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LITERATURA

FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO

tirant lo b anch Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 242 - 6


Índice Introducción ...........................................................................................................

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1. Edad Media Caracterización ...................................................................................................... Fases o períodos ..................................................................................................... Géneros literarios en la Europa medieval ............................................................ La poesía ........................................................................................................... El teatro ............................................................................................................ La prosa ............................................................................................................ Edad Media y recepción ......................................................................................... La estética medieval ..............................................................................................

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2. Siglo XVI. El Renacimiento El término y el concepto de Renacimiento ............................................................ El Renacimiento en el contexto europeo ............................................................... Límites y naturaleza del Renacimiento hispánico ............................................... Cronología del movimiento renacentista .............................................................. Renacimiento y Humanismo .................................................................................

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x3. Siglo XVII. El Barroco El término “barroco”............................................................................................... Límites cronológicos y rasgos de la cultura barroca ............................................ El barroco como concepto de época y como constante histórica ........................... El Manierismo ........................................................................................................ Autores y géneros representativos del barroco español y de otros países europeos....................................................................................................................

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4. El siglo XVIII. Ilustración, Neoclasicismo. Otros movimientos La Ilustración en el contexto europeo ................................................................... Características del Neoclasicismo ......................................................................... Resumen de los movimientos literarios españoles y europeos del siglo XVIII ...

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5. El siglo XIX. El Romanticismo El Romanticismo en Europa .................................................................................. El Romanticismo en España.................................................................................. El Romanticismo en Hispanoamérica ...................................................................

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6. El siglo XIX. El Realismo La realidad representada, la técnica de la representación, el lector................... El Realismo y sus relaciones con otros movimientos literarios ...........................

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ÍNDICE

El Realismo en el contexto de la literatura occidental ......................................... El Realismo en España .......................................................................................... El Realismo en Hispanoamérica ...........................................................................

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7. Siglo XIX. Principios del XX: Modernismo, 98, “Fin de Siglo” El Modernismo en el contexto europeo ................................................................. El Modernismo en España..................................................................................... El Modernismo en Hispanoamérica ......................................................................

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8. Principales movimientos narrativos del Siglo XX y de comienzos de Siglo XXI La narrativa en Europa y en América del Norte .................................................. La narrativa en España ......................................................................................... La narrativa en catalán, gallego y vasco .............................................................. La narrativa en Hispanoamérica ..........................................................................

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9. Principales movimientos poéticos del siglo XX y de comienzos del Siglo XXI La poesía en Europa en la primera mitad del siglo XX. Las vanguardias.......... Las vanguardias en España. La lírica hasta la guerra civil ................................ La poesía en gallego, catalán y vasco hasta la guerra civil ................................. Las vanguardias en Hispanoamérica.................................................................... La poesía en Europa y América del Norte en la segunda mitad del siglo XX y a comienzos del siglo XXI .................................................................................... La poesía española desde 1936 hasta nuestros días ............................................ La poesía en la guerra y en el exilio...................................................................... La generación del 36. Las revistas Escorial, Garcilaso y Espadaña ................... El Postismo y el grupo “Cántico” de Córdoba ....................................................... La poesía social ...................................................................................................... Grupo poético del 50 .............................................................................................. Los novísimos y los posnovísimos.......................................................................... La poesía en gallego, catalán y vasco desde la guerra civil hasta nuestros días. La poesía en Hispanoamérica en la segunda mitad del siglo XX y a comienzos del siglo XXI ......................................................................................................

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10. Principales movimientos teatrales del Siglo XX y de comienzo del Siglo XXI Movimientos teatrales en Europa y en América del Norte .................................. Movimientos teatrales en España ......................................................................... Asociaciones y agrupaciones teatrales .................................................................. Asociaciones de dramaturgas ................................................................................ Aportaciones significativas .................................................................................... Las salas alternativas ............................................................................................ Algunas de las dramaturgias femeninas de estos últimos años .......................... Movimientos teatrales en vasco, catalán y gallego .............................................. Movimientos teatrales en Hispanoamérica ..........................................................

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Introducción Antes de que cristalizara el concepto de literatura e incluso antes de que se confeccionaran gráficamente los textos, gracias a la imprenta, se debió de sentir ya la necesidad de expresar el asombro ante los misterios del universo y de guardar y conservar la memoria del movimiento de los astros, del curso de los ríos, del amor como revelación existencial, del conocimiento del mundo como acercamiento directo al sentido de la vida. El hombre, que empezó a utilizar signos para comunicarse y para expresar su miedo y su alegría, debió de pensar que merecía la pena dejar constancia de esas experiencias y de ahí nació la necesidad de fijarlas en la memoria, en la tradición oral y en la escritura. Las inscripciones y las pinturas prehistóricas constituían ya magníficos relatos pero estos discursos icónicos se vinieron a completar con el valioso instrumento de las palabras. No hay que identificar en estas épocas los relatos ni siquiera los textos con su fijación en caracteres, en letras. La letra está en el origen del vocablo literatura en las lenguas latinas, pero aún estamos muy lejos del sentido actual del término. La literatura conoce en un primer momento una existencia oral, modalidad que durante siglos ha convivido con la escrita. La literatura escrita surgiría bastante después, aunque muy pronto se comprobó que merecía la pena utilizar bien las palabras porque hablar bien equivalía de alguna manera a vivir bien. Por eso también los primeros pensadores y filósofos le prestaron atención al poder de la palabra como arte o al valor artístico de la palabra. Así precisamente define en una de sus acepciones el Diccionario de la RAE el concepto de literatura: “Arte que emplea como instrumento la palabra”. Varios diálogos de Platón, la Poética y la Retórica de Aristóteles y diversos textos de Quintiliano y Horacio estaban abordando ya lo que luego llamaremos el discurso literario, el arte de la palabra. Durante bastante tiempo la concepción de la literatura en Europa se asentó sobre los presupuestos clásicos, aunque hasta mediados del siglo XVIII no empieza a utilizarse el término literatura con el sentido que tiene en la actualidad. Antes de esta época, el vocablo empleado era el de poesía, o el de elocuencia si quería mencionarse cierta forma de prosa. Los investigadores de la historia y de la teoría del fenómeno literario han explicado la evolución semántica del término literatura y las distintas concepciones sobre la misma, desde los pensadores y escrito-


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res clásicos hasta la actualidad (Escarpit,1970; Aguiar e Silva,1979; Asensi Pérez, 1998 y 2003; Domínguez Caparrós, 2002; etc.) En esta trayectoria histórica, Lessing en sus Cartas sobre literatura (1759-1765) considera dicha disciplina como un conjunto de obras literarias; más tarde se aplicaría el término a las producciones de un país determinado (Tiraboschi, 1787-1794), hasta llegar a “la noción de literatura como creación estética, como específica categoría intelectual y forma específica de conocimiento”, que sería el sentido que adopta en los Elementos de literatura (1787) de Marmontel o en la obra de Mme de Staël, Sobre la literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales (1800) (Aguiar e Silva,1979: 12). Pero esta evolución no se detuvo aquí, sino que ha ido adquiriendo distintas significaciones a lo largo de la historia de la teoría literaria y de la propia historia de la literatura. En este libro se considera la literatura según la acepción que le asigna el Diccionario de la RAE, expuesta con anterioridad: “Arte que emplea como instrumento la palabra”. Proponemos el título genérico de Literatura, porque, aunque nos referimos fundamentalmente a la historia de los textos literarios escritos en español, realizamos una breve presentación en cada tema de las literaturas cultivadas en otras lenguas de la Península, como el catalán, el gallego y el vasco. A partir del Barroco, analizamos brevemente algunas corrientes de la literatura hispanoamericana y procuramos insertar el estudio de cada época y movimiento en el contexto de la literatura occidental, especialmente en el marco europeo. Estudiamos el hecho literario o el “arte de la palabra” en su dimensión histórica, distinguiendo en este decurso temporal una serie de épocas y movimientos, que vienen siendo los aceptados en términos generales por los diversos historiadores de la literatura, aunque no siempre se les asignen los mismos límites temporales ni las mismas concreciones conceptuales. Al concepto de periodización y a sus representaciones en las diversas corrientes teóricas nos hemos referido en otros trabajos (Gutiérrez Carbajo, 2002), considerando las distintas épocas y movimientos con el carácter de instrumentos metodológicos, útiles como términos de referencia y de ordenación mental. En una línea semejante, distinguimos en este libro los siguientes periodos: 1. Edad Media.


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2. Siglo XVI. El Renacimiento. 3. Siglo XVII. El Barroco. 4. Siglo XVIII. La Ilustración, el Neoclasicismo, otros movimientos. 5. Siglo XIX. El Romanticismo. 6. Siglo XIX. El Realismo. 7. Siglos XIX y XX. Modernismo, 98 y “Fin de Siglo”. 8. Principales movimientos narrativos del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. 9. Principales movimientos poéticos del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. 10. Principales movimientos teatrales del siglo XX y de comienzos del siglo XXI.

Referencias bibliográficas AGUIAR E SILVA, V. M. (1973). Teoría de la Literatura. Madrid: Gredos, 3ª reimpresión. ASENSI PÉREZ, M.(1998). Historia de la Teoría de la Literatura, desde los inicios hasta el siglo XIX(Vol. I). Valencia: Tirant lo Blanch. — (2003) Historia de la Teoría de la Literatura. El siglo XX hasta los años setenta (Vol. II). Valencia: Tirant lo Blanch. DE STAËL, Madame. (1998). De la littérature considérée dans ses rapports avec les institutions sociales. Nouv. éd. critique établie, présentée et annotée par Axel Blaeschke. Paris : Flammarion. DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, J. (2002). Teoría de la literatura. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces. ESCARPIT, R. (1970) (dir). “La définition du terme littérature”, en Le littéraire et le social. Éléments pour une sociologie de la littérature. Paris: Flammarion. GUTIÉRREZ CARBAJO, F. (2002). Movimientos y épocas literarias. Madrid: Ediciones UNED. MARMONTEL, J. F. (1787).Éléments de littérature.Texte intégral (éd. de 1787).Édition présentée, établie et annotée par Sophie Le Ménatrèze. Paris. Desjonquères, 2005. TIRABOSCHI, G. (1787-1794). Storia della Letteratura Italiana: Del Cavalier Abate Girolamo Tiraboschi Consigliere di S. A. S. il Signor Duca di Modena. Seconda edizione modenese riveduta corretta ed accresciuta dall’Autore. Modena, Presso la Società Tipografica, 1787 - 1794. (la primera edición es de 1772).


Edad Media OBJETIVOS 1) Comprobar cómo en un período tan extenso, como es el de la Edad Media, resulta operativo, desde el punto de vista historiográfico y desde la perspectiva de los movimientos literarios, distinguir varias fases o periodos. 2) Verificar cómo los teóricos e historiadores de la literatura han establecido divisiones o etapas atendiendo a criterios muy diversos. 3) Poner de manifiesto que lo verdaderamente complicado es definir y delimitar el mismo concepto de Edad Media. 4) Constatar que esta dificultad proviene del hecho de tratarse de una etapa muy larga e intensa, pero también de la diversidad de géneros que alberga, algunos de los cuales se inauguran en ese periodo. 5) Estudiar esta época atendiendo al aspecto de la recepción, en un momento en el que la difusión de la cultura escrita estaba reducida a un público considerablemente limitado.

Caracterización La imagen de la Edad Media occidental caracterizada exclusivamente por la fuerza de la cultura eclesiástica y cerrada va cediendo paso a la consideración de una época más abierta y poliédrica, en la que conviven lo monacal con lo carnavalesco (Bajtín, 1990), lo popular con lo culto. En los años de los ritos corteses y palaciegos también asistimos a las fiestas de las calles y las plazas públicas, y junto al teatro religioso, universitario y cortesano, con un código y un sistema de signos hasta cierto punto herméticos, el teatro popular, representado en carros, plazas y corrales, creará un tipo de comunicación más abierta y accesible para todos. Al lado de los grandes agentes de universalización como la lengua —el latín en el primer período—, las grandes universidades (Bolonia, Oxford, Sorbona, Salamanca…), las Etimologías de San Isidoro de Sevilla y la escolástica de Alberto Magno, Tomás de Aquino y otros grandes autores, el islamismo y las lenguas árabes en los países que conquistan, al lado de todos estos agentes universalizadores, se alientan las identidades de cada país con la formación de las lenguas nacionales. La unidad política y cultural del imperio romano se fractura por las invasiones germánicas, el latín inicia su fragmentación dialectal y empiezan a desarrollarse los gérmenes de lo que serían las lenguas


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modernas. Frente a la unificadora cultura latino eclesiástica, empiezan a desarrollarse los cantares de gesta, que aunque muestren en muchos momentos interrelaciones o interinfluencias, también se erigen como señas diferenciadoras de cada una de las culturas nacionales. El público de lectores de los monasterios es sustituido por el público de los receptores orales que en las ciudades, aldeas, castillos y palacios reciben los mensajes de los juglares, en los que, con frecuencia, se conjugaba la información con la representación escénica. Carlos Bousoño insiste en la caracterización de la Edad Media como señorial y teocéntrica, y Alan Deyermond observa que la imagen del mundo difundida durante el período medieval se concretaba en una mezcla de ciencia griega y de teología judeo-cristiana, y sus tres principios esenciales eran la armonía, la jerarquía y las concordancias entre los distintos órdenes de la existencia. Estos presupuestos se aplican a la teoría y a la práctica social de la época (el sistema feudal, los tres estamentos), al universo, a la fisiología y a la psicología humanas (Gilson, 1958; Lewis, 1964; Green, 1969-1972, vol. II; Deyermond, 1980: 7). Si para algunos investigadores el mundo es considerado en movimiento continuo, y el hombre como un universo en pequeño (Gilson, 1958), llama la atención de otros estudiosos el hecho de que el hombre medieval aparezca definido de modo diferente, que no contradictorio, por la doctrina teológica y por la cosmología: para la primera el hombre se situaba en el centro; para la segunda, ¡en el borde del espacio! (Lewis,1964; Jauss, 1991:31). Vàrvaro, por su parte, ha señalado cómo, durante esta época, la vida quedaba enmarcada para el cristiano en una trayectoria precisa que iba del pecado original al Juicio: “Dentro de esta parábola temporal un acontecimiento no tenía importancia por sí mismo, no poseía un valor definitivo y completo (...) todo hecho particular carecía de sentido hasta que no lo hallaba en una perspectiva providencial y eterna” (Vàrvaro, 1983: 52). En este contexto merecen destacarse las opiniones de Francisco Rico, para quien “el ideal de autoridad y de tradición pesa decisivamente en la Edad Media. La religión, por ejemplo, aparece regida por la creencia en una progresiva revelación de Dios (Creación, Ley de Moisés, Redención, Iglesia...), en una transmisión legítima de la potestad sacerdotal y en una infalibilidad de la doctrina acumulada, a lo largo de los siglos, por los Padres y el magisterio ordinario que in-


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terpreta la Escritura. La sangre y la herencia son las fuentes mayores del poder político y económico”. En la literatura docta es esencial el modo en que la obra nueva se liga a la antigua a través de la imitatio de los auctores: «Por ahí y por otros muchos caminos, la mentalidad medieval está habituada a inquirir los principios de las cosas y a subrayar las continuidades. En España, las obvias dimensiones religiosas de la Reconquista hubieron de reforzar la conciencia de que los azares de la Península entraban especialmente en la “historia sagrada” del mundo, es decir, en la realización universal de los planes de Dios” (Rico, 1972: 32-33). Américo Castro (1980: 25), por su parte, considera incorrecto hablar de una Edad Media castellana o española, porque la Península Ibérica, en su sección cristiana, tuvo que permanecer al margen de la cuestión discutida en Europa acerca de la armonía entre la religión y la razón, entre el realismo y el nominalismo (La Edad Media no era “importable” como los arquitectos del románico o del gótico). Para Kristeller (1982: 297), la Edad Media no fue sucesora directa del mundo griego ni de la Roma pagana y republicana, sino de la imperial y cristiana. Una visión interesante —y complementaria de las anteriores— es la que se ha apuntado del estudioso Mijail Bajtín. Su obra La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento es un estudio sobre la cultura cómica popular —entreverada a lo largo de la Antigüedad con la cultura oficial y constituida durante la Edad Media en ámbito plenamente autónomo— que niega y parodia todos los aspectos y manifestaciones de la fe, la ideología, las costumbres, el saber y los mitos de la sociedad feudal. El movimiento natural de este género —que tiene como escenario la plaza pública y alcanza en el carnaval su máxima expresión— es la inversión topográfica y la ridiculización material de lo establecido de las maneras refinadas, la entronización, en cierto sentido, de lo soez y lo obsceno. En la época de la fe, la calle trivializa sistemáticamente toda la liturgia con réplicas pedestres. “Si para el mundo gótico el hombre es fundamentalmente espíritu, para la cultura de la plaza pública será sólo cuerpo, escribe Bajtín (1990); y como la vida oficial presta atención exclusiva a la parte superior del ser humano, la cultura cómica dedicará a la “mitad inferior” sus mejores esfuerzos”. El campo de la risa y sus diversas manifestaciones constituía, hasta el trabajo de Bajtín, uno de los menos estudiados de la creación popular, sobre todo en la Edad Media. Sin embargo, su amplitud e importancia eran considerables en esta época: “El mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa se oponía a la cultura oficial, al tono serio,


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religioso y feudal de la época. Dentro de su diversidad, estas formas y manifestaciones —las fiestas públicas carnavalescas, los ritos y cultos cómicos, los bufones y “bobos”, gigantes, enanos y monstruos, payasos de diversos estilos y categorías, la literatura paródica, vasta y multiforme, etc.—, poseen una unidad de estilo y constituyen partes y zonas únicas e indivisibles de la cultura popular, principalmente de la cultura carnavalesca” (Bajtín, 1990: 10). No muy distanciada de esta teoría, y en la línea de Vàrvaro —anteriormente señalada—, alguna investigación reciente interpreta la sacralización de la Edad Media —punto de convergencia de la literatura eclesiástica y nobiliaria— en un sentido no estrictamente religioso: “En la literatura medieval la visión sacralizada del mundo impone una temporalidad clausurada (desde el Paraíso Cielo) y una causalidad (pecado-expiación) en la que todo conflicto y toda conducta sólo pueden concebirse como transgresivos o ejemplares. En cambio, lejos ya del orden feudal, la novela ilustrada recreará el proceso que conduce desde la barbarie a la civilización o, inversamente, la trayectoria de retorno a una “naturaleza perdida”. Cabe preguntarse hasta qué punto esa imagen general impide, condiciona o restringe la existencia de otras alternativas literarias e ideológicas. Cabe plantearse en qué medida el individuo como tal escapa de ella, o intenta establecer las posibles disidencias y sus límites” (Moya Casas: 2000:13). Al sintetizar los géneros cultivados en esta época tendremos ocasión de comprobar que la imagen de la Edad Media no es monolítica y cerrada sino integradora de corrientes muy diversas, cuyos cruces y, en algunos casos, enfrentamientos dialécticos constituyen su riqueza.

Fases o períodos A pesar de los elementos comunes que caracterizan la época medieval y que justifican la utilización de esta etiqueta para designar un período tan extenso de la literatura española, existen distintas fases y corrientes, que deben ser diferenciadas. Algunos historiadores dividen este período en Alta y Baja Edad Media. La primera comprende la época de dominación de la monarquía visigótica (siglos VI-VIII); la época románica con el nacimiento y consolidación de los reinos hispánicos y con la aparición de las primeras muestras de literatura romance (siglos IX-XII) y el período gótico del siglo XIII, que supone una transición hacia las nuevas formas de cultura y sociedad. La Baja Edad Me-


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dia abarca los siglos XIV y XV. La personalidad más diferenciada entre los siglos que se engloban en la Edad Media le correspondería al siglo XV, con su carácter bifronte, que, sin dejar de ser medieval, contiene elementos que permiten hablar de Prerrenacimiento. Otros historiadores dividen la Edad Media en tres etapas: etapa temprana (desde la caída del imperio romano hasta la desmembración del imperio carolingio a mediados del siglo IX), etapa alta, que comprendería del siglo IX al XII inclusive y etapa baja que comprendería los siglos XIII, XIV y XV. Carlos Bousoño (1981: 112-113) distingue dos fases o “edades”: “Para ser rigurosos, habríamos de empezar por descomponer lo que hoy denominamos Edad Media en dos porciones, que, en nuestro criterio, serían, cada una de ellas, verdaderas “edades”. Por un lado andaría el período prefeudal y feudal, que terminaría en cuanto a su pureza a mediados del siglo XI, y, por otro, el período comercial e industrial, que iría desde mediados del siglo XI hasta entrado el siglo XV. Pese a todo, ambas “edades” tendrían en común algo: la visión del mundo señorial-teocéntrico”. Para Andrés Amorós (1979: 151), en la literatura de la Edad media española habría que hablar de tres etapas que se corresponden con los siglos XIII, XIV y XV respectivamente: en el XIII destaca la figura de Berceo; en el XIV la prosa narrativa y la obra de Juan Ruiz dirigida a un nuevo tipo de público y en el XV la influencia italiana y el Prerrenacimiento. Jesús-Frances Massip (1984), hablando del teatro medieval catalán, distingue tres etapas: 1ª) Etapa pagano-medieval: etapa difusa que va desde los siglos IV al IX; 2ª) Etapa feudo-medieval, situada entre los siglos IX y XII; y 3ª) Etapa burgo-medieval, que iría del siglo XIII al XVI. Dentro de tan largo período de la cultura española, Juan Luis Alborg (1966: 25) establece las siguientes subdivisiones: “a) época comúnmente denominada “anónima”, que concluye con el siglo XIII; b) siglo XIV, caracterizado por la aparición de las primeras personalidades literarias —don Juan Manuel, Arcipreste de Hita, Canciller Pero López de Ayala—, durante el cual se manifiestan evidentes síntomas de descomposición del mundo medieval y aparecen los primeros destellos del espíritu renacentista con el comienzo de la influencia clásica e italiana; c) los dos primeros tercios del siglo XV, auténtico prerrenacimiento español, durante el cual se realizan los primeros intentos de adaptación de las corrientes italianas”.


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Por nuestra parte, proponemos las cuatro etapas siguientes: 1ª) Siglos X-XII: primeras manifestaciones de la lírica y de la épica; 2ª) siglo XIII: la prosa y el mester de clerecía; 3ª) siglo XIV: la continuación del mester de clerecía y la consolidación de la prosa literaria; 4ª) siglo XV: la poesía trovadoresca, la italianista y la de tipo popular; el teatro prehumanista. El panorama, sin embargo, es más complejo, y, en una visión —también sintética— que luego desarrollaremos al hablar de los géneros, comprobamos que las grandes corrientes literarias medievales españolas se polarizan en torno a la lírica de las jarchas, la primitiva épica de los cantares de gesta, el mester de clerecía del siglo XIII, la convivencia con el de juglaría; el fomento cultural y literario de la corte alfonsí; el mester de clerecía del siglo XIV; las manifestaciones de la narrativa caballeresca; los cuentos, apólogos y exemplos; las obras históricas; las cortes y escuelas poéticas del siglo XIV y XV; las manifestaciones prehumanistas del siglo XV; el nacimiento y difusión del romancero viejo; la novela sentimental, el teatro prehumanista que culmina en La Celestina y en las primeras manifestaciones del humanismo en otros géneros. Umberto Eco, para quien el concepto mismo de Edad Media es el que resulta arduo definir, manifiesta que la misma etimología del término nos dice que se inventó “para encontrarles alojamiento a una decena de siglos que nadie conseguía colocar, dado que se encontraban a medio camino entre dos épocas “excelentes”, una de la que ya nos enorgullecíamos mucho, y la otra, de la que nos habíamos vuelto muy nostálgicos” (Eco, 1997: 10). El mismo Eco se pregunta “cómo es posible reunir bajo una misma etiqueta una serie de siglos tan diferentes entre sí; por un lado, los que van de la caída del Imperio Romano hasta la restauración carolingia, en los que Europa atraviesa la más espantosa crisis política, religiosa, demográfica, agrícola, urbana, lingüística (la lista podría seguir) de toda su historia; y, por otro lado, los siglos del Renacimiento después del año Mil, para los que se ha hablado de primera revolución industrial, donde nacen las lenguas y las naciones modernas, la democracia municipal, la banca, la letra de cambio y la partida doble, donde se revolucionan los sistemas de tracción, de transporte terrestre y marítimo, las técnicas agrícolas, los procedimientos artesanales, se inventan la brújula, la bóveda ojival y, hacia el final, la pólvora y la imprenta. ¿Cómo es posible colocar juntos unos siglos en los que los árabes traducen a Aristóteles y se ocupan de medicina y astronomía, cuando al este de España, a pesar de haber superado los siglos “barbáricos”, Europa no puede estar orgullosa de su propia


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cultura?”(Eco, 1997: 10). Esta última afirmación, parece obvio, que no puede suscribirse en su totalidad. En otro de sus trabajos ha reconocido que lo que denominamos Edad Media recubre dos momentos históricos distintos: uno que va desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta el año 1000 —una época de crisis, de decadencia, de asentamientos de pueblos por la violencia y de choque de culturas—, y otro desde el año 1000 “a lo que en la escuela nos definen como Humanismo...” (Eco, 1984: 12). En un sentido semejante, se argumenta que “la culpa de este “emplasto” indiscriminado de diez siglos la tiene también un poco la cultura medieval, la cual, al haber elegido o haberse visto obligada a elegir el latín como lengua franca, el texto bíblico como texto fundamental y la tradición patrística como único testimonio de la cultura clásica, trabaja realizando comentarios y citando fórmulas autoritarias, con el aire del que nunca dice nada nuevo. No es verdad, la cultura medieval tiene el sentido de la innovación, pero se las ingenia para esconderlo bajo el disfraz de la repetición (al contrario de la cultura moderna, que finge innovar incluso cuando repite)” (Eco, 1997: 11). Por toda esta complejidad, por su naturaleza histórica e incluso por los materiales (manuscritos, paleografía, etc), “el estudio de la literatura medieval exige conocimientos muchos más específicos y técnicos que el de otras épocas posteriores (...) La bibliografía que se necesita manejar es, en consecuencia, más espesa, más técnica, para llegar al texto literario” (Jauralde Pou, 1981: 236).

Géneros literarios en la Europa medieval La poesía En la presentación sintética de los principales géneros literarios de la Europa medieval que aquí se pretende ofrecer, destacan en la épica inglesa el poema Beowulf, compuesto alrededor del siglo VIII; en la escandinava el conjunto de tradiciones legendarias recogidas en los Edda, cuyo carácter épico se prolongaría a lo largo de los siglos XIII y XIV en las baladas; en la alemana, el incompleto Canto de Hildebrando, los poemas del ciclo carolingio (760-910 aprox.) y de la época otoniana —con textos como el Waltharius (escrito en latín) y, sobre todo, el Cantar de los Nibelungos, de principios del siglo XIII. En los cantares de gesta franceses vienen distinguiéndose el ciclo de Carlomagno con La canción de Rolando, el de Guillermo de Orange


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y el de Doon de Mayence. Algunos de estos cantares, así como los de la gesta germánica, presentan puntos de contacto con los cantares de gesta de la Península Ibérica. La gesta castellana podemos darla iniciada con los fragmentos que aparecen prosificados en la Crónica general de Alfonso el Sabio, con los poemas sobre los Infantes de Lara, Fernán González, Bernardo del Carpio, etc., y, de forma rotunda, con el Poema de Mío Cid, compuesto a mediados del siglo XII. Como una derivación o evolución de los cantares de gesta podemos considerar por una parte los romances y por otra los libros de caballerías. En estos últimos vienen distinguiéndose tres ciclos: el bretón, el francés y el clásico (Gili Gaya, 1972: 93). Las gestas celtas en Gran Bretaña del rey Arturo y los caballero de la Mesa Redonda fueron recogidas por Geoffrey de Montmouth en la Historia de los reyes de Bretaña (en latín), utilizando crónicas anteriores. De esta Historia se realizan traducciones en anglosajón y en francés normando, y a partir de ellas proliferan nuevos poemas de asunto bretón. Así, el francés Chretien de Troyes compone Tristán, Lanzarote, Percival; el alemán Wolfram de Eschenbach su Parsifal. En la Península Ibérica proliferan también los libros de caballerías en esa línea de asunto bretón, destacando el Amadís de Gaula y Tirant lo Blanch del valenciano Joanot Martorell. Se cultiva igualmente la literatura caballeresca de asuntos clásicos, como la referida a Alejandro Magno o a la guerra de Troya. En la Península Ibérica disponemos también de testimonios de antiguas canciones de gesta vascas gracias a los historiadores guipuzcoanos Garibay y Zaldibia y al cantar de la batalla de Beotibar(1321) sobre la victoria de los vascos frente al ejército navarro. Michelena ha comentado las diversas variantes del cantar realizadas por Garibay, Zaldibia y Martínez de Isasti (Urquizu Sarasua, 2004: 630). En la lírica son muy estrechas las relaciones de la poesía castellana con la provenzal y con la galaico portuguesa. Esta semejanza se produce incluso en el tipo de composiciones empleadas. La lírica provenzal, con Guillermo de Poitiers, duque de Aquitania (1086-1127) como el primer trovador de nombre conocido, nos proporcionó la cansó, de asunto amoroso; el sirventés, de carácter lírico y la tensó o discusión poética sobre varios temas. Con la cansó se relacionaría la cantiga d’amor galaico portuguesa, con la tensó la tençao, y con el sirventés la cantiga d’escarnho o de maldicir. La más característica, sin embargo, de la lírica gallego portuguesa sería la cantiga d’amigo, de asunto amoroso, en la que se lamenta con frecuencia la ausencia de la persona amada. En el tratamiento de este asunto se relacionan con las jarchas o villan-


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cicos en romance mozárabe, insertas en las moaxajas, composiciones árabes o hebreas cultivadas en Al-Andalus. Estas composiciones de asunto amoroso constituirían el origen de la lírica peninsular y, junto con las cantigas d’ amigo gallegas y los villancicos, castellanos formarían las tres ramas de un mismo tronco “enraizado en el suelo de la Península hispánica” (Menéndez Pidal, 1956). Los siglos XII y XIII constituyen la edad de oro de la lírica provenzal, con nombres como Bernardo de Ventadorn, Giraldo de Borneil, Pedro Cardinal, etc. En Galicia esta lírica amorosa se conserva en los Cancioneiros (el de Ajuda, en el Palacio Real de Ajuda, en Lisboa, compilado a finales del siglo XII, que contiene 310 cantigas de amor; el de la Biblioteca Vaticana, copiado de un cancionero portugués y que recoge 1205 cantigas pertenecientes a los tres géneros, y el de la Biblioteca Nacional de Lisboa, con 1647 composiciones de los tres géneros y un Arte de trovar. La lírica religiosa está representada por las 426 Cantigas de Santa María del rey Alfonso el Sabio, que escribió también un célebre maldecir. Las interrelaciones en la poesía medieval se manifiestan también en el género de los debates. Ya señaló Menéndez Pidal (1948: 13) que “la disputa, como armazón para desarrollar un tema literario, pertenece a la literatura universal”. Para algunos historiadores, este género de disputas podría estar en el origen del teatro medieval. Los elementos que establecen la disputa (el alma y el cuerpo, el agua y el vino) llevan a cabo una especie de defensa dialéctica de sus propias cualidades. La Disputa del alma y del cuerpo, de finales del XII, está inspirada en el poema francés Débat du Corps et de l’Ame, versión a su vez del poema latino Rixa animae et corporis. En esta modalidad se insertan igualmente la Razón de amor, los Denuestos del agua y el vino y la Disputa de Elena y María. La disputa entre estas dos hermanas conoce posteriores versiones en varias literaturas europeas. A este mismo género de debates pertenecen los poemas narrativos, de origen francés, Libro dels Tres Reis d’Orient y Vida de Santa María Egipciaca. En métrica de origen francés —la cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo, estrofa de cuatro versos alejandrinos, o de catorce sílabas, con una sola rima consonante— se difundió el Mester de clerecía de los siglo XIII y XIV. El lenguaje es más familiar que el de la lírica o el de la épica cortesanas, y junto a los temas religiosos (vidas de santos, leyendas devotas…) destacan relatos de origen clásico o de carácter heroico. Gonzalo de Berceo es el representable indiscutible de este mester en el


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FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO

siglo XIII, y junto a sus obras hay que citar El Libro de Apolonio, El Libro de Alexandre y el Poema de Fernán González. En el siglo XIV combinan la cuaderna vía con otras estrofas Juan Ruiz, Arcipreste de Hita en El Libro de Buen Amor y el Canciller Pero López de Ayala (1332-1407) en el Rimado de Palacio. En El Libro de Buen Amor se mezclan los episodios narrativos (historias de Don Melón y Doña Endrina, Don Carnal y Doña Cuaresma), fábulas, “enxiemplos”, con digresiones didácticas de tipo moral y satírico y composiciones líricas en metros diversos. El Rimado de Palacio es también una obra heterogénea, que incluye poesías religiosas, morales y una larga diatriba de carácter ético y didáctico contra los vicios de la época. Una intención didáctico moral encierran igualmente los Proverbios morales de Santob de Carrión, en los que los metros alejandrinos se combinan con otras estrofas de métrica muy variada. En el siglo XV la clerecía cede claramente su puesto a lo cortesano, con los Cancioneros de Baena y de Stúñiga, con las figuras del Marqués de Santillana y de Juan de Mena en la corte de Juan II, de Jorge Manrique en la de Enrique IV y de otros poetas que intentan acercar lo cortesano a lo popular en la corte de los Reyes Católicos. La poesía de tipo popular está magníficamente representada a finales de la Edad Media y en el Renacimiento por el Romancero viejo y la lírica tradicional. En el Romancero conviven los romances tradicionales, seguramente desgajados de los cantares de gesta, de los que toman sus asuntos (el Cid, los Infantes de Lara, Fernán González, etc), y los juglarescos (históricos, novelescos, de tema francés, fronterizos, líricos, etc). En cuanto a la lírica tradicional, debió de existir una modalidad en castellano, al lado de la compuesta en gallego. En cualquier caso en el Cancionero musical de Palacio, en el Cancionero musical de los siglos XV y XVI y en tratados y libros de música, como los de Juan Vásquez o Diego Pisador, se recogen composiciones tradicionales, que en algunos casos podrían ser derivaciones de los primitivos poemas líricos castellanos. En el siglo XV y en el XVI son determinantes las influencias de los autores italianos Dante y Petrarca en la poesía, y de Boccaccio en la prosa. La Comedia de Dante, a la que en el siglo XVI se le antepuso el califico de “Divina”, está dividida en tres partes (Infierno, Purgatorio y Cielo), integrada cada una de ellas por 33 cantos. Junto al reflejo de los personajes históricos, nos interesan las figuras alegóricas, cuyos procedimientos enriquecerían la poesía alegórica de España y de otros


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países. Además de la Comedia, Dante escribe el Cancionero integrado por sonetos, canciones, baladas.., el Convivio (un comentario filosófico a tres canciones alegóricas) y otras obras. Baladas, sextinas, canciones y sonetos —que han llegado a su grado de perfección— integran el Cancionero de Petrarca. Si Beatriz funciona como una alegoría metafísica inspiradora de la Comedia de Dante, la Laura del Cancionero de Petrarca es un cúmulo de perfecciones corpóreas (rubios cabellos, blanco cuello, ojos serenos, dulce mirar…), aunque en ocasiones sea sometida a un proceso de sublimación e idealización. La presencia italiana es menos patente en la poesía catalana de esta época, que enraíza más con las formas trovadorescas y que tendrá a uno de sus autores más representativos en el valenciano Ausiàs March, procedente de una familia catalana en la que destacan los nombres de su tío Jaume March y de su padre Pere March. Se han distinguido varios núcleos temáticos en la producción poética de Ausiàs March “que gira en torno al amor, a la muerte —los poemas 92 a 97 son los llamados Cants de mort—, al deseo, y a las relaciones múltiples de estos temas: el paso del tiempo, el pecado en el amor como base de un desgarrador sentimiento de culpa, el análisis introspectivo del sentimiento amoroso” (Ysern i Lagarda, 2004: 129).

El teatro El teatro medieval, como género literario y como espectáculo, presenta un desarrollo menor en Castilla que “en Cataluña, Aragón y en la Europa occidental” (López Estrada, 1979: 217). Hay textos que nos hablan de la existencia de un teatro religioso y profano, como una ley de las Partidas (siglo XIII) de Alfonso X el Sabio y un canon del Concilio de Aranda (1473), citado por Schack (1885: I, 248). Con anterioridad se ha aludido a la consideración de los debates como una forma primitiva del teatro. En la búsqueda de estos problemáticos orígenes, se ha hecho referencia a escasos restos de dramas litúrgicos y a la existencia de tropos como células generadoras del drama litúrgico en Castilla (Donovan 1958). De asunto religioso-litúrgico es el texto incompleto que conservamos del Auto de los Reyes Magos, integrado por 147 versos polimétricos y descubierto a finales del siglo XVIII por el canónigo de la catedral toledana Felipe Fernández Vallejo. Menéndez Pidal lo fechó a finales del XII o principios del XIII, pero luego lo retrotrajo a la primera mi-


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