Chasqui Perú Año 43 – 364 Junio 2014
“El Corazón traspasado de Jesús nos abre a la profundidad del misterio de Dios y al dolor de la humanidad.” (Const. N° 8) Dirigir nuestra mirada al Sagrado Corazón de Jesús, es contemplar la intimidad de Dios; es asomarse a Su interior y descubrir que late ahí un corazón encendido de amor hacia la humanidad, es poder penetrar en lo más íntimo, al centro mismo de Su ser, en Su esencia y encontrar que verdaderamente es SÓLO AMOR. Para Magdalena Sofía este Amor la acompañó y la llevó a una entrega al Corazón Divino, no como una devoción, sino en una consagración que la motivó a fundar nuestra Sociedad “Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús”, la cual recibió el carisma de “Manifestar el Amor del Corazón de Jesús”; impulsándola a educar personas que continuaran la obra allí donde las religiosas no podían ir. Sociedad que acogiendo este testimonio, se consagró también a este Misericordioso amor y desde su día a día, desde sus servicios, cruzan el puente de la vida del lado de quienes desde su pequeñez, comparten su grandeza: lo esencial de Aquel primer AMOR, enseñándonos a ser humildes, solidarias y a compartir de su generosidad; humanidad herida que pide a gritos que su dolor no sea olvidado, sino, acompañado en sus búsquedas de crecimiento, de su dignidad como personas, de dejarse moldear, transformar. La misericordia de Jesús no es sólo sentimiento, es más, es una fuerza que da vida, Jesús nos dice, como lo recuerda Juan en su evangelio… “No sólo amen, sino permanezcan en mi amor”; si todos contempláramos este precioso Corazón, sin reducirlo al sentimentalismo, un Corazón que se conmovió hasta las entrañas, que supo llorar ante la muerte del amigo, que se hizo uno con el sufrir de los últimos, que “amó como el Padre lo amó” entregándose a su voluntad hasta la cruz, y quien por amor nos devolvió a la vida; si nos conformáramos cada vez más a Él, desde los pequeños detalles, todo sería diferente, empezando por la PAZ que tanto deseamos. Lo cierto es que si verdaderamente nos sentimos llamadas e impregnadas del “Un solo Corazón y una sola alma en el Corazón de Jesús”, sabremos compartirlo naturalmente, fluirá como “la sangre y el agua del costado abierto”, que nos alimenta con vida renovada aún en el