Nada más al levantarnos se nos van 50 litros de agua por el desagüe de la ducha, durante la jornada exhalamos 500 litros de anhídrido carbónico a la atmósfera y cuando llega la noche hemos generado un kilo de basura. Nuestros actos más cotidianos, gastan energía y tienen un impacto ecológico. Este es el balance de la incidencia del medio ambiente de un día cualquiera de la vida de una persona corriente como tú. La mañana comienza con el desagradable sonido del despertador. Son las 7 en punto. David se da la vuelta y aprieta el botón medio dormido, aunque sabe que así puede hacerse un poco más flojo. Diez minutos después ya está bajo la ducha, es el inicio de un nuevo día en el que contaminará unos cientos de litros de agua potable, envenenará muchos metros cúbicos de aire y dejará un inmenso saco de basura. Pedro no es en absoluto infractor inconsciente del equilibrio ambiental. Todo lo contrario: se interesa por la situación del planeta y se esfuerza por dar un sentido ecológico a su vida, pero sin pasarse. Este hombre ecológico tiene 36 años, vive en Bogotá. No sospecha sin embargo, que su mera existencia supone una carga para el ambiente y que ésta, aunque pasará el día entero en la cama, seguiría afectado el entorno. El día para David comienza a las 7:00 a.m. en la ducha dejando correr por el desagüe 50 litros de agua y ha necesitado 1,5 kilovatios por hora para calentar el agua hasta unos 38ºC. A las 7:15 a.m. ha llegado el gran momento del desayuno: David enchufa la cafetera y pone a hervir un huevo en la cocina eléctrica. La mermelada y la mantequilla están en la nevera: tras el desayuno, el eco balance revela que 10 litros más de agua se han ido por el desagüe del fregadero y el consumo ha ascendido a 1 kw/h de energía. 7:35 a.m., la rutinaria visita matutina al inodoro, el lavado posterior de manos y el cepillado de dientes apenas suponen 0,1 kw/h pero sí un gasto adicional de 15 litros de agua. Como las de todos sus congéneres, las ventosidades de David también afectan al entorno, aunque nadie repare en ello. Nuestro hombre expulsa varios litros de un hidrocarburo inflamable producto de su digestión, el gas metano, segundo responsable –después del CO2 – del peligroso efecto invernadero. 7:45 a.m., recoge su carro del garaje, un automóvil de la gama media. La fabricación de este vehículo de apenas una tonelada de peso ha producido 24,7 toneladas de desechos y consumido 135.000 kw/h de energía. Un ecologista demasiado estricto calcularía el perjuicio causado por ese auto con base en sus 10 años de vida media y un rendimiento anual de 15.000 km. El resultado seria 0,16 kilos de residuos y 0,9 kw/h de energía consumida por kilómetro. Su conductor no sospecha nada al respecto, aunque sabe que el automóvil no puede funcionar sin combustible. El consumo de gasolina corresponde a 8,9 kw/h en total, el auto emplea tanta energía en el camino de ida y vuelta y trabajo como la que David hubiera consumido de haberse quedado en casa como todos los electrodomésticos funcionando a pleno rendimiento las 24 horas del día. En el trayecto a la oficina, incluidas las paradas en los semáforos, su vehículo despide 90 gramos de monóxido de carbono y 25 gramos de óxidos de nitrógeno. Estos últimos junto a los de azufre son los responsables de la lluvia ácida. A las 8:00 a.m., David saluda a sus compañeros de trabajo y luego enciende el computador, su herramienta de trabajo, que consume 2,9 kw/h al día. Sin embargo, en el balance ecológico entran todos los elementos de la oficina – desde el lápiz, pasando por la silla giratoria, hasta el escritorio- e incluso el mismo edificio. Por todos los conceptos se añadirán 77 kw/h por día y 7,6 kilos de basura en la cuenta del ambiente de David. A las 9:00 a.m., durante el pequeño descanso, una taza de café y una almojábana aumentan el consumo energético de la jornada en 0,5 Kw /h y en medio litro de agua. Como nuestro protagonista es una persona limpia, lava su vaso con detergente. Un litro de agua potable es suficiente, lo que aumenta el consumo de energía en 0,1 kw/h. A las 9:15 a.m., David trabaja arduamente en las tres horas siguientes, realizará 12 llamadas telefónicos, enviara 4 fax y recibirá dos. El cartero le trae 3 cartas mientras fotocopia 30 documentos para el jefe. El computador insaciable, consumirá tres nuevos disquetes y 400 kilobytes, más la impresión por láser. Cada utilización de la fotocopiadora y de la impresora láser libera ozono y otros gases venenosos en pequeñas cantidades. A las 14:00 p.m. en el almuerzo da buena cuenta de un gran plato de albóndigas con papas, una cerveza sin alcohol y un pastel de chocolate. Para la elaboración de esta comida se han consumido 0.8 kw/h y 10 litros de agua por kilo de alimento. A esto hay que añadirles las consecuencias ambientales del cultivo agrícola de los alimentos –abonos, gasto de agua y explotación masiva de ganado-, del comercio y del lavado de platos, si se utiliza una vajilla desechable, hay que sumar un consumo energético adicional de 12,6 km/h. A las 14:40 p.m., David se permite una nueva pausa: preparada un vaso de café y sueña con las vacaciones. Por supuesto, su sueño no incluye los 6.140 km/h que consume por persona su vuelo chárter en Jumbo. Tampoco se detiene a pensar en la tonelada y media de CO2por viajero que el avión expulsa a la atmósfera y en que deteriora la capa de ozono. A las 15:30 p.m., nueve litros de agua se llevaran los detritos generados por las deliciosas albóndigas y la cerveza sin alcohol. David no continúa trabajando con la misma energía porque sus biorritmos marcan un