Quebrada de las Ulloa: Alfareria tradicional de Florida, Region del Bio Bio (Chile)

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agradecimientos y créditos

Artesanas de Quebrada de las Ulloa Isabel y Onésima Molina, artesanas de Quebrada Riffo Rosemarie Prim de Meissner Ennio Vivaldi V. Isolda Fierro - Museo Hualpén

Coordinación e Investigación: Margarita Zaldívar O. Diseño y diagramación: Tania Gómez A. Fotografía: Tania Gómez A. Margarita Zaldívar O. Mónica Matamala S. Renato Hernández F. Marina Venegas F.

Investigación financiada por el Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura - Fondart World Vision Chile – Departamento de Nuevos Negocios – Programa Comercio Solidario


Quebrada de las Ulloa

Alfarería tradicional de Florida, Región del Bío Bío

“Aún no deja de asombrarnos la magia inicial que significa la transformación de una masa informe de tierra que cobra vida y se convierte en algo diferente, con el solo trabajo de la mano, el sentido y la inteligencia, concebida como sensibilidad y creación”. Victoria Castro [1]

Este documento es parte del proyecto “La artesanía tradicional como referente para el desarrollo productivo cultural local. Colección itinerante Loceras de la Quebrada de las Ulloa”, Fondart . Esta investigación fue realizada entre septiembre de 2005 y junio de 2006. La comuna de Florida es una zona privilegiada. Sectores como Quebrada de las Ulloa, Quebrada de Riffo, Chillancito y Peninhueque cuentan con mujeres artesanas que realizan hermosas piezas utilitarias con una fuerte tradición histórica y campesina. Trabajan completamente a mano: desde la extracción, la molienda, el modelado, apoyándose sólo con herramientas muy rudimentarias. Hace un par de años, cerca de veinte mujeres de Quebrada de Las Ulloa se agruparon. Desde ese entonces trabajan en conjunto para mejorar la venta de sus productos y así sus ingresos familiares. Además de participar en ferias, ya cuentan con un lugar de venta en la comuna, donde exponen al visitante una gran variedad de piezas utilitarias que se hacen según la disposición y habilidad de cada artesana. El Departamento de Nuevos Negocios de World Vision Chile, hace dos años y medio trabaja apoyando y generando nuevas oportunidades de desarrollo para las artesanas, a partir de ello se formuló este proyecto para destacar el valor que cada pieza tiene en sí misma, para rescatar la identidad de las [1]

Castro, Victoria. Artífices del Barro, Museo Chileno de Arte Precolombino, 1990. Pág. 12

loceras, generar conciencia de ello en la comunidad, difundir sus productos más representativos y apoyar su comercialización.

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antecedentes La alfarería está presente en todas las culturas La alfarería es una actividad presente en la cultura desde tiempos ancestrales. A lo largo de la historia y llegado cierto estado de evolución, toda agrupación humana comienza a crear con sus manos y el barro. Ambos elementos ayudaron a resolver necesidades prácticas de la vida cotidiana, fundamentalmente relacionadas a la actividad culinaria. De paso -tanto de manera expresa como involuntaria- en estos objetos se plasmó la particular cosmovisión de los pueblos: sus vivencias, historias, hábitos y creencias. Es así como cada cultura milenaria adquirió características propias, entre las que destacan: cercano Oriente y Egipto, Grecia y Roma, Arábica e Ibérica, China, Corea, Japón y América precolombina.

En América precolombina la alfarería tuvo características específicas Las culturas americanas precolombinas tuvieron en el trabajo cerámico tres características técnicas comunes: • En primer lugar, todas las cerámicas se modelaban a mano, utilizando rollos. • Algunas culturas utilizaron moldes. No se conoce el uso de torno. • En segundo término, la decoración de las piezas se lograba con engobes • -arcilla muy fina coloreada con óxidos-. El pulido se realizaba con una • piedra antes de la cocción. No se conocía el esmalte (superficie vidriada). • Finalmente, la cocción de las piezas se realizaba en “pila”: hoguera a leña al • aire libre. Otra alternativa era en un hoyo, variante de la quema en hoguera. • No se conocía el horno.

En el Chile precolombino se han identificado diferentes complejos agro-alfareros A lo largo de todo nuestro país, se ha encontrado evidencia de la actividad agro-alfarera en localidades en que la gente vivía de la caza, la recolección y la horticultura a pequeña escala. Las más antiguas datan del año 2000 a de C. Como señala Sonia Montecino: “Los estudiosos parecen coincidir en que Pitrén constituye la primera expresión agroalfarera en el sur de Chile. Este complejo se habría extendido desde la cuenca del Bíobío hasta la ribera norte del lago Llanquihue; pero

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Metawe o cántaro antropomorfo, elaborado por Dominga Neculmán, alfarera mapuche.


también se han encontrado sus manifestaciones en Argentina (Neuquén). Pitrén comparte con los grupos del complejo Llolleo de Chile central elementos tan específicos como los ceramios asimétricos con asa puente, a menudo bifurcada, con formas zoo y antropomorfas, pintura negativa, incisiones y abultamientos en la base del cuello de los jarros. Sobre la base de Pitrén se desarrollaron otras manifestaciones agroalfareras en el sur del país. Su vitalidad perdura en el tiempo y muchos de sus elementos aparecen representados junto a expresiones prehispánicas durante la colonia, e incluso en la actual artesanía mapuche, lo que permitiría considerarlo como una tradición cerámica de larga duración.” [2]

A la llegada de los españoles, la cultura mapuche dominaba en Florida A la llegada de los españoles en el siglo XVI, desde el río Choapa hacia el sur los habitantes hablaban la misma lengua y compartían la cultura Mapuche. Se trataba de familias extendidas, unidas por lazos de parentesco, que tenían asentamiento disperso y móvil. Practicaban la horticultura estacional, cultivando papas, maíz, porotos, quinoa, calabazas, zapallo y ají. Las mujeres mapuches fabricaban con greda ollas y otros utensilios necesarios para la elaboración y preservación de alimentos. Tanto las técnicas como los modelos con que se fabricaban las piezas eran transmitidas directamente de generación en generación, de madres a hijas.

El mestizaje cultural En el período de la Conquista y Colonia llevada a cabo por los españoles (siglos XVI al XVIII), los indígenas y mestizos agrupados en las Encomiendas y Pueblos de Indios, debieron desarrollar nuevos objetos y piezas para su autoabastecimiento, incorporando en ellos nuevos modelos hispánicos, pero conservando las antiguas técnicas mapuches. Esto se expresó fundamentalmente en la incorporación de nuevas formas y ornamentos, y en la mayor importancia que se comenzó a dar a los aspectos funcionales y utilitarios de las piezas. La introducción de la cultura hispana en la cultura local -sus formas de cultivo, almacenaje, así como otros hábitos y costumbres en general- dieron origen no sólo a la fabricación de piezas renovadas, si no también a la posibilidad de comercializarlas. Como lo expresa la antropóloga Ximena Valdés: [2]

Montecino, Sonia. Voces de la tierra, modelando el barro, SERNAM, 1995. Pág. 39

“Entre los siglos XVII y XIX con la formación de pueblos de indios en la zona central, la concesión de mercedes de tierras, la formación de grandes

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haciendas y áreas de poblamiento campesino, emergen nuevas necesidades emanadas de la producción agrícola y de la vivienda. De esta manera, a los utensilios indígenas destinados a la elaboración y conservación de alimentos se agrega la fabricación de tejas, de tinajas para guardar granos y vinos y la factura de vajilla a partir de los mismos elementos usados por los primeros pobladores del territorio”. [3] Hubo cambios evidentes que se observan en las piezas de alfarería luego de la llegada de los españoles. La vajilla comenzó a tener formas barrocas, pues se intentó imitar la apariencia de las porcelanas chinas y europeas. El pueblo quería comer con una indumentaria que se asemejara a la de sus patrones. Es así entonces como los bordes rectos de los platos y fuentes comenzaron a formar blondas, a tomar ondulación y contorno curvo. Además, este borde se empezó a decorar con incisiones rellenas de color con diferentes flores, hojas y espigas de trigo. A los jarros agüeros se les comenzaron a hacer picos y las asas se hicieron con más curvas y protuberancias.

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Alfarería, en Valdés Ximena et al., Memoria y Cultura: Femenino y masculino en los oficios artesanales, Santiago, CEDEM-FONDEC, 1993. Pág. 46

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alfarería de Florida Florida El proceso de la Conquista española, desde el siglo XVI, dio lugar a repartos de tierras e indígenas en el sector por la presencia de yacimientos auríferos y para favorecer el cultivo de trigo. Más tarde a partir de la Colonia, el espacio geográfico de la actual comuna de Florida fue denominado “Corregimiento o Departamento de Puchacay”. Toda esta zona registra signos de antiguo asentamiento humano hispano. Prueba de ello es que, a principios del siglo XVIII, un expediente oficial habla de la entrega de “encomiendas” a oficiales españoles en razón a los servicios prestados a la corona en distintos lugares de Puchacay y en particular en el punto que nos interesa, que por aquel entonces revista la calidad de un “pueblo de indios” .[4] La comuna de Florida está situada en el área interior de la Cordillera de la Costa y la conforman diversas quebradas. Actualmente pertenece a la provincia de Concepción, VIII región del Bío-Bío. Posee una superficie de 608.6 Km2, siendo la segunda comuna más extensa de la provincia. Según datos del último Censo (INE 2002), la población de Florida asciende a 10.177 habitantes, con un 38.1% de población urbana y con un 61,9% de población rural.

Caracterización de su alfarería Otro aspecto importante para comprender las características y evolución [4]

Jaramillo, Salvador. Orígenes de Florida, Magenta Publicidad, 1989. Pág. 10

de la alfarería de Florida, fue la construcción a fines de la Colonia -bajo el mandato de don Ambrosio O’Higgins- del camino “Palomares”. Este conectó Concepción y Chillán, correspondiendo al actual camino que une Concepción


y Bulnes. Esta ruta contribuyó a una época de bonanza comercial y cultural para los pueblos aledaños, que se transformaron en posadas, lugares de paso, alimentación y hospedaje, favoreciendo también la compra y venta de alfarería. En la actualidad, la alfarería de Florida se mantiene fiel a sus modelos desde el siglo XIX. Si bien el aislamiento geográfico de los pequeños pueblos que aquí se encuentran ha dificultado la difusión y conocimiento de las artesanas y su trabajo a nivel más masivo, sin duda ha ayudado a la conservación más pura de esta antigua tradición. Tomás Lago[5] en 1935 hace referencia a cerámica producida en la localidad de Curapalihue, a 35 kms al oeste de Concepción. Esta misma producción se observa hoy en Quebrada Riffo, Peñinhueque y fundo “Casa Larga”, donde se conservan artesanas y una colección particular formada en los años 60 por Augusto Vivaldi C. (1927–1994), primer director del Instituto de Historia y Geografía de la Universidad de Concepción.

Quebrada de las Ulloa Quebrada de las Ulloa es una localidad rural perteneciente a la comuna de Florida y se ubica a 30 Km. al este de Concepción. Está conformada mayoritariamente por parcelas e hijuelas en las que, de manera dispersa, viven 263 personas aproximadamente. De estas, medio centenar son alfareras. Este sector rural limita al norte con Quebrada Riffo y Collico; al sur con Copiulemu y La Paz; al este con San Antonio de Cuda; y al oeste con el límite de la comuna de Concepción. Desde el punto de vista socio económico es un sector con altos índices de pobreza, falta de fuentes laborales, migración juvenil, cesantía y deterioro de la calidad de vida campesina ya que, producto del aumento de la forestación con pino y eucaliptos, los suelos hoy son de baja productividad. Los pequeños propietarios se han visto obligados a vender sus tierras y su fuerza de trabajo

Arriba: detalle colección particular formada por Augusto Vivaldi. Centro: artesanas de Quebra Riffo, María Isabel y Onésima Molina. Abajo: artesanas de Quebrada de las Ulloas, Delmira Parra y su madre Teresa López.

a grandes empresas forestales, convirtiéndose en trabajadores temporales, con bajas remuneraciones. Hace unos dos años se agruparon cerca de 20 mujeres de la Quebrada de las Ulloa y desde ese entonces han rescatado y reimpulsado la alfarería como fuente laboral para la zona.

El proceso productivo El proceso de elaboración de la loza comienza con la recolección de gredas. Para dar forma y estructura a las piezas se utilizan dos tipos de arcilla: una gruesa, la cual es recogida de la orilla del estero Nogal de la Quebrada; y una más suave que se extrae en el estero San Miguel, perteneciente a la misma quebrada. Ambas gredas son muy plásticas y moldeables.

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Lago, Tomás. Arte Popular Chileno, Editorial Universitaria. Pág. 33


La recolección de estas gredas es una tarea que involucra a las artesanas y a otros miembros de sus familias. La actividad se realiza en los meses de verano. Primeramente las loceras reconocen los lugares del estero que las contienen. Luego la extracción se lleva a cabo con picota, en cantidad suficiente para un año de producción. A continuación la suben en canastos hasta el camino de acceso, donde finalmente es ensacada y trasladada en camioneta o carreta. Para el acabado de las piezas se utiliza un tercer tipo de greda: esta es muy fina, de vivo color rojo intenso y de mejor brillo. Se aplica mezclada con agua, formando un engobe llamado “colo”. Esta greda la encuentran fuera de la Quebrada, en los cerros y en terrenos cercanos a la vecina localidad de Proceso de Producción. De arriba a abajo: colo, amasado, armado y pulido.

Copiulemu. Otra materia prima importante en esta alfarería es la leña, necesaria para generar calor cuando llega el momento de cocción de la loza. Esta se recolecta y/o compra en el sector. En esta tarea participan el o los hombres de la familia. Las gredas y la leña son almacenadas al resguardo de la lluvia y duran todo el año. La greda se extrae y guarda en terrones. Cada artesana acostumbra a moler la cantidad necesaria con un mazo, machacándola hasta pulverizarla. Este polvo es harneado para sacar piedras e impurezas, con cedazos de diferentes mallas. La elección o mezcla de gredas de distinto grosor, depende del tamaño y finura de la pieza que deseen realizar: a mayor tamaño se requiere greda más gruesa. El proceso del amasado es similar al del pan. Después de remojar el polvo, se le deja reposar, a lo menos un día, para dar comienzo a la fase del modelado. Para dar forma a las piezas, asientan una porción de greda sobre una tabla de madera. Las que trabajan sentadas la ponen sobre sus piernas, las que laboran de pie, sobre una mesa. Para dar forma a la pieza utilizan sus manos y herramientas básicas, como una cuchara sin mango, una paleta de madera para estirar las paredes, un pedazo de cuero para alisar los bordes. Las piezas de menor altura se arman de una vez, desde su base. Van aplastando el fondo, deslizando el material hacia fuera, y subiendo los bordes hasta darle la altura deseada. Cuando la pieza es de mayor volumen, como las grandes ollas, fuentes, tinajas y otros, se realizan por etapas. Luego de hacer la base, se espera que la pieza se oree hasta adquirir suficiente solidez. Una vez obtenida, se agrega un rollo de greda por todo el borde. La unión de ambas partes se hace humedeciendo los bordes y presionando con las manos para adherir. Se repite la tarea, hasta lograr la altura y forma deseada. Las asas o mangos se pegan al final, una vez que la pieza completa tiene solidez. Las artesanas generalmente trabajan varias piezas a la vez, lo que les permite ir avanzando con una, mientras la otra se va oreando. Antes que ésta se seque

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totalmente se procede a la etapa del pulido: primero se raspan con una cuchara las paredes exteriores e interiores, para sacar las rugosidades más gruesas, y luego se alisa con una piedra, contribuyendo así a una superficie lisa, suave, sólida y más impermeable. Una vez alisada se procede a aplicar el engobe a modo de acabado. El “colo” se aplica con un trapo, cubriéndola por dentro y por fuera, sobre todo en las piezas utilitarias. El pulido final o bruñido es para dar brillo. Se realiza con una piedra muy fina, ojalá un ágata, cuando la pieza esta casi seca. Esta operación es delicada y requiere de mucha dedicación, algunas repiten este proceso para que el aspecto final sea más lustroso. En gran medida, es la calidad del bruñido lo que destaca y diferencia a las artesanas. Las piezas bruñidas y secas están listas para ser quemadas. La tarea de la cocción de la loza es la más pesada y riesgosa, pues si las piezas no están bien hechas, secas y precalentadas arriesgan la posibilidad de saltarse o quebrarse. Hasta el año 2005, las artesanas sólo realizaban las quemas como se hacía ancestralmente según la tradición indígena americana, esto es en “pila”, en el patio de la casa. En este proceso, se comienza a cocer colocando las piezas sobre las brazas, girándolas periódicamente para obtener una temperatura pareja. Una vez calentadas, se cubren de maderas, leños gruesos y delgados, construyendo sobre ellas una pila, que se consumirá más o menos en dos horas. Este tipo de quema de llama directa es la que permite una de las principales características de la alfarería campesina: loza roja, lograda por el “colo”, con manchas negruscas, azarosas e irregulares, que quedan por efecto de las llamas y el humo. Con este sistema de quema la temperatura alcanzada generalmente no sobrepasa los 750 ºC. Ocasionalmente los clientes piden loza negra. Para lograrlo las artesanas suman una tarea, que complica aún más la quema: se saca la pieza al rojo vivo de la pila y se cubre completamente con paja de trigo, hasta ahogar la loza. Por la falta de oxígeno se genera una reacción química de reducción, que produce el color negro intenso en el total de la pieza. No hay que confundir con el negro resultante del ahumado, que es más superficial y grisáceo, (como el negro de la cerámica de Pomaire). Lo que se ha perdido totalmente es la decoración con forma de guirnaldas, usando arcilla blanca sobre las piezas rojas, la que hasta 1960 era considerada como la ornamentación distintiva de la producción alfarera de Florida. Las artesanas tienen recuerdos de sus abuelas y algunas mamás que todavía aplicaban este decorado. El abandono de esta técnica puede deberse a la

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Proceso de Producción. De arriba a abajo: Quema en Pila y Horno.


simplificación de las formas y el trabajo asociado, o a la pérdida de la fuente de arcilla blanca en el sector. Hoy en día en Quebrada de las Ulloa coexisten dos formas de quema: la tradicional en pila y en horno a leña. A partir del 2005 la agrupación de loceras de la Quebrada obtuvo un horno a leña, construido por un artesano de Nacimiento. Este horno se hizo con el propósito de que la quema fuera compartida por varias loceras, con una mayor cantidad de piezas por quema, evitando los accidentes por chispas en los ojos, y con menos pérdida de piezas quebradas. Si bien se logran los propósitos anteriores, el modelo de horno no permite lograr las manchas negruscas ni el negro tan característico de la zona.

Comercialización Antiguamente el sistema más común de venta era el trueque, cambio de loza por legumbres, transacción a tiesto lleno, o por animales. Otra forma de vender, poco utilizada actualmente, es recorrer poblados cercanos, como Quillón, Bulnes, Lota, Coronel, Yumbel, Hualqui, o instalarse en las afueras de mercados y ferias en las ciudades de Concepción, Talcahuano y Chillán. También es común la venta a intermediarios, principalmente de Concepción. Pero las entregas más estables las han logrado en el Centro de Ventas de Artesanía de Copiulemu, formado hace 35 años por Rosemarie Prim de Meissner. Dada la calidad de las piezas, las artesanas han sido invitadas regularmente a la Muestra del Parque Bustamante de Artesanía Tradicional y a la Feria Municipal de Concepción. A partir de mayo de 2004, la Asociación de loceras de la Quebrada lograron De arriba a abajo: Olla y jarro pintados con blanco. Piezas de colección formada en los años ´60, con aplicación de engobe blanco.

un Centro de ventas propio, en el camino principal, iniciativa que ha sido apoyada por World Vision Chile.

Piezas sin colo (café), con colo y ahumado (rojo) y con reducción (negro). Centro de ventas de Artesanía en Copiulemu, formado por Rose Marie Prim de Meissner. Centro de ventas de la Asociación de loceras de la Quebrada.

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muestra de piezas La muestra que a continuación presentamos, corresponde a piezas fabricadas por loceras de Quebrada de las Ulloa.

Jarro agüero, cántaro Su capacidad máxima era de 30 litros y se usaba para trasladar el agua desde la vertiente o el pozo a la casa. Mantenía el agua fresca.

Paila oreja pellocha con colo y ahumado El tamaño de las pailas varía de acuerdo al tipo de comida. La grande, para la cazuela, la mediana para pastelera o paila marina y la más pequeña para mariscos al pilpil.

Olla colorera Olla para preparar y guardar “la color”, ají machacado y pimentón frito en grasa.

Paila oreja pellocha con colo y reducción negra La oreja pellocha de esta paila es continua, gruesa, sin perforación.

Olla harinera Olla para preparar y contener la harina tostada. Paila con oreja Paila con asa horizontal, con perforación.

Olla con pellocha Antiguamente se usaba para cocinar diariamente en el fogón. “Pellocha” son las asas gruesas, donde se ponía un arco de fierro, para colgar la olla sobre el fuego.

Paila jarra Paila con oreja vertical como la de los jarros. Es la paila más antigua, según las artesanas.

Jarrón con aro Porta planta, se usa como macetero. Olla triguera Antiguamente esta olla era de gran tamaño, se usaba para alimentar a los participantes de la trilla o sea a unas 60 personas.

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productos utilitarios

Frutera calada con patas Reproduce las olletas de fierro, con 3 patas.

Frutera con blonda Las blondas del borde y la forma del pie son de origen colonial europeo.

Fuente bote Pocillo para el ají.

Asadera ovalada con asa Fuente rectangular con asa horizontal Asadera ovalada con falca (borde grueso) Usadas preferentemente para cocinar al horno.

Tinaja En la colonia se usaban para guardar granos, las hacían de diferentes tamaños. Las tinajas como las tejas eran tarea de hombres.

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zoomorfos y antropomorfos Mujer con delantal Adorno u objeto de colecciĂłn

Fuente gallina Para salsas, ensaladas y otros alimentos

Chivo Adorno u objeto de colecciĂłn

Fuente chancho con patas Se usa como salsero, de preferencia para el pebre

juguetes

Versiones en miniatura. Juego de niĂąos, colecciones y adorno. Se miniaturizan preferentemente piezas de la vajilla normal y animales como el chanchito, patos y pollos.

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Chancho alcancía El tamaño del chanchito indica la capacidad de ahorro. Para recuperar el dinero el chancho se debe romper

Carreta con bueyes Adorno u objeto de colección

Paloma Se usa como florero

nuevos diseños Set de ollitas y jarro miniatura Fuente con pocillos de asas Fuente doble

A fin de integrar el estilo de las cerámicas tradicionales de Florida a la vida moderna, se hicieron tres diseños, basados en piezas existentes.

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rescate

basado en colección de Quebrada Riffo y Museo Hualpén modelos originales Modelo antiguo centro de ventas Copiulemu

Colección Augusto Vivaldi

Colección Augusto Vivaldi

Juego miniaturas Colección Augusto Vivaldi

Luego de visitar Museos y colecciones particulares vimos la necesidad de reproducir algunas piezas con las artesanas de Quebrada Ulloa, a fin de difundirlas

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modelos originales Colección Augusto Vivaldi

Colección Augusto Vivaldi

Colección Museo de Hualpén

Colección Museo de Hualpén

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artesanas

Asociación loceras de Quebrada de las Ulloa

Ely Ulloa Martínez (1976)

Mª Cristina Ulloa Martínez (1977)

Teresa López Flores (1948)

Lidia Cereceda García (1964)

Lidia Martínez Ulloa (1970)

Magaly Martínez Ulloa (1979)

Delmira Parra López (1971)

Lucila Martínez Ulloa (1970)

Yolanda Ulloa Martínez (1972)

Olga Martínez Ulloa (1953)

Mila Ulloa Ulloa (1953)

Pabla Jara Martínez (1954)

Emperatriz Martínez Ulloa (1947)

Sonia Pereira Morales (1953)

Regina Parra Ulloa (1967)

Melania Ulloa Ulloa (1948)

Prosperina Ulloa Rebolledo (1948)

Isabel Cereceda García (1970)

Graciela Ulloa Rebolledo (1955)

Luisa Parra Ulloa (1972)

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bibliografía Albornoz

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Aldunate

Carlos y otros autores, Culturas de Chile, “Etnografía, Sociedad Indígena Contemporánea y su Ideología”, Editorial Andrés Bello.

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