…LOS AMÓ HASTA EL FIN -el sacrificio de Cristo en la cruz bajo la perspectiva de la Ley de Dios-

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Juan 13:1

-Reflexiones espirituales del sacrificio de Cristo en la cruz bajo la perspectiva de la Ley de Dios-

Roberto Celaya Figueroa


…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de él (I Corintios 8:6)


Dedicatoria

A la Iglesia de Dios (7° Día)

Página web habla hispana: http://www.iglesiadediosapostolica.org/ Página web oficinas centrales: http://www.churchofgod-7thday.org/


Índice

Página 1 Introducción

Página 5 “No tendrás dioses ajenos delante

"Padre, en tus manos encomiendo

de mí” (Éxodo 20:3)

mi espíritu” (Lucas 23:46)

Página 5

Página 11

Página 17 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad

"Consumado es” (Juan 19:30)

de los padres sobre los hijos hasta la

Página 20

tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6) Página 17


Página 25 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su

"¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27: 46; Marcos 15:34)

nombre en vano” (Éxodo 20:7)

Página 28

Página 25

Página 33 “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero

"Y Jesús, dando un fuerte grito,

que está dentro de tus puertas,

expiró " (Marcos 15:37)

porque en seis días hizo Jehová los

Página 38

cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11) Página 33

Página 49 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra

“Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu

que Jehová tu Dios te da” (Éxodo

madre” (Juan 19: 26-27)

20:12)

Página 56

Página 49


Página 61 “No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás.” (Éxodo 20:13-15)

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34) Página 68

Página 61

Página 74 “No hablarás contra tu prójimo falso

"De cierto te digo que hoy estarás

testimonio” (Éxodo 20:16)

conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)

Página 74

Página 80

Página 96 “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey,

"Tengo sed” (Juan 19:28)

ni su asno, ni cosa alguna de tu

Página 109

prójimo” (Éxodo 20:17) Página 96

Página 113 Conclusión


Introducción

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1) “…los amó hasta el fin”.

El amor de Cristo es completo, total, pleno, perfecto.

¿Qué dijo cuándo se le preguntó sobre cuál era el mayor mandamiento de la Ley?

Mateo 22:34-40 34

Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se

juntaron a una. 35

Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:

36

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

37

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu

alma, y con toda tu mente. 38

Este es el primero y grande mandamiento.

39

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, y amar al prójimo como a no mismo “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. “…los amó hasta el fin”.

¿Cuál es la definición que la Palabra de Dios, no el mundo, nos da de amor? 1 Juan 4:8 nos dice que “el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”, así 1


tenemos que Dios es amor y el que no ama no conoce a Dios. Ahora bien, debemos de amar pero ¿cómo? 1 Juan 5:3 nos dice que “este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos”, 2 Juan 1:6 nos dice que “este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos”. Jesús nos dijo que si le amamos, guardaremos sus mandamientos (Juan 14:15) y aclaró que “si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:10), siendo sus mandamientos los mismos del Padre ya que como Jesús mismo aclaró “yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar” (Juan 12:49).

El amar como Dios quiere que amemos, pasa por cumplir sus mandamientos, los cuales pueden resumirse en amarle sobre todas las cosas y con todo nuestro ser y en amar al prójimo como a nosotros mismos. “…los amó hasta el fin”. Isaías 42:21 nos dice cómo es que “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”. Jesús mismo vino a mostrar la manera completa, total, plena y perfecta de cumplir la Ley de Dios.

Éxodo 20:1-17 presenta lo que conocemos como los Diez Mandamientos, los primeros cuatro referidos a la forma de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y los siguientes seis referidos a la forma de amar al prójimo como a no mismo: 1 2

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de

servidumbre. 3

[Primer mandamiento] No tendrás dioses ajenos delante de mí.

2


4

[Segundo mandamiento] No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo

que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5

No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios,

fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6

y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis

mandamientos. 7

[Tercer mandamiento] No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en

vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. 8

[Cuarto mandamiento] Acuérdate del día de reposo para santificarlo.

9

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

10

más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra

alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11

Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las

cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. 12

[Quinto mandamiento] Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días

se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. 13

[Sexto mandamiento] No matarás.

14

[Séptimo mandamiento] No cometerás adulterio.

15

[Octavo mandamiento] No hurtarás.

16

[Noveno mandamiento] No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

17

[Décimo mandamiento] No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás

la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. “…los amó hasta el fin”.

3


¿Cuál era ese “fin” hasta el cuál amó Jesús a los suyos? “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Ese “fin” era el sacrificio por el cuál había venido al mundo. “Y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

Si amar a Dios y amar al prójimo resume lo contenido en los Diez Mandamientos, y si Jesús llegada Su hora amó a los suyos hasta el fin, no es muy difícil ver el cumplimiento completo, total, pleno, y perfecto por parte de Jesús de la Ley de Dios en ese “fin”, Su sacrificio redentor en la cruz, relatoría que podemos encontrar en los cuatro evangelios.

4


“No tendrás dioses ajenos delante

"Padre, en tus manos encomiendo

de mí” (Éxodo 20:3)

mi espíritu” (Lucas 23:46)

El principio básico sobre el que se sustenta la obediencia de la legislación dada por Dios implica el reconocerle como el único Dios, si no es así todo pierde sentido y contexto; es por ello que el primer mandamiento hace referencia a no tener ningún otro tipo de dios salvo el Dios verdadero, viviente, veraz. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). El mandamiento es claro, es simple, es sencillo. No da pauta a entender o interpretar otra cosa más que lo que él mismo expresa. La decisión estribará en si se obedece o no. Jesús, quien engrandece y da lustre a la Ley (Isaías 42:21), muestra y demuestra con su vida la manera de obedecer lo establecido en este primer mandamiento.

En toda Su vida, Jesús fue muy enfático, muy claro, muy directo, en mostrar y demostrar esa obediencia y sujeción al Padre, el único Dios verdadero, viviente y veraz, y en cuanto a Sus dichos la confirmación de la profecía dada en Deuteronomio 18:18 “Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande”, Pedro, en su discurso en el pórtico de Salomón (Hechos 3:19-26), dejó muy en claro que lo profetizado en Deuteronomio 18:18 se había cumplido en el Señor Jesús. “Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera” (Juan 5:19) “Jesús entonces les respondió y dijo: Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió” (Juan 7:16)

5


“Por eso Jesús dijo: Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó” (Juan 8:28) “Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 12:49) “¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras” (Juan 14:24) “pero para que el mundo sepa que yo amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vámonos de aquí” (Juan 14:31) “porque yo les he dado las palabras que me diste; y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de ti, y creyeron que tú me enviaste” (Juan 17:8)

Es interesante que las tres tentaciones que de parte de Satanás recibió Jesús antes de iniciar su ministerio girarán en torno a la soberanía y majestad del único Dios verdadero, viviente, veraz, como lo relata Mateo 4:1-11 (Mr. 1.12-13; Lc. 4.113) 1

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por

el diablo. 2

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo

hambre. 3

Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras

se conviertan en pan. 4

El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de

toda palabra que sale de la boca de Dios. 6


5

Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo

del templo, 6

y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, m y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.

7

Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

8

Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos

del mundo y la gloria de ellos, 9

y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

10

Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu

Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11

El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

La naturaleza del Padre como el único Dios verdadero, viviente, veraz, y de Jesús, Su Hijo, como único Señor, Salvador y Redentor (I Corintios 8:6), nunca fue motivo de confusión en los primeros años de la iglesia, las cartas de los Apóstoles, que abarcan desde el 51 d.C. hasta el 90 o 100 d.C., dan muestra de ello en sus salutaciones:

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne… Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo (Romanos 1:1-3, 8)

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes… Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Corintios 1:1, 3)

7


Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (2 Corintios 1:1-2)

Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo (Gálatas 1:1-3)

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Efesios 1:1-2)

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Filipenses 1:2)

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Colosenses 1:1-2)

Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 1:1)

Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 1:1-2)

Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza. A Timoteo, verdadero hijo en la fe: 8


Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor (1 Timoteo 1:1-2)

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor (2 Timoteo 1:1-2)

Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad, a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador (Tito 1:1, 4)

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Filemón 1:3)

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Hebreos 1:1-2)

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud (Santiago 1:1)

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas (1 Pedro 1:1-2)

Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús (2 Pedro 1:2)

9


lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1:3)

Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor (2 Juan 3)

Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo (Judas 1)

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan (Revelación 1:1)

Aun así, sobre todo a la muerte del último de los Apóstoles (c. 100 d.C.) la iglesia desde sus primeros días tuvo que enfrentar no sólo las presiones externas que buscaban socavarla y destruirla, sino también las divisiones internas que diversos grupos, al introducir doctrinas extrañas a la congregación, la desviaban de la verdad revelada. La naturaleza del Padre y del Hijo, así como la relación entre ambos, fue uno de los temas que en su momento causo grandes disensiones y divisiones en la iglesia.

Poco a poco, durante las primeras décadas de vida de la iglesia y sobre todo con mayor fuerza después de la muerte de los apóstoles, dos posturas fueron tomando forma:

Una señalaba que Jesús era igual al Padre, es decir, infinito, eterno y omnipotente, que ambos eran la misma esencia y el mismo ser, y que así como el Padre era Dios Jesús en la misma extensión de la palabra era ese mismo Dios, así que al hablar de Dios uno podía referirse al Padre o al Hijo, ya que no había diferencia ni en sus características ni en su naturaleza. 10


La otra señalaba que Jesús era divino/sagrado y que fue enviado a la Tierra para la salvación de la humanidad pero que no era igual a Dios Padre, Jesús era la primera creación de Dios, por lo que no era ni infinito ni eterno y tampoco por sí mismo todopoderoso. El Padre era el único Dios verdadero, mientras que su Hijo, por naturaleza, era divino, de ahí que se le refiriera como Hijo de Dios, Divino, un Dios, o solamente Dios entendiendo la diferencia con el único Dios que era el Padre.

Estas cuestiones fueron zanjadas tardíamente en la historia de la iglesia en el año 325 d.C. Concilio de Nicea, donde la iglesia romana aliada del poder imperial del emperador Constantino, fijó como parte principal de las resoluciones lo que se conoce como el credo de Nicea en el cual la primera postura, la de Jesús siendo Dios, tal como el Padre es Dios, fue la que prevaleció (posteriormente, en el Primer Concilio de Constantinopla, en 381 d.C., se fijaría la postura de que el Espíritu Santo también es Dios).

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). Jesús mostró y demostró toda Su vida la sujeción y obediencia a la voluntad del Padre, el único Dios verdadero, viviente, veraz. Poco antes de ser entregado e iniciar Su pasión, demostró esa sujeción y obediencia en la oración que al Padre expresó en Getsemaní donde por tres veces expresó su petición, sí, pero también por tres veces puso siempre en primer lugar la voluntad de Dios, tal como lo relata Mateo 26:36-46 (Mr. 14.32-42; Lc. 22.39-46): 36

Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo

a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37

Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a

entristecerse y a angustiarse en gran manera.

11


38

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte;

quedaos aquí, y velad conmigo. 39

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo:

Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40

Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así

que no habéis podido velar conmigo una hora? 41

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está

dispuesto, pero la carne es débil. 42

Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede

pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43

Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban

cargados de sueño. 44

Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas

palabras. 45

Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He

aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46

Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

Como ya se comentó, Pedro aclaró que la profecía de Deuteronomio 18:18 se había cumplido plenamente en el Señor Jesús (Hechos 3:19-26): 19

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros

pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

21

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la

restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará

profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 12


23

y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

24

Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado,

también han anunciado estos días. 25

Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con

nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26

A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió

para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad. Jesús, “el principio de la creación de Dios” (Revelación 3:14), aunque “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:6). Él, en efecto, por ser Hijo de Dios era divino, más el Padre es el único Dios que Él vino a revelar en plenitud.

Proverbios 8 22

Jehová me poseía en el principio,

Ya de antiguo, antes de sus obras. 23

Eternamente tuve el principado, desde el principio,

Antes de la tierra. 24

Antes de los abismos fui engendrada;

Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. 25

Antes que los montes fuesen formados,

Antes de los collados, ya había sido yo engendrada; 26

No había aún hecho la tierra, ni los campos,

Ni el principio del polvo del mundo. 27

Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;

Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; 28

Cuando afirmaba los cielos arriba,

Cuando afirmaba las fuentes del abismo;

13


29

Cuando ponía al mar su estatuto,

Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra, 30

Con él estaba yo ordenándolo todo,

Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

Jesús, la primera creación de Dios, fue engendrado por el Padre antes de todas las cosas (Salmos 2:7), por medio de Él fueron hechas, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3).

¿Y qué de las Escrituras que señalan a Jesús como Dios? Es interesante notar que en toda la Escritura, sólo hay 10 menciones de Jesús con el título Dios, las cuales pueden ser perfecta y claramente entendidas dada su relación con el Padre, pero lo que se pasa por alto es que en 79 ocasiones se le menciona como Hijo de Dios y en 82 veces como Hijo del Hombre (por cierto, si bien Jesus usó para sí tanto Hijo de Dios como Hijo de Hombre nunca usó Dios como tal para referirse a sí mismo). Tal vez la más famosa de estas citas es la de Juan 1:1 que menciona que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, aquí el Verbo es Jesús, por lo que la conclusión es que es igual a Dios, pero lo interesante es que Juan, en un mismo párrafo, expresa la palabra que se traduce como Dios con dos palabras en griego, no con una: Para la primera donde dice que el Verbo era con Dios usa Θεόν, Theon; para la segunda donde dice que el Verbo eta Dios usa Θεὸς, Theos. Discusiones van y vienen tanto de los que propugnan la igualdad del Verbo con Dios como de los que no lo ven así, pero de inicio, para cualquier observador, la pregunta debería ser ¿por qué Juan usaría dos palabras diferentes para referirse, supuestamente a lo mismo, salvo que de inicio quisiera referirse a dos cuestiones diferentes? De otra forma no tiene sentido. Nomás para no dejar 14


de presentar una explicación de esto que es congruente con la Escritura, puede señalarse que Cuando Θεόν, Theon alude a el Padre, sí tiene articulo definido. Pero cuando Θεὸς, Theos alude a el Hijo, no tiene articulo definido, y está en el predicado. Por este motivo toma la posición atributiva-adjetival, o sea, un sustantivo funcionando gramaticalmente como adjetivo o cualidad. Nos dice del Verbo que era poderoso, importante, con autoridad, pero de ningún modo lo identifica como la misma persona ni el mismo Dios que el Padre, claramente mostrado antes como un ser aparte del Hijo. De nievo: hay que tener la visión general de la Escritura al respecto para entonces proceder a explicar los pasajes que sea difíciles o controversiales.

Lo otro que algunos pasan por alto es que en la Escritura no existen solo esas 10 veces que se menciona a Jesus como Dios, o esas 79 veces que se le menciona como Hijo de Dios, o esas 82 veces que se le menciona como Hijo del Hombre, sino mil veces (así es: mil citas) que contiene en un mismo versículo al Padre, al Hijo y la relación entre ambos y por ende su naturaleza. Por lo que en oración, encomendados a Dios, uno debe leer todo lo relacionado con el Padre, el Hijo, la relación entre ambos y por ende su naturaleza para tener un marco de referencia sobre el cual ordenar el resto de la Escritura y su interpretación.

Aun así, hay algunos pasajes que si se considera al Hijo igual al Padre no hay manera de resolverlos, cosa que no sucede cuando se entiende que el Padre es “el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea la honra y el dominio eterna” (1 Timoteo 6:16) y el Hijo, principio de Su creación (Revelación 3:14), es “el resplandor de Su gloria [la de Dios], y la imagen misma de Su sustancia [la de Dios], y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad [Dios] en las alturas” (Hebreos 1:3).

15


Por ejemplo cuando alguien le dijo maestro bueno Él aclaro “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Claramente señalaba esa diferencia entre Él y el Padre: “el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28), de la misma forma antes de subir a Dios señalo “Yo subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes” (Juan 20:17). Para cerrar esto es interesante como es que en toda la Escritura hay un versículo en el que Jesús se refiere a Su Padre, y nuestro Padre, no una, ni dos, ni tres, sino cuatro veces llamándolo Su Dios: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Revelación 3.12).

La relación Padre-Hijo deja muy clara esa diferencia, tanto en poder, majestuosidad, preminencia y dependencia. ¿Qué sucede si se hacen iguales negando lo anterior? “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:22-23).

Pablo resume la naturaleza del Padre, la naturaleza del Hijo, y la naturaleza de la relación Padre-Hijo, en congruencia con todo lo aquí expresado y con la Escritura, cuando señala que “…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de Él” (1 Corintios 8:6)

Esa sujeción y obediencia a la voluntad del Padre se expresaría de la misma forma con sus últimas palabras en la cruz, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46), que expresan esa confianza que nace de saberse en las manos del único Dios verdadero, viviente, veraz.

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“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, "Consumado es” (Juan 19:30)

fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6)

La relación con Dios, quién es espíritu, debe ser de naturaleza espiritual. Desde el principio Dios nos dice algo que hemos comprobado con el devenir de la historia humana: por más buenas intenciones que uno tenga al tratar de representar a la divinidad es muy fácil que por nuestra naturaleza esto se desvíe a devociones o cultos que nos alejen del Dios verdadero, viviente, veraz, por ello en este segundo mandamiento se hace énfasis en no desviar nuestro culto debido a Dios hacia imágenes hechas por el hombre. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Éxodo 20:4-6). Este mandamiento en realidad consta de tres partes, las dos primeras intrínsecamente unidas y la tercera, que contiene una admonición a la vez que una bendición, que relacionaremos con la frase de Jesús "Consumado es” (Juan 19:30) más delante. 17


Las dos partes que están intrínsecamente relacionadas son (1) “no te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”, y (2) “no te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. Después viene una admonición de Dios para que se tome con seriedad lo que Él prohíbe. Si se separan estas dos partes y se toman de manera aislada entra uno en un camino que bien puede parecerle recto pero su fin ser fin de muerte (Proverbios 14:12). Este mandamiento no prohíbe per se el hacer alguna representación artística como pudiera ser un cuadro, una escultura, que no tenga una finalidad más allá de arte, lo que prohíbe, como señala la segunda parte del mandamiento es que se hagan con fines y se destine a inclinarse ante ellas y a honrarlas. Si bien durante bastantes siglos las corrientes cristianas mantuvieron la observancia de esta ordenanza, poco a poco fueron introduciéndose en ciertas iglesias el uso de pinturas e imágenes de Cristo, la Virgen o los Santos, primero como parte del decorado religioso, luego como medio de recordatorio y finalmente como parte de la devoción, pero no fue sino hasta muy tarde en el Concilio de Nicea II (787 d.C.) que se abordó el tema por la iglesia romana y se autorizó el uso de pinturas e imágenes de manera devocional, punto que fue confirmado posteriormente en el Concilio de Constantinopla IV (869-860 d.C.). El punto anterior debería ser más que suficiente para probar que esta decisión fue un cambio en contrasentido de lo que durante siglos se había estado observando. En la actualidad, quienes defienden el uso de imágenes o pinturas como parte de la devoción espiritual utilizan algunos pasajes del Antiguo Testamento sacados de contexto para ello. Por ejemplo los querubines sobre el Arca de la Alianza (Éxodo 25:18), las imágenes el Templo de Salomón (1 Reyes 6:23 a 29), o la serpiente de bronce que hizo Moisés (Números 21:7-9). Tanto los querubines como todo el decorado del templo cumplían una función simbólica o decorativa, nunca se menciona que los mismos per se fueran objeto de culto o veneración. En el caso de la serpiente ésta era una sombra del sacrificio futuro de Jesús (Juan 3:14), aun así es interesante como es que, tal como se comentó al inicio respecto de la 18


facilidad con que se desvía nuestra naturaleza, esta serpiente con el paso del tiempo comenzó a ser utilizada de manera devocional por lo que en su momento fue destruida por el Rey Ezequías (2 Reyes 18:4). Ahora bien, hay otro argumento de quienes usan imágenes como parte de su práctica devocional y es el hecho de que señalan que las mismas no son objeto de adoración, sino de veneración. De hecho esto fue una de las discusiones del ya mencionado Concilio de Nicea II. Los cánones del concilio permiten hacer una distinción entre el culto dado a Dios (llamado de «adoración» o λατρεία) y la veneración especial tributada a las imágenes (la palabra griega "προσκύνησις", proskýni̱ sis que significa "veneración"). Así se evitaban ambos extremos igualmente presentes en la cultura oriental: la adoración de la imagen como si fuera Dios mismo y por otro lado la destrucción de estas por miedo a la idolatría o por motivos de conveniencia y paz. Pero este es un argumento engañoso pues el mandamiento no señala la adoración de imágenes como la prohibición del mismo sino que claramente se prohíbe la cualquier representación con la finalidad de inclinarse ante ellas y a honrarlas, lo cual sí es lo que se hace lo cual puede constarse más palpablemente en cualquier fiesta patronal de la iglesia romana. No hay manera de mover el mandamiento dando interpretaciones diferentes de lo que él mismo dice, ni siquiera trayendo eventos de las Escrituras donde quiera apoyarse ese punto de vista cuando nunca se incurrió en lo que aquí se prohíbe. La frase “inclinarse ante ellas” viene el hebreo ‫ הֶ֣֥ ַּ ְוחַּ ִ ְׁשתת‬que significa inclinarse en adoración, como homenaje o veneración. La frase relativa a “honrarlas” viene del hebreo ‫ ֵ֑הםֵ֑ ב ְַָּ ָע‬referida a hacerse esclavos de, dar servidumbre, cargar-cultivarcuidar, trabajarle, venerar, dar culto o adorar. Esto nunca se hizo en el Antiguo Testamento (por cierto: tampoco en el nuevo), no hay pasaje alguno que de manera aprobada escrituralmente caiga en esto, al contrario (como en el caso de la serpiente de bronce) cuando algo ordenado/permitido se desvió para volverse infracción al segundo mandamiento fue señalado como tal y corregido. El verdadero cristiano no busca las maneras de disminuir o relajar el mandamiento de Dios mediante razonamientos humanos, filosóficos o teológicos. Si Dios ha 19


prohibido el hacer cualquier tipo de representación como parte del culto dado y debido a Él, el cristiano cumple eso y punto. Si existen representaciones artísticas en el mundo el cristiano las aprecia como tales y punto. Pero no mezcla una cosa con otra pues sabe cómo es que la desviación del mandamiento es algo sumamente fácil. “Así que guardaos bien, ya que no visteis ninguna figura el día en que Jehová os habló en Horeb de en medio del fuego; no sea que os corrompáis y hagáis para vosotros una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o hembra, semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo, semejanza de cualquier animal que se arrastra sobre la tierra, semejanza de cualquier pez que hay en las aguas debajo de la tierra” (Deuteronomio 4:16-19)

"Consumado es” (Juan 19:30). Jesús en la cruz habló de consumar, lo cual se refiere a realizar algo completamente. Este consumar tiene que ver con la tercera parte del segundo mandamiento, la que contiene una admonición pero también una bendición: “yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. Dios siempre se revela como alguien justo a la vez que misericordioso. Como el “que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable ; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:7); de la misma forma se nos dice que “Jehová es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión; mas de ninguna manera tendrá por inocente al culpable ; sino que castigará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación “ (Números 14:18); y Jeremías reitera esto al decirle a Dios “que muestras misericordia a millares, pero que castigas la iniquidad de los padres en sus hijos

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después de ellos, oh grande y poderoso Dios, Jehová de los ejércitos es su nombre” (Jeremías 32:18). El colofón del segundo mandamiento establece una correlación directa entre amar a Dios y guardar Sus mandamientos. Para entender esto primeramente hay que recordar cuál es la definición que la Palabra de Dios, no el mundo, nos da de amor. 1 Juan 4:8 nos dice que “el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”, así tenemos que Dios es amor y el que no ama no conoce a Dios. Ahora bien, debemos de amar pero ¿cómo? 1 Juan 5:3 nos dice que “este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos”, 2 Juan. 1:6 nos dice que “este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos”. Jesús nos dijo que si le amamos, guardaremos sus mandamientos (Juan 14:15) y aclaró que “si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:10), siendo sus mandamientos los mismos del Padre ya que como Jesús mismo aclaró “yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar” (Juan 12:49). Consumado es, completado es, cumplido es, nos habla de ese amor de Jesús al Padre expresado en cumplir Sus mandamientos y llevar a cabo Su voluntad, ¿y cuál era esa voluntad? También está relacionada con el amor: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), así que “en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). En Juan 15:13 de nueva cuenta se nos muestra el amor completo, total, que Jesús nos tuvo al señalar que “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigo”. Jesús consumó ese amor en la cruz, pero de igual forma, en el contexto de la cita anterior, Jesús impele a sus seguidores tanto a permanecer en Su amor guardando los mandamientos de Dios, como a amarse unos a otros con ese mismo amor completo y total con el que Él nos amó: 21


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Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced

en mi amor. 10

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como

yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro

gozo sea cumplido. 12

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he

amado. 13

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

14

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Jesús nunca puso nada entre la relación que Él tenía con el Padre. La obligación de que “al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10) la tenía muy clara, tan clara que en sus horas más aciagas señaló “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Es claro que el hacerse ídolos es algo que condena el segundo mandamiento. “¿De qué sirve el ídolo que su artífice ha esculpido, [o] la imagen fundida, maestra de mentiras, para que {su} hacedor confíe en su obra cuando hace ídolos mudos?” (Habacuc 2:18); “Los que confían en vanos ídolos su [propia] misericordia abandonan” (Jonás 2:8); “No os volváis a los ídolos, ni hagáis para vosotros dioses de fundición; yo soy Jehová vuestro Dios” (Levítico 19:4); “Entonces irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman incienso, pero ellos ciertamente no podrán salvarlos en la hora de su aflicción” (Jeremías 11:12); “Hijos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21); “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14); “Pero en aquel tiempo, cuando no conocíais a Dios, erais siervos de aquellos que por naturaleza no son dioses” (Gálatas 4:8); “Y el resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni

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dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar” (Revelación 9:20). Pero un ídolo no única y exclusamente puede ser material, también puede ser inmaterial. Cualquier cosa que se interponga entre uno y el amar “al Señor [nuestro] Dios con todo [nuestro] corazón, y con toda [nuestra] alma, y con toda [nuestra] mente y con todas [nuestras] fuerzas” (Marcos 12:30), se convierte en un ídolo. Ese deseo que se interponga entre uno y Dios es una codicia insana, un avaricia idolátrica, " Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). Y tal vez la peor idolatría sea cuando uno mismo se pone por encima de Dios pretendiendo abrogarse de lo que son sus prerrogativas, “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12) Jesús nunca usó alguna imagen, pintura o representación del Padre en su relación con Él, fue el ejemplo más claro y puro de la relación que nuestro Padre espera de nosotros. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24), pero tampoco nunca puso Su persona antes que la voluntad de Padre. La avaricia también es idolatría (Colosenses 3:5), y Jesús “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:68). De nueva cuenta: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). En cuanto al amar a Dios y cumplir Sus mandamientos, Jesús consumó, completo, totalizó de manera perfecta esto. “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38); “Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Juan 4:34); “Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera” (Juan 5:19); “Yo no 23


puedo hacer nada por iniciativa mía; como oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 5:30). El amar a Dios sobre todas las cosas, el cumplir Sus mandamientos, el no tener nada que se interponga en el culto, veneración y adoración debida al único Dios verdadero, viviente, veraz, ni tangible ni intangiblemente hablando, es lo que permite a Jesús, en cumplimiento a la voluntad del Padre, muriendo por amor a nosotros, exclamar en la cruz "Consumado es” (Juan 19:30).

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“No tomarás el nombre de Jehová tu

"¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me

Dios en vano; porque no dará por

has desamparado?" (Mateo 27: 46;

inocente Jehová al que tomare su

Marcos 15:34)

nombre en vano” (Éxodo 20:7)

Sin duda alguna el nombre de uno es uno de los aspectos básicos y principales en la relación con los demás, es lo que nos identifica, lo que nos caracteriza, podrá cambiar nuestra personalidad, nuestras ideas, nuestros valores pero el nombre de nosotros permanece. Dios también tiene un nombre, la manera en que nos referimos a Él, pero a diferencia de nosotros Dios nunca cambia, es el mismo, (Malaquías 3:6; Salmos 102:25-27; Santiago 1:17). Si bien el nombre más íntimo, más personal, más característico de Dios es el de Padre (Mateo 6:9), revelado por nuestro Señor Jesús (Juan 17:26), hay otros nombres que de igual forma nos hablan de sus características, su personalidad, su esencia. El tercer mandamiento nos impele a tratar con la reverencia, con el respeto, con la veneración debida, el nombre de Dios, no negándolos a usarlo, sino a usarlo debida, correcta, perfecta y santamente. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20:7). El nombre de Dios, al ser la manera en que primariamente entramos en relación con Él, merece la piedad debida en el uso del mismo, “no hay nadie como tú, oh Jehová; grande eres tú, y grande es tu nombre en poderío” (Jeremías 10:6). Es por Su nombre, por Su misma dignidad y honor, que Dios hace lo que en Su voluntad expresa, “y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos” (Ezequiel 36:23); “porque el SEÑOR, a causa de su gran nombre, no desamparará a su pueblo, pues el SEÑOR se ha complacido en haceros pueblo suyo” (1 Samuel 12:22).

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Es por su majestad y gloria, revelada a través de sus portentos, que las naciones saben que es Dios verdadero, viviente y veraz, “porque oirán de tu gran nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido), y venga a orar a esta casa” (1 Reyes 8:42), “también en cuanto al extranjero que no es de tu pueblo Israel, cuando venga de una tierra lejana a causa de tu gran nombre y de tu mano poderosa y de tu brazo extendido, cuando ellos vengan a orar a esta casa” (2 Crónicas 6:32).

Es ese nombre, junto con el del Señor Jesus, que forma parte de las glorias prometidas a los hijos de Dios que sean llamados, escogidos y fieles, “Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Revelación 3:12)

La Escritura nos presenta 18 nombres, revelados por Dios, con lo que entramos en relación con Él.

1) EL. Significado: El fuerte. Éxodo 15:2; Números 23:22, Deuteronomio 7:9 (Marcos 15:34). 2) EL ELOHE ISRAEL. Significado: Dios el Dios de Israel. Génesis 33:20; Éxodo 5:1, Salmo 68:8; Salmo 106:48 3) EL EYÓN. Significado: El Dios Altísimo. Génesis 14:17-22; Salmo 78:35; Daniel 4:34 (Hechos 16:17) 4) ELOHIM. Significado: El Creador todopoderoso (Forma plural de El). Génesis 1:1-3; Deuteronomio 10:17, Salmo 68 (Marcos 13:19). Elohim también se emplea para referirse a los dioses falsos e incluso a los jueces humanos (Salmo 82:6,7; Juan 10:34). 5) EL OLAM. Significado: El Dios Eterno. Génesis 21:33; Salmo 90:1,2, Isaías 40:28 (Romanos 1:20). 26


6) EL-ROI. Significado: El Dios que me ve. Génesis 16:11-14; Salmo 139-712. 7) EL-SHADDAI. Significado: El todo suficiente, El Dios de las montañas, Dios Todopoderoso. Génesis 17:1-3; 48:3; 49:25, 35:11, Salmo 90:2. 8) EMANUEL. Significado: Dios con nosotros. Isaías 7:14; 8:8-10 (Mateo 1:23). 9) JEHOVÁ. Significado: “YO SOY”, el que es autoexistente. Éxodo 3:14; 6:24, 34:5-7; Salmo 102. 10) JEHOVÁ JIREH. Significado: El Señor proveerá. Génesis 22:13, 14; Salmo 23 (Marcos 10:45; Romanos 8:2) 11) JEHOVÁ MEKADDESH. Significado: El Señor que santifica. Éxodo 31:12, 13 (1 Pedro 1:15,16; Hebreos 13:12; 1 Tesalonicenses 5:23,24). 12) JEHOVÁ-NISSI. Significado: El Señor es mi bandera. Éxodo 17:15,16; Deuteronomio 20:3,4, Isaías 11:10-12 (Efesios 6:10-18) 13) JEHOVÁ-RAFA. Significado: El Señor sana. Éxodo 15:25-27; Salmo 103:3, 147:3 (1 Pedro 2:24). 14) JEHOVÁ-ROHI. Significado: El Señor es mi pastor. Salmo 23:1-3, Isaías 53:6 (Juan 10:14-18; Hebreos 13:20; Apocalipsis 7:17). 15) JEHOVÁ-SABAOT. Significado: El Señor de los Ejércitos. 1 Samuel 1:3; 1 Samuel 17:45; Salmo 46:7, Malaquías 1:10-14 (Romanos 9:29). 16) JEHOVÁ-SHALOM. Significado: El Señor es paz. Números 6:22-27; Jueces 6:22-24, Isaías 9:6 (Hebreos 13:20). 17) JEHOVÁ-SHAMMAH. Significado: El Señor está presente. Ezequiel 48:35; Salmo 46 (Mateo 28:20; Apocalipsis 21). 18) JAH. Significado: “YO SOY”, el que es auto existente (Forma abreviada de Jehová/ JHWH/YHVH). Éxodo 3:14; 15:2; Salmo 46:1, 68:4; Isaías 26:4.

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"¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27: 46; Marcos 15:34). Esta frase pareciera ser un contraste, una contradicción con toda la vida de Jesús pues leyéndola pareciera dar a entender que Jesús es abandonado por Su padre o que al menos así lo entiende Él y que por ello le reclama, se lo señalamiento, y demuestra falta de entendimiento, pero la cuestión es que Jesús estaba citando la Escritura, específicamente el Salmo 22, el cual es un recuento de su muerte y resurrección, es decir, del cumplimiento escritural de su sacrificio redentor:

El Salmo 22 comienza con el grito desgarrador de Mateo 27: 46 y Marcos 15:34, la sensación del infortunio mismo que ha acaecido sobre uno, infortunio que no es detenido por Dios sino que permitido: 1

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? 2

Dios mío, clamo de día, y no respondes;

Y de noche, y no hay para mí reposo.

Inmediatamente viene el reconocimiento de la soberanía de Dios, ya con esto debería ser más que claro que el inicio de este Salmo no es ni de reclamo, ni de señalamiento, ni mucho menos de falta de entendimiento, sino de dolor, de tristeza, de sufrimiento, pero, como dice a continuación, la esperanza sigue en puesta en Dios: 3

Pero tú eres santo,

Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. 4

En ti esperaron nuestros padres;

Esperaron, y tú los libraste. 5

Clamaron a ti, y fueron librados;

Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

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Después viene la conciencia de lo que, ante la prueba, ante la adversidad, ha llegado a ser uno, de igual forma de cómo en esas circunstancias es percibido por los demás. Es interesante ver como el versículo 7 hace referencia a Mateo 27:39 “Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza” y el versículo 8 a Mateo 27:43 “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios”: 6

Mas yo soy gusano, y no hombre;

Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. 7

Todos los que me ven me escarnecen;

Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: 8

Se encomendó a Jehová; líbrele él;

Sálvele, puesto que en él se complacía.

De nueva cuenta, a continuación se expresa la confianza en Dios, incluso en la peor de las adversidades: 9

Pero tú eres el que me sacó del vientre;

El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. 10

Sobre ti fui echado desde antes de nacer;

Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. 11

No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;

Porque no hay quien ayude.

Después viene un recuento de las penurias sufridas, recuento en el que proféticamente se incluyeron muchos de los sufrimientos y oprobios que sufriría el Mesías en la cruz. El versículo 15 hace referencia a Juan 19:28 “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed”; el versículo 16 hace referencia a Juan 19:18 “y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”; y el versículo 18 hace referencia a Juan 19:23-24 (Mateo 27:35; Lucas 23:34; Marcos 15:24) “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la 29


cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”. 12

Me han rodeado muchos toros;

Fuertes toros de Basán me han cercado. 13

Abrieron sobre mí su boca

Como león rapaz y rugiente. 14

He sido derramado como aguas,

Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. 15

Como un tiesto se secó mi vigor,

Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte. 16

Porque perros me han rodeado;

Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. 17

Contar puedo todos mis huesos;

Entre tanto, ellos me miran y me observan. 18

Repartieron entre sí mis vestidos,

Y sobre mi ropa echaron suertes.

La última parte de este Salmo deja enfáticamente clara la conclusión de la prueba, de la adversidad, una conclusión gloriosa donde la esperanza no es defraudada y donde Dios presente ha estado, está y estará. El versículo 22 hace referencia a Hebreos 2:12 “Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré”: 19

Mas tú, Jehová, no te alejes;

Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.

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Libra de la espada mi alma,

Del poder del perro mi vida. 21

Sálvame de la boca del león,

Y líbrame de los cuernos de los búfalos. 22

Anunciaré tu nombre a mis hermanos;

En medio de la congregación te alabaré. 23

Los que teméis a Jehová, alabadle;

Glorificadle, descendencia toda de Jacob, Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. 24

Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,

Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó. 25

De ti será mi alabanza en la gran congregación;

Mis votos pagaré delante de los que le temen. 26

Comerán los humildes, y serán saciados;

Alabarán a Jehová los que le buscan; Vivirá vuestro corazón para siempre. 27

Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,

Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. 28

Porque de Jehová es el reino,

Y él regirá las naciones. 29

Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;

Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo, Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. 30

La posteridad le servirá;

Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. 31

Vendrán, y anunciarán su justicia;

A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.

La cita de Mateo 27: 46; Marcos 15:34 no implica ni reclamo, ni señalamiento, ni mucho menos de falta de entendimiento por parte de Jesús al Padre, es una 31


referencia al Salmo 22 y la lectura del mismo nos permite ver cómo es que los peores sufrimientos, en las más grandes pruebas, en las más abyectas angustias, la esperanza está en Dios y que esa esperanza no se verá defraudada sino que el resultado de la misma superará con creces lo acaecido, un resumen de esta actitud es la que señala el Salmo 116:10 cuando dice “¡Tengo fe, aun cuando digo: «Muy desdichado soy»!” (BJ).

De esta forma, Jesús, en sus últimos momentos en la cruz, no toma el nombre de Dios en vano. Si hubiera reclamado, señalado o acusado falta de entendimiento entonces Jesús hubiera usado el nombre de Dios en vano pues no le reconocería soberanía, perfección o santidad al Padre, pero al haber exclamado "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27: 46; Marcos 15:34) como referencia a un Salmo cuyo núcleo gira en torno a la esperanza, la fe y el amor hacia Dios, a pesar de los sufrimientos, oprobios y adversidades, cumple de manera perfecta y santa no tomar el nombre de Jehová en vano.

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“Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero

"Y Jesús, dando un fuerte grito,

que está dentro de tus puertas,

expiró " (Marcos 15:37)

porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11)

Sin duda alguna que el cristiano de todos los tiempos desea ser considerado entre aquellos que con llamados y elegidos y que permanecen fieles (Revelación 17:14), en virtud de ello cada iglesia, congregación o denominación busca esgrimir aquellas características que los identifican como parte de aquel grupo, pero la Escritura establece las señales que aquellos habrían de presentar.

“Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).

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No es cada iglesia, congregación o denominación la que decide las señales que habrían de identificar a los verdaderos fieles, sino Dios. Entre estas señales una de los principales, la más evidente, es la relativa al día de reposo, el sábado. Éxodo 31:12-17, “habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis sábados; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el sábado, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, más el día séptimo es sábado de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el sábado, ciertamente morirá. Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”. De manera contundente se señala como es que el sábado señal entre Dios y todos los que respondiesen a Su llamado (v. 13), esa señal sería perpetua (v. 17), y esa señal sería con el fin de mostrar que Él es Jehová quien santifica a Su pueblo (v. 13), es decir, identificaría al Pueblo de Dios, esto último lo repite Ezequiel 20:12, 20, “Y les di también mis sábados, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico… y santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.

Más sin embargo, ¿qué hay de aquellas citas escriturales esgrimidas que hablan de una ley –que supuestamente incluye la guarda del séptimo día de la semanacomo superada? Colosenses 2:14-13 señala, respecto de Cristo, que canceló “el manuscrito de las ordenanzas que había contra nosotros, que nos era contrario, quitándolo de en medio y clavándolo en la cruz”.

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Efesios 2:14-15, respecto de lo mismo, señala de Cristo que abolió “en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas”. Gálatas 3:13, para mayor claridad de lo anterior señala que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley”.

Al leer en la Escritura lo anterior, la mente carnal, rebelde a Dios, argumenta que la Ley ha sido abolida, clavada en la cruz, y que por lo tanto no obliga, esto incluye la ordenanza de guardar el sábado. Veamos como esto no es así de una manera sencilla, en sólo tres pasos. Veamos.

Primero. Si yo digo que Juan Pérez mide 1.70 mts., y luego digo que Juan Pérez mide 1.90 mts., es más que obvio que no puede tratarse del mismo Juan Pérez sino de dos personas con el mismo nombre. En otras palabras, cuando adjudicó a un sujeto u objeto dos características que son mutuamente excluyentes, es más que lógico, obvio y evidente que no puede tratarse del mismo sujeto u objeto sino que deberán ser dos sujetos u objetos diferentes.

Pues bien, tenemos citas escriturales que mencionan, respecto de la ley, que fue dada por Dios (Éxodo 20:1) y fue dada por Moisés (Deuteronomio 1:1), fue escrita en tablas de piedra (Éxodo 24:12) y fue escrita escrita en un libro (Deuteronomio 31:24); fue escrita por el mismo Dios (Éxodo 31:18) y fue escrita por Moisés (Deuteronomio 31:9); fue puesta dentro del Arca de la Alianza (Éxodo 31:18) y fue puesta enseguida del Arca de la Alianza (Deuteronomio 31:26); trae bienaventuranza (Salmos 119:1) y trae maldición (Gálatas 3:10); permanece (Salmos 119:44) y tendría un término final (Efesios 2:15; Colosenses 2:14); es perfecta y perfecciona (Salmos 19:7) y es imperfecta y no perfecciona (Hebreos 7:19); es espiritual (Romanos 7:14) y es carnal (Hebreos 9:10); es santa, justa y buena (Romanos 7:12) y apenas y si es una sombra de lo que habría de venir (Hebreos 10:1); es para siempre (Salmos 119:44) y es temporal (Gálatas 3:19). 35


Nomás con la lógica elemental que hemos comentado, dada las características mutuamente excluyentes con las que se identifica a la ley, hemos de concluir que se trata de dos leyes o conjuntos de leyes diferentes. Esto es lo primero que debemos tener en cuenta.

Segundo. Después de lo anterior, lo siguiente es tratar de entender, considerando las tres primeras citas con las que iniciamos este artículo, cuál de estas dos leyes o conjuntos de leyes es la que fue abolida en la cruz. Si en la cruz se abolieron las ordenanzas que eran contra nosotros (Colosenses 2:14-13), los mandamientos que eran motivo de enemistad (Efesios 2:14-15), y, más contundentemente, que la ley devino en maldición hacia nosotros (Gálatas 3:13), ¿a cuál de estas dos leyes o conjuntos de leyes se referirá?, ¿a la ley dada por Dios, escrita en tablas de piedra, escrita por el mismo Dios y puesta dentro del Arca de la Alianza que trae bienaventuranza, permanece, es perfecta y perfecciona, es espiritual, es santa, justa y buena, y es para siempre, o a la ley dada por Moisés, escrita en un libro, escrita por Moisés y puesta enseguida del Arca de la Alianza que trae maldición, tendría un término final, es imperfecta y no perfecciona , es carnal , apenas y si es una sombra de lo que habría de venir y es temporal? Creo la respuesta es más que lógica, obvia y evidente.

Tercero. Por último, después de lo anterior, lo que sigue es es tratar de entender a qué ley o grupo de leyes corresponde la ordenanza del Sábado. Esto no debería ser muy complicado si se considera que el Sábado es un día de reposo el cual fue bendecido y santificado por Dios (Éxodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15; Levítico 23:3), que los componentes del nombre asignado a ese día hacen referencia a cesación de actividades, gozo y regocijo y alimentación espiritual para crecimiento y edificación, que fungiría como señal visible, clara, observable, relativa a quienes formarían parte de la familia de Dios (Éxodo 31:13), que la observancia del mismo trae bendiciones (Levítico 26:2-4) incluso a los extranjeros que lo guardasen (Isaías 56:2-5); y que en palabras de la propia Escritura inspirada por Dios es 36


llamado “delicia, santo, glorioso de Jehová” y nos lleva a deleitarnos en Jehová (Isaías 58:13-14).

En función de esto, ¿a cuál de las dos leyes o conjuntos de leyes comentadas corresponderá la ordenanza del Sábado?, ¿a la ley dada por Dios, escrita en tablas de piedra, escrita por el mismo Dios y puesta dentro del Arca de la Alianza que trae bienaventuranza, permanece, es perfecta y perfecciona, es espiritual, es santa, justa y buena, y es para siempre, o a la ley dada por Moisés, escrita en un libro, escrita por Moisés y puesta enseguida del Arca de la Alianza que trae maldición, tendría un término final, es imperfecta y no perfecciona , es carnal , apenas y si es una sombra de lo que habría de venir y es temporal? Creo la respuesta es más que lógica, obvia y evidente.

Así en estos tres pasos hemos visto primero, cómo es que hay dos tipos de leyes, una que podríamos decir de manera general que es positiva para el hombre y otra que le es negativa; segundo, cómo es que lo que se clavó en la cruz fueron las leyes, mandamientos y ordenanzas que nos eran negativos; y, tercero, que por la manera en que el Sábado es presentado en cuanto a su sustancia, naturaleza y sentido no puede sino ser parte de la ley o conjunto de leyes señaladas como positivas. Luego entonces si la ley o conjunto de leyes positivas no han sido abolidas, la ordenanza del Sábado sigue vigente, y dado que el Sábado forma parte de los Diez Mandamientos, estos siguen en su totalidad vigentes.

La iglesia de Dios, la verdadera iglesia de Dios - pequeña (Lucas 12:32), perseguida (Mateo 10:22; 24:9), débil y despreciada por el mundo (Juan 15:19; 17:16; 1 Juan 2:15)-, nunca ha argumentado por un cambio, suspensión o abrogación de la Ley dada por Dios a Su pueblo. Esta Ley es la misma válida, existente y vigente desde la creación y que continuará válida, existente y vigente incluso después de la venida del Mesías, y consiste en los Diez Mandamientos contenidos en Éxodo 20, que incluye la ordenanza de guardar el sábado.

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Extendiéndonos en esta respuesta, ahora como destinatarios a todos aquellos que desean ser guiados por Dios en el Camino, hay normas que fueron adicionadas a la Ley de Dios, normas conocidas como leyes mosaicas que estarían vigentes hasta el punto en la historia en que el Mesías esperado hiciera su aparición, con lo cual eran temporales, pero la legislación referente a los Diez Mandamientos, al no ser parte de aquel cuerpo legislativo presenta en sí misma una permanencia perpetua en su validez, existencia y vigencia.

Específicamente hablando del sábado, no puede identificarse en la Escritura la más mínima señal de contradicción en la misma respecto de esto. Todo el Antiguo Testamento evidencia la sacralidad que sobre este día puede escrituralmente demostrarse, de igual forma el Nuevo Testamento presenta una continuidad sobre lo mismo en similar tesitura.

En contraposición, el Nuevo Testamento, hablando específicamente sobre el primer día de la semana, no contiene la menor indicación de cambio alguno en la observancia del día de reposo del sábado a este.

Si bien la ordenanza del sábado, al ser parte de los Diez Mandamientos se mantiene, el espíritu en que debe ser guardado este día está imbuido de la revelación que con Cristo ha venido al mundo a través de Su iglesia: El sábado es un día de reposo, es un día de gozo, es un día de edificación. Hay cosas claras que lo definen como tal (no trabajar –ni comprar ni vender- para poder reposar, “no encender fuego” para poder gozarnos en Jehová, y acudir a alimentarnos espiritualmente para ser edificados), “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24).

“Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró " (Marcos 15:37). Si pecado es violación a la Ley (1 Juan 3:4), y si Jesús no cometió pecado (2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22), uno esperaría que hubiese respetado la ordenanza relativa al

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sábado, para ello habría que clarificar ¿cuándo murió Jesús?, ¿cuántos días estuvo en la tumba?, ¿cuándo resucito?

Precisamente sobre la última pregunta el señalamiento de la gran mayoría de la cristiandad es que el cambio de la observancia del sábado al domingo como día de reposo se debe a la sacralidad de este último al ser el día en que nuestro Señor resucitó. Antes de entrar en materia hay que aclara una cosa: aunque ese fuera el caso, el evento mismo de la resurrección no implicaría cambio en las leyes de Dios, no hay que confundir una cosa con la otra. Pero bueno, se dice “aunque fuera el caso” porque la realidad es que la resurrección, no ocurrió en domingo.

Tal vez a alguien le parezca no sólo impactante esta aseveración sino incluso absurda, ¿qué acaso no dice Marcos 16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”?

Si, esa cita dice eso, pero no significan lo que el mundo ha interpretado. Antes de aclarar el punto veamos una situación que debería generar a menos una incógnita de asombro para quien la leyese y que nos sirve para conciliar todo. ¿Cuándo las mujeres compraron las aromas para embalsamar a Jesús, antes o después del sábado? “Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle” (Marcos 16:1); ahora bien, ¿cuándo las mujeres prepararon las aromas para embalsamar a Jesús, antes o después del sábado? “Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56). Así que aquí tenemos una situación más que ilógica donde las mujeres compran las aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús después del sábado, pero preparan esas aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús antes del sábado.

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Si bien esto parece un absurdo y una contradicción, no lo es, sino que ordenando los días que implícitamente se consideran uno puede entender que la muerte de nuestro Señor se llevó a cabo un miércoles siendo por ende la resurrección un sábado. Veamos.

Por Marcos 16:9 citado anteriormente, vemos que para cuando María Magdalena fue al sepulcro el domingo temprano la resurrección ya se había llevado a cabo, de hecho por Juan 20:1 sabemos que María Magdalena va al sepulcro aun siendo oscuro y la piedra ya había sido movida, así que la cuestión de los sábados de Marcos 16:1 y Lucas 23:56 tiene que ser arreglada antes del domingo. Marcos 16:1 y Lucas 23:56 se convierten en contradictorios en cuanto a su redacción cuando uno considera que ambos se están refiriendo al mismo sábado, pero ¿y si fueran sábados diferentes? La palabra sábado viene del hebreo ‫ש ה‬, Shabat, que significa cesar, reposar, y que generalmente se aplica al séptimo día de la semana. Pero el pueblo de Israel tenía otros memoriales anuales donde obligatoriamente también tenía que hacer Shabat, es decir, cesar toda actividad, reposar. Éxodo 12:6,8, Levítico 23:5 y Números 28:16 señalan que lo se conoce como la Pascua debía celebrarse el 14 de Nisán. Es interesante ver que ese día no se manda reposar, pero sí se dan instrucciones muy precisas de cómo celebrar la Pascua. Jesús celebró la Pascua el 14 de Nisán al ocultarse el sol, como se instruye en la Escritura. Lo que muchos pasan por alto es que inmediatamente después de la Pascua comenzaba una fiesta llamada de los Ázimos o Panes sin Levadura. Éxodo 12:18, 15, Levítico 23:6 y Números 28:17 señalan como es que el 15 del mes primero (Abib o Nisán) debía celebrarse la Fiesta de los Panes sin Levadura por siete días, lo interesante es que como dice Éxodo 12:16, Levítico 23:7, Números 28:18 y Deuteronomio 16:8, el primero y el último de esos siete días se tenía que hacer Shabat, cesar toda actividad, reposar. Así que necesaria y forzosamente, en la semana que murió Jesús, se dieron dos Shabat, o dos reposos, el ordenado para el primer día

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de la Fiesta de los Panes sin Levadura (al día siguiente de la Pascua) y el del sábado semanal.

Algo que debemos tener en cuenta es que para el pueblo de Israel los días comenzaban al ponerse el Sol (Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31), no como en la actualidad que comienza a la medianoche.

Después de la Pascua empezaba la Fiesta de los Panes sin Levadura, siendo el primer y el último día de esta fiesta shabats, es decir de reposo, como eran de reposo todo tenía que dejarse listo antes que iniciase, por eso en Juan 19:31, 42 se le llama a esto la preparación de la Pascua, es decir, los preparativos que podían hacerse el día de la pascua, 14 de Nisán, ya que no era de reposo para poder el día siguiente, 15 de Nisán, primer día de Panes sin Levadura, descansar. ¿Cómo sabemos que el término preparación de la Pascua no se refiere al día previo de la Pascua sino a las preparaciones que se hacían en la Pascua para el día posterior? Porque Juan 19:31 señala que esa preparación era por el día del reposo y, como se ha comentado, el 14 de Nisán, día de la Pascua, no era de reposo sino el primer día de Panes sin Levadura, el día siguiente de la Pascua, el 15 de Nisán, por lo que las preparaciones para el día de reposo se hacían el 14.

Dado que después de la Pascua empezaba la Fiesta de los Panes sin Levadura, siendo el primer y el último día de esta fiesta shabats, es decir de reposo, sólo hay dos opciones: o el primer día de reposo de Panes sin Levadura cayó en el sábado semanal o cayó en otro día diferente al sábado semanal. Si es el primer caso se tendría un solo día de reposo donde confluyeran dos shabats: el primer día de Panes sin Levadura y el sábado semanal, si fuera el segundo caso se tendría en un día diferente al sábado semanal otro shabat, otro reposo, ¿por cuál de las dos opciones se decanta la Escritura? Veamos

Supongamos que Jesús muere un viernes y por lo tanto el primer día de Panes sin Lavadura, la fiesta que inicia inmediatamente después de la Pascua, cayó el 41


mismo día que el sábado semanal. Si este fue el caso tenemos el absurdo mencionado anteriormente de Marcos 16:1 y Lucas 23:56: “Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle” (Marcos 16:1), “Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56). Como ya se comentó, si el primer día de Panes sin Levadura, de reposo, cayó en el sábado semanal, de reposo, se tendría un solo día de reposo que vuelve la anterior redacción una situación más que ilógica imposible de resolver donde las mujeres compran las aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús después del sábado, pero preparan esas aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús antes del sábado.

Ahora, supongamos que Jesús muere otro día que no sea el viernes y por lo tanto el primer día de Panes sin Lavadura, de reposo, caiga en cualquier otro día que no sea el sábado semanal, ahí sí se podría arreglar que las especias fueron compradas cuando pasó el shabat relativo al primer día de panes sin Levadura y luego se prepararon descansando el shabat semanal. Dado que aquí no hay contradicciones, cuestiones absurdas o paradojas irresolubles, vamos acomodando los días a reserva de desarrollar este punto con mayor amplitud posteriormente, sobre todo por la consideración relativa a la forma de medir el tiempo bíblicamente en cuanto al inicio y término de da día. Este acomodo por facilidad debe hacerse desde el domingo y hacia atrás.

5. Para el domingo Jesús ya había resucitado. 4. El sábado semanal fue, como lo señala el mandamiento, de reposo. 3. Las mujeres en viernes compran y preparan las especias antes del sábado semanal. 2. El jueves es shabat, es decir, reposo, por ser el primer día de panes sin levadura. 1. El miércoles antes de la puesta del sol, es decir, antes que comience el jueves bíblico, es Jesús puesto en la sepultura. 42


Así que necesaria y forzosamente, en la semana que murió Jesús, se dieron dos shabat, o dos reposos, el ordenado para el primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura (al día siguiente de la Pascua) y el del sábado semanal.

Quien defienda la muerte de Jesús un viernes siendo que el primer día de Panes sin Lavadura y el Shabat semanal cayeron el mismo día, se enfrentará al reto de conciliar el absurdo, la paradoja, de cómo es que las mujeres pudieron compran las aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús después del sábado (Marcos 16:1), pero preparan esas aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús antes del sábado (Lucas 23:56).

Para ordenar los acontecimientos, hay que tener en cuenta lo que ya se comentó: que para el pueblo de Israel los días comenzaban al ponerse el Sol (Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31), no como en la actualidad que comienzan a la medianoche.

Si ordenáramos del final al inicio lo relatado en las Escrituras, sin prejuicio alguno, tendríamos que concluir que (1) para el domingo, antes de salir el sol, la resurrección ya se había efectuado, (2) el sábado (desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado) las mujeres reposaron, (3) el viernes (desde la puesta del sol del jueves hasta la puesta del sol del viernes, obvio que trabajando en la parte clara) las mujeres compraron (después del reposo del jueves) y prepararon las especias (antes del reposo del sábado semanal), (4) el jueves (desde la puesta del sol del miércoles hasta la puesta del sol del jueves) las mujeres descansaron por ser el primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, y (5) el día previo por la tarde, Nisán 14, martes a la puesta de sol, Jesús celebra la Santa Cena.

Cuando uno considera esto todo se resuelve de manera natural. Con esto en mente tenemos el cuadro completo y correcto: Jesús toma la Pascua con sus discípulos e instituye el memorial de Su muerte para nosotros el martes, 14 de 43


Nisán, por la tarde a la puesta del Sol (inicio del 14 de Nisán), al día siguiente, para nosotros el miércoles antes de la puesta del sol, Jesús muere en la cruz (todavía 14 de Nisán, la parte clara del mismo), como al ocultarse el sol en lo que para nosotros es miércoles por la tarde empezaría el 15 de Nisán, el cual obligatoriamente era de reposo, Jesús es enterrado a toda prisa (Lucas 23:53, 54; Juan 19:41, 42; Marcos 15:42), pues ya estaba por iniciar el 15 de Nisán, de reposo, sin que se le haya podido ungir con especias aromáticas. Las mujeres, y todo Israel, entonces descansan el 15 de Nisán, desde la puesta del sol de lo que llamamos miércoles hasta la puesta de sol de lo que llamamos jueves (y que ya sería el inicio del 16 de Nisán). Lo que llamamos viernes, que sería la parte clara del 16 de Nisán, una vez pasado el Shabat (reposo) las mujeres compran las aromas para embalsamar a Jesús (Marcos 16:1) y antes de iniciar el Shabat (reposo) semanal, siendo todavía viernes (parte clara del 16 de Nisán), las preparan y descansan al caer la tarde de lo que llamamos viernes y que sería el inicio del 17 de Nisán, que a su vez es el Shabat (reposo) semanal del séptimo día (Lucas 23:56). No hay manera de ordenar los dos reposos que deben considerarse al tomar en cuenta la Pascua, la Fiesta de los Panes sin Levadura (siete días con el 1er y el 7° día de Shabat, reposo) y un sábado semanal que concuerde de otra forma con el relato bíblico.

Resumiendo lo anterior tenemos: Jesús toma la Santa Cena con sus discípulos un miércoles 14 de Nisán, al día siguiente jueves antes de la puesta de sol muere y es enterrado, desde ese momento, poco antes de la puesta del sol del jueves hasta el sábado, poco antes de la puesta de sol, son los tres días y las tres noches, 72 horas, teniendo en ese lapso dos descansos: el primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura (desde el miércoles a la puesta de sol hasta el jueves a la puesta de sol) y el sábado semanal (desde el viernes a la puesta de sol y hasta el sábado a la puesta de sol). Siendo así que Jesús resucita en lo que para nosotros es un sábado poco antes de la puesta de sol, es decir, poco antes de iniciar el domingo según la medición del tiempo judía.

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Pero bueno, independientemente, ¿qué hay de Marcos 16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”? Entendamos que en las Escrituras originales no hay signos de puntuación, es más, ni espacios hay, eso se ha adicionado para adecuarlo a nuestros idiomas actuales pero al acomodar espacios y puntuaciones los traductores se han visto constreñidos por las doctrinas previas que tenían, como el que la resurrección ocurrió un domingo. Una sola puntuación puede dar un sentido diferente de toda una redacción, veamos Marcos 16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana apareció primeramente a María Magdalena…” De esta forma Jesús ya había resucitado en lo que para nosotros es el sábado, poco antes de la puesta del sol, siendo que el primer día de la semana se la apareció temprano a María Magdalena, no que resucitó el primer día de la semana.

Aunque ya vimos el acomodo de los días considerando las fiestas de Israel y como ellos consideraban los inicios y conclusiones de los días, ¿podemos estar seguros que Jesús no resucitó un en lo que llamamos domingo sino que al contrario en lo que llamamos sábado, es más: poco antes de la puesta del sol?

Para responder esto veamos el episodio donde a Jesús se le pide una señal que confirme su mesianidad (Mateo 12:38-40; también Lucas 11:29): 38

Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos,

diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. 39

El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal;

pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. 40

Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres

noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

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Así tenemos que la prueba de la mesianidad de Jesús consistía en estar literal y completamente durante tres días y tres noches en la tumba, como Jonás lo estuvo en el interior del pez que se lo tragó. Los propugnadores de la muerte de Jesús en viernes y la resurrección en domingo, no tienen forma de acomodar tres días y tres noches en ese lapso de tiempo. Algunos que defienden la postura de resurrección dominical arguyen que obras como el Talmud judío permite considerar un día cualquier porción del mismo (Jerusalem Talmud: Shabbath ix. 3), de igual forma la Enciclopedia Judía sobre el asunto señala que “un tiempo corto en la mañana del séptimo día se cuenta como el séptimo día; la circuncisión se lleva a cabo en el octavo día, a pesar de que, del día primero sólo sean unos minutos después del nacimiento del niño, estos se cuentan como un día" (Vol. 4, p. 475), así, una hora de luz del viernes (por ejemplo) podría considerarse un día, y siguiendo esa lógica cuando es enterrado Jesús todavía era la parte clara del viernes así que ese es un día, luego viene el sábado (parte oscura y parte clara), y cuando cae la noche del sábado, inicio del domingo según la forma de medir el tiempo por los judío, ya es el tercer día. Si bien es cierto que obras como el Talmud judío dicen eso la pregunta es ¿a qué le va a creer uno: a la Palabra de Dios o a las palabras de los hombres? Esto porque en Juan 11:9 claramente Jesús señala “¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo”. Así, según las Escrituras, según el Señor Jesús, el día consta de doce horas, por ende la noche son las otras doce. Así que creemos en las Escrituras, si creemos en Jesús, debemos considerar que los tres días y tres noches corresponden a 72 horas, lo cual es imposible acomodar en una muerte un viernes y una resurrección un domingo. De igual forma, leyendo las citas que indican que Jesús se levantó de la tumba “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4), que Dios levantó a Jesús “al tercer día” (Hechos 10:40), o que Jesús que se levantaría “después de tres días” (Marcos 8:31), algunos considerando otras citas de la Escritura (por ejemplo: Ester 4:16 y Ester 5: 1; Génesis 42:17-19; 2ª de Crónicas 10:5, 12) donde se usa ese término indican que el mismo se usa cualquier parte de un día se contaba 46


como un día completo (igual que lo comentado anteriormente según el Talmud o la Enciclopedia Judía). En efecto, “al tercer día” o “después de tres días” pudiera considerarse en ese sentido, pero también en el de las 72 horas, tres días y tres noches, por lo que debemos ver todas las Escrituras al respecto para ver en qué sentido se dicen esas frases, siendo que al considerar el énfasis de Jesús en que estaría en la sepultura tres días y tres noches, no “al tercer día” o “después de tres días”, dos veces indicado en la misma frase de Mateo 12:38-40, los dos descansos (1er día de los Panes sin Levadura y el sábado semanal), y cuadrar Marcos 16:1 y Lucas 23:56, y los tiempos requeridos para comprar y preparar especias, no hay más que concluir que en efecto eran tres días y tres noches, de 12 horas cada uno, dando 72 horas exactas.

Un evidente error del razonamiento anterior, que busca torcer al máximo la Escritura para cuadrar tres días y tres noches del viernes por la parte al domingo antes de la salida del sol, es que si se sigue nos lleva a absurdos ilógicos y situaciones imposibles, sobre todo con Marcos 16:1 y Lucas 23:56, citas con las que se inició este análisis, que señalan que las mujeres compran las aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús después del sábado, pero preparan esas aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús antes del sábado. Ya de inicio esto suena absurdamente ilógico, pero se vuelve además una situación imposible ya que si la muerte de Jesús fue el viernes y su sepultura poco antes de la puesta del sol (inicio del sábado), ¡no hay tiempo alguno donde las mujeres hubieran podido ni comprar ni preparar las especias!, esto porque el viernes se enterraría aprisa (Lucas 23:53, 54; Juan 19:41, 42; Marcos 15:42) por estar por iniciar el sábado no habiendo tiempo alguno para otra cosa, menos para comprar y preparar especias, pero después del sábado, el domingo, aún oscuro, antes de que sol saliera, las mujeres ya estarían yendo a la tumba a ungirlo (Juan 20:1) por lo que no hay espacio de compra, menos de preparación de especias. Así que no solo es cuestión de cómo entender “tres días y tres noches” o “al tercer día”, sino también Marcos 16:1 y Lucas 23:56, la cuestión de la señal para la mesianidad de Jesús,

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los dos días de reposo (1er día de Panes sin Levadura y sábado semanal) y los tiempos requeridos para comprar y preparar especias.

Por último, si ya vimos que Jesús muere en lo que llamamos miércoles antes de la puesta de sol (antes que terminara el 14 de Nisán), y si su resurrección se llevó a cabo exactamente 72 horas después, tenemos que tuvo que resucitar en lo que llamamos sábado antes de la puesta de sol, antes que concluyera el Shabat semanal, 17 de Nisán. Las citas referidas a que Jesús se levantó de la tumba “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4), que Dios levantó a Jesús “al tercer día” (Hechos 10:40), o que Jesús que se levantaría “después de tres días” (Marcos 8:31), implican necesariamente que el plazo de 72 horas, no menos, no más, tenía que cumplirse a cabalidad. De otra forma no hay manera de acomodar dos descansos (1er día de los Panes sin Levadura y el sábado semanal), cumplir la señal de la mesianidad de Jesús (tres días y tres noches de 12 horas cada uno, total 72 horas, en la tumba) y cuadrar Marcos 16:1 y Lucas 23:56, así como los tiempos requeridos para comprar y preparar especias.

Un poco extensa la argumentación del presente apartado pero necesaria ya que incluso para quien contraviniendo la Escritura desease celebrar la resurrección del Señor, a pesar de no estar eso indicado sino conmemorar Su muerte, lo estaría haciendo en un día que no corresponde.

Cristo expiró en la cruz, estuvo tres días y tres noches literales en la tumba, el sábado Cristo al estar en la tumba, reposó, resucitando al final del mismo.

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“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra

“Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu

que Jehová tu Dios te da” (Éxodo

madre” (Juan 19: 26-27)

20:12)

Los primeros cuatro mandamientos de la Ley de Dios regulan la relación del hombre para con su Creador, los restantes seis regulan la relación del hombre para con su prójimo. En este contexto relacional la primera relación interpersonal del ser humano está dada en el seno del núcleo familiar, con sus padres. El cuarto mandamiento aborda precisamente la relación de los hijos para con sus padres, relación que llevada conforme a lo que espera Dios de cada uno, traerá bendiciones sobre quienes así lo hicieren.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12)

La normativa referida a la relación de los hijos para con los padres es clara, se trata de que aquellos tributen la honra debida a quienes, en colaboración con Dios, les han dado la vida, les sirven de soporte material, y dan guía, instrucción y formación.

Esta honra implica respeto, obediencia, reverencia. El respeto tiene que ver con la persona de los padres, la manera en la cual uno se relaciona con ellos; la obediencia tiene que ver con las normas que los padres despliegan sobre la casa para la debida armonía entre sus integrantes, la reverencia tiene que ver con la manera intrínseca en que cada uno, considerando lo anterior, ve a sus padres.

Esto deviene de un principio lógico ya que los padres actúan ante sus hijos como las autoridades que Dios ha puesto (Romanos 13:1) para proveer, proteger, instruir, corregir y edificar a la familia, en cierta forma le representan a Él incluso 49


en esas funciones que le son inherentes ante Su creación, por ello que la relación de los hijos para con sus padres debe basarse en aquellas premisas.

Lo anterior queda más en evidencia cuando vemos la disposición establecida en las leyes mosaicas, respecto al incumplimiento de dicha normativa

Éxodo 21:15,17 El que hiriere a su padre o a su madre, morirá… Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá.

Es interesante que, como establecían las leyes mosaicas, quien hiriese a otro, siempre y cuando esa herida n condujere a muerte, estaba condenado a restituirle en cierta forma (Éxodo 21:18-19), pero en el caso de la relación entre padres e hijos, si estos últimos levantaban la mano contra los padres hiriéndoles el castigo era la muerte, no había espacio para la restitución, la muerte era el pago por la transgresión. En este orden de ideas Cristo deja clara la obligación filial de los hijos para con los padres.

Mateo 15:4-6 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.

De esta forma si bien los padres entran a formar parte del núcleo humano en que uno se desenvuelve, siendo a ellos aplicables todas las normativas que tratan sobre el prójimo, existe un trato diferenciado donde hay privilegios propios de la naturaleza de los progenitores por los cuales se da una mayor deferencia en el

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trato, deferencia de la cual ya se ha hablado, y que lleva a no tolerar faltas como la mencionada.

Levítico 19:3,32 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis sábados guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios… Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.

El respeto, la obediencia, la reverencia debida a los padres es inherente a su persona, pero ésta todavía se incrementa conforme pasa el tiempo y los años se van acumulando en los progenitores. Lo estipulado en la cita anterior retoma lo referido al quinto mandamiento, pero puesto de cara al trato debido a las personas de edad, implica aún mayor deferencia cuando estos son los padres.

El levantarse ante ellos, real o figurativamente hablando, tiene la connotación de respeto extremo, extremo más no excesivo pues como se vio, al representar los padres a Dios en sus funciones como originadores y mantenedores de la familia, estos merecen esa deferencia en el trato.

Proverbios 1:8,9 Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello.

Tal como se ha dicho, la labor de los padres no termina con traer hijos a este mundo y proveerles de los que físicamente necesiten sino que para ser completa debe ir acompañada de la enseñanza, de la instrucción debida, en todos los ámbitos, para que los hijos puedan realizarse, sí, pero más importante aún para que pueda desarrollarse en ellos el plan concebido por Dios desde la eternidad.

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En mayor o menor medida esa enseñanza, esa instrucción, debe abarcar la parte material, sí, pero también la parte cognitiva, la parte emocional y, muy importante, la parte espiritual.

El exhorto de la cita en cuestión tiene un primer referente espiritual que señala a Dios y a su iglesia, esa enseñanza, esa instrucción a la que hace referencia es aquella que sobre la verdad revelada puede hacerse. Los padres, como reflejo de la autoridad por la que Dios les ha conferido primacía en la familia, deben ser los canales primarios por los cuales esa enseñanza, esa instrucción fluya. Con todo y todo el mundo entero yace bajo poder del inicuo (1 Juan 5:19) por lo que esa enseñanza, esa instrucción en ocasiones estará contaminada, en esos casos prevalece el exhorto de la cita en comento pero referida en primer instancia a Dios y su iglesia siendo que si esa verdad se contrapone contra la que los padres enseñan la primera debe prevalecer, con todo y todo el respeto a los padres no debe perderse ni lo anterior ser pretexto para incurrir en violaciones al quinto mandamiento.

Proverbios 15:5 El necio rechaza la disciplina de su padre, más el que acepta la reprensión es prudente.

Así como en la cita que anteriormente se comentó, está en cuestión tiene la misma connotación, como muchas en la Escritura, cuya primera lectura debe ser aplicada a Dios. La Palabra señala que Dios corrige a aquellos que ama (Hebreos 12:6; Proverbios 3:12), así que si allegados al Padre se recibe de Él corrección, debe entenderse esta en el sentido de la propia edificación.

Pero de igual forma una segunda lectura puede aplicarse a los padres ya que ellos, en primera instancia, como responsables de la familia, aplican las medidas preventivas/correctivas que consideran pertinentes, tanto para edificación

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individual de cada miembro de la familia, como para el desenvolvimiento y relación de todos los miembros de la familia como un grupo en sí.

Este punto es interesante pues, como se comentó anteriormente, los padres puede que no sean parte de los llamados en este siglo para salvación, más sin embargo, como dijo Jesús “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?, ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?, ¿o si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13), es así como existen leyes naturales que conllevan a los padres a buscar lo mejor para sus hijos, siendo que en ocasiones esto está condicionado a que aquellos disciplinen y reprendan a los segundo cuando lo requieran. De esta forma, si bien la salvación está condicionada a aceptar a Jesús como Señor y Salvador, lo cual implica creer en Él y creerle a Él, la disciplina natural que los padres pudieran ejercer sobre los hijos, aunque estos no sean de los llamados a salvación, conllevan bendición pues sientan las bases para la edificación material, sí, pero también espiritual si es que se responde al llamado del Padre.

Si bien la puerta que da a la salvación es estrecha y el camino estrecho (Mateo 7:13-14), esta búsqueda de la misma a la cual todos están llamados (Mateo 22:14) sería más difícil si la disciplina paternal estuviera ausente. Un campo dejado a que se enmonte es más difícil convertirlo en tierras de cultivo, más difícil, si, más no imposible, pero un terreno que se desyerba, se nivela, se mantiene limpio, requiere de menor trabajo de preparación. Lo mismo pasa con los hijos, si estos carecen de disciplina natural, por llamarla en cierta forma, cuando tengan que responder al llamado, si es que responden, se darán cuenta de lo mucho que previamente hay que trabajar simplemente para poder estar en condiciones de andar por el Camino.

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Es así como la disciplina, la corrección que los padres ejercen sobre los hijos los conlleva a desarrollar estos conciencia de los demás y autocontrol propio, amas condicionantes necesarias de la vida cristiana, por ello el exhorto de la cita en comento diferencia e identifica a aquel que rechaza la disciplina del padre como necio, de aquel que acepta la reprensión como prudente.

Proverbios 20:20 Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.

Se ha mencionado que el respeto, la consideración debida de los hijos para con los padres pasa por el trato de estos últimos para con aquellos, de igual forma se vio que levantar la mano contra ellos implica pena de muerte, más sin embargo no sólo las violaciones materiales al mandamiento son la que tienen consecuencia, también están aquellas otras violaciones que referidas a la parte inmaterial, es decir, del trato hacia los progenitores que requiere la deferencia debida, como en la cita en cuestión.

El maldecir, es decir externar deseos que atenten contra la integridad física, emocional, mental o espiritual de los padres conlleva a que la lámpara de uno se apague en medio de las tinieblas.

Este apagarse de la lámpara de uno en medio de las tinieblas tiene dos connotaciones: la material y la espiritual.

La material se refiere al extinción prematura de la propia vida (Proverbios 13:9), de hecho el quinto mandamiento es claro en cuanto a las bendiciones por honrar a los padres: “…para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Pablo explicando esto, refiriéndose a este mandamiento señala “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2-3). Es así 54


como la honra debida conlleva a una vida larga y próspera, mientras que lo contrario, sobre todo en el caso de maldecir a los padres, conlleva a una conclusión prematura de la vida aunada a problemas, tribulaciones y adversidades en la misma.

La espiritual se refiere a la falta del conocimiento que para vida eterna se requiere, (Salmos 119:105). Es imposible conciliar la idea de un hijo maldiciendo a sus padres y por otra parte siendo edificado por el Santo Espíritu de Dios. El maldecir a los padres implica rechazar la Palabra, y si se rechaza la Palabra se rechaza al autor de la misma, Dios, así que ¿cómo podrá esa persona tener la luz que la Palabra proporciona para vivir (Proverbios 6:23)? Simplemente es imposible. Es así como el infractor que maldice a sus padres se excluye el mismo de la protección, guía, corrección y edificación de Dios, con lo que la lámpara que deviene de esto deja de estar presente en su vida conduciéndolo por caminos que si bien la parecen bien su fin es de muerte (Proverbios 14:12).

Proverbios 23:22-25 Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies. Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia. Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él. Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te dio a luz.

Efesios 6:1-3 Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.…

Colosenses 3:20 Hijos, sed obedientes a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Señor.

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Se ha hablado del respeto, la reverencia debida a los padres, sí, pero también se ha hablado de la obediencia incluso cuando esa obediencia implica aceptar la disciplina, la corrección, pero ante esto último surge la duda ¿siempre se tendrá que obedecer a los padres? La respuesta es no pero bajo dos condiciones.

La primer condición, independientemente de la edad y de la dependencia que se tenga a los padres, es que la obediencia a los padres está sujeta a que la misma no contravenga la Palabra de Dios (Hechos 5:29).

La segunda condición, que depende de la edad y de la dependencia de los hijos de ellos, tiene que ver cuando estos últimos se convierten en adultos y por ese hecho son responsables de su propia vida debiendo tomar como tales las decisiones que consideren pertinentes aunque las mismas difieran de los deseos, intención u opinión de los padres. En este caso, con todo y todo, el respeto y la reverencia debida a los padres se mantiene, no importa la edad e independencia que tengan los hijos, por lo que la cita en cuestión hace énfasis en esa deferencia que los hijos deben a los padres en el trato que conlleva a escucharles -no necesariamente obedecerles si es que uno ya es adulto y toma decisiones propias, pero sí a escucharles de manera respetuosa, con amor filial-.

De igual forma la vejez, con todos los inconvenientes que conlleva, no es motivo de rechazo, sino de cuidado basado en el respeto, sí, pero también en el agradecimiento por la vida, por el sostenimiento, por la guía e instrucción.

“Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” (Juan 19: 26-27)

La frase anterior de Jesús en la Cruz ha representado un reto para el pensamiento cristiano. Juan no era hijo de María, de igual forma María no era su madre, ¿por qué Cristo indicaría lo contrario?, si lo que deseaba Cristo era no dejar desamparada a Su madre, ¿por qué no encargársela a sus hermanos carnales 56


(Marcos 6:3; Mateo 13:55), hijos de María?, ¿estaba, como menciona parte de la cristiandad, dejando Cristo a María como madre de todos en la figura de Juan?

Para entender la frase anterior es menester primero entender el mandamiento referido a honrar a los padres. Honrar, como se comentó anteriormente, implica el respeto, la reverencia, la consideración, la deferencia y una obediencia limitada esta última solamente a no traspasar la voluntad de Dios y hasta que uno puede responsablemente ya tomar las propias decisiones.

La madre de Jesús, María, en lo poco que se no es presenta de ella en el Nuevo Testamento, guardaba las enseñanzas de Jesús y Su testimonio en su corazón (Lucas 2:19), de igual forma se nos presenta como parte de la congregación original que dio inicio a la iglesia de Dios (Hechos 1:14), es decir, puede considerarse con base en la Escritura que María había aceptado el mensaje que Cristo había llegado a entregar y por lo mismo era considerada entre los llamados y elegidos.

En ese mismo orden de ideas, ¿qué puede decirse de sus hermanos carnales? “Como se acercaban los días de la fiesta judía de las enramadas, sus hermanos le dijeron: Debes ir a Judea, para que tus seguidores puedan ver las grandes obras que haces. 4 Cuando uno quiere que todos lo conozcan, no hace nada en secreto. ¡Deja que todo el mundo sepa lo que haces! Dijeron eso porque ni siquiera ellos le creían” (Juan 7:2-5); “cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí” (Marcos 3:21).

De esta forma es más que evidente que sus hermanos carnales, al menos al inicio de la iglesia, no habían entendido y por lo mismo no habían aceptado, el mensaje de Cristo. Jacobo, mal llamado Santiago, sería uno de esos hermanos carnales de Jesús que llegarían a aceptar su mensaje llegando a ser, junto con Juan y Pedro, uno de los pilares de la iglesia en Jerusalén (Gálatas 2:9).

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Considerando lo comentado relativo al mandamiento de honrar a los padres, uno puede entender que este “Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” era la última atención que Jesús tendría para con su madre para dejarla a cargo de alguien que velara por ella física pero sobre todo, y esto era algo que en ese momento Sus hermanos carnales estaban imposibilitados para dar, espiritualmente. La clave para entender ese “Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” está dada por la frase con la que cierra ese versículo que señala que “y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Juan 19:27 u.p.), Si hubiese sido una referencia simbólica en la cual Juan representaba a la humanidad y Jesús en ello quería representar el papel de madre que para con ella a partir de ahí desempeñaría María, todo hubiera quedado en esa expresión, la cual por ende no tendría connotación literal, pero por el contrario lo que se observa es una realización tal cual se comenta, es decir, que Jesús estaba dejando al cuidado de su discípulo amado a su madre ya que, en relación al mandamiento de honrar a los padres, era el que garantizaba la provisión de las necesidades materiales y, sobre todo, espirituales de Su madre.

De nuevo: los hermanos de Jesús, al menos en ese momento, no estaban en la posibilidad de cumplir con lo anteriormente comentado, sobre todo lo referido a la cuestión espiritual, ya que ellos aún no habían entendido, y por ende no habían aceptado, el mensaje de Jesús, su hermanos.

Pero, ¿y la propuesta de la cristiandad en el sentido de dejar a María, en la figura de Juan, como madre de todos? Simple y sencillamente esa interpretación no tiene base escritural e implica estirar al máximo, incluso hasta llegar a romperla, a la Palabra de Dios.

Las implicaciones de la anterior interpretación llevan a la cuestión de María como intermediara, al ser considerada madre de todos, del género humano, pero dicho entendimiento va en contra de la Escritura que señala que solamente hay un 58


intermediario entre Dios y los hombres, Cristo Jesús (1 Timoteo 2:5), así que si solo hay un intermediario, la noción de María como intermediadora carece de sustento escritural y si se quita eso la interpretación del dicho de Jesús en la cruz de “Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” de María como madre de todos, queda sin sentido alguno.

Pero más aún y en contra de la anterior interpretación, tal como ya se mencionó, el “desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” implica que Juan tomó a María a su cuidado, no que a partir de ese momento María tomó a Juan bajo su cobijo. Esto es más que evidente para entender que no era María la que adquiría un carácter de preponderancia en la vida de Juan, sino más bien una posición de necesidad, de insuficiencia. Si la expresión hubiese sido en sentido contrario, es decir, que María tomó bajo su cuidado, protección o cobijo a Juan uno podría justificar la confusión actual sobre el tema, pero no es así, es Juan quien toma bajo su cuidado, protección y cobijo a María: “desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”.

Cristo vino a magnificar la ley y engrandecerla (Isaías 42:21), por lo que el mandamiento de honrar a los padres, amándoles, respetándoles, viendo por sus necesidades, encuentra su máxima expresión en el “Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” de Cristo en la Cruz como el último acto de deferencia de un hijo para con su madre. El “desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” no deja lugar a duda de que de manera particular Juan -no general toda la humanidad- tomó el papel que hasta ese momento le correspondía a Cristo como hermano mayor de velar por sus padres, responsabilizándose a partir de ese momento de las necesidades materiales y, sobretodo, espirituales de María.

En un momento dado Jesús, durante su ministerio aquí en la tierra, fustigó a los de su tiempo quienes, ofreciendo a Dios aquello con lo que pudieran ayudar a sus padres, dejaban a estos últimos sin lo necesario para vivir con lo que, en palabras de nuestro Señor, los de su tiempo invalidaban el mandamiento (Mateo 15:3-6). 59


Cristo en la cruz se estaba ofreciendo al Padre por los pecados de toda la humanidad, el mismo era la ofrenda perfecta y santa para ello, con todo y todo, en consonancia con aquello que había recriminado a los de su tiempo, no quiso de igual forma ignorar el mandamiento de velar por los padres por lo que, dando lustre a la Ley, dejó en encargo a su madre no con quien más o menos pudiera ver pos algunas de sus necesidades, sino con aquel discípulo amado que garantizaba que sus necesidades físicas, pero sobre todo espirituales, serían suplidas.

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“No matarás. No cometerás

“Padre, perdónalos, porque no

adulterio. No hurtarás.” (Éxodo

saben lo que hacen” (Lucas 23:34)

20:13-15)

La legislación de Dios implica, en primer lugar, reconocerle como el único Dios, viviente, veraz y verdadero, de ahí se desglosan directrices alineadas con esto, como el no hacerse imágenes, no tomar Su nombre en vano o guardar Su día de descanso; pero de igual forma, dada la realidad social humana donde la interacción de unos con otros es necesaria y de hecho edificante, Dios no ha dejado sin normar dichas relaciones.

La primer directiva tiene que ver con el respeto, honra y obediencia debida a los padres, esta norma es primera en orden pues reconoce a la familia como el núcleo base de la sociedad. Es la familia donde se encuentran las primeras personas con las que uno se relaciona, pero a diferencia del resto de las personas los padres tienen una dignidad que deviene de la autoridad que Dios mismo les ha conferido y de la réplica que ellos hacen de su divinidad como co-dadores y cosostenedores de vida.

Una vez que la legislación divina ha abordado la cuestión, específica y especial, relativa a los padres, el resto de las normas tienen que ver con el grueso de la interacción social, sea con propios o extraños.

“No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás.” (Éxodo 20:13-15). Tres de los diez mandamientos dados por Dios a los hombres tiene su referente en la interacción social y van enfocados a proteger la vida, la honra y los bienes materiales de los demás: “No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás.”

El no matar tiene su referente implícito de reconocer que sólo Dios que da la vida es quien tiene la facultad de quitarla, de ahí que quien se abroga ese derecho 61


busca en su corazón volverse como Dios decidiendo lo que es bueno y lo que es malo, quien vive y quien muere. Pero de igual forma esta norma reconoce que el acto de quitar la vida es una falta de alcance inconmensurable ya que al matar a alguien uno le quita todo, absolutamente todo lo que tiene, y no sólo eso sino también lo que puede tener: sueños, ilusiones, metas, bienes, familia, amigos, y lo que es más, la posibilidad futura relativa al devenir de su relación con Dios.

Desglosándose de este mandamiento, las leyes de Moisés contemplaban qué hacer con el homicida.

Éxodo 21:12 El que hiera de muerte a otro, ciertamente morirá.

Levítico 24:17 Si un hombre quita la vida a cualquier ser humano, ciertamente ha de morir.

Números 35:16-21 Pero si lo hirió con un objeto de hierro, y murió, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. Y si lo hirió con una piedra en la mano, por la cual pueda morir, y muere, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. O si lo golpeó con un objeto de madera en la mano, por lo cual pueda morir, y muere, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. El vengador de sangre, él mismo dará muerte al asesino; le dará muerte cuando se encuentre con él. Y si lo empujó con odio, o le arrojó algo [mientras] lo acechaba, y murió, o si lo hirió con la mano en enemistad, y murió, al que lo hirió ciertamente se le dará muerte; es un asesino. El vengador de sangre dará muerte al asesino cuando se encuentre con él.

Deuteronomio 19:11-13 Pero si hay un hombre que odia a su prójimo, y acechándolo, se levanta contra él, lo hiere, y [éste] muere, y [después] él huye a una de estas 62


ciudades, entonces los ancianos de su ciudad enviarán a sacarlo de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. No tendrás piedad de él; más limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien.

De igual forma la legislación mosaica contemplaba qué hacer en el caso de aquella persona que matase a otro pero de manera no intencionada.

Números 35 9

Habló Jehová a Moisés, diciendo:

10

Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del

Jordán a la tierra de Canaán, 11

os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el

homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención. 12

Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el

homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación. 13

De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio.

14

Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la

tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio. 15

Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el

extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.

Como puede verse la cuestión relativa al respecto por la vida humana prácticamente no dejaba margen para la consideración discrecional: el homicida intencionado debía indefectiblemente morir.

Pero si bien la vida humana es el don divino principal que Dios ha concedido a los hombres, esto no termina en ello sino que le siguen cuestiones relativas a lo que las personas son y lo que las personas tienen.

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En la línea de lo que las personas son se encuentra el mandamiento relativo a la honra, la dignidad de las mismas: no cometer adulterio.

El adulterio, la relación sexual consensuada entre dos personas casadas, es motivo de sanción por parte de Dios. Dicha sanción, al igual que el matar, estaba contemplado en las leyes de Moisés con la pena capital, la muerte.

Levítico 20:10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.

Deuteronomio 22:22 Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.

Al igual que en el caso de homicidio no intencionado, existía en las leyes mosaicas consideraciones para cuando, en el marco de relaciones íntimas no permitidas por Dios, éstas no fuese consensuadas.

Deuteronomio 22:25-27 Más si un hombre hallare en el campo a la joven desposada, y la forzare aquel hombre, acostándose con ella, morirá solamente el hombre que se acostó con ella; más a la joven no le harás nada; no hay en ella culpa de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo y le quita la vida, así es en este caso. Porque él la halló en el campo; dio voces la joven desposada, y no hubo quien la librase.

Así como el matar acaba con la vida física de las personas, el adulterar acaba con la vida emocional de las mismas. La afectación ante una falta así es tal que la persona no vuelve a ser la misma, su mundo se ha derrumbado y la confianza, el 64


respeto, la consideración propia y hacia la pareja sufren menoscabo que puede hundir la vida en un pozo sin fondo.

El matrimonio fue fundado por Dios mismo desde el origen de la humanidad por lo que éste ha adquirido desde el principio el carácter de santo a Sus ojos, siendo que aquellos que lo mancillan pecan contra sí mismos, contra su pareja pero sobre todo contra Dios al rechazar su modelo de relación matrimonial y reemplazarlo por otro modelo basado en los pensamientos carnales de la naturaleza humana rebelde a Dios cuyos frutos son los que ya se han comentado.

La última directriz, de las que en este apartado se están analizando, tiene que ver con la cuestión relativa a lo que las personas tienen, sus bienes: no hurtaras.

Desde el principio Dios estableció el hombre trabajara para conseguir lo que desea, esta instrucción no deviene del momento en que Dios le dijo a nuestros primeros padres que ganarían el pan con el sudor de sus frentes (Génesis 3:19), el ganarse el pan era ya algo establecido, lo que ahí se adicionó fue la condicionante no existente antes de que eso se haría con el sudor de sus frentes. La cuestión de trabajar para conseguir lo que se quiere está dada desde la creación misma del hombre ya que cuando Dios lo pone en el Jardín de Edén le instruye para que lo labre y lo cuide (Génesis 2:15).

En ese mismo orden de ideas, la Escritura congruentemente alaba el trabajo diligente y sanciona la pereza y la desidia.

Proverbios 10:4 Pobre es el que trabaja con mano negligente, más la mano de los diligentes enriquece.

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Proverbios 12:24 La mano de los diligentes gobernará, pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.

2 Pedro 1:10 Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección [de parte de Dios] porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis;

Proverbios 13:4 El alma del perezoso desea, pero nada [consigue] más el alma de los diligentes queda satisfecha.

Proverbios 14:23 En todo trabajo hay ganancia, pero el vano hablar [conduce] sólo a la pobreza.

Visto desde otra perspectiva, los frutos que se recogen del trabajo diligente en cierta forma son una extensión de uno mismo ya que esos frutos surgen, como se menciona, del trabajo que uno hace, en ese sentido esos frutos llevan la energía, la dedicación, el pensamiento, la intención, la imaginación de quien los trabaja. De esta forma, quien le roba a alguien algo se adjudica frutos que no le pertenecen pero peor aún: le quita al otro algo que en cierta forma es parte de si pues, como se comentó, él los ha producido con lo que es y con lo que hace.

A diferencia de matar o cometer adulterio, faltas que se pagaban con la pena capital, la muerte, la cuestión relativa al robo estaba sancionada con resarcir el daño hecho pero además dar otro tanto como reparación del hecho.

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Éxodo 22 1

Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel

buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. 2

Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el

que lo hirió no será culpado de su muerte. 3

Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón

hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. 4

Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja,

pagará el doble. 5

Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de

otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará. 6

Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses

amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado. 7

Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere

hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble. 8

Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa será

presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prójimo. 9

En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre

vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo. 10

Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier

otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o fuere llevado sin verlo nadie; 11

juramento de Jehová habrá entre ambos, de que no metió su mano a los

bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el otro no pagará. 12

Más si le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño.

67


13

Y si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará

lo arrebatado. 14

Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere

estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla. 15

Si el dueño estaba presente no la pagará. Si era alquilada, reciba el

dueño el alquiler.

Esto es entendible ya que si se compara el matar o el adulterar con el robar puede verse como es que este último está en una escala inferior en cuanto a los otros relativa al daño que pudiere hacerse. En primer lugar el daño de robar, a diferencia de matar o adulterar, no iba propiamente contra la persona, sino contra los objetos que le pertenecían; en segundo lugar esa diferencia permite entender que una cosa es la vida humana y otra muy distinta las cosas relacionadas con la misma; y en tercer lugar reconoce que en el caso del robo una restitución más una reparación del daño restablece las cosas a su estado original, lo cual es imposible pensar en caso de asesinato o adulterio cuyos daños son prácticamente irreparables. Con todo y todo, es decir, aunque se considere que el robar está en una categoría diferente al matar o adulterar, puede verse como es que el restablecimiento de aquel que ha incurrido en esta falta está dado por reconocer dicha falta, arrepentirse de dicha falta y restituir dicha falta. Es así que no puede pensarse en un perdón divino basado en el arrepentimiento que no pase por la restitución, de hecho pensando de esta forma uno podría poner en duda dicho arrepentimiento pues aunque se reconoce se hizo mal se niega a encarar los efectos de los hecho con un ánimo de corrección.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). No matar, no cometer adulterio, no hurtar, tres mandamientos que tienen que ver con la vida, la honra, los bienes de las personas, con todo y todo la comprensión inicial que de estas directrices tenía al pueblo histórico de Israel se circunscribía al referente material de las mismas tal como puede entenderse, pero Cristo en su venida, 68


engrandece y da lustre a la ley de Dios ampliando el sentido de sus mandatos para darles el cariz espiritual que permite su obediencia en perfección y santidad.

Mateo 5:21-48 (Lucas 6:27-36; 12:57-59) 21

Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare

será culpable de juicio. 22

Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será

culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano

tiene algo contra ti, 24

deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu

hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25

Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él

en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26

De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último

cuadrante. 27

Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.

28

Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya

adulteró con ella en su corazón. 29

Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti;

pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30

Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues

mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 31

También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de

divorcio.

69


32

Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de

fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio. 33

Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino

cumplirás al Señor tus juramentos. 34

Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el

trono de Dios; 35

ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque

es la ciudad del gran Rey. 36

Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo

cabello. 37

Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de

mal procede. 38

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.

39

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te

hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40

y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la

capa; 41

y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

42

Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo

rehúses. 43

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

44

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os

maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace

salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No

hacen también lo mismo los publicanos? 47

Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No

hacen también así los gentiles? 70


48

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos

es perfecto.

No matar, no adulterar, no hurtar tienen un referente inicial, una base, por así decirlo, sobre la cual edificar, una verdadera compresión que lleva a quien responde al llamado del Padre cumplirlos en su sentido más pleno y por ende adorar al Padre en Espíritu y Verdad (Juan 4:24).

Con todo y todo Cristo en la cruz reconoce la realidad de que todo el mundo yace bajo el engaño del inicuo (1 Juan 5:19) y que son pocos los que llegan a la comprensión que deviene del Espíritu Santo de Dios (Mateo 22:14), es por ello que incluso en ese fatídico momento ruega al Padre por quienes en ese momento eran parte activa de la inmolación por Él ofrecida para nuestra redención.

Curiosamente las violaciones a no matar, no adulterar, no hurtar, estaban presentes en el sacrificio redentor de Cristo por parte de sus verdugos. Violaban el no matar cuando la misma crucifixión, pedida por Israel y ejecutada por Roma, terminaría con la vida de Jesús; violaban el no adulterar cuando quedan en evidencia todas las violaciones normativas que tuvo el proceso de Cristo, violaciones que evidencian que preferían rechazar la ley de Dios por abrazar otra ley, la de sus pensamientos malsanos, la de sus emociones torcidas, la de sus acciones inicuas; violaban el no hurtar cuando el castigo dado a Cristo lo había despojado de toda su dignidad y cuando con la conclusión del mismo ellos terminarían por quitarle todo, o al menos así pensaban.

Esta situación donde las violaciones a no matar, no adulterar y no hurtar, no era sino un cumplimiento de las profecías que sobre el Cristo sufriente desde antiguo se habían dado de parte de Dios a través de Sus enviados. 71


Isaías 53 1

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el

brazo de Jehová? 2

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay

parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos. 3

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,

experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y

nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el

castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su

camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al

matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará?

Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9

Y se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su

muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10

Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.

Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su

conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

72


12

Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá

despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Cristo en la cruz, reconociendo la falta de comprensión de quienes participaban como instigadores o ejecutores de Su sacrificio, no puede menos en ese momento que pedir al Padre para que esas faltas les sean perdonadas. De hecho para eso en ese momento Él estaba ofreciéndose como la víctima perfecta y santa para nuestra expiación. Pero ese “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” no se circunscribe, como se ha mencionado, a quienes de manera activa instigaban o ejecutaban lo que concluiría con Su sacrificio redentor, ese “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” era la petición que en ese momento de expiación Cristo hacía al Padre por todos aquellos que rebeldes, torpes, débiles o cobardes, a lo largo de la historia de la humanidad, caerían en pecado, en la violación a la Ley de Dios (1 Juan 3:4), incluyendo por ende, a los violadores material o espiritualmente del no matar, no adulterar, no hurtar.

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“No hablarás contra tu prójimo falso

"De cierto te digo que hoy estarás

testimonio” (Éxodo 20:16)

conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)

Como ya se ha comentado, la legislación de Dios implica, en primer lugar, reconocerle como el único Dios, viviente, veraz y verdadero, de ahí se desglosan directrices alineadas con esto, como el no hacerse imágenes, no tomar Su nombre en vano o guardar Su día de descanso; pero de igual forma, dada la realidad social humana donde la interacción de unos con otros es necesaria y de hecho edificante, Dios no ha dejado sin normar dichas relaciones.

Las directivas relacionadas con esa interacción humana inician con aquella relacionada con el respeto, honra y obediencia debida a los padres, esta norma es primera en orden pues reconoce a la familia como el núcleo base de la sociedad. Una vez que la legislación divina ha abordado la cuestión, específica y especial, relativa a los padres, el resto de las normas tienen que ver con el grueso de la interacción social, sea con propios o extraños, no matar, no adulterar, no robar son las siguientes normas relativas al trato que deviene de la interacción social en la cual se está inmerso, más sin embargo dos normas más están relacionadas con esto, no mentir y no codiciar, la primera se verá en el presente apartado, la segunda en el que le sigue.

“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16)

El hablar contra el prójimo en falso testimonio, como el resto de las normas contenidas en la Ley de Dios, es de extrema gravedad por las implicaciones que resultan de esto. Dicha normativa no se refiere a las aseveraciones imprecisas que uno pueda hacer sobre los demás basados en el limitado conocimiento que sobre ellos se pueda poseer, sino que se refieren a aquella actitud consciente y volitiva que busca dañar al prójimo o beneficiarse personalmente uno de ello.

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Una declaración en falso contra el prójimo lo daña en su integridad moral, en su buen nombre, de manera injusta, pero de igual lo puede dañar físicamente, si la falsa declaración deviene en algún castigo, o social o comunitariamente hablando, si la mentira implica aislamiento o expulsión del núcleo al que se pertenece.

Si bien el mandamiento es claro en el sentido de no mentir, de no levantar falsos testimonios contra el prójimo, son varias citas escriturales las que permiten, entendiendo la mente de Cristo, ver la manera en que Dios considera esta transgresión.

Éxodo 23:1 No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso.

Éxodo 20:16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Deuteronomio 5:20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

Las citas anteriores están en el mismo orden de Éxodo 20:16 y muestra, por boca de dos o tres testigo (Números 35:30; Deuteronomio 19:15; Mateo 18:16, 2), que lo señalado por Dios es cosa firme.

Proverbios 12:22 Los labios mentirosos son abominación á Jehová: Mas los obradores de verdad su contentamiento.

Tan grave es la falta de la mentira dicha al prójimo para beneficio personal o en contra de él para su perjuicio, que literalmente Dios la tipifica como una

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abominación. Este es un calificativo en extremo duro, más no injusto, que permite entender la gravedad de los falsos testimonios.

Proverbios 6:17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente

Esta cita está tomada del contexto en el cual la Escritura está señalando aquellas cosas que Dios aborrece por considerarlas, en el mismo tenor de la cita anteriormente comentada, abominación. En el mismo orden de ideas puede verse que, dada la consideración de Dios como abominación al mentir, es acción le es aborrecible. De nueva cuenta, este término es en extremo duro, más no injusto, y permite entender la gravedad de los falsos testimonios.

Salmos 5:6 Destruirás a los que hablan mentira: Al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová.

Salmos 55:23 Más tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de la sepultura: Los hombres sanguinarios y engañadores no demediarán sus días: Empero yo confiaré en ti.

Ya se ha comentado como es que la mentira, el falso testimonio para beneficiarse del prójimo de manera personal o para dañarle a él de manera injusta, es abominación a Dios, algo que le es aborrecible, siendo entendible en este sentido que si esto es así, quienes obran de esta manera, serán destruidos por Él, de esta forma quien actúa así obra imprudentemente pues sólo se granjea su propia condenación.

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Hechos 5:3-4 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

La cita anterior está tomada de un evento registrado a inicios de la iglesia donde unos esposos venden una propiedad pero al traer el dinero a los Apóstoles les mienten respecto del monto en el cual vendieron dicha propiedad. La lectura de dicho evento permite entender que el problema no estriba en la cantidad de dinero, tampoco en establecer como requisito dar los bienes que uno posee a la iglesia, sino en que, siendo movidos a alguna acción al respecto, quienes actuaron así en su momento, decidieron mentir al gobierno de la iglesia respecto de lo que se había realizado.

La lectura cuidadosa de la cita en cuestión permite entender la gravedad de los falsos testimonios.

En primer lugar, Pedro, en su admonición a Ananías, el esposo en cuestión, señala que la acción realizada por él referida a lo que se está comentando fue instigada por Satanás, “¿por qué ha llenado Satanás tu corazón…”, esto permite entender por qué Dios abomina y aborrece a quien se entrega a las provocaciones del Enemigo ya que, como también señala la Escritura, uno se hace esclavo de aquel a quien se entrega (Romanos 6:16).

En segundo lugar se establece en dicha admonición que la mentira efectuada por Ananías atentó contra el Espíritu Santo, “…a que mintieses al Espíritu Santo…”, ¿por qué?, porque siendo estos esposos parte de la iglesia, bautizados, y habiendo recibido por la imposición de manos al Espíritu Santo, optaron por

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contristarle (Efesios 4:30) demostrando con ello el poco valor en que dichos esposos le tenían.

En tercer lugar, la misma admonición señala lo que realmente los esposos estaban haciendo: defraudar, en este caso, sobre el precio de la heredad, “…y defraudases del precio de la heredad…” Defraudar implica mentir, sí, pero también tiene la connotación de robar, también de codiciar, pues permite mediante la mentira obtener un beneficio al que no se hubiese accedido de otra forma.

En cuarto lugar, y a pesar de que, como ya se señaló, es el Enemigo quien insta a violar la Ley de Dios, Pedro aclara la responsabilidad que cada quien tiene de ceder a dichas tentaciones cuando le dice a Ananías, el esposo en cuestión, “¿Por qué pusiste esto en tu corazón?”. La Escritura claramente señala que “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana” (1 Corintios 10:13), así como “resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7), siendo que en este caso en cuestión, si bien el Enemigo instó a los esposos a mentir, fueron ellos los que finalmente cedieron a la tentación haciéndose así responsables de ello.

Y por último, en quinto lugar, Pedro señala realmente que el alcance de tal acción es de rebeldía flagrante, consciente y voluntaria contra Dios, “No has mentido a los hombres, sino a Dios”. Esto es de suma importancia considerarlo pues los falsos testimonios que se den al prójimo para obtener algún beneficio personal o para perjudicarle injustamente pudiesen en la mente establecerse como un elemento reprobable, sí, pero que sus efectos están limitados a la persona a la que se engaña, más sin embargo, siendo el mentir una violación directa a la Ley de Dios, es atentar contra Su soberanía, desechando Su majestad sobre las acciones personales e imponiendo la voluntad propia por encima de la Él.

Esta admonición no fue exclusiva para los esposos alrededor de los cuales gira el evento en cuestión sino que su aplicación se generaliza a todo el Cuerpo de Cristo

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permitiendo entender la gravedad de los falsos testimonios que en beneficio propio y/o en perjuicio de los demás se den.

Colosenses 3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos

Pablo escribiendo a los de Colosas hace énfasis en que acciones como los falsos testimonio pertenecen a la carnalidad del viejo hombre que fue enterrado con Cristo mediante el bautismo (Romanos 6:4; Colosenses 2:12), siendo así, ¿por qué habrían de regresar a aquello de lo que se arrepintieron al venir a la verdad?, “porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27).

Mateo 15:19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

Esta cita de Mateo está dicha por Jesús en el contexto de la reconvención que hace a los líderes religiosos de su época que cuidaban de los aspectos externos relacionados con su religiosidad sin prestar atención o descuidando a aquellas cosas que real y mayoritariamente contaminaban y contaminan al hombre, entre las cuales están señalados los falsos testimonios.

Entendido esto, y referido específicamente a la cuestión tratada en el presente apartado, las mentiras, si bien de manera inmediata pueden traer algún beneficio personal o algún perjuicio contra el prójimo, en realidad su consecuencia final es que terminan por contaminar a quien incurre en dicha falta acarreándose sobre sí el juicio y condenación debida. 79


Revelación 21:8 Más a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

El último libro de la Escritura es congruente con todo lo dicho sobre la mentira a lo largo de la Palabra, viendo hacia el futuro señala aquellos que al no haber aceptado la verdad, menos la reconvención que de ella deviene, obstinándose en una rebeldía abierta a los designios del Padre, son condenados a la segunda muerte, la muerte eterna. En el tenor del tema expuesto en el presente apartado puede encontrarse en esa lista a aquellos denominados como mentirosos, aquellos que en franca, consciente y voluntaria violación a la Ley de Dios han optado por violentarla optando más bien por actuar en la línea del falso testimonio.

"De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)

Un entendimiento básico de las Escrituras señala que pecado es violación a la Ley (1 Juan 3:4), de igual forma se comprende que Cristo no pecó (1 Pedro 2:22-23), pero esto entra en conflicto cuando se aborda la cuestión del dicho de Jesús en la cruz al malhechor cuando le indica “hoy estarás conmigo en el paraíso”, ¿por qué?, por la imposibilidad de que eso pudiera hacerse realidad, al menos tal cual comúnmente se entiende.

La salvación viene por gracia al creyente bautizado (Tito 2:11). Esto es don de Dios. Somos salvos por la gracia del Señor Jesucristo (Hechos 15:11). Somos justificados por su gracia (Romanos 3:24). Esta gracia reina a través de la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro (Romanos 5:21). Por su gracia somos salvos (Efesios 2:5) por la fe. No es algo ganado, sino es un regalo de Dios (Efesios 2:8). 80


Cuando los creyentes aceptan al Señor Jesucristo como su salvador personal, debe ocurrir el siguiente proceso: (1) Es necesario el arrepentimiento por los pecados cometidos. Todos hemos pecado, y cada individuo debe arrepentirse. El pecado es la transgresión de los mandamientos de Dios (1 Juan 3:4; Job 11:1415; Mateo 9:13; Lucas 13:3; 24:47; Hechos 2:38; 8:21-22; Romanos 6:23); (2) Esta conversión es esencial para la salvación y para recibir la vida eterna (Lucas 22:32; Hechos 3:19; Salmos 19:7); (3) Entonces el creyente debe ser bautizado. El bautismo es por inmersión, para la remisión de pecados, típico del entierro y la resurrección de Jesucristo. Es realizado en el nombre del Señor Jesucristo. Después de la inmersión, se le deben imponer las manos al candidato por el ministro (o ministros) para la recepción del Espíritu Santo (Romanos 6:3-6; Mateo 3:16; 28:19; Hechos 8:14-20; 9:17-18; 19:1-6; 1 Pedro 3:21; Gálatas 3:27-28; Hechos 2:36-39); (4) La santificación (apartarse para un propósito santo) se convertirá en una parte de la vida de los creyentes (Juan 17:17; Hechos 26:18; I Corintios 1:2; 6:11; II Timoteo 2:21; Hebreos 13:12; I Pedro 3:15; Judas 1); La santificación es una obra de Dios, como se muestra en Génesis 2:3. “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos….” (Hebreos 2:11) Vea también Hebreos 10:10; (5) La justificación de los pecados a través del Señor Jesucristo ocurrirá entonces (Juan 1:29; Romanos 3:14-26; 4:24-25; 5:1; 7:24-25). La justificación es el acto judicial del Señor para declarar a un pecador libre de culpa o libre de la condenación del pecado. La fe que da lugar a la obra de la justificadora justicia de Jesucristo es viva y completa. Una persona justificada no viene a juicio. Después que hemos sido justificados, venimos a ser santificados por la verdad de la palabra de Dios (Juan 17:19; I Corintios 1:2, 30; 6:11; Efesios 5:26; Hebreos 2:11; 10:10.). Cuando una persona es bautizada (sepultada con Cristo) debe procurar no pecar más (Romanos 6:1-6). El pecado es la transgresión de la Ley de Dios (1 Juan 3:4-5) En Jesús no hubo pecado. Él vivió una vida sin pecado, pero la muerte que él padeció es la que salva al creyente y lo rescata de sus pecados y

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de la Segunda Muerte (Revelación 5:9; Juan 3:14-16; Hechos 17:3; Revelación 14:13; 20:6).

El pensamiento común que otorga la salvación al malhechor en la cruz viola todas las anteriores disposiciones contenidas en la Escritura para ser parte de los redimidos. No hay ni siquiera una que se cumpla: no hubo arrepentimiento sino sólo una solicitud de estar con Cristo en su Reino, no hubo bautismo, no hubo imposición de manos, muchos menos una vida posterior entregada a la santificación, en fin, no hay ni uno sólo de los requisitos anteriores que el malhechor en la cruz haya cumplido para ser parte de los redimidos. Más sin embargo, si Cristo no le mintió al malhechor en la cruz, ¿cómo puede entenderse esto?

Todos en algún momento dado nos hemos hecho la pregunta sobre el destino de aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús y no solo a quienes de manera literal nunca oyeron hablar de Él sino incluso de aquellos que creyendo conocerlo han estado oyendo y siguiendo una doctrina falsificada sobre Cristo en alguna de las miles de sectas que se dicen cristianas pero que forman parte del esfuerzo del Enemigo por engañar al mundo entero. Si pensamos un poco sobre la historia de la humanidad podemos identificar en ella estos dos grandes grupos: aquellos que nunca oyeron hablar de Jesús y aquellos que aunque sí han oído hablar de Él esto ha sido a través de un mensaje tergiversado en el seno de alguna de las sectas que se dicen cristianas sin ser la verdadera iglesia fundada por Jesús y vivificada por el Santo Espíritu de Dios. En el primer caso tenemos los literalmente miles de millones de personas que han vivido en diferentes épocas de la historia de la humanidad y que nunca pudieron tener la posibilidad de oír de Jesús: Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles,

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Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron hablar de Jesús. En el segundo caso tenemos las diferentes sectas cristianas, entre grandes y pequeñas denominaciones, que suman más de 33,000 en la actualidad, fuera, diferentes y aparte de la verdadera iglesia de Dios y que creen en un Cristo y creen en un Evangelio, pero es un Cristo falsificado Cristo y un Evangelio tergiversado. La pregunta entonces muy concreta: ¿Qué pasa con quienes nunca tuvieron la posibilidad de conocer a Jesús? Si Revelación 20:6 llama a la resurrección/transformación de los santos y santas llamados, escogidos y fieles, a regreso de Jesús, al inicio del milenio, “la primera resurrección”, entonces debe haber una segunda resurrección, ¿quiénes resucitan en esa segunda resurrección? Revelación 20:5 nos dice que “los demás muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años”. ¿Cuáles “demás muertos”? Pues los que no tomaron parte en la primera resurrección, es decir, tanto aquellos que nunca oyeron hablar de Jesús como aquellos que aunque sí han oído hablar de Él esto ha sido a través de un mensaje tergiversado en el seno de alguna de las sectas que se dicen cristianas sin ser la verdadera iglesia fundada por Jesús y vivificada por el Santo Espíritu de Dios, en otras palabras, todos los que no calificaron para ser considerados llamados, escogidos y fieles y participar de la primer resurrección, al regreso de Jesús, y ser al inicio del milenio reyes y sacerdotes con Él. ¿Y para qué son resucitados todos estos que no calificaron para participar de la primera resurrección? Si nos atenemos a la Escritura en cuanto al sentido de esta fiesta sería para que participen de la “expiación [que se hará] por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16:30), “porque es día de expiación, para [ser] reconcilia[dos] delante de Jehová vuestro Dios” (Levítico 23:28). ¿Pero que no los que son resucitados al final del milenio 83


son echados al Lago de Fuego, “Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Revelación 21:8)? No, sólo los que no se hallen inscritos en al Libro de la Vida, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras…. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Revelación 20:13, 15). Vamos analizando más este punto. Generalmente, respecto a qué va a pasar con aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús, hay dos visiones: una severa y otra laxa. La severa dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús simplemente se van a condenar. La permisiva dice que aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer la salvación a través de Jesús, de alguna forma, serán juzgadas según su conciencia y sus obras y por ende pueden incluso así salvarse. Veamos a detalle cada una de estas posturas. Como se señaló la opción en extremo severa dice que solo quienes aceptaron a Jesús se salvan, los que no, no se salvan. Esta se sustenta precisamente en las citas que hemos visto de Revelación que mencionan las dos resurrecciones ya que dicen que como a primera resurrección es para los santos y la segunda para condenación no hay opción para quienes no conocieron a Jesús. Además la Escritura constantemente nos indica que los impíos serán destruidos (Salmos 37:38; Proverbios 14:11; Salmos 94:23; Salmos 28:5; Salmos 73:19; Salmos 92:7; 2 Pedro 3:6; Proverbios 10:29; Oseas 7:13; Daniel 8:25; Filipenses 1:28; 1 Timoteo 6:9; Romanos 9:22; Filipenses 3:19; 2 Tesalonicenses 1:9; 2 Timoteo 2:14; 2 Pedro 2:3; 2 Pedro 2:12; 2 Pedro 3:7; Judas 1:10). La destrucción de los impíos no está en duda, la pregunta sería ¿cómo, cuándo y por qué será destruidos? 84


Detengámonos un momento y pensemos si realmente lo anterior es coherente con el Padre amoroso que tenemos (1 Juan 4:8), con la imagen de ese Padre que quiere que todos los hombres sean salvos y que vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4), y que quiere que nadie muera (2 Pedro 3:9). Es decir, los miles y miles de millones de personas que nunca tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús, ¿será simplemente olvidados o destruidos? Si nosotros que somos malos veríamos esto extremadamente injusto, ¿podemos pensar que nuestro Padre, que es Santo y Perfecto, lo verá justo? (Mateo 7:11). Toda Escritura muestra un Padre amoroso que con vehemencia busca al hombre procurando su salvación y dándole siempre la oportunidad de escoger libremente sea la vida o sea la muerte (Deuteronomio 30:19), ejemplos y ejemplos tenemos de cómo es que Dios proclama su Verdad antes de acarrear el castigo por la desobediencia (historia de Noé ante las gentes de su tiempo antes del diluvio, historia de Jonás ante Nínive para su arrepentimiento, historia de Moises ante el Faraón para que dejara ir a Israel, historia de los profetas enviados por Dios a Israel y de Judá antes del cautiverio), ¿cómo compensar eso con la idea de nuestro Dios condenando al olvido o la muerte a quienes vivieron engañados, esclavizados, sin oportunidad de conocer y optar por la verdad? Tanto Hechos 10:34 como Romanos 2:11 nos indican que Dios no hace acepción de personas, pero la opción de la salvación sólo para quienes pudieron oír de Jesús, el verdadero Jesús, crea una contradicción con este punto. Aparte tenemos la verdad de quien seduce y engaña al mundo entero es el Diablo (Revelación 12:9), pero esta opción castiga a aquellos que fueron engañados por el Enemigo y siguieron otra fe, otra doctrina, ajena a la de Dios. También está el caso de aquellos que como los Escribas y Fariseos cierran el reino de los cielos a los hombres no entrando ellos ni dejando entrar (Mateo 23:13) pero esta opción castiga a aquellos que aunque deseándolo no pudieron acceder a la Verdad pues otros no se los permitieron.

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Además tenemos la declaración de quien llama, de quien trae a la Verdad, es el Padre (Juan 6:44, 65; Hechos 2:39), e incluso de que Él mismo la oculta “como está escrito: Dios les dio [a los israelitas) espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy” (Romanos 11:8), pero esta opción resulta en que si aunque el Padre no ha llamado o le ha ocultado la Verdad a alguien ese alguien es condenado pues nunca pudo conocer a Jesús, peor aún: respecto de la voluntad de Dios se nos dice que Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Por último, si el caso fuera de salvarse sólo por conocer la Verdad revelada por el Padre y su Hijo, esto debería ser una prioridad, pero al contario vemos a Jesús señalando claramente que cuando Él hablaba en parábolas era para ocultar la verdad y evitar que la multitudes entendieran, se convirtieran y fueran salvas (Marcos 4:11-12; Lucas 8:10; Mateo 13:13-15). Mucho puede decirse al respecto pero esta idea de olvido o condenación de quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús contraría toda la Escritura y no hay manera de conciliarla con la idea de un Padre justo y más que justo: misericordioso y todo amor. ¿Entonces? La otra opción es la laxa, la cual es en extremo condescendiente, y señala que incluso los que no conocieron a Jesús podrán salvarse cuando sus vidas y sus obras sean evaluadas. Esta opción se basa en las múltiples y variadas escrituras que clara y coincidentemente señalan que los hombres serán juzgados según sus obras (Revelación 20:13,2:23; Jeremías 17:10; Mateo 12:36-37,16:27; 2 Corintios 5:10; Proverbios 24:12; Romanos 2:5-6; Marcos 9:49). Pero aceptar esto es prácticamente y contra toda Escritura hacer irrelevante e innecesario el sacrificio de Jesús, además que va en contra de las múltiples escrituras que señalan la realidad de los hombres ante Dios:

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Marcos 10:18 “Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios”. Romanos 3:10 “Como está escrito: "no hay uno justo, ni aún uno” Romanos 3:23 “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 5:12 “…la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.” Pero también se nos dice cómo venimos a reconciliarnos con nuestro Padre: Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”

Romanos 3:24 “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” 1 Juan 4:9 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” 1 Corintios 15:22 “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” 1 Juan 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” 1 Juan 5:13 “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” 87


Además la necesidad de conocer, aceptar y vivir la Palabra de Dios queda expuesto en la parábola del sembrador cuando al explicarla (Lucas 8:11-15) Jesús dice a sus discípulos: “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Más la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”. Tenemos además las palabras de Jesús a Nicodemo cuando hablan del nacer de nuevo, donde Jesús de manera clara, haciendo doble énfasis, señala que “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:5) Por último para quienes, a pesar de lo anteriormente señalado por la Escritura, creen que hay alguna otra forma de salvarse sin Cristo, haciendo por lo tanto irrelevante Su sacrificio redentor, veamos lo que nos dice Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Como puede verse la opción de salvación por obras sin conocer y aceptar a Jesús con todo lo que ello implica es contraria a la Escritura, deja en nada el sacrificio de Jesús, hace irrelevante la recepción del Santo Espíritu, hace innecesaria la vida cristiana y contradice puntos doctrinales de nuestra fe, pero entonces ¿a qué se refiere eso de que existirá un juicio basado en las obras de las personas? Pero no sólo hay esas dos opciones sino que, leyendo la Palabra de Dios podemos encontrar una tercera, acorde con toda la Escritura, la cual permite que

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incluso los que no tuvieron la posibilidad de conocer a Jesús tienen en un momento dado esa posibilidad. Antes que nada y primeramente hay que dejar muy claro que sólo existen dos resurrecciones generales, y si existen dos resurrecciones generales existen sólo dos tipos de resucitados: aquellos que van a vida y aquellos que van muerte, de nuevo la cuestión, para estos últimos, es cuándo, dónde y por qué. Dado que ya vimos el significado de la primera resurrección y que clara, explícita y tajantemente sólo participan en ella los justos (Lucas 14:14), los que creen en Jesús (Juan 6:39-40), los llamados por el Padre (Juan 6:44), los perseguidos por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios (Revelación 20:4), quienes reinan con Cristo en el milenio, nos queda ver si hay espacio para que quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús sean resucitado al final del milenio, junto con los que van a condenación (Revelación 20:12- 15). Esta segunda resurrección, como en su momento se señaló, se señala que “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Revelación 20:15), también se dejó abierta la pregunta de si esto puede implicar que hay más quienes son resucitado y que no van a condenación. Veamos el orden de la resurrección. 1 Corintios 15:23-24 “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”. La palabra “fin” en la expresión “luego el fin” en la cita anterior, se ha traducido de la palabra griega telos, τέλος, que hace referencia a la consumación de un proceso, al cierre del mismo con todos su resultados. [Esta raíz ( tel- ) significa "llegar al final ( objetivo )", está bien ilustrado con el telescopio, el cual va desplegándose (extendiéndose) una etapa a la vez para funcionar a toda potencia 89


(efectividad de la capacidad)]. Así que si vemos las etapas y en la primera está Cristo, las primicias, en la segunda los que sean de Él a su venida, la conclusión de este proceso [telos, τέλος] se refiere al resto de la humanidad. Aunque tanto Revelación 20:15 como 1 Corintios 15:23-24 infieren un período posterior al milenio donde quienes no conocieron a Jesús pueden conocerlo y decidir si se acepta o no, hay que ser honestos y señalar que esto no está clara, explícita y tajantemente señalado (como el caso de la primer resurrección), pero ¿no hay más escrituras que apoyen esta idea? Ahora veamos otras escrituras que hacen necesaria esa oportunidad para todos de conocer y aceptar o rechazar a Jesús. Revelación 1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Para que todos los linajes de la tierra hagan lamentación por Jesús (Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva), se requiere que todos vuelvan a la vida y escuchen el Evangelio con la opción de aceptar o rechazar a Jesús, de otra forma sólo serían unos cuantos linajes (de hecho muy pocos linajes según Mateo 24:22) Respecto de esto mismo ¿qué nos dice Jesús en Mateo 7:14 y Mateo 22:14? Mateo 7:14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 22:14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. ¿Más sin embargo que nos dice Revelación 7:9? 90


Revelación 7:9 Después de estas cosas miré, y he aquí una gran multitud, la cual ninguno podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos Vemos como si bien son pocos los escogidos, pocos los que hallan el camino a la vida, la multitud de Revelación 7:9 no se puede contar y es, igual que Revelación 1:7 , de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (de nuevo: Sumerios, Babilonios, Asirios, Fenicios, Persas, Olmecas, Toltecas, Aztecas, Mayas, Incas, Japoneses, Mongoles, Vikingos, y un sinfín de pueblos, estados, reinos y naciones que jamás oyeron la predicación de la Buena Nueva). Isaías es enfático en que habrá un momento en que todos conocerán la verdad que hasta ahorita ha estado velada y vedada: Isaías 25:7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Y los santos resucitados mostrarán la verdad a todos quienes no la oyeron: Isaías 66:18-19: Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria. Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos (santos resucitados) a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones. La única manera que todos los linajes (Revelación 1:7) y todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (Revelación 7:9), quienes nunca oyeron la verdad de Dios, estén presentes al final de este siglo es que estén precisamente todos y todas y que todos y todas tengan la oportunidad de conocer la verdad (Isaías 25:7). No hay otra forma. 91


Ahora bien, quienes “no oyeron la verdad de Dios” no puede referirse solo a quienes nunca escucharon de Dios, su Hijo y la salvación revelada en Su palabra sino incluso aquellos que, engañados por el enemigo, oyeron de otro Dios, otro Hijo y otra salvación, falsa y no verdadera (Gálatas 1:6-9; 2 Corintios 11:4; Mateo 24:24). La única oportunidad es conocer la verdad de Dios, su Hijo y la salvación revelada en Su palabra, no otra, y optar con libertad aceptarla o no. Pero hay más. Revelación 20:11-15 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios [el resto de la humanidad que no participó en la primera resurrección]; y los libros fueron abiertos [libros, biblos, βίβλος: la Verdad contenida en las Escrituras] , y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras [al optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte]. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras [al optar o rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte]. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida [al rechazar la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para muerte] fue lanzado al lago de fuego. La palabra para juzgados es el griego ekrithēsan, ἐκρίθησαν, que deriva de krinó, κρίνω, y que puede significar juzgados, juzgar, decidir. Es decir, puede referirse a un proceso que tiene cierta duración y que se usa para dirimir una cuestión, no única y exclusivamente a la parte final del mismo cuando se dicta ya una sentencia. Es decir, el juicio de Revelación 20:11-15 puede referirse a ese período para que todos los que nunca tuvieron la oportunidad de conocer la Verdad puedan conocerla, ser corregidos (castigados) y puedan optar o rechazar 92


la salvación y demostrar con hechos (su vida y sus obras) su decisión que será para vida o muerte. Respecto al castigo como corrección, vemos esto muy caramente en Lucas 12:4728: “Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho. Pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán”. Así tenemos un período de corrección, período que no puede ser al inicio del milenio, luego entonces puede ser después y para todos los seres humanos. También Proverbios 3:12 nos dice que “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. Así que hay castigo que es para corrección, lo mismo que castigo que es para destrucción. De no ser así, ¿cómo podría entenderse lo dicho en Mateo 5:19? Veamos: “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. Es algo ilógico pensar que alguien que quebranta los mandamientos, y no solo solo quebranta sino que enseña a los demás a quebrantarlos, pueda estar en el reino venidero. Pero si se piensa en esa resurrección general, donde todos podrán comprender la Verdad y decidir libremente entre aceptarla o rechazarla, es más que evidente que en ese momento se caerá en cuenta de los errores, desviaciones y rebeldías siendo señalados quienes así hicieron como pequeños, es decir, que no dieron la medida para el reino (Efesios 4:13), pero en un señalamiento que les permita corrección. Es así como en esa resurrección se deja claro quien estuvo en la verdad y quien

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en el error y que tanto se desviaron para entonces proceder a corrección y subsecuentemente a las promesas del Padre1. Para concluir la exposición de esta opción vemos que no hay nada en las Escrituras que impida después del Milenio la opción para todos los que no conocieron a Jesus el conocerle, el aceptarle con todo lo que esto implica e ir a vida eterna o el rechazarle e ir a condenación, esto abre la posibilidad de que el malhechor crucificado con Jesús (Lucas 23:39-43) recibe la promesa dada por Jesús de estar con Él en su reino al tener en su momento la oportunidad de conocerle y aceptarle. Más sin embargo, ¿cómo debe entenderse la expresión “de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)? Para responder esto hay que ver la escritura original de la cita en griego

Nótese dos cosas, primero que la expresión no contiene el “que” presentado por algunas versiones en el enunciado “que hoy estarás conmigo”, lo segundo es que en el griego original no hay comas ni puntos, esos se han adicionado para facilitar la lectura. La expresión literal de la cita dice “y Él dijo a él verdaderamente a ti yo digo ahora conmigo estarás en paraíso”. El problema, como puede verse, está por un lado en las traducciones que adicionan palabras no existentes en el texto original con ánimo de hacerlo más entendible pero que, como en este caso, pueden torcer el significado, y por otro lado el que se adicionen comas y puntos que si bien buscan, 1

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como en el caso anterior hacer más fluida la lectura del texto terminan tergiversándolo, ¿entonces?, si se toman esas dos consideraciones, con base en todo lo comentado anteriormente en este apartado, la lectura de la cita en cuestión pudiera proponerse de la siguiente manera: “y Él dijo a él: verdaderamente a ti yo digo ahora, conmigo estarás en paraíso”. Es así como la frase “de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”, puede presentarse correctamente como “de cierto te digo que hoy: estarás conmigo en el paraíso”, la idea es la misma se tome la traducción que se tome y correctamente se presente. Como puede verse la expresión cambia en cuanto a significado y no diría que Cristo prometía que ese mismo día el malhechor entraría al paraíso, es decir, al Reino de Dios, sino más bien el ahora de la frase indicaba el tiempo preciso de aquel momento cuando Cristo le decía que estaría, en un futuro, en el Reino de Dios cuando, con todos aquellos que no tuvieron oportunidad de conocer la verdad, recibiese la oportunidad de ello aceptándola y entrando en la vida eterna.

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“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, "Tengo sed” (Juan 19:28)

ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17)

La legislación eterna dada por Dios a Su pueblo incluye no sólo preceptos cuya realización depende tanto de la voluntad como de la acción, sino que también incluye disposiciones que tienen que ver con los pensamientos y las emociones ya que de ahí emanan las voluntades y las acciones que posteriormente llegan a convertirse en actos de obediencia o bien actos de rebeldía.

“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17)

Todos los mandamientos relacionados con la interacción social tienen la característica de que legislan sobre acciones consumadas que se busca prevenir al prohibirlas: no matar, no robar, no mentir, no adulterar, más sin embargo la disposición contenida en Éxodo 20:17, relativa a codiciar, es única pues va más allá de la realización concreta enfocándose a las causas de toda acción que tiene su referente en los pensamientos y en las emociones, dicho de otra forma, a diferencia de los otros mandamientos mencionados cuya realización es requerida para que pueda adjudicarse pecado, en este caso la realización de lo codiciado no es necesaria pues la misma codicia se circunscribe ya como una violación a la Ley de Dios y por lo tanto pecado en sí y por sí.

La lectura de la disposición contenida en Éxodo 20:17 debe ser entendida en su justa dimensión para no caer en extremos que más que llevar a la comprensión de lo expresado confunden y desvían de lo prescrito. 96


Codiciar se refiere a un deseo malsano, desbordado, cuasi enajenante sobre algo, en este caso no hay que confundir con el deseo sano, contenido, cabal que alguien puede tener hacia algo, la misma disposición establece el límite infranqueable so pena de caer en pecado: codiciar las cosas del prójimo.

Uno puede desear algo, está bien, puede trabajar para conseguir eso, está mejor, pero cuando ese deseo enerva a quien lo acuna llevándolo a poseer de igual manera sus ojos en lo que no le pertenece, comienza el proceso que de no revertirse llevará a violaciones a las normas divinas sea robar, mentir, matar o adulterar.

Robar, mentir, matar o adulterar no son más que formas visibles en las cuales los deseos malsanos basados en la codicia han venido a la existencia. El codiciar las cosas ajenas puede llevar a quien abriga ese sentimiento a robar para tenerlas, a mentir para hacerlas suyas, a matar para poseerlas o a adulterar para satisfacer sus deseos desordenados.

Visto de esta forma se entiende que es mejor cortar el mal desde la raíz, la codicia, a esperar que el mismo haya echado raíces, crecido y dado frutos de muerte a través del robo, la mentira, el asesinato o el adulterio.

Es por ello que la Escritura es reiterativa sobre el hecho de que la codicia sólo engendra oscuridad, dolor y muerte.

Eclesiastés 5:10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

Como puede verse la codicia, el deseo malsano por algo, no tiene propiamente una contención, dicho de otra forma, aunque la obtención de lo codiciado se 97


realice, se ha abierto la puerta a pensamientos y emociones que lejos de amainar al conseguir lo deseado crecerá pues el camino que se ha iniciado lleva a muerte.

Proverbios 13:11 Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta.

Las bendiciones por obedecer la voluntad del Padre son claras a lo largo de la Escritura siendo estas, entre la principal, que dichas bendiciones son permanentes, esto significa que al edificar sobre la Roca, lo que uno construye es permanente como lo es Dios y Su Verdad. En contraparte, quien sobre la arena edifica sólo puede esperar que a la primera de cambios lo construido se vaya por tierra.

Los frutos que emanan de la codicia, si bien pueden llevar a conseguir lo que se desea, hay que entender que eso conseguido no será permanente, como nada en este mundo lo es, siendo que al ser probado por el fuego purificador del Padre quedan en nada. Por el contrario, quien basado en sus deseos conforme a la voluntad del Padre consigue lo que busca, material o espiritualmente hablando, puede estar seguro que aquello tendrá un carácter permanente e incluso, en el caso de que no sea así, como por ejemplo con las cosas temporales, el mismo proceso de conseguirlas conforme a la voluntad del Padre, generan en el creyente el mismo carácter de Dios dando como resultado la vida eterna.

Proverbios 21:26 Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano.

La codicia no tiene contentamiento, quien ahorita desea algo, al obtenerlo, buscará algo más, ¿por qué?, porque la sed interior que experimentamos solo puede ser saciada en la fuente de la verdad siendo que los frutos de la codicia, al ser contrarios a la voluntad del Padre, no son verdad, por ello tampoco vida, 98


siendo que quien va tras la codicia solo puede esperar insatisfacción, vacío, por lo que buscará otra forma de satisfacer ese deseo, de nueva cuenta: a través de formas contrarias a la voluntad del Padre y por ende sin capacidad ello de satisfacer esa necesidad interior.

Proverbios 23:4 No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste.

El trabajar es algo bueno, de hecho es lo que Dios espera de Sus hijos tanto en el ámbito material como en el ámbito espiritual. La Escritura contiene diversas exhortaciones y admoniciones que reconocen al diligente mientras que condenan al desidioso, con todo y todo las cosas deben estar en su justa importancia y las mismas ordenadas en nuestra vida conforme a su prioridad, siendo la primer prioridad las cuestiones espirituales.

Es así como el afanarse mencionado en la cita en cuestión implica ese deseo desbordado, esa codicia, por algo. La expresión misma evidencia la existencia en quien así obra de un reordenamiento de prioridades donde las cosas materiales son puestas en primer orden.

Las cosas celestiales, como se mencionó, son aquellas que deben tener prioridad en la vida del cristiano, siendo que cuando no es así, cuando son las cosas materiales las que se han enquistado como lo principal y preponderante en la vida de uno, puede decirse que la codicia se ha enraizado en el interior desplazando del corazón las metas permanentes por otras temporales.

Eclesiastés 5:15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

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Quien codicia puede decirse que ha perdido la perspectiva de quien es, de dónde viene y a dónde va. Esa perspectiva es tan natural que la misma vida nos la presenta: la vida pasa, todo acaba y al final nadie se lleva nada de aquí, salvo -y esto es muy importante- lo que uno haya llegado a ser.

Esa visión, relacionada con la cita en cuestión, permite tener sobriedad ante la vida pues le da a todas las cosas su justa dimensión pasajera temporal que debería permitir a quien así reflexionase no sobredimensionar la importancia de aquello que desea y, sobre todo, tener una correcta prioridad en su vida de aquello que busca.

Salmos 119:36 Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia.

De lo dicho anteriormente, si uno puede pedir algo al Padre, es que nos ayude dado que para nosotros es imposible a tener una justa dimensión de las cosas de esta vida, temporales y pasajeras, así como de las cosas de la vida futura eternas y permanentes.

David en esta cita pide con denuedo al Padre que en vez de dejarle para que siga en su corazón los dictados que nacen de la codicia, lo lleve a través de Sus testimonios, de Su Palabra, por el camino que conduce a la vida.

No hay que engañarnos: la codicia, como parte de la naturaleza humana siempre estará en nuestros corazones, al menos en el presente siglo y en nuestra actual carnalidad, pero el exhorto escritural es a luchar contra ella, no solos, no con nuestras fueras, sino con el auxilio, con la ayuda, sostenidos por el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios que mora en nosotros.

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Mateo 6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

En esta cita Cristo señalaba a los oyentes de entonces, y en la figura de ellos a todos los cristianos de todos los tiempos, a que considerasen que no pueden ir por dos caminos, el de la codicia y el del deseo sano y ordenado, ya que el primero corta de tajo la relación de uno con Dios al violentar Sus mandatos siendo que quien así hace, al deslizarse a un estado de rebeldía y pecado, queda imposibilitado para avanzar en el segundo camino.

De nuevo: la mesura de la comprensión escritural permite entender que la cita en cuestión no condena el trabajo diligente, sino que, como puede leerse, habla de servir a un amo, Dios o las riquezas. En el caso de Dios se le sirve, en el caso de las riquezas el correcto entendimiento lleva a servirnos de ellas siendo que quien no se sirve de ellas sino que les sirve las pone en ese lugar que sólo al Padre le corresponde.

Colosenses 3:5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.

Pablo escribiendo a los de Colosas los insta a hacer morir lo terrenal. En la explicación de este término Pablo usa, a manera enunciativa, varios deseos desordenados señalando a la avaricia, la codicia pues, como equivalente a idolatría.

Ya se mencionó que a Dios se le sirve y que de las riquezas uno se sirve, pero que cuando uno pone las riquezas en primer lugar, ha desplazado el lugar que le corresponde a Dios para en vez de Él comenzar a servir a las riquezas, motivo por 101


el cual esto es equiparable a la idolatría, esto es poner algo en lugar de Dios para servirle.

Quien se entrega a la codicia no lucha por hacer morir lo terrenal, y si no lucha permite que ese deseo desordenado crezca y una vez crecido llegará el momento en que dé frutos y frutos de muerte. Con todo y todo, como ya se mencionó, no es necesario que la codicia conduzca a robar, mentir, matar o adulterar para entonces considerarse pecado, sino que la codicia en sí y por sí misma es pecaminosa, contraria a la voluntad del Padre, violatoria de Sus disposiciones, y como tal, generadora de muerte.

Efesios 5:3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos.

En el mismo tenor de ideas anteriormente expresadas, Pablo escribiendo a los de Éfeso los exhorta contra toda fornicación, inmundicia o avaricia. Aquí la codicia expresada como avaricia es puesta en el mismo nivel que el fornicar o el entregarse a la inmundicia, esto para evidenciar la gravedad de ese sentimiento ya que, por nuestra propia naturaleza, al no verse concretado en algún acción visible y tangible, puede llevar a pensar que dicho deseo desordenado no es tan grave, para lo cual la Escritura nos previene presentándose la justa dimensión de lo que codiciar implica. ¿Cuál es el resultado de entregarse a la fornicación o a la inmundicia?, sin duda alguna la muerte, pues de igual manera la codicia, aunque aún no haya dado frutos visibles de muerte, lleva la muerte misma en el desorden que genera el deseo por algo que no nos es licito.

1 Corintios 6:9-10 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se

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echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Efesios 5:5 Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Dado que el proceso para llegar a ser lo que el Padre pensó desde la eternidad lleva tiempo en nosotros, la verdad revelada del Padre contenida en Su Palabra no nos deja sin los exhortos, las aclaraciones, las especificaciones necesarias para ir entendiendo de qué se trata esto. Es así como tanto en la cita de la primera carta de Pablo a los Corintios como en la referida a su carta a los de Éfeso, él es sumamente claro y concreto al señalar aquellas personas que están excluidas del Reino de Dios. Tan clara es la lista de desórdenes relacionados con acciones pecaminosas que incluso en nuestros tiempos no requiere de mayor explicación aunque sí de atención y acatamiento.

Dicha cita, entre otros desordenes pecaminosos, menciona de nueva cuenta, como el resto de las citas analizadas en el presente apartado, a los avaros, pero si uno presta atención podrá darse cuenta que el resto de lo que Pablo menciona como condenable no son sino los efectos visibles, los frutos tangibles, de dicha codicia.

El fornicar, idolatrar, adulterar, usar la sexualidad contra natura, robar, embriagarse, maldecir o estafar, el ser inmoral o impuro, tiene su origen en la codicia, en ese deseo malsano, desordenado, por tener aquello que no es lícito. De nueva cuenta esto evidencia la importancia de no ver esos sentimientos y pensamientos que comienzan sutilmente a desviarnos del Camino como poca cosa, sino a estar alerta, velando y orando, para que en nosotros no surja la raíz de amargura relacionada con la codicia la cual germinando lleve a frutos de muerte. 103


2 Pedro 2:15 que dejando el camino derecho han errado, habiendo seguido el camino de Balaam, hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad

La historia de Balaam se encuentra en Números 22 y 23. Balaam, quien era una especie de adivino, es llamado por el rey de Moab para que maldijese al Pueblo de Israel previo a una batalla que tendrían. Inicialmente Balaam, después de consultar el caso ante Dios se niega incluso a ir donde el rey, más sin embargo el rey lo convence al ofrecerle tesoros a cambio de ello. La historia es por todos conocida: Balaam termina, por incitación divina, bendiciendo al Pueblo de Israel, no una, ni dos, sino tres veces. Con todo y todo su fin es de muerte a manos del Pueblo de Israel.

Pedro en esta cita retoma al personaje de Balaam y equipara su actuar con esa codicia que lleva a todo aquel que no está velando a actuar imprudentemente.

Es interesante que la expresión que Pedro usa tenga esa connotación relacionada con la codicia pues claramente el Apóstol señala ese deseo desordenado que en Balaam lo llevó a atender al rey que buscaba maldijese a Israel, nombrándolo como el amar el premio de la maldad.

Ese amar implica un cambio en las prioridades de la vida cayendo en lo que la Escritura previene con relación a la codicia, de hecho la cita es más que clara pues al haber Balaam cedido a los impulsos de su corazón dejó el camino derecho errando en ello y por ello. Lo interesante es la manera en que termina la cita al señalar que el premio que se deseaba desordenadamente, expresado esto como amar, es un premio de maldad, es decir, ajeno a la voluntad del Padre.

Esta idea expresa lo que se ha comentado de manera reiterativa a lo largo del presenta apartado pues todo deseo desordenado, designado escrituralmente 104


como codicia, implica que en la mente y el corazón comienzan a surgir pensamientos o emociones sobre cosas que no son lícita generando en quien se regocija en ello una vorágine de ideas y sentimientos que ajenos a la voluntad del Padre tiene su fuente en el Enemigo, el Mundo o la carne trayendo la simiente de la muerte en sí mismos y por ende frutos contrarios a la verdad y a la vida.

1 Timoteo 6:9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.

El deseo desordenado que en cada uno genera y nutre la codicia, en vez de liberar va asfixiando las buenas inclinaciones, incluso cuando se ha obtenido lo que malsanamente se deseaba. Es por ello que Pablo escribiendo a Timoteo presenta lo anterior como un lazo que la misma codicia va poniendo a quien le da cabida en su corazón llevando a quien así hace por caminos de destrucción y perdición.

Si bien la cuestión de que la codicia en sí y por sí misma es intrínsecamente mala sin necesidad de que la misma lleve a acciones concretas y tangibles es reiterativa a lo largo de la Escritura, no por ello deja de ser algo que pueda darse por visto y puesto como cosa secundaria sino que se le debe de dar la importancia que dicha repetición a lo largo de la Escritura evidencia.

Lucas 12:15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

El buen deseo en obtener algo que nos es lícito conlleva a acciones relacionadas con el esfuerzo, el trabajo y la diligencia, cosas todas encomiables por la Escritura, pero de igual forma es necesario tener el justo orden de prioridad de las cosas 105


siendo que aquellas relacionadas con la vida actual deben estar supeditadas a las cuestiones relacionadas con la vida venidera.

Es por ello que en la cita relacionada, Cristo dice a sus oyentes que la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee, al menos referido a la verdadera vida, a la que permanece, a la que es eterna. Es cierto que los bienes que uno pueda tener conseguidos con trabajo arduo pueden ayudar y con mucho en la presente vida, pero de igual forma, como ya se ha visto, cuando esto se transforma en un deseo desordenado no solo hacia lo que se tiene sin también hacia lo que no se tiene, esas cosas, al generar en nosotros codicia, producen en sí y por sí pensamientos y emociones ajenos a la perfección y santidad requeridas por todo hijo de Dios llevando a quien en su seno acoge dichos deseos desordenados por aquello que no le es lícito a un camino que si bien puede parecerle recto su fin es de muerte.

1 Timoteo 6:10 Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Esta cita de Pablo en su primer carta a Timoteo, expresa lo que ya se ha comentado con anterioridad: que la codicia es el sentimiento, el pensamiento primario sobre el cual se sustentan, una vez engendrado y dado a luz, los frutos que pueden considerarse de la carne y por ello ser de muerte.

Como bien menciona Pablo la codicia es la raíz de todos los males, después de todo ¿quién robaría si no hubiese codiciado algo?, ¿quién mentiría si en su codicia no quisiese obtener algo tangible o intangible?, ¿quién mataría sin que la codicia lo llevase a querer quitar de en medio a aquella persona que se interpone entre él y lo que desea?, ¿quién cometería adulterio sin la codicia que lo lleva a desear alguien que le está prohibido?

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Pablo en la cita en cuestión menciona a la codicia relacionada con el amor al dinero, más sin embargo ese dinero, entendido como algo de valor, un tesoro que uno desea, puede ser aplicado a los casos mencionados siendo que si es así el caso lo deseado se vuelve en aquel tesoro sobre el cual se pone el corazón siendo el mismo ajeno a la verdad y la vida y por ende un camino de mentira cuyo fin es de muerte.

Marcos 8:36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Como se ha comentado, el deseo desordenado relacionado con la codicia puede hacer que en efecto se obtengan aquellas cosas que se desea, es más, puede darse el caso de que la codicia sirva para forjar una vida basada en la abundancia, en la holgadez. Esa codicia puede llevar a tener renombre, fama, poder, más sin embargo la realidad es que todo pasa, que todo termina, y ¿qué le quedará a alguien cuya vida a girado en torno a la codicia cuando no pueda llevarse nada?, sólo lo que él mismo edificó por sí y para sí, siendo que en el caso de haber hecho esto guiado por la codicia lo único que tendría sería vaciedad, desolación, esterilidad.

Mateo 6:19-20 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

El correcto orden de prioridades, no humanamente hablando, sino desde la perspectiva de Dios, consiste en poner las cosas permanentes, eternas, por encima de las temporales, las pasajeras.

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Referido a la codicia ya se ha comentado que todo aquello que se desea desordenadamente se convierte a nuestros ojos en un tesoro, en algo de extremo valor, que uno busca alcanzar. Es por ello que en la cita en cuestión Cristo, relacionado con ese correcto orden de prioridades, exhorta a sus oyentes, y en la figura de ellos a nosotros, a que principal y preponderantemente se pongan las cosas eternas en primer lugar y se considere a estas el verdadero tesoro que debe buscarse.

La codicia mina la anterior intención ya que puesta sobre cosas que no son lícitas aleja a quien la hace suya en su interior del camino hacia vida eterna conduciéndolo por caminos de perdición que lleva a la muerte.

Santiago 4:2 Codiciáis y no tenéis, [por eso] cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, [por eso] combatís y hacéis guerra. No tenéis, porque no pedís.

Santiago en su carta es más explícito sobre lo que ya se ha expresado: que la codicia es el germen sobre el cual se edifican el resto de acciones concupiscentes que venidas a la luz generan muerte. La codicia lleva a combatir unos con otros, la codicia lleva a matarse unos a otros, la codicia leva, como ya se comentó, a robarse, a mentirse, a engañarse unos a otros.

La codicia como deseo desordenado por aquello que no nos es lícito se enfrenta precisamente a las circunstancias naturales que impiden accedamos a aquello que no se tiene derecho, siendo que al enfrentarse a esas barreras naturales la codicia busca la manera de franquearlas siendo que la única manera de franquearlas es violentándolas en las formas comentadas referidas a diversos pecados que sólo dañan el alma y condenan a quien así lo hace.

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Marcos 7:22-23 avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre.

Cuando Cristo discutía con los líderes de su tiempo por la recriminación de estos últimos sobre el hecho de que los discípulos de Cristo no se lavaban las manos, comienza a señalar aquellas cosas que contaminan al hombre, de nueva cuenta como ya se ha mencionado, para poner un justo orden en las prioridades que ante la vida deben tenerse.

Véase como es que la codicia de nuevo es mencionada y no sólo mencionada sino señalada como algo que en sí y por sí contamina al hombre. Curiosamente la cita señala que todas esas cosas que se mencionan -incluyendo la codicia- salen del hombre y lo contaminan ¿cómo podría salir del hombre la codicia?, llevándolo a girar su vida alrededor del objeto que no le es lícito poseer siendo que sea lo obtenga o no, sus acciones congruentes con ese deseo desordenado, ya lo llevó por caminos de muerte.

"Tengo sed” (Juan 19:28)

La referencia escritural del dicho de Jesús en la cruz referida a la sed que padecía es un cumplimiento de lo que respecto al sufrimiento que padecería Cristo se había profetizado.

Salmos 69:21 Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre.

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Salmos 42:2-4 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

Este entendimiento tiene una connotación visiblemente material ya que el padecimiento de Cristo referido a la sed que experimentaba era real, pero de igual forma la referencia a la sed experimentada, a la necesidad de agua que imperiosamente se padecía, tiene una connotación espiritual.

Juan 7:37-39 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Las fuentes de agua viva que brotan a la vida eterna se refiere al Espíritu Santo, como la cita anterior se refiere, es así que esa sed que Jesús experimentaba en la cruz era esa sensación previa a la muerte que lo llevaría al final exclamar “Padre, ¿por qué me has abandonado?”

Cristo en la cruz no sólo perdía su vida material, sino que espiritualmente tenía que experimentar la muerte, lo cual no era posible en tanto el Espíritu de Dios estuviese en Él, siendo que esa sed expresada, si bien materialmente tiene su referente, de una manera más trascendente implica la vida espiritual que estaba por terminar.

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Con todo y todo, Cristo tenía el poder para revertir aquello.

Mateo 26:53 ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y El pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?

Más sin embargo, y aquí está la relación con el No Codiciarás de la Ley de Dios, Cristo no se aferró, no deseó desordenadamente aquello sobre lo cual no le era lícito decidir en contraposición al Padre sino que acatando Su voluntad estableció un correcto orden en cuanto a las prioridades relativas.

Filipenses 2:6-11 6

el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa

a que aferrarse, 7

sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho

semejante a los hombres; 8

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose

obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que

es sobre todo nombre, 10

para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en

los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11

y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios

Padre

La frase a que aferrarse que está en el versículo 6 está traducida del griego ἁρπαγμὸν, harpagmon, la cual se refiere al acto de apoderarse con un sentido de robar, de tomar lo que no es suyo, y que se usa al referirse a botín, un objeto de deseo ansioso, un premio. Cristo no codició esa condición que le era inherente como Hijo de Dios “sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo,

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hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (vv. 7 y 8).

Desde que tomó forma de ciervo, haciéndose semejante a nosotros, Cristo no codició aquella naturaleza que como Hijo unigénito poseía, pero el culmen del no codiciar llegaría cuando en la cruz experimentaría no sólo el sufrimiento sino el límite al cual dicho sufrimiento puede ser llevado que es la muerte misma.

Cristo no pecó, no tenía en sí ni por sí que pagar algo que hubiese cometido, es así como es que Su muerte adquiere una relevancia preponderante para la vida del cristiano ya que con la misma pagó el rescate requerido para nuestra redención, rescate que hubiese sido imposible pagar si, codiciando aquello que no le era lícito, a saber, poner su voluntad por encima de la del Padre, hubiese optado por otro camino que no condujese a nuestra reconciliación.

Cristo no se aferró a aquella naturaleza que como Hijo de Dios le correspondía, conforme al mandamiento no codició aquello que no le era lícito. El “tengo sed” evidencia la verdad espiritual de la muerte que se acercaba, esa sed era, espiritualmente hablando, le necesidad de la vida que sólo emana del Padre y que, para hacer factible Su muerte, era necesario la fuese perdiendo hasta que el sacrificio redentor se consumase.

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Conclusión

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). ¿Cuál era ese “fin” hasta el cuál amó Jesús a los suyos? Ese “fin” era el sacrificio por el cuál había venido al mundo. “Y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

Si amar a Dios y amar al prójimo resume lo contenido en los Diez Mandamientos, y si Jesús llegada Su hora amó a los suyos hasta el fin, no es muy difícil ver el cumplimiento completo, total, pleno, y perfecto por parte de Jesús de la Ley de Dios en ese “fin”, Su sacrificio redentor en la cruz, relatoría que podemos encontrar en los cuatro evangelios. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3), reza el primer mandamiento y es que Dios sólo hay uno. La relación Padre-Hijo deja muy clara esa diferencia, tanto en poder, majestuosidad, preminencia y dependencia. ¿Qué sucede si se hacen iguales negando lo anterior? “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:22-23). Pablo resume la naturaleza del Padre, la naturaleza del Hijo, y la naturaleza de la relación Padre-Hijo, en congruencia con todo lo aquí expresado y con la Escritura, cuando señala que “…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de Él” (1 Corintios 8:6). Esa sujeción y obediencia a la voluntad del Padre se expresaría de la misma forma con sus últimas palabras en la cruz que expresan esa confianza que nace de saberse en las manos del único Dios verdadero, viviente, veraz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). 113


“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6), reza el segundo mandamiento, lo cual implica no tener nada que se interponga en el culto, veneración y adoración debida al único Dios verdadero, viviente, veraz, ni tangible ni intangiblemente hablando. En cuanto al amar a Dios y cumplir Sus mandamientos, Jesús consumó, completo, totalizó de manera perfecta esto. “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38); “Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Juan 4:34); “Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera” (Juan 5:19); “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía; como oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 5:30). El amar a Dios sobre todas las cosas, el cumplir Sus mandamientos, el no tener nada que se interponga en el culto, veneración y adoración debida al único Dios verdadero, viviente, veraz, ni tangible ni intangiblemente hablando, es lo que permite a Jesús, en cumplimiento a la voluntad del Padre, muriendo por amor a nosotros, exclamar en la cruz "Consumado es” (Juan 19:30). “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20:7), reza el tercer mandamiento. Jesús, en sus últimos momentos en la cruz, no toma el nombre de Dios en vano. Si hubiera reclamado, señalado o acusado falta de entendimiento entonces Jesús hubiera usado el nombre de Dios en vano pues no le reconocería soberanía, perfección o santidad al Padre, pero su expresión como referencia a un Salmo, cuyo núcleo gira en torno a la esperanza, la fe y el amor hacia Dios, a 114


pesar de los sufrimientos, oprobios y adversidades, cumple de manera perfecta y santa no tomar el nombre de Jehová en vano: “"¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27: 46; Marcos 15:34). “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11), reza el cuarto mandamiento. Cristo expiró en la cruz, estuvo tres días y tres noches literales en la tumba, el sábado Cristo al estar en la tumba, reposó, resucitando al final del mismo. Esos tres días y tres noches literales, incluyendo el sábado, comienzan una vez que Cristo es depositado en la tumba después de morir: "Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró " (Marcos 15:37). “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12), reza el quinto mandamiento. En un momento dado Jesús, durante su ministerio aquí en la tierra, fustigó a los de su tiempo quienes, ofreciendo a Dios aquello con lo que pudieran ayudar a sus padres, dejaban a estos últimos sin lo necesario para vivir con lo que, en palabras de nuestro Señor, los de su tiempo invalidaban el mandamiento (Mateo 15:3-6). Cristo en la cruz se estaba ofreciendo al Padre por los pecados de toda la humanidad, el mismo era la ofrenda perfecta y santa para ello, con todo y todo, en consonancia con aquello que había recriminado a los de su tiempo, no quiso de igual forma ignorar el mandamiento de velar por los padres por lo que, dando lustre a la Ley, dejó en encargo a su madre no con quien más o menos pudiera ver pos algunas de sus necesidades, sino con aquel discípulo amado que garantizaba que sus necesidades físicas, pero sobre todo espirituales, serían suplidas: “Mujer, he ahí tu hijo. [...] He ahí tu madre” (Juan 19: 26-27).

115


“No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás.” (Éxodo 20:13-15), rezan el sexto, séptimo y octavo mandamientos. Cristo en la cruz, reconociendo la falta de comprensión de quienes participaban como instigadores o ejecutores de Su sacrificio, no puede menos en ese momento que pedir al Padre para que esas faltas les sean perdonadas. De hecho para eso en ese momento Él estaba ofreciéndose como la víctima perfecta y santa para nuestra expiación. La petición del perdón al Padre, no se circunscribe a quienes de manera activa instigaban o ejecutaban lo que concluiría con Su sacrificio redentor, esa petición que en ese momento de expiación Cristo hacía al Padre era por todos aquellos que rebeldes, torpes, débiles o cobardes, a lo largo de la historia de la humanidad, caerían en pecado, en la violación a la Ley de Dios (1 Juan 3:4), incluyendo por ende, a los violadores material o espiritualmente del no matar, no adulterar, no hurtar: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16), reza el noveno mandamiento. Cristo en la cruz menciona a uno de los malhechores crucificados con Él que estaría ciertamente en el paraíso. Más sin embargo la traducción desvirtúa el significado de la misma, siendo que Cristo prometía que ese mismo día el malhechor entraría al paraíso, es decir, al Reino de Dios, sino más bien el ahora de la frase indicaba el tiempo preciso de aquel momento cuando Cristo le decía que estaría, en un futuro, en el Reino de Dios cuando, con todos aquellos que no tuvieron oportunidad de conocer la verdad, recibiese la oportunidad de ello aceptándola y entrando en la vida eterna: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17), reza el décimo mandamiento. Cristo no se aferró a aquella naturaleza que como Hijo de Dios le correspondía, conforme al mandamiento no codició aquello que no le era lícito. Su señalamiento sobre la sed que sentía evidencia la verdad espiritual de la muerte que se acercaba, esa sed era, espiritualmente hablando, le 116


necesidad de la vida que sólo emana del Padre y que, para hacer factible Su muerte, era necesario la fuese perdiendo hasta que el sacrificio redentor se consumase: "Tengo sed” (Juan 19:28).

El cumplimiento completo, total, pleno, y perfecto por parte de Jesús de la Ley de Dios, en ese “fin”, Su sacrificio redentor en la cruz que evidenció su amor perfecto y santo a Dios por sobre todas las cosas y su prójimo como a Él mismo: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

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Paz a vos

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…LOS AMÓ HASTA EL FIN -Reflexiones espirituales del sacrificio de Cristo en la cruz bajo la perspectiva de la Ley de Dios-

Todos los derechos reservados por el autor ©2019

Primera edición

Se permite la reproducción total o parcial de la presente obra, así como su comunicación pública, divulgación o transmisión, mediante cualquier sistema o método, electrónico o mecánico [incluyendo el fotocopiado, la grabación o cualquier sistema de recuperación y almacenamiento de información], siempre y cuando esto sea sin fines de lucro y con la condición que se señale la fuente

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