¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental- Los 4 Cuerpos del Lideraz

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¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental-

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-Los 4 Cuerpos del Liderazgo Trascendental-

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.


¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo TrascendentalLos 4 Cuerpos del Liderazgo Trascendental

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Primera edición

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Dedicatoria

A todos los guerreros que, sin conformarse con lo que son, ni ambicionando lo que no son, llegan inexorablemente a la totalidad de su ser.

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Índice

Prólogo ............................................................................................................ 1

Introducción.................................................................................................... 5

El fenómeno .................................................................................................... 10

Los dos actores .............................................................................................. 13 4 pilares, 3 absurdos ...................................................................................... 17 1er Pilar: Razón .................................................................................... 19 1er Absurdo: Comprensión ................................................................ 20 2º Pilar: Voluntad ................................................................................. 21 2º Absurdo: Intención .......................................................................... 23 3er Pilar: Percepción ........................................................................... 23 3er Absurdo: Aprehensión.................................................................. 25 4º Pilar: Atención ................................................................................. 26 Resumiendo ......................................................................................... 27

1er Cuerpo: Material ....................................................................................... 29

2° Cuerpo: Emocional .................................................................................... 38

3er Cuerpo: Intelectual................................................................................... 48

4° Cuerpo: Espiritual ...................................................................................... 60

Construyendo sobre los cuatro pilares usando los cuatro cuerpos ......... 70 Cuerpo material ................................................................................... 75 Cuerpo emocional................................................................................ 81


Cuerpo intelectual................................................................................ 87 Cuerpo espiritual ................................................................................. 93 Intenta, intenta, intenta........................................................................ 99

Epílogo ............................................................................................................ 104

Acerca del Autor ............................................................................................. 107

Serie ¿Tu Helado se Derritió? ....................................................................... 109


Prólogo Cuando hace cuatro años salió se publicó la primera parte de esta serie “¿Tu Helado se Derritió?”, referida a los cuatro pilares del liderazgo trascendental, aclaraba en el Prólogo de aquella obra la diferencia entre lo que uno logra o no logra en nuestro andar por la vida y lo que uno experimenta como cambio en la persona misma derivado de ese andar. Señalaba que lo que llamamos “éxito” puede conceptuarse en dos vertientes: una se refiere propiamente a la consecución de las metas que uno se plantea, pero la otra tiene que ver con la mejora que como persona pudiéramos experimentar como parte del caminar hacia esa meta.

Decía, de igual forma, y lo reitero, que soy un convencido de que todos estamos llamamos a desempeñar un liderazgo completo, transformador y transformante, o como yo le llamo un liderazgo trascendental. Cuando hablo del liderazgo como algo completo me refiero al desarrollo pleno y total de nuestras habilidades, nuestras potencialidades, nuestras capacidades; cuando a ese liderazgo lo denomino transformador me refiero a él como algo que nos permite cambiar, desarrollarnos, avanzar; y cuando comento que ese liderazgo es algo transformante me refiero al impacto que en nuestra comunidad, nuestra sociedad y en última instancia en el mundo puede tener para hacernos avanzar hacia mejores, superiores y cada vez más excelentes estados de desarrollo.

También hacía la aclaración referida al subtítulo de la obra en cuestión, el cual es el mismo de la presente, y que se refiere a “Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental”.

Sobre esto señalaba que ese subtitulo contiene las ideas básicas la serie de libros “¿Tu Helado se Derritió?”. La palabra construcción tiene un sentido eminentemente práctico, luego entonces la presente obra tiene ese carácter; aún 1


cuando muchas de las ideas aquí expuestas cuentan con un sinfín de referencias a estudios, trabajos e investigaciones que pudieran enarbolarse, el sentido de la misma es eminentemente práctico y cuando digo práctico quiero decir que si bien hay explicaciones que nos permiten comprender las ideas que aquí se esboza, todas ellas van acompañadas de técnicas que a través de su aplicación permiten corroborar las premisas establecidas y, más importante aún, construir ese liderazgo al que se hace referencia.

La palabra dinámica en el subtítulo de la presente obra hace referencia no solo a la acción inherente al pragmatismo referido en el párrafo anterior respecto de la construcción del liderazgo en cuestión, sino también a la naturaleza cambiante de nosotros mismos, de los demás y del mundo en su totalidad. Este dinamismo que se aborda en todos los temas de la presente obra añaden un toque necesario de flexibilidad tanto en la exposición de las ideas como en su aplicación para evitar ese dogmatismo característico de lo acabado donde nada puede cambiarse ni nada puede agregarse, por el contrario, los temas y las técnicas expuestas en la presente obra se entregan a quien las haga suyas para que éste a su vez les otorgue las características particulares de su personalidad, las modifique, las cambie, las amplíe.

El término liderazgo, que a la sazón es tan indiferentemente utilizado, si bien tiene en la actualidad una connotación de logro externo, de conquista de metas y de triunfo ante adversidades, en la presente obra se aborda desde la perspectiva personal e interior. Mi experiencia me ha mostrado como es que existen ciertas condiciones personales que se requieren para poder sobre esas construir el otro liderazgo del cual hablamos, de la misma forma he visto como el trabajar con ese liderazgo externo, si no se cuenta con un soporte interno que lo afiance, solo logra proyectos truncos sin mayor beneficio que el haberlo intentado. En una parte de la obra menciono que una idea que he visto corroborada en la práctica me lleva a sostener que el solo trabajar con el desarrollo y potenciación de ese liderazgo interno, como lo manejo en este libro, lleva a que de una manera natural se dé el 2


otro liderazgo, el externo, ese que lleva a logros en términos profesionales, empresariales, políticos, sociales, religiosos, etc.

Por último, la palabra trascendente en el subtítulo de la obra es usada de una manera deliberada para mostrar el perfil de la argumentación y el carácter del esfuerzo en cada una de las técnicas aquí mencionadas. Generalmente éste término es relacionado con cuestiones místicas, espirituales o religiosas, la presente obra no utiliza ese término en ese sentido. Para mí lo trascendental, sea en el sentido que se utilice, tiene una connotación eminentemente práctica y la manera en que lo entiendo y utilizo en mi vida y en la presente obra se refiere más bien a la relación que cada uno de nosotros puede establecer con la totalidad de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Ahora, cuatro años después de aquella primer obra de esta serie “¿Tu Helado se Derritió?”, es que retomo el tema, el cual está íntimamente ligado a lo desarrollado en aquel primer libro, es decir, los cuatro pilares del liderazgo trascendental, pero en esta ocasión referido a los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental.

Estos cuatro cuerpos son el cuerpo material, el cuerpo emocional, el cuerpo intelectual y el cuerpo espiritual, y en la presente obra, aparte de irlos explicando, se irán interrelacionando con lo que se vio, comentó, explicó y aplicó en la primer obra de la serie referido a los cuatro pilares del liderazgo trascendental, a saber: razón, voluntad, percepción y atención.

Lo anterior se irá desarrollando en la presente obra desde una perspectiva eminentemente existencial, de ahí la cinta de la portada, en la esquina inferior derecha, que señala “Lo Que Es”. Ese será el enfoque.

Sirva esto para comentar que si aún no se ha leído la primer obra de la serie se remita primeramente a leerla a efecto de aprovechar lo que en aquella se comenta y lo que aquí se va a explicar. 3


Con esto en mente podemos comenzar con este obra donde continuamos la Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental a través de los cuatro pilares del liderazgo trascendental –razón, voluntad, percepción y atención- se expande para ser utilizados a través y mediante nuestros cuatro cuerpos –material, emocional, intelectual y espiritual- volviéndose algo eminentemente práctico, eficaz y útil y al mismo tiempo ilimitado, interminable e infinito.

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Introducción

Como parte de la este apartado, es menester retomar algunos puntos que en su omento se comentaron en el mismo de la primer obra de la presente serie “¿Tu Helado se Derritió?”.

En aquella primera obra comentaba en la Introducción que actualmente existe, por decirlo en cierta forma, una moda por el tema del liderazgo. A nivel individual o colectivo, profesional o empresarial, social o político, prácticamente todos quieren ser líderes, pero mi experiencia me ha llevado a constatar que no basta con querer ser líder para poder llegar a serlo.

El presente libro trata de liderazgo, sí, pero de una forma diferente ya que parte del soporte del mismo que es la persona en última instancia.

Si alguien quiere saber qué requiere, necesita o puede utilizar para ser líder ni siquiera tiene que leer un libro, acudir a una capacitación o ir a una conferencia, lo único que requiere es acudir a las redes sociales y esto está al alcance de un clic. Todos los días en las redes sociales pueden ver mensajes que se comparten encaminados al liderazgo, al emprendedurismo, a la motivación. Es como si cada uno de nosotros, con un solo clic, pudiera acceder a la receta para ser líder, ¿para qué ir a una conferencia, trabajar en una capacitación o leer un libro cuándo ya sabes qué hacer?

Pero si actualmente existe esa facilidad de acceder a las cuestiones básicas relacionadas con el liderazgo, ¿dónde está ese liderazgo?, ¿por qué no podemos llegar a ser líderes? Si todos los días podemos ver de una manera fácil y casi natural el torrente de mensajes relacionados con los temas relativos al liderazgo, si los entendemos y les damos la razón, ¿por qué batallamos tanto en aplicarlos y, lo que es peor, llegar a la potencialización del liderazgo que deseamos desarrollar? 5


Las ideas prácticas que iremos viendo en el presente libro deben tomarse como guías, nunca como estructuras dogmáticas terminadas en el sentido de ser un referente al cual someternos sino más bien herramientas las cuales utilizaremos en nuestro proceso de construcción de proyecto de vida y finalmente de liderazgo trascendental.

En este caminar, no solo durante la lectura-aplicación, o lo que yo llamo el saberhacer, de este libro, sino en toda nuestra vida, debemos tener muy en cuenta tres cosas con las que siempre nos toparemos: una es todo aquello que ya sabemos, otra es todo aquello que no sabemos pero que podemos llegar a saber, y la última es todo aquello que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber.

Lo que sabemos se refiere a todo aquello que hemos de alguna forma conceptualizado y llegado a comprender, al menos en un sentido factual (más delante aclararemos este término). No estamos hablando aquí solo de las ideas relacionadas con el conocimiento, para nada, pueden ser también situaciones emocionales, físicas, e incluso espirituales. Cualquier cosa que de una forma u otra hayamos llegado a experimentar (física, mental, emocional o espiritualmente hablando) podemos señalarlo como cosas que sabemos, de nueva cuenta aclarando que aquí el término “saber” no se acota al proceso cognitivo sino más bien vivencial.

Si alguien ha disfrutado de una buena comida, ha descansado con un sueño reparador o ha sufrido de una enfermedad esto ha llegado a formar parte de lo que sabe en términos físicos; si alguien ha aprendido a sumar, restar, multiplicar, dividir eso forma parte de lo que sabe en términos mentales; si alguien a amado u odiado o se he sentido alegre o triste, esto ha pasado a formar parte de lo que sabe en cuestión emocional; por último las cuestiones de fe, esperanza o caridad que alguien puede haber experimentado en su vida forman parte de lo que cada 6


quien sabe en términos espirituales. Claro que esta lista es simplemente enunciativa pues es prácticamente ilimitado lo que sabemos de manera física, mental, emocional y espiritual; y cuando digo “prácticamente ilimitado” lo hago con todo el sentido de la expresión ya que aunque no es literalmente ilimitado todo lo que hemos hecho nuestro es tanto que prácticamente lo es.

La otra cosa con la que siempre nos toparemos es lo que aquí denomino lo que no sabemos pero que podemos llegar a saber. Aquí están todas las cuestiones físicas, mentales, emocionales y espirituales que aún no hemos hecho nuestras pero que de una forma están a nuestro alcance el hacerlo. Yo creo que en este punto podemos mencionar de la misma forma un sinfín de cosas que aún no ha sido hechas nuestras, sean éstas experiencias físicas, mentales, emocionales y espirituales y que de una forma u otra podemos llegar a integrarlas a nuestro ser. Y cuando digo “sinfín” lo hago aquí si con un sentido estricto de ajuste a la palabra pues comparado con lo que sabemos, lo que aún no sabemos aunque podemos llegar a saberlo no tiene fin, siempre estas cosas serán muchísimo más que las que sabemos en cualquier momento de nuestra vida.

¡Ah!, pero eso no es todo, hay un concepto oscuro que aquí he llamado lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. Los dos puntos anteriores son conceptualmente fáciles de entender, pero no éste ya que su misma naturaleza lo coloca fuera del alcance del entendimiento, de otra forma se convertiría en algo que sabemos o que si no lo sabemos lo podemos llegar a saber, pero no, aquí se trata de lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber.

Todo lo que se pueda mencionar, por más absurdo, abstracto, infinito o ilimitado que parezca (como los ejemplos dados anteriormente) no forman parte de esto ya que desde el mismo momento en que los expresamos pasan a formar parte de lo que sabemos o de lo que no sabemos pero podemos llegar a saber. La mera capacidad de abstraer el planteamiento y darle una estructura mental nos hace 7


poseedor del mismo por lo que no puede ser lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber.

Lo que no sabemos y que nunca jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber es eso que ni idea tenemos a tal grado que ni podemos señalarlo, nombrarlo o siquiera preguntarnos qué es, en esta categoría está lo que no tenemos manera de entender, de abstraer, de estructurar, de manipular, de expresar, y dada esta característica es inútil el tratar de abordarlo incluso en este libro. Pero, siempre hay un gran pero, eso que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber existe y de alguna manera podemos beneficiarnos de él, es decir aplicarlo, lo cual haremos en este libro.

Como pueden ver el énfasis de la obra irá dando bandazos en estos tres puntos: lo que sabemos, lo que no sabemos pero podemos llegar a saber (de hecho muchas cosas que ustedes no saben con la simple lectura de este libro las sabrán) y lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber, estas últimas abordadas desde un sentido pragmático.

La exposición de ideas a lo largo del libro para la construcción dinámica de liderazgo trascendental hará necesariamente referencia a los cuatro pilares del liderazgo trascendental - la razón, la voluntad, la percepción y la atención- que se vieron en la primer obra de esta serie, pero el énfasis estará en los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental: cuerpo material, cuerpo emocional, cuerpo intelectual y cuerpo espiritual.

Al igual que en la primer obra de esta serie, es necesario de nueva cuenta comentar lo referido a dos conceptos que hay que tener en cuenta: los dos sujetos- es decir lo que tú eres y lo que tú no eres- y el fenómeno -algo que va a pasar a lo largo de la exposición de estas ideas y es con lo que comenzaremos pues requieren estar atento a este fenómeno para captarlo en cuanto suceda-, de igual forma es necesario, después de comentar de nuevo, como en la primer obra, 8


sobre el fenรณmeno y los dos actores, el presentar un breve resumen de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, desarrollados en la primer obra de la serie.

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El fenómeno Muévete y el camino aparecerá Proverbio Zen

Lo relativo al Fenómeno ya se comentó en la primer obra de esta serie, pero dado que es algo recurrente cuando se abordan estos temas, es menester volver sobre lo en su momento expuesto.

Durante la lectura de este libro, al igual que pasa en las conferencias y talleres que doy relativos a la construcción dinámica de liderazgo trascendental, sucede un fenómeno, éste fenómeno que hay que tener en cuenta desde un inicio, como si estuviéramos avisado de ello, para identificarlo cuando suceda y para aprovechar toda la riqueza que el mismo puede traer a nuestra vida.

Este fenómeno es algo raro, extraño, sobre todo si uno desea explicarlo ¿por qué? pues porque es un evento personalísimo que cada quien experimenta de forma diferente. Con todo y las limitaciones que ello implica tengo de alguna forma que referirme a él, así que eso haré.

Cuando estés leyendo este libro habrá alguna palabra, algún párrafo, alguna idea que te incendiará por dentro (¿ven lo difícil de usar las palabras para expresar esto?), este incendiar por dentro me refiero a que captará tu atención a tal grado de abstraerte. A lo mejor tu imaginación vuela, a lo mejor comienzas a recordar y darle sentido a muchas cosas en tu vida, a lo mejor se despierta un interés inusitado por saber, conocer discutir el tema, no sé como vaya a ser pero sí sé que sucederá. Yo llamo a eso incendiarse por dentro.

Este fenómeno, que es real y que sucederá, no será resuelto ni abordado en el presente libro, de hecho ni en las conferencias o talleras relativos al tema se resuelve o se aborda, y ¿saben por qué? Porque no hay tiempo y por que no es 10


responsabilidad de un servidor el hacer eso. Cuando me refiero a que no hay tiempo me refiero que lo que está detrás de ese fenómeno puede llevar toda una vida el resolverlo, y cuando digo que no es responsabilidad de quien escribe esto el resolverlo o el abordarlo me refiero a que es una experiencia personalísima, individual, eminentemente particular de cada quien y a cada quien le corresponde eso. ¿Entonces para que mencionarlo?

Se menciona aquí, al inicio del libro, para que quien desee pueda sacarle toda la riqueza que el fenómeno trae consigo. ¿Y cómo sería eso? Fácil: sigan al fenómeno a dónde los lleve. Así es: síganlo. Habrá quienes sientan ese incendio, esa llamada (yo lo llamo más bien un grito que proviene de nuestro interior) y que a pesar de ello no lo quieran seguir. Muy bien. Se respeta. Pero quien desee encontrar un mundo más amplio, más asombroso, más completo, más trascendente, mi sugerencia es sigan al fenómeno.

¿Y cómo se sigue? Volvemos al mismo problema inicial: no puedo decirles como lo sigan pues es un evento intimo de cada quien y como tal cada quien lo percibirá de manera diferente y de la misma forma será diferente la manera en que lo sigan, pero sí puedo mencionar a manera enunciativa algunas formas de seguir al fenómeno para que al menos cuando suceda no se queden viéndolo sin saber qué hacer con él: pensarlo, pensarlo, pensarlo; investigarlo, investigarlo, investigarlo; leerlo, leerlo, leerlo; cualquier cosa que les permita indagar más en qué fue eso que los incendió por

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dentro, de dónde vino ese grito interno, qué significa todo ello, es seguir al fenómeno.

Este seguimiento generalmente dura toda la vida pero desde el primer paso comienza a dar frutos y uno comienza a ver nuevos horizontes y a caminar nuevos caminos, nuevos horizontes que nunca se alcanzan y nuevos caminos que jamás terminan pero que en ambos casos acaban transformándonos.

Así que cuando sientan ese incendio, cuando oigan ese grito interno, cuando se haga presente este fenómeno síganlo hacia nuevas realidades que ustedes mismos irán descubriendo y que solo por ello podrán reclamar como suyas.

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Los dos actores El que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino Stephen Crane

De igual forma, la cuestión de los dos actores también se abordó en la primera obra de la presente serie, pero es algo que hay que recordar para tener muy en cuenta mientras avanzamos en el desarrollo de los temas que serán expuestos.

Así que antes de pasar a los cuatro pilares y los tres absurdos de la construcción dinámica de liderazgo trascendental, y una vez encendido las luces reflectoras relativas al fenómeno que se dará durante la lectura de este libro, hay que aclarar la cuestión relativa a los dos actores: lo que eres tú y lo que no eres tú.

Esas dos esferas de la realidad coexisten durante toda nuestra vida, de hecho todo lo mencionado en este libro va de un sujeto a otro, claro que esto lo hace forma desapercibida, sutil, por que en la realidad se difuminan los límites entre uno y otro, aunque ahorita no parezca así.

Un actor es lo que tú eres. Este sujeto lo conocemos de primera mano pues es el referente de nuestra propia existencia. Dicho actor está conformado de nuestra persona y de nuestra personalidad como tal. La persona se refiere a lo que somos y la personalidad a cómo expresamos lo que somos. En este sentido estamos hablando de los cuatro espacios que confluyen en nuestro ser: el físico, el mental, el emocional, y el espiritual cada uno como cada quien lo entienda y con todo lo que ello conlleve. Esta definición incluye cuestiones tales como nuestras ideas, nuestros valores, nuestros sentimientos, nuestros temores, nuestros odios, nuestra historia y todo lo que podamos circunscribir en los límites de nuestra persona.

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El otro actor, como ya se mencionó, es lo que no somos. A alguien le podrá parecer demasiada amplia esa definición ¡y en realidad lo es! Es excesivamente amplia pues ahí tiene que caber cualesquier cosa que no somos. Personas, ideas, instituciones, países, objetos, historias, cualquier cosa que no seamos nosotros entra en esta categoría.

A simple vista pudiera parecer que esta segunda categoría es inmensamente más grande que la anterior pues son muchas más cosas las que no son lo que somos que aquellas que pudiéramos definir como lo que sí somos, pero esto no es así. La contención limitada de nuestra persona, nuestra individualidad dicho de otra forma, es igualmente extensa, inmensa, infinita como la categoría de las cosas que no son lo que somos. Si cada quien se pone a pensar en la inmensidad de la cuestión física que nos constituye (moléculas, átomos, etc.), además de las dimensiones que guardan todos los aspectos mentales, emocionales y espirituales, se encontrará en un universo avasallante, en ebullición constante, cambiante, dinámico, lleno, repleto de no millones sino de infinidad de expresiones

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de lo que somos que se equipara con lo que no somos. Así que ambos actores, lo que somos y lo que no somos son equivalente en este sentido aunque diferentes en su expresión. En este momento quiero hacer una aclaración ya que el uso de la palabra “actor” es deliberado. Una cosa es lo que somos y otra lo que se percibe que somos, de la misma forma una cosa es lo que es aquello que no somos y otra muy distinta la forma en que percibimos aquello que no somos. Esta diferencia entre lo que se es y lo que se percibe se salva con el término aquí utilizado de “actor”. En las artes plásticas un actor es aquel que representa un personaje, esto lo vemos en teatro, cine, televisión, etc., pero nunca el personaje es la persona que lo interpreta, este símil es exactamente igual a lo que estoy mencionando respecto de lo que se es y de lo que se percibe.

Nosotros somos personas somos seres prácticamente infinitos (ya se comentó esto en el párrafo anterior), pero los demás, la sociedad, el mundo, el universo, percibe de nosotros ciertas peculiaridades las cuales todavía son interpretadas por ello siendo así que lo que de nosotros se percibe nunca es nuestra totalidad como personas, o como yo sostengo: eso es apenas la superficie del océano infinito que somos. De la misma forma todo lo que no somos, sea lo que sea, posee características ilimitadas, estas características son captadas por nosotros de forma selectiva y todavía interpretadas según nuestros parámetros para ello con lo que podemos decir que lo que percibimos de lo que no somos nunca es la realidad total de eso. Por ello el término de “actor” utilizado, pues siempre nos vamos a estar refiriendo a lo que se percibe, al personaje que todo lo que existe, tanto lo que somos como lo que no somos, representa involuntariamente.

Mencioné que el desarrollo de las ideas en el presente libro irá de actor a otro de manera sutil e imperceptible por que queramos o no hay que reconocer que los límites entre lo que somos y lo que no somos prácticamente se difuminan en la práctica. Por ejemplo, cuando abordé lo que somos mencioné cuestiones que nos 15


definen como nuestro ser en su expresión física, pero también mencioné cuestiones tales como nuestros pensamientos, nuestras emociones y incluso nuestro aspecto espiritual, pero si lo pensamos más a fondo, de estos tres aspectos últimos ¿qué tanto es nuestro y que tanto es de los otros?

La convivencia en sociedad (familia, amigos, comunidad) nos va permeando desde que nacemos con sus ideas, valores, creencias así que lo que no somos de una forma u otra viene colaborando con la construcción de lo que somos, pero ¿dónde termina uno y dónde comienza el otro? Como podemos ver en la realidad los límites de lo que somos y de lo que no somos, en muchos aspectos, es tan tenue que prácticamente es imposible de percibir, luego entonces no lucharemos por hacer esta definición máxime que no afecta para nuestro trabajo, lo que sí debe quedar claro es este concepto para poder ir abordando las demás ideas conforme vayan desarrollándose.

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4 pilares, 3 absurdos La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo

Gilbert Keith Chesterton

Una vez aclarado el punto del fenómeno y de los dos actores, y aunque ya se desarrolló en extensión y profundidad en la primer obra de la presente serie, es necesario presentar un resumen de la misma referido a los cuatro pilares del liderazgo trascendental y sus tres absurdos.

Los cuatro pilares son la forma que tenemos las personas para entender e interactuar con todo lo que existe. Estos cuatro pilares no son excluyentes y pueden colaborar entre sí para tal objetivo, de la misma forma, como veremos, uno puede usar uno, dos o tres de estos pilares aunque lo ideal es usar los cuatro.

El primer pilar es la razón, el segundo es la voluntad, el tercero es la percepción y el cuarto es la atención. Estos cuatro pilares de manera en que se han presentado pueden ubicarse como pilares reactivos o pilares proactivos.

Los pilares reactivos son el del la razón y el de la percepción. Al señalarlos como pilares reactivos nos referimos a que no requieren de nuestra participación consciente y decidida para actuar, su desempeño casi casi puede decirse que es automático, reactivo (de ahí el adjetivo utilizado) a las condicionantes de lo que somos y de lo que no somos. Esto no quiere decir que no tengan elementos proactivos pero en su mayoría la naturaleza de los mismos es reactiva.

Los pilares proactivos son los de la voluntad y de la atención. Cuando señalo que son proactivos me refiero a que, a diferencia de los dos pilares anteriores, estos sí requieren de nuestra participación consciente y decidida para ser utilizados en su 17


máxima expresión. El uso de estos pilares no es en automático y requiere del esfuerzo personal para ello. Al igual que la aclaración que se dio para los dos pilares anteriores, solo que aquí en sentido opuesto, esto no quiere decir que estos pilares no tengan elementos reactivos pero su naturaleza que los define es proactiva.

Retomando el término saber-hacer esbozado en la introducción de la presente obra, y una ve señalada la reactividad o proactividad de los pilares del liderazgo trascendental, podemos decir que los pilares reactivos de la razón y de la percepción son los pilares sobre los que descansa el saber, mientras que los pilares proactivos de la voluntad y de la atención son los pilares sobre los que descansa el hacer.

En este mismo sentido, para que el liderazgo trascendental nos habilite para alcanzar la totalidad de nuestro ser, requiere lo mismo de rigidez que de fluidez en nuestra vida; ésta rigidez está identificada con los pilares reactivos de la razón y de la percepción y la fluidez está identificada con los pilares proactivos de la voluntad y la atención. Ambas ideas duales, es decir, el saber-hacer y la rigidezfluidez, se retomaran más delante.

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Pero no solo existen estos cuatro pilares para entender e interactuar con todo lo existente, también hay tres absurdos que deben ser considerados. Curiosamente estos tres absurdos tienen un pilar con el que se corresponden. Estos tres absurdos son la comprensión, la intención y la aprehensión.

1er Pilar: Razón

El pilar de la razón, como puede verse y entenderse, es prácticamente el pilar sobre el que se ha sustentado nuestra vida. Pero… ¿qué tanto sabes… comparado… con lo que no sabes?

La razón tiene dos vertientes, una es la factual y otra es la trascendental. La factual es aquella vertiente que siempre responde a los ¿cómo?, por ejemplo todas las respuestas educativas o formativas van en ese sentido, es decir, enseñar cómo hacer algo, desde leer o escribir hasta construir reactores nucleares o estructurar política y socialmente una comunidad.

Una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo? de este ya estamos llenos, repletos, rebosantes. Pero hay otra vertiente de este pilar, la vertiente trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? Y ésta será la técnica que usaremos, aplicaremos y desarrollaremos en este pilar.

Todo, absolutamente todo puede ser explicado de manera factual respondiendo al ¿cómo?, lo más interesante, lo que comienza a darnos poder como líderes trascendentales, es cuando también podemos darle a todo un sentido trascendental a esto respondiendo a los ¿por qué? y ¿para qué?

El ¿por qué? que uno puede plantearse ante absolutamente todo es una visión al pasado, al origen de cualquier cosa. El ¿para qué?, por su parte, es una visión al futuro, al destino de lo que sea que analicemos. 19


1er Absurdo: Comprensión

Si no podemos llegar al ¿por qué? final o al ¿para qué? final, entonces en realidad no sabemos dónde estamos parados, no tenemos noción más que de una rendija de la realidad e ignoramos el resto. Y esto es así. Siempre va a haber algo que desconozcamos. Repito: mientras no lleguemos al ¿por qué? último de las cosas o al ¿para qué? último de las cosas prácticamente estamos parados en el aire. Sabremos el ¿cómo? pero desconoceremos el ¿por qué? y el ¿para qué?, al menos el ¿por qué? y el ¿para qué? final, lo cual es bastante que decir. ¿A qué viene esto?, bueno, estamos con el absurdo relativo a la razón y este problema nos dice dos cosas al respecto. La primera es hacer evidente que las conclusiones a las que nos lleve la razón por sí solo pueden no solo estar incompletas sino de plano ser erradas. Podemos pensar y pensar y pensar y aun así, como en el racionamiento anterior, creer que llegamos a una conclusión valida y valedera cuando estamos muy lejos de ello. Por eso la necesidad de tener otros pilares de donde asirnos para nuestro desarrollo integral como personas. La segunda cosa al respecto que nos dice este problema es que la razón nunca nos podrá explicar la totalidad de lo que sea porque la misma naturaleza del conocimiento es fragmentaria. Tomemos cualquier ciencia, por ejemplo una ciencia natural como la biología. En biología podemos encontrar una rama dedicada a la biología de los animales, en esa rama podemos encontrar otra subrama dedicada a la biología de loa mamíferos, en esa sub-rama podemos encontrar una sub-sub-rama dedicada a la biología de los leones, en esa sub-subrama podemos encontrar una sub-sub-sub-rama dedicada a la biología de los leones hembras, en esa sub-sub-sub-rama podemos encontrar una sub-sub-subsub-rama que se enfoque en sus aparatos reproductores, en esa sub-sub-subsub-rama podemos encontrar una sub-sub-sub-sub-sub-rama que se enfoque en las hormonas relativas a los aparatos reproductores, y así hasta el infinito. Es igual 20


que el metro que diseccionamos en infinitas partes, en este caso el conocimiento que para comprender algo estamos diseccionando completamente hasta el infinito ¿podemos algún día llegar a comprenderlo en su totalidad?

Volviendo a la pregunta ¿podemos algún día llegar a comprender todo en su totalidad? creo que ya has de intuir la respuesta, y ante esa respuesta la otra pregunta que puede surgir es ¿entonces para que los ¿por qué? y ¿para qué? que se presentan como técnica en el presente tema si nunca vamos a llegar a un ¿por qué? y a un ¿para qué? últimos? Mira, la cuestión no es si llegaremos o no a un ¿por qué? y un ¿para qué? últimos sino el efecto que en ti tiene el hacer este ejercicio. Velo como cuando alguien se ejercita en una bicicleta fija, no esperaríamos que por más que pedaleara llegara a una parte ya que finalmente eso no es lo importante sino el efecto que dicho ejercicio tenga en la persona. Aquí es lo mismo, no preguntes si algún día llegarás a un ¿por qué? y un ¿para qué? últimos sino observa los efectos que expandir tu campo mental de acción a través de este ejercicio tendrá en ti.

Este es el absurdo de la razón, ya que por la propia naturaleza de él y por la propia naturaleza de nosotros nunca jamás podremos de manera total y completa a conocer todo de todo, pero eso no implica que no lo intentemos pues lo trascendental se esconde precisamente en eso.

2º Pilar: Voluntad

Si volvemos sobre las frases motivacionales que circulan sobre las redes sociales, éstas pudieran resumirse en un “haz lo que te guste”. Este “haz lo que te guste” lo mismo puede referirse a seguir los sueños y las metas que nos llenan que a dejar de hacer aquello que nos incomoda, esto está muy bien (aunque incompleto y veremos por qué), pero hay muchas cosas que no nos gustan, yo creo que son más las que no nos gustan que las que sí, pero que aún con todo y esto las 21


tenemos que hacer y de ti depende si lo haces impecablemente bien o no. “Seré el mejor en lo que haga aunque no me guste”. Esto es la voluntad, y la voluntad es distinta, bastante distinta, de la razón.

Veámoslo de esta forma: Todos hacemos cosas que no nos gustan, la idea es hacerlas porque así lo queremos, de manera excelentemente impecable porque así lo hemos decidido. No quiere decir esto fingir, ser hipócrita, hacer como que algo nos gusta cuando no, para nada, la voluntad implica en hacer algo que incluso no nos gusta de manera impecable por que le metemos pasión.

En este punto, al igual que cuando abordamos el pilar de la razón, quiero señalar que la voluntad también tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental, la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. Claro que cuanto hacemos lleva en mayor o menor medida (como lo explicado anteriormente por la analogía del burro, la zanahoria y el palo) nuestra voluntad, pero esta voluntad puede enfocarse tanto en hacer cosas como en llegar a ser como personas. Lo primero, la voluntad factual que se enfoca en el “hacer” tiene una connotación externa, todo lo que no somos pero puede ser afectado por nuestra acción cae en esta categoría; la segunda, la voluntad trascendental tiene una connotación interna, todo lo que somos cae en esta categoría, y mejor aún: también cae en esta categoría todo lo que podemos llegar a ser.

Retomando la idea previa que habíamos vertido, podemos ver que la clave de la frase con la que definimos la voluntad señalaba que es hacer algo que queremos hacer “solo porque lo queremos hacer”, eso es lo que pudiera definir el concepto de voluntad, pero ¿qué tenemos a cambio? Veamos, si enumeras diez, cien o mil cosas que hagas en el día y si te preguntase el por qué lo haces, ¿habría una respuesta? A menos que la respuesta sea “porque sí” no estamos hablando de cuestiones relativas a la voluntad sino, cuando mucho, al modelo del palo y la zanahoria.

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2º Absurdo: Intención

El pilar de la voluntad, al igual que el de la razón, también tiene un absurdo, el cual, como se mencionó en la introducción del presente libro es el de la intención. ¿Por qué la intención es el absurdo de la voluntad? Por algo muy sencillo: lo que haces, todo lo que haces, ¿es tuyo o es de otros? Y no me refiero con esta pregunta a las cuestiones externas claramente identificables que pueden ser catalogadas como palos o zanahorias siguiendo el símil utilizado anteriormente, sino a las configuraciones de nuestras motivaciones como tales.

Igual nosotros en cualquier cosa que hagamos, digamos, pensemos, sintamos y demás, por más que nos cuestionemos, por más que tratemos de dilucidar, no podemos llegar a establecer con certeza ese límite entre lo que somos por nosotros mismos y lo que somos por nuestra interacción con el mundo y con los demás, ese límite donde podamos saber a ciencia cierta qué cosas sí y que cosas no de nosotros están matizadas o no por la cultura, las ideas, los valores, las creencias y demás de nuestra familia, nuestros amigos o de la sociedad en general.

Aun así, con todo y este absurdo, al igual que con la razón, al valor de la aplicación de la técnica relativa a nuestra voluntad no está en poder resolver de manera completa y total este dilema sino en el ejercicio mismo de nuestra voluntad inherente a este esfuerzo.

3er Pilar: Percepción

¿Qué es la percepción? Muchas definiciones al respecto hay, todas van en el sentido de señalar hacia ese proceso mediante el cual una persona selecciona, organiza e interpreta los estímulos que recibe para darle un significado a algo.

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Como podemos ver la percepción consta de tres fases enumeradas en la definición anterior: selección, organización e interpretación.

De una manera simple podemos señalar que los canales perceptivos que poseemos son los sentidos con los que estamos dotados: vista, oído, gusto, olfato, tacto. De manera automática estos sentidos están condicionados para fijarnos en ciertas características o condiciones de lo que percibimos, descartar otras, ponderar, valorar y así interpretar.

Al igual que la razón y que la voluntad, la percepción tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental. La factual se refiere a limitar y la trascendental a nolimitar. Explicaremos cada una. Como hemos dicho la percepción selecciona de inicio ciertas características que serán luego interpretadas, este proceso, somos podemos ver es excluyente, es decir, toma unas características mientras que descarta otras y da a estas características pesos diferentes en el proceso de interpretación.

Este proceso establece cierto límites, no solo a lo que estamos percibiendo sino a la interpretación que de él hacemos ya que solo optamos por ciertas variables de lo que percibamos y todavía la interpretamos con valores subjetivos lo resultante, aparte de diferir de la realidad, está bastante limitado, de ahí el sentido factual señalado.

La vertiente trascendental tiene que ver con el no-limitar, esto quiere decir que de manera consciente podemos ampliar nuestro rango en cuanto a variables a seleccionar y proceso interpretativo a aplicar para ir cada vez más empujando los límites de que lo interpretemos hasta difuminarlos o de plano eliminarlos. ¿Cómo podemos hacer esto? Igual que en los demás pilares, con una técnica sencilla y eminentemente práctica.

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3er Absurdo: Aprehensión

Al igual que los otros pilares, la percepción también tiene un absurdo, el cual es la aprehensión. Este término, aprehensión, se refiere a la capacidad, a través de la percepción de algo externo hacerlo nuestro completa y totalmente. Veamos porque es un absurdo.

Como vimos cuando se analizó el proceso de la percepción, a la etapa de la selección le sigue la de la organización y luego la de la interpretación, ésta última, la de la interpretación, que es la que nos da finalmente la percepción, es la que genera al absurdo y que nos impide a través de la percepción poder aprehender algo completa y totalmente, ¿por qué? porque esa interpretación siempre estará sujeta a los marcos de referencia que como individuos y de una forma particularísima poseemos.

Podemos poner cientos de ejemplos relativos a todos los sentidos que nos sirven para conocernos y para reconocer el mundo y en todos hay una interpretación que, como dijimos al principio de este pilar, no es la realidad sino la idea que tenemos de la realidad.

Piensa esto: si todo lo que percibimos lo interpretamos, luego entonces nunca percibimos la realidad, y si lo que interpretamos lo interpretamos en función de los marcos de referencia que tenemos, luego entonces lo único que hacemos es reflejar mediante el exterior lo que somos.

Por eso la idea de estar encerrados toda la vida en un capullo hermético y ante este escenario se vuelve aún más absurdo que a pesar de todo eso podemos interactuar con el mundo y con los demás, pero también más entendible porque tantos problemas surgen de ello.

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4º Pilar: Atención

El cuarto pilar, el pilar que yo con toda la intención llamo mágico, es el pilar de la atención. Como ya hemos explicado los tres pilares anteriores y sus correspondientes absurdos, puedo decirte una cosa: todos los pilares interactúan entre sí en mayor o menor medida, algunos uno con uno, o con dos o con tres o con cuatro, pero el pilar de la atención es el único que interactúa con todos.

La atención, al igual que la voluntad, es proactiva. Cierto que puede darse una atención reactiva, por ejemplo si oímos un ruido fuerte o extraño reaccionaremos poniendo atención a ese ruido o si vemos un accidente de inicio nuestra atención será captada, pero ese estado no puede subsistir mucho tiempo, solo un momento, luego se difumina y da paso a una atención proactiva. Piensa en otros ejemplos de tu vida donde tu atención sea captada como los que hemos mencionado y verás que esos momentos duran un poco. No me refiero a ese tipo de atención esporádica y momentánea sino a la atención que usamos y que tenemos a nuestro favor. Esa atención no se da en automático sino que requiere de nuestra participación para darse. Y es esa la atención a la que yo llamo, por lo que comentaré más delante, mágica.

La otra característica es que, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio. A diferencia de los otros tres pilares donde se puede separar, e incluso trabajar cada una de las dos vertientes mencionadas, en el caso de la atención no es así ya que todo en ella es factual y trascendental.

Otro rasgo distintivo de la atención es que, a diferencia de los otros tres pilares, ésta no tiene un absurdo, es decir, algo que la haga ilógica, irracional o paradójica.

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La atención simplemente es, la atención está presente en los otros tres pilares, y por ello la atención puede resolver los absurdos de los otros pilares. La atención no es “darse cuenta de”, es el paso previo a eso, y ese “darse cuenta de” es la conciencia, pero trabajar la atención junto con los otros tres pilares y sus absurdos nos faculta para llegar a ese “darse cuenta de”. No sé cuándo vaya a ser eso, puede ser ahorita, mañana, pasado o dentro de 50 años, pero desde el inicio de aplicación de estas técnicas comenzarás a ver un cambio en tu vida, un cambio que te posibilitará entrar en posesión de recursos ilimitados que tienes y que estaban dormidos, descuidados, desatendidos, pero listos para entrar en función en lo que a tu proyecto de vida se refiere.

Resumiendo

Al inicio de este libro comenté que la razón y la percepción son reactivos, mientras que la voluntad y la atención son proactivos. Esto no quiere decir que cada uno de esos pilares no tenga más que esas características, aclaremos esto, todos tienen características reactivas y proactivas pero su naturaleza final es la que determina hacia donde se inclina la balanza dando que sea un pilar reactivo o proactivo. Es como en la cuestión de géneros, un hombre también tiene hormonas femeninas pero el cúmulo mayor de hormonas masculinas es lo que lo termina definiendo como tal, de la misma forma una mujer también tendrá hormonas masculinas pero son muchas más las hormonas femeninas que determinan finalmente su género como tal.

De la misma forma la razón y la percepción tienen aspectos proactivos, pero su naturaleza última es reactiva; igual la voluntad y la atención, ambas tienen elementos reactivos, pero su naturaleza última y final es proactiva.

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En este punto podemos retomar lo que al inicio del libro se señaló cuando se comentó que los pilares reactivos de la razón y de la percepción son los pilares sobre los que descansa el saber, mientras que los pilares proactivos de la voluntad y de la atención son los pilares sobre los que descansa el hacer; de la misma forma se señaló en su momento que para que el liderazgo trascendental nos habilite para alcanzar la totalidad de nuestro ser, requiere lo mismo de rigidez que de fluidez en nuestra vida; ésta rigidez está identificada con los pilares reactivos de la razón y de la percepción y la fluidez está identificada con los pilares proactivos de la voluntad y la atención.

El saber al que se hace mención es ese mundo conocido existente que nos es alcanzable con los pilares de la razón y de la percepción, el hacer es ese mundo desconocido creable que nos es alcanzable con los pilares de la voluntad y de la atención. Este mundo conocido existente al que se refiere el saber es rígido pues como tal ya es, no podemos cambiarlo, por el contrario el mundo desconocido creable al que se refiere el hacer es flexible pues como tal aún no es y podemos darle forma. La razón y la percepción son reactivas y se basan en lo que sabemos, la voluntad y la atención son proactivas y se basan en lo que no sabemos pero que podemos llegar a saber, y tanto la razón como la voluntad como la percepción y como la atención que están sustentadas en lo que sabemos o en lo que no sabemos pero podemos llegar a saber, se sustentan todas en lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber

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1er Cuerpo: Material

La sirenita (The Little Mermaid) es una película infantil de animación del año 1989, basada en el cuento del mismo nombre de Hans Christian Andersen, producida por Walt Disney Pictures y dirigida por Ron Clements y John Musker. Obtuvo dos premios Óscar en las categorías de «Mejor banda sonora» así como de Mejor canción original, además de un Globo de oro como Mejor banda sonora. El argumento gira en torno a una sirena que inconforme con vivir bajo el agua siente atracción por el mundo exterior, lo cual en el desarrollo de la película se le concede generando una historia con mensaje. En un punto de la película la sirenita canta la canción que en español se ha titulado “Parte de tu mundo”, un extracto de la letra dice “Yo quiero ver algo especial, yo quiero ver una bella danza, y caminar con los, ¿cómo se llaman?, ah, pies // Solo nadar no es original, por qué no tener un par de piernas y salir a pasear, ¿cómo dicen?, a pie // Y poder ir a descubrir que siento al estar ante el sol, no tiene fin; quiero saber, más, mucho más”.

Si bien los cuatro cuerpos que se abordaran en la presente obra forman parte de nuestra experiencia existencial, sin duda alguna el cuerpo material es más claro, objetivo, tangible y, por ello, primario de todos ellos.

El cuerpo material, que se experimenta vivencialmente desde el primer momento de la existencia, es lo que somos, pero eso que somos circunscrito a lo que podemos ver, sentir, tocar, medir, pesar. Es nuestra estructura física que nos permite vivir, conocer el mundo y a partir de ahí conocernos.

Comento que es el cuerpo más claro por ser el que de una manera muy concreta podemos percibir. Todos sabemos dónde está nuestra mano derecha o nuestro 29


pie izquierdo, nuestra cabeza y nuestra cintura, incluso internamente donde está el corazón, el cerebro o el estómago, máxime, en esto último, cuando algo nos falla o sentimos alguna molestia. Señalo que este cuerpo es el más objetivo pues todos sabemos qué somos, dónde empezamos y dónde terminamos, no hay confusión en ello. Indico que es el más tangible pues podemos verlo, sentirlo, medirlo, pesarlo. Y resalto que es el más primario pues es el que dé inicio desde el primer momento de nuestra existencia, sabemos, conocemos y usamos. Con todo y todo no es el único cuerpo, hay otros tres –emocional, intelectual y espiritual- que se irán abordando a lo largo de esta obra.

Cuando he presentado este tema de los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, antes de abordar la cuestión relativa al cuerpo material, realizó una dinámica. Pido se me ponga en una mese al frente una botella cerrada con agua purificada y un vaso con tierra. Pido pase alguien al frente y le solicito abra el mismo a botella (para cerciorarse esta nueva, sin abrirse) y de unos tragos al agua que ella contiene. Una vez hecho esto le pido vacíe el agua restante en el vaso con tierra y, una vez hecho esto, le pido lo beba. Obvio que en este punto la persona se detiene. Este es un buen momento para la reflexión inicial que nos lleve al umbral de lo que abordaremos como el cuero material: “¿Por qué no tomar el agua en el vaso con tierra?, ¿qué diferencia hay con el agua que se tomó anteriormente?, ¿qué es lo que hace se detenga uno para no tomar el agua que ha sido enrarecida?, ¿es algo bueno o malo esa reacción que impidió consumir el agua sucia?, ¿por qué concluimos tantas cosas, como para no beber al agua sucia, si nunca lo hemos hecho?”

El ejercicio anterior es un pretexto para fijarnos en lo que corresponde al primer cuerpo, el material. No es necesario especificar las respuestas para las preguntas anteriores ya que toda ellas giran en torno a nuestro cuerpo material. La idea es

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caer en cuenta de su existencia y proceder a verlo a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

La reflexión general derivada de las preguntas anteriores es que sin duda alguna para que este cuerpo material, al igual que los otros cuerpos que veremos, funcione en óptima condiciones requiere se cumplan ciertos requisitos, requisitos determinados de manera muy clara por las funciones básicas relacionadas con dicho cuerpo.

Ahora bien, en el caso del cuerpo material, y de igual forma en el resto de los cuerpos como iremos viendo, existen en todos esas funciones básicas, pero las mismas pueden catalogarse en prioritarias o secundarias. Las prioritarias son aquellas que necesaria y forzosamente deben de darse para que el cuerpo, en este caso el material, exista, por ejemplo comer y beber; las secundarias son aquellas que no se requieren con un carácter perentorio para la existencia de este cuerpo material pero que están relacionadas con él, por ejemplo bañarnos, cortarnos el pelo o las uñas. Independientemente de esto ambas funciones, tanto básicas como prioritarias, pueden servirnos para la construcción dinámica del liderazgo trascendental a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Por ejemplo, tomemos, una función básica prioritaria relacionada con el cuerpo material, comer y beber, con la cual todos podemos coincidir en la necesidad de que ésta se dé para poder estar vivo. Ahora bien, si nos circunscribiéramos a la cuestión de la necesaria condición requerida en cuanto al comer y beber para que nuestro cuerpo material exista, realmente no estaríamos aportando nada nuevo a lo que sobre esto ya sabemos, pero si lo enfocamos desde el punto de vista de la construcción dinámica del liderazgo trascendental la cosa cambia.

Para avanzar en la construcción dinámica del liderazgo trascendental, referido en este caso al cuerpo físico, debemos entender y aplicar lo referido a los cuatro 31


pilares del liderazgo trascendental. Para ello requerimos tanto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental como del insumo para ello.

Respecto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, como ya se comentó, una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo?, la otra vertiente es trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? El pilar de la voluntad, de igual forma, tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. En cuanto al pilar de la percepción, este también tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual se refiere a limitar y la trascendental a no-limitar. El pilar de la atención, como ya se señaló, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio

Con esto en mente, todo lo que hagamos referido al cuerpo material, puede ser trabajado desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental: el pilar de la razón preguntando ¿cómo? pero también ¿por qué? y ¿para qué?, el pilar de la voluntad, enfocándonos en el “hacer” pero también en “ser”, el pilar de la percepción, realizando el limitar y pero también el no-limitar, y el pilar de la atención, estando en el aquí y ahora y al mismo tiempo trascendiendo el tiempo y el espacio.

Ahora bien, en cuanto al insumo, hay que aclarar que nos referimos a todo aquellos que usaremos para, con y respecto del cuerpo material, desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, como en este caso: el comer y el beber.

De esto último siguiendo con el ejemplo de la comida o a la bebida, dos insumos muy claros y concretos referidos al cuerpo material, no tendríamos mayor problema en aplicar, como ya se comentó anteriormente y se desarrolló 32


ampliamente en la primer obra de esta serie, los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Este es el meollo de todo el asunto, no solo referido al cuerpo material sino también a los demás cuerpos que iremos viendo: el preguntarnos de cualquier cosa, situación o evento ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo material? La primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usado siempre desde la perspectiva del cuerpo material y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo cómo, cómo bebo?, ¿apurado, lento?, ¿saludable o no saludable?, ¿a mis horas o a deshoras?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Esta comida, esta bebida, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina la comida, la bebida, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta del sistema vivo del cual la comida forma parte, de donde viene, hacia dónde va, todo como parte de un todo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención. Lo relativo a los cuatro pilares del liderazgo trascendental –razón, voluntad, percepción y atención-, tanto en su explicación teórica como en su desarrollo práctico, ya se abordó en la primer obra de esta serie, así que para no ser 33


repetitivo se dan indicaciones generales referidas a esto, para ahondar más en ello se recomienda, si no se ha leído, leer el primer libro de esta serie.

Pero bueno, se ha visto un ejemplo de una función básica prioritaria para el cuerpo material, como el comer y el beber, ¿pero qué hay de aquellas que consideraríamos como funciones básicas pero secundarias? En este caso el ejercicio es exactamente el mismo.

Pensemos en una función básica pero secundaria como el peinarse o el lavarse los dientes, al igual que en el ejercicio anterior no debe haber mayor problema en aplicar los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Para ello de igual forma que anteriormente nos preguntamos ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo material? Al igual que en el ejercicio anterior, la primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usada siempre desde la perspectiva del cuerpo material y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo me peino, cómo me lavo los dientes?, ¿apurado, lento?, ¿dedico tiempo o no?, ¿cuidando detalles, sin preocuparme mucho?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: El peinarme, el lavarme los dientes, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina el peinarme, el lavarme los dientes, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta de que el peinarme es arreglar una parte de todo mi cuerpo, de igual forma el lavarme 34


los dientes es limpiar una parte de todo mi cuerpo, y si en ambos caso es una parte afecta al todo, al sistema que es ese cuerpo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Lo interesante de la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental en cuanto al abordaje del cuerpo material es que prácticamente en cualquier momento del día podemos caer en cuenta de algo relacionado con él y utilizarlo para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde el enfoque de los cuatro pilares, bien en conjunto, es decir con los cuatro pilares como le hemos hecho, o escogiendo un pilar y en otra ocasión ante otra situación otro pilar. La idea es usar el cuerpo material para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde la perspectiva de los cuatro pilares.

¿Cómo qué cosas podemos caer en cuenta durante el día que estén relacionadas con el cuerpo material y que podamos abordarlas desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental? Prácticamente la lista no tendría fin: caminar, sentarnos, comer, descansar, rascarnos, vestirnos, etc. Literalmente no hay un momento en el día en que no podamos observarnos y caer en cuenta de algo que en ese momento estemos haciendo con nuestro cuerpo material y que podamos abordarlo desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Venga una reflexión que parte del cuerpo material pero que llega a permear los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental.

El caminar por la vida, sin duda alguna, presenta tramos donde el cansancio físico, mental o espiritual hacen muy pesado el avanzar, es en ese momento donde el

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sentido común debe llevarnos a tomar las decisiones que nos permitan, sin dejar de avanzar, recobrar las fuerzas necesarias para continuar nuestro andar.

El tema del descanso, del detener un momento la marcha, de tomarse un respiro, es un tema que pocas veces se aborda en las cuestiones de motivación ya que las mismas están enfocadas en dinamizar a la persona para que alcance la meta, pero un buen entrenador, un buen líder, un buen guía sabe que es necesario e incluso indispensable el tomarse un descanso y esto por una razón muy práctica: el rendimiento no es el mismo estando cansados.

Todos hemos oído el consejo apremiante de no conducir cansados cuando viajamos en vehículo por carretera, la razón es que los reflejos disminuyen y el riesgo de sufrir un accidente se incrementa. De la misma forma en la vida el conducir cansados, es decir, el querer seguir avanzando a pesar del cansancio que se experimente, puede conducir a una disminución de los reflejos, entendiendo por reflejos la capacidad de tomar buenas decisiones, de resistir los embates de la vida, y de actuar de manera oportuna.

Ahora bien, este descansar no es sinónimo de claudicar, volviendo a la historia inicial de la conquista del Everest, vemos cómo es que el ascenso de varios días era intercalado con descansos programados, pero una vez recargadas las fuerzas, el viaje continuaba pues en la mira se tenía lo que de inicio motivó la odisea.

De la misma forma, cuando iniciamos algo, lo que sea, un proyecto, una meta, un sueño, se establece un objetivo más o menos claro, pero detrás del objetivo en su momento hay una serie de motivaciones intangibles, internas, personales, que hacen iniciar ese andar. Esas motivaciones pueden ser traídas de nuevo a la mente cuando el cansancio se haga presente para hacer ver y revalorar el caminar.

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Lo anterior es un poco complicado porque las mismas motivaciones tienen un carácter emocional muy fuerte, carácter que puede verse diluido con el tiempo dejando solo la parte racional del objetivo, es decir, lo que queremos lograr, pero el por qué o para qué es aquello emocional que de inicio nos empujó a iniciar la conquista de ese sueño.

Luego entonces, la sugerencia práctica es que antes de, como coloquialmente se dice, tirar la toalla, tomarse un tiempo para con calma recordar los motivos internos que nos movieron hacia el reto que se enfrenta.

La conquista de todo sueño lleva dos fuerzas, la que nos impele al logro de la meta trazada y aquella que nos jala para detener nuestro avance, cuando este balance tienda al cansancio, el desánimo y la desazón, hay que recordar, tener muy en cuenta y reavivar los motivos iniciales que nos empujaron nuestro caminar, en otras palabras, cuando te canse el camino, recuerda qué fue lo que te hizo iniciar tu andar.

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2° Cuerpo: Emocional

Hércules es una película de acción y aventura estadounidense, dirigida por Brett Ratner y protagonizada por Dwayne Johnson, Ian McShane, Reece Ritchie, Ingrid Bolsø Berdal, Joseph Fiennes y John Hurt. Se basa en la novela gráfica del mismo nombre. Hay una escena, cuando Hércules está encadenado, donde el Rey Euristeo, que lo había contratado pero lo traiciona, le descubre que él estuvo detrás de la muerte de su familia, esto por temor a la fama creciente que estaba adquiriendo Hércules ante el pueblo. Cuando Hércules le menciona que él no ambicionaba nada, el Rey Euristeo le dice “¡Exacto! Tu pecado fue carecer de ambición. Se lidiar con un hombre ambicioso: se le puede comprar. ¡Pero un hombre que no quiere nada no tiene precio!”.

Después del cuerpo material, el cuerpo que sigue en cuanto a experiencia vivencial es el emocional. El cuerpo material se experimenta vivencialmente desde el primer momento de la existencia, después de este es el cuerpo emocional el que sigue en este orden de experiencia vivencial ya que las emociones tales como miedo, alegría, ansiedad, tranquilidad y demás comienzan a experimentarse desde muy tierna edad aunque no instantáneamente ya que requiere de que comencemos a interactuar con nuestro medio ambiente.

A diferencia del cuerpo material, el cuerpo emocional es confuso, subjetivo, intangible y secundario.

El cuerpo emocional es todo aquello que experimentamos como sensaciones basadas en sentimientos. Es una manera de interactuar con el mundo donde la valoración de las circunstancias nos mueve como péndulo de un extremo a otro

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dentro de una amplia gama de alteraciones sensibles internas y que de igual forma nos permite vivir, conocer el mundo y a partir de ahí conocernos.

Comento que el cuerpo emocional es confuso pues a las emociones, a los sentimientos, no les podemos poner un límite que indique dónde o cuándo empiezan y dónde o cuándo terminan. Señalo que el cuerpo emocional es subjetivo por que las emociones, los sentimientos, no tienen un referente directo con lo experimentado sino que cada quien interpreta sus circunstancias y en función de eso reacciona. Indico que el cuerpo emocional es intangible por que las emociones, los sentimientos, no pueden ser vistos, medidos, pesados. Y resalto que el cuerpo emocional es secundario porque depende de su existencia en cuanto a una existencia previa del cuerpo material.

Este es el segundo cuerpo que abordaremos, después del cuerpo material, dejando los otros dos - intelectual y espiritual- para los subsiguientes apartados.

Cuando he presentado este tema de los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, antes de abordar la cuestión relativa al cuerpo emocional, realizó una dinámica. Pido pase alguien al frente y en su presencia acomodo unas sillas por donde le indico lo guiaremos para qué pase entre ellas, siendo que para esto le vendaremos los ojos. Una vez que ha visto cómo se acomodan las sillas se le vendan los ojos. Mientras se le vendan los ojos se retiran todas las sillas, por lo que el espacio por donde caminará está completamente despejado, sólo que él no lo sabe. Lo movemos tomándolo del brazo hacia otro lado del escenario con la que la imagen que pudo haber tenido del acomodo de las sillas, ahora inexistente, ya no le sirve. Entonces se le suelta del brazo y dándole instrucciones se le va guiando por entre las sillas imaginarias pues éstas ya no están. La guía por entre las sillas imaginarias se hacen con aspavientos para que tenga cuidado de no tocar las sillas o no salirse del escenario, situaciones que nunca se dan. Una vez que según esto termina de caminar entre las sillas se le pide se quite la venda y 39


mire por dónde caminó. Entonces se le pregunta sobre sus sentimientos: “¿qué experimentó, qué sintió, en sus emociones?” Respuestas hay muchas pero aquí lo interesante es que las emociones, al menos mientras transitaba por entre las sillas imaginarias con la venda puesta en los ojos, se volvieron algo más real, sumamente más real, que los obstáculos inexistentes que tuvo que supuestamente sortear.

El ejercicio anterior es un pretexto para fijarnos en lo que corresponde al segundo cuerpo, el emocional. No es necesario especificar las respuestas para las preguntas anteriores ya que toda ellas giran en torno a nuestro cuerpo emocional. La idea es caer en cuenta de su existencia y proceder a verlo a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

A diferencia del cuerpo material, el cuerpo emocional no tiene requisito alguno para funcionar, pero sí sus reacciones pueden llenarnos de energía si son positivas o desgastarnos si es que son negativas. Es así como podemos definir que existen dos categorizaciones de las emociones, los sentimientos, positivas o negativas, dependiendo si nos cargan de energía, si nos mueven a dinamismo, o si más bien nos descargan, nos deprimen, nos desmoralizan.

En el primer caso, el de las emociones positivas, podríamos mencionar a manera de ejemplo la alegría, la gratitud, la serenidad, el interés, la esperanza, el orgullo, la diversión, la inspiración, el asombro y el amor. En el segundo caso, el de las emociones negativas, podríamos mencionar, de igual forma a manera de ejemplo, el miedo, el enojo, la ansiedad, la tristeza, el aburrimiento, la culpa, la envidia, los celos, la decepción y la insatisfacción. Independientemente de esto ambas categorizaciones, tanto el de los sentimientos y emociones positivas como el de los negativos, pueden servirnos para la construcción dinámica del liderazgo trascendental a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

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Por ejemplo, tomemos, una emoción positiva relacionada con el cuerpo emocional, la alegría, la cual todos hemos experimentado y sabemos por ello a qué nos estamos refiriendo, aunque sea difícil si quisiéramos definir de manera exacta este sentimiento. Ahora bien, si nos quedáramos con que la alegría es un sentimiento positivo que nos ayuda de manera eficaz para enfrentar la vida con dinamismo, realmente no estaríamos aportando nada nuevo a lo que sobre esto ya sabemos, pero si lo enfocamos desde el punto de vista de la construcción dinámica del liderazgo trascendental la cosa cambia.

Para avanzar en la construcción dinámica del liderazgo trascendental, referido en este caso al cuerpo emocional, debemos entender y aplicar lo referido a los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Para ello requerimos tanto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental como del insumo para ello.

Respecto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, de nueva cuenta y como ya se comentó, una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo?, la otra vertiente es trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? El pilar de la voluntad, de igual forma, tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. En cuanto al pilar de la percepción, este también tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual se refiere a limitar y la trascendental a no-limitar. El pilar de la atención, como ya se señaló, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio

Con esto en mente, todo lo que hagamos referido al cuerpo emocional, tal como en su momento lo hicimos referido al cuerpo material, puede ser trabajado desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental: el pilar de la razón preguntando ¿cómo? pero también ¿por qué? y ¿para qué?, el pilar de la 41


voluntad, enfocándonos en el “hacer” pero también en “ser”, el pilar de la percepción, realizando el limitar y pero también el no-limitar, y el pilar de la atención, estando en el aquí y ahora y al mismo tiempo trascendiendo el tiempo y el espacio.

Ahora bien, en cuanto al insumo, hay que aclarar que nos referimos a todo aquellos que usaremos para, con y respecto del cuerpo emocional, desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, como en este caso: la alegría.

De esto último siguiendo con el ejemplo de alegría, un sentimiento positivo claramente referido al cuerpo material, no tendríamos mayor problema en aplicar, como ya se comentó anteriormente y se desarrolló ampliamente en la primer obra de esta serie, los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Tal como se indicó en su momento al abordar el cuerpo material, este es el meollo de todo el asunto: el preguntarnos de cualquier cosa, situación o evento ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo emocional? La primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usado siempre desde la perspectiva del cuerpo emocional y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la alegría-?, ¿excitante?, ¿satisfactorio?, ¿pleno?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la alegría-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?.

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Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la alegría-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Tal como se comentó cuando se abordó el cuerpo material, se vuelve a aclarar que lo relativo a los cuatro pilares del liderazgo trascendental –razón, voluntad, percepción y atención-, tanto en su explicación teórica como en su desarrollo práctico, ya se abordó en la primer obra de esta serie, así que para no ser repetitivo se dan indicaciones generales referidas a esto, para ahondar más en ello se recomienda, si no se ha leído, leer el primer libro de esta serie.

Pero bueno, se ha visto un ejemplo de una emoción positiva para el cuerpo emocional, como lo es la alegría, ¿pero qué hay de aquellas que consideraríamos como emociones negativas, pueden sernos igual de utilidad? En este caso el ejercicio es exactamente el mismo.

Pensemos en una emoción negativa como podría bien ser la tristeza, al igual que en el ejercicio anterior no debe haber mayor problema en aplicar los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Para ello de igual forma que anteriormente nos preguntamos ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo emocional? Al igual que en 43


el ejercicio anterior, la primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usada siempre desde la perspectiva del cuerpo emocional y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la tristeza-?, ¿deprimente?, ¿ingrato?, ¿falto?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la tristeza-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la tristeza-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Al igual que cuando se abordó el cuerpo material, lo interesante de la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental en cuanto al abordaje del cuerpo emocional es que prácticamente en cualquier momento del día podemos caer en cuenta de algo relacionado con él y utilizarlo para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde el enfoque de los cuatro pilares, bien en conjunto, es decir con los cuatro pilares como le hemos hecho, o escogiendo un pilar y en otra ocasión ante otra situación otro pilar. La idea es usar el cuerpo emocional 44


para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde la perspectiva de los cuatro pilares.

¿Cómo qué cosas podemos caer en cuenta durante el día que estén relacionadas con el cuerpo emocional y que podamos abordarlas desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental? Prácticamente la lista no tendría fin y tiene que ver con la gama de sentimientos positivos y negativos que experimentamos. Literalmente no hay un momento en el día en que no podamos observarnos y caer en cuenta de algo que en ese momento estemos haciendo con nuestro cuerpo emocional y que podamos abordarlo desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Venga una reflexión que parte del cuerpo material pero que llega a permear los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental.

La forma en que uno aborda la cuestión del liderazgo, el emprendedurismo y la motivación, necesaria y forzosamente pasan por la manera en que uno es capaz de administrar los tropiezos, caídas y frustraciones que tarde que temprano experimentaremos en nuestra vida.

Una de las características básicas del ser humano, independientemente de su género, nacionalidad, historia, cultura o creencias es que siempre se encuentra éste en un permanente estado de insatisfacción. Este estado de insatisfacción no quiere decir que no esté disfrutando de la vida o que siempre esté amargado sino que de una u otra forma en su mente y en su corazón siempre está viendo que más puede ser, hacer o tener.

Esta inconformidad es parte inherente de nuestra naturaleza y a mí, en lo personal, me dice mucho sobre el increíble potencial humano que todos tenemos. Déjame te lo explico. El que uno desee siempre ser, hacer o tener más es una muestra tangible de que estamos llamados para niveles de excelencia, perfección 45


y totalidad que difícilmente podemos alcanzar como humanos, y mira que digo difícilmente aunque creo que la palabra correcta más bien sería imposiblemente.

Si bien este logro de la excelencia, perfección y totalidad, al menos en su grado completo, nos es imposible por nuestra propia naturaleza inferior, imperfecta e incompleta, esto no impide que en nuestra mente y en nuestro corazón esté el deseo, deseo perennemente insatisfecho, de alcanzar aquello.

Este deseo nos lleva a ser, hacer y tener cada vez más o por lo menos a intentarlo; y es en este intento donde debemos saber, entender, comprender y aceptar que en ocasiones lograremos lo que nos propongamos pero en otras ocasiones no.

Son esas ocasiones en las que no logramos lo que nos proponemos, lo que llamo tropiezos, caídas y frustraciones las que, dado necesaria y forzosamente experimentaremos, debemos desarrollar alguna forma de administrar para que no malogren el resto de nuestro andar por la vida. Y mira que uso intencionalmente el término de “administrar” pues cual si fuera un proyecto, los tropiezos, caídas y frustraciones también deben hacernos establecer una estrategia para pasar del punto A (el tropiezo, las caídas o la frustración) al punto B de continuar avanzando en nuestra vida.

En la actualidad, a través de la increíble cantidad de información a la que todos tenemos alcance, podemos encontrar un sinfín de sugerencias, tácticas y estrategias que nos permitan de una manera práctica enfrentar el fracaso, entendiendo por fracaso, fracaso temporal, esos tropiezos, caídas y frustraciones.

Lo que en esta ocasión quiero proponerte es reflexionar sobre la actitud ante el mismo, más que las sugerencias, tácticas y estrategias que encontrarás para enfrentar ese fracaso temporal. 46


¿A qué me refiero con actitud? A esos sentimientos, a esos pensamientos, que bien pueden embargarnos cuando experimentamos esos tropiezos, caídas y frustraciones. Mira que en esto hay una trampa: nuestra insatisfacción surge del deseo permanente de cada vez más y mejores niveles de excelencia, perfección y totalidad, pero como esto último es imposible lograrlo en grado total esa insatisfacción permanece generando en nosotros sentimientos y pensamientos que para nada nos sirven en nuestro andar. Es así como esa insatisfacción que bien puede ser usada para avanzar en nuestra vida hacia más y mejores estados de desarrollo puede también volverse en nuestra contra para intentar (y lograr si se lo permitimos) sabotear nuestro proyecto de vida.

Visto de esta forma, ¿cuál es la aportación de este artículo? Simplemente el que te des cuenta de lo anterior. Así como que quien vela dificulta que un ladrón se meta a su casa, de igual forma el que tú te des cuenta de que esos sentimientos y pensamientos negativos que experimentamos ante los tropiezos, caídas y frustraciones si permitimos nos controlen y nos definan terminarán deteniéndonos en nuestro andar y socavando la posibilidad de avanzar en nuestro proyecto de vida.

Los tropiezos, caídas y frustraciones son algo que tarde que temprano todos experimentaremos varias veces en nuestra vida, pero los mismos, curiosamente, nos servirán para desarrollar carácter, entereza y capacidad para avanzar con mayor decisión en nuestro proyecto de vida, claro siempre y cuando no cedamos el control de nuestra vida a los sentimientos negativos que surgen cuando enfrentamos las adversidades, después de todo tú no sostendrías en la mano un carbón ardiendo, entonces ¿por qué guardar en tu alma sentimientos que te dañan?

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3er Cuerpo: Intelectual

Juegos de guerra (título original: WarGames) es una película estadounidense de 1983, del género thriller, ciencia ficción, dirigida por John Badham. Protagonizada por Matthew Broderick, Ally Sheedy y John Wood en los papeles principales. Recibió los premios Oscar a Mejor guion original, Mejor fotografía y Mejor sonido, de igual forma se hizo acreedora a los premios Bafta a Mejor sonido, Mejores efectos especiales y Mejor dirección artística. El guion escrito por Lawrence Lasker y Walter F. Parkes está ambientado en los últimos años de la Guerra fría y cuenta la historia de un joven hacker que intenta infiltrarse en sistemas ajenos por simple curiosidad. Un la parte culmen de la película, una vez que debido a la infiltración accidental que del sistema hizo el joven hacker, la computadora inicia la secuencia para lanzar los misiles nucleares de Estados Unidos, creyendo se trata de un juego. Así que antes de que los lance la hacen inicie una serie de simulaciones que todos los escenarios posibles dependiendo de quién iniciara el ataque. Ante la sucesión instantánea de escenarios tras escenario donde nadie salía ganador, la co-protagonista le pregunta al protagonista principal, el joven hacker, que si qué es lo que está pasando, a lo que él le contesta “está aprendiendo”.

Después del cuerpo emocional, el cuerpo que sigue en cuanto a experiencia vivencial es el intelectual. El cuerpo intelectual se experimenta especulativamente y, a diferencia del cuerpo material que se experimenta vivencialmente desde el primer momento de la existencia y del cuerpo emocional que requiere comencemos a interactuar con nuestro medio ambiente, en el caso del cuerpo intelectual se requieren cierto marcos de referencia mentales para poder llevar a cabo procesos psicológicos, es por ello que el cuerpo intelectual viene después del emocional el cual viene después del material. 48


El cuerpo intelectual combina algunas características del cuerpo material y del cuerpo emocional, aunque tiene las suyas propias Al igual que el cuerpo material es objetivo y al igual que el cuerpo emocional es intangible, pero de la misma forma tiene su propia característica que lo hace a la vez confuso e inteligible, y a diferencia del cuerpo emocional el cual es secundario, el cuerpo intelectual es terciario, además, mientras que los sentimientos, las emociones relativas al cuerpo emocional pueden clasificarse, como ya se vio, como positivas o negativas, las ideas, los pensamientos del cuerpo intelectual siempre son neutros.

El cuerpo intelectual no es todo aquello que experimentamos sino la forma en que procesamos e interpretamos, dependiendo de nuestros marcos de referencia, todo eso que experimentamos. Es una manera de interactuar con el mundo donde nuestra percepción funciona como un filtro donde se maximizan ciertas condicionantes de la vida mientras que se minimizan otras formulando en nuestra mente ideas acerca de lo que experimentamos con conclusiones especulativas lo que de igual forma nos permite vivir, conocer el mundo y a partir de ahí conocernos.

Señalo que el cuerpo intelectual es objetivo por que las ideas, los pensamientos, al igual que con el cuerpo material, tienen un referente directo con lo experimentado aunque cada quien interpreta sus circunstancias y en función de eso se generan las ideaciones intelectuales que devienen en una interpretación de lo que se experimenta. Indico que el cuerpo intelectual es intangible por que las ideas, los pensamientos, al igual que con el cuerpo emocional, no pueden ser vistas, medidas, pesadas. Comento que el cuerpo intelectual es a la vez confuso e inteligible pues a las ideas, a los pensamientos, al igual que con el cuerpo emocional, no les podemos poner un límite que indique dónde o cuándo empiezan y dónde o cuándo terminan, pero una vez generadas podemos trabajar con ellas y de manera concreta transmitirlas. Resalto que el cuerpo intelectual es terciario 49


porque depende de su existencia en cuanto a una existencia previa del cuerpo emocional y este del cuerpo material. Por ultimo subrayo que el cuerpo intelectual es neutro en cuanto a que las ideas, los pensamientos en sí, no tienen una connotación por si mismos sino que ellos, al incidir en el cuerpo emocional o el cuerpo material devienen en emociones o sensaciones positivas o negativas, dependiendo de los marcos de referencia que se tengan, pero estas como consecuencia del cuerpo intelectual y relativas a los cuerpos emocional y material.

Este es el tercer cuerpo que abordaremos, después del cuerpo material y del cuerpo emocional, dejando el último - espiritual- para el siguiente apartado.

Cuando he presentado este tema de los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, antes de abordar la cuestión relativa al cuerpo emocional, realizó una dinámica. Pido a una pareja de novios que pase al frente. Después de algunas preguntas rompehielo, les pregunto si hay confianza entre ellos. Obvio la respuesta siempre es si. Argumento un poco frente a la audiencia de la importancia de la confianza en la pareja (todo esto es un preámbulo para lo que sigue). Luego les pregunto a la pareja si conocen ese ejercicio basado en la confianza donde uno de ellos se deja caer de espaldas siendo el otro quien lo recibe en el aire. Este ejercicio es muy conocido por lo que la respuesta es si. Les aclaro a ellos que intentaremos algo así por lo que dado que ya conocen el ejercicio y hay confianza entre ellos no será muy complicada de hacer. Ahora viene lo bueno ya que como paso siguiente coloco a cada uno de la pareja en extremos lejanos del escenario, lo más lejos posible uno del otro, y entonces le pido a uno de ellos que se deje caer para que el otro lo reciba. Obvio que se quedan viendo como no creyendo la instrucción (más quien debe dejarse caer). La vuelvo a repetir intercalando preguntas sobre si acaso no confían en el otro y demás. Entonces en algún momento viene la respuesta de uno de ellos (generalmente de quien debe dejarse caer): “mi pareja está tan retirada de mí que no habría manera de que me recibiera al dejarme caer para atrás con lo que terminaría en el piso”. A eso se revira: ¿alguna vez te ha 50


pasado, es decir, que en un ejercicio similar tu pareja no pueda sostenerte y caigas al piso?, siempre la respuesta es “no”, entonces al preguntar uno como lo sabe siempre la respuesta, de una u otra forma es que “eso es algo lógico”.

El ejercicio anterior es un pretexto para fijarnos en lo que corresponde al tercer cuerpo, el intelectual. No es necesario especificar las respuestas para las preguntas anteriores ya que toda ellas giran en torno a nuestro cuerpo intelectual. La idea es caer en cuenta de su existencia y proceder a verlo a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

A diferencia del cuerpo material, pero al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo intelectual no tiene requisito alguno para funcionar, pero las maneras en que interpretemos el mundo, los demás y a nosotros mismos, pueden influir en nuestro ser y hacer de manera positiva o de manera negativa, aunque las ideas, los pensamientos en sí son neutros. Es así como podemos definir que existen dos categorizaciones de las ideas, los pensamientos, positivas o negativas, dependiendo si nos ayudan a ser más y mejor o si por el contrario actúan en detrimento de esto, a lograr algo que nos proponemos o por si el contrario nos lo obstaculizan, a si nos facilitan las cosas o nos las dificultan.

Una vez más: Las ideas en sí son neutras, pero las mismas generan en nosotros condiciones negativas o positivas, es decir, el cuerpo intelectual afecta el cuerpo emocional y el cuerpo material, pero de igual forma el cuerpo emocional y el cuerpo material pueden efectuar el cuerpo intelectual (esta interrelación se abordará más delante, cuando ya se haya abordado el cuerpo espiritual, cuando se vea la manera de construir liderazgo utilizando estos cuatro cuerpos) , pero con todo y todo no hay que confundir una idea, un pensamiento relativos al cuerpo intelectual con los sentimientos relativos al cuerpo emocional o las sensaciones relativas al cuerpo material, que dichas ideas o pensamientos puedan detonar en nosotros: la idea, el pensamiento, el cuerpo intelectual es una cosa, los efectos, en

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el cuerpo emocional o en el cuerpo material, son los que pueden ser positivos o negativos.

Las facultades mentales, relacionadas con el cuerpo intelectual, son análisis, síntesis, analogía, deducción e inducción. El análisis consiste en separar los elementos de un todo o de objeto para estudiar más fácilmente; la síntesis en su sentido más amplio es la unificación de las partes en un todo; la analogía es un razonamiento en que se buscan semejanzas genéricas para proponerlas en el estudio de diferentes situaciones; deducir significa pasar de lo general a lo particular; y la inducción es obtener principios explicativos generales a partir de los fenómenos o casos particulares.

Para poder trabajar el cuerpo intelectual, clasificaremos los pensamientos, como ya se comentó, como positivos o negativos en función si nos ayudan a ser más y mejor o si por el contrario actúan en detrimento de esto, a lograr algo que nos proponemos o por si el contrario nos lo obstaculizan, a si nos facilitan las cosas o nos las dificultan. Independientemente de esto ambas categorizaciones, tanto el de las ideas y pensamientos positivos como el de los negativos, pueden servirnos para la construcción dinámica del liderazgo trascendental a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Por ejemplo, tomemos, un pensamiento positivo relacionado con el cuerpo intelectual, entendiendo como pensamiento positivo lo que se comentó anteriormente, aunque eso como efecto pues el pensamiento, la idea en sí es neutra. En ese sentido tomemos la capacidad intelectual de analizar algo. Por ejemplo, podemos estar analizando una presentación que vayamos a hacer, una propuesta que se nos ha presentado o incluso nuestro propio futuro. Este análisis, puede ser positivo si nos lleva a prepararnos de una manera hacendosa para la presentación que vamos a hacer; puede ser positivo si nos hace ver las oportunidades o riesgos en la propuesta que se nos presenta y avanzar en ella o

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ajustarla; puede ser positivo si nos permite hacer planes para lograr en nuestro futuro las metas, sueños y objetivos que nos establezcamos.

Ahora bien, si nos quedáramos con que analizar algo generalmente deviene en un resultado intelectual que nos ayuda de manera eficaz, si es positivo, para enfrentar la vida con energía, eficacia, laboriosidad, realmente no estaríamos aportando nada nuevo a lo que sobre esto ya sabemos, pero si lo enfocamos desde el punto de vista de la construcción dinámica del liderazgo trascendental la cosa cambia.

Para avanzar en la construcción dinámica del liderazgo trascendental, referido en este caso al cuerpo intelectual, debemos entender y aplicar lo referido a los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Para ello requerimos tanto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental como del insumo para ello.

Respecto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, de nueva cuenta y como ya se comentó, una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo?, la otra vertiente es trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? El pilar de la voluntad, de igual forma, tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. En cuanto al pilar de la percepción, este también tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual se refiere a limitar y la trascendental a no-limitar. El pilar de la atención, como ya se señaló, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio

Con esto en mente, todo lo que hagamos referido al cuerpo intelectual, tal como en su momento lo hicimos referido al cuerpo material, puede ser trabajado desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental: el pilar de la razón 53


preguntando ¿cómo? pero también ¿por qué? y ¿para qué?, el pilar de la voluntad, enfocándonos en el “hacer” pero también en “ser”, el pilar de la percepción, realizando el limitar y pero también el no-limitar, y el pilar de la atención, estando en el aquí y ahora y al mismo tiempo trascendiendo el tiempo y el espacio.

Ahora bien, en cuanto al insumo, hay que aclarar que nos referimos a todo aquellos que usaremos para, con y respecto del cuerpo intelectual, desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, como en este caso: la capacidad (positiva) de analizar.

De esto último siguiendo con el ejemplo la capacidad (positiva) de analizar claramente referido al cuerpo intelectual, no tendríamos mayor problema en aplicar, como ya se comentó anteriormente y se desarrolló ampliamente en la primer obra de esta serie, los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Tal como se indicó en su momento al abordar el cuerpo material y emocional, este es el meollo de todo el asunto: el preguntarnos de cualquier cosa, situación o evento ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo intelectual? La primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usado siempre desde la perspectiva del cuerpo intelectual y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (positiva) de analizar?, ¿activa?, ¿eficiente?, ¿vivaz?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

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Voluntad: Esta capacidad (positiva) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (positiva) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Tal como se comentó cuando se abordó el cuerpo material y el cuerpo emocional, se vuelve a aclarar que lo relativo a los cuatro pilares del liderazgo trascendental – razón, voluntad, percepción y atención-, tanto en su explicación teórica como en su desarrollo práctico, ya se abordó en la primer obra de esta serie, así que para no ser repetitivo se dan indicaciones generales referidas a esto, para ahondar más en ello se recomienda, si no se ha leído, leer el primer libro de esta serie.

Pero bueno, se ha visto un ejemplo de una pensamiento positivo para el cuerpo intelectual, como la capacidad intelectual de analizar algo, ¿pero qué hay de aquella situación donde consideraríamos esto mismo, la capacidad intelectual de analizar algo -ya que el pensamiento en sí es neutro- como algo negativo? En este caso el ejercicio es exactamente el mismo. Y como la capacidad intelectual de analizar algo es neutra, usemos el mismo ejemplo, sólo que en vez de terminar ese proceso intelectual en algo positivo terminémoslo en algo negativo.

Por ejemplo, podemos de igual forma estar analizando una presentación que vayamos a hacer, una propuesta que se nos ha presentado o incluso nuestro 55


propio futuro. Pero este análisis, en vez de ser positivo, puede ser negativo si nos lleva a paralizarnos por la tensión, la preocupación, la intranquilidad respecto de la presentación que vamos a hacer; puede ser negativo si nos lleva a prejuicios, ofuscaciones o una condena en la propuesta que se nos presenta; puede ser negativo si nos lleva a deprimirnos, desmoralizarnos, derrotarnos, respecto de nuestro futuro, con relación a las metas, sueños y objetivos que nos establezcamos.

Así al igual que en el ejercicio anterior no debe haber mayor problema en aplicar los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

Para ello de igual forma que anteriormente nos preguntamos ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo intelectual? Al igual que en el ejercicio anterior, la primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usada siempre desde la perspectiva del cuerpo intelectual y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar?, ¿asfixiante?, ¿angustioso?, ¿dominante?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Cómo es para mí esta Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (negativa) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este 56


pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Al igual que cuando se abordó el cuerpo material y el cuerpo emocional, lo interesante de la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental en cuanto al abordaje del cuerpo intelectual es que prácticamente en cualquier momento del día podemos caer en cuenta de algo relacionado con él y utilizarlo para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde el enfoque de los cuatro pilares, bien en conjunto, es decir con los cuatro pilares como le hemos hecho, o escogiendo un pilar y en otra ocasión ante otra situación otro pilar. La idea es usar el cuerpo intelectual para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde la perspectiva de los cuatro pilares.

¿Cómo qué cosas podemos caer en cuenta durante el día que estén relacionadas con el cuerpo intelectual y que podamos abordarlas desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental? Prácticamente la lista no tendría fin y tiene que ver con la gama de pensamientos positivos y negativos que experimentamos. Literalmente no hay un momento en el día en que no podamos observarnos y caer en cuenta de algo que en ese momento estemos haciendo con nuestro cuerpo intelectual y que podamos abordarlo desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Venga una reflexión que parte del cuerpo intelectual pero que llega a permear los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental.

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Un tema constante de la motivación, el liderazgo y el emprendedurismo es precisamente el de las metas, sueños y objetivos que tengas y esto es más que obvio pues una cosa sin la otra no tendría sentido alguno así que una práctica muy sana es saber lo mismo que vamos avanzando que saber hacia dónde vamos.

Todos queremos sentirnos motivados, todos queremos tener liderazgo, todos queremos emprender, y eso está bien pero hay que tener mucha claridad en que eso es un medio no un fin. Así es. La motivación, el liderazgo y el emprendedurismo son el vehículo, o más bien la gasolina del vehículo, que te permitirá llegar a tus sueños, metas y objetivos.

Lo anterior puede parecer muy obvio pero conozco gente que desea todos los días estar al 100 en cuanto a liderazgo, emprendedurismo y motivación pero aunque parezca increíble no sabe para qué. Todos los días se mira al espejo antes de salir de casa y se dice algo de aliento, todos los días comparte una frase en sus redes sociales, todos los días tiene un mensaje de optimismo que compartir, pero cuando le pregunta uno sobre sus metas, sueños y objetivos no tiene mucho que decir.

¿Te ha pasado?, ¿no? Hagamos un ejercicio. ¿Te gustaría hoy, mañana, pasado, el resto de la semana y la que viene, el resto del mes y del año estar motivado, tener liderazgo, ser emprendedor?, ¿sí? Que bien. Ahora dime ¿cuáles son tus metas, sueños y objetivos para hoy, mañana, pasado, el resto de la semana y la que viene, el resto del mes y del año? ¿Cómo te fue?, ¿te das cuenta de lo que digo?

Más allá de hacernos sentir bien, de nada sirve estar motivado, tener liderazgo o ser emprendedor si no tenemos claridad en lo que queremos lograr. Es como agarrar un vehículo y soltarse manejando sin un rumbo fijo, a ver hacia donde nos lleva el camino.

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No desdeño una actitud positiva ante la vida, lo que te digo es que ante el tiempo finito que tenemos debemos ser muy estrategas para aprovecharlo, y eso implica que el liderazgo, el emprendedurismo y la motivación tienen un fin, un fin que llamamos metas, sueños y objetivos.

Si en el ejercicio anterior, cuando pasamos a la cuestión de las metas, sueños y objetivos sentiste que te quedaste corto no te preocupes ¡mejor ocúpate! Es decir, ponte a reflexionar donde estas, donde quieres estar y a partir de ahí desarrolla metas, sueños y objetivos que lograr y hacia dónde dirijas tu liderazgo, tu emprendedurismo, tu motivación.

Una buena actitud ante la vida es imprescindible para vivirla al máximo, pero para aprovecharla al máximo se requiere que esa buena actitud tenga una intención más que clara, después de todo tan importante como la sangre que recorre tus venas, son los sueños y pensamientos que abrigas en tu mente.

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4° Cuerpo: Espiritual

Star Trek: The Motion Picture (conocida en español como Star Trek: la película o Viaje a las estrellas: la película), es una película de ciencia ficción estadounidense ubicada dentro del universo de Star Trek creado por Gene Roddenberry. Fue la primera película de la franquicia basada en la serie de los 60 Star Trek: La Serie Original, estrenada el 7 de diciembre de 1979. Su director fue el ganador del Óscar de la Academia Robert Wise, y constituye su tercer film de ciencia ficción. Star Trek: The Motion Picture revitalizó la franquicia, dando lugar a nueve secuelas y dos precuelas. La trama gira en torno a la misión de la nave Enterprise para interceptar, y en su caso inhabilitar, una poderosa fuerza alienígena, en forma de una masiva nube de energía con una longitud de 82 unidades astronómicas, que esconde una nave llamada V´Ger que mide 2 unidades astronómicas, y que se dirige rumbo a la Tierra, representando una amenaza para ella. Dicha nave, V´Ger, resulta ser una máquina consiente, viviente a su manera, y en una escena, el Sr. Spok entra en ella y luego de recibir una descarga es echado fuera y rescatado de nuevo por el Enterprise, pero por un momento su conciencia accede a la de V´Ger, así se da cuenta cómo es que V´Ger tiene conocimientos que abarcan todo el universo, y aun así V´Ger es estéril, frío, sin misterio, sin belleza, no tiene respuestas, sólo hace preguntas, la más importante: “¿es esto todo lo que soy?, ¿es que no hay nada más?”.

Después del cuerpo intelectual, el cuerpo que sigue en cuanto a experiencia vivencial es el espiritual. El cuerpo espiritual se experimenta místicamente y, a diferencia del cuerpo material material se experimenta vivencialmente desde el primer momento de la existencia, del cuerpo emocional que requiere de que comencemos a interactuar con nuestro medio ambiente, o del cuerpo intelectual 60


que cierto marcos de referencia mentales para poder llevar a cabo procesos psicológicos, el cuerpo espiritual combina todo lo anterior con un sentido de trascendentalidad, es por ello que el cuerpo espiritual viene después del intelectual el cual viene después del emocional y el cual viene después del material.

El cuerpo espiritual, al requerir una combinación de los otros tres cuerpos, presenta las características de ser confuso e inteligible, subjetivo y objetivo, intangible y tangible, y siguiendo el orden de que el cuerpo material es primario, el emocional es secundario, el intelectual es terciario, el cuerpo espiritual es cuaternario pero además el mismo es opcional. De igual forma, mientras que los sentimientos, las emociones relativas al cuerpo emocional pueden clasificarse, como ya se vio, como positivas o negativas, y las ideas, los pensamientos del cuerpo intelectual siempre son neutros, en el caso del cuerpo espiritual todo lo relativo a él es trascedente.

Es cuerpo espiritual es aquello que excede a la materia, las emociones o los pensamientos, es una respuesta que nos lleva siempre hacia un lugar que desconocemos pero que intuimos existe y que a tientas buscamos alcanzar y conocer. Es la parte inmaterial del ser humano a la que se atribuyen lo sensible, los sentimientos, las ideas, en forma de inquietudes religiosas, el concepto, por lo tanto, puede referirse al vínculo entre el ser humano y Dios lo que de igual forma nos permite vivir, conocer el mundo y a partir de ahí conocernos.

Comento que el cuerpo espiritual es confuso e inteligible pues lo relativo a él no se le puede poner un límite que indique dónde o cuándo empiezan y dónde o cuándo terminan, pero de la misma forma lo relativo a él puede ser trabajad y de manera concreta transmitirlas de otra forma no existirían las creencias y religiones. Señalo que el cuerpo espiritual es subjetivo y objetivo porque lo relacionado con él, si bien no tiene un referente directo con lo experimentado si puede partiendo de ello llevar a superiores estadios de conciencia. Indico que el cuerpo espiritual es intangible y tangible porque lo relacionado con él no puede ser visto, medido o pesado aunque 61


curiosamente y relacionado con él siempre hay indicaciones de lo que debe hacerse y de cómo debe hacerse. Resalto que el cuerpo espiritual es cuaternario porque depende de su existencia en cuanto a una existencia previa del cuerpo intelectual, y este del cuerpo emocional y este del cuerpo material. Por ultimo subrayo que el cuerpo intelectual es opcional, no por que no exista –la premisa de la que se parte es que sí existe- sino porque independientemente de su existencia cada quien puede optar por entrar, trabajar, experimentar ese cuerpo o no, a diferencia de los otros tres que se dan incluso uno lo quiera o no.

Este es el cuarto cuerpo que abordaremos, después del cuerpo material, del cuerpo emocional y del cuerpo intelectual, dejando para el siguiente apartado la manera en que se puede trabajar con los cuatro cuerpos, ya que ninguno existe en nosotros separado uno de otro.

Cuando he presentado este tema de los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, antes de abordar la cuestión relativa al cuerpo espiritual, realizó una dinámica. Pido alguien del público pase. Para esto yo tengo una baraja de naipes. Una vez que pasa, tal cual le hacen los magos, le pido a la persona que sin que yo la vea escoja una carta. Se sigue todo el protocolo ya sabido de que muestre la carta al público para que vean cuál ha elegido cuidando yo no pueda verla. Después se le pide regrese la carta al juego de naipes y los mezcle muy bien. Una vez hecho esto viene la parte teatral donde me concentro, esto tiene que generar un clímax tanto en quien está apoyando con este acto como en el público, debe ser convincente sobre lo que se está preparando. Entonces viene la parte donde saco una carta y pregunto si es esa la carta que escogió. Es más que obvio, al yo carecer de habilidades de prestidigitación, que la carta nunca es la que se ha escogido. El silencio es parte del teatro. Varias veces puede preguntarse si es o no la carta y a las diversas confirmaciones negativas preguntar al final a la persona que ayudó en este acto “¿qué esperabas que pasaría?”, siempre dicen “que saliera la carta que había escogido”. El mensaje final es “pero una cosa es la 62


expectativa, lo que imaginamos, y otra muy distinta la realidad, ¿verdad?, y si el mundo espiritual es más real que el que experimentamos -ya que según esto es eterno, inmutable, imperecedero-, ¿podremos llegar a él a partir de nuestras expectativas?”.

El ejercicio anterior es un pretexto para fijarnos en lo que corresponde al cuarto cuerpo, el espiritual. No es necesario especificar las respuestas para las preguntas anteriores ya que toda ellas giran en torno a nuestro cuerpo espiritual. La idea es caer en cuenta de su existencia y proceder a verlo a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Como combina los anteriores tres cuerpos, para algunas cosas el cuerpo espiritual no tiene requisito alguno para funcionar, para otras sí. Partiendo de las definiciones de lo que lo espiritual significa, esto no puede ser catalogado como positivo o negativo, como los sentimientos del cuerpo emocional, ni tampoco como neutro como los pensamientos del cuerpo intelectual, lo más parecido sería compararlo al cuerpo material ya que simple y sencillamente es, pero con un sentido trascendental.

En este punto hay que hacer una aclaración entre espiritual y sagrado. La espiritualidad implica un apego a las cuestiones del espíritu, en vez de al mundo físico y material. Una persona espiritual es altruista, quizás ascética, alguien que se esfuerza por imbuir su vida con un sentido más elevado, pensar en y servir a otros, no a sí mismo, ver el propósito y la bondad en la vida. Pero la espiritualidad está limitada al propio espíritu de uno, a las propias apreciaciones, a uno mismo. Un ateo puede ser una persona espiritual. Ciertamente puede ser una buena persona, una persona maravillosa. Puede ir tan lejos y tan alto como su propio espíritu lo mueva. Sagrado se refiere a lo divino, lo que tiene santidad directamente de Dios o está conectado con El. Cuando hacemos lo que Dios nos dice que hagamos, accedemos a la santidad. Ascendemos más alto que nuestras propias limitaciones; nos conectamos con la esencia del Todopoderoso Mismo. No 63


necesariamente podemos entender o identificarnos con esto, tanto si se sienten espirituales o no, están accediendo a Dios. La espiritualidad proviene del hombre. La santidad proviene de Dios. En este apartado, el relativo al cuarto cuerpo, estamos hablando de espiritualidad, aunque claro está ésta puede tener una connotación de relación con Dios pero deviene del hombre. Independientemente de esto, este cuerpo puede servirnos para la construcción dinámica del liderazgo trascendental a través del enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Por ejemplo, tomemos, un aspecto relacionado con el cuerpo espiritual, como lo puede ser rezar o meditar. En ese sentido, el rezar o el meditar lo vemos como un esfuerzo mediante el cual uno busca entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual.

Ahora bien, si nos quedáramos con que el rezar o el meditar nos ayuda a entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, realmente no estaríamos aportando nada nuevo a lo que sobre esto ya sabemos, pero si lo enfocamos desde el punto de vista de la construcción dinámica del liderazgo trascendental la cosa cambia.

Para avanzar en la construcción dinámica del liderazgo trascendental, referido en este caso al cuerpo espiritual, debemos entender y aplicar lo referido a los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Para ello requerimos tanto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental como del insumo para ello.

Respecto de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, de nueva cuenta y como ya se comentó, una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo?, la otra vertiente es trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? El pilar de la voluntad, de igual forma, tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. En cuanto al pilar de la percepción, este también 64


tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental: la factual se refiere a limitar y la trascendental a no-limitar. El pilar de la atención, como ya se señaló, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio

Con esto en mente, todo lo que hagamos referido al cuerpo espiritual, tal como en su momento lo hicimos referido al cuerpo material, puede ser trabajado desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental: el pilar de la razón preguntando ¿cómo? pero también ¿por qué? y ¿para qué?, el pilar de la voluntad, enfocándonos en el “hacer” pero también en “ser”, el pilar de la percepción, realizando el limitar y pero también el no-limitar, y el pilar de la atención, estando en el aquí y ahora y al mismo tiempo trascendiendo el tiempo y el espacio.

Ahora bien, en cuanto al insumo, hay que aclarar que nos referimos a todo aquellos que usaremos para, con y respecto del cuerpo espiritual, desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental, como en este caso: que el rezar o el meditar nos ayuda a entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual.

De esto último siguiendo con el ejemplo de que el rezar o el meditar nos ayuda a entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual claramente referido al cuerpo espiritual, no tendríamos mayor problema en aplicar, como ya se comentó anteriormente y se desarrolló ampliamente en la primer obra de esta serie, los cuatro pilares del liderazgo trascendental: “¿cómo?” pero también “¿por qué?” y “¿para qué” (razón), “hacer y ser” (voluntad), “limitando y no limitando” (percepción) y poniendo atención.

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Tal como se indicó en su momento al abordar el cuerpo material, el cuerpo emocional y el cuerpo intelectual, este es el meollo de todo el asunto: el preguntarnos de cualquier cosa, situación o evento ¿cómo me sirve, qué tiene que ver, o cuál relación hay de esto con el cuerpo espiritual? La primera respuesta que se nos venga a la mente, o la más idónea si es que son varias, puede ser usado siempre desde la perspectiva del cuerpo espiritual y abordarse desde el enfoque de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí el rezar o el meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual?, ¿espléndida?, ¿sublime?, ¿prodigiosa?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, ¿cómo me sirve para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este circunstancia forma parte de un todo espiritual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Tal como se comentó cuando se abordó el cuerpo material, el cuerpo emocional y el cuerpo intelectual, se vuelve a aclarar que lo relativo a los cuatro pilares del liderazgo trascendental –razón, voluntad, percepción y atención-, tanto en su explicación teórica como en su desarrollo práctico, ya se abordó en la primer obra 66


de esta serie, así que para no ser repetitivo se dan indicaciones generales referidas a esto, para ahondar más en ello se recomienda, si no se ha leído, leer el primer libro de esta serie.

Al igual que cuando se abordó el cuerpo material, el cuerpo emocional y el cuerpo intelectual, lo interesante de la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental en cuanto al abordaje del cuerpo espiritual es que prácticamente en cualquier momento del día podemos caer en cuenta de algo relacionado con él y utilizarlo para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde el enfoque de los cuatro pilares, bien en conjunto, es decir con los cuatro pilares como le hemos hecho, o escogiendo un pilar y en otra ocasión ante otra situación otro pilar. La idea es usar el cuerpo espiritual para construir dinámicamente liderazgo trascendental desde la perspectiva de los cuatro pilares.

¿Cómo qué cosas podemos caer en cuenta durante el día que estén relacionadas con el cuerpo espiritual y que podamos abordarlas desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental? Prácticamente la lista no tendría fin y tiene que ver con la gama de acciones trascedentes que experimentamos. Literalmente no hay un momento en el día en que no podamos observarnos y caer en cuenta de algo que en ese momento estemos haciendo con nuestro cuerpo espiritual y que podamos abordarlo desde la perspectiva de los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Venga una reflexión que parte del cuerpo espiritual pero que llega a permear los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental.

El impulso motivador que todos buscamos para alentar nuestro andar por la vida debe ir en dos sentidos para estar equilibrado: hacia afuera al logro de metas y objetivos y hacia adentro para transformarnos constantemente en mejores y más trascendentes personas.

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En ocasiones el término y sentido de lo que entendemos por motivación está profundamente relacionado con lo externo, con el logro de las metas y objetivos tangibles que nos hemos trazado: un proyecto, una formación, una familia, un trabajo, un negocio, un sueño. Pero de la misma forma todos esos logros deben ser el reflejo de las mejoras internas e intangibles que como personas estamos experimentando, algo así como lograr cada vez más siendo cada vez mejores. Todos conocemos el término de “el camino fácil”, y no solo el término sino incluso la idea que resulta bastante tentadora de lograr lo que queremos de la vida de una manera fácil y rápida, aunque en ocasiones eso significa renunciar a lo mejor de nosotros mismos como personas. Curiosamente ese “camino fácil” también es el camino más corto, no solo hacia la meta sino también de nuestro desarrollo persona. Lograr algo de una manera fácil (con todas las acepciones que ese término implica) no nos permite recorrer la vida a través del esfuerzo y la dedicación y por lo tanto no crecer en carácter como personas.

Es como la historia del que de repente se saca la lotería y termina despilfarrando la fortuna pues ésta no fue fruto del esfuerzo y la dedicación. En el caso del “camino fácil” lo que se despilfarra no es otra cosa que nuestra propia vida, finita y limitada en la cual estamos llamados a dar frutos y frutos en abundancia.

Hay un breve relato de una pareja de esposos que están juntos viendo el atardecer y el esposo le comenta a la esposa que algún día serán ricos, entonces la esposa le responde que ya son ricos, inmensamente ricos, pues se tienen el uno al otro, que en todo caso tal vez algún día tengan dinero.

El mundo actual vaciado hacia el logro personal y la conquista a través del esfuerzo puede llevarnos a descuidar eso que nos hace verdaderamente ricos y que, curiosamente es invaluable, y que es nuestra propia persona. Nuestros 68


valores, nuestros ideales, nuestro carácter; todo eso son cuestiones que la vida pondrá a prueba, como el fuego al acero, para templarnos, para hacernos más fuertes y, sobre todo, para hacernos mejores.

Es bueno el tener, es bueno el lograr, es bueno el ganar, pero todo ello debe ser el reflejo de nuestro crecimiento como personas por lo que debe ir de la mano con la mejora interna de nuestro propio ser y mostrarnos y hablarnos de aquello que no podemos ver ni escuchar de otra forma.

Así como el fuego libera de las impurezas al oro, así las pruebas de la vida nos liberan del oro que hemos acumulado y que brilla bastante, pero que no somos nosotros pues nuestra esencia no es lo que llegamos a tener sino lo que llegamos a ser, así que recuerda que cuando el oro se acaba, el único resplandor que queda es el del brillo que hayas logrado sacarle a tu alma.

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Construyendo sobre los cuatro pilares usando los cuatro cuerpos Todos estos mundos son suyos… úsenlos juntos, úsenlos en paz

Hal, el ordenador, 2010 Odisea dos

Todos como seres humanos tenemos deseos y experimentamos necesidades, no creo que exista alguien que pueda ufanarse de no presentar estas dos condiciones inherentes a la naturaleza humana, en otras palabras, a todos nos falta algo, pero eso no es impedimento para lograr nuestras metas pues lo que poseemos como capacidades y potencialidades es suficiente para lograr todo.

¿Qué necesitarías para ser feliz? - pregunté en una ocasión en un seminario, las respuestas fueron variadas: más dinero, un mejor trabajo, más tiempo, más oportunidades, etc. ¿Qué necesitas para lograr eso que te haría más feliz? - seguí preguntando, de nueva cuenta las respuestas fueron en el sentido de establecer metas u objetivos para ello, trabajar en busca de eso, generar estrategias para eso, etc. Y para lograr esto último, ¿qué necesitas? – volví a preguntar una o dos veces más hasta dar con la respuesta de la cual depende todo: estar vivo, pensar y sentir.

Dicen que le preguntaron a dos personas disímbolas en cuanto a los resultados que habían obtenido en su vida –uno era exitoso el otro no-, que si a qué creían se debía el factor de su éxito o de su fracaso. La primera, la exitosa, señaló que nació careciendo de todo por lo que tuvo que luchar todos los días para ir obteniendo lo que quería hasta lograr así sus sueños. La segunda, la que no había triunfado,

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señaló que por el contario ella había nacido teniendo todo, viviendo en la abundancia, por lo que no había nada que la motivara a luchar por algo más.

Todos queremos algo más, sea este algo una cuestión personal, profesional, institucional o social y sea que esté en el ámbito de lo material, lo emocional e incluso lo espiritual. De la misma forma si nos sentamos y pensamos un poco en ello tenemos en nosotros todo el potencial para alcanzar eso que deseamos pues estamos vivos, pensamos y sentimos.

Ejemplos de éxito tenemos de sobra, de la misma forma podemos ver en esos triunfos gente que de prácticamente la nada logró lo que ahora nos asombra, incluso habrá algunos no solo que no poseían nada sino que además tenían varios factores en contra, y aun así salieron avante.

Te sugiero un ejercicio: piensa en alguien que consideres exitoso, alguien que pudieras señalarlo como un triunfador en su vida. Escribe aquellas cosas que esa persona tuvo que hacer y que consideres fueron factor crítico para alcanzar ese éxito. Una vez que termines esa lista de acciones dime ¿cuál de todas esas acciones tú estás imposibilitado en hacer? Como verás, lo que ellos hicieron es lo mismo que puedes hacer tú, no hay nada que te lo impida, al contario tienes todo para lograrlo. Fíjate en los casos que previamente mencionamos, muchas veces pasa –aunque no siempre, hay que aclarar- que quien tiene todo se vuelve indolente, mientras que quien carece de todo genera una condición de lucha para alcanzar lo que desea –de igual forma: no siempre. El no tener todo lo que deseas ahorita puede servirte de aliciente para alcanzarlo y cuando lo logres, sea en la medida que lo logres, podrás decir que efectivamente es tuyo pues lo conquistaste solo con tu voluntad para ello.

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La vida presenta muchas facetas, cada una de ellas asombrosa por sí misma, de la misma forma tú, como parte de la vida, presentas muchos aspectos que solo en el fragor de la batalla cotidiana podrás descubrir, así que en medio de esa lucha, piensa en cada momento que tienes mente para pensar, corazón para sentir, y vida para compartir, ¿qué más necesitas?

En el primer libro de esta serie, los cuatro pilares del liderazgo trascendental se te presentaron no como un fin de tu vida sino como un medio para edificarla. La idea es construir tu proyecto personal sobre aquellos cuatro pilares, no sólo para leerlos, comprenderlos y sentirse cómodo con ellos al descubrir algo nuevo. Es por eso que las técnicas que en aquel primer libro se te presentaron eran muy generales ya que deliberadamente no se quiso dar una serie de pasos 1, 2, 3 para lograr lo que en su momento se esbozó pues eso te corresponde a ti. Cada quien encuentra aquellos cuatro pilares de forma diferente en su vida. Sí se dio la técnica general e incluso algunos ejemplos pero eres tú quien creará esa magia en tu vida mediante la fe en ti mismo, en los cuatro pilares del liderazgo trascendental y en la vida.

Ahora, en este segundo libro de la serie, se ha querido avanzar en esa construcción dinámica del liderazgo trascendental poniendo al servicio de los cuatro cuerpos de los que estamos hechos –material, emocional, intelectual y espiritual- aquellos cuatro pilares que se vieron, explicaron, desarrollaron y aplicaron en el primer libro de la serie. De igual forma, se ha presentado de manera muy general las técnicas a seguir para trabajar cada uno de los cuerpos con los cuatro pilares, esto porque convencido estoy que cuando las reglas son específicas y detalladas en vez de liberar se vuelven una jaula donde la comodidad de lo que se presenta como los pasos a seguir impide al buscador 72


avanzar más allá. La idea es que tú mismo generes tu propia técnica, tus propias reglas, tus propias definiciones, tus propias comprensiones, sobre los cuatro cuerpos usando los cuatro pilares.

En este punto tal vez estés viendo algunas similitudes entre los cuatro pilares y los cuatro cuerpos. Por ejemplo, el pilar de la razón puedes relacionarlo con el cuerpo intelectual, y estás bien. Si avanzamos en esto podremos ver que el pilar de la percepción puede relacionarse con el cuerpo material, el pilar de la voluntad puede relacionarse con el cuerpo emocional, y el pilar de la atención puede relacionarse con el cuerpo espiritual.

Siguiendo lo visto en el primer libro de esta serie, y que se ha retomado al inicio del presente libro, hay que recordar que los pilares reactivos son el de la razón y el de la percepción. Al señalarlos como pilares reactivos nos referimos a que no requieren de nuestra participación consciente y decidida para actuar, su desempeño casi casi puede decirse que es automático, reactivo (de ahí el adjetivo utilizado) a las condicionantes de lo que somos y de lo que no somos. Esto no quiere decir que no tengan elementos proactivos pero en su mayoría la naturaleza de los mismos es reactiva. Siguiendo con la relación que comenzamos a establecer entre pilares y cuerpos vemos que los cuerpos intelectual y material comparten esa misma característica.

Por otra parte como ya se vio en el primer libro de esta serie, y que se ha retomado al inicio del presente libro, los pilares proactivos son los de la voluntad y de la atención. Cuando señalo que son proactivos me refiero a que, a diferencia de los dos pilares anteriores, estos sí requieren de nuestra participación consciente y decidida para ser utilizados en su máxima expresión. El uso de estos pilares no es en automático y requiere del esfuerzo personal para ello. Al igual que la aclaración que se dio para los dos pilares anteriores, solo que aquí en sentido opuesto, esto no quiere decir que estos pilares no tengan elementos reactivos pero su naturaleza que los define es proactiva. Siguiendo con la relación que 73


comenzamos a establecer entre pilares y cuerpos vemos que los cuerpos emocional y espiritual comparten esa misma característica.

Retomando el término saber-hacer esbozado en el primer libro de esta serie, y que se ha retomado al inicio del presente libro, y una vez señalada la reactividad o proactividad de los pilares del liderazgo trascendental, reactividad o proactividad que es compartida por los cuatro cuerpos podemos decir que los pilares reactivos de la razón y de la percepción son los pilares sobre los que descansa el saber, lo cual se comparte con los cuerpos intelectual y material, mientras que los pilares proactivos de la voluntad y de la atención son los pilares sobre los que descansa el hacer, lo cual se comparte con los cuerpos emocional y espiritual.

Pero ahora viene una parte interesante sobre el uso de los cuatro pilares del liderazgo con relación a los cuatro cuerpos, un plus en cuanto a la manera de abordarlos, un nivel superior para que termines de iniciar (si se me permite la frase) el trabajo relativo a esta obra: el intercambio modular de los trabajos de los pilares en los cuerpos.

¿Qué quiere decir esto de intercambio modular de los trabajos de los pilares en los cuerpos? Cada cuerpo fue en su momento trabajad con los cuatro pilares del liderazgo, esto mediante preguntas, análisis, reflexiones y demás que sobre los cuatro pilares se hacían con relación al cuerpo que se estaba trabajando, pero ahora, la etapa extra, plus, superior, es usar las mismas reflexiones que en su momento, con los cuatro pilares del liderazgo, se hicieron para cada cuerpo, pero ahora en otro cuerpo, esto dejando el insumo que se usó inicialmente.

Por ejemplo, cuando se presentó el primer ejercicio relativo al cuerpo material, se tomó la comida o a la bebida para reflexionar sobre eso. La relación física de la la comida o a la bebida con el cuerpo material era evidente y facilitaba ese tipo de 74


análisis, pero la idea es que ese mismo ejemplo, con las mismas reflexiones, puede hacerse sobre cada uno de los otros cuerpos, solo que, obvio, adecuando el significado del insumo al cuerpo analizado. Así, siguiendo con el ejemplo de la comida o a la bebida usado para el cuerpo material, podemos llevarlo al cuero emocional, obvio que la comida o la bebida vendrían siendo todo aquello que al ingerirse emocionalmente hablando nos ocasiona sentimientos positivos o negativos, de igual forma si llevamos la comida o a la bebida al cuerpo intelectual sería lo mismo, aquello que al ingerirse genera en nosotros ideas negativas o positivas, y de igual forma si lo llevamos al cuerpo espiritual sería todo aquello que al ingerirse nos ayuda o perjudica en cuanto a la mística personal.

Adecuando el significado del insumo podemos decir que el peinarse o el lavarse los dientes, que de igual forma se abordó como ejercicio cuando se vio el cuerpo material, puede conceptualizarse como arreglarse, asearse, acicalarse, y hacer las reflexiones que esto implique con relación a los cuerpos emocional, intelectual y espiritual.

Cuerpo material

Adecuando al cuerpo material el significado del insumo, podemos retomar las reflexiones que en su momento hicimos sobre los otros cuerpos, pero ahora respondiéndolas para el cuerpo material:

Emocional: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la alegría-?, ¿excitante?, ¿satisfactorio?, ¿pleno?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

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Voluntad: Este sentimiento –la alegría-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la alegría-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la tristeza-?, ¿deprimente?, ¿ingrato?, ¿falto?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la tristeza-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la tristeza-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

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Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Intelectual: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (positiva) de analizar?, ¿activa?, ¿eficiente?, ¿vivaz?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Esta capacidad (positiva) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (positiva) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar?, ¿asfixiante?, ¿angustioso?, ¿dominante?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

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Voluntad: Cómo es para mí esta Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (negativa) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Espiritual: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí el rezar o el meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual?, ¿espléndida?, ¿sublime?, ¿prodigiosa?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, ¿cómo me sirve para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este circunstancia forma parte de un todo espiritual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente. 78


Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

No hay duda que nuestra vida es un constante buscar: buscar nuestras metas, buscar nuestro camino, buscar nuestro destino. Las constantes preguntas que nos hacemos sobre nuestra existencia nos impelen a buscar una respuesta no solo que nos satisfaga sino incluso que nos trascienda.

Cuenta una historia que una persona estaba buscando algo en la calle, en eso se le acerca alguien y le pregunta que si qué busca, el otro le responde que un anillo y el recién llegado se ofrece a buscarlo junto con él para ayudarlo. Dicen que así estuvieron buen tiempo hasta que el recién llegado le preguntó que más o menos dónde lo había perdido, a lo que el que buscaba le dijo que fue como a tres cuadras de ahí. Asombrado el otro por la respuesta le dice que si lo perdió como a

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tres cuadras que si por qué lo está buscando ahí, a lo que el que originalmente buscaba le responde que simple y sencillamente que por qué ahí hay más luz.

El relato anterior, medio en serio medio en broma, es una alegoría de lo que nos sucede en la vida cuando nos empecinamos en buscar en el lugar incorrecto acusando a la vida o el destino de no poder encontrar lo que deseamos cuando en eso nadie más que nosotros tenemos la responsabilidad de ello.

En otras participaciones hemos hablando de la tenacidad en nuestro andar, de no cejar en el esfuerzo, pero eso no quiere decir empecinarse en una sola forma de alcanzar lo que nos proponemos. Debemos tener la flexibilidad de adaptarnos a las circunstancias e incluso de ver las señales que nos da la misma vida para avanzar hacia nuestra realización.

En una ocasión, en el receso de un taller de administración del tiempo para el logro de metas y objetivos que daba, una persona me comentó de sus deseos por avanzar en su vida profesional, pero que eso se le estaba haciendo mucho muy pesado. Al preguntar un poco el porqué de ello me comentó que para avanzar en su vida profesional había decidido estudiar un posgrado, una maestría, pero que no le gustaba para nada. Le pregunté que si no le gustaba por qué entonces la estaba estudiando, la respuesta fue que la estudiaba para adquirir las habilidades y conocimientos necesarios para avanzar en su carrera profesional. No le comenté más pero me quedé pensando en cómo avanzaría más adelante en su carrera profesional cuando tendría necesariamente que aplicar lo aprendido en una maestría que por lo visto no le gustaba para nada.

Todos tenemos metas, sueños, objetivos. La mayoría tenemos las maneras en que creemos que podemos lograr esas metas y objetivos, y aunque, como dice el dicho, todos los caminos conducen a roma, unos son más agradables de caminarlos. Por ejemplo, el caso anterior, dejando la meta establecida (cursar un posgrado) y el deseo subyacente en la misma (avanzar profesionalmente) está el 80


camino que recorría la persona del relato (una maestría que le desagradaba) o el camino que le hubiera dado mayor gozo y disfrute y por ende mayor dinamismo a su potencial que es cursar una maestría que sí le agradara.

Del otro lado tenemos aquellas personas que a las primeras de cambio, a las primeras dificultades, dejan todo y avientan por la borda no solo sus sueños, metas y objetivos sino incluso el tiempo y esfuerzo que ya le pudiesen haber dedicado a ello. Esta actitud conduce a una certeza fatal: la de no lograr lo que uno desea, busca o requiere.

La cuestión es buscar, pero manteniendo ese espíritu de apertura a las opciones y oportunidades que se puedan presentar y si no se logra lo que se obtiene, intentarlo de otra forma, después de todo si no has encontrado lo que buscabas, la respuesta no es dejar de buscar sino buscar en otro lado.

Cuerpo emocional

Adecuando al cuerpo emocional el significado del insumo, podemos retomar las reflexiones que en su momento hicimos sobre los otros cuerpos, pero ahora respondiéndolas para el cuerpo emocional:

Material: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo cómo, cómo bebo?, ¿apurado, lento?, ¿saludable o no saludable?, ¿a mis horas o a deshoras?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Esta comida, esta bebida, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?.

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Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina la comida, la bebida, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta del sistema vivo del cual la comida forma parte, de donde viene, hacia dónde va, todo como parte de un todo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo me peino, cómo me lavo los dientes?, ¿apurado, lento?, ¿dedico tiempo o no?, ¿cuidando detalles, sin preocuparme mucho?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: El peinarme, el lavarme los dientes, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina el peinarme, el lavarme los dientes, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta de que el peinarme es arreglar una parte de todo mi cuerpo, de igual forma el lavarme los dientes es limpiar una parte de todo mi cuerpo, y si en ambos caso es una parte afecta al todo, al sistema que es ese cuerpo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Intelectual:

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Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (positiva) de analizar?, ¿activa?, ¿eficiente?, ¿vivaz?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Esta capacidad (positiva) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (positiva) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar?, ¿asfixiante?, ¿angustioso?, ¿dominante?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Cómo es para mí esta Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (negativa) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este 83


pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Espiritual: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí el rezar o el meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual?, ¿espléndida?, ¿sublime?, ¿prodigiosa?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, ¿cómo me sirve para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este circunstancia forma parte de un todo espiritual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Cualquier cosa que nos propongamos, cualquiera, implica un esfuerzo y en ocasiones incluso una lucha, pero una vez obtenido eso que deseábamos, algo en 84


nuestro interior nos dice que siempre fue nuestro, por eso lo deseábamos, pero había que ganárnoslo Una paradoja es “una proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el sentido común”, ejemplo de esto son las expresiones tales como “es de mala suerte ser supersticioso” (rechaza la superstición porque es de mala suerte, lo cual ya es una superstición) o “esta oración es falsa” (¿si es falsa no es verdadera, pero si es falsa si es verdadera?). En este orden de ideas el título de este artículo es una contradicción en sí, una paradoja, si el mundo te pertenece ¿por qué debes luchar por él?

Quienes ya llevamos algo de camino en esta vida, sabemos que la vida misma es una paradoja en sí. Constantemente nos estamos contradiciendo a nosotros mismos, logrando cosas que parecían imposibles y no consiguiendo otras que parecían más que alcanzables. Es así como la cuestión paradójica de la vida nos acompaña constantemente, por lo que la frase no extraña, aunque implica un análisis más profundo.

Pensemos en nuestra infancia. Creo que en algún momento de la misma nuestros padres nos condicionaron algo a lo que teníamos derecho: “no sales hasta que no termines tu tarea” o “no hay postre si no terminas todas tus verduras”. La salida a jugar era nuestra, ahí estaba para nosotros, lo mismo el postre, incluso puede que el plato con el postre ya estuviera servido. Pero no era hasta que cumplíamos una obligación que teníamos cuando se nos proporcionaba o permitía lo condicionado.

Algo así pasa con la vida. Todo en ella es nuestro, está ahí para nosotros, pero al igual que los ejemplos anteriores de la infancia, tenemos que –paradójicamentehacernos merecedores de lo que procuramos, solo así podremos decir que es nuestro.

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La situación paradójica nos dice que necesitamos luchar por lo que ya es nuestro para que un milagro se forje en nuestro interior: el milagro de crecer en carácter, visión y conocimiento. Entonces lo que obtenemos, además de su particularidad externa, nos dinamiza el cambio interno hacia algo mejor, con lo que las raíces del mismo se hunden profundamente en nuestro ser. Así no solo obtenemos lo que deseamos, sino que lo hacemos nuestro.

Más allá de la cuestión paradójica, esta presentación de ideas va a lo siguiente: ¿por qué has de renunciar a algo cuando de inicio te pertenece? Regresemos al ejemplo de la infancia. ¿Por qué permitirías que ese postre se desperdiciara cuando de inicio es tuyo y solo debes comerte las verduras que se te han servido? o ¿por qué debes privarte de salir a jugar cuando es tu derecho y para ello solo debes cumplir tus deberes?

Esa misma pregunta háztela cuando ante la búsqueda de un objetivo, una meta o un sueño tropieces de tal manera que pienses en desistir de logar lo deseado, ¿por qué habrías de renunciar a eso que quieres cuando de inicio es tuyo y solo debes luchar por él?

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Un ejercicio de visualización que te propongo, cuando se dé la situación anterior, es el siguiente: en vez de ver el objetivo, meta o sueño como algo por lo que estás luchando simplemente te digas “¿pero por qué debo renunciar a tener eso cuando es mío?”. Así, es, repítete “eso es mío, eso es mío” y aunque aún no lo tengas verás cómo lo ves diferente y le das fuerzas renovadas a tu lucha.

No es lo que aún no obtenemos lo que puede dibujarnos como personas, sino lo que con nuestro potencial podemos alcanzar, lo cual de inicio es ilimitado, así que siempre ten en mente que el mundo te pertenece... pero debes luchar por él

Cuerpo intelectual

Adecuando al cuerpo intelectual el significado del insumo, podemos retomar las reflexiones que en su momento hicimos sobre los otros cuerpos, pero ahora respondiéndolas para el cuerpo intelectual:

Material: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo cómo, cómo bebo?, ¿apurado, lento?, ¿saludable o no saludable?, ¿a mis horas o a deshoras?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Esta comida, esta bebida, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina la comida, la bebida, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta del sistema vivo del cual la comida forma parte, de donde viene, hacia dónde va, todo como parte de un todo. 87


Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo me peino, cómo me lavo los dientes?, ¿apurado, lento?, ¿dedico tiempo o no?, ¿cuidando detalles, sin preocuparme mucho?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: El peinarme, el lavarme los dientes, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina el peinarme, el lavarme los dientes, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta de que el peinarme es arreglar una parte de todo mi cuerpo, de igual forma el lavarme los dientes es limpiar una parte de todo mi cuerpo, y si en ambos caso es una parte afecta al todo, al sistema que es ese cuerpo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Emocional: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la alegría-?, ¿excitante?, ¿satisfactorio?, ¿pleno?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

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Voluntad: Este sentimiento –la alegría-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la alegría-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la tristeza-?, ¿deprimente?, ¿ingrato?, ¿falto?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la tristeza-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la tristeza-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

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Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Espiritual: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí el rezar o el meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual?, ¿espléndida?, ¿sublime?, ¿prodigiosa?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, ¿cómo me sirve para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este rezar o meditar para así entrar en contacto con aquello que consideramos espiritual, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este circunstancia forma parte de un todo espiritual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

En la vida hay cuestiones sobre las cuales podemos ejercer plena decisión y otras sobre las que no; estas últimas, si bien en ocasiones pueden parecer que son mayoría, todas, absolutamente todas, pasan finalmente por el tamiz volitivo de nuestra persona, al menos en lo que se refiere al fin último de las mismas.

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En una ocasión, durante un receso en un curso de capacitación, uno de los participantes me abordó y me señaló como es que muchas de las ideas que estábamos viendo eran muy loables, pero algunas poco prácticas. Al inquirir el porqué de su opinión, comenzó a relatarme algunas vivencias personales negativas que, según él, lo imposibilitaban para mejorar.

Después de escucharlo le hice solo tres preguntas. La primera era si él conocía gente que la hubiera pasado aún peor de lo que él la había pasado en su vida, la respuesta fue que si, incluso me platico algunos casos. La segunda pregunta era que si, dado esas personas la habían pasado peor que él, ¿acaso su vida ahora era peor que la suya? La respuesta fue que no, incluso algunos eran mejores personas. Después de un pequeño momento de silencio para que viera la inconsistencia de su razonamiento le pregunte por último que si ellos habían podido, ¿por qué él no?

Realmente no hay motivo alguno para adjudicarle a la vida, a los demás, a la suerte ¡e incluso a Dios! nuestras decisiones y nuestras responsabilidades, y si bien en ocasiones tenemos vivencias que nunca decidimos sobre ellas, al menos en el sentido de vivirlas o no, al final de cuentas sí podemos decidir sobre el efecto que las mismas tendrán en nosotros.

La vida nos trae cosas buenas y malas, dulces y amargas, enriquecedoras y empobrecedoras, pero de nosotros depende el decidir con qué nos quedamos y qué desechamos.

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Dos personas coincidieron en un cuarto de hospital, ambas venían muy enfermas y tuvieron que quedarse internadas varias semanas. El tratamiento era doloroso y el sobrellevar el problema era pesado, aun así la convivencia diaria los hizo amigos. Al final del tratamiento quedaron convenidos en seguir en contacto (lo cual así fue), y al despedirse uno le dijo al otro que había sido un gusto tenerlo de compañero pero que lamentaba las circunstancias en que eso había sido, a lo que el otro le contesto que él no lo lamentaba, ya que si no hubiera sido por esas circunstancias nunca lo habría conocido.

Crecer o hundirse, es nuestra decisión. Todo, absolutamente todo tiene dos formas de ver lo mismo: una nos hace mejores, nos libera, nos hace brillar; otra nos empeora, nos esclaviza, nos ensombrece. Y ambas, dependen finalmente de nosotros.

Sin forzar las cosas, démosle tiempo al tiempo, pero al final seamos nosotros los que decidamos lo que queremos cargar en nuestro andar, después de todo al igual que cuando vas de compras, tú decides que quieres llevar en tus bolsas de

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la vida: sombras que te detengan o luces que te hagan volar.

Cuerpo espiritual

Adecuando al cuerpo espiritual el significado del insumo, podemos retomar las reflexiones que en su momento hicimos sobre los otros cuerpos, pero ahora respondiéndolas para el cuerpo intelectual:

Material: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo cómo, cómo bebo?, ¿apurado, lento?, ¿saludable o no saludable?, ¿a mis horas o a deshoras?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Esta comida, esta bebida, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina la comida, la bebida, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta del sistema vivo del cual la comida forma parte, de donde viene, hacia dónde va, todo como parte de un todo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O

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Razón: “¿cómo?” ¿Cómo me peino, cómo me lavo los dientes?, ¿apurado, lento?, ¿dedico tiempo o no?, ¿cuidando detalles, sin preocuparme mucho?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: El peinarme, el lavarme los dientes, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé dónde empieza y termina el peinarme, el lavarme los dientes, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta de que el peinarme es arreglar una parte de todo mi cuerpo, de igual forma el lavarme los dientes es limpiar una parte de todo mi cuerpo, y si en ambos caso es una parte afecta al todo, al sistema que es ese cuerpo.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Emocional: Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la alegría-?, ¿excitante?, ¿satisfactorio?, ¿pleno?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la alegría-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la alegría-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando 94


ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí este sentimiento –la tristeza-?, ¿deprimente?, ¿ingrato?, ¿falto?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?” Voluntad: Este sentimiento –la tristeza-, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó este sentimiento –la tristeza-, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este sentimiento forma parte de un todo emocional que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Intelectual:

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Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (positiva) de analizar?, ¿activa?, ¿eficiente?, ¿vivaz?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Esta capacidad (positiva) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (positiva) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

O Razón: “¿cómo?” ¿Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar?, ¿asfixiante?, ¿angustioso?, ¿dominante?, etc.; pero también “¿por qué?” y “¿para qué?”

Voluntad: Cómo es para mí esta Cómo es para mí esta capacidad (negativa) de analizar, ¿cómo me sirven para llegar a “hacer”, pero también para llegar a “ser”?. Percepción: “limitando” sé –más o menos- cuándo empezó y cuándo terminó esta capacidad (negativa) de analizar, pero de igual forma “no limitando” al darme cuenta que esos límites son muy difusos y que este 96


pensamiento forma parte de un todo intelectual que converge en mi interior resaltando ciertas características del mismo según las condicionantes que experimente.

Y poniendo atención: atención, atención, atención. ¿Atención a qué? al abordaje que de los otros pilares se hace, tal y como se sugiere en los tres apartados anteriores. Atención, atención, atención.

Si observamos el mundo con detenimiento podremos ver cómo es que, a pesar de todo lo que aún nos falta por hacer, hay muchas áreas de la vida humana que han sido mejoradas por la acción de las personas a lo largo de nuestra historia, personas que en su momento buscaron mejores formas de ser, hacer y vivir. Esa fuerza, esa energía y esa visión es algo que todos traemos y que nos permite mejorarnos a nosotros mismos y por ende mejorar nuestro mundo.

En ocasiones surgen interesantes reflexiones simplemente al observar, ¿observar qué cosa?, lo que sea: el mundo, la sociedad, la naturaleza, nosotros mismos. Por ejemplo, observemos nuestro cuerpo. Un hecho interesante del mismo es que un hueso fracturado, una vez que sana, es más fuerte en el lugar donde sufrió la fractura que en el resto. Esto se debe a que el proceso de reparación del hueso lo refuerza redundantemente en la zona afectada para garantizar su funcionalidad.

Una vez observado eso, que es un mero hecho biológico, podemos traer la reflexión a nuestra vida. ¿Cuántas veces no hemos oído el dicho “lo que no te mata, te hace más fuerte?”, o para no ir tan lejos, ¿cuántos de nosotros conocemos alguna historia desgarradora donde su protagonista señala que tal o cual experiencia lo hizo más fuerte?

Es así como podemos ver el símil entre ambas observaciones: un evento que nos impacta por razones obvias genera en nosotros una capacidad reactiva que no

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solo nos permite adaptarnos al hecho sino superarlo, saliendo así fortalecidos de la experiencia por más fuerte que ésta sea.

Ahora bien, cuándo se habla de salir fortalecidos de tal o cual evento adverso no quiere decir salir duros, ásperos, rígidos, sino a salir mejores, más fuertes porque contamos con herramientas de vida para enfrentar situaciones adversas, más fuertes porque no solo hemos aprendido a vivir en este mundo sino a conocernos y mejorarnos como personas, más fuertes porque hemos desarrollado capacidades que nunca hubiéramos tenido si no nos hubiéramos enfrentado a esas pruebas.

Esa fortaleza luego entonces alude a nuestra propia humanidad y todo lo positivo que de ella emana: empatía, humildad, carácter, fuerza, optimismo, valor. Es una experiencia culmen que nos permite ir más allá de nuestras propias fuerzas solo para hacernos ver que somos más fuertes de lo que pensamos y que nos lleva en ocasiones más allá de nuestros propios límite solo para mostrarnos lo ilimitados

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que somos.

Piensa en un momento, un evento o una situación fuerte de tu vida que creíste nunca poder superar, ahora date cuenta de lo bueno que lograste sacar de esa situación, por lo menos el darte cuenta que el mundo no se acaba, que la vida sigue y que tú tienes la capacidad de seguir adelante.

La vida es dura, es difícil, es ardua, pero es precisamente eso lo que nos permite fortalecernos y mejorarnos, de la misma forma esa mejora repercute necesaria y forzosamente en el mundo en que vivimos, así que aprovechemos cada momento no tanto para ver hasta donde hemos llegado sino hasta donde podemos llegar, después de todo recuerda que la fuerza que te hace levantar de cada caída, es la misma que logra hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

Intenta, intenta, intenta

Como se indicó en la primer obra de esta serie, el ser humano es un ente complejo, bien podríamos decir multidimensional, en nuestra persona confluyen elementos físicos, emocionales, intelectuales y espirituales. Cada uno de ellos a su vez presenta facetas fascinantes que por más que creamos saber acerca de ellos en realidad apenas hemos comenzado a rasgarlos en su superficie, una de estas facetas tiene que ver entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.

Si pensáramos en nosotros como en seres duales, podríamos decir que existen y coexisten en nuestra vida dos mundos: el mundo externo y el mundo interno. El mundo externo es lo que vemos, lo que nos rodea, todo aquello con lo que interactuamos; el mundo interno son nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestros temores, todo aquello que no podemos dar ni compartir aunque sí evidenciar. En este orden de ideas podemos decir que lo que somos viene siendo ese punto donde confluyen precisamente ese mundo 99


interno con el mundo externo, y de la misma forma podemos señalar como es que lo que hacemos afecta ese mundo externo, pero la intención con lo que lo hacemos afecta nuestro mundo interno.

Quiero hacer un breve alto en este momento para aclarar que el peso no está en la intención con que se hagan las cosas ni tampoco en los efectos visibles que ven los demás de nuestras acciones, el peso está en el efecto que ambas situaciones, no solo una sino ambas, tienen en nuestra persona.

Esta aclaración sirve para una pregunta que siempre surge en las conferencias y talleres que sobre construcción dinámica de liderazgo trascendental doy y que es ¿cómo le hago? Como ya señalé en la primer obra de esta serie y ahora en esta segunda obra, se han dado las técnicas generales para reclamar como nuestros y reactivar los cuatro pilares sobre los que se sustenta el liderazgo trascendental, usándolos en esta ocasión con relación a los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, pero corresponde a cada uno de nosotros hacernos de esa maestría en su aplicación y eso solo se logra a través del intento. Intenta. Intenta, intenta, intenta, intenta.

Sé que después de haber leído la primera obra de esta serie llegaste a tener una idea sobre lo que es y más importante aún como se activaban y usaban los cuatro pilares del liderazgo trascendental, de igual forma sé que después de haber leído esta segunda obra de esta serie has llegado a tener una idea sobre lo que son los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental y más importante aún como se usan para trabajarlos con los cuatro pilares del liderazgo trascendental.

Pero también se, por la experiencia que comento de las conferencias y talleres relativos al tema, que uno siempre desea casi casi una receta de cocina donde se le den todos los pasos concretos para ello, lo cual no está en la presente obra, ¿entonces qué hacer? Si más o menos ya sabes de qué tratan aquellos cuatro pilares del liderazgo trascendental y más o menos tienes noción de sus 100


aplicaciones prácticas, y si ahora más o menos ya sabes de qué tratan los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental y más o menos tienes noción de cómo se trabajan con relación a los cuatro pilares, solo me queda decirte que lo intentes. Intenta, intenta, intenta, intenta.

La manera de avanzar en la vida es de una manera sencilla de expresarse pero en ocasiones difícil de aplicar: o usamos los obstáculos que encontremos para salir fortalecidos de ellos o les permitimos que trunquen nuestro andar. Como quiera que sea la decisión siempre será de uno mismo.

Nelson Mandela fue el primer presidente de Sudáfrica elegido democráticamente mediante sufragio universal. Según su biografía “en 1962 fue arrestado y condenado por sabotaje, además de otros cargos, a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, la mayoría de los cuales estuvo confinado en la prisión de Robben Island. Tras su liberación el 11 de febrero de 1990, Mandela lideró a su partido en las negociaciones para conseguir una democracia multirracial en Sudáfrica, cosa que se consiguió en 1994 con las primeras elecciones democráticas por sufragio universal. Mandela ganó las elecciones y fue presidente desde 1994 hasta 1999, dando frecuentemente prioridad a su reconciliación”.

Imagínate el caso de estar encerrado 27 años en la cárcel por luchar por justicia, libertad y democracia. Eso sería una prueba más que excesiva para muchos quienes tal vez saldrían de ella amargados o con rencor hacia la vida y hacia los demás, pero ese no fue el caso del personaje citado al inicio. Al contrario, salió con un ánimo renovado y con un espíritu conciliador. Usó la gran prueba que le puso la vida para hacer de ella algo que a muchos nos asombra.

Ahora volteemos a nuestra vida. Tal vez no tengamos una prueba que equivalga a estar 27 años privado de la libertad injustamente, pero curiosamente en muchas ocasiones experimentamos pruebas que aún y cuando son menores si las

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comparamos con ejemplos como el del inicio, aun así tienen la capacidad de truncar nuestro andar. Hay un dicho que señala que “Dios no le da a la gente pruebas que no pueda soportar”. Veamos esta expresión como una definición de lo que somos: seres de luz, de un increíble potencial, que solo tenemos que creer en nosotros mismos para convertir cualquier prueba en una oportunidad de crecer y salir fortalecido.

Piensa en alguna experiencia fuerte que te haya tocado vivir, una vivencia que creíste no podrías superar, alguna prueba que consideraste en su momento en extremo difícil. Vela a la distancia y mira todo lo que has crecido, aprendido o madurado a raíz y desde esa experiencia.

Queramos o no la vida es dura y llena de pruebas. Hay quienes se abaten ante este destino, pero también tenemos de nuestro lado que la misma vida va generando los caminos en nuestro andar que nos permiten no solo salir de la prueba sino salir mejor que como entramos, más humanos, más sabios, más

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trascendentes.

En una ocasión en un taller de liderazgo una persona señaló que a ella no le gustaban las pruebas de la vida, que se le hacía muy pesado vivirlas y salir a flote, y que ya estaba cansada de ello. Ante esto le comenté que no se preocupara, que yo tenía el remedio para que no experimentara más pruebas en la vida y ese era no respirar. “Inténtalo”, le dije, “no respires”. Ella contuvo unos momentos el aliento hasta que tuvo que respirar. “¿Ves cómo mientras no estuviste respirando no experimentaste pruebas?, pues esa es la receta para no tener más pruebas”.

Obvio que ese comentario iba en el sentido de que mientras estemos vivos tendremos pruebas, las pruebas son la vida misma, el hecho de crecer es doloroso pero necesario y al final nos lleva a lugares que no pensamos existiera y nos muestra una capacidad que creímos no teníamos, así que ya sabes derrumba las paredes que encuentres en tu camino y usa los ladrillos para construir puentes hacia tus metas.

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Epílogo

Hablar de desarrollo y superación, sea esto desde el punto de vista personal o profesional, necesariamente tiene que hacer alusión a la vida ya que es en ese escenario donde cual si fuéramos actores nos desenvolvemos, de la misma forma para interpretar nuestro papel nunca se nos dará el guion por adelantado, pero el resultado siempre será una grandiosa obra

En ocasiones como consultor tengo que enfrentarme a solicitudes para trabajar con personas y equipos en pos de un objetivo o meta empresarial, institucional, social y demás; estas solicitudes en ocasiones son muy específicas como lograr esto o aquello, pero el reto previo que tengo que enfrentar es el de hacerle ver al solicitante que antes de trabajar la meta deseada se tiene que trabajar la persona.

Lo anterior quiere decir que antes de pretender lograr esto o aquello debemos cerciorarnos que contamos con el elemento humano idóneo para ello y esto implica que éste entienda su papel primero en su vida personal y luego en su vida profesional, institucional o social.

Uno de estos aspectos es el de reflexionar para por lo menos percibir, que la vida de cada quien es algo grandioso por sí mismo y con fines tan espectaculares que escapan a nuestra imaginación. Obvio este punto es en extremo difícil, sobre todo si con quienes trabajamos son personas que enfrentan problemas o frustraciones de vida.

En este punto hay tres maneras de actuar, la primera es darle su espacio a esa persona en tanto no resuelva sus problemas ya que de otra forma participando en el proyecto que se le proponga no estaría en condiciones de aportar e incluso tal vez lo obstaculizaría; la segunda es trabajar el aspecto personal del individuo para, sin resolverle sus problemas, al menos ponerlo en una situación donde pueda moverse hacia estadios de colaboración y desarrollo; por último, la tercera, 104


opción que por cierto no recomiendo ni aplico pero que curiosamente es la que más veces se aplican en las organizaciones, es involucrar al individuo en el proyecto así tal como está, lo cual generalmente redunda en retrasos, problemas o simplemente no conseguir la meta.

Ahora bien, ¿cómo poder hacerle ver a alguien lo grandioso de su vida? Si bien esto implica varias actividades quisiera compartirles dos que van concatenadas: la primera es una actividad que consiste en que la persona de manera confidencial analice su vida e identifique un problema que haya experimentado, el peor problema que hasta ese momento haya enfrentado, un problema de tal magnitud que creyó nunca saldría avante ni mucho menos se recuperaría.

La idea es que escriba el problema así como todas las razones por la que pensó nunca lo superaría de la misma forma que sea tan descriptivo como pueda en cuanto a la manera en que ese momento se sentía. Una vez escrito eso debe leerlo y después escribir, con la perspectiva del tiempo transcurrido, como ve las cosas y como las siente.

En todos los casos que he efectuado este ejercicio los participantes se dan cuenta que las cosas no eran tan malas como las veían y que generalmente hay aspectos positivos que rescatar de esa vivencia.

El otro ejercicio, que se hace en otro momento una vez efectuado el anterior para no mezclar sentimientos ni pensamientos, es que escriban en un papel todas las cosas que puedan por las que se sienten agradecidos con la vida, deben ser todas las que recuerden y deben ser tan específicas como puedan.

Una vez que han hecho esta lista se les pide que señalen de todas las cosas que escribieron aquellas que no dependieron de sus acciones, es decir, que se dieron por una serie de circunstancias en la vida, que tal vez implicaron obviamente su participación, pero que no puede decirse que se debe todo a ellos. 105


Generalmente el resultado de este ejercicio muestra cómo es que grandes cosas de su vida no dependieron de ellos sino que fue la vida misma la que permitió surgieran y sucedieran.

Los problemas de la vida no son de la magnitud en que los percibimos y con el tiempo hasta cosas positivas nos traen, de la misma forma muchas cosas buenas de la vida simplemente llegan a nosotros mientras andamos nuestro camino, así que recuerda: a veces la vida podrá no ser lo que uno espera, pero siempre será lo que uno necesita y usando los cuatro pilares del liderazgo trascendental, vistos en la primer obra de esta serie, y ahora aplicados a los cuatro cuerpos del liderazgo trascendental, estrás más que habilitado para llegar a ser el ser de excelencia que estás llamado a ser.

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Acerca del Autor

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D. • Licenciado en Contaduría Pública y Maestro en Administración con acentuación en Finanzas por el Instituto Tecnológico de Sonora; Doctor en Ciencias (Sc.D.) en el Área de Relaciones Internacionales Transpacíficas por la Universidad de Colima • Socio Director de Consultoría Independiente (Formación • I & D • Consultoría en las áreas de Consultoría Empresarial • Liderazgo Emprendedor • Gestión Universitaria), se ha desempeñado además como Auditor Interno en la entonces Secretaría de la Contraloría General de la Federación y como Director y Secretario de Desarrollo Económico del Municipio de Cajeme

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• Académico Certificado por la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración, A.C. • Premio Nacional de Contaduría Pública a la investigación obtenido consecutivamente en sus ediciones 2002-2003 y 2004-2005 por el Instituto Mexicano de Contadores Públicos • Miembro de la Asociación de Profesores de Contaduría y Administración de México, A.C. • Consultor de Negocios Acreditación por el Sistema Nacional de Consultores de la Secretaría de Economía y Consultor de Negocios Certificado por la Norma Conocer • Diplomado en Desarrollo del Potencial Humano por el Instituto Tecnológico de Sonora • Nivel Superior: Maestro Distinguido, Responsable de Programa Académico, Líder de Cuerpo Académico, Director Académico, Miembro de Consejo Directivo, y profesor, tutor y asesor nacional e internacional en licenciatura, maestría y doctorado • Autor de libros, ensayos, artículos y videos,

así como conferenciante,

ponenciante y tallerista a nivel nacional e internacional.

www.rocefi.com.mx

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Serie ¿Tu Helado se Derritió?

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental1ª Parte Los 4 pilares del Liderazgo Trascendental Disponible en www.rocefi.com.mx, menú Libros, sección Ebooks Gratis, apartado Liderazgo Emprendedor

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental3ª Parte Los 4 Reinos del Liderazgo Trascendental A publicarse en Junio de 2022

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental4ª Parte El 5° Reino del Liderazgo Trascendental A publicarse en Junio de 2026

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¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo TrascendentalLos 4 Cuerpos del Liderazgo Trascendental Primera edición Es una obra editada y publicada por Gecko Publishing, S. de R.L.M.I.

Junio de 2018

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