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Reporte Sexto Piso Publicación mensual gratuita • Septiembre de 2018

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Índice

Dossier: Feminismos | 

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Recomendación de los editores

1459 días de gobierno, 1459 días de resistencia |  13

Una novela vertical  |  4

Angela Davis

Valeria Villalobos

Semiótica novelada   |  7 Franco Félix

Columnas Glissandos en el laboratorio global  |  27 Carmen Pardo

Buenas noticias | 27 donDani

Me gusta esperar | 33

Anarcafeminismo | 14 Chiara Bottici

Manifiesto de autodefensa femenina: ¡Ya es tiempo!  | 19 Elsa Dorlin

El feminismo de la cúspide  |  23 Anita Botwin

Islamofobia de género  |  24 Fàtima Aatar

Powerpaola

Lecturas

Where you been?  |  37

Bogar en la revolución  |  9

Wenceslao Bruciaga

Marie de Quatrebarbes

Psycho Killer  |  38

El punto de inflexión de mi vida  | 

Carlos Velázquez

Mark Twain

Portada de este número: María Luque

George Monbiot

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Vivimos una nueva era de obesidad  | 

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Reporte Sexto Piso, Año 6, Número 47, septiembre de 2018, es una publicación mensual editada por Editorial Sexto Piso, S. A. de C. V., París #35-A, Colonia Del Carmen, Coyoacán, C. P. 04100, Ciudad de México, Tel. 5689 6381, www.reportesp.mx, informes@sextopiso.com. Editor responsable: Eduardo Rabasa. Equipo editorial: Rebeca Martínez, Diego Rabasa, Felipe Rosete, Ernesto Kavi. Diseño y formación: donDani. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-071710465800-102. Licitud de Título y Contenido No. 16768, otorgado por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Impresa en Impresos Vacha, José María Bustillos 59, col. Algarín, cp 06990, Ciudad de México. Este número se terminó de imprimir en septiembre de 2018 con un tiraje de 3,000 ejemplares. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del Instituto Nacional del Derecho de Autor.


Recomendación de los editores

Una novela vertical

Valeria Villalobos

¿

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Emily Dickinson es más fantasma de lo que fue persona?¿Y Pound, a veces un abrigo rojo, conversaciones, una maceta, unos gatos eso de qué depende, cómo se mide qué tan persona y qué tan o sonidos. Mientras Luiselli narra ambas historias, poco a poco va fantasma serás? ¿Seguimos a Berkeley y sólo lo que es percibido es acortando los espacios temporales que las dividen. La voz de la mujer real?¿Y si percibimos seres ingrávidos, fantasmas? aparece y desaparece entre la voz de Owen, fundiéndose entre casualidades que buscan diluir el tiempo lineal, para inaugurar el tiempo de Los ingrávidos, de Valeria Luiselli —quien recientemente se volvió la literatura: un tiempo que permite una yuxtaposición de momentos la primera mexicana en obtener el American Book Award por Los y cruces temporales, donde el futuro afecta tanto al pasado como el niños perdidos (Sexto Piso, 2016)— , se cuestiona: ¿cuál es la lupa pasado al futuro. Una suerte de guiño historiográfico. con la que percibimos la realidad? Al terminar de leer la novela, la «Una novela vertical contada horizonrespuesta inmediata sería: el lenguaje, la talmente», repite constantemente la noveliteratura; sin embargo, el lenguaje, como Si la literatura y las ficciola, a veces en voz de Owen, otras en voz de lente de la percepción, está bastante lejos la mujer, otras más, en voces inubicables; de ser microscópico y mucho más cerca de nes que aprehendemos esto recuerda a la sentencia de Borges en ser espectral. ayudan a moldear la ma«El aleph»: «Lo que vieron mis ojos fue Esta primera novela cuenta de manera nera en que percibimos el simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, fragmentaria dos historias que poco a poco se funden o se difuminan mutuamente; el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, mundo, cuando el lenguaje porque por un lado, una mujer, madre de dos hijos, recogeré». Esa novela vertical es una aluescritora y esposa, narra su actualidad fa- se nos manifiesta borroso, sión metaficcional a Los ingrávidos, pues miliar y su pasado como editora en Nueva busca la yuxtaposición de tiempos, le cuando aparentes obvieda- ésta York, mientras intenta escribir una novela estorba lo sucesivo del lenguaje para colapsarlos, por ello su fragmentariedad y la que gradualmente afecta su matrimonio. des de la lengua (como las simbólica de las palabras le son Esta mujer, una especie de Emily Dickinque enuncia el hijo media- sobrecarga son, se va gradualmente confinando, incluinminentes. De ahí que la conversación so del libro mismo. Por otro lado, el poeta no de la mujer) muestran sobre la complejidad del lenguaje vaya Gilberto Owen se pesa diariamente atemomás allá de la catalogación de enunmás misterios que eviden- mucho rizado por convertirse en espectro y relata ciados «analíticos o sintéticos», como lo sus últimos años de vida. Enfermo y divor- cias: vivimos una realidad ciado, Owen rememora su juventud neofantasmal, donde aquello yorquina en la década de los veinte al lado de Federico García Lorca, Louis Zukofsky que pensamos que es una y otros poetas de la época. cosa es también fantasma La mujer y Owen tienen una particular afinidad: ambos se encuentran fantasmas de muchas otras. en el metro; ya sea que se tropiecen con fantasmas el uno del otro, o de escritores que han ayudado a construir su visión de la realidad. Pero eso no es lo único, ambos viven entre personajes espectrales, presencias fantasmales que van y vienen, cuya existencia, en ocasiones, incluso se pone en duda. Más allá de esto, ambos comparten espacios y objetos: a veces el rostro de Ezra


dice el personaje Homer. Una maceta, en la obra de Luiselli, no es sólo una maceta, ni una azotea es sólo ella misma, es una mezcla de tiempos que conversan entre sí a pesar de la distancia que los separa. El lenguaje en Los ingrávidos es un intento por lograr la máxima de Pound: la literatura es lenguaje cargado hasta el máximo de sus posibilidades. Es esta sobrecarga la que permite una ruptura en el tiempo, la que posibilita que Owen y la mujer, a pesar de los cincuenta o sesenta años que los distancian, conversen, se influyan. «Si yo recitaba un pedazo del Paterson cada vez que caminaba por cierta avenida, con el tiempo esa avenida sonaría a William Carlos Williams. La boca del metro de la estación de la calle 116 era de Emily Dickinson…», dice la protagonista, quien también percibe el Hudson de acuerdo con Martín Luis Guzmán. En Los ingrávidos, Owen y la mujer aprehenden el mundo a través de lo que leen: su aproximación a la realidad —lo que quiera que esto sea— está condicionada por la ficción. Las apariciones en el metro que vive Owen lo llevan a escribir un poema, que, décadas después, permitirá a la mujer percibir el subterráneo como lo hace, y al mismo tiempo es la aparición fantasmal de la mujer la que posibilita a Owen escribir el poema. ¿Cuál es entonces la obra palimpsesto de la percepción de ambos? «¿...quién es fantasma de quién?». «Tal vez sea justo que las palabras no contengan nada, o casi nada. Que su contenido sea, cuando menos, variable», explica la protagonista. Si la literatura y las ficciones que aprehendemos ayudan a moldear la manera en que percibimos el mundo, cuando el lenguaje se nos manifiesta borroso, cuando aparentes obviedades de la lengua (como las que enuncia el hijo mediano de la mujer) muestran más misterios que evidencias: vivimos una realidad fantasmal, donde aquello que pensamos que es una cosa es también fantasma de muchas otras. Es

Los ingrávidos Valeria Luiselli Narrativa Sexto Piso 2017 • 144 páginas

así como Luiselli muestra el lenguaje como detrito de la memoria y de otros tiempos en constante convergencia. Desde esta perspectiva del lenguaje y del tiempo, todos quedamos parados como fantasmas, incluso el lector. Así como los personajes de Los ingrávidos, nosotros con cuántos interlocutores invisibles no nos comunicamos día con día, entre cartas, pensamientos, recuerdos y desde luego, novelas. •

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4TA EDICIÓN

FERIA DEL LIBRO DE ARTE 22-23 SEPTIEMBRE 2018

ARTE EN PAPEL LIBROS DE ARTISTA MÚLTIPLES EDICIONES ARTESANALES GRÁFICA CATÁLOGOS LIBROS SOBRE ARTE CONFERENCIAS Y MESAS REDONDAS

11:00-18:00 H. SQUASH 73 ANTONIO CASO #147 COL. SAN RAFAEL


Semiótica novelada

Recomendación de los editores

Franco Félix

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l final de los filósofos siempre es desastroso. No hay rorios semióticos y Bayard las intrigas psicologizantes del crimen para, mance en su extinción. Platón, por ejemplo, falleció por un exentre las dos perspectivas, hallar el móvil del homicidio. Por esto, es ceso de piojos, según afirmó Diógenes Laercio. Francis Bacon, por intrascendente si el lector es un experto en thrillers, o un experto en su parte, murió de pulmonía por culpa de un pollo al que rellenaba semiología, la intriga es doble y resulta difícil predecir el argumento con nieve. Nietzsche murió por intentar abrazar un caballo. Albert del libro. La aventura de estos dos personajes abre un abanico teórico que cualquier estudiante del lenguaje agradecerá. Se plantean las Camus, luego de afirmar que no había nada más idiota que morir en distintas escuelas y tendencias filosóficas de esa década. Están ahí un accidente automovilístico, se estrelló contra un árbol en un Facel algunos de los genios arriba mencionados en su hábitat: Foucault es Vega que se partió en tres pedazos. Un punto a su favor: manejaba entrevistado mientras un armenio le hace una felación en un famoso su amigo, el editor Michel Gallimard. Hay, es verdad, algunos casos sauna gay de París, conversaciones hilarantes apasionados: Deleuze se lanzó por la ventana, entre Phillipe Sollers y Julia Kristeva (quienes, Althusser en un psiquiátrico, Foucault murió Todos pensamos que incluso, querían llevar a Binet a la corte porque a causa del sida y Debord de un escopetazo en no se tomaron muy bien la ficción), Althusser el corazón. Pero mis preferidos son aquellos lo ocurrido en ese trásale mal parado por sus fallas kantianas, hay seescritores que mueren de lo que escriben, cogico febrero parisino mo diría Vila-Matas que dijo Nabokov. Éste cuencias perfectas para una película de acción es el caso del genio que escribió sobre todos del ochenta fue un (que muy probablemente veríamos muy pocos) los temas (lo comprueban todas, no miento, Derrida es despachado por un perro en accidente, pero el libro donde todas las tesis del mundo, porque lo mencioun cementerio de Ithaca, Nueva York, vemos nan de una u otra manera): Roland Barthes. sortea la posibilidad de a un Lacan torpe para el flirteo y mucho más. El francés que estudió los signos toda su viLa novela está llena de éstas y otras personalique la eventualidad hada y que fue aniquilado a causa de uno. Su dades como Umberto Eco, Chomsky, Searle, tesis, si es posible resumirla en unas cuantas ya sido, realmente, una Guattari, Sartre, Todorov y una larga lista de pensadores con ideas complejísimas que terpalabras, buscaba reventar la estabilidad de los signos que adoptamos como naturales. Su estrategia; es decir, que minan siendo socializadas y simplificadas propósito era repensar estos signos (como los haya sido un asesinato narrativamente gracias a los conocimientos de Laurent Binet (él mismo es profesor en la de la publicidad), sospechar de ellos, para desarticular el programa de control que subyace bien planeado. ¿Pero Universidad de París iii). El argumento ficticio en su arquitectura discursiva. Así, un día de quién podría querer de este libro es soportado por el planteamiento febrero de 1980, el filósofo caminaba sobre de las seis funciones del lenguaje que propuso un paso de cebra (sobre el cual el peatón tiene asesinar a Barthes? Jakobson. La séptima función le corresponde al preferencia) y fue arrollado por una camiolector reconocerla entre las páginas. • neta que no hizo la lectura adecuada del signo (detenerse y ceder el paso). Un mes después, moriría en el hospital por las heridas. Éste es el motivo de la novela La séptima función del lenguaje, de Laurent Binet. La extraña muerte de Barthes es el disparador de una historia de especulaciones. Ahí se inaugura la trama detectivesca, en ese crucero, con el cuerpo arrollado del semiólogo. Todos pensamos que lo ocurrido en ese trágico febrero parisino del ochenta fue un accidente, pero el libro sortea la posibilidad de que la eventualidad haya sido, realmente, una estrategia; es decir, que haya sido un asesinato bien planeado. ¿Pero quién podría querer asesinar a Barthes? Dos personajes intentan resolverlo. El inspector Bayard y el joven La séptima función Simon Herzog. Uno es policía, medio facho, homofóbico entero, del lenguaje doblemente despótico y que, de entrada, detesta a los académicos e Laurent Binet intelectuales de izquierda, y el otro es un profesor universitario que Traducción de Adolfo García Ortega busca la titularidad en el departamento de Semiótica de su facultad. Seix Barral Esta dupla polarizada le permite a Binet desarrollar un pequeño semi2017 • 440 páginas nario en las páginas de su novela. Herzog tendrá que revelar los miste-

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Bogar en la

revolución

(fragmento)

Marie de Quatrebarbes

Podemos decir que hay algo como un aspecto inapropiado de la cosa en el que todo parece converger en el instante en que miramos. Y, sin duda, al principio será muy tentador creer por un momento que la cosa ha comenzado a vivir en el instante en que la miramos. Esto es falso. Habríamos caído accidentalmente en el juego de creer que inventamos una nueva forma de mirar, como si el ser entero de la cosa dependiera de aquello que podemos comprender. Solamente, ahora que hemos renunciado a toda comprensión, y que bajamos los ojos por impotencia o arrepentimiento, tal vez podemos intentar permanecer un instante en la brecha en el instante en que se abre. Tal vez podemos intentar ver al interior de la brecha, con retraso, y aproximarnos al centro que no se abre nunca más allá de cierto punto. Tal vez podemos intentar mirar en la brecha, en el corazón de la brecha, pero no con los ojos de la brecha ni para ellos. No podemos sentir el corazón de la brecha como si fuera el nuestro, aun si lo queremos. No podemos mirar en los ojos de la brecha al mismo tiempo que miramos con sus ojos. Sin embargo, debemos hacerlo. No podemos colocarnos en el corazón de la brecha y esperar. No podemos hablar con la boca llena de brecha y esperar. Podemos intentar mirar la pequeña brecha brillar en la oscuridad, en una noche urbana intermitente, y acechar el momento en que los sonidos suben a la superficie y tocan la superficie del acuario luminoso para envolverse ahí en un tejido aproximativo. No podemos respirar bajo el agua aunque fuésemos peces desacostumbrados, volviendo a su medio.

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Podemos decir que hay un tríptico del infortunio, y tratar de alcanzar el punto en el que se mezclan nuestras fortunas pasadas y nuestras dudas, nuestras fortunas perdidas. Y mientras que un mismo sonido, repetido al infinito, gotea a lo largo de los muros como un líquido que, tocando el suelo ardiente, se gasifica y sube, indefinidamente, toca de nuevo la superficie y vuelve a caer, muchachos bailan en la noche para conjurar la suerte y hacer vivir un deseo más grande. Y se entregan completamente a ese deseo al que dan vida porque han aspirado las imágenes de un mundo que los mantiene a distancia. Y ahora desfilan en trajes inventados y bailan al exterior de sus cuerpos inventados. Fabrican trajes inventados a partir de sus cuerpos y los portan al exterior de un mundo inventado. Tomaron las imágenes del mundo para darles todos los apoyos del aire y sus cuerpos para moverse. Aspiraron las imágenes y ahora las escupen bajo otras formas. No podemos simplemente colocarnos en el corazón de la brecha y esperar. Podemos intentar movernos con la brecha antes de que se cierre. Podemos sostener los bordes separados de la brecha para que no se cierre completamente. Traducción de Ernesto Kavi


E

l combate de las mujeres por un mundo diferente ha estado siempre presente en la imaginación. Pero como una advertencia o una fabulación, a veces terrorífica, de lo que podría ocurrir si las mujeres tuviesen poder o se rebelaran. Basta pensar en el mito de las Amazonas, mujeres guerreras que asesinaban a los niños, o les sacaban los ojos y los volvían inválidos para hacerlos sus esclavos. Mucho más tardío, Aristófanes imagina en Lisístrata una huelga sexual para alertar a los hombres del peligro de la guerra y llamarlos a la paz. O, en La asamblea de las mujeres, imagina un gobierno formado sólo por mujeres, un gobierno comunista, en el que todo le pertenece a todos. No debemos olvidar que son comedias, y que Aristófanes las escribió precisamente para hacer reír, pues un mundo donde la mujer tuviese poder sobre la vida pública, sobre la guerra o la paz, era inimaginable. Hoy, ese mundo que para los antiguos era risible e imposible de acontecer, se ha vuelto necesario. Se ha vuelto necesario simplemente para que podamos seguir llamándonos «seres humanos». Después de la Shoah, comprendimos que la «humanidad» no era un rasgo inherente a nosotros, algo que nos era dado al nacer, sino que era un trabajo diario, una calidad por alcanzar, y que debíamos esforzarnos cada hora en ello, en ser humanos, o nuestra animalidad se volvería de nuevo patente. Mientras el cuerpo de la mujer siga siendo violentado, no podremos llamarnos «humanos». El cumplimiento pleno de nuestra existencia necesita de la mujer. Sin ella, toda la memoria humana, todas nuestras civilizaciones, todo el arte y toda la ciencia, todo aquello que hemos construido durante siglos, se derrumbará y perderá todo sentido. Seremos sólo simios reclamando cráneos, y sangre, y poder. Una de las primeras causas de muerte (y en ciertos países es la primera) entre mujeres de catorce y cuarenta y cinco años es la llamada «violencia de género», eufemismo para hablar del asesinato de mujeres por el sólo hecho de serlo. Los feminismos son diversos, y cada uno es necesario en el contexto en el que surge. Pero todos, como principio, combaten por el fin de esa violencia. Otros combaten el poder, o el capitalismo, o la discriminación por pertenecer a una cultura o por tener un determinado color de piel. El feminismo es el combate de todos los que son o han sido oprimidos. Para conocer mejor lo que hay en juego bajo el nombre de «feminismo», y nos ayuden a reflexionar entorno a esa lucha, hemos convocado en este núme-

Femi

ro a profesoras, escritoras, sociólogas, periodistas y activistas, todas implicadas en el combate por un mundo, no feminista, sino simplemente más justo, donde no haya exclusión, ni opresión social ni económica. Un mundo donde, por fin, podamos llamarnos a nosotros mismos, sin vergüenza, sin cinismo, «seres humanos». Chiara Bottici, profesora en la New School of Social Research, escribe sobre el anarcafeminismo, un término que ella acuña y que representa, quizá, el movimiento actual más radical en la teoría feminista; Anita Botwin, periodista y escritora, critica el feminismo de las élites, que sólo buscan «empoderar» a las mujeres para que ocupen los mismos puestos que los hombres, pero sin cuestionar la estructura social que las oprime; Fàtima Aatar, socióloga, quien nos habla, en un artículo muy polémico, sobre el feminismo como una de las herramientas ideológicas de Europa, una herramienta racista, para oprimir a las mujeres y a los hombres musulmanes; Elsa Dorlin, filósofa, escribe un manifiesto sobre la autodefensa femenina y el cuidado de sí; y, finalmente, Angela Davis, filósofa y célebre activista estadounidense, nos entrega el discurso que leyó en la marcha de las mujeres contra Trump, realizada en Washington en enero de 2018. A pesar de las grandes diferencias de estilo, de trayectoria y de pensamiento, todas nuestras colaboradoras apuntan a un mismo enemigo, el mayor opresor, el más brutal y violento de todos: el Capitalismo. Es una muestra de que el feminismo no es una batalla contra los hombres, como todavía algunos imaginan. Es una batalla por nuestra vida, la de todos, y por nuestra dignidad. Louis Aragon decía que la mujer es el porvenir del hombre. Quizá ahora podamos decir que el feminismo es el porvenir de la humanidad, si queremos aun perseverar en ella.

Ernesto Kavi


inismos

Ilustraciรณn de Medusczka

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1459 días de gobierno, 1459 días de resistencia Angela Davis

E

n un momento crucial de nuestra historia, déjenme recordar que nosotros, los cientos de miles, los millones de mujeres, trans, hombres y jóvenes que estamos aquí en la marcha de mujeres, representamos las poderosas fuerzas del cambio que están dispuestas a evitar que resurjan las culturas moribundas del racismo y el heteropatriarcado. Reconocemos que somos agentes colectivos de la historia y que la historia no se puede borrar como se borran las páginas web. Sabemos que nos reunimos esta tarde en una tierra indígena y que seguimos los pasos de los primeros pueblos, que, a pesar de haber sufrido una violencia desmesurada, nunca se han dado por vencidos en su lucha por la tierra, el agua, la cultura y su gente. Hoy queremos saludar en especial a los sioux de Standing Rock. Las luchas por la libertad de la población negra que han caracterizado la propia naturaleza de la historia de nuestro país no se pueden borrar de un plumazo. No podemos permitir que nos obliguen a olvidar que las vidas negras son importantes. Este es un país anclado en la esclavitud y el colonialismo, que es lo mismo que decir que la historia de Estados Unidos es una historia de inmigración y esclavización. Extender la xenofobia, lanzar acusaciones de asesinato y violación y construir muros no borrarán la historia. Ningún ser humano es ilegal La lucha por salvar el planeta, por detener el cambio climático, por garantizar el acceso al agua de las tierras sioux en Standing Rock, por Flint, por Michigan, por Cisjordania y por Gaza. La lucha por salvar nuestra flora y nuestra fauna, por salvar el aire: todo esto marca el punto de partida de la lucha por la justicia social. Esta es una marcha de mujeres y esta marcha de mujeres representa la promesa del feminismo en su oposición a los poderes perniciosos de la violencia de Estado. Es un feminismo inclusivo e intersectorial que nos pide que nos unamos para resistir el racismo, la islamofobia, el antisemitismo, la misoginia y la explotación capitalista.

Sí, saludamos la lucha por los 15.* Nos dedicaremos a la resistencia colectiva. Resistencia a los acaparadores multimillonarios que se enriquecen con las hipotecas y a los gentrificadores. Resistencia a los privatizadores de la asistencia sanitaria. Resistencia a los ataques hacia los musulmanes e inmigrantes. Resistencia a los ataques hacia los discapacitados. Resistencia a la violencia de Estado perpetrada por la policía y por el complejo industrial de prisiones. Resistencia a la violencia sexista institucional y privada, sobre todo hacia las mujeres negras trans. Los derechos de las mujeres son derechos humanos en todo el planeta y este es el motivo de que clamemos justicia y libertad para Palestina. Celebramos la próxima liberación de Chelsea Manning y de Oscar López Rivera, pero también pedimos la libertad de Leonard Peltier, Mumia Abu-Jamal y Assata Shakur. A lo largo de los próximos meses y años tendremos que intensificar nuestras demandas de justicia social e incrementar nuestra militancia en favor de la defensa de las poblaciones vulnerables. Que se preparen aquellos que todavía defienden la supremacía racial blanca heteropatriarcal. Los próximos 1459 días del gobierno de Trump serán 1459 días de resistencia: resistencia en la calle, resistencia en las clases, resistencia en el trabajo, resistencia en nuestro arte y en nuestra música. Esto es sólo el principio, y como decía la inimitable Ella Baker: «Los que creemos en la libertad no podremos descansar hasta que llegue». Gracias. Discurso de la activista y exlíder del Black Panther Party en la marcha de mujeres contra Trump en Washington realizada el 20 de enero de 2018. Traducción de Álvaro San José.

* El aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora.

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Anar cAfemi nismo Chiara Bottici 1. ¿Por qué el anarcafeminismo?

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oy es un lugar común decir que para luchar contra la opresión de las mujeres es necesario analizar las formas en que las diferentes maneras de opresión se entrelazan unas con otras. No se puede decir que exista un único factor (ya sea innato o adquirido, de explotación económica o de dominación cultural) que sea la causa única y suficiente que explique las fuentes multifacéticas del patriarcado y el sexismo. En consecuencia, la interseccionalidad se ha convertido en el principio rector de un creciente número de feministas de izquierda, tanto del norte global como del sur global. Como resultado, casi no hay ninguna publicación en el campo hoy en día que no se relacione con el concepto de interseccionalidad, ya sea para promoverlo, criticarlo o simplemente para posicionarse con respecto a él. Sin embargo, sorprendentemente, en toda la literatura relacionada con la interseccionalidad apenas se menciona la tradición feminista que ha estado reclamando exactamente lo mismo durante mucho tiempo: el feminismo anarquista, o como prefiero llamarlo, «anarcafeminismo». Este último término ha sido introducido por movimientos sociales que intentan feminizar el concepto y dar así visibilidad a un componente específicamente feminista dentro de la teoría y la práctica anarquista. Esta tradición anarcafeminista, que ha sido en gran parte descuidada tanto en la academia como en el debate público más en general, tiene una contribución vital que ofrecer hoy. Para empezar, junto con el trabajo pionero de la teoría queer, tiene como objetivo desmantelar el binarismo de género «hombres» y «mujeres», pues es importante reivindicar una vez más la necesidad de una forma de feminismo que se oponga a la opresión de las personas que son percibidas como mujeres y que son discriminadas precisamente sobre esa base. Hay que tener en cuenta que estoy usando

el término «mujer» de una manera que incluye a todos los tipos de mujeres: mujeres identificadas biológicamente como hombre o como mujer, mujeres femeninas, mujeres masculinas, mujeres lesbianas, trans-mujeres, mujeres intersexuales, mujeres queer, etc. A pesar de la supuesta igualdad de derechos formales, las mujeres siguen siendo objeto de una discriminación constante y el avance de los derechos queer puede ir acompañado de retrocesos en las batallas de las mujeres que pensamos que se habían ganado de una vez por todas (del derecho al aborto al salario igualitario por igual trabajo). Lejos de ser un problema del pasado, el feminismo es más imperativo que nunca. Sin embargo, debe estar respaldado por una articulación de la liberación de la mujer que no produzca nuevas jerarquías, y es aquí precisamente donde puede intervenir el anarcafeminismo. Mientras que otras feministas de izquierda han tenido la tendencia de explicar la opresión de las mujeres sobre la base de un único factor, las anarquistas siempre han sido muy claras al argumentar que para luchar contra el patriarcado debemos luchar contra las múltiples formas en que múltiples factores —económicos , culturales, raciales, políticos, etc.— convergen para fomentarlo. Este descuido, o más bien amnesia histórica, de una importante tradición izquierdista es sin duda el resultado de la prohibición que sufrió el anarquismo en la academia en particular y en los debates públicos en general, donde ha sido descrito erróneamente como una simple llamada a la violencia y el desorden. Sin embargo, esta es una prohibición que ocurrió en detrimento de la precisión histórica, la inclusión global y la eficacia política. Mi propuesta es remediar esa brecha formulando un enfoque anarcafeminista específico, adaptado a los desafíos de nuestro tiempo. El objetivo no es simplemente dar visibilidad a una tradición anarcafeminista que ha sido un componente importante en las luchas pasadas de las mujeres y así restablecer cierta continuidad histórica, aunque esto por sí solo ciertamente sería un esfuerzo que vale la pena. Además de la precisión histórica, la recuperación de las ideas anarcafeministas tiene la función crucial de ampliar las estrategias feministas precisamente en un momento en el que, como han argumentado las feministas intersectoriales, convergen diferentes factores para intensificar la opresión de las mujeres al crear divisiones de clase, culturales y raciales entre ellas. En un momento en que el feminismo ha sido acusado de ser un mero privilegio blanco, esta tarea es más crucial que nunca. La emancipación de las mujeres del norte global puede tener lugar a expensas de una mayor opresión de las mujeres del sur global que con frecuencia las reemplazan en el trabajo reproductivo dentro del hogar. Precisamente cuando adoptamos una perspectiva tan global, más necesaria hoy en día debido a la mayor movilidad del capital y de la fuerza de trabajo, la cadena que vincula el trabajo de género en todo el mundo es más visible y la necesidad del anarcafeminismo es mucho más evidente. Necesitamos un enfoque más multifacético de la


dominación que, concretamente, sea capaz de incorporar diferentes factores y diferentes voces que vengan de todo el globo. Como la anarcafeminista china He Zhen escribió en los albores del siglo xx en sus Problemas de la liberación de la mujer:

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La mayoría de las mujeres ya están oprimidas por el gobierno y por los hombres. El sistema electoral simplemente aumenta su opresión al introducir un tercer grupo gobernante: mujeres de élite. Incluso si la opresión sigue siendo la misma, la mayoría de mujeres aún se aprovechan de la minoría de mujeres. [...] Cuando unas pocas mujeres en el poder dominan a una mayoría de mujeres sin poder se produce una diferenciación de clase desigual entre las mujeres. Si la mayoría de las mujeres no quieren ser controladas por hombres, ¿por qué querrían ser controladas por mujeres? Por lo tanto, en lugar de competir con los hombres por el poder, las mujeres deberían esforzarse por derrocar el gobierno de los hombres. Una vez que se los despoja de su privilegio, se convertirán en iguales a las mujeres. No habrá mujeres sumisas ni hombres sumisos. Esta es la liberación de las mujeres.1

La puntualidad de estas palabras, escritas en 1907, muestra cuán profético ha sido el anarcafeminismo: es aquí que surge la respuesta a nuestra pregunta: ¿por qué el anarcafeminismo? Porque es el mejor antídoto contra la posibilidad de que el feminismo se convierta en un privilegio blanco y, por lo tanto, una herramienta en manos de unas pocas mujeres que dominan a la gran mayoría de ellas. En una época en la que la elección de una mujer soltera se presenta como la liberación de todas las mujeres, o cuando mujeres como Ivanka Trump pueden reclamar batallas feministas del pasado al transformar el hashtag #womenwhowork en una herramienta para vender una marca de moda, el mensaje fundamental de las anarcafeministas del pasado es más urgente que nunca: El feminismo no significa poder corporativo de la mujer o tener una mujer presidenta: significa un poder no corporativo y sin presidente.2

2. ¿Por qué el feminismo y por qué las mujeres? En este punto se puede objetar: ¿por qué insistir en el concepto de feminismo y no simplemente llamar a esto anarquismo? ¿Por qué centrarse sólo en las mujeres? Si el propósito es desmantelar todo tipo de jerarquías de opresión, ¿no se debería también deshacer el binarismo de género que opone «mujeres» y «hombres», y de esa manera también nos aprisiona en una matriz heteronormativa? Deberíamos tener claro que cuando decimos «mujeres» no estamos hablando de un determinado objeto, acerca de una esencia eterna, o menos aún de un objeto pre-construido. De hecho, para articular una posición específicamente feminista manteniendo al mismo tiempo una comprensión multifacética de la dominación necesitamos una comprensión más matizada de la «condición femenina». Adoptando una visión de la ontología spinozista del transindividualismo, sostengo que los cuerpos en general, y los cuerpos de las mujeres en particular, no deben ser considerados como individuos

o como objetos dados una vez y para siempre, sino más bien como procesos. Los cuerpos de las mujeres, como todos los cuerpos, son cuerpos en plural porque son procesos, procesos que son constituidos por un mecanismo de los afectos y asociaciones que tienen lugar a nivel inter, intra y supraindividual. Un breve ejemplo de lo que quiero decir aquí: piensa cómo nuestros cuerpos vienen a constituirse a través de un encuentro inter-individual, piensa cómo son formados por fuerzas supra-individuales tal como las localizaciones geográficas, y cómo son construidos por cuerpos intra-individuales como el aire que respiramos o la comida que comemos. Sólo si los cuerpos de las mujeres se teorizan como procesos, como lugares de un proceso que tiene lugar a diferentes niveles, sólo en ese momento seremos capaces de hablar sobre «mujeres» sin incurrir en la cara esencialista o culturalista. Si adoptamos esta ontología transindividual, podemos también utilizar el concepto de mujer fuera de todo marco heteronormativo y utilizar así el término de manera que se pueda incluir a todo tipo de mujeres: mujeres identificadas biológicamente como hombre o como mujer, mujeres femeninas, mujeres masculinas, mujeres lesbianas, mujeres bisexuales, mujeres intersexuales, trans-mujeres, mujeres cisgénero, mujeres asexuales, mujeres queer, y así sucesivamente. En resumen, todos aquellos cuerpos que se identifican a sí mismos y son identificados a través de la siempre cambiante narrativa de la «condición femenina». Para resumir este punto, este entendimiento del transindividualismo nos permite articular la pregunta «¿qué significa ser mujer?», en términos pluralistas, mientras también se defiende una forma feminista específica de anarquismo. Desarrollar el concepto de mujer como procesos abiertos también significa ir más allá de la dicotomía individual versus colectivo. Si es cierto que todos los cuerpos son procesos transindividuales, la asunción de que podría haber algo así como una individualidad pura que está separada o incluso opuesta a una colectividad dada, es en el mejor de los casos una inútil abstracción, y en el peor una fantasía engañosa.


3. ¿Qué mujeres? ¿Y qué anarcafeminismo? Entonces, si el anarcafeminismo es la lente, ¿cuál debería ser el marco para tal iniciativa? Adoptar una lente anarcafeminista también significa tomar todo el globo como marco para pensar sobre la liberación de las mujeres. Esto implica ir más allá de cualquier forma de nacionalismo metodológico, es decir, privilegiar a ciertas mujeres y, por lo tanto, ciertos contextos nacionales o regionales. Si luchar contra la opresión de las mujeres significa que tenemos que luchar contra todas las formas de opresión, entonces el estatismo y el nacionalismo no pueden ser una excepción. Si uno comienza mirando la dinámica de explotación tomando los límites del Estado como un hecho incuestionable, uno automáticamente terminará reforzando la misma opresión que se pretendía cuestionar en primer lugar. Pongamos un lema, podríamos decir: «el mundo primero», porque el marco es el mensaje, y adoptar cualquier cosa menor que el mundo entero como nuestro marco es, en el mejor de los casos, un provincialismo ingenuo y, en el peor, un odioso etnocentrismo. Mientras que varias teorías feministas producidas en el norte global no lograron comprender hasta qué punto la emancipación de las mujeres blancas de clase media ocurrió a expensas de una opresión renovada de los cuerpos racializados de la clase trabajadora, las anarcafeministas tradicionalmente han adoptado una perspectiva más inclusiva.

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No es una coincidencia que la mayoría de teóricos anarquistas, desde Kropotkin hasta Reclus, hayan sido geógrafos y/o antropólogos. Al explorar los procesos de producción y reproducción de la vida independientemente de los límites del Estado y en una escala planetaria, estos autores no sólo pudieron evitar las trampas de cualquier forma de nacionalismo metodológico, sino que también pudieron percibir la interconexión global de las formas de dominación, comenzando con el entrelazamiento de la explotación capitalista y la dominación colonial. Esto no es sólo una observación sobre teóricos: este marco global ha estado presente también entre activistas, no sólo en el norte global, sino también en el sur global.

Por ejemplo, diferentes programas anarcafeministas en América Latina han tomado la propiedad común del mundo como su marco para pensar acciones políticas, pasando por alto cualquier sentido de pertenencia nacional y a menudo también enfatizando la dimensión racial de la opresión de las mujeres. Un comentario al margen: aunque estoy usando etiquetas como anarquismo latinoamericano o chino, también argumentaría que todas esas etiquetas deben usarse como una escalera que deberíamos abandonar tan pronto como hayamos alcanzado la cima: la vitalidad de la tradición anarcafeminista consiste precisamente en su capacidad para trascender las fronteras estatales, el nacionalismo metodológico e incluso los prejuicios eurocéntricos todavía presentes en una gran cantidad de teoría radical producida en el norte global. Es muy revelador, por ejemplo, que la mayoría de las herramientas feministas, enraizadas en el feminismo marxista, el feminismo post-estructuralista o el feminismo radical, se derivan de teorías producidas en un número muy pequeño de países. En realidad, podemos nombrarlos y contarlos con una mano: Francia, Alemania, el Reino Unido, los Estados Unidos y tal vez Italia. Para combatir esta tendencia eurocéntrica, y el posterior privilegio de Europa occidental, es fundamental llevar al centro de la discusión los textos producidos por los anarquistas en todo el mundo, abogando por una forma de feminismo más allá del eurocentrismo y más allá del etnocentrismo.


4. La colonialidad del género: otra mujer es posible Si tomamos el globo terráqueo como nuestro marco, el primer dato emergente es que las personas en todo el mundo no siempre han estado haciendo género, y, además, incluso si lo hicieron, lo hicieron en términos muy diferentes. Es sólo con el surgimiento de un sistema capitalista mundial que el binarismo de género «hombres» versus «mujeres» pasó a ser hegemónico en todo el mundo. Esto no significa que la diferencia sexual no existiera antes del capitalismo. Simplemente significa que los roles de género binarios no fueron tan universalmente aceptados como los criterios principales para clasificar los cuerpos. El capitalismo moderno convirtió a la familia mononuclear burguesa, con sus roles binarios de género, en hegemónica.

Desde hace mucho tiempo, las feministas marxistas han defendido que el capitalismo necesita una división del trabajo basada en el género porque, basándose en la expansión interminable del beneficio, necesita tanto la extracción de la plusvalía del trabajo productivo asalariado como del trabajo reproductivo no remunerado, que todavía se realiza en gran medida por cuerpos de género. Dicho sin rodeos, el capitalismo necesita «mujeres» porque necesita asumir que las mujeres no «trabajan» cuando lavan los calcetines de su marido y sus hijos: simplemente están desempeñando su función reproductiva y, por lo tanto, cumpliendo con su propia naturaleza.

Como observó María Mies, entre otras, percibir el trabajo de las mujeres no como un trabajo propio, sino simplemente como el resultado de su género, es fundamental para mantener la división entre «trabajo asalariado», sujeto a explotación, y «trabajo sin salario», sujeto a lo que ella denominó «súper-explotación».3 Esta forma de explotación de género es «súper» porque, mientras que la explotación del trabajo asalariado se lleva a cabo mediante la extracción de la plusvalía, la del trabajo doméstico de la mujer tiene lugar mediante la negación del status mismo del trabajo. Basándose en este tipo de ideas, María Lugones ha presentado recientemente el concepto muy útil de la «colonialidad del géne-

ro».4 Con este movimiento, busca mostrar cómo la división binaria «hombres / mujeres» y la clasificación de los cuerpos de acuerdo con su pertenencia racial iban juntos, siendo exportados por los europeos a través del mismo proceso de expansión colonial que acompañó la expansión mundial del capitalismo. En el contexto estadounidense, Lugones mostró cómo los roles de género eran mucho más flexibles y variados entre los nativos americanos antes del advenimiento de los colonos europeos. Diferentes naciones indígenas tenían, por ejemplo, una tercera categoría de género para reconocer positivamente las subjetividades intersexuales y queer, mientras que otras, como los yuma, atribuyen los roles de género sobre la base de los sueños, de modo que una mujer que soñara con armas se convierte en un hombre a todos los efectos. Ha habido un entrelazamiento sistemático entre la economía capitalista, la clasificación racial de los cuerpos y la opresión de género. Es manifiesto, y sin embargo olvidado con demasiada frecuencia, que clasificar a las personas sobre la base de su color de piel, o sus genitales, no es un a priori de la mente humana. Clasificar los cuerpos en función de su sexo, así como clasificarlos en función de su raza, implica, entre otras cosas, una primacía del registro visual. Tal primacía, según Oyèrónkẹ Oyěwùmí, es típica de Occidente, particularmente cuando se mira desde la perspectiva de algunas culturas pre-coloniales africanas. Como señala en su influyente La invención de las mujeres, las culturas oyoyoruba, por ejemplo, se basaron mucho más en la transmisión oral de la información que en su visualización, y valoraron la edad por encima de todos los otros criterios de hegemonía social.5 Ni siquiera tenían un nombre para oponer hombres y mujeres antes del colonialismo: sin rodeos, simplemente no hacían género. Por lo tanto, cuestionar la colonialidad de género significa también cuestionar la primacía de lo visual: es al ver cuerpos que decimos: «¡aquí hay una mujer!», o: «¡eso es un hombre!». Pero también está dentro de tal registro visual que tenemos que operar para cuestionar tales puntos de vista hegemónicos y heteronormativos de la feminidad y así abrir nuevos caminos para subvertirlos. Puesto a modo de eslogan podríamos decir: «Otra mujer es posible; otra mujer ya ha empezado en todo momento».

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5. Un manifiesto en curso Estas palabras, «otra mujer es posible; otra mujer ya ha empezado en todo momento», podrían ser el punto de partida para un nuevo manifiesto anarcafeminista. En contraste con otros manifiestos, este último inevitablemente tendría que ser abierto y continuo, tan continuo como la ontología transindividual que lo sostiene. Comenzando con la idea de Errico Malatesta de que el anarquismo es un método, y por lo tanto no es un programa que se puede dar de una vez por todas, la redacción de dicho manifiesto podría proceder a lo largo de tres ejes:6 primero: Al principio fue el movimiento: el anarquismo no significa ausencia de orden, sino búsqueda de un orden social sin mando. El principal responsable de nuestras formas establecidas de pensar sobre política es el Estado. Debido a que estamos tan acostumbradas a vivir en Estados soberanos, por ejemplo, tendemos a percibir la migración de cuerpos en todo el mundo como un problema. Por el contrario, debemos recordar que, mientras que los Estados soberanos son un fenómeno histórico relativamente reciente (para la mayoría de la humanidad, los pueblos han vivido bajo otros tipos de formaciones políticas), los seres humanos han estado migrando a través de la tierra desde la aparición de los llamados homo sapiens. El homo sapiens es por lo tanto también un femina migrans, o tal vez incluso mejor, un esse migrans. De ahí la necesidad de un anarcafeminismo más allá de las fronteras y más allá del etnocentrismo.

segundo:

Simplemente hazlo: no pretendas tomar el poder del Estado o esperar a que el Estado te dé poder, sólo comienza a ejercer tu propio poder ahora mismo. Aspirar a tomar el poder del Estado, o pedirle reconocimiento, significa reproducir esa misma estructura de poder que necesita ser cuestionada en primer lugar. Esto significa no sólo: «Piensa globalmente y actúa localmente». También significa que la libertad está al alcance de todos y se puede ejercer de varias maneras que no son mutuamente excluyentes: resistir a las normas de género, jugar con ellas, negarse a obedecer, civilmente desobedecer, boicotear el capitalismo, etc., etc.

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Estas acciones no son simplemente «un estilo de vida del anarquismo» o «estrategias individualistas», como algunos las han etiquetado. Son actos políticos per se, que pueden ir de la mano con proyectos más grandes, como los ejemplos crecientes de la vida en comunidad y la discriminación de la familia que proliferan en todo el mundo. Pensar en los cuerpos como procesos transindividuales también significa que debemos escapar de la falsa alternativa entre estrategias individuales versus colectivas, y trabajar en todos los diferentes niveles. La opresión es global, así que global tiene que ser la lucha. tercero: El fin es el medio, el medio es el fin: no puede y no debe haber ningún programa político completo para un manifiesto anarcafeminista. Si la libertad es el fin, la libertad debe ser el medio para alcanzarla. El anarquismo es un método para pensar y para actuar, porque actuar es pensar y pensar es actuar. De la misma manera en que los cuerpos son plurales y plural es su opresión, también debe ser plural la estrategia para luchar contra tal opresión. Como los anarquistas han estado diciendo durante mucho tiempo: «multipliquen sus asociaciones y sean libres». En otras palabras, busquen la libertad en todas sus relaciones sociales, no simplemente en la política electoral e institucional, aunque esta última también puede ser uno de los niveles en el cual operar. Pero si la libertad es a la vez el medio y el fin, entonces también se podría imaginar un mundo libre de la noción de género, así como de las estructuras opresivas que generó. Debido a que los cuerpos de género siguen siendo los objetos mundiales de explotación y dominación, necesitamos un manifiesto anarcafeminista aquí y ahora. Pero este último debe concebirse como una escalera que bien podemos abandonar una vez que hayamos alcanzado la cima. De hecho, está implícito, en el mismo proceso de embarcarse en un proyecto anarcafeminista, que debemos luchar por un mundo más allá de la división entre hombres y mujeres y, por lo tanto, también, en cierto modo, más allá del feminismo mismo. • Traducción de Miguel Ibáñez Aristondo

1 He Zhen, «Women liberation», en Anarchism. A documentary history of libertarian ideas, Vol. 1, editado por Robert Graham, (Montreal: Black Rose Books, 2005), p. 341. 2 Peggy Kornegger, «Anarchism: The Feminist Connection», en Quiet Rumors, (Oakland, ca: ak Press, 2012), p. 25. 3 Maria Mies, Patriarchy and Accumulation on a World Scale. Women in the International Division of Labour, 1986, Londres, Zed Books. 4 María Lugones, «The Coloniality of Gender», The Palgrave Handbook of Gender and Development, (Londres: Palgrave Macmillan uk, 2016). 5 Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí, The Invention of Women. Making an African Sense of Western Gender Discourses, (Mineápolis: University of Minnesota Press, 1997). 6 Errico Malatesta, Anarchia, (Roma: Datanews, 2001), p. 39.


MANIFIESTO

DE AUTODEFENSA

FEMENINA:

¡YA ES TIEMPO! Elsa Dorlin

U

sted es encantadora, señorita, ¿está casada? ¿Es soltera? Estás buena, eres guapa, ¿la chupas? Bonitas piernas, bonito vestido, bonita sonrisa, lindo culo, antipática, repugnante, sucia zorra, sucia fulana, sucia puta, gorda, vieja… ¿Sabes dónde están mis calcetines? Eres como mi madre, cagante, tienes la regla, eres frígida, te descuidas, me das vergüenza, estás vieja… ¡Pero, joder, ocúpate de los niños! Las africanas son pésimas para hacer la limpieza, pero con los niños son buenas, las árabes son más duras, pero las filipinas son verdaderas hadas de la casa, y además discretas… ¿Con quién estabas? Ve a cambiarte, pareces una puta, quítate el velo, pareces terrorista, ¿no te das cuenta que le das lástima a tu madre? Pero quítate eso, el rosa no es para los muchachos… La cambian de puesto, la cambian de oficina. ¿Podríamos tomar una copa juntos? Ya no estoy enamorado de mi mujer, pero con usted es diferente. ¡Oh, vamos, podemos bromear! ¡Mierda, ésa está susceptible! Vamos, tírate un pedo, relájate… ¿Usted es la secretaria? Es mi nueva asistente, está buena, ¿verdad? ¿Puedo hablar con el jefe? No se olvide de mi café, de mis camisas… Desvístase, recuéstese, abra las piernas, ¿toma la píldora? ¿Fuma? Es otra vez la habitación 4 que llama, no puedo más con la de la habitación 4, no deja de gemir… ¡Porque tú lo vales! Una crema antiarrugas que detiene el tiempo (probado científicamente). Tú también puedes ser una verdadera princesa… Una muñeca con lágrimas verdaderas y que dice, mamá, tu karaoke puede ser la nueva estrella… Llama al 3600 y habla con moras calientes, con una cougar follada por todos los hoyos. ¿Quieres un caramelo? ¿No quieres ayudarme a encontrar a mi perro? ¿Sabes?, puedes hacerme mucho bien si tú quieres, y yo te haré un lindo regalo, pero es un secreto entre nosotros, no debes decírselo a tu mamá… No te muevas. Si gritas, te mato. Te voy a follar, te voy a romper la cara contra un muro, te voy a matar… Te gusta, ¿verdad?, ¿quieres más? Te voy a hacer gritar, vas a ver… ¿Qué le hizo

después? ¿Cómo estaba vestida? ¿Llevaba una tanga? ¿Ya había tenido antes relaciones con varios muchachos? ¿Dijo claramente que no? ¿Se defendió? ¿Son víctimas de violencia? ¡Rompan el silencio, hablen! Llamen al 911 antes de que sea demasiado tarde. ¿Están conmocionada (o) s? Durante el tiempo ocupado en leer este artículo, una mujer será violada. Hoy, ¿cuántas mujeres habrán sido seguidas, molestadas verbalmente, insultadas, maltratadas, tocadas de forma invasiva, agredidas, golpeadas…? ¿Cuántas cercanas a ustedes, cuántas en su familia, entre sus amigas, entre sus conocidas? Si ninguna de esas expresiones les son familiares, entonces ustedes ignoran lo que ocurre cuando se es una mujer. No se trata de una esencia, de una naturaleza, de una identidad —ni siquiera hablamos aquí de biología—, es más bien un tipo de interpelaciones sociales, múltiples, variadas, infinitamente repetitivas y siempre afiladas como cuchillas que transforman a los individuos en sujetos violentados. Experimentar esa violencia, velada o abierta, conlleva otra violencia, la que se ejerce directamente en la neutralización sistemática de esos mundos sociales vividos —la que se oculta en esas palabras que ponen en duda, que minimizan, que niegan o que simplemente culpabilizan (¡Pero, vamos, tenías que darle una bofetada a tu jefe cuando te arrinconó en el ascensor!). Y si son mujeres mediáticas quienes lo dicen, es todavía más eficaz: qué mejor para neutralizar el sexismo como relación de poder que una mujer que dice a otra: ¡No te conviertas en una víctima llorona! Entonces, ¿por qué no hay más cafés ardientes arrojados al rostro, golpes devueltos, mesas volteadas, dedos pisoteados, golpes de paraguas en las partes íntimas, rodillas rotas, insultos, escupitajos, denuncias públicas, gritos, denuncias ante la policía, llamadas de auxilio, de solidaridad, de revuelta, de huelgas puras y simples, de ocupaciones, de degradaciones de edificios, habitaciones donde están inscritas sobre los muros estas palabras: «Aquí vive un gran puerco»? ¿Es violento? Sí, es violento; pero, ¿cómo decirlo? Lo que trabaja en el fondo de nosotras no es tanto el miedo y la vergüenza, sino una rabia oculta de la que hablan todos esos fantasmas a los que nos entregamos cuando imaginamos lo que habríamos podido o debido hacer cuando ocurrió. Y la frustración de no haberlo hecho no puede calmarse

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más que cuando tomamos conciencia de que esas experiencias de sexismo, esa hidra de mil cabezas, no es más que el otro nombre de una sociedad atravesada por desigualdades sociales que precarizan nuestras resistencias, nuestro poder de actuar, nuestras solidaridades. Defenderse tiene un precio —se pierde muchas veces el trabajo, se pierde dinero, se pierde a veces la casa, los hijos, se pierde siempre a los amigos, el amor, las promesas de felicidad… Muchas de nosotras, entonces, estamos vigilantes, estamos con los ojos abiertos, en alerta: tenemos cuidado de cómo nos vestimos, cómo hablamos, cómo respondemos, cómo sonreímos, cómo caminamos, qué calle tomamos, qué actitud adoptamos, qué tono, qué gesto, qué mensaje enviamos… Acelerar el paso, no mirar a los ojos, fingir que hablamos por teléfono, que no estamos solas, encerrarse en casa, en el baño, pedir ayuda, no hacer ruido para no despertar a los niños, gritar, no gritar… ¿Quién puede razonablemente vivir una vida que puede transformarse en cualquier momento y hacerse invivible al girar en una esquina, en una estación de metro, en una reunión de trabajo, al correr, en la cita con el médico, en un concierto, en una cena, un domingo en familia o en una cita de amor? ¿Quién? Pensándolo bien, nadie. Y, sin embargo, es el destino común de muchas mujeres pero, sobre todo, es el destino común de todas las vidas menguadas que se agotan en esa forma de autodefensa en la que debemos extraerlo todo de nosotros mismos: un desgaste de energía indefinida, una larga resistencia, una fuerza imperceptible destilada continuamente y por la que pagamos el precio de un olvido de sí. Una técnica marcial para la que no hay cinturón, ni medalla, ni trofeo. Es precisamente eso lo que hace que la vida continúe como si no ocurriera nada, porque en el fondo una situación de dominación se mide en la ignorancia en la que se complacen las vidas salvadas. Como si todo eso fuese normal, no contara, no significara gran cosa, no fuera grave… y además no se hable de elogios, de coqueteo, de seducción, de donjuanismo, de bromas atrevidas, de equivocaciones, de crisis de masculinidad, de hombres perdidos, de agotamiento, de administración de personal, de gestión agresiva, de ataque de ira, de disputa amorosa, de drama familiar, de crisis de locura… Y no escuchemos que finalmente todo eso es muy exagerado, victimismo, puritanismo a la estadounidense, mentiras, delación, instrumentalización, formas de castración, venganza, resentimiento, en una palabra: que eso no existe. O que al menos no existe como un fenómeno que concierna a todo el mundo, que sólo concierne a la categoría «víctimas de violencia» —una categoría al mismo tiempo vergonzosa, detestable, que marca a la persona con el sello del desprecio de sí y de la impotencia, y que es un club muy cerrado; porque, para ser reconocida como «víctima», hay que pasar por una serie de pruebas, de exámenes, de juicios que, al final, hacen de las víctimas heroínas seleccionadas muy cuidadosamente. Entre la rabia, la resistencia y el viacrucis de la justicia, ¿no hay manera de abrir otra vía para terminar con esta violencia, para convertir la violencia que suscita en nosotras en un cuidado de sí? Algunos consideran que hay que tomar cursos de boxeo o de krav maga; pero el reto no está en aprender técnicas de combate que, a pesar de su reputada eficacia, siguen siendo técnicas deportivas, enseñadas por expertos.

No hay que alimentar el jugoso mercado de la autodefensa femenina: ¿qué otra cosa más real que la cotidianidad vivida? ¿No somos ya expertas en violencia por haber atravesado, bien o mal, tantas situaciones? Las mujeres no tienen que aprender a combatir, sino desaprender a no combatir. Eso implica una ética de la autodefensa, un feminismo pegado al cuerpo —a cuerpos que saben exactamente lo que significa recibir un golpe. Quizá ya es tiempo de habitar de forma diferente nuestros músculos, de convocarnos a nosotras, de hacer cuerpo con nosotras mismas. Esa conciencia corporal en la que, cotidianamente, es posible trabajar esperando el gran final es una forma del cuidado de sí, de ética feminista donde la confianza restaurada de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, permite salvarnos, donde la conciencia de que el golpe que me permitirá protegerme no exige más fuerza que la energía gastada en soportar el miedo de darlo. Es una forma de ejercicio corporal de sí lo que puede hacernos modular la voz, cambiar la entonación de un «no», modificar la expresión del rostro, transformar una mirada, o aun emprender una denuncia… En lugar de aferrarnos a una doble conciencia agotadora: «¿Entendí bien, interpreté bien, tengo razón, tengo el derecho, soy capaz, es posible, permitido, legítimo?». Volver a hacer cuerpo con nosotras mismas es un feminismo cotidiano en el que se puede trabajar, a escala de nuestra carne, esta rabia que nos defiende. Restaurar la violencia del sexismo en toda su crudeza es la condición para transformar la rabia en política; pero, puesto que lo individual es política, sólo la rabia convertida en ética de sí, consciencia muscular, podrá liberarnos de una vida a la defensiva. Traducción de Ernesto Kavi © Le Nouveau Magazine Littéraire


EL FEMINISMO de

LA CÚSPIDE Anita Botwin

H

ace unos días nos sorprendía la noticia en la que Ana Patricia Botín* se consideraba feminista. Hace diez años no, pero ahora ya sí es feminista y defiende la discriminación positiva «en un mundo egoísta gobernado por hombres». Podríamos alegrarnos de que Ana Botín se autodenomine feminista. Podríamos decir que si lo dice alguien de alta alcurnia y buenas marcas es que vamos ganando. Pero permítanme que lo cuestione o lo dude al menos. Mi primera opinión es pensar que algo estamos haciendo bien cuando alguien que representa a un banco de ese nivel se considera feminista, aunque hace diez años, cuando éramos una panda de locas e histéricas, ella pensaba otra cosa. Cuando alguien como Botín, Ana Rosa y la princesa Meghan Markle —recién casada con el príncipe azul— se dicen feministas y hasta hacen huelga en el caso de A.R., una piensa que vamos ganando. Pero si lo piensas dos veces, y no se quedan con las primeras impresiones, lo cierto es que nada o poco ha cambiado.  No nos engañemos, existe una especie de feminismo de moda, de masas, de conseguir la igualdad en puestos de dirección o de poder desnudarse si a una le da la gana o ser prostituta si una lo desea porque «somos libres» de hacerlo a cambio de dinero; pero existe otro feminismo de fondo, el que hace diez años no quería nadie y que a día de hoy no es el mayoritario ni mucho menos, que es el feminismo radical, el que ahonda en el problema y se plantea debates mucho más profundos y complejos. El feminismo debe ser opuesto al capitalismo, porque es precisamente el capitalismo el que no nos permite lograr la igualdad y el que feminiza la pobreza. Nosotras somos las más precarizadas dentro de este sistema, y la crisis-estafa que lideraron los bancos como el de Botín nos empobreció aún más.  Las mujeres necesitan que las ayudemos, dice Ana Patricia. Las mujeres no necesitamos ayudas ni migajas ni que nos enseñe a pescar Albert Rivera, sino derechos, igualdad, que se nos trate de la misma manera por el hecho de nacer persona y no mujer. Y si no es pedir demasiado, que no se nos desahucie y se nos deje en la puta calle.  Ser feminista es mucho más que conquistar puestos de poder, que es lo que propone Ana Patricia. Eso es entrar en la lógica patriarcal-capitalista que conlleva la competitividad. El feminismo plantea precisamente lo contrario. Poner la vida en el centro, hacer política y estar en las empresas y organizaciones de otra manera. 

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Yo le diría a Ana Patricia que, si se considera feminista y realmente lo es, paralice todos los desahucios en los que haya mujeres que se van a quedar en la calle. Porque si es feminista sabrá que la crisis, esa en la que tienen gran responsabilidad los bancos como el suyo, ha empobrecido a la mujer y nos ha dejado en la última fila. Hace ya casi diez años de estas declaraciones de Naciones Unidas, cuando Ana Botín no se consideraba feminista: «las crisis financieras y económicas» tienen «efectos particulares sobre las cuestiones de género y constituían una carga desproporcionada para las mujeres, en particular las mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a minorías». Es precisamente el capitalismo y las herramientas de las que se vale, las que propician la desigualdad y el machismo. Ser feminista es mucho más que decir que lo eres. Ser feminista es mucho más que camisetas de Gucci en las que aparecen consignas feministas. Ser feminista es mucho más que un eslogan que puedan apropiarse políticos y banqueros porque ahora es el discurso ganador. Ser feminista es, como decía Inés Arrimadas —que no apoya al feminismo—, una ideología, en la que también hay o debería haber un discurso de clases. 

La pregunta que me hago es: ¿las feministas queremos formar parte de un poder corrupto?, ¿de instituciones y órganos que oprimen y fomentan la pobreza y la desigualdad? Se me ocurre que quizá sea mejor emprender un camino propio de contrapoder lejos de las instituciones actuales. A lo mejor es momento de inventar una nueva manera de hacer feminismo y serlo lejos de los discursos de las Thatcher y las Botines. No se es más feminista por ocupar espacios de poder que repiten la lógica capitalista y competitiva que nos esclaviza al mismo tiempo. Aplaudo que Ana Botín se autodefina como feminista. En general, aplaudo que cualquiera se autodenomine feminista, porque lo contrario es una aberración y más siendo mujer. Aplaudiría mucho más si predicara con el ejemplo porque obras son amores y no buenas razones. Está en sus manos, ahora que es feminista, doña Ana Patricia Botín. • © CTXT

* Presidenta del Banco Santander y miembro del consejo de administración de Coca-Cola.


ISLAMOFOBIA DE GÉNERO Fàtima Aatar

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icen que la islamofobia son estereotipos y prejuicios asociados a lo que se conoce como religión islámica o musulmana. Basados en esta premisa se dedican numerosos programas públicos y no públicos para combatir los estereotipos como una fórmula mágica para acabar con el «miedo» hacia el islam, es decir, la islamofobia. Y si además se añade la perspectiva de género, no menos mágica, obtiene un interés sorprendente. Es curioso que esta perspectiva de género no la han introducido personas musulmanas o, más concretamente, mujeres musulmanas, sino que se ha hecho desde la academia eurocéntrica que, además, ha sido plagiada por movimientos feministas blancos. Lo que es cierto es que añadir género a la islamofobia hace que la gente al menos escuche con más entusiasmo qué es eso de islamofobia. Esto ha obligado, en cierto modo, a que las mujeres musulmanas piensen sus opresiones desde el género para incluirse en las narrativas de liberación propias de la modernidad. Por ello, habría que preguntarse ¿por qué? Pues bien, la islamofobia de género ha sido definida habitualmente como violencia ejercida sobre los cuerpos de las mujeres musulmanas, especialmente aquellas que llevan velo. El concepto de género no va más allá de referirse a mujeres y de poner en evidencia que se trata de violencia machista. Sin embargo, esta lógica acaba negando, una vez más, la violencia racial, ya que en cuestión de racismo las musulmanas dejan de ser mujeres para convertirse en musulmanas o, más ciertamente, en moras. Entonces, ¿tiene sentido hablar de islamofobia de género en estos casos? Respondería afirmativamente si giramos el foco, es decir, no mirar a quien es objeto de esta violencia sino mirar a quien la ejerce: el hombre blanco. Esto no quiere decir que las mujeres blancas no lo hagan, también lo hacen y, a menudo, utilizando un discurso generalizador. Vamos por pasos. La islamofobia de género, si se quiere utilizar este concepto, debe dar cuenta de las múltiples opresiones que atraviesan las comunidades musulmanas racializadas. Como tal, el género no debe reducir el análisis a una cuestión de «mujeres», sino hacer explícitas las relaciones de dominación imbricadas en el sistema sexo / género, partiendo desde la raza.

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En primer lugar, hay que asumir que el feminismo le ha hecho el juego al racismo, al imperialismo y al colonialismo, por lo que hablar de «derechos de las mujeres» en contextos de mayoría musulmana se ha convertido en una cuestión puramente colonial. Sí, porque se habla de igualdad de género como una ficción para construir un Otro inherentemente machista, misógino y homófobo. Como ejemplo, hace unos días se publicaba un artículo, en un diario que no se puede categorizar de derecha, sobre el caso de La Manada. En el artículo se culpabilizaba al «costumbrismo islámico» de la cultura de la violación presente en España. Porque, claro, todas sabemos que Occidente es cuna de los derechos humanos, es feminista y LGTBfriendly, y la cultura de la violación sólo se explica en términos de un pasado islámico fuertemente negado pero que ahora, curiosamente, sirve como base explicativa del patriarcado. Así, pues, vemos que el análisis de género ha venido a legitimar una idea preestablecida de que el Tercer Mundo, opuesto a Occidente, aún tiene que avanzar en materia de igualdad de género, por ello, de vez en cuando se militarizan territorios a fin de salvar a las mujeres del monstruo salvaje y bárbaro. En segundo lugar, podemos ver cómo hablar de islamofobia de género ha negado la violencia, no menos grave, hacia los hombres musulmanes. Sí, tomemos aire, que esto costará más de asimilar. En el imaginario colectivo occidental, las mujeres musulmanas siempre ocupan la posición de subordinadas. Es más, la mujer musulmana se ha convertido en la opresión femenina por antonomasia. De este modo, es el hombre musulmán el que ocupa la posición de opresor. Lo que hace la islamofobia de género es considerar a las mujeres musulmanas como susceptibles de ser asimiladas, integradas, salvadas,


intervenidas, mientras que a los hombres musulmanes sólo se les concibe como enemigo inasimilable a combatir. En esta imagen de enemigo natural hay que añadir la identificación casi automática con el terrorismo, de esta forma los moros sólo existen en el imaginario colectivo como terroristas. No sería tan grave si esto se limitara a los medios de comunicación, pero podemos ver cómo se ha traducido en políticas públicas, como puede ser el proderai (Protocolo de prevención, detección e intervención de procesos de radicalización islamista), que impacta directamente sobre los moros. Por lo tanto, si tenemos que hablar de islamofobia de género, se debe hacer con integridad, incorporando un análisis holístico que

introduzca como puntos esenciales la instrumentalización del feminismo para construir la alteridad, que se materializa en los cuerpos de los hombres musulmanes; ya sea porque son considerados como opresores naturales o como potenciales terroristas. Desde el antirracismo político, las mujeres musulmanas deberíamos tomar partido y empezar a construir alianzas con nuestros hermanos, ya que, como dice Houria Bouteldja, la violencia hacia los hombres racializados es violencia indirecta hacia las mujeres racializadas. • © Directa Traducción de Hero Suárez

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Ilustración de Medusczka


Glissandos en el laboratorio global Por Carmen Pardo

Al teléfono con el Conejo Blanco

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racias por enviarme el video. Puede parecer una tontería pero todavía se me hace difícil estar al teléfono con alguien sin ponerle una imagen. Además, hace ya un tiempo que soy seguidora tuya y me lo merecía. Creo que ha sido un acierto el azul turquesa como fondo, te ayuda a resaltar los ojos rosados y el chaleco a cuadros en tonalidades marrón que llevas, es muy elegante. Pero no entiendo por qué caminas tan deprisa murmurando: «¡Dios mío, Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar» y sacando cada poco tu reloj del bolsillo y apurando todavía más el paso. Debes estar muy ocupado. Son los tiempos que corren, claro, aunque en tu caso, el detalle vintage del reloj de bolsillo te da un aire más sosegado. Al menos no te apremia con los segundos que pasan, ni te da instrucciones. Bueno, puede que algo sí porque es mirarlo y acelerarte. Espera, espera un poco, que ahora no tengo mucha cobertura y cuesta seguirte a tanta velocidad. Apenas te oigo, ¿tú me oyes? ¿Sí? Pues entonces te cuento. Me bajé las películas que colgaste y las he visto. Oye, no sabía que existían películas en

blanco y negro, y todavía lo que es más fuerte, no hablan, tienes que leerlo todo, aunque tampoco es mucho. La primera que he visto es Number, Please?, la que interpreta Harold Lloyd, Mildred Davis y… ahora no me acuerdo. Sí recuerdo que es de 1920, porque me impactó mucho. Es raro verla así, sin color y muda, pero se entiende todo, como si hablaran. Además, una de las escenas más divertidas es la de cuando Lloyd compitiendo con el nuevo novio de su exnovia, va a un hotel para telefonear. ¿Te acuerdas? Ella va a subir en un globo con el primero que consiga la autorización de su madre para poder hacerlo. El novio se va en su coche a casa de la madre y Lloyd decide ir a un hotel cercano para telefonearle. En teoría él tenía las de ganar, pero el hall del hotel es un hervidero de gente que quiere utilizar los dos anuarios que hay para consultar los números de los abonados y los tres teléfonos públicos. La lucha por los teléfonos está llena de gags cómicos, como cuando consigue entrar en el cubículo para telefonear y las chicas de la centralita están de conversación y no tienen ganas de aten-

derle. O cuando en vez de conectarle con la madre de Mildred lo ponen al habla con otras personas produciéndose situaciones comprometidas. Pero, fíjate que parece que antes, en el principio del teléfono, era así. Me he documentado oye, y, ¿sabías que cuando se estrenó la película, la American Telephone and Telegraph Company intentó que cortaran todas esas secuencias burlonas? Afortunadamente no lo consiguieron, pero también hay que entenderlos. Verás, llevaban diez años con una publicidad que tenía de eslóganes frases como: Telephoning Against Time, The Instantaneous Answer, Saves Time and Steps o The Eficient Minute. Está claro que eran eso, eslóganes, porque al pobre Lloyd el teléfono no le ayudó ni a ganar tiempo ni a quedarse con la chica. ¡Uy! ¡Dios mío, Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar! Uf, ¡pero si hablo ya como tú! No tengo tiempo ahora de explicarte la segunda que pude ver, The Cameraman con Buster Keaton. La escena del teléfono era también muy divertida y… por cierto, tampoco gana tiempo, es hilarante. Oye, que tengo que dejarte, ¡qué tarde voy a llegar! ¿Te llamo luego? •

Buenas noticias • Por donDani Estábamos revisando las cifras de pobreza y precariedad laboral…

Ahí también somos una empresa líder.

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El punto de inflexión Mark Twain

de mi vida

I.

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i entiendo correctamente la idea, la revista Bazar nos invitó a varias personas a escribir sobre el tema enunciado en el título. Se refiere al cambio en mi trayectoria vital que haya posteSe trató de un momento de importancia capital. Y todos los incidenriormente producido el evento más importante de mi carrera. Pero tes, grandes y pequeños, de la vida previa de Julio César, condujeron también implica —quizá sin intención alguna— que ese punto de al mismo, paso a paso, eslabón por eslabón. Se trató del último eslainflexión en sí mismo fue el causante de la nueva condición. Esto bón, tan sólo del último, y no por ello más le concede demasiada importancia, una importante que los previos; pero cuando lo preeminencia desmedida, demasiado cré- Tú, lector, guardas un miramos a través de la bruma inflamatoria dito. Pues se trata únicamente del último interés personal con ese de nuestra imaginación, parece del tamaño eslabón dentro de una muy larga cadena de la órbita de Neptuno. de puntos de inflexión destinados a pro- eslabón, y yo también; al Tú, lector, guardas un interés personal ducir el resultado capital; en ese sentido, no es más importante que el más humilde igual que el resto de la raza con ese eslabón, y yo también; al igual que de sus diez mil ancestros. Cada uno de los humana. Fue uno de los es- el resto de la raza humana. Fue uno de los eslabones que conforman tu cadena vital, diez mil hizo su parte, en su fecha correslabones que conforman tu y uno de los de la mía. Podemos aguardar, pondiente, para que se desarrollara el plan, ahora, conteniendo el aliento, mientras Céy todos fueron necesarios. Dejar por fuera cadena vital, y uno de los sar reflexiona. Tu destino y el mío se ven alguno hubiera implicado que el plan no se produjera, y hubiera traído consigo al- de la mía. Podemos aguar- involucrados en su decisión. Mientras César cavilaba, se produjo el sigún otro resultado. Sé que acostumbramos dar, ahora, conteniendo guiente incidente: un individuo notorio por decir «tal o cual evento fue el punto de su aspecto noble y agraciado se encontrainflexión de mi vida», pero no deberíamos el aliento, mientras César ba cerca, sentado mientras tocaba la gaita. hacerlo. Simplemente deberíamos recono- reflexiona. Tu destino y el Cuando tanto pastores como algunos soldacer que su lugar como el último eslabón de mío se ven involucrados en dos se aproximaron a escucharlo, así como la cadena lo convierte en el más evidente; algunos trompetistas, tomó la trompeta de en importancia real, no tiene ninguna ven- su decisión. uno de estos últimos, corrió hacia el río con taja sobre sus predecesores. ella y, haciendo sonar la voz de avance con un lacerante estruendo, Quizá el punto de inflexión histórico más importante del que tencruzó hacia el otro lado. Al ver esto, Julio César exclamó: «Vayamos gamos registro haya sido el cruce del Rubicón. Suetonio dice: adonde disponen los augurios de los dioses y nos llama la perfidia de nuestros enemigos. La suerte está echada». Al llegar con sus tropas a la orilla del Rubicón, se detuvo un instante y, ponderando en su mente la importancia del paso que se encontraba Y cruzó, y cambió el futuro de la raza humana para siempre. Pero a punto de dar, se volvió con aquellos que lo rodeaban y dijo: «Aún ese extraño fue también un eslabón en la cadena vital de Julio César. podemos retirarnos; pero si cruzamos ese pequeño puente, no nos No conocemos su nombre, nunca más oímos hablar de él; se presenquedará más remedio que luchar con nuestras armas». tó de manera casual; actuó como si fuera un accidente; pero no fue ningún accidente, se encontraba ahí por la compulsión de su cadena vital, para hacer sonar el impresionante tronido que ayudó a decidirse al César, y se insertara por siempre en los pasillos de la historia. ¡Si tan sólo el extraño no hubiera estado ahí! Pero estuvo. Y César cruzó. ¡Con qué resultados! Qué vastos eventos: conforman un eslabón en la cadena vital de la raza humana; cada uno produce el siguiente, y ese el siguiente, y así sucesivamente: la destrucción de la república; la fundación del imperio; la caída del imperio; el ascenso del cristianismo sobre sus ruinas; la difusión de la religión hacia otras tierras, y así sucesivamente: cada eslabón ocupó su lugar determinado


en su tiempo determinado, incluyendo en su momento el descubrimiento de América; nuestra revolución, otro eslabón; el influjo de inmigrantes ingleses y de otros lugares, otro; su peregrinaje hacia el oeste (incluidos mis ancestros), otro; el asentamiento de algunos de ellos en Missouri, que resultó en mi nacimiento. Así que yo fui uno de los resultados inevitables del cruce del Rubicón. Si el extranjero que sonó la trompeta no hubiera aparecido (cosa que le resultaba imposible, pues era el eslabón asignado), César no hubiera cruzado. Jamás sabremos lo que habría sucedido en ese escenario. Tan sólo sabemos que lo que sucedió, no habría sucedido. Podría haber sucedido algo igualmente prodigioso, desde luego, pero su naturaleza y resultados están más allá de nuestra capacidad de conocerlos. Pero en lo personal lo que me interesa es que yo no estaría aquí ahora, sino en algún otro sitio; y probablemente sería negro: no hay forma de saberlo. Así que me alegra que haya cruzado. Y realmente muy agradecido, también, aunque hasta antes de ahora jamás lo había pensado.

II. El rasgo más importante de mi vida es para mí su aspecto literario. He sido un escritor profesional durante poco más de cuarenta años. Han habido varios puntos de inflexión en mi vida, pero aquel que fue el último en la cadena destinada a conducirme al gremio literario es el más manifiesto de dicha cadena. Porque fue el último. No fue más importante que sus predecesores. Todos los demás son menos visibles, con excepción del cruce del Rubicón; pero como factores para convertirme en un literato, todos adquieren la misma medida, incluyendo el cruce del Rubicón. Conozco la historia de cómo sucedió esto, así que contaré cuáles fueron los pasos para llegar aquí. El cruce del Rubicón no fue el primero, y ni siquiera fue tan reciente. Tendría que remontarme mucho más atrás de la época de Julio César para hallar el primero. Para ahorrar espacio, me remontaré tan sólo un par de generaciones y comenzaré con un incidente de mi infancia. Cuando tenía doce años y medio, mi padre murió. Ocurrió durante la primavera. Llegó el verano y trajo consigo una epidemia de sarampión. Durante una época, casi a diario moría algún niño. El pueblo se encontraba paralizado por el miedo, la tristeza y la desazón. Los niños no contagiados eran aprisionados en sus casas para evitar que se infectaran. En los hogares no había rostros alegres, no había música, no se cantaban sino himnos solemnes, no se escuchaban voces más que las de la oración. No se permitía correr por ahí, ni hacer ruido, ni reír, la familia se movía espectralmente, casi de puntitas, con un

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silencio fantasmal. Yo era un prisionero. Mi alma estaba impregnada de esta horrible melancolía… y de pánico. En algún momento de cada día y noche un escalofrío repentino me sacudía hasta la médula, y yo me repetía: «¡Ya está, me he contagiado y habré de morir!». La vida bajo esas miserables condiciones no valía la pena, así que me decidí a contagiarme de la enfermedad de alguna u otra forma. Me escapé de mi casa para ir a la de un vecino donde uno de mis compañeros de juego se encontraba muy enfermo de sarampión. Cuando tuve la oportunidad me escabullí a su recámara y me metí en la cama con él. Su madre me descubrió y me envió de nuevo a mi encierro. Pero estaba contagiado; no podían quitarme eso. Casi muero. El pueblo entero se interesó por mí, con ansia, y pedían noticias de mi estado a lo largo del día, varias veces. Todos pensaban que moriría; pero, para su gran decepción, durante el día catorce mi condición mejoró. Ese fue un punto de inflexión en mi vida. (El eslabón número uno). Pues, cuando me hube recuperado, mi madre terminó con mis días escolares y me envió como aprendiz de un impresor. Estaba cansada de tratar de evitar que me metiera en problemas, y la aventura del sarampión la llevó a decidirse a colocarme en manos más expertas que las suyas. Así que me convertí en impresor, y comencé a añadir un eslabón tras otro a la cadena que me conduciría a la profesión literaria. Un largo camino, pero yo no podía saberlo en ese momento; y como no podía saber cuál era la meta, o incluso si existía una, me resultaba indiferente. Y era feliz. Un impresor joven se desplaza bastante, en busca de trabajo. Y después debe buscar nuevamente, cuando la necesidad lo exige. Tomen nota: la necesidad es una circunstancia. La circunstancia es el amo del hombre, y cuando la circunstancia lo dispone, el hombre debe obedecer. Puede discutirle —tiene ese derecho, así como un cuerpo que cae puede discutir con la atracción de la ley de la gravedad—, pero no le servirá de nada: es preciso que obedezca. Así que deambulé durante diez años, bajo la guía y dictados de la Circunstancia, hasta que llegué a una ciudad en Iowa, donde trabajé durante varios meses. Entre los libros que me interesaron en esos días se encontró uno sobre el Amazonas. El viajero contaba el fascinante relato de su largo viaje por el gran río Para hasta la cabecera del Madeira, atravesando el corazón de una tierra encantada, una tierra inmensamente rica de maravillas tropicales, una tierra romántica donde todos los pájaros y flores y animales parecerían pertenecer a un museo, y donde los lagartos y los cocodrilos y los changos parecían tan en casa como en un zoológico. También contaba un increíble relato sobre la coca, un vegetal que producía poderes milagrosos: afirmaba que era tan nutritivo y daba tanta fuerza que los nativos de las montañas de la región de Madeira podían subir y bajar durante todo el día con una pizca de coca en polvo, y no requerían nada más. El anhelo de conocer el río Amazonas se apoderó de mí, al igual que el de incursionar en el comercio de coca con todo el mundo. Durante meses me entregué a ese sueño, y buscaba idear maneras de


llegar a Para y desarrollar la empresa a lo largo de todo un planeta que no la sospechaba siquiera. Pero todo en vano. Una persona puede planear todo lo que quiera, pero es difícil que ocurra nada importante hasta que el mago Circunstancia aparezca y se encargue del asunto. Así sucedió hasta que la Circunstancia acudió en mi auxilio. Sucedió de la siguiente manera. Circunstancia, ya fuera para ayudarme a mí o para causar da- ¿Podía haberle ordenado ño a otro hombre, lo hizo perder un billete de cincuenta dólares en la calle; y ya fuera la Circunstancia a otro para ayudarme o dañarme a mí, hizo que habitante de aquella ciudad yo lo encontrara. Di acuse de recibido del hallazgo, y partí para el Amazonas al día que fuera al Amazonas siguiente. Este fue otro punto de inflexión, y organizara el comercio otro eslabón. ¿Podía haberle ordenado la Circunstan- mundial de la coca, a partir Partí con rumbo a Cincinnati, pacia a otro habitante de aquella ciudad que del hallazgo de un billete sando por Ohio y Mississippi. Mi idea fuera al Amazonas y organizara el comerera embarcarme en Nueva Orleans con cio mundial de la coca, a partir del hallaz- de cincuenta dólares, y ser rumbo a Para. En Nueva Orleans prego de un billete de cincuenta dólares, y ser obedecida? No. Yo era el gunté, y averigüé que no existía ningún obedecida? No. Yo era el único que podía barco hacia Para. Me detuve a reflexiohacerlo. Había otros ingenuos por ahí — único que podía hacerlo. nar. Un policía se acercó para preguntoneladas de ellos—, pero no eran de mi Había otros ingenuos por ahí tarme qué hacía, y se lo dije. Hizo que especie. Yo era el único de mi especie. me pusiera en marcha, y dijo que si me La Circunstancia es poderosa, pero no —toneladas de ellos—, pero volvía a encontrar reflexionando en púpuede obrar por sí sola; necesita de un blico, me arrestaría. no eran de mi especie. Yo cómplice. Su cómplice es el temperamento A los pocos días me había quedado del hombre, su disposición natural. El tem- era el único de mi especie. sin dinero. Entonces apareció la Cirperamento de una persona no es invención cunstancia, con otro punto de inflexión nuestra, nacemos con él y no tenemos autoridad para modificarlo, en mi vida: un nuevo eslabón. De camino hacia ahí, conocí a un cani somos responsables por sus actos. No podemos cambiarlo, nada pitán de barco. Le rogué que me enseñara a navegar el río, y aceptó. puede cambiarlo, nada puede modificarlo… más que de manera temMe convertí en capitán. poral. Pero la modificación no dura mucho tiempo. El temperamento La Circunstancia volvió a hacer su aparición, esta vez con la introes permanente, como el color de los ojos y la forma de las orejas. Los ducción de la Guerra Civil, para acercarme dos peldaños más hacia ojos azules parecen grises bajo ciertas luces inusuales, pero vuelven a la profesión literaria. Los barcos dejaron de navegar el río, y con ello su color natural cuando cesa el efecto. perdí mi forma de ganarme la vida. Determinada Circunstancia puede ejercer coerción sobre una perLa Circunstancia vino al rescate con un nuevo punto de inflexión sona y no afectar a otra de distinto temperamento. Si la Circunstancia y un nuevo eslabón. Mi hermano fue nombrado secretario del Nuehubiera dispuesto el billete de cincuenta dólares en el camino de Julio vo Territorio de Nevada, y me invitó a acompañarlo y ayudarlo en César, su temperamento no lo habría conducido a intentar dirigirse la oficina. Acepté. al Amazonas. Su temperamento lo habría llevado a hacer algo con el En Nevada, la Circunstancia me condujo a la fiebre de la plata y dinero, pero no eso. Lo podría haber hecho advertir el billete, y espeentré en la minería para acumular una fortuna, o eso pensaba, pero rar. No podemos saberlo. También, lo podría haber hecho dirigirse a ese no era el plan. El plan era conducirme un paso más cerca de la Nueva York y conseguir un puesto en el gobierno, ocasionando que literatura. Para entretenerme, comencé a escribir para el periódico Tweed1 no aprendiera nada cuando llegara su turno. Enterprise, de la ciudad de Virginia. No se trabaja como impresor Muy bien, en mi caso, la Circunstancia proveyó el capital, y mi durante diez años sin montar toneladas de buena y mala literatura, temperamento me dijo qué hacer al respecto. En ocasiones, el temcon lo que se aprende —inconscientemente al principio, conscienperamento es un asno. En esos casos, quien lo posee es igualmente temente después— a discriminar entre las dos, dentro de las limitaun asno, y continuará siéndolo. El entrenamiento, la experiencia, la ciones mentales de uno; entretanto, sin advertirlo se adquiere lo que asociación, pueden refinarlo temporalmente, mejorarlo, exaltarlo de se conoce como «estilo». Alguno de mis textos atrajo atención, y manera que la gente piense que es una mula, pero se darán cuenta de que se equivocan. Artificialmente, es una mula, durante ese tiempo, pero en el fondo es un asno, y continuará siéndolo. Gracias a mi temperamento, yo era el tipo de persona que hace cosas. Que las hace primero, y las piensa después. Así que partí rumbo al Amazonas sin pensarlo más ni realizar preguntas. Eso fue hace más de cincuenta años. En todo este tiempo, mi temperamento no ha cambiado ni un ápice. He sufrido las consecuencias una y otra vez, amargamente, por hacer las cosas primero y pensarlas después, pero dichas torturas no me han enseñado nada: sigo haciendo las cosas bajo el influjo de la Circunstancia y el Temperamento, y las pienso hasta después. Violentamente. En los momentos en los que estoy pensando, incluso los sordos escuchan mis pensamientos.

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apreciado la oportunidad, pero perdido la ventaja por ser por naturaleza demasiado lento o demasiado rápido o demasiado dubitativo. En alguna ocasión se le preguntó al general Grant sobre un asunto que había sido ampliamente debatido por la opinión pública y los periódicos: respondió sin vacilar un instante. «General, ¿quién planeó el avance a través de Georgia?» «¡El enemigo!». Después añadió que es generalmente el enemigo quien planea las cosas por uno. Se refería a que el enemigo, por negligencia o por fuerza de las circunstancias nos deja un resquicio, y al ver la oportunidad, uno la aprovecha. Las circunstancias planean las cosas por nosotros, con la ayuda del temperamento. No encuentro gran diferencia entre un hombre y un reloj, salvo que el hombre tiene conciencia y el reloj no, y el hombre intenta planear cosas y el reloj no. El reloj no se da cuerda ni se regula, ello se proel Enterprise me mandó llamar y me hizo No encuentro gran diferen- duce de manera externa. Las influencias y parte de su equipo. cia entre un hombre y un las circunstancias externas le dan cuerda al Así que me convertí en periodista: otro hombre y lo regulan. Dejado a su suerte, eslabón. Gracias a y debido a la Circuns- reloj, salvo que el hombre el hombre no sería regulado, y el tipo del tancia, el Union de Sacramento me envió a tiene conciencia y el reloj tiempo que registraría no tendría ningún las Islas Sándwich durante cinco o seis mevalor. Algunos hombres raros son relojes ses, para escribir sobre el azúcar. Eso hice, no, y el hombre intenta maravillosos, que vienen en estuche de oro, pero incluí muchos asuntos externos que planear cosas y el reloj no. con mecanismos para ser balanceados y cono tenían nada que ver con el azúcar. Pero sas del estilo, y otros hombres son sólo senfueron esos asuntos externos los que me El reloj no se da cuerda ni cillos, dulces y humildes relojes Waterbury. condujeron al siguiente eslabón. se regula, ello se produce Yo soy un Waterbury. Un Waterbury de deMe dieron notoriedad, así que fui interminado tipo, podría añadirse. vitado a dar charlas en San Francisco. Y de manera externa. Las Los países son sólo individuos multipliacudí. Ganando buen dinero. Desde hacía influencias y las circunstan- cados. Realizan planes y la Circunstancia tiempo albergaba el deseo de viajar y ver aparece y los desbarata… o los potencia. el mundo, y ahora la Circunstancia me ha- cias externas le dan cuerda Algunos patriotas arrojan el té por la borbía arrojado amable e inesperadamente a al hombre y lo regulan. De- da de una embarcación; otros destruyen la la palestra y me proveyó de los medios. Así Bastilla. Los planes llegan hasta ahí, desque me uní a la «Excursión de la Ciudad jado a su suerte, el hombre pués entra en juego la Circunstancia, de Cuáquera».2 no sería regulado, y el tipo manera inesperada, y convierte estos moCuando regresé a Estados Unidos, la destos disturbios en una revolución. Circunstancia me aguardaba en el embar- del tiempo que registraría Así sucedió con el pobre de Colón. Ideó cadero —con el último eslabón—: el evi- no tendría ningún valor. un complejo plan para encontrar una nuedente, el definitivo, el eslabón victorioso: va ruta hacia un viejo país. La Circunstanse me solicitó que escribiera un libro, cosa que hice, titulándolo Los cia le reescribió su plan y encontró un nuevo mundo. Y él se lleva el inocentes en el extranjero. Así fue como me uní al gremio literario. Eso crédito hasta la fecha. No tuvo nada que ver con el suceso. fue hace cuarenta y dos años, y he pertenecido a él desde entonces. Necesariamente, el verdadero punto de inflexión de mi vida (y de Dejando el incidente del Rubicón en su sitio, puedo decir sin temor la tuya, lector) fue el Jardín del Edén. Ahí se forjó el primer eslabón a equivocarme que la razón por la que me dedico a la literatura es que de la cadena que en última instancia condujo a que me vaciara dentro tuve sarampión a los doce años. del gremio literario. El temperamento de Adán fue el primer mandamiento que Dios jamás le dictó a un ser humano en este planeta. Y fue el único mandamiento que Adán nunca pudo desobedecer. Rezaba: III. «Sé débil, sé agua, no tengas carácter, sé muy fácil de persuadir». El siguiente mandamiento, el de dejar a la manzana en paz, claramente Lo que me interesa, en cuanto a estos detalles hace, no son los dehabría de ser desobedecido. No por Adán sino por su temperamento, talles mismos, sino el hecho de que no pudiera prever ninguno, que mismo que él no creó y sobre el que no tenía ninguna autoridad. Pues ninguno fuera por mí planeado, que no fueran de mi autoría. La el temperamento es el hombre; aquello que se viste con ropajes y se Circunstancia, trabajando en conjunto con mi temperamento, los creó y los dispuso a todos. A menudo ofrecí mi ayuda, con la mejor de las intenciones, pero fue rechazada: por lo general, de manera poco cortés. Jamás conseguí planear algo y lograr que saliera tal como lo había planeado. Siempre salía de otra forma: de alguna forma con la que yo no contaba. Así que ya no admiro al ser humano —como prodigio intelectual— tanto como lo hacía de joven, cuando lo conocí en los libros y no en persona. Solía creérmelo cuando leía que tal o cual general había hecho algo brillante. Ahora sé que no fue así. Lo hizo la Circunstancia, auxiliada por su temperamento. La Circunstancia hubiera fracasado con un general de temperamento distinto: quizá habría


denomina Hombre es simplemente su Sombra, nada más. La ley del temperamento del tigre es: Matarás; la ley del temperamento de la oveja es: No matarás. Promulgar posteriores mandamientos donde se le exige al tigre que deje en paz al extraño gordo, o pidiéndole a la oveja que se manche las manos con la sangre del león no vale la pena, pues son mandamientos que no pueden ser obedecidos. Invitarían violaciones de la ley del temperamento, que es suprema, y que adquiere preeminencia sobre toda otra autoridad. No puedo evitar decepcionarme de Adán y Eva. Es decir, de sus temperamentos. No de ellos, pobres criaturas jóvenes e indefensas, dotadas de temperamentos hechos de mantequilla, pues la mantequilla necesariamente debe derretirse al contacto con el fuego. Y no puedo evitar desear que Adán y Eva hubieran sido pospuestos, y que en sus lugares hubieran estado Martín Lutero y Juana de Arco, aquel espléndido par con temperamentos de roble, no de mantequilla. Hubiera sido imposible que

Satanás los convenciera de comerse la manzana mediante persuasiones azucaradas, y ni siquiera con las llamas del infierno. ¡Eso hubiera cambiado la historia! Es un hecho. La manzana permanecería intacta; no habría raza humana; tú, lector, no existirías; ni yo tampoco. Y el muy antiguo plan de arrojarme al gremio literario habría resultado fallido. • Traducción de Eduardo Rabasa

1 William M. Tweed fue un prominente político estadounidense del siglo xix. (N. del T.) 2 Se refiere a un viaje de casi seis meses de duración, a Europa y la Tierra Prometida, a bordo de la embarcación Quaker City, que Mark Twain realizó en 1867 como reportero del San Francisco Alta California.

Me gusta esperar • Por Powerpaola

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Vivimos una nueva era

de obesidad

George Monbiot

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viene la siguiente sorpresa. Según un estudio de largo plazo llevado uando vi la fotografía, apenas pude creer que se trataba a cabo en la universidad de Plymouth, la actividad física de los niños del mismo país. Una imagen de la playa de Brighton, en 1976, es aproximadamente la misma de hace cincuenta años. Un artículo aparecida en el Guardian hace unas semanas, parecía mostrar una en el International Journal of Epidemiology encontró que, ajustando especie extraterrestre. Casi toda la gente era delgada. Lo mencioné para compensar por las diferencias en el tamaño corporal, no exisen mis redes sociales y me fui de vacaciones. A mi regreso, descubrí te diferencia entre la cantidad de calorías quemadas por los habique la gente seguía debatiendo al respecto. La acalorada discusión tantes de los países ricos, en comparación me condujo a leer más sobre el tema. ¿Cómo nos volvimos tan obesos, de manera tan Lo anterior quizá se deba con las de los pobres, donde la agricultura rápida? Para mi gran sorpresa, casi todas las de subsistencia continúa siendo la norma. explicaciones propuestas en la discusión re- a que la obesofobia es a Lo anterior sugiere que no hay una relación sultaron ser falsas. causal entre la actividad física y el aumento menudo una forma no Por desgracia no contamos con datos de peso. Varios estudios más sugieren que el consistentes sobre obesidad en el Reino tan velada de esnobismo. ejercicio, si bien es clave para otros aspectos Unido anteriores a 1988, y para ese enton- En las naciones más ricas, relacionados con la buena salud, es mucho ces ya se encontraba al alza. Pero en Estados menos importante que la dieta para regular nuestro peso. Algunos consideran que Unidos sí cuentan con cifras anteriores que las tasas de obesidad no guarda ninguna relación, pues entre más muestran que, por coincidencia, el punto son mucho mayores en ejercicio hacemos, más hambre nos da. de inflexión ocurrió alrededor de 1976. Repentinamente, más o menos en el momen- el fondo de la escala Otra gente señaló factores más oscuros: to en el que se tomó la fotografía, la gente socioeconómica. Están infecciones del adenovirus-36, el uso de antibióticos en la niñez y químicos que afecempezó a ser más obesa, y la tendencia ha fuertemente correlaciona- tan las glándulas endócrinas. Si bien hay continuado desde entonces. evidencia que respalda estos factores, y si En las redes sociales, mucha gente insis- das con la desigualdad… tió en que la explicación obvia es que estabien podrían explicar algunas de las variamos comiendo más. Otros señalaron, no sin algo de razón, que en ciones en el peso que muestra gente distinta con dietas similares, general la comida era repugnante en 1970. También era más cara. Haninguno parece ser lo suficientemente fuerte como para explicar la bía menos lugares de comida rápida y los establecimientos cerraban tendencia general. más temprano, con lo cual si te perdías el té de la tarde, te quedabas Entonces, ¿qué ha sucedido? Un vistazo más detallado a las cifras con hambre después. nutricionales comienza a arrojar luz sobre el tema. Sí, comíamos más Así que aquí está la primera gran sorpresa: en 1976 comíamos más. en 1976, pero distinto. Hoy en día, consumimos la mitad de leche Según cifras oficiales, en la actualidad consumimos un promedio fresca por persona, pero cinco veces más yogurt, tres veces más helado de 2,130 kilocalorías por día, cifra que al parecer incluye golosinas y —atención con esto— 39 veces más postres. Comemos la mitad y alcohol. Pero en 1976 consumíamos 2,280 kilocalorías, sin contar de huevos que en 1976, pero tres veces más cereales para el desayuno alcohol y golosinas, o 2,590 si se incluyen. No veo razón para desy el doble de tentempiés de cereal; la mitad de papas, pero tres veces confiar de estas cifras. más papas fritas. Y aunque nuestra ingesta directa de azúcar ha caído Otros insistieron en que la causa reside en el declive del trabajo pronunciadamente, es probable que haya incrementado el azúcar que manual. De nuevo, parecería un razonamiento lógico, pero las cifras consumimos en bebidas y golosinas (contamos con cifras sólo a partir tampoco lo respaldan. Un artículo publicado el año pasado en el de 1992, y para ese entonces ya había una tendencia al alza. Quizá, International Journal of Surgery afirma que «los adultos que trabadado que consumíamos sólo 9 kilocalorías diarias en bebidas en 1976, jan en profesiones manuales no calificadas tienen una probabilidad a nadie le pareció que eran cifras que valía la pena monitorear). En cuatro veces mayor de ser clasificados como mórbidamente obesos, otras palabras, las oportunidades para atiborrar nuestra comida con en comparación con los que desempeñan trabajos de oficina». azúcar se han disparado. Como han sugerido desde hace tiempo algunos expertos, aquí parece estar la explicación. ¿Y qué hay del ejercicio voluntario? Mucha gente argumentó que El cambio no se produjo de manera accidental. Como argumentó como ahora conducimos en lugar de caminar o ir en bicicleta, estamos pegados a las pantallas y pedimos la comida a domicilio, haceJacques Peretti en su película The Men Who Made Us Fat, las compamos menos ejercicio que antes. Parecería tener sentido, así que aquí ñías de alimentos han invertido fuertemente en diseñar productos


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Ilustración de Oscar Rodríguez

que utilizan el azúcar para sobreponerse a nuestros mecanismos de control naturales del apetito, así como en presentar y promover estos productos para vencer lo que queda de nuestras defensas, incluida la utilización de esencias subliminales. Estas compañías emplean ejércitos de científicos nutricionales y psicólogos que nos engañan para que comamos más de lo que nos hace falta, mientras que sus publicistas utilizan los últimos descubrimientos de la neurociencia para sobreponerse a nuestra resistencia. También contratan científicos y centros de estudios dispuestos a ello para confundirnos sobre las causas de la obesidad. Sobre todo, al igual que hicieron las compañías tabacaleras con el fumar, promueven la idea de que el peso es un asunto de «responsabilidad personal». Tras gastar miles de millones en derrotar a nuestra fuerza de voluntad, nos culpan por no lograr imponerla. A juzgar por el debate que suscitó la fotografía de 1976, la estrategia parece estar funcionando. «No hay excusas. ¡Responsabilícense de sus vidas, amigos!». «Nadie te obliga a comer comida chatarra, es una elección personal. No somos roedores». «A veces pienso que la seguridad social gratuita es un error. Le concede a la gente el derecho de ser perezosa y obesa, porque les hace creer que cuentan con el derecho a que el gobierno se los resuelva». El placer que produce juzgar a los demás se entremezcla de manera desastrosa con la propaganda de la industria. Nos encanta culpar a las víctimas. Más preocupante es la estadística recogida en un artículo publicado en la página web The Lancet, que establece que 90% de los

funcionarios a cargo de elaborar políticas públicas piensan que la «motivación personal» es «una influencia fuerte o muy fuerte en el alza de la obesidad». Estas personas no ofrecen ninguna explicación para saber por qué el 61% de los británicos que padecen de obesidad han perdido su fuerza de voluntad. Pero esta improbable explicación parece ser inmune a la evidencia en sentido contrario. Lo anterior quizá se deba a que la obesofobia es a menudo una forma no tan velada de esnobismo. En las naciones más ricas, las tasas de obesidad son mucho mayores en el fondo de la escala socioeconómica. Están fuertemente correlacionadas con la desigualdad, lo cual ayuda a explicar por qué la obesidad es un gran problema en casi todos los países europeos y de la ocde. Hay artículos científicos que muestran que el menor poder adquisitivo, el estrés, la ansiedad y la depresión asociadas con un bajo nivel social hacen que la gente sea más vulnerable a las malas dietas. Al igual que a la gente desempleada se le culpa por el desempleo estructural, y la gente endeudada es culpada por los exorbitantes costos de la vivienda, a la gente obesa se le culpa por un problema que es de carácter social. Pero es cierto, hace falta que impere la fuerza de voluntad… pero la de los gobiernos. Sí, necesitamos ser conscientes de la responsabilidad personal… por parte de quienes elaboran las políticas. Y sí, hace falta ejercer control, sobre aquellos que han descubierto nuestras debilidades y las explotan sin piedad. • Traducción de Eduardo Rabasa


Where you been?

Por Wenceslao Bruciaga

Acoso y meados

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e acordé de esta anécdota ahora que le doy vueltas a mi participación en una mesa como parte de las actividades del Hay festival Querétaro, en donde se debatirá sobre el movimiento #metoo: conocí a Dave Navarro, el insaciable guitarrista que reubicaba la fuerza del trasteo heavymetalero en las riberas andróginas de un rock estilizadamente lunático, gracias a los manoseos glam y darkis con los que Perry Farrell dio forma al sonido de Jane’s Addiction, que rasgaron el cielo con el lanzamiento del Ritual del Habitual y de cuya gloria nunca volvieron a recuperarse. Los Porno for Pyros son algo así como una secuela afortunada y sólida, pero también otra cosa distinta al desmadre visceral de la Juanas Adicción, con un pie en el arte contemporáneo, defensores del porno y frontalmente gays, quizás por eso los escucho más seguido, sin que esto reste importancia a la perversa y genial influencia que Jane’s Addiction dejó en mí. Me arrepiento de no haber pasado más tiempo con él, quería preguntarle cómo es que habían compuesto esa pieza demencial, Ted, just admit it… lobotomía hecha con jazz y riffs como motosierra a la mente del asesino serial Ted Bundy y que incluye aquella cresta verbal en la que Perry sentencia a lo fanático religioso: Sex is violence! Como casi siempre, lo eché a perder por culpa de ese impulso por mamar verga que según yo debe indemnizarse si no quiero sentirme un fracasado sexual. Bueno, el regimiento de rubias con sus tetas prominentes y sobrenaturales chocando unas con otras tuvieron que ver también, provocándome una sensación de asfixia, como si estuviera atrapado al interior de esas máquinas dispensadoras de chicle. Era el after que siguió a la ceremonia de los premios Fans of Adult Media Entertainment (F.A.M.E.) a lo mejor del porno gringo según la votación del público en general. Resultó que una de las categorías fue presentada por Dave Navarro y Carmen Electra, el premio a la mejor y más sucia actriz porno o algo así. Apenas dejó el escenario, corrí a hacerle una entrevista banquetera. Le llamó la atención que las candidatas a un F.A.M.E Award no me distrajeran como al resto de los reporteros,

y básicamente me la pasé preguntándole sobre sus recuerdos del toquín de 1990 en el lucc del entonces df, cuyo registro abre la película de Farell, The Gift; todo esto debió ocurrir en 2007 o 2008, cuando la revista Quo me mandaba a cubrir esa clase de eventos para sus cotizados especiales de sexo. La premiación acabó, el salón de eventos en cuestión de segundos parecía el lobby de un hospital, y de pronto estaba náufrago en medio del Centro de Convenciones de Los Ángeles, preguntándome cuál sería el bar leather más siniestro de la, con una desorientación paralizándome la jeta. Hey you, gritó alguien. Era Dave Navarro, diciendo que por qué tan perdido, me dijo que lo siguiera, y de pronto estaba en un auto con el guitarra de Jane’s Addiction y un regimiento de mujeres porno que me convidaban champaña. Nos fuimos al after. Cuando les dije que era gay, todas las actrices prometieron que le marcarían a la verga más grande de California, según esto me volvería loco, pues junto a ese fierro la Hatori Hanzo es sólo un mero untador de mantequilla. Las muy mentirosas. Ya pedo, la tersa intimidad femenina empezó a amenazarme. Me sentía muy dichoso, pero también despavorido. Le dije a Dave que todo muy chido pero ya no podía más, necesitaba ir a lo mío, a lo directo y depredador del sexo gay, sin configuraciones opuestas. ¿Sabes de un lugar donde me acosen y me dejen seco y trafiquen con mi intestino? Acosen, sí. Utilicé esa palabra, no a la ligera, con todo el peso del deseo. Dave me dijo que no estaba muy lejos de un lugar hecho a la medida de mis fiebres. «Caminando llegas, a dos, tres cuadras de aquí, pero con cuidado porque ya estás muy pedo», me advirtió. Pinche Dave, es un rockstar de los buenos, de los

que a pesar de la fama sigue dominando el subterráneo a tal grado que sabe de sex clubs gays maniacos que ni siquiera tienen letrero: al llegar, sabes que es el Slammer por sus famosos números pseudograndes sobre una marquesina amarilla. Era enorme, de paredes negras con arquitectura de laberintos y jaulas y glory holes, y donde las mujeres tenían prohibida la entrada. Dave Navarro me había leído la mente. Era lo que necesitaba. Aunque, para ser las primeras horas de la madrugada del domingo, estaba aparentemente abandonado. No había meado desde el centro de convenciones y parecía que el Slammer había escondido el baño en el infierno. Hasta que vi a un tipo sacarse la verga y orinar en la profundidad de un cuarto bañado de brumosas luces rojas y púrpuras, donde la fiesta se concentraba. Cinco minutos después supe que estaba meando sobre el torso de un tipo desnudo al fondo de una bañera. Era sábado de watersports en el Slammer, como se le conoce al fetiche de los orines en el mundo gay. El piso era una gruesa alfombra de charcos de meados y un olor que picaba los ojos se mimetizaba con el vapor de poppers y sobacos amargos. Siempre te estaré agradecido por ello, Dave Navarro. ¿Cómo abordar el acoso con mi sexualidad gay intensa, cuando no extrema? Muchas noches no logro dormir al pensar que sin el acoso probablemente no habría podido darme cuenta, con certeza, de que me gustan los hombres, y mantenerme virgen hasta los cuarenta, en cuanto a la vagina, quiero decir. Recuerdo que hubo momentos en que las caricias de las actrices porno parecían que rebasaban mi intolerancia al estrógeno. ¿Fue acoso? No lo sé. Era un mundo al que no pertenezco. • @distorsiongay

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Muertho no te mueras nunca

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a música, bendita sea, me ha llevado a lugares insospechados. A Gómez Palacio, por ejemplo. Siempre he sentido un orgullo secreto hacia esta ciudad. Por su alta población rocker. Por la agitada vida nocturna que prodigaba hasta antes de la guerra vs. el narco. Por ser uno de los laboratorios sociales más interesantes que ha producido este puto país. Pero la frecuento poco. Visitas esporádicas para comprar cerveza. Es una tierra donde no cunde la ley seca. Pero nunca me interno más allá de su frontera. Aquella noche agonizaba. El puto dengue me mantenía postrado en cama. Como al veterano de guerra del video «One» de Metallica. Lamentándome porque Tropicalísimo Apache y La Sonora Dinamita se presentaban en La Plaza de Toros de Lerdo. Me perdería el cumbión. Sin Yolanda, Guadalupe. La música es como el matrimonio: tanto en la salud como en la enfermedad. Pero en ocasiones el puto cuerpo te apuñala por la espalda. Decidido a aburrirme hasta la médula, no consigo recordar cuándo fue el último sábado que me quedé en casa, platiqué poquito con mi hígado: «Ni pedo, compa, este finde no te vas a hinchar». Entonces recibí la noticia. El Muertho de Tijuana tocaba en el Ojo de Tigre en Gómez Pachuco. Y como ya te la you know: «en Gómez te la comes». No existe mejor remedio moral, físico o espiritual que el con fleis. Le marqué a mi Dylan. A la tercera línea me di un chagüer. Así como Ben se metía a bañar con tellas de vodka en Leaving Las Vegas, a mí me late colocarme bajo la regadera con la nariz aturradota. Que El Muertho se presentara primero en Gómez antes que en Torreón es sintomático de lo que menciono. Encima del escenario del Ojo de Tigre titila una leyen-

da en neón. «El punk no ha muerto». Ves, pinche dengue, te lo dije. Era una noche especial. Quedarme en casa hubiera sido la pendejada del año. Traía la jeta color de las carnes frías echadas a perder. Cuando entré al camerino, El Muertho ya estaba maquillado. Se rumora que sólo unos cuantos le han visto el rostro. Cuando anda de civil se cubre la cara con su cabello de muñeca arrumbada y unos sunglasses baratos. Sin aspavientos, sin divismos, mientras nos transmitíamos la hepatitis pasándonos una caguama, El Muertho desapareció. Necesitaba estar a solas antes del show. Mentalizarse. Cualquier otro nos habría abierto a la chingada, pero El Muertho se salió a pasear, como una viejecita que sale por el pan. Imaginen la escena. Gómez Palacio, una ciudad post-industrializada, devastada por la guerra vs. el narco, luchando por recuperar su vida nocturna, con un vejete con un brasier, pintarrajeado, con unas plataformas que hacen ver a Gene Sim-

mons como un pendejo, deambulando por sus calles. O se trata de una aparición, una alucinación producida por el dengue, un güey fugado de con Nicho, un extra de The Walking Dead o de El Muertho de Tijuana, músico, performancero, fan de Kiss y abanderado del nuevo posmodernismo. La muerte del modernismo engendró el posmodernimo, la muerte del posmodernismo engendró el nuevo posmodernismo, y el nuevo posmodernismo engendró a El Muertho. A simple vista podría parecer, por el desparpajo que promueve su figura, que se toma las cosas con ligereza. Pero El Muertho es cosa seria. No tanto por la disciplina que exige su personaje, sino por ese momento a solas que reclama antes de cada actuación, un gesto cercano a la meditación. Si El Muertho fuera una señora, seguro sería yogui. El cuerpo ya lo tiene. Exhibe una flacura correosa (es la envidia de Robert Smith, de The Cure). El Muertho pertenece a esa generación para la cual


Psycho Killer

Por Carlos Velázquez Kiss lo es todo. De unos años a la fecha se puso de moda denostar a Kiss. Incluso un sector de metaleros se refieren a ellos como los Payasónicos. Pero su influencia es incalculable. Sin ellos, El Muertho, Pellejos y los Melvins no existirían, por citar tres ejemplos. «Zombie», de Cranberries, inundó el ambiente. Era el preámbulo para «Sadness», de Enigma. Que es a su vez el preámbulo para que El Muertho vuelva de la tumba. El Ojo de Tigre estaba abarrotado. Unos ochenta fieles aguardaban por el show. El Muertho tuvo que abrirse paso entre la gente. La noche anterior había tocado en Saltillo para menos de veinte personas. Qué pensaban los promotores. Saltillo es un pueblo dentro de una iglesia. Pero Gómez le hizo justicia al arte de El Muertho. Sin más escenografía que la escueta decoración de halloween del lugar, y acompañado de su teclado, se apoderó del escenario. Se trepó sobre un banco y el público le propinó una ovación pletórica. Todos los congregados eran fans auténticos. Y se conocían el repertorio. La siguiente hora corearían, unos a grito pelado, las canciones. «Chingue a su madre Peña Nieto» fue el buenas noches. «A la verga los viejos», profería. Luego comenzó el jelengue con «Viejo decrépito». «Viva la juventud», «ustedes son la promesa de este país», «los viejos ya valimos verga», salmodiaba. Y en este mensaje, que bien se puede interpretar con sorna, una crítica a su público, conformado en su mayoría por morros, se encierra en gran medida el arte de El Muertho. Su principal instrumento de trabajo es él mismo. El escarnio hacia su persona es su materia prima. Le fascina burlarse de sí mismo. Sería sencillo afirmar que El Muertho no se la cree. Pero es un error. Se la cree. Y un chingo. Pero entre tanta irreverencia asoma una declaración de principio implacable. Desde siempre, y no nos engañemos, la gente ha incursionado en la música persiguiendo la fama. El Muertho lo tiene claro: no se metió a la música para hacer dinero, tener coches y todas esas puñetas mentales que acompañan el rock. «Chinguen a su madre los chilangos», «Chinguen a su madre los regios», «Chinguen a su madre los tapatíos», «Chingue a su madre Tijuana», «Arriba

Gómez Palacio», exclamaba. Pero no como el artista extranjero que viene a México y grita «Arriba el ezln». Salpicado de iconoclastia, El Muertho establece un vínculo con el público como pocos artistas. Y es la prueba viviente de la gran salud de la que goza el underground mexicano. Y en medio de tanta mentada de madre soltó ese grito de guerra que es «Satánica». Que fue coreado por la asistencia. Y la audiencia rugió. El Muertho es más que un performance. Detrás del show, de las lamidas que le propina a la cruz que cuelga en su pecho, como si fuera un falo, está la música. Y con un solo teclado, al que le exprime samplers y secuencias, El Muertho ha conseguido unas canciones que destacan por su personalidad. E hilarantes hasta lo friki. En un punto de su presentación se volvió a trepar al banco y con Alejandra Guzmán como fondo inició un strip tease. Se bajó los calzones pero tenía los güevos en posición de mengaina. Lo que arrancó los chiflidos y los aplausos de los congregados. El kitsch solo no alcanza a explicar un fenómeno como El Muertho de Tijuana. Y cuando volvió a sentarse al teclado se puso a brindar con la concurrencia con cuanta caguama le ofrecían. Y volvió a arremeter contra las principales ciudades del país y a echarle porras a Gómez. En un punto de la noche subió a un morro al escenario y le asestó un beso en la boca. Y en otro subió a un bailarín y simuló una cópula entre su boca y el miembro del extra. Acto que no escandaliza a nadie. En 1969 Jim Morrison hizo lo propio con su guitarrista. Y estuvo a punto de ir a prisión por exhibicionista. Sin embargo, el teatro de El Muertho está cargado de simbolismo. En la actualidad, cuando la guerra en contra del machismo está en su punto más álgido, se nos olvida lo que el arte de El Muertho propone. Como ningún otro artista, socava el machismo inmisericordemente. Con un outfit que remite a cierto hair metal y al glam de Kiss pero que también anuncia el machismo del heavy metalero, subvierte los roles. Evidencia los vicios del género. Muy malos, tatuados, rockeros: pero putos. El Muertho hace un señalamiento añejo, pero siempre pertinente. Critica al machismo sin miramientos. Despoja de su máscara la hipocresía de la heteronormatividad. Todo musicalizado con su teclado que a ratos suena a Depeche

39 Mode, (ochentas puros y duros), por momentos a bar de mala muerte, a teclado del bar de Sanborns y en ocasiones a vil rock Chavana. El Muertho es un letrista hábil. Sus canciones no son chistes, aunque no puede uno dejar de pensar que, si Polo Polo se hubiera dedicado a la música, sería El Muertho. Si buscáramos referentes en el arte de El Muertho, además de lo evidente y lo citado, se antoja como el hijo, no, más bien el hermano, del movimiento rupestre. Pero en la estela de la parafernalia del rock entendido como espectáculo circense a la manera de Kiss. Y la maledicencia de El Viejo Paulino. Sonaron «Rock para Satán» y «Malandro». Y el público demostró que no eran villamelones. Cantaron con El Muertho. Que ha amasado a sus fieles seguidores con sus letras ingeniosas, mezcla entre la crítica social (sin panfleto en mano) y el lenguaje popular. En cada una de sus composiciones se escucha la ciudad. Una pausa devino para que El Muertho, que ya está ruco, agarrara aire. Con «Eye of the Tiger», de Survivor, tenía que rendir tributo al recinto, recorrió todo el lugar. La pipol se tomó fotos con él. Lo palmeó como si fuera el mismísimo Rocky. Y lo regresaron cargado al escenario. «Con esta rola me voy a despedir», amenazó. «Cristo ha regresado», el himno de esta generación, funcionó como una falsa salida. Porque, apenas acabó, atacó otra rola. Un amague de encore. Luego volvió a tocar «Viejo decrépito». Porque El Muertho es un desmadre. Y en medio del desconcierto calculado que es, también hay espacio para el caos. Y repetir una canción, más allá de una petición del público (que no fue el caso, El Muertho la tocó porque se le hincharon), es un gesto que sólo tiene el borracho de bar. Está tan pedo que no sabe ni lo que acaba de hacer. Como besar güeyes. Y entonces El Muertho se despidió. Después de recetarnos una dosis de nuevo posmodernismo. «Viva Gómez Palacio», gritó. «Me quiero quedar a vivir aquí», confesó. Dios nos libre. Ojalá lo haya dicho por la calentura del momento. Y no lo esté considerando seriamente. •


NOVEDADES DE SEPTIEMBRE EL NERVIO PRINCIPAL

Daniel Saldaña París

«Desenfadado y socarrón pero también vulnerable y diáfano, el lenguaje de Saldaña París le estalla en la cara al lector: un resplandor». Valeria luiselli

LOS CAÍDOS

Carlos Manuel Álvarez

«Carlos Manuel Álvarez antepone, ante el escarnio de las doctrinas, la carne de los hechos». iVán de la nuez, BaBelia

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