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MARCO TEÓRICO RETO 4

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MARCO TEÓRICO

Reto 4 – Pedagogía y Didáctica de la Enseñanza de la Religión en la Escuela

1. La fragmentación del saber y el reto de una educación integral

La sociedad actual, si bien caracteriza por una mayor especialización del saber que, si bien hafacilitadoavancescientíficosytecnológicossinprecedentes,tambiénha conducido a una fragmentación del saber que obstaculiza una compresión más global de la realidad. Las disciplinas científicas van desarrollando metodologías y lenguajes específicos que, algunas veces, ni tan sólo llegan a ser interlocutores. Esta segmentación del saber llega directamente al ámbito educativo, donde el alumnado se encuentra con unos contenidos desarticulados que, en ocasiones, no logra integrar en una visión más coherente del mundo. Morin (1999) alerta del hecho de que el saber fragmentado impide contextualizar la información y comprenderla complejidad,loque,enconsecuencia,dificulta la formaciónde unserhumano integral.

La fragmentación en el contexto escolar parece manifestarse de un modo particular en laEnseñanza Religiosa Escolar(ERE),puessuele servistacomounaasignatura que queda al margen de las otras partes del currículo. De facto, la religión que se expone como un saber independiente de la cultura, la historia o la literatura, pierde el diálogo interdiscursivo que la enriquece y su potencial de formación queda así muy disminuido. La educación integral, al contrario, implica que se articule la dimensión cognitiva, afectiva, social y espiritual del alumno. La UNESCO (2015) sostiene que la educación ha de contribuir al desarrollointegral de la persona y tiene que facilitar la construcción de una ciudadanía responsable y crítica.

Por consiguiente,superarla fragmentacióndel saberno significa abolir lasdisciplinas sino propiciar un enfoque de las mismas donde se artículen los distintos tipos de saberes. Así es como en la ERE hayuna oportunidad para ofrecer una mirada unitaria cuando se hace una reflexión antropológica que articule los diferentes saberes en torno a la pregunta del sentido.

Así, la enseñanza de la religión no solo es transmitir información doctrinal, sino contribuir a articular una comprensión más radical de la realidad humana.

2. La condescendencia divina como fundamento pedagógico

Uno de los principios básicos de la teología de la revelación es la condescendencia divina, entendida como la bajada de Dios al lenguaje y al ámbito comunicacional del ser humano: sobre la condescendencia como forma particular de expresión de Dios, el Concilio Vaticano II dice que Dios se va revelando "hablando a los hombres como amigos" e ir comunicándose poco a poco en la historia (Concilio Vaticano II, 1965, Dei Verbum, n. 2).

Esta pedagogía divina que la revelación no se impone sino que va respetando los ritmos y la libertad del ser humano.

Este principio tiene profundas consecuencias pedagógicas. El hecho de que Dios enseñe y se adapte condescendientemente a la condición humana significa que el docente de Religión debe asumir una forma de trabajopedagógico que emerja desde la realidad concreta del alumnado. Para nada se trata de trabajar contenidos abstractos, sino de vincularlos a la experiencia viva de los alumnos. Groome (2011) dice que la educación religiosa debe articular experiencia yreflexión crítica con la tradición cristiana en un proceso dialógico que promueva la apropiación de la misma.

La condescendencia divina inspira, por tanto, una pedagogía del acompañamiento y del respeto al proceso individual. En contextos escolares marcados por el pluralismocultural y religioso, esta perspectiva resulta especialmente relevante. La ERE no puede plantearse como imposición, sino como propuesta razonada que invita al diálogo y al descubrimiento progresivo del sentido.

3. Enseñanza Religiosa Escolar y catequesis: identidad y diferencia

La clarificación de la identidad de la Enseñanza Religiosa Escolar para descartar metodologías y confusiones conceptuales. La catequesis responde indudablemente a una finalidad confesional orientada a la iniciación sacramental ya la maduración de la fe; la ERE tiene un carácter académico y cultural en el sistema educativo (Congregación para la Educación Católica, 2009), donde no persigue la adhesión personal a la fe, sino que ofrece un conocimiento crítico y sistemático del hecho religioso cristiano.

Esta distinción confiere una justificación a su presencia en la escuela como materia del currículo. La ERE dialoga con la historia, la literatura, el arte y la filosofía, proponiendo claves de lectura cultural. Pérez Díaz (2018) considera que el conocimiento de la tradición cristiana es necesario para la aceptación del patrimonio cultural occidental. Enconsecuencia, la asignatura de Religión no encuentra su justificación en un ámbito confesional, sino más bien que ayuda a la concreción de competencias culturales y sociales.

Reconocer esta diferencia posibilita elaborar propuestas didácticas coherentes con el ámbito escolar, que implican como el caso de proyectos interdisciplinares donde se incorporen contenidos religiosos con otros del currículo, de modo que no sólo no se describa la religión como una concepción aislada, sino que se facilite su integración en el conjunto del proceso educativo.

4. Religión y diálogo interdisciplinar

El cristianismo ha tenido una influencia innegable en las formas culturales occidentales, en el desarrollo desde el arte, la literatura, la música y el derecho hasta el pensamiento filosófico en su vertiente más alta. Un gran parte del patrimonio cultural europeo y latinoamericano no podría entenderse si no se conocen sus raíces bíblicas. De acuerdo con Ratzinger (2004), la fe cristiana no se queda dentro de lo privado, sino que ha hecho nacer estructuras culturales, categorías éticas y concepciones antropológicas que forjan la historia de Occidente. De este modo, no tener presente la dimensión religiosa de lo cultural ofrece una visión incompleta de la herencia histórica y artística que, a su vez, nos ha ido conformando como personas, como cultura e identidad colectiva.

El diálogo interdisciplinar en el ámbito escolar permite poder superar la fragmentación del saber y, al mismo tiempo, de llegar a un conocimiento más integrado de la realidad. Así pues, si articulamos la ERE en diálogo con las materias Historia, Literatura o Educación Artística, el alumnado puede descubrir conexiones de sentido yllegar a apreciar la relación existente entre creer y culturales. Morin (1999) manifiesta que el pensamiento complejo necesita hacer relaciones entre saberes, ya que el reduccionismo simplificador es uno de sus enemigos. Desde este punto de vista, pues, la ERE no puede ser considerada un

saber marginal, sino un saber que se ha de producir en el diálogo con el resto de los saberes del currículo.

Igualmente, la interdisciplinariedad deja que las problemáticas actuales puedan ser abordadas de una manera válida y ética. Cuestiones como la justicia social, la dignidad humana o la ecología integral se pueden estudiar haciendo extensivas las aportaciones científicas, históricas y teológicas. Francisco (2015) enfatiza que la educación debe trabajar paraconstruirunavisióndelarealidadquesearticule enloambiental,losocialyloespiritual. Así, la asignatura de Religión se puede contribuir a formar la conciencia crítica suficiente paraabordarlosproblemasactualesdesdeunaperspectivaampliayfundamentadaenvalores.

La interdisciplinariedad ayuda a construir aprendizajes más significativos, ya que el grupo de aprendizaje percibe la aplicabilidad de los contenidos estudiados. Así, el análisis de David debe hacerse no sólo desde las fuentes bíblicas sino también desde la representación de David de la escultura renacentista o desde la representación literaria, lo que enriquece la imagen de David y potencia la competencia cultural. La incorporación de estos conocimientos conlleva que la clase de Religión se convierta, en un espacio abierto de reflexión crítica y diálogo académico.

5. Fe y razón: compatibilidad y enriquecimiento mutuo

La interrelación entre fe y razón ha sido uno de los temas más importantes del eje a lo largo de la historia de la reflexión filosófica y teológica. Frente a las posiciones que las establecen como realidades opuestas, la historia de la tradición cristiana se ha visto en la tesitura de defender su complementariedad. Juan Pablo II (1998) dice que la fe yla razón son las “dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Fides et Ratio, nº 1), dejando en evidencia que ambas van de la mano en el proceso de búsqueda por lo que es el conocimiento pleno. Se trata, en este sentido, de una visión precisa que rechaza tanto el fideísmo que menosprecia la razón como el racionalismo que priva de la dimensión trascendente.

En el ámbito de la educación, dicha integración cobra una significación especial. El alumnado ha de entender que ciencia y fe no son antagónicas sino que se posan sobre

preguntas distintas pero complementarias. La ciencia se ocupa de observar el cómo de los fenómenos a partir de métodos empíricos, mientras que la fe se ocupa de observar el sentido último de la existencia y la finalidad del ser humano. A juicio de Ratzinger (2004), la razón humana se empobrece si ésta queda reducida a lo verificable empíricamente yse provoca una exclusión de la pregunta por el sentido.

Así, por un lado, estos diálogos entre fe y razón contribuyen a fomentar un pensamiento, crítico y abierto al pluralismo; y Habermas (2006: 98) dice que las tradiciones religiosas pueden sumar contenidos a la discusión, también que ello no puede hacerse de cualquier manera, sino que tiene que expresarse en un lenguaje racional de carácter accesible a todo el mundo. En este sentido, la ERE no pretende ser un pensamiento científico alternativo sino que le tenido a una dimensión reflexiva que pueda como la facilita la ampliación del horizonte intelectual del alumnado.

Este complementarismo que favorece, y tal como podemos observar, una educación equilibrada que evita las cosificaciones ideológicas, yla clase de Religión puede ser un lugar donde se dialoga de manera respetuosa sobre cuestiones que atañen a lo fundamental, permiten generar espacios para la argumentación razonada ypara la apertura intelectual. Este tipo de complementarismorefuerza la educación integral del sujeto ylo prepara para afrontar los debates contemporáneos con rigor y profundidad.

6. Los personajes bíblicos y su actualidad

Los relatos bíblicos no son únicamente historias del pasado, sino que son relatos que expresan experiencias humanas universales que perduran en el presente. Personajes como David son representaciones de situaciones existenciales profundas: el miedo ante los retos, la valentía ante las adversidades, el error y la posibilidad de enmienda. Brueggemann (2003) argumenta que la narración bíblica sigue cuestionando al lector contemporáneo porque plantea tensioneshumanaspermanentesque vanmásallá del contextohistóricomediato; esta dimensión universal facilita su actualización pedagógica a nivel escolar.

Desde una perspectiva didáctica, vincular la historia de un personaje bíblico con situaciones actuales permite la identificación del alumnado con los relatos y la anticipación

de su propia realidad. Así, la figura de David puede relacionarse con el hecho de superar situaciones personales, con la responsabilidad en el liderazgo o con la forma de gestionar éticamente el poder. Esta actualización enseña que leer la Biblia como relato está alejado de un texto antiguo ymeramente histórico, y favorece una lectura existencial desde un punto de vista pedagógico que permite una interiorización del aprendizaje.

Así mismo,elestudiodelospersonajesbíblicospuedeayudar a trabajarcompetencias emocionales y éticas. Analizar las decisiones de estos personajes permite profundizar en el trabajo de valores como la justicia, la humildad o la responsabilidad. Frankl (2004) establece que el ser humano alcanza su plenitud cuando su vida es guiada hacia valores significativos y trascendentes. En este sentido la ERE proporciona herramientas para que el alumnado presente preguntas del yo y de la vida.

La traducción pedagógica de la narración bíblica también permite el diálogo interdisciplinar al articular los relatos bíblicos con algunas expresiones artísticas, literarias o históricas. Dicha relación ayudará a fortalecer la cultura del alumnado y a que el alumnado pueda apreciar el papel que juega el cristianismo ante la configuración de la cultura de la sociedad contemporánea. De ahí que la clase de Religión tenga cabida para establecer un lugar de reflexión crítica y del crecimiento personal.

7. Aprendizaje Basado en Proyectos como metodología adecuada

El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) es una estrategia de enseñanza activa que sitúa al alumnocomoprotagonista del procesode enseñanza-aprendizaje. El ABP,tal ycomo lodefine Thomas (2000),refiere ala investigaciónde unproblema oretoauténticoque puede concluirenunproductofinalsignificativo.ElABPfavorecelaautorregulacióndelalumnado, el aprendizaje autónomo, el pensamiento crítico, la cooperación entre iguales... y es un recurso didáctico esencial para la educación contemporánea.

Con la educación religiosa escolar, el ABP tiene el sentido que permite combinar los contenidosteóricosconlascompetenciastransversales.Elalumnadoquetrabajaunpersonaje bíblico mediante un proyecto interdisciplinar, por ejemplo, investiga fuentes, analiza contextos históricos y produce materiales creativos que muestran lo que ha aprendido. Este

aprendizaje lleva a la elaboración significativa del conocimiento y no es la simple memorización de contenidos.

Igualmente, el ABP responde a esa intención de superar la fragmentación curricular.

Conocer áreas del saber sostenidas por un proyecto común facilita la comprensión de la realidad en su globalidad. «La educación tiene que aprender las maneras de preparar y enseñar para entender al mundo en su complejidad», tal y como afirma Morin (1999), y el ABP puede ser un recurso adecuado para ello. La ERE, al incorporar el ABP como metodología, dota de un carácter formativo a la ERE y dinamiza el proceso de enseñanzaaprendizaje.

Es más, el ABP implica un favorecimiento del aprendizaje activo que hace partícipe al alumnado de su deber cívico. Ya no se trata de un estudiante que reenvía de forma pasiva el conocimiento, con una tarea centrada en el estudio de los contenidos, sino que se convierte en un protagonista de su propio aprendizaje. Este cambio de rumbo metodológica responde además el deseo de poder formar personas criticas y reflexivas respecto al entorno en el que viven.

8. Educación integral y dimensión trascendente

La educación integral implica , por tanto, convenir que la persona no se encuentra reducida a su dimensión cognitiva o técnica sino que articula una estructura compleja í sima que integra dimensionesemocionales,sociales,éticasyespirituales,ya que reducirelproceso educativo a la mera transmisión de datos significaría empobrecer el desarrollo de la persona y reducir la educación a criterios utilitaristas. Según la UNESCO ( 2015 ), la educación ha de contribuir al desarrollo pleno de la persona, es decir, ha de facilitar no sólo competencias académicas sino también valores, sentido de la responsabilidad o capacidad crítica. Por lo que, en este sentido, la dimensión trascendente ha de serentendida nocomo uncomplemento

La tradición antropológica cristiana ha defendido que el ser humano es constitutivamente abierto a la trascendencia , aunque en este caso no nos referimos a una experiencia religiosa concreta sino a la búsqueda de sentido, a la búsqueda de sentido, a la búsqueda de plenitud oal hechode que se pregunte porel origen yel destinode suexistencia.

Cuestión que Frankl (2004) considera una voluntad de sentido que es una motivaciónde vida y que su frustración genera un vacío existencial. Desde esta perspectiva, la clase de Religión propicia un espacio privilegiado para tratar las últimas preguntas que en algunos casos no llegan a ser suficientemente abordadas por otras disciplinas.

Pero incorporar la dimensión trascendente en la enseñanza no significa imponer creencias y mucho menos vulnerar la libertad de conciencia del alumno sino abrir una línea de diálogo respetuosa a partir de la cual se puedan trabajar las grandes preguntas antropológicas con espíritu crítico y argumentador. Habermas (2006) afirma que las tradiciones religiosas pueden aportar contenidos ético-políticos al espacio público enmedida que tengan un lenguaje accesible y razonablemente adscrito. De esta manera la enseñanza de la Religión Escolar ayuda al debate cultural, pero sin excluir la pluralidad de perspectivas a las que hace referencia la propia dinámica del aula.

Así mismo debe tenerse en cuenta que la educación integral implica saber asociar la dimensióntrascendenteylaresponsabilidadsocial.Elcristianismonoessólounaexperiencia interior, sino también un compromiso moral con la justicia, con el respeto a los demás y con la protección de la naturaleza. Francisco (2015) pone de manifiesto que la educación tiene que ayudar a la formación de personas responsables ante los problemas sociales yecológicos que padecemos. En ese sentido, la ERE no es sólo la transmisión de contenidos doctrinales, sino que también promueve una determinada actitud solidaria a la vez que se fomenta una conciencia ética cimentada.

Desde laperspectiva pedagógica,incorporarla dimensióntrascendente enel currículo favorece que se construya una identidad personal. El alumnado necesita los espacios donde poder reflexionar sobre sus valores, sobre las decisiones que toman y sobre el proyecto de vidaquehanidoconstruyendo.ComoargumentaGroome(2011),laeducaciónreligiosatiene que ayudar al alumnado a interpretar su propia experiencia a partir de una tradición que dé sentido y guía. La clase de Religión se convierte así en una instancia de acompañamiento formativo con la que se facilita el equilibrio de la persona.

En definitiva, la educación integral no puede prescindir de la dimensión trascendente sin empobrecer su horizonte formativo. La Enseñanza Religiosa Escolar aporta una

perspectiva antropológica que complementa el conocimiento científico y técnico, favoreciendo una comprensión más profunda de la condición humana. Integrar esta dimensión en el contexto escolar responde a la necesidad de formar personas capaces de dialogar con la cultura contemporánea desde una identidad reflexiva y fundamentada.

9. Conclusión

El desarrollo del presente marco teórico presenta de una manera rigurosa pero argumentada la idoneidad del diseño de propuestas interdisciplinarias en la Enseñanza Religiosa Escolar. La escisión del saber en la actual sociedad de la información invita a buscar metodologías que favorezcan la interconexión yel pensamiento complejo, tal y como indica Morin (1999). En este sentido, el ERE puede convertirse en un elemento articulador a partir de una concepción antropológica que integra todas las áreas del saber con la pregunta por el sentido.

La inclusión del Aprendizaje Basado en Proyectos como eje central del Reto 4 da respuesta a las necesidades de promover aprendizajes autónomos y significativos contextualizados (Thomas, 2000), lo que permite la integración interdisciplinar y poner en marcha competencias prácticas críticas, del ámbito de la comunicación y del ámbito social. Por último, la búsqueda de la dimensión trascendente, la cual se aleja de la marginalidad, constituye el núcleo de una educación en el sentido más amplio de la palabra (Frankl, 2004).

En síntesis, el marco teórico aquí desarrollado justifica la elaboración de un proyecto interdisciplinar que integre personajes bíblicos con otras áreas del currículo escolar. La Enseñanza Religiosa Escolar, fundamentada en una pedagogía del diálogo y orientada al desarrollo integral del alumnado, se presenta como una disciplina capaz de contribuir significativamente a la formación humana en el contexto educativo contemporáneo.

Bibliografía

Brueggemann, W. (2003). An introduction to the Old Testament: The canon and Christian imagination. Westminster John Knox Press.

Congregación para la Educación Católica. (2009). Educar hoy y mañana: Una pasión que se renueva. Libreria Editrice Vaticana.

Concilio Vaticano II. (1965). Dei Verbum. Libreria Editrice Vaticana.

Francisco. (2015). Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.

Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.

Groome, T. H. (2011). Will there be faith? A new vision for educating and growing disciples HarperOne.

Habermas, J. (2006). Entre naturalismo y religión. Paidós.

Juan Pablo II. (1998). Fides et Ratio. Libreria Editrice Vaticana.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Pérez Díaz, V. (2018). La educación y su entorno cultural. Fundación Rafael del Pino.

Ratzinger, J. (2004). Fe, verdad y tolerancia: El cristianismo y las religiones del mundo. Sígueme.

Thomas, J. W. (2000). A review of research on project-based learning. The Autodesk Foundation.

UNESCO. (2015). Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial? UNESCO.

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