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Proyecto producido y editado por:

C OLE C TI VO S U R S Y S T E M Erick Ortega // Dirección Arte y Montaje, Cali/Colombia Luis Fernando Medina // Productor y editor, Bogotá/Colombia Marcelo Arroyave // Editor y productor, Elmwood Park/USA Valeria Peña // Ilustración instructivos, Cali/Colombia Lieth Méndez // Ilustración instructivos, Cali/Colombia Colaboración para este numero: Laura Marcela Izquierdo (Búsqueda y selección de instructivos en Internet) Lorena Castiblanco (Búsqueda y selección de instructivos en Internet)

E D I C I ÓN 07 // R E U T I L I Z AC I Ó N Noviembre de 2013 América, la Tierra, 3er planeta. Emitiendo para toda la galaxia

Y RECICLAJE.


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as cruiser board son básicamente un tipo de patinetas que nos sirven para transportarnos de manera más rápida y divertida por la ciudad. Sabemos que una tabla de skateboard tiene cierto tiempo de utilidad y que cuando ya no tenemos “tail” o “nose” nos es complicado concretar trucos a la hora de patinar. Pues bien muchas veces coleccionamos estas tablas que de alguna manera ya no sirven y pasan a hacer parte de nuestra historia, ahora les enseñaremos a revivirlas, reutilizarlas y creando nuevas tablas para así no dejar de andar sobre ruedas. Materiales: tablas usadas, caladora , crayola blanca, molde, pinturas (spray) y plantillas

1- Seleccionamos una tabla que ya no usamos, con la crayola dibujamos o marcamos el diseño o forma que queremos (en este caso usamos un molde predeterminado hecho en un pedazo de caja de cartón). 2-Después de marcar la tabla por el lado superior (por el lado de la lija), pasamos entonces a cortar con la caladora (es importante a la hora de cortar, estar en una posicion cómoda y que nos permita movernos facilmente).


3- Con nuestro deck cortado pasamos a pulir los bordes con algún retazo de lija que nos haya sobrado de alguna tabla. 4- Si queremos pintar o dibujar por la parte de abajo, es recomendable retirar la pintura o cera que tenga la tabla, esto lo hacemos también lijando esta superficie. 5- Pintamos nuestro diseño con marcadores, spray, pinceles o lo que tengamos a mano. En este pintamos el stencil con una lata. 6- Para finalizar pasamos a instalar los trucks (preferiblemente con ruedas de cruiser) y después lo más importante salir a rodar y divertirse.


Todo está hecho para dañarse en el menor tiempo posible. Creemos que algo es “NUESTRO” cuando lo usamos, hasta “GASTARLO”


s o m a l g e r r a o L ! ! s o m a t n e v o lo in n e d e u p s o Creen que n ar ?%!! enga帽 a r t s e u n n a v e l D贸nde l basura?!!


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iversos estudios prevén una crisis energética por razones geológicas en no más de 20 años, es decir para el año 2030. Dicho declive energético, anuncia que traerá consigo el fin del capitalismo que por 300 años ha dominado a la humanidad y ha modelado ciertos valores sociales. Luego esta crisis energética, devendrá en una crisis ecológica y de los recursos naturales, además que será el fin de la sociedad hipertecnológica a raíz de la escases y el encarecimiento de los combustibles fósiles.

La necesidad de un cambio radical en las formas de vida como las conocemos es inminente. Se hace necesaria una revolución y unos sujetos dispuestos a llevarla a cabo, porque el planeta muy pronto pasará la cuenta de cobro a la humanidad destructora. Esta catástrofe a su vez, implicará la caída de los «dioses» dominantes y abrirá oportunidades de transformación hoy en día inimaginables. Esta crisis será la encargada de activar cambios culturales y por ende sociopolíticos, que hoy en día nos parecen imposibles de plantear, pues somos incapaces de imaginar otro tipo de sociedad; será también partera de tiempos nuevos para bien y para mal.

Varias iniciativas se han venido desarrollando a favor del medio ambiente y la disminución del consumo, una de ellas se relaciona con la función más importante de todas: la alimentación. Un ejemplo de esto es el movimiento “freegan” el cual busca frenar el despilfarro con una estrategia básica: recoger los alimentos desechados en perfecto estado para su consumo y redistribuirlos. Consiste en un nuevo estilo de vida anticonsumista. Se estima que cada ciudadano bota aproximadamente de 90 a 110 kilos de comida al año. Este movimiento no solamente pretende promover que busquemos comida de la basura de restaurantes y supermercados, sino que también aprovechemos toda la comida a la que tenemos acceso, por ejemplo, con la reutilización de las sobras, el pan duro, la leche agria e incluso a hacer caso omiso a las fechas de caducidad de yogures y productos lácteos.


Los freegans recolectan la comida en vez de comprarla para evitar ser consumidores, para retar políticamente la injusticia de permitir que recursos vitales sean gastados mientras multitudes carecen de necesidades básicas como comida, ropa y alojamiento.

Ante una crisis global inminente, como sociedad debemos contribuir y promover el cambio de hábitos: consumiendo lo necesario, utilizando la bicicleta como medio de transporte o colaborando al llevar a más personas en nuestro carro, ahorrando toda la energía y el agua que sea posible, reutilizando nuestra ropa y cambiando nuestra relación con la comida. Hay que retomar las viejas prácticas de producción de alimentos en tiempos de escases, como la creación de huertas caseras, los mercados locales con productos locales, las recetas de las abuelas que promovían el aprovechamiento de los alimentos del día anterior, la elaboración artesanal de conservas y encurtidos de frutas y verduras (el delicioso antipasto por ejemplo o las mermeladas caseras). La infancia esté llena de recuerdos y frases de nuestras mamás y abuelas como: “Ni se te ocurra dejar algo en el plato: hay muchos niños que no comen”. La experiencia del hambre contribuyó por un lado a valorar más los alimentos, pero también sirvió para crear ricas recetas con muy poco. En mi casa por ejemplo, mi abuela prepara una sopa deliciosa con arroz y frijoles, inventada en tiempos de crisis donde en la alacena solo había arroz y frijoles. Mi abuelo prepara unas macitas de arroz para el desayuno con el arroz del día anterior. En el pacifico también hacen esto. Todos podemos aprender a cocinar con el pan duro, a hacer yogures, kumis, mantequilla o queso con la leche sospechosa y pasteles con las frutas más maduras. Compartir la comida sobrante de las fiestas con los vecinos, son opciones que tenemos para aprovechar y no botar los alimentos. Incluso podemos crear foodlabs locales, para compartir ideas de cocina “reciclada” y hacer nuevos amigos.


Y es que la revolución debe basarse en el consumo colaborativo, en una economía del bien común. La economía del bien común se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. De lo que se trata es de poner en marcha dispositivos alternativos que reconozcan que todos los sujetos tienen conocimientos, saberes y herramientas útiles que se pueden poner en común horizontalmente, pues no sabe más el profesor de la universidad porque sepa de economía política marxista que la señora que compra el mercado en la tienda local. Es tiempo de volver al pasado: a la comunidad, tiempo de agruparnos, de compartir saberes, poderes y todo lo que tenemos con el fin de articular y generar nuevas formas de organización política y por lo tanto de organización social. El neoliberalismo y las políticas estatales capitalistas nos están llevando por un camino de individualismos y soledades que nos pueden poner al borde del precipicio en muy poco tiempo, desafortunadamente, tiempos muy difíciles nos esperan y es nuestra culpa.


“Quien crea que el crecimiento exponencial puede continuar para siempre en un mundo finito es o un loco o un economista” Kenneth Bouding Economista.

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s evidente que el capitalismo y el consumismo están atravesando una profunda crisis, algunos dirán que desde el 2007, pero muchos otros piensan que desde la década de los 70 del siglo pasado. Este hecho ha insuflado el espíritu de muchas iniciativas económicas, académicas y ciudadanas que pretenden encontrar alternativas a este sistema roto.

“Trabajar menos para trabajar todos” Serge Latouche La crisis del sistema pone en riesgo nuestra supervivencia ya que está atada a bienes escasos y de difícil acceso, como el petróleo y el carbon. Por otro lado, acumular y desechar rápidamente bienes y servicios es una característica de la civilización actual, interiorizada de forma artificial en la escuela, la familia, el trabajo y a través de los medios de comunicación. ¿Realmente qué necesitamos para vivir cómodamente y sin degradar el medio ambiente? ¿Cuántas cosas más debemos comprar? ¿Cuánto más podemos extraer del planeta sin que este se agote? El consumismo irracional y la búsqueda del crecimiento, del progreso, sin otro objetivo que la acumulación, el prestigio o el estatus lleva al sistema productivo a tensiones e injusticias sociales. Teniendo en cuenta todo lo anterior, el magazin Sursystem quiere aportar su granito de arena a un cambio, que si bien se esta dando lentamente, debe ser adoptado por todxs para poder salvaguardar lo poco que nos queda de esta nave espacial llamada


Planeta Tierra y así dejarles a nuestros reemplazos un lugar digno de ser habitado y conservado. El cambio no sólo se da con reciclar o separar desechos, se necesita una revolución individual que afecte al colectivo y a las instituciones y sus representantes, ya que estxs, a pesar de que conocen del problema y su gravedad, no van a hacer nada para solucionarlo: ellxs están poseídxs por la avaricia, la codicia y el egoísmo que genera el poder. Por eso como colectivo y como medio de comunicación nos unimos a la corriente de Serge Latouche, que predica el decrecionismo, invirtiendo la obsesión de nuestras sociedades por el crecimiento. Al adoptar esta corriente en nuestra cotidianidad emplearemos menos recursos, ya que al maximizar el uso de la energía y de los aparatos garantizamos el equilibrio en el planeta. Como dice el autor “decrecer no se trata de ser cada vez más pobres, sino consumir cada vez menos recursos manteniendo un bienestar basado en la igualdad y la comunidad”. Debemos parar de consumir como si todo fuera nuestro e inagotable, para ello Latouche propone sus célebres ocho erres: “Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Redistribuir, Relocalizar, Reducir, Reutilizar, y Reciclar”. Por ahora nos sumamos a esta filosofía por medio de esta edición incentivando dos de estos conceptos: reutilizar y reciclar. De igual manera queremos trascender la lógica tradicional de producción de una publicación, implementando un proceso colaborativo y abierto donde a través de talleres generaremos justamente los ejemplares que sean necesarios, reutilizando materiales y provocando un evento pedagógico. Así, unimos discurso y acción en el ejemplar que ahora tienes en tus manos. ¡Qué disfrutes!

Colectivo

LECTURAS RECOMENDADAS: Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito Tim Jackson Por Icaria Editorial

Informe: Los límites del crecimiento El Club de Roma, 1972

Sursystem


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quel tipo forcejeaba todos los días con la cerradura. Sus manos se mantenían ocupadas con pesados paquetes y siempre le costaba abrir la puerta de su hogar. Las señoras elegantes podían verlo desde sus ventanas haciéndose un nudo de sí mismo, caminando siempre aparatosamente con sus bultos sucios. Se burlaban la mayoría, algunas otras sentían lastima. Verdaderamente daba pena ajena verlo trastabillar por ahí, sin rumbo alguno.

Pero nadie sabía. Su garaje estaba lleno de sillones de mimbre que había recolectado de la calle. Las gavetas de su cocina estaban atestadas de circuitos antiguos. Su baño era grande y cada uno de sus rincones estaba adornado por viejas botellas plásticas. Su casa estaba completamente llena de cachivaches. Nadie sabía tampoco por qué este sujeto prefería acumular tanta basura inservible en vez de tener un trabajo fijo o amigos con los cuales platicar. Ni el mismo lo sabía. Simplemente lo hacía. Le gustaba catalogar todos sus objetos y enumerarlos. Tenía varios computadores con diferentes sistemas operativos, y en ellos investigaba todo lo que había que saber sobre las cosas que recogía. Pero un día la tierra tembló. La electricidad desapareció de pronto. Las comunicaciones se vinieron abajo y no paraba de llover. Médicos sabios e ingenieros poderosos desaparecieron en profundas y terribles oscuridades. Muchas cosas se acabaron en ese instante. Los proyectos se detuvieron, las organizaciones se desorganizaron. La gente que quería viajar no sabía volar. Era todo caos. Pero este tipo era ingenioso con sus cosas, y así empezó a juntar elementos. Reunió cables, jabones y pilas viejas y creó una radio comunicadora. Atrajo gente a su alrededor. El agua era sucia y el tipo construyó un filtro para hacerla potable. Creó techos de mimbre para los que no tenían. La gente lo rodeaba y lo quería. De la desesperanza nacía algo. No volvió a estar solo nunca más.


Magazin Sursystem 07  
Magazin Sursystem 07  

La séptima edición del magazin Sursystem desea aportar al cambio que se esta dando a nivel planetario y que busca un equilibrio con el plane...

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