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Neurodegeneraci贸n y neuroprotecci贸n en la enfermedad de Parkinson

Jos茅 L贸pez Barneo


Neurodegeneración y neuroprotección en la enfermedad de Parkinson

José López Barneo

Universidad de Jaén


Correspondencia: José López Barneo Instituto de Biomedicina de Sevilla-IBiSHospital Universitario Virgen del Rocío Avda. Manuel Siurot s/n 41013 Sevilla Tel: 34 955 012648 Email: lbarneo@us.es

EDICIÓN: Servicio de Publicaciones, 2011. Universidad de Jaén Colección “Natural de Jaén” Editor coordinador: José Ángel Marín Gámez TEXTOS: José López Barneo Manuel Parras Rosa TRANSCRIPCIÓN ENTREVISTA: José Ángel Marín Gámez Ana Tirado de la Chica TRADUCCIÓN: Karen Brown Imagen portada y guardas: Esther Boix (1978). Collage sobre papel. 35x25 cm Colección Fundación Cesáreo Rodríguez-Aguilera. Universidad de Jaén Fotografías entrevista: Fotogramas audiovisual “Dr. José López Barneo: un hombre de su tiempo, un hombre de su tierra” (ISBN: 978-84-8439-568-3). DISEÑO: José Ángel Marín Gámez IMPRESIÓN: Gráficas La Paz de Torredonjimeno, S. L. I.S.B.N.: 978-84-8439-567-6 Depósito legal:……J - 8 - 2011


A mi familia‌


José López Barneo

Iniciamos la andadura del proyecto ‘Natural de Jaén’ cuyo objetivo, en primer término, no es otro que el reconocimiento de personas destacadas por su trayectoria en alguno de los ámbitos del conocimiento. Bien es cierto que el reconocimiento no es un fin en sí mismo, sino una consecuencia que a veces tiene lugar felizmente como fruto del trabajo continuado y del esfuerzo sostenido. Por otro lado, el reconocimiento puede ser una valiosa herramienta estratégica. A su través los cambios de mentalidad no parecen imposibles y el derrotismo puede ser vencido, como es el caso, apreciando que otros semejantes nuestros y pertenecientes a nuestra comunidad lo han logrado armados de tenacidad y formación. Quizá hasta se podría hablar de la cultura del reconocimiento como un indicador del avance colectivo a través del devenir individual.

el proyecto ‘Natural de Jaén’, es una realidad tras adquirir la cualidad de Marca Nacional que distingue al catedrático de Fisiología, José López Barneo (Torredonjimento, Jaén, 1952), persona de indiscutible trayectoria en el campo de la biomedicina que dedica este libro a la “Neurodegeneración y neuroprotección en la enfermedad de Parkinson”. Obra que supone una significativa aportación científica del doctor López Barneo. La larga y fructífera trayectoria investigadora del doctor López Barneo, director del Instituto de Biomedicina de Sevilla y del CIBER de Enfermedades Neurodegenerativas, incide en una línea pionera en la puesta a punto en España de las técnicas de “patch-clamp”, necesarias para el estudio de los canales iónicos, y que de este esfuerzo se benefició la comunidad científica española, pues se facilitó el desarrollo de la electrofisiología en otros laboratorios.

El Rectorado de la Universidad de Jaén comenzó hace algún tiempo a impulsar la idea puesto que nuestra Universidad tiene un compromiso decidido con nuestra provincia y con su desarrollo. Hoy

El doctor López Barneo encabeza un grupo de investigación señero en su campo que demostró en 1995 la existencia de canales de calcio regulados por el O2 en los miocitos arteriales donde tienen

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una participación importante en la regulación de la presión y el flujo sanguíneos. Recientemente, este trabajo en miocitos arteriales se ha extendido a los de arterias coronarias del corazón humano. Como hoy podemos ver en el trabajo publicado en este libro, el doctor López Barneo es uno de los más destacados investigadores sobre enfermedades neurodegenerativas, cuya valía profesional le ha llevado a dirigir el recientemente inaugurado Centro de Investigación Biomédica cuya sede de 8.200 m2, construido dentro del complejo universitario Virgen del Rocío de Sevilla. En el proyecto “Natural de Jaén” contamos con el patrocinio de la empresa Gráficas La Paz de Torredonjimeno, con cuyo apoyo decidido la Universidad quiere reconocer y distinguir a distintas personas originarias o vinculadas a Jaén y su provincia. Se trata, pues, de un reconocimiento desde el ámbito universitario aunque con alcance general, con particular atención al entronque local del que provienen los homenajeados. Todos ellos

jiennenses de acreditada trayectoria profesional que por su proyección pública dentro o fuera de nuestras fronteras han desplegado y desarrollan una labor merecedora de distinción en el campo científico, artístico, cultural o técnico. Los reconocimientos proyectados tendrán un efecto tangible y una repercusión en la sociedad de Jaén mediante una serie de actuaciones concretas que dejarán constancia de los mismos para todos los jiennenses y para las generaciones futuras. Así se realizarán las respectivas entrevistas concéntricas en las que se abordará en profundidad la personalidad y trayectoria del protagonista. Se ofrece con la publicación un audiovisual que contiene una entrevista en profundidad con el doctor López Barneo. Creo que el proyecto “Natural de Jaén” puede contribuir a dejar atrás algunos complejos y otras rémoras que todos tenemos en mente para neutralizar así los argumentos sombríos que tanto han pesado durante décadas sobre esta tierra. Manuel Parras Rosa Rector de la Universidad de Jaén


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Neurodegeneración y neuroprotección en la enfermedad de Parkinson* José López Barneo Instituto de Biomedicina de Sevilla-IBiS-, Hospital Universitario Virgen del Rocío/CSIC/Universidad de Sevilla Sevilla, España

* El objetivo de esta monografía es resumir la labor de investigación llevada a cabo por el grupo que el autor dirige y no el realizar una revisión detallada del campo científico sobre el que trata. Por ello se citan preferentemente como referencias bibliográficas los trabajos del grupo. Éstos se completan con referencias seleccionadas de otros investigadores.


Contenidos

Preámbulo...................................................................................................................................

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Capítulo A. Enfermedades neurodegenerativas. Muerte neuronal en la enfermedad de Parkinson....................................................................................................................................

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Capítulo B. Neuroprotección.................................................................................................... B.1. Neurotrofismo y factores neurotróficos.......................................................... B.2. Neuroprotección de las neuronas mesencefálicas dopaminérgicas. Papel del GDNF.............................................................................................................. B.3. Modelos genéticos de depleción de GDNF. El animal GDNF “knockout” condicional........................................................................................................... B.4. Efectos clínicos del GDNF.................................................................................

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Capítulo C. Terapia celular neuroprotectora en la enfermedad de Parkinson................. C.1. El cuerpo carotídeo y el sistema homeostático sensor de la hipoxia......... C.2. ¿Puede el déficit dopaminérgico en la enfermedad de Parkinson compensarse con el trasplante de cuerpo carotídeo?................................... C.3. Autotrasplantes en pacientes con enfermedad de Parkinson..................... C.4. Efecto neurotrófico de los implantes de cuerpo carotídeo........................... C.5. La expansión del cuerpo carotídeo y su posible uso en terapia celular antiparkinsoniana..............................................................................................

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Capítulo D. Conclusiones y perspectivas...............................................................................

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Referencias bibliográficas........................................................................................................

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Preámbulo En esta breve obra se resume la labor realizada durante las últimas dos décadas por el grupo que dirijo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla y el Hospital Universitario Virgen del Rocío. Nuestro trabajo se relaciona con los mecanismos neuroprotectores en el sistema nervioso y la posible aplicabilidad de éstos a la terapia de enfermedades neurodegenerativas, especialmente la enfermedad de Parkinson. Estos proyectos se fundamentan en la investigación básica desarrollada por nuestro grupo sobre los mecanismos sensores de los cambios en la tensión de oxígeno de la sangre. Los estudios se iniciaron en 1986/1987, época en la que se estaba produciendo un avance fundamental en la fisiología neurosensorial gracias a la identificación de canales iónicos cuya función se modula por las diferentes variables físico-químicas (ondas electromagnéticas, concentración de moléculas o deformación por ondas mecánicas, entre otras). Los canales de las células sensoriales “traducen” los estímulos medioambientales en corriente eléctrica transmembranaria, permi-

tiendo de este modo codificar la información sensorial en frecuencia de impulsos eléctricos que se envían al cerebro. En este contexto postulamos que mecanismos parecidos podrían participar en la transducción sensorial en el cuerpo carotídeo, pequeño órgano localizado en la bifurcación de la arteria carótida que actúa como quimiorreceptor arterial. Demostramos que en el cuerpo carotídeo existen células excitables (células glómicas) que contienen canales de potasio cuya apertura se regula por la tensión de O2. De esta forma se pudo explicar por qué la disminución del oxígeno de la sangre (hipoxemia) producida en condiciones de baja presión atmosférica o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, resulta en activación casi instantánea del cuerpo carotídeo y estimulación del centro respiratorio para producir una hiperventilación compensatoria. Estos datos, que se publicaron en la revista Science (López-Barneo y cols. 1988), contribuyeron a crear un campo científico (la modulación por el oxígeno de los canales iónicos) que es cultivado en numerosos laboratorios de todo el

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mundo (ver López-Barneo y cols. 2001; Weir y cols. 2005). Durante la década que transcurrió entre 1988 y 1998 profundizamos en los mecanismos básicos que operan en el cuerpo carotídeo, destacando entre nuestras observaciones la capacidad de las células glómicas para segregar dopamina en respuesta a la bajada en la tensión de oxígeno del medio (Ureña y cols. 1994; Montoro y cols. 1996). Esta observación nos llevó a plantear la posibilidad de que el cuerpo carotídeo pudiese ser utilizado para terapia celular en enfermos de Parkinson, afección neurodegenerativa que afecta a más de 200.000 personas en España y que se debe a la falta de dopamina en determinadas áreas cerebrales. Este encuentro entre el cuerpo carotídeo y la enfermedad de Parkinson dio lugar a una publicación, aparecida en la revista Neuron (Espejo y cols. 1998), que tuvo gran impacto científico e incluso mediático y fue el inicio de nuestro interés por la neurodegeneración y neuroprotección. Durante los últimos diez años, y debido sobre todo a una financiación muy generosa por agencias públicas y privadas, el grupo ha expandido sus horizontes científicos, llevando a cabo experimentos de terapia celular en animales y el hombre (Arjona y cols., 2003; MínguezCastellanos y cols., 2007) y desarrollando nuevos modelos de animales modificados genéticamente donde poder estudiar las bases patogénicas de los procesos neurodegenerativos (Mejías y cols., 2006; Pascual y cols., 2008).

A lo largo de este texto se describen las bases de nuestro trabajo experimental, las observaciones más importantes, la forma en que los datos científicos se han ido incorporando a modelos conceptuales y cómo de éstos han surgido nuevas hipótesis de trabajo. Mi objetivo es relatar este proceso de forma rigurosa pero con un lenguaje no excesivamente técnico, sino divulgativo, que pueda ser accesible a posibles lectores no expertos en la materia. El trabajo que se relata es un ejemplo genuino de lo que se denomina “investigación biomédica traslacional” y podría servir de inspiración para futuros investigadores. Esta forma de hacer investigación persigue la relación íntima entre el conocimiento básico, al nivel celular y molecular, obtenido en el laboratorio, y la realidad clínica tal como aparece en los pacientes. Se trata de hacer que la ciencia fundamental resuelva problemas clínicos y, viceversa, que de la necesidad de curar las enfermedades surjan hipótesis que puedan ser comprobables experimentalmente en el laboratorio. La investigación traslacional necesita científicos básicos con conocimiento fisiopatológico y médico, y especialistas clínicos que comprendan el lenguaje de la biología moderna; además requiere instituciones científicas multidisciplinares junto a los hospitales universitarios donde la asistencia médica, la docencia y la investigación se realicen de forma integral y con las cotas más altas de calidad. De hecho, una de las tareas “extracientíficas” que más dedicación me ha exigido en los últimos años ha sido la creación y desarrollo en el entorno


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de la Universidad de Sevilla y el Hospital Universitario Virgen del Rocío de espacios (tales como Instituto de Biomedicina de Sevilla-IBiS) que permitan llevar a cabo investigación biomédica traslacional de nivel internacional. La investigación biomédica actual se realiza en grupos formados por técnicos, personal administrativo, becarios pre y posdoctorales e investigadores de plantilla, donde cada miembro desarrolla una labor esencial. Durante estos años he tenido el privilegio de poder formar y dirigir uno de estos grupos. Además, me he beneficiado de la colaboración con colegas de otras instituciones. El trabajo que aquí se relata es, por tanto, obra de numerosos investigadores a los que expreso mi profundo agradecimiento; todos han dejado una huella notable tanto en mi persona como en la labor científica. Los investigadores involucrados, cuyos nombres aparecen en el listado de referencias bibliográficas, se citan también a lo largo de la memoria. Mi trabajo ha contado con el apoyo, en alguna ocasión muy decisivo, de los equipos de gobierno de la Universidad de Sevilla, la Facultad de Medicina y el Hospital Universitario Virgen del Rocío. Igualmente, ha sido posible gracias a la financiación pública (Proyectos integrados de la Unión Europea, Plan Nacional de Biomedicina y Fondo de Investigación Sanitaria de los Ministerios de Educación y Ciencia y de Sanidad y Consumo,

Ayudas de las Consejerías de Salud y de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía) y privada (Fundaciones Ramón Areces, Lilly, Juan March y Marcelino Botín). Como conclusión a este preámbulo deseo expresar mi gratitud al Rector Magnífico de la Universidad de Jaén, profesor Manuel Parras Rosa, y a su equipo de gobierno por haberme concedido el honor de ser elegido “Natural de Jaén”, razón por la que se edita esta monografía. Agradezco profundamente el apoyo de todas las personas involucradas en los actos asociados al nombramiento “Natural de Jaén”, de forma especial al profesor José Ángel Marín Gámez por su generosa ayuda y buen hacer. Desde su fundación me he sentido orgulloso de la Universidad de Jaén, institución fundamental para el desarrollo de nuestra tierra. Potenciar la Universidad es la mejor forma de generar un entorno social libre y próspero con individuos solidarios e independientes. Ser giennense y toxiriano son privilegios de los que siempre hago gala. Ello no se debe a un apego irracional al terruño, sino que es una postura intelectual que, aunque con componentes emocionales muy fuertes, es también consecuencia de un compromiso con mis orígenes. Con ello intento rendir homenaje, aunque sea mínimo, a mis padres, familiares, compañeros y paisanos por todo lo que les debo.

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Capítulo A. Enfermedades neurodegenerativas. Muerte neuronal en la enfermedad de Parkinson Las unidades elementales que constituyen el sistema nervioso son las células nerviosas, o neuronas. Las enfermedades neurodegenerativas (END) se originan por la muerte neuronal progresiva, dando lugar a diferentes tipos de cuadros clínicos cuyos síntomas dependen de las zonas del cerebro que se afectan. Por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer (EA) cursa con síntomas de demencia (pérdida de memoria, desconexión con la realidad, alucinaciones, etc.) debido a la pérdida de neuronas en el hipocampo y amplias zonas de la corteza cerebral. Por el contrario, la enfermedad de Parkinson (EP) se produce por muerte neuronal en la sustancia negra y otras estructuras, algunas de las cuales participan en el control motor. Por esta razón los pacientes con EP presentan normalmente síntomas motores (temblor, lentitud de los movimientos, rigidez, etc.). La mayoría de las END son esporádicas y sus causas se desconocen. En algunos casos las END se deben a mutaciones de genes específicos que alteran funciones celulares fundamentales que conllevan a la muerte de las mismas. Algunas END aunque relativamente infrecuentes, como por ejemplo la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), producen efectos devastadores en los pacientes, siendo la causa de grandes minusvalías o incluso la muerte en pocos meses. Las END tienen un curso crónico, se asocian generalmente al en-

vejecimiento y en la mayoría de los casos carecen de tratamiento efectivo. Por lo tanto, dada su frecuencia (aproximadamente un millón de pacientes en España) y su gravedad, las END representan un problema sanitario y socioeconómico de primera magnitud. De hecho, el conocer la etiología de las END (especialmente de las EA y EP que son las más frecuentes) y el obtener tratamientos eficaces para las mismas están dentro de los retos biomédicos más críticos para las sociedades desarrolladas del siglo XXI. La actividad científica llevada a cabo por nuestro grupo se relaciona especialmente con la EP, patología que afecta a más de un millón de personas en Europa. La lesión más típica de la EP es la muerte de neuronas dopaminérgicas del mesencéfalo (sustancia negra y áreas vecinas) que proyectan sus axones a los núcleos del estriado constituyendo la vía nigro-estriatal. También se produce pérdida neuronal en otras áreas del sistema nervioso central (locus coeruleus, núcleo dorsal del vago, etc) y periférico (ganglios cardiacos y entéricos). Desde el punto de vista anatómico, la lesión típica de las neuronas afectadas son acúmulos citoplasmáticos denominados cuerpos de Lewy que contienen sinucleina, ubicuitina y otras proteínas. No obstante, existen numerosos casos de EP (algunos de origen genético) que carecen de cuerpos de Lewy. Como se indicó anteriormente, los síntomas cardinales de la EP en su etapa inicial son de tipo motor (temblor, movimientos lentos, rigidez y alteración de la postura), aunque en etapas avan-


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zadas se pueden presentar manifestaciones cognitivas, e incluso demencia, graves. Actualmente se investiga si los pacientes de Parkinson presentan síntomas prodrómicos (anosmia, alteraciones del sueño o de las funciones vegetativas, entre otros) que puedan servir de marcadores tempranos de la enfermedad. Las causas y patogenia de la EP se desconocen. Ésta aparece de forma esporádica en aproximadamente el 90% de los casos y sólo el 10% restante se debe a casos familiares con herencia mendeliana dominante o recesiva con penetrancia relativamente baja. Se conoce más de una decena de genes que al estar mutados dan lugar a la aparición del proceso neurodegenerativo que conlleva a la EP. Algunos de estos genes se relacionan con el plegamiento y la degradación de las proteínas o la regulación de la función mitocondrial. Por otra parte, la administración de agentes oxidantes o de sustancias inhibidoras del complejo I mitocondrial producen parkinsonismo tóxico en animales y el hombre. Sobre la base de toda esta información se supone que la muerte neuronal en la EP se debe a varios mecanismos causales (acumulación de proteínas, disfunción mitocondrial, excitotoxicidad por Ca2+, estrés oxidativo, neuroinflamación, etc.) En sus etapas iniciales la EP tiene un tratamiento farmacológico eficaz basado en la administración de L-dopa (precursor de la síntesis de dopamina) y de fármacos auxiliares (agonistas dopaminérgicos o inhibidores de los enzimas que degradan la dopamina, entre otros). La terapia farmacológica no frena el proceso degenerativo causante de la enfer-

medad y a los pocos años disminuye su eficacia. Por esta razón, desde hace décadas se está investigando en numerosos centros de todo el mundo estrategias terapéuticas alternativas que complementen a las ya existentes y ayuden a prolongar y mejorar la calidad de vida de los pacientes parkinsonianos. Entre las terapias avanzadas más prometedoras está la implantación o trasplante en el estriado de células productoras de dopamina al objeto de reemplazar las células destruidas por otras que cumplan su función (véase LópezBarneo y cols. 2008 para consulta detallada sobre terapia celular en enfermedades neurodegenerativas). Aunque se han utilizado numerosos tipos de células tanto en estudios preclínicos como clínicos, las que han generado más interés han sido las neuronas mesencefálicas procedentes de fetos. Se estima que esta terapia se ha aplicado a unos 500 pacientes distribuidos en diferentes países. Los estudios abiertos iniciales realizados con células fetales describieron resultados muy satisfactorios (incluso espectaculares) en algunos casos. No obstante, está tecnología ha mostrado desde sus orígenes limitaciones debido a los problemas legales (y éticos) que genera y a que requiere el uso de medicación inmunosupresora para disminuir el riesgo de rechazo. Durante los últimos años se han realizado dos estudios clínicos controlados (doble ciego y con grupo placebo frente a control) utilizando neuronas mesencefálicas de feto que han aportado datos mucho menos positivos sobre el uso rutinario de esta técnica en la EP. La mejoría clínica de los pacientes tratados fue muy peque-

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ña, o prácticamente nula, y algunos de ellos desarrollaron movimientos anormales denominados disquinesias (Freed y cols., 2001; Olanow y cols., 2003). Actualmente, se continúa en varios laboratorios con investigación que persigue la mejora de esta tecnología. Se intenta la identificación y aislamiento de células progenitoras del mesencéfalo fetal que permita la expansión y diferenciación in vitro hacia neuronas dopaminérgicas para su uso posterior en trasplantes intraestriatales. Con esta nueva metodología bastaría sólo un cerebro fetal (frente a los 5-10 utilizados hasta ahora) para tratar a un paciente parkinsoniano. No obstante, en los últimos años las terapias avanzadas aplicadas a la EP han cambiado de orientación y no tienen como objetivo introducir en el cerebro neuronas exógenas productoras de dopamina sino administrar vectores virales que infecten neuronas intrínsecas e induzcan en las mismas el patrón genético necesario para la síntesis de dopamina. En paralelo, se está intentando desarrollar metodologías que a través de la administración de sustancias neuroprotectoras retarden o reviertan, al menos de forma parcial, el proceso neurodegenerativo. En el capítulo siguiente (Capítulo B) se describe el fenómeno de la neuroprotección y las aportaciones de nuestro grupo en ese campo. Posteriormente (Capítulo C), se expone el proyecto sobre terapia celular neuroprotectora desarrollado por nuestro grupo durante los últimos años.

Capítulo B. Neuroprotección B.1. Neurotrofismo y factores neurotróficos Los factores neurotróficos (FNT) son pequeñas proteínas naturales necesarias para el desarrollo y la supervivencia de las células nerviosas, así como para el mantenimiento de su fenotipo morfológico y funcional. En su formulación más clásica la “hipótesis neurotrófica” postula que para la instauración y mantenimiento de las conexiones nerviosas los tejidos diana secretan sustancias que se transportan retrógradamente al cuerpo o soma de las neuronas que envían fibras a los mismos. Una vez que alcanzan el núcleo, los FNTs inducen en las neuronas la expresión de un programa genético que favorece la vitalidad de las mismas. El concepto de neurotrofismo tiene sus orígenes en el trabajo de Cajal y sus colaboradores quienes descubrieron los conos de crecimiento de los axones y propusieron que éstos se orientan y crecen hacia los tejidos diana “atraídos por factores quimiotácticos”, en recuerdo del efecto que los focos infecciosos ejercen sobre los leucocitos de la sangre. No obstante, la visión actual y el descubrimiento de los FNTs se debe a los trabajos de Hamburger y Levi-Montalcini, quienes describieron que el fenómeno de muerte neuronal que ocurre durante el desarrollo normal depende de la diana a la que proyectan las neuronas, de modo que la extirpación experimental de estas dianas resulta en una muerte neuronal masiva. Estas observaciones seminales sugirieron que


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las células de los tejidos a los que proyectan las neuronas en desarrollo producen, en cantidades pequeñas, moléculas necesarias para las supervivencia neuronal. La búsqueda exhaustiva de este tipo de factores por Levi Montalcini y Cohen condujo al descubrimiento y aislamiento del factor de crecimiento nervioso (NGF, “nerve growth factor”) en la década de los años 1950 (ver Levi-Montalcini, 1987), lo que inauguró uno de los campos más activos y prometedores de la neurociencia moderna y resultó en la concesión del Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1986 por este descubrimiento. Como se indicó anteriormente, el concepto actual de FNT se aplica no sólo a moléculas que regulan el número de neuronas durante el desarrollo, sino también a los agentes producidos en el sistema nervioso necesarios para el mantenimiento de las poblaciones neuronales en la vida adulta (Lu y cols., 2005, Zweifel y cols., 2005) (ver Figura 1). Después de más de 50 años de existencia el campo de los FNTs continúa aportando nuevos descubrimientos básicos para la biología de la comunicación neuronal y el desarrollo y mantenimiento del cerebro. Además de sus efectos sobre la supervivencia celular los FNTs tiene un papel fundamental en la “calidad de vida” de las neuronas. Estos factores regulan la migración y el crecimiento neuronal (de dendritas y axones), así como las interacciones entre neuronas (sinapsis) y entre éstas y las células gliales subyacentes a los fenómenos plásticos del cerebro como el aprendizaje o la me-

Figura 1. Mecanismo de señalización retrógrada de los factores neurotróficos. Los factores neurotróficos (NGF o BDNF en la figura) se sintetizan en el área donde proyecta el axón de la neurona en cuya membrana existen receptores (Trk en la figura) (a). La unión del factor trófico al receptor puede ejercer efectos locales o transportarse retrógradamente por el axón al núcleo de la célula, donde promueve la inducción de genes de supervivencia y estimula el metabolismo, la síntesis de transmisores y el crecimiento del axón (b). Las dendritas de la neurona (“postganglionic” en c) liberan también factores neurotróficos que son recaptados por los axones (“preganglionic” en c) que llegan a ellas. Modificado de Zweifel y cols. 2005.

moria. Por tanto, los FNTs tienen una papel crítico en el mantenimiento de la función del sistema nervioso durante toda la vida del individuo (Huang y Reichardt, 2001). Actualmente existen varias decenas de factores que se consideran neurotróficos aunque la distinción entre éstos y los “factores de crecimiento” (inductores de proliferación celular) o las “neuropoyetinas” se ha desdibujado. De hecho el NGF y otras neurotrofinas pueden estimular la proliferación de algunos tipos de células. Durante las últimas décadas se han descrito varias dece-

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nas de sustancias de naturaleza proteica con efecto neurotrófico o neuroprotector similares al NGF. Sin embargo las propiedades y acciones biológicas de muchos factores neurotróficos se mezclan con las de factores de crecimiento y de citoquinas que, muy frecuentemente, actúan sobre tejidos extraneurales. Por tanto, no existe una clasificación precisa de FNTs aunque por razones didácticas éstos podrían dividirse en: i) neurotrofinas (grupo al que pertenece el NGF y el “brain derived neurotrophic factor” o BDNF); ii) factores de la familia del “glial cell line-derived neurotrophic factor” (GDNF); iii) otros (neuropoyetinas, factores angiogénicos, etc) (ver López-Barneo y cols., 2009). Debido a las funciones biológicas fundamentales indicadas anteriormente, los FNTs están involucrados en conductas complejas cuyas alteraciones son la base de desórdenes psiquiátricos como la ansiedad, la depresión y los trastornos del aprendizaje, o de patologías neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer (EA), la enfermedad de Parkinson (EP), la enfermedad de Huntington (EH) y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), entre otras. Los FNTs pueden administrarse exógenamente, bien como proteínas puras o mediante terapia génica. Además, la mayoría de los efectos de la terapia celular (con células diferenciadas o con progenitores celulares) posiblemente se deben a la liberación de factores tróficos. Debido a estas propiedades farmacológicas los FNTs se están ensayando como terapias experimentales para las enfermedades neurodegenerativas y para las

lesiones medulares o la isquemia cerebral (ver López-Barneo y cols., 2008). En este capítulo se presenta de forma resumida el papel de los FNTs (especialmente el GDNF) en la patogénesis de la EP, destacando los datos obtenidos en modelos animales con deficiencia de FNTs. Finalmente se discute la posible aplicabilidad clínica de los FNTs como agentes neuroprotectores en la EP. B.2. Neuroprotección de las neuronas mesencefálicas dopaminérgicas. Papel del GDNF Como se indicó en el capítulo previo, la enfermedad de Parkinson (EP) se debe a la muerte progresiva de neuronas en diferentes localizaciones del sistema nervioso central y periférico. Dentro del sistema central, destaca la muerte de neuronas dopaminérgicas de la vía nigro-estriatal que son las causantes de alteraciones en circuitos extrapiramidales que resultan en los síntomas motores que producen mayor discapacidad. Desde hace unos pocos años, la administración de FNTs que “protegen” a las neuronas nigro-estriatales y de esta forma frenan la progresión de la EP se considera una potencial alternativa terapéutica a los fármacos existentes (ver Capítulo A). El agente neuroprotector más utilizado en los estudios experimentales preclínicos y clínicos sobre la EP es el GDNF. Este agente pertenece a una familia de ligandos que incluye a la artemina (ARTN), neurturina (NRTN) y persefina (PSPN), todos ellos relacionados estructuralmente con la superfamilia


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del “transforming growth factor β”. El GDNF ha despertado interés especial por su efecto potente sobre la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas y noradrenérgicas, y por ello los FNTs de la familia del GDNF se denominan a menudo “factores dopaminotróficos” (Lin y cols., 1993; Arenas y cols., 1995; Andressoo y Saarma, 2008). El GDNF se expresa en varias regiones del cerebro adulto (particularmente en el estriado, el tálamo anteroventral y el septum) (Pascual y cols., 2008) y actúa sobre sus células diana mediante la unión a un receptor extracelular anclado a la membrana por un grupo GPI (GFRα1) que a su vez activa a una proteína transmembranaria con actividad tirosina quinasa (cRet). Junto a esta vía “canónica” de señalización existen otras, una de ellas independiente de Ret y mediada por NCAM (Figura 2). Como ocurre con otros FNTs, el GDNF se capta por los terminales axónicos y se transporta al soma de las neuronas. En este sentido, datos recientes han mostrado que la inyección intraestriatal de 125I-GDNF da lugar a la aparición de células marcadas en la sustancia negra y el área tegmental ventral homolaterales, lo que sugiere que, como se discute más adelante, esta molécula tiene un papel trófico en las neuronas de la vía nigro-estriatal adulta. Está demostrado que el GDNF actúa mediante vías intracelulares relacionadas con la defensa antioxidante y la supervivencia neuronal. Dentro de estas vías, la activación de la cascada PI3K/AKT tiene un papel especial ya que, entre otras acciones, puede proteger a las neuronas inactivando proteí-

Figura 2. Acciones biológicas de los factores dopaminotróficos. (A) Interacción del GDNF y de la neurturina con sus receptores. Los factores se sintetizan como precursores que tras el procesado enzimático proteolítico se convierten en las moléculas maduras. El GNDF se une preferentemente a GFRα1 y la neurturina al GRFα2. Tras la unión del ligando, GFRα se acopla a RET cuyo dominio intracelular adquiere actividad tirosina quinasa. Al menos para el caso del complejo GDNF-GFRα1 existe la posibilidad alternativa de unión a NCAM. Modificado de Andressoo y Saarma, 2008. (B) Efecto de la ausencia (BA) o presencia (BB) de GDNF sobre neuronas mesencefálicas de ratón en cultivo. Nótese el incremento en el número y tamaño de dendritas en las neuronas tratadas con GDNF. Modificado de Lin y cols., 2003.

nas proapoptóticas. Recientemente se ha descrito que la administración de GDNF en el estriado (en forma de vectores lentivirales) induce la expresión de genes en la sustancia negra, especialmente la tirosina hidroxilasa (TH), GTP ciclohidrolasa-1 (que cataliza la síntesis de tetrahidrobiopterina, cofactor de la TH), receptores de GDNF y Dlk-1 (factor involucrado en la proliferación y diferenciación celular). Ya que los terminales de los axo-

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nes nigro-estriatales dopaminérgicos contienen receptores para GDNF, se supone que estos genes se activan en las neuronas de la sustancia negra en respuesta a la activación de dichos receptores. No obstante, las vías de señalización intracelular moduladas por GDNF están, sorprendentemente, poco estudiadas y el papel del GDNF en el mantenimiento de las neuronas dopaminérgicas adultas se desconoce en gran medida. El GDNF tiene un potente efecto neurotrófico sobre las neuronas dopaminérgicas mesencefálicas in vitro en diferentes especies animales. La administración de GDNF a cultivos primarios de neuronas mesencefálicas favorece la supervivencia, e incrementa la captación de dopamina, el tamaño celular y la longitud de las neuritas (Lin y cols. 1993). Igualmente, está demostrado que el GDNF ejerce un efecto protector sobre las neuronas dopaminérgicas expuestas a agentes neurotóxicos. Este factor incrementa la supervivencia de neuronas mesencefálicas tratadas bien con MPP+ (1-metil4-fenilpiridinium) o 6-OH dopamina (6-hidroxidopamina) y favorece la re-arborización de fibras previamente dañadas. El efecto neuroprotector del GDNF sobre la toxicidad por MPP+ también se ha demostrado en cultivos organotípicos de rodajas de mesencéfalo ventral, preparación en la que la integridad de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra se preserva mejor que cuando las células se dispersan enzimáticamente (para revisión detallada sobre el efecto del GDNF en neuro-

nas dopaminérgicas ver Kirik y cols., 2004; Pascual y cols., 2008). Al igual que ocurre con el GDNF, los otros factores dopaminotróficos (NRTN, ARTN y PSPN) también promueven la supervivencia y el fenotipo de las neuronas dopaminérgicas mesencefálicas y las protegen de la toxicidad por 6-OH dopamina, aunque parecen ser menos eficaces. La acción neuroprotectora de estos agentes se debe a que se unen y estimulan al receptor de GDNF canónico GFRα1. De los diferentes FNTs estudiados in vivo, el GDNF es el que muestra efectos más potentes y robustos sobre modelos animales (roedores y primates) de parkinsonismo (ver Kirik y cols., 2004). En los estudios iniciales la vía de administración de GDNF fue la infusión directa de proteína recombinante dentro del parénquima estriatal. Estos experimentos mostraron que el GDNF protege las neuronas dopaminérgicas activando su metabolismo y el recambio de dopamina. El GDFN también induce arborización axonal y reinervación estriatal. Dado que la infusión intraestriatal directa de GDNF presenta eventuales complicaciones derivadas del sistema mecánico de inyección o la limitada difusión de factor trófico, una forma alternativa de elevar los niveles intracerebrales de GDNF es el uso de vectores virales. Hasta le fecha se han utilizado tres tipos de vectores (adenovirus, virus adenoasociados, y lentivirus) con buenos resultados experimentales. La transfección de virus adenoasociados o lentivirus es particularmente interesante porque produce expresión duradera de GDNF. No obstan-


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te, el uso de vectores virales en el hombre presenta problemas de seguridad debido a su posible actividad inmunogénica y al riesgo de mutagénesis provocada por su inserción en el genoma de las células receptoras. Finalmente, otro modo de liberar GDNF de forma crónica es el implante de células modificadas genéticamente para producir el factor trófico o preparaciones de células que fisiológicamente producen niveles elevados de GDNF. Existen numerosas publicaciones de grupos que han descrito efecto neuroprotector en modelos de EP utilizando células (fibroblastos generalmente) modificadas genéticamente. La supervivencia a largo plazo de estas células una vez trasplantadas y la prevención de la respuesta inmunológica que generan son dos de los factores tecnológicos más importantes a tener en cuenta antes de que esta metodología pueda ser usada en clínica humana. En relación con las células que de forma natural producen GDNF destacan las células glómicas del cuerpo carotídeo descritas en nuestro laboratorio (Toledo-Aral y cols., 2003; Villadiego y cols. 2005). Las características de esta preparación y su aplicabilidad en terapia antiparkinsoniana se presenta en el “Capítulo C”. B.3. Modelos genéticos de depleción de GDNF. El animal GDNF “knockout” condicional Casi toda la información que se dispone relativa a las acciones fisiológicas del GDNF se ha obtenido a partir del análisis de ratones modificados gené-

ticamente. Hace casi 15 años que varios grupos mostraron de forma independiente que la ablación del gen que codifica el GDNF (ratones Gdnf -/-) resulta en animales que mueren durante las pocas horas que siguen al nacimiento con agenesia renal y ausencia del plexo entérico (Sánchez y cols., 1996). Sin embargo, estos animales mostraban una disposición y número normales de neuronas dopaminérgicas mesencefálicas. Estas observaciones indicaron que la dependencia trófica de las neuronas dopaminérgicas del GDNF, sugerida por los experimentos farmacológicos resumidos en la sección anterior, debe ser una propiedad que se adquiere durante la maduración posnatal. Los animales heterozigóticos (Gdnf+/-) son fértiles y se desarrollan normalmente, aunque parecen mostrar mayor declive en los movimientos espontáneos y la coordinación motora con el envejecimiento. A los 20 meses de edad los ratones Gdnf+/- tiene sólo un 15% de disminución de neuronas TH positivas en la SN y no presentan diferencias significativas en la inervación estriatal con respecto a los ratones normales. Aunque existen modelos animales con ablación de Ret (el receptor canónico de GDNF) en las neuronas dopaminérgicas (neuronas que expresan el transportador de dopamina) los resultados publicados por diferentes grupos son contradictorios. En un caso no se han observado diferencias morfológicas ni bioquímicas entre los animales modificados y los controles. Sin embargo otro grupo ha descrito que la ablación embrionaria de Ret en las neuronas

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catecolaminérgicas resulta en disminución significativa en el número de células TH+ en la sustancia negra y de fibras en el estriado. Curiosamente, estos animales no muestran cambios de neuronas ni en el área tegmental ventral o el locus coeruleus, estructuras en las que el GDNF tiene un poderoso efecto antineurotóxico (Arenas y cols., 1995). Como se indicó anteriormente, además del sistema receptor GFRα1/RET, el GDNF puede unirse a otros receptores transmembranarios (al menos a NCAM), lo que explicaría la ausencia de alteraciones generalizadas cuando se anula el gen Ret. Para estudiar el verdadero efecto fisiológico del GDNF en las neuronas de la vía nigro-estriatal hemos generado en nuestro grupo el ratón GDNFnulo condicional (ratón cGDNF-nulo) gracias al trabajo de Alberto Pascual, María Hidalgo Figueroa, Jose I. Piruat, Raquel Gómez y Oscar Pintado. En este modelo los niveles estriatales de GDNF pueden disminuirse a menos del 30% de su valor normal una vez que el animal alcanza la vida adulta (Pascual y cols., 2008). La ablación del GDNF cuando los animales alcanzan dos meses de edad induce un proceso neurodegenerativo lento caracterizado por pérdida muy marcada de las neuronas catecolaminérgicas del locus coeruleus, sustancia negra y área tegmental ventral (todas ellas estructuras afectadas en la EP). Las neuronas gabaérgicas y colinérgicas parecen estar intactas. Cuando los animales tienen 9 meses de edad (7 meses después de la pérdida del GDNF) se observa una mortalidad superior al 95% en el

Figura 3. Pérdida de neuronas catecolaminérgicas en el ratón adulto tras ablación condicional del gen GDNF (cGDNF knockout). (A) Sección del mesencéfalo al nivel de la sustancia negra (SN) y el área tegmental ventral (VTA) ilustrando la destrucción masiva de neuronas dopaminérgicas (tirosina hidroxilasa positivas) en ausencia de GDNF. (B) Sección del tronco del encéfalo al nivel del locus coeruleus (LC) mostrando la desaparición casi completa de las neuronas noradrenérgicas (TH positivas). C. Recorrido en campo abierto en animales control (“wild type”) y en animales “cGDNF knockout” a los 100 y 126 días después de aplicar tamoxifeno (TM) para escindir los alelos Gdnf. Nótese el síndrome aquinético mostrado por los animales en los que falta GDNF. Modificado de Pascual y cols. 2008.

locus coeruleus y al 60% en la sustancia negra. Las alteraciones histológicas se acompañan de alteraciones motoras típicas de un síndrome aquinético (Figura 3). Estos datos demuestran de forma indiscutible que, en el ratón, el GDNF producido endógenamente es absolutamente necesario para el mantenimiento trófico de las neuronas dopaminérgicas y catecolaminérgicas


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del mesencéfalo. El ratón cGDNF-nulo parece ser por tanto un excelente modelo para estudiar la neurodegeneración en la EP experimental. De hecho, la patente del ratón cGDNF ha sido licenciada por una CRO multinacional para ofertarlo en su cartera de servicios de desarrollo farmacológico. B.4. Efectos clínicos del GDNF Los buenos resultados obtenidos en los estudios preclínicos relacionados con el efecto neuroprotector del GDNF han estimulado la realización de estudios clínicos diseñados para mostrar la seguridad y eficacia médica de la administración intracerebral de GDNF en pacientes con EP avanzada. Hasta la fecha se han realizado varios ensayos clínicos usando la infusión directa de GDNF recombinante. En un ensayo controlado, la inyección mensual intraventricular de GDNF no produjo beneficio clínico en pacientes con EP sino que por el contrario dio lugar a efectos secundarios (Nutt y cols., 2003). Sin embargo, se han obtenido resultados esperanzadores en dos estudios clínicos en pacientes a los que se administró continuamente GDNF en el estriado mediante la colocación de un catéter conectado a una bomba de infusión. En ambos estudios los pacientes mostraron mejoría clínica y los análisis mediante tomografía por emisión de positrones indicaron incremento en la actividad dopaminérgica en el estriado (Gill y cols., 2003; Slevin y cols. 2005). Sin embargo, el estudio aleatorizado y con

doble-ciego sobre el efecto clínico de la infusión de GDNF ha sido interrumpido debido a la falta de eficacia clínica y al riesgo de efectos secundarios indeseables: tres pacientes desarrollaron anticuerpos neutralizantes que podrían bloquear el GDNF endógeno y en un estudio paralelo en monos éstos mostraron efectos tóxicos con afectación de las células de Purkinje del cerebelo (Lang y cols., 2006). A pesar de estos resultados, la aplicabilidad clínica del GDNF y otros factores dopaminotróficos (como la NRT) sigue abierta. Algunos investigadores creen que la administración mediante catéter no permite que el GDNF difunda la suficiente como para activar un número adecuado de fibras dopaminérgicas. Por lo tanto, se está actualmente investigando nuevas formas de administración de GDNF, sobre todo algunas que permitan al factor trófico atravesar la barrera hematoencefálica (ver reciente comentario de Vastag, 2010).

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Capítulo C. Terapia celular neuroprotectora en la enfermedad de Parkinson C.1. El cuerpo carotídeo y el sistema homeostático sensor de la hipoxia El cuerpo carotídeo es un pequeño órgano par, de forma ovoide (unos 3 x 4 mm en el hombre), situado en el cuello junto a la bifurcación de la arteria carótida (Figura 4, panel izquierdo). Aunque el cuerpo carotídeo se conoce desde los primeros estudios sobre anatomía humana en el siglo XVI, su incorporación a la literatura científica moderna se debe a de Castro, histólogo español discípulo de Cajal que realizó un estudio, ahora clásico, sobre este órgano. El cuerpo carotídeo deriva durante la vida embrionaria de progenitores que emigran del ganglio cervical superior formando acúmulos (glomérulos) de células tipo I, principales o glómicas (con fenotipo neuronal) rodeadas de células tipo II o sustentaculares de origen glial. Esta organización glomerular se aprecia claramente en preparaciones histológicas como la que se ilustra en la figura 4 (panel derecho). Los experimentos realizados por de Castro mostraron que el cuerpo carotídeo era uno de los tejidos más irrigados del organismo y que tenía una abundante inervación sensorial. Las numerosas fibras aferentes que inervan el cuerpo carotídeo, formando el nervio del seno carotídeo, proceden de los ganglios petroso y nodoso

Figura 4. Localización y organización estructural del cuerpo carotídeo. Izquierda. Esquema de la región de la bifurcación carotídea indicando la localización del cuerpo carotídeo. Derecha. A y C. Hibridación in situ de la zona de la bifurcación carotídea utilizando un ARNm complementario del enzima tirosina hidroxilasa (TH). B. Tinción inmunohistoquímica utilizando anticuerpos contra la TH. Nótese en B y C la organización glomerular (en agregados celulares) del cuerpo carotídeo. Las células glómicas o principales aparecen como TH positivas. CB: cuerpo carotídeo, SCG: ganglio cervical superior, ECA: arteria carótida externa, ICA: arteria carótida interna.

y se unen a fibras del nervio glosofaríngeo para terminar en el tronco cerebral. Basándose en estos datos, de Castro postuló que el cuerpo carotídeo era un órgano sensorial que, en sus palabras, “degustaba la composición química de la sangre”. Experimentos funcionales realizados durante los años 1930-1936 por Heymans y sus colaboradores mostraron que el cuerpo carotídeo es un quimiorreceptor arterial que se activa preferentemente por la disminución de la tensión de oxígeno de la sangre (hipoxemia) y por el aumento de dióxido de carbono (hipercapnia) o la acidosis. Actuando


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sobre neuronas de los centros respiratorio y vasomotor del tronco del encéfalo, la activación del cuerpo carotídeo resulta en estimulación simpática (taquicardia y aumento de la presión arterial) e hiperventilación, contribuyendo de este modo a la compensación de la hipoxemia y la hipercapnia. Estas investigaciones valieron a Heymans el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1938. Aunque está bien aceptado que el cuerpo carotídeo es el quimiorreceptor arterial más importante y su contribución a la regulación de la respiración se destaca en todos los libros de texto de Fisiología Médica, los mecanismos básicos que operan dentro del órgano han permanecido desconocidos hasta fecha reciente. Durante mucho tiempo se había pensado incluso que los elementos quimiorreceptores eran las terminaciones nerviosas y que las células glómicas tenían una función moduladora. Como se indica en el “Preámbulo”, mi interés por el cuerpo carotídeo se inició en 1987/1988 cuando tras poner a punto las técnicas de “patch-clamp” y una preparación de células aisladas tratando el tejido con enzimas, demostramos que las células glómicas tenían en realidad un fenotipo funcional neuronal y eran capaces de generar potenciales de acción debido a la activación de canales iónicos dependientes del potencial. Las células sustentaculares eran, por el contrario, no excitables, de acuerdo con su fenotipo glial. Siendo importante estas observaciones, lo más critico fue el descubrimiento en las células glómicas de canales de K+ cuya actividad se inhibía de forma reversible

y selectiva por la hipoxia (López-Barneo y cols. 1988). Estos datos experimentales sugirieron que las células glómicas eran los elementos receptores y proporcionaron las bases para elaborar un modelo de quimiotransducción en el cuerpo carotídeo. Dado que se sabía que las células glómicas contienen numerosas vesículas secretoras llenas de neurotransmisores (dopamina y ATP entre otros), nuestro modelo postuló que el cierre de canales de K+ por hipoxia produce un aumento de excitabilidad (despolarización) de las células, lo que conduce al flujo transmembranario de Ca2+ por apertura de canales voltaje-dependientes, al aumento de las concentraciones del ión en el citoplasma y la liberación de neurotransmisores por exocitosis. Los transmisores activarían las fibras sensoriales aferentes que conducen la información al sistema nervioso central. En la figura 5 se muestra este modelo utilizando un esquema de una publicación propia (López-Barneo, 2003). Desde 1988, nuestra investigación ha tenido como objetivo la evaluación experimental del modelo presentado en el párrafo anterior y su refinamiento con nuevas observaciones experimentales. Con Lola Ganfornina realizamos una serie muy extensa de experimentos utilizando la técnica de registro de canal único en los que, entre otras observaciones, identificamos el canal de K+ regulado por el O2 en el cuerpo carotídeo de conejo (Ganfornina y López-Barneo, 1991). De esta forma se pudo mostrar que la hipoxia disminuye la probabilidad de apertura del canal sin alterar otras propiedades

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Figura 5. Modelo de quimiotransducción en el cuerpo carotídeo. La disminuición de la tensión de oxígeno en los vasos (“Blood vessel”) se detecta por canales de potasio en las células glómicas (“Glomus cell”). Este hecho determina la despolarización celular (∆Vm), la entrada de calcio extracelular y la secreción de neurotransmisores que activan a las fibras nerviosas sensoriales (“Sensory fiber”) que estimulan el centro respiratorio. Modificado de López-Barneo, 2003.

biofísicas (Figura 6). Con Juan Ureña, mostramos en células aisladas cargadas con Fura 2 (un indicador fluorescente que mide el Ca2+ citosólico) que como predice el modelo propuesto, la hipoxia da lugar a un incremento de Ca2+ intracelular (Figura 6). En experimentos realizados en paralelo con Rafael Fernández-Chacón, Rafael Montoro, Alberto R. Benot y Guillermo Alvarez de Toledo pudimos medir en tiempo real la liberación de neurotransmisores de células glómicas sometidas a hipoxia utilizando técnicas amperométricas (Ureña y cols., 1994; Montoro y cols. 1996). La investigación realizada por el grupo sobre el proceso de quimiotransducción se ha visto reforzada en los últimos años por el desarrollo de la

Figura 6. Sensibilidad a hipoxia de las células glómicas. A. Disminución de la probabilidad de apertura (“popen”) de un canal de potasio por la hipoxia. Nótese que la hipoxia no cambia la amplitud de la corriente que fluye por el canal sino el número de veces que el canal se abre y el tiempo que está abierto. Registro de un solo canal con la técnica de “patch clamp”. B. Medida de calcio citosólico mediante fluorescencia en una célula glómica expuesta a hipoxia. C. Secreción de catecolaminas (monitorizada mediante amperometría) en una célula glómica expuesta a hipoxia. Cada espiga representa la señal producida al oxidarse las moléculas de catecolamina liberadas por una vesícula secretora. La señal inferior es la secreción acumulada (integral de las espigas) en unidades de carga eléctrica (pC, picoculombios).

técnica de “rodajas de cuerpo carotídeo” llevado a cabo por Ricardo Pardal, Uve Ludewig y Julia García-Hirschfeld (Pardal y cols. 2000). Con esta metodología, en condiciones más parecidas a las fisiológicas, hemos mostrado que el cuerpo carotídeo en ratas es un sensor polimodal y que además de detectar cambios en la tensión de O2, se activa por la disminución de glucosa en la sangre (Pardal y López-Barneo, 2002). Gracias a la puesta a punto de la técnica de rodajas en el cuerpo carotídeo de ratón, hecho de dificultad técnica muy


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importante conseguido por Patrica Ortega-Sáenz, Alberto Pascual, Jose I. Piruat, Raquel Gómez y Marta Roche estamos profundizando en las bases genéticas/moleculares de la quimiotransducción y en el papel del cuerpo carotídeo en diferentes patologías metabólicas y tumorales, usando animales modificados genéticamente (Piruat y cols. 2004; Ortega-Saenz y cols. 2006). La técnica de rodajas ha sido también adaptada a la médula suprarrenal por María García-Fernández, Ana Muñoz-Cabello y Rebeca Mejías para estudiar las propiedades quimiosensoras de este órgano (Muñoz-Cabello y cols. 2005; García-Fernández y cols. 2007). El descubrimiento de canales de K+ regulados por el O2 tuvo un impacto importante no sólo en la fisiología y fisiopatología del cuerpo carotídeo sino que, además, inició un campo de investigación con numerosas ramificaciones. Tras nuestros estudios iniciales, se encontraron canales de potasio con propiedades parecidas a las descritas en las células glómicas, que participan en la vasoconstricción de la arteria pulmonar en respuesta a la hipoxia o en el cierre del ductus arteriosus tras el nacimiento para separar la sangre arterial (oxigenada) de la venosa (no oxigenada). Igualmente, se demostró que otros tejidos con respuestas neurosecretoras ante la hipoxia aguda, tales como los órganos neuroepiteliales del pulmón, la médula suprarrenal o las células PC12, también tienen canales similares a los descritos en el cuerpo carotídeo. Además varios grupos, incluido el nuestro, han mostrado que los niveles de O2 pueden regular la función de

canales para otros iones (Na+, Ca2+ o Cl-) en tipos celulares muy diversos (ver López-Barneo y cols. 2001). Por tanto, los canales regulados por cambios rápidos en la tensión de O2 se encuentran en el cuerpo carotídeo y otros órganos, constituyendo conjuntamente “el sistema homeostático sensor de la hipoxia”. El valor biológico y médico de este sistema es indudable, ya que permite la adaptación de los seres vivos, especialmente los mamíferos superiores, a ambientes y condiciones permanentemente cambiantes (ver Weir y cols. 2005). C.2. ¿Puede el déficit dopaminérgico en la enfermedad de Parkinson compensarse con el trasplante de cuerpo carotídeo? En 1997 iniciamos una investigación para determinar si, debido a su naturaleza dopaminérgica, el trasplante intracerebral del cuerpo carotídeo podría tener efectos beneficiosos en el enfermo parkinsoniano. Este proyecto supuso un encuentro entre los conceptos “sensibilidad al O2” y la “terapia celular en enfermedades neurodegenerativas” del que arrancó una investigación que está actualmente en plena fase de maduración y desarrollo (véase “Preámbulo”). Como se indicó en el “Capítulo A”, la enfermedad de Parkinson (EP) es una patología neurodegenerativa que se produce por la muerte de neuronas específicas localizadas en diferentes áreas del cerebro. Los síntomas más importantes son consecuencia de la pérdida de neuronas en la sustancia

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negra que envían sus axones al estriado, donde liberan un neurotransmisor que es la dopamina (Figura 7). El tratamiento de la EP es inicialmente farmacológico y está basado en la administración por vía oral de L-dopa, molécula que se convierte en dopamina en el cerebro y de este modo incrementa su concentración. Durante los primeros años de la enfermedad los pacientes mejoran con el tratamiento farmacológico, sin embargo el efecto de la L-dopa va siendo cada vez menor y los enfermos se hacen resistentes a la misma. Desde hace aproximadamente dos décadas diversos investigadores de diferentes países iniciaron programas para evaluar la aplicación de la terapia celular a la EP (véase López-Barneo y cols. 2008 para consulta detallada sobre este tema). La idea original de

Figura 7. Vía nigroestriatal y enfermedad de Parkinson. A y B. Esquema de la vía nigroestriatal en un sujeto normal (A) y en un enfermo de Parkinson (B). SNpc: pars compacta de la sustancia negra. C. Aspecto típico de un paciente parkinsoniano con los síntomas característicos de la enfermedad: temblor, bradiquinesia (lentitud de los movimientos) y rigidez.

esta terapia celular es el trasplante intracerebral (en los núcleos del cuerpo estriado) de células que liberen dopamina y de este modo compensar la falta de producción de esta molécula en el cerebro enfermo. Se ha llevado a cabo una intensa investigación, tanto en modelos animales de EP como en pacientes, encaminada a determinar cuáles son las células más adecuadas para el trasplante. Las células productoras de dopamina utilizadas son de origen muy diverso, siendo las más comunes las que proceden de mesencéfalo fetal humano. Aunque se han obtenido resultados clínicamente muy satisfactorios en muchos pacientes, en años recientes el trasplante de células fetales ha dejado de realizarse debido a que tiene varias limitaciones serias. La disponibilidad de tejido neuronal fetal es muy limitada (se necesitan unos 5-10 fetos por cada trasplante) y la extracción de las neuronas fetales es técnicamente compleja, lo que da lugar a que muchas de ellas mueran en el momento del trasplante. Los pacientes trasplantados con células fetales necesitan medicación inmunosupresora de por vida, para evitar el rechazo, y en algunos casos se han descrito efectos secundarios indeseables como es la aparición de movimientos anormales denominados disquinesias. Finalmente, el trasplante de células fetales plantea problemas éticos y legales importantes. Por las razones indicadas, aunque la terapia celular de la EP es una realidad clínica tiene, por el momento, limitaciones no superadas. Se continúa con la búsqueda del tipo celular adecuado que permita aplicar esta terapia de forma rutinaria a los pacientes.


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Dada la situación de la terapia antiparkinsoniana descrita en el párrafo anterior, nos pareció que a priori el cuerpo carotídeo presentaba ventajas importantes como fuente de células ya que al ser un órgano bilateral permite extraerlo del propio sujeto y realizar autotrasplantes. Además de ser muy dopaminérgico, el cuerpo carotídeo es resistente a la hipoxia lo que pensamos facilitaría su supervivencia en el cerebro una vez trasplantado. Para demostrar esta hipótesis pusimos en marcha un estudio en ratas hemiparkinsonianas a las que se les destruye la vía nigro-estriatal de un lado. El trasplante intraestriatal de células del cuerpo carotídeo produjo una mejoría muy importante en los síntomas parkinsonianos (que desaparecieron casi totalmente) acompañado de una reinervación del estriado con fibras dopaminérgicas (Figura 8). Estos datos (Espejo y cols., 1998), tuvieron un impacto científico importante, siendo comentados y analizados en las revistas de mayor nivel (Science y Nature News). Por su posible trascendencia social, el trabajo incluso recibió atención muy importante de la prensa nacional e internacional no especializada, destacando un artículo de una página completa en el propio The New York Times. Una vez publicados nuestros resultados, el efecto beneficioso de los implantes de cuerpo carotídeo en modelos de ratas parkinsonianas ha sido confirmado por al menos tres grupos de investigación independientes en China y los EE.UU. de América. Los resultados satisfactorios de los trasplantes iniciales en ratas nos llevaron a realizar un estudio

Figura 8. Recuperación de ratas parkinsonianas tras el implante intraestriatal de cuerpo carotídeo. A. Modelo de rata hemiparkinsoniana con destrucción de la sustancia negra (SN) y desnervación en el estriado (Str) del lado lesionado. B. Comportamiento rotatorio de animales normales (círculos claros), hemiparkinsonianos (triángulos claros) y hemiparkinsonianos trasplantados con cuerpo carotídeo (cuadrados negros). Nótese que los animales hemiparkinsonianos giran un número alto de vueltas hacia el lado de la sustancia negra destruida. A los 10 días tras el implante (“graft”) los animales alcanzan una recuperación casi completa.

piloto en monos parkinsonianos para determinar en ellos la eficacia de los implantes intracerebrales de cuerpo carotídeo. Este paso era necesario antes de realizar estudios en pacientes, ya que el sistema motor de los primates difiere en muchos aspectos del mismo sistema en roedores. El modelo de mono parkinsoniano se obtiene inyectando por vía subcutánea una o dos veces a la semana una dosis de MPTP, un tóxico que selectivamente produce la destrucción de las neuronas dopaminérgicas del cerebro, produciendo un síndrome muy parecido a la EP del hombre. El implante de células del cuerpo carotídeo produjo una mejoría de los síntomas muy

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notable en los dos monos estudiados. Además, el análisis histológico postmortem del cerebro de los animales demostró que en la zona del estriado donde se realizó el trasplante se había producido una reinervación dopaminérgica muy importante. Este trabajo fue realizado por Rafael Montoro en colaboración con un grupo de la Universidad de Navarra coordinado por Rosario Luquín, ya que en este laboratorio se disponía del modelo de mono parkinsoniano, no existente en Sevilla. De esta colaboración surgió una publicación (Luquin y cols., 1999) que también fue objeto de numerosos comentarios y que mereció ocupar la portada de la revista Neuron.

forma satisfactoria en todos los casos, los pacientes fueron dados de alta y evaluados clínicamente cada seis meses. Los resultados de este estudio piloto a los 18 meses después de la cirugía fueron, en general, muy positivos, ya que en ningún caso la implantación de cuerpo carotídeo produjo efectos secundarios adversos y en cinco de los seis enfermos se apreció una mejoría clínica que osciló entre el 20 y el 60%. En este estudio en pacientes, y los realizados posteriormente, participaron por parte de mi grupo, Juan José Toledo-Aral, Rafael

C.3. Autotrasplantes en pacientes con enfermedad de Parkinson Las observaciones experimentales en ratas y monos sugerían que el implante intracerebral de cuerpo carotídeo podría tener efectos terapéuticos beneficiosos en enfermos parkinsonianos. Por ello iniciamos un estudio piloto en seis pacientes a los que en el mismo acto quirúrgico se les extrajo el cuerpo carotídeo y, una vez troceado en fragmentos de unos 150-200 micrómetros de lado, se implantó con cirugía estereotáxica en el putamen (una zona del estriado humano) del mismo paciente de forma bilateral. La apariencia del cuerpo carotídeo humano y los agregados celulares usados en el trasplante se muestra en la figura 9 (A y B). Tras la recuperación de la cirugía, hecho que ocurrió de

Figura 9. Resultados clínicos de los trasplantes de cuerpo carotídeo. A. Cuerpo carotídeo humano. B. Agregados celulares de cuerpo carotídeo usados en los implantes. C. Evolución clínica (ordenada; hacia abajo mejoría) de los pacientes trasplantados. La variable clínica usada es la valoración cegada de la subescala motora III en “off” de la escala UPDRS. D. Correlación lineal entre la inervación del estriado (evaluada mediante tomografía por emisión de positrones, ordenada) y la mejoría clínica (abscisa) en pacientes de Parkinson trasplantados con tejido de cuerpo carotídeo. Modificada de Arjona y cols. 2003 y Mínguez-Castellanos y cols., 2007.


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Montoro, Ricardo Pardal, Simon Méndez Ferrer y Javier Villadiego. El ensayo se llevó a cabo en el Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada gracias a la labor extraordinaria de dos grupos clínicos: i) el de neurólogos coordinados por Adolfo Mínguez-Castellanos, encargados de la selección y el seguimiento clínico de los pacientes, y ii) el de neurocirujanos dirigido por Ventura Arjona, ejecutor de los implantes. Los resultados del primer estudio piloto fueron objeto de atención y comentarios por numerosos colegas de diferentes países (ver Arjona y cols. 2003). El primer estudio piloto en pacientes fue seguido de un segundo con otros siete casos, que fueron analizados con la técnica de tomografía por emisión de positrones (PET) antes y después de la cirugía en el “Cyclotron Unit” del Hospital Hammersmith de Londres, dirigido por David Brooks. El estudio por PET fue aconsejable para demostrar efectos biológicos objetivos de los implantes de cuerpo carotídeo y descartar que la mejoría clínica se debiese exclusivamente a un efecto placebo. El segundo estudio confirmó los datos del primero, demostrando que el implante de cuerpo carotídeo tiene un efecto beneficioso sobre los síntomas parkinsonianos en el hombre (MínguezCastellanos y cols. 2007). La mejoría clínica al año del trasplante de los 13 pacientes intervenidos hasta el momento se muestra en la figura 9C. Los efectos del implante son muy variables, existiendo un paciente que no tuvo ninguna mejoría, otros con reducción en los síntomas de forma modesta (entre

un 10-20%) y algunos que mejoraron hasta un 60% en comparación con el estado prequirúrgico de la enfermedad. A pesar de esta variabilidad y de que el número de pacientes intervenidos es pequeño, el porcentaje de mejoría promedio a los 6 meses fue del 25% y con alta significación estadística (p<0.005). Los seis pacientes del primer estudio han sido evaluados a los 3 años tras la intervención y es destacable que tres de ellos muestran no sólo falta de progresión de la enfermedad sino mejorías entre el 15 y el 45%. Aunque en promedio la mejoría evidenciada por PET en los pacientes al año del trasplante es muy modesta (≈5%), existe una correlación inversa entre el deterioro neuroquímico (PET) y la evolución clínica, es decir los pacientes que tras la cirugía obtienen mayor beneficio motor muestran en el análisis por PET una progresión de la enfermedad más lenta (Figura 9D). Estas observaciones indican que la acción beneficiosa del implante intraestriatal de cuerpo carotídeo se debe, al menos en parte, a los efectos biológicos del mismo. Las causas de la variabilidad que se observa en la evolución de los pacientes intervenidos se desconoce aunque parece que se relaciona con la edad y el nivel de afectación por la enfermedad. Los datos del primer estudio piloto indican que los pacientes más jóvenes (con menos de 60 años) tienen una mejoría muy superior a los más viejos. Igualmente, los pacientes menos afectos, tanto por escalas clínicas como por el estudio neuroquímico, muestran también un mayor beneficio tras el trasplante.

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C.4. Efecto neurotrófico de los implantes de cuerpo carotídeo Aunque la idea original del trabajo con los implantes de cuerpo carotídeo fue el depositar células productoras de dopamina en el estriado, el análisis histológico de los cerebros de animales (ratas y monos) trasplantados mostró que la recuperación funcional se debe a la reinervación del estriado por nuevas fibras dopaminérgicas. Experimentos con trazadores retrógrados mostraron que las fibras que reinervan el estriado de las ratas trasplantadas proceden de neuronas de la sustancia negra homolateral que no han sido destruidas. Estos experimentos, realizados por Juan José Toledo-Aral y Simón Méndez-Ferrer, sugerían que el efecto del implante de cuerpo carotídeo no es solamente liberar dopamina sino, además, producir factores neurotróficos que estimulan el crecimiento (“sprouting”) de las neuronas nigroestriatales. De hecho pudimos demostrar que en animales en los que la sustancia negra está completamente destruida (y por tanto no disponen de células nigroestriatales que puedan ser estimuladas a crecer) el implante de cuerpo carotídeo tiene un efecto casi inapreciable (Toledo-Aral y cols., 2003). Como consecuencia de las observaciones descritas en el párrafo anterior postulamos que el cuerpo carotídeo debería producir uno o varios factores neurotróficos. Para investigar esta posibilidad decidimos hacer hincapié en la familia de los factores “dopaminotróficos”, especialmente en el GDNF. Se

sabe que estos factores tienen un poderoso efecto estimulante sobre las células dopaminérgicas a las que inducen “sprouting” tanto in vivo como in vitro (ver Capítulo B). Realizamos, por tanto, experimentos con Juan José Toledo-Aral, Miriam Echevarría, Simón Méndez-Ferrer y Ricardo Pardal que mostraron la existencia en el cuerpo carotídeo de niveles particularmente altos de RNAm del GDNF pero no de los otros factores. Para poner en evidencia de forma inequívoca la producción de GDNF en el cuerpo carotídeo utilizamos un ratón en el que por métodos genéticos se ha hecho deficiente en un alelo del gen GDNF y en su lugar (pero bajo control del promotor de GDNF) tiene incorporado el gen de la galactosidasa (LacZ). Estos animales son muy útiles porque donde se expresa normalmente el GDNF aparece actividad galactosidasa que se detecta por la tinción X-gal. En los animales GDNF/lacZ pudimos demostrar los altos niveles de expresión de GDNF en el cuerpo carotídeo (Toledo-Aral y cols. 2003). Junto con Javier Villadiego, el grupo de investigadores antes señalado pudo medir de forma directa (con métodos de detección por ELISA) la cantidad de GDNF en diferentes tejidos. Se ha mostrado que el cuerpo carotídeo adulto contiene más GDNF que ninguna otra estructura dopaminérgica utilizada previamente para trasplantes en modelos de parkinsonismo (médula suprarrenal, gánglio cervical superior, retina, órgano de Zuckerkandl o células PC12). Aunque el GDNF es un factor glial, en el cuerpo carotídeo no se localiza en las células


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tipo II sino en las tipo I o glómicas. Por tanto, estas células además de ser dopaminérgicas sintetizan grandes cantidades de GDNF (Figura 10). Utilizando el animal GDNF/LacZ descrito anteriormente hemos observado que el cuerpo carotídeo y el estriado están entre las estructuras que expresan más GDNF en el ratón adulto (Villadiego y cols., 2005; Pascual y cols., 2008). De hecho, en las células (neuronas fundamentalmente) del estriado se producen grandes cantidades de GDNF, que posiblemente es recaptado por las terminaciones axónicas dopaminérgicas y transportado al soma neuronal en la sustancia negra para ejercer un efecto trófico. Por tanto, el implante intraestriatal de cuerpo carotídeo tiene una doble acción: i) una del tipo “neuroreparadora” al liberar dopamina y compensar el déficit dopaminérgico, y otra ii) “neuroprotectora” al liberar GDNF y proteger y estimular el crecimiento de la vía nigroestriatal. Este último efecto es particularmente relevante en el contexto de la aplicación del cuerpo carotídeo en terapia celular ya que la administración de GDNF en el estriado (mediante cánulas implantadas crónicamente) se ha ensayado como tratamiento de la enfermedad de Parkinson (véase apartado B.4.). Una alternativa realista son las células glómicas, bombas biológicas que podrían utilizarse en la liberación controlada de dopamina y GDNF. El efecto neurotrófico de los implantes de cuerpo carotídeo explica por qué tras el autotrasplante mejoran más los enfermos jóvenes (con un cuerpo carotídeo más sano) y con una enfermedad menos avanzada (con

Figura 10. Producción de GDNF (“glial cell line-derived neurotrophic factor”) en el cuerpo carotídeo utilizando el ratón GDNF-Lac Z. A. Expresión de GDNF (tinción verde) en células tirosina hidroxilasa (TH) positivas (color marrón). Concentración de GDNF, medida por ELISA, en diferentes tejidos del sistema nervioso periférico. CC: cuerpo carotídeo; SGC: ganglio cervical superior; AM: médula adrenal; Zuck: órgano de Zuckerkandl. C. Expresión de GDNF (tinción color azul) en células glómicas TH+. D. Ausencia de expresión de GDNF en células tipo II (positivas para GFAP: “glial fibrillary acidic proteín”). Modificada de Villadiego y cols. 2005.

más neuronas dopaminérgicas susceptibles de ser estimuladas por los factores neurotróficos). El que tanto las células glómicas del cuerpo carotídeo como las células del núcleo estriado (la diana de la vía nigroestriatal) estén dentro de los tejidos del organismo con mayor concentración de GDNF plantea numerosos interrogantes sobre las similitudes entre ambas estructuras y el papel que en cada una de ellas juega este factor neurotrófico. Se sabe que en diferentes tejidos el GDNF se induce en respuesta al estrés oxidativo, lo que sugiere

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que esta es su función en los tejidos (estriado y cuerpo carotídeo) donde se expresa en el animal adulto. De hecho, está bien demostrado que la vía nigro-estriatal es particularmente vulnerable a las agresiones oxidativas ya que por su diseño molecular sufre un estrés oxidativo permanente. La dopamina liberada por las terminaciones presinápticas se recapta en los mismos terminales por el transportador de dopamina y ésta es oxidada enzimáticamente produciendo H2O2. Aunque no está bien demostrado, se postula que el efecto del GDNF estriatal es inducir la expresión de enzimas antioxidantes que metabolicen el H2O2. Dentro del contexto de la lucha contra el estrés oxidativo, es interesante mencionar que, como se demostró en nuestro laboratorio (Toledo-Aral y cols. 2003), las células del cuerpo carotideo aunque son muy dopaminérgicas no expresan transportador de dopamina, lo que presumiblemente las hace más resistentes. Sin embargo, es muy posible que el GDNF expresado en el cuerpo carotídeo también tenga una función neuroprotectora/antioxidante ya que las células glómicas están muy irrigadas por sangre arterial y por tanto expuestas a una alta tensión de O2.

C.5. La expansión del cuerpo carotídeo y su posible uso en terapia celular antiparkinsoniana El efecto beneficioso del implante de cuerpo carotídeo sobre el parkinsonismo en modelos animales es superior a la recuperación clínica observada en pacientes. No obstante, los dos estudios clínicos llevados a cabo indican que existe una mejoría “real” en los enfermos tratados debido al efecto biológico (liberación de GDNF y dopamina) del tejido trasplantado. Sin embargo, los efectos obtenidos hasta la fecha no justifican el desarrollo de un ensayo clínico en fase III en una amplia cohorte de pacientes a menos que se mejore la tecnología y se pueda prever mayor eficacia terapéutica. Uno de los factores que creemos ha sido más limitante en la eficacia clínica del implante de cuerpo carotídeo en pacientes es el bajo número de células trasplantadas debido al pequeño tamaño del órgano. Por esta razón pusimos en marcha hace varios años un programa de investigación sobre células madre al objeto de expandir el cuerpo carotídeo in vitro y de ese modo incrementar la cantidad de tejido disponible para el trasplante. El cuerpo carotídeo es de los pocos órganos del sistema nervioso periférico que mantiene en la vida adulta una gran plasticidad estructural. Está bien demostrado que el cuerpo carotídeo crece de tamaño cuando el individuo sufre una disminución mantenida (>5-10 días) de la concentración de oxígeno en la sangre (hipoxemia) bien por permanecer en un ambiente hipóxico (por ejemplo


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vivir a grandes alturas) o tener una enfermedad pulmonar obstructiva que dificulta el intercambio de gases. Esta respuesta hipertrófica del cuerpo carotídeo nos llevó a pensar que posiblemente este órgano dispone de una población de células madre o progenitoras con capacidad para formar nuevas células glómicas. A estas células progenitoras existentes en algunos tejidos del adulto se les denomina células madre somáticas. Dado que las células glómicas derivan de la cresta neuronal y tienen un fenotipo similar a las neuronas, de ser nuestra hipótesis correcta ello significaría un caso de neurogénesis en al adulto no conocido previamente en el sistema nervioso periférico. La neurogénesis en el adulto es un fenómeno muy novedoso, observado en los últimos años al menos en dos zonas del sistema nervioso central (la zona subventricular y el giro dentado del hipocampo) y que rompe el dogma clásico sobre la ausencia de regeneración de las células nerviosas. La labor experimental desarrollada por Ricardo Pardal, Patricia Ortega-Sáenz y Rocío Durán se culminó con éxito en 2007, fecha en la que publicamos un artículo (Pardal y cols., 2007) que apareció en la revita Cell en el que se describe la identificación de células madre en el cuerpo carotídeo responsables del crecimiento del órgano (Figura 11 A). Cuando estas células se estudian in vitro, forman neuroesferas compuestas inicialmente de células progenitoras de donde emerge un brote de nuevas células glómicas (tipo neuronas) (Figura 11C-E). Aproximadamente un

Figura 11. Identificación de células madre en el cuerpo carotídeo. A. Crecimiento del cuerpo carotídeo de un ratón tras permanecer tres semanas en hipoxia (cambio de 21% a 10% O2). TH: células tirosina hidroxilasa +; DAPI: tinción de los núcleos celulares. B. Formación de neuroesferas a partir de células dispersas del cuerpo carotídeo. Dentro del recuadro se muestra a mayor aumento la protuberancia típica que aparece en estas neuroesferas. C. Estudio histológico de una neuroesfera de 10 días. El centro de la colonia lo forman células progenitoras nestina + y en la protuberancia aparecen nuevas células glómicas derivadas de las células madre. D. Apariencia de una neuroesfera de 21 días mostrando la gran capacidad para regenerar tejido de cuerpo carotídeo in vitro. E: Curso temporal de la formación de colonias (neuroesferas) a partir de una célula madre del cuerpo carotídeo. Inicialmente se forma el centro de la colonia con progenitores nestina+ y posteriormente aparece un “brote” de células diferenciadas TH+ que crece con el tiempo en cultivo. Modificada de Pardal y cols. 2007.

1-5% de las células del cuerpo carotídeo (unas 3000 en la rata) se comportan como células madre (proliferan, se autorenuevan y son multipotentes). En condiciones adecuadas el número de células glómicas puede multiplicarse por un factor de 10 tras varias semanas de cultivo. Nuestros datos

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experimentales han mostrado que las células glómicas neoformadas mantienen las complejas propiedades eléctricas y quimiosensoras de las células glómicas normales y la producción de GDNF. La expansión in vitro del cuerpo carotídeo parece por tanto una realidad científica que deberá en el futuro inmediato convertirse en una herramienta tecnológica que permita su aplicación a los pacientes. Durante los últimos años hemos demostrado que el cuerpo carotídeo humano (obtenido de donantes de órganos) tiene características similares al de roedores y que, al menos desde en punto de vista cualitativo, contiene progenitores capaces de proliferar in vitro y convertirse en células tipo neuronal conteniendo dopamina y GDNF. La patente que protege el uso clínico de estas células ha sido licenciada por la empresa Axontherapix con el objetivo de intentar desarrollar un producto que, eventualmente, pueda ser utilizado en la terapia antiparkinsoniana.

Capítulo D. Conclusiones y perspectivas Lo narrado en esta memoria es una breve historia sobre la labor científica de mi grupo durante los últimos 15-20 años que recoge las aportaciones más importantes hechas en el campo de la neurodegeneración y la terapia celular neuroprotectora. Como se indicó en el “Preámbulo” la evolución del trabajo muestra claramente el concepto de investigación traslacional y las relaciones entre la investigación básica y la aplicada en medicina. Igualmente, también ilustra, en mi opinión ejemplarmente, como a veces el científico no busca los problemas a resolver sino que se topa de bruces con ellos. De estudiar la biofísica de las células quimiorreceptoras pasamos a utilizarlas en terapia celular antiparkinsoniana, lo que nos obligó a incorporar a nuestro bagaje científico numerosas técnicas y conceptos nuevos. El encuentro con la enfermedad de Parkinson nos adentró en la problemática de la neurodegeneración y de ahí hemos pasado a estudiar la neuroprotección, la neurogénesis en el sistema nervioso, y las tecnologías de células madre. Conocida esta evolución queda el reflexionar sobre las perspectivas futuras y los retos científicos que nuestro grupo tiene planteados actualmente. Esta reflexión ha de hacerse con cautela ya que el camino de la investigación científica es difícil de predecir pues es tortuoso, está pavimentado de fracasos y decepciones, y sujeto a cambios de dirección imprevistos. Es importante destacar no obstante, que nuestro grupo continúa siendo atractivo para jóvenes y brillantes investigadores (precisamente


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algunos de ellos antiguos alumnos de licenciatura de la Universidad de Jaén) y, por tanto, es de esperar que los próximos años sigan siendo fructíferos y que lo ya realizado sirva de preludio para lo que queda por hacer. Empezando por lo último que hemos descrito, creo que un reto de primera magnitud es llevar a la clínica un nuevo procedimiento de terapia celular neuroprotectora para la enfermedad de Parkinson basado en la expansión del cuerpo carotídeo. Para ello hemos de ser capaces de resolver los numerosos problemas que tiene actualmente esta metodología; entre otros el aislar las células madre del cuerpo carotídeo humano y expandirlas en cantidad suficiente y en condiciones de diferenciación adecuada. Si se superan estos hitos, deberíamos ser capaces de llevar a cabo en pocos meses un nuevo ensayo clínico de seguridad y eficacia. En paralelo a estos estudios en el hombre, será muy importante investigar en modelos animales el mecanismo de acción de los trasplantes, si su efecto terapéutico se debe a la producción/acción del GDNF o intervienen otros factores. Aunque la terapia celular antiparkinsoniana podría beneficiar a muchos pacientes que actualmente sufren la enfermedad, es urgente encontrar nuevas formas de tratamiento de la enfermedad de Parkinson y otras patologías neurodegenerativas más eficaces que las prevengan o detengan en sus etapas iniciales. Para alcanzar estos objetivos es absolutamente necesario conocer los mecanismos de la degeneración neuronal y la forma en que los

agentes protectores naturales (factores neurotróficos) evitan el deterioro neuronal. Aunque ésta no es tarea de un solo grupo de investigación, si espero que el nuestro, que se encuentra en condiciones óptimas de desarrollo conceptual y metodológico y con financiación holgada, realice aportaciones científicas importantes en este campo. Para ello disponemos de varios modelos de animales modificados genéticamente con alteración de los complejos I y II de la mitocondria o con sistemas reporteros sobre el transporte intraaxónico de GDNF que estoy seguro permitirán comprobar experimentalmente hipótesis que no han podido ser analizadas científicamente hasta la fecha. Las perspectivas de avance científico del grupo deben ser favorecidas por el desarrollo del Instituto de Biomedicina de Sevilla, cuyas nuevas instalaciones han sido inauguradas a finales de noviembre de 2010. Esta institución, que dirijo desde su fundación en 2006, cuenta con un programa de investigación importante sobre Neurociencias, en cuyo contexto el estudio de la neurodegeneración y la terapia celular ocupan un lugar preferente.

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Jos茅 L贸pez Barneo


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Dr. Jos茅 L贸pez Barneo: Un hombre de su tiempo, un hombre de su tierra

Transcripci贸n entrevista realizada por Juan Espejo


José López Barneo

Juan Espejo: Doctor López Barneo, Ortega decía en el siglo XX que ni la población ni las élites intelectuales habían apoyado las ciencias. En este momento, ¿cómo se encuentra la situación? José López Barneo: Yo creo que desde que Ortega decía esa frase allá por los años veinte o treinta del siglo pasado hasta la actualidad, que han pasado noventa o cien años, la situación ha cambiado cualitativamente muchísimo, aunque todavía España es un país que tiene deficiencias importantes desde el punto de vista del desarrollo científico e intelectual. No obstante a partir -diría yo- de los años setenta, ochenta, a raíz de la transición democrática y de los últimos treinta años, el desarrollo científico en España ha sido impresionante en cuanto a calidad y a cantidad. Se han generado muchos grupos de investigación y una infraestructura que no existía. Hace veinte años era prácticamente imposible decir que alguien tenía un abuelo científico en España, porque no existía ese tipo de personaje. Existía

Juan Espejo y Dr. José López Barneo

Ramón y Cajal y otros cuatro casos puntuales, pero no existía el trabajador de la ciencia. Actualmente es frecuente que uno encuentre un niño y a la pregunta: “Tu abuelo ¿qué es?” Responda: “Mi abuelo es científico”. Una cosa bastante normal. Por lo tanto creo que la Ciencia se está convirtiendo en España en un fenómeno socialmente visto como natural. Distinto es si estamos donde debíamos de estar, si nos queda mucho camino por recorrer. Esa

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es una cuestión distinta. Pero que hemos superado la situación calamitosa denunciada por Ortega, me parece que sí, que está claramente superada. JE: Usted se confiesa militante del poder transformador de la Ciencia para una sociedad. JLB: Yo creo que sí. A veces utilizo el verso de Celaya “la Poesía es un arma cargada de futuro”. Creo que la Ciencia es un arma cargada de futuro. Creo que la Ciencia tiene un gran poder transformador porque genera, en primer lugar, lo más inmediato, conocimiento. Las sociedades que cultivan la Ciencia, como se ha demostrado en los últimos doscientos años, son las que generan conocimiento, generan productos, productos que los convierten en materiales que son vendibles, y de ahí surgen empresas, desarrollo socioeconómico y riqueza. Eso es innegable. Además de ese valor que -digamos- es el primario de la Ciencia (la transformación socio-económica, el desarrollo industrial, el desarrollo tecnológico, etc.), ésta tiene -en mi opinión- un valor que incluso va más allá y es que produce sociedades cultas, sociedades libres e independientes y que, por lo tanto, son más capaces de diseñar su futuro. La Ciencia, da un poso de madurez muy especial a las sociedades que la cultivan. JE: Veinte equipos de investigación funcionan ahora mismo en España de Biomedicina. Usted encabeza o lidera uno de ellos. ¿Nos puede explicar su trabajo?

JLB: La investigación biomédica en general es una investigación cuyo objetivo es conocer mejor el funcionamiento del cuerpo humano y de los agentes patógenos que a veces le atacan para poder, en primer lugar, entender mejor las enfermedades, por qué aparecen; en segundo lugar, diagnosticarlas mejor y con mayor fiabilidad y, en tercer lugar, tratarlas mejor. Por lo tanto, el objetivo último de toda la investigación biomédica es una investigación dirigida a la salud, a conseguir que los ciudadanos vivan más tiempo y mejor y con menor coste. En mi grupo hacemos investigación muy fundamental, al nivel de las células, de las moléculas que forman los tejidos y los órganos que constituyen a los seres vivos, y estudiamos cómo alteraciones de estas células generan diferentes tipos de patologías. En nuestro grupo concretamente tenemos tres grandes líneas de investigación. La línea más antigua tiene que ver con la investigación sobre el efecto del oxígeno en los tejidos. Como todos sabemos, las células, para poder sobrevivir necesitan un nivel de oxígeno adecuado -sin oxígeno en el ambiente que respiramos no podríamos vivir-, y sabemos que existen multitud de situaciones patológicas en las cuales las células mueren por falta de oxígeno: por ejemplo cuando se produce un infarto de miocardio o una trombosis cerebral. Por lo tanto, investigamos cómo las células se adaptan a la falta de oxígeno y qué mecanismos se ponen en marcha para intentar compensar ese déficit. Esta


José López Barneo

es una línea ya madura en nuestro grupo de investigación en la que llevamos trabajando más de veinticinco o treinta años. Una segunda línea de trabajo tiene que ver con la neurodegeneración. Estudiamos por qué las células nerviosas se destruyen en diferentes patologías, específicamente la enfermedad de Parkinson, y trabajamos en el diseño de terapias encaminadas a intentar que las células degeneren más lentamente o, si han muerto, reemplazar las células que han muerto por unas nuevas, lo que se llama la Terapia Celular aplicada a la enfermedad de Parkinson.

Y la tercera línea del grupo, un poco más pequeña pero en la que también estamos haciendo algunos avances interesantes, tiene que ver con la regulación del diámetro de los vasos sanguíneos. Los vasos sanguíneos pueden regular su grosor por

una capa de músculo que lo rodea: al contraerse disminuye el diámetro y al dilatarse se hacen más grandes. Este proceso regula la tensión arterial. En mi grupo investigamos sobre los mecanismos que regulan la contractilidad arterial para comprender por qué en algunas personas desarrollan hipertensión arterial -que tienen la tensión alta coloquialmente hablando- lo que como sabemos tiene repercusiones médicas muy importantes. JE: Los canales iónicos, ¿nos los puede explicar? JLB: En estas tres líneas de investigación -no he entrado en tanto detalle a nivel molecular- hay involucradas diferentes moléculas que actúan detectando el oxígeno en un caso, haciendo que el músculo se contraiga en otro caso, etc. Y entre estas, una de las moléculas sobre las que más he trabajado, y que creo haber sido pionero en su estudio en España, son los canales iónicos. Los canales iónicos son proteínas que se encuentran en la membrana de las células. Todas las células de nuestro cuerpo están rodeadas de una membrana y separan dos medios: el medio externo y el medio interno. En estas membranas existen unos pequeños canalitos, pequeños orificios que están hechos por proteínas por donde pasan iones de potasio, de sodio, de calcio, que se llaman canales iónicos. El funcionamiento de estos canales regulan prácticamente todas las funciones vitales. En todas las situaciones fisiológicas y patológicas a las que me he referido anteriormente (la regulación de la

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presión arterial, la detección de oxígeno por las células, la neurodegeneración…) está involucrado el funcionamiento correcto o incorrecto de diferentes tipos de canales iónicos. JE: Parkinson, Alzheimer… ¿Dónde habrá más avances según el Doctor López Barneo? JLB: Yo creo que el Parkinson y el Alzheimer son dos caras de una misma moneda. Forman parte de un grupo de patologías colectivamente llamadas “neurodegenerativas”. No se sabe todavía por qué se destruyen las células nerviosas, aunque sí se conoce que estas patologías se asocian al envejecimiento. Tanto en Parkinson como en Alzheimer hay destrucción de células nerviosas. La diferencia es que en el caso del Parkinson se afectan neuronas que regulan el control de los movimientos y por ello los síntomas son de tipo motor: temblor, rigidez, etc. Mientras que en la enfermedad de Alzheimer degeneran neuronas que tienen que ver con los procesos cognitivos, con la memoria, etc. Por esa razón, los pacientes que la sufren tienen pérdida de memoria, demencia, etc. Muchos aspectos básicos de estas patologías son parecidos. Por lo tanto, yo creo que cualquier progreso que se haga en Alzheimer va a suponer un avance en paralelo muy importante para Parkinson y viceversa. Por lo tanto, no hay -digamos- que confrontar las investigaciones en ambos campos sino todo lo contrario, ir de la mano.

JE: ¿Qué futuro les espera a los enfermos, usted que es un investigador de referencia? JLB: Hay que ser optimistas, aunque hay que admitir que son patologías muy refractarias a nuevos tratamientos. Hace unos días en una conferencia sobre los avances en la Farmacología reciente en la enfermedad de Alzheimer explicaba al auditorio que a pesar de la ingente cantidad de recursos que se están poniendo sobre la mesa (recursos públicos y recursos privados de todo el mundo: de Estados Unidos, de España, de todos los países desarrollados), el avance está siendo muy lento. Este es un tema que conozco de cerca pues colaboro con empresas españolas y extranjeras que se dedican a descubrir y comercializar productos contra las enfermedades neurodegenerativas. Hay una nueva generación de fármacos contra el Alzheimer que yo creo que comenzarán a comercializarse a partir de 2012 o 2013 -están en este momento en fase de ensayo clínico- que van a representar un cambio que posiblemente mejore lo que hay, pero tampoco van a suponer un remedio definitivo para los pacientes. Recuerdo cuando en la década de los ochenta o de los noventa se manifestaba de forma solemne que se acabaría con el cáncer en esa década. Luego se ha demostrado que no ha sido así; el cáncer es una enfermedad muy compleja, con múltiples aristas y cuya solución está lejos. Se está avanzando en la terapía anticancerosa, pero muy lentamente. Algo parecido está ocurriendo con la neurodegeneración. A las enfermedades


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neurodegenerativas -Parkinson y Alzheimer, que son las dos más frecuentes-, vamos ganándole poco a poco la batalla pero la progresión va a ser muy lenta. Ojalá me confunda y dentro de cinco años se haya producido un descubrimiento revolucionario que cambie esta tendencia. Pero hasta ahora la perspectiva es que el desarrollo va a ser lento, aunque espero que seguro. JE: ¿Usted ha tenido problemas éticos en sus investigaciones? JLB: No. Cuando el científico investiga naturalmente tiene que atenerse a las leyes que en cada momento están vigentes. Cuando se utiliza material “delicado” -digamos material humano, etc.-, en todos los hospitales existe un comité ético que es el que estudia el tipo de investigación que se va a hacer, un comité al que no pertenece el investigador, un comité independiente que dicta las normas de comportamiento ético que en cada momento hay que seguir. Tengo una forma de ver la vida, naturalmente, una ideología personal, pero mi investigación está al margen de todo eso. Yo hago mi trabajo, investigo lo que creo que debo investigar, cuando me confronto con un problema que potencialmente puede tener implicación ética lo planteo al comité ético de mi centro, y el comité ético dictamina sobre lo que hay que hacer. Nunca he tenido problema ético ni creo que la mayoría de los científicos lo tengan. Algunos científicos tiene problemas éticos a lo largo de sus vidas -digo porque esto es un tema que

ha generado obviamente debates desde siempre en el mundo de la investigación científica-. Sí a veces se generan problemas éticos relativos a la aplicación de la Ciencia. Por ejemplo: los que trabajaron hace setenta u ochenta años sobre la fisión nuclear y sobre la estructura del átomo (Enrico Fermi, Einstein, etc.), no decidieron tirar la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Aquello se hizo como consecuencia de la investigación hecha previamente, pero la decisión fue política y de los gobernantes legítimamente elegidos en su momento. No estoy haciendo ningún juicio de valor. Me refiero a que algunas aplicaciones de la Ciencia pueden ser cuestionadas éticamente pero, en mi opinión, la Ciencia siempre es ética. La Ciencia pretende conocer mejor la realidad e intentar “manejarla” en el mejor sentido del término. JE: ¿Qué mitos y qué realidades existen en relación con el tema de las células madre? JLB: Sobre las células madre he escrito algún artículo que precisamente se titulaba así: “Mitos y realidades de la investigación con células madre”. Ha sido un área en el que empecé a trabajar mucho antes de que se generasen todas las discusiones éticas, y políticas incluso, que han habido, aunque cada vez menos, desde hace cinco o seis años. Ha sido un tema de investigación que, sin pretenderlo, en muchos países y también en España, saltó del campo de la Ciencia, que es de donde nunca debía haberse movido, al campo de la política y al mundo mediático. Por lo tanto, como siempre ocurre

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cuando eso se hace así, se generan muchísimos mitos y falsedades. Posiblemente no generadas de forma consciente por parte de nadie, sino que al meterse en esa vorágine se generan intereses personales o de grupo que naturalmente no son científicos. ¿Qué realidad -por empezar con las realidades- hay en la investigación con células madre? Yo creo que es una de las líneas de investigación de vanguardia en la Medicina actual, que realmente ha abierto horizontes y posibilidades terapéuticas. El futuro dirá si realmente somos capaces de trasladar los conocimientos sobre células madre a los pacientes. Aunque algunas aplicaciones médicas de las células madre somáticas (no embrionarias) ya son una realidad, éstas se están usando en la clínica de forma mucho más lenta de lo que se decía. Y cuál es el mito. Pues justamente eso: generar expectativas muy exageradas, muy superiores a la realidad sobre el posible avance médico representado por las células madre, algo así como la panacea que vaya a curar todas las enfermedades. Ése es el gran mito. Pero insisto en que no lo han generado los científicos -independientemente de que haya alguna excepción-. Por lo general los científicos suelen ser bastante precisos y parcos en estos temas. El mito se ha generado debido a una dinámica mediático-política que ha perjudicado al propio campo científico. Hace poco en una reunión de la Sociedad Internacional de Investigación en Células Madre que tuvimos en Buenos Aires, en la que la mayoría de los

asistentes eran norteamericanos, hablábamos de lo negativo que es todo eso para el campo, que se está destruyendo (desprestigiando) antes ni siquiera de haber empezado a crecer. Cuando se crean expectativas que no se cumplen, se pierde apoyo incluso antes de tener tiempo a que pueda demostrarse si realmente puede hacerse algo o no con este tipo de tecnologías. No es bueno para la Ciencia ir acompañada de tanto ruido e intereses espúreos. JE: ¿Se puede decir que sin ese ruido estaríamos en un proceso más avanzado? JLB: No lo creo. El ruido ha tenido algún aspecto beneficioso y es que en ciertos ambientes al menos ha habido más financiación para la investigación. Debido al ruido y al atractivo mediático-político que el tema generó, alguna financiación se ha dirigido hacia este campo, y eso es positivo para


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el campo porque en primera instancia permite que se desarrolle (como dije antes a medio plazo es negativo).

esto voy a solucionar tal problema”. No. Hagámoslo, y una vez que sepamos solucionar los problemas entonces se lo explicamos al gran público.

No creo que hubiese avanzado más. Lo que pienso es que hubiese avanzado quizás con pies más firmes, y sobre todo creando menos reticencias y enemistades. Por poner un ejemplo muy simple: hay una sociedad privada, una asociación de enfermos contra el Parkinson que se llama la “American Parkinson Association”. Esta asociación es capaz de generar bastantes recursos privados que los invierte en proyectos de investigación contra el Parkinson. Hace cuatro o cinco años un área prioritaria en la oferta de financiación era la investigación con células madre embrionarias para tratar el Parkinson. Actualmente si se entra en la página web y se leen las normas de la sociedad, resulta que financian de todo menos investigación con células madre. Han sido tan decepcionados por las células madre que ya no quieren ni siquiera oír hablar de ellas. Todo esto es una exageración -en mi opinión- gravísima porque la investigación sobre células madre eventualmente podrá ofrecer terapias anti-Parkinson que aunque no curativas, sí podrán al menos mejorar el estado de los pacientes y enlentecer el curso de la enfermedad.

JE: ¿Dónde está la “Champions League”, la liga de campeones de la investigación en el mundo?

Creo que la Ciencia debe avanzar con pies de plomo, sólidamente, con conocimiento, con experimentos, con demostraciones objetivas. A la población -al gran público- se debe transmitir lo que lentamente los científicos vamos generando, pero a posteriori; nunca se debe decir a priori: “Con

En Europa hay un desarrollo de la investigación biomédica muy importante, en Alemania, Francia e Inglaterra. Sin embargo el diferencial con Estados Unidos va incluso creciendo. Estados Unidos en Biomedicina va a una velocidad de crucero.

JLB: En el campo de la Biomedicina en Estados Unidos, clarísimamente, con mucha diferencia con respecto al resto de los países. En otros campos de la Ciencia, quizás no, pero en el campo de la Biomedicina Estados Unidos es el líder indiscutible. En Estados Unidos desde hace ya cuarenta o cincuenta años consideran la Biomedicina como una área de negocio importantísima, donde más patentes se licencian, donde generan más productos que luego venden. Paradójicamente, siendo un país donde hasta hace unos meses no había un sistema sanitario público mínimamente presentable -y Obama está luchando para intentar imponerlo-, es el país que está liderando el avance cientifico/médico. Ahora se están intentando incorporar países asiáticos como China, India, pero son países que aunque van a una velocidad muy rápida naturalmente están mucho más atrasados.

JE: ¿Y España?

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JLB: Bueno, España en esta dinámica está intentado mantenerse en la primera división sin bajar a segunda. Lo está intentando. España en este ámbito no juega a la “Champions League” porque todavía no está a ese nivel. Pero lo está intentando. En los últimos treinta el avance científico en general, y en Biomedicina en particular ha sido importantísimo. En toda España ha habido -hasta que llegó la crisis- inversiones muy interesantes por parte de los distintos gobiernos del Estado en lo que es la investigación biomédica, la investigación científica en Biomedicina. Pero aun así ocupa una posición, insisto, en medio de la tabla. Yo creo que para alcanzar una posición de liderazgo internacional España necesita hacer transformaciones estructurales fundamentales. Yo no pondría por el momento más recursos económicos. Antes de la época de los recortes, si vamos a los presupuestos del año 2004, 2005, 2006, creo que se hizo un esfuerzo muy importante en incrementar la financiación de la investigación, sobre todo para Biomedicina. Entonces no se trata en este momento de poner más dinero sobre la mesa, aunque puede ser que en el futuro quizá haga falta, por el momento yo veo más urgente hacer transformaciones estructurales que introducir más dinero en el sistema.

digamos “limpia”, que no genera contaminación. Es un tipo de investigación que está muy ligada al bienestar social, al turismo, a los servicios, al buen clima, que es lo que Andalucía realmente tiene porque así le ha venido dado. Todo esto lo puede vender bien vendido y lo puede exportar bien exportado. La situación social y geográfica privilegiada, ligada a que Andalucía tiene una gran población, con un sistema sanitario público bien organizado y estructurado, ofrece en su conjunto posibilidades para que se desarrolle una investigación biomédica sólida, fuerte y que sea polo de atracción de los grandes inversores multinacionales, de las grandes empresas de biotecnología. JE: ¿Cómo vive un científico la crisis?

JE: ¿Qué puede aportar Andalucía a la Biomedicina?

JLB: Sobre todo con un poco de angustia. Siendo sincero, tengo que decir que a mi grupo la crisis le está afectando poco, porque nuestras fuentes de financiación son muy diversas: tenemos financiación europea, estatal española, autonómica, privadas y, por lo tanto, estamos un poco más protegidos. Pero naturalmente la crisis la vive uno con bastante intranquilidad porque se plantean programas de investigación que requieren un trabajo que tiene que ser de varios años y, si se producen fallos de financiación y falta de recursos, se corre riesgo de perder parte del trabajo hecho previamente.

JLB: Andalucía puede aportar algo que aunque está muy repetido y manido, creo que es verdad. La investigación biomédica es una investigación

La crisis también produce intranquilidad porque gran parte de la investigación la hacen personas contratadas con recursos obtenidos de forma


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competitiva y cuando faltan los recursos hay que empezar a pensar que tal o cual persona no va a poder seguir contratada. Todo ello genera naturalmente problemas personales importantes. JE: En su grupo hay dos personas de Jaén, formadas en la Universidad de Jaén. ¿Cómo se puede llegar a participar en su grupo? JLB: Simplemente solicitándolo y naturalmente compitiendo con solicitantes de otras universidades. Si la formación con la que vienen, sus calificaciones de la universidad y su expediente académico, la entrevista que se les hace, cómo responden a las preguntas que se les formulan, etc., pasan -digamos- el dintel requerido, entonces es cuando los gienneses tienen alguna ventajilla. No es que por ser de Jaén vayan a entrar en el grupo ni muchísimo menos, sería un acto de nepotismo que no hacemos, pero sí que, al menos en mi caso, el que viene de Jaén ya cuenta con un pequeño empujón a favor suyo. Tenemos dos personas formadas en la Facultad de Biología de la Universidad de Jaén. David que ya hizo la tesis en Jaén y que ha venido como un investigador postdoctoral. Este es un científico excelente que quiero que se marche al extranjero para completar su formación y que luego vuelva otra vez a España y se reincorpore, bien con nosotros o con otro grupo. La otra persona que ha llegado hace unos meses, Ana, es precisamente de Torredelcampo, un pueblo muy cercano al mío, que viene a hacer con nosotros la tesis doctoral.

Como dije anteriormente, los gienneses son bienvenidos. JE: ¿Qué supone la universidad para una sociedad, especialmente la de Jaén que usted conoce tan bien y cuya Universidad nació en el año 1993 y, por lo tanto, no tiene una trayectoria ni una historia larga? JLB: Es un debate que está muy de actualidad. Se debate si tiene que haber muchas universidades, pocas universidades, universidades de excelencia, de no excelencia… Personalmente el tema lo tengo claro. Creo que la enseñanza superior es una fuente de “igualación” social, una forma de favorecer la igualdad de oportunidades. Acercar la Universidad a la población, al pueblo que es quien luego tiene que utilizarla, me parece que es una medida progresista. “Progresista” en el sentido estricto del término: una medida de desarrollo social, de modernidad, etc. Esto es así en todas las sociedades modernas que conozco. Uno va a Estados Unidos, pega una patada y salen doscientos colleges o universidades por todos sitios. Una cuestión distinta es el grado de desarrollo que tienen que tener diferentes universidades. Esa es otra cuestión que se puede discutir. La primera cuestión es si es positivo para una sociedad, para una ciudad como Jaén, tener una universidad. Como dije antes, a mí me parece que sí. Es una de las herramientas más útiles para facilitar el desarrollo social y económico de la provincia de Jaén que ha estado tan olvidada durante tantos decenios. El que se pueda estudiar una carrera

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en la Universidad de Granada, es absurdo que Jaén se especialice en Biomedicina. La Universidad de Jaén sí podría especializarse en investigación, en temas monográficos como son el arte ibérico o el aceite de oliva, en los que Jaén sí es una “potencia” mundial. Entonces, sí que se debe de favorecer que en uno o dos temas, la Universidad de Jaén destaque especialmente y tenga un énfasis especial.

sin tener que hacer un desembolso económico extraordinario porque la tienes cerca de ti, que haya profesores universitarios en un número importante en una ciudad eleva el nivel cultural de la misma. La Universidad es dinámica, suele ser muy independiente, muy libre, y eso le da un componente de independencia cultural. En fin, creo que es fundamental para una provincia como Jaén el tener una universidad. Distinto es que la Universidad de Jaén que es relativamente pequeña pretenda convertirse en Harvard de un día para otro. Eso es absurdo. Lo que hay que intentar es que la Universidad haga una buena labor docente, una buena labor de formación de los individuos, etc., y luego especializarse en una área de investigación de especial interés para la sociedad circundante. Por esa razón, por ejemplo, veo que si en Andalucía se está produciendo un desarrollo biomédico en la Universidad de Sevilla y

Un poco por resumir, yo no entiendo a aquellos que dicen que no tienen que haber universidades en ciudades pequeñas. ¿Por qué no?. Es un avance social y económico importantísimo. Distinto es qué perfil debe tener esa universidad. Es una discusión completamente distinta. JE: Usted que lleva toda su vida metido en el laboratorio sacrificándose y esforzándose por una línea de investigación, ¿qué mensaje le podría dar a esa generación “Ni-Ni”que existe actualmente en esta sociedad moderna que ni estudia ni trabaja? JLB: El mensaje que doy es el que tengo siempre listo: trabajar y trabajar. Trabajar en algo que te gusta es un privilegio. Sinceramente, yo he trabajado mucho en mi vida, muchísimo. No he conseguido las cosas por suerte o caídas del cielo. Todo me ha costado trabajo y de niño he tenido que trabajar mucho para sacar buenas notas y conseguir una beca para ir a la universidad -entonces no había universidad en Jaén-, para poder hacer una carrera, para poder competir científicamente a nivel internacional, y sigo trabajando mucho: llego todos los días a mi trabajo


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a las 8:30 o las 9 y no me voy nunca antes de las 8 de la tarde, luego llego a mi casa y sigo trabajando. En fin, que hay que trabajar mucho. Pero yo eso no lo vivo como un castigo divino ni como una dificultad en mi vida, todo lo contrario. Yo creo que el haberme enganchado a un trabajo que me ha gustado siempre es un privilegio. Lo que yo les diría a los jóvenes actuales y en respuesta a la pregunta es que intenten engancharse al trabajo, en la época juvenil al estudio y en la época más avanzada al estudio especializado y luego posteriormente a una labor profesional. Esto es de lo que más llena al interior de la persona, lo que más fortalece y lo que permite afrontar las dificultades que luego la vida va a ir planteando con mayor garantía de éxito y sobre todo de estabilidad mental y emocional. Actualmente hay gente muy desestabilizada, con grandes problemas psicológicos, en parte porque no tienen un proyecto de vida. Yo creo que el trabajo junto con otras cosas (familia, pareja, hijos, etc.) constituye uno de los pilares fundamentales en los que una persona debe sustentar su proyecto de vida. Creo que a cualquier trabajo bien planteado se le puede sacar siempre un componente creativo. Ya no existen los trabajos de hace sesenta años en los que una persona iba a segar con una hoz y se tiraba encorvado segando durante quince horas diarias, ni existe el minero que contraía silicosis a los pocos meses de estar en la mina. Hoy en día incluso los trabajos menos cualificados, si se hacen

con un mínimo de interés, tienen un componente creativo importante. A mí me maravilla, y siempre lo pongo de ejemplo, lo que suele ocurrir en los Estados Unidos cuando uno llega a una universidad nueva con su familia, va a una oficina donde le buscan el piso que tienes que alquilar, lo que llaman allí el Housing Department, donde te facilitan el encontrar un piso, cómo lo alquilas, etc. Allí encuentras a personas que te hablan de tal forma que parece que eso es lo más importante que se hace en la universidad, que es encontrar un piso de alquiler bien situado... En fin, que la gente hace el trabajo con un interés y con unas ganas que genera, en primer lugar, mucha mayor productividad al trabajo que se hace y, en segundo lugar, mucha más satisfacción para la persona que lo hace. Por lo tanto yo creo que la gente debe volver a esta ética del trabajo. Que la gente vea que el trabajo es una forma, en primer lugar, de ganarse la vida y de cumplir con tu obligación y, en segundo lugar, una fuente de satisfacción personal. En todo trabajo se puede buscar un componente creativo. JE: El trabajo en el laboratorio nos lo imaginamos por las películas, por los documentales. ¿Cómo prepara sus cientos de conferencias que da a lo largo y ancho del mundo? JLB: El trabajo científico tiene dos vertientes: una es la vertiente -digamos- más intelectual. El trabajo científico que yo hago requiere hacer experimentos y, por lo tanto, tenemos máquinas y “cacharritos”

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que manipulamos: ponemos tejidos y células y vemos el efecto de algún agente, o metemos un animal, una prueba, un electrodo en un sitio y vemos cómo reacciona, etc. Lo que se llaman los experimentos. Hace ya tres o cuatro años que no hago experimentos porque tengo mucha carga administrativa y tareas de escritura de proyectos, artículos científicos, etc. Pero hasta hace cuatro o cinco años sí que he hecho bastantes experimentos al menos tres o cuatro tardes a la semana. El experimento se hace en un set-up, que decimos en Inglés, en un equipo donde tú te sientas y está todo preparado con una serie de máquinas para medir lo que tú quieres medir y hacer la prueba experimental que quieras hacer. Además de esa labor experimental que últimamente no la hago, la hacen mis colegas más jóvenes que tienen más tiempo disponible para ello que yo, hay una parte muy importante en el trabajo que es elaborarlo. Elaborarlo y ver los resultados obtenidos: ver qué significa lo que uno ha medido, qué implicación puede tener para la observación que se estaba haciendo, plantear nuevos experimentos para conocer mejor el proceso que uno quiere estudiar. Y una vez que todo eso se elabora, prepararlo para contarlo, contarlo bien por escrito o bien de forma verbal. Últimamente me dedico muchísimo a esta última parte, a la parte de elaboración de lo que es el trabajo científico: tenemos tres o cuatro grupos distintos según los tres o cuatro temas diferentes que estamos haciendo, nos reunimos una vez a la

semana, discutimos los datos obtenidos la semana anterior, hacemos un plan de trabajo para la semana entrante, ellos me van transmitiendo los datos que se van obteniendo, los vamos discutiendo, y yo los voy organizando para darles un formato para poder “contarlo” por escrito y hacer lo que se llama una publicación científica para que otros colegas la conozcan y sepan de qué va. Estas actividades son las que yo hago permanentemente. JE: Dos cuestiones últimas. ¿Qué recomendación daría para no sufrir Parkinson? ¿Habría prevención? ¿Hay medidas preventivas? JLB: El Parkinson es una enfermedad que como tantas patologías neurodegenerativas sus causas se desconocen. La etiología primaria de la enfermedad se desconoce. Se están haciendo últimamente numerosos estudios sobre factores de riesgo, que son los que uno debe conocer e intentar evitar. Aunque sobre esto ha habido muchas publicaciones que se han desdicho, en el caso concreto del Parkinson hay unos pocos factores de riesgo que están bien establecidos: - Regularse bien la presión arterial. La hipertensión crónica es una de las causas de riesgo más directas para producir Parkinson. - En trabajadores que tengan que ver con sustancias tóxicas como pintores, deben protegerse. La protección profesional es muy importante. Trabajadores que se dedican a hacer fumigaciones en el campo, en la agricultura y administrar productos para las


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plantas: herbicidas, abonos… En este tipo de trabajos que utilizan productos químicos, se debe ir bien protegido.

lapso de tiempo que es de al menos de cientos de años. Por lo tanto, no hay información suficiente para poder opinar seriamente.

- Hacer una vida sana en cuanto a ejercicio físico y alimentación. Prevenir la obesidad y hacer un ejercicio físico moderado.

Lo que sí está claro es que se están produciendo transformaciones en la atmósfera. Se han medido, es indiscutible. En la atmósfera hay más CO2 que nunca, por lo menos en los registros que se tienen desde que se está midiendo el CO2 en la atmósfera, haciendo estudios geológicos de deposiciones de CO2 -desde hace muchos miles de años nunca ha habido tanto CO2 como hay ahora-. También vemos que las medidas de la temperatura en algunos sitios están cambiando, el hielo está disminuyendo en las zonas congeladas… Por lo tanto, hay una serie de variables a tener en cuenta. Si esas variables suponen un cambio climático o si esas variables están siendo las responsables, es decir, si el aumento del CO2 está produciendo un efecto invernadero y es el causante de este supuesto

En el caso del Parkinson, este tipo de actuaciones son las que yo aconsejaría pues harían menos probable que se tenga Parkinson en la vida adulta. JE: ¿Usted cree que hay cambio climático? JLB: (Sonríe). Por lo que dicen todos los expertos, sí, da la impresión de que se están produciendo alteraciones en los niveles de CO2 en la atmósfera. Quizá yo pondría la pregunta de otra forma, o respondería de una forma no tan directa, porque si hay cambio climático o no yo creo que no lo sabemos, es demasiado pronto para poder opinar. Habrá que esperar, porque el clima cambia en un

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cambio climático… Eso sinceramente creo que no se sabe. Los científicos serios en el campo lo que hacen es indicar los cambios que objetivamente están habiendo: hay mucho CO2, la atmósfera está muy contaminada, se están deshelando los polos… Todo este tipo de datos son objetivos y, por lo tanto, son poco cuestionables. Si todo ello nos está llevando a un cambio climático importante, y si ese cambio está generado por él no lo sabemos con absoluta certeza. Yo creo que la posición más inteligente es que, por si acaso, intentemos evitar todo aquello que presumiblemente pueda derivar en un cambio climático: disminuyamos las emisiones, etc., por si acaso, como medida preventiva. JE: Desde la Universidad de Sevilla, ¿qué mensaje le daría a la joven Universidad de Jaén? JLB: Bueno, pues que es una Universidad hermana. Sé que existen muy buenas relaciones entre ambas Universidades a nivel institucional e incluso personal de los Rectores correspondientes, etc. En mi opinión, yo le daría tres ideas fundamentales: una, que cumpla con su misión social encomendada que es proporcionar educación y posibilidades de desarrollo a todas las personas que viven en Jaén y su provincia, fundamentalmente, que sería la función básica. Una vez dicho esto, le daría otras dos indicaciones también que creo son importantes: una, la calidad, que intente hacer las cosas bien y hacerlas con

calidad, que la calidad es lo que realmente da el prestigio de marca de un producto bueno, que la gente reconoce, que la gente admite y que la gente admira y quiere ir detrás, etc. La calidad es completamente compatible con la función social, perfectamente compatibles. Entonces, calidad. Y luego, además de calidad, que intente buscarse un nicho propio, en la línea que referí anteriormente. La Universidad de Jaén por la propia naturaleza atiende a una población -no recuerdo cuánta población hay en la provincia de Jaén, puede haber setecientas mil personas, seiscientas mil [“seiscientas cincuenta y cinco mil”, apostilla Juan Espejo]. La ciudad de Jaén es una ciudad relativamente pequeña -ciento veinte mil habitantes, me imagino-, está cerca de Linares, Andújar, Torredelcampo, Torredonjimeno, Martos, que conforman una población de tamaño medio entre toda esa zona de influencia. Por lo tanto, es


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una Universidad pequeña que no puede pretender tener objetivos similares a los de una universidad tan grande como la Complutense o la Universidad de Sevilla, que son distintas y tienen funciones difertentes. Es importante que sepa reconocer esa realidad y, con calidad, intentar hacer una marca específica que sea la marca “Jaén”, haciendo una docencia de calidad, una buena gestión, especializándose y atrayendo a gente de valía en dos o tres temas -yo he citado antes un par de ellos-. En el campo de las Humanidades, el arte prehistórico o el arte ibérico, por ejemplo. Y en el campo de la investigación más experimental, todo lo que está alrededor del aceite de oliva, que tiene diferentes vertientes: la biomédica, la relacionada con producción industrial, la comercialización internacional, etc. Que ahí consiga un nivel de excelencia alto. De esta forma tendríamos una Universidad que está cumpliendo su misión social con matrícula de honor. Este sería el consejo que yo me atrevería a dar a esta querida Universidad. JE: Muchas gracias.

Dr. José López Barneo, Juan Espejo, José Ángel Marín.

JE: José López Barneo es el primer universitario de su familia en Torredonjimeno. ¿Qué recuerdos tiene de esa época? JLB: Bueno, pues recuerdos muy bonitos. Me siento muy ligado a Torredonjimeno porque mi infancia y mi adolescencia las pasé allí, hasta los catorce años. Estudié allí los primeros años de formación, de Escuela Primaria o lo que se llamaría hoy de Preescolar, en el Colegio San José de la Montaña, en un colegio de monjas que está todavía en activo. Después a los siete años pasé a la Escuela de don Rafael, una escuela privada de prestigio, donde estuve de los siete a los diez años. Don Rafael fue un maestro magnífico, que despertó mi interés por el conocimiento. Allí estudié la Enciclopedia Álvarez de Primero, Segundo y Tercer Grado. Con diez años me acuerdo que hice el ingreso que se hacía entonces al instituto para hacer el

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Bachillerato Elemental, en el instituto del pueblo (actualmente Santo Reino) donde estuve de los diez a los quince años. Luego me marché a hacer el Bachillerato Superior a Madrid a la Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Hasta los quince años viví en Torredonjimeno y fue una experiencia muy positiva para mi formación, siempre refiero que tengo en mi un “destilado” de lo mejor del pueblo. Mi padre era un trabajador que no tenía naturalmente formación universitaria ni cultura tal y como se entiende hoy; tenía una cultura muy limitada. Mi madre, aunque muy inteligente era ama de casa y abandonó la escuela a los 7 años. Sí tuve la suerte de tener siempre a mi lado a muy buenos consejeros; además de mis padres, a mi maestro (don Rafael Fernández de Santiago que falleció hace unos años), también de mis vecinos Don Miguel y Doña Lola. D. Miguel era Secretario del Juzgado y tenía un cierto nivel de estudios y de conocimiento. Era el que siempre decía a mis padres “este chiquillo tiene que estudiar”. Fue un periodo muy bonito que recuerdo con mucha nostalgia. JE: Además, en esa época, ya quería ser médico y así, en el homenaje que le hicieron en el colegio, ya lo ponía en la ficha. JLB: Exactamente. Desde niño se me despertó muy pronto la llamada vocación médica, quizá influido porque había leído las obras de Fleming, el descubrimiento de la penicilina. Mi madre era muy buena contadora de historias y me contaba que cuando ella había dado a luz a la hermana

mayor que yo, había sufrido una pulmonía y según ella narraba no murió gracias a la penicilina… Desde los nueve o diez años, ya quería ser médico. Y, de hecho, en la ficha del instituto cuando hice el ingreso y cuando comencé a estudiar ponía: “¿Qué quieres ser de mayor?”, “Médico”; “Aficiones”, “el fútbol y el cine”. O sea que realmente tenía claro lo que quería ser desde el principio. JE: Torredonjimeno “le tira”…, de hecho en la provincia de Jaén tiene sus raíces. En Torredonjimeno el centro de salud lleva su nombre y hay un centro especial en Jaén que también lleva su nombre. JLB: Siempre digo que tengo la suerte y el privilegio de ser profeta en mi tierra. Tanto en Jaén como en Torredonjimeno me están haciendo reconocimientos a mi labor profesional desde hace mucho tiempo, no de ahora, sino desde hace ya varios años: el periódico JAÉN, por ejemplo, me hizo “jiennense del año” en el 1994. Estos reconocimientos tienen un valor especial pues yo era todavía relativamente joven, todavía una promesa más que una realidad. Solamente tengo palabras de agradecimiento. Sinceramente, me siento absolutamente honrado y colmado de parabienes. Lo recibido es mucho más de lo que yo jamás pensé que mi pueblo y mi provincia me iban a poder dar. El nombramiento como “Natural de Jaén” por parte de la Universidad, es de nuevo un reconocimiento que nunca había esperado y que me llega muy adentro. Este tipo de homenajes son los más especiales porque son


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los que realmente te entroncan con el pasado que nunca se olvida, con los orígenes de los que uno proviene. Siempre que puedo (desde hace muchos años) digo que soy de: “Torredonjimeno, Jaén”. Siempre lo digo, porque es una forma de ponerme un sello personal; que he nacido allí, en un pueblo pequeño de una provincia apartada. Con ello intento rendir homenaje a mis orígenes. JE: De orígenes humildes, de probreza, en unos tiempos muy complicados pero que usted supo aprovechar y que mucha gente de su edad, un poco mayor y un poco menores, también. Esos tiempos de entonces no son los de ahora en los que la Universidad se ha socializado afortunadamente. Hay muchos universitarios de Torredonjimeno ya con una edad. En aquella época era muy complicado, ¿verdad? JLB: Claro, naturalmente. En mi familia no había habido anteriormente ningún universitario ni siquiera alguien con un cierto nivel de estudios que yo recuerde. Cuando hago análisis de los familiares más o menos cercanos, de las generaciones previas, veo que todos eran campesinos desde tiempo inmemorial. En mi familia ha habido siempre -mi madre, mi abuelo materno- un interés por la educación. Pero, naturalmente, eran personas con muy poco nivel de estudios. Mi padre era un chófer, un trabajador y vivimos en un ambiente no de relativa, sino de objetiva pobreza que era lo que en aquella época dominaba. Una pobreza muy digna, por supuesto, llevada muy bien, pero

pobreza al fin y al cabo. Eso fue en la época de la España de la posguerra donde más o menos me crié. Luego, muy pronto, al final de los años sesenta, se comenzó a ver un desarrollo social y económico más claro que afectó a todo el país y concretamente a mi familia. Me acuerdo cuando estudiaba en el instituto de Bachillerato (de primero a quinto curso) en Torredonjimeno. Del curso, que éramos unos treinta o cuarenta, que yo recuerde tan sólo hicimos carrera universitaria dos o tres. Entonces era muy difícil, había que sacar una beca para poder irse a estudiar fuera y hacer Bachiller Superior. Las becas eran competitivas, había que sacar una media superior a siete, y no todo el mundo tuvo la suerte o las facilidades o la situación para poder hacerlo así. Cuando me encuentro con compañeros del Instituto de Torredonjimeno, nos da muchísima alegría vernos y nos reconocemos inmediatamente cuando nos miramos, la pinta no ha cambiado [sonríe]. Es muy bonito. A muchos de ellos les va muy bien con su trabajo, su pequeño o mediano negocio, etc. Sus hijos son por supuesto universitarios. Todo ello es un ejemplo del gran cambio socioeconómico ocurrido en nuestra tierra. Hemos salido de una situación, como comentábamos, rallando la pobreza en los años cincuenta y sesenta hasta llegar a otra completamente diferente. Andalucía es todavía una región que no es de las más ricas de Europa, pero en la que ya no hay pobreza significativa y que ha entrado en la espiral del desarrollo.

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JE: Hablaba de sus abuelos, de sus padres. ¿Qué consejo les da a sus hijas como universitario, como profesor de universidad, como investigador, como científico, como hombre que ha recorrido el mundo? JLB: En primer lugar, que uno no deje de ser de donde es. Eso es fundamental. Yo creo que el mundo hoy en día es de “los de pueblo”. El mundo globalizado es tan uniforme, tan parecido que cuando uno dice algo que es típico de su pueblo llama la atención porque es novedoso, es creativo. Entonces hoy día la forma mejor de ser creativo es ser cada uno de donde procede, de donde es, porque así le da un poco de cierta “salsa” y de cierta variabilidad a esta homogeneidad cultural que la globalización social y económica nos está imponiendo. A mis hijas yo siempre les digo que nunca olviden su origen, sino todo lo contrario, que se sientan orgullosas de éste. Estos orígenes no son sólo de su padre, sino los de mi mujer que también

es universitaria, catedrática de Universidad y médico. A mis hijas les digo que tengan siempre presente a sus abuelos, mis padres, los padres de mi mujer, etc., procedemos de familias con algún universitario (por parte de mi mujer) pero en la que dominan trabajadores muy buenas personas, muy queridos por todo el mundo. En Torredonjimeno mi madre y mi padre eran personas muy queridas y, cuando voy por allí, siempre pienso que recibo lo que ellos sembraron porque, realmente, gran parte del aprecio hacia mí es aprecio a mis padres que ahora se manifiesta en mí. A mis hijas les aconsejo que nunca se olviden de los orígenes, y que sobre esos orígenes construyan un porvenir y un futuro personal basándose en estos conceptos que yo siempre defiendo: el amor al trabajo, el amor a la profesión, el respeto a la gente, el mirar a tu vecino, a tu compañero, a tu colega como alguien a quien también le deseas lo mejor para él. Desde ese respeto mutuo y desde ese respeto democrático -en el sentido profundo de la palabra-, es como uno puede estar bien asentado, con los pies en la tierra.


José López Barneo

Así surge lo que se podría denominar el bienestar personal, algo parecido a lo que se llamaríamos “felicidad”, que es un concepto es difícil de definir y de alcanzar, pero que uno puede intentar acercarse a él lo más posible. JE: A parte de su “patria chica”, Torredonjimeno, ¿podría decirnos un lugar del mundo que le haya impresionado? JLB: He visitado muchas ciudades y he vivido en varias, pero ha habido dos que me han gustado particularmente. Una de ellas es París. París, en el año 1978, hace ya cuarenta años casi, viví con mi familia -mis hijas, pequeñas, tenían dos años- y fue un año inolvidable, no sólo por la belleza de todos conocida de París, sino por la estructura social tan bien organizada que tenía la ciudad en aquella época. Había un sistema de Escuelas Maternales equivalentes a guarderías a las que los niños iban con dos años, con un nivel de Educación magnífico y gratuito, por supuesto. Nadie vivía más lejos de doscientos o trescientos metros de una Escuela Maternal donde poder llevar a tu hijo. A mí me sorprendió. Yo venía por entonces de España donde estábamos comenzando el desarrollo, comenzando la democracia, y París tuvo sobre mí -Francia en general- un impacto importante porque la vi una ciudad muy desarrollada. Otra ciudad que me gusta mucho y a la que sigo yendo con mucha frecuencia ahora que tengo una hija viviendo allí es Nueva York (Manhattan). Es también un sitio particularmente atractivo por dos razones fundamentales. Una, por la gran densidad

de actos culturales que hay: ópera, conciertos, universidades, etc. Y luego por aquello que llaman el melting pot real; cómo diferentes tipos de razas, diferentes tipos de orígenes se dan allí y conviven democráticamente sin ningún tipo de problema: ves parejas de un asiático con un negro, una negra con un caucasiano, etc. Hay una gran mezcla, una verdadera representación a lo que la humanidad está verdaderamente llegando, a este mundo globalizado, y ello me sigue llamando muchísimo la atención. JE: ¿Qué último libro ha leído el Doctor López Barneo? JLB: El último libro real que he leído es muy sui géneris y que se llama “La cabeza que nunca vimos”, que lo escribió D. José Sopeña Boncompte que fue un catedrático de Fisiología de la Universidad de Sevilla que falleció hace ya años y a quien yo no llegué a conocer. Mi director de Tesis Doctoral, el profesor Diego Mir (que acaba de jubilrse) sí que estudió con esta otra persona. Este señor escribió

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gusta mucho la información política y general, pero los que hay en la radio. Oigo la radio y además intento oír todas las emisoras porque me gusta tener una información amplia. JE: ¿Fútbol o los toros? JLB: Indiscutiblemente, fútbol. Los toros no es una fiesta que me disguste, todo lo contrario, me parece que es muy hermosa y muy interesante y sobre todo muy castiza, muy española. Personalmente prefiero el fútbol. JE: ¿Algún hobby? un libro de aforismos, sobre lo que él opinaba de la vida, un libro de pensamientos, digamos. Yo había oído hablar de él y hace poco Diego Mir me regaló una copia, y lo acabé de leer hace un par de días, por eso lo comento. Está muy bien y es muy instructivo porque muestra no solamente las reflexiones de una persona culta sobre lo que es la vida, la felicidad, lo que es el trabajo, lo que es la Ciencia… Ese tipo de cosas sobre las que hoy en parte hemos tratado. También es la visión que tenía un señor educado en el año 1945 o 1950 en la España gris, en la España “cutre”…, y es muy interesante comparar cosas que él dice con lo que ahora estamos viviendo. JE: ¿El cine o la televisión? JLB: El cine. Televisión veo muy poca, sinceramente, y lo confieso. En la televisión veo partidos de fútbol, que me gustan mucho. Pero televisión veo poquísima: películas, ocasionalmente; programas de televisión, casi ninguno; los telediarios… Me

JLB: El hobby fundamental que tengo, aparte de alguna lectura que hago, es la música a lo que le dedico mayor cantidad de mi tiempo extra. Toco un poco la guitarra que aprendí en Torredonjimeno precisamente, en “La Rondalla”, que toqué desde niño prácticamente. Y sigo intentando mantener el nivel de guitarra lo más que puedo. Y también en la edad adulta me he aficionado a tocar el piano. Oír música y practicar guitarra y piano, un poco son los hobbies que tengo. Y últimamente, el jardín. Desde que hace diez años me pude permitir el lujo de tener una casa con un jardín le dedico mucho tiempo a la jardinería, algo que me viene por herencia porque mi padre fue jardinero en la mili. Tengo fotografías de mi padre en el Alcázar de Segovia donde hizo el servicio militar antes de la Guerra Civil trabajando de jardinero. Después de su jubilación mi padre fue jardinero voluntario de la ermita de los Santos Patronos de Torredonjimeno. Como puede observar tengo una carga genética de jardinero incuestionable.


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JE: ¿Y una comida? JLB: Una comida típica de Jaén sería la pipirrana, que mi padre la hacía muy bien además y muy sabrosa. La mezcla del aceite y del tomate me parece exquisita. Me gusta mucho. JE: Muchas gracias. JLB: Gracias.

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