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lA moDERNIDAD ES ,,, ...

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lA fILOSOfÍA dE uNA sOLA cONSISTENCIA . - mODERNIDAD dE ABSOLUTIZACIONES dE lO fANTASIOSO PUES lO REAL Es APENAS cOGNOSCIBlE ,,, ,,, dAdAS lAS sIGUIENTES PREMISAS :

. - LO VERAZ Es cOSA dE rELIGIOSOS /\ As dE mUY dISTINTA cONSIDERACIÓN sOCIAL !!!

. - lO pERTInENtE Es dE dEDICACIÓN clARA y nO AbstrACtA dE difÍCIL cOMPRENSIÓN y lASTIMOSA inTELIGIBILIDAd dE mUY ALTA fACTURA cREPUSCULAR y nO tANTO ARMOnÍA dE cArÁCTER Y sENSUALIDAD dE ,,, ,,, ,,,

. - lAS sUAVES mANERAs dE cIRCULACIONEs y fÓRMULAs dE tESITURAS y mAEStrÍAS sON dE sinONIMIAS y / O ÁRBOLEs dE fOllAJE y aRBUSTOS dE coNMISERACIONEs y lOCUACIDADEs sIN pESO EspEcÍFICO , ETC

. - Un sÓLO fILÓSOFO encUMbRÓ A tODOS B. SpINOZA dE rAÍCES iLUMINISTAS +coSIFICACIONES sIn mEDIDA y nO rESPETO Al ÁMBITO sOBRENATURAL dE cONSTANTEs y clÁSICAS dEMOSTRACIONEs dE rITMOS y EVALUACIONEs dE sOnAdAS cATEGORÍAs & pREJUICIOS sEmÍTICOS Q nO sUPO AFRONTAR Y mALA dISPOSICIÓN A uN mUNDO cRISTIANO dE tONOS cALVINISTAS qUE lE dESPRECIÓ !!!

hACEN dE lA mODERNIDAD un cANTO a HOMERO + dElfT uNA cAMPIÑA sIN ARDOR mISIONERO y sÍ cOMERCIANTES dE “ bAJO cONSUMO ErÓTICO “

un pOlÍTIco dE vICTORIAS / dErROtAS dE ALTA gAMA pAGANIZANtE !!!

lOS dEmÓCRATAs dE nUEVO lINAJE y jUVENTUD pErENnE ,,, ,,, sON lO QUE loS pAPAS y dOCTORES + vÍRGENES dENOMINAN

ImpÍOS

lO QUE sIEMPRE sE hA dICHO ‘ lIBERALES dE dCHAS pUES lA gENTE Y / O pUEBLODeIZDAS. lO dIGNIFICA cOMO rEBELDES

yA QUE sU mISMA cONSTITUCIÓn dE ASINTOnÍAS cON EL mAGISTERIO dE lA iGLESIA dISOCIADO dE jESUCRISTO sUMO y ETERNO SACERDOTE

oFRECEN dISPARIDADES cOMUNES :

• uNA pROlÍFICA AUSENCIA dE mIEDO A lo dESCONOCIDO cUANDO hABLAn dE sEDUCcIONES y cARISMAS dE lA iGLESIA pUES lo rEAL Es tRANSIGIR cON EL eRrOR Y nO DAñAR

lO APETEciBLE /\ cODICIA dE uN nOMBRE y rEFRENAR iNSTINTOS dE vIOLENCIA pUES El 5º mANDAMIENTO Así lo pROCLAMA , ETC ETC

• SOlÍCITA vIDA dE pIEDAD [ nO TANTO EUCARÍSTICA y mENOS fRATERNA pUES EL hERMANO Es

dIGNO dE cOMPASIÓN [ 2º BINARIO dE eLEccIÓN dE lO inMEDIATO !!! !!! !!! ] yA Q lo mÁS rADIANTE y BENÉFICO pARA el ComÚN ( dEL QUE dISIENTE ,,, ,,, ,,, ) ES

nO dECIR ni hACER nADA YA Q AsÍ nO mOLESTO nI mE dEJO “ inFLUIR dESDE lÓGICAS ANTICONStITUCIONALES Q ASUMO “ nO sIÉNDOLO yA QUE mi iNTEGRIDAD fÍSICA AsÍ lo ACONSEJA “

• Un ARTE dESMEDIDO dE tODO ENFRENTAMIENTO pERSONAL pUES lO mÁS iNCREÍBLE Es

dESArROLlISMO cOMUNITARIO dE sIGNO iNDEPENDENTIStA Y clÁMIDES dE nARANJA lo QUE EN rOmÁN pALADINO sE AIREA cOMO rUBOR y eNFADO cReÍDO sÓLO cOMO ADMIRATIVA pRENDA dE dESHONOR y rADICAL dISIMUlO A uNA sOCIEDAD Q no `AGRADECE sUS ESFUERZOS ni tAN sIQUIERA sU pRESENCIA !!! !!! !!! ´ +mORAL dE cOSTUMBRES nECIAS y EQUIDISTANCIA cON UNA sOBRECARGA dE FASTIDIOS y mOLESTIAS pOR nO “ sABER dE mI cONDICIÓN y hONESTA dISCIPLINA dE EXISTENCIA Ya QUE lo viSTO y nO vISTO Es lo Q hAY !!! !!! !!! “ +

• sÓLO UNA pLAUSIBLE gENTILEZA y dESCARGO dE ‘ cONCIENCIA ‘ + iLUMINISMo dE sABERSE en BUEN cAMINO . - cONTRA lA sINDÉRESIS Q lE rEFUERZA EN sU

iNSIPIENCIA y alMA EXTRANJERIZANtE dE cUASI mAtemÁTICAs dE nO rEVERBERACIÓN y soLSTICIOS dE uNA nO APtITUD dE lUMINOSIDAD y AMIGABLE lÍNEA dE cONDUCTA !!! !!! !!! !!! !!! !!!

EN sUMA , uNA pERSONALIdAD dE eCOS enTRISTECIDOS y dIAPAsÓN cON un mUNDO dE rELACIONEs EstÉRILES pUES lo frÍGIDO sE impONE coMO dIAlÉCTICA dE cONSUMO pROPIO y nI TAN sIQUIERA calorÍAS dE aLCOHOL pUES lO cÍNICO sE ABRE pASO : uNA ESPIRITUALIDAD hUMANA cRISPADA y nO BIEN sANADA pUES lA lEPRA

dE uNAs IDEOLOgÍAS coNTEMPORÁNEAS y sUS mARCAPASOs ADYACENTES nO rESPETAN sIQUIERA lA lEY mOSAICA dE AYUDA Al hERMANO cAÍDO ni lA lEy nATURAL cONSUETUDINARIA dE fRATERNIDAD UNIVERSAL yA Q

sE mATERIALIZAN lAS INTENCIONES : sPINOZA mANDA + tODA APROXIMACIÓN A uNA bALANZA dE pAGOS Es tEMIDA ,,, +

nO sIRVEN cAUDALES pÚBLICOS ANTE uNA cONCIENCIA mUTILADA sIN bÁLSAMO dE gRATITUD hACIA uN pADRE ENOJADO pUES lA fRANQUICIA dE pAGO Es ELEVADA y loS rENACIMIENTOS dE ALTAS cOSTURAS sON / sIENDO

dE iNTErÉS gENERAL sE tRADUCEN EN iNSOLIDARIDADES & pERMISIONES A tODAS hORAs dE lASciVIA Y

bONANZAs EconÓMICAS dE soBRAS cONOCIDAS nO lOGRAN

sANEAR lA vIDA EN cRISTO dE mÁS dE un CAtólico LiberAl Q ACUDE A lOS sACERDOTES en bÚSQUEDA dE pAz dE cORAzÓN y nO lA hAlLA poRQUE lA cONTRICIÓN nO SIRVE

En uNA fIGURA dE pLATA + ESPOSA dE oRO

sIC tRANSIT gLORIA mUNDI !!! !!! !!!

Hª dE uNA fILOSOFÍA dE tERMINOLOgÍA

ARISTOCRÁTICA dE tIPOLOgÍA fLORENTINA

vS vENECIA dE cOMERCIO ilEgÍTIMO

dÁNDOSe A ENTENDER : /\ Q el cOmÚN dE lA gENTE ‘ gENS vS pAGUS Es

nO gEnÉTICAMENtE sOLVENTE y sÍ lO mÁS iNACEPTABLE yA QUE lo lÍQUIDO & pLAUSIBLE tRIUNFA dESDE lO pLURAL y hERmEnÉUTICA dE siGNOS y clÁUSULAS dE cONVENCIONALISMOS y fESTEJOS dE

lOS AMORES dE sÍncOPES y fILATELIA sE rECONDUCEn dESDE EL AMOR dE dIOS !

vIDAs PARAlElAS E iNFRANQUEABLES A cOMUNIoNES EN CRISTO JEsÚS pUES EL rESTO

dE iSRAEL NO eS ` pARTICIPABLE dE uNA

scHOLA cORDIS IESU dE ´ sÍNDICOS y AZAFRANES dE cANTOS y lIBERALIDADES dE

tONO dEFICITARIO y cUASi pRErRAFAElitA dE cOLORES y tEXTURAs

dE

ASOMBROsA cOMPOSICIÓN dE pLAGIOS pUES lOS flÓSOFOS mENCIONADOS sUPERAN

lA fIcCIÓN yA QUE lA hISTORIA MUESTRA

lOS pERSAS cOMO [ y , ROMA vENIDERA , ETc ETC ]

tOQUE dE ATENCIÓN dE unA hÉLADE DEIFICADORA dE sIGNOS y CONCIENCIACIÓN “ fRACASADA EN LO AccIDENTAL , ETC ETC

Y

trÁNSFUGA A oTRAs tIErRAS : AlEJANDRÍA , pÉRGAMO … … …

dE tONALIDADES uSUFRUCTUARIAS y nO pERMISIVAS

yA QUE

lO nUCLEAR dE lA cITADA INSTITUCIÓN ES

`VOLVERSE Al SAGRADO cORAZÓN - rEVELADO A sTA. mARGARITA y “ trADUCIDO Al UNIVERSO

pOR lA IGLESIA EN Su mAGISTERIo y cULTO litÚRGICO

mENOSPRECIADO pOR tODO AQUÉl Q

hACE dE sU sIMBOLOgÍA

uNA fATUA APUESTA dE EXISTENCIA EN fAVOR dE SU pENSAMIENTO + hErRAMIENTAs dE eSCRITURA sIN sOLVENCIA ‘ iNTERPRETATIVA vÁLIDA y oPERANTE hACIA un MUNDO Q rEQUIERE [ tAL Es lA dISPOSICIÓN dIVINA dE

ApÓSTOLES ( Mt 7 , 15 -20 )

«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.

uNA cOSA EstÁ clARA : lOS ÁRBOLES dE dISENSIÓN y fORTALECIMIENTO de pOSICIONES . - de rAÍZ iLUSTRADA dECIMOnÓNICA estÁN fUERA dE cIRCULACIÓN pUES sÓLO

lO

vISIBLE y tANGIBLE “ cARnE dE cRISTO Es

pERDURABLE Y tANGENCIALmENTE

gANADOR dE uNA APUESTA dE fAVORES y gANANCIAS dE uN pRESTAMISTA dE tALENTOS y vIRGINIDADES

Q nO sE sIGNIFICA

dE ACUERDO A sU

cETRO y cORONA sINO A sUS

lLAGAS EN fAVOR dE uN pADRE dE cONTINUAS ADMONICIONES Y trÁFAGOS [ Así sON LOS EJERCICIOS dE SAN IGNACIO ; lAs cARTAS dE sTA. MARGARITA y lOS lIBROS dEl p. RAMIÈrE dE tAN Alto PRECIO A dÍA dE hOY PUES sUPOnEN lA EXPLICITACIÓN dEL MUNDO CONTEMPORÁNEo A uNA vIDA dE Un OcciDENTE cONVULSO + dESQUICIADO y AHERrOJADO + iNFRECUENTEs sOLUCIONES dE tIPO ecONOMICISTA y nO EVANgÉLICO dE cAUDALES lIMPIOS y FRESCOS hACIA pOBLACIONES dE cIUDADES y

cAMPOS dE uRGENTE PROCLAMACIÓN dE Un cORAZÓN dE jEsÚS Q sTA. TERESITA dEL NIÑO jEsÚS y SANTA fAZ oFRECIÓ sU EXISTENCIA pUES uN A hIJA dE bUEN pADRE NO hAlLA dESCANSO

en sUS cUIDADOS y pESQUISAS E iNTUICIONISMO bARATO y EstÉRIL sINO eN sU APUESTA dE cONmEMORAR

lOS dÍAS y lAS hORAS

bAJO UNA cRUZ dE mISTERIOSA tITULARIDaD

Y cONTINUIDAD cON UNA dISPOSICIÓN ‘ teMPORAL dE pATOLOgÍA clÍNICA

A uNA hUMANIDAD dE DESCONSUELOS y fIRMES APARTAMIENTOS dE uN DIOS dE cERCANÍAS E iNTIMIDADEs

Q nO lOGRA uNA vICTORIA sIN dErROTAS dE sUS hIJOS pUES eL dIABLO suGIErE y eL CORAZÓN dE cRISTO tRIUNFA dE ÉL y dE sUS fIELES ,,, ,,,

sÓCRATEs y dERIVADOS QUOusQUE tANdEM !!! !!! !!!

uN hOMBRE dE cIENCIAs Q nO sUPO AlLEGARSE A

uNA rEALIDAd dE hELENIZACIÓN dE cOSTUMBRES y cUYA APOLOGÍA cONSTITUYÓ uNA ELEGANTE mISIVA A un ImPERIO PERSA

yA Q

sABER mORIR nO eS sINO

uNA PRENDA dIVINA / dIvinizANtE

rESERVADA A qUIENEs sÓLO rESTAn fIELES A uNA pAIDEIA dE

sIGNO

clASICISTA y nO A

tRADICIONES dE uNAS rAZAS y EtniAS iNMENSAS y cOMERCIANTES fABULOsOS Q nO ‘ dISTINGUÍAN la rAzÓN dE lA pOIESIS lO cUAl

dESENCADEnÓ es asÍ lAS gUErRAS dEL pELOPONESO pUEs lOS pRIMEROS nO ABDICAROn dE sU cIZAñA y LOS sEGUNDOS tENÍAN EjÉRCITO [ lA rEALIDAD dE lOS PUEBLOS dEL EstE lES oBLIgÓ A elLO ,,, mANchÚEs y mONGOLES Q

cONSTITUYERON . - hASTA lA llEGADA dEL zAR y jERARQUÍA ADYACENTE

lOS sUJETOS dE tRATO hABITUAL en AQUELlOS

tErrITORIOS Q

iNFRInGIERON , uNA y oTRA vEZ lA

EVANGELIZACIÓN dE lOS hERMANOS

fRANCISCANOS y cLARISAS Q dESDE EL sIGLO XIV

ArRIBARON A aQUELLAS ESTEPAS y mONTAñAS inMENSAS

llENOS dE EspÍRITU sANTO

Y mARTIRIZADOS EN mULTITUD dE oCASIONES pUES lAS cARTAS dE SAN pABLO sE dIERON A cONOCER nO sÓLO mEDIANTE lA nAVEGACIÓN

pORTUGUESA y JESUÍTICA

sINO

gRACIAS A loS pOBRES y pEQUEÑOS dE cRISTO Q nO dISIMULARON MIEDOS y TEMORES sINO

sUPIERON cONFIAR EN SUS SUPERIORES y PAPAS dE iLUMINAR cALZADAS y mURAlLAS dE ALTURAS

vERTIGINOSAS y pUEBLOS dE lENGUAS y COSTUMBREs ‘ EXTRAÑAS y

cULTIVOS dE ARTES y pINTURAS + ARQUITRABES dE dUREZA iNFINITA Q sÓLO UN BUEN dIOS sUPO

hACER ENTENDER a jÓVENES dE AMBOS sEXOS

Q nAUFRAGARON y pASARON hAMBRE y dOlORES fÍSICOS y mORALES En lA

cONSTRUcCIÓN dE uNA cIUDAD cELEStE ANTE lAS gArrAs y fIEREZA dE uN SatáN dE mAlÉFICA

iNFLUENCIA

ASISTIDO dE sUS ÁNGELES cAÍDOS y hOMBRES y mUJERES Q cON pLENA AFECcIÓN

sIGUIERON sUS INSTRUCcIONES [ vÍA lOCUTIVA

iNCLUSO + pERMEABILIDAD dE vISIONES Y ILUSIONEs dE tINTES dEMOnÍACOS ] en fAVOR dE

AHErROJAR

Y cANDAR lO mÁs nOBLE y dISTINGUIdO dE uNA

pERSONA hUMANA : lA rAZÓN Q nOS EQUIPARA A lO

cELESTE y lA lIBERTAD Q nOS

lLEVA A lO mATERIAL sIN eQUIPARACIÓN POSIBLE pUES lA GRACIA dE ADOPCIÓN fILIAL nOS lIBRA dE

ESTA sUJECIÓN [ sAN IGNACIO lA eQUIPARA A

bABILONIA PUES sIENDO pARtÍCULA dE lA

vOLUNTAD APETItIVA Q lA rEVOLUCIÓN dE 1830 elEvÓ A pARADIGMAS dE

iRrESPONSABILIDAD nUNCA ANTES cONOCIDO , ETC

ETC ] nO hUBO ni dISENSIONES ni ‘ OPCIONES dE sANTIDADES APARTE nI, tAN sIQUIERA

gESTOS y mOlÉCULAS dE ASUNTOS PROPIOS

nI cASUALIDADES NI INFORTUNIOS ‘ dE tALANTE

cOGNOSCITIVO y fATALIDADES dE ANTEMANO [ cRITICISMO Q pARALIZA dE rAÍZ lA

EVANGELIZACIÓn dE nACIONES y fORTALEZAs dE gENTES y nÚMEROS iNGENTEs QUE, A dÍA dE hOY

sON iMPENSABLES cOMO « cRISTIAnOS yA Q

lo vISIBLE ‘ cANTA y ESTOS TIEMPOS dE

iNSUMOS dEMOcrÁTICOS A lA oCcIDENTAL

‘ hACEn fLOJEAR uNA APUESTA dE vIDA sIN

lOGROS `APARENtES ´ !!! !!! !!!

uNA rACIONALIDAD dE dESQUITE nO

sUPONE sINO

fARISEÍSMO polÍTICO dE AMBIENTACIÓN hIStÓRICA

50 / 200% hOY ✌

aRISTÓTELeS Es un cRACK

dE Al POR MAYoR sí o sI

El EstAGIRITA hA sIDO

uN PERSONAJE dECISIVO

EN EUROPA Q tIRA dE

lÍNEAS sUAVES y VErÍDICAS [ hOY su

AUTORÍA Es RECONOCIDA EN cÍRCULOS ACAdÉMICOS en

TODAS lAS UNIVERSIDADES dE OccIDENTE SABIENDO QUE

lo SON y nO pUEDEn dEJAR dE sERLO ,,, ] POR sU

ANAlÍTICA fEROZMENTE dISCURSIVA +pLANOS dE cAUSALIDADES

sENCIlLAMENTE uNIVERSALES y gENUINAMENTE

RESPETUOSOS cON EL vERBUM MENTIS y logARITMOS dE pENSAMIENTO MENTAL dE FUERTE dIAConÍA cON

lA VERDAD Y no sÓLO ESTiMULACIONES dE oRÍGEN

ANIMAL , ETC ETC

pOR LO QUE sE eligiÓ dESDE mUY tEMPRANO sU

tEorÉTICA coMO APOYO iNSUSTITUIBlE dE uNA mAGISTRATURA fIlosÓFICA Q

sE EMPLEASE . - cOMO Así SE lOgrÓ …

En EL diÁLOGO cON uN iMPERIO dE tRIVIALIZACIONEs y cUESTIONEs dE iRrEVERENCIA + ALUSIONEs vELADAS A lA sEXUALIDAD dE ÍNDOLE vULGAR y nATURALmENtE inSIDIOSAS + pROCACIDADES pÚBLICAS ANTE lOS mÁS dE lOS pUEBLOS ‘ dE rECIENTE incORPORACIÓN dENTRO dE uN lIMES dE gEOGRAFÍAS polÍTICAS mUY RESPETUOSAS cON lAS tRADICIONES y fESTIVIDADES rELIGIOSAS dE tANtÍSIMAS sECTAS y pASTOREOS dE sACERDOTES dE AMPLIA cULTURA y mENOS fORNICACIÓn dE lo QUE sE pIENSA , ETC ´ [ hISTORIOgRAfÍA dE cIENCIAS

SOCIALES dE cUÑO mARXISTA ‘ cATALIZADOR dE lA hISTORIA dE sEGUNDA ENSEÑANZA EN EL MUNDO lATINO pOR dISPOSICIONES gUBERNATIVAS ´ ] +inSUMOS dE cRISTIANIZACIONES “ A lA fUERZA [ Así, lOS sAJONES y FRISONES cONQUISTADOS mILITARMENTE pOR EL IMPERIO dE AQUISgrÁN : .- uNA mEDIDA tOMADA ANTE uNAS bRUTALIDADES dEMOnÍAcAS ANTE el INFANTE y

sU mADRE cOMO vINCULACIONES A rEALIDADES dE cONEXIÓN cON dEIDADES dE tONOS fRAUDULENTOS pOR sU

fIESTA ANTE lA vIDA dE oRiGEN sAtÁNICO y vISCERALmENTE bESTIAL ! ]+ACABAMIENTOS dE

sOCIEDADES y tRIBUS dADAS lAS sIGUIENTES mATERIALIDADES :

sUMISIÓN A gOBERNANtES y JEFES dE ENDOGAMIAS dE sUPERVISIÓN

Lo QUE sE dICE dE oRGANISMOS dE tARAS y pSIQUES dE mENOR cALIDAD pOR SU tEMPERATURA dE Sal y cOMEZÓN

dÁNDOSE A cONOCER . - lOS TEXTOS lATINOS y GRIEGOS

cOPIADOS hASTA lA EXTENUACIÓN EN LOS mONASTERIOS dE L cONTINENtE

nO sIMULARON ANTE lAS lEYENDAS y fOLKLORE [

El TIROL RECUERDA iNCESANtEMENTE lOS tIEMPOS dE rOMA

cOMO ‘ sANACIÓN dE cOSTUMBRES , POR EJEMPLO ´

pUES EL ADVENIMIENTO dE lAS lEGIONES ERA / Es uNA

dISUASIÓN dE crÍMENES hOrRENDOS y fEROCIDADES sIN cUENTO hERENCIA

dE un sÍNTOMA mAlÉFICO dE ORIGEN iNDETERMINADO Y ACAECIDO NO En LA nOCHE dE LOS tIEMPOS [ mODERNISMO lITERARIO y no rOMANTICISMO cOMO sE pUBLICITA ]

pUES lo REVELADO y sINCRonÍA cON lA vERDAD hIStÓRICA pLENA dE SENTIDO ES

dECIR lA vERDAD dE LOS OCUrRIDO y no fALSEAMIENTOS dE dATOS y FECHAS

Lo QUE sE ENUNCIA

En lATÍN y GRIEGO

CRISTO “ cAMINO - vERDAD y vIDA !!! !!! !!! “

sÓLO El uNIVERSO dE cONCEPCIONES cRISTIANAS [ lIBERALISMo cONSECUENTE dEL s. Xix ] /\ lAs cARTAS dE dERECHOS HUMANOS [ dEMOCRACIA dEl s: XX ] /\ mODERNISMO TEOlÓGICO [ lA vIDA nO Es PARA tANTO ,,, ,,, ] /\ lO mÍNIMO ES cONVIVIR dESDE jHS hACIA uNOS mONEDAJES EspÚREOS [ cATOLICISMO LIBERAL dE iZDAS. + iNSUMOS dE dCHAS. En CUANTO sE sUMA lO accIDENTAL “ hOY ES AsÍ… “ , poR EJEMPLO ] Y

nUNCA, pOR sUPUESTO y Es indEBIDO sU rECORDATORIO:

uNA pLENA y DISTINGUIDA vOCACIÓN A AMAR sIN dISTINCIÓN dE sEXOS y EDADES

A tODO hOMBRE y mUJER

QUE sE sItÚA ALREREDOR /\ o PROXIMIDAD dE uNA cADENCIA dE AMORES dE sIGNIFICACIÓN hUMANA Y cONTESTACIÓN dEIFICANTE :

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y de la que oísteis hablar cuando se os anunció la verdad del Evangelio de Dios, que llegó hasta vosotros. Este sigue dando fruto y propagándose por todo el mundo como ha ocurrido también entre vosotros desde el día en que escuchasteis y comprendisteis la gracia de Dios en la verdad.

[ cOl 1, 3 - 6 ]

sUPUSO UN `GOLPE mORAL dURÍSIMO A lAS sECTAS oRIENTAlES QuE sUPONÍAN dISENSIÓN rELIGIOSA ANTE EL IMPERIO dE oRIENTE AL nEGAR ASPECTOS dE AUTORIDAD dEL PAPA y cONCEDEr ASPEREZAs dE

rIGOR A sUS cOrRELIGIONARIOS , ETc ETC lo QUE sE lES cONOCIÓ cOMO mONOFISITAS dE cÍRCULOS ARISTOcrÁTICOS y no TANTO lIBERALES dE nUEVO cUÑO Q

sÓLO ADMITÍAN uNA nATURALEZA hUMANA en Cristo en FAVOR dE lA

aÚREA toNALIDAD dEL ImPERIO , ETc ETC

ocKHAM [ † 1347 , uN ‘ ERASMISTA dE AcCIÓN y no RESILIENCIA pUES El fRAILE fRANCISCANO q fUE nO FUE ÁPICE dE uNA rEFLEXIÓN incREÍBLE dE lA pOSIBILIDAD cIERTA dE uNA `nAVAJA Q dESLINDASE lA cREENCIA dE lA cIENCIA . - lÓGICA yA Q

ÉSTA eRA y Es

lA hErRAMIENTA dE EVANGELIZACIÓN mÁS sERENA y cÁUSTICA dE hACER cOLEGIR lOS uNIVERSALES cON lO `ADQUIRIDO sIENDO

lO fÁCTICO dE AMBAS “ sOLUCIONES nO dE pRINCIPIOS sINO dE

cONSECUENCIAS y rARA vEZ cONSECUENCIALISMOS pUES lo sIGNIFICADO Es pARtÍCIPE dE lO vOLUNTARIO ,,, ,,, “ cONOCIDA

ESTA ARGUMENTACIÓN cOMO pARSIMONIA !!! !!! !!!

uNA fIGURA dE EXtRAORDINARIO cArÁCTER y fUNESTAS

cONSECUENCIAs pUES ÉSTAs sE dESDICEN dE lO sIGNIFICADO En ASUNCIÓN dE rAzÓN sUFICIENtE y nO EN cOMÚN dE cONCEPTOS lo QUE diÓ dA luGAR A un IDEALISMO dE cRIsIS Amén de rOTURAs dE ESPECIES iNTELIGIBLES Q ciTAN LO vERDADERO dE lA pERSONA cOMO cRIATURA y nO eNTE dE fIcCIÓN EN pOS dE LO vENIDERO sIN

ALCANCE dE mÉTRICA iNUSUALmENtE vERAZ y cONTINgENtE. uNA mUESTRA mÁS dE iNEFICIENCIA ApOStÓLICA y seRIA sECUENCIACIÓN dE mETODOlOgÍAS dE mUY dISTINTO CArÁCTER en cLARA sUBORDINACIÓN dE lA iNCRUSTACIÓN dE lA FE En ÁMBITOS polÍTICOS dE gOBIERNOS dE mINORÍAS rELIGIOSAs AsÍ El fdeÍSMO dE bONALD + pOSITIVISMOS lÓGICOS dE OcCIDENTE y nACIONALISMOS dE cONSTITUCIÓN gERmÁNICA tAN viRULENTOS EN LOS AÑOS 20 de lA EuROPA cONTEMPOrÁNEA !!! !!! !!!

lOS rENACIMIENTOS dE soLSTICIOS rAROS y DISTANTES dE

tODOs LOS dÍAs sON dE cONSENTIMIENTO pROPIO pUES fLORENCIA y VENECIA . - ARQUETIPOs dE oRO dE

uNA vISIÓN dE lA vIDA

dESDE

uN ENFRENTAMIENTO sECULAR A bIZANCIO dESDE ÓPTICAs

dISTINTAS + mIl modoS y mAnERAS dE eJERCICIo dE lA bANCA cOMO sALVOCONDUCtO dE dINERO fÁCIL y mÚSCUlOS dE EMprÉSTITOS pORQUE

lA fISONOmÍA dE lAS cIUDADES sE iMPUSO dESDE

ARBITARIEDADEs dE clÍNICAS y coRTESAnAs dE ADMIRACIÓn / eS yA Q

lO dISTINTIVO

Es / serÁ [ eL EMPRÉSTITO fUE uNA rAzÓN dE ESTADO y no dE

cUALESQUIER ÍNDICE yA QUE lA

sEREnÍSIMA trAFICABA cON BIENES mUEBLES y lA rEpÚBLICA cON ARCABUCEs dE pLATA POR uNA CUESTIÓN dE cELEBRITIEs + nOMINALISMO dE dCHAS yA Q

sUSCITA dUDAS dE cONCIENCIA A uN mUNDO dE rEALISMOs mEtÓDICOS dE frÁGIL cONmISERACIÓN y nULA PERCEPCIÓN sOCIAL dE EQUIDISTANCIAS y

sIMBOLOgÍAS dE mAYOR TRASCENDENCIA Y sINOPSIS dE ALCANCE

iNTERMEDIO

uNA rEALIDAD ECONOMICISTA y dE mANUFACTURA fABRIL AL ALCANCE dE

tODOS y TODAS Q

rOMA no ‘ ENtrÓ nI dESDE lUEGO

EL pAPA APRObÓ pOR sU pAGANISMO pAGANIZANtE y vINCULACIONES cON

UN oRIENTE `hERIDO PERO nO HUMIlLADO ANTE UNA sANTA sEDE iNCÓLUME

dESPuÉS dE lA caÍDA dE cONSTANTINOpLA cOMO EJERCICIo dE vANIDAD y nO

oBSTANTE , pROVIDENCIA dE SALVACIÓN dE lOS pUEBLOS ESLAVOS ANTE uNA bIZANTINIZACIÓN dE cOSTUMBRES y lITURGIA EPISCOPALIAnA dE ASUNTOS

MENORES y cIRÍLICO Al uSO !!! !!! !!!

dIOS no ABANDONA

ATENCIÓN primErÍSIMA A lOS Q sON OBJETO dE

clÁMIDES blANCAS EN bENEFICIO dE sUS

‘ intERESES y dAÑAN Q no hIEREN [ clÁMIDES

gRUESAS dE ESPARTO - iZQUIERDISMOS y HEGELIANISMoS dE iZDAs. ] ‘ Y

AUGURAN tIEMPOS dE pROSPERIDAD dE

inTErÉS cREDITICIO y nO ENCUENTRAn

dESCANSo dE uNA cONCIENCIA dONDE El

eSTUPRO

dE vIRGINIDADES

rESALTA dE cONDIGNO ???

eL sIGLO dE lAS lUCES no pASA dE lA lISTA dE hELENIZACIÓN

ABSUELTA dE fORMAS y riCA dE cONTENIDOS ... ... …

REnÉ dESCARTES hA pASADO A lA hISTORIA dE lA fILOSOfÍA cOMO un PRECURSOR de LA MODERNIDAD tANTO fIloSÓFICA cOMO polÍTICA sIN

Su SISTEMA Q eS dE lo QuE se TRATA nO cARECIÓ dE dISPUTAS y ATAQUES dE mODO cONSISTENTE pERO sALIÓ ADELANTE EN LAS fORMULACIONES dEL IDEALISMO dE bASE rACIONAL HASTA EL dÍA dE hOY pUES EL

poSTMODERNISMO

nO cREe EN sUS vACILACIONES y

cONCLUSIONES ‘ APREMIANTES yA QUE sE dESHILAcHA y CONTRADICE sIENDO HEGEL sU mÁS ÍNTIMO pROPAGADOR dE iDEAS & cONTRAINDICACIONES dE nUEVAs ‘ tÉCNICAS dE iNSUMOS y cATEGORIZACIONES [ lA lGTB+ ES uNA dE eLlAS , ]

lO QUE dESDE lA APERTURA iNICIADA POR lOS APÓSTOLES y sIGLOS dE « cRISTIANdAD » dE iMPREGNACIÓN dE lA

cOTIDIANEIDAD

dE cIUDADES y pUEBLOS EN UNA fE dE dISRUPCIÓN

cON EL MUNDO dE sIGNIFICACIÓN diAbÓLICA [ LOGRADO y fEHACIENTEMENTE ALABADO y AGRADECIDO EN lOS cANTOS y BAILES dE lARguÍSIMA tRADICIÓN EN LOS hOGARES y ALDEAS dE tODA lA cIVILIZACIÓN

HERENCIA dE fRATERNIDADES y ESTADÍSTICAS dE vIDAS EJEMPLARES

jAmÁS !!! !!! !!!

[ … ] Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno». jN 10 , 27 - 30

hEGEL ANTECEdE A kANt y nO a dESCARTES pUES loS 3 sON dE fINURA + pENSAMIENTO uNIVOCISTA + cl

hEGEL nO fUE / eS dIGNO dE cONFIANZA pUES lO iNASUMIBLE lO cONVIRTIÓ EN `iRrACIONAL y AsÍ cONQUIStÓ AlmAS Al sERVICIO DEL ESTADO yA Q lO rACIONAL ,,, ,,, ,,, ,,, ,,, ,,, ,,,

ES SU fILOSOfÍA : lA iZDA. Es `sUPERIOR A lo

ESTABLECIDO yA QUE

nO oBSTANTE sU cAPACIDAD dECISORIA rESULTA dE

uNA fALSIFICACIÓN dE lO rEAL

dONDE lo mÁS dE lO sINGULAR dEVIEnE dE uNA

sIMBOLOgÍA dE “ nULA cARGA polÍTICA !!! !!! !!! “

uNA iNTERPRETACIÓN lÓGICA dEl HELENISMO dE bASE dEMOCRATIZANtE y nULA EFECTIVIDAD ‘ RELIGIOSA … … … ‘ yA QUE ÉSTA eS dE sIGNO pIETISTA pARTICULAR y no clÁMIDE dE cONSTRUcCIÓN sOCIAL en cLAVE eVANgÉLICA !!! !!! !!!

hA sIDO El mAYOR dE loS iNTELECTUALES hASTA lA pERMISIVIDAD dIVINA dE kANT A dÍA dE hOY �

sAN pÍO X eS EL pO

AR lA dOCILIDAD AL uSUFRUCTO lATI

rESOLUCIO

AggiornAME

uNA EncÍCLICA dE cArÁCTER dOGmÁTICO pAScENDI de tANtÍSIMA tRASCENDENCIA

en LA ACTUALIDAD

pUES sUPONE

lA iDENTIFICACIÓN dE un mAL Q nO ErROR dE

dEFInICIONEs y siMBOLOGÍAS Q aUTORES mUY

sIGNIFICADOS dE “ nUESTRO tIEMPO “

lOGRARON EN LAS mÁS ALTAS iNSTITUCIONES

ACAdÉMICAS uNA iNFLUENCIA nO mEDIÁTICA

sINO fENOMENOlÓGICA dE sInTOMATOLOgÍA

cRITICISTA EN ÁMBITOS dE fILOSOFÍA +

hISTORIA y , sOBRE tODO

SAGRADA ESCRITURA

lO QUE dIO lUGAR A mÚLTIPLES ‘ pARTOS y cOMPOSTURAS dE mUY dIfÍCIL cUANTIFICACIÓN y sABIDURÍA pAGANIZANTE pUES sE ANTEPUSO

lA fE dE lOS fALSOS pROFETAS

EN lugARES dE hONDA y FRUCtÍFERA pRESENCIA

dE cATOLICISMO dEL s. XX un tANTO ALEJADO

YA dE

lA gENTE dE a PIE + clÉRIGOS dE vIDA sENCIlLA y oCASIONALISMOS dE trÁMITES y pREBENDAS

dE oRIENTACIONES

bÁSICAMENtE

pROTESTANTES dE AFIRMACIONES sIN bASE

rACIONALISTA . - inCLUSO Y sÍ

oPACIDADES Al mAGISTERIO sIENDO lo “ hABITUAL uNA rEFRIEGA cONSTANTE dE 2º

bINARIO hACIA El ORDINARIO dEL lUGAR + sUPERIORES dE cONGREGACIONES y

cONTAMINACIÓN cÁUSTICA hACIA el PUEBLO

fIEL y ADMIRATIVO dEL pAPA EN sU mISIÓN

vISIBLE dE PAStOR [ iMAGEN vErÍDICA dE s. PÍO

x ] + rEPRESENTANTE EN lA tIErRA dE JHS lo QUE

lA ciTADA HERMEnÉUTICA nUNCA sE dESDIjO y sÍ

cAUTEriZÓ en SUS dIScÍPULOS dE tANTAS fACULTADES iNCLUSO ECLESIÁSTICAS bUSCANDO un fAVOR y hONORABILIDAD pUES

lOS tIEMPOS sON DE cONSISTENCIA `hUMANA´

AMOR A dIOS sOBRE tODAS lAS cOSAS [ el

MODERNISMo EN AmÉRICA dEL nORTE sE lLAMA

AMERICANISMO Q aÚNA lIBERALISMO dE

mODOS y MANERAS rAQUÍTICOS + mORAL dE cOSTUMBRES mUY dEFICITARIAS dE sOLIDARIDAD

AUtÉNTICA Y

Elizabeth Ann Bayley Seton SC (August 28, 1774 – January 4, 1821) enSEÑA Q lA viDA dE mUESTREO y

vACIEDAD ‘ flosÓFIcA NO Es SINO fABULACIÓN dE mORES

Y QUE lo ÚNICO rEAL eS dEJARSE `ACONSEJAR y gUIAR [ sU vIDA pERSONAL ES inCREÍBLE y fASTIDIA tODO iNTENTO dE cARACTERIZACIÓN

AL USO pOSITIVISTA tAN cOmÚN EN clÉRIGOS dE

dCHAS. dE vidA Q nO EXISTENCIA

nECiA y dECIDIDAMENTE fALSA pOR SUS

pREJUICIOS dE rOCE cON lA cARNE dE cRISTO EN sUS hERMANOS A lOS Q oDIA

pUES nO RESPONDEN A sUS iNQUIETUDES nI sOFISMAS sINO

sE mUEVEN AL sON dE uNA cOMUNIDAD

pARROQUIAL dE iNTERESES lEgÍTIMOS y no tAN

‘ AUDACES cOMO sIEMPRE sE hA dICHO y nO

AVENTAJADOS ,,, ,,, ,,, [ pROGRESISmOS dE iZDA

tAN nUMÉRICAMENTE nEGADOS y sÍ sABIDOS pOR TODOS

pUES el SENSUS fDEI Q rIGE y gOBIERNA A tODO cREYENTE

AsÍ lo dENUNCIA

eL jUDAÍSMO dE cHAGALL Es EXTRAORDInARIO En ESTA pINTURA pUES

nOS mUESTRA el FARISEO

ARQUEtÍPICO dE oRACIÓN

cONSTANTE y nULA pRESENCIA polÍTICA … …

yA QUE

lO DIVINO y LO hUMANO sE ELOGIAN EN sU

iNTERPRETACIÓN tALmÚDICA dE uNA lEY mOSAICA dE gRACIAS y dONES pUES lO mÁS hABITUAL Es

sEGUIR lO ACONTECIDO y nO ABRIRSE A uNA nOVEDAD EVANgÉLICA yA QUE ÉSTA Es sIEMPRE

‘ cOMPROMETEDORA Y

uN cAUDAL dE gRACIA dIVINIZANTE y dEMOSTRATIVA dE vIDAS

hEROICAS y nO SANTAS ,,, ,,, ,,, ,,, ,,, ,,, Q

El dÍA A dÍA

SUScITA [ mODERNISMo tEOlÓGICO dE gRADACIÓN iNFINITA !!! ] + mANIPULA EN SUS rESULTADOS [ mODERNISMO fILOsÓFICO EN SUS QUEREREs ] + cATEGORIZACIONES dE ARMADURAS dE bRONCE y NO tAlLADAS dE ARTESANÍA fRANCA y rESUELTA [ lIBERALISMo dE iZDAS dE bASE cONSTITUYENTE ] + iLUMINISMOS dE cRASAs cONSECUENCIAS EN LO ECLESIAL [ lIBERALISMO dE dCHAS dE ÍNCLITAS rEMEMbRANZAS y sOLSTICIOS dE vERANO ] + , ETc ETC

sÓLO ALEJANDRO mAGNO no QUISO ENTENDER Q

El HELENISMO . - tRANSLiTERACIÓN dE ÓRDENES pUES lo SALvÍFICO sE hAlLA A uNA mEDIDA dE CUANTIFICACIONEs y sALVEDADES dE gNOsIS y ESOTERISmOS dE bASE cUANTIFICABLE ( mITOS dE iNTERPRETACIONES tARdÍAS y EXCLUYENTEs dE pENSAMIENTOS RAZONABLES ,,, ,,, ,,, ) pORQUE lO INSÍPIDO dE ESTA vÍA dE EXISTENCIA y nO RESPETUOSA cON lA fE vERDADERA pUES dESANIMA AL mÁRTIR cOMO TESTIMONIO dE ALEGRÍA y vERismO dE AFECTACIÓN sIMbÓLICA hACIA UN mUNDO VENIDERO dE

DESGRACIAS y pESARES dE hONDA AFECTACIÓN y CONSUMO dE

ESTUPEFACIENTES de pOROSIDADES y FRANQUICIAS dE mIl Y uNA foRMAS

dE gARANtÍAS y cURIOSIDADES dE tANtÍSIMO RENOMBRE dE oCUPACIONES y tONALIDADES dE mISIÓN ÚTIL y nO mESOZOICA

pUES TODO cAMPO

dE lEgÍTIMA cONQUISTA nO ES

sINO mOTIVACIÓN EXTRÍNSECA ANTE cURVIlÍNEAS mANTENENCIAS dE

fEMInIdAd y lÓGICA

sENSUALIDAD , ETC ETC EtcÉtERA

LARAZÓNDEUN«EXTRAÑORESULTADO»

CRÍTICATOMISTAALCRITICISMOKANTIANO

Kantquedóperplejoanteel«extrañoresultado»desudescubrimientodeque«los objetosdebenregirsesobrenuestroconocimiento»:agnosticismoenlotrascendente y fenomenismo en lo inmanente. Aristóteles, al decir que los modos de la predicación establecen las categorías del ente, había fundado el «realismo pensante».Kantredescubrióenlaauto-conciencialaoriginacióndelentendimiento, pero sus presupuestos racionalistas vaciaron la conciencia del yo reduciéndola a una «superestructura» lógica, y generaron así la pérdida del ser en el criticismo trascendentaldelquesurgiríaelidealismo.

Hasta aquíse ha creído que todo nuestro conocimiento debía regirse según los objetos, pero todos nuestros esfuerzosparadecidiralgoa priori sobreestosobjetospormediodeconceptos,afindeacrecentarasínuestro conocimiento, han quedado sin éxito en esta suposición. Ensayemos si no se obtendrá mejor resultado en cuestionesmetafísicassuponiendoquelosobjetosdebenregirsesegúnnuestrosconocimientos269 Aestaformulaciónexplícitayenérgicadelahipótesisencuyoestudioydemostración se ocupa en su totalidad la Crítica de la razón pura siguen unas reflexiones muy sorprendentesquesitúanallectorreflexivoanteinterrogantesqueversansobreelmismo sentidoeintencióndela Críticadelarazónpura ysobrelospresupuestosinexpresados quellevanaldesconcertante«fracaso»dela«tareaemprendida».SiguediciendoKant:

EstatentativaconsigueelresultadodeseadoyprometealaMetafísica,ensuprimeraparte,laquenoseocupa másquedelosconceptosapriori,ylosobjetoscorrespondientesyconformesaellosquepuedenserdadosen laexperiencia,lamarchaseguradeunaciencia[...]peroestadeduccióndelafacultaddeconocera priori da, para la primera parte de la Metafísica, un resultado extraño que es, al mismo tiempo, según toda apariencia, muydesventajosoparaelfindelasegundapartedeestaciencia.Esteresultadonoessinolademostraciónde que no podemos nunca sobrepasar por el conocimiento los límites de la experiencia posible, lo que es, sin embargo,elasuntoesencialdelaMetafísica270

Extrañoresultadoelquenuestroconocimientosobrelascosasqueseofrecenanuestra experiencianoalcanceapoderreconocersecomotalcomoalcanzandoaconocerlapor modo universal y necesario si no es a precio de reconocerse como no siendo «conocimientodelascosasensímismas»,sinosólo«comosenosmuestran».

Resultado perjudicial respecto de lo «trascendente» al universo de la experiencia humana, que Kant reconoce como el «asunto esencial de la Metafísica», como conclusión de haber demostrado la imposibilidad para el entendimiento humano de traspasar más allá del objeto inmanente fenoménico. Perjudicial pero inconsistente y contradictorio,porquesinotuviésemosennuestraconcienciadesujetosintelectualesy pensantes algún camino por el que nos fuese, de algún modo, alcanzable el sentido infinito del entender en cuanto entender, ningún hombre hubiera podido decir «solo sé

quenosénada»,niestaríaenlafilosofíahumana,comotemaapensar,eldelcarácter «potencial»,limitadoyfinitodelentendimientohumanoencuantohumano.

Que el intento kantiano de «fundamentación de la Metafísica» concluya, extraña y perjudicialmente, en el hundimiento de la Metafísica es algo de lo que habrá que encontrarlarazónenlapropiaobradelcreadordel«criticismotrascendental».

Martin Heidegger, en su Kant y el problema de la Metafísica -en que propuso la lectura de la obra kantiana no como una «teoría del conocimiento», sino como una «ontologíafundamental»-sostieneque,paraKant,elconocimientoestambién,esencial y primeramente, intuición. Alude al pasaje de Kant en que habla del conocimiento divino, hipotéticamente y ad hominem, notando que «todo su conocimiento debe ser intuición,ynopensamiento,que,entodocaso,manifiestalimitaciones»271 .

SireconocemosqueelpensamientoprofundodeKantestáregidoporelprincipiode laintuición,nosexplicaremosqueunatareaconcebida,alparecer,enreaccióncontrael empirismo de Hume concluya en la concesión de todo lo que, en aquel empirismo, hundíayprivabadesentidoalconocimientodelenteencuantoente,delalmahumana sustancialydeDioscomoenteprimeroyprimeracausadelente.

Esta hipótesis podría resultar orientativa. Lo que aquí me propongo realizar es una reflexión sobre algunos pasajes centrales de Kant en que este empirismo vivido y presupuesto se ejerce en los intentos de caracterizar aquello que el propio Kant afirma quetienequeserelcentrodeatencióncuandoqueremosinvestigarelorigendenuestros conocimientos:

Siqueremosinvestigarlarazóninternadeestaunióndelarepresentaciónhastaelpuntoenquetodasdeben convergerpararecibir,finalmente,launidaddelconocimientonecesarioparalaexperienciaposible,debemos comenzar,entonces,porlaapercepciónpura272 .

Kant llama «apercepción pura» a la conciencia de mí mismo como pensante. En el pasaje titulado (en la segunda edición de la Crítica) «De la unidad originariamente sintéticadelaapercepción»,escribe:

Elyopienso,olaconcienciademipensamiento,debepoderacompañaratodasmisrepresentaciones;deotro modo, algo podría ser representado en mí sin poder ser pensado [...] toda diversidad de la intuición está necesariamente en relación con el yo pienso, en el mismo sujeto en que se halla la diversidad. Pero esta representación se da en espontaneidad, es decir, que no puede ser considerada como perteneciente a la sensibilidad.Lallamo«apercepciónpuraparadistinguirladelaempírica273

Y,enunanotaañadidaaaquelpasaje,afirma:«Launidadsintéticadelaapercepción es el punto culminante al que se debe referir toda operación intelectual, incluso toda lógica, y toda filosofía trascendental. Es más, esta facultad es el entendimiento mismo»274 .

Laaudazidentificacióndelaapercepciónpuraconelentendimientoenuncontextoen quevaadecirKant

la unidad de la conciencia es lo único que forma la relación de las representaciones a objetos y, por consiguiente,suvalorobjetivo;esloquehacequelasrepresentacioneslleguenaserconocimientosysobrelo quedescansalaposibilidadmismadelentendimiento275

Podríahacernospensar,erróneamentepordesgracia,queKanthabíaredescubiertola concienciaqueunsujetointelectualtienedesímismo,aquella«memoriadesímismo» en acto que santo Tomás recibió de san Agustín, como la raíz y origen fundante del entendimiento como facultad de conocimiento de objetos. Si pensáramos en esta línea, recordaríamos que también San Agustín expresa la dificultad de distinguir en la mente humana la memoria de la inteligencia, aquella por la que entendemos las cosas con un acto de pensamiento que forma en nuestra conciencia la palabra mental en que expresamoslaesenciadeloentendido.

Tendremos que reconocer, no obstante, que Kant-que desconocía el pensamiento de san Agustín y el vigoroso sistema en el que santo Tomás lo sintetizó con la doctrina aristotélica sobre el conocimiento humano- no acertó, en sus esfuerzos por precisar su pensamiento, ni a definir la pertenencia de la apercepción pura al ser del espíritu pensante humano ni a liberarse de los malentendidos simultáneos y correlativos del intuicionismoempiristadeHumenidelintuicionismoracionalistacartesiano.

Kant se enfrenta a Descartes, que afirmaba la intuición intelectual de la sustancia pensante en el cogito. El hecho de que existo, que percibo siempre que pienso, lo interpretóDescartescomounaevidenciaeidéticayesencial,contralaqueKantironizaba diciendoque«Descarteshubieratenidoquereconocerelcarácterde“entenecesario”a todoentepensante».Pero,ensucríticaaDescartes,quedólejosdelasprecisionesque formularíanuestroJaimeBalmesaldistinguirlaverdaddehechodelaexistenciadelyo delpensamientoesencialsobrelanaturalezadelalma.

EnlapolémicakantianacontraDescartes,sepuedeadvertirque,enlanegacióndela intuiciónintelectualenla rescogitans, seconteníatambiénparaKantlanegacióndela cognitiodeanimasecundumquodhabetesseintaliindividuo -decarácterperceptivoe inmediato,peronopropiamenteintuitivo-quesantoTomásdistinguíaclaramentedela intelección de la esencia del alma -esta de carácter discursivo y originándose en la reflexión sobre la naturaleza de las especies inteligibles presentes en el hombre como principiodeconocimientodelasnaturalezasdelascosassensibles.

DescartesatribuíaalhombreloquesantoTomásafirmaenlassubstanciasseparadaso ángeles. Kant, que negaba esto con razón, no acertaba a reconocer aquella experiencia existencial que acompaña a todo acto de conocer objetivo y que, como veremos en entregasposteriores,es,parasantoTomás,ellugarconnaturaldelaluzinteligibleque, en la conciencia humana, ilumina las imágenes sensibles para formar, a partir de ellas, aquellas«especiesinteligibles».EsestremecedoralalecturadeotranotadeKantsobre eltextoque,enlasegundaedicióndela Crítica,tratadelos«Paralogismosdelarazón pura»,esdecir,discutelavalidezespeculativadelosconocimientosracionalessobreel alma humana. Vamos a leer íntegramente esta nota, en la que se percibe una reflexión realizadaduranteaños:

Elyopiensoes,comosehadicho,unaproposiciónempírica,ycontienelaproposiciónyoexisto.Peroyono puedodecir:todoloquepiensaexiste;pues,entonces,lapropiedaddepensarharíadetodoslosseresquela poseenentesnecesarios.Porconsiguiente,miexistencianopuedeserconcluidadelaproposiciónyopienso, comoDescarteslohacreído(puestoque,enotrocaso,lamayor«todoloquepiensa,existe»deberíapreceder, pero mi existencia es idéntica al cogito. Esta proposición expresa una intuición empírica indeterminada, es

decir,unapercepción(y,porconsiguiente,muestraqueyalasensación,quepertenecealasensibilidad,sirve de fundamento a esta proposición enunciativa de la existencia; pero precede a la experiencia, que debe determinarelobjetodelapercepciónenrelaciónconeltiempopormediodelascategorías.Laexistenciayano esaquíunacategoríaqueserefiera,noaunobjetoindeterminadodado,sinoaunobjetodelquesetieneun conceptoydelquesequieresabersiexisteono;delquesequieresabertambiénsiexisteonofueradeeste concepto.

Recordemos el sentido en que sostuvo Kant que «la existencia no es un predicado real»,esdecir,quenoesuncarácteraañadiralosqueconstituyenladefinicióndeuna realidad.Aquí,Kantdaalaexistenciaunsignificadoheterogéneoconeldesarrolladoal tratardelsistemadelascategorías.

Desdeelprincipiodesusplanteamientos,Kanthabíadichoquelosobjetossondados a una facultad intuitiva sensible, mientras que, por el entendimiento, son pensados. La sensibilidadesreceptivayelentendimientoesespontáneo.Peroaquínoshabladequela existenciadelyoesalgorealdado,paraañadirqueesdadoalpensamientoengeneral.

Una percepción indeterminada no significa aquí sino algo real que es dado [...] por consiguiente, no como fenómeno,nicomocosaensí(noú-menon),sinocomoalgoqueenlacosaexisteyque,enlaproposición«yo pienso», es designado como tal, pues hay que notar que, si he llamado a la proposición «yo pienso» una proposición empírica, no he querido decir, por ello, que el «yo» sea, en esta proposición, una representación empírica.Es,másbien,unarepresentaciónintelectual,porquepertenecealpensamientoengeneral.Pero,sin unarepresentaciónempíricaquedamateriaalpensamiento,elacto«yopienso»notendríalugaryloempírico noessinolacondicióndelaaplicaciónodelusodelafacultadintelectualpura276

Mientrasque,enelpárrafoveinticincoyenlacorrespondientenota,sehapartidode la afirmación de que el «yo pienso» es un acto de la espontaneidad y no una intuición empíricadelyofenoménico,peroseterminabasumergiendolamismaconcienciadelyo bajo lo fenoménico, Kant comienza aquí por afirmar el carácter empírico de la proposición«yopienso»paraafirmardespuéssuanterioridadalaexperiencia,presentar laexistencia«dadaalpensamientoengeneral»comoalgorealexistenteinmediatamente conocido como tal, y acabar matizando y propiamente corrigiendo la tesis del carácter empíricodel«yopienso»paraponerenlaexperienciasólounacondicióndelusodela facultadintelectualpura,alaquesedaelmismoyopensantecomorealyexistente.

Al decir Kant que «el yo pienso precede a la experiencia» está descubriendo el caracter «trascendental» de esta experiencia existencial del yo. Podríamos pensar que estaba dándose cuenta de que «la mente, antes de abstraer de las imágenes, tiene una noticiahabitualdesímisma,porlaqueescapazdepercibirseensuser»,comoafirma santoTomás277. Diríase también que, puesto que la mente humana se percibe existir al pensar algo en acto278, también Kant podría haber visto que la capacidad que por sí misma tiene la mente, por su esencia, antes de recibir de las imágenes, para esta percepción de sí misma, le da aquella «luz» habitual que santo Tomás afirmaba en la mentehumanasiguiendoaAristótelesyalaquellamó«entendimientoagente».

Pero,alestaralejadísimoestecuadrodeconceptosdesprestigiadoeincomprensibleen la modernidad filosófica, era imposible para Kant llevar a plenitud el hallazgo de la trascendentalidaddelyocognoscente,afirmandodenuevoeltradicional«precognito»de latrascendentalidaddelhombre,individual,concretoyexistente.

NicolásBerdiaeffnotóquela[teoríadelconocimientoderivadadeKantsustituyeelproblemadelhombrey desuposibilidaddeconocerelserporelproblemadelaconcienciatrascendental,porelproblemadelsujeto gnoseológico[...]cuando,enrealidad,lacuestiónfundamentaldelconocimientoesladelarelaciónquemedia entrelaconcienciatrascendentalosujetognoseológicoyelhombre,lapersonahumanavivayconcreta]279

Parece que hay que concluir la ausencia, en el pensamiento kantiano, del preciso cuadro de conceptos que había elaborado santo Tomás, y que, desde siglos, se había perdido en los mismos intuicionismos escolásticos y en las corrientes modernas que conocemosconlosnombresdeempirismoyracionalismo.

Kantnollegóacomprenderelactodeconcienciacomoposesióndelyoensuser,sino quevacilóentrelasopuestasdimensionesdeunainterpretaciónempíricaofenoménica, atribuidaalsentidointernobajolaformadeltiempo,olarepresentaciónformadaporla espontaneidadactivadelpensamiento,interpretandosólolaconcienciacomoelactode pensamientoporelquemepiensoamímismo.

El predominio del entendimiento como conocedor de objetos sobre su dimensión de posesión íntima del yo en acto invalidó el reconocimiento de la naturaleza intelectual, íntimaynoobjetiva,delaconcienciadelyoensuser.Quedó,denuevo,sinresolver,a pesardesuluminosacríticaal cogito cartesiano,lainternaconexiónentrelaconciencia del yo existente y el conocimiento intelectual objetivo, que había dado un sentido verdadero a la doble afirmación de la apercepción pura como la base orginaria del entendimientoocomoelentendimientomismo.

Desarrolléestacríticatomistaalcriticismotrascendentalkantianoenmiobra Sobrela esenciadelconocimiento. Enlapresentacióndelamisma,elprofesorEusebioColomer, tanreconocidocomocompetentehistoriadordelafilosofía,escribió:

Canals pone, decididamente, en el «haber» de Kant la fundamentación de la universalidad y necesidad del conocimiento intelectual en el carácter activo del sujeto y, en conexión con esto, la afirmación capital de la autoconciencia como condición última de posibilidad del conocimiento de objetos, subrayando, no obstante, como «debe» gravoso, la escisión de la conciencia entre un yo puro, consciente de su existencia -mas sólo a mododeunsujetológico-trascendentaldelconocimiento-yunyoempírico,quesóloseconoceasímismoen su cara fenoménica y no según su realidad en sí o nouménica. Kant, entonces, fue incapaz de reconocer la autocionciencia como autoposesión del yo según su ser, enraizadaconstitutivamenteenlasustanciaespiritual de la mente. Y es exactamente aquí en donde estaba en juego el éxito o el fracaso de su crítica. En último término,esenestedesconocimientodelserdelamenteendondehayquesituarlaraízdelfenomenismo,esto es,delasustitucióndelaunidadclásicadeconocimientoyserporlaunidaddeconocimientoyapariencia

HayquereconocerqueCanalstocaaquíelpuntomáscríticodelkantismo:laexistenciadelyotrascendental es dada, efectivamente, en la autoconciencia como algo real y no como puro fenómeno. Se trata de una existencia muy diferente de la que Kant atribuye a los objetos de la experiencia [...] en última instancia, es sobre este sujeto «trascendental» pero bien «real», presente y actuando en todo hombre, en cada sujeto «empírico», en el que se apoya y aguanta su obra entera. Canals tiene razón: todo depende de aquí. La afirmaciónolanegacióndela subsistencia en sí de la mente ydela mente individual es ellugar decisivo en donde se cruzan los caminos que conducen, respectivamente, a santo Tomás y a Kant, y podríamos también añadiraHegel280

Kant, heredero de los malentendidos «intuicionistas» del empirismo y del racionalismo,sesentíatambiéníntimamenteinclinadoatomarcomo«descubrimientos» losquehubieranpodidoser«redescubrimientos».Estabaajenoasuhorizonteculturalel reflexionar sobre el hecho de que, en el aristotelismo, los modos de predicación son el criterioparaestablecerladivisióndelenteensuscategorías:«Detantasmanerascomo

el ente es dicho, de tantas se significa que algo es y, por esto, las divisiones del ente serán predicamentos, porque se distinguen según el distinto modo de predicación»281 o quesantoTomáshubieseafirmadoque«loentendidosecomportacomoalgoconstituido yformadoporelactodeentender»282 .

Pero la razón última y profunda del vaciado logicista del yo trascendental, que Kant convirtió en un «ente de razón» constituido por la referencia al objeto de un sujeto reducidoarelacióndeconocimiento,estáenqueeraincapazdedescubrirelactodeser por el que subsiste el hombre personal, y en el que santo Tomás hacía consistir nada menosqueaquella«vueltasobresímismo»quenoessinolasubsistenciaensímisma. No pudiendo pensar el ser como acto -lo que, según Báñez, ni siquiera los tomistas querían oír-, tampoco pudo comprender el conocer sensible e intelectual como «cierto ser», tal como se esforzaba Cayetano en «meter en la cabeza de los que filosofan». Totalmente ajena a su horizonte la naturaleza comunicativa del acto, no podía reencontrar la naturaleza locutiva del acto intelectual, aquella por la que la palabra expresada por el hombre es el «elemento» y lugar natural de la manifestación de la verdaddelente.

Al estudioso que atienda a estas sugerencias le ofrezco, en el siguiente envío, un estudio sobre el entendimiento agente en el que podrá encontrar textos explícitos de la afirmación, por santo Tomás, de la trascendentalidad del hombre, por la que su pensamientotieneelinternodestinodemanifestarelenteensuverdad.

269.B16,33-37.

270.B18,30-33;19,15-25.

271.B71.

272.A116.

273.B132.

274.B134.

275.B137.

276.B422-424.

277 Deveritate, q.10,a.8,ad1

278 Deveritate, q.10,a.12,ad7.

279.NICOLÁS BERDIAEFF Ladestinacióndelhombre, JoséJanésEditor,Barcelona,1947

280.COLOMER, EUSEBI, «Entorn del llibre de Francesc Canals Vidal Sobre la esencia del conocimiento», en Espíritu.CuadernosdelInstitutofilosóficodeBalmesiana, vol.XXXVII.Barcelona,enero-junio1988,pp.8388.

281.Cf. InMetaphysicam, n.890.

282. Despiritualibuscreaturis, a.9,ad5.

LAANALOGÍADESANTOTOMÁSYLADIALÉCTICAHEGELIANA

La síntesis elaborada por santo Tomás con el instrumento de la analogía no es superacióndialécticadeopuestos,sino«composición»armónicaenelpensamiento de lo que está sintetizado en la realidad. La analogía hace posible escapar a las antinomias originadas en el pensamiento filosófico por la errónea comprensión «intuicionista»,quegenerólosempirismosyelunivocismoracionalistaycondujoal inconsistentepuntodepartidadeladialécticahegelianaaldefinirel«ser»comolo «inmediato indeterminado» y poner en marcha el movimiento del pensamiento postulandolafuerzaoriginariadelonegativo.

En nuestra situación contemporánea, una de las influencias más decisivas que han conmovidoydesintegrado latradiciónfilosófica gestadaenel mundocristianoapartir delasgrandescertezasracionalesdelpensamientogriego,incorporadasalainteligencia delafeporlosgrandesdoctores,yconlasquesantoTomásdeAquinohabíaelaborado eledificiodoctrinalmássólidoycoherente,es,sinduda,laseduccióndeladialéctica,el método de pensamiento característico del movimiento y de la aspiración de totalidad sistemáticadelasgrandessíntesisidealistas.

Sinexagerar,podríamosdecirquesuatractivosehapresentadocomoirresistiblepara influyentessectoresdelaculturaydelapolíticaoccidental,apenassinotroscontrapesos que el persistente cientificismo positivista o el ascendiente prestigio logicista de las filosofías analíticas; ellas mismas han renovado en neo-positivismo aquella tradición siempretendentealainmersióndelofilosóficoenlocientífico.

Me siento en la necesidad de afirmar, con toda sinceridad, mi convicción de que lo másperniciosoparalaculturahumanayparalavidacristianadelaseduccióndeestas corrientes de pensamiento ha sido el que demasiados se han acercado a ellas con una actitudqueleshahechoolvidarlosinsistentesconsejosymandatosporlosquelaIglesia católica les exhortaba a perseverar y profundizar en el estudio de santo Tomás de Aquino, para ser capaces no sólo de permanecer fieles a la filosofía perenne de la tradición escolástica, sino de juzgar de los demás sistemas de pensamiento desde la síntesisdoctrinaldesantoTomás.

Comopasoprevioaunafuturaaportaciónsobrelafuerzadelaanalogíacontenidaen la síntesis doctrinal de santo Tomás de Aquino para dominar el panorama del pensamiento contemporáneo, quiero aquí dejar sentadas algunas observaciones críticas enquesecomparalaanalogíatomistayladialécticahegeliana.

1.AlababaHeidegger402 queAristóteles,coneldescubrimientodelaanalogía,pusola filosofíasobreunabasecompletamentenueva.Elplatonismo,comoelpensamientodela escuela de Elea, de Parménides, estaba fundamentado sobre una interpretación que univocaba el conocimiento intelectual con la visión de un objeto ante los ojos. Esta

interpretación«ontologista»llevaríaaconstantesposicionesreduccionistasdelarealidad yempobrecedoras,porlomismo,delpensamiento.

2.Eldescubrimientoaristotélicodelaanalogíapresuponía:

a)Laconcienciadequealhombre,queeselvivienteencuantoquetiene logos, lees requerido«decirypensarqueloquees,es»,peroqueestoleexigedecirmúltiplemente acercadelente,quesenosofreceenmúltiplesydiversasmanerasdeser,ydecirlosegún proporcionalidaddelosmodosdeser,ysegúnlareferenciaquemuestranlasrealidades diversasaalgouno:lasubstanciaenelordenpredicamentaly,últimamente,Dioscomo primeracausadelente,Enteprimero,VivienteperfectoeInteligenteenactopuroenel ordendela«trascendencia»requeridaparadarrazóndeluniversoporsuprimeracausa.

b)Que esta necesidad constitutiva del decir ontológico tiene su fundamento en la realidad misma y en la pertenencia del pensamiento al ser; puesto que la multitud, la diversidad,lasingularidaddelossujetosdelosquedecimosquesonsegúnlasdiversas líneas en las que enunciamos el ser, y el cambio en los diversos órdenes en que la realidad es cambiante, se ofrecen a la experiencia humana y han de ser reconocidos y afirmados.

3.Laanalogíaes,así,elcaminodesíntesisporelqueelpensamientohumanoafirma eldevenirylapluralidaddelosentes,yescapazdealcanzar,alavez,unaexplicación de la totalidad de los entes mediante la afirmación de su fundamento causal unitario y eterno.

4.Lasíntesisdelaafirmacióndelmovimientoconladelserpermanentedelomóvil superaba, desde la verdad de la experiencia humana y de la intelección del ente, el contraste, pretendidamente insalvable, entre el ser y el devenir, que llevó a unos al monismo estático -que reducía a ilusión todo lo que no fuese mantener estable la afirmación de que lo que es es y que exigía considerar absurda toda alteración y toda multiplicidad- y a otros a la afirmación exclusiva y universal del cambio -que destruía todapermanenciasubstancialyelmismosujetocambiante.

Al establecer la «analogía» entre el ente en acto y el ente en potencia podía Aristóteles, como advirtió santo Tomás, escapar a la tenaza sofística que veía en la afirmacióndelmovimientoladestruccióndelprincipiodenocontradicción,notandoque el ente en potencia, el «ente capaz de ser», es lógicamente un término medio entre la pretendida insalvable contradicción del ente en acto y la nada. Lo mismo que no se muevetodavíapuedesercapazdemoverse;sedaenélelmovimientoenpotencia.«El acto del ente en potencia en cuanto que en potencia es, precisamente, el movimiento», queseráunactoenelquesedarálasucesividadmensurableporeltiempo.403

5.RespectodelaelaboracióndelaanalogíaaristotélicaytomistaporCayetano,laque reconoció Heidegger como la posición de una base fundamentalmente nueva para la filosofía, la filosofía de la modernidad tendría que ser considerada como un «descenso de nivel», una pérdida de radicalidad en el planteamiento. La estructura analógicoproporcional, que es propia de los inteligibles «trascendentales» y de los grados de perfecciónenlaparticipacióndelser,sóloespensabledesdeelreconocimientodelacto intelectual como un «decir» del ente, ya que sólo así tiene sentido reconocer que «se

dicendemuchasmaneras»talestérminos.Esto,asuvez,seenlazaintrínsecamentecon el reconocimiento de que el universo ontológico no podría ser abierto por universalizacióngeneralizadora,la«abstraccióntotal»queseparaeltododelaspartespolígonodecuadriláterootriángulo-sinoporabstracciónformal,queseparaloactualy determinantedeloqueesrespectodeelloreceptivoymaterial-enunalíneaanálogaala queseparalosinteligiblesmatemáticosdelosobjetosfísicosnumerablesymensurables, separandoasílaesferadelas«bolas»ocuerposfísicosdefiguraesférica.

Laabstracciónontológicasefundaenlaposibilidaddequeelentendimientodestaque en los entes su proporción al acto de ser y en los entes naturales la proporción de la materiaalaformaylaconceptuacióndelasdistintaslíneascategorialesrespectodelos objetosquesonloprimeramenteconocidoporunconocimientointelectualconunpunto de partida sensible, como es el humano. Pensamos así las substancias, las cualidades y las relaciones abstrayéndolas de las objetivaciones físicas que conocen los individuos materiales, las cualidades sensibles concretas y los parentescos y correlaciones de los entesnaturales.

En la metafísica occidental, las corrientes que no han andado por el camino recto abierto por Aristóteles han sido predominantemente regidas por el presupuesto del carácter intuicionista de conocer intelectual que, o bien ha desconocido el contenido inteligible del concepto universal, o incluso lo ha interpretado sólo como una representación debilitada del conocimiento inmediato (corrientes nominalistas), o bien interpretadocomoalgoinmediatamenteintuidoelcontenidodelconceptomismo,como sisenosdiese«antelosojos».Enestasegundaposiciónsehavueltoalaconsideración delconocimientosensiblecomoconfusoeinconsistenteysucontenidocomocarentede entidadverdadera.

6.Esta comprensión del conocimiento característica del intuicionis- mo racionalista haceimposibleladistinciónentreelmododeserdelacosayelmododeserpensadaen el concepto, instrumento necesario de una «crítica metafísica del objeto afirmado», segúnloexpresóMaréchal.

El univocismo, al ser hegemónico en la modernidad, tiende, en lo categorial, a reduccionesunidimensionalesenlacomprensióndelmundodelaexperienciasensibley consciente-cuantificacióndelocualitativo,«actualización»delosubstantivo,negación delasrelacionesointerpretaciónrelacionaldelassubstancias-yaldesconocimientode líneasdecausalidad.

Enelplanotrascendental,elunivocismoobróelvaciadodecontenidosignificativode los términos trascendentales. Del esencialismo codificado por Suárez, que todavía entendíalarealidaddelaesenciacomoaptitudparaexistir,queesenactocuandoexiste, se pasa en Wolff a definir el ente como «lo posible», es decir, lo concebible sin contradicción, mientras que en Kant los conceptos trascendentales supracategoriales desaparecen propiamente y no son sino formas vacías, y la esencia viene a ser suplantada, en el orden del fenómeno, por la objetividad, entendida con acuerdo en las condicionesdeposibilidaddelaexperiencia.

7.De aquí que la revolución copernicana de Kant, al redescubrir la espontaneidad activadelsujetopensantecomofundamentodeunarenovadacomprensióndelavalidez del lenguaje ontológico, no pudiese conducir sino al «extraño resultado» del fenomenismo; mientras que la reflexión sobre el sujeto trascendental redujo a este a sujeto para objetos, a ser un sujeto «formalizado» y «objetivado», en el que no se experimentanisepuedepensarel«ser»delhombrequepiensa.

8.Kant carecía así de fundamentos especulativos para afirmar la realidad de lo «en sí», más allá del horizonte fenoménico, mientras que tiene el sentimiento, o la «fe filosófica», de la necesidad de afirmar la dualidad fenómeno-noúmeno por una motivaciónética:ladehacerpensablelalibertad,postuladoconstitutivodelimperativo moral.

9.Eldescubrimientokantianodeladialécticadelarazón,queHegelinterpretócomo punto de partida del acceso de la filosofía a ser, en verdad, saber absoluto, es, en realidad, explicable por el radical nornialismo y univocismo del lenguaje ontológico kantiano,deprofundatradiciónwolffiana.

El propio Hegel advirtió que lo que Kant descubre es «la necesaria contradicción puesta en la razón especulativa por las determinaciones del entendimiento» y venía a reconocer que la pretensión de pensar lo trascendente y divino desde un contenido objetivo unívoco con el ente predicamental origina el enfrentamiento de doctrinas contradictoriamenteopuestas,enfrentadasentresíamododetesisyantítesis.

10.El idealismo absoluto de Hegel pretende superar la dualidad kantiana entre lo fenoménico y lo nouménico y cancelar así el doble mundo en que se había mantenido todavíaKant.Elinstrumentodeello,queenrealidadeslanegacióndelaverdaddelo finitoylomúltiple,eselmétododialécticoque,siseatiendeasuprecedentefichteano, se manifiesta como una opción de la praxis humana cuanto constituida en principio absoluto.

11.En la perspectiva de su pretensión especulativa, la dialéctica hegeliana afirma la identidad de la racionalidad con la realidad, de lo absoluto con el pensamiento puro y concibe lo absoluto como el auto-movimiento del concepto que, estimulado por la seriedadylafuerzadelanegación,seconcibeasímismoenelprocesodialéctico.

Para comprender las motivaciones profundas del insalvable contraste entre la dialéctica hegeliana y la analogía tomista como caminos de síntesis unificadora de la pluralidad y el devenir, tenemos que fijar la atención en dos dimensiones radicales y originarias de la dialéctica de Hegel, muy relacionadas entre sí: la culminación, en la dialéctica de Hegel, desde su punto de partida, del pensamiento racionalista condicionado por la comprensión intuitiva del entender, y el sinsentido y carencia de fundamentacióndelcaminoporelqueHegelpretendetraspasarelserenlanada,latotal determinación de toda determinación y especificación en los entes. Por este segundo aspecto,Hegelestáencontinuidadconlatesisspinozianadequetodadeterminaciónes negación y hay que recordar que, a pesar de la distancia que parece separarlo de un monismo naturalista y estático, el propio Hegel se reconoce heredero de Spinoza al afirmarque«enéltienesuiniciolaFilosofía».

12.El punto de partida intuicionista del univocismo racionalista, que da el punto de partida al movimiento dialéctico, lo advertimos si atendemos a la definición que pone Hegel como punto de partida de su Lógica: «El ser es lo inmediato indeterminado». Porque el primer concepto es el «ente concretado en la quiddidad sensible», que si de algún modo, aunque reconociendo el proceso abstractivo por el que conocemos directamente lo universal inteligible, podría ser calificado de «inmediato» no es, en modoalguno,indeterminado.Aestaindeterminaciónnosellegasino«devuelta»delas operacionesdeabstracción«formal»quedestacanloactualdelopotencialycomún,por elprocesodeabstracción«total»queseparalouniversaldesusinferiores.

Porestecamino,porelqueelintuicionismoracionalistapretendeencontrarlamáxima universalidad e inmediata inteligibilidad en lo que es ya un proceso de «recorte» y separación respecto de los objetos naturales y metafísicos, el «concepto» resultante resulta,ciertamente,vacíoysincontenidoy,paradójicamente,laidentidaddelserydela nada,lejosdeserunasíntesisdeopuestos,seobtieneporesteprocesodevaciamiento, derivadodelaconfusiónintuicionista.

Mientras que, para Cayetano, intérprete del aristotelismo tomista, el ente «inmediato para el pensamiento», es decir, como primum cognitum intelectual, está concretado en lasesenciasdelosensible,yelentecomoobjetometafísiconoseabstraeamododeun género, sino que destaca la referencia trascendental de las esencias categoriales al acto de ser, en Hegel se supone que es inmediato para el pensamiento el ente totalmente indeterminado,esdecir,elqueresultaríadeunaimposiblegeneralizaciónenbuscadela máxima universalidad, lo que, en todo caso, ya no podría ser llamado nunca «inmediato».

De aquí que la caracterización del ser, supuestamente inmediato indeterminado, muestra bien el carácter de forma sin contenido, sin realidad esencial, es decir, simple, inmediata y estáticamente idéntico con la nada. Hablar de la fuerza y seriedad de lo negativoybuscarunapretendidaantítesisdelanadafrentealser,quepongaenmarcha elmovimientodialécticodelpensamientoabsoluto,esunodelosmásaparatososjuegos depalabrasquesehandadoenlahistoriadelpensamientohumano.

13.La segunda dimensión es que, a pesar de esto, Hegel quiere tomar la negación como el estímulo del movimiento del pensamiento. Puesto que mi intento aquí está al servicio de dar a conocer, en su verdad, la síntesis elaborada por santo Tomás con el instrumento de la analogía, el contraste insalvable con la desintegradora síntesis dialécticahegelianaloveráellectoratendiendoaloque,parasantoTomás,dasentidoa losjuiciosnegativos:

Nosepuedeatribuirladistinciónalaoposicióndelaafirmaciónydelanegación;porquetaloposiciónsigue aladistincióndelascosas,ynolacausa[...]que«esto»nosea«aquello»sesiguedequesoncosasdistintas. Igualmente,esevidentequelaverdaddecualquiernegaciónenloqueexistesefundasobrelaverdaddeuna proposiciónafirmativa.Asícomolaverdaddeestanegativa«eletíopenoesblanco»sefundasobrelaverdad de esta afirmación «el etíope es negro»; y, por esto, es necesario que toda diferencia, por oposición de la afirmaciónydelanegación,sededuzcaaladiferenciadealgunasproposicionesafirmativas404

Mientraselmonismoestáticodesconocelapluralidadyelmovimientoapartirdeuna interpretaciónintuicionistadelconceptodeente-enParménides-odelasubstancia-en

Spinoza- el monismo del devenir, cuyos momentos culminantes encontramos en Heráclito de Éfeso y en Hegel, destruyen también la diversidad y pluralidad en el universo real, pero lo hacen pretendiendo reconocer la primacía al devenir, a la pluralidadyalanegación.

Lahegemónicainfluenciaque,demodoexpresouoculto,tienesobrelamentalidadde nuestros días la dialéctica hegeliana explica el carácter obvio con que la mayor descalificación cultural, política, filosófica o teológica consista en denunciar, como el máximo riesgo de inautenticidad, cualquier actitud que no se proclame, desde un principio,alserviciodel«pluralismo»yel«cambio».

La pluralidad se presupone como si estuviese en el punto de partida y en el fundamento mismo de cualquier realidad natural o espiritual. El devenir es afirmado como lo único verdadero y permanente. La negación es sentida como el estímulo y la garantíadelaaperturaalpluralismoyalcambioenqueconsistelavidayelprogresode loshombres,delospueblosylasculturasydelasreligiones.

Es urgente, en nuestra situación contemporánea, la atención a los espléndidos conceptosdesantoTomássobrelouno,entendidocomoatributotrascendentaldelente, ydefinidocomo«laremoción,encadaunodelosentes,delaposibilidaddequeseaen él negado aquello que es afirmado en virtud de su ser y de su esencia». De esta definición de lo uno trascendental, que parte, como hemos visto, de la primacía de la afirmaciónydeladependenciadelosjuiciosnegativosrespectodelapluralidadrealde los entes, podrá deducir santo Tomás la participación de lo múltiple en lo uno y la primacíadelaunidad.

Sigamosatendiendoasustextos:

Lounoseponeenladefinicióndelamultitud,peronolamultitudenladefinicióndelouno.Ladivisiónes concebida por el entendimiento a partir de la negación, de manera que, primero, entendemos lo que es; secundariamente,queesteentenoesaquelente;y,así,aprehendemosladivisión;entercerlugar,concebimos todoloqueescomouno,esdecir,comono-dividido;y,encuartolugar,concebimoslamultitud405

Es el momento de reflexionar que lo que podríamos llamar «el monismo de la pluralidad» hace impensable, como siendo reales y verdaderas, cualquiera de las cosas puestas como elementos de esta multitud plural. La absolutización del pluralismo religiosoequivalealanegacióndelareligiónensuesenciaeincluso,porlomismo,la posibilidaddedistinciónentrecadaunadelas«confesiones».

Santo Tomás de Aquino, al haber reconocido la realidad de lo plural, de lo distinto numéricamente en los individuos de una misma naturaleza específica, de las diferentes naturalezasenlacomunidaddeungénero,delasrealidadesheterogéneas,yentreellas de las gradaciones diversas en su contenido de actualidad y riqueza ontológica, ha podido definir bien el concepto trascendental de lo uno y, por lo mismo, establecer genialmentelaexplicaciónfundadadelarealidadpluraldeluniverso:

Lamismamultitudnosecontendríabajoelentesinosecontuviese,dealgunamanera,bajolouno.Puesdice Dionisio,enelúltimodeltratadosobrelosnombresdivinos,quenohaymultitudquenoparticipedelaunidad. Sinoquelascosasquesonmuchasensuspartes,sonunasensutodo;lasquesonmuchasporsusaccidentes, sonunasensusujeto;ylasquesonmuchasenelnúmero,sonunasenlaespecie;ylasquesonmuchasensu especie,sonunasensugénero;ylasquesonmuchasensusprocesossonunasensuprincipio406 .

402 SeinundZeit, n1.

403.Esta definición de lo «en potencia» como término medio entre el ente en acto y el no-ente corresponde, propiamente,ala«materiaprima».Nuestromaestro,elpadreOrlandis,notabaquelasíntesisdesantoTomás quedaba radicalmente imposibilitada siempre que quienes pretendían ser aristotélicos venían a concebir la materiacomounaciertaformademenorniveloriquezaontológica,perosinsituarlaensuverdaderosentido quelarefieretrascendentalmentealaformasubstancialperonolapiensa,enmodoalguno,comoforma.Decía lomismoencuantoalatendenciaanoadvertirlaheterogeneidaddelacategoríaderelaciónrespectodetodas las categorías «absolutas». Precisamente, la extendida tendencia a suponer que la más adecuada definición «formal»delapersonaconsisteenentenderlacomomera«relación»,negandolaconsistenciasubstancialyla existenciapropiadelentepersonalensímismo,mesugieretambiénaqueldesconocimientodelcarácterpropio de la relación, que ni constituye, ni determina, ni cualifica un ente subsistente, sino que, precisamente, lo refiere.

404 Depotentia, q.10,a.5,inc.

405 STh. I,q.19,a.2,ad4.

406 STh. I,q.11,a.1,ad2.

f.cANALS Es pUNTAL dE uNA fILOSOfÍA sistÉMICA Al sERVICIO dE uNA ESPOSA vIRGINAL y ECUÁNIME cON SU SEÑOR JHS !!! !!! !!!

lOS ÁRBOLEs sE cONOCen pOR sU tAlLO vIRGINAL y fOLlAJE dE tRANSICIÓN pUES lA dIGNIDAD hUMANA

Es dE tAL cALIBRE EN lA mIRAdA dE uN dIOS dE rESPETOS

A lA cONDICIÓN hUMANA sEA QUIEN sEA en sU ÉPOCA y tEMPORAlIDAD ÚNICA y diApAsÓN dE

ADVENIMIENTOS dE

uNA ASAMBLEA dE ESTILOS y mAGnIFICENCIA dE oRO y pEDRErÍAS pOR sU iNAGOTABLE rÚBRICA dE

sINTOMATOLOGÍA vENIDERA hACIA uN

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muERtE dE uNA mUJER ‘ dONADORA dE vIDA ‘ dE bRUSQUEDadES sIN fIN Q nO oBEdECE pArÁMEtROS dE vIDA dE mENGUAS y psÍQUIcAMENtE enMUDECIDA !!! !!! !!!

oBRA mAESTrA dE cINEFILIA “ clÁSICA y nO iRrEDUCIblE “ gRACIAS d. AlfREDO iRLANdÉS dE pURA

cEPA

AFINCADO EN EE. UU. �

Teoría y Praxis en la perspectiva de la dignidad del ser personal

«En el princ1p10 era la Acción.» En la pretendida interpretación del texto evangélico que expresa Fausto en el momento anterior a la aceptación del pacto con Mefistófeles, podríamos ver expresada una actitud que define para muchos la del hombre occidental moderno: el hombre fáustico.

«Nadie os traza el camino que debéis seguir...; mi único consejo es: lo que te propongas, óbralo sin temor», dice Mefistófeles. «No trato de buscar la felicidad» responde Fausto. La quietud es contraria a la vida. «La medida óptima del temple de un hombre es la más agitada actividad.»

El conocimiento de la naturaleza como instrumento del dominio del hombre sobre ella, de Bacon de Verulamio; la opción, de que habla Lessing, por la búsqueda, ofrecida por la mano izquierda de Dios, con preferencia a la verdad; el desplazamiento de la filosofía como contemplación del mundo por la praxis que se ocupa en transformarlo, del marxismo; la voluntad de voluntad nietzscheana; en todas estas actitudes, la primacía de la acción, no condicionada en sí misma y en cuanto tal por fines que la trasciendan, no legislada por una normatividad natural -para la libertad de la acción no hay naturaleza sino a modo de obstáculo a superar u ocasión en que ejercerse, al modo del no-yo en el sistema de Fichte- ni por una teología que la ordene a un bien absoluto, es siempre la expresión de un antropocentrismo que quiere alcanzar su radicalidad última. Ya Aristóteles había afirmado que la superioridad de la prudencia y de la política sobre la sabiduría sólo tendría sentido si se afirmara también que el hombre es lo supremo en el ente. Hablaba así a modo de argumento por reducción al absurdo. Para él la praxis sería constitutivamente imposible, y la tendencia que la impulsa inconsistente y vacía, si no tuviese sus principios en los fines a que aspira. No se daría lo elegible si no fuese como tal lo

ESPIRITU XX.V (1976) 121-127

FRANCISCÚ CANALS VIDAL

ordenable al fin; un fin últimamente no elegible sino por sí atractivo y corno tal querido. La voluntad del fin precede y fundamenta a la elegibilidad de lo práctico.

A la intención, que considera prácticamente el fin corno término del obrar, que hay que conseguir a través de los medios elegibles, precede la estimación y conocimiento de lo que es en sí mismo bueno. La subordinación de la prudencia y la política a la sabiduría se funda en el carácter teorético del juicio sobre el bien. La contemplación del bien óptimo y fin último universal «en gracia del cual se ha de obrar todo lo que se obra», pertenece a la fi. losofía primera, a la sabiduría especulativa.

Contra este carácter de la contemplación del bien corno fundante y orientadora de la vida humana a sus fines, se rebela precisamente el radical antropocentrismo que quiere ejercerse en la primacía incondicionada de la acción. Todo fin que sea «aquello a que la acción tiende» ha de quedar excluido si la acción no puede tener otro principio que ella misma. Por esto Fausto, declara que no busca la felicidad, para dar así garantía de su compromiso, de su entrega al movimiento sin descanso.

No podría negarse que en nuestra sociedad contemporánea occidental este ideal actúa, llenando paradójicamente eí ambiente y viniendo a ser el programa común y uniforme de los movimientos de no-conformismo e inquietud que orientan los sectores de «vanguardia» en la política, en el arte, en la cultura y en la teología. Y no podría negarse que esto ocurre en un mundo en que se ejerce a escala planetaria la planificación, la programación, la objetivación, la racionalización, es decir, en el que impera esta «metafísica» de nuestros días que es para Heidegger la tecnología como ejercicio de la voluntad de voluntad. Ocurre también que es de un modo progresivamente uniforme y «propagado», en el que se dice que «cada uno» se niega a ser alienado, cada joven se niega a ser manipulado, cada mujer se niega a ser «objeto».

Podría interpretarse este proceso, con el triunfalismo filisteo de los tecnólogos de una política educadora y conformadora de la sociedad, corno el impacto de las tareas progresivas de los dirigentes de la planificación en el progreso de la toma de conciencia de las nuevas generaciones. Las alienaciones, las opresiones y manipulaciones, la reducción a «objeto», pertenecerían constitutivamente a la tradición y al pasado; sería sólo un lastimoso malentendido el que haría que algunos las atribuyesen a la evolución progresiva de la sociedad industrializada y tecnificada, es decir, regida por una ciencia puesta al servicio de la rápida transformación de las condiciones de la vida humana.

Tengo la convicción de que los que piensan así no han alcanzado a una reflexión profunda sobre los problemas de la existencia del hombre contemporáneo, y que influidos por las propagan-

TEORÍA Y PRAXIS EN LA PBRSPECTIVA DE LA DIGNIDAD 123

das y arrastrados por lo que públicamente se dice cada día, no han caído en la cuenta de que el antropocentrismo expresado en la primacía absoluta de la praxis se ha constituido a sí mismo en una metafísica absoluta y aún en una religión, que al adorar la libertad y la historia, la acción y el progreso, no tiene nada serio y último que decir sobre el «pobre» individuo humano, el que está en la naturaleza de las cosas, el hombre empírico y «fenoménico», sobre el Cayo o Sempronio que tritura Fichte en nombre del carácter absoluto, activo y libre, del espíritu, sobre el «quien» que no puede dar razón de sí mismo en el contexto del lenguaje verdadero, en el duro diálogo de la fenomenología del espíritu hegeliana. El mito del hombre como puro sujeto activo, libre e incondicionado, sin naturaleza ni ley natural, sin subordinación a fines a los que aspire por una inclinación impresa en su ser substancial, se refiere un «para-sí» inexistente en la realidad natural. Cada uno de nosotros, considerado en sí mismo, queda reducido al plano de lo objetivo y natural, que en definitiva sólo es para la libertad campo de acción, resistencia a vencer, y también destinatario de la propaganda de la rebeldía y del movimiento permanente.

De aquí la paradoja de la situación contemporánea, en la que se produce un uniforme no-conformismo como triunfo de la hegemonía de una filosofía de movimiento universal y permanente, pero en la que la conciencia de opresión y aplastamiento por parte de esta sociedad progresiva es, en un sentido mucho más profundo, verdadera y auténtica.

El hombre concreto e individual, la persona, la substancia individua de naturaleza racional, el espíritu subsistente «en carne y hueso», es totalmente heterogéneo respecto de la nebulosa de la ilimitada y absoluta acción postulada por la metafísica de la primacía de la praxis.

«Sois lo que sois», responde Mefistófeles con ironía trágica a Fausto, al darse cuenta éste de que lo que busca sólo puede alcanzarlo un dios, y de que está tan distante del infinito como lo estuvo siempre antes de su compromiso de movimiento permanente. «Sois lo que sois», visto como objeto, como «en-sí», como ente de la naturaleza, como parte del absurdo y nauseabundo existente, se os continúa viendo sometido a la necesidad ciega y compacta. Al ser mirados no somos sino cosas, y las cosas son como son.

En verdad que, cancelada la primacía de la contemplación y con ella la verdad y el bien en lo que es, deja de tener sentido final el «ver», aunque fuese reconocido, o más bien precisamente si fuese reconocido, como aquello a que todos los hombres tienden por su naturaleza. Deja de tener sentido la admiración y la teoría, la actitud de detenerse a mirar, que sería anulación de la vida para el que así se detiene. ·

Al cancelar la primacía de la contemplación, el antropocentris-

FRANCISCO CANAL$ VIDAL

mo radical expresado en la primacía absoluta de la praxis cancela el reconocimiento de aquello que es dignissimum in tota natura. Persona es nomen dignitatis, pero esta dignidad entitativa no puede ser admitida, ni en sí mismo ni en el prójimo, por el Jiombre en'diosado y suicida entregado al mito de la acción sin fin.

Demasiados 'hombres concretos y reales habrán sido víctimas de esta seducción de desprecio al ser y a la verdad por la afirmación del para-si como pura actividad y libertad, para que no reconozcamos que ha podido tomar fundamento la acerba fenomenología sartriana sobre el «ser mirado». Porque desde la incondicionada afirmación de la voluntad y de la praxis la mirada es sólo dominadora, y por esto ofensivamente «inspectora» y aplastante.

Esta fenomenología del mirar pretende apoyar con un argumento existencial el antiteísmo postulativo del existencialismo ateo. Dios sería el «inspector» infinito, cuya mirada eterna y omnipresente anula toda posible libertad.

Ahora bien, esta argumentación antiteística y la fenomenología de la mirada humana en que se apoya hacen patente el drama del humanismo ateo. Y nos invitan a dar una respuesta ad hominem al sin sentido de un antropocentrismo que recusa la verdad y el bien en el ser y la contemplación y el amor en la felicidad del hombre.

Atendamos con sinceridad a la situación del hombre contemporáneo, en la sociedad regida por una voluntad planificadora al servicio de sí misma y sin fines «especulativos». Lejos de ser aplastado por la mirada del prójimo, hallaremos tal vez que en su trágica soledad, perdido en lo público y sumergido en la socialización impersonal de pretendidas «relaciones humanas», este hombre podría ser caracterizado con el título de: «el hombre a quien nadie miró».

El lenguaje de una ciencia que sirve a la efectividad técnica utiliza cada vez más un extraño modo de significar: llama fenómeno sociológico al paro obrero, experiencia patológica a la enfermedad, y problema psicológico al que debería llamar mental o psíquico o tal vez espiritual. La estadística y la encuesta se formalizan matemáticamente en una sociología que no contempla esencias en los grupos o relaciones sociales, pero cuya concreción y aplicabilidad exige, como a la reflexología y a la psicología de la conducta, no detenerse a contemplar sino aquello que puede ser, por el cálculo, dominable.

En los medios de comunicación social se utiliza a veces la expresión «es noticia» para atribuirla a personas o acontecimientos. Se pone así de manifiesto su inclinación a ocuparse y a 'hablar de «aquello de que se ocupan y hablan» aquellos mismos medios de comunicación. Aparece un extraño mundo nuevo de entidades como de «secunda intentio» que podría definirse como

TEORÍA Y PRAXIS EN LA PERSPECTIVA DE LA DIGNIDAD 125 el del «ente es noticia», lo que tiene ser en el mundo de la noticia y cuya entidad o esencia consiste en la noticiosidad.

Hemos podido hacer muchas veces la experiencia desconcertante de ver hasta qué punto son los hombres distintos de su traducción en «ser de noticia». Valores y deficiencias, carácter y aptitudes, y no sólo su vida personal y familiar sino incluso la profesional y política, difieren, a veces con radical heterogeneidad, de lo que ha alcanzado a traspasar la misteriosa frontera que separa la desconocida realidad de la prestigiosa noticia. El hecho responde a la utilización dominadora, a la finalidad política y no teorética, de los medios de comunicación social. El hecho sena menos grave si el hombre continuase siendo conocido a nivel doméstico por sus familiares y amigos; pero ahora que la «tercera edad» es también un «tema sociológico» y de programación sociopolítica, está ocurriendo cotidianamente en las grandes ciudades la vida y la muerte solitaria de los ancianos, mientras la infancia parece estar destinada por el progreso y por la emancipación de la mujer a ser atendida por el Estado por personal especializado, o entregado en los niveles económicamente más altos a la atención mercenaria y utilitaria de los baby seekers. Un literato conocedor del mundo de hoy podría fingir, con fundamento en la realidad, la biografía novelesca de este «hombre a quien nadie miró», que podría haber sido reiteradamente fotografiado, radiografiado, sometido a análisis clínicos y test psicológicos, y cuyos datos podrían estar archivados en abundantes ficheros y memorias electrónicas. Este hombre podría haber vivido constantemente inmerso en grupos multitudinarios. ¿ Podríamos imaginar el tipo de «problema psicológico» que se daría en un hombre así desde su infancia y en su adolescencia y al acercarse a la juventud y a la madurez? ¿O acaso no es un problema así el que afecta a compañeros o convecinos o familiares nuestros? ¿No tiene que ver con esto la difusión de las drogas y el suicidio juvenil?

El «ser mirado», con mirada desinteresada, contemplativa y amorosa, lejos de ser destructor y anonadante, es una exigencia radical de la existencia y de la vida humana personal. Kant habla del imperativo de considerar al hombre siempre como fin y nunca como medio, pero el formalismo ético enlazado a la primacía de la razón práctica no puede dar fundamentación a tal exigencia. Sólo si se reconoce teoréticamente el ser personal como lo que es dignissimum in tata natura y -puesto que el ente se convierte con el bien- como lo bueno «honesto» máximamente, como el único término posible del amor de amistad, queda fundamentada la comprensión del ser personal como el fin y bien propiamente y por sí mismo amado, ya que todo lo demás sólo puede ser deseado, querido, para la persona.

Por esto la vida personal quedaría negada si se diese a la mi-

rada sentido instrumental o útil en orden a la efectuación de resultados proyectados «sin temor» por una acción no radicalmente exigida y atraída por lo bueno en sí. Un hombre podría haber sido muchas veces mirado en este sentido -quizá para diagnoscar y dictaminar sobre la oportunidad y procedencia de su eutanasia- y sentirse íntimamente en la situación trágica del hombre a quien nadie miró. La fenomenología sartriana, en su proterva unilateralidad, no considera sino aquella situación que es precisamente la creada en el orden de las relaciones sociales por la pretendida autarquía de una subjetividad que quiere ser libertad incondicionada, y que es por ello mismo ceguedad soberbia y arbitrariedad anárquica e implacable.

De aquí que en el mundo en que se quieren proclamar los derechos humanos desde una perspectiva de antropocentrismo radical, se pueda palpar en el ambiente el advenimiento del temor. La opción de la voluntad imperante y planificadora puede hacer suceder la decisión eutanásica al apremio de la atención hacia los subnormales o hacia a la lucha contra el cáncer. Se optará en su momento, según lo que se quiera conseguir y según parezca útil, supuestos los datos que ofrezca la pirámide demográfica, y el equilibrio entre la producción y el consumo. No es anecdótico que sea desde presupuestos doctrinales y actitudes ideológicas desde las que se combate la pena de muerte, donde se comience a proclamar también como derecho humano, como derecho de la mujer, el aborto.

Si creemos ver en esto una inconsecuencia es porque está presente todavía de un modo amplio y profundo, más de lo que se admite expresamente, la concepción cristiana del hombre y la elaboración teorética sobre la misma que fue principalmente obra de San Agustín, y que es parte nuclear del patrimonio espiritual y cultural de Occidente. Pero aquella paradoja no es inconsecuencia para quien se sitúe en la perspectiva de las concepciones filosóficas para las que son ilusión el yo personal, su libertad y albedrío y su responsabilidad moral.

La soledad y opresión del 'hombre contemporáneo son efectos connaturales de la hegemonía creciente de la metafísica del idealismo de la voluntad y de la acción, en Za que hay que incluir, pese a cuestiones de palabras, el marxismo. Primacía incondicionada de una praxis «sin temor», y también sin respeto ni amor hacia lo que es en sí fin y bien.

Desaparecido el reconocimiento contemplativo de la verdad y del bien, queda sin fundamento una distinción que fue fundamental para el pensamiento griego, y que el pensamiento occidental cristiano mantuvo en lo profundo aunque con terminología menos rica y precisa.

Me refiero a la dicotomía praxis-poiesis. La praxis es la acción humana deliberada y elegida, en cuanto orientada a la perfección

'tEORÍA Y PRAXIS EN LA PERSPECTIVA DE LA DIGNIDAD 127

del hombre, al bien humano como dice Aristóteles. Sus hábitos perfectivos son las virtudes éticas y la prudencia, que perfecciona el entendimiento práctico para la recta elección. La poiesis es la eficiencia humana en cuanto causativa racionalmente de perfección y bien en lo efectuado por el hombre; su hábito perfectivo es la tejne, que se tradujo al latín por ars, y que es la virtud de la razón en su función poiética, regulativa de la poiesis humana en cuanto productiva de efectos.

Praxis y paiesis se entrecruzan constitutivamente, pero para el ¡pensamiento helénico se mantenía precisa la distinción entre el sentido y finalidad de una y otra, que en cuanto tales son distintas e irreductibles Mientras en el plano ético es reprobable el que yerra o causa un efecto deficiente por voluntad consciente, en el orden técnico será deficiente el que yerra cuando quiere acertar, mientras qu e el que produce de intento e! efecto deficiente muestra con ello el dominio que tiene sobre los efectos que produce. Lo que en el lenguaje ordinario llamamos un hombre práctico sería llamado correctamente, en esta terminología griega, un hombre capacitado o hábil en el plano poietico o técnico. La perfección del hombre práctico se entiende, desde aquella misma terminología helénica, como definida por la prudencia y las virtudes morales.

Para una praxis no normada en sí misma por una ley natural, y para la que las leyes «de la naturaleza» no son sino la condición según la que ejercer su dominio, que en cuanto praxis es autárquico e incondicionado, carece de sentido la distinción entre la rectitud moral y la eficacia técnica.

Si el antropocentrismo radical de la primacía de la praxis reduce lo teorético al constituirse la acción en algo absoluto, con ello sucumbe la praxis misma y la moralidad, que quedan identificadas con el poder activo y eficiente de la razón. La que quiere ser libertad suprema, viene a ser sumisión del hombre a una actividad transformada en control tecnológico y planificado, al servicio de su utilización como instrumento de ·procesos de producción-consumo.

Si tenemos presente aquel desprecio «filosófico» por la substancialidad espiritual y personal del hombre y por su libre albedrío, que inspira las concepciones ideológicas dominantes en el Occidente contemporáneo -en lucha con su tradición cristianacomprenderemos que no es un contrasentido, sino algo fundado en el dinamismo propio de una política constituida en religión y que concibe el Estado como providente del hombre, el que 1.la comunicación de las ideas sea técnica de propaganda y publicidad, la educación se transforme en manipulación o en amaestramiento para causar técnicamente un ~rendizaje, y la reflexología y el conductismo sean los métodos de este modo de comprender el gobierno de los hombres.

FRANCISCO CANALS VIDAL

La inhumanidad y unidimensionalidad no son accidente o anécdotas, sino que brotan de la raíz del humanismo ateo y ponen de manifiesto su trágico sinsentido. Esto nos lleva también a constatar la impotencia ante esta situación de todo intelectualismo teoreticista, que será estéril e impotente, y que es radicalmente opuesto a lo que es más nuclear y decisivo para un pensamiento cristiano auténtico sobre la persona humana. El 'hombre no soportaría tampoco ser mirado únicamente como dato para un estudio científico universal sobre la naturaleza humana.

Frente a las escisiones entre la teoría y la praxis y frente a la autosuficiencia inhumana de una acción ciega para el bien y despiadada en su ignorancia del amor, nos urge comprender un aspecto fundamental de la filosofía cristiana. Sólo en el conocimiento deel bien adquiere su culminación sapiencial lo teorético; sólo en la mutua inclusión del entendimiento que conoce lo bueno y la voluntad quJe lo ama se ejerce plenamente el acto por el que se definre la nobleza suprema del entendimiento; sólo la criatura racional, la persona creada a imagen de Dios, puede ser amada por cuanto sólo ella en el Universo creado, dioe razón de bien propia y plenamente y de fin; toda ciencia y toda filosofía desconectada de la contemplación, entendida como comunicación de vida personal, sería vacía y sin valor perfectivo d1el hombre. Quiero añadir aquí una palabra de homenaje a Jaime Bofill, el que fue catedrático de Metafísica de la Universidad de Barcelona, que tuvo este punto como preocupación central de su tarea filosófica. Toda ley tiende, afirma Santo Tomás, a constituir la amistad de los hombres entre sí o de los hombres con Dios como fin íntimo. El fin de la ley es el amor. El amor, en su exigencia incondicionada, pone en marcha toda praxis y la rige y ordena. El amor no cae, de suyo y en cuanto tal, en el contenido elegible y prudencial de la praxis humana, antes la trasciende y sostiene -la caridad teologal no está bajo sino sobre la prudencia infusa o sobrenatural- a la vez que es como el núcleo y el corazón más íntimo de lo contemplativo o teorético.

La primacía final de la contemplación, que es compatible y que exige el reconocimiento de una primacía dinámica de la acción en el hombre viador, la no escisión ni antítesis entre lo teorético y lo práctico, se comprenden sólo si no se ignora la implantación del amor en el orden de lo contemplativo, de la que deriva la exigencia y el imperio del amor sobre la praxis. Si no comprendemos el supremo acto contemplativo como comunicación de vida y la inserción del amor en la contemplación como felicidad del hombre, no habremos comprendido tampoco lo que es la sabiduría humana y cristiana. «No se entra en la verdad sino por la caridad.» «El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.»

FRANCISCO CANALS VIDAL

Génova, 10 de septiembre de 1976

Los mÁS dE loS dEFENSORES dE uN mUNDO NUEVO dE sINTOMATOlOGÍA cAtÓLICA dE fORMAS iNDEFINIDAS y cURSO lEGAL dE ArMAMENTÍSTICA sOCIALIZANTE dE cAÓTICA incURSIÓN EN Lo TEMERARIO PUES nO SE ATIENDE A lo cONCRETO y REAL sINO A uNA dISPOSICIÓN dE lO mÁS NUCLEAR YA QUE sE dESDICE uNA cONCIENCIA dE uNIVERSALISMOS

EN fAVOR dE

rENUNCIAS A uNA mÁS Q pROBAbLE DISPERSIÓN dE vOLUNTADEs y rEGIONALISMOS dE sINdÉREsIS cON LO ESTABLECIDO eN uNA rÉMORA dE vOLUNTARISMOS y sALVEDADES APARtE . -

cLAROSCUROS dE mISERIAS y oRFANDADES dE vÍNCULOS polÍTICOS E , inCLUSO ECOnÓMICOS PUES lO tRANSITIVO SE APODERA dE lO AMABLE y lO vISCERAL sE dENIGRA EN sÍ mISMO yA QUE no hAY cAUCE dE ENTENDIMIENTO ni cOMUNICACIÓN vERBAL lÓGICA pUES lO fENOMENOlÓGICO sE ADUEñÓ dE uNA ARTERIA dE cOMUNICACIÓN viTAL y FUNDAnTE : lA cARIDAD dE dIOS

Es trATADA cOMO SATURACIÓN dE gRACIA dIVINIZANTE y nO vEhÍCULO dE dONES y fRUTOS pOR lo QUE imPERA lA sONRISA impERFECTA dE tINTES y cROMATISmOS dE azÚCAR y AFEITEs dE

hEMIPLEJIAS + disCUSIONES dE ArtÍCULOS e , iNCLUSO

sOLUCIONES dE cASUÍSTIcA e inDETERMINACIÓN !!! !!! !!!

sINOPSIS dE eNCÍCLICAS dEL sAGRADO cORAzÓN dE jEsÚS

lOS tIEMPOS sON dE uNA QUERENCIA hACIA lO mÁS rELEVANTE dE uNA hUMANIDAD dE

cRISTO JesúS dE sOLIDEZ mETAfÍSICA

iNCUESTIONABLE EN fAVOR dE uNA

hUMANIDAD dE RASGOS dE imPIEDAD + sOBERBIAs dE tRADICIÓN cATÓLICA

nESTORIANIZANtE Y , mÁS AÚN dE

iNSOLVENCIA dE

mATRIZ ESOtÉRICA + cUALESQUIEr fRONTALIDAD dE mÁS Q sUBTERFUGIOS cuÁNTICOS y no InDEMOSTRABLES

dADAs lAS sIGUIENTES cONDICIONES [ sIN PREVARICACIÓN ,,,

:

ABSOLUTIZACIOnES dE mAXIMALISMOS dE

cONTORnOS EPICÚREoS + insAtISfAccIOnEs dE

lOCALISmOS y rADICALIZACIÓN dE

cOSTUMBREs dE nEMOtÉCNIA

iNFRANQUEABlE pUES lo dEBIDO dADA uNA

cONSISTENCIA dE RITMOS ALEATORIOS nOS dA

UNA cLArÍSIMA RESPUESTA dE mOVILIZACIÓN dE rECURSOS dE bASE

cRISTOcÉNTRICA y sALUTACIONES EN ÁRABE , ETC ETC

sIGUE sIENDO [ Y sE cUMPLE lA

cRITERIOLOgÍA dIVINA dE CUMPLIR A tONTAS y A lOCAS

dE lO pREVISTO /\ pREFERIBLE y ` AnÓNIMAmENtE ´ hECHAS [ segÚN lA pALABRA hUMANA dE eNCUBRIMIENTO dE

iNTENCIONES y oSCURIDADEs y RECOVECOS dE mUY dISTINTA cONSIDERACIÓN pOR sU

nATURALEZA dE QuÍMICAs pURAS y nOCIVAS

ILUSIONES dE cONSTRUIR que es decoNStrUiR en lENGUAJE mAGISTERIAL dE pRIMErÍSIMA tONALIDAD ,,, uNA fÁCIL sUBLEVACIÓn dE

tUERCAS y mARTIlLAZOS AsÍ El cOMUNISmO dE rUBICONES y fETICHISMOS Q nO

tOTEmismOS] Q nO sEAN INTEGriSTAS : . - lA grACiA pERSEVERA sIN QUE El ‘ oYENtE lO dISIMULE pUES

lA vIDA En EL SEÑOR

Es cUESTiÓN dE pRINCIPIOS y sILOGISMOS dE tRAZAS iNAutÉNTICAS

pEro

dE fÁBRICA nO OPORTUNA sINO lA mÁS

QUERIDA dE tODAS !!! !!! !!!

UNA vEZ mÁs,

El PAPA nO ES uNA fIGURA dE tIPOLOgÍA cONSTITUYENtE y nO dE sOBRENATURALIDAD

En

lA EXISTENCIA dE uNA iGLESIA dE orÍGENEs fUNDACIONAlES dE iNSPIRACIÓN deÍFICA

[ sOBRENATURALISMO dE oRIGEN sUARISTA

pOlÍTICO y nO mARTIRIAL dE cUÑO pROTESTANTE A lA cALVINISTA EN sUs

pRELIMINARES dE vALOREs EVAngÉLICOS Y nO mÁS

dE uNAs tRANSVERBERACIONES democrÁTICAS dE

fISIOLOgÍA nATURAL lo QUE en el VULGO

lENGUAJE sE dENOMINA

pRIMUS iNTER pARES dE hONDA

sIGNIFICACIÓN cOMUNITARIA

[ lUTERANISMO dE fUERTE iMPLICACIÓN

polÍTICA nO ASOCIADo A mÁS Q uNA

hERmEnÉUTICA dE sIGNIFICACIÓN

pROSELITISTA !!! !!! !!! ] + lOGARITmOS dE vEREDAS Y cAMInOS dE uNCIONES pOSITIVISTAS Y lO mÁS sIGNIFICATIVo :

sAN jOSÉ cOMO tÍTULO dE pATERNIDAD

iNMENSA A uNAs fILIACIONES dEl sENSUS fIDEI dE tRAMAs y hISTORICIDADES dE

ARQUItECtUrA y mODOS y mANERAs dE CantareS y fIESTAS dE rESPETO y vENERACIÓN A

uN pADRE dE tIMBRES y nATURALEZA mESIÁNICA pUES lO iNCREÍBLE dE sU cARÁCTEr + lINAJE dE ASCENDENciA rEGIA + EspOSO sINGULARÍSIMO dE mArÍA dE nAZARET + tRABAJADOR dE mIMBREs vECINALES y

uNIVERSALISMO dE uNA mISIÓN dE rEDENCIÓN y SALVACIÓN dE

uNA dESCENDENCIA dE AbRAhAM [ RAHnER y cOMPAÑÍA , ETC !!! !!! !!! + pROTESTANtISMO ] + cOMPAÑERO dE fATIGAS y sOPORTE dE uN niñO [ tEOLOGÍA dEICIDA dE

fUNDAMENTACIÓN ‘ pOBRES cOn ESPERANZA tErRENAL !!! !!! !!! ‘ y lIBERALISMo dE dCHAS.

dE diBUJOS y cOLOREs dE un nATURALISMO cHABACANO y dESQUICIO dE sU hUMANIDAD iNSERVIBLE en CAUSAS dE oRACIÓN + cONSEJO + vIDA dE ‘ sUEÑOS nO dEMOSTRABLE y RACIONAL ??? ??? ???

En Egipto, José esperó con confanza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).

sAN JOsÉ nO ADUCE nI cUESTIONA NI rESUELVE cONCLUSIONES nI fORMULA ` pENSAMIENTOS sINO oBEDECE cOMO pRINCIPIO dE VIDA / y no dESENCANTA jAmÁS Al Q sIGUE sU pROCEDER pUES DIOS lE hIZO vER Q lA vIDA mÁS dICHOSA y fUERA dEL cURSO nORMAL dE EXISTENCIA ES ,,, ,,, sEGUIR EL

dICTADO dE cRISTO

yA Q

lO pUNITIVO + dESCLASIFICACIÓN dE QUERErES y AFECTOS E , iNCLUSO sALVAGUARDA dE dIGNIDAD y fUTURIBLES dE ACOMODOS “ lEgÍTIMOS + solUCIONES dE mANUALÍSTICA EspIRITUAL

E iNeQUÍVOCAmENtE uNA ESPONSABILIDAD dE mArÍa sANtÍSIMA y

SiN lENGUAJE hUMANO dE pREDIlECcIÓN dIVINA pUES lO mÁS gRANADO dE sU eXCELSA vIRGINIDAd fuE /\ Es

cORrESPONDER A uNA dELIBERACIÓN dIVINA

EN cLAVE hUMANA dE

uN cORAZÓN dE AMORES deÍFICO [ iMAGEN dE difÍCIL pLASMACIÓN UNIVOCIStA yA QUE lA fORMA ES iNEXTINGUIBlE y , a sU vEZ iNEFABLE , ETc ETC Etc

a UNA cRIATURA dE pROCEDENCIA en EL UNIgÉNITO Y

sAvIA dE rIACHUELOS EN EL cORAzÓN dE UN JHS dE mISTERIOSA rADICALIDAD y pROMESAs dE ETERNAS pRENDAS dE EXISTENCIA pERPETUA en EL sENO dE uNA tRINIDAD dE reLACIONES INTImÍSIMAS Q lA sUMA dE tEOLOgÍA dE San To TO mÁS aLUMBRÓ

En lA pRIMA pARS dE UNA cATAlOGACIÓN dE ARTICULADO Q hA mERECIDO /\ mERECE la mÁXIMA cALIFICACIÓN dE lA ENSEÑANZA PONTIFICIA dE tODAS lAS EDADES !!! !!!

Es AsÍ nOS gUSTE o nOS dESAgRADE () nOS lo cREAMOS o nOS lO quiTEMOS lA igLESIA no jUZGA cON cRITERIOS dE OPORTUNIDAD ni dE ‘ tRANSPARENCIA vIRGINAL ‘ sINO

lA cALIFICACIÓN dE lIBROS dE cONSULTA oBLIGADA coMO lo rECOMIENDA lA cARTA ENcÍCLICA

fIDES ET RATIO cONQUISTA pERPETUA dE uN mUNDO toDAvÍA pRESENTE !!! !!!

lA rACIONALIDAD dEL EgEO + lA sINTAXIS itÁLICA + el kERIGmA dE uN

ANUNCIO dE uNA vIDA rESUCITADA .resucitadoRA !!! !!! !!! !!! !!! !!! dE mATRIZ lEGISLATIVA jUDÍA dE rEVELACIÓN mOSAICA y tINTURA iSRAElÍTICA de lEYES y nORMAs + pLASTICIDADEs mARAVilLOSAS en UNA gEOGRAFÍA + lINAJES dE pERSONAJES bÍBLICOS dE hISTORICIDAD fUERA dE tODA dUDA pUES lo rEVELADO ES sINTOmÁTICO dE viSIBILIdADEs extrinSecIstAs aTEstiGUAdAs en oTRAs fUENTES dE rEINOS e IMPERIOS cOEtÁNEOS dE vERDad !!! !!! !!!

qUAS pRIMAS + hAURIEtIS AQUAs y diLEXIt tE nOS ENSEÑAN q lA dEVOCIÓN ÚNICA EN sUS

pILArES eSCRITURÍSTICOS y lITURGIA

bElLÍSIMA nO ES sINO lA pETICIÓN

EXPRESA y fUNDANTE dE nUESTRO SEÑOR

hACIA uNA cOMUNIDAD rELIGIOSA

vISITANDINA dE pROPAGAR y HACER

QUERER a unA pERSONA dIVINA Q sE QUEJA y AnUNCIA

y

A QUIENes

discÍPULOS dE sU cORAzÓN !!!

dE rASgoS AUténTICOS en

tANTAS y TANtaS mODALIDADEs

dE pARTICIpACIÓN y dECISIÓN

.

No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia.

dILEXIT TE . - 5 nOS EDUCA

A lOS dIScÍPULOS dE uN SEÑOR dE

‘ PRIORIDADES : el CONTACTO cON lA gENTE dE lAS cERCANÍAS Es dE sIGNO sALvÍFICO y No dE sOLIDARIDAD hUMAnA pUES

lO vERAz dE lA mIRADA EVAngÉLICA ES sABERSE dEUDOR

dE uNA cONVIVENCIA ACTUAL y nO dE fANTAsÍAS dE opERACIONES dE mONETARISMOS vARIOS y iNSULARIDADES

dE gARANtÍAS nO RECÍPROCAS y sÍ EGOCENTRISMOS dE cUÑO EXTRINCESIStA

ATRAPA vOLUNTADES y nIEGA sALVOCONDUCTOS dE AYUDAS , cOMPRENSIÓN y ESCUCHAS dE tONO sERENO y cÁLIDO yA QuE

lOS tIEMPOS dE CRISTO JEsÚS sON LOS ACTUALES y VENIDEROS AmÉN dE un

JUICIO UNIVERSAL dEL QUE nOS hABLA y EXPLICITA EL mISMO jEsÚS dE nAZArET !!!!!!!!! ***

La SANTA SEDE

PÍO XI ENCÍCLICAS

CARTA ENCÍCLICA

QUAS PRIMAS

DEL SUMO PONTÍFICE

PÍO XI

SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

En la primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género humano.

Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

La «paz de Cristo en el reino de Cristo»

1. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.

2. Entre tanto, no dejó de infundirnos sólida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, única que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde podía colegirse que muchos que hasta entonces habían estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberanía, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.

Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del Año Santo, digno todo de perpetua memoria y recordación, ¿acaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo?

«Año Santo»

3. Porque maravilla es cuánto ha conmovido a las almas la Exposición Misional, que ofreció a todos el conocer bien ora el infatigable esfuerzo de la Iglesia en dilatar cada vez más el reino de su Esposo por todos los continentes e islas —aun, de éstas, las de mares los más remotos—, ora el crecido número de regiones conquistadas para la fe católica por la sangre y los sudores de esforzadísimos e invictos misioneros, ora también las vastas regiones que todavía quedan por someter a la suave y salvadora soberanía de nuestro Rey.

Además, cuantos —en tan grandes multitudes— durante el Año Santo han venido de todas partes a Roma guiados por sus obispos y sacerdotes, ¿qué otro propósito han traído sino postrarse, con sus almas purificadas, ante el sepulcro de los apóstoles y visitarnos a Nos para proclamar que viven y vivirán sujetos a la soberanía de Jesucristo?

4. Como una nueva luz ha parecido también resplandecer este reinado de nuestro Salvador cuando Nos mismo, después de comprobar los extraordinarios méritos y virtudes de seis vírgenes y confesores, los hemos elevado al honor de los altares, ¡Oh, cuánto gozo y cuánto consuelo embargó nuestra alma cuando, después de promulgados por Nos los decretos de canonización, una inmensa muchedumbre de fieles, henchida de gratitud, cantó el Tu, Rex gloriae Christe en el majestuoso templo de San Pedro!

Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la eterna bienaventuranza del reino celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra.

5. Asimismo, al cumplirse en el Año Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta, y la celebramos Nos mismo en la Basílica Vaticana, cuanto que aquel sagrado concilio definió y proclamó como

dogma de fe católica la consustancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de que, al incluir las palabras cuyo reino no tendrá fin en su Símbolo o fórmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo.

Habiendo, pues, concurrido en este Año Santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deber apostólico si, atendiendo a las súplicas elevadas a Nos, individualmente y en común, por muchos cardenales, obispos y fieles católicos, ponemos digno fin a este Año Jubilar introduciendo en la sagrada liturgia una festividad especialmente dedicada a Nuestro Señor Jesucristo Rey. Y ello de tal modo nos complace, que deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar después a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey; de esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producirá en adelante, y ya desde el primer momento, los más variados frutos.

I. LA REALEZA DE CRISTO

6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad1 y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino2; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

a) En el Antiguo Testamento

7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.

Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob3; el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra4. El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud5. Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra6. 8. A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre7. Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra8. Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido..., permanecerá eternamente9; y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible10. Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas11, ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento

9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.

En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin12, es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo

de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey13 y públicamente confirmó que es Rey14, y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra15. Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra16, y que El mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan17. Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas18, menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos19

c) En la Liturgia

10. De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.

Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia

d) Fundada en la unión hipostática

11. Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza20. Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas. e) Y en la redención

12. Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha21. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande22; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo23

II. CARÁCTER DE LA REALEZA DE CRISTO

a) Triple potestad

13. Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer24. Los santos Evangelios no sólo narran que Cristo legisló, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad25. El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo26. En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.

b) Campo de la realeza de Cristo

a) En Lo espiritual

14. Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de 141

este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?

b) En lo temporal

15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales27. Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano28.

c) En los individuos y en la sociedad

16. El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos29

El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos30. No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido»31.

17. En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres32. 18. Y si los príncípes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera

¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre33

III. LA FIESTA DE JESUCRISTO REY

20. Ahora bien: para que estos inapreciables provechos se recojan más abundantes y vivan estables en la sociedad cristiana, necesario es que se propague lo más posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada será más eficaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey.

Las fiestas de la Iglesia

Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los íntimos goces del espíritu, mucho más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio.

Estas sólo son conocidas, las más veces, por unos pocos fieles, más instruidos que los demás; aquéllas impresionan e instruyen a todos los fieles; éstas —digámoslo así— hablan una sola vez, aquéllas cada año y perpetuamente; éstas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Además, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habrán de conmover necesariamente las solemnidades externas de los días festivos, que por la variedad y hermosura de los actos litúrgicos aprenderá mejor las divinas doctrinas, y convirtiéndolas en su propio jugo y sangre, aprovechará mucho más en la vida espiritual.

En el momento oportuno

21. Por otra parte, los documentos históricos demuestran que estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hacía falta robustecerlo contra un peligro común, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herejía, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoción algún misterio de la fe, o algún beneficio de la divina bondad. Así, desde los primeros siglos del cristianismo, cuando los fieles eran acerbísimamente perseguidos, empezó la liturgia a conmemorar a los mártires para que, como dice San Agustín, las festividades de los mártires fuesen otras tantas exhortaciones al martirio34. Más tarde, los honores litúrgicos concedidos a los santos confesores, vírgenes y viudas sirvieron maravillosamente para reavivar en los fieles el amor a las virtudes, tan necesario aun en tiempos pacíficos. Sobre todo, las festividades instituidas en honor a la Santísima Virgen contribuyeron, sin duda, a que el pueblo cristiano no sólo enfervorizase su culto a la Madre de Dios, su poderosísima protectora, sino también a que se encendiese en más fuerte amor hacia la Madre celestial que el Redentor le había legado como herencia. Además, entre los beneficios que produce el público y legítimo culto de la Virgen y de los Santos, no debe ser pasado en silencio el que la Iglesia haya podido en todo tiempo rechazar victoriosamente la peste de los errores y herejías.

22. En este punto debemos admirar los designios de la divina Providencia, la cual, así como suele sacar bien del mal, así también permitió que se enfriase a veces la fe y piedad de los fieles, o que amenazasen a la verdad católica falsas doctrinas, aunque al cabo volvió ella a resplandecer con nuevo fulgor, y volvieron los fieles, despertados de su letargo, a enfervorizarse en la virtud y en la santidad. Asimismo, las festividades incluidas en el año litúrgico durante los tiempos modernos han tenido también el mismo origen y han producido idénticos frutos. Así, cuando se entibió la reverencia y culto al Santísimo Sacramento, entonces se instituyó la fiesta del Corpus Christi, y se mandó celebrarla de tal modo que la solemnidad y magnificencia litúrgicas durasen por toda la octava, para atraer a los fieles a que veneraran públicamente al Señor. Así también, la festividad del Sacratísimo Corazón de Jesús fue instituida cuando las almas, debilitadas y abatidas por la triste y helada severidad de los jansenistas, habíanse enfriado y alejado del amor de Dios y de la confianza de su eterna salvación.

Contra el moderno laicismo 23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión

en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

La fiesta de Cristo Rey

25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad. Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.

Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.

Continúa una tradición

26. ¿Y quién no echa de ver que ya desde fines del siglo pasado se preparaba maravillosamente el camino a la institución de esta festividad? Nadie ignora cuán sabia y elocuentemente fue defendido este culto en numerosos libros publicados en gran variedad de lenguas y por todas partes del mundo; y asimismo que el imperio y soberanía de Cristo fue reconocido con la piadosa práctica de dedicar y consagrar casi innumerables familias al Sacratísimo Corazón de Jesús. Y no solamente se consagraron las familias, sino también ciudades y naciones. Más aún: por iniciativa y deseo de León XIII fue consagrado al Divino Corazón todo el género humano durante el Año Santo de 1900.

27. No se debe pasar en silencio que, para confirmar solemnemente esta soberanía de Cristo sobre la sociedad humana, sirvieron de maravillosa manera los frecuentísimos Congresos eucarísticos que suelen celebrarse en nuestros tiempos, y cuyo fin es convocar a los fieles de cada una de las diócesis, regiones, naciones y aun del mundo todo, para venerar y adorar a Cristo Rey, escondido bajo los velos eucarísticos; y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoración, en común, del augusto Sacramento públicamente expuesto y de solemnísimas procesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con razón podría decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiración divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jesús a quien los impíos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llevándole como a un triunfador por las vías públicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos.

Coronada en el Año Santo

28. Ahora bien: para realizar nuestra idea que acabamos de exponer, el Año Santo, que toca a su fin, nos ofrece tal oportunidad que no habrá otra mejor; puesto que Dios, habiendo benignísimamente levantado la mente y el corazón de los fieles a la consideración de los bienes celestiales que sobrepasan el sentido, les ha devuelto el don de su gracia, o los ha confirmado en el camino recto, dándoles nuevos estímulos para emular mejores carismas. Ora, pues, atendamos a tantas súplicas como los han sido hechas, ora consideremos los acontecimientos del Año Santo, en verdad que sobran motivos para convencernos de que por fin ha llegado el día, tan vehementemente deseado, en que anunciemos que se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano.

29. Porque en este año, como dijimos al principio, el Rey divino, verdaderamente admirable en sus santos, ha sido gloriosamente magnificado con la elevación de un nuevo grupo de sus fieles soldados al honor de los altares. Asimismo, en este año, por medio de una inusitada Exposición Misional, han podido todos admirar los triunfos que han ganado para Cristo sus obreros evangélicos al extender su reino. Finalmente, en este año, con la celebración del centenario del concilio de Nicea, hemos conmemorado la vindicación del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya como en su propio fundamento la soberanía del mismo Cristo sobre todos los pueblos.

Condición litúrgica de la fiesta

30. Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.

Este año, sin embargo, queremos que se renueve el día 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagración se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni más convenientemente el Año Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, más amplio testimonio de nuestra gratitud —con lo cual interpretamos la de todos los católicos— por los beneficios que durante este Año Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe católico.

31. No es menester, venerables hermanos, que os expliquemos detenidamente los motivos por los cuales hemos decretado que la festividad de Cristo Rey se celebre separadamente de aquellas otras en las cuales parece ya indicada e implícitamente solemnizada esta misma dignidad real. Basta advertir que, aunque en todas las fiestas de nuestro Señor el objeto material de ellas es Cristo, pero su objeto formal es enteramente distinto del título y de la potestad real de Jesucristo. La razón por la cual hemos querido establecer esta festividad en día de domingo es para que no tan sólo el clero honre a Cristo Rey con la celebración de la misa y el rezo del oficio divino, sino para que también el pueblo, libre de las preocupaciones y con espíritu de santa alegría, rinda a Cristo preclaro testimonio de su obediencia y devoción. Nos pareció también el último domingo de octubre mucho más acomodado para esta festividad que todos los demás, porque en él casi finaliza el año litúrgico; pues así sucederá que los misterios de la vida de Cristo, conmemorados en el transcurso del año, terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad de Cristo Rey, y antes de celebrar la gloria de Todos los Santos, se celebrará y se exaltará la gloria de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos. Sea, pues, vuestro deber y vuestro oficio, venerables hermanos, hacer de modo que a la celebración de esta fiesta anual preceda, en días determinados, un curso de predicación al pueblo en todas las parroquias, de manera que, instruidos cuidadosamente los fieles sobre la naturaleza, la significación e importancia de esta festividad, emprendan y ordenen un género de vida que sea verdaderamente digno de los que anhelan servir amorosa y fielmente a su Rey, Jesucristo.

Con los mejores frutos

32. Antes de terminar esta carta, nos place, venerables hermanos, indicar brevemente las utilidades que en bien, ya de la Iglesia y de la sociedad civil, ya de cada uno de los fieles esperamos y Nos prometemos de este público homenaje de culto a Cristo Rey.

a) Para la Iglesia

En efecto: tributando estos honores a la soberanía real de Jesucristo, recordarán necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige —por derecho propio e imposible de renunciar— plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie.

Más aún: el Estado debe también conceder la misma libertad a las órdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valiosísimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo con la observación de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más perfecta, merced a la cual aquella santidad que el divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta como nota característica de ella, resplandece y alumbra, cada día con perpetuo y más vivo esplendor, delante de los ojos de todos.

b) Para la sociedad civil

33. La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes.

A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. Es, además, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditación de estas cosas podrán sacar los fieles para modelar su espíritu según las verdaderas normas de la vida cristiana.

c) Para los fieles

34. Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido

redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad; si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía. Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos; es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo, como armas de justicia para Dios35, deben servir para la interna santificación del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección.

35. Haga el Señor, venerables hermanos, que todos cuantos se hallan fuera de su reino deseen y reciban el suave yugo de Cristo; que todos cuantos por su misericordia somos ya sus súbditos e hijos llevemos este yugo no de mala gana, sino con gusto, con amor y santidad, y que nuestra vida, conformada siempre a las leyes del reino divino, sea rica en hermosos y abundantes frutos; para que, siendo considerados por Cristo como siervos buenos y fieles, lleguemos a ser con El participantes del reino celestial, de su eterna felicidad y gloria.

Estos deseos que Nos formulamos para la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, sean para vosotros, venerables hermanos, prueba de nuestro paternal afecto; y recibid la bendición apostólica, que en prenda de los divinos favores os damos de todo corazón, a vosotros, venerables hermanos, y a todo vuestro clero y pueblo.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, año cuarto de nuestro pontificado.

Notas

1 Ef 3,19.

2 Dan 7,13 14.

3 Núm 24,19.

4 Sal 2.

5 Sal 44.

6 Sal 71.

7 Is 9,6 7.

8 Jer 23,5.

9 Dan 2,44.

10 Dan 7 13 14.

11 Zac 9,9.

12 Lc 1,32 33.

13 Mt 25,31 40.

14 Jn 18,37.

15 Mt 28,18.

16 Ap 1,5.

17 Ibíd., 19,16.

18 Heb 1,1.

19 1 Cor 15,25.

20 In Luc. 10.

21 1 Pt 1,18 19.

22 1 Cor 6,20.

PÍO PP XI

23 Ibíd., 6,15.

24 Conc. Trid., ses.6 c.21.

25 Jn 14,15; 15,10.

26 Jn 5,22.

27 Himno Crudelis Herodes, en el of. de Epif.

28 Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.

29 Hech 4,12.

30 S. Agustín, Ep. ad Macedonium c.3

31 Enc. Ubi arcano

32 1 Cor 7,23.

33. Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.

34 Sermón 47 De sanctis

35 Rom 6,13.

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La SANTA SEDE

La SANTA SEDE

PÍO XII ENCÍCLICAS ESPAÑOL

CARTA ENCÍCLICA

HAURIETIS AQUAS

DE SU SANTIDAD

PÍO XII

SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

1. «Beberéis aguas con gozo en las fuentes del Salvador» 1. Estas palabras con las que el profeta Isaías prefiguraba simbólicamente los múltiples y abundantes bienes que la era mesiánica había de traer consigo, vienen espontáneas a Nuestra mente, si damos una mirada retrospectiva a los cien años pasados desde que Nuestro Predecesor, de i. m., Pío IX, correspondiendo a los deseos del orbe católico, mandó celebrar la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús en la Iglesia universal.

Innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas. Por ello, recordando las palabras del apóstol Santiago: «Toda dádiva, buena y todo don perfecto de arriba desciende, del Padre de las luces» 2, razón tenemos para considerar en este culto, ya tan universal y cada vez más fervoroso, el inapreciable don que el Verbo Encarnado, nuestro Salvador divino y único Mediador de la gracia y de la verdad entre el Padre Celestial y el género humano, ha concedido a la Iglesia, su mística Esposa, en el curso de los últimos siglos, en los que ella ha tenido que vencer tantas dificultades y soportar pruebas tantas. Gracias a don tan inestimable, la Iglesia puede manifestar más ampliamente su amor a su Divino Fundador y cumplir más fielmente esta exhortación que, según el evangelista San Juan, profirió el mismo Jesucristo: «En el último gran día de la fiesta, Jesús, habiéndose puesto en pie, dijo en alta voz: "El que tiene sed, venga a mí y beba el que cree en mí". Pues, como dice la Escritura, "de su seno manarán ríos de agua viva". Y esto lo dijo El del Espíritu que habían de recibir lo que creyeran en El» 3. Los que escuchaban estas palabras de Jesús, con la promesa de que habían de manar de su seno «ríos de agua viva», fácilmente las relacionaban con los vaticinios de Isaías, Ezequiel y Zacarías, en los que se profetizaba el reino del Mesías, y también con la simbólica piedra, de la que, golpeada por Moisés, milagrosamente hubo de brotar agua 4.

2. La caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es el Amor personal del Padre y del Hijo, en el seno de la augusta Trinidad. Con toda razón, pues, el Apóstol de las Gentes, como haciéndose eco de las palabras de Jesucristo, atribuye a este Espíritu de Amor la efusión de la caridad en las almas de los creyentes: «La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» 5.

Este tan estrecho vínculo que, según la Sagrada Escritura, existe entre el Espíritu Santo, que es Amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, nos revela a todos en modo admirable, venerables hermanos, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. En efecto; manifiesto es que este culto, si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto de religión por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado. E igualmente claro es, y en un sentido aún más profundo, que este culto exige ante todo que nuestro amor corresponda al Amor divino. Pues sólo por la caridad se logra que los corazones de los hombres se sometan plena y perfectamente al dominio de Dios, cuando los afectos de nuestro corazón se ajustan a la divina voluntad de tal suerte que se hacen casi una cosa con ella, como está escrito: «Quien al Señor se adhiere, un espíritu es con El» 6.

I. FUNDAMENTACIÓN TEOLÓGICA

Dificultades y objeciones

3. La Iglesia siempre ha tenido y tiene en tan grande estima el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús: lo fomenta y propaga entre todos los cristianos, y lo defiende, además, enérgicamente contra las acusaciones del naturalismo y del sentimentalismo; sin embargo, es muy doloroso comprobar cómo, en lo pasado y aun en nuestros días, este nobilísimo culto

no es tenido en el debido honor y estimación por algunos cristianos, y a veces ni aun por los que se dicen animados de un sincero celo por la religión católica y por su propia santificación.

«Si tú conocieses el don de Dios» 7. Con estas palabras, venerables hermanos, Nos, que por divina disposición hemos sido constituidos guardián y dispensador del tesoro de la fe y de la piedad que el Divino Redentor ha confiado a la Iglesia, conscientes del deber de nuestro oficio, amonestamos a todos aquellos de nuestros hijos que, a pesar de que el culto del Sagrado Corazón de Jesús, venciendo la indiferencia y los errores humanos, ha penetrado ya en su Cuerpo Místico, todavía abrigan prejuicios hacia él y aun llegan a reputarlo menos adaptado, por no decir nocivo, a las necesidades espirituales de la Iglesia y de la humanidad en la hora presente, que son las más apremiantes. Pues no faltan quienes, confundiendo o equiparando la índole de este culto con las diversas formas particulares de devoción, que la Iglesia aprueba y favorece sin imponerlas, lo juzgan como algo superfluo que cada uno pueda practicar o no, según le agradare; otros consideran oneroso este culto, y aun de poca o ninguna utilidad, singularmente para los que militan en el Reino de Dios, consagrando todas sus energías espirituales, su actividad y su tiempo a la defensa y propaganda de la verdad católica, a la difusión de la doctrina social católica, y a la multiplicación de aquellas prácticas religiosas y obras que ellos juzgan mucho más necesarias en nuestros días. Y no faltan quienes estiman que este culto, lejos de ser un poderoso medio para renovar y reforzar las costumbres cristianas, tanto en la vida individual como en la familiar, no es sino una devoción, más saturada de sentimientos que constituida por pensamientos y afectos nobles; así la juzgan más propia de la sensibilidad de las mujeres piadosas que de la seriedad de los espíritus cultivados.

Otros, finalmente, al considerar que esta devoción exige, sobre todo, penitencia, expiación y otras virtudes, que más bien juzgan pasivas porque aparentemente no producen frutos externos, no la creen a propósito para reanimar la espiritualidad moderna, a la que corresponde el deber de emprender una acción franca y de gran alcance en pro del triunfo de la fe católica y en valiente defensa de las costumbres cristianas; y ello, dentro de una sociedad plenamente dominada por el indiferentismo religioso que niega toda norma para distinguir lo verdadero de lo falso, y que, además, se halla penetrada, en el pensar y en el obrar, por los principios del materialismo ateo y del laicismo

La doctrina de los papas

4. ¿Quién no ve, venerables hermanos, la plena oposición entre estas opiniones y el sentir de nuestros predecesores, que desde esta cátedra de verdad aprobaron públicamente el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús? ¿Quién se atreverá a llamar inútil o menos acomodada a nuestros tiempos esta devoción que nuestro predecesor, de i. m., León XIII, llamó «práctica religiosa dignísima de todo encomio», y en la que vio un poderoso remedio para los mismos males que en nuestros días, en forma más aguda y más amplia, inquietan y hacen sufrir a los individuos y a la sociedad? «Esta devoción —decía—, que a todos recomendamos, a todos será de provecho». Y añadía este aviso y exhortación que se refiere a la devoción al Sagrado Corazón: «Ante la amenaza de las graves desgracias que hace ya mucho tiempo se ciernen sobre nosotros, urge recurrir a Aquel único, que puede alejarlas. Mas ¿quién podrá ser Este sino Jesucristo, el Unigénito de Dios? "Porque debajo del cielo no existe otro nombre, dado a los hombres, en el cual hayamos de ser salvos" 8. Por lo tanto, a El debemos recurrir, que es "camino, verdad y vida"» 9

No menos recomendable ni menos apto para fomentar la piedad cristiana lo juzgó nuestro inmediato predecesor, de f. m., Pío XI, en su encíclica Miserentissimus Redemptor: «¿No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor fidelidad y eficacia?» 10

Nos, por nuestra parte, en no menor grado que nuestros predecesores, hemos aprobado y aceptado esta sublime verdad; y cuando fuimos elevado al sumo pontificado, al contemplar el feliz y triunfal progreso del culto al Sagrado Corazón de Jesús entre el pueblo cristiano, sentimos nuestro ánimo lleno de gozo y nos regocijamos por los innumerables frutos de salvación que producía en toda la Iglesia; sentimientos que nos complacimos en expresar ya en nuestra primera Encíclica 11. Estos frutos, a través de los años de nuestro pontificado —llenos de sufrimientos y angustias, pero también de inefables consuelos —, no se mermaron en número, eficacia y hermosura, antes bien se aumentaron. Pues, en efecto, muchas iniciativas, y muy acomodadas a las necesidades de nuestros tiempos, han surgido para favorecer el crecimiento cada día mayor de este mismo culto: asociaciones, destinadas a la cultura intelectual y a promover la religión y la beneficencia; publicaciones de carácter histórico, ascético y místico para explicar su doctrina; piadosas prácticas de reparación y, de manera especial, las manifestaciones de ardentísima piedad promovidas por el Apostolado de la Oración, a cuyo celo y actividad se debe que familias, colegios, instituciones y aun, a veces, algunas naciones se hayan consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesús. Por todo ello, ya en Cartas, ya en Discursos y aun Radiomensajes, no pocas veces hemos expresado nuestra paternal complacencia 12

Fundamentación del culto

5. Conmovidos, pues, al ver cómo tan gran abundancia de aguas, es decir, de dones celestiales de amor sobrenatural del

Sagrado Corazón de nuestro Redentor, se derrama sobre innumerables hijos de la Iglesia católica por obra e inspiración del Espíritu Santo, no podemos menos, venerables hermanos, de exhortaros con ánimo paternal a que, juntamente con Nos, tributéis alabanzas y rendida acción de gracias a Dios, dador de todo bien, exclamando con el Apóstol: «Al que es poderoso para hacer sobre toda medida con incomparable exceso más de lo que pedimos o pensamos, según la potencia que despliega en nosotros su energía, a El la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, en los siglos de los siglos. Amén» 13. Pero, después de tributar las debidas gracias al Dios eterno, queremos por medio de esta encíclica exhortaros a vosotros y a todos los amadísimos hijos de la Iglesia a una más atenta consideración de los principios doctrinales — contenidos en la Sagrada Escritura, en los Santos Padres y en los teólogos—, sobre los cuales, como sobre sólidos fundamentos, se apoya el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús. Porque Nos estamos plenamente persuadido de que sólo cuando a la luz de la divina revelación hayamos penetrado más a fondo en la naturaleza y esencia íntima de este culto, podremos apreciar debidamente su incomparable excelencia y su inexhausta fecundidad en toda clase de gracias celestiales; y de esta manera, luego de meditar y contemplar piadosamente los innumerables bienes que produce, encontraremos muy digno de celebrar el primer centenario de la extensión de la fiesta del Sacratísimo Corazón a la Iglesia universal.

Con el fin, pues, de ofrecer a la mente de los fieles el alimento de saludables reflexiones, con las que más fácilmente puedan comprender la naturaleza de este culto, sacando de él los frutos más abundantes, nos detendremos, ante todo, en las páginas del Antiguo y del Nuevo Testamento que revelan y describen la caridad infinita de Dios hacia el género humano, pues jamás podremos escudriñar suficientemente su sublime grandeza; aludiremos luego a los comentarios de los Padres y Doctores de la Iglesia; finalmente, procuraremos poner en claro la íntima conexión existente entre la forma de devoción que se debe tributar al Corazón del Divino Redentor y el culto que los hombres están obligados a dar al amor que El y las otras Personas de la Santísima Trinidad tienen a todo el género humano. Porque juzgamos que, una vez considerados a la luz de la Sagrada Escritura y de la Tradición los elementos constitutivos de esta devoción tan noble, será más fácil a los cristianos de ver «con gozo las aguas en las fuentes del Salvador» 14; es decir, podrán apreciar mejor la singular importancia que el culto al Corazón Sacratísimo de Jesús ha adquirido en la liturgia de la Iglesia, en su vida interna y externa, y también en sus obras: así podrá cada uno obtener aquellos frutos espirituales que señalarán una saludable renovación en sus costumbres, según lo desean los Pastores de la grey de Cristo. Culto de latría

6. Para comprender mejor, en orden a esta devoción, la fuerza de algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, precisa atender bien al motivo por el cual la Iglesia tributa al Corazón del Divino Redentor el culto de latría. Tal motivo, como bien sabéis, venerables hermanos, es doble: el primero, común también a los demás miembros adorables del Cuerpo de Jesucristo, se funda en el hecho de que su Corazón, por ser la parte más noble de su naturaleza humana, está unido hipostáticamente a la Persona del Verbo de Dios, y, por consiguiente, se le ha de tributar el mismo culto de adoración con que la Iglesia honra a la Persona del mismo Hijo de Dios encarnado. Es una verdad de la fe católica, solemnemente definida en el Concilio Ecuménico de Éfeso y en el II de Constantinopla 15. El otro motivo se refiere ya de manera especial al Corazón del Divino Redentor, y, por lo mismo, le confiere un título esencialmente propio para recibir el culto de latría: su Corazón, más que ningún otro miembro de su Cuerpo, es un signo o símbolo natural de su inmensa caridad hacia el género humano. «Es innata al Sagrado Corazón», observaba nuestro predecesor León XIII, de f. m., «la cualidad de ser símbolo e imagen expresiva de la infinita caridad de Jesucristo, que nos incita a devolverle amor por amor» 16

Es indudable que los Libros Sagrados nunca hacen una mención clara de un culto de especial veneración y amor, tributado al Corazón físico del Verbo Encarnado como a símbolo de su encendidísima caridad. Este hecho, que se debe reconocer abiertamente, no nos ha de admirar ni puede en modo alguno hacernos dudar de que el amor de Dios a nosotros —razón principal de este culto— es proclamado e inculcado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento con imágenes con que vivamente se conmueven los corazones. Y estas imágenes, por encontrarse ya en los Libros Santos cuando predecían la venida del Hijo de Dios hecho hombre, han de considerarse como un presagio de lo que había de ser el símbolo y signo más noble del amor divino, es a saber, el sacratísimo y adorable Corazón del Redentor divino.

Antiguo Testamento

7. Por lo que toca a nuestro propósito, al escribir esta Encíclica, no juzgamos necesario aducir muchos textos de los libros del Antiguo Testamento que contienen las primeras verdades reveladas por Dios; creemos baste recordar la Alianza establecida entre Dios y el pueblo elegido, consagrada con víctimas pacíficas —cuyas leyes fundamentales, esculpidas en dos tablas, promulgó Moisés 17 e interpretaron los profetas—; alianza, ratificada por los vínculos del supremo dominio de Dios y de la obediencia debida por parte de los hombres, pero consolidada y vivificada por los más nobles motivos del amor. Porque aun para el mismo pueblo de Israel, la razón suprema de obedecer a Dios era no ya el temor de las divinas venganzas, que los truenos y relámpagos fulgurantes en la ardiente cumbre del Sinaí suscitaban en los ánimos, sino más bien el amor debido a Dios: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás, pues al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que hoy te mando estarán en tu corazón» 18

No nos extrañemos, pues, si Moisés y los profetas, a quien con toda razón llama el Angélico Doctor los «mayores» del pueblo

elegido19, comprendiendo bien que el fundamento de toda la ley se basaba en este mandamiento del amor, describieron las relaciones todas existentes entre Dios y su nación, recurriendo a semejanzas sacadas del amor recíproco entre padre e hijo, o entre los esposos, y no representándolas con severas imágenes inspiradas en el supremo dominio de Dios o en nuestra obligada servidumbre llena de temor.

Así, por ejemplo, Moisés mismo, en su celebérrimo cántico, al ver liberado su pueblo de la servidumbre de Egipto, queriendo expresar cómo esa liberación era debida a la intervención omnipotente de Dios, recurre a estas conmovedoras expresiones e imágenes: «Como el águila que adiestra a sus polluelos para que alcen el vuelo y encima de ellos revolotea, así Dios desplegó sus alas, alzó (a Israel) y le llevó en sus hombros»20. Pero ninguno, tal vez, entre los profetas, expresa y descubre tan clara y ardientemente como Oseas el amor constante de Dios hacia su pueblo. En efecto, en los escritos de este profeta que entre los profetas menores sobresale por la profundidad de conceptos y la concisión del lenguaje, se describe a Dios amando a su pueblo escogido con un amor justo y lleno de santa solicitud, cual es el amor de un padre lleno de misericordia y amor, o el de un esposo herido en su honor. Es un amor que, lejos de disminuir y cesar ante las monstruosas infidelidades y pérfidas traiciones, las castiga, sí, como lo merecen, en los culpables, no para repudiarlos y abandonarlos a sí mismos, sino sólo con el fin de limpiar y purificar a la esposa alejada e infiel y a los hijos ingratos para hacerles volver a unirse de nuevo consigo, una vez renovados y confirmados los vínculos de amor: «Cuando Israel era niño, yo le amé; y de Egipto llamé a mi hijo... Yo enseñé a andar a Efraín, los tomé en mis brazos, mas ellos no comprendieron que yo los cuidaba. Los conducía con cuerdas de humanidad, con lazos de amor... Sanaré su rebeldía, los amaré generosamente, pues mi ira se ha apartado de ellos. Seré como el rocío para Israel, florecerá él como el lirio y echará sus raíces como el Líbano» 21.

Expresiones semejantes tiene el profeta Isaías, cuando presenta a Dios mismo y a su pueblo escogido como dialogando y discutiendo entre sí con opuestos sentimientos: «Mas Sión dijo: Me ha abandonado el Señor, el Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede, acaso, una mujer olvidar a su pequeñuelo hasta no apiadarse del hijo de sus entrañas? Aunque esta se olvidare, yo no me olvidaré de ti» 22. Ni son menos conmovedoras las palabras con que el autor del Cantar de los Cantares, sirviéndose del simbolismo del amor conyugal, describe con vivos colores los lazos de amor mutuo que unen entre sí a Dios y a la nación predilecta: «Como lirio entre las espinas, así mi amada entre las doncellas... Yo soy de mi amado, y mi amado es para mí; El se apacienta entre lirios... Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, pues fuerte como la muerte es el amor, duros como el infierno los celos; sus ardores son ardores de fuego y llamas» 23

8. Este amor de Dios tan tierno, indulgente y sufrido, aunque se indigna por las repetidas infidelidades del pueblo de Israel, nunca llega a repudiarlo definitivamente; se nos muestra, sí, vehemente y sublime; pero no es así, en sustancia, sino el preludio a aquella muy encendida caridad que el Redentor prometido había de mostrar a todos con su amantísimo Corazón y que iba a ser el modelo de nuestro amor y la piedra angular de la Nueva Alianza.

Porque, en verdad sólo Aquel que es el Unigénito del Padre y el Verbo hecho carne «lleno de gracia y de verdad» 24, al descender hasta los hombres, oprimidos por innumerables pecados y miserias, podía hacer que de su naturaleza humana, unida hipostáticamente a su Divina Persona, brotara un manantial de agua viva que regaría copiosamente la tierra árida de la humanidad, transformándola en florido jardín lleno de frutos. Obra admirable que había de realizar el amor misericordiosísimo y eterno de Dios, y que ya parece preanunciar en cierto modo el profeta Jeremías con estas palabras: «Te he amado con un amor eterno, por eso te he atraído a mí lleno de misericordia... He aquí que vienen días, afirma el Señor, en que pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva; ... Este será el pacto que yo concertaré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón; yo les seré su Dios, y ellos serán mi pueblo...; porque les perdonaré su culpa y no me acordaré ya de su pecado» 25

II. NUEVO TESTAMENTO TRADICIÓN

9. Pero tan sólo por los Evangelios llegamos a conocer con perfecta claridad que la Nueva Alianza estipulada entre Dios y la humanidad —de la cual la alianza pactada por Moisés entre el pueblo y Dios, fue tan solo una prefiguración simbólica, y el vaticinio de Jeremías una mera predicción— es la misma que estableció y realizó el Verbo Encarnado, mereciéndonos la gracia divina. Esta Alianza es incomparablemente más noble y más sólida, porque a diferencia de la precedente, no fue sancionada con sangre de cabritos y novillos, sino con la sangre sacrosanta de Aquel a quienes aquellos animales pacíficos y privados de razón prefiguraban: «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» 26. Porque la Alianza cristiana, más aún que la antigua, se manifiesta claramente como un pacto fundado no en la servidumbre o en el temor, sino en la amistad que debe reinar en las relaciones entre padres e hijos. Se alimenta y se consolida por una más generosa efusión de la gracia divina y de la verdad, según la sentencia del evangelista san Juan: «De su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia por gracia. Porque la ley fue dada por Moisés, mas la gracia y la verdad por Jesucristo han venido» 27

Introducidos por estas palabras del discípulo «al que amaba Jesús, y que, durante la Cena, reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús» [28, en el mismo misterio de la infinita caridad del Verbo Encarnado, es cosa digna, justa, recta y saludable, que nos detengamos un poco, venerables hermanos, en la contemplación de tan dulce misterio, a fin de que, iluminados por la luz que sobre él proyectan las páginas del Evangelio, podamos también nosotros experimentar el feliz cumplimiento del deseo significado por el Apóstol a los fieles de Éfeso: «Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, de modo que, arraigados y 154

cimentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la alteza y la profundidad, hasta conocer el amor de Cristo, que sobrepuja a todo conocimiento, de suerte que estéis llenos de toda la plenitud de Dios» 29

10. En efecto, el misterio de la Redención divina es, ante todo y por su propia naturaleza, un misterio de amor; esto es, un misterio del amor justo de Cristo a su Padre celestial, a quien el sacrificio de la cruz, ofrecido con amor y obediencia, presenta una satisfacción sobreabundante e infinita por los pecados del género humano: «Cristo sufriendo, por caridad y obediencia, ofreció a Dios algo de mayor valor que lo que exigía la compensación por todas las ofensas hechas a Dios por el género humano» 30. Además, el misterio de la Redención es un misterio de amor misericordioso de la augusta Trinidad y del Divino Redentor hacia la humanidad entera, puesto que, siendo esta del todo incapaz de ofrecer a Dios una satisfacción condigna por sus propios delitos 31, Cristo, mediante la inescrutable riqueza de méritos, que nos ganó con la efusión de su preciosísima Sangre, pudo restablecer y perfeccionar aquel pacto de amistad entre Dios y los hombres, violado por vez primera en el paraíso terrenal por culpa de Adán y luego innumerables veces por las infidelidades del pueblo escogido. Por lo tanto, el Divino Redentor, en su cualidad de legítimo y perfecto Mediador nuestro, al haber conciliado bajo el estímulo de su caridad ardentísima hacia nosotros los deberes y obligaciones del género humano con los derechos de Dios, ha sido, sin duda, el autor de aquella maravillosa reconciliación entre la divina justicia y la divina misericordia, que constituye esencialmente el misterio trascendente de nuestra salvación. Muy a propósito dice el Doctor Angélico: «Conviene observar que la liberación del hombre, mediante la pasión de Cristo, fue conveniente tanto a su justicia como a su misericordia. Ante todo, a la justicia; porque con su pasión Cristo satisfizo por la culpa del género humano, y, por consiguiente, por la justicia de Cristo el hombre fue libertado. Y, en segundo lugar, a la misericordia; porque, no siéndole posible al hombre satisfacer por el pecado, que manchaba a toda la naturaleza humana, Dios le dio un Redentor en la persona de su Hijo». Ahora bien: esto fue de parte de Dios un acto de más generosa misericordia que si El hubiese perdonado los pecados sin exigir satisfacción alguna. Por ello está escrito: «Dios, que es rico en misericordia, movido por el excesivo amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por los pecados, nos volvió a dar la vida en Cristo» 32

Amor divino y humano

11. Pero a fin de que podamos en cuanto es dado a los hombres mortales, «comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la alteza y la profundidad» 33 del misterioso amor del Verbo Encarnado a su celestial Padre y hacia los hombres manchados con tantas culpas, conviene tener muy presente que su amor no fue únicamente espiritual, como conviene a Dios, puesto que «Dios es espíritu» 34. Es indudable que de índole puramente espiritual fue el amor de Dios a nuestros primeros padres y al pueblo hebreo; por eso, las expresiones de amor humano conyugal o paterno, que se leen en los Salmos, en los escritos de los profetas y en el Cantar de los Cantares, son signos y símbolos del muy verdadero amor, pero exclusivamente espiritual, con que Dios amaba al género humano; al contrario, el amor que brota del Evangelio, de las cartas de los Apóstoles y de las páginas del Apocalipsis, al describir el amor del Corazón mismo de Jesús, comprende no sólo la caridad divina, sino también los sentimientos de un afecto humano. Para todos los católicos, esta verdad es indiscutible. En efecto, el Verbo de Dios no ha tomado un cuerpo ilusorio y ficticio, como ya en el primer siglo de la era cristiana osaron afirmar algunos herejes, que atrajeron la severa condenación del apóstol san Juan: «Puesto que en el mundo han salido muchos impostores: los que no confiesan a Jesucristo como Mesías venido en carne. Negar esto es ser un impostor y el anticristo 35. En realidad, El ha unido a su Divina Persona una naturaleza humana individual, íntegra y perfecta, concebida en el seno purísimo de la Virgen María por virtud del Espíritu Santo 36. Nada, pues, faltó a la naturaleza humana que se unió el Verbo de Dios. El la asumió plena e íntegra tanto en los elementos constitutivos espirituales como en los corporales, conviene a saber: dotada de inteligencia y de voluntad todas las demás facultades cognoscitivas, internas y externas; dotada asimismo de las potencias afectivas sensibles y de todas las pasiones naturales. Esto enseña la Iglesia católica, y está sancionado y solemnemente confirmado por los Romanos Pontífices y los concilios ecuménicos: «Entero en sus propiedades, entero en las nuestras» 37; «perfecto en la divinidad y El mismo perfecto en la humanidad» 38; «todo Dios [hecho] hombre, y todo el hombre [subsistente en] Dios» 39

12. Luego si no hay duda alguna de que Jesús poseía un verdadero Cuerpo humano, dotado de todos los sentimientos que le son propios, entre los que predomina el amor, también es igualmente verdad que El estuvo provisto de un corazón físico, en todo semejante al nuestro, puesto que, sin esta parte tan noble del cuerpo, no puede haber vida humana, y menos en sus afectos. Por consiguiente, no hay duda de que el Corazón de Cristo, unido hipostáticamente a la Persona divina del Verbo, palpitó de amor y de todo otro afecto sensible; mas estos sentimientos estaban tan conformes y tan en armonía con su voluntad de hombre esencialmente plena de caridad divina, y con el mismo amor divino que el Hijo tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo, que entre estos tres amores jamás hubo falta de acuerdo y armonía 40

Sin embargo, el hecho de que el Verbo de Dios tomara una verdadera y perfecta naturaleza humana y se plasmara y aun, en cierto modo, se modelara un corazón de carne que, no menos que el nuestro, fuese capaz de sufrir y de ser herido, esto, decimos Nos, si no se piensa y se considera no sólo bajo la luz que emana de la unión hipostática y sustancial, sino también bajo la que procede de la Redención del hombre, que es, por decirlo así, el complemento de aquélla, podría parecer a algunos

«escándalo y necedad», como de hecho pareció a los judíos y gentiles «Cristo crucificado» 41. Ahora bien: los Símbolos de la fe, en perfecta concordia con la Sagrada Escritura, nos aseguran que el Hijo Unigénito de Dios tomó una naturaleza humana capaz de padecer y morir, principalmente por razón del Sacrificio de la cruz, donde El deseaba ofrecer un sacrificio cruento a fin de llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Esta es, además, la doctrina expuesta por el Apóstol de las Gentes: «Pues tanto el que santifica como los que son santificados todos traen de uno su origen. Por cuya causa no se desdeña de llamarlos hermanos, diciendo: "Anunciaré tu nombre a mis hermanos...". Y también: "Heme aquí a mí y a los hijos que Dios me ha dado". Y por cuanto los hijos tienen comunes la carne y sangre, El también participó de las mismas cosas... Por lo cual debió, en todo, asemejarse a sus hermanos, a fin de ser un pontífice misericordioso y fiel en las cosas que miren a Dios, para expiar los pecados del pueblo. Pues por cuanto El mismo fue probado con lo que padeció, por ello puede socorrer a los que son probados» 42.

Santos Padres

13. Los Santos Padres, testigos verídicos de la doctrina revelada, entendieron muy bien lo que ya el apóstol san Pablo había claramente significado, a saber, que el misterio del amor divino es como el principio y el coronamiento de la obra de la Encarnación y Redención. Con frecuente claridad se lee en sus escritos que Jesucristo tomó en sí una naturaleza humana perfecta, con un cuerpo frágil y caduco como el nuestro, para procurarnos la salvación eterna, y para manifestarnos y darnos a entender, en la forma más evidente, así su amor infinito como su amor sensible.

San Justino, que parece un eco de la voz del Apóstol de las Gentes, escribe lo siguiente: «Amamos y adoramos al Verbo nacido de Dios inefable y que no tiene principio: El, en verdad, se hizo hombre por nosotros para que, al hacerse partícipe de nuestras dolencias, nos procurase su remedio» 43. Y San Basilio, el primero de los tres Padres de Capadocia, afirma que los afectos sensibles de Cristo fueron verdaderos y al mismo tiempo santos: «Aunque todos saben que el Señor poseyó los afectos naturales en confirmación de su verdadera y no fantástica encarnación, sin embargo, rechazó de sí como indignos de su purísima divinidad los afectos viciosos, que manchan la pureza de nuestra vida» 44. Igualmente, San Juan Crisóstomo, lumbrera de la Iglesia antioquena, confiesa que las conmociones sensibles de que el Señor dio muestra prueban irrecusablemente que poseyó la naturaleza humana en toda su integridad: «Si no hubiera poseído nuestra naturaleza, no hubiera experimentado una y más veces la tristeza» 45.

Entre los Padres latinos merecen recuerdo los que hoy venera la Iglesia como máximos Doctores. San Ambrosio afirma que la unión hipostática es el origen natural de los afectos y sentimientos que el Verbo de Dios encarnado experimentó: «Por lo tanto, ya que tomó el alma, tomó las pasiones del alma; pues Dios, como Dios que es, no podía turbarse ni morir» 46.

En estas mismas reacciones apoya San Jerónimo el principal argumento para probar que Cristo tomó realmente la naturaleza humana: «Nuestro Señor se entristeció realmente, para poner de manifiesto la verdad de su naturaleza humana» 47.

Particularmente, San Agustín nota la íntima unión existente entre los sentimientos del Verbo encarnado y la finalidad de la Redención humana: «Jesús, el Señor, tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana, no por imposición de la necesidad, sino por consideración voluntaria, a fin de transformar en sí a su Cuerpo que es la Iglesia, para la que se dignó ser Cabeza; es decir, a fin de transformar a sus miembros en santos y fieles suyos; de suerte que, si a alguno de ellos le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia, antes comprendiese que semejantes afecciones no eran indicios de pecados, sino de la humana fragilidad; y como coro que canta después del que entona, así también su Cuerpo aprendiese de su misma Cabeza a padecer» 48.

Doctrina de la Iglesia, que con mayor concisión y no menor fuerza testifican estos pasajes de san Juan Damasceno: «En verdad que todo Dios ha tomado todo lo que en mí es hombre, y todo se ha unido a todo para procurar la salvación de todo el hombre. De otra manera no hubiera podido sanar lo que no asumió» 49. «Cristo, pues, asumió los elementos todos que componen la naturaleza humana, a fin de que todos fueran santificados» 50.

Corazón físico

14. Es, sin embargo, de razón que ni los Autores sagrados ni los Padres de la Iglesia que hemos citado y otros semejantes, aunque prueban abundantemente que Jesucristo estuvo sujeto a los sentimientos y afectos humanos y que por eso precisamente tomó la naturaleza humana para procurarnos la eterna salvación, no refieran expresamente dichos afectos a su corazón físicamente considerado, hasta hacer de él expresamente un símbolo de su amor infinito.

Por más que los evangelistas y los demás escritores eclesiásticos no nos describan directamente los varios efectos que en el ritmo pulsante del Corazón de nuestro Redentor, no menos vivo y sensible que el nuestro, se debieron indudablemente a las diversas conmociones y afectos de su alma y a la ardentísima caridad de su doble voluntad —divina y humana—, sin embargo, frecuentemente ponen de relieve su divino amor y todos los demás afectos con él relacionados: el deseo, la alegría, la tristeza, el temor y la ira, según se manifiestan en las expresiones de su mirada, palabras y actos. Y principalmente el rostro adorable de nuestro Salvador, sin duda, debió aparecer como signo y casi como espejo fidelísimo de los afectos, que, conmoviendo en varios modos su ánimo, a semejanza de olas que se entrechocan, llegaban a su Corazón santísimo y determinaban sus

latidos. A la verdad, vale también a propósito de Jesucristo, cuanto el Doctor Angélico, amaestrado por la experiencia, observa en materia de psicología humana y de los fenómenos de ella derivados: «La turbación de la ira repercute en los miembros externos y principalmente en aquellos en que se refleja más la influencia del corazón, como son los ojos, el semblante, la lengua» 51

Símbolo del triple amor de Cristo

15. Luego, con toda razón, es considerado el corazón del Verbo Encarnado como signo y principal símbolo del triple amor con que el Divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres. Es, ante todo, símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en El, como Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco y frágil velo del cuerpo humano, ya que en «El habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente» 52

Además, el Corazón de Cristo es símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa 53

Finalmente, y esto en modo más natural y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos 54

16. Aleccionados, pues, por los Sagrados Textos y por los Símbolos de la fe, sobre la perfecta consonancia y armonía que reina en el alma santísima de Jesucristo y sobre cómo El dirigió al fin de la Redención las manifestaciones todas de su triple amor, podemos ya con toda seguridad contemplar y venerar en el Corazón del Divino Redentor la imagen elocuente de su caridad y la prueba de haberse ya cumplido nuestra Redención, y como una mística escala para subir al abrazo «de Dios nuestro Salvador» 55. Por eso, en las palabras, en los actos, en la enseñanza, en los milagros y especialmente en las obras que más claramente expresan su amor hacia nosotros —como la institución de la divina Eucaristía, su dolorosa pasión y muerte, la benigna donación de su Santísima Madre, la fundación de la Iglesia para provecho nuestro y, finalmente, la misión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre nosotros—, en todas estas obras, decimos Nos, hemos de admirar otras tantas pruebas de su triple amor, y meditar los latidos de su Corazón, con los cuales quiso medir los instantes de su terrenal peregrinación hasta el momento supremo, en el que, como atestiguan los Evangelistas, «Jesús, luego de haber clamado de nuevo con gran voz, dijo: "Todo está consumado". E inclinado la cabeza, entregó su espíritu» 56. Sólo entonces su Corazón se paró y dejó de latir, y su amor sensible permaneció como en suspenso, hasta que, triunfando de la muerte, se levantó del sepulcro.

Después que su Cuerpo, revestido del estado de la gloria sempiterna, se unió nuevamente al alma del Divino Redentor, victorioso ya de la muerte, su Corazón sacratísimo no ha dejado nunca ni dejará de palpitar con imperturbable y plácido latido, ni cesará tampoco de demostrar el triple amor con que el Hijo de Dios se une a su Padre eterno y a la humanidad entera, de la que con pleno derecho es Cabeza Mística.

III. CONTEMPLACIÓN DEL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS

17. Ahora, venerables hermanos, para que de estas nuestras piadosas consideraciones podamos sacar abundantes y saludables frutos, parémonos a meditar y contemplar brevemente la íntima participación que el Corazón de nuestro Salvador Jesucristo tuvo en su vida afectiva divina y humana, durante el curso de su vida mortal. En las páginas del Evangelio, principalmente, encontraremos la luz, con la cual, iluminados y fortalecidos, podremos penetrar en el templo de este divino Corazón y admirar con el Apóstol de las Gentes «las abundantes riquezas de la gracia [de Dios] en la bondad usada con nosotros por amor de Jesucristo» 57.

18. El adorable Corazón de Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano, desde que la Virgen María pronunció su Fiat, y el Verbo de Dios, como nota el Apóstol, «al entrar en el mundo dijo: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Heme aquí presente. En el principio del libro se habla de mí. Quiero hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad..." Por esta "voluntad" hemos sido santificados mediante la "oblación del cuerpo" de Jesucristo, que él ha hecho de una vez para siempre» 58.

De manera semejante palpitaba de amor su Corazón, en perfecta armonía con los afectos de su voluntad humana y con su amor divino, cuando en la casita de Nazaret mantenía celestiales coloquios con su dulcísima Madre y con su padre putativo, san José, al que obedecía y con quien colaboraba en el fatigoso oficio de carpintero. Este mismo triple amor movía a su Corazón en su continuo peregrinar apostólico, cuando realizaba innumerables milagros, cuando resucitaba a los muertos o devolvía la salud a toda clase de enfermos, cuando sufría trabajos, soportaba el sudor, hambre y sed; en las prolongadas vigilias nocturnas pasadas en oración ante su Padre amantísimo; en fin, cuando daba enseñanzas o proponía y explicaba parábolas, especialmente las que más nos hablan de la misericordia, como la parábola de la dracma perdida, la de la oveja descarriada y la del hijo pródigo. En estas palabras y en estas obras, como dice san Gregorio Magno, se manifiesta el Corazón mismo de Dios: «Mira el Corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor suspires por los bienes eternos»

Con amor aun mayor latía el Corazón de Jesucristo cuando de su boca salían palabras inspiradas en amor ardentísimo. Así, para poner algún ejemplo, cuando viendo a las turbas cansadas y hambrientas, dijo: «Me da compasión esta multitud de gentes» 60; y cuando, a la vista de Jerusalén, su predilecta ciudad, destinada a una fatal ruina por su obstinación en el pecado, exclamó: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados; ¡cuantas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las alas, y tú no lo has querido!» 61. Su Corazón palpitó también de amor hacia su Padre y de santa indignación cuando vio el comercio sacrílego que en el templo se hacía, e increpó a los violadores con estas palabras: «Escrito está: "Mi casa será llamada casa de oración"; mas vosotros hacéis de ella una cueva de ladrones» 62.

19. Pero particularmente se conmovió de amor y de temor su Corazón, cuando ante la hora ya tan inminente de los crudelísimos padecimientos y ante la natural repugnancia a los dolores y a la muerte, exclamó: «Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz» 63; vibró luego con invicto amor y con amargura suma, cuando, aceptando el beso del traidor, le dirigió aquellas palabras que suenan a última invitación de su Corazón misericordiosísimo al amigo que, con ánimo impío, infiel y obstinado, se disponía a entregarlo en manos de sus verdugos: «Amigo, ¿a qué has venido aquí? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?» 64; en cambio, se desbordó con regalado amor y profunda compasión, cuando a las piadosas mujeres, que compasivas lloraban su inmerecida condena al tremendo suplicio de la cruz, las dijo así: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos..., pues si así tratan al árbol verde, ¿en el seco qué se hará?»65. Finalmente, colgado ya en la cruz el Divino Redentor, es cuando siente cómo su Corazón se trueca en impetuoso torrente, desbordado en los más variados y vehementes sentimientos, esto es, de amor ardentísimo, de angustia, de misericordia, de encendido deseo, de serena tranquilidad, como se nos manifiestan claramente en aquellas palabras tan inolvidables como significativas: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» 66; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» 67; «En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso» 68; «Tengo sed» 69; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» 70.

Eucaristía, María, Cruz

20. ¿Quién podrá dignamente describir los latidos del Corazón divino, signo de su infinito amor, en aquellos momentos en que dio a los hombres sus más preciados dones: a Sí mismo en el sacramento de la Eucaristía, a su Madre Santísima y la participación en el oficio sacerdotal?

Ya antes de celebrar la última cena con sus discípulos, sólo al pensar en la institución del Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, con cuya efusión había de sellarse la Nueva Alianza, en su Corazón sintió intensa conmoción, que manifestó a sus apóstoles con estas palabras: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer» 71; conmoción que, sin duda, fue aún más vehemente cuando «tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a ellos, diciendo: "Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía". Y así hizo también con el cáliz, luego de haber cenado, y dijo: "Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derramará por vosotros"» 72.

Con razón, pues, debe afirmarse que la divina Eucaristía, como sacramento por el que El se da a los hombres y como sacrificio en el que El mismo continuamente se inmola desde el nacimiento del sol hasta su ocaso 73, y también el Sacerdocio, son clarísimos dones del Sacratísimo Corazón de Jesús.

Don también muy precioso del sacratísimo Corazón es, como indicábamos, la Santísima Virgen, Madre excelsa de Dios y Madre nuestra amantísima. Era, pues, justo fuese proclamada Madre espiritual del género humano la que, por ser Madre natural de nuestro Redentor, le fue asociada en la obra de regenerar a los hijos de Eva para la vida de la gracia. Con razón escribe de ella san Agustín: «Evidentemente Ella es la Madre de los miembros del Salvador, que somos nosotros, porque con su caridad cooperó a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son los miembros de aquella Cabeza» 74.

Al don incruento de Sí mismo bajo las especies del pan y del vino quiso Jesucristo nuestro Salvador unir, como supremo testimonio de su amor infinito, el sacrificio cruento de la Cruz. Así daba ejemplo de aquella sublime caridad que él propuso a sus discípulos como meta suprema del amor, con estas palabras: «Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos» 75. De donde el amor de Jesucristo, Hijo de Dios, revela en el sacrificio del Gólgota, del modo más elocuente, el amor mismo de Dios: «En esto hemos conocido la caridad de Dios: en que dio su vida por nosotros; y así nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos» 76. Cierto es que nuestro Divino Redentor fue crucificado más por la interior vehemencia de su amor que por la violencia exterior de sus verdugos: su sacrificio voluntario es el don supremo que su Corazón hizo a cada uno de los hombres, según la concisa expresión del Apóstol: «Me amó y se entregó a sí mismo por mí» 77 Iglesia, sacramentos

21. No hay, pues, duda de que el Sagrado Corazón de Jesús, al ser participante tan íntimo de la vida del Verbo encarnado y, al haber sido, por ello asumido como instrumento de la divinidad, no menos que los demás miembros de su naturaleza humana, para realizar todas las obras de la gracia y de la omnipotencia divina 78, por lo mismo es también símbolo legítimo de aquella inmensa caridad que movió a nuestro Salvador a celebrar, por el derramamiento de la sangre, su místico matrimonio con la

Iglesia: «Sufrió la pasión por amor a la Iglesia que había de unir a sí como Esposa» 79. Por lo tanto, del Corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la sangre de la Redención; y del mismo fluye abundantemente la gracia de los sacramentos que a los hijos de la Iglesia comunican la vida sobrenatural, como leemos en la sagrada Liturgia: «Del Corazón abierto nace la Iglesia, desposada con Cristo... Tú, que del Corazón haces manar la gracia» 80

De este simbolismo, no desconocido para los antiguos Padres y escritores eclesiásticos, el Doctor común escribe, haciéndose su fiel intérprete: «Del costado de Cristo brotó agua para lavar y sangre para redimir. Por eso la sangre es propia del sacramento de la Eucaristía; el agua, del sacramento del Bautismo, el cual, sin embargo, tiene su fuerza para lavar en virtud de la sangre de Cristo» 81. Lo afirmado del costado de Cristo, herido y abierto por el soldado, ha de aplicarse a su Corazón, al cual, sin duda, llegó el golpe de la lanza, asestado precisamente por el soldado para comprobar de manera cierta la muerte de Jesucristo.

Por ello, durante el curso de los siglos, la herida del Corazón Sacratísimo de Jesús, muerto ya a esta vida mortal, ha sido la imagen viva de aquel amor espontáneo por el que Dios entregó a su Unigénito para la redención de los hombres, y por el que Cristo nos amó a todos con tan ardiente amor, que se inmoló a sí mismo como víctima cruenta en el Calvario: «Cristo nos amó, y se ofreció a sí mismo a Dios, en oblación y hostia de olor suavísimo» 82

Ascensión

22. Después que nuestro Salvador subió al cielo con su cuerpo glorificado y se sentó a la diestra de Dios Padre, no ha cesado de amar a su esposa, la Iglesia, con aquel inflamado amor que palpita en su Corazón. Aun en la gloria del cielo, lleva en las heridas de sus manos, de sus pies y de su costado los esplendentes trofeos de su triple victoria: sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerte; lleva, además, en su Corazón, como en arca preciosísima, aquellos inmensos tesoros de sus méritos, frutos de su triple victoria, que ahora distribuye con largueza al género humano ya redimido. Esta es una verdad consoladora, enseñada por el Apóstol de las Gentes, cuando escribe: «Al subirse a lo alto llevó consigo cautiva a una grande multitud de cautivos, y derramó sus dones sobre los hombres... El que descendió, ese mismo es el que ascendió sobre todos los cielos, para dar cumplimiento a todas las cosas» 83.

Pentecostés

23. La misión del Espíritu Santo a los discípulos es la primera y espléndida señal del munífico amor del Salvador, después de su triunfal ascensión a la diestra del Padre. De hecho, pasados diez días, el Espíritu Paráclito, dado por el Padre celestial, bajó sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo, como Jesús mismo les había prometido en la última cena: «Yo rogaré al Padre y él os dará otro consolador para que esté con vosotros eternamente» 84. El Espíritu Paráclito, por ser el Amor mutuo personal por el que el Padre ama al Hijo y el Hijo al Padre, es enviado por ambos, bajo forma de lenguas de fuego, para infundir en el alma de los discípulos la abundancia de la caridad divina y de los demás carismas celestiales. Pero esta infusión de la caridad divina brota también del Corazón de nuestro Salvador, «en el cual están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» 85.

Esta caridad es, por lo tanto, don del Corazón de Jesús y de su Espíritu. A este común Espíritu del Padre y del Hijo se debe, en primer lugar, el nacimiento de la Iglesia y su propagación admirable en medio de todos los pueblos paganos, dominados hasta entonces por la idolatría, el odio fraterno, la corrupción de costumbres y la violencia. Esta divina caridad, don preciosísimo del Corazón de Cristo y de su Espíritu, es la que dio a los Apóstoles y a los mártires la fortaleza para predicar la verdad evangélica y testimoniarla hasta con su sangre; a los Doctores de la Iglesia, aquel ardiente celo por ilustrar y defender la fe católica; a los Confesores, para practicar las más selectas virtudes y realizar las empresas más útiles y admirables, provechosas a la propia santificación y a la salud eterna y temporal de los prójimos; a las Vírgenes, finalmente, para renunciar espontánea y alegremente a los goces de los sentidos, con tal de consagrarse por completo al amor del celestial Esposo.

A esta divina caridad, que redunda del Corazón del Verbo encarnado y se infunde por obra del Espíritu Santo en las almas de todos los creyentes, el Apóstol de las Gentes entonó aquel himno de victoria, que ensalza a la par el triunfo de Jesucristo, Cabeza, y el de los miembros de su Místico Cuerpo sobre todo cuanto de algún modo se opone al establecimiento del divino Reino del amor entre los hombres: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el riesgo, la persecución?, ¿la espada? ... Mas en todas estas cosas soberanamente triunfamos por obra de Aquel que nos amó. Porque seguro estoy de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo venidero, ni poderíos, ni altura, ni profundidades, ni otra alguna criatura será capaz de separarnos del amor de Dios que se funda en Jesucristo nuestro Señor» 86

Sagrado Corazón, símbolo del amor de Cristo

24. Nada, por lo tanto, prohíbe que adoremos el Corazón Sacratísimo de Jesucristo como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inexhausto que nuestro Divino Redentor siente aun hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo divino, y, en ella y por ella, a su divina voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en amor divino y

humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que nuestro Redentor adquirió por los méritos de su vida, padecimientos y muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de su Cuerpo Místico.

Así, pues, el Corazón de nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no sólo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos así el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa, según el Apóstol: «Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante sí llena de gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino siendo santa e inmaculada» 87

Cristo ha amado a la Iglesia, y la sigue amando intensamente con aquel triple amor de que hemos hablado 88, y ése es el amor que le mueve a hacerse nuestro Abogado para conciliarnos la gracia y la misericordia del Padre, «siempre vivo para interceder por nosotros» 89. La plegaria que brota de su inagotable amor, dirigida al Padre, no sufre interrupción alguna. Como «en los días de su vida en la carne» 90, también ahora, triunfante ya en el cielo, suplica al Padre con no menor eficacia; y a Aquel que «amó tanto al mundo que dio a su Unigénito Hijo, a fin de que todos cuantos creen en El no perezcan, sino que tengan la vida eterna» 91. El muestra su Corazón vivo y herido, con un amor más ardiente que cuando, ya exánime, fue herido por la lanza del soldado romano: «Por esto fue herido [tu Corazón], para que por la herida visible viésemos la herida invisible del amor» 92.

Luego no puede haber duda alguna de que ante las súplicas de tan grande Abogado hechas con tan vehemente amor, el Padre celestial, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros 93, por medio de El hará descender siempre sobre todos los hombres la exuberante abundancia de sus gracias divinas.

IV. HISTORIA DEL CULTO DEL SAGRADO CORAZÓN

25. Hemos querido, venerables hermanos, proponer a vuestra consideración y a la del pueblo cristiano, en sus líneas generales, la naturaleza íntima del culto al Corazón de Jesús, y las perennes gracias que de él se derivan, tal como resaltan de su fuente primera, la revelación divina. Estamos persuadidos de que estas nuestras reflexiones, dictadas por la enseñanza misma del Evangelio, han mostrado claramente cómo este culto se identifica sustancialmente con el culto al amor divino y humano del Verbo Encarnado, y también con el culto al amor mismo con que el Padre y el Espíritu Santo aman a los hombres pecadores; porque, como observa el Doctor Angélico, el amor de las tres Personas divinas es el principio y origen del misterio de la Redención humana, ya que, desbordándose aquél poderosamente sobre la voluntad humana de Jesucristo y, por lo tanto, sobre su Corazón adorable, le indujo con un idéntico amor a derramar generosamente su Sangre para rescatarnos de la servidumbre del pecado 94: «Con un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡qué angustias hasta que se cumpla!» 95.

Por lo demás, es persuasión nuestra que el culto tributado al amor de Dios y de Jesucristo hacia el género humano, a través del símbolo augusto del Corazón traspasado del Redentor crucificado, jamás ha estado completamente ausente de la piedad de los fieles, aunque su manifestación clara y su admirable difusión en toda la Iglesia se haya realizado en tiempos no muy remotos de nosotros, sobre todo después que el Señor mismo reveló este divino misterio a algunos hijos suyos, y los eligió para mensajeros y heraldos suyos, luego de haberles colmado con abundancia de dones sobrenaturales.

De hecho, siempre hubo almas especialmente consagradas a Dios que, inspiradas en los ejemplos de la excelsa Madre de Dios, de los Apóstoles y de insignes Padres de la Iglesia, han tributado culto de adoración, de gratitud y de amor a la Humanidad santísima de Cristo y en modo especial a las heridas abiertas en su Cuerpo por los tormentos de la Pasión salvadora.

Y ¿cómo no reconocer en aquellas palabras «¡Señor mío y Dios mío!» 96, pronunciadas por el apóstol Tomás y que revelan su improvisa transformación de incrédulo en fiel, una clara profesión de fe, de adoración y de amor, que de la humanidad llagada del Salvador se elevaba hasta la majestad de la Persona Divina?

Mas si el Corazón traspasado del Redentor siempre ha llevado a los hombres a venerar su infinito amor por el género humano, porque para los cristianos de todos los tiempos han tenido siempre valor las palabras del profeta Zacarías, que el evangelista san Juan aplicó a Jesús Crucificado: «Verán a Quien traspasaron» 97, obligado es, sin embargo, reconocer que tan sólo poco a poco y progresivamente llegó ese Corazón a constituir objeto directo de un culto especial, como imagen del amor humano y divino del Verbo Encarnado.

Santos, Santa Margarita María

26. Si queremos indicar siquiera las etapas gloriosas recorridas por este culto en la historia de la piedad cristiana, precisa, ante todo, recordar los nombres de algunos de aquellos que bien se pueden considerar como los precursores de esta devoción que, en forma privada, pero de modo gradual, cada vez más vasto, se fue difundiendo dentro de los Institutos

religiosos. Así, por ejemplo, se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más este culto al Corazón Sacratísimo de Jesús: san Buenaventura, san Alberto Magno, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, el beato Enrique Suso, san Pedro Canisio y san Francisco de Sales. San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta solemne se celebró por primera vez, con el beneplácito de muchos Obispos de Francia, el 20 de octubre de 1672.

Pero entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual —el beato Claudio de la Colombiere—, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos, y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana 98

Basta esta rápida evocación de los orígenes y gradual desarrollo del culto del Corazón de Jesús para convencernos plenamente de que su admirable crecimiento se debe principalmente al hecho de haberse comprobado que era en todo conforme con la índole de la religión cristiana, que es la religión del amor.

No puede decirse, por consiguiente, ni que este culto deba su origen a revelaciones privadas, ni cabe pensar que apareció de improviso en la Iglesia; brotó espontáneamente, en almas selectas, de su fe viva y de su piedad ferviente hacia la persona adorable del Redentor y hacia aquellas sus gloriosas heridas, testimonio el más elocuente de su amor inmenso para el espíritu contemplativo de los fieles. Es evidente, por lo tanto, cómo las revelaciones de que fue favorecida santa Margarita María ninguna nueva verdad añadieron a la doctrina católica. Su importancia consiste en que —al mostrar el Señor su Corazón

Sacratísimo— de modo extraordinario y singular quiso atraer la consideración de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor tan misericordioso de Dios al género humano. De hecho, mediante una manifestación tan excepcional, Jesucristo expresamente y en repetidas veces mostró su Corazón como el símbolo más apto para estimular a los hombres al conocimiento y a la estima de su amor; y al mismo tiempo lo constituyó como señal y prenda de su misericordia y de su gracia para las necesidades espirituales de la Iglesia en los tiempos modernos.

1765, Clemente XIII, y 1856, Pío IX

27. Además, una prueba evidente de que este culto nace de las fuentes mismas del dogma católico está en el hecho de que la aprobación de la fiesta litúrgica por la Sede Apostólica precedió a la de los escritos de santa Margarita María. En realidad, independientemente de toda revelación privada, y sólo accediendo a los deseos de los fieles, la Sagrada Congregación de Ritos, por decreto del 25 de enero de 1765, aprobado por nuestro predecesor Clemente XIII el 6 de febrero del mismo año, concedió a los Obispos de Polonia y a la Archicofradía Romana del Sagrado Corazón de Jesús la facultad de celebrar la fiesta litúrgica. Con este acto quiso la Santa Sede que tomase nuevo incremento un culto, ya en vigor y floreciente, cuyo fin era «reavivar simbólicamente el recuerdo del amor divino» 99, que había llevado al Salvador a hacerse víctima para expiar los pecados de los hombres.

A esta primera aprobación, dada en forma de privilegio y aún limitada para determinados fines, siguió otra, a distancia casi de un siglo, de importancia mucho mayor y expresada en términos más solemnes. Nos referimos al decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 23 de agosto de 1856, anteriormente mencionado, por el cual nuestro predecesor Pío IX, de i. m., acogiendo las súplicas de los Obispos de Francia y de casi todo el mundo católico, extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corazón Sacratísimo de Jesús y prescribió la forma de su celebración litúrgica 100. Fecha ésta, digna de ser recomendada al perenne recuerdo de los fieles, pues, como vemos escrito en la liturgia misma de dicha festividad, «desde entonces, el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús, semejante a un río desbordado, venciendo todos los obstáculos, se difundió por todo el mundo católico».

De cuanto hemos expuesto hasta ahora aparece evidente, venerables hermanos, que en los textos de la Sagrada Escritura, de la Tradición y de la Sagrada Liturgia es donde los fieles han de encontrar principalmente los manantiales límpidos y profundos del culto al Corazón Sacratísimo de Jesús, si desean penetrar en su íntima naturaleza y sacar de su pía meditación sustancia y aumento para su fervor religioso. Iluminada, y penetrando más íntimamente mediante esta meditación asidua, el alma fiel no podrá menos de llegar a aquel dulce conocimiento de la caridad de Cristo, en la cual está la plenitud toda de la vida cristiana, como, instruido por la propia experiencia, enseña el Apóstol: «Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo..., para que, según las riquezas de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu ser fortalecidos en virtud en el hombre interior, y que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, estando arraigados y cimentados en caridad; a fin de que podáIs.. conocer también aquel amor de Cristo, que sobrepuja a todo conocimiento, para que seáis plenamente colmados de toda la plenitud de Dios» 101. De esta universal plenitud es precisamente imagen muy espléndida el Corazón de Jesucristo: plenitud de misericordia, propia del Nuevo Testamento, en el cual «Dios nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor para con los hombres» 102; pues «no envió Dios su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que por su medio el mundo se salve» 103

Culto al Corazón de Jesús, culto en espíritu y en verdad

28. Constante persuasión de la Iglesia, maestra de verdad para los hombres, ya desde que promulgó los primeros documentos

oficiales relativos al culto del Corazón Sacratísimo de Jesús, fue que sus elementos esenciales, es decir, los actos de amor y de reparación tributados al amor infinito de Dios hacia los hombres, lejos de estar contaminados de materialismo y de superstición, constituyen una norma de piedad, en la que se cumple perfectamente aquella religión espiritual y verdadera que anunció el Salvador mismo a la Samaritana: «Ya llega tiempo, y ya estamos en él, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre desea. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarle en espíritu y en verdad» 104

Por lo tanto, no es justo decir que la contemplación del Corazón físico de Jesús impide el contacto más íntimo con el amor de Dios, porque retarda el progreso del alma en la vía que conduce directa a la posesión de las más excelsas virtudes. La Iglesia rechaza plenamente este falso misticismo al igual que, por la autoridad de nuestro predecesor Inocencio XI, de f. m., condenó la doctrina de quienes afirmaban: «No deben (las almas de esta vía interna) hacer actos de amor a la bienaventurada Virgen, a los Santos o a la humanidad de Cristo; pues como estos objetos son sensibles, tal es también el amor hacia ellos. Ninguna criatura, ni aun la bienaventurada Virgen y los Santos, han de tener asiento en nuestro corazón; porque Dios quiere ocuparlo y poseerlo solo» 105.

Los que así piensan son, naturalmente, de opinión que el simbolismo del Corazón de Cristo no se extiende más allá de su amor sensible y que no puede, por lo tanto, en modo alguno constituir un nuevo fundamento del culto de latría, que está reservado tan sólo a lo que es esencialmente divino. Ahora bien, una interpretación semejante del valor simbólico de las sagradas imágenes es absolutamente falsa, porque coarta injustamente su trascendental significado. Contraria es la opinión y la enseñanza de los teólogos católicos, entre los cuales santo Tomás escribe así: «A las imágenes se les tributa culto religioso, no consideradas en sí mismas, es decir, en cuanto realidades, sino en cuanto son imágenes que nos llevan hasta Dios encarnado. El movimiento del alma hacia la imagen, en cuanto es imagen, no se para en ella, sino que tiende al objeto representado por la imagen. Por consiguiente, del tributar culto religioso a las imágenes de Cristo no resulta un culto de latría diverso ni una virtud de religión distinta» 106. Por lo tanto, es en la persona misma del Verbo Encarnado donde termina el culto relativo tributado a sus imágenes, sean éstas las reliquias de su acerba Pasión, sea la imagen misma que supera a todas en valor expresivo, es decir, el Corazón herido de Cristo crucificado. Y así del elemento corpóreo —el Corazón de Jesucristo— y de su natural simbolismo, es legítimo y justo que, llevados en alas de la fe, nos elevemos no sólo a la contemplación de su amor sensible, sino más alto aún, hasta la consideración y adoración de su excelentísimo amor infundido, y, finalmente, en un vuelo sublime y dulce a un mismo tiempo, hasta la meditación y adoración del Amor divino del Verbo Encarnado. De hecho, a la luz de la fe —por la cual creemos que en la Persona de Cristo están unidas la naturaleza humana y la naturaleza divina— nuestra mente se torna idónea para concebir los estrechísimos vínculos que existen entre el amor sensible del Corazón físico de Jesús y su doble amor espiritual, el humano y el divino. En realidad, estos amores no se deben considerar sencillamente como coexistentes en la adorable Persona del Redentor divino, sino también como unidos entre sí por vínculo natural, en cuanto que al amor divino están subordinados el humano espiritual y el sensible, los cuales dos son una representación analógica de aquél. No pretendemos con esto que en el Corazón de Jesús se haya de ver y adorar la que llaman imagen formal, es decir, la representación perfecta y absoluta de su amor divino, pues que no es posible representar adecuadamente con ninguna imagen criada la íntima esencia de este amor; pero el alma fiel, al venerar el Corazón de Jesús, adora juntamente con la Iglesia el símbolo y como la huella de la Caridad divina, la cual llegó también a amar con el Corazón del Verbo Encarnado al género humano, contaminado por tantos crímenes.

La más completa profesión de la religión cristiana

29. Por ello, en esta materia tan importante como delicada, es necesario tener siempre muy presente cómo la verdad del simbolismo natural, que relaciona al Corazón físico de Jesús con la persona del Verbo, descansa toda ella en la verdad primaria de la unión hipostática; en torno a la cual no cabe duda alguna, como no se quiera renovar los errores condenados más de una vez por la Iglesia, por contrarios a la unidad de persona en Cristo —con la distinción e integridad de sus dos naturalezas.

Esta verdad fundamental nos permite entender cómo el Corazón de Jesús es el corazón de una persona divina, es decir, del Verbo Encarnado, y que, por consiguiente, representa y pone ante los ojos todo el amor que El nos ha tenido y nos tiene aún. Y aquí está la razón de por qué el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana. Verdaderamente, la religión de Jesucristo se funda toda en el Hombre-Dios Mediador; de manera que no se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo que El mismo afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» 107

Siendo esto así, fácilmente se deduce que el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús no es sustancialmente sino el mismo culto al amor con que Dios nos amó por medio de Jesucristo, al mismo tiempo que el ejercicio de nuestro amor a Dios y a los demás hombres. Dicho de otra manera: Este culto se dirige al amor de Dios para con nosotros, proponiéndolo como objeto de adoración, de acción de gracias y de imitación; además, considera la perfección de nuestro amor a Dios y a los hombres como la meta que ha de alcanzarse por el cumplimiento cada vez más generoso del mandamiento «nuevo» que el Divino Maestro legó como sacra herencia a sus Apóstoles, cuando les dijo: «Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis los unos a los

otros, como yo os he amado... El precepto mío es que os améis unos a otros, como yo os he amado» 108. Mandamiento éste, en verdad nuevo y propio de Cristo; porque, como dice santo Tomás de Aquino: «Poca diferencia hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pues, como dice Jeremías, "Haré un pacto nuevo con la casa de Israel" 109. Pero que este mandamiento se practicase en el Antiguo Testamento a impulso de santo temor y amor, se debía al Nuevo Testamento; en cuanto que, si este mandamiento ya existía en la Antigua Ley, no era como prerrogativa suya propia, sino más bien como prólogo y preparación de la Ley Nueva» 110

V. SUMO APRECIO POR EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

30. Antes de terminar estas consideraciones tan hermosas como consoladoras sobre la naturaleza auténtica de este culto y su cristiana excelencia, Nos, plenamente conscientes del oficio apostólico que por primera vez fue confiado a san Pedro, luego de haber profesado por tres veces su amor a Jesucristo nuestro Señor, creemos conveniente exhortaros una vez más, venerables hermanos, y por vuestro medio a todos los queridísimos hijos en Cristo, para que con creciente entusiasmo cuidéis de promover esta suavísima devoción, pues de ella han de brotar grandísimos frutos también en nuestros tiempos.

Y en verdad que si debidamente se ponderan los argumentos en que se funda el culto tributado al Corazón herido de Jesús, todos verán claramente cómo aquí no se trata de una forma cualquiera de piedad, que sea lícito posponer a otras o tenerla en menos, sino de una práctica religiosa muy apta para conseguir la perfección cristiana. Si «la devoción —según el tradicional concepto teológico, formulado por el Doctor Angélico— no es sino la pronta voluntad de dedicarse a todo cuanto con el servicio de Dios se relaciona» 111, ¿puede haber servicio divino más debido y más necesario, al mismo tiempo que más noble y dulce, que el rendido a su amor? Y ¿qué servicio cabe pensar más grato y afecto a Dios que el homenaje tributado a la caridad divina y que se hace por amor, desde el momento en que todo servicio voluntario en cierto modo es un don, y cuando el amor constituye «el don primero, por el que nos son dados todos los dones gratuitos?» 112. Es digna, pues, de sumo honor aquella forma de culto por la cual el hombre se dispone a honrar y amar en sumo grado a Dios y a consagrarse con mayor facilidad y prontitud al servicio de la divina caridad; y ello tanto más cuanto que nuestro Redentor mismo se dignó proponerla y recomendarla al pueblo cristiano, y los Sumos Pontífices la han confirmado con memorables documentos y la han enaltecido con grandes alabanzas. Y así, quien tuviere en poco este insigne beneficio que Jesucristo ha dado a su Iglesia, procedería en forma temeraria y perniciosa, y aun ofendería al mismo Dios.

31. Esto supuesto, ya no cabe duda alguna de que los cristianos que honran al sacratísimo Corazón del Redentor cumplen el deber, ciertamente gravísimo, que tienen de servir a Dios, y que juntamente se consagran a sí mismos y a toda su propia actividad, tanto interna como externa, a su Creador y Redentor, poniendo así en práctica aquel divino mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas» 113. Además de que así tienen la certeza de que a honrar a Dios no les mueve ninguna ventaja personal, corporal o espiritual, temporal o eterna, sino la bondad misma de Dios, a quien cuidan de obsequiar con actos de amor, de adoración y de debida acción de gracias. Si no fuera así, el culto al sacratísimo Corazón de Jesús ya no respondería a la índole genuina de la religión cristiana, porque entonces el hombre con tal culto ya no tendría como mira principal el servicio de honrar principalmente el amor divino; y entonces deberían mantenerse como justas las acusaciones de excesivo amor y de demasiada solicitud por sí mismos, motivadas por quienes entienden mal esta devoción tan nobilísima, o no la practican con toda rectitud.

Todos, pues, tengan la firme persuasión de que en el culto al augustísimo Corazón de Jesús lo más importante no consiste en las devotas prácticas externas de piedad, y que el motivo principal de abrazarlo tampoco debe ser la esperanza de la propia utilidad, porque aun estos beneficios Cristo nuestro Señor los ha prometido mediante ciertas revelaciones privadas, precisamente para que los hombres se sintieran movidos a cumplir con mayor fervor los principales deberes de la religión católica, a saber, el deber de amor y el de la expiación, al mismo tiempo que así obtengan de mejor manera su propio provecho espiritual.

Difusión de este culto

32. Exhortamos, pues, a todos nuestros hijos en Cristo a que practiquen con fervor esta devoción, así a los que ya están acostumbrados a beber las aguas saludables que brotan del Corazón del Redentor, como, sobre todo, a los que, a guisa de espectadores, desde lejos miran todavía con espíritu de curiosidad y hasta de duda. Piensen estos con atención que se trata de un culto, según ya hemos dicho, que desde hace mucho tiempo está arraigado en la Iglesia, que se apoya profundamente en los mismos Evangelios; un culto, en cuyo favor está claramente la Tradición y la sagrada Liturgia, y que los mismos Romanos Pontífices han ensalzado con alabanzas tan multiplicadas como grandes: no se contentaron con instituir una fiesta en honor del Corazón augustísimo del Redentor, y extenderla luego a toda la Iglesia, sino que por su parte tomaron la iniciativa de dedicar y consagrar solemnemente todo el género humano al mismo sacratísimo Corazón 114. Finalmente, conveniente es asimismo pensar que este culto tiene en su favor una mies de frutos espirituales tan copiosos como consoladores, que de ella se han derivado para la Iglesia: innumerables conversiones a la religión católica, reavivada vigorosamente la fe en muchos espíritus, más íntima la unión de los fieles con nuestro amantísimo Redentor; frutos todos estos que, sobre todo en los últimos decenios, se han mostrado en una forma tan frecuente como conmovedora.

Al contemplar este admirable espectáculo de la extensión y fervor con que la devoción al sacratísimo Corazón de Jesús se ha propagado en toda clase de fieles, nos sentimos ciertamente llenos de gozo y de inefable consuelo; y, luego de dar a nuestro Redentor las obligadas gracias por los tesoros infinitos de su bondad, no podemos menos de expresar nuestra paternal complacencia a todos los que, tanto del clero como del elemento seglar, con tanta eficacia han cooperado a promover este culto.

Penas actuales de la Iglesia

33. Aunque la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, venerables hermanos, ha producido en todas partes abundantes frutos de renovación espiritual en la vida cristiana, sin embargo, nadie ignora que la Iglesia militante en la tierra y, sobre todo, la sociedad civil no han alcanzado aún el grado de perfección que corresponde a los deseos de Jesucristo, Esposo Místico de la Iglesia y Redentor del género humano. En verdad que no pocos hijos de la Iglesia afean con numerosas manchas y arrugas el rostro materno, que en sí mismos reflejan; no todos los cristianos brillan por la santidad de costumbres, a la que por vocación divina están llamados; no todos los pecadores, que en mala hora abandonaron la casa paterna, han vuelto a ella, para de nuevo vestirse con el vestido precioso 115 y recibir el anillo, símbolo de fidelidad para con el Esposo de su alma; no todos los infieles se han incorporado aún al Cuerpo Místico de Cristo. Hay más. Porque si bien nos llena de amargo dolor el ver cómo languidece la fe en los buenos, y contemplar cómo, por el falaz atractivo de los bienes terrenales, decrece en sus almas y poco a poco se apaga el fuego de la caridad divina, mucho más nos atormentan las maquinaciones de los impíos que, ahora más que nunca, parecen incitados por el enemigo infernal en su odio implacable y declarado contra Dios, contra la Iglesia y, sobre todo, contra Aquel que en la tierra representa a la persona del Divino Redentor y su caridad para con los hombres, según la conocidísima frase del Doctor de Milán: Pedro «es interrogado acerca de lo que se duda, pero no duda el Señor; pregunta no para saber, sino para enseñar al que, antes de ascender al cielo, nos dejaba como "vicario de su amor"» 116.

34. Ciertamente, el odio contra Dios y contra los que legítimamente hacen sus veces es el mayor delito que puede cometer el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios y destinado a gozar de su amistad perfecta y eterna en el cielo; puesto que por el odio a Dios el hombre se aleja lo más posible del Sumo Bien, y se siente impulsado a rechazar de sí y de sus prójimos cuanto viene de Dios, une con Dios y conduce a gozar de Dios, o sea, la verdad, la virtud, la paz y la justicia 117.

Pudiendo, pues, observar que, por desgracia, el número de los que se jactan de ser enemigos del Señor eterno crece hoy en algunas partes, y que los falsos principios del materialismo se difunden en las doctrinas y en la práctica; y oyendo cómo continuamente se exalta la licencia desenfrenada de las pasiones, ¿qué tiene de extraño que en muchas almas se enfríe la caridad, que es la suprema ley de la religión cristiana, el fundamento más firme de la verdadera y perfecta justicia, el manantial más abundante de la paz y de las castas delicias? Ya lo advirtió nuestro Salvador: «Por la inundación de los vicios, se resfriará la caridad de muchos» 118.

Un culto providencial

35. Ante tantos males que, hoy más que nunca, trastornan profundamente a individuos, familias, naciones y orbe entero, ¿dónde, venerables hermanos, hallaremos un remedio eficaz? ¿Podremos encontrar alguna devoción que aventaje al culto augustísimo del Corazón de Jesús, que responda mejor a la índole propia de la fe católica, que satisfaga con más eficacia las necesidades espirituales actuales de la Iglesia y del género humano? ¿Qué homenaje religioso más noble, más suave y más saludable que este culto, pues se dirige todo a la caridad misma de Dios? 119. Por último, ¿qué puede haber más eficaz que la caridad de Cristo —que la devoción al Sagrado Corazón promueve y fomenta cada día más— para estimular a los cristianos a que practiquen en su vida la perfecta observancia de la ley evangélica, sin la cual no es posible instaurar entre los hombres la paz verdadera, como claramente enseñan aquellas palabras del Espíritu Santo: «Obra de la justicia será la paz»120?

Por lo cual, siguiendo el ejemplo de nuestro inmediato antecesor, queremos recordar de nuevo a todos nuestros hijos en Cristo la exhortación que León XIII, de i. m., al expirar el siglo pasado, dirigía a todos los cristianos y a cuantos se sentían sinceramente preocupados por su propia salvación y por la salud de la sociedad civil: «Ved hoy ante vuestros ojos un segundo lábaro consolador y divino: el Sacratísimo Corazón de Jesús... que brilla con refulgente esplendor entre las llamas. En El hay que poner toda nuestra confianza; a El hay que suplicar y de El hay que esperar nuestra salvación» 121

Deseamos también vivamente que cuantos se glorían del nombre de cristianos e, intrépidos, combaten por establecer el Reino de Jesucristo en el mundo, consideren la devoción al Corazón de Jesús como bandera y manantial de unidad, de salvación y de paz. No piense ninguno que esta devoción perjudique en nada a las otras formas de piedad con que el pueblo cristiano, bajo la dirección de la Iglesia, venera al Divino Redentor. Al contrario, una ferviente devoción al Corazón de Jesús fomentará y promoverá, sobre todo, el culto a la santísima Cruz, no menos que el amor al augustísimo Sacramento del altar. Y, en realidad, podemos afirmar —como lo ponen de relieve las revelaciones de Jesucristo mismo a santa Gertrudis y a santa Margarita María — que ninguno comprenderá bien a Jesucristo crucificado, si no penetra en los arcanos de su Corazón. Ni será fácil entender el amor con que Jesucristo se nos dio a sí mismo por alimento espiritual, si no es mediante la práctica de una especial devoción al Corazón Eucarístico de Jesús; la cual —para valernos de las palabras de nuestro predecesor, de f. m., León XIII nos recuerda «aquel acto de amor sumo con que nuestro Redentor, derramando todas las riquezas de su Corazón, a fin de 164

prolongar su estancia con nosotros hasta la consumación de los siglos, instituyó el adorable Sacramento de la Eucaristía» 122. Ciertamente, «no es pequeña la parte que en la Eucaristía tuvo su Corazón, por ser tan grande el amor de su Corazón con que nos la dio» 123

Final

36. Finalmente, con el ardiente deseo de poner una firme muralla contra las impías maquinaciones de los enemigos de Dios y de la Iglesia, y también hacer que las familias y las naciones vuelvan a caminar por la senda del amor a Dios y al prójimo, no dudamos en proponer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como escuela eficacísima de caridad divina; caridad divina, en la que se ha de fundar, como en el más sólido fundamento, aquel Reino de Dios que urge establecer en las almas de los individuos, en la sociedad familiar y en las naciones, como sabiamente advirtió nuestro mismo predecesor, de p. m.: «El reino de Jesucristo saca su fuerza y su hermosura de la caridad divina: su fundamento y su excelencia es amar santa y ordenadamente. De donde se sigue necesariamente: cumplir íntegramente los propios deberes, no violar los derechos ajenos, considerar los bienes naturales como inferiores a los sobrenaturales y anteponer el amor de Dios a todas las cosas» 124

Y para que la devoción al Corazón augustísimo de Jesús produzca más copiosos frutos de bien en la familia cristiana y aun en toda la humanidad, procuren los fieles unir a ella estrechamente la devoción al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios. Ha sido voluntad de Dios que, en la obra de la Redención humana, la Santísima Virgen María estuviese inseparablemente unida con Jesucristo; tanto, que nuestra salvación es fruto de la caridad de Jesucristo y de sus padecimientos, a los cuales estaban íntimamente unidos el amor y los dolores de su Madre. Por eso, el pueblo cristiano que por medio de María ha recIbído de Jesucristo la vida divina, después de haber dado al Sagrado Corazón de Jesús el debido culto, rinda también al amantísimo Corazón de su Madre celestial parecidos obsequios de piedad, de amor, de agradecimiento y de reparación. En armonía con este sapientísimo y suavísimo designio de la divina Providencia, Nos mismo, con un acto solemne, dedicamos y consagramos la santa Iglesia y el mundo entero al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María 125.

37. Cumpliéndose felizmente este año como indicamos antes, el primer siglo de la institución de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en toda la Iglesia por nuestro predecesor Pío IX, de f. m., es vivo deseo nuestro, venerables hermanos, que el pueblo cristiano celebre en todas partes solemnemente este centenario con actos públicos de adoración, de acción de gracias y de reparación al Corazón divino de Jesús. Con especial fervor se celebrarán, sin duda, estas solemnes manifestaciones de alegría cristiana y de cristiana piedad —en unión de caridad y de oraciones con todos los demás fieles— en aquella nación en la cual, por designio de Dios, nació aquella santa Virgen que fue promotora y heraldo infatigable de esta devoción.

Entre tanto, animados por dulce esperanza, y como gustando ya los frutos espirituales que copiosamente han de redundar — en la Iglesia— de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, con tal de que ésta, como ya hemos explicado, se entienda rectamente y se practique con fervor, suplicamos a Dios quiera hacer que con el poderoso auxilio de su gracia se cumplan estos nuestros vivos deseos: a la vez que expresamos, también la esperanza de que, con la divina gracia, como fruto de las solemnes conmemoraciones de este año, aumente cada vez más la devoción de los fieles al Sagrado Corazón de Jesús, y así se extienda más por todo el mundo su imperio y reino suavísimo: «reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz» 126

Como prenda de estos dones celestiales, os impartimos de todo corazón la Bendición Apostólica, tanto a vosotros personalmente, venerables hermanos, como al clero y a todos los fieles encomendados a vuestra pastoral solicitud, y especialmente a todos los que se consagran a fomentar y promover la devoción al Sacratísimo Corazón de Jesús.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de mayo de 1956, año decimoctavo de nuestro pontificado.

PÍO PP XII

Notas

1 Is 12, 3.

2 Sant 1, 17.

3 Jn 7, 37 39.

4 Cf. Is 12, 3; Ez 47, 1 12; Zac 13, 1; Ex 17, 1 7; Núm 20, 7 13; 1 Cor 10, 4; Ap 7, 17; 22, 1.

5 Rom 5, 5.

6 1 Cor 6, 17.

7 Jn 4, 10.

8 Hech 4, 12.

9 Enc. Annum Sacrum,

10 Enc. Miserentissimus Redemptor, 8 mayo 1928 AAS 20 1928 167.

11 Cf. enc. Summi Pontificatus, 20 octubre 1939 AAS 31 1939 415.

12 Cf. AAS 32 1940 276; 35 1943 170; 37 1945 263 264; 40 1948 501; 41 1949 331.

13 Ef 3, 20 21.

14 Is 12, 3.

15 Conc. Ephes. can. 8; cf. Mansi, Sacrorum Conciliorum ampliss. Collectio, 4, 1083 C.; Conc. Const. II, can. 9; cf. ibíd. 9, 382 E.

16 Cf. enc. Annum sacrum: AL 19 1900 76.

17 Cf. Ex. 34, 27 28.

18 Dt 6, 4 6.

19 2. 2.ae 2, 7: ed. Leon. 8 1895 34.

20 Dt 32, 11.

21 Os 11, 1, 3 4; 14, 5 6.

22 Is 49, 14 15.

23 Cant 2, 2; 6, 2; 8, 6.

24 Jn 1, 14.

25 Jer 31, 3; 31, 33 34.

26 Cf. Jn 1, 29; Heb 9, 18 28; 10, 1 17.

27 Jn 1, 16 17.

28 Ibíd., 21.

29 Ef 3, 17 19.

30 Sum. theol. 3, 48, 2: ed. Leon. 11 1903 464.

31 Cf. enc. Miserentissimus Redemptor: AAS 20 1928 170.

32 Ef 2, 4; Sum. theol. 3, 46, 1 ad 3: ed. Leon. 11 1903 436.

33 Ef 3, 18.

34 Jn 4, 24.

35 2 Jn 7.

36 Cf. Lc 1, 35.

37 S. León Magno, Ep. dogm. «Lectis dilectionis tuae» ad Flavianum Const. Patr. 13 jun. a. 449: cf. PL 54, 763.

38 Conc. Chalced. a. 451: cf. Mansi, op. cit. 7, 115 B.

39 S. Gelasio Papa, tr. 3 «Necessarium», de duabus naturis in Christo: cf. A. Thiel Epist. Rom. Pont. a S. Hilaro usque ad Pelagium II, p. 532.

40 Cf. S. Th. Sum. theol. 3, 15, 4; 18, 6: ed. León. 11 1903 189 et 237.

41 Cf. 1 Cor 1, 23.

42 Heb 2, 11 14. 17 18.

43 Apol. 2, 13 PG 6, 465.

44 Ep. 261, 3 PG 32, 972.

45 In Io. homil. 63, 2 PG 59, 350.

46 De fide ad Gratianum 2, 7, 56 PL 16, 594.

47 Cf. Super Mt 26, 37 PL 26, 205.

48 Enarr. in Ps. 87, 3 PL 37, 1111.

49 De fide orth. 3, 6 PG 94, 1006.

50 Ibíd. 3, 20 PG 94, 1081.

51 1. 2.ae 48, 4: ed. Leon. 6 1891 306.

52 Col 2, 9.

53 Cf. Sum. theol. 3, 9, 1 3; ed. Leon. 11 1903 142.

54 Cf. ibíd. 3, 33, 2 ad 3; 46, 6: ed. Leon. 11 1903 342, 433.

55 Tit 3, 4.

56 Mt 27, 50; Jn 19, 30.

57 Ef 2, 7.

58 Heb 10, 5 7, 10.

59 Registr. epist. 4, ep. 31 ad Theodorum medicum PL 77, 706.

60 Mc 8, 2.

61 Mt 23, 37.

62 Ibíd. 21, 13.

63 Ibíd. 26, 39.

64 Ibíd. 26, 50; Lc 22, 48.

65 Lc 23, 28. 31.

66 Ibíd. 23, 34.

67 Mt 27, 46.

68 Lc 23, 43.

69 Jn 19, 28.

70 Lc 23, 46.

71 Ibíd. 22, 15.

72 Ibíd. 22, 19 20.

73 Mal 1, 11.

74 De sancta virginitate 6 PL 40, 399.

75 Jn 15, 13.

76 1 Jn 3, 16.

77 Gál 2, 20.

78 Cf. S. Th. Sum. theol. 3, 19, 1: ed. Leon. 11 1903 329.

79 Sum. theol. Suppl. 42, 1 ad 3: ed. Leon. 12 1906 81.

80 Hymn. ad Vesp. Festi Ssmi. Cordis Iesu.

81 3, 66, 3 ad 3: ed. Leon. 12 1906 65.

82 Ef 5, 2.

83 Ibíd. 4, 8. 10.

84 Jn 14, 16.

85 Col 2, 3.

86 Rom 8, 35. 37 39.

87 Ef 5, 25 27.

88 Cf. 1 Jn 2, 1.

89 Heb 7, 25.

90 Ibíd. 5, 7.

91 Jn 3, 16.

92 S. Buenaventura, Opusc. X Vitis mystica 3, 5 Opera Omnia; Ad Claras Aquas Quaracchi) 1898, 8, 164. Cf. S. Th. 3, 54, 4: ed. Leon. 11 1903 513.

93 Rom 8, 32.

94 Cf. 3. 48, 5: ed. Leon 11 1903 467.

95 Lc 12, 50.

96 Jn 20, 28.

97 Ibíd. 19, 37; cf. Zac 12, 10.

98 Cf. litt. enc. Miserentissimus Redemptor: AAS 20 1928 167 168.

99 Cf. A. Gardellini, Decreta authentica 1857) n. 4579, tomo 3, 174.

100 Cf. Decr. S. C. Rit. apud N. Nilles, De rationibus festorum Sacratissimi Cordis Iesu et purissimi Cordis Mariae, 5a. ed. Innsbruck, 1885, tomo 1, 167.

101 Ef 3, 14, 16 19.

102 Tit 3, 4.

103 Jn 3, 17.

104 Ibíd. 4, 23 24.

105 Inocencio XI, constit. ap. Coelestis Pastor, 19 nov. 1687 Bullarium Romanum, Romae 1734, tomo 8, 443.

106 2. 2.ae 81, 3 ad 3: ed. Leon. 9 1897 180.

107 Jn 14, 6.

108 Ibíd. 13, 34; 15, 12.

109 Jer 31, 31.

110 Comment. in Evang. S. Ioann. 13, lect. 7, 3: ed. Parmae, 1860, tomo 10, p. 541.

111 2. 2.ae 82, 1: ed. Leon. 9 1897 187.

112 Ibíd. 1, 38, 2: ed. Leon. 4 1888 393.

113 Mc 12, 30; Mt 22, 37.

114 Cf. León XIII, enc. Annum Sacrum: AL 19 1900 71 s. Decr. S. C. Rituum, 28 jun. 1899, in Decr. Auth. 3, n. 3712. Pío XI, enc. Miserentissimus Redemptor: AAS 20 1928 177 s. Decr. S. C. Rit. 29 enero 1929 AAS 21 1929 77.

115 Lc 15, 22.

116 Exposit. in Evang. sec. Lucam, 10, 175 PL 15, 1942.

117 Cf. S. Th. Sum. theol. 2. 2.ae 34, 2 ed. Leon. 8 1895 274.

118 Mt 24, 12.

119 Cf. enc. Miserentissimus Redemptor: AAS 20 1928 166.

120 Is 32, 17.

121 Enc. Annum Sacrum: AL 19 1900 79. Enc. Miserentissimus Redemptor: AAS 20 1928 167.

122 Litt. ap. quibus Archisodalitas a Corde Eucharistico Iesu ad S. Ioachim de Urbe erigitur, 17 febr. 1903; AL 22 1903 307 s.; cf. enc. Mirae caritatis, 22 mayo 1902 AL 22 1903 116.

123 S. Alberto M., De Eucharistia, dist. 6, tr. 1, c. 1 Opera Omnia ed. Borgnet, vol. 38, Parisiis 1890, p. 358.

124 Enc. Tametsi: AL 20 1900 303.

125 Cf. AAS 34 1942 345 sq.

126 Ex. Miss. Rom. Praef. Iesu Christi Regis

La SANTA SEDE

La SANTA SEDE

LEÓN XIV EXHORTACIONES APOSTÓLICAS ESPAÑOL

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA

DILEXI TE

DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

SOBRE EL AMOR HACIA LOS POBRES [Multimedia]

1. «Te he amado» (Ap 3,9, dice el Señor a una comunidad cristiana que, a diferencia de otras, no tenía ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio: «A pesar de tu debilidad […] obligaré […] a que se postren delante de ti» (Ap 3,8 9. Este texto evoca las palabras del cántico de María: «Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías» (Lc 1,52 53

2. La declaración de amor del Apocalipsis remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco ha profundizado en la encíclica Dilexit nos sobre el amor divino y humano del Corazón de Cristo. En ella hemos admirado el modo en el que Jesús se identifica «con los más pequeños de la sociedad» y cómo con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es «más débil, miserable y sufriente». 1 Contemplar el amor de Cristo «nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor». 2

3. Por esta razón, en continuidad con la encíclica Dilexit nos, el Papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexi te, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero «yo te he amado» ( Ap 3,9. Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío —añadiendo algunas reflexiones— y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el «llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse». 3

CAPÍTULO PRIMERO

ALGUNAS PALABRAS INDISPENSABLES

4. Los discípulos de Jesús criticaron a la mujer que le había derramado un perfume muy valioso sobre su cabeza: «¿Para qué este derroche? —decían— Se hubiera podido vender el perfume a buen precio para repartir el dinero entre los pobres». Pero el Señor les dijo: «A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Mt 26,8 9.11. Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar. Jesús lo comprende y sanciona su perennidad: «Allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo» (Mt 26,13. La sencillez de este gesto revela algo grande. Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento.

5. Y es precisamente en esta perspectiva que el afecto por el Señor se une al afecto por los pobres. Aquel Jesús que dice: «A los pobres los tendrán siempre con ustedes» (Mt 26,11) expresa el mismo concepto que cuando promete a los discípulos: «Yo estaré siempre con ustedes» (Mt 28,20. Y al mismo tiempo nos vienen a la mente aquellas palabras del Señor: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40. No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En

los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos.

San Francisco

6. El Papa Francisco, recordando la elección de su nombre, contó que, después de haber sido elegido, un cardenal amigo lo abrazó, lo besó y le dijo: «¡No te olvides de los pobres!». 4 Se trata de la misma recomendación hecha a san Pablo por las autoridades de la Iglesia cuando subió a Jerusalén para confirmar su misión (cf. Ga 2,1 10. Años más tarde, el Apóstol pudo afirmar que fue esto lo que siempre había tratado de hacer (cf. v. 10. Y fue también la opción de san Francisco de Asís: en el leproso fue Cristo mismo quien lo abrazó, cambiándole la vida. La figura luminosa del Poverello nunca dejará de inspirarnos.

7. Fue él, hace ocho siglos, quien provocó un renacimiento evangélico entre los cristianos y en la sociedad de su tiempo. Al joven Francisco, antes rico y arrogante, le impactó encontrarse con la realidad de los marginados. El impulso que provocó no cesa de movilizar el ánimo de los creyentes y de muchos no creyentes, y «ha cambiado la historia». 5 El mismo Concilio Vaticano II, según las palabras de san Pablo VI, se encuentra en este camino: «la antigua historia del buen samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio». 6 Estoy convencido de que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito.

El grito de los pobres

8. A este respecto, hay un texto de la Sagrada Escritura al que siempre es necesario volver. Se trata de la revelación de Dios a Moisés junto a la zarza ardiente: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo […]. Ahora ve, yo te envío» ( Ex 3,7 8.10 7 Dios se muestra solícito hacia la necesidad de los pobres: «clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador» ( Jc 3,15. Por eso, escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios, que es premuroso con las necesidades de sus hijos y especialmente de los más necesitados. Permaneciendo, por el contrario, indiferentes a este grito, el pobre apelaría al Señor contra nosotros y seríamos culpables de un pecado (cf. Dt 15,9, alejándonos del corazón mismo de Dios.

9. La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.

10. En este sentido, se puede decir que el compromiso en favor de los pobres y con el fin de remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, aun siendo importante en los últimos decenios, sigue siendo insuficiente. Esto también porque vivimos en una sociedad que a menudo privilegia algunos criterios de orientación de la existencia y de la política marcados por numerosas desigualdades y, por tanto, a las viejas pobrezas de las que hemos tomado conciencia y que se intenta contrastar, se agregan otras nuevas, en ocasiones más sutiles y peligrosas. Desde este punto de vista, es encomiable el hecho de que las Naciones Unidas hayan puesto la erradicación de la pobreza como uno de los objetivos del Milenio. 11. Al compromiso concreto por los pobres también es necesario asociar un cambio de mentalidad que pueda incidir en la transformación cultural. En efecto, la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada mueve a muchas personas a tener una visión de la existencia basada en la acumulación de la riqueza y del éxito social a toda costa, que se ha de conseguir también en detrimento de los demás y beneficiándose de ideales sociales y sistemas políticos y económicos injustos, que favorecen a los más fuertes. De ese modo, en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común. Eso significa que todavía persiste —a veces bien enmascarada— una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano. Hace algunos años, la foto de un niño tendido sin vida en una playa del Mediterráneo provocó un gran impacto y, lamentablemente, aparte de alguna emoción momentánea, hechos similares se están volviendo cada vez más irrelevantes, reduciéndose a noticias marginales.

12. No debemos bajar la guardia respecto a la pobreza. Nos preocupan particularmente las graves condiciones en las que se encuentran muchísimas personas a causa de la falta de comida y de agua. Cada día mueren varios miles de personas por causas vinculadas a la malnutrición. En los países ricos las cifras relativas al número de pobres tampoco son menos preocupantes. En Europa hay cada vez más familias que no logran llegar a fin de mes. En general, se percibe que han aumentado las distintas manifestaciones de la pobreza. Esta ya no se configura como una única condición homogénea, más bien se traduce en múltiples formas de empobrecimiento económico y social, reflejando el fenómeno de las crecientes desigualdades también en contextos generalmente acomodados. Recordemos que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y

violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias». 8 Si bien en algunos países se observan cambios importantes, «la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje», 9 sobre todo si pensamos en las mujeres más pobres.

Prejuicios ideológicos

13. Más allá de los datos —que a veces son “interpretados” en modo tal de convencernos que la situación de los pobres no es tan grave—, la realidad general es bastante clara: «Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que “nacen nuevas pobrezas”. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energía eléctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto». 10 Sin embargo, más allá de las situaciones específicas y contextuales, en un documento de la Comunidad Europea, en 1984, se afirmaba que «se entiende por personas pobres los individuos, las familias y los grupos de personas cuyos recursos (materiales, culturales y sociales) son tan escasos que no tienen acceso a las condiciones de vida mínimas aceptables en el Estado miembro en que viven». 11 Pero si reconocemos que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, independientemente del lugar de nacimiento, no se deben ignorar las grandes diferencias que existen entre los países y las regiones.

14. Los pobres no están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y, sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad. Obviamente entre los pobres hay también quien no quiere trabajar, quizás porque sus antepasados, que han trabajado toda la vida, han muerto pobres. Pero hay muchos —hombres y mujeres— que de todas maneras trabajan desde la mañana hasta la noche, a veces recogiendo cartones o haciendo otras actividades de ese tipo, aunque este esfuerzo sólo les sirva para sobrevivir y nunca para mejorar verdaderamente su vida. No podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido “méritos”, según esa falsa visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida.

15. También los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas. El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico.

CAPÍTULO SEGUNDO

DIOS OPTA POR LOS POBRES

La opción por los pobres

16. Dios es amor misericordioso y su proyecto de amor, que se extiende y se realiza en la historia, es ante todo su descenso y su venida entre nosotros para liberarnos de la esclavitud, de los miedos, del pecado y del poder de la muerte. Con una mirada misericordiosa y el corazón lleno de amor, Él se dirigió a sus criaturas, haciéndose cargo de su condición humana y, por tanto, de su pobreza. Precisamente para compartir los límites y las fragilidades de nuestra naturaleza humana, Él mismo se hizo pobre, nació en carne como nosotros, lo hemos conocido en la pequeñez de un niño colocado en un pesebre y en la extrema humillación de la cruz, allí compartió nuestra pobreza radical, que es la muerte. Se comprende bien, entonces, por qué se puede hablar también teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo. 12 Esta “preferencia” no indica nunca un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos, que en Dios serían imposibles; esta desea subrayar la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles. 17. Se comprenden en esta perspectiva las numerosas páginas del Antiguo Testamento en las que Dios es presentado como amigo y liberador de los pobres, Aquel que escucha el grito del pobre e interviene para liberarlo (cf. Sal 34,7. Dios, refugio del pobre, por medio de los profetas —recordemos en particular a Amós e Isaías— denuncia las iniquidades en perjuicio de los más débiles y dirige a Israel la exhortación a renovar también el culto desde dentro, porque no se puede rezar ni ofrecer sacrificios mientras se oprime a los más débiles y a los más pobres. Desde el comienzo, la Escritura manifiesta con mucha intensidad el amor de Dios a

través de la protección de los débiles y de los que menos tienen, hasta el punto de poder hablar de una auténtica “debilidad” de Dios para con ellos. «El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres […]. Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres». 13 Jesús, Mesías pobre

18. Toda la historia veterotestamentaria de la predilección de Dios por los pobres y el deseo divino de escuchar su grito —que he evocado brevemente— encuentra en Jesús de Nazaret su plena realización. 14 En su encarnación, Él «se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano» ( Flp 2,7, de esa forma nos trajo la salvación. Se trata de una pobreza radical, fundada sobre su misión de revelar el verdadero rostro del amor divino (cf. Jn 1,18; 1 Jn 4,9. Por tanto, con una de sus admirables síntesis, san Pablo puede afirmar: «Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» ( 2 Co 8,9 19. En efecto, el Evangelio muestra que esta pobreza incidió en cada aspecto de su vida. Desde su llegada al mundo, Jesús experimentó las dificultades relativas al rechazo. El evangelista Lucas, narrando la llegada a Belén de José y María, ya próxima a dar a luz, observa con amargura: «No había lugar para ellos en el albergue» (Lc 2,7. Jesús nació en condiciones humildes; recién nacido fue colocado en un pesebre y, muy pronto, para salvarlo de la muerte, sus padres huyeron a Egipto (cf. Mt 2,13 15. Al inicio de la vida pública, fue expulsado de Nazaret después de haber anunciado que en Él se cumple el año de gracia del que se alegran los pobres (cf. Lc 4,14 30. No hubo un lugar acogedor ni siquiera a la hora de su muerte, ya que lo condujeron fuera de Jerusalén para crucificarlo (cf. Mc 15,22. En esta condición se puede resumir claramente la pobreza de Jesús. Se trata de la misma exclusión que caracteriza la definición de los pobres: ellos son los excluidos de la sociedad. Jesús es la revelación de este privilegium pauperum. Él se presenta al mundo no sólo como Mesías pobre sino como Mesías de los pobres y para los pobres. 20. Hay algunos indicios a propósito de la condición social de Jesús. En primer lugar, Él realizaba el oficio de artesano o carpintero, téktōn (cf. Mc 6,3. Se trata de una categoría de personas que vivían de su trabajo manual. Además, al no poseer tierras, eran considerados inferiores respecto a los campesinos. Cuando el pequeño Jesús fue presentado en el Templo por José y María, sus progenitores ofrecieron una pareja de tórtolas o de pichones (cf. Lc 2,22 24, que según las prescripciones del libro del Levítico (cf. 12,8) era la ofrenda de los pobres. Un episodio evangélico significativo es el que relata cómo Jesús, junto con sus discípulos, arrancaban espigas para comer mientras atravesaban los campos (cf. Mc 2,23 28, y esto —espigar los sembrados— sólo le era permitido a los pobres. Jesús mismo, luego, dice de sí: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Mt 8,20; Lc 9,58. Él, en efecto, es un maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad es signo de su vínculo con el Padre y es lo que se le pide también a quien quiere seguirlo en el camino del discipulado, precisamente para que la renuncia a los bienes, a las riquezas y a las seguridades de este mundo sean signo visible de la confianza en Dios y en su providencia.

21. Al comienzo de su ministerio público, Jesús se presenta en la sinagoga de Nazaret leyendo el libro del profeta Isaías y aplicándose a sí mismo la palabra del profeta: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4,18; cf. Is 61,1. Él, por tanto, se presenta como Aquel que viene a manifestar en el hoy de la historia la cercanía amorosa de Dios, que es ante todo obra de liberación para quienes son prisioneros del mal, para los débiles y los pobres. Los signos que acompañan la predicación de Jesús son manifestación del amor y de la compasión con la que Dios mira a los enfermos, a los pobres y a los pecadores que, en virtud de su condición, eran marginados por la sociedad, pero también por la religión. Él abre los ojos a los ciegos, cura a los leprosos, resucita a los muertos y anuncia la buena noticia a los pobres; Dios se acerca, Dios los ama (cf. Lc 7,22. Esto explica por qué Él proclama: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!» (Lc 6,20. En efecto, Dios muestra predilección hacia los pobres, a ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación del Señor y, por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado (cf. St 2,2 4 22. Los indigentes y enfermos, incapaces de procurarse lo necesario para vivir, se encontraban muchas veces obligados a la mendicidad. A esto se añadía el peso de la vergüenza social, alimentado por la convicción de que la enfermedad y la pobreza estuvieran vinculadas a algún pecado personal. Jesús se opuso con firmeza a ese modo de pensar, afirmando que Dios «hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45. Es más, dio un vuelco completo a esa concepción, como queda bien ejemplificado en la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro: «Hijo mío, […] recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento» (Lc 16,25 23. Entonces es claro que «de nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad». 15 Muchas veces me pregunto por qué, aun cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a propósito de los pobres, muchos continúan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones. Por el momento, sigamos aún en el ámbito bíblico e intentando reflexionar sobre nuestra relación con los últimos de la sociedad y su lugar fundamental en el pueblo de Dios.

La misericordia hacia los pobres en la Biblia

24. El apóstol Juan escribe: «¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?» (1 Jn 4,20. Del mismo modo, en su réplica al doctor de la ley, Jesús retoma los dos antiguos mandamientos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,5) y «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19,18) fundiéndolos en un único mandamiento. El evangelista Marcos recoge la respuesta de Jesús en estos términos: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos» (Mc 12,29 31

25. El pasaje citado del Levítico exhorta a honrar al conciudadano, mientras en otros textos se encuentra una enseñanza que también invita al respeto —por no decir incluso al amor— del enemigo: «Si encuentras perdido el buey o el asno de tu enemigo, se los llevarás inmediatamente. Si ves al asno del que te aborrece, caído bajo el peso de su carga, no lo dejarás abandonado; más aún, acudirás a auxiliarlo junto con su dueño» (Ex 23,4 5. De todo esto se trasluce el valor intrínseco del respeto a la persona: cualquiera, incluso el enemigo, si se encuentra en dificultad, merece siempre nuestra ayuda.

26. Es innegable que el primado de Dios en la enseñanza de Jesús va acompañado de otro punto fijo: no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres. El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios, como asevera el apóstol Juan: «Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. […] Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él» (1 Jn 4,12.16. Son dos amores distintos, pero inseparables. Incluso en los casos en los que la relación con Dios no es explícita, el Señor mismo nos enseña que todo acto de amor hacia el prójimo es de algún modo un reflejo de la caridad divina: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40. 27. Por esta razón se recomiendan las obras de misericordia, como signo de la autenticidad del culto que, mientras alaba a Dios, tiene la tarea de disponernos a la transformación que el Espíritu puede realizar en nosotros, para que seamos todos imagen de Cristo y de su misericordia hacia los más débiles. En este sentido, la relación con el Señor, que se expresa en el culto, pretende también liberarnos del riesgo de vivir nuestras relaciones en la lógica del cálculo y del interés, para abrirnos a la gratuidad que circula entre aquellos que se aman y que, por eso, ponen todo en común. A este respecto, Jesús aconseja: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte!» (Lc 14,12 14 28. La llamada del Señor a la misericordia para con los pobres ha encontrado una expresión plena en la gran parábola del juicio final (cf. Mt 25,31 46, que es también una descripción gráfica de la bienaventuranza de los misericordiosos. Allí el Señor nos ofrece la clave para alcanzar nuestra plenitud, porque «si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados». 16 Las palabras fuertes y claras del Evangelio deberían ser vividas «sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas». 17

29. En la primera comunidad cristiana el programa de caridad no derivaba de análisis o de proyectos, sino directamente del ejemplo de Jesús, de las mismas palabras del Evangelio. La Carta de Santiago dedica mucho espacio al problema de la relación entre ricos y pobres, lanzando a los creyentes dos enérgicos llamados que cuestionan su fe: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: “Vayan en paz, caliéntense y coman”, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta» (St 2,14 17 30. «Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza» (St 5,3 5. ¡Qué fuerza tienen estas palabras, aunque prefiramos hacernos los sordos! En la Primera Carta de san Juan encontramos una exhortación parecida: «Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17

31. Lo que dice la Palabra revelada «es un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermenéutica eclesial tiene derecho a relativizarlo. La reflexión de la Iglesia sobre estos textos no debería oscurecer o debilitar su sentido exhortativo, sino más bien ayudar a asumirlos con valentía y fervor. ¿Para qué complicar lo que es tan simple? Los aparatos conceptuales están para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella». 18

32. Por otra parte, un claro ejemplo eclesial de compartir los bienes y asistir a los pobres lo encontramos en la vida cotidiana y en el estilo de la primera comunidad cristiana. Podemos recordar en particular el modo en el que fue resuelta la cuestión de la distribución cotidiana de ayuda a las viudas (cf. Hch 6,1 6. Se trataba de un problema difícil de resolver, porque algunas de estas viudas, que provenían de otros países, eran desatendidas por ser extranjeras. De hecho, el episodio relatado por los Hechos de 177

los Apóstoles pone de manifiesto un cierto descontento por parte de los helenistas, que eran judíos de cultura griega. Los apóstoles no responden con un discurso doctrinal abstracto, sino que, volviendo a poner en el centro la caridad hacia todos, reorganizan la asistencia a las viudas pidiendo a la comunidad que busquen personas sabias y estimadas a quienes confiar el servicio de las mesas, mientras ellos se ocupaban de la predicación de la Palabra.

33. Cuando Pablo fue a Jerusalén a consultar a los apóstoles para asegurarse de «que no corría o no había corrido en vano» (Ga 2,2, le pidieron que no se olvidase de los pobres (cf. Ga 2,10. Por esta razón, organizó varias colectas para ayudar a las comunidades necesitadas. Entre las motivaciones que ofrece para este gesto se debe resaltar la siguiente: «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7. A aquellos entre nosotros que somos poco propensos a gestos gratuitos, sin ningún interés, la Palabra de Dios nos indica que la generosidad para con los pobres es un verdadero bien para quien la practica; de hecho, comportándonos así, somos amados por Dios de modo especial. En efecto, las promesas bíblicas dirigidas a quien da con generosidad son muchas: «El que se apiada del pobre presta al Señor, y él le devolverá el bien que hizo» (Pr 19,17. «Den, y se les dará. […] Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes» (Lc 6,38. «Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar» (Is 58,8. Los primeros cristianos estaban convencidos de ello.

34. La vida de las primeras comunidades eclesiales, narrada en el canon bíblico y que ha llegado a nosotros como Palabra revelada, se nos ofrece como ejemplo a imitar y como testimonio de la fe que obra por medio de la caridad, y que continúa como exhortación permanente para las generaciones venideras. A lo largo de los siglos, estas páginas han interpelado los corazones de los cristianos a amar y a realizar obras de caridad, como semillas fecundas que no cesan de producir fruto.

CAPÍTULO TERCERO

UNA IGLESIA PARA LOS POBRES

35. Tres días después de su elección, mi predecesor expresó a los representantes de los medios de comunicación su deseo de que la Iglesia mostrara más claramente su cuidado y atención hacia los pobres: «¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!». 19

36. Este deseo refleja la conciencia de que la Iglesia «reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo». 20 En efecto, habiendo sido llamada a configurarse con los últimos, en ella «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro [...]. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres». 21 A este respecto, tenemos abundantes testimonios a lo largo de los casi dos mil años de historia de los discípulos de Jesús. 22

La verdadera riqueza de la Iglesia

37. San Pablo refiere que entre los fieles de la naciente comunidad cristiana no había «muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles» (1 Co 1,26. Sin embargo, a pesar de su propia pobreza, los primeros cristianos tienen clara conciencia de la necesidad de acudir a aquellos que sufren mayores privaciones. Ya en los albores del cristianismo los apóstoles impusieron las manos sobre siete hombres elegidos por la comunidad y, en cierta medida, los integraron en su propio ministerio, instituyéndolos para el servicio —en griego, diakonía— de los más pobres (cf. Hch 6,1 5. Es significativo que el primer discípulo en dar testimonio de su fe en Cristo con el derramamiento de su propia sangre fuera san Esteban, que formaba parte de este grupo. En él se unen el testimonio de vida en la atención a los necesitados y el martirio.

38. Poco más de dos siglos después, otro diácono manifestará su adhesión a Jesucristo en modo semejante, uniendo en su vida el servicio a los pobres y el martirio: san Lorenzo. 23 Del relato de san Ambrosio comprendemos que Lorenzo, diácono en Roma en el pontificado del Papa Sixto II, al ser obligado por las autoridades romanas a entregar los tesoros de la Iglesia, «al día siguiente trajo consigo a los pobres. Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros que había prometido, les mostró a los pobres, diciendo: “Estos son los tesoros de la Iglesia”». 24 Al narrar este episodio, Ambrosio pregunta: «¿Qué mejores tesoros tendría Cristo que aquellos en los que él mismo dijo que estaba?». 25 Y, recordando que los ministros de la Iglesia nunca deben descuidar el cuidado de los pobres y, menos aún, acumular bienes en beneficio propio, afirma: «Es necesario que cada uno de nosotros cumpla con esta obligación con fe sincera y providencia perspicaz. Sin duda, si alguien desvía algo para su propio beneficio, eso es un delito; pero si lo da a los pobres, si rescata al cautivo, eso es misericordia». 26

Los Padres de la Iglesia y los pobres

39. Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia reconocieron en el pobre un acceso privilegiado a Dios, un modo especial para encontrarlo. La caridad hacia los necesitados no se entendía como una simple virtud moral, sino como expresión concreta de la fe en el Verbo encarnado. La comunidad de fieles, sostenida por la fuerza del Espíritu Santo, se encuentra arraigada en la cercanía a los pobres, que en ella no son un apéndice, sino parte esencial de su cuerpo vivo. San Ignacio de Antioquía, por ejemplo, camino del martirio, exhortaba a los fieles de la comunidad de Esmirna a no descuidar el deber de la caridad para con los más necesitados, advirtiéndoles que no procedieran como los que se oponían a Dios: «Considerad a los que tienen una opinión diferente sobre la gracia de Jesucristo, que vino a nosotros: ¡cómo se oponen al pensamiento de Dios! No se preocupan por el 178

amor, ni por la viuda, ni por el huérfano, ni por el oprimido, ni por el prisionero o el liberto, ni por el hambriento o el sediento». 27 El obispo de Esmirna, Policarpo, recomendaba precisamente a los ministros de la Iglesia que cuidaran de los pobres: «Los presbíteros también sean compasivos, misericordiosos con todos. Traigan de vuelta a los descarriados, visiten a todos los enfermos, no descuiden a la viuda, al huérfano y al pobre, sino que sean siempre solícitos en el bien ante Dios y los hombres». 28 A partir de estos dos testimonios, constatamos que la Iglesia aparece como madre de los pobres, lugar de acogida y de justicia.

40. San Justino, por su parte, en su primera Apología, dirigida al emperador Adriano, al Senado y al pueblo romano, explicaba que los cristianos llevaban a los necesitados todo lo que podían, porque veían en ellos hermanos y hermanas en Cristo. Al escribir sobre la asamblea de oración del primer día de la semana, destacaba que, en el centro de la liturgia cristiana, no se puede separar el culto a Dios de la atención a los pobres. En efecto, en un momento determinado de la celebración, «los que tienen algo y quieren, cada uno según su libre voluntad, dan lo que les parece bien, y lo que se ha recogido se entrega al presidente. Él lo distribuye a los huérfanos y viudas, a los que por enfermedad u otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los extranjeros de paso, en una palabra, se convierte en el proveedor de todos los que se encuentran indigentes». 29 Así, se da testimonio de que la Iglesia naciente no separaba el creer de la acción social: la fe que no iba acompañada del testimonio de las obras, como había enseñado Santiago, se consideraba muerta (cf. St 2,17.

San Juan Crisóstomo

41. Entre los Padres orientales, quizá el predicador más ardiente de la justicia social sea san Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V. En sus homilías, exhortaba a los fieles a reconocer a Cristo en los necesitados: «¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres que no tienen qué vestir, ni lo honres aquí en el templo con vestiduras de seda, mientras fuera lo abandonas al frío y a la desnudez [...]. En el templo, el Cuerpo de Cristo no necesita mantos, sino almas puras; pero en la persona de los pobres, Él necesita todo nuestro cuidado. Aprendamos, pues, a reflexionar y a honrar a Cristo como Él quiere. Cuando queremos honrar a alguien, debemos prestarle el honor que él prefiere y no el que más nos gusta [...]. Así también tú debes prestarle el honor que Él mismo ha ordenado, distribuyendo tus riquezas entre los pobres. Dios no necesita vasos de oro, sino almas de oro». 30 Afirmando con claridad meridiana que si los fieles no encuentran a Cristo en los pobres a su puerta, tampoco lo encontrarán en el altar, continúa: «¿De qué serviría, al fin y al cabo, adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si Él muere de hambre en la persona de los pobres? Primero da de comer al que tiene hambre y luego adorna su mesa con lo que sobra». 31 Entendía la Eucaristía, por tanto, también como una expresión sacramental de la caridad y la justicia que la precedían, la acompañaban y debían darle continuidad en el amor y la atención a los pobres.

42. Así pues, la caridad no es una vía opcional, sino el criterio del verdadero culto. Crisóstomo denunciaba con vehemencia el lujo exacerbado, que convivía con la indiferencia hacia los pobres. La atención que se les debe prestar, más que una mera exigencia social, es una condición para la salvación, lo que atribuye a la riqueza injusta un peso de condena: «Hace mucho frío y el pobre yace en harapos, moribundo y helado, castañeteando los dientes, con un aspecto y un atuendo que deberían conmoverte. Tú, sin embargo, calentito y ebrio, pasas de largo. ¿Y cómo quieres que Dios te libre de la infelicidad? [...] A menudo adornas con muchas vestiduras variadas y doradas un cadáver insensible, que ya no percibe el honor. Sin embargo, desprecias a aquel que siente dolor, que está desgarrado, torturado, atormentado por el hambre y el frío, y te preocupa más la vanagloria que el temor de Dios». 32 Este profundo sentido de la justicia social le lleva a afirmar que «no dar a los pobres es robarles, es defraudarles la vida, porque lo que poseemos les pertenece». 33

San Agustín

43. Agustín tuvo como maestro espiritual a san Ambrosio, que insistía en la exigencia ética de compartir los bienes: «Lo que das al pobre no es tuyo, es suyo. Porque te has apropiado de lo que fue dado para uso común». 34 Para el obispo de Milán, la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista. En sus sermones, la misericordia adquiere un carácter profético: denuncia las estructuras de acumulación y reafirma la comunión como vocación eclesial.

44. Formado en esta tradición, el santo obispo de Hipona enseñó a su vez el amor preferencial por los pobres. Pastor vigilante y teólogo de rara clarividencia, comprendió que la verdadera comunión eclesial se expresa también en la comunión de los bienes. En sus Comentarios a los Salmos, recuerda que los verdaderos cristianos no dejan de lado el amor a los más necesitados: «Atended a vuestros hermanos, si necesitan algo; dad, si Cristo está en vosotros, incluso a los extranjeros». 35 Este compartir los bienes brota, por tanto, de la caridad teologal y tiene como fin último el amor a Cristo. Para Agustín, el pobre no es sólo alguien a quien se ayuda, sino la presencia sacramental del Señor.

45. El Doctor de la Gracia veía en el cuidado a los pobres una prueba concreta de la sinceridad de la fe. Quien dice amar a Dios y no se compadece de los necesitados, miente (cf. 1 Jn 4,20. Al comentar el encuentro de Jesús con el joven rico y el «tesoro en el cielo» que está reservado a quienes dan sus bienes a los pobres (cf. Mt 19,21, Agustín pone en boca del Señor las siguientes palabras: «Recibí tierra y daré el cielo. Recibí cosas temporales y daré a cambio bienes eternos. Recibí pan, daré la vida. […] He recibido alojamiento y daré una casa. He sido visitado en la enfermedad y daré salud. Fui visitado en la cárcel y daré libertad. El 179

pan que se dio a mis pobres se consumió; el pan que yo daré restaura las fuerzas, sin acabarse nunca». 36 El Altísimo no se deja vencer en generosidad por aquellos que le sirven en los más necesitados; cuanto mayor es el amor a los pobres, mayor es la recompensa por parte de Dios.

46. Esta mirada cristocéntrica y profundamente eclesial lleva a sostener que las ofrendas, cuando nacen del amor, no sólo alivian la necesidad del hermano, sino que también purifican el corazón de quien da y está dispuesto a la conversión, «pues las limosnas pueden servirte para redimir los pecados de la vida pasada, si cambias de vida». 37 Son, por así decirlo, el camino ordinario de conversión de quien desea seguir a Cristo con corazón indiviso.

47. En una Iglesia que reconoce en los pobres el rostro de Cristo y en los bienes el instrumento de la caridad, el pensamiento agustiniano sigue siendo una luz segura. Hoy, la fidelidad a las enseñanzas de Agustín exige no sólo el estudio de sus obras, sino la disposición a vivir con radicalidad su llamada a la conversión, que incluye necesariamente el servicio de la caridad.

48. Muchos otros Padres de la Iglesia, tanto orientales como occidentales, se pronunciaron sobre la primacía de la atención a los pobres en la vida y misión de cada fiel cristiano. Sobre este aspecto, en resumen, se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía.

Cuidar a los enfermos

49. La compasión cristiana se ha manifestado de manera peculiar en el cuidado de los enfermos y los que sufren. A partir de los signos presentes en el ministerio público de Jesús —que curaba a ciegos, leprosos y paralíticos—, la Iglesia entiende como parte importante de su misión el cuidado de los enfermos, en los que con facilidad reconoce al Señor crucificado. San Cipriano, durante una peste en la ciudad de Cartago, donde era obispo, recordaba a los cristianos la importancia del cuidado de los infectados al afirmar: «Esta epidemia que parece tan horrible y funesta pone a prueba la justicia de cada uno y examina el espíritu de los hombres, verificando si los sanos sirven a los enfermos, si los parientes se aman sinceramente, si los señores tienen piedad de los siervos enfermos, si los médicos no abandonan a los enfermos que imploran». 38 La tradición cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas, de consolar a los afligidos no se reduce a una mera obra de filantropía, sino que es una acción eclesial a través de la cual, en los enfermos, los miembros de la Iglesia «tocan la carne sufriente de Cristo». 39 50. En el siglo XVI, san Juan de Dios, al fundar la Orden Hospitalaria que lleva su nombre, creó hospitales modelo que acogían a todos, independientemente de su condición social o económica. Su famosa expresión “¡Haced el bien, hermanos!” se convirtió en el lema de la caridad activa con los enfermos. Contemporáneamente, san Camilo de Lelis fundó la Orden de los Ministros de los Enfermos —los camilos—, asumiendo como misión servir a los enfermos con total dedicación. Su regla ordena que «cada uno solicite al Señor la gracia de tener un afecto maternal hacia su prójimo para poderlo servir con todo amor caritativo, en el alma y el cuerpo; porque deseamos —con la gracia de Dios— servir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su único hijo enfermo». 40 En hospitales, campos de batalla, prisiones y calles, los camilos encarnaron la misericordia de Cristo Médico.

51. Cuidando a los enfermos con cariño maternal, como una madre cuida de su hijo, muchas mujeres consagradas desempeñaron un papel aún más difundido en la atención sanitaria de los pobres. Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, las Hermanas Hospitalarias, las Pequeñas Siervas de la Divina Providencia y tantas otras Congregaciones femeninas se convirtieron en una presencia maternal y discreta en los hospitales, asilos y residencias de ancianos. Llevaban medicinas, escucha, presencia y, sobre todo, ternura. Construyeron, a menudo con sus propias manos, estructuras sanitarias en zonas sin asistencia médica. Enseñaban higiene, atendían partos, medicaban con sabiduría natural y fe profunda. Sus casas se convertían en oasis de dignidad donde nadie era excluido. El toque de la compasión era el primer remedio. Santa Luisa de Marillac escribía a sus hermanas, las Hijas de la Caridad, recordándoles que habían «recibido una bendición especial de Dios para servir a los pobres enfermos en los hospitales».

52. Hoy, ese legado continúa en los hospitales católicos, los puestos de salud en las regiones periféricas, las misiones sanitarias en las selvas, los centros de acogida para toxicómanos y los hospitales de campaña en las zonas de guerra. La presencia cristiana junto a los enfermos revela que la salvación no es una idea abstracta, sino una acción concreta. En el gesto de limpiar una herida, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los más vulnerables. Y, al hacerlo, permanece fiel a Aquel que dijo: «Estaba […] enfermo, y me visitaron» (Mt 25,35.36. Cuando la Iglesia se arrodilla junto a un leproso, a un niño desnutrido o a un moribundo anónimo, realiza su vocación más profunda: amar al Señor allí donde Él está más desfigurado.

El cuidado de los pobres en la vida monástica

53. La vida monástica, nacida en el silencio de los desiertos, fue desde sus inicios un testimonio de solidaridad. Los monjes lo dejaban todo —riqueza, prestigio, familia— no sólo por despreciar las riquezas del mundo — contemptus mundi—, sino para encontrar, en este despojo radical, al Cristo pobre. San Basilio Magno, en su Regla, no veía contradicción entre la vida de oración y recogimiento de los monjes y la acción en favor de los pobres. Para él, la hospitalidad y el cuidado de los necesitados eran parte integrante de la espiritualidad monástica, y los monjes, incluso después de haberlo dejado todo para abrazar la pobreza, debían

ayudar a los más pobres con su trabajo, ya que «para poder socorrer a los necesitados, es evidente que debemos trabajar con diligencia [...]. Este modo de vida es provechoso no sólo para someter el cuerpo, sino también por la caridad hacia el prójimo, para que, por medio de nosotros, Dios provea lo suficiente a los hermanos más débiles». 42

54. Construyó en Cesarea, donde era obispo, un lugar conocido como Basilíades, que incluía alojamientos, hospitales y escuelas para los pobres y los enfermos. El monje, por lo tanto, no era sólo un asceta, sino un servidor. Basilio demostraba así que para estar cerca de Dios hay que estar cerca de los pobres. El amor concreto era criterio de santidad. Orar y cuidar, contemplar y curar, escribir y acoger: todo era expresión del mismo amor a Cristo.

55. En Occidente, san Benito de Nursia elaboró una Regla que se convertiría en la columna vertebral de la espiritualidad monástica europea. En ella, la acogida de los pobres y los peregrinos ocupa un lugar de honor: «Mostrad sobre todo un cuidado solícito en la recepción de los pobres y los peregrinos, porque sobre todo en ellos se recibe a Cristo». 43 No se trataba sólo de palabras: los monasterios benedictinos fueron, durante siglos, lugares de refugio para viudas, niños abandonados, peregrinos y mendigos. Para Benito, la vida comunitaria era una escuela de caridad. El trabajo manual no sólo tenía una función práctica, sino que también formaba el corazón para el servicio. El compartir entre los monjes, la atención a los enfermos y la escucha de los más frágiles preparaban para acoger a Cristo, que llega en la persona del pobre y el extranjero. La hospitalidad monástica benedictina permanece hasta hoy como signo de una Iglesia que abre las puertas, que acoge sin preguntar, que cura sin exigir nada a cambio. 56. Los monasterios benedictinos, con el tiempo, se convirtieron en lugares que contrastaban la cultura de la exclusión. Los monjes cultivaban la tierra, producían alimentos, preparaban medicinas y los ofrecían, con sencillez, a los más necesitados. Su trabajo silencioso fue fermento de una nueva civilización, donde los pobres no eran un problema que resolver, sino hermanos y hermanas que acoger. La regla del compartir, del trabajo común y de la asistencia a los vulnerables estructuraba una economía solidaria, en contraste con la lógica de la acumulación. El testimonio de los monjes mostraba que la pobreza voluntaria, lejos de ser miseria, es camino de libertad y comunión. No sólo ayudaban a los pobres: se hacían cercanos a ellos, hermanos en el mismo Señor. En las celdas y claustros se formaba una mística de la presencia de Dios en los pequeños.

57. Además de la asistencia material, los monasterios desempeñaron un papel fundamental en la formación cultural y espiritual de los más humildes. En tiempos de peste, guerra o hambre, eran lugares donde el necesitado encontraba pan y remedios, pero también dignidad y palabra. Allí se educaba a los huérfanos, se formaba a los aprendices y se instruía a los campesinos en técnicas agrícolas y en la lectura. El saber se compartía como don y responsabilidad. El abad era a la vez maestro y padre, y la escuela monástica era un lugar de liberación por la verdad. Porque, como escribe Juan Casiano, el monje debe caracterizarse por «la humildad de corazón […], que no conduce a la ciencia que hincha, sino a la que ilumina por medio de la plenitud de la caridad». 44 Al formar conciencias y transmitir sabiduría, los monjes contribuyeron a una pedagogía cristiana de inclusión. La cultura, marcada por la fe, se compartía con sencillez. El saber, cuando está iluminado por la caridad, se convierte en servicio. De ese modo, la vida monástica se revelaba como un estilo de santidad y una forma concreta de transformación de la sociedad. 58. La tradición monástica enseña, por tanto, que la oración y la caridad, el silencio y el servicio, las celdas y los hospitales, forman un único tejido espiritual. El monasterio es lugar de escucha y de acción, de adoración y de compartir. San Bernardo de Claraval, gran reformador de la Orden Cisterciense, «reclamó con decisión la necesidad de una vida sobria y moderada, tanto en la mesa como en la indumentaria y en los edificios monásticos, recomendando la sustentación y la solicitud por los pobres». 45 Para él, la compasión no era una opción accesoria, sino el camino real para seguir a Cristo. La vida monástica, por lo tanto, cuando es fiel a su vocación original, muestra que la Iglesia sólo será plenamente esposa del Señor cuando sea también hermana de los pobres. El claustro no es un mero refugio del mundo, sino una escuela en la que se aprende a servirlo mejor. Allí donde los monjes abrieron sus puertas a los pobres, la Iglesia reveló con humildad y firmeza que la contemplación no excluye la misericordia, sino que la exige como su fruto más puro.

Liberar a los cautivos

59. Desde los tiempos apostólicos, la Iglesia ha visto en la liberación de los oprimidos un signo del Reino de Dios. Jesús mismo, al iniciar su misión pública, proclamó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos» (Lc 4,18. Los primeros cristianos, incluso en condiciones precarias, rezaban y asistían a los hermanos y hermanas encarcelados, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles (cf. 12,5; 24,23) y diversos escritos de los Padres. Esta misión liberadora se prolongó a lo largo de los siglos mediante acciones concretas, especialmente cuando el drama de la esclavitud y el cautiverio marcó sociedades enteras.

60. Entre finales del siglo XII y principios del XIII, cuando muchos cristianos eran capturados en el Mediterráneo o esclavizados en las guerras, surgieron dos Órdenes religiosas: la Orden de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos (trinitarios), fundada por san Juan de Mata y san Félix de Valois, y la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced (mercedarios), fundada por san Pedro Nolasco con el apoyo de san Raimundo de Peñafort, dominico. Estas comunidades de consagrados nacieron con el carisma específico de liberar a los cristianos esclavizados, poniendo a disposición sus bienes 46 y a menudo ofreciendo su propia vida a cambio. Los trinitarios, con el lema Gloria Tibi Trinitas et captivis libertas Gloria a Ti, Trinidad, y a los cautivos libertad), y los mercedarios, que añaden un cuarto voto 47 a los votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad, dieron testimonio de que la

caridad puede ser heroica. La liberación de los cautivos era expresión del amor trinitario: un Dios que libera no sólo de la esclavitud espiritual, sino también de la opresión concreta. El gesto de rescatar de la esclavitud y de la prisión se considera una prolongación del sacrificio redentor de Cristo, cuya sangre es el precio de nuestro rescate (cf. 1 Co 6,20 61. La espiritualidad original de estas Órdenes estaba profundamente arraigada en la contemplación de la cruz. Cristo es el Redentor de los cautivos por excelencia, y la Iglesia, su cuerpo, prolonga este misterio en el tiempo. 48 Los religiosos no veían en el rescate una acción política o económica, sino un acto casi litúrgico, una ofrenda sacramental de sí mismos. Muchos entregaron sus propios cuerpos para sustituir a los prisioneros, cumpliendo literalmente el mandamiento: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos» ( Jn 15,13. La tradición de estas Órdenes no cesó. Al contrario, inspiró nuevas formas de acción frente a las esclavitudes modernas: la trata de personas, el trabajo forzoso, la explotación sexual, las distintas adicciones. 49 La caridad cristiana, cuando se encarna, se convierte en liberadora. Y la misión de la Iglesia, cuando es fiel a su Señor, es siempre proclamar la liberación. Aún en nuestros días, en los que existen «millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud», 50 dicha herencia es continuada por estas Órdenes y por otras Instituciones y Congregaciones que actúan en las periferias urbanas, las zonas de conflicto y los corredores migratorios. Cuando la Iglesia se arrodilla para romper las nuevas cadenas que aprisionan a los pobres, se convierte en signo de la Pascua.

62. No se puede concluir esta reflexión sobre las personas privadas de libertad sin mencionar a los reclusos que se encuentran en los distintos centros penitenciarios de preventivos y de penados. A este respecto, cabe recordar las palabras que el Papa Francisco dirigió a un grupo de ellos: «Para mí, entrar en una cárcel es siempre un momento importante, porque la cárcel es un lugar de gran humanidad […]. De humanidad probada, a veces fatigada por dificultades, sentimientos de culpa, juicios, incomprensiones, sufrimientos, pero al mismo tiempo cargada de fuerza, de deseo de perdón, de deseo de rescate». 51 Este deseo, entre otros, también fue asumido por las Órdenes redentoras como un servicio preferencial a la Iglesia. Como proclamaba san Pablo: «Esta es la libertad que nos ha dado Cristo» ( Ga 5,1. Y esa libertad no es sólo interior: se manifiesta en la historia como amor que cuida y libera de todas las ataduras.

Testigos de la pobreza evangélica

63. En el siglo XIII, ante el crecimiento de las ciudades, la concentración de riquezas y la aparición de nuevas formas de pobreza, el Espíritu Santo suscitó en la Iglesia un nuevo tipo de consagración: las Órdenes mendicantes. A diferencia del modelo monástico estable, los mendicantes adoptaron una vida itinerante, sin propiedades personales ni comunitarias, confiando plenamente en la Providencia. No sólo servían a los pobres: se hacían pobres con ellos. Consideraban la ciudad como un nuevo desierto y a los marginados como nuevos maestros espirituales. Estas Órdenes, como los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los carmelitas, representaron una revolución evangélica, en la que el estilo de vida sencillo y pobre se convierte en un signo profético para la misión, reviviendo la experiencia de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 4,32. El testimonio de los mendicantes desafiaba tanto la opulencia clerical como la frialdad de la sociedad urbana.

64. San Francisco de Asís se convirtió en el icono de esta primavera espiritual. Tomando la pobreza como esposa, quiso imitar al Cristo pobre, desnudo y crucificado. En su Regla, pide a los hermanos que de «nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y como peregrinos y forasteros en este siglo, sirviendo al Señor en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente, y no deben avergonzarse, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo». 52 Su vida fue un continuo despojarse: del palacio al leproso, de la elocuencia al silencio, de la posesión al don total. Francisco no fundó un servicio social, sino una fraternidad evangélica. Entre los pobres veía hermanos e imágenes vivas del Señor. Su misión era estar con ellos, por una solidaridad que superaba las distancias, por un amor compasivo. Su pobreza era relacional: lo llevaba a hacerse cercano, igual, más aún, menor. Su santidad brotaba de la convicción de que sólo se recibe verdaderamente a Cristo en la entrega generosa de sí mismo a los hermanos.

65. Santa Clara de Asís, inspirada por Francisco, fundó la Orden de las Damas Pobres, más tarde llamadas clarisas. Su lucha espiritual consistió en mantener fielmente el ideal de la pobreza radical. Rechazó los privilegios pontificios que podrían garantizar la seguridad material de su monasterio y, con firmeza, obtuvo del Papa Gregorio IX el llamado Privilegium Paupertatis, que garantizaba el derecho a vivir sin poseer ningún bien material. 53 Esta opción expresaba la confianza total en Dios y la conciencia de que la pobreza voluntaria era una forma de libertad y de profecía. Clara enseñaba a sus hermanas que Cristo era su única herencia y que nada debía oscurecer la comunión con Él. Su vida orante y oculta fue un grito contra la mundanidad y una defensa silenciosa de los pobres y olvidados.

66. Santo Domingo de Guzmán, contemporáneo de Francisco, fundó la Orden de Predicadores con otro carisma, pero con la misma radicalidad. Deseaba anunciar el Evangelio con la autoridad que brota de una vida pobre, convencido de que la Verdad necesita testigos coherentes. El ejemplo de la pobreza de vida acompañaba la Palabra predicada. Libres del peso de los bienes terrenos, los frailes dominicos podían dedicarse mejor a la obra principal, es decir, a la predicación. Iban a las ciudades, sobre todo a aquellas universitarias, para enseñar la verdad de Dios. 54 Al depender de los demás, demostraban que la fe no se impone, sino que se ofrece. Y, al vivir entre los pobres, aprendían la verdad del Evangelio “desde abajo”, como discípulos del Cristo humillado.

67. Las Órdenes mendicantes fueron, así, una respuesta viva a la exclusión y la indiferencia. No propusieron expresamente reformas sociales, sino una conversión personal y comunitaria a la lógica del Reino. La pobreza, en ellos, no era consecuencia de la escasez de bienes, sino una elección libre: hacerse pequeños para acoger a los pequeños. Como dijo Tomás de Celano sobre Francisco: «Se deja ver en él el primer amador de los pobres, [...] despojándose de sus vestidos, viste con ellos a los pobres, a quienes, si no todavía de hecho, sí de todo corazón intenta asemejarse». 55 Los mendicantes se han convertido en un signo de una Iglesia peregrina, humilde y fraterna, que vive entre los pobres no por estrategia proselitista, sino por identidad. Enseñan que la Iglesia es luz sólo cuando se despoja de todo, y que la santidad pasa por un corazón humilde y volcado en los pequeños. La Iglesia y la educación de los pobres

68. Dirigiéndose a algunos educadores, el Papa Francisco recordó que la educación ha sido siempre una de las expresiones más altas de la caridad cristiana: «La vuestra es una misión llena de obstáculos pero también de alegrías. […] Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar». 56 En este sentido, desde los primeros tiempos, los cristianos se dieron cuenta de que el saber libera, dignifica y acerca a la verdad. Para la Iglesia, enseñar a los pobres era un acto de justicia y de fe. Inspirada en el ejemplo del Maestro, que enseñaba a la gente las verdades divinas y humanas, la Iglesia asumió la misión de formar a los niños y a los jóvenes, especialmente a los más pobres, en la verdad y el amor. Esta misión tomó forma con la fundación de Congregaciones dedicadas a la educación popular.

69. En el siglo XVI, san José de Calasanz, impresionado por la falta de instrucción y formación de los jóvenes pobres de la ciudad de Roma, en unas salas anejas a la iglesia de Santa Dorotea en el Trastevere, creó la primera escuela pública popular gratuita de Europa. Era la simiente de la que después se desarrollaría, no sin dificultades, la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, llamados escolapios, con el fin de transmitir a los jóvenes «la ciencia profana, al igual que la sabiduría del Evangelio, enseñándoles a descubrir en sus acontecimientos personales y en la historia la acción amorosa de Dios creador y redentor». 57 De hecho, podemos considerar a este valiente sacerdote como «el verdadero fundador de la escuela católica moderna, que busca la formación integral del hombre y está abierta a todos». 58 Animado por la misma sensibilidad, en el siglo XVII san Juan Bautista de La Salle, dándose cuenta de la injusticia causada por la exclusión de los hijos de obreros y campesinos del sistema educativo de Francia en aquel tiempo, fundó los Hermanos de las Escuelas Cristianas, con el ideal de ofrecerles educación gratuita, una sólida formación y un ambiente fraternal. La Salle veía el aula como un lugar para el desarrollo humano, pero también para la conversión. Sus escuelas combinaban la oración, el método, la disciplina y el compartir. Cada niño era considerado un don único de Dios y el acto de enseñar un servicio al Reino de Dios. 70. Ya en el siglo XIX, también en Francia, san Marcelino Champagnat fundó el Instituto de los Hermanos Maristas de las Escuelas, «sensible a las necesidades espirituales y educativas de su época, especialmente a la ignorancia religiosa y a las situaciones de abandono que vivía particularmente la juventud», 59 dedicándose de lleno, en una época en la que el acceso a la educación era todavía privilegio de unos pocos, a la misión de educar y evangelizar a los niños y jóvenes, sobre todo a los más necesitados. Con el mismo espíritu, en Turín, san Juan Bosco inició la obra salesiana, basada en los tres principios del “sistema preventivo” —razón, religión y amor— 60 y el beato Antonio Rosmini fundó el Instituto de la Caridad, en el que la “caridad intelectual” —junto con la “material” y, en la cúspide, la “espiritual-pastoral”— se presentaba como una dimensión indispensable para cualquier acción caritativa que mirase al bien y al desarrollo integral de la persona. 61 71. Muchas Congregaciones femeninas fueron también protagonistas de esta revolución pedagógica. Las ursulinas, las monjas de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora, las Maestras Pías y muchas otras fundadas especialmente en los siglos XVIII y XIX ocuparon espacios donde el Estado estaba ausente. Crearon escuelas en pequeños pueblos, en los suburbios y en los barrios obreros. La educación de las niñas, en particular, se convirtió en una prioridad. Las religiosas alfabetizaban, evangelizaban, trataban de cuestiones prácticas de la vida cotidiana, elevaban el espíritu a través del cultivo de las artes y, sobre todo, formaban conciencias. Su pedagogía era sencilla: cercanía, paciencia, dulzura. Enseñaban a través de la vida, antes que con palabras. En tiempos de analfabetismo generalizado y de exclusión estructural, estas mujeres consagradas eran faros de esperanza. Su misión era formar el corazón, enseñar a pensar, promover la dignidad. Combinando una vida de piedad y dedicación al prójimo, combatieron el abandono con la ternura de quien educa en nombre de Cristo.

72. Para la fe cristiana, la educación de los pobres no es un favor, sino un deber. Los pequeños tienen derecho a la sabiduría, como exigencia básica para el reconocimiento de la dignidad humana. Enseñarles es afirmar su valor, darles las herramientas para transformar su realidad. La tradición cristiana entiende que el conocimiento es un don de Dios y una responsabilidad comunitaria. La educación cristiana forma no sólo profesionales, sino personas abiertas al bien, a la belleza y a la verdad. Por eso, la escuela católica, cuando es fiel a su nombre, se convierte en un espacio de inclusión, formación integral y promoción humana. Así, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor.

Acompañar a los migrantes

73. La experiencia de la migración acompaña la historia del pueblo de Dios. Abraham parte sin saber adónde va; Moisés conduce a un pueblo peregrino por el desierto; María y José huyen con el Niño a Egipto. El mismo Cristo, que «vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11, vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una

presencia viva del Señor, que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha: «Estaba de paso, y me alojaron» (Mt 25,35 74. En el siglo XIX, cuando millones de europeos emigraban en busca de mejores condiciones de vida, dos grandes santos se destacaron en la atención pastoral de los migrantes: san Juan Bautista Scalabrini y santa Francisca Javier Cabrini. Scalabrini, obispo de Piacenza, fundó los Misioneros de San Carlos para acompañar a los migrantes en sus comunidades de destino, ofreciéndoles asistencia espiritual, jurídica y material. Veía en los migrantes destinatarios de una nueva evangelización, alertando sobre los riesgos de la explotación y la pérdida de la fe en tierra extranjera. Respondiendo con generosidad al carisma que el Señor le había concedido, «Scalabrini miraba más allá, miraba hacia el futuro, hacia un mundo y una Iglesia sin barreras, sin extranjeros». 62 Santa Francisca Cabrini, nacida en Italia y naturalizada estadounidense, se convirtió en la primera ciudadana de los Estados Unidos en ser canonizada. Para cumplir su misión de atender a los emigrantes, cruzó el Atlántico varias veces e «impulsada por una singular audacia, empezó de la nada la construcción de escuelas, hospitales y orfanatos para multitud de desheredados que se aventuraban a buscar trabajo en el nuevo mundo, sin conocer la lengua y sin medios que les permitieran una inserción digna en la sociedad norteamericana, en la que a menudo eran víctimas de personas sin escrúpulos. Su corazón materno, que no se resignaba jamás, llegaba a ellos dondequiera que se encontraran: en los tugurios, en las cárceles y en las minas». 63 En el Año Santo de 1950, el Papa Pío XII la proclamó patrona de todos los migrantes. 64

75. La tradición de la actividad de la Iglesia con y para los migrantes continúa y hoy ese servicio se expresa en iniciativas como los centros de acogida para refugiados, las misiones en las fronteras y los esfuerzos de Cáritas Internacional y otras instituciones. El Magisterio contemporáneo reafirma claramente este compromiso. El Papa Francisco recordaba que la misión de la Iglesia junto a los migrantes y refugiados es aún más amplia, insistiendo en que «la respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados». 65 Y añadía: «Cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio». 66 La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad. Al lado de los últimos

76. La santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad. Los más pobres entre los pobres —los que no sólo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad— ocupan un lugar especial en el corazón de Dios. Son los preferidos del Evangelio, los herederos del Reino (cf. Lc 6,20. Es en ellos donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica.

77. Santa Teresa de Calcuta, canonizada en 2016, se convirtió en un icono universal de la caridad vivida hasta el extremo en favor de los más indigentes, descartados por la sociedad. Fundadora de las Misioneras de la Caridad, dedicó su vida a los moribundos abandonados en las calles de la India. Recogía a los rechazados, lavaba sus heridas y los acompañaba hasta el momento de la muerte con una ternura que era oración. Su amor por los más pobres entre los pobres la llevaba no sólo a atender sus necesidades materiales, sino también a anunciarles la buena noticia del Evangelio: «Queremos proclamar la buena nueva a los pobres de que Dios les ama, de que nosotros les amamos, de que ellos son alguien para nosotros, de que ellos también han sido creados por la misma mano amorosa de Dios, para amar y ser amados. Nuestros pobres son grandes personas, son personas muy queribles, no necesitan nuestra lástima y simpatía, necesitan nuestro amor comprensivo. Necesitan nuestro respeto, necesitan que les tratemos con dignidad». 67 Todo esto nacía de una profunda espiritualidad que veía el servicio a los más pobres como fruto de la oración y del amor, que generan la verdadera paz, como recordaba el Papa Juan Pablo II a los peregrinos que habían acudido a Roma para su beatificación: «¿Dónde encontró la madre Teresa la fuerza para ponerse completamente al servicio de los demás? La encontró en la oración y en la contemplación silenciosa de Jesucristo, de su santo Rostro y de su Sagrado Corazón. Lo dijo ella misma: “El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz” [...]. La oración colmó su corazón de la paz de Cristo y le permitió irradiarla a los demás». 68 Teresa no se consideraba una filántropa ni una activista, sino esposa de Cristo crucificado, a quien servía con amor total en los hermanos que sufrían.

78. En Brasil, santa Dulce de los Pobres, conocida como “el ángel bueno de Bahía”, encarnó el mismo espíritu evangélico con rasgos brasileños. Refiriéndose a ella y a otras dos religiosas canonizadas en la misma celebración, el Papa Francisco recordó el amor que profesaban a los más marginados de la sociedad y afirmó que las nuevas santas «nos muestran que la vida consagrada es un camino de amor en las periferias existenciales del mundo». 69 La hermana Dulce enfrentó la precariedad con creatividad, los obstáculos con ternura, la carencia con fe inquebrantable. Comenzó acogiendo a enfermos en un gallinero, y desde allí fundó una de las mayores obras sociales del país. Atendía a miles de personas al día, sin perder nunca su dulzura. Se hizo pobre con los

pobres por amor al sumamente Pobre. Vivía con poco, rezaba con fervor y servía con alegría. Su fe no la alejaba del mundo, sino que la sumía aún más profundamente en los dolores de los últimos.

79. Se podría recordar también a san Benito Menni y las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, junto a las personas con discapacidades; a san Carlos de Foucauld entre las comunidades del Sahara; a santa Katharine Drexel, junto a los grupos más desfavorecidos de Norteamérica; a la hermana Emmanuelle con los recolectores de basura en el barrio de Ezbet El Nakhl, en la ciudad de El Cairo; y a muchísimos más. Cada uno a su manera descubrió que los más pobres no son meros objetos de compasión, sino maestros del Evangelio. No se trata de “llevarles a Dios”, sino de encontrarlo entre ellos. Todos estos ejemplos enseñan que servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales, donde Cristo se revela y es adorado. San Juan Pablo II nos recordaba que «en la persona de los pobres hay una presencia especial [de Cristo], que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos». 70 Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada.

Movimientos populares

80. Debemos reconocer también que, a lo largo de la historia cristiana, la ayuda a los pobres y la lucha por sus derechos no han implicado sólo a los individuos, a algunas familias, a las instituciones o a las comunidades religiosas. Han existido, y existen, varios movimientos populares, integrados por laicos y guiados por líderes populares, muchas veces bajo sospecha o incluso perseguidos. Me refiero a un «conjunto de personas que no caminan como individuos sino como el entramado de una comunidad de todos y para todos, que no puede dejar que los más pobres y débiles se queden atrás. […] Los líderes populares, entonces, son aquellos que tienen la capacidad de incorporar a todos. […] No les tienen asco ni miedo a los jóvenes lastimados y crucificados». 71

81. Estos líderes populares saben que la solidaridad «también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero […]. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares». 72 Por esta razón, cuando las distintas instituciones piensan en las necesidades de los pobres se requiere «que incluyan a los movimientos populares y animen las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común». 73 Los movimientos populares, efectivamente, nos invitan a superar «esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos». 74 Si los políticos y los profesionales no los escuchan, «la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino». 75 Lo mismo se debe decir de las instituciones de la Iglesia.

CAPÍTULO CUARTO

UNA HISTORIA QUE CONTINÚA

El siglo de la Doctrina Social de la Iglesia

82. La aceleración de las transformaciones tecnológicas y sociales de los últimos dos siglos, llena de trágicas contradicciones, no sólo ha sido sufrida, sino también afrontada y pensada por los pobres. Los movimientos de trabajadores, de mujeres y de jóvenes, así como la lucha contra la discriminación racial, han dado lugar a una nueva conciencia de la dignidad de los marginados. También el aporte de la Doctrina Social de la Iglesia tiene en sí esta raíz popular que no se debe olvidar; sería inimaginable su relectura de la revelación cristiana en las modernas circunstancias sociales, laborales, económicas y culturales sin los laicos cristianos lidiando con los desafíos de su tiempo. A su lado trabajaron religiosas y religiosos, testigos de una Iglesia en salida de los caminos ya recorridos. El cambio de época que estamos afrontando hace hoy aún más necesaria la continua interacción entre los bautizados y el Magisterio, entre los ciudadanos y los expertos, entre el pueblo y las instituciones. En particular, se reconoce nuevamente que la realidad se ve mejor desde los márgenes y que los pobres son sujetos de una inteligencia específica, indispensable para la Iglesia y la humanidad.

83. El Magisterio de los últimos ciento cincuenta años ofrece una auténtica fuente de enseñanzas referidas a los pobres. De ese modo, los Obispos de Roma se han hecho voz de nuevas conciencias, tomadas en consideración para el discernimiento eclesial. Por ejemplo, en la carta encíclica Rerum novarum 1891, León XIII afrontó la cuestión del trabajo, poniendo al descubierto la situación intolerable de muchos obreros de la industria, proponiendo la instauración de un orden social justo. Otros pontífices también se han expresado en esta misma línea. Con la encíclica Mater et Magistra 1961 san Juan XXIII se hizo promotor de una justicia de dimensiones mundiales: los países ricos no podían permanecer indiferentes ante los países oprimidos por el hambre y la miseria, sino que estaban llamados a socorrerlos generosamente con todos sus recursos.

84. El Concilio Vaticano II representa una etapa fundamental en el discernimiento eclesial en relación a los pobres, a la luz de la Revelación. Si bien en los documentos preparatorios este tema fue marginal, desde el radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, a un mes de la apertura del Concilio, san Juan XXIII centró la atención sobre el mismo con palabras inolvidables: «La Iglesia se

presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres». 76 Fue pues el gran trabajo de obispos, teólogos y expertos preocupados por la renovación de la Iglesia con el apoyo del mismo san Juan XXIII lo que reorientó el Concilio. Es fundamental la naturaleza cristocéntrica, es decir, doctrinal y no sólo social, de tal fermento. Numerosos padres conciliares, en efecto, favorecieron la consolidación de la conciencia, bien expresada por el cardenal Lercaro en su memorable intervención del 6 de diciembre de 1962, de que «el misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres», 77 y de que «no se trata de un tema más, sino que en cierto sentido es el único tema de todo el Vaticano II». 78 El arzobispo de Bolonia, preparando el texto de esta intervención, anotaba: «Esta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que están en toda la tierra, esta es la hora del misterio de la Iglesia madre de los pobres, esta es la hora del misterio de Cristo sobre todo en el pobre». 79 Se perfilaba de ese modo la necesidad de una nueva forma eclesial, más sencilla y sobria, que implicase a todo el pueblo de Dios y a su figura histórica. Una Iglesia más semejante a su Señor que a las potencias mundanas, dirigida a estimular en toda la humanidad un compromiso concreto para resolver el gran problema de la pobreza en el mundo.

85. San Pablo VI, con ocasión de la apertura de la segunda sesión del Concilio, retomó el tema planteado por su predecesor respecto a la Iglesia que mira con particular interés «a los pobres, a los necesitados, a los afligidos, a los hambrientos, a los enfermos, a los encarcelados, es decir, mira a toda la humanidad que sufre y que llora; ésta le pertenece por derecho evangélico». 80 En la Audiencia general del 11 de noviembre de 1964, subrayó que «el pobre es representante de Cristo» y, acercando la imagen del Señor en los últimos a la que se manifiesta en el Papa, afirmó: «La representación de Cristo en el pobre es universal, todo pobre refleja a Cristo; la del Papa es personal. […] El pobre y Pedro pueden coincidir, pueden ser la misma persona, revestida de una doble representación: la de la pobreza y la de la autoridad». 81 De ese modo, el vínculo intrínseco entre la Iglesia y los pobres era expresado simbólicamente con una original claridad.

86. En la constitución pastoral Gaudium et spes, actualizando la herencia de los Padres de la Iglesia , el Concilio afirmó con fuerza el destino universal de los bienes de la tierra y la función social de la propiedad que deriva de ello: «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos […]. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. […] Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. […] La misma propiedad privada tiene también, por su misma naturaleza, una índole social, cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes. Cuando esta índole social es descuidada, la propiedad muchas veces se convierte en ocasión de ambiciones y graves desórdenes». 82 Esta convicción fue impulsada nuevamente por san Pablo VI en la encíclica Populorum progressio, donde leemos que nadie puede considerarse autorizado a «reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario». 83 En su intervención en las Naciones Unidas, el Papa Montini se presentó como el abogado de los pueblos pobres, 84 solicitando a la comunidad internacional la edificación de un mundo solidario.

87. Con san Juan Pablo II se consolida, al menos en el ámbito doctrinal, la relación preferencial de la Iglesia con los pobres. Su magisterio ha reconocido, en efecto, que la opción por los pobres es una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». 85 En la encíclica Sollicitudo rei socialis escribe también que hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, «este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo significaría parecernos al “rico epulón” que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta (cf. Lc 16,19 31». 86 Su enseñanza sobre el trabajo adquiere importancia cuando queremos pensar en el rol activo de los pobres en la renovación de la Iglesia y de la sociedad, dejando atrás el paternalismo de la mera asistencia de sus necesidades inmediatas. En la encíclica Laborem exercens afirma que «el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social». 87 88. Frente a las múltiples crisis que han caracterizado el comienzo del tercer milenio, la lectura de Benedicto XVI se hace más marcadamente política. Así, en la carta encíclica Caritas in veritate afirma que «se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales». 88 Además, observa que «el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional». 89

89. El Papa Francisco ha reconocido cómo, además del magisterio de los Obispos de Roma, en los últimos decenios se han hecho cada vez más frecuentes los posicionamientos adoptados por las Conferencias episcopales nacionales y regionales al respecto. Por ejemplo, él pudo testimoniar en primera persona el compromiso particular del episcopado latinoamericano al reflexionar sobre la relación de la Iglesia con los pobres. En el período postconciliar, en casi todos los países de América Latina se sintió

fuertemente la identificación de la Iglesia con los pobres y la participación activa en su rescate. Fue el corazón mismo de la Iglesia el que se conmovió ante tanta gente pobre que sufría desempleo, subempleo, salarios inicuos y estaba obligada a vivir en condiciones miserables. El martirio de san Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, fue al mismo tiempo un testimonio y una exhortación viva para la Iglesia. Él sintió como propio el drama de la gran mayoría de sus fieles y los hizo el centro de su opción pastoral. Las Conferencias del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida constituyen etapas significativas también para toda la Iglesia. Yo mismo, misionero durante largos años en Perú, debo mucho a este camino de discernimiento eclesial, que el Papa Francisco ha sabido unir sabiamente al de otras Iglesias particulares, especialmente las del Sur global. Ahora quisiera referirme a dos temas específicos de este magisterio episcopal.

Estructuras de pecado que causan pobreza y desigualdades extremas

90. En Medellín, los obispos se pronunciaron en favor de la opción preferencial por los pobres: «Cristo nuestro Salvador, no sólo amó a los pobres, sino que “siendo rico se hizo pobre”, vivió en la pobreza, centró su misión en el anuncio a los pobres de su liberación y fundó su Iglesia como signo de esa pobreza entre los hombres. [...] La pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica encomendada por Cristo». 90 Los obispos afirmaron con fuerza que la Iglesia, para ser plenamente fiel a su vocación, no sólo debe compartir la condición de los pobres, sino también ponerse de su lado, comprometiéndose diligentemente en su promoción integral. La Conferencia de Puebla, ante el agravamiento de la pobreza en América Latina, confirmó la decisión de Medellín con una opción franca y profética en favor de los pobres, y calificó las estructuras de injusticia como “pecado social”.

91. La caridad es una fuerza que cambia la realidad, una auténtica potencia histórica de cambio. Es la fuente a la que debe hacer referencia todo compromiso para «resolver las causas estructurales de la pobreza», 91 y llevarlo a cabo urgentemente. Hago votos, por lo tanto, para «que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo», 92 porque «se trata de escuchar el clamor de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra». 93

92. Por lo tanto, es preciso seguir denunciando la “dictadura de una economía que mata” y reconocer que «mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas». 94 Aunque no faltan diferentes teorías que intentan justificar el estado actual de las cosas, o explicar que la racionalidad económica nos exige que esperemos a que las fuerzas invisibles del mercado resuelvan todo, la dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no mañana, y la situación de miseria de muchas personas a quienes esta dignidad se niega debe ser una llamada constante para nuestra conciencia.

93. En la encíclica Dilexit nos, el Papa Francisco ha recordado cómo el pecado social toma la forma de “estructura de pecado” en la sociedad, que «muchas veces […] se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia. Este fenómeno se puede definir “alienación social”». 95 Se vuelve normal ignorar a los pobres y vivir como si no existieran. Se presenta como elección racional organizar la economía pidiendo sacrificios al pueblo, para alcanzar ciertos objetivos que interesan a los poderosos; mientras que a los pobres sólo les quedan promesas de “gotas” que caerán, hasta que una nueva crisis global los lleve de regreso a la situación anterior. Es una auténtica alienación aquella que lleva sólo a encontrar excusas teóricas y no a tratar de resolver hoy los problemas concretos de los que sufren. Lo decía ya san Juan Pablo II: «Está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y consumo, hace más difícil la realización de esta donación y la formación de esa solidaridad interhumana». 96

94. Debemos comprometernos cada vez más para resolver las causas estructurales de la pobreza. Es una urgencia que «no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras». 97 La falta de equidad «es raíz de los males sociales». 98 En efecto, «muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos». 99 95. Resulta que «en el vigente modelo “exitista” y “privatista” no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida». 100 La pregunta recurrente es siempre la misma: ¿los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad. Si no nos detenemos a tomar las cosas en serio continuaremos así, de manera explícita o disimulada, legitimando «el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo». 101

96. Entre las cuestiones estructurales —que no es posible imaginar que se resuelvan de lo alto y que requieren ser asumidas lo 187

antes posible— está el tema de los lugares, los espacios, las casas y las ciudades donde los pobres viven y transitan. Lo sabemos, «¡qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!». 102 Al mismo tiempo, «no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas». 103 De hecho, «el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta». 104

97. Por consiguiente, es responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios hacer oír, de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costo de parecer “estúpidos”. Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad, pero también con la ayuda de las ciencias y la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces en la transformación de la sociedad. Siempre debe recordarse que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación individual e íntima con el Señor. La propuesta es más amplia: «es el Reino de Dios (cf. Lc 4,43; se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino». 105

98. En fin, un documento que al principio no fue bien acogido por algunos, nos ofrece una reflexión siempre actual: «A los defensores de “la ortodoxia”, se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y de los regímenes políticos que las mantienen. La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos, y especialmente a los pastores y a los responsables. La preocupación por la pureza de la fe ha de ir unida a la preocupación por aportar, con una vida teologal integral, la respuesta de un testimonio eficaz de servicio al prójimo, y particularmente al pobre y al oprimido». 106

Los pobres como sujetos

99. Un don fundamental para el camino de la Iglesia universal está representado por el discernimiento de la Conferencia de Aparecida, donde los obispos latinoamericanos explicitaron que la opción preferencial de la Iglesia por los pobres «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». 107 En el documento se contextualiza la misión en la actual situación del mundo globalizado, con sus nuevos y dramáticos desequilibrios, 108 y los obispos, en el mensaje final, escriben: «Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres». 109

100. Al mismo tiempo, el documento —profundizando un tema ya presente en las Conferencias precedentes del episcopado de América Latina— insiste en la necesidad de considerar a las comunidades marginadas como sujetos capaces de crear su propia cultura, más que como objetos de beneficencia. Esto implica que dichas comunidades tienen el derecho de vivir el Evangelio, de celebrar y comunicar la fe según los valores presentes en su cultura. La experiencia de la pobreza les da la capacidad para reconocer aspectos de la realidad que otros no son capaces de ver, y por esta razón la sociedad necesita escucharlos. Lo mismo vale para la Iglesia, que debe valorizar positivamente la manera “popular” que ellos tienen de vivir la fe. Un hermoso texto del documento final de Aparecida nos ayuda a reflexionar sobre este punto, para encontrar la actitud correcta: «Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. [...] Día a día, los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral: educan a sus hijos en la fe, viven una constante solidaridad entre parientes y vecinos, buscan constantemente a Dios y dan vida al peregrinar de la Iglesia. A la luz del Evangelio reconocemos su inmensa dignidad y su valor sagrado a los ojos de Cristo, pobre como ellos y excluido entre ellos. Desde esta experiencia creyente, compartiremos con ellos la defensa de sus derechos». 110 101. Todo esto comporta la presencia de un aspecto en la opción por los pobres que debemos recordar constantemente: esta opción, en efecto, exige de nuestra parte «una atención puesta en el otro […]. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor siempre es contemplativo, nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, sino porque él es bello, más allá de su apariencia. […] Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación». 111 Por esta razón, dirijo un sincero agradecimiento a todos los que han escogido vivir entre los pobres; es decir, a aquellos que no van a visitarlos de vez en cuando, sino que viven con ellos y como ellos. Esta es una opción que debe encontrar lugar entre las formas más altas de vida evangélica. 102. En esta perspectiva, aparece claramente la necesidad de que «todos nos dejemos evangelizar» 112 por los pobres, y que todos reconozcamos «la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos». 113 Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida

vivida en el límite, seguramente tienen mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida.

CAPÍTULO QUINTO UN DESAFÍO PERMANENTE

103. He decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que ésta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. Por tanto, debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia “carne” la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres —en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza— es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios. De hecho, cada renovación eclesial ha tenido siempre como prioridad la atención preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra organización humanitaria.

104. El cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una “cuestión familiar”, son “de los nuestros”. Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia. Como enseña la Conferencia de Aparecida, «se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras». 114

El buen samaritano de nuevo

105. La cultura dominante de los inicios de este milenio instiga a abandonar a los pobres a su propio destino, a no juzgarlos dignos de atención y mucho menos de aprecio. En la encíclica Fratelli tutti el Papa Francisco nos invitaba a reflexionar sobre la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25 37, precisamente para profundizar en este punto. En dicha parábola vemos que, frente a aquel hombre herido y abandonado en el camino, las actitudes de aquellos que pasan son distintas. Sólo el buen samaritano se ocupa de cuidarlo. Entonces vuelve la pregunta que interpela a cada uno en primera persona: «¿Con quién te identificas? Esta pregunta es cruda, directa y determinante. ¿A cuál de ellos te pareces? Nos hace falta reconocer la tentación que nos circunda de desentendernos de los demás; especialmente de los más débiles. Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente». 115

106. Y nos hace mucho bien descubrir que aquella escena del buen samaritano se repite también hoy. Recordemos esta situación de nuestros días: «Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?». 116 ¿Qué hizo el buen samaritano?

107. La pregunta se vuelve urgente, porque nos ayuda a darnos cuenta de una grave falta en nuestras sociedades y también en nuestras comunidades cristianas. El hecho es que muchas formas de indiferencia que hoy encontramos «son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles. Además, como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor. Mejor no caer en esa miseria. Miremos el modelo del buen samaritano». 117 Las últimas palabras de la parábola evangélica —«Ve, y procede tú de la misma manera» ( Lc 10,37 son un mandamiento que un cristiano debe oír resonar cada día en su corazón.

Un desafío ineludible para la Iglesia de hoy

108. En una época particularmente difícil para la Iglesia de Roma, cuando las instituciones imperiales estaban colapsando bajo la presión de los bárbaros, san Gregorio Magno amonestaba a sus fieles de este modo: «Todos los días, si lo buscamos, hallamos a Lázaro, y, aunque no lo busquemos, le tenemos a la vista. Ved que a todas horas se presentan los pobres y que ahora nos piden

ellos, que luego vendrán como intercesores nuestros. [...] No perdáis el tiempo de la misericordia; no hagáis caso omiso de los remedios que habéis recibido». 118 No sin valentía, él desafiaba los prejuicios generalizados hacia los pobres, como los de quienes los consideraban responsables de su propia miseria: «Cuando veis que algunos pobres hacen algunas cosas reprensibles: no los despreciéis, no desconfiéis, porque tal vez la fragua de la pobreza purifica el exceso de alguna maldad pequeñísima que los mancha». 119 No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás. En esto, los pobres pueden ser para nosotros como maestros silenciosos, devolviendo nuestro orgullo y arrogancia a una justa humildad. 109. Si es verdad que los pobres son sostenidos por quienes tienen medios económicos, también se puede afirmar con certeza lo contrario. Esta es una sorprendente experiencia corroborada por la misma tradición cristiana y que se vuelve un verdadero punto de inflexión en nuestra vida personal, cuando caemos en la cuenta de que justamente los pobres son quienes nos evangelizan. ¿De qué manera? Los pobres, en el silencio de su misma condición, nos colocan frente a la realidad de nuestra debilidad. El anciano, por ejemplo, con la debilidad de su cuerpo, nos recuerda nuestra vulnerabilidad, aun cuando buscamos esconderla detrás del bienestar o de la apariencia. Además, los pobres nos hacen reflexionar sobre la precariedad de aquel orgullo agresivo con el que frecuentemente afrontamos las dificultades de la vida. En esencia, ellos revelan nuestra fragilidad y el vacío de una vida aparentemente protegida y segura. Al respecto, volvemos a escuchar estas palabras de san Gregorio Magno: «Nadie, pues, se cuente seguro diciendo: Ea, yo no robo lo ajeno, sino que disfruto buenamente de los bienes que he recibido; porque este rico no fue castigado precisamente por robar lo ajeno, sino porque malamente reservó para sí solo los bienes que había recibido. También le llevó al infierno esto: el no vivir temeroso en medio de su felicidad, el hacer servir a su arrogancia los dones recibidos, el no tener entrañas de caridad». 120

110. Para nosotros cristianos, la cuestión de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe. La opción preferencial por los pobres, es decir, el amor de la Iglesia hacia ellos, como enseñaba san Juan Pablo II, «es determinante y pertenece a su constante tradición, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso técnico-económico, la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas». 121 La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnación de Dios; para adentrarse en serio en este misterio, en cambio, es necesario especificar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. «Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor. Y esto no es fácil». 122 111. El corazón de la Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un “descarte” de la sociedad. Los pobres están en el centro de la Iglesia, porque es desde la «fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, [que] brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad». 123 En el corazón de cada fiel se encuentra «la exigencia de escuchar este clamor [que] brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo cual no se trata de una misión reservada sólo a algunos». 124

112. A veces se percibe en algunos movimientos o grupos cristianos la carencia o incluso la ausencia del compromiso por el bien común de la sociedad y, en particular, por la defensa y la promoción de los más débiles y desfavorecidos. A este respecto, es necesario recordar que la religión, especialmente la cristiana, no puede limitarse al ámbito privado, como si los fieles no tuvieran que preocuparse también de los problemas relativos a la sociedad civil y de los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. 125

113. En realidad, «cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos». 126

114. No estamos hablando sólo de la asistencia y del necesario compromiso por la justicia. Los creyentes deben darse cuenta de otra forma de incoherencia respecto a los pobres. En verdad, «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual […]. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria». 127 No obstante, esta atención espiritual hacia los pobres es puesta en discusión por ciertos prejuicios, también por parte de cristianos, porque nos sentimos más a gusto sin los pobres. Hay quienes siguen diciendo: “Nuestra tarea es rezar y enseñar la verdadera doctrina”. Pero, desvinculando este aspecto religioso de la promoción integral, agregan que sólo el gobierno debería encargarse de ellos, o que sería mejor dejarlos en la miseria, para que aprendan a trabajar. A veces, sin embargo, se asumen criterios pseudocientíficos para decir que la libertad de mercado traerá espontáneamente la solución al problema de la pobreza. O incluso, se opta por una pastoral de las llamadas élites, argumentando que, en vez de perder el tiempo con los pobres, es mejor ocuparse de los ricos, de los poderosos y de los profesionales, para que, por medio de ellos, se puedan alcanzar soluciones más eficaces. Es fácil percibir la mundanidad que se esconde detrás de estas opiniones; estas nos llevan a observar la realidad con criterios superficiales y desprovistos de cualquier luz sobrenatural, prefiriendo círculos sociales que nos tranquilizan o buscando privilegios que nos acomodan.

Aún hoy, dar

115. Es bueno dedicar una última palabra a la limosna, que hoy no goza de buena fama, a menudo incluso entre los creyentes. No sólo no se practica, sino que además se desprecia. Por un lado, confirmo que la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal. El hecho es que «la falta de trabajo es mucho más que la falta de una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo es también esto, pero es mucho, mucho más. Trabajando nosotros nos hacemos más persona, nuestra humanidad florece, los jóvenes se convierten en adultos solamente trabajando. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participación en la creación que continúa cada día, también gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores». 128 Por otro lado, si aún no existe esta posibilidad concreta, no podemos correr el riesgo de dejar a una persona abandonada a su suerte, sin lo indispensable para vivir dignamente. Y, por tanto, la limosna sigue siendo un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificación con la situación de los demás.

116. Es evidente, para quien ama de verdad, que la limosna no exime de sus responsabilidades a las autoridades competentes, ni elimina el compromiso organizado de las instituciones, y mucho menos sustituye la lucha legítima por la justicia. Sin embargo, invita al menos a detenerse y a mirar al pobre a la cara, a tocarle y compartir con él algo de lo suyo. De cualquier manera, la limosna, por pequeña que sea, infunde pietas en una vida social en la que todos se preocupan de su propio interés personal. Dice el libro de los Proverbios: «El hombre generoso será bendecido, porque comparte su pan con el pobre» (Pr 22,9.

117. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento contienen auténticos himnos a la limosna: «Pero tú sé indulgente con el humilde y no le hagas esperar tu limosna, […] que el tesoro encerrado en tus graneros sea la limosna, y ella te preservará de todo mal» (Si 29,8.12. Y Jesús retoma esta enseñanza: «Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo» (Lc 12,33.

118. A san Juan Crisóstomo se le atribuía esta exhortación: «La limosna es el ala de la oración; si no le das alas a la oración, no volará». 129 Y san Gregorio Nacianceno concluía una de sus célebres oraciones con estas palabras: «En verdad, si en algo confiáis en mí, siervos de Cristo, hermanos y coherederos, mientras llega el momento, visitemos a Cristo, curemos a Cristo, alimentemos a Cristo, vistamos a Cristo, hospedemos a Cristo, honremos a Cristo; no sólo en la mesa, como algunos; ni con perfumes, como María; no sólo en el sepulcro, como José de Arimatea; ni con lo relativo a la sepultura, como Nicodemo, que amaba a Cristo a medias; ni con oro, incienso y mirra, como los Magos, anteriores a los mencionados; sino puesto que el Señor del universo quiere misericordia y no sacrificio […], ofrezcámosle esa compasión por medio de los necesitados y de los que ahora se encuentran arrojados por tierra, para que, cuando salgamos de aquí abajo, seamos recibidos en las moradas eternas». 130

119. Hay que alimentar el amor y las convicciones más profundas, y eso se hace con gestos. Permanecer en el mundo de las ideas y las discusiones, sin gestos personales, asiduos y sinceros, sería la perdición de nuestros sueños más preciados. Por esta sencilla razón, como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres.

120. El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy.

121. Ya sea a través del trabajo que ustedes realizan, o de su compromiso por cambiar las estructuras sociales injustas, o por medio de esos gestos sencillos de ayuda, muy cercanos y personales, será posible para aquel pobre sentir que las palabras de Jesús son para él: «Yo te he amado» (Ap 3,9

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de octubre, memoria de san Francisco de Asís, del año 2025, primero de mi Pontificado.

LEÓN PP. XIV

3 Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate 19 marzo 2018, 96 AAS 110 2018, 1137.

4 Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicación 16 marzo 2013 AAS 105 2013, 381.

5 J. Bergoglio – A. Skorka, Sobre el cielo y la tierra, Buenos Aires 2013, 214.

6 S. Pablo VI, Homilía en la Santa Misa concelebrada durante la última sesión pública del Concilio Ecuménico Vaticano II 7 diciembre 1965 AAS 58 1966, 55 56.

7 Cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 187 AAS 105 2013, 1098.

8 Ibíd., 212 AAS 105 2013, 1108.

9 Id., Carta. enc. Fratelli tutti 3 octubre 2020, 23 AAS 112 2020, 977.

10 Ibíd., 21 AAS 112 2020, 976.

11 Consejo de las Comunidades Europeas, Decisión 85/8/CEE) relativa a una acción comunitaria específica de lucha contra la pobreza 19 diciembre 1984, art. 1, par. 2 Diario Oficial de las Comunidades Europeas, N. L 2/24.

12 Cf. S. Juan Pablo II, Catequesis 27 octubre 1999: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 29 octubre 1999, 3.

13 Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 197 AAS 105 2013, 1102.

14 Cf. id., Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres 13 junio 2021, 3 AAS 113 2021, 691 «Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos».

15 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 186 AAS 105 2013, 1098.

16 Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate 19 marzo 2018, 95 AAS 110 2018, 1137.

17 Ibíd., 97 AAS 110 2018, 1137.

18 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 194 AAS 105 2013, 1101.

19 Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicación 16 marzo 2013: AAS 105 2013, 381.

20 Conc. Ecum. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 8.

21 Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 48 AAS 105 2013, 1040.

22 En este capítulo propondremos algunos de estos ejemplos de santidad, que no pretenden ser exhaustivos, sino indicativos del cuidado de los pobres que siempre ha caracterizado la presencia de la Iglesia en el mundo. Una reflexión detallada sobre la historia de esta atención eclesial a los más pobres se encuentra en el libro de V. Paglia, Storia della povertà, Milán 2014.

23 Cf. S. Ambrosio, De officiis ministrorum I, cap. 41, 205 206 CCSL 15, Turnhout 2000, 76 77; II, cap. 28, 140 143 CCSL 15, 148 149.

24 Ibíd. II, cap. 28, 140 CCSL 15, 148.

25 Ibíd.

26 Ibíd. II, cap. 28, 142 CCSL 15, 148.

27 S. Ignacio de Antioquía, Epistula ad Smyrnaeos, 6, 2 SCh 10bis, París 2007, 136 138.

28 S. Policarpo, Epistula ad Philippenses, 6, 1 SCh 10bis, 186.

29 S. Justino, Apologia prima, 67, 6 7 SCh 507, París 2006, 310.

30 S. Juan Crisóstomo, Homiliae in Matthaeum, 50, 3 PG 58, París 1862, 508.

31 Ibíd., 50, 4 PG 58, 509.

32 Id., Homilia in Epistula ad Hebraeos, 11, 3 PG 63, París 1862, 94.

33 Id., Homilia II De Lazaro, 6 PG 48, París 1862, 992.

34 S. Ambrosio, De Nabuthae, 12, 53 CSEL 32/2, Praga-Viena-Leipzig 1897, 498.

35 S. Agustín, Enarrationes in Psalmos, 125, 12 CSEL 95/3, Viena 2001, 181.

36 Id., Sermo LXXXVI, 5 CCSL 41Ab, Turnhout 2019, 411 412.

37 Pseudoagustín, Sermo CCCLXXXVIII, 2 PL 39, París 1862, 1700.

38 S. Cipriano, De mortalitate, 16 CCSL 3A, Turnhout 1976, 25.

39 Francisco, Mensaje para la XXX Jornada Mundial del Enfermo 10 diciembre 2021, 3 AAS 114 2022, 51.

40 S. Camilo de Lelis, Reglas de la Compañía de los Ministros de los Enfermos, 27 M. Vanti (ed.), Scritti di San Camillo de Lellis, Milán 1965, 67.

41 Sta. Luisa de Marillac, Carta a las Hermanas Claude Carré y Marie Gaudoin 28 noviembre 1657 E. Charpy (ed.), Sainte Louise de Marillac. Écrits, París 1983, 576.

42 S. Basilio Magno, Regulae fusius tractatae, 37, 1 PG 31, París 1857, 1009 C D.

43 Regula Benedicti, 53, 15 SCh 182, París 1972, 614.

44 S. Juan Casiano, Collationes XIV, 10 CSEL 13, Viena 2004, 410.

45 Benedicto XVI, Catequesis 21 octubre 2009: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 23 octubre 2009, 32.

46 Cf. Inocencio III, Bula Operante divinae dispositionis – Regla Primitiva de los Trinitarios 17 diciembre 1198, 2 J. L. Aurrecoechea – A. Moldón (eds.), Fuentes históricas de la Orden Trinitaria (s. XII XV, Córdoba 2003, 6 7 «Todos los bienes, de dondequiera que lícitamente provengan, los dividan en tres partes iguales; y en la medida en que dos partes sean suficientes, se lleven a cabo con ellas obras de misericordia, junto con un moderado sustento de sí mismos y de los que por necesidad están a su servicio. En cambio, la tercera parte se reserve para la redención de los cautivos a causa de su fe en Cristo».

47 Cf. Constituciones de la Orden de los Mercedarios, n. 14 Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, Regla y Constituciones, Roma 2014, 53 «Para cumplir esta misión, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular, llamado de Redención, en virtud del cual prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad».

48 Cf. S. Juan Bautista de la Concepción, La regla de la Orden de la Santísima Trinidad, XX, 1 BAC Maior 60, Madrid 1999, 90 «Y en esto son los pobres y cautivos semejantes a Cristo, en quien el mundo arroja sus penas […]. A éstos esta santa Religión de la Santísima Trinidad llama y convida que vengan a beber del agua del Salvador, que es decir que, por haberse Cristo puesto en la cruz a ser salud y salvador de los hombres, ella ha cogido de aquella salud y la quiere dar y repartir a los pobres y salvar y librar a los cautivos».

49 Cf. id., El recogimiento interior, XL, 4 BAC Maior 48, Madrid 1995, 689 «El libre albedrío al hombre le hace señor y libre entre todas las criaturas, pero ¡ay, buen Dios!, cuántos más son los que por ese camino son esclavos y cautivos del demonio, presos y aherrojados de sus pasiones y apetitos desordenados».

50 Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de la Paz 8 diciembre 2014, 3 AAS 107 2015, 69.

51 Id., Encuentro con los agentes de la policía penitenciaria, los detenidos y los voluntarios de la cárcel de Montorio Verona, 18 de mayo de 2024: AAS 116 2024, 766.

52 Honorio III, Bula Solet annuere – Regla bulada 29 noviembre 1223, cap. VI SCh 285, París 1981, 192.

53 Cf. Gregorio IX, Bula Sicut manifestum est 17 septiembre 1228, 7 SCh 325, París 1985, 200 «Sicut igitur supplicastis, altissimae paupertatis propositum vestrum favore apostolico roboramus, auctoritate vobis praesentium indulgentes, ut recipere possessiones a nullo compelli possitis».

54 Cf. S. C. Tugwell (ed.), Early Dominicans. Selected Writings, Mahwah 1982, 16 19.

55 Tomás de Celano, Vita Secunda – pars prima, cap. IV, 8 AnalFranc 10, Florencia 1941, 135.

56 Francisco, Discurso después de la visita a la tumba de don Lorenzo Milani Barbiana, 20 de junio de 2017, 2 AAS 109 2017, 745.

57 S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Capítulo General de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías – Escolapios 5 julio 1997, 2 L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 11 julio 1997, 2.

58 Ibíd.

59 Id., Homilía durante la Santa Misa de canonización 18 abril 1999: AAS 91 1999, 930.

60 Cf. id., Carta Iuvenum Patris 31 enero 1988, 9 AAS 80 1988, 976.

61 Cf. Francisco, Discurso a los participantes en el Capítulo General del Instituto de la Caridad – Rosminianos 1 octubre 2018 L’Osservatore Romano, 1 2 octubre 2018, 7.

62 Id., Homilía durante la Santa Misa de canonización 9 octubre 2022: AAS 114 2022, 1338.

63 S. Juan Pablo II, Mensaje a la Congregación de Misioneras del Sagrado Corazón 31 mayo 2000, 3 L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 28 julio 2000, 5.

64 Cf. Pío XII, Breve ap. Superiore iam aetate 8 septiembre 1950 AAS 43 1951, 455 456. 193

65 Francisco, Mensaje para la CV Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 27 mayo 2019: AAS 111 2019, 911.

66 Id., Mensaje para la C Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 5 agosto 2013: AAS 105 2013, 930.

67 Sta. Teresa de Calcuta, Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz Oslo, 10 de diciembre de 1979 Id., Aimer jusqu’à en avoir mal, Lyon 2017, 19 20.

68 S. Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos venidos a Roma para la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta 20 octubre 2003, 3 L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 31 octubre 2003, 7.

69 Francisco, Homilía durante la Santa Misa de canonización 13 octubre 2019: AAS 111 2019, 1712.

70 S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte 6 enero 2001, 49 AAS 93 2001, 302.

71 Francisco, Exhort. ap. Christus vivit 25 marzo 2019, 231 AAS 111 2019, 458.

72 Id., Discurso a los participantes en el Encuentro mundial de los movimientos populares 28 octubre 2014: AAS 106 2014, 851 852.

73 Ibíd.: AAS 106 2014, 859.

74 Id., Discurso a los participantes en el Encuentro mundial de los movimientos populares 5 noviembre 2016: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 11 noviembre 2016, 8.

75 Ibíd.

76 S. Juan XXIII, Radiomensaje a todos los fieles del mundo un mes antes de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II 11 septiembre 1962: AAS 54 1962, 682.

77 G. Lercaro, Intervención en la XXXV Congregación general del Concilio Ecuménico Vaticano II 6 diciembre 1962, 2 AS I/IV, 327 328.

78 Ibíd., 4 AS I/IV, 329.

79 Istituto per le Scienze Religiose (ed.), Per la forza dello Spirito. Discorsi conciliari del Card. Giacomo Lercaro, Bolonia 1984, 115.

80 S. Pablo VI, Alocución en la solemne apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II 29 septiembre 1963 AAS 55 1963, 857.

81 Id., Catequesis 11 noviembre 1964: Insegnamenti di Paolo VI, II 1964, 984.

82 Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 69. 71.

83 S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio 26 marzo 1967, 23 AAS 59 1967, 269.

84 Cf. ibíd., 4 AAS 59 1967, 259.

85 S. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis 30 diciembre 1987, 42 AAS 80 1988, 572.

86 Ibíd.: AAS 80 1988, 573.

87 Id., Carta enc. Laborem exercens 14 septiembre 1981, 3 AAS 73 1981, 584.

88 Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate 29 junio 2009, 7 AAS 101 2009, 645.

89 Ibíd., 27 AAS 101 2009, 661.

90 II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Medellín 24 octubre 1968, 14, n. 7 CELAM, Medellín. Conclusiones, Lima 2005, 131 132.

91 Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 202 AAS 105 2013, 1105.

92 Ibíd., 205 AAS 105 2013, 1106.

93 Ibíd., 190 AAS 105 2013, 1099.

94 Ibíd., 56 AAS 105 2013, 1043.

95 Id., Carta enc. Dilexit nos 24 octubre 2024, 183 AAS 116 2024, 1427.

96 S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus 1 mayo 1991), 41 AAS 83 1991, 844 845.

97 Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 202 AAS 105 2013, 1105.

98 Ibíd.

99 Id., Carta enc. Fratelli tutti 3 octubre 2020, 22 AAS 112 2020, 976. 194

100 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 209 AAS 105 2013, 1107.

101 Id., Carta enc. Laudato si’ 24 mayo 2015, 50 AAS 107 2015, 866.

102 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 210 AAS 105 2013, 1107.

103 Id., Carta enc. Laudato si’ 24 mayo 2015, 43 AAS 107 2015, 863.

104 Ibíd., 48 AAS 107 2015, 865.

105 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 180 AAS 105 2013, 1095.

106 Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación” 6 agosto 1984, XI, 18 AAS 76 1984, 907 908.

107 V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida 29 junio 2007, n. 392, Bogotá 2007, pp. 179 180. Cf. Benedicto XVI, Discurso en la sesión inaugural de los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe 13 mayo 2007, 3 AAS 99 2007, 450.

108 Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida 29 junio 2007, nn. 43 87, pp. 31 47.

109 Id., Mensaje final 29 mayo 2007, n. 4, Bogotá 2007, p. 275.

110 Id., Documento de Aparecida 29 junio 2007, n. 398, p. 182.

111 Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013), 199 AAS 105 2013, 1103 1104.

112 Ibíd., 198 AAS 105 2013, 1103.

113 Ibíd

114 V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida 29 junio 2007, n. 397, p. 182.

115 Francisco, Carta enc. Fratelli tutti 3 octubre 2020, 64 AAS 112 2020, 992.

116 Id., Exhort. ap. Gaudete et exsultate 19 marzo 2018, 98 AAS 110 2018, 1137.

117 Id., Carta enc. Fratelli tutti 3 octubre 2020, 65 66 AAS 112 2020, 992.

118 S. Gregorio Magno, Homilía 40, 10 SCh 522, París 2008, 552 554.

119 Ibíd., 6 SCh 522, 546.

120 Ibíd., 3 SCh 522, 536.

121 S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus 1 mayo 1991, 57 AAS 83 1991 862 863.

122 Francisco, Vigilia de Pentecostés con los movimientos eclesiales 18 mayo 2013: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 24 mayo 2013, 6.

123 Id., Exhort. ap. Evangelii gaudium 24 noviembre 2013, 186 AAS 105 2013, 1098.

124 Ibíd., 188 AAS 105 2013, 1099.

125 Cf. ibíd., 182 183 AAS 105 2013, 1096 1097.

126 Ibíd., 207 AAS 105 2013, 1107.

127 Ibíd., 200 AAS 105 2013, 1104.

128 Id., Discurso en ocasión del encuentro con el mundo del trabajo en el establecimiento siderúrgico ILVA en Génova 27 mayo 2017: AAS 109 2017, 613.

129 Pseudocrisóstomo, Homilia de jejunio et eleemosyna: PG 48, 1060.

130 S. Gregorio Nacianceno, Oratio XIV, 40 PG 35, París 1886, 910.

La SANTA SEDE

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Artículo dE pRIMErÍSIMA

cATEGORÍA y fUNDAMENTAL EN el DESENvoLVIMIENTO dE

uNA rEVISTA dE

cARÁCTER APOStÓLICO

+vÍNCULOS cON LA cOMPAñÍA dE jEsÚS A lo lARGO dE dÉCADAS , ETC + pRIMERAS

plUMAS dE sEGLARES dE tINTE cATÓLICO

vERDADErÍSIMO y NO fUNDAMENTALISTA pUES el

INTEGRISMO dEL fUNDADOR nO ES sINO fANTAsÍA

dE tONOS mEDIOCREs yA Q

lOS jESUITAS dE tENDENCIA sUARISTA [ lA

plÁSTICA dE lo cONTINUIStA nO DESDICE dE lA

AFIRMACIÓN sERENA y nO cONGRUENTE dE

cLAROSCUROS fILOSÓFICoS pOR iNFLUJO dE

mECANICISMOS dE hERACLITISMOS ‘ mEdiÁTICOS

y sÍ pOQUEDADES Q nO ARrUINAN EL dISCURSO mEtÓDICO pERO sÍ

inHABILITAN fORMulACIONES dE mAYOR rIQUEzA

lINGÜÍStICA y, soBRE tODO

ALEGRÍA dE cONSISTENCIA nATURAL y no TANTO

cIRCUNSTANCIAS

lA tEOLOgÍA dE lA hISTORIA

nO ES cIENCIA y sÍ espECULACIÓN oPCIONAL y

ESPECULATIVA dICEN lOS sABIOS dEL ORIENTE , ETC Etc

pORQUE sU vIGILANCIA Es dOMINIO EXCLUSIVO dE

O bIEN dOCTORES dE LA iGLESIA o dE pApAS dE

sIGLOS pREtÉRITOS ,,, o SANTOS pADRES dE

dudOSA oRIENTACIÓN SALVO cRISTOlOGÍAS dE

rATIFICACIÓN EN cONCILIOS dE loS pRIMEROS

sIGLOS [ cALCEDONIA eS culMEN y ‘ pUNTO fINAL

(451 dE pUREZA y aFIRMACIÓN cOn cArÁCTER

« dEFINITORIO [ sIC pUES El sENSUS fIDEI y lA

eVOLUCIÓN hOMOgÉnEA dEL dOGMA sON dE

`tRADICIÓN tEOlÓGICA y q . hISTORICISMo cRASO

A dÍA dE hOY dE AFIRMACIONES monolÍTICAS

QUEDAn fUERA dE uNA mODERNIDAD dE rASGOS

imprECISOs y AggIORnAMENTO + APERTURA

pOSTcONCILIAR + tEOlogÍAS dE cUÑO fEMINISTA

+lENGUAJE dE dESHELENIZACIÓN y ADOPciÓN

[ sabrÁN EllOS . - pORQUE lA fALTA dE

rACIONALIDAD y pRESERVACIÓN dEL lENGUAJE

ARISTOTÉLICO-tOMISTA Q tAN REITERADAMENTE

lOS pAPAS hAN cONSIGNADO y pOr ESCRITO , ETc

ETC dÁNDOSE lA mANO coN lA pERFIDIA dE

mODERNISMOs sIEMPRE iNSISTENTEs EN sU

dEFENSA dE ‘ lEGITIMIDAD pOR dISENSIÓN dE

cArÁCTER inTANGIBLE ‘ ] dE simbologÍAS y sÍMBOLOS

dE un mUNDO pAGANIZANtE + lECTURAS

diacrÍTICAs de TEXTOS y ArtÍCULOS tESIS

dOCTORALES y bIOGRAfÍAs dE RENOMBRE EN

ÁMBITOS ANGLOSAJONES mÁS Q gERmÁNICOS

eSTUPENDO ensayO dE pERÍOdO dE ENTREGUERrAS donadOR dE uNA vISIÓN

hIStÓRICA dE sIGNO cONSTITUCIONAL autÉNTICO ,,, pUES lOS AÑOS 20 en EuroPA sON gERmEN dE tOTALITARISMOS iNSUFRIbLES y dESBOCADOS dE uNA fACTURA durÍSIMA y sINTOMÁTICA dE fRACTURA mUY fÁCILES dE dETECTAR pERO cUASI imPOSIBLES dE cURAR pUES

El dESAFECTO dE dETERmINADAS cORONAS y REYES hACIA El sUMO pONtÍFICE hIZO Q

lAS fUERZAS ARMADAS cOBRASEN un pROTAGOnISMO iNUSITADO ANTE lA fRAGILIDAd dE sISTEMAS polÍTICOS dE bAJA rEPRESENTATIVIDAD y sOBRE tODO pERIODISMO dE nULA

pUES esTAR Al dÍA se

ENTIENDE EL sUYO y cÍRCULOS

dE `AMIStADES Q nO

colEGAS dE pENSAMIENTO

rEFLEXIVO tESTIMONIAL dE

pUNTOS y pESQUISAS dE

ESFUERzO cONTINUADO y cASUALtIES de fORTUnA Y nO ADMINIStRACIÓN dE

sONES y TROMPETAS QuE

nO mEREcEN ATENCIONEs y fIABILIDADES dE tODO TIPO pOR sU clARIDAd dE

mASIFICAciONEs dE fORMAS

EFICACIA pacÍFICA � � �

y

pRECISIONEs

dE lITERATUrAS y FOTOGRAfÍAS

dE lUGAREs y ÁMBITOS dE nULA fECUNDIDAd

evANgÉLICA.

Los lIBROS y bIBLIOTECAS sON dE

AQUIEScENCIAS bÍBLICAS y sUPOnEN cAUDALES

dE SABIDURÍA + rEPOSO dE fATIGAS dIARIAS y sOBRENOMBREs dE AUTOREs /\ aS dE mILENARIA nOMENCLATURA

lA rELIGIÓN jUDÍAEs mEDITACIÓN cREYENTE dE uN

dIOS cANDOROsO y, llENO dE bEATITUD hACIA

un iSRAElITA [ no sÓLO dE ASCENDENCIA

y / O sEMITA dE ADOPCIÓN ] yA QUE lA

dAvÍDICA

ELECcIÓN Es

DISTINCIÓN . - nO gRACIA dE cONSUMO EFICAZ

ni MENOS EFICIENTE pUES Es uNA lECTURA y mEDITACIÓN dE sIGNO pLAUSIBLE cERCANO A

uNA mETEMPSICOSIS oRIENTALIZANtE dE

ATRIBUCIONES y nO

rEVELACIONES

dADA uNA hISTORIA dE pROBABILIOriSMoS

[ cURIOsO lA AFECTACIÓN jUDAIZANtE dE L

lIBERALISMO NOVENTAYoCHIStAdE

sINTOMATOLOgÍA dESENFREnADA hACIA uN

pUEBLO SANTO ,,, ,,, ,,, dE rEFUGIOS y nO

tONALIDADES dE cODICIAs dE ningÚN tIPO y sÍ

AFIRMACIÓN dE sOLIDARIDAD hACIA el cOmÚN dE

lOS vECINOS y prÓJIMO en GENERAL pUES El

EVANGELIO

tRADUJO

El AFECTO + ENTENDIMIENTO y eCLESIALIDAD

dE loS pUEBLOS dE l vIEJO CONtInEntE en LAS

pOSTRIMERÍAS dEL impERIo rOMANO [ lOS

EMpERADOReS cREYERON EN lA fILOSofÍA

cRISTIAnA cOMO sectA pOR sU dIVINIDAD En lOS

ASTROS Q SANTO TOmÁS diÓ oPORTUNA

RESPUEStA En sU sUmmA cONTRA GENTES de vARIAdÍSIMA cONSISTENCIA

hACIA fORMAS dE tRANSmISIÓN dE lA vERA pHILOSOpHIA

En tErRITORIOS y ESPACIOS dE tIPOLOgÍA

pAGANA y hACER aRRIBAR lA bUENA

nOTICIA hAStA cOMUNIDADES dE VIDA

iMPREGNADAS dE ESPÍRITU mALICIOsO bAJO uNA sOBERANÍA ,,, Q

mULTITUD dE tEXTOS dEJARON A lA

pOSTERIORIDAD cOMO lÁMINAS dE vIDA

cOTIDIAnA dE

BRUTALIDADES sIN nÚMERO y dISENSIONES

cONTINUADAS hACIA uNA nATURALEZA dE

cONSTITUCIÓN rACIONAL y nO

EPIFENOmÉNICA dE RAÍCES SENSORIALES y nO fUENTE dE ANAlogÍAS y diALÉCTICAS dE

uSO hACIA fINES imPRESOS pOR uNA cAUSA

pRIMERÍSIMA y dONADOR dE

BIENAVENTURANZAS pUES ENTREGA uN hIJO

dE SUSTANCIA dIVINA A uN gÉNERO

hUMANO dE

ASCENDENCIA diAbÓLICA quiÉRASE o nO . -

Q nO ES lo MISMo QUE mALDITA nI cAUSANtE

dE RUPTURAS en LA CREACIÓN pUES EL

fRATRICIDIO

EstÁ De pRIMERA mANO REDACTADO tRAS lA

fULMINAnTE EXPULSIÓn dEL PARaÍSO y A pESAR

dEL mANDATO CATEgÓRICO dE nO

tRANSGREDIR Un mANDAMIENTO dE

SALVAGUARDA dE UNA HUMANIDAD dE SIgnO fRATERNO y uNA pAREJA dE hOMBRE y MUJER dE TONOS y CALIDADES dE

SINTONÍA y COMUNICACiÓN

dRAmÁTICA pUES lO dICHO dE HABEREs SIN cONCLUSIÓN

‘ sATISFACTORIA ‘ lA llEVAN A dISFRUTAR dE uN mUNDO dE

QUERErES y no fÁCILEs dE ASIMILAR PUES lO HONESTO Y cÓMODO nO dA pIE A solucioNES dE estIPENDIOS y nO AMENAzAS dE oBSTÁCULOS Q dIVERGEN cON UNA rEALIDAD dE colORACIÓN

sENSORIAL aBSOLUTAMENtE fANtÁSTICA dE sÍMILES y SIMILITUDES cON UNA tRANSGRESIÓN sEXUAL dE fACTURA

dETERMINISTA y no cURABLE en TEORÍA ??? ! ??? 10/ \ 10 en lECTORAS dE cOMEDIAS y fRAGANCIAS romÁNTICAS sIN

RESPONSABILIDAD dE sUS ACTOS PUES lo gENUINO dE sUS vIDAS Es nAUFRAGAR dE ANTEMANO pARA sER rESCATADAS EN SUS ,,, ,,, ,,,

El P. AnATRELlA , s.J. dESTACA EN un lUMINOSo TRABAJO UNA

REALIDAD cADA vEZ mÁS fRECUENTE en OccIDENTE : lA

DESNATURALIZACIÓN dE lAS rELACIONES hUMANAS dE cONSANGUINIDAD rEFLEJAN UN iNTERIORISmO dE lUCES y sOMBRAS dE dIFÍCIL cUANTIFICACIÓN y , nO oBSTANTE

CERTIFICACIONES dE sOLEDAD mANIFIESTA + EDuLcORACIÓN dE tÍTULOS y pARSIMONIAS + EDUCACIÓN fILIAL dISTORSIOnANtE + ELUCUBRACIONES dE uN mUNDO MEJOR dE SOLIPSISMoS y AUDACES mENTIRAS dE EXISTENCIA pUES EL SOBREVIVIR se CONVIERtE EN mONEDA dE cAMBIO , ETc EtcÉTERA

iMPRESCINDIBLE A un pÚbLICo ADULTO Q QUIERA ‘ enTERARsE !!! ‘

sOBERBIAs dE uN cINEAStA dE rENOMBRE MUNDIAL iNTERPRETACIONES fUERA dE lo cOrRIENtE

pUES lA ITALIA dE Su ÉPOCA sE dEBAtÍA enTRE sEGUIR lA hISTORIA rECIENTE dEL nOVECENTO ! , ETC o

tRAS lA sEGUNDA gUErRA mUNDIAL

dESENFOCARSE cON UN cOMUNISMO dE tENDENCIA dERECHIStA A lO

iNSTITUCIONAL + dEMOCRATISMO A lA iZDA. dE tENDENCIA

dEMOCRISTIANA dE cONSUMO ECLESIÁSTICO mENOS vINCULANTE A lO

hIStÓRICO y dESENVUELTO HACIA EUROPA , ETC Etc

fElLINI soNSAcÓ dE sU ARMADURA uNA vISIÓN dE lA rEALIDAD dE AlTO

fORMALISMO sUrREALISTA iNDICADO en pLENITUD pARA uNA mIRADA dE tERNURA y cONFIANzA dESDE uN EVANGELIO dE vERAS … … …

dE sERES hUMANOS dE AltÍSIMA tRASCENDENCIA y dIGNIDAD

sOLAPAdAs sUS vIDAS EN mUlTITUD dE RESPONSABILIDADES y fACTURA vISUAL dE ENORME sIMBOLISMO

RECOMENDADA a tODO AQUEL Q rECONOZcA en EL prÓJIMO vISOS dE tRASCENDENCIA Y rECONOZcA Q sÓLO uN AMOR dE cARIDAD iNFINITA y dEMOSTRABLE sUPONE

cERCAnÍA Y ÉNFAsIS dE vIDAs En CRISTO sIN pARAlELISMOS Y MENDICIDADEs dE oPORTUNIDADES Y sEÑUELOS dE cASTIDADES dE nO

bELIGERANCIA hACIA uN mUNDO dE rIQUEZAS ecoNOMICISTAS y no

RUPTURA cON lAZOS hIStÓRICOS dE dESENFRENO y mALÍSIMAS iNTERPRETACIONES hIStÓRICAS Q nO

ALCANZARON

Al cOMÚN dEL pUEBLO iTALIANO PUES sE

vENDÍA uNA rIQUEZA cONSTITUCIONAL fALSA y nO dECLARATIVA dE UN

RISORGIMENtO [ 1870 de paRTIculARIDADEs +bENEFICIOS dE bANCA sUBLIMADOS EN cORTES y PRINCIPADOS dE ALTURA sOCIAL y pÉSIMA mORAL +

ARMAS dE pOCA pRESTANCIA AL sERVICIO dE

rEBELDES A uNA AUTORIDAD cONSUETUDINARIA

+ dESLEGITIMACIONES dE tRADICIONES y nORMATIVIDADES mILENARIAS Y

COSIFICACIONEs dE ALTURA dE mIRAS vISTAS cON RECELOS dESDE lAS bALCONADAS dE lA mONARQuÍA sABOYANA Q

Al fiN y AL cABO, fRACAsÓ EN SU vEHICULACIÓN hIStÓRICA y nO mÁs rEpÚBLICANISMo QUE lA rEpÚBLICA rECIÉN ESTABLECIDA !!! !!! !!!

mUSSolINI tRIUnfÓ dESDE esTA cONSIDERACIÓN dE uNA ITALIA dECIMOnÓNICA dE cUÑO rEALISTA y sE dESAUTORIzÓ cON uNA gUErRA dE sÍSTOLE y no ecoNOMÍAs dE ESCALA Q . - a lA lARGA

sUPUSO

UNA cONFLAGRAciÓN dE rICTUS y ALIANZAs dE rIGOR mORTIS , ETC ETC

El PUEbLO dE iSRAEL nO fENECE nI sE AMONESTA A

sÍ MISMO pUES lA ElECcIÓN dIVINA /\ dIVISORIA

sON

y SErÁN dE uNA fILIACIÓN ÚNICA pOR EXPRESA

vOLUNTAD dE uN DIOS dE pATERNIDAD iNDIVISA y RADICALISMOS dE gUErRAS y pACES ; pERSECUCIONES y cÚMULOS dE dESPROpÓSITOS y hUIDAS y CERCAnÍAS , ETc ETC

sÓLO lOS pRÍNCIPES y REYES dE ESTE mUNDO

pROCAZ y bLASFEMO

sE dESFIGURAN y cAEN dE sUS APOSENtOS pUES

LOS mANDATOS Y pROYECTOS sE cUMPLEN sIN sOLUCIÓN dE cONTINUIDAD yA q

lOS tIEMPOS y ESPACIOS sON dE nOMENCLATURAs dE dISECcIÓN y nO mANIPULACIÓN YA QUE lo dISTINTIVO Es

uNA pROVIDENCIA Q nO sE dESDICE dE

ARTICULADOS dE fE y cOSTUMBRES +

dEDICACIONEs A pOBRES y DESAMPARADoS coMO

INIcIATIVAS dIARIAS dE cONSUMOs EN SUS

pROFETAS jUECES y REYES

dE ALTURA REGIA y mANDO ÚNICO

PuEs lO QUE sE dICE dE ÉL y sU mADRE + jOSÉ

Es

tRABAJAR EN fAVOR dE uN rEINO Q no pAÍS

Y . - nOTAs dE sUS mÁs ACAUDAlADOS dE sUS hIJOS

uNA pREeMINENCIA dE mAL sABOR y diSGUSTOS

dE rACIÓN pUES lO mÁs iNsÍPIDO dE sUS gESTOS y pALABRAS Es

lA mENTIRA pERSONIFICADA En

pALABRAS y AcCIONES +

dE uNAS y oTRAS ALABANZAs y siMILITUDES dE

rANCIO sABOR y cOLORACIONEs SUAVES yA Q lA

mÁS

dE lAS fIRMES dEVOCIONEs sON ALCALOIDES dE

fUTURIBLES sIN rESOLUCIÓN mEDIÁTICA y lORES dE

iNSUMOS cOTIDIANOS dE fRAGILIDADES dE mAL EspÍRITU

LO QUE sAN iGNACIO nOS ADVIERTE :

[22]Para que así el que da los exercicios espirituales, como el que los rescibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve

lOS mÁs dE loS cRISTIANOS dE

A

pIE sIGUEN lAs mENCIONADAS lÍNEAS Al piE dE lA lETRA pUES

lA NOVEDAD dEL EVANGELIO Es uNA cONFIANZA sIN lÍMITES En lO vERAz y jUSTICIA dE AMORES lÍCITOS y , lA mÁS Q rUGOSIdAD dE EspíRITU HUMANO y fACTOREs ADYACENTES dE cUÑO lIBERAL nO hACEN sINO :

lO dEMOSTRABLE Es sINTOmÁTICO dE uNA FUERZA EXPLOSIVA y nO AUSPICIADA POR nADA mÁS QuE uNA fISONOmÍA dE lUJO y EXPLOTACIÓN nArRADA dE mODO dIVINO [ eGIPTO EN lOS lIBROS cAnÓNICOS … … …

lO QUE nADIE podÍA pREvEeR Es uNA dIMENSIÓN pLANETARIA dE uNA pROPAGACIÓN dE lA fE sUBSIDIARIA dE nOTABILIDADEs dE pRESUNCIONES y cÚLMEnES dE dISCIPLINAS y cAMPAnAS dE sABOR oRIENTALIZANTE ,,, ,,, ,,,

pUES lAS ACUPUNTURAS dE hOMBRES y mUJERES dE sIGNIFICACIÓn

AsiNtomÁTICA y fRESCURA dE pALAbRA hACIA rEGIONES y EXTENSIONEs

InMENSAS [ AuSTRALIA EN lA fOTOGRAfÍA nO hICIEROn /\ hACEn SINO cONSUMIR eNORMES rECURsOS dE AGUAFUERtES dE dESILUSIONES y pALmAs sIN cOLOr dE rOcÍO mATUTINO LO Q

sE sIRVEn LOS dE mÁS ALTA rECALIFICACIÓN PARA ‘ pROTESTANTIZAr Un MUNDo dE ARCHIpiÉLAGOS Y ISlAS dE fAVOREs y gRACIAS pUES sUS mORADOREs nO HICIEROn sINO ACEPTAR uN tRAtADO dE lÍMITES imPUESTOS dESDE polÍTICAs iLUSTRADAS dE rACIOCInIOS y lIBERALIDADEs dE iMPUESTOS A pAGAR y sOCIOS dE mAL cONVIVIR !!! !!! !!!

Una dE lAS obRAS iNSUStituibLES dE sCHOLA cORDIS IESU Es

lA cITADA oBRA dE 1eR cALADO dE L

P.Henri rAmière jESUITA fRANCÉS dE sÍNTESIs dogmática de fUERTE iMPLICACIÓN polÍTICA y sOCIAl pUES lOS ÁMBITOS dE dISTINCIÓN sON

pROPIOS dE nARCISISmOS iNSOLIDARIOS y no RESPETAN lA “ gEOGRAFÍA iNSULAR dE uNA iGLESIA dE

bATAlLA tAL y cOMO lA ATESTIGUAN En lA sAGRADA ESCRITURA loS SANTOS y SANTAS dE uN DIOS `iNCOMPRENSIBLE bAJO mIRAS hUMANAS pERO

sIN cUYA `REFERENCIA lOS dÍAS y lAS hORAS sE nOS hACEN iNFRUCTUOsOS y mAlÍSIMA iNTERPRETACIÓN dEl

EVANGELIO PUES SIN EL AnTIGUO tESTAMENTO QUEDA rEDUCIDO A mERA sIMBOLOgÍA dE fIGURACIONES Y pROGRAmÁTICAS tAl Y cOMO lAS EDITORIALES dE rAÍz diECIOCHESCA nOS lo ATESTIGUAN dÍA a dÍA !!! !!! !!!

rAMiÈrE sUPONE . -A día de hOY uNA sEGURA gUÍA dE hERMeNÉUTICA sOCIAL y, poR ENDE polÍTICA [ dE sUMISIÓN fILIAL A lA sANTA sEDE ,,, ,,, ]

lO QUE sE nOS dA cOMO rEGALO Y nO

cOMO

oPINABLE [ lIBERALISMO cATÓLICO dE dCHAS. ] + dISCUTIBLE [ lIBERALISMo dE iZDAS. ] + cUESTIONABLE sU mODERANTISMO [ mODERNISMO dE ALTA ALCURNIA pERO iNEFICAZ pUES sÓLO sIRVE EL mOMENTO pRESENTE y se pRESENTA tAL dOCTRINA cOMO “ cErRADURA dE APERTURA A AMISTADES y fAMILIARES & cOMPAÑEROS dE tRABAJO ,,, ,,, ,,, lo QUE dENOTA AUSENCIA dE iNTErÉS eVANGELIZADOR puES Es vÁLIDO tODO AQUElLO Q uNO pIENSA ??? !!! Es dECIR, lO mÁs SUCINTO Es lA lECTURA iNDISCRIMINADA y / O fORMACIÓN ACAdÉMICA oCUrRIDA EN lA ESCUELA pOR no dECIR uNIVERSITARIO dE tIPOLOGÍA cAtÓLICA dE uSO fRECUENTE EN

cIUDADES y ESTAMENTOS dE pROLIFERACIÓN EconÓMICA dE fRUSLERÍAS y fALTA dE

rEPRESENTATIVIDAD nATURAL cÍVICA

yA Q sÓLO sE vIVE dESDE AMBIENTES ESTATALES dE pARTICIPACIÓN pUES mUNICIPIOS y ALCALdÍAS

sON pARA “ loS dE cASA y / o fALTOS dE iNTELIGENCIA iDEOlÓGICA yA QUE sÓLO

Lo pLURAL eNTENDIDO AL mODO sPINOZIANO dE

ANULAR lA lIBERTAD pERSONAL inTRANSFERIBLE A sU dIGNIDAD Q

El lIBERAL /\ dEmÓCRATA dE cUÑO hEGELIANO nIEGA cON vIGOR pUES

lA polÍTICA sENCILLA y vERAz dEL cIUDADANO dE A pIE

lE `ESTORBA en SUS cAVILACIONES pUES lo QUE sE dICE cONTRIBUIR AL bIEN cOmÚN Es

fALACIA dE tIEMPOS pRETÉRITOS y lOS lOCALISMOS y REGIONALISMOS SON dE pOCA mONTA y lo QUE iMPLICA . - pARAdÓJICAMENTE sIN pOTENCIA AnÍMICA

AlgUNA , ETc ETc Es

lAS gRANDES rESOLUCIONES ADMINISTRATIVAS + fINANCIACIONES a gRAN ESCALA y ACTOS dE fOTOGRAFÍAS yA Q

El rEINO DE cRISTO Es dE ‘ cONSECUENCIALISMOs y pERIODISMo gRÁFICO [ sIN CENSURA AUnQUE dE pURITANISMO erÓTICO YA QUE

Un pADRE dE FAMILIA ‘ contemporÁNEO y sAGAZ Amén de fINANZAs dE A fUTURO pOR sI ACASO ,,, ,,, ,,,

loGRA

uN ESCANCIAMIENTO dE iDEOLOgÍAS EN UN mARCO dEMOcrÁTICO ( vÁLIDO EN cUANTO ADMISIBLE POR loS pAStOREs y JERARQUÍA Q

opTAN por lA tESIS y dESOYEN lo cÍNICO y pORNOgrÁFICO cUANDO

El p. Ramière

y el mAGISTERIO indELEBLE dE gREGORIO xVI y pÍO IX

[ Q El cONCILIO vATICANO II ratifica en la DECLARACIÓN dIGNITATIS hUMAnAE tAN cONTROVERTIdA pOR lA hERMEnÉUTICA modERNISTA dE dCHAS. + simPLEMEnTE iGNORADO pOR lA iZDA. lAMENnESIANA y

jOYA dE uNA iGLESIA gOZOSA dE aLUMBRAr

lAS cUESTIONES polÍTICAS dEl pRESENTE en toDA lA fAZ dE lA tIErRA eS AsÍ � � � � � �

eL cONCILIO fUE /\ eS iNSPIRACIÓN dIVINA dE uN SEÑOR Q cONFIRMÓ lA

ESPOSA sUYA coMO ANUNCIO sALvÍFICO dE uNA ÉPOCA dE lA hISTORIA dE pATERNALISMOS ESTATAlES + fORtÍSIMAS rEVOLUCIONES ‘ CONSTITUYENTES dE sIGNO cUALESQUIERA tENDENCIA ‘ + iLUMINISMOS ECONOMICISTAS dE bAJO cONSUMO Y, mÁS AÚN sOLSTICIOS dE oCUrRENCIAS dE vARIADA tIPOLOgÍA Q

rECUERDAN

l`AncIEN rEGIMEN dE REMEMBRANZAs hIStÓRICAS y nUNCA dE , vERDADES hIStÓRICAS

QUE nO RESUELVEN lOS DATOS dE lA mISMA hISTORICIDAD [ ESCALOFRIANTES lAS rUPTURAs mATRIMONIALES Y / O AmArROS dE vIDAS EN cOMÚN + dESALIÑOS dE AUTORIDAD y lICENCIAS dE rEBELDÍAS EN lA jUVENTUD pUES yA sE ASENTArÁN … … . - pENSAMIENTO sIN rEFLEXIÓN dE bASE gnÓSTICA pUES lO pREVISIBLE nO ES nUNCA fUTURIBLE y sÍ cONCIENCIA dE mAlA ADMINISTRACIÓN dE uNA vIDA ESTRECHA y mALACONTECIDA !!! !!! !!! + aNTICONCEPCIÓN lÍQUIDA dE fUNESTAS cONTRAINDICACIONEs

sÓLO UnA fIDELIDAD nO hEROICA sINO mARTIRIAL dE sIGNO AMICAL +tESTIMONIO dE EXISTENCIA En fAVOR dEL pOBRE y hAMBRIENTO dE

gENUINA pREDILECcIóN dE JHS pUES

lA mIRADA dE Un cORAzÓN dE mISERICORDIA rEAL y nO dE pENSAMIENTO fEROZmENTE hOSTIL a UNA hUMANIDAD

QUERIDA hASTA lA sACIEDAD pOR uNA mAESTRA dE cUÑO bEATÍFICO y Q

A lo lARGO dE lAS EDADES

jUZGA y nO cIMBREA

pUES el NIÑO, el ANCIANO y lOS dISMINUIDOS dE tODA ESPECIE sEGÚN lOS lIBROS sACRALES dE

SALVAGUARDA dE uNA dIGNIDAD

INHERENTE

A uNa CRIATURA dE pREVISIÓN y no dE sALVOCONDUCtO fÁCIL dONDE

lO gRACIOSO y fEBRIL cONTRADICE lA mÁS fECUNDA QUERENCIA dE rEUNIR

AMIGOS y pARIENTES

eN sÍSTOLE AMOROSA

dE cORDIALIDAD, ATENCIÓN y cUIDADO dE sENTIMIENTOS dONDE lA pRESENCIA dE un dISCÍPULO

Es cRITICADA + bIENVENIDA y vILIPENDIADA

yA QUE

lOS mÁs dE eLlOS dESEAN uNA fELICIDAd dE soTERIOLOgÍAS vARIAS y ESCUCHA dE hISTORIAS y bIOGRAFÍAS

QUE lOS pAPAs dE los SIGLOS XX y xxi no cesan de URGIr y AMONESTAR yA QUE el LiberAlismo de ‘ pOSTURAS ENCONAdAs y FRENTES mANIQUEOS dE bAJA cALIFICACIÓN ,,, ,,, ,,, ´ nO sE sUPERAN sINO dESDE

ESPINAS y bOFETADAs dE sistemÁTICA cONTINUAdA pOR QUe

iDEOLOGIZACIÓn Es sÓLO vERIFICABLE dESDE lA tEmÁTICA rECUrRENTE dE uNA vISIBILIDAD fÁCTICA dE VIDA ESPIRITUAL

dE tONO bAjO , frÍO y dENOSTADO

En uN lENGUAJE dE tONOS ÁRIDOS y cONVERSACIÓN

ENCRESPADA , ETC ETC

sOLIDIFICA

lA EXISTENCIA Es jugAR cON bRAZOS y pIERNAs hASTA lA EXTENUACIÓN pUES lA vIDA sACRAMENTAL ES lA ÚNICA Q ‘ pROTEGE aNTE un JUICIO dE jUSTICIA Q nO pIEDAD YA QUE lOS dEMÁS sON jUGADORES dE crÉDITOS y albÚMINA dE jUGADAS y pOCO mÁS [ sPINOZA tRIUNFA sIN Q sE sEPA yA QUE lA mISERICORDIA y ALEGRÍA Es dE rAzÓN [ I. KANT y EL tONO frÍO dE rOSTRO APACIBLE el EXISTENCIALISMO dE uNA pAcÍFICA cOMPOSTURA dE cRITICISMOS y ANSIEDAD pORQUE dIOS jUEGA A los dADOS , ETC ETC

uNA fILMOGRAfÍA

extRAORDINARIA . - eSTA dE fElLINI pUES dESCUBRIÓ A

uN pÚBLICO ‘ iNTERNACIONAL y nECESITADO dE ESPERANZa rEAL y nO dE cUÑO rOMANO !

uNAS INTERPRETACIONES Q cAUSAROn ASOMBRO y mAGNIFICENCIA ANTE uNAs hISTORIAS pERSONALES dE coMUNIDAD vErÍDICAS pOR sU dRAMATISMO Y SOLIDARIDAD

dE ASUnToS iNTERNOS ,,, ,,,

lO QUE

sIGNIFIcÓ / sIGNifcA uNA oBRA dE difÍCIL cATAlOGACIÓN y RECOMENDABLE 10 / 50 A lOS mÁS cREÍBLES dEMÓCRAtAS pUES lA cARIDAD dE cRISTO sE

ESCENIFICA En CADA mETRAJE y 50 / 50 tO EVERYoNE �

sÓLO nUESTRO SEÑOR sABE lA vALENtÍA dE tANTAS fAMILIAS y cONGREGACIONES Q sUPIERON nO /\ ACOMODARSe A inTELECTUALISmOS dE rESOnANCIA cORTESANA E iNCLUSO rEAL pOR LO QUE pERDIERON hACIENDAS ANTE uNA fILOSOfÍA dE cÍRCULOS inMANEnTES hECHA pARA “ mORDER cONCIENCIAS dESDE uN ESpIRITU dE

cONTRADIcCIÓN y nO pAz dE cORAZÓN tAN vILIPENDIADA POR

espÍRITUS crÍTICOS Q mALQUISTARON gENERACIONES dE eUROPEOS dISTANTES gEOGRÁFICAMENTE y no sÓLO lENGUAS mATERNAS y cONFESIONES rELIGIOSAS dE

mUY dISTANTE pROXIMIDAD

Q

sÓLO mALOGRARON rEINOS y CIUDADES dE ALTISONANcIA y mÚLTIPLES rEQUISITOS dE

mAYORÍA dE iNTENCIONES sIN rESOLUCIÓN pAcÍFICA !!!

oBEDIENCIAS A mÁs dE uNA pROCLAMA E indiGENCIA dE mALES ‘ mAYORES . - tOLERANCIA dE cUÑO pROTESTANTE rATIFICADO EN EL fAMOSÍSImO tRAtADO dE mÜNStER Y cONFIRMADO EN LAS AULAS dE lAS cÁTEDRAS dE gINEBRA, lONDRES y , ETc ETC

dÁNDOSE lUGAR A uNA mALFORMACIÓN gRAvÍSIMA dE cONCIENCIAS Q ` dESHABILITARON sIGLOS dE cRISTIANDAD Y dESOBEDIENCIA lEGISLATIVA A uN sOBERANO pONTÍFICE dE pRELUDIOS dE

rOMANIDAD dISTANTE , ACAUDAlADA y nO EVAngÉLICA .

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