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Fotografía: Jazmín Andrade

EDICIÓN DEDICADA AL PERIODISMO GONZO

Notas frías de noviembre 2012 Por Julio Figueroa

Descubrimiento. El tiempo perdido no existe, sólo el tiempo rebosante con nuestra subjetividad. Ver la miseria humana y creer en la bondad. La felicidad es el cuarto de espera y vivir es quemarse. (Con Toño y Hernando en el Bar 201). Veo un monstruo en tu alma, dice mi espejo.

Fotografía: Anastacio Cortés

Las tonterías del yo VS los temas capitales de nuestro tiempo. ¿Más yo y menos sociedad o más sociedad y menos yo? Las tres cosas: más yo y más sociedad y menos poder. Pero los valores del yo chocan con la sociedad y viceversa. Dos tonterías. Creer que el mal es el poder, no uno; creer que el poder nos salvará del mal, no uno. Juan Antonio Isla Estrada, pluma sin riesgo y con red de protección. Hay un tiempo en que se puede hacer todo, y no se hace nada. Hay otro tiempo en que sólo se puede hacer una cosa, y con suerte se hace todo. Malena Hernández, extensión privada de la información pública, sin valor agregado. Premio gubernamental al periodismo oficial sin crítica. Las buenas personas son malos palabreros, por lo regular. Los hijos de la chingada son capaces de todas las contradicciones habidas y por haber. Más tiempo no es más vida, leo al final del Laberinto. Lo que tú haces y se te escapa y hace respirar a otros, allí fluye la vida… Yo, que quiero saber, no quiero saber. “Hacia el final de la Edad Media abundaban los escritos anónimos titulados El arte de morir. Nadie prepara ya su muerte. Los antiguos sabían morir. Nadie intentaba hacer trampas con ella.” (Cioran, De lágrimas y de santos). Elogio. Los libros de Scherer son parte del muralismo mexicano. Los Venegas, porristas del poder y descalificadores de sus críticos. Información y negocios y buenos deseos, JAEN. Dos perros callejeros que se acarician en la calle y sólo se tienen el uno al otro. Con la fragancia juvenil de la existencia y la experiencia de la madurez. Sólo los santos inocentes ven los ángeles del cielo flotando sobre la tierra. / Los buitres bondadosos. Escribir es un deseo, una comunión con uno y en busca del otro.

::: DIRECTORIO PANÓPTICO ::: Consejo Coordinador - Jorge Luis Morán ( rushman _ 24@ h o t m a il. c om ) Coord. Edición y Diseño Gráfico - Viviana Estrella ( v gep17@ ho t m a il. c om )

Coord. Comunicación - Haydé Ruíz ( l a u c n i p f a g _ s m i l e@h otmai l .com) Coord. Radio - Guadalupe Jiménez ( g u a l a 9 0 _ 1 6 @ h o tmai l .com)

Haz contacto: contactopanoptico@gmail.com


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mposible no es sólo un llamado a lo inexistente, sino que es lo que no podemos controlar. El entendimiento entre un pueblo a otro, desarrolla un lenguaje que puede satisfacer las necesidades de comunicación, basándonos en esto, podemos incluir, que esta llamada comunicación, está rota, es manejable y exageradamente manipulada.

El empezar a culpar a los grandes escritores o personajes públicos que producen la forma de pensar de cada persona, es lo primero a hacer, no perder el tiempo luchando por cambiar al mundo desde nuestros hogares... ¿Qué hace la comunicación? Solo nos hace sentir inseguros de lo que pensamos y hacemos, y después de esto, somos títeres, que sobrellevan una vida manejada por hilos de palabras, que sólo rompemos al hacernos los sordos respecto de lo que escuchamos en la radio, o hasta lo que vemos en un tweet. Me baso en la teoría que empieza en el gran monstruo que nos rodea, la política, que ha sido tan insatisfactoria para los

que la conforman, que sólo les queda quejarse públicamente sobre sus oponentes, y nosotros esclavos de los que tienen algo de poder, llevamos nuestra locura al límite, y llegamos a creerles, claro, cada uno por su parte, izquierda o derecha, rojo o azul (liberales o conservadores). Y no bastando con la porquería que nos dan a comer todos los meses con las “buenas nuevas” de nuestro gobierno, llegan las cadenas de televisión, que inventándose o dando a conocer secretos ocultos de la maravillosa cabeza del gobierno, la llamada “caja mágica”, reprograman nuestras mentes, y no bastando con ello, los jóvenes que ni siquiera han llegado a consumar una relación sexual, pelean por quién es mejor dirigente que otro, sin saber primero qué es un país. Como lo dije en primicia, lo imposible a llegado a ser el todo en nuestra comunicación, ya no vemos periodistas, paliándose por un encabezado objetivo que pueda dar un nuevo respiro a un pueblo en guerra, ahora se encargan de realizar por su propia cuenta, idealizar y soñar rosa, sabiendo que su mundo poca gente lo comparte, pero

somos obligados a ser leales a un hombre gordo, que lo único que dice es que está bien o que está mal, devorándose los pensamientos en surgimiento de la gente, que no pasamos de ser un montón de ignorantes, y lo peor es que ese ya es trabajo del dios que fue reinventado por otro hombre con agallas de poseer poder.

Inexistente, corrijo la palabra imposible (al cabo que lo imposible llega a ser posible, y en este caso, no lo creo), ya recuerdo haber escrito un ensayo sobre este mismo tema, lo llame “Mentalmente, quizás; físicamente…imposible”, en el que explica si el periodismo puede llegar a ser objetivo, ahora veo lo tarado que fui, al no explicar el titulo que llevaba este ensayo, y que por razones no obvias, voy a describir; cuando se habla de Mentalmente, me refiero que el ser humano puede llegar al punto en que se vuelva un tipo de gran jugador que pueda observar lo que se está haciendo como un ser omnipotente, y llegar a tener una neutralidad al hablar con otra gente, que sé yo, en una fiesta o en la escuela, y mostrar un objetivo y una conclusión final sin basarse en sus principios o creencias; ahora, Físicamente, ya cuando esta persona sea el responsable de sentarse en un computador y llevar actualidad y opinión a un montón de gente que necesita informarse, allí ya es inexistente, ¿Quién le paga a un pobre campesino para llevar una verdad que no hiera?, la respuesta la tenemos en todos lados, son ya fuerzas extrañas que no se ven, porque ya estando escondidas, pueden hacer lo que se les venga en gana, son más poderosos que un narcotraficante con mucha droga que exportar, o de un primer presidente a blanco y negro. Son maestros en la teoría de tener la llave del caos, que para ellos solo es un maldito simple juego, y con el pensar, en el propósito de detenerlos hace que llore nuestra alma con sangre, y solo mordernos la lengua y sonreír, es el propósito, a seguir. Mostrarme objetivo es la peor pérdida de tiempo, debemos aceptar de que mostrarnos así, solo nos trae nublado aburrimiento, y si de algún modo llego a escribir en un gran periódico, espero renunciar el primer día de trabajo, y dedicarme a escribir una novela de la incoherencia mundial y la fantasía del alma.

C a s a Ve r d e C o l e c t i vo - Aquí y ahora

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N a t u ra l Re c o r d s ( M é x i c o, 2 0 1 1 )

irectamente de las tierras de los raztecas, este colectivo nos trae esta producción musical denominada “Aquí y Ahora”, la cual llega con una combinación de géneros, desde Latin, Reggae, Dub, Bossa y Cumbia para ponernos a bailar al sonido de cada una de sus 15 tracks, lo que nos da como resultado una buena dosis musical durante más de una hora. Las canciones que se llevan el disco son Óyeme mama, Aquí y ahora, Nubes, La raza. ¿Que como conocí al Casa Verde Colectivo? sencillo, en la mismísima costa de Oaxaca, capital del mezcal y del tan sabroso chocolate, poniendo a bailar a la banda en playas como Zipolite y Mazunte, Casa Verde Colectivo ha logrado consolidarse dentro y fuera de nuestro país. En los últimos meses hicieron una Gira por Europa y actualmente tuvieron un concierto en nuestro Queretaroots, al lado de bandas locales como La otra Voz. Sin duda un disco que marco a su servidor este año.

P u t u m ayo P r e s e n t s - Brazilian Lounge

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P u t u m ayo Wo r l d M u s i c ( 2 0 0 6 )

ran recopilación musical de sonidos brasileños, lo que hace de este disco una obra imprescindible para todos aquellos amantes de los generos Lounge y bossa nova, así como de todo aquello que este país latinoamericano produce, teniendo grandes compositores incluidos como el verdadero Seu Jorge, Bebel Gilberto, Marcos Valle, entre otros. Putumayo ha logrado grandes discos de recopilaciones exitosas a lo largo y ancho del mundo y en particular este disco es una joya para musicalizar aquellos momentos de tranquilidad, de relajación o de intimidad, mis hermanos, este es el disco que están necesitando. Mis recomendaciones en particular son E depois, Agua de Coco y August Day Song. 

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l periodismo gonzo es una manera de reportear la realidad cuyo principal antecedente es el llamado “nuevo periodismo”, corriente surgida a mediados del siglo pasado que planteaba un uso del lenguaje más afín a la literatura en aras de una narrativa más expresiva y holística, así como una praxis investigativa pensada desde la propia experiencia y el contacto mismo con la realidad, algunos de sus máximos exponentes fueron Tomás Eloy Martínez, Rodolfo Walsh, Truman Capote, y por supuesto, Hunter S. Thompson. Actualmente decir periodismo gonzo es no sólo hablar de crónica o reportaje, sino de una perspectiva noticiosa que parte de una nueva relación con la información y que se extiende a todas

las variantes del ejercicio periodístico, dicha perspectiva es escéptica frente al mito de la objetividad y parte de la noción de que la noticia no se hace, sino se construye, y esto evidentemente no puede realizarlo una persona sino sólo a partir de objetivar diferentes perspectivas, la principal característica del periodismo gonzo sería que trabaja el hecho noticioso desde la perspectiva subjetiva del autor, hasta el punto en el que este incide en la noticia o en que el contexto adquiere una mayor importancia que el hecho mismo. Para esta edición recibimos diversas colaboraciones escritas que abordan diversos tópicos desde la perspectiva del periodismo gonzo, agradecemos a todos aquellos que nos enviaron sus materiales. Les deseamos feliz año desde la guarida panóptica y nos vemos en enero del 2013.


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ui atraído al Museo de la Ciudad bajo una falsa esperanza. Había recibido un mensaje, según yo, de una morena bastante guapa; sonrisa como la costa, cabello ondulado, curvas notables. Podría pasar un rato con ella y además tendría algo que reportar a la revista, dos pájaros de un tiro. Pero resultó ser David, el buen David, el David de siempre.Y, como siempre, pensé que si no había una mujer esperándome podría, cuando menos, beberme algunas copas pagadas por el Estado. La cosa era como de costumbre. Entrabas por la gran puerta y subías al primer piso, rodeado por hombres bien vestidos y mujeres con ropas petulantes, aunque había también vestuarios menos sorprendentes. No había, por supuesto, ningún tipo de control en la entrada: todo mundo es bienvenido en el museo, todos podemos aparecer ahí, en carne, hueso y humo, y formar parte de lo que sea que esté ocurriendo. El espacio es público y el público puede ser cualquiera. Esta vez el asunto era algo sobre el oeste de Suecia. Había extranjeros y nacionales, el vino era blanco y tinto y sirvieron además algún bocadillo tradicional. Los suecos que llevaban violines me hicieron pensar que la música comenzaría en cualquier momento, pero la música nunca comenzó; salí a fumar un cigarrillo y esperé a que David se acercara al hombre que servía el vino (alto, barbado, sueco.) Bebimos y yo recordé el consejo que me había dado un colega: “sólo llegas, te bebes el vino y te vas”. Y pensé en irme, efectivamente, después de la tercera copa. Pero no me fui; esperé.Y mientras esperaba observé al resto del público. Se veían bien, algunos, metidos en sus ropas elegantes, elogiando el diálogo entre culturas distintas, hablando de asuntos elevados. Pensé que reportaría a la revista para la que escribo, de cuyo nombre no quiero acordarme, que el evento había tenido el público educado de siempre. Sin embargo, ellos no eran todos; también había otros más sencillos, en apariencia y en conversación y en modales. Ellos no habían comprendido, quizás ni siquiera escuchado, el discurso del embajador, sólo miraban y permanecían callados, sospechando, tal vez.

Y más allá de ellos había también entre nosotros una serie de desajustados, parcialmente interesantes, que he visto en todos los eventos del museo. Ellos están siempre ahí; caminan entre los demás y exhiben sin pena sus espíritus deshidratados – esas mentes a mitad del camino entre una ceguera dulce y otra llena de pesadillas. Los conozco, he hablado con ellos, me he embriagado con ellos; los he visto arrastrarse por presentaciones de libros, congresos académicos, ciclos de conferencias, exposiciones pictóricas… todo, de verdad todo lo que pueda suceder en el museo. No pude evitar preguntarme qué los traía a ese sitio.Comprendo al joven adulto que quiere aprender algo o dar la impresión de quiere aprender algo, necesita sentir que es un hombre de mundo, que le preocupa la cultura, que se desenvuelve en los círculos intelectuales. Pero no veo qué beneficio puede tener un parásito para sí mismo, uno específicamente como los que entonces veía, al presentarse en un evento así. Para ellos no hay vanidad, ni instrucción, ni círculos de intelectuales; no dialogan sobre asuntos elevados ni se dan a conocer entre aquel caldo de fotógrafos improvisados, artistas de segunda mano y músicos supuestamente alternativos que algunos llaman la escena queretana. No. Ellos están fuera de esto, lejos, distantes. Y no los detesto, ni me incomodan, ni me parecen inferiores. Sólo eso: desajustados, extraños, fantasmas de papel. Los conozco pero no los comprendo.Y me hago la pregunta: para qué quiere un fantasma de esos adentrarse en un lugar como éste, entre jóvenes como éstos. Me hice esa pregunta al tiempo que David se aceraba nuevamente al hombre que servía el vino. Me encontré ahí a Francisco, que trabaja en la misma revista que yo, y nos enfilamos para beber otra copa; se había acabado el tinto y tuvimos que tomar vino blanco, lo cual fue trágico porque el vino blanco no puede ocultar su calidad cuando es realmente baja. Otra vez pensé en irme, pasar la noche en otro lado y reportar después cualquier cosa. Pero no me fui. Hablé con más gente, comí un par de bocadillos (habían traído galletas y mermeladas de Suecia) y, después, hice mi pregunta en voz alta. David, el David de siempre, respondió y su respuesta fue bastante cómica aunque ahora mismo no la recuerdo, y habló, como podríamos muchos, de varias borracheras y delirios, de la única vez que inhaló solventes, de accidentes trágicos y de aventuras sexuales, todo en esas mismas instalaciones. Recordé, por algún motivo, los ojos iridiscentes de uno de aquellos desajustados, bailando sobre una pierna y jurando que no volvería a fumar lo que fuera que haya fumado, durante la presentación de una revista.

Luego comenzó la presentación de danza contemporánea y yo ya estaba entumecido, mareado, ligeramente ebrio. Disimulé muy bien y pude descender hasta la planta baja, a uno de los patios.Y ahí un sujeto nos regaló algunas latas de cerveza que había introducido escondidas. Ese sería el último catalizador, pensé, lo que hacía falta para que esto terminara como siempre: alguno de nosotros haría una estupidez enorme y tendríamos que salir del museo. Pero la estupidez no llegó. Nos aburrimos, nos cansamos y nos fuimos. Miré por última vez a los desajustados del museo y recordé haber invitado a alguno de ellos a una fiesta en mi departamento, hacía varios meses. Quizás su situación no estuviera tan lejos de la nuestra, nosotros tampoco habíamos aprendido nada sobre el oeste de Suecia (a no ser por el dato de que hay ahí, si no me equivoco, ciervos y osos) y, además, la dinámica que seguíamos era más o menos la misma: llegar, beber, ver y buscar algo que hacer para cuando el evento termine; lo mismo, pero con la menuda salvedad de que yo pretendía reportar sobre esto a una revista. Fotografías: Moisés Alatriste


Acerca del autor...

I

ngeniero de profesión, músico por convicción, fotógrafo por pasión. Ha desempeñado diversas actividades dentro del ámbito musical (músico en vivo y en estudio, staff de tiempo completo, organizador de conciertos, promotor de bandas y varias incursiones en la producción) Ha estado muy cerca de los escenarios desde mediados de la década de los 80, época en la que empezó a militar por varias agrupaciones musicales de diversos géneros. Ferviente admirador de Santa Sabina, les siguió de cerca desde sus inicios y hasta el ocaso de su existencia. Musicalmente, colaboró con las bandas 'Los Estrambóticos' (ska), Nirgal Vallis (rock progresivo y con quien publicó la reedición de 'Y murió la Tarde' para la disquera francesa Musea Records) y fue director musical del grupo de apoyo de Arturo Meza, con quien participó en varias grabaciones ('A la Siniestra del Padre', 'Descalzos al Paraíso', 'De Gira por el Averno') como músico y arreglista. Coleccionista de revistas musicales (posee completa 'La Mosca en la Pared' y la primera época de 'Rolling Stone' México). Ha mostrado su trabajo fotográfico 'de escenario' en diversas exposiciones individuales. Actualmente, forma parte de MusicBlitz.net, donde periódicamente publica reseñas y reportajes gráficos de conciertos que suceden en la ciudad de Querétaro.


El foto periodismo musical es para pendejos

me sonaban a “Passion Pit” y por cuestiones de trabajo, tenia que chutarme una hora y media, a veces dos, de rolas bien fresas y alegres, con grititos extraños emitidos de un súper modelo de pasarela con una guitarra eléctrica. Según yo, eso como que no encajaba, pero nunca me hacían caso. Justamente en el doceavo “Passion Pit” llegamos al coche de Chucho, subimos y nos dirigimos al festival.

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bamos caminando por la calle, fumamos muchísimos porros de mariguana, tantos, que ya ni siquiera recordaba que había fumado mariguana. Estaba desorientado, casi como cuando ando sobrio, pero un poco mas feliz, despreocupado, ya sabes, hay muchas cosas en el mundo por las cuales preocuparse: ¿Qué tal si piso la cagada de un perro en la calle? ¿Qué tal si encuentro a alguien conocido y tengo que saludarlo? ¿Y si me encuentro una iglesia y alguien me llama para darme una platica tediosa de dos horas y media en los que me fumo tres cigarros y suspiro cuando dicen la palabra “Salvación”?. O que tal si encontraba al maldito amor de mi vida numero 218 y tenia que (casi por obligación) hacerle el amor bastante fuerte, ahí, tendido en mi cama, fumando dos o tres cigarros. Todas estas cosas me preocupan demasiado cuando ando sobrio, al parecer estando pacheco también. Éramos 4. Lograba distinguir a Chucho y Betty. Chucho era un tipo normal, vestía ropas despreocupadas y le gustaba la buena música, nunca lo escuche decir algo inteligente, pero le gustaba la buena música. A Betty en cambio, no la conocía mucho, íbamos en la misma preparatoria y se que le gusta Radiohead, se que me gustaban sus senos por que eran redondos, no muy grandes ni espectaculares, pero debajo de esa playera blanca “Tipo polo” que nos obligaban a usar en la escuela, se formaba un circulo perfecto, casi jugoso, y eso, eso me encantaba. A la otra figura medio borrosa no la distinguía, solo se que hablaba mucho de una banda que se llama “Passion Pit” y caminaba como apurada por las calles del centro de Querétaro. Exactamente en el momento en que de su boca salió el nombre de dicha banda como por octava vez (las estaba contando) recordé a donde íbamos y el por que íbamos. Nos dirigíamos a un festival de música. Teníamos que tomar unas fotos de las bandas que se presentaban y beber unas 3 o 4 chelas de cortesía, a veces eran 5, otras veces no eran nada, pero siempre tenía que haber fotos. El line up del festival, consistía en 4 bandas de nombres raritos, muy similares a varios de los festivales a los que he asistido hoy en día, todos ellos con nombres alegres, melosos y “prendidos”. Al parecer estar triste ya paso de moda, yo no veo el por qué, no le veo lo malo, hasta cierto punto lo disfruto. Pero así eran las cosas hoy en día, todas las bandas

-¿Podemos parar a comprar unas chelas?pregunte yo. -Si, ahorita me paro en un OXXO para comprar unas Pacifico.- Contesto Chucho mientras conectaba su celular para poner una rolita de Miles Davis. -Bien, nunca quedo chido con las cervezas de cortesía.- le respondí mientras meneaba la cabeza al ritmo de “So What.” Paramos por las cervezas, me baje y compre un six de cerveza Pacifico y uno de Victoria, subí al auto y de inmediato todos agarramos una cerveza, la destapamos casi en sincronía y bebimos nuestro primer trago comunitario de la noche. Así se fueron las 12 cervezas una por una, kilometro tras kilometro, hasta llegar al dicho club de polo en el cual era el evento. Bajamos del coche, entramos al gran terreno lleno de luces y estructuras de madera. Como por arte de magia, empezaron a aparecer extrañas criaturas de grandes anteojos, coloridos cabellos y ropas estrafalarias. Seres parecidos a los hippies humanos, pero mas melosos y “raritos” termino que según se, les gusta usar para describirse. Todos bailando, acercando sus asquerosos colmillos perfectamente grandes y blancos, escupiendo estupideces al aire, quitados de toda pena. No niego que algunos de esos monstruos me atraen, casi la mayoría de echo. Son perfectamente horribles, como solo la humanidad misma lo es. Son tan parecidos a Betty y a mi, algunos hasta podrían decir cosas mas inteligentes o interesantes que Chucho. Todos reunidos, bailando al ritmo proveniente del escenario donde estaba tocando un señor de barba y gorra de beisbol (tocaba muy mal). Se supone que era un DJ set y aun así se notaba que el señor de barba andaba muy drogado, a mi no me engañaba, llevaba ya un ratote cotorreando, seguro estaba a punto de morir y por eso puso esa música. Lo mejor fue que se veía que lo disfrutaba. Ese es el punto de todo al final, recuerdo haber pensado. Termino de tocar y bajo del escenario, dando tiempo para dirigirnos por la primera chela de cortesía… Eran cervezas Indio, sabían mal como siempre, pero eran gratis, estaban frías y nosotros estábamos trabajando ¿Cómo putas podríamos trabajar con tan poco dinero que nos pagan y sin beber chelas? Este es un puto trabajo de locos, hasta los putos locos se volverían locos de hacer esto. La siguiente banda que subió al escenario era la única banda de la que conocía un poco de su música, eran varios tipos gringos con melenas largas y barbas prominentes, tocando guitarras estilo country, una Gretsch White Falcon para ser exactos. Sonaban muy bien, a pesar de que no tocaban tan bien, las voces y las guitarras hacían esa melodía perfecta entre unas y otras, danzando de oreja a oreja, mientras que la batería y el bajo pegaban directamente al pecho, como una onda de sonido inmensa, así como se debe de sentir. A pesar del sonido impecable y la Gretsch sonando durísimo, hubo

un momento en que me aburrieron, no pasaba nada. El ir y venir del tipo en la guitarra se fue haciendo cada vez mas monótono. Hasta que por fin dieron una pausa y saludaron al publico, preguntaron como estábamos, y nos hicieron saber que podíamos pedir la rola que mas nos gustara. Sin pensarlo mas, grite el nombre de la rolita que mas me gustaba de aquellos gringos, la que casi siempre escuchaba únicamente. El tipo escucho, afino la Gretsch, toco otra pinche rola y siguió con su repertorio. Antes de que terminaran me fui por la segunda chela de cortesía. Ya en la barra, conocí a Marisol, una rubia delgada y pequeña que aseguraba saber todo acerca de la música ochentera japonesa. Platicamos todo el rato que siguió hasta la mitad de la tan esperada banda “Passion Pit”, nosotros dos nunca nos dimos cuenta cuando salieron, además bromeábamos cada que cambiaban de rola, por que nos parecía la misma rola pero en pedacitos cortos y aburridísimos. Le conté acerca del Tsuyoshi Yamamoto Trio, una banda de jazz japonesa de los años setentas que me había topado por ahí alguna vez. Me dijo que no la había escuchado y la invite a mi casa a tomar unas cervezas Victoria y a escuchar un poco de esa banda. Ella accedió y me dijo que podíamos irnos en su coche de regreso a la ciudad de Querétaro. Cuando salíamos del gran recinto, recordé que había fumado muchos porros de mariguana y que tenia que trabajar. La rubia tomo mi mano y me indico que su coche no estaba lejos. Recuerdo haber pensado en ese mismo instante: -Maldito trabajo de locos, si no puedo coger, ni tomar mas de 3 o 4 chelas ¿Qué chingados hago trabajando todavía en esto? Debo de estar loco.Di al vuelta y seguí mi camino con la rubia. Al día siguiente no había fotos, ni dinero de paga, ni algún recuerdo de “Passion Pit” pero tenia una rubia a mi lado y me habían sobrado 2 cervezas. Creo que estaba feliz.

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Por Lola Ancira www.letrasymaullidos.blogspot.mx

Ray Bradbury Crónicas Marcianas (1945) Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury (escritor estadounidense, 1920 – 2012) es una serie de relatos en que se narra la colonización de marte por parte de los seres humanos en un futuro -ya no tan- lejano. La habilidad, veracidad y simpleza con que Bradbury describe lo atroz de la naturaleza humana son lo más representante de ésta obra. Más allá de profundizar en elementos científicos o inventores, este viaje a marte es más un viaje de introspección a la esencia terrible y monstruosa del ser humano, que sólo se sacia mediante la destrucción de todo lo externo y desconocido. A través de diálogos entre sus personajes, Bradbury expresa su parecer e ideología sobre sus congéneres, quienes usualmente actúan y piensan de manera arrogante y codiciosa, y entre los que reconoce a unos pocos que valdría la pena rescatar en caso de haber una verdadera guerra nuclear mundial. De magníficas descripciones, marte se nos muestra como una tierra prometida, donde los seres que la habitan tienen una conciencia hacia la naturaleza y su planeta mucho mayor que los seres humanos, seres en quienes incluso llega a ser nula, característica que los hace superiores a nosotros y dejando una pregunta al aire, ¿quién es en realidad el alienígena, el extraño, en el basto universo? A continuación, una selección personal de las mejores frases del libro: “Los amenazó con los puños y les dijo que quería irse de la Tierra; todas las gentes con sentido común querían irse de la Tierra.” “Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar las cosas grandes y hermosas.” “El arte siempre fue algo extraño entre nosotros. Lo guardamos en el cuarto del loco de la familia, o lo tomamos en dosis dominicales, tal vez mezclado con religión.” “Para el norteamericano común, lo que es raro no es bueno.” “¿Para qué vivir? La respuesta era la vida misma. (...) y vivir la mejor vida posible.” “Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos.”

L

a cantina El Andaluz aguardaba nuestro arribo. Era un 23 de noviembre y había que celebrar un aniversario luctuoso más del popularísimo José Alfredo Jiménez, el mejor cantautor de la música ranchera de todos los tiempos y, para ello asaltaríamos la cantina con una tanda de poesía dedicada al ídolo mexicano. Nuestra presencia desorbitó a unos cuantos borrachines que jugaban dominó en sus mesas. Algunas miradas acompañaron nuestros cuerpos hasta la barra, donde nos sentamos junto a una mujer de la vida galante. Sus ropas arrastraban los años de fulgor. Su rostro denotaba un cansancio irrisorio que se cubría bajo una capa sólida de maquillaje. Estaba junto a mi lado izquierdo. Pedí la primera cerveza. Esta va por la casa mencionó Don Felipe, viejo cantinero del lugar. Don Felipe es la tercera generación que atiende la cantina y a su lado ya se encuentra, acompañándolo, su hijo, quien seguramente estará ocupando su lugar en las próximas décadas. Dos cervezas más me tomé antes de una visita obligada al baño. Tras de mí entró Carlos, un amigo casi igual de popular que el mismo José Alfredo. Mientras yo orinaba, agitó

El trigésimo noveno aniversario luctuoso del tal José Alfredo se nos vendría abajo. Al parecer había que hacerle caso a la señora o si no de otra nos atendríamos a los aguardentosos que seguramente saltarían como perros en su defensa esperando un trocito de carne a cambio. Don Felipe nos lanzó una seña de que continuáramos. Yo envalentonado y ya entregado al sendero del alcohol tomé mis hojas e inicié. Me abandonas cuando más te quiero, y te vas dejando una herida en el pecho… la mujer grita ante mi lectura. Ya los tragos me saben amargos, y no preciso motivo alguno por tu abandono… el dormido despierta buscando el eco de mi voz. Los tequilas no apaciguan la intranquilidad y las chillantes notas de

una bolsita que sacó de su chaleco y tras el impulso de una llave se esfumó lo que quedaba dentro. Al regreso hubo un encuentro predilecto con la caja musical que muchos llaman La Rockola. Un par de monedas de 5 pesos deposité en la ranura. Cuando te hablen de amor y de ilusiones… las gloriosas notas arribaron a los oídos ominosos de los ahí presentes y olvidaron por completo los absurdos de la noche. Regresé a mi lugar junto a la mujer ofidio. Este cabrón ya se quedó dormido. Mencionó refiriéndose a un viejo de piel tostada por el sol mientras se dirigía a su mesa, la cual se encontraba justo en el centro del lugar. Don Felipe refirió que era el momento adecuado para nuestra intervención, y apagó la pantalla donde los que no jugaban dominó veían un partido de futbol repetido. Me paré tras la mesa donde la señora de la noche se había sentado junto al viejo de la piel tostada. La rockola cesó la música y las rechiflas se dejaron escuchar en aquel espacio tan pequeño. La mujer pidió que me acercara y yo con cerveza en mano me acerqué. Chamaquito no quiero no quiero que vengas a hacer aquí tus desmadritos, me dijo tomándome de la camisa y acercándome a su cara. Un aliento mezclado entre tequila, cerveza, cigarro, labial y semen se impregnó por mi nariz y continuó, No queremos escuchar lo que le estabas platicando al Felipe, mejor vete a otro lado con tus acompañantes, y señaló la puerta con su otra mano.

una vieja guitarra hacen más solemne esta soledad… el que buscaba mi voz saca una guitarra debajo de sus pies y entona unas notillas pretendiendo hacerme juego en la lectura. Y choco la copa con el sujeto de al lado, que no es mi amigo pero pretendemos serlo, y nos abrazamos para cantarte “La despedida”… digo gracias y de inmediato un sonoro grito resuena en el aposento de Baco. Ahora las miradas de los otros van tras cada movimiento que realizamos en el centro. Es turno de mi amigo Carlos, le continúa Alfredo y nuevamente yo. El círculo de lectura se repite unas cuatro veces. Las cervezas se terminan y otras llegan en su ausencia. Al final de la jornada poética el griterío de nuevo se presenta y la mujer que antes refunfuñaba ahora

aplaude agónicamente. De sus ojos corren lágrimas que se insertan bajo su barbilla. Me pide que me acerque y agradece por el acto “improvisado”, una disculpa implora al cielo y me sienta a su lado. Yo te pido una disculpa por haberte dicho pendejadas antes de saber que nos removerías los recuerdos con esos versos tan bonitos… mientras me menciona esto el señorío que antes dormía ya toca sus canciones en las mesas más cercanas. Pero échate una de José Alfredo, Chucho, si no pa’ que le rascas… mientras observo la escena la señora me restriega sus carnosos labios en mi frente, y pienso que en verdad nunca me quise ir de este lugar al que nos trajo un tal José Alfredo.


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l agua debe estar caliente, pensé, era aplastado por un debate conmigo mismo mientras me daba cuenta que el agua había alcanzado la temperatura deseada, la discusión eterna que se lleva a cabo dentro de mi mente cesó por un instante, estaba cansado de hablar del tema, mi consciencia peleaba por el hecho de ser “normal”, mientras que mi subconsciente se aferraba al estilo de vida que hasta el día de hoy he llevado, solo una vez hace años la conciencia ganó la batalla, intentamos ser “normales” pero los resultados fueron un rotundo fracaso, pase un tiempo buscando la causa de ello, pero como es costumbre, me di por vencido de inmediato, empecé a notar algo raro, el ambiente de la habitación en la que duermo cambió, ya no se percibe aquel olor putrefacto de mis amantes imaginarias, ya no veo el sentimiento lleno de polvo que solía tener en un florero, faltan cosas, mi colección de granos (de) desdicha no esta en la botella de la que eran presos, los pedazos de azulejo con dibujos de almas rotas tampoco están en su lugar, el frasco donde guardaba la felicidad está vacío, alguien ha entrado a mi habitación, algo bastante fuera de lo común, ¿quién querría estar donde tú devoras a los mosquitos y no viceversa? Mi mente y yo empezamos a buscar a los culpables, ella se metió debajo de la cama y yo me hice cargo del exterior. Cuando me acerque al espejo ví su reflejo, sostenía el crucifijo que fui obligado a colgar en la pared, estaba ensangrentado y lleno de espinas, lo ocultaba tras esa enorme sonrisa fingida, llamé a mi mente para que saliera a ver aquel extraño huésped, no apareció, ni recibí respuesta, era obvio que el huésped había asesinado a mi mente, le pregunte el motivo de su visita, se limito a entregarme una carta y se fue sin decir una sola palabra, la saque del sobre y esto era lo que decía: Estimado señor Congelado: El motivo de esta carta es para recordarle que la cara de imbécil que me devolvió se encuentra en perfectas condiciones, por ello, no puedo hacer una devolución, le sugiero lea el manual adjunto para que pueda disfrutar al máximo de ella y lucir como es debido. Sinceramente suyo... El más absurdo de sus sueños.

S A N J OAQ U Í N Hace poco me encontré en el municipio de San Joaquín, Querétaro realizando mí servicio social durante las vacaciones de verano como alfabetizadora de adultos en el proyecto llamado “Si podemos” que ofrece cada

año la Universidad Autónoma de Querétaro a través de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Este proyecto me permitió relacionarme con alumnos de otras facultades de la Universidad, esto fue muy productivo ya que compartimos ideas, formas de pensar y sobre todo nos enseñamos a trabajar en equipo. Además era muy agradable dar clases a las

personas que alfabetizábamos porque a la vez también ellas nos enseñaban algo nuevo cada día, aparte de las clases también nos organizamos para dar talleres a los niños. Si podemos me parece un proyecto muy noble porque pretende acabar con el analfabetismo en México y que mejor que la Universidad Autónoma de Querétaro apoye esta causa.


Suplemento Panóptico No. 53