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EL ESTADO DEMOCRÁTICO POSTNACIONAL Dimensiones actuales del principio de soberanía y ciudadanía

CLICERIO COELLO GARCÉS

Valencia, 2013


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A Clicerio y Marbel Por siempre


Índice Introducción.......................................................................... 13

Capítulo 1 La cuestión del Estado nacional 1.1. El Estado nación como forma de organización política................................................................................... 17 1.2. La nación y el Estado nacional.................................... 22 1.3. Factores que alteran la concepción tradicional del Estado nacional............................................................ 28 a) El factor externo.................................................... 30 b) El factor interno..................................................... 35 i) La autodeterminación de las naciones (ad intra).................................................................... 36 ii) La descentralización estatal como factor interno de adelgazamiento del Estado nacional..................................................................... 39 1.4. La cuestión del Estado nacional.................................. 42

Capítulo 2 La doctrina del principio de soberanía y su controversia. La evolución del Estado moderno 2.1. Algunos planteamientos doctrinales de la soberanía. 47 2.2. Las objeciones de León Duguit y Laski a la doctrina de la soberanía............................................................. 77 2.3. Soberanía nacional, soberanía popular y soberanía estatal............................................................................ 79 2.4. La crisis del principio de soberanía ¿el ocaso?........... 82 a) Antinomia: Soberanía externa vs. orden jurídico internacional.......................................................... 85 b) Antinomia: Soberanía vs. derecho interno........... 93 c) Antinomia: Soberanía vs. universalidad de derechos......................................................................... 102


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i. Sobre la universalidad de los derechos humanos..................................................................... 102 ii. La controversia................................................. 114 d) Soberanía vs. orden económico............................ 117 2.5. La soberanía como eje central del Estado democrático postmoderno........................................................... 120

Capítulo 3 Dimensiones actuales del principio de soberanía 3.1. Marco constitucional de la soberanía......................... 123 a) Soberanía del pueblo como fundamento del orden constitucional.................................................. 126 b) Soberanía del pueblo como factor legitimador de los poderes públicos en el contexto constitucional....................................................................... 129 3.2. Integración, Estado soberano y ordenamiento jurídico estatal. El caso de España y México........................ 137 a) La apertura a los tratados internacionales, la transferencia de competencias a órganos supranacionales y la interpretación en materia de derechos humanos. El caso español.......................... 139 i) Cláusula de apertura a los tratados................. 140 ii) Cláusula de transferencia de facultades derivadas de la Constitución a órganos internacionales............................................................. 141 iii) Cláusula de interpretación de los derechos humanos........................................................... 144 b) Reconocimiento de jerarquía constitucional a los tratados internacionales en materia de derechos humanos e interpretación pro persona. El caso mexicano a partir de la reforma al artículo primero de la Constitución Política........................... 145 i) Cláusula de apertura constitucional a los tratados en materia de derechos humanos......... 146 ii) Cláusula de interpretación de los derechos humanos........................................................... 148 3.3. El sentido de la soberanía popular. Adjetivación del principio como factor procedimental......................... 149


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Capítulo 4 Nuevas perspectivas de la ciudadanía postnacional 4.1. La ciudadanía en el contexto del Estado democrático................................................................................... 155 4.2. Ciudadanía y derechos de la personalidad................. 159 4.3. Estado democrático, pluralismo e igualdad de derechos............................................................................... 162 4.4. Constitución e integración política y social................ 177 4.5. Ciudadanía como status de inclusión.......................... 185 4.6. Derechos de las minorías y multiculturalismo. Las minorías migrantes...................................................... 190 4.7. La ciudadanía postnacional......................................... 195 4.8. La base del reconocimiento de los derechos políticos de los inmigrantes.................................................. 199 4.9. Derechos políticos en el Estado de residencia........... 207 4.10. Los derechos políticos de los inmigrantes en países europeos....................................................................... 212

Conclusiones.......................................................................... 219 Bibliografía............................................................................. 225


Introducción La presente obra tiene por objeto analizar las problemáticas del principio de soberanía y ciudadanía en el contexto actual del Estado nacional. Esto, en virtud de que los constantes cambios de la realidad social y la aparición de nuevos factores protagonistas de las relaciones políticas y económicas, hacen que el Estado se encuentre en un estadio de transformación, para hacer frente de manera eficaz a los nuevos retos que se le presentan. La soberanía y la ciudadanía como elementos trascendentales del modelo estatal no son ajenas a ello, de ahí la importancia de llevar a cabo, desde la perspectiva constitucional, el estudio de sus problemas y dimensiones, así como el análisis de si la condición de nacionalidad es hoy en día suficiente como única vía para acceder a la ciudadanía y, por tanto, al ejercicio de los derechos políticos en un Estado democrático. En ese sentido, en esta obra se desarrollan los planteamientos doctrinales de la soberanía y ciudadanía, a partir de la concepción del modelo estatal, su configuración como Estado nacional y los factores tanto internos como externos que intervienen en su evolución; considerándose de particular relevancia el marco constitucional de reconocimiento del principio de soberanía, así como sus repercusiones ante los fenómenos de integración supranacional, apertura constitucional e interpretación de tratados internacionales en materia de derechos humanos. Asimismo, se analizan las dimensiones del estatus de ciudadanía y sus problemáticas actuales en el marco de la interdependencia estatal, el multiculturalismo y la universalidad de los derechos humanos, a efecto de sentar las bases doctrinales de la configuración de una


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ciudadanía democrática post-nacional. Pues en la actualidad, el multiculturalismo ha emergido como un factor que pone en relieve las concepciones tradicionales de la ciudadanía liberal; ya que, la migración es el fenómeno más significativo del siglo XXI, propiciado por el desplazamiento constante de personas que buscan mejores alternativas de vida y desarrollo personal, lo que conlleva una serie de problemas desde la perspectiva del respeto a los derechos humanos y de las alternativas de participación política en el sistema democrático, máxime si se toma en cuenta que en las sociedades multiculturales no existen, o en su caso, son mínimos los mecanismos constitucionales que motivan la contribución política de los inmigrantes en beneficio de la comunidad, reduciéndose así su participación en los ámbitos laboral, económico y cultural. Lo que, sin lugar a dudas, plantea una serie de retos para los sistemas participativos incluyentes de los modelos democráticos. En ese sentido, recobra vigencia el estudio de la función del constitucionalismo para la integración política y social en las sociedades multiculturales, con el objeto de definir los nuevos aspectos que deben regir a una ciudadanía democrática emergente: la ciudadanía postnacional. Desde luego, la elaboración de un trabajo de investigación es producto de esfuerzos personales, pero que encuentran sustento en el ánimo, colaboración y espléndido apoyo recibido por extraordinarios amigos, compañeros y maestros. Por ello, expreso mi agradecimiento a quienes han hecho posible que esta obra sea hoy una realidad. Mi agradecimiento encarecido al Magistrado Pedro Esteban Penagos López, de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México, por los conocimientos y experiencias que me ha compartido de manera bondadosa y que en el


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entendimiento de la aplicación práctica del Derecho he encontrado una auténtica vocación por la impartición de justicia. El planteamiento inicial de este trabajo fue realizado bajo la dirección del catedrático Eduardo Espín Templado, durante mi estancia de estudios de postgrado en la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo, España, quien con su amabilidad y generosidad académica siempre me ha distinguido. También, debo agradecer el apoyo invaluable y los valiosos comentarios de quienes fueron mis compañeros en el Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Castilla-La Mancha, a mis amigos profesores Francisco Javier Díaz Revorio, Enrique Belda Pérez-Pedrero, María José Majano, Elena Rebato y María Martín. Así como las atinadas observaciones y sugerencias que sobre algunos aspectos que se abordan en esta obra, me compartieron en su oportunidad, los catedráticos Luis López Guerra y Luis Prieto Sanchís. Asimismo, mi gratitud a Salvador Cárdenas Gutiérrez, quien llevó a cabo la revisión del presente libro en su integridad, que con su experiencia académica y su aguda visión de historiador del Derecho, realizó sugerencias enriquecedoras. Con la precisión de que todo lo aquí escrito es de la exclusiva responsabilidad de su autor.


Capítulo 1

La cuestión del Estado nacional 1.1. El Estado nación como forma de organización política Las sociedades a lo largo de la historia han adoptado en diversos estadios de su evolución alguna forma de organización de las relaciones sociales y del poder político, teniendo como finalidad la búsqueda constante de la ordenación de la comunidad y de la preservación de la unidad1, estas diversas formas de organización se han correspondido a las circunstancias y a la realidad social imperante en cada momento histórico determinado. El modelo de Estado configurado por los modernos es la forma de organización política y social que ha logrado una expansión y consolidación en la totalidad de las sociedades, convirtiéndose en el modelo universal de

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De esta manera, Maurizio FIORAVANTI, al hacer referencia a las diversas formas de organización política desde los antiguos, pues considera que en las primeras estructuras políticas “el temor que prevalece (…), es el de la stásis, concepto fundamental con el que se indica una condición dentro de la cual el conflicto social y político (…), tiende a asumir caracteres radicales, que hacen imposible su solución dentro de las estructuras políticas existentes y conocidas. El temor de la stásis lleva a reflexionar sobre las formas de organización y sobre los caracteres esenciales de aquellas estructuras, en un intento de promover su reforma y, así, dotarlas de una mayor capacidad de respuesta frente al conflicto: en definitiva, de salvar la unidad…”, agregando que “al peligro indicado por el concepto clave de stásis es necesario contraponer un valor positivo, que se expresa a través de otro concepto clave, especulativo y opuesto, el de eunomía, el buen orden de la colectividad”, vid. FIORAVANTI, Maurizio, Constitución. De la antigüedad a nuestros días, (traducción de MARTÍNEZ, M.), Trotta, Madrid, 2001, p. 16.


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ordenación2, al grado de resultar poco concebible en la actualidad una organización de las estructuras políticas diferente a la estatal. Constituyéndose el Estado como un complejo institucional de organización sobre un territorio determinado, con capacidad para la producción de normas que regulan las relaciones de los individuos y de estos con el poder, con una proyección tendente a garantizar derechos y libertades, y con atributos de relevancia como la función jurisdiccional, legislativa y administrativa, así como la utilización razonable del imperio de la ley. En ese sentido, se puede afirmar que la esencia histórica del Estado está en la soberanía, que constituye el poder originario, supremo y último en la comunidad3. Aun cuando las formas antiguas de organización política no presuponían la existencia de la soberanía o de un Estado como tal, sí expresaban un sistema de control y una búsqueda de formas de gobierno en virtud de la necesidad de la regulación de la actividad política y social4. Y es que, el origen de la soberanía se encuentra directamente vinculado al surgimiento del Estado, como modelo de organización política a partir del siglo XVI y como presupuesto indispensable para el advenimiento 2

Al respecto, GABRIEL, José Antonio de, “La formación del Estado moderno”, en ÁGUILA, Rafael del (Editor), Ciencia Política, Trotta, Madrid, 1997, pp. 35-36. 3 Encontramos de manera sistematizada diversas definiciones sobre el Estado y la soberanía en, ARNÁIZ AMIGO, Aurora, Soberanía y potestad, Ed. Porrúa, México, 1981, pp. 123-127. 4 Y con ello el surgimiento de las doctrinas constitucionales, siempre y cuando entendamos a la regulación de la organización política y social con una connotación más amplia que a la de sólo vincularla con la aparición del constitucionalismo formal como corriente histórica, que desde luego es muy posterior a la de las primeras formas de estructurar al poder, es decir, entendiendo en sentido amplio a la Constitución como “ordenamiento general de las relaciones sociales y políticas”, de esta manera la define, FIORAVANTI, Maurizio, op. cit., p. 11.


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del poder soberano, aunque ambos no se hayan dado de manera simultánea. Pues, en un principio los grupos sociales se encontraban difusos con estructuras simples de organización —sociedades segmentadas—, con una forma embrionaria de Estado en la que a través de un proceso paulatino los miembros de la comunidad fueron asumiendo la supremacía de la autoridad5. Iniciándose así, una construcción incipiente del concepto de soberanía, que no fue obra conclusa hasta en tanto el Estado se encontró arraigado como modelo de organización política6. Una vez que los conceptos de Estado y soberanía se establecieron como instrumentos de organización política y social, su posterior desarrollo se encuentra sujeto a los cambios ulteriores de la sociedad y de las relaciones de ésta con el poder. Así, la forma de organización de los antiguos difiere de la establecida en la Edad Media, y a su vez ésta con la de los modernos, en la que precisamente se dio un auge de estos conceptos y que han permanecido en la base de las estructuras políticas hasta la actualidad. Así, el Estado moderno surgió como consecuencia de la crisis de la conformación política y de la división territorial a finales de la Edad Media, bajo el control único de un poder soberano instaurado como autoridad suprema en una comunidad conformada anteriormente por diversas potestades. Por ello, se considera al Estado

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En relación a la evolución de la sociedad segmentada, BOUZABREY, Luis, “El poder y los sistemas políticos”, en CAMINAL BADIA, Miquel (Coordinador), Manual de Ciencia Política, Tecnos, Madrid, 1996, pp. 46-47. Sobre el proceso del Estado segmentario al Estado absoluto, y sobre la concepción de soberanía, véase HINSLEY, F. H., El concepto de soberanía (traducción de MORERA, F. y ALANDÍ, A.), Labor, Barcelona, 1972, pp. 24 y ss.


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a partir de ese momento como condición de unidad de gobierno, territorio y población, manteniendo un protagonismo de importancia en las relaciones internacionales7. Sin embargo, el Estado moderno adquiere un mayor protagonismo posteriormente a la Paz de Westfalia de 1648, iniciando su consolidación con las revoluciones norteamericana y francesa8. El sistema considerado en la Paz de Westfalia establecía una Europa dividida por Estados a partir de una concepción política de la nación, es decir, a cada nación un Estado, en el que ninguna autoridad estatal es considerada superior con respecto a otro Estado. Por ello, el Estado-nación ha sido considerado como el producto de la edificación estatal a través de una comunidad nacional, es decir, del establecimiento de un Estado por cada nación determinada9, bajo el

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Algunos autores consideran que la etapa de expansión progresiva del Estado moderno se inició en el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX, instaurándose como la única forma de organización política reconocida en el sistema mundial, al respecto LÓPEZAYLLÓN, Sergio, “‘Globalización’ y transición del Estado nacional”, en CARBONELL, Miguel y VÁZQUEZ, Rodolfo (Compiladores), Estado constitucional y globalización, Porrúa, UNAM, México, 2001, pp. 270 y 271. Sobre los orígenes del Estado moderno, SCHULZE, Hagen, Estado y nación en Europa, Crítica, Barcelona, 1997; y JIMÉNEZ REDONDO, Manuel, “Introducción”, en HABERMAS, Jürgen, Más allá del Estado nacional, Trotta, Madrid, 1997. En relación a esta concepción del Estado Nación, HELLER ha señalado que “el especial significado político de la nación, en la era de la democracia, reside en haberse hecho principio organizador del Estado. Los Estados feudal-absolutistas disponían según criterios dinásticos sobre los pueblos sin excesiva atención a sus características culturales. Al derrumbarse el absolutismo no existía un Estado mundial, (…) Por esa razón se convirtió en postulado democrático la construcción del Estado como expresión de la comunidad nacional de cultura”; vid. HELLER, Hermann, Escritos políticos, Alianza, Madrid, 1985, p. 233.


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principio de las nacionalidades, en el que se expresaba que cada nación tenía derecho a tener una organización política estatal10, dotada de un orden interno y de una independencia al exterior11. Así Weber, consideraba al Estado nacional como “la organización del poder secular de la nación”. Lo que conlleva a la independencia recíproca y a la no injerencia en los asuntos internos de cada entidad soberana, con relaciones internacionales proyectadas como reglas mínimas de coexistencia, en la que las controversias entre Estados eran dirimidas, en última instancia, a través de la fuerza. De manera que la concepción moderna del Estado se edificó bajo una realidad soberana, por medio de la cual se impone el derecho como instrumento que garantiza la estabilidad y la unidad12. En tanto que, después de la Revolución Francesa la organización política tiende a una definición casi simultánea de Estado liberal y Estado nacional. 10

Al respecto, ESPÍN TEMPLADO, Eduardo, Lecciones de Derecho Político, Tirant lo Blanch, Valencia, 1994, p. 40. 11 El Estado Nación ha contado con varias etapas históricas, empezando por las monarquías absolutas y compuestas de los siglos XVI y XVII, y posteriormente la del Estado nacional revolucionario (1815-1871), en el que el sentir que predominaba era el de constituir un Estado legitimado por la nación, como una reivindicación revolucionaria; el Estado nacional imperial (1871-1914), materializado por dos potencias como Alemania e Italia de grandes dimensiones en Europa; posteriormente el Estado nacional total (1914-1945), en el marco de las dos guerras mundiales, en el que los auges nacionalistas conllevaron a la medición de fuerzas de poder entre los Estados y, El Estado Nacional contemporáneo (desde 1945), que paulatinamente va dando muestras de cierto déficit en algunos de sus atributos. Sobre las etapas de evolución del Estado Nacional, véase a SCHULZE, Hagen, Estado y nación en Europa, op. cit., pp. 166 y ss. 12 Sobre el modelo de Westfalia, HELD, David, La democracia y el orden global. Del Estado moderno al gobierno cosmopolita, (traducción de MAZZUCA, S.), Paidós, Barcelona, 1997, pp. 100 y ss.


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1.2. La nación y el Estado nacional En la determinación de la estructuración de la sociedad civil, se conformaron algunas doctrinas que establecen diversas concepciones de la nación, de las que podemos subrayar: la concepción individualista o liberal (Hobbes, Locke, Sieyès, Montesquieu y Rousseau), que considera a la nación como el resultado de una nueva formación social fundada en el pacto o consenso de voluntades, en la que la sociedad civil tiene un carácter instrumental que parte de la configuración del individuo como sujeto de relaciones económicas (individuo-propietario) y la concepción germánica (Herder y Fichte), que fija a la nación como una comunidad de cultura que, además de la suma de individuos, es una entidad basada en la historia y en la lengua de cada pueblo, aspectos que conforman su esencia e identidad13. Ambas teorías a pesar de tener planteamientos doctrinales diferentes, son compatibles y complementarias entre sí. El término nación14, tiene una connotación que obedece al conjunto de individuos en una comunión de circunstancias históricas y culturales que les dan identidad, a través de las cuales se vinculan a la colectividad con

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JÁUREGUI, Gurutz, La nación y el estado nacional en el umbral del nuevo siglo, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1990, pp. 15-21. 14 “Natio es un viejo concepto tradicional, heredado de la Antigüedad romana, que califica originariamente el nacimiento o descendencia como característica diferenciadora de grupos de todo tipo. (…) el uso del vocablo se consolidó en su exacto significado latino originario como aquella comunidad de derecho a la que se pertenece por nacimiento”. “Ciertamente existía el concepto ‘nación’ desde hace mucho tiempo, mucho más tiempo que el concepto ‘Estado’, pero en su significado actual, que abarca toda la población y que puede todavía definir una nación sin Estado, en este sentido, las naciones son aún muy recientes”, SCHULZE, Hagen, op. cit., pp. 88 y 89.


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sus mecanismos de organización social. De esta manera podemos comprender a la nación en dos perspectivas: desde un punto de vista estático como la que “incluye a los individuos caracterizados por una serie de rasgos comunes, como lenguaje, raza o un pasado histórico”15, y a partir de un enfoque dinámico, como “la voluntad de los individuos que integran una comunidad nacional de asumir ese pasado común y de perpetuar dicha comunidad hacia el futuro”16. La configuración de los Estados nacionales ha obedecido a tres formas diversas: primeramente, la constitución de una organización política a partir de una comunidad cultural, cumpliéndose con ello el principio de las nacionalidades que enunciaba que a cada nación correspondía un Estado, es decir, el Estado nacional por excelencia17; éste fue el que prevaleció en la integración de algunos Estados nacionales que se edificaban a partir de una comunidad que compartía entre sus individuos elementos culturales comunes, como la lengua, las tradiciones, las costumbres o la convivencia común en una área geográfica delimitada. Bajo una segunda forma de configuración estatal, la nación tiene una connotación que abarca a la totalidad de la comunidad política de un Estado, entendiéndose aquí a la nación en un sentido amplio o político-jurídico, en la que confluyen diversas naciones culturales e históricas (o naciones en sentido estricto) dando ori15

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ESPÍN TEMPLADO, Eduardo, op. cit., p. 39. Ibidem, p. 39. Desde esta perspectiva, HEGEL consideró que lo verdaderamente importante es que cada pueblo se dote de una organización política, que se establezca como un Estado Nación, ya que no serán parte de la historia las naciones que no se constituyan como estados, y que sólo a través de éste los individuos y los pueblos podrán tener existencia real y objetiva; consúltese, HEGEL, G., Enciclopedia de las ciencias filosóficas, Porrúa, México, 1973.


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gen a Estados pluriculturales, pluriétnicos o plurinacionales18, representando un mosaico de nacionalidades diversas. Por ello, la correspondencia de la nación con un entidad estatal no es un supuesto que en todos los casos se corresponda con la realidad, ya que la denominación de Estado nacional, desde esta perspectiva, no es idéntica a la de Estado uninacional. En las entidades pluriculturales concurren varias naciones que si bien es cierto cuentan con peculiaridades propias que las distinguen unas de otras, tienen a su vez mínimos comunes que las identifican. Esa confluencia de aspectos mínimos comunes dota de una identidad genérica a un Estado, sin que se niegue con ello, que en la asimilación de una identidad común haya mediado, en algunos casos y en algún momento histórico, la imposición o la fuerza. Y otra forma de integración estatal es la que encontramos en algunas organizaciones estatales que han tenido una conformación a la inversa, constituyéndose una nación con una identidad cultural propia en dos o más Estados, es decir una nación histórica es dividida o fragmentada políticamente en varias organizaciones políticas. Forma de configuración estatal que constituye el resultado de diversas circunstancias históricas y políticas19. La forma de integración de un Estado a partir de dos a más naciones a la que hemos hecho referencia, refle18

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Sobre este particular, RUIZ RODRÍGUEZ señala que “los Estados y naciones multiétnicos son la regla, no la excepción”; véase RUIZ RODRÍGUEZ, Segundo, La teoría del derecho de autodeterminación de los pueblos, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1998, p. 34. En tanto que, HELD considera que “Aunque ciertos Estados-nación se aproximan a esta situación de homogeneidad cultural, muchos no lo hacen (…). Por lo tanto, es importante separar los conceptos de Estado-nación y nacionalismo”; HELD, David, op. cit., p. 72. Al respecto, ESPÍN TEMPLADO, Eduardo, op. cit., p. 40.


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ja que una comunidad política puede estar constituida por diversas comunidades culturales, por tanto no es requisito indispensable para la estabilidad política y la organización social, la conexión directa que se le pretende atribuir a una comunidad política en relación a una comunidad cultural20. Las naciones y el Estado nacional pluricultural que éstas componen, tienen fundamentos diferentes, las primeras en el plano de las manifestaciones del ámbito cultural y étnico, y el Estado nacional en la esfera de la organización de las estructuras políticas. Ambas con ámbitos diferentes de acción, que al mismo tiempo se hacen compatibles y se requieren entre sí, dándole viabilidad a la convivencia de diversas comunidades culturales en el marco de una misma organización estatal. La integración plurinacional ha tenido diversas causas políticas y sociales en el desarrollo histórico, que oscilan desde la adhesión de una determinada nación a la pertenencia de un Estado, o la confluencia de naciones con rasgos afines para la conformación de un orden superior, inclusive, la integración impuesta a través de la fuerza. Así como aquellos casos en los que se ha propiciado la construcción de una nación a través de una organización política, con la imposición de la cultura dominante en detrimento de las peculiaridades propias de naciones o etnias dominadas, con el objeto de configurar una unidad nacional, sostenida por una sola cul-

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“Este hecho tan frecuente en las Edades Media y Moderna de la convivencia estable de distintas comunidades culturales con sus lenguas diferentes dentro de una única comunidad política nos está indicando, sin más, que no existe ninguna necesaria e intrínseca conexión entre el concepto de comunidad política y el de comunidad cultural…”, OBIETA CHALBAUD, José A. De, El derecho humano de la autodeterminación de los pueblos, Tecnos, Madrid, 1993, p. 21.


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tura y un lenguaje oficial en la totalidad de la extensión territorial de un Estado. De cualquier manera, las diversas naciones que integran una entidad estatal, han supuesto con el transcurso del tiempo cierto grado de asimilación que legitima la conformación plurinacional del Estado. Dándose interacciones entre el Estado plurinacional y las naciones histórico culturales (naciones en sentido estricto) que lo componen, a través de la regulación de niveles competenciales y de ciertos grados de autonomía; de tal manera, que las comunidades nacionales dentro de una organización política estatal, constituyen factores formales o reales de poder. El elemento característico del Estado, es el de un modelo de organización política en una nación o en una convivencia de naciones. Las naciones que se encuentran integradas en un mismo Estado, asumen una identidad y sentimiento de pertenencia a un estamento estatal superior, sin que ello signifique una renuncia a la conciencia de identidad propia, característica que puede aparecer en menor o mayor escala dependiendo del contexto bajo el cual se presente, dándose de manera expresiva y evidente, o tácita e implícita. La formación de una identidad estatal superior por las comunidades culturales puede ser motivada por diversos aspectos, pero principalmente, porque la concurrencia de varias naciones en la estructuración de un Estado obedece a una confluencia de mínimos comunes que propician una identificación que las distingue de las naciones de otros Estados, tales como las tradiciones, la religión, el idioma, el orden jurídico común, entre otras. Algunos aspectos que además propician la identidad estatal son: la nacionalidad del ciudadano, otorgándole un status definido de frente a otros Estados; el papel de las instituciones representativas de carácter nacional,


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