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PUEBLOS Y DEMOCRACIA EN DERECHO INTERNACIONAL

ÁLVARO JARILLO ALDEANUEVA Profesor Contratado Doctor Departamento de Derecho Internacional Público UNED

Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamos públicos. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© Universidad Nacional de Educación a Distancia Madrid, 2010

Librería UNED: c/ Bravo Murillo, 38 - 28015 Madrid Tels.: 91 398 75 60 / 73 73 e-mail: libreria@adm.uned.es

© Tirant lo Blanch C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia Tels.: 96/361 00 48 - 50 Email:tlb@tirant.com © Autores: Álvaro Jarillo Aldeanueva

ISBN DIGITAL: 978-84-9004-873-3

Primera edición: enero de 2012

Maquetación: PMc Media


A mi abuela ... ejemplo de bondad, inteligencia y amor por la vida


ÍNDICE Prólogo................................................................................................

Capítulo I INTRODUCCIÓN: DEL HUMANISMO RENACENTISTA AL CONSTITUCIONALISMO MODERNO 1.1. El origen de la democracia como forma de gobierno...................... 1.2. El humanismo renacentista y el orbis universal.............................. 1.3. El racionalismo de la Ilustración y el constitucionalismo moderno.

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Capítulo II LOS PUEBLOS 2.1. El concepto de pueblo.................................................................... 2.2. La autodeterminación de los pueblos y la descolonización............. 2.3. La fuerza normativa del derecho de autodeterminación................. 2.4. La autodeterminación de los pueblos frente a la integridad territorial de los Estados.......................................................................... 2.5. Estudio de caso: Timor L’Este........................................................ 2.6. Cuadro de conclusiones.................................................................

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Capítulo 3 LAS ELECCIONES COMO CONDICIÓN PARA LA DEMOCRACIA 3.1. Estado de Derecho y sociedad democrática.................................... 3.2. Las elecciones libres y justas en el ámbito universal....................... 3.3 Las elecciones democráticas en el Consejo de Europa.................... 3.4. La fuerza normativa del derecho a elecciones libres y justas............. 3.5. Estudio de caso: la ilegalización de partidos y el entorno de Batasuna............................................................................................... 3.6 Cuadro de conclusiones.................................................................

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Índice

Capítulo 4 LA DEMOCRACIA Y LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES 4.1. La democracia en el ámbito de las Naciones Unidas....................... 4.3. La democracia en el espacio paneuropeo........................................ 4.4. La Unión Europea y la promoción de la democracia...................... 4.4. Estudio de caso: Kosovo................................................................. 4.5. Cuadro de conclusiones.................................................................

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Capítulo 5 LA DEMOCRACIA Y LA NO INTERVENCIÓN EN ASUNTOS INTERNOS 5.1. El discutido carácter universal de la democracia............................ 5.2. El reconocimiento de gobiernos..................................................... 5.3. Las intervenciones democráticas.................................................... 5.4. Estudio de caso: Georgia................................................................ 5.5. Cuadro de conclusiones.................................................................

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Capítulo 6 EL DERECHO A LA DEMOCRACIA 6.1. El concepto de democracia.............................................................. 6.2. La fuerza normativa de la democracia............................................ 6.3. La expansión de la democracia...................................................... 6.4. La democracia en la futura sociedad internacional......................... 6.5. Cuadro de conclusiones.................................................................

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EPÍLOGO..............................................................................................

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Prólogo El autor realiza un riguroso estudio del fenómeno de participación política y su incidencia en la democracia. A tal fin, acierta en su punto de partida de investigación al introducirnos a las aportaciones filosóficas griegas, concebidas como germen de la Ciencia Política, en la configuración del concepto de comunidad. Su introducción de las formas políticas antiguas y clásicas permite enfatizar las singulares aportaciones de la Escuela clásica española para desarrollar posteriormente las ulteriores contribuciones del Racionalismo. Nos complace muy especialmente la lectura del significado y alcance atribuido por la concepción de la Escuela clásica española. En sus páginas destaca la noción de comunidad humana compuesta por diferentes pueblos. El autor sabe resaltar la modernidad de la idea de la “Comunitas orbis” de Vitoria, que desbrozó la circunstancia histórica de su creador. La clásica y hábil construcción de la Escuela española permite situar al hombre al erigirlo en centro de gravedad de la paz, en su múltiple condición de persona, súbdito del Estado y miembro de la Comunidad Internacional. Esta obra da buena cuenta de las tesis que coadyuvaron a la consolidación del principio de igualdad formal de los estados, al desarrollo del constitucionalismo moderno en el que el hombre ocupa un papel nuclear en el ejercicio del poder político y pone de relieve además la interrelación de los conceptos de pueblo y democracia con el ejercicio de dicho poder político. Esta doble dimensión de la noción de gobierno permite la interpretación y definición de la idea sustancial de gobierno y la comprensión de la situación de los pueblos en razón del significado actual que la democracia adquiere en el Derecho Internacional. Por otra parte, es especialmente interesante la observación que realiza el autor de la incidencia que los aspectos políticos tuvieron en el desarrollo del Derecho de Gentes, cuya evolución se debió también a la incorporación del principio de legalidad, directamente interconectado con la legitimidad del gobierno que ejerce el poder en el plano interno y actúa en nombre del Estado en el ámbito externo. El autor pone en evidencia la evolución progresiva de la noción de democracia en función del proceso de cambio político acontecido desde


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la segunda mitad del siglo XX, que ha coadyuvado a la expansión y consolidación de la democracia. El enfoque pluridisciplinar que adopta el profesor Jarillo le permite extraer en su evaluación crítica consideraciones ajustadas a los casos más recientes de la práctica internacional, dedicando estudios de caso al final de cada capítulo a escenarios como los de Timor L’Este, Kosovo, Georgia o, incluso, contextos tan complejos como los de ilegalización de partidos políticos en España; todo ello, comentando algunos de los contextos de crisis más recientes como los de Libia y Costa de Marfil. Este análisis nos obliga a reconocer, y lo hacemos con sumo agrado, el acierto y la actualidad del tema que fuera en su día objeto de su investigación doctoral. La referencia a los conflictos armados contemporáneos nos permite comprender la íntima interconexión que el autor realiza del fenómeno de la celebración de elecciones libres con la creación y consolidación de los regímenes democráticos. Es encomiable la argumentación que realiza el autor al supervisar la incorporación del concepto de democracia al Derecho Internacional valorando la labor llevaba a cabo por las Organizaciones Internacionales y por las iniciativas estatales auspiciadas en su seno. Destaca la defensa de la máxima enarbolada hoy como uno de los valores esenciales de nuestro “patrimonio común europeo”, al que dedica un análisis esmerado, en el que aborda con éxito la dilucidación de conceptos interconectados con las nociones de democracia, Estado de Derecho, las elecciones libres y los elementos que los configuran. En la defensa del valor de la democracia no obvia el desacuerdo doctrinal e institucional imperante, consciente de la divergente aproximación estatal en el marco del Derecho internacional. No obstante, en su valoración crítica destaca el necesario equilibrio entre el principio de efectividad y la defensa de la legitimidad interna del gobierno que pretende ejercer el poder dentro del Estado. Merece ser resaltada la trascendencia atribuida al derecho de participación política en los escenarios de transición, en los que destaca su fortalecimiento por la interrelación establecida entre los elementos axiológicos, políticos y jurídicos. Su actual vocación por las organizaciones internacionales es evidenciada en sus actuaciones promotoras de la democratización e instauración del Estado de Derecho, que el autor conecta con los aspectos relativos a las elecciones libres y justas


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o las prácticas de buen gobierno, para llevar a cabo la aproximación nuclear de la obra, y dotar de significado jurídico internacional al derecho de participación política y de la democracia en el orden internacional en su contexto actual. A tal fin, el autor nos conduce al proceso de gestación de los derechos políticos individuales, para profundizar en el derecho de participación política, entendido como corolario de la dimensión interna del derecho de autodeterminación de los pueblos, a raíz de los procesos de descolonización y de distensión sucedidos una vez concluida la guerra fría. Éstos le exigieron al profesor Jarillo proceder al examen de los compromisos internacionales más significativos y de los consensos que operan en el ámbito interno de los Estados. La complejidad de la comunidad internacional actual es puesta de manifiesto al enunciar los desafíos que afronta y en la transformación de la aproximación actual al concepto de seguridad internacional. El autor es capaz de ofrecernos una visión pragmática, merced a la verificación de la transformación del concepto de democracia en razón de las heterogéneas y complejas relaciones existentes entre los Estados y las organizaciones actuales, y a la luz de los hitos más significativos de los últimos años. En esta línea, realza la importancia atribuida en el este contexto a la democracia por parte de los Estados, cuya actuación se ve condicionada en razón de otros principios esenciales del Derecho Internacional, especialmente por la invocación del principio de no intervención en los asuntos internos y la libertad política de los Estados. La obra hubiera sido incompleta si no hubiera abordado el modo en el que el Derecho Internacional se ha visto influido por el entramado de actuaciones, estatales e institucionales, a favor de la promoción de la democracia. Por ello, la obra concluye con una aportación que podemos calificar de novedosa en sus propuestas en torno a la relación de la noción de democracia con otros conceptos como la Comunidad internacional y el proceso de globalización. Esta aproximación tiene el valor añadido de superar el análisis teórico-práctico efectuado desde una perspectiva pluridisciplinar de las actividades de democratización, porque va más lejos a fin de dejarnos constancia y reflejar la propia experiencia práctica del investigador. Su experiencia y asiduidad a las misiones de observación y supervisión electoral en el terreno, en las que ha operado con ejemplaridad


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y eficacia, al servicio de distintas organizaciones, ya sea de ámbito universal (las Naciones Unidas), como de ámbito regional (la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y la Unión Europea) lo ponen de manifiesto. Justamente, este conocimiento y la asunción personal de las dificultades surgidas en países como Indonesia, Timor L’Este, Kenia, Serbia, Montenegro y Ecuador le han permitido ofrecernos propuestas significativas y especialmente adecuadas desde una perspectiva empírica para orientar las buenas prácticas en la materia. En suma, felicitamos al autor por su obra, fruto de una laboriosa reflexión sobre los pueblos y la democracia en el Derecho Internacional, que funda en un acertado análisis jurídico positivo y que demuestra la pervivencia de diferencias entre el ámbito del debate y el de la actuación institucional. El enfoque pluridisciplinar adoptado y las aportaciones realizadas en el ámbito del Derecho contribuyen, sin duda, a clarificar el estado de la cuestión y a ofrecer propuestas de convivencia pacífica para pueblos y Estados. Fanny Castro-Rial Garrone Profesora Titular de Derecho Internacional Público Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)


Capítulo I INTRODUCCIÓN: DEL HUMANISMO RENACENTISTA AL CONSTITUCIONALISMO MODERNO Los pueblos y la democracia forman parte del Derecho Internacional contemporáneo. Ambos conceptos son invocados de forma constante por los sujetos de este ordenamiento, si bien la doctrina aún no ha delimitado de forma precisa su contenido e interpretación. En el contexto internacional actual, es frecuente encontrar alusiones a términos como autodeterminación de los pueblos, democracia, elecciones justas, procesos de democratización o integridad territorial de los Estados. En junio de 2009, con motivo de las elecciones iraníes, el presidente Obama concibió el proceso democrático como un conjunto de valores universales que deben ser respetados1. Estos conceptos pertenecen al Derecho interno de los Estados y al Derecho Internacional; su utilización simultánea, en ocasiones, genera confusión e incertidumbre entre la doctrina y los propios sujetos de cada ordenamiento. En los últimos años, se han incrementado las conexiones entre la seguridad internacional y la democracia, entre la autodeterminación de los pueblos y la desmembración de Estados e, incluso, entre la lucha contra el terrorismo internacional y la identidad de los pueblos2.

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Vid. Obama, B., Remarks by President Obama, The White House – Press Office (Oval Office), 15 de junio de 2009: “[…] We respect Iranian sovereignty and want to avoid the United States being the issue inside of Iran […] I Think that the democratic process – free speech, the ability of people to peacefully dissent – all those are universal values and need to be respected”. La utilización abusiva de conceptos como “pueblo” y “democracia” no quiere decir que exista una definición precisa y aceptada de estos términos ni de los elementos que forman parte de ellos. El profesor Remiro ha ironizado al respecto: “La significación univocal de la democracia alimentada por el sentimiento de autocomplacencia con el propio sistema, a la que se unen el espíritu apostólico, el optimismo derivado de la victoria del neoliberalismo en la guerra fría y el postulado de que entre países democráticos no hay conflictos bélicos, pueden conducir, según la conocida fórmula de Groucho Marx, a espectaculares avances normativos que supongan lamentables


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El uso abusivo de estos términos ha generado una importante confusión terminológica que contribuye a suscitar ambigüedad3. Tal como señalara el profesor García Pelayo respecto de los conceptos políticos, la cotidianeidad en su uso contribuye a la pérdida de su sentido originario4. El profesor Roldán ha comentado la excesiva utilización del término democracia afirmando que “la universalización formal y retórica que experimenta el principio democrático en las relaciones internacionales trae consigo, indefectiblemente, una canalización, una pérdida de crédito, por redundancia y desajuste con la realidad, de la palabra democracia”5. De igual forma ocurre con los “pueblos”, cuyo significado aún está revestido de gran “incertidumbre”6. Durante la segunda mitad del siglo XX, hemos asistido a un proceso de cambio político sin precedentes en el que el impulso de la descolonización y la expansión de la democracia han ocupado un lugar privilegiado. Los aspectos políticos internos han cobrado protagonismo en el ordenamiento internacional a partir de la distensión de la

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retrocesos institucionales”. (Remiro Brotóns, A., Derecho Internacional, McGraw-Hill, Madrid, 1997, p. 1067). Es el fenómeno que Allot entiende como “ideas por asociación” que se produce cuando una palabra o símbolo expresa varias ideas pero es muy difícil delimitar su significado preciso. Vid. Allot, P. , Eunomia. New order for a New World, Oxford University Press, Oxford, 1990, p. 15: “[…] ideas by association, ideas which may be capable of being expressed in words, but which often will not be capable of adequate expression in words”.Vid. también Pérez Luño, A. E., Dimensiones de la igualdad, Dykinson, Madrid, 2005, p. 103: “La claridad de un concepto procede del análisis y la determinación de sus notas constitutivas”. Vid. García Pelayo, “Las transformaciones del Estado contemporáneo”, en Obras Completas, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1991, pp. 1619-1620: “Los vocablos políticos van perdiendo algo de su significación originaria no solamente a medida que pasan de boca en boca en la cotidianeidad de la praxis política, sino también a medida que cambian las coyunturas históricas”. Roldán Barberó, J., “Democracia y derecho internacional: algunos datos y reflexiones nuevas”, en Cursos de Derechos Humanos de Donosita – San Sebastián, vol. III, Universidad del País Vasco, 2002, p. 17. Vid. Doehring, K., “Self-Determination”, en AA.VV. (Ed. Simma, B.), The Charter of the United Nations, A commentary, vol. I, Oxford University Press, Nueva York, 2002, cit., p. 55.


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guerra fría y, en el ámbito jurídico, han surgido nuevos instrumentos orientados a la promoción de la democracia como forma de gobierno. El Derecho Internacional ha tomado partido a favor de conceptos políticos derivados de la soberanía estatal, tales como la no intervención en los asuntos internos y la libertad política de los Estados. Los casos de Timor L’Este, Kosovo o Georgia demuestran la vigencia del derecho de autodeterminación de los pueblos y su relación con la democracia como forma de gobierno. Asimismo, los conflictos armados que han tenido lugar en Afganistán, Irak o Libia ponen de manifiesto la conexión que muchos Estados otorgan a la celebración de elecciones y al establecimiento de la democracia como parte de la estrategia de prevención y solución de conflictos. Tal como demuestra el caso de Georgia, la mayoría de los conflictos actuales tienen una dimensión interna vinculada con reivindicaciones nacionalistas o con elementos identitarios de los pueblos. Más aún, en muchos de los conflictos en los que se relacionan los grupos terroristas con las reivindicaciones secesionistas se confrontan de forma simultánea las aspiraciones secesionistas con la convivencia democrática de las sociedades que conforman esos pueblos o Estados. Esta obra estudia los pueblos y la democracia en la actual realidad internacional combinando la teoría7 y la práctica8 y adoptando un enfoque multidisciplinar9. El objetivo final es el análisis de los pueblos

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Para un análisis en profundidad, se recomienda la lectura de la Tesis doctoral que sirvió de fundamento teórico de esta obra (defendida con el resultado de Sobresaliente Cum Laude), vid. Jarillo Aldeanueva, A., El derecho de participación política y la democracia en el ordenamiento internacional: análisis desde la perspectiva europea, Tesis Doctoral, Departamento de Derecho Internacional Público, UNED, Madrid, 2006. De forma paralela a la investigación teórica, esta obra está basada en las experiencias prácticas extraídas de la participación directa del autor en trabajos desarrollados al servicio de las principales organizaciones internacionales vinculadas con la promoción de las elecciones libres y la democracia (Naciones Unidas, OSCE y Unión Europea), tanto en la sede de estas organizaciones como en misiones desplegadas en el terreno (entre otros destinos, en misiones electorales en Indonesia, Timor L’Este, Serbia, Montenegro, Kenia y Ecuador). Los pueblos y la democracia forman parte del ordenamiento jurídico internacional, por lo que resulta necesario estudiar la fuerza normativa de ambos conceptos con el rigor propio de la Ciencia Jurídica. Asimismo, el contenido de ambos conceptos exige que nuestro análisis también recurra a otras fuentes provenientes de la Filosofía, la Ciencia Política, las Relaciones


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y la democracia a través del examen pormenorizado de los casos más relevantes de la Sociedad internacional de nuestros días. La confusión reinante en torno a ambos términos y la tergiversación conceptual que, en ocasiones de forma interesada, se ha generado en los últimos años justifica la realización de esta obra. La razón última que ha inspirado su desarrollo es la búsqueda del rigor jurídico y de la coherencia política en la utilización de unos conceptos que deben ser la base de la paz social y de la convivencia entre Estados y pueblos. A continuación, a título de introducción de carácter multidisciplinar, exponemos (de forma sumaria) algunos de los hitos más importantes que facilitaron el nacimiento del constitucionalismo moderno10 y la aparición de la democracia en el contexto internacional11.

1.1. El origen de la democracia como forma de gobierno La vinculación existente entre los pueblos y la democracia se remonta a las primeras formas de civilización humana en las que los destinatarios del poder o súbditos de éste participan de alguna forma en el propio gobierno de la comunidad. La idea de la participación en el ejercicio del poder ha estado implícita en el propio concepto de democracia12 desde su aparición en la época griega. Es evidente que

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Internacionales y otras ramas de Derecho Público tales como el Derecho Político, la Filosofía del Derecho y el Derecho Constitucional. En palabras de Francisco de Ayala: “El constitucionalismo debe su nombre a motivos de carácter histórico, que pueden ser resumidos en la circunstancia de que el nuevo régimen se organiza mediante el instrumento de una constitución escrita, donde se consignan los principios esenciales de la comunidad política y los derechos fundamentales de los ciudadanos frente al poder público (parte dogmática) así como el edificio institucional del régimen (parte orgánica)” (Ayala, F., Obras Completas V (Ensayos políticos y sociológicos) Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2009, p. 122). Para un análisis detallado del fundamento de la democracia como concepto, vid. el capítulo primero de la tesis doctoral mencionada anteriormente titulado “Aproximación al fundamento filosófico-político de la participación política y la democracia” (Jarillo Aldeanueva, A., en El derecho de participación política y la democracia en el ordenamiento internacional: análisis desde la perspectiva europea, cit. pp. 11-112). El origen del concepto de democracia suele situarse en La oración fúnebre de Pericles en la que el político griego reflexionaba sobre los acontecimien-


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la Humanidad ha conocido muy diversas civilizaciones con formas de organización social avanzadas13, pero la cultura helénica fue el punto de partida de lo que hoy entendemos como civilización occidental14. Desde un punto de vista semántico, democracia es un término sustantivo compuesto por dos voces griegas: demos, equivalente al pueblo y kratos, referido al poder15. En el periodo griego se formulan las primeras aproximaciones a la idea de democracia. Platón acepta la democracia en un primer momento como una forma de gobierno cercano al ideal de belleza16 pero,

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tos de la Guerra del Peloponeso y sobre la vida en Atenas: “Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas, mientras que según el renombre que cada uno, a juicio de estimación pública, tiene en algún respecto, es honrado en la cosa pública”. (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2002, Libro II, p. 90, [37]). El hombre, desde que vive en comunidad con capacidad cognoscitiva, ha desarrollado su pensamiento sobre las formas de organización que puede adoptar esa comunidad. Vid. Sabine, G. H., Historia de la teoría política, Fondo de cultura económica de España, Madrid, 1996, p. 19. A este respecto, es muy recomendable la lectura del primer volumen de la obra de Truyol y Serra, A., Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado. 1. De los orígenes a la baja Edad Media, Alianza, Madrid, 1995. Vid. Acton, L., Ensayos sobre la libertad, el poder y la religión, Centro de estudios políticos y constitucionales (BOE), Madrid, 1999, pp. 133-135: “Entre los griegos, Atenas, la audaz pionera del descubrimiento de la república, fue la única democracia que prosperó […] Pericles es el primer demócrata que comprendió la noción de igualdad política”.; Quesada, F., “Hacia un nuevo imaginario político”, en AA.VV., Cambio de Paradigma en la Filosofía Política (Cuaderno de Seminario Público), Fundación Juan March, Madrid, Abril 2001, pp. 26-27. Para la Real Academia Española, las acepciones de democracia son: “1. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. (Diccionario de la Lengua Española, 21ª edición, Espasa Calpe, Madrid, p. 678).Vid., en general, la obra de Sinclair, R. K., Democracia y participación en Atenas, Alianza, Madrid, 1999. Vid. Platón, La República, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1986, p. 442, [557,c]: “Es posible que sea el más hermoso de los siste-


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a continuación, subraya los efectos negativos que se pueden derivar del “gobierno de todos” en el que el problema fundamental es el “exceso de libertad”17. A partir de este defecto de la democracia basado en la libertad desmedida, concluye que esta forma de gobierno dará lugar a abusos de unas clases sociales sobre otras18 que, en última instancia, degenerarán en la aparición de la tiranía19. En conjunto, la concepción platónica de las formas de gobierno está influenciada por la asunción de las ideas inmutables por parte de los hombres y por el sometimiento de las leyes terrenas a la idea del bien que se sitúa en el límite del mundo inteligible. Desde la perspectiva “terrena” de las leyes que gobiernan la ciudad, concibe las formas de gobierno de la ciudad como un reflejo del alma de las personas y así, según la forma política que adopte, el gobierno será más o menos perfecto según se aproxime a la idea del bien20. La preocupación por conciliar la libertad de los individuos con la igualdad de los ciudadanos21 se hace presente en Aristóteles que

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mas de gobierno. Como un manto abigarrado, tejido con lanas de todos los colores, este sistema en que se mezclan todos los caracteres bien puede ser un modelo de belleza”. Vid. Ibid., p. 449, [562,d]: “Creo yo que cuando una ciudad gobernada democráticamente y sedienta de libertad tiene a su cabeza malos escanciadores y bebe más de lo debido el vino de la libertad hasta llegar a emborracharse, castiga a sus propios gobernantes si no llevan la complacencia al punto de concederle la más absoluta libertad, acusándoles de malvados y oligárquicos”. Vid. Ibid., pp. 450-451, [445,c-564,a]. Por ello, afirma: “Es pues natural que la tiranía no pueda surgir de ningún otro sistema de gobierno sino del democrático; es decir, que a la más extrema libertad suceda la mayor y más cruel esclavitud”. (Ibid., p. 451, [564,a]). Vid. Ibid., p. 425 [544,e]: “Si son cinco las formas de organización de las ciudades, habrá en los individuos cinco formas de alma que corresponden a aquellas”. Platón desarrolla una teoría política que se asimila a sus teorías sobre el hombre en general y que conecta los conceptos de ética y política. Vid. Bobbio, N., La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político: año académico 1975-1976, Fondo de Cultura Económica, México, 1989, p. 29: “Es bien conocido lo que la teoría platónica del Estado como gran hombre le debe a la teoría del hombre en general”. Vid. Ayala, F., Obras Completas V (Ensayos políticos y sociológicos), cit., p. 99: “En la democracia antigua la libertad política se reduce a la igualdad, y ésta se manifiesta en el derecho compartido al gobierno […] Falta por entero la distinción entre vida pública y vida privada […] el centro de gravedad de


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orienta su filosofía política hacia la búsqueda de la felicidad en la virtud que representa la idea del bien cuando ésta se materializa en la experiencia terrena de los hombres y, en particular, en la vida en la polis22. Una de sus aportaciones en el estudio de los regímenes de gobierno es el concepto de la politeia23 como forma de gobierno mixto entre la oligarquía y la democracia24. Esta concepción del régimen intermedio refleja su interés por el “justo medio” o la búsqueda del equilibrio entre los actos humanos a través de la virtud25. El concepto de ciudadano que expone en el Libro III de su obra Política ha tenido vigencia hasta nuestros días: “Llamaremos, pues, ciudadano al que tiene el derecho de participar en el poder deliberativo y judicial de la ciudad; y llamaremos ciudad, hablando en general, al cuerpo de ciudadanos capaz de llevar una existencia autosuficiente”26. Más de dos mil años después, esta relación entre la “existencia autosuficiente” de la comunidad y la participación ciudadana ha sido debatida en Naciones Unidas en el contexto de la autodeterminación de los pueblos. Estas aportaciones de la Grecia clásica son el germen de una

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la vida griega — como también de la romana de tiempos republicanos — era la plaza pública, y no el hogar”. Vid. Truyol y Serra, A., Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado. 1. De los orígenes a la baja Edad Media, cit., p. 161: “En Aristóteles la naturaleza no es un principio estático, sino dinámico; es lo que en cada ser está latente como potencia y se despliega conforme al fin […] El hombre es hombre en la medida en que es animal político”. Vid. Bernardi, B., La democratie, Flammarion, París, 1999, p. 59. Vid. Aristóteles, Política, UNAM, México D.F., 2000, p. 119 [1293, b]. Algunos autores como Bobbio han subrayado la importancia histórica de este concepto intermedio: “Es el régimen que debería asegurar mejor que cualquier otro la paz social” (Bobbio, N., La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político: año académico 1975-1976, cit., p. 41). Vid. Negro, D., La tradición liberal y el Estado, Unión Editorial, Madrid, 1995, pp. 49-50: “La relación armónica entre los hombres libres se asienta en la filia o sentimiento de amistad debido a la comunidad de origen o pertenencia a una misma ciudad […] Su principal representante fue Aristóteles, cuya doctrina de la politeia o democracia moderada de régimen mixto oligárquico y democrático presuponía el dominio social de las clases medias. El logos establece la medida tolerable en que los actos humanos pueden afectarse entre sí”. Vid. Aristóteles, Política, cit., p. 68 [1275, b].


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verdadera ciencia política que tuvo su máxima repercusión al final de la Edad media y en el Renacimiento27.

1.2. El humanismo renacentista y el orbis universal Tomando como punto de partida los conceptos de comunidad de la Grecia clásica, el punto de conexión de estas ideas con el Derecho Internacional debe situarse en la generación de la Escuela Española del siglo XVI28. El concepto moderno de pueblo suele vincularse a la obra de la descolonización promovida por la Organización de las Naciones Unidas, si bien, aunque parezca paradójico, su origen debe remontarse a la época de la propia colonización española. En la época comprendida entre el final del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI, España constituía el centro intelectual más importante de la civilización occidental en un momento en el que el Renacimiento en las artes y las ciencias estuvo acompañado del mayor imperio colonial conocido: había comenzado la nueva era del Humanismo renacentista29. A partir de la promulgación de la Bula Inter Caetera, otorgada

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Vid. Truyol y Serra, A., Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado. 1. De los orígenes a la baja Edad Media, cit., pp. 167-168: “La filosofía jurídica y política de Aristóteles desempeñó escaso papel en el periodo helenístico y romano […] Pero el caudal ingente de sabiduría almacenado en la Política haría, finalmente, de esta obra una de las potencias espirituales de la humanidad occidental […]”. A este respecto vid., entre otros, Hamilton, B., Political Thought in Sixteenth-Century Spain. A Study of the Political Ideas of Vitoria, Soto, Suárez and Molina, Clarendon, Oxford, 1963; Fernández-Santamaría, J. A., The State, War and Peace, Spanish Political Thought in the Reanaissance, 15151559, Cambridge, University Press, 1977; Pereña, L., La idea de justicia en la conquista de América, Mapfre, Madrid, 1992; Es muy ilustrativa del pensamiento renacentista la obra La ciudad del sol del filósofo dominico Tomas Campanella (La obra la escribió en 1602 mientras estaba en la cárcel condenado por hereje por el Santo Oficio Romano) en la que describe su imaginaria Ciudad del Sol reflejo del espíritu universal de la época: “Encontré a Moisés, Osiris, Júpiter, Mercurio, Mahoma, y otros muchos, y en lugar muy honroso estaba Jesucristo y los doce Apóstoles, a los que tienen en gran estima, Cesar, Alejandro, Pirro y todos los romanos; y admirado yo de cómo supiesen aquellas historias, me indicaron que ellos dominaban la lengua de todas las naciones, y que enviaban aposta embaja-


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por el Papa Alejandro VI en 1493, la expansión colonial hacia el nuevo mundo del poder temporal y su relación con el poder papal, fueron los principales asuntos tratados por los pensadores de las órdenes religiosas; entre otros, por los dominicos y franciscanos que forjaron la Escuela de Salamanca30. Francisco de Vitoria ha sido considerado como el padre de la doctrina ius internacionalista31; su concepción del mundo estaba claramente influenciada por las tesis de Santo Tomás32 y por el Humanismo de la época, partidario de defender los valores cristianos bajo el influjo de la Ley natural. La diferencia fue que Vitoria no se limitó al concepto medieval del ius gentium (que estaba formado por las leyes humanas que contienen conclusiones de la ley natural; entonces superiores por naturaleza a las del ius civile) sino que, al concebir una comunidad humana compuesta por diferentes pueblos, lo concibe como un ius inter gentes33. Partiendo de una concepción del Derecho natu-

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dores por el mundo, y se informaban del bien y del mal de todos; y se gozaba mucho en esto”. (Campanella, T., La ciudad del sol, Mondadori, Madrid, 1988, p. 121). Vid. Luño Peña, E., Historia de la filosofía del Derecho, Tomo II, Libro tercero (La filosofía del Derecho en la Edad Moderna), La Hormiga de Oro, Barcelona, 1948, p. 10: “Humanismo y Renacimiento coinciden en su esencial carácter antropocéntrico y en una orientación inmanente frente al ideal trascendente de la Edad Media”. Vid. Truyol y Serra, A., Historia del Derecho Internacional Público, Tecnos, Madrid, 1995, pp. 59: “Francisco de Vitoria aportó una primera definición del derecho de gentes como ‘Derecho entre las gentes’, en definitiva, como derecho internacional”. Con relación a su influencia en la Escuela Española, vid. Grewe W. G., The Epochs of International Law, Walter de Gruyter, Berlín, 2000, p. 145: “On Spanish soil itself a spiritual movement developed which opposed the ‘reactionary’ recourse to the ways of thinking of the curialists of the Late Middle Ages. Instead, concepts were based on the ideas of high scholasticism and of Thomas Aquinas, in a search for new ways to justify Spanish colonial policy and the rights of the Pope to exercise influence in secular matters. This was done in a form which was better adapted to modern thinking”. Vid. Truyol y Serra, A., “El derecho de gentes como orden universal”, en AA.VV., La Escuela de Salamanca y el Derecho internacional en América. Del pasado al futuro, cit., p. 24: “El orbe vitoriano no es un super-Estado como la monarquía universal de Dante, ni una civitas máxima al estilo estoico, sino una familia de pueblos según la concibiera San Agustín. Es una


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