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Falsa editorial Sol de chapita y música de calle, los que nada tienen se las ingenian para ser todo. No es necesario nada de nada y tampoco sirve ese fetiche de andar lamentándose o echarle la culpa a los padres, a la escuela, a una religión paquete o no, a los precios, a los gobiernos, a todo lo que no hicimos. Todo eso es una completa pérdida de tiempo. Lo que no se tiene se lo inventa. Crear o reventar. Amar o morir. Nada mas.

Coordinación y malabares por Matías Ciccolella Asesoramiento de amor y arte por Lucrecia Girerd Despliego de ideas y conceptos por Flavius Volátil Edición y arte de tapa por Ser Sur Ediciones sersurediciones.blogspot.com Contacto revistalaanónima@gmail.com


Mirón Desde la ventana de esta casa se pueden ver las dos esquinas de mi cuadra. Puedo ver como los autos pasan, amontonados en la diminuta callejuela empedrada. Puedo ver a los adultos entrar en la panadería para comprar el desayuno, y también puedo verlos cuando van a comprar el diario en el quiosquito que está en la esquina. Ese quiosquito es atendido por el mismo hombre desde hace años. Su nombre (el del dueño del quiosquito) nunca pude saberlo, pero todos los días lleva puesta una boina diferente. Los lunes, usa una que es del color del vino. Los martes, una verde que tiene unas finas rayas amarillas entrecruzándose. Los miércoles, usa una azul. Los jueves, una que es de un gris apagado, y los viernes, una negra muy grande, que hace juego con el saco que, también, lleva puesto todos los días. La señora que atiende la panadería es una anciana bonachona, de cara regordeta y con un peinado de esos que solamente pueden conseguirse al pasar más de dos horas en la peluquería. Siempre sonríe y se levanta temprano a preparar su mercadería con ayuda de su nieta, una jovencita de no más de dieciséis años, que tiene el cabello largo, de un profundo negro azabache, y lo lleva siempre atado en dos largas y apretadas trenzas. Todos los días, yo los miro pasar desde mi ventana. Los días de semana, desde las tres de la tarde hasta las cinco, unos niños juegan a la pelota en la calle. Yo los veo jugar, los veo trabajar, los veo comprar sus víveres, los veo reír, llorar, amarse y también odiarse. Yo nací simplemente para observarlos. Siempre, siempre, estoy mirándolos. Si nadie viene a verme. Nadie sabe que estoy aquí. Abajo, en la casa donde estoy, hay una familia con tres pequeños hijos. El mayor, de diez años, juega con los demás niños de la cuadra a la pelota, pero solo cuando vuelve de su escuela, y eso es cuando ya casi es hora de que terminen el partido. La del medio es un encanto. Tiene siete años, el cabello corto hasta el mentón, y unos ojos grandes y alegres y expresivos, y yo la escucho corretear por los pasillos, inundando con sus risas que resuenan como campanas todas las habitaciones de toda esta casa. El más pequeño está en preescolar. Lo veo siempre llegar, de la mano de su padre, con aquel guardapolvo de cuadraditos azules y blancos, con su mochilita diminuta (que para él es enorme) colgándole de la espalda y golpeteando graciosamente su hombro mientras corre, con su padre aún tomándolo de su manito, hacia la puerta. Ellos nunca suben aquí. Cuando los niños se van a la escuela, la madre se queda a limpiar la casa mientras el padre sale a trabajar. Ella pone música, y canta, canta como si fuera un ruiseñor, con una voz dulce, casi transparente, que se mete por todos los cuartos, y que llega hasta el mío, y me seda, me tranquiliza y me produce una nostalgia que pocas veces, en toda mi vida, había llegado a sentir. Pero ella jamás subirá a este cuarto. Cuando llega la noche, la calle se ilumina con los faroles


que la bordean. Las luces de los negocios se apagan, la gente vuelve a sus casas, y los autos cesan su movimiento, y toda la cuadra queda sumida en un silencio tal, que me veo obligado a despegar la vista de la ventana y, por primera vez en todo el día, me atrevo a mirar lo que hay en la habitación en la que paso todos mis ratos. Hay una cama deshecha, que tiene polvo encima de sus sábanas. Un escritorio sin una pata, un armario con las puertas salidas, un piano desafinado al que le faltan unas cuantas teclas, y las paredes llenas de manchas de humedad forman una galaxia de puntos de moho, que yo me he encargado de marcar y que puedo mirar por horas, preguntándome una y otra vez si el cielo nocturno (el verdadero cielo nocturno) se le parecerá, y si podré alguna vez verlo, y marcar en él todas y cada una de las constelaciones que lo conforman, y poder mirar a la luna en todo su esplendor, y que ella me ilumine con su tenue luz, acariciándome con ese tacto helado que dicen que tiene, bendiciéndome con todos esos misterios que encierra y que solo unos pocos afortunados fueron capaces de ver. Y entonces, un pequeño rayo de la luz del sol se cuela por las carcomidas cortinas. Y escucho nuevamente a los autos ir y venir. Y los vecinos vuelven a comprar el diario en el quiosquito de la esquina, y su dueño hoy lleva la boina negra. Y se escucha a la dueña de la panadería saludarlo, y los ligeros suspiros de descontento que su joven y bella nieta suelta mientras sale del auto, esta vez, con el pelo atado en una larga y ondulada cola de caballo. Y las risas de la hija del medio resuenan otra vez por los pasillos. Y el padre lleva al más grande y al más pequeño a la escuela, y los niños juegan por la tarde a la pelota en la calle. Y yo sigo aquí, encerrado. Porque nunca podría salir, además, ¿Para qué hacerlo? ¿De qué sirve salir de aquí, si al fin y al cabo nunca podrían notarme? No soy como ellos, nunca podría serlo. La madre comienza a cantar cuando todos dejaron la casa, y su voz me llega como una nostálgica caricia que nunca pude recibir. Un amor que nunca se dio, unas palabras que nunca se dijeron. Una conversación que nunca se escuchó, una discusión que nunca conoció un fin. Y de todo eso, solo estoy yo como recordatorio de que alguna vez existió. Aquí, atrapado. Mirando. Siempre mirando. Mirando cómo el mundo cambia, cómo los niños crecen, cómo las parejas se separan, cómo el señor del quiosquito se cambia la boina todos los días. Una existencia sin otro propósito. Desde la ventana de esta casa puedo ver las dos esquinas de la cuadra. Puedo ver los amaneceres, puedo escuchar todo lo que dicen las vecinas chismosas, puedo mirar sus alegrías y descontentos, cosas de las que escucho todos los días, pero que nunca sentí. Puedo ver muchas cosas desde esta ventana. Ver la calle, las personas, los autos, las bicicletas. Pero ellos nunca podrán verme a mí. Porque yo solamente nací para observar. Siempre, siempre. Estaré mirando. Hasta que se apague la luz. Hasta que se caigan los edificios.


Hasta que la Tierra deje de girar, y se acabe todo. Porque soy solo eso. Alguien que mira. Así que nunca digas que nadie te está mirando. Porque, en cada cuadra de cada barrio de cada ciudad del mundo, hay alguien como yo. Y siempre miramos. Julieta Girerd julietasabia@hotmail.com

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Labor poética No se inventa nada. No. En el escenario mismo de la vida se despliega pura, primitiva y bruta la literatura. Un escritor simplemente es un censor simpático que monta y desmonta fragmentos crudos de realidad, un administrativo de confianza cuya labor principal consiste en acomodar puntos, comas y algunos acentos. De la eficacia de esta ardua faena resulta el genio. Trabajo. Trabajo. Trabajo. No más que eso.

Gito Minore poeta / gitominore.blogspot.com


Piensa Somos el miedo del mañana La sombra de un sol artificial Un mundo nuevo en llamas El tiempo de la desorientación Es la noche la que vuela Para dejarnos hoy En una esfera poco percudida y perfumada Con olor a alba Sin desazón, sin fotos de un ayer Piensa en lo vertiginoso de la noche Cuando se convierte en atardecer Piensa en las dimensiones Bajo llave de la tierra Piensa que piensas en pensar Cuando se sueña al despertar Piensa en el tiempo ahorcado Cuando sus alas se prestan a volar Hoy los pétalos nos cubren Dejándonos debajo de un camino desnudo El tiempo nos presta la dicha de mil incertidumbres Somos las nebulosas del infinito Luciérnagas durante el día Amapolas de un cuerpo extinto Sombras del destino Títeres de nuestros zumbidos Sin suplicio, Sin fotos de un ayer Piensa en las sonrisas Somos la risa del reencarnado silencio Piensa en lo erótico Somos lo prohibido de los poemas ocultos Piensa en lo oscuro Somos flores en el desastre de Hiroshima Piensa en la costumbre Somos la revolución arriesgándonos a nacer

Cristian David músico / poeta / cristiandavid.91@hotmail.com


Imanes Despierta un verano solitaria sonrisa absurda, soy… //Tus almas.// Oscura piel llevas el respiro de una invisible danza. \Caricias en la soledad/ valle desnudo, Jade tierra de sangre… sos.. //Tus alas.//

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Ojos, hojas.. Pasado cósmico el único engaño que la vista me regala.. +La sed mostrándome su escote y entre dientes afilados me cuentan su verdad quienes pinchan mi porvenir al sentir conformidad.. Por débil mataste tu deseo no veas en mi el igual, solo compartimos el sol, yo veo luz, vos T.V. Satelital..

poemas sueltos de Diego Rosciszewski diegorosi63@gmail.com


A los viajeros Vienen andando a paso lento con la mochila a cuestas andan silbando bien bajito, esquivando mosquitos cuando presenten picar. Y siempre encuentran la hora de explorar... ellas son hormigas y ellos golondrinas que no paran de emigrar! Cuando la noche domina, la estiran, porque tarde o temprano la visas expiran y vuelven a buscar un nuevo hogar. Alegres, van buscando contentos melodías de viento... Federico Hernán Perea de Tauro músico / poeta / federico_perea@hotmail.com

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Un hombre golpeó la puerta de una casa. Al ser atendido por él mismo, se dijo: –Hola, ¿estoy yo? –A ver, espero un segundito si soy tan amable –y miró para dentro. Justo pasaba él y se preguntó: –¿Estoy yo? –No sé, me voy a buscar. –Me fui a ver si estoy, ¿quiero entrar? –dirigiéndose a él–. –Bueno, cómo no. –Me siento. –Muchas gracias. Luego de un minuto, llegó él y exclamó: –Me encontré, por fin aparecí. –Me siento. –Okey, gracias. –Esteee, en realidad vine porque me urge dialogar conmigo mismo. Preguntarme cómo estoy, cómo ando, qué me pasa. Pero necesito hablarme estando solo, necesito permanecer a solas por un rato. –Si es así, entonces me retiro –propuso él y se encaminó hacia el otro lado de la puerta, y detrás él, y él; y cuando hubo de quedar completamente solo se dijo: –El psiquiatra está equivocado... yo mismo puedo superar la esquizofrenia.

Hernán Marrufo (Hernán D. Mar) músico / poeta / hernanmarrufo77@hotmail.com


Collage Una cara tan compleja como la tuya esperando que me vaya alucinada, evidenciada en la penumbra del nosotros como un todo, que con el viento aparece, la otra se aleja desmesuradamente y yo nerviosa, observo esas diferencias, no parecen importantes, sabemos que existen. Una hoja vuela hasta posarse entre nuestras piernas, y te digo, como un secreto, que me agrada esta brutal cercanía, y vos querés darme mil vueltas en la cama: tu monoidioma. Ahora solamente mirar, reír, saludarnos con lejanía. Luego tus ojos densos se volverían estudiando mi pelo humeante, te vi, ¿me viste? ¿alguna vez? salir del portezuelo y correr con ansias de seguir andando, sentimental y escondida, percibiendo la sustancia poética que ha dejado de ser un objeto sin vivir nunca el amor.

Ana Sofía Stamponi ranitasofia@gmail.com


Este miedo Este miedo Que no me paraliza Este miedo Que me empuja Que bulle en mi Este miedo Que me nombra Y en mi nombre pronuncia toda mi fuerza Este miedo Que me llama Que me despierta Este miedo Que me enfurece Con el ímpetu de la furia injusta Este miedo que me arrebata Este miedo Que no es pánico sino alegría Que no es quietud sino tempestad Este miedo Alegre... Que hoy me define. Isabel Rosa isadelejos@hotmail.com

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De su floral existencia Ahora llueven flores amarillas, una cortina soleada que se extiende. Regadas al azar, se adhieren al relieve del suelo y del cuerpo, su amarillenta esencia impregna el aire, y nos impregna. Un mullido colchón dorado, para descansar de los grises. Florestas de amarillos, florecitas que se acoplan. Una cae en mi cuaderno, y, ¡quién dijera! Es blanquita, naranjita, marroncita, esa florecita amarilla. La veo y no la veo, no la toco y la siento. De a poco y de repente, me zambullo en su lluvia. Ahora llueven flores amarillas, una cortina soleada que se extiende. Ahora, yo soy una florecita, amarilla. Valentina Luna Fernández música / poeta / valen.hp.rings@hotmail.com


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El visitante Mi respiración es pausada, diría que tengo más de una sensación pero no estoy seguro de poder describirlas a todas… estoy sobre algo, parece ser una cama pero no podría afirmarlo, el lugar es frío y oscuro. Usted se preguntará como me siento, bueno, es difícil de explicar, sabe, a veces me visitan, no ocurre muy a menudo pero me visitan y sucede algo muy curioso con estas visitas… le voy a contar. Cuando duermo en el frío de esta habitación (deduje que estoy en una habitación porque escucho abrirse y cerrarse una puerta) siento la presencia de alguien que se sienta o se recuesta al lado mío, pero sabe qué es lo curioso de esto, yo no le tengo miedo pero cuando intento tocarla se aleja como si esta me tuviese miedo a mí, no… no la puedo ver pero estoy casi seguro que es una mujer… lo sé por su olor. A veces vienen más de una y yo les hablo pero parece ser que no me entienden, tal vez mi lengua en este lugar no sea comprendida, desconozco cuál es la de ellas, nunca emiten sonido alguno. Hay noches en que las cosas se ponen turbias, ellas tienen manos largas con uñas afiladas, logran desgarrar mi pecho y juegan un rato con mis entrañas pero prestan especial cuidado a mi corazón y solo lo acarician con sus uñas… si yo puedo hacerles lo mismo… no… he intentado moverme pero no consigo levantarme, algo me lo impide, no estoy atado, al menos no siento ni puedo tocar nada que se parezca a una cuerda pero algo me impide levantarme… Nunca entendí cómo terminé en este sitio, no me acuerdo cuándo comenzó todo esto, ¿cómo dice? Me habla del tiempo, escuche, si bien en esta situación de estar a oscuras y casi sin poder moverme, cualquiera pensaría que perdería la noción del tiempo, le aseguro que se equivoca, si bien no puedo decirle si es de noche o de día le aseguro que llevo bastante tiempo en este lugar, el tiempo me habla al oído cuando estoy a punto de dormirme y me propone pensar en el futuro… sabe… cuando miro hacia delante no puedo ver más allá de mis pies y eso me preocupa… es un poco raro, no sé cómo explicarlo pero entre toda esta oscuridad puedo verme, tal vez no tan nítido como quisiera, pero puedo verme, sin embargo no puedo ver a quienes se acercan, de hecho solo veo el contorno de su figura, pero la diferencia es que, sí lo escucho y puedo hablar con usted. Tengo orejas grandes y un oído muy refinado, escucho todo, gritos, pasos, sonidos un tanto indescifrables, pero tal vez mi voz no es tan potente como mis oídos. Por qué camina? Qué lo inquieta? Sabe, ha sido grato charlar con un humano, hacía mucho que no lo hacía… ¿por qué me dice eso? Bueno, llegué a esa conclusión, diría que estoy en condiciones de afirmar que usted es humano… ¡claro que estoy seguro que yo lo soy!… oiga, ¿a dónde va? Vuelva, no me dijo su nombre… Nuevamente el silencio en mi habitación… luego de unos momentos me dormí y tuve un sueño extraño en el que estaba tendido en una cama en un lugar luminoso


rodeado de muchas personas que hablaban en voz alta y no me oían, una de ellas acercó un espejo grande con un marco dorado y al mirarme en él, solo vi el contorno de mi figura totalmente oscura. Segundos después solo escuche lo siguiente: 3… 2… 1… y un leve chasquido. Jose Larrea músico / poeta / unclejoe_ml@yahoo.com.ar

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Me gusta la gente curiosa, la gente aventurera. Me gusta la gente que pregunta, la gente que no tiene miedo, y que se pierde por ahí. Me gusta la gente que le gusta conversar, la gente que me hace reír, y esa que me conmueve con cosas simples. Me gusta la gente que le gustan las sorpresas, que le gusta sorprender y ser sorprendida. Me gusta la gente que le gusta la música y se deja llevar, la gente despreocupada. Me gusta la gente que disfruta de las historias, la gente que ve la belleza de cada momento de la vida, y que tiene recuerdos ...y memoria. Me gusta la gente con pasión, esa gente que entiende de eso que se llama vida, esa que se arriesga. Me gusta la gente que le gusta guardar tesoros, la gente que no se olvida del niño que fue y que aún está dentro. Me gusta la gente que te mira a los ojos, que te abraza y no te tiene miedo, la gente cálida. Me gusta la gente que escucha al viento, la gente que siente el olor al pasto, la gente que disfruta de meter los pies en el barro húmedo, y esa que mira las nubes y las estrellas. Me gusta la gente que escucha el silencio y oye la música en él. Me gusta la gente que sigue adelante, la gente que no se rinde, esa bien cabeza dura. Me gusta vivir. Pero por sobre todas las cosas me gustás vos.

Maia Belén González maieteiete@hotmail.com 


guidodiciervo@hotmail.com


Recomendaciones subjetivas (las mismas son válidas para cualquier día del año ya sea bisiesto o no, ninguna de ellas ha sido subsidiada)

Artistry Big Band Lejos de las acrobacias mentales a las que el jazz moderno nos tiene acostumbrados la Artistry Big Band toca una música para ir a escuchar con tus tías y con tus amigos músicos. Swing puro y duro es el combustible que utilizan más de una docena de músicos para mover esa pesada máquina sonora que es la orquesta. Trompetas, trombones, saxos, piano, guitarra, contrabajo y batería se ponen de acuerdo y reviven piezas de Stan Kenton y se animan a composiciones propias. Después de varios años de trabajo y de tocar por todos lados los muchachos se pusieron las pilas y sacaron un disco delicioso. Una sección rítmica Hi-Fi, solistas de primera, y mucho ensayo hacen de la Artistry un bocado más que tentador en el gran banquete de propuestas que noche tras noche se sirve en la ciudad. facebook.com/artistrybb

Dirigible Petite orquesta con sonido (hoy) cuasi rockero, que no se priva de algún aire de cumbia ni de alguna especie de bolero. Tampoco niega una etapa previa más “cerebral” o academicista, con amplio predominio de la melodía y mayor desarrollo armónico. Con unos 6 años en la escena under (bien under) porteña, y a punto de grabar el tercer disco, Dirigible es una propuesta cada vez más novedosa. Y nos muestra que se puede mutar sin perder la unidad de sentido; que es posible hacer rock con violín y cello; y que la música pensada, arreglada y escrita, encima puede ser accesible. dirigible.bandcamp.com

El imaginario de las manos Canciones propias, versiones, musicalizaciones originales. Las manos son del prolífico Matías Ciccolella (cantante, guitarrista, poeta, creador de canciones, promotor de hermosos proyectos), del carismático Andrés Albarenga (percusión) y de la musicalísima Camila Nores (saxo alto), sumándose a veces las acertadas proyecciones de Julieta Nores. Entre todos componen un mundo imaginario en cada canción, libres de falsas modestias o delirios de grandeza. Poesía + Música + Compartir = Amor facebook.com/ElImaginarioDeLasManos

Estas recomendaciones fueron realizadas por Amelia Reidel y Diego Fagalde, envía la tuya!


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oh si, este espacio esta en blanco para que mandes tus publicidades y nos ayudes a mantener viva la poes铆a de todos

escribinos a revistalaan贸nima@gmail.com


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Esta fabulosa tira pertenece al dibujante Juan Panno, podes ver sus fabulosidades en juanno.blogspot.com


el día después el más bravo de los vértigos, el sonido de un fósforo chispeando al encenderse, la vereda repleta de restos de jacarandaes en noviembre, algo completamente irracional, el bonus track que justifica el disco, esta molotov de versos que hiciste estallar eso sos, mi motor psico sos el aura y la epilepsia, la congestión en el Puente Pueyrredón cada vez que redacto el mail donde te invito, el momento del send en que no hay vuelta atrás, toda esta puta taquicardia, Corrientes en esos minutos de la madrugada en que está tan vacía que podríamos bailar un rock en su centro sin temor al accidente. eso, una fiesta con canilla libre de Campari cuando sin vueltas decís “ahora voy”, el timbre sonando a las 2:00 AM saldando todas las deudas, lo que el Alikal a mi resaca con un beso, un atentado contra mi ateísmo, una alternativa a la predicción maya que se cumple fija destruyendo mi mundo cuando te desconectás eso sos, el principio y el fin, y algo más, algo mejor, mucho mejor, sos también, el día después.

Mariana kruk deoficioarder.blogspot.com.ar / hastalaultimauva@gmail.com


Contra pedal la poeta ama y la joven odia la poeta fluye, dice, contesta la joven guarda poeta añora melancoliza se sincera y la joven apenas canta entonces truenos y sacudones entonces poesía cañones la poeta no olvida, la poeta no huye y sabe que mientras, la joven llora.

Paii música / poeta / carpediem.panquecito@gmail.com


Estudiantazo De vos aprendo que no hay liberación sin educación. De vos recibo la organización como arma fundamental. De vos germino el deseo de romper con toda opresión. De vos espero una entrega que subsista lo temporal. Por vos exijo un contexto que difiera de esta realidad. Por vos defiendo el derecho a gritar basta...! Por vos peleo ante los responsables de esta necedad. Por vos resisto ante los ataques que desgasta... A vos te invito a continuar con la agitación. A vos te creo la entrega y la virtud. A vos te escucho para construir movilización. A vos te pido paciencia por mi lentitud… Con vos discuto la forma de combatir. Con vos difiero, cedo y convengo. Con vos yo salgo a las calles a intervenir. Con vos yo lucho y no me detengo. Hacia una educación popular y de liberación. Hacia una organización sin fronteras… Hacia una sociedad sin dominación...! Hacia una humanidad sin barreras...!!! Mailo músico   ////////////////////

La noche sufre La noche sufre, Y yo soy noche. Soy lo poco que estoy años han podido amalgamar. Viento, que insensato me haz recorrido. Luna, que he bebido bajo la sombra de tus espaldas. Tierra que haz acunado hasta mis pies cansados. Tiempo, violento, que te has presentado como enemigo. Mar que haz lamido mis lamentos; Y haz ignorado mis reclamos. Sabio porque cargas con toda nuestra eléctrica tensión. A ti mi mayor respeto. Furia de mis días, sangre blanda y sin melodías. Calla como yo lo he hecho, transformándote, como no he podido. Martina Petersen librera / bailarina / martinita_p9@hotmail.com


Me inspiro y te escribo Y te recuerdo Por momentos Te revivo en cada sueño Más te anhelo Y más me debilito Vives en cada flor Renaces en cada hoja Y me inspiras Y te escribo Tan lejana Qué infinito el tiempo Qué preciso Para encontrarte en la distancia Y besar tus labios con los míos Y expreso En cada hoja Los sentimientos Que creí vencidos Y alimenta mi esperanza El darme cuenta que estoy vivo Que soy el individuo Que te amó En cada suspiro Y me inspiras Nuevamente Y te escribo Y te revivo

Rodrigo Kamakian músico / poeta / rodrigo_kamakian@hotmail.com


La esquina inferior derecha de una hoja en blanco Andate si no pensás quedarte Pero andate como llegaste En 5 días de intensidad extrema Llenándome los poros de amor. Andate agujereándomelos, sacándole todo el relleno Y dejame peor de lo que era, llena de cráteres Cicatrices que van a recordarte por siempre. Andate en una melodía tanguera, trágica y poética Que llueva y haga frio. Citame en un café de la esquina, Entregale al mozo una carta, vos no vayas. Adentro en la esquina inferior de una hoja en blanco Firma con tinta negra, indica fecha de inicio y final. Fecha de creación y vencimiento de nuestro dulce de leche casero. En el fondo enroscada como una víbora escuálida Una cuerda rota de tu violonchelo. Símbolo de nuestra ruptura. Yo voy a hacer un anillo tan apretado a mi dedo que las gotas De sangre van a manchar todo lo que toque. Y cada melancólica tarde de esos cinco días por el resto de mi vida mancharé tu nombre en el vidrio De todos los cafés de Buenos Aires que serán mi hogar desde esa tarde. Clara Rosso clara-clara-clara.blogspot.com / clararosso@yahoo.com.ar

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Pardo oscuro de la cáscara y el moño Gemidos de castaños claros aureolan la suave caída en estelar rodaje escénico Fotografía en sepia atrás pintada Puntas abiertas del cuadrado proyectan adentro rayos invadiendo lugares vacíos Floreciente nardo empapado de fragancias Relojes lentos en flote Ansia inquietante del alma Latido hambriento de sol. Facundo Nicolás Fernández músico / poeta / facundofernandezladrix@hotmail.com


La salamandra Yo soy la tempestad: vengo y te mato. No me importa el decoro, ni qué hacer del cartón que fue tu casa, muerto, ¿quién te busca? ¿Quién llora los restos desgajados de tu cuerpo frío y azul? ¿Quién pierde, perdiéndote? ¿Qué pasa si yo, la tempestad, vengo y te mato? Sabés. No pasa / nada. No importaría a nadie. ¿Tenés miedo? ¡Tranquilo! Será simple: tan solo sentirás el agua entrándote y, luego, nada / más. Será muy simple. Tal vez siquiera nadie lo registre: no lo sabrán los peces, ni el puente, ni los árboles. Ni lo sabrán los parques, ni se preguntarán las niñas (nadie) qué fue de aquello sucio que parecía un hombre. Sin embargo, es muy pronto aún. No puedo... Pero ya llegará el momento. En tanto, calentá agua en la pava... (¿por qué se mide en mates el largo de una espera?) con las brasas rojísimas que saltan, vibran y se tambalean entre el hollín oscuro que ornamenta la salamandra improvisada en llantas.

Brian Alvarez de Laferrere / brian_a87@hotmail.com


Cibernético Cuando el mundo no se comunica se dibujan tornados en los ojos. Latidos virtuales se encienden la piel y las imágenes rompen como olas en el fondo de las habitaciones Volcanes tecnológicos arrancados del cielo caen de las pupilas. La pantalla se apaga y los corazones oscurecen.

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Él sostiene mi sombra grita en un cielo extranjero tatuó su nombre en mi almohada pesa el corazón derretido

Poemas sueltos de Ivana Szac docente / poeta / ivapoetisa2012@yahoo.com.ar


Chau che Chau che, nos vemos en el próximo número, pero antes algunas aclaraciones importantes. Si ya leíste este número no lo tires, ni lo guardes en un cajón, compartílo, regalalo, dejalo en un banco de plaza, dáselo a un desconocido o inventa. Esta revista es totalmente gratuita y fue hecha con mucho amor, pero tuvo costo de papel, tinta, algunas noches sin dormir, manos que doblaron hojas, un montón de preguntas, visitas a diccionarios y otras cuestiones. Por eso te pedimos que hagas correr la voz sobre La Anónima. Esta revista es nuestra y podemos hacerla crecer juntos, solo hay que regarla. Si tenes ganas podes colaborar con publicidades, aportando material, sugerencias, doblando hojas, o lo que se te ocurra. Aunque esta revista se gesta en la EMPA (Escuela de Música Popular de Avellaneda) y la mayoría de los autores de este número pertenecen a la hermosa escuela, también colaboraron autores de otras escuelas o de ninguna. Entonces, queda claro que la convocatoria esta abierta a toda la comunidad. Los escritos aquí publicados pertenecen a sus correspondientes autores, está prohibido su uso sin mencionarlos. Los escritos de este número fueron corregidos, arreglados y/o diagramados según las exigencias de sus autores y el espacio disponible. Algunos signos de puntuación fueron añadidos o suprimidos según la lógica del escrito. Se pide disculpas por errores, fallas o correcciones innecesarias. Todo el material recibido será publicado en el próximo número. No hay selecciones por “calidad” o gusto. Esta revista no hubiese sido posible sin el apoyo y la motivación del Ceempa y de la Cooperadora Aníbal Arias. Tampoco hubiese sido posible sin la ayuda de todas las anónimas y anónimos que colaboraron. Un aplauso por el aporte desinteresado del dibujante Juan Panno. Otro aplauso para la Bilbioteca de la EMPA que se toma las molestias de distribuir y difundir la revista. El cierre del próximo número es el 15 de Julio, enviá tus escritos con nombre completo o seudónimo, profesión o vocación y mail a revistalaanonima@gmail.com. Esta revista cuenta con su edición digital que podes encontrar en facebook.com/revistalaanonima o en sersurediciones.blogspot. com.

La Anónima no es de nadie, es de todos.


La Anónima - revista poética número 2  

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