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Los ni単os de Bullerbyn


Los niños de Bullerbyn

Me llamo Lisa. Soy una niña, como se puede ver por mi nombre. Tengo siete años y pronto voy a tener ocho. A veces mi mamá dice: –Como eres la mayor, hoy vas a secar la vajilla. Y otras veces dicen Lasse y Bosse: –Las niñas pequeñas no valen para jugar a los indios. Y tú eres demasiado pequeña. En fin, que una no sabe si es mayor o pequeña. Lo que pasa es que si unos dicen que una es mayor y otros que una es pequeña, lo más probable es que una sea justo como debe ser. Lasse y Bosse son mis hermanos. Lasse tiene nueve años y Bosse ocho. Lasse es muy fuerte, y corre mucho más que yo. Pero yo corro tanto como Bosse. A veces, cuando Lasse y Bosse dicen que no quieren jugar conmigo, Lasse me coge fuerte mientras

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Bosse sale corriendo, y así tiene ventaja. Entonces Lasse me suelta y sale también corriendo a todo correr. No tengo hermanas. Y es una lástima, porque los chicos meten mucha bulla. Vivimos en una casa que se llama la Casa del Medio, y se llama así porque está entre otras dos casas. Las otras dos se llaman Casa del Norte y Casa del Sur. Las tres están en fila. Así, como en el dibujo:

Bueno, no es así del todo, pero no se me da muy bien dibujar. En la Casa del Sur vive un chico que se llama Olle. No tiene hermanos. Pero juega con Lasse y con Bosse. Tiene ocho años y también corre mucho. Pero en la Casa del Norte hay chicas. Dos. ¡Qué suerte tengo de que no sean chicos como los otros! Se llaman Britta y Anna. Britta tiene nueve años y Anna tiene la misma edad que yo. A mí

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me gustan mucho las dos. Bueno, es posible que Anna me caiga un poquito mejor. Y ya no hay más niños en Bullerbyn. Porque nuestro pueblo se llama así. Es un pueblo muy pequeño. Tiene tres casas solamente: la Casa del Norte, la Casa del Medio y la Casa del Sur. Y sólo seis niños: Lasse, Bosse y yo, Olle, Britta y Anna.

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Los hermanos son una lata Antes dormíamos Lasse, Bosse y yo en la misma habitación. Era la habitación que hay a la derecha del desván, en la parte de arriba de la casa. Ahora duermo en la habitación de la izquierda, que era la que tenía antes la abuela. Pero sobre esto ya os contaré luego más cosas. A veces tiene gracia dormir en la misma habitación que nuestros hermanos. Pero sólo a veces. Era divertido cuando nos acostábamos por la noche y nos contábamos cuentos de fantasmas. Aunque al principio nos daba un poco de miedo. Lasse sabe cuentos de fantasmas que dan mucho miedo, tanto miedo que después

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pasaba muchísimo tiempo debajo de las sábanas. Bosse, en cambio, no cuenta cuentos de fantasmas. Sólo habla de las aventuras que vivirá cuando sea mayor. Piensa irse a América, donde hay indios, y quiere ser jefe de los indios. Una noche, después de que Lasse me contara un cuento espantoso sobre un fantasma que iba por una casa moviendo todos los muebles, me asusté tanto que pensé que me iba a morir. La habitación estaba casi a oscuras, y mi cama estaba muy lejos de las de Lasse y Bosse, y justo entonces una silla se puso a dar saltos para adelante y para atrás. Pensé que sería el fantasma, que había venido también a nuestra casa y estaba dispuesto a mover todos los muebles, de modo que me puse a gritar con todas mis fuerzas, y entonces oí a Lasse y a Bosse reírse en sus camas. Y es que habían atado unos cordones a la silla y desde sus camas tiraban de ellos para hacerla saltar. Es muy propio de ellos. Al principio me enfadé, pero luego no pude menos que echarme a reír. Cuando se duerme en la misma habitación que los hermanos mayores, nunca se puede tomar ninguna decisión. Siempre era Lasse el que decidía cuándo había que apagar la luz por las noches. Y cuando a mí me apetecía estar acostada leyendo Nuestra Suecia, ya estaba Lasse diciendo que teníamos que apagar la luz y ponernos a contar cuentos de fantasmas. Si tenía sueño y quería dormir, lo mismo, Lasse y Bosse decían que teníamos que jugar a las cartas. Lasse puede apagar la luz siempre que le apetece sin moverse de la cama, porque ha puesto un disco de cartón en torno al botón que hay que girar para apagar la luz, y ha atado a ese disco una cuerda que llega hasta su cama. Es una idea curiosa, pero no acierto a describirla con exactitud, porque de mayor no voy a ser ingeniera de apretar botones con cuerdas. Eso es lo que Lasse dice que piensa ser: ingeniero de apretar botones con cuerdas. No sé bien qué significa eso, pero Lasse dice que es muy bueno, y que los que lo son saben poner discos de cartón en torno a los botones de la luz. Bosse piensa ser jefe de indios. Por lo menos es lo que

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iba diciendo antes, pero ahora le he oído que lo que quiere ser es conductor de locomotoras, de modo que a lo mejor acaba cambiando de idea. Yo no sé lo que voy a ser. A lo mejor soy mamá, porque me gustan los niños muy pequeños. Tengo siete muñecas y soy la mamá de todas ellas. Lo que pasa es que pronto voy a ser demasiado mayor para tener muñecas. ¡Ah, qué pesado va a ser eso de ser mayor!

Mi mejor muñeca se llama Bella. Tiene los ojos azules y el pelo rubio y rizado. Está acostada en una cama de muñecas con la colcha color rosa y una manta que le hizo mamá. Una vez que iba yo a sacar a Bella de la cama vi que tenía pintados bigote y barbitas. Eran Lasse y Bosse, que se lo habían pintado con carboncillo. La verdad, me alegro mucho de no dormir ya con ellos en su cuarto.

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Cuando me asomo por la ventana del cuarto de Bosse y Lasse se ve justo enfrente el cuarto de Olle, que también vive en una buhardilla. La Casa del Medio y la del Sur están una al lado de la otra, y papá dice que es como si estuvieran pegadas y se empujaran. Papá piensa que los que construyeron estas casas debieran haber dejado más sitio entre ellas, pero Lasse, Bosse y Olle no están de acuerdo con esto, a ellos les parece que están muy bien así. Entre la Casa del Medio y la del Sur hay una valla, y en medio de la valla hay un árbol muy grande. Es un tilo, dice papá. El tilo estira sus ramas hasta la ventana de Lasse y Bosse y también la de Olle. Cuando Lasse, Bosse y Olle quieren decirse algo se encaraman al tilo, porque es más rápido que bajar las escaleras y cruzar la huerta, entrar por la otra huerta y subir las otras escaleras. Una vez nuestro papá y el de Olle decidieron talar el tilo, pero Lasse, Bosse y Olle cogieron tal disgusto que hubo que dejarlo como estaba. Y ahí se quedó. Y aún sigue.

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'Los niños de Bullerbyn' (muestra)  

Primeras páginas de 'Los niños de Bullerbyn', de Astrid Lindgren. Disponible en http://www.sushibooks.es/tenda_cast.php?op=ver&id=1377

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