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Manuel de Puelles Benítez una historia de la educación en España (1898-2008)

Manuel de Puelles Benítez es catedrático de Política de la Educación en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Es autor de numerosos libros, entre los que destacan los dedicados a la historia política de la educación en la España contemporánea. En esta ocasión nos cuenta, como indica el título de la obra, una historia de la España del siglo XX desde la perspectiva de la modernidad y de las resistencias que se le opusieron.

Modernidad, republicanismo y democracia

La aparición de los sistemas públicos de educación en la Europa contemporánea está íntimamente ligada con la irrupción de la moder­ nidad, cuya fuerza matriz se halla en la Revolución francesa. Desde esta perspectiva, España se encontró inmersa, como otros países europeos, en la terrible pugna entre los elementos premodernos y los partidarios de la modernidad. En educación, la modernidad supuso en el siglo XIX la creación de un sistema educativo y, consiguientemente, la escolarización básica de toda la población infantil, fenómeno del que se ocupó el autor de esta obra en uno de sus últimos libros, Estado y educación en la España liberal (1809-1857). Un sistema educativo nacional frustrado. El siglo XX comenzó en España con la conmoción del 98. Fue la hora de los regeneracionismos en educación, de la influencia pública de la Institución Libre de Enseñanza, del nacimiento del proyecto educativo del socialismo democrático y del programa de instrucción pública del republicanismo histórico. Institucionalismo, socialismo y liberalismo democrático confluyeron en la eclosión que representó la II República, violentamente frustrada por el franquismo, verdadero ajuste de cuentas que los elementos premodernos hicieron con la modernidad. La vuelta de la democracia ha supuesto el retorno de la modernidad, la solución de viejos problemas y la aparición de otros nuevos no menos importantes.

MODERNIDAD, REPUBLICANISMO Y DEMOCRACIA: una historia de la educación en España

(1898-2008)

Manuel de Puelles Benítez


MODERNIDAD, REPUBLICANISMO Y DEMOCRACIA: Una historia de la educación en España (1898-2008)

MANUEL DE PUELLES BENÍTEZ

tirant lo b anch Valencia, 2009


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Director de la colección: JUAN MANUEL FERNÁNDEZ SORIA

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“Sólo pueden escribir adecuadamente la historia de las posiciones ideológicas aquellos que tiendan a pensar en términos ideológicos y sean conscientes de que lo hacen.” Isaiah Berlin

“No creo que un estudioso de la realidad humana pueda ser éticamente neutral […].” Zygmunt Bauman

“España es un país enfermo de historia mal sabida, enfermo de historia no cribada por la crítica […].” Manuel Azaña


ÍNDICE Prólogo...................................................................................................

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INTRODUCCIÓN I. Algunos conceptos previos. 1. La complejidad de la modernidad. 2. Modernidad y modernización. 3. Republicanismo y democracia..

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II. Ilustrados y liberales históricos en el umbral de la modernidad. 1. Antiguo Régimen, Ilustración y educación en España. 2. El proyecto del liberalismo de Cádiz: la educación. 3. De la teoría de los tres círculos a la de las esferas .............................................................

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PRIMERA PARTE MODERNIDAD Y RESISTENCIAS III. La gran conmoción del 98. 1. La crisis de las naciones latinas. 2. La denuncia del “grupo de los tres”. 3. La educación en 1898: estancamiento y atraso ............................................................................

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IV. Los regeneracionismos y la educación. 1. La polifonía regeneracionista. 2. El regeneracionismo pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza. 3. El regeneracionismo democrático: Morote y Azaña ...............................................................................................

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V. El regeneracionismo liberal y las políticas de educación: influencias institucionistas. 1. Romanones o las bases de una política liberal de educación. 2. La colaboración de liberales e institucionistas: la JAE. 3. El Instituto-Escuela, buque insignia de la reforma de la educación básica. 4. Los grandes proyectos frustrados......................

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VI. El problema de la escuela: el debate presupuestario sobre los recursos. 1. 1901: el primer debate presupuestario del siglo. 2. ¿Un debate regeneracionista?: el presupuesto conservador de 1907. 3. Burell y el espectro de Romanones: el debate de 1910. 4. Pablo Iglesias denuncia al partido liberal en el debate de 1912. 5. 1914: debate de un presupuesto singular. 6. 1920: aparece en el debate la escuela unificada. 7. El último debate presupuestario de la Restauración ....

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Índice

VII. El problema de la universidad: el debate parlamentario de 1902. 1. El modelo liberal de universidad. 2. El proyecto de reforma universitaria de 1902. 3. El Parlamento debate la reforma. 4. Autonomía universitaria y recursos financieros..............................................

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VIII. El problema de la secularización de la enseñanza. 1. El lento camino hacia la secularización. 2. La secularización en la España decimonónica: breve historia de un largo enfrentamiento. 3. La enseñanza de la religión en la escuela pública. 4. Neutralidad religiosa y escuelas laicas ....................................................................................

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IX. El debate parlamentario sobre la neutralidad religiosa en la escuela pública. 1. Un nuevo liberalismo: el liberalismo democrático. 2. El contexto de la interpelación de 1908. 3. El debate parlamentario sobre la escuela neutra. 4. El mensaje de la Corona de 1910 .............

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X. Reformismo, democracia y socialismo ante la educación. 1. La generación del 14 y el reformismo. 2. El regeneracionismo autoritario y la educación. 3. Azaña, la Apelación a la República y la educación. 4. El socialismo histórico y la educación ............................................

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SEGUNDA PARTE REPUBLICANISMO Y FRUSTRACIÓN XI. Republicanismo histórico y educación. 1. La aparición del Partido Demócrata y su programa de instrucción pública. 2. El republicanismo en el Sexenio democrático: fracaso de la reforma educativa. 3. El republicanismo en la Restauración: los programas de educación. 4. Secularización, anticlericalismo y republicanismo ............................

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XII. El debate parlamentario sobre la secularización en la II República. 1. El anteproyecto de Constitución de la Comisión Jurídica Asesora. 2. El debate sobre la “cuestión religiosa” y la enseñanza. 3. Una nueva propuesta sobre las órdenes religiosas. 4. El artículo 48 sobre la enseñanza ................................................................................

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XIII. El proyecto educativo de la II República. 1. El liberalismo democrático de Azaña y la educación. 2. La influencia del pensamiento institucionista: Lorenzo Luzuriaga. 3. La aportación del socialismo democrático: la obra de Rodolfo Llopis. 4. El proyecto frustrado de Fernando de los Ríos. 5. La transmisión de los valores republicanos y la socialización política. 6. El fin de una esperanza.........................

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Índice XIV. El franquismo, algo más que un paréntesis. 1. Primer franquismo: la destrucción de un legado. 2. Atraso y estancamiento en el primer franquismo: escuela y nacionalcatolicismo. 3. El segundo franquismo y la reforma de 1970 .........................................................

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TERCERA PARTE DEMOCRACIA: UNA APUESTA POR LA MODERNIDAD XV. La Transición y las dificultades del consenso: el pacto escolar. 1. La Transición como fenómeno político. 2. Las fuerzas políticas y la educación en el periodo preconstituyente. 3. Las Cortes constituyentes ante la educación. 4. El debate parlamentario sobre el consenso y la educación ..............................................................................................

387

XVI. El gobierno largo de los socialistas: modernización, socialdemocracia y educación. 1. Las macrorreformas de la primera legislatura. 2. Las políticas de igualdad de enseñanza de Maravall: la LODE. 3. Asentamiento y expansión del Estado de bienestar (19861996). La LOGSE. 4. La reforma de la universidad ............................

411

XVII. La nueva derecha española y la educación. 1. El modelo de la Nueva Derecha inglesa. 2. El neoliberalismo de la primera legislatura (1996-2000). 3. El neoconservadurismo de la segunda legislatura (2000-2004) ............................................................................................

433

XVIII. ¿Una ley para el consenso? 1. La tercera alternancia. 2. La política de ampliación de derechos civiles y sociales. 3. Los primeros pasos de la LOE: el debate público. 4. Posición de partida de la LOE: la necesidad de un consenso. 5. Una ley de amplios acuerdos. 6. Características principales de la LOE ......................................................

457

Epílogo...................................................................................................

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Bibliografía ............................................................................................

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PRÓLOGO “En la medida en que la Ilustración era un programa para la reforma del orden feudal, hubo de encontrarse enfrentada a un dilema, una vez que se llegó a demostrar que las reformas posibles eran insuficientes, y que las más ambiciosas no podían imponerse a las resistencias de los privilegiados […]. Había que escoger entre renunciar a la reforma […] o echar adelante, venciendo toda oposición, lo que significaba entrar por la vía revolucionaria.” Josep Fontana1

“En la medida en que inaugura un nuevo tipo de sociedad, es posible ver en la modernidad un punto decisivo de referencia. A este respecto, la característica fundamental de la modernidad es, sin duda, el advenimiento de la revolución democrática.” Chantal Mouffe2

En los años ochenta del pasado siglo leí un penetrante análisis de Arno J. Mayer sobre la persistencia del Antiguo Régimen. Este análisis contrastaba con la historiografía al uso, para la cual el siglo XIX europeo era la representación más lograda del triunfo arrollador de la modernidad. La tesis mayeriana era, en verdad, provocativa: “los elementos ‘premodernos’ no eran los restos decadentes y frágiles de un pasado prácticamente desaparecido, sino la esencia misma de las sociedades civiles y políticas

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2

Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social, Barcelona, Crítica, 1999, p. 98. Chantal Mouffe, El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 29-30.


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Prólogo

presentes en Europa”. Con ello Mayer no negaba la importancia cada vez mayor de las fuerzas modernas que socavaban el Ancien Régime, pero al mismo tiempo afirmaba que “hasta 1914 las fuerzas de la inercia y la resistencia contuvieron y frenaron a esa sociedad nueva, dinámica y expansiva” que pugnaba por nacer3. Como es sabido, Mayer se ocupaba solamente de las potencias que intervinieron en la Gran Guerra de 1914. Como en aquel momento estaba investigando un tema que me parecía fundamental —el papel del Estado moderno en la construcción del sistema educativo nacional de la España del siglo XIX—, observé que, como ha puesto de relieve la historiografía más reciente de carácter general, tampoco en educación el proceso español era distinto al europeo, aunque existían rasgos importantes que lo singularizaban. Más aún, la fallida construcción de un sólido sistema educativo —los sistemas educativos son uno de los rasgos que caracterizan a la modernidad— podría explicarse por las resistencias que “los elementos premodernos” mayerianos presentaron al proyecto de los liberales españoles de construir un sistema educativo nacional moderno, pronto suplantado por otro de carácter estatal4. Paralelamente, la historia del siglo XX español se me aparecía como un juego cruzado de continuidades y discontinuidades que tenía su origen en el desarrollo de la modernidad política —y su correspondiente incidencia en la educación—, con sus cambios y resistencias al cambio. Quizá por ello me pareció sugestivo, desde la perspectiva de la educación, esbozar una interpretación global de la irrupción pujante de la modernidad política en la España del siglo XX, aprovechando los materiales de que disponía, publicados unos, inéditos otros, investigando nuevos episodios históricos que me parecían cruciales y elaborando con todo ello una historia, no descriptiva, sino explicativa de ese fenómeno

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4

Arno. J. Mayer, La persistencia del Antiguo Régimen. Europa hasta la Gran Guerra, Madrid, Alianza, 1984, p. 16. Para este proceso, me remito a mi libro Estado y educación en la España liberal (1809-1857). Un sistema educativo nacional frustrado, BarcelonaMéxico, Pomares, 2004.


Prólogo

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complejo que es la modernidad en sí misma, así como de su proyección sobre la educación. Este libro comienza con la crisis del 98 y termina con las elecciones legislativas de 2008. En él se presta una especial atención a las fuerzas sociales y políticas que intentaron aplicar y desarrollar la modernidad en España. Como en todo este proceso aparecen términos que a veces parecen semejantes —especialmente modernidad y modernización, republicanismo y democracia—, me ha parecido conveniente introducir algunas páginas que permitiesen desde el principio evitar la confusión terminológica a que son tan proclives los trabajos de las llamadas ciencias sociales y políticas. O, al menos, precisar la posición del autor al respecto. Dicha introducción incluye también los primeros balbuceos de la modernidad en España, referidos a la educación; tal es el caso de los proyectos ilustrados y liberales que, aunque pertenecen a otro ámbito temporal del aquí estudiado, preludian el proceso que se despliega a lo largo de los siglos XIX y XX. Las fuerzas conservadoras han tenido siempre un papel destacado en España. No obstante, aquí están presentes sólo como grupos que frenaron normalmente el proceso; no desempeñan, pues, el rol principal, no son los protagonistas. Esto no significa que no pueda hacerse otra historia desde este mismo prisma, desde las fuerzas que, en mi opinión, lastraron en España el proceso modernizador nacido de las revoluciones angloamericanas —la inglesa del XVII y la estadounidense del XVIII— y, sobre todo, de la francesa de 1789; de ellas son tributarios los liberales, republicanos y demócratas españoles. Me ocupo, pues, en este libro de las fuerzas y grupos, sociales y políticos, que apostaron por la modernidad, aunque el conservadurismo aparezca constantemente en estas páginas porque son el contrapeso dialéctico de esa difícil dinámica que vivió España en el siglo XX. La primera parte del libro se circunscribe al primer tercio del siglo XX, en el que la modernidad se confunde prácticamente con la modernización. Hay un objetivo que es común a las fuerzas sociales y políticas de ese tercio, y es el esfuerzo por superar el atraso de España —el modelo lo constituyen los países europeos más avanzados—, incorporándola al proceso de modernización económica, social, pedagógico y cultural, aunque,


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Prólogo

como veremos, hay minorías importantes y grupos políticos que ponen el acento principalmente en la modernidad política, que no es otra que la democracia. En todo caso, el primer tercio del siglo XX tiene un papel especial aquí porque es entonces cuando se entablan los grandes debates sobre la educación moderna, cuando se producen reformas institucionales de gran alcance y cuando germina esa eclosión que fue después la II República española. La segunda parte afronta la irrupción del republicanismo en España, que es un fenómeno esencialmente democrático, con independencia de que se encarne, o no, en una determinada forma de gobierno. De acuerdo con una vieja tradición que se remonta a las ciudades italianas del Renacimiento, lo que el republicanismo busca es la democracia plena. En este sentido, el republicanismo español permea la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del XX, dando lugar a un proyecto educativo singular. Sin embargo, el republicanismo español resulta hoy un fenómeno político casi desconocido, aunque tuviese un gran protagonismo en el segundo intento por implantar en España la modernidad política (el primero es el sexenio de 1868). Desde esa perspectiva se estudia aquí lo que supuso la II República española, su proyecto para la educación y, obviamente, los grandes procesos que emergen de nuevo con gran fuerza, como la secularización y el laicismo. El franquismo cierra esta segunda parte del libro, no sólo porque fue la frustración del sueño republicano, rompiendo brutalmente el importante legado acumulado desde el 98, sino porque posiblemente estamos ante el mayor “ajuste de cuentas” que las fuerzas conservadoras hicieron con la modernidad que comenzó siglos antes. Triunfante gracias a una cruel, devastadora e incivil guerra, el franquismo representa el mayor esfuerzo que se ha hecho en nuestra historia para erradicar de modo abrupto y definitivo el proceso de la modernidad. El franquismo, como se advierte en este libro, fue algo más que un largo paréntesis. Es un periodo que necesariamente deben conocer las jóvenes generaciones para comprender las dificultades a las que tuvo que hacer frente la Transición —ésta no fue un tránsito natural ni gratuito—; y, también, para entender por qué la vuelta de la democracia no ha significado sin más el


Prólogo

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retorno de la democracia republicana. Sin duda, la sociedad que entre 1976 y 1978 se pronunció inequívocamente por la democracia era sustancialmente distinta de la que en 1931 soñó con la República, pero la verdad es que la vuelta de la democracia no se hizo sin limitaciones. Sin embargo, en educación, la democracia ha supuesto la consecución de grandes resultados —como se cuenta en la tercera parte de esta obra se ha dado un paso de gigante en treinta años—, si bien seguimos teniendo problemas, y retos de futuro, de los que aún estamos lejos de responder positivamente. Este libro se detiene especialmente en los actores políticos, en sus intervenciones parlamentarias, en sus escritos y discursos, en sus obras más o menos fecundas. Algunos, como Azaña, cobran un protagonismo esencial. También, claro está, prestamos atención a los actores sociales, ¡tan importantes a veces! Giner de los Ríos es un buen ejemplo de ello. Finalmente, hay también otro actor exorbitante, pero inevitable, que es la Iglesia española y su reacción ante la modernidad: cada día estoy más convencido de que no escribiremos nunca la historia de la educación en la España contemporánea si no investigamos a fondo el papel jugado por la jerarquía eclesiástica en todo este proceso. Como suele ocurrir, hay omisiones deliberadas, como por ejemplo el papel de los nacionalismos español y periférico o la incidencia del anarquismo en esta historia, impuestas por el espacio de que disponemos. También soy consciente de que hay aspectos tratados aquí que admiten una elaboración más profunda. En realidad, este libro debe tomarse como lo que es: una reflexión sobre las relaciones entre modernidad y educación, sobre sus múltiples variaciones, contradicciones y ambigüedades, y, también, sobre la resistencia que en nuestro país se opuso a la modernidad a lo largo de todo un siglo.


INTRODUCCIÓN


I. ALGUNOS CONCEPTOS PREVIOS “Una vez más, la antigüedad se ha engañado y los hombres se han equivocado porque la han seguido. […] La razón y la observación han demostrado los errores seculares. La ciencia habla, hay que creerla: la tierra y el cielo han cambiado.” Paul Hazard1

“La modernidad, y más aún la democracia que constituye su rostro político, prometen autonomía para todos y para cada uno: sociedad abierta, en lugar de verdad y obediencia asignadas.” Paolo Flores d’Arcais2

Habermas señaló no hace mucho que la “palabra modernus fue usada en primer lugar a fines del siglo V para distinguir un presente ‘cristiano’ del pasado ‘pagano’ romano […]3.” No se desprende del texto que Habermas aludiera con ello a una de las muchas paradojas que aparecen en la historia, porque el término moderno, que designaba lo nuevo —el cristianismo— frente a lo viejo —el paganismo grecorromano—, llevaba consigo un sentido meliorativo —un presente prometedor, preñado de futuro, en contraposición a un pasado ya caduco—, sin que se pudiera sospechar que, cuando en el Renacimiento resurgiera con fuerza la voz de lo moderno, el cristianismo, la Iglesia que había repre-

1

2

3

Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea, Madrid, Alianza, 1988, p. 257. Paolo Flores d’Arcais, El desafío oscurantista. Ética y fe en la doctrina papal, Barcelona, Anagrama, 1994, p. 205; cursiva en el original. Jürgen Habermas, La constelación posnacional. Ensayos políticos, Barcelona, Paidós, 2000, p. 170.


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Manuel de Puelles Benítez

sentado lo nuevo en el pasado, sería uno de los grandes poderes que se opondría a la modernidad. La modernidad es, pues, un concepto impregnado de una connotación valorativa, ya que también en el Renacimiento lo moderno vehicula valores superiores —la incipiente razón, la ciencia, el progreso—, frente a lo antiguo —la tradición—, que aparece impregnado de una consideración negativa, peyorativa. Este carácter de la modernidad, su presunción de superioridad, explica quizá la variedad de “interpretaciones” que ha recibido, y sigue recibiendo, a lo largo de varios siglos, como quizá explique también las tensiones y antinomias que ha producido —razón y revelación, ciencia e ignorancia, progreso y tradición—, construyéndose, de una parte, un relato grandioso que confía en la razón para la superación de las tensiones y, de otra, un discurso que abomina de la soberbia de la razón. En cualquier caso, como iremos viendo, lo que aparece de modo indubitado es la complejidad de la modernidad, un concepto que se resiste a los reduccionismos y a los intentos recientes de proclamar su defunción.

1. LA COMPLEJIDAD DE LA MODERNIDAD La modernidad, primera modernidad según algunos autores, surge, decíamos, en el Renacimiento gracias al redescubrimiento de los saberes clásicos, ahora desprovistos de la tutela eclesiástica. Esta temprana modernidad anuncia una nueva época, hace referencia a un amplio periodo de tiempo que va a ser testigo de profundas transformaciones, especialmente económicas —crecimiento del capitalismo mercantil o comercial—, sociales —surgimiento de la burguesía como grupo ascendente—, culturales —nacimiento de la ciencia moderna basada en la observación y la experimentación—, religiosas —la Reforma y su opuesta, la Contrarreforma— y políticas, esto es, aparición del Estado moderno de la mano del Príncipe, que asume la soberanía —término moderno— con vocación de poder absoluto. La voz que nos ocupa se fija de modo definitivo en el siglo XVII como consecuencia de la famosa “querella de los antiguos y


Modernidad, republicanismo y democracia

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los modernos”, suscitada por la intervención de Charles Perrault en la Academia Francesa en 1687. El debate se produce entre los que, de un lado, creen que la literatura moderna, la del siglo, representa un progreso notable porque los autores del tiempo presente, los modernos, están abiertos a la innovación de la razón y ponen de relieve los errores de la tradición y de la costumbre, y, de otro, los que ponen en primer plano la autoridad de los antiguos, de los clásicos, que han dejado dicha la última palabra sobre las cuestiones que preocupan a los hombres, de manera que, alcanzada la cima en tiempos pretéritos, lo mejor es tratar de emular esos logros en la medida de lo posible. En Francia la polémica se dirimió a favor de los modernos, rechazándose la sabiduría antigua como pauta para la sociedad, mientras que en Alemania el debate, que se suscitó medio siglo después, supuso el triunfo de los partidarios de los clásicos, de la Antigüedad grecorromana4. Lo singular de la querella es que no se circunscribió sólo al campo de la literatura, sino que pronto el espíritu de la modernidad se extendió al mundo de la ciencia, la religión y la filosofía, penetrando ampliamente en el siglo XVIII y consolidándose con la Ilustración. En el siglo de las luces lo moderno supone ya una nueva conciencia histórica en la que el reino de la razón se contrapone al reino de la tradición, aquél es lo nuevo —abierto al futuro—, éste es lo viejo, desautorizado por la razón: “La modernidad debe estabilizarse a partir de la única autoridad que ha dejado en pie: la razón. […] Así, la modernidad está orgullosa de su espíritu crítico que no acepta nada como evidente, como no sea bajo la luz de buenas razones.” Es la razón la que produce la reflexión y la que alimenta la libertad del sujeto, “y es suficientemente fuerte para socavar el poder tradicional de la religión5.” En otro lugar Habermas ha subrayado cómo hay aquí un concepto 4

5

En España, como sucede en la Italia renacentista, la disputa entre antiguos y modernos se plantea antes “de que medie el siglo XVI”, si bien el descarrilamiento del Renacimiento español malogró todos sus frutos. Véase el excelente estudio de José Antonio Maravall, Antiguos y modernos. La idea de progreso en el desarrollo inicial de una sociedad, Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1966; la referencia en la p. 16. Jürgen Habermas, La constelación posnacional…, op. cit., pp. 172 y 174.

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(1898-2008) Manuel de Puelles Benítez Una historia de la educación en España (1898-2008) M ANUEL DE P UELLES B ENÍTEZ Valencia, 2009 tirant...

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