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ISBN 84-8456-565-3

9 788484 5 65 65 9


LAS HORAS El tiempo de las mujeres

OCTAVIO SALAZAR BENÍTEZ Profesor Titular Derecho Constitucional Universidad de Córdoba

tirant lo b anch Valencia, 2006


Copyright ® 2006 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección:

JAVIER DE LUCAS Catedrático de Filosofía del Derecho

© OCTAVIO SALAZAR BENÍTEZ

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 84 - 8456 - 565 - 3


A mis abuelas, por su soplo invisible A mi madre, que cosi贸 la cometa A mi compa帽era, que corre con ella por la playa A mi hijo, con el hilo de la cometa en sus manos


Índice

Las horas

Índice

Primera Parte VIRGINIA, LAURA, CLARISSA MI ENCUENTRO CON “LAS HORAS” .................................... UN DÍA EN LA VIDA DE TRES MUJERES… LA NOVELA ... EL HEROÍSMO COTIDIANO DE LAS MUJERES… LA PELÍCULA ....................................................................................... De la sagacidad de Scott Rudin a la habilidad de Stephen Daldry .................................................................................. El guión de David Hare .......................................................... La música de Phillip Glass ..................................................... Otras piezas del “milagro” ..................................................... Un milagro “aparte”: las interpretaciones ............................ Ficha técnica y artística de la película .................................. TRES MUJERES… TODAS LAS MUJERES ............................ La señora Woolf ..................................................................... La señora Brown .................................................................... La señora Dalloway ................................................................

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Segunda Parte DE HEROÍNAS A CIUDADANAS QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF ....................................... Una habitación propia ........................................................... Tres guineas ............................................................................ EN BUSCA DE LA HERMANA DE SHAKESPEARE .............. De presagios cumplidos y conquistas pendientes ................ Eva expulsada del paraíso ..................................................... Las cenicientas de la Ilustración ........................................... Rousseau: la Sofía sumisa ..................................................... Mary Wollstonecraft y otras voces rebeldes ......................... El tercer estado del Tercer estado: la Sofía revolucionaria . Pasivas e indiferentes: la misoginia romántica del XIX ...... Harriet Taylor y Stuart Mill: dos enamorados contra la esclavitud de las mujeres ..................................................... Obreras sin ciudadanía ..........................................................

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Índice Una mujer, un voto ................................................................ El pecado de Clara Campoamor: la esperanza republicana El Estado Social o el sueño de la igualdad real .................... Los derechos de las mujeres son también derechos humanos Las “privilegiadas” ciudadanas europeas ............................. La hermana de Shakespeare: los versos por escribir ...........

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APÉNDICE BIBLIOGRÁFICO Obras de Virginia Woolf ........................................................ Bibliografía sobre Virginia Woolf ......................................... Algunas lecturas que me han regalado HORAS ................... Algunas páginas webs que me han multiplicado ESPACIOS

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Virginia, Laura, Clarissa

Virginia, Laura, Clarissa

MI ENCUENTRO CON LAS HORAS Soy de los que piensan que nuestras vidas están urdidas por unos hilos invisibles que van trenzando conexiones inexplicables, casi mágicas, que van dando sentido a nuestros días. A ese rompecabezas del que solemos perder fragmentos que acabamos encontrando en el lugar más inesperado. En el estante de una librería, en un email que no esperábamos, en la oscuridad de una sala de cine. Los duendes en los que quiero seguir creyendo tratan de demostrarme que no todo es fruto del azar. Que de alguna manera nuestros deseos o nuestras obsesiones van construyendo un espacio que nos ampara y en el que vamos creciendo. Permitiéndonos sumar lo que antes no eran más que pequeñeces inconexas. Llevaba ya algunos años trabajando sobre la igualdad de género e interesándome por uno de los grandes déficits de las democracias actuales: la ausencia de una igualdad real entre hombres y mujeres. La pervivencia de unas

estructuras patriarcales que tan difícil se lo siguen poniendo a la mujer. Empecé estudiando la participación política de las mujeres y ello me llevó a profundizar en las condiciones injustas de un pacto social que las excluyó de la ciudadanía y que determinó una división radical entre los ámbitos privado y público. Entonces me di cuenta de qué era mucho lo que no sabía y que me esperaban bibliotecas enteras para llegar a entender las causas de esa discriminación histórica. Empecé a leer todo lo que caía en mis manos. No sólo estudios jurídicos sino también históricos, filosóficos, literarios. Empecé a descubrir así el lado silenciado de la historia, los recovecos perversos de tantos grandes pensadores y el nombre hasta entonces desconocido de mujeres de las que nunca me habían hablado en las clases de Historia, Filosofía o Literatura. Una de esas mujeres fue Virginia Woolf. Constantemente encontraba referencias a su obra y a su

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Primera parte


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vida. Las pocas cosas que yo sabía de ella la convirtieron rápidamente en una obsesión. Tenía la intuición de que ella podría darme muchas claves. Que su vida y sus libros iban a ser un descubrimiento revelador. Al poco tiempo de encontrarme con Virginia empecé a ver en la prensa y en las revistas especializadas noticias sobre una película que acaba de rodarse y en la que uno de los personajes principales era la Woolf. La película se llamaba Las horas y en ella el director Stephen Daldry había conseguido reunir a tres grandes actrices: Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman. Leí que el film estaba basado en una novela que en el año 1999 había conseguido el Premio Pulitzer. Una novela que, por cierto, aparecía en una fugaz escena de Hable con ella, la película de Almodóvar, el cual escribió sobre ella lo siguiente en su página web: «Voy a leerlo por segunda vez, y en esta ocasión lo haré arrodillado, en señal de devoción. Si te gusta Virginia Wolf, tienes que empezar a rastrearlo ya mismo. Virginia es algo más que uno de los personajes de la novela, parece que le haya estando murmurando al oído (al autor) cantidad de secretos acerca de sí misma y del arte supremo de escribir. Sin duda, junto a “Desgracia” de Coetzee, es mi libro de la década».

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Busqué la novela con ansia porque quería leerla antes de que se estrenara su adaptación cinematográfica. La encontré en una edición de bolsillo que reproducía en la portada la cartelera de la película. Las tres actrices: Meryl, Julianne, Nicole. Las tres mujeres: Clarissa, Laura, Virginia. Las tres historias que leí en apenas un par de días. Buscando huecos como un loco entre mi trabajo y la dedicación a mi hijo casi recién nacido. Me bebí las más de doscientas páginas como si en ello me fuera la vida. Atrapado por las vidas de esas tres mujeres que al mismo tiempo eran las de tantas otras. Era tanta la fascinación que Cunningham había conseguido con su libro que esperé el estreno de Las horas con una mezcla rara de expectación y miedo. Temeroso de que la pantalla fuera incapaz, cómo tantas otras veces, de reflejar los itinerarios emocionales de esas tres mujeres que con tanta fuerza contaba la novela. Un domingo por la tarde, aprovechando la siesta de mi hijo, me atreví a salir de dudas. Mis miedos empezaron a despejarse desde la primera escena en la que vemos cómo Virginia se sumerge en las aguas del río con una piedra en el bolsillo. A partir de ese momento no dejé de temblar. Entregado a la mirada torva de Virginia-Nicole, a la terrible an-


Virginia, Laura, Clarissa

esas tres mujeres. De todas las mujeres. Como si Virginia me susurrara al oído una orden que yo era incapaz de desobedecer. Y aquí estoy. Intentando no defraudarla. Ni a ella ni a todas las que han continuado su historia. Dejando que mis dedos vayan escribiendo las razones últimas y la esperanza que nos queda por construir. En este relato de desigualdades, discriminaciones y de tantas conquistas por alcanzar en un mundo que aún sigue estando muy lejos del paraíso.

UN DÍA EN LA VIDA DE TRES MUJERES… LA NOVELA «Un día en la vida de una mujer es el arco de su vida entera» Michael Cunningham

Michael Cunningham (Cincinnati, Ohio, 1955) no era un escritor muy conocido en nuestro país. Fue la adaptación cinematográfica de su novela Las horas la que hizo que su nombre empezara a adquirir cierta relevancia. De este profesor de escritura de la Universidad de Columbia se habían traducido con anterioridad dos novelas al castellano, De carne y hueso y Una casa en el fin del mundo, esta última objeto también de una adaptación cinematográfica, de la que él mismo ha escrito el guión. Reciente-

mente ha publicado una nueva novela titulada Specimen Days (Días memorables) en la que vuelve a utilizar la fórmula que tanto éxito le dio en su novela anterior. Introduce de nuevo en la narración la figura de un escritor mítico, en este caso Walt Whitman, y entrelaza tres historias que se desarrollan en la Nueva York de 1860, en la actualidad y en un futuro de ciencia ficción. Como ya hizo con Las horas, el productor Scott Rudin ha comprado sus derechos para llevarla al cine. Las horas es la novela que le ha proporcionado más éxitos. Con ella consiguió en 1999 el premio PEN/Faulkner y el prestigioso Pulitzer. La crítica resaltó su ori-

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gustia de Laura-Julianne, al dolor arrastrado de Clarissa-Meryl. A la muerte y a la vida. Al tiempo vivido y al que nos queda por vivir. A los cuartos cerrados donde batallan tantos sentimientos y a las calles donde la vida bulle. Esa vida que no sabemos por qué la amamos tanto. Herido y emocionado, supe al salir del cine que aquellas «horas» iban a convertirse también en mis horas y que había algo que me llamaba a seguir el rastro de


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ginalidad y la reflexión sobre las emociones y los sentimientos femeninos. El autor declaró lo siguiente con respecto al segundo galardón: «Yo soy el primer hombre homosexual que ha ganado el Pulitzer, y Las horas, es el primer libro con caracteres homosexuales en ganarlo. El Pulitzer en particular, se supone que debe recaer sobre un libro que de alguna manera reflexione sobre lo que llaman «la esencia de la experiencia americana», y la idea de que una obra donde aparezcan personajes de sexualidad ambigua como la de Virginia Woolf “entre” dentro del concepto de lo que es la esencia de la experiencia americana, pienso que es algo positivo.» Como él mismo ha declarado, la novela era su particular homenaje a una autora que le había marcado muchísimo como lector y como escritor, Virginia Woolf, y en concreto a una de sus novelas: «“Mrs. Dalloway” fue mi primer gran libro, creo que la mayoría de la gente ha tenido un primer gran libro que recuerda; así como se hace con el primer beso, pienso que todos tenemos en la vida ese primer libro con el que “conectamos”, y el mío definitivamente fue Mrs. Dalloway de Virginia Woolf. Mi libro “Las horas”, es una especie de variación de la obra de Virginia Woolf, algo así como lo que pasa en el jazz, es decir, a veces en este tipo de música, se toma una

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gran pieza musical como base, y sobre esta se realiza, se crea una nueva pieza. En “Las horas”, me baso en una gran obra para hacer otro tipo de pieza, de arte». Por ello no es casual que Las horas tome su título del que inicialmente dio Virginia Woolf a su novela Mrs. Dalloway. Las dos novelas se desarrollan a lo largo de un día y en ambas el tiempo es un elemento estructural. Un tiempo que se refleja a su vez en dos medidas: el que va marcando el reloj, ordenado y cronológico, y el interior, que da saltos, viene y va, como nuestros pensamientos y emociones. La novela tiene una singular estructura en tres tiempos que se entrelazan gracias a la literatura. Casi podríamos decir que es una novela que se compone a su vez de tres novelas: las correspondientes a un día en la vida de tres mujeres de épocas y lugares distintos. Esas tres mujeres son la escritora, la lectora y el personaje. Son tres mujeres, tres historias, tres tiempos. El inmortal de Virginia, el pasado de Laura, el presente de Clarissa. Y el futuro. Porque aunque las tres historias comparten dolores, renuncias y hasta muertes, hay en la novela una apuesta por la vida que nos lleva a un tiempo futuro donde quizás sean menores, o incluso desaparezcan, las angustias, las frustraciones, las batallas con lo


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de sus novelas. En este sentido, hay que tener en cuenta que la escritora inglesa no sólo rompió con la continuidad de unos temas y espacios típicamente masculinos, y por tanto predominantes en la literatura, sino también con las formas convencionales de expresión y de construcción ideadas por los hombres. Las horas es una historia de amor contada en tres actos que abarca todo un siglo de vida de las mujeres. Un siglo de conquistas sociales. De guerras y paces imperfectas. De grandes avances tecnológicos y jurídicos. El gran siglo de las bombas pero también de la democracia y de los derechos humanos. El que acabó globalizando el mercado y el capital y que, a muy duras penas, salvaguardó la dignidad de todos los hombres y empezó a reconocer que también los derechos de las mujeres eran derechos humanos. El siglo, pues, de las mujeres que llegaron al XXI con muchas conquistas pero también con muchas heridas sin cicatrizar y otras nuevas que las sacuden como si el tiempo no hubiera pasado. Las horas no es una novela complaciente ni de fácil lectura. Habla de las insatisfacciones que tanto nos duelen y que nos impiden ser verdaderamente libres. Supone una profunda reflexión sobre los andamios que sirven de sostén a nuestra felicidad. Una

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cotidiano, en fin, las que han sido las cadenas más o menos «invisibles» de la mujer. Incluso el suicidio de Virginia Woolf, relatado en el prólogo que antecede a los veintidós capítulos en que se divide la novela, supone una apuesta por la vida. Una salida del túnel en el que la Woolf no dejaba de oír voces y bombas que le estaban destrozando el alma. Y es que en la ruptura de los múltiples corsés que propone la novela nos encontramos un canto a la vida. El mismo que Virginia lanzaba en Mrs. Dalloway a pesar del caos y los ruidos. El que colocó casi como frontispicio de su novela: «Sí, porque sólo Dios sabe por qué la amamos tanto, por qué la vemos así, creándose, construyéndose alrededor de una, revolviéndose, renaciendo de nuevo en cada instante; pero las más horrendas arpías, las más miserables mujeres sentadas ante los portales (bebiendo su caída) hacen lo mismo; y tenía la absoluta certeza de que las leyes dictadas por el Parlamento de nada servían ante aquellas mujeres, debido a la misma razón: amaban la vida». Un texto que Cunningham prácticamente copia en el final de la suya y que viene a ser una reivindicación del heroísmo de lo cotidiano. Esa parte de la realidad, normalmente ignorada por la literatura masculina, y que Virginia había convertido en el eje central


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categoría que aparecía como gran objetivo en las primeras declaraciones de derechos y que luego, por obra y gracia de los hombres, ha sido arrinconada por otras que reportan más satisfacciones materiales. El éxito y el triunfo se han convertido en los emblemas de unas sociedades hechas a nuestra imagen y semejanza. Mientras, las mujeres han tratado de mantenerse fieles al objetivo último de alcanzar la verdadera «felicidad». Y eso las ha llevado, en un mundo que las sigue invisibilizando, a sentirse abandonas, deprimidas, simples objetos sin la posibilidad de decidir cómo alcanzar la felicidad que siempre otros decidían por ellas. Tal y como reflejan los diarios íntimos de Virginia: «He pensado lo feliz que soy, sin ninguna de las cosas excitantes que una vez creía que constituían la felicidad» (16 de enero de 1915). Una felicidad que tiene que ver con las pequeñas cosas, con los instantes, con ese sentimiento fugaz que muchas veces creemos el comienzo de la felicidad y sin embargo es la felicidad misma: «Si uno se relaja y le dice al instante, a este mismo instante: Quédate, ¡eres tan hermoso!, entonces, ¿de qué habrá servido todo, a la hora de la muerte? No: quédate, instante. Es algo que deberíamos decir mucho más a menudo» (Diario de Virginia, 31 de diciembre de 1932).

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Cunningham, siguiendo la técnica de Virginia Woolf, nos coloca en medio de los personajes y de sus vidas. Y tenemos que tratar de averiguar quiénes son y qué relación hay entre ellos. El lector debe convertirse en parte activa. Ha de bucear entre los pensamientos y las emociones que se van sucediendo a veces de manera desordenada. A través de ellos percibimos la realidad. El lector ha de desempeñar un papel similar a un investigador privado que de repente se ve rodeado de extraños en cuya mente debe penetrar para descubrir las claves. La novela de Cunningham pretende que la «conciencia» de los personajes sea un protagonista más, tal y como Virginia Woolf lo había desarrollado de manera magistral en sus novelas. Hay pues en Las horas muchos monólogos interiores, ese «fluir de la conciencia» que nos muestra los fondos del océano, las aguas turbulentas de un mar que nunca está en calma. Estamos pues ante una novela conmovedora, hecha sobre el sufrimiento pero también sobre el optimismo. Compleja literaria y emocionalmente. Cargada de símbolos y preguntas. Tantas como respuestas tenemos que ir buscando en un modelo de sociedad que aún sigue provocando renuncias, injusticias y violencia sobre las mujeres. Obligadas a ser, más


Virginia, Laura, Clarissa

A pesar de las Constituciones, de las Declaraciones de derechos, de las legislaciones que tanto han avanzado en los últimos años.

EL HEROÍSMO COTIDIANO DE LAS MUJERES… LA PELÍCULA «En el film, nuestras mujeres luchan a través de la jornada que les ha sido dada, un día que definen por ellas mismas y que otros han definido por ellas. Hay en ello un auténtico heroísmo, y creo que ése es uno de los aspectos que inicialmente me atrajo en el guión: se trata de un día en la vida de esas mujeres. Y puede que todos los días sean iguales. Puede que el camino y la lucha, y el estoicismo, y las dificultades emociona-

les que afrontan… puede que las batallas y los actos heroicos… se manifiesten tanto en el jardín trasero y en la alcoba como en la cocina horneando una tarta mientras ellos están escalando montañas o ganando guerras. Creo que, a menudo, los actos heroicos en la vida de las mujeres son infravalorados o ensombrecidos por los heroísmos en la vida de los hombres». Stephen Daldry

De la sagacidad de Scott Rudin a la habilidad de Stephen Daldry Recuerdo que a medida que iba avanzando en la lectura de la novela de Cunningham crecían en mí las dudas y temores acerca de su posible adaptación cinematográfica. Dudaba de que una película fuera capaz de adaptar la compleja estructura del libro y captar al mismo tiempo la diversidad de emociones que nos van transmitiendo las historias de esas tres mujeres. Temía que, como tantas otras veces me ha sucedido, la pantalla no lograra atraparme con la misma intensidad

que lo estaba haciendo la novela. Afortunadamente me equivoqué. La película de Stephen Daldry ha sabido conservar la estructura circular de la novela y toda su densidad emocional. Era muy complicado convertir en imágenes las historias paralelas de tres mujeres, en tres épocas distintas, enlazadas por una serie de claves que el espectador va descubriendo poco a poco. Daldry tenía el gran reto de adaptar el curioso experimento del novelista que había reunido a la autora de un

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que ciudadanas en condiciones de igualdad con los hombres, heroínas en un mundo que en gran medida les sigue siendo adverso.


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libro, al personaje del mismo y a una lectora. El resultado fue sobresaliente. Todos los ingredientes de la película están tan perfectamente medidos, controlados y aderezados, que es imposible que el espectador no capte el hilo emocional que recorre toda la cinta y que no quede atrapado por el día de cada una de estas mujeres que es, al mismo tiempo, el día de muchas mujeres. El «todopoderoso» productor Scott Rudin había comprado los derechos de la novela antes de que estuviera terminada. Intuía que Cunningham estaba urdiendo una historia apasionante. Si uno repasa la filmografía de ese singular productor no parece tan descabellada la apuesta. Junto a obvias concesiones a la comercialidad, encontramos en las películas que ha producido un cierto punto en común. Este productor ha apostado a lo largo de su carrera por proyectos de una cierta envergadura, no en el sentido más hollywoodiense del término, sino en cuanto a la carga moral de los argumentos. Él estuvo detrás de películas como Ni un pelo de tonto (Robert Fenton, 1993), la comedia con trasfondo reivindicativo In and out (Frank Oz, 1997), Al caer el sol (Robert Benton, 1998) o la reciente Closer (Mike Nichols, 2004). Todas ellas marcadas por los conflictos personales de los personajes, por sus ambigüeda-

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des y contradicciones, y apoyadas en los magníficos trabajos interpretativos de sus actores y actrices. Tampoco debemos olvidar que Rudin produjo dos películas que nos ofrecen un amplísimo campo de reflexión y debate sobre nuestras sociedades. Me refiero a El show de Truman (Peter Weir, 1998) y a El bosque (The Village es su título original, de M. Night Shyamalan, 2004). Incluso es posible encontrar en su filmografía un cierto hilo que nos lleva hasta Las horas. Hallamos muchas películas que tienen a la mujer como protagonista, con sus dilemas y sus luchas. En algunos casos reflejando historias tomadas de la realidad. Es el caso de Mrs. Soffel (Gillian Armstromg, 1984) o la más reciente Iris (Richard Eyre, 2001), donde recrea la atormentada vida de la escritora Iris Murdoch con la excepcional ayuda de Kate Winslet y Judi Dench. En otros recreando en tono de comedia —Las mujeres perfectas (Frank Oz, 2004), de nuevo con Nicole Kidman— o de melodrama —El pequeño Tate, la primera película como directora de Jodi Foster (1991); Dadme un respiro (James Lapine, 1993)— la situación de mujeres enfrentadas a las barreras y a los condicionantes impuestos por un mundo de hombres. Scott Rudin le ofreció la dirección de la cinta a un casi recién


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Daldry es un hombre forjado en el mundo del teatro. Con sólo 32 años fue director artístico del Royal Court Theatre. Esta experiencia se pone de manifiesto no sólo en su hábil dirección de actores y actrices sino también en la composición de las escenas y en todos los elementos escenográficos. Estas dos piezas eran fundamentales en la adaptación de la novela de Cunningham. A ello hay que añadir que Daldry es un hombre de firmes convicciones políticas. Fue, por ejemplo, militante universitario del Partido Socialista de los Trabajadores. Esa implicación era evidente en Billy Elliot en la que jugaba un papel fundamental la crítica a las políticas neoliberales de Margaret Thatcher. Creo que también, aunque tal vez de manera más sutil, lo es en Las horas. Tanto en la novela como en la película es fácil encontrar un discurso sobre la posición de la mujer en la sociedad, sobre lo injusto de sus roles en un mundo construido sobre la supremacía del varón, sobre un reparto de espacios que ha condenado a la mujer a una eterna minoría de edad. Un discurso que cobra una dimensión indiscutible, y casi simbólica, con el personaje de Virginia Woolf, pero que también aparece en las historias de las otras dos mujeres. Estos personajes le sirven tanto a Cunningham como a Daldry para

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llegado Stephen Daldry que en el 2000 había logrado un gran éxito internacional con Billy Elliot (incluidas tres nominaciones al Oscar, entre ellas al mejor director). Esta primera obra de Daldry nos cuenta la historia del joven Billy, hijo de una familia minera del Norte de Inglaterra, que descubre que le gusta más el baile que el boxeo. Una pasión que, alentada por la profesora de ballet que ve en él un gran talento, tendrá que desarrollar a escondidas de su padre y de su hermano mayor. Todo ello en el contexto de las huelgas mineras de 1984 convocadas en contra de las medidas impuestas por el gobierno de Margaret Thatcher. En esta primera película el británico ya daba muestras de su capacidad para mostrar los sentimientos, para hurgar en los espacios domésticos, para explorar los conflictos de la cotidianidad. Algo que en esa primera aventura cinematográfica consiguió con un exceso de sensiblería pero con una evidente habilidad para llegar al gran público. En ella se ponía de manifiesto además su destreza en la dirección de actores y actrices. Tal fue el éxito de la película que, en la actualidad, se está representado en los escenarios londinenses su adaptación teatral dirigida por el mismo Daldry. Esta singular trayectoria de Billy Elliot no es casual ya que


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dejar al descubierto la parte oculta de los hogares, los espacios a los que las mujeres se han visto reducidas a lo largo de la historia, los dilemas y contradicciones que las mujeres del siglo XXI siguen sufriendo. De ahí que la novela y la

película sean un perfecto pretexto para repasar las deudas históricas que la civilización tiene con ellas y los retos que las sociedades democráticas aún tienen que alcanzar en relación a la igualdad real de sus ciudadanos y ciudadanas.

El guión de David Hare Daldry no había leído la novela de Cunningham cuando Scott Rudin le presentó un primer borrador del guión. Daldry quedó después fascinado por la novela y por el mismo autor que les dio entera libertad para hacer con ella lo que considerasen apropiado. Uno de los grandes retos que tenía planteado el director era procurar que todos los espectadores estuvieran viendo la misma película. Para ello era fundamental conseguir una cierta unidad en la trayectoria de las tres mujeres y mantener la intriga en el espectador tal y como lo conseguía la novela. Un objetivo que dependía en gran medida del acierto del guión de la película. El responsable del guión fue un reputado autor teatral, David Hare. Éste fue capaz de extraer de la novela los aspectos más cinematográficos, potenciando los momentos emocionales fuertes y respetando, aunque no fuera en su literalidad, las líneas trazadas por Cunningham. Como el mismo Hare declaró, el gran reto era

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emular el placer que el libro proporciona, «el de la lenta comprensión del mecanismo por el que las tres historias encajan en un todo». El pulso de un «hombre de teatro» es perceptible en la composición de la película y en el trabajo con los actores. No podemos olvidar que Hare lleva toda la vida dedicado a escribir para instituciones como el Royal Court Theatre o el National Theatre de Londres. Ha sido además guionista y director de series de televisión e incluso en 1982 fundó su propia compañía cinematográfica. Entre las obras de teatro escritas por él destacan Vía Dolorosa, un monólogo escrito tras ser invitado en 1997 por el gobierno israelí a conocer a aquel país y que el mismo interpretaría sobre las tablas dirigido precisamente por Stephen Daldry . Otras dos obras de Hare conectan íntimamente con Las horas. En 1998 Nicole Kidman llevó a los escenarios de Londres La habitación azul, que en España fue interpretada por


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cho menos espacio. En la película el día de Virginia apenas ocupa veintisiete minutos mientras que las otras dos mujeres cuentan con casi un tercio más para cada una de ellas. Es evidente que tanto el director como el guionista quisieron resaltar el personaje de Laura que, desde mi punto de vista, es el que concentra la apuesta más vitalista de la película. La compleja estructura «circular» está perfectamente resuelta desde las primeras imágenes. Las que, mientras que aparecen los títulos de crédito, nos van presentando a las tres mujeres de manera paralela. Hace tiempo que no veía un comienzo tan «cinematográfico» y tan sugerente. Tras el terrible y bello prólogo del suicidio de Virginia Woolf en el río — vemos cómo Virginia se dirige hacia su objetivo mientras que oímos el texto de la carta que le ha dejado a su marido e incluso vemos cómo sus manos nerviosas la escribieron—, aparece el título de la película y acto seguido se nos enmarcan las tres historias. Las tres mujeres que amanecen en lugares y en épocas distintas. Un nuevo día que empieza y que podría ser cualquier día. Amanece en Los Ángeles de 1951 y el marido de Laura Brown llega a su casa con un ramo de flores. También llega con flores Leonard Woolf a su domicilio en Richmond en 1923. En la Nueva York

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Amparo Larrañaga. En el 2002 dos prodigiosas actrices británicas, Judi Dench y Maggie Smith, pusieron en escena La brisa de la vida. En nuestro país la interpretarían poco después Nuria Espert y Amparo Rivelles bajo la dirección de Lluis Pascual. Dos obras que tienen mucho que ver con la adaptación que Rudin le encarga ya que ambas se centran en las complejidades del universo femenino, en esas batallas silenciosas de las mujeres contra el mundo y contra sí mismas. Algo que también aparece en otros guiones escritos por Hare, como el de la magnífica y desasosegante película de Louis Malle Herida (1992), en la también interpretada por Meryl Streep Plenty (Fred Schepisi, 1985) o en la que el mismo dirigió en 1985, Weetherby. Un pasado en sombras. No cabe duda, pues, que David Hare era el más apropiado para asumir el reto de esta adaptación. Y el reto se saldó con un resultado más que positivo. Hare se reunió con Cunningham antes de empezar a escribir. Éste, que había concebido una novela mucho más larga, le proporcionó toda la información que tenía sobre los personajes. En la película hay un cambio sustancial con respecto a la novela. En ésta, la mayor parte de los capítulos de la novela están dedicados a Clarissa y a Virginia. La historia de Laura ocupa mu-


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del 2001 es Sally, la compañera de Clarissa, la que vuelve a casa y se mete en la cama a su lado sin despertarla. Son las parejas las que vuelven. Ellas duermen o, como Virginia, hacen como que duermen. Posteriormente, y en una escena con un prodigioso montaje, vamos asistiendo al despertar de las tres mujeres. Clarissa y Virginia se miran en el espejo, se recogen el pelo, se lavan la cara. Laura coge el libro que tiene en la mesilla de noche. Prefiere no levantarse aunque oiga a su marido moverse torpemente en la cocina. En apenas unos minutos el día ha comenzado y tenemos ante nosotros a las tres protagonistas. Con muchísima información sobre la vida de cada una de ellas. Prodigiosamente, con la ayuda de la música de Phillip Glass, el espectador está ya instalado en las habitaciones de Virginia, en el dormitorio modesto de Laura y en el apartamento posmoderno de Clarissa. En pocos minutos la película fascina y plantea la intriga de cuáles son los lazos que unen a estas tres mujeres aparentemente tan distantes. El talentoso montaje hace además que no parezca que haya ruptura entre las diversas realidades. Hay una perfecta continuidad basada, y éste es el gran acierto del filme, en el caudal de emociones que va transitando de

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una mujer a otra. Todo impregnado además por una idea presente en la novela y en la película: la tremenda influencia del arte, en este caso de la literatura, en la vida. De ahí que la «palabra» sea un personaje esencial también en la película, la cual está llena de frases hermosas y de diálogos brillantes. La palabra como símbolo de libertad. Las palabras de Virginia y de Richard, el poeta. Las que hacen despertar a Laura Brown. Las que Clarissa edita. Palabras también negadas a la mujer por un lenguaje de hombres y que siempre son el reducto último de la autonomía. Quizás quedan en el aire muchos datos sobre las tres protagonistas que el espectador que no haya leído la novela tiene que reconstruir o imaginar. Puede que muchos no lleguen a entender del todo la amargura de Laura, sus sensaciones como madre y esposa, la complicada relación con su hijo o los sentimientos que la llevan a besar a su amiga Kitty. También faltan elementos suficientes para entender el pasado que unió a Clarissa con Richard y con Louis. Y, por supuesto, del universo de Virginia Woolf sólo aparecen retazos. En este sentido fue una apuesta arriesgada, pero desde mi punto de vista acertada, no recurrir los flashbacks. Estos habrían influido negativamente en el ritmo de la película y ha-


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habla acerca de la primera vez que la vio. Por supuesto, eso no se expresa abiertamente en el libro. Tuve que generar toda una serie de situaciones como ésta para comunicar lo que pasaba en el interior de los personajes. Otro ejemplo: también tuve que cambiar completa y radicalmente a la compañera de Clarissa, y la vida privada de ésta, para recrear y expresar varios aspectos que se producen en sus mentes». Pero creo que no hace falta que tengamos todas esas claves. Daldry nos coloca frente a tres mujeres a las que vemos luchar en un día cualquiera de sus vidas. Eso es lo que fundamentalmente se nos quiere contar. En la película hay datos suficientes como para que el espectador, con un pequeño esfuerzo, pueda reconstruir la vida de sus personajes. Para que la imagine o para que la investigue en el caso de Virginia Woolf. Algo tal vez más fácil paras las mujeres ya que muchas de ellas se reconocerán en las horas de Laura, Virginia o Clarissa. Además, la película puede ser el primer paso para luego descubrir las novelas de Cunningham y de Virginia. Para reconstruir las verdades ocultas de una historia que hoy estamos tratando de enderezar.

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brían roto la compleja unidad de las tres historias. Es preferible que el espectador descubra el pasado de los personajes a través de lo que dicen y de las relaciones que tienen entre ellos. Otra complejidad de la adaptación derivaba de la presencia en la novela de muchos pensamientos de los y las protagonistas, los cuales tenían que ser transmitidos a través de la pantalla mediante acciones y comportamientos. En este sentido fue otro acierto de la película no recurrir a la voz en off, salvo en el prólogo y en la escena final, lo cual podría haber resuelto el problema. Era también una de las apuestas claras del equipo de la película. «Una vez que esto estaba claro —apunta David Hare—, tuve que crear un cierto número de situaciones que expresaran lo que estaba pasando en el interior de la mente de los personajes sin tener que explicarlo. Por ejemplo, todo el tema del estado en que el marido de Laura ha regresado de la guerra: necesitamos saber cómo ha afectado al matrimonio su experiencia bélica. Hay la sensación de que la Segunda guerra mundial se filtra en la película, lo que tuve que explicitar en la escena de la fiesta de aniversario hacia el fin del film, donde él


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