Volumen
4
Edición
41
3-9 de abril del 2026
“Sin duda alguna, me iría con mi familia”: una estudiante nacida en Aspen se enfrenta a la posibilidad de que sus padres sean deportados Juez federal falla a favor de Aspen Public Radio en caso de libertad de prensa. • PAG 3
Angie es ciudadana estadounidense, pero sus padres son indocumentados. Si los deportan, ha decidido que se iría con ellos. Sarah Tory
Aspen Public Radio Traducción por Convey Language Solutions
Entre calor y sequía, la nieve disminuye y la temporada se acorta. • PAG 6
Avanza plan de cámaras en Basalt, con debate sobre privacidad y acceso a datos. • PAG 12
Reembolsos más altos en 2026 reflejan cambios fiscales recientes y sus efectos desiguales. • PAG 13 y 15
Una tarde de mediados de enero, el último día de las vacaciones de invierno, Angie se esforzaba por hacer las maletas. Al día siguiente volaría de vuelta a California para comenzar su segundo semestre en la universidad. “Soy la que más cosas lleva cuando hace las maletas”, dijo, mientras observaba la gran pila de ropa que se había amontonado sobre su cama y el suelo de su habitación. “Mi madre y yo no somos consumistas, pero es que me encanta la ropa”. Hacer las maletas no es lo único que le cuesta a esta estudiante universitaria de primer año de 17 años. Angie y su familia son muy unidos y, en un mundo ideal, se los llevaría a la universidad con ella, dijo. Su padre, Davide, estaba de acuerdo. (No utilizamos sus nombres completos ni información que los identifique porque les preocupa que su situación migratoria los convierta en blanco de las autoridades). “Siempre hemos estado juntos”, dijo en español. “Cada vez que se va, es difícil”. La separación también se le hizo más dura a Angie. A medida que se han intensificado las medidas de control de inmigración bajo la Administración Trump, ella es una de los millones de niños con padres indocumentados que se enfrentan a nuevos temores y decisiones difíciles. “Tengo miedo de que, si me voy, les pase algo a mis padres”, dijo. Angie nació en Aspen, pero pasó su primera infancia en Guerrero, México, el estado natal de sus padres, donde nació su hermana menor. En la ciudad natal de su padre no había muchas oportunidades de educación: la mayoría de la gente tenía que trabajar. Sus padres querían un futuro diferente para sus hijas. Regresaron al valle de Roaring Fork cuando Angie tenía 7 años. Para sus padres, el traslado tenía como objetivo brindarles más oportunidades a sus hijas. Para Angie, también significó madurar rápidamente. Aprendió inglés y se convirtió en la traductora de sus padres, encargándose de los documentos fiscales, programando citas
Angie, su hermana y sus padres posan en la cocina de su casa el 18 de enero de 2026. Foto por Sarah Tory para Aspen Public Radio
médicas y reservando cambios de aceite. Sus padres trabajaban muchas horas, lo que dejaba a Angie a cargo de gran parte de las responsabilidades domésticas. “Me levantaba y peinaba a mi hermana, le preparaba el almuerzo y luego la llevaba al colegio, y la recogía”, dijo. En lugar de salir con sus amigos o apuntarse a equipos deportivos o clubes, Angie solía quedarse en casa, descongelando el pollo y preparando los frijoles para que su madre pudiera hacer la cena cuando llegara del trabajo. Los estudios eran su vía de escape. En la preparatoria, cursó tantas asignaturas avanzadas (AP) como pudo. Su objetivo era ir a la universidad y, algún día, ganar suficiente dinero para ayudar económicamente a sus padres. Angie siempre había querido ir a la universidad fuera del estado y, la primavera pasada, recibió una carta de admisión de una universidad de California. Pero en junio, una serie de redadas de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU.) en Los Ángeles provocó cientos de detenciones y deportaciones, así como protestas generalizadas. Los padres de Angie siempre habían planeado llevarla en coche a California para el inicio del curso, pero de repente el plan parecía demasiado arriesgado.
A medida que pasaban las semanas, veía más titulares sobre los controles de ICE y las paradas de tráfico por motivos raciales. Más cerca de casa, había informes de un aumento de la actividad de ICE en el valle de Roaring Fork y el corredor montañoso de la I-70. Angie tomó una decisión: no habría viaje familiar por carretera a California. Sabía que su padre, que siempre se sentía más ansioso ante la posibilidad de la deportación, aceptaría su decisión más fácilmente que su madre. Ángela siempre fue la que les decía que no tuvieran miedo. “El miedo atrae al miedo”, les decía a Angie y a su hermana, recordándoles que México era su país; que no debían tener miedo de volver. Una noche, mientras lavaban los platos juntas, Angie le dijo a su madre: “No pueden llevarme a la universidad”. Ángela aceptó a regañadientes el razonamiento de su hija. Aun así, la madre de Angie se sentía despojada de algo precioso: el tipo de acontecimiento importante en el que ella y Davide siempre habían estado presentes. En cambio, Angie tuvo que averiguar cómo llegar a la universidad por su cuenta. Los boletos de avión eran caros y no sabía cómo iba a meter todas sus cosas. Al Y DECISIONES VIA PAG 14