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LA PROFESIONALIZACIÓN LEGISLATIVA EN MÉXICO Fernando Patrón Sánchez Mª Ofelia Camacho García SENTIDO Y ALCANCE DE LA RENDICIÓN DE CUENTAS Ricardo Uvalle Berrones Maximiliano García Guzmán (Coordinadores) ÉLITES PARLAMENTARIAS LOCALES EN MÉXICO: ACTITUDES Y DESEMPEÑO Mónica Montaño Reyes Fernando Patrón Sánchez (Coordinadores) MODELO DE COMUNICACIÓN POLÍTICA A DEBATE Clicerio Coello Garcés Felipe de la Mata Pizaña Gabriela Villafuerte Coello (Coordinadores) HISTORIA Y BALANCE DE LA CIENCIA POLÍTICA EN MÉXICO Ricardo Uvalle Berrones Maximiliano García Guzmán (Coordinadores) EL PROCESO ELECTORAL DE 2015: INSTITUCIONES, PARTIDOS Y COMPETENCIA Víctor Alarcón Olguín Nancy García Vázquez (Coordinadores) NUEVAS TEORÍAS EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA: REPUBLICANISMO, LIBERALISMO Y COMUNITARISMO Abril Uscanga Barradas PARTIDOS POLÍTICOS EN UN CONTEXTO DE CRISIS. TEORÍA Y PRAXIS BAJO UNA MIRADA LATINOAMERICANA Enrique Cuna Gonzalo Farrera Alberto Escamilla (Coordinadores) INSTITUCIONES, PARTICIPACIÓN Y REPRESENTACIÓN POLÍTICAS EN MÉXICO Víctor Alarcón Olguín Esperanza Palma Gabriel Pérez Pérez Juan Reyes del Campillo L. Laura Valencia Escamilla

ciencia política La colección de Ciencia Política de Tirant lo Blanch representa un proyecto editorial abierto a las líneas de investigación más novedosas desarrolladas por los profesionales de la disciplina. Desde este presupuesto, las obras que componen esta colección tienen como objeto fundamental trazar un panorama amplio de las materias propias de la Ciencia Política, sin olvidar por ello la necesaria interdisciplinariedad que conllevan estos estudios e investigaciones. Por tanto, este proyecto editorial no sólo pretende cubrir las áreas centrales en el estudio de la disciplina, sino también aquellos campos temáticos más marginales dentro de ésta o que ofrecen, en el caso español, una producción de menor envergadura desde el punto de vista científico y también docente.

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COMUNICACIÓN POLÍTICA Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA

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ciencia política

COMUNICACIÓN POLÍTICA Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA Nuevos entornos y desafíos

Martín Echeverría Rubén González Macías Coordinadores

ciencia política

La comunicación es un fenómeno de suma importancia para la política, al grado de que el éxito o fracaso de los candidatos en campaña y de los gobiernos, depende en buena medida de que la comunicación sea directa, persuasiva y convincente. No obstante, y a pesar del extraordinario desarrollo de tecnologías y técnicas al respecto, las democracias occidentales pasan por un momento de crisis, caracterizadas por la polarización, falta de credibilidad y legitimidad, y carencia de resultados respecto a las necesidades de los ciudadanos. En ese sentido, parece que la comunicación política también está fracasando en sus objetivos. El caso de México no es ajeno a estos desafíos, y el presente volumen reúne trabajos que exploran esta problemática, en voz de destacados especialistas. Cubriendo temas que van desde la sustancia programática de la publicidad política, los perturbadores efectos de los rumores en contextos de violencia, los efectos de los medios en la participación política y la delicada situación laboral de los periodistas mexicanos, este libro pretende dar a conocer al lector un panorama del papel de la comunicación en la crisis política que se experimenta actualmente.


COMUNICACIÓN POLÍTICA Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA Nuevos entornos y desafíos


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


COMUNICACIÓN POLÍTICA Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA Nuevos entornos y desafíos

Martín Echeverría Rubén González Macías Coordinadores Autores

Martín Echeverría Rubén González Macías Jorge Luis Triana Sánchez Carlos Muñiz Alma Rosa Saldierna Alejandra Rodríguez-Estrada Luis Fernando Sánchez Murillo Víctor Hugo Reyna García

Ciudad de México, 2019


Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

Directores de la Colección:

ISMAEL CRESPO MARTÍNEZ Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Murcia

PABLO OÑATE RUBALCABA Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia

© Martín Echeverría, Rubén González Macías y otros

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9190-819-7 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Estudio introductorio. La democracia en crisis, la comunicación política en crisis.................................................................................................... 9 Martín Echeverría Rubén González Macías

Determinantes de la creencia y difusión de rumores de violencia en Acapulco.......................................................................................... 29 Jorge Luis Triana Sánchez

Efecto del seguimiento de las elecciones en medios sociales sobre la participación política online............................................................................ 51 Carlos Muñiz Martín Echeverría Alma Rosa Saldierna Alejandra Rodríguez-Estrada

Las propuestas de los candidatos a gobernador en México en el periodo 2009-2015............................................................................................... 77 Luis Fernando Sánchez Murillo

La puerta giratoria entre el periodismo y la comunicación política en Sonora......................................................................................................... 105 Víctor Hugo Reyna García

Reseñas de los autores.............................................................................. 129


Estudio introductorio. La democracia en crisis, la comunicación política en crisis Martín Echeverría

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Rubén González Macías

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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l orden político, como lo conocíamos, está cambiando, y lo hace a una velocidad vertiginosa. La irrupción de tecnologías digitales, el agotamiento de la representatividad política o la incertidumbre económica, entre otros factores, implica que los viejos esquemas que guiaban la política, el periodismo y las audiencias están siendo superados. La convergencia de autoritarismos renovados, líderes carismáticos, ecosistemas mediáticos interactivos y prosumidores representa por un lado el signo de los nuevos tiempos, y por otro, lo que parece un momento crítico de cambio en el devenir de las democracias occidentales. México se inserta desde luego en estas tendencias. En los últimos años, los sistemas político y mediático del país han experimentado una serie de transformaciones vinculadas a su democratización y apertura económica, que han hecho viable la libertad de expresión y el derecho a la información, previamente restringidos. Con todo, dichos cambios se manifiestan a la sombra de su pasado autoritario y premoderno, cuando dichos componentes eran restringidos e incluso reprimidos. Ello ha derivado en que los supuestos beneficios de la democratización y la apertura económica, previamente mencionados, no se han verificado de manera homogénea o general en las distintas regiones y estratos sociales de país, puesto que las fuerzas de cambio liberalizador conviven con las de continuidad autoritaria. Teniendo dicho panorama como punto de partida, este volumen que lleva por título Comunicación y Crisis de la Democracia. Nuevos Entornos y Desafíos, ofrece una serie de miradas


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puntuales sobre la comunicación política y el periodismo político en México. Desde diferentes enfoques teórico-metodológicos, los trabajos académicos que lo integran permiten entender el estado actual de las interacciones entre el ámbito de la política y el de la comunicación pública. A manera de introducción y descripción panorámica de este extenso campo, identificamos de antemano determinados aspectos que nos parecen problemáticos en el desempeño del sistema político y mediático mexicano, vinculados directamente a las transformaciones críticas comentadas, y que merecen ser ampliados y descritos de la mano de la literatura académica existente. En consecuencia, dicha mirada de conjunto puntualiza específicamente sobre las disfunciones del modelo de comunicación política, una modernización inacabada de los medios mexicanos, una sobre comercialización de su actuar sin regulación adecuada por parte del Estado, y una baja autonomía profesional para los periodistas. Documentamos estos aspectos con reflexiones y hallazgos empíricos provenientes de la literatura académica mexicana al respecto, en una revisión exhaustiva a manera de estado del arte de la producción mexicana en comunicación política.

EL MODELO DE COMUNICACIÓN POLÍTICO ELECTORAL Y LA PARTIDOCRACIA MEXICANA Un aspecto que pudiera retardar o incluso entorpecer la maduración democrática en México es el conjunto de prácticas comunicativas implementadas por el Estado durante las campañas, a través del modelo de comunicación política. Al gravitar sobre la visión mercadológica del spot como componente fundamental, en una implementación de excesiva redundancia, se reeditan los problemas que la academia ha venido señalando desde hace varios lustros acerca de la preeminencia del audiovisual en las campañas electorales (vid. infra). Al mismo tiempo, se desaprovecha la oportunidad de implementar otros mecanismos complementarios que


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aprovechen los recursos comunicativos para fines de formación cívica. Una revisión somera y crítica de la reforma reciente del modelo, a mediados de 2014, pone de manifiesto varios de estos problemas. El modelo de comunicación política se entiende como el arreglo institucional que estructura el sistema de información que el Estado mexicano les provee lo mismo a los candidatos, para publicitar sus plataformas y posiciones, que, a los ciudadanos, para facilitar el ejercicio de un voto informado, razonado y consciente. Se trata de un conjunto de regulaciones activas que a su vez establecen dispositivos de comunicación y modos de uso preferente, como en el caso de los debates y spots —tanto propagandísticos como de formación cívica—, así como determinaciones pasivas que liberan a los medios a su propia lógica, tal como sucede con la regulación antigua e inerte de la prensa, la laguna legal sobre Internet o el establecimiento de expectativas de desempeño no vinculantes para la radio y la televisión (Echeverría & Meyer, 2018). El motivo explícito de este modelo, por lo menos en el papel, es contribuir a la democracia con un flujo de información y conocimiento a los actores del sistema y con una arena de discusión pública. No obstante, el modelo de comunicación política actual es problemático por estar implementado sobre todo en función de las necesidades e intereses de los partidos, y no de los ciudadanos. En una democracia, por lo menos en su modalidad competitiva, mínima, se espera que los ciudadanos al momento de elegir equipen su juicio para prever cómo se comportará una opción política determinada en caso de ser elegida, lo que precisa conocimiento sobre sus opiniones y puntos de vista, los problemas principales que enfrenta una sociedad y las plataformas electorales propuestas para atenderlos, de modo que puedan comparar éstas dos últimas con sus propios puntos de vista y prioridades. Del mismo modo necesitan acopiar conocimiento básico sobre el funcionamiento del sistema político y social, para poder evaluar qué tan realistas son dicha propuestas (Strömbäck, 2005). En ese sentido, el modelo de comunicación implementado para servir a dicha tarea deberá proporcionar información sobre los puntos de vista y plataformas de las opciones políticas, dar seguimiento a sus palabras, acciones


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y promesas, así como información básica acerca de cómo funciona el sistema político y social (Strömbäck, 2005). De esa manera los ciudadanos pueden prospectar qué haría cada opción política en caso de que le otorgaran un mandato. Ya desde la reforma de 2007-2008 varios académicos criticaban la manera en que el modelo mexicano desatendía estas necesidades de cara a la ciudadanía para favorecer la instrumentalización del modelo por parte de los actores políticos. Posiblemente la principal crítica apuntaba, en su momento, a su ancla en los principios del marketing y el formato de spot. La emocionalidad, superficialidad, personalización, repetición y desideologización que caracteriza a este formato, de acuerdo a los autores, adelgaza el debate político, trivializa las propuestas e introduce un grado de control importante de los actores sobre sus mensajes, suprimiendo los cuestionamientos (Calleja et al., 2013). En particular los recursos del modelo permiten la construcción y apuntalamiento de la imagen pública de los actores, un recurso estimado fundamental para competir, lo que ha acarreado el incremento desmedido del gasto de los gobiernos en publicidad mediática en favor de sus titulares, funcionarios y políticos afines (Domínguez, Greene, Lawson, & Moreno, 2014; Esteinou, 2013). Estos elementos en su conjunto dificultan la deliberación acerca de la agenda pública y oferta política, la construcción de consensos colectivos, la cultura cívica, y la participación razonada y reflexiva en las contiendas por parte de los ciudadanos (Juárez & Brambila, 2013; Meyer, Ríos, Sánchez-Nuevo, & Bañuelos-Ramírez, 2013; Pareja & Molina, 2011; Trejo, 2015). La reforma de 2014 prolongó y en ocasiones enfatizó estas problemáticas. Surgida del acuerdo de 2013 entre las principales fuerzas políticas del país, llamado Pacto por México, la reforma se propuso modernizar el sistema electoral —entre otros varios ámbitos—, con la finalidad explícita de “consolidar la democracia” y “construir una ciudadanía de mayor plenitud”. La discusión de la iniciativa fue escueta: originalmente propuesta por el Senado, propició en dicha Cámara tan sólo seis intervenciones referentes al modelo de comunicación política (de 36) y siete en la Cámara de Diputados, en donde se elidió una visión sistémica de dicho com-


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ponente respecto los demás del sistema electoral, así como una reflexión profunda acerca de la idoneidad del modelo y la necesidad de replantear sus componentes. Si bien la nueva regulación mandata la organización de un par de debates durante las contiendas, así como la prohibición de publicidad presentada como información periodística —aspecto cuya reglamentación secundaria sigue en espera—, otros elementos recalcan su visión partidocéntrica: 1) el modelo confina su margen de actuación a la regulación de publicidad política televisiva, sin contemplar el ecosistema digital en que discurre buena parte de la discusión pública en la actualidad (Internet, redes sociales, video bajo demanda, etc.), lo cual lo deja obsoleto de entrada. 2) incrementa para los partidos los tiempos de publicidad y discrecionalidad en su uso, al otorgarles, entre el fin de precampañas e inicio de campañas, la mitad de los tiempos del Estado para la difusión de mensajes genéricos, algo inexistente en la regulación anterior. 3) Prevalece un criterio inequitativo en la distribución de tiempo aire para cada partido, del 70% de acuerdo a la elección previa y 30% de manera equitativa entre todos los partidos, un aspecto que se agudiza para la figura nueva de candidatos independientes, que los deja con un recurso marginal de visibilidad frente a una enorme necesidad de la misma. Estas inequidades ya se había hecho patentes cuando los partidos prohibieron a terceros la compra de spot, preservando así su monopolio respecto a ese recurso, y no estipularon mecanismos de inclusión de dichos actores en el debate público. En suma, el modelo permanece disfuncional respecto a las aspiraciones democráticas de una ciudadanía mejor informada de los problemas sociales, las propuestas y los perfiles de liderazgo de los candidatos, lo cual la habilita para discutir con sus pares, ejercer un voto razonado y consciente y participar activamente en la política. A un nivel más estructural, el modelo refrenda su fundamento en la visión partido-céntrica de la comunicación como persuasión, de mínimo riesgo y máximo beneficio para los partidos, y en una asimetría pronunciada entre los partidos como agentes de control y beneficiarios principales del modelo, y los ciudadanos, como pacientes del mismo.


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MEDIOS INFORMATIVOS. MODERNIZACIÓN INCOMPLETA Y REGRESIVA Como un país en transición de un sistema autoritario a uno democrático, el desempeño de los medios de comunicación en México se observa con más precisión bajo un trayecto modernizador el que estos superarían una etapa de franca adhesión al régimen de partido hegemónico, para llegar a estadios de representación y lealtad al interés público. En otras palabras, el análisis de estado de los medios adopta una óptica transicional, a medio camino (González & Echeverría, 2018), en consonancia con dicho rasgo en el modelo de democracia vigente en México (Espinosa, 2015; Tuckman, 2015) y bajo el supuesto de una vinculación estrecha entre sistema mediático y sistema político. En ese sentido podemos considerar al estado actual de los medios informativos como el resultado de una correlación de fuerzas que promueven la transformación del sistema mediático y aquellas que la inhiben —a manera de vestigios del periodismo autoritario—, lo cual ha generado un proceso de modernización irregular (González & Echeverría, 2018), tanto a nivel geográfico —como, por ejemplo, un desempeño más profesional en los medios de la capital del país que en los medios locales y regionales menos desarrollados (González & Echeverría, 2017; Salazar, 2017)— como en los niveles de libertad con que se ejerce el periodismo, en ocasiones holgada y en otras estrecha e incluso radicalmente quebrantada, tal como en el caso de los asesinatos de periodistas. Así, por ejemplo, el ejercicio periodístico en México ha dado algunas muestras de profesionalización gracias a la creciente liberalización económica, la alternancia partidista en los tres niveles de gobierno, y el arribo de las nuevas tecnologías de la comunicación (Hughes, 2006; Guerrero & Márquez, 2014; Tuckman, 2015). Por un lado, la apertura del mercado mediático ha impulsado la llegada de nuevos competidores, principalmente en el ámbito de la radio y televisión. Por su parte, el debilitamiento del Partido Revolucionario Institucional que culminó con su salida de Los Pinos en el 2000, fue cubierto por algunos medios y periodistas con una


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clara vocación de servicio público. Finalmente, las plataformas digitales han permitido el surgimiento de portales de noticias que privilegian la práctica del periodismo de investigación. Aunado a lo anterior, la ola de violencia en contra de la prensa ha generado la incipiente unión del gremio periodístico, con lo que se ha promovido la colaboración y capacitación de sus miembros (Hughes & Márquez, 2017; Relly & González, 2017). En las antípodas, y como forma restrictiva de la libertad de expresión, pervive aún el clientelismo entre los medios y diversos actores, entendido como el intercambio de favores (en especie o dinero) por lealtad, entre un actor con cierto nivel de poder y un subordinado, un fenómeno que, por cierto, atraviesa una buena parte de las relaciones entre ciudadanos y Estado en México. En el caso específico del sistema mediático, esto se traduce principalmente en la negociación de una cobertura favorable por parte de un medio de comunicación a cambio de un convenio de publicidad oficial, que lo silencia o alinea. El clientelismo es, tal vez, la expresión más común dentro de una operación continua de instrumentalización de los actores políticos mexicanos (gubernamentales o partidistas) respecto a las organizaciones periodísticas, que las utilizan para lograr sus fines personales y/o grupales (Hallin & Mancini, 2004). Bajo las condiciones antes descritas, y a pesar de las valiosas excepciones, no resulta extraordinario que la práctica periodística en México acuse de una falta de profesionalización crónica. Este término hace referencia a la capacidad de los propios periodistas para desarrollar de forma autónoma su trabajo, a partir de cánones desarrollados y aceptados por ellos mismos, y tendientes a responder al derecho que tienen los ciudadanos de estar informados (Tuchman, 1978; Schudson, 1989; Gans, 2004). En ese sentido, como se detallará más adelante, la cobertura informativa que ofrecen los medios tradicionales en nuestro país tiende a cumplir más funciones de vocería de los grupos en el poder que de vigilante de sus acciones: carencia de periodismo de investigación, sesgo partidista manifiesto en las noticias, y dependencia a la versión oficial a través de boletines, son sólo algunos rasgos consistentemente señalados en diversas


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investigaciones empíricas (Márquez, 2012; Reyna, 2014; Martínez, González & Miranda, 2015; González, 2016; Echeverría, 2017; Salazar, 2017). En el extremo, las inhibiciones a la modernización del periodismo mexicano se radicalizan en formas regresivas, francamente premodernas, de control periodístico, tales como la agresión, en ocasiones homicida, en contra de periodistas por parte de diversos actores de poder (gobernantes, narcotraficantes, caciques locales, organizaciones sociales, grupos de choque…). El número de atentados y la impunidad con la que se comenten han situado a México como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, tal y como lo documentan diferentes reportes y estudios académicos (Rodelo, 2009; Del Palacio, 2015; IFJ, 2016; Relly & González, 2014 y 2017; Hughes & Márquez, 2017; Brambila, 2017). Empero, aunque las agresiones físicas (golpizas, secuestros, tortura y/o asesinatos) son las más visibles y —por ende— las de mayor impacto mediático, lo cierto es que representan sólo la punta del iceberg. Es decir, los periodistas mexicanos han normalizado otras formas de violencia estructural, tales como las precarias condiciones laborales, los problemas de acceso a información pública, el desprestigio social, entre otros factores. Los rasgos progresistas y reaccionarios frente a dicha modernización tienen manifestaciones más o menos visibles en forma de procesos de producción periodística y coberturas, que han sido investigados por académicos mexicanos en las últimas dos décadas y de los que ofrecemos una reseña en la siguiente sección. Ahí se puede observar con más precisión la manera en que los medios informativos reproducen formas autoritarias de instrumentalización a favor de las élites, o bien, desempeños modernos orientados al interés público.


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¿PERIODISMO QUE SIRVE? SESGO PARTIDISTA, OFICIALISTA Y ESPECTACULARIZACIÓN Desde el punto de vista de los ciudadanos, el flujo de comunicación de los medios es fundamental para su activa participación en la vida pública: permite que éstos construyan una ciudadanía informada y participen racionalmente en la vida pública, contribuyendo a la deliberación y la formación de opiniones fundadas; permiten conformar sus preferencias políticas y evaluar a los funcionarios electos, su desempeño y resultados, en dirección a la toma de decisiones electorales; comunicarles a las élites gobernantes sus opiniones o preferencias, a través de una cobertura plural e incluyente que representa de manera aproximada a la esfera pública; vigilar el entorno político para reconocer si los actores cumplen sus responsabilidades, las decisiones políticas tomadas en su nombre; o si se registran abusos o negligencias de poder o bien desarrollos políticos potencialmente riesgosos que la ciudadanía tendría que conocer (Esser, 2013; Esser & Matthes, 2013). No obstante, su desempeño se ve atravesado por diversas disfuncionalidades que complican su cabal implementación, vinculadas con una orientación eminentemente comercial o mercantil de los medios informativos mexicanos. Aunque la tensión profesionalismo-comercialismo es un desafío constante en el ejercicio periodístico en prácticamente cualquier parte del mundo democrático, al incorporar un doble y en ocasiones confuso interés público y privado, en México tal tensión se resuelve decididamente a favor de lo privado-mercantil. Ello opera mediante dos manifestaciones señaladas: la primera es su rasgo rentista respecto a los anunciantes políticos, que necesitan de su cobertura favorable o silencio cómplice para sostener márgenes de aprobación pública considerables. Bajo mecanismos clientelares como los mencionados previamente, los medios mexicanos extraen rentas cuantiosas de las instituciones políticas que necesitan publicidad favorable disimulada de cobertura editorial. Una segunda manera de operar es mediante la apelación a la dimensión de consumidor de las audiencias, mediante la cual los mensajes ofrecidos, en lugar de ve-


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hicular información sustanciosa que facilite al ciudadano efectuar las funciones descritas, tienen la finalidad de atraer la atención y entretener a las audiencias. Esto implica la transformación de la noticia política en una mercancía destinada al entretenimiento. La cobertura oficialista en los medios del gobierno en turno y el sesgo partidista de los mismos durante las elecciones son ejemplos de lo primero. A partir de informes realizados por organizaciones de la sociedad civil, sabemos, por ejemplo, que los gobiernos federal y estatal mexicano han invertido cuantiosas sumas del erario público bajo un criterio arbitrario, y casi siempre rebasando ampliamente los topes de gasto aprobados por el Congreso (Castaño, 2017). No obstante, no abunda evidencia de un tratamiento favorable de los medios en reciprocidad de dicha inversión. Algunos trabajos cualitativos basados en entrevistas en profundidad con expertos, políticos y operadores de medios a nivel municipal o estatal confirman la compra subrepticia de cobertura editorial y participación en programas de entretenimiento, sin regulación o fiscalización de por medio (de León, 2012; Espino & Mendoza, 2015; Espino Sánchez, 2016; Galarza, 2014; González, 2013). Los políticos y sus operadores aducen que pagan por cobertura ante una creciente mediatización —donde la primacía en la agenda la tienen los medios, no los políticos— y una falta de atención a contenidos propiamente políticos por parte de los medios y la audiencia, lo que obliga a mimetizarse en programas de entretenimiento; los medios por su parte aseguran que bajo las condiciones económicas del país o la localidad que corresponda, sería difícil mantenerse en operación sin el apoyo de los actores políticos. En términos de análisis de contenidos, sobre todo en los estudios de nivel local, también se observa que la inversión oficial en los medios induce en ellos tratamientos favorables para el patrocinador y desfavorables para la oposición (Espino, 2016; Espino & Mendoza, 2015; González, 2013). Un ejemplo es la cobertura que recibió la propuesta de reforma al sector energético impulsada por la administración federal 2012-2016 en las principales cadenas de televisión abierta, más visible, sustanciosa y positiva para dicho actor, y más escasa, frívola y negativa para la oposición política y la sociedad civil (Echeverría & Bañuelos, 2017).


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El sesgo partidista acometido durante las elecciones es, por otro lado, uno de los más documentados en la academia mexicana desde hace décadas (Trejo Delarbre, 1985) y poco se puede añadir a ello, salvo constatar su vigencia. Elección tras elección, presidencial o intermedia, en niveles locales y nacionales, distintas regiones, y en prensa o televisión, los análisis empíricos de contenido observan una cobertura abiertamente favorable hacia cierto partido político, generalmente aquél que está en el poder, y desfavorable a la oposición (Aceves, 2010; Andrade, 2012; Echeverría, 2013; Espino Sánchez, 2016; González, 2013; Martínez, 2013; Ortiz & Gómez, 2013; Reyna, 2014). Una visibilidad y tratamiento selectivamente positivos o negativos, el ocultamiento, negación o mínimo énfasis de señalamientos de mala conducta y una tematización conveniente a determinado partido, son de los rasgos más señalados de dicho desempeño, aunque cabe señalar que éste se acentúa más en los periódicos de las regiones que en los de la capital, mal llamada “nacional” (González & Echeverría, 2017). Cuando la disfuncionalidad no refiere a tratamientos políticos intencionados, sobreviene más bien un abordaje espectacular de las elecciones, fuera de la norma periodística que espera información sustanciosa. En ese sentido, desde el año 2001 y en consonancia con el inicio de la transición democrática del año 2000, Lozano Rendón había observado un tratamiento espectacularizado de la política en prensa y televisión, con elementos de dramatización, personalización y fragmentación simplificadora, y una escasa presencia de programas políticos. (Lozano, 2001, 2004, 2005). Posteriores análisis que refinan la medición mediante el concepto de encuadre, encuentran que la mitad de las notas que cubren la elección lo hacen con tratamientos que enfatizan componentes excitativos de conflicto, estrategia y táctica política y personalización políticos, en detrimento de información sobre programas y propuestas políticas, tanto en elecciones presidenciales (Muñiz, 2015) como intermedias federales (Echeverría, 2017b) o locales (Muñiz, Saldierna, & Marañón, 2018) y particularmente en casos que tratan sobre acontecimientos que de suyo son propicios para una cobertura de tal naturaleza, tales como los debates presidenciales (Echeverría, 2017a; Echeverría & Millet, 2013) los conflictos en


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el Congreso (Echeverría & Bañuelos, 2015) o la fuga y posterior recaptura del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, ampliamente cubierto por los medios en clave narrativa de ficción (Díaz Cerveró, Barredo Ibáñez, & Hueso, 2017). Más allá del ámbito del periodismo, ello también coincide con el auge, durante la primera década del siglo y bien entrada la siguiente, de formatos de comedia o sátira política (Alonso, 2015), la dramatización de situaciones, eventos o actores políticos en formatos de ficción tipo telenovela o serie, así como la participación de los políticos en programas de variedad y entretenimiento, como invitados a una charla informal o participantes en programas de concurso (Pareja, 2013, 2016). En suma, la sobre comercialización de los medios, la falta de regulación en sus relaciones con la autoridad y una capacidad disminuida en la autonomía profesional del campo periodístico, le pasa un costo alto tanto a los periodistas mismos, impedidos en el ejercicio cabal de su función pública, como finalmente a los ciudadanos, que de esta manera quedan desprovistos de elementos informativos para tomar una decisión racional y consciente en las elecciones, más vulnerables a actos de manipulación por parte del poder, y en condiciones desventajosas para ejercer con mayor plenitud su ciudadanía.

INTRODUCCIÓN AL LIBRO El propósito del presente volumen es ofrecer una serie de investigaciones empíricas, precedidas de un estudio introductorio, vinculadas a fenómenos comunicativos tanto institucionales como de opinión pública, que discurren en un estado de disfuncionalidad inquietante y en ocasiones crítico. Por los primeros, el periodismo y la publicidad política televisiva no alcanzan a consolidar su estabilidad organizacional y la provisión de información sustanciosa al electorado; por lo segundo, la difusión informal de rumores en entornos violentos o los efectos tímidos de las redes sociales en la


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