¿Tu Helado se Derritió?

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驴Tu Helado se Derriti贸? -Construcci贸n Din谩mica de Liderazgo Trascendental-

-Los 4 Pilares del Liderazgo Trascendental-

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.


¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo TrascendentalLos 4 Pilares del Liderazgo Trascendental

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Dedicatoria

A todos los guerreros que, sin conformarse con lo que son, ni ambicionando lo que no son, llegan inexorablemente a la totalidad de su ser.

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Índice Prólogo ............................................................................................................. 1 Introducción ...................................................................................................... 5 El fenómeno ..................................................................................................... 17 Los dos actores ................................................................................................ 20 4 pilares, 3 absurdos ........................................................................................ 24 1er Pilar: Razón ..................................................................................... 27 1er Absurdo: Comprensión .................................................................... 34 2º Pilar: Voluntad ................................................................................... 39 2º Absurdo: Intención............................................................................. 46 3er Pilar: Percepción.............................................................................. 49 3er Absurdo: Aprehensión ..................................................................... 55 4º Pilar: Atención ................................................................................... 58 Construyendo sobre los cuatro pilares ............................................................. 69 Razón .................................................................................................... 71 Voluntad................................................................................................. 73 Percepción ............................................................................................. 76 Atención ................................................................................................. 78 Intenta, intenta, intenta .......................................................................... 81 Epílogo ............................................................................................................. 84 Acerca del Autor ............................................................................................... 87 Continuación de ¿Tu Helado se Derritió? ........................................................ 89 Otras Publicaciones del Autor .......................................................................... 90


Prólogo Cuando avanzas hacia una meta suceden dos cosas. Una muy perceptible es la manera con que cada paso nos acerca a la meta, la otra menos perceptible son los cambios internos y personales que produce en nosotros ese andar. Las metas surgen de las necesidades o deseos que todos como humanos tenemos. Hay metas materiales otras intelectuales e incluso espirituales, las hay del corto, mediano y largo plazo, también hay metas individualistas y otras que por ser compartidas se vuelven colectivas, pero todas las metas comparten algo en común y es el hecho de que quien la persigue está dispuesto a dar algo a cambio de esa meta, pagar por así decirlo generalmente con tiempo, recursos y esfuerzo; y esto por una simple razón: consideramos de mayor valor lo que hemos de obtener que lo que entregamos a cambio. Cuando de recursos personales hablamos, sea este nuestro tiempo, nuestros recursos o nuestro esfuerzo, es normal y natural que estemos dispuestos a darlos a cambio de conseguir la meta que nos hemos planteado, esa es la percepción subjetiva del valor: consideramos de mayor valor lo que hemos de obtener que lo que entregamos a cambio. Esa es la percepción subjetiva del valor. Para que lo que obtengamos sea de mayor valor que lo que estamos dispuestos a dar se requieren dos cosas: una es tener muy en claro cuáles son aquellos valores que nos definen como personas y que consideramos que no son susceptibles de sacrificarse por una meta, lo otro es hacer de vez en cuando un alto en el camino hacia la meta para vernos y sabernos y entender qué cambios se han dado en nuestra persona, sobre todo cambios profundos en este sentido. Es así como podemos ver qué el éxito entonces tiene dos vertientes: una se refiere propiamente a la consecución de las metas que uno se plantea, pero la otra

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tiene que ver con la mejora que como persona pudiéramos experimentar como parte del caminar hacia esa meta. Soy un convencido de que todos estamos llamamos a desempeñar un liderazgo completo, transformador y transformante, o como yo le llamo un liderazgo trascendental. Cuando hablo del liderazgo como algo completo me refiero al desarrollo pleno y total de nuestras habilidades, nuestras potencialidades, nuestras capacidades; cuando a ese liderazgo lo denomino transformador me refiero a él como algo que nos permite cambiar, desarrollarnos, avanzar; y cuando comento que ese liderazgo es algo transformante me refiero al impacto que en nuestra comunidad, nuestra sociedad y en última instancia en el mundo puede tener para hacernos avanzar hacia mejores, superiores y cada vez más excelentes estados de desarrollo. La presente obra va en ese sentido, en el de construir de una forma dinámica ese liderazgo que yo llamo trascendental. El mismo subtitulo de la obra contiene las ideas básicas de este libro. La palabra construcción tiene un sentido eminentemente práctico, luego entonces la presente obra tiene ese carácter; aún cuando muchas de las ideas aquí expuestas cuentan con un sinfín de referencias a estudios, trabajos e investigaciones que pudieran enarbolarse, el sentido de la misma es eminentemente práctico y cuando digo práctico quiero decir que si bien hay explicaciones que nos permiten comprender las ideas que aquí se esboza, todas ellas van acompañadas de técnicas que a través de su aplicación permiten corroborar las premisas establecidas y, más importante aún, construir ese liderazgo al que se hace referencia. La palabra dinámica en el subtítulo de la presente obra hace referencia no solo a la acción inherente al pragmatismo referido en el párrafo anterior respecto de la construcción del liderazgo en cuestión, sino también a la naturaleza cambiante de nosotros mismos, de los demás y del mundo en su totalidad. Este dinamismo que 2


se aborda en todos los temas de la presente obra añaden un toque necesario de flexibilidad tanto en la exposición de las ideas como en su aplicación para evitar ese dogmatismo característico de lo acabado donde nada puede cambiarse ni nada puede agregarse, por el contrario, los temas y las técnicas expuestas en la presente obra se entregan a quien las haga suyas para que éste a su vez les otorgue las características particulares de su personalidad, las modifique, las cambie, las amplíe. El término liderazgo, que a la sazón es tan indiferentemente utilizado, si bien tiene en la actualidad una connotación de logro externo, de conquista de metas y de triunfo ante adversidades, en la presente obra se aborda desde la perspectiva personal e interior. Mi experiencia me ha mostrado como es que existen ciertas condiciones personales que se requieren para poder sobre esas construir el otro liderazgo del cual hablamos, de la misma forma he visto como el trabajar con ese liderazgo externo, si no se cuenta con un soporte interno que lo afiance, solo logra proyectos truncos sin mayor beneficio que el haberlo intentado. En una parte de la obra menciono que una idea que he visto corroborada en la práctica me lleva a sostener que el solo trabajar con el desarrollo y potenciación de ese liderazgo interno, como lo manejo en este libro, lleva a que de una manera natural se dé el otro liderazgo, el externo, ese que lleva a logros en términos profesionales, empresariales, políticos, sociales, religiosos, etc. Por último, la palabra trascendente en el subtítulo de la obra es usada de una manera deliberada para mostrar el perfil de la argumentación y el carácter del esfuerzo en cada una de las técnicas aquí mencionadas. Generalmente éste término es relacionado con cuestiones místicas, espirituales o religiosas, la presente obra no utiliza ese término en ese sentido. Para mí lo trascendental, sea en el sentido que se utilice, tiene una connotación eminentemente práctica y la manera en que lo entiendo y utilizo en mi vida y en la presente obra se refiere más bien a la relación que cada uno de nosotros puede establecer con la totalidad de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. 3


En una ocasión se me acercó una persona para preguntar sobre el taller que con base en las ideas expuestas en este libro suelo dar, ésta persona se me presentó como alguien no creyente de ninguna de las filosofías místicas, espirituales o religiosas de la sociedad y quería saber si con ese perfil ese taller le podría ser de alguna manera útil. Mi respuesta fue contundentemente afirmativa dado que el taller no llevaba una connotación en el sentido tradicional de la palabra trascendental que ya he mencionado sino de aplicación práctica de principios que él podía comprobar y que podía poner en práctica a la de ya en el camino de vida que había elegido. De la misma forma en otra ocasión y con el mismo interés, me abordó otra persona con un perfil diametralmente opuesto, ésta persona se definía como alguien de fe, con una creencia muy definida incluso dogmática. Ante su cuestionamiento sobre la utilidad para ella de el taller en cuestión mi respuesta, al igual que en el caso anterior, fue exactamente la misma en el sentido afirmativo de la respuesta, dado que ésta persona, al igual que la anterior, iba a poder estar en la posesión de técnicas y herramientas que le iban a permitir aplicar principios básicos de vida y obtener resultados en el camino que había elegido. Algo así como aprender a leer para luego decir por uno qué es lo que se desea leer. Resumiendo, ésta trascendencia tiene que ver con lo que somos y lo que podemos llegar a ser, con lo que es el mundo y lo que puede llegar a ser, y en última instancia con esa libertad necesaria que implica cada proceso de cambio y de desarrollo del potencial humano. Es así como la trascendencia es un término que tiene que ver con lo eminentemente práctico, con aplicaciones inmediatas y concretas de principios a nuestro alcance y que generar efectos visibles y palpables. Es así como la Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental se vuelve algo eminentemente práctico, eficaz y útil y al mismo tiempo ilimitado, interminable e infinito.

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Introducción

Las líneas de trabajo relativas a Formación • I+D+i • Consultoría que tengo la fortuna de desarrollar en las áreas de Consultoría Empresarial · Liderazgo Emprendedor · Gestión Universitaria, me han presentado en diferentes momentos el reto de abordar la cuestión del liderazgo. Actualmente existe, por decirlo en cierta forma, una moda por el tema del liderazgo. A nivel individual o colectivo, profesional o empresarial, social o político, prácticamente todos quieren ser líderes, pero mi experiencia me ha llevado a constatar que no basta con querer ser líder para poder llegar a serlo. El presente libro trata de liderazgo, sí, pero de una forma diferente ya que parte del soporte del mismo que es la persona en última instancia. Si alguien quiere saber qué requiere, necesita o puede utilizar para ser líder ni siquiera tiene que leer un libro, acudir a una capacitación o ir a una conferencia, lo único que requiere es acudir a las redes sociales y esto está al alcance de un clic. Todos los días en las redes sociales pueden ver mensajes que se comparten encaminados al liderazgo, al emprendedurismo, a la motivación. Es como si cada uno de nosotros, con un solo clic, pudiera acceder a la receta para ser líder, ¿para qué ir a una conferencia, trabajar en una capacitación o leer un libro cuándo ya sabes qué hacer? Pero si actualmente existe esa facilidad de acceder a las cuestiones básicas relacionadas con el liderazgo, ¿dónde está ese liderazgo?, ¿por qué no podemos llegar a ser líderes? Si todos los días podemos ver de una manera fácil y casi natural el torrente de mensajes relacionados con los temas relativos al liderazgo, si los entendemos y les damos la razón, ¿por qué batallamos tanto en aplicarlos y, lo que es peor, llegar a la potencialización del liderazgo que deseamos desarrollar? 5


Supongamos que estamos viendo un desfile por las calles de nuestra ciudad. Hemos llegado con la familia y conseguido buenos lugares y nos deleitamos con los carros alegóricos que van pasando. En ese escenario volteamos y vemos que un niño de unos dos o tres años, con un helado en la mano, está embelesado viendo pasar el desfile al grado que prácticamente se olvida de su helado el cual termina derritiéndose. Cuando cae en cuenta, el helado se le ha derretido completamente. En esa situación ¿qué actitud adoptaría ese niño? Obvio que la actitud del niño al ver el helado que se le derritió sería de tristeza, de frustración, tal vez incluso de enojo, ¿y eso por qué? pues simple y sencillamente porque no pudo disfrutarlo, porque lo perdió, porque se ha desperdiciado, si pero ¿por qué la tristeza, la frustración, el enojo? Pues porque el niño le concedía una importancia relativa al helado de una magnitud considerable, por lo menos para justificar ese estado de ánimo. Ahora supongamos que nosotros, que ya no estamos tan niños, también llevábamos un helado en la mano, es más, todos los de nuestra familia que nos acompañaban tenían uno, pero solo a nosotros nos pasó lo mismo que al niño, es decir, por estar viendo el desfile descuidamos nuestro helado y éste se nos derritió completamente, ¿cuál sería nuestra actitud?, ¿sería comparable con la del niño?, ¿en qué se diferenciaría? Obvio que nuestra edad nos da otra perspectiva y nuestra reacción sería por completo diferente a la del niño, cuando mucho una leve queja por nuestro descuido y, si había oportunidad, comprarnos otro helado. Retomando la idea de la información que fluye incesantemente sobre el liderazgo en redes sociales, creo que todos podemos enumerar algunas características del líder, características tales como visionario, entusiasta, comunicador, convincente, negociador, carismático, honesto, cumplidor, coherente, etc., etc., etc. Solo que hay un punto que es decisivo y que se pasa por alto: el liderazgo se construye 6


siempre sobre la persona. He aquí el por qué a pesar de todos esos mensajes en las redes sociales, todos esos libros que hemos leído, todas esas conferencias a las que hemos acudido, todas esas capacitaciones que hemos tomado, todo relacionado con liderazgo, no han dado los resultados que hemos buscado o esperado: se pretende en muchas ocasiones construir un liderazgo olvidando a la persona. El helado derretido es esa contrariedad existente en todos nosotros y mencionada en el párrafo anterior, dónde la construcción del liderazgo no se da por más que lo intentemos, pero no se da por que partimos de arriba hacia abajo, como queriendo poner primero el techo antes que las paredes, o las paredes antes que los cimientos. Necesitamos primero trabajar la persona para sobre ella construir ese liderazgo, de hecho yo sostengo que si trabajamos a la persona no necesitamos trabajar el liderazgo pues éste fluye de manera natural. De la misma forma, al igual que las diferentes reacciones entre el niño y nosotros ante el helado derretido, se requiere cambiar la manera de ser, en muchas ocasiones arraigada e incluso defendida, que nos permita estar en posesión de nuestras capacidades para desarrollar ese liderazgo. En vez de ser presa de la tristeza, la frustración o el enojo, poder tener las habilidades para construir y reconstruir los eventos, nuestra vida y nuestro mundo para avanzar en nuestro camino, de eso trata este libro.

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Si alguien quiere técnicas, herramientas, procedimientos de liderazgos, sobre todo en el sentido del liderazgo exterior que se ha comentado, no es aquí dónde debe buscar, hay muchos libros, videos, artículos relativos a lo que se espera de un líder, este libro construye las bases que requiere ese liderazgo, un liderazgo al que yo llamo trascendental pues es completo, total, trascendente. Cuando digo que es completo me refiero al exterior de las personas, es decir, que abarca todo lo que necesitamos mínimamente saber y hacer para avanzar en nuestro proyecto de vida; cuando menciono que es total me refiero al interior de cada uno de nosotros, es decir, que abarca todo lo que somos para de una manera incluyente desarrollar el potencial con que contamos; y cuando menciono que es trascendente me refiero a que va más allá de todo lo anterior concediéndonos el poder de darle un sentido personal a nuestra existencia. Hagamos un ejercicio, y cuando digo hagamos es que espero ustedes sigan este ejercicio así como todos los demás que se sugieran en el libro que, como dije, es un libro eminentemente práctico. El ejercicio es el siguiente: tomen una silla y pónganla sobre una mesa, nada complicado, ¿verdad? Ahí está la silla con sus cuatro patas soportando su pesos obre la superficie de la mesa. Pongamos el ejercicio un poco más complicado: Ahora lo que deben hacer es colocar de tal forma la silla para que solo tres de sus patas toquen la superficie de

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la mesa. Vamos, ustedes pueden. Si quieren dejen aquí el libro e intenten lo anterior sin leer lo que sigue hasta que lo logren. ¿Listo? Con un poco de práctica podemos muy bien dejar que una silla sobre una mesa se soporte solo en tres de sus patas, todo es cuestión de acercarla al borde y dejar una de sus patas sin tocar la superficie de la mesa. Claro que a veces esto lleva tiempo pues debemos identificar cual pata tiene menos peso para que sea esa la que quede volando. De nueva cuenta podemos ver a la silla sobre la mesa donde tres de sus cuatro patas tocan la superficie de la misma. Un poco más complicado pero nada fuera de este mundo. Pero vamos a complicarlo aún más: Ahora la cuestión es colocar la silla encima de la mesa pero que solo toquen la superficie de la misma dos de sus patas. Sugiero en este punto de una manera más sugestiva que dejen aquí el libro e intenten eso antes de seguir. Aquí voy a hacer una pausa en lo que lo intentan y la solución se dará en la siguiente página, de inicio y como ayuda les recuerdo que solo son dos requisitos los que se deben cumplir: uno es que la silla quede finalmente sobre la superficie de la mesa; y dos, que solo dos de sus patas toquen dicha superficie. Aunque parezca asombroso esto puede lograrse. No se vale que la recarguen contra una pared o que la sostengan con una mano, la silla por sí misma debe estar sobre la mesa y solo dos de sus patas tocar la superficie de la misma. Intenten, intenten, intenten. 9


Aquí está la respuesta. Como pueden ver la silla esta recostada y solo dos de sus patas tocan la superficie de la mesa. Sé que es una salida al dilema, pero si lo ven bien una salida válida ya que, como les dije las condiciones solo eran dos: que la silla quedase finalmente sobre la superficie de la mesa y que solo dos de sus patas tocasen dicha superficie. Ambas condiciones se han cumplido. Aquí pudiéramos detenernos y hablar mucho de la forma en que nuestra mente aborda los problemas, de la misma forma señalar que en muchas ocasiones la solución a los mismos requiere una creatividad en ello y marcos de referencia flexibles. Pudiéramos pero no es necesario pues el libro tratará precisamente de eso. ¡Ah!, pero si creían que aquí había terminado este ejercicio, del cual por cierto se explicará más delante su utilidad, pues no es así. Vamos a llevar el mismo a su máxima expresión, a un nivel de dificultad mayor, que es la de colocar a la silla sobre la mesa pero ahora solo debe ser una pata la que toque su superficie, sin respaldo, si canto, sin asiento: solo una pata. ¿Se podrá esto? La única forma es intentándolo. A estas alturas ya se rompió el marco de referencia inicial y muchos intentarán de formas muy creativas lograr este cometido, eso lo sé, pero ¿lo lograrán?, ¿la creatividad será suficiente para ello? Recuerden que la silla debe estar encima y que solo una pata debe tocar la superficie de la mesa. Intenten, intenten, intenten. 10


Cuando hago este ejercicio en las conferencias y talleres que tienen que ver precisamente con la construcción dinámica del liderazgo trascendental, una vez que se rompe el esquema de pensamiento cuando les muestro como puede ponerse la silla sobre la mesa con solo dos de sus patas tocando la superficie, los participantes derrochan creatividad tratando de resolver éste último reto. Por ejemplo, algunos intentan poner la silla casi casi de canto intentando se equilibre para que sea solo una pata la que toque la superficie de la mesa y hay otros que mediante trucos. ¿La respuesta? Hasta ahorita nadie lo ha conseguido. Antes de explicar el por qué de esta dinámica quiero que veas lo que sucedió. Teníamos un problema que de inicio era sencillo (poner la silla sobre la mesa y que sus cuatro patas tocaran la superficie de la misma); luego se complicó un poco más (poner la silla sobre la mesa y que solo tres de sus patas tocaran la superficie de la misma); luego vino un punto de quiebre cuando se pedía algo que parecía imposible (poner la silla sobre la mesa y que solo dos de sus cuatro patas tocaran la superficie de la misma), en este punto después de quebrarse la cabeza vieron una solución, simplista tal vez para muchos, pero que abría la posibilidad de resolver los problemas de una forma más flexible y creativa; por último el dilema de poner la silla sobre la mesa y que solo una de sus cuatro patas tocara la superficie de la misma los enfrentó a algo mucho más complicado, pero como ya se había roto la manera de pensamiento lineal que traían muchos intentaron de formas mucho más creativas resolver ese problema. Vean cómo es que se trae un pensamiento al que yo llamo lineal que de inicio es el que marca la manera en que vemos, entendemos e interactuamos con el mundo, con los demás y con nosotros mismos, ¡ah!, pero llega una nueva forma de pensamiento que “creemos” nos hace mucho más flexibles, tal vez incluso libres para entender el mundo, a los demás y a nosotros mismos, ¿y qué sucede? Que esa nueva forma de pensamiento desplaza como paradigma a la anterior

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pero al mismo tiempo establece nuevos marcos que de nueva cuenta nos someten a las restricciones propias de la nueva estructura de pensamiento. Esto es importante tenerlo en cuenta pues este libro, así como las conferencias y talleres relacionados con el mismo, no busca sustituir una forma de pensar por otra. Eso es muy común en procesos similares donde de inicio uno se siente “bien” pues ve la vida con nuevos ojos pero si esa visión no se renueva constantemente termina, al igual que la visión anterior, por sujetarnos, por encarcelarnos, por someternos. Las ideas prácticas que iremos viendo en el presente libro deben tomarse como guías, nunca como estructuras dogmáticas terminadas en el sentido de ser un referente al cual someternos sino más bien herramientas las cuales utilizaremos en nuestro proceso de construcción de proyecto de vida y finalmente de liderazgo trascendental. En este caminar, no solo durante la lectura-aplicación, o lo que yo llamo el saberhacer, de este libro, sino en toda nuestra vida, debemos tener muy en cuenta tres cosas con las que siempre nos toparemos: una es todo aquello que ya sabemos, otra es todo aquello que no sabemos pero que podemos llegar a saber, y la última es todo aquello que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. Lo que sabemos se refiere a todo aquello que hemos de alguna forma conceptualizado y llegado a comprender, al menos en un sentido factual (más delante aclararemos este término). No estamos hablando aquí solo de las ideas relacionadas con el conocimiento, para nada, pueden ser 12


también situaciones emocionales, físicas, e incluso espirituales. Cualquier cosa que de una forma u otra hayamos llegado a experimentar (física, mental, emocional o espiritualmente hablando) podemos señalarlo como cosas que sabemos, de nueva cuenta aclarando que aquí el término “saber” no se acota al proceso cognitivo sino más bien vivencial. Si alguien ha disfrutado de una buena comida, ha descansado con un sueño reparador o ha sufrido de una enfermedad esto ha llegado a formar parte de lo que sabe en términos físicos; si alguien ha aprendido a sumar, restar, multiplicar, dividir eso forma parte de lo que sabe en términos mentales; si alguien a amado u odiado o se he sentido alegre o triste, esto ha pasado a formar parte de lo que sabe en cuestión emocional; por último las cuestiones de fe, esperanza o caridad que alguien puede haber experimentado en su vida forman parte de lo que cada quien sabe en términos espirituales. Claro que esta lista es simplemente enunciativa pues es prácticamente ilimitado lo que sabemos de manera física, mental, emocional y espiritual; y cuando digo “prácticamente ilimitado” lo hago con todo el sentido de la expresión ya que aunque no es literalmente ilimitado todo lo que hemos hecho nuestro es tanto que prácticamente lo es. La otra cosa con la que siempre nos toparemos es lo que aquí denomino lo que no sabemos pero que podemos llegar a saber. Aquí están todas las cuestiones físicas, mentales, emocionales y espirituales que aún no hemos hecho nuestras pero que de una forma están a nuestro alcance el hacerlo. Yo creo que en este punto podemos mencionar de la misma forma un sinfín de cosas que aún no ha sido hechas nuestras, sean éstas experiencias físicas, mentales, emocionales y espirituales y que de una forma u otra podemos llegar a integrarlas a nuestro ser. Y cuando digo “sinfín” lo hago aquí si con un 13


sentido estricto de ajuste a la palabra pues comparado con lo que sabemos, lo que aún no sabemos aunque podemos llegar a saberlo no tiene fin, siempre estas cosas serán muchísimo más que las que sabemos en cualquier momento de nuestra vida. ¡Ah!, pero eso no es todo, hay un concepto oscuro que aquí he llamado lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. Los dos puntos anteriores son conceptualmente fáciles de entender, pero no éste ya que su misma naturaleza lo coloca fuera del alcance del entendimiento, de otra forma se convertiría en algo que sabemos o que si no lo sabemos lo podemos llegar a saber, pero no, aquí se trata de lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. En las conferencias y talleres relacionados con la construcción dinámica de liderazgo trascendental, cuando llego a este punto, le pido a los participantes que me digan cosas que consideren caen en esta categoría, es decir lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. Este punto me encanta pues las respuestas que se expresan rayan siempre cuestiones que a todos nos parecen inmensas para ser algún día abarcadas por nuestra experiencia. Estas respuestas van desde algunas muy concretas tales como cuánto es el número total de estrellas o qué había antes del Big Bang o qué sucede al interior de un hoyo negro, hasta algunas eminentemente filosóficas o teológicas tales como el libre albedrío, el sentido de la vida o la existencia definitiva de Dios.

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Mi respuesta siempre asombra a los participantes los cuales necesitan un tiempo para entenderla y ésta es que todo lo que puedan mencionar, por más absurdo, abstracto, infinito o ilimitado que parezca (como los ejemplos dados anteriormente) no forman parte de esto ya que desde el mismo momento en que los expresamos pasan a formar parte de lo que sabemos o de lo que no sabemos pero podemos llegar a saber. La mera capacidad de abstraer el planteamiento y darle una estructura mental nos hace poseedor del mismo por lo que no puede ser lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber. Lo que no sabemos y que nunca jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber es eso que ni idea tenemos a tal grado que ni podemos señalarlo, nombrarlo o siquiera preguntarnos qué es, en esta categoría está lo que no tenemos manera de entender, de abstraer, de estructurar, de manipular, de expresar, y dada esta característica es inútil el tratar de abordarlo incluso en este libro. Pero, siempre hay un gran pero, eso que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber existe y de alguna manera podemos beneficiarnos de él, es decir aplicarlo, lo cual haremos en este libro. Como pueden ver el énfasis de la obra irá dando bandazos en estos tres puntos: lo que sabemos, lo que no sabemos pero podemos llegar a saber (de hecho muchas cosas que ustedes no saben con la simple lectura de este libro las sabrán) y lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber, estas últimas abordadas desde un sentido pragmático. La exposición de ideas a lo largo del libro para la construcción dinámica de liderazgo trascendental hará referencia a cuatro pilares, tres absurdos, dos actores y un fenómeno. Los cuatro pilares son la razón, la voluntad, la percepción y la atención; los tres absurdos son la comprensión, la intención y la aprehensión; los dos sujetos son lo que tú eres y lo que tú no eres; y el fenómeno, bueno el fenómeno es algo que va a pasar a lo largo de la exposición de estas ideas y es 15


con lo que comenzaremos pues requieren estar atento a este fen贸meno para captarlo en cuanto suceda.

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El fenómeno En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su maestro: “siempre nos cuentas historias pero nunca nos revelas su significado”. El maestro le replicó: “¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela?”

Anthony de Mello, El Canto del Pájaro

Durante la lectura de este libro, al igual que pasa en las conferencias y talleres que doy relativos a la construcción dinámica de liderazgo trascendental, sucede un fenómeno, éste fenómeno que hay que tener en cuenta desde un inicio, como si estuviéramos avisado de ello, para identificarlo cuando suceda y para aprovechar toda la riqueza que el mismo puede traer a nuestra vida. Este fenómeno es algo raro, extraño, sobre todo si uno desea explicarlo ¿por qué? pues porque es un evento personalísimo que cada quien experimenta de forma diferente. Con todo y las limitaciones que ello implica tengo de alguna forma que referirme a él, así que eso haré. Cuando estés leyendo este libro habrá alguna palabra, algún párrafo, alguna idea que te incendiará por dentro (¿ven lo difícil de usar las palabras para expresar esto?), este incendiar por dentro me refiero a que captará tu atención a tal grado de abstraerte. A lo mejor tu imaginación vuela, a lo mejor comienzas a recordar y darle sentido a muchas cosas en tu vida, a lo mejor se despierta un interés inusitado por saber, conocer discutir el tema, no sé como vaya a ser pero sí sé que sucederá. Yo llamo a eso incendiarse por dentro.

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Este fenómeno, que es real y que sucederá, no será resuelto ni abordado en el presente libro, de hecho ni en las conferencias o talleras relativos al tema se resuelve o se aborda, y ¿saben por qué? Porque no hay tiempo y por que no es responsabilidad de un servidor el hacer eso. Cuando me refiero a que no hay tiempo me refiero que lo que está detrás de ese fenómeno puede llevar toda una vida el resolverlo, y cuando digo que no es responsabilidad de quien escribe esto el resolverlo o el abordarlo me refiero a que es una experiencia personalísima, individual, eminentemente particular de cada quien y a cada quien le corresponde eso. ¿Entonces para que mencionarlo? Se menciona aquí, al inicio del libro, para que quien desee pueda sacarle toda la riqueza que el fenómeno trae consigo. ¿Y cómo sería eso? Fácil: sigan al fenómeno a dónde los lleve. Así es: síganlo. Habrá quienes sientan ese incendio, esa llamada (yo lo llamo más bien un grito que proviene de nuestro interior) y que a pesar de ello no lo quieran seguir. Muy bien. Se respeta. Pero quien desee encontrar un mundo más amplio, más asombroso, más completo, más trascendente, mi sugerencia es sigan al fenómeno. ¿Y cómo se sigue? Volvemos al mismo problema inicial: no puedo decirles como lo sigan pues es un evento intimo de cada quien y como tal cada quien lo percibirá de manera diferente y de la misma forma será diferente la manera en que lo sigan, pero sí puedo mencionar a manera enunciativa algunas formas de seguir al fenómeno para que al menos cuando suceda no se queden viéndolo sin saber qué hacer con él: pensarlo, pensarlo, pensarlo; investigarlo, investigarlo, investigarlo; leerlo, leerlo, leerlo; cualquier cosa que les permita indagar más en qué fue eso que los incendió por dentro, de dónde vino ese grito interno, qué significa todo ello, es seguir al fenómeno. Este seguimiento generalmente dura toda la vida pero desde el primer paso comienza a dar frutos y uno comienza a ver nuevos horizontes y a caminar nuevos 18


caminos, nuevos horizontes que nunca se alcanzan y nuevos caminos que jamás terminan pero que en ambos casos acaban transformándonos. Así que cuando sientan ese incendio, cuando oigan ese grito interno, cuando se haga presente este fenómeno síganlo hacia nuevas realidades que ustedes mismos irán descubriendo y que solo por ello podrán reclamar como suyas.

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Los dos actores Nunca pensé que necesitaras ayuda –me replicó Don Juan-. Debes cultivar el sentimiento de que un guerrero no necesita nada. Dices que necesitas ayuda, ¿ayuda para qué? Tienes todo lo necesario para el viaje extravagante que es tu vida. He tratado de enseñarte que la verdadera experiencia es ser hombre, y que lo que cuenta es estar vivo; la vida es la vueltita que ahora estamos tomando. La vida en sí misma es suficiente y se explica sola, y es completa. Carlos Castaneda, Relatos de Poder

Antes de pasar a los cuatro pilares y los tres absurdos de la construcción dinámica de liderazgo trascendental, y una vez encendido las luces reflectoras relativas al fenómeno que se dará durante la lectura de este libro, hay que aclarar la cuestión relativa a los dos actores: lo que eres tú y lo que no eres tú. Esas dos esferas de la realidad coexisten durante toda nuestra vida, de hecho todo lo mencionado en este libro va de un sujeto a otro, claro que esto lo hace forma desapercibida, sutil, por que en la realidad se difuminan los límites entre uno y otro, aunque ahorita no parezca así. Un actor es lo que tú eres. Este sujeto lo conocemos de primera mano pues es el referente de nuestra propia existencia. Dicho actor está conformado de nuestra persona y de nuestra personalidad como tal. La persona se refiere a lo que somos y la personalidad a cómo expresamos lo que somos. En este sentido estamos hablando de los cuatro espacios que confluyen en nuestro ser: el físico, el mental, el emocional, y el espiritual cada uno como cada quien lo entienda y con todo lo que ello conlleve. Esta definición incluye cuestiones tales como nuestras ideas, 20


nuestros valores, nuestros sentimientos, nuestros temores, nuestros odios, nuestra historia y todo lo que podamos circunscribir en los límites de nuestra persona. El otro actor, como ya se mencionó, es lo que no somos. A alguien le podrá parecer demasiada amplia esa definición ¡y en realidad lo es! Es excesivamente amplia pues ahí tiene que caber cualesquier cosa que no somos. Personas, ideas, instituciones, países, objetos, historias, cualquier cosa que no seamos nosotros entra en esta categoría. A simple vista pudiera parecer que esta segunda categoría es inmensamente más grande que la anterior pues son muchas más cosas las que no son lo que somos que aquellas que pudiéramos definir como lo que sí somos, pero esto no es así. La contención limitada de nuestra persona, nuestra individualidad dicho de otra forma, es igualmente extensa, inmensa, infinita como la categoría de las cosas que no son lo que somos. Si cada quien se pone a pensar en la inmensidad de la cuestión física que nos constituye (moléculas, átomos, etc.), además de las dimensiones que guardan todos los aspectos mentales, emocionales y espirituales, se encontrará en un universo avasallante, en ebullición constante, cambiante, dinámico, lleno, repleto de no millones sino de infinidad de expresiones de lo que somos que se equipara con lo que no somos. Así que ambos actores, lo que somos y lo que no somos son equivalente en este sentido aunque diferentes en su expresión. En este momento quiero hacer una aclaración ya que el uso de la palabra “actor” es deliberado. Una cosa es lo que somos y otra lo que se percibe que somos, de la misma forma una cosa es lo que es aquello que no somos y otra muy distinta la forma en que percibimos aquello que no somos. Esta diferencia entre lo que se es y lo que se percibe se salva con el término aquí utilizado de “actor”. En las artes plásticas un actor es aquel que representa un personaje, esto lo vemos en teatro, cine, televisión, etc., pero nunca el personaje es la persona que lo interpreta, este 21


símil es exactamente igual a lo que estoy mencionando respecto de lo que se es y de lo que se percibe. Nosotros somos personas somos seres prácticamente infinitos (ya se comentó esto en el párrafo anterior), pero los demás, la sociedad, el mundo, el universo, percibe de nosotros ciertas peculiaridades las cuales todavía son interpretadas por ello siendo así que lo que de nosotros se percibe nunca es nuestra totalidad como personas, o como yo sostengo: eso es apenas la superficie del océano infinito que somos. De la misma forma todo lo que no somos, sea lo que sea, posee características ilimitadas, estas características son captadas por nosotros de forma selectiva y todavía interpretadas según nuestros parámetros para ello con lo que podemos decir que lo que percibimos de lo que no somos nunca es la realidad total de eso. Por ello el término de “actor” utilizado, pues siempre nos vamos a estar refiriendo a lo que se percibe, al personaje que todo lo que existe, tanto lo que somos como lo que no somos, representa involuntariamente. Mencioné que el desarrollo de las ideas en el presente libro irá de actor a otro de manera sutil e imperceptible por que queramos o no hay que reconocer que los límites entre lo que somos y lo que no somos prácticamente se difuminan en la práctica. Por ejemplo, cuando abordé lo que somos mencioné cuestiones que nos definen como nuestro ser en su expresión física, pero también mencioné cuestiones tales como nuestros pensamientos, nuestras emociones y incluso nuestro aspecto espiritual, pero si lo pensamos más a fondo, de estos tres aspectos últimos ¿qué tanto es nuestro y que tanto es de los otros? La convivencia en sociedad (familia, amigos, comunidad) nos va permeando desde que nacemos con sus ideas, valores, creencias así que lo que no somos de una forma u otra viene colaborando con la construcción de lo que somos, pero ¿dónde termina uno y dónde comienza el otro? Como podemos ver en la realidad los límites de lo que somos y de lo que no somos, en muchos aspectos, es tan tenue que prácticamente es imposible de percibir, luego entonces no lucharemos 22


por hacer esta definición máxime que no afecta para nuestro trabajo, lo que sí debe quedar claro es este concepto para poder ir abordando las demás ideas conforme vayan desarrollándose.

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4 pilares, 3 absurdos Cuanto más os conozcáis a vosotros mismos, más claridad tendréis. El conocimiento de sí mismo no tiene fin, no se alcanza la realización, no se llega a una conclusión. Es un río sin fin. Y conforme uno lo va examinando e investigando, uno encuentra la paz. Solo cuando la mente está tranquila –mediante el conocimiento de sí mismo, no mediante una autodisciplina impuesta- sólo entonces, en esa tranquilidad, en ese silencio puede advenir la realidad, lo innominable, y lo eterno.

Jiddu Krishnamurti, La Libertad Primera y Última

Una vez aclarado el punto del fenómeno y de los dos actores, estamos listos para abordar la cuestión relativa de los cuatro pilares y los tres absurdos. Los cuatro pilares son la forma que tenemos las personas para entender e interactuar con todo lo que existe. Estos tres pilares no son excluyentes y pueden colaborar entre sí para tal objetivo, de la misma forma, como veremos, uno puede usar uno, dos o tres de estos pilares aunque lo ideal es usar los cuatro. El primer pilar es la razón, el segundo es la voluntad, el tercero es la percepción y el cuarto es la atención. Cada pilar será abordado de manera particular tanto en la cuestión explicativa como de aplicación práctica. Estos cuatro pilares de manera en que se han presentado pueden ubicarse como pilares reactivos o pilares proactivos. Los pilares reactivos son el del la razón y el de la percepción. Al señalarlos como pilares reactivos nos referimos a que no requieren de nuestra participación consciente y decidida para actuar, su desempeño casi casi puede decirse que es automático, reactivo (de ahí el adjetivo utilizado) a las condicionantes de lo que 24


somos y de lo que no somos. Esto no quiere decir que no tengan elementos proactivos pero en su mayoría la naturaleza de los mismos es reactiva. Ahondaremos más en este cuando abordemos cada uno de estos dos pilares. Los pilares proactivos son los de la voluntad y de la atención. Cuando señalo que son proactivos me refiero a que, a diferencia de los dos pilares anteriores, estos sí requieren de nuestra participación consciente y decidida para ser utilizados en su máxima expresión. El uso de estos pilares no es en automático y requiere del esfuerzo personal para ello. Al igual que la aclaración que se dio para los dos pilares anteriores, solo que aquí en sentido opuesto, esto no quiere decir que estos pilares no tengan elementos reactivos pero su naturaleza que los define es proactiva. De igual forma en su momento cuando los abordemos se aclarará más esto. Retomando el término saber-hacer esbozado en la introducción de la presente obra, y una ve señalada la reactividad o proactividad de los pilares del liderazgo trascendental, podemos decir que los pilares reactivos de la razón y de la percepción son los pilares sobre los que descansa el saber, mientras que los pilares proactivos de la voluntad y de la atención son los pilares sobre los que descansa el hacer. En este mismo sentido, para que el liderazgo trascendental nos habilite para alcanzar la totalidad de nuestro ser, requiere lo mismo de rigidez que de fluidez en nuestra vida; ésta rigidez está identificada con los pilares reactivos de la razón y de la percepción y la fluidez está identificada con los pilares proactivos de la voluntad y la atención. Ambas ideas duales, es decir, el saber-hacer y la rigidez-fluidez, se retomaran más delante.

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Pero no solo existen estos cuatro pilares para entender e interactuar con todo lo existente, también hay tres absurdos que deben ser considerados. Curiosamente estos tres absurdos tienen un pilar con el que se corresponden. Estos tres absurdos son la comprensión, la intención y la aprehensión. En su momento se explicaran estos tres absurdos, lo que sí puede decirse en este momento es que la comprensión es el absurdo que se corresponde al pilar de la razón, la intención es el absurdo que se corresponde con el pilar de la voluntad, y la aprehensión es el absurdo que e corresponde con el pilar de la percepción. Como ya se habrá notado, queda un pilar para el cual no se le ha señalado un absurdo, el pilar de la atención. Esto es así y en su momento se explicará el por qué. Los cuatro pilares deben ser primero identificados, luego entendidos, luego asimilados y por último utilizados para ampliar considerablemente las herramientas a nuestra disposición para interactuar con todo lo que existe; de la misma forma y por cuestiones que se explicarán en su momento, cada pilar debe ser considerado a la luz de su correspondiente absurdo, no con un énfasis limitador, sino al contrario, para no encerrarnos en nuevas estructuras de pensamiento y así permanecer libres ante la existencia misma.

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1er Pilar: Razón En 1997 se estrenó la película Men in Black, la cual por cierto ganó el Oscar al mejor maquillaje. En ella dos agentes del gobierno atraviesan muchas peripecias tratando, y logrando, de salvar al mundo. Hay una escena interesante para el punto que vamos a tratar referido a la razón. Poco antes de reclutar a Jay (Wil Smith), Kay (Tommy Lee Jones) le da un tiempo para que piense en la decisión de si se une a la fuerza gubernamental que él representa. Sentados en una banca Kay le suelta una frase que puede resumir este apartado: “Hace 1,500 años todos sabían que la tierra era el centro del universo; hace 500 años todos sabían que la tierra era plana; hace 15 minutos tú sabías que solo había personas en este planeta. Imagina lo que sabrás mañana” El pilar de la razón, como puede verse y entenderse, es prácticamente el pilar sobre el que se ha sustentado nuestra vida. Cuestiones tales como el advenimiento de la Ilustración, que se desarrolló desde fines del siglo XVII, o el trabajo de René Descartes (1596-1650), quien en su obra el discurso del método define por primera vez unas reglas del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, fueron dando un peso cada vez mayor, al menos en occidente, al pensamiento concreto y con ello a la razón. Esto no está mal ni es una crítica, es un hecho que se señala para entender la situación actual del mundo y de las personas. De hecho este pilar es muy útil, pero no es el más útil ya que los cuatro pilares que se presentan aquí (al igual que la silla que ocupa cuatro patas para ser útil) se requieren para alcanzar la totalidad de nuestra persona, lo que yo llamo ese liderazgo trascendental.

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Las características del mundo actual han puesto al alcance como nunca antes la posibilidad de recibir educación, pero de la misma forma el emprendedurismo ha demostrado que ésta no es un requisito sin el cual no se consigue el éxito, el conciliar estas dos posturas nos permitirá tener no solo claridad en cuanto al tema sino flexibilidad en cuanto las opciones de vida. ¿Qué tienen en común personalidades como Bill Gates, Steve Jobs, Frank Lloyd Wright, Buckminster Fuller, James Cameron, Mark Zuckerberg, Tom Hanks, Harrison Ford, Lady Gaga o Tiger Woods? Desde luego una cosa es que se trata de personajes exitosos en sus respectivos campos de actuación, pero la otra y más interesante es que todo ellos abandonaron en sus momentos sus estudios universitarios, ¿esto quiere decir que la educación no es necesaria para alcanzar el éxito? Para responder lo anterior hay que ver lo siguiente: lo primero es que no se trataba de gente analfabeta sino que sí habían recibido educación formal y que fue en sus estudios universitarios donde se truncó su formación académica antes de su conclusión formal; lo segundo es que el abandono de los estudios universitarios se da porque su carrera laboral comienza a dar frutos, a diferencia del pensamiento de abandonar los estudios para ir en pos del éxito; y por último que en cierta forma éstos personajes tenían en sí ese potencial que les permitió alcanzar el éxito sin necesidad de una carrera profesional. Ahora que si tuviéramos que contestar con un si o un no a la pregunta de si la educación es requisito para el éxito o la falta de ella garantía de fracaso, la respuesta es no, y así como estos casos comentados inicialmente se tienen muchos más en la historia de la humanidad que demuestran lo anterior. Pero así como no es un requisito ineludible para alcanzar el éxito tampoco está demás el obtener una formación, es más, la misma puede permitir compensar ciertas deficiencias que como humanos tenemos. Paso a explicar esto. 28


Para ser un buen cantante, para ser un buen escritor, para ser un buen atleta, para ser lo que sea no es necesaria la formación formal podríamos decir, pero si se requiere tener las capacidades para y (muy importante) una experiencia que podríamos llamar formación informal. Pues bien, hay quienes no tenemos ciertas capacidades pero que la educación nos permite subsanar con el manejo de la técnica apropiada. Es así como la educación nos puede servir para alcanzar la meta. Pero de la misma forma dejar en manos de la educación todo el potencial para alcanzar nuestro éxito y nuestras metas es dejar de lado la responsabilidad de nuestro destino que necesariamente es nuestra. ¿Cuál sería un punto no medio sino más rico?, pues aquel donde la formación que recibimos la completamos con la experiencia y la enriquecemos con nuestro emprendedurismo, es así como el triángulo formado por formación-experienciaemprendedurismo nos genera una base, un soporte, una plataforma sobre la cual podemos construir un futuro más estable y al mismo tiempo con más opciones ante los retos que enfrentemos. La vida actual exige no solo actitud sino también aptitud, siendo que esto último tiene sus principales referentes en la capacidad personal y la formación o habilitación para el desempeño exitoso, es así que desdeñar la educación es como subirse a un bote y rechazar los remos. En este entendido la razón es algo que aliento a construir, alcanzar, fomentar y a experimentar, a rebatir, a criticar. Solo que, por las razones antes expuestas, todo esto no implica exclusión y cancelación de los otros pilares so pena de truncar nuestro desarrollo integral como personas.

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¿Qué cosas cada uno de nosotros no sabíamos hace 10 años, o nuestros padres hace cincuenta años, o sus antepasados hace 1,000 años, o hace 10,000 años los primeros humanos que comenzaron a formar lo que hoy consideramos las primeras comunidades, y que hoy ya sabemos? Hagamos un recuento de ello y veremos cómo es asombrosamente innumerable la cantidad de conocimiento que hemos adquirido de una u otra forma como personas y como sociedad. Esta vorágine de información nos ha colocado en un punto donde muchos creen que prácticamente pueden explicar sino todo al menos casi todo o por lo menos lo más relevante de nuestra vida. Esta actitud de orgullo, que puede tener ciertas justificaciones, nos coloca en un punto donde es muy difícil aceptar que se nos dé la contra, el estar equivocado o el no saber algo. Si no veamos cómo es que constantemente estamos corrigiendo al gobierno, a la iglesia, a la sociedad, después de todo la razón, que no la verdad, todos creemos poseerla, ¿o no estamos en el pináculo de la historia humana donde, al igual que en una montaña, todo el conocimiento nos sirve para posicionarnos en él y ver más allá que cualquier persona antes haya visto o conocer más a profundidad cualquier tema más allá de lo que antes alguien pudo? Pero… ¿qué tanto sabes… comparado… con lo que no sabes? La razón tiene dos vertientes, una es la factual y otra es la trascendental. La factual es aquella vertiente que siempre responde a los ¿cómo?, por ejemplo todas las respuestas educativas o formativas van en ese sentido, es decir, enseñar cómo hacer algo, desde leer o escribir hasta construir reactores nucleares o estructurar política y socialmente una comunidad. Antes comenté que lo mejor para alcanzar nuestro potencial, nuestro liderazgo trascendental, es utilizar los cuatro pilares a los que podemos tener acceso, es lógico entonces ahora comentar que no es para nada recomendable usar solo uno, como pudiera ser el caso del pilar de la razón, pero aunque no sea 30


recomendable eso vemos que muchos procesos sociales van encaminados a darle soporte a todo lo que hacemos a través de este pilar, pero peor aún, este pilar como se comentó tiene dos vertientes, siendo la factual una de ellas y siendo esta vertiente, la que responde a los ¿cómo?, sobre la que se soporta mayormente este pilar, es decir, no solo usamos casi en su totalidad un solo pilar de los cuatro que tenemos a nuestra disposición ¡sino todavía de ese único pilar usamos solo una de sus dos vertientes! Pero bueno, el hecho de que ahorita estés leyendo este libro comienza a cambiar en ti esto. Una vertiente del pilar de la razón es la factual, la que responde al ¿cómo? De este ya estamos llenos, repletos, rebosantes. Pero hay otra vertiente de este pilar, la vertiente trascendental y ésta es la que responde a los ¿por qué? y ¿para qué? Y ésta será la técnica que usaremos, aplicaremos y desarrollaremos en este pilar. Todo, absolutamente todo puede ser explicado de manera factual respondiendo al ¿cómo?, lo más interesante, lo que comienza a darnos poder como líderes trascendentales, es cuando también podemos darle a todo un sentido trascendental a esto respondiendo a los ¿por qué? y ¿para qué? El ¿por qué? que uno puede plantearse ante absolutamente todo es una visión al pasado, al origen de cualquier cosa. El ¿para qué?, por su parte, es una visión al futuro, al destino de lo que sea que analicemos. En mis conferencias y talleres sobre construcción dinámica de liderazgo trascendental, siendo extremoso siempre digo que si pudieran quedarse con una sola práctica de por vida, mi sugerencia sería precisamente ésta: siempre pregúntense el ¿por qué? y el ¿para qué? de todo. Esta sugerencia no es dada solo porque sí, sino que tiene varias justificantes, te doy dos: primero, porque dado el énfasis actual en el pilar de la razón es más factible que éste pilar sea el usado a diferencia de los otros que, como veremos más adelante implican mayor esfuerzo, y, segundo, que estas dos preguntas trabajadas con constancia y 31


dedicación pueden llevarte a los otros tres pilares de manera natural. Pero bueno, esto es en el caso de que alguien quisiera solo un consejo para trabajar toda su vida, yo creo que tú que estás leyendo esto quieres activar de ya los cuatro pilares para potencializar tu desarrollo, así que continuemos. ¿Por qué? y ¿para qué? tiene una fuerza para ampliar y fortalecer el pilar de la razón a tal grado que llega a rozar los otros pilares. ¿Un ejemplo?, ¡claro!, todo este libro es eminentemente práctico y lo mejor de todo es que todas las técnicas aquí dadas se pueden aplicar en todo momento, a cualquier cosa y ante cualesquier situación. Alguien llega tarde a su casa y sus padres le regañan, o si ya se tiene novia o novio, esposa o esposo, hay un altercado por esa tardanza. Bien, el evento para aplicar esta técnica ya está, ya sucedió, ya lo tenemos. Preguntémonos ¿por qué?, así es ¿por qué esa persona se molestó? Atención, todas las técnicas de este libro son personales, cada quien las debe hacer en su fuero interno, en este caso no es válido hacer estas preguntas a la persona que se molestó, éste es un ejercicio para nosotros mismos. Continuando con esto ante esta pregunta habrá alguna respuesta que nos demos, por ejemplo “fulanito o zutanita se enojo conmigo porque no cumplí con mi palabra de estar aquí a tal o cual hora”, ante esta respuesta de nueva cuenta debemos preguntar ¿por qué?, en este caso “¿por qué no cumplí con mi palabra de llegar aquí a tal o cual hora?”. A lo mejor esta pregunta recibe una respuesta como “se me hizo tarde en la escuela o en el trabajo o con mis amigos” a lo que de nuevo preguntaremos ¿por qué?, en este caso “¿se me hizo tarde en la escuela o en el trabajo o con mis amigos?”. ¿Ven el patrón? Así pueden seguirse hasta que ustedes quieran preguntando en cada ocasión a la respuesta que obtengan ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Observa cómo es que esta actitud de inquisición trascendental todos la traemos de forma natural cuando niños, los ¿por qué? y ¿por qué? y ¿por qué? es algo 32


que brota de manera espontánea en todos los niños ante las respuestas que del mundo reciben. ¿Y qué es lo que pasa?, que la sociedad nos reprime, nos quita esta herramienta con un “¡pues porque así son las cosas!”, lo cual es entendible pues la sociedad en su conjunto está más enfocada a los ¿cómo? que a los ¿por qué? o los ¿para qué?, pero esto puede cambiar, de hecho está cambiando ahorita contigo, claro, siempre que seas capaz de reclamar esto que ya era tuyo, que ya traías, y que te fue arrebatado cuando pequeño. Repito lo que señalé anteriormente: esto puede aplicarse a todo: cosas, personas, situaciones, eventos, etc., todo, absolutamente todo puede abordarse con un ¿por qué? y seguirse así. Pero el ¿por qué? solo es una parte de la razón trascendental, la otra parte es el ¿para qué? que, de la misma forma que el ¿por qué? puede aplicarse a todo lo que hay. El ejemplo anterior puede traerse de nuevo aquí y preguntarnos “¿para qué fulanito o zutanita se enojó conmigo?”, ya no es un ¿por qué?, es decir, ya no vemos al pasado, al origen, ahora es un ¿para qué? que ve al desino, al efecto. La respuesta tal vez pudiera ser “bueno, se enojó para hacerme ver la gravedad de mi actitud con la intención de que no vuelva a pasar”, lo cual de nueva cuenta permitiría un ¿para qué? De nueva cuenta ¿ves el patrón? Ese ¿para qué? puede plantearse una y otra vez ante cualquier repuesta que se obtenga. ¿Por qué está aquí esta silla?, ¿para qué está aquí esta silla?; ¿por qué el hambre en el mundo?, ¿para qué el hambre en el mundo?; ¿por qué me equivoqué en tal o cual cosa?, ¿para qué me equivoque en tal o cual cosa?; ¿por qué esa hormiga, aquella nube, esta brisa?, ¿para qué esa hormiga, aquella nube, esta brisa?; por más rara que se oiga de inicio la pregunta, sea de lo que sea, hay que buscarle siempre un ¿por qué? y un ¿para qué? y seguir con el hilo del cuestionamiento. Seguir el hilo -a lo mejor alguien pregunta-, ¿hasta dónde?

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Buena pregunta la anterior, yo te pregunto ¿tú crees que podamos en algún momento plantear un ¿por qué? o un ¿para qué?, de lo que sea, cuya respuesta sea la última, la final, la definitiva, la que ya no permita un nuevo ¿por qué? o un nuevo ¿para qué? partir de ahí? Vamos, contesta honestamente, ¿realmente crees que habrá una respuesta que ya no amerite ninguna pregunta? Aquí es donde entra el primer absurdo, la comprensión.

1er Absurdo: Comprensión Si no podemos llegar al ¿por qué? final o al ¿para qué? final, entonces en realidad no sabemos dónde estamos parados, no tenemos noción más que de una rendija de la realidad e ignoramos el resto. Y esto es así. Siempre va a haber algo que desconozcamos. Repito: mientras no lleguemos al ¿por qué? último de las cosas o al ¿para qué? último de las cosas prácticamente estamos parados en el aire. Sabremos el ¿cómo? pero desconoceremos el ¿por qué? y el ¿para qué?, al menos el ¿por qué? y el ¿para qué? final, lo cual es bastante que decir. ¿Cuánto tarda una flecha, disparada con toda la fuerza posible, en recorrer, digamos, un metro de distancia? A lo mejor alguien dice que un segundo, otro que medio segundo, otro tal vez que menos. ¿Qué les parecería si yo les contestara que la flecha no se mueve, que no avanza, que aunque sea disparada nunca llega a su destino? Supongo que quien me oyera diciendo esto creería estar escuchando un despropósito, pero veamos el problema del desplazamiento de la flecha como lo hicieron los sofistas hace cientos de años.

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Dijimos que la flecha tenía que recorrer un metro. Bien. Pregunto, ¿podemos dividir en dos ese metro? “Claro que sí”, me responderán, tendremos entonces dos partes iguales de cincuenta centímetros cada una. Excelente. Ahora, ¿podemos dividir una de esas dos partes en dos partes iguales? “Desde luego”, me dirán, es así como esa parte la hemos dividido ahora en dos partes iguales de 25 centímetros cada una, y bueno, les pregunto de nuevo ¿podemos a su vez dividir alguna de esas partes de 25 centímetros de nuevo en dos partes iguales? “Así es”, de nueva cuenta me dirán, por último, ¿hasta dónde puedo yo agarrarme segmentando cada parte que surja de dividir el metro una y otra vez, hasta donde? “Hasta el infinito”, algún avispado dirá, y tendrá razón. Ojo con esto: el metro inicial base de nuestro problema podemos dividirlo una y otra y otra vez hasta el infinito, ¿verdad?, luego entonces viene la pregunta ¿cuánto tiempo le lleva a un objeto desplazarse por un espacio que es infinito? “¡infinito tiempo!” podrá responder el avispado, y tendrá razón. Un objeto requiere de tiempo infinito para recorrer un espacio que es infinito siendo que si esto es así luego entonces dado que le tomará a la flecha infinito tiempo recorrer ese metro nunca se moverá realmente. ¿De locos la conclusión a la que llegamos?, pero ¿por qué? Vuelve a leerla y veras que es lógica, aunque algo ha de estar mal con ella pues en la vida real sí vemos a la flecha moverse para llegar a su destino y no le toma para nada tiempo infinito recorrer ese metro, ¿verdad? ¿A qué viene esto?, bueno, estamos con el absurdo relativo a la razón y este problema nos dice dos cosas al respecto. La primera es hacer evidente que las conclusiones a las que nos lleve la razón por sí solo pueden no solo estar incompletas sino de plano ser erradas. Podemos pensar y pensar y pensar y aun así, como en el racionamiento anterior, creer que llegamos a una conclusión valida y valedera cuando estamos muy lejos de ello. Por eso la necesidad de tener otros pilares de donde asirnos para nuestro desarrollo integral como personas. 35


La segunda cosa al respecto que nos dice este problema es que la razón nunca nos podrá explicar la totalidad de lo que sea porque la misma naturaleza del conocimiento es fragmentaria. Tomemos cualquier ciencia, por ejemplo una ciencia natural como la biología. En biología podemos encontrar una rama dedicada a la biología de los animales, en esa rama podemos encontrar otra subrama dedicada a la biología de loa mamíferos, en esa sub-rama podemos encontrar una sub-sub-rama dedicada a la biología de los leones, en esa sub-subrama podemos encontrar una sub-sub-sub-rama dedicada a la biología de los leones hembras, en esa sub-sub-sub-rama podemos encontrar una sub-sub-subsub-rama que se enfoque en sus aparatos reproductores, en esa sub-sub-subsub-rama podemos encontrar una sub-sub-sub-sub-sub-rama que se enfoque en las hormonas relativas a los aparatos reproductores, y así hasta el infinito. Es igual que el metro que diseccionamos en infinitas partes, en este caso el conocimiento que para comprender algo estamos diseccionando completamente hasta el infinito ¿podemos algún día llegar a comprenderlo en su totalidad? Antes de comentar esta pregunta, y como ya podrás haber comenzado a intuir, el conocimiento infinito nos plantea un gran problema de certeza completa, última y total, con lo cual, mira lo que voy a decir, todo se sustenta en última instancia en cuestiones de fe. Sé que ésta aseveración te parecerá extrema, después de todo el conocimiento, la ciencia, son aspectos de nuestra vida donde la fe es lo que menos tiene que ver, al contrario, pudiéramos decir que solo los hechos comprobables y comprobados tienen cabida y que la fe no tiene lugar, pero no es así. En una ocasión platicaba con un amigo que es ateo, una persona que debo reconocer es sumamente inteligente y que merece todos mis respetos, y en un momento dado salió el tema de la fe y ante mi señalamiento de que la ciencia se fundamenta también en la fe el me argumentó más o menos en los términos que acabo de señalarte, en ese punto le dije que sometiéramos a prueba lo que 36


acababa de comentar, es decir, que la fe no tiene cabida en la ciencia y que la misma solo está conformada de hechos comprobables y comprobados. Para no entrar en discusiones interminables le pregunté primero sobre los sistemas planetarios del universo, que si cómo habían llegado a ser lo que ahorita son. El me explicó cuestiones relativas a la fuerza de gravedad y de cómo la misma había tenido un papel en aglutinar, ordena y mantener lo que llamamos sistemas planetarios (igual pude haberle preguntado de las estrellas, las galaxias o el universo en sí). Luego le pregunté (siguiendo un poco la idea del ¿por qué?), que si ese polvo, rocas y demás, así como esa fuerza de dónde había venido, él se puso a explicarme la evolución del universo hasta llegar al Big Bang. En este punto yo le hice varias preguntas de ese Big Bang, desde su naturaleza hasta su origen, la respuesta, que es la misma que la ciencia actual, es que nuestro conocimiento ha llegado hasta ahí pero que aún no podemos explicar a cabalidad lo del Big Bang. Es así como le dije que a partir de ese punto no tenemos información alguna y debemos de creer en algo de lo cual no podemos explicar, a la respuesta suya de “si, así es”, le contesté “¿y eso en que se diferencia de la fe?” Podemos mencionar muchos ejemplos más de cómo en un momento dado la ciencia, el conocimiento, llega a un punto donde simplemente no sabe y dado que no sabe solo debe creer y es así como incluso el más férreo ateo tiene una fe, tal vez no en una deidad como la conceptualizamos, pero si en algo que no sabe qué es, que no lo puede explicar, pero que cree a pie juntillas que existe. Piensa en esto: tanto un ateo como un creyente llegaran a un punto donde sus argumentos llegaran a un límite de lo conocido, a partir de ahí ambos estarán parados simple y sencillamente n su fe. Y es en este punto donde el ateo y el creyente se tocan con las puntas de sus dedos ya que en por la forma de nuestro universo, aunque dos seres vayan en direcciones opuestas, llegará un punto en donde ambos se encuentren.

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Ojalá puedas ver que la aplicación de esta técnica sencilla del ¿por qué? y ¿para qué? pudiera resolver muchos de los conflictos individuales o sociales que surgen precisamente por ese abordamiento factual de los hechos antes que trascendental, mostrando cómo es que las opiniones divergentes son expresión de lo mismo y las posturas supuestamente contrarias y contradictorias llegan a rozarse en los extremos y a fundirse en sus centros. Todo al tratar, que tal vez no lograr de responder al ¿por qué? y ¿para qué? de lo que existe. Volviendo a la pregunta ¿podemos algún día llegar a comprender todo en su totalidad? creo que ya has de intuir la respuesta, y ante esa respuesta la otra pregunta que puede surgir es ¿entonces para que los ¿por qué? y ¿para qué? que se presentan como técnica en el presente tema si nunca vamos a llegar a un ¿por qué? y a un ¿para qué? últimos? Mira, la cuestión no es si llegaremos o no a un ¿por qué? y un ¿para qué? últimos sino el efecto que en ti tiene el hacer este ejercicio. Velo como cuando alguien se ejercita en una bicicleta fija, no esperaríamos que por más que pedaleara llegara a una parte ya que finalmente eso no es lo importante sino el efecto que dicho ejercicio tenga en la persona. Aquí es lo mismo, no preguntes si algún día llegarás a un ¿por qué? y un ¿para qué? últimos sino observa los efectos que expandir tu campo mental de acción a través de este ejercicio tendrá en ti. Este es el absurdo de la razón, ya que por la propia naturaleza de él y por la propia naturaleza de nosotros nunca jamás podremos de manera total y completa a conocer todo de todo, pero eso no implica que no lo intentemos pues lo trascendental se esconde precisamente en eso.

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2º Pilar: Voluntad En 2004 se estrenó una película de acción protagonizada por Tom Cruise y Jamie Foxx, la cual por cierto fue nominada a dos Óscares y ganó varios premios como BAFTA Awards, AFI AwardsASCAP Film and Television Music Awards, BET Awards, entre otros y en diferentes categorías. Es una película de acción donde Tom Cruise interpreta a Vincent, un matón a sueldo, y Jamie Foxx a Max, un taxista que tiene la mala fortuna de toparse con él siendo obligado a servirle de chofer durante su travesía nocturna de asesinatos a sueldo. Película que capta la atención de uno, pero hay una escena inicial que para muchos pasa desapercibida pero de la cual se pudieran dar seminarios y diplomados. En esta escena que es al inicio, antes que Max recoja a Vincent, Max recoge a una pasajera, Annie, interpretada por Jada Pinkett Smith, este encuentro es significativo por cuestiones que pasarán más delante, pero en esta escena inicial hay una conversación de menos de veinte cuyo diálogo que cae como anillo al dedo para este apartado. Annie le pregunta a Max cuando la lleva en su taxi “¿te enorgullece ser bueno en lo que haces?”, a lo que Max le contesta “¿Qué?, ¿esto? Esto es temporal, esto es de medio tiempo, paga las cuentas, pero seré el mejor en lo que haga aunque no me guste”. Si volvemos sobre las frases motivacionales que circulan sobre las redes sociales, éstas pudieran resumirse en un “haz lo que te guste”. Este “haz lo que te guste” lo mismo puede referirse a seguir los sueños y las metas que nos llenan que a dejar de hacer aquello que nos incomoda, esto está muy bien (aunque incompleto y veremos por qué), pero hay muchas cosas que no nos gustan, yo creo que son más las que no nos gustan que las que sí, pero que aún con todo y esto las 39


tenemos que hacer y de ti depende si lo haces impecablemente bien o no. “Seré el mejor en lo que haga aunque no me guste”. Esto es la voluntad, y la voluntad es distinta, bastante distinta, de la razón. En el curso de la evolución humana muchas cosas hemos perdido porque no hemos sabido hacernos de ellas mientras íbamos avanzando como individuos y como personas. Una de esas se refiere a la voluntad. Una cosa muy distinta es el sometimiento y prejuicios al que hasta hace poco las religiones tenían sometido a los individuos y las sociedades y otra muy distinta toda la riqueza en ellas había y que terminamos por tirar por la borda tanto lo uno como lo otro. Todavía podemos ver, por ejemplo, aunque cada vez con menor grado, las cuestiones de las “mandas”, es decir, las promesas religiosas que un individuo tenía que cumplir ante algo que había solicitado. Repito: tenía que cumplir, le gustara o no. Lo curioso es que generalmente estas “mandas” eran de cosas que no podemos señalar de agradables pero que curiosamente las cumplían con gusto. Esto es muy importante pues el cumplimiento de la “manda” no cambiaba el carácter de ella pero sí se hacía con un ánimo de espíritu muy diferente, a pesar de estar sometiendo a su cuerpo, a su mente, a sus emociones a cumplir esa “manda”. ¿Qué es lo que se estaba trabajando en esto? la voluntad. Cuando pequeños todos contamos con grandes maestros trascendentales que nos trabajan esta parte y me refiero a nuestros padres. Nuestro padre y nuestra madre, cuando somos pequeños, ¿nos argumentan para que hagamos algo, nos disuaden, nos convencen? Para nada: ¡nos obligan! Nos dan una orden y aunque no queramos tenemos que acatarla. Lavarnos las manos o los dientes, arreglar nuestra cama o nuestro cuarto, saludar o despedirnos, yo creo que todos podemos recordar un sinfín de órdenes que cuando pequeños teníamos que acatar simple y sencillamente porque nuestros padres así nos lo requerían. Ellos eran los maestros trascendentales de la voluntad.

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Conforme fuimos creciendo, es cierto que muchas de esas cosas a las que éramos obligados por nuestros padres han sido entendidas y ahora las hacemos de manera voluntaria, pero lo que no agarramos, lo que no hicimos nuestro, fue esa lección sobre la voluntad de hacer las cosas porque sí y ahora nos inclinamos más bien a hacer en la mayor parte de lo posible lo que nos gusta. La libertad nos trajo la posibilidad de ya no depender de maestros externos, pero en muchos de los casos optamos por no erigirnos como nuestros propios maestros, decisión que ahorita estás cambiando mientras lees esto para llegar a hacer las cosas, aunque no nos gusten, de manera excelente, esa es la voluntad. Veámoslo de esta forma: Todos hacemos cosas que no nos gustan, la idea es hacerlas porque así lo queremos, de manera excelentemente impecable por que así lo hemos decidido. No quiere decir esto fingir, ser hipócrita, hacer como que algo nos gusta cuando no, para nada, la voluntad implica en hacer algo que incluso no nos gusta de manera impecable por que le metemos pasión. ¿Zarandeamos más el árbol? ¡Va! La voluntad es tuya, lo que haces porque aplicas tu voluntad es tuyo, lo que haces por gusto o lo que rechazas por disgusto no es tuyo. Todos conocemos la idea de la zanahoria y el palo para hacer avanzar al burro aplicado a cuestiones de motivación humana. La zanahoria se refiere a todo lo que nos gusta, nos atrae, lo deseamos y que, al igual que al burro que se le pone una zanahoria enfrente de una vara atada a su cabeza, nos hace avanzar hacia ello. El palo es lo contrario, es lo que no nos gusta, lo que rechazamos, lo que no queremos, y que al igual que la imagen del burro que se le muestra el palo para que avance, nosotros nos movemos buscando alejarnos de esto. Pero si la piensas bien tenemos entonces que lo que nos hace movernos, sea que lo busquemos porque lo queremos o lo evitemos porque no nos gusta son factores externos, déjame repetir esto: son factores externos, y si son externos no eres tú, pero peor aún, son esos factores externos los que deciden sobre tu vida, y si son factores externos no creo que te lleven a dónde tú quieras llegar sino a dónde

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ellos te quieran llevar, ¿vas viendo el alcance de actuar reactivamente mediante la búsqueda/rechazo de lo que nos gusta o nos disgusta? Ahora bien, la voluntad no es solo el hacer lo que no nos gusta de una manera excelentemente impecable, la voluntad va más allá y se refiere a hacer lo que queramos hacer, nos guste o no, solo porque lo queremos hacer transmutándolo gloriosamente mediante nuestra pasión. Quiero repases lo mencionado anteriormente pues es crucial para pasar a la aplicación práctica para el desarrollo de este pilar: la voluntad se refiere a hacer lo que queramos hacer, nos guste o no, solo porque lo queremos hacer transmutándolo gloriosamente mediante nuestra pasión. En este punto, al igual que cuando abordamos el pilar de la razón, quiero señalar que la voluntad también tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental, la factual tiene que ver con el “hacer” y la trascendental con el “ser”. Claro que cuanto hacemos lleva en mayor o menor medida (como lo explicado anteriormente por la analogía del burro, la zanahoria y el palo) nuestra voluntad, pero esta voluntad puede enfocarse tanto en hacer cosas como en llegar a ser como personas. Lo primero, la voluntad factual que se enfoca en el “hacer” tiene una connotación externa, todo lo que no somos pero puede ser afectado por nuestra acción cae en esta categoría; la segunda, la voluntad trascendental tiene una connotación interna, todo lo que somos cae en esta categoría, y mejor aún: también cae en esta categoría todo lo que podemos llegar a ser. La propia naturaleza de la voluntad, proactiva, implica que requiere de nuestro esfuerzo y este esfuerzo implica que nos enfrentemos con lo que yo llamo obstáculos. ¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos enfrentado a obstáculos que parecen prácticamente inalcanzables solo para vernos después conquistándolos?, peor aún, ¿qué hubiera pasado si a la primera de cambio hubiéramos dejado de intentarlo? 42


Si los obstáculos fueran razón para desistir de algo, ¿qué sería de la vida?, ¿qué hubiera sido de la historia? El maestro de Beethoven lo declaró en su momento un caso perdido como compositor; el maestro de Enrico Caruso, uno de los más grandes cantantes de ópera, decía que no tenía voz y que no sabía cantar; los maestros de Charles Darwin lo consideraban un chico ordinario por debajo del promedio intelectual; el editor de un periódico despidió a Walt Disney, cuando apenas empezaba su carrera, por falta de ideas. Los maestros de Thomas Edison decían que era demasiado estúpido para aprender cualquier cosa; el maestro de Albert Einstein lo describió en su momento como mentalmente lento, insociable y con sueños absurdos, de hecho en 1905 la Universidad de Berno le rechazó una disertación doctoral por considerarla irrelevante e irreal; del gran escultor Rodín se decía que era el peor alumno de la escuela, de hecho los “expertos” rechazaron tres veces su solicitud de admisión a la escuela de arte; a León Tolstoí, autor de “La Guerra y la Paz”, lo obligaron a abandonar la escuela ya que los “eruditos” lo consideraban completamente incapaz de aprender. Los obstáculos existen, son reales, lo único que no es real es la percepción que de ellos tenemos, esa es subjetiva y está en función de nosotros mismos. Pensemos en esto: un obstáculo se define como tal solo y cuando creemos que requeriremos de una gran reserva de fuerzas para conquistarlo. Para ninguno de nosotros, ya jóvenes y adultos, una escalera se vuelve un obstáculo, ¿pero qué tal para un niño de uno o dos años?, es algo prácticamente insalvable. ¿Qué quiere decir eso?, que la definición de nuestra personalidad va a estar en la vida en función de lo que consideremos realmente un obstáculo. Es un hecho que conforme crecemos lo que considerábamos obstáculos dejan de serlo y los retos que nos planteamos se convierten cada vez en más ambiciosos, así es la vida, y la manera en que enfrentemos esto es la que definirá el carácter en nuestra personalidad.

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Cuando hablamos de obstáculos hablamos de una relación fuerzas-retos, pero más interesante aún, la percepción que de ello tenemos. El obstáculo podrá seguir existiendo, eso no lo podemos cambiar, lo que sí podemos cambiar es la percepción que de él tenemos, lo cual nos pondrá en un uso eficiente de nuestros recursos. ¿Qué quiere decir esto?, simplemente que nuestra mente puede trabajar a nuestro favor o en contra nuestra. Yo creo que todos tenemos en mente actitudes propias o de conocidos ante problemas: cuando pesimistamente se dan por vencidos es mucho más difícil conquistar los retos que cuando se muestra una actitud de lucha y optimismo. Hay un ejercicio que me gusta efectuar: se le pide a un grupo de gente que trabaje dos columnas, en una columna escriben los tres más grandes obstáculos que creían insalvables en su vida, y en la otra escriben el por qué los consideraban insalvables (se les pide que sean muy explícitos en este punto), y una vez que han hecho esto se les pide que lo lean en silencio y luego se les hace la pregunta "¿qué pasó?, por lo visto tenias el problema muy bien analizado y creías no lo conquistarías, entonces ¿qué paso?". La conclusión es sencilla: la percepción de cada uno era la que hacía ver esos obstáculos tan enormes que parecían que serían ellos, los obstáculos, los que triunfarían. Cuando uno conquista un obstáculo, en realidad se conquista a sí mismo, a sus miedos, a sus mediocridades, a su corta visión; cada obstáculo conquistado por la tenacidad, el valor y el coraje nos permite crecen como personas interior y exteriormente, nos da más recursos y herramientas para nuestra vida y nos permite una visión de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea más amplia, profunda y trascendente. Es así como, si lo vemos de esta forma, los obstáculos solo existen para demostrarte que no tienes límites Retomando la idea previa que habíamos vertido, podemos ver que la clave de la frase con la que definimos la voluntad señalaba que es hacer algo que queremos hacer “solo porque lo queremos hacer”, eso es lo que pudiera definir el concepto 44


de voluntad, pero ¿qué tenemos a cambio? Veamos, si enumeras diez, cien o mil cosas que hagas en el día y si te preguntase el por qué lo haces, ¿habría una respuesta? A menos que la respuesta sea “porque sí” no estamos hablando de cuestiones relativas a la voluntad sino, cuando mucho, al modelo del palo y la zanahoria. Pero entonces, ¿pueden hacerse las cosas solo porque sí, porque así lo queremos? Al igual que con la razón, no es tanto la respuesta tajante a esta pregunta la que nos cambiará sino trabajar en ello, ¿y cómo trabajar en ello? Muy sencillo, veamos. Al igual que cuando abordamos el pilar relativo a la razón, la cuestión relativa a la voluntad solo tiene una técnica, una sola, sencilla, práctica, alcanzable, de efectos inmediatos y de impactos a lo largo de toda la vida, todo es cuestión de aplicarla de manera concienzuda, constante y disciplinadamente. Bueno, pero ¿cuál es esa técnica? Bueno, dado que dijimos que la voluntad es hacer lo que queramos hacer solo porque lo queremos hacer la cuestión de desarrollo de la voluntad está precisamente en hacer cosas solo por quererlas hacer, no porque haya algo que lograr, porque deseamos algo o porque evitemos algo. Sé que esto es complicado, sobre todo al principio, pues estamos tan acostumbrados a hacer las cosas porque hay algo que deseamos o bien rechazamos que la sola idea de quitar esto es de inicio ilógica, ¿cómo hacer algo solo porque sí? Ahorita mismo vamos a hacer algo así para que veas es posible y luego diremos como aplicar la técnica permanentemente. En este momento haz algo que podríamos decir sin ningún sentido y solo por qué si, por ejemplo párate y da una vuelta como trompo, camina tres pasos para atrás, alza los brazos y mueve las manos arriba de ti como las alas de un pájaro, lo que quieras y solo porque sí (no se vale hacer los ejemplos que se han mencionado, tiene que ser algo que te de la gana hacer). Vamos, hazlo.

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Si efectuaste el ejercicio, por más ridículo que te hayas sentido y por más sinsentido que le hayas visto, has dado el primer paso en recuperar el pilar referido a la voluntad. En este punto quiero aclarar que esta recuperación no quiere decir que llegará un momento en que andarás como loco haciendo cosas sin sentido alguno y que tu vida se derrumbará por ello, nada más alejado de la realidad, tu campo de acción se ampliará y estarás en posesión de tus habilidades y capacidades para emprender con un carácter a prueba de todo lo que te propongas, además recuerda que no estamos cimentando todo lo que hagamos sobre la voluntad sino sobre cuatro pilares de los cuales se desglosa una vida más plena, completa y total. Volviendo sobre la cuestión de la técnica, busca algún momento del día para hacer algo solo porque sí, pueden ser cosas sumamente sencillas e incluso imperceptibles como para hacerlas en cualquier momento y en cualquier parte (como por ejemplo mover o poner los dedos de tal o cual forma) o más complicadas como las mencionadas antes. Al inicio tendrás que forzarte un poco para hacerlas pues, como comenté te parecerán ilógicas (y de hecho lo son pues no están en el rango de causa-efecto, sino en el de la voluntad), pero con el tiempo esto se volverá natural, así te darás cuenta que vas adquiriendo “condición” en el desarrollo de tu voluntad y comenzarás a ver cambios en todos los aspectos de tu vida.

2º Absurdo: Intención El pilar de la voluntad, al igual que el de la razón, también tiene un absurdo, el cual, como se mencionó en la introducción del presente libro es el de la intención. ¿Por qué la intención es el absurdo de la voluntad? Por algo muy sencillo: lo que haces, todo lo que haces, ¿es 46


tuyo o es de otros? Y no me refiero con esta pregunta a las cuestiones externas claramente identificables que pueden ser catalogadas como palos o zanahorias siguiendo el símil utilizado anteriormente, sino a las configuraciones de nuestras motivaciones como tales. Si en una conferencia o un taller yo te pidiera pasar al frente y quitarte la ropa frente a todos ¿qué dirías? Lo más probable es que te negaras y adujeras cuestiones relativas a tus principios, tus ideas o valores para ello, pero ¿por qué te refieres a todo ello como algo tuyo, realmente lo es, o es lo que de una forma u otra tu familia, tus amigos, la sociedad ha introyectado en tu interior como piezas claves sobre las que has construido tus creencias? No estoy diciendo que de inicio se rechacen todas estas ideas sino que en la medida de lo posible las hagas tuyas (es decir las creas, las entiendas, las vivas) como si tu vida hubiese estado en juego para alcanzarlas. Lo que estoy diciendo es que no hay manera de saber si un acto reactivo (palo-zanahoria) o volitivo (hacer lo que quieres solo porque lo quieres hacer) está o no impregnado y en qué medida con ideas, valores, prejuicios y demás ajenos. Esto es algo tan complejo, tan complicado y tan sutil en nosotros que es imposible saber dónde termina lo que podemos decir que es real y eminentemente nuestro y lo que es ajeno pero ha pasado a formar parte de nuestra vida como parte de la socialización y culturización a la que estamos sometidos desde nuestro nacimiento. Creo que todos nosotros tenemos referentes propios o ajenos de relativos a rebelarnos contra el estado actual de las cosas. Esto es más palpable cuando jóvenes y por ello utilizo un ejemplo en ese sentido para ilustrar lo comentado en el párrafo anterior. Veamos las expresiones de rebeldía típicos de la juventud, no solo de ahorita sino de otras épocas y veremos algo: gente que busca rebelarse sometiéndose a otras formas de ser, hacer y expresarse. Me explico: cualquier expresión de rebeldía juvenil generalmente llega a conformar una pauta de comportamiento que se socializa en grupos afines estableciendo características que luego son replicadas por quienes buscan identificarse con esa rebeldía. Pero, 47


¿no es paradójico buscar afianzar nuestra libertad saliendo de ciertos condicionamientos para finalmente caer en otros? Pero cuando uno señala esto a esos “rebeldes” escucha de ellos la justificación de que esa es su expresión, su estilo, su vida, cuando no es más que la réplica de lo que otros hacen o dicen, pero ¿dónde está el límite interno/externo de lo que motivó a alguien así? Difícil de establecer. Igual nosotros en cualquier cosa que hagamos, digamos, pensemos, sintamos y demás, por más que nos cuestionemos, por más que tratemos de dilucidar, no podemos llegar a establecer con certeza ese límite entre lo que somos por nosotros mismos y lo que somos por nuestra interacción con el mundo y con los demás, ese límite donde podamos saber a ciencia cierta qué cosas sí y que cosas no de nosotros están matizadas o no por la cultura, las ideas, los valores, las creencias y demás de nuestra familia, nuestros amigos o de la sociedad en general. Aún así, con todo y este absurdo, al igual que con la razón, al valor de la aplicación de la técnica relativa a nuestra voluntad no está en poder resolver de manera completa y total este dilema sino en el ejercicio mismo de nuestra voluntad inherente a este esfuerzo.

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3er Pilar: Percepción American Beauty es una película que salió en 1999. Ganó el Óscar como mejor película, mejor actor, mejor director, mejor escritor y mejor cinematografía; además ganó premios tales como Golden Globes USA, BAFTA Awards, Screen Actors Guild Awards, entre otros y en varias categorías. Es una representación de la vida común y corriente de varias personas en la actual sociedad americana donde se entrelazan varias dramas en los que cualquiera puede verse identificado. Wes Bentley como Ricky Fitts y Thora Birch como Jane Burnham dan vida a unos adolescentes que tienen que lidiar no solo con sus problemas sino con los de los demás. En una escena Ricky, a quien le gusta filmar todo lo que podía, le muestra una de estas grabaciones a Jane. La grabación es de una bolsa siendo mecida por el viento. El diálogo en esa escena, a cargo de Ricky, es el siguiente: “Fue uno de esos días que faltaba un minuto para nevar y hay cierta electricidad en el aire, casi puedes oírla, ¿cierto?, y esta bolsa solo bailaba conmigo, como un niño que me imploraba que jugáramos, por quince minutos. Ese día me di cuenta de que había toda una vida detrás de las cosas y una fuerza increíblemente benévola que quería que supiera que no había razón para temer, jamás. El video es una mala excusa lo sé, pero me ayuda a recordar, necesito recordar. A veces hay demasiada belleza en el mundo, creo que no resistiré, y mi corazón va a desplomarse”. Esto tiene que ver con el tercer pilar que es la percepción, y ¿qué es la percepción? Muchas definiciones al respecto hay, todas van en el sentido de señalar hacia ese proceso mediante el cual una persona selecciona, organiza e interpreta los estímulos que recibe para darle un significado a algo. Como podemos ver la percepción consta de tres fases enumeradas en la definición anterior: selección, organización e interpretación. Conforme vayamos 49


desarrollando este pilar veremos cómo nuestra influencia va de mayor a menor en estas tres fases tal cual se presentan aquí, es decir, podemos influir mucho en la selección de los elementos con los que se iniciará el proceso de percepción, podemos influir algo aunque no mucho en la organización de dichos elementos (esto porque muchos procesos son mentales e independientes de nosotros) y por último influimos muy poco en la cuestión de la interpretación pues eso tiene que ver con los marcos de referencia que poseemos y que actúan casi de manera mecánica ante los estímulos que recibimos. De una manera simple podemos señalar que los canales perceptivos que poseemos son los sentidos con los que estamos dotados: vista, oído, gusto, olfato, tacto. De manera automática estos sentidos están condicionados para fijarnos en ciertas características o condiciones de lo que percibimos, descartar otras, ponderar, valorar y así interpretar. El mismo sistema de vida que tenemos, al igual que en el caso de la voluntad, nos ha llevado a percibir las cosas de cierta forma, pero algo que podemos ver es que esa percepción nunca es la realidad. ¿Una prueba de ello? Fíjate a la otra que vayas a un restaurant con otras personas como pasa algo fascinante: todos se sienta, toman la carta, revisan el menú y piden cosas diferentes. Así es, eso es lo fascinante: piden cosas diferentes. Si la realidad pudiera ser percibida objetivamente por todos nuestras acciones y decisiones fueran las mismas, pero no, cada quien percibe el mundo de forma diferente y por eso sus acciones y decisiones son diferentes, prueba de ello los alimentos diferentes que cada quien pide en un mismo restaurant revisando la misma carta. Hay un aforismo que dice que “el mapa no es el territorio”, es decir, lo que percibimos no es la realidad sino la interpretación que de la misma hacemos. Fíjate cuando hables con alguien como es que esa persona no te estará diciendo más que la percepción que de la realidad tiene, percepción con la que pues coincidir o diferir, pero que en ningún caso es la realidad. 50


Una frase dice que “el gusto se rompe en géneros”, yo más bien diría que “el gusto se rompe en percepciones”. Nuestra percepción nos hace ser lo que somos pues a partir de ahí entendemos, o pretendemos entender, a nosotros mismos, a los demás y al mundo mismo. Aquí es necesario hacer una pausa pues esta declaración es de carácter preponderante: lo que percibes no es la realidad, es la interpretación que de la realidad haces. Por ejemplo, la percepción que tenemos del camino a recorrer para alcanzar una meta y de cada paso que damos para ello. Cuando hablamos de las metas que nos ponemos en la vida, generalmente las que más valen la pena conllevan mucho esfuerzo, dedicación y tiempo, y en ese escenario es muy tentador el darse por vencido, pero ¿por qué pretender de golpe llegar a la meta cuando cada paso nos acerca más a ella? Ahorita tú lees este artículo sin esfuerzo alguno, pero pensemos en todo lo que tuvo que transcurrir para ello. Cuando naciste no sabías una sola palabra, que increíble suena, ¿verdad?, ni una sola palabra, pero ¿qué fue lo que pasó después? A los dos años comprendías unas 1,000 palabras y usabas unas 200 o 300, para los cinco años comprendías unas 3,000 palabras y usabas de 500 a 1,000, ¿y ahora?, algunos calculan que un adulto puede comprender unas 10,000 palabras y usar unas 3,000, increíble, ¿verdad?. Ahora imagínate que al nacer tuviéramos conciencia y de golpe se nos dijera que tenemos que llegar a comprender ese cumulo de palabras, sería algo abrumador. Algo similar pasa con nuestras metas, desde aprender un nuevo idioma hasta bajar de peso, desde cursar una carrera hasta formar una familia, desde dominar un deporte hasta tocar un instrumento, la meta final es tan completa y tan compleja que vista a lo lejos se vuelve abrumadora, pero, ¿por qué no en vez de ver la meta vemos cada paso como un pequeño logro para llegar a ella? 51


En las técnicas de adiestramiento de especies los humanos usamos reglas funcionales que olvidamos para nosotros, una de ellas el premiar cada pequeño logro, es así como se logra que un león salte por un aro, que un elefante se pare en una pata, o que un caballo pose gallardamente. Pues bien, no debemos ser más duros con nosotros mismos, de igual forma necesitamos pequeños reconocimientos por nuestros logros, pequeñas palmadas, pequeños gestos de aliento, pero ¿qué pasa muchas veces? que ante lo difícil del camino hacia la maestría de la vida nos autoflagelamos con reclamaciones por nuestros fallos o pequeños avances en vez de comprender la fragilidad por un lado que como personas todos tenemos pero el enorme potencial que como humanos poseemos. Ahora bien, comprensión no es condescendencia, simplemente significa eso: entender que cada paso nos acerca más a la meta y que al igual que en la vida habrá tropiezos, cansancio e incluso frustración. Es más, a veces hay tanta frustración que uno quisiera gritar, patalear y aventar todo por la borda, y está bien salvo esto último, grita y patalea todo lo que quieras y luego levanta de nuevo la mirada, ¿sabes que es lo que verás?, pues lo que veras es la meta que no se ha movido y que te sigue esperando, así es: la meta te seguirá esperando porque ella, la meta, está hecha para ti, para que un triunfador como tú la conquiste, de otra forma nunca la hubieras visto, y para eso se requiere ese gritar y ese patalear pues es la única forma de dejar en el camino la persona débil y crear una nueva, vigorosa y con carácter para cruzar con ella la meta. Así que cuando creas que una meta está mucho muy lejos recuerda que tus metas son alcanzables; veras: extiende tu mano a ellas, ¿ves como es que ya están más cerca? En ese sentido, ¿puede trabajarse esa interpretación para así cambiar la manera en que percibimos todo? Más delante contestaremos esto de una forma no convencional. 52


Al igual que la razón y que la voluntad, la percepción tiene dos vertientes, una factual y otra trascendental. La factual se refiere a limitar y la trascendental a nolimitar. Explicaremos cada una. Como hemos dicho la percepción selecciona de inicio ciertas características que serán luego interpretadas, este proceso, somos podemos ver es excluyente, es decir, toma unas características mientras que descarta otras y da a estas características pesos diferentes en el proceso de interpretación. Este proceso establece cierto límites, no solo a lo que estamos percibiendo sino a la interpretación que de él hacemos ya que solo optamos por ciertas variables de lo que percibamos y todavía la interpretamos con valores subjetivos lo resultante, aparte de diferir de la realidad, está bastante limitado, de ahí el sentido factual señalado. La vertiente trascendental tiene que ver con el no-limitar, esto quiere decir que de manera consciente podemos ampliar nuestro rango en cuanto a variables a seleccionar y proceso interpretativo a aplicar para ir cada vez más empujando los límites de que lo interpretemos hasta difuminarlos o de plano eliminarlos. ¿Cómo podemos hacer esto? Igual que en los demás pilares, con una técnica sencilla y eminentemente práctica. Anteriormente se hizo la pregunta de si puede trabajarse esa interpretación para así cambiar la manera en que percibimos todo, lo interesante de la técnica que vamos a dar, así como las que hemos dado para los pilares de la razón y la voluntad, es que no ataca (por así decirlo) de frente el problema que busca resolver o la actitud que busca cambiar, hacer eso sería en extremo desgastante, ¿y esto por qué? pues sencillamente porque nos enzarzaríamos en una batalla con nosotros mismos. ¿Has tratado alguna vez de jugar a las vencidas tu solo, una mano contra la otra? Inténtalo ahorita. Es imposible, ¿verdad? Uno no puede pelear contra uno mismo pues las fuerzas inmersas en ello se cancelan, así que la técnica que daremos, al igual que las otras que hemos dado, no van de frente a lo que queremos lograr sino que, por decirlo así, dan un rodeo que permite de 53


manera natural el cambio. Es como cuando vas en bicicleta, si quieres cambiar de dirección, ¿cómo lo haces?, das una vuelta suavemente, no muy pronunciada pues te caerías, y así, de manera muy sencilla cambias de rumbo pudiendo incluso retomar tu camino en dirección contraria. Igual en este libro con todas las técnicas que se presentan. Pero bueno, veamos la técnica para trabajar la percepción y para facilitar esto nos abocaremos al proceso perceptivo sobre el cual tenemos mayor incidencia: el de la selección de los estímulos. Como ya dijimos es en la selección dónde hay más campo de acción de nuestra parte, a diferencia que en el proceso subsecuente relativo a la organización de esos estímulos que casi casi se hace de manera automática por nuestro cerebro o la interpretación de los mismos en la cual no intervenimos pues se sujeta a los marcos de referencia que poseamos. Dado que la selección de los estímulos es el proceso donde podemos incidir mayormente, vamos a trabajar este punto, ¿cómo? ampliando esos estímulos y moviéndonos hacia aquellos que descartamos o infravaloramos. Por ejemplo: cuando uno ve caminar a las personas los ve como un todo, pero también podemos enfocarnos por ejemplo a sus pies, o sus manos, con eso cambia ya el parámetro inicial de percepción; otro ejemplo es cuando andamos caminando y que percibimos todos los sonidos que nos llegan pero que podemos enfocarnos en uno y luego cambiar a otro, por ejemplo de la música de un auto a lo lejos hasta el pregón de un vendedor que pasa cerca; otro más, al reconocer un olor buscar encontrar detrás de ese olor otro, por ejemplo un perfume que percibamos y luego buscar otro aroma detrás de ese que pudiera ser el del pasto. Aquí de inicio puede verse algo que puede parecer ilógico y es que enfocándonos en una parte de algo ampliamos nuestra percepción, pero así es. Nuestra percepción está tan condicionada que prácticamente se ha aletargado así que cualquier cambio en ella amplía nuestro campo de acción y es mucho más amplio enfocar nuestra percepción en algo que de inicio querer ampliarla de golpe al todo. 54


Así que este ejercicio, al igual que los anteriores, tiene la característica de que puede realizarse de manera sutil en cualquier momento del día y ante cualquier situación percibida. La cuestión, como en las demás técnicas, es hacerla de una manera constante y disciplinada. Esto no quiere decir tener horarios o rutinas agotadoras, al contrario, tal como lo hemos reiterado la mecánica de todo lo comentado en este libro es natural por lo que lo importante es no olvidar de vez en cuando practicar estos procedimientos cuando queramos, podamos y nos nazca, así de sencillo.

3er Absurdo: Aprehensión Al igual que los otros pilares, la percepción también tiene un absurdo, el cual es la aprehensión. Este término, aprehensión, se refiere a la capacidad, a través de la percepción de algo externo hacerlo nuestro completa y totalmente. Veamos porque es un absurdo. Como vimos cuando se analizó el proceso de la percepción, a la etapa de la selección le sigue la de la organización y luego la de la interpretación, ésta última, la de la interpretación, que es la que nos da finalmente la percepción, es la que genera al absurdo y que nos impide a través de la percepción poder aprehender algo completa y totalmente, ¿por qué? porque esa interpretación siempre estará sujeta a los marcos de referencia que como individuos y de una forma particularísima poseemos. Explicaremos más esto. Si yo digo “que rica estuvo la cena anoche”, ¿qué quiero decir? Tú no sabes lo que quiero decir, pero entiendes lo que puedes interpretar. A lo mejor para mí el adjetivo “rica” para referirme a la cena quiere decir que estuvo exquisita de una 55


forma en que para mí significa eso, pero tú puedes interpretar ese “rica” de la manera en que algo “sabroso” lo es para ti. Otro ejemplo, si te comento que una persona fue en extremo grosera conmigo, ¿sabes a qué me refiero? Yo creo que no, no sabes a qué me refiero, pero si crees saberlo. Eso es lo absurdo de esto: que nos comunicamos sin llegar a saber realmente de qué hablamos. A lo mejor esa actitud grosera yo puedo circunscribirla al trato obtenido mientras que para ti implican malas palabras o groserías. Tendría que comenzar a explicarte a detalle lo sucedido y no solo eso sino explicarte por que yo veo eso como algo grosero (es decir, mostrar mis marcos de referencia) para que te acercaras un poco a mi forma de pensar, aunque ese acercarse un poco es como caminar ambos a la orilla de dos extremos del mar unos pasos hacia nosotros para según esto estar así más cerca uno del otro. Más ejemplos, cuándo alguien te dice que “te ama”, ¿a qué se refiere? Una cosa es lo que la persona que te dice que te ama quiere transmitirte y otra lo que tu llegas a entender. En el fuero interno las emociones y pensamientos inherentes a ese “te amo” es muy diferente de quien lo dice que de quien lo escucha. ¿Vas viendo el absurdo relativo a la percepción y que tiene que ver con la aprehensión? Podemos poner cientos de ejemplos relativos a todos los sentidos que nos sirven para conocernos y para reconocer el mundo y en todos hay una interpretación que, como dijimos al principio de este pilar, no es la realidad sino la idea que tenemos de la realidad. ¿No es suficiente el vértigo que esta idea da? Avancemos pues: Toda nuestra vida estamos en un capullo hermético, encerrados en nosotros mismos, incapaces de llegar a saber y conocer de manera completa y total del mundo y de los demás, donde lo que oímos, lo que vemos, lo que sentimos, lo que decimos, lo que olemos, ¡hasta lo que pensamos! es un reflejo nuestro de lo que somos. 56


Nunca hablamos con los demás, hablamos con nosotros mismos; nunca vemos a los demás, nos vemos a nosotros mismos; nunca oímos a los demás, nos escuchamos a nosotros mismos; nunca sentimos a los demás, nos sentimos a nosotros mismos; y cuando digo “a los demás” me refiero no solo a las personas que nos rodean sino a todo lo que existe sin ser nosotros. Piensa esto: si todo lo que percibimos lo interpretamos, luego entonces nunca percibimos la realidad, y si lo que interpretamos lo interpretamos en función de los marcos de referencia que tenemos, luego entonces lo único que hacemos es reflejar mediante el exterior lo que somos. Por eso la idea de estar encerrados toda la vida en un capullo hermético y ante este escenario se vuelve aún más absurdo que a pesar de todo eso podemos interactuar con el mundo y con los demás, pero también más entendible porque tantos problemas surgen de ello.

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4º Pilar: Atención Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back fue una secuela estrenada en 1980 de una de las películas más taquilleras de todos los tiempos y que a la vez fue un fenómeno mundial, Star Wars. Toda la saga narra la lucha de los rebeldes contra el imperio, los primeros buscan la libertad mientras que los segundos abonan a la tiranía. El escenario estelar y de mundos de otros sistemas, así como la abundancia de efectos especiales y la interacción extraterrestre, hizo de la fantasía narrativa el soporte principal de este fenómeno cinematográfico. Ganó un Óscar por mejor sonido así como BAFTA Awards, Academy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films USA, Golden Screen Germany, Grammy Awards, People's Choice Awards USA, entre otros y en diferentes categorías. En esta secuela hay una escena en donde Luke Skywalker interpretado por Mark Hamill acude a Dagobah, un planeta cenagoso donde vive Yoda, un maestro Jedi, con la finalidad de que Luke sea entrenado en las cuestiones relativas a la Fuerza. Al inicio de su entrenamiento, cuando Luke ha dado unos pequeños pasos, Yoda le pide saque del pantano la propia nave de Luke, la cual se ha hundido en él. Luke hace el intento con la fuerza pero no lo logra por lo que se aparta diciendo que es imposible. Entonces Yoda sin decir nada se concentra y con la fuerza poco a poco logra sacar la nave del pantano posándola suavemente en el suelo del lugar. Luke se acerca asombrado y después de inspeccionar brevemente la nava se acerca con yoda y le dice “no puedo creerlo”, a lo que Yoda le responde “eso es por lo que fallas”. El cuarto pilar, el pilar que yo con toda la intención llamo mágico, es el pilar de la atención. Lee de nuevo la escena anterior y fíjate en el peso de la frase final ya que dónde pones tu atención a eso le das poder.

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A estas alturas hemos visto tres pilares y también tres absurdos, cada uno de los pilares tenía su absurdo, pero este cuarto pilar, el pilar de la atención, no tiene absurdo. Como ya hemos explicado los tres pilares anteriores y sus correspondientes absurdos, puedo decirte una cosa: todos los pilares interactúan entre sí en mayor o menor medida, algunos uno con uno, o con dos o con tres o con cuatro, pero el pilar de la atención es el único que interactúa con todos. Al inicio de este libro comenté que la razón y la percepción son reactivos, mientras que la voluntad y la atención son proactivos. Esto no quiere decir que cada uno de esos pilares no tenga más que esas características, aclaremos esto, todos tienen características reactivas y proactivas pero su naturaleza final es la que determina hacia donde se inclina la balanza dando que sea un pilar reactivo o proactivo. Es como en la cuestión de géneros, un hombre también tiene hormonas femeninas pero el cúmulo mayor de hormonas masculinas es lo que lo termina definiendo como tal, de la misma forma una mujer también tendrá hormonas masculinas pero son muchas más las hormonas femeninas que determinan finalmente su género como tal. De la misma forma la razón y la percepción tienen aspectos proactivos, pero su naturaleza última es reactiva; igual la voluntad y la atención, ambas tienen elementos reactivos, pero su naturaleza última y final es proactiva. Veamos algunos ejemplos. Si queremos aprender matemáticas (razón), necesitaremos voluntad (una rutina de aprendizaje a la que nos someteremos), percepción (captación de la información que se nos de) y atención (enfocarnos en lo que queremos aprender). Ese proceso inicial de aprendizaje claro que es proactivo, nosotros lo movemos, nosotros decidimos, pero ese impulso proactivo es momentáneo y dura hasta en tanto no aprendamos matemáticas, una vez aprendido ese conocimiento la razón vuelve a su naturaleza reactiva por años, es 59


decir, surgirá de manera espontánea cando lo utilicemos sin necesidad de poner voluntad, percepción o atención en ello. Así que el conocimiento, mientras se acumula, puede ser proactivo, pero una vez acumulado su naturaleza para toda la vida será reactivo. Pensemos en cuando aprendidos a manejar auto, unas semanas o meses aplicando voluntad, percepción y atención y ahora lo hacemos casi casi sin pensar. La razón es reactiva. Veamos ahora la percepción de la cual dijimos que también es reactiva. Aquí es más fácil entender esto pues nuestros sentidos por su propia naturaleza reaccionan de manera automática a los estímulos que reciben, pero de igual forma podemos trabajar para acondicionar una reacción en específico con lo que estaríamos aplicando, claro que sí, razón, voluntad y atención en ello. Por ejemplo alguien que quiera aprender a andar en bicicleta. De inicio se caerá pues su percepción no estará condicionada para andar a dos ruedas, pero una vez que aprenda lo hará de una manera automática y natural, incluso sin pensar en ello. Todos nuestros sentidos reaccionan de manera automática ante los estímulos, es por ello que la percepción es reactiva, y aunque pueden trabajarse esas condicionantes la proactividad inherente en ello permanecerá hasta el dominio de la nueva cualidad a lo cual, una vez conseguido, volverá a su naturaleza reactiva. De la voluntad dijimos era proactiva, es decir, requiere de nuestra participación (incluso podríamos decir de nuestro esfuerzo) para que se de. Las frases “fuerza de voluntad”, “tener voluntad” y demás dan cuenta de ello. La voluntad no surge espontáneamente sino que requiere de nuestra participación consciente para que se de. Tal vez esta idea de una voluntad proactiva sea más fácil de entender por el esfuerzo que todos hemos experimentado cuando nos aplicamos en ello, pero de igual forma la voluntad puede tener aspectos reactivos, como cuando decidimos iniciar una dieta, pero de ese inicio reactivo pasará a recobrar su naturaleza proactiva cuando la dieta implique esfuerzo, constancia y disciplina. La voluntad es por naturaleza proactiva y nos requiere consientes para ello.

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La atención, al igual que la voluntad, es proactiva. Cierto que puede darse una atención reactiva, por ejemplo si oímos un ruido fuerte o extraño reaccionaremos poniendo atención a ese ruido o si vemos un accidente de inicio nuestra atención será captada, pero ese estado no puede subsistir mucho tiempo, solo un momento, luego se difumina y da paso a una atención proactiva. Piensa en otros ejemplos de tu vida donde tu atención sea captada como los que hemos mencionado y verás que esos momentos duran un poco. No me refiero a ese tipo de atención esporádica y momentánea sino a la atención que usamos y que tenemos a nuestro favor. Esa atención no se da en automático sino que requiere de nuestra participación para darse. Y es esa la atención a la que yo llamo, por lo que comentaré más delante, mágica. En este punto podemos retomar lo que al inicio del libro se señalo cuando se comentó que los pilares reactivos de la razón y de la percepción son los pilares sobre los que descansa el saber, mientras que los pilares proactivos de la voluntad y de la atención son los pilares sobre los que descansa el hacer; de la misma forma se señaló en su momento que para que el liderazgo trascendental nos habilite para alcanzar la totalidad de nuestro ser, requiere lo mismo de rigidez que de fluidez en nuestra vida; ésta rigidez está identificada con los pilares reactivos de la razón y de la percepción y la fluidez está identificada con los pilares proactivos de la voluntad y la atención. El saber al que se hace mención es ese mundo conocido existente que nos es alcanzable con los pilares de la razón y de la percepción, el hacer es ese mundo desconocido creable que nos es alcanzable con los pilares de la voluntad y de la atención. Este mundo conocido existente al que se refiere el saber es rígido pues como tal ya es, no podemos cambiarlo, por el contrario el mundo desconocido creable al que se refiere el hacer es flexible pues como tal aún no es y podemos darle forma.

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El sentido de explicar la reactividad-proactividad, el saber-hacer, o la rigidezfluidez de los cuatro pilares del liderazgo trascendental , como ya habrás podido intuir, no es para establecer explicaciones detalladas que definan cada pilar, sino más bien para darle a la razón algo de que asirse en el camino de la construcción dinámica del liderazgo trascendental que has escogido. ¿Y por que la razón?, dirás. Pues porque ese es el pilar que mayormente, sino es que exclusivamente, hemos trabajado y del cual tenemos que partir para acceder a los otros pilares Es por eso mismo que las técnicas de habilitación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental son generales ya que si fueran exhaustivamente detalladas entonces caerían en el dominio del pilar de la razón, lo cual es absurdo cuando se trata de trabajar con pilares que son diferentes de ella. Cada pilar es un universo en sí mismo, universo que nos pertenece pero que tenemos que reclamar, la razón es la puerta de acceso pero cada universo está bajo el dominio del pilar al que le pertenece. Cada técnica establece la base para que la razón permita el intento y el intento habilite el pilar, y ésta habilitación nos lleve a la completa posesión de nuestras capacidades para llegar a la totalidad de nuestro ser. Antes de continuar quiero hacer aquí un paréntesis para recapitular y completar lo comentado. La razón y la percepción son reactivas y se basan en lo que sabemos, la voluntad y la atención son proactivas y se basan en lo que no sabemos pero que podemos llegar a saber, y tanto la razón como la voluntad como la percepción y como la atención que están sustentadas en lo que sabemos o en lo que no sabemos pero podemos llegar a saber, se sustentan todas en lo que no sabemos y que nunca, jamás y bajo ninguna circunstancia seremos capaces de saber, conceptos de los que hablamos al principio de este libro. Volviendo sobre lo que estábamos señalando antes de éste paréntesis podemos señalar que puede darse la adquisición de conocimiento (razón) sin voluntad (por ejemplo lo que se aprende por gusto), o una percepción sin razón (cuando alguien 62


ve un atardecer por disfrutarlo, por ejemplo, sin pretender aprender nada de él), o una voluntad sin percepción (como cuando le viene un deseo a alguien de hacer algo aunque no haya un factor externo que lo incite), pero, el gran pero, es que en todos los casos estará presente la atención. No puede haber razón, voluntad o percepción sin atención. La atención está presente en todos los otros tres pilares, aunque esos tres pilares no estén presentes siempre unos con los otros. De ahí comienza la atención a tener una característica particular, mágica que le permite incidir en los demás pilares. La otra característica es que, a diferencia de los otros tres pilares que tenían dos vertientes, la factual y la trascendental, la atención solo tiene una vertiente que es al mismo tiempo factual y trascendental, es decir, está en el aquí y ahora y al mismo tiempo trasciende el tiempo y el espacio. A diferencia de los otros tres pilares donde se puede separar, e incluso trabajar cada una de las dos vertientes mencionadas, en el caso de la atención no es así ya que todo en ella es factual y trascendental. Otro rasgo distintivo de la atención es que, a diferencia de los otros tres pilares, ésta no tiene un absurdo, es decir, algo que la haga ilógica, irracional o paradójica. La atención simplemente es, la atención está presente en los otros tres pilares, y por ello la atención puede resolver los absurdos de los otros pilares. Así es. La atención puede resolver los absurdos de los otros pilares, ¿cómo? simplemente utilizándola en cada uno de los procesos inherentes a ellos. Sí, pero ¿cómo funciona eso? No sé, por eso te comento que es mágica, no sé cómo funciona pero sé que funciona y lo que es mejor, tu puedes ponerla en práctica para comprobar no solo lo aquí dicho sino el valor de lo aquí dicho en tu vida cotidiana. Recordando el ejercicio inicial del libro de la silla parada en sus diferentes patas, la atención vendría siendo esa pata que posibilidad parar a la silla en una sola de 63


sus extremidades, no solo sobre la superficie de la mesa, sino incluso en el aire mismo. Veamos la técnica de la atención. Así como estás, sin forzar nada, sin cambiar de postura ni nada de eso, pon atención en tu ombligo como sube y baja con cada respiración que efectúas. ¿Te das cuenta? Tu ombligo ha estado subiendo y bajando todo el día y hasta ahorita le habíamos puesto atención. Sigue el subir y bajar de tu ombligo al respirar, sin cuestionar, sin pensar “estoy poniendo atención en mi ombligo”, sin analizar, solo presta atención. Incluso, sobre todo por lo que te acabo de decir, si surgen en ti pensamientos de análisis o de dialogo interno no te frustres ni desesperes ni desanimes, presta atención en dichos pensamientos de la misma forma que estabas prestando atención en tu ombligo al respirar. La atención nunca juzga, valora o pondera, solo atestigua. ¿Y sobre qué debemos poner atención?, ¡sobre todo lo que hagas, sobre todo lo experimentes, sobre todo lo que sientas! Pero hazlo sin un ánimo desgastante o abrumador, al igual que las otras técnicas no dejes de hacerlo, pero con calma, cuando puedas, cuando recuerdes, poco a poco se irá haciendo parte de tu vida y, al igual que los otros pilares, podrás moverte libremente entre la razón, la voluntad y la percepción utilizando tu atención y explotando tu potencial que como humano posees. ¿Estás escribiendo, estas sentado, estás viendo la televisión, estás hablando, estas caminando, estas aprendiendo? En todo ello puede aplicar la atención. Y cuando camines sobre los otros tres pilares y pongas atención en ello, resolverás los absurdos que los acompañan. Los tres primeros pilares y sus absurdos no son cosas contrarias, son expresiones de la misma moneda, como el polo norte y el polo sur de nuestro planeta no son dos planetas sino 64


expresiones diferentes aunque complementarias del mismo planeta, y eso es lo que hace la atención, resuelve esas diferencias, soluciona esas contradicciones, totaliza las partes en conflicto. ¿Cómo lo hace? Repito: no sé, pero sé que funciona y lo que es más importante aun: que tú también puedes comprobarlo. Aunque ya te dí algunos ejemplos a manera enunciativa de los momentos en que puedes usar tu atención, quiero darte uno para que la magia de la misma la hagas patente. A nadie de nosotros le gusta lo que denominamos malos estados de ánimo como el enojo, la tristeza o la preocupación, pues bien, la próxima vez que experimentes alguno de estos estados de ánimo te pido que pongas atención en ellos. Así es, solo pon atención y ellos y sucederá algo mágico: esos estados de ánimo se transmutarán, cambiarán, se modificarán y en todo los casos hacia estados de ánimo más manejables. Haz la prueba. Y ya que estamos hablando de pensamientos y sentimientos te doy otra sugerencia para usar tu atención, una técnica realmente transformadora de vida. Cuando experimentes cualquier pensamiento o cualesquier estado de ánimo mira ese pensamiento o estado de ánimo como atención como preguntándote ¿de dónde viene? Obvio que más que una pregunta es un enfocar la atención con esa intención, como tratando de descubrir algo. Ojo, no estamos preguntando ¿por qué? o ¿para qué? de esos pensamientos o esas emociones, esas preguntas entran en el ámbito del pilar de la razón trascendental, aquí mediante la atención queremos llegar a darnos cuenta de dónde viene eso que experimentamos, Haz la prueba. Cuando comento estos dos ejemeplos en mis conferencias y talleres que sobre construcción dinámica de liderazgo trascendental doy, algunos creen que estoy dando la clave para nunca más molestarse, entristecerse o preocuparse en la vida, ¡ojalá tuviera esa clave, créeme se las daría!, pero no es así. Tu vida seguirá experimentando esas altas y esas bajas que son parte de nuestra naturaleza, pero estas herramientas te posibilitarán estar en la totalidad de tus habilidades y 65


capacidades para enfrentarlas. Aún así quiero decirte por que todas estas técnicas no traen un nirvana permanente a tu vida, sobre todo a raíz de este último ejercicio: como podrás ver, en el caso de la atención, te he dicho que la próxima vez que experimentes un estado de ánimo negativo apliques esta técnica (esto para que tú mismo experimentes la magia de la que hablo), eso implica que la técnica transmutadora de la atención solo puede aplicarse una vez que el estado de ánimo negativo ha salido a la superficie, no antes, luego entonces seguiremos experimentando contrariedades en la vida pero ya no nos volveremos víctimas de ello sino que seremos capaz de trascender esos eventos con nuestro liderazgo para ello. Durante el transcurso de nuestra existencia nos encontraremos con dos tipos de retos: los que nosotros le ponemos a la vida y los que la vida nos pone a nosotros. Generalmente a los que nosotros le ponemos a la vida le llamamos metas y los que la vida nos pone a nosotros le llamamos pruebas. Independientemente de ellos ambos logran en nosotros el milagro de forjar nuestro carácter. Pensemos por un momento en algún gran logro de la humanidad atribuible a una persona, puede ser un logro científico, deportivo, social, cultural. Sea lo que sea lo que hayamos pensado, seguro estoy se trata de un hecho que reconocemos, que aplaudimos, que celebramos, pero del cual tal vez poco sepamos en cuanto al esfuerzo requerido para lograrlo, esfuerzo que contiene la magia no solo del logro obtenido sino de la transformación de la persona. Cuando hablamos de transformación nos referimos a ese cambio que se da en la persona y que surge como efecto del esfuerzo, de las caídas, de levantarse, de hacerse cada vez más fuerte, más sabio, más humilde. Una transformación que nos da algo más duradero que la meta conquistada pues la meta pasa, es conquistada y queda en el pasado, pero la transformación de la persona queda y nos acompaña siempre.

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Esto último plantea una relevancia trascendente que ver, pues –ojo- se logre o no la meta, la transformación en nuestra persona se dará. De ahí que cualquier esfuerzo, que cualquier lucha, que cualquier campaña traerá forzosamente el cambio interno, por lo que el logro externo de la meta es un valor agregado. En una ocasión una persona, oyendo todo lo que había sufrido otra, le preguntó a esta última que si que cambiaría de su vida en vista de todo lo que había sufrido, a lo que la ultima le contestó que nada pues así como había sufrido, muchas cosas bellas y más valiosas habían llegado, pues el dolor se había ido pero lo bello y valioso había permanecido. Todos nosotros podemos en retrospectiva ver en nuestra vida (sobre todo a la distancia) eventos que en su momento nos parecieron tan complicados (por decirlo en cierta forma) que pensamos que nada bueno podría salir de ellos, pero seguro estoy que ahora podemos ver los cambios que tuvo nuestra persona que nos hicieron más sabios, mas fuertes, más humildes. La esencia de esto es pasar las pruebas de la vida con la confianza de lo que viene, como el marinero que ante la tormenta llega incluso a atarse al mástil mayor para no ser tirado por la borda. Ese mástil mayor es en nuestra vida nuestras esperanzas, nuestras convicciones, nuestros valores, aquello que nos permite soportar valientemente aún cuando todo parece sin sentido pues sabemos que somos seres tan pero tan trascendentes que somos capaz de transformar alquímicamente, como por arte de magia, eventos adversos, pruebas desfallecientes, metas inalcanzables, en frutos personales de abundancia, vida y conciencia. La vida a veces es dura, a veces duele, a veces quiebra, pero el resultado final es de tal belleza que apenas llegando a él se entiende lo otro después de todo si las metas valiosas pudieran obtenerse con un esfuerzo mínimo, no sucedería el milagro de forjar nuestro carácter. 67


Cuando usando el pilar de la razón trabajas la vertiente factual y/o la trascendental, pon atención. Cuando usando el pilar de la voluntad trabajando la vertiente factual y/o trascendental, pon atención. Cuando usando el pilar de la percepción trabajes la vertiente factual y/o trascendental, por atención. Atención, atención, atención. La atención no es “darse cuenta de”, es el paso previo a eso, y ese “darse cuenta de” es la conciencia, pero trabajar la atención junto con los otros tres pilares y sus absurdos nos faculta para llegar a ese “darse cuenta de”. No sé cuando vaya a ser eso, puede ser ahorita, mañana, pasado o dentro de 50 años, pero desde el inicio de aplicación de estas técnicas comenzarás a ver un cambio en tu vida, un cambio que te posibilitará entrar en posesión de recursos ilimitados que tienes y que estaban dormidos, descuidados, desatendidos, pero listos para entrar en función en lo que a tu proyecto de vida se refiere.

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Construyendo sobre los cuatro pilares El secreto de la felicidad –dijo Crí Crí- consiste en seguir admirando las cosas pequeñas, por que, así como la riqueza se logra acumulando monedita sobre monedita, el agregar goces a otros goces llega a formar una dicha completa.

Francisco Gabilondo Soler, Cuentos y Canciones de Crí Crí

La complejidad de la vida misma, las limitaciones que como humanos tenemos así como los retos a los que constantemente nos enfrentamos, requieren necesariamente de que en nosotros exista una fuerza que nos lleve a avanzar hacia el logro de nuestras metas incluso teniendo todo en contra, a esa fuerza la podemos llamar fe y al logro de las metas, en condiciones tan adversas, bien podemos llamarla milagros. Un milagro es una situación, un fenómeno o una acción que no puede explicarse a partir de los principios naturales y que, por lo tanto, es imputado a la participación de una entidad divina. Si quisiéramos extrapolar esta definición hacia las luchas que constantemente como individuos y como sociedad experimentamos, no podríamos menos que aceptar que en muchas ocasiones los milagros dan la impresión de aparecer en nuestra vida. La aseveración anterior no debe ser difícil de entender ni mucho menos de aceptar. Piensa en esto: la definición de milagro claramente señala que el fenómeno experimentado “no puede explicarse a partir de los principios naturales”, ¿en cuántas ocasiones has estado en una situación donde lo más natural era que el resultado de tus acciones o tus esfuerzos fuera otro pero que gracias a la 69


tenacidad lograste lo imposible? Después de haber leído este libro puedes darte cuenta cómo es que esa tenacidad se soportaba sobre los cuatro pilares del liderazgo trascendental que en esta obra se mencionan. Si dejamos que todo fluya naturalmente es obvio que lo que obtendríamos en la vida sería mucho muy distinto de aquello que obtenemos cuando aplicamos nuestra energía, nuestro esfuerzo y nuestro ingenio. Ahora que si le sumamos a esto las adversidades que en muchas ocasiones remontamos y que naturalmente llevarían a otro resultado, no puede menos que entenderse y aceptarse la existencia de verdaderos milagros en nuestra vida. El presente razonamiento no busca llevar la definición y el entendimiento de lo que son los milagros por un camino diferente al formalmente aceptado, sino más bien llevar tu atención al hecho de la confluencia de circunstancias en nuestras vidas que nos permiten remontar la adversidad y llegar a buen puerto aún teniendo todo en contra. Pero para lograr lo anterior se requiere de fe. Fe en nosotros mismos, fe en nuestros sueños, fe en nuestras posibilidades, fe en los cuatro pilares del liderazgo trascendental. No una fe que crea solo por creer sino una fe basada en que somos entes pensantes, sintientes y actuantes y que reunimos en nosotros mismos todo lo que ha hecho grandes a otras personas a lo largo de la historia humana. ¿O acaso crees que los grandes hombres y mujeres de la historia han sido gente diferente de ti? Eran iguales a ti: sentían, temían, amaban, odiaban, lloraban, reían, y al igual que tú, tenían un sueño, una meta, un deseo tan fuerte que prácticamente los consumía y los impelía a avanzar sin descanso, sin fatiga, sin claudicación.

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Si no crees en el párrafo anterior te propongo lo siguiente: mencióname tres grandes personajes y dime, según tú, que tenían de diferente o de extraordinario a ti. Esta reflexión deberá llevarte a reconocer que incluso en muchas ocasiones estaban con mayores desventajas que las tuyas y aún así salieron adelante, y si ellos pudieron ¿por qué tu no? Los cuatro pilares del liderazgo trascendental te han sido presentados no como un fin de tu vida sino como un medio para edificarla. La idea es construir tu proyecto personal sobre estos cuatro pilares, no para leerlos, comprenderlos y sentirse cómodo con ellos al descubrir algo nuevo. Es por eso que las técnicas que se te han presentado son muy generales. Deliberadamente no he querido dar una serie de pasos 1, 2, 3 para lograr lo que aquí se ha esbozado pues eso te corresponde a ti. Cada quien encuentra esos cuatro pilares de forma diferente en su vida. Sí he dado la técnica general e incluso algunos ejemplos pero eres tú quien creará esa magia en tu vida mediante la fe en ti mismo, en los cuatro pilares del liderazgo trascendental y en la vida.

Razón Generalmente cuando alguien logra algo solemos atribuirle el mérito en gran parte a la suerte, pero un análisis más profundo nos permitiría ver cómo es que aunque exista suerte, si uno no está preparado y no aprovecha la oportunidad, ésta no será fructífera. ¿Qué tienen en común inventos como el Viagra, el LSD, los Rayos X, la Penicilina, el endulzante artificial, el horno de microondas, el coñac o el caucho vulcanizado? 71


Pues que todos esos inventos, que vinieron a cambiar nuestra vida, fueron en su momento producto de la casualidad, surgieron por accidentes fortuitos, fueron el resultado del azar. De la misma forma podemos ver en la vida individuos que han tenido éxito en las metas que se han propuesto, en algunos casos resultado del tesón, la disciplina, y el esfuerzo, y en otros, como en los ejemplos anteriores, atribuibles a cuestiones fortuitas. ¿Quiere esto decir que el azar es lo que en muchas ocasiones define y decide los resultados en nuestra vida? Volteemos de nuevo a ver los ejemplos iniciales y nos daremos cuenta de algo: si bien es cierto que en todos esos ejemplos el azar estuvo presente, también es cierto que el aprovechamiento del descubrimiento en cuestión se logró gracias a la perspicacia de quién sorprendido encontró la aplicación. Lo anterior se resume de manera muy sencilla: si existe la suerte de estar en el momento y lugar indicado, pero no hay la preparación que permita entender lo que sucede y, como consecuencia de esto no hay acciones para aprovechar la coyuntura, la suerte pasará de largo sin que incluso nos hayamos percatado de ello, por eso la importancia de la razón, pero de una razón que no solo responda al ¿cómo? sino también al ¿por qué? y al ¿para qué? Te sugiero que si tienes ocasión leas el caso de Eratóstenes, matemático, astrónomo y geógrafo griego, y veas cómo es que mil doscientos años antes de que Cristóbal Colón circunnavegara el globo terráqueo, logró no solo señalar que la tierra era redonda sino incluso calcular con las herramientas más rudimentarias la circunferencia de la tierra. Lo interesante de todo ello es que eso inició con la observación de la diferencia de sombras en dos lugares diferentes en la misma fecha del año. Cientos, miles antes que él habían visto el fenómeno de las sombras, pero Eratóstenes tuvo la perspicacia de resolver la cuestión, claro que él llegó al ¿cómo?, eso sí: un ¿cómo? fascinante, pero finalmente solo a un ¿cómo? ahora debemos preguntarnos ¿por qué? y ¿para qué? para completar el conocimiento trascendente y sobre él cimentar la razón trascendente y en fin último nuestra vida. 72


Como podemos ver, la confluencia de suerte, preparación y oportunidad generan un resultado para quien aprovecha el momento. Solo que hay una pequeña cuestión que resolver: ¡no se puede estar preparado para lo que no sabemos qué sucederá! Así es, la vida es incierta en muchas maneras, y aunque deseemos establecer un control sobre ella son tantas las variables y tan complejas las interrelaciones que es casi imposible saber que sucederá el día de mañana, ¿entonces? La solución de esto es hacer lo que sí dependa de nosotros para en su momento poder recoger los frutos de ello y mucho de lo que depende de nosotros se sustenta, como ya lo vimos, en otros pilares del liderazgo trascendental además de la razón. Si bien es cierto que la incertidumbre impera en nuestra vida, también es cierto que no todo depende del azar, es precisamente en esa franja donde nuestra razón, voluntad, percepción y atención tienen efecto donde podemos trabajar. Nuestra preparación, nuestro esfuerzo, nuestra conciencia, son las que nos pueden dar la ventaja para que cuando se presente la ocasión podamos dar lo mejor de nosotros, después de todo la suerte acompaña a aquellos que están preparados y aprovechan la oportunidad.

Voluntad Un hecho de la vida es que siempre el decir será mucho más fácil que el hacer, afortunadamente tenemos en nuestro andar y en el de los demás pruebas de vida que permiten decantar la palabrería y quedarnos con los hechos claros, concretos y objetivos que finalmente nos definirán como personas.

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Cuando se habla de las pruebas de la vida, me gusta pensar en ello como la acción del viento en los arboles: la acción del viento permite tirar las hojas y ramas secas, sin vida, sin provecho alguno, permitiendo así surjan nuevos brotes; de la misma forma, y retomando la cuestión de la vida, las pruebas nos permiten deshacernos de lo que no necesitamos, fortalecer lo que nos es valioso y crecer como personas en carácter, congruencia y actitud, crecimiento que tiene su paragón en la voluntad tal como se ha presentado en el presente libro. En una ocasión, en un evento, me tocó escuchar el caso de una madre cuyos hijos habían pasado las peores pruebas. La madre nos relató que mientras que uno de sus hijos había salido avante y llegado a ser una persona de bien y de éxito, el otro se había derrumbado y que aún en esos días no había podido salir de los vicios y la degradación. Dado que era un tema sumamente sensible y personal no quise dar mi comentario sino que más bien le pregunte a ella que si a qué creía se debía esa diferencia cuando los dos habían pasado por cuestiones muy fuertes. La respuesta sencilla pero clara nos dio una lección que difícilmente puede aprenderse con horas y horas de cursos y seminarios: “amo a mis hijos, nunca los dejaré de amar sean lo que sean, de la misma forma yo creo firmemente que lo que cada uno experimentó no fue lo que vino a hacerlos lo que son, sino más bien que lo que generó lo que ahora son es lo que ellos permitieron les sucediera con motivo de lo que experimentaban”. Esto no es más que hablar de voluntad y no solo voluntad factual sino más bien trascendental. Todos conocemos casos de gente que ha pasado pruebas durísimas y han salido adelante, incluso llegando a ser ejemplos de vida, fortaleza y superación. De la misma forma conocemos casos de personas que no han podido superar ningún obstáculo cayendo lo más bajo que pueden en su vida. Si bien esto depende en cierta forma de las circunstancias que cada quien vive y de los recursos que cada quien posee (cosas ambas que no podemos cambiar), hay una parte que depende de cada uno y que solo surge con el entendimiento y la conciencia. El entendimiento ya lo tienes y se refiere a saber de qué son, cómo funcionan y cómo 74


podemos desarrollar los cuatro pilares del liderazgo trascendental; la conciencia es ese “darse cuenta de” que surge en algún momento dado de la vida y que puede ser detonado mediante la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental. A diferencia de los animales los humanos poseemos el don de la inteligencia, es decir, de la capacidad de razonar, inferir, análisis, sintetizar y de la misma forma de soñar, de plantearnos metas, de vivir con propósito. Pero no solo tenemos inteligencia, sino en un nivel superior tenemos conciencia, es decir, esa capacidad de ver más allá de lo evidente, de trascender el tiempo y el espacio con nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones, de llegar a vislumbrar los por qué y para qué de nuestra existencia y en ese vislumbre es dónde soportamos nuestra voluntad, ese hacer las cosas por que deseamos hacerlas que nos permite remontar cualquier obstáculo. Ambos elementos, inteligencia y conciencia, nos permiten interactuar tanto con el destino como con el libre albedrío, nos habilitan a entender el sentido de las vivencias incluso aquellas que no podemos cambiar y nos permiten decidir con congruencia y carácter cuando la vida nos da esa oportunidad, es así como nos volvemos al mismo tiempo tanto un efecto de la vida como una causa de la misma, y construir un proyecto de excelencia de vida. Volviendo a los casos de personas que han salido avante de las pruebas convirtiéndose en verdaderos ejemplos vivientes, te sugiero pienses en uno de ellos, alguno que tengas a la mano sea porque lo conozcas o por que estés muy enterado de sus vivencias. Visualiza a esa persona, tanto antes de la prueba que consideras la definió como lo que es actualmente como después de la misma. Obsérvala tal cual es, con lo que sepas de ella. Ahora por último, pregúntate y contéstate ¿qué tiene esa persona que tú no tienes que le permitió hacer de su vida un ejemplo? La conclusión es obvia: nada. Son personas como tú, con defectos y cualidades, con fortalezas y debilidades, con valentías y temores, solo que independientemente de las circunstancias y de lo que eran, optaron con 75


inteligencia y con conciencia ir más allá de ello trascendiéndose incluso a ellas mismas como personas y eso a través de una voluntad, voluntad que hoy mismo puedes hacer tuya y usarla como herramienta para construir tu proyecto de vida. A nadie nos gustan las pruebas de vida, son incómodas, molestas e incluso frustrantes, pero gracias a ellas tenemos la oportunidad de ser más de lo que creemos incluso de lo que podemos y llegar convertirnos en ejemplos vivientes de carácter, luz y trascendentalidad. Así que ante las pruebas de vida recuerda: se requiere de la tempestad para probar la fortaleza de un barco solo que ahora ese barco, o sea tú, cuenta con cuatro pilares que antes no contaba para enfrentar esas tempestades.

Percepción La lucha por lo que deseamos en esta vida, sea esto una meta material, intelectual e incluso espiritual, tiene dos momento claros: uno es precisamente el del esfuerzo necesario para alcanzar la meta, la otra el momento mismo de obtenerla; en la medida que exista una reciprocidad entre esfuerzo-logro, la lucha nos permitirá no solo valorar lo conseguido, sino forjar nuestro carácter. Bastante documentado está el fenómeno de aquellos padres que, habiendo pasado privaciones en su infancia, buscan de alguna manera subsanar eso dándoles todo a sus hijos sin que éstos se esfuercen para conseguirlo, generando al contrario de lo deseado, personas egoístas, caprichosas y sin carácter. También tenemos esos ejemplos de quienes, en un giro de la fortuna logran de hacerse de fama, poder o dinero de la noche a la 76


mañana, y que terminan despilfarrando, no solo eso que obtuvieron, sino su vida misma. Por último, creo que en algún momento de nuestra vida todos hemos siquiera fantaseado con lo que haríamos si nos sacáramos la lotería o, en el caso de las mentes más fantasiosas, si nos encontráramos con un genio que nos concediera lo que pidiéramos. No podemos negar que una tendencia humana, y creo incluso de la naturaleza misma, es aquella que marca al logro de las cosas a través del menor esfuerzo, en ese sentido, en muchas ocasiones uno quisiera que eso que deseamos o incluso que necesitamos, se nos fuera concedido con el menor esfuerzo, siendo ese menor esfuerzo en algunos casos nulo completamente. El pensamiento anterior, si bien es lógico y entendible, deja por fuera la arista de lo que sucede en nosotros mismos mientras estamos en la batalla: una transformación externa e interna que nos posibilitará para llegar a estadios de desarrollo que no hubiéramos siquiera imaginado pero que de inicio requiere que nuestra percepción nos permita vislumbrar otras realidades, otros mundos, otras posibilidades. Te sugiero un ejercicio, un ejercicio que en mis talleres de liderazgo propongo, piensa en una meta que haya significado por una parte un logro del cual estás orgulloso, y por otra un esfuerzo constante y una lucha considerable para alcanzarla. Date tiempo para tener claridad en esta idea: la meta y el esfuerzo. Ahora, de manera honesta contéstate a ti mismo las siguientes preguntas: ¿te hubiera sabido igual el logro de esa meta si no hubieras luchado tanto por ella?, ¿eres el mismo al inicio de esa lucha que te dio la meta que al final de la misma?, ¿qué crees hubiera sido diferente contigo si la meta se hubiera conseguido sin esfuerzo? Y lo más importante ¿qué crees te llevó a luchar y luchar y luchar hasta obtener lo que deseabas? Esta última respuesta, sea la que sea, obsérvala a la luz de lo que hemos comentado sobre la percepción y verás cómo es que en esas grandes luchas que has emprendido intuías a través de una percepción trascendente que había algo más que te esperaba al final de la lucha.

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No quiero ser yo quien te de las respuestas a las anteriores cuestiones, si te das el tiempo para reflexionar descubrirás muchas cosas importantes para ti como persona y para tu vida como camino y como destino. Solo quiero cerrar esta reflexión con una breve historia: un padre de familia estaba haciéndole el desayuno a su esposa en su aniversario, su hija menor se ofreció a hacerle el jugo de naranja, la niña ya estaba sacando las naranjas para cortarlas y exprimirlas cuando por la premura el papá le dijo que por qué no mejor le vaciaba en un vaso uno de los jugos de naranja enlatados que tenían en la alacena, a lo que la niña le respondió que si hiciera eso, entonces el jugo que le diera ella a su mamá no sería realmente de ella, sino de la persona que hizo el jugo enlatado. El padre entendió la lección. Una lección basada en la percepción. No todo logro es un éxito ni todo fracaso una pérdida, si somos capaces de estar realmente conscientes en la maravilla que llamamos nuestra vida mediante el trabajo del pilar de la percepción nos daremos cuenta que más allá de los rendimientos o las mermas, estamos nosotros, tanto con lo que hemos sido como con lo que, tal vez más importante aún, podemos llegar a ser.

Atención Cuando se habla de milagros, generalmente se piensan en cuestiones portentosas que desafían toda ley y toda lógica, pero si pensamos un poco en ello, nos daremos cuenta que los milagros se dan todos los días a nuestro alrededor y, lo que es más importante, nosotros mismos lo somos. Cuenta una historia de una persona que durante años busco a través de la meditación, 78


los rezos y los sacrificios el lograr lo que en oriente se conoce como la iluminación y en occidente la santidad, dicen que después de décadas de estarse esforzando sin éxito alguno se dio por vencido por lo que regresó a su vida cotidiana. Estando una vez sacando agua de un pozo dícese que cayó en cuenta de lo que hacía y gritó iluminado “¡puedo sacar agua de un pozo!”. Esta iluminación solo puede ser posible cuando nuestra atención resuelve todas las contradicciones de la vida y unifica en la totalidad del ser nuestra persona. La vida cotidiana, rutinaria e incluso, ¿por qué no? aburrida, encierra en sí misma el milagro de la propia existencia, todo es cuestión de “darse cuenta de”; ese “darse cuenta de”, como ya se mencionó, puede dinamizarse en su alcance mediante la aplicación de los cuatro pilares del liderazgo trascendental donde la atención es el factor de enfoque totalizador. Piensa un momento en algo rutinario, en algo cotidiano, en algo para nada –según tú- sorprendente, por ejemplo, levantarse cada día después de una noche de sueño. No razones en esto o en lo otro, solo piensa en todo lo que implica el poder abrir los ojos, el poder respirar, el poder moverte, el poder ver el mundo y verte a ti mismo en el momento en el que inicias un nuevo día. Piensa en todas las interacciones químico-biológicas necesarias para realizar esa acción y te quedarás pasmado. Nomás veamos un dato, uno solo, ¿sabes cuántos músculos se necesitan para mantenerte en equilibrio estando de pie?, ¿cuántos te gustan?, ¿10?, ¿20?, ¿más? Pues se requieren 300 músculos para esa “sencilla” acción. ¿Y hablar?, ¿y pensar?, ¡¿y soñar?! Cada acción que nos parece tan “normal” no es más que un infinito número de milagros que tienen acción en nosotros mismos. A eso todavía hay que agregarle las cuestiones de nuestro entorno: el sol que sale, las nubes que pasan, el aire que circula, la lluvia que cae, ¡la gravedad que nos mantiene unidos a la tierra a pesar que está gira sobre su propio eje a 1,670 kilómetros por hora y alrededor el sol a 107,244 kilómetros por hora! Solo que generalmente nuestra atención no está en estos eventos que son tan recurrentes que vemos tan normales, pero si se aplican la razón, la voluntad y la percepción 79


aglutinadas y potencializadas con la atención, el milagro simplemente se hace evidente. No puedo decir que aparece ya que el milagro siempre estuvo ahí, pero sí que se hace evidente para nosotros quienes no lo veíamos por tener todo nuestro ser anclado mediante la atención en otro punto. Ahora bien, ¿por qué no somos conscientes de todo esto? Porque somos un milagro dentro de otro milagro. Piensa en esto, si fuéramos conscientes de todos los “milagros” que diariamente experimentamos, si fuéramos conscientes al nivel que hemos estado comentando, prácticamente nos la pasaríamos pasmados ante la realidad sin poder hacer nada, es así como la mente nos da una ventaja ya que acumula las experiencias que vive haciéndolas ver como “normales”, después como “rutinarias” y por último como “aburridas” con lo que no nos quedamos pasmados ante los milagros cotidianos. Pero esto puede revertirse, ya tienes en tus manos cuatro herramientas que te permitirán construir otra vida, una vida mas plena, más completa, más trascendente. Y es precisamente en esta última etapa, cuando la mente ve como “aburrida” la realidad cotidiana, cuando la ventaja anterior se vuelve desventaja pues se pierde el gusto y el asombro por la vida. ¿Qué hacer en esta situación? Usar los cuatro pilares del liderazgo trascendental. Estos cuatro pilares nos llevan a dejar ese mundo aburrido, vacío, predecible y darnos cuenta de esos milagros cotidianos, con una actitud fresca, sin prejuicios, sin expectativas. ¿Viste el ejercicio que hicimos al inicio respecto del levantarse cada día? Ese mismo ejercicio de ver, de reflexionar, de simplemente darse cuenta puede realizarse con cualquier evento: una hoja que cae, un rayo de sol que nos da, un amigo que nos saluda, una galleta que nos comemos, todo es cuestión de poner atención. Si de vez en cuando se realizan los ejercicios relativos a los cuatro pilares del liderazgo trascendental poco a poco veremos que la vida es un fluir constante de milagros donde, sin perder nuestra capacidad de actuar, nos daremos cuenta de

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los afortunados que somos por este pequeño interludio consciente que se nos ha permitido experimentar.

Intenta, intenta, intenta El ser humano es un ente complejo, bien podríamos decir multidimensional, en nuestra persona confluyen elementos físicos, emocionales, intelectuales y espirituales. Cada uno de ellos a su vez presenta facetas fascinantes que por más que creamos saber acerca de ellos en realidad apenas hemos comenzado a rasgarlos en su superficie, una de estas facetas tiene que ver entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Si pensáramos en nosotros como en seres duales, podríamos decir que existen y coexisten en nuestra vida dos mundos: el mundo externo y el mundo interno. El mundo externo es lo que vemos, lo que nos rodea, todo aquello con lo que interactuamos; el mundo interno son nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestros temores, todo aquello que no podemos dar ni compartir aunque sí evidenciar. En este orden de ideas podemos decir que lo que somos viene siendo ese punto donde confluyen precisamente ese mundo interno con el mundo externo, y de la misma forma podemos señalar como es que lo que hacemos afecta ese mundo externo, pero la intención con lo que lo hacemos afecta nuestro mundo interno. Pensemos en algo que pudiéramos catalogar como una buena acción: dar de comer al hambriento, consolar al afligido, vestir al desnudo, o simplemente luchar por esto o por lo otro. La acción visible es clara y, por ende a la vista de todos, loable tal vez, pero lo que no podemos ver ni saber es la intención con la que se 81


hace esa acción, eso permanece en el ámbito interno personal de cada quien. Una buena acción, como optamos por llamarla, puede estar fundamentada en los sentimientos y pensamientos más nobles y altruistas así como en aquellos más mezquinos y egoístas. Eso no lo podemos saber, no lo podemos ver, en ocasiones lo podemos intuir, pero seríamos demasiado presuntuosos sin le diéramos el peso de hechos consumados a ese vislumbre que creemos percibir. Pero independientemente de lo anterior, la disertación actual no va en función de tratar de adivinar las intenciones ocultas que los demás pudieran tener en sus acciones, sino más bien voltear la mirada de manera personal a ese reino privado que es nuestro interior para develar y develarnos las causas que están detrás de nuestro actuar, ¿para qué? simple y sencillamente para cuidar de ellas ya que éstas nos afectan como personas independientemente de los efectos palpables que vean los demás. Quiero hacer un breve alto en este momento para aclarar que el peso no está en la intención con que se hagan las cosas ni tampoco en los efectos visibles que ven los demás de nuestras acciones, el peso está en el efecto que ambas situaciones, no solo una sino ambas, tienen en nuestra persona. Esta aclaración sirve para una pregunta que siempre surge en las conferencias y talleres que sobre construcción dinámica de liderazgo trascendental doy y que es ¿cómo le hago? Como ya señalé en la presente obra se han dado las técnicas generales para reclamar como nuestros y reactivar los cuatro pilares sobre los que se sustenta el liderazgo trascendental, pero corresponde a cada uno de nosotros hacernos de esa maestría en su aplicación y eso solo se logra a través del intento. Intenta la razón, intenta la voluntad, intenta la percepción, intenta la atención. Intenta, intenta, intenta, intenta. Sé que después de leer la presente obra tendrás una idea sobre lo que es y más importante aún como se activan y usan los cuatro pilares del liderazgo 82


trascendental, pero también se, por la experiencia que comento de las conferencias y talleres relativos al tema, que uno siempre desea casi casi una receta de cocina donde se le den todos los pasos concretos para ello, lo cual no está en la presente obra, ¿entonces qué hacer? Si más o menos ya sabes de qué tratan estos cuatro pilares del liderazgo trascendental y más o menos tienes noción de sus aplicaciones prácticas, solo me queda decirte que lo intentes. Intenta la razón, intenta la voluntad, intenta la percepción, intenta la atención. Intenta, intenta, intenta, intenta. De nuevo quiero traer la imagen de tú aprendiendo a andar en bicicleta. Nadie te dio una serie de pasos tan específicos y detallados que su sola aplicación te diera el dominio de la bicicleta. Te dieron algunas instrucciones generales, a veces vagas y fue tu intento el que de repente hizo que apareciera tu maestría sobre andar en bicicleta como por arte de magia. En esto de los cuatro pilares de liderazgo trascendental es exactamente lo mismo. Intenta la razón, intenta la voluntad, intenta la percepción, intenta la atención. Intenta, intenta, intenta, intenta.

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Epílogo Lo mejor que le puede pasar a uno en esta vida es disfrutar realmente lo que hace, eso le da más sentido a las ideas que uno tiene y a las acciones que uno emprende, incluso en ocasiones tiene más sentido que lograr las metas que uno se proponga. Cuantas veces no hemos visto personas que ante las obligaciones que tienen en su vida muestran no solo una apatía sino en muchas ocasiones una actitud verdaderamente negativa, para esas personas lo que hacen es una carga por más nimio que nos parezca. De la misma forma, todos conocemos personas que su vida la viven con gozo, con alegría, y que sus obligaciones y los retos mismos que enfrentan lo hacen con un estado de ánimo que incluso llega a contagiar. La diferencia entre estos dos extremos está precisamente en saber disfrutar lo que uno hace, esto es la clave de todo, incluso del éxito, ya que el éxito es escurridizo y ocupa mucho esfuerzo, mucha energía, y que mejor manera de dar todo ese esfuerzo y esa energía que con un ánimo optimista, de confianza, de gozo por estar vivo. Al principio se comentó que esta actitud le da más sentido a las ideas y a las acciones que incluso lograr las metas que se proponga, esto parecería ser una contradicción pero no es así. Una meta es un objetivo, si lo vemos objetivamente la consecución de una meta dura un momento infinitamente pequeño, por ejemplo, ¿cuánto dura en el tiempo el que un corredor cruce la meta?, ¿o en que alguien obtenga un título?, ¿o en que un emprendedor inicie un negocio?, no nos confundamos, lo que dura tiempo es el camino hacia esas metas, pero el lograrlo dura un pequeñísimo instante, tal vez unos segundos, después la meta queda atrás y vienen otras. Siempre habrá metas, siempre habrá caminos, la manera de llegar a esas metas y de recorrer esos caminos es lo que nos dará riqueza en nuestra existencia, más incluso del alcanzar una meta ya que ésta puede llegar muy tarde en nuestra vida (o incluso no llegar), mientras que el camino hacia ella estará presente en todo el 84


trayecto. Ahora bien, a veces uno no puede escoger del todo la meta o el camino, las obligaciones que la misma vida va poniendo en ocasiones casi nos obliga a tomar ciertas decisiones, pero ¿por qué amargarnos por ello?, siempre habrá algo positivo de lo que hagamos, algo que nos guste o que nos llene; pues por pequeño que esto sea, debemos enfocarnos en ello para darle no solo sentido a nuestra existencia sino fuerza y motivación. En una ocasión, en un taller de construcción dinámica de liderazgo trascendental que me tocó dar, alguien se quejaba de lo dura y difícil que le era la vida, de lo casi imposible que se le hacía el ver algo positivo cada día que le permitiera avanzar con gozo el camino que tenía que recorrer, que lo que yo le proponía era realmente imposible. En ocasiones uno tiene que ser drástico ante actitudes tan extremosas. Es así como le acerqué un pequeño cuchillo que había quedado del entremés que nos habían dado y le dije que si la vida le era tan pesada por qué no terminaba en ese instante con ella. La persona se me quedó viendo incrédula de lo que oía. "¿Qué pasa? -le pregunté- ¿por qué no acabar con esto de una vez?, ¡vamos!". El silencio reinaba en la sala. Después de un momento le quite el pequeño cuchillo y le dije con la intención que todos oyeran "eso mismo que te detiene para una acción como esta es de lo que cada día debes aferrarte para transitar este período que te ha tocado en este momento". No podemos ser ingenuos, la vida es dura, es pesada, a veces los trayectos son oscuros, lo único que a veces uno tiene es su ánimo, su entereza, su voluntad de seguir adelante esperando salga el sol y las cosas mejoren, puede que esto suceda, puede que no, pero desde el momento mismo en que uno avanza con esa actitud ya ha ganado, después de todo cuando se disfruta el camino no hay propiamente un esfuerzo sino un disfrute en cada paso. En este momento tú estás en disposición plena de los cuatro pilares del liderazgo trascendental que configuran lo que eres y, más importante aún, lo que puedes llegar a ser. Sin ser el objetivo de la aplicación de los mismos el disfrute en tu 85


caminar que hemos mencionado, éste será uno de los beneficios aparejados que la práctica de dichas técnicas traerá a tu vida. El beneficio primario de todo lo aprendido en este libro será ponerte en disposición de la totalidad de tus capacidades y habilidades para construir de manera dinámica y con liderazgo trascendental tu proyecto de vida. Si crees que lo imposible es posible, que lo increíble es creíble y que lo irrealizable es realizable, entonces eres parte de ese grupo de gentes que se levanta de su condición humana para tocar con sus dedos lo divino y realizarse de manera total en lo que están destinados a ser: vida, conciencia y luz.

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Acerca del Autor

Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.

• Licenciado en Contaduría Pública y Maestro en Administración con acentuación en Finanzas por el Instituto Tecnológico de Sonora; Doctor en Ciencias (Sc.D.) en el Área de Relaciones Internacionales Transpacíficas por la Universidad de Colima • Socio Director de Consultoría Independiente (Formación • I & D • Consultoría en las áreas de Consultoría Empresarial • Liderazgo Emprendedor • Gestión Universitaria), se ha desempeñado además como Auditor Interno en la entonces Secretaría de la Contraloría General de la Federación y como Director y Secretario de Desarrollo Económico del Municipio de Cajeme

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• Académico Certificado por la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración, A.C. • Premio Nacional de Contaduría Pública a la investigación obtenido consecutivamente en sus ediciones 2002-2003 y 2004-2005 por el Instituto Mexicano de Contadores Públicos • Miembro de la Asociación de Profesores de Contaduría y Administración de México, A.C. • Consultor de Negocios Acreditación por el Sistema Nacional de Consultores de la Secretaría de Economía y Consultor de Negocios Certificado por la Norma Conocer • Diplomado en Desarrollo del Potencial Humano por el Instituto Tecnológico de Sonora • Nivel Superior: Maestro Distinguido, Responsable de Programa Académico, Líder de Cuerpo Académico, Director Académico, Miembro de Consejo Directivo, y profesor, tutor y asesor nacional e internacional en licenciatura, maestría y doctorado • Autor de libros, ensayos, artículos y videos,

así como conferenciante,

ponenciante y tallerista a nivel nacional e internacional.

www.rocefi.com.mx

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Continuación de ¿Tu Helado se Derritió?

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental2ª Parte Los 4 Cuerpos del Liderazgo Trascendental Junio de 2018

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental3ª Parte Los 4 Reinos del Liderazgo Trascendental Junio de 2022

¿Tu helado se derritió? –Construcción Dinámica de Liderazgo Trascendental4ª Parte El 5° Reino del Liderazgo Trascendental Junio de 2026

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Algunas Otras Publicaciones Gratuitas del Autor (GRATIS en www.rocefi.com.mx, menú “Libros”, sección “e-book gratis”) Rumbo a la Cumbre trata de un viaje, un viajero y una meta. El viaje es por la montaña, ¿cuál montaña?, la montaña de nuestra vida profesional; es un viaje de reflexión pero al mismo tiempo de eminente practicidad, un viaje que todos hemos emprendido y del cual podemos hacernos dueños y responsables en cualquier momento de nuestro andar. El viajero somos nosotros: hombre o mujer, joven, adulto o anciano, rico o pobre; el viajero representa nuestras dudas y certezas, nuestros miedos

y

valentías,

nuestras

decepciones

y

esperanzas, en pocas palabras todo lo que hemos sido, somos y podemos ser. ¿Y la meta?, la meta es la cumbre, cumbre que representa la conquista, el éxito y el logro; una cumbre de plenitud, una cumbre de satisfacción, una cumbre de aquí y ahora pero que resonará por siempre en los ecos de la eternidad.

Rumbo a la Cumbre 2 es la continuación de Rumbo a la Cumbre, que retoma la intención de compartir una

visión

de

excelencia

en

el

desempeño

profesional sustentada en la impecabilidad personal, esto a través de un esquema fácil para acceder, ligero para leer y personal para aplicar en la figura de un escrito en primera persona a manera de relato.

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Una educación superior será realmente superior cuando

quienes

participan

en

el

proceso

(académicos, administrativos y funcionarios) así como sus alumnos y egresados, muestren y demuestren con carácter, congruencia y decisión tanto personal, como profesional y social su trabajo constante por la transparencia, el consenso, la inclusión, el compromiso, la rendición de cuentas y la cordialidad. Para esto se requiere, creer firmemente que se puede construir entre todos una sociedad mejor, tener el deseo de llevar ese sueño a cabo, y luchar todos los días por hacerlo realidad. Dado que lo anterior requiere de encauzar esa fuerza interna que nos puede motivar en nuestra lucha cotidiana para construir esa sociedad, y que ese encauzar implica presentar no solo críticas sino también propuestas, Educación REALMENTE Superior lo hace con un sentido pragmático tanto en su análisis como en sus planteamientos.

Como personas tenemos un potencial increíble, un potencial que se desarrolla de manera única y particular en la vida de cada uno de nosotros. Ciertamente no tenemos una guía de cómo vivirla, pero si

vemos un plan detrás de toda nuestra

existencia, un plan trascendente que comienza con nuestros pasos en la tierra pero tiene su destino en el fulgor de las estrellas. De eso trata Liderazgo Emprendedor,

de

ese

andar

que

todos

experimentamos en nuestra existencia. Con un enfoque

de

liderazgo,

emprendedurismo

y

motivación, este libro contiene reflexiones, vivencias, ejercicios, análisis que nos permiten ese alto en el camino para valorar lo que hemos conseguido y para motivar la esperanza de lo que podemos conseguir. Cada artículo va acompañado de un video que replica lo escrito pero de una manera más gráfica e interactiva.

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¿Tu Helado se Derritió? -Construcción Dinámica de Liderazgo TrascendentalLos 4 Pilares del Liderazgo Trascendental

Primera edición

Es una obra editada y publicada por Gecko Publishing, S. de R.L.M.I.

Junio de 2014 92


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