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Mientras tomaban café Laura y Sofía aprovechaban para ponerse al día de todos los cotilleos del instituto, pero Laura estaba inquieta, se notaba que quería contarle algo a Sofía. -Quiero contarte una cosa y me dices lo que piensas: últimamente estoy hablando mucho con Pedro, hemos salido varias veces, nos lo hemos pasado bien, la cosa no ha llegado a más pero mi novio me está empezando a hacer preguntas ¿qué hago? -Tienes dos opciones-le dijo Sofía muy seria- o cortas con tu novio o dejas de ver a Pedro, lo que no puedes hacer es seguir mintiendo. -No es para tanto, no ha pasado nada y no hago daño a nadie... -No es sólo que no está bien-insistió Sofía- es que además pueden descubrir que les estás mintiendo y te quedarás sin uno y sin otro. -No es tan fácil que se enteren- dijo Laura -Pues no creas, los mentirosos suelen ser descuidados y es muy fácil pillarlo. ¿Te he contado lo que le pasó a mi hermano en 1º de carrera? -Algunas cosas me has contado, pero sobre este tema no recuerdo nada. -Bueno como sabes mi hermano Juan compartía piso con tres compañeros de clase, con los que además se llevaba muy bien. Un viernes de final de curso tenían un examen importantísimo, pero la noche anterior se fueron a una fiesta, trasnocharon y se quedaron dormidos así que se presentaron ante el profesor y dieron la excusa de que viajaban juntos en un coche para acudir al examen, el coche pinchó una rueda y como no sabían poner la de recambio se les hizo tarde. El profesor fue muy comprensivo y les aplazó el examen al viernes siguiente. Mi hermano y sus amigos estaban encantados pues tenían una semana más para estudiar. Llegó el día de examinarse y el profesor les explicó que los iba a poner a cada uno en un aula vacía mientras él les vigilaba desde el pasillo, y luego les dió un sobre con el examen dentro. Sentados en sus sitios abrieron el sobre preparados para contestar, sólo había una pregunta: ``¿Qué rueda fue la que se pinchó?´´. Por supuesto suspendieron, creo que ni dos coincidieron en la misma rueda. A Laura la historia de su amiga le hizo mucha gracia, pero también le hizo reflexionar, ser un buen mentiroso requiere mucho trabajo, memoria y constancia. Y ella no tenía ninguna de las tres cosas, así que dejó de mentir y dejó de ver a Pedro. ``La autora así lo aconseja, no mintais que las mentiras corren menos que las viejas´´

lucanor silvia lucea  
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