Vainilla, frambuesa, el olor de la hiedra, aromas dulces, tardes más largas, noches menos frías, verde naciente, explosión de sonrisas escondidas y brillo en los ojos. Poco a poco, aún fresco, aún por calentar por los rayos del sol.
Sensación notable, quietud y silencios que se van rompiendo con el sonido de las nuevas risas en las calles. Al principio tranquilizadora, en el final del templado invierno, madurando en las terrazas al sol, deliciosa y realmente irresistible en una sensación de realismo, que quizás resulte demasiado frívola o tonta a veces.
"Hechizados por los atardeceres azulados, plateados que van enrojeciendo, viviendo en simbiosis con el cambio estacional”.
VACA
RENOY GECO
NADALA 1993