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RECUENTOS BRUJOS

7. RECUENTOS LABORALES - Recapitulación -

RECUENTO DE FRACASOS LABORALES 0 LOS SÓTANOS. Ya desde chico pintaba bien. Así que mi primer intento de buscarme la vida fue vender óleos a los sórdidos marchantes de los desaparecidos Sótanos de la Gran Vía. Primer fracaso. Eran obras trabajadas, pero ahora veo claro que eran inmaduras. 0 GALERÍAS. Me dijeron que no hiciera concesiones. Mi línea era el dibujo a tinta. Así que preparé un book y me pateé las galerías del centro. Nadie me dio esperanzas. Una galerista en Recoletos alucinó con el cuadro de los 40 enanos, pero no me lo compró. Otro galerista, maricón taimado, me tuvo engatusado durante meses con sus promesas, pero al final solo quería llevarme al huerto. Me desanimé. 0 EL RASTRO. A lo mejor el problema estaba en los intermediarios, pensé. Así que me hice un hueco en el Rastro, en la empinada calle de los pintores, para ver qué cara ponía la gente. Bueno; no tenía dinero para enmarcarlos, así que colgaba mis dibujos colgados con pinzas, como paños de cocina. Seguía siendo primerizo, pero esta vez los había peores que yo, sobre todo más asquerosamente comerciales. Es igual. Seguía vendiendo menos que ninguno. En tres meses de puntual madrugón dominguero solo vendí dos originales. Abandoné. 0 LIBROS PERDIDOS. Por aquel entonces escribía mucho. Sobre todo en Málaga, debajo de los jazmines. Terminé una obra sobre un mago muerto, confinado en una cúpula nevada. Y otra, casi rozando el Gog de Pappini, sobre un grupo de “plasmadores” de sueños que se movían por los montes de Pizarra. Nadie quiso leerlas, y mucho menos los editores. Acabé destruyéndolas, en un ataque de ira. Qué error. 0 PRIMEROS GRUPOS. También había aprendido a tocar la guitarra, y tenía por compañero de clase nada menos que a Pablo Múzquiz, un músico tocado de Dios. Intenté por todos los medios formar grupo con él y su batería, y llegamos a hacer un par de actuaciones. Pero eran demasiado para mí. Con 14 años ya hacían rock sinfónico, y yo un pop filosófico sin pies ni cabeza. No estaba a su altura. 0 SETIÉN. Acabé estabilizándome un poco con Setién y Jose Miguel, dos colegas del barrio, más a mi nivel. Teníamos un equipo de la primera guerra mundial, endosado por el mítico Mario Gómez, pero conseguimos dar varios conciertos, siempre en disputa con el grupo de Kike, que era nuestro rival. El mejor concierto fue precisamente el del colegio, pero Pablo ni siquiera asistió. 0 CLASES PARTICULARES. La música no me daba un duro, así que me puse a dar clases particulares a mansalva. EGB a dos críos del Parque de las Avenidas, guitarra a dos alumnas más creciditas de la zona de Atocha, y dibujo a un francés inquieto que vivía en un caserón en El Viso. Estuve un año así, pero tampoco me cundía. Me gastaba más en transportes. 0 RESEÑA. Había empezado la carrera. Había un profesor jesuíta que colaboraba activamente en una revista de crítica literaria. Le insistí tanto en que me dejara colaborar con ellos (el mundo editorial me atraía mucho), que me llevó un día al consejo de redacción. Pero el nivel que tenían me sobrepasaba tanto que no pude articular ni una palabra. Me quedé abrumado, avergonzado y frustrado. 0 CAMIONES DE LECHE. En verano, en Málaga, por orgullo y por dinero, me puse a trabajar en el almacén de mi tío descargando camiones de leche, varias mañanas a la semana. Los retrasos de mi tío y los fétidos efluvios de los cartones reventados eran realmente espeluznantes. Pero al menos vi que podía aguantar la traca. 0 RADIO JUVENTUD. Debí haberme quedado en el almacén, pero me salió una oportunidad de trabajar como locutor de radio, de la mano de Ignacio Ojeda, presentando un programa de jazz. Mi cabeza se llenó de posibilidades. Preparé los programas a conciencia. Pero me ponía nervioso, y me faltaba documentación y oficio. A los cinco semanas me


dieron carpetazo. 0 MUDANZAS. Necesitaba algo más sólido, y necesitaba hacer ejercicio, así que, de vuelta en Madrid, me metí en una cuadrilla de transporte de muebles, de sol a sol, decidido a coger el toro por los cuernos. Pagaban al día, así que podía compaginarlo con las clases. Pero el esfuerzo físico y mi falta de maña resultaron inimaginables. Aguanté cerca de dos meses, hasta que una mañana, meneando una caja de caudales, me dio el flash y salí corriendo. 0 DÚO CON ALBERTO. Todo el mundo me decía que me estaba equivocando. Claro. Pero lo único que quería era trabajar y ganar dinero; ¿qué tenía eso de malo? Me centré otra vez en la música, esta vez formando un dueto de guitarra con mi hermano, que había cogido bastante nivel. Llegamos a tocar en alguna sala donde la gente nos aplaudió a rabiar, pues eran temas muy elaborados, realmente buenos. Pero el problema es que teníamos muy poco repertorio, y nunca llegamos a pasar de ahí. Aparte de las consabidas rivalidades fraternales, ocurría que a mi hermano no le interesaba realmente vivir de la música. 0 JUAN M. El último intento de formar grupo fue con Juan Múzquiz, el hermano de Pablo. Conseguimos reunir un buen montón de músicos, y un local en condiciones, pero yo aún seguía sin tener un equipo en condiciones, y no había nadie en el grupo con suficientes ideas como para darle cohesión al proyecto. No conseguimos pasar del nivel de los ensayos y las improvisaciones. 0 DISC-JOCKEY. Llegó otra vez el verano, y esta vez me puse a pinchar discos en una discoteca de Estepona. Vivía de prestado en una habitación de servicio, en el hotel de un amigo. Aguanté los dos meses, pero ya se sabe que para triunfar en la noche uno tiene que ser muy enrollado y al mismo tiempo saber controlar a tope. Al final iba ya un poco agobiado, y no le caí bien a los personajes clave. No fue una gran experiencia. 0 TRAPICHA. Empecé a desesperarme. Así que con lo poco que había salvado del verano pillé una buena postura, y me puse a trapichear por las esquinas de Malasaña. Si otros podían hacerlo, ¿por qué yo no?. Pero estaba aislado, sin un local de base ni un vendedor adecuado. Me acabaron robando la chupa, en el Penta, con varios talegos en el bolsillo; y otros tantos se me mojaron en un charco. Negocio arruinado. 0 DELINEANTE. Nací para equivocarme. Debería tatuármelo en la frente, ya lo sé. Ya en previsión de que la carrera no funcionara había estado año y medio aprendiendo delineación en una academia del centro. Otro inútil gasto más. Pues aunque aprendí bien el oficio, confiado en mis posibilidades por mi talento gráfico y mi buena cabeza para el cálculo, me tiré tres meses buscando algún estudio sin conseguir ni siquiera un empleo eventual como calcador. Me acabé mosqueando y mandándolo todo a la mierda. 0 DECEPCIÓN EN LA CARRERA. Mi cabeza empezó a desmoronarse. Me estaba quedando seriamente enganchado y tuve que optar entre confesarlo en casa para poder acabar los estudios en la Universidad o cortar por lo sano y escapar del círculo vicioso y del “Madrid me mata”. Opté por lo segundo. Al fin y al cabo, estaba muy inconforme, muy defraudado con el plan de estudios: aquello eran matemáticas aplicadas; para nada el noble estudio de la personalidad o de la percepción. Era absurdo que la asignatura más fuerte de la carrera de Psicología fuera precisamente la estadística. El conductismo imperaba despóticamente en todos los departamentos. Aquello no tenía ni pies ni cabeza. 0 EL CAMPAMENTO. Sin embargo, como estaba seco, la única posibilidad de salir de Madrid era renunciando a las prórrogas y asumiendo la mili como una terapia de choque, un desafío de guerrero para cambiar de aires y desengancharme del caballo por las malas. No hace falta explicar lo mal que lo pasé. En pleno invierno, y en Vitoria, se me juntó el mono con la brutalidad de los disparates militares y con una espantosa faringitis que me hizo incluso escupir sangre. Por poco me muero. Fue realmente espantoso. 0 DESERTOR. Estaba claro que me había equivocado (otra vez, cómo no) metiéndome en la mili, así que en el permiso tras la jura de bandera mangué algo de dinero en casa y me escapé a Granada. Aterricé en casa de una potente peña en el Albaicín, cuyos cabecillas eran dos yonquis que se tiraron el rollo conmigo y me acabaron empleando de chófer para sus movidas. Pero me hicieron consumir tanto costo y tranquilizantes (pues no quería darle al caballo), que acabé medio colgado y se hartaron de mi. Decidí volver a Madrid a pedirle algo de dinero a una amiga pero, por una increíble casualidad, me encontré a mi abuela en los pasillos del tren. Una especie de milagro. Y claro, la pobre me suplicó y me lloró tanto, que me convenció para dejar de huir y presentarme de nuevo en el cuartel. 0 EL CUARTEL. Lo cual no significó que se acabaran los líos, por supuesto. Pues no habían pasado dos semanas desde que salí del mes de calabozo que me había caído por desertor, cuando me pillaron falsificando recetas de la farmacia militar. Me cayeron 6 meses más en el calabozo y otros 6 en una compañía disciplinaria. Maniobras todas las semanas. Aprendí mucho sobre mulos de carga y supervivencia en bosques helados bajo el mando de oficiales que estaban aún más colgados que yo. Creo que es difícil imaginar una mili más dura, y aún ahora, treinta años después, sueño pesadillas en las


que todavía no me he licenciado. Pero al menos me hinché de caminar por los montes, y salí limpio de drogas y más fuerte que un toro. 0 PEÓN DE VIVERO. En uno de los poquísimos permisos que tuve me había enrollado con una socióloga, y cuando por fin salí de la mili (el último de toda mi compañía), nos hicimos con una buhardilla de ensueño en el mismísimo Lavapiés. Conseguí trabajo en un vivero de plantas, en Herrera Oria. Buen rollo. Simientes, riegos, esquejes, podas, flores preciosas y dulces olores. Las cosas fueron sobre ruedas mientras duró el buen tiempo. Pero el invierno madrileño es bestial para trabajar al aire libre; y mantener maceteros interiores en edificios de seguros me resultaba grotesco y degradante. Empecé a caerle mal al jefe, y a su hija. No me renovaron el contrato. 0 FFF. A través de un familiar me metí entonces como comercial, mira por dónde, en el Forum Filatélico Financiero, que años más tarde resultaría ser un fraude de primera. Ya por entonces era irrespirable su ambiente de empresa de postín, impenetrable como una secta, de estrategias americanas y ejecutivos inalcanzables, el más Poncio Pilatos de los cuales era el aún jovencísimo Briones. El negocio: vender abonos filatélicos como inversión. Me apliqué y conseguí hacer algunos contratos, pero decididamente me faltaba convicción. Nunca rebasé la esfera de los clientes conocidos. No podía encajar ahí. Y menos mal. 0 JARDINERO. Llevaba algún tiempo intentando reordenar mis prioridades. A partir del contacto con un grupo de Rosacruces (de Max Heindel) estaba experimentando un paulatino pero radical despertar espiritual. Así que dejé la buhardilla, y a mi novia, y me enrolé en una comuna de cristianos gnósticos, en el barrio de Santa María. Arturo Soria estaba cerca, así que encontré trabajo, por mi propia cuenta, y gracias a mi anterior experiencia en los viveros, en el holgado jardín de un tal D. Jesús, un caballero. Todo muy idílico, muy esotérico. 0 COMUNIDAD DEL TEMPLO. Un trabajo relajado y sano. Pero ahora era un adepto, y le debía obediencia a mi “gurú”. A los seis meses me asignaron trabajos sociales porque mi talento era la psicología, decían, y no la siembra de césped. Supongo que había que mortificarme el ego. Me tocó acompañar durante meses a un anciano adicto a los tranquilizantes, dormir en la misma litera con un oligofrénico pajillero, y cuidar de dos yonquis adolescentes que constantemente nos amenazaban con tirarse por el balcón. A una de ellas realmente la agarré en el último momento. Había saltado ya, y por poco nos matamos los dos. Pero en fin; todo fuera por el Señor. La Providencia realmente se ocupaba de todo lo demás. 0 ARGUIÑÁRIZ. Formábamos la comunidad cinco varones y una mujer. Una hermana muy valiente y salada que se llamaba Mariló. Una cordobesa. Nuestra inclinación monástica era marcadamente franciscana;y todos estábamos de acuerdo en que teníamos que salir de Madrid e instalarnos en el campo. Así que hicimos una escapada a la recién formada Comunidad del Arca de Arguiñáriz, en Navarra. Un sitio montañoso y arcaico, que a mi realmente me gustó, por lo que hice todo lo posible por convencer a los demás de que nos quedáramos allí. Pero la inmadurez y el remoloneo de los demás nos mantenían indecisos. Hasta que una infestación de pulgas, a las tres semanas de estar allí, hizo estragos en el ánimo y nos decantó definitivamente por volver a la ciudad. Por lo menos, habíamos conocido el “pulgatorio”. 0 UNA HUERTA EN IGUALADA. Después de una serie de extraños sucesos, unos místicos y otros no tanto, nos mudamos a Cataluña, atraídos por el supuesto templo del Grial que hay en el Montserrat astral. Nos instalamos en Igualada. En sus serranías conseguí un terreno, y me dediqué durante los primeros meses a intentar crear una huerta. Pero no teníamos coche, así que tenía que subir y bajar con la bicicleta, atando la azada a su eje, y la caja de plástico detrás del sillín. Con mi perilla y mi gorra, parecía un hippy quijotesco, y la empresa se acabó tornando tan épica como estéril. 0 LA “FRATER”. Una vez más, fui más útil dedicándome a los paralíticos de la Fraternidad de Minusválidos, como monitor de ayuda, que a mi vocación agrícola. Todos los días visitaba a monumentales enfermos. Cuerpos derrotados por las llagas, el tedio y la marginación, demasiado rotos para sus grandes almas. Acompañarles, trasladarles y animarles fue mi trabajo durante muchos meses. Los demás miembros del grupo encontraron otras ocupaciones. Todos, menos el guía, que sospechosamente sufría su particular “noche oscura del alma” postrado día tras día en los cojines del oratorio. 0 COMUNIDAD LA FOU. Después de un retiro conjunto en los ricos y alucinantes intestinos del monasterio de Montserrat, decidimos poner fin a las farsas y chifladuras de nuestro vidente, y disolvimos la comunidad. Haber puesto tanta confianza en, a fin de cuentas, un maricón al que se le había ido la olla, nos dejó muy pero que muy mal sabor de boca. Decidimos seguir cada uno con nuestro camino, pero yo me quedé por la zona. Unos dirigentes carismáticos, matrimonio ellos, me embarcaron entonces en su idílico proyecto de comunidad monástica en su chalet de la sierra. Buenos cristianos, con un gran corazón. Pero eran gente bien. Se gastaron un millón de pesetas en hacer una piscina, para cuando venían sus hijos; pero se ponían nerviosos cuando aparecía un verdadero necesitado. Y yo aún me sentía bastante franciscano. Alargué todo lo que pude aquella plácida experiencia monástica, pero al cabo de los meses finalmente me despedí.


0 EL SISQUÉ. Un sacerdote católico y naturista me fichó entonces para su comuna-experimental en pleno Pirineo leridano. Un lugar de postal suiza. Éramos él y yo, y una ex-religiosa mayorcita llamada África, en un caserón sin luz, sin agua caliente, y con un solo y apoteósico dormitorio, imposible de describir. Vivíamos en pleno imperio de las hayas, recolectando flores de saúco para un almacén de Berga, como único medio de vida. Había que ser muy alternativo y espiritual para insistir en esas opciones de vida. Realmente las más auténticas. Lástima que el diluvio fuera todos los días puntual a las 3 de la tarde, y que el cura resultara ser un fanático catalanista. En vez de un crucifijo, era la bandera catalana la que presidía la capilla y el portal de la casa. Cuando empezó el invierno nos empezamos a poner todos muy tensos. 0 MONITOR DE TOXICÓMANOS. Rosa y Mengo, unos amigos de Igualada, aparecieron por allí justo a tiempo. Venían a proponerme otra misión: atender como monitor de ayuda una granja privada de ex-toxicómanos a las afueras de Vic. Acepté. Mucho deporte, experiencias fuertes y servicio útil. Pero ya se sabe cómo son estos voluntariados: todo tu tiempo y tu intimidad a cambio de una litera estrecha y un rancho sin garantías: ése es todo tu contrato de trabajo. Demasiada tensión. Demasiado escaqueo. Demasiado complejo de policía. A los tres meses decidí marcharme. 0 RETIRO EN POBLET. De buena gana me hubiera metido a monje por aquel entonces. No era ninguna mala opción. Me fui un par de meses a convivir con los cistercienses en el magnífico monasterio de Poblet. Un complejo inmenso y medieval, que respiraba historia por todos sus intersticios. No había ningún otro huésped cuando estuve viviendo allí. Solo ellos y yo. Qué silencio. Qué limpieza. Qué paz. Qué claustro. Qué beatíficas sonrisas, sobre todo las del abad. Mi lugar preferido para meditar era una capilla apartada, vacía, oscura y extraña, en la que jamás entraba nadie. Mi celda era ideal para escribir. Pero las reglas me resultaron demasiado rígidas. Y ya me lo temía. Mi espiritualidad era mucho más ecuménica, más abierta, y hubiera sido difícil integrarme allí. Pero siempre les agradeceré la paz que me dieron. 0 MAS BLANC. Por aquel entonces, Cataluña era un hervidero de experiencias de vida alternativa. (La verdad es que lo sigue siendo). Una de las mas renombradas era Mas Blanc, conducida por jóvenes benedictinos y cistercienses que habían salido de sus conventos para intentar una fórmula no oficial, en régimen mixto, especialmente abierta a la meditación oriental. Una delicia de lugar. Los cojines de meditación “ardían” allí, de tanta sentada. También conviví con ellos una temporada, hasta que el invierno me hizo poner los pies en tierra. 0 LA CASA DE ABARÁN. Soy demasiado friolero. Y los mismos monjes de Poblet me habían hablado de Gabriel, un hermano “disidente” que estaba intentando crear un monasterio alternativo en la sierra de Ricote, en Murcia. Sin dudarlo me encaminé para allá y, efectivamente, el tal Gabriel había conseguido una casa que reunía todas las condiciones: aislada, rústica y bien arreglada, con ocho celdas individuales, capilla, comedor, establos, grandes pinos, y un palomar con una bandada de aves todas ellas inmaculadamente unidas y blancas, todo ello en un clima donde el invierno se hace soportable para los pobres franciscanos. Pero había llegado un poco tarde. El año anterior la casa había estado llena de gente con más o menos el mismo espíritu que Gabriel; pero se habían ido marchando, principalmente porque el lugar estaba demasiado aislado, y porque el terreno era demasiado pedregoso y no había forma de sacarle partido a la tierra. Gabriel y yo intentamos reactivar la casa el par de meses que estuve allí viviendo con él pero, efectivamente, no encontré la manera, ni siquiera con cursos o artesanías, de sacar algo de dinero. El obispado ya había puesto la casa, y no le podíamos pedir más. Nos dimos por vencidos y cerramos la casa. 0 LA LONGUERA. No muy lejos, en las estribaciones orientales de la sierra del Segura, estaba la Comunidad del Arca de La Longuera, que sí funcionaba. El río Segura corría tan límpido y potente en esas lides que, no solo daba para regar los cuidados arrozales del valle, sino que además subía, sobrado, el agua a las casas, unos cien metros más arriba, gracias al magnífico molino hidráulico que habían construido los hermanos. El lugar era magnífico, y el espíritu permanecía fiel a Lanza del Vasto, el fundador, que precisamente había muerto allí, en una habitación que ahora destinaban a batir el arroz. Había unos diez integrantes en aquel entonces, y permanecí con ellos un mes. Pero había secretos problemas internos que enturbiaban, no solo mi futura incorporación, sino la misma supervivencia de la comunidad, como efectivamente se demostró varios meses más tarde, cuando todos se marcharon excepto Miguel. Amargos fracasos de la autenticidad. 0 EL DESIERTO DE LA PAZ. Empecé a hartarme ya un poco de convivencias y comunidades. Pregunté dónde podía vivir en soledad ese tipo de experiencias, y me remitieron al Desierto de la Paz, una Casa de Oración que había en el valle interior de la sierra de Carrascoy, en Murcia. En cuanto llegué, en cuanto pisé la casa, se me curó la úlcera y todas mis angustias. Pepe S. Ramos, sacerdote fundador y director del proyecto, se convirtió en mi instructor de Zen, y en mi gran maestro espiritual. Por fin sentía que aterrizaba en algo firme, que mi vida hacía un giro definitivo, bajo los auspicios de alguien que resumía en su persona las características que profundamente había considerado siempre como apropiadas para darle un empujón a mi búsqueda, alguien con quien rápidamente sintonicé, que sin esfuerzo me comprendió, que realmente confió en mi espíritu. La casa tenía un edificio central, comunitario, con dormitorios de literas, cocina y biblioteca; un “zen-do” (o local exclusivamente destinado a la práctica del Zen), y varias ermitas dispersas por el bosque,


para quien deseara estar completamente a solas todo el día. Viví en aquel lugar de silencio seis maravillosos meses, sin preocuparme absolutamente de nada. Solo de aprender a meditar. Qué gran regalo, qué satisfacción, qué privilegio. Qué triunfo, por fin, en mi azarosa y descaminada trayectoria. 0 EXPERIENCIA EREMÍTICA. Como Pepe comprendía a la perfección mis necesidades espirituales, acabó consiguiéndome una casa aislada en las serranías del noreste de Murcia, en el municipio de Abanilla. Unos conocidos se la cedieron. Sin luz, sin muebles, sin vehículo, sin dinero, y sin contacto con nadie, sobreviví dos años enteros en aquella maravillosa ermita. Me hinché de hacer meditación, de caminar por las empinadas ramblas de láguena, de experimentar todo tipo de terrores nocturnos, de soñar, de escribir y dibujar a la sombra de los almendros, y de tocar la guitarra ante la lumbre de la chimenea. Justo lo que buscaba. Pienso que esos dos años de ermitaño fueron la cúspide espiritual de mi vida, y la energía que junté entonces constituyen la reserva que me ha mantenido sano y entero hasta el día de hoy. Sobre todo a nivel mental. 0 COSER ZAPATOS. Pero todo evoluciona, gira, madura, cumple sus funciones y agota sus etapas. Harto de comer habas, higos y tortas de trigo triturado, empecé de nuevo a pensar en ponerme a trabajar. Me hablaron de los zapatos. Se trataba de coser con hilo encerado las costuras de zapatos desmontados que te traían a casa en grandes sacos. A destajo. Muchas mujeres en la zona se buscaban la vida así. Pero el sueldo era ridículo. Tenías que estar 6 horas todas las mañanas machacándote los dedos para llegar apenas a las 500 ptas. No compensaba. 0 ACTUACIONES EN SALAS. Entre almendros y noches de lumbre, me había dado tiempo a ultimar un repertorio de temas propios, así que conecté con algunos músicos y empecé a tocar por las noches en un bar de Murcia. Con solo dos pases a la semana ganaba más que con 20 sacos de zapatos. Pero era de esperar que, después de dos años de ermitaño, no estaba uno precisamente muy en forma para la marcha y la vida nocturna. El ambiente me asustaba, me parecía demencial. No conectaba con la gente. Di algunos conciertos como solista, y con cierto éxito, en los bares y aulas de cultura de la zona, pero no pude enganchar una sala que me diera regularidad. 0 VENDIMIA EN PINOSO. Necesitaba dinero fiable, diario. Y sin perder demasiado bruscamente el contacto que tan profundamente había establecido con la tierra. Mi primer jornal en el campo fue una vendimia local en la zona del Pinoso. Veinte días. Uva negra, toda para vino. No fue muy duro, porque caí en una cuadrilla familiar que no iban a destajo. Pero empecé a conocer los soberbios madrugones, los sudores angustiosos, los deslomes implacables del trabajo en el campo. 0 PRIMEROS LIMONES. Finalmente tuve que dejar la ermita y meterme en el pueblo, en una angosta habitación alquilada. Los Castillo, saga proscrita y pintoresca donde las haya, verdaderos personajes de Macondo, me enseñaron a cortar limón. Con “El Fari” a tope en la furgoneta, burlas humillantes, torpezas inimaginables, pinchazos infernales, prisas, llagas en los hombros y agotamiento infinito, me pasaba doce horas fuera de casa, sin contrato, ni seguro, ni alma que me comprendiera, ni mujer que me hiciera la puchera. Para ellos era un hippy colgado, más raro que un piojo, un desarraigado digno de lástima con quien nadie sabía de qué hablar, y al que ninguna chica del pueblo se le ocurriría arrimarse. Menos mal que el contacto con los árboles lo compensaba todo. Solo gracias a ellos, a mi amistad con la naturaleza, pude aguantar los muchos meses que estuve trabajando ahí. 0 CLASES DE GUITARRA. En primavera dejé los limones y me puse a dar clases particulares de guitarra en toda la zona. Empecé bien, y pude hacer nuevas amistades, con gente un pelito más culta y abierta, pero no conseguí reunir suficientes alumnos como para que la cosa rulara de verdad. Qué rabia. Conocía a un alemán, en el pueblo de al lado, que llevaba años viviendo de lo mismo, y desde luego tocaba mucho peor que yo. ¿Por qué a mi no me funcionaba? 0 BROCCOLI. Llegó el verano. Me avisaron para echar una temporada en los bróccoli, en San Miguel, a 70 km del pueblo. A destajo. Me tuve que apuntar. Diez horas agachado sobre las plantas, un mes entero,y encima tuvimos que hacer huelga porque al final no nos querían pagar. Una maravilla. Recuerdo que una mañana vino un helicóptero a fumigar, y como estábamos almorzando entre los árboles nos cayó encima toda la nube de veneno. Bueno, pues yo fui el único que tiré el bocadillo. Los demás siguieron comiendo, y a los pocos días se extrañaban de que les salieran llagas en el paladar o cagaran mojones rojos. Hubo uno que fue hospitalizado, y ni llegó a contarle al médico lo del helicóptero. Tanta ignorancia me dejaba perplejo. Estupefacto. 0 REVISTA DE PASTORAL JUVENIL. Me llamaron desde Madrid, pues aún mantenía relaciones con ciertos círculos espirituales, con la proposición de escribir un monográfico sobre oración y silencio interno para una revista de Iglesia. Esto me tuvo ocupado un par de meses. Pero lo poco que me pagaron, y los roces con el editor, me hicieron desistir de hacer una segunda parte. 0 SABEL. Ni Iglesia, ni jornales, ni apaños. El ideal de vida era la comunidad rural autosuficiente. Había que volver a intentarlo. Así que me fui a Navarra a conocer un colectivo con planteamientos más castanedianos. Algo muy


prometedor. Pero no había sitio para un integrante más. Los recursos eran mínimos. Y para colmo le caí mal al mandamás: un cachas experto en técnicas de regresión. Qué pena. Aquello era un verdadero oasis. Un colectivo muy en la línea del Arco Iris de Emilio Fiel. Incluso en el esquema directivo. Un guía con un carisma y autoridad espiritual tan incontestable que hacía imposible la actitud crítica, por más que intentaras esconderla en los sótanos del hipotálamo. Hay una especie de “principio de exclusión de Pauli” específico para los naguales. 0 OLIVOS. Volví a Murcia a tiempo para embarcame en la temporada de la oliva. Coger aceituna parece duro por el frío y los bancos de metal, y sobre todo porque las hojas luchan por dejarte tuerto, pero en realidad es llevadero y te puedes defender; nadie trabaja a destajo. El árbol del olivo irradia serenidad. Saltando de cuadrillas y de bancales aguanté todo el invierno. 0 BALONGA. Hablé con el Ayuntamiento, y me cedieron una escuela rural abandonada a cambio de restaurarla. Parecía un buen trato. La idea era crear un centro de acogida o una casa de reposo mientras vivía una segunda experiencia eremítica. Pero no había contado con la enorme cantera que, al otro lado de la sierra, llenaba con su rumor, los días sin viento, todos los rincones del valle. Luchando con el silencio fui de nuevo perdiendo el ánimo y los fondos hasta quedarme a cero. 0 ALBARICOQUES. A final de Abril dejé la sierra y me puse a coger albaricoques en la zona de Archena. No estaba mal. Los árboles eran inmensos; quedaba claro que todo vértigo cede ante la prisa de coger más fruta que los demás. Parecía increíble que nadie se matara, sobre todo yo. Antes bien, me hinché a comer las delicias que los gorriones marcaban. Un mes entero haciendo el orangután. 0 REPERTORIO DE TEMAS BÍBLICOS. Antes del verano me hice un viaje a Madrid. Conocí a un guitarrista que musicaba historias de santos. Vivía de eso. Así que me animé a ultimar mi repertorio de textos bíblicos, grabarlo en estudio y registrar los temas. Pero si de algo adolecen las editoriales de Iglesia es de cultura rockera. Las cuatro o cinco casas en donde presenté la maqueta me la devolvieron acojonados. 0 EDITORIAL AZARA. A través de un anuncio, conecté con un editor de libros de texto con proyectos un tanto confusos sobre un libro de anatomía. Me encargó, y me pagó, varias ilustraciones. Parecía por fin un buen trabajo, con visos de continuidad. Pero un día, en la imprenta, hablando con un conocido, me avisaron de que el susodicho editor era un mangante, que tenía ya catorce expedientes abiertos, y que no se me ocurriera liarme con él. Otra vez tuve que desaparecer. 0 UMBELA. Oí hablar de una granja de agricultura biológica en Granada. La llevaban un matrimonio alemán de cierta edad. Gente muy preparada, y que fueron muy amables conmigo desde que llegué. Me hospedaron a cambio de muy poco trabajo. Aprendí mucho. Allí estaba Alberto Gª Sans, en su cabaña, traduciendo a Fukuoka. Fueron días idílicos. Un par de meses. Pero Mario estaba enfermo, y empeoraba día tras día. No podía quedarme allí. Marian, su mujer, me dijo que probara a conectar con los miembros de la Asamblea de Andalucía. 0 ASAMBLEA DE AGRICULTORES ECOLÓGICOS. Fui ilusionado a la convocatoria, seguro de que conectaría con alguien que requiriera mis servicios en su granja. Amarga decepción. El lenguaje era extraordinariamente técnico, especializado: justo la trampa que denunciaba Fukuoka. Nadie habló de ética, de filosofía, ni siquiera de ecología. Compartí algunas gratas experiencias, conocí sujetos que se hallaban desde hacía años en la meta de lo que yo deseaba para mi. Pero en general aquél era un mundo cerrado, muy profesionalizado, y me acabé sintiendo fuera y frustrado. 0 EL HORNILLO. Una noche, pululando por Granada, aterricé en una comuna verdaderamente auténtica. Vivían en una enorme hacienda, en el profundo Sacromonte: caserón, cuevas hippies, arroyo, huertas, marías como abetos, carpa para grandes encuentros, biblioteca, nudismo, rollo intelectual, alternativo. Me agarré allí con uñas y dientes. Les canté mis canciones a todos, bailando con la guitarra. Les caí bien, y me hicieron un sitio, así que me apalanqué allí durante varios meses. Conseguía aportar algo de dinero cuidando un par de jardines particulares, dando clases de inglés, y haciendo retratos y traducciones. 0 HUERTA EN EL DARRO. Finalmente alquilé un terreno frente al río para montarme una huerta. Lo tenía todo: espacio, riego, semillas, tiempo y belleza. Salvador paseaba por allí con sus hermosos caballos. La dueña mordisqueaba hinojos charlando conmigo. Pero se fue confirmando lo que ya vi en la asamblea: que me faltaba idea. Me sentía más agricultor que terapeuta, pero el hecho es que solo saqué unas cuantas cajas de maíz, mientras que, en cambio, tuve mucho acierto dirigiendo los esporádicos encuentros de crecimiento personal que se organizaban en la carpa de El Hornillo.. 0 GRUPO TOGUAL. Entonces, de entre los más guerreros del colectivo, surgió la idea de montar un grupo de teatro. Cogimos un local, lo decoramos, y nos pusimos a ensayar Momo, de Michael Ende. Bueno. Odio ese autor. Pero el proyecto era coherente y me daba continuidad. A los 5 meses ya estábamos representando. Un trabajo bien sincronizado,


muy divertido y estimulante. Los problemas vinieron porque el director iba de nagual, y su arrogancia era insoportable. Tuvimos que cortar. 0 MÚSICO AMBULANTE. Otra vez sin ingresos, probé suerte tocando la guitarra en Birrambla, en las esquinas de la Catedral. A otros extranjeros les iba bien así. Pero yo solo sabía tocar mis temas, y siempre lo hacía bajito. Alguna anciana me echaba un duro, pero nadie se paraba a escuchar. Un feriante espabilado se me unió para “enseñarme el oficio”. Había que aporrear bien alto el Entre dos Aguas, el Romance Anónimo, etc; lo que a la gente le gustaba. Acabé asqueado. 0 LA ALPUJARRA. Cogí la mochila y me volví a la sierra. Tenía desde hacía un año la tarjeta de un agricultor que vivía en Orjiva. Un sujeto clavado a Marvin Gaye, pero en blanco, y en granaíno. Fue hospitalario conmigo, pero coincidió que se hallaba en plena fase de broncas con su ex-mujer. Me tuve que marchar. 0 LAS COMUNAS DE LAS CUMBRES. Y lo hice subiendo más arriba, en una especie de incierta “huida hacia delante”. Probé 15 días con un grupo cristiano que vivía donde ya casi no había árboles. Pero el frío y la cháchara interminable de un neurótico sesentón que vivía allí me espantaron. Aún subí más arriba. Conocí O Sel Ling, la famosa comunidad budista-tibetana. Pero no me pude quedar. Finalmente pasé varias semanas en un increíble chalet cerrado, lleno de libros orientales y semillas de datura. Pero los cabreros me acabaron denunciando como okupa, y tuve que huir. 0 LA RUEDA DEL TIEMPO. Antes de volver a Madrid pasé por el Hornillo para ultimar, con Yeray, los temas de mi nueva maqueta, "La rueda del tiempo". Aún había algún tema bíblico, pero el tono general era más de cantautor, tirando a J.J.Cale. De allí me fui a Murcia, a grabar en el estudio de un amigo. Al llegar a Madrid repartí la maqueta por todas partes. Aún estoy esperando contestación. 0 ILUSTRACIÓN EDITORIAL. Llorándole un poco a los editores, conseguí que me encargaran algunas portadas e ilustraciones sueltas. Revistas como Vida Nueva, Integral, Karma 7. Pero en ningún caso había visos de continuidad ni diligencia para pagarme. Parecían limosnas más que compromisos laborales. No podía imaginarse faena más esporádica e incierta. 0 MENSAJERO. Me habían quedado atrapado en Madrid, y en aquel entonces estaba de moda ser mensajero. No tenía moto, así que me metí en una empresa de mensajeros de a pie. Ya se imaginan. Senderismo urbano a toda hostia y a todas horas. Pero el sueldo no subía de los 40 talegos al mes. Una vergüenza. Seis meses después todavía me debían dinero, y cuando me puse farruco aún me dijeron: “eh!, que esto es una empresa”. Como si eso fuera la excusa para tener dificultades para pagar, o para hacerlo a destiempo. ¿Qué te parece? 0 CUADROS NAIF. Vivía entonces con un tío enfermo. Su cuidadora, Elena, era una mujer alegre y enrollada, que atendía una galería de arte en Francisco Silvela, especializada en pintura “naif”. Un buen enchufe. Había artistas que entregaban allí mismo sus dos obritas al mes, y vivían con estabilidad. Así que preparé dos cuadros primorosos, sinceramente lo más naif que pude. Pero para mi sorpresa me los rechazaron. Eran tan ajenos al naif, decían, que ni Elena pudo intermediar. Pues vaya. 0 MONITOR EN ALCALÁ DE GUADAIRA. A través de un contacto, me planté en otra granja de rehabilitación de drogadictos, en las afueras de Sevilla. La dirigía un tipejo oscuro, mitad cura mitad gangster, que no sonreía nunca. Dormitorios sin ventanas, comedores con eco, frío sucio y pegajoso; me dediqué un par de meses a ayudarles en todo lo que pude, aprovechando mientras tanto para dibujar algún comix en los ratos libres. Al final me peleé con el jefe. Ni un duro recibí por toda mi estancia allí. 0 CONCURSOS LITERARIOS. Huelga decir que me he pasado la vida participando en certámenes literarios. Miles de fotocopias, certificados, registros, correcciones, maquetaciones, numeraciones. El dignísimo y hogareño oficio de escritor. Otros sueñan con ganar la lotería. Y seguro que tienen más suerte que yo. En quince años de intentos solo conseguí llegar a finalista en algún concurso local, sin recibir premio, por supuesto, o a ver mi trabajito publicado en alguna edición colectiva, entre cincuenta autores más. 0 LIMONES EN OLTRA. Era duro y humillante, pero en Murcia al menos tenía un trabajo sano todos los días del año. Así que volví, me alquilé una cueva en el corazón de Abanilla, y me puse a cortar limones para el único almacén que recogía gente en mi barrio: por desgracia, el más cacique de todo Orihuela: Oltra. Sentaditos en el camión, sobre sucias cajas de plástico, nos traían y nos llevaban. El encargado, Agustín, se reservaba el derecho de ligar con todas las crías de la cuadrilla. Solo tres talegos diarios. 0 HUECOGRABADOS. En el fondo, coger limones es uno de los trabajos más guerreros que existen. Flexibilidad, posturas imposibles, enramados selváticos, tierra, silencio interno, caminatas, pinchas y pinches de todos los colores; no le


falta de nada. Pero después de un año en el tajo, la olla me empezó a chirriar. Primero busqué avales para un crédito, pero solo conseguía comprometer a las amistades. Luego me apunté en Orihuela a un curso gratis de huecograbado. No se me daba mal. Pero como costearme un tórculo era impensable, lo intenté pasando el coche por encima de las planchas, prensándolas con las ruedas. Ya se imaginan los resultados. 0 LA ALMENDRA. Llegó el verano. Me relajé un poco. Y en seguida me metí en la almendra, jornal aún más duro que los limones, si cabe. Das un varazo al árbol, y literalmente te llueven nubes de mosquitos de todos las formas y colores. Qué jodida biodiversidad para unos secarraesl como aquellos. Se te metían hasta en las narices. Te ponían el cuello como un coral. En el campo es donde se entienden las cosas. Durmiendo sobre las piedras, sangrando de tanto rascarte las picaduras, el universo entero sudando y cagándose en Dios, que acaba transformado en una gran botella de cerveza. El infierno huele a espíritus hirviendo. 0 VENDIMIA EN FRANCIA. Tenía que llegar, y lo cierto es que no fue una buena experiencia. Engatusado por las promesas de los enormes sueldos que cobraría, me vi metido en el tren hacia Carcasonne. Una auténtica película de los años 40. Durmiendo en barracones con 14 maromos malolientes, éramos los tristes emigrantes de los que hablaba el abuelo. No me tocaron buenos compañeros. Una avispa me inflamó la mano el tercer día de faena, y como el destajo era bestial, no hubo compasión conmigo. Siempre me quedaba atrás, por muy endiabladamente que me esforzara. Y para colmo de los colmos, al final ni siquiera cobramos tanto. 0 ILUSTRADOR DE CUENTOS. Justo lo suficiente para componer un pequeño book y patear de nuevo las editoriales. Antonio Grajera me consiguió un encargo para Didascalia: ilustrar dos obras infantiles. Tardé a conciencia, para hacerlo bien. Y quedaron satisfechos. Los publicaron. Pero aún estoy esperando a que me vuelvan a llamar. 0 EL ESTUDIO AGS. Entonces Grajera me invitó a trabajar en su estudio. Me prometió enseñanza y encargos sueltos. Era un reputado ilustrador, y me sentí feliz con la oportunidad, aunque no me garantizara la faena. Nunca tuve tantos medios para dibujar. Nunca me he afinado tanto con las técnicas manuales y con los colores. Ahí aprendí realmente el dificilísimo arte de la acuarela, la verdadera prueba de fuego para un ilustrador. Pero un extraño día, a los dos meses, él y Enrique me empezaron a vacilar. Querían que me pasara totalmente a la acuarela, aunque sabían desde el principio que mi fuerte era la tinta. Me sentí traicionado. Había dejado mi casa en Murcia porque creí que les gustaba mi técnica. Al parecer, su sentido de la condescendencia les exoneraba de cualquier compromiso conmigo. Otros incautos aprendices ocuparon mi lugar. 0 PSICÓLOGO PARTICULAR. Me enrollé con Clara y sus críos, y nos fuimos a vivir a Gredos. Había conseguido terminar la carrera a través de la UNED, así que por primera vez me presenté como psicólogo. Y me salió un caso: un estudiante problemático. Especialmente cínico. Me defendí, y realicé un buen informe, pero el chico era muy esquivo y no le interesaba que yo llegara al fondo del problema. Me di cuenta de que no tenía paciencia para soportar un caso más. Siempre estudié por interés científico, no por ejercer, y aquella experiencia me lo confirmaba incuestionablemente. Además, se necesita un buen despacho, una casa presentable, una constante actualización, y un largo proceso de captación de pacientes. Yo había perdido ya el tren. Tendría que darle un vuelco completo a mi vida para alcanzar ese nivel, cosa impensable mientras siguiera viviendo al día, como era mi realidad. 0 LA CASA DE CULTURA DE CUACOS. De nuevo me puse a dar clases de guitarra, esta vez amparado por una Casa de Cultura. El grupo prometía, pero se fue ablandando con el tiempo. Quizás no valgo para motivar a los alumnos durante mucho tiempo. Como siempre, pues, aquello acabó siendo más una carga que un medio de vida. 0 LIMPIAR MONTE. En Extremadura funcionaba el PER, así que acepté 30 días de limpieza de matorrales bajos en los pinares del Tiétar. Un desvarío ambiental más, pues todos los días arrancábamos y quemábamos más toneladas de materia vegetal que el peor pirómano; pero el caso era darle faena a los tres autobuses de parados que había en la zona. Era invierno, y me levantaba a las 5 de la mañana. Más frío no se podía pasar. 0 MAPAS Y CALLEJEROS. Conocí al editor de una típica revista local, que me propuso hacer callejeros de los pueblos de la zona, contratando publicidad. Mi estilo detallista se prestaba a ello, y no salían mal. Pero este hombre era de familia bien, tirando a cacique. Empezó a no pagarme. Me invitó a un gratificante pero absurdo viaje a Asturias para estudiar un trabajo sobre Covadonga y compensar de alguna forma lo que me debía. Pero yo ahora tenía que mantener a una familia. Tuvimos que cortar. 0 ESPÁRRAGOS. De ahí a los espárragos. Caballones de hasta 500 metros de largo, los riñones doblados al rojo vivo, adivinando yemas que se iban con mirarlas, y siempre a destajo, a toda prisa, porque si no, sencillamente, no compensaba. ¿Cómo demonios se ha podido pervertir tanto la agricultura? Otra vez rezagado, incapaz de competir con los jornaleros locales, que riéndose y sin esfuerzo me sacaban dos años luz de ventaja. Una temporada inolvidable.


0 TRADUCTOR DE INGLÉS. Mi hermano se apiadó de mí, y me enseñó los principios de un procesador de texto, para poder aceptar trabajos de una agencia de traducción. La condición: volverme a Madrid, sentarme diez horas delante del PC, y otra vez a destajo para competir con los otros traductores. Todo urgente. Diccionarios increíblemente especializados. Escollos sintácticos endemoniados. Y mi compañera y los críos a 200 km de distancia. Demasiado caro. Y no había forma de currárselo desde el pueblo. Aguanté de todas formas un par de meses, hasta ahorrar algo. 0 LIMPIAR PUEBLOS. Volví a la sierra y me enrolé en otra batida del PER. Ahora se trataba de limpiar el pueblo de basuritas, pintar adoquines, plantar rosales y, por encima de todo, rasurar implacablemente las pobres hierbas que solo pueden crecer en las cunetas. Nos sentíamos ridículos allí metidos todos los intelectuales de la zona. Un mes de trabajo, y fuera. 0 COMUNIDAD LIBERTARIA DE ALOZAINA. El padre de los críos, yonqui consumado, no dejaba de joder. Así que nos fuimos de Gredos y, tras un surrealista e inenarrable viaje, a lo Jack Kerouak, aterrizamos en una comuna libertaria, dirigida por unos franceses, en un pueblecito de Málaga. Tenía su punto. Había biblioteca, gente con cultura, huerta en condiciones, buenos músicos y cocineros, un buen taller de cerámica, y pocas drogas. Eran libertarios de verdad. Viejas glorias de la CNT venían de vez en cuando de visita. Pero había un inevitable líder, y era lo suficientemente extremo como para no oír a Zappa solo porque era americano. De todas formas, no había sitio. Estuvimos unos dos meses allí intentando construirnos un tipi, pero no lo conseguimos. 0 LA CASA DE COÍN. Cerca de Coín encontramos una enorme casa con huerta de naranjos y sala de meditación, todo amueblado. Plantear un centro de terapias era más independiente que vivir en comunidad. El alquiler era tan barato que empezamos a hacer la mudanza. Pero salían hormigas hasta por los enchufes, y la madre de la dueña resultó ser una bruja horrible que pretendía vivir con nosotros y decirnos todo lo que teníamos que hacer. Otro proyecto frustrado. 0 LOS MOLINOS. También estuvimos en la comunidad de Los Molinos, en la sierra de Aracena. La filosofía de los indios norteamericanos. Una verdadera tribu de hippies apaches, todos ellos viviendo en tipis o chozas. Un ambientazo. Pero aquí sí que había desorganización, y suciedad, y drogas. Estuvimos solo unos días. 0 MONTALVO. Recorrimos, con el R7, todo Cazorla hasta dar con la aldea de Montalvo, un logro redondo de la cultura alternativa. Ésta era la fórmula: pueblos y aldeas abandonadas, reconstruidas por familias o parejas independientes, sin más compromiso ideológico que el puramente vecinal. Nos dejaron habitar una gran casa sin terminar a cambio del mantenimiento y la atención a los muy esporádicos huéspedes. Pasamos allí tres maravillosos meses. Pero en realidad nos hubieran hecho falta millones para formar parte de esa idílica sociedad. Todos eran propietarios. 0 TEATRO DE CALLE. Con las orejas gachas tuvimos que regresar a Gredos. Conocimos a un experto y creativo titiritero, el Bombita, que nos dio trabajo en algunos números delirantes de escenarios de cartón; el más espectacular de todos era una corrida de toros completamente diseñada con telas de colores y cartón. Un trabajo divertido, una buena forma de vida si hubiera habido la más mínima continuidad. Pero para eso había que ser el Bombita. 0 DJ EN EL QUERCUS. El dueño de un bareto de moda, en Jarandilla, me confió la cabina. Pero yo aún odiaba el bacalao, así que tenía que hacer equilibrismos para resultar marchoso. Para colmo, entró en la barra un enemigo: un exyonqui bocazas y anti-ecologistas al que yo le caía fatal. Poco a poco fue metiendo cizaña hasta conseguir que el jefe me echara. 0 EXPOSICIÓN EN NAVALMORAL. Había reunido suficientes dibujos y era hora de probar suertes. Enmarqué las obras, realicé un cartel en gran formato, publiqué folletos. Buen precio y buenas críticas; una sala espaciosa, céntrica, bien gestionada. Pero, para variar, no vendí prácticamente nada. ¿Qué falló? Me invadió una frustración tan fuerte que me hizo quedarme en cama varios días sin comer y sin querer hablar con nadie. 0 LA RONDALLA. Necesitaban guitarristas en la rondalla del pueblo, y tenía como referencia lo bien pagadas que están las bandas de viento del Levante. Así que me vi envuelto, por puro compromiso e inercia social, en varios meses de ensayos y actuaciones. Pero las pelas no aparecían por ningún lado. Un estrambótico viaje a la Expo de Sevilla fue lo único que saqué en claro. 0 LA VERATA BLUES BAND. Muy otra cosa fue el grupo de blues que conseguimos formar, espoleados por Urbano y Jorg, un guitarrista alemán francamente cañero, para tocar por las salas de la sierra. A mí me tocó el bajo. El batería era tan joven que ni me acuerdo de él. Bien. Dimos algunos conciertos. Un poco con pinzas, pero resultones. Funcionaba. Hasta que dejó de funcionar, no sé por qué. Supongo que por las exigencias laborales de cada uno. 0 MÍRATE LAS MANOS. Un italiano, Sandro, se enrolló como un hermano con mi música. No tenía mucho nivel, pero se lo curraba. Mil veces mejor persona que yo, me obedecía sin rechistar. Pude desarrollar el repertorio, y tocar con él


en algunos garitos, como dúo de guitarras. Un pequeño triunfo. Pero mi caos laboral ametrallaba toda estabilidad. Tampoco tenía tiempo para eso. 0 LA GRANJA ECOLÓGICA DE ALFONSO. Un verdadero pecado. El tal Alfonso era dueño de hectáreas sin fin, a la vera del Jaranda, de prados de estampa y sotos de roble, ríos, arroyos, lagos, ovejas, caballos, huertas y secano, tres niños y una mujer que te ponía los potajes más rebosantes del mundo. Pero ése era todo el pago que recibíamos los incautos naturistas que acudíamos a su oferta de trabajo, su gran proyecto biológico anunciado en Integral. Tres meses estuve moviendo estiércol y persiguiendo rebaños. Y no me pagó ni un duro. 0 GENESISTRINE. Ya que no encontraba manera de presentar comercialmente el pequeño formato en el que dibujaba, hice un extravagante collage con las mejores viñetas, y lo titulé Genesistrine. Acababa de leer a Charles Fox. Escogí a conciencia una galería y lo dejé en depósito. Volví a las dos semanas y lo encontré en el mismo lugar: detrás del mostrador de recepción. Me lo llevé y despegué las viñetas. Con diferentes fórmulas pero idéntico resultado realicé la operación unas cinco veces más. No hay escarmiento para mi. 0 IMPRENTA GARPIN. Avalados por las iniciativas naturistas que había mostrado un tal Pimentel cuando llegó a La Vera, pusimos fe en los proyectos laborales de su socio Pablo. Éste tenía una imprenta con toda su megalítica maquinaria en las afueras de Madrigal. Una oportunidad. Pero allí no entraba trabajo, ni había personal, ni secretaria en la oficina. A las tres semanas, y unos dos mil kilómetros de desplazamientos después, nos confesaron que estaban los dos enganchados a la coca. 0 COMIX Y FANCINES. En la radio se harta uno de oír cómo grandes editores empezaron su carrera haciendo fancines con las peñas de su barrio. La nuestra era pintoresca y serrana, así que les puse a trabajar. Sacamos dos números de un fancin local, que titulamos “El Repele”, pero pasaron sin pena ni gloria. Cojí marcha, de todas formas, y dibujé por mi cuenta dos nuevos comix: ninguna editorial me contestó. Más comida para el baúl de las viñetas. 0 EL ASUNTO TURELLÓ. Me fui a la Comunidad del Arca que había en Turelló, Alicante, a recuperarme un poco. Me encontré allí a una vieja amiga (que estaba un poco tocada porque una vez se comió diez tripis de golpe) que, al saber de mis apuros, me propuso donarme nada menos que un millón de pesetas, como gesto de amistad y de consagración espiritual. Pero los gurús de allí no se lo permitieron. Me tuvieron un mes haciendo planes y calentándome la cabeza con tan excitante posibilidad para no darme al final ni una respuesta, ni un argumento, ni una propina de consolación. O yo era tan pobre que resultaba indigno, o ellos lo querían todo. Ya me habían avisado unos huéspedes muy quemados que vivían hacía tiempo allí de la soterrada vileza que roía la comunidad. 0 CARTEL SENDERISTA. Dani me encargó, a través de una oficina de medio ambiente, un gran cartel exterior para un nudo de senderos recién inaugurados en las serranías de Jarandilla. Magnífico trabajo: reproducir abejarucos y fresnos, amentos y setas, tranquilito en casa, rodeado de botes de Hidralux. Un Bosco junto al puente vale el precio que me pagaron. Pero por lo visto hicieron el siguiente con imprenta y metacrilato. 0 ALMACÉN DE COSMÉTICOS. Me dí por vencido. Hablé con mi hermana y me consiguió trabajo en el almacén de su firma de cosméticos. Una vergüenza. Forofos encallecidos, bromistas sin gracia, y machistas terroríficamente salidos, hurgando entre un Himalaya de frascos inútiles y pomadas antiarrugas. Me sentía idiota, incapaz de adaptarme a esa mentalidad. De todas formas, me dejaron claro que me contrataban solo por los tres meses de la campaña de Navidad. Y ya lo creo que cumplieron. 0 PROFESOR DE ÉTICA. Siempre urdiendo nuevos currículums. Tenía que encontrar un camino acorde con mi especialidad. Así que preparé un programa escrupulosamente elaborado e imparcial para dar un curso de ética, y lo mandé a más de cuarenta directores de centros privados. Ninguno se dignó a responderme, a ponderar siquiera el talante de mi propuesta. 0 COPIAS DE CLÁSICOS. Repartimos los críos y nos fuimos de La Vera. Un destrozo. Aterrizamos en la preciosa finca de unos colegas, en Archena. Uno de ellos vivía tan holgadamente de hacer copias de clásicos que me hizo sentirme gilipollas. Así que invertí los ahorros de todo un verano en hacer ocho copias de Van Gohg. Para acabar malvendiéndolos en los mercadillos, después de llamar a todas las puertas. No sé ni por qué lo intento, como decía Dennis Hoper en aquel film. 0 TALLER DE NUEVA PSICOLOGÍA. Otra de aquellas colegas era psicóloga, y me propuso la creación de un gabinete orientado al PNL y las nuevas terapias. Nos pusimos en marcha. Folletos, locales, entrevistas. Pero su marido era un sujeto posesivo y extraño que no miraba con buenos ojos tan estrecha y diaria colaboración entre su esposa y yo. Nunca hubo nada entre nosotros, ni tampoco lo hubiera habido. Pero el proyecto se desinfló.


0 MAKETA MÚSICA DE PODER. Cojimos una casa en la huerta. Con el viejo Amstrad y el Roland U-20 me sentí en forma para terminar la nueva maketa. Estaba realmente satisfecho. Todo instrumental. Por fin conseguía desarrollar mi música. La envié a 12 casas nacionales y 5 extranjeras. Solo me contestaron las extranjeras. Animándome pero disculpándose, por supuesto. Se la enseñé a Pablo Múzquiz, pero él era ahora contrabajista de la Orquesta Nacional, y le faltó poco para mandarme a paseo. Se la enseñé a Tomás San Miguel, y le pareció interesante pero compleja. En definitiva, no era comercial. 0 TALLER DE MUSICOTERAPIA. Música, espiritualidad, psicología. Pensé entonces que a lo mejor daba en el clavo si me hacía monitor de musicoterapia. Me compré los mejores libros sobre el tema. Me estudié todos los acordes, intervalos, timbres y efectos del U-20. Los clasifiqué en cuadernos. Diseñé panfletos. Adecué la habitación. Inundé las calles con 500 reclamos. Pero no llamó absolutamente nadie. ¿Cuántos miles de anuncios más tenía que repartir? 0 MONITOR DE CHAMANISMO. Aprovechando el impulso como monitor en Técnicas de Crecimiento Personal, decidí centrarme en mi verdadera especialidad, y conseguí reunir, alrededor de cierto centro cultural de Murcia, a un grupo de interesados en la obra de Castaneda. Me volqué en ellos: resúmenes, temas por escrito, juegos conscientes, nohaceres, charlas. Excursiones nocturnas, algunas de ellas muy interesantes. Gracias al grupo conocí a Pablo y Lidia, dos grandes guerreros; y ésa fue la verdadera recompensa a mis esfuerzos, pues los demás no me pagaban ni la inversión que hacía en material. Para colmo vinieron de México un grupo de huicholes, en plan mesiánico, y cargados hasta las cejas de peyote en polvo, que se llevaron a la gente a sus mitotes de fin de semana en la sierra de La Pila. Una jodienda. Pues me había tirado tres meses formando pacientemente un grupo de interesados en Castaneda que antes no existía en todo Murcia, para que ahora llegaran estos huicholes, abrieran el bote de su polvos mágicos, y se los llevaran a todos de calle. Competencia desleal por parte de unos, y un punto de desagradecimiento por parte de otros. Pero lo que más me jodía es que estos huicholes mostraban una actitud muy crítica con Castaneda. Era el colmo. ¿Quién les hubiera hecho caso, si Castaneda no hubiera destapado con sus libros la sabiduría milenaria mexicana? Una cosa sí es segura; y es que ellos sí que cobraban por adelantado a todos los que participaban de sus dinámicas. 0 FERIANTE DE BISUTERÍA. Me retiré del panorama, y probé suertes por otro lado. Un amigo ecologista, por desgracia demasiado Leo, nos ofreció montar con material sobrante suyo un puesto de artesanía en el cruce del Raal. Marcha veintañera en el lugar más podrido de la huerta (el Segura a la altura de Orihuela es de un gris oscuro tan espeso que la peña había cambiado la “a” por una “e” en todos los carteles: ahora pone “Orihuele”). Funcionó un par de meses. No más. Probamos entonces en la Metro, la élite del bakalao. Mucha fiesta y colocones, pero no hacíamos caja. Finalmente, un mal día el ecologista se malenrolló de pronto, nadie supo por qué, y nos quedamos sin puesto. 0 VIAJANTE DE BISUTERÍA. Pablo, que también trabajaba la bisutería, pero como representante al por mayor, presumía de sacar en ocho días el sueldo largo de un mes. Así que decidí intentarlo con su material. Cajitas de colgantes cursis estúpidamente ordenadas. Arreglé el coche, y me tiré a saco por los “todo a cien”. Pero no colocaba nada. En tres semanas apenas vendí unas cadenitas. Así que lo dejé, apremiado y desanimado. Y entonces Pablo le dejó el material a Juan Ramón, uno de los mejores guerreros del grupo original. Todo para mi bochorno. Pues en solo dos meses consiguió Juan Ramón hacerse tanto con el negocio que le dio hasta para comprarse un coche nuevo. Y ahora es rico. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 0 EDICIONES EL TERCER PUNTO. Por un golpe de suerte, por supuesto nunca merecida, me topé con el excesivo mecenas Adolfo Bernal. Me dí de alta rápidamente como editor, y pedí permiso a Cleargreen para publicar mi “Libro de Citas”, un verdadero compendio, ordenado por temas, de toda la obra de Castaneda. Pero me lo negaron. Qué desalentador. (Y qué sospechoso. Porque el hecho es que no tardó el mismo Castaneda en publicar su propio “libro de citas”, titulado “La Rueda del Tiempo”) No tuve más remedio, para no desaprovechar la oferta de Adolfo, que improvisar un experimento poético-esotérico, una especie de “Nova Express” (Burroughs) con mis propios textos. Lo publiqué pero, por supuesto, Hacienda y los distribuidores se lo comieron todo. 0 LAS CUADRILLAS DE FORTUNA. No me quedó otro remedio que volver a los limones. En Fortuna eran más izquierdosos. Me metí en la cuadrilla de la Pascuala, una lesbiana que se enrolló conmigo para luego putearme. Luego en la de Antonio, un ex-cocainómano que nunca tenía prisa por llegar a casa. Y finalmente en la de Mari, la más implacable, la cortadora de limones más rápida, más maciza y más dominante de toda la Vega Baja. Otro año entero en las antípodas de la Universidad. 0 CERTÁMENES DE PINTURA. La hecatombe doméstica y el cansancio atroz apenas me dejaban pintar. Y la mayoría de las obras, con suerte, acababan en los pasillos de algún familiar caritativo. Me presentaba a concursos, pero solo para hundirme más. Con especial “cariño” recuerdo el Murcia-Joven del año 94. Yo llevé una obra en gran formato, con un motivo hiper-realista que me costó 2 meses terminar; pero los millones se los acabaron dando a un artista cuya obra consistía en una puerta vieja y rústica sobre la que había estampado, presumiblemente con un cubo, un informe pegote de pintura amarilla. Para morirse.


0 GUITARRA PUNTEO. Paco N. estaba preparando repertorio popero con su nuevo grupo. Necesitaba otro guitarra, así que me apunté. Los temas tenían cuerpo, pero las letras eran horribles: “Mari Pili, ponme un café”, y cosas por el estilo. Resistí dos meses ensayando, hasta el día en que educadamente se me ocurrió criticar los textos. Paco me respondió que la gente es poco menos que idiota. No me quedé muy conforme y, como mi equipo era prehistórico y todos querían más caña (qué maldición; toda la vida sin un buen equipo, ni para tocar ni para escuchar música), aprovecharon la disidencia para, también educadamente, largarme. 0 OPOSICIONES PARA ANIMADOR CULTURAL. Salió una plaza para el ayuntamiento de Molina. Estudiar la Constitución era ya caer más bajo aún que hacerme popero, pero me dediqué tres meses en cuerpo y alma a prepararla. Quedé el quinto. Se la dieron a un antiguo funcionario municipal que se presentó sospechosamente hiper-tranquilo a la prueba final, saludando a todo el mundo y dándose amistosos codazos con los concejales.. 0 CALLEJEROS. Decidí negociar con los ayuntamientos de la zona para hacerles callejeros de diseño. La cosa funcionó, y me tiré más de un año trabajando así. Un verdadero record. Catastros, entrevistas, concejales, ordenadores, imprentas. Trabajos minuciosos. Pero mi coche no daba para mucho. Cuando quemé la Vega Baja, me quedé otra vez parado. Y sin subsidio, claro. 0 FRUGARVA CON PACO. Llamó Paco a mi puerta, buscando hombres para su cuadrilla. Era un buen almacén. Nada del destajo itinerante y multitudinario de las mafias de Fortuna. San Limón me había subido de grado: una cuadrilla estable, familiar, humana, con gente que conocía. Empecé en invierno, con la naranja. Y aguanté hasta el verano. 0 RETRATOS AL ÓLEO. Un conocido me encargó un retrato al óleo. Me salió bien y lo cobré sobrado. Puse entonces anuncios y muestras en las tiendas de la zona. Preparé un book, practiqué pasteles. Nada. No me llamó nadie. 0 ECHADOR DE CARTAS. Me estudié varios manuales de Tarot, y me planté en las fiestas de Elda con una pequeña mesa. Se me dio bien. En verano, en las fiestas o en la costa, el Tarot funciona. Pero es como estar tirado en la calle. Ahora mis colegas eran moros, peruanos, senegaleses. Y además, tampoco conseguía hacerme con una clientela para el invierno, por muchas tarjetas que repartiera. Es una pena, porque lo hacía bien, y la prueba es que estuve cuatro veranos viviendo de eso. 0 CONFERENCIAS ESPIRITUALES. Pablo también estaba harto de vender bisutería. Y veíamos que otros botarates se forraban dando charlas sobre el karma del dar y el recibir. Los dos juntos podíamos ser muy persuasivos, así que pusimos en marcha un historiado ciclo de conferencias esotérico-espirituales. Pero me tocó a mí hacerlo todo: el programa, el folleto, los contactos. Y Pablo ni siquiera supo resolver el problema de que, para empezar, no éramos nadie. 0 REPRESENTANTE DEL HILO MUSICAL. Ser comercial es la gran mierda y la gran solución para todo el mundo. Me planté en las oficinas del Hilo Musical de Alicante; al fin y al cabo era brindar música a la gente. Me asignaron Murcia capital. Pero había que sacarle 15 talegos al cliente solo por firmar el contrato, y yo no tenía tripas para eso. Cerré algunos contratos, pero acabé por no resultar convincente ni a los clientes ni al jefe. Otros comerciales me restregaban las fortunas que hicieron cuando empezó la época de los móviles. Todo el mundo sacaba pelas menos yo. 0 EL INEM. Me encontraba tan perdido que decidí buscar un orientador laboral, pero no pude encontrar ninguno en todo Murcia. Me contestaban como si estuviera pidiendo la cosa más rara del mundo. Me mandaban a oficinas en obras, con pasillos kafkianos, todo el mundo siempre almorzando. A las dos semanas un funcionario me atendió, pero me remitió a sus cursillos de formación en proyecto sin escuchar ni siquiera mi caso. Acabé hablando con un chaval de veinte años, titular del despacho de formación de no sé qué centro de la comunidad autónoma. Qué podía saber él. Mierda, mierda y mierda. 0 LAS ETT. Probé también en las ETT. Confeccioné cuatro currículums diferentes, y me pasé por todas las oficinas de Murcia. Ninguna me llamó. Mis carpetas acababan rápido en el insultante montonazo de historiales que tenían en el mostrador. La única entrevista fue para invitarme a unos cursillos de formación que, además, no eran gratuitos. En fin. ¿Habrá miseria más odiosa que la de aquellos que especulan con la de los demás? 0 LA CEBOLLA. Necesitaba dinero. De donde fuera. Me dijeron que había un almacén de cebolla funcionando en el pueblo. Probé. Pelar miles de cebollas, sentado en una caja, a toda hostia, y por 200 ptas la hora. Demasiado tercermundista. No aguanté ni dos semanas. Me hundía la moral comprobar que todas las mujeres que curraban allí tenían más casa y más dinero que yo. 0 CÓMIC ERÓTICO. Yendo a la esencia de la modernidad, ¿qué otro camino le queda realmente al dibujo que no sea plasmar las aberraciones de la imaginación? Por eso el tema estaba tan en alza en el mundo editorial. Por la técnica y


por las ideas, estaba seguro de que daría el campanazo, así que tiré el alma al suelo y comencé un suculento cómic. Pero el cuerpo se me revolucionó. No sé cómo se lo harán otros artistas, pues el hecho es que llegó un momento en que solo pensaba en cosas malas. Tuve que romperlo para no volverme un obseso. Qué ironía. Aquello que mejor hago es lo que más me destruye. 0 FRUGARVA CON FINA. Otra vez a los limones. Esta vez con la mejor cuadrilla de todas. Angel y Fina estaban demasiado quemados para ser malos encargados. Había confianza. Nos reíamos mucho. La escarcha, los madrugones, los pinchazos, los camiones tardando, los artistas del pedo, las litronas en la nevera; ya no había secretos para mí. Un año en el tajo, hasta que una noche, en casa, tropecé con los gatos en la escalera y me rompí aparatosamente la muñeca izquierda. Adiós a los limones. 0 DOS MILLONES. Entonces se manifestó el destino de la forma más desnuda. Me cayeron dos millones, uno detrás de otro, por ganancias bursátiles de la familia. Parecía que por fin todo cambiaría. Pero se me fueron en un año en simplemente vivir, comprar el coche, renovar el equipo, pagar púas, mover los currículums, hacer un par de viajes, y trasladar mi vivienda a la costa. Me duraron tan poco que me hundí en la culpa y la desesperación. Ahora sí que estaba claro que no había manera humana de arreglar materialmente mi vida. 0 OPOSICIONES A CORREOS. Una de las opciones que intenté con aquel dinero fue la de preparar otras oposiciones. Para mi era algo aberrante, pero para mi familia era el colmo del acierto y del bienestar. Como el dinero era suyo, me sentí moralmente obligado. Academias soporíferas, cuestionarios de hormigón, malolientes autobuses, venenos metafísicos a las tres de la mañana, y esa penumbra de secta que exudan los rostros de los opositores: era demasiado para mi. Aguanté cuatro o cinco meses hasta darme cuenta de que no tenía ninguna posibilidad, de que yo no vivía en la tierra. 0 COMERCIAL Y FREELANCE. Con el equipo al menos actualizado, me animé a exprimir el Photoshop y ofrecerme como publicista. Intenté asociarme con otros comerciales, pero no vendía un pijo. Intenté colocar en tiendas y mercadillos una colección de imágenes de la huerta procesadas y enmarcadas, muy baratas. Pero tampoco funcionó. Y presioné a todos los diseñadores que conocía en Murcia y la costa para que me pasaran trabajos puntuales, pero tampoco sirvió para nada. 0 FUTUR 98. Cuando el dinero estaba a punto de acabarse conecté con un empresario, un pequeño “gil” de campo, también demasiado Leo, que necesitaba un diseñador gráfico. Era un espabilado, y su mujer, la secretaria, una mansa. Me tuvo 3 años con contratos-basura, y cuando empecé a exigirle formalidad empezó a meter gente facha y chaquetera con la idea de forzarme a renunciar. Me arrinconaron en un auténtico acoso laboral del que finalmente me salvaron los juzgados. Pero aguanté tres años, y me pude afianzar en el diseño. Haber soportado tanto tiempo a ese egomaníaco hijo de puta y su caterva de gentuza, sin faltar ni un día, debería dar cuenta de mi voluntad de trabajar. 0 EL PARO. Por fin, a los 45, mi primer paro. Pero el delirio de impresos, colas, desprecios y vilezas que tuve que sufrir en el único INEM de Torrevieja, incluídos varios meses de retrasos, entorpecimientos por parte de la empresa, movidas de verdadero agente secreto para completar el expediente en el plazo, y un mes de suspensión por no sellar en Diciembre, más el poco montante de lo declarado, convirtieron esa gestión en una inversión de energía comparable a un curro, y una fuente de frustración incluso mayor. 0 LA NARANJA. Mi muñeca izquierda ya estaba curada, y no tuve que preguntar mucho para encontrar una cuadrilla en la zona. Rusos, búlgaros, y gitanazas con veinte años de limones a sus espaldas; el ambiente había cambiado mucho estos años. Cualquier cortador local de limones se había hecho ahora encargado de inmigrantes que trabajaban en negro. Un chollo asqueroso y generalizado. Pero los árboles seguían igual de hermosos, de terapéuticos, de impetuosos. Tres meses en el tajo me volvieron a salvar la vida. Es el mejor trabajo del mundo, y me hice el rey de la cuadrilla. Ningún camión me costaba esfuerzo. 0 CASA DE REPOSO. En San Javier había un sujeto que decía ser naturista y hacía yoga, aunque también era el dueño de dos o tres pubs en el pueblo particularmente pijitos. Me propuso dejar la naranja para ayudarle en el acondicionamiento y la gestión de una casa de reposo que quería hacer en la hacienda que tenía en el campo. El sueldo era de risa, y no me pagaba comida ni gasolina, pero aposté por el proyecto porque el tema me encajaba. Hice mal. A pesar de que me había dado su palabra, el tío se me rajó a las dos semanas diciéndome que el asunto le venía gordo. El muy cabrón me hizo trabajar tan duro, removiendo piedras, vigas, leña y escombros que finalmente me dio un tirón en la “bisagra” y me quedé doblado. Bonita forma de, pues, de plantear una casa de reposo: en vez de meditar conmigo, como prometió, el hijoputa me dejó herniado y sin trabajo. 0 EL SISMÓGRAFO. Encontré entonces trabajo en una revista cultural. De nuevo me dejé engatusar por lo interesante del proyecto y por mi perentoria necesidad de salir del atolladero. Así que me impliqué a tope, hice artículos guapos, entrevistas, me esmeré en el diseño y en la creatividad. Pero otra vez resultaba que la empresa eran dos socios que


ejercían de jefes, y un solo currante, que era yo. Uno de ellos era un pesetero ignorante que hacía tratos bajo manga con el cabrón de Futur. Y el otro era un niñato moña que no soportaba que yo tuviera más nivel que él. A los 6 meses, cuando por fin me iban a contratar, me tendieron una trampa entre los tres para echarme y poner a otro eventual de veinte años. Esta vez no tuve ganas de bronca, pero fue frustrante comprobar cómo una gente que se las daba de trabajar por la cultura me pisoteaban y humillaban, por pura soberbia mandahuevos y por no soltar un duro. Imperdonable. Unos explotadores. 0 CAZADOR DE CALLE. Volví a poner la mesa en el Paseo, con las cartas del Tarot. Pero hacía diez veces menos dinero que los trenceros y, como iba de pirata porque el Ayuntamiento me exigía que me diera de alta como autónomo para trabajar en la calle (magnífica política de integración social), tenía a la policía siempre encima. Puse cartelitos hasta en las farolas, y ensayé retratos rápidos en formato pequeño, pero casi no hacía clientes. Acabé entrándole a la gente en las mesas de las terrazas, directamente o con folletos esmerados, pero entonces eran los camareros los que me saltaban encima, como si mis servicios fueran un delito. ¿No dejaban a los chinos vender claveles? Desesperante. Cazaba muy pocos clientes. 0 LOS 50 CURRICULUM. Así que me fui a Madrid, y me tiré una semana entregando currículums en revistas culturales, en empresas de diseño y en las ofertas de las inescrutables bolsas de trabajo de la Red. En total, más de 50 currículums perfectamente presentados y personalizados, la mitad de ellos entregados en mano. No conseguí ni una sola entrevista. 0 TRES FALSAS PROMESAS. Volví a Alicante porque Cayetano me había asegurado un puesto en la cuadrilla cuando comenzara la temporada. Pero no empezaba nunca. Llovía y llovía, y nadie sabía. Javier, por otro lado, me había hablado de un proyecto musical con su teclado Korg. Pensé que conocía a alguien que nos gestionaría el negocio. Pero todo resultó ser un cuelgue quinceañero, impropio y desquiciado, de quien fantasea comprándose instrumentos caros sin tener ni idea de música. Y Elena, por último, la muy jodida, apareció un día en casa citándome para un trabajo de decoración, todo muy concreto y documentado, que resultó ser un montaje miserable para ponerme contento y sacarme unos euros. 0 EL BAR DE LA PEQUE. Estela tenía una prima que llevaba un bar cerca de casa. Un local interesante, familiar. La prima estaba buena. Un día entré a tomar café, y la oí quejarse del amontonamiento de trabajo, y decirle a todo el mundo que se iba a buscar un camarero. La pillé por banda esa tarde, y me ofrecí para el puesto. Vivir cerca, saber inglés, conocer a su prima y no pedir contrato parecía redondear la oportunidad, y ella se puso contenta y excitada. Pero su padre y su gordo primo le quitaron terminantemente la idea de la cabeza, allí mismo delante mía, como si la perspectiva de no explotarla fuera la más alarmante de las amenazas. 0 MONTAJE DE CUADROS EN LA CALLE. Me preparé dos caballetes, obras enmarcadas, muestras de retratos, mi carpeta de dibujos, y un montón de láminas procesadas con motivos turísticos. Primero probé en el Paseo. Tardaron 4 minutos en aparecer los policías y echarme. Cuanto más les suplicaba más me amenazaban con denunciarme. Luego arreglé el coche y monté el puesto en Elche, en la muestra al aire libre que se hace los segundos domingos de cada mes. Gustaron mucho mis obras, pero nadie me compraba nada. Mi desesperación estaba empezando a minar todas las neuronas y células de mi cuerpo. 0 EL CASO PILAR. Me salió un caso psicológico. Se trataba de una conocida del Paseo, titular de un puesto de perfumes, que se había pasado la vida traumatizada por el bestial y sádico acoso que sufrió, de jovencita, en la terapia de una secta poco menos que satánica de unos famosos psicoanalistas de Madrid. Un caso grave. Pero, con el rollo de que éramos medio amigos y tal, después de tres sesiones de 4 horas (no tenía hartura la pobre mujer cuando se ponía a hablar), varios informes y planes de terapia, y dos libros que le regalé, yo solo había cobrado 20 euros, Y aún le debían de parecer caros mis servicios. Qué barbaridad. 0 INFOLIO. Conseguí trabajo en otra empresa de diseño gráfico. Pero desde el principio fallaba en lo mismo que las otras: un empresario joven, estresado y orgulloso, su hermana en el puesto de secretaria, y yo otra vez el único empleado. Contrato basura, prisas, descontroles y mal humor todo el santo día. Cuando el tío vio que diseñaba mejor que él, me quiso llevar a su terreno. Y cuando vio que no me iba a bajar los pantalones, prefirió dejar los trabajos sin terminar antes que renovarme el contrato. Más que un explotador: un niñato, un verdadero cabrón. ¿Qué pasa en el mundo del diseño gráfico? ¿Por qué está dominado por esa caterva de explotadores? 0 AUTÓNOMO. No me quedaba otra que hacerme autónomo. Las empresas eran un mamoneo, y yo ya era mayorcito para que jugaran conmigo. Busqué subvenciones, programas de ayuda y de formación, organizaciones para el autoempleo. Pero de todas formas se necesitaba dinero, ropa, coche, equipo para empezar un proyecto así. ¿De dónde lo podía sacar? ¿Cómo vivir mientras tanto? ¿Cómo invertir en los primeros trabajos? No había solución. Comencé a deprimirme y a sucumbir de nuevo a las drogas. Mi vida iba en picado.


0 ENGANCHADO. Me tiré casi un año pinchándome a diario. Pero resulta que hasta para eso soy un caso atípico: a mi lo que realmente me gusta cuando estoy puesto es trabajar. Febrilmente, pues, me encerré en el estudio a hacer música. Compuse diez temas nuevos, terminé la segunda maqueta, actualicé las carpetas de samples, y completé el repertorio de los 30 temas en la guitarra, dejándolos listos para tocar en directo, cosa que no conseguía desde hacía años. Asumí que estaba enganchado, sí; pero laboralmente considero esa etapa como muy fructífera. Realicé un trabajo que me llenó de satisfacción y que me habría de ser crucialmente útil para el futuro. 0 TALLER DE MARCOS. Finalmente me marché a Madrid a curarme de la droga. Encontré trabajo en un taller de enmarcación, muy cerca de casa. Aprendí rápido el oficio, y aguanté todo el verano sin faltar ni un día, a pesar de estar en pleno proceso de desintoxicación. La empresa quedó muy satisfecha conmigo, y eso me subió mucho la moral, pues demostraba que mis recientes fracasos no se debían, desde luego, a mi falta de capacidad o a mi supuesta conflictividad. Todo fue como la seda. Pero el trato inicial era suplir a los trabajadores que se iban de vacaciones, así que cuando terminó el verano me quedé de nuevo sin faena. 0 ARAÑA. De nuevo me hinché a repartir currículums y llamar a los anuncios del Segunda Mano, pero no salía nada. Me hablaron de un programa de reinserción laboral (la Red Araña), que tenía que gestionar a través del CAID. Pero algo tan sencillo como informarme sobre el tema se volvió endiabladamente difícil. Fue difícil dar con la trabajadora social, luego fue difícil pedirle cita, luego resultó que ambos nos habíamos confundido de hora, luego no pude ir el día de la cita porque me encontraba mal, luego se tiró ella un mes enferma, y al final resultó que ese asunto en realidad no lo llevaba ella. A los dos meses lo dejé sin haber conseguido nada. 0 ESCLAVITO. Me enteré de que necesitaban personal en una casa rural de Cercedilla. Me presenté allí, y la primera impresión fue excelente: una casa de ensueño, nueve habitaciones, suelos de madera, calefacción, jardín, bosque, caballos, biblioteca, buena cocina y sala de meditación, todo a cargo de una pareja madurita de talante naturista, espiritual, positivo. Llevé además mi currículum más abultado de psicólogo y monitor de tiempo libre, con propuestas para al menos veinte talleres distintos. Pero me salieron con el mismo talante del empresario de San Javier. Pasando por alto mi nivel académico y personal, pretendían que hiciera todas las labores domésticas, la recepción y los talleres, pagándome a cambio, y por supuesto sin contrato, solo la comida y el hospedaje en un cuartucho de dos por tres metros, sin puerta ni mesa ni silla. Parece mentira. ¿Y ésos son los esperados empresarios de la cultura alternativa, los hijos del yoga y la meditación? Cualquier chacha ecuatoriana está mucho mejor pagada, y con contrato. 0 SECRETARIA. Justo en el bloque de enfrente estaba la Federación de Bridge. Un familiar, que es acérrimo jugador y conocía bien a las jefas, se enteró de que la secretaria se iba, así que nos presentamos rápidamente en la oficina. El trabajo era un chollo: cinco horas por la mañana, contrato fijo, extras, vacaciones, muy buen sueldo, y labores administrativas e informáticas super sencillas. Me dijeron que sí, a falta solo de decidirlo en la Junta. Me puse más contento que unas pascuas, se lo dije a todo el mundo, dejé de buscar trabajo, empecé a hacer planes. Pero a los quince días, sin otro aviso ni explicación menos sexista, me salen con el rollo de que la Junta había decidido emplear a una chica. Para que luego digan que no hay discriminación. Antes prefirieron quedar mal que romper con los convencionalismos y emplear a un secretario varón. Mierda, mierda, mierda, y otra vez mierda. 0 VIGILANTE NOCTURNO. Como no había forma de conseguir trabajo de diseño gráfico en Madrid, al final me empleé en una empresa de seguridad, un sector donde sí se precisa gente de mi edad y mi perfil. Estaba limpio de droga y sin antecedentes, así que me contrataron como conserje nocturno en una comunidad de dos grandes bloques de viviendas, en mi mismo barrio. La caseta tenía calefacción, radio, y una buena mesa para escribir, leer e incluso dibujar. El turno era de doce horas ininterrumpidas, pero le podía sacar mucho provecho. Podía meditar, recapitular, corregir mis escritos, incluso hacer gimnasia y pases de tai-chi en las horas en que no se veía un alma. Me adapté bien a este nuevo trabajo. Llevo casi dos años en la empresa, sin faltar ni un día, y estoy muy contento: no hago absolutamente nada. Por fin un verdadero trabajo.

RECUENTO DEL ACOSADOR LABORAL 0 El acosador laboral, según rezan los libros y estudios publicados sobre el fenómeno del “mobbing”, rara vez es un empleado. Lo normal es que sea un superior con una psicología egoísta y ególatra: el clásico jefe prepotente que no duda en utilizar todo tipo de estrategias y educadas excusas para desembarazarse de un empleado al que, por ley, debería contratar fijo. El móvil suele ser ése: forzar a la renuncia al trabajador y sustituirle por otro eventual, para continuar en régimen de contratos-basura y evitarse indemnizaciones. 0

El acosador es, por ejemplo y a menudo, un joven empresario que se monta su pequeña oficina, con su mujer de


secretaria, y un solo trabajador, y ya se cree por eso el rey del mundo: no tiene otro tema de conversación que no sea él mismo y sus méritos empresariales. 0 El acosador te tiene aún a los 3 años con contratos de tres meses, y pagándote la mitad del dinero en negro y, desde luego, empieza a cogerte manía si le insistes en que te alargue y formalice los contratos, no importa lo educadamente que se lo pidas, Cuanto más insistas, más rumores oirás de que está buscando otro trabajador a tus espaldas. 0 El acosador barrunta todo tipo de excusas mentales que le sirvan para sustentar y justificar su actitud explotadora. Cuando finalmente toma la decisión de prescindir de tus servicios, argumentará que “no le gusta tu personalidad”, o que le pareces “insumiso” o “problemático”, cuando en realidad lo que no quiere es pagarte un contrato como dios manda. Necesita tranquilizar su conciencia porque en su fuero interno sabe que está haciendo una villanía. 0 Los psicólogos coinciden en describir al acosador como un sujeto con un gran complejo de inferioridad que desemboca en una feroz envidia hacia los empleados que tengan más experiencia o más cultura o más personalidad que él. Las personas cultas, maduras, y con criterios ideológicos suelen ser las víctimas más frecuentes de las situaciones de acoso. 0 Si analizamos los círculos de amistades del acosador, veremos que con frecuencia le gusta codearse con empresarios que son aún más explotadores que él, en un impulso inconsciente de justificarse y alimentar su condescendencia paternalista. 0 Los primeros síntomas de la situación de acoso son fáciles de reconocer. Se distancia el trato, se suspenden los almuerzos en común, los saludos de cortesía se hacen forzados. El acosador utiliza frases indirectas, calculadas, ambiguas, y evita a toda costa el diálogo. 0 Haces de tripas corazón. Sacrificas sábados por la tarde para jugar al tenis con él. Te dejas ganar. Todo con tal de recuperar su confianza. Pero él no soltará prenda. Escoges el mejor momento de la tarde y le dices que, si hay algún problema, que por favor y por todo lo que está en juego, que supere lo personal y que no se calle sus quejas. Él mirará para abajo, y sin mirarte a la cara te dirá que no pasa nada y que todo son imaginaciones tuyas. Que no te preocupes. 0 Por supuesto, si el acosador cuenta con su mujer en la empresa, es lógico que el acoso se multiplique por dos. Y las acosadoras son especialmente mansas a la hora de meter cizaña; cualquiera sabe los retorcidos despechos con que se vengan de ti, por muy correctamente que las trates. 0 Pero como ocurre que la mayoría de los acosados son buenos trabajadores, y no hay queja real en su comportamiento o su eficacia profesional que justifique la actitud del acosador, la gama de paranoias con que se autoalimentan para intentar descalificar al acosado raya en la demencia. 0 Una de las estrategias más miserables del acosador es meter de pronto en plantilla a otros trabajadores, sin consulta ninguna previa, de ideología totalmente contraria a la del acosado, y en su mismo puesto. Les fuerza a trabajar juntos, y si surgen discusiones se pone siempre de parte de los nuevos. 0 Por ejemplo, si el acosado es un ecologista de talante más bien alternativo, el acosador empezará a meter gente declaradamente racista, muy de derechas y amantes de la prensa rosa, que hablarán del fútbol y de gran hermano con verdadera exaltación, e intercambiarán entre sí expresiones como moros de mierda, etc. Se creará una delicia de ambiente para el acosado. 0 Se puede dar el agravante, además, de que alguna de estas nuevas incorporaciones sea una persona realmente incompetente, que entra en la empresa sin saber manejar los programas básicos, y que además se atreve a criticar groseramente la forma de trabajo del acosado. Es igual. El acosador no desaprovechará ninguna ocasión para ponerse del lado de los incompetentes para humillar al acosado. 0 Se ha creado así un “grupo de presión”, que es la manipulación final que hace el acosador del personal de su empresa para conseguir su inconfesable propósito personal. El acosado empieza a ser criticado a sus espaldas y se le margina de todas las conversaciones informales. El prejuicio que existe contra él se vuelve tan ostensible que no hay manifestación suya, verbal o de conducta, que no sea mal vista o mal interpretada. Unos a otros se apoyan y colaboran tácitamente para hacerle el vacío, aprovechando las circunstancias cotidianas del trabajo según se van presentando. 0 Para el acosado, ir a la oficina se convierte entonces en un infierno. Pero por muy insistentemente que pida una reunión conjunta para sentar unas bases mínimas de comunicación y convivencia, jamás se le concederá. Se le darán todo tipo de excusas y largas, a veces incluso con tono de burla. El objetivo común es ponerle nervioso y hacerle sufrir.


0 El acosador te suele despedir en cuanto te das de baja por depresión. Como ve que se ha pillado los dedos pagando ahora el trastorno de salud que él mismo ha provocado, se ofusca y aduce motivos disciplinarios, sabiendo en realidad que no los hay. El trabajador ha cumplido siempre con su obligación y ha sido correcto. La demanda por despido improcedente es inevitable. 0 El acosador destapa entonces el baúl de pruebas incriminatorias que ha ido acumulando a escondidas, incluso hurgando en las papeleras, para preparar un juicio que ya ve de entrada desesperadamente perdido. Si el trabajador ha escrito cartas al acosador pidiéndole entendimiento y diálogo, éste violará miserablemente la confidencialidad, y malinterpretará y sacará fuera de contexto frases concretas, para intentar incriminarle. En las fases previas al juicio, presionará al abogado del acosado con mentiras aberrantes acerca de su persona. No reparará en ningún tipo de consideraciones éticas con tal de desacreditar al acosado y de salvar su orgullo. 0 Por suerte, los sindicatos y los jueces no son tontos, y pronto queda claro que lo que el acosador quería era perjudicarte por motivos personales, sin poder apoyarse en ningún argumento real, legal. Eso es delito porque el acosador vierte acusaciones sobre el acosado que le confinan en una grave situación de indefensión. 0 Bajo juramento, todos los testigos que trae el acosador tienen finalmente que admitir que el acosado no hizo nada incorrecto, y que se hinchó de pedir reuniones para solucionar las cosas, sin que jamás se le concedieran. Nadie podrá dar un motivo real que justifique el despido y el perjuicio que se le estaba ocasionando. 0 Este tipo de juicios se ganan, pues, muy fácilmente, y el acosador acaba pagando veinte veces más que lo que estaba dispuesto a darle de finiquito al acosado, en plan perdonavidas, “por hacerle un favor”, cuando le despidió. El acosador juega con el hecho de que el acosado está sin dinero y sin paro para hacerle firmar el finiquito, pero es importante no hacerlo para no perder derechos a la hora de interponer la demanda. 0 Todos los libros sobre “mobbing” insisten en definir al acosador como un narcisista perverso, una mente retorcida, retrógrada, cuyo enorme complejo de inferioridad le impide incluso admitir que un empleado suyo le gane un juicio y le deje en evidencia. No escarmentará con la lección. No te lo quitarás de encima tan fácilmente. 0 El acosador seguirá tu trayectoria después del juicio, y cuando encuentres trabajo en otra empresa, usará la estrategia de intimar con tus nuevos jefes, cosa fácil cuando en una zona local son pocas las empresas de un mismo ramo. Estrechará lazos comerciales, no desaprovechará ninguna ocasión de tomarse un café con ellos y, si la mentalidad de los nuevos jefes es también mínimamente pesetera y explotadora, no le costará ganárselos poco a poco a su causa y convertirlos en acosadores. 0 El perjuicio que los acosadores llegan a causar al trabajador es enorme. A nivel de salud, te ves rápidamente abocado a la depresión, el tabaquismo y la hipertensión. A nivel económico también te perjudican, pues eres despedido antes de que los contratos hayan cotizado para que te quede un paro medianamente decente. Y a nivel de reputación profesional, te encuentras en un callejón sin salida, pues si pones esa referencia en tu currículum enseguida van a hablar mal de ti, y si no la pones parece que no has estado trabajando todos esos años. 0 Los acosadores son capaces de seguir molestándote hasta enterrarte. No en vano, los psicólogos no dudan en titular el acoso laboral como un auténtico asesinato moral. No son pocos los trabajadores que llegan a suicidarse. 0 Hay muchos trabajadores que están sufriendo este tipo de humillaciones con la impotencia de no saber siquiera de qué se trata, sintiéndose culpables sin motivo. Que sepan que el acoso laboral acabará tipificándose como delito, que no cejen en el empeño de lavar su imagen y proteger su dignidad, y así ir superando poco a poco ese medievalismo empresarial que aún se respira en este tipo de empresas.

RECUENTO DEL EXPLOTADOR LABORAL 0 Continuando con el inagotable abanico de indeseables que nos podemos encontrar en los puestos de autoridad de las empresas, concentrémonos ahora en aquellos jefes cuya injusta actitud no responde a un plan premeditado para deshacerse del empleado (acoso), sino más bien al placer de presionarle e infravalorarle por simple instinto de autoritarismo. Detrás, por supuesto, también hay intereses económicos y complejos de inferioridad. Pero el matiz perverso que introduce un explotador laboral obedece principalmente, como decimos, a un concepto erróneo y un abuso sutil y retorcido de su papel como superior.


0 Por desgracia, los explotadores son mucho más comunes que los acosadores, ya que suelen ser personas de poca cultura y de carácter reaccionario, cosa que siempre abunda. Bajo una apariencia de formalidad y mentalidad moderna, son personas que tienen un concepto militar y fachoide de la empresa (”esto es como la legión”), y tienen tan poca cultura que son capaces de estar dirigiendo una pretendida “revista cultural” y al mismo tiempo declarar, en momentos de confianza, que no leen en el sillón de su casa otra cosa que no sean revistas de coches. 0 Otras veces el explotador, sobre todo si se trata de un tío moña, o un niñato inmaduro, tiene un carácter retorcido que le hace rápidamente cogerte celos al comprobar que tienes más nivel personal o profesional que él. Más orden, más coherencia, más creatividad. Como explotador, su reacción es aferrarse a su status de jefe, y cegarse para no ver en su empleado más valores que los que él quiera ver, los tenga o no. El impulso destructivo de sus complejos es tremendo y contraproducente para una empresa. Un desperdicio de potencial. Su explotación consiste en deleitarse descartando tus sugerencias e iniciativas de manera sistemática. No se detiene a examinar tus muestras, ni te agradece ninguna de tus colaboraciones. Te exigirá unas rutinas de trabajo que él mismo descuida descaradamente. Y si intentas corregirle fallos técnicos elementales, se defenderá siempre infantilmente, y luego te guardará rencor. 0 El explotador es capaz de gritarte delante de un cliente por no estar haciendo mal lo que técnicamente está bien, evidentemente porque lo que quiere no es tu talento sino tu sumisión incondicional. Si además sabe que te das cuenta de sus desórdenes y de sus fallos, su obsesión por anularte se convierte en una verdadera histeria encubierta. 0 El explotador te tiene sin contrato, haciendo mil funciones que no te corresponden, y pagándote menos que nadie, y sin embargo mirará con lupa tus errores, y los magnificará y te acusará de cosas “gravísimas”, todo con tal de justificar el mantenerte en precario y no soltar un duro, y convencerte encima de que te está dando una gran oportunidad. 0 Si en una empresa, además, son dos socios los que ejercen de jefes, y eres tú solo el único empleado, las prerrogativas de su explotación no tienen límites. Pueden llegar al extremo de insultarte un día, en presencia uno del otro, y tener aún la desfachatez y la cobardía de decirte al día siguiente que ninguno de los dos se acuerda de haberlo hecho. Demasiado, ¿no? 0 El lector habrá adivinado que, tanto en este caso como en el de los recuentos anterior y posteriores, me estoy inspirando en casos absolutamente reales, que he vivido en mis propias carnes de currante oprimido, con personajes desgraciadamente tan concretos y reales como usted y yo; personajes cuyos nombres y apellidos no especifico solamente porque no es el revanchismo lo que me mueve, sino el impulso, literario y reivindicativo, de que mi testimonio sirva para denunciar su perversa psicología y ponernos en alerta contra sus mañas, que tanto daño hacen al conjunto de la sociedad laboral. 0 A los explotadores les da igual lo bien que trabajes o el dinero que aportes a la empresa. Si no pueden doblegarte, te echarán. Estarán al quite, y aprovecharán cualquiera de tus fallos para montar un drama imperdonable que justifique el despido. 0 No es de extrañar que esto ocurra poco antes, qué casualidad, de la fecha prometida para renovarte el contrato. El explotador no tardará ni tres días en poner en tu puesto a un chaval de veinte años. Lógico. Un eventual dócil e inexperto que se deje fácilmente llevar, y sobre el que pueda proyectar todos sus delirios de mandahuevos sin recibir la más mínima queja. 0 Ésa es la conclusión, chicos. Este tipo de empresarios no aprecia tu nivel profesional, y mucho menos tu nivel cultural. Por encima de todo, lo que el explotador aprecia es tu nivel de sumisión. Y cuanto mayor sea, más a gusto estará. Son negreros. Tienen la mentalidad cacique que los fachas de antaño, por muy enrollados o modernos que aparenten ser. 0 Una de las respuestas típicas del explotador, cuando decides protestar, es ”no vas a encontrar mejores condiciones que las mías, nadie te va a contratar como yo, etc”. Esta miserable actitud. tan insultante como común, con la que muchas veces los empresarios se justifican unos a otros, es una forma de explotación generalizada propia del caciquismo inmemorial. Son pazguatos. Su mente funciona con el rencor y la soberbia. Y se atreven a jugar con el sustento y la dignidad de otras personas pensando que van a quedar impunes.

RECUENTO DEL OPRESOR LABORAL


0 Distinto del acosador y el explotador es el opresor laboral, la figura más común y menos sutil de esta tríada de insufribles empresarios. En él, las perversiones del acoso y la explotación se condensan en un cuadro psicológico mucho más primario y nocivo, y que se manifiesta desde las primeras entrevistas. 0 El opresor laboral también se fragua con más rapidez en el seno de empresas pequeñas, familiares, en las que él es el jefe, su hermana la secretaria, por ejemplo, y tú el único trabajador. Suelen ser personas jóvenes, soberbias, impulsivas, siempre nerviosas y estresadas, que se quejan de todo el mundo y no hablan bien de nadie. 0 De entrada, por supuesto, el opresor te hace un contrato-basura en unos términos aún más degradantes que el acosador o el explotador, que quizás no tienen mala intención en un principio. Ésa es la diferencia. El opresor ya da muestras, desde los primeros momentos, de que va a sacarte la sangre. Rara vez te contratará conforme a tu verdadero status profesional. 0 El opresor está todo el rato tenso y mosqueado. Despotricando en voz alta ante cualquier contratiempo. No para de cagarse en todo, y de dar rienda suelta a su mal humor. Es curioso que estos tres demonios, acosador, explotador y opresor, coinciden en llamar “su casa” a la oficina, y eso parece que les disculpa de comportarse en ella como les dé la gana, a gritos si hace falta, haciendo insoportable el ambiente. 0 El opresor está todo el rato encima, a ver cómo trabajas. Te pone nervioso. Como lleva el chip negativo por delante, se equivoca al interpretar tus rutinas. Si algo no lo haces como él, concluye que no controlas los programas. Tú sabes que se precipita tendenciosamente porque está hecho un lío y piensa mal de todo el mundo, así que toda diplomacia con él es poca. 0 Poco a poco te vas dando cuenta de que para nada es el buen profesional que presume ser. No controla programas mucho más importantes, no tiene imaginación espacial, no sabe dibujar, y su estrés le impide concentrarse y ser realmente creativo. Compruebas aterrorizado que lo que intenta es llevarte a su terreno para enmascarar su incompetencia, y como es tipológicamente un opresor sabes que no te dará opción por más que le adules o te hagas el tontito. Y mucho peor sería enfrentarte a él y decirle la verdad. Te echaría sin misericordia. 0 La única estrategia posible es tirarte el rollo y hacerle trabajos en casa, sin cobrárselos. Sacarle las castañas del fuego sin atribuirte méritos. Pero no sirve de mucho. Es un opresor. Cuando ve que tus trabajos son mejores, se pica y es capaz de perder días enteros buscando cómo superarlos sin utilizar ni una sola de tus aportaciones. Tanto es su infantil orgullo. 0 El opresor es un desastre dando indicaciones sobre cómo quiere los trabajos. Cambia constantemente de opinión, y no utiliza partes de trabajo ni instrucciones escritas de ningún tipo. Da la impresión de no saber lo que quiere o de querer que tú lo adivines con dos o tres frases inconexas, como si eso fuera lo que se esperara de tu diligencia profesional. Si luego hay errores, por supuesto te echa a ti todas las culpas. 0 El opresor no está bien de la cabeza. Si se te ocurre ponerte serio y protestar por alguna de sus presiones, por muy civilizadamente que lo hagas, te mirará como diciendo “¿qué habla este miserable currante de mierda?” y te echará la cruz para los restos. Él, sin embargo, se queda estupefacto, sorprendido, cuando le haces notar que repetidas veces te ha insultado delante de la gente por cosas tan nimias como dejarle las tijeras abiertas encima de la mesa. 0 El opresor no tiene reparos en amenazarte con su naturaleza violenta Si protestas te responde que tengas cuidado, que con el genio que tiene, te puede echar a la calle a patadas si le da el pronto. ¿Quién coño se cree que es? Insistimos en que estamos hablando de casos reales. Niñatos que no saben controlarse se atreven a hablarle así a trabajadores quince años mayores simplemente porque son sus empleados. 0 El opresor, pues, no te perdonará un fallo una vez que se haya enconado lo más mínimo contigo. Si, por ejemplo, estás enfermo y llegas tarde con la más mínima frecuencia (pongamos dos veces al mes),no querrá que le lleves un certificado médico, ni querrá que recuperes el tiempo perdido en ningún otro momento, no querrá aceptar disculpas, ni explicaciones, ni mucho menos dialogar. Lo que quiere es castigarte, al precio que sea. 0 La esencia de su opresión se puede resumir diciendo que “tú tienes que ser flexible con sus argumentos para no poder contratarte como Dios manda, pero él no puede aceptar tus limitaciones bajo ningún concepto ni solución ni alternativa”. 0 O por decirlo de otro modo: “Bueno, bonito y barato”: ésa es la divisa de los opresores. Es decir: quieren currantes que sean super-profesionales, que trabajen super-rápido, que dibujen super-bien, que tengan un criterio supercreativo, que sean super-puntuales y super-educados, y al mismo tiempo que acepten contratos super-basura. Pues nada,


chico, que lo busquen. Quizás en dos o tres reencarnaciones más se acaben sosegando y aclarando, y acaben encontrando a alguien a su gusto. Qué mierda, por Dios. Qué gentuza. Qué pandilla de cabrones y de pinches tiranos.

RECUENTO DEL CHAQUETERO 0 A estas alturas, ya muy de vuelta de remordimientos y de inoculados sentimientos de culpa, uno tiene ya muy claro que la causa de los fracasos laborales no está en la incapacidad o el egoísmo propios, sino en la profusión de soplapollas que hay alrededor. Yo no me llevo mal con nadie. Solo tengo problemas con los problemáticos (y, aun a riesgo de parecer arrogantemente sexista, con las tías feas). Y cuanto más estúpido y miserable es el sujeto, más agudo es el mal rollo. Qué casualidad. 0 Ya me di cuenta, cuando le conocí, de que no era normal la forma en que entrecerraba los párpados y ladeaba la cabeza. (Se lee en “La nube del no-saber”, el famoso anónimo de la Edad Media, que “el hombre auténtico jamás ladea la cabeza cuando habla con alguien”). La desconfianza es algo natural entre personas de más de cuarenta. Pero su mirada era decididamente torva. 0 Es un bocazas. Habla mal de los clientes, de los jefes, de los compañeros, de los políticos, del estanquero, y hasta de su madre. Y siempre a sus espaldas. Le pasa como al Pepe el de La Vera. Si hablas mal de todo el mundo, acaban hablando todos mal de ti. 0 Dios nos libre de ensayar, a la vista del chaquetero, alguno de los escaqueos que todos los currantes hacen con toda confianza y todos los días del año delante de los demás compañeros. Pues el chaquetero tomará nota, lo magnificará y se lo cantará al jefe, le pregunten o no, se le recompense o no, en cuanto tenga la más mínima ocasión. 0 Pero el colmo del bocazas es tomar nota también de las pifiadas del jefe, y de andar contándoselas luego a los demás. Con lo cual, uno se pregunta si este tipo de personajes están bien de la cabeza. Pues se chivan al jefe de las irregularidades de sus compañeros, que son intrascendentes, y luego pretenden que esos mismos compañeros no le larguen al jefe todas las veces que el chaquetero ha estado hablando mal de él, diciendo que no sabe llevar la empresa, que no se entera, que pierde gente porque no tiene idea, etc, etc. Esto sí que es gordo. 0 Le mueve la paranoia, la desconfianza y la envidia. Le mueve el odio, la frustración y los complejos. Pero por encima de todo le mueve el miedo a la autoridad. Ese miedo infantil, cerval, ciego, irreprimible, a que venga el jefe y le regañe. Éste es el núcleo de todas sus pesadillas. Debió de tener un padre duro, que le daba verdadera caña. O unos hermanos que no le aceptaban. Pues detrás de esa maledicencia con que va de grupo en grupo quejándose de unos y de otros, cual abejorro que va de flor en flor destrozando los estambres, hay un ansia rudimentaria por ser reconocido como el más honrado, el más puntual, el que lo sabe todo. Una necesidad compulsiva de ser aceptado, en definitiva, que le lleva sin embargo exactamente a lo contrario. 0 El chaquetero no teme perder el trabajo. Lo que le aterra es que el jefe le eche. Son dos cosas muy distintas. No teme meter la pata. Lo que teme es que el encargado le regañe. He visto chaqueteros caerse de la escalera y levantarse en medio segundo, y con la muñeca rota, porque el encargado andaba por ahí. Y aún tuvimos que interceder nosotros para que le mandaran al hospital y le escayolaran, pues él estaba dispuesto a terminar el turno sin decir una palabra. 0 El chaquetero trabaja más que nadie, por supuesto. No se salta una ronda, le controlen o no. No se salta una coma del Reglamento. Pero el currante normal, más espabilado y más relajado, suele encontrar maneras de cumplir con su trabajo sin esforzarse tanto. Consigue incluso mejores resultados, ya que en realidad vale más la vista que el celo. Esto saca de quicio al chaquetero, y por eso está buscando siempre, en un impulso tan irresistible como inconsciente, maneras de vengarse o de joder a los compañeros. 0 Pero solo consigue tirarse piedras a su propio tejado. Su descontrolada vileza le sumerge en una viciosa e imparable espiral de autojustificaciones encaminadas a resaltar el único argumento que, en su fuero interno, le permite menospreciar cualquier forma de compañerismo: su convicción de ser el mejor en el trabajo. Es un círculo contraproducente no solo porque incumple tres de las más elementales reglas del buen trabajador, a saber, “vive y deja vivir”, “mantén la boca cerrada”, y “no te creas mejor que los demás”, sino porque a pesar de lo mucho que, pensando con egoísmo, conviene al jefe su eficiencia productiva o sus chivatazos, no te creas que a éste último, a poco que tenga un código de valores más o menos sensato, le agrada demasiado tener a este tipo de personajes en su plantilla. No es infrecuente que sea el jefe el primero en cogerle animadversión a los chaqueteros, y mucho más si son sujetos que les


hacen descaradamente la pelota. 0 Dan ganas de decirle, pues, si un buen día le pudiéramos coger por banda: “No me vuelvas a insultar o a quejarte de mi a mis espaldas, chaquetero de mierda. No vuelvas a espiarme o tomar nota de mis apaños, bocazas seboso y feo. No lo hagas, y no solo porque podría mosquearme y contarle yo también a todos lo que me cuentas de ellos a sus espaldas, sino porque, fantaseando sobre extremos de violencia que no son tan infrecuentes (pues ya sé que te han currado en más de una ocasión), podríamos llegar a engancharnos y podrías pegarme un cacharrazo y dejarme malherido (y si no es a mi, podría ser a cualquier otro), y entonces, con un poco de suerte, te meterían en chirona una temporadita. Y ¿sabes lo que pasaría? Que no tardarías allí en convertirte en un soplón, porque lo tienes en la sangre. Y, créeme, pobre diablo, no hay cosa que joda más a los reclusos que los chivatos. Lo ibas a pasar fatal. Te iban a arrancar los huevos a mordiscos, te iban a coser la boca con un alambre de espinos. Y te ibas a dar cuenta entonces, en ese infierno de emociones a flor de piel, donde no valen las sutilezas ni los traumas infantiles, de lo definitivamente miserable que es una personalidad como la tuya. Cagón.”

RECUENTO DEL GILIPOLLAS LABORAL 0 Finalmente, cuando parece imposible dar con situaciones y personajes laborales más abyectos que los descritos en los recuentos anteriores, resulta que todavía existen otros que, dando una vuelta de tuerca más, se salen ya de las categorías de interés egoísta o explotador propiamente laboral que aún conservan, dentro de su desatino, un ápice de motivación racional, para entrar en un apartado donde la única calificación que cuadra no tiene ya nada de humano: es la figura del puro gilipollas, del cabrón. La raza humana parece no tener límites en su capacidad para la estupidez y la crueldad, y pobre de aquél que, con su santa ingenuidad, vaya por el mundo sin creer a pie juntillas en esta posibilidad. 0 Dentro de los servicios de mi empresa de vigilantes nocturnos, me asignan uno como conserje del turno de noche en una comunidad de vecinos al norte de Madrid. 0 Ya desde el principio advierto que los dos porteros del turno de día tienen de entrada una actitud muy desconfiada y exigente. No facilitan nada el trabajo, escatiman al máximo la información, y hacen problemas de cosas que no lo son. Compruebo, además, que tienen muy mala opinión de todo el mundo. De los vecinos, de los compañeros, de los técnicos, etc. 0 Yo me concentro en mi trabajo, cumpliéndolo escrupulosamente y sin provocar ningún problema. Sin embargo, lejos de ganármelos, veo que su animadversión y antipatía sigue creciendo, sin justificación ninguna. Bueno, como ya me habían avisado del carácter difícil de ambos, decido juzgar su actitud como un rasgo idiosincrático y no darle demasiada importancia. 0 Sin embargo, una mañana empezaron a acusarme de haber descontrolado gravemente cierta llave. Hice mis averiguaciones y resultó que la llave se la había dado a su dueña estando ellos delante (la cosa no tenía mayor importancia, y por eso lo había olvidado), con lo cual quedó al descubierto que lo que querían era claramente aprovechar esa supuesta falta para quejarse de mi a mi empresa y buscarme un problema. 0 Se lo hice notar, a los dos, y ambos, en vez de disculparse, se limitaron a darme la espalda, a insultarme sin tapujos, y a decirme que no tenían nada que hablar conmigo. Cuando les dije que se les notaba mucho que iban a por mi, me dijeron que sí, y que volverían a hacerlo siempre que quisieran y que volverían a insultarme si les apetecía hacerlo. 0 Naturalmente, la discusión subió de tono, y les advertí que si seguían insultándome me iba a enfadar de verdad. Uno de ellos me soltó entonces un sonoro “gilipollas”, así que le endiñé dos bofetones y lo estampé contra un coche. 0 Les dejé allí parados, para no dar pie a más violencia, y me marché. Pero a la media hora regresé. Les dije que esto no podía seguir así, que debíamos dejarnos de idioteces y portarnos como personas. Les hablé razonablemente y les hice notar el acoso que me estaban haciendo. Les pedí, con todo, disculpas por lo que hubiera podido ofenderles, y finalmente tuve el valor de encararles uno a uno y de tenderles la mano en señal de reconciliación y de buena voluntad. Pero ninguno de los dos me la quiso estrechar. 0 A los pocos días recibo notificación de mi empresa de que tenía que dejar el puesto de trabajo. Los argumentos, al parecer corroborados por el Administrador y ciertos vecinos, no tenían nada que ver con la dichosa llave, sino al parecer con tres acusaciones: a) que me quedaba dormido; b) que me ausentaba de la cabina; y c) que dejaba entrar en ella a


algunos vecinos. 0 Ninguna de las acusaciones era cierta, y no me costó demostrarlo, pues ahí estaban los partes de incidencias, limpios como una patena. Más aún, eran ellos los que se ausentaban con frecuencia de la cabina, utilizando indebidamente las instalaciones de la comunidad, y tomándose sus buenos lingotazos en el bar de la esquina, donde yo muchas veces les había sorprendido. 0 De hecho, tenía testigos que estaban dispuestos a secundar mi versión, pues había hecho muy buenas amistades en el tiempo que estuve allí. Pero como estaba claro que enfrentarme con ese par de idiotas hubiera sido cruento e inútil, mi misma empresa me instó a abandonar la lucha y aceptar otro servicio en el que las condiciones eran mejores. 0 No merecía la pena enfrentarse a dos personas que no tenían reparos en perjudicar laboral y personalmente a un compañero de trabajo simplemente por dar rienda suelta a sus oscuros prejuicios y rencores. 0 La prueba es que no era yo el primero que era víctima de sus malas artes, pues iban ya cuatro compañeros que habían sido vituperados y despachados sin contemplaciones cuando estos porteros habían juzgado que se tenían que ir. 0 La prueba era que, mientras que ningún vecino había tenido la más mínima discusión conmigo, pues siempre había sido atento y simpático, eran muchos los que se quejaban de la actitud y comportamiento de ambos porteros y bastantes los que habían tenido verdaderos altercados con ellos. 0 En fin, dos auténticos gilipollas, dos personajes falsos y chaqueteros. Pues ¿qué calificativo merecen aquellos que se deshacen en sonrisas y muestras de simpatía con los vecinos y los superiores, y luego se portan despóticamente y de manera altanera con los compañeros de trabajo? Muchas veces les he visto saludar efusivamente a un vecino, para luego hacer gestos y comentarios despectivos cuando les daba la espalda. 0 Recuerdo que, cuando estallaron las discusiones, entre dientes y dándome la espalda repetían maquinalmente "yo valgo mucho más que tú, mil veces, los vigilantes aquí no sois nadie, yo soy mil veces mejor persona que tú, etc". Así que es más que posible que sea su tremendo e inconsciente complejo de inferioridad el responsable de la visceralidad con que han arremetido contra mi persona y provocado toda esta situación. Qué le vamos a hacer. ¿Cómo luchar contra esto? 0 En una variante o en otra, este suceso reproduce un esquema de cosas que se han repetido mucho en mi historia laboral, y presumo que también en la de muchos trabajadores condenados a codearse con compañeros de mucha menos cultura o elegancia espiritual. Mi consejo, mi conclusión es que no se avergüencen, ni mucho menos se culpabilicen. Ser ignorante no es excusa para portarse como un idiota. Son definitivamente ellos los gilipollas.

RECUENTO DE GESTIONES PARA COBRAR EL PARO 0

Hay una sola oficina en una ciudad de 80.000 habitantes.

0 Hay que esperar una hora solo para que te den número, peleándote con todos, porque dice la funcionaria que si los deja en el rodillo hacen reventa con ellos en la calle. Yo, desde luego, no he visto a nadie haciéndolo. 0 La actitud general de los funcionarios, su gesto facial evidente, es de hartura, suficiencia y antipatía. Los parados somos unos pesados indisciplinados e insufribles. 0

Después de 3 horas consigo que me atiendan. Me dan una relación interminable de documentos a presentar.

0 La mayoría de los documentos los tiene que presentar la empresa. Pero como estoy de juicio con ellos tardan un mes en preparármelos, después de mucho insistir. 0 Tampoco he cobrado el finiquito porque he interpuesto una demanda por despido improcedente. Así que me quedo sin fondos y me tengo que meter en los limones. 0 En teoría estoy haciendo algo ilegal. Si me pillan los del INEM me castigarían duramente. ¡Estoy en los limones porque no tengo qué comer! ¿Qué se supone que debo hacer?


0 El INEM, desde luego, no me da trabajo. Te inscribes para demandarlo, y te sientan en una mesa con un funcionario que puede ser tu hijo y que te pregunta “¿ha trabajado Ud. alguna vez?”. Dan ganas de matarlo. Lo apunta todo a mano, incompleto y deprisa, y te despacha sin contemplaciones. Nunca en mi vida he conseguido un trabajo a través del INEM. 0 Por fin presento todos los papeles, a los dos meses. Pero falta el número de días de vacaciones, pues el certificado de empresa está hecho sobre una matriz antigua, donde no viene esa casilla. Les advierto que por ese solo dato voy a tener que esperar otro mes entero hasta que la empresa quiera hacerme otro certificado. Les da igual. Me dicen que solo tengo ocho días para presentarlo. 0 Les digo que vale, que se lo traeré como sea. El funcionario rompe el impreso rellenado delante mío y, con cara de fastidio dice: “esto es complicarme la vida”. Me dan ganas de enseñarle los ochocientos arañazos que llevo en los brazos, y ahorcarle después. 0 ¿Cómo coño lo hago? Al INEM hay que ir personalmente por huevos, de Lunes a Viernes, de 9 a 1, para que vean que no estás currando. Les da igual si tienes que vivir del aire los tres meses que duran las gestiones. 0 Al final me tengo que montar una película de espías. Falsifico una fecha y le digo a mi mujer que pase el Martes a última hora, pregunte por Pepito y le deje el documento en tal esquina de la mesa, al descuido, como si fuera suyo, y salga corriendo como si estuvieran esperándola con el coche en marcha. A esas alturas, después de tantas horas de espera en esa puta oficina, ya me conozco las rutinas de todos los funcionarios, así que pongo cronométricamente la movida en marcha, y me sale bien. 0 Resultado: he tardado cuatro meses en empezar a cobrar un paro ridículo, y de solo 6 meses, porque por supuesto la empresa me había declarado un tercio de los 3 años trabajados; y encima soy oficialmente un delincuente porque estoy en los limones y porque me faltaba una casilla. Si me pillan, todavía me meten un paquete. Fastuoso. Ésa es la política real de ayuda y cobertura para los desempleados. Todo son trabas, retrasos y malas caras. ¿Podrá haber un Dios que les perdone?

RECUENTO DE NARANJAS Y LIMONES 0 Desde un punto de vista guerrero, espiritual, y sin salirse de las estructuras laborales clásicas, posiblemente no haya mejor trabajo en el mundo que coger limones y naranjas. 0 Todo el día a pie, caminando por los huertos. En cualquier otro jornal tienes que forzar una postura, pero aquí te agachas, te arrodillas, te estiras, te subes al árbol, saltas, cargas la capaza, el camión, etc, sin llegar a desplazar la postura principal, que es ir caminando con la tijera en la mano y la capaza colgada al hombro, cual escudo. 0 Las nubes, la selva de ramas, las alfombras de vinagrillos, el sonido del aire y de las acequias, las merlas, el botijo, los almuerzos bajo el árbol. 0 No hay nada más delicioso que hincharse por la mañana de dulcísimas naranjas cuando sudas y tienes verdadera sed por el esfuerzo realizado. Y si es verano y cae una litrona fresca, pues no te digo ya. 0 Todo el día respirando ese vaho de microgotas que exhalan los cítricos al pincharlos. La quintaesencia de los iones negativos. 0 Como tienes que ir deprisa, sobre todo en el destajo, automatizas los movimientos. Pero como cada árbol es distinto, no hay posturas fijas. El resultado es una danza silenciosa, taoísta, marcial, que te hace infinitamente flexible. Son millones las posturas que llegas a adoptar, y no hay músculo del cuerpo que dejes de ejercitar. 0 Olas de saltamontes que escapan hacia el norte por las tardes. Sapos, culebras, arañas, nidos, abubillas, avisperos. Tienes que tener cuidado de no confundir estos últimos con un limón. 0 Por supuesto, es un trabajo muy duro, mal mirado, mal pagado, con infraestructuras aún muy caciques. Pero hasta en eso resulta natural. Los encargados van bien vestidos, limpios, y se pasan el día ligando con las jornaleras. Los


chaqueteros, el amo, los borrachos, los inmigrantes, la política de los almacenes: todo es elemental, sin secreto, sin trampa. Infernal e injusto como la vida misma. 0 Las amistades y los piques, los gritos y los eructos, las opiniones, las charlas, los mosqueos; todo discurre en el plano de relación más básico, donde todo se ve claro y sin interferencias, en el entorno más sano y arquetípico del quehacer humano. ¿Habrá faena más inocente, menos dañina, que coger de los árboles la fruta madura? 0 No cortamos ramas, no sulfatamos, no labramos ni regamos. Ni siquiera aplastamos una mala hierba. Todas esas tareas, más sospechosas, las realizan otros. Nosotros representamos el paradigma: coger de la naturaleza lo que más cómoda e indiscutiblemente está ahí para nuestro provecho. 0 Los limones son mucho más duros que la naranja porque pinchan como demonios. Necesitas buenos guantes, pues hay espinas de todos los tamaños, y no hay día que alguna de ellas no te haga cagarte en todos los cuñados de Dios. 0 No todo el mundo lo puede resistir. Cuando estás en medio de un árbol mal escardado, serpenteando entre agujas como dedos, empapado de sudor, y con el encargado gritando, atraviesas muy fácilmente la frontera entre el desafío y la derrota. 0 Pero te acostumbras. Te inmunizas a algo que va más allá del dolor. En el futuro no habrá angustia, mono o precariedad que, acordándote de esos pinchos, no te parezca una imbecilidad. 0

Vas todo el día cantando. La gente canta mucho en el jornal. El ambiente es alegre. Nunca he cantado tanto.

0 Para ellos, para los del pueblo, es también más que un trabajo. Es una forma de ser. Nunca tienen prisa en volver a casa. 0 Cuántos héroes anónimos, cuántos personajes de novela. José, un oligofrénico por hipertiroidismo, con cuerpo de mosquito y mente de niño, corre el doble que los demás. Está casado con la mujer más gorda, más fea y más tranquila del pueblo. 0 Manolico siempre repite todas las frases dos veces. Juan es un viejo con cuerpo de atleta. Agustín termina siempre sin una mancha. El Palomo estalla a reir cuando más serio parece. Pascual Antonio consigue llevar ocho litronas en su pequeña nevera. Controla sus pedos hasta el extremo del arte. Mari Carmen está buenísima, pero no se concibe a sí misma lejos de los limones. Los viejos siempre están haciendo chistes. Antonio es capaz de hacer lumbre en mitad de un granizo. 0 Santiago llevaba toda su vida cortando limones. Cuando le faltaban dos meses para jubilarse sufrió una embolia. Era tan buena persona que hasta las más beatas de la cuadrilla perdieron la fe. 0 Te das cuenta quién es miserable y quién es gentil en el código tácito de los veteranos: los turnos para subir al árbol, para cargar el camión, para ir por la sombra, para ayudar a las mujeres, para rellenar las capazas. 0 Había mañas, como la picardía de escoger las mejores hileras, que yo jamás llegaba a dominar. Pero a aquellos zorros les bastaba un vistazo para saberlo todo del huerto en que estaban, aunque fuera la primera vez. Han nacido con la tijera en la mano. 0 Frágiles señoronas que se morirían si bebieran media cerveza eran capaces de dejarte ocho árboles atrás si de pronto decían de apretar el ritmo: madres de familias concurridas que no paraban tampoco en su casa, y que se levantaban a las cinco de la mañana. No podrías imaginarlas con una depresión. 0 Cuando pasas los años debajo de las nubes entiendes por qué la gente de la ciudad se pone enferma. Son los ángeles que Dios nos dio para protegernos, y abandonarles es una traición. 0 Nada más sabrosamente onírico que la soledad de ausentarse un momento para echar un buen jiñote en un huerto escondido. 0 Con movimientos veloces, automáticos, instintivos, uno aprende a apartar las ramas que estorban, a cortar las peligrosas, a afirmar las piernas sobre el árbol, a ponerse de pie poco a poco junto al tronco evitando los pinchazos, a prevenir los latigazos de las ramas en la cara. 0 Contando chistes o hablando de la familia aprendes todas la variantes de clavar la rodilla en el suelo, de enganchar las ramas desde abajo para combarlas, de subirte en equilibrio a las cajas, de no manchar la capaza por abajo,


de estirarte al máximo cuando estás arriba, de arrastrarte bajo el árbol, de salir de él tirando de la cofa. 0 Sin dejar de pensar en tus eternos proyectos, aprendes a distinguir los rodrejos, los bigotes, los verna, los finos, los cosecha, los bola, los mosca; y seleccionas sin dudar los que tienen el diámetro requerido: un seis, un cinco, un cuatro, lo que te pidan. ¿Qué diferencia hay entre esta especialización perceptiva y la que desarrolla un pianista? 0 Hay que saber cortar el rabo sin despezonarlo, hay que saber echar el limón a la cofa sin dañarlo, hay que saber acometer el corte sin pinchar la fruta, hay que saber si viene alguien detrás cuando apartas una rama, hay que saber bajar un terraplén trotando y con la capaza llena al hombro. 0

También aprendes lo irremediablemente racista y hortera que es la gente de raíz.

0 Te haces fuerte para siempre cuando te sacas con los dientes una pincha que te llegó al hueso, cuando te cae un chaparrón traicionero sin más refugio que un arbusto, cuando te curas la tos con un chorro de limón directamente en la campanilla, cuando un día te toca cargar a ti solo el camión. 0 Después de la comida, en la media hora de siesta, los cuerpos caen como fardos sobre la hierba. Encima de las cajas, entre caballones, sobre las malvas, bajo el camión, enganchado a las ramas como los lemures. No tardarás ni un minuto en ponerte a soñar.


Recuentos Brujos 7 - Laborales