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staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 29

Diez razones para no rezar un responso por Grondona (ni por los dirigentes que lo acompañaron) 1

148 muertos desde que asumió la presidencia de la AFA (incluye víctimas dentro o fuera de la cancha, como consecuencia del incremento de las barras bravas).

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30 clubes en quiebra o que se presentaron en concurso de acreedores: Independiente, Racing, Central, Belgrano, Temperley, Ferro, Huracán, Los Andes, Defensores de Belgrano, Gimnasia de Jujuy, Godoy Cruz de Mendoza, Instituto de Córdoba, Juventud Antoniana de Salta, San Martín de Mendoza, San Martín de San Juan, Deportivo Español, Laferrere, Talleres de Remedios de Escalada, All Boys, Sportivo Italiano, Morón, Colegiales, Platense, Comunicaciones, Banfield, San Lorenzo, Nueva Chicago, Talleres de Córdoba, Newell´s y Huracán de Corrientes.

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31 años sin democracia directa en la Asociación del Fútbol Argentino.

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18 años de entrega de los derechos de TV del fútbol a un monopolio conformado por TyC y el Grupo Clarín.

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6.000 millones de pesos (cálculo de Un Caño) de ingresos perdidos desde 1992 a 2009 por no convocar a licitación pública e internacional por los derechos de TV, permitiendo contratos únicos con TyC y Clarín.

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7 años de complicidad para mantener en el poder del fútbol argentino a un represor de la dictadura como el ex almirante Carlos Lacoste, a quien designó como representante en la FIFA.

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13 representantes en la AFA (y nada más) para 3.000 clubes de las provincias.

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10 empresas, al menos, sospechadas de ser manejadas por el clan Grondona y sus amigos. Algunas de ellas vinculadas a negocios del fútbol: Batco, Julio Grondona S.A, Conenar, Crucecita S.A, Baprisud S.A, Genoversa S.A, Cuatro Ramos S.A, Nuevos Surcos S.A, Contruscciones Prieta y Rotamund.

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CONSEJO DE DIRECCIÓN Alejandro Caravario Christian Colonna Pablo Cheb Terrab Mariano Hamilton Pablo Llonto Matías Martin Fabián Mauri Víctor Hugo Morales Ralph Rothschild Ariel Senosiain Adrián Soria SECRETARIO DE REDACCIÓN Pablo Llonto DIRECCIÓN DE ARTE Alicia Sliwkin EDITOR DE FOTOGRAFÍA Fabián Mauri CORRECCIÓN Alejandro Lingenti COLABORAN EN ESTE NÚMERO María Florencia Alcaraz, Pablo de Biase, Diego Bonadeo, Sonia Budassi, Andrés Burgo, Agustín Colombo, Martín Denegri, Andrés Eliceche, Alejandro Fabbri, Germán Ferrari, Mauro Fulco, Alejandro Kirchuk, María Fernanda Mainelli, Mariano Mancuso, Maxi Failla, Ezequiel Fernández Moores, Edgardo Imas, Román Iucht, Alejandro Lingenti, Fernando Pacini, Miguel Parodi, Ayelen Pujol, Juan Ignacio Provéndola, Gustavo Veiga, Leandro Vila, Sebastián Wainraich, Alejandro Wall, Osvaldo Alfredo Wehbe, Roberto Zimmerman, Photogamma.com DEPARTAMENTO COMERCIAL

4 años sin público visitante en los partidos de Ascenso. 120 personas entre dirigentes y sus familiares que viajan a los Mundiales en los viajes de placer costeados por la AFA. Pablo Llonto (y sus estimaciones)

info@sentidos.com - 5983.2700 www.revistauncaño.com.ar www.facebook.com/revistauncanio correodelectores@revistauncanio.com.ar IMPRESIÓN Kollor Press S.A. Uruguay 124 -Bs.As-4116-3598/3599/3601. DISTRIBUCIÓN EN CAP.FED Y GRAN BS.AS Sanabria S.R.L Baigorri 103. Capital Federal. 4304-3510. DISTRIBUCIÓN EN INTERIOR Distribuidora Austral de Publicaciones S.A. Isabel la Cátolica 1371, Cap.Fed. 4301-0701. Esta publicación es propiedad de EAMP S.A, Uruguay 1037 7º Piso. Prohibida su reproducción parcial o total. Registro de la propiedad intelectual, en trámite.

ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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Te aplasta en alpargatas

Otra sorpresa uruguaya: esta temporada tendrá en Primera, por segunda vez, a El Tanque Sisley, un club sin teléfono, página web ni agua caliente. ¿Volverá a ganarle a Nacional y a Peñarol? Ahí jugó el Maestro Tabárez. Y hasta hubo una aparición en el Festival de Cannes. Por MARTÍN DENEGRI

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o es una esquina más de Montevideo. ¿Acaso lo fue Durazno y Convención para Jaime Roos? Cerro Largo y Yaguarón se cruzan, entre Aguada, Cordón y el Centro, en una región automotriz por excelencia, una zona repuestera, una suerte de calle Warnes en el corazón de la capital charrúa. Ahí mismo, hace 55 años, cuatro adolescentes que llegaron creativamente tarde al bautismo de su nuevo equipo de fútbol, entre tantos Nacionales y Peñaroles, le dieron forma a una de las instituciones más peculiares del fútbol uruguayo. Este póker de pibitos no hizo otra cosa que levantar la vista y ver, enclavado en un gigantesco tanque de nafta, el nombre del Centro Cultural y Deportivo El Tanque, que en 1981, fusionado con su par de Sisley, se dio en llamar El Tanque Sisley. Verdinegro, en honor del desaparecido y barrial Rosarino Central, El Tanque fue escuela de campeones. ¿Sabías que Oscar Washington Tabárez, como lateral derecho, dio sus primeros pasos a principios de los ‘70, cuando ET se juntó con Sportivo Italiano? También, hace seis años, fue parte triunfal del cinematográfico Festival de Cannes y de un Premio Goya. En Whisky, obra maestra yorugua, Jacobo Koller, dueño de una fábrica de medias, mata su rutinario tedio yendo a la cancha a ver al Tanque... ¡Y qué cancha! El Della Valla tiene una tribunita coqueta que apenas se cubre en Carrasco Norte. La barra, llamada La 21, alude varias veces a la concurrencia, al apoyo que el equipo consigue. Apenas si levantó un poco la puntería durante la última temporada. Después de 20 años, en aquel debut y despedida de 1991, fue campeón de la B y regresó a Primera. Ah, un grupo empresario argentino colaboró para semejante hazaña. En el partido decisivo, perdía 0-2 con Sudamérica y lo dio vuelta. ¿El héroe? No fue Forlán ni el Loco

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Abreu. El muchacho, morenito, con el número 13 en su espalda, se llama Atilio Alvez. De día, se entrena con sus compañeros. Desde las dos de la tarde, atiende un almacén en Las Torres, en el populoso Cerro. Se cruza la ciudad de punta a punta para jugar. Y en el Parque Capurro, con un zurdazo de mitad de cancha en el minuto 94, le regaló el ascenso a un club que no tiene sede social y ni siquiera un teléfono de línea. Basta con decir que Freddy Varela, el presidente, de 72 años, y su mujer son los encargados de lavar la ropa... Ni hablar de las veces que, con temperaturas bajo cero, los jugadores se tuvieron que bañar con agua fría y sin chistar, a pesar de los tres meses -promedio- de atrasos que tenían hasta figuras como Serafín García (ex Chaca y Lanús). La caja de sorpresas de El Tanque Sisley permite encontrar otro dato más que particular. En su primera y única experiencia entre los grandes, el Verdinegro terminó último, bien lejos del campeón Defensor, y descendió con unas cuantas fechas de antelación. Es más, sacó apenas 15 unidades sobre 50 en juego. Sin embargo, se dio un gustazo que no muchos pueden contar: en la misma semana, y en el mítico Parque Centenario, consiguió derrotar a Nacional (subcampeón por un punto, 2-0) y a Peñarol (1-0), los dos más grandes de Uruguay. El fútbol uruguayo, cuarto en el mundo después del ballet del Maestro y Cachavacha, su mejor alumno, reporta entonces una nueva perlita. Con el mismo espíritu amateur de 1955 (más allá de las inyecciones económicas argentas), El Tanque Sisley retorna a esos campos irregulares, semivacíos, pero bicampeones olímpicos y del mundo. Ya no existe el tanque de nafta, aunque el olor a grasa y rulemanes sigue vigente. Tan sólo basta decir que el sponsor de su camiseta es Cymaco, la casa de repuestos para el automotor más grande del Uruguay.


Penal es gol o es gol

En la era de la estadística y de la superstición, Independiente alimenta un maleficio futbolístico: hace más de ocho años que sus arqueros no atajan un penal. El último agraciado fue Darío Sala, quien le desvió su tiro a otro arquero, Luchetti, en un 0-3, el año en que Racing salió campeón. En fin… Por ANDRES ELICECHE

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a pasaron ocho años, cuarenta penales y treinta y cinco pateadores. Del otro lado, ocho arqueros. Y el resultado nunca escapó de dos variantes: gol, en la mayoría de los casos, o desviado. Nunca, en todo ese tiempo, los relatores estiraron las vocales para gritar “¡aaatajó el arqueeeroo!”. Esta historia, alimentada campeonato a campeonato, es la de Independiente y su sufrimiento, cada vez que el árbitro cobra penal para el otro equipo. Entonces, sus hinchas más conocedores de la nefasta estadística se preparan para lo obvio: gol o pega en el palo; como mucho, afuera. Porque el 5 de febrero de 2002 (martes, encima, ¿alguien recuerda una hazaña del fútbol sucedida un martes?) fue la última vez que un arquero del Rojo logró atajar un penal. Esa vez fue Darío Sala quien, curiosamente, detuvo el tiro de otro arquero, Cristian Lucchetti. Para agregarle morbo al dato, hay que aclarar que no sirvió para nada: el partido correspondió a la última fecha del Apertura 2001 que había ganado Racing después de 35 años de sequía. Aquella vez, en medio del helicopterazo de De la Rúa, los choques de la jornada 19 del torneo que no definían al campeón se pasaron para el año siguiente. En ese contexto, sin ganas de nada, jugaron Independiente y Banfield. Y Sala se lució ante Lucchetti, aunque su esfuerzo alcanzó para poco: el Taladro ganó 3 a 0 en Avellaneda. La saga de penal es gol (o casi) la inició Claudio Graf –uno que pasó por Independiente–, en la sexta fecha del Clausura 2002. El delantero de Colón le gritó el gol al mismo Sala, que siguió en el arco durante todo ese torneo; recibió otros tres goles de penal, y el único que no terminó adentro fue desviado por Facundo Sava para Gimnasia. En adelante, y hasta la segunda fecha del actual Apertura (fecha de cierre de esta nota), se pararon frente a diversos ejecutores siete arqueros de Independiente: Leo Díaz (Julio Serrano, de Nueva Chicago, cambió por gol el único penal en contra que tuvo el equipo campeón del Clausura 2002 con el Tolo Gallego de DT), Damián Albil, Lucas

Molina, Mono Navarro Montoya, Oscar Ustari, Fabián Assmann y Adrián Gabbarini. Al que más le patearon fue al rubio Assmann: 13 penales, de los cuales diez fueron goles. Los otros tres, afuera. Uno se lo pateó Lucchetti, que se redimió del que le había atajado Sala. En la otra punta de la estadística está el fallecido Lucas Molina, al que sólo le pateó Sebastián Pena: con la camiseta de Chacarita, Tomatito la mandó adentro. Sólo dos jugadores lograron hacerle dos goles de penal durante esta larga racha, y los dos con pasado en Independiente: José Luis Calderón (le convirtió con Estudiantes y Arsenal) y el Bichi Fuertes (Colón). Los números contemplan también los tres penales que le patearon al Rojo en este lapso en torneos internacionales: todos fueron goles. En total, desde aquel 5 de febrero, fueron 40 penales, con 33 goles y siete desviados. Si se incluyen aquí los de los partidos que tuvieron definición por penales, la lista se estira. Las dos veces que Independiente llegó a esa instancia perdió, claro. Ocurrió ante San Caetano en la Libertadores 2004 (el Mono no le echó ni viento a la pelota en los cuatro que le patearon) y en la Sudamericana 2008 (allí Estudiantes le metió los cinco a Assmann). Esta larga anécdota deja en evidencia el único costado flaco de la prolífica escuela de arqueros que maneja Santoro en Independiente. Será que Pepé, viejo maestro, es de esos magos que siempre se guardan algún truco.


Que no Viole lo prometido...

Sin publicidad en su camiseta, la Fiorentina hizo el mejor relanzamiento de su sponsor. A falta de un patrocinador fuerte, prefirió hacer autobombo: “el fútbol es diversión”, optó por estampar, en vez de dejar un hueco a la altura del corazón. Por MARTÍN DENEGRI

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o hará falta darse una vuelta por la genealogía del marketing deportivo para entender que detrás de una publicidad, de un chivo consagrado en el medio del pecho, en el corazón de una camiseta de fútbol, existe un buen negocio. Al menos, el más cotizado. Y vale todo, eh. Incluso el silencio. O el espacio libre de culpa y cargo. Porque no oxigena arcas, pero las dignifica. Y eso también genera una chapa encubierta. Y más plata. Algunos transan y otros, no tanto. Barcelona, por ejemplo, supo pasar del azulgrana en vertical estado natural a casarse con Unicef. Un poroto de los importantes, un notable crecimiento del capital simbólico. Otros han mentido un poquitín sus ideales. Atlético de Madrid, teniendo en cuenta el pedigrí cinematográfico de su mandamás Cerezo, fue variando fecha a fecha su logo, según el estreno destacado de la semana. ¿Más? Athletic Bilbao, que sólo acepta en sus filas a jugadores de origen vasco, también trastocó sus reglas tácitas, y ahora sí acepta patrocinador. Pero claro, siempre que las marcas sean locales... En la Argentina, a decir verdad, la publicidad es parte significativa del presupuesto. La hay, y la hubo, para todos los gustos. A comienzos de los ‘80, se recuerda la aparición naif en la pilcha de San Lorenzo de los caramelos Mu Mu. Boca, por su parte, clavó un Vinos Maravilla, algo impensado por estas horas. Hoy, puede pasar cualquier cosa. Temperley arrancó su temporada con un “Yo me hice socio del Cele” a la altura del esternón, y Racing, por caso, se da el lujo de juguetear con un mensaje enigmático no tan enigmático: “Dueño de una pasión”, se deja leer. No hay sponsor a la vista: con un slogan basta. Y siguen los ejemplos. Cruzando el charco, alguna vez Peñarol no dudó en arruinar su histórica casaca tatuándose un signo de interrogación. Sí, espacio de publicidad... Claro, no siempre las cosas te salen bien. A veces, de tanto tentar al business, el tiro te puede salir por la cula-

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ta. Pero así y todo, con una dirigencia inteligente, podés quedar bien parado. Que lo diga la Fiorentina, entonces, que cambió a la japonesa y bien paga Toyota por... ¡un pseudo culto al fair play y el jogo bonito! La nueva camiseta Lotto de la Viola para la temporada 2010/11 sorprendió a propios y a extraños. Aunque algo ya se preveía: la campaña misteriosa había comenzado a difundirse un tiempo antes y, mientras tanto, causaba tanta impresión como el más caro auspiciante. “Il Calcio é un divertimento”, se dejaba ver sobre la parte anterior de la camiseta en la pomposa presentación. De repente, a Sinisa Mihajlovic, el técnico de turno, le metieron un poco de presión desde arriba. Porque una cosa es, cuando aparece el micrófono en una conferencia, jurar que se hará todo lo posible por desacralizar al fútbol. Pero, ¡tenerlo escrito pegado al escudo, como si fuese el onceavo mandamiento! Mucha presión. Más fácil sería algo así como “Sin plata, y de punta y para arriba”. “Nosotros vivimos así al deporte. Sin violencia y con una sonrisa”, explicó Mario Cognini, el presidente interino de la Fiorentina, en la conferencia de prensa que sirvió para lanzar la estrategia. Eso sí, nadie aseguró que no fuese más que una historieta de pretemporada y que, para la primera fecha del Calcio contra el Napoli, en el Artemio Franchi, una megaempresa patrocine la indumentaria del principal equipo de Firenze. En 1981, JD Farrows fue la primera empresa que confió en la Fiore. Y en 2007, la Viola fue el primer club que instituyó el tercer tiempo, el saludo al final de partido a los rivales (como sucede actualmente en el vóley, por ejemplo). Tres años después, sorprende con una movida que durará lo que dura una licitación, aunque haya hecho un poquito de bombo perfilándose detrás de una línea futbolera, humana y deportiva. ¿Te imaginás al River de Cappa con una publicidad que diga “Tiki-tiki o muerte?”


s a b r e y s a r t O

La política del trabajo Por ALEJANDRO LINGENTI

Hace unas semanas, Rafael Spregelburd explicaba, en una charla realmente estimulante que dio en el Malba, que consideraba un buen método de trabajo construir sus obras a partir de una serie de imágenes que funcionen como disparadores de la dramaturgia. Lo dijo un poco mejor que yo, pero era eso. En Cada una de las cosas iguales, Alberto Ajaka cumple con el precepto. Hay en la obra que escribió y dirige una puesta creativa y un mapa visual sugerente que la coloca en el lugar del viaje, ese estado al que no hay más que entregarse. Y un trabajo refinado sobre el poder de cada golpe que la obra da para que logre ser efectivo sin ser efectista (cualidad del buen boxeador; y recordemos que Ajaka lo es desde Otelo, campeón mundial de la derrota). En una escena como la del teatro independiente porteño, donde la política está casi siempre ausente en desmedro del drama existencial (como si la política no lo fuera), la obra de Ajaka recupera, con sus propios códigos, esa dimensión postergada. Detrás de esa magnífica polifonía armada con los apellidos ilustres de la comedia nacional del poder, de las caricaturas de nuestras distintas “formas de ser” y de un segmento final delirante que hasta podría leerse como relectura grotesca y cocoliche de The Wall, hay alguien decidido a hablar de política sin temor a confesar lo que la experiencia le provoca, que es básicamente lo mismo que produjo con frecuencia en buena parte de su generación: puro estupor. Pero la diferencia sustancial de la mirada de Ajaka con las de buena parte de sus contemporáneos es de ubicación. En lugar de la mofa que intenta superar simbólicamente la estafa que hoy supone la política, poniéndose por encima para practicar el deporte de la queja aséptica, lo que Cada una de las cosas iguales revela es una profunda perplejidad, la que provoca el

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funcionamiento de la política real. Es un reconocimiento más desesperado que cínico, y un notorio llamado de atención: no estamos entendiendo cómo funciona la política, y es urgente recuperarla. Pero la obra de Ajaka no termina ahí. No es para nada casual que se haya cruzado con Mauricio Kartún, autor de Ala de criados, otra obra que recupera la política como tema (Ajaka acaba de ganar un ACE por su excelente interpretación allí). Kartún sintetizó muy bien parte del espíritu de Cada una de las cosas iguales, definiéndola como “una obra abierta al medio. Sueño y vigilia. El sueño como instancia sagrada, como deseo. La vigilia, simétrica, al lado, como espacio profano: la realidad”. Y fue, seguro, una influencia decisiva para estimular a este auténtico trabajador del teatro independiente que también fundó y mantiene la Sala Escalada con el único apoyo de su propia fuerza de voluntad. Eso también es hacer política.

Cada una de las cosas iguales – Lunes a las 21 y viernes a las 22 en Sala Escalada, Remedios de Escalada de San Martín 332 (a una cuadra de Juan B. Justo y Warnes). Reservas: 48560277 / salaescalada@yahoo.com.ar


Futboleros, a la política Por PABLO LLONTO

A las canchas se viene a jugar, nada más. Ese podría ser el slogan de la inmensa mayoría de quienes están ligados al fútbol argentino. Despolitizar el deporte, despolitizar los clubes, despolitizar los planteles, despolitizar la tribuna han sido siempre las manifiestas (o escondidas) consignas de miles de protagonistas. El libro Fútbol, Historia y Política, donde Julio Frydenberg y Rodrigo Daskal actúan como excelentes compiladores, realiza un aporte sensacional para los que levantan la más certera de las observaciones universales: “señoras y señores, todo es política”. Los textos allí expuestos son lujosas investigaciones que nos han permitido descubrir maravillas para solventar explicaciones diversas en diversos auditorios. Cito como ejemplo el capítulo de Frydenberg (“Los clubes de fútbol de Buenos Aires en los años veinte”), donde se aprecia un detalle de la composición dirigencial de los principales clubes de entonces. Al parecer, la mayoría militaba en el radicalismo y en el socialismo, y aparece, entre los nombrados en Boca, ¡¡¡un tal Ameal!!! La levedad de este comentario se contradice con la abundancia del libro. Por ello, la última línea nos obliga a recurrir a un adjetivo que nos auxilia en estos casos: recomendable.

Una vida peligrosa Por FABIÁN MAURI

Hablar sobre Mario Firmenich sigue implicando algunos riesgos y muchas dificultades. Su polémico protagonismo en la década del 70 produce en el gran público fastidio y rechazo. Entre los que formaron parte de su organización, es mayoritariamente cuestionado. Al progresismo le resulta funcional estigmatizarlo, evitando de ese modo engorrosas discusiones y para los que ejercieron el terror desde el Estado, encarna la síntesis que compensa y justifica su accionar. Reconstruir su vida, para el investigador, es en principio arduo y desalentador. ¿Cómo seguir las huellas de una persona que pasó la mayor parte de sus días en la clandestinidad, la cárcel o el exilio? ¿A que fuentes recurrir, cuando el grueso de sus compañeros de militancia están sepultados, desaparecidos o decidieron dar por cerrado ese capítulo para siempre? A pesar de las contrariedades, Felipe Celesia y Pablo Waisberg consiguen, con Firmenich. La historia del jamás

contada del jefe montonero, enhebrar los retazos de la historia real, siempre desdibujada por el mito y la leyenda que aún rodean la enigmática vida del comandante montonero. Desde ya, el libro incomoda a la instalada teoría de los dos demonios, pero está también muy lejos en su intención de la mera apología. Se concentra en restaurar, con rigor, el enrevesado contexto y las contradicciones, de los principales actores de la época más violenta de la historia política argentina. A cuarenta años del secuestro de Aramburu, ópera prima de la saga montonera, el libro está llamado a reverdecer, entre otras polémicas, la que supone la condición de doble agente de Firmenich, el argumento mas recurrente para intentar invisibilizar a una generación que se interesó por la política y que llegó a disputarle el liderazgo al mismísimo Perón. La posibilidad de sumar certezas para acercarse a entender críticamente a esa generación es tal vez la mejor clave para emprender su lectura. SEPTIEMBRE 2010 | UN CAÑO 11


THE END

Los últimos cartuchos

En octubre se podría retirar Julio Humberto Grondona, después de treinta y dos años al frente de la AFA. Los que rodean al veterano dirigente de 79 años dicen que, por primera vez en mucho tiempo, lo ven dudar sobre su continuidad. Lo que para todos está claro es que, en caso de que pretenda seguir, no hay quien pueda destronarlo. Para matizar la espera, nuevos datos ilustran la ardua vida de un personaje que, con tal de mantener el poder, es capaz de cualquier cosa. Por MARIANO HAMILTON Ilustración SEBASTIÁN DOMENECH

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s imposible desentrañar los treintaiún años de Julio Grondona al frente de la AFA sin recordar mínimamente su llegada al poder, el 15 de abril de 1979, y las relaciones que fue construyendo y destruyendo durante todo ese tiempo. Hace un par de semanas, un martes por la tarde, estábamos con Fabián Mauri y su mujer, Magdalena, tomando mate y reflexionando sobre las diferentes cuestiones que hacen al periodismo y la realidad política. Y como a Fabián y a mí nos gusta darnos los gustos en vida, y no nos privamos de ningún placer mundano, nos pusimos a repasar algunos textos periodísticos del pasado, más precisamente los de otro Grondona (Mariano), escritos para El cronista comercial bajo el seudónimo “Francesco Guicciardini”. Más allá de los horrores que desplegaba Francesco/Mariano en sus crónicas de fines de los 70 y comienzos de los 80 (las recomendamos para aquellas almas inquietas que deseen conocer a fondo el pensamiento de Mariano Grondona), nos interesó desentrañar por qué el periodista había elegido a ese personaje del pasado. Nuevamente pudo más nuestro espíritu lúdico, y recurrimos al historiador catalán Josep Fontana, quien en su maravillo-

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so libro Historia, análisis del pasado y del proyecto social (lo recomendamos enfáticamente) nos aclaró el panorama. ¿Qué tendrá esto que ver con Grondona (Julio)?, se preguntarán ustedes. Sólo pedimos un poco de paciencia. Porque como diría Pancho Ibáñez, todo tiene que ver con todo. Resulta que Francesco Guicciardini (1483-1540) era el adversario político e ideológico de Nicolás Maquiavelo (14691527) cuando los Médicis lograron controlar el gobierno de Florencia. Maquiavelo tuvo a Guicciardini como colaborador y amigo, pero con el tiempo se distanciaron. Discrepaban en sus concepciones políticas. Maquiavelo era un republicano, y Guicciardini, partidario de una libertad moderada, de una apariencia de democracia pero con control oligárquico. Le tenía miedo al pueblo, tanto que escribió: “quien dice un pueblo dice verdaderamente un animal loco, lleno de mil errores, de mil confusiones (….), sin estabilidad”. Maquiavelo fue denostado por los Médicis por su apoyo a la República y su oposición a la aristocracia, fue exiliado y pasó a la historia como la adjetivación de las roscas y las malas artes en la política, en un ejemplo de lo que puede hacer con

un individuo y su obra la mala prensa (en este caso, los malos historiadores). Guicciardini, en cambio, fue elogiado desmesuradamente por los académicos, pese a no haber realizado ningún aporte valioso a la teoría de la historia. Después de este cuentito, detengámonos en dos cosas. La primera es el talento de Grondona (Mariano) para adoptar seudónimos de personajes muy cercanos a su ideología. Y la segunda es la que nos motivó a narrar esta introducción: Maquiavelo defendió la utilización de la historia como una herramienta imprescindible para gobernar, para conocer el presente y prever el futuro. Con lo que tranquilamente, y para homenajear al autor de El Príncipe, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Del arte de la guerra, Historias florentinas y La mandrágora, entre otros, vamos a remontarnos a la historia de Grondona (Julio), a un pasado que explica el presente y que, seguramente, nos dará bastantes pistas sobre lo que puede pasar en el futuro.

Aquella frase de Julito El hijo de Grondona, Julito, le dijo a la FM de ESPN que la familia le había pedi-


El genocida Jorge Rafael Videla conversa con Constancio C. Vigil, director ejectuivo de El Gráfico. Un joven Julio Humberto Grondona, quien dice no haber tenido trato con los militares, está presente en la reunión.

do a su padre que dé un paso al costado en octubre de 2011, cuando se realice la nueva elección del presidente de AFA. Y Julio padre, ni lerdo ni perezoso, dobló la apuesta: “escuché lo que dijo Julito y entiendo la idea de mi familia. Si fuera por mi señora, ya hubiese dejado. Todo puede pasar de acá a un año”. En otras palabras, por primera vez en treintaiún años se abre la posibilidad de la sucesión, de que alguien reemplace a Grondona (a quien Pablo De Biase calificó muy bien en Un Caño 28 como “el vicepresidente del mundo” por su cargo en la FIFA). Es un hecho que sería prácticamente imposible remover a Grondona de su sillón si no fuera él mismo el que diera un paso al costado. Fuentes cercanas al presidente de la AFA lo confirman sin dudar: “nadie va a sacar al Viejo si él no quiere correrse –dice el hombre de la calle Viamonte, administrativo él, que lleva años recorriendo los pasillos cercanos a la presidencia–. Grondona maneja la AFA como un soviet.

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El voto de todos, de los grandes y de los chicos, vale uno. Y eso hace que él, con poca plata y escuchado los problemas de los más débiles, cuente con los votos necesarios para seguir adelante y, al mismo tiempo, para disciplinar a cualquiera que se le ponga enfrente”. –¿En el Comité Ejecutivo piensan que se puede retirar en 2011? –preguntamos ingenuamente. –Todo es posible –sostiene el hombre, que se jacta de no haberle estrechado la mano jamás al presidente de la AFA–, pero sólo ocurrirá si Grondona garantiza la continuidad; es decir, poner a un nuevo presidente que responda a sus deseos y políticas. –O sea, para seguir en línea con el so-

viet, un presidente satélite que le siga rindiendo pleitesía. Grondona querría seguir gobernando desde las sombras pero sin el costo político de ponerse en la primera línea de fuego. –Si en los próximos meses se empieza a avanzar sobre la idea de un presidente honorario o vitalicio y otro ejecutivo y en funciones, ahí vas a tener las respuestas que estás buscando ahora. Grondona sería el vitalicio u honorario, y el otro quedaría como ejecutivo. –Si tuvieras que arriesgar un nombre, ¿quién sería aquél que reúne las condiciones pretendidas por Grondona? –Meiszner sería el elegido, porque fue el que trajo el negocio del Fútbol Para Todos que le salvó las papas a la AFA en

Todos sabemos que Grondona llegó a la AFA con la anuencia del almirante Carlos Lacoste, la bota del dictador Massera en el fútbol.


medio de una crisis que podría haber sido decisiva para el futuro del Viejo. –¿Otro? –Marón, el de Lanús, también está bien posicionado. –¿Y Daniel Vila? ¿Tiene chance de llegar a la presidencia de la AFA? –Ninguna. Al menos para octubre de 2011. No le dan los votos. Puede juntar algunos del Interior, que efectivamente están a las puteadas porque no les alcanza la guita que Grondona les pasa para el Argentino A y el Argentino B. Pero eso es una corrección que Grondona podría hacer en 15 minutos y que le quitaría el poco apoyo que tiene. A Grondona, en el terreno de la política, no le gana nadie. No le llegan ni a los talones.

El pasado Los últimos meses fueron bastante ajetreados para el presidente de la AFA, ya que la salida de Maradona del cargo de entrenador no fue un trago sencillo de digerir. Grondona, más allá de la unanimidad para no renovarle el contrato, debió apelar a todas sus herramientas de coacción para que el Comité Ejecutivo se mostrara unido. Algunos dirigentes, a sus espaldas, algo que nunca ocurre porque Grondona siempre se entera de todo, están cuestionando su legitimidad y orejeando las barajas para ver si hay algo en el mazo que les permita pararse de manos contra Grondona. No es un secreto que todos (sí, todos) están hartos de Grondona, pero la construcción de poder, pergeñada por años por el presidente de AFA, les deja pocos resquicios para colarse. Julito, con su declaración, flaco favor le hizo a su padre, ya que puso en marcha algunos mecanismos (tímidos por ahora) de sucesión. Y Julio padre, tirado el guante, debió recogerlo con declaraciones que, en algunos casos, lo dejaron expuesto torpemente, algo que pocas veces le pasa. “Me llevaron a la presidencia de la AFA los clubes y no los militares. Llegué en una época militar, pero no tuve trato

con nadie y no he sido salpicado para nada”, dijo Grondona en un rapto de autocomplacencia, ya que todos sabemos que llegó a la AFA con la anuencia del almirante Carlos Lacoste, la bota del dictador Massera en el fútbol. Lacoste, dicho sea de paso, fue vicepresidente de la FIFA, cargo que asumió Grondona en 1984, después de que Raúl Alfonsín llegara al poder y de que Clarín publicara, el 30 de enero de 1984, una denuncia titulada “La FIFA respalda la reelección de Lacoste”, firmada por este cronista y por el entonces periodista (de deportes) Julio Blanck. Para retrucar aquello de que Grondona no tenía relación alguna con los militares

digamos que en la Memoria y Balance de la AFA de 1980, séptimo párrafo, pagina 29, se decía: “Finalizado el mandato del doctor Juan Goñi como representante de la Confederación Sudamericana en el Comité Ejecutivo de la FIFA, la AFA postuló al contralmirante Carlos Lacoste para ejercer dicha representación…”. Los dirigentes que aprobaron la postulación de Lacoste a ese cargo fueron: Julio Grondona (presidente), Juan José Russo, Pedro Orgambide, Eduardo Delucca, Ángel Malvicino, Ignacio Ércoli, Rafael Aragón Cabrera, Juan José Paso, Julio Cassanello, Ricardo Petracca, Próspero Consoli, Santiago Saccol y Luis Meztelán. Muchos de ellos están

Un buen alumno Por CHRISTIAN COLONNA

Cualquiera que haya ido a la nueva cancha de Independiente, sin camisetas y ¿sin sobres? de por medio, se habrá dado cuenta de que no está en condiciones de ser habilitada. Al menos en un país serio. Las excusas de Comparada han sido muchas, y no sólo en el tema de la cancha. La táctica del presidente es comparar (¿será para hacerle honor al apellido?) “su” presente con gestiones anteriores. Se escuda en el “no saben lo que era antes”. Pero si alguien no sabe lo que era antes, puede saber lo que es ahora. En la comparación, una cosa puede ser mejor que otra, pero no es suficiente para que sea buena, ni siquiera regular. Sin necesidad de meternos en análisis sesudos, el colmo de Comparada fue en el programa Estudio fútbol. Allí aseguró que “en este campeonato la cancha ya tiene todos los baños habilitados”. La mayoría de los periodistas del panel escucharon sin decir nada. Ariel Seno-

siain, en cambio, le retrucó al presidente: “yo estuve en la cancha el lunes (para el partido de la segunda fecha Independiente-Argentinos) y fui a un baño químico”. Lejos de asumir la mentira que le quiso vender al público, Comparada contraatacó: “estás errado, te invito a que vayamos juntos a la cancha para ver la situación de los baños”. Una práctica habitual del presidente, que ya lo ha hecho con más de un periodista: caminar por el estadio a solas y hacerle entender la dificultad de haber construido semejante monstruo con la crisis mundial que hubo, recordarle que cumplió una promesa electoral, advertirle lo que eran antes los baños y bla bla bla. Esa seducción con palabras sopranescas, a veces termina confundiendo. Y muchos creen que los baños del Libertadores de América están apenas un escalón abajo de un hotel cinco estrellas. Si queremos ordenar la casa, por algo se empieza...

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Un viejo Julio Humberto Grondona, junto a la presidenta. Una foto que es una mancha para la administración de Cristina Fernández.

muertos, otros, como Grondona, Delucca y Cassanello, todavía andan dando vueltas por la vida con poca memoria. Digamos, a modo de recuerdo, que Lacoste murió el 24 de junio de 2004, a los 75 años, después de haber sido nada menos que presidente interino de la Nación entre el 11 y el 22 de diciembre de 1982, ministro del Interior y de Acción Social, vicepresidente del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) y vicepresidente de la FIFA. Fue acusado de crímenes de lesa humanidad, de defraudación en

el manejo de las cuentas del Mundial 78 (iba a costar 70 millones de dólares, pero se gastaron 520) y de haber sido el autor intelectual de la ejecución del general Actis, designado por el Ejército en los años de plomo para presidir el EAM 78. Muerto Actis, la presidencia del ente la asumió el General Antonio Luis Merlo, un títere de Lacoste que, a su vez, era la mano derecha de Massera. El relato de personajes que estuvieron vinculados a Grondona pinta muy bien su capacidad de sobreponerse a persona-

jes pesados de la historia. Grondona hizo una escuela en eso de sostenerse en los malos momentos y aprovechar las rendijas del poder para sacar ventajas. Tuvo línea directa con Videla, Massera, Lacoste, Viola, Galtieri, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Néstor Kirchner. Y hoy se sienta a la derecha de la mesa de Cristina y sella acuerdos millonarios con un gobierno que, ahora, dice apoyar. Otro dato que lo pinta de cuerpo entero es que en aquella primera elección de 1979, Alberto J. Armando respaldaba –siempre obediente– que la presidencia de la AFA la asumiera el General Merlo (el mismo del EAM 78, el títere de Lacoste), pero Grondona ya había decidido dar el salto para reemplazar al abogado Alfredo Cantilo, otro amigo de Massera. Para conseguir su objetivo debió negociar con la Marina y nombrar como presidente del Colegio de Árbitros al vicecomodoro Julio César Santuccione, y en el Tribunal de Disciplina, al Coronel Ángel Michel. Santuccione fue jefe de la Policía de Mendoza, de 1974 al 77. Y entró en la historia por ser uno de los más duros represores en el final del Gobierno de Isabel Perón y en el comienzo de la dictadura, como responsable del D-2. El Departamento de Informaciones

TODOS LOS PRESIDENTES DE LA AFA Argentine Association Football League 1. Alejandro Watson Hutton (1893-97) 2. Alfredo P. B. Boyd (1897-99) 3. Charles Wibberley (1899-1900) 4. Francis H. Chevallier Boutell (1900-03) Argentine Football Association 1. Francis H. Chevallier Boutell (1903-06) 2. Florencio Martínez de Hoz (1906-07) 3. Emilio Hansen (1907-09) 4. Hugo Wilson (1909-12) Asociación Argentina de Football 1. Hugo Wilson (1912-15) 2. Adolfo Orma (1915-18) 3. Ricardo C. Aldao (1918-19) 4. Federico Luzio (1919-21) 5. Benjamín Toulousse (1921-22) 6. Aldo Cantoni (1922-24) 7. Virgilio Tedín Uriburu (1924-26) 8. Natalio Botana (1926) 9. Aldo Cantoni (1926-27)

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Asociación Amateur Argentina de Football 1. Adrián Beccar Varela (1927-29) 2. Juan Pignier (1929-31) A. de Football Amateurs y Profesionales 1. Juan Pignier (1931-32) 2. Carlos P. Anessi (1932) 3. Silvio J. Serra (1932-33) 4. José A. Claisse (1933-34) 5. Alejandro Ruzo (1934) Asociación Del Fútbol Argentino 1. Tiburcio Padilla (1934) 2. Ernesto F. Malbec (1935) 3. Ángel Molinari (1936) 4. Eduardo Sánchez Terrero (1937-38) 5. Adrián C. Escobar (1939-40) 6. Ramón Castillo (1941-43) 7. Jacinto C. Armando (1943) 8. Agustín N. Matienzo (1944) 9. Gral. Eduardo J. Avalos (1945) 10. Pedro Canaveri (1946)

11. Oscar L. M. Nicolini (1947-49) 12. Cayetano Giardulli (h) (1949) 13. Valentín E. Suárez (1949-53) 14. Domingo Peluffo (1953-54) 15. Cecilio Conditi (1955) 16. Arturo A. Bullrich (1955-56) // Interv. 17. Raúl H. Colombo (1956-64) 18. Francisco A. Perette (1965-66) 19. Valentín E. Suárez (1966-67) // Interv. 20. A. Ramos Ruiz (1968-69) // Interventor 21. Aldo J. Porri (1969) // Interventor 22. Oscar L. Ferrari (1969) // Interventor 23. J. M. Oneto Gaona (1969-71) // Interv. 24. Raúl D´Onofrio (1971-73) // Interventor 25. Horacio E. Bruzone (1973) // Interv. 26. B. M. Gigán (1973-74) // Interventor 27. F. R. Mitjans (1974) // Interv. y Pres. 28. David L. Bracutto (1974-76) 29. Ernesto A. Wiedrich (1976) // Asumió tras la renuncia de todo el C.E. 30. Alfredo F. Cantilo (1976-79) 31. Julio H. Grondona (1979-?)


Marzo de 1979, quince días antes de su designación El Gráfico se pregunta (¿ingenuamente?) si el joven presidente de Independiente asumiria la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino.

Policiales, conocido como D2, fue creado por la ley 3677 en 1970; su tarea era acumular datos sobre militantes, organizaciones, instituciones y todo cuanto fuera sospechoso de actividades políticas. El D2 comenzó a operar ilegalmente en 1975, en el gobierno de Isabel, mientras la provincia estaba intervenida por Luis Rodríguez, primero, y Pedro León Lucero, después. Bajo el mandato de Santuccione, los militares regaron de sangre a Mendoza. En la zona de El Challao quedan rastros de los llamados “pozos de Santuccione”, donde eran echados los cuerpos de las víctimas de la represión ilegal. En el haber de Santuccione hay por lo menos tres decenas de víctimas. Este sanguinario fue nombrado por Grondona al frente del Colegio de Árbitros de la AFA en 1979. Si esto no es complicidad con la dictadura, deberíamos encontrar una nueva definición para las palabras complicidad o dictadura.

Derechos y obligaciones Desde Un Caño hemos hecho una causa para desencadenar el fin del reina-

do de Grondona al frente de la AFA. No somos objetivos en este punto, como tanto les gusta definirse a muchos periodistas. Somos militantes. Ya hemos narrado una y mil veces todos los chanchullos de Grondona desde que maneja la AFA. Son treintaiún años de negocios y de manejos despóticos que ya merecen ser pasados a valores. Dijimos también que para el gobierno de Cristina Kirchner, tan reformista en tantos aspectos, sentarse junto a Grondona a negociar, así fuera un contrato de televisión o una renegociación de la deuda con la AFIP, es una mancha en el currículum difícil de sobrellevar. Hay miles de razones, muchas de ellas salpicadas de sangre, para profundizar la idea de que algo debe cambiar en el fútbol argentino. Y ese algo es su cabeza, el presidente de la AFA. Sea porque Grondona se retire y/o porque alguien asuma lo que nadie pudo hacer en los últimos treintaiún años. Los argentinos nos debemos un presidente de la AFA mejor. Una persona a tono con los momentos que se están viviendo y no un personero del pasado,

sea la dictadura, la década menemista u otro oscuro momento. Ese hombre podrá ser Meiszner, Marón, Segura (presidente de Argentinos), Passarella o quien fuera, dentro de los parámetros de gente que quiera hacer algo para mejorar la realidad del fútbol y para que los dineros públicos que se reciben del Fútbol Para Todos tengan un destino certero que redunde en beneficios para la sociedad. Daniel Vila, el otro candidato, al menos para nosotros, no es una opción. Es más de lo mismo, aunque con otro envase. Su imperio mediático (es socio de De Narváez y Manzano en América TV, entre otro centenar de empresas periodísticas que sufren los embates de la censura y que se oponen a la Ley de Medios Audiovisuales), y su ambición desenfrenada por los negocios y el poder lo convierten en una persona demasiado identificada con la impronta de Grondona. Salir de un déspota para meterse con otro sería un pésimo negocio. Al final, Maquiavelo tenía razón. El presente se explica con el pasado. Más allá de que algunos quieran olvidarlo.

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Manual del perfecto dinosaurio Son 27 páginas donde se condensan las trapisondas más grises de nuestro querido fútbol. El estatuto de la AFA no sólo da poder eterno a Grondona, sino que también les permite a los dirigentes de los clubes más poderosos conservar la llave del manejo de todos los negocios. La democracia, por supuesto, es una cuestión bastante fosilizada. Por PABLO LLONTO

L

a profesión de antropólogo es una de las más bellas del mundo. Mucho más en la Argentina que nos cobija, poseedora del maravilloso Equipo de Antropología Forense, descubridor de nuestros más ocultos desaparecidos, descubridor de los restos del Che. Menuda tarea les aguarda a los antropólogos del siglo XXII cuando el objetivo sea desentrañar la especie conocida como “dirigentes del fútbol argentino”. Por supuesto, no serán ni el fémur de Grondona o el coxis de Aguilar los elementos que brinden el ADN que permita avanzados estudios. Los profesionales tendrán que hallar los restos del Estatuto de la AFA, una pieza maestra del arte de la inmortalidad. Reformado en 2005, sus 92 artículos pueden recorrerse con la linterna de los asombros, para comprender de dónde saca poder un jefe de mafias. Art.25º.- El mandato del Presidente dura cuatro años, computables desde el 26 de octubre del año de su elección, hasta el 25 de octubre del cuarto año siguiente y podrá ser reelecto. Si quedara vacante el cargo, corresponderá elegir Presidente por el lapso faltante.

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Aquí vemos el borrego y la madre: reelección permanente, hasta el infinito. Quienes piensan que Grondona batirá el record de Habib Miyán, el hombre nacido en la India que vivió hasta los 138 años, son los más preocupados por un pensamiento que ganó espacio durante los últimos años: “don Julio nos enterrará a todos: periodistas, dirigentes y futbolistas”. Art.7º.- El gobierno de la AFA está a cargo de la Asamblea, del Presidente de la AFA, del Comité Ejecutivo y del Consejo Federal. El Presidente natural de la Asamblea, del Comité Ejecutivo y del Consejo Federal, es el Presidente de la AFA. Otra llave. Algo así como si nuestra Constitución dijera: “El presidente de la Nación será a la vez presidente de la Corte Suprema, de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores...Ahhhh, y podrá ser también presidente de la Liga Argentina de Amas de Casas”. Es curiosa

la utilización de la expresión “presidente natural”. Si bien hemos comprendido en la Facultad aquello del iusnaturalismo, se nos hace difícil recordar que algún tratado se hiciese mención a semejante teoría: al parecer ciertas dirigencias deportivas encuentran su razón de ser en los principios del funcionamiento biológico humano. Art.9º.- Componen la Asamblea: a) Los clubs (SIC) directa o indirectamente afiliados que conforman la Primera Categoría, cada cual por intermedio del Presidente o de su sustituto estatutario de cada institución; b) Las Ligas afiliadas por intermedio de un Representante que deberá ser Presidente o Vicepresidente de Liga o Federación, por cada una de las siguientes Jurisdicciones Deportivas de Ligas: NORTE: Ligas de Salta, Tucumán, Jujuy y Catamarca.

Si usted pretende algún día reformar el Estatuto, deberá contar con las cuatro quintas partes de la asamblea de dirigentes.


CENTRO: Ligas de Córdoba y Santiago del Estero. CUYO: Ligas de La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis. SUR: Ligas de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. LITORAL: Ligas de Formosa, Chaco y Santa Fe. MESOPOTAMICA: Ligas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos BONAERENSE: Ligas de Buenos Aires. c) Los clubs de la Categoría Primera “B” Nacional por intermedio de ocho representantes de todos ellos (cuatro por los clubs directa y cuatro por los indirectamente afiliados), los que deberán ser Presidentes o Vicepresidentes de los clubs que integran la Categoría; d) Los clubs de la Categoría Primera “B” por intermedio de siete representantes de todos ellos que deberán ser Presidentes o Vicepresidentes de clubs de la División; e) Los clubs de la Categoría Primera “C” por intermedio de cuatro representantes de todos ellos que deberán ser Presidentes o Vicepresidentes de clubs de la División; f) Los clubs de la Categoría Primera “D” por intermedio de tres representantes de todos ellos que deberán ser Presidentes o Vicepresidentes de clubs de la División. Vaya artículo tan relajado. Los actuales miembros del Comité Ejecutivo deben pensar que al abogadillo que les redactó esta pieza deberían hacerle un monumento en la esquina de Viamonte y Uruguay. Linda manera encontró el legislador del fútbol para recortarles voz, y unos cuantos votos, a los mayoritarios clubes de aquellos lugares que no se llaman Ciudad de Buenos Aires. Uno pensaba que estas cosas ya no se toleraban más desde la caída de la dictadura. Pero ya ven, el artículo se aguantó más de un cuarto de siglo sin que los representantes, por ejemplo, de la Liga del Litoral (superiores en número de clubes y habitantes a la Mesa de la Primera D) entiendan que les están tomando el pelo. Art.22º.- Para que las resoluciones de la Asamblea tengan validez, es indispen-

sable que sean aprobadas por la cantidad de votos que se establecen en los siguientes incisos: b) En los casos previstos en los incisos b), c), d), e) y ñ) del Artículo 8º, por más de las cuatro quintas partes de la totalidad de votos de los miembros que la componen (el inciso c habla de la reforma de este Estatuto). Y aquí sí, con ustedes, el ancho de espadas. El temible artículo 22, cuya sencillez, expresada en proporciones y

fracciones, dice más o menos así: si usted pretende algún día reformar el Estatuto, deberá contar con las cuatro quintas partes de la asamblea de dirigentes. A contrapelo de la mayoría de Estatutos o Constituciones del mundo, que exigen dos tercios. ¿Por qué no se habrán animado a poner “las cinco quintas partes”? Y pensar que desde hace unos años pregonamos: “voto directo de los socios para elegir autoridades”. Habíamos sido tan ingenuos...

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La TV atraca (y contraatraca)

Algunas cosas empiezan a oler mal en el embrollo de los contratos de la televisación del fútbol. De pronto los rumores sobre TyC preocupan. Sería bueno que algunas cuestiones se aclaren. Mientras tanto, ¿qué ocurre con el juicio de Clarín a la AFA? Por VÍCTOR HUGO MORALES

H

ace un año, los periodistas del multimedio mayor y de Torneos y Competencias entrevistaban a un señor de cabeza blanca, pero joven, que era presentado como “el presidente”. El presidente decía, ante las preguntas-centros de sus propios empleados y en charla con periodistas de otros medios, que se venía la noche para el fútbol como consecuencia de la ruptura del vergonzoso contrato que ligaba a la AFA con esos grupos. Lo de vergonzoso va por cuenta del cronista. El presidente no lo decía así, claro. “¿Y cuánto le parece, presidente, que puede ser el monto de la indemnización? ¿Se trataría de unos miles de millones?”, preguntaban, sagaces, interesados y serviles.”Y… La cifra no la puedo dar ahora”, decía el patrón. ¿Para qué la iba a decir si ya la había dado el cronista? Pasó el tiempo. Un año ya. De pronto, algunos rostros conocidos de TyC llegaron o están por llegar al Fútbol Para Todos. La versión cobró cuerpo, y nadie desmiente nada. Parece que TyC hará de soporte profesional del FPT. Lo cual es perverso, pero no está tan mal. Lo primero porque da pena ver como el mundo premia a los viejos ladrones y no se habla, claro, de los periodistas que trabajan en lo que pueden, sino de quienes durante años se llevaron a los bolsillos el dinero del fútbol y privaron a millones de personas de aquello que les pertenece. No es descabellado que les den el trabajo de producción porque, la verdad, al cabo de tantos años de ser los únicos que lo hacían, son los que mejor saben hacerlo.

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Hay que desbrozar entonces algunas cuestiones. Como ya sabrá el lector, TSC –que es Clarín más Torneos-Fiftififti en el atraco– quiere iniciar un juicio contra la AFA. Primero necesita que un juez los habilite a litigar como indigentes, porque si no, tiene que poner un dinero acorde al monumental desfalco que intenta ahora. La empresa pide dos mil y pico de millones, así que tendría que ponerse con unos sesenta millones de tasa de justicia (que se abona previo al inicio del litigio) para tirarse ese lance brutal de esquilmar al mismo fútbol que ya vació. Habría que pagarle con el estadio de Independiente, de Boca, de River… Qué sabe uno de lo que quieren estos tipos. Entendido esto, la pregunta es: ¿traiciona TyC a Clarín? Difícil que se anime, pero si lo hiciese, el Grupo “pierde” a su socio. ¿Y qué declararía en tal caso Torneos en el eventual juicio que Clarín querría llevar adelante? Todo es hipotético sí –¿en qué cabeza cabe que habrá un juez capaz de aceptar que Clarín litigue como pobre?–, pero también todo puede ser. Este cronista, que mucho sufría aquellas complicidades estrafalarias, impudorosas de las notas al señor “presidente” de la cabeza blanca, vería con agrado que ahora lleguen con el caballo cansado a trabajar de soportes de FPT. Empleados que, aunque sean de lujo, algo se van a llevar como para ir tirando hasta que llegue algún gobernante indecente que les devuelva el botín y el trofeo, los Martín Fierro y los Konex, en una ceremonia en la cual se diga por cadena nacional que se le quita al pueblo lo que es del pueblo para devolvérselo a Magnetto, a Vitette, o a quién sea. Ladrones del siglo, hay varios.


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Saquen una hoja

Les presentamos a los veintisiete miembros del Comité Ejecutivo de la AFA. No estaban en la clandestinidad. Simplemente se mueven entre las sombras y los pasillos del edificio más famoso de la calle Viamonte. Esta encuesta tenía una sana intención: que nos deslumbraran con sus enormes conocimientos en la materia que mejor dominan. Los invitamos a ponerles una calificación. Por LEANDRO VILA

Pregunta: En su carácter de miembro del Comité Ejecutivo de AFA, ¿en qué iniciativas y proyectos ha venido trabajando hasta ahora, y en cuáles piensa involucrarse en el futuro para modificar parte de la realidad del fútbol argentino?

Tesorero: Carlos Portell (Presidente Club Atlético Banfield) “Siempre habrá cosas para mejorar. En la actualidad considero que el asunto de la violencia en los estadios es uno de los más importantes. Para eso estamos trabajando cotidianamente; todas las semanas nos reunimos con la intención de terminar con ese drama. Debemos trabajar en conjunto dirigentes deportivos, jueces y policías”.

Secretario de Relaciones Institucionales: Fernando Casalla (Vicepresidente 2º Club Estudiantes de La Plata) “Hay un proyecto vinculado a la seguridad en los estadios de fútbol que será dado a conocer en los próximos treinta días. Lo estamos elaborando en conjunto con todos los clubes. La idea es que tome trascendencia en el corto plazo”.

Secretario Técnico: Germán Lerche (Presidente del Club Atlético Colón de Santa Fe) “No hay ninguna iniciativa en particular. Estamos a la espera de una reunión extraordinaria que tendremos los dirigentes después

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del partido que la Selección jugará frente a España. En la misma tocaremos un temario muy abarcativo, que hemos consensuado entre todos y que incluye la posible reestructuración de los torneos; o sea, si se mantiene el formato actual o se ponen en marcha los campeonatos largos. Más la eventual reformulación del sistema de promedios para el descenso. Y también cuestiones reglamentarias y presupuestarias. Por el momento, no tengo una posición tomada sobre estos asuntos”.

Rodolfo Contreras (Presidente Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba - Mendoza) “La instrumentación de la Copa Argentina sería interesante para nuestro fútbol, ya que es una buena manera de que se vea reflejada la federalización. Desde Godoy Cruz apoyamos el debate sobre si continuar con los torneos cortos o volver a los largos. Nuestra postura será adoptada una vez que evaluemos lo que le conviene mas al fútbol argentino”.

Secretario de Relaciones Internacionales: Carlos Babington (Presidente Club Atlético Huracán) “Nuestro rol en el Comité Ejecutivo consiste en discutir la agenda de temas que semana a semana se plantean en cada una de las reuniones. A partir de ahí, Huracán sienta una posición sobre las cuestiones que le conciernen. En el encuentro que se desarrollará luego del amistoso frente a España, participaremos activamente de la elección del proyecto 2011 – 2014 para la Selección Nacional. Con respecto a otras iniciativas que están dando vueltas, como la reestructuración de los torneos, Hura-


cán está a favor del regreso a los campeonatos largos”.

Horacio Bugallo (Presidente Club Atlético All Boys) “Durante el Mundial de Sudáfrica, los dirigentes hemos tenido varias reuniones y debates que incluyeron un variado temario, que fue desde la Selección hasta la reestructuración de los campeonatos y descensos. En el mes de octubre, después del amistoso ante España, nos vamos a reunir para darles forma a estos temas. Considero que en la Selección Nacional hay que introducir cambios. Hasta hace poco, Maradona manejaba todo y los dirigentes parecíamos empleados suyos. En Sudáfrica, todo pasaba por Nurhayr Nakis, Luis Segura y Juan Carlos Crespi. Los demás no podíamos asistir ni a los entrenamientos, porque se decía que los jugadores no querían. Son todas cosas que debemos modificar. Con relación a la reformulación de los torneos, los directivos tenemos que charlarlo. Creo que por lo menos una vez al mes debemos juntarnos todos para conversar, inclusive fuera de la sede de la AFA”.

Secretario de Asuntos Legales: Fernando Raffaini (Presidente Club Atlético Vélez Sársfield) “Creemos necesario impulsar varios cambios en el fútbol argentino. El Tribunal de Disciplina y la designación de los árbitros deben estar fuera de la órbita de la AFA. También sería importante la creación de un Tribunal Deportivo, que tenga jurisdicción en todos los asuntos vinculados al fútbol. La adaptación del Estatuto de AFA a la Constitución Nacional, ya que el Presidente solo debe poder ser reelecto en una oportunidad y no de manera indefinida. Nosotros, en el año 2007, impulsamos una reforma estatutaria y reglamentaria. Para su estudio fue creada una comisión, que luego rechazó la propuesta”.

Emeterio Farías (Presidente Liga Cordobesa de Fútbol) “Soy un representante del fútbol del interior, y mis propuestas tienen eje en su desarrollo. Las instituciones amateurs requerimos de un paraguas que nos resguarde de los clubes profesionales que se llevan nuestros jugadores. Ellos vienen a buscarlos, se los llevan y nosotros no vemos un peso. Ponen el grito en el cielo cada vez que un club fuerte del exterior les quita a sus figuras juveniles, pero ellos hacen lo mismo con nosotros”.

Secretario de Torneos: José Lemme (Presidente del Club Defensa y Justicia) “Los torneos pueden ser mejorados, existe la idea de reemplazar el actual formato de campeonatos cortos y semestrales por uno largo y anual. Por otra parte, hemos conversado la posibilidad de comenzar a disputar la Copa Argentina, en la que participarían desde los clubes de Primera División hasta los del Ascenso, una idea que nosotros vemos con agrado, ya que le permitiría a equipos del

Ascenso codearse con los grandes. Por ahora, no tengo otros temas en mente”.

Fernando Araujo (Vicepresidente 1º Club Leandro Nicéforo Alem) “Es importante proteger a los clubes amateurs de las entidades profesionales que se llevan a nuestros jugadores. Por ahora no hay legislación que resguarde a las instituciones amateurs de este problema, ya que si un club de primera quiere quedarse con alguno de los nuestros, no sólo no tenemos manera de retenerlos, sino que ni siquiera somos resarcidos económicamente. Ahora estamos impulsado la conformación de un cuerpo que controle ese tipo de operaciones. Por otra parte, y en referencia a la reestructuración de los torneos del Ascenso, Julio Grondona nos pidió que tiráramos ideas, y en eso estamos trabajando”.

Secretario de Prensa y Relaciones Públicas: Pablo Podestá (Vicepresidente 1º de Racing Club) “Se está pensando reestructurar los torneos y jugar la Copa Argentina. En este caso hay que tener en cuenta que nuestro país presenta diferencias demográficas, que harían que la Copa tenga un formato parecido al Brasileirao. Por el momento, son ideas. Habrá que ver el consenso que logran con el correr del tiempo”.

Secretario de Asuntos del Interior: Jorge Bosco (Presidente Liga Marplatense de Fútbol) “No tengo ningún plan. El fútbol argentino deberían cambiarlo Boca y River, que son los clubes más poderosos. En mi caso, demasiado lucho a diario para mejorar el fútbol de la ciudad de Mar del Plata”.

Julio Comparada (Presidente Club Atlético Independiente) “En la AFA hay que acabar con el personalismo para contar con un órgano mucho más dialoguista, que busque consensos en temas clave como lo son la seguridad en los estadios, el formato de los campeonatos, las contrataciones comerciales, tanto para el fútbol local como para la Selección Nacional, el sponsoreo y el reparto de los ingresos que genera la televisación de los partidos. En el tema seguridad, los operativos policiales deberían correr por cuenta del Estado. En cuanto a las contrataciones comerciales: hoy se hacen a libro cerrado, sin que los integrantes del Comité Ejecutivo conozcamos los detalles de las mismas. Lo mismo sucede con el manejo de los sponsors del seleccionado nacional. Sobre el reparto de los ingresos por TV, entiendo que Independiente debe diferenciarse del grupo que hoy integra y no aparecer

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tan lejos de Boca y River. Como sustento está el promedio de venta anual de entradas que lo coloca en una buena posición, y que en algunas temporadas ha estado por encima de Boca y River” (respuesta concedida vía e-mail por su jefe de Prensa).

Nicolás Russo (Presidente Club Atlético Lanús) “La venta de entradas debe manejarse desde la AFA. Sería una buena manera de acabar con las entradas de protocolo y serviría para individualizar a cada barra brava, o sea que aumentaría las recaudaciones y podría disminuir la violencia en las canchas. El Tribunal de Disciplina tiene que ser conducido por personas independientes de los clubes. La Selección Nacional también necesita cambios profundos, hay que elaborar un proyecto serio de una buena vez por todas. El entrenador elegido debe reunir antecedentes positivos, y no ser designado por una buena campaña en el último año. Habría que lograr que los técnicos de la Sub-20, con el correr del tiempo, salten a dirigir la Mayor. Lo que se asemeja a lo que comenzaremos a hacer nosotros en Lanús a partir del 2011 ”.

Francisco Paoletti (Vicepresidente 1º Club Central Ballester) “Los clubes amateurs estamos desprotegidos en cuanto a legislación FIFA, en momentos en que entidades profesionales nos sacan a nuestros jugadores. Para revertir esa situación es que estamos trabajando en conjunto con los dirigentes de todas las categorías amateurs. Don Julio siempre nos entendió y respaldó, eso es importante. Otro cambio que entendemos positivo consistiría en poder televisar algún partido de la Primera D, o bien realizar un programa televisivo con el compacto de los cotejos de la divisional. Es un proyecto que puede llevarse a cabo una vez que salga al aire la señal AFA TV”.

Alfredo Reta (Vicepresidente 2ª Club Atlético Tigre) “Uno de los proyectos presentados que más impacto tendrá en el corto y mediano plazo es el contrato firmado para la reformulación de la venta de entradas y acceso a los estadios. El mismo ayudará a la mejor organización de los espectáculos, mejorará la seguridad en los estadios y disminuirá el ingreso de colados. Otro proyecto presentado, aprobado y en marcha es la adhesión de la AFA al sistema global de transferencias de jugadores impulsado por FIFA, el TMS (Transferences Management System) que dota de transparencia las operaciones. Cada semana se toman decisiones importantes, muchas de las cuales se ven reflejadas en los boletines semanales que se publican y que lamentablemente son poco investigados o consultados, pese a ser de dominio público, ya que los mismos se presentan en Internet” (testimonio recogido vía e-mail).

Nurhayr Nakis (Presidente Club Deportivo Armenio) “Después de la finalización del Mundial de Sudáfrica me he tomado una licencia, por lo que aún no he regresado al trabajo cotidiano en la Asociación del Fútbol Argentino. Cuando me reintegre, observaré el escenario y evaluaré los proyectos en los que trabajaré”.

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LA RABONA Vicepresidente 1°: Daniel Passarella (Presidente Club Atlético River Plate) No quiso responder. Vicepresidente 2°: Jorge Amor Ameal (Presidente Club Atlético Boca Juniors) No quiso responder. Secretario General: Rafael Savino (Presidente Club Atlético San Lorenzo de Almagro) No quiso responder. Secretario Administrativo: Miguel Silva (Vicepresidente 1º Arsenal Fútbol Club) No pudo ser localizado para esta nota, pese a ser buscado. Secretario de Finanzas y Hacienda: Walter Gisande (Presidente Club de Gimnasia y Esgrima de La Plata) No quiso responder. Secretario de Selecciones Nacionales: Luís Segura (Presidente Asociación Atlética Argentinos Juniors) No quiso responder. Guillermo Lorente (Presidente Club Atlético Newell’s Old Boys) No quiso responder. Jorge Ledo (Presidente Club Olimpo) No respondió por problemas de salud. Carlos Coloma (Vicepresidente 2º Quilmes Atlético Club) No quiso responder. Jorge Miadosqui (Vicepresidente 1° Club Atlético San Martín de San Juan) No quiso responder.


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Tottum passun urbi et orbi

Los argentinos siempre nos hemos creído el ombligo del mundo. Y en materia dirigencial, nos parecía que estábamos también en la cima. De pronto, una veloz consulta al hombre más informado sobre el deporte en el resto del planeta dio como resultado una tranquilizadora (o intranquilizadora, depende de cómo se lo mire) respuesta: de este a oeste, de norte a sur, abunda el “Grondona Life Style”. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

Julio Grondona lo habrá patentado, pero el “todo pasa” dista de ser patrimonio de la dirigencia argentina. El ejemplo más tentador es España, el país campeón del último Mundial. Desde que, hace dos meses, se filtraron documentos a la prensa, nunca se supo de modo tan claro, a través de los propios protagonistas, que allí se arreglan partidos con dinero aportado por dirigentes y acuerdos realizados por los propios jugadores. Las grabaciones obtenidas por la justicia española de modo casual, ya que estaba investigando otro delito, mostraron que el ascenso del Hércules a Primera fue logrado de modo corrupto. Sin embargo, ante la decisión judicial de no ceder esas grabaciones por entender que habría violación de privacidad, la Federación resolvió archivar todo sin ni siquiera citar a los imputados. Allí está hoy el Hércules, jugando finalmente con Real Madrid, Barcelona y los demás

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grandes. No sea cosa que, si cae uno, caigan todos. Tal la amenaza mafiosa que, según parece, hizo comprender que era mejor el silencio. Lord Triesman debió renunciar este año como presidente de la Federación inglesa después de que alguien le tendiera una trampa. Una amante le grabó denuncias muy graves de corrupción que él le había contado en la intimidad (que Rusia y España negociaban arbitrajes de Sudáfrica 2010 a cambio de vo-

tos para la elección de la sede del Mundial 2018, concretamente). La mujer llevó la grabación a un diario. En lugar de investigarlas, el diario las publicó. El objetivo fue logrado: Triesman tuvo que irse. Un año antes, Triesman se había atrevido a denunciar que la Premier League tenía un agujero de unos 4.000 millones de euros. Sin él, la Premier League, es decir, los clubes, retomaron el poder en el fútbol británico, el más endeudado del mundo.

Lord Triesman (con Blattery y Beckham en la foto) debió renunciar a la presidencia de la Federación Inglesa.


El presidente de la CBF, Ricardo Teixeira, involucrado en denuncias de corrupción, aspira a la presidencia de la FIFA.

¿Habría que recordar acaso las gravísimas denuncias de corrupción que el Parlamento brasileño formuló una década atrás contra Ricardo Teixeira, presidente de la CBF? ¿Cientos de páginas revelando cuentas secretas en paraísos fiscales que terminaron en nada porque en 2002 Brasil fue otra vez campeón mundial? ¿Será realmente Teixeira o un millonario asiático el presidente de la FIFA cuando se retire Joseph Blatter? ¿Y si hablamos del propio Blatter? En pleno Mundial, la FIFA acordó con la justicia suiza un insólito pago de 4,9 millones de dólares para así cerrar definitivamente la causa por la quiebra de ISL. El juez investigaba sobornos de más de 100 millones de dólares que ISL, brazo comercial de la FIFA, había pagado durante años a dirigentes del deporte mundial. ¿Por qué pagó la FIFA ese dinero al juez de la causa si no había acusación formal contra ninguno de sus dirigentes?

El periodista Jens Weinreich suele contar trapos sucios de la Bundesliga. Pero el fútbol alemán, entre las ligas top del mundo, puede exhibir con cierto orgullo los estados financieros de sus clubes. El caso más grosero era el de Italia, hasta que estalló el escándalo de corrupción de 2006 y el gobierno ordenó la salida de las principales cabezas de la Federación, sin que la FIFA hablara de “intromisión política”, como suele hacerlo. Los clubes italianos hoy son objeto de controles mucho más serios, y la nueva Federación exhibe

mayor trasparencia en su relación con los árbitros, que antes eran manipulados por los clubes más grandes. Mal de muchos no es consuelo de tontos. Pero esta sencilla enumeración sí sirve tal vez para que no siempre creamos que el fútbol argentino es el único que sufre males incorregibles. Y saber que el “Todo pasa” del fútbol, si bien tiene patente argentina, es un fenómeno universal. Porque los estallidos, se sabe, suelen producirse cuando la pelotita deja de entrar al arco.

El ascenso del Hércules a Primera fue logrado de modo corrupto. Sin embargo, la Federación resolvió archivar todo sin ni siquiera citar a los imputados.

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Regresa el tren fantasma

¿Le suena un tal Miele? Pues sepa que es candidato a presidente. ¿No pedían echar a Aguilar? En estos momentos, es uno de los gestores oficiales para la próxima Copa América. ¿Se acuerda de Otero, el de Racing? Se consiguió un puesto de asesor en la AFA. Digna del valsecito Todos vuelven, la dirigencia argentina anda todavía a la espera de “El dirigente nuevo” Por GUSTAVO VEIGA

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os clubes hablan por sus dirigentes y por cómo los dejaron. La lista podría extenderse hasta el infinito. Racing sobrevivió de milagro al Triángulo de las Bermudas: Juan De Stéfano, Daniel Lalín y Osvaldo Otero. A River lo arruinaron José María Aguilar y Mario Israel, entre otros. En Newell’s todavía se sienten las consecuencias de la corrupta gestión de Eduardo López. Expulsado de San Lorenzo, Fernando Miele pretende volver como si nada. El ex presidente de Huracán y dirigente sindical bancario Juan José Zanola está preso en la causa de la mafia de los medicamentos. En Boca ya se sospecha que Mauricio Macri se postularía a las elecciones xeneizes del 2011 si es destituido como Jefe de Gobierno porteño. El “todo pasa” de Julio Grondona es tributario de aquella frase emblemática del fallecido Valentín Suárez: “a mí no me vengan con la ley jugando de cuco: nunca ningún gobierno le bajará la cortina al fútbol”. La impunidad es tolerada en dosis bien elevadas. Hay una dirigencia que se recicla como cierta basura: es biodegradable. Así estamos y así seguiremos. Las quiebras de Ferro, Talleres y Belgrano de Córdoba, el rebautizado Social Espa-

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ñol y el concurso preventivo de Rosario Central son apenas algunas muestras más de ese padecimiento. Pero el fútbol, pese a todo, se dobla pero no se rompe. Se trata de un problema cultural, por lo tanto también es estructural. Los dirigentes transformaron a las sociedades civiles sin fines de lucro, que son los clubes en guetos para hacer negocios privados. No es una generalización caprichosa. A los buenos ejemplos hay que buscarlos con lupa. En ese Far West futbolero dominaron durante décadas los Alberto J. Armando, Antonio Vespucio Liberti (aquel que decía “creo en una sola pureza dentro de la vida: la de los cigarros”), José Epelboin, Rafael Aragón Cabrera, Francisco Ríos Seoane, Luis Barrionuevo y militares como Carlos Lacoste y Carlos Suárez Mason. Por razones de espacio,

acá también abreviamos la nómina. Los hombres con vocación emprendedora como José Amalfitani siempre estuvieron en minoría. No fueron otra cosa que la excepción que confirmaba la regla. Impúdicos, todavía hay advenedizos que se llenan la boca hablando del ex presidente de Vélez. No es el caso de Miele, que cuando aclara, oscurece. Sobreseído por el beneficio de la duda en un juicio por administración fraudulenta que le había iniciado San Lorenzo, quiere volver a la política del club y ser presidente en diciembre próximo. Con el fallo en la mano, se refirió a él mismo en tercera persona: “Miele no fue ningún ladrón, tuvo errores, pero hizo mucho. Siempre hay quilombos en este país y eso perjudica si querés mantener un club vivo. Miele fue un tipo que

“En un país donde Menem está libre y no hay culpables por la AMIA, Cromañon y LAPA, no llama la atención que Miele haya quedado absuelto” (un forista de San Lorenzo).


Después de los avatares de una causa penal, Facundo Miele quiere otra vez el sillón de San Lorenzo. Lo acompaña el empresario Roberto Edi.

quiso hacer lo mejor para San Lorenzo”. El fallo que lo sobreseyó de presuntos delitos, como la desaparición de la recaudación de los partidos contra Flamengo y Corinthians de Brasil por la Copa Mercosur, el descuento de documentos de empresas como Coca Cola y Cablevisión a tasas ruinosas, las abusivas comisiones abonadas por los pases de Sebastián Abreu, Daniel Quinteros y Juan José Serrizuela y el destino del dinero que ingresó a la tesorería por la curiosa venta del futbolista español Artero López, eran las imputaciones más pesadas contra el ex presidente (19872001). Lo patrocinó el mediático abogado Mariano Cúneo Libarona. Ahora tiene que resolverse la apelación del fiscal en el Tribunal de Casación. Juan Carlos Temez, uno de los dos directivos que le puso la firma a la denuncia contra Miele en 2002, está desolado: “tiene una situación cómoda en el aspecto penal, pero hay otra cuestión, la ética, que debe resolver el Tribunal de Honor del club”. En efecto, el ex presidente fue expulsado del club por la asamblea de representantes de socios. Ese fallo sólo lo podría revertir en una nueva asamblea, donde necesitaría sumar 42 voluntades

sobre 60. Como fuere, Miele ya anunció su candidatura y la difunde en actos públicos y páginas de Internet donde opinan los hinchas y asociados de San Lorenzo. En una de ellas, un forista señaló: “en un país donde Menem está libre y no hay culpables por la AMIA, Cromañon y LAPA, no llama la atención que Miele haya quedado absuelto”. La resurrección política de este personaje, que alguna vez utilizó expresiones xenófobas para referirse a los habitantes de la villa ubicada enfrente del Nuevo Gasómetro, bien podría ilusionar a José María Aguilar, un cadáver político en River, pero sólo por ahora. El ex presidente no aparece por el club desde que lo abandonó, a fines de 2009. Nadie podría velar por su seguridad si regresara en estos días. Tampoco por la de Mario Israel, su alter ego, aunque el bajo perfil de este último le permite frecuentar una famosa confitería frente al Canal 7 sin correr ese riesgo. En la AFA se apiadaron de las tribulaciones del peor presidente que tuvo River en su historia. Grondona aceptó que se sumara a la comisión organizadora de la próxima Copa América que se disputará el año próximo en el país. Una forma de

seguir vinculado con el bendito fútbol. Aguilar tiene una retórica tan doctoral como chanta. Cuando gobernaba, apeló más de una vez a una metáfora menemista para describir a los directivos de su comisión que se tentaban con lo ajeno. “Se han desarmado carpas, aunque seguramente se han generado otras nuevas”, le confesó a este periodista durante una extensa entrevista en julio de 2002. El presidente Daniel Passarella trata de desarmar ahora las carpas de circo que dejó su gestión. Miele representa el pasado que vuelve, y Aguilar, el que se mantiene al acecho. En Racing, cada administración que sucedió a la otra, resultó peor. A Juan De Stéfano lo expulsó un Tribunal de Conducta el 7 de noviembre de 1995 por “graves hechos” que, según la resolución, estaban “todos probados y debidamente documentados en las constancias de la contabilidad del club y volcados en los balances de la institución”. Con el tiempo recuperó sus derechos societarios, aunque eso no le permitió zafar de ir a prisión. En octubre de 1999 lo detuvieron por “administración fraudulenta en concurso real con quiebra fraudulenta”. Lo curioso fue que, en una celda contigua a

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la suya de la comisaría 1ª de Lanús, terminó Daniel Lalín, uno de los presidentes que lo sucedió en el cargo. El otro que gobernó la Academia en los años 90, Osvaldo Otero, se mantuvo prófugo hasta que la causa que tenían abierta los tres no estableció la responsabilidad de ninguno en los delitos que se les imputaban. Otero asesora hoy a Grondona en la AFA y Lalín, un empresario polirrubro, se dedica al desmonte en el Chaco salteño con su compañía petrolera. A través del holding Lalín Global Group también se diversificó en sectores que van desde la minería a la producción de aceites vegetales, asociado con empresas chinas. La comunidad wichi lo denunció por abrir picadas en sus tierras. El karma de Racing es que atravesó este Triángulo de las Bermudas, soportó la quiebra y su posterior gerenciamiento, y a la vista de lo que pasó después, Blanquiceleste S.A. resultó ser peor que la enfermedad. Nunca otorgó las garantías que se comprometió a firmar, no pagó el porcentaje de las cuotas sociales percibidas, no construyó el campo de entrenamiento y terminó demandada por el órgano fiduciario en 88 millones de pesos. Racing quebrado, San Lorenzo concursado y River vaciado son apenas tres ejemplos de lo que esta desacreditada dirigencia es capaz de hacer. La redención de sus integrantes parece tan lejana como la distancia que existe entre la estatura moral de Amalfitani y la de Eduardo López, el ex presidente de Newell’s. Expulsado como Miele de su club, dejó tierra arrasada a sus espaldas. A fines de 2004, incluso un día después de que el equipo saliera campeón del torneo Apertura, le rechazaron cinco cheques en el Banco Municipal de Rosario. La cifra de 42.557,36 pesos contenida en esos papeles sin ningún valor monetario representaba sólo el 0,80% de unos 5.300.652,63 pesos, por los que había librado pagos sin fondos. En el registro de deudores del Banco Central, López tenía para entonces un total de 713 cheques rechazados. En diciembre de 2008, una marea de votos

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En la AFA se apiadaron de las tribulaciones del peor presidente que tuvo River en su historia; se sumó a la comisión organizadora de la próxima Copa América. (el 63%) sepultó sus aspiraciones de continuar en la presidencia. Así terminaron catorce años de oprobio y sin elecciones en la entidad rosarina. Lo que no terminó, y se extiende como yerba mala desde hace treintaiún años, es la política del “todo pasa”. Ésa que puede analizarse a partir de otra frase tan desafortunada como aquella: “Si yo tuviera que estar sentado en la AFA y pensar que me debo poner una chapa y una gorra, me voy”. No hace falta aclarar quién es su autor. Como en un calidoscopio, los nombres pasan, pero el sedimento de sus malas conductas queda hasta que se forma un fangal. Barrionuevo, el

gastronómico; Zanola, el bancario; Ledesma, el de Belgrano; Marín, el gerenciador; Muñoz, el de Gimnasia; Cruz, el de Mandiyú; Ríos Seoane, el de Español; las últimas comisiones directivas de Rosario Central, Ferro, Talleres de Córdoba y decenas de clubes del Ascenso… Todos pasaron, y su huella de desarreglos o sospechas de corrupción dejaron. Hacia el futuro, el camino parece plagado de este tipo de ejemplos. “El dirigente nuevo”, si se permite citar el modelo de hombre que pregonaba el Che Guevara, todavía no nació. Es una construcción que jamás podrá levantarse sobre lo viejo que se resiste a morir.


“Como ese señor del poncho”

¿En qué anda la dirigencia de los clubes de las provincias? Para desenterrar respuestas, convocamos a nuestro especialista, que desde Río Cuarto nos aporta una mirada que combina emociones y conocimientos. La perspectiva, podríamos decirlo, es sombría. Por OSVALDO WEHBE

¿Qué te gustaría ser cuando seas grande? Y alguno capaz que contesta: “dirigente de un club”. Pero el tema es la respuesta a la siguiente consulta: ¿cómo quién? Los habitantes de barrios populosos en las grandes urbes, y los de pueblos y ciudades pequeñas o medianas sabemos el significado del club del lugar. Juan José Campanella retrató el momento de los clubes a partir de fines de los ochenta, cuando al amparo del individualismo exacerbado y el capitalismo salvaje, la sociedad comenzó a cambiar la escenografía de su cultura y de su pasión. Los cines y los clubes comenzaron a ser avasallados por los negocios, y en su lugar pulularon iglesias, supermercados y casinos. Y hubo muchos goles en contra de presuntos dirigentes defensores que claudicaron ante la moneda. Y hubo batallas épicas por salvar la pequeña patria que es el club del lugar. Trasladado esto al fútbol nacional, y partiendo de la enorme base ignorada y despreciada por el reino, los dirigentes de centenares de clubes cumplen a rajatabla con la función de ser teniendo que permanecer y transcurrir, una misión digna. Están en el paisaje en el que viven. Se retratan en él. Juntan de a puchitos para que su gente cuente con un lugar de recreación, de entretenimiento y, por qué no, de plataforma hacia el fútbol profesional cuando aparecen esos toques de varita mágica que de vez en cuando la redonda les ofrece a los más humildes. La mayor parte de ellos quiso ser como su viejo o su abuelo. Gente del lugar, con una vida laboral constituida y el tiempo libre para ser dirigente raso y colaborar desinteresadamente con la comunidad. En las antípodas de los políticos del lugar, esta raza dignifica la administración de las cosas públicas o privadas. Subiendo escalones, encontraremos a quienes se hacen notar mucho más. Son aquellos que conducen clubes que se destacan por la participación en el fútbol profesional o en alguna categoría inmediata inferior. Y ahí hay variedad de colores y comportamientos. Pero aún con el reconocimiento a los luchadores que se parecen a los dignos mencionados antes; esa categoría es la de menor cuantía. Las pruebas están en la duración en el poder de Julio Grondona y sus adyacencias. Una situación que, con una dirigencia valiente y defensora a ultranza de sus clubes, jamás hubiera sucedido. En tierra adentro, la mayor parte de los comandantes de los

equipos participantes en torneos de la AFA sienten por Grondona lo que los súbditos por un rey tirano. Mezcla de bronca, recelo y, finalmente, envidia. Les encantaría estar a la par de don Julio para jugar al poder. Y una manera es lamerle las botas y estar al servicio público de Su Majestad, desdeñando las necesidades de sus colores. Una cena, una semana en Buenos Aires, una foto con don Julio, una mutual bendecida por la AFA, un arbitraje amable y por ahí un viaje en Eliminatorias… Un poco menos, tal vez, que las prebendas logradas por los representantes del Ascenso metropolitano, que por menos de una gira o un Mundial no transan. Alguna vez, y ya lejos, aparece un Amadeo Nuccetelli plantado desde Barrio Jardín con expectativas reales de terciar en los poderes de la AFA. El gol de Ricardo Bochini jugando con siete compañeros en la final del Nacional 77 fue, sin quererlo, claro, el golpe de suerte que tuvo Grondona y que le faltó a la dirigencia de tierra adentro para encolumnarse con Nuccetelli hacia un fútbol más justo. Don Julio aún no estaba en la AFA pero la situación fue como la creación de una autovía sin obstáculos, apenas unos años después. ¿Cómo quién? Pregunta para aquellos que quieren ser dirigentes de fútbol ya desde niños. Respuesta indudable, a la luz de los hechos con el paso de los años: “como ese señor del poncho que tiene una ferretería”. Y la AFA va…

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Un puñado de buenudos

Sería una picardía no dar cuenta de aquellas excepciones que confirman la regla. Si bien la Argentina no abunda en modelos de dirigentes honestos y brillantes, la historia marca que de Amalfitani en adelante hubo unos pocos señores que pusieron generosidad y abnegación. Algunos duraron poco, pero al menos nos acordamos de sus comienzos Por ALEJANDRO FABBRI

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o fueron demasiados, pero dejaron una estela, un amplio archivo donde se pueden constatar sus logros, sus esfuerzos, sus ilusiones. Es que en el devastado panorama que viven los clubes del fútbol argentino, un puñado de hombres honestos que unieron la vocación de servicio con el amor por unos colores y la devoción por construir, le pusieron nombre y apellido a la ética dirigencial y a la hoy llamada capacidad de gestión. Seguramente que entre los fundadores de muchas instituciones y en los primeros años de vida también hubo buena gente, capaz y emprendedora, pero el recuerdo más cercano nos remonta a los años sesenta, cuando ya florecía el trabajo de José Amalfitani en Vélez Sarsfield, tras varias décadas al servicio del club de Villa Luro. Desde el esfuerzo para rellenar los terrenos donde se edificó el estadio en los años cuarenta hasta los últimos minutos en los que dejó la vida en el club, don Pepe fue un modelo de directivo para siempre. Calentón, honestísimo, laburador, a veces prepotente, armó un club que sigue haciendo escuela. Años más tarde, otros clubes porteños y bonaerenses siguieron ejemplos parecidos. En Caballito, se lució Ferro, gracias al tesonero trabajo de Santiago Leyden, Ricardo Etcheverry, Héctor

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Kritzkauzky y varios verdolagas más. Así se forjó un club con 50.000 socios, campeón de fútbol, básquetbol y vóleibol, presente en casi todas las disciplinas, con un enorme trabajo formativo para los jóvenes y un esfuerzo casi sobrehumano para adecuar las instalaciones. Mientras brillaba Ferro, se levantaba el viejo Atlanta de León Kolbowsky, cuya senda continuó Hugo Masci durante algún tiempo. Y resplandecía Talleres de Remedios de Escalada, con una tarea social ardua en un lugar difícil y el esfuerzo de Edgardo Delon. Durante noviembre de 1977, Lanús y Platense desempataron para no descender en la cancha de San Lorenzo. Quedaba una plaza más para irse a la vieja Primera B, junto con Temperley y Ferro. Fueron 120 minutos y 22 penales los que se necesitaron para que los calamares de Saavedra se quedaran en la A, venciendo por 8-7, a pesar de los errores reglamentarios del juez Roberto Barreiro. Al año siguiente, Lanús siguió viaje hasta la Primera C, tras perder en la misma cancha ante Villa Dálmine

por 2-0. Por única vez en su historia, el cuadro granate tocó fondo en la C, jugando contra Piraña, General Lamadrid y Luján, entre equipos que nunca había enfrentado y que nunca más enfrentaría, al menos hasta hoy. Platense venía creciendo, con más de 15.000 socios y un trabajo titánico de un grupo de dirigentes que lo tomó descendido y con su mítica cancha de Manuela Pedraza y Crámer devuelta a la familia Delcasse, dueña del terreno. El esfuerzo de Carlos Marino, Carlos Schaffer y Alfredo Ginanni, entre otros directivos, lo puso de nuevo en Primera A, abrió el club a muchísimos asociados en numerosas disciplinas, le permitió inaugurar la nueva cancha en Vicente López y le saneó la caótica economía. Años más tarde, Platense se desplomó, y todavía no se recuperó. La contracara fue Lanús: concursado, fundido y jugando en Primera C, necesitó llegar al fondo del pozo para resurgir con potencia inusitada. Con el abogado Carlos González a la cabeza, con los hermanos Solito, Emilio Chebel, Nico-

Amalfitani, calentón, honestísimo, laburador, a veces prepotente, armó un club que sigue haciendo escuela.


lás Russo y Néstor Díaz Pérez. Sin prisa pero sin pausa, fueron recomponiendo el club, ascendieron en 1981, llegaron a la B Nacional y a fines de los ochenta alcanzaron la Primera A. Ascenso, descenso y ascenso con un mismo entrenador, Miguel Ángel Russo. Desde aquel momento, Lanús ancló en la A, fue campeón, jugó varias Copas, hizo un estadio nuevo y creció patrimonialmente como pocos. Canchas de hóckey sobre césped, alojamiento para jóvenes, cursos para socios que quieren ser dirigentes, jardín de infantes y escuela primaria, trabajo serio en divisiones inferiores, regreso al básquetbol de elite, todo lo viene haciendo bien. Aquel que quiera otra cosa, que se sienta un líder por encima de todos, no tiene lugar en una estrategia colectiva que probó funcionar muy bien. No alcanza con administrar solamente, hay que saber de fútbol, aggiornarse en el manejo de un club y pensar con la honestidad suficiente y la dosis de picardía necesaria en deportes profesionales. Son decentes, son capaces, no son boludos. El futuro dirá si hay espacio para más dirigentes que miren por encima de sus ambiciones personales. Ejemplos no abundan, pero existen. ¿Queremos sociedades anónimas y simples gerentes? Me parece que no.

Don José Amalfitani, muestra orgulloso su obra.

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Con la coherencia de un ludópata Hay quienes se sirven del fútbol para sus intereses políticos. Pero nunca sucede al revés: nadie utiliza sus convicciones políticas para mejorar el fútbol. La lógica adrenalínica del triunfalismo hace imposible penetrar la coraza irracional de la pasión futbolera. La única posibilidad de reformar las estructuras del fútbol no pasa sólo por una decidida intervención del Estado. Debería ser encarada por funcionarios nerds, completamente insensibles al devenir de la pelota. Por PABLO DE BIASE

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or izquierda y por derecha, existe un mito, con sólidas raíces en la historia y frondosas ramas que echan sus sombras sobre el futuro, que sostiene que los clubes de fútbol son coto de caza de punteros y dirigentes políticos y sindicales de la más variada laya. Desde oscuros y sórdidos punteros de barrio a prestigiosos ministros y jueces, pasando por caciques sindicales de todos los tamaños, fútbol y política presentan una asociación estrecha y difícil de discernir con claridad. Un segundo mito, derivado del primero, sostiene que los aparatos políticos y sindicales dedicados a las tareas menos presentables de la vida pública –los trabajos que se hacen en el sótano de la historia, digamos– son reclutados de entre las hinchadas bravas. Mito que, con el correr de los años, adquirió nuevos matices: los aparatos son agrupaciones aparatosas y aparatistas en sí mismas que, según la dirección e intensidad de los vientos, despliegan con mayor o menor fervor las banderas de la causa popular o de los colores sagrados, en distintos momentos o en simultáneo. Por qué decirles mitos a lo que son realidades bien sabidas por todos. Si así lo vienen diciendo desde hace años infinidad de publicaciones, así como programas de radio y televisión, y el sentido común que viaja en taxi o colectivo. La razón es simple aunque no tan evidente, porque aunque haya un aparente y fuerte asidero a la realidad, los cambios en el mundo de la política, del fútbol y de los medios han hecho que la funcionalidad de la relación esté gobernada, desde siempre, pero cada vez más, por la lógica del fútbol y no por la lógica de la política. Por eso, nunca la decisión política más centralizada, concentrada y determinada pudo cambiar el funcionamiento de los clubes ni su forma peculiar de adaptarse a los cambios. Por eso, es impensable que la gente progresista y honesta (o con alguna idea clara y más o menos honesta) de los clubes pueda por sí sola organizarse para, desde los propios clubes, pensar en un

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proyecto superador para la AFA y oponerse a los tejes y manejes de quienes se perpetúan en el poder. Porque ante la menor amenaza al club, reculan. Un argentino futbolero puede llevarse a la tumba la responsabilidad de haber acabado con lo que sea, menos con los colores sagrados.

En el club es otra cosa En su edición de octubre de 1965, la revista derechista Panorama publicaba un informe titulado “La política hace goles”, en el que, con exageraciones y simplificaciones un tanto burdas, reflejaba la impronta de la política partidaria en la política de los clubes. Así, sostenía: “En 1931, temerosos de las represalias que podía desatar su adhesión a Hipólito Yrigoyen, pero no resignados a perder su ascendencia sobre sus afiliados, los dirigentes optaron por despuntar el vicio confundidos en el anonimato de las comisiones directivas. De ese modo, los clubes adoptaron insensiblemente las formas del comité: cada dirigente aportó al club de sus amores su capacidad política y el lubricado mecanismo de los punteros; con el solo requisito de asociarlos, lograron en pocos años el dominio total de las entidades. (…) El papel de los herederos de Alem es bastante claro en la primera década del profesionalismo y la rémora que dejarán, pero a partir de los años 50 pierden preeminencia y en la transformación que arranca en 1958 es otro el sector que ha surgido y se ha encaramado al amparo del decenio peronista.” Que los punteros radicales y los sindicalistas peronistas han tenido una participación protagónica en la vida de los clubes es algo indudable, como “refugio” en los malos tiempos y como extensión del dominio territorial en los tiempos de bonanza. Así, por ejemplo, en 1926, el puntero radical de la Capital Pedro Bidegain (el mismo que le da nombre al estadio de San Lorenzo)


se daba el lujo de pedir el arbitrio del presidente de la Nación, Marcelo Alvear, para poner fin a la escisión en la Asociación de Football. O, en 1973, tras el regreso del peronismo al poder luego de dieciocho años, diversos caudillos sindicales y punteros peronistas le “pidieron” al interventor en la AFA, Baldomero Gigán, que anulara los descensos, cosa que favoreció a All Boys y Ferro. En ambos casos, los líderes políticos buscan extender su poder al club. Eso está claro. Lo que no está claro y ha servido para alimentar los mitos es cómo funciona una lógica de poder distinta en el club y para el club. Es obvio que los líderes políticos buscan y logran influencia en los clubes, pero la consiguen por lo que pueden aportarles, y no al revés. Radicales y peronistas (y socialistas, comunistas y conservadores) han hecho muchas cosas por sus clubes, y lograron apoyo “político” y “comunitario”, pero siempre desde la lógica del fútbol, nunca al revés. A ningún radical se le ocurrió plantear la introducción del sistema D´Hont de proporcionalidad de la representación en las elecciones de Comisión Directiva, y a ningún peronista o socialista se le cruzó por la cabeza que un club apoyara activamente alguna huelga. Es más, los dirigentes políticos y sindicales que deben ser despegados de los sillones de sus organizaciones haciéndoles palancas con barretas, son capaces de actos de renunciamientos increíbles e impensables en función “de los sagrados intereses del club”. Raúl Gámez, por ejemplo, el dirigente de Vélez, de militancia radical, que fue varias veces presidente del club de Villa Luro, puede opinar cosas muy sensatas y otras muy discutibles. Sin embargo, ante lo que él considera que puede perjudicar a su club, no duda en dar un paso al costado. Como velezano, actúa con una fidelidad suicida a su organización. Como radical, se opone a todo y puede defender los intereses de cualquiera, como cualquier otro radical.

Ni la ultraderecha más sanguinaria La dictadura militar de Videla organizó un Mundial, que gestionó el difunto ex presidente de facto, director del EAM 78 y socio honorario de River Plate hasta bien entrados los años 90 Carlos Alberto Lacoste. Con todo el poder para hacer y deshacer (¡y vaya que hizo cosas en las que el asesinato individual y colectivo, la corrupción generalizada y otras infamias se entremezclaron en una trama macabra!), Lacoste, con el mandato de reformar el fútbol hasta la raíz, no fue más allá del Mundial y de su nombramiento en la FIFA como vicepresidente: dejó las estructuras de los clubes intocadas, con las barras bravas incluidas. Barras bravas que, por cierto, tiraron papelitos durante el Mundial, y recibieron otros favores oficiales, como perdones policiales y hasta plaquetas de intendentes de la dictadura. Y que podían funcionar como bandas armadas sin ser detectadas por la inteli-

gencia militar ni policial. En el verano de 1982, por caso, hubo dos enfrentamientos –con muertos incluidos– entre las barras de Quilmes y de Boca en los que intervinieron la Policía y la Justicia ordinaria. Era la época en la que si un trabajador o un estudiante llevaban un volante contra la amenaza nuclear en el mundo (no digamos, la dictadura militar en la Argentina) podían terminar con su humanidad frita en el más cruel anonimato.

La visibilidad social y el triunfalismo Alguna vez, el fútbol fue la fuente de prestigio social del dinero plebeyo. Así, comerciantes, industriales y profesionales, prósperos pero sin influencia en los círculos sociales de peso, encontraron en la dirección de los clubes una fuente de legitimación y de fama impensadas: sus nombres salían publicados frecuentemente en diarios y revistas, eran mencionados en radio y televisión, y eran así recibidos en los ámbitos de poder real por su nuevo prestigio. Hoy, con el crecimiento del fútbol y de los medios que lo cubren, el club directamente puede ser un trampolín para la carrera política más encumbrada. Sin embargo, dirigentes de fútbol devenidos políticos o políticos devenidos dirigentes de fútbol coinciden en respetar la lógica del fútbol, tanto en las buenas como en las malas administraciones: dirigentes honestos y no tanto, dirigentes pro y dirigentes del Pro. Todos, sin embargo, responden a la misma lógica. No sorprende, entonces, que el ex vicepresidente de la Acción Católica y candidato a presidente de Izquierda Unida en las elecciones de 1989 (frente que agrupó a comunistas, guevaristas, católicos revolucionarios, trotskistas y otras fuerzas “combativas”), Néstor Vicente, aceptara el apoyo del actual reo procesado por adulteración de medicamentos de la obra social de los bancarios, y nada “combativo”, Juan José Zanola, cuando se postuló a la presidencia de Huracán una década después. Era lógico, era “por el bien del Globito”. Aunque no se sea honesto ni con las finanzas del club, hay una lógica triunfalista que se vive, por lo menos treinta y ocho veces al año, y que es más fuerte que una yunta de bueyes. La adrenalina de ganar o perder es más poderosa y más tóxica que cualquier otra emoción. Aunque el personaje que dirija al club represente lo que sus convicciones más profundas le hacen detestar y repudiar, ningún futbolero, viendo un partido de su club va a hinchar por el contrario. Esto es lo particular de la lógica futbolera: el equipo juega contra todos los demás, y ahí no hay alianzas posibles, se gana o se muere. Y con tal de ganar, con tal de seguir con la esperanza de ganar, como ludópatas empedernidos, podemos aceptar hasta que Hitler o Stalin dirijan una entidad de tercer grado y nos cuenten los cuentos más bonitos sobre el futuro de la humanidad… Y del fútbol.

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THE END

Su moral y la nuestra

La especial dedicación de nuestros dirigentes al tema de la violencia los hace únicos en el mundo. Otros dirigentes, anónimos y olvidados, fueron la contracara. Del impresionante archivo de nuestro historiador, el rescate de algunas perlitas. Por EDGARDO IMAS

“El referí Daniel Giménez presentó su informe en la AFA, ratificando lo dicho ante la Justicia sobre lo que le espetó Juan José Muñoz: ‘te voy a cagar a trompadas, y el martes te mato en la AFA’.” (“Visita”, en el entretiempo de Gimnasia-Boca, del presidente del club platense al vestuario del árbitro, el 10 de septiembre de 2006) “Cuando Cipolletti convirtió su segundo gol, desde el vestuario local salió catapultado el vice de Atlanta, Bernardo Kravestcky, que ingresó al terreno de juego e intentó, sin éxito, golpear al referí, Humberto Dellacasa (h.), luego de perseguirlo varios metros. En el tumulto, fue el expulsado defensor bohemio Fernando García, quien puso KO al juez con una certera trompada. Entretanto, un portón fue abierto para que la barra local invadiera la cancha, al tiempo que por la voz del estadio se escuchaba: ‘hay que matar al referí’. El presidente de Atlanta, Juan Chiarelli, participó de los incidentes, aunque luego intentó desmentirlo, cambiándose de vestimenta.” (Crónica de Atlanta 0 – Cipolletti 2, jugado el 17 de noviembre de 1990) En 1928, en la cancha del Club Progresista, en Avellaneda, el árbitro Ferretti fue salvajemente agredido por hinchas locales. Los dirigentes del Nacional de Adrogué, fundado en 1916 y que militaba en la B, instaron a sus asociados a comportarse civilizada y ejemplarmente. Así lo contaba el diario Libertad!, editado por el Partido Socialista Independiente, una escisión derechista del viejo Partido Socialista: “(…) en el campo del Club Progresista, cuyo nombre suena ahora como una ironía, un juez fue atacado brutalmente por unos desorbitados partidarios de la institución local. Esa nota de baja cultura se repetirá el domingo venidero, y así por secula seculorum. En presencia de este avance de los procedimientos execrables, un club modesto, el Nacional, de Adrogué, ha dirigido a sus asociados una circular que reproducimos: Asociados, una de las destacadas características de la vida del Club Atlético Nacio36 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2010

nal ha sido el entusiasmo puesto para todas las cosas, ya en las horas fáciles –consecuencia natural del ambiente y la situación–, ya en las inciertas, reactivo poderoso que fortaleció de inmediato al organismo deportivo, cuando el amargor de una derrota pudo habernos desalentado. Esto, que es tradición y cuya importancia como factor de triunfo es innecesario resaltar, se permite recordarlo la Comisión Directiva a los asociados, exhortándolos a concurrir a los encuentros pues es preciso que se complementen el esfuerzo de los nuestros dentro del campo de juego, con la voz alentadora de los de afuera, que es nuestro esfuerzo como una onda estimulante que traduce la emoción y la ansiedad del momento. Sin un grito malsonante, sin injurias, tolerantes para el error de los jueces –imperfectos por humanos–, contemplando serena y reflexivamente el extravío del adversario, vayamos, sin una mala intención, a alentar a los nuestros. Que sea viva y adelante la voz de orden; así triunfaremos y si no sepamos también perder, que las derrotas materiales son meros accidentes, cuando quedan en salvo los valores morales. Arturo R. Fones, presidente”. Al derrotar al club marplatense, Nacional se coronó campeón 1926 de la B. En su equipo jugaba Carlos Peucelle, que luego sería famoso delantero de River y la Selección. Por entonces disputaba calientes clásicos locales con Temperley. Sin embargo, Nacional no pudo consumar su ascenso a Primera, ya que la fusión de las dos asociaciones hizo que varios clubes permanecieran en el Ascenso y no en el círculo superior. Sus lúcidos dirigentes sostenían que Nacional debía abandonar la práctica oficial del fútbol. Lo consideraban irremediablemente corrupto y generador de violencia, y eso que aún no se había instaurado el profesionalismo, que llegaría en 1931. Dejaron su lugar en la CD en 1929 al sector que sí quería continuar afiliado. El golpe de gracia para la entidad llegó en 1934, cuando un decreto del presidente argentino, el militar golpista Agustín P. Justo, prohibió que entidades privadas llevaran la palabra “Nacional” en el nombre.


Plan W para salvar al fútbol En menos de diez minutos, y ante nuestro urgente requerimiento, el compañero Wainraich demostró que es sólo cuestión de papel y lápiz. Que ideas sobran, pero faltan dirigentes. Aquí van algunos de los aportes de quienes integran Un Caño para la resurrección del fútbol argentino. Eso sí, que el impresentable de J.G después no se adjudique algunos de estos pensamientos, porque prometemos demanda civil. Por SEBASTIÁN WAINRAICH

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ara empezar, si un partido termina 0 a 0, los equipos no suman puntos. Aquel equipo que gane por 3 o más goles de diferencia, suma 4 puntos. Los laterales con los pies. Si la pelota se va al córner entre el palo y la línea que marca el área chica, el tiro de esquina se patea entonces desde la línea del área chica. Y si se va entre la línea del área chica y grande, se patea desde esta última. Sé que la próxima regla parece robada de los partidos mixtos que se armaban en un picnic, pero piensen antes de juzgarme: gol de arquero, no incluye penales ni tiros libres, vale doble. Son algunas ideas que tengo para “lo que viene-lo que viene” en el fútbol. Ya sea para el progresista y popular Julio Grondona como para el pícaro y macanudo Daniel Vila. Y tengo más: creo que no estoy de acuerdo con lo que voy a decir, pero, ¿si se dejara de televisar el fútbol? ¿Y si todos los partidos se jugaran el domingo a las 15,30 y los escucháramos por radio? ¿Si viéramos el resumen de los partidos a las 21 por todos los canales interesados en pasarlos? Insisto: no sé si estoy de acuerdo. Sobre todo porque me enfrentaría a lo miserable que es mi vida, que ahora necesita de esos partiditos para tener un sentido. Aunque no vea los 90 minutos, me resulta indispensable saber que hay unos tipos en la pantalla que están jugando, o tratando de jugar, y otros en la tribuna y otros llamados técnicos insultando al cuarto árbitro. No sé qué me pasó. Ahora, si televisamos, televisemos todo. El sorteo de árbitros, por ejemplo. El sorteo del fixture, por supuesto. No sé si llamarlo sorteo, pero que nos expliquen con qué criterio tal juega a tal hora y el otro juega tal día. ¡Chau, promedios! Que desciendan los últimos dos. ¡Campeonato a dos ruedas! Seguiría con la Promoción. Y en caso de que el fútbol siga siendo televisado, ¿no deberían ser gratis las entradas a la cancha? ¿No es que la supervivencia de este negocio progresista, lleno de pasión pero también de billetes, no depende de la venta de tickets? No habría que revender. Y los muchachos más apasionados no tendrían con qué extorsionar a los demás. Eso sí: habría que pensar un sistema para repartir las entradas. Para eso no me da la cabeza. Julio o Daniel tal vez sepan cómo resolverlo. Algo más: es poco un sólo ascenso en la B Metropolitana. Son 22 equipos y sube uno solo directamente. No es justo. Pero hablo como parte interesada, es cierto. Ante todo, la prolijidad.


Asunto: CRÍTICO DE DIEGO De Víctor N. Levi

No se aceptarán cartas que excedan los 1000 caracteres.

Asunto: MASOQUISTA De Javier Pozzi Leo algunos apellidos en el staff (Martin, Morales, Senosiain, Kuper, Lingenti) y pienso que la calidad de la revista tiene que ser buena, pero al leerla la certeza me deja y vienen las preguntas: ¿Por qué la calidad de las notas es tan mala y la mayoría de los colaboradores escriben tan mal? ¿La respuesta está incluida dentro de la pregunta precedente? ¿Cómo eligen los temas? ¿Por qué es tan desigual el nivel de los que escriben? Leer su revista es como caminar descalzo en una calle de ripio. Compré algunos números anteriores porque me parecían una revista distinta, ahora me también me parecen distintos, pero muy malos. No me importa la ideología de lo que escriben. No necesito estar de acuerdo. Sí necesito pensar, o inquietarme, o conmoverme, o sonreír. Ustedes me desagradan. Volveré a comprar la revista, quizá solo fueron deslices que van a corregir y en realidad no nos subestiman tanto. Un caño: Tu carta es tan pero tan clara y concreta que no tenemos nada para decir. No vale la pena defenderse.

Asunto: PARA JUGAR CON LOS AMIGOS De Elvio Grocci Me puse a analizar los veinte años de los torneos cortos, más allá de que se legalizaran desde el Apertura 91. Existió un Apertura 90 ganado por Newell’s y un Clausura 91 obtenido por Boca en forma invicta. Estos triunfos los hicieron dirimir el campeón en dos finales, que finalmente festejaron los rosarinos en la Bombonera por penales. De ahí en más se jugaron 40. River obtuvo 12, Boca 8 (más el mencionado, que no se cuenta) y ahora viene la revelación: Vélez suma 6, exactamente la misma cantidad que tres grandes (San Lorenzo, 3; Independiente, 2; y Racing, 1). Newell’s se quedó con 2 (más uno que se le cuenta como torneo largo 90/91), Estudiantes, Lanús, Banfield y Argentinos cierran con un título. El equipo de Núñez tiene una particularidad: en la década del 90 se especializó en ganar el Apertura (fueron 6: 91,93, 94, 96, 97 y 99), contra un solo Clausura (97). Del 2000 en adelante, obtuvo 5 Clausuras (00, 02, 03, 04 y 08) sin conseguir torneos Apertura. Huracán disputó 30 campeonatos cortos (estuvo 5 años en la B Nacional) tuvo 2 oportunidades de conseguir el título y la paradoja es que le tocó por fixture definir con el que lo seguía en la tabla (a un punto) y de visitante en los dos casos: Clausura 94 con un 0-4 contra Independiente y Clausura 09 contra Vélez, 0-1. Un caño: ¿Y?

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Me “devoré” en dos días el número 27 y no encontré ni una sola mención de parte de vuestros respetables columnistas a las declaraciones (premonitorias) de Diego post México. De ellas rescaté: “en los 90 minutos fuimos superiores”; “cuando Heinze me decía que lo puteaban cada vez que iba a hacer un lateral, yo le contestaba que estaban calientes por el baile que le estábamos dando”; y “cualquier esquema que hubiera planteado Aguirre lo hubiéramos superado”. Lo primero que me vino a la mente fue: ¿qué partido vio? Y después dije: si realmente se creía lo que estaba diciendo, estamos en el horno. En el tiempo que medió entre los partidos con México y Alemania, estuve esperando (como tantos otros) saber quién reemplazaría a Otamendi (soy hincha de Vélez) y por quién entraría Verón. A contramano de lo que todos esperaban, puso el mismo equipo. Los germanos hicieron el primer gol y nos esperaron sin apelar a infracciones (a Messi no le hicieron ni un foul en todo el partido). En el entretiempo, Latorre y Francescoli dijeron (tímidamente): “suponemos que Argentina entrará con cambios”. Tampoco ocurrió, y cuando los alemanes pudieron, nos metieron el knock out y dos más de yapa. Diego estaba convencido que con la delantera que teníamos, los rivales estarían siempre temblando. Sin embargo, no pudimos generar ni una sola situación neta de gol, y Messi estuvo obligado a hacer lo que Diego criticaba de Román: tener que bajar a buscar la pelota hasta Masche. Entiendo la idolatría que tenemos por Diego jugador, pero no comprendo por qué se tiene que asumir que el Diego DT va a ser tan bueno como el Diego jugador.

Asunto: EL MÁS ANTIGUO De Manuel Lavalle En la revista Nº27 hay una nota de Fabian Induti sobre los ascensos de Quilmes, y en el copete de la misma expresan que el club cervecero es el más antiguo que jugará la división mayor. El problema es que Quilmes se fundó el 27 de Noviembre de 1887, y mi querido Club de Gimnasia y Esgrima La Plata se fundó el 3 de junio de ese mismo año. Es decir, Gimnasia es más antiguo que Quilmes. A la gente del equipo de Aníbal Fernández, que ya vi en el pasado que decían ser los más antiguos del fútbol argentino, dejen de robarla con eso de la antigüedad porque están pifiados. Un caño: Tenés razón, Manuel. El número 27 vino torcido…

Asunto: DOLORIDO POR DIEGO De Nicolas Giacovino Lo sucedido antes, durante y después del Mundial es un derrotero que supera lo futbolístico (desde el punto de vista resultadista). El tratamiento que le dio la gran mayoría del periodismo veleta volvió a dar cuenta del poco amor por el oficio que reina en los estudios de televisión, radios y redacciones. Las presunciones previas vaticinaban debacles de todo tipo, futbolísticas y en la convivencia. Durante el Mundial tuvieron que rendirse ante el buen fútbol que Argentina desarrolló por momentos, y muchos se subieron al temerario tren del exitismo, decretanto la coronación como resultado inexorable, diciendo que Diego “cambió para bien”, “madu-


ró”. Nada más acomodaticio. Su discurso, siempre prostituido y manchado por el show-bussiness, no hace más que adaptarse a lo que vende, bajo la égida de “el diario del lunes”. Lamentablemente tengo que decir que es lo que nuestra sociedad merece. Lo hablamos con un amigo minutos despues la derrota con Alemania, cuando los primeros buitres rondaban la cabeza del 10. Cortoplacistas, resultadistas y morbosos. Así son la gran mayoria de los argentinos, que consumen y repiten lo que dicen estos personeros de la irresponsabilidad periodística. Buscadores incansables de chivos expiatorios, trituradores de ídolos y desmemoriados. El rencor y el revanchismo de clase les salta por los poros. Lo sucedido despues del Mundial ya sobrepasa lo vergonzante. El manoseo meticuloso ejecutado por el heredero de Maquiavelo que se sienta en el sillón más mullido de la AFA desde hace treinta años para desplazar a Diego y la decepción por el accionar del doctor con apariencia de científico loco ya ni merece comentario alguno. Me quedo con la actitud del más grande. Para él, mi humilde réquiem. Al que logró que nos ilusionemos como hace mucho no sucedía (10 mil personas en Ezeiza, a sueldo, según Bonadeo, mmm... (la fuente, ¿Diego?). Al que cayó no negociando sus ideas, yendo al frente. El que hizo indignar a muchos presuntos ciudadanos modelo, por ejemplo cuando puteó al capitán griego como si estuviera en el barrio (“¡Karaguni puto!”). El que no cambió a su equipo de trabajo por un cargo. El que hoy puede dormir tranquilo, porque no vende tocuen (tocuen es cuento). Gracias 10, muchas gracias. Ojalá no te veas obligado a elegir entre la cicuta o el destierro, como Platón. Mi egoísmo no me deja verte con el buzo de DT de otra Selección. Un Caño y otros pocos reductos, únicos refugios de la voracidad pseudo-periodistica. A ustedes también: gracias.

Asunto: ¿FUTBOL PARA TODOS? De Juan Martínez

Buenas, les escribo luego de leer la nota de Pablo de Biase en el último número. Antes de que me salten con los tapones de punta, aclaro que estoy a favor de la Ley de Medios, de la lucha contra Clarín y de algunas otras políticas de este Gobierno, aunque también en contra de otras. Pero lo que me llama la atención y me inquieta es que, en el afán de reforzar una idea, por afinidad con un proyecto, se pasen por alto cuestiones no menores: De Biase dice que el Fútbol Para Todos permite que “cada hincha pueda ver gratis a su equipo en casi cualquier rincón del país”. Hay hinchas de más de veinte equipos (los que están en Primera, los únicos que entran en el acuerdo AFA-Gobierno, porque el Ascenso sigue siendo televisado por canales de cable), por lo que es enorme la cantidad de equipos que quedan por fuera de este beneficio. Además, la Televisión Pública no llega “a casi cualquier rincón del país”, sino que llega por aire a bastantes menos lugares (a los demás llega, pero por cable, pagando). Omitir cuestiones como éstas y subirse a un discurso muy bonito pero falso como el de “todo el fútbol gratis para todo el mundo” compromete no la credibilidad de quien habla, sino la veracidad, que es peor (porque un medio y un periodista no deben ser “creíbles”, sino veraces). Un caño: Es cierto lo que decís, Juan. El Fútbol Para Todos deja afuera a muchos equipos que no están en Primera

y la TV Pública no llega por aire a todo el país. Sin querer defender a Pablo, que efectivamente pudo haber hecho la aclaración, la referencia que hace en la nota es una mención general sobre el nuevo escenario de las transmisiones de fútbol.

Asunto: UN LECTOR MENOS De: Juan Martín Ugalde Es la primera vez que escribo a una revista y les quiero preguntar por qué son tan obsecuentes con el gobierno. Me repugna ver como tantas publicaciones que se dicen independientes están con el gobierno. Se que me van a tildar de gorila, no me interesa por que es mi opinión y no me la van a cambiar. Con respecto a la nota “Veinte años en la aldea global”, en una parte dice que con lo que se gastó en construir los estadios se hubiese podido construir miles de viviendas. Acá va mi duda: ¿No es lo mismo que pasa con el Fútbol para Todos? El gobierno gastó millones para mojarle la oreja a Clarín y a TyC sacándoles los derechos de televisación del fútbol o ¿será que tal vez no haya otras necesidades como viviendas, salud, educación y seguridad o tal vez soy tan gorila que estoy equivocado? Para terminar les digo que ni se tomen la molestia de publicar mi correo ya que no pienso volver a comprar la revista. Sólo les quería dejar mi opinión. Les sugiero que cambien de nombre y se llamen Un Kaño 6,7,8. Un caño: Nos tomamos la molestia de publicar el correo porque nobleza obliga. No respondemos a tus consideraciones porque no te vamos a hacer cambiar de opinión. Ah… el nombre de la revista no se mancha.

Asunto: REFLEXIVO De: Nahuel Espinoza Leer las ideas de otros me hace reflexionar y pensar que todavía, lamentablemente, parte de los argentinos pretende el país de los atentados contra la AMIA y la embajada de Israel, la venta de armas a Ecuador, los niños raquíticos de Tucumán, la Obediencia Debida y Punto Final, a Monzer al Kassar y Amira Yoma, la Masacre del Puente Pueyrredón, las privatizaciones salvajes, las relaciones carnales, la fiesta de pizza y champán, el asesinato de José Luis Cabezas, y más… En definitiva, la pobreza aguda y sufrida en todos los órdenes durante años. Las opiniones evidencian que muchos crecieron y se formaron al calor de estos acontecimientos y otros de gran pobreza social, cultural y política. Desde mi lugar, intento y seguiré luchando contra estas pobrezas para poder contar otro país, otra historia, otro fútbol. Repito la palabra pobreza una y otra vez porque ha sido el signo de una época y porque que todavía hay muchos pobres tipos.

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Asunto: LLEGÓ LA BOTELLA EN EL MAR De Nicolás Magri

Soy un lector silencioso, que siempre tuvo ganas de escribirles pero nunca lo hizo. Mi historia con Un Caño es muy loca... Corría el año 2006 y, quien suscribe estudiaba en la famosa Escuela de Ciencias Deportivas (dirigida por los mercenarios Niembro y Araujo). Un profesor me recomendó leerlos, y un día en parque Rivadavia encontré una revista de ustedes y la compré. Precisamente, en ese número, una nota, mencionaba a las carreras de periodismo deportivo y el curro de las facultades que las dictan... No hace falta describir mis sentimientos en ese momento, pero lo concreto es que dejé de estudiar en ese lugar. Decidí seguir el consejo de Víctor Hugo, y comencé a estudiar en la Universidad de la Matanza la licenciatura en la comunicación. A partir de ahí, compro todos sus números (los anteriores los conseguí por Internet) y soy un fan más. En fin, Un Caño me formó (y lo sigue haciendo) de alguna manera como persona, y cambió mi modo de pensar en cuanto al fútbol y todo el ambiente que lo rodea. Simplemente, quería agradecerles por ese caño que me tiraron.

Asunto: UN CAÑO, UN LUJO De Ricardo Gómez Aceptando la recomendación de un amigo, ingresé al mundo de Un Caño. Agradable sorpresa al leer las notas despojadas (o que intentan despojarse) de todo aquello que no hace a la belleza del juego, con enfoques que parecían perdidos. Felicitaciones y gracias. Un saludo muy especial para Mariano y Piqui, prestigiosos players de los Torneos del CEPA de los 80 y 90, con quienes tuve el gusto de campeonar en varias oportunidades. Abrazo. PD: Un pequeño detalle: en la nota Tutti Frutti, del número 28, hay una foto que refiere en el epígrafe al debut de García Cambón y sus cuatro goles a River. Esa foto no es de la goleada, sino del partido por el Campeonato Nacional que se jugó el mismo año (74). El arquero que está tirado en la foto es Perico Pérez, y el que soportó la goleada fue Fillol. Un caño: Recordamos a Ricardo como una gran volante, con marca, llegada y buena pegada. Fuimos campeones tres veces con Prensa Libre. Y gracias por detectar el error.

Asunto: UN KAÑO De Lucas Guerrico A todos los lectores que critican el oficialismo de la revista quería llamarles la atención y que se detengan un momento en el incomprensible artículo de Diego Bonadeo del numero 28 titulado “Biblias, calefones y recepciones”, donde desde mi humilde lugar de lector, el periodista se va del interesante eje que propone desde el copete hacia una crítica vulgar y despiadada hacia el Gobierno, haciendo relevos históricos dignos de Félix Luna o datos sin pruebas dignos de la revista Noticias, utilizando el deporte como excusa. Bonadeo es un periodista muy interesante y siento que escribió todo eso en caliente y con bastante odio, pero, al fin, ¡los muchachos anti K y anti Un Kaño allí tienen su panfleto! Ojalá siga esta plu40 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2010

ralidad ,que es muy interesante y que hace grande a esta revista. Parafreaseando un adjetivo de Bonadeo (que estaría bastante interesante que explique su procedencia y solución): que todo esto no sea un “kilombo”.

Asunto: INDIGNADO De: Christian Cudero Antes que nada quiero felicitarlos y agradecerles por la revista que mes a mes nos dan la oportunidad de leer. Sinceramente, son un oasis en el periodismo deportivo y, por qué no, en el periodismo en general. El motivo de estas líneas tiene que ver con la indignación que me generó ver y escuchar en la TV Pública a los voceros del imperio televisivo del fútbol. Obviamente, me refiero a los siempre comprometidos Tití Fernández y Marcelo Benedetto. Que sumados al Relator del Pueblo no hacen otra cosa que recordarnos lo mal que estábamos antes de la llegada del Fútbol Para Todos. Soy uno de los que celebró, como muchos de ustedes, la ruptura del contrato con Torneos. Pero me pregunto, ¿es necesario que estos personajes sean parte de lo que debería ser una renovación? De un espacio que tendría que ser para gente nueva, sin pasado turbio, o para gente que nunca tuvo lugar dentro del monopolio. La verdad es que me da la sensación de que nos siguen tomando el pelo. La única diferencia es que ahora lo hacen desde adentro. Ojalá alguien algún día lo entienda de esta manera y realmente cambien esas cosas. Así como también deseo que realmente haya un control sobre los clubes y el dinero que reciben de la televisación.

Asunto: LAS CHICAS DE CHEB De Mabel Pagano Estimado Pablo, en nombre de las 26 autoras que integramos esta antología “futbolera”, y también de su editora, Analía Martínez, quiero agradecerle el comentario que salió en el número 28 de Un Caño, donde usted hace un análisis interesante y ajustado respecto al contenido del libro. Un cordial saludo, y estamos felices de que le haya gustado nuestra obra.

Se nos fue un compañero Adrián Soria era quemero. Perfil bajo, cuerpo redondo, amante de la pesca de río y amante de la prensa gráfica. Hombre de batalla. Ya había tenido sus aventuras editoriales antes de que lo conozca. Llegó a La Mano y se cargó esa revista sobre los hombros. Y fue uno de los fundadores de Un Caño, cuando la revista ni siquiera era un sueño. Era pila, le ponía tanta pila a su profesión que terminó siendo víctima indirecta de ella. Yo digo que fue el stress. Como ya dijimos, es difícil ser editor independiente. Lo vi a Adrián dos días antes de su primera partida, y le insistí varias veces para que fuese a un médico. Tenía mil quilombos en su cabeza y siguió tapando agujeros hasta que se desmoronó. Ahora se fue, con su perfil bajo, ya sin cuerpo, pero seguramente pescando en los mejores ríos. Ralph Rothschild


Periodismo Deportivo para todos

En medio del lanzamiento del Fútbol Para Todos, la Universidad Nacional de La Plata fue la primera en el país en incorporar una carrera de Periodismo Deportivo. Desde 2009, una estupenda manera de poner fin a los negocios de las escuelas privadas de periodismo. Brindamos por el efecto contagio. Por MARÍA FLORENCIA ALCARAZ

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uando en 2009 Emiliano evaluó la posibilidad de viajar desde Santa Rosa a Buenos Aires para estudiar Periodismo Deportivo, se dio cuenta de que al costo de la estadía debía sumarle una cuota de 500 pesos por mes en un instituto privado. No podía encarar ese gasto, y optó por anotarse en Comunicación Social en La Plata. Al inscribirse en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se encontró con la sorpresa: ese año se abría la Tecnicatura Superior Universitaria en Periodismo Deportivo, la primera y única experiencia universitaria de gestión pública de este tipo en todo el país. Ahora cursa segundo año y dice que luego va a seguir Comunicación, ya no como única alternativa, sino como una elección a conciencia. De las 21 materias de la Tecnicatura, 18 se corresponden con la Licenciatura: “el proyecto tiene como anzuelo al periodismo deportivo, para que el estudiante pueda llegar hasta el doctorado en Comunicación”, explica Claudio Gómez, profesor de la materia Periodismo Deportivo I y ex vicedecano de la Facultad. Todo comenzó en 2007, cuando las autoridades de la UNLP entendieron que debían responder a las expectativas de muchos ingresantes que se presentaban creyendo que se dictaba Periodismo Deportivo. También observaban que un alto porcentaje de estudiantes de Comunicación realizaba sus tesis con temas vinculados al deporte. En la primera camada, ingresaron 291 estudiantes. Este año, los nuevos alumnos fueron 193. Hacia finales de 2011, la UNLP tendrá sus primeros egresados en esta disciplina. En el país existen una treintena de institutos terciarios pri-

vados que ofrecen la posibilidad de estudiar Periodismo Deportivo en tres años, pagando cuotas que superan los 500 pesos mensuales. El 50% de esta oferta se concentra en la ciudad de Buenos Aires. Según una breve encuesta realizada para esta nota, ocho de cada diez egresados eligieron este tipo de educación por no haber encontrado oferta en la educación pública. La mitad de ellos lo hizo con la ilusión de una salida laboral rápida, aunque sólo algunos “abrazaron la gloria”, accediendo al siniestro sistema de pasantías de estas instituciones.

La generación del Fútbol Para Todos Paola es de Gualeguaychú. De chica soñaba con comentar los partidos de Boca, y cuando se enteró de la nueva carrera, se anotó sin pensarlo. Dice que no habría podido estudiar si hubiera tenido que pagar. Carlos es de 9 de Julio. También eligió la UNLP, y destaca que, en su caso, al igual que en los de muchos que vienen del interior, llegar a una universidad pública sigue siendo difícil. Gómez relaciona la Tecnicatura con otras posibilidades que se están dando. Cree que el Fútbol Para Todos, la Ley de Medios y la de Matrimonio Igualitario “son transformaciones que la sociedad estaba exigiendo. Cuando las cosas surgen así, no se dan por espontaneidad, sino que son procesos sociales. Hay una idea de abrir espacios que estaban cerrados y que se van a ir relacionando en la medida que sean de prácticas libres.” La cancha se abrió no sólo para que podamos disfrutar del fútbol como espectadores, sino para que también aquellos que quieran ser emisores del mensaje puedan hacerlo de manera gratuita y libre.

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El Woodstock de la pelota

Sudáfrica 2010 no fue el único Mundial de fútbol que se disparó este año. Sin TV, sin sospechas de arreglos y sin futbolistas hiperprofesionales, veintitrés equipos con legados políticos y consignas sociales se juntaron en Inglaterra para defender sus colores y su ideología. Por MIGUEL PARODI

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a argentinidad al palo hubiese hecho su aporte a la causa. La prosa tribunera de exportación cuenta con ritmos populares y capacidad de adaptación a las circunstancias. Los letristas podrían haber sugerido, por ejemplo: “Tomala vos/ dámela a mí/esta es la banda/la de Lenín”. O “Hay que saltar/hay que saltar/gritemos todos/por Carlos Marx”. Con Trotsky, la canción también hubiese tenido sentido, pero no ingenio para la rima. Terminó la llamada Copa Mundial Alternativa, algo así como el lado B de Sudáfrica 2010. Con legados políticos y consignas sociales, los veintitrés equipos participantes (no hubo argentinos) ya están de vuelta en sus países. De sus valijas, los jugadores sacaron las camisetas transpiradas, los pantalones cortos con verdín y las medias raídas. Los trapitos se lavan en casa. Pero, además de las ropas, en el catálogo de viaje de los jugadores hubo un objeto de culto con el que no contaron Messi, Cristiano Ronaldo, Kaká, Iniesta y compañía: el manifiesto comunista. Marxistas y anarquistas de Lituania, Polonia, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Escocia, Suecia y Brasil se juntaron en Inglaterra y desterraron la cara salvaje del deporte que más factura en el mundo. “Practicamos la libertad a través del fútbol”, consignó en su página web el República Internacional FC, de Leeds, uno de los equipos participantes. El éxito de la Copa patentó el futuro (el torneo se seguirá disputando de aquí

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en adelante) y destronó al pasado. El diario anarquista La Protesta había escrito en 1917 contra la “perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo”. La sentencia apuntaba, además del fútbol, a la religión: “Misa y pelota: la peor droga para los pueblos”. Más de un siglo después, el fútbol fue la excusa para practicar el socialismo. “Los valores se expresan en la acción”, le cuenta a Un Caño Leandro Lamin, jugador del Autónomos FC, de Brasil, “un equipo con un ideal de autogestión, antirracista, antifascista, contra la mercancía de fútbol”,

movimiento hippie duró un par de días (del 7 al 9 de agosto), en los que se jugó un campeonato relámpago que consagró como campeón al Bristol Easton Cowboys, de Inglaterra. El jogo bonito de Autónomos despertó simpatía en los espectadores imparciales. Cuenta Leandro, capitán del conjunto paulista: “un holandés hinchó para nosotros por cómo jugábamos y hasta se metió a la cancha, todo mojado por la lluvia, para festejar un gol que nos dio el pase a la tercera ronda”. Nadie se sorprendió ni amagó con una cacería detrás del colado. La seguridad

“Las concentraciones eran en casas rodantes, cabañas y carpas” (Kaz, jugador Inglés) dice Kadji Omán, uno de los fundadores. Y agrega: “durante la Copa, todos los equipos predicamos la paz de los pueblos, contra el racismo, el sexismo y el fascismo”. La convivencia no fue en lujosos hoteles, como suele exigir el show business montado por FIFA cada cuatro años. “Las concentraciones eran en casas rodantes, cabañas y carpas ubicadas en espacios verdes”, aporta un inglés llamado Kaz, que ganó fama por su apodo: Jack Daniels. Una buena definición con derecho de autor corresponde al brasileño Valdivia: “la Liga parecía un Woodstock de la pelota”. El revival sesentista del

de ese lugar en el mundo fuera del sistema corría por cuenta de cada uno. El combo comunista incluyó intercambio de camisetas al final de cada partido y respeto por el rival durante el juego. El rubro estadístico más celebrado fue el de las expulsiones: cero en toda la Copa. Para entender el comportamiento de los jugadores sirve lo que reza uno de los lemas del República Internacional Leeds: “Los jugadores deben reconocer que al fútbol se juega, en primer lugar, para la diversión”. Su entrenador aclara vía mail: “si bien los muchachos se comprometen con el rigor físico y competitivo, acá es inadmisible


un comportamiento agresivo o violento”. Hubo equipos integrados por mujeres que también participaron de estos particulares partidos: siete de cada lado, enfrentados en dos tiempos de treinta minutos. El staff femenino contó con menos formaciones que los hombres, pero alcanzaron para refrendar el espíritu de integración de géneros. “No importaba si eran hombres o mujeres; lo que valía la pena era la oportunidad única de conocer a los trabajadores independientes y a sus jugadores. Y socializar con todo el mundo”, resume Danilo Mandioca, un educador popular que acompañó a la delegación de Autónomos FC. Leandro sonríe acerca del ecuménico encuentro de las izquierdas: “Nosotros éramos los barbudos de América, como diría Fidel Castro”. Del continente americano, sólo los brasileños viajaron para jugar la Copa. Sin embargo, después de la experiencia, prometen contagiar a más equipos sudamericanos para “la integración”, según señalan. La financiación no fue sencilla. Para juntar los manguitos para la birra y el avión, los integrantes de Autónomos hicieron rifas, vendieron camisetas rojas y negras con el escudo anarquista, y el resto fue aporte de los europeos que se congregaron en la ciudad inglesa de New York, cerca de Leeds. Los desgastantes partidos, concentrados en pocas horas, motivaron que muchos tuvieran que dormir al costado de la cancha, mientras esperaban su turno nuevamente para entrar en acción. Era parte de la escenografía de deportistas que tomaban agua de día y festejaban de noche con bebidas alcohólicas tanta confraternidad. “Al otro día estábamos listos para jugar”, repara Valdivia, de Autónomos, eliminado en semifinales. El delantero fue la gran estrella y sumó popularidad al estilo Ronaldo. Tiene carisma y es un gran jugador, coinciden sus compañeros. Grafica el capitán: “nos gusta contar la historia de un chico que compró una camiseta del equipo, pero no quería una cualquiera. Pidió la número 7, la de Valdivia. ¡Increíble. No tenía más de nueve años, era inglés y conocía el nombre de nuestro compañero!”. El último día fue un shopping abierto para que los hinchas se quedaran con la indumentaria de los equipos. “Fue emocionante ver cómo los más chicos y hasta

los ancianos compraban las camisetas de Autónomos”, destaca Leandro. De todos modos, el mayor estímulo fue a través de los hechos intangibles. “Destacamos, sobre cualquier otra cosa, la integración de los pueblos”, señala el capitán de los paulistas. Valdivia, de vincha, aporta: “fue una gran experiencia, rodeado de verde, durmiendo en el pasto. Y todo en la misma línea de paz”. La poderosa FIFA se jacta de tener más miembros que la mismísima ONU. La Liga Amateurs de Yorkshire apenas contó con equipos de un puñado de países. Sin embargo, con escasos recursos, logró montar un Mundial genuino. Sin TV, sin sospechas de arreglos, sin futbolistas hiperprofesionales y lookeados como actores de Hollywood, la idea madre fue luchar contra las diferencias. Hace unos meses, el escritor Eduardo Galeano le dijo a Página 12: “Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario

independiente de izquierda. Se llamaba Época y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Éramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el ‘opio de los pueblos’. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de hacer que la gente no piense. Ahora, los intelectuales no tienen vergüenza”. También para gusto de Galeano, en New York hubo un Mundial de fútbol. A la izquierda de Sudáfrica 2010.

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El partido de su vida

Después de semanas inundadas de comentarios, reflexiones y barbaridades sobre “la vieja Selección”, llega el turno del equipo de Sergio Batista. Román explora las marcas de identidad en el último partido frente a Irlanda, y las que asoman para el choque con los campeones del mundo. Por ROMÁN IUCHT

H

ace dos años que Sergio Batista esperaba este momento. Desde que Alfio Basile dejó de ser el entrenador de la Selección argentina, creyó que ya era su tiempo. Si los hombres se expresan por sus decisiones, su negativa para ser un subordinado de Maradona marcaba su ambición de estar en lo más alto de la pirámide. Con la misma paciencia con la que distribuía desde la mitad de la cancha, con el mismo olfato con el que intuía la dirección de un pase para interceptarlo a pura inteligencia, así aguardó su tiempo. Y ese tiempo llegó. Y ese tiempo es hoy, aquí y ahora. El partido ante Irlanda no fue suyo, sino heredado. Sin embargo la distribución de sus hombres en el campo, le sirvió para marcar territorio. La vida es una calesita y el Checho lo sabe. Por eso la acumulación de mediocampistas centrales quedó como el dato saliente de un partido para el cual invertir semejante cantidad de palabras ya parece un despropósito. Como juego hubo poco, lo externo cobró un protagonismo interesante. Mascherano, Gago y Banega superpoblaron el eje medio del campo, y aunque fue evidente que, por sus características, uno de los tres sobraba, no sólo convivieron en simultáneo, sino que fueron de los pocos que jugaron los noventa minutos. Cuestión de principios, que le dicen. Si la idea era dejar su sello con algún dato

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que superara la estadística, el objetivo se logró con creces. Ahora llega España. Al momento en que redactamos estas líneas, la lista para el partido del 7 de septiembre ya es una realidad, y de ella se desprende una idea central. Batista no cita apuntando al futuro. Decide como si hubiera sido ratificado, pero sabe que aún sigue siendo interino. Convoca pensando en probar, pero es conciente de que un buen resultado es definitivo para sus pretensiones. Más allá de que el encuentro marcará la inédita posibilidad de ver en acción a los jugadores en esa semifinal que se soñaba y no pudo ser, para los jugadores no hay demasiado en juego. Por el contrario, Batista sabe que es el partido de su vida. Que una buena actuación, si es con triunfo incluido mejor, le abrirá de par en par la puerta del complejo de Ezeiza, pero ahora para utilizar el vestuario del entrenador del Seleccionado Mayor por los próximos cuatro años. Las presencias de Zanetti, Cambiasso, Milito y D´Alessandro buscan diferenciarse del ciclo anterior, pero además delatan

la imperiosa necesidad de triunfo. No parecen ser todas citaciones que apuntan al futuro, independientemente de la jerarquía de los jugadores. El retorno del Pupi surge más como una reivindicación que como un dato a largo plazo. Zanetti jugará ante España uno de los partidos que no pudo jugar en Sudáfrica. En su foja de servicios no cambiará mucho, en la de su seleccionador puede modificarse todo. Cambiasso es un mimado de Batista. Llega para ser titular. Su pedido popular también define a los hinchas. Cuando la Argentina se quedó afuera del mundial de Alemania, el Cuchu fue de los más castigados. Cuatro años más tarde, es considerado una pieza clave. La vuelta de Milito se comprende como una inyección a su recuperación luego de su seguidilla de lesiones, y la del cerebro del Inter de Porto Alegre, como la del retorno del los “enganches”, con Andrés en tiempo presente y Román en futuro perfecto. Sólo la ausencia de Pastore resalta entre las bajas. Sus condiciones y su crecimiento expansivo invitan a acompañar su evolución en un marco de Selección, pero será el tiem-

El modelo que levantó la copa del mundo hace pocos meses no se reduce a la mera presencia de un Xavi o un Iniesta.


po, como siempre, el que se encargue de darnos una respuesta a su salida del plantel, sin caer en la tentación de tejer todo tipo de especulaciones. Los elegidos de Batista delatan su intención de agradar, de complacer a la mayoría. El Checho está en plena campaña electoral, y como buen político en campaña, quiere elevar su imagen positiva. Llamó a los que pedía la gente antes del Mundial y a los que reclama ahora, observando la furiosa actualidad. Sabe que debe captar adeptos y que la era post-Maradona, más allá del Waterloo ante Alemania en Ciudad del Cabo, es un desafío aún para el más valiente de los técnicos. Apuntando al juego, la pretensión de copiar la fórmula de España es mucho más compleja que la puesta en la pizarra de las fichitas ocupando espacios a semejanza del equipo de Del Bosque. Si se quiere tener a un Messi cómodo, haciendo del Monumental una sucursal del Camp Nou y del equipo argentino una franquicia del catalán, será necesario hablar de un proyecto en serio y dejar de bastardear una palabra que se repite tanto que ya está vacía de contenido. Está buenísimo querer parecerse a los mejores, poniéndole nuestro sello, pero el modelo que levantó la copa Copa del Mundo hace pocos meses no se reduce a la mera presencia de un Xavi o un Iniesta dentro del campo de juego. La creencia en una idea, su desarrollo y sus frutos no se dan por generación espontánea y acelerando los tiempos de evolución. Los dardos dialécticos que volaron en las últimas semanas no se evaporan como la mugre que se oculta debajo de la alfombra. Con una decisión cómoda, se cometieron dos errores. Hoy y a esta hora, la Selección tiene dos técnicos interinos en sus selecciones Mayor y Juvenil, y ninguno está confirmado en su puesto. Pensar en el estilo antes de definir a quiénes lo pondrán en práctica es como definir el color de las paredes de los cuartos sin definir al arquitecto que construirá la casa. ¡¡¡Teléfono para varios!!! La cita será el martes 7 a las cinco de la tarde. En día hábil y en pleno horario laboral, Sergio Batista se juega el puesto en su trabajo. Su capacidad no puede medirse en una jornada, pero las cosas son así, y el desafío le está golpeando la puerta en su despacho.

Batista llamó a los que pedía la gente antes del Mundial y a los que reclama ahora, observando la furiosa actualidad.

El 7 de septiembre frente a España se resolverá si Batista será el sucesor de Diego.

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Aquel Didí sí que era un Cappa

Cual equipo del 71, bajo la advocación del genial brasileño, River pone la mira en el sencillo objetivo de jugar bien y ganar. Lo hace con la filosofía de un entrenador que apuesta a combinar jóvenes y experimentados que hablen el mismo lenguaje. ¿Podrá? El intento bien vale esta nota, que se mete en los recovecos del pasado y del presente. Por FERNANDO PACINI

“Toquen, pasen la bola… Si hay que jugar para atrás, jueguen. Toquen, muévanse. Vamos a tratar de jogar bonito”. Cuentan que así les hablaba Waldir Pereira, Didí, a sus jugadores en las prácticas de 1971. Llegaba para armar un nuevo River. El River de hoy, como aquel del 71, también aspira al título. Aunque no está claro si por la obligación histórica de pensar en grande o para aventar los fantasmas de la promoción y el descenso. En cualquier caso, precisa una buena campaña, independientemente del huevo o la gallina. Aquel River, como el actual, también atravesaba un momento crítico. Nadie imaginaba que faltaba un tiempo para terminar con esa maldición de dieciocho años. Sin embargo, Didí tomó una decisión poco frecuente para alguien obligado a salir campeón: renovó el plantel descartando experiencia y llenándolo de juventud. Los nombres de J. J. López, Morete y Alonso empezaron a sonar cada domingo y a instalarse definitivamente. Hoy, Cappa diseña el plantel haciendo base en el oficio de jugadores con mil ba-

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tallas, pero también volviendo la vista hacia las divisiones inferiores. Ni aquello de que “los pibes ganan partidos y los grandes campeonatos”, ni “todos los jovencitos” de Didí. Una mezcla, un punto de equilibrio entre juveniles y experimentados. Carlos Manuel Morete no ahorra elogios para Didí: “hizo una revolución: renovó el plantel por completo, trajo un montón de chicos. Fue uno de los técnicos más simples que tuve. Nada de pizarrón, todo sencillo, sin misterios”, dice. “También es cierto que nos comimos algunas goleadas… Nos faltaba experiencia”, agrega. Cappa no descarta pizarrones ni veteranos; a ellos los considera líderes. Almeyda arrancó la pretemporada sabiéndose suplente, pero un par de partidos después ya había convencido al entrenador. Ortega, dicen, está en forma y entusiasmado.

Carrizo (joven veterano) declara maravillas de la convivencia grupal. Arano, Ferrero, Pavone… Posiblemente Cappa haya buscado tres cosas en el plantel: armonía, oficio y juventud. Y entones confirma a Funes Mori, empiezan a ser titulares Affrancino, Pereyra, Lanzini… Si el clima es conveniente, probablemente aparezcan nuevos apellidos en el curso del año. Alguna vez Florentino Pérez resumió en una frase la filosofía que quería para su Real Madrid en épocas galácticas: “Zidanes y Pavones”, dijo, para explicar que sólo jugarían los mejores y los de la cantera. Passarella y Cappa podrían decir ahora “Almeydas y Affrancinos”, si estuvieran buscando un buen slogan para definir a este River. En una breve conversación, Cappa me dice: “lo primero que uno pretende en un

“Didí fue uno de los técnicos más simples que tuve. Nada de pizarrón, todo sencillo, sin misterios” (Carlos Morete).


plantel son buenos jugadores. Si luego hay una buena combinación de juventud, madurez y armonía dentro y fuera de la cancha, mucho mejor”. Y agrega que está “muy conforme con su plantel, que hay líderes positivos, mucha generosidad y compromiso”. Después hablamos del juego, de cómo convencer a los jugadores de que el toque y la posesión son elementos imprescindibles para producir ataques de mejor calidad: “lo van descubriendo en los partidos, los jugadores comprueban que es mucho más sencillo disponer del balón. El ataque vertical no existe, eso sí que es una abstracción. Si uno quiere entrar directamente a un edificio y hay un portero cuidando la entrada y va ‘verticalmente’, se choca con el portero; en cambio, si uno le dice que mire un lindo pájaro que está sobre un árbol, lo está engañando, confundiendo. Y entonces tal vez mire para arriba y yo pueda entrar”. En su libro La intimidad del fútbol, Cappa dice en la página 122: “se toca, precisamente para jugar bien. El toque es el fundamento de este juego… El toque no es una opción estética, sino una necesidad… Claro que el toque necesita una velocidad y un criterio, para no caer en la intrascendencia”. No es un capricho ni una herramienta antigua. Es parte esencial de la elaboración. La forma más eficaz de procurar espacios es combinando toque y movimiento, desde siempre y con cualquier sistema. Hay una corriente que se ha obstinado en desprestigiar al toque, que lo ha puesto del lado de los perdedores. No es así. Sólo que no se castigan de la misma manera las derrotas, dependiendo de quién esté sentado en el banco. Entonces, a Mourinho se lo presenta siempre como ganador, aunque pierda. “Toquen, pasen la bola… Si hay que jugar para atrás, jueguen. Toquen, muévanse…”. Algo parecido debe decir Cappa en los entrenamientos del River actual. Sin la tonada musical de Didí, con recursos más modestos que los de aquellos años. Y con un mensaje parecido.

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Más rápido que un bombero

A falta de interés genuino por este campeonato, campea cierta urgencia boba por enviar gente a la guillotina, decretar campeones, equipazos y súper estrellas sin tomarse el mínimo e indispensable trabajo de cotejar tales presunciones con la esquiva realidad. Fútbol y ficción. Por ALEJANDRO CARAVARIO

E

n el momento en que escribo estas líneas, Boca acaba de perder con All Boys 2-0 y el propio Claudio Borghi, previendo la paciencia de corto alcance que distingue al fútbol, anuncia que el partido ante Vélez determinará si continúa en el club o sale más que rápido de la escena. De modo que cuando los lectores de Un Caño se crucen con esta nota (y la salteen preventivamente), la suerte del entrenador de Boca ya estará echada: la hemorragia habrá cesado antes de llegar al río o, en efecto, el sereno Bichi habrá cumplido su oscuro vaticinio y se habrá despedido de la tribuna boquense para dedicarse a tareas más amables. Entre paréntesis: creo que Borghi propone su renuncia como el curso normal de las cosas porque lo fastidia el pasatiempo que entre otros entrenadores es moneda corriente: enfrentar cada conferencia de prensa sólo para aventar versiones sobre su despido y justificar por qué se les debe mantener el cargo y el sueldo. Un paso teatral que, sospecho, aniquila la voluntad del técnico. También imagino que a un profesional avezado, honesto de palabra, de obra y de omisión, le debe costar sentarse todas las semanas en la silla menos grata del estrado a soportar los dardos solapados de sus fiscales con grabador. De todas maneras, se quede o no donde está el gran Bichi, lo que aquí se plantea no varía. Y es cierta urgencia boba por enviar gente a la guillotina, decretar campeones, equipazos y súper estrellas sin to-

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marse el mínimo e indispensable trabajo de cotejar tales presunciones con la esquiva realidad. Porque, en paralelo a la condena precoz que pesa sobre Borghi (que él, sumisamente, no sólo acata, sino que enarbola como un desenlace de perfecta coherencia), las sirenas también cantan loas a la seguidilla de victorias de River, el equipo al que Ángel Cappa parece haberle dado no sólo espesor de juego sino un poderoso suplemento de autoestima. Pero mucho antes de que Ortega confirme si su milésimo regreso es confiable (y si asimiló que debe suplir la cintura perdida al calor de los años con la inteligencia adquirida también en su lucida carrera), y mucho antes de que el novel Lanzini se perfile como un futbolista influyente (entre otras situaciones embrionarias, hipotéticas), ya se habla de un River casi campeón. Las crónicas colocan el acento en el optimismo de los hinchas y, bajo esa presión irresistible, los jugadores y el técnico aceptan decirles a los periodistas que la idea de la vuelta olímpica también los ronda como

utopía secreta. Y así se arma la cajita feliz de augurios a medida.

Plazos y aplazos Curioso que los medios fagociten diecisiete fechas como si fueran un estorbo y ya batan el parche del gran final o pulsen la cuerda grave de las exequias. Curioso porque uno viene con el oído acostumbrado a la defensa de los “procesos largos”, los “proyectos” y las refundaciones, a propósito de la actuación de la Selección de Maradona en Sudáfrica. Magra cosecha, según un consenso un tanto oportunista, atribuida al amiguismo y otras formas de la improvisación. Señoras y señores: el fútbol, como otras actividades de altísima compensación en metálico cuya mercancía es el éxito, no puede permitirse la construcción paciente de, digamos, una organización dedicada a la investigación científica. Exige resultados visibles y cotizables y, de no obtenerlos, cambia de actores, recicla el entusiasmo. Todos los

La trama semanal es el desquicio de Boca y la resurrección declarada, y con destino de vuelta olímpica, de River. Ojo, todos sabemos que el argumento es ilusorio, un esfuerzo de producción para que la tensión no decaiga.


entrenadores firman la cláusula implícita que consiente su propia eyección en caso de emergencia. Gerentes con buzo de fajina, los DT trabajan bajo la misma lógica que sus pares de corbata y BlackBerry. El tiempo se compra con resultados. No sólo títulos: también cuentan la promoción de futbolistas y la consolidación tangible de una estructura de inferiores. El futuro. Pero no el tiempo como concesión amigable, como garantía de libertad e inspiración; eso sería mecenazgo. Pensándolo bien, los medios, al vocear estas premisas del deporte recreativo, no hacen más que escupir al cielo. ¿Qué ofrecerían como tema convocante, si se dispusieran a esperar que los entrenadores trabajaran distendidos? ¿Cuánto se depreciaría el rumor semanal si la prensa sólo emitiera juicio una vez que el equipo en cuestión

tuviera un razonable tiempo de rodaje? Si no hubiera movidas de piso, corrillos adelantando despidos, pasos en falso, puterío más o menos elegante, visos de conflicto, aires de desgracia, ¿de qué hablaríamos? ¿De la creciente cohesión que demuestra el plantel de Boca? ¿De la oferta defensiva comparada de la línea de tres? Aburridísimo. Y en la otra esquina, la festiva, ¿estamos en condiciones de tolerar el tiempo de maduración de un futbolista adolescente promisorio sin consagrarlo crack y sucesor de alguien? ¿Luego de dos triunfos al hilo de un equipo vendedor (con Racing pasa siempre), nos abstendríamos de postularlo como un campeón muy factible?

La ficción necesaria Todos están en situación de urgencia

permanente. Y el que más es el periodismo, justamente la voz más crítica de las urgencias. Entonces, a tres fechas del torneo Apertura, se habla de renuncias y perfiles de campeón. Es cierto que Boca jugó horrible, sin siquiera la tenacidad que se exige a un grupo de jugadores con un respaldo tan numeroso. Que demostró haber sido impermeable a cualquier mensaje organizativo, a cualquier previsión táctica. Si todo sigue así, con toda justicia Borghi deberá irse. Pero en la cuarta fecha... A mí me suena a que estamos cortos de guión. Es difícil, incluso para los hinchas más conformistas, engancharse con el torneo. Ni los equipos, ni las figuras (?) invitan a permanecer un partido entero con la tele clavada en Canal 7. Por no hablar de los audaces que escarban los bolsillos y financian el oneroso domingo en la cancha. Vélez juega bien, y ahí creo que hay que parar de contar. ¿Qué jugador, salvo los veteranos de River y Boca, erotizan por sí solos a la tribuna? ¿Moralez (otra vez Vélez)? Por eso fraguamos la genialidad de Lanzini, argumentamos con el deseo y gastamos adjetivos a cuenta de un jugador de 17 años que quizás un día será grande. El acotado fútbol de 90 minutos tiene, desde siempre, un eco apasionante el resto del tiempo. El fútbol es, básicamente, discurso y especulación populares. Un juego de mesa. Pero ante este campeonato exangüe, sin Mundial ni sucedáneo internacional a la vista, la trama semanal es el desquicio de Boca y la resurrección declarada, y con destino de vuelta olímpica, de River. Los demás tópicos acompañan, rellenan el menú informativo. Ojo, todos sabemos que el argumento es ilusorio, un esfuerzo de producción para que la tensión no decaiga. Aún así, participamos de esa realidad virtual, exagerada para que el show continúe. Como en el programa de Tinelli, donde no pasa nada más que las peleas de conventillo, mal actuadas pero rendidoras. A punto tal que la televisión del día siguiente vive de las esquirlas del combate, de las migas babeadas del banquete. Quiero decir, nadie se cree esa verbena de aprendices de vedette y divas decadentes, pero se la celebra. Forja una agenda ridícula que, sin embargo, suma porotos en el rating. Con más decoro y mejores libretos, el fútbol acude a una ficción similar.

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“Me gustaba más ver a Bochini que a Maradona”

Matute Morales, el enganche nostálgico que hoy viste la camiseta de Huracán, repasa con ojos de veterano las miserias y virtudes del fútbol de hoy. Su discurso resulta un placer: en tiempos de jugadores híbridos, defiende la existencia de su puesto y destaca el papel de los especialistas. Un homenaje a la simpleza. Por ANDRÉS ELICECHE Fotos MAXI FAILLA

T

ornero, maestro, albañil, bancario, médico… O enganche. Si la división del trabajo delimita funciones, ¿por qué la del fútbol mezcla todo? Bien podría Matute Morales, conocido en el documento como Ángel Alejandro, levantar la bandera de esa protesta. Porque él, a sus 35 bien llevados, sigue haciendo fuerza para que sobrevivan los especialistas. Nada de un poquito tornero, otro tanto maestro, a veces albañil, bancario en los ratos libres y médico si hace falta. “Es difícil que se juegue con un enganche. Es un especialista que no sirve en otra posición. Hoy los polifuncionales son los más buscados, aunque no terminen rindiendo bien en ningún puesto. El fútbol empezó a emparejarse para abajo desde que se terminaron los especialistas. Si el dos puede jugar de dos y también de cuatro, lo más probable es que no juegue bien en ninguno de los dos lugares”, se planta Matute, en la cocina de la casita de los viejos, allí donde Sarandí se llama Villa Domínico. “Falta formación desde la base”, amplía. “A los chicos se les exige ganar como sea desde las juveniles. Después llegan a Primera y tienen deficiencias técnicas, como si tuvieran cinco años. Entonces se

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hace muy difícil. Los que trabajan bien son los que después salen campeones, porque tienen una estructura firme. Que Lanús, Estudiantes, Vélez y hasta Banfield anden siempre bien no es casualidad, es causalidad”, diagnostica. No dice Independiente, aunque le gustaría: allí transitó su formación con entrenadores que recuerda con afecto: Mura, Rambert… “Iba con mi viejo en bicicleta a entrenarme. Nosotros, en mi casa, nos la pasábamos jugando a la pelota. Somos cinco hermanos, y a todos nos gustaba. Con una pelota nos divertíamos, éramos felices”, revuelve en su adolescencia. Pero volvamos a su tema de cabecera. –¿Por qué creés que todavía vale la pena jugar con enganche? –Los mejores del mundo usan la diez. Tendría que haber más reconocimiento a esa posición. Pensá en Pelé, Maradona, Zidane, Messi... Somos los que le damos lujo al fútbol, esa gambeta que otros no pueden hacer. Sabemos controlar de primera, ordenamos, tenemos buena pegada. Pero claro, cuando el equipo va perdiendo siempre se le apunta al diez. Si se defiende mal, hay que sacar al diez. Si no se llega al otro arco, es culpa del diez.

Hay que estar bien seguro para jugar en esa posición. Mi hijo Matías, que juega en la prenovena de Estudiantes, quiere ser diez. Yo ya le voy advirtiendo… –A los que juegan en ese puesto hoy se les pide más cosas que cuando vos arrancabas en Primera. –Ahora, de grande, aprendí algunas cosas más. Sé que no puedo competir con un pibe de 20, entonces tengo que ser más vivo para llegar antes a una pelota por ubicación, por ejemplo. Corro menos, pero mejor. Y mejoré en lo táctico. –En Independiente tenías uno a mano para aprender. –Sí, admiraba mucho a Bochini. Me gustaba más verlo a él que a Maradona. Destaco su posición en la cancha, su visión de juego, el hecho de saber leerlo. Mientras hacía las inferiores, me encantaba seguirlo. Siendo alcanzapelotas en partidos de Primera, me han quedado grabadas un montón de jugadas del Bocha. Y Valderrama también me parecía un genio. Se movía en un espacio chiquito, pero siempre encontraba el hueco para filtrar el pase. Lo que hizo en el 5 a 0 en el Monumental fue impresionante. Este especialista es también un tro-


tamundos. Doce clubes figuran en su currículum. “¿Doce? No sabía, no los tengo contados”, se ríe. “Muchas veces me fijaba si me gustaba el club, en otras me elegían los técnicos. Eso te aseguraba una continuidad, porque si te llevan los dirigentes corrés el riesgo de no entrar en el sistema del entrenador y después te la pasás sentado en el banco”, explica, o en realidad recuerda algunas experiencias. Después de Independiente, la lista incluye, en orden de aparición, a Platense, otra vez Independiente, Sampdoria, Mérida, Racing, Cruz Azul, Veracruz, el regreso a Racing, Dorados, Banfield, Olimpo, Nacional y ahora Huracán. Bucear en su memoria es subirse al mapamundi y hacerlo girar a toda velocidad. Es toparse con olvidos lógicos y algunas historias tragicómicas. La iniciática tiene fuerza en sí misma: Avellaneda empezaba a ser sólo un lejano punto de referencia. “Me fui a la Sampdoria a los 22 años. Me acuerdo de que en la presentación había como veinte mil personas. Los tipos me habían enseñado un par de frases en italiano para que dijera, así quedaba bien. Pero no me salió nada, así que hablé en castellano todo el tiempo. Me miraban en silencio, nadie entendía. Hasta que al final, me paré y mandé ‘Forza Sam’. Ahí me aplaudieron”, revive. Pasada la anécdota, empezaba la verdad: “Fue un golpe grande, era la primera vez que me despegaba de mi familia. Estaban el Flaco Menotti, que me llevó, y la Bruja Verón. Pero yo era un poco rebelde y quería que las cosas fueran como me gustaban a mí. Era impaciente. Si no lograba mis objetivos rápido, me quería ir a otro lado. Si no jugaba, estaba todo mal y la culpa era del técnico. Cuando me tranquilicé, me empezó a ir mejor, pero esa etapa de Italia ya había pasado”. Un gol a la Juventus, el único que hizo en la Sampdoria, y haber compartido plantel con Klinsmann son, acaso, las mejores cosas que le quedaron de haber vivido en Génova. Bueno, sin contar el auto. “El club tenía un acuerdo con Opel, que les hacía un descuento del 30% a los jugadores. Yo había pensado en comprarme uno chiquito, pero cuando vi las máquinas que

tenían mis compañeros me dije ‘yo acá vengo a reemplazar a Mancini, no puedo caer en un autito así nomás’. Así que me la jugué y me compré el último Mercedes que había salido. ¡Carísimo! Mirá si estaba loco que éramos tres, con mi mujer y mi hijo, y el auto tenía dos asientos.” –Te fuiste tan rápido que no te permitiste disfrutar de estar el lugar en el que estabas. –No. Llegué en julio y en diciembre

ya me quise ir porque era suplente. Los dirigentes me ofrecieron quedarme, tenía cinco años de contrato, pero me apuré. Y me fui a Mérida, engañado. Mi representante me había dicho que era casi como ir al Real Madrid… Como llegué un 6 de enero, el técnico me dijo “¡qué lindo regalo de Reyes me trajeron!”. Jugué dos fechas y no me puso más (se ríe con ganas). Le empecé a hacer todo en contra: me quedaba en el vestuario media hora cuan-

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do ya empezaba el entrenamiento, corría por donde yo quería, llegaba tarde… Me quedaron cinco mil dólares de multa, por ahí un día los pago (se ríe otra vez). La ruleta del fútbol lo hizo caer una vez en Sinaloa. Para decirlo bien, en los Dorados de Culiacán, un nombre de cualquier cosa menos de equipo de fútbol. ¿Sabía Matute, el que ahora ceba un mate con una yerba que “no da acidez”, adónde estaba yendo? “Me contrataron en la pretemporada, que estaban haciendo por acá. Viajamos a jugar el primer partido en el DF, así que llegué a Sinaloa recién después del debut. Bajo del avión y veo los diarios: ‘Muerte. Matan a balazos a ocho personas’. Subo al taxi y en la radio hablaban de un asesinato. Así todos los días. Le ganábamos al América y salíamos en un recuadrito en los diarios. Yo jodía con Pep: ‘acá la gente se mata por salir en la tapa de los diarios’. La vida era muy reducida, nos movíamos siempre por los mismos lugares. A la noche se escuchaban sirenas y tiros todo el tiempo. Ojo, era entre los narcos, a la gente común no le pasaba nada. –Pep, dijiste… –Sí, con Guardiola era con quien más deseaba jugar. Nunca aprendí tanto como en esos seis meses con él y con Juan Manuel Lillo, el DT. Empecé a entender más el fútbol, nos la pasábamos hablando. Ahí, la verdad, no había otra cosa para hacer. Pep ya hablaba como un técnico.

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Y tenía una humildad enorme. Estábamos en el medio de la montaña y para entrenarnos nos cambiábamos en un quincho. Y él como si nada, era uno más. Si Matute siente nostalgia por los tiempos en que los enganches eran un mandamiento, algo parecido puede pensarse de un capítulo más reciente de su vida deportiva. Nacional de Montevideo es el club donde más permaneció, de todos a los que se subió en su gira sin fin. Fueron dos años. Nacional también le provoca añoranzas. Será porque la herida todavía sangra. “Me llegó en un momento justo. En Banfield y Olimpo no me había ido bien por mi lesión en la rodilla. Apareció Nacional, fui, aguanté los primeros seis meses y después empecé a jugar más seguido. Salimos campeones, estaba muy cómodo. Los dirigentes querían que terminara mi carrera ahí, y yo también. Pero un día te dicen una cosa y al otro cambian. Cuando perdimos las finales con Peñarol me la vi venir, y me terminaron echando.” –¿Y a qué lo atribuís? –Tratar con dirigentes y representantes no es fácil. Yo aprendí a los golpes. De mi pase de Independiente a la Sampdoria faltaron dos millones de dólares, que nunca aparecieron. Que te pidan que dejes el 15% es normal, por eso yo les aconsejo a los chicos que no lo permitan. En Uruguay fue igual: yo era amigo de Nico Lodeiro, y cuando lo vendieron al Ajax le insistí para que reclamara su 20%, que era lo que le

correspondía. Eso les sirvió a otros jugadores en Uruguay, y por eso me marcaron. Contra los dirigentes no se puede ir. –Te quedó el buen sabor de Montevideo. El ritmo es otro, más tranquilo, eso lo saben todos. Pero hay que acostumbrarse. Me adapté a vivir como ellos: si la siesta duraba dos días, la respetaba. Eso lo aprendí en México: no podés llevar tus costumbres a otro lugar, tenés que vivir como se vive ahí. Me vino muy bien Montevideo. Yo me había ilusionado con retirarme ahí. –También tuviste que adaptarte a un fútbol muy distinto al nuestro. –Es difícil. Capaz que un equipo se entrena toda la semana en una plaza y el domingo va a jugar contra Nacional en el Centenario: te comen, corren dos días seguidos. Es el partido del año. Jugar contra Nacional y Peñarol es mucho más que ir acá al Monumental y la Bombonera. Las diferencias son mucho más grandes. Hay jugadores de Primera que también trabajan. –Volviste a jugar acá después de dos años. ¿Algo te llama la atención? –Que se habla demasiado de la pelota parada. Yo digo: ¿cómo hacés para tener cuatro o cinco tiros libres peligrosos por partido? Tenés que jugar, si no, no hay manera. Por eso agradezco que haya salido campeón España, eso va a transmitir una tendencia mejor. Cuando salió campeón Italia, parecía que lo importante era ir a correr a la montaña. ¿Acaso las canchas están inclinadas? Esas cosas no las entiendo. Como dice Cappa, si hacen que los jugadores corran con chalecos para que sean más rápidos al sacárselos, ¿por qué no los hacen entrenar con un ojo tapado? Así tienen más panorama… Son cosas que hacen los técnicos para que parezca que trabajan. Y se sacan el compromiso con el juego. –Hablás de Cappa, también tuviste a Menotti. Sos de los tantos que los elogian. ¿Qué los hace tan seductores? Uno no se olvida de sus palabras, de cómo tratan al juego, del camino que eligen para llegar a un resultado. Algunos dicen que no trabajan, pero vos veías a Huracán antes de que fuera Ángel y jugaba mucho peor. ¿Cómo hizo para convertirlo en un equipo tan bueno si no trabajaba? Tienen la capacidad de llevar al jugador a su rendimiento más alto. Lo más difícil es trabajar la cabeza, y eso lo hacen muy bien.


Lo que importa es competir

Juegos de la Juventud en Singapur. Dos nadadores liberianos con fondos limitados y condiciones técnicas ídem. En el ancho mundo del deporte, la abnegación de los verdaderos competidores amateurs (esta vez, nadaron en calzoncillos) siempre viene bien para marcar las desigualdades que, si nos esforzamos como humanidad, un buen día se terminarán, tanto en la natación como en el planeta. Por ANDRÉS BURGO

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onó el silbato y los liberianos se tiraron tardísimo. Un horror de salida. El manual al revés: los brazos mal colocados, los hombros fuera de lugar, la cabeza donde no tenía que estar, los bíceps sin tracción, el tronco sin arqueo. Un fotógrafo los dejó en evidencia: cuando el nadador venezolano que finalmente ganaría la carrera ya tenía todo el cuerpo dentro del agua, uno de los africanos recién estaba en el aire, y el otro, peor aún, seguía en la plataforma, tal vez pensando si era mejor zambullirse de palito y no de cabeza. Pero la foto final connota todo lo contrario. Hay satisfacción en esas miradas. Hay orgullo. En las de Sima Weah y Mika-Ja Teah, y también en las del entrenador, Steven Weah, el tío de Sima. Por supuesto que no por el resultado: terminaron últimos. Tardaron más del doble de tiempo que el primero en recorrer los 50 metros libres, 46’18’’ y 49’47’’ contra los 23’41’’ de Cristian Quintero. Pero al carajo con las marcas: los muchachos de Liberia estaban felices porque habían nadado por primera vez en una pileta. En realidad, también era la primera vez que veían una pileta. Y a pesar de ese momento tan magno, en especial para quien se precia de ser un nadador, sólo pudieron ponerse un calzoncillo para competir. El dinero no alcanzó para otra cosa. Las mallas, como las piletas, son una distracción de la burguesía. Sucedió en los Juegos Olímpicos de la Juventud que terminaron el 26 de agosto en Singapur, y el hecho hizo recordar a la digresión de Eric Moussambani, el nadador de Guinea Ecuatorial que, en Sydney 2000, hizo un papelón tan grande que al final resultó más simpático que penoso. Lo que no resulta gracioso es la circunstancia por las que Weah y Teah no se entrenaron en una pileta: no hay ninguna en toda Liberia. Los antihéroes de Singapur 2010 sólo pudieron prepararse en un río cercano a la

capital, Monrovia, que encima está lleno de cangrejos. Lo reconoció Teah después de la carrera: “siempre había nadado en un río abierto, ésta fue mi primera vez en una pileta”. Se sabía que en las guerras civiles de 1989 a 1996 y de 1999 a 2003 habían muerto 200.000 personas, pero Steven Weah, el único entrenador de natación de Liberia autorizado por la FINA ( Federación Internacional de Natación), reveló un dato colateral asombroso: “ya no tenemos piletas en el país, por eso estoy orgulloso de mis pupilos. Fue su primera competición internacional, y lo hicieron bien”. Sima Weah y Teah tienen 17 años –casi en el límite de unos Juegos, los de la Juventud, reservados para deportistas de entre 14 y 18–, y viven en Monrovia, una capital que le rinde honor a un ex presidente estadounidense, James Monroe, que en 1822 liberó a los esclavos negros que había en su país y los envió a Liberia para, patologías que los yanquis ya tenían hace 200 años, esclavizar a los indígenas africanos. Tal vez en el origen del nombre de su capital se explique el martirio de un país que, ocupado en necesidades más urgentes, deportivamente sólo parió a George Weah, aquel gran delantero del Milan. Los liberianos fueron bautizados como los descendientes de Moussambani, quien antes de llegar a Sydney al menos se había entrenado en Guinea Ecuatorial en una pileta de 25 metros. El nadador más infausto de los Juegos Olímpicos se convirtió en una celebridad bizarra, a tal punto que la televisión alemana lo humilló al hacerlo competir con una anciana de 85 años. En Youtube, sus videos ya tuvieron casi dos millones de vouyeristas, entre ellos una peculiar versión a la argentina con la música de Valeria Lynch en Héroes. Por ahora, el aguafuerte de los liberianos no está disponible en videos. Mejor así: tal vez, a esta hora, todavía no se tiraron al agua.

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Yapeyú y De la Cárcova. Hoy, una esquina de un barrio. Ayer, la esquina donde se lucía el banderín de un corner.


Cancha tomada Alguna vez, Central Ballester jugó en un terreno de José León Suárez que lindaba con Villa La Cárcova. Allí estaban sus tribunas, sus arcos y sus líneas pintadas de fútbol. Hace unos quince años, la villa se expandió y fue tomando las tierras del club. Ahora, en lugar de áreas, hay casas. Los partidos sobreviven sólo en las anécdotas de los viejos jugadores y en la memoria colectiva de un barrio de hinchas. Por MAURO FULCO Fotos ALEJANDRO KIRCHUK


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n esta zona de José León Suárez, los mitos abundan. Se dice que hay fantasmas; también que en las tardes de sábado, si se agudiza el oído, se pueden oír gritos ahogados de gol, disparos de salva y de plomo, cantos de hinchada, bombo y redoblante. Los sonidos se mezclan con la cadenciosa cumbia infaltable. Villa La Cárcova alguna vez fue un chaperío: cartones y nylons amontonados, cliché de la pobreza conurbana. Alguna vez fue, pero ya no. Hoy es un caserío humilde, con casas de material pintadas a la qué se yo. Villa La Cárcova alguna vez supo albergar al estadio del Club Social y Deportivo Central Ballester, “el canalla de la D”. Alguna vez, pero ya no. Hoy, la villa se deglutió a la cancha. La mitológica esquina de Yapeyú y De la Cárcova fue absorbida por la barriada. Será por eso que a los fantasmas los sábados por la tarde les da por gritar goles. En sus 36 años de historia, Ballester siempre militó en la última categoría del fútbol argentino, con una excepción: 1995, año que ascendió a la C, después de una épica final frente a San Martín de Burzaco en cancha de J.J. Urquiza. Como su-

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cede con varios clubes ascendidos, la AFA le ordenó remodelar el estadio. Y aquí las versiones se bifurcan. La más romántica indica que –debido a la urgencia habitacional de La Cárcova (que para sus habitantes y para el recuerdo del pueblo canalla es sin acento: Carcova)–, las casillas fueron estableciéndose primero en el angosto pasillo que separaba el alambre del paredón, y luego en forma definitiva dentro del campo de juego. La otra versión señala a un ex presidente del club de apellido Rojas como el vendedor de los terrenos para su enriquecimiento personal. Incluso hay quienes dicen que se reservó la zona de vestuarios para él. La aventura en la categoría superior duró un año, y Ballester se convirtió en un peregrino del ascenso. “Jugamos un amistoso contra Armenio, un equipo que venía con una racha como de 48 o 50 partidos ganados. Perdimos 1 a 0 en dos tiempos: jugaron titulares y suplentes”. El recuerdo del partido inaugural permanece fresco en la memoria de vicepresidente 1º, Francisco Paoletti. Quienes tuvieron la posibilidad de jugar allí lo recuerdan como una fortaleza inexpugnable, un lugar al que las hinchadas visitantes ni se arrimaban. “Una vez vinieron a jugar los de Deportivo Paraguayo –rememora Javier el Mono Zorzi, arquero durante la temporada 92/93–. Del otro lado del paredón, la gente les tiraba agua hirviendo. Gritaban como chanchos”. Las tres categorías jugaban el mismo día. Primero la quinta, luego la tercera y por último la primera, por lo que el público visitante estaba compuesto en su mayoría por jugadores y parientes. Poco le importó a la hinchada del Canalla, que por su convocatoria fue bautizado “el Boca de la D”. Y Paoletti certifica en su memoria: “aquel primer partido hubo 1.000 personas que pagaron entrada, que costaba algo así como 2 pesos. Se recaudaron 2.000 pesos. A eso sumale a los que miraban de afuera, porque en esa época no había ni paredón. Llevábamos mucha gente”. Hoy, el paisaje es distinto. Donde estaba la única puerta de acceso, hay casas; donde los memoriosos reconocen un córner, hay casas; donde algunos recuerdan una tribuna, hay casas… El único testimonio vivo de aquellos tiempos futboleros son algunas pintadas que quedaron en el barrio. Justo enfrente, a una bocacalle de distancia, un paredón ostenta un escudo

de Central Ballester acompañando una imagen de Ernesto Che Guevara. Por esa calle, última asfaltada y límite implícito hasta donde avanzar, se acerca un vecino. Cuando se le consulta por la vieja cancha, puede detallar a la perfección la ubicación del acceso, de la tribuna y hasta de los arcos, que estaban en desnivel. Sí, la cancha estaba inclinada en dirección norte. El arco que daba de espaldas a la villa estaba en declive; cuando llovía, se inundaba más rápido. El vecino entrecierra los ojos y por su cabeza pasan imágenes que sólo él conoce. Sonríe y le advierte al fotógrafo: “cuidado con la cámara y aguante Ballester”. Su vicepresidente dice: “ahora, en los vestuarios vive gente. Pero, ¿querés que te cuente una cosa? Jamás se perdió una pelota. Si alguna caía en la villa (algo que pasaba todo el tiempo) volvía de un pelotazo, como mucho a los diez minutos”. En materia de anécdotas, la cancha de La Cárcova es terreno fértil. Todos aquellos que alguna vez pisaron el lugar tienen algo para contar. “Una vez estábamos jugando un partido y, de pronto, escucho ‘pum, pum’. Miro y la Policía tiraba desde adentro de la cancha para afuera, y del otro lado de la pared volvían los tiros a morir: ‘pum, pum’. Los jugadores y el banco nos tiramos todos al piso a esperar a que terminara el tiroteo. La cortaron y a los 10 minutos seguimos jugando”, recuerda Zorzi. Su compadre se llama Hernán D’Andrea, fue un goleador trotacanchas de la D, y también tuvo su momento en Ballester. “Una vez jugamos contra San Carlos, y ellos tenían un 9 enorme que se llamaba Santacroce, a quien encontré un tiempo después y me contó que antes de que empiece el partido se le acercó un hincha y le dijo ‘si hoy ganan acá, los matamos a todos’. El flaco se rió, porque no se comía ni media, y le contestó: “¿Con qué nos van a matar a todos?”. El hincha se abrió el gamulán y le mostró una metra pegada a la cintura”. Raúl Flego es socio fundador de Central Ballester, el número dos de los que aún


quedan vivos. Es de aquellos que estuvo en la asamblea fundacional en la casa de don Rafael Bavaro, el primer presidente que tuvo el club. Antes se llamaba Central Argentino, con la refundación cambió el nombre. “Como Central Ballester empezamos a jugar en la esquina de Italia y Moreno, en Villa Ballester –recuerda el actual vicepresidente 2º–. El terreno era de un hincha que se llamaba Fresedo, y era hermano del tanguero. Hicimos la asamblea y empezamos”. Flego asiente ante cada una de las anécdotas, y se ríe cuando se le comenta el episodio del agua caliente. Fue como en las invasiones inglesas… Para su compañero de Comisión Directiva Paoletti, la cancha no era tan “picante” como todos dicen. “Eso sí, los líneas no se animaban a levantar el banderín porque, con la villa a un metro, tenían mucha presión; venían con las manos enyesadas”, se ríe. Por la pérdida del terreno, Flego apun-

ta contra los hermanos Rojas, antiguos punteros políticos de La Cárcova. “Ellos vendieron la cancha cuando ascendimos. No les importaba nada”, resume. Y este par de hermanos tiene un sinfín de anécdotas. De contextura física obesa, los recuerdan siempre en cuero o a lo sumo con shortcito y camiseta del club. “La plata siempre aparecía antes de jugar el clásico contra Acassuso, nunca antes”, rememora otro ex jugador, que también recuerda la vez que un volante central áspero le pegó una paliza al hijo de uno de los Rojas, que para la tradición oral no tienen nombre, son la encarnación del mal y se nombran de a par. Uno de ellos murió, el hijo golpeado también y el otro Rojas –dicen– no está lejos del destino de sus parientes. Eso se comenta en La Cárcova, al menos, y en los alrededores de la estación de José León Suárez. La salita, la comisaría, la parada de diarios... Allí todos certifican el descalabro del estadio de Ballester y casi todos sonríen al recordar su épica. Otro de los momentos conflictivos del año, amén de algunas rachas de derrotas que ameritaban la visita de la hinchada, era el final de torneo. No por la posición

final en la tabla, sino por la entrega de la ropa. En estos clubes, la indumentaria es un bien que escasea. En aquellas épocas, Ballester tenía un juego de camisetas, a lo sumo dos. Por lo tanto, el final de torneo era una puja entre los jugadores y los hinchas a ver quién se quedaba con el codiciado trofeo. Muchas veces, era todo el premio que obtenían los jugadores al final de una temporada deportiva, ya que sólo algunos pocos cobraban por jugar. “Una vez entró la hinchada al vestuario, nos mostró los fierros y nos exigió las camisetas”, recuerda D’Andrea. Quien esto escribe puede dar fe de semejante fiebre por la ropa. Jugué en el club en la temporada 96-97, el campeonato en la C y el primero en la D, luego del descenso (97-98). Despojado de su cancha, el club hacía de local en Colegiales, y la concurrencia no era tan nutrida como en La Cárcova. El último partido de la D era contra

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Puerto Nuevo en Campana, una cancha que queda prácticamente en medio del campo. Promediando el segundo tiempo, vi venir cuatro colectivos de línea abarrotados de gente, con algunos que bailaban en el techo. Mi puesto era marcador lateral derecho, por lo que tenía el alambrado a centímetros y la puerta del vestuario a tiro. “Cuando termine el partido, corré para adentro porque te desnudan”, me dijo un experimentado compañero. Apenas descendieron nuestros hinchas, se pegaron al alambre y escuché: “Gordito, preparate para darme la remera, mami”. Terminó el partido y metí el sprint más rápido del mundo hasta el vestuario. El 8 y yo salvamos la ropa, literalmente. Al resto le sacaron hasta los botines. Y la ropa se relaciona a la historia que

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llevó a Ballester a su momento de estrellato mediático. En 1995, entraron ladrones a la cancha de La Cárcova, saquearon la utilería y se llevaron todo. En ese momento la dirigencia se contactó con su par de Rosario Central, y los rosarinos les donaron dos juegos de remera, pantalón y medias. “El Canalla de la D” disputó un campeonato entero con la pilcha de su hermano mayor, escudo y sponsor incluido. La aventura finalizó cuando los porteños viajaron a Rosario y oficiaron de preliminar de un partido de los rosarinos. Hoy, Central Ballester está en etapa de refundación. Otra vez. Con comisión directiva nueva y sede social a metros de avenida Márquez, está construyendo un nuevo estadio al borde del Camino del Buen Ayre. Está comprometido con el descenso, que implicaría una desafiliación. Pero el eterno karma de la cancha usurpada lo persigue. El año pasado el presidente Fernando González recibió un llamado en el que le informaban que gente en camioneta había bajado en los lotes y clavado maderas para asentarse allí. “En un principio fue algo agresiva la charla, pero poco a poco se calmaron los

ánimos porque les dije que la Policía no iba a hacer nada que no sea normal para desalojarlos. También les expliqué cómo nos costó hacer lo que por el momento hay. Y que nos sigue costando. Y además les advertí, por su seguridad, que en caso de que viniera la hinchada, yo no me iba a hacer cargo”, recordó la máxima autoridad del club a un medio de José León Suárez. Su segundo, Francisco Paoletti, también recuerda esos momentos de tensión, cuando llegaron al predio de Sarratea y Camino del Buen Ayre y había tres carpas instaladas. “Ahí vive el corazón de nuestra hinchada, así que les dijimos que se fueran porque iba a venir la hinchada. Ni policía ni jueces: la hinchada”. Mientras tanto, los fantasmas se divierten gritando goles los sábados por la tarde.


No se olviden de Kosovo

Después de festejar un fallo de la Corte Internacional de Justicia, los kosovares aguardan que Naciones Unidas les otorgue status de nación independiente, para luego lanzarse al ingreso de la multinacional más grande, la FIFA. ¿Llegarán a tiempo para las Eliminatorias de Brasil 2014? Por AGUSTÍN COLOMBO

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n Kosovo, la pelota se convirtió en el escudo de un reclamo. Mientras que la mayor parte de su población lucha para que Naciones Unidas acepte de manera unánime la separación de Serbia y lo considere un país independiente, la Federación Kosovar de Fútbol anda en algo parecido: desde hace dos años le insiste a FIFA y a UEFA para que reconozcan a su seleccionado y le permitan jugar la clasificación para el Mundial de Brasil 2014. En estos momentos, para la federación europea que conduce el francés Michel Platini, la Selección de Kosovo no existe. “Nosotros hacemos honor al estatuto, que es claro: un estado que no pertenece a la ONU no puede ser parte de la UEFA”, explica Platini. La FIFA, que se jacta de tener más miembros que la ONU, actúa del mismo modo: el presidente Josep Blatter coquetea con Kosovo, pero se resiste a aceptarlo. Y eso, como sabemos, genera un problema añadido: casi ningún país del mundo accede a jugar un amistoso contra un equipo que está, pero que los dueños del fútbol se niegan a ver. El pasado 22 de julio, la Corte Internacional de Justicia de La Haya determinó que la proclamación de independencia de Kosovo, en 2008, no violó ningún derecho internacional. Los serbios protestaron el fallo. Los kosovares, en cambio, salieron a festejar por las calles de Pristina, su ciudad capital. Para ellos, ése fue el mejor aval para seguir buscando un reconocimiento en la ONU y en la Unión Europea, donde sólo cinco de los 27 países que la integran se niegan a considerar a Kosovo como una república libre. Si bien lo que dictaminó el Tribunal Internacional ayuda a legitimar la autonomía, en la pequeña comarca balcánica saben que la aprobación del mundo no será total si la FIFA no los incluye en su larga lista de inscriptos. Lo dejó en claro el secretario general de gobierno, Eroll Salihu: “primero tenemos que ser reconocidos por la ONU, y después por la FIFA y la UEFA. Creemos que esto sucederá el año que viene. Y esperamos que la decisión de La Haya nos abra el camino.» Hasta aquí, la historia del seleccionado de Kosovo es brevísima. Desde su separación de Serbia, el equipo nacional jugó apenas cuatro partidos. En todos perdió: 0-3 contra Albania, 0-5 ante Malmö, de Suecia , 1-2 con el Kalmar FF, también sueco, y

2-3 frente a Albania, en Pristina, el 17 de febrero de este año, en un partido que se organizó, a espaldas de la FIFA, como parte de la celebración del segundo aniversario de la independencia. Ese día, entre tantos festejos, debutó Anel Raskaj, la joya del fútbol kosovar. A Raskaj, de 20 años, lo tentaron para que jugara en la Selección Juvenil de Suecia, pero prefirió representar a Kosovo. “fue una gran sensación estar allí y cantar el himno nacional. Creo que todos los futbolistas sueñan con jugar para su país; y ahora nosotros estamos un paso más cerca de hacerlo”, dijo Raskaj, a quien en la liga de Suecia, donde actualmente juega, lo comparan con Zinedine Zidane. Pero existen varios casos opuestos al de Raskaj: Lorik Cana (Galatasaray), Valon Behrami (West Ham) y Shefki Kuqi (Fulham), tres de los mejores futbolistas kosovares del presente, representan a otros países. Los tres se escaparon con sus familias de las Guerras Yugoslavas de Secesión, iniciadas en 1991, y terminaron defendiendo, en una cancha, a tres escudos diferentes: Cana juega en la selección de Albania, Kuqi en la de Finlandia y Behrami en la de Suiza, con la que participó en el último Mundial. Aunque usó otra camiseta, observar a Behrami en los estadios sudafricanos fue, para el fútbol kosovar, una módica señal de esperanza.

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“El estúpido deporte de la patada”

Los encendidos cuestionamientos al fútbol que usted leerá en esta nota no provienen de ácidos críticos del momento. Son las voces de la prensa de principios del siglo pasado, cuando los obreros (especialmente, los anarquistas) copaban la parada de los medios de comunicación. Y eso que no conocían a Julio Grondona. Por GERMÁN FERRARI

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entenares de aficionados fueron a recibir al plantel de Boca Juniors al Puerto de Buenos Aires el 12 de julio de 1925, luego de la exitosa gira por España, Alemania y Francia. Estaban exultantes al ver a Américo Tesorieri, Domingo Tarasconi y compañía, luego de los quince triunfos, el empate y las tres derrotas que el equipo había conseguido en Europa. Desde la partida, cinco meses antes, los diarios porteños dieron amplia difusión al suceso, en especial el más popular de todos, el vespertino Crítica, que decidió que su jefe de Deportes, Hugo Marini, viajara con la delegación para cubrir los encuentros. Pero no todos fueron aplausos ante el hecho deportivo que pasó a integrar la historia xeneize. En la edición de agosto de aquel año, el periódico El Constructor Naval, voz de la Federación de Obreros en Construcciones Navales, aportaba una mirada crítica. “En el barrio de la Boca, las conversaciones y el entusiasmo gene-

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ral dan la impresión de que se trata de un acontecimiento trascendental”, señalaba en sus páginas y, de inmediato, planteaba el problema: “Verdaderamente es desconsolador, el espectáculo de esas multitudes compuestas en su mayoría de trabajadores entusiasmadas hasta el paroxismo ante un partido de football mientras bibliotecas y sindicatos obreros están semidesiertos. Pero, ¿es el football un arte, un deporte o un juego que convenga al desarrollo físico?”. El planteo de fondo que hacía El Constructor Naval respondía a una inquietud común entre las organizaciones obreras de las primeras décadas del siglo pasado. Anarquistas, socialistas, sindicalistas y comunistas rechazaron en su gran mayoría ese “fanático-estúpido deporte de la patada”, según el periódico El Pintor. Y las publicaciones gremiales se dedicaron a reflejar esos cuestionamientos que, más allá del paso del tiempo, aún están vigentes. En su último libro, La prensa obrera, la investigadora Mirta Zaida Lobato sintetiza los rechazos de aquellas corrientes ideológicas ante ese fenómeno de crecimiento acelerado: “las puertas de la instauración de un mundo mejor no sólo

podían ser abiertas por medio de la organización y la lucha, sino también con una conducta recta. Los mensajes (notas, diálogos, crónicas) de la prensa obrera de cualquiera de las ideologías radicales estaban impregnados por una concepción fuertemente ética. Los trabajadores tenían que educarse, ser sanos, no beber ni caer en las banalidades que les proponía la burguesía, como las fiestas de carnaval, el circo, el teatro popular, el fútbol y, en el Uruguay, también las corridas de toros”. Lobato destaca que el anarquismo veía al fútbol como una manifestación “chauvinista” que se expresaba en la pretensión de un “football nacional”. ¿Y cómo fundamentaba su postura El Constructor Naval? En aquella nota de 1925, afirmaba que “dar puntapiés a una pelota con precisión” a lo sumo podía ser considerado un “arte inferior”. Tampoco creía que fuera beneficioso para la salud, porque “de lo único que tenemos noticia


es de que los jugadores quedan rengos o defectuosos de las piernas”. La premisa “mente sana en cuerpo sano” no se cumplía: “Para que el football tuviera similitudes con las aficiones de los griegos, le falta lo de la mente sana”. Los obreros navales, cuya Federación estaba adherida a la Unión Sindical Argentina (USA), veían con lucidez que el fútbol comenzaba a ser “una industria lucrativa para muchos, como también una adormidera más cual la religión y la propaganda patriótica para retardar la liberación de los esclavos”. Y la relación con el Estado era evidente cuando “el primer mandatario” concurría a dar la “patada inicial” en algunos partidos. “El deporte es pasatiempo de aristócratas, ellos necesitan desgaste de energías que no emplean en nada útil. Los trabajadores ya las gastan en el taller”, sostenían, y advertían también que el nacionalismo y la violencia iban de la mano, en especial en los encuentros internacionales, en los que solían producirse “escenas de pugilato que vienen a exacerbar más el odio de razas”.

Fútbol, box, aviación El Metalúrgico, “periódico de orientación y de combate” de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, afiliada a la anarquista Federación Obrera Regional Argentina (FORA), publicaba en su edición del 1º de mayo de 1927 el artículo “Los deportes”, en el que cuestionaba al fútbol y al boxeo por ser parte “de los males más arraigados entre el pueblo” y “una de las causas principales de la indiferencia de los trabajadores hacia la organización obrera”, además de formadores de “rebaños inconscientes” para aclamar “a cualquier ídolo de barro”. “Los deportes entretienen y entusiasman a la inmensa mayoría de los obreros, no dejándoles tiempo para pensar y ocuparse de cosas de mayor interés para su mejoramiento moral, económico e intelectual”, enfatizaba. Y se escandalizaba por el “entusiasmo inconsciente” que generaban los aviadores, “a quienes se admira, sin tener en cuenta que son los peores enemigos del pueblo, por el solo hecho de ser todos ellos militares, que aprovechan los adelantos de la ciencia en perjuicio de la humanidad y no para bien de ella”. El periódico se quejaba porque en cierta oportunidad algunos “grupos de

obreros que se dicen conscientes” abandonaron sus trabajos “para ir a aclamar” la llegada al país del aviador italiano Francesco de Pinedo, pero se resistían “a salir en solidaridad con Sacco y Vanzetti”, los anarquistas que serían ejecutados en Estados Unidos en agosto de aquel año. Y agregaba: “Pero no podía esperarse otra cosa de estos hombres, que sólo se ocupan de los deportes y otras tonteras, y permanecen indiferentes a todo lo que en el mundo pasa y que debiera interesarles; y lo peor es que ellos se creen muy instruidos porque están al día de los sucesos deportivos, y hasta miran con desprecio al compañero de trabajo que no se entusiasma por el triunfo de un team de football o de un negro bruto en el ring, o por la llegada de un milico aviador.” “Los domingos –describía– el pueblo se vuelca en las canchas de football, en los rings, en las carreras de Palermo y en otros sitios por el estilo. Frente a las pizarras de La Prensa y demás diarios se amontonan miles y miles de hombres que algunas veces hasta hacen imposible el tráfico por la Avenida [de Mayo],

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y todos esos hombres van únicamente a saber los resultados de las carreras y las jugadas de football, etc., y ahí se oye a la multitud gritar enloquecida, se la ve apretujarse, pisotearse para poder leer, y en medio de ese pueblo ‘civilizado’ salen alaridos, gritos salvajes, que no hemos oído a los indios del Chaco. [¡]Qué vergüenza! Esa es tu cultura, pueblo de Carlés y de Lugones… Pueblo admirador de Firpo y Kid Charol”. Además de los dirigentes de las instituciones, los medios gráficos comerciales –“es esa prensa sin escrúpulos la que fomenta el mal a sabiendas”– también eran señalados como responsables, porque “hacen un buen negocio, sin importarles nada que el pueblo se idiotice, con tal que ellos recojan los centavos”.

“Héroes del football” Para el periódico Acción Obrera, del Sindicato Obrero de la Industria del Mueble, adherido a la USA, el periodismo había reemplazado a la religión como “opio

de los pueblos”, según denunciaba en un artículo de septiembre de 1928: “Con la misma fruición que relata los pormenores de todos los repugnantes episodios policiales, da a conocer las intimidades más o menos públicas de las estrellas peliculeras, las proezas de los héroes del boxeo o del football, las intrigas de los políticos y todas las disputas para cuantos campeonatos se forjen”. Y enfatizaba que “el poder casi incontrastable que ejerce hoy la prensa se palpa a cada instante. Ella tiene el raro mérito de empequeñecer o agrandar las cosas. Cuando sus intereses lo exigen, hace que todo un pueblo viva angustiado por las peripecias de un equipo de football. A la prensa se debe que, en nuestro país, el pueblo esté más orgulloso de Firpo, Tarasconi y Carricaberry que de Sarmiento, Alberdi y Ameghino”. Las organizaciones obreras también denunciaban que los empresarios usaban el fútbol para despolitizar a los operarios. Bajo el título “El football en los talleres”, El Metalúrgico alertaba en junio de 1930 que eran numerosas las compañías que “con el cuento del club de la casa o de tal o cual sección, hacen que anden los obreros como borrachos, discutiendo ridiculeces” que favorecen los intereses patronales. “No es nuestro propósito decirles a los obreros que guarden las energías que derrochan corriendo como imbéciles tras la pelota para cuando tengan más edad, que fácilmente les va a hacer falta

para ganar el pan de cada día, porque si tienen un poco de sentido común, bien lo pueden comprender”, ironizaba. El Metalúrgico manifestaba su sorpresa porque en la compañía General Motors, que contaba con “personal fogueado en casi un año de lucha, y que ha sufrido en carne propia las consecuencias de los dichosos clubs de las casas, anden de nuevo haciendo propaganda a favor del club, que es tanto como favorecer a la casa”. “Creemos que no habrán olvidado, los camaradas de la General Motors, que la casa, en la primera huelga, se valió del club para darles una conferencia, aconsejándoles que se quedaran carnereando, y bastante trabajo nos costó contrarrestar sus efectos”. En síntesis, la prensa obrera disputó un partido desigual contra el fútbol y perdió por goleada. Pero su prédica merece ser rescatada en cualquier debate serio sobre los vínculos entre el deporte más popular del mundo y los acontecimientos políticos, sociales y económicos de la actualidad.


¿Violencia en el fútbol?

Aún quedan reflexiones sobre Sudáfrica 2010. Diego Bonadeo rescata una de sus propias experiencias acerca del tratamiento de golpizas y crímenes. No sólo hay que indignarse por las barras bravas. También hay que poner el ojo en las canchas. Y ver qué decimos cuando hablamos de violencia. Por DIEGO BONADEO

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esde que el colega Amílcar Romero comenzó a investigar seriamente el tema de las barras bravas, varias décadas atrás, “cualquier cacatúa” –vale remedar para bien al Negro Celedonio Flores y su Corrientes y Esmeralda–, más que soñar con la pinta de Carlitos Gardel, escribe o habla –y ahora vamos con Discépolo– con tilinga liviandad de “violencia en el fútbol”. Como si quienes se pelean en las tribunas, en el acceso a las boleterías o a los molinetes de ingreso, en las estaciones de tren o, en fin, en el marco de cualquier cuestión periférica al juego, lo hicieran porque alguien metió un caño o una rabona, o le pegó de punta y para arriba. ¿Qué carajo tiene que ver el juego con nada que esté vinculado con las barras bravas? Se pelean por lo viajes, por las entradas, por el monopolio de la venta de merca en el club o en el barrio, por manotear un cacho del porcentaje de la venta de un jugador, por algún trapo, por la ubicación en la tribuna, por ser el capo de los para-avalanchas, por organizar a los pungas, por regentear a los trapitos de los estacionamientos en días de partidos o de recitales, por los kioscos de venta de bebidas y golosinas, por el manejo de los tours de extranjeros a los que les hacen creer que el folclore son los cantitos de las tribunas y no el Dúo Salteño o la Negra Sosa, tal como pretendió hacerle creer también al televidente común, aquel esperpento afortunadamente ya dejado de lado por TyC Sports que, con el título de El aguante, incitaba a una supuesta tabla de posiciones de hinchadas, como sabiamente alguna vez puntualizó el filósofo de Wilde Norberto Ruso Verea. Pero es más fácil decir “violencia en el fútbol” que determinar causas, efectos, responsabilidades, complicidades y demás. Es, una vez más, quitarle significado a lo que se dice y, lo

que es peor, muchas veces con la vieja intencionalidad gatopardista que en este caso no es solamente “que todo cambie para que nada cambie”, sino que también implica no ahondar en el tema, a ver si todavía la mierda salpica a algún protector de lo que no debe ser. ¿Qué corno tiene que ver esta supuesta “violencia en el fútbol”, qué corno tiene que ver con el juego, en definitiva, que vayan tres contingentes diferentes de asociados ilícitamente al mundial de Sudáfrica, con la excusa de que durante el Mundial construirían escuelas en aquel país y que, luego, de vuelta en la Argentina, “ayudarían” –por lo menos, el grupo que envió el kirchnerismo como Hinchadas Unidas Argentinas (H.U.A.)– en las elecciones de 2011 como fiscales para “garantizar” la transparencia del comicio? Por otra parte, sería conducente averiguar cuántos “ladrillos”, y de qué material, arrimaron para paliar las carencias educacionales sudafricanas. Así como también habría que investigar si el reciente “pedido” de la H.U.A. a los clubes para que a sus integrantes se los emplee como “acomodadores” en los estadios ayudará a evitar atropellos, robos, asesinatos, tráfico de drogas, entre otras tantas cuestiones que los han tenido como primeros actores desde hace demasiado tiempo a esta parte. Y volviendo al Mundial de Sudáfrica, la muerte de un barra de una de las fracciones de Boca Juniors a raíz de un síncope, después de una pelea por una bandera con los de la H.U.A., fue la contracara de lo que sí es un típico episodio de “violencia en el fútbol”. En el partido final, la alevosa plancha en el pecho de De Jong al español Xabi Alonso, que podría haber llevado al holandés ante la justicia ordinaria y que el silbato del filibustero británico pasó por alto, no mereció, que se sepa, el tratamiento de “violencia en el fútbol”.

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El cuarteto mercurial De cómo los Beatles, Bob Dylan, Guillermo Vilas y Bin Laden tienen (¿mucho o poco?) que ver (ése era el primer título de la nota). De eso trata este artículo, y no podemos adelantar mucho más, salvo prometer que encontrarán curiosidades y anécdotas de esas que siempre quedan bien a la hora de amenizar un encuentro con amigos... ¿O no? Por ROBERTO ZIMMERMAN

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legó septiembre, mes rico en efemérides para el tenis argentino. Hace un año, se sabe, Juan Martín del Potro ganaba su primer título del Grand Slam al vencer en la final del US Open al uno del mundo, Roger Federer. Esta vez no estará en Flushing para defenderlo. Su lesión en la muñeca todavía lo tiene alejado del circuito. Pero su triunfo me llevó a recordar el otro, el primero, el que en septiembre de 1977 logró ahí mismo, en Nueva York, Guillermo Vilas. No sé si lo habrán notado, pero hay fechas, lugares y personas que, a lo largo del tiempo, parecen empeñadas en relacionarse. El tipo de coincidencias que de entrada nos sacan un “¡qué casualidad!”, cuando en realidad mejor sería decir: “¡qué causalidad!”. Me explico: una detallada mirada sobre algunos acontecimientos claves en las vida de un grupo de rock (The Beatles), un solista (Bob Dylan), un tenista (Guillermo Vilas) y un villano invitado (Bin Laden) permiten reparar en llamativas simetrías de esas que tanto le gustaban a Borges (1). Tomemos como punto de partida el 28 de agosto de 1964, en la ciudad de Nueva York. Los Beatles acaban de llegar a Estados Unidos para su primera gira americana. Dos de los shows están programados en el Tennis Stadium de Forest Hills, por entonces, y hasta 1977, sede del US Open. Después del concierto habrá de producirse un encuentro histórico. El encuentro cara a cara entre el grupo y el solista más importantes de la historia del rock (2). Para ambas partes, la historia recién comienza pero ya se admiran mutuamente. Los Beatles están hechizados con The Freewheelin, el segundo disco de Dylan –editado el año anterior–, todo un greatest hits, si pensamos que allí conviven

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canciones perfectas como Blowin’ In The Wind o Masters of War. Ya desde esos clásicos eternos, Dylan enseña que el rock, además de ritmo, puede tener contenido. A la vez, Bob admira de los Beatles su sonido fresco y único. Empieza a tener la certeza de que el camino a recorrer no pasa por el folk


acústico, sino por la electricidad del rock and roll. En el encuentro fue clave el periodista del Saturday Evening Post, Al Aronowitz, buen amigo de Dylan y de los chicos de Liverpool. La cumbre es en el hotel Delmónico, bunker neoyorquino de la gira beatle. Tras las presentaciones de rigor (“¿qué vas a tomar?”), Dylan pide vino tinto. Uno de los Beatles le convida unas anfetaminas, pero Bob prefiere fumar marihuana. Y enseguida se sorprende cuando los anfitriones confiesan su inexperiencia en la materia. Le pasa el primer porro de la noche a Lennon, quien sin dudar se lo cede a Ringo: “mi catador oficial”, explica. Poco minutos después, cuando advierten que el baterista había consumido él solito el faaaaaaaaaso –como quien se fuma un Marlboro–, Dylan comprende que sus invitados no mienten: sí, esa misma noche los está haciendo debutar en el universo del cáñamo.Por cierto, dicen que Ringo todavía se está riendo, ¡ja!

CORTE A: el 28 de agosto de 1965, o sea, exactamente un año después, otra vez en Nueva York. En el estadio de Forest Hills (3), Bob Dylan está por tocar por segunda vez en su carrera acompañado por una banda eléctrica. Como en su debut rockero –ocurrido unas semanas antes en el festival de Newport (4)–, la gente lo vuelve a abuchear con fuerza. Veneran al “Dylan clásico”, al de las canciones folk de la

primera mitad del show. Rechazan sonoramente al “nuevo Dylan”, al que, tras el intervalo, vuelve al escenario acompañado por una banda para tocar potentes y encendidas versiones rockeras (5). Para los puristas aquello suena a traición. No es gente de cabeza abierta, precisamente, del mismo modo que, a fines de los 60, aquí, en Buenos Aires, un tal Astor Piazzolla debía soportar duras críticas de la tribu tanguera ortodoxa, que de ninguna manera estaba dispuesta a aceptar su renovada propuesta musical. CORTE A: el estadio de Forest Hills, el 11 de septiembre de 1977, o sea, 12 años después y un poco más de que... (ya saben, la gente se enojó con el incipiente Dylan rockero). En ese mismo estadio y en esa fecha, esta vez sí, Guillermo Vilas lograba el US Open, uno de los tres máximos triunfos de su carrera (6), al vencer en la final al uno del mundo, el local Jimmy Connors. Y decimos “esta vez sí” porque sobre el clay de Forest Hills (una arcilla un poco más veloz que el polvo de ladrillo, pero definitivamente lenta en comparación al césped, el cemento o el supreme court) Vilas había estado a un paso de la gloria. En el 75 perdió una semifinal increíble contra el español Manuel Orantes, tras disponer de cinco match points. Y en el 76, otra vez en semis, fue Jimbo Connors quien lo dejó


con las ganas. Podrán imaginarse entonces la carga extra de emoción que tenía la final del 77. Así como hoy el duelo esperado y soñado de cualquier final del Grand Slam es un NadalFederer, a mediados de los 70 nada era tan atractivo como ver un Connors-Borg, un Borg-Vilas o un Connors-Vilas. Según les fuera en los grandes torneos, cualquiera de los tres podía aspirar al codiciado Nº1 del mundo que ocupaba Jimbo. La cosa empezó mal para Guillermo: Connors se llevó el primer set por 6-2. Recién a partir del segundo, el gran Willy logró aplicar con eficacia la táctica diagramada por su coach, Ion Tiriac (“la rumano derecha” de Vilas, como decía en joda la revista Humor). Debía alternar pelotas profundas y altas con top con bolas rasantes con mucho slice, para impedir que Jimbo impusiera su agresivo estilo avasallante, el juego que mejor jugaba y que más le gustaba. Willy empardó con un 6-3 y logró llevarse el tercero con lo justo en el tie break (7-6). Enseguida quedó claro que el final estaba cerca. Vilas lo arrasó en el cuarto, definiendo con un contundente 6-0. El festejo quedó inmortalizado en una foto de El Gráfico (de Aldo Abaca): Willy salta como quien acaricia el cielo con las manos. Vilas no lo sabía todavía, claro, pero ese triunfo, si bien lo llevaba a la gloria, también se convertiría en una de las dos espinas (7) que aún hoy, a tantos años del retiro, sigue teniendo atragantadas pese a su gloriosa carrera. Y es que, aunque muchos suponen lo contrario, Guillermo Vilas jamás conquistó el Nº 1 del mundo. Pese a dominar claramente la temporada de 1977 (ganó 16 torneos, incluyendo dos del Grand Slam –Roland Garros y Forest Hills–, perdió la final de otro grande –Australia–, además de establecer el record de 46 triunfos consecutivos y quedarse con el circuito Grand Prix) debió conformarse, ¡ay!, con acariciar

el trono desde el cual Jimbo Connors siguió mirándolo desde arriba. ¡Una gran injusticia!, hay que decirlo. Y el tema da para una nota en sí misma, créanme (8). CORTE A: el 11 de septiembre pero de 2001 (o sea, 24 años más tarde), y no tengo que agregar mucho más para recordar lo que vino después, ¿no? Hasta leer este texto cargado de causa/casualidades, quizás muchos no supieran que un día como ése (oh, casualidad: el día del maestro para nosotros) Vilas ganó en Forest Hills. Pero todo el mundo sabe, sí, que el 11S pasará a la historia como el día en que un tal Bin Laden decidió atacar al Imperio. Y ya sabemos lo que pasó: había una vez dos Torres (Gemelas) y, de pronto, the horror (digan “dejoorrrrrroorrrrrr”, como Brando/Kurtz en Apocalypse Now!), sólo que aquello no-era-Hollywood, claro, era New York, era asombro, bomberos por todos lados, escombros, muertos, más escombros, más muertos: el terror. Lo vimos mil veces por la tele, y lo seguiremos viendo cada 11S –año tras año– en esos documentales siempre espectaculares... Y acá podría cerrarse el círculo. Según lo prometido, hemos podido trazar los puntos que, en un momento dado, dibujan una trama que incluye a los Beatles + Bob Dylan + Vilas + Bin Laden. Pero no, hay más... Porque (¿casual o causalmente?) el 11S, también, fue el día en que la Columbia, la compañía discográfica para la que graba Bob Dylan, decidió lanzar mundialmente un nuevo disco de Bob. Se llama Love & Theft (9) y es un gran disco, otro más en la carrera de Dylan.


NOTAS (1) De más está decir que si no les interesa la música, el presente texto puede resultarles (como mínimo) tedioso; ahora, si como el arriba firmante, alguna vez sufrieron y gozaron con las actuaciones de Guillermo Vilas, y además gozan o gozaron con la música de los Beatles y/o de Bob Dylan, esta serie de coincidencias son (como mínimo) muy pero muy curiosas. (2) Lo sé: semejante afirmación puede resultar polémica y discutible. Pero no creo que existan en el planeta rock & pop dos fenómenos que hayan influenciado a tantísimos otros solistas y grupos como lo hicieron los chicos de Liverpool y el gran Bob. Piensen, por ejemplo, en grossos como los Rolling Stones, los Kinks, Tom Waits, Neil Young, Patti Smith, Jony Mitchell, The Pretenders, Bruce Springsteen, Caetano Veloso, Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, León Gieco, Charly García (y así podrían seguir muchas firmas más). Cada uno de estos artistas, al escuchar a los Beatles y/o a Bob Dylan, ya no fueron los mismos. Basta rastrear en su obra para encontrar marcadas influencias o bien beatles, o bien dylanescas.) (3) Forest Hills queda en Queens, el barrio neoyorquino vecino a Manhattan; ahí se crió un tal John Patrick McEnroe, tan new yorker como Woody Allen (por más que, por azares de la vida, haya nacido el en la ciudad alemana de Wiesbaden, donde su padre cumplía funciones militares en una base norteamericana). De Queens (3-1) también era Vitas Gerulaitis, quien supo compartir la academia de Port Washington como cuna formadora junto a un McEnroe niño. Por eso, para ambos, sería tan especial disputar, en 1979, la final del US Open (el primero de Big Mac), que a esa altura ya se había mudado de Forest Hills al cemento de Flushing Meadow Park. (3-1) Siendo McEnroe y Gerulaitis (junto con Vilas) dos de los tenistas que más espíritu rockero le aportaron al tenis (3-2), no deja de ser curioso que a pocas cuadras de distancia de donde ellos aprendían a jugar, un grupo de muchachos del barrio –siempre vestidos con Converse de lona, jeans chupines y camperas de cuero– estaban plantando, con su salvaje sonido sucio y acelerado, la semilla de eso que en pocos años conoceríamos como punk rock. La banda se hizo conocer como The ramones, y en pocos lugares del mundo tuvo tanto éxito como en la Argentina. (3-2) Quizás no muchos sepan que McEnroe, además de ser un grande de todos los tiempos, intentó, sin suerte, una carrera en el mundo del rock, al mando de la McEnroe Blues Band. Y, desde ya, cada vez que podía, McEnroe estaba en la primera fila de los shows de los mejores rockers del planeta. Su condición de celebrity + su pasión rockera le dieron acceso a más de un camarín para el rito del saludo post show. Y así, una noche, John Patrick McEnroe terminó conociendo al mencionado Bob Dylan, hombre parco y de desconcertantes comentarios. Sin ir más lejos, en esa ocasión, cuenta McEnroe, Dylan le dio la mano, lo miró como estudiándolo (“un segundo eterno, man”) para de pronto descolgarse con las siguientes palabras: “me dijeron que jugás muy bien al tenis”. (4) Unas semanas antes, el 25 de julio de 1965, Dylan venía de protagonizar uno de las actuaciones en vivo más mitificadas de la cultura rock. El Newport Folk Festival era considerado la cuna de la llamada música de protesta. Allí donde las letras desbordaban contenido social, y la música no pasaba de guitarras acústicas –algo que había demostrado el “Dylan clásico” en ediciones anteriores–, ahora el “nuevo Dylan” salía al escenario acompañado por una banda de rock. Y en Newport, tocar rock and roll, amigos (“esa música pasatista”), sólo podía significar una cosa: ¡blasfemia! Encima, el hereje era nada menos que Dylan, algo así como “el Mesías”, “el portavoz de una generación”, como lo habían etiquetado los medios. Tanto fue el desconcierto entre el público por el atronador voltaje rockero, que aún es leyenda el intento de Pete Seeguer –otro prócer del folk– de querer parar el show cortando los cables de los equipos con un hacha (4-1). (4-1) Por cierto, en base a la historia precedente me contaron a su vez esta historia: que un fan de Dylan le contó esta historia a su hijo como si fuera un cuentito infantil. El niño crece, se le da por tocar la batería, forma una banda con amigos y... Saquen una hoja, pregunta: ¿cómo se llama la banda? Sí, El Hacha de Pit Siguer le pusieron. Y déjenme que les diga –y no es porque sea mi pibe– que me parece un gran nombre. (5) Acompañado por The Hawks (esa gloriosa banda que poco después conoceríamos como The Band), Dylan tocó Tell Me, Momma y Leopard-Skin Pill-Box Hat para terminar cerrando –cosa habitual en aquellos primeros conciertos de clima belicoso– con una incendiaria versión de Like a Rolling Stone (5-1). (5-1) Sé que lo que voy a decir va a levantar polvareda (y no sé por qué, pero me puse gauchesco). Es un tema muy opinable, cada uno tiene sus gustos, cada quien es cada cual, y además de bajar las escaleras como quiere, puede animarse a decir que Like a Rolling Stone es el mejor tema de la historia del rock. Ya está, lo dije. ¿Cuál si no? ¿Satisfaction, de los Rolling Stones? Hasta donde llega mi memoria, esas dos, justamente,

fueron las elegidas en una votación muy seria que hace unos años hizo la revista Rolling Stone. Pero, repito, los gustos son infinitos (y, si tienen ganas, nos dejan su Top Five en el correo de lectores, ¡ja!) (6) El primero, sin dudas, fue en el Masters 74 de Australia, cuando venció en la final a Ilie Nastase; y el segundo, su triunfo en Rolad Garros 77, cuando logró su primer gran torneo humillando al norteamericano Brian Gottfried por 6-0, 6-3 y 6-0, en 1 hora 53 minutos. (7) La otra espina, obvio, es no haber logrado nunca la Davis, sobre todo después de haber jugado la final de 1981 contra los Estados Unidos de McEnroe, Tanner (sí, nuestro amigo Roscou) y Fleming sobre el supreme court de Cincinnati. Perdimos 3 a 1, snif, snif... (8) ¿Por qué injusto? Tomemos como punto de partida los cuatro grandes torneos del Grand Slam, desde siempre, el parámetro fundamental para determinar el pedigrí de un gran campeón. Al final de aquella temporada 77, Vilas se había quedado con Roland Garros y el US Open (además de alcanzar la final de Australia, donde perdió con Roscoe Tanner); Borg con Wimbledon, y Connors con… nada. Encima rumiaba la bronca por haber perdido dos de esas finales contra ellos: cayó frente al sueco en el All England, y contra el nuestro en Forest Hills. Hasta ahí, el balance era clarito: Guillermo tenía dos de los grandes, Borg uno, Jimbo ninguno. La temporada terminaría un poco más pareja recién tras el Masters disputado en enero en Nueva York. Porque sobre el supreme-court del Madison Square Garden, Vilas volvió a vencer a Connors en su zona (6-4, 3-6 y 7-5), pero perdió con Borg en semis (6-3 y 6-3) y, ya en la final, Connors terminó superando a Borg (6-4, 1-6 y 6-4). La calesita: se ganaban entre ellos. Aun con este panorama en el que la superioridad de Vilas era irrefutable, la computadora del ranking mundial de la ATP terminó contradiciendo la realidad debido al enrevesado sistema matemático que se usaba por entonces: básicamente establecía un promedio –average– entre puntos sumados y torneos jugados, que terminó con Connors como Nº1, Vilas, Nº 2 y Borg como el 3 del mundo. Paralelamente, lo que no dejaba dudas era el ranking del por entonces llamado circuito Grand Prix –que sumaba los puntos de todos los torneos jugados–; ése sí lo encabezó Vilas (2.047 puntos), seguido por Brian Gottfried, Borg y Manuel Orantes; y Connors finalizó octavo. Acaso un premio consuelo para el marplatense fue ser considerado el mejor del mundo por la revista World Tennis, la más respetada de aquellos días, que lo puso en su tapa con una remera estampada con el Nº1. Muchos años después, Vilas seguía sin aceptar la injusticia. Lo cuenta bien el periodista Sebastián Fest en su muy buen libro Enredados (del que utilizaré las citas textuales que siguen). “En junio de 2007, mientras presenciaba una nueva edición de Roland Garros, Vilas le pidió a los directivos de la ATP y de la ITF (Federación Internacional de Tenis) que recalcularan el ranking de 1977 según las nuevas normas vigentes, “pero me dijeron que iba a traer demasiados problemas”, reconocía un Vilas algo frustrado. Y así fue nomás. Poco después de sus declaraciones, la ATP le respondía públicamente: “no vamos a aplicar el sistema actual a los años 70… Lo hemos cambiado algunas veces, pero cada sistema es el oficial para la temporada en que se aplicó”. La ITF, a su vez, se pronunciaba en el mismo sentido: “comenzamos a elegir a los campeones mundiales en 1978, cuando ganaron el título Björn Borg y Chris Evert. Pero no podemos ir para atrás”. El tema generó polémica, y el inglés John Barret, uno de los especialistas más reconocidos, avaló la legitimidad del reclamo de Vilas: “en 1977, Connors eligió sus torneos en forma muy cuidadosa y jugó sólo 15. Sumó 897 puntos y logró un promedio de 59,8. Guillermo jugó 28 torneos, y ganó muchos aunque varios de ellos eran eventos menores con escasos premios y puntos. Fue así que sumó 1.610 puntos, que divididos por 28, le dieron un promedio de 57,5”. Más allá de esa diferencia numérica, Barret terminó bancando a Vilas: “al ganar el Abierto de Francia y el US Open, claramente mereció ser el número uno de 1977”. (9) Esta es la parte en la que podría ponerme a hablar de las bondades de este disco, y de cómo es posible tomarlo como una trilogía perfecta que empezó con Time Out Of Mind en 1997, siguió en el 2001 con Love & Theft, para culminar de la mejor manera con el también excelente (digno de cinco estrellitas y más) Modern Times, de 2007. Con el paso del tiempo, hasta quizás llegue a ser tan valorada como la grandiosa trilogía que registra la conversión eléctrica de Dylan. Ese período en que, según palabras del propio Bob, pudo encontrar “el sonido mercurial” (¿¿¿????) que buscaba. ¡Y semejante torrente de talento creativo ocurrió en menos de un año y medio! En 1965 se despacha con Bringing It All Back Home y Highway 61 Revisted (sin querer buscar polémica, el mejor disco de rock de la historia: desde Like a Rolling Stone hasta Desolation Row cada tema es un temón). Y en 1966 completa la faena con el sublime Blonde on Blonde (para hacer más interesante esta oferta, el primer disco doble de la historia del rock). SEPTIEMBRE 2010 | UN CAÑO 67


Un banquito en Ghana

Enfrentar a un rival que se concentra en un ataúd, es cantante y sube al ring en silla de ruedas no es historia de todos los días. Y menos si hay que hacerlo en Ghana. Les contamos el pintoresco regreso de Héctor Velazco, el ex campeón mundial mediano, que a los 37 años decidió probar con las “experiencias raras”. Por JUAN IGNACIO PROVÉNDOLA

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olver del retiro con una pelea por un título en Ghana podría otro capítulo del boxeador Tony Rocha en algún texto inédito de Osvaldo Soriano. O la historia reciente de Héctor Velazco, ex campeón mundial mediano que volvió a la actividad con la pelea más exótica que libró en su vida. “Hacía dos años que ni entrenaba. De golpe, me encontré en África, preparándome en un gimnasio frente al mar para pelear a los 37 años”, dice el Artillero sobre la inesperada aventura que vivió a fines de julio pasado. Hasta ese entonces, Velazco era un ilustre retirado, recluido en su Villa Gesell de siempre. Un día, por teléfono, le llegó una propuesta impensada y pero tentadora: “un promotor de 22 años (foto) me ofreció ir a pelear a Ghana para una federación nueva, y me pareció muy intrigante”, explica. El convite vino vía WPFB, organización reciente que busca jerarquizar sus combates convocando a veteranos ex campeones, tal como hizo con Héctor Macho Camacho a sus 47 años. El Artillero tuvo apenas un mes y medio para mitigar el paso del tiempo en gimnasios de Gesell, Pinamar y Mar del Plata, junto con Mario Melo, célebre ex campeón argentino mediopesado de la zona. Con las vacunas de rigor, armó su bolsito, y una semana antes de la pelea, partió a Accra, la capital de unos de los países más pobres del mundo. Su equipaje era tan austero como su comitiva: “viajamos mi promotor y yo, nadie más. A veces, él me ayudaba poniéndome las manos para tirar golpes o controlándome el tiempo. Pero yo fui mi propio entrenador”. Aunque no interactúo mucho con la ciudad, Velazco supo dónde estaba no bien salió del aeropuerto internacional de Kotoka: “constantemente, se nos acercaban personas para pedir

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cosas. No es que mendigaban, pero es un lugar tristemente pobre, de una forma que no la vemos acá. Y ellos creían que éramos su salvación”, recuerda el Artillero, que supo de lujos cuando peleaba por títulos importantes en Europa: “el hotel zafaba para lo que era el país, y la carne era durísima. ¡No le entrabas ni con un cortafierro! Metí muchas pastas y ensaladas. Pero fui a ponerle la mejor, porque lo tomé como una oportunidad de volver a pelear dignamente”. Hasta el día de la pelea, de su rival sólo conocía su récord inquietante (19-0, 14 por KO), y sus dos nombres, Briamah Kamoko o Bukom Banku, según cumpla el rol de boxeador o de excéntrico cantante. Velazco y su promotor fueron los únicos que se sorprendieron cuando, en la balanza, Kamoko decidió sacarse el slip para llegar al peso con lo justo. “Es muy carismático, pero un cirquero que sale en la tapa de los diarios y las revistas”, recuerda el geselino. “Dijo que había concentrado durmiendo en un ataúd, y ¡subió al ring en silla de ruedas!”. Ese 31 de julio, el estadio Ohehe Djan ardía en una velada que ofrecía tres valores locales pugnando por diversos títulos mundiales, además del infaltable espectáculo de Kamoko. “El lugar era impresionante. Ahí juega de local la Selección que llegó a cuartos de final en Sudáfrica. Armaron el ring al aire libre, y la gente vivía una verdadera fiesta”, cuenta. A la hora de los bifes, los dos años de inactividad y la falta de entrenamiento le pasaron factura a Velazco. Hizo su trabajo y dijo basta en el décimo round. La historia había acabado. O no: “Me estaba comiendo piñas innecesarias, así que decidimos parar. Igual, creo que me gané el mango dignamente, porque me la banqué bastante bien, pese a que tuve poco tiempo para prepararme”.


Más que mil gambetas

Esta sección que ustedes inauguran con su lectura dedicará sus espacios a la muestra de fotografías notables del deporte. Algo así como una exposición mensual de las imágenes que nos conmovieron. Como detrás de cada foto hay un reportero, intentaremos brindarles algo de data de esos compañeros. Y nuestras especiales interpretaciones, algunas de ellas desequilibradas y caprichosas. Por FABIÁN MAURI

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oy maradoniano. Pero cuando flaqueo, invito a mi amigo Arcucci a tomar unos mates para que me ayude a superar mis debilidades ideológicas y salgo hecho un cuadro. Una de esas tardes, Dani me hablaba de la Iglesia maradoniana, y algo empezó a dar vueltas en mi cabeza. Me quedé pensando en la religiosidad con la que siempre se lo asocia y me pregunté cuál sería, de existir, la estampita de Maradona. O en todo caso, la versión moderna de la estampita: la foto icónica. Como aquella del Che guerrillero heroico de Korda. La de Rucci, sosteniendo, con la derecha, un paraguas para Perón en su regreso. La del festejo del Charro Moreno contra Racing en los años 30 del Vasco Legarreta. El abrazo del alma de Don Ricardo Alfieri, por supuesto. Suelo, en mis ratos libres dedicarme a editar fotografías. En plan ejercicio, empecé a mirar fotos de Diego para elegir una. Hay mil que son icónicas. El salto característico de sus comienzos al festejar un gol, que fue publicidad de Puma, foto de Eduardo Forte. Aquella en andas, levantando la copa del mundo en México 86, de Daniel García. También en México, Eduardo Longoni lo inmortalizó cuando metía la manito contra los ingleses. Hay una entrañable, del Pelado Ballesté, en la que el mono, después de un entrenamiento, está haciendo jueguito con una botella de plástico. En fin, hay mil. Pero si tengo que elegir una, me quedo con la que está acá, a la derecha de su revista, señora. Imaginemos que a una persona que nunca vio fútbol –es difícil lo sé, pero supongamos– se le explica rápidamente de qué va el juego y se le muestra esta foto para que nos cuente qué ve. El hipotético encuestado bien puede razonar que el joven de camiseta rayada, el que lleva la pelota, enfrentando a rivales que lo superan en contextura y en número de seis, debe ser muy valiente, debe tener algo de santo. “Me recuerda a la estampita de San Jorge y El Dragón”, agrega ya decidido a colaborar nuestro amigo imaginario. Y tiene razón. Diego controla la pelota con su pierna alerta, precisa. Obsérvese a qué altura de la bola hace contacto con el botín. Provoca una tensión. Eso se llama clase. Sobre todo porque el tipo es flaquito, está parado en la punta de un pie. Es frágil. Pero tiene una lanza en esa zurda. Y los seis belgas son un enorme dragón asustado. La foto, tomada por Steve Powell, no está asociada a ningún éxito deportivo. Ese partido en realidad, no significó nada para la carrera triunfal de Diego. Más bien, fue una decepción: debut argentino en España ‘82, 0-1 con Bélgica en el Camp Nou. Nunca le fue bien a Diego en Barcelona. Curiosamente, el patrono de la ciudad es un tal San Jorge. Más tarde, Argentina sumaría

derrotas frente a Italia y Brasil, esta última con expulsión de Diego y pasaje de vuelta. El ángulo de la toma no es el recomendado para una buena foto de fútbol. Los manuales dicen que mientras más cerca del piso esté la cámara, mejor. Es un plano picado típico de los Mundiales. Cuando ya no queda lugar dentro del campo, muchos fotógrafos trabajan desde las plateas. Además, el protagonista principal está de espaldas. Otra particularidad del encuadre es que no tiene referencias topográficas: no se ven líneas de cal, es difícil imaginarse de dónde viene y hacia dónde va la jugada. Se ignora la ubicación de los arcos. No tiene contexto futbolero. No tiene acción. Es mas bien el instante previo a la acción, aquel famoso “momento decisivo” de Cartier-Bresson. La potencia de la imagen reside en su valor simbólico. Es mucho más que una foto de fútbol. Pertenece al terreno de las ideas platónicas. Representa la determinación frente a la adversidad. Recomiendo llevar en la billetera una copia de esta foto. A modo de talismán, contra todos los males de este mundo.


El goleador que lee y escribe Unir el fútbol con el pensamiento crítico no ha sido fácil. Casi podríamos decir que no ha sido, y punto. Ancestrales resistencias empujaron a los jugadores a apartarse de los libros. Quizás este reportaje a Facundo Sava, el escritor, permita iniciar a otros. Y luego a otros más, para que logremos caminar, entre todos, el sendero de un deporte mejor, rumbo a un mundo mejor. Por ALEJANDRO WALL Fotos FABIÁN MAURI

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esde los 19 años, cuando escuchó el consejo de Carlos Griguol, Facundo Sava escribió todo lo que observó y escuchó en los rincones del fútbol. Lo hizo día a día con cada cosa. Lo que veía y lo que investigaba: entrenamientos, compañeros, técnicos, historias y charlas... Su vida como jugador son doce cuadernos desordenados que aún conserva. “No lo tenía pensado para un libro. Griguol nos decía que en el futuro seríamos técnicos y que podríamos usar algunas cosas. ‘¿Ustedes creen que se van a acordar de todo? Anoten, anoten’, nos decía. Griguol fue un maestro para mí”. Dice Facundo Sava, y bebe un sorbo de agua, sentado a la mesa de un restorán. Los goleadores son respetados por su sentido del tiempo y el espacio. Su función es completar con pericia lo que otros han construido. Pero no se les otorga licencia para pensar. Eso se lo dejan a otros, a los diez, reyes del pase y de la pausa. La reflexión del nueve sólo puede resultar un asunto breve, relacionado con la decisión final de ubicar la pelota en aquel palo o reventarla a como cuadre. Como si se tratara de un asesino a sueldo, se cree que los goleadores no piensan: sólo ejecutan con frialdad.

Una mínima demora –o acaso un apuro adolescente– puede resultar fatal. Aquí tenemos a Sava, fuera de esa lógica. Tiene 36 años, de los cuales 17 los ha caminado como goleador pensante en una gira que incluyó a Boca, Gimnasia, Fulham, Celta de Vigo, Lorca Deportiva, Racing, Arsenal y Quilmes. Y habrá más: ha vuelto a Ferro, el club donde comenzó todo. “Estoy contento. Me reencontré con gente de aquella época, con lugares de aquella época y hasta los olores son los mismos. Lo encontré bastante más caído al club, por sus problemas con la quiebra. Pero ahora hay muchos socios organizados para levantarlo. Veo un club que está queriendo salir adelante”. Ronaldo dijo una vez que para él es más fácil convertir un gol que leer un libro. Sava no sólo ha leído muchos, sino que acaba de publicar uno: Los colores del fútbol, de Ediciones Al Arco. El psicólogo Marcelo Roffé pone en evidencia esta circunstancia desde uno de los prólogos a la obra. En el otro, Víctor Hugo Morales se tranquiliza por haber sido justo con el jugador. Es que Sava comienza su libro con el recuerdo de su infancia,

cuando soñaba que el uruguayo tan solo mencionara su nombre. La cuestión es que, además de hacer goles, Sava los escribe. Hasta se destapa con un cuento sobre un jugador al que una sucesión de hechos extraños –la mordedura de un perro, el consumo de analgésicos, un control policial– le frustran el debut. El libro demuestra que mientras Sava se ubica en el lugar más conveniente del área rival, se da tiempo para observar con agudeza lo que ocurre en el mundo de la pelota. –A esta altura ¿Por qué jugás? –Porque me gusta. No hay nada económico. Me gusta entrenar y jugar. Una mañana Griguol le preguntó cuánta plata tenía. Y Sava le contó. También le dijo que se iba a comprar un Fiat 147 para evitar tanto tren y colectivo entre su casa, la facultad en La Matanza y los entrenamientos en Pontevedra. Griguol se lo reprochó. “¿Dónde vas a cagar y a mear? Mostrame el coche, ¿adónde tiene inodoro y bidet?” Entonces, lo citó por la tarde en Acoyte y Rivadavia. “Decile a tu viejo que venga”. A las pocas horas, el técnico los esperaba en la puerta una inmobiliaria.

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“Me aconsejó que siguiera viajando en colectivo. Y me hizo comprar un departamento que pagué a dos años. Hasta me hicieron un descuento… Todavía se lo agradezco”. –¿Eso te marcó un camino? –Sí, muchos lo seguían y otros no. Pero a todos los que lo seguimos nos fue bien. Yo tenía la obligación de pagar ese

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departamento, así que iba a entrenar y me mataba. Sava contaba estas historias en las cenas que compartía con amigos. Allí estaban Roffé, los periodistas Marcelo Máximo y Ariel Scher –autor de un capítulo del libro–, el escritor Eduardo Sacheri y un compañero de la infancia del colorado, Juan Sala. Ellos lo convencieron para que

escribiera. Y el Negro Máximo lo ayudó a acomodar las ideas en el papel. –Vos contás que sos ateo y hay una parte del libro dedicado a las cábalas y la religión. ¿Cómo conviviste con ambas cosas? Es bastante jugado, porque yo no creo en Dios. Para mí Dios no existe. Yo pienso que lo que uno hace, recibe y da es por uno. Por el amor, la familia, los valores con los que crecí, de mis padres o los entrenadores que tuve. –Otros, en cambio, se encomiendan a algo superior. –Es una forma de creer que uno hace las cosas más fáciles. La realidad es que yo no siento que Dios me pueda aportar algo. Tampoco una cábala… Yo he estado en vestuarios que eran un santuario, como el de Racing, donde había cinco o seis velas prendidas y ochenta vírgenes. Pero yo soy muy respetuoso. Si el otro cree en Dios, hay que respetar sus creencias. –¿De dónde viene tu ateísmo? –Yo estoy bautizado, pero después no tomé las comuniones. Mi viejo siempre fue ateo, mi vieja siempre fue católica. Mi viejo hace teatro participativo y es mimo. El padre de Facundo es Alberto Sava, un artista y psicólogo social con larga y reconocida militancia en el movimiento por la desmanicomialización. Alberto dirige el Frente de Artistas del Borda, que fundó hace 26 años. Facundo cuenta en su libro que se hizo hincha de Racing el día que lo vio llorar por el descenso. No es su única herencia. Igual que su padre, Facundo siguió el camino de Enrique Pichon-Rivière: es psicólogo social. Y también se opone a los encierros. Lo suyo son las concentraciones. “No me gustan nada. Yo viví la experiencia de no concentrar. En Inglaterra, por ejemplo. Si fuera por mí, iría directamente a jugar el partido. Quizás haya otros compañeros que la consideran necesaria, pero yo quiero estar en mi casa”. –¿El jugador no sabe qué hacer la noche anterior al partido? –Tiene que ver con la educación. Siempre nos dicen lo que tenemos que


hacer. A los chicos hay que educarlos. En Inglaterra me explicaron qué comer el día anterior y por qué, cuántas horas descansar y por qué. Te preparan para no concentrar. Hay un capítulo del libro que es sobre la formación, y ahí cuento que no nos preparan para ser responsables de nuestros propios actos, sino para ser robots. Esto está cambiando, igual, porque cada vez tomamos más protagonismo. Los más pibes vienen con más fuerzas. –¿En qué sentido? –Se meten más con la táctica, con la técnica, se meten con los trabajos. Va a ser lento el cambio, pero ya exigimos. A los entrenadores que no nos entrenan bien, vamos y se lo decimos. –¿Los técnicos han tomado mucho protagonismo? –Es importante un técnico, para bien o para mal. Pero también son importantes los jugadores. Se nota mucho cuándo un técnico está preparado y cuándo no. Cuando es alguien seguro, le da al jugador más participación. Por ejemplo, para hablar de táctica. –¿Griguol era un formador? –Sí, fue uno de los más importantes que he tenido, del cual he aprendido mucho. Pero no fue el único. He aprendido hasta de técnicos que no tuve. –¿Por ejemplo? –De Guardiola, Mourinho, Bianchi, Bielsa... Tengo compañeros que han tenido a Bielsa o Mourinho y les pregunté qué hacían y cómo eran. Hay que darle responsabilidades al jugador. Que piense, que sienta. –¿Te gustaría ser técnico? –Sí, me encantaría –Tus jugadores ya saben que no van a concentrar. –Si ellos se quieren concentrar, lo harán. Yo no voy a ir a meterme en el hotel. Pero yo no voy a imponer nada. Si ellos me dicen que creen que tienen que concentrarse, lo discutiremos y lo organizaremos. Si la concentración sirve para crecer o analizar un partido, bienvenida. Pero para estar tirados en una cama, no. Yo tengo hijos y una esposa.

–Hay una vida después del fútbol. –Y… Ésa es otra historia, porque somos muy pocos los que llegamos a jugar a los 36 años. El resto se queda a los 18, 19, 15... Y la vida recién está empezando. Por eso hay que prepararse. –Imagino otra cosa que requiere preparación: la derrota. –En el libro hay un capítulo que se llama Ganar y perder. Yo fui a ver varias veces a Cachito Vigil. Y él siempre ponía un ejemplo de que ganar y perder es algo que sucede a cada instante. Minuto a minuto ganás y perdés en la vida. Es algo normal. Lamentablemente, acá no se vive de esa manera. –En Racing te tocó una situación límite, un club del que sos hincha. –Son cosas difíciles de explicar en palabras, son emociones que te surgen. Yo les agradezco a los hinchas por la calle porque me dicen cosas muy lindas. En todos lados he terminado muy bien. Pero ahí estábamos muy solos, los jugadores. No había apoyo dirigencial de ningún tipo. Y tuvimos que trabajar mucho con los chicos. Fue muy emotivo para nosotros salvarnos del descenso. –A partir de esa experiencia con la empresa gerenciadora de Racing, en tu libro explicás cómo una mala dirigencia afecta al futbolista. –Cuando un club no está bien manejado, el jugador no se siente representado, e inclusive puede producir que juegue mal, que se enoje. Esas cosas que perjudican no sólo al jugador, sino también a la institución. –¿Es difícil construir un diálogo con los dirigentes? ¿De quién es responsabilidad si no lo hay? –De las dos partes, pero sobre todo de los que manejan el club,

que son los que toman las decisiones más importantes. Igualmente, nosotros podemos opinar, hablar y tirar ideas para que las cosas se hagan mejor. –¿Y la relación con la prensa? –El jugador de fútbol tiene que entender cuál es el rol del periodismo, y para eso también hay que prepararlo. Con un periodista puedo discutir sobre algo que no estoy de acuerdo, pero no puedo querer que tal radio hable de una manera porque no lo voy a lograr. –No está mal discutirle al periodismo. –No, está muy bien. Pero no le podés discutir a todo el periodismo, podés discutirle a uno. –¿Te calentás con eso? –Sí, pero a medida que fui creciendo entendí de dónde viene cada cosa. Cuando yo llegué a Inglaterra, me agarraron tres personas del Fulham y me explicaron que ahí había ocho diarios, que tal diario iba a buscar tal cosa y que el otro iba a ir por otro lado. –También está el periodista amigo. –Sí, el que busca ser amigo por necesidad. Porque le sirve estar bien, porque algún día le vas a dar una nota. Y, por supuesto, está quien puede ser realmente tu amigo. Pero los chicos no llegan preparados para saberlo. En el Arsenal, apenas entran al club les dan talleres para su relación con el periodismo. Hoy en día una declaración mal dada te arruina. A los cuarenta minutos de charla, Facundo Sava declara que está aquí, ahora, porque tiene ganas. Porque las cosas, dice, las hace con pasión, el único modo de disfrutarlas. En un rato, por ejemplo, esas ganas lo llevarán a visitar a su psicólogo, Hernán Kesselman. Son las mismas que lo hacen jugar en Ferro. Y después verá. Es momento de la pausa. Este extraño goleador se toma el tiempo para pensar. Mientras, lee y escribe. No es poco. Ronaldo nunca pudo hacerlo.

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Tributo a un gordo bueno

La historia del fútbol cuenta con sus héroes y sus próceres, hombres que obligan a estudiarlos y a perfeccionar su recuerdo. Ferenc Puskás es uno de esos hombres: un diez zurdo y morrudo que simbolizó una época y supo tirar caños con veinte kilos de más. Un documental húngaro nos abre una ventana a la niñez en que forjó su pique corto, a sus años de gloria mundialista y al comunismo soviético del que eligió escapar. Por MARIANO MANCUSO

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ue un fracaso como comunista y como capitalista, pero como futbolista era de los buenos. Así de compleja fue la vida de Ferenc Puskás, que además de un habilidoso goleador zurdo fue un comerciante nada diestro, que perdió un bazar en Budapest por regalar más ollas de las que vendía y quebró una fábrica de salchichas en Madrid porque casi nadie le pagaba. De estas historias poco conocidas se nutre el documental de 2009 Puskás, Hungary, dirigido por Tamás Almási, para atrapar al espectador. La película, compuesta en un registro televisivo, condescendiente pero entretenido, acierta por la riquísima biografía que relata. “Sería difícil crear una historia mejor que la suya”, reconoce el director. El valor del film radica en aquello que la mayoría no conoce de la vida del húngaro más famoso. Por ejemplo, que se crió en los suburbios de Budapest con un nombre diferente: Ferenc Purczfeld. En 1937, cuando tenía diez años y los alemanes se asentaron en la ciudad, la familia se cambió el apellido por Puskás, que en húngaro significa “escopeta”. Creció junto al estadio del Kispest A.C., donde su padre era futbolista. “De

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chico iba corriendo al colegio, haciendo piques de esquina a esquina. Cuando veía un tranvía, empezaba a correr para ver cuán lejos podía llegar hasta que me pasara”, recuerda. De grande, leyó que el tenista francés Jean Borotra practicaba puntería con una caja de fósforos y se obsesionó con pegarle al travesaño treinta veces seguidas. Cuando jugó en Real Madrid, se llevó unos duros extras de las prácticas con esta destreza. Su talento tardó poco en destacarse en su club húngaro de origen, y llegó joven a la primera del club, con su papá como DT. Su físico pronto decantó por un porte medio y una contextura redondeada. Mientras se afirmaba en Kispest, los soviéticos sitiaron Budapest, en la Navidad

de 1944. En 1945, la ciudad ya era comunista, y unos años después le tocó a su equipo afiliarse al partido. El Ejército tomó el club y lo rebautizó Honvéd (Soldado). El plantel se reforzó con lo mejor del país, se militarizó y se transformó en la base de la gran selección húngara que dominó la primera mitad de los ’50. Puskás era el líder de ese batallón deportivo. Ahí empieza la historia conocida, la de los magiares mágicos. La medalla de oro en Helsinki 1952, el 6-3 a Inglaterra en Wembley –incluida la humillante pisada de Puskás ante Billy Wright, el capitán inglés–, el 7-1 de la revancha y las gloriosas giras por Europa. Por entonces, Puskás era un ídolo global, si algo así podía existir en un mundo sin TV. Su fama era tal que una joven sueca podía hacerle llegar una carta poniendo en el reverso simplemente su nombre y su país, de ahí el nombre del film. La caída llegó en el Mundial de Suiza, en 1954. Hungría llegó como el gran favorito y en la primera ronda goleó 8-3 a Alemania. Las patadas germanas dañaron a Puskás, que recién volvió a jugar –lesionado– en la final, otra vez ante los alemanes. Allí el plantel que equipaba


Adi Dassler pudo hacer pie en la cancha embarrada, levantó un 0-2 y sorprendió a un equipo magiar que llevaba seis años –más de 40 partidos– invicto. La frustración húngara provocó revueltas en Budapest. El DT Gusztáv Sebes y Puskás fueron los blancos de la ira popular: la gente apedreó las redacciones de algunos diarios y quemó pósters de sus ídolos. Con las semanas, las protestas giraron hacia el gobierno. En 1956, estalló la revolución. Honvéd aprovechó la Copa de Europa para irse del país. Puskás se sentó junto al conductor del micro, y su rostro fue abriendo cada piquete. Cuando los tanques soviéticos pusieron orden, les llegó el mandato de regresar. El plantel desobedeció y se fue de gira a Brasil. Repartieron el dinero y sólo unos pocos volvieron. Puskás se instaló en Viena. En Hungría lo declararon traidor, lo borraron de una película que estaba por estrenarse y lo tomaron como un mal ejemplo. La FIFA lo suspendió por dos años. En el exilio, y con pocas chances para jugar, pasó uno de sus peores momentos, de los pocos que elige contar el documental. Hasta que sonó el teléfono y Santiago Bernabéu, a instancias de un ex entrenador suyo en Kispest, le ofreció un contrato. “Pero mire que estoy con 18 kilos de más”, le habría dicho. “Eso es problema suyo”, le respondió el presidente del Real Madrid. En semanas, el húngaro se puso en forma y debutó con la camiseta del club merengue en el Monumental, otro dato poco conocido. Di Stéfano castellanizó su nombre como Francisco y le dio la versión argentina del apodo, Pancho. Así se sumó a una histórica delantera –Gento, Di Stéfano, Kopa, Rial– y la hizo más gloriosa aún. Entre tantos récords, títulos y festejos, la película hace foco en el hombre y sus virtudes. Las más de cincuenta entrevistas, una pauta de la gran labor de producción, le dan al film jugosos testimonios que van desde ex compañeros y su criada hasta familiares y amigos. Construye con ellos un Puskás bondadoso, siempre dispuesto a meter la mano en su bolsillo para ayudar a un compatriota, incluso al agente que lo espiaba cuando estaba exiliado. Un hombre sensible y generoso que “daba dinero, porque era un poco

tonto”, y cuyo “corazón era tan grande como su panza”. Pero lo mejor del documental está en el archivo que rescata. Esas imágenes que lo muestran siempre prolijamente engominado, hundiendo el empeine izquierdo en el cuero redondo, golpeando el balón con una precisión y una potencia que asombra. “Le gustaba más hacer goles que comer”, lo describe José Santamaría, compañero en Real Madrid, donde jugó hasta 1966. Para cuando le hicieron el partido despedida, en 1969, su panza mostraba que hacía tiempo había cambiado sus preferencias. Tras el retiro, dio sus primero pasos

para un partido homenaje a los magiares poderosos. La escena da ganas de llorar. Después de veinticinco años, Pancho se reencuentra con su familia. Su rostro suelta todas las expresiones juntas, mientras casi inconciente, al ver una cara conocida, exhala su nombre como recordando años y años de anécdotas. Hay llanto, abrazos y también esas sonrisas que los que lo conocieron tanto extrañan. Su rostro se hunde, y la boca empuja los cachetes hacia los lados. Es un niño otra vez. A fines de los ’80, en Australia, Puskás todavía jugaba al fútbol. Con más de 60 años, apretado en una camiseta demasia-

como DT, profesión con la que visitó los rincones del mundo que le faltaban. Arrancó en España, luego fue a Estados Unidos y Canadá, y tuvo su página más gloriosa en Grecia, donde llevó al Panathinaikos a ser subcampeón de Europa. Pero también dirigió en Chile (Colo-Colo), Egipto, Paraguay (Sol de América y Cerro) y Australia. Su barriga prominente y sus insultos en español son más recordados que sus planteos tácticos. El regreso a la patria llegó en 1981,

do blanca, lo vemos tirar un caño al pasar, para seguir altivo y panzón en control de la pelota. Honores para el veterano desconocido que abrió las piernas. Entonces decía: “Es mi vida. Me gusta el fútbol, trabajó en el fútbol y juego al fútbol, no muy rápido. Ojala pueda jugar diez años más, viviría diez años más”. Murió en 2006, sin poder reconocer a sus compañeros del Honvéd. El Alzheimer le fue quitando los recuerdos. Su fútbol y Puskás, Hungary nos impiden olvidarlo.

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“El fútbol es como un Aleph, en el rectángulo de juego está la vida” A una cronista le picó el bicho de entender las razones que se esconden detrás de la pasión futbolera, algo que la desconcierta. Harta de quedar excluida de las charlas de su marido con sus amigos, busca explicaciones con la impunidad que le da no tener club ni bandera. Al ritmo de los recuerdos de la infancia, jugadas memorables, poesía y una visión lúcida (que excluye a Newell’s, claro), Rafael Bielsa casi logra convencerla de las bondades del fútbol. Por MARÍA FERNANDA MAINELLI Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

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ntre cliente y cliente, en un coqueto buffet de abogados del centro porteño, al ex canciller de la Nación se le hinchan las mejillas al rojo vivo cuando explica su amor incondicional por Newell’s. Pisó por primera vez su cancha cuando tenía once años, de la mano del tío Pocho, en una época que recuerda que en la platea se fumaba unos cigarritos con olor a tabaco mezclado con chocolate que dice sentir en el aire ahora mismo; o cómo logra escuchar el sonido de la chapa del Alumni cada vez que cambiaba el marcador, o el “chaaa” de un pelotazo magistral contra las redes que antes estaban flojas. Su equipo se enfrentó contra Independiente, que le ganó 3 a 1 y, el pequeño Bielsa ilustrado, que repetía de memoria las formaciones de todos los equipos, supo temprano que con el fútbol también se sufre: en ese partido, Newell’s se fue al descenso y los hinchas, sentados en los tablones de madera, se agarraban la cabeza y lloraban.

La pasión o la acción de padecer –Ese primer día entendió que el fútbol es más bien sufrimiento. –Como el amor. Yo asocio al fútbol con el amor. El fútbol es esquivo: es imposible derogar el azar y es extraordinariamente injusto. En algunos partidos he

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tenido diálogos permanentes con Dios: “este partido no lo podemos perder, escuchame Dios… Ya perdimos el partido anterior, éste lo tenemos que ganar, Dios; no podés permitir que volvamos a perder, no hagas esto, Dios”. Y perdíamos. Entonces me invadía un enojo metafísico, religioso. “Dios, dame una buena explicación de por qué perdimos, si en el equilibrio universal cósmico nos tocaba ganar a nosotros”. El fútbol es como un Aleph, en el rectángulo de juego está la vida. –Si hace un recorrido por su vida futbolera y pone en una balanza las alegrías y las tristezas, ¿qué saldo le da? –Siempre es felicidad, porque aunque haya habido un solo momento feliz, me hubiese pasado la vida recordando ese instante. –Las personas nos separamos de parejas, modificamos ideas políticas, religión, amigos y el país donde vivimos. ¿Me explica por qué no se cambia de club? –El amor por los colores es más fuerte. –No me alcanza. –Cuando te separás de una pareja es porque considerás que la convivencia es imposible; cuando te exiliás o te vas a vivir afuera, sentís que el país te expulsa. Pero, en cambio, el fútbol es siempre la promesa de una nueva oportunidad. La frase que dice “en el fútbol hay revancha todos los domingos” es cierta. El fútbol

nunca te echa, aunque tu equipo se vaya a la B. Si desciende, lo querés más, porque es cuando más te necesita. Pero el fútbol siempre te necesita. Por eso me niego a considerar a los epifenómenos del fútbol: porque rompen esta magia. No importa que tu equipo se vaya a la B, porque al final del día quedan once jugadores que tienen puesta tu camiseta. El fútbol no te pide que seas alto y de ojos celestes, ni que tengas plata, ni un auto importado. El fútbol te pide que le des la vida, en el sentido de que estés presente, como piden las mascotas, y eso es maravilloso.

Esa cosa que siguen llamando fútbol –¿Qué gracia tiene para usted que veintidós tipos corran detrás de una pelota? –Nací en el barrio Abasto, de Rosario, y jugaba a la pelota con mis amigos en las veredas de empedrado grueso, y el pasto crecía entre los adoquines. En ese momento, la calle Mitre iba de norte a sur, y por ahí pasaban los carros que venían del mercado. Era una época en la que te regalaban el perejil en las verdulerías. Los tipos que manejaban los carros les decían piropos a las mucamas y nosotros nos poníamos colorados. El fútbol tiene, entonces, la gracia de los colores brillantes de mi infancia. Proust decía que la patria es el lenguaje, es la infancia. Bueno, para



mí veintidós tipos corriendo detrás de una pelota son mi infancia, mi lenguaje y mi patria. –Es un relato conmovedor, pero no me convence si bajamos a la realidad del fútbol, que básicamente es un buen negocio de unos pocos. –Es un universo al que le tengo un desprecio militante. La FIFA, la AFA, los transfers, los derechos federativos, los económicos, llevar a un chico de 15 años a Europa. Todo eso no entra en mi relación con el fútbol, es la sombra de la caverna de Platón. Cuando veo un partido (veo poco porque sólo sigo en primer lugar a Newell’s, en segundo a la Selección argentina y en tercero a la de Chile, por Marcelo) siempre son veinte tipos que corren detrás de una pelota y dos que tienen que evitar que se meta en el arco. –¿Cómo hace para aislarse de todo lo demás que configura al fútbol? –Porque cuando miro fútbol me hago mi propia película. El sábado pasado vi Newell’s-Lanús y era el Newell’s-Lanús del 67. Aquel día que vi, por primera vez, cómo un marcador de punta de Lanús que se llamaba Ávalos sacó un tiro en la línea de chilena. Y lo veo ahora. Cuando veo una pared en el área chica, los veo a Silva y a Acosta, los Albañiles. En vez de ver partidos de fútbol, leo relatos que son partidos de fútbol. –Desde hace años intento ver un partido entero y no lo logro. ¿No es un espectáculo aburrido el fútbol de hoy? –Puede ser, pero tengo que hacer una distinción: un partido de Newell’s nunca me aburre, aunque sea un partido aburrido. Ni hablar cuando jugábamos con Central. En una época siempre empatábamos 0 a 0, o 1 a 1. Siempre prefiero el 0 a 0, porque es la declaración de la abyección y tiene algo de sinceridad. El 1 a 1 es un pacto tramposo, una mentira que me hacía sentir estafado. El 0 a 0, al menos, dejaba la sensación de que los dos estábamos en el horno, que éramos dos equipos horribles y que mejor era no sacarse los puntos. Ahora, sacando a Newell’s, el juego hoy está empezando a ser un juego distinto pero que seguimos llamando fútbol.

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–Amplíe el concepto. –Hay una imagen que tengo grabada en la retina: cuando el Mono Obberti la tenía dominada en tres cuartos de cancha, era gol. El tipo, zurdo, arrancaba, movía la cintura, pasaba a un par de jugadores, gambeteaba al arquero y era gol. Esto pasaba porque había tiempo para pensar y había lugar para el malabarismo. Ahora los espacios se achicaron y la velocidad creció. La condición física empató a la condición natural, que por suerte no ha desaparecido,como lo demuestra un Messi. Pero, claro, en la década del 60 había quince como Messi, y hoy es él solo. Me acuerdo de Cerqueiro, un jugador que había venido de Atlanta y hacía una jugada que no se la vi hacer nunca más a nadie. Se llamaba la bicicleta. Ahora, es cuando pasás la pierna por arriba de la pelota. En ese momento –Bielsa se para, trajeado, en medio de la oficina y grafica la jugada–, el tipo apretaba la pelota entre el taco de un botín y la capellada del otro, le pasaba por arriba la pelota al marcador y la buscaba por afuera. Hoy se perdieron el tiempo y el espacio para pensar una jugada así. Igualmente, la dirección en la que está yendo el fútbol tiene un límite. ¿A cuánta velocidad más podés ir sin chocar con la ergonomía? –¿Cuándo fue la última vez que una jugada le cortó la respiración? –El gol de Messi contra el Getafe, hace dos años. Un gol idéntico al de Maradona contra los ingleses. –Hace tiempo que el fútbol no le da una alegría. –Y sí, una jugada como esa no sucede en estos tiempos.

De contradicciones también vive el hombre –¿Cómo explica su pasión por el fútbol con las atrocidades que se cometieron en su nombre, como en la última dictadura militar? –Un año antes de ese Mundial me habían secuestrado. Por eso para mí el Mundial no existió. Lo viví inundado de tragedia, así que no puedo hablar de eso

como un momento epifánico. Cuando pasan los goles de Kempes, no tienen ninguna significación para mí, los veo en blanco y negro aunque sean en color. Los militares no sólo cometieron delitos atroces: también escondieron la consigna de acabar con el país fabril que generaba obreros que se sindicalizaban y refutaban al orden. Esa fue la tragedia. –¿No se siente incómodo con el hecho de que en cada fecha se reedite la noción de ganadores y perdedores? –La contradicción en la que entro, siempre dejando a Newell’s de lado, es que en Argentina la derrota es sinónimo de humillación. Nosotros no tenemos la categoría de la derrota digna, y eso me fastidia, porque se excluye el elemento de la justicia. Se pierden partidos injustamente, habiendo sido nobles. No conozco otro país del mundo en el que, en la cancha, se insulte a un jugador diciéndole fracasado, que no es lo mismo que loser en inglés. El loser es un perdedor diferente al fracasado, que se asocia más a lo profesional. Eso implica que para este país la derrota es sinónimo de fracaso, y eso no es así. De la derrota se aprende, como esa frase que algunos atribuyen a Octavio y otros a viejos pescadores portugueses: “Navegar es preciso, vivir no es preciso”. Jugar al fútbol es preciso, ganar no es preciso. El individuo se forja más en el traspié que en la victoria, que es embriagadora, burbujeante, en el sentido de que te saca los sentidos. De la derrota, si no caés en la melancolía, se aprende más. –¿De dónde viene ese exitismo? –La Argentina tiene un sedimento que sobrevive, relacionado con la síntesis del “granero del mundo”. La noción de que somos un país condenado al éxito, como dijo el sociólogo Helio Jaguaribe, es una enorme estupidez que pone la responsabilidad fuera de uno. La retórica de “mientras los argentinos dormimos, la Argentina crece”, “la Argentina es como un corcho, la hundimos pero siempre sale a flote”, o “nos salvamos con una cosecha”, no sirve. En esa promesa inaugural de la generación del 80 se produjo una trampa que lavó la enseñanza de nuestros abue-


los inmigrantes: que para hacer la América había que laburar. Esto no es un valor para el argentino promedio, su valor pasa por lo brillante, no por lo opaco pero duradero. En el colegio, los tenaces nunca son admirados por sus compañeros, que admiran a los espontáneos, a los vivos. De ahí viene nuestro exitismo. –¿Perdona todo en la cancha? –No perdono todo, salvo a los de Newell’s. A mí me dolió mucho la eliminación de la Argentina en el Mundial de Corea-Japón por Marcelo. Pero, más aún, porque hubiese sido un triunfo especial. Hay triunfos que validan ciertos valores y otros que validan contravalores. Si vos salís campeón del mundo envenenando a Branco con un bidón, ese triunfo (te repito, dejemos de lado a Newell’s) le enseña a la Argentina que hay que ser tramposo para ganar. Si Argentina hubiese ganado ese torneo, el mensaje colectivo hubiese sido que se puede ser honesto, trabajador y, además, salir campeón, que para el argentino, que siempre prefiere el atajo, hubiese sido un mensaje valioso. Pero estos

análisis los hago porque no me obnubilo con la pasión. Si hasta me dolió que Central se fuese a la B. –No le creo. –¡Te lo juro! Yo le quiero ganar a Central en el minuto noventa con un gol con la mano. Un torneo sin clásico es un torneo amputado. –Me suena raro porque, mire, mi marido, que es de River, se pone más contento cuando pierde Boca que cuando gana River. –Yo siempre le quería ganar a Central y me envenenaba de cama cuando perdíamos. Cuando Central se fue a la B, pensé “pucha, este año no tenemos clásico”. Me llamó un amigo de Newell’s chocho de la vida y le dije “pero vos sos un pelotudo, qué gracia tiene no tener clásico”.

Un hincha se confiesa –¿Qué tipo de hincha es usted? –Soy típico y siempre voy a la popular, nunca a la platea.

–¿Incluso cuando era funcionario? –Siendo canciller, fui a un partido en la cancha de Chacarita y tuve un encuentro con el que era el jefe de la barra brava de Newell’s, Pimpi Caminos, que ahora murió. Me llamó y me preguntó: “¿qué estás haciendo acá?”. Le contesté que estaba viendo a Newell’s, como él. Yo estaba con mi hijo y me dice: “¿Y para nosotros, qué hay?”. “¡Cómo que qué hay, no estoy haciendo política, estoy viendo al equipo!”. Ganamos 2 a 1 ese partido. Soy como todos los hinchas: desaforado, arbitrario, apasionado, injusto en la crítica y en el amor, porque uno a veces se enamora de algunos jugadores más de lo que debería, les perdona cosas que no debería o le disimula claudicaciones. Y, también, soy injusto porque a veces uno castiga a jugadores que no se lo merecen. –¿No encontró una manera de ser más racional? –Es difícil. Además, hay otro problema, y es que se está perdiendo la categoría del ídolo. Américo Rubén Gallego, cuando era titular en la Selección, no lo


era en Newell’s. Los jugadores se quedaban cinco o seis años en tu equipo, así que tenías tiempo de hacerlo tu ídolo. La fugacidad hace que jueguen un torneo y después sean transferidos. No hay tiempo material para amarlos. Hoy, no existe en Newell’s un ídolo como el Tata Martino. Esto no lo permiten las sombras del fútbol-negocio que yo detesto. Pero en la cancha grito, me apasiono, me vuelvo loco cuando erramos un gol, me asusto, me entusiasmo exageradamente, voy a la cancha con miedo... La cancha está para eso, incluso para agarrarse a piñas. –¿Le pasó? –Puf, si me habré agarrado a trompadas... Una vez estaba en la cancha de Independiente con mi hijo, que tendría siete años, y nos afanaron una bandera. Salí corriendo a rescatarla y dejé al chico solo en la mitad de la popular. Recién cuando rescaté la bandera me di cuenta de que mi hijo había quedado anclado en Avellaneda. Pobrecito, se asustó. Pero no me arrepiento, porque esas son las mejores cosas que tiene el fútbol, el poder excederte sin culpas. –Es bastante arbitrario que una persona sea hincha de un club y no de otro. –A mí la primera camiseta que me regalaron fue la de Newell’s. Me la dio el tío Pocho, hermano de mi viejo. Si te la regala alguien querido, la simpatía por los colores remite a quien te la regaló. Después, por una cuestión de territorialidad: mi segunda casa y la de mis abuelos estaban frente al Parque de la Independencia. Ser de Newell’s es una referencia afectiva, porque los colores rojo y negro evocan el coraje, la traición, la pequeñez, la grandeza, la condición humana… Y están los episodios que viví fuera del país. Yo extrañaba a la patria, pero sobre todo extrañaba a los colores del equipo. Cuando viví en Barcelona exiliado, o cuando me fui a estudiar a Roma, hice cosas que hasta me cuesta explicar. Mirá, yo iba a buscar a personas abominables al aeropuerto Prat de Barcelona, para llevarlas al hotel y preguntarles si tenían un diario argentino para ver si encontraba una foto de Newell´s. Cuando me decían que no, te juro, les preguntaba “¿y los zapatos, no los envolviste con papel de diario”?

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Cuando vivia en Barcelona exiliado iba a buscar personas abominables al aeropuerto para llevarlos al hotel y preguntarles si tenian un diario argentino para ver si encontraba una foto de Newell´s. Me he visto esperando que me trajeran cuatro páginas de diario y luego alisarlas mientras rogaba que tuviesen una foto de Newell’s. También la llamaba a mi vieja y le pedía que ponga en el teléfono cinco minutitos de un Newell’s-San Lorenzo. –Por lo menos no le da vergüenza contarlo. –Hice otra peor. En 1987, cuando salimos campeones con Yudica, no se escuchaban en Buenos Aires las radios AM de Rosario. Entonces, agarraba el auto, me iba a Aeroparque, subía el coche a la vereda apuntando a Rosario y pescaba una radio. Un día que jugábamos con Gimnasia, a tres partidos de terminar el torneo, ganamos 1 a 0 con gol de cabeza de Balbo. Había sudestada, yo tenía un Escort con capota retráctil de tela y el viento sacudía el auto con una furia que parecía que iba a salir volando. La sensación era de estar en

una lanchita en el medio del río, con una sudestada. Me quedé escuchando todo el partido firmetex. Yo, que me convertí en un híper consumista de la tecnología –tengo Facebook y uso Twitter–, extraño los esfuerzos que había que hacer para escuchar algo del equipo. Era una forma de demostrar el amor por el club y la camiseta. Una forma de demostrar que tan hincha era yo de de Newell’s. –Fue ministro de Relaciones Exteriores. ¿Se colocaba el hincha dentro de su tarea? –Estábamos reunidos en Italia con un ministro; al lado mío estaba mi jefe de Gabinete, y le pasé un papelito que decía “averiguame cómo salió Newell’s”. Fue y me trajo el resultado: perdimos 1 a 0. –¿Solucionamos algún problema de índole internacional? –No, creamos problemas por el mal humor.


Hoy tengo ganas de ti

Desde el punto de vista de la compañera Budassi, autora del libro Apache, Carlitos Tevez es uno de los personajes más simpáticos y atractivos de los últimos tiempos. En esta nota sobran los halagos y las recomendaciones para que otros varones elaboren algunas conclusiones. Vamos, vamos, que las ninfas aguardan. Por SONIA BUDASSI

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odos preguntan por qué él, por qué Carlos Tevez, si hay tantos. ¿Por qué ese caballo percherón, ese pony maravilloso que esconde el cuello para sacar pecho cada vez que corre y patea? ¿Por qué él y no otro? Un Palermo pura sangre, por ejemplo, al decir de Mariana Enriquez, para hacerlo literatura, aventura, descubrirlo personaje, escribirlo con libertad, en sus contradicciones y en sus ambivalencias, propias de un héroe de ficción y de quien es persona e interpela tanta masividad. Admito: la elección fue intuitiva. Y fácil. Miraba el Mundial 2006 y era tan pero tan evidente cómo se destacaba, en varios planos, sobre el resto. Me llamó la atención, a nivel estético, la manera particular que tenía de correr, una ferocidad suprahumana, y esa garra histriónica que le genera tantos aplausos. Hiperbólico en cada acto (si sonríe, si se enoja, si declara, si patea…), Tevez es la personificación del estigma de la viveza criolla en la cancha, aunque a veces salga mal y le valga alguna roja. Confieso que pasado el primer efecto de pura atracción por sólo verlo, ese enganche inmediato de simplemente observarlo, vino una inmersión en la que todo se volvía tan interesante como absurdo e indescifrable, incluso los atributos suyos sedimentados por la prensa. En cada actuación pública, Tevez destila el aspecto magnético de un chico haciendo travesuras. Se le atribuye una chispa espontánea que también implica pequeños arranques de irracionalidad que a veces juegan en contra (y en la pequeña caída, el hincha extrañamente, no condena, justifica. Porque Tevez genera perfecta identificación). Las calificaciones de “jugador del pueblo” y “pibe de barrio” encierran la idea del “como vos y como yo”, aunque él tenga una vida tan distinta a las del resto de los mortales. La dualidad “pibe de barrio”/ “producto de mercado” está plagada de sentidos. Tevez encarna la compleja leyenda del mito del ascenso social (pero su grupo se llama Piolavago). Dueño de tremendo carisma, tiene el don de ser un sobreadaptado. Goza, además, de esa capacidad

para convertir sus gustos en una marca que representa cierto “ser nacional”: el asado, la cumbia, la pelota... Puede hacer dinero con eso. Como imagen de Nike, hace un poco de ruido: el estigma de la pobreza procesado y vuelto heroicidad marketinera que usa una marca globalizada. Ezequiel Alemián escribió en su Diario del Mundial (2006, ByF) sobre Maradona: “es una persona respetuosa de las palabras. Las palabras que usa Maradona son como las que usan esos pocos tipos diferentes, con un talento cualitativamente distinto: no importa a qué se hayan dedicado. Usan palabras que coinciden con cosas”. Tevez, heredero atemperado de la tradición maradoniana, comparte algo de eso: una relación privilegiada con significante y significado. Preguntan también si Tevez me parece lindo (lo siento, la respuesta breve es sí, la respuesta completa es que ES lindo, ¿o no vieron ese cuerpo de animal mitológico, esos ojos enormes y sonrientes, esa cadencia firme al caminar?). Preguntan por qué Carlitos tiene tanto éxito con las chicas si es tan diferente al galán convencional, y con eso quieren decir tan distinto a esos lindos canónicos sin sangre, rubios tipo Beckham, con cuerpos trabajados estilo Forlán. Tevez es la chispa cumbianchera, la fantasía de lo inesperado, el vértigo de lo imprevisible, el que te puede pasar a buscar a las 4 AM para ir a bailar, o decirte “cambiate nena, nos vamos a un avión que nos deja en un hotel, te presto los auriculares de mi mp3 (tiene un Ipad en realidad), bailemos en la sala de embarque”. Y al mismo tiempo, otra vez ambivalente, se preocupa por la imagen familiar: poses con sus hijas por doquier. Mi amigo Hernán Vanoli, sociólogo y escritor, agregó un dato más antes de editar mi libro. En un mail que armamos con hipótesis sobre Tevez, sostuvo: “Tevez realiza las fantasías de los hombres que no se sienten lindos, y los revindica simbólicamente”. En ciertas mujeres, funciona la fantasía de la compensación: el chico divertido es el chico de su casa, es el chico exitoso, es el chico descontrol.

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Vamos los redondos

Los daiquiris se consumen rápido, la noche deja paso a la charla entre amigas y el tema, cuándo no, terminan siendo los hombres. Entre el deseo, el afecto, el alcohol y los gustos en pugna tiene que surgir algo interesante. Lo que surge, desde un par de damiselas que rescatan del ultraje a los panzones, es una teoría: en el fútbol, para salir campeón, hay que tener un gordo. Por AYELÉN PUJOL

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i amiga Ceci soltó el tema en una de nuestras tantas charlas sobre hombres: dijo, sin tapujos, que a ella le gustaban los futbolistas gordos. Para qué… “Los gordos, sí. Son los mejores: buenas piernas, cola ancha, espalda grande. Y pancita: unos kilitos de más. Real, chicas, eso es real. Ojo, los tipos comen, pero corren, eh. La mezcla perfecta”. Éramos nueve y se armó un escándalo. Flori, fanática de los abdominales marcados, saltó en defensa de los hombres tabla. Con su poco conocimiento futbolero, nombró a Diego Forlán. Nati les agregó años a los músculos. “Yo voto por el estilo José Luis Calderón”, opinó. Romi y Pao coincidieron en los flacos fibrosos (“la Brujita Verón, Zanetti”…), mientras que Beti y Anita se inclinaron por los flacos mediopelo. Era previsible: las dos intercambiaron besos con Jonathan Santana en la secundaria. ¿La gorda Vero? Ella, que lo único que sabe es que el fútbol se juega con una pelota, estuvo de acuerdo por una cuestión de empatía. Yo me mantuve al margen hasta que a Ceci la tildaron de bagayera. Con los gordos no se jode. Las dos nos convertimos en abogadas de una causa. Primero hablamos de analogías brillantes entre la pelota y la comida. El pan y queso, los centros a la olla, la frase “lo que te devoraste”. Y más: el “¡qué morfón!”, el “pongan huevo”, los arqueros con manos de manteca. Mostaza Merlo, Pancho Varallo, Fideo Di María… Y la versión de apodos golosineros: Topolino Riquelme, Chocolate Baley... Fundamentos teníamos de sobra, ante esas discriminadoras. Diego Maradona, el mejor futbolista de la historia, fue gordo. Y se comía todo, pero no le tomaba la leche al gato. ¿Qué fue Distéfano? Bueno, otro gordito. ¿O no leyeron, chicas, sobre los rollitos de los jugadores de aquel Real Madrid? Puskas también los tenía, eh. Lo nuestro fue un monólogo, pero de a dos. Hablamos de hambre de gloria, y afirmamos que los rellenitos 82 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2010

cuentan con algo especial: para triunfar tomándose licencias con la comida, realmente hay que poseer talento. Jugábamos a imaginar al Diego comiendo guisos de lentejas, cuando llegamos a una conclusión indiscutible: para ser campeón, hay que tener un gordo en el equipo. En el plano internacional, nombramos a Ronaldo, que vaya a saber cuántas feijoadas ingirió en su vida, y a otros dos brasileños, Ronaldinho y Adriano, pequeños panzones. A Iván René Valenciano. Al paraguayo Emilio Ibarra, sabiamente apodado el Ancho. A Salvador Cabañas. Los invito, incluso, a que vayan a Google y escriban William Foulke. Están a un click de ver al primer futbolista (arquero) obeso de la historia. Para qué… A la memoria se nos vino aquel Vélez multicampeón: Chilavert y la delantera rechoncha, con el Turco Asad y el Turu Flores, 190 kilos de potencia goleadora. También el Beto Márcico, que una vez, durante una entrevista, tomó siete helados. Y después les narramos las hazañas del Búfalo Funes, del Puma Rodríguez, que ascendió a la B Nacional con Olimpo y se cansó de pagar multas por exceso de peso. Además, nos acordamos de Omar Palma, que dio la vuelta con Central, y citamos una frase bien descriptiva de Ramón Díaz sobre Cavenaghi: “con ese culo, ese pibe no puede jugar en River”. Así le fue… A veces pienso que a Néstor Gorosito le llegó el tema de nuestra charla, y por eso contrató a Fabbiani para jugar en su River. Pipo, querido, Ceci dice que a los gordos también hay que saber rodearlos. ¿O te creés que Ortigoza jugó solo en Argentinos? Para ser campeón, hay que tener un gordo. Ya lo saben. Sin querer, encontramos la fórmula del éxito. De nada, muchachos.



Revista Un Caño - Número 29 - Septiembre 2010