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El ejercicio legal de la caza

MERCEDES LAFUENTE BENACHES Profesora Titular de Derecho Administrativo de Valencia

tirant lo b anch Valencia, 2006


Copyright ® 2006 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección: JOSE Mª BAÑO LEON Catedrático de Derecho Administrativo

© MERCEDES LAFUENTE BENACHES

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 84 - 8456 - 759 - 1


A mis hijos Ana y Gabi, ojala la vida les de cosas buenas y ellos sepan merecerlas, compartirlas y agradecerlas


Índice Prólogo .........................................................................................................

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I. Introducción ...................................................................................

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II. Ámbito competencial .....................................................................

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III. Marco legal .....................................................................................

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IV. La caza. Concepto .......................................................................... 1. Clases de caza ............................................................................ 2. Objeto ......................................................................................... 2.1. Las especies cinegéticas. Las piezas de caza ..................... 2.2. Especies no cinegéticas ......................................................

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V. Los terrenos cinegéticos ................................................................. 1. Ámbito espacial de la acción de cazar ....................................... 2. Concepto de terrenos cinegéticos ............................................... A. Las reservas de caza ............................................................ B. Los cotos de caza ................................................................. 1. Clases de cotos .............................................................. 1.1. Cotos de titularidad publica ................................... a. Los cotos sociales ............................................ b. Los cotos locales ............................................. 1.2. Cotos de titularidad privada ................................... a. Los cotos privados .......................................... b. Los Cotos deportivos ...................................... c. Los Cotos comerciales .................................... 2. Régimen jurídico .......................................................... A. Procedimiento para la constitución de un coto ...... B. La extinción del coto ............................................. C. Obligaciones del titular del coto ............................ C. Las zonas de caza controlada ..............................................

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VI. Terrenos no cinegéticos .................................................................. A. Los refugios de fauna ................................................................. B. Zona de seguridad ...................................................................... C. Terrenos vedados ........................................................................ D. Las zonas no cinegéticas ............................................................ E. Cercados .....................................................................................

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VII. Los sujetos intervinientes en la actividad cinegética .................. 1. Titular de la actividad de caza: el cazador ................................. 1.1. Capacidad de obrar ............................................................. 1.2. Requisitos formales ............................................................ A. Pruebas de aptitud ....................................................... B. Licencia de caza y otros permisos para la caza ........... C. Seguro obligatorio de responsabilidad civil ................ D. Licencia armas ............................................................. E. La pertenencia del arma .............................................. F. La tarjeta de arma ........................................................ G. Documentación del perro ............................................ 2. Titulares de los espacios cinegéticos .......................................... 3. Medidas para el ejercicio legal de la caza .................................. 3.1. Prohibiciones relativas a la caza en atención a determinadas circunstancias que concurren en las especies ..................... 3.2. Prohibiciones relativas a los medios empleados para cazar 3.3. Actuaciones relativas a la seguridad de las personas y de los bienes ................................................................................. 3.4. Actuaciones de fomento .....................................................

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VIII. La planificación cinegética ............................................................ 1. Instrumentos al servicio de la planificación cinegética ............. 1.1. Directrices cinegéticas o Planes Generales de Ordenación 1.2. Los Planes cinegéticos comarcales .................................... 1.3. Los Planes Técnicos de caza .............................................. 1.3.1. Su naturaleza y régimen jurídico ............................. 1.4. El Plan de aprovechamiento anual ..................................... 1.5. Las Memorias ..................................................................... 1.6. Las Órdenes de Veda ..........................................................

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IX. La organización administrativa en materia de caza ................... 1. Los Registros de Espacios cinegéticos ....................................... 2. Registros de aprovechamientos cinegéticos ............................... 3. Registro de taxidermistas ........................................................... 4. Registro de infractores de caza .................................................. 5. Censos y Estadísticas ................................................................. 6. La Administración asesora de la caza ........................................ 7. Comisiones de Homologación trofeos caza ............................... 8. Las Entidades colaboradoras de la Administración en materia cinegética ...................................................................................... 9. La colaboración a través de Convenios con otras Administraciones publicas ................................................................................ 10. Actividad inspectora ..................................................................

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X. Medidas de intervención administrativa en las piezas de caza .. 1. El comercio de la caza ............................................................... A. En la comercialización de la caza .......................................

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B. En el transporte de la caza .................................................. C. En la manipulación y almacenamiento de la caza .............. 2. La explotación industrial de la caza ........................................... A. Las granjas cinegéticas ....................................................... B. Los cotos industriales .......................................................... C. Los palomares industriales ..................................................

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XI. Normativa autonómica valenciana de la caza .............................

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XII. Documentos sobre actuaciones relacionadas con la caza ...........

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XIII. Bibliografía .....................................................................................

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Prólogo La caza, fenómeno de notable relieve económico y ambiental, que nos devuelve a la prístina naturaleza del hombre, ha atravesado jurídicamente una evolución notable que va desde la libertad sólo limitada por el derecho de propiedad hasta la frontera de la autorización cuasi concesional, que luce en la Ley extremeña, sobre la que se ha pronunciado la STC 14/1998 de 22 de enero. La vieja discusión sobre la naturaleza de las piezas de caza (res nullius) ha dejado de tener excesiva importancia. La atención de la doctrina y del legislador se dirige hacia la regulación administrativa de la caza por dos razones bien conocidas, la necesidad de encuadrarla en una política moderna de gestión ambiental, de modo que la actividad cinegética coadyuve al mantenimiento de la biodiversidad, y la atribución a las Comunidades Autónomas, ex. artículo 148.1.11 CE de la competencia en esta materia. Con la caza ocurre como con otros derechos de contenido patrimonial. Son tan notables las limitaciones que impone la regulación administrativa que el contenido del derecho viene definido por los reglamentos administrativos, de suerte que es difícil pensar seriamente que exista un derecho previo a la norma que ésta se limite a encauzar; no hay libertad de caza, en realidad existe una normativa que permite la caza sólo en la forma y el tiempo que ella misma determina. La licencia de caza es el presupuesto de un derecho, cuyo contenido y tiempo de ejercicio determina la Administración y no el legislador que se limita exclusivamente a establecer un marco de referencia. En muchos aspectos de la caza esta intervención administrativa es una exigencia impuesta por el Derecho Comunitario. Puede ilustrarse el aserto con un ejemplo reciente. La Sentencia del Tribunal de Justicia de 9 de junio de 2005 (C-135/04) condena a España por permitir a Guipúzcoa la caza de la paloma torcaz en la modalidad de contrapasa, por infracción de la Directiva 79/409/CEE, sobre conservación de las aves silvestres. Sostiene el Tribunal en aplicación de la doctrina de la Sentencia de 16 de octubre de 2003 (“Ligue pour la protection des oiseaux y otros”) que no pueden exceptuarse los periodos de veda “si la medida que autoriza la caza con carácter excepcional está destinada únicamente a prorrogar los períodos de caza con determinadas especies de aves en territorios ya frecuentados por éstas durante los periodos de caza fijados con arreglo al artículo 7 de la Directiva”. El conocimiento de la normativa y de la jurisprudencia es, pues, esencial en este campo y por eso una obra como la que prologo será sin duda utilísima a los amantes de esta actividad deportiva con importantes connotaciones económicas, y a los funcionarios públicos que precisen un conocimiento claro de las modalidades de caza y de los límites legales. Lo cual es tanto más importante en un ámbito en el que la competencia de las Comuni-


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dades Autónomas les da oportunidad de establecer una normativa peculiar dentro del marco europeo. El lector que quiera introducirse en la ley de Caza de la Comunidad Valenciana, no se sentirá defraudado tras la lectura de este libro que también se esfuerza en relacionar la norma autonómica con la legislación estatal conexa (protección de la fauna y la flora) así como con las leyes homónimas de otras Comunidades Autónomas. Hay que agradecer a la profesora Mercedes Lafuente Benaches, cuya personalidad universitaria no requiere de ninguna presentación por mi parte, el esfuerzo de síntesis que ha hecho para mostrar de manera sistemática y sencilla el corazón normativo de la caza.

JOSÉ MARÍA BAÑO LEÓN Catedrático de Derecho Administrativo


I. Introducción Es conocido que nuestros antepasados iniciaron su alimentación sobre una base desequilibrada cuyos componentes eran las plantas y frutos silvestres, ello los convertía en potencial alimento de los animales predadores. Con el descubrimiento del fuego y la creación de las primeras armas esta situación paulatinamente se transformó; si aquéllos —fuego y armas rudimentarias— inicialmente fueron empleados como meros recursos para protegerse, pronto se convertirían en útiles instrumentos de caza. Algunos textos legales hoy vigentes en materia de caza en sus preámbulos mencionan este hecho: la caza aparece como una actividad de supervivencia para el abastecimiento de alimentos (Castilla-León), el hombre fue cazador por instinto de conservación (Castilla-La Mancha), el derecho a cazar constituyó una facultad natural y consustancial al hombre desde tiempo inmemorial (Canarias), la función predadora fue una actividad inicial de los primeros pueblos (Extremadura), el ejercicio de la caza ha estado ligado a la evolución del hombre en su misión de proporcionarse y proporcionar alimentos a sus semejantes (Galicia). Esta función predadora en la que el hombre pasó de ser sujeto pasivo de la caza— alimento para otras especies predadoras — a sujeto activo de la misma —cazador— es el origen de daños de trascendencia sobre la conservación de las especies y en el mantenimiento de sus habitats. La ley de caza de Extremadura no duda en adjetivar de “desmesurada” la actividad predadora del hombre que ha condenado a la desaparición un buen número de especies y situado a otras al borde mismo de la extinción. La caza como actividad de supervivencia, de abastecimiento, fue con el tiempo perdiendo esa única dimensión para descubrir en ella otras perspectivas, concretamente como actividad de ocio y manifestación deportiva. Son estas dos vertientes —el ocio y el deporte— las más repetidamente mencionadas por las leyes autonómicas de caza (Murcia, Canarias, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Galicia, Navarra, Comunidad Valenciana). Aún cuando pudiera creerse que la caza como manifestación deportiva y de ocio son un descubrimiento de los últimos tiempos nada más lejos de la realidad, pues estas dos dimensiones aparecen ya en el periodo sumerio-egipcio-asiriobabilónico convirtiéndose la caza en un acto social más. Esta dimensión social la recuerda la ley de caza de la Rioja cuando alude a “la creciente demanda cinegética de carácter deportivo y social”. Pero no son estas —sin por ello minusvalorar la importancia de las mismas— los objetivos principales del legislador sobre la actividad de caza. Desde luego que las destaca como actuales manifestaciones de la caza y, además, demuestra su preocupación porque estas se desarrollen de manera racional y ordenada sin dañar el equilibrio natural de la riqueza cinegética,


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de manera que como declara el Preámbulo de la Ley de caza de Canarias “se garantice la existencia permanente de los recursos cinegéticos y el cuidado y mejora de los habitats …, armonizándose la supervivencia de las especies cinegéticas frente al inmoderado acoso del hombre y utilizando la caza como instrumento que contribuye a la renovación y mejora de las poblaciones animales y al mantenimiento del equilibrio entre estos”. Esta última afirmación es de gran importancia dado que transforma la concepción de caza de mera actividad de utilidad o disfrute para el hombre, como tradicionalmente ha sido y continua siendo considerada, a un importantísimo instrumento al servicio de la sostenibilidad de la riqueza cinegética. El Preámbulo de la Ley de caza de Extremadura alude a esta finalidad como “precioso instrumento para una política de conservación de los recursos naturales renovables, recuperando (así) una faceta conservacionista”. Esta idea esta presente en todas las leyes autonómicas de caza. Y es que la caza es una actividad con grandes repercusiones en la naturaleza y no sólo sobre su fauna, sino también sobre muchos otros elementos que integran el medio ambiente: la flora, el territorio, la riqueza paisajista… todos ellos merecedores de la más adecuada protección, de acuerdo a su naturaleza, pues todos ellos integran el patrimonio natural que debemos conservar y mejorar para transmitirlo a las generaciones futuras. No debemos perder de vista que la riqueza cinegética y el hábitat en el que ésta se desarrolla y las condiciones necesarias para su mantenimiento y conservación son patrimonio de todos, de ahí que la caza se convierta en un recurso que debe ser gestionado por la Administración de forma racional y ordenada. En este sentido, la Ley de caza de Asturias apunta en su preámbulo una nueva tendencia a la hora de comprender el fenómeno de la caza, al ir abandonando la idea de que el objeto de la caza es una simple “ res nullíus— lo seguirá siendo individualmente considerada a efectos de “adquisición” por ocupación—, para pasar a interiorizar el hecho de que aquélla forma parte de la riqueza natural de nuestro entorno y, en este sentido, es patrimonio de todos1, lo que conlleva un compromiso por parte de todos los sujetos que, de una u otra manera, intervienen en esta actividad para su adecuada gestión, protección y mejora. El Preámbulo de la Ley de caza de Galicia, dice que la norma referida pretende un doble objetivo “conciliar y garantizar que el aprovechamiento cinegético realizado por los cazadores, no afecte a la conservación de las especies,… patrimonio del conjunto de la sociedad.” Las leyes reguladoras de esta materia se proponen, además, que la caza sea fuente de riqueza para terceros, como dinamizadora en la tarea de crea-

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Precisamente la STC 14/1998.


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ción de empleos rurales y como reclamo para el turismo. De esta manera, la caza pierde su dimensión individualista de goce y disfrute para el que es titular de un aprovechamiento cinegético y adquiere una dimensión social no sólo al redescubrir, como tuvimos antes ocasión de exponer, que la riqueza cinegética es patrimonio de la comunidad, sino al permitir, a través de ella, actividades que redunden en beneficio de aquélla posibilitando la creación de puestos de empleo, ya relacionados con la propia actividad de caza (ojeadores, batidores, perreros, guardas jurados, creación de industrias relacionadas con el cuidado o la comercialización de piezas de caza), ya surgidos colateralmente a su práctica (creación de lugares de alojamiento y restauración, disminución del éxodo de los habitantes por escasez de perspectivas laborales.) La Ley de caza de Castilla-La Mancha así lo reconoce al señalar “…y promoverla como actividad generadora de empleo, y no solo de rentas, e impulsadora del desarrollo turístico de muchas zonas de nuestra Región”. También la Ley de caza de Aragón resalta este aspecto, al considerar que un desarrollo armónico de esta actividad puede constituir un amplio recurso socioeconómico que apoye la actividad rural con nuevas rentas y puestos de trabajo. Por último, algunas leyes de caza pretenden que la actividad de la caza repercuta en una acción de fomento mediante la creación de medidas de carácter fiscal (impuesto de aprovechamiento cinegético), con la finalidad de contribuir al crecimiento económico de las distintas Comunidades Autónomas donde aquélla se practica. La Ley de caza de Aragón propone” dotar de transparencia los aspectos económicos de la caza que conlleva la gestión cinegética, de manera que los ingresos procedentes de la actividad deportiva reviertan, por un lado, como complemento a las rentas agrarias y, por otro lado, en una mejor instrumentalización material en la ordenación de los espacios cinegéticos “. La financiación de la caza debe provenir de los ingresos procedentes de las licencias, de las tasas de gestión de los cotos y de cualquier otra medida fiscal relacionada con el aprovechamiento cinegético. El producto de las sanciones económicas por la comisión de infracciones de caza debe destinarse a la reparación de los daños causados al medio ambiente. En este trabajo nos proponemos un análisis de la regulación de la caza, principalmente desde las normativas autonómicas y, muy especialmente, desde la Ley de caza de la Comunidad Valenciana. El estudio se circunscribe a los aspectos legales de su ejercicio, excluyendo el análisis del procedimiento sancionador y de la responsabilidad por daños que presuponen un ejercicio ilegal o inadecuado de la caza.


II. Ámbito competencial Las respectivas leyes de caza encuentran su legitimación en el marco de la Constitución Española de 1978 al disponer en su articulo 45, el derecho a disfrutar del medio ambiente y el deber de conservarlo imponiendo a los poderes públicos el deber de velar por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose para ello en la indispensable solidaridad colectiva2. Las diferentes leyes autonómicas sobre la caza son el resultado del ejercicio de su autonomía por parte de las respectivas Comunidades autónomas que tienen reconocidas competencias plenas en materia de caza por sus respectivos Estatutos de Autonomía, tal como posibilita el articulo 148.1.11º de la citada Constitución3. Esta competencia sobre la caza vendrá delimitada por la legislación civil del Estado —art. 149. 1.8º— y por el marco de la legislación básica estatal de medio ambiente, contenida en la Ley 4/1989, de 27 de diciembre de conservación de los Espacios naturales y de la flora y fauna silvestre y en el Catalogo Nacional de Especies Amenazadas4.

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La STC 102/1995, de 26 de junio declara que la Constitución, en su art. 45, nos brinda algunos de los elementos del medio ambiente, los recursos naturales, aun cuando tampoco los enumera o defina. Es una noción tan vieja como el hombre, dotada de una sugestiva, aparente y falsa sencillez, derivada de su misma objetividad mientras que el supraconcepto en el cual se insertan es un recién llegado, complejo y propicio a lo subjetivo, problemático en suma. Sin embargo de lo dicho, hay dos bienes de la naturaleza, aire o la atmósfera y el agua, cuyo carácter de recurso vital y escaso hemos reconocido con una posición peculiar, en primer plano…. no sólo la fauna, sino también la flora forman parte de este conjunto cuyo soporte físico es el suelo (y el subsuelo) que puede ser visto y regulado desde distintas perspectivas, como la ecológica, la dasocrática o forestal, la hidrológica, la minera o extractiva, la cinegética y la urbanística, a titulo de ejemplo y sin ánimo exhaustivo, que en su dimensión constitucional dan contenido a distintos títulos habilitantes para el reparto de las distintas competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas. La STC 102/1995 (fundamento jurídico 24, c)) afirma que la competencia del Estado sobre medio ambiente tiene “una penetración menos extensa intensa cuando tenia que convivir con la competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas sobre la caza y la pesca… al amparo del art. 148. 1 11º de la Constitución Española, quedándole vedado al Estado internarse en la regulación de tales materias, cuya competencia “se refuerza en muchos Estatutos de Autonomía…. por la extensión de la competencia exclusiva sobre esa actividad a su soporte topográfico”. Sobre la competencia de caza por las Comunidades Autónomas, véanse los Estatutos de Autonomía de Galicia (art. 27.15º), Castilla-León (art. 26.1 10º), de CastillaLa mancha (art. 31 10), Aragón (art. 35 1. 17), Canarias (art. 12.8 9), Extremadura (art. 7 1. 8), Murcia (art. 10 1.19), País Vasco (Art. 10.9 y 10), Asturias (art. 10. 1 h), La Rioja (art. 8.9ª), Comunidad Valenciana (Art. 31. 17).


III. Marco legal Vamos a citar la normativa principal a nivel comunitario, estatal y autonómico. Comunitario: – Directiva 79/409/ CEE relativa a la conservación de las aves – Directiva 92/43/CEE relativa a la conservación de habitats naturales, de la fauna y la flora. – Reglamento 3254/91/CEE de prohibición uso de cepos. – Directiva 91/47/CEE sobre control adquisición y tenencia armas. – Directiva 92/45 CEE sobre problemas sanitarios relativos a la caza de animales silvestres y comercialización de su carne. – Directiva 92/118/CEE sobre policía sanitaria y condiciones sanitarias en intercambios e importaciones de productos no sometidos a las normativas comunitarias especificas del Anexo A de la Directiva 89/662 /CEE y Directiva 90 /425/CEE. – Estudio del Parlamento europeo del difícil equilibrio bosques-animales de caza. Estatal: – Ley de caza de 4 de abril 1970. Sólo donde no existe normativa autonómica sobre esta materia será de total aplicación. En los demás supuestos se aplicara, si procede, supletoriamente. – Reglamento de la ley de caza de 25 de marzo de 1971. – Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios naturales y de la flora y fauna silvestre. – Real Decreto 439/1990, de 30 de marzo, regulador del Catalogo Nacional de Especies amenazadas. – Real Decreto 137/1993, de 29 de enero, por el que se aprueba el reglamento de armas. – Real Decreto 2283/1985, de 4 de diciembre, sobre informes de aptitud necesarios para obtención de licencias, permisos y tarjetas de armas. Autonómico: No todas ellas son propiamente legislaciones sobre la caza, pero sí regulan esta materia o aspectos de la misma. – Ley 4/1996 de caza de Castilla-León, de 12 de julio. – Ley 2/1993 de caza de Castilla-La Mancha, de 15 de julio. – Ley 7/1998 de caza de Canarias, de 6 de julio. – Ley 8/1998 de caza de Extremadura, modificada por Ley 19/2001, de 14 de diciembre. – Ley 2/1989 de caza de Asturias, de 6 de junio, modificada por Ley 6/ 1999 de 14 de abril.


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Ley 4/1997 de caza de Galicia, de 25 de junio. Ley 5/ 2002 de caza de Aragón, de 4 de abril. Ley 9/1998 de caza de la Rioja, de 2 de julio. Ley 13/2004 de caza de la Comunidad Valenciana, de 17 de diciembre. – Ley 7/2003 de Murcia de caza y pesca fluvial, de 12 de noviembre. – Ley 2/1993 de Navarra de protección y gestión de la fauna silvestre y sus habitats, 5 de marzo. – Ley 16/1994 del País Vasco, de 30 de junio, de conservación de la naturaleza. – Ley 2/1991 de Madrid de protección y regulación de la flora y fauna silvestres, de 14 de febrero. Ley 8/ 2003 de protección de la flora y fauna silvestres de Andalucía, de 28 de octubre. – Ley 3/1988 de Cataluña de 4 de marzo, de protección de los animales.


IV. La caza. Concepto La caza viene definida en la Ley estatal de caza de 4 de abril de 1970 como “acción ejercida por el hombre mediante el uso de artes, armas o medios apropiados para buscar, atraer, perseguir o acosar animales definidos por esta Ley como piezas de caza con el fin de darles muerte, apropiarse de ellos o de facilitar su captura por tercero”. Su reglamento no desarrolla más esta definición. Las leyes de caza autonómicas mantienen mayoritariamente el mismo concepto, (pueden verse, entre otras, las Leyes de Castilla-León —art. 2—, Asturias —art. 2—, Murcia —art. 2—, Galicia —art. 4—). Solamente algunas de ellas restringen dicho concepto, como puede verse en el caso de la Ley de caza de Castilla-La Mancha5 o lo amplían, como sucede en la Ley de caza de Aragón al considerar también dentro de esta actividad “ la ejecución de los actos preparatorios que contribuyan a dicho fin” —art. 2—. Podría decirse que el legislador considera la caza como actividad desarrollada por el hombre de apropiación de especies cinegéticas que éste califica de piezas de caza con sujeción a los medios y procedimientos autorizados, ya sea por estar generalmente admitidos o por serlo excepcionalmente para supuestos puntuales. La referida actividad comprende las distintas técnicas empleadas para obtener la finalidad perseguida —de apropiación propia o ajena— descritas como “ atraer, buscar, perseguir, acosar, cobrar y otras similares…” relacionadas con las formas de caza básicas de ojeo o rastreo, a la espera, de acecho, en postura de ojeadores y las relativas a aves, patos o gansos que son atraídas con otros reclamos.

1. CLASES DE CAZA Las distintas leyes de caza, tanto la estatal como las autonómicas, aluden a distintos tipos o clases de caza, en atención a la finalidad perseguida por la misma. Cabe destacar cuatro clases o tipos de caza: Tradicional, deportiva, técnica y comercial o industrial. La caza tradicional es aquella que se practica sin armas de fuego, con métodos selectivos de raigambre popular y que no implica capturas masivas. Sus principales modalidades son parany, filats, perro y hurón, contrapasa, silvestrismo, cetrería, caza con arco, salteo, lanceo, vaqueo, ronda.

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Son modalidades de caza mayor principalmente la montería, el rececho, la batida, la berrea, la selectiva y la espera. Son modalidades de caza menor en mano, en ojeo, al salto con perro, reclamo al paso. Son modalidades de las acuáticas, al salto y tiradas a puesto fijo y al paso.


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La caza deportiva es la que se practica sin ánimo de lucro, acentuándose la dimensión social de esta actividad, de ahí que su práctica se lleve a cabo en los denominados cotos deportivos, titularizados las más de las veces por sociedades deportivas de cazadores, creando en ellos zonas de prácticas cinegéticas deportivas. Resulta criticable que en la mayoría de las leyes autonómicas, por ejemplo así sucede en la Ley de caza de la Comunidad Valenciana, ésta aparezca como el tipo de caza común al contraponerla a la caza tradicional, dando la impresión de que todos los cazadores cuando cazan lo hacen deportivamente. Cuando el cazador no caza en el seno de una actividad deportiva, es decir, competitiva o de entrenamiento para este fin, su caza no puede ser calificada de deportiva. Deben deslindarse bien las materias de la caza y el deporte y las leyes de caza deberán adentrarse en la regulación de la caza deportiva en la medida que ésta se practique sobre un terreno que habrá de haber sido calificado como cinegético —concretamente en los cotos deportivos u otros, si fueren autorizados para ellos por la propia Administración a efectos de su ordenación y gestión, y con la finalidad de impedir que la caza de este tipo produzca daños en las especies cinegética y menoscaben su desarrollo sostenible. En este sentido, la regulación que hace la Ley de caza de Galicia resulta de la más clarificadoras entre las que mencionan esta clase de caza, al referirse a los terrenos cinegéticos deportivos como aquéllos en los que “podrá practicarse la caza de conformidad con la legislación especifica que regula las practicas deportivas”, insistiendo que en estos espacios la caza exclusivamente podrá practicarse con carácter deportivo —véase art. 20—. La ausencia de lucro que define esta clase de caza se traduce en las prohibiciones de comercializar con el aprovechamiento derivado de esta actividad y de estipular cualquier negocio jurídico de los que deriven beneficios económicos para su titular. Los ingresos derivados de la tramitación de las licencias no se consideraran propiamente beneficios y revertirán en la gestión del coto. Para fomentar la práctica deportiva de la caza, se contempla la creación de escuelas de formación de caza, dentro de la finalidad de promocionar la educación deportiva (véase por ej. el art. 21 de la Ley de caza de Murcia). Con idéntica finalidad de promoción de este tipo de caza, se prevé el trato preferente a la hora de conceder a los cotos deportivos estímulos para desarrollar la práctica deportiva de la caza (véase por ej. el art. 56 13 de la Ley de caza de Castilla-La Mancha), y su acceso, con carácter también preferente, a la posibilidad de practicar la caza en zonas de caza controlada (véase por ej. el art. 79 de la Ley acabada de citar). La caza técnica. Las finalidades que justifican la admisión de esta clase de caza pueden ser de signo variado: carácter científico, de investigación,


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por razones de control, de gestión. Constituyen una excepción a la práctica común de la caza, por ello precisa ser autorizada por la autoridad competente. Su excepcionalidad radica en la posibilidad de practicarla sobre especies, en lugares y con medios, por lo general, no permitidos. (Véase por ej. el art. 13 de la Ley de caza de la Comunidad Valenciana). La caza industrial y comercial. Es aquella que persigue su explotación industrial —por ejemplo, en granjas cinegéticas o cotos privados—, o comercial, a través de la producción, venta o suelta de piezas de caza, vivas o muertas, según los casos. (Véase por ej. el art. 27 de la ley de caza Estatal). Todas las leyes de caza señalan que son las Órdenes de veda donde se determinarán las modalidades de caza permitidas.

2. OBJETO Por objeto de la caza entendemos los animales que, por no estar legalmente prohibida la acción de cazar sobre ellos, son susceptibles del aprovechamiento cinegético que conlleva ésta: su apropiación, comercialización, industrialización. Pero no todos los animales pueden ser objeto de caza por razones de índole diversa, por ejemplo por merecer una especial protección o por ser utilizados por el hombre con fines como la actividad de ganadería, labranza, de compañía. De ahí que las leyes de caza distingan entre especies cinegéticas y no cinegéticas considerando exclusivamente a las primeras susceptibles de caza, con la clarificadora denominación de “piezas de caza”.

2.1. Las especies cinegéticas. Las piezas de caza La ley estatal de caza y también las leyes autonómicas, con variaciones no significativas, se decantan por esta concepción y trasladan al ámbito reglamentario la delimitación de las especies cinegéticas que pueden ser objeto de caza y a las órdenes anuales de veda la enumeración de las que pueden serlo, dentro de la temporada en curso. Son objeto de la caza las “piezas de caza”, concepto comprensivo de las especies, subespecies y poblaciones de fauna silvestres autorizadas. Quedan excluidas las especies silvestres que carezcan de aprovechamiento cinegético. La Ley de caza de la Comunidad Valenciana define que entiende por especie cinegética, incidiendo en la idea de aprovechamiento. Declara como especies cinegéticas “aquellas aves o mamíferos que en su estado de normalidad poblacional son capaces de mantener un crecimiento poblacional significativo y que, siendo susceptibles de aprovechamiento concreto, tienen atractivo para los cazadores deportivos gracias a sus capacidades de defensa así como aquellas especies que se críen en granjas o explotaciones cinegéticas y sean susceptibles de naturalización en el medio…”


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