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Algunas personas mientras se bañan cantan, bailan, hay quienes, no sé porqué, hablan y hablan como si uno estuviera a un lado escuchando, y otras más meditan, a veces en lo que soñaron, en lo sucedido el día anterior, los pendientes para hoy, entre muchos asuntos. Es inevitable que este día yo recuerde los contratiempos vividos con uno de los Papanicolaous anteriores. Ya va para dos años que al leer los resultados encontré una palabra nueva: displasia. Entonces me asusté pues temía que al no haberla encontrado antes en mis análisis significara que padecía algo malo, como el cáncer. Un llamado me saca de estos recuerdos, mi hijo también quiere usar el baño. La rutina de todos los días, arreglarse, apurar a la hija que aun sigue en su cama, preparar el desayuno, las fricciones discutiendo quien se tarda mas y por eso se nos hace tarde… en fin, lo que en la mayoría de las familias con hijos adolescentes se vive antes de salir a la escuela y trabajo respectivos. La diferencia hoy es, precisamente, la angustia de los resultados de un nuevo Papanicolaou que hoy recogeré. ¿Qué dirá? ¿Se habrá disipado la incierta amenaza de la displasia reiterativa? Recuerdo al ginecólogo explicándome que la displasia son células anormales que en mi caso, estaban en el cérvix, que no me preocupara ya que al ser una lesión leve, podría no aparecer en el próximo Papanicolaou, claro después de observar un tratamiento medico, para descartar alguna infección que estuviera ocasionando esos resultados. Sin embargo, al trabajar entrevistando médicos de todas especialidades, yo sabía que México es el país que ocupa el primer lugar de mortalidad a nivel mundial por cáncer cérvico-uterino. Según las estadísticas, cada dos horas fallece una mujer por esta enfermedad en la época más productiva de su vida. Y en Sonora la situación no varía mucho. ¿Cuantos lectores habrán pasado por la angustia de resultados similares recordando a alguna mujer cercana que falleció debido a un cáncer originado por una displasia que se descuidó o se detectó a destiempo?


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Llegamos al trabajo, y eso me da una tregua en los pensamientos. Aunque no dura mucho. Creo que estaré así hasta que tenga los resultados en mis manos. Hace 2 años, después de enterarme de que padecía una displasia pedí a mi doctor que me practicara una colposcopia o bien me diera una orden para que en mi institución médica me la llevaran a cabo. Se negó, argumentando, que el protocolo no lo permitía. Una colposcopia se realiza para buscar el motivo de un resultado anormal en el Papanicolaou. Es importante puesto que puede detectar cáncer del cérvix en una etapa temprana. Yo estaba convencida de que necesitaba una. El protocolo de algunas instituciones de salud pública indica que una colposcopia solo se realiza cuando dos estudios consecutivos Papanicolaou revelan displasia. Según lo explicado por mi ginecólogo, una displasia leve pasa a moderada en aproximadamente 4 años, en mi caso, pasé de leve a moderada en solo 6 meses. Así que con toda la información que había obtenido, en charlas directas con especialistas y en internet, insistí en mi deseo de una colposcopia. Por fin después de tocar muchas puertas obtuve la tan anhelada orden. La colposcopia despejó dudas, tenía una lesión de cuidado que había que eliminar. El paso siguiente fue cortar y extraer el tejido dañado mediante una conizacion, lo que evitaba la posibilidad de padecer cáncer. Hoy medito, en el motivo por el cual no se realiza una colposcopia a las mujeres cuyo Papanicolaou arroja una displasia leve, sin dar tiempo a que evolucione en algo mas grave. Pareciera como que los encargados de tomar estas decisiones, no quieren invertir en este estudio, que brindaría a las pacientes la seguridad de haber prevenido el cáncer. El Papanicolaou que me realizaron meses después de la conizacion arrojó resultados limpios. Pero al año siguiente se repitió la historia, otra displasia. Otra conizacion ahora sin necesidad de tocar tantas puertas para obtenerla.


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Hoy, a unos meses de este procedimiento, desespero por recibir los resultados del último Papanicolaou. Y medito sobre el numero de mujeres que no visitan al ginecólogo y mucho menos se realizan algún estudio que les ayude a mantenerse sanas. Me pregunto que hace falta, ¿información? Abunda, ¿entonces por que no aterriza donde debe llegar? ¿Voluntad? Y en medio de estos razonamientos, y mientras los demás continúan con su día, similar a los otros días, me voy, por fin, por mis resultados del Papanicolaou, que espero no traigan malas noticias, en un día que para mí, ha sido diferente.


Un día diferente