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JUNIO AGOSTO 2017 ignacio romero javier alonso luis miguel coloma bruno chiarenza nicolás melián vera hoyer gines díaz ana rodríguez félix hormiga atchen pounapal francis pérez mario relaño iván vilella victor gm sheila caraballo estela garcía daniel quesada toma lipskyte cintia suárez antonio mendoza josé garcía sheila betancort rosario valcárcel carlos parra carmela garcía luigi battaglini julio blancas tomás pérez flora gonzález miguel cabrera dora phehn

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EDITORIAL Desde muy pequeño se le podía ver surcando los mares de su dormitorio. Cuando la madera de su corazón crujía, él observaba la tempestad escupiendo desafiante por la borda de su ventana. Gritaba hasta que la razón le agrietaba los labios y en sus ojos se condensaba todo el océano. Solía decir que las ciudades apestaban a lonja y la rutina era pan duro con escamas. Observaba la inmensidad de los charcos mientras los puertos zarpaban cada minuto enano. Con los años, el ancla oxidada fue devorando el casco hambriento por la resaca. Cuando por las noches se emborrachaba de lunas, el salitre empapaba su barba en busca de razones ocultas bajo la sobriedad del día. Nunca soñó con ser marinero, adoraba el verde barnizado de la montaña, los lápices de colores y el colacao con galletas. Pero le aterraba el latido despiadado del reloj que domaba los sueños estrechando el camino. Él vivía a la orilla de la otra orilla, en su mundo pez. Quería saquear piratas y secuestrar princesas, despojarlos de sus tesoros y echarlos al mar. Su doctrina... polvorín, justicia y motín. Zarpó sin prisa, lo saben bien sus drizas desordenadas sobre la vieja cubierta de teca. Todavía recuerdan cómo azotaban el mástil ansiosas por partir sin rumbo. Así que siendo muy joven abandonó la brújula sobre su mesilla de noche y zarpó desnudo de día. Al principio, no diferenciaba la proa de la popa, el azul del mar del cielo, el sol de la brasa de su cigarro, la luna de un copo de nieve... pero gozaba con el inestable vaivén del viaje. Sonreía sabiéndose solo cuando por la popa orinaba sobre la espuma. En sus viajes pasaba noches dibujando estrellas sobre

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EDITOR y DIRECTOR Fernando Barbarin REDACCIÓN María Larumbe

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las velas. Le apasionaban tanto los reencuentros como las despedidas, –volveré a volver–, decía. A veces, el mar de fondo le provocaba un vótimo por la descontrolada ingesta de bilis. Cuentan que en una ocasión se coló en un exclusivo restaurante para vomitar sobre todos los comensales; luego con la manga se limpió los restos de letras pegadas a su barba y continuó el viaje. Frecuentaba tabernas donde llorar era de hombres y el polizón un capitán sin camarote, el humo olía a niebla y en las mesas se intercambiaban cartas de amor, de navegación y de viaje. Soñadores embriagados por el ron que convierte las fantasías en historial reales. Conoció mares sin agallas donde las mareas acataban las órdenes y las olas secas devoraban bancos de peces sin aire, aspirantes a grumetes con traje. Millas a las horas punta, orilla temererosa de la otra orilla, espuma con miedo a ahogarse. Naufragó en varios sueños, y en el último que despertó decidió quedarse. Lo hizo en una tierra muda, donde el sol despiadado deshidrata el paisaje. Un puerto donde arriban los exploradores que buscan, olvidan o huyen. Los días de mala mar todavía se le puede ver a bordo de su viejo barco. Erguido sujeta con fuerza toda la nostalgia impregnada al timón. Mientras, observa como su casco descansa sobre un solar abandonado. Diez años de velas blancas, diez velas blancas sin amarres.

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SUMARIO

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REPORTAJE

Un islote tan cercano como desconocido que alberga numerosas joyas medioambientales.

MI ISLA >

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ARTE COLECTIVO >

Luis Miguel Coloma · 12

ARS Magna · 21

Acerco el ojo a la cerradura de mi memoria y veo flotando en nebulosa....

Espacio para el arte asociativo conejero canalizado por asociaciones culturales.

CAPTURA >

2NU2 >

Nicolás Melían · 13

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Pancho Lasso · 22

Que si ese trabajo, que si el otro, que si ese coche, que si el otro,...

Espacio para la muestra de obra realizada por los alumnos y alumnas de la escuela.

FOTODENUNCIA>

ARTÍCULO >

Vergüenza y orgullo · 14

José A. García Álvarez · 26

Localización de diferentes actividades en la conservación y cuidado del medio ambiente.

Hace unos 4.650 millones de años atrás La Tierra era una masa caliente donde...

MAR DE CANARIAS >

ARTE COLECTIVO >

Félix Hormiga · 17

Parto Cerebral · 27

Mi madre solía ir a la iglesia después de hacer, a primeras horas del día,...

Espacio para el arte asociativo conejero canalizado por asociaciones culturales.

ABC SUB >

MENSAJE PARA >

La vieja DKW · 19

Rosario Valcárcel · 29

Es al caminar cuando él, depresivo, tropieza con la certeza de lo que lleva ya andado...

El corcho saltó por los aires y las burbujas se balancearon por mi cuerpo, por los muebles,

SALITRE >

ISLAGRAM... >

Iván Vilella · 20

Espacio móvil · 30

La verdad zarpó. Ya no la volveremos a ver... Mierda.

En muchas ocasiones la belleza se camufla en lo cotidiano, una mirada tras la cámara...

PINTURA > Carlos Parra . . . . . . . . . . . . . 32

MAR Y ARTE · 27

FOTOGRAFÍA > Carmela García . . . . . . . . 33

Espacio de intercambio artístico donde el punto de referencia para el desarrollo creativo es el mar.

FOTOGRAFÍA > Luifi Battanglini . . . . . . . . 34

Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos, ilustraciones e imágenes incluidos en esta publicación sin permiso por escrito del editor.

ESCULTURA > Julio Blancas . . . . . . . . . . 35 POESÍA > Tomás Pérez-Esaú . . . . . . . . . . 36 FOTOGRAFÍA > Miguel Cabrera . . . . . . . . 37 ESCULTURA > Dora Phehn . . . . . . . . . . . 38


Foto: Rubén Acosta

ISLA DE LOBOS EL TESORO REDESCUBIERTO

Un libro del biólogo Ignacio Romero realza los valores de un islote tan cercano como desconocido, y que alberga numerosas joyas medioambientales y sorprendentes hallazgos culturales. Ciento treinta seis páginas dedicadas a la geología, la flora, la historia, la fauna, la arqueología o la literatura de un territorio tatuado de arena, volcán y sal. Leonardo Torriani la definió como la décima isla de Canarias, aunque fue la Monachus monachus, es decir, la foca monje o lobo de mar en su denominación científica, la que le dio nombre a un islote al que Ignacio Romero ha dedicado varios años de investigación. Situado entre dos islas “grandes”, en el estrecho de la Bocaina, lo primero que puede sorprender de la lectura de Isla de Lobos, naturaleza e historia es como islote de apenas 4,6 kilómetros cuadrados ha dado para tantas historias. El último redescubrimiento vino del hallazgo fortuito de una pieza de cerámica por parte de un turista en la playa de La Calera o La Concha en

2012. Aquel encuentro accidental dio pie a una excavación, que según la arqueóloga María del Carmen del Arco, de la ULL, ha revelado un gran taller de extracción de púrpura de la época romana (entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. aproximadamente). La hipótesis plantea la existencia de un campamento para extraer y exportar el tinte de la carnailla o canaílla (Stramonita haemastoma), lo que sitúa a Isla de Lobos como pieza central de la arqueología canaria. Cuando llegaron los europeos ya para establecerse definitivamente en Canarias, lo que les interesó fue la foca monje o lobo de mar, una especie que, según cuentan los cronistas de la época era muy abundante, y que daba gran cantidad de carne de forma muy asequible. Tanto era así que, poco a poco, la foca monje fue desapareciendo. Aunque como cuenta Ignacio Romero han existido planes recientes de reintroducción y todavía se baraja la posibilidad de crear una colonia en Canarias que permita conectar las de Madeira y Mauritania, únicas en el Atlántico. 7


Foto: Rubén Acosta

Además, Isla de Lobos, naturaleza e historia se adentra en la biología del islote, repasando otras especies comunes en este pequeño territorio (terrestres, limícolas, intermareales, etc). La flora tiene una presencia de primer orden con los ecosistemas de saladares, con muchas especies halófilas bien representadas, hasta el punto de tener una especie endémica de este islote: la Siempreviva de Lobos. Otro apartado son las protecciones ambientales ya que es un territorio pequeño y frágil que necesita ser regulado, gestionado para una correcta conservación de la plenitud de sus valores ambientales e históricos. Romero lleva más de una década pateando, como divulgador medioambiental, el islote. Los conocimientos adquiridos sobre el terreno durante todo este tiempo y las horas en bibliotecas y archivos públicos y privados han permitido la creación de esta publicación donde el paisaje, la flora y la fauna son claves para comprender la riqueza de este Parque Natural.

La publicación se adentra también en conocer a quiénes vivieron en Lobos. Algunos llegaron como torreros o como familiares de estos. Más tarde se convirtieron en personajes de la literatura, el periodismo, el teatro o la historia, y pusieron con sus estudios y creaciones literarias a Lobos en el mapa de la historia. Ahora, Isla de Lobos, naturaleza e historia hace un guiño para no olvidar a algunos de sus inquilinos más ilustres: Federico Doreste, Josefina Plá, José Rial, José Antonio Rial y Antonio Hernández. El abuelo de Alberto Vázquez–Figueroa trabajó como torrero en el faro de Martiño; de hecho, la madre del escritor nació y vivió sus primeros años en el islote, y es a ella a quien le dedica gran parte del emotivo prólogo de esta publicación. La obra también ofrece al lector una serie de rutas que le permitirán conocer los tesoros de Lobos de una manera responsable y sin alterar el paisaje y las especies que viven en el islote. Además, incluye una guía de actividades al aire libre y servicios.


Foto: Rubén Acosta

¡Allí brilla! ¡Allí brilla! ¡El faro! ¡Dios sea loado! ¡El faro! Cuenta una tradición que se remonta a casi dos siglos, que a cuantos nacen en faros se les considera “hijos del mar” y que por lo tanto nunca podrán morir ahogados. Los faros constituyen el mejor ejemplo de lo que significa la solidaridad del hombre con el hombre, y sorprende que ningún país luzca en su bandera la imagen de uno de ellos, cuando son tantos los que le deben gran parte de su gloria. Lazo de unión entre el mar y la tierra, impalpable hilo que surca la oscuridad permitiendo que el marino se aferre a él y consiga salvarse cuando ya todo parece perdido. Son millones los seres humanos que han muerto percibiendo su último destello, pero de igual modo son millones los que se han alejado del traidor arrecife gracias a ese mismo destello. El verdadero mérito de la luz de un faro estriba en el hecho que no se da en ninguna otra actividad, que de igual modo ilumina al amigo que al enemigo, al pescador que al pirata, y al más humilde barco mercante que al más orgulloso acorazado. Y es que en la oscuridad todas las naves son iguales, y de nada valen cañones o misiles cuando las rocas se ocultan bajo las aguas. Ya el viejo dicho nos lo recuerda: “la mar deja más viudas que la peste, pero la peste nunca da nada a cambio y la mar da mucho”. Mi abuelo José Rial fue farero de Isla de Lobos y dejó escrito: La soledad comienza cuando aquellos a los que amas se han ido; pero como aquellos a quienes amaba estaban conmigo, en Isla de Lobos no había soledad: tan solo había poca gente. Una noche de mar gruesa y luna llena su esposa tuvo la ocurrencia de ponerse parto, y sin más ayuda que un pequeño manual de cómo traer niños al mundo, mi abuelo consiguió que alumbrara una preciosa niña de ojos de mar en calma. Quince días más tarde la trasladaron a Fuerteventura, y a lomos de camello siguieron viaje hasta La Oliva donde la bautizaron con los sonoros nombres de Margarita de las Nieves Rial Bonfante. Apenas gateaba y ya mi madre pasaba largas horas chapoteando entre las rocas al pie del faro y pronto dejó clara

evidencia de su personalidad, puesto que lo primero que dijo no fue “papá”, sino “pulpo”. Sus mejores compañeros fueron el burro Venancio y la cabra Aurora, así como los habitantes de una lagunilla poco profunda de la costa de poniente. Observaba el comportamiento de cangrejos, quisquillas, lapas, caracoles, estrellas de mar, pececillos e incluso erizos, y lanzaba piedras a las gaviotas que se acercaban con la malvada intención de merendárselos. Como a diario les llevaba las sobras de la cocina, su círculo de amistades acuáticas fue creciendo: El mayor de los cangrejos se llamaba Rodolfo. La mayor de las estrellas de mar, Adelaida. Todas las quisquillas Roberta. Los niños que se crían aislados tienen tendencia a crear mundos fantásticos habitados por personajes con los que comunicarse y lo normal suele ser que las niñas compartan con sus muñecas tales mundos secretos. Pero a mi madre su única muñeca se le antojaba un inexpresivo trozo de trapo bueno tan solo para limpiarse los mocos, tan falto de vida y tan indigna de ser tenida en cuenta que jamás le puso nombre ni le digirió una sola palabra. Su explicación a tanto desprecio poseía una cierta lógica: – Ni canta, ni baila, ni llora y huele a moho. Casi desnuda y descalza, cubierta a todas horas con un sombrero de paja que tenía órdenes estrictas de no quitarse bajo ningún concepto debido a que en un peñasco en el que no crecía ni un solo árbol el sol derretía hasta la lava del volcán, mi madre creció despreocupada, y libre. Murió joven, añorando Isla de Lobos. Alberto Vázquez–Figueroa Este texto corresponde al prólogo del libro Isla de Lobos, naturaleza e historia, de Ignacio Romero. El abuelo del escritor Alberto Vázquez–Figueroa ejerció como torrero en Isla de Lobos y su madre nació en este islote.

El autor: Ignacio J. Romero Perera (Lanzarote, 1978) es licenciado en Biología por la Universidad de La Laguna y máster en Gestión Ambiental y Calidad por la Universidad de Granada. Ediciones Remotas: Editorial con sede en Lanzarote con una decena de publicaciones culturales.


FotografĂ­a: Javier Alonso


> mi isla

Luis MiguEL CoLoMa http://islaflipica.blogspot.com.es

TIEMPO PERDIDO

En esa gran estafa de la entrega debida, solo hallaron infelicidad. Miraban a través del ojo de la cerradura de su yo interior, de su memoria, y solo había oscuridad. Un abismo vacío como las profundidades del océano. La humanidad se construye con ladrillos de sensaciones, de recuerdos, de felicidad interior. De felicidad individual. La humanidad del ser, de cada ser, se construye de adentro hacia afuera. Con esas pompas de jabón en las que flotamos cuando somos felices. Cuando sentimos el alma en elevación. Cuando el mundo se mueve a cámara lenta a nuestro alrededor. Cuando sonreímos sin mirar a ningún lugar en concreto. Cuando… Cuando no hay cuando. Esas pompas de jabón que en la perspectiva de la mirada desde el exterior aparecen luminiscentes como el plancton en las noches de verano. Esos fulgores son en realidad los ladrillos con los que construimos nuestro ser. Y solo si empleas el material de fabricación correcto, puedes crecer como persona. Creces como un ser feliz en ti mismo. Como un ser que irradia luz. Que es consciente de su realidad y de su esencia. De que su felicidad no está atada a entidades materiales. Es feliz porque es, no porque tiene. No envidia. No Juzga. No critica. Vive. Ama. Sonríe. Disfruta. No se siente en deuda porque ha entendido que la felicidad no se entrega sino que se comparte. Y, como la

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candela de las velas, aumenta su luz cuanto más repartida está. Cuando haces ese ejercicio de introspección, cuando miras hacia dentro de ti a través de esa cerradura, descubres o acaso recuperas tu medida del tiempo. Esa que mide solo tu tiempo, que es personal e intransferible. Es como la llave que te permite ser feliz. La que abrirá el candado que te amarra a la utilidad del tiempo y te

BRUNO CHIARENZA

Acerco el ojo a la cerradura de mi memoria y veo flotando en nebulosa, luminiscentes, muchos de esos momentos plácidos y gratos que hoy podrían considerarse infrautilizados. Desaprovechados. Tantos instantes de quietud, de silencio, de paz, que se muestran en forma de sonrisa, de miradas perdidas, de ‘enmimismamiento’. Tiempo indefinido que uno pasa como flotando dentro de una pompa de jabón. Despreocupado de cuánto durará o de qué ocurrirá cuando explote, porque en ese estado no existe el cuándo. Uno surca las olas del viento reflexionando, fantaseando. En soledad o bien solo, pero en presencia de otros. Tiempo disfrutado. Tiempo incomprendido. Incuantificable. Tiempo improductivo. ¿En realidad lo es? No. Para nada. Solo en el diccionario de plástico de la socialización mal entendida. Solo en el manual del buen esclavo, cuya vida solo es útil si lo es para el beneficio de otros. En ese artificio de hábitat de gris hormigón y grafiti, frío y hostil, el ser humano se desprendió de buena parte de su humanidad para dejarla incrustada en el asfalto y en el cemento. Y de sus grietas nunca más crecieron ni siquiera jaramagos.

permitirá liberarte a su disfrute. De ese mismo tiempo. El que sí recordarás con la sonrisa boba y la mente dispersa. El que realmente te vale la pena. Porque del restante, solo el dolor perdura. Y ese sí querrás borrarlo o mantenerlo cerrado bajo llave, solo disponible para consultar y no repetir. Cuando encuentres esa llave entenderás que no sirve de nada, que es incluso una estupidez, dejar pasar momentos de felicidad porque no tienes tiempo. Privándote de felicidad solo construyes vacío. Solo oscuridad en tu memoria. Además, ¿en qué inviertes luego todos esos segundos, minutos…, horas, que has ahorrado? ¿En una felicidad de decorado? Los momentos felices no se construyen. Se viven.


> captura

NiCoLÁs MELiÁN

¿Cuántas idas y venidas? Que si ese trabajo, que si el otro, que si ese coche, que si el otro, que si hijo o no hijo. Nunca es el momento y siempre parece que tenemos un risco gigante frente a nosotros. Hace años, no muchos, la gente local de una isla como La Graciosa andaba todos los días con esos baldes de agua en busca de al menos unos pocos litros de agua potable

para hacer la comida y alimentar a los animales. Iban desde el pueblo hasta el centro de la isla en busca de la necesidad, y quisieran o no, desde niños, no tenían otra opción. Cuánto mas fácil sería si al menos tuvieran un compañero fiel, o te pudieran llevar de acompañante en bicicleta. En el camino, como en todo, hay que cargar muchos baldes de agua, y cuanta más sed, más tendrás que cargar. Ginés Díaz

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Ana Belén Domínguez

> vergüenza y orgullo

La crueldad del hombre no tiene límites, en SARA lo constatan día a día.

o l l u g r o y a z n e ü verg

Vera Hoyer

Voluntarios de “Limpia Famara” retirando plásticos de nuestra playas.

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> mar de canarias

FÉLiX HoRMiga

Atchen Pounapal

DIOS Y LA LUZ Mi madre solía ir a la iglesia después de hacer, a primeras horas del día, la compra en la recova. Hablaba con Dios con total confianza, nunca se ponía de rodillas. Allí sentada en uno de aquellos largos bancos, fuera del horario de misa, en el silencio del templo de San Ginés, ella confiaba sus secretos a Dios, le informaba de cómo iba la familia y le pedía que ayudara, aunque solo fuera un poquito, especialmente en los momentos en que el mar se hacía mudo y no traía las voces de mi padre y mis hermanos embarcados. Se sentía tranquila, veía a los santos y vírgenes moverse, gracias al juego de luz y sombra que provocaba el aire jugando a flamear los pabilos encendidos de los cirios; parecían vivos, dirigiendo las miradas a un lado y a otro, moviendo levemente la policromía de los trajes, tan bellamente estofados de pan de oro, plata y cobre. Ella, allí, en el silencio y en aquella luz cambiante, podía ver a Dios. Lo podía ver porque ella considera que a Dios le gusta que los humanos sean seres cómodos en la penumbra, que él mismo es la mínima luz que no espanta al diálogo, casi una oscuridad que incita al recogimiento. Al contrario de lo que dicen muchos, Dios no es un resplandor al que es imposible mirar. Un día, mientras en el cuarto de costura mi madre cosía y remendaba la ropa de faena y la de los más chicos que por estar siempre arrastrándose por el suelo arruinaban los culos de los pantalones y había que añadirle un trozo de tela en forma de libro abierto, remiendo al que muchas veces llamábamos misal, me comentó que habían puesto luz eléctrica en la iglesia, unos largos y encandilantes fluorescentes.

−¡Termolanza ha matado a Dios! –dijo, con una tristeza tan marcada, que a mí, que solo era un niño, se me agolparon dos enormes lágrimas en los ojos que me impidieron ver durante un buen rato.

A VECES TE SUEÑO A veces te sueño. De tanto mirarte en la memoria, llegas y me habitas en la noche. Te adormeces contra mí, extiendes tu vientre sobre el mío y tus labios sellan mi boca. Me sangran los oídos de sentirte y me quedo sin lágrimas de añorarte. Una noche soñé con mi ceguera. Fue un horrible y oscuro sueño. Mis cuencas se habían secado y el mundo terminó ayer, pues ningún presente fue de luz. Entonces, cuando el tiempo me sitió con taquicardia y el miedo agitó sus alas, apareciste, como santa Lucía, con dos ojos viscosos y vivos sobre una loza con reflejos de cauri. Te doy mis ojos, dijiste usando una lengua que solo el sueño me hizo entender. Y con tus delicados dedos, embellecidos de sangre de drago, colocaste mi nueva mirada. Desde esa noche soy capaz de observar el hilo que cose las nubes al cielo, el temblor de tus labios cuando callas, la estela luminosa de los insectos y el llanto del sol cuando nos ocultamos a su mirada. Tus ojos anuncian, ahora en mi rostro, tu llegada. 17


> abc sub

FOTO: FRaNCis PÉREZ www.francisperez.es TEXTO: MaRio M. RELaÑo http://hisaetuvalu.wix.com/mariomrelano

LA VIEJA DKW Es al caminar cuando él, depresivo, tropieza con la certeza de lo que lleva ya andado y lo cansado que puede llegar a ser el pensar. Al mismo tiempo se descubre los pies ya mojados por esa ola traviesa que, descarriada, le empapa una y otra vez hasta que el mar la absorbe hacia dentro. Y es que las tardes junto al mar estaban cargadas de soledad, mayor que por las mañanas, pues era en estas donde sufría por un oficio en el que ganar dinero para los demás era la meta y él debía de conformarse con apenas poder tener pan para la cena de cada noche. Su vida, era cierto, se hundía. El caso es que no tenía un plan alternativo y por mucho que se devanaba los sesos, la obsesión de su pobreza no le dejaba cabida a otro pensamiento. Por aquel entonces, el escapar se había convertido en la mayor de sus obsesiones. El mar era su único desahogo. Un día, cuando los demás trataban de soñar cosas irrealizables y mucho antes de que el sol asomara por el tamaral, subió a su vieja moto, cargando unos sueños empaquetados entre grandes deseos. La moto, una DKW de los años treinta, sonó rancia y trasnochada, pero para él era la mejor de las músicas con tal de huir de aquello que tanto le acongojaba.

Quizás no debió de beber de esa botella que le ardía según tragaba, pues si bien le animó a dejar atrás cuarenta años de quebrantos y tribulaciones, ese destino incierto le llevaría a ninguna parte. Apenas unos metros recorridos, una luz que no terminaba de alumbrar ningún camino y su visión alcoholizada, y su moto apareció sin saber cómo en el atracadero, que esa madrugada estaba especialmente mojado. Nadie le vio caer al mar. Él no sintió angustia. Es más, le reconfortó sentir la frialdad del agua. A lo lejos, intuyó ver aquella ola traviesa que una y otra vez empapaba sus pies cuando él mojaba de lágrimas su desdicha. Su moto fue encontrada por casualidad meses después por un pescador que enredó en ella sus aparejos. Vieja y oxidada, el cacharro fue reconocido por su esposa, pues había pasado demasiado tiempo entre ellos, medio tirada junto a las herramientas en el diminuto garaje. Su cuerpo nunca fue encontrado. No se supo si se lo tragó el mar o quizás consiguió huir a otro mundo un poco más perfecto. La ola traviesa, seguía arribando a la costa; en ocasiones, sin más afán que empapar aunque solo fuera la arena...


> salitre

iVรN ViLELLa www.ivanvilella.com

"La verdad zarpรณ. Ya no la volveremos a ver... Mierda."

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> ars magna

TEXTO: VÍCToR gM Administrador de la Asociación Cultural y Artística Ars Magna www.arsmagnacrew.org // www.fb.com/arsmagnacrew

Empieza el verano y tenemos que reducir el número de actividades ofertadas por la asociación. Vamos a aprovechar estas fechas para poner al día nuestra página Web y organizarnos. Pero no hemos querido desaprovechar la ocasión para mostrar todo lo que hemos estado haciendo estos últimos meses.

ars El 18 de marzo, gracias a la Muestra de Cine de Lanzarote, colaboramos en el coloquio posterior a la proyección de Writing on the City de Keywan Karimi. Gracias a este tipo de eventos y el apoyo internacional, el director fue liberado el 19 de abril, habiendo cumplido seis meses en prisión por haber rodado el documental. Estaba condenado a un año de cárcel y 223 latigazos.

magna También durante el mes de marzo Íñigo Franco Benito, nos enseñó durante ocho días, todos los secretos del cómic. Un taller que sirvió como introducción al noveno arte. Historia, guión, dibujo, etc. Todo lo necesario para poder enfrentarse a la hoja en blanco y llevar a cabo una historia dibujada de manera secuencial. Desde la asociación apostamos por recuperar procesos clásicos de impresión y estampación. Y durante el fin de semana de abril Yohanna A.M. Nos enseñó como hacer cianotipias. Un proceso fotográfico monocromo, con el que se solía documentar flora, inventado por el astrónomo John Herschel y desarrollado por la bióloga Anna Atkins, con el desarrollo de la tecnología, esta técnica ha quedado en desuso, pero que dadas sus posibilidades estéticas nos parece una técnica a tener en cuenta para proyectos artísticos seriados.

Unos días después comenzó el Taller de Dj gracias a nuestro tesorero Dj Kamisetas. Si quieres disfrutar de primera mano con sus mezclas lo pueden encontrar todos los sábados en el Bunker Rock Bar.

Destrozo, desde Tenerife, nos dio una clase magistral de serigrafía textil durante dos días intensos gracias a la visita a Lanzarote del festival de música experimental Keroxen. Pudimos, por fin, estrenar nuestro material. Así que esperamos tener en breve todo listo para poder estampar sin parar. Queremos terminar destacando el Mercadillo Funk, un mercadillo de segunda mano que tuvo tanto éxito que hemos repetido con el Mercadillo Reggae. Más información en: www.arsmagnacrew.org facebook.com/arsmagnacrew

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> Alumn@s pancho lasso

aMNios> sheila Caraballo

EFiMERo> Estela garcía 22

proyectos finales de 2º CFgs de Fotografía


> Alumn@s pancho lasso

proyectos finales de 2º CFgs de Fotografía

ZooCiEDaD> Daniel Quesada 23


> Alumn@s pancho lasso

proyectos finales de 2º CFgs de Fotografía

iDENTi–TEa> Toma Lipskyte

EMoTioNs> Cintia suárez

REVisiTaNDo EL CiNE> antonio Mendoza 25


Martín Serrano

> artículo

JosÉ a. gaRCÍa ÁLVaREZ

¿Por qué el agua del mar es salada? Hace unos 4.650 millones de años atrás La Tierra era una masa caliente donde no existían continentes, ni océanos, ni mucho menos seres vivos. A medida que se fue enfriando, de entre las rocas y desde el interior del manto subterráneo, comenzaron a surgir por mediación de los géiseres que se formaban en la superficie, gases volátiles y otros ligeros como el vapor de agua, que al salir a la atmósfera y enfriarse se condensaban y convertían en agua de lluvia. Esa agua cayendo constantemente sobre la superficie terrestre dio origen a la formación de mares y océanos, aunque en un principio no eran precisamente de “agua salada” tal como lo conocemos hoy en día, sino de “agua dulce”.

Cómo se convirtió en salada el agua de los mares Junto con la lava de las erupciones volcánicas y el vapor de agua que brotaba a presión desde el interior de la Tierra surgían también determinadas cantidades de cloruro de sodio (NaCl) o sal común, acompañada de otros elementos químicos como el potasio, magnesio, sulfato, calcio, bicarbonato y bromuro. Al ser esos elementos mucho más pesados que el vapor de agua que los expulsaba hacia la superficie terrestre, quedaban depositados entre las rocas por donde salían las columnas de vapor. Ese proceso de acumulación de elementos sólidos durante miles de años dio lugar a la formación de los continentes. De la misma forma que cuando agregamos sal a un vaso de agua ésta se disuelve si revolvemos con una cuchara, la lluvia que caía sobre los continentes en formación disolvía y arrastraba a su paso la sal y el resto de los elementos químicos solubles en agua que se encontraban depositados entre las rocas y sobre la superficie terrestre, dirigiéndola hacia los mares y océanos. A pesar de los millones de años transcurridos desde el surgimiento del planeta Tierra, el proceso de salinización del agua de mar no se ha visto interrumpido en ningún momento, pues además de la sal que los torrentes de lluvia que caen sobre los continentes continúan arrastrando hacia los mares y océanos, el proceso de salinización también se produce cuando el agua de mar se filtra por las grietas de las aberturas hidrotermales existentes en el propio lecho marino,

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donde también hay acumulaciones sal. El agua del mar, al penetrar en el interior de la Tierra por filtración a través de esas aberturas, se calienta y mezcla con la sal ahí depositada. Ese proceso provoca que cuando sea devuelta de nuevo al mar, incremente su salinidad. Además, las propias erupciones volcánicas submarinas y la lava que vierten al mar los volcanes que se encuentran sobre la superficie terrestre junto a las costas, contribuyen a mantener, igualmente, el proceso de salinización al disolverse en el mar la sal contenida en la lava. La salinización del mar constituye un ciclo que se mantiene de forma ininterrumpida desde hace millones de años debido a los siguientes procesos naturales: 1. Erupciones volcánicas. 2. Evaporación de la propia agua del mar. 3. La lluvia. 4. Los deshielos. 5. Desembocadura de los ríos. Tanto la lluvia, como el deshielo y el cauce de los ríos arrastran hacia el mar la sal depositada en la superficie terrestre. Por otra parte, la salinidad del mar no es la misma en todos los lugares. A ello contribuyen diferentes factores como el derretimiento de las masas de hielo de los polos, la desembocadura de los ríos, la propia evaporación, la lluvia, las nevadas, el viento, el movimiento de las olas y las corrientes marinas. Por ejemplo, el agua que rodea los polos es menos salada que la del Mar Báltico y ésta última, a su vez, es menos salada que la del Mar Mediterráneo. Por otra parte, el “Mar Muerto” contiene un grado de salinidad tan alto (350 gramos por litro), que no existe vida en sus aguas. De hecho, una persona que intente sumergirse ahí con el grado de salinidad tan alto que contiene, le resultará prácticamente imposible hacerlo. Incluso puede flotar perfectamente acostado boca arriba sobre su superficie y leer hasta un periódico si lo desea manteniéndose en esa posición sin realizar mucho esfuerzo. La Tierra es el único planeta del Sistema Solar que contiene agua en estado líquido en su superficie, y los mares y océanos cubren aproximadamente el 70 % de su superficie. Se considera que la mayoría del agua contenida en los mares y océanos contiene, como media, solo un 3,5 % de sal (35 gramos por litro), así como otros minerales disueltos, aunque esa pequeña cantidad es suficiente para que no se pueda beber


> parto cerebral

sHEiLa BETaNCoRT

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> mensaje para una botella

RosaRio VaLCÁRCEL Blog–rosariovalcarcel.blogspot.com

BURBUJAS l corcho saltó por los aires y las burbujas se balancearon por mi cuerpo, por los muebles, por la mesa, por las paredes, la alfombra. Desde Noé no había visto una inundación parecida. Aquella tarde Dominik había comprado varias botellas y con mucho cariño las tendió en la nevera, las acarició y las vigiló para que no se enfriaran demasiado. Había descubierto sus matices a tierra ácida y seca. –Retira el corcho suavemente –le insistí. Pero no siguió mi consejo. Disfrutó como un chiquillo cuando el tapón saltó, cuando salió Moisés Gutíerrez disparado como una bala. No podía controlar los sobresaltos de aquella agua maravillosa. Las chispitas estallaban en el borde de la copa, me salpicaban, me hacían reír, los vapores me sedujeron con un poder irresistible, se volatilizaban igual que un reflujo de aguas escondidas. Y de pronto pronunció las palabras rituales: – ¡Por nosotros! Las gotas palpitaban luminosas y las recibí como la tierra seca recibe la lluvia. Nuestros labios expresaron leves movimientos, yo los sentía mojados, resbaladizos. Él me aseguró que las moléculas de oro eran milagrosas. – ¿Qué quieres decir? –le pregunté. – ¿No sientes algo especial? –añadió. No sabía qué decirle. Mi cabeza empezó a darme vueltas igual que si me estuviese probando dieciocho veces un mismo sombrero. Volvimos a brindar. – ¡Por nosotros! Mi mujer acababa de tener un hijo. La familia, los amigos, mi bebé y la algarabía me desbordaron. Me aconsejaron un psicólogo, una terapia de grupo. Me convertí en una isla rodeada de olas impulsivas. Preparé mi equipaje y me escapé a una casa rural. Aquella tarde la chimenea de mi dormitorio funcionaba mal, no prendía; chisporroteaba, no producía calor. El humo estaba reacio a emprender su viaje definitivo. Parecía un desfile de espíritus. Entonces llamé a Dominik, él había venido de Polonia y era el encargado de la casa. Solucionó el problema. Después se lavó las manos en el baño y desde fuera escuché el murmullo que producía el chorro del agua abierto. Aquel rumor me traslado a mi infancia en el pueblo, al sonido de cuando Manuel y yo nos bañábamos en el estanque de papá. El sol cegaba mis ojos. Nos tropezábamos el uno con el otro. Yo encogía el cuerpo, tomaba buches de agua; estaba tibia. Nos convertíamos en Narcisos, a tientas nos buscábamos, nos chingábamos. Separábamos las piernas, nos rozábamos los muslos pero cuando intentaba besar aquella nalga incitante, se desvanecía entre ondas fantasmales. Debajo del charco se sacudían imágenes abultadas en blanco y

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negro, zambullidas sexuales: manoseos, tacto afelpado. Se adivinaban nuestros vellos desgreñados, magnéticos. Nuestros genitales y un semen turbio. Éramos unos chiquillos. Mientras estaba en esos pensamientos fue cuando escuché a Dominik. Fue cuando pronuncio las palabras rituales: – ¡Por nosotros! Al acercarse noté una violenta agitación agradable, el olor de su cuerpo, la esencia del néctar. Me dejé arrastrar por la corriente, me asomé a la vida. Es curioso nunca fui vulnerable a los encantos de un hombre. La energía crecía; embriagado de placer acerqué mis labios a los suyos, sentí el anhelo de besarlo. La sensación fría de la bebida y el calor de su lengua me hicieron perder la razón. Él abrió su boca sedienta y nuestros dientes chocaron, nos mordimos los labios, la lengua, las venas. Nos enredamos en los jugos inconscientes de la fruta madura. Lo noté ansioso, desorientado. Fingió poner reparos. Se despidió. – No te vayas, no te vayas, quédate conmigo, confía en mí. Me miró con recelo aunque obedeció. Necesitaba poseerlo, estaba dispuesto a retenerlo como fuera. Tomé la palma de su mano y la dejé deslizarse contra mi pecho. Sentí una descarga eléctrica y acerqué mis dedos a su entrepierna. Se estremeció. – Nadie puede ver lo que estamos haciendo. Tropecé con su slip y noté esa resbaladiza sensación que se iba dilatando, creciendo. Ninguno de los dos nos movimos. Cada uno esperaba que el otro activase aquella bomba. Ese placer desconocido. No se asustó, de sobra sabía que esa era la forma en que ocurren las cosas. Me escondí entre sus brazos, en mi arresto, en el pálpito de la dicha, en esa violenta turbulencia del oleaje. Lo noté empapado en sudor frío. Nunca había sentido las caricias de un hombre. – Todo va bien –le dije en tono cariñoso. El lirismo de la uva fue irresistible, tanto que pegado a mí meneaba el resbaladizo culo en frenético abandono. Cataba más sorbos y los retenía entre el latido de mi lengua, entre mis encías. Pensé en su tiempo de gestación, en el silencio, en la risa de la muerte. Pensé qué quizás él y yo estábamos hechos del mismo material. Yo llevaba casado tres años y estaba enamorado de Julieta. Pero esa noche Dominik y yo hicimos resurgir esas partes oscuras de uno mismo, nos volvimos a fundir con mucha fuerza y, como si hubiese terminado una guerra y tuviésemos hambre sexual de años, derramé todos mis flujos, escuché el silencio tras los espasmos musculares, entre las pasiones del corazón humano. Sentí sed y las burbujas se balancearon por mi cuerpo

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Luigi Battaglini

Julio Blancas

Tomás Pérez- Esaú

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Dora Phehn

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Miguel Cabrera

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Carmela García

Carlos Parra

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EsTa sECCiÓN Es PosiBLE gRaCias aL PaTRoCiNio DE:

AYUNTAMIENTO DE ARRECIFE Concejalía de Cultura

AYUNTAMIENTO DE TEGUISE Concejalía de Cultura

AYUNTAMIENTO DE HARÍA Concejalía de Cultura

La sección “MARTE, mar y arte” ofrece un espacio de diálogo para artistas canarios o residentes en Canarias, cuyas obras estén inspiradas en el mar. Aquí tienen cabida las disferentes disciplinas artísticas que habitan en las islas.


CARLOS PARRA

“ULISES” Universo onírico, silencio revelador.

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CARMELA GARCÍA

“NIÑO BAILARINA” La utopía, acerca al paraíso. Disentir la fórmula para conseguirlo.

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LUIGI BATTAGLINI

“LA GRACIOSA” Estar en el lugar adecuado en el momento más oportuno

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JULIO BLANCAS

“CALLAO” Memoria de un paisaje mental.

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TOMÁS PÉREZ-ESAÚ

Ilustración: Flora González

como una ola escapada del mar que desobedeciera al viento quiero mojar tus orillas hacerme presente en tu piel humedecer tus pensamientos ablandar tu carne reseca de prejuicios y derrumbar con la fuerza de mi abrazo tus muros de piedra tu cuerpo de barro tu alma de arena y mirarme en tus ojos de agua y reconocerme en ellos contra viento y marea como la barca que suavemente se mece en la calma del refugio al abrigo de las tempestades y al socaire de los vientos quiero sin navegar una milla llevarte conmigo hasta el puerto del olvido y allí borrar tu memoria y en un mar de pensamientos anclar un nuevo deseo para que llegando el alba descubras un nuevo mapa traces un nuevo rumbo y navegues hasta mí pero la cordura como capitán de navío me castiga a galeras y en el silencio de mi pesadumbre mascullo nunca cruzarás la mar

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MIGUEL CABRERA

“MAREA BAJA” La realidad está hecha con pequeños trozos de nuestra propia historia.

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DORA PREHN

“MIGRACIONES” Ni desiertos, óceanos, muros o fronteras, pueden detener la supervivencia. Escultura realizada con restos de pateras en homenaje a sus ocupantes.

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DiseĂąo: www.fernandobarbarin.com


Nu2 nº45  

Revista mar y arte

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