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Jóvenes del Sagrado Corazón voluntarios en América Latina y el Caribe -T e s t i m o n i o s “La visión de formar adoradoras apasionadas por la vida y capaces de transformar el mundo… Las Religiosas del Sagrado Corazón estamos convencidas de que nuestra espiritualidad tiene algo importante que decir al mundo de hoy y queremos compartirla con los y las jóvenes de una manera creativa y vivificante, conscientes de que muchos/as están sedientos/as de la experiencia del amor de Dios... Caminamos con ellos y ellas compartiendo nuestra sed y nuestras aspiraciones, uniendo nuestros esfuerzos para construir un mundo conforme al Reino de Dios”.

Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, Capítulo General 2008.


Testimonio CUBA… Nayadeth Vega.

Nuestra única seguridad, el riesgo… Septiembre 2013. Decidir vivir una experiencia de voluntariado por un año lejos de todo lo que había conocido hasta ahora; no fue un proceso tan fácil, vivir en la comunidad con las rscj, era también un desafío, me invadieron los temores y las inseguridades semanas antes de partir a la experiencia. Hace ya seis meses que vivo en Cuba, en la ciudad de Sancti Spiritus, y estos primeros meses han sido de “integración”, conocer lugares y personas, adaptarme al clima tropical, a la cultura y ritmos de este pueblo trabajador, persistente, cariñoso y esforzado. Han sido meses en que el Señor me ha regalado la gracia de experimentar su amor por medio de la acogida, la cercanía y el cariño de los niños, adolescentes, jóvenes y mujeres con las que tengo el gusto de relacionarme todas las semanas en las diferentes actividades que realizo. Mi semana se distribuye en las siguientes actividades:  Bibliotecaria de la Parroquia del Espíritu Santo.  Monitora Taller de salud mental  Monitora grupo de adolescentes de Guasimal  Catequista de niños en Tunas de Zaza  Catequista de niños y adolescentes en Kilo 12  Acompañar grupo de jóvenes Parroquia N.S de la Caridad del Cobre. Además durante el verano realizamos campamentos infantiles (colonias) en todos los lugares donde prestamos servicio, participé de la misión diocesana en Camajuaní y nutrí mi corazón en ee.ee de 8 días en La Habana. Sin duda los campamentos son la actividad más fuerte del verano, este año participaron 4 voluntarias extranjeras (además de mi), una religiosa de EE.UU, 5 voluntarias de La Habana y 13 jóvenes de la pastoral juvenil de Sancti Spiritus. Esta experiencia, en que atendimos 11 lugares y más de 300 niños, me confirmó que la espiritualidad del Sagrado Corazón traspasa fronteras y es un estilo de vida que muchos jóvenes compartimos hoy. Quisiera poder transmitir todo lo que he vivido en estos meses de misión en esta isla, son tantas las emociones, sensaciones, experiencias y desafíos que sólo puedo decir que vale la pena dejarlo todo para seguir las invitaciones que el Señor nos hace en la vida, como dice Filipina: Nuestra única seguridad: el riesgo… El riesgo de encontrar un pueblo como el de Cuba que me enamora día a día.


Testimonio ARGENTINA – URUGUAY… Lisette Zúñiga, Massiel López y Karin Rössner

Fe, servicio y amor. Son las palabras que podrían definir mi experiencia de voluntariado en Montevideo. El viaje comenzó con tres ex alumnas del Sagrado Corazón, que movidas por el espíritu inquieto del amor a Jesús, se embarcan en un proyecto dedicado a compartir y servir en comunidad. El envío significó que yo siguiera mi camino a Montevideo y fue así cómo la comunidad de Santo Domingo me recibió con un calor y acogida que hasta ahora me emociona recordar. En el barrio Bella Italia comenzó mi aventura que principalmente si dirigió al servicio y acompañamiento de niños. En las actividades de recreación y juegos pude conocer más de la cruda realidad que viven en el asentamiento en donde están ubicados: mucha inseguridad, viviendas muy poco dignas y falta de servicios básicos. Significó ser abierta a conocer historias y experiencias de vidas bastantes crudas, por boca de los mismos niños. En la vida en comunidad con las hermanas se entablaban lazos muy lindos de fraternidad, compartía con ellas sus momentos de oración y planificación de las actividades. Luego vino el tiempo de la misión joven San Francisco Javier en Mercedes. Fue una semana hermosa donde nos pudimos reunir las tres y compartir algo de lo vivido para hacer frente a un nuevo trabajo ahora con un grupo de jóvenes (entre ellos argentinos y uruguayos) para insertarnos en un pueblo a misionar. El encuentro con la diversidad abrió en mi un camino de fe y servicio que no conocía. El compromiso juvenil por la misión me llenaba profundamente el corazón y me impulsaba a continuar con lo que el Señor me había invitado. De vuelta en casa, mi trabajo fue acompañar a los más pequeños en el proceso de adaptación en el colegio Sagrado Corazón de Paso Carrasco en Montevideo. Mucho cariño y ternura me llenaron durante esos días. Ya en Chile, me siguen sobrando palabras de agradecimiento a las hermanas que amorosamente nos recibieron, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Sin duda, el Espíritu del Señor habita en ellas y las impulsa en su desborde de servicio, fuerza y amor al Corazón de Jesús. Sumados a ellas, mi corazón se vino cargado de rostros y nombres que llenaron mis días de voluntariado, nombres que ya están marcados en mi vida y que vuelven conmigo a mi Chile querido, para que, con la ayuda del Señor, hagan que esta experiencia de fe, servicio y amor viva en mi corazón y se vuelva obra y presencia en mi vida cotidiana. LISETTE ZÚÑIGA. 2014.


“Comunidad, Amor y Servicio” Estas tres palabras fueron las que marcaron nuestra experiencia en Reconquista, en el Barrio la Cortada. Donde conocimos una comunidad marcada por el amor hacia Cristo y hacia los demás. El inicio de nuestra experiencia fue bastante incierta, no sabíamos a lo que íbamos, no conocíamos el lugar, ni a las personas, ni a las religiosas, sólo sabíamos el nombre, y que estábamos dispuestas a ayudar y al momento de llegar fue un golpe de realidad, de una realidad un tanto o muy distinta a la de Chile. El primer día que llegamos conocimos un poco el barrio, las hermanas nos mostraron el entorno al que nos afrontaríamos y nos presentaron a personas con las cuales ellas trabajan durante el año. Llegamos en una fecha en que las hermanas retomaban recién sus actividades por lo tanto no había nada preparado aún, nosotras queríamos hacer algo, así que nos organizamos rápidamente y comenzamos nuestra primera actividad, que sería con los niños del “Callejón”; actividades recreativas que ellos llamarían “escuelita”. Ver las caritas de los niños al realizarle esas actividades, esa alegría que irradiaban, como eran felices con juegos que hacíamos en conjunto, como apreciaban cada cosa y detalle que uno hacía y como a los pocos días de transitar por el lugar nos reconocían y gritaban “seño”, era lo que al final del día agradecíamos y cuando nos sentíamos más contentas. Mientras realizábamos la escuelita con los niños, nos surgió una nueva oportunidad de servicio en el Hospital de Reconquista, en la cual en las mañanas Karín iba a prestar su ayuda y compañía a las recientes mamás del área de maternidad y neonatología y por las tardes Massiel iba al área de Terapia Física y Kinésica del mismo hospital. También participamos de las actividades que las religiosas de la comunidad hacen en conjunto con personas del lugar, las cuales son la compañía a personas que se encuentran en la cárcel y también actividades que un grupo de adultos organiza con adolescentes en situación de calle, donde mientras jugábamos ajedrez y pingpong, conocíamos en mayor profundidad la realidad de ellos, fueron unas gratas horas de conversación y se notaba el avance que han logrado algunos de ellos. Durante nuestra experiencia de Voluntariado en Reconquista, logramos tener una experiencia de Misión de 7 días en Mercedes, Uruguay, era algo completamente distinto a lo que estábamos realizando en La Cortada, una experiencia de Misión en conjunto con 160 jóvenes más, era algo único y reconfortante. El lograr compartir con otros jóvenes y con las personas de los distintos pueblos, el amor hacia Cristo fue vivencia que colmaba aún más de alegría y que nos dio la fortaleza y motivación necesaria para volver a Reconquista a finalizar nuestras actividades ya que nuestro mes de Voluntariado ya acababa. Todas estas actividades son las que por un poco más de un mes realizamos en La Cortada, de cada una de ellas nos llevamos lo que aprendimos, lo que escuchamos y vivimos. Estamos realmente agradecidas de los niños y las personas del barrio, por ayudarnos, compartir y hacer realidad nuestra experiencia de voluntariado, pero también agradecer por las religiosas Mercedes, Vanesa y María Asun que fueron las nos acogieron, mostraron y enseñaron la vida en comunidad y lo hermoso y gratificante que es ayudar al que lo necesita.

MASSIEL LÓPEZ Y KARÍN RÖSSNER, 2014.


Testimonio CUBA… Consuelo Marín. Valparaíso, 20 de Octubre 2011.

“A ti te he llamado por tu nombre” Hoy escribo unas palabras para mi querida Cuba… Sentada en la escalera de mi actual casa de Valparaíso y con el sol tibio que calienta mi espalda, me dedico a escribir mi experiencia del voluntariado de la Cuba que tanto quiero y que llevo dentro. Han pasado ya siente meses desde mi regreso a Santiago de Chile, siete meses que me hacen volver aquietar mi corazón y poner en palabras eso que hoy llamo Cuba de mi corazón. La Habana y Sancti Spiritus, lugares que recuerdo con mucho cariño, que si bien son parte del pasado, siguen siendo tierras muy presente día a día. Primero quisiera comenzar agradeciendo: Cómo no partir primero por ese Ser Espiritual tan grande y tan pequeño entre todos, Dios, Jesús, o como se llame, aquel que me ha guiado por tanto tiempo y a quien misteriosamente sigo amando a pesar de tantas heridas. Gracias a Él, tengo posibilidad de saber ensanchar el corazón donde quiera que esté. Mis segundos agradecimientos y este es el que más me gusta son para “mis monjis”, estas mujeres del mundo, esas mujeres valientes que luchan por continuar construyendo caminos desde el amor y con amor para todos. Dos comunidades de RSCJ, dos comunidades humanas, con las que tuve el privilegio de compartir risas, llantos, compañerismo y sobre todo amor. A estas dos comunidades quiero agradecer y dedicarles estas palabras. Un viaje… misterioso, un viaje de perfección, un viaje donde pude seguir ensanchando el corazón un viaje que aún sigue conmigo. Llegué a la Habana donde me encontraría con Mi Ada Madrina “Ada Martínez”, no sabía si tenía escoba o una varita mágica que me haría volver a reencantarme del mundo, de lo sencillo, de lo misterioso. Pero no, Ada Madrina no llegó a buscarme, sino que en el aeropuerto me encontré con la Nieve “Nieves”, una española pequeña, con una sonrisa y un cartel amarillo que decía mi nombre Consuelo, junto a Tupi, gran hombre y compañero. Así comienza mi estadía y que se titula “A ti te he llamado por tu nombre”. Y así fue, me llamo a mí, “Consuelo”, que simplemente se resume en amar y dejarme amar por Dios y por todo ser humano. Con el paso de los días fueron ocurriendo muchas cosas, me encontré con mis monjis, mujeres llenas de historias, llenas de vivencias, donde poco a poco fueron robando mi corazón. Si bien no fue fácil que yo me robara el de ellas, con cariño y perseverancia se fueron abriendo caminos de encuentros con cada una y donde fue posible el vínculo más allá de las diferencias de edad y experiencias. Nos aprendimos a conocer y a respetar desde quien nos unía profundamente, Jesús así lo llamábamos. Creo que eso fue una de las cosas que marcó mi experiencia en Cuba, si bien el encuentro con la gente, con el rostro de Cristo en toda Cuba, en el dolor, la injusticia, las risas, oraciones entre muchas otras cosas, me enseñaron de lo que es Cuba donde a pesar de sus heridas, el cielo azul profundo con que me despertaba cada mañana me hicieron sentir, oler y mirar una Cuba llena de amor y verdad. La oportunidad de haber compartido con estas dos comunidades de tanta diversidad, de tanta entrega humana y sabiduría, me hacen hoy en día recordarlas y seguir sintiendo que soy parte de ellas, en la distancia, en la valentía, sencillez y experiencias diaria, me hacen sentirme orgullosa de poder transmitir quienes son las RSCJ de Cuba y del mundo entero. Sólo quiero agradecer, hoy queda en mi corazón alegría y agradecimiento de poder haber estado en ese otro pedacito de Cielo (porque el primero es mi Michaihue querido). Mi experiencia sin expectativas, y abierta al encuentro, hoy en día me animan a seguir construyendo, (ese “reino” que mi monji querida me lo dijo al oído cuando yo estaba partiendo), como también su frase “no te dejes herir, y no hieras”, eso es lo que Cuba trasformó en mí, eso es lo que hoy quisiera seguir junto a otros amando y dejarme amar por ellos.


Testimonio HAITÍ… Conti Soublette y Enrique Quispe.

Si aprendemos a amarnos tanto como lo hace Él con nosotros, no habría hambre, injusticias ni pobreza. Quisiera compartirles lo que fue mi experiencia de voluntariado en Haití durante el mes de Octubre del año 2010. Junto a Enrique, una gran compañía y ahora un gran amigo también, partimos esta aventura conociéndonos en el aeropuerto. Había nerviosismo y muchísima incertidumbre por todo lo que iba a pasar, pero también sabíamos que era Dios quien tenía que mandar esta invitación. Casi al llegar a Puerto Príncipe, capital de Haití, desde el avión ya se podía apreciar lo que el terremoto había destruido; se veía desde las alturas muchas casas sin techos, sectores habitados con casas hechas improvisadamente y las fogatas que acompañan para poder cocinar. Desde arriba el paisaje fue un tanto desolador. Cuando llegamos, nos costó un rato encontrarnos con las monjitas, pero finalmente pudimos ver el famoso letrero con los nombres de cada uno escrito por Suzanne Rscj. La verdad es que estar en Puerto Príncipe fue para mí bastante fuerte; mucha basura, el tránsito muy desordenado, todo derrumbado y lleno de escombros sin recoger (ya habían pasado 10 meses desde el terremoto de Enero), y sobretodo mucha gente que se nos acercaba pidiéndonos plata o comida. Junto a Suzanne nos fue a buscar también Judith y un tiempo después llegaría Josefa a la casa. Al día siguiente partimos nuestro viaje a Verrette, pequeña ciudad más rural que queda relativamente cerca de Puerto Príncipe. Es un lugar hermoso, la gente muy acogedora y todos realmente lindos. Son personas que a pesar de toda la pobreza en la que viven, siempre están con una hermosa sonrisa y pareciera que sus almas estuvieran absolutamente puras. Los primeros días fueron difíciles, porque no había un trabajo concreto en el que yo pudiera ayudar porque no sabía hablar creole (error!), idioma que además es muy difícil porque hablan rápido y, al igual que los chilenos, acortan las palabras de manera exagerada. Pero al paso de los días eso se transformó en un desafío personal que me permitió poner todos mis sentidos para conocer Haití y su gente.


Además fue una oportunidad para tener mayor rato de oración, lo que finalmente se convirtió en una rutina necesaria para comenzar el día. En esta experiencia, yo les podría decir que me sentí tremendamente regaloneada por Dios. Fue reafirmar que está siempre conmigo, que me quiere mucho y que puedo contar siempre con Él.

Yo me preguntaba mientras estaba allá, como me podía sentir tan querida por Él si había tanta gente que estaba sufriendo. Me inserté en una escuela para mujeres apoyando las clases de español, inglés y educación física (yo no hago deporte, pero fue una gran experiencia jaja), además acompañaba las labores de Enrique en el consultorio y hacía clases particulares de español. Y en esos lugares, hubo días que el panorama era muy desolador. Guaguas absolutamente desnutridas, mujeres con infecciones muy graves, niños en la calle pidiendo comida porque tenían hambre (en creole gragoo), se sumó además el cólera…y la pregunta seguía presente sin respuesta. ¿Saben qué? Quizás la respuesta no la tengo y tres veces he dado testimonio de esta experiencia y la gente queda quizás un poco angustiada. Pero solo les puedo decir, que al estar en ese lugar, estoy segura que muchas personas han podido sentir a Dios como a mí me pasó. Y ese regaloneo, quizás sea lo único necesario para vivir feliz en este mundo. Espero nosotros aprendamos a amarnos tanto como lo hace Él con nosotros; así no habría hambre, injusticias ni pobreza. Gracias a Suzanne, Matilde, Josefa y Judith, todas grandes Rscj, quiénes nos acompañaron con profundas conversas y reflexiones que me hicieron sentir vibrar el corazón y hacer que la colonia sea hoy para mí, el olor más rico que puedo oler.


Testimonio PERÚ: LAYO, CUSCO…

Carela Castillo V.

Mis manos quieren parecerse a las manos de las personas que veo a cada instante por el camino… Layo, Cusco, 23 de Agosto de 2012

Luego de tener la experiencia dada por un mes y medio de vivencias en la Comunidad de Layo, puedo expresar, primero, mi gratitud por estar acá. Siento, que como en toda mi vida, Dios me ha bendecido y me regala esta gran oportunidad de descubrir, aprender y construir, junto a las Religiosas del Sagrado Corazón, su Reino, en un lugar privilegiado por la belleza del Lago, las montañas de la Sierra y la naturaleza y armonía de todo lo que mis ojos pueden ver cada día. Aprovecho de agradecer también a las hermanas de la Comunidad de Layo que me han acogido muy cariñosamente y han confiado en mí para participar en su misión. Gracias por su alegría y disposición y su energía para emprender que ha llenado mi espíritu. La mayor parte de mi trabajo ha estado vinculado a los niños de Layo y de las comunidades cercanas, niños que me han robado el corazón, al ver sus pies casi descalzos, sus manitos y caritas quemadas por el frío y por el sol y que necesitan tanto afecto y cariño. Verlos me impulsa a demostrarles, a través del juego y del estudio, que ellos tienen grandes capacidades, que pueden lograr sus objetivos, que son fuertes y herederos de una cultura rica y maravillosa. En ellos veo a Jesús, presente en los pobres y más débiles. Un gran desafío que tengo que asumir es el trabajo en el CEBA, preparando y haciendo clases de comunicación. Tengo toda la intención de enseñar lo que más pueda y de la mejor forma posible, aunque sé que en el fondo serán mis alumnos los que me enseñarán más a mí.


Todo lo que he podido observar y absorber al ver el trabajo en el Sur Andino me llena de esperanzas en un cambio por la libertad, la justicia y la lucha por los Derechos Humanos. Veo a las Religiosas como mujeres visionarias que, a través de su compromiso cristiano y social reivindican al pueblo, especialmente a las propias mujeres olvidadas de esta parte del mundo, no sólo porque luchan por conseguirlo, sino, sobre todo, por su ejemplo de vida. En este pequeño tiempo he visto también las necesidades del pueblo peruano, no muy lejanas a las necesidades de mi propio país y siento que estos problemas que son tan propios de los pueblos latinoamericanos, como la desorganización política, la falta de justicia, la persecución de la verdad, la discriminación, la pobreza, el neoliberalismo que desgarra la riqueza de nuestra tierra, más que separarnos nos unen en una causa común: Buscar la Verdad, la Justicia, la Libertad, viviendo la Solidaridad y el Amor, que son los valores del Sagrado Corazón de Jesús. Incluso he sentido como responsabilidad propia restaurar los lazos tan débiles que unen a peruanos y chilenos y creo que esta pequeña misión demuestra que somos un mismo cuerpo y que podemos construir juntos. Tengo el alma contenta y el corazón agigantado de tanto aprendizaje y por descubrir a Dios en cada momento. Aún no veo claramente todo lo que el Señor quiere regalarme y seguramente hasta mucho tiempo después que esta misión termine no lograré descubrirlo en su plenitud, sólo sé que las cosas que hago las hago con alegría y con el corazón dispuesto a recibir y entregar amor, ese amor que solo puede brotar del Corazón más hermoso que conozco, el de Jesús. Mis manos quieren parecerse a las manos de las personas que veo a cada instante por el camino, en ellas Dios ha querido dejar las marcas de esta experiencia, que espero nunca se borren y me den fortaleza para hacer de mi vida algo trascendente para otros y así demostrar el amor del Corazón de Jesús en el mundo, en el pequeño mundo que he podido recorrer. Carela Castillo Valdés, Profesora de Historia y Ciencias Sociales Colegio del Sagrado Corazón, Concepción, Chile


Testimonio CUBA… Florencia Marín.

Mi objetivo principal fue inundarme de todo. Florencia Marín. Julio 2012 Cuando pienso en el voluntariado de Cuba, se me vienen a la cabeza inmediatamente infinitos encuentros, conversaciones, oraciones, paseos, amigos, gratas compañías, aprendizajes desde las diferencias y mucha entrega en todo sentido. Todo lo vivido en un mes, hizo que pudiera conocerme de un modo que yo jamás pensé. De principio, cuando llegué, percibí que estaba en un lugar tan diferente. El uso del lenguaje, el clima, las costumbres, todo era tan distinto, sin embargo todo era tan enriquecedor. Desde ahí pude aprender a estar en silencio, callar y observar desde aquello que yo traía. Observar cómo es que las cosas que sucedían tenían tanto sentido y significados, como es que la gente podía expresar tanto y de modos tan diversos. Recuerdo que cuando llegué pude experimentar en la expresión de la gente, la alegría del lugar, el calorcito húmedo del aire, la amabilidad, la sencillez y simpleza de cualquier acto, silencio, mirada. Esa mirada tan honda, de cansancios, expectativas, sueños por cumplir. Mi objetivo principal fue inundarme de todo. Así, desde lo que había, pude integrarme colaborando en actividades concretas; colonias para niños en esa época de invierno para los chilenos y verano para ellos. Trabajamos en distintas localidades de Sancti Spiritus, haciendo visitas a la casas, yendo a comprar colaciones, repartiendo café en el asilo, conversando con cualquier persona que tuviera espacio, ganas y tiempo de hacerlo. Todo lo que se hiciera era necesario y enriquecedor de algún modo. Cualquier cosa en la que pudiera ayudar tenía sentido para mí, desde lo pequeño a lo grande, cualquier cosa cobraba vida y eso, precisamente era lo que más me llenaba, el regalo más inmenso que saco de esta experiencia. Poder entender que nada de lo que allí pasaba, nada de las sensaciones que yo sentía, cualquier encuentro con el otro y conmigo misma eran situaciones perfectas que llenaban la vida en ese momento. Oraciones compartidas, preparadas por cada una, eran espacios de encuentro en los que podía ir revisando todo lo anterior, dándole un sentido fuerte a la experiencia.


En mi caso, tuve momentos en los que me enfermé varias veces, tuve que pasar días completos en cama, cuidándome de no comer demasiado. Eso me frustró un poco, por el hecho de no poder estar participando en algunos días de las actividades que se estaban realizando, sin embargo, pude darme cuenta del otro contacto, esa delicadeza con la que me cuidaban, el tiempo que se daban de estar conmigo acompañándome, desgastándose por mis necesidades. Sentí familiaridad por eso y agradezco esas muestras de amor por parte de cada una de las personas con las que tuve contacto. Las religiosas, gran compañía para la vida. Un estilo de vida misionero que nunca cesa, ya que entiende que la necesidad de la gente es urgente e inmediata. Los amigos, esos que se daban el tiempo de mostrarte su lugar, compartir sus sueños, expectativas y deseos. ¡A ellos los recuerdo con tanto cariño!, hecho tanto de menos sus sonrisas, las discusiones de política y la visión que tenían de su propia realidad difícil, lo que aún así, no les quitaba la alegría, las ganas de bailar, el respeto por el otro ni su propia conciencia de dignidad. Respeto mucho al pueblo cubano, a las hermosas familias, el trato respetuoso entre personas, a los ancianos que tan sólo esperaban de ti una taza de café, un oído que los escuchara, unos ojos que los miraran. Los adultos y jóvenes educados, profesores de física y a la vez camioneros, abogados y a la vez meseros. El valor de todo, tan distinto a lo nuestro, tan alejado de nuestras lógicas de que uno es más que el otro por la carrera o profesión que tenga, por el oficio o el trabajo que haga. Me quedo con la imagen de una sociedad que lucha por vivir el día a día de la mejor forma posible, que entiende de sensibilidad y compromiso con el otro, que las palabras valen y las promesas cuentan. Pienso en una sociedad que es ingeniosa para salir adelante, con lo que tiene se las arregla y si no tiene, lo inventa. Veo un país alegre y a la vez herido, un país de personas que son como niños, como Jesús hubiera querido. Veo caras, individuos, humanos que desean recibir, pero por sobre todo dar y darlo todo por recuperar sentido en cualquier instancia, con gente dispuesta a tomarlos en cuenta, a estar ahí simplemente con la presencia. Nada más.


Jóvenes del Sagrado Corazón en América Latina y el Caribe