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Jorge Enrique García Nieto Maryory Elizabeth Álvarez Mendoza

SANCTA ECCLESIA DEI

“HOC EST ENIM CORPUS MEUM” “Porque este es mi Cuerpo” San Marcos XIV, 22 III


“HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETÉRNI TESTAMÉNTI -MYSTÉRIUM FIDEIQUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDÉTUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM”

“Porque este es el cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento –misterio de la Feque por vosotros y por la multitud será derramada en remisión de los pecados” San Mateo XXVI, 28; San Lucas XXII, 20 IV


Jorge Enrique García Nieto Maryory Elizabeth Álvarez Mendoza

SANCTA ECCLESIA DEI1

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. Santa Iglesia de Dios

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Título de la obra: SANCTA ECCLESIA DEI

Autores: Jorge Enrique García Nieto Maryory Elizabeth Álvarez Mendoza

Publicada: ©2008-05-13. En www.SanctaEcclesiaDei.com. Roma. Italia. En la conmemoración de la primera Aparición de la Santísima Virgen María en Fátima. Portugal

Registro de Autor: 10-288-291, del 9 de junio de 2011. Santa Fe de Bogotá. Colombia. En la conmemoración de la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo

Editada: ©1998-2018. Santa Fe de Bogotá. Colombia. - Roma. Italia

Editores: Jorge Enrique García Nieto - Maryory Elizabeth Álvarez Mendoza. Calle 89B No 117-20. Interior 18. Apartamento 102. Santa Fe de Bogotá. Colombia

ISBN: 978-958-44-9839-7, del 11 de enero de 2012. Santa Fe de Bogotá. Colombia. En la conmemoración de la fiesta de San Higinio. Papa y Mártir

Depósito legal: 2013-3370, del 22 de mayo de 2013. Santa Fe de Bogotá. Colombia. En la conmemoración de la la fiesta de Santa Rita de Casia. Viuda y Monja

ADVERTENCIA: los autores se han preocupado de obtener el copyright de las imágenes y de los textos publicados, en el caso en donde esto no ha sido posible, declaran de estar a disposición de aquellos que tienen el derecho de exigir eventuales reconocimientos Las notas de pie de página escritas en negrilla se han incluido para hacer referencia al contenido del libro; igualmente se han incluido algunas citaciones bíblicas y notas de pie de página que no hacen parte de los textos originales Cualquier error semantico, sintáctico, tipográfico, ortográfico o en la descripción de los hechos históricos y de las cuestiones filosóficas y teológicas por favor comunicarlo al email: PetrusRomanus@SanctaEcclesiaDei.com indicando el número de la página

Texto original en lengua española

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SANCTA ECCLESIA DEI

“... y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella” San Mateo XVI, 18

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SANCTA ECCLESIA DEI ©2008-2018 Todos los derechos reservados VIII


“Y vi a otro ángel volando por medio del cielo, que tenía que anunciar un Evangelio eterno para evangelizar a los que tienen asiento en la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Y decía a gran voz: temed a Dios y dadle gloria a Él, porque ha llegado la hora de su juicio. Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”2

Apocalipsis XIV, 6-7

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. Cf. “Yo Juan, hermano vuestro y copartícipe en la tribulación y el reino y la paciencia en Jesús, estaba en la Isla llamada Patmos, a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Me hallé en Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete Iglesia que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea”. “Cuando le vi, cai a sus pies como muerto; pero él puso su diestra sobre mí, diciéndome: no temas; Yo soy el primero y el último, y el viviente; estuve muerto, y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de venir después de estas”. Apocalipsis I, 10-11; 17-19

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Obra representativa del Sueño que tuvo Jorge Enrique con el Papa San Juan Pablo II, el domingo 14 de junio de 1998, en la Solemnidad de la Fiesta del Corpus Christi, en Santa Fe de Bogotá Colombia; en el cual, el Santo Padre, en una manera simbólica, les pidió escribir esta Obra para el bien de la Santa Iglesia de Dios, para beneficio de toda la humanidad, y para revelar la profecía sobre el fin de los tiempos https://sanctaecclesiadei-petrusromanus.blogspot.com Pintada por el Maestro Jesús Nolberto López Usma, el 7 de junio de 2012, en el jueves del Corpus Christi, en Santa Fe de Bogotá Colombia

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DEDICATORIA

A la Inmaculada Concepción Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo ¡Para el triunfo de Su Corazón Inmaculado!

Al Apóstol San Pedro, y a sus sucesores

A San Pío de Pietrelcina; a San Francisco de Fátima, a Santa Jacinta de Fátima, y a Sor Lucia de Fátima

Y a nuestro bendito Pueblo de Israel3

3

. Cf. “Levantóse Elías, profeta semejante al fuego; y sus palabras eran como ardientes teas. Hizo venir sobre ellos el hambre, y fueron reducidos a un corto número los que por envidia le perseguían, porque no podían sufrir los preceptos del Señor. Con la palabra del Señor, cerró el cielo, del cual por tres veces hizo bajar fuego. Así Elías se hizo célebre por sus milagros. ¿Quién ha alcanzado tanta gloria como tú? Tú en virtud de la palabra del Señor Dios, sacaste del sepulcro a un difunto, arrancándoselo a la muerte. Tú arrojaste a los reyes a la perdición, quebrantaste sin trabajo su poderío, y en medio de su gloria los trasladaste del lecho. Tú oíste en el Sinai el juicio del Señor, y en el Horeb los decretos de la venganza. Tú ungiste reyes para que castigasen, y dejaste profetas sucesores tuyos. Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego sobre una carroza tirada por caballos de fuego. Tú estás escrito en los decretos de los tiempos, para aplacar el enojo del Señor, reconciliar el corazón de los padres con los hijos y restablecer las doce tribus de Jacob. Dichosos los que te vieron y fueron honrados con tu amistad. Porque nosotros viviremos sólo en vida, mas después de la muerte no será nuestro nombre como el tuyo”. Eclesiástico XLVIII, 1-12 XI


“Jorge Enrique entrega una Copia digital de este Libro a Su Santidad Benedicto XVI para su revisión” Ciudad del Vaticano Estado Vaticano. 26-12-2010

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AGRADECIMIENTO

Al bienaventurado Apóstol San Pablo, evangelizador de las naciones, por su patrocinio. A Su Santidad San Juan Pablo II, por su solicitud (1998), a Su Santidad Benedicto XVI, por su revisión (2010), y a Su Santidad Francisco, por su aprobación (2018); y a todos ellos también por sus oraciones y su generosidad para llevar a feliz término esta obra. A nuestros padres: Luis Alfredo, Manuel, María Natividad y Flor Elba, a nuestros hermanos: Roxana, Patricia Janeth, Liliana del Tránsito, Fredy, Héctor Orlando y Marta Elena; quienes nos han dado el ánimo para desarrollarla y para ponerla Online. A nuestros Amigos: Padre Víctor Jesús Camacho Forero, Padre Konrad zu Löwenstein, Padre William Baker, Jorge, Edwin, Fernando, Fabián, Cecilia, Antonio, Luca, Pietro, Luigi, Marco, Rodrigo, Amedeo, Eduardo, Sonia, Reinaldo, Mónica; a las familias Kneer y Suter; al Centro Italiano de Solidaridad (CeIS) de Roma, al Centro de Copiado Cervialto s.r.l. de Roma, a Facebook, a la Elemosinería de la Ciudad del Vaticano, a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Roma y Santa Fe de Bogotá, al Instituto Pontifício del Buen Pastor de Santa Fe de Bogotá, a la Comunidad Virtual del barrio La Soledad de Santa Fe de Bogotá, a la Biblioteca Luis Ángel Arango de Santa Fe de Bogotá, a Audimovil de Santa Fe de Bogotá, a LVL Webstudio de Roma; y a todos aquellos que nos han colaborado para su elaboración. Y también a todos aquellos, que de alguna forma, nos han ayudado a su difusión. ¡Que Dios los bendiga!

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ÍNDICE

PRÓLOGO ........................................................................................... 19 PREFACIO .......................................................................................... 21 INTRODUCCIÓN ............................................................................... 23 I. Oración a Nuestro Senor Jesucristo ................................................................. 23 II. El Cuerpo Místico de Cristo ........................................................................... 25

CAPÍTULO I........................................................................................ 35 UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA ................................................ 35 I. I. Pentecostés y los primeros tiempos .............................................................. 37 I. II. San Pedro .................................................................................................... 39 I. III. San Pablo: la conversión de Saulo ............................................................. 41 I. IV. Los demás Apóstoles ................................................................................. 43 I. V. El Cristianismo por todo el Imperio Romano ............................................. 46 I. VI. La Santa Iglesia se separa del Judaísmo .................................................... 47 I. VII. Tres siglos de persecuciones .................................................................... 50 I. VIII. Las diez persecuciones............................................................................ 52 I. IX. Los principales Mártires ............................................................................ 56 I. X. Fin trágico de los perseguidores ................................................................. 58 I. XI. El edicto de Milán ..................................................................................... 59 I. XII. Los grandes emperadores cristianos ........................................................ 61 I. XIII. Los Santos Padres ................................................................................... 63 I. XIV. La conversión de los pueblos bárbaros ................................................... 66 I. XV. Constitución de la Santa Iglesia ............................................................... 70 I. XVI. El Papa, rey temporal.............................................................................. 73 I. XVII. El Sacro Imperio Romano: la Cristiandad ............................................ 74 I. XVIII. La Santa Iglesia y el feudalismo .......................................................... 75 I. XIX. Las cruzadas............................................................................................ 76 XV


I. XX. La Santa Inquisición ................................................................................. 77 I. XXI. Las ciencias y las artes en la Edad Media ............................................... 78 I. XXII. La reconquista española......................................................................... 80 I. XXIII. La expansión misional de la Santa Iglesia ........................................... 81 I. XXIV. Evangelización de la América del Norte ............................................. 84 I. XXV. Misiones vivas ....................................................................................... 85 I. XXVI. Obra social de la Santa Iglesia ............................................................. 87 I. XXVII. La Santa Iglesia en el siglo XX .......................................................... 87 I. XXVIII. Lista cronológica de los Papas .......................................................... 88 I. XXIX. La tumba del Apóstol San Pedro en Roma ........................................ 111 I. XXX. Las edades de la Santa Iglesia ............................................................. 117

CAPÍTULO II .................................................................................... 119 DE LOS SACRAMENTOS EN GENERAL .................................................... 119 II. I. Del Sacramento del Bautismo ................................................................... 122 II. II. Del Sacramento de la Confirmación ........................................................ 128 II. III. Del Sacramento de la Eucaristía ............................................................. 132 II. III. 1. Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” del Papa San Juan Pablo II ...........145 II. III. 1. 1. Introducción ..................................................................................................145 II. III. 1. 2. Misterio de Fe ...............................................................................................149 II. III. 1. 3. La Eucaristía edifica la Santa Iglesia ............................................................152 II. III. 1. 4. Apostolicidad de la Eucaristía y de la Santa Iglesia .....................................154 II. III. 1. 5. Eucaristía y comunión eclesial ......................................................................154 II. III. 1. 6. Decoro de la celebración eucarística .............................................................160 II. III. 1. 7. En la escuela de Santa María; mujer “eucarística” .......................................163 II. III. 1. 8. Conclusión ....................................................................................................165 II. III. 2. ¿Por qué la Sagrada Comunión se debe recibir si es posible de rodillas? ........167

II. IV. Del Sacramento de la Penitencia ............................................................ 170 II. V. Del Sacramento de la Extremanción........................................................ 177 II. VI. Del Sacramento del Orden...................................................................... 182 II. VII. Del Sacramento del Matrimonio ........................................................... 189

CAPÍTULO III ................................................................................... 197 EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA ......................................................... 197 III. I. Los sacrificios de la Antigua Ley ............................................................ 198 III. II. El Santo Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo .................................... 206 III. III. Historia de la Santa Misa hasta el Papa San Pío V ............................... 209 XVI


III. IV. La Bula Quo primum tempore .............................................................. 213 III. V. Teología de la Santa Misa ...................................................................... 217 III. VI. Fines, efectos y frutos de la Santa Misa ............................................... 219 III. VII. El altar, vasos sagrados, ornamentos y partes de la Santa Misa ......... 223 III. VII. 1. El altar............................................................................................................ 223 III. VII. 2. Vasos sagrados .............................................................................................. 223 III. VII. 3. Ornamentos .................................................................................................... 224 III. VII. 4. Partes de la Santa Misa .................................................................................. 226

III. VIII. ¿Por qué la Santa Misa debe ser mejor en latín? ............................... 227 III. IX. La Santa Misa tradicional ..................................................................... 230 III. X. La Santa Misa del Santo Padre Pío ........................................................ 243

CAPÍTULO IV ...................................................................................251 DE LA FE Y EL CREDO ................................................................................. 251 IV. I. “Creo en Dios Padre, Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra” .... 252 IV. II. “Creo en Jesucristo, Su Único Hijo, Nuestro Señor”............................. 258 IV. III. “Fue concebido por el Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen” . 262 IV. IV. “Padeció bajo Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado” .... 265 IV. V. “Bajó a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos” ........ 270 IV. VI. “Subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios Omnipotente” ... 275 IV. VII. “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos” ............. 278 IV. VIII. “Creo en el Espíritu Santo” ................................................................ 282 IV. IX. “La Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos” ...................... 284 IV. X. “El perdón de los pecados” .................................................................... 293 IV. XI. “La resurrección de la carne” ............................................................... 297 IV. XII. “Y en la vida perdurable” .................................................................... 303

CAPITULO V ....................................................................................309 LA ORACIÓN DEL SEÑOR ........................................................................... 309 V. I. El “Pater Noster” ..................................................................................... 309 V. I.1. “Pater noster quí es in caelisˮ ............................................................................ 310 V. I. 2. “Sanctificétur nomen tuumˮ ............................................................................. 311 V. I. 3. “Advéniat regnum tuumˮ .................................................................................. 312 V. I. 4. “Fíat volúntas tua, sicut in caelo et in terraˮ ................................................... 314 V. I. 5. “Panem nostrum quotidiánum da nobis hódieˮ ............................................... 316 V. I. 6. “Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostrisˮ . 319 V. I. 7. “Et ne nos indúcas in tentatiónemˮ .................................................................. 321 XVII


V. I. 8. “Sed líbera nos a malo. Amenˮ ..........................................................................324

V. II. El Santo Rosario ...................................................................................... 327 V. II. 1. Nuestra Señora del Santo Rosario ......................................................................327 V. II. 2. Historia del Santo Rosario .................................................................................327 V. II. 3. La Virgen María del Santo Rosario: ¡vencedora de las todas batallas! .............329 V. II. 4. Excelencia del Santo Rosario .............................................................................330 V. II. 5. Las promesas de la Santísima Virgen a los que recen el Santo Rosario ............331 V. II. 6. ¡Soy la Santísima Virgen del Santo Rosario! .....................................................332 V. II. 7. Los misterios del Santo Rosario .........................................................................332 V. II. 8. Cómo rezar el Santo Rosario..............................................................................336 V. II. 9. Las oraciones del Santo Rosario ........................................................................336

CAPÍTULO VI................................................................................... 341 LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS ................................. 341 VI. I. “Amarás a Yahwéh tu Dios” .................................................................. 342 VI. II. “No emplearás en vano su Santo Nombre” ......................................... 343 VI. III. “Acuérdate de santificar las fiestas” ................................................... 344 VI. IV. “Honrarás a tu padre y a tu madre” ................................................... 346 VI. V. “No matarás” ......................................................................................... 347 VI. VI. “No fornicarás y no desearás la mujer de tu prójimo” ...................... 349 VI. VII. “No hurtarás y no codiciarás los bienes ajenos” .............................. 351 VI. VIII. “No dirás falso testimonio y no mentirás” ....................................... 352 VI. IX. Examen de conciencia para confesarce bien......................................... 354

APÉNDICE I ..................................................................................... 359 GRACIA, VIRTUD, MISERICORDIA Y BIENAVENTURANZA ............... 359 I. I. La gracia ..................................................................................................... 359 I. II. Las virtudes teologales .............................................................................. 362 I. II. 1. La Fe ....................................................................................................................362 I. II. 2. La esperanza ........................................................................................................363 I. II. 3. La caridad ............................................................................................................363

I. III. Las obras de misericordia ........................................................................ 364 I. III. 1. Las siete obras de misericordia corporales .........................................................364 I. III. 2. Las siete obras de misericordia espirituales .......................................................364

I. IV. Las bienaventuranzas ............................................................................... 365

APÉNDICE II .................................................................................... 367 XVIII


LA SANTA IGLESIA FRENTE AL TERCER MILENIO.............................. 367 II. I. El llanto de Nuestra Señora en La Salette ................................................. 367 II. II. El Modernismo: Encíclica “Pascendi” de Su Santidad San Pío X......... 372 II. II. 1. Introducción ....................................................................................................... 372 II. II. 2. Exposición de las doctrinas modernistas ........................................................... 374 II. II. 3. Causas y remedios ............................................................................................. 384 II. II. 4. Conclusión ......................................................................................................... 390

II. III. Fátima: ¿no debemos obedecer al Corazón de Nuestra Madre? ............ 391 II. III. 1. El testimonio de Sor Lucia ............................................................................... 391 II. III. 2. Apartes de una carta de Sor Lucia al Papa Venerable Pío XII ......................... 404 II. III. 3. El secreto de la aparición del mes de julio ....................................................... 406 II. III. 4. Cronología de una desobediencia ..................................................................... 409 II. III. 5. La misión de Sor Lucia..................................................................................... 420 II. III. 6. La devoción de los Cinco primeros Sábados de Mes ....................................... 421

II. IV. Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”................................. 422 II. IV. 1. Carta de los cardenales Ottaviani y Bacci al Papa Beato Pablo VI.................. 422 II. IV. 2. Breve Examen Crítico ...................................................................................... 423

II. V. Estadística de una pérdida de la Fe católica ............................................ 438

EPÍLOGO ...........................................................................................441 I. Las profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso ........................................ 441 II. Las profecías sobre los últimos siete Sumos Pontífices ............................... 444 II. I. Profecía “De Summis Pontifícibus” ........................................................................ 444 II. II. Profecía “De magnis tribulationes et statu Sanctae Ecclesiae” ............................ 446

III. Las dos columnas ........................................................................................ 447 IV. Ecclesia Dei ................................................................................................ 449 IV. I. Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II ........ 449 IV. II. Facultades especiales acordadas a la Comisión Ecclesia Dei .............................. 452 IV. III. Decreto de erección de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro ............................. 453 IV. IV. El Instituto Cristo Rey Soberano Sacerdote ....................................................... 455

V. Liberación de la Santa Misa tradicional ....................................................... 457 V. I. La Santa Misa del 24 de mayo en la Basílica de Santa María Mayor .................... 457 V. I. 1. Mensaje del cardenal Angelo Sodano ................................................................. 457 V. I. 2. Santa María Auxiliadora: el antiguo rito conserva sus derechos ........................ 459 V. I. 3. Homilía de Su Eminencia Cardenal Darío Castrillón Hoyos.............................. 461 V. II. Carta del Santo Padre Benedicto XVI a los Obispos............................................. 467 V. III. Carta Apostólica Motu propio Data: “Summorum Pontificum” .......................... 469 XIX


V. IV. Instrucción “Universae Ecclesiae” de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei .......474 V. IV 1. Introducción .......................................................................................................474 V. IV. 2. Tareas de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei ................................................476 V. IV. 3. Normas específicas ...........................................................................................476 V. V. Carta Apostólica “Ecclesiae unitatem” de Su Santidad Benedicto XVI ..............480

ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA ............. 485 ORACIÓN AL PATRIARCA SAN JOSÉ ........................................ 487 BIBLIOGRAFÍA ............................................................................... 489

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PRÓLOGO

La Palabra de Dios, contrariamente a lo que piensan los protestantes, no es solo el contenido material que encontramos en los llamados Libros Sagrados de la Biblia, sino que ella abarca necesariamente el concepto de Tradición, en el sentido de un conocimiento que se transmite de padres a hijos, independientemente de la manera que se haga, ya sea oral ya sea escrita. En efecto, la misma palabra de Dios escrita –es decir, lo que se ha dado en llamar: Sagrada Escritura-, no se hace presente en la Santa Iglesia de Dios mas que a través de la voz autorizada de sus pastores, los cuales tienen, por cierto, la misión privilegiada de enseñar al pueblo cristiano el camino de la salvación. Es en esto, precisamente, en lo que consiste el Magisterio eclesiástico, que como la palabra lo dice, se trata de la enseñanza que proviene de una autoridad instituida, y no de un libre examen personal del contenido de la Revelación. “Yo no creería en los Evangelios, si la autoridad de la Santa Iglesia no me lo dijera” 1, sentenciaba ya el gran San Agustín contra los maniqueos. Este Magisterio eclesiástico, ejercido a lo largo de los siglos, se va constituyendo en un verdadero tesoro o depósito, que por eso es llamado Depositum Fidei, porque de él todo católico puede “sacar”, por así decirlo, para su propia utilidad o la de los demás, con la plena certeza de su aprovechamiento en el bien de la Fe. El presente trabajo resulta ser una expresión propia de lo que es ese tesoro fundamental de la Santa Iglesia. No hay nada personal, excepto el esfuerzo de recopilación y de estructuración de los textos para una presentación didáctica y oportuna de la verdad. En relación a esto último, hay una circunstancia que se podrá apreciar desde el primer momento, y en el contexto de la obra, que refleja el afán de mantener vivos los principios de la catolicidad, tan amenazados y combatidos actualmente. Este compendio aparece, pues, como un verdadero vademecum de la Fe de la Santa Iglesia y será, por lo tanto, de innegable utilidad para alimentar el espíritu católico de fieles y sacerdotes, lo mismo que un arma insustituible en el combate diario de la Tradición2

Rev. P. Víctor Jesús Camacho Forero Instituto Pontificio del Buen Pastor3 1

. Contra epistolam manichei V-VI. RJ.1581 . Cf. “En verdad, en verdad os digo, Elías vendrá primero y lo restaurará todo”. San Mateo XVII, 11 3 . Cf. El Padre Victor Jesús Camacho fue miembro de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Se ha vinculado al Instituto Pontificio del Buen Pastor, comunidad religiosa perteneciente a la Comisión Pontificia Ecclesia Dei creada por Su Santidad San Juan Pablo II mediante la Carta Apostólica en forma de Motu proprio Ecclesia Dei del 2 de julio de 1988; ver: Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 449-451; Facultades especiales acordadas a la Comisión Ecclesia Dei. Pág. 452 2

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PREFACIO

En todas las épocas en las que -por un mal empleo de la libertad humanael hombre se organiza al margen de Dios, se convierte en esclavo de sus pasiones; conducido por su egoísmo, se pierde en planes sin futuro que hábilmente le presenta Satanás: “padre de la mentira, que disfrazado de ángel de luz se proclama el príncipe del mundo”4. Este hombre ensoberbecido sacrificará ideas nobles para aceptar filosofías vanas; malvenderá su tiempo de ocio y descanso por seguir espejismos, quedando en el camino su sudor estéril; inmolará hasta la luz del derecho natural que Dios imprimió en su conciencia para tratar de justificar los impulsos irracionales de su naturaleza enferma por el pecado. Se pone así de actualidad, la advertencia del Apóstol San Pablo: “porque vendrá un tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, antes a medida de sus concupiscencias, tomarán para sí maestros sobre maestros, con la comezón de oídos que sentirán, y por un lado desviarán sus oídos de la verdad, y por otro se volverán hacia las fábulas”5. A alguno le podrá parecer nimio e insignificante el motivo de este libro; sin embargo, no hay detalle en él que no se pronuncie la doctrina de la Santa Iglesia y que no deba ser tenido en cuenta por el hombre. De la misma forma que una gotera puede ser ocasión de que se derrumbe la casa, la indiferencia hacia la enseñanza del magisterio de la Santa Iglesia puede ser la ruina del alma. Dios ha hablado, y lo hace a través de la Santa Iglesia. Conocemos su palabra, sólo nos queda tener humildad para aceptarla, amor para encarnarla en nuestra vida, y sagacidad para predicarla. Esperamos en el Señor que todos los que saben cuanto vale la pureza de la Fe, y comprenden el precio de las almas redimidas con la sangre de Nuestro Divino Salvador, harán de nuestro sencillo trabajo la mayor propaganda posible. Al terminarlo lo ponemos bajo la protección del Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María, Madre de Nuestro Señor Jesucristo, y triunfadora de todas las herejías, y de San José, Patrono universal de la Santa Iglesia de Dios. La Fe es un don de Dios. No pretendemos comunicarla con nuestros raciocinios a aquellos de nuestros lectores que se han apartado de la Fe de la Santa Iglesia y que viven fuera de ella. Los argumentos no tienen otro fin que el de preparar los caminos del Señor, como dijo el Bautista: “él dijo: yo soy la voz de quien clama en el desierto: enderezad el camino del Señor, según dijo el Profeta Isaías”. “Enderezad en el yermo una senda para nuestro Dios”6 4

. San Juan XIV, 30; cf. II Corintios XI, 14 . II Timoteo IV, 3-4 6 . San Juan I, 23; cf. Isaías XL, 3 5

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“En la Santa Misa somos llamados a unirnos al Santo Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, perpetuo sobre el altar, expresión sublime del espíritu cristiano, actitud fundamental del discípulo de Cristo, llamado espíritu de sacrificio. El Apóstol San Pablo nos lo dice: “seremos glorificados con Él, iremos entonces al cielo, y, sin embargo, sufriremos con Él. Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”7. Compasión es una de la verdades más olviadas hoy en día, de las más envilecidas en un mundo que lo hace todo para distraernos, para disiparnos, para agitar nuestros sentidos y nuestras pasiones. Todos los artificios del mundo son buenos para no pensar, para huir de esta realidad de la Cruz, remedio del pecado, único medio de salvación. Sí, queridos hermanos, es un hecho que nuestra naturaleza caída sienta aversión, repulsa hacia la Cruz, y que la contemplación de esos clavos que están en las manos y en los pies de Nuestro Señor Jesucristo nos espanta, que el pensamiento de una unión tal que hiciera que un día, quizás, esos clavos pudieran entrar en nuestras muñecas nos espanta. “Resistáis, pues, firmes en la Fe, porque vuestro enemigo el diablo gira como león rugiente entorno a vosotros buscando a quien devorar”8. Bajo la protección de Aquella que aplasta la cabeza del dragón infernal con su pie”9

Su Santidad Papa Francisco celebrando el Santo Sacrificio de la Misa sobre la Tumba del Papa San Juan Pablo II

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. Romanos VIII, 17-18; cf. II Timoteo II, 11-12 . I San Pedro V, 8-9 9 . Cf. Génesis III, 15; texto tomado de una homilía pronunciada por S. E. Monseñor Bernard Fellay. Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X; ver: Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 449-451; Decreto de Erección de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Págs. 453454; Carta Apostólica Motu proprio Data: “Summorum Pontificum”. Págs. 469-474 8

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INTRODUCCIÓN

I. Oración a Nuestro Senor Jesucristo Oración escrita por el ilustrísimo señor Marco Fidel Suárez en 1913. Presidente de la República de Colombia. 1918-1921. Y tomada del libro: De Sima a Cima o Marco Fidel ante la Conciencia Colombiana La Persona de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y hombre verdaderos, se presenta de tal modo a la inteligencia humana que la satisface y la sosiega. Desde que nuestra mente medita en la deidad, la percibe como grandeza soberana, esto es, como ser infinito, porque según la expresión de San Fray Luis de Granada, nada hay grande sin límites. La divinidad de Cristo sacia así nuestros más hondos anhelos; y al mismo tiempo su naturaleza humana, a la cual se une el Ser infinito, concreta esta idea agobiadora en un hombre más levantado en perfecciones que todas las criaturas, en un hombre que es nuestro hermano y nuestro amigo, a quien podemos hablar, y de quien podemos esperar, no frívolos favores, sino beneficios de bien incomparables. Del mismo modo, la Persona de Nuestro Señor Jesucristo armoniza con nuestro corazón y con sus aspiraciones y sus necesidades. El distintivo de nuestro ánimo son las tres pasiones de las que habló el Apóstol del Amor divino cuando dijo: “porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, no es del Padre sino del mundo”10. La conciencia propia y el trato con nuestros semejantes nos dicen que, efectivamente, la vida es una feria en donde de ordinario se piensa y se obra al impulso del amor a los placeres y a los deleites, del amor al dinero con que aquellos se obtienen, y del orgullo o prurito de superioridad. A poco que se medite en estos tres estímulos se reconoce que ellos son desordenados, pues el placer no puede ser fin de nuestra actividad, porque una vez aumentado indefinidamente daña la naturaleza; ni el oro es un bien cuando sobrepuja la satisfacción de nuestras necesidades; ni la soberbia puede jamás justificarse puesto que se opone a la igualdad esencial de las almas. Nuestro Señor Jesucristo en su nacimiento, en su vida y en su muerte, es el contraste de aquellos tres desórdenes. Varón de dolores, Él lo fue desde que empezó a respirar en un pesebre desmantelado y frío hasta que expiró en la Santa Cruz, sufriendo todas las penas, excepto el remordimiento, su pobreza fue tal, que viviendo de su trabajo de obrero o de las tareas de su predicación, careció de 10

. I San Juan II, 16

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cuna, de techo, de mortaja y de sepulcro. Manso de corazón, se anonadó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de esclavo11. De suerte que la vida del Señor Jesús es un tejido de austeridades, privaciones y abatimientos, con los cuales acude como Maestro y Redentor a vencer la soberbia, la codicia y la concupiscencia de los mortales, brillando sí, su Ser Divino, aún en medio de aquellos sacrificios, pues cuando ayuna en el desierto, los ángeles le sirven; cuando cursa los caminos de su patria, sin más bienes que una túnica, alimenta con unos pocos panes a millares de hombres; y cuando expira entre malhechores, la tierra tiembla y los astros se oscurecen. Esas virtudes de Nuestro Señor Jesucristo purifican y enaltecen la naturaleza humana. En primer lugar, la austeridad de Nuestro Señor exalta el dolor, que no siempre es un mal, sino un gran elemento de vida. La placidez del ánimo y el contento del que lo posee, cuando sus actos son ordenados, es un mal, cuando no corresponden a ese orden; y además el sufrimiento, o sea la victoria de la voluntad sobre el dolor, es fuego que templa y crisol que purifica. El martirio, que es un dolor heroico al servicio de la verdad y de la justicia, es fecundo en dichas porque produce gloria. Cristo, Rey de los mártires, es modelo y causa de magnanimidad, de esto que hoy se llama elevación del carácter. Al someterse el Dios hombre a la muerte, nos dio de ella la verdadera idea, presentándola como el fin de una existencia preparatoria, y como la puerta que da entrada a la inmortalidad; nos enseñó también a vencer esa cruel enemiga, pues cuando ella sume en la fosa de un sepulcro nuestra dicha, entonces Él nos levanta el corazón, recordándonos que es muerte de la muerte, y que el Apóstol San Pablo le llama el Dios de la esperanza; y nos enseñó así mismo a recibirla y a soportarla, y a beber su amargo cáliz, verificando el poema sublime que comienza: “ven, muerte tan escondida”; como cuando el Padre Francisco Suárez expiró diciendo: “¡oh que dulce es morir!” Y Santa Teresita del Niño Jesús exclamaba antes de morir: “¡no muero, entro a la vida!” Y el mismo Maestro dijo: “y yo, una vez levantado de la tierra lo atraeré todo hacia mí”12. En segundo lugar, la humildad de Cristo engrandece a sus imitadores, pues al propio tiempo que ellos se tienen en nada y menos que nada, cuando se comparan con aquel Modelo infinito, resultan grandes por su conformidad con la voluntad divina, es decir, por la obediencia a la Ley de Cristo, y por el cumplimiento del deber. ¿Quién más humilde que San Pablo, siervo de sus hermanos, y obediente en las cadenas? Y sin embargo, aquel vaso de elección puesto por el cielo para evangelizar el paganismo, al someterse éste a la gloria de Dios, conquista para sí inmortal corona: “he luchado la noble lucha, he finalizado la carrera, he mantenido la Fe; por lo demás, reservada me está la corona de la justicia, con la cual me galardonará en aquel día el Señor, el justo juez; y no sólo a mí, sino también a todos los que habrán aguardado con amor su advenimiento”13. ¿Quién menor que San Francisco, obligando al hermano a que le huelle la cerviz? Y no obstante, aquel pobre prodigioso granjea tanto mérito al moralizar y convertir generaciones depravadas, que todos lo enaltecen como serafín humano y bienhechor de nuestra especie... .

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. Cf. Filipenses II, 8 . San Juan XII, 32 13 . II Timoteo IV, 7-8 12

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¡Oh Dios de amor y de poder! Da tus pies a los colombianos que queremos llorar sobre tus llagas los errores pasados; de las llagas de tus manos derrama óleo divino sobre las heridas de este pueblo que se baña en sangre; y en la llaga de tu Corazón Divino guarece las generaciones inocentes. Y no permitas que ningún miembro de tu Santa Iglesia sea siervo intelectual de enemigos extranjeros tuyos. Al darte en comunión eucarística en esta hora dichosa, tus sacerdotes repiten miles y miles de veces que eres Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo y lo pacificas. Danos, pues, la Paz, la Paz que es don tuyo, y ¡prenda de civilización terrenal y de Eterna Ventura!21

II. El Cuerpo Místico de Cristo Jesucristo es Dios, y por ello ha tenido cuidado de que su verdad, su autoridad y su vida llegasen hasta nosotros que estamos destinados a vivir en este siglo XXI. Pero ¿cómo? Del mismo modo que entonces: a través de la naturaleza humana. Cuando escribimos nos servimos de la mano para ello como del instrumento visible y material de nuestra mente invisible; así Él, que es Dios, enseñó, gobernó y santificó de la manera más perfecta, a través de su naturaleza humana, instrumento visible de su invisible divinidad. En pobres palabras, nosotros veremos su cuerpo, pero oiremos, obedeceremos y seremos perdonados por Dios presente en el Cristo. El Señor Jesús dijo que se encarnaría en otro cuerpo, y que a través de él continuaría unido a nosotros hasta la consumación de los siglos. No sería otro cuerpo de carne como el que recibió de la Santísima Virgen María. Aquel cuerpo ahora está en la gloria, a la diestra de su Padre. Él hablaba de otra clase de cuerpo. Si buscamos el significado de la palabra “cuerpo” en el diccionario, veremos que puede significar una de estas dos cosas: algo físico o algo social, es decir, puede significar tanto nuestro organismo físico hecho de carne y de sangre, y vivificado por el alma; como también una agrupación social de personas que son consideradas como un todo único por tener los mismos ideales y ayudarse mutuamente. Así hablamos de la nación como de un “cuerpo político”, o de un grupo de profesores de universidad como de un “cuerpo docente”. Este nuevo cuerpo no será como ésos, en los que la unidad del cuerpo moral procede de la voluntad de los hombres; su nuevo cuerpo social estará unido a Él por su Espíritu Santo, enviado por Él al abandonar esta tierra. He aquí siete de las muchas verdades que afirmó Nuestro Señor Jesucristo con respecto a su cuerpo social en el que se encarnaría: 1) Nos dijo que para ser miembros de su nuevo cuerpo habríamos de nacer en su seno. No sería un nacimiento humano que nos hubiese dado solamente la condición de hijos de Adán, sino un renacimiento que sucedería a través del Espíritu Santo en las aguas del Bautismo, haciéndonos hijos de Dios. 2) La unidad entre este nuevo cuerpo y Él no se conseguiría cantando himnos en su honor, ni celebrando reuniones benéficas en su nombre, ni escuchando mensajes radiofónicos, sino participando en su vida: “yo soy la vid, vosotros sois los sarmientos, quien mora en mí y yo en él da mucho fruto”22. 21 22

. Cf. San Juan XIV, 27; Isaías IX, 5-6 . San Juan XV, 5

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3) Su nuevo cuerpo, como el de todos los seres vivientes, sería al principio pequeño, según lo dijo Él: “semejante a un grano de mostaza”23, pero se desarrollaría bajo diversas formas hasta el fin del mundo, como Él mismo lo afirmó: “primeramente, la hierba, luego la espiga y después el grano sazonado en la espiga”24. 4) Una casa se construye empezando por el exterior y terminando en el interior, ladrillo a ladrillo; las agrupaciones humanas se forman con la unión de hombres entre sí, pero siempre de lo externo a lo interno. Su cuerpo, según dijo el Señor Jesucristo, se formaría desde el interior al exterior, de la misma manera que se forma un embrión viviente en el cuerpo humano. Así como Él recibió la vida del Padre, nosotros recibimos la vida de Él: “para que todos sean una misma cosa, como tú, oh Padre, estás en mí y yo estoy en ti”25. 5) Nuestro Señor dijo que tendría un solo cuerpo. Hubiera sido una monstruosidad espiritual que Él hubiese tenido muchos cuerpos, o una docena de cabezas. Para mantenerlo unido habría de tener un solo Pastor, que según lo dijo Él, apacentaría sus corderos y sus ovejas: “y habrá un solo rebaño y un solo pastor”26. 6) Jesucristo proclamó que éste, su nuevo cuerpo, no se manifestaría a los hombres antes del día de Pentecostés, en el cual enviaría a su espíritu de verdad: “si yo no me voy el consolador no vendrá a vosotros”27. Cualquier otra cosa que se empezare también, veinticuatro horas después de Pentecostés o hace veinticuatro horas, habría de estar unido a Él, porque no podría ser una organización que pudiera tener el espíritu humano pero no el divino; es decir, sería como un hilo aislado y no conectado con el dínamo. 7) La observación más interesante que hizo el Señor con respecto a su cuerpo fue la de que sería odiado por el mundo como Él mismo lo fue. El mundo ama las cosas del mundo pero odia lo que es divino: “pero como vosotros no sois del mundo, antes os he elegido del mundo, por eso os odia el mundo” 28. Los Apóstoles debían ser el núcleo del nuevo cuerpo social. Ellos deberían construir la materia prima en la que Cristo infundiría su Espíritu para generar en ellos su humanidad prolongada en el tiempo. Ellos lo representarían cuando se alejara. El privilegio de evangelizar al mundo a ellos quedaba reservado. El nuevo cuerpo cuyo embrión lo constituirían ellos, era su humanidad póstuma y su personalidad transmitida a través de los siglos. ¡Henos aquí ante algo maravilloso! Recordemos que Nuestro Señor Jesucristo es Maestro, Rey y Sacerdote o Salvador. Pero ahora esa triple facultad de enseñar, gobernar y santificar la comunica a su nuevo cuerpo. Él, que es el maestro infalible, y que dijo: “yo soy la verdad”29, dice ahora a su cuerpo: “os enviaré el espíritu de verdad, y Él os guiará con toda verdad”30. De tal modo se identificará Cristo Nuestro Señor con su nuevo cuerpo, que quien escuchare la palabra de ese cuerpo, escuchará la de Él mismo: “quien os oye a vosotros, a mí me oye; quien os desprecia a vosotros, a mí me desprecia, y quien me desprecia 23

. San Lucas XIII, 19 . San Marcos IV, 28 25 . San Juan, XVII, 21 26 . Ibíd. X, 16; cf. Ibíd XXI, 15-17 27 . Ibíd. XVI, 7 28 . Ibíd. XV, 19 29 . Ibíd. XIV, 6 30 . Ibíd. XVI, 13 24

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“Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús, quien, existiendo en forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un Nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos. Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”83. Por eso, le has confiado el papel exclusivo al sacerdote, de ser tu instrumento en la ofrenda del Santo Sacrificio. Convirtiéndose éste en el único intermediario entre la divinidad y la grey que le ha sido encargada: “por tercera vez le dijo: Simón hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase ¿me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: apacienta mis ovejas”84. Y obedeces a vuestro sacerdote, pues a su voz descendéis del cielo a la tierra, teniendo tú, Señor, el poder de cambiar el pan y el vino por tu propia carne y sangre sobre altar, sin afectar un cambio en la apariencia del pan y del vino transformados: “no hubo, ni antes ni después, día como aquél cuando obedeció Yahvé a la voz de un hombre, porque Yahvé combatía por Israel”85. Por eso, tú, Señor Jesucristo, sabiendo que la humanidad no podía ser rescatada sino por tu Sacrificio, quisiste hacer de toda vuestra vida terrestre una inmolación perpetua: “mas éste lo fue con juramento por el que dijo: juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre”86. “Por que si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la aspersión de la ceniza de la vaca, santifica a los inmundos, y les da la limpieza de la carne, cuánto más la sangre de Cristo, que por el espíritu eterno a sí mismo se ofreció inmaculado a Dios, limpiará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo. Por esto es el mediador de una Nueva Alianza, a fin de que por su muerte para redención de las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, reciban los que han sido llamados a las promesas de la herencia eterna”87. Por eso la doctrina del Santo Sacrificio de la Misa pertenece a este 83

. Filipenses II, 5-11 . San Juan XXI, 17 85 . Josué X, 14 86 . Hebreos VI, 20; cf. Ibíd. VII, 21 87 . Ibíd. IX, 13-15 84

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El Santo Sacrificio de la Misa


tesoro de verdad de la Santa Iglesia, y es en la Santa Misa de siempre, tradicional o tridentina, declarada a perpetuidad por el Papa San Pío V en 1570, donde se explica mejor el Misterio eucarístico, y en donde se celebra el Santo Sacrificio que puede agradar a Dios en algún modo88. La Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, que Cristo fundó en el Siglo I, la instituyó el mismo Salvador con una doble misión: una misión de Fe, y una misión de santificación de todos los hombres; los cuales han sido rescatados por la preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Debe aportar Ella a los hombres, la Fe y la gracia: La Fe por su enseñanza, la gracia por los sacramentos que le ha confiado Cristo Señor Nuestro. Su misión de Fe consiste en transmitir a los hombres la revelación hecha al mundo por Dios de las realidades espirituales y sobrenaturales, y su mantenimiento sin alteración a través del tiempo y de los siglos. La Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, es ante todo la Fe que nunca cambia, es como dice San Pablo: “columna y fundamento de la verdad”89, y que traspasa los siglos, siempre fiel a sí misma y testigo inflexible de Dios, en medio de un mundo en perpetuas mutaciones y contradicciones90. Por eso la Santa Iglesia Católica subsistirá hasta el Juicio universal: “id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del siglo”91. Jesucristo es inseparable de su Cuerpo Místico: la Santa Iglesia; antes de ascender le legó sus riquezas y su misión. La Santa Iglesia es la Esposa de Cristo, dice San Pablo. ¿Qué le legó el Esposo? Sus tesoros, sus méritos y sus satisfacciones, su preciosa sangre, su Sagrado Corazón. ¿Y qué aportó Ella en dote? Debilidades y flaquezas; pero también un corazón para amar y un corazón para cantar. Nuestro Señor Jesucristo, uniéndose a su Santa Iglesia, le da poder de adorar y alabar al Padre: de ahí dimana la liturgia. Es ésta la alabanza del mismo Jesucristo, Verbo encarnado, a través de los labios de la Iglesia Santa. De la Santa Iglesia dicen con admiración los ángeles: “¿quién es esta que asciende del desierto, inundada de delicias, y apoyada en su amado?”92 Es la Esposa, respondemos nosotros; del Esposo recibe su hermosura y atractivos, y en sus brazos se apoya: “su voz es siempre suave, y fascinador su semblante”93. Cristo le da sus riquezas, y la introduce en el palacio del Rey celestial, ante su Padre; y allá la Santa Iglesia unida a Jesucristo, repetirá por eternidades el cántico que canta el verbo en el seno del Padre, y que trajo Él mismo a la tierra. En el Apocalipsis vemos a los elegidos adorar al que está sentado en un trono, “ensalzando sus perfecciones inefables”: “los veinticuatro ancianos caían delante del que está sentado en el trono, se postraban ante el que vive por los siglos, y arrojaban sus coronas delante del trono de Él, diciendo:... 88

. Cf. Malaquías I, 11; ver: El Santo Sacrificio de la Misa. Págs. 197-250; Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 422-437 89 . I Timoteo III, 14 90 . Cf. Artículo del prestigioso teólogo y canónico francés. R. P. René Marie Berthod. Publicado en la revista “Savoir et Servir”. 41. Av. Pasteur. 94250. Gentilly. Francia 91 . San Mateo XXVIII, 19-20 92 . Cantar de los Cantares VIII, 5 93 . Ibíd. II, 14

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La Santa Iglesia me está gritando sin cesar: ¡alma bendita no te olvides de los siglos eternos! Con el fin de mantenerme fiel a su divisa; “un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, que actúa por medio de todos, y que habita en todos”99. Y es en esta una Santa Iglesia Católica y Apostólica, en donde debe permanecer la unidad: unión sublime de la Fe, de los sacramentos, de la Santa Misa, y de gobierno, porque es en Ella donde se conserva la esencia divina, revelada por Nuestro Señor Jesucristo y transmitida por los Santos Apóstoles. Porque la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, es la única Santa Iglesia de Jesucristo, por lo tanto no puede perder su unidad, y en Ella se origina la unión de los cristianos, y que debe estar bien fundada sobre la verdad que ella posee: su Santa Doctrina: “y subió, pues, a una de las barcas, que era la de La Barca de San Pedro Simón, y le rogó que se apartase un poco de la tierra, y sentándose, desde la barca enseñaba a las muchedumbres. Así que dejó de hablar, dijo a Simón: boga mar adentro y echad vuestras redes para la pesca. Simón le contestó y dijo: Maestro, toda la noche hemos trabajado y no hemos pescado nada, mas porque tú lo dices echaré las redes. Haciéndolo, cogieron una gran cantidad de peces, tanto que las redes se rompieron, e hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron las dos barcas, tanto que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, se postró a los pies de Jesús, diciendo: Señor, apártate de mí, que soy hombre pecador. Pues, así él, como todos sus compañeros, habían quedado sobrecogidos de espanto ante la pesca que habían hecho, e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Dijo Jesús a Simón: no temas; en adelante vas a ser pescador de hombres. Y atracando a tierra las barcas, lo dejaron todo y le siguieron”100. Por esta razón, la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, se constituye en el arca de salvación, solo cuando su Santa Doctrina es predicada de una manera correcta y verdadera. La Fe católica, es la Fe que puede llenar los vacíos de la vida religiosa, la Fe que puede dar la real paz al alma, y que tanto anhelamos... .“Yo te daré las llaves del Reino de los cielos: lo que ates sobre la tierra, estará atado en los cielos”101. 99

. I Corintios XV, 28; cf. Efesios, IV, 6; El Alma de todo Apostolado. Dom J.B. Chautard. Ed. Dinor. San Sebastian. España. 1955 100 . San Lucas V, 3-11 101 . San Mateo XVI, 19

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“Tengamos así, una gran confianza en esta Iglesia Santa, que Jesucristo nos la ha dejado: Ella, es otro Él mismo. Nosotros tenemos la felicidad de pertenecer a esta sociedad: Una, Santa, Católica y Apostólica. Debemos regocijarnos inmensamente, y dar sin cesar acción de gracias a Dios de habernos hecho entrar dentro del Reino de su Hijo bien amado. ¿No es una aseguración grande de poder, por nuestra incorporación a la Santa Iglesia, obtener la gracia y la vida de la fuente autentica y oficial? La Santa Iglesia Católica es la Esposa de Jesucristo; Ella es nuestra Madre; nosotros debemos amarla; porque Ella nos lleva a Cristo y nos une a Él; amar y reverenciar su doctrina, porque es la doctrina de Jesucristo Nuestro Señor; amar su oración y asociarnos a ella, porque es la oración misma de la Esposa de Cristo: no hay nada más seguro para nosotros, más agradable a Nuestro Señor. Debemos, en una palabra, acogernos a la Santa Iglesia, a todo lo que de Ella nos dice, que nos viene como si nosotros estuviéramos acogidos a la Persona misma de Jesucristo”102

“Yo te daré las Llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la Tierra, será atado en el Cielo, y todo lo que desates en la Tierra será desatado en el Cielo” San Mateo XVI, 19

102

. Jesucristo Vida del Alma. Dom Columba Marmión. Ed. Desclée. Paris. Francia. 1941. Págs. 112-113

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“Lucha por la verdad

hasta la muerte

y el Señor Dios

combatirá por ti”

Eclesiástico IV, 28

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“Y se me dirigió la palabra de Yahvéh, diciendo: hijo del hombre, has saber a Jerusalén sus abominaciones, y di: así habla el Señor Yahvéh a Jerusalén: tus orígenes y tu nacimiento proceden de la tierra de los cananeos; tu padre era un amorreo, y tu madre una hitita. Y en cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no fue cortado tu cordón umbilical, ni fuiste lavada con agua para purificarte, ni bien frotada con agua de sal, ni cuidadosamente envuelta en pañales. No hubo ojos que se apiadaran de ti para hacerte ninguna de esas cosas, compadeciéndose de ti, sino que fuiste arrojada sobre la haz del campo por la repulsión que infundías el día que naciste. Mas pasé junto a ti, y te vi revolcada en tu sangre, y te dije: ¡en tu sangre vive! Díjete pues: ¡en tu sangre vive! ¡Y crece! Como planta del campo te hice, y creciste, y te desarrollaste, alcanzaste la plena pubertad; tus pechos se formaron, y tu bello brotó, mas te hallabas desnuda y descubierta. Y pasé junto a ti, y te vi, y he aquí que estabas en tu momento, momento de amores, y extendí el borde de mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez, y te presté juramento. Y me uní en alianza contigo -oráculo del Señor Yahvéh-, y fuiste mía. Y te lavé con agua, te limpié la sangre de encima, y te ungí con óleo; te vestí de recamado, te calcé de piel de tajas, te ceñí de lino fino, y te cubrí de seda, te adorné con joyas, y puse ajorcas en tus muñecas y collar en tu garganta; y coloqué anillo en tus narices, en tus orejas pendientes, y corona magnífica en tu cabeza. Fuiste así adornada de oro y plata, y fue tu vestido de lino fino, seda y recamado; flor de harina, y miel, y aceite, tú comiste, y quedaste bellísima en extremo, y apta para la dignidad real. Y se divulgó tu fama entre las gentes por tu belleza, pues era perfecta debido al esplendor de que yo te había dotado.-Oráculo del Señor Yahvéh-. Mas confiaste en tu hermosura, y te prostituiste merced a tu fama, y has brindado tu fornicación a todo transeúnte, entregándote a él. Y cogiste tus vestidos y te preparaste abigarradas alturas, para entregarte en ellas a la lascivia, cosa que nunca había sucedido ni ocurrirá más. Tomaste asimismo tus bellos adornos de mi oro y de mi plata, que yo te había regalado, y te fabricaste imágenes de varón y te prostituiste con ellas. También cogiste tus vestidos recamados y las cubriste con ellos, y les ofreciste asimismo como perfume de apaciguamiento mi pan que yo te había dado; les ofreciste mi aceite y mi perfume; la flor de harina, el aceite y la miel con que te alimentaba. Así fue -oráculo del Señor Yahvéh-. Y cogiste a tus hijos y a tus hijas, que me habías parido, y los sacrificaste como pasto. ¿Era poca cosa tu fornicación? Que degollaste a mis hijos, y los ofreciste, haciéndolos pasar en su honor (por el fuego). Y en medio de todas tus abominaciones y prostituciones no te has acordado de los días de tu juventud, ¡cuando estabas desnuda, descubierta y revolcada en tu sangre! Y después de toda tu maldad ¡ay, ay de ti! -Oráculo del Señor Yahvéh- Te edificaste en toda plaza un prostíbulo y te hiciste un lupanar, y en toda cabecera de camino te construiste un lupanar, y deshonraste tu belleza, y abriste tus piernas a todo transeúnte, y multiplicaste tus fornicaciones. Y te prostituiste a los hijos de Egipto, tus vecinos de robustos miembros, y multiplicaste tus fornicaciones para irritarme. Mas he aquí que yo extendí mi mano contra ti y aminoré tu asignación, y te entregué al arbitrio de tus enemigas, las hijas de los filisteos, las cuales sentían rubor de tu conducta inmoral. Luego no saciada aún, te prostituiste a los asirios, y te prostituiste, pues, 32


con ellos; mas tampoco quedaste satisfecha. Y multiplicaste tus prostituciones en la tierra del comercio, Caldea; mas tampoco con esto te hartaste. Qué apasionado es tu corazón -oráculo del Señor Yahvéh- al hacer todo esto, ¡obra de prostituta consumada! Edificando tu prostíbulo a la cabecera de todo camino, y haciendo tu lupanar en toda plaza, ni siquiera fuiste como la meretriz, que recoge la paga, sino como la mujer adúltera, que en lugar de su marido, ¡toma ajenos! A todas las prostitutas dárseles regalos, mas tu diste tus presentes a todos tus amantes, y los cohechaste para que se llegasen a ti de todas partes para tus fornicaciones. Ha sucedido, pues, contigo en tus prostituciones lo contrario de las otras mujeres: no se corrió detrás de ti galanteándote, y mientras tu diste salario de prostituta, nadie te lo dio a ti, ¡ha ocurrido, pues, al contrario! Por tanto, prostituta, oye la palabra de Yahvéh. Así habla el Señor Yahvéh: por cuanto ha sido vertido tu menstruo y descubierta tu desnudez en tu prostitución a tus amantes, y a todos tus ídolos abominables, y por la sangre de tus hijos que le has entregado, por eso he aquí que yo reuniré a todos tus amadores, a los que fuiste placentera, y a cuantos amaste como a cuantos aborreciste, y los congregaré contra ti de todas las partes, y les descubriré tu desnudez y verán toda tu vergüenza. Te juzgaré con arreglo a las leyes de las adúlteras y de los homicidas, y te haré víctima de mi saña y de mi celo. Y te entregaré en sus manos, y destruirán tu prostíbulo, y demolerán tus lupanares, y te despojarán de tus vestidos, y se apoderarán de tus joyas, y te dejarán desnuda y al descubierto. Luego conducirán contra ti a una multitud, y te lapidarán con piedras, y te atravesarán con sus espadas; y prenderán fuego a tus casas, y harán justicia de ti a la vista de numerosas mujeres, y haré que ceses de prostituirte, y tampoco volverás a dar salario de ramera. Desbravaré en ti mi cólera, y se apartarán de ti mis celos, y me apaciguaré y no me airaré más. Por cuanto te olvidaste de los días de tu juventud, y me has irritado con todas estas cosas, por eso, he aquí que yo también te he hecho revertir tu proceder sobre tu cabeza -oráculo del Señor Yahvéh- para que no cometas nuevas ignominias y nuevas abominaciones. En verdad, todo el que profiera proverbio de ti lo hará diciendo: ¡cuál la madre, tal su hija! Hija de tu madre eres tú, que cobró repugnancia a su marido y a sus hijos, y eres hermana de tus hermanas, que detestaron a sus maridos y a sus hijos: vuestra madre fue hitita y vuestro padre amorreo. Tu hermana mayor es Samaría, ella y sus hijas, que habitan a tu izquierda, y tu hermana menor, que habita a tu diestra, es Sodoma y sus hijas. Mas no sólo has seguido sus caminos ni obrando con arreglo a sus abominaciones, sino que en ciertos momentos te has degradado más que ellas en todo tu proceder. Como yo vivo -oráculo del Señor Yahvéh-. Que no obró Sodoma, tu hermana, ella y sus hijas, ¡como tú y tus hijas habéis obrado! He aquí cual fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: orgullo, saciedad de comida y sosegado descanso tuvieron ella y sus hijas; y al afligido y al pobre no alargó la mano, sino que se ensoberbecieron y cometieron ante Mí, abominación; mas yo las quité del medio cuando lo vi. Y Samaría no cometió la mitad de tus pecados, pues tú has multiplicado tus abominaciones más que ellas, y has dejado por justas a tus hermanas, que, al hacerte con tus pecados más abominable que ellas, con toda las infamias que has cometido. 33


Sobrelleva tú también tu ignominia, tú que has salido fiadora de tus hermanas, han resultado más justas que tú, y aguanta tu oprobio al dejar como justas a tus hermanas. Abochórnate, pues, también tú, y aguanta tu oprobio al dejar como justas a tus hermanas. Mas yo volveré su suerte, la suerte de Sodoma y de sus hijas, y la suerte de Samaría y de sus hijas, y mudaré tu suerte entre ellas, para que soportes tu oprobio, y te avergüences de cuanto has hecho, consolándolas tú. Y tus hermanas, Sodoma y sus hijas, volverán a su primer estado, y Samaría y sus hijas, tornarán a su estado primero, y tú y tus hijas volveréis a tu primer estado. ¿Acaso se oyó en tu boca el nombre de tu hermana Sodoma en tiempo de tu orgullo, antes que fuera puesta al descubierto tu desnudez? ¿Por qué lo es ahora para oprobio de las hijas de Edom y de todas tus convecinas, las hijas de los Filisteos, que te menosprecian en torno? Soporta tú el peso de tu lascivia y tus abominaciones. Oráculo de Yahvéh. Pues así habla el Señor Yahvéh: haré contigo como tu hiciste, que menospreciaste el juramento, quebrantando el pacto; pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud, y te confirmaré un pacto eterno. Y te acordarás de tus caminos, y te abochornarás cuando yo acoja a tus hermanas, las mayores con las menores que tú, y te las daré por hijas, mas no en virtud de tu alianza. Y concertaré mi pacto contigo, y conocerás que yo soy Yahvéh; a fin de que recuerdes y te avergüences, y ya no abras la boca de pura vergüenza, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho. -Oráculo del Señor Yahvéh-” Ezequiel XVI, 1-63

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CAPÍTULO I

UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA

“Cristo vino a constituir una Sociedad que pueda comparecer ante Él, toda gloriosa, sin mancha ni arruga o algo semejante, sino Santa e Inmaculada” Efesios V, 27 35


La unión contraída con Ella, es tan estrecha y tan íntima, que Él viene a ser como la vid, y Ella los sarmientos1; Él la cabeza, y Ella el cuerpo; Él el Esposo ,y Ella la Esposa, y ambos unidos componen lo que llaman San Agustín el Cristo total2. Es un atributo de la naturaleza divina, la liberalidad más soberana; Dios es bondad infinita, la cual, como toda bondad, tiende a difundirse y a comunicar los bienes que posee. La vida mortal de Nuestro Señor Jesucristo, fue una constante manifestación de esta liberalidad inagotable. El Señor Jesús, en los evangelios, va derramando los tesoros de amor de un corazón ávido de acercar a los hombres a la verdad y a la vida. Nuestro Señor Jesucristo transmitió esa llama de apostolado a la Santa Iglesia Católica, donde su amor, difusión de su vida, expresión de su verdad, es el reflejo de la santidad suya3. Cristo es inseparable de Ella, y que San Pablo denomina: “el complemento de Cristo” 4, y sin la cual, el misterio de Él mismo no sería del todo perfecto. Esta sociedad, como es una, lo mismo que Cristo, al tiempo debe suceder la eternidad; las almas se van formando aquí en la perfección, pero el término sólo se halla en aquella sociedad gloriosa. El poder de resurrección de Cristo ha sido infundido a su Santa Iglesia, y la preservó de la muerte, porque por Ella y en Ella se abren las puertas del cielo. Y ello porque la Iglesia es posesión de Dios, porque es Santa, y es casa de oración, porque en Ella se celebra el único, verdadero y Santo Sacrificio, que es la renovación de la muerte del Señor, porque en Ella se alaba santamente al verdadero Dios..., porque en Ella se santifican los hombres, porque en Ella se recuerdan las realidades vivas y más augustas..., las realidades eternas. Encendida en esos ardores, la Esposa Mística de Cristo continúa a través de los siglos, la obra de apostolado de su Divino Modelo5: “respondiendo Simón Pedro, dijo: tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Respondiendo Jesús le dijo: bienaventurado eres, Simón Bar-Joná, pues que no es la carne y sangre quien te lo reveló, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Nuestro Señor Jesucristo entrega a Iglesia, y las puertas del infierno no San Pedro las Llaves del Reino de podrán contra Ella. Y yo te daré las llaves los Cielos, nombrandolo Cabeza visible de la Santa Iglesia del Reino de los cielos, y cuanto atares en 1

. Cf. San Juan XV, 5 . Cf. De Unitate Ecclesia 3 . Cf. El Alma de todo Apostolado. Dom J.B. Chautard. Ed. Dinor. San Sebastián. España. 1914. Pág. 13 4 . Cf. Efesios I, 23; Jesucristo en sus Misterios. Dom Columba Marmión. Ed. Desclée. París. Francia. 1922. Págs. 407-410 5 . Cf. El Alma de todo Apostolado. Dom J.B. Chautard. Ed. Dinor. San Sebastián. España. 1914. Pág. 14 2

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la tierra será atado en los cielos, cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”6. Desde entonces, y para siempre, la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica que Nuestro Señor Jesucristo fundó, forma una sociedad sobrenatural, perfecta, cuyos miembros, íntimamente unidos entre sí, están destinados a componer una sociedad más perfecta aún y más santa, a saber, la de los escogidos o bienaventurados. La Santa Iglesia es la continuación de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra; es su Reino, su Cuerpo Místico, según palabra de San Pablo. La historia de la Santa Iglesia relata el progreso del reino de Cristo, su maravillosa propagación y conservación, su inagotable vida y fecundidad

I. I. Pentecostés y los primeros tiempos Cuando llegó el día de Pentecostés, estando todos los discípulos juntos en un mismo lugar, con María, la Madre de Jesús, de repente sobrevino del cielo, un ruido como de un viento impetuoso, que invadió toda la casa. Y aparecieron unas como lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos. Entonces quedaron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas extrañas las palabras que el mismo Espíritu ponía en su boca. Había a la sazón en Jerusalén judíos, y varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo, y habiéndose corrido la voz, se juntó una muchedumbre que se quedó confusa al oírlos hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos de admiración, decían: “¿todos estos que hablan no son galileos? ¿Pues, cómo nosotros les oímos cada uno en nuestra propia lengua en la que hemos nacido? Otros, burlándose decían: están cargados de mosto”. Entonces se levantó Pedro con los once, y alzando la voz les habló: “varones de Judea y todos los que moráis en Jerusalén escuchad mis palabras. Porque no están estos ebrios como vosotros suponéis, pues no es aún la hora tercia del día” 7. Les manifestó que era el cumplimiento de la promesa divina dicha por boca del Profeta Joel: “después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas”8. Luego les recordó que a Jesús de Nazaret lo habían entregado para ser crucificado, y que, por virtud divina había resucitado “de lo cual, dijo, somos nosotros todos testigos”. Ellos oyéndolo, se sintieron compungidos, y dijeron a Pedro y a los demás Apóstoles: “¿qué hemos de hacer, hermanos?” A lo que les contestó Pedro: “arrepentíos y bautizaos en nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”9. Tanta fue la gracia de Dios en aquel primer día, que más de tres mil de los presentes se convirtieron a la Fe y recibieron el Sacramento del Bautismo. Perseveraban en oír la enseñanza de los Apóstoles, y en la unión, y en la fracción del pan, y en la oración. 6

. San Mateo XVI, 13-19 . Hechos de los Apóstoles II, 15; cf. Mosto: zumo de la uva antes de fermentar 8 . Joel II, 28 9 . Hechos de los Apóstoles II, 32-38 7

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Posteriormente, Pedro y Juan, subían al templo a orar a la hora de nona. Había un hombre tullido desde el seno de su madre, que traían y ponían cada día a la puerta del templo, llamada la hermosa, para pedir limosna. Aquel hombre miró a los dos Apóstoles, y Pedro le dijo: “ni oro, ni plata tengo: lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo Nazareno anda” 10. El cojo quedó curado al instante y entró con los Apóstoles en el templo alabando a Dios. Todo el pueblo quedó lleno de admiración. Por segunda vez predicó San Pedro, y convirtió a otras cinco mil personas. Mientras Pedro hablaba al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, el oficial del templo y los saduceos. Indignados de que Pedro y Juan enseñasen al pueblo, les llevaron ante el sanedrín al siguiente día. Por esta vez, se contentaron los judíos con amenazar a los Apóstoles. Pero como estos continuaban predicando y obraban prodigios, hasta el punto que la sola sombra de Pedro curaba a los enfermos, los saduceos echaron mano otra vez de los Apóstoles y les encerraron en la cárcel pública. Ya la primera vez San Pedro y San Juan les habían contestado: “juzgad vosotros si es justo obedeceros antes que a Dios... . No, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” 11. En esta segunda comparecencia, ellos les declararon terminantemente que era preciso obedecer a “Dios antes que a los hombres”. Irritados los del sanedrín, mandaron a azotar a los Apóstoles, y les conminaron que no hablasen en el nombre del Señor Jesús... . Ambos Apóstoles, San Pedro y San Juan, salieron contentos porque habían sido dignos de padecer ultraje por el nombre del Señor Jesús. Los que creían tenían un solo corazón y una sola alma. No había entre ellos indigentes, pues los que eran dueños Mapa de Palestina en los Tiempos de casas y de campos los vendían, y de Nuestro Señor Jesucristo llevaban el precio al pie de los Apóstoles. Así lo hizo José, llamado por los Apóstoles Bernabé, esto es: hijo de la consolación, y que era un levita oriundo de Chipre. También, pretendiendo Ananías y Safira su mujer, dejándose vencer del demonio de la avaricia, guardar engañosamente parte del precio a San Pedro. Como éste les preguntara al uno, y luego a la mujer, si era ese el precio, la mentira con que ambos esposos le contestaron se vio castigada por la muerte repentina. Gran temor se apoderó de toda la Santa Iglesia y de cuantos supieron estas cosas. Los Apóstoles establecieron desde aquellos tiempos, siete diáconos, para ocuparse del cuidado 10

. Ibíd. III, 6 . Ibíd. IV, 19-20

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material de los fieles, “no es justo, dijeron, abandonar el misterio de la palabra para servir a las mesas” 12. El más conocido era Esteban, hombre lleno de gracia y de Fe, y que hacía grandes prodigios en el pueblo. Lo llevaron los judíos ante el sanedrín, donde el Santo Diácono se defendió con fuerza, echando en cara a los príncipes de los sacerdotes su impiedad. Y mientras se llenaban de rabia al oírlo, Esteban miró al cielo, y vio la gloria del Señor, y a Jesús en pie a la diestra de Dios y dijo: “veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre en pie a la diestra de Dios. Ellos gritando a grandes voces tapáronse los oídos, y se arrojaron a una sobre él. Lo sacaron luego fuera de la ciudad, y lo apedrearon. Y mientras lo apedreaban, Esteban oraba diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Puesto de rodillas dijo con voz fuerte: Señor, no les imputes este pecado. Y diciendo esto se durmió en el Señor”13. Lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto. San Esteban fue el primer mártir. Luego se extendió la persecución a los cristianos: encarcelados, dispersados, impedidos de hablar en público, obligados a huir y a esconderse. Esteban fue el primero en dar su vida por Cristo. Su testimonio marca el fin de la predicación en Jerusalén. Expulsados los cristianos de la Santa Ciudad, se enviaron misiones a toda Palestina, y la evangelización del mundo empezó con el martirio de Esteban. Fue necesario que un testigo de Cristo atestiguase con su sangre y con su muerte la Resurrección de Nuestro Señor para que el mundo fuera librado a la predicación evangélica. Vendrá Saulo, el perseguidor cuyo furor todos conocían. Saulo organizaba sin piedad la caza de los cristianos. Ninguno se le escapaba. Pronto no quedaba casi ningún cristiano en Jerusalén, salvo los Apóstoles. Un día encontró a Nuestro Señor. Creía tener el imperioso deber de combatir la doctrina del Señor Jesucristo, ahora se imponía en él, el imperioso deber de difundirla14. Saulo no es el hombre de las concesiones, sino de las conquistas. Se va al asalto del mundo para ganarlo para Cristo. Muriendo Esteban, conquistó a Pablo para Cristo. La Santa Iglesia pierde un diácono, y gana un Apóstol

Martirio de San Esteban

I. II. San Pedro Desde los comienzos de la Santa Iglesia, San Pedro actuó como jefe de Ella: “por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se 12

. Ibíd VI, 2; cf. Diácono: de una palabra griega que significa servidor. En los primeros tiempos, los ayudantes de los Apóstoles y luego de los obispos y sacerdotes en la celebración de la Santa Misa 13 . Hechos de los Apóstoles VII, 56-58; cf. Historia de la Iglesia. Eugenio León. F.S.C. Ed. Debout. Medellín. Colombia. 1956. Págs. 9-14 14 . Cf. Hechos de los Apóstoles VII, 58; IX, 1-22

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entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: apacienta mis ovejas”15; fue el primero en predicar al pueblo el día de Pentecostés; el primero en obrar milagros; el primero en sufrir los azotes de los judíos; fue también el primero en llevar el apostolado fuera de Jerusalén. Él fue quien con San Juan, impuso las manos sobre los fieles de Samaría, convertidos por el diácono Felipe, y les dio el Espíritu Santo. San Pedro fue el que devolvió la salud al paralítico Eneas en Lida, y la vida a la difunta Tabita en Joppe; el que reprendió a Simón el mago, padre de la simonía16, cuando éste le ofreció dinero al Apóstol, en cambio del poder de hacer milagros. Finalmente, fue San Pedro el que recibió a los primeros gentiles en la Santa Iglesia, y dio el Bautismo al centurión Cornelio17. Más tarde, el tercer Herodes, llamado Agripa, hizo prender a San Pedro para darle muerte públicamente, y así complacer a los judíos. Mientras tanto Nuestro Señor Jesucristo deja a San Pedro como Pastor toda la Santa Iglesia Supremo de sus Ovejas, nombrándolo Jefe visible de la oraba con instancia a Santa Iglesia Dios por él. Durante la noche anterior al suplicio, a pesar de estar San Pedro encadenado, y bajo la custodia de 16 soldados, un ángel del Señor lo libertó milagrosamente. Luego de reunirse con los fieles y contarle como había sido sacado de la cárcel, San Pedro salió y se fue a otro lugar. Este mismo Herodes había hecho prender y degollar a Santiago el mayor, hermano de San Juan. Fue en ese tiempo cuando los Apóstoles abandonaron la Judea y se dispersaron por el mundo conocido. La Tradición18 de los antiguos historiadores de la Santa Iglesia, confirmada por la fiesta de la Cátedra de San Pedro de Antioquía19, nos enseña que San Pedro estableció el centro de su apostolado, su sede20, en Antioquía, gran ciudad entonces. Allí fue donde, que por su gran muchedumbre, los discípulos empezaron a llamarse cristianos21. Durante su estancia en aquella capital, estableció San Pedro diversas Iglesias: en el Ponto, en la Bitinia y en la Capadocia. ... 15

. San Juan XXI, 15-17 . Cf. Hechos de los Apóstoles VIII, 14-17; simonía: tráfico de las cosas santas, de las dignidades eclesiásticas o de los sacramentos. Este comercio sacrílego tomó su nombre de Simón el Mago 17 . Cf. Hechos de los Apóstoles X, 1-48 18 . Cf. Tradición aquí significa: la transmisión oral durante mucho tiempo del hecho verídico de la estancia de San Pedro en Antioquía 19 . Cf. Cátedra: asiento de la dignidad Episcopal. La fiesta de la Cátedra de San Pedro se celebra el 22 de febrero 20 . Cf. Sede: silla o trono de un Obispo 21 . Cf. Hechos de los Apóstoles XI, 26; cristianos: hombres de Cristo, y dedicados a su santo servicio 16

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pues, Nuestro Señor le predijo: “en verdad te digo que cuando eras joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo extenderás tus manos y otro te llevará donde no quieras. Dijo esto para significar con que muerte iba a glorificar a Dios. Y habiendo hablado así, Jesús añadió: sígueme”29. Con estas palabras se le anunció al jefe de los Apóstoles, que iba a seguir a Nuestro Señor (“sígueme”), y también, la manera en que iba a morir (“extenderás tus manos”). La Tradición que nos refiere que fue crucificado cabeza para abajo, se funda en los “Hechos de Pedro” (que es uno de los evangelios apócrifos), y también en la “Historia Eclesiástica” Crucifixión de San Pedro de Eusebio de Cesarea30. El Vaticano es un lugar que se ubica en la orilla derecha del Tíber. Juzgado como insalubre, el lugar fue destinado a varios usos, pero la mayor parte del terreno formaba parte de los jardines de Nerón. En ese lugar se hallaba el circo del Emperador (comenzado en realidad por Calígula y acabado por Nerón), además de algunos palacios en el borde del Tíber, casas de pastores, y cementerios. Varios autores cristianos del siglo II, atestiguan que San Pedro dio su vida por Cristo en este circo de Nerón. Pero mucho más importante, es el testimonio de Tácito, en sus “Anales”31, donde nos cuenta el incendio que devastó Roma del 18 al 28 de julio del año 64. Nerón tenia la idea de reconstruir rápidamente la ciudad, y sus proyectos hicieron recaer sobre él la sospecha de haber sido el causante del incendio. En ese momento, Nerón acusó a los cristianos del delito, y los hizo martirizar en los jardines del Vaticano. Tácito nos confirma igualmente, que uno de los suplicios del circo de Nerón era la crucifixión

I. III. San Pablo: la conversión de Saulo Entre los que aprobaron la muerte de San Esteban, había un joven llamado Saulo, de la secta de los fariseos, natural de Tarso, en Cilicia; educado en las escuelas de los rabinos de Jerusalén, odiaba de muerte a los discípulos. Asolaba a la Santa Iglesia, dicen los hechos apostólicos, que penetraba en las casas, arrancando de ellas a hombres y mujeres para llevarlos a la cárcel. Obtuvo carta del príncipe de los sacerdotes para ir a Damasco, con el 29

. San Juan XXI, 18-19 . Cf. Historia Eclesiástica III, 1-2 31 . Cf. Anales XV, 38-45 30

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poder de aprisionar a quienes fuesen cristianos. Ya cerca de la ciudad, fue rodeado de una luz del cielo, y caído en tierra, oyó una voz que le decía: “¿Saulo, Saulo, porqué me persigues? ¿Quién eres? Respondió él, y el Señor le dice: soy Jesús a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad; allí se te dirá lo que has de hacer” 32. Saulo se levantó, y con los ojos abiertos nada veía, sus compañeros le tomaron de la mano y le condujeron a Damasco, donde quedó tres días sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo de nombre Ananías, a quien llamó el Señor para mandarle donde Saulo. Y como Ananías le contestaba: “Señor, he oído a Conversión de San Pablo muchos de este hombre cuántos males ha hecho a tus santos de Jerusalén...”. El Señor le repuso: “ve, porque este es para mi un vaso de elección, para que lleve mi nombre ante las naciones, y los reyes, y los hijos de Israel. Y le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre” 33. Fue Ananías, le impuso las manos a Saulo, y le devolvió la vista. Luego lo bautizó, y pronto Saulo se dio a predicar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios. Pasados algunos días, Saulo se retiró al desierto de Arabia, dedicándose por entero a la oración y a la penitencia. Allí permaneció cerca de 3 años, y el Señor le reveló en frecuentes visiones toda la doctrina del Evangelio34. Vuelto a Damasco, predicó un gran celo, alcanzando innumerables conversiones. Había en la Iglesia de Antioquía, profetas y doctores; mientras celebraban la liturgia, y guardaban los ayunos, dijo el Espíritu Santo: “segregadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los llamo. Entonces, después de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron”. Así, San Pablo fue constituido apóstol de los gentiles. “Aquél que obró en Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para el de los gentiles” 35. Escribió más tarde el propio San Pablo a los gálatas. Comenzó entonces San Pablo su gloriosa e incomparable carrera, la de anunciar la doctrina de Cristo a las naciones. Tres fueron sus grandes giras apostólicas: En la primera, San Pablo, acompañado de Bernabé y de Marcos, el futuro Evangelista, recorrió Chipre y Asia menor en su parte meridional. 32

. Hechos de los Apóstoles IX, 4-6; cf. Historia de la Iglesia. Eugenio León. F.S.C. Ed. Dedout, Medellín. Colombia. 1956. Págs. 20-21 33 . Hechos de los Apóstoles IX, 13-16 34 . Cf. Gálatas I, 15-17 35 . Hechos de los Apóstoles XIII, 2-3; Gálatas II, 8; cf. Liturgia: orden según el cual se le da culto a Dios; La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barrera M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Pág. 31

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Desde este momento, la historia del gran Apóstol se vuelve incierta. Nada nos dice los Hechos de los Apóstoles. Apenas algunas noticias sueltas sacadas de sus cartas. Una vieja tradición nos asegura que viajó a España, conforme como había sido su deseo de siempre, y que evangelizó la Tarraconense. Así nos lo asegura San Clemente romano, que vivió por aquellos días, y quien conoció al Apóstol en su prisión. Presto pasó a Oriente visitando las Iglesias antes fundadas. El año 64 estalló la primera persecución general contra los cristianos. Nerón les culpó del incendio de Roma, y decretó su exterminio. La historia sabe muy bien la verdad. San Pedro se hallaba preso en la cárcel Mamertita, y multitud de cristianos derramaban cada día su sangre en testimonio de su Fe. En el año 66, San Pablo es apresado, cargado de cadenas y de malos tratos, y llevado a Roma para ser martirizado42. Mediado el año 67, próximo el fin de la persecución de Nerón, San Pablo sufrió el martirio, según las antiguas tradiciones de la Santa Iglesia romana, pasó nueve meses con San Pedro en el oscuro calabozo de la cárcel Mamertita. Sacado de allí, sufrió una última flagelación, y, en su calidad de ciudadano romano, fue decapitado el mismo día que San Martirio de San Pablo Pedro era crucificado con la cabeza hacia abajo. San Pablo aparece como el gran evangelista de los paganos en la primitiva Iglesia; empero no tendrá sucesor en su apostolado: él no es la piedra angular de la Santa Iglesia. La piedra angular es San Pedro y el Papa, su sucesor, quien será el jefe de la Santa Iglesia, donde ha de mandar una cabeza visible, la del Vicario de Cristo

I. IV. Los demás Apóstoles Es muy poco lo que sabemos de ellos; casi nada. De algunos nada. Los Hechos de los Apóstoles escritos por San Lucas, nos hablan muy poco de los discípulos del Señor. La Tradición nos ha conservado algunos datos: “en Jerusalén, el cristianismo se reveló sobre todo con una fraternidad de la cual Santiago el menor había sido el Padre. En Antioquía se mostró como una propaganda de la cual San Pablo había sido el Héroe. En Roma se afirmó como un gobierno del cual San Pedro había sido el Jefe. En Alejandría iba a proponerse una filosofía donde el Doctor sería San Juan”. 42

. Cf. II Timoteo IV, 6-8

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San Santiago el Mayor: el hijo del trueno, como lo llamó el Señor, hermano de San Juan43 y primo de Jesús44, evangelizó la Judea. Pasó luego a España, donde trabajó mucho y con escaso fruto. Fue condenado a muerte, para agradar al pueblo Judío, como también fue para agradar a ese mismo pueblo, que Pilato liberó a Barrabas e hizo crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. El Apóstol Santiago volvió a Judea, donde fue degollado por orden de Herodes Agripa, en el año 4345. Su cuerpo, según antiquísima tradición española que remota al siglo IX, se venera en la ciudad de Compostela. Las mismas tradiciones dicen, que a petición de la Virgen María, el Apóstol le dedicó un modesto oratorio en Zaragoza. En siglos posteriores fue sustituido por un amplio templo, que en el siglo XIV recibió el nombre del Pilar, por estar la imagen de la Virgen sobre una columna de mármol. San Juan: es el Evangelista, hermano de Santiago. Vivió algún tiempo en Jerusalén con la Santísima Virgen46. Cuando la guerra contra los romanos, se retiró a Efeso, Iglesia que gobernó por muchos años. Bajo el imperio de Domiciano fue condenado a la muerte. Se le echó en una caldera de aceite hirviendo, de la cual salió ileso. Desterrado a la isla de Patmos, compuso el Apocalipsis, que dirige a las Iglesias de Asia47. Después volvió a Efeso, allí escribió su Evangelio. Murió al finalizar el primer siglo, cargado de virtudes y ancianidad. Consumiendo su vida en el martirio de amor. San Santiago el Menor: llevó la observancia de la ley mosaica hasta su termino lógico, hasta la realización de la promesa. Ese justo que observaba estrictamente las obligaciones y los consejos del Antiguo Testamento, debía morir bajo los golpes de los judíos, como el diácono Esteban y su Divino Maestro. Santiago el menor amaba el templo y la antigua ley, fue acusado de blasfemo porque anunciaba la Ley Nueva. Lo llevaron a la cima del templo, ahí donde Satanás había llevado a Jesús en el día de la tentación48.

Las Iglesias fundadas por los Apóstoles 43

. Cf. San Mateo IV, 21 . Cf. Gálatas I, 19 45 . Cf. Hechos de los Apóstoles XII, 1-2 46 . Cf. San Juan XIX, 27 47 . Cf. Apocalipsis I, 4; 9 48 . Cf. San Mateo IV, 5 44

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Fue precipitado al suelo, apedreado, y como todavía vivía, con un violento mazazo le aplastaron la cabeza. San Andrés: evangelizó Escitía en Europa, Epiro y Tracia, predicó en Capadocia, Galacia y Bitina. Hermano de San Pedro. Era natural de Betsaida. Fue crucificado en Patras. Vivió dos días atado a la cruz, sin cesar de anunciar la gloria de Cristo. Fue el Apóstol de la cruz. San Bartolomé: evangelizó la Bitinia, junto con San Felipe. Pasó después a Etiopia o Abisinia, donde sufrió el martirio. Fue despellejado vivo, y como su maestro, fue crucificado. San Mateo: transcurrió durante 15 años en Palestina para ganar Etiopía, lo mataron, siendo inmolado cerca del altar donde celebraba la Santa Misa. Leví era su verdadero nombre. Predicó en la Arabia y en la Persia. Compuso el primero de los evangelios, dirigido a los judíos para demostrarles que Nuestro Señor Jesucristo es el Mesías anunciado en el Viejo Testamento. Santo Tomás: evangelizó a los partos, se fue a Persia, y alcanzó la India que regó con su sangre. Había puesto sus manos en la llaga de Nuestro Señor 49 causada por la lanza que le traspasó el Corazón. Llamado Dídimo. Fundó una cristiandad -los cristianos de Santo Tomé- en la India, que halló San Francisco Javier en el siglo XVI. San Judas Tadeo: hermano de Santiago el menor, predicó en Síria y en Arábia, evangelizó la Mesopotámia, y murió en Odesa, dando por Cristo el testimonio de su sangre. San Simón: evangelizó la Mesopotámia y la Persia, fue martirizado por el testimonio de Cristo. San Matias: Apóstol de la Judea y de la Etiopía, murió apedreado. San Bernabé: durante mucho tiempo acompañó a San Pablo50. Retirado luego a Chipre, en donde tuvo su suplicio. Fue un Apóstol infatigable.

San Lucas. El Evangelista Compañero de San Pablo

San Lucas: es el tercer Evangelista. Médico antioqueño, compañero de San Pablo51. Compuso también los Hechos de los Apóstoles, la historia más antigua y venerable de la naciente Santa Iglesia. San Marcos: segundo Evangelista. Primer compañero de San Pablo52; más tarde acompañó como

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. Cf. San Juan XX, 24-29 . Cf. Hechos de los Apóstoles XIII, 1-2 51 . Cf. Colosenses IV, 14; II Timoteo IV, 11; Filemón, 23-24 52 . Cf. Hechos de los Apóstoles XII, 12; XV, 37; II Timoteo IV, 11; Filemón 23-24 50

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secretario a San Pedro53. Fundó y fue el primer Obispo de la Iglesia de Alejandría. Escribió el Evangelio, que es una memoria de la catequesis de San Pedro

I. V. El Cristianismo por todo el Imperio Romano Los Hechos de los Apóstoles nos cuenta la propagación de la Fe en Palestina, Asia, Grecia y Roma. Pero no cabe duda, de que el imperioso mandato de Cristo: “id pues; enseñad a todas las gentes”54, fue realidad desde muy pronto. Los mismos Hechos de los Apóstoles nos dice que el día de Pentecostés había en Jerusalén piadosos creyentes venidos de Libia, Roma, Cirene, etc., entre otras muchas regiones de Oriente55. Estos primeros creyentes llevaron la Fe a sus tierras, fueron las primeras semillas de una abundante y rápida cosecha. Así se explica en parte, que los Apóstoles se encontraran con comunidades cristianas en lugares donde arribaban por primera vez56. España: una vieja tradición nos dice que fue evangelizada por Santiago el mayor. Fue en los primeros años de la Santa Iglesia, pues en el año 43, era degollado en Jerusalén por orden de Herodes Agripa. Continuaron su obra los siete varones apostólicos, discípulos del Apóstol Santiago, consagrados obispos por San Pedro. San Pablo evangelizó la costa de Tarragona. Las Galias: los datos referentes al siglo I están envueltos en la oscuridad de la leyenda, tal vez con algún fundamento en la realidad; la Tradición hace referencia a la expulsión de la familia de Betania de Jerusalén por los judíos, después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Santa María Magdalena, Santa Martha, San Lázaro, San Maximino y otros cristianos, partieron de Jerusalén y desembarcaron en Marsella, evangelizando la región. Hasta mediado el siglo II no se hallan cristiandades florecientes. Italia: los Hechos de los Apóstoles nos hablan de la comunidad cristiana de Puzol, que sale a recibir a San Pablo, cautivo por la Fe57. Ni es de creer que faltaran núcleos de cristianos en los puertos de Sicilia, Brindis, Siracusa. A dichos puertos arribaban de continuo las naves de Oriente. Bretaña y Germania: se sabe con seguridad que a fines de siglo II había cristianos en dichas regiones; pero nada más. No hay constancia alguna de su inmediato origen apostólico. 53

. Cf. I San Pedro V, 13; San Pedro llama a San Marcos su “hijo” lo que hace suponer que fué bautizado por el Príncipe de los Apóstoles. La tradición más antigua confirma por unanimidad que San Marcos en Roma transmitía a la gente las enseñanzasde su padre espiritual, escribiendo allí, en los años 50-60, su Evangelio, que es por consiguiente, el de San Pedro. Murió San Marcos en Alejandría de Egipto cuya Iglesia gobernaba. La ciudad de Venecia en Italia, que lo tiene por patrono, venera su cuerpo en la catedral que lleva su mismo nombre 54 . San Mateo XXVIII, 19 55 . Cf. Hechos de los Apóstoles II, 5-11 56 . Cf. Ibíd. XVI, 1-5 57 . Cf. Ibíd. XXVIII, 13-14

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África : San Marcos fundó la comunidad cristiana de Alejandría en Egipto y fue su primer Obispo, no cabe la menor duda de la pronta penetración del Evangelio en África. El tráfico comercial con Roma era muy abundante, y no dejarían los cristianos de aprovechar la coyuntura. A Mediados del siglo II florece espléndidamente el cristianismo en todo el norte de África. Por lo que se refiere a Egipto, hemos de considerarla como una de tantas regiones de Oriente. El paso de las caravanas egipcias por Judea es corriente, y su proximidad les convierte en un buen refugio de los discípulos perseguidos. Al finalizar el siglo II, podemos afirmar que el cristianismo se había propagado por todo el Imperio. Quizá los cristianos no eran numerosos, pero los había por todas partes. ¿A qué obedece tanta propagación? Porque los elementos con que contaba eran nulos totalmente: doce pescadores sin letras, y algunos discípulos que no sabían mucho más. Ni poder, ni dinero, ni influencias; tal era su patrimonio. Por otra parte, es una doctrina nada cómoda, hecha de renunciamientos, dogmas que abaten el orgullo del hombre, virtudes que pisotean la sensualidad, preceptos que rompen la desigualdad de castas que dominan el Imperio; y, a pesar de todo ello, triunfa. La unidad del Imperio, que facilitaba las comunicaciones, la lengua popular griega que se hablaba por todas partes, y una cierta expectación en las gentes de algo nuevo y grandioso; no cabe duda de que fueron medios favorables para la expansión del Evangelio58. Hubo otras causas también de índole interna. La fuerza misma de la verdad. La revelación divina se presentaba llena de belleza y objetividad, frente a la fábula y mitos paganos. La elevada moral en la doctrina, llevada a la realidad con heroísmo abnegado como la cosa más natural. Añádase a esto la intervención divina. Los Apóstoles confirmaban su enseñanza con frecuentes y estupendos milagros59. Todo ello hacia salir a la flor de labio una inquietante pregunta: ¿qué doctrina, qué religión, es ésa que realiza tales prodigios, que eleva la vida humana, egoísta y sensual, a tales alturas de heroísmo y renunciamiento? Y la única respuesta satisfactoria era conocerla para abrazarla, amarla y servirla

I. VI. La Santa Iglesia se separa del Judaísmo En los primeros tiempos las relaciones entre judíos y cristianos eran, sino cordiales, sí de mutuo respeto. Los cristianos cumplían con las prácticas exteriores del judaísmo, acudían al templo para orar, guardaban los ayunos y festividades. Para muchos judíos, y aún para muchos cristianos, el cristianismo sólo era una rama más perfecta del judaísmo. Aparte de que los primeros cristianos provenían del judaísmo, y estaban acostumbrados a cumplir la ley de Moisés y las tradiciones de los mayores. Pero el conflicto había de surgir cuando los gentiles abrazaran la nueva Fe. ¿Por qué ellos habían de someterse también a la ley de Moisés? ¿Acaso el Señor 58 59

. Cf. San Mateo V, 1-12 . Cf. Hechos de los Apóstoles IX, 32-35

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Jesucristo no se había presentado como el nuevo Legislador superior a Moisés? 60 ¿Acaso no había promulgado para la nueva raza, que nacía en el Calvario, las bienaventuranzas de la vieja ley? “Habéis oído que se dijo a los antiguos..., mas yo os digo...”61. Siempre esa es su formula. Él había enseñado a todos los hombres a sentirse iguales, ser hermanos delante de los ojos del Padre que está en los cielos. La cuestión iba a quedar resuelta muy pronto. El primer paso lo da el Concilio de Jerusalén62. El segundo, tiene su motivo en un incidente de la Iglesia de Antioquía. La regía entonces San Pedro, que era mirado como espejo y modelo por los cristianos provenientes de la gentilidad. Pero llegaron algunos cristianos provenientes de Jerusalén, y San Pedro se apartó de los primeros para vivir de acuerdo con las prácticas de la ley. San Pablo le reprendió su proceder en presencia de todos, y defendió valientemente la liberación de la ley63. El tercero, lo proporcionó la destrucción de Jerusalén. Cristo lo había anunciado: “¡ay de ti, Jerusalén! ¡Que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados! Vendrán sobre ti tus enemigos, te rodearan de un muro, te saquearán, te incendiarán, y no quedará de todo esto piedra sobre piedra. Por que no has querido saber el tiempo de tu visita”64. Desde los tiempos de Pompeyo, Jerusalén –toda Palestina– era colonia romana. Ejercía la autoridad el gobernador, que dependía del procónsul y de Sicilia. Eran los tiempos mesiánicos de acuerdo con la profecía de Daniel, y era frecuente que algún soñador se alzara en armas, siendo pronto aniquilado por las legiones. Los primeros síntomas de la gran rebelión aparecieron en el año 65, como protesta por la impopularidad del procónsul Gesio Floro.

Plano de Jerusalén 60

. Cf. San Lucas IV, 16-19 . San Mateo V, 21-22 62 . Cf. Hechos de los Apóstoles XV, 1-35 63 . Cf. Gálatas II, 11-14 64 . San Mateo XXIII, 37-39; cf. San Lucas XIX, 43-44 61

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En el año siguiente fueron muertos tres mil judíos en las calles de Jerusalén, y la rebelión fue completa. La guarnición romana fue degollada, e incendiados los palacios del gobierno. Eran los tiempos mesiánicos de acuerdo con la profecía del Señor, los soldados romanos se retiraron de la ciudad. Las legiones romanas fueron derrotadas y duramente castigadas por los sublevados. Nerón nombra general en jefe a Vespasiano, sitia la ciudad con un apretado cerco. Vespasiano es proclamado Emperador por las legiones, y queda al frente de las tropas, su hijo Tito. Las divisiones internas favorecieron al romano. Pronto faltaron los alimentos, y los sitiados comieron las hierbas, y hasta los desperdicios. Una madre mató a su hijo de pocos meses, y con él se alimento algunos días. Los sitiados hicieron desesperadas tentativas para romper el cerco. Los judíos que salían de la ciudad eran apresados y crucificados, abriéndoles las entrañas para sacar el oro y la plata que en ellas pudieran ocultar. Hasta madera llego a faltar para las cruces. Tantos eran. El 9 de abril se produjo el asalto general, y gran parte de la ciudad fue ocupada por las legiones. Pero los sitiados se defendían con un heroísmo sin par. Cansado el general de tan tenaz resistencia, mandó emplazar otras maquinas. Las invencibles legiones romanas tenían que conquistar recinto por recinto, y casa por casa. El 17 de mayo se produce el nuevo asalto. El 20 de junio llegan las legiones al reducto del templo. Durante tres semanas los sitiadores no pueden dar un solo paso. Tal es la desesperada resistencia de los judíos. El 23 de junio es incendiado el templo, y en medio de una espantosa mortandad, las legiones romanas se lanzan al último asalto. El 1 de agosto quedaba la ciudad totalmente conquistada. Solo un montón de ruinas era el motín del vencedor. Al ser felicitado Tito por su triunfo dijo estas palabras: “no soy yo quien a vencido, sino los dioses que han hecho uso de mi brazo en su ira contra los judíos”. Las murallas del templo y de la ciudad fueron demolidas; Tito mandó que ésta fuera Templo de Jerusalén destruida, pasada con el arado y sembrada de sal. Durante el sitio, uno de los más sangrientos que registra la historia, murieron, según Tácito, 600.000 judíos; y 1.000.000, según Flavio Josefo. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos, o murieron en combates con los gladiadores para celebrar el triunfo del vencedor. Tal es la suerte de la ciudad y del pueblo Judío, que desde entonces, hace ya cerca de 2000 años, vive errante entre las naciones, tolerado unas veces, aborrecido otras. 49


Y en verdad, el peso infinito de la sangre redentora, calló sobre ellos65

I. VII. Tres siglos de persecuciones La religión de Nuestro Señor Jesucristo fue un blanco de contradicción 66 desde su cuna. Ya vimos como la persiguieron los sacerdotes judíos, quienes hicieron prender, encarcelar, y azotar a los Apóstoles, prohibiéndoles predicar la Resurrección de Cristo; cómo apedrearon a San Esteban e hicieron decapitar a Santiago; cómo más tarde mataron a Santiago el menor, Obispo de Jerusalén. Por todas partes se opusieron a la predicación de San Pablo, y suscitaron tumultos con el fin de darle muerte. En muchas ocasiones hostigaron al Imperio para erradicar a la Santa Iglesia. El paganismo confundió en un principio a los cristianos con los judíos, posteriormente los distinguió de aquellos, e hizo de ello el objeto de su odio. Ya en su tiempo, el historiador Tácito67 los motejaba de “enemigos del género humano”, de tal manera que los consideraba como responsables de los desastres públicos. Fomentaban también aquel odio los filósofos paganos, enemigos de la doctrina de Cristo, y también los sacerdotes de los ídolos, quienes vivían del comercio de las víctimas ofrecidas a los dioses. ¿Existieron causas legales para perseguir a los cristianos? En realidad, no. Roma había permitido en cierto modo universalizar los dioses de los países conquistados. Todos los dioses tenían culto en el Imperio, y en la misma Roma; a nadie se le había molestado nunca por cuestiones de religión. ¿Por qué sí a los cristianos? Es cierto que la ley prohibía las artes mágicas, toda superstición y hechicería, y a los cristianos se les acusaba de ello. Pero lo único de que luego se les interrogaba en los tribunales era acerca de su Fe, y si renegaban de ella, se les perdonaban “todas las hechicerías y artes mágicas”. En realidad, la razón fundamental estriba en la aversión del pueblo, engañado por las calumnias de los judíos y de los filósofos, y con el que los emperadores habían de condescender. Y el decreto imperial era ley para todos. Los judíos fueron los primeros, llevaban su odio a todo lo cristiano muy adentro. Esperaban al Mesías; lo habían esperado largos siglos, su historia está presidida por una sola idea: el Mesías, el Libertador prometido por Dios y anunciado por los Profetas. Cuando el Mesías llega y se manifiesta, lo rechazan, lo entregan a los romanos, lo acusan, y lo crucifican. No podían, pues, tolerar que los cristianos reconocieran y adoraran, a quien ellos ajusticiaron, renegando de su esperanza. Era una acusación demasiado evidente. Los paganos por otra parte, quienes vivían en una sociedad de pésimas costumbres. La vida de los cristianos, sencilla, abnegada, pura, y lejos de las 65

. Cf. San Mateo XXVII, 25; “la multitud que homenajeaba a Jesús en la periferia de la ciudad no es la misma que pediría después su crucifixión”. Jesús de Nazaret. Segunda Parte. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Joseph Ratzinger / Benedicto XVI. Ed. Encuentro. Madrid. España. 2011. Pág. 19; La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 43-48 66 . Cf. San Lucas II, 34-35 67 . Cf. Tácito fue un historiador romano, cuyas obras gozan de mucha fama. Murió en el año 120 después de Jesucristo

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orgías y de los vicios del culto pagano, era una grave acusación permanente para ellos. El pagano vivía para el placer, y ambicionaba el dinero que se lo proporcionaba. Pero el cristiano hacía del dinero solamente un instrumento de caridad, vivía desprendido de las cosas, mortificado, para alcanzar de esta forma la gran gloria La serena Constancia de los Mártires llegó muchas veces a amansar a las Fieras inmortal. Los sacerdotes paganos veían en el cristianismo que rechazaba sus dioses e ídolos, y era exclusivista, el mayor peligro para sus pingues negocios. Hacían, además, culpables a los cristianos de las catástrofes públicas. Los dioses estaban airados. Los emperadores consideraban la unidad religiosa del Imperio como una garantía de estabilidad. Esa unidad se centraba en el culto al Emperador. La universalidad del cristianismo, con exclusión de todo otro culto, era una barrera a la idea imperial. Los filósofos, carentes la mayoría de ellos de ideas serias, sentaban cátedra de sabios burlándose del cristianismo y ensalzando a los dioses en los que no creían, ante un pueblo de fácil contentar y que aplaudían sus burlas. A los cristianos se les acusaba de superstición, magia y hechicería, porque celebraban sus reuniones en la noche. Se les acusaba de impíos, y de enemigos de los dioses, porque se abstenían de todo sacrificio a los ídolos. Se les acusaba del crimen de lesa majestad, porque se negaban a quemar incienso en memoria del Emperador. Se les acusaba de rendir culto a extravagancias, y de sacrificar niños en sus reuniones, comerse su carne y beberse su sangre. Se les acusaba de ser culpables de todas los desastres públicos: hambres, guerras, pestes, etc., como si antes no hubiera habido tales cosas. Recibida la acusación por las autoridades, y muchas veces por iniciativa de los particulares, los cristianos eran encarcelados, aún antes de ser juzgados, los guardianes tenían derecho a darles cualquier trato. Al comparecer ante el tribunal, se les torturaba para obligarlos a renegar de su Fe. Los azotes, el potro, los garfios, la hoguera y mil modos más inventados por la maldad humana, eran medios comunes de tortura. Si el cristiano apostataba de su Fe, se le dejaba en libertad. La casi totalidad soportaban serenos y animosos los tormentos y la muerte; eran invencibles en su Fe. Los condenados a muerte eran decapitados, si eran ciudadanos romanos; crucificados, si eran esclavos; condenados a las fieras o a la hoguera, si eran libres pero no ciudadanos romanos. 51


Muchos murieron bajo los más crueles tormentos

I. VIII. Las diez persecuciones Nerón (64-68)68: los historiadores romanos: Tácito, Suetonio y Dioncásio, nos cuentan que Nerón, queriendo emular las glorias del fundador de Roma, mandó prender fuego a la ciudad para tener la gloria de reedificarla. Siete días ardió la ciudad en una ardiente hoguera. Las calamidades fueron muchas, y el pueblo acusó al Emperador. Atemorizado, Nerón culpó a los cristianos, y decretó la persecución. El pueblo desahogó su odio contra ellos. Tácito nos dice que una multitud enorme de cristianos fue entregada al sacrificio: “unos eran cocidos dentro de pieles de animales, y arrojados a los perros; otros fueron crucificados; y otros sirvieron de antorchas para iluminar durante la noche. Para este último espectáculo, Nerón cedió sus jardines, y él se paseaba mezclado entre el pueblo, disfrazado de cochero y conduciendo un carro”69. Domiciano (94-96): a la muerte de Nerón, hubo una época de tranquilidad. Pero al negarse los cristianos a pagar el didracma, tributo que consideraban idolátrico, el Emperador decretó la persecución.

“Llegado que hubo Trajano a Antioquía, mandó llamar al Obispo y le dijo: „¿Eres tu aquel Ignacio que te haces llamar Deifero, y eres Cabeza de los que hacen burla de nuestros dioses? Yo, respondió el Santo, soy Ignacio, y me llaman Deifero, porque traigo en mi alma a Cristo, que es mi Dios. Soy Sacerdote de Cristo, al cual ofrezco cada día Sacrifico, y ahora deseo sacrificarle mi Cuerpo y mi Vida, muriendo por Él, así como Él murió por Mí‟”

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Trajano (98-117): español de origen, un hombre de grandísimas cualidades, gran soldado y genial estadista, elevó el Imperio a su máxima prosperidad y grandeza. Trajano prohibió las reuniones nocturnas y las asambleas, que afectaba especialmente a los cristianos, y como ya existía contra ellos el edicto de anteriores reinados, por eso fueron perseguidos de nuevo, pero prohibió buscarlos y aceptar las denuncias anónimas. El cristiano convicto y confeso debía ser castigado conforme a las leyes.

. Cf. Los números señalan únicamente los años de persecución, no los del reinado del Príncipe. Téngase esto en cuenta en todas las persecuciones 69 . Anales. XVI, 44

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Marco Aurelio (177-180): fue tolerante en sus primeros años, pero como el pueblo acusara a los cristianos de las calamidades publicas, promulgó edicto renovando la persecución. Fue más violenta en Roma, África y las Galias.

La Madre de San Sinforiano lo anima a sufrir valerosamente el Martirio

Septimio Severo (202-211): en un principio fue benigno con los cristianos. La persecución fue obra más bien de los gobernadores. Hizo un viaje al Oriente y viendo el progreso del cristianismo quiso detenerlo decretando la persecución que fue universal; pero más violenta en Egipto, África y las Galias. Y tanta la sangre vertida, que se creyó llegar a la época del Anticristo.

Maximino Tracio (235-238): la religión le importaba muy poco; pero por odio a su predecesor, Alejandro Severo, que fue benigno con los cristianos, publicó un edicto mandando ejecutar a todos los obispos y sacerdotes; la orden se cumplió sólo en parte, pues su reinado fue muy breve. No faltaron, sin embargo, los mártires. Decio (249-251): el cristianismo había alcanzado un gran florecimiento, pues los sucesores de Maximino fueron benignos, y algunos hasta favorecieron a los cristianos. Pero Decio había de planear al cristianismo la batalla definitiva. Iba a ser la ultima tentativa del poder de las tinieblas para hogar en sangre la Fe; e iba a ser una batalla larga, ruda, sangrienta, que duraría más de medio siglo. Decio fue un hombre de grandes cualidades, y quiso devolver al Imperio la gloria y el esplendor de otros tiempos. Para ello, su primera idea fue la unidad religiosa, y le ofreció en motivo la guerra, que pensaba llevarla a todas las fronteras del Imperio amenazado ya desde la otra orilla del Rin y del Danubio por las hordas de los pueblos bárbaros. Los cristianos eran los únicos que se negaban a reconocer los dioses del Imperio. Contra ellos, debía por lo tanto, librarse la primera batalla.

El Coliseo Romano 53


La Sangre de los Mártires empapó muchas veces su Arena

Publicó el decreto dando a los procónsules y gobernadores las más amplias facultades. A los cristianos no se les exigiría renegar de su Fe sino en caso extremo. Bastábales reconocer la religión del Estado, de cualquier modo que fuera. Los que así lo hacían eran catalogados oficialmente y se les daba su libelo o carné. En verdad que fueron muchos los que ofrecieron incienso a los ídolos. Pero fueron más, mucho más, los que valientemente dieron testimonio de su Fe. Fue, tal vez, la época más triste de la Santa Iglesia por la decepción de muchos de sus hijos. Hubo también muchos cristianos cobardes que no ofrecieron incienso, pero llevaron en la frente el estigma de su cobardía y de su afrenta. Eran mirados por los demás como falsos hermanos. Cuando amainó la persecución se discutió ampliamente como debían ser recibidos en la Santa Iglesia. Ello dio origen a los cismas de Novato y Novaciano, en el África. Hubo otra consecuencia favorable a la Santa Iglesia. Muchos cristianos se sintieron débiles frente a la persecución y antes que exponerse a ella, optaron por huir a los desiertos. Así nació la vida eremítica y monacal; y se llenaron los desiertos de penitencia y de santidad. Valeriano (257-260): los primeros cuatro años de su reinado fueron pacíficos para la Santa Iglesia. Los cristianos habían llegado a ocupar puestos de importancia hasta en el mismo palacio imperial. Las causas de la persecución fueron dos, hábilmente aprovechadas por el astuto Macriano, consejero imperial: los bárbaros seguían inquietando a todo lo largo de las fronteras, y los persas paseaban su ejército por todo el Oriente; y se 54


acusaba a la Santa Iglesia de atesorar grandes riquezas que excitaron la codicia del Emperador. En el año 257 se publicó el primer edicto de persecución, se confiscaban los bienes eclesiásticos y se condenaba al destierro a obispos y sacerdotes que se negaran a ofrecer sacrificios a los dioses. Pero el inicuo consejero no estaba satisfecho si no lograba aniquilar al cristianismo. Al año siguiente se publicó el nuevo edicto, y que se ejecutó con el mayor rigor. Se aplicaba la pena de muerte a cuantos no obedecieron el edicto anterior, se degradaba y confiscaba los bienes a los senadores y caballeros, y se desterraba las matronas. La sangre vertida fue mucha, pero el cristianismo ganó una nueva batalla, y la perdían los emperadores y el paganismo. Aureliano (275): reinó desde el 270 sin perseguir a los cristianos. Queriendo organizar todos los cultos en uno solo: al Sol, publicó un edicto que causó viva inquietud entre los cristianos. En el año 275, último de su reinado, se publicó el edicto de persecución, y que no llego a ejecutarse.

Martirio del Diácono San Lorenzo San Lorenzo, natural de Huesca (España), fue Diácono del Papa San Sixto II. Asado sobre unas Parrillas, por orden de Valeriano que no podía obtener de él los Tesoros de la Santa Iglesia, no mostró ningún Sentimiento de Dolor, antes bien haciendo Burla del Tirano, le invitó a echarle Sal y a comer sus Carnes, y consumó su glorioso Martirio dando Gracias a Dios

Diocleciano (295-310): fue la más terrible y sangrienta de todas las persecuciones; como el último esfuerzo del paganismo contra la Santa Iglesia; una batalla del hacha del verdugo contra la Cruz de Cristo. Y Cristo triunfó una vez más. Los primeros años fueron de relativa tolerancia, y el cristianismo adquirió gran fuerza en las clases altas de la sociedad. La misma emperatriz Prisca y Valeria, hija del Emperador, fueron catecúmenas. Por razones de estado dividió el Imperio, y nombró a Maximiano, Emperador de Occidente, con Milán por capital, y él se reservó el Oriente, fijando su residencia en Nicomedia. Más tarde designó dos príncipes auxiliares con el título de Césares. Para Occidente, a Constancio Cloro, que gobernó las Galias y Bretaña y Apra, y para el Oriente, a Galerio. Galerio fue el instigador de la persecución, convenció a Diocleciano del peligro que los cristianos representaban para la unidad del Imperio sino se les obligaba a sacrificar a los dioses. 55


La persecución empezó así: quiso obligar a los soldados cristianos a sacrificar a los dioses antes de emprender la guerra contra los bárbaros. Se negaron y muchos fueron ejecutados. Pero Galerio no estaba satisfecho. Un repetido incendio en el palacio imperial, del que se culpo a los cristianos, provocó un nuevo edicto de persecución. Los cristianos debían sacrificar a los ídolos o morir. La persecución abarcó todo el Imperio con inaudito rigor, excepto en los dominios de Constancio que se contento solo con cerrar y destruir los lugares de reunión y culto cristiano70

I. IX. Los principales Mártires Entre los más insignes mártires citaremos a unos pocos: San Simeón, pariente de Cristo Nuestro Señor y Obispo de Jerusalén, fue crucificado a la edad de ciento veinte años (107). San Ignacio, Obispo de Antioquía, llevado a Roma para ser devorado de las fieras (107). San Policarpo, Obispo de Esmirna; quemado vivo a la edad de ochenta y seis años (155). Santa Blandina, la esclava de Lyón (Francia), y sus numerosos compañeros atrozmente martirizados (177). San Justino, apologista en Roma. Las Santas Félicitas y Perpetua, en Cartago de África, expuestas a las fieras del circo (202). San Esteban y San Sixto II, Papas, en Roma (257-258). San Lorenzo, diácono de Roma, asado vivo a fuego lento sobre unas parrillas por no haber entregado los tesoros de la Santa Iglesia (258). San Cipriano y Santa Justina, él, mago de profesión, convertido al cristiansmo llegó a ser obispo de Antioquía; ella, virgen, rehusó casarse con un pagano, padecieron juntos garfios de hierro y azotes, y fueron decapitados (258). Santa Cecilia, virgen de la nobleza romana, degollada en su misma casa, sobrevivió tres días con la cabeza semiseparada de su cuerpo (230). San Sinforiano, joven de quince años, en Autún, es alentado por su misma madre a sufrir el martirio (275). 70

. Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda. M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 53-59

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San Mauricio, y los soldados de la Legión Tebea, muertos a cuchillo por no sacrificar a los dioses con el resto del ejército (286). San Sebastian, capitán de la guardia imperial, asaetado primero y luego muerto a garrote algún tiempo después (287). Santa Inés, virgen romana, niña de unos trece años (303). San Vicente, ilustre diácono español, desgarrado con uñas de hierro y asado sobre parrillas (304)71. Dado el carácter y la amplitud de las persecuciones, y el odio del pueblo Judío y de los paganos, no es fácil creer que el número de los que dieron su vida por Cristo fuera tan reducido. Tácito nos habla de una gran multitud en tiempos de Nerón. Y lo mismo afirma años más tarde San Clemente romano. Plinio el Joven se asusta del número de los que serian condenados en su provincia de Bitinia de llevarse a cabo la orden de persecución. San Irineo habla de una muchedumbre en todo lugar y tiempo. En la última persecución se dice que sólo en Egipto morían cerca de ciento cada día, sin contar los que fueron sacrificados en masa.

Las Persecuciones de los primeros Siglos: la Sangre de los Mártires fue derramada por todo el Imperio Romano

Diocleciano hizo acuñar una medalla con esta inscripción: “borrado el nombre cristiano”. No es posible, sin embargo, fijar su número, ni siquiera con cierta aproximación, ya que con el correr de los siglos y las vicisitudes de la historia se perdió la memoria de la gran mayoría. Sus nombres están escritos en el Libro de la Vida, y sus almas, purificadas en su propia sangre, reinan con Cristo en la gloria. 71

. Cf. Historia de la Iglesia. Eugenio León. F.S.C. Ed. Debout. Medellín. Colombia. 1956. Págs. 31-32

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Esta es la Santa Iglesia, en donde brilla la luz de la sangre derramada por Cristo. En el curso de las persecuciones los verdaderos doctores, los verdaderos apologistas, los verdaderos teólogos, fueron los Mártires, cuya sangre fue semilla de cristianos, esa época en la cual el catolicismo representaba una fuerza capaz de salvar almas. Esa fuerza, esa luz cristiana, sería el gran testimonio escrito en las paginas más grandiosas de la historia de los hombres con letras de sangre. Los Mártires han puesto sobre todas las paginas del Evangelio su sello rojo indestructible. No se destruirá ni su recuerdo, ni su testimonio, ni las verdades que han atestiguado, y de los cuales el Libro de la Sabiduría dice: “las almas de los justos están en las manos de Dios, y no les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que morían, y se miró su muerte como una desgracia, y como un exterminio su partida de entre nosotros; más ellos están en paz. Y si ellos a los ojos de los hombres han sido castigados, su esperanza estaba llena de inmortalidad; atribulados un poco, recibirán grandes beneficios. Dios los ha probado y los ha hallado dignos de sí. Los ha probado como al oro en el crisol, y los ha aceptado como un holocausto en el día de su visita. Resplandecerán los justos, y correrán como chispas por el cañaveral. Mandarán a las naciones y señorearan a los pueblos; y el Señor reinara sobre ellos perpetuamente”72. “Entonces los justos, con gran seguridad se tendrán en pie frente a aquellos que los han oprimido y han despreciado sus sufrimientos. Al verlos, se turbarán con terrible miedo asombrados de su inesperada salud, desengañados y gimiendo por la angustia de su espíritu se dirán entre ellos: estos son los que en otro tiempo fueron el blanco de nuestros escarnios, y a quienes ultrajamos con nuestros sarcasmos. ¡Insensatos! Creíamos que su vida era una necedad, y su muerte una ignominia. ¿Cómo están ahora entre los hijos de Dios? ¿Cómo participan de la herencia de los Santos?”73

I. X. Fin trágico de los perseguidores El escritor eclesiástico Lactancio nos refiere en su libro “De Morte persecutorum”, cual fue el fin de los perseguidores. Citemos algunos: Nerón: depuesto por el Senado y condenado a morir a puros azotes. Se quita la vida cuando van a prenderle. Decio: se hundió y murió ahogado en un pantano cuando guerreaba contra los godos en la batalla de Abrito. Valeriano: fue derrotado y hecho prisionero por el ejército persa, y condenado a servir de estribo a su rey Sapor cuando montaba a caballo, fue más tarde desollado vivo, y su piel, teñida de rojo, colgada en los muros del templo. Maximino: brutal ejecutor en Occidente de las ordenes de Diocleciano, se ahorcó en la cárcel. 72

. Sabiduría III, 1-8 . Ibíd. V, 1-5

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Diocleciano: se dejó morir de tristeza y de hambre. Galerio: atacado de repugnante enfermedad, murió devorado por los gusanos y en medio de atroces dolores74

I. XI. El edicto de Milán Pero la persecución, ahíta de sangre, agonizaba por cansancio y por falta de verdugos, ya que no por ausencia de generosos mártires. El año 305 abdican los dos Augustos. En Oriente es dueño de la situación el cruel Galerio, que se asocia a Maximino Daya, muchísimo más cruel y sanguinario todavía. En Occidente lo es Constancio Cloro, al que sucede un año después su propio hijo Constantino. Con ello, la persecución ha terminado en medio Imperio. En Oriente continúa hasta el El Imperio Romano en su máxima Extensión 311 y 313 con la victoria definitiva del cristianismo. La Emperatriz Santa Elena, esposa de Constancio Cloro y madre del gran Constantino, había obrado callada y sosegadamente con su oración y heroicas virtudes en el ánimo de su esposo e hijo. Por eso en las Galias había sido la persecución tan suave y tolerante. Constantino quedó como único Emperador de Occidente al vencer el 28 de octubre del año 312 a Magencio en la histórica batalla de Puente Milvio. Ella marca una nueva época en la vida de la Santa Iglesia. Fue así: Magencio se había encerrado en Roma dueño del Senado y jefe invicto de las legiones de África. Constantino, con tropas numéricamente inferiores pero magníficamente adiestradas, se dirigió a Roma. Al llegar cerca de la ciudad, según refieren los historiadores, a la vista de todo el ejército se dibujo sobre el sol una gran cruz con esta inscripción: “in hoc signo vinces”. Mientras el Emperador descansaba en su tienda, se le apareció Cristo Nuestro Señor y le mandó hacer un estandarte con la inscripción y colocarlo al frente de las legiones. Presentada la batalla, el auxilio de Dios fue evidente. Lábaro de Magencio fue derrotado y pereció en la huida ahogándose en las Constantino aguas del Tiber. 74

. Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 61-63

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Constantino quedaba dueño absoluto de Roma y del Occidente. En el año siguiente (313) se reunió con su cuñado Licinio, César de Oriente, y promulgaron el Edicto de Milán. Por él se concedía a la Santa Iglesia plena libertad, igualándola a las diferentes religiones; también se ordenaba devolverle los bienes que le fueron confiscados durante la persecución; y se daba libertad a los cristianos presos en las cárceles y en el destierro. Batalla en el Puente Milvio Así agradeció el buen Emperador al Dios de los cristianos el auxilio recibido en la batalla75. Este ejército de Constantino, un ejército que por primera vez combatió bajo la Cruz, un ejército cristiano que por primera vez era cristiano, o que por lo menos respetaba al cristianismo, obedeciendo a un jefe sometido a Cristo. En reconocimiento a Cristo, Constantino se hizo más que cristiano: se hizo soldado de Cristo. La victoria del Emperador Constantino fue el triunfo de la Santa Cruz. Cristo triunfaba, reconocido, proclamado, aclamado verdadero Dios, consustancial al Padre, engendrado por Dios, no creado

La Santa Iglesia en el 313. Principales Sedes episcopales 75

. Cf. Historia de la Iglesia. Eugenio León. F.S.C. Ed. Debout. Medellín. Colombia. 1956. Págs. 59-60

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I. XII. Los grandes emperadores cristianos Constatino (311-337): su aparición en la vida pública señala una nueva orientación en la marcha del Imperio. Como sus antecesores, quiso que el Imperio volviera a los días de esplendor, y quiso hacerlo bajo el signo religioso; pero al contrario de ellos, que quisieron acabar con el cristianismo. Constantino vio en él, una fuerza joven y pujante, lo que el Imperio necesitaba para remozarse. Por eso favoreció al cristianismo y amplió cuanto pudo el Edicto de Milán; libertó al clero de los servicios municipales; declaró obligatorio el descanso dominical; prohibió la crucifixión por respeto a la Santa Cruz; en el 321 dio personalidad jurídica a la Santa Iglesia y la autorizó a heredar y a recibir donaciones; y declaró válida la emancipación de los esclavos realizada ante la Santa Iglesia. Constantino ya era cristiano, aunque no había recibido el Bautismo. En cambio, su cuñado Licinio, que gobernaba el Oriente, se mostraba cada día más partidario de los paganos y en forma velada perseguía a los cristianos. La guerra estalló entre ambos y Licinio fue vencido y muerto en el año 323. Constantino quedaba dueño único del Imperio y podía realizar su idea de Constantino un gran Imperio cristiano. Limitó los sacrificios paganos y prohibió muchas de sus prácticas. Prohibió así mismo levantar nuevos templos y restaurar los que se hallaban en ruinas. Donó al Papa San Silvestre el Palacio Imperial de Letrán e hizo edificar las cuatro Basílicas mayores de Roma: la Lateranense, o de San Juan de Letrán, que hoy es la Catedral; la Vaticana, o de San Pedro; La Sesoriana, o de la Santa Cruz de Jerusalén; y la Ostiense, o de San Pablo Extramuros. El Emperador Constantino dona la Tiara imperial al Hizo quitar de las Papa San Silvestre monedas los símbolos 61


paganos y en su lugar hizo grabar el anagrama de Cristo, y puso la Santa Cruz por remate de la corona imperial. A pesar de todo, conservó el título de Pontífice Máximo. Dio todo su apoyo al Concilio de Nicea (325), primer Concilio Universal, en el que se condenó la herejía de Arrio. En la vieja Roma de los Césares todo era pagano, había símbolos paganos por doquier; el Senado era El Papa San Silvestre bautiza a Constantino pagano, lo era la vida misma. Y Constantino quería para el nuevo Imperio una capital distinta, donde no hubiera la menor señal de idolatría. La antigua Bizancio, recuerdo y ruina de otros tiempos, maravillosamente situada a orillas del Bósforo en los confines de Europa y Asia, muy cerca de las fronteras amenazadas por los bárbaros, fue el lugar elegido para la nueva Roma, que se llamo Constantinopla. Allí todo tenía sabor cristiano; las cosas y los hombres; las instituciones y las leyes; la vida publica y la privada. La ciudad era inaugurada el 11 de mayo del año 330, y Constantino fijó en ella su residencia. Lejos de Roma estaba la autoridad imperial en el momento en que los bárbaros empezaban a romper las fronteras de tan vasto Imperio, la Ciudad Eterna quedaba bajo el amparo del Papa. Su prestigio crecería enormemente, aun a los ojos de los paganos. La Santa Iglesia construyó sus santuarios, y los palacios romanos se transformaron en iglesias. La historia lo ha llamado “Grande” y con justicia. Comprendió su época y supo encauzar la fuerza y pujanza del cristianismo por derroteros nuevos. ...

El Pantheón romano. Hoy en él se sacrifica y se rinde Culto al Verdadero Dios 62


Fue quien ratificó el concepto que ya tenían los Santos Padres apostólicos de la denominación de catolicidad, que expresa el concepto de universal, y dispuso por un edicto se atribuyese por preferencia el título de Católica a las Iglesias que seguían las decisiones de Concilio en Nicea (325)76. En el año 390 castigó severamente a los habitantes de Tesalónica, que, amotinados, habían asesinado al representante imperial y derribado las estatuas del Emperador. La justicia imperial fue sangrienta y excesiva. Unos 7.000 fueron pasadas a cuchillo. El Santo Obispo de Milán, Ambrosio, escribió una enérgica carta afeándole su conducta e invitándole a la penitencia. Cuando el Emperador quiso asistir a los cultos en la catedral, el Santo Obispo le cerró el paso, pues no era digno de entrar en la casa de Dios con las manos manchadas de sangre. El Emperador recibió con humildad la reprensión y aceptó la penitencia pública que le impuso el Obispo. La cumplió con fidelidad y fue admitido a la oración común de los fieles después de 8 meses. Admirable ejemplo de la energía del Santo Pastor y de la humildad de un gobernante que ha pecado. La muerte de Teodosio fue ejemplar y muy sentida por todos. San Ambrosio pronunció la oración fúnebre e hizo el mejor elogio de este hombre grande bajo todos los conceptos. Cristiano profundo, gobernante de visión clara, soldado valiente, elevó el Imperio a la cumbre de su grandeza. Sus contemporáneos le llamaron “el Grande” y la historia está de acuerdo77

I. XIII. Los Santos Padres Los Santos Padres y grandes doctores de la Santa Iglesia son los campeones de la Fe. Desarrollan la teología católica y nos consignan por escrito las primitivas tradiciones. Son varones eminentes en doctrina y santidad. Ellos vivieron los primeros siglos de la Santa Iglesia. San Atanásio (296-373): nació en Alejandría en 296. Se educó en la escuela catequística y vivió con los monjes del desierto. Cuando surgió la herejía de Arrio era diácono de la Iglesia de Alejandría y acompañó a su Obispo al Concilió de Nicea, y allí fue, a pesar de su juventud, el develador incansable del error. Dotado de profundos conocimientos teológicos, de Fe inconmovible, invencible firmeza, rebatió con rigurosa lógica uno a uno todos los alegatos del heresiarca. Elevado a la silla patriarcal de Alejandría en el año 328, continuó allí la dura batalla contra la herejía. Sufrió constantes persecuciones y malos tratos de parte de los herejes que varias veces lo buscaron para darle muerte; fue vilmente calumniado; desterrado 76

. Cf. Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano. Tomo IV. Ed.WM. Jackson. Inc. Nueva York. Estados Unidos. 1928-1944. Págs. 997–998 77 . Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 80-85

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5 veces. Pero de todo libró Dios Nuestro Señor a su siervo, llamado ya en su tiempo: “columna de la Fe y Padre de la ortodoxia”. Murió tranquilo y en paz en su sede, en el año 373. San Basílio el Grande (320-379): era gran amigo de San Gregório Nacianceno y estudió con él en Atenas, fue monje y para los monjes escribió dos reglas en vigor todavía en Oriente, fue Obispo de Cesarea, en Capadocia. De grandes conocimientos y de gran elocuencia, luchó siempre contra los arrianos. Sus principales obras son: “los Tratados Ascéticos” y un comentario al primer capitulo del Génesis, que titula “Hexamerón”. San Gregório Niceno: hermano de San Basilio, monje como él y Obispo de Niza. Fue gran teólogo del Concilio de Constantinopla. Ocupa la primera fila entre los oradores cristianos por la pureza, claridad y forma elegante de su estilo. Murió en el año 396. San Gregório Nacianceno (328-389): llamado el Teólogo. Fue quizá el mejor orador de su tiempo. Estudió en Cesarea, Alejandría y Atenas. Pero la verdadera ciencia, la de Dios, la recibió de su santa madre, Nonna. En el año 372 fue consagrado Obispo contra su voluntad, renunció y se retiró al desierto, donde vivió intensamente la vida ascética de los monjes. En el 379 aceptó ocupar la sede de Constantinopla a ruego de los fieles y del Emperador Teodosio. Puestos en orden los asuntos de aquella Iglesia, se retiró de nuevo a la soledad, viviendo allí hasta su muerte. Sus homilías son muy valiosas por la profundidad y solidez del pensamiento. Escribió en prosa y en verso. San Juan Crisóstomo (347-407): es el más célebre de los Padres griegos. Nació en Antioquía. Después de brillantes estudios y de dejar la abogacía, se retiró al desierto, allí se dedicó durante cuatro años a la mortificación, a la vida ascética y a la meditación de las Sagradas Escrituras. Es el príncipe de la oratoria sagrada. Sus homilías son un modelo acabado de elegancia y perfección. Trató toda clase de asuntos religiosos, sobresaliendo en sus comentarios de la Sagrada Escritura. San Hilario de Poitiers (303-377): se le conoce con el nombre de Atanásio de Occidente. Fue el más valiente adversario del arrianismo en Occidente, por lo que tuvo que sufrir grandes penalidades y frecuentes destierros. Su obra principal es el “Tratado sobre la Santísima Trinidad”, en doce libros. San Ambrosio (340-397): nació en Tréveris. Era hijo del prefecto de las Galias. Fue gobernador de la Liguria. Mandado por el Emperador a Milán para apaciguar los ánimos de los fieles que no acertaban a elegir Obispo, le despidió con estas palabras: “vete y obra como Obispo y como juez”. Con celo admirable y constante firmeza promovió la piedad de su grey, luchó con denuedo contra los arrianos; impidió el restablecimiento de la idolatría 64


en el Senado romano. Tiene en su haber San Ambrosio la conversión y bautismo de San Agustín, el mayor de los Padres y doctores de la Santa Iglesia. Compuso muchos de los himnos que hoy canta la Santa Iglesia en su liturgia, aparte de otras obras muy valiosas. Entre sus himnos se destaca el “Te Deum”, que fue cantado por primera vez en el bautismo de San Agustín. San Jerónimo (331-420): es el más erudito de los Padres de la Santa Iglesia. Nació en Dalmacia. Hizo sus estudios en Roma y viajó luego por las Galias y el Oriente, donde trató a los doctores más sabios entre los hebreos. Vivió como solitario en el desierto. Luego fue secretario del Papa San Dámaso, quien le encargó la revisión latina de la Sangrada Escritura. Lo hizo con gran acierto. La llamada Vulgata, usada oficialmente en la Santa Iglesia desde el Concilio de Trento (1545). Tradujo del hebreo al latín el Antiguo Testamento y del griego al latín el Nuevo Testamento. Escribió mucho y con gran acierto. Es tenido, como el “Padre y doctor de los estudios bíblicos”. San Agustín (354-430): nació en Tagaste (Numidia). Su padre, Patricio, era pagano; su madre Mónica, era cristiana y mujer de admirables cualidades, modelo siempre de esposa y madre. De inteligencia precoz y genio ardiente, estudió las primeras letras en su ciudad natal, luego paso a la escuela de Madaura y, cuando allí nada tuvo que aprender a pesar de sus pocos años, fue enviado a Cartago. Cartago no era la ciudad adecuada para un joven de ardientes pasiones. La vida disoluta de Cartago lo absorbió, pero no más que a otros jóvenes de su edad y condición. En el 374, ya maestro de retórica, se unió a la secta de los maniqueos. Agustín buscaba la verdad, siempre la verdad, y donde quiera que le ofrecían la verdad, allí se iba. Pero no la encontró, y llegó a creer que la verdad era una ilusión para el hombre. Huyendo de sí mismo y de los malos estudiantes de Cartago, y buscando siempre la verdad, pasó a Roma. Más tarde enseñó en Milán donde Dios lo esperaba. Hasta allí lo siguió su santa madre, Mónica, que no quería abandonar a Agustín, pues conocía muy bien su carácter fogoso y el ardor de sus pasiones. En Milán oyó hablar de la vida austera y penitente de los anacoretas del desierto, y volviéndose a su amigo Alipio, le dijo: “se alzan los indoctos y arrebatan el cielo y nosotros, ¿qué hacemos? Con toda nuestra ciencia sólo podemos arrastrarnos por la tierra, hundidos en el vicio”. La sabiduría de San Ambrosio unida a las lágrimas y a las oraciones de Santa Mónica ganaron a Agustín para Dios. ... San Agustín 65


Es ésta la época de los grandes concilios, y de los pequeños también, pues fueron muy numerosos. Los concilios son reuniones de obispos y de sacerdotes. A ellos asisten los delegados del Papa, y él es quien nombra el presidente. En ellos se estudia ampliamente la doctrina de la Santa Iglesia, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Las herejías son novedades que no se contienen ni en la una ni en la otra. Por eso la Santa Iglesia las condena, los concilios sirven siempre para un mayor trato entre sí de los obispos de las distintas partes del mundo. La intervención que en ellos tiene el Papa hace que San Pedro este presente en todas partes. La palabra del Papa es decisiva y recibida siempre con respeto y veneración. Los primeros cuatro concilios fueron: el de Nicea (325), que condenó a Arrio. El de Constantinopla (381), que condenó la doctrina de Macedonio. El de Efeso (431), que condenó a Nestorio y proclamó la Maternidad Divina de la Santísima Virgen María. El de Calcedonia (451), que condenó a Eutiques y su falsa doctrina78

I. XIV. La conversión de los pueblos bárbaros A todos aquellos pueblos extranjeros que no hablaban su lengua ni tenían su civilización, los romanos llamaban bárbaros. En el siglo IV llegaron al río Danubio, frontera oriental del Imperio, eran diversos pueblos y razas, pero muy pronto fueron empujados por otras Las Invasiones. Los Pueblos bárbaros cayeron sobre el razas y pueblos. Todos Imperio, llenándolo todo de Ruinas ellos fueron asentándose a lo largo de las fronteras entre el Asia y los bosques de Germania. Al mismo tiempo, otras razas salieron del nordeste de Europa y ocuparon la frontera norte a lo largo del río Rin. Su inquietud guerrera y la necesidad de vivir los empujaba hacia el Oriente e irrumpieron en el Imperio por todas partes; eran hordas salvajes que peleaban con un feroz desprecio de la vida. Las legiones romanas, asombro en días lejanos por su valor, no fueron capaces de contener tanto empuje de unos pueblos que querían invadir. El Imperio de Occidente desapareció. Los pueblos bárbaros pertenecían a tres grandes grupos raziales: 78

. Cf. Ibíd. Págs. 90-97

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Los Germanos: eran oriundos del Norte y habían salido de los grandes bosques de Germania. Comprenden los francos, anglosajones, godos, visigodos, ostrogodos, borgoñones, suevos y vándalos. Es el grupo más interesante, ya que dieron origen a las nuevas naciones salidas de los despojos del Imperio. Eran de costumbres sencillas y fueron asequibles a la enseñanza religiosa. Los Tártaros: representados por los feroces hunos, y luego por los majares o húngaros. Los Eslavos: que venían de la otra parte del Volga. Son los pueblos de la Europa Oriental: polacos, servios, rusos, etc. Durante los cuatro primeros siglos del Imperio la invasión fue pacífica. Los pueblos del Norte pasaron las fronteras buscando tierras de cultivo. En un principio fueron combatidos por los romanos, pero, cansados al fin de tanta lucha, los dejaron en paz y hasta los tomaron a sueldo. A principios del siglo V las cosas cambiaron. La invasión se hizo gigante, violenta, incontenible. Como un inmenso alud cayeron sobre las Galias, dejándolo todo sembrado de ruinas y cadáveres. El ataque fue formidable; las fronteras quedaron borradas; el incendio, la devastación, el llanto y la muerte cubrieron el Imperio. Los vándalos, primero sin romper la marcha, atravesaron galopando las Galias hasta llegar al sur de España, dejando a su paso la huella feroz de su guerrear. Más tarde, empujados por los visigodos, pasaban al África, sembrando todo de ruinas, y de allí a Roma, a la que saquearon sin piedad. La ciudad pudo salvarse de tanta ruina sólo por la feliz intervención del Pontífice San León Magno. Alarico, al frente de sus fieros visigodos, invadió el norte de Italia. Su sucesor Ataulfo, retrocedió penetrando en España, allí fundó el reino visigodo, que duro casi tres siglos. Pero Alarico, antes de pasar los visigodos a España, sitió por tres veces Roma, apoderándose de ella tras de feroz asalto. La entregó al furor de sus soldados; fue incendiada y muchos de sus habitantes pasados a cuchillo o llevados prisioneros (410). Respetó, sin embargo, las Basílicas de los Santos Apóstoles por consideración al Papa San Inocencio I. Otro jefe bárbaro, el más bárbaro de todos: el feroz Atila, “el Azote de Dios”, como se llamaba así mismo, asoló, al frente de los hunos, la Germania y la Bélgica. Pero fue vencido en los campos cataláunicos, en la batalla más sangrienta de aquellos siglos, en el año 451. Se volvió rápidamente a Italia y llegó a Roma, pero el Pontífice San León salvó la ciudad. (Cuenta la Tradición que al llegar Atila a Roma, vio al Papa rodeado de una legión de ángeles dispuestos a enfrentarlo). Al frente de sus tropas, se retiró a los bosques de Polonia, sin que los feroces hunos volvieran a aparecer en la historia. No sólo en Roma, si no en muchas otras ciudades, fueron también los obispos los que detuvieron a los bárbaros, librándolas de ese modo del saqueo y de la destrucción. Esto hizo que los obispos fueran admirados con respeto por los invasores; lo que ayudó grandemente a su conversión. 67


En las Galias se establecieron los francos y los borgoñones; y en Italia, los longobardos y los ostrogodos; en Inglaterra, los anglosajones; y en Germania los alemanes y otras tribus de menor cuantía. Los francos son los primeros en abrazar la Fe. Eran paganos, su rey, Clodoveo se casó con una princesa cristiana, Clotilde, hija de un mártir, que con su oración y virtudes suavizó las costumbres del rey franco y alcanzó su conversión. Fue así: reñían dura batalla los francos y los alemanes; los francos iban cediendo, cuando Clodoveo, su rey, acordándose de las palabras de Clotilde, oró a Dios así: “Jesucristo. Clotilde dice que eres Dios; yo te invoco. Dame la victoria y creeré en ti”. Jesucristo le dio la victoria y Clodoveo cumplió su palabra. En la navidad del año 496, después de haber sido diligentemente preparado en las verdades de la Fe, recibió las aguas bautismales. Con él fueron bautizados tres mil de sus guerreros. San Remigio debió intuir al derramar el agua bautismal Bautismo de Clodoveo por San Remigio, Obispo de Reims, en la Fiesta de la Natividad de Nuestro sobre la cabeza del rey y sus guerreros, lo que significaba Señor Jesucristo, del Año 496 para la Santa Iglesia la entrada de los francos en el número de sus hijos: “orgulloso Sicambro, le dijo, inclina humildemente la cabeza, adora lo que haz quemado y quema lo que haz adorado”. Era el primer reino cristiano de la nueva Europa, y Clodoveo se consideró obligado a ser el defensor de la Fe. La defendió contra los bárbaros arrianos y la propagó entre los gentiles de la Germania. Cierto que de Clodoveo no desapareció del todo el viejo bárbaro; porque suavizar las costumbres sería cosa de largos años, quizás de siglos; pero los beneficios para la cristiandad fueron incalculables. En el año 414, entraba en España Ataulfo al frente de los ejércitos visigodos. Otros pueblos bárbaros: vándalos, suevos y alanos, le habían precedido; pero en los sucesivos reinados, los visigodos fueron haciéndose dueños de toda la península. Los visigodos eran arrianos, y Leovigildo su rey, hizo decapitar al príncipe San Hermenegildo que gobernaba en Andalucia, por negarse a abrazar el arrianismo. 68


Recaredo, sucesor de Leovigildo, heredó el trono, uno de sus primeros actos fue renunciar al error para abrazar la Fe. Fue bautizado por su tío San Leandro, Arzobispo de Sevilla, en el año 589. Los celtas, habitantes de Hibernia, hoy Irlanda, fueron evangelizados por San Patricio en el siglo V. San Columbano evangelizó a Escocia. La Bretaña, dominada por los anglosajones, fue evangelizada por San Agustín y otros cuarenta monjes, enviados allá por el Papa San Gregorio Magno. Ayudándolos grandemente la reina Berta que era católica. Los alemanes fueron evangelizados por los monjes irlandeses. Su gran apóstol es San Bonifacio, más tarde por San Columbano, monje escocés, quien avanzó hasta el interior de Alemania y fundó novedosos monasterios, de los cuales salieron los apóstoles para otros pueblos. Los pueblos escandinavos tienen por apóstol a San Ascario. Su evangelización fue lenta y difícil, y hasta el siglo XII no abrazaron definitivamente la Fe. Los eslavos, en sus diversas ramas fueron entrando en la Santa Iglesia entre los siglos VIII y X. Su conversión es obra de los monjes alemanes. Los húngaros deben la Fe a su rey San Esteban, que mereció del Papa tener el título de Rey Apostólico para él y sus sucesores. Rusia abrazó por primera vez la Fe merced a los esfuerzos de la princesa Olga y de su nieto Uldamiro. Dependió directamente de Constantinopla y fue arrastrada al cisma La Conversión de Recaredo griego. También el Oriente tuvo sus bárbaros: los árabes, que llevados de su fanatismo religioso y de su afán de conquista, se adueñaron de medio mundo conocido. Gran parte de Asia, todo el norte de África, España, muchas islas del Mediterráneo y algo del sur de Francia cayeron en su poder y la Fe desapareció. Más tarde, en el siglo XV, se hicieron dueños de todo el imperio griego y penetraron hasta el corazón de Europa. Fue en aquellos siglos el peligro máximo para la cristiandad. A partir del año 680 empezó la gran invasión árabe, sus ejércitos conquistaron el norte de África, acabando con la monarquía visigoda en la batalla de Gaudalete (711), y apoderándose de la Península Ibérica lograron penetrar en las Galias; pero fueron vencidos por Carlos Martel en la batalla de Poitiers, salvando a sí a Europa del dominio sarraceno (musulman). En menos de 50 años estos pueblos se habían hecho dueños de un imperio 69


I. XV. Constitución de la Santa Iglesia Ya desde un principio la Santa Iglesia fue una verdadera sociedad jerárquica y no una masa informe de fieles. La distinción de clérigos y laicos existió de hecho desde los primeros tiempos y se miraba como una obra de su Divino Fundador. San Pablo hablaba de los obispos, puestos por el Espíritu Santo para gobernar la Santa Iglesia de Dios79. Los Hechos de los Apóstoles mencionan frecuentemente a los presbíteros. Y es San Pedro el que propone la elección de los primeros diáconos. San Clemente romano enseña que los Apóstoles pusieron sobre los fieles obispos y diáconos, según la ordenación de Dios. Los grados eran varios: obispos, presbíteros, diáconos. El Papa: es el Obispo de Roma, es quien convoca los concilios, los preside, y aprueba las decisiones en ellos tomadas. Es el Vicario de Cristo y el Sucesor de San Pedro. El Obispo: gobierna la Santa Iglesia de Dios. Cada ciudad con su territorio era una diócesis; y era necesario que la gobernara el Obispo. Posee la plenitud del sacerdocio, por lo tanto administra todos los sacramentos. Los Párrocos: en los primitivos tiempos el Obispo regía y gobernaba la iglesia de la ciudad. Era su sede. Pero al aumentar el número de los cristianos hubo necesidad de levantar más iglesias; eran regidas por los presbíteros. Aún en estas iglesias, lo mismo que en las de los campos, las funciones principales eran ejercidas por el Obispo. Pero como las dificultades eran grandes se les dieron mayores atribuciones a los presbíteros y quedaron así constituidas las parroquias. Los sacerdotes que las regían se llamaban curas. Administran los Sacramentos del Bautismo, de la Comunión, de la Penitencia, de la Extremaunción y del Matrimonio. Muy pronto las necesidades de la Santa Iglesia exigieron nuevos ministros. Al diácono se le asignó un subdiácono; otros fueron encargados de la lectura de la Sagrada Escritura, de las ceremonias accesorias de los sacramentos, del cuidado de los vasos sagrados, etc. Así nacieron las ordenes menores. El celibato fue desde los primeros días el ideal de la Santa Iglesia para los clérigos. Es cierto que fueron consagrados obispos y sacerdotes que habían contraído matrimonio. La escasez de personal idóneo imponía esa medida pero se les exigía siempre separación absoluta a los esposos, de común acuerdo, y promesa formal de guardar castidad. Sólo así eran admitidos al sacerdocio. Cuando el número de fieles creció y la Santa Iglesia tuvo de donde escoger, prescindió totalmente de los casados. En el Concilio de Elvira (306) se impuso el celibato como obligatorio a todos los clérigos El Clero: la formación del clero se efectuaba en las escuelas cristianas y al lado del Obispo. Pero San Agustín organizó una especie de seminario, que fue 79

. Cf. Hechos de los Apóstoles XIV, 23; ibíd. XX, 28; I Timoteo IV, 14

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muy pronto imitado por los demás obispos. El mismo San Agustín introdujo la costumbre de que vivieran en comunidad. En un principio el pueblo y el clero elegían al propio Obispo; pero pronto esta costumbre fue reservada al clero. Desde el año 372 el derecho es exclusivo de los obispos de la provincia. La Vida Monástica: desde los primeros tiempos hubieron cristianos deseosos de una mayor perfección, que trataron de poner en práctica los consejos evangélicos. Vivían en sus casas practicando la continencia y la pobreza voluntarias, dedicados a la oración y a la penitencia mediante grandes mortificaciones: son los ascetas Durante la persecución de los emperadores romanos muchos cristianos habitaron en los desiertos, unos por miedo de la persecución y otros por un deseo sincero de mayor soledad y penitencia. En un principio vivían solitarios anacoretas o ermitaños-. Pero la necesidad de un guía espiritual y la fama de santidad de que algunos gozaron fue la causa de que se formaran los cenobios. Eran comunidades, a veces muy numerosas, bajo la dirección de un superior o maestro experimentado. Hubo comunidades que llegaron a contar hasta unos cinco mil monjes. Su vida estaba totalmente dedicada a la oración, a la lectura, a la meditación, al estudio de las Sagrada Escritura, a la penitencia y a los trabajos manuales. Mortificaban su cuerpo con asperezas y ayunos, dominando así sus concupiscencias y pasiones. Rara vez salían a las ciudades, si la necesidad o la caridad no los llevaban; su influencia en la vida cristiana es manifiesta. Por una parte, su constante oración, su ejemplo y los relatos, muchas veces fantaseados, que el mundo conocía, causaban la admiración de las gentes. Algunos de ellos fueron magníficos defensores de la Fe contra los herejes. Dentro de ellos pasaron algunos años todos los grandes doctores y santos. En Oriente alcanzó gran desarrollo la vida solitaria y cenobítica. Los desiertos de Egipto, de Arabia, de Palestina y de Asia vieron multiplicarse la penitencia, la oración y la santidad. En Occidente fue introducida por San Atanásio durante su segundo destierro. De Italia pasó a las Galias y a España, luego al África por obra de San Agustín, que había admirado grandemente este género de vida en Roma y Milán80. San Benito: es el Padre de los monjes de Occidente. Nació en Nursia en el año 480. Pertenecía a la noble familia de los Anicios. Se educó en Roma. La inmoralidad que reinaba en Roma le causó gran decisión y se retiró a la soledad del Subiaco. Allí vivió en una cueva, bajo la dirección de un ermitaño experimentado, dedicado a la oración, a la penitencia y al estudio de las divinas letras. La vida fue dura para él y las tentaciones muchas. Los recuerdos de la juventud romana atormentaban su imaginación; pero su penitencia austerísima le hizo triunfar. Tres años duró la lucha, de la que salió victorioso, y en adelante no volvió a sentir más la tentación. ... 80

. Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 98-102

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otros eran caballeros cruzados que habían despreciado la muerte en 100 combates. A todos les enardecía el espíritu de Cristo. Tres años después, Esteban, abad del Cister, enviaba al joven San Bernardo con otros 12 compañeros a fundar un nuevo monasterio. La Orden creció rápidamente y Francia, Alemania e Inglaterra vieron a los monjes blancos del Cister cantar las divinas alabanzas en medio de las faenas del campo. Su vida de oración y trabajo estaba adornada de sencillez, pobreza y humildad en todo, hasta en el ornato del templo. Allí, como en la Cartuja, ocultaban su vida los nobles caballeros cruzados, renunciando a todo por el servicio de Dios. San Francisco de Asís: (1182 a 1226) nació en Asís. Era hijo de un rico comerciante. Fue joven alegre y divertido. De espíritu soñador, amaba la poesía, los trovadores y la aventura de los caballeros. Era en extremo compasivo con los pobres. La enfermedad le postró y por ella encontró a Dios. Restablecido, lo abandonó todo y vivió la más estricta pobreza evangélica. Disgustado su padre por el género de vida que llevaba, le desheredó. Francisco hizo renuncia de todo, y en adelante podría decir con verdad: “Padre nuestro, que estás en los cielos”. Pronto lo siguieron algunos compañeros y escribió una regla para ellos; fue aprobada por el Papa Inocencio III; así nació la Orden de Frailes Menores o Franciscanos que fue aprobada por el Papa Honorio III. ...

San Francisco de Asís “Pues esto me viene de los Ojos del Altísimo Dios que en todas partes contemplan a buenos y malos; porque aquellos Ojos Santísimos no han visto entre pecadores ninguno más vil, ni más inútil, ni mayor pecador que Yo; no habiendo encontrado sobre la Tierra criatura más vil para la Obra maravillosa que se propone hacer, me escogió a Mí para confundir la Nobleza y la Grandeza y la Belleza y la Fortaleza y la Sabiduría del Mundo, a fin de que se conozca que toda Virtud y todo Bien, procede de Él, y no de la Criatura, y ninguno pueda gloriarse en su presencia, sino que quien se gloría, se gloríe en el Señor, al cual se da toda la Honra y la Gloria por siempre”82

82

. Cf. Las Florecillas de San Francisco. Francisco Sureda Blanes. Ed. Espasa-Calpe. Madrid. España. 1932

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indefensos. En España era precisa una fuerza fronteriza que impidieran las incursiones árabes en tiempo de paz. Los caballeros de las Ordenes Militares eran mitad monjes, mitad soldados. Sobre la armadura del guerrero vestían el sayal del penitente, y cuando no empuñaban la espada, sus manos se levantaban al cielo para adorar o cuidaban con cristiana caridad del enfermo, del herido, del menesteroso. A los votos monásticos unían el de defender la Fe y cuidar de los enfermos

I. XVI. El Papa, rey temporal Constantino trasladó la corte imperial a Constantinopla; Roma quedaba un tanto abandonada y siempre lejos del Emperador. Las gentes se acostumbraron a mirar al Papa como a su jefe y señor natural. Costumbre que se acentuó más todavía cuando Italia fue ocupada por los bárbaros y los emperadores griegos sólo se interesaban en la discusión de los dogmas y en dar decretos religiosos. Por otra parte, desde que Constantino dio la paz a la Santa Iglesia y le concedió el derecho de poseer bienes, muchos fieles donaban sus posesiones a la Iglesia romana. De este modo había llegado a adquirir extensos territorios, cuyos frutos se empleaban en beneficio de los pobres y menesterosos: asilos, hospitales, iglesias, monasterios, etc. Todo ello constituía “el Patrimonio de San Pedro”. Los lombardos, que dominaban al norte de Italia, con Pavía por capital, eran ambiciosos. Deseaban extender sus dominios a toda Italia y formar un gran reino. Por otra parte, las controversias religiosas de Oriente habían distanciado cada vez más a los romanos del Emperador, que vieron en el Papa, salvador por dos veces de la ciudad ante el furor de los bárbaros, su único apoyo y protección. Así las cosas, Astolfo, rey de los lombardos, invade en el año 752 los dominios del Emperador en Italia. Se apodera del Exarcado de Ravena y quiere conquistar la ciudad de Roma. El Papa Esteban II pide ayuda al Emperador, que no acude. Entonces se dirige a Pipino el Breve, rey de los francos, que con un poderoso ejército acude presuroso en auxilio del Papa. Vence a los lombardos y les obliga a restituir todo lo conquistado. El rey franco hace donación de todo ello a la Santa Sede y manda depositar las llaves de las distintas ciudades conquistadas sobre el sepulcro de San Pedro. El Papa otorgó a Pipino y a sus sucesores el título de “Patricio Romano”. Así nació oficialmente el Estado Pontificio. El Papa era también rey temporal. Pero la donación no agradó a los emperadores, que reclamaron como suyos tales territorios. El rey franco les contestó que “él no había luchado por los griegos, sino por San Pedro y por la remisión de sus pecados”. Tampoco los lombardos quedaron muy conformes. Su rey, Desidério atacó los dominios del Papa. Adriano I pidió auxilio a los francos. Carlomagno, que había sucedido a su padre, acudió al punto al frente de sus tropas, derrotando al lombardo y destronándolo, confirmó la donación de Pipino y la amplió. Desde este momento, los dominios del Pontífice sufrirían las vicisitudes del papado. El Papa intervendrá en los asuntos políticos de Europa; aliará sus tropas con las de los otros reyes y, vencedor o vencido, gozará del triunfo o soportará la humillación de la derrota. Siempre débil militarmente, habrá de 73


buscar la protección de otros no exentos de ambiciones, sentirá la influencia del feudalismo, la dominación de la corte alemana, la hostilidad de la nobleza italiana; y la elección del Papa será muchas veces motivo de sangrientas luchas partidistas. De tal estado de cosas nacerá el destierro de Aviñón y el cisma de Occidente. En el siglo XIX, la casa de Saboya efectuará la unidad italiana y Roma será la capital del nuevo reino. Medio siglo más tarde, el Romano Pontífice volverá a ser rey independiente y soberano del Estado más diminuto de la tierra: la Ciudad del Vaticano, en el corazón mismo de Roma

I. XVII. El Sacro Imperio Romano: la Cristiandad Carlomagno, rey de los francos, es la figura prócer de estos tiempos. Es el fundador del Sacro Imperio y de la Cristiandad, y el monarca mayor de la Edad Media. Reinó cuarenta y seis años (768-814) y unió bajo su cetro gran parte de lo que había sido el Imperio romano de Occidente en Europa, con lo que se acreditó como guerrero valiente. Dominó a los lombardos e hizo varias expediciones contra los sajones para proteger la evangelización. Siempre salió vencedor. En el año 800 se presentó en Roma, llamado por el Papa León III, que había sido insultado y vejado por sus enemigos. Carlomagno haciendo uso de su título de Patricio Romano, castigó a los rebeldes. Algún tiempo después, en la Navidad del año 800, en presencia de todo el clero y pueblo romano, el Papa le ciñó la corona imperial. Así nació el Sacro Imperio Romano. Carlomagno era el jefe civil de la Cristiandad y el Papa lo era en lo religioso. La corona imperial le imponía el deber, de proteger a todos los príncipes cristianos, y su título de Patricio de Roma le daba derecho de confirmar al Papa recién elegido. Pero el Papa debía consagrar y coronar al Emperador, y no se consideraba legítimo su título si el Pontífice no lo había consagrado. Carlomagno no fue sólo príncipe cristiano. Es, sobre todo, legislador. Son célebres sus Capitulares, obra genial y maestra de legislación, que llenaron de espíritu cristiano las antiguas leyes de los francos. Sus leyes han sido alabadas y ensalzadas hasta en los tiempos modernos por hombres sin religión.

Imperio de Carlomango 771-814 74


Carlomagno comprendió que de poco servía una buena legislación si no se educaba al pueblo. Llamó de todas partes maestros eminentes en letras y ciencias, y llenó su vasto Imperio de escuelas. Fundó la Escuela palatina, que sería más tarde la base de las universidades, y obligó a los capítulos catedrales y a las abadías a que hicieran lo mismo. Y por otra capitular de Teodulfo, obispo de Orleáns y sabio como ninguno, mandó a todos los sacerdotes que abrieran escuelas gratuitas en las aldeas. Tal es la obra de Carlomagno, guerrero, legislador, educador y príncipe cristiano. Casi no se comprende cómo en aquellos siglos oscuros, un hombre pudo realizar tanto y con una visión tan clara de las cosas, se entiende que ha sido guiado solamente por la gracia de Dios. Y todo lo hizo con la idea de afianzar y extender el reinado de Jesucristo en la tierra

I. XVIII. La Santa Iglesia y el feudalismo Muy poco duró el gran Imperio de Carlomagno. A su muerte, lo dividió entre sus hijos, y cuando aún no habían transcurrido treinta años se subdividió varias veces. Nuevos pueblos bárbaros se lanzaron contra el gran Imperio Carolingio. Germania fue atacada por los checos y los húngaros; los Mapa para la Historia eclesiástica del Occidente de sarracenos devastaron Europa. Siglos V al XII todas las costas del Mediterráneo, y las costas del Atlántico sufren las incursiones de los piratas normandos, que con sus naves veloces se adentraban en los ríos y saqueaban las poblaciones, incendiaban las iglesias y monasterios, mataban a los sacerdotes y monjes, para volver a sus tierras del Norte cargados de botín. Los reyes eran impotentes para defender a sus súbditos. Ante tal situación, los pequeños propietarios, los campesinos, se agrupaban en torno a un señor más poderoso, y mediante ciertas condiciones, obtenían su protección. Por otra parte, los señores eran todos grandes terratenientes; pero ni ellos ni sus siervos eran capaces de cultivar tanta tierra. Otorgaban algunas en usufructo, obligándose el usufructuario con juramento a guardar fidelidad de vasallo al señor, prestarle el servicio militar, etc. Esto da origen a una nueva organización civil: el Feudalismo. La tierra, feudo, era trabajada por el feudatario y el dueño era el señor feudal. Los pobres, los que, nada tenían, se pusieron al amparo de la Santa Iglesia, que nada les iba a 75


exigir. Algunos obispos, no obstante, fueron grandes señores feudales, y esto trajo graves inconvenientes a la Santa Iglesia83

I. XIX. Las cruzadas

Mapa para el Estudio de las Cruzadas

Vamos a asistir a la empresa más gloriosa emprendida por los pueblos cristianos bajo la orientación del Papa: las cruzadas. Son las guerras de religión, la guerra santa de la cristiandad, que quiere liberar los Santos Lugares. Les dolía en su propia carne que aquellos lugares donde Cristo vivió y murió para redimir al mundo estuvieran bajo el poder de los infieles. Desde los primeros tiempos, los fieles habían visitado la Tierra Santa en piadoso peregrinar. Cuando los árabes se adueñaron de Palestina y las peregrinaciones aumentaron considerablemente en los siglos de la edad media, los Califas vieron en ello un buen negocio y cobraron fuertes impuestos. Pero no molestaron a los cristianos. Pasaron los siglos y la Cristiandad fue un hecho: la Fe de los pueblos los impulsaba hacia Palestina; querían la tierra de Cristo para los cristianos. Cuando los turcos seljúcidas se apoderaron de todo el Oriente, los Mapa de las Conquistas de la Primera Cruzada cristianos se vieron amenazados y 83

. Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 121-126

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perseguidos, los peregrinos eran frecuentemente maltratados y despojados por los beduinos del desierto.En toda Europa se prendió la llama del entusiasmo, y la ilusión de los pueblos fue la guerra santa contra el infiel. Tres eran sus fines: la reconquista de la Tierra Santa; la defensa del Occidente, amenazado por los turcos, cada día más envalentonados; y la unión de la Iglesia griega y latina. Sus móviles eran: la Fe de los pueblos; el espíritu caballeresco de la época, que soñaba grandes empresas; para muchos el comercio con el Oriente, cortado por los turcos; amén de otros Los Ejércitos cristianos conquistan la Ciudad Santa muchos84

I. XX. La Santa Inquisición Las herejías fueron un grave peligro para la Santa Iglesia y el Estado, y ambos se unieron para reprimirlas. Particularmente peligrosos fueron los albingenses, que sabían ocultarse muy bien. Para descubrirlos se nombraron comisiones que inquirían, y se llamó inquisición. Era un tribunal mixto. Se buscaba a las personas sospechosas de herejía, se les condenaba a penitencia pública si su arrepentimiento era dudoso; se les condenaba a prisión si se obstinaban en su error; eran condenadas a la pena de muerte, que solía ser la hoguera. Y lo mismo se hacía con los relapsos. Dictada la sentencia se hacía cargo de ellos la justicia civil y les aplicaba la pena. Ordinariamente la justicia se prestaba de buen grado a cumplir su misión, ya que los bienes del ajusticiado pasaban a su poder. Estos procesos adolecían de graves defectos: se mantenía en secreto la información, con lo que acusador y acusado no se careaban; no se les concedía abogado defensor, ni nadie se hubiera prestado a ello. Otro defecto no menos grave era la tortura a que eran sometidos lo acusados para que confesaran. Nuestras ideas de hoy condenan aquel modo de proceder; pero no podemos juzgar aquellos tiempos a través de nuestras costumbres y legislaciones. No olvidemos que en aquella época la herejía pertinaz era tenida por delito contra el Estado. No son más suaves, ni más humanos los métodos comunistas en los países que han logrado dominar. Ahí están los casos de Rusia (1917), España (19361939), Hungría, Méjico, Cuba, etc. El Papa nombraba un inquisidor general en cada reino. Lo era generalmente el superior provincial de los dominicos. El inquisidor general 84

. Cf. Ibíd. Pág. 137

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escogía a sus colaboradores. Frecuentemente fueron hombres enérgicos y excesivamente severos. Es uno de los temas favoritos de los escritores del otro bando. Contra ella, la crítica ha sido cruelmente despiadada y violenta. No olvidemos que el tema forma parte de la leyenda negra. La inquisición española dependió de los reyes y no del Papa. Tenía más de justicia civil que de tribunal eclesiástico. Como tal fue eficaz en la represión de la herejía y evitó en España las guerras de religión que tantos ríos de sangre costaron a Alemania, Francia, Holanda e Inglaterra por la Reforma protestante. Tuvo sus defectos, pero ni tantos, ni tan graves como sus enemigos pretenden; y fue infinitamente más benigna que los tribunales protestantes de aquella época. Así lo asegura la historia. Los estudios realizados por Schäfer en los archivos de Valladolid, Barcelona y Valencia, que no fueron destruidos por Llorente, dan un promedio infinitamente inferior al que éste le asigna. No llegan a una décima parte. A pesar de todo, muchos sectarios le dan crédito. Con lo que demuestran que no obran de buena Fe85

I. XXI. Las ciencias y las artes en la Edad Media En el siglo XII se inicia un período de gran esplendor para la ciencia eclesiástica, y el siglo XIII será de pleno apogeo. El despertar de la vida intelectual y científica crea las universidades, y en ellas se formaron diversas escuelas que casi siempre son tenazmente defendidas por alguna orden religiosa. Las universidades: durante algunos siglos la enseñanza fue obra exclusiva de la Santa Iglesia. Los únicos centros de estudio eran las escuelas episcopales y las monásticas. En el siglo XII las escuelas se multiplican y se unen para formar corporaciones. Así nace la universidad. Los reyes le otorgan muchos privilegios: el gozar del favor eclesiástico y exención de impuestos. En un principio, cada universidad enseñaba una sola cosa; pero a fines del siglo XII se fundan diversas facultades. Los estudiantes, terminados sus estudios, sufren un examen y obtienen el título de doctor o maestro. Más tarde se estableció el bachillerato y luego la licenciatura. Al lado de la universidad se fundaron los colegios; solían albergar estudiantes de la misma nacionalidad y eran residencia y estudio al mismo tiempo. Desaparecieron en la Edad Moderna. La escolástica: se llamaron escolásticos a los que en la Edad Media enseñaban según un método especial. Seguían la filosofía de Aristóteles, y empezó en las escuelas episcopales o monacales; de ahí su nombre. Ella comprendió tres grandes ramas de estudio, y que aún hoy en día son la base para el desarrollo del conocimiento religioso y espiritual: 85

. Cf. Ibíd. Págs. 187-188; La Inquisición Española. Beatriz Comella. Ed. Rialp. Madrid. España. 1999

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1. Filosofía: Comienza a estudiarse la filosofía griega. Alfonso VI, rey de Castilla, conquista la ciudad de Toledo y funda el Colegio de traductores. Son un grupo numerosísimo de sabios musulmanes, hebreos y cristianos, ocupados exclusivamente en la traducción al latín de las obras antiguas del saber oriental. Se traducen primero obras de matemáticas, astronomía, medicina y filosofía, y más tarde, obras literarias. Tales traducciones corrían luego por toda Europa despertando el afán de saber. De este modo la filosofía se pone al servicio de la Ciencia Sagrada. Se desarrollan diversos sistemas o escuelas, tales como el nominalismo¸ realismo, conceptualismo. Santo Tomás introduce en la escuela la filosofía aristotélica. 2. Teología: se caracteriza por el método. Por medio del silogismo, se propone demostrar el perfecto acuerdo que existe entre la razón y la Fe, entre la sana filosofía y la teología. Se escriben numerosas obras sobre temas diversos, o se recopila el saber en tratados: sentencias o sumas. Es la época de los grandes filósofos cristianos y de los grandes teólogos. Ya no exponen las verdades de acuerdo con la necesidad del momento, como hacían los Santos Padres. Son tratados completos, perfectamente ordenados, donde paso a paso y con certeza lógica la inteligencia llega a las conclusiones. 3. Mística: la teología mística, o de la contemplación de Dios, adquirió un gran desarrollo en este período. Es en realidad un camino hacia Dios. Meditando el hombre las verdades que el dogma le presenta quiere alcanzar la santificación siguiendo un triple camino: purificar el corazón, iluminar la mente, la unión con Dios. Él es la vía seguida siempre y en todas partes por los Santos. El arte sagrado: esta época marca el apogeo del arte cristiano; las catedrales e iglesias son bellas y majestuosas. En los primeros siglos predomina: 1. el románico, majestuoso, pesado. Enormes columnas y gruesos muros sostienen los pesados techos y grandiosas bóvedas. El estilo alcanza su apogeo en el siglo XII.

Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma 79


2. El ojival: lo llamaron gótico por desprecio los italianos del renacimiento. Pero lo cierto es que la arquitectura de ninguna época ha producido nada más bello, más armónico, que simbolice la Fe del hombre elevando el espíritu hacia Dios. Una catedral gótica, con sus ventanales rasgados, que todo lo inundan de luz; sus bóvedas apuntando al cielo, sus columnas de finos trazos, sus torres perdiéndose en las alturas, asemeja a la humanidad orante, doblada las rodillas, los brazos en alto, la mirada en los cielos y en el rostro la esperanza cierta de la promesa divina: “pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá” 86. Nació el gótico en el norte de Francia y muy pronto se extendió por toda ella, pasó a España y a Inglaterra. En Italia no halló acogida y tardó bastante tiempo en ser aceptada en Alemania

I. XXII. La reconquista española En el año 711 los árabes derrotaban a los ejércitos cristianos en la batalla del Guadalete. Allí moría la monarquía visigoda. Cinco años después los árabes eran dueños de casi toda la Península y del sur de Francia. En el año 718, un puñado de pocos cristianos, En los Riscos de Asturias, Pelayo inicia la refugiados en las montañas de Reconquista de España en Nombre de Dios y de Asturias, proclamaron, rey a Santa María Pelayo. Un poderoso ejército árabe quiere acabar con los cristianos. Don Pelayo arenga a los suyos en el nombre de Dios y de Santa María. Dura es la batalla, pero los árabes son aniquilados; una violenta tempestad ayuda a los cristianos, que desde la altura combaten con bravura sin igual. El río Auxeva crece violentamente y arrastra jinetes e infantes. Es la batalla de Covadonga, principio de la Reconquista. El reino cristiano de Asturias se ensancha. En el siglo X ha llegado al Tajo, y los reinos de León, Navarra, Aragón y Condado de Barcelona avanzan hacia el sur y consolidan sus conquistas. Nace el reino de Castilla, que será pronto cabeza de España. Su héroe casi legendario: Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador, conquista reinos y su nombre pone espanto en las huestes sarracenas. Hasta después de muerto gana batallas. Alfonso VIII, el Bueno, de Castilla, llega hasta los mares del Sur y se hace dueño de los reinos de Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia. Y su primo Jaime I, el Conquistador, rey de Aragón, conquista el reino de Valencia y las islas. 86

. San Mateo VII, 7; cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Bibliografía Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Págs. 157-160

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El imperio de la Media Luna queda reducido al reino de Granada. La Reconquista se paraliza por espacio de casi dos siglos. Mediado el siglo XV, Castilla y Aragón se unen, Isabel de Castilla, la gran reina católica, y Fernando de Aragón realizan la unidad española y emprenden la conquista del último reducto musulmán. El 6 de enero de 1492 entran triunfantes en Granada. La Reconquista ha terminado. Han sido ocho siglos de luchas.

Los Reyes Católicos. Ellos realizaron la Unidad española y abrieron al Mundo las Rutas de nuevos Imperios

Los Reyes católicos, como los llama la historia, ayudados por el gran cardenal Jiménez de Cisneros, emprenden la reforma de la nación. Doblegan a la turbulenta nobleza, expulsan a los moros, reforman la vida religiosa, administran lealmente justicia lo mismo al noble que al plebeyo, fomentan los estudios y favorecen las industrias. Bajo su protección, Cristóbal Colón, buscando por Occidente el camino de las Indias, llega al mar de las Antillas y descubre un nuevo continente; las Indias Occidentales, que luego se llamó América. Y da comienzo a la conquista y evangelización de las tierras de Occidente, cuando Martín Lutero, el fraile apóstata, empieza a revolver la Europa central para terminar en la herejía87

I. XXIII. La expansión misional de la Santa Iglesia La Congregación de Propaganda Fide: tiene por objeto la expansión del catolicismo y los asuntos eclesiásticos en los países no católicos y ha sido siempre impulsada por el Papa. La primera idea se debe al mallorquín Beato Ramón Llul, en el siglo XIII. Propuso en su tiempo la erección de colegios para preparar misioneros y la creación de un organismo director en la Curia romana. La actual congregación data de 1622 y es obra del Papa Gregorio XV. Fue alma de la congregación el sacerdote valenciano Juan Vives y los carmelitas descalzos. Sus auxiliares más eficaces fueron el Seminario de Misiones Extranjeras de París. En los siglos siguientes se fundaron otros seminarios: En Lyón (Francia); Maryknoll (Estados Unidos); Maynooth (Irlanda); Milán (Italia); Mille Hill (Inglaterra); Québec (Canadá); Burgos (España); y Yarumal (Colombia). Por indicación del Papa Pío XII, se fundó en España la Asociación de Sacerdotes Cooperadores, para remediar la escasez de clero en la América española. 87

. Cf. Ibíd. Págs. 171-173

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Su Santidad San Pío X creó nuevos organismos especializados, dependientes de Propaganda Fide. Las misiones en Oriente: en los siglos XII y XIV, los misioneros franciscanos y dominicos predicaron la Fe en la India, China y Tartaria. Las misiones se perdieron más tarde. En el siglo XV, sin embargo, se abren nuevos campos para la Santa Iglesia. Años más tarde desembarca allá San Francisco Javier, que será el apóstol de las Indias. Las dificultades fueron enormes, debido a las castas; pero los frutos fueron grandes. En 1549 emprendió San Javier la evangelización del Japón, que continuaron los jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos. Las persecuciones de 1587-1596, 1612-1622 y 1624-1660 acabaron casi con el cristianismo y produjeron innumerables mártires. En China fue el más célebre, el fraile franciscano Fray Juan de Montecorvino, quien misionó en aquellas tierras por espacio de medio siglo (1278-1328). Las misiones se reanudaron en el siglo XVI. El jesuita P. Ricci, matemático e inventor, ganó el favor del Emperador y volvieron a florecer las misiones. De nuevo se suspendieron, hasta finales del siglo XIX, en donde se organizaron con nueva pujanza y abundante frutos. En la actualidad, la República Popular Comunista ha creado una Iglesia nacional y ha expulsado de su vasto territorio a todo sacerdote, religioso o religiosa extranjeros. Total, se arruinó el enorme trabajo de muchos años y la fatiga de millares de misioneros. Islas Filipinas: la conquista y evangelización de las islas Filipinas es una de las obras más admirables. La expedición salió de Méjico en 1564. Legazpi mandaba la nave capitana, y el agustino P. Andrés de Urdaneta, antiguo piloto y capitán de navegantes, era su consejero para las cosas del mar. Le acompañaban cuatro religiosos de su Orden. El éxito de la empresa fue completo. En Cebú encontraron una imagen del Niño Jesús, quizá dejada allí por la expedición de Magallanes, quizá llevada por algún mercader chino. Los nativos la veneraban con Fe y respeto. Allí mismo se levantó un santuario, que fue el centro religioso de las islas. En 1570 se fundó la ciudad de Manila, capital del archipiélago. En 1581 ya tenía Obispo, y en 1595 Arzobispo. En el mismo año había ya otras cuatro diócesis. En 1577 llegaron los franciscanos. En 1581, los dominicos y jesuitas. Entre todos realizaron en pocos años la obra más admirable de evangelización. Las islas filipinas fueron totalmente de Dios. Es la única nación completamente cristiana en Asia y Oceanía. Las misiones en África: en el África musulmana la misión es lentísima y poco menos que imposible por el carácter de los mahometanos. En las demás regiones: Costa Occidental, Madagascar, Mozambique, Abisinia, el trabajo ha sido muy duro, debido al clima agotador para los blancos. 82


Las misiones en América: el deseo grande de la grandísima reina católica, Isabel I de Castilla, fue ganar para Cristo los reinos que Dios le daba. Por eso se preocupó grandemente de que el almirante y descubridor estuviera acompañado siempre de misioneros. El rey Fernando de Aragón había dispuesto que no pasara ningún clérigo a las Indias sin antes ser debidamente examinado. Fray Juan Infante celebró la primera Santa Misa en las tierras descubiertas, y Fray Juan Solórzano murió asesinado por los indios. Isabel la Católica: Sierva de Dios y Madre de la hispanidad Ambos acompañaron a Colón en su 1452-1504 primer viaje. Los primeros evangelizadores fueron el ermitaño Fray Bernardo Bonilla y sus doce compañeros. El 6 de enero de 1494, Fray Bernardo celebraba la Santa Misa en Santo Domingo y fundaba la primera Iglesia en el Nuevo Mundo. Más tarde llegaron los franciscanos y los dominicos. Fray Bartolomé de Olmedo acompañó a Hernán Cortés y abrió la primera misión en tierra firme. Los franciscanos fundaron escuelas. El misionero más célebre fue Fray Toribio de Motolinia. En 1537 se imprimió el primer catecismo en las lenguas indígenas. Los agustinos llegaron en 1533, y los jesuitas en 1572. Las dificultades en la evangelización han sido bastantes, esto debido a la multitud de tribus y lenguas y a la conducta de muchos colonos encomenderos. En América Central: la evangelizaron los padres franciscanos y los dominicos. En América del Sur: penetraron los misioneros con los conquistadores, y en 1549 se fundaba la Universidad de Lima. El misionero más

América Hispana. Ordenes misioneras. La Evangelización de América hispana en los Siglos XVI y XVII 83


ilustre fue Fray Francisco Solano, franciscano. San Pedro Claver y San Luis Beltrán evangelizaban el extenso virreinato de la Nueva Granada. Los jesuitas predicaron en toda la Amazonía. Pero su gran obra son las muy famosas Reducciones del Paraguay. Las Reducciones eran agrupaciones o poblados indígenas dirigidos por los misioneros, con total independencia del poder civil. Fue una obra admirable de vida comunal. También los jesuitas y los franciscanos han sido los Cuando Cristóbal Colón pisó Tierra americana, principales evangelizadores del dio Gracias a Dios y tomó la Posesión de Ella en Brasil, colonia de Portugal. Nombre de su Rey

I. XXIV. Evangelización de la América del Norte La evangelización de América del Norte y del Canadá fue más tardía y más lenta. Para la evangelización de América del Norte salían expediciones misioneras desde Méjico; pero, como colonia inglesa, los protestantes impedían toda labor evangélica. En el Canadá, colonia francesa, fueron los capuchinos los misioneros más activos88 El Canadá. El marino francés Cartier tomaba posesión de estas tierras en nombre de Francisco I en 1534. En 1608 se fundaba la ciudad de Québec y se dio comienzo a la obra misionera. La ferocidad de los indios impidió toda labor. En 1625 es martirizado por los hurones el Padre Francisco Nicolás Viel. Poco después, los santos Isaac Joques, Juan de Brebeuf y Gabriel Lallement, y varios jesuitas más riegan con su sangre las tierras del Norte. En 1674 se erige el primer obispado en Québec. Llegan los sacerdotes del Seminario de Misiones Extranjeras de París, los sulpicianos y las ursulinas, y la evangelización se desenvuelve rápidamente. Los jesuitas extienden su apostolado a las regiones de los Grandes Lagos y evangelizan a los feroces iroqueses, que reciben muy bien la Fe. Los colonos franceses ayudan mucho en la obra misionera. Cuenta el Canadá en la actualidad con 40 sedes episcopales, unos 8.500 sacerdotes y algo más de ocho millones de católicos, casi la mitad de la población. Los Estados Unidos. Los primeros colonos llegaron en el siglo XVI. Eran calvinistas franceses, puritanos y cuáqueros de Inglaterra y Escocia. La obra misionera fue siempre obstaculizada por ellos. Solamente en las tierras de Maryland, colonia establecida por el católico Lord Baltimore, la evangelización 88

. Cf. Ibíd. Págs. 196-200

84


hizo progresos; pero cuando llegaron nuevos colonos protestantes fue ya casi imposible misionar, y en 1774 el gobierno persiguió a los católicos. Los misioneros penetraron en las selvas del interior; pero hasta allí llegó la furia de los colonos herejes, destruyendo tribus enteras. En 1789 fue nombrado primer Obispo de Baltimore el Padre John Caroll, y desde entonces la obra misional ha ido progresando, aunque lentamente. En la actualidad cuenta con 340 obispados, 55.000 sacerdotes y 42 millones de católicos, entre una población de 180 millones de habitantes. En 1901 se fundó la Federación de la Sociedad Católica. Su fin es la propaganda y el desarrollo de la enseñanza media y universitaria, muchos de ellos regentados por corporaciones religiosas. En la actualidad son muy numerosos los centros benéficos. La asociación más importante es la de los Caballeros de Colón. La propaganda se hace más efectiva a través de la radio y la televisión. Se han hecho muy célebres, las controversias y conferencias televisadas, de Monseñor Fulton Sheen Obispo auxiliar de Nueva York. No obstante, la propaganda católica tiene serios enemigos en los espectáculos licenciosos e inmorales, el libertinaje de los espectáculos públicos y mil causas más. El americanismo, preferencia casi exclusiva de las virtudes naturales y de la actividad exterior sobre la vida interior, fue condenado por León XIII. En los Estados Unidos se han establecido muchas órdenes religiosas y se han fundado otras nuevas dedicadas a la educación y a las misiones89

I. XXV. Misiones vivas

Mapa para el Estudio de las principales Misiones católicas en Asia

Son Asia, África y Oceanía los grandes campos de apostolado. Hay misiones en Europa y las hay en América, pero son muy reducidas. Las dificultades con que tropiezan los misioneros son muy grandes: climas excesivos, regiones salvajes e inhóspitas, idiomas difíciles, desconfianza hacia el

89

. Cf. Ibíd. Págs. 248-249

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extranjero, diferencias raciales, costumbres muy distintas, y mil más, a las que debe añadirse la pobreza de los misioneros y la falta de recursos, casi total muchas veces. Asia: los tres grandes países de misión son la India, China y el Japón. En ellos el cristianismo crece rápidamente, pero no tanto como crece la población pagana. Ofrece más esperanzas el Japón; el número de conversiones es considerable: Unas 10.800 por año, y son muy numerosas las vocaciones sacerdotales y religiosas, y en los colegios y universidades dirigidos por los misioneros es cada vez mayor la afluencia de nobles. En China lo ha destruido todo el Comunismo. Los sacerdotes extranjeros han sido expulsados o encarcelados, y los nativos son muy escasos todavía para tan inmenso territorio. El gobierno comunista ha establecido una Iglesia nacional. Tanto en la India como en el Japón, la Santa Sede ha constituido la jerarquía. Y lo mismo en China, pero aquí habrá que comenzar de nuevo la evangelización. África: en el norte y en el mundo musulmán las misiones son poco menos que imposibles. El mahometano no quiere oír hablar de otra religión que no sea la suya. El apostolado ha de hacerse con el ejemplo, por medio de la caridad. La población cristiana en estas tierras es casi toda europea: españoles, franceses, e italianos. En el África Negra es más difícil la evangelización y no halagüeños los resultados. El Congo: cuenta con casi cinco millones de católicos; algo menos de la mitad de la población. El Congo acaba de obtener la independencia. La mayoría de los dirigentes son católicos, pero existe el peligro de caer en manos del Comunismo. Los jefes comunistas son renegados del catolicismo. Madagascar: tiene un millón de católicos entre cuatro millones de habitantes. En el África del Sur, Basutolandia, la mayor parte de la población es católica y tiene la primera universidad católica entre los negros. Uganda: ha sido tan rápida la evangelización, que hay esperanzas ciertas de una pronta y completa cristianización. En los primeros tiempos fueron muy violentas las persecuciones, y los mártires regaron con su sangre las ardientes tierras africanas. El fruto del martirio no se hizo esperar. Oceanía: las misiones en esta parte son recientes, apenas cuentan con un siglo. La primera influencia la recibieron del protestantismo y ello dificultó mucho la obra de la Santa Iglesia. Por otra parte, la infinidad e islas reduce la obra misionera, ya que muchas veces se habla un idioma distinto en cada islote, lo que hace muy difícil la evangelización. En Australia florece el catolicismo. Los primeros católicos fueron deportados irlandeses a principios del siglo XIX. En la actualidad cuenta con seis arzobispos, quince obispos, dos vicariatos. Tiene Cardenal. Casi el veinte por ciento de la población es católica90 90

. Cf. Ibíd. Págs. 260-262;

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I. XXVI. Obra social de la Santa Iglesia La obra social de la Santa Iglesia en este período es ingente, más amplia y fecunda que nunca. Ello es fruto de la caridad, como la caridad lo es de la piedad. Por doquier surgen obras para remediar el desamparo de los ancianos, de los enfermos, de los pobres. La niñez y la juventud abandonada también saben de los cuidados de la Santa Iglesia. Y lo saben los obreros, los trabajadores, los campesinos, el pueblo. Por doquier surgen círculos de obreros, cooperativas, hermandades, sindicatos, como fruto de las encíclicas sociales. Y no basta. El dolor del cuerpo hay que curarlo y surgen los dispensarios, atendidos por religiosas y enfermeras, que miran al enfermo como a un miembro de Cristo que sufre. Los ricos, los poderosos, tienen dinero para remediar sus males; el pobre sólo tiene a la Santa Iglesia y a la caridad cristiana91

I. XXVII. La Santa Iglesia en el siglo XX La Santa Iglesia en el siglo XX se ve abocada a una lucha muy parecida a la del siglo VIII cuando el islamismo avasallador amenazaba la existencia de la naciente cristiandad, y a la del siglo XVI, cuando el protestantismo le arrebató media Europa. El laicismo la ha arrojado de la vida pública, y el Comunismo pretende destruirla de raíz, como efectivamente lo está haciendo en todos los países, luchando contra la Tradición doblemente milenaria. Ambos son los últimos frutos de la Revolución y han logrado apartar los pueblos de la Santa Iglesia. El Comunismo agresivo, encarnado en el régimen ateo es la última expresión de la rabia del infierno. El siglo XX, tan ufano de sus progresos materiales, ha sido, una nueva “era de mártires”, comparable tan sólo a la décima persecución de Diocleciano (303-310). De 1946 hasta la fecha los enemigos de Cristo, que tienen esclavizados a los pueblos, pretenden acabar con la Santa Iglesia Católica. No se conforman con atormentar físicamente a sus víctimas: les arruinan las economías y la cultura para socavar toda sus facultades intelectuales. La historia ensalzará los nombres de los cardenales Mindszenty, Tien, y Wyszynski, de los arzobispos Stepinac, Groesz y Berán, víctimas ilustres de la persecución comunista, tras la llamada “Cortina de Hierro”92. Hoy como ayer, se verificará la promesa de Cristo a su Santa Iglesia: “y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella”93. Si la Santa Iglesia sufre la persecución, por otra parte Dios ha permitido que su Santísima Madre, la Virgen María, descendiera de los cielos para visitarnos; para traernos la esperanza de su glorioso triunfo sobre sus enemigos. Fátima es sin lugar a dudas el acontecimiento más importante del siglo XX, y 91

. Cf. La Iglesia de Jesucristo. Padre Pascual Barreda M. Agustino. Ed. Biblioteca Colombiana. Santa Fe de Bogotá. Colombia. 1962. Pág. 275; para continuar con la obra histórica y social de la Santa Iglesia Católica debemos tener en cuenta los pontificados de los Papas que sucedieron al Concilio Vaticano II; ver: Lista Cronológica de los Papas. 259. San Juan XXIII. Pág. 101. 260. Beato Pablo VI. Págs. 101-102. 261. Venerable Juan Pablo I. Pág. 102. 262. San Juan Pablo II. Págs. 102-104. 263. Benedicto XVI. Págs. 104108. 264. Francisco. Págs. 108-112 92 . Cf. Historia de la Iglesia. Eugenio León. F. S. C. Ed. Dedout. Medellín. Colombia. 1956 93 . San Mateo XVI, 18

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que ha determinado el desarrollo de la historia de la Santa Iglesia. El mensaje de la Madre de Dios no se ha cumplido aún, el triunfo de la Virgen Inmaculada la Santa Iglesia lo espera. Ingentes muchedumbres se reúnen en torno de nuestra Madre del Cielo para apresurar ¡el triunfo de su Inmaculado Corazón!94 Otro acontecimiento que ha marcado la historia de la Santa Iglesia en el siglo XX, ha sido el Concilio Vaticano II (1962-1965) bajo los pontificados de los Papas San Juan XXIII y Beato Pablo VI. Y que, debido al abandono del lenguaje dogmático que en él se presentó, hizo que la Santa Iglesia Católica se introdujera en un “aggiornamento” con el mundo moderno95. También a lo largo de este siglo, la Santa Iglesia ha tenido la gracia de ver en los altares a una multitud de santos que con su vida, han dado el testimonio de la santidad de la doctrina católica. Entre ellos, San Pío de Pietrelcina; el único sacerdote estigmatizado por Dios dentro de toda la historia de la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica96. Y finalizando el II milenio, la Santa Iglesia Católica en la persona del Papa, ha permitido la continuación de la celebración del Santo Sacrificio de la Misa tridentina, doblemente milenario97

I. XXVIII. Lista cronológica de los Papas “Carísimos: a los ancianos de entre vosotros, yo, anciano como ellos y testigo de la Pasión de Cristo, y partícipe también de la gloria que va a manifestarse, les dirijo a vosotros mis recomendaciones. Apacentad la grey de Dios confiada a vosotros no de mala gana, sino de grado, según Dios; no por un simple vil interés, sino siempre generosamente. No hagáis muy pesada vuestra autoridad sobre los que os han cabido en suerte, sino mostraos dechados de la grey. Y cuando aparezca el Supremo Pastor y Juez recibiréis la corona inmarcesible de la gloria. Y tras una breve prueba, el Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo Jesús a su eterna gloria, Él mismo acabará su obra, os afianzará, os fortalecerá, y os hará por siempre inconmovibles. A Él, la gloria, el honor, y el poder por todos los siglos de los siglos. 22 de Febrero: Fiesta de la Cátedra Amén”98. del Apóstol San Pedro 94

. Cf. Ver: Fátima: ¿no debemos obedecer al Corazón de Nuestra Madre? Págs. 391-422 . Cf. Ver: El Modernismo: Encíclica “Pascendi” de Su Santidad San Pío X. Págs. 372-391; Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 422-437 96 . Cf. Ver: La Santa Misa del Santo Padre Pío. Págs. 243-250 97 . Cf. Ver: Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 449-451; Carta Apostólica Motu propio Data: “Summorum Pontificum”. Págs. 469-474 98 . I. San Pedro. V, 1-4; 10-11; Cf. Ver: Constitución de la Santa Iglesia. El Papa. Pág. 70; El Papa, Rey temporal. Págs. 73-74 95

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Siglo I 1. San Pedro: nació en Betsaida en Galilea. Recibió de Nuestro Señor Jesucristo la supremacía pontificia y la potestad de transmitir a sus sucesores. Instituyó el primer orden eclesiástico y la oración “Padre Nuestro”. Arrestado quiso ser crucificado con la cabeza hacia abajo. Ordenó obispo a su sucesor a quien transmitió el episcopado. Murió: el 29-VI-67. Su pontificado duró 34 años, y ha sido el más largo en toda la historia de la Santa Iglesia Católica. 2. San Lino (67-79): fue compañero de San Pablo99; ordenó a las mujeres de entrar en las iglesias con la cabeza cubierta. Durante su pontificado fueron martirizados San Marcos y San Lucas. Su nombre se encuentra en el Cánon romano de la Santa Misa, después de los Apóstoles San Pedro y San Pablo. 3. San Anacleto (80-92): fijó la norma para la consagración de los obispos. Prescribió la forma de los hábitos eclesiásticos. Erigió un monumento en el lugar de la tumba de San Pedro, primer proyecto de la Basílica Vaticana. 4. San Clemente I (92-99): colaborador de San Pablo100; restableció el uso del Sacramento de la Confirmación según el rito de San Pedro. Empieza a usarse en las ceremonias religiosas la palabra “Amen”. Siglo II 5. San Evaristo (99-108): dividió la ciudad en parroquias. Instituyó las primeras siete diaconías que dio origen del actual Colegio Cardenalicio. 6. San Alejandro I (108-119): se le atribuye la institución del agua bendita y la disposición de que la hostia fuera hecha exclusivamente de pan ázimo. 7. San Sixto I (119-126): prescribió que el corporal fuera de lino y ordenó que el cáliz y los ornamentos sagrados fuesen tocados solamente por los sacerdotes. Su nombre se encuentra en el Canon romano de la Santa Misa entre los Apóstoles y los mártires. 8. San Telésforo (127-138): compuso el himno “Gloria in Excelsis Deo”. Prescribió que en la Noche de Navidad cada sacerdote pudiese celebrar tres Misas. 9. San Higinio (138-142): definió los grados de la jerarquía eclesiástica. Instituyó el padrino y la madrina en el Sacramento del Bautismo de los recién nacidos para guiarlos en la vida cristiana. 10. San Pío I (142-157): combatió al hereje Marcione, líder gnóstico, contrastando la actividad de los agnósticos y de sus herejías. 99

. Cf. II Timoteo IV, 21 . Cf. Filipenses IV, 3

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11. San Aniceto (157-169): confirmó la celebración de la Pascua en domingo, según la tradición de San Pedro. 12. San Sotero (169-177): introdujo el uso de celebrar la Pascua en el domingo sucesivo al 14 de nisán. Prohibió a las mujeres quemar el incienso en las reuniones de los fieles. Confirmó que el Matrimonio es un Sacramento y sin ningún valor si no ha sido bendecido por el sacerdote. 13. San Eleuterio (177-185): bajo su pontificado se difundió en Occidente la herejía montanista combatida por San Irineo; suprimió algunas costumbres hebraicas sobre la pureza e impureza de las viandas. 14. San Victor I (186-197): estableció que para el Bautismo en caso de urgencia se pudiera usar cualquier agua. Fue memorable su lucha para imponer que la Pascua se celebrase según el rito romano y no el hebraico. Siglo III 15. San Ceferino (198-218): introdujo el uso de la patena para recibir la Santa Comunión. Excomulgó a Tertuliano. 16. San Calixto I (218-222): mandó construir las famosas catacumbas de la Vía Appia donde fueron enterrados 46 papas y 200.000 mártires. 17. San Urbano I (222-230): convirtió al cristianismo a Santa Cecilia. Consintió que la Santa Iglesia adquiriese bienes. 18. San Ponciano (230-235): ordenó el canto de los Salmos, la recitación del “Confiteor Deo” y el saludo “Dóminus vobíscum” en la liturgia de la Santa Misa. 19. San Antero (235-236): ordenó que las reliquias de los mártires fuesen recogidas, guardadas y veneradas por la Santa Iglesia. 20. San Fabiano (236-250): bajo su pontificado se verificó el éxodo de Roma a causa de la persecución por parte de Decio, que dio inicio a la vida eremítica con los “anacoretas”. 21. San Cornelio (251-253): bajo su pontificado se efectuó el primer cisma con la elección del antipapa Novaciano que en un concilio celebrado en Roma fue excomulgado. Fue martirizado por no haber sacrificado a los dioses paganos. 22. San Lucio I (253-254): impuso el celibato eclesiástico en los sacerdotes. 23. San Esteban I (254-257): se agudizaron bajo su pontificado las guerras contra el antipapa Novaciano. Fue martirizado en la silla pontificia en la catacumba de San Calixto. 90


24. San Sixto II (257-258): efectuó la traslación de los restos de San Pedro y San Pablo. Introdujo la exclamación “Deo gratias” en la liturgia. 25. San Dionisio (259-268): las invasiones bárbaras se acercaban a las puertas del Imperio Romano. Reorganizó las parroquias romanas. Obtiene de Galiano libertad para los cristianos. 26. San Felix I (269-274): proclamó “la divinidad y humanidad de Nuestro Señor Jesucristo y las dos naturalezas distintas en una sola Persona”. Ordena enterrar a los mártires bajo el altar y a celebrar la Santa Misa sobre sus sepulcros. 27. San Eutiquiano (275-283): instituyó la bendición de la recolección de los campos. A él se debe el origen de la “dalmática”, que es la vestidura de los diáconos y subdiáconos en las ceremonias solemnes. 28. San Cayo (283-296): sobrino de Diocleciano. Estableció que ninguno podía ser ordenado Obispo sin antes haber recibido las siete ordenes sagradas menores y mayores, a saber: ostiario, lector, exorcista, acólito, subdiácono, diácono y sacerdote. Siglo IV 29. San Marcelino (296-304): la persecución de Diocleciano contra la Santa Iglesia alcanzó el máximo grado de violencia. 30. San Marcelo I (308-309): su pontificado, después de cuatro años de sede vacante, se ocupó de la difícil tarea de obtener el perdón para aquellos que durante las persecuciones habían abjurado. 31. San Eusebio (309): durante su pontificado continuaron las polémicas sobre los apostatas que llevaron a la Santa Iglesia al borde del cisma. 32. San Milciades (311-314): vio junto con el Emperador Constantino el triunfo del cristianismo que después con Teodosio se convirtió en “Religión oficial del Estado”. Construyó la Basílica de San Juan de Letrán. 33. San Silvestre I (314-335): fue el primero a ceñir la Tiara, recibida del Emperador Constantino. Celebró el primer Concilio Ecuménico de Nicea I. (325) que compuso el “Credo de Nicea”, y en donde se definió “que el Hijo es consustancial al Padre: un solo Dios” condenando la herejía del arrianismo que, afirmaba que como el Hijo fue concebido, por tanto, ha sido creado por el Padre, negando la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Para recordar la Resurrección de Cristo, instituyó el domingo. San Juan de Letrán se convirtió en Catedral de Roma. Bautizó al Emperador Constantino. 34. San Marcos (336): instituyó el “palio” actualmente en uso, impuesto por el Papa a los nuevos arzobispos. Hizo el primer calendario con las fiestas religiosas. 91


35. San Julio I (337-352): fijó para la Iglesia de Oriente la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre, en vez del 6 de enero junto con la Epifanía. Se le considera el fundador del archivo de la Santa Sede porque ordenó la conservación de los documentos. 36. San Liberio (352-366): echó los cimientos de la Basílica de Santa María Mayor que él mismo trazó. 37. San Dámaso I (366-384): autorizó el canto de los Salmos a dos coros, instituido por San Ambrosio. Introdujo la voz hebraica “Aleluya”. Hizo traducir del hebreo las Sagradas Escrituras. Proclamó el segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla I. (381) en donde se definió “que en la distinción de las Personas de la Santa Trinidad no hay diferencia de sustancia entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. También se proclamó en este Concilio “que la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo es Una, Santa, Católica y Apostólica”. En este Concilio se condenó la herejía de Macedonio, quien afirmaba que existía una diferencia de sustancia entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 38. San Siricio (384-399): apoyó la necesidad del celibato para los sacerdotes y diáconos. Fue el primero después de San Pedro que adoptó el título de Papa, del griego “Padre”. Siglo V 39. San Anastasio I (399-401): prescribió la postura de pie durante el Evangelio. Concilió los cismas entre Roma y la Iglesia de Antioquía. Condenó los secuaces de costumbres inmorales convencidos de que también en la materia se escondiese la divinidad. 40. San Inocencio I (401-417): estableció la observancia de los ritos romanos en Occidente, el catálogo de los libros canónicos y reglas monásticas. Durante su pontificado vio con mucho dolor el saqueo de Roma por los godos de Alarico. 41. San Zósimo. (417-418): de temperamento fuerte, reivindicó el poder de la Santa Iglesia contra las ingerencias ajenas. Prescribió que los hijos ilegítimos no podían ser ordenados sacerdotes. 42. San Bonifacio I (418-422): su pontificado señaló el principio de la introducción del poder civil en la elección del Papa. 43. San Celestino I (422-432): proclamó el tercer Concilio Ecuménico de Efeso (431), en donde se definió el dogma de “la Maternidad Divina de la Santísima Virgen María”, por la concepción humana del Hijo de Dios en su seno; condenando los errores de la herejía del nestorianismo que veía en Cristo una persona humana unida a la Persona Divina del Hijo de Dios. En este Concilio se definió también “que Nuestro Señor Jesucristo tiene doble naturaleza, por lo tanto, Él es perfecto Dios y perfecto hombre, y que en Él se conservan las diferencias de cada una de las dos naturalezas”. 92


44. San Sixto III (432-440): mantuvo las jurisdicciones de Roma sobre Iliria contra el Emperador de Oriente que quería hacerla depender de Constantinopla. 45. San León I (440-461): fue llamado “el Grande” por la energía utilizada para mantener la unidad y la autoridad de la Santa Iglesia. Proclamó el cuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia (451), en donde se condenó la herejía del monofisismo, que afirmaba que en Nuestro Señor Jesucristo la Persona Divina absorbió a la humana, por lo tanto negaba la naturaleza humana de Cristo. Este Concilio definió “que en Jesucristo hay una Persona y dos naturalezas (unión hipostática), y que en Él se conservan las propiedades inmutables y distintas”. Definiendo “el Misterio de la Encarnación”. 46. San Hilario (461-468): continuó la acción política de su predecesor. Estableció que pontífices y sacerdotes no podían designar sus sucesores. 47. San Simplicio (468-483): bajo su pontificado ocurrió la caída del Imperio de Occidente y el cisma que ocasionó la fundación de las Iglesias cópticas. 48. San Felix III (483-492): trató de establecer la paz en Oriente. 49. San Gelasio I (492-496): instituyó el código para uniformar funciones y ritos de varias Iglesias. Defendió la supremacía de la Santa Iglesia ante la del Rey. Introdujo en la Santa Misa el “Kyrie eleison”. Por su gran caridad fue llamado “el Papa de los pobres”. 50. San Anastacio II (496-498): intervino en la conversión de Clodoveo, rey de los francos. Siglo VI 51. San Símaco (498-514): consolidó los bienes eclesiásticos, llamándolos beneficios estables a usufructo de los clérigos. Rescató todos los esclavos dándoles la libertad. Se le atribuye la primera construcción del Palacio Vaticano. 52. San Hormidas (514-523): durante su pontificado San Benito fundó la Orden Benedictina y la celebre abadía de Monte Casino. Estableció que los obispados fuesen otorgados no por privilegios. 53. San Juan I (523-526): coronó al Emperador Justiniano. Murió encarcelado por el rey bárbaro Teodorico, invasor de Italia. Fue el primer Papa en visitar Constantinopla. 54. San Felix IV (526-530): nombrado Papa por Teodorico, quien más tarde lo repudió y lo desterró. 55. Bonifacio II (530-532): hizo construir el monasterio de Monte Casino sobre el templo pagano de Apolo. 93


56. Juan II (533-535): fue el primer Papa que cambió su nombre. Por un edicto de Atalarico el Pontífice de Roma fue reconocido jefe de los obispos de todo el mundo. 57. San Agapito I (535-536): fue en misión a Constantinopla por deseos del rey de los godos para apagar las malas intenciones del Emperador Justiniano sobre Italia. 58. San Silverio (536-537): los ejércitos bizantinos de Justiniano a las órdenes de Belisario ocupan Roma. El Papa fue exiliado en la isla de Ponza donde fue asesinado. 59. Vigilio (537-555): proclamó el quinto Concilio Ecuménico de Constantinopla II. (553) donde se definió que: “en Nuestro Señor Jesucristo hay dos naturalezas en una sola Persona: el Verbo”. Justiniano proclamó la famosa “Pragmática sanción”. 60. Pelagio I (556-561): su elevación al pontificado sufrió de la influencia de Justiniano siendo Italia una provincia del Imperio Bizantino. Permaneció fiel a los principios de la ortodoxia. Mandó construir la iglesia de los Santos Apóstoles. 61. Juan III (561-574): salvó a Italia de la invasión lombarda, llamó junto a él a todos los italianos a fin de que se defendiesen contra la crueldad de los invasores. 62. Benedicto I (575-579): trató inútilmente de restablecer el orden en Italia y en Francia turbadas por las invasiones bárbaras y ensangrentadas por discordias internas. Confirmó el quinto Concilio Ecuménico de Constantinopla. 63. Pelagio II (579-590): dispuso que cada día los sacerdotes rezasen el Oficio Divino. SIGLO VII. 64. San Gregorio I (590-604): llamado “el Grande”, confirmó la autoridad civil del Papa: se inicia así el “Poder temporal”. Instituyó el canto gregoriano para uso en la liturgia. 65. Sabiniano (604-606): regularizó el sonido de las campanas para indicar al pueblo las horas canónicas, el recogimiento y la oración. Decretó que en las iglesias las lámparas estuviesen siempre encendidas. 66. Bonifacio III (607): prohibió la elección del nuevo Papa antes de que hubiesen pasado tres días de la muerte del predecesor. Estableció que el Obispo de Roma fuese el único Obispo universal, por lo tanto el Papa, definiendo por esto que la sede romana del Apóstol San Pedro fuera la principal de todas las iglesias, dejando sin fundamento el deseo que Constantinopla tenía de ser la sede primada. 94


67. San Bonifacio IV (608-615): consagró el culto cristiano dedicándole a la Santísima Virgen María y a todos los Santos el templo pagano de Agripa: el Pantheón romano, instituyendo en su honor la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. 68. San Adeodato I (615-618): con abnegación curó leprosos y apestados. Fue el primero a imponer el timbre a la Bula y decretos pontificios; siendo éste el más antiguo del Vaticano. 69. Bonifacio V (619-625): su pontificado se caracteriza por las constantes luchas por la corona de Italia. Instituyó la “Inmunidad de asilo” para aquellos que perseguidos, buscasen refugio en la Santa Iglesia. Durante su pontificado Mahoma funda la herejía judeo-cristiana del islamismo. 70. Honorio I (625-638): vio misioneros en casi todo el mundo. Instituyó la fiesta de la “Exaltación de la Santa Cruz” el 14 de septiembre. Sanó las cuestiones de la Iglesia de Oriente, y el cisma de Aquileia por los “tres capítulos”. 71. Severino (640): condenó el monotelismo, herejía que afirmaba que en Nuestro Señor Jesucristo había solamente una voluntad divina. Condenó al Emperador bizantino Eraclio por herejía, por esta condenación el Emperador ordenó saquear la iglesia de San Juan y el Palacio Laterano como venganza. Murió de inmenso dolor. 72. Juan IV (640-642): consagró él mismo 28 sacerdotes y 18 obispos para estar seguro de la profundidad de su Fe. Intentó conducir por el camino de la verdad a los disidentes de Egipto. 73. Teodoro I (642-649): agregó al nombre de Pontífice el título de “Soberano” y reorganizó la jurisdicción interna del clero. 74. San Martín I (649-653): condenó a los obispos de Oriente protegidos por el Emperador bizantino. Celebró por primera vez en la Santa Iglesia la fiesta de la “Inmaculada Concepción” el 8 de diciembre. Murió exiliado y encarcelado con gran sufrimiento. 75. San Eugenio I (654-657): ordenó a los sacerdotes la observancia de la castidad sacerdotal. Se opuso a las intrigas del Emperador comunicando a todos los países de Europa el triste fin de su predecesor. 76. San Vitaliano (657-672): envió nuncios a Galilea, España e Inglaterra. Fue el primer Papa a normalizar el sonido litúrgico del órgano, usándolo en las ceremonias religiosas. Bajo su pontificado los lombardos se convirtieron al cristianismo. 77. Adeodato II (672-676): con ayuda de misioneros logró la conversión del pueblo maronita, pueblo fuerte de origen armenio-siriaco. Fue el primero en usar en las lecturas la fórmula “Salute ed apostólica benedizione”. 95


78. Dono (676-678): logró que durante su pontificado cesase el cisma de Ravena. Animó a los obispos a cultivar las escuelas de Treviri en Galilea y de Cambridge en Inglaterra. 79. San Agatón (678-681): organizó el sexto Concilio Ecuménico en Constantinopla III. (680) que definió “que Cristo posee dos voluntades, una humana y una divina, no opuestas, pero cooperantes, de suerte que el Verbo hecho carne a querido humanamente en obediencia al Padre todo lo que Él ha querido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salud”. 80. San León II (682-683): celebró con gran solemnidad las ceremonias sagradas para que los fieles fuesen cada vez más conscientes de la majestad de Dios. Instituyó la aspersión del agua bendita en las ceremonias religiosas y sobre el pueblo: “el Asperges me”, de la Santa Misa del domingo. 81. San Benedicto II (684-685): restableció la inmunidad de asilo, que las sectas en lucha no respetaban matando a sus adversarios. Logró desligar a la Santa Iglesia del poder del Emperador que había sido introducido por Justiniano. 82. Juan V (685-686): puso orden en las diócesis de Cerdeña y de Córcega, concediendo el derecho sólo a la Santa Sede de nombrar los obispos de estas islas. 83. Conone. (686-687): pontificado agitadísimo a causa de la profunda anarquía que reinaba en la Santa Iglesia. Sufrió muchos atentados de los enemigos y se cree que murió envenenado. Siglo VIII 84. San Sergio I (687-701): intentó terminar con el cisma surgido en la misma Roma e hizo cesar el de Aquileia. Introdujo en la Santa Misa el canto del “Agnus Dei”. 85. Juan VI (701-705): en momentos difíciles para la cristiandad, rechazada en Oriente y en España, defendió los derechos de la Santa Iglesia del Emperador de Oriente y rescató muchos esclavos. 86. Juan VII (705-707): no consintió a las deshonestas propuestas del Emperador Justiniano II, el cual inició las matanzas contra los pueblos latinos y contra los italianos, quienes fueron obligados a separarse del Imperio romano de Oriente. 87. Sisinio. (708): se ocupó de la restauración de las murallas de Roma a causa del asedio por parte de los lombardos y sarracenos. 88. Constantino (708-715): conducido por la fuerza a Bizáncio logró poner un poco de paz entre la Santa Iglesia y el Imperio. Animó a los cristianos de España contra los infieles. Como acto de obediencia inicia el “Beso de los pies” de bronce del Apóstol San Pedro en la Basílica Vaticana. 96


89. San Gregorio II (715-731): en contestación al Edicto de Constantinopla que prohibía el culto de las Sagradas Imágenes ordenando la destrucción, las provincias de Italia se sublevaron contra el ejército de León III en marcha hacia Roma: la secta de los iconoclastas fue expulsada y condenada como herética por este Papa. 90. San Gregorio III (731-741): invocó la ayuda armada de Carlos Martel, rey de los francos, contra los lombardos. De ello deriva el título de “Cristianismo” adoptado después por todos los reyes franceses. Las limosnas fueron llamadas “Óbolo de San Pedro”. 91. San Zacarías. (741-752): destinó rey de los francos a Pipino “el Breve”, siendo la primera investidura de un soberano por parte del Papa. Se hizo consagrar monje. 92. Esteban II (752-757): se creó durante su pontificado el Estado Pontificio y el papado se separó de Bizáncio, pasando a permanecer bajo la protección del reino franco. Con un documento escrito llamado: “la Donación de Pepino”, el rey de los francos garantizó al Papa, como legítima posesión la Sede Apostólica, creándose así el Estado de la Santa Iglesia o Estado Pontificio. El Papa ungió solemnemente a Pepino y a toda su familia y los hijos del rey obtuvieron el título de “Patricios romanos”. 93. San Pablo I (757-767): favoreció la unión con la Iglesia griega. Descubrió los restos de Santa Petronila que según leyenda fue hija de San Pedro. 94. Esteban III (768-772): ungió a Carlomagno rey de los francos, hijo de Pepino. Estableció que los cardenales presbíteros y diáconos tenían derechos a ser elegidos papas y los laicos no tenían ningún derecho al voto. Reafirmó el culto de las Sagradas Imágenes. 95. Adriano I (772-795): restauró las murallas de Roma y los antiguos acueductos. A él se deben la estatua de oro de la tumba de San Pedro y el enlosado de plata puesto delante del altar de la Confesión. Reconstruyó los pórticos de la Catedral de San Juan de Letrán, y empedró en mármol el atrio de la Basílica de San Pablo Extramuros. Organizó la propiedad terrena del campo romano. Convocó el séptimo Concilio Ecuménico de Nicea II (787), que definió el culto de las Sagradas Imágenes: “en el cuerpo de Jesús, Dios quien es por naturaleza invisible, ha devenido visible a nosotros. En efecto, las particularidades individuales del cuerpo de Cristo exprimen la Persona Divina del Hijo de Dios. Aquél, ha hecho suyos, los trazos de su cuerpo humano al punto que, pintados sobre una santa imagen, ellos pueden ser venerados, porque el creyente que venera su imagen, venera en ella la persona que ahí está pintada”101. Profesando este Concilio que hay un solo y un mismo Cristo Señor invisible y visible, incomprensible y comprensible, impasible y pasible, indescriptible y descriptible. ... 101

. Cf. Concilio de Nicea II; El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 601

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Siglo XX 254. León XIII. (1878-1903): condenó en 1878 el nihilismo. Mediante la Encíclica “Humanum genus” del 20 de abril de 1884, condenó la masonería. Proclamó el 1 de noviembre de 1885 la Encíclica “Immortale Dei”, definiendo que la Santa Iglesia Católica es una sociedad perfecta y que “el poder público debe ser referido a Dios y no a la mayoría”. Publicó la Encíclica “Libertas praestantissimus” el 20 de junio de 1888 y en donde expone la doctrina católica contra los errores sobre la ley natural, la ley humana, la libertad de conciencia y la tolerancia, la dignidad del hombre en razón de su libertad, y la extensión de la libertad civil. Reforzó el “non Expedit” de su predecesor. Viendo la modernidad del sistema de trabajo, que comenzaba a esclavizar al individuo, publicó en 1891 la Encíclica “Rerum novarum” (primera encíclica social de la Santa Iglesia), en donde comprometió a la Santa Iglesia en una lucha en favor de una concepción más humana del trabajo, en la protección del trabajador y en la perspectiva de desarrollo social; todo que fuese condicionado a las leyes morales y religiosas, y que se conoce como la doctrina social de la Santa Iglesia, en contraposición del Comunismo que comenzaba a incubarse dentro de la sociedad. Dedicó grandes esfuerzos a la renovación intelectual de la Santa Iglesia, lanzando de nuevo la teología de Santo Tomás de Aquino. León XIII fue conservador y tradicional. Instituyó la fiesta de la Sagrada Familia (que se celebra el primer domingo después de la Epifanía). Durante el año jubilar del 1900 consagró el mundo al Sagrado Corazón de Jesús. Pontífice excepcional, que dio a la Santa Iglesia prestigio y nuevas posibilidades de evangelización. Consagró el mes de octubre al Santo Rosario. 255. San Pío X. (1903-1914): adoptó inmediatamente después de su elección, una intransigente defensa de los derechos de la Santa Iglesia. Se opuso duramente a la separación de la Santa Iglesia y del Estado. Creó en 1905 la Acción Católica, poniendo a las asociaciones católicas laicas bajo el estricto control eclesiástico. Su pontificado se caracterizó por una total condenación del movimiento modernista, quien lo definió como “síntesis de todas las herejías”, condenándolo con la Encíclica “Pascendi”107 del 8 de septiembre de 1907, a través de la cual condena los errores de los modernistas concernientes a los principios filosóficos, comprensión de la Fe, enunciados teológicos, principios de la ciencia histórica y crítica y métodos apologéticos. Contra esta tendencia instituyó el juramento “antimodernista” antes de la ordenación sacerdotal. Fue un verdadero reformador: reformó la Curia romana, los tribunales eclesiásticos, y los seminarios. Lanzó la enseñanza del Catecismo. Preparó y codificó por primera vez el Derecho Canónico. Reformó las normas del cónclave para la elección del Papa. Recomendó la comunión frecuente, diaria, abriendo el Sagrario a los niños desde los siete años. Reformó el canto gregoriano. Publicó una revisión del Breviario y empezó la del Misal. Instituyó el juramento “antimodernista” que todo sacerdote debía pronunciar antes de su ordenación sacerotal. Engrandeció la liturgia romana. Su divisa: “restaurarlo todo en Cristo”. Su proceso de canonización comenzó en 1923. Fue beatificado en 1951 y canonizado en 1954 por el Papa Venerable Pío XII. 107

. Cf. Ver: El Modernismo: Encíclica “Pascendi” de Su Santidad San Pío X. Págs. 372-391

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256. Benedicto XV. (1914-1922): fue elegido Papa durante la primera guerra mundial, quien la definió como una “inútil matanza”. A la guerra se opuso con toda su fuerza desde sus comienzos, manteniendo una rigurosa neutralidad y desarrollando una intensa actividad diplomática para llegar a una tregua, todo ello juntamente con el desarrollo de una obra de asistencia a las víctimas y a los prisioneros de guerra. Durante su pontificado tuvieron lugar dos hechos que han determinado la historia de la Santa Iglesia: las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima (del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917) 108 y la revolución comunista de Rusia en el mismo año. Canonizó a Santa Juana de Arco. Durante su pontificado el número de países con representación diplomática junto a la Santa Sede creció enormemente de 14 a 27 entre los cuales, Inglaterra, que mandó un encargado de sus asuntos por primera vez después de tres siglos de enemistad. En 1919 escribió la Encíclica “Maximum illud”, en donde establece la necesidad de formar un clero en el nuevo mundo y de encausar la obra misionera al bienestar de los pueblos colonizados. 257. Pío XI. (1922-1939): impartió la bendición “Urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo), que no había sido impartida desde 1870. Inició una intensa política concordataria, que lo llevó a concluir acuerdos y tratados con unos veinte Estados. En Francia logró mejorar las relaciones llegando a un acuerdo sobre las cuestiones abiertas de la ley francesa de 1905, que había sancionado la separación entre la Santa Iglesia y el Estado. En Italia llegó a la “conciliación” con el gobierno italiano, guiado desde 1922 por Benito Mussolini, por medio de la firma de los Pactos de Letrán, el 11 de febrero de 1929, consistentes en un tratado, un concordato y una convención económica. Estos constituyeron el actual Estado de Ciudad del Vaticano, independiente, y cerraron definitivamente la cuestión romana, y el Estado italiano reconoció al catolicismo como la religión oficial, anulando la paridad de cultos, introducida cuarenta años más tarde. Por medio de la Encíclica “Divini Redemptoris” del 19 de marzo de 1939, condenó al Comunismo, definiendo su doctrina como la antitesis del catolicismo y que busca destruir la unión entre los ciudadanos y la sociedad a través de la anarquía totalitarista. En su Encíclica “Quadragesimo anno” del 15 de mayo de 1931, definió la autoridad de la Santa Iglesia dentro del campo social y económico; el derecho de poseer los bienes y de cómo utilizarlos; el capital y el trabajo; la justa retribución del trabajo; el orden social justo; y condena al socialismo, definiéndolo como una doctrina contraria al catolicismo. Publicó la Encíclica “Quas primas” el 11 de diciembre de 1922, en la cual definió que Cristo es Rey de la sociedad, y como tal debe reinar en medio de los hombres. El 31 de diciembre de 1929 publicó la Encíclica “Divini illius magistri”, en la cual define el derecho de la Santa Iglesia concerniendo la educación: el derecho de la familia concerniendo la educación; el derecho de la sociedad civil concerniendo la educación; y la educación sexual. Por medio de la Encíclica “Casti connubii”, el Papa Pío XI define la institución divina del Sacramento del Matrimonio; los bienes del matrimonio cristiano; los abusos del matrimonio; el atentado contra la vida en gestación; sobre el divorcio. Y el 20 de diciembre de 1935 publicó la Encíclica “Ad catholici sacerdotii”, en donde define los efectos de la ordenación sacerdotal; y sobre las oraciones litúrgicas. Convencido de que la Santa Iglesia 108

. Cf. Ver: El Testimonio de Sor Lucia. Págs. 391-404

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debía reinar en la sociedad y no fuera de ésta, el Papa Pío XI se inspiró siempre a este principio. Reorganizó la Acción Católica, fundada en la cooperación de los laicos y los eclesiásticos en el apostolado y favoreció su difusión en muchos países. Celebró el año jubilar de 1925 y declaró también, el año 1933 jubilar, para celebrar el decimonoveno centenario de la Redención. Instituyó la fiesta de Cristo Rey, en el último domingo de octubre. Favoreció las misiones. Fue desconfiado acerca del movimiento ecuménico y prohibió a los católicos de participar en reuniones con miembros de otras Iglesias. En 1931 fundó la Radio Vaticana. 258. Venerable Pío XII. (1939-1958): durante su pontificado se produjo la segunda guerra mundial, quien se declaró imparcial e intentó por la vía diplomática de detenerla. Durante toda la guerra y mediante diversos organismos católicos, puso en acto un imponente programa de ayuda y de búsqueda para los prisioneros de guerra. Favoreció a los judíos, ofreciéndoles asilo y refugio en el Vaticano, en conventos e instituciones eclesiásticas. Intervino durante la guerra, en repetidas ocasiones, en favor del restablecimiento de la paz, usando los mensajes navideños transmitidos por radio; y representando la democracia, inspirada en los principios de una “civilización cristiana” como antídoto contra el totalitarismo, sobre todo del Comunismo. El 28 de junio de 1949 tomó personalmente la decisión, actuada mediante un decreto del Santo Oficio, de proceder a la excomunión de los católicos militantes del partido comunista o que lo apoyaran. Publicó la Encíclica “Mística corporia”, el 29 de junio de 1943, y en donde definió quienes son los miembros de la Santa Iglesia; la función de los obispos dentro del Cuerpo Místico de Cristo; la cooperación de los miembros del Cuerpo Místico con la Cabeza; la vida de Cristo dentro de la Santa Iglesia; el Espíritu Santo como alma de la Santa Iglesia; la naturaleza del Cuerpo Místico; la ciencia del alma de Cristo; la Santa Iglesia como plenitud de Cristo; la habitación del Espíritu Santo en las almas; las falsas tendencias de la vida espiritual; la salvación de los hombres fuera de la Santa Iglesia visible. El 30 de septiembre de 1943, publicó la Encíclica “Divino aflaute Espíritu”, en donde definió la autenticidad de la Vulgata; el sentido literal y el sentido espiritual de la Sagrada Biblia; los géneros literarios en la Sagrada Biblia; y la libertad de la búsqueda bíblica científica. El 20 de noviembre de 1947, publicó la Encíclica “Mediator Dei”, en donde define los elementos constitutivos de la liturgia; la eficacidad de las acciones litúrgicas en el orden de la gracia; la esencia del Santo Sacrificio eucarístico; el sacerdocio de los fieles; la comunión como parte integral del Santo Sacrificio eucarístico; y la presencia de Cristo dentro del misterio de la Santa Iglesia. El 12 de agosto de 1950, publicó la Encíclica “Humani generis”, en donde define el conocimiento de Dios; las tendencias peligrosas dentro de la nueva filosofía; el método apologético; la conservación de la terminología teológica; la autoridad del magisterio eclesiástico; el uso y el abuso de las fuentes de la Revelación; las consecuencias de las tendencias teológicas modernas; los principios de una sana filosofía; y la aplicación de las ciencias positivas en la religión. Mediante la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus” del 1 de noviembre de 1950, definió el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos en cuerpo y alma, haciendo uso, por primera vez y hasta ahora la única de la infalibilidad papal definida en el Concilio Vaticano I en 1870. Promovió en muchas maneras el culto mariano, 100


valorizando las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima Portuga en 1917. Autorizó (del 1939 al 1949 y durante la ocupación de Roma por las tropas alemanas) las excavaciones subterráneas de la Basílica de San Pedro, que dieron como resultado el hallazgo de la tumba de San Pedro, el primer Papa de la Santa Iglesia Católica109, como así lo anunció al término del año jubilar de 1950. Canonizó treinta y tres santos entre ellos a San Pío X. El Papa Pío XII instituyó la fiesta del Corazón Inmaculado de María, que se celebra el 22 de agosto. 259. San Juan XXIII. Pastor et nauta (1958-1963): su pontificado produjo un cambio radical en la historia de la Santa Iglesia Católica. El 17 de agosto de 1959 decidió no revelar el Tercer Secreto de Fátima. Convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), de gran relieve innovador, al que dio el objetivo de “aggiornamento” de la Santa Iglesia con el mundo moderno, mediante la renovación de la doctrina, de la disciplina y de la organización, para abrir el camino hacia la reunión con los “hermanos separados”. La preparación del Concilio, por medio de los órganos y comisiones preparatorias, inició en 1960 y finalmente se inauguró en San Pedro el 11 de octubre de 1962, en un clima de gran apertura, demostrada por la presencia de observadores de numerosas Iglesias no católicas. Continuó las reformas litúrgicas comenzadas por Pío XII. El 25 de julio de 1960 publicó el Motu proprio “Rubricarum instructum”, sobre las rúbricas del Breviario y del Misal, y que dio origen al Misal Romano de 1962 por él promulgado110. Aumentó el número de cardenales a ochenta y siete. Invirtió la tendencia a la centralización, dando un papel cada vez más importante a las diócesis. La Santa Sede comenzó a tener contactos más cercanos con el mundo comunista. Publicó la Encíclica “Pacem in terris” el 11 de abril de 1963, escrita no sólo para los católicos sino para todos los hombres, en la que pone los derechos del hombre como fundamento de la paz y exhorta a la coexistencia pacífica entre los países de occidente y los regímenes comunistas. Otro aspecto fundamental de su pontificado fue el diálogo para la unidad de los cristianos, instituyendo un secretariado para dicha unidad. Fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril de 2014. 260. Beato Pablo VI. Flos florum (1963-1978): fue elegido cardenal por San Juan XXIII, con quien colaboró a la preparación del Concilio Vaticano II, sosteniendo la línea de reforma. Después de su elección como Papa, su primera preocupación fue de hacer suyo el Concilio Vaticano II y condujo la mayor asamblea episcopal de la historia de la Santa Iglesia Católica hacia una reforma radical del catolicismo, favoreciendo las orientaciones renovadoras del Concilio. En la Encíclica “Ecclesiam suam” expresó los puntos cruciales de su pontificado: la renovación de la Santa Iglesia, el diálogo con las diversas confesiones y con los ateos. Fue el primer Papa en visitar la Palestina. El Concilio Vaticano II, bajo su propia autoridad, afrontó temas fundamentales como la libertad religiosa, las relaciones con los judíos, el ecumenismo y la colegialidad episcopal. Bajo su pontificado el Concilio Vaticano II aprobó la declaración “Nostrae aetate” sobre los contactos con las religiones no cristianas,

109

. Cf. Ver: La Tumba del Apóstol San Pedro en Roma. Págs. 113-116 . Cf. Esta edición del Misal romano es utilizada en la celebración de la Forma Extraordinaria del Rito Romano; ver: Carta Apostólica Motu proprio Data “Summorum Pontificum”. Págs: 469-474 110

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incluido el judaísmo, para los cuales el Concilio deploró “los odios”, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo. El día anterior de la clausura del Concilio se eliminó de la memoria de la Santa Iglesia Católica y de la de Constantinopla las excomuniones recíprocas de 1054, dando inicio a una nueva época. Reformó el Santo Oficio, cambiándole el nombre por la Congregación para la Doctrina de la Fe. La decisión representó una anticipación de la reforma de la Curia, que él mismo desde 1963 había reservado a la competencia del Papa. Las iniciativas reformadoras se multiplicaron, en 1966 el Índice de Libros Prohibidos no tuvo el valor de ley eclesiástica, lo cual dio el origen de la eliminación del Imprimátur de los libros religiosos. En 1967 fue reformada la Curia por entero. Llevó adelante las reformas queridas por el Concilio Vaticano II, en particular modo de la reforma litúrgica llevando a la práctica la Encíclica “Sacrosanctum Concilium” del 4 de diciembre de 1963. Reformó mediante la Constitución Apostólica “Missale romanum”, del 3 de abril de 1963, el Misal romano instituyendo la Misa Nueva, conocida normalmente, como Misa de Pablo VI, que estableció la substitución del latín por las lenguas vernaculas, la Misa cara al pueblo, el sacerdote como un presidente de la asamblea de los fieles, etc111, y que provocó la contestación de sectores tradicionalistas con la oposición de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En la Encíclica “Sacerdotalis caelibatus”, de 1967, el Papa reafirmó la obligación del celibato para los sacerdotes. La Encíclica “Humanae vitae”, de 1968, condenó los métodos anticonceptivos. Proclamó a Santa Teresa de Ávila y a Santa Catalina de Siena “Doctoras de la Santa Iglesia”. Trabajó duramente por la paz entablando diálogo con los países comunistas. En 1975 el Papa celebró el año jubilar, que caracterizó el sentido conciliar haciendo preceder por primera vez en la historia, las reformas litúrgicas del Concilio a las del resto del mundo. Fue beatificado por el Papa Francisco el 19 de octubre de 2014. 261. Venerable Juan Pablo I. De medietate lunae (1978): treinta y tres días, duró su pontificado. Sobre su muerte repentina corrieron leyendas, entre otras la de que el Papa había sido envenenado porque tenía la intención de reformar la banca vaticana. Fue el primer Papa en tomar doble nombre, en recuerdo de sus dos últimos predecesores, y afirmó el deseo de querer aplicar las directrices del Concilio Vaticano II en el mantenimiento de la disciplina de la Santa Iglesia. Rechazó la tradicional coronación y se le llamo el Papa de la sonrisa. Siglo XXI 262. San Juan Pablo II (1978-2005): cardenal Karol Wojtila. Es el primer Papa polaco en toda la historia de la Santa Iglesia Católica. Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978. El 6 de agosto de 1984, con su autorización, la Congregacion para la Doctrina de la Fe publicó la Instrucción “Libertatis nuntius”, en donde se condena la “Teologia de la Liberación”. 111

. Esta reforma de la Santa Misa efectuada por el Papa Beato Pablo VI produjo la reacción de los cardenales Ottaviani y Bacci; ver: Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 422-437

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Bajo su pontificado se produjo el cisma de Monseñor Marcel Lefebvre, por haber consagrado cuatro obispos el 30 de junio de 1988 sin su permiso. El 2 de julio de 1988, debido a este cisma, publicó el Motu propio “Ecclesia Dei”, para reunir a todos los católicos deseosos de seguir continuando con las tradiciones litúrgicas preconciliares, según el Misal romano de 1962112. Durante su largo pontificado se pueden individualizar algunas directrices constantes, entre ellas: la atención hacia los países de Europa central y oriental; la búsqueda de la unión entre las religiones bajo la directriz del ecumenismo interreligioso, Asís en 1986 y en 2002; el San Juan Pablo II diálogo con el Comunismo ha sido “De Labore Solis” notorio también durante su pontificado, al De los Trabajos del Sol igual que con el judaísmo y el islamismo; y ha quedado esto señalado con significativas iniciativas, como la visita del Pontífice a la sinagoga de Roma. Son muy numerosos los discursos y los documentos papales; entre ellos 14 encíclicas, en donde ha definido la doctrina católica con respecto a la Santísima Trinidad; a la doctrina social de la Santa Iglesia; a la Santísima Virgen María; a las misiones; a la moral; a la defensa de la vida humana, especialmente contra el aborto; a la sacralidad del matrimonio entre un hombre y una mujer; al ecumenismo; a la relación entre la Fe y la razón; a la Santa Eucaristía. Fundamentalmente es el papel de sus viajes internacionales, que se contaron en 104 a 129 paises. Han tenido gran resonancia sus viajes a los países de mayoría musulmana y a los países comunistas. Han sido muy frecuentes las ceremonias de beatificación en lo largo de su pontificado; y de canonización, tantas veces celebradas durante sus viajes, con las que han sido proclamados un número sin precedentes de beatos (1341) y de santos (482). Durante su pontificado ha dado un gran impulso al culto y a la devoción a la Santísima Virgen María. Grande y particular acento ha tenido la preparación y celebración del año jubilar de 2000, evento que, en varias ocasiones el Papa, ha presentado como fundamento de su misión pontifical, y que lo ha situado con relación al tema del Sacramento del Perdón. Han sido numerosas en su pontificado las Asambleas del Sinodo de los Obispos y de los Cardenales, con un incremento de la dimensión colegial del gobierno de la Santa Iglesia Católica, querida por el Concilio Vaticano II. Bajo su pontificado, la Santa Sede ha establecido relaciones diplomáticas con un gran número de países en los cuatro continentes del planeta. 112

. Cf. Ver: Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 449-451; La Santa Misa del 24 de Mayo de 2003 en la Basílica de Santa María Mayor. Págs. 457-466

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Entre las preocupaciones de su pontificado sobresale la necesidad de una “Nueva evangelización”, frente a la caótica situación de apostasía en que se encuentra el mundo.113 La protección de la familia ha sido de vital importancia durante su pontificado, como también, la actividad en favor de la paz, de la justicia y del desarrollo espiritual y material. Otras iniciativas del pontificado han sido la revisión del Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina; la codificación de la Iglesia oriental; la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica; el rigor en el campo doctrinal y disciplinar de la Santa Iglesia; y la creación de más de doscientos cardenales, un hecho sin precedentes dentro de la Santa Iglesia Católica. El 16 de octubre de 2002 publicó la Encíclica “Rosarium Virginis Mariae”, con la cual declaró el año del Santo Rosario, y anuncia la institución de los cinco Misterios Luminosos o de la Vida Pública de Nuestro Señor Jesucristo dentro del Santo Rosario: “el Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán, La Autorrevelación de Nuestro Señor Jesucristo en las Bodas de Caná, La Anunciación del Reino de Dios, la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, y la Institución de la Sagrada Eucaristía”114, destinando el día jueves para la recitación de estos misterios en el Santo Rosario. El 17 de abril de 2003 publicó la Encíclica “Ecclesia de Eucharistía”, contra los abusos en la nueva liturgia115. El 10 de junio de 2004 declaró la celebración del Año de la Santa Eucaristía, del 17 de octubre de 2004 al 16 de octubre de 2005. Condenó en todas sus formas al Terrorismo devastador y destructor de las naciones116. Murió el 2 de abril de 2005 a la edad de 84 años. Fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril de 2014. Su pontificado ha estado marcado por una disminución sin presedentes de la práctica religiosa y de la Fe católica117. Después de los pontificados del Apóstol San Pedro, que duró 34 años, y del Beato Pío IX, que duró 31 años, su pontificado, que duró 26 años, ha sido el tercero más largo en toda la historia de la Santa Iglesia Católica.118 263. Benedicto XVI (2005-2013): cardenal Joseph Ratzinger. Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante el pontificado de San Juan Pablo II. Fue elegido Papa el 19 de abril de 2005. 113

.Cf. Ver: El Modernismo: Encíclica “Pascendi” de Su Santidad San Pío X. Págs. 372-391; Estadística de una Pérdida de la Fe católica. Págs. 438-439 114 . Cf. AAS 95 (2003); ver: Los Misterios del Santo Rosario. Págs. 332-335 115 . Cf. Ver: Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 145-167 116 . Cf. Ver: El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 398-400; El Secreto de la Aparición del Mes de Julio. Págs. 406-409; Cronología de una Desobediencia. Diálogo de Sor Lucia con el Padre Agustín Fuentes. Rusia, Castigo de Dios, y la Batalla decisiva entre la Santísima Virgen María y Satanás: la Defección de las Almas consagradas y de los Sacerdotes. Pág. 412. El 24 de Marzo de 2004. Pág. 419 117 . Cf. Ver: El LLanto de Nuestra Señora en La Salette. Págs. 367-372; El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 398-400; Estadística de una Pérdida de la Fe católica. Págs. 438439; Las Profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso. Págs. 441-444 118 . Cf. Parte del texto de esta Lista Cronológica de los Papas ha sido tomado de los libros: Los Papas, Veinte Siglos de Historia. Ed. Pontificia Administración de la Patriarcal Basílica de San Pedro. Ed. Librería Editorial Vaticana. Roma. Italia. 2000 y Los Papas. Historia y Secretos. Claudio Rendina.Ed. Newton Compton. Roma. Italia. 2006

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El 28 de junio de 2005 aprobó y promulgó el “Compendio del Catecismo de la Santa Iglesia Catolica”, escrito en forma de preguntas y respuestas; un Compendio que resume todos los aspectos esenciales de la doctrina de la Santa Iglesia Catolica, y en plena armonia con el Catecismo de la Iglesia Catolica publicado por su predecesor en 1992. Del 18 al 21 de agosto de 2005, en su primer viage apostólico, visitó Alemania, y siguiendo la misma linea de su predecesor San Juan Pablo II, se reunió con la juventud en Colonia. El 8 de diciembre de 2005 celebró los 40 años de la clausura del Concilio Vaticano II en la Basílica de San Pedro. El 25 de enero de 2006 publicó su primera Encíclica titulada: “Deus caritas Benedicto XVI est”, en la cual el sumo pontifice expresa en “Caput Nigrum” una manera visible al Dios viviente, y Cabeza Negra comunica a los demás el Amor del Señor que Benedicto XVI. la Santa Iglesia ha recibido, para que Él, redescubierto con Su Amor, atraiga a “Caput nigrum”. (La Cabeza oscura). todos hacia la verdadera Fe. Del 25 al 28 de mayo de 2006, en su segundo viaje apostólico, visitó Polonia, siguiendo las huellas de su predecesor San Juan Pablo II, para confirmar en la Fe a la Iglesia de Polonia. Del 8 al 9 de julio de 2006, en su tercer viaje apostólico, visitó España, para asistir al V Encuentro Mundial de la Familia, en donde defendió el valor tradicional de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, fundamento de la familia119. El 11 de julio de 2006 nombró al Padre Federico Lombardi, SJ., nuevo director de la Sala Estampa Vaticana, en reemplazo del médico y periodista español Joaquín Navarro Valls. Del 9 al 14 de septiembre de 2006, en su cuarto viaje apostólico, visitó nuevamente Alemania, para visitar Baviera, su tierra natal. El 30 de septiembre de 2006 publicó la primera parte de su libro: “Jesús de Nazaret”, dedicado a la vida pública de Cristo, desde el bautismo en el río Jordán, hasta la Transfiguración; con el propósito de presentar el Jesús del Evangelio como el “Jesús histórico” en sentido verdadero y propio. Del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2006, en su quinto viaje apostólico, visitó Turquía; trazando los senderos hacia la futura unidad con la Iglesia Ortodoxa, a través del dialogo, la oración y la vida eclesial120. El 22 de febrero de 2007 publicó la Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis”, con la intención de explicar las lineas fundamentales de acción, orientadas a incrementar el fervor por la Santa Eucaristía, siguiendo el 119 120

. Cf. Ver: Del Sacramento del Matrimonio. Págs. 189-196 . Cf. División creada con el Cisma de la Iglesia de Oriente en 1054 durante el papado de San León IX

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vasto patrimonio doctrinal y disciplinar acumulado a través de los siglos por la Santa Iglesia sobre este Santísimo Sacramento121. Del 9 al 14 de mayo 2007, en su sexto viaje apostólico, visitó Brasil; para inagurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, con el fin de dar un nuevo impulso a la evangelización, y para fortalecer en la Fe a los pueblos de este continente, llamado por los papas: “continente de la esperanza”, por encontrarse en él, el 50% de los catolicos del mundo. El 27 de mayo de 2007 publicó una “Carta a los católicos de la República Popular China”, para darles algunas orientaciones en mérito a la vida de la Santa Iglesia y a la obra de evangelización en China, y Escudo Papal de para exhortarlos a mantenersen unidos al Vicario de Benedicto XVI122 Jesucristo, y para reclamar la libertad religiosa al gobierno comunista de la China123; en ella, pidió también por la unión de todos los católicos del mundo, especialmente por la Iglesia en China, mediante la oración: primero, en la jornada mundial de oración por la Iglesia de China, el día 24 de mayo de 2008, cuando se celebra la memoria litúrgica de Nuestra Señora “Auxilium christianorum”, y venerada en este día de manera particular en el santuario de Sheshan en Shanghai; y segundo, a través de la recitación del Santo Rosario durante el año litúrgico 2007/2008124. El 28 de junio de 2007 convocó en la Basílica de San Pablo Extramuros, el año jubilar dedicado al Apóstol San Pablo, del 28 junio de 2008 al 29 de junio de 2009, al celebrarse los dos mil años de su nacimiento. El 7 de julio de 2007 publicó la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio: “Summorum pontificum”, a travéz de la cual, libera el uso del Misal Romano editado por San Juan XXIII en 1962, y establece las normas para la libre celebración de la liturgia tradicional preconciliar125. Condenó, como su predecesor el Papa San Juan Pablo II, el Terrorismo internacional, e igual que su predecesor Benedicto XV126, se ha opuesto a la guerra, condenando cualquier forma de conflicto, y, se ha proclamado defensor de la paz, han sido muchas sus intervenciones en contra de la violencia y en favor de la paz127. ... 121

. Cf. Ver: Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 145-167 Cf. En el escudo papal del Papa Benedicto XVI aparece la cabeza de “Moro de Frisinga”, que simboliza la diócesis de la cual fue su obispo, y representa la profecía perdida del “Caput nigrum” o “Papa negro” que en 1820 se eliminó de la lista de la profecía de San Malaquías sobre los Sumos Pontífices; ver: Las Profecías sobre los últimos Siete Sumos Pontífices. Págs.444-446 123 . Cf. Ver: Misiones vivas. Págs. 85-86 124 . Cf. Ver: El Santo Rosario. Págs. 327-339 125 . Cf. Ver: Carta Apostólica Motu propio Data: “Summorum Pontificum”. Págs. 469-474 126 . Cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 256. Benedicto XV. Pág. 99 127 . Cf. Benedicto XVI ha recitado la oración dominical del Angelus del 22 de julio de 2007, con la mirada en las nubes amenazadoras que se reflejan en el horizonte, diciendo: “siento todavía más intensamente el impacto doloroso de las noticias que me llegan acerca de los enfrentamientos sanguinarios y de los episodios de violencia que se verifican”. Esto lo ha dicho a seis mil personas, incluido un grupo de 60 chinos guiados por el Cardenal de Honk Kong, Zen Ze-kiun. Después hizo un enérgico llamado a los poderosos de la tierra para que paren la carrera armamentística. Hay necesidad que recorran con tenacidad “la vía del derecho”, suspendiendo “la carrera a los armamentos”, al nuclear y “más en general la tentación de afrontar nuevas situaciones con 122.

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El 5 de octubre de 2012 concedió a todos los fieles una indulgencia plenaria con motivo del Año de la Fe, válida del 11 de octubre de 2012 al 24 de noviembres de 2013. El 7 de octubre de 2012 declaró a San Juan de Ávila y a Santa Hildegarda de Bingen, Doctores de la Santa Iglesia Católica; en este mismo día, inauguró la décima tercera Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, cuyo tema ha sido “la Nueva Evangelización para la transmisión de la Fe cristiana”, llevada a cabo en Roma, del 7 al 28 de octubre de 2012. El 11 de octubre de 2012 inauguró el Año de la Fe, con ocasión del cincuentagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II; en el texto de su homilía manifestó que “¡Si hoy la Santa Iglesia propone un nuevo Año de la Fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años, de anunciar a Cristo, alegría y esperanza que libera del pesimismo en el desierto de un mundo sin Dios!” 158. El 10 de noviembre de 2012 promulgó la Carta Apostólica “Latina lingua”, en forma de Motu proprio, con la cual instituyó la Pontificia Academia Latinitatis, para promover el latín dentro de la Santa Iglesia Católica. El 21 de noviembre de 2012 publicó la tercera parte de su libro: “Jesús de Nazaret”, dedicado a la Infancia de Nuestro Señor Jesucristo, desde la anunciación, hasta la vida oculta en Nazaret; para explicar que los relatos que narran los evangelios sobre la vida del Niño Jesús, son basados en la historia real, y no en narraciones míticas. El 24 de noviembre de 2012, en un consistorio, crea seis nuevos cardenales. El 3 de diciembre de 2012 creó una cuenta personal en Twitter, con el nombre de @Pontifex; y el 12 de diciembre de 2012 envió su primer tweet diciendo: “queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias a todos por vuestra respuesta generosa. Os bendigo de todo corazón”. El 16 de enero de 2013 publicó dos Cartas Apostólicas en forma de Motu proprio: “Fides per doctrinam”, con la cual se modifica la Constitución Apostólica “Pastor bonus” y se traslada la competencia sobre la catequesis de la Congregación para el Clero al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, y “Ministrorum institutio”, con la cual se modifica la Constitución apostólica “Pastor bonus” y se traslada la competencia sobre los seminarios de la Congregación para la Educación Católica a la Congregación para el Clero. El 11 de febrero de 2013 manifestó públicamente su deseo de renunciar al pontificado a partir del 28 de febrero de 2013. El 22 de febrero de 2013 publicó la Carta Apostólica “Normas nonnullas”, en forma de Motu proprio, sobre algunas modificaciones a las normas relativas a la elección del Romano Pontífice. viejos sistemas”. Como es tradicional el texto papal no contiene ningún referimento explícito, aunque si legendo en medio de las lineas no es difícil entrever los temores por la reciente decisión de Rusia de suspender el Tratado para la reducción de las fuerzas convencionales en Europa, o por la obstinencia de Irán y de Corea del Norte de llevar adelante el programa nuclear. Diario Il Messaggero del 23/07/07; ver: El Testimonio de Sor Lucia”. Págs. 391-404; El Secreto de la Aparición del Mes de Julio. Págs. 406-409; Cronología de una Desobediencia. Págs. 409-419 158 . Cf. Ver: Estadística de una Pérdida de la Fe Católica. Págs. 438-439

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El 28 de febrero de 2013 renunció al pontificado159. Después de su renuncia recibió el título de “Papa emérito” y decidió vivir en el Monasterio Mater Ecclesiae en el Vaticano para allí pasar sus últimos días. Papa Benedicto XVI proclamó 34 nuevos santos y más de 600 nuevos beatos para la Santa Iglesia Católica. 264. Francisco (2013-2018): cardenal Jorge Mario Bergoglio. Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina. Es el primer Papa latinoamericano en toda la historia de la Santa Iglesia Católica. Fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013. El 14 de marzo de 2013 visitó la Basílica de Santa María La Mayor de Roma para encomendar su pontificado a la Santísima Virgen María. El 19 de marzo de 2013, en la solemnidad de la fiesta de San José, Patrón universal de la Santa Iglesia Católica, fue consagrado solemnemente Papa y obispo de Roma. En este mismo día, a travéz de su cuenta de Twitter, envió el primero de sus tweets diciendo: “mis queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí” 161. El 7 de abril de 2013, en la Basílica de San Juan de Letrán, tomó posesión de la cátedra romana en su calidad de Obispo de Roma, diciendo: “con gran alegría celebro por primera vez la Eucaristía en esta Basílica Lateranense, que es la Catedral del Obispo de Roma”. El 1 de mayo de 2013 decidió Francisco incluir la invocación a San José dentro “Gloria Olivae”160 de las Plegarias Eucarísticas del Misal La Gloria del Olivo

159

. Cf. Benedicto XVI renunció al pontificado para dar cumplimiento, de esta forma, a las diferentes profecías sobre los últimos Papas, profetizadas en las Sagradas Escrituras, por la Santísima Virgen María, y por algunos Santos de la Santa Iglesia Católica; ver: Las Edades de la Santa Iglesia. Pág. 117; El Llanto de Nuestra Señora en La Salette. Págs. 367-372; El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 398-400; Cronología de una Desobediencia. El 26 de Junio de 2000. Págs. 417-418; Las Profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso. Págs. 441-444; Las Profecías sobre los últimos Siete Sumos Pontífices. Págs. 444-446; Las Dos Columnas. Págs. 447-448 160. Cf. Las frases en latín escritas junto a los nombres de los últimos seis Papas hacen referencia a las profecías de San Malaquías y del Monje de Padova sobre los Papas; ver: Las Profecías sobre los últimos Siete Sumos Pontífices. Págs. 444-446; Bibliografía. Vídeos de referencia. Profecía de San Malaquías sobre el último Papa. Pág. 494 161 . Cf. El Papa Francisco el 31 de marzo de 2013, en ocasión de la bendición “Urbi et Orbi” en el domingo de Resurrección, pidió la paz para la humanidad con estas palabras: “paz a todo el mundo, aún tan dividido por la codicia de quienes buscan fáciles ganancias, herido por el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, desgarrado por la violencia ligada al tráfico de drogas y la explotación inicua de los recursos naturales”. Estas palabras del Papa Francisco siguen demostrando que el pedido de la Santísima Virge María de consagrarle Rusia a su Corazón Inmaculado, en unión con todos los obispos católicos del mundo, no se ha hecho, lo cual no ha traido la paz para el mundo; ver: El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 398-400; El Secreto de la Aparición del Mes de Julio. Págs. 406-409

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romano; mediante el decreto “Paternas vices” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El 12 de mayo de 2013, durante su primera ceremonia de canonización, elevó a los altares a Antonio Primaldo y sus 800 compañeros, mártires que se rehusaron a convertirse al islamismo en Otranto (Italia), en 1480; a Santa María Laura de Jesús Montoya Upegui, primera religiosa santa colombiana; y a Santa María Guadalupe García Zavala, religiosa mexicana. El 13 de mayo de 2013, el Cardenal Patriarca de Lisboa, José Policarpo, consagró su pontificado a Nuestra Señora de Fátima, en respuesta a una reiterada petición del Papa Francisco mismo de que así lo hiciera. El 31 de mayo de 2013 rezó el Santo Rosario en la Plaza de San Pedro. El 16 de junio de 2013, dentro del marco de la Jornada de la “Evangelium vitae” que se celebró en Roma con motivo del Año de la Fe, animó a los católicos a dar un profundo “sí” a la cultura de la vida, y un rotundo “no” a la cultura de la muerte con las siguientes palabras: “digamos sí a la vida y no a la muerte, digamos sí a la libertad y no a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo; en una palabra, digamos sí a Dios, que es amor, vida y libertad, y nunca defrauda”. El 24 de junio de 2013, mediante un Quirógrafo, instituyó una Comisión Pontificia para investigar las actividades del Instituto para las Obras de Religión (IOR), a fin de que cumpla con el espíritu para el que fue creado y para que impregne también los principios del Evangelio a “las actividades de carácter económico y financiero”. El 5 de julio de 2013 publicó la Encíclica “Lumen fidei”, sobre la virtud teologal de la Fe; para demostrar que “la Fe ilumina toda la existencia del hombre, porque es un don de Dios, es un bien para todos, es un bien común, que debe ser alimentado y fortalecido para que nos ayude a distinguir entre el bien y mal”162. En este mismo día consagró el Estado de la Ciudad del Vaticano al Arcángel San Miguel y a San José. El 8 de julio de 2013 visitó Lampedusa, en Italia; allí denunció la “globalización de la indiferencia” ante el drama de las víctimas de la emigración ilegal. El 11 de julio de 2013 publicó su primer “Motu proprio”, con el cual reforma la justicia penal vaticana, con el endurecimiento de las condenas por delitos de abusos contra menores, y cancela la cadena perpetua en el Vaticano. El 18 de julio de 2013, mediante un Quirógrafo, estableció una Comisión Pontificia referente sobre la organización de la estructura economicoadministrativa de la Santa Sede. Del 22 al 29 de julio de 2013, en su primer viaje apostólico, visitó Brasil; con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. En el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, advirtió a los jóvenes sobre “los ídolos pasajeros” como el dinero y el placer que se presentan en la sociedad, dijo: “hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros”; y los exhortó a cumplir con este mandato: “id por todo el 162

. Cf. Ver: Las Virtudes teologales. La Fe. Págs. 362-363 109


mundo llevando el mensaje del Evangelio, haciendo más discípulos de Cristo. Ustedes son constructores de la Fe. Son el presente y el futuro de la Santa Iglesia, que es una sola familia, ustedes son parte principal de ella. Jesucristo cuenta con ustedes. La Santa Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes. El mundo necesita de Cristo. No ser cristianos de fachada, sino cristianos auténticos que viven en la Fe de Cristo y comprometidos a servir. Tres cosas nos pide Dios: la oración, cumplir con los Sacramentos y ayudar a los demás”. El 8 de agosto de 2013 promulgó el Motu proprio “Fidelis dispensator et prudens”; para la constitución de una nueva estructura de coordinación de los asuntos económicos y administrativos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. El 22 de agosto de 2013 visitó Cerdeña, en Italia, para rendir homenaje a la Virgen de Bonaria, Patrona de esta isla, la cual dio origen al nombre de su ciudad natal, Buenos Aires; allí hizo un llamado a “luchar juntos contra el ídolo del dinero”, arremetió contra el sistema económico vigente en el mundo y llamó a los desempleados a que “no se dejen quitar la esperanza”. El 7 de septiembre de 2013 presidió una Jornada de Oración y Ayuno por la paz en el mundo. El 28 de septiembre de 2013, mediante un Quirógrafo, creó un Consejo de Cardenales, como consejeros en el gobierno de la Santa Iglesia, y para estudiar el proyecto de revisión de la Constitución Apostólica “Pastor bonus”, que hace referencia a la Curia vaticana. El 4 de octubre de 2013 visitó Asís para encomendar su pontificado. El 13 de octubre de 2013, en una Jornada Mariana dentro del Año de la Fe, hace un acto de confianza del mundo a María Santísima, en la Plaza de San Pedro en Roma; delante de la estatua de Nuestra Señora de Fátima, traída desde el santuario de Portugal, se dirigió a la Santísima Virgen María con estas palabras: “acoge con tu benevolencia de Madre el acto de confianza que hoy hacemos con Fe, congrega a todos nosotros bajo tu protección y condúcenos a todos a tu Hijo querido, Nuestro Señor Jesucristo”163. El 28 de octubre de 2013 concedió una Bendición Apostólica a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, en ocasión del 25 aniversario de su fundación164. El 15 de noviembre de 2013, mediante un Motu proprio, aprueba el Estatuto de la Autoridad de Información Financiera de la Santa Sede. El 24 de noviembre de 2013, en la clausura del Año de la Fe, publicó la Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual165. El 29 de noviembre de 2013 convocó el Año de la Vida Consagrada. ...

163

. Cf. Su Santidad Francisco mediante este acto confia el mundo a la Santísima Virgen María, pero no consagra Rusia al Corazón Inmaculado de María Santísima como lo ha pedido la Virgen María misma a Sor Lucía, el 13 de junio de 1929. Este acto es la renovación del acto de consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María Santísima que hizo el Papa San Juan Pablo II, el 25 de marzo de 1984; ver: El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 398-400; El Secreto de la Aparición del Mes de Julio. Págs. 406409; Cronología de una Desobediencia. El 13 de Junio de 1929. Pág. 409; La Misión de Sor Lucia. Pág. 420 164 . Cf. Ver: Decreto de Erección de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Págs. 453-454 165 . Cf. El Papa Francisco en esta Exhortación Apostólica condena el aborto con estas palabras: “entre los débiles que la Santa Iglesia Católica quiere cuidar con predilección están los niños por nacer, que son los más débiles e indefensos de todos, a los que hoy se les quiere negar su dignidad humana quitándoles la vida”

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visitó el Hogar San José que acoge a niños huérfanos o con problemas familiares, desde allí quiso recordar “el sufrimiento injusto de tantos niños y niñas en todo el mundo, que han sido y siguen siendo víctimas inocentes de la maldad de algunosˮ. Escuchando los testimonios de algunos de ellos manifestó que “ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesucristoˮ y les aseguró que “el Señor Jesús no abandona a nadie que sufre, mucho menos a ustedes, niños y niñas, que sus preferidosˮ201; en Cartagena durante su homilía de la Santa Misa pidió “no quedarnos en el primer paso hacia la busqueda de la paz, sino que sigamos caminando cada día, no podemos quedarnos parados, y en esto se nos pide ser caritativamente firmes en aquello que no es negociableˮ202. El 19 de septiembre de 2017 publicó la Carta Apostólica en forma de Motu proprio “Summa familiae curaˮ, por medio del cual instituye el Pontificio Instituto San Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia. El 12 de octubre de 2017 pidió incluir en el Catecismo de la Santa Iglesia Católica que “la pena de muerte es siempre inadmisibleˮ durante la celebración de los veinticinco años de la promulgación del Catecismo. El 15 de octubre de 2017 convocó una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónía, que tendrá lugar en Roma en el mes de octubre de 2019. El 9 de noviembre de 2017 autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar el Decreto relativo a las virtudes heróicas del Papa Venerable Juan Pablo I. El 17 de noviembre de 2017 escribió una carta a la Academia Pontificia para la Vida diciendo que “es moralmente lícito renunciar a la aplicación de medios terapéuticos o suspenderlos, cuando su empleo no corresponde a aquél criterio ético y humanístico que seguidamente será definido proporcionalidad de las curaciones, esta elección asume responsablemente el límite de la condición humana mortal, en el momento en el cual se toma conciencia de no poder contrastarlo más, así, no se quiere procurar la muerte sino que se acepta el no poder impedirla, un significado totalmente diverso de la eutanasia, que es siempre ilícita porque interrumpe la vida causando la muerteˮ. El 19 de noviembre de 2017 almorzó juntto a 1500 pobres invitados en el Aula Pablo VI con ocasión de la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres. El 25 de noviembre de 2017 precisó definitivamente algunos aspectos fundamentales sobre el nuevo proceso matrimonial y el procedimiento Super Rato, particularmente sobre la figura del Obispo diocesano “como juez personal y único en el proceso brevioreˮ. Del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2017, en su vigésimo primer viaje apostólico, visitó Myanmar y Bangladesh; en Naipyidó en su discurso a las 201

. Cf. La Santísma Virgen María en una de sus aparicones en Quito. Ecuador, el 2 de febrero de 163,4, profetizó esta persecusión ideológica contra los niños para los últimos tiempos, la Revolución Cultural o Ideología marxista de Género con su adoctrinamiento está atacando en todos los frentes a la niñez (Pedofilia Ideológica), para causarle sufrimiento y destruir en ella su inocencia; ver: Las Profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso. Págs. 441-444 202 . Cf. Con estas palabras el Papa Francisco ha dejado en claro que la paz en Colombia y en el mundo no es posible sin tener en cuenta aquello que la Santa Iglesia Católica enseña y defiende a travéz de su doctrina, que son los principios del Evangelio enseñados por Nuestro Señor Jesucristo; ver: De la Fe y el Credo. Págs. 251307; Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Págs. 341-357

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autoridades y a la sociedad civil de Myanmar exigió “respeto por cada grupo étnico y su identidad, sin exxcluir a nadieˮ y agregó: “he venido sobre todo a rezar con la pequeña comunidad católica de Myanmar para confirmarla en la Fe y alentarla a seguir contribuyendo al bien del paísˮ; en Rangún se dirigió a los lideres religiosos diciéndoles: “no se dejen igualar por la colonización de culturas. La verdadera armonía divina se hace a travéz de las diferencias. Las diferenxcias son una riqueza para la Pazˮ. Durante la celebración de la Santa Misa exhortó a los católicos indicándoles que “en la cruz encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios, desde la cruz también nos llega la curación, allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curadoˮ y dirigiéndose a los obispos de Myanmar los alentó “a mantener el equilibrio en la salud física sin olvidar la espiritual, en preocuparse de modo parternal por la salud de sus sacerdotes. Sobre todo los animó a crecer cada día en la oración y en la experiencia del amor reconciliaador de Dios, porque es la base de su identidad sacerdotal, la garantía de la solidez de su predicación y la fuente de la caridad pastoral con la que conducen el pueblo de Dios por senderos de santidad y de verdad"; en Daca en su discurso a las autoridades civiles y religiosas de Bangladesh hizo una alusión directa al Terrorismo internacional yihadista, citando el atentado terrorista del 1 de julio de 2016, diciendo que “el Santísimo Nombre de Dios nunca se puede invocar para justificar el odio y la violencia contra otros seres humanosˮ y añadió que “en un mundo en el que la religión a menudo se está usando -escandalosamente- para fomentar la división, el testimonio de su poder reconciliador y unificador es muy necesarioˮ. Celebró la Santa Misa de ordenación de 16 nuevos sacerdotes, a quienes alentó a transmitir “a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegríaˮ, y los exhortó a que “al meditar la Ley del Señor, procuren creer lo que leen, enseñar lo que creen y practicar lo que enseñanˮ. A los jóvenes les invitó a “mirar más allá de nosotros mismosˮ y les recomendó a “hablar con sus padre y abuelos, a no pasar todo el día con el teléfono, ignorando el mundo que les rodea, y a no poner atención a las falsas promesas de felicidad que ofrece la cultura contemporanea porque no puede liberar y solo conduce a un egoísmo que nos llena el corazón de oscuridad y amarguraˮ. El 6 de diciembre de 2017 publicó la Carta Apostólica a los Obispos argentinos, escrita el 5 de septiembre de 2016, en donde les manifiesta la correcta interpretación que han hecho del capítulo VIII de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitiaˮ y les asegura que “no hay otras interpretacionesˮ. El 13 de diciembre de 2017 escribió una Carta al Discaterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con ocasión de los 25 años de la creación de la Fundación Populum Progressio. El 16 de diciembre de 2017, con su aprobación, la Congregación de las Causas de los Santos publicó la Instrucción “las Reliquias en la Santa Iglesia: Autenticidad y Conservaciónˮ, que sustituye el Apéndice de la Instrucción “Sanctorum Materˮ; en donde se prohíbe el comercio y la venta de las reliquias y la exposición en lugares profanos o no autorizados

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I. XXIX. La tumba del Apóstol San Pedro en Roma Desde el siglo II la Tradición situaba la tumba de San Pedro bajo el altar de la Basílica Vaticana. El sabio Gayo, ya en tiempos del Papa San Ceferino (198-218), nos habla de “los trofeos del Apóstol San Pedro en el Vaticano”203. Sin embargo, a pesar de las diferentes construcciones sucesivas de la Basílica Vaticana, nunca se había realizado un tipo de investigación sistemático por miedo a cometer un sacrilegio o por la creencia en una maldición. Hubo que esperar hasta el 28 de junio de 1939 para que el Papa Venerable Pío XII diera la orden para iniciar las excavaciones. El arduo y silencioso trabajo se prolongó desde 1939 hasta 1949, bajo la dirección de Monseñor Ludwig Kaas, secretario ecónomo de la Basílica de San Pedro, con un equipo de personas que no eran especialistas. En 1951 se dio a luz el resultado oficial de las excavaciones, según el cual, existía una duda acerca de la tumba que se había encontrado, pues estaba vacía y no se había hallado ningún rastro explícito de la

Basílica de San Pedro

Figura I

203

. Cf. Historia Eclesiástica. Eusebio de Cesárea. II. XXV, 5-7; ver: Lista Cronológica de los Papas. 15. San Ceferino. Pág. 90

113


presencia de San Pedro204. En 1952 se inició otra serie de excavaciones en la que participó Margarita Garducci, a título de especialista en epigrafía. Estas excavaciones permitieron descubrir toda una necrópolis en el Vaticano. Cuando el circo de Nerón fue abandonado, el terreno fue invadido por monumentos funerarios. Esta necrópolis fue descubierta a 9 metros y medio del nivel actual de la Basílica de San Pedro, y se componía de mausoleos de ricos paganos y de cristianos conversos. No cabe duda que esta necrópolis había gozado de una importancia particular para Constantino, quien comenzó la construccción de la primera basílica en el año 321 bajo el papado de San Silvestre I, pues para poder construirla en la colina vaticana tuvo que enterrar esta necrópolis que todavía se usaba y recorrer la colina en toda su amplitud. ¿Por qué tantos inconvenientes y trabajos para situar la Basílica en ese preciso lugar sino fuera porque tenía un valor particular? La tumba del Apóstol se compuso en un primer tiempo de una simple fosa, que en los años 150-160 fue cubierta con un monumento funerario. Este monumento, adosado a un muro de revoque rojo, está situado al costado oeste del campo “P”. La datación de este monumento se hizo gracias a las tejas que cubrían la cloaca descubierta bajo “el clivus” que se hallaba al lado oeste del muro rojo. El monumento estaba formado por dos nichos superpuestos, separados por una especie de tabla sostenida por dos columnas pequeñas. Sobre el suelo se hallaba una apertura sellada por una loza móvil. Es notorio que los fundamentos del monumento forman un nicho, similar a los dos que son visibles sobre la tumba de San Pedro. Similar a otros documentos de la época, este edificio parece estar relacionado particularmente a un lugar: el del sepulcro de los Apóstoles. Este hecho nos lo confirma la Figura II carta de Gayo, quién para refutar las pretensiones de superioridad de una secta montanistas oriental que decía poseer la tumba del Apóstol Felipe, responde: “mas yo puedo mostrarte los trofeos de los Apóstoles. Si quieres venir al Vaticano o la vía de Ostia, verás los trofeos de quienes han fundado la Santa Iglesia”205. A mediado del siglo III, se construyó un muro “g” perpendicular al muro rojo del costado derecho, y luego, a la izquierda, un muro similar para guardar la simetría. Este muro “g” fue tapizado de inscripciones antes de ser, en tiempos de Constantino, recubierto por un monumento cuadrangular que no dejaba ver más que las columnas y los nichos por el lado oriental. En el muro “g” se abrió un “loculus”, es decir, un nicho, recubierto de mármol.

204

. Cf. Diccionario de Arqueología y de Liturgia Cristiana. Tomo XV. Págs. 3292-3346 . Cf. Historia Eclesiástica. Eusebio de Cesárea. Op. Cit. II. XXV, 3-7; ver: “La Santa Iglesia Católica; la Comunión de los Santos”. Págs. 284-293 205

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Entre los años 321-337 se construyó la basílica constantiniana. El Papa San Gregorio Magno (590-604) hizo recubrir el monumento de Constantino con un altar y el Papa Calixto II (1119-1124) hizo lo mismo con el altar de San Gregorio. En 1506 bajo el pontificado de Julio II se iniciaron los trabajos de la Basílica actual, cuyo altar (de Clemente VIII) recubrió el de Calixto II. De esta manera, desde el altar actual a la tumba original sólo media una superposición. El hecho de que este monumento contenía los restos de San Pedro se halla confirmado por las inscripciones descubiertas en la necrópolis y en el muro “g”. Por ejemplo, en el mausoleo de los “Valerii” hay una inscripción que le pide a Pedro por aquellos cristianos que están enterrados cerca de su cuerpo: “Petrus roga pro sanctis hominibus Christianis ad corpus tuum sepultis”. En este mismo muro “g” se hallan muchos graffitis (como la superposición de una P y de una E) que hacen alusión a San Pedro. Por último uno de los graffitis en griego en el muro “g” dice claramente “[o] : “Petros eni”: “Pedro está aquí”. Este último graffiti está íntimamente relacionado con el muro “g” y el “loculus” que se observa. El descubrimiento del sepulcro de San Pedro exactamente bajo la Confesión de la Basílica Vaticana pone definitivamente término a las calumnias contrarias a esta tradición inmemorial. Pero no todos los elementos fueron satisfactorios, pues la tumba del monumento estaba vacía. Sólo se encontraron huesos en tres lugares: 1) en el campo “P”; 2) bajo los fundamentos del muro “g”; y 3) en el “loculus” del muro “g”. Todos esos huesos, ignorados durante cierto tiempo, fueron examinados únicamente a partir de 1953. En ese momento se supo que los huesos que se habían encontrado en el muro rojo correspondían a dos hombres y a una anciana, y los huesos hallados en el campo “P” correspondían a cuatro individuos. Figura III Entre el mes de octubre de 1962 y junio de 1963 se hizo el examen antropológico de los huesos hallados en el “loculus” y que se habían conservado en una caja de madera. Y aquí vino la sorpresa. Estos huesos corresponden al esqueleto de un hombre robusto de unos 60 o 70 años de edad. Se hallaron mezclados con estos huesos los restos de un tejido de púrpura incrustado de oro, un poco de tierra, huesos, monedas y trocitos de mármol. Todo lo dicho concuerda con hechos históricos que ya sabíamos: 1) La tierra y los huesos corresponden al entierro de San Pedro en el campo “P”. 2) La púrpura, color imperial, manifiesta el respeto que habían tenido hacia las reliquias del Jefe de los Apóstoles quienes construyeron el monumento constantiniano. 3) Las monedas fueron introducidas en el “loculus” por las fisuras del revoque, pues el “loculus” nunca fue abierto. 4) El mármol es el que recubría el interior del “loculus”. 115


Todas estas reliquias, de quienes sus características corresponden a las del gran Apóstol San Pedro, fueron colocadas de nuevo en el “loculus” el 27 de junio de 1968 por voluntad del Papa Beato Pablo VI. Dejemos que Margarita Garducci cuyo libro “Saint Pierre retrouvé” (Ediciones Saint Paul. Año 1974) que hemos resumido, nos dé la conclusión: “Sin clamor alguno, casi en silencio, San Pedro ha regresado a su Santa Iglesia. Se ha llenado el gran vacío. Hoy, cuando el Papa celebra la Santa Misa en la Basílica, se hallan de nuevo bajo su altar, en el lado del Evangelio, los restos de su primer predecesor; de aquel hombre que conoció a Cristo, oyó su voz, fue testigo de sus milagros, participó en la Última Cena y recibió del Maestro resucitado, antes de subir al cielo, el mandato de apacentar sus corderos. Los despojos del elegido de Cristo, el Príncipe de los Apóstoles, se hallan otra vez donde descansaron durante más de dieciséis siglos, dentro del loculus de mármol, en el interior del gran monumento rodeado de Porfirio, donde Constantino, siendo el primer Emperador cristiano, los había colocado con honor para conservarlos ahí, para su veneración por las muchedumbres en los siglos venideros”

Sepulcro del Apóstol San Pedro

116


I. XXX. Las edades de la Santa Iglesia “Juan a las siete Iglesias que están en Asia: gracia a vosotros y paz de Aquél que es, y que era, y que viene; y de los siete Espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de los muertos y el Soberano de los reyes de la tierra”206

Efeso

Esmirna

Pérgamo

De Constantino a Carlo Magno

Tiatira

De Carlo Magno a Carlos V De Carlos V al Gran Monarca

Sardes

Filadelfia Laodicea

206 207

Inicio y fin (De las siete Iglesias históricas) De la Encarnación de N. S. Jesucristo a Nerón De Nerón a Constantino

Del Reinado del Gran Monarca De la Gran Tribulación a la Parusía

Significación del nombre

Característica general

Don del Espíritu Santo

Consejo, Mi Voluntad, Gran Caída Mirra, Amargura

De nacimiento

TEMOR

División de los cuernos (Temporales y Espirituales) Hostia viva

De iluminación

Principio de Belleza

De purgación

Amistad de Hermanos

De consolación

Vómito

De desolación

De irrigación

De paz

Correspondencia con la creación

Primer día: El Espíritu de Dios reposa sobre las aguas FORTALEZA. Segundo día: El firmamento y miles de estrellas ENTENDIMIENTO Tercer día: Creación de los mares y plantas PIEDAD Cuarto día: Lumbreras del cielo CONSEJO Quinto día: Creación de los animales y las aves SABIDURÍA Sexto día: Creación del hombre CIENCIA Séptimo día: Reposo de Dios

Época del mundo (Correspondencia simbólica con la Antigua Ley) De Adán a Noe De Noe a Abrahám De Abraham a Moisés De Moisés a Salomón De Salomón a la cautividad

Nuestra época

Nombre de la Iglesia

De la Restauración del Templo Del Segundo Templo a la Encarnación207

. Apocalipsis I, 4; II, 1-29; cf. Ibíd. III, 1-22 . Cf. En esta última edad de la Santa Iglesia se manifiesta el Anticristo, según lo revela el Apóstol San Pablo en II Telalonicenses II, 1-12; Revelación privada del Venerable Bartholomäus Holzhauser. Publicada en el libro: Bendiciones y Maldiciones. Jean Vaquie. Capítulo: Del Renacimiento a la Revolución. Pág. 78


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CAPÍTULO II

DE LOS SACRAMENTOS EN GENERAL Según el Catecismo Romano del Concilio de Trento, mandado a publicar por el Papa San Pío V, y después por el Papa Clemente XIII ¿Qué significa la palabra Sacramento? El nombre de Sacramento significa alguna cosa sagrada, que se encierra invisiblemente bajo otra, al modo que los griegos han usado de la palabra misterio para significar el mismo concepto. Y en igual sentido creemos que debe tomarse la palabra Sacramento, el Apóstol san Pablo hablaba a los de Efeso: “por esto nos dio a conocer el misterio de su voluntad, conforme a su beneplácito, que se propuso realizar en Cristo”1. Y también a Timoteo: “y sin duda que es grande el misterio de la piedad: „que se ha manifestado en la carne‟, ha sido justificado por el Espíritu, ha sido mostrado a los ángeles, predicado a las naciones, creído en el mundo, ensalzado en la gloria”2. Además, en el libro de la sabiduría: “y desconocen los misteriosos juicios de Dios, y no esperan la recompensa de la justicia ni estiman el glorioso premio de las almas puras” 3. Dentro de los escritos de los Santos Padres y en muchos otros, puede notarse que Sacramento nada más significa sino una cosa sagrada, invisible y oculta.

El nombre Sacramento, empleado por los Santos Padres para expresar signos sagrados, es antiquísimo: por lo cual, los doctores latinos, creyeron que podrían llamarse propiamente sacramentos ciertos signos sujetos a los sentidos, que la gracia que causan, al mismo tiempo la manifiestan y la ponen como a la vista. Aunque, según el sentir de San Gregorio4, pueden llamarse sacramentos porque el poder de Dios produce la salud espiritual ocultamente bajo la cubierta de cosas materiales. Y no por esto alguien cree que este vocablo se ha introducido poco hace en la Santa Iglesia; pues, el que leyere a San Jerónimo y a San Agustín5, se persuadirá fácilmente que los escritores antiguos de nuestra religión usaron muchísimas veces de nombre Sacramento para expresar esto mismo de que hablamos, aunque a veces también empleaban las palabras símbolo, signo místico o signo sagrado. Y baste lo dicho acerca del nombre Sacramento, lo que conviene también a los sacramentos de la ley 1

. Efesios I, 7-10 . I.Timoteo III, 16 3 . Sabiduría II, 22 4 . Cf. Greg. Cap. XVI. Lib. I. Regum supra illud directus est spritus, etc 5 . Cf. Hierón. In comment. In Thren; Aug. Lib. XIX. Contra Faustum. Cap. XI. In Joan. Tract. LXXX 2

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antigua, acerca de los cuales no tienen necesidad de dar reglas los párrocos, toda vez que fueron derogados por la Ley y la gracia del Evangelio.

¿Qué significa propiamente Sacramento, según los escritores católicos? Su definición: pero además del significado del nombre, del que hasta aquí se ha tratado, débase también examinar con cuidado el valor y la naturaleza de la cosa significada y explicar a los fieles qué cosa es Sacramento. Porque nadie puede dudar que los sacramentos son de aquella especie de cosas por las que se consigue la salud espiritual y la justicia. Y si bien hay muchas razones, que parecen propias y adecuadas para explicar esta materia, ninguna, sin embargo, la expone tan concreta y claramente como la definición dada por San Agustín, que después han seguido todos los doctores eclesiásticos: Sacramento, dice el santo doctor: “es un signo de cosa sagrada”6; o, como se ha dicho en otros términos, pero con igual sentido: “Sacramento es un signo visible de la gracia invisible, instituido para nuestra justificación”7.

Ésto mismo se demuestra también por las Sagradas Escrituras: también de la Sagradas Escrituras se deduce claramente que el Sacramento debe contarse entre los signos. Pues acerca de la circuncisión, sacramento de la ley antigua, que Dios había dado a Abraham8, padre de todos los creyentes, escribe el Apóstol en su carta a los romanos: “pero ¿qué dice la escritura? Abraham creyó en Dios, y le fue computado a justicia”, y más adelante: “y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la Fe, que obtuvo en la incircuncisión para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a ellos la Fe les sea computada por justicia” 9. También cuando afirma que todos nosotros hemos sido bautizados en Jesucristo, fuimos bautizados en virtud de su muerte, nos da a entender que el Bautismo tiene esta significación, a saber, como añade el mismo Apóstol: “que por el Bautismo hemos quedado sepultados con Él muriendo al pecado”10.

¿Por qué fue necesario instituir los Sacramentos en la Santa Iglesia? Sus causas: ahora bien, para enseñar el uso debido de los sacramentos, nada puede juzgarse más a propósito que exponer con cuidado las causas11 por qué fue necesario instituirlos. Y suelen contarse muchas. La primera de ellas es la debilidad del entendimiento humano 12; porque vemos que está dispuesto de tal modo por naturaleza, que nadie pueda llegar al conocimiento de las cosas que se comprenden por la razón y la inteligencia (las espirituales), sino por medio de las que se perciben por algún sentido (las materiales). Así pues, para que pudiéramos todos comprender mejor las cosas que se hacen por la virtud oculta de Dios, el mismo Autor Supremo de todas las cosas determinó muy sabiamente, por su bondad para con nosotros, manifestar ese mismo poder por algunos signos sensibles; porque, según lo dijo claramente 6

. Aug. Lib. X. De Civitate Dei. V . Bern. Serm. In. Cœna. Domini. Cap. II 8 . Cf. Génesis XVII, 10 9 . Romanos IV, 3; ibíd. 11 10 . Ibíd VI, 1-5 11 . Cf. Sanct.Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXI. Art. I 12 . Cf. Aug. Lib. II. De Trinitate. Cap. II 7

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San Juan Crisóstomo: “si el hombre hubiese carecido de la materialidad del cuerpo, se le hubieran presentado estos mismos bienes al natural y libres de aquella cubierta; más, porque el alma existe unida al cuerpo, fue absolutamente necesario para comprenderlos usar como medio de las cosas sensibles”13. La segunda causa es porque nuestra alma no se inclina fácilmente a creer las cosas14 que se nos prometen. Por esto Dios, desde el principio del mundo, comunicó muy frecuentemente de palabra lo que había determinado obrar; y algunas veces, cuando se proponía hacer alguna obra, cuya grandeza pudiera hacer perder la Fe en la promesa, agregaba también a las palabras otros signos, que a veces tenían la forma de milagro. En efecto; cuando Dios envió a Moisés 15 a libertar al pueblo de Israel, y él, no confiando ni aún en el auxilio que se lo ordenaba, temió que se le impusiese una carga superior a sus fuerzas, o que el pueblo no diese crédito a las promesas, y a la palabra divina; el Señor 16 confirmó su promesa con muchos y diversos signos o milagros. Por lo tanto, así como en el Antiguo Testamento solía Dios atestiguar con signos la seguridad de alguna gran promesa, así también en la Nueva Ley, Cristo, nuestro Salvador, al prometernos el perdón de los pecados, la gracia divina y los dones del Espíritu Santo, instituyó ciertos signos sujetos a la vista y demás sentidos, para tenerle obligado por medio de ellos como con prendas, y de este modo no poder nunca dudar de que será fiel en sus promesas. La tercera causa fue para tenerlos dispuestos como remedios, según escribe San Ambrosio17 y como medicamentos del Samaritano18 del Evangelio, para recobrar y conservar la salud de las almas. Porque es necesario que la virtud que emana de la Pasión de Cristo, esto es, la gracia que Él nos mereció en el Ara de la Santa Cruz, llegue hasta nosotros mismos por los sacramentos, como por un álveo; pues de otra manera a nadie le podrá quedar esperanza alguna de salvación. Por lo que Dios clementísimo quiso dejar en su Santa Iglesia los sacramentos, sancionados con su palabra y promesa, para que creamos sin duda que por ellos se nos comunica realmente el fruto de su Pasión, con tal que nos apliquemos cada uno para sí, piadosa y rectamente, esta medicina. Pero hay también una cuarta causa, por la que puede considerarse necesaria la institución de los sacramentos, es, a saber: para que sean ciertos signos y contraseñas, por los que se conozcan los fieles mutuamente, sobre todo no pudiendo ninguna sociedad humana, como también enseñó San Agustín19, constituirse como en un cuerpo con nombre de religión verdadera o falsa, si no se congregan bajo un orden de signos visibles. Pues uno y otro hacen los sacramentos de la Nueva Ley, los cuales, por una parte, distinguen de los infieles a los que profesan la Fe cristiana, y por otro unen entre sí a los mismos fieles con vínculo santo. Además, puede demostrarse que hubo también otra causa muy justa de instituir los sacramentos, por estas palabras del Apóstol: “porque con el corazón se cree para la justicia y con la boca se confiesa para la salud”20. ... 13

. Chrysost. Hom. LXXX. In Matth. Et Hom. LX . Cf. Aug. Lib. IV. Contra Donatum. Cap. XXIV 15 . Cf. Exodo III, 11-19 16 . Cf. Ibíd. XIV, 21-22 17 . Cf. Amb. Lib. V. De Sacram. Cap. IV 18 . Cf. San Lucas X, 34 19 . Cf. Aug. Lib. XIX. Contra Faustum. Cap. XI et XXI 20 . Romanos X, 10 14

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II. I. Del Sacramento del Bautismo ¿Qué es lo que quiere decir propiamente sobre el nombre de Bautismo? Su nombre: nadie ciertamente ignora que Bautismo es una palabra griega, la cual, aunque en las Sagradas Letras significa no sólo la ablución que va unida al Sacramento, sino también todo género de lavatorio, y que alguna vez se ha aplicado a la Pasión; sin embargo, no indica entre los escritores eclesiásticos cualquier ablución del cuerpo, sino la que se junta con el Sacramento y que no se administra sin la forma verbal prescrita; y con este significado lo usaron frecuentemente los Apóstoles37 por institución de Cristo Nuestro Señor.

“En verdad, en verdad te digo quien no naciere del Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos”

¿Cuál es la definición del Bautismo? Respecto a la definición

San Juan III, 5

del Bautismo, aunque pueden tomarse muchas de los sagrados escritores , parece, sin embargo, más propia y conveniente la que puede deducirse de las palabras del Señor, según San Juan, y las del Apóstol a los de Efeso. Porque, diciendo el Salvador: “quien no renaciese por el Bautismo del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios” 39; y el Apóstol, hablando de la Santa Iglesia: “limpiándola en el Bautismo de agua con la palabra de vida”40, resulta que muy bien y propiamente se define que el Bautismo es el Sacramento de regeneración por el agua con la palabra. Pues por naturaleza,41 nacemos, de Adán hijos de ira, y por el Bautismo, renacemos en Cristo, hijos de la misericordia; puesto que dio a los hombres poder de llegar a ser hijos de Dios: “a los que creen en su nombre, los cuales nacen no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios, por la gracia”42. 38

¿Cuál es la materia propia del Bautismo? Materia: la materia, pues, o el elemento de este Sacramento43, es toda clase de agua natural, ya sea ésta de mar, de río, de laguna, de pozo o de fuente; la cual suele llamarse agua sin ningún aditamento. 37

. Cf. Romanos II, 13-14; I Corintios I, 14-17; Efesios V, 25-27; I San Pedro III, 21-22 . Cf. Alex de Ales. Libro IV. Patr. Q. XI 39 . San Juan III, 5 40 . Efesios V, 26 41 . Cf. Génesis III, 3 42 . San Juan I, 12-13 43 . Cf. Concilio de Trento. Sesión VII. De Bapt. Can. II 38

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Pues así lo mandó el Salvador: “el que no renaciese por el Bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios” 44; y el Apóstol dijo45 que: “la Santa Iglesia fue purificada en el Bautismo de agua”; y en la epístola de san Juan: “tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre”46. Esto se confirma también con otros testimonios de las Sagradas Letras47.

Explíquese el pasaje de San Mateo sobre el Bautismo de fuego: mas lo que dijo San Juan Bautista que había de venir el Señor48, quien bautizaría en el Espíritu Santo y en el fuego, esto de ningún modo se ha de entender de la materia del Bautismo, sino que debe aplicarse o al efecto interior del Espíritu Santo, o seguramente al milagro, que se verificó en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo bajó del cielo sobre los Apóstoles, en forma de fuego; sobre lo cual, en otro lugar declaró Cristo Nuestro Señor: “Juan bautizó con agua, mas vosotros habéis de ser bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”49.

¿Con qué figuras y profecías se significó la virtud de las aguas del Bautismo? Y vemos también por las Divinas Escrituras que el Señor significó esto mismo, ya por medio de figuras, ya por los vaticinios de los profetas. Porque el Príncipe de los Apóstoles en su primera epístola50 expone que el diluvio51, conque se purificó el mundo, por haber sido mucha la malicia de los hombres en la tierra, y porque todos los pensamientos de su corazón se habían dirigido al mal, fue figura y semejanza de esta agua. Y San Pablo, escribiendo a los de Corinto52, declaró que el paso del mar Rojo53 tuvo la significación de esta misma agua; omitiendo el presente, ya54 el lavatorio de Naman (general del rey) de Siria, ya55 la virtud maravillosa de la piscina probática, y otros muchos hechos de esta clase, en los cuales se ve claramente hallarse una figura de este Sacramento. Y acerca de las profecías, nadie puede dudar que aquellas aguas, a las cuales tan generosamente invita el Profeta Isaías56 a todos aquellos sedientos, y a las que Ezequiel57 vio espiritualmente que brotaban del templo, como también aquella fuente que profetizó Zacarías58 a la casa (o descendencia) del Rey David y a los habitantes de Jerusalén (o de la Santa Iglesia Católica) destinada para purificación del pecador y de la mujer inmunda, tenían por objeto indicar y expresar el agua saludable del Bautismo.

¿Cuál es la forma perfecta y absoluta de este Sacramento? Por consiguiente, enseñarán los párrocos con palabras claras y terminantes, que 44

. San Juan, III, 5 . Cf. Efesios V, 26 46 . I San Juan V, 7-8 47 . Cf. Hechos de los Apóstoles VIII, 12; I San Pedro III, 21-22 48 . Cf. San Mateo III, 11 49 . Hechos de los Apóstoles I, 5; Cf. Concilio de Trento. Sesión VII. De Bapt. Can. I 50 . Cf. I San Pedro III, 20 51 . Cf. Génesis VII, 15-24 52 . Cf. I Corintios X, 1-2 53 . Cf. Exodo XIV, 21-22 54 . Cf. II Reyes V, 14 55 . Cf. San Juan V, 1-5 56 . Cf. Isaías LV, 1 57 . Cf. Ezequiel XLVII, 1 58 . Cf. Zacarías XIII, 1 45

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puedan todos entender perfectamente, que la forma perfecta y absoluta 59, del Bautismo es la siguiente: “yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Pues así lo enseñó Nuestro Señor y Salvador, cuando mandó a los apóstoles según San Mateo: “todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” 60. Por la palabra bautizado entendió muy bien la Santa Iglesia Católica, divinamente instruida, que en la forma de este Sacramento debe expresarse la acción del ministro; lo cual se observa cuando él dice: “yo te bautizo”. Y porque, además de los ministros, debía expresarse también así la persona del que es bautizado, como la causa principal que produce el Bautismo, por esto se añade el pronombre “te” y los nombres distintos de las Personas divinas; de modo que la forma absoluta de este Sacramento se encierra en estas palabras antes dichas.

¿Si en la forma del Bautismo todas las palabras son igualmente necesarias? Pero en esta forma, que hemos dicho ser absoluta y perfecta, débase observar que algunas palabras son totalmente necesarias, las cuales, si se omiten, no puede haber Sacramento; pero otras no son tan necesarias que, si faltan, no conste la razón del Sacramento: tal es la palabra “yo”, cuyo significado se contiene en la palabra bautizo. Pues en las Iglesias de los griegos 61 fue costumbre omitirla, variando el modo de decir la forma, por creer que no

“Jesús, salió luego del Agua. Y he aquí que vio abrírsele los Cielos y al Espíritu de Dios descender como Paloma y venir sobre Él, mientras una Voz del Cielo decía: Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis Complacencias” San Mateo III, 16-17 59

. Cf. Aug. Lib. VI. Contra Donatum. Cap. XXV; Greg. Naz. Orat. XL . San Mateo XXVIII, 18-19 61 . Cf. Bern. Ep. CCCXL 60

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debía hacerse mención alguna del ministro. Por cuya razón comúnmente usan esta forma del Bautismo: “sea bautizado el siervo de Cristo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”; y, sin embargo, se deduce de la doctrina y definición del Concilio de Florencia62 que estos administran perfectamente este Sacramento, porque con dichas palabras se expresa suficientemente cuanto corresponde a la verdad del Bautismo, esto es, la ablución, que entonces se hace realmente.

¿Por qué en este Sacramento se derrama el agua singularmente sobre la cabeza? Y conviene advertir principalmente que no se debe derramar el agua sobre cualquier parte del cuerpo, sino precisamente sobre la cabeza, en la cual se manifiestan con vigor todos los sentidos, así internos como externos63; y también que quien bautice ha de pronunciar las palabras que contienen la forma, no antes ni después de la ablución, sino al mismo tiempo 64 en que se derrama el agua.

¿Si Cristo instituyó el Bautismo antes o después de su pasión? Su institución: explicado lo que antecede, convendrá también enseñar y recordar a los fieles que el Bautismo fue instituido, como los demás sacramentos, por Cristo Nuestro Señor. Así, pues, los párrocos enseñarán esto con frecuencia, y explicarán que deben notarse dos tiempos65 diversos del Bautismo: el uno, cuando el Salvador le instituyó; y el otro, cuando se estableció la obligación de recibirle. Respecto a lo primero, es evidente que Nuestro Señor instituyó este Sacramento cuando, bautizado Él mismo por San Juan, “entonces Jesús fue de Galilea al Jordan a Juan para ser bautizado”66, dio al agua la virtud de santificar. Pues afirma67 San Gregorio Nacianceno y San Agustín que entonces se dio al agua la virtud de engendrar para la vida verdaderamente espiritual. Y en otro lugar dejó escrito San Agustín: “desde el punto en que Cristo se metió en el agua, desde entonces, el agua lava todos los pecados”; y en otra parte añade: “es bautizado el Señor, no porque necesitaba limpiarse, sino para purificar las aguas con el contacto de su purísima carne, para que tuviese la virtud de limpiar”68. Y para esto pudo servir de gran argumento el que la Santísima Trinidad, en cuyo nombre se administra el Bautismo, declaró entonces estar presente su divinidad. Porque entonces se oyó la voz del Padre, estaba presente la Persona del Hijo, y el Espíritu Santo descendió en figura de paloma; abriéronse, además, los cielos, adonde podemos ya subir por el Bautismo. Y si alguien desea saber porque el Señor concedió a las aguas poder tan grande y tan divino, esto a la verdad supera la inteligencia humana; más puede bastarnos del Bautismo con el contacto de su cuerpo santísimo y purísimo, pero de manera tal que, aunque este Sacramento fue instituido antes de su Pasión con todo se debe creer que recibió toda su virtud y eficacia de la Pasión, la cual fue como el fin de todos los actos de Cristo69. 62

. Cf. Concilio de Florencia. In Doctr. De Sacr . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXVI. Art. VII 64 . Cf. Salmo XXIX, 3; San Lucas III, 21-22 65 . Cf. Sanct Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXVI. Art. II 66 . Cf. San Mateo III, 13-16 67 . Cf. Greg. Naz. Or. XXXVIII. Núm. XVI. In Nativ. Salvat 68 . Aug. Serm. CXXXV. Núm. IV 69 . Cf. San Mateo III, 16-17 63

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¿Cuándo comenzó a obligar a los hombres la ley del Bautismo? Pero respecto a lo segundo, esto es, al tiempo en que se dio la ley acerca del Bautismo, no hay razón alguna para dudar. Porque están conformes los escritores sagrados que, después de la Resurrección del Señor, cuando mandó a los Apóstoles: “id e instruid a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”70, desde entonces todos los hombres, que habían de conseguir la salvación eterna, comenzaron a estar obligados a la ley del Bautismo. Esto se deduce también del Príncipe de los Apóstoles, en que dice: “nos ha regenerado con viva esperanza de vida eterna, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos”71. Y lo mismo puede entenderse en este pasaje de San Pablo: “se sacrificó por Ella, para santificarla (refiriéndose a la Santa Iglesia), limpiándola en el Bautismo de agua con la palabra”72. Porque parece que uno y otro fijaron la obligación del Bautismo desde el tiempo que se siguió a la muerte del Señor; de modo que no puede dudarse que también estas palabras del Salvador: “quien no renaciere por el Bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios”73, se refieren a aquel mismo tiempo, posterior a la Pasión.

¿Todos los niños deben ser bautizados? El común sentir y la autoridad de los Santos Padres, prueba, que esta ley debe entenderse no sólo de los que están en edad adulta, sino también de los niños en la infancia, y que ésta la ha recibido la Santa Iglesia de la Tradición apostólica. Débase, además, creer que Cristo Nuestro Señor no quiso se Sacramento del Bautismo negase el Sacramento y la gracia del Bautismo a los niños, de quienes decía: “dejad en paz a los niños y no los estorbéis de venir a mí; porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”74; a los cuales75 que San Pablo bautizó a toda una familia, dedúcese lógicamente que también fueron bautizados en la saludable fuente los niños que en ella había. Aún más, la circuncisión, que fue figura del Bautismo, corrobora en sumo grado esta costumbre, porque nadie hay que ignore que los niños solían ser circuncidados76 al día octavo. Y es evidente que aquellos mismos77 a quienes era saludable la circuncisión hecha por mano del hombre cortando carne del cuerpo, es saludable el Bautismo, que es la circuncisión de Cristo no hecha por mano de hombre. Por último, según enseña el Apóstol: “si por el pecado de uno solo ha reinado la muerte por un solo hombre (Adán), mucho más los que reciben la abundancia de la gracia y de los dones y de la justicia reinarán en la vida 70

. San Mateo XXVIII, 19 . I San Pedro I, 3 72 . Efesios V, 25-26 73 . San Juan III, 5 74 . San Mateo XIX, 14 75 . Cf. Hechos de los Apóstoles XVI, 33-34; Corintios I, 16 76 . Cf. Génesis XVII, 13; Levítico XII, 3; San Lucas I, 59; II, 21 77 . Cf. Efesios II, 11-12 71

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(eterna) por el solo Jesucristo”78. Habiendo, pues, contraído los niños por el pecado de Adán la culpa original, mucho mejor pueden conseguir por Cristo Nuestro Señor la gracia y la santificación para reinar en la vida eterna, lo cual sin el Bautismo no puede de modo alguno conseguirse. Y así enseñarán todos los párrocos que todos los niños deben ser bautizados, y que después de su tierna vida se irá poco a poco informando según los preceptos de la religión cristiana para la verdadera piedad; porque, como muy elocuente dijo el rey Salomón: “el joven no se desviará, cuando llegue a la vejez, del camino según su juventud”79.

No debe dilatarse el Bautismo de los niños: y débase exhortar con mucho interés a los fieles que procuren llevar a sus hijos a la Santa Iglesia y que se bauticen solemnemente cuanto antes puedan hacerlo sin peligro80. Porque no teniendo los niños en la infancia ningún otro medio de conseguir la salvación, si no se les confiere el Bautismo, fácilmente se entiende de qué grave culpa se hacen reos los que consienten que se vean privados de la gracia sacramental por más tiempo de lo que exija la necesidad; principalmente cuando por su débil edad están expuestos a peligros de vida casi innumerables.

Confírmase, aún más, que todos los pecados se perdonan por el Bautismo: y si alguno quisiere ver una figura de imagen patente de los efectos de este Sacramento, póngase a considerar la historia del leproso Naaman, criado del rey de Siria, el cual habiéndose lavado siete veces con el agua del Jordán, como dice la Escritura81, quedó tan limpio de la lepra que su cuerpo parecía el cuerpo de un niño. Por lo cual, es efecto propio del Bautismo la remisión de todos los pecados, ya se hayan contraído por defecto de origen, ya por nuestra culpa. Y que por causa de esto fue instituido por Nuestro Señor y Salvador, omitiendo otros testimonios, lo expresó muy claramente el Príncipe de los Apóstoles diciendo: “haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de los pecados”82.

Por el Bautismo se perdona, así la culpa como también toda la pena: ahora bien, en el Bautismo no perdona Dios únicamente los pecados sino, que también bondadosamente condona las penas todas de los pecados y de las maldades83. Pues aunque es común a todos los sacramentos el que por ellos se comunique la virtud de la Pasión de Cristo Nuestro Señor, de sólo el Bautismo, sin embargo, dijo el Apóstol que por medio de él hemos muerto al pecado, y somos sepultados con Cristo84. En virtud de esto, ha entendido siempre la Santa Iglesia que no puede suceder, sin gravísima injuria del Sacramento, que al que ha de ser purificado en el Bautismo se le imponga aquellos deberes de piedad o penitencias, que los Santos Padres llamaron comúnmente obras satisfactorias. Y no se opone lo que aquí decimos a la costumbre antigua de la Santa Iglesia, la 78

. Romanos V, 17 . Proverbios XXII, 6 80 . Cf. Greg. Nact. Orat. XL. In sanct. Bapt 81 . Cf. II Reyes V, 14 82 . Hechos de los Apóstoles II, 38 83 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXIX. Art. II 84 . Cf. Romanos VI, 4 79

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cual en otro tiempo mandaba a los judíos que se bautizaban, a ayunar cuarenta días seguidos. Pues tampoco pertenecía a la santificación aquel mandato, sino que sólo se amonestaba a los que habían recibido el Bautismo a que, por respeto a la dignidad del Sacramento, se empleasen inmediatamente por algún tiempo en ayunos y oraciones.

¿Cuál es el fruto último que se comunica a los hombres por virtud del Bautismo? Pero, entre los demás bienes que conseguimos por el Bautismo, es éste como el último, al cual parece que se refieren todos ellos, a saber: que a todos nos abre la puerta del cielo, que estaba cerrada por el primer pecado85. Y lo que se obra en nosotros, por virtud del Bautismo, puede claramente entenderse por lo que la autoridad del Evangelio confirma que aconteció en el Bautismo del Salvador: “porque se abrieron los cielos, y se dejó ver el Espíritu Santo, descendiendo en forma de paloma sobre Cristo Nuestro Señor”86. En esto se dio a entender que a los que se bautizan se comunican los dones del Divino Espíritu y se abre la puerta de los cielos; pero no para entrar en aquella gloria en cuanto son bautizados, sino en tiempo más oportuno, cuando, libres de todas las miserias que son incompatibles con la vida feliz, por la condición mortal habrán de conseguir la inmortalidad. Todos estos, en verdad, son los frutos del Bautismo, los cuales, si atendemos al valor del Sacramento, es indudable que, son igualmente comunes a todos; mas si consideramos la disposición con que cada uno se ha llegado a recibirle es absolutamente preciso confesar que reciben unos, más gracia divina y más frutos que otros87

II. II. Del Sacramento de la Confirmación ¿Por qué la Santa Iglesia ha llamado Confirmación a este Sacramento? Su nombre: y comenzando por el nombre, se ha de enseñar que la Santa Iglesia llama Confirmación a este Sacramento, porque el que está bautizado, al ser ungido por el Obispo con el sagrado crisma, diciendo al mismo tiempo estas solemnes palabras: “te signo con la señal de la cruz y te confirmo con el crisma de salud, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, si algo no impide la eficacia del Sacramento, empieza a ser más fuerte con el poder de la nueva gracia y, por consiguiente, soldado perfecto de Jesucristo.

La Confirmación es verdadero Sacramento de la Nueva Ley. Razón del Sacramento: ahora bien, la Santa Iglesia Católica siempre ha reconocido en la Confirmación razón verdadera y propia del Sacramento; lo cual afirma también claramente el Papa San Melquiades88 y otros santísimos y antiquísimos pontífices. Y San Clemente no pudo confirmar la doctrina de esta verdad con

85

. Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXIX. Art. VII . San Mateo III, 16 87 . Cf. Sanct Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXIX. Art. VIII; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1213-1284 88 . Cf. Melch. In Epistolae ad Episc. Hisp 86

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palabras más graves, pues dice: “todos deben apresurarse, sin dilación, a renacer para Dios, y después a ser signados por el Obispo; esto es, a recibir las siete gracias del Espíritu Santo; porque, si no, de ningún modo podrá ser perfecto cristiano el que dejase de recibir este Sacramento por desprecio y por su voluntad, y no obligado por la necesidad, como lo sabemos por San Pedro, y lo han enseñado los demás Apóstoles por precepto del Señor”89. Y esta misma Fe la confirmaron con su doctrina los romanos Pontífices 90 San Urbano91 San Fabian92 y San Eusebio, que, llenos del mismo espíritu, derramaran su sangre por Jesucristo, como puede verse por sus disposiciones.

¿Quién fue el autor del Sacramento de la Confirmación? Su institución: habiéndose antes demostrado qué necesario era enseñar acerca de todos los sacramentos en general, por quién fueron instituidos, esto mismo debe también enseñarse acerca de la Confirmación, para que los fieles aprecien mejor la santidad de este Sacramento. Expliquen, pues, los párrocos que Cristo Nuestro Señor no sólo fue su autor93 sino que según testimonio del romano Pontífice San Fabian94, preceptuó el rito y las palabras del crisma, que emplea la Santa Iglesia Católica siempre en su administración. Y esto podrá fácilmente probarse a aquellos que confiesan ser la Confirmación un Sacramento, puesto que todos los sacramentos son superiores a las fuerzas de la humana naturaleza, y no pueden ser instituidos por otro sino por Dios95. Mas ya debe decirse cuales son sus partes, y primeramente acerca de Sacramento de la Confirmación su materia.

¿Cuál es la materia de este Sacramento? Su materia: llamase ésta, Crisma; cuyo nombre, tomado de los griegos, aunque los escritores profanos significaban cualquier género de ungüento, sin embargo, los escritores sagrados 96 lo apropiaron, según el modo común de hablar solamente a aquel ungüento que se forma con aceite y bálsamo, mediante la solemne consagración del Obispo. Por lo cual, estas dos cosas materiales, mezcladas, constituyen la materia de la Confirmación, y esta composición de cosas diversas, así como manifiesta las muchas gracias del Espíritu Santo que se dan a los confirmados, así también expresa suficientemente la excelencia de este Sacramento. 89

. Clem. Pap. Epist. IV. Ad Julian . Cf. Urban. Ep. I. Ad omn Christ. Cap. VII 91 . Cf. Fabian. Ep. II. Ad omn. Orient. Cap. I 92 . Cf. Euseb. De Iis qui Myst. Init. Cap. VII. et Lib. I. De Spir. Sanct. Cap. VI 93 . Cf. Sanct Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXXII: Art. I 94 . Cf. Fab. Pap. In Init. Epist. II. Ad Episc. Orientales 95 . Cf. Sanct Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXIV. Art. II 96 . Cf. Sanct. Aug. In Psalm. XLIV. et Lib. XIII. De Trinit. Cap. XXVI. Quid sit Chrisma 90

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¿Cuál es la forma de este Sacramento? Su forma: pero también debe explicarse la otra parte de que se compone este Sacramento, esto es, la forma, y las palabras que se emplean en esta Sagrada Unción; y se ha de exhortar a los fieles a que al recibir este Sacramento, singularmente cuando observen que se pronuncien estas palabras, exciten sus almas a actos de piedad, de Fe y de religión, para que nada pueda servir de estorbo a la divina gracia. Así, pues, en estas palabras está comprendida la forma de la Confirmación: “signote con la señal de la cruz, y te confirmo con el crisma de la salud, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”97. Sin embargo, si, además, queremos hacer uso de la razón en pro de esta verdad, puede esto hacerse fácilmente. Porque en la forma del Sacramento debe contenerse todo lo que explica la naturaleza y sustancia del mismo Sacramento.

¿Cuales son los efectos de la Confirmación? Sus efectos: por consecuencia, enseñarán los párrocos que la Confirmación tiene esto común con los demás sacramentos: que, si no hay impedimento por parte del que le recibe, infunde nueva gracia. Porque se ha expuesto que estos signos sagrados y místicos son de tal condición que declaran y producen la gracia. De donde se sigue que también condona y remite los pecados; porque ni aún suponer podemos la gracia juntamente con el pecado98. Pero, además de estos efectos que se deben considerar comunes a todos los sacramentos, en primer lugar se atribuye propiamente a la Confirmación el de perfeccionar la gracia del Bautismo. Porque los que se hacen cristianos por el Bautismo, “y, como niños recien nacidos, sed ávidos de la leche espiritual no adulterada, para crecer por ella en la salvación”99, como niños recién nacidos, tienen aún cierta delicadeza y debilidad; y después, con el Sacramento del Crisma, se hacen más fuertes contra todas las tentaciones de la carne, del mundo y del demonio, y sus almas se confirman totalmente en la Fe para confesar y dar gloria al nombre de Nuestro Señor Jesucristo; de donde también nadie dudará que se Pentecostés ha formado el mismo nombre de Confirmación.

¿De donde se ha tomado el nombre de Confirmación? Pues no se deriva el nombre de Confirmación, como han supuesto algunos con no menos ignorancia que impiedad100, de que antiguamente los niños que habían sido bautizados eran llevados, cuando eran adultos, a presencia del Obispo, para confirmar la Fe cristiana que habían recibido en el Bautismo; de modo que resultaba no distinguirse en nada la Confirmación de la catequesis, de cuya

97

. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXXII. Art. IV . Cf. Clem. Ep. IV. Ad Julium 99 . Cf. I San Pedro II, 2 100 . Cf. Concilio de Trento. Sesión VII. Can I. De Confirm 98

130


costumbre no se puede presentar testimonio alguno digno de crédito, sino que se impuso aquel nombre a este Sacramento porque por su virtud confirma101. Dios obra en nosotros lo que comenzó a obrar en el Bautismo, y nos conduce a la perfección de la firmeza cristiana. Y no sólo la confirma, sino que también la acreciente; acerca de lo cual se expresa así San Melquiades: “el Espíritu Santo, que descendió sobre las aguas del Bautismo con infusión saludable en la fuente (bautismal), da plenitud para la inocencia (o justificación), y en la Confirmación da aumento para la gracia (o virtud para luchar por la Fe)”. Además, no sólo la aumenta, sino que esto lo hace por modo maravilloso. Muy sabiamente significó y expresó esto la Sagrada Escritura con la metáfora del vestido; pues, hablando de este Sacramento el Salvador, Señor Nuestro, dijo así: “permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fortaleza desde lo alto”102.

¿Por qué debe el Obispo dar una suave bofetada y desear la paz al confirmado? Luego, el Obispo da un golpe suave con la mano en la mejilla de aquél que ya está ungido y confirmado, para que él tenga presente que debe estar pronto, como valiente militar, para sufrir con ánimo constante toda clase de adversidades por el nombre de Cristo103. Por último se le da la paz, para que entienda que ha conseguido la plenitud de la divina gracia, y la paz que sobrepuja a todo Pax tecum! entendimiento104. ¡La Paz contigo! Tal es el conjunto de cuanto deben explicar los párrocos acerca del Sacramento de la Confirmación, pero no con estilo y discursos áridos, sino con espíritu inflamado en el amor divino, para lograr que estas verdades penetren los entendimientos y lo íntimo del corazón de los fieles.

¿Qué debe hacer el cristiano para conservar la gracia de la Confirmación? Para conservar la gracia de la Confirmación, el cristiano debe rezar a menudo, hacer buenas obras, y vivir según la Ley de Nuestro Señor Jesucristo, sin respeto humano105 101

. Cf. Salmo LXVII, 29; Hechos de los Apóstoles VIII, 14-17 . San Lucas XXIV, 49 103 . Cf. Ibíd. I, 39 104 . Cf. Filipenses IV, 7; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1285-1321 105 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1285-1321 102

131


II. III. Del Sacramento de la Eucaristía ¿Por qué y cuándo se instituyó el Sacramento de la Eucaristía? Acerca de esto, será necesario que los párrocos,, siguiendo la conducta del Apóstol San Pablo106, el cual declaró haber enseñado a los de Corinto lo que él había aprendido del Señor, expliquen en primer lugar a los fieles la institución de este Sacramento107. Y, según se deduce claramente del Evangelista, sucedió de ese modo: “como el Señor hubiese amado a los suyos, los amó hasta el fin”108; y para dejarnos una prenda divina y admirable de este amor, sabiendo que ya había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre 109, a fin de no estar nunca ausente de los suyos, hizo al fin por modo admirable una obra que supera todo el orden y condición de la naturaleza. Porque, después de haber celebrado con sus discípulos la cena del cordero pascual, para que la figura se rindiese ante la verdad y la sombra al cuerpo, “tomó el pan y, dando gracias a Dios, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: tomad y comed éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros: haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz, después que hubo cenado, diciendo: éste es el cáliz de mi sangre, la sangre de la Nueva Alianza, que va ser derramada por la multitud para la remisión de los pecados, haced esto en memoria mía. No lo volveré a beber con vosotros hasta que lo beba en el Reino de los cielos de nuevo con vosotros”110.

“Quien me coma vivirá por Mí” San Juan VI, 48-58

106

. Cf. I Corintios XI, 23-26 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIII. De Eucaristía. Cap. II 108 . San Juan XIII, 1 109 . Cf. San Mateo XXVIII, 20 110 . San Marcos XIV, 22-24; cf. San Mateo XXVI, 26-28 107

132


¿Por qué se le debe llamar a este Sacramento, Eucaristía? Nombre: y es que, comprendiendo a los sagrados escritores que de ningún modo podrían expresar con una sola palabra la dignidad y la excelencia de este admirable Sacramento, ellos procuraron explicarla con muchos nombres. Por lo que unas veces le llaman Eucaristía, cuya voz podemos traducirla al latín por “bonam gratiam o gratiam o gratiarum actionem”. Y con razón debe llamarse buena gracia: ya porque de antemano da a conocer la vida eterna, de la cual está escrito: “la vida eterna es una gracia de Dios”111; ya porque contiene dentro de sí a Cristo Nuestro Señor112, que es la verdadera gracia y la fuente de todas las gracias.

¿Por qué se le debe llamar a este Sacramento, La Última Cena Comunión o Sacramento de la paz y de la caridad? Con frecuencia también se le conoce con el nombre de Sacrificio, de cuyo misterio se tratará poco después con más extensión. Llámasele, además, Comunión, cuya palabra es evidente que se tomó del pasaje del Apóstol, en donde dice: “el cáliz de bendición, que bendecimos, o consagramos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la participación del cuerpo del Señor?” 113 Porque, según explicó el Damasceno: “este Sacramento nos une con Cristo y nos hace participantes de su carne y divinidad, y nos concilia y une mutuamente por medio del mismo Cristo, y nos constituye como en un solo cuerpo”114. De donde resulta115 llamarse también Sacramento de paz y de caridad, para que comprendamos qué indignos son del nombre cristiano los que fomentan las enemistades; y que totalmente deben desterrarse los odios, las disidencias y discordias, como pestes horrendas de los fieles, principalmente protestando en el Sacrificio diario de nuestra religión no conservara nada con más afecto que la paz y la caridad.

111

. Romanos VI, 1-10 . Cf. San Juan I, 14 113 . I Corintios X, 16 114 . Damasceno. Libro IV. De Orth. Fide. Cap. XIV 115 . Cf. Aug. Tract. XXVI. In Joan; Concilio de Trento. Sesión XIII. De Eucharistía. Cap. II 112

133


¿Las dos materias de la Eucaristía no constituyen dos sacramentos? Y aunque son dos los elementos, esto es, el pan y el vino de que se compone todo el Sacramento de la Eucaristía, sin embargo, instruidos por la autoridad de la Santa Iglesia, confesamos no haber muchos sacramentos, sino solamente uno. Pues, en otro caso, no podría subsistir el número de siete sacramentos, como siempre se ha enseñado y ha sido definido por los concilios de Letrán, de Florencia y de Trento. Pues, constituyéndose por virtud de este Sacramento un solo cuerpo místico, tiene que ser uno sólo para que corresponda al efecto que produce, y uno ciertamente, no porque sea indivisible, sino por tener el significado de una sola cosa. Porque, así como la comida y la bebida, que son dos cosas distintas, se dirigen a un solo efecto, esto es, a reparar las El Cuerpo y la Sangre de Cristo fuerzas corporales, del mismo modo fue conforme que aquellas dos especies distintas del Sacramento estén unidas, para significar el alimento espiritual, con el que viven y se recrean las almas. Por esto, dijo el Señor nuestro Salvador: “mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida”116. Mas con verdadero celo debe explicarse lo que significa el Sacramento de la Eucaristía, a fin de que los fieles, al ver con los ojos del cuerpo los sagrados misterios, al mismo tiempo también alimenten su alma con la contemplación de las cosas divinas.

¿Cuáles son las cosas cuyo significado se encierra en este Sacramento? Tres son las cosas que se nos indican en este Sacramento. Es la primera, la Pasión de Cristo Nuestro Señor, la cual ya pasó; pues el mismo Señor nos dijo: “haced esto en memoria mía”117; y el Apóstol declaró: “cuantas veces comieres este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis, o representaréis, la muerte del Señor, hasta que venga”118. La segunda es la gracia divina y sobrenatural, la cual se da de presente en este Sacramento para alimentar y conservar pura el alma. Pues, a la manera que por el Bautismo somos engendrados a nueva vida, y por la Confirmación nos fortalecemos para poder rechazar a Satanás y confesar públicamente el nombre de Cristo, así también por el Sacramento de la Eucaristía nos alimentamos y mantenemos en gracia. ... 116

. San Juan VI, 55 . San Lucas XXII, 19 118 . I Corintios XI, 26 117

134


aquellas materias principalmente conque se mantiene la presente vida, a fin de que los fieles puedan fácilmente comprender que la inteligencia y el alma se sacian con la comunión del precioso cuerpo y sangre de Cristo. También sirven bastante estos elementos para que comprendan los hombres que está realmente, “si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo”128 en este Sacramento el cuerpo y la sangre del Señor. Porque, viendo que todos los días se convierten por virtud natural el pan y el vino en carne y sangre humana, por esta semejanza podemos más sencillamente inclinarnos a creer que, por virtud de la Consagración admirable, se convierte la sustancia del pan y del vino en verdadera carne de Cristo y en su verdadera sangre. Presta también no poco valor esta maravillosa conversión de los elementos para representar lo que sucede en el alma129. Porque así como, aunque no se deja ver exteriormente ninguna alteración del pan y del vino, su sustancia, sin embargo, se convierte verdaderamente en carne y sangre de Cristo; del mismo modo, a pesar de no verse en nosotros cambio alguno, esto no obstante nos renovamos interiormente en la vida cuando recibimos la vida verdaderamente en el Sacramento de la Eucaristía.

¿De qué forma debe usarse para consagrar el pan? Su forma: toca ahora tratar de la forma que debe emplearse para consagrar el pan; no ciertamente para que se le explique estos misterios al pueblo fiel, a no ser que obligue la necesidad (pues no es necesario instruir acerca de ellos a los que no están consagrados al sacerdocio), sino para que no pequen gravemente los sacerdotes, por ignorancia de la forma, al hacer este Sacramento. Y así los evangelistas San Mateo y San Lucas, e igualmente el Apóstol, nos enseñan que la forma es ésta: HOC EST ENIM CORPUS MEUM. Porque escrito está: “estando cenando, tomó Jesús el pan y le bendijo y partió, y dióselo a sus discípulos, diciendo: tomad y comed. este es mi cuerpo”130. Y habiendo Cristo Nuestro La Santa Comunión Señor empleado esta forma de consagración, la Santa Iglesia Católica la ha observado siempre. Forzoso es omitir aquí los testimonios de los Santos Padres, que sería preciso enumerar, y el decreto del Concilio de Florencia131, porque todos lo conocen y es clarísimo; sobre todo pudiendo comprender esto mismo por estas palabras del Salvador: “haced esto en memoria mía”132. Porque entre lo que el Señor mandó hacer debe incluirse, no sólo cuanto Él había hecho, sino también todo lo que dijo; y principalmente se 128

. Cf. Ibíd. 53 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXXV. Art. II 130 . San Marcos XIV, 22; San Lucas XXII, 19; I Corintios XI, 24 131 . Cf. Concilio de Florencia. In Decret. De Sacram 132 . San Lucas XXII, 19; cf. I Corintios XI, 24 129

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ha de entender que están comprendidas las palabras que pronunció no menos para obrar que para significar sus obras. Mas, también podemos persuadirnos fácilmente de esta verdad que por ellas se da a entender lo que se obra en este Sacramento; y como dichas palabras significan y declaran el efecto que se produce, esto es, la conversión del pan en el verdadero Cuerpo de Nuestro Señor, síguese que la forma ha de consistir en esas mismas palabras. En este sentido puede tomarse lo que dijo el Evangelista: “tomó pan y lo bendijo”133, y pues parece que se debe entender lo mismo que si hubiera dicho: “Este es Mi Cuerpo” tomando el pan, le San Marcos XIV, 22 bendijo, diciendo:

¿Cuál es la forma de consagrar el vino? Ahora bien, respecto a la consagración del vino, que es la otra materia de este Sacramento, por la razón misma antes dicha debe el sacerdote conocer y saber bien su forma. En su consecuencia, debe ciertamente creerse que ésta se halla comprendida en las siguientes palabras: “HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETÉRNI TESTAMÉNTI, -MISTERYUM FIDEI- QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM”. De las tales palabras, muchas están sacadas de la Sagrada Escritura, y algunas se han conservado en la Santa Iglesia por la Tradición apostólica. Pues las palabras: “este es mi cáliz” se hallan escritas en San Lucas y en el Apóstol134; las que siguen: “de mi sangre o mi sangre del Nuevo Testamento, que se derramará por vosotros y por la multitud para remisión de los pecados”, unas fueron dichas por San Marcos135 y otras por San Mateo; más las palabras eterno136 y Misterio de Fe nos han sido enseñanzas por la Santa Tradición, que es la intérprete y defensora de la verdad católica.

Demuéstrese que ésta es la forma verdadera de la consagración (de la Sangre): y nadie podrá dudar acerca de esta forma, si se observa aquí también lo que antes se dijo sobre la forma de consagración que se emplea en la

133

. San Marcos XIV, 22 . Cf. San Lucas XXII, 20; I Corintios XI, 25 135 . Cf. San Mateo XXVI, 28; San Marcos XIV, 24 136 . Cf. Hebreos XIII, 20 134

136


materia del pan137. Porque es manifiesto que la forma de este elemento está contenida en las palabras, que expresan que la sustancia del vino se convierte en la sangre del Señor. Por lo tanto, significando esto claramente aquellas palabras, es evidente que no se debe determinar otra forma. Pues expresan, además, ciertos frutos admirables de la sangre derramada en la Pasión del Señor, que muy especialmente se refieren a este Sacramento. El primero es la entrada 138 en la herencia eterna, la cual viene a nosotros por el derecho del Nuevo y Eterno Testamento. El segundo es la posibilidad de justificarse por el “Misterio de Fe”; porque “Dios puso a Jesucristo por víctima de propiciación en virtud de su sangre por medio de la Fe, para que aparezca la justicia suya en el tiempo actual, a fin de que Él sea el Justo y quien justifica al que viene por la Fe de Jesucristo”139. El tercero es140 la remisión de los pecados.

¿Qué es lo que se obra principalmente en este Sacramento por virtud de la mística consagración? Tres cosas, pues, hay sobre todo que admirar y confesar, las cuales cree y confiesa la Fe católica, sin duda alguna, que se obran en este Sacramento por las palabras de la Consagración. Es la primera, que en este Sacramento está el verdadero cuerpo141 de Cristo Nuestro Señor, el mismo que, nacido de la Virgen, está en el cielo sentado a la diestra del Padre. Es la segunda, que en él no queda sustancia alguna de los elementos, aunque nada pueda parecer más ajeno y extraño a los sentidos. La tercera, que fácilmente se deduce de las otras dos, si bien las palabras de la Consagración lo exponen muy claramente, consiste en que los accidentes que los ojos ven o perciben los demás sentidos permanecen allí sin sujeto alguno, por modo maravilloso e inexplicable. Pueden, en verdad, verse los accidentes del pan y del vino, pero sin estar adheridos a sustancia alguna, sino subsistiendo por sí mismos, puesto que la sustancia del pan y del vino de tal modo, se convierten en el mismo cuerpo y sangre del Señor, que deja completamente de ser sustancia de pan y de vino.

¿Cómo se ha de conocer el juicio de la Santa Iglesia de Cristo acerca del sentido de las Sagradas Escrituras y de la verdad del cuerpo del Señor en la Eucaristía? Por dos vías y modos podemos llegar al conocimiento de este juicio. El primero es consultando a los Santos Padres que florecieron desde el principio de la Santa Iglesia, y sucesivamente en todos los siglos, y son los testigos más autorizados de la doctrina de la Santa Iglesia. Estos, pues, todos en completo acuerdo, han enseñado muy claramente la verdad de este dogma; y como sería cosa de gran trabajo aducir todos sus testimonios, bastará transcribir, o mejor indicar unos pocos, por los que se podrá fácilmente formar juicio de los demás. Sea, pues, el primero que exponga su Fe, San Ambrosio, quien, en el libro sobre los que se inician en los misterios, afirmó: “que en este Sacramento se recibe el verdadero cuerpo de Cristo, como es verdadero el que salió del seno de la Virgen, y que se debe creer esto con Fe firmísima”, y en otra parte enseña: “que antes de la Consagración allí hay pan, pero que después de la Consagración está allí la carne de Cristo”. ... 137

. Cf. San Buenaventura. Lib. IV. Dist. VIII. Art. III. Q. II . Cf. Hebreos X, 19-20 139 . Romanos III, 25-26 140 . Cf. San Mateo XXVI, 28 141 . Cf. Ignat. Epist. Ad Smyrn 138

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dejando a un lado cuestiones delicadísimas, venerar y adorar la majestad de este Adorable Sacramento y luego reconocer en él la suma providencia de Dios por haber ordenado que se administren tan Santos Misterios bajo las especies de pan y vino. Porque teniendo gran horror, todos los hombres, por naturaleza, a comer carne humana o beber su sangre, muy sabiamente dispuso que se nos diese su Santísimo Cuerpo y su Santísima Sangre bajo las especies de dichos elementos, esto es, de pan y de vino, con cuyo alimento diario y común grandemente nos recreamos. Y a esto se agregan también estas dos utilidades de las cuáles, consiste la primera en librarnos de la calumnia de los infieles, de la que no podríamos fácilmente huir, si se viese que comíamos al señor bajo su propia imagen: “disputaban entre sí los judíos, diciendo: ¿cómo puede este darnos a comer su carne?”158 Consiste la segunda en que, recibiendo el cuerpo y la sangre del Señor de modo que los sentidos no pueden percibir lo que verdaderamente se efectúa, esto vale muchísimo para aumentar la Fe en nuestros corazones, la cual, a la verdad, como es notorio, según la frase de San Gregorio: “carece de mérito en todo aquello en que la razón humana encuentra fácil prueba” 159. Cuanto hasta aquí se ha expuesto, no debe explicarse sino teniendo mucha precaución, según la capacidad de los oyentes y la necesidad de los tiempos.

¿Cómo se comunica la gracia por este Sacramento? Y si la gracia y la

Primera Comunión

verdad, fue traída por Jesucristo,160 necesariamente tiene que causarla también en el alma, cuando recibe pura y santamente a quien dijo de Sí mismo: “quien come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora y Yo en él”161. Pues nadie debe dudar que todos los que reciben este Sacramento movidos por el amor a la piedad y a la religión, dan entrada en su pecho al Hijo de Dios de modo tal, que forman parte de su cuerpo como miembros vivos por la gracia. Puesto que escrito está: “quien me come, él también vivirá por mí”162; y en otra parte: “el pan que Yo daré, es mi misma carne, la cual daré para la vida o salvación del mundo”163. Cuyo pasaje interpretándole San Cirilo, se expresa de este modo: “uniéndose el Verbo de Dios a Sí mismo con su carne, la hizo vivificante. Por esta razón debía comunicarse por cierto modo maravilloso a nuestros cuerpos, por medio de su sagrada carne y de su sangre

158

. San Juan VI, 52 . Greg. Papa. Hom. XXV. In Evang 160 . Cf. San Juan I, 17 161 . Ibíd. VI, 56 162 . Ibíd. 58 163 . Ibíd. 51 159

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preciosa, lo cual recibimos con el pan y el vino mediante la Consagración (o bendición vivificadora)”164.

¿Cómo este Sacramento nos abre la puerta de la gloria eterna? Por último, comprendiendo en una sola palabra todos los efectos y beneficios de este Sacramento, diremos que la Sagrada Escritura tiene suma virtud para alcanzarnos la gloria eterna165. Porque está escrito: “el que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día”166. Quiérese decir que los fieles, mientras viven en este mundo, por la gracia de este Sacramento, disfrutan de suma paz y tranquilidad de conciencia; reanimados después con su virtud suben a la gloria y bienaventuranza eterna, a la manera de Elías, quien, fortalecido con el pan cocido debajo de la ceniza, anduvo (cuarenta días y cuarenta noches) hasta llegar a Horeb, monte de Dios, cuando se le acercó el tiempo de salir de esta vida167. Todo esto, les explicarán muy extensamente los párrocos, si se propusieran exponer el capítulo VI de San Juan, en donde se descubren muchos efectos de este Sacramento; o si, recorriendo los hechos admirables de Cristo Nuestro Señor, enseñasen que, confesando los otros que con justicia y razón fueron muy dichosos aquellos en cuyas casas fue recibido siendo mortal168, o los que recobraron la salud tocando su vestido o la orla de este169, mucho más dichosos y felices somos nosotros a cuyas almas no se desdeña de venir, estando adornado de gloria mortal, para sanar todas sus llagas, y para unirlas a sí mismo, enriquecidas con preciosísimos dones.

¿Cómo puede prepararse el alma para comulgar? Y como primera preparación llevarán los fieles el distinguir una mesa de otra; esta que es sagrada, de las demás profanas; este Pan del cielo, del ordinario. Y esto se concibe cuando creemos con certeza que está presente en la Eucaristía el verdadero cuerpo y la sangre del Señor170, a quién adoran los ángeles en el cielo171, en cuya presencia se estremecen y tiemblan las columnas del firmamento 172, y de cuya gloria están llenos el cielo y la tierra. Esto es, a la verdad, discernir el cuerpo del Señor, según lo advirtió el Apóstol, “pero pruébese cada uno a sí mismo, y así coma del pan y beba del cáliz”173; pero que conviene venerar la grandeza de este Misterio más que examinar curiosamente su verdad con discusiones. Otra preparación sumamente necesaria es que cada uno se pregunte a sí mismo si está en paz con los demás; si174 ama verdaderamente de corazón a sus prójimos. Pues dice en San Mateo: “por tanto, si vas a ofrecer tu ofrenda en el altar, y te acuerdas allí que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí mismo tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después vendrás a presentar tu ofrenda”175. 164

. Cyrill. Alex. Lib. IV. In Joan. Caps. XII-XIV . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXXIX. Art. II 166 . San Juan VI, 54 167 . Cf. I Reyes XIX, 5-8 168 . Cf. San Lucas X, 42; XIX, 9-10 169 . Cf. San Mateo IX, 20-22 170 . Cf. Salmo XCVI, 7; Hebreos I, 6 171 . Cf. Job XXVI, 11 172 . Cf. Isaías VI, 3 173 . Cf. I Corintios XI, 28 174 . Cf. I San Juan III, 14 175 . San Mateo V, 23-24 165

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Debemos, además, examinar con gran cuidado nuestra conciencia, no sea que estemos manchados con algún pecado mortal, del cual es necesario arrepentirse, a fin de purificarse antes con la medicina de la contrición y confesión. Porque el Santo Concilio de Trento176 dispuso que no pueda recibir la Eucaristía nadie a quien le remuerda la conciencia de un pecado mortal, habiendo facilidad de hallar un sacerdote, antes de purificarse con la confesión sacramental, aunque se crea estar contrito. Además de esto, consideremos bien en silencio, qué indignos somos, para que el Señor nos conceda tan extraordinario beneficio. Y así digamos de corazón las palabras del Centurión177, de quien el mismo Salvador afirmó no haber hallado tanta Fe en Israel: “Señor no soy yo digno de que tu entres en mi casa”178. Veamos también en nosotros mismos si podemos poner en nuestros labios las palabras de San Pedro: “Señor tu sabes que te amo”179. Porque conviene tener presente que el que se había sentado a la mesa en el convite del Señor sin el vestido de boda 180, arrojado a la cárcel de tinieblas, fue condenado a las penas eternas.

¿El que desee comulgar debe tener también alguna disposición por parte del cuerpo? Y se requiere disposición, no tan sólo por parte del alma, sino también por parte del cuerpo. Porque debemos llegar a la Sagrada Mesa en ayunas, o por lo menos no haber comido algo sólido durante tres horas antes y líquidos a excepción de alcohol una hora antes. Requiere así la dignidad de tan grande Sacramento que los casados se abstengan por algunos días del uso del matrimonio, a ejemplo del Rey David181, quien, estando para recibir del sacerdote los panes de la Proposición, manifestó que hacía tres días que él y sus criados estaban limpios del uso conyugal. Esto es precisamente lo que sobre todo deben observar los fieles para prepararse, a fin de recibir con fruto la Sagrada Eucaristía. Porque lo demás que parezca se debe disponer acerca de esto, podrá fácilmente reducirse a estos mismos principios.

Dómine, non sum dignus! ¡Señor, Yo no soy digno!

El sacerdote es el ministro propio de este Sacramento. Ministro: ya debe de tratarse acerca del ministro, aunque nadie ciertamente puede ignorar 176

. Cf. Concilio de Trento. Sesión XIII. Cap. VII. Can. XI . Cf. San Mateo VIII, 10 178 . Ibíd. 8 179 . San Juan XXI, 15 180 . Cf. San Mateo XXII, 11-13 181 . Cf. I Libro de Samuel XXI, 6 177

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esto, para que no se omita cosa alguna que se juzgue propia de la doctrina de este Sacramento. Y a este fin se ha de enseñar que sólo a los sacerdotes se ha dado potestad para consagrar y administrar a los fieles la Sagrada Eucaristía. Y que en la Santa Iglesia se observó siempre la costumbre de que los fieles recibiesen los sacramentos de los sacerdotes; y que estos comulgasen por sí mismos cuando celebran la Santa Misa, lo declaró el Santo Concilio de Trento 182, y dio a entender que debe observarse con veneración esta costumbre, por proceder de la Tradición apostólica; sobre todo habiéndonos dejado un ejemplo ilustre de esto Cristo Nuestro Señor, cuando consagró su Santísimo Cuerpo y le distribuyó con sus propias manos entre sus Apóstoles183. Y para mirar por todos los medios por la dignidad de tan Augusto Sacramento, no tan sólo concedió la Santa Iglesia únicamente a los sacerdotes la potestad de administrarle, sino que, además, prohibió por una ley que nadie, sin estar consagrado, se atreva a manejar y tocar los vasos, los lienzos y demás objetos sagrados que son necesarios para su consagración, no ocurriendo alguna grave necesidad184.

La Eucaristía es el Sacrificio propio del Nuevo Testamento, muy aceptado a Dios: Sacrificio: debe ahora explicarse lo que resta por decir de la Eucaristía en cuanto es Sacrificio185; para que sepan bien los párrocos lo que principalmente deben enseñar a sus feligreses acerca de este Misterio en los domingos y días festivos, conforme está mandado por el Santo Concilio de Trento186. Este Sacramento, a la verdad, no es solamente un tesoro de celestiales riquezas, por el que, si usamos bien de él, nos granjeamos la gracia y el amor de Dios, sino que también se halla en él un medio muy poderoso con qué poder pagarle en algún modo por los inmensos beneficios que nos ha hecho. Y de esto se deduce qué agradable y bien recibida de Dios es esta víctima, si se ofrece su Sacrificio según las rúbricas y como es justo187. Porque, si los sacrificios de la ley antigua, de los cuales está escrito: “tu no has querido sacrificios ni oblaciones, sino que me has dado oídos; holocausto y expiación por el pecado no pides. Entonces he dicho: he aquí que vengo. En el rollodel libro me está prescrito hacer tu voluntad”188; y en otra parte: “si hubieres querido sacrificios, ciertamente te los habría ofrecido: mas Tú no te complaces sólo con holocaustos”189, agradaron tanto al Señor que afirma la Sagrada Escritura que percibió Dios el olor de su suavidad recibido190. Cuánto más debemos esperar nosotros de este Sacrificio, en él, esto es, que le fue muy agradable y bien en el cual se sacrifica y ofrece Aquél mismo de quien dos veces se oyó esta voz del cielo: “Éste es mi querido Hijo, en quién tengo puestas todas mis complacencias”191. Por lo tanto, expondrán con gran cuidado los párrocos este Misterio, para que los fieles, cuando asisten a la Santa Misa, aprendan a meditar, atenta y reverentemente, las sagradas ceremonias que están viendo. 182

. Cf. Concilio de Trento. Sesión XIII. Cap. VIII. Can. X . Cf. San Mateo XXVI, 26 184 . Cf. Ap. Grat. Dist. 24. Cap. Sacratas 185 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXII. In Princ. De Sanct. Sacrif. Missae 186 . Cf. Ibíd. Sesión XXII. Cap. VIII; XXIV. Cap. VII. Decret. De Reform 187 . Cf. Isaías LVI, LXI; Jeremías XXXIII 188 . Salmo XXXX, 7-8 189 . Ibíd LI, 18 190 . Cf. Génesis VIII, 21 191 . San Mateo III, 17 183

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¿Por qué causas Cristo Nuestro Señor instituyó la Eucaristía? Enseñarán en primer lugar, que Cristo Nuestro Señor instituyó la Eucaristía por dos causas192: Primera para que sea alimento divino de nuestra alma, con el cual podamos defender y conservar la vida espiritual; y la segunda para que tenga la Santa Iglesia un Sacrificio perpetuo, por cuya virtud se expíen nuestros pecados, y el Padre Celestial, gravemente ofendido con frecuencia con nuestras infidelidades, convierta su ira en misericordia, y el rigor de sus justos castigos en clemencia. Una figura y semejanza de esto puede verse en el cordero pascual, que los Hijos de Israel solían ofrecer y comer como Sacrificio y como Sacramento193. Y cuando nuestro Salvador se ofreció a Sí mismo a Dios Padre en el Ara de la Santa Cruz, no pudo en verdad dar prueba alguna más elocuente de su infinito amor para con nosotros que dejándonos un Sacrificio visible, que renovase aquel sangriento que poco después había de inmolarse una vez en la Santa Cruz, y por medio del cual la Santa Iglesia, difundida por todo el orbe, celebrase su memoria con muy grandes frutos, todos los días hasta el fin del mundo.

¿En qué se ha de distinguir el Sacramento del Sacrificio? Mucho se diferencian entre sí estas dos razones; porque el Sacramento se perfecciona con la Consagración, y todo el valor del Sacrificio consiste en la oblación. Por eso la Sagrada Eucaristía, cuando está reservada en el Sagrario o se lleva a los enfermos, tiene razón de Sacramento, y no de Sacrificio. En segundo lugar, en cuanto es Sacramento, para los que reciben la Divina Hostia, tiene razón de mérito, y les comunica los demás bienes que antes se ha indicado; y, en cuanto es Sacrificio, tiene virtud, no sólo de merecer, sino también de satisfacer. Porque, así como Cristo Nuestro Señor mereció y satisfizo por nosotros por medio de su Pasión, del mismo modo los que ofrecen este Sacrificio, por medio del cual comunican con nosotros, merecen los frutos de la Pasión del Señor y satisfacen.

El Santo Sacrificio de la Misa

¿De donde procede la doctrina del Sacrificio y del sacerdocio de la Ley Nueva? Lo que enseña la Santa Iglesia Católica sobre la verdad de este Sacrificio, lo aprendió en las palabras del Señor, cuando, encomendando a los Apóstoles estos sagrados misterios en la noche última, les dijo: “haced esto en memoria mía”194. Pues, como está definido por el Santo Concilio, entonces los instituyó sacerdotes y les mandó que ellos mismos y los que hubieren de 192

. Cf. San Juan VI, 35; Concilio de Trento. Sesión XX. De Sacrif. Missae. Cap. I-II . Cf. Éxodo XII, 3-4 194 . San Lucas XXII, 19 193

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sucederles en el cargo sacerdotal sacrificasen y ofreciesen su cuerpo195. Esto mismo lo demuestran también suficientemente las palabras del Apóstol escritas a los Corintios, en donde, dice: “no podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios: no podéis tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios”196. Porque, así como por mesa de los demonios debe entenderse el altar donde se les ofrecían sacrificios, así también (probando con argumento de razón lo que enseña el Apóstol), la mesa del Señor no puede significar otra cosa sino el altar en que se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa al Señor.

¿Con qué figuras y profecías se significó principalmente, en lo antiguo este Sacrificio? Y si buscamos en el Antiguo Testamento las figuras y profecías de este Sacrificio, en primer lugar, Malaquías vaticinó muy claramente acerca de él en estos términos: “desde Levante al Poniente, grande es mi nombre entre las naciones, y en todo lugar se sacrifica y se ofrece al nombre mío una ofrenda pura; porque es grande mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos”197. Además, lo mismo antes que después de haberse promulgado la ley de Moisés, fue vaticinado esta Hostia con diferentes clases de sacrificios. Porque esta única Víctima, como perfección y complemento de todas las demás, comprendió en sí todos los bienes que se daban a entender con aquellos sacrificios. Esto no obstante, en ninguna otra cosa se puede ver su imagen mejor impresa que en el Sacrificio de Melquisedec198. Puesto que el mismo Salvador declarándose: “constituido para siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec”199, ofreció a Dios Padre en la Última Cena, su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino.

El mismo Sacrificio que se ofreció en la Cruz se celebra en la Santa Misa: por consiguiente, confesamos y debe creerse que es uno y el mismo Sacrificio el que se celebra en la Santa Misa y el que se ofreció en la Santa Cruz200, así como es una sola y una misma la Víctima, esto es, Cristo Nuestro Señor, el cual se sacrificó una sola vez, sangrientamente en el Ara de la Santa Cruz. Y no por esto no son dos hostias, la cruenta y la incruenta, sino una sola, mediante este Sacrificio, desde que el Señor lo mandó con estas palabras: “haced esto en memoria mía”201, se renueva diariamente en la Eucaristía.

También es uno mismo el Sacerdote el del uno y el del otro: y Cristo Nuestro Señor es también uno solo y el mismo sacerdote 202. Porque los ministros que celebran el Sacrificio no representan su persona, sino la Persona de Cristo, cuando consagran su Cuerpo y su Sangre. Lo cual se prueba con las palabras de la misma Consagración. Pues no dice el sacerdote: “este es el Cuerpo de Cristo”, sino: “éste es Mi cuerpo”; quiérase decir que el sacerdote, representando la Persona de Cristo Nuestro Señor, convierte la sustancia del pan

195

. Cf. Concilio de Trento. Sesión XII. De Sacr. Missae. Can. II . I Corintios X, 20-21 197 . Malaquías I, 11 198 . Cf. Génesis XIV, 18-20 199 . Salmo CX, 4 200 . Cf. De sum. Trinit. Cap. Firmiter 201 . I Corintios XI, 24; cf. San Lucas XXII, 19 202 . Cf. Chrysost. Hom. II. Núm. II. Epis. Ad Timoth 196

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y la del vino en la verdadera sustancia de su Cuerpo y de su Sangre. Esto supuesto, indudablemente se tiene que enseñar lo que también declaró el Santo Concilio, que el Sacrosanto Sacrificio de la Misa es, no sólo Sacrificio de alabanza y de acción de gracias, o solamente mera conmemoración del Sacrificio que se ofreció en la Santa Cruz, sino que también es verdaderamente un Sacrificio propiciatorio, por el cual se muestra a Dios aplacado y benigno con nosotros203. De donde se sigue que, si con puro corazón, con Fe viva y verdaderamente arrepentidos ¡He aquí el Pan de los Ángeles! de todos nuestros pecados, sacrificamos y ofrecemos esta Santísima Hostia, es indudable que conseguiremos del Señor: “misericordia y gracia en tiempo oportuno”204. Porque, con el olor de esta Víctima se deleita tanto el Señor, que, comunicándonos los dones de gracia y penitencia, perdona nuestros pecados. Conforme con esto es la oración solemne de la Santa Iglesia: “cuantas veces se celebra la conmemoración de esta víctima, otras tantas se renueva la obra de nuestra salvación” 205; lo cual quiere decir que los frutos copiosísimos de la Víctima sangrienta se nos comunican por este Sacrificio incruento.

El fruto del Santo Sacrificio de la Misa se extiende también a los difuntos: enseñarán, además, los párrocos, que es tan grande la virtud de este Sacrificio, que aprovecha, no sólo al que le celebra y consume, sino también a todos los fieles, ya sea que vivan con nosotros en este mundo, ya sea que habiendo muerto en el Señor, aún no se hallan purificado enteramente de sus pecados. Porque, según la verísima Tradición apostólica, se ofrece por ellos, no menos fructuosamente que por los pecados, las penas, las satisfacciones, y por cualesquiera desgracia y aflicción de los vivientes206.

¿Qué objeto tienen las ceremonias de este Sacrificio? Tiene este Sacrificio muchas y muy solemnes ceremonias, de las cuales ninguna se debe considerar superflua ni inútil, sino que todas tienen por objeto hacer brillar más la majestad de tan sublime Sacrificio207, y excitar a los fieles, cuando están oyendo la Santa Misa, a la contemplación de los misterios que se encierran en 203

. Cf. Concilio de Trento. Sesión XXII. De Sacr. Miss. Cap. II. Can. III . Hebreos IV, 15 205 . Orat. Secret. Miss in Dom. IX post. Pent 206 . Cf. Cypr. Lib I. Epist. IX. Ad Clér 207 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXII. Cap. V. Can. VII-IX 204

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este Sacrificio. Pero no hay razón para hablar largamente acerca de esto, ya porque es manifiesto que esta materia requiere explicación más extensa de lo que corresponde al plan que nos propusimos, ya porque a los sacerdotes les es más fácil adquirir los casi innumerables libritos y comentarios, que acerca de estas ceremonias han escrito piadosos y muy doctos varones. Será, pues, bastante haber explicado hasta aquí, con la gracia de Dios, los capítulos principales de las materias que pertenecen a la Santa Eucaristía ya como Sacramento, ya como Sacrificio208

II. III. 1. Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” del Papa San Juan Pablo II II. III. 1. 1. Introducción 1. La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de Fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, las promesas del Señor “he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”209; en la Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la Patria celeste, este Divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza. Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es “fuente y cima de toda la vida cristiana”210.“La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo”211. Por tanto, la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del Altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor. 2. Durante el Gran Jubileo del año 2000, tuve ocasión de celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, donde, según la Tradición, fue realizada la primera vez por Cristo mismo. El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: “tomad y comed todos de él, porque éste es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros”212. después tomó en sus manos el cáliz del vino y les dijo: “tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, sangre de la Alianza Nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados” 213. Estoy 208

. Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1322-1419 . San Mateo XXVIII, 20 210 . Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 11 211 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Decr. “Presbyterorum ordinis”. Sobre el ministerio y vida de los presbíteros. 5 212 . San Mateo XXVI, 26; cf. San Lucas XXII, 19; I Corintios XI, 24 213 . San Marcos XIV, 24; cf. San Lucas XXII, 20; I Corintios XI, 25 209

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agradecido con el Señor Jesús que me permitió repetir en aquel mismo lugar, obedeciendo su mandato: “haced esto en conmemoración mía”214, las palabras pronunciadas por Él hace dos mil años. Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizá no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del Jueves hasta la mañana del Domingo. En esos días se enmarca el Mysterium paschale; en ellos se inscribe también el Mysterium eucharisticum. 3. Del misterio nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el Sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: “acudían asiduamente a la enseñanza los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones215. La “fracción del pan” evoca la Eucaristía. Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia. Y, mientras lo hacemos en la celebración eucarística, los ojos del alma se dirigen al Triduo Pascal: a lo que ocurrió la tarde del Jueves Santo, durante la Última Cena y después de ella. La institución de la Eucaristía, en efecto, anticipaba sacramentalmente los acontecimientos que tendrían lugar poco más tarde, a partir de la agonía en Getsemaní. Vemos a Jesús que sale del Cenáculo, baja con los discípulos, atraviesa el arroyo Cedrón y llega al Huerto de los Olivos. En aquel huerto quedan aún hoy algunos árboles de olivo muy antiguos. Tal vez fueron testigos de lo que ocurrió a su sombra aquella tarde, cuando Cristo en oración experimentó una angustia mortal y “su sudor se hizo como gotas de sangre que caían en tierra”216. La sangre, que poco antes había entregado a la Iglesia como bebida de salvación en el Sacramento eucarístico, comenzó a ser derramada; su efusión se completaría después en el Gólgota, convirtiéndose en instrumento de nuestra redención: “Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros(...) penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna”217. 4. La hora de nuestra redención. Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su “hora”: ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!”218 Desea que los discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la soledad y el abandono: “¿conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación”219. Sólo Juan permanecerá al pie de la Cruz, junto a la Santísima Virgen María y a las piadosas mujeres. La agonía en Getsemaní ha sido la introducción a la agonía de la Cruz del Viernes Santo. La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la tumba de 214

. San Lucas XXII, 19 . Hechos de los Apóstoles II, 42 216 . San Lucas XXII, 44 217 . Hebreos IX, 11-12 218 . San Juan XII, 27 219 . San Mateo XXVI, 40-41 215

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Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su “hora”, la hora de la Cruz y de la glorificación. A aquel lugar y aquella hora vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella. “Fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos”. A las palabras de la profesión de Fe hacen eco las palabras de la contemplación y la proclamación: “ecce lignum crucis in quo salus mundi pependit. Venite adoremus”. Ésta es la invitación que la Iglesia hace a todos en la tarde del Viernes Santo. Y hará de nuevo uso del canto durante el tiempo pascual para proclamar: “surrexit Dóminus de sepulcro qui pro nobis pependit in ligno. ¡Aleluya!” 5. “¡Mysterium fidei!- ¡Misterio de la Fe!” Cuando el sacerdote pronuncia o canta estas palabras, los presentes aclaman: “anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ¡ven Señor Jesús!” Con estas o parecidas palabras, la Iglesia, a la vez que se refiere a Cristo en el misterio de su Pasión, revela también su propio misterio: Ecclesia de Eucharistia. Si con el don del Espíritu Santo en Pentecostés la Iglesia nace y se encamina por las vías del mundo, un momento decisivo de su formación es ciertamente la institución de la Eucaristía en el Cenáculo. Su fundamento y su hontanar es todo el Triduum paschale, pero éste está como incluido, anticipado y “concentrado” para siempre en el don eucarístico. En este don, Nuestro Señor Jesucristo entregaba a la Iglesia la actualización perenne del misterio pascual. Con él instituyó una misteriosa “contemporaneidad” entre aquel Triduum y el transcurrir de los siglos. Este pensamiento nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud. El acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo actualiza a lo largo de los siglos tienen una “capacidad” verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redención. Este asombro ha de inundar siempre a la Santa Iglesia, reunida en la celebración eucarística. Pero, de modo especial, debe acompañar al ministro de la Eucaristía. En efecto, es él quien, gracias a la facultad concedida por el Sacramento del Orden, realiza la Consagración. Con la potestad que le viene del Cristo del Cenáculo, dice: “este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros..., este es el cáliz de mi sangre, que será derramada por vosotros”220. El sacerdote pronuncia estas palabras o, más bien, pone su boca y su voz a disposición de Aquél que las pronunció en el Cenáculo y quiso que fueran repetidas de generación en generación por todos los que en la Iglesia participan ministerialmente de su sacerdocio. 6. Con la presente Carta Encíclica, deseo suscitar este “asombro” eucarístico, en continuidad con la herencia jubilar que he querido dejar a la Iglesia con la Carta Apostólica Novo millennio ineunte y con su coronamiento mariano Rosarium Virginis Mariae. Contemplar el rostro de Cristo, y contemplarlo con la Santísima Virgen María, es el “programa” que he indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva evangelización. Contemplar a

220

. San Mateo XXVI, 26-28; cf. San Marcos XIV, 22-25; San Lucas XXII, 19-20; I Corintios XI, 23-25

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Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifieste, en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su Cuerpo y de su Sangre. La Iglesia vive de Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de Fe y, al mismo tiempo “misterio de luz”221. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: “y entró para quedarse con ellos. Y estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dió. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron; mas Él desapareció de su vista”222. 7. Desde que inicié mi ministerio de Sucesor de Pedro, he reservado siempre para el Jueves Santo, día de la Eucaristía y del Sacerdocio, un signo de particular atención, dirigiendo una Carta a todos los sacerdotes del mundo. Este año, para mí el vigésimo quinto de Pontificado, deseo involucrar más plenamente a toda la Iglesia en esta reflexión eucarística, para dar gracias a Dios también por el don de la Eucaristía y del Sacerdocio: “don y misterio” 223. Puesto que, proclamando el año del Rosario, he deseado poner este mi vigésimo quinto año bajo el signo de la contemplación de Cristo con María, no puedo dejar pasar este Jueves Santo del 2003 sin detenerme ante el “rostro eucarístico” de Cristo, señalando con nueva fuerza a la Iglesia la centralidad de la Eucaristía. De ella vive la Santa Iglesia. De este “pan vivo” se alimenta. ¿Cómo no sentir la necesidad de exhortar a todos a que hagan de ella siempre una renovada experiencia? 8. Cuando pienso en la Eucaristía, mirando mi vida de sacerdote, de Obispo y de Sucesor de Pedro, me resulta espontáneo recordar tantos momentos y lugares en los que he tenido la gracia de celebrar. Recuerdo la iglesia parroquial de Niegowic donde desempeñé mi primer encargo pastoral, la colegiata de San Florián en Cracovia, la catedral del Wawel, la Basílica de San Pedro y muchas basílicas e iglesias de Roma y del mundo entero. He podido celebrar la Santa Misa en capillas situadas en senderos de montañas, a orillas de los lagos, en las riberas del mar; la he celebrado sobre altares construidos en estadios, en las plazas de las ciudades..., estos escenarios tan variados de mis celebraciones eucarísticas me hacen experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico. ¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada. De este modo, Él, el Sumo y Eterno Sacerdote, entrando en el Santuario eterno mediante la sangre de la Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad. Verdaderamente, éste es el Mysterium fidei que se realiza en la Eucaristía: el mundo nacido de las manos de Dios creador retorna a Él redimido por Cristo. ... 221

. Cf. Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”. 16 de octubre de 2002, 21: AAS 95 (2003), 19 . San Lucas XXIV, 29-31 223 . Cf. Éste es el título que he querido dar a un testimonio autobiográfico con ocasión del quincuagésimo aniversario de mi sacerdocio 222

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la eficacia del anuncio. También por eso, aquí y allá, surgen iniciativas ecuménicas que, aún siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su Fe. ¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones. Confío en que esta Carta Encíclica contribuya eficazmente a disipar las sombras de doctrinas y prácticas no aceptables, para que la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio

II. III. 1. 2. Misterio de Fe

El Santo Sacrificio Eucarístico

11. “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado”229, instituyó el Sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre. Las palabras del Apóstol San Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la Pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el Sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos 230. Esta verdad la expresan bien las palabras con las cuales, en el rito latino, el pueblo responde a la 229

. I Corintios XI, 23 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución “Sacrosanctum Concilium”, sobre la Sagrada Liturgia. n.47: “Salvator noster, Sacrificium Eucharisticum Corporis et Sanguinis sui instituit, quo Sacrificium Crucis in saecula, donec veniret, perpetuaret” 230

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aclamación del “misterio de la Fe” que hace el sacerdote: “anunciamos tu muerte, Señor”. La Santa Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, Su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su Persona en su Santa Humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado pues “todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...”231. Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y Resurrección del Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y “se realiza la obra de nuestra redención”232. Este Sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así todo fiel puede tomar parte de él, obteniendo frutos inagotablemente. Ésta es la Fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Esta es la Fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don233. Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega “hasta el extremo”234, un amor que no conoce medida. 12. Este aspecto de caridad universal del Sacramento eucarístico se funda en las palabras mismas del Salvador. Al instituirlo, no se limitó a decir: “éste es mi cuerpo”, “esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre”, sino que añadió “entregado por vosotros..., derramada por vosotros”235. No afirmó solamente que lo que les daba de comer y beber era su cuerpo y su sangre, sino que manifestó su valor sacrifical, haciendo presente de modo sacramental su Sacrificio, que cumpliría después en la Cruz algunas horas más tarde, para la salvación de todos. “La Santa Misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrifical en que se perpetúa el Sacrificio de la Cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor”236. La Iglesia vive continuamente del Sacrificio redentor, y accede a él no solamente a través de un recuerdo lleno de Fe, sino también en un contacto actual, puesto que este Sacrificio se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado. De este modo, la Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obtenida por Cristo una vez por todas para la humanidad de todos los tiempos. En efecto, “el Sacrificio de Cristo y el Sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único Sacrificio”237. Ya lo decía elocuentemente San Juan Crisóstomo: “nosotros ofrecemos siempre el mismo Cordero, y no uno hoy y 231

. Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. 1085 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 3 233 . Cf. Pablo VI: el “Credo” del Pueblo de Dios. 30 de junio de 1968, 24: AAS 60 (1968), 442; San Juan Pablo II. Carta Apostólica “Dominicae Cenae”. 24 de febrero de 1980, 9: AAS 72 (1980) 234 . San Juan XIII, 1 235 . San Lucas XXII; 19-20 236 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. 1382 237 . Cf. Ibíd. 1.367. 232

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otro mañana, sino siempre el mismo. Por esta razón el Sacrificio es siempre uno solo(...). También nosotros ofrecemos ahora aquella Víctima, que se ofreció entonces y que jamás se consumirá”238. La Santa Misa hace presente el Sacrificio de la Cruz, no se le añade y no lo mutiplica239. Lo que se repite es su celebración memorial, la “manifestación memorial” (Memorialis demostratio)240, por lo cual el único y definitivo Sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo. La naturaleza sacrifical del Misterio eucarístico no puede ser entendida, por tanto, como algo aparte, independiente de la Cruz o con una referencia solamente indirecta al Sacrificio del Calvario. 13. Por su íntima relación con el Sacrificio del Gólgota, la Eucaristía es Sacrificio en sentido propio y no sólo en sentido genérico, como si se tratara del mero ofrecimiento de Cristo a los fieles como alimento espiritual. En efecto, el don de su amor y de su obediencia hasta el extremo de dar la vida 241, es en primer lugar un don a su Padre. Ciertamente es un don en favor nuestro, más aún, de toda la humanidad242, pero don ante todo al Padre: “Sacrificio que el Padre aceptó, correspondiendo a esta donación total de su Hijo que se hizo „obediente hasta la muerte‟243 con su entrega paternal, es decir, con el don de la vida nueva e inmortal en la Resurrección”244. Al entregar su Sacrificio a la Iglesia, Cristo ha querido, además, hacer suyo el sacrificio espiritual de la Iglesia, llamada a ofrecerse también a sí misma unida al Sacrificio de Cristo. Por lo que concierne a todos los fieles, el Concilio Vaticano II enseña que: “al participar en el Sacrificio eucarístico, fuente y cima de la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima Divina y a sí mismos con ella”245. 14. La Pascua de Cristo incluye, con la Pasión y muerte, también su Resurrección. Es lo que recuerda la aclamación del pueblo después de la Consagración: “proclamamos tu Resurrección”. Efectivamente, el Sacrificio eucarístico no sólo hace presente el misterio de la Pasión y muerte del Salvador, sino también el misterio de la Resurrección, que corona su Sacrificio. En cuanto viviente y resucitado, Cristo se hace en la Eucaristía “pan de vida”246, “pan vivo”247. San Ambrosio lo recordaba a los neófitos, como una aplicación de la Resurrección a su vida: “si hoy Cristo está en ti, Él resucita para ti cada dia”248. San Cirilo de Alejandría, a su vez, subrayaba que la participación en los Santos Misterios “es una verdadera confesión y memoria de que el Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros y para nuestro beneficio”249. ... 238

. Homilías sobre la Carta a los Hebreos VII, 3: PG 63, 131 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. XXII. De Sanct. Sacr. Miss. Cap. II; El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 1743: “en efecto, se trata de una sola e idéntica Víctima y el mismo Jesús la ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, Él, que un día se ofreció a sí mismo en la Cruz: sólo es diverso el modo de ofrecerse” 240 . Cf. Pío XII. Carta Encíclica “Mediator Dei”, del 20 de noviembre de 1947: AAS 39 (1947), 548 241 . Cf. San Juan X, 17-18 242 . Cf. San Mateo XXVI, 28; San Marcos XIV, 24; San Lucas XXII, 20; San Juan X, 11-15 243 . Filipenses II, 5-8 244 . Cf. Carta Encíclica “Redemptor hominis”, del 15 de marzo de 1979, 20: AAS 71 (1979), 310 245 . Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 11 246 . San Juan VI, 35-50 247 . Ibíd. 51 248 . De sacramentis. V, 4, 26: CSEL 73, 70 249 . Sobre el Evangelio de San Juan X, 18: PG 74, 726 239

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toda ella llegue a ser en cierto modo, “eucarística”. Precisamente este fruto de transfiguración de la existencia y el compromiso de transformar el mundo según el Evangelio, hacen resplandecer la tensión escatológica de la celebración eucarística y de toda vida cristiana: “¡ven, Señor Jesús!”274

II. III. 1. 3. La Eucaristía edifica la Santa Iglesia 21. El Concilio Vaticano II ha recordado que la celebración eucarística es el centro del proceso de crecimiento de la Iglesia. En efecto, después de haber dicho que “la Iglesia, o el Reino de Cristo presente ya en misterio, crece visiblemente en el mundo por el poder de Dios”275, como queriendo responder a la pregunta: ¿cómo crece? Añade: “cuantas veces se celebra el Sacrificio de la Cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado276, se realiza la obra de nuestra redención. El Sacramento del Pan eucarístico significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo”277. Hay un influjo causal de la Eucaristía en los orígenes mismos de la Iglesia. Los evangelistas precisan que fueron los Doce, los Apóstoles, quienes se reunieron con Jesús en la Última Cena278. Es un detalle de notable importancia, porque los Apóstoles “fueron la semilla del nuevo Israel, a la vez que el origen de la jerarquía sagrada”279. Al ofrecerles como alimento su cuerpo y su sangre, Cristo los implicó misteriosamente en el Sacrificio que habría de consumarse pocas horas después en el Calvario. Análogamente a la alianza del Sinaí, sellada con el Sacrificio y la aspersión con la sangre280, los gestos y las palabras de Jesús en la Última Cena fundaron la nueva comunidad mesiánica, el Pueblo de la Nueva Alianza. Los Apóstoles, aceptando la invitación de Jesús en el Cenáculo: “tomad, comed..., bebed de ella todos”281, entraron por primera vez en comunión sacramental con Él. Desde aquel momento, y hasta al final de los siglos, la Iglesia se edifica a través de la comunión sacramental con el Hijo de Dios inmolado por nosotros: “haced esto en memoria mía..., cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía”282. 22. La incorporación a Cristo, que tiene lugar por el Bautismo, se renueva y se consolida continuamente con la participación en el Sacrificio eucarístico, sobre todo cuando ésta es plena mediante la comunión sacramental. Podemos decir que no solamente cada uno de nosotros recibe a Cristo, sino que también Cristo nos recibe a cada uno de nosotros. Él estrecha su amistad con nosotros: “vosotros sois mis amigos”283. Más aún, nosotros vivimos gracias a Él: “el que 274

. Apocalipsis XXII, 20 . Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 3 276 . I Corintios V, 7 277 . Ibíd. X, 17; cf. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 3 278 . Cf. San Mateo XXVI, 20; San Marcos XIV, 17; San Lucas XXII, 14 279 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Decr. “Ad gentes”. Sobre la actividad misionera de la Santa Iglesia. 5 280 . Cf. Éxodo XXIV, 8 281 . San Mateo XXVI, 26-28 282 . San Lucas XXII, 19; cf. I Corintios XI, 24-25 283 . San Juan XV, 14 275

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me coma vivirá por mí”284. En la comunión eucarística se realiza de manera sublime que Cristo y el discípulo “estén” el uno en el otro: “permaneced en mí, como yo en vosotros285. Al unirse a Cristo, en vez de encerrarse en sí mismo, el Pueblo de la Nueva Alianza se convierte en “Sacramento” para la humanidad 286, signo e instrumento de salvación, en obra de Cristo, en la luz del mundo y sal de la tierra287, para la redención de todos288. La misión de la Iglesia continúa la de Cristo: “como el Padre me envió, también yo os envío”289. Por tanto, la Iglesia recibe la fuerza espiritual necesaria para cumplir su misión perpetuando en la Eucaristía el Sacrificio de la Cruz y comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. Así la Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo290. 23. Con la comunión eucarística la Iglesia consolida también su unidad con el cuerpo de Cristo. San Pablo se refiere a esta eficacia unificadora de la participación en el banquete eucarístico cuando escribe: “el cáliz de bendición que bendecimos ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque aún siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”291. El comentario de San Juan Crisóstomo es detallado y profundo: “¿qué es, en efecto, el pan? Es el cuerpo de Cristo. ¿En qué se transforman los que lo reciben? En cuerpo de Cristo; pero no muchos cuerpos sino un solo cuerpo. En efecto, como el pan es sólo uno, por más que esté compuesto de muchos granos de trigo y éstos se encuentren en él, aunque no se vean, de tal modo que su diversidad desaparece en virtud de su perfecta fusión; de la misma manera, también nosotros estamos unidos recíprocamente unos a otros y, todos juntos, con Cristo”292. La argumentación es terminante: nuestra unión con Cristo, que es don y gracia para cada uno, hace que en Él estemos asociados también a la unidad de su cuerpo que es la Iglesia. La Eucaristía consolida la incorporación a Cristo, establecida en el Bautismo mediante el don del Espíritu293. La acción conjunta e inseparable del Hijo y del Espíritu Santo, que está en el origen de la Iglesia, de su constitución y de su permanencia, continúa en la Eucaristía. Bien consciente de ello es el autor de la Liturgia de Santiago: en la epíclesis de la anáfora se ruega a Dios Padre que envíe el Espíritu Santo sobre los fieles y sobre los dones, para que el cuerpo y la sangre de Cristo “sirvan a cuerpos”294. La Iglesia es reforzada por el Divino Paráclito a través la santificación eucarística de los fieles. ... 284

. Ibíd. VI, 57 . Ibíd. XV, 4 286 . Cf. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 1 287 . Cf. San Mateo V, 13-16 288 . Cf. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 9 289 . San Juan XX, 21 290 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Decr. “Presbyterorum ordinis”. Sobre el ministerio y vida de los presbíteros. 5. El mismo Decreto dice en el número. 6: “no se construye ninguna comunidad cristiana si ésta no tiene su raíz y centro en la celebración de la Sagrada Eucaristía” 291 . I Corintios X, 16-17 292 . Homilía sobre la I Carta a los Corintios XIV, 2: PG 61, 200; Didaché IX, 5: FX. Funk. I, 22; San Cipriano. Ep. LXIII, 13: PL 4, 384 293 . Cf. I Corintios XII, 13 294 . PO 26, 206 285

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sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros” 302. La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Santa Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia. Una comunidad cristiana que quiera ser más capaz de contemplar el rostro de Cristo, en el espíritu que he sugerido en las Cartas Apostólicas Novo millennio ineunte y Rosarium Virginis Mariae, ha de desarrollar también este aspecto del culto eucarístico, en el que se prolongan y multiplican los frutos de la comunión del cuerpo y la sangre del Señor

II. III. 1. 4. Apostolicidad de la Eucaristía y de la Santa Iglesia 26. Como he recordado antes, si la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía, se deduce que hay una relación sumamente estrecha entre una y otra. Tan verdad es esto, que nos permite aplicar al Misterio eucarístico lo que decimos de la Iglesia cuando, en el Símbolo niceno-constantinopolitano, la confesamos: “Una, Santa, Católica y Apostólica”. También la Eucaristía es una y católica, más aún, es el Santísimo Sacramento. Pero ahora queremos dirigir nuestra atención principalmente a su apostolicidad. 27. El Catecismo de la Iglesia Católica, al explicar cómo la Iglesia es Apostólica, o sea, basada en los Apóstoles, se refiere a un triple sentido de la expresión. Por una parte, “fue y permanece edificada sobre el fundamento de los apóstoles”303, testigos escogidos y enviados en misión por el propio Cristo 304. También los Apóstoles están en el fundamento de la Eucaristía, no porque el Sacramento no se remonte a Cristo mismo, sino porque ha sido confiado a los Apóstoles por Jesús y transmitido por ellos y sus sucesores hasta nosotros. La Iglesia celebra la Eucaristía a lo largo de los siglos precisamente en continuidad con la acción de los Apóstoles, obedientes al mandato del Señor. El segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia indicado por el Catecismo es que “guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en Ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles”305. También en este segundo sentido la Eucaristía es apostólica, porque se celebra en conformidad con la Fe de los Apóstoles. En la historia bimilenaria del Pueblo de la Nueva Alianza, el Magisterio eclesiástico ha precisado en muchas ocasiones la doctrina eucarística, incluso en lo que ataña a la exacta terminología, precisamente para salvaguardar la Fe apostólica en este Misterio excelso. Esta Fe permanece inalterada y es esencial para la Iglesia que perdure así. 28. En fin, la Iglesia es Apostólica en el sentido de que “sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el Colegio de los Obispos, a los que asisten los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro y 302

. Visitas al Santísimo Sacramento. Ed. A María Santísima. Introducción. Obras ascéticas IV. Avelino. 2000. Pág. 295 303 . Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núm. 857; cf. Efesios II, 20 304 . Cf. San Mateo XXVIII, 16-20 305 . Catecismo de la Iglesa Católica. Núm. 857

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Sumo Pastor de la Iglesia”306. La sucesión de los Apóstoles en la misión pastoral conlleva necesariamente al Sacramento del Orden, es decir, la serie ininterrumpida que se remonta hasta los orígenes, de ordenaciones episcopales válidas307. Esta sucesión es esencial para que haya Iglesia en sentido propio y pleno. La Eucaristía expresa también este sentido de la apostolicidad. En efecto, como enseña el Concilio Vaticano II, los fieles “participan en la celebración de la Eucaristía en virtud de su sacerdocio real”308, pero es el sacerdote ordenado quien “realiza como representante de Cristo el Sacrificio eucarístico y lo ofrece a Dios en nombre de todo el pueblo”309. Por eso se prescribe en el Misal romano que es únicamente el sacerdote quien pronuncia la plegaria eucarística, mientras el pueblo de Dios se asocia a ella con Fe y en silencio310. 29. La expresión, usada repetidamente por el Concilio Vaticano II, según la cual el sacerdote ordenado “realiza como representante de Cristo el Sacrificio eucarístico”311, estaba ya bien arraigada en la enseñanza pontificia312. Como he tenido ocasión de aclarar en otra ocasión, in Persona Christi “quiere decir más que en nombre, o también en vez de Cristo. In Persona: es decir, en la identificación específica, sacramental con el Sumo Eterno Sacerdote, que es el autor y el sujeto principal de su propio Sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie”313. El ministerio de los sacerdotes, en virtud del Sacramento del Orden, en la economía de salvación querida por Cristo, manifiesta que la Eucaristía celebrada por ellos es un don que supera radicalmente la potestad de la asamblea y es insustituible en cualquier caso para unir válidamente la Consagración eucarística al Sacrificio de la Cruz y a la Última Cena. La asamblea que se reúne para celebrar la Eucaristía necesita absolutamente, para que sea realmente asamblea eucarística, un sacerdote ordenado que la presida. Por otra parte, la comunidad no está capacitada para darse por sí sola el ministro ordenado. Éste es un don que recibe a través de la sucesión episcopal que se remonta a los Apóstoles. Es el Obispo quien establece un nuevo presbítero, mediante el Sacramento del Orden, otorgándole el poder de consagrar la Eucaristía. Pues como lo ha enseñado el Concilio Ecuménico de Letrán IV: “el Misterio eucarístico no puede ser celebrado en ninguna comunidad si no es por un sacerdote ordenado” 314. ...

306

. Cf. Ibíd; ver: Del Sacramento del Orden. Págs. 279-288 . Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta “Sacerdotium ministeriale”, del 6 de agosto de 1983, III. 2: AAS 75 (1983), 1005 308 . Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 10 309 . Ibíd 310 . Cf. Institutio generalis. Ed. Typica Tertia. Núm. 147 311 . Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 10 y 28; Decr. “Presbyterorum ordinis”. Sobre el ministerio y vida de los presbíteros. 2 312 . Cf. “El ministro del altar actúa en la Persona de Cristo en cuanto cabeza, que ofrece en nombre de todos los miembros”. Pío XII. Carta Encíclica. “Mediator Dei”, del 20 de noviembre de 1947: AAS 39 (1947), 565; San Pío X. Cf. Exhortación Apostólica. “Haerent animo”, del 4 de agosto de 1908; Pío XI. Carta Encíclica. “Catholici sacerdotii”, del 20 de diciembre de 1935: AAS 28 (1936), 20 313 . Cf. Carta Apostólica. “Dominicae Cenae”, del 24 de febrero de 1980, 8: AAS 72 (1980), 128-129 314 . Concilio Ecuménico de Letrán IV. Cap. I. Constitución sobre la Fe católica “Firmiter credimus”; cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta “Sacerdotium ministeriale”, del 6 de agosto de 1983. III. 4: AAS 75 (1983), 1006; El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 802 307

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II. III. 1. 5. Eucaristía y comunión eclesial 34. En 1985, la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos, reconoció en la “eclesiología de comunión” la idea central y fundamental de los documentos del Concilio Vaticano II321. La Iglesia, mientras peregrina aquí en la tierra, está llamada a mantener y promover tanto la comunión con Dios trinitario como la comunión entre los fieles. Para ello, cuenta con la Palabra y los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, de la cual “vive y se desarrolla sin cesar”322, y en la cual, al mismo tiempo, se expresa a sí misma. No es casualidad que el término comunión se haya convertido en uno de los nombres específicos de este sublime Sacramento. La Eucaristía se manifiesta, pues, como culminación de todos los sacramentos, en cuanto lleva a perfección la comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo unigénito, por obra del Espíritu Santo. Un insigne escritor de la tradición bizantina expresó esta verdad con agudeza de Fe: en la Eucaristía, “con preferencia respecto a los otros sacramentos, el misterio (de la comunión) es tan perfecto que conduce a la cúspide de todos los bienes: en ella culmina todo deseo humano, porque allí llegamos a Dios y Dios se une a nosotros con la unión más perfecta”323. Precisamente por eso, es conveniente cultivar en el ánimo el deseo constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica de la “comunión espiritual”, felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por los Santos maestros de vida espiritual. Santa Teresa de Jesús escribió: “cuando (...) no comulgáredes y oyéredes misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho (...), que es mucho lo que se imprime el amor ansí deste Señor”324. 35. La celebración de la Eucaristía, no obstante, no puede ser el punto de partida de la comunión, que la presupone previamente, para consolidarla y llevarla a perfección. El Sacramento expresa, este vínculo de comunión, sea en la dimensión invisible que, en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, nos une al Padre y entre nosotros, sea en la dimensión visible, que implica la comunión en la doctrina de los Apóstoles, en los sacramentos y en el orden jerárquico. La íntima relación entre los elementos invisibles y visibles de la comunión eclesial, es constitutiva de la Iglesia como Sacramento de salvación325. Sólo en este contexto tiene lugar la celebración legítima de la Eucaristía y la verdadera participación en la misma. Por tanto, resulta una exigencia intrínseca a la Eucaristía que se celebre en la comunión y, concretamente, en la integridad de todos sus vínculos. 36. La comunión invisible, aún siendo por naturaleza un crecimiento, supone la vida de gracia, por medio de la cual se nos hace “partícipes de la naturaleza divina”326, así como la práctica de las virtudes de la Fe, de la

321

. Cf. Relación final. II. Cap. 1; L‟ Osservatore Romano. 10 de diciembre de 1985. Pág. 7 . Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 26 323 . Nicolás Cabasilas. La Vida en Cristo. IV. 10: SCH 355. 270 324 . Camino de Perfección. Cap. 35. 1 325 . Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta “Communionis notio”, del 28 de mayo de 1992. 4: AAS 85 (1993). 839-840 326 . II San Pedro I, 3-4 322

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esperanza y de la caridad. En efecto, sólo de este modo se obtiene verdadera comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No basta la Fe, sino que es preciso perseverar en la gracia santificante y en la caridad, permaneciendo en el seno de la Iglesia con el “cuerpo” y con el “corazón”327; es decir, hace falta, por decirlo con palabras de San Pablo, “por cuanto en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la Fe que actúa por la caridad”328. La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: “examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa”329. San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: “también yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta Sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo”330. Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: “quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el Sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”331. Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del Apóstol San Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, “debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal” 332. 37. La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que San Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: “somos pues, embajadores en lugar de Cristo, como si Dios exhortase por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!”333 Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el Sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico. El juicio sobre el estado de gracia, obviamente, corresponde solamente al interesado, tratándose de una valoración de conciencia. No obstante, en los casos de un comportamiento externo grave, abierta y establemente contrario a la norma moral, la Iglesia, en su cuidado pastoral por el buen orden comunitario y por respeto al Sacramento, no puede mostrarse indiferente. A esta situación de 327

. Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 14 . Gálatas V, 6 329 . I Corintios XI, 28 330 . Homilías sobre el Profeta Isaías VI, 3: PG 56. 139 331 . Núm. 1385; cf. Código de Derecho Canónico. Can. 916; Código de los Cánones de las Iglesias Orientales. Can. 711 332 . Concilio de Trento. Sesión. XIII. “Decretum de Sanctissima Eucharistia”. Cap. VII. Can. XI; cf. Discurso a la Sacra Penitenciaría Apostólica y a los penitenciarios de las Basílicas Patriarcales romanas, del 30 de enero de 1981: AAS 73 (1981). 203; El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 1647. 1661 333 . II Corintios V, 20; cf. Ver: Examen de Conciencia para confesarse bien. Págs. 464-467 328

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manifiesta indisposición moral se refiere la norma del Código de Derecho Canónico que no permite la admisión a la comunión eucarística a los que “obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”334. 38. La comunión eclesial, como antes he recordado, es también visible y se manifiesta en los lazos vinculantes enumerados por el Concilio mismo cuando enseña: “están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en Ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión de Fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión”335. La Eucaristía, siendo la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia, exige que se celebre en un contexto de integridad de los vínculos, inclusos externos, de comunión. De modo especial, por ser “como la consumación de la vida espiritual y la finalidad de todos los sacramentos”336, requiere que los lazos de la comunión en los sacramentos sean reales, particularmente en el Bautismo y en el Orden Sacerdotal. No se puede dar la comunión a una persona no bautizada o que rechace la verdad íntegra de Fe sobre el Misterio eucarístico. Cristo es la verdad y da testimonio de la verdad 337; el Sacramento de su cuerpo y su sangre no permiten ficciones. 39. Además, por el carácter mismo de la comunión eclesial y de la relación que tiene con ella el Sacramento de la Eucaristía, se debe recordar que “el Sacrificio eucarístico, aún celebrándose siempre en una comunidad particular, no es nunca celebración de esa sola comunidad: ésta, en efecto, recibiendo la Presencia eucarística del Señor, recibe el don completo de la salvación, y se manifiesta así, a pesar de su permanente particularidad visible, como imagen y verdadera presencia de la Iglesia Una, Santa Católica y Apostólica” 338. De esto se deriva que una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en sí misma, como si fuera autosuficiente, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas. La comunión eclesial de la asamblea eucarística es comunión con el propio Obispo y con el Romano Pontífice. En efecto, el Obispo es el principio visible y el fundamento de la unidad en su Iglesia particular339. Sería, por tanto, una gran incongruencia, que el Sacramento por excelencia de la unidad de la Iglesia, fuera celebrado sin una verdadera comunión con el Obispo. San Ignacio de Antioquía escribía: “se considere segura la Eucaristía que se realiza bajo el Obispo o quien él haya encargado”340. Así mismo, puesto que “el Romano Pontífice, como sucesor de San Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los 334

. Can. 915; cf. Código de los Cánones de las Iglesias Orientales. Can. 712; ver: Del Sacramento de la Penitencia. Págs. 261-273; “El Perdón de los Pecados”. Págs. 401-405 335 . Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 14 336 . Santo Tomás de Aquino. Summa Theologiae. III. Q. LXXIII. Art. III 337 . Cf. San Juan XIV, 6; XVIII, 37 338 . Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta “Communionis notio”, del 28 de mayo de 1992. 11: AAS 85 (1993). 844 339 . Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 23 340 . Carta a los Ermirniotas. 8: PG 5, 713

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fieles”341, la comunión con él es una exigencia intrínseca de la celebración del Sacrificio eucarístico. De aquí la gran verdad expresada de varios modos en la liturgia: “toda celebración de la Eucaristía se realiza en unión no sólo con el propio Obispo sino también con el Papa, con el orden episcopal, con todo el clero y con el pueblo entero. Toda válida celebración de la Eucaristía expresa esta comunión universal con San Pedro y con la Iglesia entera, o la reclama objetivamente, como en el caso de las Iglesias cristianas separadas de Roma”342. 40. La Eucaristía crea comunión y educa a la comunión. San Pablo escribía a los fieles de Corinto manifestando el gran contraste de sus divisiones en las asambleas eucarísticas con lo que estaban celebrando, la Cena del Señor. Consecuentemente, el Apóstol les invitaba a reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía con el fin de hacerlos volver al espíritu de comunión fraterna343. San Agustín se hizo eco de esta exigencia de manera elocuente cuando, al recordar las palabras del Apóstol: “vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte”344, observaba: “si vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, sobre la mesa del Señor está el misterio que sois vosotros mismos y recibís el misterio que sois vosotros”345. Y, de esta constatación, concluía: “Cristo el Señor (...) consagró en su mesa el misterio de nuestra paz y unidad. El que recibe el misterio de la unidad y no posee el vínculo de la paz, no recibe un misterio para provecho propio, sino un testimonio contra sí”346. 41. Esta peculiar eficacia para promover la comunión, propia de la Eucaristía, es uno de los motivos de la importancia de la Santa Misa dominical. Sobre ella y sobre las razones por las que es fundamental para la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles, me he ocupado en la Carta Apostólica sobre la santificación del domingo Dies Domini347, recordando, además, que participar en la Santa Misa es una obligación para los fieles, a menos que tengan un impedimento grave, lo que impone a los Pastores el correspondiente deber de ofrecer a todos la posibilidad efectiva de cumplir este precepto 348. Más recientemente, en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, al trazar el camino pastoral de la Iglesia a comienzos del tercer milenio, he querido dar un relieve particular a la Eucaristía dominical, subrayando su eficacia creadora de comunión: ella –decía- “es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el día del Señor se convierte también en el día de la Iglesia, que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de Sacramento de unidad”349. ...

341

. Concilio Ecuménico Vaticano II. Constitución Dogmática “Lumen gentium”. Sobre la Santa Iglesia. 23 . Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta “Communionis notio”, del 28 de mayo de 1992. 14: AAS 85 (1993). 847 343 . Cf. I Corintios XI, 17-34 344 . Ibíd. XII, 27 345 . Sermón 272: PL 38. 1247 346 . Ibíd. 1248 347 . Cf. Núms. 31-51: AAS 90 (1998). 731-746 348 . Cf. Ibíd. Núms. 48-49: AAS 90 (1998). 744 349 . Núm. 36: AAS 93 (2001). 291-292 342

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solicitante no esté debidamente dispuesto para que le sean legítimamente administrados. Y también a la inversa, un fiel católico no puede comulgar en una comunidad que carece del válido Sacramento del Orden360. La fiel observancia del conjunto de las normas establecidas en esta materia361 es manifestación y, al mismo tiempo, garantía de amor, sea a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, sea a los hermanos de otra confesión cristiana, a los que se les debe el testimonio de la verdad, como también a la causa misma de la promoción de la unidad

II. III. 1. 6. Decoro de la celebración eucarística 47. Quien lee el relato de la institución eucarística en los evangelios sinópticos queda impresionado por la sencillez y, al mismo tiempo, la “gravedad”, con la cual Jesús, la tarde de la Última Cena, instituye el gran Sacramento. Hay un episodio que, en cierto sentido, hace de preludio: la unción de Betania. Una mujer, que San Juan identifica con María hermana de Lázaro, derrama sobre la cabeza de Jesús un frasco de perfume precioso, provocando en los discípulos –en particular en Judas362- una reacción de protesta, como si este gesto fuera un “derroche” intolerable, considerando las exigencias de los pobres. Pero la valoración de Jesús es muy diferente. Sin quitar nada al deber de la caridad hacia los necesitados, a los que se han de dedicar siempre los discípulos –“pobres tendréis siempre con vosotros”363-, Él se fija en el acontecimiento inminente de su muerte y sepultura, y aprecia la unción que se le hace como anticipación del honor que su cuerpo merece también después de la muerte, por estar indisolublemente unido al misterio de su Persona. En los evangelios sinópticos, el relato continúa con el encargo que Jesús da a los discípulos de preparar cuidadosamente la “sala grande”, necesaria para celebrar la Cena pascual364, y con la narración de la institución de la Eucaristía. Dejando entrever, al menos en parte, el esquema de los ritos hebreos de la Cena pascual hasta el canto del Hallel365, el relato, aún con las variantes de las diversas tradiciones, muestra de manera tan concisa como solemne las palabras pronunciadas por Cristo sobre el pan y sobre el vino, asumidos por Él como expresión concreta de su cuerpo entregado y su sangre derramada. Todos estos detalles son recordados por los evangelistas a la luz de una praxis de la “fracción del pan” bien consolidada ya en la Iglesia primitiva. Pero el acontecimiento del Jueves Santo, desde la historia misma que Jesús vivió, deja ver los rasgos de una “sensibilidad” litúrgica, articulada sobre la tradición veterotestamentaria y preparada para remodelarse en la celebración cristiana, en sintonía con el nuevo contenido de la Pascua. 48. Como la mujer de la unción en Betania, la Santa Iglesia no ha tenido miedo de “derrochar”, dedicando sus mejores recursos para expresar su 360

. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II. Decreto “Unitate redintegratio”. Sobre el ecumenismo. 22 . Cf. Código de Derecho Canónico. Can. 844; Código de los Cánones de las Iglesias Orientales. Can 671 362 . Cf. San Mateo XXVI, 8-9; San Marcos XIV, 4-5; San Juan XII, 4-5 363 . San Mateo XXVI, 11; cf. San Marcos XIV, 7; San Juan XII, 8 364 . Cf. San Marcos XIV, 15; San Lucas XXII, 12 365 . Cf. San Mateo XXVI, 30; San Marcos XIV, 26 361

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reverente asombro ante el don inconmesurable de la Eucaristía. No menos que aquellos primeros discípulos encargados de preparar la “sala grande”, la Iglesia se ha sentido impulsada a lo largo de los siglos y en las diversas culturas a celebrar la Eucaristía en un contexto digno de tan gran Misterio. La liturgia cristiana ha nacido en continuidad con las palabras y gestos de Jesús y desarrollando la herencia ritual del judaísmo. Y, en efecto, nada será bastante para expresar de modo adecuado la acogida del don de sí mismo que el Esposo Divino hace continuamente a la Iglesia Esposa, poniendo al alcance de todas las generaciones de creyentes el Sacrificio ofrecido una vez por todas sobre la Cruz, y haciéndose alimento para todos los fieles. Aunque la lógica del “convite” inspire familiaridad, la Iglesia no ha cedido nunca a la tentación de banalizar esta “cordialidad” con su Esposo, olvidando que Él es también su Dios y que el “banquete” sigue siendo siempre, después de todo, un banquete sacrifical, marcado por la sangre derramada en el Gólgota. El banquete eucarístico es verdaderamente un banquete “sagrado”, en el que la sencillez de los signos contiene el abismo de la santidad de Dios: “¡o Sacrum convivium, in quo Christus sumitur!” El pan que se parte en nuestros altares, ofrecido a nuestra condición de peregrinos en camino por las sendas del mundo, es “¡panis angelorum!” Pan de los ángeles, al cual, no es posible acercarse, si no es con la humildad del centurión del Evangelio: “pero el centurión replicó diciendo: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, mas solamente dilo con una palabra y quedará sana mi criado”366. 49. En el contexto de este elevado sentido del misterio, se entiende cómo la Fe de la Iglesia en el Misterio eucarístico se haya expresado en la historia no sólo mediante la exigencia de una actitud inferior de devoción, sino también a través de una serie de expresiones externas, orientadas a evocar y subrayar la magnitud del acontecimiento que se celebra. De aquí nace el proceso que ha llevado progresivamente a establecer una especial reglamentación de la liturgia eucarística, en el respeto de las diferentes tradiciones eclesiales legítimamente constituidas. También sobre esta base se ha ido creando un rico patrimonio de arte. La arquitectura, la escultura, la pintura, la música, dejándose guiar por el Misterio cristiano, ha encontrado en la Eucaristía, directa o indirectamente, un motivo de gran inspiración. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la arquitectura, que, de las primeras sedes eucarísticas en las “domus” de las familias cristianas, ha dado paso, en cuanto el contenido histórico lo ha permitido, a las solemnes basílicas de los primeros siglos, a las imponentes catedrales de la Edad Media, hasta las iglesias, pequeñas o grandes, que han cubierto poco a poco las tierras donde ha llegado el cristianismo. Las formas de los altares y tabernáculos se han desarrollado dentro de los espacios de las sedes litúrgicas siguiendo en cada caso, no sólo motivos de inspiración estética, sino también las exigencias de una apropiada concepción del Misterio. Igualmente se puede decir de la música sacra, y basta pensar para ello en las inspiradas melodías gregorianas y en los numerosos, y a menudo insignes, autores que se han afirmado con los textos litúrgicos de la Santa Misa. Y, ¿acaso no se observa una enorme cantidad de producciones artísticas, desde el fruto de

366

. San Mateo VIII, 8; cf. San Lucas VII, 6

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una buena artesanía hasta verdaderas obras de arte, en el sector de los objetos y ornamentos utilizados para la celebración eucarística? Se puede decir así que la Eucaristía, a la vez que ha plasmado la Iglesia y la espiritualidad, ha tenido una fuerte incidencia en la “cultura”, especialmente en el ámbito estético. 50. En este esfuerzo de adoración del Misterio, desde el punto de vista ritual y estético, los cristianos de Occidente y de Oriente, en cierto sentido, se han hecho mutuamente la “competencia”. ¿Cómo no dar gracias al Señor, en particular, por la contribución que al arte cristiano han dado las grandes obras arquitectónicas y pictóricas de la tradición greco-bizantina y de todo el ámbito geográfico y cultural eslavo? En Oriente, el arte sagrado ha conservado un sentido especialmente intenso del Misterio, impulsando a los artistas a concebir su afán de producir belleza, no sólo como manifestación de su propio genio, sino también como auténtico servicio a la Fe. Yendo mucho más allá de la mera habilidad técnica, han sabido abrirse con docilidad al soplo del Espíritu de Dios. El esplendor de la arquitectura y de los mosaicos en Oriente y Occidente cristianos son un patrimonio universal de los creyentes, y llevan en sí mismos una esperanza y una prenda, diría, de la deseada plenitud de comunión en la Fe y en la celebración. Eso supone y exige, como en la célebre pintura de la Trinidad de Rublev, una Iglesia profundamente “eucarística” en la cual, la acción de compartir el misterio de Cristo en el pan partido está como inmersa en la inefable unidad de las Tres Personas Divinas, haciendo de la Iglesia misma un “icono” de la Santísima Trinidad. En esta perspectiva de un arte orientado a expresar en todos sus elementos el sentido de la Eucaristía según la enseñanza de la Iglesia, es preciso prestar suma atención a las normas que regulan la construcción y decoración de los edificios sagrados. La Iglesia ha dejado siempre a los artistas un amplio margen creativo, como demuestra la historia y yo mismo he subrayado en la Carta a los artistas367. Pero el arte sagrado ha de distinguirse por su capacidad de expresar adecuadamente el Misterio, tomado en la plenitud de la Fe de la Iglesia y según las indicaciones pastorales oportunamente expresadas por la autoridad competente. Ésta es una consideración que vale tanto para las artes figurativas como para la música sacra. 51. A propósito del arte sagrado y la disciplina litúrgica, lo que se ha producido en tierras de antigua cristianización está ocurriendo también en los continentes donde el cristianismo es más joven. Este fenómeno ha sido objeto de atención por parte del Concilio Vaticano II al tratar sobre la exigencia de una sana y, al mismo tiempo, obligada “inculturacíon”. En mis numerosos viajes pastorales he tenido oportunidad de observar en todas las partes del mundo cuánta vitalidad puede despertar la celebración eucarística en contacto con las formas, los estilos y las sensibilidades de las diversas culturas. Adaptándose a las mudables condiciones de tiempo y espacio, la Eucaristía ofrece alimento, no solamente a las personas, sino a los pueblos mismos, plasmando culturas cristianamente inspiradas. ...

367

. Cf. AAS 91 (1999). 1155-1172

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pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal

II. III. 1. 7. En la escuela de Santa María; mujer “eucarística” 53. Si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia. En la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, presentando a la Santísima Virgen María como Maestra en la contemplación del rostro de Cristo, he incluido entre los misterios de la luz también la institución de la Eucaristía371. Efectivamente, María puede guiarnos hacia el Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él. A primera vista, el Evangelio no habla de este tema. En el relato de la institución, la tarde del Jueves Santo, no se menciona a María. Se sabe, sin embargo, que estaba junto con los Apóstoles, “concordes en la oración”372, en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos “en la fracción del pan”373. Pero más allá de su participación en el Banquete eucarístico, la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior. María es mujer “eucarística” con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este Santísimo Misterio. 54. ¡Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es Misterio de Fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la Palabra de Dios, nadie como María pudo ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: “¡haced esto en conmemoración mía!”374 Se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: “haced lo que Él os diga”375. Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: “no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este Misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así pan de vida”376. 55. En cierto sentido, María ha practicado su Fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la Encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la Pasión y a la Resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la Anunciación al Hijo Divino, incluso en la 371

. Cf. Núm. 21: AAS (2003). 20 . Hechos de los Apóstoles I, 14 373 . Ibíd. II, 42 374 . San Lucas XXII, 19 375 . San Juan II, 5 376 . Cf. Ibíd; San Marcos XIV, 22-24; San Juan VI, 34-35 372

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realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor. Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que a quien concibió “por obra del Espíritu Santo” era el “Hijo de Dios”377. En continuidad con la Fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino. “Feliz la que ha creido”378: María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la Fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en “tabernáculo” –el primer “tabernáculo” de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Santa Isabel, como “irradiando” su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística? 56. María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrifical de la Eucaristía. Cuando llevó al Niño Jesús al templo de Jerusalén “para presentarle al Señor”379, oyó anunciar al anciano Simeón que aquel Niño sería “señal de contradicción” y también que una “espada” traspasaría su propia alma380. Se pronunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el “Stabat Mater” de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de “Eucaristía anticipada” se podría decir, una “comunión espiritual” de deseo y ofrecimiento, que culminaría en la unión con el Hijo en la Pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como “memorial” de la Pasión. ¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: “éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros”?381 Aquel cuerpo entregado como Sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz. 57. “Haced esto en recuerdo mío”382. En el “memorial” del Calvario está presente todo lo que Cristo ha llevado a cabo en su Pasión y muerte. Por tanto, no falta lo que Cristo ha realizado también con su Madre para beneficio nuestro. 377

. San Lucas I, 34-35 . Ibíd. 45 379 . Ibíd. II, 22 380 . Ibíd. 34-35 381 . Ibíd. XXII, 19 382 . Ibíd 378

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En efecto, le confía al discípulo predilecto y, en él, le entrega a cada uno de nosotros: “¡he aquí a tu hijo!” Igualmente dice también, a todos nosotros: “¡he aquí a tu madre!”383 Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros –a ejemplo de Juan- a quien una vez nos fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por Ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente. 58. En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su Sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnifica en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo, alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama “mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador”384, lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre “por” Jesús, pero también lo alaba “en” Jesús y “con” Jesús. Esto es precisamente la verdadera “actitud eucarística”. Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres 385, anunciando la que supera a todas ellas, la Encarnación redentora. En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la “pobreza” de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se “derriba del trono a los poderosos” y se “enaltece a los humildes”386. María canta el “cielo nuevo” y la “tierra nueva” que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su diseño programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!

II. III. 1. 8. Conclusión 59. “¡Ave, verum corpus natum de María Virgine!” Hace poco años he celebrado el cincuentenario de mi sacerdocio. Hoy experimento la gracia de ofrecer a la Iglesia esta Encíclica sobre la Eucaristía, en el Jueves Santo de mi vigésimo quinto año de ministerio petrino. Lo hago con el corazón henchido de gratitud. Desde hace más de medio siglo, cada día, a partir de aquel 2 de noviembre de 1946 en que celebré mi primera Misa en la cripta de San Leonardo 383

. San Juan XIX, 26-27 . San Lucas I, 47-48 385 . Ibíd. 55 386 . Ibíd. 52 384

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de la catedral de Wawel en Cracovia, mis ojos se han fijado en la hostia y cáliz en los que, en cierto modo, el tiempo y el espacio se han “concentrado” y se ha representado de manera viviente el drama del Gólgota, desvelando su misteriosa “contemporaneidad”. Cada día, mi Fe ha podido reconocer en el pan y en el vino consagrados al Divino Caminante que un día se puso al lado de los discípulos de Emaús para abrirles los ojos a la luz y el corazón a la esperanza387. Dejadme, mis queridos hermanos y hermanas que, con íntima emoción, en vuestra compañía y para confortar vuestra Fe, os dé testimonio de Fe en la Santísima Eucaristía. “Ave, verum corpus natum de María Virgine, ¡vere passum, immolatum, in cruce pro homine!” Aquí está el tesoro de la Santa Iglesia, el corazón del mundo, la prenda del fin al que todo hombre, aunque sea inconscientemente, aspira. Misterio grande, que ciertamente nos supera y pone a dura prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias. Aquí fallan nuestros sentidos –“visus, tactus, gustus in te fallitur”, se dice en el himno Adoro te devote-, pero nos basta sólo la Fe, enraizada en las palabras de Cristo y que los Apóstoles nos han transmitido. Dejadme que, como Pedro al final del discurso eucarístico en el Evangelio de Juan, yo lo repita a Cristo, en nombre de toda la Iglesia y en nombre de todos vosotros: “Señor, ¿a donde quién vamos a ir? Tú tienes las palabras de vida eterna”388. 60. En el alba de este tercer milenio todos nosotros, hijos de la Iglesia, estamos llamados a caminar en la vida cristiana con un renovado impulso. Como he escrito en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, no se trata de “inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” 389. La realización de este programa de un nuevo vigor de la vida cristiana pasa por la Eucaristía. Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del Misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen. En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su Sacrificio redentor, tenemos su Resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor del Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia? 61. El Misterio eucarístico –Sacrificio, Presencia, Banquete- no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Santa Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: Una, Santa, Católica y Apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y Esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; Sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada. ...

387

. Cf. Ibíd. XXIV, 13-35 . San Juan VI, 68 389 . Núm. 29: AAS 93 (2001). 285 388

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“Bone pastor, panis vere, Iesu, nostri miserere...”. “Buen pastor, pan verdadero, o Jesús, piedad de nosotros: nútrenos y defiéndenos, llévanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos. Tú que todo lo sabes y puedes, que nos alimentas en la tierra, conduce a tus hermanos a la mesa del cielo a la alegría de tus Santos”. Roma, junto a San Pedro, 17 de abril, Jueves Santo del año 2003, vigésimo quinto de mi Pontificado y Año del Santo Rosario. Ioannes Paulus PP. II395

II. III. 2. ¿Por qué la Sagrada Comunión se debe recibir si es posible de rodillas? Postura litúrgica de institución divina: a) Dice el Concilio Vaticano I: “la Revelación Divina se contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas, que recibidas de los Apóstoles de boca de Cristo, o por los mismos Apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros. Estos libros del “Pues ante Mí se doblará toda Rodilla” Antiguo y del Nuevo Isaías XLV, 23 Testamento, íntegros en todas sus partes, „tal como se contienen en la antigua edición de la Sagrada Biblia versión Vulgata Latina‟, han de ser recibidos como sagrados y canónicos..., no solamente porque contengan la Revelación sin error; sino porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han sido transmitidos a la misma Santa Iglesia”396. 395

. Cf. Ver: Bibliografía. Sitios de Referencia. Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia del Papa San Juan Pablo II. Pág. 639 396 . Concilio Vaticano I. Sesión III. Can. II

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b) Dice el Concilio Vaticano II: “los mismos signos visibles que usa la Sagrada Liturgia, han sido escogidos por Cristo o por la Santa Iglesia para significar realidades invisibles”397. Por eso mismo el Concilio manda: “que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia, a la Liturgia”398. c) Efectivamente, en el Antiguo Testamento el mismo Dios dicta a su pueblo el contenido litúrgico: objetos, ornamentos, ofrendas, óleos, lugares, medidas, disposición de elementos, significado, forma de actuación, palabras de bendición: “conforme a todo lo que te voy a mostrar, conforme al modelo del Tabernáculo y conforme al modelo también de todos sus utensilios, lo haréis”399. d) Por boca del Profeta Isaías, el mismo Dios se reserva para su liturgia una forma concreta de expresión corporal: “por Mí mismo lo juro; de mi boca sale la Todo Católico debe recibir la Santa Comunión, si justicia, y mi palabra no será es posible de Rodillas, en la Boca y de Manos del revocada, pues ante Mí se Sacerdote o del Diácono ordenado doblará toda rodilla”400. Por eso el Profeta David nos exhorta: “venid postrémonos en su presencia, doblemos nuestras rodillas ante Yahvéh”401; y San Pablo nos lo confirma: “yo doblo mi rodilla ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo” 402, y ya lo había dicho antes: “en ningún otro hay salvación” y “ toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”403. Y al decir Nombre no se refiere al conjunto de sus letras, sino a su significado: a la Persona de Cristo, al Hijo de Dios, presente en la Sagrada Eucaristía. Es la misma doctrina que enseña San Juan Crisóstomo (Siglo IV), llamado “Doctor de la Eucaristía”: “a este cuerpo, aún recostado en el pesebre, lo adoraron los Magos..., imitemos al menos a los extranjeros, nosotros los ciudadanos del cielo”; “entonces, prosternándose lo adoraron” 404. Y en otra homilía, al exponer las condiciones para acercarse a la Sagrada Comunión dice: “arrodillémonos, confesando nuestros pecados”405. 397

. Concilio Vaticano II. Sagrada Liturgia. Can. 1, 33 . Ibíd. Can. 1, 22-33 399 . Exodo XXV, 9; cf. Levítico VI, 27; San Lucas XXII, 19 400 . Isaías XLV, 23 401 . Salmo XCV, 6 402 . Efesios III, 14-15 403 . Hechos de los Apóstoles IV, 12; cf. Filipenses II, 9-11 404 . San Mateo II, 11; cf. San Juan Crisóstomo. Hom. XXIV. Sobre la I Epístola a los Corintios. Núm. V 405 .Ibíd. Hom. In Nativitate. Núm.VII 398

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El Santo Concilio de Trento en la sesión VII, canon 13 declara: “si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados por la Santa Iglesia Católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos, pueden despreciarse o ser omitidos por el ministro a su arbitrio sin pecado, o mudados en otros por obra de cualquier pastor de las iglesias, sea anatema”.

Los Santos nos enseñan a comulgar de rodillas: queremos mencionar especialmente a: El Santo Cura de Ars (1786-1859): propuesto por el Papa San Juan Pablo II como modelo de sacerdote y nombrado santo patrón de todos los sacerdotes por el Papa Benedicto XVI, nos enseña a comulgar con toda unción: “... para acercarnos a la Sagrada Comunión, os levantaréis con gran modestia, indicando así que vais a hacer algo grande; os arrodillareis y, en presencia de Jesús Sacramentado, pondréis todo vuestro esfuerzo en avivar la Fe..., vuestra mente y vuestro corazón deben estar sumidos en el Señor, cuidad de no volver la cabeza a uno y otro lado..., después que halláis tenido la inmensa dicha de comulgar, os levantaréis con modestia, volveréis a vuestro sitio y os pondréis de rodillas; ante todo, deberéis conversar unos momentos con Jesucristo, al que tenéis la dicha de albergar en vuestro corazón donde, durante un cuarto de hora, está en Cuerpo y Alma como en su Vida mortal”406

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento: ¡Rogad por la Santa Iglesia de Dios! 406

. Santo Cura de Ars. Sermón sobre la Comunión. Cf. Este artículo se ha tomado del libro: “De Rodillas”. Librería Espiritual. 2ª Ed. Págs. 10-12; 21-23; 30-32. Quito. Ecuador. Junio de 1991; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núm. 1378

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II. IV. Del Sacramento de la Penitencia Con cuidado y frecuencia débase explicar a los cristianos la doctrina de la Penitencia. Así como es a todos manifiesta la fragilidad y debilidad de la naturaleza humana, y sin dificultad lo observa cada uno en sí mismo, de la misma manera nadie puede ignorar qué necesario es el Sacramento de la Penitencia. Y, a la verdad, con mucho más cuidado debe tratarse de este Sacramento que acerca del Bautismo, porque éste sólo se administra una sola vez y no puede reiterarse; y, respecto a la penitencia, tantas veces se da lugar a ella y tantas se impone la necesidad de repetirla, cuantas ocurriere pecar después del Bautismo; “si uno de tus hermanos llega a pecar, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces en un día contra ti, y siete veces vuelve a ti y te dice: me arrepiento, tú le perdonarás”. “Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿hasta siete? Jesús le dijo: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”407. Y así lo declaró el Concilio de Trento408, que el Sacramento para salvarse a los que han pecado después del Bautismo, como el Bautismo lo es para los que aún no están bautizados; y aquella frase vulgar de San Jerónimo: “que la penitencia es la segunda tabla”409, ha sido muy bien aceptada por todos los maestros de la sagrada teología. Pues así como en un naufragio queda para salvar la vida el único recurso de poder, si acaso, asirse de alguna tabla de la desecha nave. Igualmente, después de haber uno perdido la inocencia bautismal, sino recurre a la tabla de la penitencia, debe, sin duda alguna, desconfiarse de su salvación.

El Confesionario 407

. San Lucas XVII, 4; cf. San Mateo XVIII, 22 . Cf. Concilio de Trento. Sesión VI. De Justif. Cap. XIV; sesión XIV. De Penit. Cap. II 409 . Hier. In Isaías. III, 8 408

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Porque, en primer lugar, teniendo presente la común fragilidad, deben desear muy de veras poder andar por los caminos del Señor, ayudados de su divina gracia, sin caídas ni accidentes. Y, si alguna vez cayeren, volviendo entonces la vista a la suma bondad de Dios, que, como Buen Pastor, está habituado a vendar y curar las heridas de sus ovejas; “y si llega a encontrarla, en verdad, os digo, tiene más gozo por ella que por las otras noventa y nueve, que no se dscarriaron”410, comprenderán que nunca por tiempo alguno debe diferirse este medicamento tan saludable de la penitencia.

¿De cómo hay vario significados de la palabra Penitencia? Su nombre: entrando, pues en materia, conviene ante todo explicar el diverso valor y significado de este nombre411, para que nadie incurra en error por la ambigüedad de la palabra. Unos entienden la penitencia por satisfacción; otros, alejándose muchísimo de la doctrina de la Fe católica, suponiendo que la penitencia nada tiene que ver con la vida pasada, dicen que no es otra cosa sino una nueva vida. Debe enseñarse, pues, que son varios los significados de este nombre. Y en primer lugar se aplica el nombre de penitencia a aquellos sujetos a quienes desagrada algo que antes les agradara, sin detenerse a pensar si era bueno o era malo. En este sentido hacen penitencia todos aquellos cuya tristeza es según el mundo, no según Dios, y esta penitencia no produce la salvación, sino la muerte eterna412. Otra clase de penitencia es, cuando uno por haber cometido un pecado que antes le agradaba, concibe dolor, no por Dios, sino por sí mismo413. La tercera clase es cuando no sólo nos dolemos, con profundo sentimiento del mal, por cuanto damos algún signo exterior de causa del pecado cometido, o también este dolor, sino cuando sentimos esta tristeza solamente por causa de Dios414Y es indudable que a todas estas clases de penitencia que se han indicado, conviene propiamente la palabra penitencia. Porque cuando leemos las Sagradas Letras que Dios se arrepintió, es evidente que esto se dice metafóricamente. Pues la Sagrada Escritura usa este modo de hablar, conforme con las costumbres humanas, cuando dice que Dios se determinó a mudar alguna cosa; lo cual claro es que lo hace al modo de los hombres, los cuales, si se arrepienten de algo, procuran con gran actividad corregirlo415. Y en este sentido está escrito que le pesó haber creado al hombre416 y en otro lugar, de haber hecho rey a Saúl417.

¿Qué diferencia hay entre las varias significaciones de la palabra Penitencia? Mas es conveniente notar que existe diferencia grande en estas significaciones de la voz penitencia. Pues la primera debe tenerse por viciosa; la segunda es un afecto del corazón humano conmovido y perturbado; y de la tercera decimos que unas veces es virtud y otras Sacramento; esta última significación es la propia de este tratado. ... 410

. San Mateo XVIII, 12-14; cf. San Juan X, 14-15 . Cf. Ambr. Lib. II. De Penit. Cap. IX 412 . Cf. II Corintios VII, 9-10 413 . Cf. San Mateo XXVII, 3 414 . Cf. Joel II, 3 415 . Cf. Salmo CVI, 45; Jeremías XXVI, 3 416 . Cf. Génesis VI, 6 417 . Cf. I Libro de Samuel XV, 11 411

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en estos términos: “la Penitencia obliga al pecador a sufrirlo todo con gusto; en su corazón hay Contrición, la Confesión en su boca, y en sus obras la perfecta humildad o la fructuosa Satisfacción”449.

¿Qué es propiamente contrición en este Sacramento? De este modo la definen los padres en el Concilio Tridentino: “Contrición es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante” 450. Y poco después añádase acerca de los efectos de la contrición: “así, últimamente, se va preparando para la remisión de los pecados, si viene acompañado de la confianza en la divina misericordia y de la resolución de hacer lo demás que se requiere para recibir bien este Sacramento”. Comprenderán, pues, los fieles, por esta definición, que los efectos de la contrición no consisten tan sólo en dejar de pecar o en tener el propósito de adoptar un género nuevo de vida, o en tenerle ya adoptado, sino principalmente en tener odio y en expiar la mala vida pasada. Y esto se confirma muy bien451 con los lamentos de los Santos Padres, que vemos con tanta frecuencia en las Sagradas Escrituras: “me he consumado, con tanto gemir; todas las noches inundo en llanto mi almohada, y baño mi lecho con mis lágrimas”452; “y el Señor ha oído benignamente la voz de mi llanto”453; e igualmente dice otro: “¡lávate, purifícate! Retira de mis ojos la malicia de tus acciones. ¡Deja de hacer el mal!”454 Es indudable que estas y otras exclamaciones semejantes fueron efecto de un odio grande a la vida mala pasada y de la detestación de los pecados.

¿Cómo se llega a la contrición perfecta? Será también muy eficaz para

La Absolución sacramental

reanimar el espíritu de los fieles, que los párrocos enseñen algún modo de donde puedan todos acostumbrarse a actos de contrición. A este efecto, se les debe aconsejar que455, examinando con frecuencia sus conciencias, vean si guardan lo que está mandado por Dios y por las leyes de la Santa Iglesia. Y si uno se reconoce ser reo de algún pecado, acúsese enseguida a sí mismo, y con humildad pida a Dios perdón, y suplique se le dé tiempo para confesarse y para satisfacer; y, sobre todo, pida ser ayudado con el socorro de la divina gracia, para no caer en adelante en los mismos pecados, que le pesa muy de veras haber cometido. Deben, además, trabajar los párrocos por excitar en los fieles, sumo aborrecimiento contra el pecado, ya por ser muy grande, su

449

. Chrys. Hom. IX. De Penit . Concilio de Trento. Sesión XIV. De Penit. Cap. IV. Can. V 451 . Cf. Ibíd. Sesión VI. Caps. VI-XIV. De Justif 452 . Salmo VI, 7 453 . Ibíd. 9 454 . Isaías I, 16 455 . Cf. Chrys. Hom. II. In Psalm IV 450

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fealdad y su bajeza, ya también por causarnos gravísimos males y perjuicios. Porque456 nos priva del amor de Dios, de quien recibimos grandísimos bienes, y podíamos esperarlos y conseguirlos mucho mayores y nos condena a la muerte eterna para ser atormentados perpetuamente con las más terribles penas.

¿Cuál es la excelencia de la confesión, y qué necesaria ha sido su institución para la salud espiritual de los cristianos? Confesión: hasta aquí se ha tratado de la contrición; pasemos ahora a la confesión, que es la parte segunda de la penitencia. Y qué gran cuidado y celo deben tener los párrocos en explicarla, lo comprenderán su dificultad por el hecho de estar persuadidos todos los hombres verdaderamente piadosos de que se debe atribuir en gran parte a la confesión cuanta moralidad, piedad y religión se conserva al presente en la Santa Iglesia por la bondad infinita de Dios; y por eso nadie debe extrañarse que el enemigo del género humano, siendo su propósito destruir radicalmente la Fe católica, haya procurado con todas sus fuerzas combatir éste como baluarte de las virtudes cristianas por medio de los ministros y satélites de la impiedad. Débase, por consiguiente, enseñar, en primer lugar, que la institución de la confesión nos fue sobremaneramente útil y muy necesaria Pues aunque concedamos que por la contrición se perdonan los pecados, ¿quién no sabe que ésta debe ser tan grande, tan ardiente y eficaz, que la viveza del dolor pueda igualarse y compararse con la gravedad de los pecados? Y como muy pocos llegarían a este grado, resultaba también que poquísimos habían de esperar por este medio el perdón de sus pecados. Por cuya razón fue necesario que nuestro Dios clementísimo proveyese a la salud espiritual de todos por otro medio más fácil, lo cual, a la verdad, hizo por modo adquirable457 al entregar a la Santa Iglesia las llaves del Reino de los cielos.

Definición y objeto de la confesión sacramental: explicada ya la utilidad de la confesión, deberán exponer los párrocos, cuáles son su naturaleza y propiedades. La definen diciendo que es la acusación de los pecados458, la cual es parte de la esencia del Sacramento, hecha con el fin de conseguir el perdón de ellos por virtud de las llaves y justamente se llama acusación, toda vez que no deben referirse los pecados, como haciendo ver nuestra maldad, según hacen “los que se gozan cuando obran mal, y se deleitan en las peores perversidades”459; ni tampoco se han de decir como si contásemos a oyentes ociosos un suceso con objeto de deleitar; sino que se han de enumerar con espíritu de recriminación de modo tal, que deseemos vengarlos hasta en nosotros mismos. Y confesamos los pecados, con objeto de alcanzar su perdón, porque este juicio es muy distinto de los juicios civiles en materia criminal, en los cuales a la confesión del delito está señalada la pena y el castigo, y no la absolución de la culpa y el perdón del culpable; y seguramente en el mismo sentido, aunque con diferentes palabras, se ve que definieron la confesión los Santos Padres, como, por ejemplo, San Agustín, cuando dice: “Confesión es aquélla por la que

456

. Cf. Salmo LI, 7; Sabiduría XIV, 9; Eclesiástico XII, 6-7 . Cf. San Mateo XVI, 19; XVIII, 18; San Juan XX, 23 458 . Cf. Alex de Ales. IV. Q. LXXVII. Membr. III 459 . Proverbios II, 14; Cf. Chrys. Hom. XX. In Genes 457

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se descubre el mal oculto con esperanza de perdón”460; y San Gregorio: “Confesión es la detestación de los pecados”461; cuyas dos definiciones, por contenerse en la que antes se ha dado, podrán fácilmente referirse a ella.

¿Por qué y cuándo instituyó Cristo la confesión? Ahora, pues, y esto ha de importar más que todo, enseñarán los párrocos y le propondrán a los fieles, sin duda alguna, que Cristo Nuestro Señor462, que hizo todas las cosas bien y sólo por causa de nuestra salvación eterna, instituyó 463 este Sacramento por su infinita bondad y misericordia. Porque, estando congregados los Apóstoles en un lugar, después de la Resurrección, sopló sobre ellos diciéndoles: “recibid el Espíritu Santo; quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonareis, y quedan retenidos a los que se los retuviereis”464.

¿En qué otros lugares de la Sagrada Escritura se prueba que Jesucristo instituyó la confesión? Y parece que significó esto mismo el Señor cuando dio a los Apóstoles la comisión de desatar a Lázaro 465 después de haberlo resucitado, de las ligaduras con que estaba envuelto. Porque San Agustín explica del siguiente modo este pasaje: “los sacerdotes pueden hacer ahora, dice, mucho más bien; pueden hacer mayor gracia a los que se confiesan, a los cuales perdonan sus pecados; porque el Señor entregó a sus discípulos para que les desligasen a Lázaro, a quien acababa de resucitar, dando a entender que se había concedido a los sacerdotes la potestad de absolver” 466. Y a esto se refiere también el hecho de mandar467 a los que en el camino se curaron de la lepra, que se presentasen a los sacerdotes y que se sometiesen al juicio de éstos.

¿Cómo se deduce de las palabras del Señor que necesariamente debe hacerse la confesión al sacerdote, y que son los jueces los sucesores de los Apóstoles? Habiendo, pues, el Señor dado a los sacerdotes la potestad de retener y de perdonar los pecados, es evidente que por este hecho468 fueron los mismos constituidos jueces, y no siendo posible como advirtió sabiamente el Santo Concilio de Trento469, formar verdadero juicio de una cosa cualquiera, ni observarse una regla justa para castigar los pecados, sin haberse conocido y examinado bien la causa, síguese de aquí que en la confesión sacramental deben manifestarse con distinción todos los pecados al sacerdote. Por lo tanto, enseñarán esto los párrocos, lo cual está mandado por el Santo Concilio de Trento, y constantemente lo viene enseñando la Santa Iglesia Católica. Pues si leemos atentamente los Santos Padres, con frecuencia hallaremos testimonios clarísimos que prueban que este Sacramento fue instituido por Cristo y que debe aceptarse como evangélica la ley de la confesión sacramental, que aquellos denominan con voces griegas exomologesis y 460

. Aug. Serm. VIII. De Verbo Dom . Greg. Magn. In I Reg. Lib. I. Cap. II. Núm. XXXIII 462 . Cf. San Marcos VII, 37 463 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Sacr. Penit. Cap. V. Can. VI 464 . San Juan XX, 22-23 465 . Cf. Ibíd. XI, 44 466 . Aug. Lib. II. De Vera et Alfsa Penit. Cap. X; lib. VIII. De Serm. Dom 467 . Cf. San Lucas XVII, 14-15 468 . Cf. Aug. Lib. XX. De Civit. Dei. Cap. IX 469 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV: De Sacr. Penit. Cap. V. Can. VII 461

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exagoreusis. Y si deseamos también figuras del Antiguo Testamento, parece indudable referirse a la confesión de los pecados las varias clases de sacrificios470 que celebraban los sacerdotes para expiar los pecados de diversa especie.

Fuera de la confesión no pueden recobrar la salud espiritual los que son reos de pecados mortales: esto sentado, nadie se figure que la confesión fue ciertamente instituida por Nuestro Señor, pero de manera tal instituida por Cristo Nuestro Señor y que no dispusiera ser su uso necesario 471. Porque deben los fieles tener por cierto que el que se halla cargado con el peso de algún pecado grave, debe ser el Sacramento de la Penitencia la delibranza, lo cual, en verdad, vemos que claramente lo dio a entender nuestro Salvador con una hermosísima metáfora, cuando llamó llave del reino de los cielos a la potestad de administrar este Sacramento: “a ti te daré las llaves del reino de los cielos”472. Porque así como nadie puede entrar en su local sino por medio de aquél a quien se ha hecho cargo de las llaves, así entendemos que nadie entra en el cielo si no abren sus puertas los sacerdotes, a cuya fidelidad ha encomendado el Señor las llaves.

¿Cuántas veces deben los cristianos gozar de este beneficio? Pero si consideramos lo que requiere el negocio de nuestra salvación, ciertamente en los casos de haber peligro de muerte o de ir a ocuparse en un asunto, cuyo ministerio no está bien en un hombre manchado con pecados, como por ejemplo, cuando administramos o recibimos los sacramentos, entonces no debe omitirse la confesión. Y esto mismo debe absolutamente hacerse, cuando tememos se nos olvide algún pecado grave que hayamos cometido. Porque ni nos es posible confesar los pecados de que no nos acordamos, ni alcanzaremos del Señor el perdón de los pecados, si no los borra el Sacramento de la Penitencia por medio de la confesión.

En la confesión deben decirse detalladamente todos los pecados: y enseñen esto en primer lugar los párrocos, que la confesión debe procurarse que sea íntegra y completa473. Los pecados mortales, como ya hemos dicho, deben enumerarse uno por uno, aunque estén muy ocultos y sean de la especie de los que se prohíben en los dos últimos preceptos del Decálogo. Porque sucede no pocas veces que éstos dañan más gravemente al alma que los que suelen cometer los hombres sin rebozo y públicamente. Pues así está definido por el Santo Concilio de Trento, y ha sido siempre enseñado pro la Santa Iglesia Católica, como se prueba por los testimonios de los Santos Padres. Así se expresa San Ambrosio: “nadie puede justificarse del pecado sin haberse antes confesado”474. Y San Jerónimo confirma esto mismo claramente exponiendo un capítulo del Eclesiastés y diciendo: “si a uno le mordiere ocultamente la maligna serpiente, y sin advertirlo nadie, le inficionase con el veneno del pecado; si se callare y no hiciere penitencia, ni quisiera descubrir su llaga a su hermano o a su director espiritual, éste que tiene facultad para curar, no podrá servirle de nada”; 470

. Cf. Levítico IV, V, VI, VII, IX, XII, XVI; Números XV . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Penit. Cap. V. Can VII 472 . San Mateo XVI, 19 473 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Penit. Cap. V. Can. VII 474 . Ambr. Lib. I. De Parad. Cap. XIV. Núm. LXXI 471

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asimismo San Cipriano nos enseña esto claramente en el tratado sobre los lapsos, del siguiente modo: “aunque no se haya manchado con algún pecado de sacrificio a los dioses del paganismo, o de líbelo, toda vez, sin embargo, que pensaron en ello, al confesarse de esto mismo ante los sacerdotes de Dios con dolor y humildad, hacen declaración de su conciencia, manifiestan el dolor de su corazón y piden medicina saludable para sus heridas, por más que sean pequeñas y leves”475. Finalmente, ésta es la voz pública, y el común sentir de todos los doctores de la Santa Iglesia.

¿Cuando uno se confiesa, deben decirse las circuntancias de los pecados? Debe ponerse en la confesión el mismo sumo cuidado y solicitud que solemos poner en los asuntos más graves, y fijar en ella el mayor interés, de manera que curemos las llagas del alma, y arranquemos las raíces del pecado. Mas no debe hacerse la confesión diciendo únicamente los pecados mortales, sino también todas las cualidades, que acompañan a cada pecado, y que aumentan o disminuyen mucho su malicia476. Hay, en efecto, algunas circunstancias tan graves, que sólo por ellas se constituye la razón de pecado mortal477; y, por tanto, hay obligación de confesar siempre todas éstas. Si uno, por ejemplo, mata a un hombre, debe espeficicarse si éste era clérigo o seglar; y del mismo modo, si cohabitó con una mujer, precisa manifestar si era soltera o casada, parienta o consagrada a Dios mediante algún voto.

¿Debe reiterarse la confesión en la que se calla voluntariamente alguna cosa grave? Y es tan necesario par la confesión, según se ha dicho antes, que sea íntegra y completa, que, si alguno a propósito, omite algo de lo que debe manifestarse, y se confiesa sólo de lo demás, éste no solamente no saca ningún bien de tal confesión, sino que, además, se hace reo de un nuevo pecado478. Ni dicha narración de pecados se ha de llamar confesión, en la que haya razón de Sacramento; antes, por el contrario, debe el penitente repetir aquella confesión y declararse a sí mismo reo del pecado por haber profanado la santidad del Sacramento con una falsa confesión.

La confesión debe ser natural, sencilla y clara: se ha de cuidar también que la confesión sea natural, sencilla y clara, no dispuesta artificiosamente, como hacen algunos, que parece exponen una historia de su vida en vez de confesar sus pecados. Porque debe ser tal la confesión, que nos presente ante el sacerdote tal cual nos conocemos a nosotros mismos, y que exponga las cosas ciertas como ciertas y las dudosas como dudosas.

La confesión debe ser discreta y vergonzosa: son también muy dignos de elogio los que muestran discreción y modestia en la exposición de los hechos. Pues no se debe hablar largamente, sino que se expondrá con pocas palabras, acompañadas de modestia, cuando sea pertinente a la especie y cualidades de cada pecado. ... 475

. Cipr. Lib. II. De Lapsis Circa Finem . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Penit. Cap. V. Can. VII 477 . Cf. Alex de Ales. IV. Q. LXXVII. Membr. III 478 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Penit. Cap. V 476

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II. V. Del Sacramento de la Extremanción ¿Por qué deben los párrocos tratar muchas veces ante el pueblo sobre este Sacramento de la Extremaunción? Y como nos enseñan los divinos oráculos de las Santas Escrituras esto: “en todas tus acciones acuérdate de tus postrimerías siempre, y nunca jamás pecarás”493, tácitamente se advierte a los párrocos que no deben desperdiciar ocasión alguna de animar a los fieles a que se ocupen con frecuencia en la meditación de la muerte. Y no pudiendo menos de llevar consigo el Sacramento de la Extremaunción el recuerdo de aquel último día, compréndase sin dificultad la obligación de tratar de él muchísimas veces, no tan solo por ser muy conveniente Dichosísimo San José que tuvo la Gracia de morir descubrir y explicar los en los Brazos de Jesús y de María Santísima misterios de las verdades que conducen a nuestra salvación, sino también porque los fieles, recordando que todos debemos morir necesariamente, “por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte”494, reprimirán los malos apetitos; de donde resultará que, lejos de sentir afligirse con la representación de la muerte, darán, por el contrario, constantemente gracias a Dios, porque, así como nos franqueó la entrada a la verdadera vida por el Sacramento del Bautismo, así también instituyó el de la Extremaunción, para que, al salir de esta vida mortal, tengamos más expedito el camino del cielo.

¿Por qué este Sacramento se denomina Extremaunción? Su nombre: a fin de exponer lo que es más necesario para su inteligencia, por el mismo orden exactamente que se ha guardado en los demás sacramentos, se enseñará en primer término que este Sacramento se ha llamado precisamente Extremaunción, porque ésta debe administrarse la última de entre todas las unciones que encomendó a su Santa Iglesia el Señor, nuestro Salvador. Por cuya razón llamaron nuestros antepasados a esta misma unción Sacramento de Unción

493 494

. Eclesiástico VII, 36 . Romanos V, 12; cf. Hebreos IX, 27

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de los Enfermos, y Sacramento de Moribundos, con cuyos nombres pueden fácilmente acordarse los fieles de aquel último suceso de nuestra vida.

¿Cómo conviene a la Extremaunción la razón propia de Sacramento? Razón de Sacramento: explíquese, ante todo, que a la Extremaunción conviene la razón propia de Sacramento495. Y esto podrá evidenciarse perfectamente, si consideramos las palabras con que promulgó la ley de este Sacramento el Apóstol Santiago: “¿está enfermo alguno entre vosotros? Que él llame a los presbíteros de la Santa Iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor; y la oración, hija de la Fe, salvará al enfermo, y el Señor le aliviará, y, si se halla con pecados, se le perdonarán”496. Y el Evangelista le describe tambien497. Porque, al afirmar el Apóstol que se perdonan los pecados, manifiesta por eso mismo, la virtud y la esencia del Sacramento. Y que ésta fue siempre la doctrina constante de la Santa Iglesia Católica sobre la Extremaunción, no sólo lo afirman otros muchos Concilios, sino que el de Trento498 lo declaró de tal modo, que fulminó anatema contra todos los que osasen enseñar o creer de distinta manera. Igualmente, Inocencio I499 recomienda muy especialmente a los fieles este Sacramento.

¿Cuál es la materia de la Extremaunción? Materia: su elemento o materia, según está decretado por los concilios, sobre todo por el de Trento 500, es el aceite consagrado por el Obispo, esto es, el jugo sacado, no de cualquiera sustancia espesa y crasa, sino únicamente de las aceitunas. Y con gran propiedad significa esta materia el efecto, que se produce interiormente en el alma por virtud del Sacramento; porque, así como el aceite sirve mucho para aplacar los dolores del cuerpo, así también la virtud de este Sacramento disminuye la tristeza y el dolor del alma. El aceite, además, restituye la salud, causa dulce sensación, y sirve como de alimento a la luz; y, por otra parte, es muy a propósito para reparar las fuerzas del cuerpo fatigado. Todo lo cual da a entender los efectos, que se producen en el enfermo, por virtud divina, cuando se administra este Sacramento. Y baste esto acerca de la materia.

¿Con qué forma se administra este Sacramento? Forma: la forma de este Sacramento son las palabras y la solemne oración, que el sacerdote recita en cada una de las unciones, diciendo: “por esta santa unción, te perdone Dios todo cuanto, has pecado por el mal uso de los ojos, o de las narices, o del tacto”. Y el apóstol Santiago indica ser ésta la verdadera forma de este Sacramento, cuando dice: “y oren por él, y la oración hija de la Fe salvará al enfermo”501. Puede de esto deducirse que la forma se pronunciará por modo de oración, aunque no designó el Apóstol, conque palabras, debía especialmente expresarse. Pero ésta ha llegado hasta nosotros por la fiel tradición de los Santos Padres, de tal suerte que todas las Iglesias conservan la clase de forma que usa la 495

. Cf. Concilio de Trento. Sesión XIV. De Sacr. Extr. Unct. Cap. I. Can. II . Santiago V, 14-15 497 . Cf. San Marcos VI, 13 498 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. XIV. De Sacr. Extr. Unct. Cap. I. Can. III 499 . Cf. Inn. Epist. I. Cap. VIII 500 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. XIV. De Sacr. Extr. Unct. Cap 1 501 . Santiago V, 14-15 496

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Santa Iglesia Católica romana, madre y maestra de todas; pues si bien algunos mudan ciertas palabras, diciendo “Remittat o Parcat en vez de Indulgeat tibi Deus”, y a veces también “Sanet quidquid commisisti (te cure cuanto pecaste)”; sin embargo, toda vez que no se hace variación en el significado, es evidente que por todos se guarda religiosamente una misma forma.

¿Quién es el que instituyó este Sacramento? Su institución: habiéndose ya demostrado que la Extremaunción debe contarse verdadera y propiamente en el número de los sacramentos, es también consiguiente que su institución502 proceda de Cristo Nuestro Señor, la cual fue después expuesta y promulgada a los fieles por el Apóstol Santiago503. Si bien parece que el mismo Salvador dio alguna prueba de esta unción cuando envió a sus discípulos, de dos en dos, delante de Sí; pues de ellos escribió esto el Evangelista: “y, saliendo a predicar, exhortaban a que hiciesen penitencia, y lanzaban muchos demonios, y ungían a muchos enfermos con óleo, y los sanaban”504; esta Unción debe creerse sin duda alguna que no fue inventada por los Apóstoles, sino mandada por Nuestro Señor505, y dotada, no de una virtud natural, sino misteriosa, y que, además, bien fue instituida para sanar las almas que para curar los cuerpos. Y esto la afirman506 San Dionisio, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y San Gregorio el Grande,de tal modo, que de ninguna manera se ha de dudar de la necesidad de creer, con sumo respeto, que éste es uno de los siete Sacramentos de la Santa Iglesia Católica.

¿A quiénes se debe dar la Extremaunción? Sujeto: se enseñará también a los fieles que, aunque este Sacramento es para todos, se exceptúan, sin embargo, ciertas clases de personas, a las cuales no se debe administrar. Exceptuase, en primer lugar, los que gozan de buena y perfecta salud 507, pues el mismo Apóstol indica que a éstos no debe dárseles la Extremaunción, cuando dice: “¿está enfermo alguno de vosotros?”508 Y lo demuestra la razón, puesto que fue instituido para servir de medicina, no solamente para el alma, sino también para el cuerpo. Luego, necesitando de curación sólo los que están enfermos, por esta razón débase administrar este Sacramento solamente también a los que se vea que están enfermos tan gravemente, que haya temor de estar próximo para ellos el último día de su vida. En esto, sin embargo, pecan gravísimamente los que suelen creer momento oportuno para dar la Unción al enfermo aquél en que, perdida ya toda esperanza de vida, comienza a perder la inteligencia y la sensación. Porque es clarísimo que, para recibir la riquísima gracia del Sacramento, sirve muchísimo que el enfermo sea ungido con el sagrado óleo, cuando se hallan en él aún sanas su inteligencia y sensibilidad, y es capaz de mostrar su Fe y sus sentimientos piadosos. Por lo tanto, harán saber los párrocos que los fieles, deben recibir esta celeste medicina, en verdad siempre muy saludable por su virtud propia, en aquel tiempo principalmente en el que 502

. Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. In Supplementum. Q. XXIX. Art. III . Cf. San Santiago V, 14-15 504 . San Marcos VI, 12-13 505 . Cf. Bernar. In Vita Malach 506 . Cf. Ambr. De Extr. Unct. I, 8. Núm. XXXVI 507 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. In Supplementum. Q XXXII. Art II 508 . Santiago V, 14 503

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comprendan ha de ser más provechosa por la piedad y la religión de los que han de ser curados.

¿Qué partes deben ungirse en este Sacramento? Mas no hay

La Extremaunción

necesidad de ungir todas las partes del cuerpo, sino aquéllas únicamente que la naturaleza dio al hombre como órganos de sus sentidos: los ojos, por los pecados de la vista; las orejas, por los del oído; las narices, por los del olfato; la boca, por los del gusto o de las conversaciones; las manos, por los del tacto; el cual, si bien está difundido por igual en todo el cuerpo, se manifiesta, sin embargo, por modo especial en aquella parte.

¿Con qué respeto y disposición debe recibirse este Sacramento? Disposiciones: y habiéndose de procurar con sumo cuidado que ninguna cosa impida la gracia del Sacramento, y como nada se le oponga más que la conciencia de cualquier pecado mortal, se ha de guardar la costumbre constante de la Santa Iglesia Católica, de que, antes de la Extremaunción, se administren los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía. Después se esforzarán los párrocos en persuadir al enfermo a que se ofrezca al sacerdote, para ser ungido, con aquella Fe con que antiguamente solían ofrecerse ellos mismos, los que habían de ser sanados por los Apóstoles. Primeramente, es necesario buscar la salud del alma, y después la del cuerpo, con la condición de que haya de ser conducente para la felicidad eterna.

¿De qué ministro se ha de recibir este Sacramento? Ministro: ahora bien, el mismo Apóstol que promulgó la Ley divina, nos indica quién es el ministro de la Extremaunción, al decir: “llame a los presbíteros”509; con cuyo nombre no designa a los que son de edad avanzada, como cuerdamente dice 510 el Concilio de Trento, o a los que ocupan lugar distinguido en la sociedad, sino a los sacerdotes legítimamente ordenados por los mismos obispos mediante la imposición de las manos. Luego al sacerdote se le ha encomendado la administración de este Sacramento. Mas, por disposición de la Santa Iglesia, no es lícito a cualquier sacerdote administrarle, sino al cura propio que tenga jurisdicción, o a otro a quien aquél concediere la facultad de ejercer este ministerio.

¿Qué ventajas redundan al hombre del uso de este Sacramento? Utilidades: débase también explicar con verdadero celo los frutos que recibimos por medio de este Sacramento511, para que, si ninguna otra cosa 509

. Ibíd; cf. Código de Derecho Canónico. Can. 1003 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. XIV. De Sacr. Extr. Unct. Cap. III. Can. IV 511 . Cf. Código de Derecho Canónico. Cáns. 1004-1007 510

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pudiera atraer a los fieles a su recepción, se dejen al menos mover por su utilidad; siendo tal la condición humana, que apreciamos casi todas las cosas por nuestro interés. Enseñarán, pues, los párrocos que por este Sacramento se comunica la gracia que perdona los pecados, y sobre todo los más leves y veniales, según comúnmente se llaman, porque los mortales se perdonan por el Sacramento de la Penitencia. Porque este Sacramento no fue instituido en primer término para perdonar los pecados mortales, pues esto únicamente lo producen por virtud propia el Bautismo y la Penitencia. El segundo efecto de la Sagrada Unción consiste en librar el alma de la debilidad y flaqueza que contrajo con los pecados, y de todas las demás reliquias de éstos. Y debemos considerar tiempo muy oportuno para esta curación, cuando nos vemos abatidos por una grave enfermedad y es inminente el peligro de la muerte. Porque es propio de la humana naturaleza no temer nada de este mundo tanto como la muerte; y aumenta muchísimo este temor la memoria de las culpas pasadas, sobre todo cuando nos estrecha la gravísima acusación de nuestra conciencia; pues, según está escrito: “compadecerán llenos de espanto por el remordimiento de sus pecados, y los delatarán, desgraciadamente, sus mismas iniquidades”512. Además, les aflige muchísimo la idea y el pensamiento de que muy luego habrán de comparecer513 ante el tribunal de Dios, que pronunciará sobre nosotros sentencia justísima, según lo que hayamos merecido. Empero, sucede con frecuencia que, atemorizados los fieles con tan terrible pensamiento, se sienten atormentados de mil maneras. Y nada es tan eficaz para una muerte tranquila como desechar la tristeza, esperar con espíritu alegre la venida del Señor y estar dispuestos a dar con gusto cuenta del depósito “la cual nos ha instruido para que renunciando a la impiedada y a los deseos mundanos vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo actual , aguardando la dichosa esperanza y la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”514, cuando le plazca reclamárnosle. Así, pues, el Sacramento de la Extremaunción hace que se vean libre las almas de los fieles de esta inquietud, y que rebose su corazón en santo y piadoso gozo.

¿De qué modo atentan contra nosotros los demonios a la hora de la muerte? Además de lo dicho, conseguiremos también por este Sacramento otro efecto, que puede con razón considerarse el mayor de todos. Porque, si bien el enemigo del género humano nunca cesa de estar maquinando sobre nuestra muerte y condenación515, durante la presente vida; sin embargo, en ningún tiempo pone en juego todas sus fuerzas con mayor empeño, para perdernos enteramente, y para arrancarnos, si posible es, la esperanza en la divina misericordia, que cuando debe estar próximo el día último de la vida. Por esto, se dan a los fieles en este Sacramento armas y valor para poder impugnar la fuerza y las acometidas del enemigo, y rechazarle con bríos516. Porque con la confianza en la Divina Bondad se reanima y alienta el espíritu del enfermo, y, sostenido en 512

. Sabiduría IV, 20 . Cf. Romanos XIV, 10 514 . Tito II, 12-15 515 . Cf. I Timoteo IV, 1-2 516 . Cf. I San Pedro V, 8-9 513

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ella, sufre más serenamente todas las molestias de la enfermedad, e inutiliza con más facilidad las arterias y astucias del mismo demonio, que anda acechando a su calcañar517.

¿Cómo puede provenir de este Sacramento la salud del cuerpo? Por último, produce también la salud del cuerpo, pero esto si conviene; y si pocos enfermos la consiguen en esta ocasión, esto debe creerse en verdad que sucede, no por ineficacia del Sacramento, sino, por el contrario, porque la mayor parte de los que son ungidos por el óleo sagrado, o de aquellos por quienes es administrado, tienen una Fe deficiente. Pues afirma el Evangelista que hizo muy pocos milagros entre los suyos a causa de su incredulidad518. Porque como quiera que sucedan las cosas, en lo que se refiere a la salud del cuerpo, según la disposición y el beneplácito divino, deben los fieles tener firme esperanza de conseguir mediante este sagrado óleo, la salud del alma, y de que habrán de recibir, si les tocara dejar esta vida, el fruto de aquella riquísima sentencia en la cual se dijo: “bienaventurados los muertos que mueren en el Señor”519

II. VI. Del Sacramento del Orden ¿Por qué deben los párrocos explicar al pueblo, con especial solicitud, la doctrina del Sacramento del Orden? Si se considera con cuidado la naturaleza y condición de los demás sacramentos, se comprenderá, desde luego, que dependen todos ellos del Sacramento del Orden, de suerte tal, que sin este no pueden los unos hacerse ni administrarse de ninguna manera, y los otros, es claro, que carecen de la ceremonia solemne y de cierto rito y culto religioso si faltare este sacramento. Por lo que es necesario que los párrocos, al exponer la doctrina verdadera de los sacramentos, juzguen que deben también tratar con tanto más cuidado acerca del Sacramento del Orden.

La Ordenación sacerdotal 517

. Cf. Génesis III, 15; Salmo XLIX, 16 . Cf. San Mateo XIII, 56 519 . Apocalipsis VII, 14-15; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1499-1532 518

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En la tierra no hay dignidad alguna al Orden sacerdotal: enseñarán, pues, en primer lugar a los fieles, qué grande es la nobleza, y superioridad de esta institución520, si consideramos su grado supremo, esto es el Sacerdocio. Porque, siendo los obispos y los sacerdotes como mensajeros y ciertos órganos de Dios, que en nombre suyo enseñan a los hombres la Divina Ley y el modo de ordenar la vida, y representan en la tierra la Persona del mismo Dios, es evidente ser tan grande su ministerio que no se puede imaginar ninguno más elevado. Son llamados algunas veces ángeles, “porque él es el mensajero de Yahvéh de los ejércitos”521, y también dioses522, por tener en este mundo la virtud y el poder del Dios inmortal. Y aunque en todo tiempo han gozado de la mayor dignidad, sin embargo, los sacerdotes del Nuevo Testamento exceden muchísimo en honor al de todos los demás; porque la potestad que se les ha conferido, así de consagrar y ofrecer el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor, como el perdón a los pecados, excede también a la razón y a la inteligencia humana: mucho menos puede hallarse en la tierra algo igual o semejante a ella.

El Sacerdote por su Ordenación sacerdotal es el Ministro del Santo Sacrificio de la Misa

¿Quiénes pueden considerarsen llamados por Dios al sacerdocio y a los ministerios eclesiásticos? En segundo lugar, así como nuestro Salvador fue enviado por el Padre523, y los Apóstoles y los discípulos lo fueron por Cristo Nuestro Señor524 por todo el mundo, del mismo modo todos los días son enviados sacerdotes, dotados de igual potestad que aquellos: “para la perfección de los Santos en los oficios de su ministerio, en la edificación del 520

. Cf. Ambr. Lib. V. Ep. XXXII; Chrys. Hom. LX. Ad Póp. Antioch . Malaquías II, 7; cf. Código de Derecho Canónico. Can. 1008 522 . Cf. San Juan X, 34 523 . Cf. Ibíd. III, 16-17; V, 23-24 524 . Cf. San Mateo XXVIII, 19; San Marcos XVI, 15; San Juan. XX, 21 521

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cuerpo místico de Jesucristo”525. A nadie, pues los que osadamente se introducen la carga de este oficio tan elevado526, sino tan sólo a los que sean capaces de llevarla con una vida sana, con ciencia, con Fe y con prudencia, y así: “nadie se apropie de esta dignidad, si no es llamado por Dios como Aaron”527. Y dícese que Dios llama a los que son llamados por los ministros legítimos de la Santa Iglesia; pues los que osadamente se introducen e intrusan a sí mismos en este ministerio, debe decirse que el Señor se refirió a ellos cuando dijo: “Yo no enviaba a esos profetas falsos, y ellos de suyo corrían por todas partes”528; y nada en verdad puede haber más infeliz ni desgraciado, nada más perjudicial para la Santa Iglesia de Dios, que esta clase de hombres.

¿Quiénes deben de creerse que se acercan mal a las Órdenes Sagradas y entran a la Santa Iglesia por otra parte? E importando muchísimo, al emprender cualquier negocio, el fin que cada uno se propone, (porque, elegido un buen fin, todo resulta felizmente); acerca de esto débase advertir ante todo a los que desean ordenarse, que no se propongan ningún fin indigno de tan sublime cargo; y se ha de tratar este punto con tanta mayor solicitud, cuanto más gravemente suelen pecar acerca de esto los fieles en los actuales tiempos. Porque unos abrazan este género de vida con objeto de adquirir cuanto necesitan para comer y vestir, de tal suerte, que parece que ninguna otra cosa buscan en el Sacerdocio fuera del interés material, como de ordinario buscan los demás hombres en cualquier clase de oficio mezquino. Pues aunque, según frase del Apóstol529 la naturaleza y la Ley de Dios mandan que quienes sirven al altar, del altar viven, con todo 530. Subir al altar por comodidad y por interés, es el mayor sacrilegio. A otros los mueve a ir al Orden sacerdotal el deseo de honores y la bendición. Y algunos quieren ordenarse por abundar en riquezas: y en prueba de esto es que, si no se les da un beneficio eclesiástico lucrativo, no piensan en ningún Orden sagrado. Estos son, ciertamente, aquellos a quien nuestro Salvador llama: “mercenarios”531, y de quienes decía Ezequiel532 que se apacientan a sí mismos y no sus rebaños, cuya vileza e iniquidad no sólo desacredita horrorosamente al Orden sacerdotal, tanto que nada más vil y despreciable, en verdad, puede considerar el pueblo cristiano, sino que hace, además, que ellos mismos no saquen del Sacerdocio ninguna otra cosa que lo que Judas de su dignidad en el Apostolado, la cual a él le produjo la eterna condenación. Por el contrario, dícese con razón que entran en la Santa Iglesia por la puerta533 los que, llamados verdaderamente por Dios, ejercen los cargos eclesiásticos tan sólo por servir a la honra del mismo Dios.

¿Cuánto debe sobresalir y exceder a las demá clases del pueblo los que se consagraron a la Santa Iglesia por medio de las Órdenes Sagradas? Sin embargo, no debe esto entenderse, como si no se hubiese 525

. Efesios IV, 12 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXIII. De Sacr. Ord. Cap. III. Can. VII 527 . II Libro de las Crónicas XXVI, 16-18; cf. Hebreos V, 4; Código de Derecho Canónico. Cáns. 1026-1032 528 . Jeremías XXIII, 21 529 . Cf. I Corintios IX, 9-11 530 . Cf. I. Timoteo III, 8 531 . San Juan X, 12-13 532 . Cf. Ezequiel XXXIV, 2-10 533 . Cf. San Juan X, 1-6 526

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impuesto a todos534 igualmente una misma ley. Porque todos los hombres han sido creados para amar a Dios, lo cual deben hacer: “de todo corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas”535, principalmente los fieles que han recibido la gracia del Bautismo. Mas los que desean recibir el Sacramento del Orden, es preciso se propongan, no sólo buscar la gloria de Dios en todas las cosas, lo cual es bien claro que es común a todos, pero principalmente a los cristianos, sino también servirle con santidad y justicia, ocupados en algún cargo de la Santa Iglesia.

¿De cuántas maneras es la potestad eclesiástica? Potestad de Orden: es esta de dos clases: de orden y de jurisdicción. La potestad de orden tiene por fin el verdadero cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía; y la potestad de jurisdicción se ejerce toda ella en el Cuerpo Místico de Cristo. A ésta, pues, corresponde regir y gobernar al pueblo cristiano y dirigirle a la celestial y eterna bienaventuranza.

¿Hasta donde se extiende la potestad de Orden? La potestad de Orden no sólo contiene la virtud y facultad de consagrar la Eucaristía 536 sino que también prepara las almas de los fieles y las hace idóneas para recibirla, y comprende todas las demás cosas, que en algún modo pueden hacer referencia a la Eucaristía. De esto pueden aducirse testimonios de las Sagradas Letras, pero son muy elocuentes y graves los que se leen en San Juan y San Mateo, pues dice el Señor: “como mi Padre me envió, así os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo; queden perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonéis, y queden retenidos a los que se los retuviereis” y empeñó su palabra: “todo lo que ataréis sobre la tierra, será eso mismo atado en el cielo; y todo lo que desatareis sobre la tierra, será eso mismo desatado en el cielo”537. ...

La Última Cena: Institución de los Apóstoles como Sacerdotes de la Nueva Alianza de parte de Nuestro Señor Jesucristo 534

. Cf. Oseas IV, 4-10 . Deuteronomio VI, 4-9; X, 12-13; cf. San Mateo XXII, 37; San Lucas X, 27 536 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. In Supplementum. Q. XXXIV. Art. I 537 . San Mateo XVI, 19; cf. San Juan XX, 21-23 535

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humillado”553. Fácilmente se puede comprender que todos estos testimonios hacen referencia al Sacerdocio interno.

Demuéstrese bien haber además del sacerdocio interno, otro externo: mas el Sacerdocio externo554 no pertenece a todos los fieles, sino aquellos determinados hombres, que fueron ordenados y consagrados a Dios por la legítima imposición de las manos, y con solemnes ceremonias de la Santa Iglesia, están dedicados a un ministerio especial y sagrado. Estas dos clases de Sacerdocio se puede también observar en la ley antigua. Porque El Sacerdote por su Ordenación Sacerdotal poco se ha visto que el Rey David actúa in Persona Christi durante el Santo hizo referencia al interno; y el Sacrificio de la Misa externo nadie puede ignorar los innumerables preceptos que dio el 555 Señor a Moisés y a Aarón. Dedicó, además, toda la tribu de Leví al servicio del templo, y prohibió por una ley que ninguna de las tribus restantes osase introducirse en aquel ministerio556. Por lo que el rey Ozías557, herido de lepra por el Señor por haber usurpado funciones sacerdotales, fue castigado severamente por su soberbia y sacrilegio. Por consiguiente, siendo fácil demostrar que existe en la Ley Evangélica, estas mismas dos clases de Sacerdocio, se enseñará a los fieles que aquí se trata de sacerdocio externo, que está vinculado en determinados hombres. Porque únicamente es el que corresponde al Sacramento del Orden.

¿Cuáles son los ministerios propios de los sacerdotes? Así, pues, es atribución propia del sacerdote ofrecer a Dios el Sacrificio de la Santa Misa y administrar los sacramentos de la Santa Iglesia, como se deduce claramente de los ritos de su ordenación. Porque el Obispo, cuando va a ordenar a uno de sacerdote, primero impone sobre él las manos, juntamente con todos los sacerdotes que están presentes, después, echando la estola por los hombros, la ajusta delante del pecho en forma de cruz: con lo que se da a entender que el Sacerdote es revestido de la fortaleza de lo alto558 para que pueda llevar siempre la Cruz de Cristo Nuestro Señor y el yugo suave de la Divina Ley559, y enseñarla, 553

. Salmo LI, 19 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. XXIII. De Sacr. Ord. Cap. I. Can. 1; Código de Derecho Canónico. Can. 1008 555 . Cf. Éxodo XXVIII; XXIX; XXX, XXXI 556 . Cf. Números III, 10 557 . Cf. II Libro de las Crónicas XXVI, 19 558 . Cf. San Lucas XXIV, 49 559 . Cf. San Mateo XI, 30 554

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no sólo con palabras, sino también con el ejemplo de una vida santamente empleada. Unge luego sus manos con el sagrado óleo, y después le entrega un cáliz con vino y una patena con hostia, diciéndole: “recibe la potestad de ofrecer el Santo Sacrificio a Dios y de celebrar la Santa Misa, tanto por los vivos como por los difuntos”. Con cuyas ceremonias y palabras es constituido mensajero y mediador entre Dios y los hombres y esa debe considerarse la misión principal del sacerdote. Por último, poniendo por segunda vez las manos sobre su cabeza, le dice: “y dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: recibid el Espíritu Santo: sean perdonados los pecados a aquellos a los que se los perdonase; y sean retenidos a los que retuvieres”560; y le comunica aquella divina potestad de retener y perdonar pecados, que el Señor dio a sus Apóstoles. Tales son los ministerios propios y principales del Orden sacerdotal, que si bien es uno solo, tiene, no obstante varios grados de dignidad y potestad.

Aunque es uno el Orden sacerdotal, no es, sin embargo, uno sólo el grado de los sacerdotes: el primer grado es el de los que simplemente se llaman sacerdotes, cuyos ministerios se han explicado anteriormente. El segundo es el de los obispos561, los cuales están puestos al frente de los respectivos obispados para regir, no sólo a los demás ministros de la Santa Iglesia, sino también al pueblo fiel, y mirar por su salvación con exquisito celo y cuidado. Conforme a esto, llámense muchas veces en las Sagradas Letras: Pastores de ovejas, cuyo cargo y ministerio trazó San Pablo, según leemos en los Hechos Apostólicos562, en el sermón que dirigió a los de Efeso. Del mismo modo San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, enseñó una regla divina del ministerio episcopal563, a la cual, si procuran los obispos conformar sus obras, es indudable que serán buenos Pastores y considerados como tales.

El Romano Pontífice es el Superior de todos los obispos y esto por derecho divino: además de todos

El Obispo

estos, la Santa Iglesia Católica ha venerado siempre al Sumo Pontífice de Roma, al quien en el Concilio de Efeso, llama San Cirilo de Alejandría, Arzobispo, Padre y Patriarca de todo el orbe. Porque estando sentado en la Cátedra de San Pedro, Príncipe de los

560

. San Juan XX, 23 . Cf. Código de Derecho Canónico. Can. 1016 562 . Cf. Hechos de los apóstoles XX, 28 563 . Cf. I San Pedro V, 1-4 561

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Papa Francisco

Apóstoles, la cual es evidente que ocupó el Apóstol hasta el fin de su vida, reconoce en él la Santa Iglesia el sumo grado de dignidad y la supremacía de jurisdicción, dada no por disposiciones conciliares ni por ley ninguna humana, sino por el mismo Dios564. Por consiguiente, siendo Padre y maestro de todos los fieles y obispos y de los demás prelados, cualquiera que sea la dignidad y jurisdicción que tengan, rige a la Santa Iglesia Universal, como sucesor de San Pedro y verdadero y legítimo Vicario de Cristo, Señor Nuestro; “habiendo, pues, almorzado, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que estos? Le respondió: sí, Señor, Tú sabes que yo te amo. Él le dijo: apacienta mis corderos”565.

¿Cuáles son los efectos principales de este Sacramento? Efectos: expuesto ya lo que antecede, resta por enseñar los párrocos cuales son los efectos de este Sacramento. Y es bien notorio que, a pesar de tener por fin principal el Sacramento del Orden, según se ha dicho antes, para la utilidad y el embellecimiento de la Santa Iglesia; esto no obstante, produce también en el alma de quien es ordenado, la gracia de la santificación, por medio de la cual se hace idóneo y hábil para ejercer bien su ministerio y administrar los sacramentos a la manera que por la gracia del Bautismo se hacen también todos hábiles para recibir los demás sacramentos. Es evidente que por este Sacramento se confiere también otra gracia, esto es, la potestad especial que se refiere al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, plena y perfecta al sacerdote, como que sólo él puede consagrar el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor: y respecto a los demás ministros de los Ordenes inferiores, mayor o menor, según que cada uno por su ministerio se aproxima más o menos al Sacramento del Altar. Y esta potestad llamase también carácter espiritual, porque los ordenados in sacristán se distinguen de los demás fieles por cierta señal interior Imposición de Manos 564

. Cf. Greg. Lib. VII. Ep. LXIII-LXIV . San Juan XXI, 15-17; cf. San Mateo XVI, 15-19; Efesios II, 20; ver: Lista Cronológica de los Papas. Págs. 118-187 565

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impresa en el alma566, y están consagrados al culto divino. A esta potestad parece que se refirió el Apóstol cuando dijo a Timoteo: “no malogres la gracia que tienes por la consagración, la cual te dio en virtud de particular revelación, con la imposición de las manos de los presbíteros”567; y en otra parte: “te exhorto que avives la gracia de Dios, que hay en ti, por la imposición de mis manos”568

II. VII. Del Sacramento del Matrimonio ¿Por qué deben los párrocos atender cuidadosamente a que el pueblo cristiano conozca bien la naturaleza y la santidad de este Santo Sacramento del Matrimonio? Debiendo de proponerse los párrocos la vida feliz y perfecta del pueblo cristiano, convendría muchísimo que deseasen lo que el Apóstol escribía a los de Corinto que él deseaba, en estos términos: “me alegrara que fueseis todos tales como yo mismo”569, esto es, que todos siguieran la virtud de la continencia; porque nada más feliz puede acontecer en esta vida a los fieles que el que el alma, sin preocuparse en ningún cuidado del mundo, y sosegado y extinguido todo apetito de la carne, esté satisfecha únicamente con los actos de piedad y la contemplación de las cosas del cielo. Mas como, según afirma el mismo Apóstol: “vosotros sois, pues, cuerpo La Unión conyugal de Cristo y cada uno recibe de Dios su propio don: unos de una manera, otros de otra”570; y el Matrimonio está dotado de grandes y divinos bienes, de tal suerte que está incluido verdadera y propiamente entre los demás sacramentos de la Santa Iglesia Católica; y571 el Señor honró con su presencia la solemnidad de las bodas, resulta muy claro que debe enseñarse la doctrina de este Sacramento; mucho más pudiendo notarse que así San Pablo572 como el Príncipe de los Apóstoles573 dejaron escrito oportunamente en varios lugares cuanto se refiere no sólo a la dignidad, sino también a los deberes del Matrimonio. ... 566

. Cf. Concilio de Trento. Sesión. XXIII. De Sacr. Ord. Cap. III. Can. IV . I Timoteo IV, 14 568 . II Timoteo I, 6; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1536-1600 569 . I Corintios VII, 7 570 . Ibíd. XII, 27 571 . Cf. San Juan II, 1-2 572 . Cf. Romanos VII, 2; Efesios V, 22-24; Colosenses III, 15 573 . Cf. I San Pedro III, 1-7 567

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Concilio de Florencia, toda vez que la obligación y el vínculo no pueden constituirse sino en virtud del consentimiento y del contrato.

¿Quién instituyó el Matrimonio? Institución: en cuanto es un deber de la naturaleza. El Matrimonio como un deber natural: se enseñará, pues, a los fieles en primer lugar que el Matrimonio fue instituido por Dios. Porque léese en el Génesis: “críolos varón y mujer, y los bendijo Dios, diciendo: crecer y multiplicáos”576; y “no es bueno que el hombre esté solo: hagámosle una ayuda semejante a él”577; y poco después “mas no existía para Adán ayuda semejante a él, por tanto, hizo Yahvé caer sobre Adán un profundo sueño, y estando durmiendo, le quitó una de sus costillas y llenó de carne aquel vacío. Y formó el Señor de la costilla, que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Y exclamó Adán: esto es hueso de mis huesos, y carne de mi carne: se llamará pues, mujer, porque del hombre ha sido sacada. Por cuya causa dejará el hombre a su padre y a su madre, y estará unido a su mujer; y los dos vendrán a ser una sola carne”578. Todo lo cual demuestra que el Matrimonio fue instituido por Dios, según lo declaró el mismo Señor según San Mateo en las Sagradas Escrituras.

No puede disolverse el Matrimonio, considerado como un deber natural y mucho menos como Sacramento: no solamente instituyó Dios el Matrimonio, sino que, como declara579 el Santo Concilio de Trento, le puso, además, un lazo perpetuo e indisoluble, puesto que lo dijo el Salvador: “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre yse unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos , sino una carne. ¡pues bien! ¡Lo que Dios ha unido, no lo desuna el hombre!”580. Pues por más que es propio del Matrimonio, en cuanto es deber natural, no poder disolverse, sucede esto aún en mayor grado en cuanto es Sacramento. Por cuya razón adquiere también suma perfección en todo lo que es propio de él por ley natural; repugna, en fin, al cargo de educar a los hijos y a los demás bienes del matrimonio que sea disoluble su vínculo.

No se ha impuesto a todos los hombres la obligación de contraerle: estas palabras del Señor: “creced y multiplicaos”581, tienen por objeto declarar por que causa se instituyó el Sacramento del Matrimonio, pero no el imponer obligación a todos y cada uno de los hombres. Pues ahora, propagado ya el género humano, no tan sólo ley alguna obliga a nadie a casarse, sino que, por el contrario582, se recomienda con sumo cuidado la virginidad, y en las Sagradas Letras se aconseja a todos, por ser más excelente que el estado matrimonial, y por tener en sí mayor perfección y santidad. Así, en efecto, nos lo enseñó Nuestro Señor y Salvador: “el que pueda ser capaz de eso, séalo”583; y el

576

. Génesis I, 27-28 . Ibíd. II, 18 578 . Ibíd. 20-24 579 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXIV. De Sacr. Matr. Cans. V-VII 580 . San Mateo XIX, 4-6 581 . Génesis I, 28 582 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXIV. De Sacr. Matr. Cap. IX. Can. I 583 . San Mateo XIX, 10-12 577

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Apóstol le añade: “en orden a las vírgenes, yo no tengo precepto del Señor; doy sí, consejo, como quien ha conseguido del Señor la misericordia de ser fiel ministro suyo”584.

¿Por qué deben casarce el hombre y la mujer? Pero conviene explicar por que razones deben casarse el hombre y la mujer. Es la primera esta misma unión de los dos sexos apetecida por natural instinto, formada en la esperanza de socorrerse mutuamente, para poder ayudarse el uno con el auxilio del otro, llevar más suavemente las molestias de la vida, y sufrir las debilidades de la vejez. La segunda es el deseo de tener hijos, no tanto por dejar herederos de sus honores y riquezas, cuanto por criarlos fieles a la Fe y a la religión verdadera. Y se ve bien claro por las Sagradas Letras que esto es lo que se proponían principalmente aquellos venerables patriarcas cuando se casaban. Y así, al enseñarle un ángel a Tobías, de qué modo podría rechazar las acometidas del demonio, le dijo: “yo te enseñaré, quien son aquellos sobre los cuales, tiene potestad el demonio. Son aquellos precisamente que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, y se entregan a su pasión como el caballo y el mulo que carecen de inteligencia sobre estos tiene poder el demonio”585. Después añadió: “te unirás a la doncella con temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos que de la concupiscencia, a fin de conseguir en los hijos la bendición como en el linaje de Abraham”586.

¿Por qué se instituyó el Matrimonio después del primer pecado? La tercera razón es la que se agregó a las anteriores después de la caída de nuestros primeros padres587, cuando, por haber perdido la inocencia con que fue creado el hombre, las pasiones comenzaron a rebelarse contra la recta razón; es a saber: para que, quienes se ha persuadido de su flaqueza y no quiera resistir las acometidas de la sensualidad, recurra al auxilio del Matrimonio para evitar los pecados deshonestos. A cerca de esto, se expresa así el Apóstol: “para evitar la fornicación viva cada uno con su mujer y cada una con su marido” 588; y pasados dos versículos, después de haber dicho que algunas veces deben abstenerse del uso del Matrimonio por causa de la oración, añade: “y después volved a lo mismo (esto es, a cohabitar), no sea que os tiente Satanás por vuestra incontinencia”589.

¿Por qué elevó Jesucristo el Matrimonio a la dignidad de Sacramento? El Matrimonio como Sacramento: mas, en cuanto es Sacramento, convendrá explicar que es su condición más excelente y se refiere a un fin absolutamente más elevado. Porque así como el Matrimonio, en cuanto es unión natural590, fue instituido desde el principio para propagar el género humano, así también se le dio después la dignidad de Sacramento, para que se 584

. I Corintios VII, 25 . Salmo XXXII, 9; cf. Tobías VI, 16-17 586 . Ibíd. IV, 12; VI, 18; VII, 13-14; VIII, 4-9 587 . Cf. Aug. Lib. XIV. De Civ. Dei. Caps. XV-XVII 588 . I Corintios VII, 2 589 . Ibíd. 5 590 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. In Supplementum. Q. XLII. Art. III; Código de Derecho Canónico. Can. 1055 585

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engendrase y educase el pueblo en el culto y la religión del verdadero Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Pues queriendo Cristo Nuestro Señor dar una señal cierta de la estrechísima unión que hay entre Él y la Santa Iglesia y de su inmenso amor para con nosotros, significó la divinidad de tan gran misterio principalmente por medio de esta santa unión del hombre y de la mujer.

Que el Matrimonio es verdadero Sacramento de la Ley Evangélica: por otra parte, la Santa Iglesia, apoyada en la autoridad de San Pablo, ha tenido siempre por cosa cierta y fuera de duda que el Matrimonio es Sacramento, pues así escribe a los de Efeso: “los maridos deben amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. Quien ama a su mujer, a sí mismo se ama. Nadie ciertamente aborreció jamás a su propia carne; antes bien la sustenta y cuida, así como también Cristo a su Santa Iglesia, porque nosotros somos de su cuerpo, formados de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y vivirán los dos en una sola carne. Éste es gran Sacramento, mas yo lo digo con respecto a Cristo y a la Santa Iglesia”591. Así, pues, estas palabras: este es gran Sacramento, nadie debe de dudar que necesariamente se refieren al Matrimonio; porque, a la verdad, la unión del varón y de la mujer, que Dios instituyó, es un Sacramento, esto es, un signo sagrado del vínculo santísimo con que Cristo, Señor Nuestro, está unido con su Esposa, la Santa Iglesia592.

Ni en la ley natural después del pecado, ni en la ley de Moisé, conservó el Matrimonio la dignidad de su origen, que la tuvo de Dios: añádase a lo dicho, que ya se considere la ley natural después del pecado, ya la ley de Moisés, notamos a simple vista que el Matrimonio había decaído de la grandeza y honestidad de su primer origen. Porque estando vigente la ley natural593, vemos que hubo muchos de entre los antiguos patriarcas que tuvieron a un mismo tiempo varias mujeres. Y después, en la ley de Moisés 594, haciendo una escritura de repudio se permitía, habiendo algún motivo, divorciarse de su mujer; cuyas dos cosas595 fueron abolidas por la Ley evangélica y restablecido el Matrimonio a su primitivo estado. Y respecto a que la poligamia repugna a la naturaleza del Matrimonio (bien que no se debe acusar a algunos de los antiguos patriarcas, puesto que no tomaron varias mujeres sin la divina complacencia), Cristo Nuestro Señor nos lo enseñó por estas palabras: “por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán dos en una sola carne”596; y luego añadió: Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por cuyas palabras declaró que de tal modo instituyó Dios el Matrimonio, que se circunscribiese a la unión solamente de dos, no de más. Y esto lo enseñó también muy claramente en otro lugar, diciendo: “cualquiera que despidiese a su mujer y se casase con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer abandona a su marido y se casa con otro hombre, comete adulterio”597. Porque si fuese lícito 591

. Efesios V, 28-32 . Cf. Colosenses I, 18 593 . Cf. Génesis IV, 19; XXII, 20; XXIX, 22-23 594 . Cf. Deuteronomio XXIV, 1 595 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXIV. De Sacr. Matr. Can. II 596 . San Mateo XIX, 4-6; cf. San Marcos X, 6-10 597 . San Lucas XVI, 18 592

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al hombre tener muchas mujeres, parece que no habría absolutamente razón alguna para acusarle de reo de adulterio por haberse casado con otra, además de la mujer que tenía en casa, más que por haberse unido a otra, repudiando a la primera.

El vínculo matrimonial no puede disolverse por el divorcio: por el mismo testimonio de Cristo, Señor Nuestro, se prueba fácilmente que por ningún divorcio puede disolverse el vínculo matrimonial. Porque si por la escritura (o sentencia) de divorcio estuviese libre la mujer del lazo conyugal, podría lícitamente casarse con otro hombre sin pecado alguno de adulterio. Y el señor dice clara y terminantemente: “mas Yo os digo, quien repudia a su mujer salvo el caso de adulterio, y se casa con otra, comete adulterio, y el que se casa con una repudiada, comete adulterio”. “cosa digna de honor para todos sea el matrimonio y el lecho conyugal sin mancilla”598. Por consiguiente, es bien claro que el vínculo matrimonial no puede disolverse por ninguna otra cosa fuera de la muerte. Confírmalo asimismo el Apóstol diciendo: “la mujer está ligada a la ley matrimonial, mientras viva su marido; pero, si fallece su marido, queda libre de dicha ley: cásese con quién quiera, con tal que sea según el Señor”599; y dice, además: “pero a las personas casadas manda el Señor, no yo, que la mujer no se separe del marido; mas, si llega a separarse por justa causa, permanezca sin casarse con otro, o bien reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer”600. El Apóstol concedió a la mujer que por justa causa se hubiera separado de su marido, la elección de o permanecer sin pasar a segundas nupcias o reconciliarse con su marido; pero tampoco permite la Santa Iglesia al hombre ni a la mujer que se separe el uno del otro sin causas muy poderosas.

¿Por qué es conveniente que no se disuelva el Matrimonio de ningún modo? Y con el fin de que a nadie parezca ser muy dura la ley matrimonial, por que por ningún motivo puede disolverse, se enseñará qué ventajas van unidas a esa ley. Y en primer lugar entiendan los hombres que, al contraer Matrimonio, se debe atender a la virtud y a la uniformidad de buenas costumbres antes que a las riquezas y a la belleza corporal; porque de este modo, seguramente, nadie podrá dudar que se favorece muchísimo al bien social. Además, si por el divorcio se disolviese el Matrimonio, acaso nunca faltarían a los hombres motivos para separarse, que diariamente los inspiraría el enemigo irreconciliable de la paz y del pudor. Mas al presente, reflexionando los fieles que aun cuando se vean privados de la vida y del uso matrimonial, están, no obstante, sujetos por el vínculo del Matrimonio, y que se les ha quitado toda esperanza de casarse con otra mujer, se consigue con esto que se van habituando a ser menos propensos a la ira y a la discordia. Y si, a pesar de esto, llegan alguna vez a divorciarse y no pueden sufrir largo tiempo la falta de su consorte, reconciliados fácilmente por medio de sus amigos, vuelven fácilmente a la vida conyugal601. ... 598

. San Mateo XIX, 9; cf. Hebreos XIII, 4 . I Corintios VII, 39 600 . Ibíd. VII, 10-11; cf. Concilio de Trento. Sesión XXIV. De Sacr. Matr. Cans. III-VII; Código de Derecho Canónico. Cáns. 1156-1160 601 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. In Supplementum. Q. LXII. Art. VI 599

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necesario al sostenimiento de la familia, ya para que no se afemine con la completa ociosidad, de donde proceden casi todos los vicios; debe también gobernar rectamente su casa, corregir las costumbres de todos y hacer que cada uno cumpla con su deber.

¿En qué consisten los deberes de la mujer? Son a su vez deberes de la mujer los que enumera el Príncipe de los Apóstoles, cuando dice: “las mujeres sean obedientes a sus El Vínculo matrimonial maridos, a fin de que con eso, si algunos no creen por la predicación de la palabra, sean ganados sin ésta, por el trato con sus mujeres considerando con respeto vuestra pureza de vida; el adorno de ellas no ha de ser por de fuera de los rizos del cabello, ni los dijes de oro, ni las galas de los vestidos; sino que la mujer, que es de vida interior, se debe adornar con el atavío incorruptible de un espíritu de dulzura y de paz, lo cual es un precioso adorno a los ojos de Dios”613. Porque de este modo también se ataviaban antiguamente aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, viviendo sujetas a sus maridos, al modo: “que Sara obedecía a Abraham, a quien llamaba su Señor”614. Será también su ocupación principal educar a los hijos en las prácticas de la religión, y cuidar diligentemente de las cosas domésticas. Estense con gusto en casa, si la obligación no las obliga a salir, y esto nunca se propasen a hacerlo sin licencia de su marido. Además, y en esto se funda muy especialmente la unión conyugal, tengan siempre presente que, después de Dios, a nadie han de amar ni estimar más que a su marido, a quien también deben agradar y obedecer con la mayor prontitud en todas las cosas que no contradicen a la piedad cristiana.

¿Cómo deben estar dispuestos los que van a contraer Matrimonio? De lo dicho puede deducirse con qué disposición habrán de estar los fieles cuando contraen Matrimonio. Porque no deben pensar que emprenden un negocio humano, sino divino, en el cual enseñan claramente los ejemplos de los patriarcas de la ley antigua que se debe poner singular pureza de intención y devoción extraordinaria; cuyos matrimonios, a pesar de no tener la dignidad de Sacramento, juzgaron, sin embargo, que siempre debían celebrarse con el mayor respeto y santidad.

¿Debe requerirse el consentimiento de los padres para la licitud del Matrimonio? Entre otras cosas, debe de exhortarse muy especialmente a los hijos de la familia615 a que tributen tal respeto a sus padres y a aquellas 613

. I San Pedro III, 1-4 . Ibíd. 6; cf. Génesis XVIII, 12 615 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXIV. De Sacr. Matr. Can. I; Código de Derecho Canónico. Cáns. 1095-1107 614

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personas bajo cuyo cargo y tutela se hallan, que no contraigan matrimonio sin saberlo ellos, mucho menos contra su voluntad y oponiéndose. Porque en el Antiguo Testamento616 se puede observar que los hijos eran siempre puestos en el estado matrimonial por sus padres. Y parece que el Apóstol indica también por las siguientes palabras que acerca de esto se debe condescender con su voluntad en cuanto sea posible: “el que da su hija en Matrimonio, obra bien; mas el que no la da, obra mejor”617.

¿Qué debe aconsejarse acerca del uso del Matrimonio? Resta la parte última sobre lo que se refiere al uso matrimonial; y los párrocos tratarán de ello con tal cuidado que no salga de su boca palabra alguna que parezca ser indigna de los oídos de los fieles, o que pueda ofender a las almas piadosas o excitar la risa. Porque, así como: “las palabras del Señor son palabras castas”618, del mismo modo también es sumamente necesario que el maestro del pueblo cristiano use de tal lenguaje, que manifieste cierta especial gravedad y pureza de conceptos. Por tanto, dos cosas principalmente se inculcarán a las almas cristianas: primera, que no deben hacer uso del Matrimonio por deleite o sensualidad, sino que usarán de él según los fines que, como antes dijimos, fueron prescriptos por Dios. Porque conviene acordarse de lo que advierte el

“Por eso dejará el Hombre a su Padre y a su Madre y se adherirá a su Mujer; y vendrán a ser los Dos una sola Carne” Génesis II, 24; San Mateo XIX, 4-6 616

. Cf. Génesis XXIV, 28-53; ibíd. XXIX, 9-14 . I Corintios VII, 38; cf. Tobías VII, 14 618 . Salmo XII, 7 617

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Apóstol: “los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen”619; como asimismo de lo que dijo San Jerónimo: “el varón prudente debe amar a su esposa no apasionadamente; moderará los deseos de voluptuosidad, y no se entregará sin reflexión al acto carnal. Y no hay cosa más vergonzosa que el amar a la mujer propia como a una adúltera”620.

¿Deben los cónyuges abstenerse alguna vez del uso matrimonial? Y como quiera que hemos de alcanzar de Dios todos los bienes por medio de santas oraciones, la segunda cosa que debe enseñarse a los fieles es que se abstengan algunas veces del uso matrimonial para orar y pedir a Dios: y sepan, especialmente, que deben observar esto, por lo menos, tres días antes de recibir la Sagrada Eucaristía; y con más frecuencia cuando se hacen los ayunos solemnes de Cuaresma, como cuerda y santamente lo enseñaron nuestros Santos Padres. Pues de esta manera experimentarán que los bienes del Matrimonio van cada día enriqueciéndose con la abundancia de la divina gracia; y practicando obras de piedad, no sólo pasarán esta vida tranquila y agradablemente, sino que, además, descansarán en medio de la verdadera y firme paz, “que no desvanece”621, de alcanzar por la bondad de Dios la eterna vida.

¿Se debe contraer también el matrimonio civil? Se debe también contraer el matrimonio civil, porque, si bien que él no es un sacramento, sirve, sin embargo, para garantizar a los contrayentes y a sus hijos los efectos civiles de la sociedad conyugal; y por esto, en regla general, la autoridad eclesiástica no permite el matrimonio religioso hasta cuando se han cumplido las formalidades prescritas por la autoridad civil622

“Y Dios los bendijo diciendo: sed fecundos y multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla” Génesis I, 28; IX, 1 619

. I Corintios VII, 29 . Hier. Lib. I. Contra Jovin. XLIX 621 . Romanos V, 5 622 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1601-1666; ver: Bibliografía. Vídeos de referencia. Matrimonium nostrum. Pág. 640 620

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CAPÍTULO III

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

“El Señor ha dejado a su pueblo un memorial de sus maravillas, y como misericordioso y bondadosísimo que es, ha dado un alimento a aquellos que le temen” Salmo CXI, 4-5 197


En el transcurso de los siglos, la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica enseña y defiende su Fe ciñéndose a un solo criterio: “lo que siempre se ha creído y enseñado”. Todas las herejías con las que la Santa Iglesia ha tenido que enfrentarse constantemente, han sido juzgadas y rechazadas por no estar de acuerdo con este criterio: “manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta”1. De tal forma, uno de los principios observados desde tiempos primitivos por la Jerarquía de la Santa Iglesia, especialmente romana, ha sido mantener sin cambios la verdad recibida de los Apóstoles y de Nuestro Señor Jesucristo. La doctrina del Santo Sacrificio de la Misa, pertenece a este tesoro de verdades de la Santa Iglesia, Y, si hoy día, en este campo particular, aparece una especie de ruptura con el pasado de la Santa Iglesia, una tal novedad debería alertar a toda conciencia católica, como en tiempo de las grandes herejías de los siglos pasados, y provocar universalmente, un deseo de confrontar esta ruptura con la Fe de la Santa Iglesia2. A continuación expondremos de una manera especial lo que la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica ha enseñado a través de los siglos sobre el Santo Sacrificio de la Misa

III. I. Los sacrificios de la Antigua Ley La Santísima Trinidad ha decidido manifestar su infinito poder y sabiduría a través de la creación.. De la nada brotó una innumerable variedad de elementos, colores y formas. Una armoniosa gama de sonidos, llena el ancho espacio del universo. Majestuosas montañas emergen de los abismos para descansar en los verdes valles, los ríos corren hacia los anchos y azules mares, los vientos transportan el trinar de miles de aves, al igual que el rugir de animales hermosos, se escuchan por doquier. El firmamento es poblado de millones de estrellas y luceros, el sol y la luna están determinados para cumplir su misión... . Dios Padre creador de toda esta maquinaria perfecta, salida de su sabiduría infinita, quiere entregarla a un ser superior para que la domine y goce de ella. Y dice la Creación del Hombre Sagrada Escritura que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza: “formó Yahvé Dios al hombre de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado”3. 1

. II Tesalonicenses II, 15 . Cf. Artículo del prestigioso teólogo y canónico francés. R. P. René Marie Berthod. Publicado en la revista “Savoir et Servir”. 41. Av. Pasteur. 94250. Gentilly. Francia; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1066-1075, 1382 3 . Génesis II, 7 2

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Entendiendo que Dios como espíritu puro que es, no tiene cuerpo, luego hizo al hombre del barro y le participó de su imagen espiritual y por lo tanto de su inmortalidad, ya que el espíritu nunca muere. El proyecto estuvo cumplido, el hombre es rey y señor de un mundo de belleza y perfección. Toda la creación se somete a su autoridad. Mas sobre cualquier motivo para que el hombre sea totalmente feliz, es necesario que el Señor Padre creador y conservador de su hermosa obra, sea su amigo, protector y maestro. El hombre entonces en acto de amor y dependencia se somete voluntariamente a su gran benefactor y pone las tres facultades superiores del alma que son: la Inteligencia, la Voluntad y la Memoria en buscar en todo el agrado de su Señor. Se crea una armoniosa jerarquía en el paraíso; no hay ninguna pasión desordenada en el hombre; todo viene de la mano de Nuestro Señor y al Él lo remite todo. Dios se complace de su obra. Satanás desde tiempos inmemorables se ha levantado contra su Señor por la soberbia de poder, siendo por eso arrojado al lugar de tormento, lugar de azufre y fuego: “¿cómo caíste del cielo, lucero brillante hijo de la aurora? ¿Echado por tierra, el dominador de las naciones?”4 Por permiso divino ha salido de su guarida y fisgoneando por los alrededores del paraíso, ha visto la dicha y felicidad que poseen las nuevas criaturas que allí moran; se infla de envidia y entra en el paraíso, en forma de serpiente: “ahora bien la serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que Yahvé Dios había producido, y dijo a la mujer: ¿conque Dios ha dicho que no comáis de ningún árbol del vergel?”5 Usando de su astucia, seduce a la primera mujer, Eva, haciéndola comer el fruto de la prohibición, se quebranta así el mandato que es el signo de sumisión. Eva arrastra a su esposo Adán a la desobediencia, es la insurrección. Un grito de guerra contra el Creador resuena hasta el cielo, la rebeldía del hombre ante su Dios. Por primera vez en el mundo aparece la más miserable de las palabras: pecado. Cometido el pecado, nuestros primeros padres comprendieron y vieron su rebeldía. Por primera vez sintieron en su interior la pequeñez de su ser, la insignificancia y la mediocridad de ser criaturas, se abrió a su paso un manto de amargura y se vieron Tentación del Hombre desnudos. 4

. Isaías XIV, 12-23 . Génesis III, 1

5

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Al rebelasen contra su bienhechor perdieron el derecho a los privilegios que el ser sus amigos les reportaba. Un remordimiento cubrió lo más profundo de su existencia, entonces el asco, la vergüenza y el llanto pasaron a ser parte de la vida del hombre y el demonio con su astucia les infiltró siete desgracias humanas como son la avaricia, la soberbia, la lujuria, la envidia, la gula, la pereza y la ira, que serán parte de la vida de los hombres hasta el día de juicio universal. Se han atrevido a hacer guerra a su Señor, se tendrá que pagar las consecuencias. Y vino Dios al paraíso, y viendo que los criminales se habían escondido por vergüenza ante su desnudez, los hizo comparecer; vieron entonces Adán y Eva a su gran benefactor convertido en Juez y esto los llenó de confusión y terror. Hecho el juicio se dictó sentencia sobre los reos; maldijo a la serpiente que en realidad era el demonio. Adán tanto como Eva, fueron tratados como enemigos de Dios, y Él los alejó de su vista. ¡Los expulsó del paraíso! Pierden todos los dones gratuitos que tenían, dejándoles sólo el uso de los sentidos y de las facultades superiores, aunque muy estragas por su rebeldía. Ya fuera del paraíso tendrán que valerse por sí solos y, además, cada día que pasa será para ellos un acercamiento hacia la muerte corporal como la padecen todos los animales: “solo con el sudor de tu frente tú comerás tu pan hasta que regreses al polvo, porque es de allí que tú has sido tomado, tú eres polvo y al polvo regresaras”6. Expulsión del Paraíso Pero es desde entonces, que el Señor Dios por su infinita misericordia también predice lo que será la redención del hombre y de su creación: “pongo perpetua enemistad entre tú y la mujer; y entre tu linaje y el suyo, éste te aplastará la cabeza y tu le morderás a él el calcañal”7. Ya lejos del paraíso, como si los remordimientos del pecado fueran poco castigo, tienen que enfrentarse a las angustias naturales de su cuerpo: hambre, sed, calor, frío y el miedo que no les abandona. Sus alimentos no son ya los jugosos frutos de sabores deliciosos, sino raíces que extraen de la tierra, comen ahora langostas y grillos que pueden atrapar con sus manos, ya los animales no les obedecen en nada, antes tienen que ocultarse en cavernas o subirse a los árboles para no ser devorados por los que antes eran sus súbditos. Su aspecto corporal no es nada halagador: unos cabellos largos, sucios y mal olientes, un 6

. Ibíd. III, 19 . Ibíd. III, 15

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rostro al igual que el resto de la piel quemada por el sol y enjutada por el hambre, las uñas de manos y pies deformes por sus andanzas a través de los arrabales y llenas de tierra, su aspecto es el de dementes que vagan sin rumbo, y en sus ojos se refleja la más profunda amargura. Ellos que habían sido diseñados por la belleza misma y que en el paraíso no existía criatura alguna comparada con su perfección, ahora estaban convertidos en un guiñapo de miseria, su lozanía había sido cambiada por la repulsión de su aspecto, cuando no de sus llagas purulentas causadas por la enfermedad y por la lucha cotidiana para sobrevivir a tanta adversidad junta. Pero ni la belleza de sus cuerpos, ni las fragancias y colores de los jardines, ni la variedad y exquisitez de sus frutos y nada de lo que dejaron en el paraíso extrañan tanto estos desgraciados seres, como la paz, y la alegría de sentirse amados por Dios. Y todos estos trabajos y penurias que padecen de buena gana los soportarían si pudieran ver y hablar con su buen Creador. Sólo esto sería suficiente para alegrar su pobre alma, su pobre corazón vacíos y sólo llenos de una amarga soledad. Este dolor jamás tendrá otro igual, ni siquiera comparable para el hombre como el dolor que sentirá en adelante la mujer al parir sus hijos: “después a la mujer le dijo: multiplicaré con trabajos a tus preñeces. Parirás con dolor a tus hijos. Y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”8. En medio de tantas desgracias, como Adán por bondad de Dios ha podido conservar el uso de sus facultades superiores, con la Inteligencia reconoce el poder y la bondad de su Señor y planea un modo de entablar diálogo con la Divina Majestad. Un día de lo alto de la montaña sale una columna de humo, que atraviesa las nubes y se eleva en las alturas del cielo. Es que Adán ha reunido a su familia en dicho lugar y ha ofrecido en sacrificio un hermoso ciervo cazado en los alrededores; atado de pies y manos y puesto sobre una piedra con un pedernal o cuchillo de piedra, le han matado y le ha puesto sobre la leña ardiente, y él, con su familia de rodillas y el rostro en tierra, ha invocado al Señor Dios creador de los cielos y de la tierra: ha hecho un acto de Fe y sometimiento a su poder omnipotente, claman con profunda humildad para que este sencillo holocausto sea aceptado en su Divina Presencia como homenaje sincero de criaturas que necesitan tanto de su amistad sin la cual les es mejor la muerte. Y así por primera vez el hombre ofrece sobre la tierra un culto u homenaje a Dios, que se llama Sacrificio de latría o de adoración. Culto único y exclusivo para Dios. Dios ha recibido el holocausto ofrecido, por eso en la caverna donde vive Adán y su familia, se siente ya un poco de paz y los rostros sonríen con más frecuencia, los animales se han hecho más dóciles y los alimentos se han hecho más abundantes. Por el solo hecho de que Dios hubiera recibido el holocausto ofrecido y al ver que todo el ambiente había cambiado en bien para ellos, Adán deduce que es necesario invocar la presencia del Señor Dios, para expresar su agradecimiento. Al igual que la primera vez, se ofrece un Sacrificio a Dios, sólo que esta vez le han agregado algunos frutos y espigas del campo, y se ofrece por todos los dones 8

. Ibíd. III, 16

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recibidos de la Augusta Majestad. Por primera vez en el mundo se ha ofrecido a Dios un Sacrificio eucarístico o de acción de gracias. Aunque la bonanza ha llegado a los desterrados del paraíso, y se ha dejado sentir la paz en dichos corazones, esto no ha sido suficiente para que los propósitos hechos con tanto entusiasmo ante la Divinidad, hayan sido abandonados o tratados con negligencia. Adán sabe que con haberle ofendido en el paraíso ya habría suficiente motivo para clamar perdón por toda la eternidad con la más sinceras lágrimas que corazón humano pueda derramar y con los siete pecados capitales metidos en el hombre desde entonces, no tiene él, más que sentirse reo ante su Dios. Vuelve a salir nuevamente la columna de humo y cruza el cielo azulado. Adán ha ofrecido un nuevo holocausto con los suyos, el motivo es suplicar al Santo, Santo, Santo, misericordia por todos los crímenes cometidos, y así esta desterrada familia, de rodillas y con la frente en tierra, ofrece por primera vez lo que se llama un Sacrificio expiatorio, o de súplica de perdón. Los frutos se han acabado, las aguas unas veces escasean otras lo inundan todo, aniquilando lo que encuentran a su paso. Los animales se hacen más agresivos y las enfermedades y desgracias se ven más cerca unos días que otros, es decir, la naturaleza y los elementos muestran la inconsistencia que él tiene para con su Señor. Adán fue creado para ser feliz y él quiere ser feliz, pero su traición en el paraíso no le deja alcanzar la meta original. Dios es fuente de toda perfección, de todo bien, toda la felicidad viene de Él, lo demás son engaños del maldito demonio. Adán ofrece por cuarta y última vez un holocausto al Señor Dios, este tiene el objetivo de invocar para pedirle todo bienestar que en este mundo se pueda esperar venido de Dios, y así la primera familia de la tierra, ofrece la cuarta y última necesidad de culto que el hombre tendrá que ofrecer para su salvación, hasta el fin de los tiempos a Dios: para implorar bendiciones y prosperidad tanto para el alma como para el cuerpo. Este holocausto se llamará Sacrificio propiciatorio o de pedido de bendición. Adán ha ido reconociendo su situación, la jerarquía que se había roto por astucia del demonio, ha sido poco a poco restablecida. Con el primer holocausto de latría o adoración, Dios es reconocido como principio y fin de todas las cosas visibles e invisibles y como dueño absoluto merece el culto de sus criaturas sobre todo del hombre. Con el segundo holocausto, o sea, el eucarístico o de acción de gracias, se le ha tributado culto de agradecimiento por ser la fuente única de amor y de todo bien. Con el tercer holocausto expiatorio o de súplica de perdón, se le ha clamado misericordia por los pecados, obra única del hombre envilecido por el servilismo a su propio egoísmo y a Satanás. Y con el cuarto holocausto propiciatorio o de pedido de bendición, se le reconoce como única fuente de bendiciones y de riqueza. La Sagrada Escritura nos deja entrever los sacrificios ofrecidos a Dios: “y se la hizo también de los primogénitos de su ganado, de lo mejor de ellos; y agradóse Yahvé de Abel y de su ofrenda”9. 9

. Ibíd. IV, 4

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“Llegados al lugar que le dijo Dios, alzó allí Abraham el altar y dispuso sobre él la leña, ató a su hijo y le puso sobre el altar, encima de la leña”10. “La res será sin defecto, macho, primal, cordero o cabrito. Lo reservaréis hasta el día catorce de este mes y todo Israel lo inmolará entre dos luces”11.

“Salió, pues, Noe, y con él sus Hijos. Salieron también del Arca, según sus especies, todos los Animales, todos los Reptiles y todas las Aves, todo cuanto se mueve sobre la Tierra. Después erigió Noe un Altar a Yahvé, y tomando de todos los Animales puros, y de todas las Aves puras, ofreció Holocausto en el Altar. Al aspirar Yahvé el agradable Olor dijo: “no volveré a maldecir la Tierra por causa del Hombre, porque los Deseos, del Corazón humano son malos desde su Niñez, ni volveré a exterminar a todos los Seres vivientes, como he hecho. Mientras dure la Tierra, no cesarán (de sucederse) Sementera y Siega, Frío y Calor, Verano e Invierno, Día y Noche” Génesis VIII, 18-22

10

. Ibíd. XXII, 9 . Éxodo XII, 5-6 12 . Levítico VIII, 14-15 13 . Génesis XI, 8 11

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“Hizo traer el novillo para hacer el sacrificio por el pecado, y Aarón y también sus hijos pusieron sus manos sobre el novillo del sacrificio por el pecado. Moisés lo degolló, y tomando su sangre, untó con su dedo los cuernos del altar todo entorno, y lo purificó, derramando la sangre al pie del altar, y lo consagró para hacer sobre él el sacrificio expiatorio”12. La raza humana se multiplicó, y después con la construcción de la torre de babel hubo la disgregación de los pueblos y razas: “y les enredó Yahvé la lengua de la tierra toda, y de allí los dispersó por la haz de toda la tierra”13. Poco a poco casi todos los hombres fueron perdiendo, por trabajo del diablo y de los vicios, el conocimiento de que Dios es Uno y Trino y por lo tanto cayeron en la idolatría o adoración de dioses falsos inventados por la mente


humana: Rá en Egipto; Zeus, Marte, Venus, Baco en Grecia; Buda en la India, etc. Mas si todos cayeron en esta postración de tinieblas, es bien cierto, que todos conservaron la noción del sacrificio, y todos los hombres dedicados a los sacrificios son llamados sacerdotes: “después hizo que se acercarán a Aarón, y sus hijos y lo lavó con agua. Vistió a Aarón la túnica, le vistió la sobrevesta y el efod, que le ciñó con el cinturón de efod, atándoselo, y tomando luego el óleo de la unción, ungió el tabernáculo y cuanto en él había, y lo consagró”14. “Porque todo pontífice escogido de entre los hombres es constituido en pro de los hombres, cuanto a las cosas Sacrificio de Abraham que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados, capaz de ser indulgente con los ignorantes y extraviados, dado que también él está cercado de flaqueza: razón por la cual debe, ofrecer sacrificios por los pecados. Y nadie se apropia de este honor sino cuando es llamado por Dios. Como lo fue Aarón”15. De ahí que no haya cultura por más bárbara y atrasada, que no tenga templo, sacerdote y holocausto, llegándose hasta el hecho de ofrecerse víctimas humanas a los falsos dioses, claro está por manipulación del mismo Satanás. El pueblo Judío por bondad de Dios es el único pueblo que conserva el conocimiento que Dios es Uno y Trino. Con el correr del tiempo se dedica un solo lugar para ofrecer las víctimas de los cuatro sacrificios a Nuestro Señor. En Jerusalén, se construye en el reinado de Salomón, Sacrifico de Moisés el templo más grande y rico de 14

. Levítico VIII, 6-12 . Hebreos V, 1-4

15

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todos, allí miles de sacerdotes ofrecen sin cesar miles de víctimas por el pueblo a la Augusta Majestad. Los sacrificios que se ofrecían en el templo de Jerusalén, al correr de los siglos y por la alteración de la Santa Doctrina, se convirtieron en rutinarios y formulistas sin ningún espíritu de humildad ante los ojos de Dios. Dios quiere salvar no sólo al pueblo Judío, sino también a los pueblos paganos o gentiles que errantes en la idolatría se perdían para siempre en el infierno. Por boca de los Profetas denuncia la falsificación de su culto en el templo y les manda anunciar que no quiere más sacrificios de animales, que en un acto incomprensible de amor, va a enviar a su propio Hijo, y quien será como el Cordero perfecto, que ofreciéndose en holocausto salvará a todo el que en Él crea, no habiendo ya distinción de raza, es decir, la salvación no sólo es para judíos, sino también para los gentiles, para todas las naciones: “a mí qué sirve, dice Yahvéh, toda la muchedumbre de vuestros sacrificios. Harto estoy ya de Arca de la Antigua Alianza holocaustos de carneros, del cebo de vuestros bueyes cebados; no quiero sangre de toros, ni de ovejas, no de machos cabríos. ¿Quién os pide esto a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis atrios?”16“Es fuego perenne que ha de arder en el altar sin apagarse...”17. “Porque desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes y en todo lugar, se ofrece a mi nombre un Sacrificio humeante y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre todas las naciones, dice Yahvéh Sebaot”18

Sacerdotes de la Antigua Ley

16

. Isaías I, 11-12. . Levítico VI, 13 18 . Malaquías I, 11; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms 1080-1081, 1093 17

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III. II. El Santo Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo Cumplido todo lo anunciado por los Profetas, nace un Hermoso Niño, en un humilde pesebre, es Jesús, quien tiene por Padre al mismo Dios en la Persona del Espíritu Santo y por Madre a la siempre Inmaculada Virgen María. Él, como un humilde cordero será llevado al matadero del calvario y con su sangre lavará los pecados de todos los Antiguo Templo de “Dijo entonces el Profeta: oíd, hombres de buena Jerusalén pues, casa de David: ¿acaso os voluntad que han es poca cosa molestar a los existido desde el comienzo del mundo y hasta el Hombres, que molestáis día del Juicio Universal. El altar donde será también a mi Dios? Por tanto el inmolado es la Señor mismo os dará una Señal: dura Santa Cruz, he aquí que la Virgen concebirá es así como se y dará a luz un Hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” debe ejecutar la Isaías VII, 13-14; IX, 5 sentencia contra los reos, que desde Adán y hasta el último hombre que nazca sobre la tierra, que han ofendido a Dios. Nuestro Señor Jesucristo no vino a destruir los cuatro holocaustos que se ofrecían en el templo de Jerusalén; y como consecuencia después de la desobediencia de nuestros primeros padres en el paraíso, y que encierran todas las obligaciones que tiene el hombre para con nuestro buen Dios. ...Y esto os servirá de señal: hallareis a un niño recién nacido envuelto en pañales en un pesebre,. Y de repente vino a unirse al Ángel “Y el Ángel les dijo: no una multitud del ejército del cielo que se puso a temáis, he aquí que yo os alabar a Dios diciendo: gloriaa Dios en las anuncio una gran Alegría, alturas y en la tierra paz entre los hombres de que será aquella de todo el la buena voluntad”19. Pueblo. ... 19

. San Lucas II, 10-14

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Jesucristo vino a darle el máximo de valor que puede hallar Dios en los actos de un ser humano: “al día siguiente vio venir a Jesús y dijo: he aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”20. “No penséis que he venido abrogar la Ley o los Profetas; no he venido abrogarla, sino a cumplirla. Porque en verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que falte una jota o una tilde de la Ley hasta que todo se cumpla. Sí, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseñare así a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que practicare y enseñare, este será grande en el Reino de los cielos”21.

“Y tu Belén, Tierra de Judá, tú no eres ciertamente, la Menor entre los Príncipes de Judá, porque de ti saldrá un Jefe que apacentará a mi Pueblo Israel”

San Mateo II, 6

Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo 23

“Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús, quien, existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un Nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”22. Por eso la Sabiduría Eterna antes de ser ofrecido en Sacrificio por los judíos sobre la Cruz, llamó a sus discípulos en la última cena del Jueves Santo y los constituyó, sacerdotes del nuevo holocausto, perdiendo el valor los sacrificios de los animales:

20

. San Juan I, 29 . San Mateo II, 6; ibíd. V, 17-19 22 . Filipenses II, 5-11 23. Cf. San Lucas III, 21-22 21

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“Ese día será para vosotros memorable y lo festejaréis como fiesta en honor de Yahvé; en vuestras sucesivas generaciones, como institución perpetua lo habéis de festejar”24. De ahí que en el momento de su muerte sangrienta el Viernes Santo el velo del templo se rasgara en señal de cesación de sus funciones, es decir, de los sacrificios que se hacían allí: “Jesús, dando una voz fuerte, expiró. Y el velo del templo se partió en dos partes, de arriba a bajo”25. Más tarde el templo que era el orgullo del pueblo Judío, fue destruido, no quedando más que el resto de un muro, llamado hoy en día “Muro de los Lamentos”. La mayoría de los judíos, esclavos del pecado, y por la soberbia, no reconocieron al Señor como Salvador, lo trataron como a un vulgar y miserable impostor.

“Llegada la Tarde, se puso a la Mesa con los Doce Discípulos”

San Lucas XXII, 14

De ahí que estos, sigan esperando el Mesías anunciado por los Profetas, y que muchos Santos dicen, llegarán a reconocerlo en su segundo y último advenimiento. No entendieron la sublime doctrina de Jesús de Nazaret. Trastocando así todos los proyectos de Dios por los hombres sabios de la Cábala o conservadores o guardianes de la doctrina adulterada o mezclada con el paganismo, quienes esperaban del Mesías un hombre dominador embriagado de soberbia y de orgullo. El Apóstol San Juan nos lo dice: “vino los suyos, pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron díoles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que crean en su nombre”26

Camino al Calvario 27

24

. Éxodo XII, 14; cf. San Marcos XIV, 12-25 . Ibíd. XV, 37-38 26 . San Juan I, 11-12 27. Cf. San Lucas XXIII, 33; calvario: cráneo, lugar de la calavera. Según la leyenda judía, es el lugar donde fue enterrado Adán, estaba fuera de la ciudad, sólo más tarde el sitio fue incorporado a la circunvalación. Hoy forma parte de la Iglesia del Santo Sepulcro; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1066, 1085, 1323 25

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III. III. Historia de la Santa Misa hasta el Papa San Pío V La Santa Doctrina se extendió como el Señor lo había mandado por todas las naciones: “id pues, enseñad a todas las gentes”28. Con doce rústicos e ignorantes hombres, el nombre de Jesús, y de su Santa Iglesia, ha llegado hasta toda lengua y nación. Esta multitud de hombres, dispersos, por los cuatro extremos del mundo, aquellos que hemos reconocido en Jesús, al mismo Dios hecho hombre, es lo que se llama la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, Ella es la única Iglesia Santa que conserva las enseñanzas de Dios Nuestro Señor y tiene que conservar el Sacrificio perpetuo y perfecto hasta que Él vuelva, el de la Santa Misa. Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo

Es el mismo holocausto en el que el mismo Dios se ofreció el Viernes Santo, a la hora de nona (3 de la tarde), y que se sigue ofreciendo en todos los altares donde se conserve lo enseñado por Nuestro Señor y los Apóstoles. Éste es el mismo Sacrificio del Calvario aunque se desarrolla ahora de una manera incruenta, es decir, sin derramamiento de sangre29.“Porque desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes y en todo lugar se ofrece a mi nombre un Sacrificio humeante y una oblación pura. Pues grande es mi nombre entre las naciones, dice Yahvé Sabaot”30. De todos es sabido que la Santa Misa antigua no ha llegado a nosotros como la tenemos ahora. Ciertamente conservó lo esencial de las celebraciones hechas por los Apóstoles siguiendo el orden instituido por Cristo, y, además, se vio enriquecida por oraciones nuevas, alabanzas y precisiones hechas en un período de tiempo, a fin de expresar mejor el Misterio eucarístico y para preservarlo de errores y herejías. De este modo, la Santa Misa, se ha elaborado progresivamente alrededor de un núcleo primitivo legado por los Apóstoles, testigos de la institución de Cristo en la Última Cena, como un estuche que encierra una piedra preciosa, así se ha confiado a la Santa Iglesia el tesoro de la Santa Misa, que ella ha meditado, ajustado y adornado como una música. 28

. San Marcos XVI, 15-16; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1066-1068, 1086 . Cf. Calendario Católico Romano. Año 7. Hno. José Manuel Hernández. Bucaramanga. Colombia. 1998 30 . Malaquías I, 11 29

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Lo mejor de este tesoro ha sido conservado como en la construcción de una Catedral. Ella ha explicado con sabiduría lo que sabía íntimamente de este Misterio. Como el grano de mostaza, ha hecho crecer sus ramas, por así decirlo, pero de hecho todo estaba ya contenido en su simiente. Esta lenta y progresiva elaboración o explicación, acabó substancialmente en la época del Papa San Gregorio I31, hacia el siglo VI. Sólo algunos complementos secundarios se le añadieron todavía en el transcurso del tiempo. Este trabajo del cristianismo en los primeros siglos, ha sido una obra “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”32 de Fe para exponer ante la inteligencia de los hombres la institución de la Sagrada Eucaristía hecha por Cristo, como una verdad mejor comprendida. De esta forma, la Santa Misa es la explicación del Misterio eucarístico y su misma celebración33: “tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: „éste es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía‟”34. “Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga”35. “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿No es la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo?”36 Entonces si tenemos ya claro que la Santa Misa es el ofrecimiento del más Perfecto y Santo de los corderos y que ésta Víctima es el mismo Dios, tenemos que saber que con este holocausto estamos, adorando, dando gracias, pidiendo perdón y suplicando bendiciones de una manera infinita... . 31

El Santo Sacrificio de la Misa

. Cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 64. San Gregorio I. Pág. 124; Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 591-593 32. Cf. San Juan XXIII, 46 33 . Cf. Artículo del prestigioso teólogo y canónico francés R. P. René Marie Berthod. Publicado en la revista “Savoir et Servir”. 41. Av. Pasteur. 94250. Gentilly. Francia 34 . San Lucas XXII, 19 35 . I Corintios XI, 26 36 . Ibíd. X, 16

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Todo creyente católico, está obligado a tributar los cuatro cultos que tributó Adán con el sacrificio de corderos y cabritos, pero ya no con dichos animales, sino con el de la Santa Misa, Sacrificio de Dios mismo, que es el único creador y conservador de todas las cosas visibles e invisibles, por eso en justicia y por deber en la virtud de religión (del verbo latino: religare, que significa estar unido) estamos obligados a tributar culto, pleitesía y homenaje a Dios en los días Domingos y Fiestas de precepto bajo pecado mortal: “porque en seis días hizo Yahvé los cielos y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, mas el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día de reposo y los santificó”37. Se sabe que la Revelación terminó con la muerte del último Apóstol. Por lo tanto, a partir de ese momento no puede agregársele ninguna verdad, ningún nuevo dogma. Pero, en realidad, hay dogmas implícitamente contenidos en la Revelación que pueden también ser esclarecidos y definidos en nuestros días: el ejemplo más reciente es la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen María en 1950 por el Papa Pío XII; una vez definidos, los dogmas son infalibles y nadie puede negarlos, ni dudarlos, ni discutirlos, ni siquiera silenciarlos. Es decir: todos los dogmas que definen la Santa Misa, ya estaban en la primera Misa celebrada por Nuestro Señor Jesucristo: en la Última Cena y en el Calvario. Desde los siglos I y II las palabras de Cristo estuvieron rodeadas por una liturgia todavía no establecida, pero casi similar en Oriente y Occidente, como lo atestiguan la Didaché, la Epístola de San Clemente, la de Bernabé, los escritos de San Ignacio de Antioquia, San Justino y San Irineo38. Los ritos se consolidaron bastante rápido, y hacia el siglo V encontramos cuatro tipos de Misa: los ritos de Antioquia y de Alejandría, el rito Romano y el rito Galicano; pero Las Catacumbas fueron usadas como todas las partes de la Santa Misa se Cementerios durante las Persecuciones de los primeros Siglos; los Cristianos hallaban en todos los ritos a partir del 39 sobre la Losa del Sepulcro celebraban la siglo II . ... Santa Misa con motivo del Culto a los Mártires

37

. Éxodo XX. 11 . Cf. Padre Raymond Dulac: “La Bula Quo primum tempore de San. Pío V”. Itinéraires. 1972; ver: La Bula Quo primum tempore. Págs. 316-319; Carta Apostólica Motu propio Data: “Summorum pontificum”. Págs. 614-619 39 . Cf.. La Antigua Oración de la Iglesia. Compendio de liturgia. Dom Fernando Cabrol. Ed. Excelsa. Veracruz. Mexico. 1902 38

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por el oficiante en virtud de su sacerdocio, “in Persona Christi”, es decir, en la Persona de Cristo, que es a la vez el sacerdote y la víctima, tanto en la Santa Misa como en la Cruz. En efecto, la Santa Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, pero incruento. Este Sacrificio tiene cuatro finalidades: es un Sacrificio de alabanza; un Sacrificio eucarístico, es decir, una acción de gracias; un Sacrificio propiciatorio, es decir, para que Dios se nos muestre favorable; y un Sacrificio impetratorio, es decir, dirigido a elevar un pedido. Lo que los protestantes han rechazado, sobre todo, es el carácter propiciatorio, que cuesta mucho trabajo encontrar en la Nueva Misa47. Ese carácter propiciatorio afirmóse solemnemente, bajo pena de anatema, en las dos sesiones del Concilio de Trento 48. La víctima del Santo Sacrificio de la Misa es Nuestro Señor Jesucristo, presente real y sustancialmente, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad bajo las especies de pan y vino. El cambio total de la sustancia del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo se define con claridad y sin equívocos únicamente por la palabra Transubstanciación, como proclamó el Concilio de Trento solemnemente bajo pena de anatema49. Por último, ante la anarquía litúrgica generadora de reformas, el Concilio de Trento decidió: “que el Sacrificio sea realizado según el mismo rito por todos y en todo lugar, para que la Santa Iglesia de Dios no tenga más que un solo lenguaje..., que los misales sean restaurados según el uso y la antigua costumbre de la Santa Iglesia romana”50. La Santa Misa restaurada fue promulgada el 19 de julio de 1570 por San Pío V mediante la Bula “Quo primum tempore”, redactada de manera particularmente solemne51. La Bula expresa con precisión que no se trata de un nuevo rito, sino de un “Misal revisado ya y corregido”, que eruditos, instruidos en escritos de los antiguos, y de otras autoridades que nos legaron monumentos de antiguas liturgias, han restituido “a la pristina norma y rito de los Santos Padres”. ¿Qué decretaba la Bula respecto a las otras Misas existentes en 1570? Exactamente lo contrario a la política seguida por los defensores de la Nueva Misa, San Pío V suprimió los ritos recientes y desviados, que eran consecuencia de herejías o que las generaban, pero en cambio mantuvo todas las Misas que “se hubieran usado ininterrumpidamente durante más de doscientos años”. En la práctica, el Misal revisado suplantó, poco a poco y sin violencias, a la mayoría de esas Misas antiguas que eran muy semejantes a dicho Misal, al punto que la diócesis de París lo adoptó en 1615, casi medio siglo más tarde52. En resumen, la Santa Misa de San Pío V no puede ser abolida por ninguna otra. Agreguemos que cierto número de parroquias, han conservado la Misa tradicional y que, si bien sus párrocos han sido perseguidos con diferentes pretextos, nunca se les ha aplicado ninguna sanción por causa de la Santa Misa53 47

. Cf. Misa de Pablo VI; ver: Lista Cronológica de los Papas. Núm. 260. Beato Pablo VI. Págs. 154-155; Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 560-580 48 . Cf. Concilio de Trento. Sesión XXII. Can III; sesión XXIII. Cap. I 49 . Cf. Ibíd; todos los textos se encuentran en: G. Dumeige. La Foi catholique. Ed. De l’Orante. 1977 50 . Cf. Actas. Edición Goerrensgesselle. Tomo VIII. Pág. 921; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1345-1381 51 . Cf. Padre Raymond Dulac. “La Bula Quo primum tempore de San. Pío V”. Itinéraires. 1972; Correo de Roma. Núm. 10. Dic. 1980 52 . Cf. Padre Raymond Dulac. “La Bula Quo primum tempore de San Pío V”. Itinéraires. 1972; ver: La Bula Quo primum tempore. Págs . 316-319 53 . Cf. Lex Orandi. La Nueva Misa y la Fe. Daniel Raffard de Brienne. Ed. San Pío X. Caracas. Venezuela. 1993

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III. IV. La Bula Quo primum tempore “Pío obispo: siervo de los siervos de Dios para perpetua memoria” 1. Desde el primer instante en que fuimos elevados a la cima del apostolado, aplicamos con gusto nuestro ánimo y nuestras fuerzas y dirigimos todos nuestros pensamientos hacia aquellas cosas que tendieran a conservar puro el culto de la Santa Iglesia y nos esforzamos por organizarlas y, con la ayuda de Dios mismo, por realizarlas con toda la dedicación debida. 2. Y como, entre otras decisiones del Santo Concilio de Trento, nos incumbiera estatuir sobre la edición y reforma de los libros sagrados -el Catecismo, el Misal y el Breviario- después de haber ya, gracias a Dios, editado el Catecismo para instrucción del pueblo y corregido completamente el Breviario para que se rindan a Dios las debidas alabanzas. Nos parecía necesario entonces pensar cuanto antes sobre lo que faltaba en este campo: editar un Misal que correspondiera al Breviario, como es congruente y adecuado (pues resulta de suma conveniencia que en la Santa Iglesia de Dios haya un solo modo de salmodiar, al igual, un solo rito para celebrar la Santa Misa). 3. En consecuencia, hemos estimado que tal carga debía ser confiada a sabios: son ellos, ciertamente, quienes han restaurado tal Misal a la prístina norma y rito de los Santos Padres (Missale Restitum, Recognitum, una restitución a su forma original). Dicha tarea la llevaron a cabo después de coleccionar cuidadosamente todos los textos -los antiguos de nuestra biblioteca vaticana junto con otros buscados por todas partes, corregidos y sin alteracionesy luego de consultar también los escritos de los antiguos y de autores reconocidos que nos dejaron testimonios sobre la venerable institución de los ritos. 4. Revisado ya y corregido el Misal, hemos ordenado tras madura reflexión que fuera impreso cuanto antes en Roma, y, una vez impreso, editado, para que todos recojan el fruto de esta Institución y de la tarea emprendida. Y especialmente para que los sacerdotes sepan qué oraciones deben emplear en adelante y qué ritos o qué ceremonias han de mantener en la celebración de la Santa Misa. 5. Pues bien: a fin de que todos abracen o observen en todas partes lo que les ha sido transmitido por la Sacrosanta Una Iglesia Católica y Apostólica, madre y maestra de las demás, en adelante y por la eternidad de los tiempos futuros prohibimos que se cante o se recite otras fórmulas que aquéllas conforme al Misal editado por Nos, y esto por todas las iglesias Patriarcales, Catedrales, Colegiadas y Parroquiales de las provincias del orbe cristiano, seculares y regulares de cualquier orden o monasterio -tanto de varones como de mujeres e incluso de milicias- y en los templos o capillas sin cargo de almas, donde se acostumbra o se debe celebrar la Santa Misa conventual; en voz alta con coro o en voz baja, según el rito de la Santa Iglesia Católica romana (excluye, por lo tanto, a todas las iglesias orientales y también a las occidentales 213


que siguen un rito diferente al romano). Aun si esas mismas iglesias, por una dispensa cualquiera, hayan estado amparadas en un indulto de la sede apostólica, en una costumbre, en un privilegio (incluso juramentado), en una confirmación apostólica o en cualquier tipo de permiso. Salvo que (sea permiso de más de 200 años) en tales iglesias, a partir precisamente de una institución inicial aprobada por la sede apostólica o a raíz de una costumbre, esta última o la propia institución haya sido observada ininterrumpidamente en la celebración de la Santa Misa por más de 200 años. A esas iglesias, de ninguna manera les suprimimos la celebración instituida o acostumbrada. De todos modos, si les agradara más este Misal que ahora sale a la luz por Nuestro cuidado, les permitimos que puedan celebrar la Santa Misa según el mismo, sin que obste ningún impedimento, si lo consintiera el Obispo, el prelado o la totalidad del capitulo. 6. En cambio al quitar a todas las demás iglesias enumeradas anteriormente, el uso de sus misales propios, al desecharlos total y radicalmente, y al decretar que jamás se agregue, suprima o cambie nada a este Misal Nuestro recién editado, lo estatuimos y ordenamos mediante Nuestra Constitución presente, valedera a perpetuidad, y bajo pena de Nuestra indignación. Así en conjunto e individualmente a todos los Patriarcas de tales iglesias, a sus administradores y a las demás personas que se destacan por alguna dignidad eclesiástica -aun cuando sean cardenales de la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica o estén revestidos de cualquier grado o preeminencia- les mandamos y preceptuamos estrictamente, en virtud de la Santa Obediencia: -que canten y lean la Santa Misa según el rito, el modo y la norma que ahora transmitimos mediante este Misal-, abandonando por entero en adelante y desechado de plano todos los demás procedimientos y ritos observados hasta hoy por costumbre y con origen en otros misales de diversa antigüedad; -y que no se atrevan a agregar o recitar en la celebración de la Santa Misa ceremonias distintas a las contenidas en el Misal presente-. 7. Además, por autoridad apostólica y a tenor de la presente bula, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, de que en el futuro sigan por completo este Misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todos los templos sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie. 8. Del mismo modo, estatuimos y declaramos: que no han de estar obligados a celebrar la Santa Misa en forma distinta a la establecida por Nos ni Prelados, ni Administradores, ni Capellanes ni los demás Sacerdotes Seculares de cualquier denominación o Regulares de cualquier Orden, que no pueden ser forzados ni compelidos por nadie a reemplazar este Misal, y que la presente carta jamás puede ser revocada en ningún tiempo, sino que se yergue siempre firme y valida en su vigor. No obstante los estatutos o costumbres contrarias presentes de cualquier clase que fuesen: constituciones y ordenanzas apostólicas, constituciones y ordenanzas generales o especiales emanadas de concilios provinciales y sinodales, ni tampoco el uso de las iglesias enumeradas antes, cuando, a pesar de estar fortalecida por una prescripción muy antigua e inmemorial, que no supere los doscientos años. 214


9. En cambio, es voluntad nuestra y decretamos por idéntica autoridad que, luego de editarse esta Constitución y el Misal, los sacerdotes presentes en la Curia romana están obligados a cantar o recitar la anta Misa según el mismo al cabo de un mes. Por su parte los que viven de este lado de los Alpes, al cabo de tres meses, y los que habitan más allá de esos montes, al cabo de seis meses o desde que lo hallen a la venta. 10. Y para que en todos los lugares de la tierra se conserve sin corrupción y purificado de defectos y errores, también por autoridad apostólica y a tenor de la presente, prohibimos que se tenga la audacia o el atrevimiento de imprimir, ofrecer o recibir en ninguna forma este Misal sin Nuestra licencia o la licencia especial de un Comisario Apostólico que Nos constituiremos al efecto en cada región: él deberá previamente, dar plena Fe a cada impresor de que el ejemplar del Misal que servirá como modelo para los otros ha sido cotejado con el impreso en Roma según la edición original, y concuerda con éste y no discrepa absolutamente en nada. Nuestra prohibición (se dirige) a todos los impresores que habitan en el dominio sometido directa o indirectamente a Nos y a la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica, bajo pena de confiscación de los libros y de una multa de doscientos ducados de oro pagaderos ipso facto a la Cámara apostólica; y a los demás establecidos en cualquier parte del Orbe, bajo pena de excomunión latae sententiae (automática) y de otros castigos a juicio Nuestro. 11. Por cierto, como sería difícil transmitir la presente Carta a todos los lugares del Orbe cristiano y ponerla desde un principio en conocimiento de todos, damos precepto: de que sean publicadas y fijadas, según la costumbre, en las puertas de la Basílica del Príncipe de los Apóstoles y de la Cancillería apostólica y en el extremo del Campo de Flora; y de que a los ejemplares de esta Carta que se muestren o exhiban -incluso a los impresos, suscritos de propia mano por algún tabelión público y asegurados, además, con el sello de una persona constituida en dignidad eclesiástica- se les otorgue en toda nación y lugar la misma Fe perfectamente indubitable que se otorgaría a la presente bula. 12. Así pues, que absolutamente a ninguno de los hombres le sea lícito quebrantar ni ir, por temeraria audacia, contra esta página de Nuestro permiso, estatuto, orden, mandato, precepto, concesión, indulto, declaración, voluntad, decreto y prohibición. Mas si alguien se atreviere a atacar esto, sabrá que ha incurrido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo. Dado en Roma, en San Pedro en el año mil quinientos setenta de la Encarnación del Señor, la víspera de los Idus de julio, en el quinto año del pontificado de Pío V54. La Bula “Quo primum tempore”, no fue abrogada. Todo sacerdote tiene el derecho de rezar la Santa Misa conforme al Misal romano restituido en esta bula.

54

. Cf. Ver: Bibliografía. Sitios de Referencia. Constitución Apostólica Bula Quo primum tempore del Papa San Pío V. Pág. 639; Homilía de Su Eminencia Cardenal Darío Castrillón Hoyos. Págs. 604-610; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núm. 1203

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Como todo sacerdote es ordenado como menciona el Apóstol San Pablo: “todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido en bien de los hombres, en lo concerniente a Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los pecadores”55. Es decir, que debe conferir los sacramentos y celebrar el Santo Sacrifico de la Misa; por esto se sigue necesariamente que todo sacerdote tiene el deber (no sólo el derecho) de rezar la Santa Misa conforme al Misal romano restituido por el Papa San Pío V mediante la bula “Quo primum tempore”. Y siendo esto así, todo feligrés “tiene el derecho de exigir a sus sacerdotes que recen la Santa Misa de dicho “Este es el Cáliz de mi Sangre” modo”. San Lucas XXII, 20 En la época de los “derechos inalienables de la persona humana” y en los tiempos en que el Concilio Vaticano II ha proclamado que “la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa”; y que “esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar inmunes a la coacción...”, y ello de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme con ella en privado o en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos, “es ridículo y contradictorio oponerse a los derechos de todo sacerdote y feligrés respecto a la Santa Misa rezada conforme al Misal romano restaurado por la bula “Quo primum tempore de San Pío V”. Cuando todo está permitido en materia litúrgica y cuando la arbitrariedad más absoluta reina en el Santuario de Dios, es absurdo que lo único prohibido sea la Santa Misa católica. De la intransigencia de los transigentes ¡líbranos Señor! ¡Exigimos que tan grande abominación y desolación del templo sea reparada! De no ser así, que Dios Todopoderoso, los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, los Santos Pontífices, los Santos Mártires y todos los Santos y Santas de Dios en especial la Santísima Virgen María, ¡se indignen contra sus autores!56 “El cardenal Newman decía que la Santa Iglesia, dentro de toda su historia, no había jamás abolido o prohibido las formas litúrgicas ortodoxas... . La autoridad de la Santa Iglesia puede definir o limitar el uso de los ritos dentro de situaciones históricas diversas; pero nunca ella puede prohibirlas, puramente y simplemente”57 55

. Hebreos V, 1 . Cf. Lex Orandi. La Nueva Misa y la Fe. Daniel Raffard de Brienne. Ed: San Pío X. Caracas. Venezuela. 1993 57 . Cf. Cardenal Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Décimo aniversario del Motu Proprio Ecclesia Dei. Roma. 24 de octubre de 1998; ver: Carta Apostólica Motu 56

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III. V. Teología de la Santa Misa El cristianismo se presenta ante todo como una verdad revelada de origen sobrenatural. Es ante todo la Revelación de Dios al hombre (y, por tanto, una enseñanza que va dirigida primeramente a la razón y a la inteligencia) que nos instruye sobre el verdadero sentido del mundo presente y del otro mundo, al cual seremos conducidos por la muerte. Nos instruye sobre las realidades que exceden al hombre: sobre la bondad del Creador, y al mismo tiempo sobre él, por qué, de la presencia en este mundo del mal, del sufrimiento y de la muerte, y también sobre nuestro destino sobrenatural. Nos revela que hemos sido hechos para el cielo: para el Cielo de Dios. Pero el cristianismo no El Santo Sacrificio de la Misa se ofrece por los Vivos es sólo una enseñanza, sino también un compromiso de y por los Difuntos rectitud de vida o de moral, una moral de perfección. Y es, además, una Iglesia Santa en posesión de un tesoro de bienes espirituales. Esta Santa Iglesia atesora los manantiales mismos de la gracia sobrenatural: los siete sacramentos. Y todas estas fuentes de gracia fluyen del Calvario, donde Cristo redentor ofreció su Sacrificio. El Sacrificio del Calvario es la fuente única desde donde se derrama sobre el mundo toda vida sobrenatural: la gracia que santifica y nos hace hijos de Dios. El Sacrificio del Calvario es el verdadero centro de la Historia: todo bien superior nos viene del Calvario. El Sacrificio es el acto supremo de la virtud de religión, y la virtud de religión consiste en dar a Dios lo que en justifica le debemos: consiste en reconocer la grandeza excelente de Dios y la sumisión del hombre. Nos sitúa en la verdad con relación a Dios: Dios es creador, todo cuanto tenemos se lo debemos a Dios, y Dios es nuestro Soberano Dueño. La virtud de religión nos hace reconocer estas realidades primeras mediante actos interiores (como la oración mental o la devoción) o mediante actos exteriores (como la oración vocal proprio “Ecclesia Dei ” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 57-589; La Santa Misa tradicional. Págs. 333345

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o la adoración, o incluso la ofrenda de bienes propios sacrificados para gloria de Dios). El Sacrificio es la expresión privilegiada de la virtud de religión. Como nos dice Santo Tomás, etimológicamente consiste en sacrum facere [hacer sagrado], es decir, en reservar para Dios. Desde el origen de la humanidad hemos visto al hombre ofrecer a Dios sacrificios y expresar así su religión: Abel ofrece los recién nacidos de su rebaño, y Caín los productos de la tierra. En tanto se expresa en una inmolación, el Sacrificio manifiesta la conciencia de pecado en el hombre, quien se reconoce pecador ante la Soberanía Divina. La inmolación (por víctima interpuesta) significa la muerte, salario propio del pecado del hombre. Sobre el Calvario se realizó, en toda su plenitud, el Sacrificio para gloria de Dios, con una víctima (la única digna de Dios: su propio Hijo) y un oferente (que no son los soldados romanos ni los sacerdotes judíos, sino Cristo mismo). A la vez Sacerdote y Víctima. Él se ofrece a su Padre y muere por propia voluntad, tras haber derramado toda su sangre en una inmolación libremente consentida. Este Sacrificio es único y basta para devolver a Dios todo el honor y toda la gloria, y para merecer para los hombres toda la gracia. En el Antiguo Testamento se multiplicaron las ofrendas de animales. Pero todos esos sacrificios no hacían más que anunciar el Sacrifico del Calvario y la esperanza del Redentor, y obtenían todo su valor del Sacrifico único del redentor prometido. Eran la imagen anticipada de la Pasión del Salvador. Por eso todo converge hacia la Santa Cruz, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. No hay gracia de salvación sino por la Cruz de Cristo y su Sacrificio redentor. Como manifiesta el Evangelio, mediante la institución de la Eucaristía Dios quiso que este Sacrificio (fuente única de todo bien superior) se hiciese presente a todas las generaciones de hombres que se sucederán siglo tras siglo hasta el fin del mundo. Así lo había profetizado Malaquías, último profeta del Antiguo Testamento: que el Sacrificio eucarístico se renovaría cada día 58. El Concilio de Trento definió como doctrina de Fe definida el Sacrificio de la Cruz, es ese mismo Sacrificio hecho presente: la víctima es la misma y el sacerdote oferente es también el mismo: sólo difiere la manera de ofrecer59. La víctima es siempre Cristo, bajo las especies del pan y del vino. El sacerdote consagrante es también Cristo, que perpetúa la ofrenda voluntaria de su Sacrificio (los sacerdotes del Nuevo Testamento no son sucesores ni sustitutos de Cristo, sino sólo sus ministros o instrumentos). Conviene precisar que la Santa Misa y el Sacrificio de la Santa Misa no son una sola y misma cosa: el Sacrificio se realiza en la Santa Misa. La Santa Iglesia instituyó los ritos de la Santa Misa para exaltar el Sacrificio del Señor y aclarar su misterio, y disponer así los espíritus a los sentimientos de adoración y de devoción. El Sacrificio de la Santa Misa se realiza esencialmente en la doble Consagración. En este rito, prescrito por el Señor, se renueva sacramentalmente el Sacrificio del Calvario. Sólo allí el sacerdote obra in Persona Christi (en la Persona de Cristo), en Su nombre y en Su lugar. Ni el Ofertorio ni la Comunión pertenecen a la esencia del Sacrificio, aunque pertenezcan a la integridad de la Santa Misa. Lo que precede y lo que sigue a la doble Consagración explican simplemente con claridad la riqueza del misterio, realizado por completo en la

58

. Cf. Malaquías I, 11 . Cf. El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). Núm. 1743 59

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evocación de las palabras mismas del Señor. Todo el Sacrificio se cumple en la doble Consagración: pero como el lenguaje humano no puede decirlo todo a la vez, desde el Ofertorio las distintas oraciones van sucesivamente enunciando todo cuanto Cristo realiza en su renovado Sacrificio. Así, el Ofertorio de la Santa Misa antigua y tradicional expresa la ofrenda, no del pan ni del vino, sino de Cristo mismo en la perspectiva de la Consagración futura: la hostia inmaculada [immaculatam hostiam] y el cáliz de salvación [calicem salutaris]. Y este Ofertorio de la víctima misma del sacrifico (Cristo) expresa sin equívoco posible la intención del sacerdote de ofrecer a Dios el Sacrificio mismo del Calvario. Por esta razón el Ofertorio de la Santa Misa antigua fue objeto de las injurias y blasfemias de Lutero, quien llegó a negar la realidad del Sacrificio eucarístico, inconciliable con sus teorías sobre la justificación por la sola Fe sin las obras. La Nueva Misa ecuménica creyó poder apaciguar a las Iglesias de la Reforma ofreciendo en el Ofertorio, no la víctima del sacrifico, sino tan sólo el pan y el vino “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, lo cual constituye una ofrenda muy pobre y una traición a la Fe católica y hace que la Santa Misa resulte equívoca, pues ¿quién necesita de la Santa Misa para ofrecer a Dios pan y vino?60 El Concilio de Trento nos enseña que en la Santa Misa y en el Calvario se ofrece una misma Víctima, Cristo, y que es uno mismo el Sacerdote que la ofrece, también Cristo, que se ofrece a Sí mismo para redimir a los hombres. Sólo la manera de ofrecer es distinta: en el Calvario la inmolación es cruenta, mientras que en la Santa Misa la inmolación se reproduce sacramentalmente (es decir, mediante un signo sacramental), y en ese sentido el cuerpo y la sangre de Cristo se consagran por separado. La separación sacramental significa la separación real. Y es así como se representa la muerte o inmolación de Cristo. Indudablemente Cristo no puede ya morir: Él sólo murió una vez, y por eso su muerte en la Santa Misa, está sólo representada. La Santa Misa es la renovación del Sacrifico de la Cruz, y cuantas veces asistimos al Sacrificio de la Santa Misa subimos espiritualmente al Calvario, donde nos volvemos a encontrar junto a la Madre de los Dolores y San Juan Evangelista

III. VI. Fines, efectos y frutos de la Santa Misa Por su Sacrificio y su muerte libremente consentida, Cristo Salvador ofreció a Dios una satisfacción sobreabundante por los pecados de los hombres, y su reparación fue conforme a todas las exigencias de la justicia divina. Este efecto se llama satisfactorio. Habiendo satisfecho a la justicia divina, Cristo reconcilió al mundo de los hombres con Dios; Santo Tomás de Aquino precisa que “ése es el efecto propio del Sacrificio: el de aplacar a Dios”. Este efecto se llama propiciatorio. En el mismo Sacrificio, Cristo mereció incluso para el hombre la gracia santificante que le da derecho al cielo y le merece también todos los favores divinos para las necesidades terrenas. Este efecto se llama impetratorio. Por último, la Pasión de Cristo (en cuanto acto religioso por excelencia) rinde a Dios un homenaje perfecto de adoración, alabanza y acción 60

. Cf. Ver: Breve Examen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 560-580; Carta Apostólica “Ecclesiae unitatem” de Su Santidad Benedicto XVI. Págs. 625-627

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de gracias. Este efecto se llama eucarístico. Así se realiza el misterio de nuestra redención. Todo bien superior nos viene de la Cruz del Salvador. Ahora bien, si Cristo obró la redención del mundo en un acto único y sólo murió una vez, se plantea una cuestión fundamental: ¿para qué sirve entonces la Santa Misa, si todo se cumplió sobre el Calvario? Veámoslo: Por su muerte Cristo mereció la salvación para todos los hombres. Ésta es la doctrina de la Santa Iglesia. La Santa Iglesia condenó el error de Quesnel, según la cual el Salvador murió sólo por los elegidos 61, y también el error de los jansenistas para quienes el Salvador sólo habría muerto por los creyentes, y no por todos los hombres62. El Salvador murió por todos, pero esto no implica la salvación de todos los hombres, pues el mismo Cristo nos dice que muchos irán al fuego eterno63. La Pasión de Cristo es causa universal de salvación, y una causa universal debe ser aplicada a los casos individuales. Pues bien, los méritos de la Pasión de Cristo se nos aplican precisamente mediante la renovación del Sacrifico de la Santa Misa. Dos ejemplos aclararán esta doctrina. Un manantial puede tener abundancia suficiente como para satisfacer las necesidades de toda una ciudad y en él pueden apagar la sed todos sus habitantes, pero, aún así, será necesario abrir el manantial y llevar el agua al alcance de cada uno; si no, a pesar de existir el manantial se podrá padecer sed y hasta morir de ella. Un padre de familia puede haber acumulado para su familia un tesoro de bienes inestimables, adquirido y reunido con el fin de cubrir todas las necesidades de la vida; sin embargo, será preciso que sus hijos se tomen la molestia de coger los bienes del tesoro para disfrutar efectivamente de él. Del mismo modo, mediante su Pasión, Cristo Salvador, nos abrió la fuente de todo bien espiritual y acumuló el tesoro de esos bienes. No obstante, eso no basta para que tengamos parte efectiva en dicha fuente o en dicho tesoro: será imprescindible la aplicación a cada uno de nosotros de sus frutos. Esa será precisamente la obra del Sacrificio de la Santa Misa renovado en nuestros altares. Tal es la misión de la Santa Misa, esencial para la salvación del mundo. La Pasión de Cristo nos lo merece todo de una vez para siempre, y nosotros nada podemos añadirle; pero la Santa Misa es necesaria para que los frutos de la Pasión lleguen hasta nosotros. En esto reside toda la grandeza de la Santa Misa y su papel irremplazable. Nosotros no estábamos en el Calvario donde se obró nuestra propia redención, pero, sin embargo, Dios, en su sabiduría y omnipotencia, quiso hacernos presente durante nuestro caminar terreno, en su Sacrificio, que nos vale la salvación. El Sacrificio de la Santa Misa es para nosotros, personalmente, la renovación del Sacrificio de la Cruz. Comporta sus mismos efectos o frutos (satisfactorio, propiciatorio, impetratorio y eucarístico), y todos ellos en la medida divina (es decir, infinita) de Quien ofrece el Sacrificio: la Persona misma del Hijo de Dios. La Santa Misa pone a nuestro alcance el tesoro infinito de los méritos de la Pasión de Cristo y de su Sacrificio en la Cruz. El admirable Canon de la Santa Misa antigua (latina y romana) lo expresa con sorprendente síntesis en la oración. Hanc igitur previa a la Consagración: “te suplicamos, pues, Señor, te 61

. Cf. El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 2430 62 . Cf. Ibíd. 2505 63 . Cf. San Mateo XXV, 41

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dignes aceptar aplacado esta oblación de tus siervos (...). Dispón en tu paz los días de nuestra vida, y manda que seamos preservados de la eterna condenación y contados en la grey de tus elegidos”. La acción de gracias, la alabanza y la adoración se reflejan de modo particular en el Prefacio y en el Sanctus. La Santa Misa expresa todo lo que nos mereció Cristo por su Pasión y su Muerte en la Santa Cruz. El Concilio de Trento nos enseña que el Sacrificio de la Santa Misa se ofrece por los vivos y por los muertos en Cristo “no purificados aún del todo”. No se ofrece por los Santos del cielo, plenamente salvados ya, ni por los condenados del infierno, excluidos para siempre de la redención, sino por todos los difuntos muertos en estado de gracia y retenidos en el Purgatorio hasta su completa purificación; por tanto, no sólo por los católicos, sino por todo el Purgatorio. Los frutos del Sacrificio de la Santa Misa se reparten según ciertas participaciones. Además de la intención ministerial del sacerdote celebrante, el Canon de la Santa Misa romana tradicional precisa que el Divino Sacrificio se ofrece: por ciertas personas en particular, como los asistentes, los comulgantes y los recordados en los dos “memento”; y por el celebrante mismo, en la oración nobis quoque peccatoribus. En consecuencia, son cuatro las participaciones particulares en los frutos del Sacrificio de la Santa Misa: la participación ministerial correspondiente a los beneficiarios de la intención ministerial del sacerdote celebrante, a favor de quien ha pedido la Santa Misa u ofrecido el estipendio; la participación común a favor de la Iglesia entera, en cuanto comunidad de los fieles en la Fe; la participación especial a favor de los asistentes a la Santa Misa, de quienes comulgan, y de los recordados; y la participación sacerdotal que recae sobre el sacerdote celebrante. Cada una de estas participaciones incluye los cuatro frutos o efectos resultantes del Sacrificio de Cristo al ofrecer su vida en la Cruz por la salvación del mundo, y esto sin limitación alguna por parte de Cristo o de la Santa Iglesia. La limitación de la gracia impartida proviene sólo de nosotros mismos y de nuestra disposición: recibimos tanto como estamos dispuestos a recibir, y en la medida misma de nuestra disponibilidad. Así pues, la Santa Misa no es en modo alguno un suplemento al Sacrificio de Cristo realizado en la Cruz: es la aplicación de éste a quien desea y cuanto desea tener parte en los frutos de la redención64. La muerte de Nuestro Señor Jesucristo sobre la Cruz, en el Calvario, ése es el gran tesoro. El Santo Sacrificio de la Santa Misa es la llave que nos abre este tesoro y nosotros podemos sacar de él a manos llenas. Cada vez que asistimos con fervor a la Santa Misa, obtenemos los mismos favores que si hubiéramos estado presentes en la muerte de Jesús en el Calvario hace ya más de veinte siglos. Después de la Consagración, Jesús está tan realmente presente sobre el altar como lo estaba en el establo de Belén, en su nacimiento de la Noche de Navidad: Sobre el altar se ofrece a su Padre por la salvación del mundo, como lo hizo en el Pesebre y en la Santa Cruz.. Nuestro Señor reveló a Santa Matilde que en la Santa Misa nosotros podemos ofrecer a Jesús a su Padre como un tesoro que nos pertenece y que nosotros seremos generosamente recompensado por ello. 64

. Cf. Teología de la Santa Misa. René Marie Berthod. Ed. Si Si No No. Núm. 83. Madrid. España. 1997

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En el momento en que el Sacerdote levantaba la Santa Hostia, Santa Coleta vio a Nuestro Señor sobre la Cruz, cubierto de sangre y de llagas y rogando por los pecadores. San Lorenzo dice que centenares de pecadores se salvan por las oraciones que Jesús hace por ellos en la Santa Misa. Por una sola Misa oída devotamente, nosotros procuramos a Dios más gloria y acumulamos más méritos, que con todas las otras oraciones y buenas obras. Por una sola Misa, espiamos más pecados que por las más austeras penitencias. Por la Santa Misa testimoniamos a la Santísima Trinidad todo el reconocimiento que le debemos. Las Misas que nosotros oímos devotamente durante nuestra vida sobre la tierra, nos son más útiles que aquéllas que serán ofrecidas por nosotros después de nuestra muerte. Cuando asistimos a la Santa Misa para honrar a un santo hacemos aquello que más agrada a Dios; entonces, Él toma todas nuestras intenciones como suyas. Al asistir devotamente al Santo Sacrificio de la Misa: 1. Se preserva uno mismo de muchas desgracias y también aquellos por los cuales se ruega. 2. Obtenemos bendiciones para nuestros asuntos temporales y espirituales. 3. Tenemos el perdón de las faltas veniales para las cuales no estamos resueltos a corregirnos. 4. Se obtienen la fuerza para vencer las tentaciones. 5. Se obtiene la conversión de los pecadores y la curación de los enfermos. 6. Se obtiene la libertad de las almas del purgatorio. 7. Se obtiene la gracia de tener una buena muerte. 8. Se obtiene sufrir menos en el purgatorio. 9. Se obtiene un aumento de gloria y de bienaventuranza durante toda El Santo Sacrificio de la Misa la eternidad en el cielo. Al salir de la vida, cuando el Soberano Juez nos pida cuentas de todas las acciones de nuestra vida, y ponga en la balanza nuestros méritos y nuestros pecados, las Misas ofrecidas y oídas devotamente serán de un gran peso para nuestra salvación, sobre todo si hemos tomado parte en el Santo Sacrificio con comuniones fervorosas 222


III. VII. El altar, vasos sagrados, ornamentos y partes de la Santa Misa III. VII. 1. El altar La Mesa de la institución de la Santa Eucaristía y el Monte Calvario. Los manteles recuerdan los de la mesa del Cenáculo y la mortaja en que fue envuelto el Salvador para ser sepultado. Las velas y las flores nos recuerdan que de los bienes que tenemos debemos dar algo al Señor. Las imágenes y los cuadros representan al Señor, a la Santísima Virgen María, a los Santos Ángeles y a los Santos del cielo. Por eso les damos piadoso culto. Cuando besamos el retrato de nuestra madre, queremos besarla propiamente a ella quien está representada en esa fotografía. Y si El Altar también veneramos nuestra bandera nacional, lo hacemos porque ella, aunque no es la patria, la simboliza. El ara está en el centro del altar, consagrada y con reliquias de los mártires, simboliza la Santa Cruz que fue clavada en medio del Gólgota. El Sagrario nos recuerda el Santo Sepulcro en que fue guardado el cuerpo del Señor y es el Palacio de Jesús Sacramentado. El Misal es el libro de las ceremonias litúrgicas

III. VII. 2. Vasos sagrados El cáliz: es de oro o plata; generalmente de plata. Al menos, el interior de la copa debe ser dorado. El purificador: se usa para limpiar y secar el cáliz, los dedos, y la boca del sacerdote, después de la comunión. Es un lienzo de lino, que al doblarse, queda de catorce por tres pulgadas cuadradas. La patena: (con la hostia) colocada sobre el cáliz, es un plato pequeño, fabricado del mismo metal que el cáliz. El cáliz con la pália que cubre la hostia: la palia, o cubierta, es una doble pieza de lino, en forma de un cuadrado de 5 a 7 pulgadas cuadradas. Para darle resistencia, se le inserta entre las dos telas un cartón. Se coloca sobre el cáliz para evitar que el polvo o cualquier otra cosa pueda caer en él. El corporal: el corporal es una pieza sencilla de lino, que generalmente mide unas 15 pulgadas cuadradas. Se asemeja mucho a una servilleta. El cáliz y 223


las hostias se colocan sobre el corporal. El nombre de éste viene del latín corpus que significa cuerpo, y se le da ese nombre porque el cuerpo de Cristo reposa sobre él. La bolsa: la bolsa es una especie de cartera. En ella se guarda el corporal cuando se lleva o se trae del altar. El cáliz cubierto con el velo: el velo del cáliz es una tela con que se cubre el cáliz hasta el Ofertorio y nuevamente, después de la comunión. Es hecho de la misma tela que los ornamentos

III. VII. 3. Ornamentos El amito Confección y uso actual: es una pieza de lino del tamaño de un pañuelo. Historia de su uso primitivo: un capuchón o abrigo para cubrir la cabeza al salir a la intemperie, y que se bajaba sobre los hombros al volver al interior. Relación con Cristo: recuerda el lienzo con que fue vendado cuando los soldados se mofaban de Él. Su significado: Se pone en contacto con la cabeza, para que nos libre de pensamientos inútiles y malévolos durante la Santa Misa; se mete alrededor del cuello para restringir el uso de la lengua antes y después de la Santa Misa. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “coloca, oh Señor, el casco de salvación sobre mi cabeza, para que pueda yo resistir los ataques del enemigo”. El alba Confección y uso actual: es una túnica talar muy amplia de lino blanco que cubre todo el cuerpo. Historia de su uso primitivo: alba es la palabra latina que significa blanco. Era un vestido exterior común en los climas calurosos, Y aún de actualidad en el Oriente. O también, una túnica blanca de mangas largas que usaban en la antigua Roma los que tenían alguna dignidad o autoridad. Relación con Cristo: Herodes puso a Jesús la túnica de los locos, y así lo hizo el hazmerreír de su corte impía. Su significado: simboliza nuestras tinieblas convertidas en luz por Jesús. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “hazme limpio, oh Señor, y purifica mi corazón; para que, purificado en la Sangre del Cordero, merezca gozar del premio eterno”. El cingulo o cordón Confección y uso actual: un cordón grueso de seda, lino, o algodón, con borla en las puntas. Historia de su uso primitivo: lo usaban para sujetar el alba larga y amplia, de manera que no impidiera el paso y el trabajo. Relación con Cristo: simboliza la cuerda con que Jesús fue atado al pilar durante la flagelación. Su significado: nos enseña la manera como hemos de ceñirnos para servir al Señor, el control de nuestras pasiones, y la pureza y fortaleza espiritual que debemos tener para luchar contra el mal. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “cíñeme, Señor, con el cíngulo de la pureza, y extingue en mi corazón el fuego del vicio de la concupiscencia, para que la virtud de continencia y castidad habite siempre en mi corazón, y te pueda servir mejor”. El manipulo Confección y uso actual: es una faja de la misma tela y color de la estola y de la casulla que se usa en el brazo izquierdo. Tiene unas 4 pulgadas de ancho por 30 de largo. Historia de su uso primitivo: se acostumbraba en los climas 224


calurosos llevar tal faja de tela en el brazo para limpiarse el polvo y el sudor; sus pliegues eran también usados como un bolsillo. Relación con Cristo: recuerda las esposas con que fueron atadas las manos de Jesús, y así mismo, el lazo con el cual fue conducido a la muerte. Su significado: manipulo viene de dos voces latinas “manus plena” que significa: “la mano está llena”. Por lo tanto, simboliza la mano llena de trabajo paciente y laborioso, moneda preciosa con que hemos de comprar el premio de nuestra salvación. Sugiere la purificación que hemos de hacer en nuestra mente y corazón de la pereza y del temor del trabajo. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “que yo merezca, Señor, llevar este manipulo, sudor y penitencia, para que un día pueda gozar del premio de mis labores” La estola Confección y uso actual: es una tira de tela de 3 a 4 pulgadas de ancho, y de 7 a 8 de largo; de la misma tela y color que la casulla; se usa alrededor del cuello, sobre los hombros, y cruzada sobre el pecho, y asegurada con las puntas del cíngulo. Historia de su uso primitivo: al principio, era una bufanda; más tarde, una condecoración de honor para los merecedores de alguna dignidad, o una señal distintiva del deber para aquellos que ejercían alguna autoridad. Relación con Cristo: nos recuerda la Cruz de Cristo cargada sobre sus hombros. Su significado: al cubrir el cuello, los hombros, y el pecho, naturalmente, nos recuerda la dignidad del trabajo cotidiano, hecho con alegría y con celo, por la causa de Cristo, a la vez que con el pensamiento en el eterno estado de felicidad en el cielo. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “restaura en mí Señor, la estola de la inmortalidad que perdí por el pecado de mis primeros padres, y aunque indigno de acercarme a tus sagrados misterios, alcance yo, sin embargo, la felicidad eterna”. La casulla Confección y uso actual: es la vestidura externa que cubre casi todos los demás ornamentos, y que lleva en la espalda una gran cruz. Historia de su uso primitivo: era una gran capa que protegía todo el cuerpo al salir a la intemperie. Su nombre viene del latín “casula” que significa casa pequeña. Relación con Cristo: recuerda la túnica inconsútil de Nuestro Señor, que según la Tradición, le fue tejida por su Madre Santísima. En el Calvario, los soldados, no queriendo dividirla en pedazos, la jugaron a los dados. Su significado: simboliza el yugo del servicio de Cristo, y así mismo de sus Mandamientos, cuyo cumplimiento nos es fácil por su amor. Oración que dice el sacerdote mientras se le reviste: “oh Dios, que has dicho: „mi yugo es suave, mi carga ligera‟ concédeme el llevar este yugo en tal forma que merezca tu gracia”. Color de los ornamentos Blanco: es símbolo de luz, de alegría, y de pureza; se usa en las fiestas de Jesús, con excepción de las de su Pasión; en las de Nuestra Señora, y en las fiestas de los Santos no mártires y de las vírgenes. Verde: es símbolo de esperanza; se usa en los domingos después de la Epifanía hasta la Septuagésima, y en las domínicas después de Pentecostés hasta el Adviento. Rojo: es símbolo de sangre, y de fuego; se usa en las Misas del Espíritu Santo, y en las de los mártires. Morado: es símbolo de penitencia, y por lo tanto, el tiempo para usarlo es el de Adviento y Cuaresma. Rosado: significa alegría en las épocas de penitencia, Y Por eso, es el color de los ornamentos en la domínica tercera de 225


Adviento, y en la cuarta de Cuaresma. Negro: es símbolo de luto, y lo usa la Santa Iglesia el Viernes Santo, y en las Misas de difuntos70

III. VII. 4. Partes de la Santa Misa Preparación: orando y arrepintiéndose cada uno de los pecados se recuerda, que un día Nuestro Señor Jesucristo sudando gotas de sangre clama a su Padre tan grande Sacrificio expiatorio que va hacer por la humanidad, se recuerda también que después de esta agonía nuestro Salvador subió desde la plaza de Jerusalén al altar del Calvario a decir la Santa Misa por primera vez, muriendo en la Cruz Santa por nosotros. El Sacerdote reza el Confiteor Deo. Introito: es la segunda parte de la Santa Misa. Significa entrada o comienzo, porque ahora principian los divinos misterios del altar. El Introito es una tierna oración con la cual el sacerdote inaugura las ceremonias de la Santa Misa. Con ella abre el gran drama del Sacrificio. Se rezan los Kiries, el Gloria in excelsis, la Coleta, se lee la Epístola, se entona el Gradual, se lee el Evangelio, se hace la Predicación, se reza el Credo. Ofertorio: es la tercera parte de la Santa Misa. Significa: entrega, oblación. Ha concluido la Antemisa. Ahora se ofrecen el pan y el vino que luego se han de consagrar. El sacerdote purifica sus manos para continuar el Santo Sacrificio, pues, la Santa Misa sacrifical empieza siempre con la ofrenda de los fieles. Canon: es la cuarta parte de la Santa Misa. La principal de todas, significa norma, porque son oraciones fijas reglamentadas, que se conservan invariables desde los primeros siglos de la Santa Iglesia (año 600, siendo Gregorio I, Papa). El Sacrificio presentado en el Ofertorio, es ahora inmolado. El Canon empieza con el Prefacio, culmina con la Consagración y concluye inmediatamente antes del Pater Noster. La Consagración o el Acto del Sacrificio está precedida de ciertas plegarias con las cuales se va preparando el sacerdote para el gran momento de la Inmolación y Holocausto. Después de practicado el Sacrificio en virtud de las palabras consagratorias cuando ya no es pan el pan, sino el Cuerpo sacramentado de Dios, ni el vino es vino, sino la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, siguen otras oraciones realmente sublimes. En la Consagración el Señor, levantado en lo alto atrae, como en la Santa Cruz sacrificado, todas las cosas hacia Él. Comunión: la consumación del Sacrificio. Es la quinta parte de la Santa Misa. En ella la Víctima del Sacrificio ofrecida en la oblata, inmolada en la Consagración, queda extinguida, al ser recibida como comunión por el sacerdote y los fieles71: “porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”72. Los manjares celestiales del Santo Sacrificio, las Sagradas Especies, la Santa Víctima, desaparecen del altar, al ser dadas y servidas en el banquete de la Comunión eucarística. 70

. Cf. Mi Misal Dominical. R. P. José F. Stedman. Ed. Confraternidad de la Preciosa Sangre. Villa del Mar. Chile. 1993. Págs. 7-11 71 . Cf. Misal Romano Franciscano. P. J. Arrufat. Ed. Cisneros. San Francisco el Grande. Madrid. España. 1961. Pág. 470 72 . San Juan VI, 55; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1145-1199

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Frente a las negaciones de Lutero y sus seguidores en la reforma protestante, quienes se hacen llamar falsamente, cristianos, el Concilio de Trento, celebrado en el año de 1545, recordó la doctrina invariable de la Santa Iglesia Católica en lo que concierne al Santo Sacrificio de la Misa; este Concilio dogmático definió esencialmente estos tres puntos: 1. La Presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Santísima Eucaristía es Real. 2. La Santa Misa es un verdadero Sacrificio, es en sustancia el Sacrificio de la Cruz en el Calvario, renovado o conmemorado, verdadero Sacrificio propiciatorio o expiatorio para el perdón de los pecados y no sólo un Sacrificio de alabanza o de acción de gracias como el culto protestante. 3. El papel del sacerdote en el Santo Sacrificio es esencial y exclusivo; el sacerdote y solo él, ha recibido por el Sacramento de las Santas Ordenes, el poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Pues bien, la Antigua Misa, milenaria, latina romana ó tridentina declarada a perpetuidad por el Papa San Pío V en el año 1570 expresa con toda claridad, con toda densidad esta doctrina, sin cercenar nada de este misterio: “Por este nuestro decreto, ser válido a perpetuidad, determinamos y mandamos que nunca jamás se le añadiera, omitiera, o cambiará algo de este Santa Misa”73

III. VIII. ¿Por qué la Santa Misa debe ser mejor en latín? La Santa Iglesia sírvese del lenguaje propio de cada país en la predicación de la palabra de Dios. Pero en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, la Santa Iglesia ha creído conveniente usar la lengua latina, por las razones siguientes:

1. Porque históricamente la lengua latina es un testimonio del origen apostólico de nuestra Fe. Los Apóstoles San Pedro y San Pablo llevaron la Fe de Jesucristo a Roma, entonces dominadora del mundo; allí estableció San Pedro su Sede. Desde allí fueron enviados a todos los países de Occidente los predicadores del Evangelio, los cuales naturalmente usaban la lengua latina, que entonces predominaba en todo el Imperio romano, y aunque más tarde cesó de ser lengua viva por las varias inmigraciones y mezclas de diversos pueblos y razas, se conservó la lengua latina, como lengua madre y común de todos, para la Sagrada Liturgia. Lo mismo sucedió con la lengua en Oriente, donde todavía hoy se usa la lengua griega en la Santa Misa, aunque desde hace siglos se habla el griego moderno, muy diferente del clásico. Asimismo, en las sinagogas judías se conservó la lengua hebrea para celebrar los oficios divinos, aunque el pueblo Judío, después de volver del cautiverio de Babilonia, hablará la lengua siro-caldaica, según nos refiere la Sagrada Biblia: “el segundo día, los jefes de familia de todo el pueblo, 73

. Cf. Artículo del prestigioso teólogo y canónico francés R. P. René Marie Berthod. Publicado en la revista “Savoir et Servir”. 41. Av. Pasteur. 94250. Gentilly. Francia; ver: La Bula Quo primum tempore. Págs. 316319; Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. 591-593

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sacerdotes y levitas se reunieron con Esdras, escriba, para oír la explicación de las palabras de la Ley”65.

2. Porque una Iglesia Santa Universal debe tener un idioma univeral. Fundados en un principio análogo, modernamente algunos sabios han intentado formar una lengua común para toda la humanidad: El Esperanto El latín permite al católico considerarse, en cualquier parte del mundo, como en su propio país cuando asiste a los divinos oficios. Nunca podremos, olvidar la dulcísima impresión de poseer una lengua única para darle culto a Dios. El Latín facilita, además, a los obispos de todo el mundo el tener correspondencia directa con la Santa Sede y discutir las materias de dogma y disciplina en los concilios generales.

3. Porque el latín, siendo lengua muerta, está exento de los cambios inevitables de las lenguas vivas. En los idiomas vivos, muchas palabras pasan con el tiempo al ser anticuadas y cambian de significación, hasta llegar a parecer ridículas e ininteligibles a las generaciones siguientes. No así el latín, que conserva la dignidad de la liturgia y la exactitud de las fórmulas dogmáticas, tan necesaria a una Santa Iglesia perenne e inmutable. La circunstancia de que el pueblo no entiende ahora la lengua latina, no ha sido juzgada por la Santa Iglesia suficiente razón para dejar de celebrarse la Santa Misa en esta lengua. La Santa Misa no es un sermón doctrinal, a la manera del culto protestante que se reduce a una simple lectura o plática de la Sagrada Biblia, acompañada de algunos cánticos. La Santa Misa es un Sacrificio, el Sacrificio de la Santa Religión cristiana. Y además, porque -como ya se ha dicho- los ángeles y las potestades superiores prefieren la Santa Misa tridentina y no la misa de Lutero o nueva misa o misa moderna en cada idioma, porque no se puede traducir todo exactamente66. Los textos latinos son difíciles de traducir al alemán y así resultan los textos falsos, que aportan menos bendiciones a la Santa Misa. Todo lleva consigo menos gracias si no se dicen exactamente como Cristo lo quiere. Especialmente, la Consagración, las palabras de la Consagración deben ser dichas de una manera perfectamente exacta, no se debe cambiar ni una sílaba: las palabras correctas en el Canon de la Santa Misa son las siguientes: Qui prídie quam pateretur, accépit panem in sanctas, ac venerábiles manus suas; et elevatis óculis in caelum, ad te, Deum Patrem suum omnipoténtem, tibi grátias agens, bene+dixit, fregit, dedítque discípulis suis, dicens: accípite, et mandúcate

El cual la víspera, de su Pasión tomó el pan en sus santas, y venerables manos; y levantando sus ojos al cielo, a ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dio gracias, lo ben+dijo, lo partió, y lo ofreció a sus discípulos, diciendo: tomad y comed

65

. Nehemías VIII, 13 . Cf. El Protestantismo ante la Sagrada Biblia. P. Remigio de Papiol. OFMCap. Ed. Pontificio. Barcelona. España. 1923. Págs. 104-106; ver: Breve Éxamen Crítico del “Novus Ordo Missae”. Págs. 560-580; La Santa Misa tradicional. Págs. 333-345 66

228


ex hoc omnes: HOC EST ENIM CORPUS MEUM. Símili modo postquam coenatum est, accípiens et hunc praeclárum cálicem in sanctas ac venerábiles manus suas; item tibi grátias agens,bene+díxit, dedítque discípulis suis, dicens: accípite, et bíbite ex eo omnes: HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETERNI TESTAMENTI -MISTERIUM FÍDEIQUI PRO VOBIS ET PROMULTIS EFFUNDENTUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM. haec quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam facietis67.

todos de él: Porque este es mi Cuerpo. De un modo semejante acabada la cena, tomó el precioso cáliz en sus santas y venerables manos; te dio igualmente gracias, lo ben+dijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo: tomad y bebed todos de él. Porque este es el cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento –misterio de Feque por vosotros y por la multitud será derramada en remisíon de los pecados. Cuantas veces hiciereis esto, en memoria mía hacedlo.

Tiene que ser todo perfectamente exacto. Porque para los demonios todo está perfectamente regulado. Ni siquiera en la Santa Iglesia Católica está reglamentado todo tan exactamente como para Satanás... . Por ejemplo, no podemos decir que Nuestro Señor vertió su sangre “por todos” ya que las traducciones no son exactas en las lenguas modernas, y ese es el caso de “para todos”. No se puede decir y no se debe mencionar “para todos”; habría que decir “para un gran número”: “vino a los suyos pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron díoles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre. Los cuales no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”68. Cuando el texto no es correcto, ya no contiene la plenitud de las gracias; el canal de las gracias no corre ya más que perniciosamente. Y la Consagración no lleva ya consigo tantas gracias como en el caso en el que el sacerdote hace las cosas correctamente, según la Tradición apostólica y según la voluntad de Dios. Hay que decir “para vosotros y para un gran número”, como Cristo lo ha dicho. La Santa Misa tridentina, la Antigua Misa, la que ha prescrito el Papa San Pío V, es la mejor que existe, es la Santa Misa única, la verdadera, la buena Misa Santa... . Con sus treinta y tres signos de la Santa Cruz, que por otra parte están en relación con la vida de Nuestro Señor Jesucristo, todo está calculado por adelantado. Es Nuestro Señor el que ha organizado todo eso por medio del Espíritu Santo, por el Papa, por su Santa Iglesia. Es Él el que ha querido todo esto, desde el “Asperges me” hasta la “oración a San Miguel Arcángel”, se debe celebrar la Santa Misa como Cristo lo ha querido..., así se salvaran millones de almas, que no están salvadas, que van a su perdición eterna. El mal proviene de la Santa Misa. Había una oleada de bendiciones en la Santa Misa, cuando se leía convenientemente; la Santa Misa es el factor principal. 67

. Cf. Misal Romano Fanciscano. P. J. Arrufat. Ed. Cisneros. San Francisco el Grande. Madrid. España. 1961. Págs. 463-464 68

. San Juan I, 11-12

229


La Santa Misa y la Comunión, es lo más grande que hay para nosotros los católicos, apostólicos y romanos, Todos los místicos, todas las apariciones de la Santísima Virgen María, tienen que cederle el paso. La Santa Misa tiene un valor infinito, un valor inimaginable. El propio Cristo sube al altar con toda plenitud de gracias. En la Santa Misa que todavía se celebra bien, el demonio está obligado a huir. La Santa Misa por primera vez la dijo Nuestro Señor Jesucristo cuando murió por nosotros colgado de la Cruz, en la cumbre del Calvario. El Sacrificio de la Cruz o Misa del Calvario y el Santo Sacrificio o Santa Misa de nuestros altares (tridentina) tiene la misma eficacia infinita: el ofrecer el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo al Eterno Padre por la redención de nuestras almas69

III. IX. La Santa Misa tradicional

Los textos que están en negrilla son las respuestas de los fieles en la Santa Misa

Entrada del Sacerdote De pie

De rodillas

In nómine Patris  et Fílii En el nombre del Padre  et Spíritus Sancti. Amén. y del Hijo y del Espíritu Introíbo ad altáre Dei. Santo. Amén. Me acercaré al altar de Dios. Ad Deum, qui laetíficat Al Dios que es mi gozo y juventútem meam. mi alegría. Iudica me, Deus, et Hacedme justicia, oh discérne causam meam de Dios, y defended mi causa gente non sancta: ab contra la gente no santa: hómine iníquo et dolóso libradme del hombre érue me. fraudulento e inicuo. Quia tu es, Deus, Pues Vos, oh Dios, sois fortitúdo mea: quare me mi fortaleza. ¿Por qué repulísti et quare tristis me habéis rechazado? Y incédo, dum afflígit me ¿por qué ando triste, inimícus? oprimido por mi enemigo? Emítte lucem tuam et Enviad vuestra luz y veritátem tuam: ipsa me vuestra fidelidad: ellas me deduxérunt, et adduxérunt guíen a vuestro santo

69

. Cf. Advertencias del Más Allá a la Iglesia Contemporánea. P. Arnold Renz. Ed. Librería Espiritual. Quito. Ecuador. 1977

230


in montem sanctum tuum monte, y a vuestras et in tabaernácula tua. moradas. Et introíbo ad altare Dei: Y me acercaré al altar ad Deum, qui laetíficat de Dios: del Dios que juventútem meam. alegra mi juventud. Confitébor tibi in cíthara, Os alabaré con la cítara, Deus, Deus meus. Quare oh Dios, Dios mío. ¿Por tristis es, ánima mea, et qué te abates, alma mía, y quare contúrbas me? por qué me conturbas? Spera in Deo, quóniam Confía en Dios, porque adhuc confitébor illi: de nuevo le alabaré: salutáre vultus mei, et Salvador de mi vida y Deus meus. Dios mío. Glória * Pátri, et Fílio, et Gloria * al Padre, y al Spirítui Sancto. Hijo, y al Espíritu Santo. Sicut erat in principio, et Como era en un nunc, et semper et in principio, es ahora y saécula saeculórum. será siempre por todos Amen. los siglos. Amén. Introíbo ad altáre Dei. Entraré en el altar de Dios. Ad Deum, qui lactíficat Al Dios, que es mi gozo y juventútem meam. mi alegría. Adiutórium  nostrum in Nuestro auxilio  está en nómine Dómini. el nombre del Señor. Qui fecit caelum et Que ha hecho el cielo y terram. la tierra.

El Sacerdote reza el Confíteor, terminado éste, el Ministro, dirigiéndose a él, dice: Misereátur tui omnípotens Deus, et dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam aetérnam. Amen.

Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. Amén.

El Sacerdote se pone recto, mientras el Ministro reza, a su vez, el Confíteor Confíteor Deo Yo pecador me confieso omnipoténti, beátae a Dios todopoderoso, a Maríae semper Vírgini, la bienaventurada beáto Michaéli Virgen María, al Archángelo, beáto Ioánni bienaventurado San Baptístae, Sánctis Miguel Arcángel, al 231


Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis et tibi, Pater, quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere; mea culpa, * mea culpa, * mea máxima culpa *. Ideo precor béatam Maríam semper Virginem, beátum Michaélem Archángelum, béatum Ioánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te, Pater, oráre pro me ad Dóminum Deum nostrum.

bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra; por mi culpa, * por mi culpa, * por mi gravísima culpa*. Por tanto, ruego, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, y a vos Padre, que roguéis, por mí, a Dios Nuestro Señor.

Rezado el Confiteor por el Ministro, el Sacerdote pide a Dios que se digne recibir la confesión de ambos, diciendo: Misereátur vestri omnípotens Deus, et dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam aetérnam. Amen. Indulgétiam, absolutiónem  et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus. Amen. Deus, tu convérsus vivificábis nos.

Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna. Amén. El Señor omnipotente y misericordioso nos conceda el perdón,  la absolución y remisión de nuestros pecados. Amén. Dios mío, volviéndoos a nosotros, nos daréis, la vida. Et plebs tua laetábitur in Y vuestro pueblo se te. alegrará en Vos. Osténde nobis, Dómine, Señor, hadnos sentir los misericórdiam tuam. efectos de vuestra misericordia. Et salutáre tuum da Y dadnos vuestra 232


nobis. salvación. Dómine, exáudi oratiónem Escuchad, oh Señor, mi meam. oración. Et clamor meus ad te Y mi clamor llegue a véniat. Vos. Dóminus vobíscum. El Señor sea con vosotros. Et cum spíritu tuo. Y con tu espíritu. De pie

Una vez que el Sacerdote sube al altar, lo besa, y va inmediatamente a la derecha y lee el Introito o Entrada de la Santa Misa. Léase el Introito correspondiente a la Misa del día. Haz la señal  de la cruz al empezar el introito. El Sacerdote, en medio del altar, dice, alterando con el Ministro: Kyrie, eléison. Kyrie, eléison. Kyrie, eléison. Christe, eléison. Christe, eléison. Christe, eléison. Kyrie, eléison. Kyrie, eléison. Kyrie, eléison.

Señor, misericordia. Señor, misericordia. Señor, misericordia. Cristo, misericordia. Cristo, misericordia. Cristo, misericordia. Señor, misericordia. Señor, misericordia. Señor, misericordia.

No se dice el «Gloria» con ornamentos morados o negros. Si hay que decirlo, es como sigue: Glória in excélsis * Deo.

Gloria a Dios * en las alturas. Et in terra pax Y en la tierra paz a los homínibus bonae hombres de buena voluntátis. voluntad. Laudámus te. Os alabamos. Benedícimus te. Os bendecimos. Adorámus te *. Os adoramos *. Glorificámus te, Os glorificamos. Grátias ágimus tibi * Os damos gracias * por propter magnam glóriam vuestra gran gloria. tuam. Dómine Deus, Rex Señor Dios, Rey de los caeléstis, Deus Pater cielos, Dios Padre 233


omnípotens. omnipotente. Dómine Fili unigénite, Señor, Hijo unigénito, Iesu * Christe. Jesucristo *. Dómine Deus, Agnus Dei, Señor Dios, Cordero de Filius Patris. Dios, Hijo del Padre. Qui tollis peccáta mundi, Vos que quitáis, los miserére nobis. pecados del mundo, compadeceos de nosotros. Qui tollis peccáta mundi, Vos que quitáis, los súscipe * deprecationem pecados del mundo, nostram. recibid * nuestra súplica. Qui sedes ad déxteram Vos, que estáis, sentando Patris, miserére nobis. a la diestra del Padre, compadeceos de nosotros. Quóniam tu solus Porque sólo Vos sois Sanctus. Santo. Tu solus Dóminus. Sólo Vos sois el Señor. Tu solus Altíssimus, Iesu Sólo vos sois el Altísimo. * Christe. Jesucristo *. Cum Sancto  Spíritu in Con el Espíritu Santo  glória Dei Patris. Amen. en la gloria de Dios Padre. Amén

Después del Gloria (o, si no lo hubiere, después de los Kyries) dícense las Oraciones Dóminus vobíscum. Et cum spíritu tuo.

El Señor sea con vosotros. Y con tu espíritu.

Récese ahora la Oración correspondiente a la Misa del día. Después de la Oración se responde: Amén. Sentados

Terminadas las oraciones, lee el Sacerdote la Epístola, poniendo las manos sobre el Misal. Léase la Epístola correspondiente a la Misa del día. Terminada la lectura de la Epístola, el Ministro y los fieles contestan: Deo grátias. 234

A Dios gracias.


Después de la Epístola, sigue el Gradual, formado ahora por algunos fragmentos de un Salmo. Léase el Gradual correspondiente a la Misa del día. A veces siguen al Gradual el Tracto o la Secuencia. En tiempo Pascual, omitidos el Gradual y el Tracto, sigue el Aleluya De pie

Va el Sacerdote al misal, signa el principio del Evangelio y se persina a sí mismo. Léase el Evangelio correspondiente a la Misa del día Dóminus vobíscum. Et cum spíritu tuo. Sequéntia  Sancti  Evangélii secúndum N...

El Señor sea con vosotros. Y con tu espíritu. Continuación  del santo  Evangelio según San N...

A estas palabras del Sacerdote se contesta: Glória tibi, Dómine.

Gloria a ti, oh Señor.

Terminado el Evangelio, el Ministro contesta: Laus tibi, Christe.

Alabanza a ti, oh Cristo.

Sentados

El Sacerdote dice la homilía, y al terminar se va al centro del altar para reza el Credo (sí le hay, según las rúbricas) De pie Credo in unum Deum *. Patrem omnipoténtem, factórem caeli et terrae, visibílium ómnium et invisibílium. Et in unum Dóminum Iesum Christum Fílium Dei unigénitum. Et ex Patre natum ante ómnia saécula. Deum de Deo, lumen de lúmine, Deum verum de 235

Creo en un solo Dios *. Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero del


Deo vero. verdadero Dios. Génitum, non factum, Engendrado, no hecho; consubstantiálem Patri: consustancial al Padre; per quem ómnia facta por quien fueron hechas sunt. todas las cosas. Qui propter nos El cual por nosotros, los hómines, et propter hombres y por nuestra nostram salútem salvación, bajó de los descéndit de caelis. cielos.

Aquí se hace la genuflexión Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine et Homo factus est.

Y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María Virgen, y se hizo hombre.

Se levantan Crucifíxus étiam pro nobis: sub Póntio Piláto passus et sepúltus est.

Et resurréxit tértia die, secúndum Scriptúras. Et ascéndit in caelum: sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória judicáre vivos et mórtuos: cujus regni non erit finis. Et in Spíritus Sanctum, Dóminum et vivificántem: qui ex Patre Filióque procédit. Qui cum Patre et Filio simul adorátur * et conglorificátur: qui locútus est per Prophétas. Credo et Unam, Sanctam, Católicam et Apostólicam Ecclésiam. Confíteor unum baptísma in remissiónem peccatórum. Exspécto resurrectiónem mortuórum. Et vitam  ventúri 236

Fue también por nosotros crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras, Subió al cielo; donde está sentado a la diestra de Dios Padre. Y ha de venir por segunda vez para juzgar a los vivos y a los muertos; y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, que procede del Padre y del Hijo. Y que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado * y glorificado; que habló por boca de los profetas. Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso un solo Bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos. Y la vida del  siglo


saéculi. Amen.

venidero. Amén.

Después del Credo (o, si no le hay, después del Evangelio), el Sacerdote besa el altar y dice: Dóminus vobíscum. Et cum spíritu tuo. Orémus.

El Señor sea con vosotros. Y con tu espíritu. Oremos.

Sentados

El Sacerdote descubre el cáliz, toma la patena con la hostia, la alza, y la ofrece a Dios. Levanta el cáliz y ofrece a Dios el vino que se ha de consagrar. Va a la derecha del altar, donde se lava las manos. El Sacerdote besa el altar y, volviéndose al pueblo, le invita a orar, diciendo: Oráte, fratres, ut meum ac Rogad, hermanos, para vestrum sacrifícium que este Sacrificio, mío y acceptábile fiat apud vuestro, sea agradable a Deum Patrem Dios Padre omnipotente. omnipoténtem. Suscípiat Dóminus El Señor reciba de tus sacrificium de mánibus manos este Sacrificio, tuis, ad laudem et para alabanza y gloria glóriam nóminis sui, ad de su nombre, y también utilitátem quoque para nuestra propia nostram, totiúsque utilidad y de toda su Eccésiae suae sanctae. Santa Iglesia.

Reza el Sacerdote en voz baja la oración que se llama secreta, que hace referencia al sacrificio. Léase la Secreta correspondiente a la Misa del día. Al final de la última Secreta, el Sacerdote, levanta un poco la voz y la concluye diciendo: De pie Per ómnia saécula saeculórum. Amen. Dóminus vobíscum. 237

Por todos los siglos de los siglos. Amén. El Señor sea con vosotros.


Et cum spíritu tuo. Y con tu espíritu. Sursum corda. Elevemos los corazones. Habémus ad Dóminum. Los tenemos ya elevados al Señor. Grátias agámus. Dómino Demos gracias al Señor, Deo nostro. Dios nuestro. Dignum et justum est. Es ello justo y digno. Prefacio común Vere dignum et justum est, Verdaderamente es digno aequum et salutáre... y justo, equitativo y saludable... ...Cum quibus et nostras ...Os dignéis concedernos voces, ut admítti iúbeas, unir nuestras voces a las deprecámur, súpplici suyas, cantando confessione dicéntes: humildemente vuestras alabanzas diciendo: Sanctus, Sanctus, Santo, Santo, Santo es el Sanctus. Dóminus Deus Señor Dios de los Sábaoth. Pleni sunt caeli ejércitos. Llenos están et terra glória tua. los cielos y la tierra de Hosánna in excélsis. vuestra gloria. Hosanna en las alturas. Benedictus qui venit in Bendito  sea el que nómine Dómini! viene en el nombre del Hosanna in excélsis. Señor. Hosanna en las alturas. De rodillas

Empieza la parte principal de la Misa, como preparación inmediata para la Consagración. El Sacerdote levanta las manos al Cielo.

Ha llegado el momento sublime. El Sacerdote toma en sus manos la hostia que va a consagrar. El Sacerdote descubre el cáliz para consagrar el vino Terminado el Canon, dice en voz alta: De pie Per ómnia saécula 238

Por todos los siglos de los


saéculorum Amen.

siglos Amén.

Orémus. Praecéptis Oremos. Amonestados con salutáribus móniti, et preceptos saludables e divina institutióne formáti, informados por la audémus dícere: enseñanza Divina, nos atrevemos a decir: Pater noster, quí es in Padre nuestro, que estás caelis, sanctificétur nomen en los cielos; santificado tuum; advéniat regnum sea él tu nombre; venga a tuum; fíat volúntas tua, nos él tu reino; hágase tu sicut in caelo et in terra. voluntad, así en la tierra Panem nostrum como en el cielo. El pan quotidiánum da nobis nuestro de cada día, hódie; et dimítte nobis dánosle hoy, y débita nostra, sicut et nos perdónanos nuestras dimíttimus debitóribus deudas, así como nosotros nostris. Et ne nos indúcas perdonamos a nuestros in tentatiónem. deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. Sed líbera nos a malo. Mas líbranos del mal.

El Sacerdote separa una pequeña parte de la otra mitad de la Hostia y reteniéndola en su mano derecha dice: Per ómnia saécula saeculórum. Amen.

Por todos los siglos de los siglos. Amén.

El Sacerdote hace tres cruces con la partícula que se quedó de la Hostia, sobre el Cáliz, mientras dice: Pax  Dómini sit  semper vobís  cum. Et cum spiritu tuo.

La paz  del señor sea  siempre con  vosotros. Y con tu espíritu.

Cubierto el Cáliz y hecha genuflexión, el Sacerdote se da tres golpes de pecho, diciendo: Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi miserére * nobis. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére * nobis. 239

Cordero de Dios, que quitáis, los pecados del mundo, * misericordia. Cordero de Dios, que quitáis, los pecados del mundo, * misericordia.


Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, dona * nobis pacem.

Cordero de Dios, que quitáis, los pecados del mundo, * dadnos la paz.

De rodillas

Comunión de lo fieles74.

Cuando el Sacerdote muestra la Hostia se dice tres veces: * Dómine, non sum * Señor, yo no soy digno, dignus, ut intres sub que Vos entréis dentro de tectum meum; sed tantum mí; pero decid una sola dic verbo, et sanábitur palabra, y mi alma ánima mea. quedará sana y salva.

Va el Sacerdote al lado de la Epístola, donde está el Misal, y lee en él la antífona de la Commúnion y de la Postcomunión. Léase la antífona de la Comunión y de la Postcomunión correspondiente a la Misa del día. Vuelto el Sacerdote al medio del altar, lo besa y, dirigiéndose al pueblo, dice: De pie Dóminus vobíscum. Et cum spíritus tuo. Ite, Missa est. Deo grátias.

El Señor sea con vosotros. Y con tu espíritu. Idos, La Misa se ha terminado A Dios gracias.

El Sacerdote vuelto hacia el pueblo imparte su bendición a todos los presentes De rodillas

74

. Cf. Se repite el Confiteor Deo

240


Último Evangelio De pie Dóminus vobíscum. Et cum spíritu tuo. Inítium  Sancti  Evangélii,  secúndum Ioánnem. Gloria tibi, Dómine. Deo grátias.

El Señor sea con vosotros. Y con tu espíritu. Principio  del santo  Evangelio  según San Juan. Gloria a Vos, Señor. Gracias sean dadas a Dios.

De rodillas

Terminada la Misa, el Sacerdote se arrodilla para rezar tres Avemarías, el Salve Regina y las siguientes oraciones: OH DIOS, nuestro refugio y fortaleza, mira propicio al pueblo que a ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, de San José, su Esposo, y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos por la conversión de los pecadores, y por la libertad y exaltación de la santa Madre Iglesia. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén. SAN MIGUEL Arcángel, defiéndenos en la batalla, y sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Sujétalo Dios pedimos suplicantes; y tú Príncipe de la celestial milicia, sepulta en el infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que merodean por el mundo para la perdición de las almas. Amén. Corazón Sacratísimo de Jesús. (3 veces) ¡Ten misericordia de nosotros! (3 veces)75 De pie 75

. Cf. Se dicen en la Santa Misa rezada, y fueron impuestas por el Papa PíoXI para pedir por la conversión de Rusia; ver: Lista Cronológicas de los Papas. 257. Pío XI. Págs. 152-153; El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia

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Está bien claro que si Nuestro Señor Jesucristo no hubiera dejado el Santo Sacrificio de la Misa como conmemoración de su muerte hasta que Él vuelva, entonces, no se explicaría el sentido de sus palabras: “en verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de los cielos”76. San Pablo también nos exhorta a celebrar el Santo Sacrificio de la Misa: “porque yo he recibido del Señor los que os he transmitido, que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó el pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: éste es Mi cuerpo, que se Consagración del da por vosotros, haced esto en memoria mía. Vino Y así mismo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: éste cáliz es el Nuevo Testamento en Mi sangre; cuantas veces lo bebáis haced esto en memoria mía. Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga”77. Nota: “el Papa San Juan Pablo II, mediante su Carta Apostólica, en forma de Motu proprio,“Ecclesia Dei”, del 2 de julio de 1988, permitió la continuación de la celebración de la Santa Misa tradicional, según la edición típica del Misal romano de 1962. Igualmente, Su Santidad Benedicto XVI, mediante su Carta Apostólica, en forma de Motu proprio, “Summorum Pontificum”, del 7 de julio de 2007, amplió el derecho a celebrar la Santa Misa tradicional (Forma Extraordinaria del Rito Romano)”78

San Juan Pablo II celebrando la Santa Misa tridentina

se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 530-532; La Misión de Sor Lucia. Pág. 558; Carta Apostólica Motu proprio “Ecclesia Dei” del Papa San Juan Pablo II. Págs. 591-593 76 . San Marcos XIV, 25 77 . I Corintios XI, 23-26; cf. Esdras VI, 11-12; Zacarías I, 16-17; ibíd II, 10-13; ibíd. VIII, 7-15 78 . Nota de los Autores; cf. ver: Homilía de Su Eminencia Cardenal Darío Castrillón Hoyos. Págs. 604610; Carta Apostólica Motu proprio Data: “Summorum Pontificum”. Págs. 614-619; Instrucción “Universae Ecclesiae” de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei. Págs. 619-625; Carta Apostólica “Ecclesiae unitatem” de Su Santidad Benedicto XVI. Págs. 625-627; Bibliografía. Vídeos de referencia. Forma Extraordinaria del Rito Romano. Pág. 640

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III. X. La Santa Misa del Santo Padre Pío Texto tomado de los libros: “Padre Pío el estigmatizado” y “Padre Pío, recuerdos de un testigo privilegiado de Cristo” “No, ella es imposible de describir. Sólo un ángel se arriesgaría ha hacerlo. Nosotros, pobres criaturas humanas, no tenemos que nuestros balbuceamientos para traducir lo inefable. Cuando yo era todavía seminarista en el Colegio Americano de Lovaina en Bélgica, encontraba la Santa Misa del Cardenal Mercier admirable; aquélla del Padre Pío me puso en el estado de entusiasmo de San Pedro viendo a Cristo resucitar a Lázaro. Desde que Padre Pío hace el signo de la cruz al pie del altar de San Francisco de Asís, su rostro ya se ha transfigurado. Él no es más solamente el Padre que celebra el Divino Sacrificio, sino el hombre de Dios, escogido para testimoniar de su existencia, escogido para colaborar con Nuestro Señor Jesucristo, dentro del misterio de las Cinco Llagas, el sacerdote que está crucificado con Él y, atrevámonos a decirlo, que muere también El Santo Padre Pío ha sido el único sacerdote en "El Santo Padre Pío ha sido el Único Sacerdote en místicamente con Él en cada recibir los Estigmas de la Pasión de Nuestro Señor una de sus Misas. Jesucristo en toda la Historia de la Santa Iglesia El Jueves Santo del año Católica" 1950, me encontraba en el Fotografía original monte Sión, en el Cenáculo, allí donde fue celebrada la primera Misa, centro de toda la vida sacramental. El día siguiente, Viernes Santo, miré inmóvil la colina del Calvario. El domingo de Pascua, sobrevolaba el Mediterráneo y el viernes siguiente un sacerdote estigmatizado recreaba en mis ojos las mismas escenas. Dos mil años parecían escoltar aquel Año Santo de 1950. Cristo habita Padre Pío, y Padre Pío se casa con la Encarnación de Cristo. Esta relación es la fuente de milagros asombrosos, que hace palidecer la época de San Francisco. Si Padre Pío no está modelado por Cristo, ¿cómo explicar los sufrimientos que se reflejan en su rostro, las contracciones de su cuerpo, sus esfuerzos para levantarse de sus genuflexiones, como si el peso de la cruz lo 243


aplastara? Lo veo inclinar la cabeza, sonreír de una bella sonrisa luminosa que destaca las peticiones de sus fieles; y de repente estalla, sus lágrimas fluyen sobre las mangas de su alba. No amaría usted también, reteniendo vuestro llanto, correr hacia él, estrecharlo como San Juan estrechaba con su cabeza al Amigo Divino. En pleno siglo XX, los testigos siguen mudos, inmóviles, esta Misa cuya celebración dura dos horas. ¿Dos horas? ¡Dos minutos! Los fieles de ayer, aquellos de siempre y aquellos que no han sido nunca fieles, todos de rodillas, parecen clavados al suelo, los ojos remachados en esas manos diáfanas. Extática persuasión que cambia los Tomás incrédulos, los protestantes, los francmasones, los ateos, en fervorosos católicos. A la petición del Papa Pío XII, después de la liberación de Roma, miles de soldados americanos recibieron la autorización de asistir a la Santa Misa, lo que llevó a la conversión de numerosos jóvenes protestantes. ¡Que silencio! Que recuerdo más elocuente que ese Credo que se repercute a través de la nave de la iglesia: “¡creo, creo, oh Señor, creo!” “Dóminus vobíscum” Elevarsen, los ojos húmedos, “El Señor esté con vosotros” para acompañarlo hasta la sacristía. Se besa su mano antes que el guante no la haya cubierto. Y él sonríe, de esa sonrisa inolvidable, a todos aquellos que él ha sanado, que él ha colmado. Después de una acción de gracias prolongada, él bebe un vaso de agua y, en la sacristía, comienza a confesar a los hombres. Algunos lo abordan con ideas muy personales que desean exponerle, consejos a pedirle, pero desde que ellos se arrodillan y se confiesan, todo es claro. Que se quiera o no, el alma está desnuda sobre su mirada. Es el alma que él acorrala, para descubrir sus heridas más o menos escondidas, más o menos limpias; para vendarlas, curarlas con su benevolencia y su celo ardiente, según las necesidades de cada uno. Porque no debemos olvidar que Padre Pío, antes de ser un terapista, es un confesor: él sana los cuerpos, pero sobre todo las almas. Desgracia a aquél que se le acerca con la intención de explotar los dones sobrenaturales que él prodiga con su gran generosidad; si de entrada, no hemos retornado a la gracia, nos arriesgamos a ser lanzados fuera como Nuestro Señor Jesucristo lanzó fuera del templo a los profanadores. ¿Nuestras intenciones son puras? Entonces, cierto, ahí está el tutor, el precioso consejero. 244


¿Qué pide él? Humildad y sinceridad. Es la menor de las cosas; ello sería absurdo de mentirle, porque nada de nuestro fuero interior escapa a su penetración. Antes que nosotros, él ha medido nuestro punto débil. Desde la primera pregunta comprendemos que él sabe todo, que él ve todo. Los penitentes que sitian en multitud su confesional salen tan aliviados, tan fuera de ellos mismos, que detallan a quien quiere escucharlos, en la calle, en la plaza pública, en el café, el “curriculum” de sus errores”. “No se iba a San Giovanni para ver una clínica ultramoderna o para escuchar las historias de conversiones, de sanaciones espectaculares. La mayor parte de los peregrinos disponían de un día, a veces de una mañana: ellos venían para asistir a la Santa Misa del Padre Pío. Esto es muy notable cuando se sabe que la gente llegaba a veces de bien lejos, muchas veces de América. Naturalmente, algunos aprovechaban de una estadía en Italia, Roma, Nápoles o otro lugar, para hacer un salto hasta San Giovanni; muchos retornaban el mismo día. Ellos habían venido únicamente por eso. Desde las dos o las tres de la mañana, los muy pesados autobuses descargaban sus ocupantes al frente del Convento, sorprendidos de ver ya la plaza de la iglesia negra de gente. Se esperaba pacientemente la apertura de Qui pridie quam paterétur, accépit Panem in sanctas ac venerábiles Manus las puertas para entrar; esperando se suas rezaba con mucha devoción el Santo El Cual, la Víspera de su Pasión, tomó Rosario. el Pan en sus santas y venerables Manos Para el incrédulo que venía simplemente por curiosidad, la Santa Misa del Padre Pío era quizás una ceremonia como todas las otras; pero, para el creyente, la Santa Misa es de un valor infinito por la Presencia Real del Señor que el celebrante llama infaliblemente sobre el altar por las palabras de la Consagración. La Santa Misa tiene siempre y en todos lados el mismo valor, allí donde ella es celebrada válidamente: ¿por qué querer asistir a aquélla del Padre Pío? Indudablemente porque él hacía tangible la misteriosa y, sin embargo, Real Presencia79. Se comprende, de ahí, que nada puede ser agregado a su grandeza, a su valor, a su significación, que es únicamente limitada por la impenetrable voluntad de Dios.

79

. Cf. Ver: ¿Por qué la Santa Misa dede ser en Latín? Porque el latín, siendo lengua muerta, está exento de los cambios inevitables de las lenguas vivas. Págs. 331-333; La Bula Quo primum tempore. Págs. 316-319; La Santa Misa tradicional. Págs. 333-345

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Cuando el Padre Pío celebraba la Santa Misa, daba la impresión de una íntima, intensa, completa unión con Aquél que se ofrecía al Padre Eterno, como víctima por los pecados de los hombres. Desde que él se hallaba junto al altar, el rostro del celebrante se transfiguraba. Él no se encontraba allí solamente como sacerdote para ofrecer, sino como el hombre de Dios para testificar de su existencia, como sacerdote que portaba él mismo las cinco llagas sangrantes de la crucifixión sobre el cuerpo. El Padre Pío poseía el don de hacer rezar a los otros. Se vivía la Santa Misa. Se estaba fascinado. Yo puedo decir, que a San Giovanni solamente, comprendí El Divino Sacrificio. Esta Santa Misa duraba largo tiempo; sin embargo, al seguirlo en su larga celebración, se perdía toda noción de tiempo y de espacio. La primera vez que yo asistí, he lamentado que ella llegara a su fin. Con sorpresa, me di cuenta que había durado más de dos horas. Toda la vida del Padre Pío estaba centrada sobre el Santo Sacrificio de la Misa, quién decía: “día tras día salva al mundo de su perdición”. Brunatto, quién asistía generalmente al Padre Pío y quién tuvo la felicidad de servirla, testifica que, durante los años de su aislamiento, la celebración duraba hasta siete horas. Más tarde, ella fue cronometrada por la obediencia y duraba aproximadamente una hora. Sí, realmente, aquella Misa del Padre Pío era un suceso inolvidable y se tenía razón de querer asistir a ella al menos una sola vez. Cuando él dejaba la sacristía, el Padre era generalmente sostenido por dos monjes, ya que sus pies traspasados lo hacían horriblemente sufrir. De un paso lento, arrastrando, incierto, tambaleando, él se dirigía hacia el altar. Además de los estigmas, que lo hacían pasar toda la noche en oración; lo que fue real durante medio siglo. Se le hubiera creído aplastado bajo el peso de los pecados del mundo. Él ofrecía todas las intenciones, los pedidos, las suplicaciones, que le habían sido confiadas por escrito u oralmente, del universo entero. Él llevaba, además, de, todas las aflicciones, los sufrimientos, las angustias por las cuales se venía a él y de las cuales se ha cargado. Por lo cual la ofrenda de su Misa era tan larga y tan impresionante. Hacía todo para desviar la atención hacia él. Evitaba todo aquello que podía ser espectacular en su compostura, en su expresión, en sus gestos, en su manera de hacer oración y de callarse; y, sin embargo, su compostura, su manera de hacer oración, su silencio, y sobre todo, sus largas pausas, en toda su simplicidad, eran verdaderamente dramáticas. Cuando en el silencio recogido de una inmensa muchedumbre íntimamente unida a él, el Padre Pío tomaba la patena en sus manos sangrantes y la ofrecía al Padre todopoderoso, ella pesaba mucho de ese enorme montón de buenas obras, de sufrimientos y de buenas intenciones. Ese pan que iba tan pronto a tomar vida, cambiado en Aquél que, sólo, realmente, era capable de pagar completamente el rescate de los pecados de los hombres. No era solamente las principales partes de la Santa Misa que eran notables dentro de aquella celebración. El Padre Pío celebraba toda la Santa Misa con la misma atención constante, visiblemente conciente de la profunda significación de cada palabra, de cada gesto litúrgico. Lo que se pasaba entre Dios y él, 246


permanecía siempre un misterio, pero se podía adivinar cierta cosa en ciertos silencios, en ciertas pausas más largas; porque los rasgos de su rostro traicionaban algunas veces su intensa participación al Drama que él vivía. Con los ojos cerrados, él estaba en muchas ocasiones en conversación con Dios, o “Hoc est enim Corpus meum” transportado en éxtasis en “Porque éste es mi Cuerpo” la contemplación. Un ángel sólo sería capaz de describir dignamente aquella Santa Misa. Las llagas permanentes de su cuerpo no eran sino los signos visibles del martirio interior que él sufría con el Divino Crucificado. Es por eso que la atención de la asamblea fue siempre fijada en el punto culminante del Santo Sacrificio: la Consagración. En efecto, aquí, se detenía un instante como para concentrarse. Una lucha parecía contraerse entre él, quien tenía entre sus manos la Hostia Inmaculada y, Dios sabe que fuerza obscura e invisible, que, en sus labios retenía las palabras de la Consagración cargadas de fuerza creadora.

“Hic est enim Calix Sánguinis meis” “Porque este es el Cáliz de mi Sangre” 247


“Pater noster qui es in Caelis, sanctificétur Nomen tuum”

“Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre”

Algunos días, la Santa Misa era para él, a partir del Sanctus, un verdadero martirio. El sudor cubría su rostro y las lágrimas fluir en lo largo de sus mejillas. Era realmente el hombre de los dolores en la hora de la agonía. Involuntariamente pensé en Nuestro Señor Jesucristo en el Jardín de los Olivos. Se veía claramente, que diciendo las palabras de la Consagración, sufría un verdadero martirio. A cada palabra, un choc parecía recorrer sus miembros. ¿Sería posible como ciertos le piensan, que él sufría entonces más intensamente la Pasión de Cristo y que los espasmos dolorosos, que reprimía en tanto que posible, le impedían por un momento de continuar? ¿O debemos interpretar a la letra las palabras del Padre diciendo que el demonio se aventura algunas veces hasta el altar? Dentro de su actitud tan impresionante, se asistía a una lucha real contra Satanás, quien, en ese momento, redoblaba sus esfuerzos para atormentarlo. Las dos suposiciones son aceptables. Muchas veces, cuando el Padre Pío dejaba el altar, después de la Santa Misa, ciertas expresiones involuntarias y reveladoras le escapaban. Como hablándose al él mismo, decía por ejemplo: “siento quemarme...”, y también “Jesús me ha dicho...”. En cuanto a mí, he sido, como todos los otros que han tenido la felicidad de participar a aquella Santa Misa, vivamente impresionado por esa conmovedora celebración. Un día, hacíamos al Padre la pregunta: “¿Padre, que es la Santa Misa para usted? Él respondía: una unión completa entre Jesús y yo. La Santa Misa del Padre Pío era verdaderamente eso: “el Sacrificio del Gólgota, el Sacrificio de la Santa Iglesia, el Sacrificio de la Última Cena y también nuestro sacrificio”. Y todavía: “¿estamos sólo nosotros a ser puestos alrededor del altar durante la Santa Misa?” 248


Alrededor del altar, están los ángeles de Dios. “Padre, ¿quién se encuentra alrededor del altar? Toda la Corte celeste. “Padre, ¿Es cierto que Nuestra Señora está también presente durante la Santa Misa? ¡Es que una Madre puede quedar indiferente a su Hijo! Y en una carta que el Padre escribió en mayo de 1912, nos enseñó que la Santísima Virgen lo acompañaba en el altar. La Madre de Dios y nuestra Madre no puede tener otro cuidado evidentemente, que Acción de Gracias del Santo Padre Pío después de aquél de Su Hijo Jesús consumir el Preciosísimo Cuerpo de Cristo quién nos era visible a nuestros ojos en la persona del Padre Pío, herido por amor por Dios y por sus hermanos. “Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa? Como la Santísima Virgen y las santas mujeres, con amor y compasión. Como San Juan asistía a la Ofrenda Eucarística y al Sacrificio sangriento de la Cruz.

Acción de Gracias del Santo Padre Pío después de consumir la Preciosísima Sangre de Cristo 249


Un día que la multitud de peregrinos estaba particularmente densa dentro de la iglesia de San Giovanni, el Padre Pío me dijo después de la Santa Misa: ¡me he acordado de usted en el altar! Yo le pregunté: “Padre, ¿tiene usted en la mente todas las almas que asisten a vuestra Misa?” Él me respondió: ¡en el altar, veo todos mis hijos como en un espejo! Toda la vida del Padre Pío ha sido la Pasión de Jesús. Su jornada entera era la continuación del Sacrificio de la Santa Misa. Pero por otro lado, la Ofrenda del Gólgota, la Ofrenda sacramental de la Última Cena, la Ofrenda de la Santa Iglesia “Benedícat vos omnípotens Deus: y nuestra ofrenda, la Santa Misa es también una Ofrenda escatológica, una Ofrenda de Pater, et Filius, et Spiritus Sanctus” “Bendígate el Dios Omnipotente, esperanza. ¿No es acaso eso mismo lo que Padre, e Hijo, y Espíritu Santo” decimos después de la Consagración? “Nosotros proclamamos tu muerte, Señor Jesús, creemos que tú has resucitado, y esperamos tu venida gloriosa”. Y también: “cada vez que comemos esta Carne y bebemos esta Sangre, anunciamos la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ¡hasta que Él vuelva!”80

San Juan Pablo II canonizó al Padre Pío, el 16 de Junio de 2002, en Presencia de 300.000 Fieles, en la Plaza de la Basílica de San Pedro en Roma 80

. Cf. I Corintios XI, 26; el 3 de marzo de 2008, la tumba de San Pío de Pietrelcina ha sido abierta, el motivo, la exhumación de los restos del Santo, su cuerpo fue hallado “casi intacto” (la barba, los guantes y las uñas, en estado perfecto). Posteriormente, el 24 de abril de 2008, el cuerpo debidamente cuidado, ha sido expuesto para su veneración en el Santuario de Santa María de la Gracia, en San Giovanni Rotondo. Italia. Esta exposición del cuerpo se ha permitido para celebrar el 40 aniversario de la muerte de “Padre Pío”

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CAPÍTULO IV

DE LA FE Y EL CREDO Según el Catecismo Romano del Concilio de Trento, mandado a publicar por el Papa San Pío V, y después por el Papa Clemente XIII ¿Qué cosa sea la Fe de que aquí se trata, y cuál su necesidad para salvarse? Y nadie, con razón, podrá dudar que esta Fe es necesaria para conseguir la salvación, principalmente estando escrito: “sin Fe es imposible agradar a Dios”1. Pues como el fin que se ha asignado al hombre para su felicidad es mucho más elevado que lo que puede alcanzar la agudeza de su inteligencia, necesario le era recibir de Dios este conocimiento. El cual no es otra cosa que la Fe, cuya virtud nos hace confirmar lo que la autoridad de la Santa Iglesia, nuestra Santísima Madre, ha declarado haber sido comunicado por Dios. Porque ninguna duda, puede tener los fieles en las cosas manifestadas por Dios: “Jesús le replicó: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí”2. De donde deducimos cuanta diferencia hay entre la Fe que prestamos a Dios y la que damos a los escritores de la historia humana. Pues la Fe, aunque se extienda a muchas cosas y sea diferente en grandeza y dignidad: “al punto Jesús le tendió la mano, y lo atrapó, diciéndole: „hombre de poca Fe, ¿por qué has dudado?‟”3 “Entonces Jesús respondiendo le dijo: „oh mujer, grande es tu Fe; hágasete como quieres‟. Y su hija quedó sana, desde aquel momento”4. “Y los Apóstoles dijeron al Señor: auméntanos la Fe”5. “¿Quieres ahora conocer, oh hombre insensato, que la Fe sin obras es inútil? Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado acaso mediante obras, al ofrecer sobre el altar a su hijo Isaac”6. “Por cuanto en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la Fe que obra por amor”7. Sin embargo, es una misma por naturaleza, y a los diversos grados de Fe conviene la misma razón y esencia de la definición: “nosotros tratamos aquí de aquélla por cuya virtud asentimos firmemente a las verdades que Dios ha revelado a su Santísima Iglesia Católica”. 1

. Hebreos XI, 6 . San Juan XIV, 6 3 . San Mateo XIV, 31 4 . Ibíd. XV, 28 5 . San Lucas XVII, 5 6 . San Santiago II, 20-21 7 . Gálatas V, 6 2

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¿Cuándo y por qué causa establecieron los Apóstoles estos doce artículos de la Fe? Lo primero, pues, que deben creer los cristianos son aquellas cosas que los Santos Apóstoles, caudillos y maestros de la Fe, inspirados por el Espíritu Santo, pusieron distintivamente en los doce artículos del Credo. Porque habiéndoles mandado el Señor: “somos pues, embajadores (de Dios) en lugar de Cristo, como si Dios exhortase por medio de nosotros”8, fuesen por todo el mundo: “y les dijo: „id por todo el mundo entero, predicando el Evangelio a toda la creación‟”9. Juzgaron necesario, componer una fórmula de Fe cristiana: “os ruego, pues, hermanos por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que viváis perfectamente unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir”10. Para que todos pensasen y confesasen esto mismo y no hubiese cisma alguno entre los que hubieran llamado a la unidad de Fe, sino que todos fuesen perfectos en un mismo sentimiento y en una misma creencia.

¿Por qué se llamó símbolo? Los Apóstoles llamaron Símbolo a esta profesión de Fe y esperanza cristiana, compuesta por ellos, ya porque consta de varias sentencias que cada uno de ellos puso en común, ya porque se valían de ella como cierta señal y contraseña: “a pesar de los falsos hermanos intrusos, que se habían infiltrado furtivamente, para expiar la libertad que nosotros tenemos en Cristo Jesús, a fin de reducirnos a servidumbre. Mas queriendo que la verdad del Evangelio permanezca para vosotros, no cedimos, ni por un instante nos sujetamos a ellos”11. Con lo cual podían distinguir a los falsos hermanos que adulteraban el Evangelio, de aquellos que verdaderamente se alistaban con juramento en la milicia de Cristo12

IV. I. “Creo en Dios Padre, Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra” Bajo dichas palabras se comprende esta declaración: creo ciertamente, y sin duda alguna confieso a Dios Padre, es a saber, la Primera Persona de la Santísima Trinidad: “la tierra era confusión y caos, y tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas” 13, que con su poder omnipotente hizo de la nada el mismo cielo y la tierra, y todas las cosas que se encierran en el ámbito del cielo y de la tierra, y después de creadas las conserva y gobierna. Y con sumo afecto y piedad tendemos hacia Él como al bien supremo y perfectísimo.

¿Qué significa la palabra creer? Creo: así, pues, la palabra creer no significa aquí pensar, juzgar, opinar, sino que, según enseñan las Sagradas Letras, tiene el significado de un asentimiento certísimo, por el cual el 8

. II Corintios V, 20 . San Marcos XVI, 15 10 . I Corintios I, 10 11 . Gálatas II, 4 12 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 27-197 13 . Génesis I, 2 9

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entendimiento se adhiere firme y constantemente a Dios al descubrir sus misterios. Por consiguiente, cree aquél que, sin duda alguna, tiene una cosa por cierta e innegable: “pues el Dios que dijo: „brille la luz desde las tinieblas‟, es quien resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo”14.

Lo que se propone en el credo, no debe escudriñarse con curiosidad, sino creerse con sencillez: ahora bien; de lo dicho se sigue que quien está adornado de este celestial conocimiento de la Fe, se ve libre de la curiosidad de inquirir. Porque Dios, cuando nos manda creer, no nos propone sus divinos juicios para escudriñarlos y para averiguar la razón y causa de ellos, sino que exige una Fe inmutable, la cual hace que el alma descanse en el conocimiento de la verdad eterna: “de ninguna manera. Antes bien, hay que reconocer que Dios es veraz, y todo hombre mentiroso, según está escrito: „para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando vengas a juicio‟”15. Débase, por lo tanto, tener la Fe, desechando no sólo toda duda, sino también el deseo de que se nos demuestre.

No basta creer para salvarse, sino que, además, es necesario confesar públicamente la Fe: después de esto, enseñe el párroco que el que dice creo, además de declarar el asentimiento íntimo de su alma, que es el acto interior de la Fe, debe manifestar con clara profesión de Fe, y con sumo gozo confesar y predicar públicamente, aquello mismo que tiene encerrado en su corazón: “yo tenía confianza aún cuando hablé diciendo: ¡grande es mi aflicción!”16 Deben imitar a los Apóstoles, que reprendieron a los príncipes del pueblo: “porque nosotros no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído”17; deben alentarse con aquella hermosa frase del Apóstol: “pues no me avergüenzo del Evangelio; porque es fuerza de Dios para salvación de todo el que cree, del judío primeramente, y también del griego”18. Igualmente con lo que en gran manera se confirma la verdad de la anterior sentencia: “la Fe viene, pues, del oír, y el oír por la palabra de Cristo”19.

Excelencia de la Fe cristiana. En Dios: los fieles deben confesar ante todo que creen en Dios, cuya majestad, decimos con el Profeta: “el Grande en consejo, y el Poderoso en obras, cuyos ojos están abiertos sobre todos los hijos de Adán, para retribuir a cada uno según su conducta y según merecen sus obras”20, que es incomprensible; porque, como dice el Apóstol: “el único que posee inmortalidad y habita en una luz inaccesible que ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honor y poder eterno. Amén” 21. Ésta fue la causa que tuvieron los filósofos para no pensar acerca de Dios nada bajo, y para apartar de Él todo lo que es material, limitado y compuesto; y le atribuyeron

14

. II. Corintios IV, 6 . Romanos III, 4 16 . Salmo CXVI, 10. 17 . Hechos de los Apóstoles IV, 20 18 . Romanos I, 16 19 . Ibíd. X, 16-17 20 . Jeremías XXXII, 18-19 21 . I Timoteo VI, 16 15

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también la potencia perfecta y la abundancia de todos los bienes, de fuente perpetua e inagotable de bondad y benignidad, todos los bienes perfectos en todos los seres y en todas las naturalezas creadas; habiéndole asimismo llamado sabio, autor y amante de la verdad, justo, beneficentísimo, y con otros nombres, en los que se contiene la perfección suma y absoluta; cuyo inmenso e infinito poder dijeron que comprendía todo lugar y que se extendía por todas las cosas: “Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”22. “Sed, pues, vosotros perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto”23. “Y no hay criatura que nos esté manifiesta delante de Él; al contrario, todas las cosas están desnudas y patentes a los ojos de Aquél a quien tenemos que dar las cuentas”24. “¡Oh, profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”25 “Como tu nombre, Dios, así también tu alabanza llega hasta los confines de la tierra. Tu diestra está llena de justicia”26. “Tu abres la mano y hartas de bondad a todo viviente”27. “¿Adónde iré que me sustraiga a tu espíritu, adónde huiré de tu rostro?”28 “Si subiese al cielo, allí estás Tú; si bajare al abismo, Tú estas presente”29. “¿Acaso un hombre puede ocultárseme en escondrijo alguno? ¿No lleno Yo el cielo y la tierra?”30 Todo lo más que grandes cosas sean estas, y si son bienes de tal clase que pueda aspirar a ellos el conocimiento humano, mucho antes que el mismo Apóstol: “pero, según está escrito: „lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni entró en pensamiento humano, esto tiene preparado Dios para los que le aman‟”31, lo demuestra el Profeta Isaías con estas palabras: “porque nadie oyó, ningún oído percibió y ningún ojo ha visto a otro Dios, fuera de Ti, que obre así con los que en Él confían”32. Pero de cuanto hemos dicho se deduce que es preciso confesar también que Dios es único, y que no hay muchos dioses. Porque, atribuyendo a Dios la suma bondad y perfección, no puede ser que lo que es sumo y absolutísimo se encuentre en muchos. Porque, si a uno le falta algo para lo sumo, por eso mismo resulta imperfecto, y, por consiguiente, no le conviene la naturaleza divina: “oye, Israel: Yahvé, nuestro Dios, Yahvé es uno solo”33. “No tendrás otros dioses delante de mí”34. “Así dice Yahvéh, el rey de Israel, y su redentor, Yahvéh de los ejércitos: Yo soy el primero y el último; y fuera de Mí no hay otro Dios”35. 22

. San Juan IV, 24 . San Mateo V, 48 24 . Hebreos IV, 13 25 . Romanos XI, 33 26 . Salmo XLVIII, 11 27 . Ibíd. CXLV, 16 28 . Ibíd. CXXXIX, 7 29 . Ibíd. 8 30 . Jeremías XXIII, 24 31 . I Corintios II, 9 32 . Isaías LXIV, 2-3. 33 . Deuteronomio VI, 4-5 34 . Éxodo XX, 3 35 . Isaías XLIV, 6; cf. Ibíd. XLVIII, 12; Apocalipsis I, 8; XXII, 13 23

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Llámese Dios, Padre: usan de este nombre las Sagradas Letras cuando, al hablar de Dios, indican que se le debe atribuir la creación, la potestad y la admirable providencia de todas las cosas: “por ventura ¿no es Él tu Padre, que te hizo y te rescató?”36 “¿No tenemos acaso todos el mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?”37 Pero con mucha frecuencia, y con un nombre más particular, singularmente en los libros del Nuevo Testamento, es Dios llamado Dios Padre Padre de los cristianos: “dado que no recibisteis el espíritu de esclavitud, para obrar de nuevo por temor, sino que recibisteis el espíritu de filiación, en virtud del cual clamamos: ¡Abba! (Esto es), Padre”38. Pues tal amor hacia nosotros ha tenido el Padre, que quiso nos llamemos hijos de Dios y lo seamos: “mirad qué amor nos ha mostrado el Padre, para adoptarnos por hijos”39. Y si somos hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, que es el primogénito entre muchos hermanos; y no se desdeña de llamarnos hermanos. Padre. Significa, pues, este nombre que hay que creer en una sola esencia de Dios, no una sola persona, sino distinción de personas. Porque hay Tres Personas en un solo Dios: la del Padre, que por nadie es engendrado; la del Hijo, que antes de todos los siglos, o sea, “ab aeterno”, es engendrado por el Padre; y la del Espíritu Santo, que igualmente procede ab aeterno del Padre y del Hijo. Y el Padre es la Primera Persona en una sola sustancia de divinidad, el cual con su Hijo Unigénito y con el Espíritu Santo es un solo Dios, un solo Señor: no en la singularidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia: “porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno”40. Grande es la fecundidad de Dios Padre; como viéndose y contemplándose a Sí mismo engendra al Hijo, igual y semejante a Él; o de igual modo, un mismo en todo e igual amor de caridad de los dos, el cual (amor) es el Espíritu Santo, procediendo del Padre y del Hijo, une entre sí con vínculo eterno e indisoluble al (Padre) que engendra, y al (Hijo) que es engendrado.

¿Qué entendemos aquí con la palabrao omnipotente? Porque el mismo Señor dice de Sí: “Yo soy el Dios todopoderoso; camina en mi presencia y sé perfecto”41. Entendemos, pues, por este nombre que nada hay, ni nada se puede pensar ni imaginar, que no pueda Dios hacer: “porque no hay nada imposible para Dios”42. Porque no sólo tiene poder para hacer aquellas cosas que, aunque muy 36

. Deuteronomio XXXII, 6 . Malaquías II, 10 38 . Romanos VIII, 15 39 . I San Juan III, 1 40 . Ibíd. V, 7 41 . Génesis XVII, 1 42 . San Lucas I, 37 37

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grandes, son, sin embargo, en algún modo del dominio de nuestro entendimiento, tales como reducir las cosas a la nada, o que súbitamente salgan de la nada muchos mundos, sino que también están en su poder otras cosas mucho más sublimes, que ni imaginarlas puede el espíritu y la inteligencia del hombre 43.

¿Cómo y por qué creó Dios el Cielo y la tierra? Creador del Cielo y de la tierra: pues no formó Dios el mundo de materia alguna, sino que la creó de la nada, y esto lo hizo no obligado por alguna fuerza o necesidad, sino espontáneamente y de su voluntad, y ninguna otra causa hubo para moverle a la obra de la creación sino la de comunicar su bondad a las cosas que hiciese. Porque la naturaleza de Dios, siendo por sí misma felicísima, de ninguna otra cosa necesita: “dije yo al Señor: Tú eres mi Dios, porque no tienes necesidad de mis bienes”44. Hizo todo lo que quiso, así mismo, al crear todas las cosas, no se ajustó a modelo ninguno ni a ninguna forma que existiese fuera de Sí mismo; sino que, por contenerse en su divina inteligencia el prototipo de todas las cosas, viéndole en Sí mismo el Supremo Artífice, y como reproduciéndole, creó en el principio la multitud de todas las cosas con la suma sabiduría y el poder infinito que le es propio: “al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era confusión y caos, y tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”45.

¿Qué debe entenderse en este lugar, esto es, en el credo, por el Cielo y la tierra? Mas por los nombres de cielo y tierra se debe entender todo lo que comprenden la tierra y el cielo. Porque además de los cielos: “en el principio cimentaste la tierra, y obra de tus manos es el cielo”46, creó también el esplendor del sol y la belleza de la luna y de los demás astros47.

De la creación de los cielos espirituales, esto es, los ángeles: además de esto, creó Dios de la nada, para que le sirviesen y asistiesen, la naturaleza espiritual e innumerables ángeles, a los que enriqueció y hermoseó con el don admirable de la gracia suya y poderío. Porque hallándose esto en las Sagradas Letras: “porque si a los ángeles que pecaron no los perdonó Dios, sino que los precipitó en el tártaro, entregándolos a prisiones de tinieblas, reservados para el juicio”48. Es evidente que el diablo y los demás ángeles desertores fueron adornados 43

. Cf. I Corintios II, 9 . Salmo XVI, 2 45 . Génesis I, 1-2 46 . Salmo CII, 26 47 . Cf. Génesis I, 14-19 48 . II San Pedro II, 4; cf. Apocalipsis XX, 10 44

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Expulsión de los Ángeles apóstatas del Cielo


de la gracia desde el principio de su ser; acerca de lo cual esto dice San Agustín: “creó Dios los ángeles con buena voluntad, esto es, con amor casto, con el que están unidos a Él, formando su naturaleza al mismo tiempo que dándoles la gracia. Y así se debe creer que los Santos Ángeles nunca existieron sin buena voluntad, esto es, sin el amor de Dios”49. Y por último, el Santo David les atribuye poder: “bendecid a Yahvé todos sus ángeles, héroes poderosos, que ejecutáis sus mandatos”50.

De la creación de la tierra: cimentada también sobre su propia base, mandó Dios por su palabra que se mantenga firme en el centro del universo, e hizo que se alzasen los montes y se bajasen los valles en el lugar que les fijó; y para que no la inunden la fuerza de las aguas, puso a éstas un término que no traspasarán ni volverán a cubrir la tierra. Después, no solamente la visitó y hermoseó con árboles y con toda variedad de plantas y flores, sino que también pobló sus regiones de innumerables especies de animales, del mismo modo que antes había ya poblado las aguas y el aire51.

De hombre:

la

creación

del

últimamente formó Dios al hombre del lodo de la tierra, dispuesto y constituido en cuanto al cuerpo de tal modo, que fuese inmortal e impasible, no ciertamente por virtud de su misma naturaleza, sino por gracia de Dios. En lo que al alma se refiere, la formó a su imagen y semejanza y le dio el libre albedrío, y de tal manera, además, moderó en él todos los “Varón y Mujer los creó” movimientos y apetitos del alma, Génesis I, 27 para que siempre estuviesen sujetos al imperio de la razón. Aún más, le añadió el admirable don de la justicia original, y quiso también que dominase a los demás animales: lo colocó como rey de la creación52.

Las cosas creadas por el poder de Dios no pueden subsistir sin su gobiermo y providencia: Mas no se debe creer en Dios creador y hacedor de todas las cosas, de modo que nos figuremos que, terminada y completa la obra, pudieron las cosas que hizo subsistir después sin su virtud infinita. Porque así como se debió al sumo poder del Creador y a su sabiduría y bondad el que todas las cosas existían, así también, si Dios no estuviera presente con su providencia perpetua a las cosas creadas, y no las conservase con la misma virtud con que las formó al principio, al punto que se reducirían a la nada: “¿Cómo podría durar 49

. Aug. Lib XII. De Civitate Dei. Cap IX . Salmo CIII, 20; cf. Tobías XII, 6-22 51 . Cf. Génesis I, 20-25 52 . Cf. Ibíd. 26-28 50

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alguna cosa, si Tú no quisieses? ¿Ni cómo conservarse nada sin orden tuya?”53

IV. II. “Creo en Jesucristo, Su Único Hijo, Nuestro Señor” Del artículo segundo y de la utilidad de su confesión: que son admirables y muchísimos los bienes que de la Fe y confesión de este artículo provienen al género humano: “por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho”54, y más adelante: “quien quiera confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios”55; y lo declara el elogio de bienaventuranza que Cristo Nuestro Señor hizo del Príncipe de los Apóstoles: “entonces Jesús le dijo: „bienaventurado eres, Simón Bar-Joná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial‟”56.

“Ninguno tiene amor más grande que aquél que da la vida por sus hermanos” San Juan XV, 13

Nadie fuera de Jesucristo, pudo redimir al género humano: habiendo

pues caído nuestro linaje de un grado muy alto de dignidad57, no podía de modo alguno levantarse de aquella caída ni ser vuelto a su primer estado, ni por obra humana ni por la de los ángeles; por consiguiente, restaba este remedio a su ruina y a sus trabajos: que la virtud infinita del Hijo de Dios, revistiéndose de flaqueza de nuestra carne58, quitase la gravedad infinita del pecado59, y nos reconciliase con Dios por medio de su sangrienta muerte60. Porque en la misma condenación del género humano, que se siguió inmediatamente al pecado, se expresó también, la esperanza de la redención: “pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu raza y la descendencia suya; ella quebrantará tu cabeza, y tu andarás asechando a su calcañar”61.

Ningún hombre pudo salvarse sin la Fe de la Redención, y por esto Jesucristo fue profetizado muchas veces desde el principio del mundo: a Abraham le dijo el Señor: “en vista de que has hecho acción, y no 53

. Sabiduría XI, 26; XII, 1; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 198-421 . San Juan I, 3. 55 . I San Juan IV, 15 56 . San Mateo XVI, 17 57 . Cf. Génesis III, 17-19 58 . Cf. San Juan I, 14 59 . Cf. Ibíd. 29 60 . Cf. Romanos V, 10 61 . Génesis III, 15 54

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has perdonado a tu hijo único por amor de mí, Yo te llenaré de bendiciones, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está en la orilla del mar: tu posteridad poseerá las ciudades de tus enemigos, y en un descendiente tuyo serán benditas todas las naciones de la tierra, porque has obedecido a mi voz”62. Y éste era necesario que fuese el Hijo de Dios, descendiente de Abraham según la carne. Y no dejó después Dios de renovar la misma memoria de su promesa; porque, una vez constituido el gobierno y la religión de los judíos, comenzó la promesa a hacerse más notoria a su pueblo; y los hombres predijeron cuales y cuántos grandes bienes nos había de traer aquel Salvador y Redentor nuestro, Cristo Jesús. Los profetas, predijeron por el Espíritu Santo, su nacimiento, sus obras, su doctrina, su vida y costumbres, su muerte ignominiosa y su Resurrección gloriosa; “y el nombre con que será llamado, es este: Yahvéh, justicia nuestra”63.

Del nombre de Jesús, y por qué conviene propiamente a Cristo Jesús: es nombre exclusivo del que es Dios y hombre, el cual significa Salvador, impuesto a Cristo, no casualmente ni por dictamen o disposición humana, sino por consejo y mandato de Dios: “sábete que concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, Él será grande y será llamado el Hijo del Altísimo”64. “Mas mientras andaba con este pensamiento, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no témas recibir a María por tu esposa, porque su concepción es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Salvador), porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”65.

La Anunciación

¿Qué significa el nombre de Cristo, y por cuántas razones conviene a nuestro Jesús? Al nombre de Jesús se le añadió también el de Cristo, que significa Ungido, y es el nombre de honor y de oficio; porque nuestros Padres antiguos llamaban Cristos a los sacerdotes66 y a los reyes, a los que Dios había mandado se les ungiera por la dignidad de su cargo. Y al venir al mundo Jesucristo, nuestro Salvador recibió el estado y las obligaciones de: Profeta, Sacerdote y Rey, y por estas causas fue llamado Cristo, y fue ungido para desempeñar aquellos cargos, no por obra de algún mortal, sino por virtud del Padre Celestial; no con ungüento terreno, sino con óleo espiritual: “amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por esto te ungió ¡oh Dios! El Dios tuyo 62

. Ibíd XXII, 16-18 . Jeremías XXIII, 5-8; cf. Salmo II, LXXII; Isaías VII, 13-14; ibíd. IX, 1-6; ibíd LIII, 12 64 . San Lucas I, 31-32 65 . San Mateo I, 20-21 66 . Cf. Éxodo XXX, 30; I Libro de Samuel XVI, 12-13; I Libro de las Crónicas XVI, 22 63

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con óleo de alegría, con preferencia a todos tus compañeros”67. Esto mismo también escribió San Mateo: “bautizado Jesús, salió al punto del agua, y he aquí que se le abrieron los cielos y vio al Espíritu Santo de Dios, en figura de paloma, que descendía y venía sobre Él. Y una voz del cielo decía: Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo complazco”68. El Profeta Isaías, demostró esto mismo, mucho tiempo antes: “El Espíritu del Señor, está sobre mí porque Yahvé me ha ungido, y me ha enviado para evangelizar a los humildes”69. De modo que Nuestro Señor Jesucristo fue Sumo Profeta y Maestro, que nos enseñó la voluntad de Dios, y por su doctrina recibió el mundo el conocimiento de Dios Padre para su salvación. También fue Cristo Sacerdote, no de la antigua ley (descendientes de la tribu de Leví) sino del que cantó el Profeta David: “Tú eres Sacerdote sempiterno según el orden de Melquisedec”70. Pero también reconocemos a Cristo por Rey, no sólo como Dios, sino también en cuanto es hombre y partícipe de nuestra naturaleza, acerca de lo cual dijo el Ángel: “reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin”71. Y este reino comienza en la tierra y se perfecciona en el cielo. Y Él cumple en su Santa Iglesia los oficios de Rey con su admirable providencia. Él mismo la rige, la defiende de sus enemigos, le impone leyes; Él mismo, no sólo le da santidad y justicia, sino que, además, le facilita medios y fuerza para que se mantenga firme: “y mirad que yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo”72. Y no le correspondió este reino por derecho hereditario o humano, aunque descendía de reyes muy nobles73, sino que es Rey, porque Dios atesoró en aquel hombre, todo el poder, grandeza y dignidad de que era capaz la naturaleza humana74. Dile, pues, el reino sobre todo el mundo, y en el día del Juicio le estarán sujetas total y perfectamente todas las cosas, lo cual ya ha comenzado a realizarse.

¿De qué modo nos conviene creer y confesar a Jesucristo, Hijo único de Dios? Su Hijo único: confesamos que Él es la Segunda Persona de la Divina Trinidad, enteramente igual a las otras dos, y lo demuestra muy claramente este testimonio de San Juan: “en el principio era ya el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”75. Debe creerse por lo tanto, que el 67

. Hebreos I, 9 . San Mateo III, 16 69 . Isaías LXI; 1; cf. San Lucas IV, 16-19 70 . Salmo CX, 4 71 . San Lucas I, 32-33 72 . San Mateo XXVIII, 20 73 . Cf. Ibíd. I, 1-17; San Lucas III, 23-38 74 . Cf. San Mateo XXVIII, 18 75 . San Juan I, 1 68

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Hijo es de la misma naturaleza, y del mismo poder y sabiduría que el Padre, como lo confesamos más ampliamente en el Símbolo de Nicea diciendo: “y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, y nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de verdadero Dios, engendrado, y no consubstancial al Padre, por quien fueron hechas todas las cosas”76. Y poder exclamar con el Profeta: “su generación ¿quién podrá explicarla?”77

Del modo de efectuarse la generación eterna por medio de un simil sacado de las cosas creadas, y de los dos nacimientos y la filiación de Cristo: de todas las semejanzas que se deducen para explicar el modo y las razones de la generación eterna, la que parece aproximarse más a la realidad es aquélla que se toma del modo de pensar de nuestra alma; por lo que San Juan al Hijo de Dios llama Verbo78. Porque así según como nuestro entendimiento, conociéndose en algún modo así mismo, se forma una imagen de sí mismo, que los teólogos han llamado verbo; así Dios, en cuanto es posible comparar lo humano con lo divino, entendiéndose a Sí mismo Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo engendra al Verbo eterno; aunque es mejor contemplar lo que la Fe propone, y creer y confesar con sinceridad a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; engendrado, en cuanto Dios, por el Padre, antes de todos los siglos, y, en cuanto hombre, nacido en tiempo de su Madre la Santísima Virgen María. Y aunque reconocemos, no obstante, que es un solo Hijo, porque es una la Persona en la cual están unidas las dos naturalezas la divina y la humana79.

¿En qué sentido se ha de creer que Cristo tiene o no hermanos? Y por lo que se refiere a la generación divina, no tiene hermanos ni coherederos, porque es Hijo único del Padre, y nosotros somos idea y obra de su poder. Pero si atendemos al origen humano, no sólo llama Él a muchos con el nombre de hermanos, sino que también los considera como a tales, para que juntamente con Él consigan la gloria paterna; y estos son los que han conocido a Cristo Nuestro Señor por la Fe80, y la Fe que profesan de palabra, la confirman realmente y con obras de caridad; por lo que el Apóstol le llama el Primogénito entre muchos hermanos81. 76

. Concilio de Nicea. (325); cf. El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 125 77 . Isaías LIII, 8-12 78 . Cf. San Juan I, 1 79 . Cf. Ibíd. 14 80 . Cf. San Lucas VIII, 19-21 81 . Cf. Romanos VIII, 29

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Cristo es Señor Nuestro según las dos naturalezas. Nuestro Señor: y así con verdad decimos, que Cristo es omnipotente, eterno e inmenso, lo cual ha recibido de la divina naturaleza82. Igualmente decimos de Él que padeció, murió y resucitó; y esto nadie duda ser propio de la naturaleza humana83. Porque, así como es eterno Dios como el Padre, así también es Señor de todas las cosas lo mismo que el Padre; y como Él y el Padre no son distintos dioses, sino absolutamente Uno solo y un mismo Dios, de igual manera, Él y el Padre no son dos Señores distintos, sino un solo señor. Pero, además, rectamente se le llama Señor Nuestro, en cuanto es hombre, por muchas razones. Y en primer lugar, por haber sido nuestro Redentor y por habernos librado de la esclavitud de los pecados, de justicia recibió este derecho a ser y llamarse verdadero Señor Nuestro. Pues así lo enseña San Pablo: “se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; por lo cual también Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre”84. Y Él mismo dijo de Sí, después de la Resurrección: “a mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra” 85. Esta caridad de nuestro buen Dios, la de habernos redimido con su propia sangre, es ciertamente causa justísima, y no sabemos si será la mayor de todas, por la que debemos reconocerle, adorarle y servirle perpetuamente como a Nuestro Señor y quien se atreve a llamarnos no siervos, sino amigos y hermanos86

IV. III. “Fue concebido por el Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen” Fue concebido por el Espíritu Santo: creemos y confesamos que éste mismo Jesucristo, único Señor Nuestro, Hijo de Dios, cuando tomó por nosotros carne humana en el vientre de la Santísima Virgen María, fue concebido no por obra de varón, como los demás hombres, sino sobre todo en orden natural a la virtud del Espíritu Santo87; de tal manera que la misma Persona (del Verbo), permaneciendo Dios, como lo era desde la eternidad, se hiciese hombre, lo cual no era antes. Y que estas palabras deben así entenderse, se ve claramente por la confesión del sagrado Concilio de Constantinopla: “que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos; y se encarnó, por virtud del Espíritu Santo, en María Virgen y se hizo hombre”88.

¿El nacimiento temporal no causó en Cristo ninguna confusión de Su naturaleza? Porque el Verbo que es hipóstasis o el supuesto de la naturaleza divina, de tal modo tomó la naturaleza humana, que es una sola y una 82

. Cf. San Marcos X, 51-52; San Mateo XXVIII, 18 . Cf. San Mateo XXVII, 57-61; ibíd. XXVIII, 6 84 . Hechos de los Apóstoles IV, 11-12; cf. Filipenses II, 8-11 85 . San Mateo XXVIII, 18 86 . Cf. San Juan XV, 15; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 422-455 87 . Cf. San Mateo I, 20; San Lucas I, 35 88 . San Juan I, 14; cf. Concilio de Constantinopla (381); El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 150, 300 83

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misma hipóstasis y Persona de la naturaleza divina y de la humana; de donde resultó que tan admirable unión conservase las acciones y las propiedades de ambas naturalezas, y, como dice el gran Pontífice San León: “ni la glorificación hiciera desaparecer la inferior o humana, ni la Encarnación debilitara la superior o divina”89.

En la Encarnación de Cristo hubo, no todas, pero sí, muchas cosas sobrenaturales: porque, cuando creemos que el cuerpo de Cristo se formó de la sangre purísima de la Santísima Virgen María, en esto vemos la naturaleza humana, puesto que es común a los cuerpos de todos los hombres el ser formados de la sangre materna. Pero lo que excede al orden natural y a la inteligencia humana es esto: tan pronto como la Bienaventurada Virgen María, asintiendo a las palabras del Ángel, dijo: “ecce ancilla Dominum: fiat mihi secúndum Verbum tuum”90, al punto se formó el cuerpo santísimo de Cristo y se le unió un alma racional91, y de este modo, en el mismo instante fue perfecto Dios y perfecto hombre: que, “Sábete que concebirás en tu seno, y así que el alma se unió con el cuerpo, darás a luz un hijo, a quien pondrás por se unió también la misma divinidad nombre Jesús” con el cuerpo y el alma: por lo cual se San Lucas I, 31 formó y animó el cuerpo al mismo tiempo que la divinidad se unió al cuerpo y al alma; de donde resulta que en un mismo instante fuera perfecto Dios y perfecto hombre, y que la Virgen Santísima se dijese verdadera y propiamente Madre de Dios y del hombre, por haberse concebido en un mismo momento a Dios y al hombre. Esto lo dio a entender el Ángel92 y el suceso comprobó lo que el Profeta Isaías había predicho: “sabed que una Virgen concebirá y tendrá un Hijo”93.

¿Qué significa que Cristo naciera de la Santísima Virgen María? Nació de la Virgen María: Jesucristo, Señor Nuestro, no sólo fue concebido por virtud del Espíritu Santo, sino que también nació y fue dado a luz por María Virgen. Con cuán alegría y gozo del alma se haya de meditar la Fe de este misterio, que lo expresa la voz del Ángel, que fue el primero que trajo al mundo la felicísima noticia, diciendo: “mirad que vengo a daros una nueva, que será 89

. Leo. Serm. I. De Nativ. Dóm. Cap. II . “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”: San Lucas I, 38 91 . Cf. Athan. In Symb 92 . Cf. San Lucas I, 35 93 . Isaías VII, 14 90

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de grandísimo gozo para todo el pueblo”94. Además, es fácil comprenderlo por este cántico de la celeste milicia que cantaron los ángeles: “gloria a Dios en lo más alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” 95. Desde entonces también comenzó a cumplirse aquélla tan magnífica promesa de Dios a Abraham96. Porque María a quien verdaderamente celebramos y veneramos por Madre de Dios, por haber dado a luz97 una Persona que es juntamente Dios y hombre, descendiente del Rey David.

Cristo no nació según el curso común de la naturaleza: y así como la concepción excede totalmente el orden natural, así en el nacimiento nada puede contemplarse que no sea divino. Además, y no es posible absolutamente decirse ni pensarse nada más admirable que esto, nace de Madre sin menoscabo alguno de la virginidad; y al modo que después salió del sepulcro cerrado y sellado98, y se presentó en medio de sus discípulos, cerradas las puertas 99; o, para no separarnos de las cosas que diariamente vemos suceder en la naturaleza; al modo que los rayos del sol atraviesan la sustancia densa del vidrio, sin quebrarle ni hacer en él la menor lesión; así, decimos, y por modo más sublime, Jesucristo salió del seno materno sin detrimento alguno de la virginidad de su Madre; así pues, con alabanzas muy verdaderas celebramos su inmaculada y perpetua virginidad. Y esto, en verdad, se obró por virtud del Espíritu Santo, que tanto engrandeció a la Madre en la concepción y en el nacimiento del Hijo, que le dio fecundidad y conservó su perpetua virginidad. A este tenor podemos también comparar a la Madre Virgen con Eva; de modo que a la primera Eva corresponde la segunda, que es María, según está escrito que el segundo Adán, que es Cristo, corresponde con el Adán primero 100, porque Eva, por haber dado crédito a la serpiente, comunicó al linaje humano la maldición y la muerte101; y por haber María creído al Ángel, hizo la bondad de Dios que viniese a los hombres la bendición y la vida102. Por causa de Eva éramos por naturaleza hijos de la ira; y por medio de María recibimos a Jesucristo, por quien renacemos, hijos de la gracia. Díjose a Eva: “con dolor darás a luz los hijos”103; y María fue exenta de esta ley, porque, según antes se ha dicho, salva la integridad de su pureza virginal, dio a luz a Jesucristo, El Nacimiento del Salvador Hijo de Dios, sin sentir dolor alguno104 94

. San Lucas II, 10 . Ibíd. II, 14 96 . Cf. Génesis XXII, 16-18 97 . Cf. San Mateo I, 22-25 98 . Cf. Ibíd. XXVIII, 2-8 99 . Cf. San Juan XX, 19 100 . Cf. Romanos V, 15 101 . Cf. Génesis III, 6 102 . Cf. San Lucas I, 38 103 . Génesis III, 16 104 . Cf. San Lucas II, 6-7; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 456-570 95

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IV. IV. “Padeció bajo Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado” Enséñalo el Apóstol, que afirmó: “porque me propuse no saber entre vosotros otra cosa sino a Jesucristo, y Éste crucificado”105. Nos propone la Fe que es necesario creer; que Cristo Nuestro Señor fue crucificado, cuando Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, por orden de Tiberio Cesar; pues fue preso, escarnecido, objeto de varias clases de infamias y tormentos, y por último crucificado.

El alma de Cristo sintió los tormentos en sus dos partes. Padeció: porque habiendo tomado

La Condenación de Nuestro Señor Jesucristo

verdaderamente la naturaleza humana, es preciso confesar que sintió también en su alma gravísimo dolor; por esto dijo: “mi alma siente angustias de muerte”106. Y, por consiguiente, lo que era pasible y mortal, permaneció en Él: y, por otra parte, lo que era impasible e inmortal, como entendemos que lo es la misma naturaleza divina, conservó su propiedad.

¿Por qué se expresa en el Credo, bajo qué gobernador de la Judea padeció Cristo? Bajo el poder de Poncio Pilato: porque el conocimiento de un hecho tan importante y necesario podía adquirirse más fácilmente por todos, si se señalaba un tiempo determinado del suceso, como vemos haberlo hecho el Apóstol San Pablo: “te ruego, en presencia de Dios que da vida a todas las La Coronación de Espinas cosas, y de Cristo Jesús, el cual hizo bajo Poncio Pilato la bella confesión” 107. Y también porque con tales palabras se declara haberse comprobado con el hecho esta predicción del 105

. I Corintios II, 2 . Salmo LXIX, 21; cf. Ibíd. LXXXVIII, 4-10; San Mateo XXVI, 38; San Marcos XIV, 34 107 . I Timoteo VI, 13 106

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Salvador: “y lo entregarán a los gentiles, para que lo encarnezcan, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará”108.

No sucedió sin fundamento que Cristo muriese en el leño de la Santa Cruz. Fue crucificado: el por qué sufrió muerte especialmente en el madero de la Cruz, esto también hay que atribuirlo al decreto de Dios, a saber: “para que, de donde nacía la muerte, de allí mismo renaciese la vida”109; porque la serpiente, que había vencido en un árbol a los primeros padres, fue vencida por Cristo en el árbol de la Cruz110 . El Salvador eligió el género de muerte que parecía más propio y convincente para la redención del linaje humano, como en realidad no pudo haber otro más afrentoso e Nuestro Señor. Jesucristo con la Cruz a indigno. Porque el suplicio de la Cruz cuestas no sólo fue siempre tenido entre los gentiles por execrable y de la mayor infamia y deshonra, sino que, según la ley de Moisés, llamase maldito al hombre que es colgado de un madero111. La Religión y la Fe católica se apoyan en este artículo como en seguro fundamento, y, fijo éste, fácilmente se establecen todos los demás. Porque si alguna cosa causa repugnancia al espíritu y a la razón humana, no hay duda que el misterio de la Santa Cruz se debe estimar como el más difícil de creer de todos, y apenas podemos concebir que nuestra salvación esté pendiente de la Cruz, y de Aquél que por nosotros fue colgado de aquel madero. Mas en esto, como enseña el Profeta Isaías y el Apóstol San Pablo, se debe admirar la suma providencia de Dios: “destruiré la sabiduría de los sabios, y anularé la prudencia de los prudentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿No ha trocado Dios en necedad la sabiduría del mundo?”112 Por esto La Crucifixión mismo el Señor, como nada hay más 108

. San Mateo XX, 19 . Prefacio de la fiesta de la Santa Cruz 110 . Cf. Génesis III, 1-6 111 . Cf. XXI, 22-23; Gálatas III, 13 112 . Isaías XXIX, 14; cf. I Corintios I, 19-20 109

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inaccesible a la humana razón que el misterio de la Santa Cruz, inmediatamente después del primer pecado nunca dejó de figurar, ya por vaticinios de los Profetas, la muerte de su Hijo. En efecto, indicando ligeramente las figuras, primeramente Abel muerto por envidia de su hermano113; después el sacrificio de Isaac114; y el cordero sacrificado por los judíos, al salir de la tierra de Egipto; luego la serpiente de bronce levantada en alto por Moisés en el desierto, anunciaban de antemano en figura la Pasión y Muerte de Cristo Nuestro Señor115. Y por lo que se refiere a los profetas, es tan notorio que fueron muchísimos los que vaticinaron acerca de este misterio116.

¿Qué es lo que indica que debemos creer esta cláusula: muerto y sepultado? Murió:

La Serpiente de Bronce

Jesucristo, después que fue crucificado murió y fue sepultado. Todos los evangelistas convienen en que N. S. Jesucristo expiró117. Además, habiendo sido Cristo verdadero y perfecto hombre verdaderamente pudo morir; pues muere el hombre cuando el alma se separa del cuerpo. Por lo que, al afirmar que Jesús murió, significamos lo mismo: que su alma se separó de su cuerpo; mas no por esto concedemos que del cuerpo se separe la divinidad: antes bien creemos que, separada su alma del cuerpo, la divinidad estuvo siempre unida así al cuerpo en el sepulcro, como al alma en los infiernos:

“pues convenía que Aquél para quien son todas las cosas, y por quien todas subsisten, queriendo llevar muchos hijos a la gloria, consumase al autor de la salud de todos ellos por medio de los padecimientos. Así que, como los hijos participan de sangre y carne, también Él participó igualmente de ellas, a fin de que por medio de la muerte (suya) destruyese a aquél que tiene el imperio de la muerte, esto es el diablo, y librase a todos los que, por temor de la muerte, durante toda su vida

“Yo doy mi vida por mis ovejas” San Juan X, 15

113

. Cf. Génesis IV, 8 . Cf. Ibíd. XXII, 6-10 115 . Cf. Éxodo XII, 5-6; Números XXI, 9; San Juan III, 14-15 116 . Cf. Salmo II, 1-3; ibíd. XXII, 12-19; ibíd. LXIX, 1-4; Isaías L, 6; ibíd. LII, 13-15; ibíd. LII, 13-14 117 . Cf. San Mateo XXVII, 50; San Marcos XV, 37; San Lucas XXIII, 46; San Juan XIX, 30 114

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estaban sujetos a servidumbre del pecado, siendo Él el sumo sacerdote”118.

Cristo no murió contra su voluntad ni forzado: y en Cristo Nuestro Señor fue cosa singular que murió cuando Él mismo quiso morir, y que recibió la muerte no tanto producida por fuerza extraña, como voluntariamente. Mas no sólo escogió la muerte, sino que también determinó el lugar y el tiempo en que moriría: “fue maltratado y se humilló, sin decir palabra; como cordero que es llevado al matadero; como oveja que calla ante sus esquiladores, así el no abre la boca”119. Y el mismo Señor antes de su Pasión, dijo de Sí mismo: “yo doy mi vida por mis ovejas, para tomarla otra vez. Nadie me la arranca, sino que yo la doy de mi propia voluntad, y soy dueño de darla y dueño de recobrarla”120 Y en cuanto al tiempo y el lugar, cuando Herodes atentaba contra su vida dijo: “decid a ese zorro: he aquí que echo demonios y obro curaciones hoy y mañana; el tercer día habré terminado. Pero hoy, mañana y al otro día, es necesario que yo ande, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén”121. Por consiguiente, nada hizo violento o por la fuerza, sino que Él mismo se ofreció voluntariamente a la muerte, y, saliendo al encuentro de sus enemigos, les dijo: “Yo soy”122; y de su voluntad sufrió todas las penas a que le condenaron injusta e inhumanamente. Nada, por tanto, puede tener mayor fuerza para excitar los sentimientos de nuestro corazón que cuando consideramos atentamente todas sus penas y tormentos. Por donde puede bien conocerse la infinita y sublime caridad de Nuestro Señor Jesucristo, y su mérito divino en nuestro favor.

¿Por qué decimos que Cristo no sólo murió, sino que fue sepultado? Fue sepultado: estas palabras se han añadido, primero para que sea menos posible dudar de su muerte; en segundo lugar, para que se manifieste y brille mas el milagro de su Resurrección: “se presentó delante de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le entregase. José tomó, pues, el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en el sepulcro suyo, nuevo, que había hecho tallar en la roca. Después rodó una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fué”123.

Nuestro Señor Jesucristo puesto en el Sepulcro

¿Cómo debe contemplarse el beneficio de la Pasión de Cristo? Y, para decirlo todo de una vez, quien padece es Jesucristo, Dios y hombre; padece el Creador por sus criaturas; padece el Señor por sus siervos; padece Aquél por 118

. Hebreos II, 10-18 . Isaías LIII, 7 120 . San Juan X, 17-18 121 . San Lucas XIII, 32-33 122 . San Juan XVIII, 5 123 . San Mateo XXVII, 57-60 119

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quien fueron creados los ángeles, los hombres, los cielos, los elementos; Aquél, sí, en quien, por quien y de quien son todas las cosas124. Las Sagradas Letras atestiguan que Cristo Nuestro Señor fue entregado por su Padre, y también por Sí mismo; dicen, pues, por la boca del Profeta: “para expiación de las maldades de mi pueblo, le he herido yo”125. Y poco antes, el mismo Profeta, viendo, lleno del Espíritu de Dios, al Señor cubierto de llagas y heridas exclamó: “como ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros: cada cual se desvió de la senda del Señor hacia su propio camino; y a Él sólo, le ha cargado el Señor sobre sus espaldas, la iniquidad de todos nosotros”126.

Cristo sintió verdaderamente la acerbidad de los tormentos en Su cuerpo y en Su alma: mas, sin embargo, es manifiesto que Cristo Nuestro Señor sufrió los dolores mayores, así en el alma como en el cuerpo. Primeramente, no hubo parte alguna de su cuerpo que no sintiese dolores cruelísimos127; porque sus pies y sus manos fueron taladrados con clavos sobre la Cruz128; la cabeza, punzada con duras espinas y golpeada con una caña; el rostro, afeado con salivas y herido por bofetadas129; el cuerpo todo él, esto es, pecho y espalda, en carne viva por los azotes130. No fue esto todo; hombres de todas las razas y clases se confederaron contra el Señor y su Unigénito131. Y agravaba también este cúmulo de penalidades la complexión y disposición del cuerpo de Jesucristo, el cual, habiendo sido formado por virtud del Espíritu Santo, fue mucho más perfecto y delicado que pueden serlo los demás cuerpos humanos, y por esta razón tenía también más viva la potencia sensitiva y padeció con mayor dolor todos aquellos tormentos. Pero Cristo Señor Nuestro no mitigó con dulzura alguna el cáliz que bebió de su amarguísima Pasión132; porque permitió a la naturaleza humana, que había tomado, que sintiese todos los tormentos, como si fuese sólo hombre y no fuera también Dios.

¿Por qué ha tenido la Pasión de Cristo virtud para adquirirnos tantos bienes? Primero, por ser una satisfacción completa y perfecta en todas sus partes la que dio por modo admirable Jesucristo a Dios Padre por nuestros pecados. Pues el precio que por nosotros pagó, no sólo fue igual y equivalente a nuestras deudas, sino que las superó con exceso. Además, fue un Sacrificio muy del agrado de Dios, el cual, al ofrecérsele su Hijo en el Ara (altar) de la Santa Cruz, aplacó enteramente la ira e indignación del Padre; y de este modo usó el Apóstol cuando dijo: “imitad entonces a Dios, pues que sois sus hijos amados; y vivid en amor así como Cristo nos amó y se ofreció a sí mismo a Dios en oblación y hostia de olor suavísimo”133. 124

. Cf. Hebreos I, 1-4 . Isaías LIII, 8 126 . Ibíd. 6 127 . Cf. Salmo XXII, 15-16; Isaías LIII, 2-5; San Mateo XXVII, 46 128 . Cf. Salmo XXII, 17-18; San Juan XIX, 17-18 129 . Cf. San Mateo XXVI, 67-68; San Marcos XV, 16-19; San Lucas XXII, 63-65 130 . Cf. Salmo XXII, 18; San Juan XIX, 1 131 . Cf. Salmo. II, 2; San Mateo XXVII, 39-44 132 . Cf. Isaías LIII, 1-3 133 . Efesios V, 1-2 125

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Así mismo, es aquella redención, de la que dijo San Pedro: “fuisteis rescatados de vuestra vana conducta de vida, que recibisteis de vuestros padres, no con oro o plata, cosas perecederas, sino con la sangre de Cristo como de un cordero inmaculado y puro”134; y añade el Apóstol San Pablo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho por nosotros objeto de maldición, porque está escrito: „maldito sea todo el que pende del madero‟”135

IV. V. “Bajó a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos” Descendió a los infiernos: propónesenos creer en la primera parte de este artículo que, muriendo Cristo, su alma descendió a los infiernos y que allí permaneció todo el tiempo que su cuerpo estuvo en el sepulcro. Confesamos, además, en estas palabras que la misma Persona de Cristo, ese mismo tiempo estuvo en los infiernos y moró en el sepulcro.

¿Qué se ha de entender aquí por infiernos? Conviene advertir que la voz de infiernos no se toma aquí por la del sepulcro, como afirman algunas sectas no menos impías que neciamente. Sin duda alguna, el nombre de infiernos significa aquellas cavidades ocultas, en donde están detenidas las almas, que no han conseguido la felicidad celeste.

¿Cuántos son los lugares en donde están detenidas, después de la muerte, las almas que esten privadas de la gloria eterna? Sin

El Infierno

embargo, estas cavidades no son todas de una sola ni de la misma clase. Pues existe una cárcel horribilísima y muy obscura, donde, con fuego perpetuo e inextinguible, son atormentadas las almas de los condenados136, juntamente con los espíritus infernales, la cual se llama también gehena, o mansión del llanto137, abismo y propiamente infierno138. 134

. I San Pedro I, 18-19; cf. Apocalipsis V, 9. . Gálatas III, 13; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 571-630 136 . Cf. San Mateo III, 12; ibíd. XXII, 13-14; ibíd. XXV, 41; ver: El Testimonio de Sor Lucia. ¡Rusia se convertirá! 13 de julio de 1917. Págs. 530-532 137 . Cf. San Lucas XVI, 22-23 135

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Existe, además, un fuego de Purgatorio, en donde se purifican las almas de los justos, atormentadas por tiempo determinado, para que se les pueda franquear la entrada en la patria eterna139, en la que nada manchado entra. Y acerca de esta verdad de Fe, que los santos concilios declaran estar confirmada con testimonios de las Sagradas Escrituras y con la Tradición apostólica, ha de predicar el párroco, porque hemos llegado a unos tiempos en que los hombres rechazan la sana doctrina140. Por último, hay una tercera cavidad, donde residían las almas de los Santos antes de la venida de Cristo Señor Nuestro, en donde, sin sentir dolor alguno, sostenidos con la esperanza dichosa de la redención, disfrutaban de pacífica morada141. A estas almas piadosas, que estaban esperando al Salvador en el seno de Abraham, libertó Cristo Nuestro Señor al bajar a los Infiernos, para libertar las almas santas y justas de la triste incomodidad de aquella prisión. Luego, por haber descendido a los infiernos, no se disminuyó absolutamente su poder y su majestad divina.

¿Por qué causas quiso Cristo bajar a los infiernos? Después de haber explicado lo que antecede, se enseñará que Cristo Nuestro Señor bajó a los infiernos para llevar consigo al cielo, arrancando su presa a los demonios, a aquellos Santos Padres y demás almas piadosas, libres de la prisión, lo cual realizó admirablemente y con gran gloria; porque enseguida su presencia llevó a los cautivos una luz clarísima, e inundó sus almas de alegría y gozo inmenso; comunicándoles también la deseada felicidad, que consiste en la visión de Dios: de lo cual existe este firmísimo testimonio del Rey David: “no abandonarás ¡oh Señor! Mi alma en el infierno”142, con lo cual se cumplió también lo que había prometido al ladrón, diciéndole: “hoy estarás conmigo en el paraíso”143. Y esta

El Purgatorio 138

. Cf. San Mateo XXV, 30; Apocalipsis XX, 13-15; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1033-1037 . Cf. II Macabeos XII, 38-45; San Mateo III, 11; I Corintios III, 13-15; Apocalipsis XXI, 27; Concilio de Trento. Sesión. XXV; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1030-1032 140 . Cf. II Timoteo IV, 1-5 141 . Cf. San Mateo XXVII, 52; San Lucas XVI, 22; Efesios IV, 8-9; I San Pedro III, 19-20 142 . Salmo XVI, 10 143 . San Lucas XXIII, 43 139

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libertad de los justos había sido predicha mucho antes por el Profeta Oseas de este modo: “¡Oh muerte! Yo he de ser la muerte tuya: seré tu destrucción ¡Oh infierno!”144 Esto también significó el Profeta Zacarías diciendo: “Y tu mismo ¡Oh Salvador! Mediante la sangre de tu testamento, has hecho salir a los tuyos, que estaban cautivados, del lago o fosa, en que no hay agua” 145. Lo mismo, por último, expresó el Apóstol con estas palabras: “Despojando a los Principados y Potestades en público y llevólos delante de Sí, triunfando de ellos en su propia Persona”146. Por los méritos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo han conseguido la salvación los justos, no sólo los que existiesen después de la venida del Señor, sino también, los que le habían precedido desde Adán, y los que han de existir hasta el fin del mundo; por consiguiente, antes que el Señor muriese y resucitase, para nadie estuvieron abiertas las puertas del cielo, sino que las almas de los justos, cuando éstos morían, eran llevadas al seno de Abraham, o, como ahora sucede también, a aquéllas que tienen algo que purgar y satisfacer, se purificaban en el fuego del Purgatorio147. Y también para que se cumplieran las palabras del Apóstol: “para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús”148.

Explicación de la segunda parte del quinto artículo. Al tercer día resucitó: decláranlo estas palabras del Apóstol: “acuérdate que Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos”149. Y el sentido del artículo es éste: después que Cristo Nuestro Señor murió en la Cruz, en la feria sexta, a la hora de nona, y en el mismo día, por la tarde, fue sepultado por sus discípulos, los cuales, con permiso del gobernador Pilato, habiendo bajado de la Cruz el cuerpo del Señor, le enterraron en un sepulcro nuevo de un huerto próximo, al tercer día de su muerte, que fue domingo, muy de mañana

El Rostro de Cristo La Sabana Santa

144

. Oseas XIII, 14 . Zacarías IX, 11 146 . Colosenses II, 15 147 . Cf. Aug. Lib. I. De Cura pro Mortuis Gerenda. Cap. II 148 . Hechos de los Apóstoles IV, 11-12; cf. Filipenses II, 10-11 149 . II Timoteo II, 8 145

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su alma se unió de nuevo a su cuerpo: y de este modo, el que había estado muerto durante tres días volvió a la vida, de la que se había separado al morir, y resucitó150.

Cristo resucitó, no por virtud extraña, como los demás hombres, sino por su propia virtud: el Señor resucitó por su virtud y poder propio, lo cual fue exclusivo y singular de Él. Esto estuvo únicamente reservado al poder de Dios, como lo deducimos de estas palabras de San La Resurrección Pablo: “si bien fue crucificado como débil (según la carne), no obstante vive ahora por la virtud de Dios”151. Y con esta virtud pudo por Sí mismo volver a la vida y resucitar de entre los muertos. Esto lo predijo el Rey David: “su diestra misma y su santo brazo han obrado su salvación”152. Después lo confirmó el mismo Señor con el divino testimonio de su boca: “yo doy mi vida por mis ovejas, para tomarla otra vez, y soy dueño de darla y dueño de recobrarla”153. Y así mismo dijo a los judíos, para confirmar la verdad de su doctrina: “destruid este Templo, y yo en tres días lo reedificaré”154. ¡Cristo resucitado!

¿Por qué se llama a Cristo el primogénito de entre los muertos, constando que otros resucitaron antes que Él? Como

dice el Apóstol: “Cristo resucitó de entre los muertos, y ha venido a ser como las primicias de los difuntos; porque, así como por un hombre vino la muerte al mundo, por un hombre debe venir la resurrección de los muertos; y así como en Adán mueren todos, así ¡Cristo resucitado! en Cristo todos serán vivificados: cada uno empero por su orden, Cristo el primero, después los que son de Cristo”155. Cristo Nuestro Señor resucitó de tal modo, venciendo y sujetando a la muerte, que no pudiera morir otra vez, lo cual se confirma con este clarísimo testimonio: “sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no puede tener dominio sobre Él. Porque la muerte que Él murió, la murió al pecado una vez para siempre; mas la vida que Él vive, 150

. Cf. San Mateo XXVIII, 1-10; San Marcos XVI, 1-14; San Lucas XXIV, 1-12; San Juan XX, 1-18 . II Corintios XIII, 4 152 . Salmo XCVIII, 1 153 . San Juan X, 17-18 154 . Ibíd. II, 19-21 155 . I Corintios XV, 20-24 151

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para Dios”156. Estas palabras deben entenderse de la resurrección perfecta, por la cual, quitada absolutamente toda la necesidad de morir, somos elevados a la vida inmortal.

¿Por qué causas fue necesario que Cristo resucitase? En cuanto a lo primero, fue necesario que resucitara, para que se manifestase la justicia de Dios, que era muy justo ensalzase a Aquél que, por obedecerle, se había humillado con toda clase de oprobios. Esta causa alegó el Apóstol, escribiendo a los Filipenses: “se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz; por lo cual Dios le ensalzo sobre todas las cosas”157. Además, para que se confirmase nuestra Fe, sin la cual no puede mantenerse firma a justicia del hombre; porque, el haber resucitado de Cristo resucitó, ¡Aleluya! entre los muertos por su propia virtud, debe ser la mejor prueba de que Cristo es el Hijo de Dios. Y porque habiendo resucitado Cristo, tenemos esperanza cierta de que también nosotros resucitaremos, y que San Pedro confirmó con estas palabras: “Bendito, sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha regenerado con la viva esperanza de vida eterna, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para alcanzar algún día herencia incorruptible”158. Porque Cristo con su muerte nos libró de los pecados: pero, resucitando, nos devolvió los bienes principales que pecando habíamos perdido. Por esto dijo el Apóstol: “Cristo fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación” 159. Luego, a fin de que nada faltase para la salvación del género humano, como fue conveniente que muriera, lo fue también que resucitara.

¿Qué bienes resultan a la humanidad de la resurrección de Cristo? Su Resurrección fue un instrumento para conseguir la nuestra. También puede tenerse por modelo, porque la Resurrección de Cristo nuestro Señor lo es perfectísima para nosotros; y así como el cuerpo de Cristo, al resucitar, se revistió de gloria inmortal, de la misma manera nuestros cuerpos, que antes habían sido débiles y mortales, resucitarán dotados de gloria e inmortalidad 160. Pues, como hace saber San Pablo: “estamos aguardando al Salvador, Jesucristo, Señor nuestro, el cual transformará nuestro vil cuerpo haciéndolo conforme al suyo glorioso”161. 156

. Romanos VI, 9-10 . Filipenses II, 5-10 158 . I San Pedro I, 3-5 159 . Romanos IV, 24-25 160 . Cf. I Corintios XV, 42-49 161 . Filipenses III, 20-21 157

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¿Por qué señales se conoce que uno ha resucitado espiritualmente con Cristo? Se ha observado principalmente estas señales cuando el Apóstol nos dice: “si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre”162, si agradan a uno todas las cosas que son verdaderas, las que son honestas y las que son justas y santas, y con el sentido interior del alma percibe en ellas el gozo de las cosas del cielo, esto puede ser una prueba excelente de que, quien así se halla dispuesto, ha resucitado en compañía de Jesucristo a la vida nueva y espiritual.

¿Cómo y por qué Cristo dilató su resurrección hasta el día tercero? Porque, por haber estado encerrado en el sepulcro un día natural entero (sábado), parte del anterior (viernes) y otra parte del siguiente (domingo), dícese de esto, con mucha verdad, que yació tres días en el sepulcro, y que al día tercero resucitó de entre los muertos. Mas para manifestar su divinidad, no quiso dilatar la Resurrección hasta el fin de los tiempos; y, por otra parte, para que creyésemos que era verdadero hombre y había muerto verdaderamente, no resucitó enseguida que murió, sino a los tres días; el cual espacio de tiempo parecía ser suficiente para probar la muerte verdadera163

IV. VI. “Subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios Omnipotente” Contemplando el Profeta David, lleno del Espíritu Divino, la feliz y gloriosa Ascensión del Señor exclamó: “sube Dios entre voces de júbilo, Yahvéh con sonido de trompeta. Él domina desde lo más alto”164. Nuestro Señor Jesucristo subió al cielo en cuerpo y alma, en cuanto hombre; porque en cuanto es Dios, nunca se separó de Él, como que por su divinidad está en todas partes.

Cristo subió, no sólo por virtud de la divinidad, sino también por virtud de la humanidad. Subió a los cielos: pero enseñe el párroco que subió por su propia virtud, no elevado por poder extraño, al modo de Elías, que fue llevado 165 al cielo en un carro de fuego , o el diácono Felipe, que llevado por el aire anduvo largos espacios de tierra166. Tampoco ascendió a los cielos sólo como La Ascensión del Señor

162

. Colosenses. III, 1 . Cf. San Mateo XXVIII, 1; San Marcos XVI, 1; San Lucas XXIV, 1; San Juan XX, 1; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 631-658 164 . Salmo XLVII, 6 165 . Cf. II Reyes II, 11 166 . Cf. Hechos de los Apóstoles VIII, 39-40 163

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Dios, por la muy poderosa virtud de la divinidad, sino también como hombre. Porque si bien esto no puede suceder por fuerza natural, con todo, aquella virtud de que estaba dotada el alma de Cristo pudo mover el cuerpo como quiso, pues el cuerpo, que ya estaba dotado de gloria, obedecía fácilmente las órdenes del alma que le movía167; y por esta razón creemos que Cristo subió a los cielos por virtud propia, como Dios y como hombre verdadero.

¿En que sentido se dice en la segunda parte de este artículo que Jesucristo está sentado a la diestra del Padre? Mas como en las cosas humanas creemos que se atribuye mayor honra a aquél que está colocado a la derecha, aplicando esto mismo a las cosas celestes, para explicar la gloria de Cristo, que ha obtenido en cuanto hombre sobre todos los Sentado a la Diestra de Dios Padre demás: “y llegándose Jesús les habló, diciendo: „todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra‟”168, confesamos que está sentado a la diestra del Padre. Pero estar sentado no significa en este lugar, situación y figura del cuerpo, sino que expresa la posesión firme y estable de la regia y suprema potestad y gloria que recibió del Padre: acerca de lo cual San Pablo dice: “resucitándole de entre los muertos y colocándole a su diestra en los cielos, sobre todo Principado y Potestad, Virtud y Dominación, y sobre todo nombre, por celebrado que sea, no sólo en esta vida, sino también en la futura, y todas las cosas puso a sus pies, y lo dio por cabeza suprema de toda la Santa Iglesia, que es su cuerpo” 169. De cuyas palabras se deduce que esta gloria es tan propia y singular del Señor, que no puede convenir a ninguna otra naturaleza creada. Por lo que se dice en otro lugar por boca del Profeta: “he aquí el oráculo de Yahvé a mi maestro: ¡siéntate a mi diestra!”170 Al confesar que Jesucristo Nuestro Señor subió a los cielos y está sentado a la diestra de Su Padre, no puede decirse nada más grandioso y admirable para expresar su gloria infinita y su divina majestad.

¿Por qué Cristo subió al Cielo, y no estableció su reino en la tierra? Subió primeramente, porque a su cuerpo, que por la Resurrección estaba dotado de gloria inmortal, no le correspondía la morada de esta vida terrena y tenebrosa, sino el trono altísimo y brillantísimo del cielo; además, para demostrar 167

. Cf. Ibíd. I, 9-11 . San Mateo XXVIII, 18 169 . Efesios I, 20-22 170 . Salmo CX, 1 168

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realmente las palabras dichas a Poncio Pilato: “mi reino no es de este mundo”171; porque los reinos de este mundo son perecederos e inconstantes, y se apoyan en grandes fuerzas materiales y en el poderío de la carne; y el Reino de Nuestro Señor Jesucristo no es terreno, como lo esperaban los judíos (y lo siguen esperando), sino espiritual y eterno. Igualmente demostró ser espiritual su poder y su riqueza al fijar su residencia en el cielo, pues en este sentido afirma el Apóstol Santiago: “¿no eligió Dios a los pobres en este mundo para hacerlos ricos en la Fe y herederos del reino, que tiene prometido a los que le aman?”172 Por lo que, si el Señor no se hubiera ausentado de nosotros, tendría menos mérito nuestra Fe; pues Cristo Nuestro Señor llama bienaventurados a los que no vieron y creyeron173. Tiene, además, la Ascensión del Señor al cielo mucha virtud para arraigar la esperanza en nuestros corazones; porque, creyendo que Cristo hombre, subió al cielo y que la naturaleza humana está colocada a la diestra de Dios Padre, esperamos con mucha razón que nosotros, como miembros suyos, subiremos también allá, y allí nos uniremos con nuestra Cabeza, como lo aseguró el mismo Señor diciendo: “¡oh Padre! Deseo que aquellos que Tú me has dado, estén conmigo allí mismo donde yo estoy, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo”174 Además de esto, hemos conseguido del mismo modo beneficio, tal vez el mayor de todos, de haber arrebatado nuestro amor hacia el cielo e inflamándole con su Divino Espíritu, pues con mucha verdad está escrito: “porque allí donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón” 175.

La Santa Iglesia se enriqueció muchisimo después de la Ascención de Cristo: añádase también, que engrandeció en la tierra su Casa, esto es, la Santa Iglesia, la cual sería gobernada por la virtud y dirección del Espíritu Santo176; dejó a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, por Pastor y Sumo Pontífice de toda Ella entre los hombres177; y después se los dio a unos por apóstoles, a algunos otros por evangelistas, y en último a otros por pastores y doctores178; y de esta manera sentado a la diestra del Padre, está siempre distribuyendo varios dones, ya a unos, ya a otros. Por último, los fieles deben entender también acerca de la Ascensión lo mismo que se ha indicado sobre el misterio de la muerte y Resurrección; pues aunque debemos nuestra redención y salvación a la Pasión de Cristo, que con sus méritos abrió a los justos, la puerta del cielo; sin embargo, su Ascensión no sólo se nos ha propuesto como ejemplar en el que aprendamos a dirigir la vista a lo alto y a subir al cielo con el espíritu, sino que también nos dio en abundancia la gracia divina para que podamos conseguirlo, pues afirma San Pablo: “uno el Dios y Padre de todos, el cual es sobre todo, en todo y en todos. Pero a cada uno de nosotros se le ha dado la gracia a medida de la donación gratuita de Cristo. Por esto dice: subiendo hacia lo alto llevó a cautivos consigo, y dio dones a los hombres”179 171

. San Juan XVIII, 36 . San Santiago II, 5 173 . Cf. San Juan XX, 29 174 . San Juan XVII, 24 175 . San Mateo VI, 21 176 . Cf. San Juan XIV, 15-17; ibíd. XVI, 7 177 . Cf. Ibíd. XXI, 15-17 178 . Cf. I Corintios XII, 28 179 . Efesios IV, 6-7; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 659-667 172

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IV. VII. “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos” Dos son las venidas de Cristo: en efecto, las Sagradas Letras atestiguan que son dos las venidas del Hijo de Dios: la una, cuando por nuestra salvación tomó carne y se hizo hombre en el seno purísimo de la Santísima Virgen María; y la otra, cuando al fin del mundo vendrá a juzgar a todos los hombres. Llámese esta segunda venida en las Sagradas Letras la Parusía o día del Señor180 de la cual dice el Príncipe de los Apóstoles: “como el ladrón de noche, así vendrá el día del Señor”181 y el mismo Señor afirma: “mas, en orden al día y a la hora nadie lo sabe”182. Pero acerca del supremo juicio es suficiente la autoridad del Apóstol: “es forzoso que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de El Juicio final Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, mientras estuvo revestido del cuerpo, según que haya obrado bien o mal”183. Porque llena está la Sagrada Escritura de testimonios184, porque, así como desde el principio del mundo fue siempre muy deseado de todos aquel día del Señor en que se revistió de carne humana, porque tenía puesta en este misterio la esperanza de su redención, así también, después de la muerte del Hijo de Dios y de su ascensión al cielo, deseamos con afecto vehementísimo el otro día del Señor: “aguardando la felicidad esperada o prometida, y la venida gloriosa del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo”185.

¿Cuantas veces deberá todo hombre sufrir la sentencia de Cristo como Juez y delante de Él? Pero en la explicación de este artículo harán notar los párrocos dos tiempos, en los cuales a todos es preciso presentarse delante del Señor, y dar cuenta de cada uno de los pensamientos, de las acciones y también de todas las palabras y, por último, sufrir cara a cara la sentencia del Juez. El primero es, cuando cada uno de nosotros sale de esta vida; pues inmediatamente comparece ante el tribunal de Dios, allí se hace examen justísimo de todo cuanto 180

. Cf. II Tesalonicenses II, 1-2 . II San Pedro III, 10 182 . San Mateo XXIV, 36 183 . II Corintios V, 10 184 . Cf. I Libro de Samuel II, 10; Salmo XCVI, 13; ibíd. XCVIII, 9; Isaías II, 12; Jeremías XLVI, 10; Daniel VII, 26; San Mateo XIII, 40-43 185 . Tito II, 13-14 181

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en cualquier tiempo haya hecho, dicho o pensado, y este juicio es particular186, y el otro es, cuando en un solo día comparecerán al mismo tiempo todos los hombres ante el tribunal del Juez Supremo, para que, viéndolo y oyéndolo los hombres de todos los siglos, sepa cada uno lo que se ha decretado y juzgado de ellos mismos, y la publicación de esta sentencia será para los hombres impíos y malvados una parte, no la menor, de sus penas y tormentas; más, al contrario, los piadosos y justos recibirán, con motivo de ella, gran premio y fruto, habiendo de verse claro cual fue cada cual en esta vida; este juicio se llama general o Universal187. Las Sagradas Escrituras declaran ciertamente que a Cristo Nuestro Señor, no sólo como Dios, sino también como hombre, se le ha El Juicio particular dado este juicio. Confirmase con el testimonio de Él mismo, que dice: “y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo el juicio al Hijo, a fin de que todos honren al Hijo como honran al Padre ”188.

¿Por qué no se atribuye este juicio del mismo modo al Padre y al Espíritu Santo? Y es muy conveniente que este juicio se celebre por Cristo Nuestro Señor, a fin de que, habiéndose de fallar en causas de hombres, puedan éstos ver al Juez con los ojos corporales, y oír con los oídos la sentencia que se pronuncie, y, en general, percibir con los sentidos del cuerpo aquel juicio 189. Y es, además, muy conforme a la razón que aquel hombre que fue condenado por tan inicua sentencia de hombres, sea visto por todos en su día sentado como Juez Universal: “yo derramaré sobre la casa de David, y sobre los habitantes de Jerusalén, un espíritu de gracia y de oración y pondrán sus ojos en él, a quien traspasaron. Lo llorarán, como se llora al Unigénito, y harán duelo amargo por Él, como suele hacerse por el Primogénito”190. “Porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: „ningún hueso le quebrantaréis‟. Y también otra Escritura dice: „volverán los ojos hacia Aquél a quien transpasaron‟”191. “Ved, viene con las nubes, y le verán todos los ojos, y aún los que le traspasaron; y harán luto por Él todas las tribus de la tierra” 192. Por lo cual 186

. Cf. Hebreos IX, 27 . Cf. Eclesiástico XI, 28 188 . San Juan V, 22 189 . Cf. Aug. In Joan. Trat. XXI. De Verbum Domini; Serm LXIV; Job XIII, 17 190 . Zacarías XII, 10 191 . San Juan XIX, 36-37 187

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también el Príncipe de los Apóstoles añadió: “y nos mandó que predicásemos y testificásemos al pueblo que Él es el que está por Dios constituido Juez de vivos y de muertos”193.

¿Por qué señales se conocerá que está próximo el juicio universal? Pero las Sagradas Letras anuncian que precederán al Juicio estas tres señales principales: la predicación del Evangelio por todo el mundo, la Apostasía y el Anticristo; pues dice el Señor: “se predicará este Evangelio del Reino de Dios en todo el mundo, en testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin”194. Y el Apóstol nos advierte que no nos dejemos seducir por nadie, como si estuviera cerca el día del Señor: “porque no se celebrará el Juicio sin que antes haya acontecido la Apostasía casi general de los fieles y aparecido el hombre del pecado o Anticristo”195.

¿De qué modo se celebrará el juicio, y cómo se dará la sentencia universal? Y será fácil a los párrocos conocer cual ha de ser la forma y el orden del Juicio, por las profecías del Profeta Daniel196 y también por la doctrina de los Santos Evangelistas y el Apóstol197. En efecto, Cristo Salvador nuestro, viendo con alegría a los justos, puestos a su derecha, pronunciará con suma dulzura sobre ellos la siguiente sentencia: “venid, benditos de mi Padre; tomad posesión del Reino celestial, que os está preparado desde el principio del mundo” 198. Y comprenderán que nada más grato puede oírse que dichas palabras, aquellos que las comparen con la condenación de los malos, y consideren atentamente que con estas palabras son llamados los hombres justos y piadosos de los trabajos al

La Resurrección de los Cuerpos 192

. Apocalipsis I, 7 . Hechos de los Apóstoles X, 42 194 . Malaquías IV, 5-6; cf. San Mateo XVII, 11; ibíd. XXIV, 14; Apocalipsis X, 8-11; XIV, 6-7 195 . II Tesalonicenses II, 3-4 196 . Cf. Daniel VIII, 9-14 197 . Cf. San Mateo XXIV, 29-31; San Marcos XIII, 24-27; II Tesalonicenses II, 7-12; Apocalipsis XX, 11-15 198 . San Mateo XXV, 34 193

280


descanso, del valle de lágrimas al gozo infinito, de las miserias a la perpetua felicidad, de que se han hecho dignos por las obras de caridad199.

¿Con qué clase de penas seran los malos castigados? Dirigiéndose enseguida a los que estarán a su izquierda, dejará caer contra ellos el peso de su justicia diciéndoles: “apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles”200. Con las primeras palabras “apartaos de mí”, se significa la mayor pena con que serán los impíos castigados, cuando fueren arrojados a la mayor distancia de la vista de Dios; sin que pueda consolarlos esperanza alguna de que llegue un día en el que gocen de bien tan grande; y a esta llaman los teólogos pena de daño201, esto es, que los réprobos carecerán perpetuamente en el infierno de la luz de la visión divina. Y la palabra: “malditos”, que sigue, aumenta sobremanera su aflicción y desventura. Pues si, cuando fueren arrojados de la divina presencia, se les considerase dignos siquiera de alguna bendición, ésta sin ninguna duda podría servirles de gran consuelo; mas, como nada de esto pueden esperar que alivie su desgracia, muy justamente, al ser arrojados, los perseguirá la divina justicia con toda clase de maldiciones.

De la pena de sentido y de la compañía de los condenados: sigue después: “al fuego eterno”; y este segundo género de castigos es llamado por los teólogos pena de sentido, porque se percibe con los sentidos corporales202, como en los azotes y en las lesiones o en cualquier otra clase más grave de suplicios, entre los que no puede dudarse que los tormentos de fuego producen dolor muy sensible; y, juntándose a este mal, el tener que durar eternamente, redujese de todo esto que el castigo de los condenados contendrá todo género de penas; y esto lo declaran más, las palabras puestas al final de la sentencia: “que fue destinado para el Diablo y sus ángeles”. ¿Cuál será, en fin, la aflicción de los condenados, que, en medio de tan grandes

El Infierno

199

. Cf. Ibíd. 35-40; Apocalipsis XXI, 1-7 . San Mateo XXV, 41-46 201 . Cf. Chrys. Hom. XXIII. In Mattheo; Aug. In Enchir. Cap CXII 202 . Cf. Aug. Serm. CLXXXI. De Temp. Lib. I. Triplici Habit. Cap I 200

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tormentos jamás podrán apartarse de la pésima compañía de Satanás y de los otros demonios? Y muy justamente, en verdad, pronunciará Nuestro Señor y Salvador esta sentencia contra los malos: “porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, estuve peregrino y no me recibiste, desnudo y no me cubriste, enfermo y en la cárcel y no fuiste a visitarme... . Y estos irán al suplicio eterno, donde será el llanto y el crujir de dientes”203.

La materia del juicio debe inculcarse con frecuencia en el espíritu del pueblo católico: esto es lo que los párrocos deben explicar muchas veces al pueblo fiel. Porque la verdad de este artículo, adquirida con la Fe, es muy eficaz para refrenar las malas pasiones del alma y apartar a los hombres de los pecados. Y así se lee en el Eclesiástico: “en todas tus acciones acuérdate de tus postrimerías, y nunca jamás pecarás”204. El justo, debe excitarse más y más, y resolverse con suma alegría a practicar el bien, aunque pase la vida en la miseria, deshonrado y perseguido, cuando vuelve la consideración a aquel día en que, después de los combates de esta miserable vida, se declarará vencedor en presencia de todos los hombres, y, recibido en la Patria celestial, será ensalzado con los honores divinos y ciertamente eternos. Por consiguiente, lo que resta es exhortar convenientemente a los fieles a que se procuren un modo de vivir rectamente y a que se ejerciten en todos los actos de piedad, para que puedan esperar con mayor tranquilidad de ánimo aquel día grande del Señor, que está próximo, y desearle con grandes ansias, como corresponde a sus hijos205

IV. VIII. “Creo en el Espíritu Santo” ¿Qué grande es la necesidad, y el fruto de creer en el Espíritu Santo? En la exposición de este punto procederán los párrocos con el mayor celo y cuidado, puesto que al cristiano no le es más lícito ignorar esta parte, o pensar de ella con menor rectitud que lo que debe pensarse sobre los demás artículos precedentes. Por lo cual el Apóstol nos consintió que algunos fieles de Efeso ignorasen la Persona del Espíritu Santo: “a quienes dijo: „¿habéis recibido el Espíritu Santo después de abrazar la Fe?‟ Ellos le contestaron: „ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo‟. Preguntóles entonces: „¿pues en qué habéis sido bautizados?‟ Dijeron: „en el Bautismo de Juan‟. A lo que replicó San Pablo: „Juan bautizaba con Bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en Aquél que había de venir en pos de él, esto es, en el Señor Jesús”206. Con estas palabras significó que a los fieles les es sumamente necesario el conocimiento de este artículo, del cual reciben principalmente el fruto de que, cuando consideran con atención que todo lo que tienen lo han conseguido por gracia y don del Espíritu Santo, el cual debe ser para el cristiano el primer escalón para la sabiduría y felicidad infinita207. ... 203

. San Mateo XXV, 42-46; cf. Ibíd. XXII, 13 . Eclesiástico VII, 36 205 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 668-682 206 . Hechos de los Apóstoles XIX, 2-7 207 . Cf. I Corintios XII, 3-4 204

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sobre la verdad de este misterio218, porque si el Padre es Dios, y el Hijo es Dios, absolutamente no es forzoso confesar que es también Dios el Espíritu Santo, que está unido a ellos en igual grado de honor. Y este mismo orden de las Tres Personas, con el que se prueba la divinidad del Espíritu Santo, puede observarse ya en la epístola de San Juan: “Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son una misma cosa” 219. Se le atribuye al Espíritu Santo la santificación220; y la vivificación221, y penetra las cosas más profundas de Dios222, y hablar por los Profetas223, y estar en todas partes224; todo lo cual debe sólo atribuirse al poder divino.

Debe creerse, sin duda alguna que la palabra Espíritu Santo significa la tercera persona de la Divinidad, subsistente por sí misma: el Espíritu Santo de tal manera es Dios, que debemos confesar que es la Tercera Persona en la naturaleza divina, distinta del Padre y del Hijo, y producida por la voluntad; nuestro Salvador muy claramente le demuestra, y, además, nos aclara que subsiste por sí misma y es distinta de las demás. Esto también declaran las palabras de San Pablo: “la gracia de Nuestro Señor Jesucristo y la caridad de Dios Padre, y la comunicación del Espíritu Santo sea con todos vosotros, amén”225. Lo mismo manifiestan, mucho más claramente, las palabras que añadieron en el Símbolo de Nicea los Padres, para refutar la impía locura de Macedonio, en el Concilio primero de Constantinopla: “y en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, que procede del Padre y del Hijo, que juntamente con el Padre y el Hijo es adorado y conglorificado; que habló por medio de los profetas”.

Explícase que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, como de un solo principio: se ha de enseñar a los fieles que el Espíritu Santo procede, por procesión eterna, del Padre y del Hijo, como de único principio; esto, pues, nos manda creer la ley eclesiástica, de la cual no puede jamás desviarse el cristiano, y se confirma con la autoridad de las Sagradas Letras y de los concilios226. Y porque, hablando Cristo Nuestro Señor del Espíritu Santo dijo: “Él me glorificará,

Pentecostés

218

. Cf. San Mateo XXVIII, 19 . I San Juan V, 7 220 . Cf. I San Pedro I, 2 221 . Cf. II Corintios III, 6 222 . Cf. I Corintios II, 10 223 . Cf. II San Pedro I, 21 224 . Cf. Salmo CXXXIX, 7 225 . II Corintios XIII, 13 226 . Cf. Conc. Later. Cap. I; Conc. Floren. In Decret. Sesión. III 219

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porque recibirá de lo mío”227. Colíguese esto mismo de que en las Sagradas Escrituras es llamado el Espíritu Santo unas veces Espíritu de Cristo: “envió Dios a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual nos hace exclamar: ¡Abba! Esto es: ¡Padre mío!”228 Y en la Última Cena dijo el Señor: “el Consolador que yo os he de enviar, Espíritu de Verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí”229 Y otros lugares: Espíritu del Padre; dícese que es enviado, ya por el Padre, ya por el Hijo, para demostrar claramente que procede igualmente del Padre que del Hijo: “a quien mi Padre enviará en mi nombre”230.

¿Cuáles y qué grandes son los efectos del Espíritu Santo? Muchos son en verdad sus efectos; se ha demostrado que el acto de dar la vida se atribuye propiamente al Espíritu Santo; y se confirma con el testimonio del Profeta Ezequiel: “yo os daré vida y vosotros viviréis”231. Con todo, el Profeta enumera los efectos especiales del Espíritu Santo: “el Espíritu de sabiduría y de entendimiento, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de ciencia y de piedad, y el Espíritu de temor de Dios”232; los cuales se denominan “dones de Espíritu Santo”; pero sobre todos sus riquísimos dones, debe ponderarse aquella gracia con que nos hace justos y nos sella con el Espíritu Santo de la promesa, el cual es la prenda de nuestra herencia233, para que nos llamemos y seamos verdaderamente hijos de Dios234

IV. IX. “La Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos” ¿Por qué debe explicarse este artículo al pueblo católico, con mucha más frecuencia que los demás? Pues, en primer lugar, según dice San Agustín235, los Profetas hablaron más clara y expresamente de la Santa Iglesia que de Cristo, previendo que acerca de ésta podrían errar y engañarse mucho más que sobre el misterio de la Encarnación. Porque no habría de faltar

Basílica de San Pedro

227

. San Juan XVI, 14 . Gálatas IV, 6 229 . San Juan XV, 26 230 . Ibíd XIV, 26 231 . Ezequiel XXXVII, 6 232 . Isaías XI, 2 233 . Cf. Efesios I. 13-14 234 . Cf. I San Juan III, 1; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 683-747, 1091-1095, 1099-1112 235 . Cf. Aug. Conc. II. Super Psalm. XXX; In Lib. De Utilit. Credendi 228

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impíos que a imitación de la mona, que finge ser hombre, hiciesen alarde de ser ellos los únicos cristianos, y afirmasen, con no menos maldad que soberbia, que sólo en ellos está la Santa Iglesia. En segundo lugar, si uno tiene esta verdad gravada firmemente en su alma, se librará fácilmente del peligro horrendo de la herejía y de las sectas. Porque no debe tenerse a uno por hereje tan pronto como haya pecado en la Fe, sino al que, despreciando la autoridad de la Santa Iglesia, sostiene con pertinacia opiniones impías236. Ahora bien, éste artículo es una consecuencia del anterior; porque habiéndose allí demostrado que el Espíritu Santo es la fuente y el dador espléndido de toda santidad, confesamos aquí que la Santa Iglesia es santificada por Él mismo.

¿Qué se entiende por la palabra Iglesia en particular, y qué en general? Significa, pues la voz Iglesia tomado del griego: “llamamiento a un lugar”; pero después la usaron los escritores por “concilio y asamblea del pueblo” posteriormente, según el uso constante de las Sagrada Escritura, se empleó esta voz únicamente para significar la sociedad cristiana y a las congregaciones de los fieles, esto es, de los que son llamados por la Fe a la luz de la verdad y al conocimiento de Dios, a fin de que disipadas las tinieblas de la ignorancia y de los errores, adoren piadosa y santamente al verdadero Dios, y le sirvan de todo corazón; y, para compendiar todo esto en una sola palabra, la Santa Iglesia Católica como dicen San Agustín y San Cipriano: “es el pueblo fiel esparcido por todo el mundo”237.

¿Qué misterios principales se encierran en la voz Iglesia dignos de contemplarse? En este vocablo se contienen grandes misterios; porque en el llamamiento que significa Santa Iglesia Católica, brilla por modo permanente la bondad y el resplandor de la divina gracia, y comprendemos que la Santa Iglesia Católica se distingue en gran manera de las sociedades públicas; porque éstas se apoyan en la razón y en la prudencia humanas, y aquélla está fundada en la sabiduría y el consejo de Dios. Además, se debe conocer muy bien qué fin debe ser el que se nos ha propuesto por esta vocación, esto es, el conocimiento y la posesión de los bienes eternos, aquél que advirtiere por qué antiguamente el pueblo fiel, sujeto a la ley, se llamaba Sinagoga, esto es: congregación; pues, como dice San Agustín: “Se le 236 237

. Cf. II San Pedro II, 1-3 . Aug. Psalm. CXLIX; Cypr. Epist. LXIX

285


impuso este nombre, porque, como las bestias, de quienes es muy propio se congregaban, buscaban exclusivamente los bienes terrenos, pasajeros y perecederos”238. Con razón, pues, no se llama sinagoga al pueblo cristiano, sino Santa Iglesia Católica; porque, despreciando los bienes terrenos y materiales, aspira tan sólo a los celestes y eternos.

¿Con qué nombres se halla designada en las Sagradas Escrituras a esta sociedad cristiana? Otros muchos nombres llenos de misterio se han usado para llamar la república cristiana, pues el Apóstol la llama Casa239 y Edificio240 de Dios. Y llamase Casa la Santa Iglesia Católica por ser como una familia gobernada por un padre, y en la que hay participación común de todos los bienes espirituales. También se denomina Grey241. Se llama también Esposa de Cristo242. Llamase, por último, la Santa Iglesia Católica Cuerpo Místico de Cristo243. Y cada uno de estos nombres sirven para excitar a los fieles a mostrarse dignos de la clemencia y bondad inmensas de Dios Padre, que los escogió para que fuesen miembros de ella y pueblo suyo244. La Comunión de los Santos

Existen dos partes principales de la Santa Iglesia: triunfante la una y militante la otra: Dos son principalmente las partes de la Santa Iglesia: la primera es la triunfante, es la unión lucidísima y felicísima de espíritus bienaventurados y de aquellos que triunfaron del mundo, de la carne y del perversísimo demonio, y que libres y seguros 238

. Ibíd. In Psalm. LXXVIII. Núm. 3; LXXX. Núm. 9 . Cf. I Timoteo III, 15 240 . Cf. I Corintios III, 9; Romanos XV, 20 241 . Cf. San Juan X, 1-2 242 . Cf. II Corintios XI, 2 243 . Cf. Romanos XII, 4-5 244 . Cf. Efesios I, 22-23 239

286

El buen Pastor


de las molestias de esta vida, están gozando de la eterna bienaventuranza 245. Y la Iglesia militante es la congregación de todos los fieles que aún viven en la tierra, la cual se llama militante, porque tiene guerra continúa con los cruelísimos enemigos: mundo, demonio y carne.

La Iglesia triunfante y la Iglesia militante son una sola Santa Iglesia: no obstante lo dicho, se debe creer que no son dos Iglesias, sino que, como poco se ha dicho, son dos partes de una sola, de las cuales la una predicó, y está gozando ya en la celeste Patria; la otra sigue de día en día en combate, hasta que al fin, unida con nuestro Salvador, descanse en la felicidad eterna246.

En la Santa Iglesia militante hay dos clases de hombres, a saber: buenos y malos: ahora bien, en la Santa Iglesia militante hay dos clases de hombres: la de los buenos y la de los malos247; éstos, a la verdad, participantes de los mismos sacramentos, profesan también la misma Fe que los buenos, pero son muy distintos por su vida y costumbres; y llámanse buenos en la Santa Iglesia los que están unidos y coligados entre sí, no sólo por la profesión de Fe, y la participación de los sacramentos sino también por el espíritu de gracia y el vínculo de la caridad; de los cuales se dice: “el Señor conoce a los que son suyos”248. Así, pues, la Santa Iglesia comprende a los buenos y a los malos, como lo afirman las Sagradas Letras249 y los escritos de los Santos Padres; y en este sentido es esta frase del Apóstol: “un solo cuerpo y un solo espíritu”250. ...

Ciudad del Vaticano 245

. Cf. Apocalipsis VII, 9-12 . Cf. Ibíd. XXI, 1-3; Aug. Lib. XII. De Civit. Dei. Cap. IX 247 . Cf. Ibíd. In Brev. Coll. 3 248 . II Timoteo II, 19 249 . Cf. San Mateo III, 12 250 . Efesios IV, 4 246

287


En virtud de esto, llama San Pablo santificados y santos a los de Corinto, entre los cuales es evidente que hubo algunos a quienes reprende duramente por deshonestos286 y con epítetos aún más graves287. Debe también llamarse Santa, porque, como su cuerpo, está unida con su Cabeza Santa, Cristo Nuestro Señor, fuente de toda santidad de donde dimana los dones del Espíritu Santo y las riquezas de la bondad divina288. Añádase también que sola la Santa Iglesia tiene el culto legítimo del Santo Sacrificio de la Misa y el uso saludable de los sacramentos, por los cuales, como por eficaces instrumentos de la divina gracia, comunica Dios la verdadera santidad, de tal modo que todos cuantos son verdaderamente santos no pueden existir fuera de la Santa Iglesia Catolica289.

¿Por qué razón la Santa Iglesia de Cristo es Católica? Esto es, Universal, cuyo nombre se le ha dado con verdad, porque, según afirma San Agustín: “desde el Oriente hasta el Poniente se extiende con el esplendor de una sola Fe”290. Porque no está la Santa Iglesia reducida a los límites de un solo reino o una sola clase de hombres, como sucede en los Estados Nuestro Señor Jesucristo es el Centro de la Historia civiles o en las juntas de herejes (sectas), sino que comprende en su seno de caridad a todos los hombres, sean bárbaros o escitas, esclavos o libres, hombres o mujeres, y de todas las clases y razas291. Y por eso está escrito: “con tu sangre nos has rescatado para Dios de toda tribu y lengua; de todo pueblo y nación, y nos constituiste en reino para nuestro Dios”292. De la Santa Iglesia Católica dice el Rey David: “pídeme y te daré las naciones en herencia tuya y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra”293 En otra parte: “yo me acordaré de Raham y de Babilonia, que tiene conocimiento de mí, y: el hombre nació en Ella”294. Además, todos los fieles que han existido desde Adán hasta el día de hoy, los que existirán mientras exista el mundo, que profesan la verdadera Fe, pertenecen a esta misma Santa Iglesia, que está edificada sobre el fundamento de los Apóstoles y de los Profetas, los cuales están todos constituidos y fundados sobre la piedra angular que es Cristo, 286

. Cf. I Corintios I, 2 . Cf. Ibíd. V, 1-2 288 . Cf. Efesios IV, 15-16 289 . Cf. Greg. Lib. XXXV De Moral. Cap. VI 290 . Aug. Serm. CXXXI-CLXXXI. De Temp. Et CCXLII. Núm. IV; Tert. Contra Judaeos 291 . Cf. Salmo LXXII, 10-11; San Mateo II, 11; Colosenses III, 11 292 . Apocalipsis V, 9-10 293 . Salmo II, 8 294 . Ibíd. LXXXVII, 4-5 287

288


que de los dos pueblos ha hecho uno, y que anunció la paz a los judíos, que estaban cerca, y a los gentiles, que estaban alejados de Dios295. Y llamase también universal, porque todos los que desean conseguir la salvación eterna deben estar dentro de Ella y servirla, no de otro modo que los que entraron en el arca para no perecer en el diluvio296. Por lo tanto, se ha de tener esta nota como regla certísima para conocer la Santa Iglesia verdadera de la falsa. Nota: “para el catolicismo no existe la historia puramente humana. El hombre ha sido elevado al orden sobrenatural, y en él consiste el fin del hombre. Pues bien, los anales de la humanidad deben ofrecer su rastro. En efecto, si el hombre no puede ser conocido totalmente sin ayuda de la verdad revelada, ¿podrá ser explicada la sociedad humana en sus diversas fases, en su historia, si no se pide auxilio a esa misma antorcha divina? ¿Tendría acaso la humanidad otro fin distinto al del hombre individual? La historia es el gran teatro en el cual la importancia del elemento sobrenatural se declara a plena luz, ya sea por la docilidad de los pueblos a la Fe, ya sea que se perviertan por el mal uso de la libertad. La historia tiene que ser católica, si quiere ser verdadera; y todo sistema histórico que hace abstracción del orden sobrenatural en el planteamiento y la apreciación de los hechos, es un sistema falso, que no explica nada. La historia católica juzga la humanidad como juzga al hombre individual. Su filosofía de la historia está en su Fe. Sabe que el Hijo de Dios hecho hombre es el Rey de este mundo, que: “todo poder le ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos baudizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a conservar todo cuanto oshe mandado”297. La Encarnación del Verbo es para ella el punto culminante de la historia, y por ello la divide en dos grandes secciones: antes de Jesucristo, después de Jesucristo. Antes de Jesucristo. Muchos siglos de espera, la depravación, las tinieblas, la idolatría. Es el indicio de la necesidad que siente la humanidad de ver a Aquél que es al mismo tiempo el Salvador y la Luz del mundo. Después de Jesucristo. Una duración de la que ningún hombre posee el secreto, porque ningún hombre conoce la hora de la concepción del último elegido; porque este mundo no es conservado sino para los elegidos, que son la causa de la Encarnación del Verbo. Él viene por fin, y la humanidad, cuyo progreso estaba en suspenso, se lanza por la vía de la luz y de la vida. En la tierra, todo es para los elegidos, y los elegidos son para Cristo. Con estos datos ciertos, con esta certeza divina, la historia ya no tiene misterios para el católico. Pero no sólo se aplica en buscar y señalar en la historia el aspecto que relaciona cada uno de los acontecimientos con el principio sobrenatural, sino que, con mayor razón, destaca los hechos que Dios produce fuera de la conducta ordinaria, y que tienen por meta certificar y hacer más palpable el carácter maravilloso de las relaciones que ha fundado entre Él mismo y la humanidad.

295

. Cf. Efesios II, 17-22 . Cf. Génesis VII, 13-16 297 . San Mateo XXVIII, 18 296

289


Entre estos, uno llama la atención y reclama toda la elocuencia del católico: “la conservación de la Santa Iglesia Católica a través del tiempo”. Las herejías, los cismas, las defecciones, los escándalos, las revoluciones, las conquistas..., nada han logrado conseguir contra Ella; rechazada en un país, ha avanzado en otro; siempre visible, siempre conquistadora y siempre sufriente. La existencia de la Santa Nuestro Señor Jesucristo es Rey Iglesia Católica hasta el fin de los tiempos, termina por dar al católico la razón de ser de la humanidad. Lo que vuelve siempre más firme y más calmo el golpe de vista del católico que escruta la historia, es la seguridad que le da la Santa Iglesia Católica que se desarrolla sin cesar ante él como una columna luminosa e ilumina divinamente todas sus apreciaciones. Entonces, él concluye, con evidencia palmaria, que la vocación de la humanidad es una vocación sobrenatural; que las naciones sobre la tierra, no solamente pertenecen a Dios, sino que también son el dominio particular del Verbo encarnado y de su Esposa Inmaculada, la Santa Iglesia Católica romana. Por lo tanto, ¡basta de misterios en la sucesión de los siglos! ¡Basta de vicisitudes inexplicables! Todo lo que sucede en la tierra, todo acontecimiento se dirige al fin: el de completar el número de los elegidos, el honor de la Santa Iglesia, Católica, la gloria de Jesucristo, ¡la alabanza de la Santísima Trinidad! Miremos a la humanidad desde el punto de vista de sus relaciones con Jesucristo y su Santa Iglesia; no la separemos nunca de Ellos en nuestros juicios ni en nuestros relatos. Y cuando nuestra mirada se detenga sobre el planisferio, recordemos que tenemos ante los ojos el Imperio del Verbo encarnado y de su Santa Iglesia Católica”298.

¿Por qué la Santa Iglesia de Cristo se llama también Apostólica? Pero conocemos así mismo la verdadera Santa Iglesia por su origen, que le trae de los Apóstoles, después de publicada la Ley de gracia; porque su doctrina es la verdad, no moderna, ni anunciada por primera vez, sino enseñada ya antiguamente por los Apóstoles y propaganda por todo el mundo. De lo cual se sigue que nadie puede dudar que las impiedades de los herejes se separan mucho de la Fe de la verdadera Santa Iglesia, al oponerse a su doctrina predicada desde los Apóstoles hasta nuestros días. Por lo cual, a fin de que todos supiesen cuál era la Santa Iglesia Católica, añadieron al Credo los Padres por inspiración de Dios la palabra Apostólica. Pues el Espíritu Santo, que gobierna la Santa Iglesia, no la rige por otro género de ministros sino por el apostólico299. Y este Espíritu 298

. Nota de los Autores . Cf. San Juan XV, 26

299

290


se comunicó primero a los Apóstoles, pero después ha permanecido siempre en la Santa Iglesia Católica por la suma bondad de Dios; “y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo”300.

La Santa Iglesia no puede errar en los dogmas de Fe o de las costumbres: mas así como esta sola Santa Iglesia Católica, Apostólica, no puede errar al enseñar la doctrina de la Fe y de las costumbres, por estar regida por el Espíritu Santo, así es forzoso que todas las demás, que se adjudican el nombre de “Iglesia”, caigan en errores muy perniciosos de doctrina y de costumbres, porque son guiadas por el espíritu diabólico.

¿Con qué figuras principales se representó la Santa Iglesia de Cristo en el Antiguo Testamento? No omitirán los párrocos esta parte de la doctrina, que contiene grandes utilidades. Entre ellas tiene especial significación el Arca de Noé301, que fue construida por mandato de Dios, únicamente para que no se pudiese dudar que significaba la misma Santa Iglesia Católica, que Dios construyó, de manera que todos cuanto en Ella entraren por el Bautismo pudieran estar libres de todo peligro de muerte eterna; y los que se quedasen fuera de Ella pereciesen sumergidos en sus maldades, como sucedió a los que no entraron en el Arca. Otra figura es aquella gran ciudad de Jerusalén, con cuyo nombre significan muchas veces las Santas Escrituras a la Santa Iglesia Católica302. En efecto, sólo en aquella ciudad se podía ofrecer a Dios sacrificios, porque igualmente sólo en la Santa Iglesia de Dios se halla, y jamás fuera de Ella, el verdadero culto y el verdadero Sacrificio303, la Santa Misa de siempre, que puede agradar a Dios Su Santidad Venerable Pío XII celebrando la Santa en algún modo. Misa en el Altar Papal de la Basílica de San Pedro

300

. Hechos de los Apóstoles XIX, 1-6; cf. I Timoteo IV, 14 . Cf. Génesis VI, 14; ibíd. VII, 13-16; I San Pedro III, 20 302 . Cf. Salmo CXXII 303 . Cf. Aug. Serm. CLXXX. De Temp; Malaquías I, 11; ver: El Santo Sacrificio de la Misa. Págs. 299-353 301

291


¿Cuáles, cuántas y qué grandes son las cosas que se nos manda creer que hay en la Santa Iglesia Católica? Pues ni fueron los hombres autores de esta Iglesia Santa, sino que fue el mismo Dios inmortal quien le edificó sobre una piedra firmísima: “uno por uno, todos han nacido en ella, y es el mismo Altísimo que la ha fundado”304; ni es humana la potestad que recibió, sino que fue dada por gracia divina. Por lo tanto, como no puede conocerse por las fuerzas naturales, por lo mismo, sólo por

La Iglesia triunfante, la Iglesia militante y la Iglesia purgante

la Fe entendemos que en poder de la Santa Iglesia están las llaves del Reino de los cielos305. Y que se le ha dado la potestad de perdonar pecados306, de excomulgar307, y de consagrar el verdadero cuerpo de Cristo308; y también que los ciudadanos que viven dentro de Ella no tienen aquí una ciudad fija, sino que van en busca de la venidera309. Luego, necesariamente hay que creer que la Iglesia es, Una, Santa, Católica, y Apostólica.

De la última parte de este artículo: la comunión de los Santos. Escribiendo el Evangelista San Juan a los fieles sobre los misterios divinos, adujo la siguiente razón de por qué los instruía acerca de ellos, diciendo: “para que tengáis también vosotros unión con nosotros, y nuestra unión sea con el

304

María Santísima: ¡Reina de Todos los Santos!

. Salmo LXXXVII 5; cf. San Mateo XVI, 18; ver: El Cuerpo Místico de Cristo. Págs. 35-51 . Cf. San Mateo XVI, 19 306 . Cf. San Juan XX, 23 307 . Cf. I Corintios V, 12-13 308 . Cf. San Lucas XXII, 19 309 . Cf. Hebreos XII, 22 305

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Padre y con su Hijo Jesucristo”310. Esta unión está fundada en la Comunión de los Santos, de la cual se trata en el presente artículo. Y pluguiera a Dios que al explicarle imitasen los rectores de las Iglesias el celo de San Pablo311 y de los demás Apóstoles; porque debemos aprender y conocer todos los misterios que contiene el Credo, a fin de ser admitidos en esta compañía tan ilustre y dichosa de los Santos, y, una vez recibidos, perseverar constantemente: “dando con gozo gracias a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la suerte y herencia de los Santos con la luz del Evangelio”312.

¿Las gracias gratis dadas y los demás dones de Dios son comunes a toda la Santa Iglesia? Y no solamente son comunes aquellas gracias que hacen a los hombres justos y amados de Dios; sino también las gracias gratis dadas, entre las que se cuentan: la ciencia, la profecía, el don de lenguas y de milagros, y otras de esta clase; las cuales se conceden también a los hombres malos, no para su bien particular, sino para el bien público, en beneficio de la Santa Iglesia. Pero, por último, el hombre verdaderamente cristiano nada posee que no deba creer que le es común con todos los demás; por lo cual deben estar prontos y dispuestos a socorrer las miserias de los necesitados; pues quien tiene bienes en este mundo, si viese que un hermano suyo está necesitado y no le socorriere, es muy evidente que éste no tiene la caridad de Dios. Siendo, pues, esto así, es bastante manifiesto que los que se hallan en esta comunión santa, disfrutan de cierta felicidad, y pueden muy bien decir esto: “¡oh, qué amables son tus moradas, Señor de las Virtudes! Mi alma ansía y padece delirios por estar en la Casa del Señor”313; y “bienaventurados, oh señor, los que moran en tu casa”314

IV. X. “El perdón de los pecados” ¿Por qué es necesario creer que en la Santa Iglesia se halla el perdón de los pecados? Nadie hay que, al ver que este artículo del perdón de los pecados está incluido entre los demás artículos de Fe, pueda dudar que en él se contenga, no sólo un Misterio Divino, sino también muy necesario para conseguir la salvación; pero si esto, que por sí debe ser a todos manifiesto, pareciese que debe aún confirmarse con algún testimonio, será suficiente lo que nuestro Salvador dijo acerca de esto, poco antes de su ascensión al cielo: “era necesario, que Cristo padeciese y que resucitase de entre los muertos al tercer día, y que en nombre suyo se predicare la penitencia y el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén”315.

En la Santa Iglesia hay verdadera potestad de perdonar pecados: Así, pues, en la Santa Iglesia Católica se halla, no sólo aquella remisión de los pecados, de la cual había profetizado Isaías: “pues al pueblo que mora en Ella 310

. I San Juan I, 3 . Cf. Romanos XII, 4-5; I Corintios XII, 12-13; II Corintios VIII, 12-14 312 . Colosenses I, 12-13 313 . Salmo LXXXIV, 1-4 314 . Ibíd. 5; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 748-975 315 . San Lucas XXIV, 46-47 311

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se le perdonarán sus pecados”316, sino que también hay en Ella la potestad de perdonar los pecados: “a quienes perdonaréis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos”317. Según las palabras prescritas por Cristo Nuestro Señor, débese creer que se remiten y perdonan verdaderamente los pecados.

¿De qué modo se perdonan los pecados en la Santa Iglesia? Y este perdón, cuando primeramente haciendo profesión de Fe, somos lavados en el Santo Bautismo, se nos data cumplidamente, que no queda culpa alguna que perdonar, ya sea la contraída al nacer, ya por algo que se haya omitido o cometido por voluntad propia, ni pena alguna que pagar. Pero, sin embargo, por la gracia del Bautismo ninguno se libra de toda la debilidad de la naturaleza 318. Siendo pues necesario que haya en la Santa Iglesia potestad de perdonar los pecados por otro medio más que por el Sacramento del Bautismo, se le han entregado las llaves del Reino de los cielos, por virtud de las que se pueden perdonar todos los pecados a todos los penitentes, aunque si hubiesen pecado siempre hasta el último día de sus San Pedro recibe de Manos de Nuestro Señor las Llaves del vidas; porque según Reino de los Cielos San Mateo, habló así el Señor a San Pedro: “a ti te daré las llaves del Reino de los cielos, y todo lo atares sobre la tierra será también atado en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra será también desatado en los cielos” 319. Además, afirma San Juan: “recibid el Espíritu Santo: quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonéis; y quedan retenidos a los que se los retuviereis”320.

A ningún pecado ni tiempo determinado está limitada la potestad de perdonar los pecados: y no se ha de creer que esta potestad se concreta a ciertas clases de pecados; pues ningún pecado tan enorme puede cometerse o pensarse que no tenga la Santa Iglesia potestad para perdonarle321; como igualmente nadie hay tan pecador y malvado a quien, si de veras se arrepiente de sus pecados, no se le deba ofrecer esperanza cierta de perdón 322. Y tampoco está limitada esta misma potestad de modo tal que sólo pueda usarse de ella en algún 316

. Isaías XXXIII, 24 . San Juan XX, 23 318 . Cf. Concilio de Trento. Sesión. V. Can. 5; Aug. Lib. De Peccat. Méritis. Cap. XXVIII. Et I De Civit. Dei. Cap. XXV 319 . San Mateo XVI, 19 320 . San Juan XX, 22-23 321 . Cf. Ambr. Lib I. De Penit. Caps. I-II 322 . Cf. Ezequiel XVIII, 21 317

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tiempo determinado; porque en cualquier hora en que el pecador quisiere volver a la salud espiritual, nuestro Salvador enseñó que no debe ser rechazado, cuando preguntándole el Príncipe de los Apóstoles cuántas veces se había de perdonar a los pecadores, si acaso siete veces respondió: “no siete veces, sino hasta setenta veces siete”323.

La Confesión

No se ha concedido a todos los cristianos la potestad de perdonar pecados: pero si atendemos a los ministros de esta divina potestad, se verá que es menos extensa. Porque no dio el Señor a todos la potestad de tan gran ministerio, sino únicamente a los obispos y sacerdotes. Esto mismo se ha de creer en lo que toca al modo de ejercer aquella potestad; porque por medio de los sacramentos pueden perdonarse los pecados solamente, si se guarda su forma; pues de otra manera no se ha concedido a la Santa Iglesia poder alguno de perdonar pecados; de donde se sigue que, así los sacerdotes como los sacramentos, vienen a ser, en orden a perdonar pecados, como unos instrumentos por los cuales Cristo Nuestro Señor, Autor mismo y Dador de la salud espiritual, obra en nosotros el perdón de los pecados y la justificación.

Nadie sino Dios perdona los pecados con autoridad propia: Por esta razón entendemos ser muy verdaderos los dichos de los Santos Padres, en los que confiesan que sólo Dios perdona a los hombres los pecados, y que una obra tan admirable que se tiene por mayor que la de crear de la nada el cielo y la tierra; y es la de convertir

La Muerte del Justo 323

. San Mateo XVIII, 21-22

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en hombre justo al impío324; no debe atribuirse a otro autor que a su suma bondad y poder. Dice el mismo Señor por el Profeta: “yo mismo soy el que borro tus iniquidades”325. Porque el modo de perdonar los pecados parece ser el mismo que el que se precisa observar con el dinero adeudado. Y así como por nadie sino por el acreedor puede perdonarse el dinero que se debe, así también, como únicamente a Dios somos deudores por los pecados nuestros y por esto se le debe pedir todos los días: “perdónanos nuestras deudas”326, y es evidente que por nadie fuera de Él, se nos La Muerte del Impío pueden perdonar los pecados.

Antes del nacimiento de Cristo a ningún hombre se concedió la potestad de perdonar pecados: Cristo nuestro Salvador fue el primero de todos que como hombre327 siendo igualmente verdadero Dios, recibió este don dado por su Padre celestial: “para que sepáis, dijo, que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar pecados, dice al paralítico: levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”328. Y habiéndose hecho hombre, a fin de conseguir para los hombres este perdón de los pecados, antes de subir al Cielo a sentarse allí para siempre a la diestra de Dios, concedió esta potestad a los obispos y presbíteros en la Santa Iglesia, aunque, como antes hemos dicho, perdonan los pecados: Cristo, por su propia autoridad, y los demás como ministros suyos.

¿En virtud de qué consiguen los hombres el perdón de sus pecados? Pues, con la sangre de

La Condenación del Pecador

su Unigénito Hijo quiso Dios que se expiasen nuestros delitos, de modo que pagase Él voluntariamente la pena que merecimos nosotros por los pecados329, fuese condenado el Justo por los

324

. Cf. Aug. Tract. LXXII. In Joan. Núm. 3; Colligitus ex Psalm. CXLV, 8-9 . Isaías XLIII, 25 326 . San Mateo VI, 12-13 327 . Cf. Sanct. Thom. Summa Theologiae. III. Q. LXIV. Art. III 328 . San Mateo IX, 6; cf. San Marcos II, 9 329 . Cf. Isaías LIII, 4-5 325

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malos, y que padeciese el Inocente por los culpables330. Por consiguiente, cuando reflexionemos que hemos sido redimidos, no con cosas perecederas, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como Cordero inocentísimo y purísimo, fácilmente juzgaremos que no pudo sobrevenirnos cosa más benéfica que esta potestad de perdonar pecados, lo cual pone de manifiesto la inexplicable providencia y la suma caridad de Dios para con nosotros.

¿Cómo se manifiesta principalmente la grandeza del beneficio que se despensa por la potestad de las llaves? Pues, el que ofende a Dios con un pecado mortal, al punto pierde cuantos méritos alcanzó por la muerte y la Cruz de Cristo, y se le cierra automáticamente la entrada al cielo que, hasta entonces cerrada, abrió para todos con su Pasión nuestro Salvador. A la verdad, al acordarnos de esto, no puede menos de conmovernos muchísimo la consideración de la miseria humana. Pero, si volvemos la vista a este poder admirable que concedió Dios a su Santa Iglesia, y, asegurados en la Fe de este artículo, creemos que a cada uno se da facilidad de poder, ayudado de la divina gracia, restituirse al primitivo estado de dignidad, nos vemos entonces obligados a saltar de gozo sumo y alegría, y dar a Dios gracias infinitas331

IV. XI. “La resurrección de la carne” ¿Cuánto importa tanto tener conocimiento claro de este artículo? Que es muy grande la fuerza de este artículo para asegurar la verdad de nuestra Fe, lo demuestra en gran manera el que en las Sagradas Letras no sólo se proponga para que lo crean los fieles, sino que también se puede confirmar con muchas razones332; lo cual, como vemos en verdad que apenas sucede en los demás artículos del Credo, puede deducirse que la esperanza de nuestra salvación estriba en él como en fundamento muy firme; porque como arguye el Apóstol: “si se predica a Cristo como resucitado La Resurrección de Lázaro de entre los muertos ¿cómo es que algunos dicen entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco resucitó Cristo; y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, y vana es también nuestra Fe”333.

330

. Cf. I San Pedro III, 18 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 976-987; ver: Del Sacramento de la Penitencia. Págs. 261-273 332 . Cf. Job XIX, 25-26; Isaías XXVI, 19; Ezequiel XXXVII, 1-6 333 . I Corintios XV, 12-14 331

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¿Por qué los Apóstoles llamaron en el credo resurrección de la carne a la resurrección de los hombres? Pero convendrá advertir, en primer lugar, que la resurrección de los hombres se llama en este artículo resurrección de la carne; lo cual, en verdad, no se hizo sin causa. Porque quisieron enseñar los Apóstoles lo que necesariamente se debe creer: que el alma es inmortal334; y así, para que nadie supiese tal vez que ésta moría juntamente con el cuerpo y que los dos resucitarían, siendo así que consta claramente en muchísimos lugares de las Sagradas Letras que el alma es inmortal, por esta razón se hace mención en este artículo sólo de la resurrección de la carne y aunque también muchas veces en las Sagradas Escrituras la palabra carne significa todo el hombre, como se ve en Isaías: “una voz dice: ¡clama! Y se le da por respuesta: ¿qué he de clamar? Toda carne es heno, y toda su gloria como florde campo”335; y en San Juan: “y el Verbo se hizo carne”336; sin embargo, en este lugar la palabra carne significa el cuerpo, para que entendamos que de las dos partes, alma y cuerpo, de que consta el hombre, solamente una, que es el cuerpo, se corrompe y vuelve al polvo337 de la tierra de que fue tomado; pero que el alma permanece incorrupta e inmortal338. Y como ningún hombre resucita sino Los Justos resucitarán después de muerto, no se dice propiamente que el para la Vida eterna alma resucite. También se hace mención de la carne para refutar la herejía de Himeneo y Fileto, viviendo el Apóstol, los cuales afirmaban que, cuando en las Sagradas Escrituras se habla de resurrección, debía entenderse, no de la corporal, sino de la espiritual, por virtud de la cual resucita el alma de la muerte del pecado a la vida inmaculada. Y así es evidente que por las palabras de este artículo desaparece aquel error, y se confirma la resurrección verdadera del cuerpo.

¿Con qué testimonios de las Sagradass Escrituras principalmente se confirma la doctrina de la verdadera resurrección de los cuerpos? Será, pues, cargo del párroco ilustrar esta verdad con ejemplos sacados del Antiguo y Nuevo Testamento y de la historia universal de la Santa Iglesia Católica; pues en el Testamento Antiguo, unos fueron resucitados por Elías339 y por Eliseo340; otros, además de los que resucitó Cristo Nuestro Señor 341, fueron 334

. Cf. Salmo. XX, 9; Iren. Lib. II. Cap. LXIV. Ex Gen. II; Aug. Lib. II. Solileq. Cap. III . Isaías XL, 6 336 . San Juan I, 14 337 . Cf. Génesis III, 19 338 . Cf. Ibíd. II, 7 339 . Cf. I Reyes XVII, 22 340 . Cf. II Reyes IV, 32-35 335

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resucitados por los Apóstoles342 y por otros muchos343; y esta resurrección de muchos confirma la doctrina del presente artículo.

¿Con qué semejanzas puede confirmarse la misma verdad? Pero, aunque éste sea muy cierto por la Fe, será, con todo, muy útil demostrar, ya con ejemplos, ya con argumentos344, que esto que la Fe nos manda creer no se opone a la naturaleza ni a la capacidad de la razón humana; y así, al que pregunte cómo resucitarán los muertos, responde el Apóstol: “hermanos: voy a deciros una cosa misteriosa: no todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al sonido de la trompeta final, porque sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es preciso que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad, que este ser mortal se revista de inmortalidad. Y cuando este ser corruptible se haya revestido de incorruptibilidad y este ser mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra: la muerte ha sido devorada en la victoria, ¿dónde está, muerte tu victoria? ¿Dónde está, muerte tu aguijón?”345

Razones con que se comprueba esta misma verdad: primeramente, siendo las almas inmortales, y teniendo, como que son del hombre, inclinación natural a los cuerpos humanos, debe tenerse por cosa opuesta a la naturaleza que las almas permanezcan siempre separadas de sus cuerpos. Y como lo que se opone a la naturaleza y es violento, no puede ser perfecto, parece ser conforme a la razón que de nuevo se junten con sus cuerpos, de donde se sigue también que ha de haber resurrección de los cuerpos346. En segundo lugar habiendo el justísimo Dios establecido castigo para los malos y premios para los buenos, y muriendo muchísimos de aquellos sin pagar las penas debidas, y de éstos, en su mayor parte, sin recibir los premios de sus virtudes, forzoso es que se junten nuevamente las almas a sus cuerpos, para que los cuerpos, de los cuales usan los hombres como de compañeros del pecado, sean castigados o premiados juntamente con el alma, según las malas o las buenas obras. Por lo cual el Apóstol, hablando de la resurrección dice: “si es en esta vida que solamente esperamos en Cristo, si no hay resurrección, somos nosotros los cristianos, los más desgraciados de todos los hombres” 347. Esto mismo enseña con mayor claridad a los de Tesalónica del siguiente modo: “nos gloriamos en las Iglesias de Dios por vuestra paciencia y Fe, en medio de todas vuestras persecuciones y tribulaciones, que padecéis en señal del justo juicio de Dios, para haceros dignos de su reino, por el que también padecéis; porque es justo que delante de Dios, Él retribuya con aflicciones a los que ahora os afligen, y a vosotros, que ahora estáis atribulados, os del descanso eterno, juntamente con nosotros en la aparición de Jesús Nuestro Señor, bajando del cielo con los ángeles, ministros de su poder, con llamas 341

. Cf. San Mateo IX, 23-25; San Lucas VII, 13-15; San Juan XI, 43-44 . Cf. Hechos de los Apóstoles IX, 40-41 343 . Cf. Iren. Lib. II. Cap. XVI; Euseb. Lib. V. Cap. VII 344 . Cf. Ambr. Lib I. De Fide Resurr. Caps. X-XX 345 . I Corintios XV, 51-55 346 . Cf. San Mateo XXII, 31-32 347 . I Corintios XV, 19 342

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de fuego a tomar venganza de los que no conocieron a Dios y de los que no obedecen al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”348. Añádase también que, mientras el alma está separada del cuerpo, no pueden los hombres alcanzar felicidad perfecta y colmada de todos los bienes. Porque, así como cualquiera parte, separada de su todo, es imperfecta, así lo es también el alma que no está unida a su cuerpo; de donde se deduce que la resurrección de los cuerpos es necesaria para que al alma nada le falte para su suma felicidad.

El alma humana recibirá en el juicio final enteramente su mismo cuerpo: mas porque nos importa mucho estar firmemente persuadidos de que este mismo cuerpo, y sin duda alguna el mismo cuerpo, que ha sido propio de cada uno349, aunque se haya corrompido y reducido a polvo, sin embargo de eso ha de resucitar; el párroco se ocupará también en explicar este punto con cuidado. Porque tal es la doctrina del Apóstol San Pablo cuando dice: “es necesario que esto corruptible sea revestido de incorruptibilidad”350; indicando claramente con la palabra, esto el propio cuerpo. Y Job vaticinó clarísimamente también acerca de esto, diciendo: “y en esta mi carne veré a mi Dios, a quien he de ver yo mismo en persona, y mis ojos le contemplarán, y no otro”351. Colíguese esto mismo de la definición de la misma resurrección; porque resurrección, según el Damasceno, “es el acto de volver al estado que dejaste”.

¿Por qué Dios quiso la resurrección de los cuerpos? Ahora bien, hemos demostrado que han de resucitar los cuerpos, “a fin de que cada uno reciba lo que merece mientras estuvo unido a su cuerpo, según que obró bien o mal”352 Luego es necesario que resucite el hombre con el mismo cuerpo por medio del cual sirvió a Dios o al demonio, para que juntamente con el mismo cuerpo, reciba las coronas y los premios del triunfo, o sufra, desgraciadamente, las penas y los castigos eternos.

Los Impíos resucitarán para la Condenación eterna

Los cuerpos no volverán a tomar los defectos que adquirieron durante esta vida mortal: y no sólo resucitará el cuerpo, sino que también se le reintegrará en todo lo que pertenece a la perfección de la naturaleza y al 348

. II Tesalonicenses I, 4-10 . Cf. Ezequiel XXXVII, 3-5; Hier. In Pauloe Epitaph; Greg. Lib. XIV. Mor. Cap. XXIX 350 . I Corintios XV, 53 351 . Job XIX, 26-27 352 . II Corintios V, 10 349

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decoro y hermosura del hombre. Sobre esto leemos este ilustre testimonio de San Agustín: “ningún defecto habrá entonces en los cuerpos; si algunos fueron gruesos y corpulentos más de lo ordinario, no volverán a tomar aquel exceso de cuerpo, sino que se tendrá por superfluo todo lo que excediere a su natural constitución; y al contrario, todo lo que la enfermedad o la vejez consumieron en el cuerpo, será repasado por Cristo con su divino poder, como igualmente si algunos fueron delgados por la flaqueza de carnes; porque no sólo nos devolverá el cuerpo, sino también cuanto perdimos por las miserias de esta vida”353. Y en otro lugar: “no volverá a tomar, el hombre, los cabellos que tuvo, sino los que sean debidos, según este pasaje: “todos los cabellos de vuestra cabeza están contados”; los cuales serán renovados, según la divina sabiduría”354. En primer lugar, puesto que los miembros pertenecen a la integridad de la naturaleza humana, todos se renovarán juntamente. Y así, los que fueron ciegos de nacimiento o perdieron la vista por alguna enfermedad; los cojos, y en general, los defectuosos y débiles en cualquier miembro, resucitarán con el cuerpo íntegro y perfecto. Luego, así como al principio de la creación todas las cosas salieron perfectas de la mano de Dios, así también es necesario afirmar que en la resurrección de los cuerpos sucederá absolutamente igual355.

¿Cómo han de quedar los cuerpos de los hombres después de resucitados? Deben ahora los fieles entender que, si nos referimos a lo que constituye la sustancia del cuerpo, si bien es cierto que éste mismo debe resucitar, el mismo que antes había muerto; sin embargo, su estado ha de ser muy distinto y diverso. Porque aún dejando las demás distinciones, en esto principalmente se diferencian de sí mismo los cuerpos de los que resucitan: en que, estando antes sujetos a las leyes de la muerte, en cuanto hayan resucitado, sin distinción de buenos y malos, obtendrán la inmortalidad. Y esta admirable renovación de la naturaleza nos mereció la insigne victoria de Cristo, quien la alcanzó sobre la muerte, como nos lo recuerda los testimonios de las Sagradas Escrituras, pues está escrito: “abismará la muerte para siempre”356; y en otro lugar: “¡oh muerte! Yo he de ser la muerte tuya”357, lo que, explicando el Apóstol dijo: “y la funesta muerte será destruida la última”358; y San Juan en el Apocalipsis explica: “no habrá ya muerte”359. Era, pues, muy conveniente a los méritos de Cristo Nuestro Señor, por quien fue destruido el imperio de la muerte, que el pecado de Adán quedase vencido con inmensa superioridad. Así mismo fue conforme a la Justicia Divina que los buenos gozasen perpetuamente de la vida feliz, y que los malos, pagando penas eternas, buscaran la muerte y no la encontrasen.

¿Con qué dotes serán agraciados los cuerpos de todos los bienaventurados después de la resurrección? Cuatro son las principales, 353

. Aug. Lib. XXII. De Civit. Dei. Caps. XIX-XXI; Enchir. Caps. LXXXIV-XC . Ibíd. Enchir. Caps. XIX et LXXXIX 355 . Cf. Génesis I, 26; Apocalipsis XXI, 1-4 356 . Hebreos II, 14-16 357 . Oseas XIII, 14 358 . I Corintios XV, 25-26 359 . Apocalipsis XXI, 4 354

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que se llaman dotes, notadas por los Santos Padres, según la doctrina del Apóstol San Pablo360. La primera de estas (dotes) es la impasibilidad, esto es una gracia y dote que hará que no puedan padecer ninguna molestia ni sentir dolor o incomodidad alguna; pues nada les podrá causar daño, ni el rigor del frío, ni la fuerza del calor, ni el furor de las aguas. El cuerpo, dicen el Profeta y el Apóstol: “como semilla, es puesto en la tierra en estado de corrupción, y resucitará incorruptible”361. Y el motivo de haberla llamado los escolásticos impasibilidad más bien que incorrupción, fue para significar lo que es propio del cuerpo glorioso; porque la impasibilidad no le es común con los condenados, cuyos cuerpos, aunque sean incorruptibles, pueden, no obstante, ser abrasados y sentir frío, y ser atormentados de varios modos362. La segunda (dote) es la claridad, por la que brillarán como el sol los cuerpos de los Santos; pues esto afirma nuestro Salvador, según San Mateo: “los justos, resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre” 363; y, para que nadie de ellos dudase, lo aclaró con el ejemplo de su transfiguración364. A esta dote llámala el Apóstol, unas veces gloria, y otras, claridad: “transformará el cuerpo de nuestra vileza conforme al cuerpo de su claridad”365; y en otra parte: “nace en estado de bajeza; resucitará con gloria”366. El pueblo de Israel vio también alguna imagen de esta gloria en el desierto, cuando el rostro de Moisés por el coloquio y la presencia de Dios resplandecía367 de tal modo que los hijos de Israel no podían fijar en él su vista 368. Es, pues, esta claridad cierto resplandor que, procedente de la suma felicidad del alma, se comunica al cuerpo de tal manera, que es como una comunicación de la felicidad que el alma goza; al modo que también el alma resulta feliz, porque se comunica a ella una parte de la felicidad de Dios. La tercera (dote) es la agilidad, en virtud de la cual el cuerpo se verá libre de la carga que ahora le oprime369; y tan fácilmente podrá moverse a donde quisiese el alma, que no será posible hallarse nada más veloz que su movimiento, según claramente lo enseñó el Apóstol: “es puesto en tierra privado de movimiento, y resucitará lleno de vigor”370. A estas dotes se añade la última que se llama sutileza, por la cual el cuerpo estará totalmente sometido al imperio del alma, y le servirá y estará pronto a su arbitrio. Estos son principalmente los puntos que deben enseñarse en la explicación del presente artículo. Así mismo, será esto muy eficaz para persuadir al pueblo fiel a que procure con el mayor ahínco vivir justa y honradamente, y sin mancha alguna de pecado; porque si considera que las grandes riquezas que seguirán a la resurrección han sido destinadas para él, fácilmente se inclinará al ejercicio de la virtud y de la piedad. Y, por el contrario, ninguna cosa tendrá mayor fuerza para 360

. Cf. Aug. Serm. XC. De Temp; Ambr. In I Epis. Ad Corin. XV . Isaías XLIX, 10; cf. Corintios XV, 42 362 . Cf. Job XIV, 22; Isaías LXVI, 24 363 . San Mateo XIII, 43 364 . Cf. Ibíd. XVII, 2 365 . Filipenses III, 20-21 366 . I Corintios XV, 43 367 . Cf. Éxodo XXXIV, 29 368 . Cf. II Corintios III, 7-8 369 . Cf. Sabiduría III, 7 370 . I Corintios XV, 44 361

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reprimir los apetitos del cuerpo y apartar a los hombres de los pecados que si se les advierte muchas veces de los males y tormentos con que han de ser castigados los réprobos, que en el último día resucitarán para su condenación: “y los que hayan hecho el mal para resurrección de juicio”371

IV. XII. “Y en la vida perdurable” ¿Por qué se ha puesto en último lugar este artículo de la Fe, y cuánto importa explicárselo al pueblo muchas veces? Los Santos Apóstoles, caudillos nuestros, quisieron cerrar y terminar el Credo, que contiene la suma de nuestra Fe, con este artículo, ya porque después de la resurrección de la carne ninguna otra cosa deben esperar los fieles sino el premio de la vida perdurable, ya también para que siempre tuviéramos presente aquella felicidad perfecta y colmada de todos los bienes, y supiésemos que en ella deben de fijarse el alma y todos nuestros pensamientos372.

¿Qué se entiende aquí por vida eterna? Y puesto que bajo estas palabras, que se ponen en este lugar para significar nuestra felicidad373, se encierran muchísimos misterios que son ignorados, beben estos descubrirse de tal modo que, según lo permita el talento de cada uno, puedan ser conocidos por todos. Preciso es por lo tanto enseñar a los fieles que con estas palabras, vida eterna, no se significa tanto la perpetuidad de la vida, a la cual también están destinados los demonios y los hombres malos, como la felicidad perpetua, que satisfaga el deseo de los bienaventurados. Y así lo entendía aquel doctor de la ley, según el Evangelio, preguntó al Señor nuestro Salvador qué debería hacer para conseguir la vida eterna374; como si dijera: ¿qué es lo que debo yo hacer para llegar a aquel lugar en donde se puede gozar de la felicidad perfecta? En este sentido, pues, usan de estas palabras las Sagradas Letras, como puede verse en muchos pasajes375.

¿Por qué con el nombre de vida eterna se designa la suma felicidad? Así, pues, con este nombre es llamada especialmente la suma felicidad, para que nadie piense que consiste ésta en cosas materiales y perecederas, que no pueden ser eternas376. Porque estas cosas se envejecen y destruyen, y la bienaventuranza no debe estar limitada por período alguno de tiempo: antes bien las cosas terrenas distan muchísimo de la verdadera felicidad, de la cual se separa todo lo más posible aquél que se hace esclavo del amor y de la pasión por este mundo; pues escrito está: “no queráis amar al mundo ni las cosas mundanas. Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o el amor del Padre. Pero todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, no es del Padre sino del mundo. Y el mundo, con su concupiscencia, pasa, mas el que hace la 371

. San Juan V, 29; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 988-1019 . Cf. Tito II, 11-14 373 . Cf. San Mateo V, 12; II Corintios IV, 17-18 374 . Cf. San Lucas X, 25-37 375 . Cf. San Mateo XIX, 16-22 376 . Cf. Ibíd. VI, 19-21; San Juan XVII, 3 372

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voluntad de Dios permanece para siempre”377. Aunque también nos tendremos, con razón, por dichosos con la esperanza, sí: “renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, viviremos sobria, justa y religiosamente en este siglo, aguardando la bienaventuranza esperada y la venida gloriosa del gran Dios y Salvador Nuestro Jesucristo”378. Pero además de lo dicho, por virtud de la frase vida eterna, comprendemos también que, una vez conseguida la bienaventuranza eterna, jamás puede perderse, como falsamente supusieron algunos; porque la felicidad es el conjunto de todos los bienes sin mezcla alguna de mal; la cual, por satisfacer los deseos del hombre, constituye necesariamente la vida eterna, porque el bienaventurado no puede ni aún dejar de querer en sumo grado el de poder gozar perpetuamente de los bienes en cuya posesión está379.

La felicidad consiste en la privación de todos los males y en la posesión de todos los bienes: pero, como enseñaron los Santos Padres, la felicidad de la vida eterna se debe definir por la desaparición de todos los males y la consecución de todos los bienes380. Acerca de los males, son clarísimos los testimonios de las Sagradas Letras, pues leemos en el Apocalipsis: “ya no tendrán más hambre ni sed, ni descargará sobre ellos el sol ni otro calor bochornoso”381; y en otro lugar: “he aquí la morada de Dios entre los hombres . Él habitará con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos, y les enjugará de sus ojos todas las lágrimas, y no habrá ya muerte, ni llanto, ni alarido, ni habrá más dolor, porque las cosas de antes ya desaparecieron”382. Así, pues, inmensa será la gloria de los bienaventurados e innumerables las clases de placer y gozo verdaderos.

¿De qué clase de bienes gozarán principalmente los bienaventurados? Y aunque según escribe San Agustín, parezca más fácil poder enumerar los males, de que habremos de carecer, que los bienes y los placeres, de que hemos de gozar383; esto no obstante se ha de procurar explicar breve y claramente las cosas, que podrán inflamar a los fieles en el deseo de alcanzar la suprema felicidad. Pero ante todo convendrá hacer uso de la distinción, tomada de autores muy respetables de teología: pues éstos admiten dos clases de bienes, de los cuales el uno se refiere a la esencia de la felicidad; y por esto, para explicarlo mejor, a aquellos bienes llamaron esenciales, y a estos accidentales.

¿En dónde está la causa esencial y primaria de la eterna felicidad? En efecto, la verdadera felicidad, que debemos llamar comúnmente esencial consiste en ver a Dios y en gozar de la hermosura de Aquél que es origen y principio de toda bondad y perfección. Lo cual lo enseñó Nuestro Señor Jesucristo: “la vida eterna, consiste en conocerte a Ti, solo Dios verdadero, y a 377

. I San Juan II, 15-17 . II San Pedro I, 3-7 379 . Cf. Aug. De Civ. Dei. Lib. XII. Cap. XX 380 . Cf. Ibíd. Lib. XXII. Cap. In Fin 381 . Apocalipsis VII, 16 382 . Ibíd. XXI, 3-4 383 . Cf. Aug. Serm. LXIV. De Verb. Domini; Simb. Ad Cath. Lib III 378

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La Gloria de Cristo

Jesucristo, a quién Tu enviaste”384. Cuyas razones, parece explicarlas San Juan, cuando dice: “carísimos: nosotros somos ya ahora hijos de Dios, mas no aparece aún lo que seremos algún día; porque sabemos que, cuando se manifieste claramente Jesucristo, seremos semejantes a Él en gloria, porque le veremos como es Él”385. Porque da a entender que la bienaventuranza consiste en dos cosas: la una en que veremos a Dios cual es su naturaleza y sustancia, y la otra en que seremos transformados como dioses.

¿Cómo se revisten los bienaventurados en algún aspecto de la forma y naturaleza de Dios?386 Como no hay semejante a Dios cosa alguna, por cuyo medio podamos llegar a conocerle perfectamente, es natural que nadie pueda conocer su naturaleza y esencia, a no ser que esta misma divina esencia se una a nosotros. Y esto significan las siguientes palabras de San Pablo: “al presente vemos a Dios como en un espejo bajo imágenes obscuras, pero entonces le veremos cara a cara”387. Por consiguiente, queda éste único medio de conocer la sustancia divina, el de que ésta se una a nosotros, y por modo extraordinario engrandezca profundamente nuestra inteligencia, y de esta manera adquiramos aptitud para contemplar la hermosura de su esencia.

Los bienaventurados son iluminados por la luz clara de la gloria, y todos deben tener completa esperanza de ver a Dios: y esto lo conseguiremos con la luz de la gloria, cuando iluminados con su resplandor 388, veremos a Dios, Luz verdadera, en su propia luz; porque los bienaventurados 384

. San Juan XVII, 3 . I San Juan III, 2 386 . Cf. II Corintios V, 4 387 . I Corintios XIII, 12 388 . Cf. II San Pedro I, 4 385

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siempre están viendo presente a Dios, con cuyo don, ciertamente el mayor y más excelente de todos, hechos partícipes de la naturaleza divina, gozan de la verdadera y eterna felicidad, la cual debemos creer en la forma que se definió en el Símbolo de los Santos Padres, a saber: que nosotros debemos esperar también con confianza fundada en la bondad de Dios; pues dice: “espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo futuro”389.

Explícase con un símil como se une el hombre con Dios en la gloria: esta materia es enteramente divina, y no podemos nosotros explicarla con ninguna palabra, ni comprenderla con nuestro entendimiento. Pero se puede vislumbrar alguna idea de esta felicidad, aún en aquellas cosas que se perciben con los sentidos; porque, así como el hierro metido en el fuego toma las condiciones de éste, y aunque su sustancia no se muda, resulta, sin embargo, que parece ser un cuerpo distinto, esto es, fuego390; del mismo modo los que son admitidos en la gloria de Cristo, inflamados en el amor de Dios, de tal manera se modifican, aún sin dejar de ser lo que son, que con razón puede afirmarse que dista mucho más el hierro candente del que no contiene en sí fuerza alguna de calor (o está frío). Así, pues, resumiendo esto en pocas palabras, la felicidad suprema y absoluta, que llamamos esencial, debe hacerse consistir en la posesión de Dios391.

¿Cuáles son los bienes accidentales, de los que disfrutan los bienaventurados? Pero esta felicidad se agregan también ciertos honores comunes a todos los bienaventurados, los cuales, por estar menos distantes de la comprensión humana, suelen conmover y excitar también con más vehemencia nuestras almas392. De esta clase son aquellos de los que el Apóstol parece que habla a los de Roma: “la gloria, el honor y la paz serán para todo el que obre bien”393; porque ciertamente los bienaventurados gozarán de la gloria, no sólo de aquélla que últimamente hemos mostrado ser la felicidad esencial, o la más unida a su naturaleza, sino también de aquélla que consiste en el conocimiento claro y evidente que cada uno ha de tener de la grande y excelente dignidad de los demás. Por eso nuestro Salvador llamará a sus escogidos con estas palabras amorosísimas y honrosísimas: “venid, benditos de mi Padre; tomad posesión del reino preparado para vosotros”394, de modo que con razón podemos exclamar: “¡Dios mío, Tú has honrado sobremanera a tus amigos!”395 Y también serán reconocidos con alabanzas por Cristo Nuestro Señor delante de su Padre celestial y de sus Ángeles396.

¿Con qué abundancia de bienes serán colmados todos los bienaventurados en las moradas eternas? Los fieles deben estar persuadidos de que cuantas cosas puedan haber agradables para nosotros o ser 389

. Concilio de. Constantinopla. (381); cf. El Magisterio de la Iglesia: Manual de Símbolos, Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en Materia de Fe y Constumbres. (DZ). 150 390 . Cf. Anselm. Lib. De Similit. Cap. LVI 391 . Cf. San Juan X, 27-28; I San Juan I, 1-4 392 . Cf. Aug. Lib. XXII. De Civit. Dei 393 . Romanos II, 10 394 . San Mateo XXV, 34 395 . Salmo XXXVI, 8-9 396 . Cf. San Mateo X, 32

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deseadas en esta vida, ya se refieran a la ilustración del alma, ya a la perfección y comodidad del cuerpo, inundan por todas partes la feliz ida del cielo con abundancia de todas esas cosas, si bien el Profeta y el Apóstol afirman: “pero según está escrito: lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni entró en pensamiento humano, eso tiene Dios preparado para los que le aman”397, porque, ciertamente, el cuerpo que antes era denso y pesado, cuando revestido de inmortalidad se convierta en sutil y espiritual en el cielo, no necesitará ya jamás de alimento alguno398; y el alma se saciará con sumo placer del manjar de la gloria eterna que, pasando de un lugar a otro, servirá a todos, el Señor de aquel gran banquete399. Y ¿quién podrá allí desear los vestidos preciosos o los elegantes adornos del cuerpo, en donde no se usará de ninguna de estas cosas y donde estarán todos revestidos de inmortalidad y de resplandor 400, y adornados con la corona de la eterna gloria?401 Por esto el Profeta, contemplando la hermosura de esta morada, y ardiendo en deseos de llegar a aquel feliz descanso, exclamó: “¡oh qué amables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma suspira y desfallece por estar en los palacios del Señor; transpórtanse de gozo mi corazón y mi cuerpo contemplando al Dios vivo”402.

Los bienaventurados no serán premiados del mismo modo sin diferencia alguna: dice el Señor: “en la casa de mi Padre, hay muchas moradas”403; en las cuales se darán premios mayores o menores, según cada uno haya merecido. Porque: “quien escasamente siembra, cogerá escasamente; y quien siembre con abundancia, abundante cosecha recogerá”404. Y el medio seguro para conseguirla es adornarnos de la Fe y de la caridad, y perseverar en la oración y en el uso de los sacramentos, practicando toda clase de obras buenas con el prójimo; para que así se cumpla algún día lo que dijo el Profeta: “habitará mi pueblo en hermosa mansión de paz, y en tabernáculos seguros y en descanso opulento”405

San Pedro y San Pablo, Columnas de la Fe: ¡rogad por la Santa Iglesia! 397

. Isaías LXIV, 2-3; cf. I Corintios II, 9 . Cf. Ibíd. XV, 42-49 399 . Cf. San Lucas XII, 37 400 . Cf. Apocalipsis VII, 9 401 . Cf. II Timoteo IV, 8 402 . Salmo LXXXIV, 2-3 403 . San Juan XIV, 2 404 . I Corintios IX, 6-7 405 . Isaías XXXII, 18; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1020-1065 398

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CAPITULO V

LA ORACIÓN DEL SEÑOR V. I. El “Pater Noster” Texto tomado del libro: La Religión Explicada. La Oración y las Virtudes El Padre Nuestro es la oración más excelente porque el mismo Jesucristo nos la enseñó y mandó que la rezásemos. Un día, Nuestro Señor, después de haber orado en un lugar solitario, habiéndole pedido uno de sus Apóstoles: “Señor, enséñanos a orar, como Juan el Bautista enseñó a sus discípulos”, respondió el Señor: “cuando os pongáis a orar habéis de decir:

Pater noster quí es in caelis, sanctificétur nomen tuum, advéniat regnum tuum, fíat volúntas tua, sicut in caelo et in terra, panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris, et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amén” San Mateo VI, 9-14 309


V. I.1. “Pater noster quí es in caelisˮ ¿Por qué damos a Dios el título de Padre? Es justo que antes de dirigirnos a Dios con la oración le demos el título que le conviene. Jesucristo Nuestro Señor vino a fundar un reino de amor y de paz, quiere que empecemos a orar llamando a Dios con el dulce nombre de Padre, que es el más apto para despertar sentimientos de amor filial y de confianza.

¿Por cuáles razones nos corresponde el nombre de hijos de Dios? Dice el Catecismo de Trento que por tres razones podemos nosotros llamarnos hijos de Dios: por creación, por providencia, por redención. Por creación. Dios es nuestro Padre y a ninguno compete mejor que a Él este dulce y venerable nombre porque Él nos ha creado. Nos dio el cuerpo por medio de nuestros padres; mas el alma la creó Él mismo de la nada. Si bien en este sentido todas las criaturas podrían ser llamadas hijas de Dios, sin embargo, este título corresponde principalmente al hombre porque es el único que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”1. Por providencia. Así como llamamos padres a los seres queridos que nos alimentan y educan; así también llamamos Padre a Dios por el cuidado amoroso y continuo que tiene de nosotros, esto es por su providencia con la cual gobierna al universo sin olvidar siquiera al gusanito que se arrastra en el suelo. Por redención. La razón principal por la que llamamos a Dios nuestro Padre es porque nos ha redimido y porque con el Bautismo nos comunicó nueva vida sobrenatural, nos adoptó por hijos suyos y nos hizo herederos de su reino. Conmovido por tanta bondad y generosidad exclama el Apóstol San Juan: “considerad qué amor hacia nosotros ha tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos y lo seamos en efecto”2.

Explicación de las palabras Padre nuestro y que estas en los cielos. Padre nuestro: decimos “nuestro” a fin de que nos acordemos que siendo todos hijos de Dios, somos todos los hombres hermanos y debemos amarnos fraternalmente unos a otros: “vosotros, empero, no os hagáis llamar Rabí, porque uno solo es para vosotros el Maestro; porque todos vosotros sois hermanos. Y tampoco llaméis padre a ninguno de vosotros sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre que está en los cielos”3. Además, en virtud de la misma adopción de Dios, no solamente están unidos entre sí todos los fieles con fraternal lazo, sino que por ser hombre el Hijo unigénito de Dios, todos los cristianos son llamados y son realmente hermanos suyos; y así es como el mismo Jesucristo Nuestro Señor resucitado dijo a las mujeres, según el Evangelio: “id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”4. De todo esto se sigue que todos los hombres y especialmente los cristianos debemos amarnos recíprocamente como hermanos y pedir los unos por los otros. 1

. Génesis I, 26 . I San Juan III, 1 3 . San Mateo XXIII, 8-9 4 . Ibíd. XXVIII, 10 2

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Que estas en los cielos: es clarísimo para todos los que piensan bien de la Divinidad, que Dios está presente en todas partes y en todas y en cada una de las cosas. Esto, no obstante, decimos “que estas en los cielos”, por las siguientes razones: a) Porque los cielos que vemos son la parte más excelente del universo; ellos permanecen incorruptos y exceden a los demás cuerpos materiales en poder, grandeza y hermosura y están dotados de determinados y constantes movimientos. Por eso al decir “que estas en los cielos” nos formamos una idea de la infinita omnipotencia y grandeza de Dios y, por consiguiente, concebimos los sentimientos de reverencia, sumisión y humildad con que es justo que comparezcamos en su presencia. b) Estas palabras nos recuerdan que somos peregrinos en este mundo y que el cielo es nuestra patria. No teniendo en esta tierra ciudad permanente, como dice San Pablo, debemos suspirar por nuestra patria verdadera. Sin embargo, quién se atreverá a poner límites a Dios que ha dicho de sí mismo: “por ventura ¿no lleno Yo el cielo y la tierra?”5

V. I. 2. “Sanctificétur nomen tuumˮ En esta primera petición pedimos que Dios sea santificado6, esto es, conocido y honrado en todo el mundo; deseamos que el nombre de Dios nunca sea profanado y blasfemado, sino que sea conocido, amado y reverenciado por nosotros y por todos los hombres. Este deseo es una legítima consecuencia del amor que todo hombre debe profesar a su Dios según el primer mandamiento: “amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón”7.

Medios para promover la gloria de Dios. Negativamente. Debemos impedir con todas nuestras fuerzas que Dios sea ofendido con el pecado, especialmente con el de la blasfemia que directamente ofende su Santo Nombre. Positivamente. Tres grandes medios tenemos a nuestro alcance para promover la gloria de Dios: Oración, Limosna y Acción. Oración. Es increíble la eficacia que tiene la oración para conseguir de Dios la conversión de las almas; muchas veces ésta se atribuye a la predicación, o a los consejos de tal o cual persona; pero la verdadera causa es la oración de un alma humilde. Dice San Juan María Vianney, conocido comúnmente con el nombre de Cura de Ars: “una sola elevación del corazón hacia Dios, puede alcanzar la salvación de un alma”. Y Santa Teresita del Niño Jesús: “un alfiler recogido por amor, puede impetrar la conversión de un alma”. Limosma. Los que no son llamados a ejercer el sacerdocio o a ir como misioneros a tierra de infieles, pueden ayudar con su dinero a todas las obras para la gloria de Dios, verbigracia: vocaciones eclesiásticas, seminarios, 5

. Jeremías XXIII, 24; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2777-2802 . Cf. San Lucas XI, 2 7 . Deuteronomio VI, 4-5; cf. San Marcos XII, 30 6

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misiones, buena prensa, propaganda católica, cultos, escuelas y hospitales católicos, iglesias y capillas, asociaciones, etc. Si los impíos invierten sumas fabulosas para la propaganda del mal, ¿no sería muy justo que los católicos den generosamente para las obras de la gloria de Dios? Acción. No contentas las almas con rezar y dar limosnas, descienden al campo de la acción como si fuesen sacerdotes y se prodigan generosamente por la causa de Dios promoviendo el esplendor de las sagradas funciones, organizando manifestaciones católicas, dirigiendo asociaciones parroquiales, escribiendo libros, periódicos, folletos que propagan la verdad y las buenas costumbres; pero sobre todo dando buenos consejos, animando a los pusilánimes, enseñando a pequeños y a adultos las verdades religiosas que enseña la Santa Iglesia de Dios.

Dignidad del nombre cristiano que es reflejo del Santo Nombre de Dios. A los medios positivos y negativos de promover la gloria de Dios ya indicados, añadimos aquí otro de indiscutible eficacia y sin el cual serían vanos aquellos: nos referimos al buen ejemplo. Ya nos inculcó esto el mismo Jesucristo Señor Nuestro cuando dijo: “brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”8. El Príncipe de los Apóstoles exhorta a los fieles diciendo: “observad buena conducta entre los gentiles para que los que dicen mal de vosotros como de malhechores, vean vuestras buenas obras y glorifiquen a Dios en el día de la visita”9

V. I. 3. “Advéniat regnum tuumˮ En la segunda petición “venga a nos él tu reino” pedimos tres cosas: a) Que el Reino de Dios que es su Una Santa Iglesia Católica y Apostólica se extienda más por el mundo. b) Que venga a nuestras almas y permanezca habitualmente en ella, el reino de la gracia santificante. c) Que después de esta vida podamos alcanzar el Reino de los cielos, que es el fin por el cual fuimos creados. En otros términos: 1. Un reino alrededor de nosotros: la Santa Iglesia. 2. Un reino dentro de nosotros: la Gracia. 3. Un reino sobre nosotros: el Paraíso.

1. El Reino de la Santa Iglesia. El primer reino a que se refiere esta petición es la Santa Iglesia Católica, reino visible fundado por Jesucristo Nuestro Señor, sellado con su Sangre preciosísima y al cual prometió su asistencia hasta el fin de los siglos10. 8

. San Mateo V, 16 . I San Pedro II, 12; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2807-2815 10 . Cf. San Mateo XXVIII, 20; ver: “La Santa Iglesia Católica; la Comunión de los Santos”. Págs. 389-401 9

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Nuestro Señor Jesucristo aludió a este reino cuando dijo: “enviará el Hijo del hombre sus ángeles y quitarán de su reino a todos los escandalosos”11. San Gregorio explica este pasaje diciendo que aquí la palabra reino significa la Santa Iglesia Católica (en la cual hay buenos y malos) y en manera alguna al Reino de los cielos en el cual no puede haber escándalo. Por la gracia del Bautismo fuimos elegidos con preferencia a tantos millones de hombres, a formar parte de este Reino de Dios; sin embargo, pedimos y debemos pedir que venga a nosotros, y esto es en dos sentidos: a) Para que sepamos aprovechar mejor los tesoros inestimables que la Santa Iglesia nos ofrece en orden a nuestra salvación. b) Para que este reino se dilate, llegue hasta los últimos confines de la tierra, se extienda a todos los hombres del mundo: infieles, herejes, cismáticos, etc. A fin que se cumpla el deseo de Nuestro Señor Jesucristo: “habrá un solo rebaño (la Santa Iglesia Católica) y un solo pastor (el Papa)”12.

2. El reino de la Gracia. Ante todo, el Reino de Dios en nosotros es el reino de la divina gracia. Jesucristo Señor Nuestro dio esta explicación, pues cuando un día los fariseos, que esperaban el reino terreno del Mesías, le preguntaron: “¿cuándo vendrá el Reino de Dios?” Y Él respondió: “el Reino de Dios no ha de venir con muestras de aparato..., el Reino de Dios está en medio de vosotros”13. La gracia de que aquí se trata es un don sobrenatural que nos hace justos, hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria; en una palabra la amistad con Dios. ¿Puede haber cosa más preciosa? Si en esta vida ser amigo del rey es tenerlo todo ¿qué suerte mayor puede darse que ser amigo del Rey de los reyes? Es tan necesaria esta gracia que sin ella no es posible entrar en el Reino de los cielos: “ninguna cosa contaminada” o sea, nadie que no esté revestido del traje de la gracia14.

3. El reino del Paraíso. El Reino de Dios por antonomasia es el cielo, del cual ha dicho el Arcángel San Gabriel: “y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reinado no tendrá fin”15. Diciendo “venga a nos él tu reino”, pedimos que tanto nosotros como nuestros hermanos, los hombres de todo el mundo, podamos reunirnos en aquella felicidad de la cual dijo el Apóstol: “ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni a la mente del hombre ocurrió lo que Dios tiene preparado para los que le aman”16. La Santa Iglesia de la tierra es, por decirlo así, el vestíbulo o antesala del cielo; la gracia es la llave que nos abre las puertas celestiales; el cielo mismo es el fin o término, el centro de nuestros deseos. Aunque este reino esté sobre nosotros y no descienda a nosotros, sin embargo, pedimos diciendo “venga a nos él tu reino” porque nos viene de la mano de Dios como recompensa de una vida virtuosa. 11

. Ibíd. XIII, 41-42 . San Juan X, 16 13 . San Lucas XVII, 20-21 14 . Cf. Apocalipsis XXI, 27 15 . San Lucas I, 33 16 . I Corintios II, 9 12

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Pidamos, pues, noche y día esta gracia de ser felices moradores por toda la eternidad de aquel reino de bienaventuranza.

Trabajemos para conquistarlo. No nos contentemos con pedirlo; hagamos cuanto esté de nuestra parte para merecerlo. Nuestro Señor Jesucristo ha dicho: “el Reino de los cielos se alcanza a viva fuerza; y los esforzados lo arrebatan”17. Cierto, la conquista del Paraíso exige sacrificios, privaciones, renuncias; mas ¿seremos tan flojos y cobardes que por no afrontarlas perdamos un bien tan grande? ¿Qué no hace el soldado para conquistar una fortaleza, el avaro para aumentar su caudal, el atleta para vencer en los juegos? ¿No sería bochornoso para un cristiano que no hiciese para merecer la corona eterna e incorruptible lo que hacen los hombres para conseguir un premio efímero y deleznable? Estas palabras las dirige San Pablo a los de Corintio y termina diciendo: “castigo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado”; con lo que nos da a entender que para conseguir el Reino de los cielos han de parecernos leves y llevaderos aún los mayores sacrificios18

V. I. 4. “Fíat volúntas tua, sicut in caelo et in terraˮ En esta tercera petición pedimos que hagamos la voluntad de Dios los que estamos en la tierra, como la hacen los bienaventurados en cielo.

Excelencias de esta divina voluntad. Siendo Dios infinitamente santo y perfecto, también lo son sus facultades y atributos, entre ellos su voluntad, la cual iluminada por su ciencia infinita sólo puede querer lo bueno y perfecto. Lejos, por lo tanto, de nosotros la idea de que Dios pueda querer algo malo: si no lo pueden querer los ángeles y los bienaventurados, mucho menos Dios. “¡Qué distinta es, pues, su voluntad de la de los hombres inclinada al mal desde su adolescencia!”19

¿Cuál es la voluntad de Dios? Demostrada la necesidad de conformar nuestra voluntad con la de Dios, es lógico inquirir cual sea esa divina voluntad. A esta pregunta responde el Apóstol: “ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”20. Ya antes Nuestro Señor Jesucristo había dicho: “sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial”21. Para conseguir esta perfección debemos: 1. Cumplir los diez Mandamientos22 que Dios ha grabado en la conciencia de cada hombre y que más tarde promulgó en el monte Sinaí. 2. Cumplir los preceptos de la Santa Iglesia a saber: a) Asistir a la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto. b) Ayunar y no comer carne 17

. San Mateo XI, 12 . Cf. I Corintios IX, 24-27; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2816-2821 19 . Génesis VIII, 21 20 . I Tesalonicenses IV, 3 21 . San Mateo V, 48 22 . Cf. Ver: Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Págs. 451-467 18

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cuando la Santa Iglesia lo ordena. c) Confesarse al menos una vez al año y comulgar en la Pascua cada uno en su parroquia. d) Pagar el diezmo a la Santa Iglesia según la costumbre. e) No celebrar matrimonios en tiempo prohibido, es decir, del primer domingo del Adviento a la Epifanía y del primer día de Cuaresma a la octava de Pascua23. Y cuya observancia ayuda a la de los Mandamientos. Nuestro Señor Jesucristo nos manda obedecer en todo a la Santa Iglesia Católica y a sus legítimos Pastores, especialmente al Sumo Pontífice. 3. Cumplir los deberes y obligaciones del propio estado. Además de los Mandamientos y de los preceptos, comunes a todos, quiere Dios que cada uno cumpla las obligaciones del estado, oficio o condición en que se halle: el sacerdote, el religioso, el médico, el gobernante, el padre de familia, el maestro, el juez, el comerciante, el alumno, etc. Tienen especiales deberes que satisfacer, por lo tanto, se oponen a la voluntad de Dios cuando voluntariamente no cumplen o descuidan esos deberes.

Inspiraciones y vocación. Inspiraciones: son voces secretas por las cuales Dios nos habla; es la voz de la conciencia; son los buenos deseos que a menudo sentimos, especialmente después de la Santa Comunión, de la visita al Santísimo Sacramento, etc. ¿Cómo nos vienen? De muchas maneras Dios nos habla: por medio de una buena lectura, de un buen ejemplo, de una plática, de una desgracia, de una muerte repentina..., de todo se vale Dios para llamar a la puerta del corazón y guiarlo hacia el bien. ¿Debemos corresponder a ellas? Sí, por las siguientes razones: a) Porque hay que obedecer a Dios. Él lo dice por el Salmista: “si hoy oyereis su voz, no queráis endurecer vuestros corazones”24. b) Porque se expone a grave riesgo de condenarse, quien resiste a las divinas inspiraciones. Santa Teresa vio el lugar que habría ocupado en el infierno si no se enmendaba en cierto defecto que Dios con repetidas inspiraciones le recomendaba corregir. c) En cambio la correspondencia a una gracia trae otra y ésta a su vez otra; de modo que se va formando una cadena que llega hasta el cielo. Díganlo sino San Pablo, San Ignacio de Loyola, Santa María Magdalena, San Agustín, Santa Margarita de Cortona, San Antonio Abad y tantísimos otros que por haber obedecido a la inspiración de Dios que los llamaba, a conversión o a vida perfecta, fueron mereciendo otras gracias extraordinarias por las cuales llegaron a la santidad y salvaron innumerables almas. ¿Qué habría sido de ellos si no hubiesen correspondido prontamente? La vocación. Entre las buenas inspiraciones que Dios manda al hombre una de las principales es ciertamente la vocación. Vocación: del verbo latino “vocare”, “llamar”, es el llamamiento que Dios hace a cada hombre señalándole el estado, oficio o destino que debe seguir en el mundo. Como se ve, se trata de un asunto importantísimo que fija para cada hombre su rumbo definitivo en el camino de la vida. 23 24

. Cf. Catecismo Mayor de San Pío X. Ed de la ROC. Versailles. Francia. 1969. Cap. IV. Pág. 110 . Salmo XCV, 8

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¿Cómo se conoce la vocación? No es necesario que Dios hable directamente, ni por medio de un ángel, ni hace falta tampoco el examen de diez doctores. Dios habla al hombre comunicándole un deseo o inclinación natural hacia determinado oficio; así vemos niños que manifiestan marcada tendencia a la mecánica; otros a la agricultura; otros al sacerdocio. También Dios habla por medio de los padres, del director espiritual o de las personas prudentes. ¿Hay que seguir la vocación? Indudablemente, porque cuando Dios llama, debe ser obedecido, según hemos demostrado al hablar de las inspiraciones. Quien va por camino distinto del que Dios quiere, carecerá de los auxilios que había determinado darle en caso de seguir la vocación; y sin esos auxilios difícilmente se salvará. Quien sigue una vocación distinta de la verdadera, será en la sociedad un hueso discolado que duele a quien lo tiene y causa molestia a los demás. De tales, aún cuando aparentemente todo les vaya bien, dice San Agustín: “bene curris sed extra viam”, “Caminas bien, pero fuera del camino”.

Resignación y desgracias. Es fácil conformarse con la voluntad de Dios en los casos prósperos; en cambio es difícil resignarse en los adversos: pero precisamente entonces es cuando se conoce la fortaleza de un alma y su fidelidad a Dios. No se aprecia el valor del soldado en el cuartel, sino en el fragor de la batalla; ni la pericia del navegante en tiempo de bonanza sino cuando ruge la tempestad; así también en la adversidad y en la desgracia se conoce la virtud y santidad del hombre. Lejos de quejarnos de Dios y blasfemar de Él, como hacen tantos infelices, debemos besar esa mano que nos castiga como Padre, y como médico para sanar las heridas de nuestra alma. Es especialmente en las desgracias cuando hemos de repetir con Job y Tobías: “desnudo salí de las entrañasde mi madre y desnudo volveré allá. Yahvéh lo ha dado, Yahvéh lo ha quitado. ¡Sea bendito el nombre de Yahvéh!”25

V. I. 5. “Panem nostrum quotidiánum da nobis hódieˮ En la cuarta petición “el pan nuestro de cada día dásnole hoy”, por la cual le pedimos que Dios nos dé el alimento material para el cuerpo y el alimento espiritual de la gracia y los sacramentos para el alma.

Explíquese cada término de la petición. Qué se entiende por “pan”. En la lengua hebrea con esta palabra se designa no sólo el pan propiamente dicho, sino cualquier clase de alimento. Que tal sea el significado de esta palabra, se colige también del pasaje de San Lucas: “entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos a comer pan”26, es decir, varias clases de alimentos, pues no es probable que en casa de un personaje lo convidasen tan sólo para comer pan. 25

. Job I, 20-21; cf. Tobías III, 2; 11; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2822-2827 . San Lucas XIV, 1

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Aún entre nosotros es costumbre dar este nombre no sólo al alimento, sino también a todo lo que es necesario a la vida material. La frase “ganarse honradamente el pan” tiene ese significado. Siendo el pan el alimento más necesario y el más común, del cual no carecen siquiera los mendigos, el Salvador al enseñarnos a pedir el pan de cada día, nos dio a entender que debíamos desear no lo superfluo, sino solamente lo necesario y conducente al bienestar de la vida. Dice San Juan Crisóstomo: “no debemos pedir mesas bien provistas de manjares, ni bocados exquisitos, ni platos costosamente sazonados, ni vinos generosos, ni todo aquello, que place al paladar pero que embota el espíritu y despierta las pasiones”. No rehuimos el trabajo. Al decir “danos” no entendemos ni deseamos que, como en otro tiempo a los israelitas en el desierto, nos envíe el maná del cielo y nos excuse todo afán y trabajo27; no entendemos contrariar la ley del trabajo impuesta por Dios a todo hombre; nuestra petición es que Dios se digne bendecir y dar prosperidad a nuestro trabajo y buen resultado a nuestras empresas; que nos dé la salud y fuerzas para desempeñar con prontitud y diligencia las obligaciones de nuestro estado. El pan “nuestro”. Llámese “nuestro” el pan porque debemos adquirirlo rectamente y no con injusticias, fraudes y hurtos; porque nunca aprovecha lo mal adquirido, ni tampoco es “nuestro”, sino ajeno. Por el contrario con ganancias justas y fruto de su trabajo la persona honrada logra tranquilidad y gozo extraordinario. “De cada día”. Jesucristo nos enseñó a pedir el pan de “cada día” para que recordemos que no debemos pensar demasiado en acumular tesoros para lo porvenir, tesoros que en lugar de utilidad pueden traernos el mayor daño, si para adquirirlos ponemos en riesgo o descuidamos nuestra salvación eterna. Concuerda esta recomendación de Nuestro. Señor Jesucristo con esta otra que Él mismo nos dice: “no andéis acongojados por el día de mañana, porque el día de mañana, harto cuidado traerá por sí. A cada día le basta su propia pena”28, como si dijera: “basta esperar el día de mañana para pensar en él; cada día trae al hombre bastante trabajo, sin que anticipe los días con sus inquietudes y cuidados inútiles”. ¿Por qué se dice “danos”? Decimos “danos” y no “dame”, para traernos a la memoria que así como los bienes nos vienen de Dios, así cuando Él nos los manda en abundancia, lo hace para que distribuyamos lo superfluo a los pobres. Es propio de la caridad cristiana no mirar cada uno sólo para sí, sino trabajar también en favor de su prójimo. La palabra “hoy”. Decimos “hoy” porque debemos pedirle todos los días. Quiere Dios que nunca dejemos de orar. No sólo el pobre a quien falta lo necesario, sino también el rico que vive en la abundancia, tienen razón para decir: “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”, porque así los ricos como los pobres, todos somos mendigos de Dios; porque los mayores tesoros pueden perderse en pocas horas. El Profeta Job era por la mañana muy rico y tenía 27 28

. Cf. Génesis III, 17 . San Mateo VI, 34

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abundancia de bienes terrenos; a la tarde había desaparecido toda su riqueza y bienestar.

El pan del alma. Es común sentencia de los Santos Padres que en esta petición pedimos, no solamente el pan material sino también el espiritual. Así como es doble la vida del hombre: vida del cuerpo y vida del alma; así tenemos necesidad de un doble alimento. El Evangelista San Mateo al referir las palabras del Padre Nuestro dice: “danos hoy nuestro pan supersustancial”29. Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a pedir al mismo tiempo el sustento del alma, que debemos desear aún más ardientemente que el del cuerpo: “procuraos no el alimento que perece sino el que permanece para la vida eterna”30.

¿De cuántas maneras es este pan? Así como es de muchas especies el alimento con que se nutre y vive el cuerpo; así también no es de una sola clase el sustento que mantiene la vida del alma. Sustento del alma es todo lo que contribuye a su salvación: sacramentos, oración, gracia santificante, gracias actuales, dones del Espíritu Santo; pero de un modo especial se da el nombre de pan del alma a la Palabra de Dios y a la Santa Eucaristía.

El pan de la Divina Palabra. Palabra de Dios es todo lo que Él nos ha revelado, contenido en las Sagradas Escrituras, explicado y comentado por la Santa Iglesia Católica. A estas palabras se suele llamar pan del alma por las siguientes razones: 1) Porque Dios mismo le ha dado este nombre cuando ahuyentó al demonio que lo tentaba de trocar las piedras en pan: “mas Él replicó y dijo: está escrito: no de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”31. Cuando priva Dios a los hombres de oír esta Palabra, se dice que la humanidad siente hambre; y por esto expresó por boca del Profeta Amós: “enviaré hambre sobre la tierra; no un hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Dios”32. 2) Porque la Palabra de Dios produce en el alma los mismos efectos que el pan en el cuerpo. Enseña la experiencia que quien no escucha la palabra de Dios, es decir, no oye sermones, ni lee libros piadosos, ni escucha buenos consejos, ni siquiera atiende a las divinas inspiraciones, ese tal es moralmente imposible que viva con la gracia santificante. Dios da este aviso para no pecar: “en todas tus acciones acuérdate de tus postrimerías, y así no pecarás jamás”33. La condición para no pecar, es decir, para vivir vida de gracia, es la meditación de las postrimerías: Juicio, Cielo, Infierno y Purgatorio; luego podemos inferir que quien no las medita, perderá esa vida.

29

. San Mateo VI, 11; cf. La Biblia de Jerusalén. Ed. Cerf. Paris. 2000. San Mateo VI, 11. Not. C. Pág. 1686 . San Juan VI, 27 31 . San Mateo IV, 4 32 . Amós VIII, 11 33 . Eclesiástico VII, 40 30

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El pan eucarístico. La Sagrada Eucaristía es el pan del alma, por dos motivos: 1) Porque la Santa Eucaristía produce en quien dignamente la recibe, los mismos efectos que produce el pan en el cuerpo. Nosotros cristianos lo llamamos de un modo especial “nuestro pan”, como observa San Cipriano, porque de él participan solamente los cristianos. 2) Porque Nuestro Señor Jesucristo lo ha dicho: “en verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida; vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan bajado del Cielo para que todo el que coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que descendí del cielo; si alguno comiere de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré, es mi carne por la vida del mundo”34

V. I. 6. “Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostrisˮ En la quinta petición pedimos a Dios nos perdone nuestros pecados, así como nosotros “hemos perdonado” a los que nos han agraviado y hecho mal. Son muy pocos los hombres que pasan toda la vida sin manchar su alma con culpa grave: la naturaleza humana por el pecado original ha quedado viciada y enferma. ¿Hay por ventura alguien que pueda repetir en presencia de los hombres y de Dios lo que dijo Nuestro Señor Jesucristo: “¿quién de vosotros me convencerá de pecado?”35

¿Con qué disposiciones han de acompañaren las palabras de esta petición? No hemos de decir estas palabras sólo con los labios; debemos acompañarlas con verdadera contrición de las faltas y firme propósito de evitarlas. A todo esto añádase una firme persuasión de que Dios se halla pronto a perdonar, de modo que al recuerdo de los pecados no se siga esa desconfianza del perdón que antiguamente se apoderó del ánimo de Caín y de Judas, los cuales consideraron a Dios como vengador y castigador y no como dulce y misericordioso. Estemos dispuestos a acudir a Dios como a nuestro Padre y no como a nuestro Juez, a quien pediremos que obre con nosotros no con justicia, sino con misericordia, según las palabras del Profeta David: “ten piedad de mí, Señor, según tu gran misericordia”36.

La deuda del pecado. ¿Por qué se llaman deudas? La palabra “deuda” significa obligación que se debe satisfacer; quien recibe prestada una suma de dinero, queda con la obligación de pagarla: contrae deuda quien recibe beneficios de otro; queda moralmente obligado a pagarle con otros beneficios: contrae deuda de gratitud; quien ofende a otro, queda con la obligación de reparar la ofensa; así también el hombre al ofender a su Dios y Creador queda 34

. San Juan VI, 47-51; cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2828-2837 . San Juan VIII, 46 36 . Salmo LI, 3 35

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con la obligación de reparar esa ofensa, es decir, contrae una deuda con su Divina Majestad. Doble es la deuda que contrae el pecador con la divina justicia: deuda de “culpa” por la injuria hecha a Dios y deuda de “pena” por el castigo que merece por esta injuria. Una y otra pueden borrarse en esta vida con la penitencia. En caso de no hacerla, tendrá que pagar el hombre, a pesar suyo con penas mucho mayores en la otra vida: a) En el purgatorio si se trata de penas merecidas por pecados veniales o por pecados mortales ya confesados y perdonados, pero no expiados en cuanto a la pena temporal. b) En el infierno por toda la eternidad si se trata de culpa y pena debidas por el pecado mortal no perdonado37. “Nuestras deudas”. a) Decimos “nuestras” deudas en un sentido muy diferente de aquél por el cual dijimos antes “el pan nuestro”; aquel pan es nuestro por habérnoslo dado la divina misericordia; en tanto que los pecados son nuestros por residir en nosotros la causa de ellos, pues se cometen por nuestra voluntad, faltando la cual no habría pecado. Al decir “nuestras” deudas hacemos un acto de humildad reconociéndonos pecadores y no pretendiendo echar a otros la culpa de nuestros pecados, como maliciosamente hicieron Adán y Eva: de hacer así mereceríamos perdón como no lo merecieron entonces nuestros primeros padres38.

Perdón de las deudas. Debemos perdonar a nuestros deudores. 1) Porque Jesucristo, Nuestro Señor, lo manda expresamente: “si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acordares que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; y después volverás a presentar tu ofrenda”39. “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rogad por los que os persiguen y calumnian”40. Alguien dirá que esto es imposible o demasiado duro. Dice San Jerónimo: “Dios no nos manda cosas imposibles, sino perfectas”; y que hagamos lo que hizo David con Saul, y San Esteban con los que le apedreaban41. En una ocasión preguntó San Pedro a Jesús: “Señor, ¿cuantas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces? Respondiéndole Jesús: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, es decir, jamás nos hemos de cansar de perdonar a los que nos ofenden, como no se cansa Dios de perdonarnos a nosotros42. 2) Porque Jesucristo y los Santos nos dieron ejemplo de perdón. Nuestro Divino Redentor pendiente de la Cruz imploró perdón para sus verdugos que lo crucificaban: “y Jesús decía: perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen”43. 37

. Cf. Ver: “Bajó a los Infiernos y al Tercer Día resucitó de entre los Muertos”. Págs. 374-379; “Desde Allí ha de venir a juzgar a los Vivos y a los Muertos”. Págs. 382-386 38 . Cf. Génesis III, 11-13; ibíd. 16-19 39 . San Mateo V, 23-24 40 . Ibíd. 44-45 41 . Cf. I Reyes XXVI, 7-11; Hechos de los Apóstoles VII, 59-60 42 . Cf. San Mateo XVIII, 21-22 43 . San Lucas XXIII, 34

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Yendo Jesús a Jerusalén pasó por una ciudad de Samaría donde pidió hospedaje. Mas los habitantes no le quisieron recibir; por lo que Santiago y Juan, discípulos de Jesús, le dijeron: “Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo y los acabe? Mas Jesús volviéndose a ellos, los riñó, diciendo: „no sabéis vosotros que espíritu sois. El Hijo del hombre no ha venido a perder las almas, sino a salvarlas‟. Y se fueron a otra aldea”44. Los Santos nos dieron muchísimos ejemplos de cristiano perdón; es muy notable el de San Esteban protomártir que poco antes de morir apedreado por los judíos, así oró: “Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Dicho esto se durmió”45. 3) Porque la ley natural nos manda perdonar. Está dispuesto por ley natural que nos hallemos con los demás como deseamos que ellos se hallen con nosotros; es por lo tanto muy desvergonzado aquél que pide a Dios le perdone la pena de su pecado, conservando él su espíritu irritado contra su prójimo. 4) Porque sin perdón no hay paz entre los hombres. Quitada la ley del perdón, reina la ley del odio y de la venganza y se multiplican los crímenes. No puede haber tranquilidad. ¿Cómo es posible que viva en paz el que doquiera está viendo el puñal vengativo de su enemigo que juró vengarse de una ofensa recibida?

La condición para ser perdonados. Quien no quiere perdonar, no tiene razón de esperar que Dios le perdone; antes bien, diciendo esa petición se condena a sí mismo porque pide ser perdonado en la medida que él perdona; mientras que él no perdona nada; luego tampoco Dios le perdonará.

El olvido de las injurias. Hay quienes sabiendo que deben olvidar las injurias y amar a los que los ofendieron, desean hacerlo y hacen lo que pueden; pero por más que quieran no consiguen desechar el recuerdo total de las injurias y por esto sienten grandes remordimientos temiendo no obedecer al divino precepto. Esos tales no deben apesadumbrarse y deben seguir rezando porque si de veras han perdonado y no desean ningún mal al prójimo, aunque persistan, a pesar suyo, ese recuerdo de las injurias, pueden estar tranquilos de haber cumplido con su deber46

V. I. 7. “Et ne nos indúcas in tentatiónemˮ En la sexta petición pedimos a Dios nos libre de ese terrible mal que son las tentaciones; le pedimos una de estas dos cosas: a) O no permita que seamos tentados. b) O nos dé fuerzas para vencer la tentación; de un modo especial pedimos esto último y no tanto lo primero, que no será acaso conveniente para nosotros, y pedirlo sería pedir a Dios en algún modo un continuo milagro. 44

. Ibíd. IX, 54-56 . Hechos de los Apóstoles VII, 59-60 46 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2838-2845 45

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San Jerónimo, sobre aquello del Eclesiastés: “hay tiempo de guerra y tiempo de paz”47, dice que mientras estamos en la vida es tiempo de guerra y cuando pasemos a la otra, será tiempo de paz; por eso llamamos al Paraíso “Jerusalén”, palabra que significa “visión de paz”. Por tanto, dice, “ninguno se tenga ahora por seguro, porque es tiempo de guerra; ahora ha de ser el pelear para que, saliendo vencedores, descansemos después en aquella bienaventurada paz”. Extrañarse y más aún espantarse de las tentaciones es como si el soldado se extrañase y espantase del tiro del cañón, y se quisiese volver de la guerra; o como el que quisiese dejar de navegar y salirse de la nave, por ver que se revuelve el estómago.

La tentación. Las tentaciones son excitaciones al pecado que nos vienen del demonio, de los hombres perversos o de nuestras pasiones. La palabra tentar tiene varios significados: a) Tentar es someter a alguien a una prueba para inquirir de él alguna verdad: Dios no tienta en este sentido porque no necesita conocer nada, todo lo sabe.b) Tentar significa también poner a prueba la virtud de una persona, para que después sea honrada y propuesta como modelo a los demás. Dios muchas veces tienta en esta forma; por. ejemplo: probó (o tentó) la fidelidad de Abraham mandándole sacrificar a su primogénito Isaac; tentó la virtud de Tobías, de Job, etc.c) Tentar significa finalmente: “inducir a pecado” o a la perdición, lo cual es oficio propio del diablo. Dios, santidad por esencia, no puede excitar a nadie al pecado, ni tentarle; pero puede permitir que seamos tentados. Así lo enseña el Apóstol Santiago: “nadie diga cuando fuere tentado, que es tentado por Dios; Él no tienta a ninguno”48.

¿De cuántas maneras puede ser la tentación? Podemos clasificar a las tentaciones según la fuente de donde proceden, que son tres, llamadas comúnmente los tres enemigos del alma: el demonio, el mundo y la carne. El demonio. Nos tienta el demonio, el cual, según expresión de San Pedro: “como león rugiente gira de continuo alrededor de nosotros buscando a quien tragar”49. Ningún tiempo, ningún lugar, ninguna virtud puede librar al hombre de sus asaltos. No sólo es Satanás quien tienta a los hombres, sino que a veces bandas de demonios acometen a uno, según lo declaró aquel diablo que, preguntado por Cristo Nuestro Señor, qué nombre tenía, contestó: “tengo por nombre Legión”50; en otro pasaje dice Nuestro Señor Jesucristo que el demonio cuando se ve expulsado de un alma “toma consigo otros siete espíritus peores que él y entrando habitan allí, y el último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”51. Qué atrevidos sean los demonios, demuéstralo la voz de Satanás, según el Profeta: “escalaré el cielo”52. Y acometió a los primeros padres en el Paraíso, 47

. Eclesiastés III, 8 . San Santiago I, 13-14 49 . I San Pedro V, 8 50 . San Marcos V, 9 51 . San Mateo XII, 45 52 . Isaías XIV, 13 48

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persiguió a los profetas, deseó apoderarse del Apóstol a fin de “zarandearlo como el trigo”53; y ni aún se avergonzó ante la presencia misma de N. S. Jesucristo54. ¿Podemos vencer al demonio? Es verdad de Fe que siempre podemos vencer al demonio con la ayuda de Dios. Así lo dice el Apóstol San Pablo: “fiel es Dios, que no permitirá seáis tentados más de lo que podéis; y si creciere la tentación, crecerá también el socorro y el favor para vencer y triunfar de vuestros enemigos y quedar en ganancia de la tentación”55. Por una parte sabemos que el demonio no puede más de lo que Dios le diere licencia, ni nos podrá tentar un punto más; por otra parte estamos ciertos que Dios no le dará licencia para que nos tiente más de lo que pudiéramos llevar. El mundo. Nuestro segundo enemigo es el mundo, es decir, el conjunto de hombres perversos que arruinan las almas por medio de espectáculos inmorales, modas indecentes, novelas pornográficas, prensa perversa y sectaria, cinematógrafo, teatro, escuela laica, malos ejemplos, conversaciones inmorales, etc. “Ay del mundo por sus escándalos”56, ha dicho con lenguaje severo el Mansísimo Jesús, dando a entender que es peligrosa su compañía. La carne. La carne es nuestro cuerpo con sus pasiones y malas inclinaciones que constantemente nos arrastra al mal. El Apóstol nos habla de la guerra que nos mueven estas malas inclinaciones: “la carne codicia contra el espíritu y el espíritu contra la carne; porque estas cosas son contrarias entre sí y sucede frecuentemente que el hombre no hace el bien que desea y obra el mal que repugna al espíritu. ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?”57 De esta última expresión se colige que la carne es el peor de los tres enemigos; en efecto, al demonio podemos ahuyentarlo con oraciones, ayunos, exorcismos, etc. Del mundo podemos huir o podemos rechazarlo con la fuerza, pero el cuerpo está siempre con nosotros y no está en nuestro poder desprendernos de él.

¿Cuándo, cómo y por quién puede ser tentado el hombre? Cuando. Desde que el hombre tiene uso de razón hasta que muere está sujeto a las tentaciones; sólo cesarán después de la muerte. No hay, pues, edad en que no pueda ser uno tentado: en la infancia, en la juventud, en la edad madura, en la vejez; de día, de noche; en cualquier época del año, en cualquier lugar; sabemos de niños pequeños (con uso de razón) que se han condenado o que han ido al purgatorio a causa del pecado. Cómo. Muy diestro es el demonio en el arte de engañar a las almas. Dice San Gregorio que así como uno de los principales avisos de los cazadores es saber a qué linaje de cebo son más aficionadas las aves que quieren cazar, para armarles con eso; así el principal cuidado del demonio es saber a qué género de cosas estamos más aficionados y de qué gustamos más, para armarnos y entrarnos por ahí. ... 53

. San Lucas XXII, 31 . Cf. San Mateo IV, 1-11 55 . I Corintios X, 13 56 . San Mateo XVIII, 7 57 . Romanos VII, 14-24 54

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los movimientos del corazón y evitar las amistades demasiado sensibles que suelen ser causa de funestas caídas. c) Nuestros sentidos. De un modo especial debemos velar sobre nuestros sentidos que son las ventanas por donde entra el pecado en el alma. De los cinco sentidos los más peligrosos son la vista y el tacto. Debemos mortificar la vista apartándola de objetos aptos a despertar las malas pasiones: libros y figuras obscenas, personas inmodestas, teatros, bailes, cinematógrafo, espectáculos indecentes, etc. Debemos mortificar el sentido del tacto evitando cualquier libertad ya a solas ya con otros, observando la más severa modestia, dando al cuerpo el reposo estrictamente necesario, acostumbrándolo a sufrir el calor, el frío, el cansancio, habituándolo al trabajo, evitando el lujo excesivo en los vestidos y procurando que éstos sean modestos, etc. La mortificación del oído nos obliga a evitar todo discurso obsceno o inconveniente, las músicas afeminadas, los chistes y cuentos indecentes, las conversaciones contrarias a la religión, la murmuración, etc. Hay que mortificar asimismo el gusto, no excediéndose en la comida, ni en la bebida, no amando demasiado las golosinas, contentándose de manjares groseros y ordinarios y ayunando algunas veces por lo menos cuando lo manda la Santa Iglesia ( el miércoles de ceniza, los viernes de cuaresma y el viernes santo). También debemos mortificar el olfato evitando el uso excesivo de perfumes, agua de olor, etc. Invenciones muy aptas para formar espíritus débiles y para convertir el cuerpo en un ídolo al cual se rinde homenaje con menoscabo de la religión y de la virtud. ¿Cómo se vencen las tentaciones? Son las tentaciones como las enfermedades, las cuales a menudo vienen a pesar de todas las medidas que se toman para evitarlas. Cuando, pues, por culpa nuestra o sin ella, la tentación ha invadido nuestra alma, debemos emplear los medios positivos para rechazarla. El medio principal es la oración y por eso decimos en el Padre Nuestro: “no nos dejes caer en la tentación”. Exclamemos como los Apóstoles cuando se vieron en peligro de naufragar: “sálvanos, Señor, que perecemos”63. En la oración se comprende también el recuerdo de los novísimos o postrimerías (Juicio, Cielo, Infierno y Purgatorio); el oír o el leer la Palabra de Dios; el uso del agua bendita y de otros sacramentales; el recibir con frecuencia los sacramentos; y en especial la invocación de la Santísima Virgen María y de los Santos64

V. I. 8. “Sed líbera nos a malo. Amenˮ En esta séptima petición pedimos al Señor se digne librarnos de todo mal de cuerpo y alma; pero especialmente del pecado y de la condenación eterna. 63

. San Mateo VIII, 25 . Cf. Ver: De los Sacramentos en General. Págs. 193-297; El Santo Rosario. Págs. 438-450; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2846-2849 64

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El mal es lo opuesto del bien. Como Dios es el bien por esencia, así todas las cosas, en tanto son verdaderos bienes, en cuanto nos conducen a Dios; y en tanto son verdaderos males en cuanto nos alejan o nos separan de Dios; según esto el peor de los males es el pecado que nos aparta de Dios; y peor aún la muerte en el pecado y la eterna condenación. En esta petición, pues, rogamos a Dios de un modo especial, se digne librarnos de este sumo mal, con el cual no admiten comparación todos los males y tribulaciones de la vida; y aunque en la petición precedente pedimos la gracia de vencer las tentaciones, sin embargo, por desgracia sucede con frecuencia que el hombre por no cooperar debidamente a la gracia, cae en pecado. Por consiguiente, siempre hay motivo para pedir de nuevo a Dios se digne preservarnos de todo pecado, y que si hemos tenido la desgracia de caer en él, no permita que lleguemos a morir repentina.

¿Por qué viene última esta petición? Esta petición, que es el final del Padre Nuestro, se considera como un magnífico epílogo y resumen de toda la oración dominical (del Señor); porque después de haber conseguido lo que en esta petición se contiene, “nada resta, -según San Cipriano- que deba pedirse después, puesto que de una vez pedimos el divino socorro contra todo mal; y conseguido este socorro, estaremos seguros y protegidos contra todo lo que intente hacer el diablo y el mundo”. Tal es la importancia de esta petición, que Jesucristo, Nuestro Señor, se valió de ella cuando estando por salir de esta vida rogó a su Padre por la salvación de los hombres: “no ruego para que los quites del mundo, sino te pido que los preserves del mal”65.

¿Por qué se pide ser librados del mal y no de los males? Decimos: líbranos “del mal” y no “de males” porque no hemos de desear estar exentos de todos los males de la vida, sino solamente de aquellos que no convienen a nuestra alma; y por eso pedimos nos libre del mal en general, a saber de todo lo que Dios prevé que es mal para nosotros.

Los males de la vida. Hemos de mirar los males de la vida no con ojos materiales, a la manera de los mundanos, sino con los ojos de la Fe, como suelen mirarlos las almas buenas. Ahora bien, la Fe, apoyada en la sana razón nos dice: 1) Que los males de esta vida no son verdaderamente males, puesto que tienen término; verdaderos males son los que nunca acaban. 2) Que los males son necesarios en el orden de la Providencia; así como en un cuadro son necesarias las sombras para que se destaque el conjunto; y en una música los sonidos graves para hacer armonía con los agudos; así también en el mundo es necesario que haya calamidades para que resalte la bondad de Dios al quitarlas y la virtud de los hombres al sobrellevarlas. Si no hubiese habido persecuciones contra los cristianos ¿cómo habría resplandecido el valor de los Mártires y la omnipotencia de Dios al sostener a su Una Santa Iglesia Católica y Apostólica? ... 65

. San Juan XVII, 15

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Animados con estos pensamientos muchos santos mortificaban su cuerpo con toda clase de asperezas y hasta lamentaban la necesidad de darle algún reposo para que no sucumbiese.

La palabra “Amen”. La palabra “Amén”, que decimos al fin de las oraciones, quiere decir: Así sea. Terminamos el Padre Nuestro con esta palabra; que es una palabra enérgica que da mayor viveza y expresión a nuestros deseos y significa: “así sea, así se cumpla, así suceda como lo pedimos”. La palabra “Amén” se usa generalmente para confirmar lo dicho o una petición. Nuestro Señor Jesucristo se valió de ella con frecuencia para confirmar o para dar mayor energía a sus palabras y encarecer sus discursos: “Amen, amen dico vobis”: “en verdad, en verdad os digo”70. Cuando respondemos Amén a una oración, consagración o profesión de Fe que recita el sacerdote u otra persona, declaramos categóricamente que nos adherimos a cuanto ellos dicen y que hacemos nuestros los sentimientos y ruegos manifestados en la oración; en este sentido se dice que los bienaventurados del cielo se unen con el eterno Amén a la oración que el Sumo Sacerdote Jesucristo dirige continuamente al Eterno Padre en nombre de toda la creación71

“Padre, si tú quieres, aleja de Mí este Cáliz; sin embargo que no sea mi Voluntad, sino la Tuya que se haga” San Lucas XXII, 42

70

. San Mateo XXIV, 2 . Cf. Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2759-2776; 2850-2865; Jesús de Nazaret. Primera Parte. Benedicto XVI. Ed. Rizzoli. Milano. Italia. 2007. Págs. 157-201 71

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V. II. El Santo Rosario V. II. 1. Nuestra Señora del Santo Rosario Su fiesta fue instituida por el Papa San Pío V el 7 de octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada a través de la oración del Santo Rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Santísima Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a los misterios de la Encarnación, la Vida Pública, la Pasión y la Gloria de la Resurrección del Hijo de Dios

V. II. 2. Historia del Santo Rosario Desde el principio de la Santa Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los Judíos. Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marías. Los misioneros de Irlanda más tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron varios desarrollos con el tiempo. La Santa Madre de Dios, en persona, le enseñó a Santo Domingo a rezar el Santo Rosario en el año de 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe72. Santo Domingo era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Santa Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual, y el malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. El Señor Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Nuestro Señor Jesucristo no es Dios73. También negaban los sacramentos y la verdad de que la Santísima Virgen María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la Fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También se encontraban factores políticos envueltos. Santo Domingo trabajó por años en medio de estos pobres desgraciados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Santo Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouillé (Francia), junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en 72 73

. Cf. Ver: Constitución de la Santa Iglesia. Santo Domingo de Guzmán. Pág. 102 . Cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 168. Alejandro III. Pág. 135; ibíd. 175. Honorio III. Pág. 136

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esta capilla en donde Santo Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada. La Santísima Virgen María se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó ella misma a Santo Domingo como recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo conocido, y le prometió que muchos pecadores se convertirían y por medio de él obtendrían abundantes gracias para su salvación. Santo Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó y con gran éxito, por que muchos entre los albingenses se convirtieron y volvieron a la Fe católica. Pero lamentablemente la situación entre los albingenses y los cristianos estaba además La Santísima Virgen María da personalmente a Santo Domingo el Santo Rosario, y le enseña vinculada con la política, lo cual como debe recitarlo hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón De Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Santo Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el Santo Rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del Santo Rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Santo Rosario. Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Santo Domingo y, con la aprobación del Santo Padre Honorio III (1216), Santo Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la Orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen Santísima. El Santo Rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Santísima Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Santísima Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del Santo Rosario y reiteró las promesas dadas a Santo Domingo referentes al Santo Rosario 328


V. II. 3. La Virgen María del Santo Rosario: ¡vencedora de las todas batallas! Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de Nuestro Señor Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había solución para la amenaza del Islam. Los Musulmanes entonces se proponen hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Santísima Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492 74. ¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América por Cristobal Colón, el 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, y la Fe se comienza a propagar en el nuevo continente 75.

La batalla de Lepanto. En la época del Papa San Pío V (1566-1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterraneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Santo Padre pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario. Por fin en 1571 se estableció una liga para la defensa de Europa. El 7 de octubre de 1571 se encontraron las flotas cristianas y musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria, entró en batalla contra un enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. En Roma, el Papa se hallaba recitando el Santo Rosario en tanto que se había logrado la decisiva y milagrosa victoria para los cristianos. El poder de los turcos en el mar se había disuelto para siempre. El Papa salió de su capilla y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la victoria. Semanas mas tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién, desde un pricipio le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Santo Rosario. Agradecido con Nuestra Santa Madre, el Papa San Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de “Auxilium christianorum”. Más adelante, el Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta y, la llamó Nuestra Señora del Santo Rosario76.

74

. Cf. Ver: La Reconquista Española. Págs. 110-111; Lista Cronológica de los Papas. 211. Inocencio VIII. Pág. 141 75 . Cf. Ver: La Expansión Misional de la Santa Iglesia. Las Misiones en América. Págs. 113-114 76 . Cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 223. San Pío V. Págs. 143-144

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Los turcos seguían siendo poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde el Este y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de Austria. Una vez mas, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban la ciudad toda la Europa se hacia muy vulnerable. El emperador puso toda su esperanza en Nuestra Señora del Santo Rosario. Hubo gran lucha y derramamiento de sangre y la ciudad parecía perdida. El alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de María, 12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, conduciendo un ejercito de rescate, derrotó a los turcos.77

Batalla de Temesvar. El príncipe Eugenio de Saboya derrotó en Temesvar (en la Rumania moderna) a un ejercito turco dos veces mas grande que el suyo, el 5 de agosto de 1716, que en aquel entonces era la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves. El Papa Clemente XI atribuyó esta victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Santo Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por toda la Santa Iglesia universal78

V. II. 4. Excelencia del Santo Rosario A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del Santo Rosario y le han otorgado indulgencias. Dijo Nuestro Señor: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”79. El Santo Rosario recitado en familia es algo maravilloso. Es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance de todos. Los Papas, especialmente los más recientes, han hecho gran énfasis sobre la importancia del Santo Rosario en familia. Su Santidad León XIII escribió 12 encíclicas referentes al Santo Rosario. Insistió en el rezo del Santo Rosario en familia, consagró el mes de octubre al Santo Rosario e insertó el título de “Reina del Santísimo Rosario” en las Letanías Lauretanas de la Santísima Virgen. Por todo esto el Papa León XIII mereció el título de “El Papa del Santo Rosario”. San Juan Pablo II nos insistió mucho en el rezo del Sacratisimo Rosario. Decía: “Récenlo en familia, en grupos. Récenlo en privado. Inviten a todos a rezarlo. No tengan miedo de compartir la Fe. Nada mas importante. El mundo está en crisis. Nuestras fuerzas humanas no son suficientes. La victoria vendrá una vez mas por la Santísima Virgen María. Es la victoria de su Hijo, el Señor Rey del Universo: Jesucristo”. El 16 de octubre de 2002 publicó la Encíclica “Rosarium Virginis Mariae”, por medio de la cual, decretó el año litúrgico 2002/2003, como el año del Santo Rosario, e instituyó los “Misterios 77

. Cf. Ibíd. 238. Beato Inocencio XI. Pág. 146 . Cf. Ibíd. 241. Clemente XI. Pág. 147; Su Santidad Benedicto XVI, ha pedido la recitación del Santo Rosario, especialmente en el año litúrgico 2007/2008, para obtener por la intercesión de la Santísima Virgen María, el bienestar de la Iglesia de China, siempre perseguida por el gobierno comunista chino; ver: Lista Cronológica de los Papas. 263. Benedicto XVI. Págs. 157-169 79 . San Mateo XVIII, 20 78

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Luminosos”; así llamados porque en su Vida Pública Nuestro Señor Jesucristo se manifiesta como misterio de luz: “mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo” 80

V. II. 5. Las promesas de la Santísima Virgen a los que recen el Santo Rosario Estas son las promesas de Nuestra Señora, Reina del Sacratísimo Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano de la Rupe: 1) 2) 3) 4)

5) 6)

7) 8)

9) 10) 11) 12) 13)

14) 15)

Quien rece constantemente mi Santo Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida. Prometo mi especialisima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Santo Rosario. El Santo Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías. El Santo Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas. El alma que se me encomiende por el Santo Rosario no perecerá. El que con devoción rece mi Santo Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en la gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna. Los verdaderos devotos de mi Santo Rosario no morirán sin los Sacramentos. Todos los que rezan mi Santo Rosario tendrán en vida y en la muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos de los bienaventurados. Liberaré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Santo Rosario. Los hijos de mi Santo Rosario gozarán en el Cielo de una gloria singular. Todo lo que se pida por medio del Santo Rosario se alcanzará prontamente. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen la devoción a mi Santo Rosario. He solicitado a mi Santísimo Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial. Los que rezan el Santo Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Hijo. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

80

. San Juan IX, 5; cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 262. San Juan Pablo II. Págs. 155-157; AAS 95. (2003)

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A estas maravillosas promesas, vale la pena añadir, lo que la misma Santísima Virgen dijo a Sor Lucia, vidente de las apariciones de Fátima, acerca del Santo Rosario, y que la misma religiosa, el 26 de diciembre de 1957, revela al Padre Agustín Fuentes81

V. II. 6. ¡Soy la Santísima Virgen del Santo Rosario!

¡Soy la Santísima Virgen del Santo Rosario!

El 13 de octubre de 1917, la Santísima Virgen María en su última aparición en Fátima, se revela ante los tres pastorcitos videntes, como la Virgen del Santo Rosario, ese mismo día dice a Sor Lucia estas consoladoras palabras: “quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor. Que soy la Virgen del Santo Rosario y que continuéis rezando el Santo Rosario todos los días. La guerra va a terminar y los soldados volverán a sus casas”. Ella, en su primera aparición del 13 de mayo de 1917, ya les había pedido de rezar el Santo Rosario, les dice: “rezad el Santo Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”82

V. II. 7. Los misterios del Santo Rosario Misterios Gozosos (Lunes y Sábado) 1. Misterio – La Anunciación del Ángel a la Santísima Virgen María. “El Ángel le dijo: no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre jesús. Él será grande y será llamado el Hijo del Áltísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre”83. Fruto del misterio: la humildad. 81

. Cf. Ver: Cronología de una Desobediencia. Oración y Sacrificio: el Santo Rosario. Pág. 547 . Cf. Ver: El Testimonio de Sor Lucia. Págs. 523-536 83 . San Lucas I, 30-32 82

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2. Misterio – La Visitación de la Santísima Virgen a su prima Santa Isabel. “Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamó con gran voz: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de donde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme?”84. Fruto del misterio: el amor hacia el prójimo. 3. Misterio – El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén. “Mientras ellos estaban allí se cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre porque no tenían sitio en el alojamiento”85. Fruto del misterio: el amor a la pobreza y el desprendimiento de las cosas materiales. 4. Misterio – La Presentación de Nuestro Señor Jesucristo en el Templo. “Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor”86. Fruto del misterio: la castidad y la obediencia. 5. Misterio – El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo. “Al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo sentado en medio de los doctores de la Ley, escuchándoles y preguntándoles87. Fruto del misterio: ver la voluntad de Dios en todas las cosas. Misterios de Luz (Jueves) 1. Misterio – El Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo. “Entonces aparece Jesús, que vino de la Galilea al Jordán donde estava Juan, para ser bautizado por él”88. Fruto del misterio: la renúncia al pecado. 2. Misterio – La Autorrevelación de Nuestro Señor Jesucristo en las Bodas de Caná. “Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús”89. Fruto del misterio: confesar que Nuestro Señor Jesucristo es el Hijo del Dios viviente. 3. Misterio – La Anunciación del Reino de Dios. “Marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva diciendo: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca de vosotros; convertíos y creed en la Buena Nueva”90. 84

. Ibíd. 41-43 . Ibíd. II, 6-7 86 . Ibíd. 22 87 . Ibíd. 46 88 . San Marcos I, 19 89 . San Juan II, 1 90 . San Marcos I, 14-15 85

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Fruto del misterio: anunciar la Buena Nueva a través de nuestras buenas obras. 4. Misterio – La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”91. Fruto del misterio: reconocer la imagen del Señor en el que sufre. 5. Misterio – La Institución de la Santísima Eucaristía. “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y dijo: comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y se las dio diciendo: beded de ella todos, porque ésta es mi sangre”92. Fruto del misterio: una verdadera devoción y adoración hacia la Santísima Eucaristía93. Misterios Dolorosos (Martes y Viernes) 1. Misterio – La Agonía de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto. “Va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: sentaos aquí, mientras voy allá a orar”94. Fruto del misterio: una perfecta contrición de los pecados. 2. Misterio – La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo en la columna. “Volvió a salir donde los Judíos y les dijo: yo no encuentro ningún delito en Él (...) ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los Judíos? Ellos volvieron a gritar diciendo: ¡a ése, no; a Barrabas! (...) Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle”95. Fruto del misterio: la mortificación de los sentidos. 3. Misterio – La Coronación de Espinas. “Los soldados trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza”96. Fruto del misterio: la mortificación de la voluntad. 4. Misterio – El Camino al Calvario. Cuando se hubieron burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle”97.

91

. Ibíd. IX, 2-3 . Ibíd. XIV, 22-24 93 . Cf. El 16 de octubre de 2002 el Papa San Juan Pablo II, mediante la Encíclica “Rosarium Virginis Mariae”, instituye estos cinco Misterios Luminosos en el rezo del Santo Rosario, y se estblece el día jueves para meditarlos; ver: ver: Lista Cronológica de los Papas". Núm. 262. San Juan Pablo II. Págs. 155-157; La Devoción de los Cinco primeros Sábados de Mes. Págs. 559-560 94 . San Mateo XXVI, 36 95 . San Juan. XVIII, 38-40; XIX,1 96 . San Mateo XXVII, 27-29 97 . Ibíd. XXVII, 31 92

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Fruto del misterio: la paciencia y la resignación en las pruebas y en las tentaciones. 5. Misterio – La Crucificción y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. “Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu y, dicho esto expiró”98. Fruto del misterio: el amor de Dios y la salvación de las almas. Misterios Gloriosos (Miercoles y Domingo) 1. Misterio – La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. “Habló el ángel y dijo a las mujeres: vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid y ved el lugar donde estaba”99. Fruto del misterio: la Fe y la conversión de los pecadores. 2. Misterio – La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. “Y los sacó fuera hasta frente a Betania y, alzando sus manos los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo”100. Fruto del misterio: la esperanza y los deseos del cielo. 3. Misterio – La Venida del Espíritu Santo sobre la Santísima Virgen y los Apóstoles en Pentecostés. “y se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, tal como el Espíritu les daba que hablasen”101. Fruto del Misterio: la caridad y el celo apostólico. 4. Misterio – La Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo. “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven! Porque , mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido (...) Muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y bello tu semblante102. Fruto del misterio: la gracia de una buena muerte y una verdadera devoción a la Santísima Virgen María. 5. Misterio – La Coronación de la Santísima Virgen María en el Cielo. “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”103. Fruto del misterio: la perseverancia final y la confianza en el tríunfo del Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María 98

. San Juan XIX, 30 . San Mateo XXVIII, 6 100 . San Lucas XXIV, 51 101 . Hechos de los Apóstoles II, 3-4 102 . Cantar de los Cantares I, 10-11; 14 103 . Apocalipsis XI, 19; XII, 1 99

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V. II. 8. Cómo rezar el Santo Rosario 1. Hacerse el signo de la cruz y rezar el Credo o el Acto de Contrición. 2. Rezar el Padrenuestro. 3. Rezar 3 Avemarías y Gloria. 4. Anunciar el primer misterio, pedir el fruto, y rezar el Padrenuestro. 5. Rezar 10 Avemarías, Gloria, y Jaculatoria. 6. Anunciar el segundo misterio, pedir el fruto, y rezar el Padrenuestro. 7. Rezar 10 Avemarías, Gloria, y Jaculatoria. 8. Anunciar el tercer misterio, pedir el fruto, y rezar el Padrenuestro. 9. Se rezan 10 Avemarías, el Gloria, y la Jaculatoria. 10. Anunciar el cuarto misterio, pedir el fruto, y rezar el Padrenuestro. 11. Se rezan 10 Avemarías, el Gloria, y la Jaculatoria. 12. Anunciar el quinto misterio, pedir el fruto, y rezar el Padrenuestro. 13. Se rezan 10 Avemarías, el Gloria, y la Jaculatoria. 14. Rezar las Letanías Lauretanas, la Oración, y el Salve Regina

V. II. 9. Las oraciones del Santo Rosario Señal de la Santa Cruz + Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. + Sea en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Acto de contrición Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo firmemente la enmienda de mi vida para nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera 336


impuesta. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como lo suplico así lo confío me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén. Credo o Símbolo de los Apóstoles Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. Padre Nuestro Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. V/ Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén. Ave María Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor está contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. V/ Santa María; Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. V/ Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. Jaculatoria Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego eterno del infierno y lleva todas las almas al Cielo, especialmente aquéllas que necesitan más de tu infinita misericordia104. 104

. Cf. Esta oración ha sido revelada por la Santísima Virgen María el 13 de julio de 1917, en su tercera aparición en Fátima a los tres pastorcitos videntes: Lucia, Francisco y Jacinta Marto. En este día, la Santísima Virgen María, después de haberles mostrado el Infierno a los niños, les pidió a ellos que esta oración fuese rezada al final de cada misterio del Santo Rosario; ver: El Testimonio de Sor Lucia.¡Rusia se convertira! 13 de julio de 1917. Págs. 530-532

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Letanías lauretanas Señor. V./ Ten piedad de nosotros. Cristo. V./ Ten piedad de nosotros. Señor. V./ Ten piedad de nosotros. Cristo . V./ Oyenos. Cristo . V./ Escúchanos. Dios, Padre Celestial. V./ Ten piedad de nosotros. Dios, Hijo Redentor del Mundo. V./ Ten piedad de nosotros. Dios, Espíritu Santo. V./ Ten piedad de nosotros. Santísima Trinidad Un solo Dios. V./ Ten piedad de nosotros. Vaso honorable. V/ Ruega por nosotros. Vaso insigne de devoción. Rosa Mística. Torre de David. Torre de Marfíl. Casa de oro. Arca de la Nueva Alianza. Puerta del Cielo. Estrella de la mañana. Salud de los enfermos. Refugio de los pecadores. Consuelo de los Afligidos. Auxilio de los cristinos. Reina de los Ángeles. Reina de los Profetas. Reina de los Apóstoles. Reina de los Mártires. Reina de los Confesores. Reina de las Vírgenes. Reina de todos los Santos. Reina concebida sin pecado original. Reina llevada al Cielo. Reina del Santo Rosario. Reina de la familia. Reina de la paz.

Santa María. V/ Ruega por nosotros. Santa Madre de Dios. Santa Virgen de las Vírgenes. Madre de Cristo. Madre de la Santa Iglesia. Madre de la Divina Gracia. Madre Purísima. Madre Castísima. Madre Virginal. Madre sin mancha. Madre Inmaculada. Madre amable. Madre admirable. Madre del buen consejo. Madre del Creador. Madre del Salvador. Virgen prudentísima. Virgen venerada. Virge laudable. Virgen poderosa. Virgen clemente. Virgen fiel. Espejo de justicia. Causa de nuestra alegría. Vaso espiritual. 338


Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. V./ Perdónanos Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. V./ Escúchanos Señor. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. V./ Ten piedad de nosotros. Oración Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Santísimo Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. V./ Amén. Salve Regina Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. V./ Para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén105

San Juan Pablo II: un grandísimo Devoto del Santo Rosario 105

. Cf. El Santo Rosario. San José María Escriva de Balaguer. Ed. EGIM. Milano. Italia. 2006

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CAPÍTULO VI

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS Según el Catecismo de la Doctrina cristiana. P. Gaspar Astete

“Si tú me amas, tú guardarás mis mandamientos” Éxodo XV, 26; San Juan XIV, 15; I San Juan II, 3-4; V, 1-5

“Amarás a Yahwéh tu Dios. No emplearás en vano su Santo Nombre. Acuérdate de santificar las fiestas. Honrarás a tu padre y a tu madre. No matarás. No fornicarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio y no mentirás. No desearás la mujer de tu prójimo. No codiciarás los bienes ajenos” Éxodo XXXIV, 28; Deuteronomio VI, 4-5; X, 4; 12; San Mateo XXII, 37

“Tú amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu y tu amarás a tu prójimo como a ti mismo” Levítico XIX, 18; San Mateo XXII, 36-40; San Lucas X, 36-37 341


VI. I. “Amarás a Yahwéh tu Dios”

“Tú amarás a Dios con todo tu Corazón, con toda tu Alma, con todo tu Espíritu; y tú amarás a tu Prójimo como a Ti mismo” Levítico XIX, 18; San Mateo XXII, 36-40; San Lucas X, 36-37

“Venid, cantemos todos gozosos a Yahvé, aclamemos a la Roca de nuestra salvación; con las acciones de gracias vayamos todos ante Él, aclamémosle con salmos. Porque es Yahvé un Dios grande, un Rey grande sobre todos los dioses; en sus manos están las honduras de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes; suyo el mar, pues Él mismo lo hizo, y la tierra firme, que sus manos formaron. Entrad, adoremos, y prosternémonos ¡de rodillas ante Yahvé que nos ha hecho! Porque Él es siempre nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su pacto, el rebaño de su mano”1.

¿Cuál es el Primer Mandamiento? El primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas2.

¿A qué te obliga el Primer Mandamiento? A ofrecer a Dios verdadera adoración: “adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las manantiales de agua”3.

¿Qué es adoración? Es reconocer que Dios te ha creado, y que dependes de Él enteramente: “pues en Él vivimos, nos movemos y existimos”4.

¿Cómo adoras a Dios? Haciendo oración en privado y en público: “y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”5.

¿Hay un nombre especial para la adoración pública de la Santa Iglesia? Sí, la adoración litúrgica, la Liturgia de la Santa Iglesia. 1

. Salmo XCV, 1-7 . Cf. Deuteronomio VI, 4-5; X, 12; San Mateo XXII, 37 3 . Apocalipsis XIV, 7 4 . Hechos de los Apóstoles XVII, 28 5 . San Lucas XXIV, 53 2

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¿Es importante la liturgia en la vida de la Santa Iglesia? 1) Es el punto culminante, la acción más elevada, hacia la cual se dirige toda la actividad de la Santa Iglesia; es la fuente de donde brota toda su fuerza y vigor. 2) La participación activa en la adoración es el manantial insustituible y la fuente primera de la que se alimenta el espíritu de los cristianos6.

¿Cómo peca mucha gente contra el Primer Mandamiento? Por negligencia en rendir a Dios la adoración debida.

¿Por qué es pecado creer en adivinos? Porque es atribuir a una criatura conocimientos que son propios sólo a Dios7.

¿Por qué es pecado guiarse en la vida por sueños? 1) Porque Dios lo prohíbe muchas veces en la Biblia. 2) Porque es una insensatez que puede llevarte a cometer otros pecados: “si tu espíritu padece fantasmas, como el de la mujer que está de parto, no hagas caso de semejantes visiones, a menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas. Que a muchos extraviaron los sueños y cayeron los que en ellos esperaban. La palabra de la Ley es perfecta sin estas mentiras”8

VI. II. “No emplearás en vano su Santo Nombre” “Reyes de la tierra y pueblos todos, príncipes y todos los jueces de la tierra, jóvenes y doncellas también, viejos junto con los niños, alabad el nombre de Yahvé, porque sólo Su nombre es sublime; su majestad domina la tierra y los cielos”9. “Se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y apareciendo en su parte como hombre, y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre”10.

¿Cuál es el Segundo Mandamiento? El segundo mandamiento es no jurar el Santo Nombre de Dios en vano: “no tomarás en vano el nombre de Yanvéh, tu Dios; porque Yahvé no dejará sin castigo a quien tomare su nombre en vano”11. 6

. Cf. La liturgia consiste principalmente en el Santo Sacrificio de la Misa, los sacramentos, el oficio divino y la observancia de las fiestas litúrgicas; ver: Teología de la Santa Misa. Págs. 320-322; Fines, Efectos y Frutos de la Santa Misa. Págs. 322-325 7 . Cf. Únicamente Dios conoce el futuro y no lo revela por medio de formas ridículas como las hojas de té, golpes en la cabeza, rayas en la palma de la mano, movimiento de las estrellas y planetas, etc 8 . Eclesiástico XXXIV, 6-8 9 . Salmo CXLVIII, 11-13 10 . Filipenses II, 7-11 11 . Éxodo XX, 7

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¿A qué te obliga el Segundo Mandamiento? A invocar el nombre de Dios o de Jesucristo con reverencia: “Santo es Su nombre, y su misericordia, para los que le temen va de generación en generación”12.

¿Cuáles son los pecados contra el Segundo Mandamiento? 1) La invocación irreverente del nombre de Dios o de Jesucristo. 2) La blasfemia. 3) El juramento falso. 4) No cumplir con las promesas hechas a Dios.

¿Cuándo invocas irreverentemente el nombre de Dios? Cuando lo empleas sin motivo razonable y sin respeto13.

¿Qué es la blasfemia? Es una expresión insultante contra Dios y la religión14.

¿Qué clase de pecado es emplear palabras vulgares? Decir “diablos”, “maldita sea”, u otras palabras vulgares, sin pleno conocimiento, no es pecado15.

¿Qué es juramento? Es poner a Dios por testigo de la verdad de lo que se dice16.

¿Qué clase de pecado es jurar en falso? Es pecado mortal, llamado también perjurio17.

¿Qué es el voto? Es la promesa hecha a Dios, por la cual una persona se impone libremente la obligación, bajo pecado, de hacer algo especialmente agradable a Dios18

VI. III. “Acuérdate de santificar las fiestas” “Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es el día del descanso para Yahvé, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo día descansó; por eso bendijo Yahvé el día sábado y lo hizo sagrado”19. 12

. San Lucas I, 49 . Cf. Generalmente es pecado venial 14 . Cf. Cuando el blasfemo pretende expresamente insultar a Dios, comete pecado mortal 15 . Cf. Por supuesto lo sería, si se usaran expresiones de maldición con intención de que sobrevinieran a una persona verdaderos males. También puede haber pecado de cólera o de impaciencia, al proferir tales expresiones vulgares 16 . Cf. Éxodo XX, 7 17 . Cf. Es pecado mortal, aunque la materia sea pequeña, porque al jurar se pone a Dios por testigo de una mentira 18 . Cf. Los votos de pobreza, castidad y obediencia emitidos por los religiosos son promesas de llevar una vida de pobreza evangélica, de celibato consagrado y de generosa obediencia a los superiores religiosos 19 . Éxodo XX, 8-11 13

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¿Cuál es el Tercer Mandamiento? El tercer mandamiento es santificar las fiestas: “y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó”20.

¿A qué te obliga el Tercer Mandamiento? Obliga a los católicos, a observar el domingo como día de descanso y asistir a la Santa Misa; el cristiano debe santificar el domingo y las otras fiestas de precepto participando en la Eucaristía del Señor, y absteniendose de todas aquellas actividades que impidan darle culto a Dios y.que también dañen la alegria propia del día del Señor o la necesaria relajación de la mente y del cuerpo.

¿Es obligación grave asistir a la Santa Misa los domingos y días de precepto? Sí lo es, y por lo tanto faltar a la Santa Misa por propia culpa es pecado21.

¿Estas dispensado en algún caso de asistir a la Santa Misa? Sí, pero únicamente por motivos serios; son permitidas las actividades relacionadas con necesidades familiares o a servicios de gran utilidad social22.

¿Puede algún sacerdote dispensarte de dicha obligación? Sí, tu párroco o tu confesor pueden dispensarte con razón suficiente.

¿A qué te obliga, como padre de familia, el Tercer Mandamiento? Te obliga a mirar cuidadosamente por que tus hijos asistan devotamente a la Santa Misa los domingos y días de precepto.

¿Qué significa “descanso dominical obligatorio”? Significa que no se pueden realizar, a no ser por verdadera necesidad, trabajos manuales23.

¿Esta prohibido el practicar deportes los domingos? No, a menos que impidan las obligaciones religiosas. Se puede, por ejemplo, tener algunos juegos, caminar, mirar buenas películas, etc.

¿Por qué la Santa Iglesia Católica cambió el día del Señor del sábado al domingo? Porque Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos el domingo24, y el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles el domingo de Pentecostés: “el domingo es la fiesta primordial que debe inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también el día de alegría y de liberación del trabajo..., el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico”25 20

. Génesis II, 1-3 . Cf. En su defecto si no se puede asistir a la Santa Misa, se puede santificar el domingo haciendo actos de piedad, como la lectura de la Santa Escritura o del Misal, la recitación del Santo Rosario, etc 22 . Cf. Tales son enfermedad, cuidado de personas enfermas, distancia notable a la iglesia, algún trabajo necesario u obligatorio 23 . Cf. Los actos de caridad, como cuidado de enfermos, o los quehaceres domésticos ordinarios están, por supuesto, permitidos. Algunos trabajos, tomados como pasatiempo, como el cuidado sencillo del jardín, no están prohibidos. Otros como trabajos fuertes de reparación de carro, el lavado manual de la ropa de la semana, desdicen de la santidad del domingo y del espíritu de descanso 24 . Cf. San Mateo XXVIII, 1-6; San Marcos XVI, 1-6; San Lucas XXIV, 1-7; San Juan XX, 1-9 25 . Cf. Concilio Vaticano II. Liturgia. Núm. 106 21

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VI. IV. “Honrarás a tu padre y a tu madre” “No te gloríes con la deshonra de tu padre, que no es gloria tuya su deshonra; porque la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y es infamia de los hijos la madre deshonrada. Hijo, cuida de tu padre en su vejez, en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor. Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados. El día de tu tribulación se acordará él de tí”26.

¿Cuál es el Cuarto Mandamiento? El cuarto mandamiento es honrar padre y madre27: “el que teme al Señor honra a sus padres y sirve como a señores a los que le engendraron. De obra y palabra y con toda paciencia honra a tu padre, para que te alcance su bendición, la cual te acompañe hasta el fin. Pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos”28.

¿Cuáles son los deberes de los hijos para con los padres? 1) Amarlos y respetarlos toda la vida. 2) Obedecerles en todo lo que no es pecado. 3) Ayudarles cuando llegan a la vejez, o están enfermos o desamparados. 4) Mirar por que reciban el Sacramento de la Extremaunción a la hora de la muerte y un funeral católico.

¿Hasta cuándo está obligado el hijo a obedecer a sus padres? Hasta que se separen de la familia, por motivo de matrimonio, sacerdocio, vida religiosa o similares.

¿Deben ser antepuestos los padres al cónyuge? No, la obligación primera es tu cónyuge y tus hijos.

¿Cuántos son los pecados contra el Cuarto Mandamiento? Son desobedecer, odiar, amenazar, maldecir, golpear, insultar a los padres, avergonzarse de ellos, tratarlos desconsideradamente, causarles cólera o tristeza, etc.

¿Qué más te prescribe el Cuarto Mandamiento? Respetar a toda autoridad legítima, especialmente a las autoridades eclesiásticas y civiles: “respondióle Jesús: „no tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto los que me han entregado a ti tienen mayor pecado‟”29. “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que quien se opone a la autoridad se revela contra el orden divino..., dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, 26

. Eclesiástico III, 12-15 . Éxodo XX, 12 28 . Eclesiástico. III, 8-11 29 . San Juan XIX, 11 27

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impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor”30.

¿Cuáles son los deberes de los padres para con los hijos? Los padres tienen el deber de amar, de cuidar y alimentar sus hijos, de proveer a su educación religiosa y civil, de darles el buen ejemplo, de alejarlos de las ocasiones de pecado, de corregirlos de sus faltas y de ayudarlos a abrazar el estado al cual son llamados por Dios31

VI. V. “No matarás” “Entonces Yahvéh Dios formó al hombre con polvo de la tierra, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un alma viviente”32.

¿Cuál es el Quinto Mandamiento? El quinto mandamiento es no matar.

¿A qué te obliga el Quinto Mandamiento? A respetar la vida, salud y bienestar físico de nosotros mismos y de los demás.

¿Cuáles son los pecados graves contra el Quinto Mandamiento? 1) El homicidio, que es la muerte injusta causada a un inocente. 2) El aborto, es decir, la muerte causada deliberadamente a un niño, todavía no nacido. 3) El suicidio, o sea, la destrucción de la propia vida. 4) La eutanasia que consiste en la muerte suave procurada a una persona, que es consumida por una enfermedad incurable. 5) La negligencia culpable, de la que se sigue grave daño, o la muerte de una persona. 6) La esterilización, que consiste en hacer infecundos los órganos sexuales. 7) La embriaguez total. 8) El odio grave y la maldición al prójimo.

¿Te está permitido alguna vez emplear la fuerza o dar la muerte? Sí, en caso de defensa de la propia vida, si es el único medio de hacerlo, pero sólo en el momento en que se halla seriamente amenazada.

¿Está permitido en algún caso el aborto? No, porque causar directa y deliberadamente la muerte de una persona inocente, aunque sea la de un niño todavía no nacido, es homicidio33. 30

. Romanos XIII, 1-7 . Cf. El patriotismo es virtud y deber cristiano. Comprende amor al propio país, interés por su bienestar, respeto y obediencia a la autoridad civil. Son obligaciones morales el sufragio honrado y responsable, el pago de los impuestos justos, la defensa de los derechos del propio país. Si el gobierno impone leyes contrarias a las leyes de Dios, debemos oponernos a ellas y rehusar su obediencia 32 . Génesis II, 7 31

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¿Está permitido en algún caso el suicidio? No, pues tu vida pertenece a Dios, y únicamente Él puede quitártela34.

¿Está permitido la eutanasia? No, puesto que es homicidio35. ¿Está permitido la esterilización? Hacerse cortar o ligar las trompas de Falopio o las glándulas seminales es una forma de mutilación y por lo tanto, pecado mortal36.

¿Qué clase de pecado es emborracharse? La borrachera total es pecado mortal. Embriagarse sin llegar a tal exceso es pecado venial37.

¿Puedes alguna vez usar narcóticos? Únicamente cuando lo prescriba un médico competente, y de acuerdo con sus instrucciones.

¿Son la ira y la aversión pecados mortales? Ordinariamente son pecados veniales, a no ser que verdaderamente se desee a otra persona un grave daño.

¿Hay alguna clase de ira que no es pecaminosa? Sí, la ira que nace del celo por la justicia, el honor de Dios, o alguna otra causa: “entró Jesús en el templo de Dios y arrojó de allí a cuantos vendían y compraban en él, y derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas, diciendo: mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”38.

En caso de guerra, cuando la nación se defiende de una agresión injusta, ¿es lícito usar cualquier medio para rechazar al enemigo? Hay que considerar con rigor las estrictas condiciones de una legítima defensa por la fuerza militar. La gravedad de una tal decisión debe someterse a condiciones rigurosas de legitimidad moral: 1) Que el daño infringido por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea durable, grave y evidente39. 33

. Cf. Los católicos que realicen o colaboren en la realización de un aborto quedan automáticamente excomulgados (in ipso facto) 34 . Cf. El católico que comete suicidio, si se halla en pleno uso de sus facultades, pierde el derecho al entierro católico 35 . Cf. La persona que permite que la maten de este modo es culpable de suicidio 36 . Cf. Los órganos de la reproducción pueden ser extirpados quirúrgicamente, o hacerse inoperantes, solamente cuando están enfermos y constituyen peligro para todo el organismo. La esterilización como medida anticonceptiva es inmoral e intrínsecamente perversa, al igual que cualquier otro método anticonceptivo 37 . Cf. El hábito de beber que afecta seriamente a la salud, o produce escándalo, o destruye en la persona su sentido de responsabilidad por la sustentación de la familia, es pecado mortal, aunque la persona nunca llegue a emborracharse plenamente 38 . San Mateo XXI, 12-13; cf. San Marcos XI, 15-17; San Lucas XIX, 45-46 39 . Cf. “Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras, o de extensas regiones, junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones”. Concilio Vaticano II. La Iglesia hoy. Núm. 80; la palabra: “obsceno”, que se emplea para designar materias ofensivas a la castidad, es actualmente usada también, con alguna frecuencia, para describir escenas de violencia, características de muchas películas modernas y programas de televisión. Mirar continuamente programas que ponen en acción: luchas violentas, peleas, odio, venganza, y las consecuencias de esos sentimientos, que son heridas, sufrimientos y muerte, difícilmente preparan a una persona para que se acuerde de las recomendaciones del Señor Jesús, tales como: “bienaventurados los mansos, los pacíficos...,

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2) Que todos los otros medios para poner fin hayan sido ineficaces. 3) Que se tengan en cuenta las condiciones serias para el triunfo. 4) Que el empleo de las armas no produzca males y desórdenes mayores que el mal a eliminar

VI. VI. “No fornicarás y no desearás la mujer de tu prójimo” “Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había yo de tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? De ningún modo. ¿O no sabéis que quien se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: „los dos serán una sola carne‟. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con Él. Huid de la fornicación. Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido bien comprados. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo”40.

¿Cuál es el Sexto Mandamiento? El sexto mandamiento es no fornicar.

¿Cuál es el Noveno Mandamiento? El noveno mandamiento es no desear la mujer de tu prójimo.

¿A qué obliga estos dos Mandamientos? A practicar la virtud de la castidad de acuerdo con tu estado de vida41.

¿Quiénes son los únicos que pueden practicar actos sexuales? Solamente los esposos casados legítimamente, con tal que actúen en conformidad con los santos planes de Dios y sus leyes 42.

¿Cuáles son los pecados más frecuentes contra el Sexto Mandamiento? 1) El adulterio. 2) La fornicación. 3) El pecado solitario o masturbación. 4) El homosexualismo. perdona setenta veces siete”. San Mateo V, 1-12; 44; ibíd. VI, 14; además, la televisión e Internet hoy en día, son los medios que el demonio esta utilizando para perder las almas, ellos matan el espíritu, debido a la información contraria a la moral cristiana que presentan en la mayoría de su contenido. La televisión prepara a la persona para llevar una vida sin Dios y para que viva en el pecado; “los que al servicio de la patria, se hallan en el ejército, considérense instrumentos de la seguridad y la libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función contribuyen realmente a establecer la paz”. Concilio Vaticano II. La Iglesia hoy. Núm. 79 40 . I Corintios VI, 13-20 41 . Cf. La castidad regula el uso de las relaciones entre las personas casadas, y prohíbe el uso de tales relaciones entre personas no casadas 42 . Cf. Ver: Del Sacramento del Matrimonio. Págs. 288-297

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4) Los pecados contra la naturaleza, como el homosexualismo, pedofilia, zoofilia, necrofilia, etc. 5) Tocamientos, miradas, besos, bailes sensuales, lecturas impuras. 6) Mirar imágenes y películas pornográficas, espectáculos impuros. 7) La moda indecente y provocativa43.

¿Qué es un adulterio? Es la unión sexual de una persona casada, con otra que no sea su cónyuge: “el matrimonio sea tenido por todos en honor; la unión conyugal sea sin mancha, porque Dios ha de juzgar a los fornicarios y a los adúlteros”44.

¿Qué es la fornicación? Es la unión sexual entre un hombre y una mujer no casados.

¿Qué es el pecado solitario o masturbación? Es provocarse por sí mismo el placer sexual.

¿Cuáles son los pecados contra la naturaleza? Son las perversiones sexuales cometidas contra otra persona del mismo sexo o menor de edad y con animales: “¿no sabéis que los injustos no poseerán el Reino de cielos? No os engañéis. Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas heredarán el Reino de los cielos”45.

¿Qué se prohibe en el Noveno Mandamiento? Los pensamientos y deseos impuros: “oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pues Yo os digo: quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón”46.

¿Cuándo eres culpable de pensamientos impuros? Cuando mantienes tales pensamientos en tu mente voluntariamente y a propósito: “porque desde adentro del corazón del hombre proceden los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez. Todas estas cosas malas proceden de dentro y manchan al hombre”47.

¿Es posible llevar una vida pura? Sí, con la ayuda de Dios: 43

. Cf. La Santísima Virgen María en varias de sus apariciones ha hablado de las modas indecentes, considerándolas como un escándalo y como un peligro para la Fe cristiana; ver: Las Profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso. Págs. 583-586 44 . Hebreos XIII, 4 45 . I Corintios VI, 9-10; cf. Todo acto homosexual es pecado grave contra la naturalezza; ver: Bibliografía. Vídeos de referencia. La Ideología marxista de Género: Ideología del Anticristo. Pág. 640; el 15 de julio de 2010 la Congregación para la Doctrina de la Fe emitió la “Normae de gravioribus delictis”, en donde establece las penas para los delitos más graves, entre ellos, los delitos de pedofília cometidos por miembros del clero; ver: Lista Cronológica de los Papas. 263. Benedicto XVI. Págs. 157-169 46 . San Mateo V, 28 47 . San Marcos VII, 21-22

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1) Si te apartas de las ocasiones próximas de pecado, o sea, de pensamientos, personas, lugares y cosas que te pueden llevar fácilmente al pecado48. 2) Si oras con frecuencia y recibes el Sacramento de la Penitencia y de la Sagrada Comunión con regularidad y frecuencia. 3) Si evitas la ociosidad. 4) Si practicas el dominio de ti mismo en cosas que son lícitas; por ejemplo, si te privas, con espíritu de sacrificio, de algunas cosas que te gustan, o haces otras cosas que no te gustan49

VI. VII. “No hurtarás y no codiciarás los bienes ajenos” “Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: „sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla; dominad en los peces del mar, en las aves del cielo y en todo animal que serpea sobre la tierra‟. Dijo Dios; „mirad que os he dado toda hierba de semilla, que existe sobre la haz de toda la tierra y todo árbol que lleva fruto de semilla; eso os servirá de alimento. Y a todos los animales de la tierra, y a todas las avez del cielo‟”50.

¿Cuál es el Séptimo Mandamiento? El séptimo mandamiento es no hurtar.

¿Cuál es el décimo Mandamiento? El décimo mandamiento es no codiciar los bienes ajenos.

¿A qué te obligan estos Mandamientos? A respetar la propiedad de los demás.

¿Qué significa hurtar? Es tomar algo ajeno contra la voluntad de su dueño.

¿Qué cosas incluye el hurto? 1) Robar, asaltar, defraudar, sobornar, secuestrar, trampear. 2) No pagar las cuentas, impuestos o deudas. 3) No sostener a la familia. 4) Hacer daño a la propiedad de otros. 5) Desperdiciar tiempo o materiales en el trabajo51. 6) No pagar a los empleados el justo salario. 48

. Cf. Hoy en día, ver la televisión e Internet son las ocasiones próximas de pecado las más comunes, debido a la difusión de información contraria a la Fe católica que estos medios presentan, y que inducen al pecado 49 . Cf. En el campo de la sexualidad, el cristiano debe ser modesto en su comportamiento y en su vestido. En una sociedad saturada de impureza, el seguidor de Cristo debe ser diferente. Para el cristiano no existe práctica sexual prematrimonial, ni fornicación, ni adulterio, ni otros actos de impureza o de escándalo. Debe permanecer casto, alejar todo deseo y tentación impura, evitar pecados solitarios, objetos pornográficos y espectáculos indecentes de cualquier clase que sean 50 . Génesis I, 27-30 51 . Cf. El tiempo utilizado en ver la televisión ociosamente y en consultar Internet sin necesidad, se constituye un hurto, ya que dicho se deja de utilizar para el servicio de Dios y del prójimo

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7) No cumplir con las obligaciones que cada uno tiene que realizar dentro del deber de estado.

¿Qué clase de pecado es robar? Robar algo de mucho valor es pecado mortal; robar cosas de poco valor es pecado venial.

¿Puedes quedarte con los objetos robados? No, tienes que devolverlos a la persona, a quien le fueron robados, seas que los hayas hurtado tú mismo o lo hayas recibido de otro52.

¿Qué debes hacer si no puedes encontrar al dueño? Destinar los objetos robados a alguna obra de caridad.

¿Qué debes hacer si causas daño a la propiedad? Reparar el daño, bajo pena de ser culpado de pecado53.

¿Qué debes hacer con algo que te encuentras? Ver si puedes dar con el propietario54.

¿Es pecado el juego? No es pecado sí: 1) Se trata de tu dinero. 2) No privas a tu familia de las cosas que necesita. 3) No es una cantidad desorbitante.

¿Cuáles son los deberes de los empleados? 1) No desperdiciar tiempo ni materiales. 2) Trabajar a conciencia. 3) Respetar las cláusulas del contrato de trabajo, resultado de convenios colectivos justos. 4) Respetar los derechos de los patronos.

¿Cuáles son los deberes de los patronos? 1) Pagar a los empleados justo salario. 2) Mirar por la seguridad de los empleados. 3) Respetar los términos del contrato de trabajo, resultado de convenios colectivos justos. 4) Respetar los derechos de los trabajadores

VI. VIII. “No dirás falso testimonio y no mentirás” “La lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y encendida por la gehenna, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos 52

. Cf. No importa que el objeto sea pequeño, como vajilla, ceniceros, toallas, etc. Hay que devolverlos siempre . Cf. El pecado es mortal o venial, según el valor del objeto dañado o destruido 54 . Cf. Si el artículo es de mucho valor debes guardar algún dinero en hacer anuncio de él. El propietario tiene que pagarte cuanto hayas gastado por averiguarlo 53

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pueden ser domadas y de hecho han sido domadas por el hombre, en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mar turbulento lleno de veneno mortífero. Con ella, bendecimos al Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así”55.

¿Cuál es el Octavo Mandamiento? El octavo mandamiento es no levantar falso testimonio ni mentir.

¿A qué te obliga el Octavo Mandamiento? A usar el lenguaje en conformidad con el plan de Dios, o sea, para decir siempre la verdad.

¿Señala algunos pecados en contra del Octavo Mandamiento? 1) Mentir. 2) Dañar la reputación del prójimo. 3) Criticar injustamente. 4) Revelar el secreto. 5) Juzgar mal de otro sin suficiente motivo. 6) Murmurar. 7) Insultar. 8) Descubrir los pecados ajenos. 9) Cometer perjurio.

¿Qué clase de pecado es mentir? Es mortal, si se causa grave daño a alguno; de lo contrario, es solo venial.

¿Te está permitido alguna vez mentir? No, no se puede decir ni la menor mentira, ni siquiera para salvar la vida o la reputación de otro: “por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues, somos miembros los unos respecto de los otros. Airaos, sí, mas no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestra ira; no déis lugar al diablo. No salga de vuestra boca ninguna palabra ociosa, sino lo que sirva para edificación, de modo que comunique gracia a todos los que oyen ”56.

¿Qué debes hacer si has dicho una mentira respecto de otra persona? Debes hacer todo cuanto puedas para restaurar su buen nombre, y reparar los daños que hubiere sufrido por tu mentira.

¿Es pecado descubrir los pecados ocultos de otra persona? Sí, a no ser que una tercera esté en peligro de sufrir daño; en tal caso estás obligado a denunciarlo a las autoridades correspondientes.

¿Es pecado dar oído a murmuraciones? Sí, puesto que de ese modo cooperas al pecado de otro57. 55

. San Santiago III, 6-10 . Efesios IV, 25-29 57 . Cf. Es deber de caridad defender la reputación ajena, cuando es atacada 56

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¿Es pecado perjurar? Decir mentira después de jurar ante Dios que se va a decir la verdad, es siempre pecado mortal: “el testigo falso no quedará impune, el que profiere mentiras, perecerá”58.

¿Estás moralmente obligado a guardar los secretos? Sí, cuando revelarlos menoscabaría el derecho que tiene alguno para que algo se mantenga oculto59

VI. IX. Examen de conciencia para confesarce bien “Se está perdiendo el sentido del pecado”. Venerable Pío XII 1) EL principal provecho del Sacramento de la Penitencia es quitar los pecados mortales y veniales cometidos después de recibido el Sacramento del Bautismo. 2) Los que se confiesan frecuentemente, difícilmente se harán malos: y si lo son, se harán buenos. 3) Los que son malos y quieren serlo. No se confiesan o dejan de confesarse. No asisten a la confesión. 4) Para confesarse bien se necesita: Examen de Conciencia. Dolerse de los pecados cometidos. Proponer enmendarse de ellos. Confesar al sacerdote los pecados mortales, y el número de pecados mortales de cada clase, en todo lo buenamente que se pueda. Cumplir la penitencia que le diga el confesor. 5) Es una necedad callar pecados por vergüenza. El confesor te tratará con tanto mayor cariño y bondad, cuanto más tú tengas en él confianza y no le dirás nada de nuevo... . Nunca calles por vergüenza, un pecado mortal, por que tendrás después que sufrir mucho, y al final lo tendrás que decir, y te costará más cuanto más tarde; y si no lo dices, te condenarás.

¿Qué es un pecado mortal? Es decir, pensar, hacer o desear algo en contra de la voluntad de Dios y/o la voluntad humana, en materia grave, con plena advertencia y conocimiento.

¿Qué es un pecado venial? Es decir, pensar, hacer, o desear algo en contra de la voluntad de Dios y/o humana, en materia grave, sin plena advertencia ni conocimiento. “¡Quiero salvar mi alma!” “¡Antes morir que tener que pecar!” 58

. Proverbios XIX, 9 . Cf. Tal es el caso de quien ha prometido guardar un secreto; o cuando las funciones de determinada persona, como sacerdote, consejero, médico, o abogado obligan al secreto profesional; este artículo sobre los Mandamientos, ha sido tomado de: Catecismo de la Doctrina cristiana. P. Gaspar Astete. Ed. San Antonio. Rionegro. Colombia. 1962. Págs. 4-22; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2052-2082 59

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Examen de conciencia ¿Cuánto tiempo hace que no me confieso? ¿Me he confesado bien? ¿Cumplo la penitencia? ¿He cumplido el Propósito de la confesión de no volver a pecar? Primer Mandamiento. ¿He dudado voluntariamente de una verdad de Fe? ¿He manifestado mis dudas a otros? ¿He hablado mal de la Santa Iglesia Católica u oído hablar mal de Ella con gusto? ¿He leído libros o periódicos irreligiosos? ¿Me he avergonzado de las prácticas de piedad por respeto humano? ¿He hecho mis oraciones diarias? ¿Me he distraído voluntariamente en la oración y en la Santa Misa? ¿He sido supersticioso? ¿He participado en cultos protestantes, ritos paganos o de sociedades secretas? ¿He consultado a adivinos o espiritistas? Mortal. Segundo Mandamiento. ¿He pronunciado en vano -esto es, sin respetoel nombre de Dios, de María Santísima o de los Santos? ¿He jurado sin necesidad o con mentira? ¿He blasfemado contra Dios o sus Santos a conciencia? Mortal. ¿Cuántas veces? ¿He cumplido mis votos o promesas? Tercer Mandamiento. ¿He faltado a la Santa Misa en días festivos, sin motivo grave? Mortal. (No se cumple oyendo la Santa Misa vespertina, el sábado anterior, o en la tarde anterior al día de precepto) ¿He trabajado corporalmente en domingo o fiesta de precepto sin permiso, sin necesidad y mucho más de dos horas? Mortal. ¿Y también mis dependientes? Cuarto Mandamiento. ¿He desobedecido a mis padres, maestros y superiores? ¿Les he faltado al respeto contestándoles mal o de otro modo? ¿Les he deseado mal? (Uno de los mayores pecados de los hijos para con sus padres es no facilitarles a tiempo el que reciban los últimos sacramentos). Los padres examínense si han cumplido sus deberes para con sus hijos y entre ellos. ¿Cumplo mis obligaciones y oficios? Si soy obrero, patrono, tutor, jefe, oficial, médico, maestro, juez, abogado, policía, si soy sacerdote, religioso etc. ¿Cumplo bien las obligaciones de mi cargo? Quinto Mandamiento. ¿Hice daño de palabra o de obra a mí mismo o a otros? ¿Tengo odio o rencor a alguno? ¿He dado escándalo, o maldecido, o deseado mal? ¿He reñido, molestado, despreciado, insultado a otros, a los pobres? Pecados mortales contra el Quinto Mandamiento son: el suicidio, el aborto60, la eutanasia o el homicidio, voluntarios; incitar directamente a otros al suicidio, al aborto, a la eutanasia, o a algún homicidio; odiar de muerte, desear males graves a otros; embriagarse hasta perder la razón; inducir a otros a cometer 60

. Cf. El 12 de diciembre de 2008, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la instrucción “Dignitas personae”, en ella se definió que el embrión posee la dignidad humana, y prohibe todo metodo que interrumpa la gravidanza. La Instrucción “Dignitas personae” afirma que el embrión tiene “la dignidad propia de una persona”, y lo define “ser humano inocente” ); ver: Bibliografía. Vídeos de referencia. El Aborto: Homicidio, Femicidio, Explotación y Negocio. Pág. 640

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pecado mortal; escandalizar a otro enseñándole o incitándolo a pecar mortalmente; ser causa consciente y voluntaria de pecados mortales de otros, pudiendo y debiendo haberlo evitado. Sexto y Noveno Mandamientos. ¿Me he complacido en pensamientos o deseos deshonestos? ¿He hablado u oído hablar con gusto de cosas indecentes? ¿He mirado figuras o estampas obscenas? ¿He cometido acciones deshonestas, solo o con otros? ¿Cuántas veces y en donde? ¿Visto decentemente? ¿He leído novelas, revistas o libros pornográficos? ¿He participado en videos pornograficos? ¿He visto videos pornográficos? ¿He cometido actos sexuales con nuños? ¿He tenido relaciones sexuales con homosexuales o lesbianas? ¿ He cometido actos sexuales con animales? ¿He tenido relaciones sexuales con cadáveres? Todo lo que sea buscar o admitir el placer sexual fuera del uso lícito en el Sacramento del Matrimonio, es pecado mortal. Pecados mortales contra el Sexto y Noveno Mndamientos son: ponerse voluntariamente en peligro próximo de pecar gravemente, no evitándolo, pudiendo y debiendo hacer; bailar con mala intención (mala intención quiere decir intención deshonesta); tener actos deshonestos movidos por la lujuria; besar o abrazar con deseo deshonesto; rozarse con alguna cosa o persona con intención deshonesta; buscar conscientemente provocarse una excitación carnal; ponerse en peligro grave, voluntariamente y sin causa que lo justifique, promoviendo movimientos voluptuosos y de consentir con ellos; oír cosas gravemente deshonestas, complaciéndose voluntariamente; leer, escribir, dibujar, por gusto sin razón que lo justifique cosas gravemente deshonestas (no es lo mismo mirar detenida y voluntariamente que ver sin querer, de paso y sin fijarse, o por necesidad); ir a espectáculos gravemente deshonestos o a sitios de perdición como los prostíbulos, y llevar a otros; codiciar deshonestamente y con deliberación una mujer que no le pertenece. (En todo, no es lo mismo sentir muchos deseos y malos pensamientos, que consentir, deleitándose voluntariamente). Séptimo y Décimo Mandamientos. ¿He tomado cosas ajenas? ¿Me he quedado con cosas encontradas, conociendo a su dueño? ¿He hecho daño a otros en su propiedad? ¿He ayudado a robar o a perjudicar a otros? ¿He tardado en pagar las deudas? ¿Pagué el sueldo debido y a su tiempo? ¿Doy limosnas? ¿Uso mucho lujo en vestir, etc.? Pecados mortales contra el Séptimo y Décimo mandamientos son: hacer daño grave a otros en sus bienes; hacer trampa en las compras o en las ventas (aunque lo que se robe cada vez sea poco, puede llegar a pecado grave por acumulación); jugar cantidades grandes de dinero, prestar dinero o bienes con usura. Octavo Mandamiento. ¿He mentido? ¿He pensado mal del prójimo sin justa causa? ¿He revelado sin necesidad faltas ajenas? ¿He acusado falsamente o calumniado al prójimo? ¿He perjurado? Pecados mortales contra el Octavo Mandamiento son: mentir con daño grave del prójimo; calumniar en cosa grave. (Hay que reparar los daños ocasionados por la mentira o la calumnia). 356


Mandamientos de la Santa Madre Iglesia. ¿Participé de la Santa Misa entera los domingos y días de precepto? ¿He cumplido con comulgar en Pascua de resurrección? ¿ Me he confesado por lo menos una vez al año? ¿He avisado a los enfermos con tiempo para el viático? ¿He ayunado y guardado abstinencia? 61 ¿He contribuido con los diezmos y las ofrendas? Pecados capitales. ¿Soy soberbio, avaro, envidioso, iracundo, lujurioso, goloso, o perezoso en el cumplimiento de mis deberes?62 “El que no huye la ocasión, en vano espera el perdón” “El que se mete en la ocasión de pecar, vive mal de ordinario” “El que huye la ocasión peligrosa, fácilmente vive bien” “¡Oración y penitencia aseguran la salvación!”

“El Monte Sinai era todo ardiente, porque sobre él había descendido el Señor en medio del Fuego, y su Humo subía como el Humo de un Horno: todo el Monte temblaba mucho. El Sonido de la Trompeta se hacía cada vez más intenso: Moisés hablaba y Dios le respondía con Voz de Trueno” Exodo XIX, 18-19 61

. Cf. Ayunar es tomar una cantidad de alimento menor que la ordinaria. La ley de la Santa Iglesia para un día de ayuno prescribe: 1) Una sola comida completa (con carne, si se desea). 2) Dos pequeñas comidas sin carne (se entiende que son pequeñas cuando juntas no llegan a la cantidad de una comida completa). Solamente los católicos que han cumplido los veintiún años, y que no llegan a los sesenta están obligados a ayunar. Los días de ayuno obligatorio son el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Abstinencia es no comer carne el Miércoles de Ceniza y los viernes de Cuaresma, todos los católicos mayores de catorce años están obligados a la abstinencia 62 . Cf. El 9 de marzo de 2008, la Santa Sede publicó una nueva lista de pecados capitales, denominados: “pecados sociales”, estos siete nuevos pecados son: “1) No realizaras manipulaciones genéticas. 2) No llevarás acabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones. 3) No contaminarás el medio ambiente. 4) No causarás pobreza. 5) No provocarás injusticia social. 6) No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. 7) No consumirás drogas”; ver: Del Sacramento de la Penitencia. Págs. 261-273; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 2083-2557

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APÉNDICE I

GRACIA, VIRTUD, MISERICORDIA Y BIENAVENTURANZA I. I. La gracia Apartes del Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Nuestra justificación viene de la gracia de Dios. La gracia es el favor, la ayuda gratuita que Dios nos da para responder a su llamado: llegar a ser hijos de Dios1, hijos adoptivos2, participantes de la divina natura3, de la vida eterna4. La gracia es una participación de la vida de Dios, ella nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria: por el Bautismo el cristiano participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como un “hijo adoptivo”, él puede en adelante llamar a Dios “Padre”, en unión con el Hijo único. Él recibe la vida del Espíritu quien le insufla la caridad quien constituye la Santa Iglesia. Esta vocación a la vida eterna es sobrenatural. Ella depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios, ya que solo Él puede revelarse y darse Él mismo. Ella sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, y de toda criatura5. La gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida, infusa por el Espíritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla: ésto es la gracia santificante, recibida en el Bautismo. Ella es en nosotros la fuente de la obra de santificación6: “Por lo tanto, si uno vive en Cristo, uno es una criatura nueva; las cosas viejas han pasado, y he aquí, uno es un nuevo ser. Todo esto viene de Dios quien nos ha reconciliado con Él por medio de Cristo”7. La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona el alma para hacerla capaz de vivir en Dios, de actuar por su amor. Se distinguirá la gracia habitual, disposición permanente de vivir y de actuar según el llamado divino, principio intrínseco y transformador, “cualidad divina inherente al alma, semejante a la luz cuyo esplendor, 1

. Cf. San Juan I, 12-18 . Cf. Romanos VIII, 14-17 3 . Cf. II San Pedro I, 3-4 4 . Cf. San Juan XVII, 3 5 . Cf. I Corintios II, 7-9 6 . Cf. San Juan IV, 14; VII, 38-39 7 . II Corintios V, 17-18 2

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envolviendo a las almas, borra las manchas de la culpa y les comunica una radiante belleza8; y las gracias actuales que designan las intervenciones divinas, ya sea al origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación; un relámpago de Dios que ilumina la mente, a un estímulo de la voluntad,con el cual Dios nos incita; es transeúnte como la obra, no es permanente como una disposición duradera. A los pecadores y a los justos concede Dios en forma copiosa este rocío de gracias actuales, las cuales guían y sostienen a los primeros en la Justificación,y conservan y estimulan a los segundos en el camino del bien. La preparación del hombre a la acogida de la gracia es ya una obra de la gracia. Ésta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la Fe, y a la santificación mediante la caridad. Dios termina en nosotros aquello que Él ha comenzado, “ya que Él comienza haciendo por todos los modos, mediante su operación, que nosotros quisieramos: Él termina, cooperando con nuestros deseos ya convertidos”9. “Cierto es que nosotros trabajamos también, pero nosotros no hacemos mas que trabajar con Dios quien trabaja. Ya que su misericordia nos ha adelantado para que seamos sanados, porque ella nos sigue todavía para que una vez sanados, seamos vivificados; ella nos adelanta para que nosotros seamos llamados, ella nos sigue para que seamos glorificados; ella nos adelanta para que nosotros vivamos según la piedad, ella nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, ya que sin Él nosotros no podemos hacer nada”10. Cuando el Apóstol San Pablo escribía a los Gálatas anunciaba que “venida la plenitud de los tiempos, Dios mandó a su Hijo (...) a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.Así que ya no hay más siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por Dios” 11. Y escribiendo a los de Éfeso, estando preso, en el mismo momento en que se preparaba a revelarles el misterio oculto desde siglos, estaba tan extasiado en la grandeza del misterio de la adopción divina, por los méritos de Jesucristo, que olvidaba su triste condición y sus cadenas, para entonar, al principio de la Epístola, un himno de alabanza y de agradecimiento al cielo: “bendito el Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el cual nos bendijo en Cristo, con toda suerte de bendición espirtual; según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria 8

. Cf. Obra en nosotros una renovación interior, y para decirlo con San Belarmino, nos transforma en imagen de Dios, haciéndonos puros y santos, y nos hace partícipes de la naturaleza divina. He aquí porque Santo Tomás de Aquino ha podido escribir con razón que “la perfección que resulta, a una sola alma, del don de la gracia, sobrepasa a todo el bien esparcido en el universo”. Nada hay, en verdad, en todo el orden natural, no obstante sus bellezas, que pueda ser paragonado a nuestra divinización y a lo que la produce. En la vida de Santa Catalina de Siena escrita por el Beato Raimundo de Capua, su confesor, cómo la Santa, habiéndole sido mostrada un día por Jesús un alma cuya conversión había obtenido ella por medio de laoración y la penitencia, exclamó: ¡era tal la belleza de aquella alma, que ninguna palabra podría expresarla! Y nuestro Señor, indicándole ese divino esplendor, añadía: “¿no te parece graciosa y bella esta alma? ¿Quién es entonces el que no aceptará cualquier pena para ganarse una criatura tan admirable?” 9 . San Agustín. Grat. 17 10 . San Agustín. Nat. et Grat. 31 cf. Y qué otra cosa son todas las Epístolas de San Pablo, ¡sino una constante predicación de los inefables misterios de lagracia y de la filiación divina! 11 . Gálatas IV, 4-6

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de su gracia, que nos a dado mediante su Hijo Amado; en el cual tenemos la redención mediante su sangre, la remisión de los pecados según la riqueza de su gracia”12. Cuando hablan de la gracia, los Santos Padres exponen el dogma con los más vivos colores. San Ambrosio, por ejemplo, compara a Dios con un artista que se acerca al alma, como el pintor se acerca a la tela, y la pinta maravillosamente, de suerte que brille en ella el explendor de la gloria y la imagen de la sustancia del Padre: “débese a ese pincel que el alma tenga un valor tan grande... ¡Oh hombre!, tú has sido pintado:¡pintado, digo, por el Señor tu Dios! ¡Qué excelente es el artista y qué admirable el pintor! ¡Guárdate bien de destruir en ti una pintura tan divina, hecha no de mentiras, sino de verdad, no son colores perecederos, sino con una gracia inmortal”. La libre iniciativa de Dios exige la libre respuesta del hombre, ya que Dios ha creado el hombre a su imagen, otorgandole con la libertad, el poder de conocerle y de amarle. El alma solo entra libremente dentro de la comunión del amor. Dios toca inmediatamente y mueve directamente el corazón del hombre. Él ha colocado en el hombre una aspiración a la verdad y al bien que Él solo puede colmar. Las promesas de la “vida eterna” responden, más allá de toda esperanza, a esta aspiración: “Si Tú, al término de tus buenísimas obras (...), te has reposado el séptimo día, es para decirnos primero por la voz de tu libro, que al término de nuestras obras “que son buenísimas” por el hecho mismo que has sido Tú quien nos las has dado, que nosotros también en el sábado de la vida eterna nos reposaremos contigo”13. La gracia es primero y principalmente el don del Éspíritu que nos justifica y nos santifica. Pero la gracia comprende también los dones que el Espíritu nos concede para asociarnos a su obra, para hacernos capaces de colaborar a la salvación de los demás y al crecimiento del Cuerpo de Cristo, que es la Santa Iglesia. Éstos son las gracias sacramentales, dones propios a los diferentes Sacramentos14. También están además las gracias especiales llamadas también carismas según el término griego empleado por San Pablo, y que significa favor, don gratuito, beneficio15. Cual sea su carácter, algunas veces extraordinario, como los dones de milagros o de lenguas, los carismas son ordenados a la gracia santificante, y tienen como fin el bien común de la Santa Iglesia. Ellos son un servicio de la caridad quien edifica la Santa Iglesia16. 12

. Efesios I, 3-7; cf. Son muy pocos hoy en día los que leen las Epístolas de San Pablo, y poquísimos entre los pocos lectores las comprenden, porque les falta esta clave necesaria para poder entender su sentido: esto es, la distinción entre el orden sobrenatural y el natural, el concepto de la gracia y de la adopción divina. Y es de lamentar que este fundamento del cristianismo sea poco tenido en cuenta aún en la predicación. Se descuidan excesivamente las raíces, limitándose a una flor del árbol, sin observar esa flor en el espíritu vivificador que la ha producido y la anima. No sucedía así en los primeros siglos de la Santa Iglesia. Las obras inmortales de los Santos Padres griegos y latinos ponen de manifiesto que lo sobrenatural formaba el objeto principal de los sermones, de las homilías y de la catequesis. San Agustín no temía extenderse en ese argumento hablando con los humildes pescadores de Hipona. El gran Doctor enseña en De Civitate Dei: “el Hijo de Dios, su único Hijo según la naturaleza, por una maravillosa condescendencia se ha hecho hijo del hombre, para que nosotros, que somos hijos del hombre por nuestra naturaleza, nos hiciésemos hijos de Dios por su gracia” 13 . San Agustín. Conf. 13, 36; 51 14 . Cf. Ver: De los Sacramentos en General. Págs 193-297 15 . Cf. LG 12 16 . Cf. I Corintios XII

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Entre las gracias especiales, conviene mencionar las gracias de estado quienes acompañan el ejercicio de las responsabilidades de la vida cristiana y de los ministerios en el seno de la Santa Iglesia: “Tenemos por lo tanto dones diversos según la gracia dada a cada uno de nosotros. Quien tiene el don de profecía la ejersa según la medida de la Fe; quien tiene un ministerio se ocupe del ministerio; quien debe enseñar, enseñe; quien debe exhortar, exhorte. Quien da, lo haga con simplicidad; quien dirige, lo haga con diligencia; quien hace obras de misericordia, las cumpla con alegría”17. Siendo de orden sobrenatural, la gracia escapa a nuestra experiencia y no puede ser conocida que por la Fe. No podemos entonces confiarnos en nuestros sentimientos o en nuestras obras para deducir que somos justificados y salvados18. Sin embargo, según la palabra del Señor: “es por los frutos que vosotros los conocereis”19, la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los Santos, nos ofrece la garantía que la gracia está en obra en nosotros y nos incita a una Fe cada día más grande y a una actitud de pobreza confiada. Se encuentra una de las más bellas ilustraciones de esta actitud en las palabras de Santa Juana de Arco a una pregunta trampa de sus jueces eclesiásticos: interrogada, si ella sabe que está en gracia de Dios; responde: “si yo no estoy en gracia, Dios en ella me quiere poner; si estoy en gracia, Dios en ella me quiere conservar”20

I. II. Las virtudes teologales “Habiendo, pues, recibido de la Fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la Fe, el acceso, a esta gracia, en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios..., y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”21

I. II. 1. La Fe ¿ Qué significa la palabra Fe? Es creer todo aquello que no entendemos y no vemos.

¿Qué deberes te ayuda a cumplir la virtud de Fe? El de creer firmemente en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado, defender públicamente la Fe católica, es decir, todo aquello que la Santa Iglesia nos enseña, de combatir las tentaciones contra la Fe, de dar testimonio de la Fe frente a los otros con celo verdaderamente misionero. 17

. Romanos XII, 6-8 . Cf. Concilio de Trento: DS 1533-1534 19 . San Mateo VII, 20 20 . Santa Juana de Arco, proc 21 . Romanos V, 1-5 18

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Acto de Fe Dios mío, creo firmemente todas las verdades que habéis revelado y que enseñáis por vuestra Santa Iglesia, por que vos no podéis ni engañaros ni engañarnos22

I. II. 2. La esperanza ¿Qué significa la palabra esperanza? Es el deseo de algo aunado a la expectativa de obtenerlo.

¿Qué deberes te ayudan a cumplir la virtud de esperanza? El deber de esperar confiadamente que Dios te concederá la salvación eterna y todos los medios para alcanzarla, el de luchar contra las tentaciones contrarias a la esperanza cristiana. Acto de esperanza Dios mío, espero con firme confianza que me daréis, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, vuestra gracia en este mundo y, si observo vuestros mandamientos, la felicidad eterna en el otro, porque Vos lo habéis prometido y Vos sois fiel a vuestras promesas23

I. II. 3. La caridad ¿Qué significa la palabra caridad y qué deberes te ayuda a cumplir la virtud de la caridad? Es amar a Dios de todo corazón, porque es infinitamente bueno y digno de todo amor, y es amar a tu prójimo como Jesús te ha amado a ti: “si alguno dice: amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve”24.

¿Qué implica el mandamiento de amar a Dios de todo corazón? Este gran mandamiento de Jesús llama a todos, de cualquier categoría o clase social que sean, a la plenitud de la vida cristiana, elevada santidad y perfecto amor: el divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, quien predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuera su condición, la santidad de vida, de la que Él es el iniciador y consumador: “sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”25.

22

. Cf. Es pecado contra la Fe la duda voluntaria respecto a la Fe, que descuida o rechaza tener por verdadero lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia propone creer, y el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Santa Iglesia 23 . Cf. Es pecado contra la esperanza desconfiar de Dios o mantener una esperanza equivocada, como sería confiar en la misericordia de Dios, a la vez que se rehusara detestar los pecados y enmendar la vida. Esto es el pecado de presunción 24 . I San Juan IV, 20 25 . San Mateo V, 48; cf. Concilio Vaticano II. Iglesia. Núm. 40

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¿Cuáles son las mejores formas de mostrar amor al prójimo? 1) Las obras de misericordia espirituales. 2) Las obras de misericordia corporales.

¿Nos presentó el Señor Jesús alguna vez un esquema de perfecta vida cristiana? Sí, en el Sermón de la Montaña, especialmente en las normas para alcanzar la felicidad que son las Ocho Bienaventuranzas26.

¿Cuáles son los pecados contra la caridad cristiana? Pensar, hablar, actuar hostilmente contra los otros, como tener odio, envidia, enemistad, dar escándalo, cooperar en los pecados de los otros, rehusar el perdón a los que nos ofenden. Acto de caridad Dios mío, os amo de todo corazón y por encima de todas las cosas, porque Vos sois infinitamente bueno e infinitamente amable, y amo a mi prójimo como a mí mismo por amor a Vos27

I. III. Las obras de misericordia I. III. 1. Las siete obras de misericordia corporales 1) Dar de comer a los hambrientos. 2) Dar de beber a los sedientos. 3) Vestir a los desnudos. 4) Alojar a los peregrinos. 5) Visitar a los enfermos. 6) Visitar a los encarcelados. 7) Enterrar a los muertos

I. III. 2. Las siete obras de misericordia espirituales 1) Aconsejar a los dudosos. 2) Enseñar a los ignorantes. 3) Corregir a los pecadores. 4) Consolar a los afligidos. 5) Perdonar las ofensas. 6) Soportar con paciencia a las personas fastidiosas. 7) Orar a Dios por los vivos y los muertos28 26

. Cf. San Mateo V, 1-11 . Cf. Es pecado contra la caridad la indiferencia, que descuida o rechaza la caridad divina, la ingratitud, la tibieza, la acedía o pereza espiritual y el odio a Dios, que tiene su origen en el orgullo; este artículo sobre las virtudes teologales ha sido tomado de: Catecismo de la Doctrina cristiana. P. Gaspar Astete. Ed. San Antonio. Rionegro. Colombia. Págs. 23-24; Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Núms. 1691-2051 28 . Cf. Compendio del Catecismo de la Santa Iglesia Católica. Apéndice. B. Formulas de Doctrina Católica 27

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I. IV. Las bienaventuranzas La continua predicación y enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo ha quedado formulada en un único texto, resumen o compendio asequible de aquello que los Evangelistas entienden como el núcleo de la felicidad que Cristo promete a los que le siguen. Son las bienaventuranzas. Se llaman así porque de modo armónico e insistente explica las características de los justos en el nuevo reino. Veamos estas bienaventuranzas e intentemos captar el contenido más hondo:

El Sermón de la Montaña

“Al ver estas multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos. Entonces abrió su boca, y se puso a enseñarles así: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos. Dichosos seréis cuando os insultar, cuando os persiguiere, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los Cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros”29. Lo que Jesús muestra en las bienaventuranzas es a Él mismo. Él es el bienaventurado, el Santo, la plenitud de la Nueva Ley.

29

. San Mateo V, 1-11; cf. San Lucas VI, 20-23

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El cumplimiento de la ley del nuevo reino de Dios consistirá en seguirle, en imitarle, en ser igual que Él en la medida de lo posible. Una mirada más profunda nos lleva a ver en Nuestro Señor Jesucristo al pobre, que sin nada vino al mundo y sin nada se irá, siendo Señor de todo lo creado. Es el manso y el pacífico, que se manifiesta, animando, reconciliando a los hombres con Dios, entre sí y en su interior. Las lágrimas ocuparán un lugar en su vida y será consolado por ángeles antes del sacrificio redentor. Es el hambriento y el sediento de la nueva justicia, que como don divino se derramará sobre la tierra. Sembrador de misericordia, alcanzará el perdón a los contritos de corazón y a las ovejas perdidas. Su limpieza de corazón llegará hasta la ausencia de todo amor propio, en un amor verdadero que se derramará sobre todos los hombres. Él es el Hijo de Dios, en una generación eterna de tal plenitud que es consustancial al Padre: “Yo y mi Padre somos uno”30, dirá más adelante. Además, será el perseguido por enseñar la senda del amor que el mundo no puede entender, porque está lleno de pecado. Y en la octava bienaventuranza, vemos a Cristo enclavado en la cruz, el sacrificio perfecto entre el cielo y los hombres, salvando a todos. Cristo en las bienaventuranzas se muestra a sí mismo como camino de la nueva felicidad. Todo este aluvión de luz, de verdad y de vida, debía ser comunicado a los hombres de un modo gradual. De entrada, la mayoría no podía soportar tanta verdad pues era necesario romper los esquemas antiguos. Por eso, Cristo se revela veladamente, manifestándose a través de una moral nueva, la moral de las bienaventuranzas. En un primer nivel les dice que serán felices y justos si saben vivir con pobreza, con mansedumbre, con ánimo pacífico y pacificador, con corazón misericordioso, siendo limpios de corazón y llenos de rectitud de intención en lo más íntimo; que los que tienen hambre y sed de justicia la recibirán, igual que si saben llorar y llevar bien las persecuciones. Nunca ha hecho felices a los hombres el ansia de dinero o de poder, ni el espíritu violento, ni la rebeldía ante las dificultades, ni el corazón sucio y retorcido, ni el alma inmisericorde o dura, que no sabe sufrir con los que sufren, ni el rencor ante las persecuciones. La felicidad sólo puede estar en el amor verdadero, y las bienaventuranzas marcan la senda de un amor rico en matices que abarca las situaciones reales de la vida. Por otra parte el premio es extraordinario: el Reino de los cielos, con lo que significa de poseer la tierra, ser consolados, ser saciados de justicia, alcanzar misericordia, ver a Dios, ser llamados hijos de Dios y, al morir, una gran recompensa en los cielos. Esta es la plenitud del reino de Dios que Cristo anuncia. Más no se puede pedir. El reino de las bienaventuranzas es la plenitud humana alcanzada como don de Dios a los que quieren creer y vivir la nueva vida y la nueva alianza. Al final de los tiempos los justos vivirán esa bienaventuranza de un modo pleno. ... 30

. San Juan X, 30

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APÉNDICE II

LA SANTA IGLESIA FRENTE AL TERCER MILENIO II. I. El llanto de Nuestra Señora en La Salette Texto tomado del libro: Profecías de Nuestra Señora de La Salette.

“Estando muy cerca de la Bella Señora, delante de Ella, a su Derecha, comienza a hablar y las Lágrimas empiezan a caer de sus hermosos Ojos” Melania Calvat. Vidente de las Apariciones de la Santísima Virgen en La Salette 367


Estando muy cerca de la bella Señora, delante de Ella, a su derecha, comienza a hablar y las lágrimas de dolor empiezan a caer de sus hermosos ojos: “Si mi pueblo –dijo- no quiere someterse, me veré obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más. ¡Hace tanto tiempo que estoy sufriendo por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os castigue, estoy encargada de orar a Él incesantemente y no hacéis caso. Melania: esto que yo te voy a decir ahora, no será siempre un secreto; puedes publicarlo en 1858. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios; por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y de las personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y su mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón por el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno por el mundo. Dios va a castigar al mundo de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. Los jefes, los guías del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha ofuscado sus inteligencias; se han convertido en esas estrellas errantes que la antigua serpiente arrastrará con su cola para hacerlos perecer (Apocalipsis XII, 4). Dios permitirá al diablo poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la Fe y del amor. Yo estaré con él. Que desconfíe de Napoleón; su corazón es doble, y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a sometérsele. Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe, y el número de los sacerdotes y de los religiosos que apostatarán de la verdadera religión será grande; entre otras personas se encontrarán también muchos obispos. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires. 368


En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles. Muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y se perderán muchísimas almas. Los libros malos abundarán en la tierra, y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza. Habrá iglesias dedicadas al servicio de esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por los mismos, y entre ellas algunos sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos. Y se verán por doquier prodigios extraordinarios, porque la verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a atesorar riquezas sobre riquezas, a poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo! El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Santa Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Ésta será la hora de las tinieblas. La Santa Iglesia tendrá una crisis espantosa. Dado el olvido de la Santa Fe de Dios, cada individuo querrá gobernarse por sí mismo e imponerse a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán hollados; no se verá por doquier otra cosa que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor para la patria ni para la familia. El Santo Padre sufrirá mucho (San Juan Pablo II). Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él (Benedicto XVI) ni su sucesor (Francisco) -que no reinará mucho tiempo- verán el triunfo de la Santa Iglesia de Dios (Simón Pedro). Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios. En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos. En los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se convertirá en el rey de los corazones. Que los que están al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano, y enseguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia, se matará, se asesinará aún dentro de las casas. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los 369


hombres traspasan la bóveda del Cielo. París será quemada y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y hundidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán sino homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán al Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que den muerte a todos sus enemigos. En un abrir y cerrar de ojos los perseguidores de la Santa Iglesia de Jesucristo y todos los hombres esclavos del pecado perecerán, y la tierra vendrá a quedar como un desierto. Entonces se hará la Paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado. La caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, puesto que habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios. Esta paz entre los hombres no será larga: veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la tierra. Un precursor del Anticristo, con un ejército compuesto de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto al Creador para que se le considere a él como Dios. La tierra será castigada con todo género de plagas; habrá guerras atroces, hasta la última, que harán los diez reyes aliados del Anticristo, los cuales se propondrán un mismo fin (destruir la Fe en el verdadero Dios) y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes de que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo. No se pensará más que en divertirse. Los malvados se entregarán a todo género de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la Fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra empapada de crímenes. Temblad tierra y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están corrompidos; muchos conventos no son ya casas de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos. Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será obispo. En su nacimiento vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será una encarnación del demonio; lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impureza. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él, demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de doce años llamará ya la atención por las ruidosas victorias 370


que alcanzará. Bien pronto se pondrá al frente de dos ejércitos, asistido por legiones del infierno. Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas y ciudades enteras, etc. Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo. Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, y todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad. Yo dirijo un apremiante llamamiento a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios vivo, que reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que ya se me han consagrado, a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, a los que llevo, por decirlo así, en mis brazos; a los que han vivido de mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, a los fieles discípulos de Jesucristo, que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora de que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como hijos queridos míos. Yo estoy con vosotros y en vosotros, siempre que vuestra Fe sea la luz que os alumbre en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. La Santa Iglesia será oscurecida, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoch y a Elías, llenos del Espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Sobrevendrán guerras sangrientas, hambres, pestes y enfermedades contagiosas; lluvias de un granizo espantoso; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se romperán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá perseverar, si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos Dios se aplacará. Enoch y Elías serán martirizados. Roma pagana desaparecerá. Caerá fuego del Cielo y consumirá tres ciudades. El universo entero será preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la Fe vivirá. He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del 371


mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será lanzado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que durante tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego y la bestia se hundirá para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado!”

II. II. El Modernismo: Encíclica “Pascendi” de Su Santidad San Pío X II. II. 1. Introducción Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiado de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la Santa Fe, tanto frente a las novedades profanas de la doctrina como a las contradicciones de una falsa ciencia. No ha existido época alguna en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo; porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, “hombres de doctrinas perversas”1, “charlatanes y engañadores de la gente”2, “impostores y engañados al mismo tiempo”3. Gravedad de los errores modernistas 1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Santa Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Nuestro Señor Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores y herejías entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio de la Santa Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerados hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Santa Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se 1

. Hechos de los Apóstoles XX, 30 . Tito I, 10 3 . II Timoteo III, 13 2

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presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Santa Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Nuestro Señor Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del Divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre. 2. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Santa Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Santa Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Santa Iglesia, no desde afuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Santa Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Santa Iglesia4. Añadáse que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles retoños, sino a la raiz misma; esto es, a la Fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raiz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la Fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que facilmente sorprenden a los incautos. Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia. Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que solo es obra de la tenacidad y del orgullo. A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volvieran sobre sí, y por esta razón habíamos empleados con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla enseguida con mayor orgullo. Ahora bien: si solo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de

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. Cf. El 29 de junio de 1972, el Papa Beato Pablo VI, desde la Basílica de San Pedro, denunciaba el ataque de estos enemigos internos con estas palabras: “el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios..., se creía que después del Concilio Vaticano II, había llegado una jornada de sol para la historia de la Santa Iglesia , ha venido, en cambio, una jornada de nubes, de tempestad, y de oscuridad”; igualmente, el Papa Benedicto XVI, antes de iniciar su pontificado, denuncia abiertamente cuánto se ha agitado la barca de la Santa Iglesia en el oceano de la historia, por parte de teorías que no son católicas, pero que se han logrado infiltrar en el pensamiento católico y al interior de la Santa Iglesia Católica, y el mismo día de su inicio como sucesor del Apóstol San Pedro, pidió oraciones, para que Dios lo asistiera y lo protegiera de los lobos que se encontraban en medio de él y al interior de la Santa Iglesia, y para que no huyera ante ellos por el miedo de no enfrentarlos; ver: Lista Cronológica de los Papas. 260. Beato Pablo VI. Págs. 154-155. 263; Benedicto XVI. Págs.157-169

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silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la mascara a esos hombres y de mostrarlos a la Santa Iglesia entera tales cuales son en realidad. 3. Y como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad estas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal

II. II. 2. Exposición de las doctrinas modernistas Para mayor claridad en materia tan compleja, preciso es advertir ante todo que cada modernista presenta y reúne en sí mismo variedad de personajes, mezclando, por decirlo así, al filósofo, al creyente, al apologista, al reformador; personajes todos que conviene distinguir singularmente si se quiere conocer a fondo su sistema y penetrar en los principios y consecuencias de sus doctrinas. 4. Comencemos ya por el filósofo. Los modernistas establecen, como base de su filosofía religiosa, la doctrina comúnmente llamada agnosticismo. La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las creaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia. Después de esto, ¿qué será de la teología natural, de los motivos de credibilidad, de la revelación externa? No es difícil comprenderlo. Suprimen pura y simplemete todo esto para reservarlo al intelectualismo, sistema que, según ellos, excita compasiva sonrisa y está sepultado hace largo tiempo. Nada les detiene, ni aun las condenaciones de la Santa Iglesia contra errores tan mostruosos. Porque el Concilio Vaticano (I) decretó lo que sigue: “si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadero Dios, nuestro Creador y Señor, sea anatema”5. Igualmente: “si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea anatema” 6. Y por último: “si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la Fe, sea anatema”7. 5

. De revelatione. Can. 1 . Ibíd. Can 2 7 . De fide. Can. 2 6

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Ahora, de qué manera los modernistas pasan del agnosticismo, que no es sino ignorancia, al ateísmo científico e histórico, cuyo carácter total es, por lo contrario, la negación; y, en consecuencia, por qué derecho de raciocinio, desde ignorar si Dios ha intervenido en la historia del género humano hacen el tránsito a explicar esa misma historia con independencia de Dios, de quien se juzga que no ha tenido, en efecto, parte en el proceso histórico de la humanidad, conózcalo quien pueda. Es indudable que los modernistas tienen como ya establecida y fija una cosa, que la ciencia debe ser atea, y lo mismo la historia; en la esfera de una y otra no admiten sino fenómenos: Dios y lo divino quedan desterrados. Pronto veremos las consecuencias de doctrina tan absurda cómo fluyen con respecto a la sagrada persona del Salvador, a los misterios de su vida y muerte, de su resurrección y ascensión gloriosa. 5. Agnosticismo este que no es sino el aspecto negativo de la doctrina de los modernistas; el positivo está constituido por la llamada inmanencia vital. El tránsito de uno al otro es como sigue: natural o sobrenatural, la religión, como todo hecho, exige una explicación. Pues bien: una vez repudiada la teología natural y cerrado, en consecuencia, todo acceso a la revelación al desechar los motivos de credibilidad; más aún, abolida por completo toda revelación externa, resulta claro que no puede buscarse fuera del hombre la explicación apetecida, y debe hallarse en lo interior del hombre; pero como la religión es una forma de la vida, la explicación ha de hallarse exclusivamente en la vida misma del hombre. Por tal procedimiento se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa. En efecto, todo fenómeno vital –y ya queda dicho que tal es la religión- reconoce por primer estimulante cierto impulso o indigencia, y por primera manifestación, ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento. Por esta razón, siendo Dios el objeto de la religión, siguese de lo expuesto que la Fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia divina. Por otra parte, como esa indigencia de lo divino no se siente sino en conjuntos determinados y favorables, no puede pertenecer de suyo a la esfera de la conciencia; al principio yace sepultada bajo la conciencia, o, para emplear un vocablo tomado de la filosofía moderna, en la subconsciencia, donde también su raiz permanece escondida e inaccesible. ¿Quiere ahora saberse en qué forma esa indigencia de lo divino, cuando el hombre llegue a sentirla, o, logra por fin convertirse en religión? Responden los modernistas: la ciencia y la historia están encerradas entre dos límites: uno exterior, el mundo visible; otro interior, la conciencia. Llegadas a uno de éstos, imposible es que pasen adelante la ciencia y la historia; más allá está lo incognoscible. Frente ya a este incognoscible , tanto al que está fuera del hombre, más allá de la naturaleza visible, como al que está en el hombre mismo, en las profundidades de la subconsciencia, la indigencia de lo divino, sin juicio alguno previo (lo cual es puro fideismo) suscita en el alma, naturalmente inclinada a la religión, cierto sentimiento especial, que tiene por distintivo en envolver en sí mismo la propia realidad de Dios, bajo el doble concepto de objeto y de causa íntima del sentimiento, y el unir en cierta manera al hombre con Dios. A este sentimiento llaman Fe los modernistas: tal es para ellos el principio de la religión. ... 375


a) La Fe 18. Aquí ya, venerables hermanos, se nos abre la puerta para examinar a los modernistas en el campo teológico. Mas, porque es materia muy escabrosa, la reduciremos a pocas palabras. Se trata, pues, de conciliar la Fe con la ciencia, y eso de tal suerte que la una se sujete a la otra. En este género, el teólogo modernista usa de los mismos principios que, según vimos, usaba el filósofo, y los adapta al creyente; a saber: los principios de la inmanencia vital y el simbolismo. Simplicísimo es el procedimiento. El filósofo afirma: el principio de la Fe es inmanente; el creyente añade: ese principio es Dios; concluye el teólogo: luego Dios es inmanente en el hombre. He aquí la inmanencia teológica. De la misma suerte es cierto para el filósofo que las reprensentaciones del objeto de la Fe son sólo simbólicas; para el creyente lo es igualmente que el objeto de la Fe es Dios en sí: el teólogo, por tanto infiere: las representaciones de la realidad divina son simbólicas. He aquí el simbolismo teológico. Errores, en verdad grandísimos; y cuán perniciosos sean ambos, se descubrirá al verse sus consecuencias. Pues, comenzando desde luego por el simbolismo, como los símbolos son tales respecto del objeto, a la vez que instrumento respecto del creyente, ha de precaverse éste ante todo, dicen, de adherirse más de lo conveniente a la fórmula, en cuanto fórmula, usando de ella únicamente para unirse a la verdad absoluta, que la fórmula descubre y encubre juntamente, empeñándose luego en expresarlas, pero sin conseguirlo jamás. A esto añaden, además, que semejantes fórmulas debe emplearlas el creyente en cuanto le ayuden, pues se le han dado para su comodidad y no como impedimento; eso sí, respetando el honor que, según la consideración social, se debe a las fórmulas que ya el magisterio público juzgó idóneas para expresar la conciencia común y en tanto que el mismo magisterio no hubiese declarado otra cosa distinta. Qué opinan realmente los modernistas sobre la inmanencia, difícil es decirlo: no todos sienten una misma cosa. Unos la ponen en que Dios, por su acción, está más intimamente presente al hombre que éste a sí mismo: lo cual nada tiene de reprensible si se entendiera rectamente. Otros, en que la acción de Dios es una misma cosa con la acción de la naturaleza, como la de la causa primera con la de la segunda; lo cual, en verdad, destruye el orden sobrenatural. Por último, hay quienes la explican de suerte que den sospecha de significación panteísta, lo cual concuerda mejor con el resto de su doctrina. 19. A este postulado de la inmanencia se junta otro que podemos llamar de permanencia divina: difieren entre sí, casi del mismo modo que difiere la experiencia transmitida por tradición. Aclarémoslo con un ejemplo sacado de la Santa Iglesia y de los sacramentos. La Santa Iglesia, dicen, y los sacramentos no se han de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. Lo prohíbe el agnosticismo, que en Cristo no reconoce sino a un hombre, cuya conciencia religiosa se formó, como en los otros hombres, poco a poco; la prohíbe la ley de inmanencia, que rechaza las que ellos llaman externas aplicaciones; lo prohíbe también la ley de la evolución, que pide, a fin de que los gérmenes se desarrollen, determinando tiempo y cierta serie de circunstancias consecutivas; finalmente, lo prohíbe la historia, que enseña cómo fue en realidad el verdadero 376


curso de los hechos. Sin embargo, debe mantenerse que la Santa Iglesia y los sacramentos fueron instituidos por Cristo. Pero ¿de qué modo? Todas las conciencias cristianas estaban en cierta manera incluidas virtualmente, como la planta en la semilla, en la ciencia de Cristo. Y como los gérmenes viven la vida de la simiente, así hay que decir que todos los cristianos viven la vida de Cristo. Más la vida de Cristo, según la Fe, es divina: luego también la vida de los cristianos. Si, pues, esta vida, en el transcurso de las edades, dio principio a la Santa Iglesia y los sacramentos, con toda razón se dirá que semejante principio proviene de Cristo y es divino. Así, cabalmente concluye que son divinas las Sagradas Escrituras y divinos los dogmas. A esto, poco más o menos, se reduce, en realidad, la teología de los modernistas: pequeño caudal, sin duda, pero sobreabundante si se mantiene que la ciencia debe ser siempre y en todo obedecida. Cada uno verá por sí fácilmente la aplicación de esta doctrina a todo lo demás que hemos de decir. b) El dogma 20. Hasta aquí hemos tratado del origen y naturaleza de la Fe. Pero, siendo muchos los brotes de la Fe, principalmente la Santa Iglesia, el dogma, el culto, los libros que llamamos santos, conviene examinar qué enseñan los modernistas sobre estos puntos. Y comenzando por el dogma, cuál sea su origen y naturaleza, arriba lo indicamos. Surge aquél de cierto impulso o necesidad, en cuya virtud el creyente trabaja sobre sus pensamientos propios, para así ilustrar mejor su conciencia y la de los otros. Todo este trabajo consiste en penetrar y pulir la primitiva fórmula de la mente, no en sí misma, según el desenvolvimiento lógico, sino según las circunstancias o, como ellos dicen con menos propiedad, vitalmente. Y así sucede que, en torno a aquélla, se forman poco a poco, como ya insinuamos, otras fórmulas secundarias; las cuales, reunidas después en un cuerpo y en un edificio doctrinal, así que son sancionadas por el magisterio público, puesto que responden a la conciencia común, se denominan dogma. A éste se han de contraponer cuidadosamente las especulaciones de los teólogos, que aunque no vivan la vida de los dogmas, no se han de considerar del todo inútiles, ya para conciliar la religión con la ciencia y quitar su oposición, ya para ilustrar extrínsecamente y defender la misma religión; y acaso también podrán ser útiles para allanar el camino a algún nuevo dogma futuro. En lo que mira al culto sagrado, poco habría que decir a no comprenderse bajo este título los sacramentos, sobre los cuales defienden los modernistas gravísimos errores. El culto, según enseñan, brota de un doble impulso o necesidad; porque en su sistema, como hemos visto, todo se engendra, según ellos aseguran, en virtud de impulsos íntimos o necesidades. Una de ellas es para dar a la religión algo de sensible; la otra a fin de manifestarla; lo que no puede en ningún modo hacerse sin cierta forma sensible y actos santificantes, que se han llamado sacramentos. Estos, para los modernistas, son puros símbolos o signos; aunque no destruidos de fuerza. Para explicar dicha fuerza, se valen del ejemplo de ciertas palabras que vulgarmente se dice haber hecho fortuna, pues tienen la virtud de propagar ciertas nociones poderosas e impresionan de modo extraordinario los ánimos superiores. Como esas palabras se ordenan a tales nociones, así los sacramentos se ordenan al sentimiento religioso: nada más. 377


Hablarían con mayor claridad si afirmasen que los sacramentos se instituyeron únicamente para alimentar la Fe; pero eso ya lo condenó el Concilio de Trento: “si alguno dijere que estos sacramentos no fueron instituidos sino sólo para alimentar la Fe, sea anatema”13. c) Los libros sagrados 21. Algo hemos indicado sobre la naturaleza y origen de los libros sagrados. Conforme al pensar de los modernistas, podría no definirlos rectamente como una colección de experiencias, no de las que estén al alcance de cualquiera, sino de las extraordinarias e insignes, que suceden en toda religión. Eso cabalmente enseñan los modernistas sobre nuestros libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento. Es sus opiniones, sin embargo, advierten astutamente que, aunque la experiencia pertenezca al tiempo presente, no obsta para que tome la materia de lo pasado y aun de lo futuro, en cuanto al creyente, o por el recuerdo de nuevo vive lo pasado a menera de lo presente, o por anticipación hace lo propio con lo futuro. Lo que explica cómo puede computarse entre los libros sagrados los históricos y apocalipticos. Así, pues, en esos libros Dios habla en verdad por medio del creyente; más, según quiere la teología de los modernistas, sólo por la inmanencia y permanencia vital. Se preguntará: ¿qué dicen, entonces, de la inspiración? Esta, contestan, no se distingue sino, acaso, por el grado de vehemencia, del impulso que siente el creyente de manifestar su Fe de palabra o por escrito. Algo parecido tenemos en la inspiración poética; por lo que dijo uno: “Dios está en nosotros: al agitarnos Él, nos enardecemos”. Así es como se debe afirmar que Dios es el origen de la inspiración de los Sagrados Libros. Añaden, además, los modernistas que nada absolutamente hay en dichos que carezca de semejante inspiración. En cuya afirmación podría uno creerlos más ortodoxos que a otros modernos que restringen algo la inspiración, como, por ejemplo, cuando excluyen de ellas las citas que se llaman tácitas. Mero juego de palabras, simples apariencias. Pues si juzgamos la Sagrada Biblia según el agnosticismo, a saber: como una obra humana compuesta por los hombres para los hombres, aunque se de al teólogo el derecho de llamarla divina por inmanencia, ¿cómo, en fin, podrá restringirse la inspiración? Aseguran, sí, los modernistas la inspiración universal de los libros sagrados, pero en el sentido católico no admiten ninguna. d) La Santa Iglesia 22. Más abundante materia de hablar ofrece cuando la escuela modernista fantasea acerca de la Santa Iglesia. Ante todo, suponen que debe su origen a una doble necesidad: una, que existe en cualquier creyente, y principalmente en el que ha logrado alguna primitiva y singular experiencia para comunicar a otros su Fe; otra, después que la Fe ya se hecho común entre muchos, está en la colectividad, y tiende a reunirse en sociedad para conservar, aumentar, propagar el bien común. ¿Qué viene a ser, pues, la Santa Iglesia? Fruto de la conciencia colectiva o de la unión 13

. Sessione 7. De sacramentis in genere. Can. 5; cf. Ver: De los Sacramentos en General. Págs. 193-297

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de las ciencias particulares, las cuales, en virtud de la permanencia vital, dependen de su primer creyente, esto es de Cristo, si se trata de los católicos. Ahora bien: cualquier sociedad necesita de una autoridad rectora que tenga por oficio encaminar a todos los socios a un fin común y conservar prudentemente los elementos de cohesión, que en una sociedad religiosa consisten en la doctrina y el culto. De aquí surge, en la Santa Iglesia Católica, una triple autoridad: disciplinar, dogmática, litúrgica. La naturaleza de esta autoridad se ha de colegir de su origen: y de su naturaleza se deducen los derechos y obligaciones. En las pasadas edades fue un error común pensar que la autoridad venía de fuera a la Santa Iglesia, esto es, inmediatamente de Dios; y por eso, con razón, se la consideraba como autócratica. Pero tal creencia ahora ya está envejecida. Y así como se dice que la Santa Iglesia nace de la colectividad de las conciencias, por igual manera la autoridad procede vitalmente de la Santa Iglesia. La autoridad, pues, lo mismo que la Santa Iglesia, brota de la conciencia religiosa, a la que, por lo tanto, está sujeta: y, si desprecia esa sujeción, obra tiránicamente. Vivimos ahora en una época en que el sentimiento de la libertad ha alcanzado su mayor altura. En el orden civil, la conciencia pública introdujo el régimen popular. Pero la conciencia del hombre es una sola, como la vida. Luego si no se quiere excitar y fomentar la guerra intestina en las conciencias humanas, tiene la autoridad eclesiástica el deber de usar las formas democráticas, tanto más cuanto que, si no las usa, le amenaza la destrucción. Loco, en verdad, sería quien pensara que en el ansia de la libertad, que hoy florece pudiera hacerse alguna vez cierto retroceso. Estrechada y acorralada por la violencia, estallará con más fuerza, y lo arrastrará todo –Santa Iglesia y religión- juntamente. Así discurren los modernistas, quienes se entregan, por lo tanto, de lleno a buscar los medios para conciliar la autoridad de la Santa Iglesia con la libertad de los creyentes. 23. Pero no solo dentro del recinto doméstico tiene la Santa Iglesia gentes con quienes conviene que se entiendan amistosamente: también las tiene fuera. No es ella la única que habita en el mundo; hay asimismo otras sociedades a las que no puede negar el trato y comunicación. Cuáles, pues, sean sus derechos, cuáles sus deberes en orden a las sociedades civiles es preciso determinar; pero ello tan solo con arreglo a la naturaleza de la Santa Iglesia, según los modernistas nos la han descrito. En lo cual se rigen por las mismas reglas que para la ciencia y la Fe mencionamos. Allí se hablaba de objetos, aquí de fines. Y así como por razón del objeto, según vimos, son la Fe y la ciencia extrañas entre si, de idéntica suerte lo son el Estado y la Santa Iglesia por sus fines: es temporal el de aquél, espiritual el de ésta. Fue ciertamente lícito en otra época subordinar lo temporal a lo espiritual y hablar de cuestiones mixtas, en las que la Santa Iglesia intervenía cual reina y señora, porque se creía que la Santa Iglesia había sido fundada inmediatamente por Dios, como autor del orden sobrenatural. Pero todo esto ya está rechazado por filósofos e historiadores. Luego el Estado se debe separar de la Santa Iglesia; como el católico del ciudadano. Por lo cual todo católico, al ser también ciudadano, tiene el derecho y la obligación, sin cuidarse de la autoridad de la Santa Iglesia, pospuestos los deseos, concejos y preceptos de ésta, y aun despreciadas sus representaciones, de hacer lo que juzgue más conveniente para 379


utilidad de la patria. Señalar bajo cualquier pretexto al ciudadano el modo de obrar es un abuso del poder eclesiástico que con todo esfuerzo debe rechazarse y condenarse. Las teorías de donde estos errores manan, venerables hermanos, son ciertamente las que solemnemente condenó nuestro predecesor Pío VI en su Constitución Apostólica Auctorem fidei14. 24. Mas no le satisface a la escuela de los modernistas que el Estado sea separado de la Santa Iglesia. Así como la Fe, en los elementos –que llamanfenoménicos, debe subordinarse a la ciencia, así en los negocios temporales la Santa Iglesia debe someterse al Estado. Tal vez no lo digan abiertamente, pero por la fuerza del raciocinio se ven obligados a admitirlo. En efecto, admitido que en las cosas temporales sólo el Estado puede poner mano, si acaece que algún creyente, no contento con los actos interiores de religión, ejecuta otros exteriores, como la administración y recepción de sacramentos, éstos caerán necesariamente bajo el dominio del Estado. Entonces, ¿qué será de la autoridad eclesiástica? Como ésta no se ejercita sino por actos externos, quedará plenamente sujeta al Estado. Muchos protestantes liberales, por la evidencia de esta conclusión, suprimen todo culto externo sagrado, y aun también toda sociedad externa religiosa, y tratan de introducir la religión que llaman individual. Y hasta este punto no llegan claramente los modernistas, piden entre tanto, por lo menos, que la Santa Iglesia, de su voluntad, se dirija donde ellos la empujan y que se ajuste a las formas civiles. Esto por lo que añade a la autoridad disciplinar. Porque muchísimo peor y más pernicioso es lo que opinan sobre la autoridad doctrinal y dogmática. Sobre el Magisterio de la Santa Iglesia, he aquí como discurren. La sociedad religiosa no puede verdaderamente ser una si no es una la conciencia de los socios y una la fórmula de que se valgan. Ambas unidas exigen una especie de inteligencia universal a la que incumba encontrar y determinar la fórmula que mejor corresponda a la conciencia común, y a aquella inteligencia le pertenece también toda la necesaria autoridad para imponer a la comunidad la fórmula establecida. Y en esa unión como fusión, tanto de la inteligencia que elige la fórmula cuanto de la potestad que la impone, colocan los modernistas el concepto del magisterio eclesiástico. Como, en resumidas cuentas, el magisterio nace de las conciencias individuales y para bien de las mismas conciencias se le ha impuesto el cargo público, síguese forzosamente que depende de las mismas conciencias y que, por lo tanto, debe someterse a las formas populares. Es, por lo tanto, no uso, sino un abuso de la potestad que se concedió para utilidad prohibir a las conciencias individuales manifestar clara y abiertamente los impulsos que sienten, y cerrar el camino a la crítica impidiéndole llevar el dogma a sus necesarias evoluciones. 14

. Proposición 2: “la proposición que dice que la postestad ha sido dada por Dios a la Santa Iglesia para comunicarla a los Pastores, que son sus ministros, en orden a la salvación de las almas; entendida de modo que de la comunidad de los fieles se deriva en los Pastores el poder del ministerio y régimen eclesiástico, es herética”. Proposición 3: “además, la que afirma que el Pontífice Romano es cabeza ministerial, explicada de suerte que el Romano Pontífice, no de Cristo en la persona de San Pedro, sino de la Santa Iglesia reciba la potestad de ministerio que, como sucesor del bienaventurado Apóstol Pedro, verdadero Vicario de Cristo y cabeza de toda la Santa Iglesia, posee en la universal Iglesia, es herética”; cf. Ver: Lista Cronológicas de los Papas. 248. Pío VI. Págs. 148-149

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De igual manera, en el uso mismo de la potestad, se ha de guardar moderación y templanza. Condenar y proscribir un libro cualquiera, sin conocimiento del autor, sin admitirle ni explicación ni discusión alguna, es en verdad algo que raya a tiranía. Por lo cual se ha de buscar aquí un camino intermedio que deje a salvo los derechos de todos de la autoridad y de la libertad. Mientras tanto, el católico debe conducirse de modo que en público se muestre muy obediente a la autoridad, sin que por ello cese de seguir las inspiraciones de su propia personalidad. En general, he aquí lo que impone a la Santa Iglesia: como el fin único de la potestad eclesiástica se refiere sólo a cosas espirituales, se ha de desterrar todo aparato externo y la excesiva magnificencia con que ella se presenta ante quienes la contemplan. En lo que seguramente no se fijan es en que, si la religión pertenece a las almas, no se restringe, sin embargo, sólo a las almas, y que el honor tributado a la autoridad recae en Cristo, que la fundó. e) La evolución 25. Para terminar toda esta materia sobre la Fe y sus “variantes gérmenes” resta, venerables hermanos, oir, en último lugar, las doctrinas de los modernistas acerca del desenvolvimiento de entrambas cosas. Hay aquí un principio general: en toda religión que viva, nada existe que no sea variable y que, por lo tanto, no deba variarse. De donde pasan a lo que en su doctrina es casi lo capital, a saber: la evolución. Sí, pues, no queremos que el dogma, la Santa Iglesia, el culto sagrado, los libros que como santos reverenciamos y aun la misma Fe languidezcan con el frío de la muerte, deben sujetarsen a las leyes de la evolución. No sorprenderá esto si se tiene en cuenta lo que sobre cada una de las cosas enseñan los modernistas. Porque, puesta la ley de la evolución, hallamos descrita por ellos mismos la forma de la evolución. Y en primer lugar en cuanto a la Fe. La primitiva forma de la Fe, dicen, fue rudimentaria y común para todos los hombres, porque brotaba de la misma naturaleza y vida humana. Hízola progresar la evolución vital, no por la agregación externa de nuevas formas, sino por una creciente penetración del sentimiento religioso en la conciencia. Aquel progreso se realizó de dos modos: en primer lugar, negativamente, anulando todo elemento extraño, como, por ejemplo, el que provenía de la familia o nación; después, positivamente, merced al perfeccionamiento intelectual y moral del hombre; con ello, la noción de lo divino se hizo más amplia y más clara, el sentimiento religioso resultó más elevado. Las mismas causas que trajimos antes para explicar el origen de la Fe hay que asignar a su progreso. A lo que hay que añadir ciertos hombres extraordinarios (que nosotros llamamos profetas, entre los cuales el más excelente fue Cristo), ya porque en su vida y palabras manifestaron algo de misterioso que la Fe atribuía a la divinidad, ya porque lograron nuevas experiencias, nunca antes vistas, que respondían a la exigencia religiosa de cada época. Mas la evolución del dogma se origina principalmente de que hay que vencer los impedimentos de la Fe, sojuzgar a los enemigos y refutar las contradicciones. Júntese a esto cierto esfuerzo perpetuo para penetrar mejor todo en cuanto en los arcanos de la Fe se contiene. Así, omitiendo otros ejemplos, 381


sucedió con Cristo: aquello más o menos divino que él admitía la Fe fue creciendo insensiblemente y por grados hasta que, finalmente, se le tuvo por Dios. En la evolución del culto, el factor principal es la necesidad de acomodarse a las costumbres y tradiciones populares, y también la de disfrutar el valor que ciertos actos han recibido de la costumbre. En fín, la Santa Iglesia encuentra la existencia de su evolución en que tiene necesidad de adaptarse a las circunstancias históricas y a las formas públicamente ya existentes del régimen civil. Así es entonces como estos modernistas siempre hablan de cada cosa en particular. Aquí, empero, antes de seguir adelante, queremos que se advierta bien esta doctrina de las necesidades o indigencias (o sea, el lenguaje vulgar, dei bisogni, como ellos la llaman más expresivamente), pues ella es como la base y fundamento no sólo de cuanto ya hemos visto, sino también del famoso método que ellos denominan histórico. 26. Insistiendo aún en la doctrina de la evolución, debe además advertirse que, si bien las indigencias o necesidades impulsan a la evolución, si la evolución fuese regulada no más que por ellas, traspasando fácilmente los fines de la tradición y arrancada, por lo tanto, de su primitivo principio vital, se encaminará más bien a la ruina que al progreso. Por lo que, ahondando más en la mente de los modernistas, diremos que la evolución proviene del encuentro opuesto de dos fuerzas, de las que una estimula el progreso mientras la otra pugna por la conservación. La fuerza conservadora reside vigorosa en la Santa Iglesia y se contiene en la tradición. Represéntala la autoridad religiosa, y eso tanto por derecho, pues es propio de la autoridad defender su tradición, como de hecho, puesto que, al hallarse fuera de las contingencias de la vida, pocos o ningún estímulo siente que la induzcan al progreso. Al contrario, en las conciencias de los individuos se oculta y se agita una fuerza que impulsa al progreso, que responde a interiores necesidades y que se oculta y se agita sobre todo en las conciencias de los particulares, especialmente de aquellos que están, como dicen, en contacto más particular e íntimo con la vida. Observad aquí, venerables hermanos, cómo yergue su cabeza aquella doctrina tan perniciosa que furtivamente introduce en la Santa Iglesia a los laicos como elementos del progreso. Ahora bien: de una especie de mutuo convenio y pacto entre la fuerza conservadora y la progresista, esto es, entre la autoridad y la conciencia de los particulares, nacen el progreso y los cambios. Pues las conciencias privadas, o por lo menos algunas de ellas, obran sobre la conciencia colectiva; ésta, a su vez, sobre las autoridades, obligandolas a pactar y someterse a lo ya pactado. Fácil es ahora comprender por qué los modernistas se admiran tanto cuando comprenden que se les reprende o castiga. Lo que se les achaca como culpa, lo tienen ellos como un deber de conciencia. Nadie mejor que ellos comprenden las necesidades de las conciencias, pues la penetran más íntimamente que la autoridad eclesiástica. En cierto modo reúnen en sí mismos aquellas necesidades, y por eso se sienten obligados a hablar y escribir públicamente. Castíguelos, si gusta, la autoridad; ellos se apoyan en la conciencia del deber, y por íntima experiencia saben que se les debe 382


alabanzas y no reprensiones. Ya se les alcanza que ni el progreso se hace sin luchas ni hay luchas sin víctimas: sean ellos, pues, las víctimas, a ejemplo de los profetas y Cristo. Ni porque se les trate mal odian a la autoridad; confiesan voluntariamente que ellas cumplen su deber. Sólo se quejan de que no se les oiga, porque así se retrasa el “progreso” de las almas; llegará, no obstante, la hora de destruir esas tardanzas, pues las leyes de la evolución pueden refrenarse, pero no del todo aniquilarse. Continúan ellos por el camino emprendido; lo continúan, aun después de reprendidos y condenados, encubriendo su increíble audacia con la máscara de una aparente humildad. Doblan fíngidamente sus cervices, pero con sus hechos y con sus planes prosiguen más atrevidos lo que emprendieron. Y obran así a ciencia y conciencia, ora porque creen que la autoridad debe ser estimulada y no destruida, ora porque les es necesario continuar en la Santa Iglesia, a fin de cambiar insensiblemente la conciencia colectiva. Pero, al afirmar eso, no caen en la cuenta de que reconocen que disiente de ellos la conciencia colectiva, y que, por lo tanto, no tienen derecho alguno de ir proclamándose intérpretes de la misma. 27. Así, pues, venerables hermanos, según la doctrina y maquinaciones de los modernistas, nada hay estable, nada inmutable en la Santa Iglesia. En la cual sentencia les precedieron aquellos de quienes nuestro predecesor Pío IX ya escribía: “esos enemigos de la revelación divina, prodigando estupendas alabanzas al progreso humano, quieren, con temeraria y sacrílega osadía, introducirlo en la religión católica, como si la religión fuese obra de los hombres y no de Dios, o algún invento filosófico que con trazas humanas pueda perfeccionarse”15. Cuanto a la revelación, sobre todo, y a los dogmas, nada se halla de nuevo en la doctrina de los modernistas, pues es la misma reprobada ya en el Syllabus, de Pío IX, y enunciada así: “la revelación divina es imperfecta, y por lo mismo sujeta a progreso continuo e indefinido que corresponda al progreso de la razón humana”16, y con más solemnidad en el concilio Vaticano (I), por estas palabras: “ni, pues, la doctrina de la Fe que Dios ha revelado se propuso como un invento filosófico para que la perfeccionasen los ingenios humanos, sino como un depósito divino se entregó a la Esposa de Cristo, a fin de que la custodiara fielmente e infaliblemente la declarase. De aquí que se han de retener también los dogmas sagrados en el sentido perpetuo que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, ni jamás hay que apartarse de él con color y nombre de más alta inteligencia”17; con esto, sin duda, el desarrollo de nuestros conocimientos, aun acerca de la Fe, lejos de impedirse, antes se facilita y promueve. Por ello, el mismo Concilio Vaticano (I) prosigue diciendo: “crezca, pues, y progrese mucho e incesantemente la inteligencia, ciencia, sabiduría, tanto de los particulares como de todos, tanto de un solo hombre como de toda la Santa Iglesia, al compás de las edades y de los siglos; pero sólo en su género, esto es, en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma sentencia”18. ... 15

. Carta Encíclica “Qui pluribus”, del 8 de noviembre de 1846; cf. Ver: Lista Cronológica de los Papas. 253. Beato Pío IX. Pág. 150 16 . Cf. Syllabus. Preposición 5; ver: Lista Cronológica de los Papas. 253. Beato Pío IX. Pág. 150 17 . Constitución Apostólica “Dei Filius”. C. 4 18 . L. C

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40. Nos parece, en efecto, una locura, o, por lo menos, extremada imprudencia, tener por verdaderas, sin ninguna investigación, experiencias íntimas del género de las que propalan los modernistas. Y si es tan grande la fuerza y la firmeza de estas experiencias, ¿por qué, dicho sea de paso, no se atribuye alguna semejante a la experiencia que aseguran tener muchos millares de católicos acerca de lo errado del camino por donde los modernistas andan? Por ventura ¿sólo ésta sería falsa y engañosa? Mas la inmensa mayoría de los hombres profesan y profesaron siempre firmemente que no se logra jamás el conocimiento y la experiencia sin ninguna guía ni luz de la razón. Sólo resta otra vez, pues, recaer en el ateísmo y en la negación de toda religión. Ni tienen por qué prometerse los modernistas mejores resultados de la doctrina del simbolismo que profesan: pues si, como dicen, cualesquiera elementos intelectuales no son otra cosa sino símbolos de Dios, ¿por qué no será también un símbolo el mismo nombre de Dios o el de la personalidad divina? Pero si es así, podría llegarse a dudar de la divina personalidad; y entonces ya queda abierto el camino que conduce al panteísmo. Al mismo término, es a saber, a un puro y descarnado panteísmo, conduce aquella otra teoría de la inmanencia divina, pues preguntamos: aquella inmanencia, ¿distingue a Dios del hombre, o no? Si lo distingue, ¿en qué se diferencia entonces de la doctrina católica, o por qué rechazan la doctrina de la revelación externa? Mas si no lo distingue, ya tenemos el panteísmo. Pero esta inmanencia de los modernistas pretende y admite que todo fenómeno de conciencia procede del hombre en cuanto hombre; luego entonces, por legítimo raciocinio, se deduce de ahí que Dios es una misma cosa con el hombre, de donde se sigue el panteísmo. Finalmente, la distinción que proclaman entre la ciencia y la fe no permite otra consecuencia, pues ponen el objeto de la ciencia en la realidad de lo cognoscible, y el de la Fe, por lo contrario, en la de lo incognoscible. Pero la razón de que algo sea incognoscible no es otra que la total falta de proporción entre la materia de que se trata y el entendimiento; pero este defecto de proporción nunca podría suprimirse, ni aun en la doctrina de los modernistas; luego lo incognoscible lo será siempre, tanto para el creyente como para el filósofo. Luego si existe alguna religión, será la de una realidad incognoscible. Y, entonces, no vemos por qué dicha realidad no podría ser aun la misma alma del mundo, según algunos racionalistas afirman. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo

II. II. 3. Causas y remedios 41. Para un conocimiento más profundo del modernismo, así como para mejor buscar remedios a mal tan grande, conviene ahora, venerables hermanos, escudriñar algún tanto las causas de donde este mal recibe su origen y alimento. La causa próxima e inmediata es, sin duda, la perversión de la inteligencia. Se le añaden, como remotas, estas dos: la curiosidad y el orgullo. La curiosidad, 384


si no se modera prudentemente, basta por sí sola para explicar cualesquier errores. Con razón escribió Gregorio XVI, predecesor nuestro: “es muy deplorable hasta qué punto vayan a parar los delirios de la razón humana cuando uno está sediento de novedades y, contra el aviso del Apóstol, se esfuerza por saber más de lo que conviene saber, imaginando, con excesiva confianza en sí mismo, que se debe buscar la verdad fuera de la Iglesia católica,