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Hace 30 años, una adaptación de Romeo y Julieta, protagonizada por Claire Danes y Leonardo DiCaprio, enloquecía a los jóvenes de entonces. Verona Beach, los vestuarios, una banda sonora que iba de Wagner a Radiohead… Nos resultaba imposible no hablar de un clásico como éste en febrero y decidimos hacerlo, pero tomando en cuenta al dúo que hizo posible este éxito y el de otras películas como Moulin Rouge! (2001) o Elvis (2022), es decir, Baz Luhrmann y Catherine Martin.
Aunque en Occidente se ha insistido en el mito del genio solitario, basta con mirar detenidamente para advertir que pocas ideas, libros, películas o movimientos culturales han existido sin una relación que los aliente. Los actos creativos sólo son posibles cuando somos cuidados, escuchados, editados, cuestionados. Pensar desde ahí fue inevitable cuando trazamos esta edición que llega en un mes asociado al amor romántico, pero que aquí abordamos desde la camaradería, desde los dúos colaborativos que han hecho obras maestras.
Junto a Luhrmann y Martin, en estas páginas incluimos a Charles y Ray Eames, los diseñadores que nos legaron funcionalidad y belleza en objetos tan cotidianos como una silla. Además, el Chismecito Literario nos acerca a la relación de George y Marcia Lucas, sí, los genios detrás de Star Wars, ¿o tendríamos que decir “la genia”?
Uno de los vehículos que ha hecho posible la permanencia de la amistad y del intercambio de ideas lo tenemos en las cartas. Si bien hoy podemos enviar un mensaje de texto que nuestro receptor leerá en segundos, antes teníamos que esperar con paciencia una misiva que trajera noticias de la persona querida. Las cartas son el punto de partida para hablar de la correspondencia de los hermanos Van Gogh, recuperada por Johanna van Gogh Bonger (esposa de Theo), la de Virginia Woolf y Victoria Ocampo, así como la de Salvador Dalí y Federico García Lorca, entre otros.
Sobre las pláticas que sostenemos en la ausencia de amigos publicamos un texto a propósito de Mi amigo Hernán, un libro de Gonzalo Celorio que es, a la vez, una despedida tardía.
Conscientes de que este catorce de febrero habrá muchas personas esperando un obsequio, no podíamos dejar fuera nuestras recomendaciones literarias que contemplan libros para aquellas personas fans de Bridgerton, para las infancias y para quienes buscan sanar algún dolor. Estas sugerencias se nutren, además, con los libros que Luisa Reyes Retana, ganadora del premio Mauricio Achar 2017, nos presenta en sus confesiones. Esperamos que alguna de estas recomendaciones te acerque a quien más quieres y abra charlas que te sacudan.
Quizá pensar en los dúos poderosos sea una manera de volver a preguntarnos por nuestras propias formas de estar con otros. Por las conversaciones que nos sostienen cuando dudamos, por las lecturas compartidas que afinan una idea, por los cuidados —visibles o no— que permiten cualquier gesto creativo.
Que este mes dedicado al amor y la amistad esta edición nos motive a reconocer y celebrar las presencias que nos acompañan.+

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Editor responsable: Yara Beatriz Sánchez De La Barquera Vidal, Distribución: Librerías Gandhi, S.A. de C.V., Dirección: Calle Comunal No.7, Col. Agricola Chimalistac, C.P. 01050, Alcaldía Álvaro Obregón CDMX. Número de Reserva al Título ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2009-051820092500-102. Certificado de Licitud de Título No. 14505 y Certificado de Licitud de Contenido No. 12078 expedidos en la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro Postal EN TRÁMITE. Preprensa e impresión: Fotolitográfica Argo, Bolivar 838, Col. Postal. Alcaldía Benito Juárez, C.P. 03410, CDMX. Título incorporado en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación. Queda prohibida la reproducción parcial
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Laura Anahid
Marketing y contenido
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Rodrigo Morlesin
Alicia Kobayashi
Herles Velasco Directorio
“Para Phyllis, que me hizo meter los dragones” es la dedicatoria con la que el escritor George R. R. Martin, en la tercera parte de la saga Canción de hielo y fuego, nos devela a la responsable de que su obra esté poblada por tales criaturas fantásticas. Y es que Martin se mostraba reticente a que hubiera magia en su historia, pero su amiga, la también escritora de ciencia ficción y fantasía, Phyllis Eisenstein, lo convenció de hacerlo. Esa sugerencia, de apariencia sencilla, transformó una de las historias de fantasía más importantes de los últimos años. ¿Qué sería de Daenerys Targaryen sin Viserion, Drogon y Rhaegal? Más allá del dato curioso, la anécdota de Martin y Eisenstein nos revela una verdad que solemos omitir: no pensamos ni escribimos ni pintamos ni creamos en soledad absoluta; casi siempre hay alguien que nos interpela y cuida.
Más que restarle autoría a quien firma una obra, cuando reconocemos a esa presencia, silenciosa o silenciada, también complejizamos la forma en la que entendemos los actos creativos. Así entran a escena las amistades intelectuales y las alianzas afectivas, los dúos poderosos, esa pareja, romántica o no, cuya relación se construye gracias al diálogo, al desacuerdo, al respaldo y, por supuesto, al amor.
Si seguimos por el terreno de la literatura, uno de los power couples por excelencia es el de Siri Hustvedt y Paul Auster. A lo largo de los más de cuarenta años que compartieron, se convirtieron en el editor vital del otro y en los primeros lectores de sus manuscritos, situación que los influyó y cambió a ambos, de acuerdo con Hustvedt. En este caso, la dupla fortaleció dos voces distintas que se desarrollaron en permanente interlocución.
En el cine contemporáneo, Greta Gerwig y Noah Baumbach conforman una power couple creativa basada en la conversación y la coautoría. Comenzaron a colaborar en Greenberg (2010) y consolidaron su vínculo con Frances Ha (2012), escrita en conjunto. Ambos han descrito su proceso como un diálogo cons tante en el que la confianza y la escucha son centrales. Aunque han trabajado juntos en varios guiones, cada uno mantiene una voz autoral clara y proyectos propios.
Por otro lado tenemos a una de las duplas literarias por excelencia: Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Ellos se conocieron en 1931, en una fiesta que ofreció Victoria Ocampo. “No fue admiración por sus escritos lo que me atrajo; fue mi admiración por su pensamiento expresado en las conversaciones”, escribiría Casares en 1963. Su amistad fue la tierra de la que germinaron libros, H. Bustos Domeqc (el autor ficticio responsable de varios relatos detectivescos coescritos por este dúo) y una de las conversaciones literarias más fértiles del siglo xx. Hay dúos que se tejen desde la discreción, como el de Louise Bourgeois y su asistente Jerry Gorovoy. “Cuando estás en el fondo del pozo, miras a tu alrededor y te preguntas: ‘¿Quién me va a sacar?’. En este caso, es Jerry quien viene y me ofrece una cuerda, y yo me engancho a ella y él me saca”, expresó Bourgeois. En la pieza 10 AM is when you come to me, una pieza integrada por veinte dibujos de manos, la artista incluyó las suyas junto a las de Gorovoy, quien solía llegar a las diez de la mañana al estudio de Bourgeois para comenzar su jornada de trabajo. Pensar los dúos poderosos desde estos ejemplos implica desmontar la idea del genio aislado y reconocer que muchas de las obras que hoy consideramos individuales fueron posibles gracias a vínculos concretos. Relaciones imperfectas, humanas, atravesadas por el diálogo y el desacuerdo, pero también por la confianza y la generosidad. Ninguna obra existe en soledad; lo que permanece casi siempre lo hace porque alguien estuvo ahí, acompañando el proceso.+





Contra el mito del genio solitario, las cartas aparecen como la prueba de que ninguna obra nace en el vacío y de que, a veces, el amor es un objeto que se puede tocar. Tal vez porque hemos estado rodeados de imágenes que muestran a un escritor solo frente a la página en blanco, o a un pintor en medio de un estudio frío, o a una soprano en la soledad de su camerino solemos asumir que los genios se hacen a sí mismos. Sin embargo, los artistas y sus creaciones resultan de conversaciones largas, de vínculos que, a pesar de la distancia, los conflictos o el tiempo, se niegan a soltarse.
Para acceder a las zonas de contacto, decidimos poner nuestra mirada en un objeto que hoy, gracias a la preponderancia de mails o DMs, nos parece un vestigio arqueológico: la carta, ese trozo de papel que conserva tachaduras, una lágrima furtiva o la mancha de un café que bebemos mientras sostenemos una conversación en ausencia. La carta como una prueba de que el amor se puede tocar, como una muestra del esfuerzo de dos seres que no quieren soltarse.
Aunque en una de sus cartas a Milena Kafka decía que escribirlas significaba “desnudarse ante los fantasmas”, el escritor checo también sabía que el intercambio epistolar intentaba vencer la distancia, bajo el riesgo de que los besos escritos “no [lleguen] a su destino [y] se los [beban] por el camino los fantasmas”. A pesar de ese miedo, seguimos haciendo cartas.
Mientras ensamblábamos este texto, fue inevitable preguntarnos si no hay algo de voyerismo en el hecho de asomarnos a misivas que no son para nosotros. Si bien admitimos nuestro papel de espías, también reconocemos que el leer y compartir estas misivas nos permitió comprender que para crear necesitamos acoger al otro.
A Theo van Gogh. Nuenen, jueves 9 de abril de 1885. Mi querido Theo,
…la fortuna favorece a los audaces, y sea como sea [ ] hay que trabajar y ser audaz si de verdad se quiere vivir. Y yo digo: pintemos mucho y seamos productivos, y seamos nosotros mismos con defectos y cualidades.
Vincent van Gogh
Para comprender la relación entre Vincent y Theo van Gogh (una de las más estrechas de la historia del arte) es indispensable detenerse en la figura de Johanna van Gogh Bonger. Tras la muerte de los hermanos en 1890 y 1891, Johanna heredó un departamento en París repleto de lienzos de Vincent y cajas con más de 600 cartas. Al leerlas supo, antes que nadie, que resultaban indispensables para comprender la obra de su cuñado. Gracias a la labor de Johanna, esposa de Theo, sabemos que las Cartas de Theo (Ediciones Gandhi, 2024) son una clave para entender la obra de Vincent. En ellas, Vincent no sólo plasmaba sus angustias, sino que realizaba descripciones minuciosas de sus procesos: desde la química de los pigmentos que encargaba a Theo, hasta la teoría del color que aplicaba para lograr contrastes simultáneos. Las misivas suelen incluir bocetos rápidos
Más que una biografía en primera persona, las cartas funcionan como el rastro material de la relación entre un artista que ofrece su visión al mundo y un hermano que sostiene y alienta las posibilidades de esa mirada. Al pasar sus páginas nos convertimos en testigos de la metamorfosis de un hombre que, en medio de la precariedad y el aislamiento, encontró en la palabra compartida un refugio.
Sin embargo, tenemos que reconocer que si hoy disfrutamos del legado de Van Gogh es gracias a la intervención de seis manos. Sin el financiamiento de Theo, la pintura no habría existido; sin la visión de Vincent, no habría revolucionado la estética; pero sin el rescate y esmero de Johanna, no nos habríamos enterado de la obra del pintor de cabello rojo.



«El corazón del hombre se parece mucho al mar, tiene sus tormentas, tiene sus mareas y en sus profundidades también tiene sus perlas».

LPor Julián Romero
as cartas de Vincent van Gogh, a su hermano Theo, son un cuadro vibrante, minuciosamente compuesto con trazos textuales de pasión artística y cruda autorreflexión. Escritas a lo largo de una década, ofrecen una oportunidad inigualable para adentrarse en el corazón y la mente de un genio del postimpresionismo.
Fomento de la erudición y la empatía
Hoy en día, estas cartas siguen siendo una piedra angular de la investigación histórica del arte. Ofrecen tanto a los estudiosos como a los entusiastas del arte una oportunidad inigualable de adentrarse en el mundo interior de Van Gogh, de apreciar no sólo la brillantez del lienzo sino también la complejidad del propio artista. Al adentrarnos en estos sinceros intercambios, comprendemos mejor al artista que se escondía tras las pinceladas, al hombre que volcó su corazón y su alma en el lienzo para que el mundo lo viera. Estas cartas no son meros documentos históricos; son una sinfonía de emociones, un testimonio de la búsqueda perdurable del espíritu humano de la belleza y la conexión, que resuena a través de los tiempos.
Un mensaje universal
Las cartas entre Vincent y Theo ofrecen algo más que una mirada a la vida de un artista singular. Hablan de las luchas y los triunfos a los que se enfrentan todas las mentes creativas, de la fe inquebrantable necesaria para perseguir la propia pasión y del poder transformador de la conexión humana. En un mundo que a menudo valora el conformismo, estas cartas celebran el valor de abrazar la individualidad y la inquebrantable persecución de un sueño, incluso frente a inmensos desafíos.
A continuación presentamos los fragmentos de un par de cartas que Vincent van Gogh envió a su hermano, Theo. En la primera, que puedes leer íntegra junto con ochenta cartas más en el
volumen publicado por Ediciones Gandhi, comparte con su hermano el proceso creativo de Los comedores de patatas, además lo convida a vivir la vida valientemente. En la segunda (que no se incluye en la edición que referimos) adjunta un boceto de lo que, al pasar de los años, sería una de sus piezas más celebradas: El dormitorio en Arlés, cuyo objetivo era ofrecer un descanso a la mente, a la imaginación de quien la observe.
492 | Nuenen, jueves 9 de abril de 1885
Mi querido Theo, Me ha sorprendido no haber recibido noticias tuyas. Entiendo que has estado ocupado. (...) Espero que la correspondencia sea más fluida a partir de ahora. Adjunto dos bocetos recientes, mientras trabajo en los campesinos alrededor de un plato de patatas. He seguido trabajando en ello a la luz de la lámpara, aunque esta vez comencé a la luz del día. Así ha quedado la composición ahora. La he pintado en un lienzo grande y creo que tiene vida, aunque algunos dirán que está mal dibujada. (...) Ni tú ni yo somos contemporáneos de la generación que Gigoux llama «los valientes», pero mantener su entusiasmo es aconsejable. La fortuna favorece a los audaces, y hay que trabajar y ser valiente para vivir de verdad. Pintemos mucho y seamos productivos, porque el dinero que me das, que sé te cuesta, te da derecho a considerar la mitad de cualquier éxito como tuyo.
Habla con alguien de Le Chat Noir y pregúntale si quiere un fragmento de los comedores de patatas y de qué tamaño.
Saludos, con un apretón de manos. Atentamente, Vincent
Traducción del neerlandés al inglés: Lynne Richards, John Rudge y Diane Webb
Traducción del inglés al español: Eduardo Sánchez Gómez y Ángela Tovar Flores
Gracias al resguardo de Johanna van Gogh Bonger, hoy podemos asomarnos a bocetos como éste, en los que Vincent compartía con Theo la intimidad de su proceso creativo. Puedes consultarlos en


705 | Arlés, martes 16 de octubre de 1888
Mi querido Theo, Por fin te envío un pequeño croquis para que al menos tengas una idea del rumbo que está tomando el trabajo. Porque hoy he vuelto a retomarlo. (...)
Esta vez se trata simplemente de mi dormitorio, pero el color debe cumplir su función y, al simplificarse al darle un estilo más grandioso, evocar descanso o sueño en general. En resumen, contemplar el cuadro debería descansar la mente, o mejor dicho, la imaginación.
(...)
Esto para vengarme del descanso forzado que me vi obligado a tomar. Trabajaré en ello de nuevo todo el día mañana, pero ya ven lo sencilla que es la idea. Se han eliminado las sombras y las sombras proyectadas; está coloreada con tonos planos y lisos, como las estampas japonesas.
Contrastará, por ejemplo, con la diligencia de Tarascón y el café nocturno. No te escribiré largo y tendido, porque voy a empezar mañana muy temprano, con la luz fresca de la mañana, a terminar mi lienzo. ¿Cómo van tus dolores? No olvides avisarme. Espero que me escribas en los próximos días.
Algún día te haré unos croquis de las otras habitaciones también.
Con un apretón de manos.
Siempre tuyo, Vincent

Vincent van Gogh, Vincent’s Bedroom in Arles (sketch from a letter), 16 de octubre de 1888. Reproducción fotográfica, dominio público. Imagen: Wikimedia Commons / Van Gogh Museum, Amsterdam.
Cuando me encontré con usted me figuré una Sudamérica destartalada, ¿pero qué hace una en París de 10 a 4? ¿Con quién se encuentra? ¿Y por dónde pasea? Y.... pero no puedo hacer todas las preguntas que quiero que me responda (…). Todavía sueño con su América. Espero que escriba un libro entero de crítica y que, si encuentra el tiempo, me envíe de vez en cuando una carta.
Virgina Woolf
Ocampo y Woolf se conocieron en Londres, en 1934, durante una exposición de fotografías de Man Ray. Para poder entender su encuentro, hay que decir que Virginia Woolf tenía 52 años y era ya la figura central del Círculo de Bloomsbury; acababa de publicar The Waves (1931) y Flush (1933), obras que consolidaron su prestigio que la situaba como la voz más innovadora de la lengua inglesa. Por su parte, Victoria Ocampo, con 44 años, estaba en la cima de su energía fundacional. Sólo tres años antes, en 1931, había lanzado la revista Sur en Buenos Aires, un proyecto financiado con su propia fortuna que buscaba poner a Argentina en diálogo directo con la modernidad europea.
Este encuentro fue el catalizador de una de las gestiones culturales más importantes de la modernidad: Victoria empleó la revista Sur para introducir la vanguardia del Círculo de


Bloomsbury en Latinoamérica. De hecho, luego de ese primer acercamiento consiguió los derechos para traducir y editar en español Al faro y Orlando (Borges tradujo esta última), lo que marcó la entrada de Woolf en el continente.
Su correspondencia revela una tensión de clase y cultura que ambas exploraban con honestidad. Para Woolf, Ocampo era una figura exótica y poderosa, a quien describió como una mujer de “una energía increíble”, comparándola con una fuerza de la naturaleza cargada de perlas. Por su parte, Ocampo veía en Woolf el rigor formal que buscaba para profesionalizar las letras argentinas. Victoria Ocampo y Virginia Woolf. Correspondencia (Rara Avis, 2020) es un documento clave para entender la gestión cultural y la admiración entre dos de las mujeres más influyentes de las letras del siglo xx.

Acuérdate de mí cuando estés en la playa y sobre tod o cuando pintes las crepitantes y únicas cenicitas, ¡a y, mis cenicitas! ¡Pon mi nombre en el cuadro para que mi nombre sirva para algo en el mundo y dame un abrazo que bien lo necesita tu Federico.
Federico García Lorca

erminada en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1923 y consolidada durante los veranos en Cadaqués, la amistad entre Federico García Lorca y Salvador Dalí alcanzó su punto máximo cuando Dalí diseñó la escenografía y el vestuario para el estreno de Mariana Pineda en Barcelona, bajo la dirección de la actriz Margarita Xirgu.
De esta época surge el cuadro La academia neocubista (1926), una pintura. Cabe destacar que esta pintura la protagoniza una figura que ha sido interpretada como un marinero, pero también como San Sebastián, santo patrono de Cadaqués (el sitio donde se conocieron) que, desde finales del siglo xix, también se convirtió en un icono del homoerotismo. “En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultara que San Sebastián eres tú!... Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”, escribió en 1927 el pintor a Lorca.
El rodaje en Turquía y Pisa se convirtió en el escenario de una de las amistades más improbables y puras del siglo xx. Cuando María Callas y Pierre Paolo Pasolini se conocieron, durante el rodaje de Medea, ella había sido abandonada por Aristóteles Onassis, su gran amor; él había pensado su película como un tributo a la fuerza que veía en la soprano (quien, hasta ese momento, había rechazado todas las ofertas cinematográficas que se le presentaban).
Además del acompañamiento que propició Medea, la conexión entre ellos salió de la pantalla: se acompañaron en vacaciones en la isla de Tragonisi y en viajes

de trabajo por el mundo. Incluso Pasolini llegó a regalarle un anillo, un gesto que en la prensa de la época despertó rumores sensacionalistas. Cuando la distancia física se interponía entre ellos, cultivaron su relación mediante cartas y telegramas en los que podemos observar el cariño que se profesaban.
María Callas: cartas y memorias (Akal, 2022) nos permite acercarnos a la vulnerabilidad de la cantante. Entre otras cartas, se encuentra la correspondencia que sostuvo con Pasolini y en ella se revela la ternura y el cuidado que sentían mutuamente, lejos del ojo público.
Sin embargo, el vínculo se sostenía sobre una asimetría emocional que las cartas documentan con crudeza. Mientras Lorca utilizaba el correo para proyectar un deseo romántico explícito, Dalí comenzó a responder con una frialdad técnica que anticipaba su ruptura. El quiebre definitivo ocurrió en 1929, cuando, luego del estreno en París de Un perro andaluz; Lorca, tras ver la película, sintió que el título era un insulto directo hacia su persona: “El perro andaluz soy yo”, llegó a decir. A esto se sumó la aparición de Gala en la vida de Dalí, quien se convirtió en su nueva órbita absoluta.
Querido Salvador, Querido Lorquito (Editorial Elba, 2013) editado por el periodista Víctor Fernández, recupera las cartas que ellos se enviaron. Este archivo nos recuerda que, incluso en el silencio de los años posteriores, lo escrito permaneció como un cuerpo presente de su amistad.
Desahógate conmigo, como lo he hecho contigo tantas veces. Te abrazo fuerte, con mucho afecto, siempre seré, créeme, tu mejor amiga (presunción tal vez).
Ma ría Callas

No hay nada en el mundo que necesitemos ni remotamente tanto como necesitamos tenerte otra vez a ti, recuperado y contento. Mientras tanto sabes que estaré esperando sobre aquella colina verde, y esperándote a ti.
Zelda Fitzgerald
Si es verdad que el amor se puede tocar, en el caso de Zelda y Scott Fitzgerald se siente como una cicatriz. Aunque el conflicto y la competencia intelectual son aspectos de su relación que no deben minimizarse, al observar su trayectoria en conjunto, se percibe un vínculo cimentado en una admiración y un apoyo mutuo que ni la enfermedad ni el alcoholismo lograron disolver por completo. Las cartas recogidas en Querido Scott, querida Zelda (Lumen, 2022) reconstruyen su relación a través de los ojos de Zelda, desde el inicio de su noviazgo, en la década de 1920, hasta los últimos años de Scott, quien moriría en 1940. Su correspondencia revela un vínculo en el que escribir fue una forma de permanecer en contacto y de dejar constancia.
Tras la muerte súbita de Scott por un ataque al corazón en diciembre de 1940, se encontró en su escritorio el manuscrito inacabado de The Last Tycoon. Ella vivió ocho años más antes de fallecer en el incendio del Hospital Highland en 1948. Su relación resistió el colapso de su fortuna y su salud para convertirse en una memoria compartida.

Número de páginas: 232 páginas
Querido Scott, querida Zelda Lumen
Idioma: Español Fecha de publicación: 2 de agosto de 2024

Porque el primer derecho que uno conquista aquí es precisamente ése: proteger a los amigos de las cosas frente a las cuales uno es-
tuvo tanto tiempo desprotegido, desprevenido incluso.
Paul Celan
Bachmann y Celan, un pacto después de la catástrofe
El vínculo entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan intentó conciliar diferencias abismales y heridas que parecían insalvables. Se conocieron en la Viena de la posguerra, en mayo de 1948; ella era una joven estudiante de filosofía e hija de un militar perteneciente al partido nazi; él, un poeta judío de habla alemana, sobreviviente de un campo de trabajo en Rumania que había perdido a sus padres en los campos de exterminio. Sus cartas, que se escribieron durante más de quince años, nos sumergen en sus reflexiones sobre la literatura, algunos miedos que sentían respecto a la época que vivían, sus relaciones con otros escritores y críticos, pero también en la distancia y el silencio que a veces aparecía entre ellos.
Tiempo del corazón (FCE, 2012) incluye más de doscientas cartas entre Bachmann y Celan, cartas que también se alzan como un diálogo amoroso después de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a su correspondencia entendemos que su amor permaneció atravesó el horror y la belleza, y así demostró que el lenguaje puede ser un lugar para la piedad luego de las catástrofes

Dos jóvenes con todo el deseo de convertirse en artistas se conocieron en Brooklyn en 1967. Su relación pasó del amor romántico a una hermandad creativa que perfiló la estética punk y la fotografía neoyorkina. Ella, influenciada por la lírica de Rimbaud y la beat generation, buscaba trasladar el ritmo de la poesía al plano performático. Él, formado en diseño gráfico y artes plásticas, centraba su práctica inicial en el dibujo y el collage de medios mixtos.
Patti Smith y Robert Mapplethorpe vivieron en una habitación del hotel Chelsea, que, a la vez, funcionó como su laboratorio artístico. En este entorno, Mapplethorpe, motivado por la necesidad de generar sus propias imágenes para sus composiciones, comenzó a utilizar una cámara Polaroid regalada por la cineasta Sandy Daley; por su parte, Patti comenzó a fusionar sus lecturas de poemas con la improvisación, un hallazgo que la llevó a coescribir Cowboy Mouth con Sam Shepard.
Con el tiempo, sus trayectorias tomaron rumbos distintos. Robert alcanzó la fama mundial con sus exploraciones fotográficas del cuerpo y la sexualidad, mientras que Patti se consolidó como la madrina del punk rock. Sin embargo, su vínculo nunca se debilitó.
Mi amor por él no podía salvarlo. Su amor a la vida no podía salvarlo. Fue la primera vez que realmente supe que iba a morir. Estaba sufriendo un tormento físico que ningún hombre debería soportar. Me miró con tal aire de disculpa que fue insoportable y me deshice en lágrimas. Él me reprendió, pero me abrazó. Intenté animarme, pero era demasiado tarde. No me quedaba nada más que darle salvo amor. Lo ayudé a sentarse en el sofá. Gracias a Dios, no tosió y se quedó dormido con la cabeza apoyada en mi hombro.
Cuando Robert fue diagnosticado con VIH a finales de los años 80, Patti se convirtió en su apoyo emocional constante y, tras su fallecimiento en 1989, en la guardiana de su legado.
Aunque es más bien una memoria, Just Kids (Éramos unos niños) (Debolsillo, 2015) funciona como una gran carta de amor. En sus páginas, Smith nos hace partícipes de la lealtad que ella y Robert manifestaron mutuamente. Leer esta obra es tocar el rastro de una devoción que convirtió la vida cotidiana en un acto sagrado de creación compartida.
pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de tr abajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.
Patti Smith


Éramos unos niños
Avanzar en estos libros nos permite afirmar que la historia del arte es un tejido de respuestas más que un monólogo. Estos trozos
de
papel
nos
recuerdan que escribir es una forma de compromiso con la existencia del otro y que cuando el amor deja un rastro material, como las cartas, constatamos que no es una abstracción, sino lo que sustenta la belleza
de nuestro día a día.+
Si se me obligara a decir por qué yo quería a La Boëtie, reconozco que no podría contestar más que respondiendo: porque era él y porque era yo.
Por Fernando Sanabrais

Grano de Sal / unam

AEnsayos I
Michel de Montaigne
Cátedra

menudo me resisto a hablar con exnovias. Por lo general, romper significa abandonar por completo. No hay mucho que explicar. El silencio, en estos casos, es riguroso. Hay vínculos que sólo persisten a condición de desaparecer. Con la amistad, ocurre lo opuesto. Cuando un amigo se va, la relación no necesariamente se debilita: puede incluso intensificarse. Si el otro ha encontrado motivos para apartarse, generalmente son razones que merece la pena respetar. La conversación continúa, incluso en la ausencia. Aun a riesgo de perderlo para siempre, uno sigue pensando en ese otro.
Mi amigo Hernán es, en el fondo, un libro de conversaciones. Conversaciones con los vivos y los muertos. Con los escritores que los formaron, con los colegas, con los amigos en común, con los autores admirados, y también con aquellos con quienes se discrepaba. Celorio reconstruye una vida académica y una labor editorial compartidas desde la complicidad: las aulas, los libros, las editoriales, los proyectos. Hernán no es sólo el amigo perdido: es el interlocutor que obliga a afinar una idea, a corregir una frase, a replantearla.
Montaigne, etc.

Mi amigo Hernán, de Gonzalo Celorio, publicado por Grano de Sal, en coedición con la unam, emerge de ese principio: la imposibilidad de continuar las conversaciones, pero también la incapacidad para interrumpirlas. Hernán Lara Zavala murió en los idus de marzo del año anterior. La fecha, clásica y fatal, parece una ironía que seguramente le habría divertido. La enfermedad los fue acercando, pero no como consuelo, sino como reconocimiento mutuo del deterioro. Las charlas, sin embargo, continuaban cada fin de semana, hasta que el desgaste de Hernán volvió imposible sostenerlas.
En uno de los pasajes más reveladores, Celorio recuerda un fragmento de Macho viejo (Alfaguara, 2015), la última obra de Hernán, donde se formula una definición de amistad que funciona también como poética del libro: “Contra lo que uno piensa, la auténtica amistad es un arte, y un arte muy delicado. Conservar una amistad es cuestión de aprecio, respeto mutuo, esfuerzo, paciencia y tolerancia. (…) Lo único que pido a cambio a mis amigos es la verdad, el afecto, la reciprocidad y que no caigamos en resentimientos…”
Más adelante, Celorio se detiene en los viajes compartidos. “¡Cuántos viajes hicimos juntos, amigo querido y añorado!
Fernando Sanabrais. Escribe. Nació un 28 de febrero, como Hernán y Montaigne. Ha perdido más amigos que novias. Sigue escribiéndoles. No espera respuesta.


¡Cuántos! ¡Y a tantos sitios tan diferentes! Con nadie he viajado en mi vida tanto como contigo.” Los viajes aparecen como extensión de la conversación, desplazamientos que prolongan el diálogo. Celorio anota itinerarios, ciudades, trayectos, pero lo decisivo no es el mapa, sino el gesto que sigue: “Recordarte a ti. Recordarte literalmente, es decir, en fidelidad a la etimología de la palabra recordar, ‘volver a pasarte por el corazón’”.
Es verdad que, a veces, uno necesita continuar la reflexión. Dirigirse al otro aun cuando no haya respuesta. En La vida en las ventanas, Andrés Neuman afirma: “Cuando se escribe para alguien que no está, se experimenta un vértigo similar al de esos anuncios donde un coche vacío atraviesa un paisaje: así, sin conductor, nos va paseando el tiempo”. La novela está construida a partir de correos electrónicos que no reciben respuesta de la mujer a la que van dirigidos. Pero ésa es, justamente, la condición de posibilidad de la escritura: escribirle a quien no responderá jamás.
¿Y para quién se escribe? Philip Roth afirmaba que no tenía ningún interés en el lector, del mismo modo en que el lector no debería preocuparse por el escritor. Así funciona el pacto. Escribir no es

dialogar con una presencia, sino con una ausencia organizada.
Como Hernán, Michel de Montaigne nació un 28 de febrero, cuatrocientos años antes. La coincidencia es menor, pero no irrelevante, si se piensa que el creador del ensayo moderno tuvo también un amigo absoluto: Étienne de La Boétie. Y la inesperada muerte del amigo no significó el final de la conversación, sino su desplazamiento y el nacimiento del ensayo como un nuevo género conversacional, una forma de seguir hablando cuando el interlocutor ya no está.
De ahí que resulte pertinente la reciente aparición de Montaigne, etc., de Isabel Zapata, publicado por la editorial argentina Rosa Iceberg, que se presenta con una frase reveladora: “Que otros se jacten de publicar los libros más esperados del año; para nosotras es un orgullo presentarles éste, el más inesperado”. El libro propone una aproximación poética y ficcional a Montaigne a partir de sus palabras y las de quienes lo rodearon. Otra vez: escribir como quien le habla a un amigo ausente.

Me dejaste hablando solo, Hernán querido, amigo del alma, compañero. No pude despedirme de ti. Quizá por eso escribo estas páginas, para recordarte, para decirte adiós. Estas páginas han sido mi duelo durante cuatro meses. Las he escrito para prolongar un poco tu vida. He releído tu obra, he relatado la historia de nuestra amistad, he rememorado nuestras conversaciones, nuestros trabajos, nuestros viajes. La escritura ha sido un consuelo, pero ahora que ponga el punto final me entrará sin misericordia la certidumbre de tu muerte, carajo.
Qué paradoja: me colmaste de vacío, me llenaste de oquedades. Te llevaste el eco de mis palabras, te llevaste mi sombra, te llevaste mis domingos.
Al final, Mi amigo Hernán es también una despedida tardía. Una última conversación que no pudo darse. Un duelo escrito. Celorio lo despide de la siguiente forma:
Dirección operística y diseño de alta costura. Una exploración por la filmografía de Luhrmann y Martin, el dúo que logró maridar la literatura clásica de Shakespeare y Fitzgerald con la estética pop para crear universos cúnicos.

Romeo y Julieta
William Shakespeare
Alianza editorial

El gran Gatsby
Francis Scott Fitzgerald
Ediciones Gandhi

En el vasto panorama del cine contemporáneo, pocas parejas han fusionado su vida personal y profesional con la maestría de Baz Luhrmann y Catherine Martin. Este dúo australiano, unido en matrimonio desde 1997, ha forjado una colaboración creativa que trasciende las pantallas y que los ha convertido en un emblema de cómo el amor puede inspirar obras maestras visuales y narrativas.
Luhrmann, el visionario director conocido por su estilo exuberante y operístico, encuentra en Martin, diseñadora de producción y vestuario galardonada con múltiples óscares, no sólo una esposa, sino una coautora esencial. Juntos, han creado un universo cinematográfico donde el amor es el eje central, influenciado por la literatura clásica y moderna, y marcado por una estética que mezcla lo barroco con lo contemporáneo. En un mundo donde las colaboraciones artísticas a menudo se diluyen, la suya resiste como un testimonio de sinergia creativa, y este 2026 celebramos este año el 30 aniversario de una de sus joyas más icónicas: Romeo + Juliet.
La historia de su partnership comienza en los albores de la carrera de Luhrmann, con Strictly Ballroom (1992), su debut cinematográfico que ya anticipaba el esplendor de sus futuras obras. Esta comedia romántica, ambientada en el mundo competitivo del baile de salón, es un himno al amor prohibido y la rebeldía contra las convenciones. Martin, quien entonces era su novia, contribuyó como diseñadora de vestuario y producción, y le infundió a la película un vibrante colorido que evoca los ritmos latinos y el glamour kitsch. El tema del amor se manifiesta en la relación entre Scott Hastings y Fran, una pareja que desafía las reglas del baile para seguir su pasión. Influenciada
por la literatura shakespeariana en su estructura de tragedia cómica y por cuentos folclóricos como Cenicienta, la película establece el patrón luhrmanniano: un romance que florece en medio del caos social. Martin reveló en entrevistas que su colaboración fue orgánica, con Luhrmann dirigiendo la visión narrativa y ella traduciéndola en texturas y escenarios que amplifican la emoción. Esta ópera prima no sólo lanzó sus carreras, sino que solidificó su dúo como una fuerza en la que el amor personal se refleja en la pantalla.
Cuatro años después, en 1996, llegó Romeo + Juliet, una adaptación audaz de la tragedia de William Shakespeare que este 2026 cumple 30 años de haber revolucionado el cine juvenil. Ambientada en una Verona Beach ficticia, fusionando elementos de Miami y México con un toque posmoderno, la película reimagina el amor fatal de Romeo y Julieta (interpretados por Leonardo DiCaprio y Claire Danes) como un torbellino de violencia urbana y pasión desbordante. Luhrmann y Martin colaboraron intensamente: él en la dirección y guion, ella en el diseño de producción y vestuario (este último la hizo merecedora de su primer premio Óscar).
En esta adaptación, el amor es el núcleo, un fuego que consume todo, una influencia directa de la obra de Shakespeare. A propósito de influencias, no podemos dejar fuera a Byron, que, junto con Kurt Cobaine y James Dean, inspiró al Romeo luhrmanniano. Por su parte, Martin creó un mundo visual donde los trajes renacentistas se mezclan con moda callejera, simbolizando el choque de épocas y clases. Luhrmann ha dicho que Martin fue clave en humanizar la tragedia, añadiendo capas de sensualidad que hacen del romance algo palpable, casi táctil.
El clímax de su colaboración romántica llegó con Moulin Rouge! (2001), un musical extravagante que rinde homenaje al amor bohemio en el París de fin de siglo. Nominada a ocho premios Óscar, de los cuales Martin ganó dos (diseño de producción y vestuario), esta película narra la historia de Christian y Satine (Ewan McGregor y Nicole Kidman), un escritor y una cortesana
unidos por un amor imposible en el cabaret del Moulin Rouge. El tema del amor se entrelaza con ideales como verdad, belleza, libertad y amor, lo que permite vincular esta cinta con literatura de Oscar Wilde, así como en las óperas de Puccini y las novelas de Zola sobre la vida parisina. Luhrmann dirige con su firma hiperquinética, mientras Martin construye un París onírico con decorados opulentos y trajes que evocan el art nouveau. Su dúo creativo brilla en secuencias como “Elephant Love Medley”, donde el amor se canta a través de mashups de canciones pop, fusionando lo clásico con lo moderno. Martin ha confesado que su matrimonio influyó en la profundidad emocional, lo que vuelve a esta colaboración una carta de amor mutua.
Finalmente, The Great Gatsby (2013), adaptación de la novela homónima de F. Scott Fitzgerald, cierra este ciclo romántico con una exploración del amor ilusorio en la era del jazz. Luhrmann y Martin, ya consolidados como pareja icónica, colaboran en una versión visualmente deslumbrante; Martin ganó otro Óscar por vestuario con este filme. El amor entre Jay Gatsby (DiCaprio) y Daisy Buchanan (Carey Mulligan) es un espejismo de opulencia y traición, influenciado por la literatura americana de los años 20 (imposible no pensar en los ecos con la obra de Hemingway en su melancolía y en Woolf en su introspección femenina). Martin recrea mansiones art déco y fiestas exuberantes, mientras Luhrmann infunde un ritmo contemporáneo con música de Jay-Z. Esta película subraya cómo su partnership evoluciona: el amor ya no es sólo pasión, sino un comentario social sobre su fragilidad. A lo largo de estas obras, Luhrmann y Martin han tejido un tapiz donde el amor es eterno, pero efímero. La huella de escritores como Shakespeare, Fitzgerald y Wilde está latente en su filmografía. Su colaboración, forjada en 30 años de Romeo + Juliet y más allá, demuestra que el dúo creativo no es mera suma de partes, sino una alquimia que transforma el cine en poesía visual. En una industria volátil, su romance perdura e inspira a generaciones a soñar en technicolor.+




Mientras editaba obras maestras para Scorsese, Marcia Lucas pulía detalles para la cinta que nos descubriría el universo de George Lucas. Ganadora del Óscar, Marcia fue fundamental para el éxito de su entonces esposo.
“Yo hice que las escenas funcionaran, yo hice la batalla final, pero yo no fui la escritora, ni la directora ni tampoco le di los nombres creativos a los personajes”.
No fans de Star Wars, ¿habían escuchado el nombre de Marcia Lucas? ¿No? Pues ella es la ganadora del Óscar por mejor edición y de pasadita la exesposa de George Lucas. Y ésta es la historia de un amor que sucedió hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana.
Aunque no podrían venir de entornos más que diferentes, de alguna manera, durante los quince años que duró su power couple effect hicieron que ésta funcionara… A pesar de que después se agarraron de los pelos, se patearon la lonchera y George hizo tal berrinche cuando Marcia le pidió el divorcio (por razones honestas) que la borró de la galaxia para siempre y por siempre jamás.
Los dos ya estaban trabajando en el cine cuando se conocieron, se hicieron novios, se dieron besos y, en 1969, se casaron. George lo tenía muy claro: él quería tener su propia película y, para poder financiarla, ambos se pusieron a trabajar con Coppola en el set de El Padrino (1972). Pasadito un tiempo, George estrenó THX 1138 (1971), una película muy clavada que resultó aburrida y a casi nadie le gustó. Marcia, honestamente, le dijo que era un bodrio, que mejor se atreviera a escribir algo con lo que la gente se emocionara, llorara, se enojara.
Si creían que ahí empezaba Star Wars, no. Esperen, porque primero llegó American Graffti (1973), película en la que Marcia demostró lo brillante que era para editar. Y si bien tampoco tuvo un exitazo taquillero, Marcia sí empezó a pulir su reputación de editora. Ahora sí, George un poco frustrado, pero con mucha ambición, prometió que su siguiente película sería un home run. Marcia comenzó a trabajar como editora con Scorsese en Alicia ya no vive aquí (1974) y en Taxi Driver (1976), porque uno de los dos tenía que traer la lana; mientras, George se dedicaba a escribir su obra maestra y, aunque no lo crean, Marcia tenía dos chambas: editar con Scorsese y en la noche ser latodaoídos para ayudar a su marido a mejorar, quitar o aumentar la historia de
Llegó el momento más esperado y temido: empezar a grabar una de las mejores películas de toda la historia, nueva esperanza
estudio había otro editor, pero cuando George vio lo que estaba haciendo con su película no le gustó nadita, entonces le pidió a Marcia que se encargara de arreglar el desmadrito, o sea, que reeditara algunas escenas. ¿Saben de quién fue la idea de darle cran a Obi-Wan? De Marcia. ¿Saben de quién fue la idea del beso de la suerte entre Leia y Luke? De Marcia. ¿Y saben quién creó uno de los mejores momentos del cine, el más frenético, compulsivo y emocionante en la Batalla de Yavin? Marcia. Le dijo a George: “Si el público no aplaude cuando Han Solo llega en el último segundo en el Halcón Milenario para ayudar a Luke cuando Darth Vader lo persigue, la película no funciona”.
Así que con su ritmo, visión y creatividad, ella reorganizó algunas escenas y mejoró la secuencia logrando una tensión que en el guion no existía. Y ¡pum! En 1977, Marcia se llevó el Óscar a mejor edición. Ella también editó El imperio contraataca (1980) y El retorno del Jedi (1983).
Mucho trabajo, mucho reconocimiento, mucha fama, se fundó Lucasfilm y George hizo el Rancho Skywalker, pero ¿y el amor? Sí hubo, pero se acabó. Adoptaron a Amanda y Marcia quería que George le bajara dos rayitas al trabajo, que tuvieran una vida en familia, más tiempo libre, pero George no cedió. Se divorciaron en 1983 después del estreno de El retorno del Jedi para que el escándalo de su separación no opacara a la película.
Hasta 1990, él hablaría públicamente del dolor que le provocó separarse de su mejor amiga, su editora, su charolastra, su brazo derecho y la mamá de su hija. Marcia se fue a vivir su vida con 50 millones de dólares bajo el brazo, mientras George hizo la trilogía de la precuela sin ella (dicen sus fans que no es taaaan buena porque le faltó el amor, la pasión, las observaciones, la visión y el ritmo de Marcia).
A partir de ahí, el nombre de Marcia Lucas quedó sumido en un hoyo profundo y oscuro, el mismo en el que sus amigos en común la dejaron cuando George les pidió que no la invitaran a los mismos eventos que él. Uy, pues qué ardido. Ojalá Marcia le haya dicho a George: que la fuerza te acompañe porque yo ya no.+



Más allá del mobiliario, Charles y Ray Eames construyeron un lenguaje. En el 70 aniversario de su icónica Lounge Chair, revisitamos la alquimia de un dúo que demostró que la funcionalidad sin alegría es un error de cálculo.
La historia del diseño moderno no sería la misma sin la huella de Charles y Ray Eames. Además de ser matrimonio desde 1941, este dúo californiano diseñó una manera de estar en el mundo. Mientras Charles (arquitecto de formación) perseguía la eficiencia estructural, Ray (pintora cuyo mentor fue Hans Hofmann) aportaba la dimensión humana para que la modernidad no resultara gélida. Juntos convirtieron la producción industrial en una herramienta de democratización social. Además, este 2026 celebramos el 70 aniversario de una de sus creaciones más emblemáticas: la Eames Lounge Chair, un clásico que sigue inspirando generaciones.
El origen de esta sinergia se remonta a la Cranbrook Academy of Art en Michigan, un hervidero de vanguardia donde Charles dirigía el departamento de diseño industrial. Allí conoció a Bernice Alexandra, Ray, Kaiser, quien colaboraba en los preparativos para el concurso Organic Design in Home Furnishings del MoMA. Esta etapa inicial es crucial para entender su método: la experimentación con el contrachapado no fue un destello de genialidad súbita, sino un proceso extenuante de ensayo y error. En Cranbrook, junto a Eero Saarinen, Charles comenzó a moldear la madera en curvas complejas que se adaptaran a la anatomía humana, una búsqueda que Ray potenciaría con su comprensión de la forma abstracta y el volumen, adquirida durante sus años en la vanguardia pictórica de Nueva York.
Su historia colaborativa inició en los años de posguerra, con una serie de sillas moldeadas en contrachapado, como la dcw (Dining Chair Wood) de 1945-1946. Esta pieza, desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial para férulas médicas y adaptada al mobiliario civil, representa su compromiso con la funcionalidad ergonómica y la producción en masa. Charles se encargaba de la ingeniería estructural, experimentaba con técnicas de moldeado curvado inspiradas en la aviación, mientras Ray aportaba el refinamiento estético, e incorporaba colores y texturas que humanizaban la forma.
En este caso, la innovación fue ética y estética porque mientras Charles resolvía la ingeniería de la Kazam! Machine, Ray refinaba las líneas para que el objeto fuera funcional y desea-
ble. Su propósito no era copiar a los maestros europeos: ellos querían crear muebles ligeros, económicos y ergonómicos, pensados para una generación que buscaba reconstruir su hogar. “El papel del diseñador es el de un anfitrión que sabe prever las necesidades de sus invitados”, pensaba Charles.
Este enfoque centrado en el usuario se expandió hacia el uso de nuevos materiales. Tras el contrachapado, los Eames fueron pioneros en el uso de la fibra de vidrio reforzada con plástico para la producción de sillas en serie. La Eames Plastic Chair, presentada en 1950, fue la primera silla de plástico fabricada industrialmente sin tapicería. En este proyecto, la dualidad del equipo fue vital: mientras Charles buscaba un material que pudiera producirse de forma económica y masiva, Ray se enfocaba en la paleta cromática —gris, greige, amarillo ocre y rojo anaranjado—, colores que rompían con la austeridad de la época y permitían que el diseño industrial entrara con calidez en los hogares de la clase media estadounidense.
Fue en 1949 cuando dieron paso a la Eames House (Case Study House #8), un proyecto residencial que encapsula su filosofía de “vivir con lo que amas”. En contraste con los arquitectos de la época que trabajaban con la rigidez del cristal, los Eames crearon un refugio modular y, si bien Charles dirigió la optimización del acero, fue Ray la que infundió espíritu a la estructura. Ella llenó los espacios con telas, plantas y elementos que marcaran una distancia con la uniformidad industrial.
La Eames House fue un experimento de vida y ha trascendido hasta nuestros días como un referente de la arquitectura orgánica, que conjuga lo personal y lo industrial.
Sin embargo, el punto culminante de su carrera llegó con la Eames Lounge Chair and Ottoman (1956). Inspirada en la calidez y el desgaste de un guante de béisbol usado, esta pieza fue un regalo de cumpleaños para su amigo, el director de cine Billy Wilder.
En la Lounge Chair, el dúo alcanzó su madurez absoluta: Charles trabajó en la mecánica de los soportes elásticos, mientras Ray seleccionó los cueros y las chapas de madera de rosa que le darían su estatus de icono. Es un diseño que, a diferencia de la mayoría de los muebles modernos, se vuelve más bello
con el uso. Su colaboración brillaba en el detalle; Ray confesó en múltiples entrevistas que su matrimonio infundía una profundidad emocional a cada curva: no diseñaban para el mercado, diseñaban para el placer de los suyos.
La influencia de los Eames se extendió también al ámbito corporativo y la comunicación visual, especialmente en su relación con IBM. Cuando las computadoras eran percibidas como máquinas amenazantes y frías, Charles y Ray ayudaron a la compañía a comunicar la tecnología como una herramienta humana. Crearon pabellones para ferias mundiales y exhibiciones como “Mathematica”, donde el diseño se utilizaba para explicar conceptos complejos de forma lúdica. Para ellos, la información era una materia prima tan moldeable como el acero o la madera. Ray utilizaba su dominio del collage y el montaje para crear diagramas que hoy se consideran precursores de la visualización de datos moderna.
Su legado no termina en el objeto físico. Películas como Powers of Ten (1977) demostraron que su curiosidad no tenía escalas. Al adaptar el libro de Kees Boeke, Cosmic View (1957), a la pantalla, los Eames colaboraron en una pieza educativa que explica nuestra posición en el universo. Charles y Ray colaboraban en guion y dirección: él en la estructura narrativa, ella en la estética visual. Fue su último gran acto de diseño: diseñar una experiencia de conocimiento.
Durante casi cuatro décadas, Charles y Ray Eames tejieron un tapiz donde la innovación era, ante todo, generosidad. Su asociación no fue un reparto de tareas, sino una conversación continua. En un 2026 que celebra la persistencia de su Lounge Chair, su historia nos recuerda que el diseño más innovador nace de la armonía entre dos personas que decidieron que el mundo podía ser un lugar un poco más habitable y mucho más bello.+



Hace casi una década, entre los pasillos de Librerías Gandhi, dos personas se encontraron mientras buscaban libros de poesía. Intercambiaron miradas cómplices y se recomendaron algunos títulos. La afinidad fue inmediata. Cinco años después, él volvió al mismo lugar con un nuevo propósito. Pidió ayuda a un librero, eligió el poemario favorito de su ahora pareja y colocó cerca una pequeña caja. Allí, donde comenzó su historia, entre estantes y versos, llegó una propuesta matrimonial.


Ficción
Hija de la venganza
Michael McDowell • Blackie Books
Hauting Adeline
(Dueto del gato y el ratón 1)
H. D. Carlton • Montena
Cumbres borrascosas
Emily Brontë • VR Editoras
La sirena y el jubilado
Elmer Mendoza • Alfaguara
Islas de la Ascuaoscura
Brandon Sanderson • Nova
No ficción
Hábitos atómicos en acción
James Clear • Paidós
Familia rica, familia lista
Robert T. Kiyosaki • Aguilar
Cartas de un estoico
Séneca • Penguin Clásicos
Penn y Kim Holderness • Diana
Ego y supraconciencia
Dr. Manuel Sans Segarra • Planeta
eBooks
Últimos ritos
Ozzy Osbourne • Libros Cúpula
Marea alta
Fernando Ampuero • Tusquets
Jotadé
Santiago Díaz • Alfaguara
El TDAH es genial Tatá
Valérie Perrin • Duomo Ediciones
Las gratitudes
Delphine de Vigan • Anagrama


Arte y recreación
Fotografía de arte y paisaje
Ruben Earth • GG
Varios autores • Ámbar Editores
The Chemical Brothers. En pausa en la reflexión cósmica
Varios autores • Sexto Piso
Cócteles de cartelera Cuántica. El sinuoso sendero a la realidad
Gerardo Herrera Corral, Sebastian Escultor • Sexto Piso
Camino al mundial 2026
VR Editoras
Diario de Greg 20 - Aguafiestas
Jeff Kinney • Molino
Dónde esconder una estrella
Oliver Jeffers • Fondo de Cultura Económica
Libro preescolar de fieltro Bluey
Novelty • Novelty
Diario de Greg 1 (edición especial bañada en queso) - Un renacuajo
Jeff Kinney • Molino
Harry Potter y la piedra filosofal (ed. limitada)
J. K. Rowling • Salamandra
Jóvenes
Almendra
Won-pyung Sohn • Océano Gran Travesía
Los juegos del hambre 5Amanecer en la cosecha
Suzanne Collins • Molino
Alchemised
SenLinYu • Montena
No me llames loca
Gilraen Eärfalas Planeta
Catábasis
Rebecca F. Kuang • Editorial Hidra Niños

El amor es una sensación complicada, ya lo dice Philippe Besson: “difícil de definir, de limitar, de establecer”. Pero ¿qué sería de nosotros sin él? Idealizado, caótico e idílico, nos hace encontrarle un nuevo sentido a la vida, no sólo el de pareja. Existen distintas formas y tipos de amor, aunque muchas veces los olvidamos. Para tenerlos presentes, aquí van tres recomendaciones literarias del sello Letras de Plata, de Urano World, que te permitirán adentrarte en la diversidad de este sentimiento.
Siete días en Tokio, de José Daniel Alvior

Esta novela habla sobre la necesidad de pertenecer, y del amor que podemos sentir por lugares y relaciones que, aunque son efímeras, se quedan en nosotros para siempre.
Seguimos la historia de Louie y Landon, dos chicos que enfrentan el mismo problema: trabajar en países donde no nacieron y donde corren el riesgo de perder su hogar en cualquier momento por ser inmigrantes. Por eso nunca han hecho de algún lugar en específico su hogar.
El amor después de los veinte, de Linea Maja Ernst

Ésta es una historia provocativa y con un humor que esconde la sensibilidad de sus personajes. La obra nos presenta la vida de un grupo de cinco (o tal vez seis) amigos, que van iniciando sus treinta, en una semana en una cabaña apartada del resto del mundo en Dinamarca. Gracias a que se trata de una novela coral, podemos introducirnos en los pensamientos más placenteros y prohibidos de cada uno de estos cinco (o seis) amigos: Haya, cuya juventud apenas está empezando al haber cambiado de nombre; Sylvia y Charlie, una pareja que
Mañana será otro día, de Damian Dibben
Mientras Louie vive en Nueva York, Landon vive en Tokio, pero, tras pasar una noche juntos, Louie decide realizar un viaje de siete días a Tokio para estar más tiempo con Landon y poder conocer mejor a ese desconocido del que se enamoró. Durante este viaje Louie descubre el anhelo de pertenecer a un lugar a partir de la dualidad entre la vida tranquila, pero a la vez activa que vive en Tokio; también se descubre deseando alejarse de la sensación de ser un espectador de su propia vida y encontrar, finalmente, un sitio al cual pertenecer, sin importarle si se trata de un espacio físico o una persona.
está junta desde la universidad sin haber tomado aún la decisión de casarse; Gry y Adam, una pareja perfecta, con hijos y un matrimonio feliz ante la performatividad; y Karen y Esben, quienes reúnen a todos sus amigos con la finalidad de anunciar y celebrar su unión mediante una boda.
A lo largo de El amor después de los veinte descubrimos que el amor también está en los amigos como la familia, o incluso la pareja, que elegimos; también que podemos vivir el amor de la forma más despreocupada posible y así demostrar que los milagros existen, aunque no nos sucedan a nosotros.


Esta novela mezcla la ficción con elementos históricos sin llegar a ser ficción histórica completamente; además, tiene a un narrador inolvidable: Mañana, un perro que ha sido bendecido (o castigado) con la inmortalidad. Durante ciento veintisiete años, Mañana ha permanecido a los pies de la Basílica de Venecia esperando a su amo, quien le dijo que si llegaban a separarse, debía aguardar su regreso en las escaleras de ese recinto. Luego de esperarlo más de un siglo, Mañana comien-
za una búsqueda por su propia cuenta y en el camino descubre a otros compañeros que lo harán comprender que nunca ha estado solo, pues la familia (o manada) es elegida por uno mismo cuando decide abrir su corazón. Mañana será otro día nos recuerda que el amor existe en más de una forma, como la lealtad, y el amor más puro que podemos encontrar es, sin dudarlo, el amor de un perro. También nos enseña que, por más mal que vayan las cosas, todo mejorará mientras tengamos la certeza de que mañana será otro día.
Estos tres libros nos enseñan que hay diversas formas de amar, así como distintas fuentes para el amor. Son lecturas que abrazan al lector y que nos hablan de los pequeños milagros que encontramos en la vida o, mejor dicho, en los libros.+
Alex García (@soyhijodeneptuno). Estudió Comunicación e Historia del Arte y se especializó en culturas y estudios humanísticos. Actualmente, es escritor de ficción así como profesor de Historia del Arte y Literatura Universal. Promueve y difunde la lectura en redes sociales.
Por Carina V. Fuentes
Admitámoslo. Año con año, nos prometemos que ahora sí vamos a vo ver a leer, que terminaremos cada uno de los libros que compramos compulsivamente, que nos uniremos a cada uno de los retos de lectura que vemos en TikTok. Sin embargo, el ritmo de la vida adulta (si tienes más de treinta, seguro sabes a lo que me refiero), el cansancio, las ganas de scrollear de manera infinita en cuanto tenemos un poco de tiempo libre aventajan nuestro anhelo de retomar la lectura.
Pero aquí no venimos a buscar culpables. Como te detuviste a leer este texto, asumo que ansías encontrar soluciones, alguna estrategia que contribuya a retomar tus hábitos lectores.
De entrada quisiera decirte que el cansancio que te abruma antes de pasar siquiera la primera página de un libro es perfectamente entendible. ¿Quién que es no dejó de ver la lectura como un placer en sí misma y la convirtió en una métrica más para determinar su rendimiento o productividad? Mi primera sugerencia es que dejemos de ver la lectura como un deber y que nos acerquemos a ella como si fuera un descanso.
¿Que tu compañero de oficina ya leyó diez libros en el primer mes del año y tú sólo has podido terminar con la columna de opinión que tanto esperas en tu periódico favorito? ¡Está perfecto! Leer poco también cuenta. Un artículo de opinión, las primeras cinco páginas del poemario

Queremos leer, pero el scroll siempre se adelanta.
(y
que tenías guardado. Recuerda que no es una carrera. Nadie te vigila, nadie te va a reprobar.
Y ya que hablamos de géneros periodísticos, otra opción para romper con el bloqueo lector es variar los formatos en los que leemos. Si no te apetece leer novelas, también existen ensayos, crónicas, fanzines, diarios, informes; los audiolibros pueden acompañarte en tu regreso a casa, durante una caminata o mientras realizas el trabajo doméstico. Leer textos breves resulta ideal cuando no tenemos todo el tiempo del mundo.
Antes de forzarte a terminar un texto que no te está encantando, repite: “Nadie se va a morir si abandono esta lectura. Nadie se va a morir si abandono esta lectura”. Soltar un libro (o el soporte que mejor te acomode) no es traicionarlo: es reconocer que no era el momento, o que no era para ti. Nuestras bibliotecas personales también se construyen a partir de lo que decidimos no incluir en ellas.
A estas alturas, es probable que te estés preguntando por el modo concreto en que podemos hacer de la lectura un hábito. No hay más que pasar a la práctica y dedicarle un tiempo específico en nuestra jornada, pueden ser cinco minu-

La lectura espera, pero el cansancio llega primero.
tos después de cenar o media hora antes de levantarte los fines de semana. Un hábito requiere tiempo y constancia. Tu lectura estará ahí, esperándote.
Pienso que si en vez de preguntarnos cómo leer más, optamos por indagar en las condiciones que necesitamos para volver a disfrutar de la lectura, volveríamos a conectar con el gozo que nos generaban las primeras páginas que pasaron por nuestras manos. Me parece que, para empezar, hay que hacer liviano el acto de leer. Leer, nada más, leer como quien descansa.+
¿Cómo leemos en México?*
• Los libros son el medio físico de lectura preferido en México. Literatura, autoayuda y “los específicos de alguna materia” son los temas más leídos.
• Siete de cada diez personas lectoras declararon leer por gusto y tres de cada diez, por necesidad.
• Las personas que no leen con frecuencia no lo hacen por falta de interés, motivación o gusto por la lectura, pero también porque no tienen tiempo o presentan algún problema de salud.
*Con base en datos del Módulo de Lectura (Molec), 2025, elaborado por el Inegi.

No siempre es novela: también podemos leer otros géneros.

Cuando dejamos de forzar la lectura, vuelve sola.
Mientras la alta sociedad cuenta los días para el próximo baile y los ojos están puestos sobre el soltero más codiciado de la temporada, Benedict Bridgerton, una historia mucho más silenciosa se gesta en los pasillos de Penwood Park. Entre secretos a voces y herencias no reconocidas, conocemos a Sophie Beckett, cuya vida está a punto de cambiar para siempre. Lee este adelanto de la esperada novela de Julia Quinn.
Ya está bien avanzada la temporada de 1815, y si bien se podría pensar que en los salones no se hablaría de otra cosa que de Wellington y Waterloo, la verdad es que las conversaciones han variado muy poco desde la temporada del año pasado, las cuales se centraron en el tema más eterno de la sociedad: el matrimonio.
Como siempre, las esperanzas matrimoniales entre las jovencitas que se presentan en sociedad se centran en la familia Bridgerton, muy concretamente en el mayor de los hermanos disponibles, Benedict. Puede que no posea un título de nobleza, pero parece que su hermoso rostro, su gallarda figura y su abultado monedero compensan muy bien esa carencia. En realidad, en más de una ocasión esta autora ha oído decir a una madre ambiciosa refiriéndose a su hija: «Se casará con un duque , o con un Bridgerton». Por su parte, al señor Bridgerton se lo ve muy poco interesado en las jovencitas que frecuentan los salones de la alta sociedad. Asiste a casi todas las fiestas, pero en ellas no hace otra cosa que mirar la puerta, presumiblemente esperando la aparición de una persona especial.
¿Una posible novia, tal vez?
Revista de Sociedad de Lady Whistledown 12 de julio de 1815
¿Por qué leer
Te doy mi corazón?
Tanto el libro de Julia Quinn como la serie producida por Shonda Rimes han logrado que las novelas de la Regencia dejaran de ser un “placer culposo” para convertirse en un fenómeno de culto global.
En esta historia, como en el cuento de Cenicienta, una noche, Sophie cumple su sueño. A espaldas de su madrastra, se viste como una reina y acude al baile de disfraces más importante de Londres. Además, consigue captar la atención de Benedict Bridgerton, el soltero más atractivo y encantador de la reunión.
La primera parte de la adaptación de esta novela ya está disponible en Netflix. La segunda se estrenará en esa misma plataforma el 26 de febrero.







































...aunque no siempre es color de rosa.



Por Lucía Moreno
Hablar de la muerte nunca ha sido sencillo. Hablar del duelo, todavía menos. Pero cuando se trata de la pérdida de una mascota, el dolor suele quedar relegado a un lugar incómodo, minimizado y, muchas veces, silenciado. En esta conversación, Gaby Pérez Islas (una de las tanatólogas más reconocidas de México y autora de múltiples libros superventas) pone palabras, consuelo y sentido a una pérdida que ocurre en la intimidad del hogar y deja huellas profundas.
Con más de dos décadas dedicadas al acompañamiento del duelo, Pérez Islas ha aprendido a escuchar aquello que no siempre encuentra legitimidad social. Su nuevo libro, Tu huella en mi vida (Diana, 2025), aborda precisamente ese vacío que dejan los animales con los que compartimos la vida cotidiana: perros, gatos y otros compañeros que, sin decir una palabra, se convierten en presencia constante, refugio emocional y vínculo profundo.
Desde el inicio, la autora es clara: este libro pone sobre la mesa un duelo que rara vez se permite. “A quienes amamos a nuestras mascotas, muchas veces no se nos concede el derecho a estar tristes cuando se van. Nos dicen que exageramos, que adoptemos otro, que ‘solo era un animal’”. La contradicción es evidente: mientras la sociedad avanza en reconocer a los animales como seres sintientes (con derechos, cuidados y un lugar dentro de la familia), el dolor por su pérdida sigue siendo cuestionado.
Para Gaby, la tanatología no busca minimizar el sufrimiento, sino hacerlo transitable. “No quiero hacer pequeño tu dolor, quiero hacerte grande”, explica. “El dolor eventualmente se detiene, pero primero tiene que vivirse”. Desde esa mirada, Tu huella en mi vida se convierte en un espacio legítimo para nombrar la tristeza, la ausencia y la desolación que deja un animal que, en muchos casos, fue la relación más constante y silenciosa de nuestra vida. La autora habla de las mascotas como grandes acompañantes emocionales. “Son terapeutas extraordinarios. Escuchan, no juzgan, viven en atención plena. Perciben nuestro estado de ánimo, se entristecen con nuestras lágrimas y celebran sin reservas”. Cuando se van, dice, el vacío es profundo y desestabilizador. Por eso, una de las claves del libro es la resignificación: entender que su misión no fue rompernos, sino acompañarnos. “No vinieron a destruir nuestra vida, vinieron a iluminarla”.
Entre las ideas más potentes del libro está la forma en que Gaby se refiere a las mascotas como “inquilinos”. No es una metáfora menor. “No son cosas ni propiedades. Tampoco somos sus dueños. No son esclavos ni somos sus amos”, aclara. “Somos responsables de ellos durante el tiempo que nos acompañan”. Esta visión dialoga con un cambio cultural más amplio: hoy, en países como México y España, los animales ya son reconocidos legalmente como parte de la familia, incluso en procesos de divorcio o custodia compartida.

El libro reúne testimonios que dan voz a un dolor que suele


Un podcast que acompaña 24/7
Durante la pandemia, Gaby lanzó el podcast Después de la pérdida, un espacio gratuito de salud mental que hoy se ha convertido en referencia. “Es un tanatólogo disponible las 24 horas”, explica. Ahí se abordan temas como duelo, resignificación, adaptación y crecimiento personal. Un lugar seguro para continuar conversaciones que no siempre encuentran espacio en la vida cotidiana.

los?”, se pregunta. “¿Por qué poner en una balanza si duele más la pérdida de una madre, un hijo o una mascota?”. Para Gaby, cada pérdida merece su propio espacio. La muerte de un animal ocurre en la intimidad del hogar: duerme contigo, te acompaña durante años, escucha sin juzgar. Por eso duele tanto.
Otro de los ejes centrales del libro es el duelo anticipado. Gaby distingue entre la angustia que paraliza y la conciencia amorosa del paso del tiempo. “Cuando empiezas a notar canas, lentitud o cansancio, todavía es tiempo de redoblar amor, cuidado y presencia”. No se trata de despedirse todo el tiempo, sino de vivir sin deudas emocionales. “Si hoy fuera la última vez que nos vemos, que estemos en paz”.
Uno de los capítulos más delicados aborda la eutanasia. La autora es enfática: la decisión debe estar guiada por el veterinario. “No se trata de acortar una vida, sino de no prolongar una agonía”. Amar, en ciertos momentos, también implica saber dejar ir, acompañar hasta el final y estar presentes cuando llega la despedida.
Al final de cada historia aparecen las llamadas “perlas tanatológicas”, una de las grandes apuestas del libro. “Las perlas nacen de una herida”, explica Gaby. “El molusco cubre esa herida con nácar, capa tras capa, hasta que se forma una joya”. Así funcionan también las pérdidas: dejan aprendizaje, crecimiento y sabiduría. No es casual que este sea su primer libro con fotografías a color. Tu huella en mi vida está pensado como un objeto amoroso, cuidado hasta el último detalle. Tu huella en mi vida es un libro necesario, sensible y profundamente humano. Porque todos, en algún momento, necesitaremos palabras que nos ayuden a entender que amar —incluso cuando duele— siempre vale la pena.+


Gaby Pérez Islas tiene una licenciatura en Literatura Latinoamericana. Desde hace más de 26 años se dedica a la tanatología, disciplina que ha ayudado a visibilizar en México. Combina la práctica clínica con conferencias multitudinarias y formación académica. Tu huella en mi vida es su octavo libro y el primero con una fuerte apuesta visual.
¿Por
qué puede interesarte Tu huella en mi vida?
Porque no es sólo un libro sobre mascotas, sino sobre el amor, la pérdida y la manera en que aprendemos a despedirnos. Es una lectura valiosa tanto para quienes atraviesan este duelo como para quienes acompañan a alguien que lo vive. También funciona como una guía empática para entender otros tipos de pérdidas. Un libro para leer, regalar y volver a consultar.

En un mundo que corre a la velocidad de las notificaciones, Virginia Evans nos propone un gesto radical: detenernos, leer despacio y, sobre todo, escuchar lo que se dice y lo que se calla cuando alguien se atreve a escribir con honestidad. Su nueva novela, La corresponsal, bestseller de The New York Times y libro revelación de 2025, llega justo en el mes en que celebramos el amor y la amistad, pero también la intimidad y la palabra. ¿Qué mejor momento para reivindicar el poder de una carta?
Una historia que se escribe a mano… y al corazón
La corresponsal aborda cuestiones universales: la vejez, la memoria, el duelo, la identidad, la independencia y el paso del tiempo. Su protagonista, Sybil Van Antwerp, es todo menos convencional. Una mujer mayor, brillante, vulnerable y retirada de una laureada carrera en el derecho, vive sola en Annapolis y organiza sus días en torno a un ritual casi sagrado: la correspondencia. Cartas escritas y recibidas, correos electrónicos, notas nunca enviadas.
En un momento marcado por la pérdida de la vista y la revisión inevitable del pasado, Sybil convierte la escritura en su manera de resistir y existir. Cada página es un acto de rebelión frente al olvido y la prisa. ¿No es eso lo que todos buscamos? Dejar huella, aunque sea en papel, en las personas más importantes de nuestra vida.
Evans construye una novela íntima en la que la fuerza de la historia reside en lo cotidiano, en esas confesiones que sólo se permiten en papel. A través de un intercambio epistolar con
familiares, colegas, vecinos y amigos inesperados, el lector reconstruye la vida de Sybil, sus pérdidas, sus decisiones y esa ironía que la salva del silencio.
A la vez, la escritora nos recuerda que las vidas que no ocupan el centro del relato (mujeres mayores, profesionales que alguna vez fueron imprescindibles y luego quedaron en los márgenes) merecen ser contadas y visibles. Pero no da concesiones a la nostalgia fácil, por eso esta novela no mira hacia atrás con melancolía; dialoga con el presente, interpela nuestra forma de comunicarnos en tiempos de vínculos efímeros.
Quienes disfrutan de la ficción literaria, las novelas epistolares y los personajes femeninos complejos encontrarán aquí su nuevo libro favorito. También es una excelente opción para clubes de lectura que quieran debatir sobre el lugar de las mujeres en la historia, la invisibilidad de la vejez y el poder transformador de la escritura.
Además, en un contexto donde la conversación sobre la longevidad y la calidad de vida está más presente que nunca, La corresponsal ofrece una mirada lúcida y sensible sobre la independencia y la identidad en la madurez. ¿Qué significa seguir siendo uno mismo cuando todo cambia? Sybil tiene una respuesta: escribir.
Si te atraen las obras que invitan a reflexionar sobre la vida en tiempos de comunicación superficial y que celebran la profundidad de las palabras, La corresponsal será una lectura imprescindible. Atrévete a regalar algo distinto este San Valentín: tiempo, palabras, profundidad.
Acerca de la autora
Virginia Evans es periodista de formación y narradora por vocación.
Con La corresponsal debuta en el género de ficción histórica, que la convirtió en finalista en los prestigiosos Page Turner Awards. Su narrativa (elogiada por combinar emoción, documentación precisa y una voz femenina sólida) destaca el interés por las mujeres que abrieron camino en espacios dominados por hombres, especialmente en contextos bélicos y sociopolíticos.
La corresponsal ya está disponible en tu librería favorita.



Hablar de las heridas familiares implica tocar fibras profundas. En México, donde la figura materna suele colocarse en un pedestal casi intocable, cuestionar la maternidad puede parecer incómodo, provocador o incluso injusto. Sin embargo, para Rayo Guzmán, escritora, especialista en desarrollo humano y tanatóloga, nombrar la herida no es un acto de ataque, sino de amor.
Con casi dos décadas de experiencia como docente universitaria, conferencista internacional y acompañante de procesos emocionales, Guzmán ha dedicado su obra a escuchar lo que suele callarse dentro de las familias. Cuando mamá lastima, libro que celebra diez años con una nueva edición bajo el sello Hachette, es quizá el más emblemático de ese recorrido.
Lejos de ofrecer recetas o juicios, el libro nació, cuenta la autora, de una pregunta sencilla lanzada en redes sociales: ¿Qué hizo tu mamá que te lastimó?
En cuestión de días, llegaron miles de respuestas. Historias íntimas, diversas, contradictorias. Guzmán cerró el buzón y comenzó un trabajo paciente de lectura y clasificación. “Me di cuenta de que, en la mayoría de los casos, las madres lastimamos sin querer”, explica. “Repetimos patrones, creencias heredadas, formas de educar que no siempre cuestionamos”.
Para la autora, uno de los grandes problemas de la maternidad es la expectativa de perfección. “Nos enseñaron que una madre debe saberlo todo, poder con todo, no equivocarse. Pero somos humanas”, dice. Nombrar el error, pedir perdón, decir “lo siento” y “te amo” también forma parte de una crianza sana. Desde ahí, Cuando mamá lastima no busca enseñar a ser madre, sino abrir un espacio para escuchar la voz de los hijos y reconocer la herida desde ambos lados.
El libro presenta distintos niveles de daño: desde heridas cotidianas hasta casos profundamente dolorosos marcados por adicciones o padecimientos mentales. En esos escenarios, Guzmán es clara: buscar ayuda profesional no es una falla, sino un acto de responsabilidad. “El amor no desaparece, pero a veces necesita acompañamiento experto para poder expresarse de otra manera”. Uno de los conceptos centrales que atraviesa su obra es el de la conversación. Para Rayo, ése es el gran superpoder de las familias. “Antes de controlar, juzgar o imponer, ¿por qué no hablamos?”, plantea. No desde el conflicto, sino desde la comprensión. Conversar permite redefinir roles, especialmente cuando los hijos crecen y la maternidad debe transformarse. “Criar también es aprender a soltar”, afirma. Confiar en lo sembrado y permitir que el otro viva su propia vida. El perdón aparece como un hilo constante en toda su literatura. No como obligación moral, sino como posibilidad. Cada historia muestra caminos distintos: reconciliación, distancia, pausa, o búsqueda. “No todos perdonan y eso también es válido”, señala. El libro funciona como un espejo: cada lector se reconoce donde puede, cuando puede. La nueva edición de Cuando mamá lastima incluye cinco historias inéditas, un prólogo de Shulamit Graber y las ilustraciones de Yuri Zatarain. Es, en palabras de la autora, un libro amoroso, pensado para leerse solo o en familia y para abrir conversaciones que, muchas veces, resultan más fáciles a través de los personajes que desde la experiencia directa.+
¿Por qué puede interesarte Rayo Guzmán?
Porque su obra parte de la empatía y la experiencia. Guzmán no escribe desde la teoría, sino desde la escucha profunda. Su mirada sobre la familia, el perdón y la conversación ha resonado en miles de lectores que buscan entender, y sanar, sus relaciones más cercanas.

Ve la entrevista en mascultura.mx

Rayo Guzmán es maestra en Educación y especialista en Desarrollo Humano y Tanatología. Se dedicó a la docencia a nivel superior y de posgrado durante más de dieciocho años, así como a la consejería y acompañamiento en Desarrollo Humano. Sin embargo, su pasión por la lectura la llevó a convertirse en escritora. Su obra también incluye Coyote balcánico (Hachette Literatura, 2025) y La vida después de mi ex (Selector, 2019), entre otras.

Cuando mamá lastima
Rayo Guzmán Hachette Parenting
¿A quién no se le ha antojado probar el humeante ramen de Ponyo, los bollos de El viaje de Chihiro o un desayuno al puro estilo de El castillo vagabundo? Es que cada platillo ha sido dispuesto en las películas de manera muy cuidadosa, tanto que despierta los sentidos y transmite algo más profundo que el hambre. Tal vez por eso, al ver esas escenas, no sólo queremos comer: queremos aprender a cocinar.
De la pantalla a tu mesa
Si tú quieres pasar del cine a la cocina, Cocina al estilo Ghibli es un libro imprescindible. Un recetario, sí, pero también un homenaje culinario pensado para los fanáticos y no tan fanáticos del universo creado por Hayao Miyazaki e Isao Takahata.
El autor detrás de esta ambiciosa obra es Thibaud Villanova, un chef apasionado y fundador de Gastronogeek, cuya especialidad es precisamente tender puentes entre la fantasía y la realidad culinaria.
Un libro para todos
Editado por Larousse, este libro no asume que el lector sea un chef experimentado. Al contrario: está diseñado para acompañar tanto a quienes ya se sienten cómodos frente a los fogones como a quienes apenas comienzan a explorar el mundo de la cocina japonesa.
Uno de sus grandes aciertos es la inclusión de una sección inicial de consejos visuales, en los que se explican de forma clara aspectos fundamentales como el manejo correcto de cuchillos, el uso de utensilios básicos, los condimentos esenciales y algunas técnicas que sirven como base para muchas recetas.
Antes de lanzarte a los platillos más elaborados, el libro propone algo fundamental: aprender a preparar ingredientes desde cero. Descubrirás cómo elaborar de manera artesanal pan para hamburguesas, sakura denbu (un pescado dulce desmenuzado de color rosado), cátsup casera y distintos fondos para sopas y ramen.
Cada una de las más de 35 recetas está acompañada de fotografías e ilustraciones que remiten de inmediato a los paisajes y atmósferas del estudio. Cocinar se convierte así en una experiencia inmersiva, casi narrativa, donde cada platillo evoca una escena, un personaje o un momento específico del cine de Ghibli. Preparar estos alimentos no es únicamente seguir pasos, sino recrear una emoción.
¿Qué encontrarás en este viaje gastronómico?
Ya seas un experto en los fogones o alguien que busca dar sus primeros pasos en la cocina japonesa, Cocina al estilo Ghibli tiene algo para ti:


• Platillos icónicos: Recrea las preparaciones más emblemáticas de películas como Porco Rosso, Kiki: entregas a domicilio y El viaje de Chihiro.
• Guía para principiantes: incluye un apartado de trucos ilustrados sobre utensilios clave, aderezos básicos y el uso de cuchillos esenciales.
• Preparaciones desde cero: aprende a elaborar tus propios ingredientes base, como cátsup casera, sakura denbu (pescado desmenuzado dulce), bollos para hamburguesa y diversos caldos para ramen.
• Cocina al estilo Ghibli ya se encuentra disponible en librerías. El regalo perfecto para los amantes del anime y la buena comida.

La cocina en Ghibli






Por Lluvia Soto
Afuera, los fantasmas es un libro álbum de la escritora chilena Sara Bertrand con ilustraciones de la mexicana Amanda Mijangos. Esta obra nos habla de cómo acompañar a las infancias que enfrentan, en palabras de la autora, “el miedo a irse a la cama, a dormir, el miedo a que tu mamá te lleve a la escuela y te deje ahí para siempre, esos miedos muy universales…”.
Previo a este hermoso libro, ambas trabajaron en Álbum familiar (Ediciones El Naranjo, 2021), donde ocurrió algo de lo más afortunado que puede suceder al colaborar en un proyecto creativo: llevarse bien y hablar el mismo idioma.
Con este antecedente, Sara propuso un nuevo texto y, durante dos o tres meses, habitaron una intensa conversación; de esas charlas, comenta, “podríamos escribir un libro, de todo lo que se llevó a la mesa creativa, de cosas que fueron parte de nuestra infancia, de nuestras propias concepciones del miedo, de nuestra memoria”.
Un golpe histórico llegó en medio de la charla: Sara vivió el Chile de la plena dictadura militar. Claro, pocas veces nos preguntamos cómo viven las infancias una ruptura tan brutal del tejido social. Ella nos lo cuenta:
Fui una niña que nació y creció en una dictadura, por lo tanto, el miedo estuvo muy presente en mi infancia. Era algo que se escuchaba en las calles, en las cocinas, en las luces de los helicópteros entrando por las ventanas de las habitaciones. Éramos niños, jugábamos, claro, pero, de repente: el miedo.
La creación de este libro se dio, además, en medio de la pandemia, una época aterradora e incierta para la humanidad: “Siento que fue un momento muy preciso para escribir, ilustrar y trabajar en este libro, porque nosotros mismos, como adultos, nos enfrentamos a una feroz incertidumbre”.

Ilustración:
Amanda Mijangos
Ese ejercicio de reunirse a hablar de los miedos evoca en Sara la imagen de los primeros hombres en la oscuridad de la noche y alrededor del fuego, en un espacio seguro donde se contaban historias. Este proceso para ella ha sido como ese rito y añade: “una historia siempre será no sólo un acto de amor, sino también de acercamiento, de lograr un sentido común”.
Asumir que “el miedo será parte de la vida”, como afirma Sara, le permitió narrarlo para las niñas y los niños, decirles que esto existe. Para nosotros, los adultos, también es un recordatorio de que, si lo subestimamos, borramos una parte genuina que debe ser particularmente cuidada en la infancia.
Este libro, que aborda el miedo sin quedarse en la sombra, abre un espacio lleno de formas y color que acompañan, dan consuelo, apapacho y refugio. Y para fortuna de todos, de este acercamiento y hermosa complicidad creativa resultará próximamente un nuevo libro que esperaremos con ansias este mismo año.+



Sara Bertrand nació en Santiago de Chile. Estudió Historia y Periodismo en la Universidad Católica de Chile. En 2009 ganó la beca de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano con Los acordes del mandinga y en 2017 ganó el New Horizons Bologna Ragazzi Award con La mujer de la guarda. Su obra ha sido traducida al francés, catalán, italiano y portugués.
Amanda Mijangos ha ilustrado literatura y poesía para personas de todas las edades. En 2019, su obra fue seleccionada en la exhibición de ilustración de la Bologna Children’s Book Fair. Ganó la octava edición del Catálogo Iberoamérica Ilustra SM – FIL Guadalajara en 2017.

Afuera, los fantasmas
Sara Bertrand
Amanda Mijangos
Océano Travesía

Por Lluvia Soto
Dentro de los vínculos humanos, el amor y la amistad deben ser los más esenciales y buscados en la vida. Como en la realidad, estos también son vitales en la literatura: el amor, que suele centrarse en lo apasionado, y la amistad, con las historias que narran la complicidad de quienes mejor han sabido acompañarnos.
Los posicionamientos de la escritora Rosa Montero acerca de la amistad me han abrazado dulcemente. En sus columnas de opinión ha dicho cosas como: “La única patria que reconozco son mis amigos”, o la amistad “para mí es como el cemento de la vida. Lo que permite que las células del cuerpo social sigan unidas, fértiles, vibrantes”. Al leerla, siento que el amor no sólo se centra en las figuras románticas, se expande, y que hoy las amistades aspiran a tener papeles protagónicos en nuestras narrativas vivas, a la vez que se abre la posibilidad de que dejen de estar relegadas social y culturalmente por debajo de otros afectos.
Aunque hay muchas cosas que se escapan del alcance de las palabras, nos conviene repensar nuestras formas de querer y las narrativas que nos atraviesan. También es importante extender este diálogo con nuestras infancias que van articulando sus vínculos y que, mientras experimentan, van tejiendo por primera vez los hilos de sus afectos con los seres con los que van creciendo y habitando el mundo. Aquí presentamos dos novedades editoriales que pueden aportar al diálogo y acompañar estas reflexiones.

Mejores amigos, de Roger Olmos (Fondo de Cultura Económica, 2025)
Abrir un libro de Roger Olmos es entrar a un mundo completo delineado en sus detalles. Que el ser humano, el autor y el ilustrador se desdoblen, pero a la vez sean uno mismo representa una potencia narrativa de un vastísimo mundo interior. Al menos eso es lo que me hace sentir la obra de Olmos.
repensando nuestros afectos desde los libros para las infancias
Mejores amigos es un dulce elogio al amor, a la amistad y a la gratitud que se llega a tener hacia quienes deciden querer, cuidar y sostener y que, por eso, se convierten en hogar y familia. Además, cuando se devela la voz narrativa de la historia, el amor y la amistad que ya sentías palpitar provocan un vuelco que lo llena todo.
En Lucía (Akal, 2024) ya veíamos su capacidad de construir todo un poema visual de la ciudad, convirtiéndola en parte en parte vital de la historia. Cada vuelta de página nos convierte en habitantes de sus brillantes recovecos. Sus calles, edificios, los aparadores, las paradas de autobús nos hablan de un territorio amplio, así como de una belleza que nos obliga a ver en lo cotidiano algo excepcional y en la amistad, la posibilidad de un sentir absolutamente único.

A la orilla del mundo, de María Baranda; ilustrado por Paloma Valdivia (Ediciones El Naranjo, 2025)
Al principio, esta amistad parece la de dos seres dispares: Sapo, que juega y brinca alegre, y para quien la vida es maravillosa; y Pato, que, seco y obnubilado, no siente interés alguno por el juego y por nada de nada… aparentemente. Justo esta historia habla de la importancia de tener un amigo que sea capaz de encontrarte en tus silencios.
Este libro nos muestra que la amistad puede hacer que nos aventuremos a realizar cosas que quizá nunca haríamos. “¡Vamos!”, le propone Sapo a Pato. Esa incursión en un lugar que se siente tan lejano como la otra orilla del mundo hace que Pato pueda enfrentar sus angustias. María Baranda es otra escritora para quien la amistad también “es lo mejor que hay”. En su opinión, los amigos “se guardan dentro del corazón como un enorme sol que nos deslumbra cada día”. Su hermosa, vasta, reconocida y homenajeada producción de poesía y narrativa para las infancias lo demuestra.
Además, el universo visual que crea en este libro de la mano de Paloma Valdivia termina por ofrecernos un libro que nos recuerda que, medio de un mundo tan incierto, la amistad nos puede contener, regular, abrazar y acompañar hasta encontrarnos, y que los amigos son esa tierra en la que es posible hacer crecer el amor y la vida.+

Lluvia Soto estudió Lengua y Literaturas
Hispánicas. Ha dedicado más de una década a la gestión de experiencias culturales y de reflexión en torno a la literatura y el cine, así como a la formación de públicos infantiles y juveniles en estas disciplinas.

Por Luisa Reyes Retana
CBerlín, 19 de enero de 2026
onfieso que, últimamente, he leído más libros bajo el ignominioso rubro de autoayuda que literarios. Una escuelita casera para revisarme y mejorar la calidad de mis relaciones y mis decisiones creativas y personales. La lista de recomendaciones, hasta ahora, es El camino del artista, de Julia Cameron; Improvisar, de Stephen Nachmanovitch; Conexión, de Kae Tempest; y El acto de crear, de Rick Rubin.
¿Por qué leerlos?
El camino del artista es un método para recuperar tu creatividad a través de las páginas matutinas y citas con tu ánimo creador. Un librazo para el bloqueo creativo. Improvisar explora la espontaneidad y el juego y reflexiona sobre la importancia del ahora, que nos devuelve la confianza y el amor por la ocurrencia. Conexión es un ensayo sobre el arte como antídoto contra el aislamiento. Amamos a Kae Tempest. El acto de crear es una guía filosófica sobre la creatividad como una manera de estar en el mundo. Me gustan porque llenan vacíos cognitivos y porque la experiencia de crear resuena con su experiencia.
Una lee y algo se le pega. Mis recomendaciones literarias recientes. Dos libros buenísimos sobre la vida de lo más que humano: ¿Está vivo un río?, de Robert Macfarlane, y El clamor de los bosques, de Richard Powers. Dos novelas de moda: A cuatro patas, de Miranda July, y James, de Percival Everett. He leído, en contubernio con mi ídola Cristina Rivera Garza, varios en el rubro de mi nueva obsesión por los autores contemporáneos irlandeses: La picadura de la abeja, de Paul Murray; El cantar del profeta, de Paul Lynch; Milkman, de Anna Burns, y Cosas pequeñas como esas, de Claire Keegan.
¿Por qué leerlo todo?
¿Está vivo un río? narra cómo viven tres ríos muy distintos; una muestra de regiones y cultura: Los Cedros, en los bosques nubosos de Ecuador; otro en el sur de la India y otro en Quebec. Escrito en una prosa poética elocuente, está entre la crónica filosófica, el ensayo político y un tratado sobre derechos de la naturaleza.
El clamor de los bosques es una novela de ecoficción, o liternatura, en la que los protagonistas son árboles de distintos tiempos y geografías. Powers logra remover al ser humano del centro de la novela para contar las historias de estos otros personajes que normalmente no pasan del paisaje y, porque su tiempo geológico es distinto, también descoloca la temporalidad tradicional de la novela, que suele cifrarse en vidas humanas. Un triunfo.
A cuatro patas es una novela audaz de mil maneras. En su tema: la perimenopausia en la cama con el deseo femenino; en su forma de narrar incómoda, cruda, de inteligencia muy contemporánea y con un sentido del humor entre sarcástico e inquietante. Es audaz por la historia, francamente improbable, sin la genialidad y el consistente desacato de Miranda July. Se debe leer.
James es una reescritura de Huckleberry Finn desde la perspectiva de Jim, el esclavo que huye con Huck. Everett cambia la mirada narrativa a Jim para reconsiderar lo que sucede en la historia de Twain. Jim es un íntegro, sensible, educado, políglota, analítico y muy humano, que tiene que fingir ignorancia solo para sobrevivir.
La picadura de la abeja es un tabique de setecientas páginas que cuenta la vida de una familia en apariencia perfecta. La estafeta de la voz narrativa va de mano en mano por cada uno de sus miembros. La familia en realidad está podrida por secretos y deudas y cada uno es más interesante y terrible de lo que se aprecia a simple vista. Humor negro, una trama tremenda y una prosa compleja y a la vez, muy navegable.
El cantar del profeta trata del surgimiento —de un día al otro— de un régimen totalitario en Irlanda. Una distopía cruda y cruel que fuerza al lector a pensar en cosas que preferimos no, pero es tarde. El libro ya te tiene del cogote. Estilísticamente, la ausencia de puntos y aparte provoca una sensación de urgencia que te involucra en un nivel sutil del que solo te das cuenta cuando cierras el libro.
Milkman es una novela exigente de fondo y forma, a veces agotadora, que narra los hechos terribles y la carga psicológica de una mujer joven en el Belfast de los setenta en el contexto de the troubles, un clima político de antagonismo político al interior de las comunidades donde el chisme, el control social y el acoso machista controlan y destruyen todo lo que tocan.
Cosas pequeñas como esas es una obra maestra. En menos de cien páginas, Keegan cuenta la historia de un hombre común que se da cuenta de lo que sucede en las Lavanderías de la Magdalena en los años ochenta, cuando la Iglesia católica explotaba a puerta cerrada a mujeres caídas. La novela narra la complicidad de un pueblo entero con los abusos de la Iglesia y la mirada de un héroe discreto.
Confieso que también leo cosas que no voy a confesar.+
Luisa Reyes Retana (Ciudad de México, 1979) estudió Derecho en el itam y una maestría en Derecho Comparado en la Universidad de Berkeley, en California. Su primera novela, Arde Josefina, fue destacada con el Premio Mauricio Achar 2017. Su novela más reciente es Mal de río (Random House, 2025).

Por Fernando Sanabrais
Esta selección propone una conversación entre lo íntimo, la herida y los grandes relatos que nos preceden. Hay aquí relatos atravesados por la memoria personal, el deseo, el mito, la lengua y el horror. Textos que regresan a los clásicos y otros que empujan la literatura hacia zonas incómodas, radicales o afectivamente devastadoras. Febrero aparece como un mes de intensidad: escritura que confronta, que indaga el origen de la identidad, del lenguaje y de los dioses.
Gandhi Selecto reúne estas obras por su potencia literaria, por la singularidad de sus autores y por ediciones especialmente trabajadas, pensadas para una lectura que persiste más allá de la coyuntura.
El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Țîbuleac. Impedimenta
Una novela feroz sobre la infancia, el resentimiento y el amor tardío. Un hijo recuerda a su madre desde la incomodidad y la crueldad, sin concesiones sentimentales. Țîbuleac escribe con una prosa directa, cortante, capaz de volver belleza el rencor y ternura el daño.
Edgar Allan Poe. Edición anotada, de Edgar Allan Poe. Akal
Una edición que devuelve a Poe a su lugar central: el del arquitecto del relato moderno, el explorador del miedo, la culpa y la obsesión. Sus cuentos y poemas siguen dialogando con el presente. Leerlo hoy es reconocer que el horror también es una forma de lucidez.
Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. Ediciones Invisibles
Una confesión llevada hasta el límite. Una mujer escribe al hombre que amó en silencio durante toda su vida, revelando una pasión absoluta, desigual y devastadora. Zweig construye un monólogo perfecto sobre el deseo no correspondido, la entrega total y la soledad. Un clásico breve, implacable y emocionalmente demoledor.
La historia de Genji, de Murasaki Shikibu. Atalanta
Considerada la primera gran novela de la historia, Genji es una exploración refinada del amor, el poder y la impermanencia. Escrita en el Japón del siglo xi, su sensibilidad sigue siendo asombrosamente moderna. Esta edición invita a leerla no como reliquia, sino como una obra viva, compleja y profundamente humana.




Literatura o muerte, de Agustina Bazterrica. Ediciones Godot
Un libro que lleva al extremo la pregunta por el sentido de escribir. Bazterrica construye un universo inquietante donde la literatura se vuelve campo de batalla. Con una prosa tensa y sin respiro, este texto reafirma su lugar como una de las voces más incisivas de la narrativa contemporánea.
H. P. Lovecraft anotado, de H. P. Lovecraft. Akal
Más que una antología, un mapa para entrar al universo lovecraftiano. Las notas iluminan obsesiones, contextos y claves de lectura de un autor fundamental para entender el horror cósmico. Lovecraft aparece aquí no sólo como creador de monstruos, sino como pensador del miedo y lo incomprensible.
Diosas, de Joseph Campbell. Atalanta
Un recorrido por las figuras femeninas del mito: creadoras, destructoras, protectoras, transgresoras. Campbell lee las diosas como arquetipos que siguen operando en nuestra imaginación y en nuestras formas de narrarnos. Un libro que conecta mitología, símbolo y experiencia contemporánea.
Caza de conejos, de Mario Levrero. Libros del Zorro Rojo
Un libro inclasificable, como casi todo en Levrero. Narrativa en la que lo cotidiano se vuelve extraño y la introspección roza el absurdo. Leer a Levrero es entrar en una lógica propia, íntima, obsesiva y profundamente literaria. Una experiencia de lectura tan discreta como perturbadora.
Mi amigo Hernán, de Gonzalo Celorio. unam / Grano de Sal
Un relato de amistad, memoria y formación intelectual. A partir de la figura de Hernán Lara Zavala —amigo, cómplice, presencia decisiva— Celorio reconstruye una época y una educación sentimental marcada por los libros, la conversación y el descubrimiento del mundo. Con una prosa clara y reflexiva, el autor muestra cómo ciertas amistades no sólo acompañan una vida: la orientan.
Las dos Fridas, ilustrado por Gianluca Folì. Libros del Zorro Rojo
Más que un libro de arte, una mirada íntima a la obra y la figura de Kahlo. Imágenes y textos dialogan para mostrar a una artista que convirtió el dolor, la identidad y el cuerpo en lenguaje visual. Una edición que permite leer la pintura como autobiografía y resistencia.








