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CONSEJO Y CONSENTIMIENTO EN LOS ÓRGANOS COLEGIADOS CANÓNICOS Su incidencia en el Derecho Público Secular Medieval

ALEJANDRO GONZÁLEZ-VARAS IBÁÑÉZ Doctor en Derecho por las Universidades de Bolonia y Vigo

tirant lo b anch Valencia, 2007


Copyright ® 2007 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© ALEJANDRO GONZÁLEZ-VARAS IBÁÑEZ

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 8456 - 882 - 7


A mi maestra, MarĂ­a J. Roca


ÍNDICE ABREVIATURAS ........................................................................................

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PRESENTACIÓN ........................................................................................

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INTRODUCCIÓN ........................................................................................

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PRIMERA PARTE APROXIMACIÓN A LOS ORÍGENES DE LA UNIVERSITAS Y LA MANIFESTACIÓN DE SU VOLUNTAD Capítulo I LA UNIVERSITAS HASTA LA EDAD MEDIA 1. LA UNIVERSITAS EN DERECHO ROMANO ................................... 1.1. Concepto ........................................................................................ 1.2. Los sistemas de deliberación en los órganos colegiados romanos y la ignorancia de las minorías ........................................................ 2. LA ASOCIACIÓN GERMÁNICA ......................................................... 2.1. El régimen asociativo germánico .................................................. 2.2. Asociación y poder político ............................................................ 2.3. El principio de unanimidad germánico ........................................ 3. LA UNIVERSITAS EN LA IGLESIA PRIMITIVA ............................. 3.1. Concepto ........................................................................................ 3.2. Formación y manifestación de la voluntad: necesidad de unanimidad ..................................................................................................

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Capítulo II LA TEORÍA DE LA PERSONA FICTA DURANTE LA EDAD MEDIA 1. EL FENÓMENO ASOCIATIVO DURANTE LOS PRIMEROS SIGLOS MEDIEVALES ........................................................................... 2. LA MADURACIÓN DE LA TEORÍA DE LA PERSONA FICTA EN DERECHO CANÓNICO ....................................................................... 2.1. Graciano y los decretistas ............................................................. 2.2. Las aportaciones de Sinibaldo dei Fieschi ................................... 2.2.1. Fuentes de su trabajo ......................................................... 2.2.2. La persona ficta en Sinibaldo dei Fieschi ......................... 2.2.3. La atribución de un patrimonio a la universitas .............. 2.2.4. La universitas como institución ......................................... 2.2.5. Sinibaldo dei Fieschi ante el debate en torno a la posibilidad de condenar a las universitates ...................................

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2.2.6. La crítica de la teoría realista ............................................ 3. LAS DIFERENTES CONCEPCIONES DE LA PERSONA JURÍDICA CANÓNICA Y CIVIL EN LA BAJA EDAD MEDIA ............................ 4. LA FORMACIÓN DE LA VOLUNTAD DE LA UNIVERSITAS CANÓNICA ...................................................................................................... 4.1. Principios generales ...................................................................... 4.2. La aplicación del principio sanioritario ...................................... 4.3. El criterio de la maior pars ...........................................................

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SEGUNDA PARTE CONSEJO Y CONSENTIMIENTO EN LOS ÓRGANOS COLEGIADOS CANÓNICOS Capítulo III LA FUNCIÓN DEL CONSEJO Y DEL CONSENTIMIENTO EN EL DERECHO CANÓNICO. ASPECTOS INTRODUCTORIOS 1. PLANTEAMIENTO ............................................................................... 2. CONSEJO Y CONSENTIMIENTO EN EL DERECHO CANÓNICO CLÁSICO .............................................................................................. 2.1. Fundamentación bíblica del consejo y del consentimiento ........ 2.2. La diferencia entre consilium y consensus en la doctrina medieval 2.3. Evolución de los capítulos eclesiásticos ......................................

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Capítulo IV LA NECESIDAD DE CONSEJO Y DE CONSENTIMIENTO EN EL DERECHO CANÓNICO 1. EL CONSEJO Y EL CONSENTIMIENTO EN EL ÁMBITO DE LAS ENAJENACIONES ............................................................................... 1.1. Dominium y alienationes en la Edad media ................................ 1.2. La administración de los bienes eclesiásticos en la Edad media. Criterios generales ........................................................................ 1.3. La posibilidad de enajenar bienes de las iglesias ........................ 1.4. El consentimiento necesario para la validez de la enajenación .. 1.5. Las limitaciones de clérigos y religiosos para la realización de negocios jurídicos .......................................................................... 1.6. La imposibilidad de la intervención del poder secular en la materia patrimonial canónica ...................................................... 1.7. La explicación de los autores medievales a la necesidad del consentimiento del prelado y del capítulo para las enajenaciones de bienes eclesiásticos ................................................................... 2. APRECIACIÓN DEL CONSEJO PARA CONVOCAR CONCILIOS .. 3. NOMBRAMIENTOS Y DESTITUCIONES ......................................... 4. CONDENA DE HEREJÍAS ..................................................................

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5. OTROS CASOS ...................................................................................... 6. RECAPITULACIÓN .............................................................................

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Capítulo V LAS MAYORÍAS Y LA UNANIMIDAD EN EL DERECHO CANÓNICO. CONSIDERACIONES INTRODUCTORIAS A LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT» 1. PLANTEAMIENTO ............................................................................... 2. LA EVOLUCIÓN DEL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT» DESDE EL DERECHO ROMANO AL DERECHO CANÓNICO CLÁSICO 2.1. El principio «quod omnes tangit» en el Derecho romano ............ 2.2. La recepción del principio «quod omnes tangit» en el Derecho canónico ......................................................................................... 3. ¿CUÁNDO SE CONSIDERA QUE UNA «RES» «TANGIT» A «OMNES»? 4. LA MÁXIMA «QUOD OMNES TANGIT» Y LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO MAYORITARIO O LA UNANIMIDAD EN ATENCIÓN AL TITULAR DEL INTERÉS AFECTADO .........................................

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Capítulo VI APLICACIONES DEL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT»: LA CONVOCATORIA DE LOS AFECTADOS A LAS ASAMBLEAS Y ÓRGANOS COLEGIADOS 1. EL PRINCIPIO Q.O.T. EN DESTINADO A LA CONVOCATORIA DE LOS AFECTADOS POR LAS MATERIAS TRATADAS EN LOS CONCILIOS ................................................................................................... 1.1. Concilios generales y particulares ................................................ 1.2. La presencia de los afectados por las materias tratadas en los concilios. Las consecuencias de la negativa de los convocados a comparecer ..................................................................................... 1.3. La convocatoria de los afectados a los concretos concilios .......... 1.4. La presencia de los laicos en los concilios bajomedievales .......... 1.5. Funcionamiento interno de los concilios ...................................... 1.6. La convocatoria de los cargos civiles a los concilios como muestra del principio de unidad del mundo en la Edad media y como afirmación de la plenitudo potestatis pontificia ........................... 1.7. El empleo del principio «quot omnes tangit» en las convocatorias de los concilios y su derivación en las teorías conciliaristas ....... 1.7.1. Los primeros debates doctrinales ...................................... 1.7.2. La madurez del conciliarismo ............................................ 2. EL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT» COMO NORMA PROCESAL ......................................................................................................... 3. LA PARTICIPACIÓN DE LOS AFECTADOS Y LA ADOPCIÓN DE DECISIONES POR LOS ÓRGANOS COLEGIADOS CANÓNICOS EN OTRAS SITUACIONES .................................................................. 3.1. Establecimiento del entredicho ...................................................

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3.2. Legitimación del capítulo para impugnar actos del obispo ........ 3.3. Otros casos .....................................................................................

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Capítulo VII APLICACIONES DEL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT»: LA EXCLUSIÓN DE QUIENES NO SON COMPETENTES PARA DECIDIR Y LAS ELECCIONES CANÓNICAS 1. PLANTEAMIENTO ............................................................................... 2. DELIMITACIÓN DEL CUERPO ELECTORAL CANÓNICO ............ 2.1. La situación hasta el siglo XII ...................................................... 2.2. La restricción del cuerpo electoral canónico desde el siglo XII ... 2.3. La intervención pontificia en las elecciones episcopales ............ 3. LA CONVOCATORIA DE LOS ELECTORES ..................................... 3.1. La necesaria presencia de los electores ........................................ 3.2. Procedimiento de convocatoria de los afectados ......................... 3.3. Requisitos de la validez de la convocatoria .................................. 3.4. Imposibilidad de proceder a la convocatoria ................................ 3.5. Exención del deber de convocar ................................................... 3.6. Retraso de los convocados ............................................................. 3.7. Imposibilidad de acudir a la convocatoria ...................................

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TERCERA PARTE EL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT» EN EL DERECHO SECULAR Planteamiento ..............................................................................................

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Capítulo VIII EL CONSEJO A TRAVÉS DE LOS TRATADOS DE EDUCACIÓN DEL PRÍNCIPE 1. LOS ESPEJOS DE PRÍNCIPES ........................................................... 2. LOS PRECEPTOS CONTENIDOS EN ESTAS OBRAS .....................

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Capítulo IX CONSEJO Y CONSENTIMIENTO A TRAVÉS DE LAS CORTES. LA FUNCIÓN DEL PRINCIPIO «QUOD OMNES TANGIT» 1. EL CONTEXTO JURÍDICO Y POLÍTICO .......................................... 1.1. La función legislativa y de gobierno del rey y la relación con el reino .............................................................................................. 1.1.1. La ley de Dios y los preceptos morales .............................. 1.1.2. Las leyes del reino ..............................................................

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ÍNDICE

2. 3.

4. 5.

6.

7.

1.1.3. El consensus populi ............................................................ 1.2. Los municipios ibéricos durante la Edad media ......................... DISTINCIÓN ENTRE CURIAS Y CORTES ........................................ LAS CORTES COMO ÓRGANO CONSULTIVO O DECISORIO ...... 3.1. La recepción de consejo a través de las Cortes ............................ 3.2. La concepción de las Cortes como órgano limitador del poder real 3.3. Las Cortes como órgano consultivo .............................................. 3.4. Las Cortes y el principio «quod omnes tangit» y su repercusión en el aumento de la autoridad del rey ............................................... LOS CAPÍTULOS DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LAS CORTES OTRAS SITUACIONES DE INFLUENCIA CANÓNICA EN LAS CORTES ................................................................................................. 5.1. La representatividad de los procuradores ................................... 5.2. El funcionamiento interno de las Cortes ..................................... LA CONVOCATORIA DE LAS ASAMBLEAS EN OTROS LUGARES Y LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO QUOT OMNES TANGIT» .... 6.1. Los primeros parlamentos ingleses .............................................. 6.2. El parlamentarismo francés ......................................................... 6.3. La invocación del principio «quod omnes tangit» en otros lugares RECAPITULACIÓN .............................................................................

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Capítulo X CONSIDERACIONES DE LOS CANONISTAS SOBRE EL CONSENTIMIENTO DE LOS AFECTADOS COMO LÍMITE A LA ACTUACIÓN DEL REY. ÁMBITOS CONCRETOS 1. RECAUDACIÓN DE MONEDA ........................................................... 2. DEVALUACIÓN DE LA MONEDA .....................................................

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CONCLUSIONES .......................................................................................

421

FUENTES ....................................................................................................

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BIBLIOGRAFÍA ..........................................................................................

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ABREVIATURAS AAS: ADEE: AHDE: APSR: BRAH: C.: CIC: Cod.: D.: DE: EHR: Dig.: IC: LQR: ME: P.: PL: Q.o.t.: RAH: RDC: REDC: RGDCEE : RHDFE: RIDA: RIDC: RSDI: ZK: ZSSR:

Acta Apostolicae Sedis. Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado. Anuario de Historia del Derecho Español. The American Political Science Review. Boletín de la Real Academia de la Historia. Causa (en el Decreto de Graciano). Código de Derecho Canónico (Codex Iuris Canonici). Código de Justiniano. Distinción (en el Decreto de Graciano). Il Diritto Ecclesiastico. English Historical Review. Digesto. Ius Canonicum. The Law Quarterly Review. Monitor Ecclesiasticus. Partida (correspondiente a las Siete Partidas de Alfonso X). Patrología Latina. quod omnes tangit, ab omnibus approbari debet. Real Academia de la Historia. Revue de Droit Canonique. Revista Española de Derecho Canónico. Revista General de Derecho Canónico y Eclesiástico del Estado. Revue Historique de Droit Français et Étranger. Revue Internationale des Droits de l’Antiquité. Rivista Internazionale di Diritto Comune. Rivista di Storia del Diritto Italiano. Zeitschrift für Kirchengeschischte. Zeitschrift der Savigny-Stiftung für Rechtsgeschichte.


PRESENTACIÓN Me pide el profesor González-Varas unas letras de presentación de este excelente libro. Lo hago con mucho gusto, por dos razones. La segunda porque Alejandro González-Varas es un prestigioso colega de cuyo rigor y abnegada dedicación al estudio e investigación del Derecho Canónico y Eclesiástico del Estado quisiera dejar aquí constancia. Siendo de ello testigo es obligado que estas letras sean un justo homenaje a un colega ejemplar. Pero la razón principal que me mueve a escribir estas líneas es la importancia del trabajo que el lector tiene entre sus manos. Un estudio en que la historia del derecho canónico y de sus instituciones se entremezcla con el rigor en la construcción jurídica, dando lugar a esa unión entre dogmática e historia, que siempre supone un reto para el jurista de raza. Por lo demás, el tema del propio libro apunta a una cuestión de amplio respiro en la ciencia del derecho: la interconexión entre ordenamientos. En especial entre los dos principales derechos que fluyen en ese río que es el Derecho común. Un parasitismo mutuo y beneficioso que producirá un posterior reflejo en la incidencia del Derecho canónico en el Derecho civil, ya sea el común o el nacional. El complejo entramado de relaciones entre cristianismo e instituciones jurídicas civiles y el correspondiente impacto que su traducción jurídica institucional —el derecho canónico— han supuesto en las categorías jurídicas de Occidente han sido estudiadas, con enfoques diversos, desde Merryman a Calasso pasando por Biondi, Maldonado, Lombardi Vallauri o Dilcher, por citar algunos autores. El libro de Alejandro González-Varas navega científicamente en esta amplia estela. Y lo hace fijándose en una de las zonas de más interesante interconexión y mutua influencia. Me refiero al delicado ámbito de la función de consejo y de consentimiento desarrollada por los órganos colegiados. El Derecho canónico, basándose en el Derecho romano en la medida en que le fue preciso, ofreció una regulación que indicaba detalladamente las situaciones jurídicas en que era necesario el consejo o el consentimiento de un órgano colegiado. Asimismo estableció las reglas mediante las cuales había de expresarse su decisión. Dado el avance que esto suponía en el ámbito jurídico bajomedieval, no puede extrañar que el Derecho secular se volviera hacia el Derecho canónico con la atención que merecían sus construcciones. En este libro se estudia el grado de intensidad en que la influencia canónica


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se plasmó en esas concretas instituciones de Derecho público que fueron las asambleas parlamentarias. Pero repárese bien que no lo hace el autor como si de una “biografía apasionada” se tratara. Afronta el tema con la ponderación del auténtico estudioso que no se deja engañar por el brillo de abalorios de incierto destino jurídico. Quiero decir que la influencia es reflejada en este trabajo en su exacto valor. Esto es, sin olvidar que en el sistema jurídico medieval, el Derecho común coexistía con los Derechos particulares. El común fue un Derecho culto de elaboración doctrinal donde Derecho canónico y Derecho romano se entrelazaron —a veces se fusionaron— pero sin perder en la mayoría de los casos sus características y personalidad propias. Si entre ellos no existía una nítida diferenciación, si las arenas que los argamasaban eran más potentes que las zanjas que los dividían se entiende que no cupiera hablar de la división clara y diferenciada que una óptica inadecuada podría suponer. Por ello, no se trata quizás tanto de una influencia directa de un ordenamiento sobre otro extraño a él. Se trataba, más bien, de un conjunto de elementos jurídicos —no sólo normas sino también principios y valores— puestos en común en una situación de fluida interconexión. Por tanto, González-Varas opta por una actitud prudente a la hora de interpretar lo que ha de entenderse por incidencia o influencia de un ordenamiento jurídico sobre otro. Una actitud que, a la vez, indica sabiduría jurídica, pues evita escorarse a “entusiastas” posicionamientos mantenidos por parte de la doctrina que alegremente identifican influencias directas unidireccionales allá donde existe más bien una suave absorción por parte del Derecho civil de principios canónicos que son reelaborados con el propio instrumental y aparato valorativo. Descendiendo al concreto ámbito canónico del consejo y consentimiento de los órganos colegiados y de su influencia en el marco civil era natural que el autor, antes que nada, se adentrara con paso firme en la propia regulación realizada por el derecho canónico dentro de sus específicas fronteras. Sólo desde estas bases era posible —como hace Alejandro González-Varas— dos objetivos del máximo interés: idéntica regulación en el contexto civil y la posterior identificación de los elementos de procedencia canónica. Por lo demás, si la persona ficta es la máxima expresión del complejo proceso de formación de un ente abstracto, con capacidad decisional diversa de los miembros que lo integran, se entiende que sea un acierto de este trabajo centrar a la atención, inicialmente, en


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las universitates. Y aquí el autor vuelve a mostrarse un buen analista de las fuentes y, por tanto, realista en sus planteamientos. Realismo que le lleva a corregir a un sector importante de la doctrina que, en un exceso de conceptualismo, llegará a decir que Sinibaldo de Fieschi logró una perfecta abstracción de la persona ficta separándola totalmente de sus miembros. La verdad es —y el autor no deja de indicarlo con acierto— que el futuro Inocencio IV, en varias ocasiones, afirmó que la persona se vería obligada a actuar en el ámbito jurídico a través de sus miembros, sin que la separación entre estos y aquella fuera absoluta. Desde aquí, en rápida sucesión, se irán analizando, entre otros temas, el principio sanioritario y el criterio de la maior pars en la formación de la voluntad en las universitates canonicas; los supuestos de necesidad de consejo y consentimiento en Derecho canónico (con un especial énfasis en el importantísimo tema de las enajenaciones); el juego de las mayorías y unanimidades y, con especial atención, el principio “quod omnes tangit”, tanto en el derecho canónico —antes en el romano— como en el derecho secular. Permítaseme llamar la atención sobre el fino análisis que el prof. González-Varas hace de la proyección de este último principio, en cuanto aplicable a los concilios eclesiásticos, en el origen mismo de las asambleas parlamentarias. Según una doctrina —que el autor unas veces completa y otras corrige— ese pontificio modo de proceder sería inmediatamente asimilado por el poder real para convocar a los Parlamentos a los representantes de las ciudades en todos aquellos supuestos en que habrían de abordarse cuestiones de interés general para el reino. De modo que, las decisiones allí adoptadas, adquirirían una fuerza de especial vinculación para todos los elementos sociales que integraban el reino, ¿Cuál es el grado de veracidad de este planteamiento? Para Alejandro González-Varas el origen de las Cortes se encontraría no tanto en las palabras en que se expresa el principio “quod omnes tangit”, sino en su contenido en sí mismo considerado. Lo que ocurrirá es que el Derecho canónico, al ser más precoz que el Derecho secular en darse cuenta del contenido y consecuencias del principio (por lo demás, no totalmente elaborado en su ámbito) lo plasmará con mayor celeridad en unas afortunadas palabras, que coadyuvarán a acelerar el proceso de su recepción por el Derecho secular. Por tanto —son palabras del autor— “las Cortes no es que se deban a la regla “quod omnes tangit” en cuanto tal, de modo que si no se hubiera


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formulado no hubieran aparecido esas asambleas, sino que el Derecho canónico se dio cuenta de que la política del momento giraba en torno a esa idea, y con su transformación en un principio jurídico contribuyó a que esa mentalidad calara antes, o más profundamente, en el gobierno de los reyes”. Certera conclusión que, en mi opinión, explica, entre otras cosas, la propia influencia canónica en el funcionamiento interno de las Asambleas parlamentarias. Podría extenderme analizando la suma de aciertos que esta obra contiene. Baste llamar la atención del lector en las consideraciones que se hacen en el capítulo X sobre la preocupación de los canonistas —y la correspondiente presión sobre el ánimo de los reyes— de salvaguardar la propiedad de los súbditos ante la arbitrariedad del poder real. El consentimiento de los afectados será el instrumento jurídico esgrimido por la doctrina canónica del momento para poner coto —salvo casos de utilidad pública— a los intentos confiscadores de un poder real irrestricto. Vuelvo al principio de estas líneas. Este libro, entre otras aportaciones técnicas, muestra algo de suma importancia: que en la experiencia jurídica normal de un jurista, el Derecho canónico y el substratum ideológico del que toma sus soluciones debe ser considerado como un hecho cultural al que una ciencia jurídica libre de prejuicios o aprioris emocionales —siempre perturbadores, cuando de ciencia se trata— no puede ni debe permanecer ajena, salvo incurrir en grave responsabilidad consigo misma. En otro lugar he tenido ocasión de observar que si la juridicidad es algo único y esencialmente idéntico, todos los intentos de explicarla satisfactoriamente deben ser un patrimonio común tanto de civilistas como de canonistas, salvo que se quiera crear una escisión entre los dos mundos. Lo que sería —aparte de una muestra de ignorancia— un notable error, al desintegrar en sectores irreconciliables la reflexión sobre ese trozo único de la realidad que se llama Derecho. El profesor González-Varas lo ha entendido muy bien mostrando esa unidad sustancial del Derecho y la fluida interconexión entre Derecho canónico y Derecho estatal. Probablemente movido por la influencia de la prestigiosa catedrática que ha dirigido el trabajo, la prof. María Roca.

RAFAEL NAVARRO-VALLS Catedrático de Derecho Canónico de la Universidad Complutense de Madrid


INTRODUCCIÓN 1. Es opinión generalmente compartida la relación que existió en los tiempos medievales entre el Derecho romano y el Derecho canónico, ofreciendo como consecuencia la conformaron del denominado “Derecho común”, especialmente a partir del “renacimiento jurídico” del siglo XII. No suele discutirse la influencia que el Derecho canónico ejerció sobre el Derecho secular. Al contrario, los autores que han profundizado en el estudio del Derecho medieval han encontrado el origen o, al menos, el paradigma, de numerosas instituciones civiles en las creadas en el seno del Derecho canónico o que, aun teniendo otro origen anterior, como el romano, fueron delineadas definitivamente por el Derecho de la Iglesia. Son numerosos los ámbitos en que se produjo esta incidencia, especialmente dentro del Derecho privado, como dejaron de manifiesto Maldonado y Landau. Sirva únicamente de ejemplo en estos párrafos iniciales el modo en que la equidad canónica y la buena fe afectaron a la contratación civil, la construcción técnica del Derecho matrimonial canónico, la toma en consideración del aspecto subjetivo y voluntario como base de la reacción penal, o la configuración del proceso romano-canónico, como podríamos enumerar un mayor número de casos. 2. Una de esas situaciones de incidencia del Derecho canónico sobre el civil ha sido localizado en el ámbito del consejo, las deliberaciones, y la toma de decisiones en los órganos colegiados. El Derecho canónico forjó sus propias teorías y mecanismos adecuados para asegurar un correcto modo de decidir que no pudo sino ser conocido en los ámbitos seculares y ofrecer las correspondientes pautas de conducta. Uno de los principios en que mejor cristalizó la teoría del consejo y del consentimiento canónicos fue el denominado “quod omnes tangit ab omnibus approbari debet”, es decir, lo que afecta a todos, ha de ser aprobado por todos. Hasta que esta formulación adquirió su pleno significado en el Derecho canónico hubo de recorrer un largo camino a lo largo de la Historia. En sus orígenes romanos, estuvo relacionada con el consentimiento que los tutores tenían que prestar para la validez de los actos jurídicos del tutelado. Asimismo se aplicó con el fin de hacer patente la necesidad de que los afectados por un juicio fueran requeridos. El Derecho canónico la adoptará, a la vez que transforma-


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INTRODUCCIÓN

rá, fundamentalmente a partir del siglo XII. A través de su progresivo manejo, le conferirá significados distintos que, a su vez, serán presupuesto de la aplicación de la adopción de decisiones por unanimidad de los afectados, o por la mayoría de los reunidos. El primer caso aparecerá como consecuencia de defender a las minorías de los grupos que no funcionan como universitates frente a las imposiciones de la mayoría. Será, en cambio, premisa de la aplicación del principio mayoritario cuando se trata de decidir algo que afecta a la universitas. Se invocará para justificar, al mismo tiempo, la convocatoria de las personas afectadas a aquellas asambleas u órganos colegiados en que se debate algo que les afecta a ellos o al órgano. Fijando la atención en esta última cuestión, encontramos autores que han defendido, a través de sólidas argumentaciones, que el principio “quod omnes tangit”, invocado para justificar la presencia en los concilios de los sujetos afectados por la materia allí tratada, incluidos los laicos, es una de las causas que originaron los parlamentos medievales. En cambio, otro sector doctrinal, ha negado, aduciendo criterios igualmente rigurosos, que estos parlamentos encuentren su origen en el principio “quod omnes tangit” canónico. 3. Con estos párrafos precedentes se ha pretendido dejar de manifiesto que la temática expuesta goza de tal trascendencia como para justificar una investigación en torno a ella. Asimismo, lo envuelve el suficiente grado de polémica y de debates doctrinales como para incentivar la pretensión de buscar una mayor certeza sobre la incidencia del Derecho canónico en el secular dentro de este ámbito. Por otra parte, el propio modo de haberse estudiado estas cuestiones justifica la oportunidad de ofrecer un nuevo enfoque en su investigación. En términos generales, y dependiendo del instituto jurídico que analicemos, es posible encontrar la identificación del Derecho canónico con un emisor de reglas y principios que son absorbidos por unos ordenamientos jurídicos seculares configurados como receptores. Puede ocurrir que, en ocasiones, no se aprecie adecuadamente la verdadera función del Derecho canónico en la conformación de las instituciones civiles. La precipitación puede abocarnos a asociarlo con el origen y fuente de cada institución, sin que los autores se planteen la posibilidad de que más bien se pueda identificar con el ordenamiento que diseccionó, analizó y clasificó con mayor prontitud los elementos que componían una idea jurídica previa y generalmente compartida en su momento. Sería ésta la que


INTRODUCCIÓN

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concibió y dio origen a la institución, siendo el Derecho canónico quien permitió presentar a las autoridades y juristas civiles la composición de la institución que hasta ese momento sólo se había podido ver traslúcida. Dicho de otro modo, arriesgamos a ser susceptibles de trazar una imaginaria línea divisoria que separaba, con la nitidez con que se concibe en la actualidad, una diferencia y autonomía del Derecho canónico y del secular que en la Edad media no fue tal. En sentido contrario, los historiadores no canonistas ofrecen en algunas obras en que analizan las instituciones medievales un imprudente descuido del estudio del Derecho canónico. Con ello, se ignora uno de los elementos que contribuyeron a formar el contexto jurídico de aquellos siglos, con lo que los trabajos han de ser forzosamente incompletos. 4. Descenciendo al concreto ámbito de la necesidad de consejo y consentimiento de los afectados en distintas ocasiones, expresado frecuentemente a través del principio “quod omnes tangit”, encontramos que este aforismo continúa siendo objeto de estudio en obras parciales destinadas a explicar sus significados y a sostener, en varias ocasiones por inercia, que en él se encontró el origen del conciliarismo y de los parlamentos nacionales. Sin embargo, no siempre se logra ofrecer una fundamentación sólida del traslado del mencionado principio al Derecho civil. A veces se plantea como una de irrupción sobre las autoridades de este ámbito, ofreciendo la impresión de que, en ocasiones, se olvida que el Derecho canónico y el secular compartieron una misma época, estuvieron igualmente rodeados de un determinado clima filosófico, y político-jurídico que ofreció una particular relación entre los distintos ordenamientos jurídicos. Por cuanto se refiere al método, no es difícil observar que, en ocasiones, se hace referencia a esta influencia en términos generales, aludiendo a varios sistemas parlamentarios sin detenerse y profundizar, como sería deseable, en cada uno de ellos. Es habitual citar los mismos casos de convocatorias de asambleas parlamentarias como paradigmas de traslado del principio “quod omnes tangit” al Derecho público, partiendo en ocasiones de los primeros trabajos que Marongiu y Post concluyeron en este sentido. En ocasiones se establece un mecanismo de una única dirección y sentido consistente en que los reyes convocan las asambleas deliberativas siguiendo el modelo pontificio de convocatoria de concilios, descuidando otros textos canónicos en que los vicarios de Cristo y los juristas que interpretaron sus


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