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Primera lección del libro de Rodrigo: Los deberes del vivir cotidiano, no pueden levantarse como excusa para no cumplir con el deber esencial de lo humano: percibir lo trascendente y dejarse moldear por dicha percepción. No permitir nunca que los árboles nos impidan ver el bosque. Segunda lección del libro de Rodrigo: Su trabajo fotográfico –es decir, su disciplina en entrenar, enfocar hacia lo profundo y pulir sistemáticamente su mirada- le permitió capturar y fijar las imágenes esenciales de una ciudad y de unas personas, aquellas pocas donde aparece “el momento más estelar de ellas”, su valor prototípico, su dimensión ejemplar, arquetípica y , por tanto, eterna. La primera estrategia para agarrar aquello tan furtivo y elusivo, fue la práctica del revelado en blanco y negro. Registrar un evento y llevarlo a cargas simbólicas de sólo luz y sombras es –junto con un riesgo tan a contracorriente de la moda digital de las cámaras- un asunto espiritual y metafísico , un servicio ontológico a la ciudad, que se le agradece tanto como el servicio que se atrevió a hacer un Neruda al poetizar o “agarrar en palabras” los arquetipos de la ciudadela de Machu-Pichu. El blanco y negro lleva a lo esencial, conduce sobriamente al interior de la cosa, impide los autoengaños narcisistas, las distracciones estéticas, las emociones laterales y frívolas que a veces puede llevar el uso del color en la fotografía. Porque el color dispersa, entusiasma hacia la periferia del asunto. Y a la larga, termina siendo una anécdota, -el color es una estadio pasajero, un fragmento puntual, una modesto sitio de paso en el grandioso camino rutilante de la luz- un recurso propio del marketing, del periodismo visual masivo y de las agencias de Turismo.,. Porque con el color, más que para revelar, se le utiliza para ocultar “la verdad” de la imagen, para distraer emocionalmente e impedir se vea fondo invisible, la arquitectura secreta de las cosas de una ciudad. Es decir, es un recurso de las instituciones del aparecer, no del Ser, como le corresponde al arte y tal como se intuye en la muy educada cámara de Rodrigo Torres. La mirada que el artista plasma en sus fotos le está recordando a Valdivia que sus calles, sus puentes , sus casonas, sus árboles no pertenecen al inventario urbano de una época, sino que corresponden al esquema intemporal del plano de su alma. Sí, aquella misma alma que se puede casi “atrapar” en ciertos nostálgicos atardeceres que un domingo por la tarde un solitario amante puede contemplar desde algún otoñal punto de la Isla Teja. El mensaje que pareciera se desprende de esas calles, de esas esquinas, es simple y profundo : “No somos una calle corriente”, “no somos una ciudad corriente”: Y por supuesto , lo mismo dicen los personajes retratados en esta Valdivia esencial : “No somos gente corriente..” Porque en definitiva, lo que se aparece en el trabajo de Torres es el daimon antiguo de una ciudad, de unos personajes, de unos niños, de unas plazas. Vale decir, en sus fotos se aparece el genio, el ángel arcaico que cohabita de incógnito el alma valdiviana. Tercera lección del libro de fotos de Rodrigo El trabajo de Torres, en consecuencia, nos invita a volver a mirar el fondo no dicho del vivir. Y vivir es un asunto de recordar la imagen sagrada del origen, una identificación mítica ancestral y de cultivar a diario una interpretación existencial acorde con esa antigua dignidad. Pues nos “salvamos” (nos redimimos del tiempo y de la nada) no por coleccionar caóticos recuerdos, sino por ser fieles a una imagen sagrada de nosotros, una imagen de muy escogida y alta calidad que logremos sostener y cultivar en nuestra memoria, (Tampoco nos salvamos por la cantidad de sucesos diversos o por el “puntilloso” inventario del noticiero regional o de la agenda personal; esa mediocre infinidad de actividades o sucesos no impecables). Los antiguos incas –y antes que ellos, la cultura Chinchorro de Arica- momificaban a sus ancestros notables para sacarlos cada año y lucirlos como estandartes públicos para así renovar el orgullo de la filiación y de las hazañas

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Profile for Rodrigo Torres

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

Deja vu  

Rodrigo Torres Barriga - Photobook 21 Years of images - Retrospective 1985 - 2006 Published in november 2006 Rodrigo Torres Barriga - Foto...

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