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Portada


Ă?ndice

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El arranque Historias y Reflexiones El Serengeti de Murillo De Ángeles, Arcángeles, Sirenas y Quimeras El Circo de los Milagros Colectivas Arte Objeto Ex-votos Murillo Japón en mi Corazón Trilogía Mirada de abeja Curriculum visual Semblanza


Patricia Murillo Su obra plรกstica y su pensamiento. 2014.

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Murillo. El potencial narrativo. Presentación. Una imagen, reza el dicho popular, dice más que mil palabras. Si alguna vez hubiese llevado la cuenta de las veces que he escuchado a alguien decirlo, seguro ya la habría perdido. Y es que en una época en la que la supremacía de la imagen es indiscutible, se ha caído en el error de que la contundencia de la primera puede sustituir a la segunda. Se nos ha hecho creer que la imagen es invariablemente más efectiva que la palabra. No dudo del poder discursivo de la imagen, por supuesto. Mi formación profesional es, ante todo, visual y no puedo dejar de lado que incluso la palabra escrita, cada carácter que se imprime o se proyecta, es formalmente una imagen: una configuración de líneas curvas y rectas utilizadas para representar sonido. Patricia Murillo sabe esto y no duda en echar mano de la palabra para enriquecer su pintura. Esto, en el campo de las áreas visuales, representa un acto audaz. Otros artistas han sido objeto de crítica por subvertir la expresión visual con la palabra escrita: el fotógrafo norteamericano Duane Michals, quien con frecuencia incorpora textos a sus series fotográficas para explorar la emoción y la filosofía, confiesa haber sido criticado por ello, “porque el gran cliché en la fotografía es que una imagen vale más que mil palabras…”, menciona. Sin embargo, Michals escribe “para expresar lo que la fotografía por sí sola no puede decir. Una fotografía de mi padre no me dice

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lo que yo pienso de él, lo cual me resulta más importante que su apariencia.” Como Michals, Murillo desafía esta convención y la contradice abiertamente: una imagen no vale más que mil palabras, tal como una palabra no vale más que mil imágenes. La pintora sabe que la comparación no es válida porque no hay paridad entre ellas. La palabra, como la imagen, son medios distintos y cada uno ofrece posibilidades diferentes. Cada uno tiene sus bondades y, hay que aceptarlo, también sus limitantes. No hay razón para creer que uno descalifica al otro. La transgresión de Patricia Murillo no es gratuita: su afán es, en todo caso, la expresión, y para ello no se vale sólo de la pintura o la palabra que frecuentemente comienza a acompañar su obra, sino también de los objetos. Todo cuenta una historia en el arte de Murillo. Todo, desde la palabra o un trazo suave y delgado, hasta el objeto más pequeño, tiene potencial narrativo. Quizás sea tiempo de reformular el dicho y decir que una imagen, acompañada de la palabra, dice más que mil imágenes. Ángel Valenzuela Ciudad de México. Febrero, 2014.


Agradecimientos

No obstante que soy una persona individualista, he comprendido que el trabajo en equipo es la única salida hacia logros relevantes. Este libro ha sido posible gracias al apoyo en el diseño de mi amada Patricia Sandoval; del cuidado y oficio de Jorge Cárdenas, encargado de la impresión; de la lente de varios fotógrafos como Bob Myers, Christian Albrecht, Alejandra Novoa y mi querido Jack Seligson, y de Ángel Valenzuela, escritor joven y talentoso que ha corregido estilo y escrito la presentación de este libro. En esta retrospectiva resalto la importancia de los textos que sobre mi trabajo han escrito algunos críticos, curadores y poetas. De manera especial doy las gracias a Sylvia Navarrete, Carlos Villanueva, Yliana Godoy y a mi queridísima amiga y colega, María Angélica González Dávila. Mis obras no serían posibles sin el apoyo de mis enmarcadores de toda la vida: Marcos Almendra, mis carpinteros Jair y don Lauro, así como Helio Domínguez, mi ayudante en algunas tareas de imprimatura, embalaje y demás detalles. Merece una mención especial Martín Moreno, artista plástico tepozteco, quien me apoya ocasionalmente. Mis amores, mi familia, mis amigos, mi huerta y mi pasión por comprender distintos escenarios han sido una fuente de

inspiración permanente para que yo me dedique e insista en dar vida a los temas entrañables en los que requiero expresarme y trascender. Entre mis amigos, el Conde Alejandro Ortíz estuvo cerca en una coyuntura emocional de mi vida, en la que me ayudó a recordar que tenía una asignatura pendiente con la pintura. Él supo animarme, dar seguimiento al avance, diseñó los primeros marcos, me prestó su optimismo y me obligó a zarpar. Cómo no agradecer a la larga lista de personas que han mostrado un aprecio por mi trabajo adquiriendo una o varias obras. Mi convivencia y pertenencia al movimiento artístico de Tepoztlán, a través de las actividades de la Galería Turbina Olioluqui, han enriquecido mi visión y fortalecido mi vocación. Finalmente, agradezco a Rosy González, mi asistente. Sin ella podría haber pintura, pero indudablemente no existiría este libro. Ella recopila, ordena y descifra mis jeroglíficos, investiga, coordina y hace posible no sólo la edición de mi segundo libro de arte, sino que ella es la única persona que me asiste en los dos mundos en los que transcurre mi vida. En ambos, la pintura y la consultoría, su apoyo es invaluable. Gracias, Rosy.


Introducción La pintura llegó a mí para quedarse. Nunca ha sido un pasatiempo sino un multiplicador de mi vida. A lo largo de estos 24 años, lentamente ha ido ganando terreno. No podría decir que ha ganado en pasión porque esa siempre ha estado presente, sin embargo se ha ido colocando en el centro de mi atención, ha perdido prisa y ha ganado tiempo, concentración y oficio. Es amiga íntima y maestra generosa. Inicié mi camino pintando óleo sobre lienzo porque fue lo que tuve al alcance: mi amigo Polo me regaló un pequeño estuche y así, sin más dilación, comencé a pintar. Los primeros formatos, aunque con frecuencia eran pequeños, eran de diversos tamaños. Pronto fueron creciendo, si bien me siento muy cómoda en formato mediano. No recuerdo haber tenido miedo o dudas, sólo la imperante necesidad de pintar. Luego de la fatiga de la semana, producto de una exigente agenda ejecutiva y el trabajo de alta responsabilidad, me dediqué a pintar en pequeños espacios de mi casa de Tlalpan. Mi trabajo resultaba placentero y gustaba a los más cercanos; no obstante, luego de terminar un cuadro, me demoraba en iniciar el siguiente. Esto cambió cuando sobrevino una inesperada ruptura laboral que me hizo cambiar el rumbo. Entonces me prometí

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que a partir de entonces sería consultora independiente y me dedicaría a la pintura de manera profesional. Así lo he cumplido. La planeación y el orden siempre me han caracterizado. Desde joven me ha gustado vivir con intensidad y hacer que mi tiempo rinda. Al dejar la vida corporativa, elegí Tepoztlán como mi refugio, un centro de experimentación en el que busqué concentrar mi energía en tres caminos que coexistieran en armonía: el descanso y la contemplación, el cultivo de una huerta y la pintura. Los primeros quince años estos tres compañeros tuvieron que conformarse con los fines de semana y aunque hoy, a la distancia, lo veo un tanto desequilibrado, el tiempo rendía no sólo para estas tres actividades, sino para conocer aquel mágico lugar, explorar sus alrededores, cocinar y, de tanto en tanto, ver a los amigos. La pintura ha mostrado tener un poder de convocatoria sobre mí y mis circunstancias: he pintado triste, feliz, en paz así como en la guerra, cansada y relajada, en la abundancia y en la austeridad. Pinto siempre y cada vez más tiempo. Hacerme la promesa de dedicarme a la pintura en aquella encrucijada ha favorecido mi vida de la manera más profunda y darmática. A partir de mi segunda exposición, El Serengeti de Murillo, los temas


relevantes se han ido alineando. Me describo como una pintora temática: cuando existe un tema que tiene una acumulación afectiva de suficiente amplitud, la serie va saliendo de manera orgánica y las imágenes van fluyendo con gozo al ritmo que investigo el tema. Comencé el camino a través de la pintura figurativa y así transcurrieron varias series, hasta que decidí incursionar en el arte abstracto. Esto implicó un reto complejo, puesto que no podía transitar ni tramitar mis emociones sin forma que las guiara y contuviera. Toda vez superada la transición, descubrí con encanto la libertad que me suponía la expresión abstracta. Aprecié aún más el tiempo que tuve la guía de Edgardo Kerlegand en la experimentación plástica. Fue una época indeleble en la que conversamos de una infinidad de temas, había experimentación y, ocasionalmente, tenía la fortuna de mirarlo trabajar en sus pinturas gigantescas. Galo jamás tenía prisa: si el cuadro no quería salir, lo dejaba reposar el tiempo que fuera necesario. Esto era un ritmo que escapaba mi comprensión: generalmente trabajo en un cuadro hasta terminarlo. Dejar reposar la obra es algo que el tiempo me ha ido regalando, a pesar de mi temperamento activo y orientado a la acción.

En el año 2000 me surgió la inquietud por experimentar con el arte objeto. Me encontré como pez en el agua: siempre he tenido una fascinación por los objetos. Desde muy joven visito esos abrevaderos donde encuentro chácharas y antigüedades. Cuando comencé a armar mis cajitas me sorprendía que los pequeños objetos habían esperado con paciencia durante años para encontrar su lugar en algún pequeño ensamblaje que yo diseñaba. El arte objeto requiere competencias distintas a las de la pintura, además de la paciencia, meticulosidad y un plan cuidadoso para ir fijando los objetos sin desafiar la ley de gravedad. Cuando decidí convertirme en pintora supe que habría de hacerlo de manera autodidacta: comencé tarde y no había tiempo para ejercicios académicos. Tenía alguna facilidad para dibujar, no tenía miedo al color y me sobraba la pasión y el discurso para iniciar la narrativa. En mi equipaje traía las invaluables lecciones de Sumí-e que recibí durante dos años del Maestro Toru Okamoto. Incontables horas de contemplar la pintura de otros y, sobre todo, el deseo que me consumía desde pequeña: pintar, y después pintar. Patricia Murillo Enero, 2014.


El arranque 1990.

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Tengo de ti, entretejidos en mis entraĂąas, los cuentos con los que me creciste, las flores que me sembraste y las consignas de ser fuerte, distinta y mejor. Las consignas han pesado, hubieran sido mejor otras, pero me diste lo que pudiste y estĂĄ bien, Catato mĂ­o. Gracias siempre por tu amor.

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Homenaje a Catato 1991. Óleo sobre tela. 35 x 45 cm. Colección particular de la autora.


El vistoso gallo se convirtió en doméstico guajolote. Su mundo, estable y protegido, dio un giro completo: tocó fondo, sacó la casta y comenzó a caminar. Inició una nueva vida, no sin dificultad. De esa batalla le quedan tres o cuatro cicatrices, su familia, sus amigos —casi todos—, su huerto, su taller y su fe inquebrantable.

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Cambio de camino 1992. Óleo sobre tela. 30 x 25 cm. Colección particular.


Aquí se reunieron unas espléndidas zanahorias que compré en un viajecito al Estado de México. Llevada por mi pasión por las antigüedades, las deposité en este radio que ahora habita la casa de Yaya. Se convirtió en el mejor contenedor para tan hermosos ejemplares.

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Radio Zanahoria 1992. Óleo sobre tela. 78 x 59 cm. Colección particular.


Historias y Reflexiones Casa de la Cultura Reyes Heroles Exposici贸n individual de 20 obras. 1996.

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“Historias y Reflexiones, exposición compartida con el fotógrafo Bob Myers, la primera de Patricia Murillo, presentó 20 obras, todas en óleo. En suma, el suyo es un espacio “autoreferente y proyectivo”, como lo define ella, que se nutre de la mitología, del sueño y de la realidad cotidiana.” Sylvia Navarrete Octubre, 1996


“El corazón es otra figura predilecta y, la poesía, un recurso adicional para subrayar los sentimientos y las emociones ligadas a la escena descrita.” Sylvia Navarrete Octubre, 1996

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El auténtico subsistema emocional del autor 1995. Técnica mixta. 70 x 60 cm. Colección particular.


“La mirada, por cierto, es el elemento coyuntural en las imágenes elaboradas por Patricia. Allí, en ese espacio donde va a dirigirse lógicamente nuestra propia mirada, está el vínculo del estado emocional que la autora desea expresar. Lo que su pintura aspira a hacer es develar esos lazos afectivos, esos estados de conciencia que son momentos puntuales de nuestra existencia y de las relaciones humanas.” Sylvia Navarrete 1996

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Esa mirada 1995. T茅cnica mixta. 80 x 60 cm. Colecci贸n particular.


Parecía que, a pesar de todo, había encontrado la fuerza para remar contra corriente y defender su pequeño corazón. Parecía… parecía.

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Promesa 1995. T茅cnica mixta. 80 x 70 cm. Colecci贸n particular.


El Serengeti de Murillo

Centro Cultural Veracruzano. 1999. Ex-convento de Tepoztl谩n. 2000. Exposici贸n individual de 15 obras.

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Serengeti es una palabra de origen masai que significa “llanura sin límite”. Los eternos ciclos vitales, el instinto y la libertad como estilo de vida amenazados por las penalidades de la supervivencia, son el meollo del Serengeti. La negligencia, la falta de alerta y la imprecisión se pagan caro. El precio de ser parte de la llanura sin límite es el precio de convertirse en experto, en el conocedor del terreno, del clima y de los otros habitantes, sus hábitos y costumbres. Para sobrevivir hay que amar la aventura, disfrutar del encuentro, enfrentar el reto y no desdeñar la huida como posibilidad digna. El Serengeti es, para mí, el gran crisol donde se forja el ánima.


“Patricia Murillo pinta sensibilidades y destinos. En su pensamiento, en su corazón, un conjunto de cebras encarna a las compañeras con las que estudió la carrera, treinta y cinco años atrás, y que siguen siendo sus amigas íntimas.” Sylvia Navarrete Noviembre, 1999

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Ocho cebras y un camino 1999. Tríptico. Óleo sobre amate. 80 x 240 cm. Colección particular.


En ese entonces estaba segura de que mi verde mirada era un ámbito rico y seguro para tu crecimiento y maduración. No fue así, qué se le va a hacer.

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I’ll be watching you 1999. Óleo sobre amate. 59 x 92 cm. Colección particular.


Para mí todo era perfecto: el sol, la brisa, los bichos y el verdor que avanzaba cada primavera. No percibí peligro ni fractura y ya ves, de esa enorme cercanía no quedó nada.

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Retrato de familia 1999. Óleo sobre amate. 92 x 29 cm. Colección particular.


Hay un sitio que visito con tanta frecuencia como me es posible. Me baĂąo en su silencio y en su luz, me deja un gusto a nĂŠctar apenas perceptible que me anima a continuar.

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The golden tree of introspection 1999. Óleo sobre amate. 77 x 112 cm. Colección particular de la autora.


De รกngeles, arcรกngeles, sirenas y quimeras Ex-convento de Tepoztlรกn. 2001. Exposiciรณn individual de 16 obras.

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De ángeles, arcángeles, sirenas y quimeras “El pincel de la Murillo, en un devenir navegante de las pinturas de sumi-e, a las texturas visuales, genera monstruos frágiles que representan maldades ficticias, fondos de terciopelo y ante logrados con obsesión. Paty Murillo es una buscadora de realidades fantásticas y personales, de férrea disciplina que no abandona la intuición. Con trazo firme y mano suave, la pintora se atiene a las cartas del tarot que se hacen aire y se vuelven color. Cuando nos acercamos a su obra nos inyecta sed de seguir conociendo para viajar a mundos fantásticos a través de sus lienzos y sus fantasías.” Edgardo Kerlegand Marzo, 2001


Perdonar no quiere decir olvidar ni justificar. Tampoco significa volver a confiar. Perdonar es un acto de amor, de entendimiento y sanidad. Perdonar es, tambiĂŠn, recuperar libertad.

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Ángel del perdón 2001. Óleo sobre tela. 75 x 50 cm. Colección particular.


Es mejor viajar acompañado y confiar en este lento y seguro transporte al lugar del reencuentro, el azul verde mar que soñé desde el desierto me aguarda sereno y tibio. Yo no acelero el paso. Disfruto este camino. Cuando lleguemos a casa compensaré a Dorotea, mi amoroso corcel, y lustraré su concha y refrescaré su sed.

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Caravana 1 2000. Óleo sobre tela. 90 x 60 cm. Colección particular.


“Reconocemos ciertos temas recurrentes en sus óleos. La figura que se repite con mayor frecuencia es la mujer, a la vez musa, hermana, amante, hechicera. El dibujo no permite su identificación inmediata: puede ser Patricia misma, cualquier amiga suya o una silueta imaginada, ideal, como la sirena. La mujer aquí es un personaje arquetípico, al igual que la mayoría de los que convoca en sus cuadros.” Sylvia Navarrete Noviembre, 1999

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Caravana 2 2000. Óleo sobre tela. 120 x 80 cm. Colección particular.


Esta condición extraña, fusión de gallo vistoso y de la dulce sirena, que lo colocan allí, en la nostalgia de siempre, por su mar y por su arena. ¡Gallirena, gallirena! Tan cercana, tan ajena.

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Gallirena 2001. Óleo sobre tela. 120 x 80 cm. Colección particular.


El Circo de los milagros Centro Cultural Hel茅nico. 2005. Exposici贸n individual de 20 obras.

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El circo de los milagros El circo nos cautiva. Invade nuestros sentidos, nos hace producir endorfinas y nos permite sacar a nuestro niĂąo interno, quien se baĂąa en su mĂşsica, en sus colores y su magia.


El circo me conmueve por muchas razones. Una de ellas es la maestría de sus participantes; maestría que implica disciplina, dominio de sí mismo, vocación y amor por lo que se hace.

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Astro malabaristas con jirafa 2003. T茅cnica mixta sobre masonite. 62.5 x 62.5 cm. Colecci贸n particular de la autora.


Alerta y concentrado, el excéntrico Atila se toma el tiempo para convertir su aliento en música. Su música, vibraciones dulces y nostálgicas, lo reconforta en el breve descanso que se da entre batallas. Su búho guardián escucha atento y complacido. En su corazón abriga la esperanza de que Atila no regrese al combate.

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Músico de aliento 2004. Técnica mixta sobre tela. 121 x 81 cm. Colección particular de la autora.


Amo el circo, aunque Elena —como muchos— diga que es deprimente. Yo amo el circo porque es lúdico, colorido y esporádico. No es parte de lo establecido o lo garantizado. Viene y va, y cada vez que regresa me da un vuelco el corazón.

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Danza con cebras 2004. TĂŠcnica mixta sobre madera. 18 x 38 cm.


El circo evoca arquetipos colectivos que nos refrescan y estimulan. Durante la funci贸n somos superh茅roes capaces de volar, de cargar un le贸n y hacer danzar a las serpientes. Somos capaces de doblar una lanza de duro metal.

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Encantador de serpientes 2003. TĂŠcnica mixta sobre madera. 42 x 62 cm.


Exposiciones colectivas 1997-2014.

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Amo de ti tu constancia y tu incondicionalidad; tu certidumbre y paciencia. Representas, sin duda, la mayor evidencia de mi fortuna. Ciertamente, la mayor.

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My master 1997. Óleo sobre tela. 90 x 60 cm. Colección particular de la autora. Exposición colectiva “Tibet” Club de periodistas, 1997.


“La obra de Patricia Murillo retoma la iconografía tradicional de la pintura mexicana con un marcado acento de ironía.” Rafael Arvea Septiembre, 1997

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Ay, Chihuahua, cuánto apache 1997. Óleo sobre tela. 60 x 90 cm. Colección particular de la autora. Exposición colectiva “Homenaje a Siqueiros” Poliforum Cultural Siqueiros, 1997.


Adivinar, ha sido a traveフ《 de los tiempos un reto para el ser humano. La incertidumbre de lo que vedrテ。 nos ha llevado a consultar desde las estrellas, hasta las entraテアas de un ave, todo para arrancarle al futuro su secreto.

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Lectura de runas 2002. Técnica mixta sobre tela. 89 x 108 cm. Colección particular de la autora. Exposición colectiva “Las Mancias” El Juglar, 2002.


Un canto para sordos se desprende de las cosas y esa terrible dulzura que es Dios insoportable contagia la salud de un pecho a otro. Es la hora interminable, la inasible, la eternidad que dura un abrir y cerrar de ojos (mientras esto he dicho, el diĚ a se ha partido en dos como una granada madura). Jaime Sabines

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Madona con bebé 2001.Técnica mixta sobre tela. 80 x 100 cm. Colección particular de Ignacio Álvarez Icaza. Exposición colectiva “Homenaje a Sabines”. Casa de la Cultura Jaime Sabines, 2001.


Desde hace muchos a単os disfruto de la llave para atravesar umbrales de mundos interesantes y distintos. Mi Tepoz tiene la magia de hacerme entrar en un mundo en el que mi tiempo se multiplica y mi mirada se agudiza.

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Umbral 2012. T茅cnica mixta sobre madera. 100 x 80 cm. Colecci贸n particular. Exposici贸n colectiva


Arte Objeto

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El primer arte objeto que hice, lo fui resolviendo paso a paso, como siguiendo un mapa previamente trazado. Me gustó mucho. Mi amigo Julio Casillas dijo que el espíritu freudiano se paseaba entre sus compartimientos. Yo no sé mucho de Freud; sé un poco de pócimas y matraces.

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Gabinete adivinatorio 2001. Arte objeto. Colecci贸n particular de la autora.


Escojo cada objeto: muchos de ellos los he tenido desde tiempo atrรกs; otros los busco deliberadamente. Disfruto cada paso, ejerzo mi paciencia y amor por el detalle, me divierto y gozo. Elijo el nombre de Dios escrito en sรกnscrito y en hebreo como principio y fin de esta cajita.

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Aleph 2002. Arte objeto. 28 x 49 cm. Montado sobre la caja de la recepci贸n de un hotel de pueblo. Colecci贸n particular de la autora.


Convoco a la abundancia cada dĂ­a y la abundancia llega sin prisa y sin retraso. Camina por mis venas, se mete en mis horas, multiplica mis minutos. El tiempo alcanza para todo. El amor me visita, la alegrĂ­a me asiste. Le gusto a las flores y me reclama el sol.

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La suerte est谩 echada 2001. Arte objeto. Colecci贸n particular.


Ese día fui a Kamakura. Había salido a buscar el buda más grande del mundo. Antes de encontrarlo, otras maravillas, otros templos me detuvieron. Cuando al fin llegué a sus pies, mi aliento se detuvo. No podía creer la dimensión, el trabajo, el amor depositado allí desde hace siglos en ese colosal buda.

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Impacto Kamakura (altar) 2008. Arte objeto. 102 x 117 cm. Realizado en cuatro cajas de vino.


Lo milagroso estรก presente cotidianamente. Es, sin embargo, tan sutil que lo damos por hecho.

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Kigen 2008. Arte objeto. 32.5 x 54 cm. Realizado en caja de vino Larcis Ducasse.


La conocí apenas. Me invitó a comer comida japonesa en casa y al final sacó unas botellas de sake vacías que había guardado por su belleza, con la esperanza de que alguien les encontrara utilidad. Entonces me las regaló y yo, en agradecimiento, hice este pequeño monumento para guardar allí por siempre su generosidad.

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Visita a Katsuko 2008. Arte objeto. 94 x 100 x 40 cm. Mueble hecho a partir de cajas de vino.


No fui a Hiroshima pero estuvo siempre en mi mente durante ese viaje. La memoria consciente, que no el rencor, nos salva de reincidir en lo indeseable.

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Elegimos recordar 2008. Arte objeto. 32 x 27.5 cm. Realizado en caja de vino Blecua.


Me decían Paty Picot: me aprendía los cancioneros de principio a fin y aún hoy me acuerdo de cientos de boleros. Han sido parte de la mala educación emocional, del deleite y de la memoria colectiva que nos hace iguales.

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IAmamos los boleros. Instalaci贸n. 2010. Arte objeto. T茅cnica mixta sobre madera. 160 x 170 cm. Biombo y caj贸n para bolear.


Me pregunto sobre mi pasi贸n por la boleada. Me encanta que mis zapatos brillen, la conversaci贸n con el bolero, el olor a la tinta y las grasas. Los cajones para bolear son, en muchos casos, joyas. Son la caja de trucos, el laboratorio de alquimia del bolero.

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Modus Vivendi I 2008. Arte objeto. 60 x 45 x 20 cm. Colecci贸n particular de la autora.


Es que en la figura del bolero, en el acto de la boleada, tus zapatos sucios o viejos recobran dignidad y limpieza. El bolero hace de esta transformaci贸n una peque帽a exhibici贸n de destreza y conocimiento.

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Suave Patria 2009. Arte objeto. 55 x 28 x 20 cm. Realizado sobre caj贸n para bolear.


Ex-votos Murillo

Museo de Arte de Ciudad Ju谩rez. INBA. 2007. Exposici贸n retrospectiva de 45 obras.

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Estoico, protector incansable, me miro en ese espejo y me reconozco. Hay algo de mĂ­ en esa esencia, algo que me conmueve y duele; algo que me complace y da esperanza. ÂżEs quizĂĄs ese aroma de sus flores, de sus tres diminutas estrellas?

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Paternidad 2005. TĂŠcnica mixta sobre madera. 85 x 68 cm.


Hacía más de un año que sabía que quería pintar caballos. Lo que no sabía era cómo había de llegar a ellos. Esa es otra historia. Tuve muy cerca aquel magnífico ejemplar, así que un buen día mis pinceles danzaron con certidumbre hasta tocar esa esencia equina, conocida y cercana, anhelada y temida.

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Aparici贸n equina 2005. T茅cnica mixta. 68 x 87 cm.


Se llamaba Vértigo. Desde que lo vi me robó el aliento y le aposté sin conocerlo. Intuía su fuerza, podía sentir su magia. Sabía que podía ganar la carrera y la ganó. Entonces fui a buscarlo para premiarlo. Quise darle un terrón de azúcar pero cuando me acerqué le salieron alas y se fue. Quedé mirando su agitado vuelo con incredulidad y desconcierto.

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Apostando 2005. Collage. 35 x 30 cm. Colecci贸n particular.


Japón en mi corazón Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón en México. 2008. Exposición individual de 24 obras.

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La maestra Murillo rinde homenaje a la cultura nipona, de la cual ha sido seguidora y admiradora por tres décadas. En palabras de la propia maestra Murillo, “Japón en mi corazón nace como un agradecimiento a la experiencia de conocer un país que conserva sus tradiciones con dificultad, que da cátedra de orden y que por sus venas camina, colectiva y ancestralmente, el gen de la amabilidad.” “Japón por su coloratura, por su universo animista, por sus budas y sus geishas, por sus templos y sus samuráis, por su comida y por sus trenes, por su dignidad y por su fuerza, se ha hecho dueño de mi amor y espero que esto se deje ver en esta muestra.”


Tokyo, ese h铆brido de origen y tradici贸n con la aspiraci贸n imitadora de otro imperio. Esa coexistencia de lo ancestral y lo moderno. Ese movimiento incesante, esa laboriosidad infatigable.

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Tokyota feeling 2008. D铆ptico. Collage sobre madera. 60 x 150 cm. Colecci贸n particular de la autora.


En Kyoto, una tarde de aquel octubre, mientras vagaba por el vecindario cercano al teatro al que asistiríamos para presenciar una muestra de la cultura japonesa, el espíritu samurai se manifestó con tal fuerza que poco tiempo después cobró vida en esta obra.

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Samurai 2008. TĂŠcnica mixta sobre madera. 60 x 75 cm.


Sí, amé Kyoto por encima de muchas otras ciudades. Sus techos de madera, centenarios, con olor a eternidad y sabor épico. Mi corazón reconoció en Kyoto un lugar entrañable ¿o conocido?

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Siempre Kyoto 2008. T茅nica mixta sobre madera. 60 x 75 cm. Colecci贸n particular.


Yo querĂ­a ver geishas. No fue posible pero en sus calles coloridas, en sus callejoncitos ancestrales, sentĂ­ la magia de una ciudad cuyo amor por el detalle es tan grande que supera toda expectativa.

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Kyoto de mis amores 2008. D铆ptico. Collage sobre madera. 60 x 150 cm. Colecci贸n particular.


Trilogía Fundación Sebastián. 2010. Centro Cultural Jardín Borda. 2012. Galería X Espacio de Arte. 2012. Exposición individual de 21 obras.

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Lo corpóreo no tiene, fuera del número tres, ninguna otra magnitud; todo se determina por medio de la trinidad, pues el principio, el medio y el fin son el número del todo, que es el número tres.   De Coelo I, 1. Aristóteles.

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“El encuentro de los opuestos se resuelve por el símbolo de la generación, el número tres. Tal es el significado que en la antigüedad se le daba a esta cifra. El tres cierra un ciclo, una primera totalidad que no es más que el resultado de la unión para construir la más simple de las formas geométricas, iniciar un nuevo ciclo, engendrar un hijo… es por ello que Platón dirá en el Timeo: Es imposible combinar bien el conjunto de dos cosas sin una tercera, se necesita un lazo que las una. El proyecto Trilogía, de Patricia Murillo, parte de la idea de unión. La conjunción de dos series realizadas de manera previa que engendran una tercera, en donde cada una se mantiene independiente, aunque con fuertes vínculos internos. Hace cuatro años Patricia Murillo comenzó a indagar en temáticas que se vinculan con sus orígenes personales: el agua, lo verde, el desierto… De esa primera serie que llamó ADN transitó hacia su materialización en entornos habitables, lugares de encuentro. Una vez concluidos los cuadros que conforman Ciudades imaginarias, empezó a desarrollar una, en apariencia, nueva temática: Códices. Sin embargo, al cabo de un tiempo, se dio cuenta de las relaciones profundas entre las tres. Tal es la génesis de Trilogía, que está compuesta por 21 obras trabajadas en técnica mixta, predominantemente sobre madera. Las ideas claras, las conexiones implícitas, la factura cuidada, el estilo reconocible.”   Carlos Villanueva 2010


Trilogía

“Cuando hablamos del número tres, hablamos de un número que tiene por tradición un carácter místico y simbólico. En la filosofía platónica se le consideró como la imagen del ser supremo en sus tres personalidades: la material, la espiritual y la intelectual. Las trilogías que Patricia Murillo nos muestra, contienen en sí tres elementos distintos pero de una misma sustancia que a través de este relato pictórico, casi literario, nos revela una ciudad imaginaria, con su ADN y su códice. Estas ciudades son una especie de metáfora de la creación del hombre, con sus sistemas sociales, arquitectónicos e ideológicos que se cruzan entre sí y que ella imagina después de haber conocido con precisión sus reglas principales, de modo que puede imaginar algunas ciudades que existen y otras que están por existir, logrando, a través de una especie de magia, que el tiempo pierda su valor y se desvanezca totalmente en el misterioso espacio de la conciencia del espectador. Cada una de las ciudades parece un poema compuesto por imágenes y colores que armonizan unas con otros, como si fueran versos que de manera sutil tocan los temas de mayor trascendencia, de tal modo que a través del magistral despliegue de esta gran red convergen conexiones enigmáticas, dibujadas con texturas, entramados, llenos y vacíos, de donde derivan seres y discursos bordando enlaces y desenlaces, en el marco

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de un lenguaje críptico dispuesto a ser interpretado más por el espíritu que por el intelecto. Patricia nos obliga a poner también la mirada sobre el ADN, ese pequeñísimo lugar en el que reside la información genética de un ser vivo en el cual se refleja su estructura y su forma. Nos lleva a encontrar que desde lo pequeño se inventa lo grande, que desde el pasado se inventa el presente y nos muestra entonces las explicaciones de lo vivo en los millones de genes registrados y manipulados. Pero también mediante este acercamiento a las acciones de la biología nos hace descubrir otra naturaleza: la del género, la especie y el organismo, cada uno con sus arquetipos insertados, que inevitablemente terminan por surgir y casi siempre de manera inconsciente. Las ciudades imaginarias de Patricia Murillo son el reflejo de un sueño que nace en su corazón y que tiende a buscar los vínculos asfixiados entre el cúmulo de deseos, recuerdos, palabras y lenguajes insertados entre las construcciones laberínticas de las distintas ciudades y épocas, con los personajes que las habitan, tratando de redescubrir en un tiempo eterno, cómo se habita de manera ideal una ciudad.” Ma. Angélica González Dávila Mayo, 2012.


“La creatividad de Patricia Murillo se ha puesto de manifiesto en sus series pictóricas, atravesando por el mundo de las pequeñas o grandes historias de amor de las cuales uno intuye que es protagonista. Ha pintado ángeles, arcángeles y ha dedicado muchas de sus obras al tema sirénico. El circo y su japonofilia también se han hecho sitio en su consistente producción artística. Su migración de lo figurativo a lo abstracto parece afortunada y en Ciudades imaginarias nos ofrece una propuesta fresca e intensa con algunos textos de su inspiración que reflejan su mirada serena, intensa y cuestionadora a la vez. La pintura de Patricia Murillo nos plantea la posibilidad de viajar a través de sus imágenes. Sus ciudades se muestran gozosas de recibirnos y permitir adentrarnos en ellas. Sin embargo, como toda relación, implica la reciprocidad al demandarnos una disposición de aceptar lo insospechado, de permitir el asombro, de indagar en lo diferente. Más que inspirarse en lugares concretos, la artista ha partido de sensaciones, vivencias y recuerdos. Sus urbes se ubican tanto en el desierto, como en el agua, la tierra, los viñedos, así como las asombrosas ciudades Green, Rondana y Cangrejo. Murillo construye nuevos mundos, invitándonos a conocerlos y perdernos en ellos. Experiencia vital de la cual el espectador regresará, como de un viaje, siendo otro.   Carlos Villanueva 2010


Nuestras ciudades   Las ciudades nos construyen, nos impactan, nos marcan con la indeleble arquitectura de sus laberintos, de sus trazos dominantes, de sus volúmenes, de sus colores. Las ciudades nos contienen, nos limitan y expanden, nos circunscriben, nos habitan, nos fortalecen y debilitan. Las ciudades tienen su vida propia, su voluntad de ser y su destino. Tienen una memoria colectiva cuya vocación es armonizar los estratos que la diversidad ancestral ha depositado en su estructura; las ciudades son como las cebollas, centenares de capas superpuestas de pintura, de risas, de sorpresas, de dolores y alegrías que conforman los emplastes de sus muros. Las ciudades nos cierran el paso y también se abren para que las exploremos. Esto lo hacen sólo en la medida en que nos abrimos a ellas, calladas nos contemplan transitar una y otra vez por los diminutos circuitos que establecen nuestras rutinas castrantes. Las ciudades nos conocen más de lo que nosotros las conocemos a ellas, nos toman en cautiverio y se guardan sus secretos y tesoros sólo para aquellos que las aman. Las ciudades están en constante movimiento. Todos los días hay una transformación en sus cuerpos: nuevos edificios y nuevas calles se perfilan y otros, familiares y queridos, desaparecen o se remodelan haciendo caso omiso de nuestra nostalgia o de nuestro pesar.   Noviembre, 2009.

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Ciudades imaginarias   Las ciudades imaginarias existen para compensarnos, para adiestrarnos y responder al llamado de nuestra certidumbre. Existen en paralelo a las de concreto y cal, en el vértice de ciertos cruces energéticos, sus puertas y compuertas se abren invitándonos a cruzar el umbral del tedio cotidiano para internarnos en sus calles llenas de aquello que en ese momento es nuestra mayor necesidad. Transitar por estas ciudades, detiene el aliento y hace que recuperemos ese brillo en los ojos que permite insistir en la gratitud de estar vivos. Las ciudades imaginarias serenamente esperan a exploradores intrépidos que descubran las claves que permiten localizar los pasadizos, los túneles y las avenidas que van a dar a las tabernas cálidas que ofrecen pan y vino, acelerando el olvido del tiempo perdido y reafirmando la fe.   Noviembre, 2009.


Ciudad Agua   De todas las ciudades imaginarias, es la de esencia más poderosa. Allí se conjuga de manera fácil y natural el verbo fluir. Por lo mismo, el apego, la posesividad y el dogmatismo, son formas de ser que no se pueden experimentar en su acuatorio. Los que habitan Ciudad Agua practican la transparencia sin esfuerzo alguno. No obstante lo profundo de sus sentimientos, experimentan la emoción del contentamiento con muchísima frecuencia. Encontrarse en Ciudad Agua es un privilegio de purificación; es quizá la más cara a mi corazón, una buena parte de las sirenas que ahí habitan salen a platicar conmigo en las contadas ocasiones que la visito. Ellas me cuentan mil historias y yo las escucho con asombro y agradecimiento.   Noviembre, 2009.

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Ciudad Agua 2008. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm.


Masaru Emoto ha investigado y escrito mucho sobre el agua, su naturaleza, su inteligencia y sus infinitos dones. Aprender de ella es aprender sobre nosotros mismos.

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ADN Ciudad Agua I 2007. T茅cnica mixta sobre tela. 92 x 112 cm. Colecci贸n particular.


Somos, al nacer, 95% agua. Aun si nos toca morir muy viejos, ĂŠse serĂĄ el principal componente de nuestro organismo. Amar y cuidar el agua: dos imperativos de quienes mĂĄs entienden de la vida.

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ADN Ciudad Agua II 2011. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm.


ยกSabe tantas cosas! La mitad las calla; la otra, las canta. El mar. Lo marino, como todo lo grande, lo sientes y entiendes de golpe o no entiendes nada.

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C贸dice Marino 2011. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm.


Pasareid/J (Ciudad Desierto)   Es la más antigua de las ciudades imaginarias y la de más difícil acceso. Sin embargo, si tienes la suerte de acceder a su código energético, tu aliento se detendrá al contemplar el primer atardecer o el cielo azul profundo donde nacen todas las estrellas efímeras y Venus tiene el tamaño de la luna. Pasareid/J, Ciudad Desierto tiene como patrimonio el sol, las montañas más desnudas, las mejores noches de luna y el enorme rigor de la aridez y de los climas extremos que hacen que sus habitantes trabajen el doble para obtener la mitad. Pasareid/J tiene el encanto de la desnudez y de la extrema austeridad. La cultura del esfuerzo silencioso permite que sus tribus obtengan logros que de otra forma serían imposibles.   Noviembre, 2009.

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Ciudad Desierto 2009. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm.


La esencia de las raĂ­ces de mis principios y mis mĂĄs hondas convicciones, la del primer amor, la de las inclemencias y los grandes refugios.

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ADN Ciudad Desierto 2007. TĂŠcnica mixta sobre tela. 92 x 112 cm.


Sus habitantes saben leer el viento, descifrar el canto de las aves e interpretar los mensajes que sus dioses escriben sobre las dunas. Desde peque単os aprenden a obtener fuerza de las monta単as. Se la devuelven transformando la aridez externa en fecundidad interna.

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C贸dice Desierto 2011. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm. Colecci贸n particular.


Ciudad Green   Green es pacífica, exuberante y llena de círculos virtuosos. En su lenguaje todas las palabras se manejan por pares. Así, vida y árbol se escriben igual. La pronunciación tonal hace un sonido un poco más complejo en vida que en árbol. Para nuestros oídos, sin embargo, esto es imperceptible. Amor y respeto son otro ejemplo de estas duplas de homónimos. El vocabulario de un habitante de Green puede no ser muy extenso, ya que la incorporación de cada pareja de palabras sólo es posible si antes se han metabolizado en el repertorio de hábitos y conductas de cada persona. A diferencia nuestra, no pueden pronunciar una palabra que no tenga un contenido orgánico en su comportamiento cotidiano.     Noviembre, 2009.

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Ciudad Green 2009. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm.


El intercambio de amor-respeto con la naturaleza ha regalado a sus habitantes pieles afrutadas y labios siempre en flor.

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ADN Ciudad Green I 2008. TĂŠcnica mixta sobre tela. 92 x 112 cm.


Los habitantes de Green saben que hay una relaci贸n directa y significativa entre el v铆nculo de amor-respeto con la naturaleza y la capacidad de agradecimiento-ubicaci贸n.

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ADN Ciudad Green II 2009. Políptico. Técnica mixta sobre madera. 120 x 120 cm.


En el panteísmo de Green, las deidades principales son el agua y el ánima vegetal que, gracias al amor-respeto, ha desarrollado tal variedad de expresiones que la biodiversidad supera en mucho la capacidad taxonómica de sus académicos.

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C贸dice Vegetal 2011. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm.


Ciudad Tierra   Es aparentemente una ciudad más. Sin embargo, su naturaleza imaginaria se reconoce de inmediato porque sus laberintos interconectados conducen al mismo sitio: un observatorio astronómico que permite admirar el cosmos completo a partir de la contemplación del propio ser interno. La experimentación automática de las leyes herméticas hace a los habitantes de Ciudad Tierra particularmente conscientes de cada segundo de su vida. El brillo de sus ojos, por cierto, es muy impactante y remite a la sensación de plenitud que sólo la conciencia puede regalar.   Noviembre, 2009.

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Ciudad Tierra 2009. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm.


Nuestro piso, soporte, sustento y posibilidad de existir. Su riqueza mineral, sus rĂ­os subterrĂĄneos y vocaciĂłn de fertilidad; su olor y contundencia.

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ADN Ciudad Tierra 2008. TĂŠcnica mixta sobre tela. 92 x 112 cm.


Y quizĂĄ en el principio se pusieron de acuerdo el agua, el fuego, el aire y la tierra, y de su sorprendente complementariedad surgiĂł la vida en esta pequeĂąa brizna del universo.

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C贸dice Terr谩queo 2011. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm. Colecci贸n particular.


Ciudad Cangrejo A lo largo de los siglos, esta extraordinaria ciudad ha desarrollado un paradigma distinto sobre el desplazamiento que ha influido poderosamente en el pensamiento y en el quehacer de sus habitantes. La teoría es sencilla: es el caminar hacia adelante lo que genera tanto la sensación de avance, como la oposición y el choque antagónico de los otros. Han optado entonces por caminar lateralmente, permitiendo entonces fluir y convivir, progresando en diagonal —como lo hacen los alfiles— a un ritmo tan lento y cadencioso que no genera suspicacia. Noviembre, 2009.

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Ciudad Cangrejo 2009. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm. Colecci贸n particular de la autora.


El ritmo lateral tambiĂŠn genera pensamiento lateral, asĂ­ que la creatividad y el sentido del humor son un patrimonio creciente de los cangrejianos.

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ADN Ciudad Cangrejo 2010. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm.


Ciudad Cangrejo queda al norte y, en general, hace frío. Sin embargo, luego de pocos días de estar allí, el humor se hace más ligero y la sangre fluye con mayor prisa. En Ciudad Cangrejo es imposible estar triste. De hecho, y sin pretenderlo, uno se sorprende a sí mismo sonriendo sin ninguna causa aparente.

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C贸dice Cangrejo 2010. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm.


Ciudad Rondana A pesar de su apretada arquitectura y una cierta inseguridad causada por la sobrepoblaci贸n, Ciudad Rondana es muy visitada por todos aquellos que desean incrementar sus habilidades mec谩nicas. Improvisar y componer es algo que se practica cotidianamente. Por ello, en esta ciudad no existe el desperdicio, todo es reciclado y arreglado. Noviembre, 2009.

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Ciudad Rondana 2009. Collage sobre madera. 80 x 160 cm.


Los objetos —especialmente las herramientas— son muy apreciados por los rondaneros. Al transitar por sus calles se observan aparatos rodantes, voladores e híbridos en variedades nunca vistas. Existen diseños para distancias cortas y largas, para callejones y periféricos. El ingenio está en el ADN de sus industriosos habitantes.

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ADN Ciudad Rondana 2010. TĂŠcnica mixta sobre madera. 100 x 80 cm.


Ciudad Rondana es la mรกs urbana y la que tiene, sin duda, el mayor nivel de misterios en sus laberintos de concreto. En Ciudad Rondana existen incontables oportunidades para presentar proyectos, generar nuevas ideas, encontrar soluciones creativas, aprender las leyes de la supervivencia y sacar provecho de todo.

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C贸dice Urbano 2010. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 100 cm. Colecci贸n particular.


En Ciudad Cacao se vive con una alta dosis de endorfinas. Por más que sus habitantes se afanen en entender qué es el estrés, no pueden siquiera imaginarlo. Esta es la ciudad más sensorial, la que vive para aprovechar al máximo los cinco sentidos que fueran depositados en el magno diseño de un ser humano.

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Ciudad Cacao 2011. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 160 cm. Colecci贸n particular.


Encontrar el placer de vivir es una alta misi贸n en la existencia, es algo que honra esta extraordinaria oportunidad de estar vivos.

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ADN Ciudad Cacao 2011. TĂŠcnica mixta sobre madera. 100 x 80 cm.


˝La maestra Murillo, a través de sus códices, parece retomar la entrañable poética pictórica con la que los relatos prehispánicos fueron plasmados hace cientos de años por los artistas mayas o aztecas, dejando así registro de su vida, sus hábitos y sus creencias. Ella, usando madera, deja impresa en ella con una riqueza pictórica y simbólica equiparable a un gran volumen manuscrito, no sólo la historia de los pueblos que ella ha conocido, y los que ella ha imaginado, sino de alguna manera su propia historia que surge de la mezcla del recuerdo y del ahora.˝ Ma. Angélica González Dávila Mayo 2012

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C贸dice Cacao 2011. D铆ptico. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 200 cm. Colecci贸n particular.


˝Esta obra ha sido concebida y desarrollada por Patricia Murillo, quien además de pintora es psicóloga especialista en organizaciones. De allí su capacidad para desentrañar nuestro ADN. El Códice Higuera revela quiénes somos y hemos sido.˝ Heriberto López Romo 2013

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C贸dice Higuera 2013. T茅cnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm. Colecci贸n particular.


Mirada de abeja Galer铆a Turbina Ololiuqui. Junio 2014. Exposici贸n individual de 12 obras.

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MIRADA DE ABEJA Las flores son, casi siempre, el presagio del fruto: son efímeras por destino y desde el inicio de los tiempos han sido el mensajero dulce y siempre bien recibido de amor, solidaridad y alegría. El bienestar que generan a su alrededor es amplia y universalmente conocido y disfrutado; no se requiere haber estado en Provenza para saber lo que un vasto campo de lavanda trae a nuestro espíritu. La combinación epicúrea de sus extraordinarios diseños, colores y olores han sido admirados, cantados y exaltados por poetas, escritores, pintores y escultores. No hay celebración posible sin ellas, las flores prestan su afinada voz para que los tímidos digan con claridad el te amo que su garganta no alcanza a articular. La ciencia también aprecia los poderes curativos de estos seres sutiles, coloridos y fragantes. Me refiero a esas flores que crecen en nuestros campos y montañas; las silvestres, tan espléndidas como las que son producto de afanoso cultivo; las que detienen nuestra mirada y a veces nuestro aliento; las que nos roban una sonrisa y perfuman nuestros recuerdos; las que acompañan nuestra llegada y nuestra partida así como las que nacen de nuestras entrañas cuando amamos la vida. La flor espera con alegría la visita de la abeja, su eterna admiradora, quien la mira como nadie y es experta en tomar de ellas sus más ricas y recónditas esencias, dejándole la sensación de ser amada y respetada dentro de un binomio amoroso que es un culto a la libertad. Son las abejas quienes conocen con mayor profundidad el mundo íntimo de las flores, distinguen su perfume y su

sabor, su delicada y sorprendente anatomía, su irrenunciable feminidad y vocación nutricia. El mundo de las flores, desde la mirada agradecida de la abeja —insecto que disputa con la hormiga el galardón máximo de la laboriosidad—, ama las flores y toma de ellas su esencia agregando a la vida de la flor una vía regia de trascendencia. La flor sabe que la visita de la abeja es intencional y propositiva, sabe cuánto valora su síntesis líquida y perfumada. Sabe que la cuidará y la transportará para que se fusione en sus odres con las mieles de otras flores. La abeja la reta, se lleva su tesoro y ella sabe que lo puede multiplicar. Quizás lo que más le gusta a la flor de la visita de la abeja es su incisiva y sorprendida mirada, la mirada de quien la ama y la conoce sin perder capacidad de asombro. La abeja, por instinto y rutina, busca la flor. Una vez que la tiene cerca, se maravilla y conmueve, navega por laberintos y pistilos, se extasía al contacto de sus alas con los tiernos pétalos. La abeja sabe que sus ojos se nutren de los colores de la flor más que su cuerpo de la miel. Esta distinción es substancial: la abeja en realidad va a ver a la flor. Allí está su placer y el sentido de su vida. Al contemplarla recuerda que puede sacar néctar y llevarlo al panal, hace su trabajo con gusto y sin chistar pero, lo verdaderamente suyo, ¡es simplemente ver a la flor! Junio, 2013


FLORACIÓN INFINITA DEL ASOMBRO EN MIRADA DE ABEJA Al túnel minucioso de las flores me conduce el instante, al abrigo de alas mientras las redes líquidas murmuran al oído del sueño. Iliana Godoy

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˝De la imagen al código secreto nos conducen los cuadros de esta colección. Recordemos que en su búsqueda, Patricia Murillo ha explorado estos procesos reveladores del sentido oculto de las cosas. Claves genéticas, códices cifrados y ciudades imaginarias como manifestaciones de un posible universo que se actualiza en la mirada visionaria de la artista. Esta nueva exposición titulada Mirada de abeja, nos presenta doce cuadros. El doce simboliza el ciclo de las horas diurnas en su gradación de luz: de la transparencia al oro; del dorado a la llama, y del fuego a la sangre. Desde el deslumbramiento del primer destello al coágulo nocturno en lento declinar, culminamos la jornada del sol en cuadros como Pensamientos y Amapolas. Son doce los testigos del Elegido. Cada uno de ellos es una espiral que disemina su mensaje en las múltiples lenguas, confluencia de Babel. Se trata entonces de los ciclos completos y cumplidos, fuente de la abundancia a la que no le falta ni le sobra. Principio de la poiesis plástica que desarrolla su periplo en el acontecer de su expansión. Texto y significado, ambos indescifrables en su ser proteico, nuestra indagación se mueve de la mano de la artista al contemplar esta eclosión dinámica y sentir su multiplicación de células en un proceso de fecundidad sin límite.

Pero en la imposibilidad de agotar la innumerable transmutación vital, también nos asomamos al abismo insondable. Porque en eso consiste el carácter fractal de la naturaleza, que en un zoom vertiginoso nos hace ver galaxias al tiempo que avanzamos por escalas microscópicas. Así sucede cuando contemplamos una enredadera de bugambilias que desbordan los muros de piedra con su espuma de púrpura desmesurada. Esa vertiginosa plenitud está captada en toda su potencia en el cuadro que lleva el mismo nombre: Bugambilias. El paisaje de Morelos asoma asimilado como experiencia estética en el trasfondo de la colección. Poseedora de una lente con variaciones continuas de aproximación, Patricia Murillo nos invita a recorrer el mundo de las flores en su proceso de inagotable gemación en cuadros como Primavera y Tiempo de tabachines. De lo encriptado a lo manifiesto transita esta Mirada de abeja, con la velocidad de las pulsiones que dan cuerpo a la vida. Así, con esa urgencia por distinguir cálices rebosantes, su ensoñación, a la manera de Bachelard, se ancla al deseo más profundo de abrevar para siempre en la dulzura. Hay un espesor carnal en sus cuadros Orquídeas, Lotos, Frisias y Perfume de gardenias. Algo que nos recuerda el árbol lácteo de la teogonía náhuatl, capaz de mantener en un limbo placentero a los que mueren al nacer, intocados por la vida y por la muerte, eternamente embelesados, pendientes de la absorción sin límite, inmunes a la sed.


Todos hemos añorado el paraíso uterino de la satisfacción instantánea y la ausencia de riesgo; por eso nos sentimos íntimamente desterrados del edén, sujetos al deseo, por siempre renovado para restablecer nuestro equilibrio. Y como las abejas aguzamos los sentidos en busca de los jugos nutricios y la embriaguez de aromas. Viaje galáctico a la inversa, esta inmersión en las mieles de lo imaginario nos comunica el mensaje que nuestra sangre ya sabía, desde su historia inmemorial hasta su pretensión indeleble. Anhelo y obsesión de la huella persistente: nada tan difícil de borrar como los líquidos orgánicos; el color decantado por la alquimia más pura, como se puede percibir en los cuadros Pensamientos y Rosas rojas. ¿Y qué es entonces la memoria sino una red de solicitaciones, un mapa de señales? Desde aquellas escenas inmediatas que podemos asir, porque están al alcance de la mano, hasta la arqueología del primer recuerdo. Esta cartografía de lo que rescatamos como propio está relacionada, ciertamente, con la constante tensión entre carencia y saciedad. Esa es la brecha pulsional, el recorrido del péndulo que mide el pulso de la existencia humana. Y para estar a tono con este frío invierno, las frágiles guirnaldas de casahuates con su fondo terroso de montañas nos dan el ying y el yang en esta sinfonía de tonos complementarios. Pesantez y levedad, un tiempo alado de mariposas blancas corona la sierra de Chichinautzin: el típico casahuate, árbol cuya madera y flor dice la gente que no sirven para nada. Ese estatus comparte con la poesía y enhorabuena. No todo es explotable, porque el recurso más valioso es la belleza, cualidad intangible que no es mercancía, sino milagro y don. Dice Freud en su libro El malestar en la cultura que sólo el arte y el conocimiento nos brindan un refugio verdadero, ajeno a la caducidad, el desamor y el sufrimiento. “¿Quieres ser feliz? Cultiva tu jardín”, dice un proverbio oriental, y no hay mejor ocasión de hacerlo que esta colección de flores entrañables que se mecen entre erotismo y ensueño.˝ Iliana Godoy Diciembre de 2013.

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Mirada de abeja. ˝Cinco años de trabajo vieron nacer tres grandes series: Códices, Ciudades Imaginarias y ADN. Estas fueron expuestas varias veces en lo individual y finalmente juntas en una sola exposición llamada Trilogía, que tuvo lugar en el Jardín Borda, en Cuernavaca, Morelos. Después de esto, Patricia maduraba la idea de hacer un homenaje a O’Keeffe. Le impresionaba la manera tan cercana de mostrar una flor pero, ¿quién podía estar más cerca de una flor que una abeja? Nuestra artista comenzó con esta serie llamada Mirada de abeja. Doce cuadros que dan vida a doce flores que para ella significan algo profundo y simbólico y que “tienen legitimidad en su corazón.” Para Patricia Murillo, su obra la reformula, la reconstruye, la alimenta. Ella dice: “yo celebro muchísimo haberme fijado en las flores como un objeto de mi pasión”. Pintar flores es penetrar desde un ámbito de sencillez el símbolo de la vida, de la primavera, de la juventud, del presente, de la fragilidad. En fin, de la bondad de la naturaleza prolífica y providente. Pintar flores es también acercarse a las grandes inquietudes del ser humano: el nacimiento, la muerte y el renacimiento, en un ámbito natural de incesante evolución. A pesar de que estas narraciones se desarrollan en una atmósfera aparentemente dulce y colorida, la serie está dotada también de cierto dramatismo y tensión, lo que se manifiesta en algunos contrapuntos gráficos, un cromatismo enérgico, las

correspondencias simbólicas y los contrastes intensos. Me parece que cada nuevo cuadro abrió un espacio de exploración en el proceso creativo de Patricia Murillo, dando como resultado que la concepción orgánica de sus imágenes se vincule con la idea de la existencia como un flujo permanente. Patricia se mueve sin tropezar entre lo figurativo y lo abstracto, pues su obra es motivada no solamente por un orden estético, sino por consideraciones éticas y filosóficas. Ella inicia una indagación de la condición humana, tal vez partiendo de sí misma, mirando con agudeza hasta lo más pequeño para encontrar la anhelada respuesta y esto adquiere un aura particular en Ciudades Imaginarias y ADN. En Mirada de abeja, así como en Códices, me parece reiterativa una voluntad de trascendencia que inunda su obra. Su ejercicio pictórico confluye en la revelación de un torbellino metafísico buscando más que una esperanza, una condición trascendente del ser humano. La trayectoria de Patricia Murillo va revelando in crescendo su necesidad absoluta de la pintura, pues en su recorrido por diferentes instancias de la imagen —me refiero también a su arte objeto—, ha abarcado una magnitud tal del oficio que se ha vuelto una necesidad absoluta vivir en la pintura, habitándola, sintiéndola, practicándola, siendo para ella la forma vital de existir en este mundo. Es decir, convirtiéndose en la exteriorización de una ética de vida.˝ Ma. Angélica González Dávila Ciudad de México, enero de 2014


˝La primera de la serie fue Amapolas, flor que le recordaba su viaje a Marruecos, cuyos enormes campos vestidos del rojo de las amapolas del rey la impresionaron profundamente. Esta hermosa flor que mide hasta 50 mm de diámetro es una planta opiácea que simboliza el sueño y la muerte. Sus cuatro pétalos, que van del anaranjado al rojo, y su base generalmente negra llena de estambres cuyo fruto es una cápsula contenedora de abundantes semillas, se nos muestra desde una mirada cercana llena de pequeñas esferas que van y vienen entre los cambios tonales de la flor, dando la impresión de ir hacia una esfera madre o de venir procedentes de ella. Una esfera que flota sobre la flor como un universo en sí mismo que es contenedor de todo y al mismo tiempo, forma parte de un todo. La totalidad.˝ Ma. Angélica González Dávila

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Amapolas 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝El segundo de la serie, Pensamientos —del francés “pensés”, que poéticamente se relaciona con el recuerdo—, es un cuadro que ella describe como más abstracto. Representa las flores de la memoria a través de una explosión de colores morados, amarillos y rojos.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Pensamientos 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Tiempo después continúa su serie con el cuadro Tiempo de primavera, pintando una composición floral multicolor. Parecen, sin serlo, geranios; sin embargo surgen nuevamente estos universos esféricos, algunos unidos o encadenados y otros independientes. El cuadro hace referencia a la vida con sus universos esféricos multicolores, a veces microscópicos, a veces macroscópicos, todos en movimiento constante, semejantes a un entramado de filamentos alternados con vacíos que remiten a las formas esponjosas sobre las que está edificada la materia.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Primavera 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


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˝Siguió en la lista Tiempo de Tabachines, uno de los cuadros “que le costó más trabajo.” Los tabachines son arbustos que dan flores amarillas con rojo, aunque algunas veces son completamente amarillas. Florecen en el verano en la época de lluvias y se pueden encontrar de manera silvestre en las orillas de los arroyos y a los lados de los caminos, especialmente en Sonora. Nuevamente en la pintura, en donde el color rojo es predominante, surgen las esferas flotantes. Me recuerdan el Timeo de Platón, en donde escribe que la esfera “es la figura más perfecta y más uniforme, porque todos los puntos de la superficie equidistan del centro.” Cuarenta años después Parménides repitió la imagen: “el Ser es semejante a la masa de una esfera bien redondeada, cuya fuerza es constante desde el centro en cualquier dirección”. En la obra de Patricia Murillo, estas esferas aparecen sin cesar, tal vez como el Arquetipo del sí-mismo del cual habla Borges en “La esfera de Pascal”. Las características de un arquetipo son visibles particularmente cuando éste hace presencia de manera insistente, penetrando desde la parte inconsciente (conciencia colectiva) en una conciencia personal o individual. Por eso creo que vale la pena detenerse a meditar en la esfera como símbolo ancestral, tratando de encontrar el concepto abstracto más que el concreto y llegar así a la idea filosófica más profunda y universal.˝   Ma. Angélica González Dávila


Tiempo de Tabachines 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Tiempo de Casahuates, árbol que comienza su floración en noviembre. El Casahuate es un árbol mexicano de madera blanda que da flores blancas muy vistosas y crece en un bosque tropical. La artista coloca en su pintura las espléndidas flores bajo la silueta del entrañable y mágico Tepozteco, transmitiendo simbólicamente al espectador la energía que le dio gloria al pueblo Mexica, del que sigue siendo el imponente vigilante de los pobladores del lugar.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Tiempo de Casahuates 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Ahora viene en la lista la flor “que ella más ama”: las Rosas Rojas y que, casualmente, son llamadas también Luto de Juárez. La rosa es posiblemente la más emblemática de todas las flores. El fuego de la rosa roja en la mayoría de las culturas representa al amor, es la flor del cortejo por tradición. Con su perfume se han fabricado esencias, tés, remedios medicinales y hasta pócimas para el amor. En la antigüedad clásica, las rosas rojas se dedicaban a la diosa Venus y fueron, como la misma diosa, un símbolo casi arquetípico del amor y la belleza. La maestra Murillo las presenta cercanas, pintadas de una manera semi-impresionista, combinando el rojo intenso con el verde de las hojas logrando un efecto vibrante que adquiere especial vigor con los marcados oscuros que ella repartió en las hojas.˝ Ma. Angélica González Dávila

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Rosas Rojas 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Ella, la maestra Murillo, como mujer de contrastes, pasa de los rojos y morados intensos a los serenos y extraordinarios blancos de Lotos. El loto es el distintivo ancestral del arte en Asia. Significa la creación y la pureza. El tallo largo se asemeja al cordón umbilical que vincula al hombre con su origen. Así, el loto simboliza la iluminación, el anhelo esencial del alma humana. En el pensamiento oriental, el loto representa al sol que surge del océano cósmico; en el Brahamanismo, es el símbolo del nacimiento divino, pues Brahama nace del ombligo de Vishnú sentado sobre una flor de loto para crear el universo. La flor de loto representa también la rueda de renacimiento y si a esto le agregamos que nuestra artista insiste de manera reiterativa y persistente en acompañar a la flor con estas esferas mágicas que aparecen en el cuadro por todos lados, en los centros, en los pétalos, en las hojas de la flor, aumentamos su valor simbólico dentro de la pintura. La flor misma también pone de manifiesto este simbolismo por la peculiaridad de abrir y cerrar sus pétalos en la alborada y en el crepúsculo, recordando una naturaleza cíclica que nace, muere y renace. Ella decide colocar las flores sobre un espejo de agua, que en la cultura occidental es símbolo de creación y que remite a la frase entrañable del Génesis: "el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Lotos 2013. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝En esta afortunada lista de flores siguió Gardenias, cuadro en el que retoma la blancura exquisita de Lotos y que maneja con un dominio singular. Este es mi favorito por la delicadeza de sus tonos, por la riqueza de su composición y por el movimiento musical de las múltiples esferas que vienen y van en torno a los finos y delicados pétalos blancos. El movimiento de estas pequeñas esferas remite a los ciclos de las mareas y la luna, de los átomos y los planetas. Es la materia en un tiempo y un espacio, pero en perpetuo movimiento. La artista hace gala de inspiración y talento, de técnica y buen oficio, logrando en esta obra un resultado excepcional.   Ma. Angélica González Dávila

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Perfume de Gardenias 2012. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Seguimos con las Bugambilias, cuadro en el que Patricia regresa a los tonos rojos y violetas. El morado es un color de transformación al más alto nivel espiritual y mental; en la meditación es un antídoto contra los miedos y un vigoroso aportador de paz. En este cuadro aparecen de nuevo las esferas, unas blancas, otras moradas y algunas en forma de espiral, haciendo referencia al movimiento cíclico y perpetuo de la naturaleza: nacimiento, muerte y renacimiento. La sucesión creciente de acontecimientos de la vida que se renueva cada día.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Bugambilias 2013. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Musa alegre del reino vegetal Nos tienes por demás embelesados La fastuosa selección natural Torna los corazones agitados Tan evolucionada estratagema Tanto ingenio de la naturaleza Las preciosas orquídeas son emblema De tan maravillosa sutileza˝   Dr. Salomón García

˝Tiempo después pinta Orquídeas, cuadro que, como ella dice, es el más O’Keeffeano, pues la mirada a la flor es más cercana que las anteriores. Cualquier pintor reconocerá que la pintura es una prolongada charla con otros pintores sostenida a través de la Historia del Arte. En esta plática habrá un intercambio activo, en donde lo nuevo podrá partir de lo pasado dando paso a otras posibilidades expresivas. La orquídea, flor que simboliza la pasión del amor irresistible y la entrega total del corazón, es una flor sofisticada, sensual y elegante que por su delicadeza y agradable fragancia se ha convertido en una de las flores que representa al lujo, siendo algunas de ellas emblemáticas. Las hay de todos colores, pero ella escoge el amarillo para mostrarlas con un detalle excepcional, haciendo un acercamiento cálido y luminoso, como si la luz del sol las bañara alegremente de oro, mostrando brillantes las epicúreas formas de sus polínios.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Orquídeas 2013. Técnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Después de esto, ella va una mañana con su amigo florista, el Conde, al mercado de abastos y le presenta unas flores adorables llamadas Anémonas, por las cuales ella se siente cautivada y se trae un ramo para sentirlas y pintarlas. Las hay de color escarlata, blanco, carmesí, azul y púrpura pero la artista, con espíritu impetuoso, retoma el rojo y el púrpura para mostrarlas muy de cerca, con sus centros oscuros y fractálicos en donde ella decide marcar el detalle. Siguen surgiendo las pequeñas esferas que acompañan en alegre movimiento a las flores, recordando que nada es estático, que el presente es efímero y que con el devenir del tiempo viene también el cambio.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Anémonas 2013. Técnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


˝Al final vinieron frisias, flores de intensos amarillos que ella describe como “brutalmente perfumadas” y que detalla con particular intención. Estas flores aparecen en el verano, como racimos que cuelgan del árbol y son interpretadas por la artista a través de formas sensuales. Una multitud de florecillas de diversos tamaños nos remiten a la idea de abundancia y parecen surgir del verdor generoso de la tierra. Todas ellas diferentes, con sus centros de distintos tamaños haciendo contrapuntos visuales, enriquecidas por intensas luces blancas. Frisias fue el cuadro conclusivo de la serie.˝   Ma. Angélica González Dávila

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Frisias 2013. TĂŠcnica mixta sobre madera. 80 x 120 cm.


Patricia Murillo

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Patricia Murillo   Psicóloga de la UNAM con postgrado en Bath, Inglaterra. Autodidacta en artes visuales con el apoyo del Sumi-e con el maestro Okamoto; experimentación plástica con el maestro Edgardo Kerlegand; encáustica con la maestra Brigitte Von Ahn y Diplomado en Arte Contemporáneo del Instituto Cultural Helénico.


Ă?ndice

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Semblanza

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Semblanza Patricia Murillo

Patricia Murillo es una artista visual nacida en Chihuahua. En más de dos décadas ha realizado once exposiciones individuales y ha participado en múltiples muestras colectivas. Su pintura y las temáticas que aborda reflejan la riqueza y versatilidad de su perfil como psicóloga, profesión que ha ejercido con amplitud, profundidad y éxito. Su obra convoca animales, sirenas, flores, ciudades imaginarias, quimeras y códices; y sus cuadros abstractos sobre ADN reflejan su pasión por llegar al fondo de las cosas. Patricia trabaja sistemática y consistentemente en su taller de Tepoztlán, Morelos. En ese lugar privilegiado nacen sus obras, lo mismo sus pinturas que sus piezas de arte objeto. Asimismo, participa activamente en esta comunidad en el equipo directivo del MAT (Movimiento Artístico de Tepoztlán). Patricia se distingue por ser una artista abierta al diálogo, razón por la cual coleccionistas de su obra disfrutan tanto del lenguaje sin palabras de sus creaciones, como de la forma en que ella habla libremente sobre las motivaciones e historias que las originan en el vasto universo de su fluida creatividad. La madera es el material sobre el cual Patricia suele pintar utilizando técnicas mixtas para lograr la contundencia de textura y color que sólo la sabia combinación de tintas, acrílicos

y óleo puede alcanzar. A su vez, el arte objeto le permite expresar su vocación como coleccionista avezada en la selección y ensamble de objetos, su habilidad para generar representaciones simbólicas y su agudo sentido del humor. Creadora autodidacta para quien la principal maestra ha sido la pintura, Patricia ha nutrido su visión, adicionalmente, con el apoyo de Toru Okamoto, maestro japonés quien le enseñara la exigente técnica de sumí-e; del maestro Edgardo Kerlegand, con quien realizó experimentación plástica durante un largo período; y del maestro Francisco Benavides, a través de un diplomado de arte contemporáneo que sin duda retó y enriqueció su mirada. En el año 2006 se editó su primer libro con una retrospectiva de sus primeros15 años de trabajo. Ahora, casi una década después, presenta esta compilación de su trabajo, en el que ha concedido mayor espacio a Trilogía y a Mirada de Abeja, dos colecciones en la que ha trabajado por más de 7 años.   Textos de Carlos Villanueva, de la Dra. Yliana Godoy, la maestra María Angélica González Dávila y Ángel Valenzuela dan contexto y riqueza a esta obra.


Contraportada

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Avances libro patricia murillo 23 marzo