CIUDAD Y AURIOLES, este gran desconocido cordobés, representa como nadie la traducción al mundo del Derecho de las palabras del Magistrado estadounidense Oliver Wendell Holmes cuando dijo con referencia a los Jueces y Magistrados que “La Ciencia es una pieza de moblaje útil para el primer piso, siempre y cuando se tenga sentido común en la planta baja”. Nuestro insigne paisano hizo siempre lo posible para unir, en la aplicación de los textos legales, la rigidez de éstos con lo que en cada caso pedía la JUSTICIA templada, como exige la equidad, inspirada por la Ley natural. Quiso siempre que sus sentencias respondieran a una Justicia “pura, limpia de egoísmos “, la que pedía AZORIN. (Los Pueblos. El buen Juez Paul Magnaud).
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PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO SEMBLANZA DE UN ILUSTRE JURISTA CORDOBÉS
Biografías
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JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES
Jose Manuel González Porras
Como trabajos no exclusivamente jurídicos es Autor, entre otras publicaciones, de El Derecho y la Justicia en las fuentes literarias (Lección magistral de apertura del Curso académico 2003/2004 en la Universidad de Córdoba); El testamento de Don Alonso Quijano, el Bueno, Discurso de ingreso como correspondiente en la Real Academia de Córdoba, en BRAC, 2005; Rafael Conde y Luque, Insigne jurista, Colección Estudios, Obra Social y Cultural de CajaSur. Córdoba, 2010; Tomás Conde y Luque, Alcalde y Presidente de la Diputación de Córdoba. Colección Juristas Andaluces Ilustres. Publicaciones Diputación Provincial de Córdoba. Año 2011; La propiedad de la Iglesia de la Merced. (1236-2015). Estudio histórico – jurídico. Fundación CajaSol, 2016.
Dotado de un amplio espíritu de comprensión para toda clase de ideas, instituciones y doctrinas en un periodo histórico tan conflictivo, supo con maestría acomodar sus muchos conocimientos a los siempre difíciles y estrechos límites en los que el Juzgador debe desarrollar su actividad y ello con total independencia del criterio subjetivo que pueda albergar en su forme de pensar.
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JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES
191 de la Ley Hipotecaria, en Comentarios al Código Civil y Compilaciones forales, Tomo VII, vol. 8, dirigidos por Albaladejo, EDERSA, año 2000; Las hipotecas legales por bienes reservables y por los bienes de los hijos no emancipados, CajaSur, año 2003; es coautor en un “Curso de Derecho civil”, cuatro tomos, (Ed. Tirant Lo Blanch) y comentarista de numerosos preceptos del Código civil y Legislación Hipotecaria en obras colectivas, entre ellas se puede citar su reciente participación en Comentarios al Código Civil, Tres tomos, Ed. Sepín, Madrid, 2009. Ha puesto al día el Tomo VI-I, Sucesiones en general, del Derecho civil español, común y foral de CASTAN TOBEÑAS, Ed. Reus, 2010; Estudios de Derecho Civil, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba, 2011; Manual de Sucesión intestada, Editorial Tirant Lo Blanch, Valencia, 2011. Ha publicado cerca de un centenar de artículos en Revistas de su especialidad.
JOSE CIUDAD Y AURIOLES (26/11/1849 -5/4/1924) fue una de las figuras mas representativas de la vida judicial española de la segunda mitad del siglo XIX. Llegó al Tribunal Supremo cuando tenía cincuenta y cuatro años y seis años mas tarde ya ocupaba la Presidencia de la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo. El 17 de septiembre de 1910 era Presidente del Alto Tribunal hasta el día 5 de marzo de 1923. Ciudad y Aurioles, ilustre jurista cordobés, fue consciente de que el Juez es mucho mas que la “boca muda que pronuncia las palabras de la Ley”.Se adelantaba a la actual idea de lo que debe ser y es el Juez, que no es otra cosa que la piedra de toque para conocer el verdadero carácter democrático de un determinado sistema político. El Juez y el Ministerio Público son la garantía y la mejor tutela de las libertades y de los derechos fundamentales del ciudadano y por eso se repite y con razón que no cabe hablar de Estado de Derecho sin un Poder Judicial independiente y exclusivamente sujeto al imperio de la Ley.
JOSE MANUEL GONZÁLEZ PORRAS
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Jose Manuel González Porras Catedrático de Derecho Civil. Profesor Emérito de la Universidad de Córdoba. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada con Premio Extraordinario y Doctor en Derecho Mercantil por la Universidad de Bolonia, tesis que obtuvo los Premios “Leone Bolaffio” y “Libero Bodaró”. Académico de número de la Academia de Doctores de Barcelona y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Real Academia de Córdoba. Ha sido distinguido por el Ministerio de Justicia con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort y por la Santa Sede con la Cruz Augusta “Pro Ecclesia et Pro Pontifice” por SS el Papa San Juan Pablo II y con la Cruz de Honor de la Orden de San Gregorio Magno por SS el Papa Benedicto XVI. Asesor de la Diócesis de Córdoba. El Prof. González Porras ha publicado varias monografías de su especialidad, comentarios al Código civil y Ley Hipotecaria, así como traducciones de obras extranjeras con extensas anotaciones al Derecho español: Traducción de la 2ª ed. Italiana del Derecho de Sucesiones (Parte General) de CICU, Studia Albornotiana, V, Real Colegio de España, 1964; Traducción y anotaciones al Derecho español de El acta de los acuerdos de las Juntas de propietarios, de F. Girino, EDERSA, 1976; Colaborador en la obra “Matrimonio y Divorcio”, coordinada por Lacruz Berdejo, Ed. Civitas, 1ª ed. 1982 y 2ª ed.1994; Traducción y anotaciones al Derecho español de Las Servidumbres, de Biondo Biondi, 1ª ed. EDERSA, 1978 y 2ª ed., Ed. Comares, año 2001; Estudios sobre el matrimonio civil, Librería Andaluza 1985; La hipoteca en garantía de letras de cambio, Ed. Reus, 1987; La Familia, el Derecho y la Libertad, CajaSur, 1987; El testamento notarial abierto. Comentarios a los arts. 694 a 705 del Código civil, EDERSA, 1987; Comentario a los artículos 564 a 570 del Código civil (Servidumbre de paso), en Comentario del Código civil, Ministerio de Justicia, año 1991;Traducción de la monografía de B. Demain, La liquidación de los bienes en las uniones de hecho, Ed. REUS, 1992; Uniones de hecho y pensiones de la Seguridad Social, Ed. Tecnos, 1992; Familia, Herencia, Sociedad; IDEOR, 1993; Dictámenes jurídicos Servicio de Publicaciones de la UCO, 1994; Comentario a los artículos 184 a
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Presidente del Tribunal Supremo. Semblanza de un ilustre jurista cordobés
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Cañizares Laso
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES
Presidente del Tribunal Supremo. Semblanza de un ilustre jurista cordobés
JOSE MANUEL CONZÁLEZ PORRAS Catedrático Emérito de Derecho Civil
Valencia, 2018
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EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17203-16-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A los Jueces y Fiscales espaĂąoles, custodios y defensores de la Libertad y dignidad de las personas.
Índice LA CIUDAD DE CÓRDOBA EN EL AÑO 1849............................. 13 LA FAMILIA DE JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES............................... 15 Los antepasados........................................................................... 15 El padre........................................................................................ 19 La madre...................................................................................... 20 Los hermanos.............................................................................. 20 Otros parientes............................................................................ 21 LA VOCACIÓN DE JURISTA........................................................... 23 OTRAS REFERENCIAS AÑADIDAS................................................ 25 LA ESPAÑA EN LA QUE NACIÓ CIUDAD Y AURIOLES............. 29 EL JOVEN CIUDAD Y AURIOLES Y SUS ESTUDIOS EN MADRID. 33 LA “CARRERA PROFESIONAL” DEL JUEZ DON JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES............................................................................ 36 LA LLEGADA DE CIUDAD Y AURIOLES AL TRIBUNAL SUPREMO.............................................................................................. 41 SU LABOR COMO MAGISTRADO DE LA SALA DE LO PENAL 43 CIUDAD Y AURIOLES, PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO..................................................................................................... 45 CIUDAD Y AURIOLES EN LA COMISIÓN GENERAL DE CODIFICACIÓN..................................................................................... 55 CIUDAD Y AURIOLES, DIPUTADO Y SENADOR DEL REINO... 56 LA JUBILACIÓN Y EL FALLECIMIENTO DE D. JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES..................................................................................... 57 ANEXO FOTOGRÁFICO........................................................................ 61 ANEXO DOCUMENTAL........................................................................ 67 APUNTES ACERCA DEL TRIBUNAL SUPREMO................................ 145 LA HISTORIA DEL TRIBUNAL SUPREMO.................................. 145 LA EVOLUCIÓN HISTÓRICO-LEGISLATIVA DEL TRIBUNAL SUPREMO......................................................................................... 148 LA CASACIÓN, UNA DE LAS FUNCIONES BÁSICAS DEL TRIBUNAL SUPREMO.................................................................... 167 EL AUTOGOBIERNO DEL TRIBUNAL SUPREMO Y NOMBRAMIENTO DE SU PRESIDENTE Y MAGISTRADOS................ 175 LAS DIFERENTES SEDES QUE HA TENIDO EL TRIBUNAL SUPREMO Y RELACIÓN DE LOS DISCURSOS DE APERTURA DEL AÑO JUDICIAL........................................................................ 181 RELACIÓN DE LOS PRESIDENTES DEL TRIBUNAL SUPREMO DESDE SU CREACIÓN EN 1812............................................. 198
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Índice
A MODO DE COLOFÓN: CÓRDOBA Y SU PROVINCIA, CUNA DE ILUSTRES JURISTAS..................................................... 201 ANEXO FOTOGRÁFICO........................................................................ 205 DATOS ACADÉMICOS........................................................................... 215 JOSE MANUEL GONZÁLEZ PORRAS........................................... 215
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Ya cuando cursaba los estudios de la entonces llamada Enseñanza Media, que hacia por “libre” y venía desde mi pueblo a Córdoba para examinarme en el Instituto de las Tendillas, había sentido una notoria inclinación por la Historia y aún más por las biografías y recuerdo que leía con mucho interés todas aquellas que cayeron en mis manos. Esa apasionada inclinación se fue acentuando con los años y eso puede explicar que tras mi jubilación me haya dedicado a estudiar, muy modestamente, este género de la Historia universal, ya que es bueno recordar a nuestros grandes hombres y mujeres y entender con Aristóteles que la memoria es el escribano del Alma y por eso he publicado algunas biografías de notables cordobeses como Rafael Conde y Luque, Tomás Conde y Luque, Santos de Isasa y Valseca o Diego Medina y García. A esta lista hay que añadir la que ahora acabo de terminar de un jurista cordobés poco conocido a pesar de su excelente carrera profesional y haber llegado a ocupar la Presidencia del Tribunal Supremo de Justicia. Pero queda o debe quedar claro que no soy historiador de formación y sí solamente un amante de la Historia y un admirador de sus profesionales que son Notarios y guardadores del Tiempo. Las páginas que siguen quieren ser prueba de lo dicho y escrito deseando que responda a como el Reglamento Notarial pide que se redacten los instrumentos públicos: con verdad en el concepto, propiedad en el lenguaje y severidad en la forma. Pero ya adelanto que no he podido referir la vida de José Ciudad y Aurioles hombre, la de aquél niño que nace entre nosotros, tiene sus amigos, va a la Escuela y juega por las calles del casco antiguo de Córdoba, ni tampoco la del Magistrado que vuelve a su ciudad natal y llega, ya en edad madura a nuestra Audiencia Provincial en el mes de abril de 1885; no he sido capaz de averiguar quienes eran sus compañeros de oficio en nuestra Audiencia, si bien en el año 1886 cuando se traslada como Fiscal a la Audiencia criminal de Carmona el Presidente de la AP de Córdoba que da curso a la Real Orden era D. Manuel Ceballos y el Secretario D. Manuel Velasco; cuales sus lugares de ocio mas frecuentados, sus amistades y enemistades, sus flaquezas y desventuras, que de todo habría, ni tantos otros detalles del hombre, su carácter y su espíritu. Pues no cabe duda de que todos ellos, en cierto modo, contribuyeron y participaron de sus grandezas y de sus miserias. Me he tenido que conformar, casi siempre, con los datos de su carrera profesional respaldada con toda la documentación disponible. Incluso pensé que encontraría datos en los Archivos del Real Círculo de la Amistad con la esperanza de saber si se había hecho socio y algunos detalles más entre los años 1885 a 1889. Pero nada. Fueron años de crisis económica en el Real Circulo y ni siquiera se
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llevaron a cabo reuniones con actas y demás requisitos propios del caso. Sin embargo de las partidas de bautismo y matrimonio a las que luego me referiré y que se incluyen en notas de a pie de página, se conocen algunos amigos de la familia con los que, naturalmente, se relacionarían con frecuencia. Pero queriendo siempre encontramos una excusa a nuestras lagunas y defectos y es la de que no faltan ilustres historiadores que afirman que lo que importa es el arte y no tanto el artífice y puede que a un nivel siempre modesto lo que pueda interesar de Ciudad y Aurioles sea su carrera como jurista, sus sentencias. Sin embargo yo no pienso así porque estoy firmemente convencido de que cualquiera que sea nuestro oficio sus resultados no se pueden juzgar bien sin tener en cuenta al autor, su vida, su familia, sus amistades, así como el tiempo, lugares y ambientes en los que creció, pensó y trabajó. En este libro se incluyen nuevos datos del personaje, de su familia, un esquema (posiblemente incompleto) del árbol genealógico de la familia Ciudad Aurioles, eliminación de algunas o de varias erratas anteriores, corrección de fechas y otras cuestiones que en aquella otra y muy modesta semblanza llevé a cabo y que entonces no tuve tiempo de ver y comprobar y algunas fotografías que ahora añado de la calle de la Encarnación donde vivía su familia y nació Ciudad y Aurioles y la Plazuela del Indiano cuando vuelve a su Ciudad allá por el año 1885. Soy consciente de aquellas lagunas a las que he hecho referencia, algunas de las cuales y en alguna medida para conocer el hombre que aquí se quiere retratar, se podrían llenar analizando algunas de sus conferencias y las sentencias que dictó en su etapa de Magistrado de las Salas Segunda y Tercera del Tribunal Supremo; pero pensándolo bien, no daría mucho ya que la independencia judicial hace que lo que pensaba el hombre no coincida con lo que escribía el Juez y sea solamente un rastro, una pista, a tener en cuenta. Pero me he tenido que conformar bien a mi pesar y como ya he escrito en otra ocasión, la forma de enfrentarme al personaje ha de ser por fuerza deficitaria pues es como la del botánico que quiere escribir un Manual sobre la manzana teniendo delante solamente un fruto, sin preocuparse del árbol, de sus ramas, de sus hojas, del lugar donde está plantado; se comprende que el resultado no sería de calidad. Estas deficiencias no significan que ni antes ni ahora yo haya escrito sobre Ciudad y Aurioles a la buena de Dios y dando al paciente lector una relación insufrible de datos; ni ese fue mi propósito ni honradamente creo que sea el resultado. Otra cosa es que en ocasiones sea reiterativo
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en dar cuenta de datos o situaciones. En todo caso los defectos de estas páginas se me deben atribuir a que no he sido un buen Alumno ya que todos somos producto de quienes nos precedieron; ninguno de nosotros somos originales de verdad, pues todos somos deudores de quienes nos enseñaron, nos formaron y nos inspiraron.
LA CIUDAD DE CÓRDOBA EN EL AÑO 1849 Ciudad y Aurioles nace en nuestra Ciudad en la madrugada del 26 de noviembre de 1849, en una etapa histórica que se ha llamado y con razón la España y Córdoba isabelina que va del año 1833 a 1868. El Rey Fernando VII había muerto y a su vez el Antiguo Régimen. El cambio político que lo hubo aunque muy limitado no supuso, por desgracia, una transformación social ni económica de importancia a nivel nacional y menos en Andalucía y aun menos en Córdoba. Nos cuentan los historiadores locales que algún viajero inglés de por aquellos años dice de Córdoba lo siguiente: Me he encontrado con una ciudad, pobre, sucia y triste, llena de angostas callejuelas, sin plazas ni edificios públicos dignos de atención. Hay una cita de Teófilo Gautier, que se suele repetir con exceso, en la que nos dice de Córdoba —de su ayer y del presente que conoció— que había sido Atenas bajo los moros y ahora un pobre pueblo beocio. Puede que se trate de juicios exagerados, pero en lo que coinciden todos los historiadores que se ocupan de la Córdoba del siglo XIX es que se notaba un alejamiento notorio entre su glorioso pasado y su penoso presente. Los historiadores locales comentan que la ciudad permanecía cerrada en su recinto amurallado manteniendo su aspecto medieval, y aún debería esperar algunos años para comenzar los procesos de transformación urbana, iniciados a partir de los primeros decretos desamortizadores y, especialmente, a partir de 1852 con la demolición de la Puerta del Rincón, primera de la serie con la que se inician los procesos de destrucción de la era medieval de la ciudad y de modernizaron de la trama urbana. Para notar algún cambio hay que esperar a que comience la segunda mitad del siglo XIX. En páginas posteriores me vuelvo a ocupar de la Córdoba de aquellos años medios del siglo XIX tan bien estudiados por los historiadores locales y entre ellos por Cristina Martín López en un interesante trabajo que lleva por título Córdoba en el siglo XIX. Modernización de una trama histórica. Desde luego era una ciudad pobre y descuidada. Pensemos que en el año 1831 se comenzó a organizar el alumbrado público —y no en toda la ciudad— colocando 713 farolas
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de aceite y 221 reverberos, que en el año 1841 se elevaron a 954. En el año 1850 el alumbrado público con farolas de aceite llegó al Campo de la Verdad. En el año 1865 llegó el alumbrado con petróleo. ¿Nos imaginamos a Córdoba de noche? En 1870 llegó el gas. Tengamos en cuenta que la electricidad no llega a Córdoba hasta el año 1893. Cuando nace Ciudad y Aurioles su casa se alumbraría con petróleo, con gas o con aceite. Era un panorama doméstico que no es fácil imaginar ahora. Es posible que la familia de Ciudad Aurioles acudiera para que asistieran al parto a alguno de los Hospitales que entonces había en nuestra Ciudad1, pero pienso que el niño nació en la casa familiar que era lo más frecuente, ayudado por la partera o comadrona y puede que en tal ocasión por la abuela o por personas de edad. Como era de madrugada y en un mes por lo general tan gris como el de noviembre el ambiente no debía ser el de una Córdoba normal o yo lo imagino así. Un lugar de referencia en aquellos años de mediados del siglo XIX era, sin lugar a dudas, el Círculo de la Amistad y el teatro o la zarzuela. Se documenta y lo he tomado de la prensa de por entonces como se llenaban algunos bares y cafés cantantes en lo que es actualmente la calle de María Cristina (Arco Real), Azonaicas (García Lovera) y la conocida de Ambrosio de Morales. En el año 1866 se inauguró la empresa cordobesa Casa Carbonell y en 1878 el Monte de Piedad del Señor Medina. ¿Cómo sería la calle de la Encarnación cuando en la madrugada del día 26 de noviembre de 1849 nacía Ciudad y Aurioles? No hace muchos meses que en un periódico de tirada nacional se recogía la noticia de que el Archivo municipal de Córdoba había adquirido una importante colección de imágenes de la Córdoba de los últimos años del siglo XIX que no debería ser muy diferente de la de mediados de la misma centuria. Las fotos que se publican son elocuentes y parece ser que fue obra del fotógrafo Rafael Garzón. Es impresionante ver una de la Catedral-Mezquita deteriorada hasta el extremo, tomada desde la calle
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He documentado los siguientes: Hospital de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, que es hoy el Museo de Bellas Artes en la cordobesa Plaza del Potro y que, en el año 1842, fue Hospital de la Beneficencia; el Hospital de San Sebastián (1512-1516) que había sido Casa de maternidad. El Hospital de Jesús Nazareno, el de San Lázaro y el del Cardenal Salazar, conocido como Hospital de Agudos y actual sede de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra Universidad.
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del Cardenal Herrero; otras de la Posada del Potro, en una de ellas las orillas del río, la Iglesia de San Lorenzo y otros lugares que nos hablan de cómo era aquella Córdoba del último tercio del siglo decimonónico. Desde el punto de vista de la vida de la Ciudad yo creo o así me resulta de cuanto he leído e interpretado que todo o casi todo estaba dominado por el ambiente religioso. La Iglesia jugaba un papel decisivo. Basta con sugerir al lector la consulta de la monografía de Vázquez Lesmes, Córdoba y su Cabildo catedralicio, con excelente prólogo del Académico Domínguez Ortiz y si aun desea tener mayor información que seleccione algunas de las publicaciones que se incluyen al final de esta importante aportación histórica. Para tener algunas ideas de aquella Córdoba de mediados del XIX he consultado las Actas de la Diputación Provincial y precisamente del mes de noviembre de 1849. Poco o nada he sabido. El Libro de Actas va del año 1846 a 1850, lleva el número 66 y por razones que no puedo dar las sesiones se iniciaron el día 9 de noviembre de aquél año aprobándose una serie de expedientes administrativos en relación a vecinos y Ayuntamientos de la Provincia. Ninguna referencia de interés. Y de esta sesión se pasa al año 1850.
LA FAMILIA DE JOSÉ CIUDAD Y AURIOLES Los antepasados Ciudad y Aurioles, es cordobés de “nación” que se decía en otros tiempos, es decir, por el lugar de nacimiento y murciano-malagueño de origen. En efecto, de la documentación que ha llegado a mis manos, resulta que tanto la rama paterna como la materna de Don José Ciudad y Aurioles, murcianos los primeros y malagueños y granadinos los parientes por línea materna, eran familias de cierta relevancia social. Sus padres —como luego se dirá— fueron Don Miguel Serapio María Ciudad y de la Hoz (Cehegín, 18-11-1801) que en Ronda debió conocer a Dª. María de los Dolores (o Dª. Espíritu Santo) Aurioles Aguado (Ronda, 16-3-1805), con la que contrajo matrimonio en dicha Ciudad el día 23 de agosto de 1840. Los abuelos paternos eran D. Luís José Ciudad Sánchez (Cehegín, 19-1-1768) y Dª. Francisca Javiera de la Hoz Márquez (Cehegín, 2-8-1770) y abuelos maternos D. José Aurioles y de la Torre (Ronda, 21-8-1770), con ciertos documentos de nobleza que se afirma están en los Archivos municipales de Ronda (Málaga)
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datados en el año 1776 y Dª. Presentación Aguado y Oquendo (Guadix, 21-11-1792). Los bisabuelos paternos fueron D. José Ciudad y González (Cehegín) que fue Procurador Síndico General y figura como Hijodalgo en un alistamiento que se lleva a cabo en el año 1757 y su esposa Dª. Teresa Sánchez y García. Y otros ascendientes por la línea materna fueron Don Miguel de la Hoz Medina (Caravaca de la Cruz, 5-8-1813) y su esposa Doña Ángela María Márquez Durán. Otro ascendiente fue D. Bartolomé Angioles (o Aurioles) y Rodríguez Frogano, Noble de la Ciudad de Ronda (año 1773) y que además ostentó el cargo de Diputado del Común por el Estado Noble. Se documentan también a los señores D. Juan Antonio Aguado y a su esposa Dª. Bibiana de Oquendo Gil, natural de Ronda. Sus antepasados de una y otra rama no eran Grandes de España, pero ciertamente hay datos que aseguran una cierta hidalguía; familia acomodada sin lugar a dudas y de cierta relevancia social como se acaba de señalar. Más adelante hago notar el parentesco de José Ciudad y Aurioles con Don Pedro Nolasco Aurioles Aguado, ilustre jurista que participó en la redacción de nuestro Código civil de España y al que se refiere expresamente la Real Orden de 8 de diciembre de 1888, significando el Real agrado de la Reina María Cristina a los miembros de la Comisión General de Codificación, que intervinieron en su redacción y, entre ellos, Don Pedro Nolasco Aurioles Aguado como Vocal de la Sección Segunda de la Comisión General de Codificación, en octubre y noviembre de 1882. Este ilustre Jurista y Senador del Reino, nació en Ronda; estudió Derecho en la Universidad de Sevilla y ejerció de Abogado en su pueblo, trasladándose más tarde a Madrid donde alternaría sus capacidades profesionales con la política, llegando a ser en dos ocasiones Ministro de Gracia y Justicia, la primera vez bajo la Presidencia del General O'Donell y luego siendo Jefe de Gobierno el General Martínez Campos, en los reinados de Isabel II y Alfonso XII. Don Pedro Nolasco Aurioles y Aguado fue un laborioso Vocal de la Comisión General de Codificación que trabajó entre otras materias en la relacionada con el Derecho de los contratos y de sucesiones, entre los meses de octubre y noviembre de 1882, que habían de integrar el Libro III del Código civil y trató —con otros ilustres jurisconsultos de la época— de lograr un acuerdo entre los representantes del llamado Derecho civil común y los siempre antiespañoles catalanes que con la tabarra del derecho foral dieron una buena guerra, consiguiendo pasar de los
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Apéndices forales a las llamadas Compilaciones y luego a los que llaman, sin decoro, códigos civiles2. En aquellas memorables sesiones —que se
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No es seguramente el lugar adecuado para hablar de este asunto, pero dadas las circunstancias que se dan desde hace siglos y en el momento en que redacto estás líneas, no me resisto a sugerir al lector que sea profesional del Derecho, a propósito de la cuestión foral en España y otras manifestaciones que llegan a nuestros días, lo que ya en el año 1942 y en la 3ª ed. de 1952, escribió el Prof. D. Federico de Castro y Bravo: “Se olvide o se quite importancia a la utilización de la disparidad jurídica por los movimientos separatistas (ver la nota 3 en la página 261), parece que no puede negarse que significa —por si misma— un peligro para la unidad nacional. El pueblo español— y en esto no hay diferencias regionales— se caracteriza por lo extremoso de su lógica y, al contrario del anglosajón, no concibe el compromiso ni el quedarse a mitad de camino. Admitida la premisa de la diversidad jurídica, sacará sus últimas consecuencias, hasta llegar al separatismo o al cantonalismo. No es una hipótesis, sino una realidad sociológica; el proceso seguido y vuelto todavía a proponer ahora es el siguiente: Si se tienen leyes diferentes, propias, deberán tenerse ‘Tribunales propios’ para que las apliquen, compuesto por personas nacidas y educadas en el territorio, y como esa legislación debe acomodarse a los tiempos, deberá contar ‘con renovación legislativa propia’; o sea, se llegaría no solo a crear Estados separados, sino a separar a los españoles de los distintos territorios, resucitando la tacha de extranjería”. Y añade el Prof. De Castro: “Mas en este camino, ni siquiera el separatismo nacionalista será la meta lógica; ésta sería continuar hasta la completa disgregación. La existencia de peculiaridades forales en Barcelona, Gerona, Tarragona, Tortosa y en el Valle de Arán impondrán, por igual razón, la admisión de propias autoridades que aplicaran las leyes y organismos legislativos que las renovaran en estos territorios. Si el disgregacionismo separatista parece se contentaría con esto, la fórmula final del liberalismo individualista sería la de convertir a cada familia, a cada individuo, en su propio legislador, con su propio e individual fuero”. Hasta aquí lo que dijo el Maestro. Pensemos que Alemania, Francia, Italia, Portugal, Polonia, etc., tienen un solo Código civil. Estos nacionalismos jurídicos y/o lingüísticos son, en buena parte, una manifestación más y no la menor del cáncer del separatismo y de la pretendida independencia de algunas regiones españolas. Por supuesto que el tema es más complicado; yo he leído, si bien pueden estar equivocados, que la diversidad lingüística es, en cierto modo, la maldición de la Torre de Babel. Hablar muchas lenguas en una misma Nación no siempre supone riqueza sino empobrecimiento, pues son lenguas de corto trecho que dan problemas, si bien deben ser respetadas. Pero una
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pueden consultar en el Diario de Sesiones del Senado— coincidieron en defensa del Derecho de Castilla el cordobés de Montoro Santos de Isasa y Valseca y Pedro Nolasco Aurioles, aquél en la Sección Primera y éste en la Sección Segunda de la Comisión General de Codificación con insignes juristas del momento como Alonso Martínez, Calderón Collantes, Romero Girón, Danvíla Collado y Fernández de la Hoz, entre tantos otros insignes jurisconsultos de aquel siglo XIX que fue la cuna de nuestros mejores textos codificados. Su bisabuelo paterno D. José Ciudad y González fue Procurador Síndico General e Hijodalgo, si bien no he hallado otros datos sobre la concesión tales cargos. El de Procurador Síndico General suponía disfrutar de la representación de un Concejo para en su nombre defender sus derechos y alertar de posibles agravios. Era, cabría decir, el moderno Defensor del Pueblo y ser Hijodalgo era pertenecer a una clase alta de nobleza no siempre titulada y con un patrimonio no abultado, pero siempre personas bien nacidas, de buena sangre o de buena cuna y a Hijodalgo se podía acceder por saberes o por linaje o buenas costumbres (more nobilium). En nuestras Leyes de Partidas del Rey Alfonso X, en Ley XII, Título XXI, nos encontramos con una amplia regulación de esta situación, y de la forma de acceder a tal privilegio. Se alcanzaba por concesión, por especial privilegio del Rey, Confirmación y otras más. Llama la atención las diferentes clases que había, tales como Hijodalgo de solar conocido, de ejecutoria, Hijodalgo de cuatro costados e Hijodalgo por el cuerno y que se refería no precisamente a lo que el lector está pensando, sino a aquellos que por un tiempo determinado y con total lealtad y cumplido servicio eran vigilantes de alcazabas y castillos y alertaban de los peligros tocando el cuerno o trompeta e incluso había el Hijodalgo de goteras que así se llamaba a quienes era Hijodalgo en un pueblo o Villa de la Corte y no en otra y se decía que eran así por estimar que lo eran de “canales adentro” o de “tejas para abajo”. ¡Vaya que eran poca cosa!
cosa es respetarlas siempre y otra que llenen el espacio de la lengua nacional y el desacato a las normas legales. He leído que en Papúa Nueva Guinea se habla una lengua diferente en cada pueblo y eso da lugar a luchas todos los días. Una verdadera maldición. Una sola lengua y un solo Ordenamiento jurídico y posiblemente nos entenderíamos mejor y nos gobernarían aún mejor. Pero todo esto es delicado y exige respeto y buena voluntad.
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El padre El padre de nuestro biografiado, Don Miguel Serapio Ciudad y de la Hoz, al tiempo del nacimiento de su hijo era del Consejo de S.M y Secretario honorario de Su Majestad el Rey de España y en la documentación que he manejado y de la que se hará mérito en páginas posteriores se dice que Don Miguel Serapio María Ciudad y de la Hoz era Jefe de la fábrica de la Sal en las salinas del Duerna, en el camino del pueblo cordobés de Espejo. Se sabe que son antiquísimas estas salinas del Castillo o Torre de Duernas (o Duermas), en plena campiña cordobesa y se conoce que por esa demarcación se encontraban esos manantiales de yesos triásico que afloran en importantes canteras que junto con el agua daban esta riqueza. Para una mayor información se puede consultar el estudio de Bernier Luque, Córdoba tierra nuestra. Córdoba 1978. Había nacido en el pueblo murciano de Cehegín el día 18 de noviembre del año 1801 y se casó ya maduro, a los treinta nueve años, en Ronda, con Dª. María de los Dolores (a veces se la cita con el nombre de Dª. Espíritu Santo) Aurioles y Aguado en aquella Ciudad el día 23 de agosto de 1840. Si como creo el cargo de Jefe de las Salinas del Duerna suponía ser funcionario de la Hacienda Real, debo hacer notar que ya en la familia había antecedentes, pues en el pueblo de origen, Cehegín, un pariente suyo llamado Don Andrés Ciudad y Sánchez era Intendente Honorario de la provincia de Murcia y Contador de Rentas. De la documentación que he podido manejar creo que Don Miguel Ciudad de la Hoz a pesar de esos cargos honoríficos a que acabo de hacer mención, no debió de descollar en otros menesteres. Tampoco era poco lo que acabo de indicar. En su partida de bautismo a la que hago referencia más adelante se encuentran datos curiosos sobre sus padres y otros ascendientes de una y otra línea, de los compadres que asistieron al bautizo de Miguel Serapio que ese fue el segundo nombre que le impusieron, añadiendo el de María. Tuvo de su matrimonio varios hijos: José María, Miguel, Presentación, Teresa y María del Espíritu Santo. No sabemos cuantos años vivió y únicamente que en el año 1868 firma como fiador del pago de los derechos de matricula de su hijo en la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Ya no lo hace en el año 1869 y sí un tal D. José Manuel Crespo Medina, lo que hace presumir que podía haber fallecido a la edad de entre los 68 y 70 años.
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La madre De la madre de Don José Ciudad y Aurioles, Dª. María Dolores o Dª. Espíritu Santo Aurioles y Aguado es bien poco lo que puedo decir, a salvo los datos que aparecen en la partida de bautismo de su hijo. Se casó con Don Miguel Serapio María Ciudad y de la Hoz en Ronda, donde se conocieron, en la Iglesia de Santa María la Mayor. Era bastante más joven que su marido, pues ella se casó con 30 o 32 años, muchos para la época, y el con 48 años. A los nueve años nació el primer hijo, con lo que esta buena señora fue madre cerca de los cuarenta años. Son datos que aparecen en la partida de bautismo del hijo, pero que llaman la atención. Nacer de padres “viejos” en aquellos años y nacer y vivir sin problemas la infancia no deja de ser algo providencial, pues ni a la madre ni al niño le pasó nada o al menos nada se hace constar en la documentación que he visto. Si amamantó o no a sus hijos o los puso al cuidado de una nodriza, que era muy frecuente en aquellos años en las clases acomodadas, no lo sabemos. El matrimonio, según afirma una relación de la población llevada a cabo por el Ayuntamiento de Córdoba en el año 1851, se dice que tuvo los siguientes hijos, ya citados: José María, Presentación, Teresa y María del Espíritu Santo. Sin embargo dada la poca fiabilidad estas relaciones, sobre todo en aquellos años, es claro que olvidaron incluir a otro hijo llamado Miguel que había nacido el día 12 de septiembre de 1851, precisamente el mismo año en que se hace la referida relación. Sencillamente se olvidaron del recién nacido. De este hermano del Presidente del Supremo hablaremos después. Otro aspecto es el de los sentimientos que, en ocasiones, suele aflorar en los escritos o conferencias. Pero de la documentación que he tenido delante, básicamente académica y profesional, no se encuentra nada que permita decir si José Ciudad y Aurioles, era o no dado a manifestaciones de ese tipo y si lo hizo en ocasiones excepcionales de su vida, como el ingreso en la Carrera judicial o su toma de posesión como Magistrado y después como Presidente del Tribunal Supremo, hizo alusiones a sus padres y sobre todo a su madre. Es igual. Lo cierto es que aunque no lo hiciera expresamente es seguro que pensó en ellos toda su vida.
Los hermanos Los hermanos del Presidente fueron Presentación, María Teresa, María del Espíritu Santo y Miguel Ciudad y Aurioles. Cuatro hermanos que entre ellos se repartirían —como siempre ocurre en la vida— acontecimientos,