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TEORÍAS CONTEMPORÁNEAS SOBRE UN REORDENAMIENTO MUNDIAL Y LA APARICIÓN DE NUEVOS PAÍSES EN LOS PRÓXIMOS AÑOS: ¿PODRÍA OCURRIR ALGO SEMEJANTE EN LA PATAGONIA CHILENO-ARGENTINA? -Ampliado y actualizado en septiembre de 2008-

“Sólo saben lo que es Chile, quiénes lo han perdido” - Padre Jesuita Fray Manuel Lacunza en el desierto –

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Corporación Defensa de la Soberanía Estudios Históricos y Políticos para la Defensa del Patrimonio Territorial Chileno

"¿DEMASIADAS BANDERAS?"... EL INVESTIGADOR JUAN ENRÍQUEZ HA ANUNCIADO PÚBLICAMENTE SU TESIS DE QUE NUEVOS PAÍSES SURGIRÍAN EN SUDAMÉRICA DENTRO DE LAS PRÓXIMAS DÉCADAS, PELIGRO QUE INCLUYE A CHILE. ESTA SECESIÓN PROGRESIVA SE DARÍA BAJO CIERTAS CIRCUNSTANCIAS DE PARTICIPACIÓN DE MANOS PRIVADAS QUE SE AJUSTAN PERFECTAMENTE A LO QUE ESTA OCURRIENDO ACTUALMENTE EN EL SUR DE CHILE Y DE ARGENTINA, ESPECIALMENTE EN LO REFERIDO AL CASO DE PUMALÍN Y DOUGLAS TOMPKINS, ENTRE OTROS EJEMPLOS DE MONOPOLIZACIÓN DEL TERRITORIO PATAGÓNICO AUSTRAL. Nuevos brotes de independentismo: una revelación preocupante El excesivo alarmismo puede ser peor que el problema que lo genera, dando lugar a la aparición de temores que, a la larga, resultan más peligrosos que la situación real de los que surgen. Internet ha circulado profusamente, por ejemplo, una fraudulenta supuesta hoja de un libro de estudio norteamericano en la que se admitiría un plan para separar el Amazonas del Brasil, Perú y otros países, para ponerlo en manos de una administración internacional. A pesar de que este documento fue capaz de generar un difundido mito urbano difícil de derribar, se trataba meramente de un truco o un "e-fake". Manteniendo las proporciones, sin embargo, un documento que ha sido difundido en los últimos años nos invita a abordar el tema de la descolonización austral y de la venta desmedida de nuestra Patagonia en una perspectiva muy delicada y, lamentablemente, avalada por una serie de estudios y opiniones sensatas. En la edición del cuarto trimestre de 1999 de la "Foreign Policy", de Washington, apareció un sorprendente artículo redactado por el investigador Juan Enríquez Cabot, miembro del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. Enríquez es un experto mexicano en temas de índole política internacional, además de ex-funcionario de Gobierno y negociador de la paz en Chiapas, hacia 1995. El artículo, también aludido en el semanario "The Economist", fue reproducido en parte por el diario chileno "El Mercurio" del domingo 5 septiembre de 1999, en las páginas internacionales, en un artículo redactado desde Miami por el escritor y periodista Andrés Oppenheimer. En el señalado texto, Enríquez se manifiesta convencido de las famosas afirmaciones pregonadas por el cientista político estadounidense Joel Garreau, hacia los años ochenta, sobre la posibilidad de que surgieran nuevos países producto de un reordenamiento global, donde la fragmentación cumpliría con una función destacada. Al parecer, el investigador también estaría influido por las teorías futuristas del valor del conocimiento de Alvin Tofler. Algo parecido había señalado con anterioridad el famoso antropólogo Desmond Morris, quien ya en los sesenta pudo prever el surgimiento de los actuales conflictos culturales y étnicos, producto de este nuevo reordenamiento, basándose a su vez en trabajos como los de Teilhard de Chardin. Cada crisis o guerra equivaldría, entonces, a la tronadura que producen los "acomodadores de huesos" sobre el esqueleto de la nueva situación global. www.soberaniachile.cl

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Enríquez toma la tesis que Garreau enfocó en Norte y Centro América, y observa lo que ocurre en América Latina. Su conclusión es sorprendente:

"Hasta ahora, el hemisferio occidental ha sido una parte del mundo que parece haberse mantenido al margen de los impulsos secesionistas". Y más adelante, agrega sobre el escenario actual de del mundo:

"El objetivo de la mayoría de las guerras actuales es hacer a los países más pequeños, no más grandes". En efecto, el caso de una Yugoeslavia, o bien una Chechenia contra Rusia y, más recientemente, el alzamiento de Georgia y de Kosovo, parecen verificar por sí solos las afirmaciones de Enríquez, quien cuenta además con las impresiones formadas como negociador de conversaciones con la guerrilla chiapense, fenómeno de alzamiento y de exigencia de autonomía indígena que también ha tenido ecos e imitadores en Chile. No por nada hace ver que, en 1914, el mundo tenía 62 países; en 1946, habían 74; y en 1998, al escribir el artículo, ya se contaban 193. Analizaremos un poco más esta clase de afirmaciones. Casos históricos de "secesionismos dirigidos" en América Enríquez afirma con seguridad sobre las razones de los secesionismos y las modificaciones de las fronteras en tiempos contemporáneos:

"Muchos países pensaron que podrían abrir sus fronteras y adaptar nuevas tecnologías sin cambiar su economía. Fallaron y desaparecieron dando paso a nuevas naciones. Tres de cada cuatro himnos, banderas y fronteras no existían hace cincuenta años. Esto pasó y sigue pasando en África, Asia, Europa y Oceanía. Es decir a lo ancho y a lo largo del mundo, salvo hasta ahora en las Américas. Parece que nos imaginamos inmunes, pero nadie lo es a la tecnología. Quienes controlan su inflación y presupuesto pero no adoptan y generan nuevos conocimientos se pueden volver irrelevantes y desaparecer. Mientras hay un crecimiento sin precedentes en genética, electrónica, cómputo y micromateriales, la mayor parte de Latinoamérica sigue al margen de estos cambios y su población se vuelve cada día más pobre". Sin embargo, hay varios antecedentes que permitirían advertir y anticipar el tipo de procesos dirigidos que eventualmente generan brotes secesionistas. La historia demuestra que los vientos de autonomía en ciertos territorios bien pueden terminar en apariciones de nuevos países, como también en la incorporación del territorio a otra potencia. Un caso notable es el de la incorporación de Texas a la Unión de Estados Americanos. Tras haberse independizado de México por la influencia de poderosos latifundistas y privados que fueron comprando paulatinamente el territorio, en 1845 fue incorporado formalmente a la Unión, luego de una cruenta guerra con México, que hizo lo posible por recuperar las ricas provincias. Otro ejemplo es el de Alaska, un enorme territorio de 1.518.776 kilómetros cuadrados que la Unión compró al Imperio Ruso, en 1866, en la suma de US$ 7.200.000 en oro. Rusia consideraba entonces innecesario mantener esta enorme región, cuyo valor estratégico, sin embargo, quedó claro menos de un siglo después, iniciada la Guerra Fría, cuando la Rusia bolchevique hubiese dado lo inimaginable por poseer un enclave como aquél en territorio americano. Procesos similares de adquisición organizada de territorios con consecuencias directas sobre la soberanía se han visto, de alguna manera, también en Palestina, en Kuwait, en el archipiélago de Hawaii y en la isla de Sumatra. www.soberaniachile.cl

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El caso más ilustrativo, sin embargo, el del surgimiento del país de Belice, la "Hondura Británica", tal vez pionero en Sudamérica del fenómeno preciso descrito por Enríquez y cuyo origen se relaciona a concesiones de explotación forestal otorgadas durante la Colonia a los británicos sobre este rico y poco poblado territorio aledaño al mar Caribe, posteriormente reclamado por varias naciones de esta región continental. Sin embargo, un acuerdo de autonomía firmado con Guatemala y el reconocimiento para los británicos de los derechos madereros que habían sido otorgados por España, permitieron que el país se declarara independiente en 1964, logrando ser reconocido por la ONU en 1981 a pesar de los esfuerzos guatemaltecos por recuperar el territorio.

Hoy, Belice una nación independiente, miembro de la Comunidad Británica de Naciones y de la OEA. Curiosamente, parte de su territorio también fue declarado como "Patrimonio de la Humanidad" por la UNESCO en 1996, en la zona marítima correspondiente al Santuario de la Barrera de Arrecifes. Es la

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misma categoría patrimonial que se pretende dar al controvertido Parque Pumalín, en el territorio chileno de Palena, según veremos. El caso de Chile y los monopolios "verdes" de territorio austral El proceso de constitución de un Parque Privado en el territorio chileno de Pumalín -internacionalizado a través de la categoría de "Santuario de la Naturaleza" o "Patrimonio de la Humanidad"- ofrece todas las características asociadas a independentismos territoriales o procesos secesionistas observados en la historia universal, como los que hemos descrito, y que culminan con la aparición de nuevas naciones o el traspaso de un territorio desde la soberanía de un país a la de otro. Incluso, es posible identificar medidas de "limpieza racial" por parte de los fanáticos de la ecología profunda que se han apoderado del lugar, al promover el desplazamiento poblacional y la descolonización de la zona. Lo preocupante de Enríquez es que ha visto en Sudamérica el principal candidato a la fragmentación en los próximos años. Su conclusión es clara: los próximos países surgirán en territorios que actualmente pertenecen a Chile, Argentina o Brasil, inclusive acaparando territorios de más de uno de ellos. El Sur de Brasil, la costa de Guayaquil en Ecuador y el Sur de Chile están entre los más peligran, a su juicio. En relación al ejemplo anterior, invitamos al lector a consultar los destacados de la carta que Douglas Tompkins remitiera con fecha 21 de septiembre de 1998 al colono del Corcovado, Omar Tampier, y en la que, junto con invitarle a desistir de solicitar al Ministerio de Bienes Nacionales 15 hectáreas de su propiedad que son reclamadas por el magnate, éste admite sus fuertes influencias en el mismo ministerio y -lo que es más grave- que sus tierras están bajo régimen legislativo foráneo, de las Leyes de Impuesto y Renta de los Estados Unidos y no bajo la legislación chilena. El documento fue dado a conocer por don el alcalde de Chaitén, José Miguel Fritis. En dicha carta, Tompkins escribe textualmente:

"Desde mi punto de vista personal, estas 15 hectáreas no son fundamentales para nosotros, pero ya que el dueño del fundo Linahuá no soy yo como persona sino que una de nuestras fundaciones en los Estados Unidos, que no puede bajo ninguna circunstancia ceder tierra a nadie ya que está en contra de sus reglas de Impuestos Internos de los Estados Unidos, mi sugerencia es que pidas otras 15 hectáreas de terrenos del Fisco, que ahora ocupas o incluso olvidarte de esas 15 hectáreas". Tanto Tompkins como los demás "eco-filántropos" que han comprado el Sur de Chile, están colocando la administración de sus territorios en manos de fundaciones y entidades de derecho privado que los representan, o bien que son representadas por ellos. Al respecto, inquieta de sobremanera lo que afirma Enríquez sobre este tipo de relaciones limítrofes que hacen a las corporaciones organismos del mismo estatus y con los mismos derechos que un país:

"...hoy los gobiernos que quieren mantener intactas sus fronteras deberán tratar a sus ciudadanos como si fueran accionistas capaces de vender sus acciones, forzar un cambio de administración o disminuir el Estado".

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Copia de la sorprendente e increíblemente poco difundida carta de Douglas Tompkins a un colono de Corcovado, en donde admite por un lado que sus territorios están sujetos a derecho foráneo, y por otro reconoce además sus fuertes influencias sobre el Ministerio de Bienes Nacionales

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En otras palabras, la fragmentación encargada a manos de privados (precisamente como el caso de Texas y Belice) se ajusta perfectamente al proceso que vive hoy Palena y la relación que un magnate como Tompkins ha llegado a establecer con el Estado. Esto nos trae de vuelta la inconstitucionalidad de los acuerdos que los sucesivos Gobiernos de la Concertación han establecido con el millonario, ya que la Carta Fundamental no faculta ni al Presidente de la República ni a sus ministros a firmar acuerdos con particulares en nombre del Estado. Inconstitucional, insistimos; pero muy acorde a los planteamientos del Nuevo Orden anunciados por Enríquez. La histórica desvalorización entreguista del territorio patagónico Durante la segunda mitad del siglo XIX, la intelectualidad chilena, los "hombres de peso" del ambiente académico chileno, veían con desprecio el interés de un reducido grupo de compatriotas que querían hacer valer los derechos de Chile sobre el territorio patagónico oriental, reclamado desde 1846 por Argentina. Influidos por las observaciones despectivas que hicieran de la Patagonia viajeros como Letrone y Darwin (muchas de ellas falsas o erradas), ilustres personajes como José Victorino Lastarria, Diego Barros Arana o Benjamín Vicuña Mackenna, que jamás estuvieron antes de visita en ese territorio, se permitieron afirmar tempranamente que no habían allí expectativas de valor como para que Chile hiciera valer sus legítimos derechos de posesión derivados de las Leyes de Indias, y menos aún ante el peligro de ruptura de la fantástica "unidad latinoamericana" representada en un conflicto con Argentina... Unidad a la que, por cierto, ya habían renunciado casi todos los demás países de Latinoamérica. Habían, entonces, otros audaces patriotas y nacionalistas que vieron en esta apatía hacia el territorio nacional, una actitud entreguista que marcaría para siempre el destino de nuestra patria. Concientes del valor que tenía la Patagonia, personajes como Miguel Luis Amunátegui, Carlos Morla Vicuña, Máximo Ramón Lira y Adolfo Ibáñez Gutiérrez, no dieron tregua a los intentos de Argentina por justificar su interés en dicho territorio, y defendieron nuestros derechos de un modo que ha sido ejemplar para las futuras generaciones de chilenos verdaderos. Sin embargo, la influencia del entreguismo pacifista y americanista, la ignorancia y sobre todo, el prejuicio de estimar a la Patagonia como un territorio estéril, sin riquezas y potencialmente caro de mantener y resguardar, primaron en las decisiones de Estado. Este error garrafal cerró para siempre el destino de Chile y lo alejó quizás irremediablemente de la posibilidad de liderazgo regional. En la práctica -y por curioso que pueda parecer- la situación actual con respecto al fragmento de Patagonia del Pacífico que sobrevivió dentro de los límites chilenos luego del fatídico Tratado de 1881, no es demasiado distinta de aquel entonces. El centralismo, la ineficiencia del plan de regionalización, el fracaso artificial de la colonización austral y, por supuesto, el hecho de que los territorios estén cayendo de a miles de hectáreas en manos de particulares, han configurado un cuadro en donde la sombra de la pérdida de soberanía vuelve a asomar en el extremo Sur. Ese es el estado de las cosas que se necesitaba para que comenzara el saqueo de la Patagonia; sólo bastaba encender la chispa. Mientras países como los Estados Unidos se han dado el lujo hasta de comprar territorios por su valor estratégico, nuestro país a penas da algún aporte a sus enclaves territoriales estratégicos, inconciencia

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que deriva de la irresponsabilidad de nuestra clase política, especialmente por la falta de fuerza votante de esas regiones y el esquema de desarrollo regional basado en el dogma de la "rentabilidad social", es decir, perjudicando los territorios de menor densidad poblacional. Riqueza natural de territorios abandonados: una tentación secesionista La Patagonia oriental era uno de los territorios más ricos del planeta; un verdadero santuario, libre de animales venenosos, calamidades naturales, enfermedades o plagas. En ella abundan el petróleo, el gas natural, el molibdeno, metales radioactivos y otros productos que en nuestro territorio actual son escasos. Chile, por el error cometido en 1881, es hoy notablemente más pobre en comparación con la situación en la que nos encontraríamos ahora si esa entrega de soberanía hubiese sido detenida. En la actual Patagonia occidental, en Chile, existe una cantidad impactante de recursos y reservas que, por el sólo hecho de poseerlas y aún sin llegar a explotarlas, constituyen un factor vital para las proyecciones futuras de este país: bosques de selva austral únicos en el mundo, especies autóctonas de todo tipo, las reservas continentales de agua dulce más grandes del planeta (Campo de Hielo Norte y Sur), recursos forestales, yacimientos mineros, conexión territorial expedita hacia la Antártica, el mayor potencial hidroeléctrico del país, etc. Todo ello, sin embargo, prácticamente en abandono, sin protección ni resguardo alguno. En tales condiciones de extremo abandono y olvido, producto de la nefasta tendencia centralista de nuestra administración y nuestra clase política promedio, hace pagar el precio a las regiones extremas del Norte y Sur (Arica-Parinacota, Iquique, Antofagasta, Aysén y Magallanes), así como a Isla de Pascua, Archipiélago de Juan Fernández, Antártida Chilena y los pueblos del sector cordillerano, precisamente los territorios con menos votantes. Entonces, no es de extrañar que otras naciones o intereses internacionales hayan puesto su interés en este territorio, del mismo modo que ocurrió con la Patagonia oriental ante la falta de visión e interés de nuestras autoridades de entonces. Agréguese a ello que la entrega gratuita de Laguna del Desierto a Argentina, en 1994, frustró parte de los proyectos de integración caminera que habían trazados necesariamente sobre este sector de nuestra geografía, del mismo modo que ha comenzado a quedar en evidencia la negativa de algunos de los ecofilántropos a permitir el libre tránsito dentro de sus enormes predios, al punto de que se ha llegado, en ocasiones, al extremo descaro de cerrar tramos de la Carretera Austral. COMUNAS DE LA ZONA AUSTRAL CUYA POBLACIÓN HA (Fuente: "La definición de Límites o el Límite de la Indolencia", de Antonio Horvath Kiss)

DISMINUIDO

PROVINCIA

COMUNA

1982

1992

VARIACIÓN %

Chiloé

Quemchi

9.422

8.188

-13,10

Palena

Futaleufú

1.809

1.735

-4,09

Palena

Palena

1.848

1.653

-10,55

General Carrera

Río Ibáñez

3.736

2.772

-25,80

Magallanes

San Gregorio

1.835

1.643

-10,46

Tierra del Fuego

Porvenir

7.219

5.104

-29,30

Tierra del Fuego

Primavera

2.190

1.629

-25,62

Tierra del Fuego

Timaukel

406

252

-37,93

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Rusia jamás fue la misma luego de la venta de Alaska. Ya podemos imaginar cuánto habrían dado los líderes del Soviet Supremo, durante el régimen comunista, por recuperar ese enclave estratégico entre Canadá y Estados Unidos, vendido en la época zarista. No vaya a ocurrirnos a los chilenos también, que por vender algo que ahora no usamos, a futuro seamos nosotros mismos los que paguemos el precio, cuando lo necesitemos. Nuestra Patagonia es el cofre de un tesoro que no ha sido abierto... Pero que muchos, lamentablemente, ya han encontrado. De nosotros depende que esta maravilla quede en manos de sus legítimos dueños.

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