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Hay vínculos que no necesitan explicación.
Un perro llega sin pedir nada y termina ocupando un lugar imposible de reemplazar.
En medio del ritmo acelerado, su presencia ordena, calma y devuelve lo esencial: estar, acompañar, permanecer. No hay estrategia ni discurso, sólo una forma honesta de existir junto a alguien más.
Convivir con un perro transforma hábitos, pero sobre todo transforma la manera de sentir. Enseña constancia, paciencia y una lealtad que no se negocia.
Su compañía no depende de logros ni de estados de ánimo. Está ahí, firme, incluso en los días más difíciles.
Este primer suplemento de la Revista JulIA está dedicado a ellos. A los que acompañan en silencio, a los que sostienen sin palabras, a los que dejan huella profunda. Y especialmente a Peluca.
Te voy a extrañar, Peluca, mucho. Porque hay ausencias que duelen, pero también construyen memoria. • Respira.
David Zarza
Director General | Revista JulIA

AMOR MESTIZO: NO NECESITA RAZA NI HISTORIA PREVIA 12 18 20 22 24 26 14 16
IA QUE OPTIMIZA LA SALUD y conducta canina.
ALGORITMOS QUE EDUCAN: Entrenamiento canino inteligente.
DIAGNOSTICO ANTES DEL SÍNTOMA: IA para perros sanos.
AZOTEAS PET-FRIENDLY: El plan que subió a los perros.

RUTINAS URBANAS: El nuevo lujo de caminar con tu perro.
MODA CANINA CON IDENTIDAD: Marcas mexicanas en ascenso.
MODA DE PASARELA: Otoño para lomitos en la CDMX.
COLLARES JOYA: Lujo canino que se siente y se ve.
CALUPOH:
El animal que regresa desde el mito al mundo.
DANTE, EL REY SILENCIOSO que sigue cuidando todo

JZARZA DIGITAL
DAVID ZARZA publicidad@jzarzadigital.com DIRECTOR GENERAL
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DAVID RODRÍGUEZ V. DIRECTOR DIGITAL
REVISTA JULIA
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Daniel Vargas. Colaborador
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David Zarza Diseño Portada
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REVISTA JULIA PETS ® Número 17 Abril 2026. Es una publicación mensual de EDITORIAL ZARZA®; Editada y publicada por: Grupo ZMedia®: www.revistajulia.com, Editor Responsable: Daniel Rodríguez Barrón. Esta edición se terminó de imprimir en Abril de 2026.
La impresión y encuadernación se realizó en Coltomex, S.A. de C.V. Poniente 134, No. 470, Nueva Industrial Vallejo, C.P. 07700, Gustavo A. Madero, CDMX.. Tiraje impreso 10,000 ejemplares. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y no refleian necesariamente el punto de vista del editor de la publicación o de Grupo Editorial® Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de Grupo ZMedia® investiga sobre la seriedad de sus anunciantes, pero no se responsabiliza con las ofertas relacionadas por los mismos.
Julia Zarza

Los perros mestizos representan salud, adaptación y vínculos reales construidos desde el cuidado diario responsable
Enla cosmovisión mesoamericana, el perro no solo acompañaba al ser humano en vida. También lo hacía después.
El Xoloitzcuintli, una de las razas originarias de México, era considerado un guía espiritual que ayudaba a las almas a cruzar el
Mictlán, el inframundo. No era un símbolo menor. Era una figura de transición, de compañía en el momento más importante: el paso final.
Esa idea revela algo profundo. El perro no es reciente en nuestra historia emocional. Es una presencia antigua, constante, silenciosa.
Con el tiempo, su papel cambió. De guía espiritual a guardián, de guardián a compañero, y de compañero a parte esencial del hogar. Hoy, el perro forma parte activa de la vida cotidiana. Está en la rutina, en los espacios, en los silencios.
Dentro de este contexto, los perros mestizos representan una de las formas más auténticas de ese vínculo.

Un perro mestizo no responde a estándares. No fue diseñado para cumplir expectativas estéticas ni para encajar en una categoría específica. Es resultado de la mezcla, de la adaptación, de la vida misma. Y esa diversidad le da una ventaja clara: mayor resistencia y capacidad de ajustarse a distintos entornos.
Pero más allá de su condición genética, lo importante es el cuidado.
Todo perro necesita lo mismo, sin importar su origen: alimentación adecuada, agua limpia, ejercicio diario, atención veterinaria y un entorno seguro. Estos no son detalles opcionales. Son la base de una vida digna.
La alimentación debe ser específica para su especie, equilibrada y constante. Cambios bruscos o improvisaciones pueden afectar su salud. El agua debe estar siempre disponible y en condiciones adecuadas.
El ejercicio es una necesidad, no un lujo. Pasear permite al perro explorar, liberar energía y mantener equilibrio emocional. La rutina genera estabilidad. Y la estabilidad se traduce en bienestar.
El entorno también importa. Un espacio limpio,
El cuidado veterinario es indispensable. Vacunación, desparasitación y revisiones periódicas permiten prevenir y detectar problemas a tiempo. Un perro bien atendido no solo prolonga su vida, mejora su calidad.

Cuidar un perro implica alimentación, veterinario, rutina y atención; el amor se demuestra en constancia y presencia

ordenado y seguro permite que el perro se desarrolle con tranquilidad. La convivencia diaria construye el vínculo.
En este punto, los perros mestizos destacan por su capacidad de integrarse. No llegan con un molde previo. Se adaptan a la dinámica del hogar y, en ese proceso, construyen relaciones profundas.
Además, elegir un perro mestizo, especialmente mediante adopción, tiene
un impacto social positivo. Reduce el abandono, libera espacio en refugios y promueve una cultura de responsabilidad.
Pero toda reflexión general termina en una historia concreta. En este caso, en una vida específica.
La de Pamela, conocida como Peluca. Peluca fue una perrita mestiza que vivió dieciséis años. No tenía raza definida, pero tenía algo más importante: presencia.
Durante ese tiempo, formó parte de la vida diaria de una familia. No como un elemento decorativo, sino como una constante. Estuvo en los momentos simples, en los días que parecen normales y que, con el tiempo, se convierten en memoria.
Cada integrante de la familia construyó un vínculo distinto con ella, a partir de gestos cotidianos, hábitos compartidos y recuerdos que se fueron acumulando


Peluca fue una perrita mestiza que marcó a su familia; este suplemento honra su vida y lo que dejó en cada integrante

con los años. Así es como los perros se integran en un hogar: sin buscar protagonismo, ocupando un lugar natural dentro del entorno emocional.
Los perros mestizos tienen una cualidad particular. No están definidos por una expectativa previa. Se convierten en lo que la convivencia construye. Y en ese proceso, generan vínculos auténticos. Peluca representó eso, una vida completa, un vínculo real.
Este suplemento habla de los perros mestizos, de su valor, de su capacidad de adaptación y de la importancia de cuidarlos correctamente. Pero también es un reconocimiento.
Porque al final, más allá de la raza, lo que permanece es la historia compartida.

La Revista Julia dedica este suplemento a Peluca, una perrita mestiza que hizo de lo cotidiano algo significativo, que acompañó durante años y que dejó una huella profunda en su familia.
Una vida bien vivida.
Un hogar que cambió para siempre. •
Este viernes, la historia de Peluca llegó a su fin, y como ocurre con las historias verdaderas, no desaparece, se transforma en memoria.

David Zarza

Tecnología aplicada al bienestar animal que anticipa enfermedades y mejora hábitos diarios con precisión y datos útiles
Elvínculo entre humanos y perros ha evolucionado más en la última década que en los últimos cien años. La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta silenciosa que ya está interviniendo en la vida cotidiana de las mascotas.
Hoy, sensores, algoritmos y sistemas de aprendizaje automático per-
miten analizar patrones que antes pasaban desapercibidos, desde la forma en que un perro camina hasta los cambios mínimos en su comportamiento diario. Esta nueva capa de información abre la puerta a un concepto que empieza a tomar fuerza: el biohacking canino.
A diferencia de las tendencias humanas, el biohacking aplicado a pe-

rros no busca optimizar rendimiento estético, sino bienestar integral. Collares inteligentes monitorean frecuencia cardíaca, calidad del sueño y niveles de actividad, generando datos que la inteligencia artificial interpreta para anticipar problemas de salud antes de que se manifiesten. Empresas como Fi o Whistle ya operan con este tipo de tecnología, y su uso comienza a expandirse en México entre dueños más conscientes.
El entrenamiento también está cambiando. Sistemas de visión computacional detectan conductas específicas en tiempo real y ajustan estímulos de forma automatizada.
Si un perro muestra signos de ansiedad o destructividad, la plataforma no solo lo identifica, sino que propone microintervenciones personalizadas. Este enfoque elimina la improvisación y convierte la educación canina en un proceso medible.
Lo más relevante no es la tecnología en sí, sino la capacidad de traducir datos en decisiones. Un perro que duerme menos, se mueve distinto o cambia su ritmo alimenticio ya no depende únicamente de la observación humana. La inteligencia artificial construye un perfil dinámico que evoluciona con el tiempo y permite actuar antes de que el problema escale.
En un país donde la cultura del cuidado animal aún está en transformación, estas herramientas representan una oportunidad real. No sustituyen al veterinario ni al entrenador, pero elevan el nivel de atención.
El futuro inmediato no es tener perros más inteligentes, sino dueños mejor informados que toman decisiones con base en evidencia y no en suposiciones.

El biohacking canino no es una moda.
Es la siguiente etapa en la relación con nuestras mascotas: una donde entender, prevenir y mejorar se vuelve parte del día a día sin fricción ni esfuerzo visible. Y apenas estamos viendo el inicio. •
David Zarza

Plataformas con visión artificial corrigen conductas y diseñan rutinas precisas para mejorar hábitos sin improvisación diaria
Durante años, entrenar a un perro dependió de paciencia, intuición y repetición. Hoy, ese proceso comienza a transformarse con la incorporación de inteligencia artificial capaz de observar, analizar y responder en tiempo real. No se trata de reemplazar al entrenador, sino de crear un sistema que acompañe al perro incluso cuando el humano no está presente. Así nace una nueva categoría: entrenamiento asistido por datos.
Cámaras domésticas con algoritmos de visión computacional identifican patrones de conducta con precisión. Detectan si el perro ladra de forma excesiva, si

muerde objetos o si presenta señales de ansiedad cuando se queda solo. Estas plataformas no solo registran lo que ocurre, también interpretan el contexto y activan respuestas automáticas. Un sonido, una señal luminosa o una vibración específica funcionan como estímulos correctivos diseñados según el perfil del animal.
La diferencia clave está en la personalización. Cada perro tiene una estructura emocional y energética distinta.
La inteligencia artificial construye un modelo conductual a partir de hábitos diarios, frecuencia de actividad y reacciones

a estímulos. Con esa información, adapta rutinas de entrenamiento que evolucionan con el tiempo. Lo que antes era un método general, ahora se convierte en un proceso específico.
En México, donde la convivencia con mascotas ocurre en espacios cada vez más reducidos, esta tecnología ofrece una ventaja concreta.
Permite educar sin necesidad de supervisión constante y reduce errores comunes derivados de la inconsistencia humana. La disciplina deja de depender del estado de ánimo del dueño y se sostiene en una lógica continua.
También abre una conversación ética. ¿Hasta qué punto delegar la educación en un sistema? La respuesta no es eliminar la interacción humana, sino enriquecerla. Un perro equilibrado no es resultado de control, sino de comprensión.
La inteligencia artificial aporta información, pero el vínculo sigue siendo insustituible.
El futuro del entrenamiento no será más estricto, será más inteligente. Y en ese equilibrio entre tecnología y sensibilidad se está redefiniendo la forma en que convivimos con nuestros perros. •
David Zarza Sistemas predictivos analizan datos diarios del perro para anticipar enfermedades y redefinir la medicina veterinaria moderna

Lamedicina veterinaria está entrando en una etapa donde esperar a que aparezcan síntomas comienza a perder sentido. La inteligencia artificial permite observar lo invisible: pequeñas variaciones en el comportamiento, el movimiento o los hábitos que, acumuladas, revelan información crítica sobre la salud de un perro. Esta capacidad abre paso a un modelo predictivo que cambia por completo la lógica del cuidado animal.
Dispositivos como collares inteligentes y sensores domésticos registran variables que antes no se medían de forma constante. Ritmo cardiaco, calidad del descanso, niveles de actividad e incluso patrones de alimentación se convierten en datos analizables. La inteligencia artificial no solo almacena esta información, la inter-
preta. Detecta desviaciones mínimas y las compara con perfiles similares para identificar posibles riesgos antes de que el cuerpo del animal los exprese de forma evidente.
En clínicas avanzadas, este enfoque ya se integra con estudios de imagen. Algoritmos entrenados con miles de radiografías y análisis clínicos son capaces de identificar anomalías con un nivel de precisión que complementa el criterio veterinario. No sustituye al especialista, pero sí amplifica su capacidad de diagnóstico.

El impacto más importante está en la prevención. Un cambio ligero en la forma de caminar puede anticipar problemas articulares. Variaciones en el sueño pueden relacionarse con dolor o estrés. Incluso alteraciones en la frecuencia cardiaca pueden advertir enfermedades más complejas. La inteligencia artificial conecta estos puntos y construye una alerta temprana que permite actuar antes de que el problema escale.
En México, donde muchas veces el acceso a
revisiones constantes es limitado, esta tecnología representa una herramienta poderosa. Reduce costos a largo plazo y mejora la calidad de vida del perro al evitar intervenciones tardías.
El cuidado animal deja de ser reactivo y se convierte en estratégico. No se trata de curar más rápido, sino de evitar enfermar. Y en esa transición, la inteligencia artificial se posiciona como un aliado silencioso que redefine lo que significa realmente cuidar a un perro. •
Terrazas en CDMX integran perros con diseño funcional, servicio pensado y una nueva forma de convivencia urbana
Julia Zarza
EnCiudad de México, las azoteas dejaron de ser un recurso estético para convertirse en espacios donde la convivencia incluye, de forma natural, a los perros. No es una concesión ni una tendencia superficial; es una respuesta a una dinámica urbana donde la vida social ya no se separa de la vida con mascotas. Bajo esta lógica surgen conceptos como Wooftop Beer Garden & Canine Club, en Andaz Condesa, donde el diseño no es decorativo: responde a comportamiento, flujo y bienestar animal.
El lugar incorpora menú para perros, bebidas sin alcohol y una zona delimitada que permite movimiento

controlado sin alterar la experiencia general. Todo está pensado para evitar improvisación. En paralelo, existen opciones con otro ritmo. Condesa DF ofrece una terraza más contenida, con vista al Parque España y una atmósfera que favorece estancias prolongadas sin saturación. Cityzen Rooftop, en Reforma, propone acceso limitado por horarios, priorizando equilibrio entre ambiente y comodidad para el animal.
El punto clave no está en el espacio, sino en la conducta. Un perro que llega con energía regulada, hidratado y con límites claros transforma completamente la experiencia. La arquitectura facilita, pero el control lo define el dueño. Correa corta, lectura de lenguaje corporal y decisiones oportunas son parte de este nuevo código.
La azotea deja de ser escenario para convertirse en un entorno compartido donde la presencia del perro no interrumpe, sino que se integra. La evolución no radica en permitir mascotas, sino en entender cómo convivir con ellas dentro de la ciudad. •

David Zarza

Calles, cafés y trayectos definen un estilo de vida donde el paseo se vuelve ritual urbano con ritmo propio
EnCiudad de México, el verdadero lujo ya no está en los lugares, sino en los recorridos.
Caminar con tu perro dejó de ser una obligación para convertirse en un acto que define estilo de vida. Colonias como Roma y Condesa no solo concentran espacios pet-friendly,
también construyen una narrativa donde el paseo diario funciona como un ritual urbano que mezcla pausa, observación y conexión.
La escena ocurre temprano o al final del día. Calles arboladas, tráfico contenido y una ciudad que baja la velocidad lo

suficiente para permitir presencia. El perro no camina por caminar; explora, huele, interpreta. Ese comportamiento regula su energía y mejora su estabilidad emocional. Un perro que recorre, se convierte en un perro equilibrado.
En este contexto, los puntos intermedios importan. Cafés con mesas exteriores, panaderías abiertas y pequeños comercios donde el perro puede detenerse contigo sin generar tensión.

No se trata de consumo, se trata de continuidad. El recorrido no se interrumpe, evoluciona. Ese es el cambio.También cambia la estética. Correas más limpias, collares funcionales, bolsas integradas al diseño.
Todo responde a un principio: movilidad sin esfuerzo. Nada estorba, nada sobra. El estilo deja de ser visual y se convierte en comportamiento.
La ciudad comienza a entender algo funda -
mental: un perro bien paseado no es un problema, es parte del equilibrio urbano. Menos ansiedad, menos ruido, menos conflicto.
El paseo deja de ser un momento aislado y se vuelve parte del ritmo cotidiano.
No es tendencia. Es adaptación. Y en esa adaptación, caminar con tu perro se convierte en una de las formas más claras de habitar la ciudad. •
Laura Barrón

Diseño funcional y estética contemporánea redefinen accesorios para perros con sello mexicano y criterio urbano
En Ciudad de México, la moda canina dejó de ser un gesto ornamental para convertirse en una extensión coherente del estilo de vida.
Ya no se trata de vestir al perro, sino de integrarlo visual y funcionalmente en la rutina diaria. Este cambio ha impulsado una nueva generación de marcas mexicanas que entienden diseño, materiales y comportamiento animal desde una lógica más precisa.
En colonias como Condesa y Roma, el accesorio canino se volvió parte del lenguaje urbano.
Collares, correas y arneses ya no responden única-
mente a la estética, sino a la movilidad y control.
Perro de Mundo, con base en Condesa, representa este enfoque con productos desarrollados bajo criterios responsables, sin materiales de origen animal y con fabricación local. Su propuesta no busca destacar por exceso, sino por consistencia.
Rufinos, por otro lado, introduce una narrativa más expresiva sin perder funcionalidad.
Sus piezas —bandanas, kits de paseo y accesorios— están diseñadas para integrarse en el día a día sin romper con la estética del usuario. La clave
está en el equilibrio: identidad sin exageración.
El cambio más relevante ocurre en la intención. El accesorio deja de ser un complemento y se convierte en una herramienta.
Una correa bien diseñada mejora la conducción, un arnés adecuado distribuye la tensión y un collar funcional permite control sin incomodidad. La forma sigue a la función, y no al revés.

También se redefine el consumo. El dueño ya no compra por impulso, selecciona. Busca materiales durables, diseño limpio y coherencia con su entorno.
Esta decisión impacta directamente en la experiencia del perro, que responde mejor a estímulos claros y consistentes.
La moda canina en México no está creciendo por tendencia global, está evo-
lucionando desde la ciudad misma. Responde a calles, espacios y dinámicas reales.
El estilo ya no se impone, se construye desde el comportamiento.
Y en esa construcción, el perro deja de ser accesorio para convertirse en parte del lenguaje visual cotidiano. •


David Zarza
Bandanas reversibles, materiales reflectantes y estilos “matching” con el dueño marcan la temporada con marcas mexicanas
Otoño en la CDMX se nota en la calle: los lomitos están dejando el accesorio genérico para entrar a un sistema real de estilo. La temporada empuja piezas ligeras y visibles, pensadas para clima cambiante, paseo vespertino y foto editorial.
Las bandanas reversibles son el primer síntoma: pasan de estampados neutros a guiños otoñales (calabazas, cuadros, tonos especiados) sin agregar peso ni calor. La segunda línea es seguridad con estética: collares y arneses con detalles reflectantes se vuelven “statement” porque cruzan estética nocturna y cuidado urbano.
El tercer eje es la coherencia visual: dueños y perros coordinan paleta y materiales (cuero vegano, nylon técnico, metal minimal) para que el paseo parezca producción, no improvisación. La verdadera tendencia no está en “vestir” al perro, sino en elegir piezas que mejoran conducción, control y lectura del cuerpo.
Mientras la ciudad abraza terrazas pet friendly y rutas de barrio, el accesorio se convierte en lenguaje: dice temperamento, rutina y pertenencia. Otoño 2026 en CDMX se viste con lo mismo que define al humano moderno: edición limitada, funcionalidad total y personalidad medida al milímetro. •


Laura Barrón
Cristales, cuero premium y precisión artesanal convierten el collar en pieza central del estilo canino contemporáneo
EnCiudad de México, el lujo para perros dejó de ser una exageración estética para convertirse en una categoría con criterio.
Marcas como Chiki Guau lo entienden desde la base: el collar no es un accesorio más, es la pieza que define presencia. Su propuesta se construye sobre cuero de alta calidad, herrajes sólidos y un detalle que marca diferencia inmediata: cristales Swarovski colocados con precisión, no como adorno superficial, sino como parte estructural del diseño.
El resultado no es brillo por exceso, es equilibrio. La pieza funciona en dos niveles: visual y funcional.
El collar mantiene control, ajuste correcto y durabilidad, mientras eleva la estética del perro a un lenguaje más cercano a la joyería que al accesorio convencional. Aquí no hay improvisación; hay intención.

Este tipo de piezas también responde a una evolución del consumidor. El dueño deja de comprar por impulso y comienza a seleccionar. Busca materiales que envejezcan bien, acabados que no se deterioren y un diseño que dialogue con su propio estilo. El perro se integra, no se disfraza.
En otoño, esta tendencia se vuelve más evidente. Tonos oscuros, contrastes con pelajes claros u oscuros y texturas que resaltan bajo luz baja o nocturna.
El collar deja de perderse en el conjunto y comienza a destacar como punto focal. En fotografía, en calle y en espacios interiores, se vuelve protagonista.
El cambio más importante es conceptual. El lujo ya no se mide por precio, se mide por construcción.
Por cómo se siente el material, por cómo se comporta en movimiento, por cómo envejece con el uso.
El perro no necesita más cosas, necesita mejores cosas. Y en ese criterio, el collar deja de ser básico para convertirse en identidad. •

David Zarza.

Entre arqueología, simbolismo y genética, el perro lobo mexicano se reconstruye como una obra viva y una pieza de cultura.
Cuando
hablas del Calupoh, hablas de una criatura que no pertenece a una sola época. Es un animal híbrido que aparece en el imaginario prehispánico y que, siglos después, reaparece como proyecto de rescate cultural en los años 90: un intento por devolverle materia, pelaje y mirada a un símbolo que se había quedado atrapado entre restos y relatos. Ese es el punto donde la ciencia y el arte se tocan: el Calupoh no es “solo un perro nuevo”, es una tesis sobre identidad. Según el estándar de la Federación Canófila Mexicana, su historia se construye a partir del hibridismo entre el perro y el lobo gris en el México prehispánico, un proceso documentado como intencional y con carga ritual.
La parte más poderosa de este relato está en los contextos donde aparece. No basta con decir que existió: lo importante es dónde fue colocado. Los restos asociados al perro lobo se encontraron en espacios sagrados y de elite—como el Templo de Quetzalcóatl y la Pirámide de la Luna—y también vinculados a prácticas rituales en
el Templo Mayor. En términos artísticos, eso equivale a haber sido seleccionado como “pieza de alto significado”, no como animal doméstico corriente. Su presencia en ofrendas sugiere que el híbrido era un dispositivo simbólico: un cuerpo capaz de cargar múltiples capas de sentido.³
¿Por qué mezclar lobo y perro? La respuesta está en el lenguaje. El lobo, asociado a sacrificios, milicia y noche, representa fuerza y organización social; el perro se liga a fertilidad, agua y buena fortuna. Al combinar ambos, el Calupoh se vuelve un organismo dual: manejable para humanos, pero cargado de un significado que supera a cualquiera de sus “padres” simbólicos. Es casi una escultura conceptual: un ser construido para operar como puente entre mundos, entre guerra y agricultura, entre lo visible y lo invisible.
Luego, la historia da un giro contemporáneo. En la década de 1990 se retoma formalmente la recreación del perro lobo mexicano como parte de un proyecto de patrimonio cultural, y en septiembre de 1999 el Calupoh es reconocido por la Federación Canófila Mexicana, convirtiéndose en la tercera raza canina mexicana reconocida por ese club (junto con Chihuahua y Xoloitzcuintle). Eso lo convierte en un caso único: una “obra viva” con estándar, genealogías y evento fundacional claramente fechado. No es un rescate romántico: es una reconstrucción con reglas, medidas y legitimación institucional.
Estéticamente, el Calupoh se percibe como un animal de diseño, en el sentido más ritual del término: proporciones largas, orejas erectas, cuello que desarrolla una melena al madurar y una presencia que no se confunde con la del perro urbano promedio (la capa negra suele ser la más buscada). En arte, esa tendencia se lee como obsesión por la sombra: lo oscuro como superficie que captura luz y silueta, como material narrativo. En calle, se traduce en una impresión inmediata: el Calupoh no entra a un espacio, lo ocupa.
Pensar al Calupoh es pensar en cómo una cultura decide qué símbolos conservar y cómo devolverles cuerpo. La arqueología aporta evidencia; la genética propone un camino; el arte—entendido como construcción de significado—es lo que sostiene la operación. Al final, el Calupoh es una pregunta hecha animal: ¿qué forma tienen
las tradiciones cuando se reconstruyen?
Y sobre todo: ¿cuánto del pasado puede regresar sin convertirse en simulacro?
En ese límite, el perro lobo mexicano deja de ser solo una raza y se convierte en una narrativa caminando sobre cuatro patas. •


Laura Barrón

Su presencia permanece en cada rincón: una historia de lealtad, luz y memoria que transforma la ausencia en compañía viva.
Dante no necesitaba palabras para hacerse entender. Bastaba su forma de mirar, esa calma firme que parecía leer el ánimo de quien se acercara. Era un labrador retriever de pelaje claro y corazón ancho, de esos que no llegan a una casa: la convierten en hogar. Su lugar favorito no era el sillón dorado donde posaba como un rey sin corona, sino cualquier espacio donde pudiera estar cerca de los suyos. Aun así, en ese sillón, con la luz entrando suave por la ventana, parecía que el tiempo se detenía para contemplarlo.
Quienes lo conocieron recuerdan su andar tranquilo, su lengua afuera en señal de felicidad constante y esa manera tan suya de provocar sonrisas sin hacer esfuerzo. Los vecinos lo saludaban como si fuera parte del barrio desde siempre. Los niños lo buscaban, los adultos confiaban en él. Dante no distinguía entre días buenos o difíciles: para él, cada momento era oportunidad de acompañar.
Su legado no es la tristeza de su partida, sino la nobleza que dejó sembrada. Porque Dante enseñó algo que no se olvida: el amor verdadero no se mide en tiempo, sino en huella. Y la suya sigue viva, silenciosa, cuidando, como si aún estuviera ahí… en su trono, vigilando con ternura todo lo que amó. •

