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staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 35

La Selección y un bonus track Muchas cosas se estuvieron moviendo en el espinel del fútbol argentino. Por un lado, está el aspecto deportivo: el torneo local no termina de despegar futbolísticamente, y la Selección Nacional regresó de su gira por Estados Unidos y Costa Rica con dos empates que, si se los toma sólo estadísticamente, dejan sabor a casi nada. Sin embargo, los que pensamos que el fútbol tiene otros condimentos que van más allá del resultado, podemos decir que el primer tiempo que jugó el equipo de Sergio Batista ante Estados Unidos es de lo mejor que se le vio a un seleccionado argentino en bastantes años. Messi comprometido, Lavezzi apareciendo como el socio ideal del mejor jugador del mundo, Di María cumpliendo, como siempre. Los tres volantes centrales (Banega, Mascherano y Cambiasso) fueron el termómetro del equipo y, más acá de los desajustes defensivos (todo un karma para los equipos argentinos), por primera vez se pudo ver una idea, un concepto, un equipo que sabía perfectamente qué era lo que buscaba en la cancha. Fueron apenas 45 minutos de 180, lo que no quita que en esta etapa de pruebas haya espacio para ilusionarse con un futuro venturoso. En el otro aspecto, el social y tal vez político, hubo un hecho que ya quedó en el pasado: la suspensión del partido entre Vélez y San Lorenzo por incidentes dentro del estadio, tras la muerte de Ramón Aramayo muy cerca del Amalfitani. Más allá de la tragedia, los hechos permiten hacer un diagnóstico más o menos certero del estado de situación: policía descontrolada y con capacidad para liberar zonas, barras bravas dueñas del destino de un espectáculo y dirigentes voluntaristas pero con cero capacidad de gestión. La síntesis, como no podía ser otra, fue un desastre. La AFA, frente a lo sucedido, actuó como lo hace siempre: multa para los clubes (nada de sanciones disciplinarias más fuertes), para luego disponer que el partido culmine a puertas cerradas. Es decir, nada nuevo bajo el puente. Ya se dijo mil veces que hasta tanto los dirigentes del fútbol, con la AFA a la cabeza, no se decidan a excluir a estos sujetos de las tribunas, costará vivir en paz. Hoy también son mano de obra violenta para los trabajos sucios de los dirigentes del fútbol, de sindicalistas y hasta de políticos. No podemos soslayar que el presunto asesino del militante del PO Mariano Ferreyra es Christian Favale, un barrabrava de Defensa y Justicia. ¿Casualidad? No. La vida misma en este complicado entramado que es la sociedad argentina. Mariano Hamilton

CONSEJO DE DIRECCIÓN Alejandro Caravario Christian Colonna Pablo Cheb Terrab Mariano Hamilton Pablo Llonto Matías Martin Fabián Mauri Víctor Hugo Morales Ariel Senosiain SECRETARIO DE REDACCIÓN Pablo Llonto DIRECCIÓN DE ARTE Alicia Sliwkin EDITOR DE FOTOGRAFÍA Fabián Mauri CORRECCIÓN Alejandro Lingenti COLABORAN EN ESTE NÚMERO Malena Arcucci, Germán Beder, Pablo de Biase, Diego Bonadeo, Diego Della Sala, Fernando Duclos, Alejandro Fabbri, Germán Ferrari, Ignacio Fusco, Nahuel Gallotta, María Fernanda Mainelli, Maxi Failla, Pedro Fermanelli, Ezequiel Fernández Moores, Edgardo Imas, Román Iucht, Alejandro Kirchuk, Alejandro Lingenti, Dante Litvak, Gustavo Lombardi, Fernando Pacini, Rodolfo Paz, Mariano Potel, Marcelo Rodríguez, Danny Rothenberg, Ramiro Segovia, Gustavo Veiga, Jorge Viale, Leandro Vila, Fernando Vergara, Alejandro Wall, Osvaldo Alfredo Wehbe, Photogamma.com DEPARTAMENTO COMERCIAL info@sentidos.com - 5983.2700 www.revistauncaño.com.ar www.facebook.com/revistauncanio correodelectores@revistauncanio.com.ar IMPRESIÓN Kollor Press S.A. Uruguay 124 -Bs.As-4116-3598/3599/3601. DISTRIBUCIÓN EN CAP.FED Y GRAN BS.AS Sanabria S.R.L Baigorri 103. Capital Federal. 4304-3510. DISTRIBUCIÓN EN INTERIOR Distribuidora Austral de Publicaciones S.A. Isabel la Cátolica 1371, Cap.Fed. 4301-0701. Esta publicación es propiedad de EAMP S.A, Uruguay 1037 7º Piso. Prohibida su reproducción parcial o total. Registro de la propiedad intelectual, en trámite.

ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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Iluminados por el Tío Ho Esta revista se caracteriza por encontrar nombres extraños de algunos clubes. Esta vez marchamos hacia Perú, tierra casi socialista en los ‘70. Al calor de aquellos fuegos, nació el club Ho Chi Minh. El líder vietnamita no ha sido olvidado. Y alguna vez volverá a salir campeón. Por FERNANDO DUCLOS

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i usted, querido e idealista lector, es de aquellos que no deja de relacionar el fútbol con la política y, embanderado siempre en la causa de los oprimidos, siempre festeja la victoria de un equipo débil contra otro poderoso como si fuese un triunfo de la justicia social, entonces pase directamente al tercer párrafo, y de allí al quinto. Conocerá la heroica historia de un club peruano que, ya desde su nombre, llama a la redención de los pueblos. En cambio, pragmático y también caro amigo, si para usted el deporte va por un lado, la política por el otro, y un gol, por más festejado que sea, no pasa de ser una pelota que cruzó la línea y se encontró con una red, entonces saltee la siguiente estrofa y siga sólo a partir del cuarto parágrafo. Va a encontrarse con la divertida anécdota de un club que, en el medio de la sierra, invita a un tiempo, un lugar y una concepción del mundo que, probablemente, ya hayan pasado de moda. El club se llama Ho Chi Minh y juega en la Liga Distrital de Carmen Alto, en la que ya salió campeón quince veces. Su camiseta es roja y blanca, y en su escudo ostenta, altiva, la cara del líder comunista. Si ganase primero su torneo y luego el Provincial, después el Regional y, por último, las finales de la Copa Perú, podría jugar en Primera el año que viene. Pero como eso es poco más que un imposible, se concentra en otros objetivos. El inicial, por ejemplo, será vencer al Chelsea de Ayacucho, uno de los doce equipos que participan del campeonato. Entre los discípulos incaicos de Tomas Abramovich y los apóstoles del Tío Ho se jugará, más que un partido, la oportunidad de derrotar, al menos nominalmente, al enemigo capitalista y europeizado. La idea de fundar esta institución en un pequeño poblado de difícil acceso, alejado de las

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grandes urbes y a más de 2.800 metros de altura, surgió en 1974 gracias a la iniciativa de cinco jóvenes que compartían los ideales de Ho Chi Minh y decidieron ponerle su nombre al equipo (Juan de Dios Mendoza, uno de ellos, es su actual presidente). El periodista peruano Kenny Romero, del sitio web DeChalaca, le contó a Un Caño que “esos muchachos iban a la Universidad de San Cristóbal; en el inicio, el plantel estaba compuesto de jugadores de 13 y 14 años”. Al contrario que el estratega oriental, quien logró la hazaña de vencer al ejército francés y luego enfrentar al estadounidense, su club homónimo de los Andes nunca pudo jugar en la máxima categoría. Lo más cerca que estuvo fue en 1985, cuando quedó eliminado en la etapa regional con Ateneo de Huanta. La cuestión es que, se lo entienda como una reivindicación de las ideologías, como un anacrónico dislate en el medio del monte o simplemente como símbolo del apego a ciertos líderes y principios, el club Ho Chi Minh es una realidad que los jóvenes de Carmen Alto palpan día a día cuando se entrenan en sus instalaciones. “¿Qué es lo que los llevó a interesarse por un equipo de la provincia de Huamanga?”, preguntó, vía mail, el periodista Joseph Aylas Palomino, que en su blog Fútbol desde Ayacucho sigue los torneos en ese departamento, uno de los veinticuatro que conforman Perú. La respuesta fue que un club que homenajea al ex presidente de Vietnam, ícono mundial del comunismo, en el medio de los Andes no deja de ser un hecho llamativo. Y, en ese sentido, avezado lector, se sabe que la curiosidad concierne a todos, a lo que sueñan y a los que se despiertan, a los que vuelan y a los que dejan sus pies sobre la tierra. A los quijotes y también a los sanchos.


Comprar puede ser dañino para la salud La lección viene de 1947. Por más dinero que se gaste en transferencias de “estrellas”, nada asegura buenos resultados. Si lo sabrá Atlanta, el club que alguna vez pudo conseguir unas cuantas joyas de la corona pero igual terminó en el fondo. Por EDGARDO IMAS

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l recurrente fenómeno de los “nuevos ricos” en la Argentina siempre fue el presagio de grandes hecatombes. Así ocurrió durante la dictadura militar y con la convertibilidad menemista, años después. En el fútbol, el final no podría haber sido otro. El primer club chico y pobre que se transformó en “nuevo rico” fue Atlanta. En 1947, reforzó su plantel con varios cracks, gastando más de medio millón de pesos, una cifra récord para la época. Sin embargo, todo acabó mal: descendió a la B, luego de treinta y cinco años en Primera. Presidían por entonces la entidad bohemia el empresario licorero Alberto Chissotti y el diputado peronista Manuel Álvarez Pereyra, un ex militar yrigoyenista que en 1931 se había sublevado en el Chaco contra Uriburu. La Subcomisión de Fútbol la encabezaba otro legislador peronista, Manuel García, tío de Miguel Broda, el economista “Chicago Boy” que fue mecenas de Atlanta en los nefastos ’90. La gran novedad fue la compra a River de Adolfo Pedernera en 140.000 pesos. El precio récord shockeó al país futbolero. Se habían superado los 100.000 pesos que en 1945 le costó a San Lorenzo René Pontoni. Mucho más que los 10.000 que recibió Sportivo Buenos Aires de River por la venta de Carlos Peucelle en 1931. Las exorbitantes cifras las abonaba un club al que la prensa aludía con expresiones tales como “el primer piso del Kavanagh” –por entonces el edificio más alto de Sudamérica–, por su habitual ubicación en la tabla de posiciones, o “estás como Atlanta”, si uno salía sin una moneda del hipódromo. Además de Pedernera, entre otros, llegaron el defensor Higinio García y el uruguayo Juan Burgueño. Disputadas algunas fechas del torneo, León Strembel y el arquero peruano José Soriano, que venía de un conflicto con River que había motivado un paro de Agremiados de dos minutos por partido. Pedernera debutó el 6 de abril en un amistoso frente a Independiente, en la cancha de Ferro. La multitud obligó a que se cerraran las puertas del esta6 UN CAÑO | ABRIL 2011

dio antes del inicio del partido. El resultado fue premonitorio: el “nuevo rico” fue goleado 5 a 2 y alistó a un joven uruguayo, Alcides Ghiggia, que no conformó a los dirigentes. Tres años después, Ghiggia convertiría en el Maracaná el célebre gol de la victoria que consagraría a los orientales como campeones del mundo. El 13 de abril arrancó el campeonato y Atlanta venció sobre la hora a Racing 2 a 1, en River. La recaudación registrada, 55.323 pesos, sólo era superada por quince cotejos desde 1931. En la fecha siguiente, Huracán, con el debut del veterano Arsenio Erico, aplastó 4 a 0 a Atlanta en el Viejo Gasómetro, ante 60.000 espectadores. Fue la primera vez que un partido sin los cinco grandes convocaba a semejante multitud. Luego de una nueva caída ante Independiente, los dirigentes bohemios dieron la nota al contratar como DT al referí de ese cotejo, Bartolomé Macías, uno de los más respetados y populares en el país. No obstante, de ahí hasta el fin del torneo se alternaron algunos empates con muchas derrotas –algunas por goleada–, y apenas hubo tres victorias más. El Bohemio llegó en el fondo de la tabla a la última fecha. El 16 de noviembre, en su cancha, recibió a River, ya campeón, con rumores de que los ex compañeros de Pedernera no se esforzarían por ganar. En un clima enrarecido y con muchos incidentes, Di Stéfano puso en ventaja a River. El triunfo de Tigre, y el empate entre Banfield y Lanús, condenaban a Atlanta. A diez minutos del final, el defensor local Pascual Bertarelli decidió practicar kick boxing con Pipo Rossi, lo que derivó en agresiones entre los jugadores, hasta que un espectador ingresó al campo de juego y con un trompazo puso nocaut a Di Stéfano. El encuentro fue suspendido, el agresor apresado y Bertarelli denunciado. Estuvo prófugo 72 horas, hasta que se presentó en la AFA a declarar, y a la salida lo detuvo la policía. Días después, el Tribunal de Disciplina confirmó el descenso bohemio. Pedernera y la mayoría de los cracks se desvincularon de Atlanta. Lennon no lo hubiera dicho mejor: “el sueño ha terminado”.


La fe de Lafe Hace un tiempo, nadie reconocía a centenares de hinchas con camisetas verdes y blancas que festejaban en el Obelisco como locos. ¿Un equipo de Primera? No, era la gente del Deportivo Laferrere, que celebraba llegar a Primera B en un lugar atípico para las divisiones menores. Hoy en la C, sus hinchas, movilizados de a miles, confirman la historia de un club del Ascenso particularmente poderoso. Por NAHUEL GALLOTTA

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s el mediodía de un domingo, y en el centro, sobre la principal avenida Luna, no hay un solo comercio abierto. Apenas aparecen algunos hombres que caminan por la Ruta 21 hacia González Catán. Andan de verde y van a ver a Laferrere. La postal se asemeja a la de un equipo de Primera. Por la ruta vienen más de 300 hinchas que viajaban en el tren Belgrano y forzaron la detención del tren a la altura de la cancha. No es una estación, pero es donde más cantidad de pasajeros baja. Adentro, una bandera dice “Ni gallinas ni bosteros: 100% villero”. En Laferrere casi no hay grupos que los domingos vayan a la tribuna de un equipo de Primera. No hace mucho “echaron” a un hincha que se juntaba con La Doce. Siguen siendo amigos, pero no lo dejan entrar a la cancha. “Acá la gente es loca por Laferrere y nadie más. No tiene equipos de la A”, dice el periodista Julio Domínguez, que sigue la campaña del club hace ya quince años. Deportivo Laferrere se afilió a la AFA en 1979, y es el club más joven del fútbol argentino. La pasión que genera en las 7.000 personas (promedio) que lo alientan estando en la cuarta categoría responde a un fenómeno digno de un estudio sociológico. El sentido de pertenencia con la ciudad estuvo latente desde la fundación. Por ese motivo los socios fundadores decidieron llamarlo así. El estadio puede albergar a 13.000 espectadores, y es el único de la categoría que ofrece palcos. Son doce, todavía no fueron inaugurados, pero ya están vendidos. La última obra costó $2.500.000. El Gobierno aportó $1.000.000, el resto fue financiado con aportes de sponsors de la zona. En las cabinas, cinco radios distintas cubren la campaña partidaria, y existe un programa de televisión sobre la actualidad del club. Hay camisetas por todos lados. Las casas de deportes de la zona mandan a hacer pedidos por 5.000 unidades.

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Muchas veces, el sueldo de un jugador del plantel representa el presupuesto total de un equipo de la categoría. Es el caso del delantero José Luis Díaz, que acordó $20.000 mensuales. El máximo ídolo de la historia del club es Garrafa Sánchez, a quien todos recuerdan caminando entre las 8.000 personas que iban en caravana a pie hasta Isidro Casanova para ver el clásico con Almirante Brown. Entre 1990 y 1995, Laferrere estuvo en el Nacional B. Faltaron dos partidos para la máxima gloria del fútbol. Su presente es la cuarta categoría, sin terminar de acercarse a los punteros. De visitante, sus hinchas no pueden ir por la disposición de AFA; si no fuera así, los directivos de los clubes locales recaudarían un dinero que no ven en todo un año. A Lafe no le cambia nada: muchas hinchadas ya habían abandonado la idea de ser visitantes en Laferrere. De todas formas, algunos hinchas se las ingenian para entrar “camuflados” y escabullirse entre los locales. El año anterior, en Berisso, frente a Villa San Carlos, las tribunas mostraban la misma cantidad de hinchas locales que de infiltrados de Lafe o, lo que es lo mismo, de un club verdaderamente popular.


NOU COMEN

LA PREGUNTA

BOCA JUEGA EN TODOS LADOS Aunque el momento futbolístico tape casi todo lo demás, en Boca ya se juegan las elecciones que se harán a fin de año. Con Amor Ameal cada vez más debilitado por las decisiones que fue tomando, ya se vislumbran algunos candidatos. La renuncia del vicepresidente Juan Carlos Crespi, tras la caída ante Olimpo, es observada por los que transitan los pasillos de la Bombonera como un abandono del barco para despegarse de la actual dirigencia. En estos días están tratando de convencerlo para que vuelva a sus funciones, pero Crespi preferiría dedicarse de lleno a armar su plataforma para ir en busca del sillón más importante. Pero no es el único. Llevando la política nacional a un club de fútbol, ya suenan un candidato K y uno de Macri. El primero sería Roberto Digón (¿porque puede convencer a Carlos Bianchi de que vuelva?) y el segundo, Daniel Angelici, el ex tesorero que se opuso a la renovación de Riquelme.

¿DÓNDE ESTA EL DINERO?

¿Qué hará Passarella después de tratar de mentiroso a Enrique Sacco por anunciar que el presidente de River ya tenía un acuerdo con Alejandro Sabella para que sea el próximo entrenador del club? ¿Dará marcha atrás con el arreglo para no quedar como un mentiroso públicamente o no le importará el qué dirán? Ni una ni la otra: el Kaiser dirá que se juntó con Sabella mucho después de dicha discusión. Y acá, como dice el número uno en estas cuestiones, “todo pasa”.

Una adivinanza para nuestros lectores: ¿qué hizo la AFA con los 160 millones de pesos que quedaron en la tesorería desde que se inició el Fútbol Para Todos? Se reciben respuestas en nuestro correo de lectores, las que serán publicadas en el próximo número.

BURRITO AL RINCÓN Si hubo una dirigencia que se destacó por su seriedad para el Clausura fue la de All Boys. Pero no se la elogió después del resultado (fuera del descenso, triunfos contra Boca, River y Estudiantes, entre otros), sino que, antes del arranque del torneo, mientras Quilmes echaba al entrenador que le dio el ascenso y compraba 712 jugadores, All Boys bancaba a Pepe Romero, mantenía la base que llegó a Primera y retocaba el equipo sólo donde le parecía necesario. Esa política le permitió llegar a ser destacado como el cuadro revelación y, sobre todo, alejarlo de la vuelta al Nacional B. Hasta que en el Apertura, los mismos dirigentes que fueron elogiados por su seriedad, quisieron dar un golpe de efecto que no venía al caso. Contrataron a Ariel Ortega, y All

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Boys se ganó un problema innecesario. Si al Burrito no lo pudieron manejar en River, con lo acostumbrados que están a manejar quilombos por Núñez, menos pudo hacerlo Romero. Después del partidazo que jugó contra Vélez, Fabbiani salió del equipo. Lo reemplazó Ortega (claro, ¿si no, para qué lo trajimos?), y All Boys no volvió a ganar. Unas semanas más tarde, antes de visitar a Estudiantes y ya con la inesperada soga al cuello del descenso, Romero reconoció lo inevitable: “Ortega faltó el lunes por ir al dentista, y el lunes siguiente porque su padre tenía un problema...”. A confesión de partes...


CREDITO BLANDO El nuevo presidente de San Lorenzo, Carlos Abdo, se encontró con una sorpresa cuando asumió en el club. Su antecesor, Rafael Savino, ya había cobrado y gastado la plata de la TV del 2011. Con un montón de deudas encima, Abdo hizo lo que siempre se recomienda: ir a golpear la puerta del despacho de Grondona para que le tirara un cable. Grondona no le dio un préstamo de la AFA, pero le gestionó uno de 10 millones de pesos del Banco Credicoop, que San Lorenzo se encargará de cancelar en cómodas cuotas. Esta es la respuesta a la pregunta que habitualmente nos hacemos: ¿por qué Grondona tiene tanto apoyo de los dirigentes de los clubes? A buen entendedor, pocas palabras.

HUMO EN OFERTA Caruso Lombardi reemplazó a Madelón para una misión casi imposible: salvar a Quilmes del descenso. Como si no lo supiera, después de no poder ganar los primeros tres partidos que dirigió, Caruso salió a decir que había presentado su renuncia, pero ante el pedido popular de dirigentes e hinchas iba a seguir en el cargo. Pues bien, según la información que maneja Un Caño, el técnico nunca renunció. Pero claro, siempre es lindo decir que los dirigentes y los hinchas te bancan...

CAPPA MATEMÁTICO Para defender su paso por River, Ángel Cappa, en una nota con Olé, salió al cruce con los números: “mi River tenía dos puntos más que el actual”. Con las dos tablas en la mano, nada para reprocharle; pero que justo Cappa utilice los números para valorarse, para muchos fue una decepción. En realidad, fue más decepcionante porque no los usó para valorarse, sino dolido porque, según él, este River es elogiado y el suyo no lo era. Como si no fuera suficiente el exabrupto, a la semana siguiente, lejos de pensar en lo que dijo, de ofrecer disculpas y/o de retractarse, el técnico de Gimnasia subió la apuesta: “mi River tenía cuatro puntos más que el actual”. Otra vez: con las tablas de aquel y este campeonato en la mano, a Cappa no hay nada para reprocharle. Pero, al menos desde Un Caño, esperábamos otra cosa de él. “Mi River jugaba mejor que el actual”. “Mi River daba más pases que el actual”. “A mi River, la gente tenía más ganas de ir a verlo que al actual”. Estas son algunas de las frases (chicanas, si se quiere) que imaginábamos de Cappa. Pero él, justo él, prefirió poner el listón en otro lado. Entonces, surge una reflexión: según este ¿nuevo? criterio de Cappa, ¿un técnico es mejor que otro porque ganó más campeonatos o más puntos? Un discurso a la basura.

LA SONRISA DE RUSSO

Racing logró tres victorias al hilo y el mundo del fútbol, que te eleva y te destroza con la misma rapidez, casi le daba el torneo por ganado. Miguel Russo aprovechó la semana para sacar pecho, mostrar su mejor sonrisa y explicar los secretos de su Racing en todos los canales. Conclusión: perdió los tres partidos siguientes.


EL INFIERNO ESTÁ ENCANTADOR

“Quiero jugar con la cancha mojada pero los que la riegan no trabajan los domingos” En una tontería como no poder usar el piso húmedo, Antonio Mohamed revela las vicisitudes de ser entrenador de Independiente. El Turco sufre por no tener tiempo para trabajar y porque su equipo no juega como quiere. Sueña con la Libertadores y analiza los sistemas tácticos más convenientes. Menottismo, bilardismo, el Barcelona, los jugadores de hoy y los de ayer. Por ARIEL SENOSIAIN Y CHRISTIAN COLONNA Fotos PHOTOGAMMA.COM

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ntonio Mohamed acepta la propuesta de Un Caño: charlar sobre fútbol. A eso venimos y a eso vamos. El Turco demuestra ser un personaje apropiado para la cuestión: se apasiona, mueve lo que tiene a mano –un par de botellas, sus habanos– para parar a su equipo. Explica, se ríe, apuesta. De repente, recuerda la realidad de su Independiente y lanza un “me siento vacío”. También avisa que no era hincha de Huracán, que es hincha. Y muestra el tatuaje de su hijo Faryd, con el escudo del Globo cerca. Mohamed habla como si fuera el dueño de la verdad, convencido de lo que piensa. Tan convencido que a veces no dan ni ganas de preguntarle por qué dice lo que dice. Es lo que él piensa. Y lo sostiene de tal manera que no queda otra que bancarlo, aunque no se piense de la misma manera. Fueron dos horas de charla apenas interrumpidas por la aparición de su hija. La de 16 años, sí. La de aquella historia. “Vivía en Santa Fe conmigo. Alguna vez fue al entrenamiento de Colón. Y sí, supongo que se habrán cruzado miradas. Después supe que se vieron en un cine, intercambiaron teléfonos... Y arrancaron. Cuando estaba por encararlo para preguntarle, vino él y me contó. ‘Yo la quiero de verdad’, me dijo. Qué le iba a contes-

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tar… Le pedí que la cuidara porque era chica. Ojo: de todos los jugadores que hay en el fútbol, si tengo que elegir a uno elijo a Bertoglio”. Lo que podía ser una charla difícil para cualquier padre de una niña de 16 años, el Turco lo resuelve con naturalidad. Su hija está de novia con un futbolista y ya. –Lo único que le falta a un técnico para que su trabajo sea insalubre es que la figura del equipo se ponga de novio con su hija. –Nooo, con Facundo todo bien. Pero más allá del chiste, a nosotros nos contratan para justificar la derrota. Por eso nos echan cuando el equipo pierde tres partidos. En los últimos años, ganamos preponderancia y parecemos más importantes que los jugadores. Lo que pasa es que hoy tenemos veinticinco tipos de 20 años y cinco grandes. No está la camada del medio. Y creemos que un pibe que tira su primer caño ya es un crack. Además, reciben malas influencias de los padres, los amigos, los representantes… Les dicen ‘jugá dos partidos bien y te venden’.

O ‘este técnico que no te pone pierde dos partidos y se va’. No le recomiendan que se entrene bien, que se alimente y descanse como debe. Y ellos piensan en la plata fácil. Hoy, a los 20 años, llegan al vestuario de Primera y lo toman como algo normal. Antes era lo máximo. Yo miraba al Turco García, cómo se ataba los botines, cómo se movía. Eso no existe más. Yo miraba al utilero cómo lustraba los botines porque yo me los tenía que lustrar. Claro, no les quedan ni referencias de tipos que estén mucho tiempo en un club. Ahora se van a cualquier lado, claro. A Grecia, a Suiza, adonde aparezca plata. –¿Entonces no es que Bochini quería la camiseta de Independiente, sino que no se pudo ir? –Seguro. Era otro fútbol. Había muy pocos jugadores afuera. Alonso, Bianchi… Pero, ojo, que nadie fue al Milan. Recién en los ‘80 salió el mercado de Francia. –Cuando vos ves al Barcelona en la concentración, un sábado a la tarde por ejemplo, ¿los jugadores qué hacen?

“A nosotros nos contratan para justificar la derrota.”


–Yo creo que lo ven dos. Diez duermen y diez juegan a la Play o están chateando. O hasta me animo a decir que lo ve uno solo. Después, los demás ven los resúmenes, y así se pierden lo mejor. Entonces algunos conceptos los tengo que explicar desde la palabra y no desde la imagen. Estamos ante un equipo que ya está en la historia, no necesitamos que pasen veinte años para decir que viste al Barcelona. Yo creo que no vamos a volver a ver a un equipo así. La única contra que tiene mirar al Barcelona es que después no podés mirar otro partido. Cambia hasta el color del campo de juego. –La cancha de Independiente, a la vista, no parece estar mal. –Abajo es cemento. –¿Vos la regás? –No me hagan decir cosas que después pueden utilizar en mi contra. –¿Por qué? –Yo quiero que la rieguen, pero no hay gente para regarla. –¿Cómo que no hay? –Sí, hay gente, pero los domingos no trabaja. –¿Vos eras o sos hincha? –Soy hincha. –¿De qué sos hincha?

–Soy hincha de otra cosa. No necesito que Huracán gane o pierda. Soy hincha de que quiero cultivar en Huracán una escuela, un sentido de pertenencia. Nosotros tenemos, en el gimnasio que tiene el nombre de mi hijo, 600 pibes jugando. Y queremos que amen a Huracán. No que se vayan como se fueron todos, puteando a los directivos. Cellay, Larrivey, Osvaldo... No vuelve nadie a Huracán. ¿Cómo puede ser que nadie vuelva? Ni Lucho, ni Montenegro, nadie... ¿Por qué? Porque te dan de comer mierda, no tenés agua para bañarte, no te cuidan, no te pagan, no te cobijan. Nosotros queremos hacer una escuela y no nos dejan. –¿Y el hincha de qué es hincha? –De la camiseta, de la pelota... Al que va a la cancha no le importa si el jugador cobra, se entrena, le duele algo. Quiere que el jugador se mate por la camiseta. Es hincha de que la pelota pegue en el palo y entre. Y quiere escuchar que digan en la tele que Independiente fue una máquina aunque haya sido un desastre. Y si dice que fue un desastre, dicen “éste es un hijo de puta” porque es ciego, el hincha es ciego. Es amor a la camiseta y al jugador que está en el momento. –Al no haber ídolos, ¿cuando apare-

Otros tiempo difíciles Cuando no le hice el famoso gol a Huracán jugando para Boca, no me pusieron más. Tuvieron que pasar un torneo y siete partidos para volver. Fue contra Estudiantes. Ese día, Boca no tenía delanteros. No estaban Cabañas ni Latorre. Jugaron Saturno y Márcico arriba. Pero varios le pidieron a Tabarez que me pusiera a mí. No, que me van a matar, les decía el Maestro. Bueno. Aunque sea ponelo en el banco. Y fui al banco. En el primer tiempo Boca fue un desastre. Lo que puteaban cuando nos íbamos... Era una época que Boca no ganaba nada. Compraba todos los números de la lotería y la suspendían. Llegamos al vestuario y el Maestro me dice: “Antonio, va adentro”. Me agarra Giunta y me dice: “tranquilo, jugá tranquilo, eh”. Y después viene Márcico: “si no jugás como jugás en los entrenamientos, yo te cago a trompadas y te rompo todo el coche”. El Beto me tuvo que decir lo de los entrenamientos porque yo los partidos no los jugaba. Encima, yo quería salir a la cancha en el medio, pasar inadvertido... Pero me mandaron primero. Ahí ya empecé a escuchar los murmullos. Uyyy... Enseguida hubo una jugada por izquierda, la agarro, se la doy a Márcico, el Beto la aguanta, típica de él, me la da a mí, la acomodo con la suela, hago tuc... Empalada, a Yorno… Golazo. La primera pelota, doble pared con el Beto Márcico. Ese semana salí en la tapa de El Gráfico y decía “No está muerto quien pelea”.

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ce uno el hincha pasa a ser más hincha del ídolo que de la camiseta? Ejemplo: Riquelme. –El caso de Riquelme es diferente. Riquelme le dio mucho a Boca. Ganó muchos títulos. La gente no se olvida, no idolatra a cualquiera. La ovación de la gente es muy difícil. La ovación es espontánea y no se compra en ningún lado. Cuando Riquelme hace un gol, la gente siente que hizo el gol con él. –¿Existe el menottismo y el bilardismo todavía? –No existe más. Yo tuve la posibilidad de conocer a las dos ramas. Con Bilardo en las Juveniles. Yo era sparring de la Selección, estaba con Pachamé pero me entrenaba con la Mayor. Era sparring de los stoppers. Estaban todos: Bauza, Ruggeri, Sensini, Lorenzo, Monzón, Fabbri... Y yo me ponía de espaldas para que me dieran... Y mientras tanto, me dirigía Cappa en Huracán. Él me subió a Primera en el ´88. Todavía me acuerdo cómo me quedaba lo que me decía: “tocá, jugá con el 8, pasá por atrás, pasá por atrás”. Volvía a mi casa y le decía a mi vieja: “haceme milanesas, así les paso por atrás”. El tipo te automatiza los movimientos. Tenía 17 años y me acuerdo. –¿Qué te quedó de una rama y de la otra? –De la rama de Bilardo (piensa y piensa)… –Podés decir nada. –Sí, puedo decir nada. Pero me quedaron cosas... Cómo les puedo decir. Me quedaron obligaciones tácticas. Nada más. Todo era correr y correr. No sabíamos cómo íbamos a formar pero corríamos. Volvía a Huracán y era todo pelota, toco y me voy, toco y me muevo. Del otro lado era todo disciplina. A veces, una charla distendida es mucho más productiva que un entrenamiento. Lo hago hoy como técnico. Me quedo charlando con varios en el vestuario, tomando mate, antes de la primera práctica de la semana. A veces deshuesamos el partido de una manera que me hace salir contento a la cancha. Le digo a Tuzzio: “¿cómo tenés la pierna, tío?”. “¿Qué, del golpe?”. “No, de tantos pelotazos”. “Ah, así que te la agarrás conmigo”. Y a partir de ahí empezamos a analizar: que el cinco se tiene que acercar y ahí opina Pellerano. Es mejor


eso que ir a elongar... Y con Bilardo era todo distinto. ¿Cuento una anécdota? –Con todo gusto. –Estábamos en la Selección Sub 20. A los pibes nos citaban en la AFA porque a las 8 salía el micro para el predio. Nosotros llegábamos con el Cholo Simeone a las 7,30 y nos íbamos al bar de la esquina. Mirábamos cuánta plata teníamos entre los dos y nos comíamos unas medialunas. Ese día pasaba el tiempo y no llegaba nadie. Ocho y cinco, y diez. Digo “algo pasó”. Voy, pregunto y me dicen: “no, los pibes se fueron a las 7”. “Cholo, se fueron, ¿qué hacemos?”. Nos quedaban 10 pesos a cada uno y paramos un taxi: “¿Hasta dónde nos alcanza?”. Nos dejó en Ciudad Evita, pasando el Mercado Central. Fuimos a la parada del 46. Nos paró uno y el Cholo, caradura, le pidió que nos llevara, que íbamos a entrenarnos con la Selección y bla bla bla. Pero el tipo no quiso. El Cholo lo re puteó y le gritó: “ya me vas a ver jugando en Primera”. Hasta que vino uno que nos llevó. Nos dejó en la puerta de entrada y tuvimos que caminar nueve kilómetros hasta el fondo, hasta Empleados de Co-

mercio. Llegamos a las 10 de la mañana y se estaban yendo todos. Nuestra carita era la misma que cuando rendías una materia mal y sabías que tus viejos te iban a cagar a trompadas. Nos encontramos con Pachamé y le explicamos lo que nos pasó. “¿Ustedes hicieron todo eso para venir? Vayan a contarle a Bilardo”. Y para ellos, lo que nosotros hicimos fue un esfuerzo, un sacrificio, una hazaña. Y nosotros lo hicimos desde el miedo. Eso es algo que me pudo haber quedado, pero de aprendizaje futbolístico, nada. Comparado con lo que aprendí con Ángel, nada. Ni de mis dos referentes como técnicos: el Coco (Basile) y Enrique Meza, que me dirigió en el Toros Neza en el ’95 y todavía dirige. –¿Cuál sería tu sistema de juego si tuvieras el plantel ideal? Cambiás mucho. –Soy flexible. Y cambio porque en la Argentina te toman la mano muy rápido. Si el rival me pone línea de cuatro, yo juego con cinco, para poder sacar la pelota controlada. Si el rival juega con cinco, yo juego con cuatro. A mí se me complica el partido cuando tengo que hacer dibujo contra dibujo. Obviamente que me gustaría tener un equipo ideal.

Sería una línea de 5 con el último hombre funcional, como Tuzzio, que pueda jugar de 2 y de 5; un contención, dos volantes que tengan pase gol, pegada y dos delanteros. Yo lo que busco es que el rival tenga que modificar su sistema porque lo obligo. ¿Ustedes piensan que los rivales del Barcelona quieren jugar con línea de 6? Si yo tuviera a Xavi, Iniesta y esos laterales jugaría así, pero ahora busco un sistema táctico que me achique el margen de error. Si hoy se van Mareque y Vélez los centrales me quedan mano a mano. –¿O sea que un equipo tuyo nunca se sabría de memoria? –Lo ideal sería cambiar uno o dos, nada más. Poder ser flexible con los mismos jugadores. Para mí lo más importante de todo es el pase corto, la movilidad, los triángulos ofensivos, el laburo, estar convencido... El apoyo tiene que ser corto. ¿Por qué? Vos sacás la pelota del fondo, viene el volante, se la doy y ahí hay que aprovechar el espacio que dejó el que vino a marcarlo. Cuando encontrás esos espacios ahí empezamos a jugar. Esto es laburo y convencimiento, laburo y convencimiento.

ABRIL 2011 | UN CAÑO 15


–¿Los técnicos que juegan al error o a la segunda jugada es porque no saben incorporarles a los jugadores otra cosa o porque hacen la fácil? –Creo que ellos están convencidos de que es lo mejor. Yo tengo una bronca interna muy grande porque todavía no pude trabajar como quiero y el equipo no juega como yo quiero. Yo me siento vacío. Quería estar en un equipo grande y que el equipo juegue como yo quiero. En el primer partido que me tocó, contra Racing, trabajamos en la semana como yo quiero, pero durante el partido le agarré la mano a Gustavo (Lema, su ayudante) y le dije: “Suerte”. Ganamos 1 a 0 con un cabezazo... –El mes pasado dijiste que los otros equipos grandes pagarían por estar en la situación de Independiente. Una frase difícil de que se te haya ocurrido en el momento. –La había pensado antes. Es que no valoramos lo que tenemos en casa. Cuando nosotros llegamos, había un submarino, abajo el caracol y después Independiente. Hoy por lo menos logramos cerrar la escotilla del submarino. Nunca estuve preocupado por el promedio, sí por el juego del equipo.

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–¿Elegís un talentoso displicente o el falto de recursos con constancia? –El talentoso displicente, sin dudas. Con once picapiedras, para mí no sos campeón, podés llegar a mitad de tabla. Tenés que tener dos o tres talentosos. En el arco, en el medio y adelante. Ahora les quiero preguntar yo. –A ver... –¿Ustedes se acuerdan de cómo formaban los equipos? –Si nos sentimos representados, si nos gustaba cómo jugaban, sí, claro. –Pero éste no le gustaba a nadie. Argentina del ‘90, ¿cómo formó en la final? Les dejó a los dos errar tres jugadores. Yo no les digo nada hasta que me digan los once (mientras los periodistas tratan de hacer memoria y tiran nombres, Mohamed explota en una carcajada y acota: “están poniendo muchos jugadores ofensivos, acuérdense de que el técnico era Bilardo”. Los periodistas, que habían puesto a Dezotti y Calderón, sacan a uno. Después de doce minutos, Un Caño le tira once nombres a Mohamed, quien finalmente gana la pulseada: fallamos en cuatro). –¿Y esto qué significa? –La falta de identificación total. Yo elijo ganar jugando o perder jugando.

–¿Qué firmás a nivel de resultados para este año? –Ganar la Libertadores. –¿Cuántas chances pensás que tienen? –Los mano a mano son nuestros. Si nosotros pasamos el grupo tenemos el 60% de chance de ganar la Copa. Hay tres equipos nada más: Cruzeiro, Inter y Estudiantes. Y Vélez, si se arma. Este club tiene mística en la Libertadores. –¿Y eso cómo se explica? Porque estos jugadores no tienen ni idea de lo que fueron aquellas épocas... –Es algo que no se puede explicar. Lo de la mística lo viví en la cancha de Independiente contra Defensor de Uruguay. Teníamos que hacer cuatro goles para clasificarnos y habíamos metido dos en los últimos quince partidos. Nosotros les dimos el mensaje de cómo tenían que jugar, pero no me pregunten cómo los hicimos. –Ahora que pasó el tiempo, ¿no deberían haber suspendido el partido por el piedrazo que recibió el arquero uruguayo? –Lo más lógico hubiera sido que se vayan todos. En ese momento estaba tan envuelto en lo mío que no podía pensar, pero fue una locura.


EL INFIERNO ESTÁ ENCANTADOR

Peloteando en la cubierta del Titanic Entre la furia y el encanto, los hinchas del Rojo ven pasar uno de los otoños más raros de su vida. El equipo, en la bipolaridad. La institución, agitada por los fantasmas del descontrol, los malos manejos y las mil manos que se meten en la masa para conseguir más y más espacios de poder. Por PABLO DE BIASE

L

a Copa Sudamericana crece en importancia, es un título valorado en sí mismo porque ofrece la chance de ocupar una plaza en la Copa Libertadores. Cuando el Goias, ya descendido –había dejado en el camino al Palmeiras e Independiente, último en la tabla de posiciones del Apertura 2010–, se imponía a la Liga de Quito, la desesperación de los héroes raídos, que pueden manotear fragmentos de gloria, fugacidades rutilantes que no anulan los fantasmas de la quiebra, la miseria y el espanto, ocupó el centro del escenario. Un descendido y un promocionable, un ignoto y un decadente se enfrentaban en una final esquizofrénica, en el todo o nada de un póker final: el que ganaba, compraba la posibilidad de, al menos, unos meses más de gloria, de codearse con los más grandes del continente; el que perdía, al descenso, o a la lucha miserable y cruel de intentar evitarlo.

IFC (Irremediablemente Fuera de Control) Independiente compró tiempo. Le ganó a Deportivo Quito y, al cierre de esta nota, sus chances de clasificar a la siguiente ronda de la Libertadores estaban intactas. Puede aspirar a más tiempo de sueño con la gloria, la que le arrebató a Racing casi como un atracador que tira un ladrillo en una vidriera. La Academia, cuarto clasificado en la general del año 2010, tenía la chance de jugar con Deportivo Quito por un lugar en la Libertadores si un equipo argentino no ganaba la Sudamericana. Independiente -con un técnico al que encontró de casualidad, un manager que se fue por la puerta chica llevándose a Garnero, un entrenador

de saldo, y habiendo dejado un plantel incoherente, diezmado y con unas cuantas adquisiciones poco utilizables, la magia y un pacto fáustico con su satánica majestad, salió último en el torneo, con un solo triunfo en su haber, pero ganó la Sudamericana. De este modo, hizo delirar a su gente cuando la lucha por no descender parecía todo (pero estaba más lejos): conquistó un nuevo trofeo internacional, clasificó a la Libertadores y le quitó así la plaza ¡a Racing! Y en el torneo, aunque último, el único triunfo que obtuvo fue… ¡contra Racing! Todo muy adrenalínico: estar en el fútbol grande y reírse a moco tendido del eterno rival al que se suele humillar. Pero mientras esto sucede y la participación en la Copa es mediocre y endeble, en el

Moyano es “el hombre más respetable y responsable con el que se puede hablar de Independiente”, según Grondona.


campeonato local (el Clausura 2011) el equipo sigue sin encontrar la calma necesaria, y Mohamed no da con la forma de controlar su ansiedad (quiere “cerrar” los partidos cuando faltan cuarenta minutos, lo que explica varios empates y derrotas en Avellaneda). De este modo, lo objetivo es que mientras los hinchas del Rojo pueden soñar con lo más alto del fútbol internacional, la pérdida de puntos respecto de otros equipos que quieren evitar la Promoción los hace descender a lo más bajo del fútbol local. En medio de esta esquizofrenia, Napoleón Comparada, un “muerto” para la política de Independiente pocos meses atrás, sueña con otra reelección y obliga a algunos sectores a apoyarlo aun contra su voluntad, incapaces ya de bajarse de un barco que él aún no ha logrado hacer encallar. Napoleón el pequeño de Independiente pretende hacer surf sobre una deuda astronómica y algunas causas judiciales muy complicadas, en un club que se hunde casi irremediablemente. Mientras tanto, desde el poder real

intentan mitigar su daño a la institución y, más importante para ellos, utilizar su perfil de Corcho o de Rama –el del empresario malo, tonto y frívolo que se puede hacer cargo de un muerto grandísimo y complicadísimo–, si las circunstancias así lo requiriesen. Al fin de cuentas, este socio y testaferro de, por lo menos, Julio Grondona y Luis Barrionuevo, con sus dislates, derroches y capacidad de ser un empresario exitoso mientras todas las empresas e instituciones en las que estuvo o puso el gancho están en quiebra, pedido de quiebra, investigadas por fraude al Estado o evasión al fisco, al mismo tiempo que busca un perfil público de alta exposición (principalmente nocturna), puede llegar a ser la estampilla de un pulgar para abajo que incluye al propio Barrionuevo, a Hugo Moyano y a Eduardo Duhalde, nada menos, aunque las motivaciones de cada uno de ellos sean distintas; las más altruistas, las menos bochornosas, digamos, corren por cuenta del Secretario General de la CGT. Independiente, el club en el que todo

es posible: luchar por la Copa y por no descender a la vez, ser guiado y protegido por los miembros de la barrabrava y de barras amigas, ser gobernado por una alianza presente y quizá futura entre los sindicalistas que más se odian entre sí: Moyano y Barrionuevo. Claro, también pensar en un futuro que incluye al Inter y el Barcelona o, digamos, a la Comisión de Actividades Infantiles y a Nueva Chicago. Pocas instituciones deportivas ofrecen la posibilidad de comprometerse para sentirse miembro de la orquesta del Titanic.

La peña de los camioneros Hugo Moyano viene haciendo crecer su influencia en Independiente en los últimos años. Pasó de algún apoyo a la hinchada, allá lejos y hace tiempo, a ser “el hombre más respetable y responsable con el que se puede hablar de Independiente”, según el propio Julio Humberto Grondona. Moyano cuenta con miembros de su agrupación y su sindicato en la Comisión Directiva, y el año pasado estaban dispuestos a dejarlo caer y despe-

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ñarse al bueno de Julio Comparada, para pensar una nueva política de alianzas que permitiera enmendar un tanto el desastre. La obtención de la Sudamericana ató su suerte nuevamente a la de Comparada, conformándose actualmente una virtual conducción, alucinada en cualquier otro contexto, moyanista-barrionuevista. Esta alianza, de cara a las elecciones que habrá en el club en diciembre, es poco provechosa para los camioneros. Por un lado, suman a la imagen negativa de Moyano entre una masa societaria demasiado poco permeable al avance social de los representantes de los trabajadores y mayoritariamente de origen radical, la pésima imagen deportivo-dirigencial de Comparada (a quien, según algunos sondeos encargados por el propio oficialismo, más del 60% de los socios no volvería a votar). Por otra parte, le impide al moyanismo fundirse en una alianza más amplia y fructífera. Y la realidad bipolar de Independiente nos señala que es nada menos que Pablo Moyano (secretario General del gremio de los caminoneros), director del fútbol amateur, quien está acercando 300 mil pesos mensuales, aportados por catorce empresas sponsors, para pagar la pensión de los chicos de inferiores, la comida, el gabinete psicológico, la escuela y construir una nueva salita. Pero también nos apunta que los caciques de la barra liderada por Bebote, más otros “amigos” de Dock Sud, visten pecheras de Utedyc (gremio al que se afiliaron) y son los controladores oficiales, entre otras tareas que se les asigna dentro del club.

Napoleón a su suerte La causa por defraudación al PAMI,

Independiente frente a los actuales rivales* TABLA GENERAL EQUIPO RIVAL Vélez Argentinos River Arsenal Newell´s Quilmes Banfield Gimnasia (LP) Godoy Cruz Racing All Boys Boca San Lorenzo Olimpo Colón Estudiantes Lanús Tigre Huracán

PJ

PG

PE

PP

PJ

PG

PE

PP

160 119 164 17 154 49 87 143 7 176 17 175 163 11 63 161 112 52 145

51 48 49 6 54 29 38 58 1 68 9 59 64 8 27 66 51 37 71

51 38 46 5 38 12 24 34 2 62 6 51 46 2 15 48 35 11 30

58 33 69 6 42 8 25 51 4 46 2 65 53 1 21 47 26 4 44

10 10 10 10 10 4 10 10 7 10 1 10 10 4 10 10 10 6 7

2 2 2 3 3 2 3 4 1 6 2 3 3 4 1 4 5 3

5 5 5 2 2 2 1 2 4 3 1 1 3 2 3 2

3 3 3 5 5 7 5 4 1 5 6 3 7 3 1 2

*Se computan los diez últimos torneos, del Clausura 2006 al Apertura 2010 que indirectamente involucra a Barrionuevo y directamente a Comparada y Alderete, se reactivó en marzo de este año. Podría acabar con la suerte “eterna” de Comparada. Barrionuevo y Duhalde se habrían comunicado con Moyano para acordar dejar caer a Comparada si la causa avanza. Es que Víctor Alderete, ex presidente del PAMI en tiempos de Carlos Menem, fue procesado por el delito de negociaciones incompatibles con la función pública, por haber otorgado a la empresa Funeral Home un contrato de intermediación para prestar los servicios de

Grondona, otrora padrino de Comparada –amigo de Julio Grondona (h) y Atilio Di Pace–, no movería un dedo por su “ahijado” si la suerte judicial le es adversa.

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GESTIÓN COMPARADA

sepelios de la obra social de los jubilados allá por 1997. El contrato se firmó en septiembre de 1997 y fue renovado en marzo de 1999. El actual presidente de Independiente, a través de la compañía de seguros El Surco, respaldó a dicha empresa y fue procesado como partícipe de la maniobra. Aunque Comparada no participó de las negociaciones ni la firma del contrato del PAMI con Funeral Home, su aporte fue imprescindible para que pudiera suscribirse el acuerdo. Comparada y Alderete no fueron los únicos procesados. También están el socio de Comparada Roberto Martino y Domingo Petrecca, sindicalista de los obreros de los cementerios y ex presidente de la Comisión de Acción Social del PAMI. Todos socios y testaferros de Grondona en diversas empresas (muchas ya quebradas, o en proceso de hacerlo), como Comarti S.A. (Comparada + Martino), las


empresas uruguayas Levemond S.A. y Grunoy S.A., y las locales Funeral Home, Pastoral S.A. y Puntogol Corp., M.A.S. (Medicina Asistencial Solidaria) y Golden Ticket S.A., entre muchas otras. Grondona, otrora padrino de Comparada –amigo de Julio Grondona (h) y Atilio Di Pace (suerte de hijo putativo de Grondona)–, no movería un dedo por su “ahijado” si la suerte judicial le es adversa. Don Julio, cansado de los desplantes en la AFA que le hizo Comparada (en un universo “corleónico”, para darle un marco), sitúa a quien alguna vez creyó poseedor de ciertos destellos de Michael como un “Freddo que hizo fierros, nada más”. El último mal trago está dado porque varios amigos del número dos de FIFA se han quejado de que un socio de Independiente reconoció al que arrojó la piedra contra el arquero de Defensor Sporting en la segunda rueda de la Sudamericana (un miembro periférico a la barra que es

socio), lo denunció ante la CD y Comparada y la barra ni siquiera se dignaron considerar la posibilidad de suspender al socio en cuestión. El otro socio en cuestión vive aterrado desde entonces.

La oposición ya tiene candidato En Independiente hay muchas agrupaciones, pero para ser una lista reconocida y con capacidad de presentarse a las elecciones se deben sortear una serie de requisitos legales que sólo pocas listas consiguen. Independiente Místico oficializó la candidatura de Javier Cantero, sin haber elegido un candidato a vicepresidente. Aunque se trate de una especulación de Un Caño, es evidente que IM no descarta que la situación judicial y política de Comparada se vuelva insostenible y que el sector de los camioneros, a través de alguna agrupación afín, se allane a conversar la posibilidad

de constituir un frente más amplio. Aunque la realidad les diga lo contrario, los hijos dilectos de las especulaciones y vaciamientos de empresas e instituciones creen que un golpe de suerte puede cambiarlo todo. A eso apuesta Comparada, confiado en que el Turco Mohamed le devuelva, en un pase mágico, lo que destruyó sistemáticamente en siete años (ver recuadro), y así por arte de magia, pasar a la historia como el dirigente que le devolvió la mística copera a Independiente y reconstruyó el viejo estadio. Los hinchas de Independiente saben que, en la medida en que avalen las locuras del presidente, están cada vez más cerca de jugar un picado en la cubierta del Titanic. Por otro lado, la necesidad de creer que mágicamente se puede tomar el cielo por asalto desvela a la humanidad hace más de 150 años. Y los pobres hinchas del Rojo no son inmunes a las utopías.

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EL INFIERNO ESTÁ ENCANTADOR

La identidad en cuestión

Como otros clubes grandes, impedidos de vivir de la historia y de los apellidos ilustres que ya no surgen, el Rojo alterna la penuria con algún logro aislado. Como antes les pasaba a los equipos del montón. Más que recuperar el brillo perdido, la necesidad es reinventarse. Por ALEJANDRO CARAVARIO

A

l momento de escribirse estas líneas, Independiente acaba de ganarle con el último aliento a Gimnasia, en La Plata. Acaso por su autoestima alicaída, el equipo del Turco Mohamed jugó con relativa precaución, y dejó en claro que le cedía la incitativa a un contendiente que, en el país de los ciegos, era el más necesitado. Gimnasia debe raspar la olla para extraerle puntos a su propuesta en apariencia generosa, mientras que Independiente subirá al cadalso de aquí a poco. No todavía. Lo cierto es que, después de aguantar y aguantar, Pellerano se encontró con una pelota en el medio del área y, luego de un amago de goleador avezado, clavó una victoria inesperada para todos. Y ostensiblemente agradecida al cielo por el DT. Nada grave ni vergonzante. A Independiente, a contrapelo de un orgullo acuñado y adobado en buena ley con el correr de los años y las copas y los nombres memorables, lo alcanzaron las generales de la ley. Esto es lo que les pasa a otros llamados grandes, que comprueban que con el peso del sello ilustre no es posible sobreponerse a la falta de proyectos,

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al vaciamiento integral y progresivo de un club. Entonces, quién lo diría, mientras gasta su prestigio remozado gracias a una Sudamericana de nivel medio, aprende a mirar el promedio del descenso. Aprende crudamente lo que es la necesidad deportiva, donde el crédito sólo se gana jugando, formando un equipo mejor que los que se paran enfrente. Algo básico, pero que le cuesta entender a un público acostumbrado a que el bajón o la inestabilidad institucional fueran cosas de rachas, breves etapas negras, rápidamente sorteadas casi por el peso de la historia. Hasta que la historia un buen día se convierte en un largo e incómodo presente en el que se reiteran los equipos sin gracia. Y en el que, a la inversa de los tiempos míticos, los resultados pobres son el pan de cada día y

los triunfos para el archivo, la excepción a la regla. Luego de la Copa Sudamericana, sobrevino el hambre y la incertidumbre. Y el Turco Mohamed, hasta allí la sangre nueva con la receta para reciclar un equipo deprimido, se volvió un entrenador como cualquiera, al que su innegable buen ojo y su pasta de líder no le alcanzan para redondear una formación a la altura de las aspiraciones de Independiente.

OTRAS CARTAS Subir y bajar, alternar alguna buena con otras muy malas, vivir del batacazo, ha sido la costumbre de los equipos del montón, no de los grandes. Pero ahora los grandes no tienen ni los clubes más poderosos, ni los mejores jugadores, ni

Independiente debería reinventarse. Y para tal tarea, la solución es política.


las chequeras más gordas. Y la fuerza inercial de la gloria y la popularidad tampoco alcanzan para mantener el barco al frente de la flota. Sin renunciar del todo al abolengo ni al grato recuerdo del panteón de los héroes, Independiente, creo yo, debería reinventarse. Y para tal tarea, la solución es política. Mauricio Macri actúa al frente de la Ciudad de Buenos Aires como el gerente de una mala empresa de servicios, vacía de propósitos que se aparten de la pavimentación de calles, salvo un par de incisos destinados a transferir responsabilidades a terceros y a aplicar la represión como remedio a las tensiones y la pobreza. Sin embargo, cuando le tocó estar en el sillón de Boca, sí tuvo un plan. Guste más o menos, orientó al club hacia una mo-

dernización con tonos privatistas, y lo pensó hegemónico y exportador. Para eso puso los billetes y la atención en el fortalecimiento de las divisiones inferiores. Yapa simbólica: paquete como es, imaginó la redención del sesgo grasa por medio de una reorientación de la marca Boca. Boca fue, efectivamente, hegemónico y exportador, y promovió futbolistas jóvenes. Tuvo los recursos para comprarse incluso el semillero profundo de Argentinos Juniors, pero otros con el mismo o más dinero (la venta de Agüero, en el caso de Independiente) han producido resultados menos beneficiosos. A tal punto sobresalió Macri en el páramo de dirigentes “grandes” que logró alfombrar su camino a la política, donde hoy lo padecemos. No, no me olvido de que

tuvo a Bianchi, factótum de la sucesión sin precedente de hazañas deportivas, sin las cuales otro habría sido el destino del empresario. Pero así es la vara que legitima las ideas (buenas o malas) en el fútbol. Una copa otorga validez, la derrota destituye. Aún los clubes con inquietudes sociales como Lanús o los que crecen lentos y firmes como Godoy Cruz manejan el fútbol como una unidad de negocios que merece una programación exhaustiva. O una poética, si quisiéramos una traducción romántica. Una identidad basada en la conducta pública que exprese incluso las preferencias futbolísticas de las que dependerá la contratación de un entrenador y sus colaboradores. Barajar y dar de nuevo, como se dice, pero después de tener claro a qué se juega.

Matías De Federico frente a Peñarol, sangre nueva para reciclar la tradición.

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Ni Radicales ni Peronistas ¡Racinguistas! Como si todos los almanaques llevasen la misma foto, la vida futbolística de Racing se parece a la anterior y a la anterior y a la anterior Esta versión 2011, sin embargo, ha despertado en sus hinchas alguna esperanza de buen juego y la renovada vocación de ser los eternos soñadores de una vuelta olímpica. Por ROMÁN IUCHT Fotos PHOTOGAMMA.COM

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os jugadores atravesaban el túnel abrazados y expresando un sentimiento cercano al éxtasis. La goleada por cuatro a cero ya estaba consumada, y el fantasma de la Primera B empezaba a ser lentamente un horrible recuerdo. Dos años cambiando el calendario para jugar los sábados ya eran más que suficiente. Ese Octogonal debía marcar el final, y Atlanta se había rendido ante la superioridad de la Academia. El cuatro a cero era lapidario, y la vuelta a primera estaba a un pequeño paso. El vestuario era la sucursal de un manicomio. La locura por el festejo dominaba todo. Hasta que apareció un dirigente y con la frialdad de un cirujano trajo la “mala nueva” que nadie conocía ni esperaba recibir: “muchachos, tranquilos, no tanto festejo. Me acaban de decir que la diferencia de gol no cuenta en la final. Tenemos que jugar la revancha como si hubiéramos ganado uno a cero”. La noticia cayó como un baldazo de agua fría y sirvió para bajar la sensa-

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ción térmica del ambiente. Lo que vino después ya es historia conocida. El recordado gol del zurdo Néstor Sicher, el sufrimiento del final con el empate, el ruego de Basile al árbitro Mastrángelo para que decretara el final y el desahogo con la vuelta al fútbol de los domingos. Más allá de la anécdota, increíble pero real, la historia sirve para definir el ADN de la vida de Racing. Pasaron más de veinticinco años, y en el medio, la Supercopa, Omar

Catalán, dirigentes como Juan De Stéfano, la quiebra, la desaparición, la síndico Liliana Ripoll, el redoblante de Lalín, el gerenciamiento de Marín, el zurdazo de Bedoya contra River, el gol de Loeschbor contra Vélez, cientos de entrenadores, De Tomasso y Molina. Como una metáfora de la Argentina, Racing ha vivido todos los estados y miles de frustraciones. Sus hinchas crecieron desde el sufrimiento, y lo que es más terrible, o admirable, moldearon su pasión desde una militancia ligada

Racing puede ganar o perder en cada uno de sus compromisos, pero su idea asociada a un riesgo superior al de la media invita a pagar una entrada para verlo.


al fatalismo. Ellos saben mejor que nadie que todo puede pasar y que lo malo siempre está por llegar. El campeonato Clausura les presentó un nuevo eslabón para hacer aún más grande la cadena. La lesión de su jugador estrella, Giovanni Moreno, les volvió a poner un tapial a sus arrolladores sueños de vuelta olímpica. Sin embargo, en una decisión corajuda y plausible, Miguel Russo decidió intensificar el estilo. Profundizarlo y sumar nuevos adherentes. Con la misma irregularidad del resto de los equipos, Racing puede ganar o perder en cada uno de sus compromisos, pero su idea asociada a un riesgo superior al de la media invita a pagar una entrada para verlo. La presencia de tres delanteros como Luguercio, Hauche y Teófilo Gutiérrez garantiza presencia ofensiva y, simultáneamente, una presión en la salida del rival inédita en el medio local. La influencia de sus dos medios ex-

ternos también ayuda en la idea. Pillud, con su potencia por la derecha, obliga a sus marcadores a un arduo trabajo en retroceso. Es fuerte y agresivo. Licht, por el andarivel opuesto, posee buena pegada e infatigable dinámica. El resto, con Yacob y Toranzo a la cabeza, se suma a la idea del juego en campo rival para achicar las transiciones y así recuperar el balón en terreno ajeno. Naturalmente no todo es color de rosa. Racing es un equipo con debilidades al que le cuesta salir del estándar del fútbol local. Probablemente, su talón de Aquiles radique en su mérito. Dicho de otra manera, en su fortaleza está su debilidad. Si las coberturas no son precisas y el equipo se desequilibra, esa vocación de ataque se vuelve una ruleta rusa. Por otra parte, el salto cualitativo en la conformación del grupo es otro elemento que conspira contra las buenas intenciones de Miguel Russo. Con mucho futuro, pero con un largo camino

por recorrer, son pibes como Respuela, los hermanos Zuculini, Poclaba, Fariña, Viola o Sainz las reservas a los que el entrenador puede echar mano a la hora de buscar recambios. No hace falta entender demasiado para descubrir la diferencia de material. Hay equipo, pero no sobra plantel. Para finalizar, vale decir que a la hora en que este periodista escribe estas líneas, Racing acaba de perder su segundo partido consecutivo, esta vez por goleada ante Lanús, con un par de infortunios que recrean una vez más el “karma académico” y atenúan la euforia desatada en las primeras cuatro fechas. No es una anécdota, pero tampoco es definitivo. Apuesto doble contra sencillo que liberado de la incomodidad de mirar la tabla de los promedios, este Racing será protagonista hasta el final del campeonato. Eso sí, sus hinchas ya saben que en el medio habrá que sufrir. Es parte de su naturaleza.

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“En River se ve que no me quieren”

Marginado por los dirigentes y el entrenador, Rodrigo Archubi, luego del positivo en un control antidoping de 2009, pena sus días en Nuñez como otra muestra de la escasa atención contenedora a los futbolistas. No se pide que lo pongan de titular, pero al menos sería bueno que no lo aíslen. Por FERNANDO VERGARA Foto MAXI FAILLA

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os jugadores de River se entrenan con normalidad. Lejos, apartado, y con horarios diferentes, Rodrigo Archubi hace su propio entrenamiento. Decisiones increíbles y prejuicios inexplicables llevan a preguntarse por qué un futbolista perteneciente al plantel profesional del club está obligado a prepararse por su cuenta. Todo indica que el volante está pagando el precio de la suspensión por dóping. Archubi reconoció haber fumado marihuana antes de que le diera positivo el control, tras el encuentro ante Gimnasia y Esgrima La Plata, el 27 de septiembre de 2009 (la sustancia fue tetrahidrocannabinol). Recibió tres meses de suspensión, y ése fue su último partido. Después de un período durante el cual prefirió mantener el silencio, el volante habló con Un Caño. –¿Cómo sobrellevaste la situación todo este tiempo? –Hace tanto que no juego… Ahora la llevo bien, pero al principio fue muy duro. Me afectó cuando me separaron del plantel y me mandaron a entrenar con un grupo de chicos que no tienen en cuenta. Después, cuando me levantaron la sanción, de un día para el otro me encontré entrenándome solo, cuando vino Cappa. Me pusieron al preparador físico Diego Guacci, pero separado de la Primera, una actitud poco profesional. Pero le saqué provecho. Diego me potenció en lo físico y me enseñó ejercicios tácticos. –Reconocer que consumiste marihuana implicó que mucha gente hable de vos. ¿Te duele? –La verdad, me tiene sin cuidado. Y no me importa si valoran o no que lo haya reconocido. Cada uno sabe lo que hace. Se dijeron un montón de cosas, que tenía problemas de drogas, por ejemplo, pero se inventa mucho. En el ambiente del fútbol, y en

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el vestuario, saben que yo no tengo nada que ver con esas cosas. –¿Fue injusta la decisión que tomó River de apartarte? –No lo sé, porque justo en ese período hubo un cambio de dirigentes. A mí me había traído la gestión anterior, y quizás a la actual yo no le interesaba como jugador. El fútbol tiene estas cosas, pasa siempre. Y por un tema contractual no me quise ir, porque quería cobrar el dinero que tenía arreglado. –¿Hay mucha hipocresía en el fútbol? –Sí. Eso no hace falta que lo diga yo, es algo que se sabe, y la mayoría lo piensa. Pasa en todos los ámbitos: la hipocresía está, te van a querer voltear, otros querrán ayudarte. Pero no me quejo, sé cómo es esto. Y no es que me la crea. –¿Pensaste en dejar de jugar? –Sí, varias veces. Incluso hasta hace poco, y es una idea que venía desde antes. A menudo la gente cree que uno arranca a jugar cuando está en Primera, y yo estoy en este ambiente desde los 8 años: hice inferiores, Selecciones, y un Mundial Juvenil. Desde los 15 a los 23 viví a fondo, y llegó un momento en el que tenía la cabeza cansada de ver tanta mierda. Se sumaron otras cosas: pasó lo del doping, no jugaba nunca, me echaban por pavadas, y algunos manejos raros me dieron ganas de dejar. –¿Desde dónde surgieron las ganas de volver? –Es lo que sé hacer, en realidad toda mi vida me la pasé jugando al fútbol. Pero estoy tratando de dejar de lado cosas cotidianas que pasan en el fútbol, y que no me afecten en el día a día: hablo de no trasladar esos quilombos a mi casa. Me apoyo en mi hija Victoria, o me distraigo saliendo a hacer bicicleta y natación. Aprendí a tomarlo como un trabajo. –¿Y cómo llevás mentalmente el hecho de entrenarte solo?


–No está bueno, es jodido. No le hace bien al jugador ni al club. Yo soy patrimonio de River, y lo que me pasa no se lo deseo a nadie. Pero este último tiempo empecé a rodearme de otra gente. Marcos Garzia, Ricardo Giaccone, Guacci: ellos no están conmigo por dinero, sino porque quieren que me vaya bien. Hacen negocios conmigo pero de otra manera. Con mi representante anterior (Hernán Bermann) hubo algunos inconvenientes, que los hablé con él. No quiero ahondar en ese tema. –¿Qué recuerdo creés que tienen los hinchas de River? –No creo que sean los mejores, siempre se acuerdan de las cosas malas. Cuando llegué fui campeón, hicimos una campaña bárbara, pero cuando no saliste del club cuesta más que te reconozcan; y además no rendí como se esperaba. Soy autocrítico: no voy a decir que jugué bien todos los partidos porque sería un mentiroso. Pero me tocó ir a River en un momento malo de mi carrera y del club. Hubo gente que le hizo mal, se llevaron mucha plata. –¿Cómo era tu relación con Aguilar? –La relación típica de empleador con empleado, no éramos amigos. Bastante seguido él bajaba desde las oficinas para hablar con nosotros, y me pareció una persona correcta e inteligente. Cuando traté con Aguilar no me disgustó, es un tipo interesante. –¿Y con Passarella? –No tengo trato. Lo habré saludado una o dos veces. Día a día cuesta creer, razonar y asumir ciertos manejos dirigenciales: que un jugador no tenga contacto con su entrenador es uno de ellos. Resignado, Archubi cuenta que “a Juan José López no lo conozco, ni él tampoco a mí. Sólo nos cruzamos un par de veces en el club. Con mis compañeros hablo una vez cada tanto, y me dolió que algunos desaparecieran. En el club se ve que no me quieren, y tengo que venir a entrenarme por una cuestión de contrato”. –No es algo nuevo para vos. En Lanús también te mandaron a entrenar aparte. –Me querían hacer un contrato que no era adecuado para la cantidad de partidos que tenía en Primera. Me pasó junto con Agustín Pelletieri y Javier Almirón. Si bien como experiencia fue mala, me sirvió para aprender ciertas cosas, y para saber cómo desenvolverme. – ¿Se borró mucha gente después del tema doping? –Desde que pasó eso, me aparté de muchas personas porque me di cuenta de que no servían. Y cuando ya no estás más en un grupo, es común que no te hablen. – ¿Es cierto que te llegaron más ofertas en el último tiempo? –Sí, tuve muchas. Me llamaron varios representantes. Pasa que yo antes estaba manejado por una sola persona, él controlaba todas las ofertas, y yo nunca me enteraba de nada. En su catarsis afirma que “no falto nunca a entrenar desde que me pasó lo del doping”. Hubo sondeos con Godoy Cruz, Gimnasia y Esgrima La Plata y el fútbol australiano. Y cuando parecía que el panorama empezaba a aclararse en el futuro de Archubi, volvió a surgir otro inconveniente, esta vez de índole contractual. Aceptó una oferta del Juventude (Brasil) y voló hacia tierras cariocas. “Pero me tuve que volver para arreglar el tema de la deuda, y no llegamos a un acuerdo”. Garzia, su amigo y representante, lo aclara: “a River le convenía sacarse de encima

a Rodrigo porque le están pagando mucho dinero a un empleado que no juega ni siquiera en Reserva. Pero Passarella quiso darle menos de la mitad”. No todos saben que un porcentaje del pase pertenece al Maccabi Haifa de Israel: una de las tantas maniobras de la gestión Aguilar para obtener ganancias extras. Es necesario aclarar que el volante jamás jugó en el club israelí. Y que ellos tampoco estuvieron de acuerdo con su traspaso a Juventude. Ahora esperará hasta junio para quedar libre. –¿No te molesta tener que jugar en el ascenso de Brasil? –Para nada, se portaron bárbaro. Yo nunca había tratado con brasileños, hasta los hinchas fueron amables conmigo. Fui a ver un partido y llenaron la cancha. Estuve una semana, y ya había superado la revisión médica. Tuve charlas con el entrenador (Antonio Picoli), un tipo de experiencia. Me sorprendió que sean tan profesionales. Iba con la idea de que allá los jugadores del Ascenso serían más displicentes para entrenar, pero fue todo lo contrario. Y por ser de Tercera División tienen unas instalaciones increíbles. –En un ambiente como el del fútbol, ¿es lo más adecuado que seas frontal? –A veces me trae problemas, quizás debería ser más callado, reservado. Pero al contrario, siempre estoy tratando de contenerme para no decir todo lo que pienso. Intento tener paciencia, o no podría manejarme en la vida. A veces hay que hacerse el boludo.

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Bahía una vez...

Revelación o no revelación, lo cierto es que Olimpo arrancó con todo. Y dio pie para que muchos nos preguntásemos qué fue de la historia de los bahienses en el fútbol argentino. Con su enciclopedia a mano, don Fabbri hace un aporte sensacional de nombres y datos. Como para saber que en Bahía Blanca no sólo de básquetbol se ha vivido. Por ALEJANDRO FABBRI

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ientras Alfio Basile levantaba la Copa Libertadores con Racing Club en Santiago de Chile, Ángel Cappa jugaba sus dos únicos partidos en el torneo Promocional de 1967, cuando Olimpo de Bahía Blanca inició su participación en los campeonatos de AFA. Los bahienses habían perdido la chance de llegar al primer Nacional ante San Lorenzo de Mar del Plata y Cappa, marcador de punta, se anotó en la historia con aquel primer 1-3 con Huracán. Los dos, hoy técnicos reconocidos por cualquier público, son dignos representantes del fútbol bahiense. Hace 45 años habían surgido de dos clubes locales (Villa Mitre y Bella Vista), mientras que otro bahiense llamado Jorge Recio brillaba en el sorprendente Platense de Ángel Labruna y era adquirido por River. El goleador de Banfield se llamaba Juan Carlos Zapata, también bahiense, y faltaba un tiempito para que debutaran dos oriundos de la ciudad que serían compañeros y campeones del mundo en 1978. Es que Héctor Chocolate Baley y Ricardo Daniel Bertoni llegaron al fútbol grande en 1971, cuando iniciaron sus caminos futboleros en Estudiantes de La Plata y en Quilmes. Muchos años atrás, había terminado una brillante carrera el llamado Pibe de Oro, otro bahiense de ley que supo fatigar las

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canchas con su jerarquía y voz de mando: Ernesto Lazzatti, centromedio de Boca Juniors entre 1934 y 1947, con varios títulos bajo el brazo. Aquel Olimpo de 1967 hizo la primera aparición en el fútbol nacional, pero prontito le cedió su lugar a Huracán de Ingeniero White, el puerto bahiense, que por 1968 apenas tenía seis mil habitantes y se dio el gustazo de jugar dos campeonatos nacionales. Entre sus hazañas, todavía se recuerda el 1-0 ante el Estudiantes de La Plata campeón mundial y un festejado empate en la cancha de Racing, en su segunda y última participación de 1971. El arquero Osvaldo Santos, que jugara después en Lanús y Boca, el mediocampista Ricardo Ferlich, de larga trayectoria en los granates, y el delantero Néstor Barú, también jugador de Lanús y Racing, fueron las caras más conocidas de aquellos planteles que llegaron al fútbol grande. Las dos décadas siguientes fueron de participación mínima: Puerto Comercial de Ingeniero White llegó

en 1974 y su campaña fue desastrosa. Apenas dos victorias, el último puesto en la tabla del Nacional y una derrota oprobiosa: cayó 13-1 con Banfield, en lo que fue la mayor goleada en la historia del fútbol argentino de Primera División desde 1931 hasta hoy. Fue la misma tarde en la que Juan Alberto Taverna convirtió siete goles y superó la marca que había establecido Rafael Domingo Moreno, que le había hecho seis a Lanús en 1972. Cuenta la leyenda que Taverna había metido cinco goles en el primer tiempo y que todos estaban enterados de que le faltaban dos goles para bajar el récord. Taverna hizo su sexto gol a los 41 minutos del segundo tiempo y tenía que convertir otro más. No había caso, sus compañeros lo buscaban y el Juanchi no podía. A dos minutos del final, el juez internacional Roberto Goicoechea sancionó penal para Banfield y todos le pidieron a Taverna que lo pateara. Goicoechea era un juez al borde del retiro, muy respetado. Dicen que antes de ordenar la ejecución del penal

Olimpo hizo 51 puntos en el ciclo 2002/03, terminando en el quinto lugar del Clausura ‘03, su mejor campaña hasta hoy.


lo llamó al arquero Tholú y le pidió que no atajara el tiro “porque este muchacho Taverna tiene que batir el récord”. Tholú lo miró y no dijo nada, Taverna lo pateó mal, mordido, pero la pelota entró igual. Goicoechea, ya en el vestuario, les habría dicho a sus colaboradores que si Tholú lo atajaba, lo iba a hacer patear de nuevo… Todo lo anterior ocurrió mientras Bahía Blanca era “la capital del básquetbol” y podía disfrutar al Mago Alberto Cabrera, a Atilio Fruet y a la Selección local, casi tan poderosa como la Argentina misma. Y aún faltaban algunos años para que nacieran Emanuel Ginóbili, Pepe Sánchez y varios de los mejores basquetbolistas que ha dado ese deporte desde siempre. Diez años entre 1974 y 1984 señalaron la ausencia del fútbol bahiense en los torneos Nacionales. Allí sí apareció Olimpo, y se hizo dueño, de ahí en adelante, de la representación bahiense en los torneos de AFA, salvo por las es-

porádicas campañas de Villa Mitre en la B Nacional. En la flamante segunda categoría consiguió tres ascensos a Primera A, conducido por Gustavo Alfaro (2002), Leonardo Madelón (2006/07) y el más reciente con Omar De Felippe. Pudo pilotearlo bien cuando permaneció por cuatro temporadas, y es todavía recordada la gran campaña que hizo el equipo dirigido por Julio Falcioni. Hizo 51 puntos en el ciclo 2002/03, terminando en el quinto lugar del Clausura ‘03, su mejor campaña hasta hoy. Falcioni basó su fortaleza en la solidez defensiva y la mortífera dupla ofensiva compuesta por Silvio Carrario y Cristian Castillo. Hubo ascensos y descensos, los hinchas de la “O” disfrutaron la altura y el gol del grandote Alejandro Delorte, uno de los símbolos del equipo, lo mismo que el mediocampista central Rogelio Martínez y el rústico defensor Mauro Laspada. Hoy como ayer, en este equi-

po que apunta para ser la revelación del Clausura 2011 son apenas dos los jugadores nacidos en Bahía Blanca: Martín Aguirre y Juan Pablo Schefer, que alternan la titularidad o son habitualmente primer cambio. Falta semillero, faltan jugadores de divisiones inferiores, como en los años anteriores. Ahí sí, quizás, radique uno de los puntos flojos del club de la familia Ledo, que ha sabido mejorar radicalmente su juego para tutearse, en algunas fechas, con la punta del campeonato. Así como Falcioni había terminado el Apertura 2002 con escuálidos 20 puntos y debió trepar a los 31 del Clausura para respirar, el turno de su ex-ayudante y amigo Omar De Felippe los puede catapultar también desde los 18 del Apertura 2010 hasta un techo que está más cerca que nunca. Con llegar a 45/46 puntos, Olimpo volverá a jugar en Primera División la próxima temporada. Misión cumplida, Bahía Blanca.

Olimpo 2003. Gran campaña del Clausura.

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Haciendo (mierda) a Español Cada tanto, alguien ligado al fútbol se pregunta qué fue del Deportivo Español. Navegando en la tabla de Primera C, ahora como Social Español, el club de la colectividad fue saqueado sin parar, incluyendo las maniobras de Mauricio Macri para adueñarse de la institución. Parte de sus instalaciones, cuyo destino eran el deporte y la actividad recreativa, sirven ahora de base de entrenamiento de los policías metropolitanos. Por LEANDRO VILA Foto MAXI FAILLA

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l presupuesto educativo destinado a cubrir las necesidades básicas de las escuelas del Sur porteño es subejecutado. A menos que los beneficiados sean los futuros agentes de la Policía Metropolitana. Su instituto de formación llegó al Bajo Flores para quedarse. El barrio elegido para instalarlo fue todo un mensaje. En las barriadas populares, el Estado llega en uniforme y a bastonazo limpio. Lo saben sus vecinos. Y también lo saben los socios del Club Social, Deportivo y Cultural Español. En casi ocho de las catorce hectáreas de su predio, frente al Parque Indoamericano, se forman los hombres de la fuerza creada por el Fino Jorge Palacios. Desde que el 60% de los porteños votaron a Mauricio, quien definitivamente era Macri, los gallegos comenzaron a perderlo todo. El hijo de Franco logró lo que no pudo como empresario, ni como presidente de Boca: apropiarse, aunque más no sea transitoriamente, de las instalaciones del club de la colectividad. Al poco tiempo de haber llegado al sillón, el gobierno de Macri le compró el predio a la Corporación del Sur, que para ese entonces tenía como titular a Humberto Schiavoni, uno de los tantos amigos en común entre el líder del PRO y el empresario yerbatero misionero Ramón Puerta. Todos por Deporte, una flamante organización creada por el abogado César Fran-

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cis, quien trabajó en la ley que evitó el cierre del club, quiere revisar los detalles del contrato de venta, debido a las dudas que genera. En abril de 2007, la Corporación adquirió en un remate el estadio y el poli en cerca de 7.000.000 pesos. La oferta superó a las presentadas por Marcelo Tinelli, a la de una empresa vinculada con Hugo Moyano y a la de Héctor Sluga, un financista que quiso saltar de la presidencia de Almagro a la de San Lorenzo de la mano de Fernando Miele. La Corporación, además de absorber la deuda, se comprometió a hacer del club un ámbito abierto a la comunidad. A Macri poco le importó que los habitantes del Sur puedan tener un espacio para la recreación y el esparcimiento. Tampoco le preocupó desdecirse. En sus tiempos de presidente xeneize había expresado que su intención de trasladar la Bombonera a Santiago de Compostela y Autopista Lacarra, su gran obsesión, también buscaba

fortalecer el club social y deportivo. Una vez en el poder, prefirió hacer lo contrario. Los asociados cada vez cuentan con menos espacio. Los quinchos, ámbitos en los que en las mejores épocas casi 3.000 personas socializaban cada fin de semana, ya son parte de una geografía olvidada. Lo mismo que sus cinco piletas, una de ellas olímpicas, y sus canchas de tenis, béisbol y sóftbol. También sus gimnasios. El hockey sobre patines, pese a haber sido subcampeón metropolitano, fue borrado de un plumazo. Sus jugadores protestaron con un entrenamiento en plena calle. Nadie les prestó atención. Al básquet no le fue mejor. Todas sus categorías, desde premini hasta primera, perdieron su plaza en la Federación. Hacia adentro las opiniones están un tanto divididas. Algunos ven el vaso medio lleno. Otros lo observan medio vacío. Los primeros dicen que se salvaron siete hectáreas. Los otros que se perdió la misma cantidad. “Las dos visiones son

Como en tantas otras áreas, el gobierno PRO menospreció el deporte y la contención social.


parcialmente ciertas. Hemos perdido la mitad del club, pero de no haber sido por la buena voluntad de algunos funcionarios lo hubiésemos perdido todo”, cuenta el ex vicepresidente Luís Tarrío Gómez, quien, junto a otros socios y al abogado César Francis fue de los más activos al momento de salvar al club. Como en tantas otras áreas, el gobierno PRO menospreció el deporte y la contención social. En este caso lo reemplazó por aulas en donde se enseña como actuar ante el merodeo de personas sospechosas por portación de rostro. A Español sólo le quedaron tres canchas auxiliares de fútbol, otra de baby, un pequeño estacionamiento, la histórica confitería, en donde los gallegos más viejos juegan a las cartas, y dolor de ya no ser.

La obsesión de Mauricio Allá por 1993, El Pibe, como lo llamaban los empleados de las empresas de su padre, era sólo un portador de apellido que anhelaba meterse en el fútbol. Había intentado gerenciar sin éxito a Quilmes, Alvarado de Mar del Plata y Deportivo Italiano. Lejos de desistir, su buena sintonía con el caudillo gallego, Francisco Ríos Seoane, lo llevó a pensar en un ambicioso plan, en el que no importaban las identidades ni el arraigo. La cosa era así: Deportivo Español vendía su derecho a jugar en Primera, y se convertía en Mar del Plata Fútbol Club, hacía de local en el estadio mundialista y lo dirigía el siempre progresista César Menotti. Para contentar a los hinchas, quienes dejaban de ver a su equipo jugar en el Bajo Flores, el club mantendría su identidad en una categoría del Ascenso, pero contando con un plantel competitivo y un elevado presupuesto. Los socios se opusieron al engendro, y Macri y Ríos Seoane no pudieron concretar su negocio. Este sería el primer intento del ahora

precandidato presidencial para adueñarse de Español, pero no el único. Al poco tiempo de asumir el poder transformó a Boca en el primer club en más de cien años en solicitar la quiebra de otra entidad deportiva. El pedido lo hizo por una deuda de apenas 80.000 dólares. No tuvo éxito. Pero para quebrar a Español, Macri, al igual que su socio ideológico De Narváez, tenía un plan. En 1997 cedió a préstamo sin cargo y sin opción a aquellos jugadores sin lugar en el Boca de Héctor Veira. La lista la conformaban el Pepe Basualdo, Pedro González, Silvio Carrario, Sandro Guzmán y Raúl Peralta, entre otros. Por todos ellos, Español pagaba 500.000 dólares/pesos mensuales de contratos. El excesivo gasto dejó al club al borde de la cesación de pagos, y el fracaso deportivo aceleró el descenso a la B Nacional. Macri buscó concretar el otro pedido de quiebra a través de una empresa amiga llamada Diseños y Construcciones SRL, pese a que esta jamás había tenido relación comercial con el club, pero

sí con uno de los miembros del plantel: Sergio Castillo, aquel defensor hermano de Hugo, el delantero que jugara en el Gallego y en México, le compró a DyC un departamento ubicado en la zona de Parque Chacabuco. Pagó el inmueble con documentos que había recibido cuando fue transferido a Boca, los cuales, obviamente, no tenían fondos. Social Español sigue de mal en peor. Aquellos resonantes triunfos en la Bombonera y el Monumental ya son solo un buen recuerdo para sus hinchas. Su futuro parece estar, irremediablemente, en la Primera C (último en el promedio del descenso). Tiene menos de mil socios, cuando reunía a más de 20.000 en sus años dorados. Ya no tiene entre sus preocupaciones tener que lidiar con lo que era su enorme pasivo, ni con el posible remate de sus bienes. Sus instalaciones le pertenecen al gobierno porteño, que tiene la potestad de decidir qué hacer con ellas. Lo que es lo mismo que decir que Español duerme con el enemigo. O sea, con Mauricio Macri.

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“Algunos quieren verme muerto” Involucrado hasta la coronilla en los cuestionamientos a un sector de la dirigencia del rugby, el ex capitán de Los Pumas pinta un panorama de las virtudes y miserias argentinas del deporte que más ama. A los 36 años, y después de cuatro Mundiales jugados, verá el próximo desde su casa. Aquí, su pronóstico cauteloso sobre cómo le irá a Los Pumas en la Copa que se disputará en septiembre en Nueva Zelanda. Por DIEGO DELLA SALA

“Por su ferocidad, su inquebrantable apetito por el triunfo, su pasión, su coraje y su presencia, no tiene igual. No es descabellado declarar que Agustín Pichot ha sido el jugador de esta década” (The Daily Telegraph). Las palabras del periodista ingles Mick Cleary, escritas en diciembre de 2009, con Agustín Pichot ya retirado del rugby, podrían significar una especie de “muestra gratis” de lo que el medio scrum que inició su carrera en el CASI ha dejado a su paso, tanto en el ámbito local como en la arena internacional. Antes y ahora, cualquier especialista en marketing o publicidad podría calificar a Pichot como una figura multitarget. Ha recogido el reconocimiento de los fanáticos del rugby, los no tan fanáticos que observaron su carisma, los niños y no tan niños que reventaron tiendas de deportes ante “la fiebre Puma” y hasta de muchas mujeres que vieron en él a un integrante del dream team de sus fantasías mas osadas. Hoy, con 36 años, está al frente de muy variados emprendimientos. Desde el manejo de la FM ESPN 107.9, hasta la producción, en Mendoza, de vinos, aceites, acetos y dulce de leche que llevan su apellido como marca. En el medio, el rugby. Interviene en la Subcomisión de rugby del CASI (Club Atlético San Isidro), como así también en la Comisión de Alto Ren-

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dimiento de la UAR (Unión Argentina De Rugby). Y está involucrado además en el COA (Comité Olímpico Argentino). Su alto perfil y su manera de involucrarse con el deporte que lo acompaña desde muy pequeño, lo ha llevado a exponerse de maneras disímiles ante el plano dirigencial. Apoyado por unos y cuestionado por otros, Agustín Pichot no parece estar dispuesto a regalar un metro en sus objetivos. –¿Por qué tu nombre, desde tu retiro hasta hoy, además de estar ligado al buen recuerdo y al bronce, también aparece expuesto en contiendas verbales duras, filosas? –Simplemente porque uno es lo que es, y no puede estar todo el tiempo especulando con el éxito conseguido. De hecho, la fórmula de mi éxito ha sido siempre el compromiso, ya sea ideológico o sentimental. Lo que pienso y siento, lo digo y lo actúo pensando en el

futuro del rugby, que debe mejorar muchísimo. Cuando miro hacia atrás, me enorgullezco de lo que conseguí, pero quiero seguir siendo alguien capaz de cambiar y mejorar las cosas, y el precio muchas veces es el ataque, la descalificación, la bajeza. –Desde afuera, el rugby luce como un deporte con una fuerte pertenencia, muy de “puertas adentro”. Vos siempre fuiste parte de ese mundo. Sin embargo, desde la cúpula de la URBA (Unión de Rugby De Buenos Aires) se te acusa de traicionar esa esencia. ¿Cuál es el origen de esa acusación? –Es tan sencillo como triste explicarlo. El tipo de rugby, en el plano dirigencial de la elite de Buenos Aires, está convencido de que es superior. Si se refieren al fútbol, hablan de “esos negros de mierda”, o describen al rugby del interior del país como el rugby de “esos provincianos”. Son la derecha más reaccionaria que se conozca, con una idea de que de

“Parte de la dirigencia muestra una gran dosis de soberbia, mediocridad y envidia en la toma de decisiones. Se escudan en el concepto amateur de nuestro rugby”.


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ellos parte la referencia moral de nuestro deporte. A mí me han llegado a acusar de “inmoral” por jugar con pelo largo y medias bajas. Te lo juro. –Parecieran estar discutiendo todo el tiempo sobre tópicos que otros deportes ya dejaron atrás. –Es que el rugby es muy particular, y en Argentina todo el tiempo ha sido evolución e involución permanente. Es un deporte noble como casi ninguno, con un concepto de amor al juego y respeto por tu compañero y tu rival que enaltece a quien lo practica. Luego, parte de la dirigencia muestra una gran dosis de soberbia, mediocridad y envidia en la toma de decisiones. Se escudan en el concepto amateur de nuestro rugby, y desde ahí sólo ponen trabas todo el tiempo. Yo los llamo “la máquina de impedir”. –Hace más de un año tienen un gran enfrenamiento por el tema del PLADAR (Plan De Alto Rendimiento). –Es increíble... La oposición por la oposición misma. No permiten que el rugby crezca por una mera apropiación del poder. Al PLADAR lo generamos con la UAR y la Secretaría de Deportes de la Nación para que algunos chicos con proyección recibieran un sistema de becas y algunos premios, para poder tener un entrenamiento acorde y dedicación full time a la hora de integrar nuestros distintos combinados nacionales. Las distintas uniones provinciales dieron el OK. ¿A que no sabés cuál es la única unión que no acepta esto y nos acusa de querer profesionalizar el rugby? Sí, la URBA. –¿Entonces? –Entonces, no entienden o no quieren entender que no se les está pagando un sueldo a estos jugadores. Es un sistema de becas de no más de 2.600 pesos. Tienen a sus jugadores de rehenes. Les di-

cen “o el club o el PLADAR”, cuidando que no entre el dinero a “corromper”. Y después cobran la entrada, y quieren la guita de la publicidad estática, la televisión y el sponsor de la camiseta. Es joda… Un doble discurso perverso donde dejan ver que les molesta demasiado que la UAR tenga hoy el lugar que tiene y que las uniones provinciales también se hayan desarrollado. Sólo conciben el rugby manejado por cuatro tipos. Pero conmigo siempre la van a tener difícil. En un buen rato de charla, Pichot deja en claro que tiene una postura que defiende de manera visceral. Su rostro ya no se ve relajado como antes de encarar la entrevista, y algunas palabras salen de su boca ya atropelladas por las próximas. Me ofrece algo para beber con un tono ciertamente amable, pero en ese ofrecimiento se deja entrever una excusa para ponerle una pausa a su intensidad discursiva. Acepto el convite, también amablemente, pero le aviso que se hace imprescindible continuar. –Pareciera que, de acuerdo a tu criterio, hay una contradicción muy grande entre lo que has venido buscando para el rugby a partir de algunas gestiones realizadas y las respuestas que en parte conseguiste. ¿Es tan así? –Muchas veces lo siento así. Fue muy duro el trabajo para posicionar a Los Pumas dentro y fuera de la cancha. Como jugador llegué a sentirme absolutamente realizado, pero después empecé a moverme para que el tercer puesto del Mundial del 2007 no quedara en el recuerdo y nada más. Lograr, con mucha otra gente, que Los Pumas se insertaran al Tri Nations (N. de la R.: histórico torneo disputado por Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, potencias del hemisferio sur) a partir del 2012 es algo enorme. Lo que pasa es que

esa expansión que pretendemos a veces se topa con la mediocridad y la envidia de la que te hablaba antes. –¿Vislumbras un entendimiento en el corto plazo? –Ojalá, pero a veces creo que es una disputa tan personal que lo hace casi imposible. Algunos de estos tipos quieren verme muerto lo antes posible. Es así de corta. Entonces pienso que la solución la va a traer el paso del tiempo, cuando ellos hayan pasado y yo también. Pero para correrme, debo sentir que el sistema y la estructura funcionan más allá de las personas. Y todavía no me parece que sea el momento. La exposición que he tenido y el respeto que me gané en el mundo del rugby hicieron que esté por encima. A algunos podré sonarles egocéntrico, pero lo único que busco es que mi figura siga sirviendo para abrir más puertas. –Este año se juega el Mundial y todavía no hablamos del juego. ¿Cómo la ves? –La verdad, está difícil. Muy difícil. La transición 2007-2011 no ha sido del todo buena, y el grupo de la Argentina (Inglaterra, Escocia, Rumania y Georgia) no es para nada sencillo. Además, por lógica, la vara está muy alta después de lo que hicimos en Francia. Por eso hay que entender que aquél fue un momento único, y que esta Selección debe buscar su propia historia, seguramente con bastante menos brillo que aquel equipo. Deberán despojarse de la idea de imitar lo que pasó hace cuatro años y buscar con tranquilidad la mejor opción para este presente. –¿No crees que, más allá de lo enorme del resultado del Mundial pasado, el gran público mezcló peligrosamente la figura de ustedes con la defensa de la patria, en detrimento, además, de otros deportistas supuestamente desinteresados, o menos involucrados, de otros deportes?

“Se habló mucho de la intensidad con la cual cantábamos el himno, y se les marcaba sobre todo a los futbolistas que tenían que “aprender” de Los Pumas. Una pavada...”.

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Es que fui el primero en decir, en aquel momento, que había sido desmesurado lo que se generó con respecto a eso. Se habló mucho de la intensidad con la cual cantábamos el himno y se les marcaba, sobre todo a los futbolistas, que tenían que “aprender” de Los Pumas. Una pavada... Lo único cierto en un Mundial es que tenés ochenta minutos para demostrarte a vos mismo y demostrarles a tus compañeros que estás dispuesto a pasar a la Historia, a quedar inmortalizado y no escribir una marca negra. Eso sí es la entrega, y no lo negociamos nunca. –Volviendo a la Copa del Mundo de septiembre, seguramente será difícil seguirla desde afuera…

–Y sí… Fueron cuatro Mundiales consecutivos, y ahora me toca el sillón del living… Pero, de verdad, creo que es el lugar que me corresponde hoy. Soy amigo del Tati (Phelan, el entrenador de Los Pumas), y si me pusiera a opinar le diría “cambiá acá, acá y acá”, pero sería irrespetuoso de mi parte. Hoy me siento el hincha número uno de este equipo, pero sólo eso. Jamás criticaría a un jugador públicamente, porque me parecía injusto cuando lo hacían conmigo. Lo mismo con el equipo: puedo decir que jugaron bien o que jugaron mal, pero nada más. –¿A tus ex compañeros de Los Pumas y a los contemporáneos del rugby les pedís algo en particular a la hora de las

disputas que llevás adelante? Nada en particular. Quizás algunos no estén de acuerdo con mis formas, o con que de repente opine fuerte mediante una red social como Twitter, pero está todo bien. La mayoría me apoya. A los que no, estaría buenísimo que dijeran la verdad. Si fuiste parte de un sistema, te compraste una hermosa casa a partir de eso y te vanagloriaste de viajar por el mundo siendo Puma, no podes esconder la cabeza como el avestruz simplemente porque el presidente de tu club necesita protagonismo político. Igual, jamás salí a hablar mal de ellos. Cada uno lo vive como quiere y puede. Como te comenté al principio, cada uno es lo que es.

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RUMBO A LA COPA AMÉRICA

Calle arriba

Los últimos partidos de la Selección dejaron un sabor confuso. Entre una actuación para el aplauso y otra para el bostezo, las nuevas líneas de pensamiento del entrenador son desmenuzadas por nuestro analista, con algunos puntos para que se nos abra la discusión en la mesa de café y en la cabeza. Por FERNANDO PACINI Foto DANNY ROTHENBERG

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l primer tiempo de la Argentina frente a los Estados Unidos se pareció bastante al discurso de Sergio Batista, que ya tiene su primera gran confirmación: un equipo base titular para comenzar la Copa América. Si todos los futbolistas llegan en forma al mes de julio, el DT tiene nueve de los once que se estrenarán con Bolivia en La Plata. Resta saber quién será el arquero, y si Higuaín, Agüero, Diego Milito o el mismo Tevez disputarán un lugar con Lavezzi. Si Gonzalo Higuaín vuelve a la competencia en buen estado, aparece como el socio ideal para Messi. Sería el David Villa de la Selección argentina. Podría situarse ligeramente sobre la izquierda de Messi y acabar como centrodelantero: tiene gol, remate, inteligencia, buena calidad de pase para jugar corto, y se desmarca como nadie. La costumbre de jugar juntos puede confirmar la empatía futbolística entre ambos. Los 45 minutos iniciales en New Jersey confirmaron al entrenador y a sus dirigidos que pueden jugar de esa manera: disponiendo del balón y protagonizando el partido. Fue un equipo fluido, convencido y muy a gusto con la forma. La imagen desmejoró notablemente sin Messi y con el equipo B, en Costa Rica. Aún pensando solamente en la presunta alineación titular, hay algunos puntos por observar: –El “trivot” de mediocampistas centrales asegura balance defensivo y posesión más que aceptable, pero no siempre es

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profundo en ataque. Sí hay excelente distribución lateral en la línea de la pelota. Pero el pase final para el que los delanteros se desmarcan no abunda. Simplemente porque hay tres volantes centrales de características parecidas. De ese último pase depende que la proporción entre tenencia de pelota y situaciones de gol se corresponda. De lo contrario, la posesión se vuelve ociosa. –Zanetti y Rojo son laterales que precisan respaldo para atacar. Es más sencillo conseguir el desborde por capacidades colectivas que por intentos individuales. El vínculo entre ellos y los extremos debería ser más frecuente. Los ataques en parejas, o de a tres, suelen ser infinitamente más productivos. La pelota al pie es más previsible que la pelota al espacio. –Que la defensa juegue bien adelantada, lejos de exponerla, la protege. Y la Selección pretende subir a la última línea hasta la mitad del campo. Todo el equipo debe saber que, apenas producida la pérdida, habrá de “atacar” al rival que tenga la pelota, presionando metódicamente. Ese comportamiento no es natural, se adquiere. Especialmente, hay un hábito a

modificar cuando se decide que un equipo presione: la tentación de retroceder para ocupar los metros vacíos. Da vértigo jugar con 50 metros atrás, pero es sólo una sensación. El esfuerzo es breve, intenso y muy estimulante, por los magníficos resultados que produce. La transición defensiva dura casi nada; recuperada la pelota, el equipo se dispone a atacar nuevamente. –La pelota detenida en defensa es y va a ser un fastidio. Apenas se podrá mejorar, pero la altura no se entrena. Por eso también es vital un arquero confiable en el juego aéreo.

EL ESTILO El discurso de Batista es claro. Su aspiración es moldear un equipo que recupere un estilo que él (y muchos) consideran que la Argentina perdió en el curso de la modernidad. “La nuestra” hoy se dice “Barcelona”. El equipo de Guardiola aparece en el discurso de Batista como una expresión Siglo XXI de la tradición del fútbol argentino. El mensaje es todavía más ambicioso: Barcelona, y España,

La añoranza por el fútbol que tuvimos y ya no tenemos puede perfilar una mirada nostálgica y dañina.


se alejaron de la furia y se apropiaron de la escuela del fútbol de toda la vida del Río de la Plata. Según esta interpretación, Barcelona es “la nuestra” en versión 2.0. El riesgo de obstinarse en la recuperación de algo extraviado es perder de vista que el estilo debe contener, inexorablemente, los componentes propios de esta época. Sin esa conciencia de la complejidad de la trama, de cada derivación del fútbol global y mercantilizado, apenas será un intento noble e inferior a todos los pasados. Y “la nuestra” no será más que una superstición. La añoranza por el fútbol que tuvimos y ya no tenemos puede perfilar una mirada nostálgica y dañina. El pasado, por muy glorioso que haya sido, cuenta siempre con el favor de la leyenda y el paso del tiempo, que suelen omitir todo aquello que fue negativo a favor de los mejores recuerdos. Como sea, la elección de un determinado estilo es una conquista en sí misma. En todo caso, cualquiera podrá celebrar o lamentar el camino tomado, pero es un camino al fin, un punto de partida. Lo primero que tiene un gran equipo es identidad. Hasta los fracasos más dolorosos se pueden sobrellevar con convicción y competencia. Es curioso, sin embargo, que el fútbol argentino y sus estructuras se alejen de las premisas que intenta rescatar el equipo nacional. La Selección Mayor no representa de ninguna manera al campeonato local. En todo caso, la Selección

Sub-20 refleja mejor la esencia de nuestra Liga, más italianizada que catalana. La formación del futbolista se completa en Europa; allí mejoran sus facultades, con una competición técnicamente más exigente. El cambio aún no llega a las bases. Al menos, no se impone como una

política de estado. No lo hace la AFA ni lo hacen los clubes. La Selección va en sentido contrario al rumbo de los torneos que, presuntamente, representa. Mientras el pase y la elaboración recobran prestigio mundial, al fútbol argentino le sobran dirigentes y pelotazos.

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RUMBO A LA COPA AMÉRICA

Antiguos son los trapos

“Yo trato de hacer un fútbol antiguo”, dijo antes de la última gira el entrenador de la Selección. Desde entonces, se abrió una posibilidad ausente en los últimos años: la discusión sobre identidad futbolística, filosofía de juego, pensamientos libres... Como en la política nacional, eso de mirar un poco hacia atrás está bueno. Nos tenían bien podridos con el modernismo y el posmodernismo. Por PABLO LLONTO

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e joven una de las frases que más me molestaban era “todo tiempo pasado fue mejor”. Contenía la soberbia del pensamiento tanguero y la insinuación de una condena: jamás igualaríamos a los viejos. Alguna vez prometí que nunca saldría de mi boca, que antes –como si fuese la pastilla de cianuro– recurriría al silencio de las derrotas inmerecidas. Jugar a la antigua, última consigna del pensamiento batistiano, puede interpretarse bajo los movimientos de aquella sentencia. Para el futbolero, para el periodista, para el lector. Para las mujeres y hombres que se reclaman sabedores del fútbol, “la antigua” suena primero a La Máquina, luego a Los Carasucias, luego a Rojitas, a Huracán del ‘73, a los ballets de Bochini, Alonso y Maradona, y siguen las almas revolviendo el pasado. Los buscadores de equipos, los buscadores de estilos, pueden revisar los noticieros de antaño, los súper 8, las “tortas” de películas añejas, los VHS y el cine digital, y jamás encontrarán dos equipos argentinos que se parezcan como gotas de rocío. La Selección Nacional nunca jugó a la antigua porque nunca hubo un estilo argentino a la antigua. Existieron jugadores. Jugadores con destino de invencibles; o entrenadores con apariencia de

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poetas atorrantes y asadores de parrilla que permitieron la ternura de jugar con libertades. Fue entonces, sólo en aquellos momentos, cuando nos encandilaron los mejores. Si en cambio, por “juguemos a la antigua” se entendiese la posibilidad de toquetear quince o veinte veces seguidas, pues entonces estaremos jugando más a la antigua. Pero brasileña... Los equipos argentinos, con excepción de algunas ráfagas de los seleccionados de Menotti en los ‘70, no han sido “campeones de la posesión”. Ni siquiera el seleccionado juvenil argentino campeón mundial 1979 (el de Japón, el de las madrugadas), tal vez uno de los equipos con mayor cantidad de joyas desparramadas en el verde césped (Barbas, Maradona, Ramón Díaz, Escudero, Juan Simón, Calderón) convivió con el lenguaje del toque y toque. Un técnico al que todos podrían ubicar entre los símbolos del “dejemos jugar” era Ángel Labruna. Difícilmente un equipo dirigido por él contaba con picapiedras o se inmolaba por un cero a cero. Labruna era el DT del buen ojo, la buena elección

y el lenguaje sencillo para dar indicaciones. Algún amigo de Batista podría ubicarlo entre los poseedores del estilo a la antigua. ¿Querrá ser Batista como el Labruna del River 75/77? Repasemos los últimos entrenadores desde el momento en que la Selección pasó a ser prioridad (1974, después del Mundial de Alemania): Maradona, Basile, Bielsa, Passarella, Bilardo y Menotti. De esa lista, y usando caprichosamente nuestros registros sentimentales, Maradona, Basile y Menotti podrían ser considerados “chapados a la antigua”. Es decir, enemigos del “ganar como sea” y enemigos del “chocar, subir una montaña, correr 200 kilómetros y no tocar la pelota”. Para utilizar las frases textuales que Batista usó en el reportaje que le concedió a Julio Chiapetta. Uno piensa en ellos, y piensa en Houseman, y piensa en Talleres de Córdoba en los ’70, y piensa en tantas otras maravillas de la gambeta, y quizás, con el esfuerzo de tomar un poco de aquí y un poco de allá, puede construir el modelo antiguo del que hablaba Batista.


Bielsa, por lo contrario, era un entrenador a quien todos colocaban a la vanguardia del mundillo futbolero. Podríamos llamarlo hoy “la antítesis” del pensamiento de Batista. Estamos convencidos, por ejemplo, de que a Bielsa nunca se le hubiese pasado por la cabeza jugar a la antigua. Pero, ¿qué hubiese pasado en la Argentina si el bielsismo se hubiese impuesto en una Copa del Mundo? Hoy estaríamos descubriendo las bondades históricas del llamado estilo moderno: presión constante, jugar en el campo rival y el dominio de la pelota. Ese triangulo básico, elemental y cuasi reglamentario de Bielsa, no tenía nada que ver con los antiguos estilos, si es que a ellos se quiso referir Batista. De haber ganado Bielsa, un frío recorrería las espaldas de los rivales de la Argentina, pero el mismo frío también nos recorrería a nosotros después de una docena de partidos. Con Passarella ocurre lo mismo. Sin ponernos a frecuentar ciertas insolencias del “ganar como sea” que sobrevolaron algunos partidos –recordemos, al menos, el episodio de Julio Cruz en La Paz–.

Ni hablemos del Bilardismo, un interrogante permanente, una contradicción de veinticinco años que aún tenemos que resolver para preguntarnos si tuvo un estilo o si sus equipos en verdad fueron sobrevalorados en la eficiencia. Ni hablemos de la estética. Jamás el DT campeón en el ‘86 exhibió secretos o filosofías, o al menos una declaración que hablase de “estilos argentinos” o “marcas registradas”. Para Bilardo, lo mejor siempre se trataba de imitaciones a jugadores europeos, más altos que nosotros, más fuertes que nosotros, más cabeceadores que nosotros, con más toques largos que nosotros. El sueño de Bilardo fue más la clonación que la diversión. Si de él hubiera dependido, la Selección habría contratado dos o tres ingenieros genetistas antes de darle trabajo a un ayudante de campo o a un preparador de arqueros. Bilardo siempre fue un técnico de Alemania, pero frustrado. Batista habló y nos dejó, de nuevo, en el corazón de un misterio que integra los tormentos de los argentinos. ¿De dónde

venimos en el fútbol? ¿De qué estamos hechos? ¿Somos la mezcla de pueblos originarios, aguerridos y aguantadores, con pícaros españoles e italianos que dominan otros aspectos del fútbol? Hoy, cuando todos sentimos la ardiente gravitación de unas imágenes que llegan desde Barcelona, cuando no hay otra predilección que hablar de Messi, Xavi e Iniesta, cuando no existe otro modelo para copiar que la “escuela holandesa”, la sorprendente referencia de Batista a una Selección que juegue a la antigua es la primera invitación, en años, a reflexionar sobre identidades. Algo similar viene ocurriendo en la política argentina. En buena hora. Mirar hacia atrás para luego mirar hacia adelante es un buen ejercicio. Y así como en el país es necesario juzgar, condenar y archivar a unos cuantos, para el fútbol argentino nada será posible en cuestión de identidades si antes no logramos sacarnos de encima a los grandes profanadores de identidades, el presidente de la AFA y sus secuaces.

René Houseman, las medias caídas como declaración de principios. ABRIL 2011 | UN CAÑO 39


Habíamos jugado tanto

Entre la búsqueda de la identidad y la nostalgia, nuestro compañero, colmado de experiencias propias, abre unos cuantos interrogantes sobre aquello que se debe discutir a partir de los planteos del Checho Batista. De dónde venimos y hacia dónde vamos, una buena manera de encarar el análisis de esta Selección. Por GUSTAVO LOMBARDI

Labruna, De La Mata, Martino y Méndez con los colores argentinos en 1946.


RUMBO A LA COPA AMÉRICA

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on la llegada de Sergio Batista a la Selección mayor, el concepto de la identidad del futbol argentino volvió a estar en boca de todos. Es el mismo entrenador quien en cada oportunidad que puede hace referencia a la búsqueda de una identidad perdida u olvidada. A la recuperación de una idea, de un estilo que alguna vez nos representó y del que, según él, nos hemos apartado. Se me ocurre, entonces, indagar sobre ese juego perdido y preguntarme cuál es hoy la verdadera identidad del jugador de fútbol de estas tierras. Creía no tener dudas. Convencido de que aquel linaje de gambeteadores, de pícaros, de haraganes de cara sucia crecidos en los potreros, amantes del juego por el juego en sí, amantes de la libertad, de la improvisación, de la poesía que solo este juego puede dar, ESE linaje, debía ser la respuesta inevitable. Pero investigando, leyendo, principalmente observando, me di cuenta de que ellos no representan hoy la identidad del futbol argentino…

O sí, pero censurados, amordazados, perseguidos. Outsiders. Contraculturales. Revolucionarios. En esto se han transformado. En esto los han trasformado. Ellos no lo han buscado, se han encontrado con este destino. Ya les ocurrió una vez en los primeros años del siglo XX. Cuando tomaron por asalto aquel fútbol llegado desde Inglaterra y dieron nacimiento a “la nuestra”, una refundación del fútbol practicado en Argentina, pero esta vez con un tinte netamente criollo. Allí se dio la primera gran revolución. Un fútbol jugado por la elite de aquellos tiempos empieza a ser invadido poco a poco por la pasión del pueblo, que lo adopta como propio y lo termina dominando. Pero no sólo fue una revolución social, una revolución de clases. Fue, principalmente, una revolución lúdica, estilística. El futbol inglés de aquella época se caracterizaba por sacrificar la acción individual a cambio de formar un todo sólido, poderoso, pero también era un futbol monótono, repetitivo. Un fútbol sin sorpresa, uniforme. El jugador argentino se infiltró y comenzó a

erosionar esa idea a partir del brillo individual. Convencido de que no era el todo, sino la suma de sus partes lo que hacía la diferencia. El estilo del jugador argentino estaba naciendo. Y lo hacía, fundamentalmente, a partir de la rivalidad; la rivalidad como una esencia indispensable para la creación de las identidades. En la confrontación existe un proceso histórico de reconocimiento del otro, y el jugador rioplatense, en aquellos años, se inventaba por oposición al jugador inglés. A partir de ahí, y con la llegada masiva de inmigrantes (principalmente, latinos), el estilo rioplatense comenzó a definirse. Dejando de lado al fútbol disciplina, al fútbol pizarrón, al fútbol rígido de escuela como era el inglés, el nuevo estilo nacía indisciplinado, rebelde, fuera de las aulas, brotaba en los potreros, en la plena libertad de las canchitas sin líneas de cal, sin límites. Una nueva sociedad estaba naciendo, y el fútbol era una viva muestra de ello. Nacíamos de la suma de las distintas culturas que llegaban. Cada una de ellas con sus valores, con una historia detrás. Cada una con sus riquezas y sus carencias. Éramos, y seguimos siendo, todas esas cul-

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turas, pero sin ser ninguna. De allí nuestra heterogeneidad. De allí la riqueza, la contradicción. El nuevo estilo mezclaba caballerosidad y picardía, elegancia y rudeza, jugadores de origen humilde pero de una arrogancia elitista. Todas estas cualidades, tan contradictorias como envidiadas, que determinan los rasgos del jugador argentino y lo distinguen claramente del resto, persisten aún hoy. Pero lo que realmente se le reconoce en todo el mundo, casi como una condición excluyente, es “el espíritu” con el que siempre interpretó a este juego. La manera de vivirlo, de sentirlo, de sufrirlo. Su personalidad para no dejarse dominar, para defender un estilo, su estilo. Para ser siempre un rebelde e imponerse a partir del respeto por el buen juego hasta dominar, hasta enamorar, hasta causar, con el irreverente toque de su botín, las más amplias sonrisas en las tribunas de todo el mundo. Pero ya hace un buen tiempo que las cosas han cambiado. El fútbol ha perdido el sentido del humor. Se ven pocas sonrisas. Dentro y fuera de un campo de juego. Todo se ha vuelto serio y trágico. Por diferentes motivos, pero hay una vuelta a los orígenes, un retroceso hasta aquel fútbol metódico y puramente físico que se practicaba hace más de un siglo. Más profesional, me podrán decir. Y es cierto. Y también inevitable. Pero el profesionalismo se está devorando el verdadero espíritu del juego que es su alegría. Pocos deportes tienen la posibilidad que tiene el fútbol para elevar a otro nivel un simple juego de pelota. Recuerdo claramente una frase que escuché mientras se jugaba el Mundial de Alemania 2006 : “los jugadores tienen una conducta ejemplar: no beben, no fuman, no juegan”. Ese linaje que nació en las entrañas del Río de la Plata, arquetipo de una manera de sentir la vida, de sentir el fút-

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bol, fue el que siempre luchó para que este juego dejase de ser tan ejemplar, tan esquemático, tan previsible, y comenzara a ser tomado como una verdadera manifestación artística. Eduardo Galeano decía en una entrevista: “el fútbol es parte del mundo tal cual es, es un espejo de la vida, no es una vida aparte de la vida que todos vivimos, y entonces está sujeto a las reglas del mundo moderno, donde el único pecado que no tiene redención ni perdón es el fracaso, está prohibido perder, y está prohibido fracasar. Entonces eso implica el desarrollo de un juego cada vez más orientado al resultado y que cada vez admite menos los espacios de libertad, de locura, de fantasía”. Fracasar, fracasado… El más lacerante de los insultos en el mundo fútbol. En pleno siglo XXI, el fútbol y los futbolistas, han tomado un lugar, una importancia que nunca antes habían tenido como modelo para la sociedad. Son parte de una idealización épica de la realidad que existía hace mas de 500 años, en la Edad Media, donde la construcción de la identidad como nación se ganaba en las guerras y donde los guerreros eran los modelos en los que los pueblos se veían reflejados e identificados. Hoy, en un mundo globalizado donde las personas eligen el fútbol como lugar de identificación y reconocimiento, las identidades se ganan en los estadios, en los Mundiales, en los partidos de cada fin de semana. Y son los futbolistas los que se visten de héroes épicos y traen la victoria para toda una nación.

De allí que el fracaso en el mundo fútbol se tome como una tragedia, porque, en realidad, es mucho más que el fracaso deportivo, es el fracaso de una identidad, de una nación. Otro de los motivos que atenta contra la posibilidad de encontrar en un campo de juego un espacio para la libertad, para la libre expresión de sus protagonistas es que hoy el fútbol vive en una nefasta dictadura del éxito. Del éxito como sinónimo de resultado. El resultado como única medida. El resultado como único valor destacable. Pero este tipo de éxito es sólo para unos pocos. Y si son pocos los exitosos, entonces serán, dentro de este esquema, muchos los fracasados. Es por eso que el fracaso, en el fútbol, es sinónimo de temor. Y el temor trae avaricia, trae desconfianza. El temor nos muestra un futuro de incertidumbre, de inestabilidad. Entonces la reacción lógica es protegerse, no mostrar todas las cartas, esconder, guardar para mañana, utilizar sólo lo necesario, lo que está probado que funciona y no dejar que la improvisación asome. No intentar. No arriesgar. No inventar. No crear. No creer. “No creas en nada, ni en vos mismo”. Finalmente ese es el mensaje que termina grabándose en lo más interno del jugador de fútbol. Y esto ocurre a lo largo de toda su carrera deportiva. Sólo algunos paraísos aparecerán entre tanto desierto. Sólo algunos verdaderos maestros (palabra tan bastardeada) formarán, enseñarán algo más que el deporte como resultado. El deporte sólo como un fin y nunca como una manera de transitar. Pero lo más peligroso es que esto ocurre


también en el momento donde la identidad del futbolista se está formando, justo cuando uno abandona el potrero, la canchita, el juego en su estado puro y se introduce en la maquinaria del fútbol profesional. Porque las divisiones inferiores de los clubes, hoy, no son otra cosa que los primeros engranajes de este mecanismo. Luego, a la hora del gran espectáculo final que sale en directo para millones de espectadores, aquellas ideas grabadas a fuego parecen haber desaparecido. Pero si uno observa bien, el hierro caliente hizo muy bien su trabajo. Cuando en 1968 Vélez Sarfield se coronaba campeón en el cuadragésimo torneo nacional argentino, el pensador canadiense Marshall McLuhan acuñaba el concepto “aldea global” y daba comienzo a un nuevo proceso histórico que hoy ya todos conocemos y muchas veces padecemos: la globalización. Pasaron más de cuarenta años y aquella aldea global es hoy una realidad, afecta nuestra vida y también a la del fútbol. Será positiva o negativa, o será las dos cosas a la vez. Lo que es seguro es que ha quitado cierta diversidad. Ha unificado, ha emparejado, ha acercado, pero en muchos casos lo ha hecho en desmedro de los distintos, de los diferentes, de los que desean andar un poco por fuera de la norma. Muchas veces ha sido discriminatoria con los más revolucionarios. Y al fútbol, esta globalización le va quitando de a poco su identidad. “Ya no somos lo que éramos, pero todavía no sabemos quiénes somos hoy”, leí una vez en un paredón fuera de un estadio, y me pareció una síntesis perfecta. De tanto en tanto, algún insolente tira un caño, un sombrero, y el público se revoluciona. Se emociona. ¿Cómo no lo va a hacer? Si el fútbol le devuelve la alegría. Si hay jugadas que solas pagan una entrada. Si hay gambetas que son eternamente recordadas. Dicen que quieren un fútbol espectáculo. El fútbol siempre lo fue. Pero lo están transformando en un fútbol nego-

Micheli, Ceconato, Lacasia, Grillo y Cruz. La delantera de independiente jugando para Argentina en 1953.

cio. Necios, no se dan cuenta de que si realmente respetaran este espíritu alegre y lúdico, el negocio sería aún mayor. Codiciosos, lo exprimen hasta extinguirlo. ¿Será el tiempo de una segunda gran revolución? ¿Es esto lo que quiere intentar Batista? “La nuestra”, como le decían en aquellos primeros años de El Gráfico Borocotó y Chantecler, sigue siendo una resistencia. Hay otras, claro. España, hoy. Bra-

sil, siempre. Agitadores de pantalón corto y pelota pegada al pie hay en todas partes. El desafío será protegerlos, resguardarlos, defenderlos. Lograr que la innata sensación de libertad que tienen para jugar al fútbol no sea coartada, restringida, rápidamente encapsulada por distinta. Darles un espacio, un tiempo para que puedan volver a recordarnos qué era eso que amábamos tanto de este deporte.

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Salita Messi

Como quien encuentra el viejo álbum, nos metemos un rato en la infancia de la megaestrella del fútbol mundial. Capítulo La Masia, la verdadera cantera del Barcelona, el lugar al que llegó el pibito de Rosario al que inicialmente muchos creían mudo. Por IGNACIO FUSCO

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l pibe tiene 14 años y la inevitable sonrisa de los que se sientan atrás. El colegio es el León XIII, zona alta de Barcelona. En el aula de segundo año, turno mañana, sólo quedan dos chicos: Víctor Vázquez, hoy extremo del Barcelona B, y él, el pibe de la sonrisa y el flequillo Jaimito, el pibe al que ahora vemos saltando de un pupitre a otro como si jugara una rayuela border, extreme. “Le habíamos escondido un MP3 a una de las chicas de la clase, y Leo lo llevaba encima –le develó Vázquez al diario Mundo Deportivo, años después–. Empezó a saltar de banco en banco, y tuvo tanta mala suerte que de repente se cayó, dañándose una pierna. Aún hoy lleva esa marca”. Pasaron nueve años de aquella mañana. El Messi desconocido había llegado a Barcelona el 14 de diciembre de 2000. Desde entonces hasta el 2003, cuando Frank Rijkaard lo hizo debutar en un amistoso contra el Porto, el zurdito rosarino vivió en La Masia una colección de historias que el público argentino tal vez nunca leyó: estuvo colgado seis meses mientras esperaba el tránsfer, fue suplente de Marc Pedraza, disputó una final con una máscara, le ofrecieron jugar para España, cenó con Riquelme, no terminó cuarto año del Secundario y hasta afiló una faceta que ya nadie le podría reconocer. “Cuando te tenía confianza, era un bicho”, nos asombra Diong Mendy, un senegalés que hoy juega en el Cádiz B. “A mí me expulsaban por su culpa –recuerda Rafael Blázquez, del Vilassar de Mar–. 44 UN CAÑO | ABRIL 2011

Chivaba a la profesora porque bebíamos jugos en clase”. Insiste Vázquez, el testigo de la rayuela extreme: “si no le gustaba lo que enseñaba la profesora, se ponía a escuchar música. Estaba todo el día con la cumbia”. Así que Messi era más parecido al Messi que juega que al Messi que habla, lento y aburrido, cuando le acercan un grabador. “Una noche se lesionó en una pachanga en el jardín, tras ser cazado por otro residente, el baloncestista Asier Zengotitabengoa –cuenta el libro Historia de La Masia–, y después, en el siguiente entrenamiento, aprovechó el primer contacto para tirarse al suelo y evitar así que los directivos supieran del partido clandestino”. Rebelde en la cancha y en las aulas, el Messi desconocido tenía también sus obvios momentos de clandestinidad. “Creíamos que era mudo”, lo recuerda Cesc Fábregas. “Lo pasaba mal, pero mal en la intimidad, porque curiosamente se hacía querer mucho por sus amistades. Su progresión ha sido por su fuerza mental: asumía retos y nunca tenía bastante”, subraya Carles Folguera, director de La Masia. El Messi de los retos era el que podría

haberse entrenado con Rodolfo Borrell, técnico del Infantil A, pero debía hacerlo con Xavier Llorens, del Infantil B, porque sus papeles no estaban en regla. “Llegó con ilusión, pero el grupo de su edad era muy bueno –recuerda Llorens–. En su posición, estaba taponado por Marc Pedraza”. Repitamos, todos juntos, con lentitud: Marc Pedraza. Además de haber taponado a Leo y tener nombre de inspector, el delantero juega hoy en el Centre d’Esports L’Hospitalet, de la Segunda B. Barcelona TV le hizo la primera entrevista al rosarino, un año después de que llegara a La Masia. “Y... Me falta resistencia, velocidad. Me canso de vez en cuando”, decía un Messi que abría la boca mientras hablaba aún menos que ahora. En su debut, había convertido cinco goles. Esa fue la buena noticia. La mala: le anularon uno. Recién en el 2002 jugó oficialmente por primera vez. Lo hizo para el Cadete B. Hasta su debut en Primera lo pusieron de ocho, de extremo, de nueve, de diez… Pero fue en esa temporada, la 02/03, cuando le descubrieron sus reflejos de X-Men: gritó 37 goles en 30 partidos. El rosarino es un Peter Pan em-

Messi estuvo colgado seis meses mientras esperaba el transfer. Fue suplente de Marc Pedraza, quien juega hoy en el Centre d’Esports L’Hospitalet, de la Segunda B.


pedernido, el único jugador que todavía respeta los números de baby o de Inferiores, casi un goleador de metegol. A la categoría la llamaban “el Dream Team”. Messi atacaba con Fábregas y el camerunés Franck Songo’o. Fue campeón, goleador y mejor jugador. El Barcelona ganó la Liga, el Campeonato de Catalunya y la Copa del Rey. La final del último torneo la jugó contra el Espanyol. “El partido de la máscara”, la tituló el periodista Luis Martín en el diario El País. El Barcelona le había ganado 3-0 al Espanyol por la Liga, y a Messi le habían roto un pómulo. A la semana jugaban la final. La prescripción fue obvia: quince días de recuperación. El cuerpo técnico le ofreció armarle una máscara: “si no, no juegas”. Encaprichado, Messi aceptó: a los siete minutos ya estaba en el banco. “Míster, no veo nada”, se dice que le dijo. “Entonces se arrancó la máscara, volvió al campo, tocó tres pelotas y marcó dos goles”, escribió Martín. “En el descanso ya ganábamos 3-0 -recordó el entrenador-. Luego le hice ver que el partido estaba resuelto, que él corría mucho riesgo y lo aceptó”. El peor riesgo ya lo había corrido el Espanyol: el Barcelona lo goleó 4-1. “Pues este niño no es pa’ tanto, hombre, que es apenas un jugador de futbolín”, le decían entonces a Carles Rexach, el directivo que había fichado a Lionel. “Es un chupón (morfón), me insistían. Que regateaba mucho... ¿Y? ‘A los niños de futbolín me los traen a todos’, les decía yo. Leo era un gran jugador, pero sólo con la pelota. Recién en los últimos años entendió lo que es el fútbol en conjunto. Para mí, lo entiende mejor que Maradona. Este Barsa sería aburrido sin Lionel”. Chupón, morfón, futbolín: algo de eso, sin embargo, había. En la primera entrevista que le dio a un medio argentino, el 17 de octubre del 2003, el zurdo le reconoció a Jorge López, del diario Olé: “todos los técnicos me dicen que aproveche para jugar de una. Acá aprendí a tocar de primera, a cubrir mejor la pelota”. Hubiera sido muy divertido, sin embargo, ver al chupón empecinado en un malabar, jugando a esconder la pelota como una sortija. Afilaba los tics en las prácticas, pero en las canchas auxiliares del Camp Nou. “Yo lo descubrí en un entrenamiento –se asombra Pere Gratacós, de la Segunda B–. Estaba lejos, solo, haciendo cosas increí-

bles. Le dije a mi ayudante: ‘que trabaje con nosotros’. Me respondió que sólo tenía 16 años. Yo le contesté: ‘es igual: hace cosas que los míos no saben’”. Mientras el Barcelona de Bonano, Sorin, Riquelme y Saviola finalizaba sexto en la Liga 02/03 y patentaba su peor campaña de la década, el técnico del Sub 16 español, Ginés Menéndez, le ofrecía a Messi jugar para su Selección. Messi le dijo: “no, gracias, espero un llamado de mi país”, y un año después, en junio del 2004, debutaría en el Sub 20 de Tocalli con un 8-0 a Paraguay. En el entretiempo reemplazó a Matías Abelairas, y a los 35 minutos convirtió su primer gol. Todo dato viene con moraleja: el partido se

jugó en la cancha de Argentinos Juniors. Explicación de la moraleja: en el Diego Armando Maradona. Y todo eso después de que Saviola le regalara una camiseta y/o Bonano lo llevara a tomar un helado, según le contó a Olé. “Y con Riquelme fuimos a comer. Me sorprendió su salida. Él podía triunfar acá”, recordaba el pibe, a quien más que nunca le subrayamos el “acá”. Acá es Barcelona, La Masia, el potrero adoptivo en el que se crió, creció y triunfó. Ya pasaron once años, y sólo una cosa lo pudo vencer: el archivo. Octubre de 2003, primera entrevista para la Argentina, Lionel Messi, play: “ése que vino a Newell’s me gusta. Patiño, ¿no? Sí, ése… Me gusta, juega bien”.

El niño Messi cuando mandaba postales autografiadas dede La Masia.

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HOMBRES DE NEGRO

Por ALEJANDRO WALL Fotos FABIÁN MAURI

“Antes eran todos partidazos porque no se cobraban faltas menores” Segundo capítulo de la saga. Esta vez, el árbitro convocado es Luis Oliveto. Entre memorias y comparaciones con la actualidad, los jueces del pasado invitan a debatir si hemos perdido o ganado con las nuevas reglas, los nuevos estilos y los nuevos árbitros. Habla un gran exponente del sistema conocido como “siga, siga”.

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uis Oliveto saca un Benson & Hedges de la cajita, lo lleva sin vueltas a la boca y hace fuego para luego echar una gruesa bocanada de humo. En el encendedor lleva la cara de Ernesto Che Guevara que Korda dibujó con su cámara. “Es lo más grande que hay”, dice Oliveto, sin mostrar una duda. Sólo agrega: “en la historia hay dos: el Che y Jesús”. Eso explica que por una promesa haya recorrido durante meses las provincias argentinas hasta encontrar una que le aceptara el nombre de su hijo: Christos. Lo anotó en Formosa hace veintitrés años. Oliveto, como toda su generación, encontró al Che en el sueño revolucionario de los ‘60. “Era el que menos diferencia tenía entre el dogma y el pragma”, explica. Militó en el Frente de Izquierda Popular, pero se alejó cuando Jorge Abelardo Ramos anunció que en las boletas llevarían la fórmula Perón-Perón. El rock le daba menos desilusiones. Aunque tuvo que abandonar la batería para entrar al Banco Provincia, donde trabajó durante treinta y siete años hasta jubilarse. Todavía se emociona con Los Gatos, aunque hoy haya agregado La Renga, Ratones Paranoicos o Los Piojos a ese repertorio. “La poesía que había en los ’60 y los ’70 no se hizo nunca más”, dice. El pelo le cae por los hombros, como en aquellos años. Sólo tuvo un intermedio: “me lo corté cuando empecé con el arbi-

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traje, pero después volví a las fuentes”. –¿Ser árbitro no se choca con un espíritu rebelde? –No, el “siga siga” era jugar al límite. A favor del espectáculo. Así como vos luchás para tener la sociedad que querés, en el fútbol luchás arbitralmente para que sea el que te gusta. –¿Decís que tiene una carga de rebeldía? –Es una filosofía de vida metida adentro de un campo de juego y enmarcada por un reglamento. El árbitro no es un juez, que es un sancionador de faltas. –La credibilidad también está en discusión... –Daniel Giménez dijo una gilada que la sabe todo el mundo, y se armó una goma infernal. Tiene razón. Hay árbitros que supuestamente están comprados, y ni el árbitro lo sabe. Porque hay un vivo que se aprovecha de las necesidades de los dirigentes y les dice que tiene conexiones, y que para ganar el partido tiene que poner tanta plata. Si le sale el resultado, se la llevó. Ahora, ¿hay árbitros que se pueden comprar? Por ahí sí, donde hay plata yo no pongo las manos en el fuego por nadie. ¿Pero quién la pone? Los dirigentes o los empresarios. No hay un culpable solo. Hay varios culpables. –Hace unos años Jorge Ferro denunció un intento de soborno y dijo que se sorprendía de que no denunciaran más.

–Pero si denunciás, ¿qué pruebas tenés? En un equipo de Primera D, a un árbitro le metieron cien pesos en un pancho. ¿Vas a llevar el pancho con los cien pesos? No tenés pruebas. Cuando hubo una denuncia contra Aníbal Hay, al año echaron al que denunció (Luis Faraoni). Es imposible. Tendrían pruebas si empezaran, como en Italia, con las escuchas telefónicas cruzadas. Pero acá no sé hasta dónde saltarían. Por ahí quedamos pocos. –¿Antes los jugadores eran más difíciles? –Hoy no hay caciques. Te queda un Schiavi, un Verón, en menor medida un Almeyda, que es más bueno que el pan. Y el Mellizo Guillermo Barros Schelotto, que es el último tipo de potrero que existe en el fútbol, un fenómeno. Pero ya no tenés a Chilavert, Ruggeri, el Beto Acosta, Úbeda… Tipos pesados. –¿Con alguno tuviste quilombo? –No, debo haber sido uno de los árbitros que más partidos homenaje jugó. –¿Qué fue lo mejor? –Haberle dado el teléfono de la casa de Diego Maradona a veinte árbitros que querían dirigir el partido despedida, y lo terminé dirigiendo yo. –¿Sabés si eso fue elección de Diego? –Yo creo que Diego eligió todo ahí. El primer tiempo lo dirigió Juan Bava, la mitad del segundo Francisco Lamolina, y lo terminé yo.


Dirigiendo una final de Primera B en cancha de Independiente.

–Esos minutos fueron más importantes que cualquier otro partido –Y sí, porque había cien millones de árbitros que querían jugarlo. Y lo jugué yo. –Cuando lo dirigiste a Diego en su debut como técnico de Mandiyú te puteó desde el primer minuto. –Fue después de una jugada en la que le cortaron un avance de gol a Guido Alvarenga. A Diego le habían armado una tarima especial en la platea porque no podía estar en la cancha. Con el juez de línea todavía nos matamos de risa. Cobró un off-side que, cuando lo veo por la televisión, compruebo que no fue ni un poco: estaba habilitado veinte metros. En su último partido, también lo dirigí. Fue un Mandiyú-Racing. Renunció para irse a Racing. Terminamos viendo Fútbol de Primera con los jueces de línea, Sergio Goycochea, Marcos Franchi y Juan Destéfano. –¿Cómo eran los lunes en el banco? –O atendía la mitad de la gente mi señora, que trabajaba ahí, o mi jefe me de-

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cía “Luis, andate a dar una vuelta porque esto es imbancable”. Me venían a buscar hasta para preguntar por otros partidos. Y cuando salíamos a comer por Florida, mi señora se cansaba. Porque empezaban con “¡cómo te puteé ayer!” y terminábamos tomando café. –¿Te dolía cuando te puteaban? –No, doler me duele cuando me dicen ladrón. –Bueno, es un insulto común –Sí, los jugadores dicen que les robaron el partido si no les dieron un lateral en la mitad de la cancha. –¿Aprendés a convivir con eso?

–No, pero cada vez escuchás menos la puteada. Porque la puteada te hace capacitar. –¿Como es eso? –Algo pasa cuando te están puteando demasiado. Ahí decís “acá estoy haciendo las cosas mal yo”. Te hace reaccionar. Con la puteada al voleo no pasa nada. Porque el “hijo de puta” te lo comés siempre. Pero hay un momento del partido en que la puteada no es algo natural. Alguna cagada te mandaste. –¿Das clases en cárceles? –Sí, en la provincia de Buenos Aires. Me relacioné con un pibe de Ezeiza, que me pedía que le consiguiera un laburo porque estaba por salir. Habíamos ido con artistas, músicos y otros muchachos a jugar al fútbol. Pero con antecedentes penales no te da nadie. El único lugar es una liga de árbitros. Así que empezamos a darles una salida laboral. Ahí solamente le van a preguntar si tiene el pecho para aguantar. A veces, hay que ligas que tienen que pedir árbitros a otros lados porque no tienen. –¿Por qué ocurre eso? –En las ligas no hay recambio, porque no tienen tiempo para hacer cursos. A nivel AFA es otra cuestión. La FIFA bajó la edad para conseguir árbitros más jóvenes, y bajó el ingreso. Antes era a los veintiuno, y hoy apenas terminás quinto año. A esa edad, un pibe tiene ganas de salir con amigos pero no de vestirse de árbitro para salir a la cancha y que le puteen a toda la familia. Ahí no hay vocación. –¿Y a vos cómo te cayó la vocación? –Me insistió un amigo. Yo nunca había dirigido en mi vida. Una vez que estás adentro, le empezás a agarrar el gustito. Dirigí desde 1979 hasta 1997. Teníamos

“Ahora se busca un árbitro corredor, de pelito corto, un muñequito de torta que parece recién salido del gimnasio. En otra época se buscaban árbitros que supieran de fútbol”.


que tener un medio lícito de vida para ingresar. Hoy tenés que tener disponibilidad de tiempo, con un laburo no podés… Tenés que vivir para el referato, porque dicen que son profesionales. Una estupidez mental. Nosotros no éramos profesionales, laburábamos de otra cosa. Hoy un árbitro internacional, por cuatro partidos, se lleva dieciocho lucas. –¿Cuándo cambió eso? –Cuando yo llegué a internacional, en 1994. Ahora se busca un corredor, de pelito corto, un muñequito de torta que parece recién salido del gimnasio. En otra época se buscaban árbitros que supieran de fútbol. Compará a Loustau, Calabria, Lamolina, Biscay, Mastrángelo o Ruscio con la camada actual de árbitros de laboratorio. Hoy te hacen pensar con el bolsillo, porque ganás mucha plata. Y si pensás con el bolsillo, no sé si tenés libertad, porque el inconsciente no lo podés manejar. Tu instinto de supervivencia te hace pensar “uh, le cobro un penal a un grande y después no me renuevan el contrato”. –¿A qué llamás árbitro de laboratorio? –A un tipo que no entiende de arbitraje, que es un esquemático. –¿Eso abunda? –Son la gran mayoría, no saben manejar futbolísticamente los partidos, no los disfrutan. Están pensando en lo que ganan a fin de mes. No hay profesores que enseñen filosofía arbitral. Primero tenés que armar al árbitro y después, lo último, es explicarle las reglas. Hoy los tipos no piensan. Ves la espuma de afeitar que se usa para la barrera, y van y la ponen sobre la línea de cal del área. ¡Es blanco contra blanco, no se nota, estúpido! –Leí que dijiste que eso no sirve –No, no sirve para nada y es contraproducente. Si yo necesito una espuma para que me hagan caso, soy un pobre tipo. Bienvenido sea para el que inventó el negocio. Pero vos tenés que decir que la barrera va ahí y se acabo. Igual que los intercomunicadores. Tienen cables por todos lados. Un día se van a electrocutar. ¿Los árbitros no pueden entenderse con

tres o cuatro señas? No jodamos… –¿No hay tecnología que se puede sumar? –Ahora en la UEFA incorporaron dos árbitros más. Van a ser más árbitros que jugadores. –¿Y “el ojo de halcón”? –No, porque si yo pongo catorce cámaras en River-Boca y no las pongo en la quinta de Yupanqui-Atlas estoy haciendo una justicia para ricos y otra para pobres. Además, el ojo de halcón supone un 90% de seguridad. Tampoco puede ser creíble. Lo que dejaría es el vibrador en el brazo del árbitro, porque vos tenés una señal

del juez de línea sin dejar de prestarle atención a la pelota. –¿Marcar la línea del arco tampoco? –No, la pelota de Frank Lampard en el Mundial se ve que entró desde cualquier lado. Por el rebote. No lo cobraron porque fue un error. –¿Hay excepciones en el arbitraje? –Baldassi es la única. –¿La única? –Bueno, ahora están empezando a nacer los (Patricio) Loustau, que por más que sea internacional está recién empezando. Está (Luis) Álvarez, que tiene filosofía. Más abajo tenés un tipo como (Ju-

Su mejor recuerdo, la despedida de Diego.

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lio) Barraza, que sabe de fútbol. No veo tantos como había en otra época. La falla principal es la educación de los árbitros, a quién ponés al frente de la Escuela. –Eso se modificó varias veces, ¿no le encuentran solución? –No, primero por cómo se maneja AFA. Si Julio Grondona quiere o no quiere. Si me llamaran a mí, diría que hay que rajar a 150 árbitros y empezar de cero. Y si me dicen que no hay guita para eso, mucho gusto y me voy. Ahora, si vos te bancás la que te dice Grondona, entonces vas emparchando y esperás que uno o dos árbitros que metés te salgan bien. –¿Fue un avance la designación de Lamolina en el Colegio después de las dos décadas de Jorge Romo? –Por supuesto. Si se llama Colegio de Árbitros no lo puede dirigir un dirigente. La AFA está hecha para los dirigentes, pero el Colegio tendría que ser para los árbitros. Y tiene que ser un paraguas protector. No tiene que ser el tipo que reciba las quejas de los dirigentes y apunte a la cabeza de los árbitros. Yo me retiré hace catorce años por todo ese mal manejo. –¿Es un triunfo del “siga siga” que Lamolina ahora esté ahí? –No, esa es una filosofía futbolística que piensa más en el espectáculo que en uno mismo. Si pitás faltas por estupideces, le quitás placer al jugador y al espectador. Ahora, cobran cincuenta foules y ves un partido de tiros libres. Antes, eran todos partidazos porque no se cobraban faltas menores. Después, no sé si vino Hitler o Blatter y dijo que había que cobrar todo. –¿No es entonces un triunfo de esa idea? –No, porque no era un partido. Para algunos era mejor un culpable en libertad que un inocente preso. Y para otra gente es mejor un inocente preso que un culpable en libertad. Lo que vos querías en la vida lo demostrabas en la cancha. El reglamento no es una línea delgada, sino que tiene dos paredes, como un cuarto. Vos podés estar de la pared izquierda o de la pared derecha, y en los dos casos estás dentro del reglamento. Ninguno del “siga siga” cobró triple porque un tipo

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hizo un gol desde lejos. Eso fue un invento de algún salame defensor del estilo de Javier Castrilli. –¿Recordás quién fue? –Cualquiera, no sé. Pero no sabían ponerle sobrenombre. El Sheriff que tenía leyes propias. El Justiciero que hacía lo que quería. Robin Hood, que para la ley formal, era un ladrón. No se daban cuenta ni de lo que decían. Menos mal que estaba en la otra vereda. No por Castrilli, que hacía lo que él creía que era correcto y esta-

ba bien. No voy a discutir su forma de ser. –¿Hay voluntad política para cambiar el arbitraje? –Por historia personal, me parece que no. Pero Grondona dio un paso adelante al poner a un ex árbitro en el Colegio. Lo que tendría que hacer Lamolina es poner en la Escuela a gente que enseñe con su filosofía. Miguel Scime no tiene la misma mentalidad. Así como en el fútbol tenemos “la nuestra”, en el arbitraje también la tenemos.


No esperes que un hombre muera para saber que todo corre peligro Como toda muerte, la de Ramón Aramayo, el hincha de San Lorenzo que perdió la vida en las inmediaciones del estadio de Vélez, desata de nuevo las frases hechas a las que nuestro fútbol se va acostumbrando. ¿Qué se hace para encontrar soluciones? ¿Alguien se preocupa? Por DIEGO BONADEO

C

uentan los muertos como si fuesen tiros de esquina. Y salvo la estúpida y perversa estadística, no queda absolutamente nada. Además, se pone énfasis en caratular enfrentamientos entre barrabravas o reyertas con la Policía como “violencia en el fútbol”. Es que, al etiquetar, se diluye la posibilidad del debate conducente, y por lo tanto, el principio de solución. Si enfáticamente se le dijera al dirigente, al político, al futbolista, al entrenador, al periodista que mienten al atribuirle violencia al fútbol- juego, probablemente amainarían los simplismos. ¿O es que los delincuentes asociados ilícitamente se pelean, se hieren, se matan por un caño, por un sombrero, porque alguien le pegó de punta para arriba o por una infracción o un fuera de juego? No. Se pelean, se hieren, se matan por poder, porque hasta un trapo de mierda de cualquier color arrebatado a “los otros” significa poder para quienes se manejan con el supuesto folklore como excusa permanente. Se pelean, se hieren, se matan por la plata que la corrupción dirigencial dispone para apaciguar a los monstruos que ellos mismos, los dirigentes, fabricaron. Y después hay quejas plañideras por haber quedado rehenes de los barras… Hay imbéciles de toda imbecilidad que pregonan desde algunos púlpitos de las decisiones que sería bueno que tampoco en Primera División se permitiera la

concurrencia de las hinchadas visitantes, ignorando que por estos días en el hospital Rivadavia todavía está internado, semiparalítico, un individuo a quien apodan El Uruguayo, integrante de una de las facciones de la barra brava de Boca, que fue herido en una trifulca con otros integrantes de La Doce en un piringundín de la calle Gallo, cerca del Hospital de Niños. O como si al barra de River Gonzalo Acro lo hubieran asesinado hinchas de Peñarol o del Real Madrid. Desde la muerte del hincha de San Lorenzo Ramón Aramayo en circunstancias no aclaradas todavía –y parece que nadie desde los poderes tiene demasiado interés en aclarar nada–, todo siguió igual, salvo la suspensión del partido en la cancha de Vélez. ¿Para qué sirve suponer que el accionar policial fue un pase de facturas para la ministra de Seguridad Nilda Garré? ¿Para qué sirve que se exhiban una y otra vez por televisión los videos caseros que muestran la barbarie? En fin, para qué sirve nada, si de todos modos no se hace un carajo. Nadie tiene las cosas bien puestas para decir “¡basta!”. El cinismo hace que todavía hoy se naturalicen un montón de cuestiones flagrantemente “contra natura”. De este lado, como Serrat, insistimos en “no esperar que un hombre muera para saber que todo corre peligro”. Del lado de “ellos”, la vida no vale nada…

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UN CAÑO INVESTIGA Por GUSTAVO VEIGA

Todos menos tú

Con un presupuesto mucho más módico del que tenía previsto para su lanzamiento –su hacedor, el consultor Horacio Gennari, lo había soñado en principio para el 25 de mayo del Bicentenario–, finalmente AFA TV, la señal oficial del fútbol argentino, saldrá al mercado este año.

J

ulio Grondona sólo impuso una condición: no venderle la programación al Grupo Clarín, que conserva casi la mitad de los abonados al cable (unos 3,5 millones). El vitalicio presidente prefiere perder plata antes que cederle la comercialización a su ex socio en los derechos televisivos. En principio, no se trata de un negocio demasiado redituable –en la Asociación esperan salir hechos–, pero su presentación está pensada para antes de que comience la Copa América, el 1º de julio. “Se está preparando la grilla que se les ofreció a distintas productoras. Vamos a tercerizar los espacios”, comentó el consultor Horacio Gennari ante la consulta de Un Caño, entusiasmado con la idea, su idea. En el número 27 de la revista (enero de 2010), este cronista ya había desarrollado cómo sería el proyecto del canal propio. El tiempo resultó tirano. Nunca se concretó hasta hoy. ¿Se concretará? Ahora parece que sí, que la AFA no necesitará de un socio para difundir su ideario –como antes TyC, como ahora el Estado– porque se avanzó en los números de la inversión, los contenidos y la puesta a punto. Hace exactamente quince meses, contábamos: “como sociedad civil sin fines de lucro, tendrá señal televisiva propia, estudios de radio y un museo, además de la página web y la revista con que ya cuenta. Para Gennari, el valor aproximado de la inversión rondará entre el 1,50 y el 2% de todo lo que recaude la entidad por los derechos televisivos que

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le pagará el Estado a diez años: 6.000 millones de pesos. O sea, entre 90 y 120 millones. La construcción del complejo, que pretende la descentralización administrativa de la AFA, se completará con una escuela para la formación de dirigentes, que bien falta hace, aunque depende de quién la dirija”. Pues bien, aunque aquella cifra contemplaba lo que Grondona y su círculo más cercano definen como Ciudad AFA, la inversión actualizada no supera en producción de contenidos los 10 a 12 millones de pesos. El cálculo que hace Gennari es que si se vende la señal a 40 centavos por abonado (el mercado tiene otros 3 millones que no son de Cablevisión, la empresa de cable de Clarín), se recaudarían 1.200.000 pesos mensuales que, multiplicados por doce meses, rondarían los 14.400.000 anuales. Entre ingresos y egresos, la ganancia neta que imagina el asesor del presidente orillaría los 2 millones de pesos. O, en el peor de los casos, la AFA no perdería dinero. Para ser el año del lanzamiento, no estaría mal. Lo que recaudaría AFA TV si su producto lo colocara Cablevisión entre sus abonados, podría duplicarse. Aunque no

será posible. El dirigente de Sarandí, que el próximo 18 de septiembre cumplirá 80 años, pretende evitar que un gesto de ese tipo pueda malinterpretarse. Clarín está enfrentado con el gobierno nacional en un conflicto que se ha extendido a todos los territorios imaginables. Pero en la casa del fútbol no perciben la misma reciprocidad con respecto a Daniel Vila, el adversario declarado de Grondona para las elecciones de octubre en la AFA. En el despacho del tercer piso, el más importante, se comenta con cierta inquietud un detalle. El dueño de América 2, cuyo socio en ese canal es el ex ministro menemista y lobbista José Luis Manzano –con quien edificó un conglomerado de medios en Mendoza–, moderó sus cuestionamientos a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Nº 26.522) a cambio de algún favor. Dicen eso en la AFA y también que ese favor es la adjudicación de un partido del campeonato de Primera División Néstor Kirchner, que se puede ver por la pantalla de América. “Nos tenemos que cuidar mucho, ésa es una alianza que molesta”, cuenta un alto directivo con reserva del nombre. El mismo que recuerda a Manzano sentado

El año pasado se habló de una inversión total de 25 a 30 millones de dólares en el canal de la AFA.


en la primera fila del acto en la Casa Rosada el día en que la presidenta Cristina Kirchner y Gabriel Mariotto, el responsable de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), presentaron los acontecimientos deportivos de interés relevante que podrán emitirse por TV sin pagar derechos bajo el slogan Deporte para Todos, el sucedáneo del Fútbol Para Todos. Una esperada decisión que entró en vigencia el 1º de marzo pasado. El deporte gratuito por televisión surge de una lista de eventos armada por el Consejo Federal de Televisión. En ella se incluyen los Juegos Olímpicos, el Mundial de fútbol y los Panamericanos, las instancias decisivas de varias disciplinas –la Copa Davis, el básquetbol y el rugby–, y de las Copas que organiza la Conmebol, como la Libertadores y la Sudamericana. Las primeras consecuencias de esta verdadera socialización de derechos ya causaron remezones en la AFA. “Cualquiera televisa cualquier cosa”, afirman, y dan como ejemplos las transmisiones sin ataduras que se hicieron en varias provincias. “Violan contratos con TRISA, en el interior se están pasando varios partidos del Argentino A, y en Córdoba televisan los de Belgrano y Talleres”, cuenta el dirigente. Esto quiere decir que la mejora del contrato por 600 millones de pesos anuales a cambio de los derechos del fútbol generó efectos colaterales para la AFA.

Uno de los últimos, acaso el más inesperado, resultó la irrupción del cuestionado empresario uruguayo Francisco Paco Casal en el mercado local. Cuando trascendió su interés por adueñarse de los torneos locales –Mariotto gestionó una entrevista entre Casal y Grondona que fue un rotundo fracaso –, el proyecto se desvaneció. Casal se concentró en Montevideo, donde negocia el trazo fino de un nuevo convenio con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y no se supo más de él en Buenos Aires. El presidente de AFSCA le habría solicitado que presente formalmente su iniciativa en la Argentina, aunque nunca pasó ni de la promesa de responderle un cuestionario sobre el tema al diario La Nación. Paco se perdió en la otra orilla del Río de La Plata. Allá ofrece extender el contrato del campeonato uruguayo hasta 2021, que ahora se prolonga hasta 2016. Y por los derechos

de la Selección celeste en las Eliminatorias del Mundial 2014 ya habría acordado una paga de 7 millones de dólares. La AUF ha perdido a manos del dueño de Tenfield, la productora en la que es socio de Enzo Francescoli y Nelson Gutiérrez, la camiseta y la publicidad estática. Les queda poco por vender a los directivos uruguayos, que una vez comprobaron como Casal les pateó la puerta durante una reunión. Sus pares argentinos, en cambio, sueñan con el canal propio, una programación a piacere, la ciudad AFA con forma de pelota de fútbol (el año pasado se habló de una inversión total de 25 a 30 millones de dólares) y su veterano presidente hasta se da el lujo de prescindir de los 3 millones de abonados de Cablevisión. Una actitud que en otros tiempos hubiera parecido muy extraña. Grondona la llamaría “tener códigos”.

MARZO ABRIL 2011 2011 || UN UN CAÑO CAÑO 49 53


Carneros marca Clarín

La indignación que provocaron los ataques de algunos periodistas contra otros trabajadores y aquella victimizada tapa blanca es la que inspiró esta columna. A quienes pretenden escudarse en la libertad de expresión para ocultar como trituran todo lo que tocan, ¿cómo hay que llamarlos? ¿Clarineros? ¿Clarinistas? ¿O qué? Por VÍCTOR HUGO MORALES

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i la tapa en blanco de Clarín es el lado “bueno” del mundo, el mundo es un asco. Si los defensores de Clarín, los políticos, los artistas y, lo que es peor, los trabajadores del periodismo que respaldan a Magnetto, en su pretensión de victimizarse, están hablando de verdad de libertad de expresión, este periodista no entendió nada de su profesión, y lo peor es que puede jurar que la ama, por lo cual ha vivido equivocado y le duele aceptarlo. Por eso, quizás, la mirada es exactamente la contraria. Nada más grave ha sucedido aquí, sostiene el firmante desde hace bastante más de diez años, que el propio Grupo Clarín. No hay ideal, postulado, aspiración ética que no hayan sido triturados al paso de este gigante inmensamente corrupto, que aplasta a su paso todo lo que toca, robándolo o poniéndolo a su servicio. En tiempos de dictadura, los comportamientos humanos recorren un amplio espectro de grises que deja en las orillas a los contendientes. Hasta entre ellos, mientras esquivaban el fuego cruzado, hubo quienes fueron más resistentes a la tortura y no confesaron y los que sí lo hicieron. Hace poco, en Un Caño, Pablo Llonto recordó una frase de este relator que, en un gol de presentación en la Argentina, mencionó una canción emblemática de las luchas populares (A desalambrar, de Daniel Viglietti). Travesuras hubo muchas de muchos, pero también repliegue, resignación, miedo y hasta formas inevitables de convivencia con los usurpadores del poder. La búsqueda de mimetizarse en la sociedad de los militares de entonces es una parte del plan. Para las personas públicas aún más. Son convocados, halagados. Dan un chirlo y un mimo a los que detentan el poder. Si te hacés el loco, ya sabés adónde vas a parar, pero mirá que en el fondo somos buenos y te estamos haciendo un gran favor, ya vas a ver… Pocos, salvo los que estaban en el fragor de la lucha, y sus familiares y más directos amigos, mantuvieron la guardia en alto y no concedieron. Vivieron las profundidades del miedo, del odio y de la valentía. El resto, convivió (convivimos) con márgenes de dignidad que hubiésemos querido más enfáticos.

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Cualquiera que mire sinceramente aquellos años sabe lo que esta nota intenta decir. No hay héroes en la población civil que no participa de la lucha. En todo caso, sólo alguna excepción. En ese contexto puede entenderse la debilidad de muchos medios. Las limitaciones para decir la verdad, para cuestionar al poder, para enfrentarlo. Pero algunos fueron mucho más allá de la comprensible debilidad humana. Y fueron cómplices, y lucraron con el apañamiento de esos gobiernos. Robaron papel, máquinas, hijos… Y construyeron un poder que fue un rebenque furioso a la hora de la libertad. Y a rebencazo limpio, sobre la base de lo conseguido en los tiempos de sangre, se quedaron con el país. No es necesario ni mencionar a Clarín para que se sepa que de ellos estamos hablando. Que tengan la desverguenza de atreverse a esa tapa en blanco para quejarse de la falta de libertad de expresión los mismos que cantaron “normalidad” en el país un aciago día de 1976 ofende a la Historia. ¿Cuánta libertad, si de veras la hubiesen anhelado, tenían ese día, cuando sí llegaron a los quioscos? Sin embargo, a ellos, a los de Clarín, se los puede entender. Están defendiendo sus intereses. Pueden hasta ir presos mientras van cayendo a pedazos varios de sus privilegios. Magnetto, Ernestina sólo aspiran a “irse” antes de que los alcance la justicia. Pero los otros, los clarineros, los clarinetistas, los clarines, ¿qué defienden? A estos cuesta mucho más entenderlos. Clarín usa esa tapa, o lo que sea, para lograr que cada una de sus estafas a la sociedad quede bajo la protección de la libertad de expresión. Muy bien, Clarín. Nadie duda de la inteligencia de quienes a la luz del día se roban un país y luego lo custodian con la propia gente a la que estafaron. Pero, ¿cómo entender a los defensores? Y no se habla aquí sólo de los políticos, que al menos transparentan sus ambiciones y ofrecen indicios de cómo piensan concretarlas. Hay artistas, hay periodistas, hay trabajadores que no pueden ignorar el origen del conflicto y dejar de solidarizarse con esos otros trabajadores que gritaron con desesperación, sin que nadie los escuchase, mucho antes de la tapa blanca de Clarín. Carnerear de esta forma a quienes están en el mundo del trabajo es una razón más valedera para apenarse que la consabida mentira de Clarín.


De nuevo, puerto Hay clubes que luchan toda la vida. Son los imprescindibles. Para quienes se atemorizan con el siempre mal querido fantasma del descenso, una historia de consuelos y desconsuelos. Puerto Nuevo, el equipo de Campana que ya estuvo un aĂąo desafiliado por haber salido Ăşltimo en la D, ahora pelea por no repetir la mala suerte. Dignidad y pases cortos. Por FERNANDO DUCLOS Fotos ALEJANDRO KIRCHUK


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i el canal de cable o la bebida que promete felicidad se hubiesen fijado en ellos, probablemente hoy la realidad sería distinta. Pero Campana queda muy lejos, y la varita mágica del marketing no suele viajar tanto. La situación de Puerto Nuevo no es la ideal: desafiliado en 2009, volvió este año a competir en la D, pero otra vez está peleando por no quedarse afuera. Sin embargo, cada vez que el equipo sale a la cancha, sus hinchas preparan su garganta, golpean los bombos y cantan aquello de “te queremos ver campeón”. En la última categoría del fútbol argentino, muchas veces la realidad supera al más convencido de los incrédulos.

Vivir haciendo cuentas Al equipo de la D con el promedio más bajo al terminar el campeonato se le prohíbe jugar por un año en torneos de AFA. Eso le pasó a Puerto Nuevo en 2009, y contra eso mismo lucha ahora, partido a partido, tras un período de obligado descanso y un arranque de campeonato que no fue el esperado. Para estos clubes con escasos recursos y cuantiosas voluntades, la desafiliación parece ser como una espada de Damocles que se yergue amenazante sobre la cabeza de dirigentes, téc-

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nicos, jugadores e hinchas. Con ese peso encima, el presente apremia y el futuro, muchas veces, confunde. El sábado 19 de marzo, por la fecha 26 de la Primera D, Puerto Nuevo se enfrentó a Claypole. El partido era clave; había que sumar para pasar a Barracas Bolívar y así salir del último puesto en la tabla del descenso. Era cuestión de fijarse en Internet, o simplemente de escuchar a los plateístas: “si hoy terminara el torneo, el próximo no lo jugamos”, repetían todos casi a coro, con un poco de resignación y otro poco de esperanza. Sin embargo, César Robina, DT del plantel, tenía otra versión: “el inciso 75 b) del Reglamento Oficial de la divisional dice que para los promedios se nos deben contar los puntos de la campaña de hace dos años. Eso no lo saben en las páginas web que cubren el Ascenso, pero así aparece en el sitio oficial de la AFA. Hoy en día, estamos anteúltimos y nos quedamos en la categoría”. Robina tenía razón. Confusiones al margen, en la D, las historias se escriben con corazón grande y letra chica. En la primera rueda del campeonato, Puerto Nuevo también jugó contra Claypole, pero aquella vez de visitante. La derrota fue abultada: 4-1. En un micro alquilado, volviendo para Campana tras

el partido, las caras largas dominaban la escena, y era lógico: la goleada había calado hondo en el ánimo de los jugadores. Sin embargo, las preocupaciones no eran sólo deportivas. Cacho Carmarán, capitán y caudillo del equipo, pedía no detenerse tanto en las estaciones de servicio porque se hacía muy tarde y tenía que abrir la pizzería. A su vez, Diego Romero pensaba en que, pese al cansancio que tenía y los calambres en las piernas, no iba a poder acostarse temprano: la fiesta de 15 para la que estaba contratado como mozo terminaba a las seis de la mañana. Por cada partido que el equipo gana, cada jugador se lleva 100 pesos. Y por cada empate, 50. Ése es el sueldo, y no hay que entender mucho de matemáticas ni revisar los índices de inflación para darse cuenta de que, para el plantel de Puerto Nuevo, vivir del fútbol se torna casi un imposible. Emmanuel Coesta, el arquero, es empleado en un videoclub. Los sábados por la mañana, antes de cada fecha, debe estar allí, en el mostrador, atendiendo. “Siempre hay alguno que alquila pelis a esa hora”, comenta, entre risas, mientras van llegando los hermanos González, Coco y Tweety, que trabajan en un kiosco. Romero, por su parte, ya no lleva más bandejas: ahora es delivery de una heladería. Y Menoyo, con sus 37 años, es el más experimentado del plantel. Y es abogado. Todos aquí tienen otra ocupación y otro salario; los que no, es porque todavía siguen estudiando. Aunque actualmente está suspendido todo el trabajo en inferiores, el plantel “portuario” es muy joven y muchos de los jugadores aún no terminaron la secundaria. Walter, papá de los mellizos González (en el equipo hay cuatro jugadores con el mismo apellido), subraya: “mis hijos deben todavía tres materias. Las van a dar, porque con el colegio terminado es otra cosa. Apostamos al fútbol, pero siempre es bueno estar preparado por si no sale. Los chicos estuvieron jugando en Brasil. De hecho, tuvieron una chance de ir a Portugal. Pero ahí medió el representante, que pedía mucha plata, y todo se cayó. Una lástima... También anduvieron por Chile, en el Curicó Unidos, pero al


final volvieron para Campana. Nosotros nacimos en este barrio y somos fanáticos del club. Aunque, obvio, me gustaría que algún día pudiesen jugar en otro lado”. En el acervo anecdótico de la Primera D, las historias de transferencias fallidas, expresión de lo que alguna vez pudo ser y no fue, conviven diariamente con los relatos de vida de tinte casi heroico, con esas épicas consagradas solamente a la pasión y a lo que significa el amor al deporte. La última de las divisiones del fútbol argentino es territorio pródigo en asombros y, a la hora de pensar en el trabajo, el afecto por el club y los contrastes, Cacho Robina ofrece una buena síntesis: “además de ser el técnico del plantel, trabajo en la refinería de Esso en Campana, y hace tiempo estoy metido en temas gremiales. Por eso, ayer me reuní en el Sheraton con los delegados de Carlos Bulgheroni, el hombre más rico de Argentina,

dueño de los activos de la petrolera en el país. Un día después, estoy acá, en el club. También trabajo en algunos countries. Ahí, jugás, ganás y cobrás, pero falta algo. Lo que sentís en el Ascenso no lo sentís en ningún otro lado”.

En las buenas y en las malas El castigo de la AFA al peor de los promedios de la D es duro y, para los jugadores, quedarse un año sin participar es bastante traumático. Pero, al fin y al cabo, entre las Ligas de Campana, algún intercountries, las ofertas de otros clubes y, por qué no, un picadito con amigos, la abstinencia de fútbol pudo aminorarse. La pregunta es, entonces: ¿y qué pasa con los hinchas? Sin dudas, ellos se llevan la peor parte. “No te imaginás cómo lloró aquél cuando nos quedamos afuera. No paraban de caérsele las lágrimas, estaba desconso-

lado”, señala, casi en secreto, un plateísta. Y la mirada se dirige a aquél, a Maxi. Porque Maxi, es, si existiese el término, un hincha orgánico, de esos que dejan todo y no reclaman nada. Si ahora la cancha está presentable es porque él, con el Negro, Esteban y algunos fanáticos más, se encargaron durante toda la semana de cortar el pasto y rellenar los pozos. Lo mismo para que los jugadores puedan bañarse con agua caliente: viene él y prende la caldera. Son varios los colaboradores, y todo lo que hacen –que es muchísimo–, lo llevan adelante simplemente por el cariño que le tienen al club. Juntan los documentos de los convocados antes de cada partido, organizan a la hinchada, abren los portones para que pase el micro de los contrarios, ayudan con las entradas. Son, de alguna forma, el “alma” de Puerto Nuevo, el corazón que le permite seguir latiendo.

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Gustavo Godoy, uno de todos esos imprescindibles, falleció a mediados de marzo. Todo el club sintió el golpe porque él, como Maxi y como tantos otros, era uno de los que realmente amaban el fútbol y amaba a Puerto Nuevo. En el partido que siguió a su muerte, una bandera, al costado de la cancha, lo recordaba. En letras amarillas y azules, homenajeaba, escueta: “Gustavo Godoy. Presente”.

Se juega como se... puede Roque Cabezas, jugador emblema de Puerto Nuevo y héroe del ascenso en el 93, fue el anterior técnico del equipo. Era, a la vez, el preparador físico y el utilero. Los resultados no ayudaron y, no sin cierta polémica, fue despedido a principios de marzo. Nadie pudo acusarlo, sin embargo, de no querer al club: cualquiera que llegaba un ratito más temprano al veía al DT, pala en mano, arreglando la cancha, marcando líneas, arrancando matas. La escena era romántica y activaba, de vuelta, el discurso de la pasión y la estima por encima de todo. Pero, no obstante, más allá de esos encomiables

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sentimientos, la realidad también mostraba algo un poco más pragmático: en la D, la mayoría de las canchas son prácticamente “injugables”. Ver un partido lo certifica. El 90% de los equipos juegan al pelotazo. Y cuando algún talentoso baja la pelota e intenta trasladarla por el césped –o la tierra–, los pozos lo devuelven a la realidad. ¿Bilardismo? “No –responde Alejandro Genoud, preparador físico del plantel–, es que no se puede jugar a otra cosa. Claro que me gustaría ver otro espectáculo, pero es imposible”. Y, como para graficar un poco más el asunto, compara: “en el country, te hacen un foul, te caés al pastito y te querés quedar a dormir la siesta. Acá, si no te levantás rápido, te comen las hormigas coloradas”. Los partidos son feos, trabados, ásperos. “Si alguien no supiese lo que es el fútbol y lo conociera hoy en la D, seguro que no le gustaría”, asegura un hincha en uno de los tantos entretiempos en Campana. Pero, ¿qué importa? Es mejor eso, al cabo, que no jugar por un año. Y en eso están enfocados todos los anhelos en Puerto Nuevo.

“Todos los jueves estamos juntándonos con los dirigentes a comer, aprovechando que una empresa de acá nos dona 200 pesos por semana en pollos. Eso nos motiva, nos da fuerzas para salir adelante”, se esperanza uno de los jugadores. Otro asiente con la cabeza y, mientras se preparan para la charla técnica, se escucha de fondo a Maxi y a muchos otros pibes del barrio, que, de a poco, casi pidiendo permiso al principio, empiezan a darle rienda suelta a la música. “Juega Puerto Nue/ capo de la D”, entonan y se ilusionan. Y con ellos, también los once titulares. Sandro Fiore es periodista y hace 22 años que cubre las campañas de Puerto Nuevo y Villa Dálmine, los equipos más importantes de Campana. Cuando relata, alarga las o, las e y las eses. Voz firme, enamorado de los adjetivos, se cubre del sol mientras afirma, en el estadio Carlos Vallejos: “la gente que está acá quiere mucho al club. Y si bien fue muy difícil estar un año sin jugar, al final es algo que se acepta. Además, cuando se vuelve, aunque las canchas sean malas y los partidos peores, todos tienen ganas de alentar”.


Doce y medios

Cuando La Doce canta, muchos deberían recordar su nombre. Sacar del anonimato a Pablo Rojas Paz, El Negro de la Tribuna, es tarea de esta página. Un sencillo homenaje a quien pretendió que la prensa deportiva sea algo más que una seguidilla de frases hechas. Por GERMÁN FERRARI Ilustración RODOLFO PAZ

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a historia es conocida, al menos en el mundo del fútbol: el apodo Jugador Número 12 con que se denomina a la hinchada de Boca Juniors –hoy simplificado en La Doce– nació en homenaje al fanático Victoriano Caffarena –o don Toto– que acompañó a la delegación xeneize durante la exitosa gira por Europa de 1925. La difusión del sobrenombre se le atribuye a Pablo Rojas Paz, que firmaba sus comentarios de fútbol en el diario Crítica con el seudónimo El Negro de la Tribuna. Pero, ¿quién fue este escritor, uno de los primeros en enlazar la literatura con el fútbol, que tanto podía hablar de las virtudes poéticas de Góngora y Mallarmé como de la “defensa herbívora” y el “ataque carnívoro”? A los 17 años llegó a Buenos Aires desde Tucumán, donde había nacido en 1896, con la intención de estudiar Medicina. Poco duró en esa carrera y probó suerte con Ingeniería, Derecho y Filosofía y Letras, pero no terminó ninguna. Alternó las decepciones universitarias con sus primeras colaboraciones periodísticas y la enseñanza secundaria para sobrevivir. Su pasión por la literatura lo vinculó con los jóvenes vanguardistas que fundaron las revistas Proa y Martín Fierro, entre ellos, Jorge Luis Borges. El director de Crítica, Natalio Botana, intuyó que esos muchachos bohemios podían aportar a su vespertino un estilo revolucionario para el periodismo de la época y los convocó a trabajar en distintas secciones. A Rojas Paz, que jamás había pisado un estadio y no sabía nada de los teams, lo destinó a comentar los partidos: “¿Yo? Pero si yo no entiendo ni un comino de fútbol”, le lanzó a su jefe. Y Botana, muy seguro, le respondió: “¡Mejor! Así dirás cosas nuevas. Te confío la tarea de embellecer el

fútbol”. Lejos de amedrentarse, el tucumano le tomó el gusto al deporte y se convirtió en El Negro de la Tribuna o, simplemente, El N. de la T. Siempre se quejó de la subestimación que algunos colegas aplicaban contra el periodismo deportivo, y los contraatacaba con una lista de escritores que con sus obras pulverizaban aquel lugar común. Ese prejuicio fue seguido por sus biógrafos, puntillosos al enumerar su veintena de ensayos, novelas y cuentos, pero olvidadizos de que había hecho el prólogo y las semblanzas de los clubes de Primera División de 1947 para el libro El fútbol argentino, de Alfonso Rey. Y que en 1955, un año antes de su muerte, un texto suyo fue incluido en la Historia del fútbol argentino, una enciclopedia con textos de los periodistas más conocidos de entonces. “Para los resentidos que sudan componiendo una gacetilla era ‘un intelectual’; por lo tanto, despreciable. En cuanto a los otros, los que se pasean por Florida con el cadáver de Kafka debajo del brazo, no lo podían tomar en serio, porque no se limitaba a escribir sus Obras Completas y hacía crónicas –muy buenas, claro– de fútbol”, evocaba Mariano Perla, compañero del vespertino Noticias Gráficas. Lo recordaba “osado y tranquilo”, “buen bebedor”, amante de los banquetes –Pablo Neruda y Federico García Lorca se conocieron en su casa durante la fiesta de bienvenida al poeta español– y descubridor de “la virtud desintoxicante del jugo de tomate”. Y los domingos por la noche, cuando la jornada futbolística había terminado, enfilaba hacia el taller de Noticias Gráficas para arreglar el mundo entre linotipistas y colegas de su generación, como Raúl González Tuñón y José González Carbalho, y de jóvenes, como Pedro Orgambide, embriagados todos por el olor a tinta de las imprentas.

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LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA Por MARIANO POTEL

Ilustración DANTE LITVAK/MALENA ARCUCCI

El reino del revés

¿Usted quiere ganar una apuesta fácil? Pregunte en una reunión de amigos si puede pasar que, en un partido, a los dos equipos les convenga hacer un gol en contra. Hay una respuesta afirmativa, y está en esta nota. Pero antes debemos advertirle, como en la canción, que sólo ocurrió una vez, y por obra de un reglamento lunático.

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ue el fútbol da para todo tipo de historias, ya es harto sabido. Que en las etapas definitorias de las competencias generalmente empiezan a entrar en juego otros factores, también lo es. Así, siempre estará el manto de sospecha sobre equipos que evidentemente juegan a no ganar (como el famoso Alemania-Austria del Mundial de España, en 1982) o, el más difícil de comprobar, sobre equipos que “van para atrás”. Ejemplos sobran… Sin embargo, lo ocurrido en la Copa del Caribe en 1994 superó todos los límites imaginados. Una reglamentación insólita y el poco desarrollado fútbol de aquella zona conformaron un cóctel que terminó resultando letal. Un equipo que deliberadamente se mete un gol en contra no es cosa de todos los días. Si usted, lector de Un Caño, creyó que no hay nada que pueda sorprenderlo aún, espere llegar al final de esta nota. Las protagonistas de esta historia son Barbados y Granada. Dos pequeños países incrustados en el Mar Caribe, apenas más grandes que la Ciudad de Buenos Aires y con menos de cincuenta años de vida “independiente” (ambos pertenecen a la Commonwealth británica). En otras palabras: paisajes de ensueño, lindas pla-

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yas, palmeras y mar transparente, pero de lo que se dice fútbol, poco y nada. Sólo por poner un ejemplo, actualmente el ranking de la FIFA ubica a sus equipos nacionales en las posiciones 137 y 94, respectivamente. Hace diecisiete años, la situación no era muy distinta. Por la VI edición de la Shell Caribbean Cup –tal el nombre oficial, con patrocinio incluido–, ambas selecciones compartieron el grupo 1 de la fase preliminar junto con Puerto Rico. Y para entender cómo pudo ser posible que pasara lo que terminó pasando, hay que detenerse en un detalle determinante, ya que la Caribbean Football Union (CFU) decidió implementar un par de reglas atípicas –todo en el marco de una desorganización galopante, con grupos de cuatro, tres y hasta dos integrantes–. La primera, en pos de eliminar de raíz la especulación, estipulaba que nin-

gún encuentro podía terminar empatado; en caso de que esto sucediese, habría que ir a un alargue que se definiría con el gol de oro. La segunda, y la más sorprendente, sostenía que ese gol conseguido en tiempo extra tendría valor doble. Recuerden tener estas reglas bien presentes. En el primer partido del grupo, Puerto Rico venció a Barbados por 1 a 0. En segundo turno, Granada igualó 0 a 0 con los puertorriqueños, y terminó venciendo en tiempo extra, también por 1 a 0, que significaba, en la tabla, un 2 a 0. Para pasar en claro, antes del encuentro trascendental, el grupo había quedado de esta manera: Granada con 3 puntos y +2 de diferencia de gol, Puerto Rico también con 3 unidades pero con -1 y Barbados en 0 y con -1. El 27 de enero, entonces, se definía todo. Barbados contaba con la ventaja de

La sorpresa mayúscula aconteció cuando los locales ¡fueron a defender el arco rival! Los espectadores miraron estupefactos esos tres lisérgicos minutos, con Granada tratando de convertir y Barbados custodiando ambas áreas.


ser local, pero debía ganar por dos tantos de diferencia. Por su parte, Granada pasaba de ronda hasta perdiendo por un gol. Obligados por la necesidad, los dueños de casa salieron a quemar las naves y consiguieron ponerse en ventaja 2 a 0. Justo lo que necesitaban. La clasificación estaba a la vuelta de la esquina. Por eso el descuento de Granada a siete minutos del final fue un verdadero baldazo de agua fría. Ese resultado beneficiaba a los visitantes. Hasta que sucedió lo inesperado… A pesar de no estar presentes en Bridgetown, la capital barbadense, es posible imaginarlo: más de un hincha de Barbados habrá sufrido un patatús cuando, a 180 segundos del cierre, Eyre Sealy decidió, luego de juguetear con el arquero Horace Stoute, impulsar la pelota dentro de su propio arco. Lo intrincado y confuso que resultaba el reglamento no permitía visualizar con claridad la “genialidad” pergeñada por Sealy: con el empate en dos, Barbados tenía la chance de ir a un tiempo extra. Es decir, de contar con treinta minutos más para buscar un gol que finalizaría el partido y daría, de yapa, los anhelados dos goles de diferencia para pasar a la siguiente fase. Si creen que esto ya es demasiado, parafraseando parcialmente a José Luis

Chilavert, diríamos que “tú no has visto nada”. Lo que siguió supera incluso lo que podría haber creado un imaginario dueto Girondo-Soriano. Fútbol con un toque surrealista. O viceversa. Conscientes de la jugarreta propuesta por sus competidores, los jugadores granadinos no se quisieron quedar atrás, e intentaron vulnerar su propia meta. La sorpresa mayúscula aconteció cuando los locales, revolucionariamente, ¡fueron a defender el arco rival! Los espectadores miraron estupefactos esos tres lisérgicos minutos, con Granada tratando de convertir y Barbados custodiando ambas áreas. El objetivo de los últimos era claro: evitar que se produjera algún gol, ya que cualquier 3 a 2 –a favor o en contra– clasificaba a Granada (hay que recordar que a esta Selección le servía perder hasta por un gol de diferencia). “Me sentí estafado. La persona que vino con estas reglas debe ser un candidato para el manicomio”, afirmó tras el encuentro James Clarkson, técnico de Granada. “El partido nunca debió haberse jugado, muchos jugadores entraron a la cancha confundidos. Nuestros jugadores no sabían en qué dirección atacar, si hacia nuestro arco o hacia el de ellos. Nunca había visto que pase algo así. En

fútbol, se supone que si marcás un gol es para que uno gane, no para que triunfe el otro”, se indignó el DT en un artículo de The Times que llevó como título “Una absurda regla oscurece el gol del final���. La bronca era entendible. Obviamente, y como no podía ser de otra manera, la historia tenía que terminar con Barbados consiguiendo la agónica clasificación en el alargue, con el gol de oro. Todo gracias a que un tal Thorne tuvo sus 15 minutos de fama apenas comenzado el tiempo extra, cuando metió un zurdazo cruzado para el 3-2 que, en este delirio, significaba un 4-2. Así, el grupo finalizó con todos los equipos igualados en puntos, por lo que la diferencia de gol fue clave: Barbados +1, Granada 0 y Puerto Rico -1. Hubo polémica, claro que sí. Y los cráneos de la CFU dieron marcha atrás con la reglamentación para la fase final del torneo, a disputarse en Trinidad y Tobago. Allí, el camino de Barbados volvió a correr por los rieles de la mediocridad. Y la eliminación de la Copa no tardó en llegar, tras dos empates (2-2 frente a Guadalupe y 1-1 contra Dominica) y una derrota frente a los locales por 2 a 0. Poco importaba. A su manera, Barbados ya se había metido de prepo en la historia del fútbol.

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PERFUME DE VARÓN

Por MARÍA FERNANDA MAINELLI

Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

“Como dice Galeano, soy un mendigo del buen fútbol”

El periodista dialogó con nuestra cronista antifutbolera y trató de llevarla por el buen camino: el del deporte como juego. Le explicó con paciencia zen las diferencias entre un buen partido y uno malo, por qué está en contra de los hinchas fervorosos y del exitismo y cómo conviven dentro suyo un hincha de Boca con el profesional que ama al fútbol.

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e comenté a Juan Pablo Varsky que el fútbol me aburre más que mirar el techo de mi cuarto, no bien nos sentamos a desayunar en la cafetería que está ubicada a metros de la Rock & Pop, una vez que terminó de hacer su programa radial de la primera mañana. Le aclaré, además, que no entiendo nada sobre fútbol, y él, que se dedica al periodismo deportivo desde hace más de veinte años y es uno de los profesionales con mayor credibilidad, se preocupó por transmitir todos sus conocimientos de técnica y estrategia sin importarle que su interlocutora sea una perfecta, por decirlo de alguna manera, inexperta. –Te pido que hagas este esfuerzo: convenceme de que el fútbol tiene algo interesante. –Te diría que te fijes en el juego y su dinámica. La parte del fútbol que me resulta más atractiva es el juego, como explicación de un resultado que se desprende de la lógica o de una circunstancia azarosa, porque el fútbol es el deporte con mayor componente de azar, no siempre gana el que mejor juega. Eso lo hace particularmente atractivo. El básquet también es azaroso, pero son cinco contra cinco, la cancha es más corta y el entrenador tiene cerca a sus jugadores para darles órdenes. El costado del fútbol del que te hablo reivindica la inteligencia del futbolista, que se tiene que dar cuenta de qué le pide el partido y qué esperan de

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él sus compañeros. Un partido depende de las decisiones que toma cada jugador de ambos equipos, de las que toman los entrenadores más la intervención de los árbitros. Vos podés ver cómo un equipo, en los primeros diez minutos, presiona para adelante, después cómo el rival lo obliga a retroceder cuando se da cuenta de la estrategia y tira pelotazos para que se vaya para atrás. Podés ver cómo los jugadores cambian de posición sin las indicaciones del entrenador, porque los jugadores toman determinaciones, y muchas son sin pelota. Cuando el diez agarra la pelota y quiere habilitar al lateral, el puntero del equipo contrario persigue a ese lateral que va a pasar al ataque, aunque todavía ninguno de los dos tenga la pelota, y hasta puede ser que nunca le llegue si el pase es corto o va para el otro lado. Ese tipo de momentos hacen apasionante al fútbol. No se si te convenzo… –Relativamente, porque estás dejando de lado otras cuestiones que configuran al fútbol: negociados, intereses personales de los jugadores, violencia, utilización política de parte del poder de turno. –Estos factores que enumerás son negativos, pero algunos son discutibles. Una cosa es el negocio del fútbol, que no tiene nada de malo, y otra muy distinta son los negociados. Pero yo soy un enamorado del juego, y cuando comento un partido me olvido del resto. Me preocupa analizar cada vez que se mueve la pelota e

intento que cada partido me ayude a incorporar nuevos conceptos. A mí me gusta el fútbol de Barcelona, pero sé que muy pocos equipos pueden llegar a ese nivel de juego. Frente a eso, no puedo aplicar el parámetro del Barcelona, sino que debo analizar los recursos, los planes, a los jugadores y los obstáculos que le ponen sus rivales de esos otros equipos. –¿Cómo explicás la pasión futbolística? –Es un punto escabroso. En nombre de la pasión se cometieron atrocidades. Soy enemigo de la pasión exaltada. Hay empresas ligadas al fútbol que hablan de la pasión, de que el hincha es irracional, y la verdad es que me resulta un poco molesto. El hincha veleta, pasional, el que le grita a su jugador “¡andate a la puta que te parió!” cuando hizo algo mal y, después, si mete un gol, dice “viste, yo dije que era un fenómeno”, lejos de caerme simpático, me despierta cierto desprecio, porque le hace mucho daño al jugador y ni siquiera es capaz de darse cuenta de que es un maltrato injustificado. ¿Qué es eso de que el hincha tiene derecho a putear al jugador porque pagó una entrada? Es una locura. No tiene ningún derecho a insultar. –Viajaste a cubrir Mundiales y partidos por muchos países ¿Esa pasión está más exacerbada en la Argentina? –Totalmente. Además, el hincha argentino tiene una pasión cada vez más resultadista y demanda menos que se juegue bien. Esa pasión desmedida tiene raíz


en los ‘90, durante el menemismo, cuando se instaló que ganar, tanto en la vida como en el fútbol, era lo único. Bilardo impuso la idea de que ganar era lo más importante y ganó. Es la única manera de sostener semejante ideología. Bilardo y Menem convivieron en el momento en el que se dio el fenómeno de la exaltación del éxito. Allí se perdió la noción del juego. Esto hizo que los sentimientos se exagerasen: si gana mi equipo, me pongo contento; y si pierde, me deprimo. Si esto lo llevás al extremo, se convierte en: si gana mi equipo, gasto al contrario diciéndole que está muerto; y si pierde mi equipo, salgo a cagar a palos a los rivales y, en el medio, alguien muere. Pero la violencia en el fútbol incluye muchos otros componentes. –¿Cuándo te empezó a gustar el juego? –Hasta los siete años, el fútbol no me interesó. A mí me gustaba jugar scrabble, escuchar a Les Luthiers, leer... A mi viejo, ese desinterés le preocupaba, quería que su único hijo varón (tengo dos hermanas más chicas) jugase al fútbol. Entonces me empezó a llevar a la plaza del barrio. Vivíamos en Caballito, y desde que comencé a jugar con los vecinos, no paré. Jugar me gustó enseguida, y desde que Argentinos Juniors ganó en el ’85, empecé a analizar al fútbol sin la lupa del hincha. Empecé a trabajar como periodista en 1989 y, previamente, durante cuatro años seguidos, fui a ver a todos los equipos para analizar

té al Mariscal que lo había visto, y él se acordaba perfectamente de ese gol. Los futbolistas tienen una memoria clínica de los partidos. Pasaron 36 años y todavía se acuerda. Bueno, capaz que se acuerda, porque no metió muchos goles. –Ese primer partido ¿fue una demostración de que el fútbol tiene un componente importante de frustración? –¡Sabés las veces que lloré por una derrota de Boca! Pero también lloré por partidos que jugué y perdí. –¿Qué clase de hincha sos? –Ese hincha que lloraba ya no existe en mí. Como hace tiempo que estoy en esta profesión, se me fue yendo el componente de hincha resultadista o melancólico, demando algo más. Si Boca gana o pierde, ahora me da lo mismo. De hecho, en 2009 llevé a un Boca-Ñuls a mi hijo Valentín, que tenía cinco años, y nuestro equipo perdió con un baile infernal por 2 a 0. Desde ese día, Valentín es hincha de Ñuls. Me preguntaron cómo es que lo dejé, pero yo no intenté convencerlo de lo contario, porque no tiene sentido. Los padres suelen entablar una relación muy cerrada en cuanto a las decisiones futbolísticas de sus hijos: si son de San Lorenzo, quieren que sus hijos sean de San Lorenzo. Sospeché que era una decisión momentánea. Entonces, cada tanto le preguntaba ‘che Valen, ¿seguís siendo de Ñuls?”, y siempre me contestaba que sí. Tuvo la suerte de que este equipo, en el torneo siguiente, peleó

al fútbol. Soy hincha de Boca, pero fui a ver al Independiente de Bochini que salió campeón, al River del Bambino Veira, a Vélez, Ferro, a todos... Después, llegar a los medios potenció esa vocación. –¿Te acordás de la primera vez que fuiste a la cancha? –Tenía cinco años, fue en 1976, un partido River-Boca que perdimos con un gol de tiro libre que Roberto Perfumo le hizo a nuestro arquero, Biasutto. Le con-

un campeonato, y cuando perdió con San Lorenzo, Valentín lloró. Últimamente no está tan vinculado al fútbol. Le pasa lo que me pasó a mí de chiquito, pero no me preocupo como lo hizo mi viejo porque sé que va a recuperar la pasión. –¿Por qué sos de Boca? –Porque en mi familia todos son de Boca: mi abuelo, mi viejo y mis tíos. –¿No pensaste en rebelarte contra el mandato?

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–Nunca tuve ese sentimiento y, además, en Boca estaba Maradona. La sola presencia de Diego hacía que cualquier duda se disipara. –¿Cómo conviven el hincha y el periodista analítico? –Como dice Eduardo Galeano, soy un mendigo del buen fútbol. Quiero que siempre gane el Barcelona y me pongo mal cuando pierde. Las veces que me tocó transmitir partidos de ese equipo, me dijeron que soy parcial. Y claro que lo soy. Si un equipo lo supera lo voy a reconocer, pero quiero que gane siempre. –Se podría decir que sos un hincha exquisito. –Me gusta el fútbol de toque, de pase, de elaboración de jugada y de sorpresa. Sé que se puede ganar y perder de cualquier manera, pero puedo prescindir de eso. El tema es cómo se gana y cómo se pierde. El fútbol de toque fue quedando bajo sospecha. Cuando un equipo juega a los pases y no gana, se dice que hace mucho tiki-tiki y no obtiene resultados. En cambio, cuando un equipo revolea 170 veces la pelota, nadie dice “mucho revoleo, pero no gana nada”. Cuando un equipo juega con pases y ejecuta a la perfección, como el Barcelona, le quita a los detractores todos los argumentos de este estilo que, insisto, para mí es el más atractivo. El equipo de la Selección Argentina intenta una idea parecida, pero no lo logra y se regodea del toque por el toque mismo, no toca para después jugar, sino que juega para tocar y ahí se pierde el concepto. Pero prefiero un equipo que abuse del toque y no del pelotazo. Por eso quiero que gane la Selección, para dejar sin argumentos a los detractores del tiki-tiki. Y quiero que gane por Messi. Para que muchos boludos que dicen que Messi tiene que ganar con la Selección para ser alguien, cierren la boca. ¡Por Dios! Di Stéfano es uno de los tres mejores jugadores del mundo y no ganó nada con la Selección. Por primera vez desde el ‘86, el último Mundial que viví como hincha puro, quiero que la Argentina gane porque me gusta el planteo de juego, algo que no me pasó ni con la Selección de Bielsa. Extrañaba a este sentimiento del hincha que se apasiona por el juego, porque no soy hincha de la Selección por la camiseta, no tengo ese grado de pertenencia.


–¿Cuándo admitiste públicamente que sos de Boca? –No lo hice al principio, y lo empecé a decir hace nueve años. Nunca jugué ni fui a la cancha con la camiseta de Boca, pero lo admití porque es mentira que los periodistas no somos hinchas de un club. –¿Por qué en una época los periodistas no reconocían que eran hinchas de determinado club? –Había una idea retorcida sobre “el periodismo independiente”, entonces no se podía decir de qué club eras hincha. Pero esa noción ya no existe. Por suerte, el velo de la aparente neutralidad se cayó. Igualmente, entiendo que periodistas más grandes como Macaya Márquez, Niembro o Araujo no lo reconozcan. Si no lo dijeron durante años, no lo van a decir ahora, es entendible. A ellos les tocó vivir otros tiempos. –¿Te trajo problemas haberlo dicho? –No más que alguna puteada en la cancha. –¿No es un poco aburrido el fútbol argentino actual?

–El nivel es bastante bajo. Son muy pocos los equipos que pueden dar cuatro o cinco pases seguidos en campo rival. –¿Qué pasó? –Se invirtieron los conceptos: se corre mucho y se piensa poco. Todo esto hace que los partidos se traben en la mitad de cancha y que, en los buenos partidos, esa zona sea de transición rápida y no de estacionamiento. El jugador que tiene la pelota corre cuando los que deberían hacerlo son los receptores, porque el que tiene la pelota debe pensar. Todo esto, acá es al revés. –Algo que siento mirando fútbol es que los relatores no hablan del partido, sino de otras cosas ¿Tenés esa sensación? –Acá hay un problema de formación, se niega el hecho de que en cada partido se deben incorporar nuevas ideas. Se relata según el formato que encaja con el fútbol que le gusta al relator o utilizan la oportunidad para bajar línea sobre algunas cuestiones. Hay muchos casos de desapego a lo que pasa en el partido. Para analizar fútbol, te tiene que gustar mucho. Y no se trata de

tirar estadísticas como que dos equipos jugaron 74 partidos, uno ganó 14, el otro 30 y empataron 30. Está bien tener un mínimo conocimiento de la historia, pero sobre todo hay que saber de fútbol. –¿Cómo es que se aprende de fútbol? –Jugando, atravesando las mismas situaciones que los profesionales. Para mí, Diego Latorre es hoy el mejor analista, porque sabe comentar pero también porque jugó. Si uno juega fútbol once como amateur, tiene los mismos dilemas que un profesional: decidís cuándo pasar, cuándo gambetear, si definís por arriba o por abajo, si cruzás cuando la bola viene del otro lado o si le cerrás la espalda al central. –¿Seguís jugando? –¡Claro! Ahora empieza el campeonato. Entreno con mi equipo una vez por semana, y jugamos cada fin de semana. –¿Entrenan? –Claro, porque jugamos en una liga intercountry, que es muy competitiva. –¿De qué jugás? –De enganche, o de delantero, lo que hoy es un falso 9.

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–¿Cómo te desempeñás? –Me considero un buen jugador para esa escala. Casi todos tenemos más de 40 años, y bajé ocho kilos para estar a tono y no deambular dentro de la cancha. Juego bien, tengo panorama, pase, buen remate de media distancia, me gusta tener el partido en la cabeza y ver lo que propone el otro equipo para saber qué tengo que hacer yo para contrarrestar. Me encanta dar pases de gol. –¿Lo que sabés sobre fútbol lo podés aplicar en la cancha? Lamentablemente, no. Los futbolistas profesionales nos dicen a los periodistas cuando discutimos que nosotros somos jugadores fracasados, y no es así. En un contraataque de cuatro contra tres puedo notar al jugador mejor parado. Eso sí, no te puedo asegurar de que el pase le llegue, porque es probable que no tenga la técnica para dar un certero pase de gol. Muchos jugadores profesionales tienen la técnica, pero no la visión de ver a su compañero que viene picando, y tiran al arco, en lugar de dar un pase. Saber lo que pide cada jugada no es patrimonio exclusivo del profesional, pero saber ejecutarla bien, sí. En el futbolista profesional hay cada vez más influencia para que ejecute y es menos determinante la visión. Rematan desde 25 metros y quizás termine en gol, pero en el medio tenían a tres compañeros en condiciones de ejecutar, y sin embargo, el tipo decide patear al arco. Hoy se ve más esto que lo otro. –¿Cómo sos como jugador más allá de lo técnico? –Aliento mucho a los compañeros y no me gusta que me reprochen cuando ejecuté mal. Si tengo tres compañeros desmarcados cerca, pateo al arco y la pifio, puteame (y no hace falta, porque antes voy a pedir perdón), pero si trato de pasar la pelota y no me sale, no me putees, porque lo intenté. ¿Entendés la diferencia? Por eso nunca puteo a un compañero porque me da mal un pase; sí porque no me lo dio. Acostumbro a hablar mucho con el árbitro, pero con respeto: le puedo decir, si no nos cobra penales, “estás dirigiendo un fenómeno, muy bien, pero cuidado que el 8 de ellos te agarra en los córners”. Si un compañero le habla mal al árbitro, yo lo agarro y le digo “no le des bola”, sin que esto signifique una falta de respaldo a mi compañero. Lo hago para

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que el árbitro no se la agarre con él. –¿Liderás? –Puedo llegar a dar indicaciones, pero las decisiones las toma el técnico, que está afuera de la cancha. –¿Tienen técnico? –¡Por supuesto! –¿Cuál es el mejor gol que hiciste? –Fue hace veinte años. Hice un gol de mitad de cancha contra el equipo del country Los Cardales. Sacó el arquero, cabeceó uno, me quedó, le pegué de aire con el empeine y pum: golazo. No me olvido nunca. –¿Te calentás? –No mucho. Como soy un tipo conocido, puede ser que me ligue algún comentario del tipo “¡burro, dedicate a comentar!”.

entiende que el profesional actúe distinto, porque juega por plata y está presionado. Barros Schelotto, dentro de la cancha, es muy quisquilloso, y afuera es un encanto de persona: piola, inteligente… Yo no soy de hacer trampas ni afuera ni adentro de la cancha. Soy exigente y competitivo en ambos lugares. Ahora, tengo límites: cuando juego, no me vuelvo loco, y cuando termina un partido, haya pasado lo que haya pasado, le doy la mano a los rivales y les digo “chau chicos, fue un gusto jugar con ustedes”. Pero, por ejemplo, cuando juego tenis me caliento mucho y hasta he partido alguna raqueta. Después de eso, no me reconocí, me dije “pero si no sos así”. No suelo reaccionar de esa manera. –Vamos… ¿Nunca hiciste algo mínimamente irracional?

–¿Cómo reaccionás? –Me río, porque el que se calienta pierde. Tengo que tener un muy mal día para reaccionar mal. Le digo “dale, inventate otra cosa, que eso ya me lo dijeron mil millones de veces”. –¿Te reconocés en la cancha como sos como amigo, padre, laburante? –Se supone que debés comportarte en la cancha como sos en la vida en general. Pero el fútbol admite una cuota de engaño y picardía que no podés tener afuera de la cancha. ¿Cuál es el equivalente en la vida el tirarse para obtener un penal? No creo que el futbolista profesional que simula un penal sea un mentiroso fuera de la cancha. Un amateur puede jugar como es en otros aspectos de la vida, pero se

–Sí, en la cancha de Racing, en un partido contra Arsenal. Estaba trabajando, y antes de apoyar mi cuaderno con las formaciones sobre la mesa, un hincha de Racing (después me enteré que es el hijo de un juez) me empezó a putear. Yo no había tenido un buen día y no entendía por qué, así que le devolví el insulto y lo incité a pelear. Pero claro, yo estaba solo y él tenía veinte tipos alrededor que también me empezaron a putear. Ahí me di cuenta de que había sido el responsable de magnificar el acontecimiento. Me arrepentí y hasta hoy me arrepiento. Racing ganó cuatro a uno y cada gol me lo dedicaron. Pero nunca pasó más de eso. El tipo estuvo mal, pero yo estuve peor.


Tenista soviético se alquila

Lejos del patriotismo, un grupo de jugadores nacidos en Rusia firmó contratos para representar a Kasajstán en la Copa Davis. Un puñado de dólares, un presidente de Federación con visión de negocios y un entrenador argentino forman parte de la ecuación. Por JORGE VIALE

P

or un lado, jugadores argentinos que dicen “sentir la camiseta”, que pueden llorar cuando ganan un partido y tener a “la gente” como blanco de las dedicatorias, que toman a la Copa Davis como lo más cercano a una Selección de fútbol. En el otro costado, cuatro jugadores que hoy representan a Kasajstán (también en sus acepciones Kasajistán o Kazakhstán) pero no viven ahí, tenistas que hace pocos meses jugaban el circuito bajo bandera rusa y cuya pertenencia al equipo de la Davis es 100% rentada, con contratos arreglados en detalle (se habla de un millón de dólares por año por cabeza). El mejor singlista, Andrey Golubev, no tiene problemas en anunciar públicamente que, cuando se cumplan los términos del arreglo, es posible que represente a Italia, país donde reside desde hace diez años. “Yo soy ruso, 100% ruso, pero negocios son negocios”, reconoció otro de ellos, Evgeny Korolev al Florida Sun Sentinel el año pasado. Sentimiento y pragmatismo se enfrentarán en el estadio Mary Terán de Weiss del Parque Roca, en julio próximo, por los cuartos de la Davis. Para los kazajos por adopción (Golubev, Mikhail Kukushkin, residente en Moscú, y Korolev y Yuri Schukin, quienes viven en Alemania) se trata de su primer año en el Grupo Mundial (el país logró su independencia de la Unión Soviética en diciembre de 1991 y compite en la Davis desde 1995). En primera ronda, vencieron a la República Checa, finalista en 2009. Ellos no conocen la Argentina, pero sí a un argentino, Gabriel Markus, convocado por la federación kazaja para potenciar el tenis de ese país. Primero probó con Kukushkin, pero lo largó a los pocos meses por falta de entrega en los entrenamientos, y ahora trabaja con Korolev, quien –dato de color– es primo de Anna Kournikova. “Me llamaron en octubre y firmamos un contrato de un año. El presidente kazajo (Nursultan Nazarbayev) es fanático del tenis y está impulsando el deporte en ese país”, cuenta Markus. El plan oficial incluye la realización de un centro de tenis, organización de torneos menores y la “creación” de figuras kazajas para que los más chicos tengan como ejemplo. Markus viajó hace un mes para sentir el rigor de la nieve de

Andrey Golubev aclamado por sus ¨compatriotas¨.

Almaty (-20º C) y reunirse con el presidente de la Federación, Bolat (no Borat, también kazajo) Utemuratov. “Es un hombre muy poderoso que trabajó en el gobierno ruso y es asesor económico de su gobierno y también lo fue de Putin, por ejemplo. Hoy hace negocios con su gobierno y sus empresas se relacionan con presidentes de todo el mundo”, escribió Markus en su blog gabrielmarkus.blogspot.com, donde relata con mayor detalle la experiencia con los kazajos y su tarea con Korolev. “No sabía nada de ese país, pero los jugadores me eligieron de una lista de entrenadores”, explicó el argentino. Al llegar, se alojó en un hotel seis estrellas, de esos que tienen lujosos natatorios con pinturas en los techos, y se conectaba a Internet para chatear con su esposa y sus tres hijas. “En el despacho de Utemuratov había fotos suyas con Putin, Medvedev, Clinton, Bush, Federer y Nadal”. El entrenador también pudo conocer a Nazarbayev y jugar al tenis con él. Cada dos o tres semanas, se junta con Korolev en los torneos o en Alemania, pero asegura que para cuando llegue la Davis, se mantendrá neutral. Meses antes, se anima a un pronóstico: “hay que respetar a todos los rivales, pero si juegan Del Potro y Nalbandian, Argentina debería ganar 5-0”.

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Asunto: EL FRACASO DE PANZERI De Alfonso Cátulo El periodista Dante Panzeri, director de la revista El Gráfico en 1962, arrancó en enero con una cruzada de la moralidad futbolística que pretendía reunir 10 mil voluntades para ponerlos al servicio de las “fuerzas del orden” de aquel entonces, con el único fin de acabar con la violencia en el futbol. En marzo, a título de catástrofe como le gustaba a Panzeri escribió: “Hemos fracasado”. La cruzada reunió a solo 1.200 hombres, y también mujeres, en un país de más de 20 millones de habitantes, muy lejos de la pretensión de Panzeri de juntar a 10 mil personas. Si uno mira el contexto político de 1962, Frondizi presidente y luego derrocado, el peronismo proscripto y elecciones en marzo anuladas, se entiende a Panzeri, quien quería corregir la violencia en el fútbol con “policías o inspectores voluntarios”. A Dios gracias, fueron 1.200 y, la cruzada fracasó. De no haber sido así, los estupendos libros de Amílcar Romero, Muerte en la cancha, y el de Gustavo Veiga, Donde manda la patota, tendrían varios tomos. Por ultimo, una pregunta para Pablo Llonto y los “defensores del setentismo” (va con onda, che): ¿por qué en estos 27 años de democracia no se le hizo un reconocimiento a la fórmula del peronismo Framini-Anglada (pareja triunfante en aquellas elecciones de marzo de 1962 que los consagró como gobernador y vice de la Provincia de Buenos Aires) y que el elenco estable del golpismo anuló, cagado hasta las patas? Aunque no hayan asumido, por anularse las elecciones, es una vergüenza que una provincia gobernada durante 23 años por el ¿peronismo? (Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá y Scioli) lo haya olvidado.

Asunto: VERADERO GENIO De Sebastián Etcheberry Yo soy de esos tantos que dicen que ésta es la primera vez que escriben. Bueno, la revista está buena a pesar de lo excesivamente político y reiterativo que se ponen con algunos temas (como el gobierno K y la Ley de Medios, que para mí ya está). Me gustaría que haya más secciones en donde se analice fútbol. Las notas de Pacini y Iucht siempre colman mis expectativas, y también me parecen muy interesantes las entrevistas de María Fernanda Mainelli. Me extendí un poco porque este no era el motivo de mi carta. Escribo para felicitar a Sebastián

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Domenech, un verdadero genio. Sus tapas, creo, son el motivo principal por el que compro la revista. A veces la compro sin importarme qué vendrá adentro. Lo digo porque hasta ahora no leí ninguna carta de lectores ponderándolo. Yo estudio Periodismo Deportivo pero también dibujo, y admito que compro la revista más por sus obras de arte que por el contenido (aunque como dije, vale la pena y mucho). Un caño: Domenech agradecido. Ahora, si estudiás periodismo, deberías entender que por más que se haya sancionado la Ley de Medios, nada está resuelto en ese tema. Esa es una batalla, básicamente cultural, que debemos dar de aquí en más cada día.

Asunto: AY, AMOR, AMOR... De: Diego Viarengo Y Boca volvió a perder. Y en la Bombonera. Y con Olimpo. Boca volvió a perder: ¿Qué más se puede esperar de este equipo? Un arquero que vuela para todas las fotos, pero que da rebotes o al se le escapa la pelota en las jugadas mas insólitas, un lateral cómo Monzón (o Calvo) que no es capaz de anticipar un pase, o Somoza, un jugador que se quema cuando la pelota le toca los pies. ¿Quién pretende que Riquelme salve al equipo? Riquelme, el mismo que debe tocar la pelota en cada jugada de Boca, por más que no sea necesario, el mismo que se cree el rey del equipo y que no puede ver a otro cometer un error por mirar a la tribuna, esperando aplausos. ¿Qué goles puede meter Palermo? Un jugador que ya perdió todo lo que tenía, y que tampoco puede hacer mucho con sus 37 años y sus 10 compañeros inútiles. El resto: una manga de futbolistas para clubes chicos. ¿Qué paso con los años en los que ganar en La Bombonera era toda una hazaña? ¿Alguien se atrevería a pensar en un Boca sin perder por 40 partidos? ¿Cómo puede ser que ahora, para un equipo del peor nivel sea lo mismo ganar en La Bombonera que en la cancha de Colón, Lanús o Banfield? Olimpo de Bahía Blanca, un equipo que disfruta cada minuto en Primera como Boca, en algún momento, disfrutaba cada victoria en Copa Libertadores. Olimpo es un equipo que tan sólo tiene seis temporadas en Primera, y en su cancha Boca fue campeón hace algunos años, ganando cómodamente 4 a 0. Ese partido ya estaba ganado de antemano, ahora Boca sueña con sumar puntos para no pelear el Descenso la próxima temporada. Lo que viene: Ay, amor, amor... ¿Qué gran sorpresa nos tendrás preparada para la próxima temporada? ¿Vendrá a dirigir Gareca, con resfuerzos de 10 millones de dólares, como David Ramírez o el Pelado Silva? ¿Vendrá a dirigir Van Gaal y a reforzar el equipo Gatusso, dos personas que ya manifestaron sus ganas de venir a Boca? Amorcito Ameal ya estará soñando con el próximo torneo, con los posibles refuerzos para meterse en la ya apasionante lucha por el Descenso entre River e Independiente.


Asunto: LA DISCULA, LA DEFENSA, EL AMOR Y LA PAZ De Pablo Pozzolo

Ante todo quería saludarlos y felicitarlos por la revista, que leo desde su primera etapa. De todas formas, el motivo del mensaje es por un hecho que me sorprendió y me disgustó de igual manera: leyendo el Correo de Lectores del N° 34, correspondiente al mes de marzo, encuentro la carta de Victor Raffo increpando a la revista por haber utilizado extractos de su libro sin citar la fuente. Ya de por sí, esta acusación me generó sorpresa, dado que considero a la revista como un medio gráfico que, con altos y bajos, mantiene cierto nivel de excelencia. Pero mi mayor estupor llegó al leer las repuestas. Por un lado, el título “Nacho se defiende” me parece poco feliz, cuando debería haber sido, en todo caso, “Nacho se disculpa”. Luego, la defensa/disculpa del “Señor Nacho” me pareció pueril: un periodista no puede tomar cualquier texto que encuentra en su computadora y apropiárselo sin revisar si sobre ese texto debe citar fuente, por más entusiasmado y amateur que se considere. De todas formas, mi mayor sorpresa fue leer la respuesta de Pablo Llonto titulada “Pablo pide amor y paz” (nuevamente el título me parece incorrecto; debería haber sido Pablo pide disculpas”). Le discuto al texto las siguientes cuestiones, que paso a enumerar: 1- Como Secretario de Redacción, ante semejante macana, lo único que se puede decir es “lo siento”. Porque no entiendo desde qué lugar, en esta situación, se decide “aconsejar” al damnificado, con un tono bastante altanero, sobre lo que se debería o no debería decir. No quisiera imaginar la reacción de Un Caño si el día de mañana en otro medio apareciese una nota de un integrante del staff sin la debida cita. 2- Discutir la situación desde la vacuidad de si lo sucedido se trata de plagio o no, me parece canallesco, porque el problema es que el medio que este Secretario de Redacción dirige ha cometido un error groserísimo, más aún si tenemos en cuenta que se trata de una revista mensual, donde las urgencias y los tiempos deberían permitir el debido chequeo de fuentes. Toda argumentación debería partir de esa base y circunscribirse a ella. 3- Aleccionar al damnificado (nuevamente, al damnificado, siempre al damnificado) sobre lo que debería o no jactarse, cuando es él quien sufre, justamente, el daño es una forma muy novedosa de asumir culpas y responsabilidades. Por otra parte, si los periodistas son solo “roedores de bibliotecas” o “roedores de Google”, pues bien: deberían estar más atentos al queso que ingieren. 4- Que en su corazón el Secretario de Redacción haya dejado de “creer en la propiedad intelectual”, no significa que la propiedad intelectual haya dejado de existir para el resto de la humanidad y que el robo de propiedad intelectual vaya a dejar de estar penado por la ley, por más citas de poetas que le lean al Juez. El mundo no deja de estar regido por leyes porque a uno se le antoje ignorarlas. En fin, esas son mis consideraciones

sobre el hecho. Imagino que como medio de comunicación siempre tendrán la última palabra, pero no me importa. Sólo quería descargarme, porque la situación me pareció indignante. Y creo que esta indignación es producto de que los respeto y los sigo desde hace años, y semejante actitud, tan soberbia y alejada de todo lo que dicen representar, me jodió. Se han comportado como cualquiera de los medios a los que dicen repudiar. PD: Aclaro, por si hiciese falta, que no conozco a Víctor Raffo. Su nombre no me era conocido hasta el momento de leer la revista.

Un caño: Te quedaste con la última palabra, Pablo. Sólo les decimos a los lectores que si quieren conocer toda la saga deberían fijarse en el Correo de Lectores del número 34.

Asunto: CAPPA Y GELP VS. TIGRE De: Lucas Cuca

Soy hincha de River, me gusta el fútbol que Cappa quiere proponer y estuve contento con él hasta que vi que no iba a ningún lado. Hago esta aclaración porque le voy a tirar un palito. Acabo de terminar de ver el partido de Gimnasia-Tigre. El Lobo, en Descenso directo, Tigre a unos puntitos de la Promo. Una final, dado que es el último encuentro entre los dos antes de los nuevos descensos. Está bien que no es el Vélez-Huracán de Brazenas, que todavía, tan patéticamente, Cappa sigue llorando. Sería digno si presentara una queja formal a la AFA y esa entidad tratara de revisar las polémicas tan elocuentes como la de ese partido. Pero llora, llora y hace unos días leí una nota que seguía llorando. Volvamos atrás: Gimnasia-Tigre, muy lindo partido, segundo tiempo, once minutos, Tigre lo tiene al Lobo en un arco. Pelotazo, la baja Galmarini, complicado con la marca de un defensor de Gimnasia que llega a cabecear la pelota, sale el Gato Sessa atolondradamente, como puede Galmarini la toca con la punta del botín. Gol de Tigre. No, amarilla y roja a Galmarini por una mano que no existió y gol anulado. Espero que Cappa tenga ese pañuelito para secarse algunas lagrimas y que se haga cargo de que el fulbito es lo mas lindo del mundo porque tiene estas cosas.

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Toco y no me voy Juega en Lincoln, tiene 27 años y cuentan que la rompe. Pero el hombre no quiere irse del pago y prefiere cazar a jugar en Primera. Como un Bochini del Siglo XXI, les presentamos a Luciano Millares, buscado por varios clubes. A todos les dijo no. Por PEDRO FERMANELLI

É

sta es una historia contada en presente que, precisamente por su condición temporal, mata en términos de veracidad a toda fábula de similares características. Ningún derecho reservado. Pruebas a su disposición en cualquier cancha del Torneo Argentino B donde juegue el Club Atlético El Linqueño. “Es un caso digno de estudio en cualquier universidad, porque excede lo deportivo. Igual, es fácil: a él no lo gobierna el dinero, es una excepción en esta sociedad. Lucho prioriza su forma de vida, al aire libre y rodeado de amigos. La gente vive como una frustración propia el hecho de que no juegue en Boca. Pero nadie se preocupa por lo que realmente lo hace feliz a él”. Lucho es Luciano Millares, tiene 27 años y un talento innato para eso de jugar a la pelota. Y quien habla es el presidente de El Linqueño, Damián Pettovello, un hombre que a menudo contesta llamados desde los lugares más inesperados para preguntar por un futbolista de ambiciones demasiado escasas. Clubes de Primera División –Arsenal, Independiente o Gimnasia y Esgrima La Plata– y del exterior –Tecos (México) y Olmedo (Ecuador)–. Hasta de Corea vinieron a buscarlo, con un cheque en blanco: lo filmaron y fueron su sombra en cada partido que jugó durante un año. La cámara siempre lo siguió a él, indiferente a la suerte de ese humilde equipo del noroeste de la provincia de Buenos Aires que milita en la Cuarta División. “Soy feliz acá. Alguno que no me conoce por ahí piensa ‘este pibe está loco, con la posibilidad de jugar en Primera, no agarra…’. Pero bueno, no me gusta Buenos Aires y prefiero seguir en El Linqueño”. –Ni hablar de irte al exterior, ¿no?. Menotti te quiso llevar a México. –Menos... Claudio (Otermín, actual entrenador de Linqueño) también me dijo de ir al Olmedo de Ecuador. Ya me acostumbré a esto. –No faltará quien te diga que con un par de años afuera te salvás para siempre.

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–Sí, pero acá la gente me quiere, y además cobro bien. –¿Invertiste? –No, la gasté siempre. Bueno, ahora compré un auto. El resto se fue en joda. –¿Y eso te trajo problemas? –Acá ya me conocen y saben que por ahí me mando alguna cagada más que otros, pero nada más. –Sos de agarrarte a piñas… –Sí, una vez fui en cana. Me encerraron un día, pero no fue nada, porque la mayoría de los que están ahí me conocen. Millares ahorra, sobre todo palabras. A veces, para evadir situaciones incómodas. Dice apenas “ya pasó” sobre una parada brava que tuvo a principio de año, cuando intentaron apuñalarlo en una pelea callejera. El citado Otermín, quien admite tener “debilidad” por ese muchacho que “mata o muere por defender a un amigo”, cuenta: “me llama desde la comisaría a las cinco y media de la mañana. Cuando llego, veo que empieza a declarar todo en contra de él mismo. ‘No, pará’, le digo. Y se pone a escribir un mensaje en el celular. El tipo con el que se había peleado le decía que iba a ir a buscarlo con un revólver. ‘¿Y vos qué le ponés?’, le pregunto (Otermín imita una voz grave e introvertida). ‘Que lo espero con la carabina en la mano’, me respondió. ¡Y todo adelante del comisario!”. “Antes de llegar a Lincoln me contaron que iba a encontrar un jugador que salía de lo común. Era cierto. Nunca pude dilucidar cuál era su razonamiento respecto del crecimiento; quizá debí haber pedido ayuda profesional... Las posibilidades y las condiciones las tuvo todas. No se encuentra fácil a un jugador así: potencia, velocidad, gambeta, pase, gol…”. Cayetano Rodríguez, actual ayudante de campo de Ángel Cappa en Gimnasia, recuerda su paso por El Linqueño en la temporada 2007/08. Según el propio Miralles, ése fue el mejor equipo en el que jugó. Estaban, entre otros, Carlos La Vieja Moreno y Fabio Schiavi. No ascendieron, pero jugaban bien en serio.


“Es un chico especial, que no te da espacio para que te metas en sus cosas. Sin embargo, a veces nos sentábamos y charlábamos. Él tomaba mate, miraba los árboles…”, describe Cacho con cierta nostalgia, yagrega: “cuando lo recomendé a Arsenal, Daniel Garnero me preguntó si podía jugar en Primera. ‘Te vas a sorprender’, le dije. Pero bueno, se volvió. Pudo haber jugado en cualquier club de Argentina. Es más, te hago una composición de lugar: si Ángel lo hubiera tenido en aquel Huracán, hacía 25 goles”. Millares arribó a Sarandí a mediados de 2008, firmó contrato y se instaló en un departamento que el club le alquiló en Avellaneda. Pero no se adaptó, y a los pocos días regresó a sus pagos, en silencio. Quienes lo conocen coinciden en que no lo cuidaron, lo dejaron solo. “Iba a ganar 10 lucas por mes, y justo los chicos viajaban a Japón”, cuenta Lucho con naturalidad. En efecto, horas después Arsenal partió rumbo a Tokio para jugar la Suruga Bank. Él se perdió de ser campeón y de mostrarse en una interesante vidriera. “Nunca vi una cosa igual. Al contrario, todos se matan por llegar. Tenía condiciones”, recuerda Miguel Silva, vicepresidente de Arsenal. “Una noche, varios jugadores salieron. Al otro día, el técnico se calentó, se quería ir. Hicieron una reunión y, cuando se estaba calmando todo, le dicen a Lucho ‘a vos te vieron bailando en el bar a las seis de la mañana’. Él contestó: ‘no, qué bailando, si yo no sé bailar; fui a tomar algo nomás’” (Maxi Antonelli, uno de los mejores amigos que le dio el fútbol a Millares). Luciano el Terrible, padre de dos hijas y autor de casi cien goles oficiales (sin contar la Liga amateur), el que teme a los aviones y no conoce geografía más allá de la que visitó con su equipo, es una especie de Garrincha, y no sólo por lo que hace en la cancha. La caza y la pesca son dos hobbies que lo retienen en Lincoln, donde vive junto a su madre y su novia en una humilde casita. “El año pasado, en Ramallo, me partieron la canillera de un planchazo. Fui a pescar (con una herida abierta) y me metí en la laguna. Tuvieron que internarme por una infección y casi me cortan la pierna. No jugaba más al fútbol…”, cuenta ahora Millares. Un futbolista que no se toma muy en serio eso del profesionalismo, diría cualquiera. “La madre, en lugar de decirle ‘mirá, Luchi, te compré caramelos’, le decía ‘Luchi, te compré balas’. Y él, feliz”, agrega Antonelli. Otermín, además de jugador (Gimnasia y Mallorca, entre otros) y técnico, fue representante: “conozco a casi todos los jugadores del fútbol argentino, y estoy convencido de que él está entre los cinco mejores delanteros del país. Es una lástima, porque cuando deje de jugar, capaz que termina sin un peso y en la calle. Hoy ya hay un ruido, rumores de drogas…; yo sé que él ha consumido”, dice. Pragmático, la medida que tomó el DT fue embargarle la mitad del sueldo para cuidar sus finanzas. Así le consiguió un Volkswagen Gol usado. Para evitar, justamente, un final como el del crack brasileño, que “murió de su propia muerte: pobre, borracho y solo”, en palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano. El mito cuenta que dos agentes bancarios fueron a la casa de Garrincha y encontraron dinero pudriéndose en un mueble. Podrido de que le expliquen lo que significa el dinero en la vida de los hombres, Millares resiste a la tentación. ¿Y no es eso, acaso, lo que espera el hincha de un ídolo? Con las disculpas del caso, el hincha que llevo adentro me obliga a un sinceramiento, a decir “gracias, Lucho. Por todo...”.

Luciano Millares en acción. Sus lustrosos botines en el vesturio de El Linqueño y haciendo lo que más le gusta, cazar.

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Vale fulminar

Ya es sabido: el espectáculo siempre continúa. Bombas, la ONU bombardea, la OTAN también, europeos atacando África, Kadafi atacando opositores, opositores asesinando oficialistas... Los vendedores de armas, chochos. En Libia, el fútbol también tiene lo suyo. Como en la época de Malvinas. Pelota y muerte. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

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uele decirse que el fútbol, muchas veces, ofrece una versión distinta del mundo. Así sucedió el lunes 28 de marzo. El mundo, o al menos una alianza que decía representarlo, bombardeaba ese día Libia para sacar del poder al dictador Muammar Kadafi. Como antes se le decía “líder” y no “dictador”, las potencias europeas que hasta semanas antes lo atendían a cuerpo de rey borraban páginas de Internet y otras señales de la vieja amistad con el jefe del país del petróleo. Porque a partir de marzo, Kadafi pasó a ser mala palabra en todos lados. Menos en un estadio de fútbol. El escenario casi coincide la con la fecha. El estadio 26 de marzo, de Bamako, la capital, lleva ese nombre en honor al derrocamiento de un viejo dictador en Malí. El 28 de marzo pasado estaba colmado por 35.000 personas. La entrada era gratis. En las tribunas había carteles pro Kadafi y contrarios a los líderes europeos y de Estados Unidos que decidieron bombardear Libia para desalojar al dictador. Antes del partido, hubo un minuto de silencio “por los muertos y desaparecidos en Libia”. Cumplido el minuto, se escucharon otra vez cánticos por Kadafi. El fútbol, efectivamente, se ofreció ese 28 de marzo en Bamako como una versión distinta del mundo. Sucede que Malí es un país amigo de Kadafi. Lo mismo ocurría con el país de la Selección visitante, Islas Comores. La otra Selección, que hacía el rol de anfitriona, porque en su país caían las bombas, era justamente Libia. Faltaron tres ju-

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gadores de Bengazi, bastión rebelde en la crisis libia. No se explicaron las causas. Marcos Paqueta, el DT brasileño de la Selección libia, agradeció al público. “Nos hicieron sentir como en casa”, dijo. Faltó el presidente de la Federación libia, el teniente coronel Al-Saadi Kadafi. Hijo del dictador, Saadi también fue capitán de la Selección algunos años atrás. El entonces DT, Carlos Bilardo, seguramente lo ponía de titular porque Kadafi junior era el más “polifuncional” del equipo: volante, patrón y financista. Libia, es lo de menos, ganó fácil 3-0 al joven equipo de Comores (tiene una media de 22 años) y quedó líder en el Grupo C clasificatorio para la Copa Africana de 2012. Paqueta habló de una clásica muletilla deportiva en tiempos de crisis (“nuestra misión es dar un poco de alegría en estos momentos difíciles”). Y admitió que su trabajo es esencialmente “psicológico”, porque los jugadores dejan el país (se entrenan en Túnez y juegan en Malí) y dejan a sus familias bajo las bombas. Si Libia no se presentaba a jugar corría riesgo de sanción. ¿Acaso la Confederación Africana no suspendió por dos años a Togo porque su Selección desertó de la última Copa Africana en Angola después de que el autobús que trasportaba al plantel fuese atacado y una de las balas matase a uno de los miembros de la delegación? Así es el fútbol. Hay que jugar siempre, también bajo las balas. El 9 de febrero de 1941 la marina inglesa atacó Génova. Hubo 72 muertos y 266 heridos. Horas más tarde, Genoa y Juventus jugaban al calcio.


Quereme así, piantao

Dándole alegrías al fútbol y a la prensa, el italiano Mario Balotelli, hijo de padres ghaneses, se ha convertido a los 21 años en una figura singular. Atacado por racistas, cuestionado por sus atorranteadas (la última fue lanzarles dardos a los chicos de las inferiores), en el Manchester City está bajo observación. Mientras tanto, él sueña con ir al Milan. Por FERNANDO VERGARA

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a favela de Mata Escura es una de las peores de Salvador de Bahía, en Brasil. En 2007 y 2008, sus habitantes vivieron navidades curiosas: junto con los chicos que corrían detrás de la pelota, deslumbraba otro moreno, pero de distinta procedencia: Italia. Mario Balotelli, incipiente promesa del Inter de Milán. Allí, el delantero viajó para ayudar a una asociación encargada en la educación de los jóvenes de la favela. Súper Mario siempre está en el centro de la escena, no sólo por sus cualidades futbolísticas o humanitarias, sino también por su carácter, sus peleas, sus expulsiones tontas y sus berrinches con entrenadores. Hasta llegó a ser apercibido por la policía por efectuar disparos al aire con… una pistola de juguete. Tal vez, su forma de manejarse no sea casual. Mario Balotelli Barwuah nació en 1990 (en Sicilia) y fue abandonado por sus padres ghaneses en un hospital de Brescia porque padecía una enfermedad. A los 3 años, fue confiado a la familia Balotelli, que ya tenía tres niños. Pero todo le costó el doble: lamentablemente, no es sencillo ser negro en un pueblo del norte italiano. “No dormía si mamá no le sujetaba la mano, buscaba amor. En el colegio era el único negro, y para ser aceptado se hacía el payaso”, contó alguna vez su hermana Cristina. A los 15 años debutó con el Lumezzane, en la tercera italiana. Dos meses después se probó en el Barcelona, pero finalmente se lo quedó el Internazionale, por 370.000 euros. Fue víctima, más de una vez, de actos de racismo. Los de Juventus lo provocaron: “¡un negro italiano no existe!”, exclamaron en un duelo ante Inter. Como castigo, tuvieron que jugar un partido sin público. Y en Roma, en un bar, unos aficionados le arrojaron bananas. Balotelli no respondió, pero remarcó que estaba harto. “Si yo, a los 19, me hubiera portado como él, me habrían dado unas cuantas patadas en el culo”, aseguró Francesco Totti tras una gresca; Mario aseveró que el 10 de la Roma le había dicho “negro de mierda”. Su ex compañero Marco Materazzi dijo que “a veces, teníamos que darle un repaso, porque no respetaba a nadie”.

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Atrévase a preguntarle a José Mourinho por Súper Mario. Difícilmente el entrenador de moda guarde gratos recuerdos de él. Chocaron más de una vez. En la Champions League 2009/2010, cuando Inter quedó eliminado a manos de Barcelona y San Siro silbó a Balotelli, Mario arrojó su camiseta al suelo y la pisó. Materazzi casi le da una paliza en el vestuario. Y Mourinho no lo perdonó. La prensa italiana contó que alguna vez se fueron a las manos, y que incluso en una ocasión se puso a cantar en el vestuario el himno del Milan, club del que es hincha. Castigado por seis encuentros, se fue a la cancha a ver al clásico rival. Y agotó la paciencia del portugués cuando en un programa de televisión se puso la camiseta rossonera. En 2007 se negó a representar a Ghana. Y en agosto del año pasado debutó en la Selección italiana. El entrenador Cesare Prandelli reconoció que habló con Balotelli: “me pidió ayuda para mejorar su comportamiento; me dijo que siempre termina estropeando todo”, indicó. Hace poco, un diario de su país le entregó el premio Golden Boy, y Balotelli aseguró: “¿quién más podría haberlo ganado? Sólo hay uno que es un poco mejor que yo, Lionel Messi. Todos los demás están muy por detrás”. Con la llegada de la fama, sus padres biológicos aparecieron, pero él respondió con indiferencia: “desde que me abandonaron, no quisieron saber nada, y ahora quieren presumir de mí”. Con quien sí coquetea es con Zlatan Ibrahimovic: “si me sigue llamando para el Milan, un día su deseo será concedido y vestiré la camiseta roja y negra”. Balotelli pide disculpas. Se da cuenta de que la patada criminal sobre el defensor Goran Popov hipoteca su continuidad en el Manchester City. Roja directa, y lo marcan como el responsable de la eliminación de los Sky Blues en la Europa League, a manos del Dinamo de Kiev. Su entrenador, Roberto Mancini, califica de “estúpido” su comportamiento. Quizás dentro de un año (y por qué no, dos) usted pueda leer un último párrafo similar en Manchester, Milán o cualquier rincón del mundo.


Los papeles que nunca nos unieron Dos hombres de Un Caño se sacaron las ganas de perseguir a Joaquín Sabina en su paso por Buenos Aires. Y el español, que algo sabe de palabras, les habló de su hermandad sin lazo de sangre con Maradona, de la Selección en Sudáfrica y de sus penas por Boca. De paso, sus ganas de componerle un tema a Messi. Por GERMÁN BEDER Y MARCELO RODRÍGUEZ

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rranca por la derecha el genio del fútbol mundial. “Argentina es en el único país del mundo en el que puedo dar una conferencia en estas condiciones”, se sonríe, y sale a la caza de cómplices. “El porteño que no salió del closet”, según se reconoce, toma cerveza, fuma y acomoda las palabras como en un ritual de composición de canciones. A Joaquín Sabina se lo conoce por ser cantautor, poeta, provocador nato y activista de la noche en detrimento de las primeras luces del día. Es todo eso. Para definirle el estilo, sin embargo, habrá que remarcar que, por encima de cualquier etiqueta, es un maradoniano en el sentido más extenso de la palabra. Admirador de la impronta épica de Diego, alguna vez reveló el cuándo de su tratado de amor: “sé que me quiere, y él sabe que yo lo quiero. Y creo también que se enteró tarde de ese amor, como a mí me pasó con él. Empecé a amar a Maradona cuando ya no era Maradona. Como no era muy futbolero, el Maradona futbolista genial me pasó completamente inadvertido”. ¡Gracias dios, por el fútbol! ¡Por Maradona! ¡Por estas lagrimas! Lloró. A Sabina la historia del superhéroe de carne y hueso le caló hondo, y su flechazo por el Diez empezó donde, paradójicamente, murió el amor de otros. “Me empezó a impresionar cuando le montaron aquella infamia en el barrio de Caballito. Le hicieron una putada tremenda, y ahí me empezó a interesar. Luego lo conocí y estuvimos juntos un par de noches locas, y me pareció que tenía y tiene una cosa que sólo poseen algunos argentinos -la tuvo Gardel y la tuvo Eva Perón-, que es un gran instinto para lo popular”, describe. Un Caño ve el hueco propicio para lanzarle como un cuchillo la pregunta directa al sentimiento: –Teniendo en cuenta tu amistad con Diego, ¿hubieses cambiado el título que ganó España por el de Maradona campeón? –(Risas) Me han hecho una pregunta bien jodida. –¿Y entonces? –Yo sufrí bastante con los partidos de Argentina en el Mundial; sufría por Diego, sobre todo. Incluso hubo un partido durante las Eliminatorias que casi me trae problemas conyugales, porque resulta que mi novia es peruana, y Argentina se jugaba su clasificación a Sudáfrica contra Perú. Así que cuando Palermo hizo ese gol milagroso, yo me paré y lo grité. Y surgieron al78 UN CAÑO | ABRIL 2011

gunos conflictos domésticos que, por suerte, pude sortear. Igual, la pasé muy mal ese día. Siempre me sentí muy al lado de Diego. Me sigo sintiendo cerca suyo. Yo lo adoro. Creo que tenía un equipazo, un grupo maravilloso que evidentemente no funcionó como tenía que funcionar. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste? La dicotomía MessiMaradona tiene un intérprete de lujo para resolver el conflicto. Al del Barcelona lo ve bien de cerca, por más que sea hincha del Atlético de Madrid. Al otro, a su amigo, lo sabe inmaculado. Acaso sea ése el valor agregado que permite ponderar la respuesta. –Ya hubo Dieguitos y Mafalda. ¿Messi también merece que le compongas su propia canción? –Messi es, sin la menor duda, el mejor jugador del mundo. Es más, en mi opinión, es el mejor jugador de todos los tiempos. Yo creo que ya pasó a Diego. Y si no lo pasó, le sobra tiempo para poder pasarlo. Cada domingo, cada partido demuestra que es un chico de otro planeta. Ojalá algún día tenga que hacerle una canción. En sus últimas dos visitas al país, Sabina logró darse uno de los grandes gustos de su vida: tocar en La Bombonera (“La Bombonera de mi alma”, así la llama). La primera vez lo hizo solo; la segunda, con su compadre, el catalán Joan Manuel Serrat. En ambas terminó liquidado. Y ya no tiene más ganas de terminar liquidado. “Los argentinos tienen otra manera de conectarse con el artista o con el ídolo de turno. Más emotiva e intensa. Se ve en la cancha, en un partido de fútbol. Y se ve en los recitales. El vínculo es tan eléctrico que uno termina destruido después del show. Por eso, esta vez busqué algo más íntimo, como el Luna Park. El sueño de tocar en el estadio de mi equipo ya me lo di”, confiesa. La referencia sobre Boca deriva en la pregunta ineludible: la del deterioro futbolístico de su segundo amor, ése al cual le escribió alguna que otra rima y por el cual armó una amistad todavía vigente con Juan Román Riquelme. –A tu Boca no le está yendo muy bien. ¿Te mantenés al tanto del momento del club? –Sí, trato de estar al tanto. ¿Qué puedo decir al respecto? Mira, Boca me genera sentimientos parecidos a los que siento por mi Atlético de Madrid. Me regala alguna que otra alegría, pero sobre todo muchas penas.


s a b r e y s a r t O

LIBROS

Diarios de bicicleta, de David Byrne Por ALEJANDRO LINGENTI

Pedaleando por distintos lugares del mundo, David Byrne fue acumulando una serie de observaciones que finalmente quedaron volcadas en un libro ameno y entretenido que complementa ese afán de sociología a la carta que ha tenido desde siempre el ex líder los Talking Heads. Hace treinta años que Byrne se mueve en bicicleta por la ciudad en la que vive, y desde hace un tiempo lleva su modelo plegable a los lugares que visita cuando está de gira. Buenos Aires fue uno de los destinos del músico, que aprovechó para encontrarse con algunos colegas (Diego Frenkel, Nito de Los Auténticos Decadentes, Charly García) y anduvo por Palermo, al que define como un barrio “aburguesado” y “abarrotado de boutiques, bares y restaurantes chetos”. Byrne compara la transformación del barrio porteño con la que sufrieron algunas zonas en las cuales se concentraba la crema de la vanguardia neoyorquina, hoy dispersa en distintos lugares por el notable aumento de los alquileres en aquellas áreas. “El resultado es que disminuye la mezcla en un mismo lugar de diferentes tipos de gente –artistas, profesionales y clase trabajadora–, lo cual termina siendo perjudicial para la creatividad”, asegura. Observador agudo e

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inteligente, Byrne es dueño de una prosa sencilla pero al mismo tiempo profunda. Sus apuntes sobre Berlín, Estambul, Manila, Sydney, Londres, Nueva York y San Francisco tienen gracia, son eficaces en términos de descripción del paisaje y permiten que también floten libremente las reflexiones políticas y culturales del autor. El libro incluye fotos sacadas por el músico, una serie de curiosas ilustraciones firmadas también por él y un epílogo titulado “El futuro de los desplazamientos cortos” en el que aboga por el reemplazo de automóviles por bicicletas con los argumentos que son conocidos, relacionados con la ecología y los problemas que generan los embotellamientos de tránsito: “la 42, en Nueva York, podría convertirse fácilmente en una peatonal”, dice Byrne sobre esa legendaria arteria que cruza la ciudad oeste a este y en la que en 1913 se levantó la Grand Central Terminal. El libro tiene un apéndice con consejos sobre seguridad, mantenimiento de la bici, cascos e indumentaria, recomendaciones de modelos preferidos por el músico y hasta sugerencias tan puntillosas como la de evitar andar por calles con adoquines para no sufrir con la vibración lesiones en las muñecas, armas fundamentales para cualquier guitarrista.


TEATRO/ESTRENO

El alimento del futuro Por ALEJANDRO LINGENTI

“Tiempos apocalípticos en un futuro no muy lejano. El pastor Román llega a la ciudad de Buenos Aires para dar, en un estadio, su discurso sobre el fin del mundo. Su llegada desestabilizará a su hermano Ricardo, que distanciado del pasado y de aquella infancia que compartieran en el campo, había encontrado el modo de rehacer su vida, trabajando en un hotel. Cuando el mundo que nos rodea pareciera acabarse, ¿qué sucede con aquel otro mundo, más íntimo, familiar y personal, que acecha en la memoria?”. Walter Jakob resume de este modo el argumento de la obra El alimento del futuro, que escribió y dirige con Adrián Fondari, su único protagonista. Con producción ejecutiva de Carolina Martín Ferro, escenografía de Ariel Vaccaro y música compuesta por Gabriel Chwojnik y Mariano Llinás, se podrá ver todos los jueves a las 21 en el Teatro Anfitrión (Venezuela 3340, Capital Federal). Los antecedentes de todos los involucrados obligan a no perdérsela.

FOTOGRAFÍA/MUESTRA DE DIEGO LEVY

Golpes Por FABIÁN MAURI

Luis Federico Thompson / 186 peleas

Rastros en los rostros, caras de ojos tristes talladas a trompadas, huellas de combates. Una fotografía, igual que un jab a la mandíbula, se saca en una milésima de segundo, y su marca queda impresa para siempre. Diego Levy (Sangre, Choques) se mete con eso en su nuevo proyecto, Golpes. Catorce austeros retratos en blanco y negro de curtidos boxeadores nos interpelan sin dejar lugar a la metáfora. Las fotos de Levy son concretas, contundentes, en sintonía con las reglas del deporte al que el autor se acercó en plan bajar la panza. Diego formó parte de un ya mítico grupo de periodistas que se entrenaban en la Federación de Box, a las órdenes de Lorenzo Beneventano, telonero de Locche y de Galíndez en las noches de Luna lleno de los años ‘70. La cara del maestro lo impresionó, y un día cayó al gimnasio con su Hasselblad, ése fue el primer eslabón de la serie. Ante su cámara desfilaron ídolos olvidados, campeones del mundo y modestos semifondistas. Luis Federico Thompson, Cirilo Gil, Horacio Acavallo, Miguel Angel Castellini, entre otros, miraron profundamente en el lente, y a las imágenes obtenidas no fue necesario más que agregarles un lacónico epígrafe que es casi un prontuario: nombre, apellido y número de combates en los que estos deportistas fueron dejando la vida. Con eso basta para entender de qué se trata el boxeo. Golpes se puede ver desde el 13 de abril en la Fotogalería del Centro Cultural Ricardo Rojas, Corrientes 2038. Entrada libre y gratuita.

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Solamente unos buenos muchachos

El mundo entero intenta encontrar las fórmulas del éxito de Barcelona. Como siempre, tenemos la justa. No por exploradores, sino por las maniobras que uno de nuestros periodistas realiza junto a una botella de whisky inglés. El secreto del Barça es muy sencillo. Por PABLO CHEB TERRAB

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ace varios años, cuando la escuela y la pelota todavía eran las únicas preocupaciones posibles para mi vida, en el barrio vivía un pibe bárbaro al que todos llamaban Pipo. Era realmente un tipazo, un compinche genial, un hombrecito generoso que te ayudaba siempre, sin maldad, sin envidia, sin crueldad –todas características tan clásicas de la infancia temprana–. En pocas palabras: un fenómeno. El tema es que Pipo no era el muchacho más brillante. Más bien uno diría que, pese a su voluntad extraordinaria, era bastante tonto. Le iba mal en el colegio, le costaba armar frases coherentes, se quedaba mudo apenas aparecía una chica, nunca entendía los chistes… Su peor pecado, quizá, era jugar pésimo al fútbol. Todo esto a nosotros nos importaba más bien poco, no había nada que no le perdonáramos y nada que no hubiéramos hecho por él. Por eso, de vez en cuando, organizábamos entre los amigos una mini conspiración para devolverle a Pipo toda la buena onda que nos regalaba en la vida cotidiana. El tema era fácil: armábamos un picado, lo invitábamos, lo elegíamos entre los primeros para un equipo y lo dejábamos jugar. Era un ejercicio extremo de actuación en movimiento. Imaginen que no podía ser algo evidente, porque habría perdido la magia. Pero esos días, Pipo nos dejaba en el camino con sus gambetas obvias (siempre enganchaba hacia adentro), acertaba incontables pases verticales (que nos obstinábamos en no interceptar), contaba con espacio y tiempo exagerados para pegarle al arco (le cubríamos un poco tarde la pierna equivocada), quedaba todo el tiempo mano a mano con el arquero (nunca nos escalonábamos para cubrirlo) y siempre, inevitablemente, terminaba siendo figura, héroe y goleador. Lo más importante: se lo veía feliz, radiante, rodeado de nuestros elogios. Nunca, pero nunca sospechó del engaño. Hace poco, escuchaba una de las tantas declaraciones de ocasión de Lionel Messi y me acordé de Pipo. Las coincidencias fueron abrumadoras. El tipo, con su tono eminentemente gango82 UN CAÑO | ABRIL 2011

so y su timidez militante, les pinta la cara a los guapos, a los vivos y a los creídos desde un equipo que pasea su fútbol por la vida pintado de humildad. Porque juega al lado de Iniesta, y su facha de buen amigo. Junto a Busquets y su pinta de buenazo. Frente a Puyol y su españolísima jeta amable. Entre Villa y Valdez, que si no fueran futbolistas estarían en un chiste de gallegos. Entonces me di cuenta: Messi, en realidad, no es tan bueno como parece. El Barcelona, en general, tampoco lo es. La portación de caras los delata. Fíjense que el cerebro del equipo es Xavi, un hombre casi idéntico al Manolito de Mafalda. No, el Barça no tiene jugadores brillantes, ni es un equipo espectacular. Lo que pasa es que –a pesar de ser un poco lelos– son tan buena gente que el resto de los jugadores del mundo conspira para dejarlos ganar. Puede ser tranquilamente un proyecto de Unicef (sponsor, claro, otro toque de bondad) para logar algo así como una Liga de la Justicia. Paladines del bien. Un símbolo de todo lo que debe hacerse. Se forma así un grupo exclusivo de muchachos espectaculares, con un beneficio mayúsculo e impresionante: ser los mejores del mundo. Millones y éxito para premiar la bondad, escondidos por una pantalla futbolística. Para colmo, es una banda liderada por un Guardiola (gran tipo) que puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. Muy bien, allí está. Los rivales convencidos de que Barcelona debe ganar, cediendo victorias por altruismo, y nosotros convencidos de que son unos fenómenos. Además, ¿quién podría culpar a un derrotado de caer ante los mejores? La treta es tan unánime que se convierte en indescifrable. El triunfo de España en el Mundial con Del Bosque al frente (otro con estampa que da para pensar) podría ser una continuidad de este mismo proyecto. Hasta el máximo enemigo circunstancial parece defender esta teoría. ¿Quién eliminó al Barça de la Champions? Mourinho, soberbio rompepactos antifútbol. ¿Cómo no lo habíamos visto antes? Fácil: cuando el engaño encarna una maravilla, estamos dispuestos a engañarnos.



Revista Un Caño - Número 35 - Abril 2011