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ASUNTOS PENDIENTES ANTES DE MORIR: ANDRÉS TAPIA PÁG 3 RELÁMPAGOS DE FUGA: ARTURO MENDOZA MOCIÑO PÁG 7

HOJAS DE PAPEL VOLANDO: JOEL HERNÁNDEZ SANTIAGO PÁG 8

DOMINGO 11 DE MARZO DE 2018

D. La pesca ilegal de este animal afecta también a otras especies, como la vaquita marina, lobos marinos, tiburones y tortugas

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ADENTRO MICROCASAS LA TENDENCIA MUNDIAL DE VIVIENDAS DE DIMENSIONES ÍNFIMAS BATE RÉCORDS DE REDUCCIÓN DE TAMAÑO Y AUMENTO DE LA CREATIVIDAD. PÁG 3

FURIA EN LA CARRETERA LA SITUACIÓN ECONÓMICA DE VENEZUELA HA PROVOCADO PELICULESCOS ASALTOS A TRANSPORTISTAS DE ALIMENTOS. PÁG 6


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11 DE MARZO DE 2018

MICROCASAS

Vivir en nueve metros cuadrados

OPINIÓN ANDRÉS TAPIA

El lugar cálido y sin memoria de Andy Dufresne

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RICARDO SEGURA / EFE

FOTOS: EFE

Para enseñar a privarse de cosas innecesarias y consumir menos agua y energía un arquitecto italiano diseñó una vivienda mínima y móvil

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a tendencia mundial de las viviendas de dimensiones ínfimas bate récords de reducción de tamaño y aumento de la creatividad, como muestra una microcasa móvil de diseño italiano, de nueve metros cuadrados y cuyos muebles se esconden en las paredes. La microcasa diseñada por el arquitecto e ingeniero italiano Leonardo Di Chiara se denomina aVOID (un vacío o un hueco, en inglés) porque parece que no contiene nada, pero su interior aloja -replegado y oculto en su estructura- casi todo lo básico y necesario para desarrollar una vida normal, en solo “nueve metros cuadrados de superficie y sobre ruedas”. “La minicasa aVOID la diseñé y construí en Italia en 2017 y, tras presentarla en Pesaro, mi ciudad de origen, la trasladé a Berlín (Alemania) donde ahora está expuesta en el Museo del Diseño Bauhaus-Archivi”, explica Di Chiara, de 27 años de edad, que se autodefine como un “apasionado de la arquitectura temporal y la microvida o vida a escala pequeña”. “Vivir en una pequeña casa sobre ruedas significa estar siempre en movimiento entre un destino y el siguiente, en el caso de aVOID, cuyo interior se asemeja a un vacío, también significa vivir en un espacio en continua transforma-

ción”, asegura. Mediante los dispositivos y muebles ocultos dentro de las paredes, el residente puede manipular ese único espacio interior para satisfacer lo que necesite en cada momento. La cama reclinable, sencilla o doble según las necesidades, puede convertirse en un sofá con reposapiés móvil que, al combinarse con la mesa plegable colocada en la pared, se transforma en un banco que permite cenar a hasta seis personas. “Con unos pocos movimientos, el dormitorio se convierte en una sala de estar, el baño en un estudio confortable y la cocina en una encimera”, explica el arquitecto italiano. “Cuando se cierran todos los muebles, la casa se vuelve nuevamente un espacio abierto, donde se pueden organizar fiestas con amigos, hacer yoga, o simplemente disfrutar del vacío interior para efectuar una meditación”, apunta. “Todo esto en solo nueve metros cuadrados que corresponde al tamaño mínimo que, por ley, puede tener una habitación individual en Italia”, indica Leonardo Di Chiara. Una vez que concluya su exhibición en el Museo Bauhaus, este arquitecto sueña con vivir en su diminuta casa en el centro de una ciudad, “en BerlÌn o en alguno de los otros lugares interesantes que existen en todo el mundo”,

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estacionando su propio espacio vital móvil dentro del entorno urbano, según asegura. BARRIOS MIGRATORIOS El próximo proyecto de Di Chiara consiste en desarrollar los denominados “vecindarios migratorios”, un nuevo concepto de asentamientos temporales compuestos de pequeñas casas móviles dentro de las ciudades, informa en su web (leonardodichiara.it) . “Estos barrios serán migratorios porque sus microcasas sobre ruedas, al igual que los pájaros, migrarán constantemente de un lugar a otro aprovechando los espacios momentáneamente no utilizados en los centros urbanos”, explica este arquitecto, que prevé experimentar este concepto habitacional en Milán, Italia. A diferencia de las minicasas estadounidenses, el prototipo italiano carece de ventanas en sus lados, porque es un nuevo tipo de hogar urbano diminuto y adosable, destinado a personas que quieren vivir en el centro de las grandes ciudades, experimentar distintas culturas, hogares y hábitos, y que agruparán sus viviendas formando comunidades transitorias, según Di Chiara. Aunque “las aves se mueven en busca de alimentos y

mejores condiciones climáticas, en tanto que las microcasas formarán vecindarios que serán parte de la ciudad como los edificios tradicionales y cambiarán su ubicación dependiendo del espacio que se utilice dentro de la estructura urbana”, matiza. El arquitecto adelanta que en Milán el primer vecindario migratorio experimental podría situarse en lugares abandonados dentro de la ciudad y que sufren una ocupación estacional, como por ejemplo, un jardín o un parque durante el invierno o el estacionamiento de una escuela durante las vacaciones de verano. “Mi propia experiencia de habitar en la aVOID me permite verificar, probar y modificar la casa, mejorándola con nuevas soluciones, y este pequeño hogar es como un manual de reduccionismo que me enseña y empuja a privarme de cosas innecesarias, a consumir menos agua y energía, a poner la ropa en su lugar y a lavar los platos inmediatamente después de comer”, indica el diseñador. “El vacÌo, que se consigue volviendo a cerrar los muebles montados en la pared, es el refugio de mi creatividad, ya que la ausencia de cualquier distracción visual causada por los objetos personales o asuntos cotidianos, mi imaginación, libre y abierta como el espacio, evoca nuevos diseños”, enfatiza.

n el tercio final de la película The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), Andy Dufresne (Tim Robbins) pregunta a su amigo Red (Morgan Freeman) si cree que abandonará alguna vez la prisión de Shawshank en la que ambos están recluidos. Red le responde que sí: “… un día, cuando tenga una larga barba blanca y dos o tres tornillos sueltos, me dejarán salir”. Con una mueca que forcejea por convertirse en sonrisa, Dufresne replica: “Te diré a dónde iría yo… Zihuatanejo (…) está en México. Un lugar pequeño en el Océano Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico?”. Extrañado por las palabras de Andy, Red responde que no. Dufresne entonces concluye: “Dicen que no tiene memoria… ahí es donde quiero vivir el resto de mi vida: un lugar cálido sin memoria”. Días después, Andy Dufresne realiza la fuga más poética que ha existido en la historia de la literatura después de la de Edmond Dantès en El Conde de Montecristo (la historia de Dufresne está basada en el relato Rita Hayworth and Shawshank Redemption del escritor estadounidense Stephen King). El año es 1966 y Andy Dufresne eventualmente llegará a Zihuatanejo; Red habrá de alcanzarlo un año más tarde. En la trama ideada por King y Darabont, la historia de Dufresne y Red es una ficción, no así ese lugar pequeño en el Oceáno Pacífico: “Un lugar cálido y sin memoria”. Zihuatanejo es tan solo uno de los cientos de lugares, cálidos y sin memoria, que existen en México. Y pese a las objeciones que seguramente esgrimirían Frank Darabont y Stephen King, bien podríamos sustituirlo por cualquier otro sitio. San Miguel de Allende, por ejemplo. Ese otrora pueblo, hoy ciudad, que hace ya varias décadas se convirtió en un cementerio de elefantes en tanto cientos de ciudadanos estadounidenses de la tercera edad lo convirtieron en su residencia de retiro. En otro tiempo (las décadas de 1960, 1970, 1980 y acaso 1990) Acapulco habría sido el lugar elegido por Andy Dufresne. En tiempos más recientes, Puerto Vallarta y Veracruz. En el pasado inmediato Los Cabos, Cancún, Morelia, Playa del Carmen, Cozumel. Y, todavía y por fortuna, Puebla, Huatulco, Mérida, Oaxaca. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico? Dicen que no tiene memoria… Cuando eres feliz, la falta de memoria es un defecto virtuoso en tanto aquello que contemplas, y que te contempla, no será un recuerdo adquirido tiempo antes ni un pecado cometido el día de hoy. No olvidarás, porque no tendrás nada que olvidar, ni serás el protagonista de un recuerdo feliz o doloroso. Siendo apenas un grano de arena al que el mar puede mojar o no, serás tan sólo una partícula infinitesimal de un todo que no te importará comprender ni entender. Y, sin embargo, por una absurda ecuación filosófica, serás al mismo tiempo el todo: casi el Universo.

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O, si lo ambicionas lo suficiente, el Universo mismo. En días recientes, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, en algo menos de 24 horas, 15 personas fueron asesinadas, ocho de ellas mutiladas en cada articulación posible, y abandonadas en una camioneta como si fueran basura. En días recientes, un ferry que cruza de Playa del Carmen a la isla de Cozumel, registró una explosión en la que resultaron heridas al menos tres decenas de personas, entre mexicanos y extranjeros. Poco después, en otro ferry que cubría la misma ruta, fueron descubiertos explosivos adosados al casco del barco. En días más o menos recientes, los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Canadá emitieron mensajes de alerta en los que advertían a sus ciudadanos evitar o abstenerse de visitar ciertas ciudades de México, cuando no cancelar cualquier viaje de vacaciones o negocios a este país. Hace unos días, un estudio hecho público por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, una asociación civil de México, situó a la ciudad de Los Cabos, en Baja California Sur, como la más violenta del mundo durante el año 2017. Y a otras cuatro ciudades de México (Acapulco, Tijuana, La Paz, Ciudad Victoria) dentro del top ten de las ciudades más violentas del planeta. Motivados políticamente por las cercanas elecciones presidenciales en México quizá exageraron. Quizá no. La falta de memoria, la ambición del futuro, mantiene a los políticos mexicanos y a sus esbirros, empecinados en una lucha por desacreditar a sus oponentes políticos mientras el país se desangra, de manera literal, y no precisamente poco a poco, sino de manera obscena. México hoy es la Colombia de las décadas de 1980 y 1990, pero a Andrés Manuel López Obrador, a Ricardo Anaya, a José Antonio Meade, a Margarita Zavala, a Jaime Rodríguez, candidatos a la Presidencia de México, eso no les importa. Pese a todo, este país —por una o varias razones que hoy resultan incomprensibles— sigue atrayendo a los extranjeros. Hacia el final de The Shawshank Redemption, Red compra un billete de autobús con rumbo a Fort Hancock, Texas, con la esperanza de cruzar la frontera, y encontrarse más tarde con Andy en ese “lugar pequeño del Oceáno Pacífico: Zihuatanejo”. Mientras un autobús atraviesa pueblos, caminos y ciudades, una voz en off se escucha: “Ojalá pueda cruzar la frontera. Ojalá pueda ver a mi amigo y darle la mano. Ojalá que el Océano Pacífico sea tan azul como lo vi en mis sueños. Ojalá…” Ojalá, alguna vez —y ojalá sea pronto—, ese lugar del que hablaba Andy Dufresne vuelva a ser ese sitio “cálido y sin memoria… en el que quiero vivir el resto de mi vida”. Ojalá

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11 DE MARZO DE 2018

30

135

años pueden v ivir

5%

kilogramos llegan a pesar

Cuerpo alargado con cabeza puntiaguda

de su cuerpo es lo que representa la vejiga, el resto es desechado

Aleta de punta redondeada

Vejiga natatoria o buche

La cocaína

La función de este órgano es ayudar al pez a flotar, sumergirse y ascender sin mover las aletas. En China se cree que la vejiga de este pez es afrodiciaca. s

TOTOABA

DEL MAR

CARMEN PEÑA/ DPA

LA PESCA ILEGAL DE ESTE ANIMAL AFECTA TAMBIÉN A OTRAS ESPECIES, COMO LA VAQUITA MARINA, LOBOS MARINOS, TIBURONES Y TORTUGAS

S

an Felipe, BC.- Las cálidas aguas del Mar de Cortés, hogar de cientos de especies marinas, se han convertido en el escenario de una pugna entre traficantes, autoridades y grupos ambientalistas. Una pugna con un pez como protagonista: la totoaba. Con una longitud que puede alcanzar los dos metros, la totoaba es una especie en peligro y endémica del Alto Golfo de California. Los pescadores la conocen también como corvina blanca, pero la pesca ilegal y el tráfico de este animal le han otorgado el título de la

”COCAÍNA DEL MAR”. Para el biólogo mexicano Lorenzo Rojas Bracho, enfrentarse a la pesca ilegal de totoaba es enfrentarse a mafias. “Nadie ha logrado controlar la pesca ilegal ni el tráfico de drogas en el mundo. Aquí se nos combinan los dos factores. La totoaba no es una droga, pero con los precios que tiene es como si lo fuera”, dijo.

REDES FANTASMA Un solo buche de totoaba puede alcanzar sumas de hasta 4 mil dólares si pesa un kilo y conforme pasa de mano

de los pescadores a los traficantes, su costo se eleva. El buche es la vejiga natatoria del pez y es muy demandado en China, donde se le atribuyen propiedades afrodisíacas y curativas. El dinero hace que los pescadores de Baja California y Sonora -estados que comparten el Mar de Cortés- salgan con sus lanchas y sus redes de enmalle, especiales para pescar totoaba, pese a la prohibición que pesa sobre su pesca desde 1975 y a la vigilancia de las autoridades. Sin embargo, la vigilancia no es suficiente. Aunque barcos de la Armada y de la Procuraduría ambiental patrullan la zona, los pescadores ilegales siguen entrando a dejar sus redes de enmalle, arriesgándose a ser detenidos. ”Es lamentable encontrar cada día redes nuevas. Hace que te preguntes en dónde está tanta vigilancia que se presume”, comenta Claudia Olimón, coordinadora de la Iniciativa para el Retiro de Redes Fantasma del Alto Golfo de California, un proyecto que inició en octubre de 2016 con la colaboración de varias instituciones. Al proyecto se ha sumado un grupo de pescadores más amigables con métodos de pesca alternativa. Cada vez que las condiciones climáticas son favorables, salen en una decena de lanchas para peinar el mar en busca de redes fantasma, llamadas así porque llevan un tiempo indefinido en el agua. Cuando encuentran una red, marcan el lugar con una boya para que embarcaciones más grandes sean las encargadas de sacarlas del mar. Solo en 2017 lograron sacar casi 50 toneladas de redes, la mayoría de ellas redes de enmalle. Estas redes no solo amenazan a la totoaba, sino también a otras especies, como la vaquita marina, de la que quedan menos de 30 ejemplares. Olimón explica que junto a las redes se han encontrado lobos marinos, tiburones, tortugas y otros animales muertos.

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Aleta pélvica con pigmentació grisácea

Boca grande y ojos pequeños

2 m Totoaba en madurez 2.0 1.5

1.80 m Humano promedio

1.0 .5 0

.50 m Totoaba de un año Ruta narcobuchera

México

Estados Unidos

CALIFORNIA

Zona de extracción

COSTO KILO DE VEJIGA DE TOTOABA

Norte de México

San Francisco

Habitat de Totoba Ciudad de tránsito

Asia

Ciudad de embarque Ciudad de destino Los Ángeles

Hasta

4 mil

dólares

3

16 mil

dólares

Mexicali San Diego Pekín

60 mil dólares

4 mil 50

buches o vejigas se intentaron tráficar en los últimos 16 años con un valor de casi 300 millones de pesos

Las elites asiáticas consumen en sus platillos el buche, por sus supuestas propiedades medicinales

TRÁFICO Y VEDA Pero eso poco importa para los “bucheros”, quienes salen a pescar totoabas con la esperanza de hacerse con más dinero en una noche de lo que podrían ganar en un mes, sobre todo en un pueblo como San Felipe, donde gran parte de la población son pescadores y personas de bajos ingresos. A esto se suma la veda a la pesca que impuso el gobierno mexicano en 2017 como una medida para salvar de la extinción a la vaquita marina. Aunque los pescadores de la zona reciben una compensación económica mientras se desarrollan artes de pesca menos riesgosas, son muchos los que se han quejado de no haber recibido ni un centavo. ”A mí no me dieron nada del dinero que me debía compensar a mí y a mi familia”, dice Arturo Flores, conocido como El Colibrí, un pescador de San Felipe de 60 años que, como muchos otros, acusan a los dirigentes de las federaciones de pescadores de no repartir debidamente el dinero compensatorio. Flores cuenta que por la veda debe viajar a otras ciudades para trabajar y que al menos unos 400 pescadores están en su misma situación en San Felipe. “Los que están a cargo de las federaciones son más bandidos que nosotros porque se quedaron con el dinero”, señala. “Se lo dan a sus amigos o se lo gastan”. Autoridades como el secretario de Medio Ambiente y

CHINA

JAPÓN

2

Tijuana

Tokio

SONORA

Ensenada

1

Shangai Hong Kong

Oceáno Pacífico

Puerto Peñasco

San Felipe

La ruta

Puertecitos

1 Las vejigas del pescado

BC

son extraídos generalmente en las noches

Recursos Naturales (Semarnat), Rafael Pacchiano, han llegado incluso a relacionar a algunos dirigentes pesqueros con el tráfico de totoaba. Uno de ellos es Sunshine Rodríguez, que fue detenido en noviembre, pero por portar anfetaminas. Pacchiano dijo en su momento que su captura era un “buen mensaje” para los traficantes de totoaba. El dirigente, sin embargo, fue liberado un par de semanas después.

Golfo de California

2 Pasan por ciudades

mexicanas para ser traficadas a Estados Unidos

3 En las ciudades

de California son emgarcados rumbo b a China generalente

Criaderos con manejo sustentable regulado y con miras de repoblamiento ■ Universidad Autónoma de Baja California ■ Earth Ocean Farms en La Paz BCS

Participan en la vigilancia:

INSPECCIÓN Y VIGILANCIA El inicio de la temporada más alta de totoaba -desde fines de enero hasta abril- solo empeora la situación. Los pescadores furtivos van armados, atacan los drones de vigilancia y le hacen frente a la Armada o a Sea Shepherd, que participa en estas acciones de vigilancia. ”Ellos (los pescadores furtivos) salen de noche a dejar sus redes, no lo hacen por la mañana. Salen de 25 a 30 lanchas”, contó Francisco Gómez, director del Museo de la Ballena, institución que también contribuye en quitar redes en el Golfo de California. Frente a esto, la Semarnat anunció que se reforzará la inspección y vigilancia en la zona, con un sistema de videovigilancia de largo alcance y la participación de 14 embarcaciones, 23 vehículos y cuatro aeronaves. También creará tres granjas para el aprovechamiento sustentable de la totoaba con el fin de impulsar la economía en San Felipe y hacer frente a su tráfico ilícito. www.el soldemexico.com.mx

14 embarcaciones

23 vehículos

134

kilómetros de redes de enmalle han sido asegurados en el marco del Programa de Atención Integral del Alto Golfo de California (2015) Ilustración: Alejandro Oyervides/ Infografía: Josué Isassi

4 aeronaves

4.9

kilómetros fueron retiradas del 30 de enero al 11 de febrero de 2018

9.8

más se aseguraron en los siguientes 14 días


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PERSONAS murieron en saqueos durante enero

VENEZUELA

Furia en la carretera, asaltos a camioneros

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ANDREW CAWTHORNE/ EFE

a es medianoche en unade las carreteras más peligrosas de América Latina y el camionero Humberto Aguilar atraviesa la oscuridad con una carga de 20 toneladas de vegetales frescos cosechados en los Andes venezolanos para venderlos en Caracas. Días antes, Aguilar había visto aterrorizado cómo cientos de saqueadores embistieron a un grupo de camiones estacionados para llevarse, aprovechando que los superaban en número, toda la leche, el arroz y el azúcar que cargaban los vehículos. Aunque los asaltos a camiones han sido comunes desde hace tiempo en las carreteras de las principales economías de América Latina, desde México hasta Brasil, el saqueo de las cargas ha aumentado en Venezuela en tiempos recientes y parece ser el resultado no solo de la criminalidad común, sino del hambre y la desesperación entre sectores de la población del país de 30 millones de habitantes. Por todo Venezuela hubo unos 162 saqueos en enero, incluyendo 42 robos a camiones, según Oswaldo Ramírez Consultores (ORC) compañía que evalúa los riesgos en las carreteras para las empresas. En contraste, en enero de 2017, hubo ocho saqueos, incluyendo el robo a un camión. Los ataques estilo Mad Max están impulsando aún más los costos del transporte y la comida en un ambiente hiperinflacionario, pero además suman dificultad al movimiento de mercancía en el afectado país petrolero.

Atemorizados ante los saqueos, pero con una prohibición legal de portar armas, los camioneros forman grupos para protegerse, se envían mensajes de texto para alertarse entre ellos sobre los puntos con mayores incidencias y, sobre todo, se mueven lo más rápido posible.

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MOTORIZADOS ARMADOS Los saqueadores, envalentonados, utilizan distintas técnicas, dependiendo del terreno y el objetivo. Algunas veces, motorizados con pistolas rodean un camión hasta que logran detenerlo, como leones cazando a su presa. Otras veces, los atacantes esperan a que el camión reduzca la velocidad. La vía periférica que rodea la ciudad central de Barquisimeto, rodeada de barriadas pobres, es célebre entre los camioneros, quienes la apodan La Guillotina, debido a los frecuentes ataques. En algunos casos, la muchedumbre simplemente rodea como un enjambre al camión durante una parada de descanso o por alguna reparación. Raramente los militares y policías ayudan, de acuerdo a entrevistas con más de una veintena de conductores. Yone Escalante, de 43 años, quien transporta vegetales desde los Andes en un viaje de 2 mil 800 kilómetros hacia el oriente de Venezuela, se estremece al recordar cómo uno de sus vehículos fue saqueado en los llanos del estado Guárico, en el centro del país. Los problemas comenzaron cuando uno de sus dos camiones se accidentó y unas 60 personas aparecieron de entre las sombras y lo rodearon. Escalante, que estaba a media hora de distancia del camión, se apresuró para llegar al lugar. Para cuando arribó, el grupo ya alcanzaba las 300 personas y el hombre de negocios, que es propietario de camiones y vendedor de hortalizas, saltó sobre el vehículo para tratar de razonar con la gente. "De repente llegaron dos militares, y pensé 'gracias a dios, llegó ayuda'", recuerda; pero mientras la muchedumbre gritaba amenazante "comida para el pueblo", los soldados murmuraron algo en torno a que los productos en el camión estaban asegurados, aunque este no era el caso, y se alejaron. "Esa fue la señal. Se subieron como hormigas y se llevaron todo: papas, cebollas, tomates, pepino, zanahorias. Me costó un día entero para cargar el camión, pero se llevaron todo en 30 minutos. Era para llorar de la rabia", dijo Escalante.

¿MAD MAX O ROBIN HOOD? Aunque los sucesos en las carreteras de Venezuela pueden parecer sacados de la película de Mad Max, los camioneros dicen que algunas veces se parecen más a la historia de Robin Hood, refiriéndose a que los atacantes tienen el cuidado de no herir a los conductores o sus vehículos, siempre que no se resistan. "La mejor protección es ser sumiso, ofrecerles la carga", dijo Roberto Maldonado, encargado del papeleo de los camioneros en La Grita. "Cuando la gente tiene hambre, se vuelven peligrosos". Sumisión aparte, todos los conductores entrevistados conocían de alguna víctima fatal en las carreteras, principalmente en casos de robos planificados, más que en saqueos espontáneos. En el viaje desde los Andes hasta Caracas se pasan unos 25 puestos de control, donde los camioneros deben apearse y buscar un sello de los agentes de la Guardia Nacional. En muchos de esos puntos, un soborno también es requerido, siendo por estos días más valioso un saco de papas que el poco dinero en efectivo que puedan entregar. En las grandes ciudades, las bandas también cobran a los camioneros de los Andes por un paso seguro y el permiso para establecerse en mercados. "El gobierno no presta seguridad a nadie. Es una locura. La gente se ha acostumbrado a robar, a vivir la vida fácil", dijo Javier Escalante, quien tiene dos camiones en los que transporta semanalmente vegetales desde La Grita al poblado de Guatire, a las afueras de Caracas. "Pero si nosotros nos paramos, ¿cómo ayudamos a nuestras familias? ¿De qué van a comer los venezolanos? Y cómo hacen los campesinos para vender sus hortalizas? No hay opción. Tenemos que seguir", agregó.

OPINIÓN

ARTURO MENDOZA MOCIÑO

Sargacerías

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omo si se tratara de maldiciones bíblicas, Cancún y la Riviera Maya son golpeadas por la violencia del narcotráfico, la corrupción política, la erosión de playas y, ahora, el nuevo horror lleva el nombre de sargazo, a pesar de ser el menos dañino de todas ellas. La última semana de febrero fueron recolectadas 180 toneladas de este pastizal marino en la meca del turismo nacional porque Playa Delfines, Playa Chac Mool, Gaviota Azul, Playa del Niño lucieron colmadas de verdor cada mañana. En Playa del Carmen unas 80 personas conformaron cuadrillas para retirar estas macroalgas planctónicas que flotan y viajan por el mar en grandes bancos de las playas El Recodo, Punta Esmeralda y aquellas que están entre Playa Mamitas y el muelle que une este destino turístico con Cozumel. Puerto Morelos, Tulum, Akumal, lucen igual. Aunque Mahahual, hacia el sur de la entidad, es quizás el destino turístico más afectado de todos porque allá se han reportado los mayores arribamientos y también porque se cuentan con menos brigadas, apenas 12 personas, y equipos que sólo han podido recolectar unas 50 de las tantas toneladas que diario anegan playas y muelles. Estas plantas que han recalado en el litoral caribeño de Quintana Roo han viajado miles de kilómetros desde su lugar de origen: El mar de los Sargazos que se extiende entre los meridianos 70º y 40º Oeste y los paralelos 25º a 35º Norte en el Océano Atlántico. Durante siglos su compacta masa, a la manera de un bosque, obstaculizó los viajes de barcos de vela y se convirtió en cementerio de infinidad de buques que no pudieron franquearlo y fueron devorados por una floresta flotante gracias a una redondas vejigas de gas que marinos portugueses consideraron similares a las vides “salgazo”, de esa comparación nació el

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nombre de este mar único en el planeta porque estas algas suelen crecer adheridas a las rocas cercanas a la costa pero evolucionaron y se adaptaron a vivir en pleno mar con profundidades de hasta 4 mil 500 metros, en una zona sin vientos y aguas extremadamente frías que asombraron a Cristóbal Colón quien fue el primer navegante occidental en reportar su existencia y que llevó a pensar a otros hombres de mar que esos sargazos escondían el continente hundido de la Atlántida. El intenso uso de fertilizantes en los campos de Estados Unidos, que terminan vertidos en el delta del Mississippi, son llevados por las corrientes marinas hasta este ecosistema que ha crecido con ese súbito abono, señalan algunos estudios iniciales de universidades de la Unión Americana que también estudian sus grandes desmembramientos que a pesar del formidable dique de islas caribeñas recala hasta México. Hace tres años José Luis Martínez, dueño del Hotel Dorado Royal, diseñó el primer barco ecológico para recolectar sargazo frente a las playas de Puerto Morelos cuando otro recale masivo preocupó por igual a empresarios turísticos como a turistas que consideran a esta planta marina como una basura. La estrategia acertada de Martínez era recolectar la floresta viajera antes de que llegara a las playas, pero, maldición mexicana, el proyecto no fue apoyado por ningún político. Mientras en otros países el sargazo es utilizado como alimento de ganado o como composta, en Quintana Roo nada más se entierra, en el mejor de los casos. Por eso estudiantes de la Universidad Politécnica de Quintana Roo, en alianza con el Instituto de Investigaciones Nucleares, presentaron hace dos años un proyecto para convertir a la planta marina en harina para procesarla en una masa similar a la plastilina y crear pelotas de plástico para ser usadas en terapias físicas. Se trata del “bioplástico”, al cual, como el barco recolector, le cayó la maldición mexicana de la ineficacia política y quedó como un proyecto más del ingenio nacional.

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D. OPINIÓN

NOMBRE COLUMNA JOEL HERNÁNDEZ SANTIAGO

Quién tuviera un aeroplano

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Iajar en avión es una experiencia i-n-o-l-v-i-d-a-b-l-e. Es una cosa esplendorosa. Es respirar un oxigeno diferente y es mirar al mundo en azul: azul pintado de azul; es verlo desde arriba y es llegar a nuestro destino en un tris; en un ponme la mano aquí, Macorina. Todo comienza desde que uno tiene que llamar al taxi que lo tiene que llevar al aeropuerto en horas criminales. Las cuatro de la mañana si se tiene que salir a las seis para llegar al mostrador de la línea aérea que te promete volar como entre algodones. Hay que llegar temprano y por lo tanto no tiene uno derecho a hacer gestos cuando el chofer del taxi nos dice que la cuota es de tanto más tanto y más tanto si quieres recibo. No importa aunque la cartera comience a sufrir los estragos. No importa. ¡Vamos a volar! Y se llega a un mundo diferente, aséptico y lleno de luz y sonido. Ahí todo mundo pasa de aquí-para allá-totalmente aeropuerto; llevan una maleta con rueditas que es una monada y caminan con una especie de dejadez suprema, con un aire de dominio de la vida, del pasado y del futuro particular y mundial y llevan una mirada de “qué aburrido, siempre lo mismo” Y caminan como si trajeran zapatillas de ballet ellas y ellos como si fueran George Clooney en Up in the air. La gran mayoría de esos mexicanos que fruta vendían viste a tono: totalmente aeropuerto, casual se dice. Llevan los mejores modelitos que compraron en Nueva York, en Paris, en Barcelona o en Suburbia. Holgados y con blusas o camisas que indican que “van como así, como todos los días” pero que no es “como todos los días” y de eso uno se tiene que dar cuenta, porque, ya se sabe, “uno se viste para que los demás se sientan a gusto con uno”… ejem. Bueno, ya estamos en el aeropuerto. Ya estamos en la fila a la espera de que nos llame un amable y mecanizado empleado de la línea aérea para sonreírnos, guardar silencio en espera de que uno les diga de qué se trata el asunto, ver nuestra identificación y pedir nuestra clave de reservación para meterse en su máquina y decirnos que ya está: aquí está… el anhelado y esperado y soñado pase de abordar. Pero no. Queremos cambiar de lugar porque casualmente siempre te mandan a la goma, es decir, hasta la colita del avión que es la que más se mueve: “a ver a ver, a mover la colita….”

Con miedo, casi con terror les dice uno: “¿No tendrá un lugarcito más adelantito porque me gusta más en pasillito y es que doy mucha latita?” Levanta la mirada hacia uno, le mira fijamente con ojos de Bela Lugosi en Drácula y guardándose un “¡qué bien chinga!”, nos mira directo a la chamarra y nos dice: “¿Sabe usted lo que cuesta el cambio de asientoooo?”. “No… pero está bien así, gracias”. “Puerta 2 a las 5.15”… Gracias… Y con una sonrisa que es para uno pero que no es para uno porque ya mira al que sigue en la fila nos desea “Que tenga feliz viaje”… Y luego la espera en la sala de espera. Y luego más viajantes con maletita rodante, con ropa a la que el aire le hace lo que el viento a su ropa y por ahí un cafecito caliente que sabe a mastique, pero que no hay de otra y la espera-la espera-la espera mientras todo es movimiento: todo es emoción: todo es imaginación y la pregunta íntima de a dónde irá esa muchachita que tiene un cuerpecito tal que parece que camina sentadita… Y uno como que no ve y se queda sentado en la inmensidad del mundo reducido a esa silla negra, con un libro en la mano que no se abre ni con el pétalo de un pase de abordar… Llaman con un altavoz para avisar que hay que abordar. Ya hay retraso de veinte minutos pero no dicen ni pío de por qué. “Primero los señores de primera clase, los minusválidos y señoras con niños”: dice con firmeza el empleado con chaleco iluminado, de esos que se tienen que cargar con electricidad toda la noche para mantener su brillo natural. Los de primera clase pasan y nos miran con una elegancia adormilada a los de atrás que somos los de las filas de descuento, a los que no volamos en asiento amplio, unos reclinables de piel fingida con un servicio chick, porque ellos son chick y les toca la azafata más chick del vuelo chick. Luego siguen los del asiento tal a tal: los de la colita, que pasan a toda carrera, casi perdiendo el estilo aeropuerto. Luego los de tal a tal. Ahí va uno, corriendo para ganar espacio en los maleteros de arriba, como en el ADO, porque de lo contrario hay que poner la maleta a los pies, delante de uno. Ya está uno en el asiento. De pronto llega el de al lado. Y la de más al lado. De inmediato se acomodan, se abrochan… en sus asientos y comienzan a leer su periódico –el que recogieron en la entrada del aeroplano- con total indiferencia: No existes-no existe-existo. Luego de un buen rato de espera –el retraso ya es de media

hora y nadie dice pío- ¡Comienza a moverse el aeroplano! Las guapas azafatas que saben karate y primeros auxilios comienzan a dar las explicaciones de seguridad. “¡No voltees a verlas, no seas naco, no ves que se va a notar que es la primera vez que viajas en avión?” le dice uno a otro. Bueno. Y comienza el jaleo. Comienza el arranque. Suenan los motores. En silencio uno se encomienda al santo más querido. En silencio se hace el signo de la cruz y en silencio se pide que lleguemos con bien. Todo en silencio. No nos vayan a ver los demás, ¡qué vergüenza! Todo en paz y armonía. Acaso alguna charla por allá lejos. ¿Por qué nunca le tocan las grandes charlas a uno? y viene la carrera interminable para el despegue: (¡chin! Que sí despegue-que sí despegue-que sí despegue… a ver si no se pega con la cola-colita-cola en el piso, al levantar….) Todo se mueve y uno busca con la mirada a las azafatas para ver que todo esté bien pero aquellas están aplastadas en sus lugares adelante y al final del avión. Sentaditas y calladitas porque son bonitas. ¡Por qué no están aquíiiii! Ya levanta el avión. Se le mueve el esqueleto al aeroplano. Vamos hacia arriba mientras el indiferente dizque va leyendo su periódico pero vemos que no lo está leyendo porque por encima está mirando alrededor, con discreción… no se vaya a decir, pero se nota que no todo anda bien porque aprieta al periódico como si estuviera pariendo. Ya lo arrugó. Otros dizque siguen durmiendo. ‘No pasa nada. No pasa nada. No pasará nada. Así soy yo. Porque tengo muchas horas de vuelo. No pasa nada…. ¡Que no pase nada!…’ Y ya, como que se estabiliza el asunto. Ya estamos arriba. Se presiente un suspiro de descanso. No se oye. ¿Cómo le hacía Lindbergh para no sentir los ascos? De pronto ya aparecen las azafatas de nuevo. Caminan por el pasillo y miran a los pasajeros para ver si todavía estamos vivos o hemos desfallecido en el intento de ser astronautas. Todo bien. El que leía el periódico lo deja –inservibleen “el compartimiento de adelante” para dejarse dormir y sentirse en las nubes, como ido, como drogado como aquella de Spill the wine, take that girl… volando-volando. Un largo rato después se comienza a mover el aeroplano. Se sacude. Se mueve. Se hace de un lado a otro. Las nubes de afuera son nuestras enemigas. Arriba-abajo-a los lados, como cuando metemos al vocho a 80 en una calle a

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lo Miguel Ángel Mancera. El dormido sigue dormido aunque tiene las manos echas rollito y está enterrando su uña gorda en el índice. Ya estiró los pies. La que estaba dormida desde el principio hace como que se despierta y se acomoda la cabellera totalmente clairol. Uno se encomienda a todos los santos y recuerda al perrito de la casa, para intentar tranquilizarse. Nada. Todo se mueve. ¡No quiero café! ¡Ya no quiero café! ¡Sáquenme de aquí! –todo en silencio, por supuesto-. Las azafatas llevan sus carritos con los brebajes y uno busca su mirada para estar seguros de que todo está en orden, que bueno… así es esto de volar… “Quién tuviera un aeroplaaaaaaano…” Luego de un rato nos anuncian que “Estamos a punto de aterrizar, favor de enderezar su asientos, ponerse el cinturón de seguridad, colocar la mesita de servicio en su lugar” y –eso no lo dice- “encomendarse a Dios”, porque el ingeniero Miguel Borge Martín, que es especialista en aeronaves, me dijo un día que el aterrizaje es la parte más difícil de un vuelo… chin… ya vamos a aterrizar. Sale el tren de aterrizaje. Lo sentimos abajo… del avión. Un ruido mayor. Son las turbinas. La velocidad se siente más que antes. De pronto ya está ahí el aeropuerto. De pronto ya está ahí la pista. De pronto está a punto de tomar pista. De pronto algo pasa que se tarda mucho. De pronto ya va a tocar tierra. De pronto ¿porqué chingaos no toca tierra? De pronto toca tierra y hay un brinco – click suena en mí. Es que es un vuelo click-. De pronto ya está en la pista y corre-correcorre-corre-corre…. ¡cuándo chingaos va a parar? Y de pronto ya… ya… llegamos… si: soy yo, estoy aquí, estoy en la tierra… no pasa nada. No pasó nada. Me anda del baño. En cuanto abren las puertas ya salimos todos, sonrientes, con mirada superaquilina, con mirada de alegría y tranquilidad, con la seguridad del vuelo diez mil; con la seguridad de mi ropa totalmente aeropuerto y mi libro… ¡Mi libro?... ¿Dónde quedó mi libro?

jhsantiago@prodigy.net.mx

Dominical110318  
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