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SEGURIDAD VIAL (Especial referencia a la reforma operada en el Código Penal mediante la Ley Orgánica 15/2007, de 30 de noviembre)

CATY VIDALES RODRÍGUEZ ANTONIO MERA REDONDO (Coordinadores) Autores:

ALBERTO ALONSO RIMO ROSA MARÍA MOLÉS VICENT JUAN JOSÉ BELTRÁN TURCH LUIS MONTORO GONZÁLEZ JOSÉ LUIS BLASCO DÍAZ MIGUEL ANGEL MORENO ALCÁZAR VICENTE FOLGUERÁ MARTÍNEZ LUIS ROBERTO ORTIZ JORGE JOSÉ LUIS GONZÁLEZ CUSSAC ANDREA PLANCHADELL GARGALLO CARLOS IZQUIERDO FORTEA JUAN SALVADOR SALOM ESCRIVÁ CAROLINA MALLACH MONFERRER FÉLIX FRANCISCO SERRANO GALLARDO ANTONIO MERA REDONDO FRANCISCO TORTOSA GIL CATY VIDALES RODRÍGUEZ

Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© CATY VIDALES RODRÍGUEZ ANTONIO MERA REDONDO y otros

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 118 - 4


Índice Abreviaturas..................................................................................................................... Presentación .................................................................................................................... Estrategias para la prevención de los accidentes de tráfico .................................. LUIS MONTORO GONZÁLEZ El factor humano en los accidentes de tráfico ......................................................... FRANCISCO TORTOSA GIL La intervención en los accidentes de tráfico: investigar, reconstruir y analizar sus causas ................................................................................................................... ANTONIO MERA REDONDO La intervención de los servicios de bomberos en los accidentes de tráfico ........ JUAN JOSÉ BELTRÁN TURCH El sistema de emergencias en la Comunidad Valenciana: tipos de respuestas . LUIS ROBERTO ORTIZ JORGE La investigación y justificación de las causas en los accidentes de tráfico ....... Antonio Mera Redondo La correcta gestión de la información derivada de los accidentes de tráfico CARLOS IZQUIERDO FORTEA Prueba, presunción de inocencia y proporcionalidad en el procedimiento sancionador en materia de tráfico ................................................................................ JOSÉ LUIS BLASCO DÍAZ Los nuevos delitos contra la seguridad vial ............................................................. JOSÉ LUIS GONZÁLEZ CUSSAC Y CATY VIDALES RODRÍGUEZ La criminalización de las conducciones temerarias en el marco de la nueva reforma penal en materia de seguridad vial ......................................................... MIGUEL ANGEL MORENO ALCÁZAR El delito de negativa a someterse a las pruebas de detección de alcohol o drogas tóxicas desde la perspectiva de la reforma penal de 2007 .................................. ALBERTO ALONSO RIMO Los delitos contra la seguridad vial en la práctica forense ................................... JUAN SALVADOR SALOM ESCRIVÁ Valor probatorio del atestado policial ....................................................................... ANDREA PLANCHADELL GARGALLO Valoración de daños y responsabilidad civil............................................................ CAROLINA MALLACH MONFERRER La responsabilidad patrimonial de la Administración en los accidentes de tráfico ................................................................................................................................ FÉLIX FRANCISCO SERRANO GALLARDO La seguridad vial y sus garantes: implicación de vehículos oficiales en accidentes de tráfico...................................................................................................................... FÉLIX FRANCISCO SERRANO GALLARDO Formación y seguridad vial ......................................................................................... VICENTE FOLGUERÁ MARTÍNEZ Y ROSA MARÍA MOLÉS VICENT La necesidad de formación en seguridad vial a lo largo del ciclo vital ............... LUIS MONTORO GONZÁLEZ

9 11 15 27 45 79 103 129

167 193 227 293 325 379 401 415 435 453 461


ABREVIATURAS AGE

Administración General del Estado

AN

Audiencia Nacional

Art.

Artículo

AT

Accidente de tráfico

BOE

Boletín Oficial del Estado

CE

Constitución Española

CC

Código civil

CCS

Consorcio de Compensación de Seguros

CGPJ

Consejo General del Poder Judicial

CP

Código penal

DGT

Dirección General de Tráfico

FFCCSE Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado FD

Fundamento de Derecho

FJ

Fundamento Jurídico

LECrim. Ley de Enjuiciamiento Criminal LJCA

Ley de Jurisdicción Contencioso-administrativa

LO

Ley Orgánica

LRCS

Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro

LRJPAC Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento de Administrativo Común LTSV

Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial

OMS

Organización Mundial de la Salud

RD

Real Decreto

RDLeg.

Real Decreto Legislativo

RGC

Reglamento General de Circulación

RPA

Responsabilidad Patrimonial de la Administración


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ABREVIATURAS

RPST

Reglamento de Procedimiento Sancionador en materia de Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial

SAN

Sentencia de la Audiencia Nacional

SAP

Sentencia Audiencia Provincial

STC

Sentencia del Tribunal Constitucional

STS

Sentencia del Tribunal Supremo

STSJ

Sentencia del Tribunal Superior de Justicia

TC

Tribunal Constitucional

TS

Tribunal Supremo

TSJ

Tribunal Superior de Justicia


PRESENTACIÓN Puede decirse, sin riesgo de caer en la exageración, que los accidentes de tráfico constituyen uno de los principales problemas que debe arrostrar la sociedad actual, habiéndose llegado a calificar de auténtica lacra. Las alarmantes cifras de personas muertas o heridas en este tipo de siniestros, las dramáticas consecuencias que de ellos derivan y, fundamentalmente, la convicción de que, en la mayor parte de los casos, son evitables obligan a adoptar todo tipo de medidas tendentes a paliar tan grave problemática. No debe extrañar, por tanto, que todo lo relativo a la seguridad vial alcance, en los últimos tiempos, un protagonismo hasta ahora desconocido. Haciéndose eco de la preocupación que este tema despierta, el Grupo de Estudios sobre Prevención y Seguridad (G.E.P.S.) del Departamento de Derecho Público de la Universitat Jaume I organizó el pasado mes de abril de 2007 un Curso sobre Seguridad Vial y Siniestralidad. La reciente reforma del Código Penal en relación con esta manifestación de la delincuencia motivó que en el mes de diciembre se celebrara una segunda edición del mismo, en la que, lógicamente, se abordó con detenimiento el alcance de la misma y las dificultades prácticas que plantean los nuevos comportamientos tipificados. Tanto en uno como en otro caso, no se pretendió examinar esta materia de forma exhaustiva; objetivo éste que, de ser el propuesto, inexorablemente se hubiera visto defraudado. Por el contrario, el propósito perseguido, mucho más modesto, era el de analizar desde diferentes perspectivas determinadas cuestiones que estimamos de mayor interés atendiendo, sobre todo, al público al que estaban dirigidos: principalmente, los alumnos del Título Propio de Graduado en Seguridad y Ciencias Policiales y de la Licenciatura en Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Económicas de la Universitat Jaume I, así como los Miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Desde luego, se nos puede reprochar y, no le faltará la razón a quien lo haga, que con la selección efectuada no se agotan los aspectos problemáticos y, por tanto, merecedores y necesitados de atención, que esta realidad plantea. Ahora bien, lo que es incuestionable, o al menos así nos lo parece, es que todos los temas tratados debían serlo. Es más, sin temor de pecar de inmodestos, por cuanto que el mérito no es nuestro, podríamos decir que lo fueron como debían serlo; esto es, desde un enfoque multidisciplinar y eminentemente práctico.


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PRESENTACIÓN

Para la consecución de tal fin contamos con la presencia de un elenco de destacados especialistas que o bien, desarrollan su labor profesional en el ámbito de la seguridad vial, o bien, han hecho de ella su objeto de estudio. Todos, desde su particular perspectiva, han aportado una contribución esencial e indispensable para reflejar la complejidad de este fenómeno y, si en algo han coincidido, ha sido en poner de manifiesto que cualquier solución que se pretenda adoptar ha de contar necesariamente con la implicación de todos los sectores afectados. Desde luego, lo que se lleva dicho constituye ya motivo suficiente para mostrar nuestro más sincero agradecimiento a todos ellos; pero no queremos dejar pasar la oportunidad de que quede constancia de nuestra gratitud por habernos permitido compartir sus amplios conocimientos en la materia y por dedicarnos uno de los bienes más preciados, su tiempo. La obra que se presenta compendia alguno de los trabajos que fueron expuestos en el marco de los dos Cursos aludidos. Así, en primer lugar, se hace referencia a la prevención, análisis de las causas, intervención, investigación y reconstrucción de accidentes de tráfico. En segundo lugar, y puesto que a ello obliga la reciente reforma operada en el Código Penal en esta materia, en virtud de la Ley Orgánica 15/2007, de 30 de noviembre, se ha prestado especial atención al tratamiento jurídico-penal de las conductas atentatorias contra la seguridad vial. Asimismo, hemos creído oportuno incluir una breve mención a las consecuencias derivadas de los accidentes; básicamente, a la valoración de los daños y responsabilidades que dimanan, dado que no puede desconocerse que, en este ámbito, alcanza una indiscutible importancia lo que se ha dado en denominar justicia restaurativa o justicia restauradora o reparadora. Por último, y como si de un círculo se tratara, se concluye enfatizando la necesidad de formación y educación en seguridad vial pues, según creemos, es ahí donde radica el principal reto que debe afrontarse. En efecto, cualquier medida preventiva se verá condenada al fracaso si no va acompañada de una adecuada y correcta política educativa porque, como la experiencia demuestra en otros ámbitos, el remedio a un problema social —y no cabe duda de que la siniestralidad vial lo es— no puede venir propiciado o, al menos no de forma exclusiva, por la sanción y represión de los comportamientos que lo originan. Este convencimiento y, sobre todo, el compromiso adquirido con las víctimas —que, desde el dolor, pero también desde la serenidad, nos han hecho partícipes de las trágicas consecuencias de su indeseado e indeseable protagonismo— nos ha llevado a publicar este trabajo colectivo. Sin duda, sería pretencioso por nuestra parte pensar que, de este modo, contribuimos a erradicar la falsa creencia de que los accidentes de tráfico son algo inevitable y, en


PRESENTACIĂ“N

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consecuencia, asumible; albergamos, no obstante, la confesada esperanza de que al menos sirva como testimonio de nuestra solidaridad para con quienes sufren este drama en primera persona.

CATY VIDALES RODRĂ?GUEZ

Profesora Titular de Derecho Penal Universitat Jaume I

ANTONIO MERA REDONDO

Profesor Asociado de Derecho Adminitrativo. Universitat Jaume I


ESTRATEGIAS PARA LA PREVENCIÓN DE LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO LUIS MONTORO GONZÁLEZ

Catedrático de Seguridad Vial. Universidad de Valencia Presidente de la Fundación Española para la Seguridad Vial (FESVIAL)


SUMARIO: I. LOS VEHÍCULOS. II. LA SUSPENSIÓN POLICIAL Y EL ENFORCEMENT. III. EL ENTORNO. IV. EL FACTOR HUMANO. BIBLIOGRAFÍA.

Desde que el 29 de enero de 1886 K. Benz patentara el primer vehículo, estos se han convertido en algo más que un sistema de transporte; son uno de los inventos más revolucionarios en la historia de la humanidad y el símbolo de un nuevo sistema y forma de vida que ha cambiado radicalmente la economía, la cultura, la libertad de movimientos, las relaciones humanas, el concepto de distancia y de tiempo y otras muchas dimensiones de la vida social. Pero lamentablemente, junto a sus aspectos positivos, la masiva motorización ha traído también todo un conjunto de graves problemas, como el ruido, la contaminación, los problemas de movilidad, la necesidad de infraestructuras, las fuentes de energía, la falta de espacio en las ciudades, etc., aunque el reto más grave son, sin duda, los accidentes de tráfico. Los accidentes se han convertido en un verdadero mecanismo de control maltusiano de la población, cuya evolución ha sobrepasado todo tipo de previsiones. Datos de nuestro Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial (INTRAS) nos indican que desde finales del siglo XIX hasta la actualidad 45 millones de personas han muerto y cerca de 2000 millones han sufrido lesiones. En España murieron más de 280.000 personas y cerca de 16 millones resultaron heridas. En los últimos diez años han muerto en accidentes de circulación en el mundo, el equivalente a haber desaparecido dos veces la ciudad de Madrid. Por años potenciales de vida perdidos, los accidentes de tráfico se han convertido en el primer problema sanitario del mundo, ya que duplican incluso al cáncer o a las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, lo que es más preocupante del caso es que según la Organización Mundial de la Salud, en los próximos 25 años, los dos problemas más graves de salud pública con los que tendremos que enfrentarnos serán las enfermedades mentales con sus secuelas y los accidentes de tráfico, incluyendo los urbanos. Y lo que debería movilizar a la sociedad y a las administraciones es que, a diferencia de otros problemas de salud, los accidentes son evitables. Muchas veces nos preguntamos por qué la sociedad acepta con tanta pasividad las dramáticas estadísticas. Ahí está la primera clave para la prevención y la solución del problema. Nos hemos equivocado radicalmente al llamar accidente a un muerto de tráfico, término que la sociedad entiende —tal como dice el diccionario— como un suceso fortuito, casual, fruto del destino, que tenía que suceder y ante el que nada se puede hacer.


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Para prevenir podemos y debemos preguntarnos qué es lo que provoca en último extremo un siniestro de tráfico. Es bien conocido que son muchos y complejos los factores que se encuentran implicados en un accidente: el vehículo, el estado y circunstancias de la vía, la supervisión policial y el factor humano. Lógicamente, dada la importancia de este tema se han realizados numerosas investigaciones para ver el peso diferencial de cada uno de estos factores. Podríamos destacar los estudios de la National High-way Traffic Safety Administration (USA) o el Indiana Tri-level Study, una de las investigaciones clásicas más sofisticadas del mundo. Tanto estos estudios como otros coinciden en señalar que aproximadamente el factor humano explica entre el 70-90% de los accidentes; el estado de la vía entre el 15-30%; y finalmente el vehículo entre el 5-12%. En estos estudios tenemos en parte las claves para la prevención de la siniestralidad. Y aquí ya nos encontramos con un primer y grave problema: la investigación de los accidentes y sus causas. Primero: En bastantes ciudades y administraciones con competencias en materia de tráfico no existen verdaderos gabinetes de investigación de accidentes ni personal especializado para ello. Si no se investigan de manera rigurosa y no se sabe cómo, cuándo, dónde y por qué se producen los accidentes nos podemos preguntar hacia donde y en base a qué se toman medidas preventivas. Segundo: Lamentablemente la investigación de los accidentes —cuando se realiza— está más enfocada a cuestiones jurídicas y de responsabilidades, que a profundizar en las causas de los mismos. Lo que invalida gran parte de su utilidad preventiva. Tercero: Existe en muchos responsables políticos con capacidad de decisión en temas de seguridad vial un total desconocimiento de las estadísticas sobre accidentes, e incluso indiferencia, cuando no rechazo, a adoptar medidas preventivas. Lo que resulta incomprensible teniendo en cuenta la magnitud del problema. Veamos ahora de manera muy sintética cada uno de los grandes componentes de la seguridad vial y su importancia en la prevención de la accidentalidad.


ESTRATEGIAS PARA LA PREVENCIÓN DE LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO

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I. LOS VEHÍCULOS El parque español de vehículos pese a su evolución tiene tres grandes problemas que es preciso solucionar para prevenir los siniestros, problemas que repercuten muy directamente en la accidentalidad y sus consecuencias: Su vejez, una de las mayores de Europa. Esto es especialmente grave ya que a partir de los 8-10 años aumentan los fallos mecánicos y la seguridad activa y pasiva se ha quedado desfasada. Este parece un hecho poco importante y sin embargo es trascendental. El elevado número de víctimas por cada 1.000 accidentes en España tiene mucho que ver con la mala seguridad pasiva de nuestros vehículos. En segundo lugar, a su vejez lamentablemente se añade en muchos casos un mal mantenimiento por parte de los conductores. Según algunos estudios, la media de mantenimiento de los vehículos en Europa se sitúa en tres meses, frente a los seis de España. En un reciente estudio realizado por el INTRAS para NORAUTO hemos descubierto con sorpresa que un tercio de los conductores reconoce que circula sabiendo que tiene alguna deficiencia importante en los sistemas de seguridad de su vehículo (frenos, dirección, neumáticos, etc.). Un estudio complementario reciente, a su vez nos indica que casi el 50% de los coches españoles presentan serios problemas de seguridad en frenos, neumáticos o amortiguadores. Pero lo que es más grave, sabemos por diversas investigaciones que no preocuparse por el mantenimiento del coche en muchos casos correlaciona también con una baja preocupación por la seguridad vial. En tercer lugar está el desconocimiento de funcionamiento de los vehículos por parte del conductor: cómo usar el ABS en hielo, dónde está el centro de gravedad en los todoterreno, qué es el efecto submarino, qué ocurre con el airbag de acompañante cuando se transportan niños, etc. En el estudio mencionado anteriormente se descubrió, entre otras cosas, que casi la mitad de los conductores españoles no sabe que los neumáticos tienen “caducidad”, al margen de los kilómetros recorridos. Aparte de lo comentado, en el ámbito de los vehículos existe un serio problema, claramente constatado en varias investigaciones, sobre el que habrá que estar muy atentos. Las mejoras en los sistemas de seguridad de los coches siempre son aconsejables, pero si queremos prevenir la accidentalidad debemos unirla a la formación; ya que se ha comprobado que algunos conductores, al tener más seguridad en su coche, “compensan” las ventajas del sistema con una tendencia a circular de manera más arriesgada. Es lo que ya se denomina


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en el mundo científico como la teoría del riesgo constante que en síntesis sería: a más seguridad, menos riesgo percibido y por ello más riesgo asumido. Hablando de vehículos, gravedad de los accidentes y prevención, recientemente el Consejo de Transportes de la Unión Europea, ante los 7.000 peatones que mueren atropellados por los coches, ha manifestado la necesidad de introducir cambios en la ergonomía delantera de los vehículos y desarrollar sistemas para atenuar el impacto, ya que ello podría reducir alrededor de 1520% las víctimas mortales. En este sentido hay que señalar como la gravedad de los accidentes urbanos se ha incrementado con la proliferación de los vehículos todo terreno. Ello se debe a su mayor peso en caso de arrollamiento, sus materiales más duros e indeformables, las aristas más salientes, la mayor altura y superficie delantera y en ocasiones las defensas metálicas que tienen, que son mortales en caso de impacto con un peatón.

II. LA SUPERVISIÓN POLICIAL Y EL ENFORCEMENT Junto con los vehículos, el segundo elemento al que habría que prestar más atención para la prevención de la accidentalidad en general —y en especial en las ciudades— es la supervisión policial, ya que es evidente que el estricto respeto de la norma es lo único que nos puede hacer prever el comportamiento de los otros. Y por ello su cumplimiento es fundamental e inexcusable para evitar el accidente. El problema en este sentido es especialmente grave en las ciudades, que por cuestiones sociológicas se han convertido en el primer territorio de entrenamiento y aprendizaje de la conducción. Y sobre esto es necesario hacer una seria reflexión. La tolerancia que hay, especialmente con los jóvenes infractores en muchas ciudades, está creando una generación de alto riesgo con bajo respeto de las normas y medidas de seguridad como el casco o el cinturón. Esto es especialmente grave ya que el accidente no es un hecho casual o puntual, como se ha comentado. Podríamos afirmar rotundamente que la gente aprende a tener accidentes de tráfico. El accidente es un proceso que en muchos casos comienza precisamente con la adquisición de conductas de riesgo y de malos hábitos en las ciudades y que luego por desgracia, se llevan también a las vías


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interurbanas, en donde las altas velocidades agravan las consecuencias de los siniestros. Lamentablemente, y en relación con el enforcement, sería necesario profundizar mucho más e investigar su impacto en el comportamiento de los conductores, dimensión que actualmente presenta importantes áreas oscuras. Además, para que las sanciones sirvan con eficacia como mecanismo para regular el comportamiento prudente de los conductores, habría que tener más en cuenta una serie de principios que afectan de manera importante a la forma en que hay que legislar, a la eficacia o fracaso de la sanción, a su nivel de tolerancia y aceptación, a su carácter ejemplarizante y por supuesto, a su capacidad para inhibir, eliminar o llegar a modificar determinados comportamientos de riesgo de los conductores. Entre otras cosas, se debería tener en cuenta lo siguiente: que la sanción más eficaz es la que se aplica y se comunica de manera inmediata a la realización de la infracción; que la sanción económica inhibe pero en la mayoría de los casos no modifica el comportamiento de los conductores; que el efecto de la sanción económica es proporcional al nivel de ingresos económicos del conductor; que la sanción no modificará el comportamiento si el conductor no conoce los peligros reales de su infracción; que el sujeto no tenga dudas de que a todos los conductores se les aplicará con el mismo rigor la sanción; que el sujeto no perciba en la sanción una vía de recaudación económica de la policía o del gobierno; que el sujeto vea proporción entre la sanción económica y la gravedad de la infracción realizada; que el sujeto acepte el sistema de sanción (sabemos por las investigaciones que esta aceptación de los conductores varía substancialmente si es una máquina o un policía quien impone la sanción); que el sujeto no perciba disonancias cognitivas en la normas entre países (por ejemplo, que existan diferencias entre países en los límites de velocidad o alcoholemia); que el sujeto no perciba que los primeros que no cumplen la norma son los encargados de ponerla; etc. En todo caso los estudios dicen claramente que el efecto de la sanción es importante pero puntual. En los tres o cuatro meses posteriores a una sanción alta, ciertamente disminuye entre un treinta y un cincuenta por ciento la posibilidad de tener una accidente o cometer una infracción grave, pero posteriormente se suele volver al estado inicial, por lo que resulta imprescindible unir a la sanción otras estrategias, básicamente centradas en la educación y la formación. Es imprescindible lograr en el futuro que el conductor esté más influenciado en sus actuaciones por la seguridad que por la sanción.


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III. EL ENTORNO El otro gran elemento a tener en cuenta en la prevención de la accidentalidad, es obviamente el que se refiere a la introducción de medidas en el entorno, en las vías, fundamentalmente a tres niveles: Primero: poniendo sistemas defensivos en sitios clave como los atenuadores de impacto, etc., para evitar la gravedad de las lesiones. Hay que potenciar lo que se ha dado en llamar vías clementes o benevolentes, que minimicen las consecuencias del accidente cuando éste se ha producido. Para ello es necesario profundizar en la investigación de los accidentes e incluso en el conocimiento que tienen los conductores del riesgo percibido y del riego objetivo. Segundo: es necesario unificar las distintas políticas municipales y estatales, tema en el que lamentablemente existe mucha dispersión en la actualidad en casi todas las administraciones. Los responsables de la iluminación en un municipio, por ejemplo, tienen que planificar sus actuaciones conjuntamente con los que gestionan el tráfico. Iluminar los pasos para peatones aumenta el respeto de los conductores hacia éstos y potencia su uso por parte de los peatones, con lo que se puede llegar a conseguir una disminución de la accidentalidad en aproximadamente en un 25%. Tercero: hablando de infraestructuras en las carreteras y los municipios es necesario prestar especial atención al tema de la señalización y que estas cumplan, entre otros, los principios de ser visibles, legibles, creíbles e inteligibles. Una señal mal puesta en una ciudad o una carretera es más grave de lo que parece, porque al final las señales pierden valor para los conductores y esto favorece y justifica el incumplimiento de las normas. Además muchas veces las señales, pese a que cumplen la norma, no tienen en cuenta numerosos principios perceptivos, atencionales, de comprensión y de aquiescencia que son fundamentales para el conductor y que pueden dar lugar a graves errores en la toma de decisiones. Tema por cierto, muy poco investigado.

IV. EL FACTOR HUMANO Finalmente, y en lo que se refiere al factor humano, es sin duda el elemento más relevante y reconocido como tal en la prevención de la accidentalidad, como se ha visto en los estudios. Las estrategias aquí se han de apoyar —entre otros— en la formación continuada a través de tres grandes ejes:


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Primero, la educación vial en las escuelas o campañas puntuales hechas a tal efecto para consolidar actitudes positivas en una etapa del niño especialmente receptiva y a la vez vulnerable. Dentro del ámbito de la educación vial infantil se puede observar con preocupación como algunas instituciones públicas y privadas, están cometiendo graves errores. Dado que en muchos casos no tienen claro un modelo de educación vial están confundiendo educación vial con formación vial, adelantando en la enseñanza a los niños lo que es más propio de la formación en las autoescuelas. Además, en relación con la educación vial infantil, en el futuro existen tres grandes retos a solucionar. Primero, es preciso presionar para implicar a todas las administraciones en la necesidad de que la educación vial tenga una implantación real en el ciclo educativo; segundo, que los materiales de apoyo existentes (algunos muy buenos) lleguen a los centros y a los educadores; tercero, es preciso formar a los formadores con el fin de que estén mas mentalizados de la importancia de la educación vial y sobre todo para que conozcan como trasmitirla sin cometer errores, algo que está sucediendo con bastante frecuencia en la actualidad. Segundo, la formación en las autoescuelas, pero remodelando de manera importante el modelo actual de enseñanza que esté demasiado centrada en el mero aspecto descriptivo y memorístico de qué dice la norma, y no tanto en el porqué de la misma y las consecuencias y riesgos que trae el no cumplirla. Precisamente en este sentido, las investigaciones de Brown, Zador o Hoskovec, demuestran que no saber la justificación de una norma es el primer paso para su incumplimiento y un fracaso en la consolidación de actitudes positivas. En este contexto, muchos legisladores sin experiencia en el ámbito de la seguridad han sido los inductores de que el modelo formativo en seguridad vial esté básicamente centrado en el cumplimiento de la norma y no en la educación para seguridad. El modelo lógicamente ha mostrado con el tiempo su debilidad, ya que el conocimiento de la norma no garantiza en absoluto su cumplimiento y la sanción por mucho que aumente no ataja todas las conductas de riesgo. Aparte hay una seria debilidad en este modelo “legalista” en la que casi nadie ha reparado: existen numerosas conductas de riesgo que no están explícitamente prohibidas por la norma, como llevar mal el reposacabezas, usar el teléfono manos libres o conducir con cuarenta grados de temperatura en el interior del vehículo. Pero no estar prohibido no significa que no puedan ser un grave peligro para la seguridad cuando se maneja un vehículo con motor.


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