas perspectivas, se encuentra con distintas fuentes para trazar el mapa del nuevo territorio temático. Se puede acudir directamente a la producción literaria sobre el tema, una producción que se escribe casi siempre en lengua inglesa, si bien últimamente comienzan a aparecer en España estudios al respecto, siendo el experimento editorial de Tirant lo Blanch, con la colección Cine y Derecho, un caso único en el mundo. Pero hay otras formas de acercarse a la cuestión. Por ejemplo analizando las analogías que existirían entre Derecho y Cine e Historia y Cine,

pues ambos tipos de estudios comparten el cine como objeto de análisis. Es obvio que desde hace tiempo se investiga la temática de las relaciones entre el cine y diversas ciencias sociales, siendo el caso de la historia uno de los más consolidados. Lo que resulta curioso es que cuando en 1996 Francisco Zurián hablaba de las ciencias que estaban siendo estudiadas en relación con el cine, citaba “la historia, la sociología, la semiología o la psicología”, pero nada decía del Derecho; resulta curioso porque el Derecho y el cine han mantenido una relación inevitable, casi indisoluble, desde el comienzo. ¿Cómo no darse cuenta de que, en palabras de Rennard Strickland, el Derecho y el cine “parece que han sido hechos el uno para

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Unidos, pero hoy en día se encuentran extendidos por todo el globo, sin que eso signifique que haya habido en todos los casos un proceso de difusión cultural, esto es, que no siempre se dio una exportación/ importación de la novedad sino que, al menos en ocasiones, el proyecto surgía en otros lugares sin que nada se supiera acerca de la experiencia estadounidense. La explicación de


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el otro”? ¿Por qué no tienen una más dilatada historia los estudios de Derecho y Cine? Por otro lado también se podrían investigar las analogías que existen entre Derecho y Cine y Derecho y

Literatura pues, contando estos últimos estudios con mayor tradición que los primeros, unos y otros análisis comparten el Derecho y los problemas jurídicos como cuestión fundamental.

1.1. Historia y Cine El hecho de que el fenómeno cinematográfico sea necesariamente histórico y, a la vez, el cine haya recurrido a la historia para buscar sus argumentos (es habitual hablar de un cine histórico o de temática histórica), ha traído consigo que los historiadores se ocuparan del cinematógrafo. Por una parte elaborando una historia del cine; por otra, utilizando el cine como una fuente historiográfica más de la que no se debe prescindir. Una y otra dedicación están en el origen de un movimiento integrado tanto por teóricos y críticos del cine como por historiadores, movimiento que se puede denominar Historia y Cine, y que se encuentra suficientemente arraigado no sólo en Francia y en los Estados Unidos sino también en nuestro país. La historia del cine es una disciplina ya establecida, con tradición, que no necesita ningún tipo de justificación, pues el cine tiene su puesto en la historia general: en tanto que producto cultural complejo, el cine exige ser historiado, lo que incluye la interpre-

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tación histórica, contextualizada, de las películas. Parece que más dudas podría plantear, en cambio, la utilización del cine como fuente historiográfica, aunque hoy en día está generalmente aceptada por los historiadores. En tanto que la película trata de asuntos históricos, inevitablemente ella misma se convierte en un discurso histórico del que también ha de ocuparse el historiador; es más, podría decirse que toda película es en sí misma un documento histórico del que la ciencia de la historia no ha de prescindir. Tal vez le interese principalmente el llamado cine histórico, pero no sólo. Piénsese en el cine del socialismo real, que puede tratar o no de episodios del pasado, pero que le ha de interesar a quien historie la experiencia soviética; por ejemplo las películas de Eisenstein, La huelga (1924), El acorazado Potemkin (1925), Octubre (1927), o la de Pudovkin, La madre (1926). Los ejemplos podrían multiplicarse; valga remitirse a la interesante guía de José María Caparrós.


Derecho y cine

En el ámbito de los estudios humanísticos sobre el Derecho, el movimiento de Derecho y Literatura también goza de suficiente arraigo, sobre todo en las Universidades norteamericanas, donde no es infrecuente que exista la asignatura de Law and Literature en los estudios oficiales de Derecho. En España, la implantación de Derecho y Literatura es menor, pero no deja de existir bibliografía sobre el particular, bibliografía que es especialmente abundante en el caso de El Quijote, pues ya desde antiguo se ve un gran interés por estudiar el pensamiento jurídico en el clásico de Cervantes. Siguiendo a García Amado, los contenidos de Derecho y Literatura suelen clasificarse en dos grandes apartados, Derecho en la literatura y Derecho como literatura, además del Derecho de la literatura, que se refiere a la normativa jurídica que regula el fenómeno literario, desde la creación hasta la difusión y los derechos que genera. En cuanto al Derecho en la literatura, se ocupa de aquellas obras que recogen situaciones, problemas y planteamientos con trascendencia jurídica, desde libros de juicios que se ocu-

pan de procesos en los que tratan de resolverse asuntos difíciles, hasta otros protagonizados por juristas, o en los que los derechos humanos juegan un papel fundamental, o en los que aparecen las grandes concepciones sobre la sociedad y el Derecho. Se trata de observar cómo la literatura ha reflejado el fenómeno jurídico, en el entendimiento de que semejante investigación no sólo resulta interesante sino que tiene importancia por sí misma. Derecho como literatura, en cambio, parte de la premisa de que el Derecho es, como la literatura, un especial tipo de discurso, de relato, de narración. De ahí la importancia que los cultivadores de estos estudios reconocen a los elementos retóricos y persuasivos del Derecho, a la narratividad jurídica, de tipo argumentativo, y a las analogías entre la interpretación literaria y la interpretación jurídica. En este caso también los ejemplos son innumerables; basten algunos: cómo no, El Quijote, Billy Budd, de Melville, El proceso, de Kafka, El mercader de Venecia, de Shakespeare, Crimen y castigo, de Dostoievskii, Resurrección, de Tolstoi, El extranjero, de Camus, etc, etc.

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1.2. Derecho y Literatura


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1.3. Derecho y Cine Resulta obvio y ya quedó dicho que Derecho y Cine comparte el cine con Historia y Cine, y el Derecho con Derecho y Literatura. En ambos casos, el elemento común permite buscar las analogías entre uno y otros estudios. Historia y Cine tendría una aplicación inmediata al mundo del Derecho; bastaría con hablar de Historia del Derecho y Cine para poder aplicar aquella doctrina a la sectorial historia del Derecho. De hecho, las relaciones entre el cine y la historia incluyen necesariamente la historia del Derecho: la lectura histórica de las películas exige conocer el contexto jurídico en el que han sido elaboradas (por ejemplo, la normativa existente sobre la censura, si es que existe) y además, en muchas ocasiones, el análisis de la película como discurso histórico implica observarla también como discurso jurídico (San Miguel). Muchas de las grandes películas de temática histórica son inevitablemente jurídicas; valgan algunos ejemplos tomados casi al azar: Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936) trata del mundo del trabajo en una concreta circunstancia histórica, pero vale también para analizar el nacimiento del Derecho laboral; La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1966) sirve como documento de

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la lucha terrorista argelina por la independencia y de los métodos contraterroristas que se utilizaron para reprimirla, pero también para analizar el concepto de Estado de Derecho; ¿Vencedores o vencidos? El juicio de Nüremberg (Stanley Kramer, 1961) trata de un hecho histórico, la solución que los aliados buscaron para castigar a los dirigentes nazis que fueron apresados, pero no deja de ser un juicio por delitos de lesa humanidad. En cuanto a Derecho y Literatura, todo o casi todo lo dicho respecto a estos estudios se puede afirmar de Derecho y Cine, bastando con advertir que aunque los medios no son idénticos, tanto el cine como la literatura (como el Derecho) son artes o técnicas narrativas y, en gran medida, a los efectos que nos interesan, intercambiables. De hecho, algunas de los grandes clásicos que más se utilizan por quienes se dedican al análisis del fenómeno jurídico en la literatura han sido llevadas a la pantalla, a veces con gran éxito; es el caso de El proceso, de Kafka (Orson Welles, 1962), de Los hermanos Karamazov, de Dostoievskii (Richard Brooks, 1958), El extranjero, de Camus (Luchino Visconti, 1967) o El señor de las moscas, de Golding (con dos versiones cinematográ-


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te, en este apartado habría que incluir la historia del Derecho cinematográfico. 2. Pero Derecho y Cine no trata simplemente de constituirse en el estudio de una rama más de los ordenamientos sino, sobre todo, de analizar la presencia del fenómeno jurídico en los relatos cinematográficos, al igual que Historia y Cine se ocupa en gran medida de la historia que se construye cinematográficamente y se muestra en la pantalla. Si la historia ha aportado grandes argumentos al cinematógrafo, lo mismo cabe decir del Derecho. Nadie que esté mínimamente familiarizado con la historia del cine desconoce la importancia que en ella tienen los argumentos jurídicos. Aunque no sea ni mucho menos el único, sin duda el caso más evidente es el de las películas de juicios, en las que no es que haya un dato jurídico en la trama sino que todo en ellas es jurídico. Podrá discutirse acerca de su trascendencia, pero nadie puede negar que existe un Derecho en imágenes (Sarat), aunque no incluya sólo las del cinematógrafo.

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ficas: la de Peter Brook, 1963 y la de Harry Hook, 1989). El guión cinematográfico, por lo demás, no deja de ser un nuevo tipo de literatura. A los efectos de la didáctica jurídica, la diferencia estriba no tanto en el distinto lenguaje utilizado por la literatura y el cine cuanto en otra cuestión que puede parecer irrelevante, aunque sea fundamental a efectos docentes, el distinto tiempo exigido para el visionado de la película y para la lectura del libro. Un ejemplo: el comentario que García Amado hace de la última obra citada, la de William Golding (vid. Bibliografía), vale también para sus adaptaciones cinematográficas. Aplicando los esquemas utilizados para Historia y Cine y para Derecho y Literatura, cabría presentar la organización temática de las relaciones entre el Derecho y el Cine: 1. En primer lugar, al igual que existe un Derecho de la literatura, habría un Derecho cinematográfico, el que regula en sus diversos aspectos el fenómeno cinematográfico. Se trata de un estudio temático de Derecho positivo que abarca variados sectores del ordenamiento jurídico: Derecho constitucional, civil, mercantil, penal, laboral, etc. Evidentemen-


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3. Por fin, cabría hablar de un Derecho como cine, como drama. El paralelismo entre el Derecho como literatura y el Derecho como cine puede parecer más forzado, pero realmente no lo es. Si aquél se refiere a que tanto el Derecho como la literatura son disciplinas narrativas, el cine se dedica a lo mismo. Además, entre la literatura y el cine, como entre la obra de teatro y la representación teatral, existe una continuidad sin solución. Lo mismo que se puede decir del Derecho o de la música se podría decir de la literatura, que hay una literatura en los libros y una literatura en acción, que precisamente sería teatral o cinematográfica. El Derecho, en fin, también es un drama en el que cada actor interpreta el papel que le corresponde conforme a las normas jurídicas. Véase el ejemplo paradigmático de la versión de Sidney Lumet de Doce hombres sin piedad (1957), precisamente una obra de teatro llevada a la escena cinematográfica en la que se muestra perfectamente el carácter retórico y argumentativo del Derecho.

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Pero quizás no sea adecuado cobijar bajo el rótulo de Derecho y Cine todas las relaciones que se producen entre estos fenómenos y la expresión deba circunscribirse al tipo de estudios humanísticos que analizan la presencia del fenómeno jurídico en la narración cinematográfica. Semejante objeto plantea multitud de cuestiones diversas, aunque necesariamente interrelacionadas: la de la existencia o la posible creación del género del cine jurídico, la de sus límites (¿existe o podría hablarse de él desde el nacimiento del cinematógrafo?, ¿incluye el cine mudo?, ¿incluye el documental?, etc.), la de la relación entre el cine jurídico o los argumentos jurídicos en el cine y los géneros ya acuñados, la de la presencia de los distintos sectores del Derecho en las tramas cinematográficas (Derecho procesal, Derecho penal, Derecho constitucional, Derecho laboral, Derecho de familia, etc, etc.), el asunto del reflejo en el cine de las cuestiones filosófico jurídicas, el de las distintas teorías cinematográficas y su importancia para la comprensión de la presencia del Derecho en el cine, la cuestión de la función de control social que tanto el cine como el Derecho llevan a cabo, la otra cuestión de los posible estudios sobre la mentalidad jurídica, que habrían de tener en cuenta el cine, la de una hipotética sociología del Derecho en el cine, que se


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to a utilizar para la docencia de la temática jurídica, entre otras muchas.

2. El cine como instrumento para la didáctica jurídica Entonces, si es cierto que el cine y el Derecho presentan diversos e interesantes vínculos, ¿cabría plantear la posibilidad del uso del cinematógrafo en la enseñanza del Derecho? Más allá de considerar las películas como simple divertimento, ¿no podrían

ser una herramienta de la que se beneficiaran tanto el que se dedica a enseñar los problemas jurídicos y la técnica de búsqueda de soluciones como quien se dedica a su estudio? En fin, por limitado que sea, ¿no podría el cine aportar algo nuevo y atractivo a la didáctica jurídica?

2.1. Sobre el tradicionalismo de la pedagogía jurídica española Desde tiempo inmemorial, la educación jurídica en España ha girado alrededor de la clase magistral, una especie de conferencia cotidiana. En palabras de Capella: “Un monólogo de unos tres cuartos de hora de duración (a menudo no cerrado en sí mismo sino con prolongación en una o varias clases posteriores), impartido a centenares de personas a la vez, ininterrumpido salvo excepcionalmente (lo que no lo vuelve dialógico dado el número de asistentes), seguido en ocasiones, al acabar la clase, de aclaraciones y consultas por parte de alumnos interesados y peloteo de los que quieren hacer-

se ver”. Salvo que probablemente las clases de hoy ya no son seguidas por tantos alumnos, el resto se mantiene, incluido el dato fundamental, que la clase magistral, a salvo las excepciones, es un monólogo. Semejante proceder pedagógico ha sido duramente criticado, sobre todo por fomentar una actitud pasiva en los estudiantes y una relación mecánica entre éstos y los profesores. En fin, de las clases magistrales se ha dicho que son aburridas, nada creativas, abstractas. La condena de la clase magistral —a mi juicio— no es del todo justa. Sin duda debe condenarse la clase magistral aburrida, poco

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incluiría en la sociología jurídica sin más, y la cuestión de las posibilidades del cine como instrumen-


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creativa y abstracta, pero no todas han de ser necesariamente así. Habría que distinguir, por tanto, entre las buenas y las malas clases magistrales; aquéllas estimulan, mientras que éstas inhiben el desarrollo intelectual de los estudiantes. Las buenas clases magistrales no pueden ser sustituidas por la lectura del capítulo de un libro o de un artículo. En cualquier caso, la clase magistral se convierte en un problema cuando es el único procedimiento pedagógico utilizado para la enseñanza y, en particular, para la enseñanza del Derecho. No sobra, lo que ocurre es que faltan otros medios para la didáctica jurídica, nuevos medios que tengan en cuenta cuál es el objetivo de la enseñanza, el aprendizaje, así como dos específicos problemas que toda pedagogía moderna tiene que enfrentar, el de la motivación y el de la participación del alumnado, ambos vinculados. La cuestión de la motivación, o de la falta de ella, la expresó Josep Pla con bellas palabras: “Estudiar quiere decir leer, y además reflexionar, relacionar, integrar, detallar, aclarar, absorber, rechazar, decidir, saber lo que tiene importancia y lo que no la tiene. Es una operación enormemente compleja y al mismo tiempo naturalísima. Estudiar es hacer funcionar el espíritu, partiendo a veces

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del espíritu mismo o por incitación de las cosas que provocan una curiosidad: es decir, que gustan positivamente. Lo que no gusta, lo que no provoca un grado u otro de fascinación, no puede ser objeto de reflexión, de estudio. No hay atención ni aproximación posibles. Estudiar es una forma de amor”. Sin embargo, se preguntaba, “¿cómo es posible que una cosa que hubiera tenido que darme tanto gusto, que me hubiera tenido que agradar tanto, me haya dado tantas molestias, tantas obsesiones angustiosas, tantos dolores de cabeza?”. En fin, es la cuestión de “qué hacer para estudiar Derecho sin hastiarse” (Capella); Derecho o lo que sea. El otro problema apuntado, el de la participación, tiene mucho que ver con el anterior y debe ser abordado dentro de un marco más amplio, el de la cooperación del alumno en la gestión de la asignatura. Ya no vale creer que el profesor debe ser el sujeto activo y el alumno solamente pasivo; ya no vale con enseñar argumentos, sino que se debe tratar de enseñar a argumentar. También aquí la cooperación es el camino. Quien quiera conocer un diagnóstico y propuestas de mejora, que no deje de leer el trabajo de Juan Antonio Pérez Lledó sobre la enseñanza del Derecho (vid. Bibliografía). En cualquier caso, parece que las cosas van a cambiar.


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La transformación de la Universidad que significará la puesta en marcha del Espacio Europeo de Enseñanza Superior supone también una transformación completa de la pedagogía universitaria, incluida la del Derecho. El tradicional sistema de clases magistrales desaparece a cambio de un estudio más personalizado por parte del alumno y el correspondiente seguimiento que habrá de llevar a cabo el profesor. Entre otros objetivos, se pretende lograr una enseñanza/ aprendizaje atractiva y que desarrolle la capacidad interdisciplinaria del estudiante. Si a ello se une el dato de la necesidad del aprendizaje constante a lo largo de la vida laboral, de una formación permanente, ininterrumpida, como exige la llamada Declaración de Bolonia (1999), se observa la idoneidad de introducir nuevos recursos que faciliten el acceso al conocimiento. En palabras de las autoridades educativas españolas: “Se hace, pues, necesaria una nueva concepción de la formación académica, centrada en el aprendizaje del alumno, y una revalorización de la función docente del profesor universitario que incentive su motivación y que reconozca los esfuerzos encami-

nados a mejorar la calidad y la innovación educativa” (La integración del sistema universitario español en el Espacio Europeo de Enseñanza Superior). En el caso del Derecho, aún no se sabe qué transformaciones sufrirá su enseñanza, aunque no es difícil imaginar que pasará a tener un carácter más práctico, conforme a la concepción del Derecho como técnica, que se potenciará el trabajo realizado activamente por el alumno, frente a la pasividad de la clase magistral, o que se incentivará el aprendizaje de idiomas, por ejemplo. En este imaginable contexto, el cine está llamado a jugar algún papel, en tanto que su uso significa una atractiva innovación educativa que, centrada en el aprendizaje del alumno, puede mejorar la calidad de la enseñanza y, en concreto, potenciar la interdisciplinariedad requerida por la enseñanza del Derecho. En especial, el cine puede ayudar al reciclaje, a la formación permanente que hoy día se exige de los profesionales del Derecho, facilitando el aprendizaje de quienes ya no tienen las capacidades de los jóvenes. Digamos algo de las virtualidades del cine en la educación jurídica.

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2.2. Un posible papel para el cine en el nuevo contexto de la enseñanza del Derecho


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1. Atractiva innovación educativa. Si bien el cine se utiliza cada vez más en la enseñanza media y en la universitaria, su uso se ha vinculado a determinadas materias, como la ética y la historia, y no se ha generalizado. En el caso del Derecho, cuya pedagogía probablemente se ha caracterizado por la aridez, el cine introduce un elemento que puede conseguir hacer atractivos algunos contenidos. El estudio es inevitablemente una labor que exige esfuerzo y sacrificio, pero no se ve ninguna razón para evitar instrumentos que lo faciliten. 2. Centrada en el aprendizaje del alumnado. Ese atractivo que el cine puede conferir a ciertas materias ha de ser utilizado para lograr que mejore el aprendizaje del alumnado. Sin duda la excesiva preeminencia de los medios audiovisuales en nuestra sociedad ha traído perjuicios, pero no se debe renunciar a aquéllos si consiguen una mejora del aprendizaje del alumno, que accede con más facilidad a la comprensión y a la retención de conoci-

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mientos y que puede desarrollar más ampliamente su capacidad crítica. La razón de la mejora parece hallarse en la concreción del discurso cinematográfico frente a la necesaria abstracción de la enseñanza convencional, es decir, en el cine como ejemplo. 3. Mejora la calidad de la enseñanza. La mejora en el aprendizaje ya implica una mejora de la calidad de la enseñanza, toda vez que ésta se dirige a conseguir aquél. Pero incluso en un sentido más amplio se puede hablar de una mejora, toda vez que se introducen nuevos recursos en la enseñanza, que los profesores tienen que conseguir acoplar su discurso técnico, en nuestro caso técnico jurídico, al cinematográfico, que el alumnado puede participar más activamente y desarrollar su potencia crítica, etc. 4. Potencia la interdisciplinariedad. Otra de las posibilidades del cine es que ayuda a desarrollar vínculos interdisciplinares, vínculos que deberían ser fundamentales para la educación jurídica, que no ha de limitarse


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alguna de convertirse en sustituto de los métodos tradicionales de la enseñanza jurídica. Al hablar de métodos tradicionales no me refiero a un sistema centrado en la clase magistral, aunque en el nuevo sistema educativo ésta no debiera desaparecer completamente, como a veces se plantea, sino al entendimiento de que la pedagogía jurídica habrá de seguir siendo básicamente literaria: las habilidades que ha de llegar a poseer el futuro jurista consisten en saber leer (la selección y el aprovechamiento de la lectura), saber escribir (la expresión correcta de lo que se pretende por medio de la escritura), saber hablar (la expresión correcta de lo que se pretende por medio de la palabra hablada) y saber escuchar (la comprensión y el aprovechamiento de lo que se escucha). Si el oficio de jurista consiste en gran medida en elaborar argumentos, los conocimientos del Derecho resultan imprescindibles, pero también es fundamental desarrollar las habilidades necesarias para elaborar aquellos argumentos y defenderlos persuasiva y convincentemente. No se pretende convertir la enseñanza jurídica en una enseñanza cinematográfica (ya está dicho que es y debe ser básicamente literaria), sino en aprovechar las posibilidades que este instrumento nos brinda para mejorar aquélla: 1) porque el cine

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a transmitir conocimientos sino a ponerlos en relación. En el caso del Derecho, el cine puede ayudar a ver sus relaciones con la sociología, la política, la historia, la religión, el lenguaje, la psicología, etc. El solo experimento de Derecho y Cine ya implica una relación entre el fenómeno jurídico y el cinematográfico, lo que ha de saber transmitirse al alumno. 5. Ayuda a la formación permanente. Por fin, el cine puede ser una herramienta que consiga facilitar el aprendizaje permanente, uno de cuyos problemas fundamentales es el de la motivación. El aumento de la vida laboral de los ciudadanos de nuestras sociedades trae consigo la necesidad de un reciclaje continuo que hace que la reducción del estudio a un período de la vida ya no resulte viable. A la vez, uno de los graves problemas del reciclaje tiene que ver con su imposición, lo que puede generar un rechazo que debe ser contrarrestado utilizando medios atractivos que despierten el interés del estudiante. Que el cine ofrezca esas posibilidades no significa pretensión

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