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BERNARDO FERNANDEZ/DANI ELATARAZONA RUYFEBEN/ANTONI O RAMOS/PEPECAS TI LLO ALEJ ANDRO TARRAB/TANI AF AVELABUS TI LLO MARI CELAGUERRERO REYES/YOSHUAOKON VI CTORI AGUERRERO PEI RANO

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t a moment in which the Planet Earth faces unprecedented threats to its ecological security and stability, academia and the arts are increasingly identifying spaces for complicating the traditionally accepted boundaries between humanity and nature. The result is the emergence of vibrant academic and artistic fields such as political ontology, bio-politics, and ecoliterature —questioning the very definition of “human” as an organism that appears to be increasingly detached from and in contrast with a natural environment. It is at such a juncture of ecological urgency and existential opportunity that Hiedra Magazine presents its sixth issue.

n momentos en los que el Planeta Tierra enfrenta amenazas sin precedentes para su seguridad y estabilidad ecológica, la academia y las artes han ido encontrando espacios para problematizar los límites tradicionalmente establecidos entre la humanidad y la naturaleza. Ésto ha dado paso a la aparición de importantes campos de estudio como la ontología política, la biopolítica y la literatura ecológica, los cuales cuestionan la definición de lo “humano” como un organismo cada vez más separado y diferenciado de su entorno natural. Es en esta coyuntura de emergencia ecológica y oportunidad existencial que Hiedra Magazine presenta su sexta edición.

In the cover piece, Decomposition, Lorena Ganser complicates the opposition between life and death, as well as between humanity and the natural world, finding beauty in the meeting of extreme poles. Our dossier section features narrative fiction by Bernardo Fernández, Daniela Tarazona, and Ruy Feben, each piece arriving at a particular interrogation of the limits of humanity. Antonio Ramos Revillas’ short story, “Hormigas,” returns human activity –both destructive and constructive– to an extrahuman accountability. Víctor Manuel Ramos’ “Merry Go-Round” considers the consequences (and perhaps the futility) of reducing

En la obra de nuestra portada, Descomposición, Lorena Ganser complica la oposición entre la vida y la muerte; la humanidad y el mundo natural, encontrando lo bello en el punto en el que los extremos convergen. Nuestro dossier presenta narrativa de Bernardo Fernández, Daniela Tarazona y Ruy Feben, cuyas obras interrogan los límites de la humanidad. El cuento de Antonio Rivera Revillas, “Hormigas”, lleva la actividad humana —constructiva y destructiva— a comparecer ante una autoridad extrahumana. “MerryGo-Round”, de Víctor Manuel Ramos, considera las consecuencias —y quizá la futilidad— de reducir la tierra, los animales y los seres humanos a productos mercantiles. 1


land, animals, and humans to economic objects. The photo dossier by Pepe Castillo highlights the stark contrast between the constantly transforming nature of clouds and the static human landscape below. An interview with Yoshua Okón, one of the two artists behind El excusado, presents a discussion of the overwhelming dominance of profitdriven priorities to the exclusion of human and environmental concerns, and a commentary on the possibilities for politically conscious art to respond to such a situation. Finally, the translation of Victoria Guerrero Peirano’s poetry allows us to observe a complex landscape in which humans and nonhumans intermingle. We extend this sixth issue of Hiedra Magazine to our readers as an invitation to question the frontiers of humanity as it collides with nature. Finally, we hope that this issue of Hiedra leaves our readers with questions, curiosities, and concerns about the exceptional status of humanity on an increasingly precarious Earth.

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El dossier fotográfico de Pepe Castillo muestra el contraste entre la naturaleza de las nubes, en constante transformación, y el estatismo de los paisajes humanos. La entrevista con Yoshua Okón, coautor de la pieza El excusado, nos ofrece una discusión sobre el apabullante dominio de los intereses económicos que ignoran la creciente preocupación por preservar el medio ambiente, y se plantea la posibilidad de que un arte políticamente consciente responda a esta situación. Finalmente, en la traduccion de la poesía de Victoria Guerrero Peirano se observa un complejo horizonte de ambientes en los cuales lo humano y lo no humano se entremezclan. Hacemos entrega de nuestro sexto número de Hiedra a modo de invitación a que se cuestionen las fronteras de lo humano en su encuentro con la naturaleza. Esperamos que este número de Hiedra haga que nuestros lectores se planteen aún más interrogantes y preocupaciones acerca de la excepcional posición que ocupa la humanidad dentro del precario estado de nuestra Tierra.


Editores - Editors Mark Fitzsimmons / Cristóbal Garza / Guillermo López Prieto Consejo editorial - Editorial board José Antonio Galloso /Gustavo Arango / Anke Birkenmaier / Eric Carbajal / Shane Greene / Gaëlle Le Calvez / Alejandro Mejías-López / José Ragas /Christian Zegarra Agradecimientos - Acknowledgments Michael Cassady / Kim Geeslin / Kane Ferguson / Lylian Martínez Alfio Saitta / Leticia Zapata / La Casa Latino Cultural Center / Latino Studies / IU School of GLobal & International Studies

ISSN: 2328 3653 Hiedra Magazine print version, published in the city of Bloomington, IN, USA. Hiedra Magazine © 2016, is a not-for-profit publication. The images and text in this issue have been published respecting the rights of the owner indicating each source. Please contact revistahiedra@gmail.com with any questions or concerns. www.hiedramagazine.com

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INDEX

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Dossier De lagartos y otras especies Bernardo Fernández. “Bef” > 6 Daniela Tarazona > 16 Ruy Feben > 20 Antonio Ramos Revillas > 25 Fotografía Pepe Castillo > 29 Poesía Ciudades, Paisajes y Superficies > 35 Alejandro Tarrab > 36 Tania Favela Bustillo > 42 Maricela Guerrero Reyes > 47 Entrevista Yoshua Okón > 53 Translated Poetry Victoria Guerrero Peirano > 66 Time to come / Porvenir A Letter / Una carta Another Letter (to the Kind Butcher) / Otra carta (al amable carnicero) Celebration / Celebración Today I Fly in Airplanes / Hoy día viajo en los aviones Short Story Víctor Manuel Ramos > 79 Merry-go-Round Cover Artist Lorena Ganser Maldonado > 82 Reseña Daniel Carillo Jara > 88

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De lagartos y otras especies

Bernardo Fernández, “Bef”

Daniela Tarazona Ruy Feben Antonio Ramos Revillas

Narrativa 5


Bernardo Fernández, “Bef” (Ciudad de México, 1972) es narrador e historietista. Su último libro es el volumen de cuentos selectos Escenarios para el fin del mundo, en el cual no se incluye el presente texto. Prepara actualmente una novela policíaca de la serie Tiempo de alacranes y una novela gráfica. Su twitter es @monorama. 6


Ojos de lagarto

Bernardo Fernández, “Bef”

T

... enemos la señal en vivo, desde el parque de los Héroes Caídos, con nuestro reportero, Gerardo Marín. Adelante, Gerardo. —Gracias, Xavier. Efectivamente, desde el filo de las doce horas con cinco minutos un dragón ha tomado como rehén a una adolescente de aproximadamente quince años de edad, que mantiene amarrada a la cabeza de la estatua mayor que, como se sabe, se levanta en el centro del parque y mide nueve metros de altura. Hasta el momento, el dragón no ha hecho ninguna declaración, pero se espera que de un momento a otro tenga una rueda de prensa con los representantes de los medios que nos hemos reunido aquí. —Gerardo, ¿sabes si el dragón ha contactado ya a las autoridades? —No, Xavier, ignoramos de un contacto formal. Desde hace media hora, elementos de los cuerpos policiacos se han apostado alrededor del lugar, manteniéndose a distancia prudente, sin embargo, las autoridades no han emitido ningún comunicado oficial. —Muy bien, Gerardo, seguimos en contacto. Gerardo Marín, desde el parque de los Héroes Caídos. Vamos a una pausa, y cuando regresemos, una entrevista en exclusiva con la familia de la secuestrada. No se vaya. Era un parque como cualquier otro: En el centro, la estatua del Benefactor de la República. Alrededor se levantan los próceres muertos trágicamente: el fraile Iñaki Grijal-Barreda, fundador de la ciudad, muerto a manos de la turba enardecida en 1532; Totocani, líder de la rebelión indígena, con su lanza en alto, ahorcado por los conquistadores en 1557; Don Andrés del Blanco, libertador de la Patria, decapitado en 1798, y muchos más cuyos nombres no son tan importantes como para que los recuerde mucha gente. Junto al pedestal de la estatua del centro, una rampa para patinetas llena de skatos. Canchas de básquetbol. Gente haciendo ejercicio. Perros callejeros. Parejas fajando. Jubilados que viven desde las bancas las escenas finales de sus vidas. 7


Vendedores de mariguana. Era un parque como cualquier otro. Hasta que apareció la bestia. El dragón elevó su cabeza y exhaló una llamarada. La bajó de nuevo hasta los micrófonos, colocados en una orilla del parque, a manera de improvisada sala de prensa, y comenzó a hablar. La voz gutural, cavernosa. Junto a él, un nervioso intérprete simultáneo, draconólogo de la universidad, traducía las palabras. —Eh... El señor Dragón exige que se le alimente. Nueva secuencia de gruñidos. —Pide la entrega... de una tonelada de pescado fresco y un camión pipa lleno de Coca-Cola... El ser habló por última vez. —Tenemos doce horas. De lo contrario... el señor dragón devorará a la joven que tiene como rehén y arrasará la ciudad. Las manos de los reporteros se levantaron al unísono. Las cámaras y grabadoras intentaban registrar sin perder detalle, mientras estallaban los flashes. —¿De dónde viene? —La chica que tomó como rehén... ¿pertenece a alguna organización estudiantil? —¿Tiene alguna relación personal o profesional con el ex presidente de este país? —Sin preguntas. ¡El dragón no contestará preguntas!— decía el intérprete, conocedor del temperamento draconiano. —¿Tiene usted nexos con el cártel de Escárcega? —¿Milita en algún partido de ultraderecha? —¿O de izquierda moderada? —¿Es esto un complot para desprestigiar al gobierno de la ciudad?

El dragón observó confundido a los reporteros. Luego inhaló profundamente. Al verlo, el intérprete corrió a resguardarse. Acto seguido, el reptil bañó con fuego a periodistas,

camarógrafos, reporteros y curiosos, tras lo cual elevó su vuelo para regresar al centro del parque. Debajo de una mesa, el intérprete repetía, en medio de sollozos: “Se los dije, se los dije, se los dije...” El gobernador de la ciudad había reunido a su equipo de asesores para discutir la situación. Mientras tanto, en los medios de comunicación se exigía la cabeza del dragón o la renuncia del jefe de gobierno. —En la radio le llaman cobarde, señor. 8


—Su popularidad acaba de descender tres grados en la escala Tricky-Santacroce, señor. —Bueno, basta— dijo el jefe de gobierno—, ¿dónde está el jefe de la policía? —Se le está buscando en los tabledances, señor. —¿No es muy temprano? —Usted aprobó la ley del derecho al reventón, señor, ¿no recuerda? —Ah, es verdad, es verdad— en realidad no lo recordaba—. ¿Y el señor Presidente de la República? —Se encuentra en la cumbre de Magoncia, pero parece que está al tanto a través de la televisión. —Como quien dice, la situación no puede estar peor. —Señor, tenemos un reporte desde el parque de los Héroes Caídos: grupos ecologistas exigen que se proteja la integridad física del dragón, por tratarse de una especie en peligro de extinción... En lo alto, Romy sentía frío. Amarrada con cadenas al cuello del Benefactor de la República y sentada en sus hombros, veía de lejos a los granaderos y lo que quedaba de la prensa. La multitud observaba con temor al dragón. Éste dormía a los pies del prócer de bronce, junto a la rampa de patinaje. En lo alto, los helicópteros de la TV y el radio revoloteaban, al parecer sin molestar al monstruo. “Vale madre, yo nomás quería patinar un rato. Qué pinche suerte. Y estos idiotas que no saben ni qué hacer”, pensaba. Habían pasado tres horas sin que el pescado y la Coca-Cola aparecieran. Romy supo que habría problemas. —Nuestras cámaras y micrófonos están en la oficina del jefe de gobierno. Adelante, señor, está al aire. —Muchas, gracias, licenciado, agradezco el espacio que nos concede en su noticiero. —Señor gobernador, ¿qué va a hacer el gobierno de la ciudad con el dragón que ha tomado presa a una jovencita? —Mire, licenciado, la situación es delicada. Ya he girado instrucciones al jefe de los cuerpos policiacos para que se proceda con el mayor cuidado y, desde luego, conforme a derecho. —Gobernador, como se sabe, son animales peligrosos, ¿corre peligro la vida de esta mujer? —Bueno, hace mucho que no nos habíamos enfrentado a una contingencia similar. La experiencia de 1984 nos dejó a todos un amargo sabor de boca, pero esperamos que los trágicos sucesos de aquel año no 9


se repitan. Aprovecho para pedir a la población que mantenga la calma. —¿Cree que esto afecte su intención de postularse a la presidencia de la República? —Desde luego, éstos no son momentos para hacer futurismo político, licenciado. Cuando diecinueve reporteros han perdido la vida en el cumplimiento de su deber y una ciudadana corre peligro, todo lo demás pasa a segundo plano. —Bien, agradezco su tiempo, señor. —Muchas gracias a usted, licenciado. —Es el señor gobernador de la ciudad desde sus oficinas en el centro histórico. Yo regreso, después de unos comerciales. Yorch resbaló de la patineta y cayó. El asfalto lo recibió con su beso áspero, al que estaba tan acostumbrado. Se levantó, sacudió el polvo y volvió a montarse en su tabla, decorada con personajes de un cómic porno japonés. El vocalista de Rancid aullaba desde las bocinas del walkman. En su camiseta se leía Fuck the world. Aislado del mundo, enfiló hacia el parque de los Héroes Caídos. En la radio, a la hora del noticiero: “¿Hasta cuándo tendremos que aguantar situaciones como éstas? ¿Cuántos dragones más, cuántas lluvias de ranas, cuántas plagas de licantropía? ¿Qué es lo que le sucede a esta ciudad? Y yo me pregunto: ¿Estaremos malditos, o algo funciona muy mal en el gobierno local?” El locutor golpeó el escritorio para enfatizar las palabras. “Los ciudadanos dimos un voto de confianza que se ha visto decepcionado. Los partidos de oposición han demostrado ser tan ineficientes como el oficial. ¿Cuál será el costo político de estas diecinueve vidas para el señor gobernador? Para nadie son secretas las aspiraciones presidenciales del jefe de gobierno. ¿Acaso las verá reducidas a cenizas, como los cuerpos de nuestros compañeros muertos...?” Sobre todo, el ardor en medio de sus entrañas, esa quemazón intensa, ese fuego alojado en el pecho. El dragón seguía esperando la Coca-Cola y el pescado para mitigar un poco la llama, para calmar el dolor. Pero ni rastro de su petición. La carne humana le desagradaba. Provocaba agruras. Y más ardor. —Éste es el plan— dijo el jefe de la policía, tratando de disimular su borrachera cortada con cocaína—, rodeamos con tres compañías de granaderos la retaguardia y hacemos un ataque frontal 10


con tanquetas antimotines. Resguardamos el cielo con tres helicópteros y ya está. El animal no tiene escapatoria. —Correcto, general— aprobó el gobernador. Todo el gabinete del gobierno de la ciudad estuvo de acuerdo. A cuadro, la mamá de Romy, llorando. Junto, el papá intenta consolarla. La voz en off del reportero pregunta: —¿Y era buena hija, señora? —Es— corrige el papá—; mi hija sigue viva. La mamá intenta hablar, pero el llanto llena su boca. Corte a una foto de Romy. Es bonita, con mechones rojos en el cabello y un arete en la ceja. La voz del reportero vuelve a preguntar: —Y díganos, señora, ¿qué van a hacer si su hija muere? Hasta llegar al parque, Yorch no se percató del alboroto que había. Cuando vio a los granaderos avanzar hacia la estatua del Benefactor de la República, se quitó los audífonos y se enteró de que algo grave pasaba. Junto a los policías, armados con macanas y escudos de acrílico, Yorch destacaba como una mancha de color, con el cabello teñido de morado, medio cráneo rasurado, los seis aretes colgando de cada oreja y las bermudas bombachas. Los uniformados avanzaron en formación de tortuga, en tres grupos de unos cincuenta granaderos. Arriba, varios helicópteros zumbaban en círculos alrededor del monumento. “En la madre. Redada”, pensó el patineto. Una llama se elevó del suelo, alcanzando uno de los helicópteros. Mientras el aparato se desplomaba, un rugido desgarró los sonidos de la ciudad. “¡Wow!”, dijo Yorch al ver la testa del dragón elevarse entre los árboles. En la pantalla, tomas borrosas de lo que parece un incendio forestal. La cámara no se está quieta. El audio ambiental es estruendoso y confuso. En la esquina superior izquierda se lee EN VIVO. Una voz nerviosa, en off: “Confirmamos: el ataque es real. Se han desplomado ya dos helicópteros de la policía. Las tanquetas avanzan hacia el animal sin que desde aquí las podamos ver. Hay mucho humo y fuego, el calor es insoportable.” Al fondo, el micrófono capta el bramido del dragón. “Recordamos a nuestro auditorio evitar acercarse a la zona del conflicto. Existe un gran riesgo...” 11


En su oficina, rodeado de sus asesores, el gobernador recibió una llamada del jefe de la policía. En el despacho, un monitor de televisión reportaba desde el lugar. —¿Señor gobernador? —Lo oigo, general— al jefe de gobierno le costaba distinguir si el policía estaba borracho o malherido. —Creo... que hemos cometido un error... —¿A qué se refiere? Silencio durante casi un minuto. Estática crepitando al fondo de la línea. —¿General? —... —¿General? —Señor... —Dígame. —¿Alguna vez... ha visto... cómo arde el acrílico? La rabia del dragón, desatada. ¿No había sido claro? Pescado y Coca-Cola. No granaderos. No helicópteros. Lo habían hecho enojar. Y el ardor que no cedía. Estaban en aprietos. El dragón les escupió. Vio caer los helicópteros. Luego exhaló su fluido ardiente contra los granaderos. Los vio consumirse entre la pira de sus propias armas. Aleteó. Comenzó a volar. Arremetió contra lo primero que vio: La rampa de patinaje. Todo fue muy rápido, aún visto desde el hombro de la estatua donde estaba Romy. Los helicópteros se desplomaron envueltos en llamas, pero cuando se estrellaron había tanto ruido alrededor que pasaron casi desapercibidos. Desde el suelo, Yorch vio primero cómo la cabeza del dragón se convertía en un lanzallamas que los granaderos intentaron ahogar. Quizá hubiera sido mejor idea llamar a los bomberos, porque la policía no pudo apagar el fuego del reptil. El animal lanzó su ardor en todas direcciones, derritiendo los escudos de plástico de los uniformados, que se retorcían entre las flamas como bailando una danza primitiva. Una parte de la cabeza de Yorch le decía que saliera corriendo, 12


que montara su tabla y se alejara. Con un poco de suerte podría escapar del fuego del monstruo. Pero otra lo obligó a avanzar hacia el Dragón. Arriba, Romy vio al patineto acercarse a la estatua de Totocani. Quiso gritarle que se fuera, que era peligroso. No pudo. Algo en ese chico de cabello púrpura le provocaba fascinación, le impedía hablar. De cualquier manera no habría podido oírla. Por la radio, con voz femenina: El gobierno de la ciudad informa: El parque de los Héroes Caídos ha sido tomado por un dragón que mantiene a una adolescente presa, y ha comenzado a exhalar fuego. Esto no es un simulacro. El ataque es real. Les recordamos no acercarse a la zona del parque. Repetimos... —Señor gobernador, la gente se está reuniendo en las iglesias. Dicen que llegó el fin del mundo. —No importa. Hacen eso cada semana. ¿Está listo el helicóptero? —Sí, señor. —Perfecto. El político abordó el aparato, que se elevó y desapareció en dirección contraria a donde estaba el dragón. Durante el resto de la tarde nadie volvió a preguntar por él ni por ningún otro funcionario. Romy vio al dragón pasar junto a ella, aleteando. Un bramido estalló entre las fauces del monstruo, dejando los oídos de la chica zumbando como después de una tocada. Se elevó y descargó su odio en forma de fuego sobre la rampa de madera. Totocani mantenía su lanza en alto, indiferente al dragón, y a Yorch, que protegido tras el pedestal del héroe indígena, vio arder la rampa. Su punto de reunión, su patrimonio, el único lugar al que sentía pertenecer, convertido en cenizas. El dragón quiso arrasar la ciudad, reducirla a escombros crepitantes. Pero antes devoraría a Romy. Iba a hacerlo cuando escuchó un grito inesperado que venía del suelo. “¡¡Noooooooooooooooooooooo!!” Volteó hacia el suelo. No era la chica, su rehén, quien aullaba. Tampoco un policía a medio calcinar. Era un chico de cabello morado. Décadas después, Romy contaba a sus nietos lo que el abuelo hizo aquel día, bajo juramento de no exagerar ni una sola palabra: Yorch se deslizó hasta la rampa. La había visto quemarse en unos segundos (y ustedes saben lo que significaba para él). Llegó junto

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a los restos humeantes, soltando un alarido de loco. Hasta el dragón volteó a verlo. Entonces levantó el rostro hacia el animal. Imaginen la furia de sus ojos, que desde donde yo estaba se le podía ver el odio en las pupilas. Elevó su puño y extendió el dedo medio hacia el monstruo, y gritó al cielo (pero no repitan estas palabras frente a sus papás, que son groserías): —Chinga tu madre, pinche dragón ojete. El monstruo exhaló una columna de fuego hacia arriba, como preámbulo de otra mayor. Luego bajó el hocico hacia el suelo y lanzó un chorro ardiente hacia donde estaba el skato. Falló. Apenas unas fracciones de segundo antes Yorch montó en su patineta y se alejó. Yorch supo que había llegado su último minuto cuando se vio cubierto por la sombra del dragón. Quiso pensar en cómo escapar, pero su cabeza estaba convertida en una licuadora que sólo ofrecía una frase cíclica: “ya valió madres, ya valió madres, ya valió madres...” Patinó con furia hacia el pedestal de Totocani, como si ofreciera un refugio. Se descubrió pensando en su mamá. En que aquella mañana se había salido de casa dando un portazo; se habían peleado por el cabello de Yorch. “Bueno, ya no habrá motivo de discordia”, razonó. Hubiera deseado poder despedirse de sus papás, de sus dos hermanos. Era tarde. Mala costumbre, la de salir peleado de casa. Nunca se sabe cuándo no vas a regresar para reconciliarte. Oyó al dragón inhalar. “Ahora sí. Llegó la hora”. Podía sentir a sus espaldas el calor que despedía el hocico. Pasó de largo junto al pedestal. Escuchó el fluido de fuego deslizarse por la garganta del monstruo. Instintivamente se cubrió la cabeza con las manos. Luego, el estallido lo lanzó contra un árbol. Romy fue la única que vio todo. El video que se transmitió por la tele, tomado por un aficionado sin tripié, era de muy baja calidad y temblaba todo el tiempo, por lo que no se podía apreciar cómo el chico logró esquivar el fuego del atacante, ni la manera en que patinó tan rápido como pudo hacia la estatua de Totocani, ni el gesto cruel del dragón al tomar aire para luego carbonizar a Yorch, ni la gracia con la que el reptil planeó hasta casi rozar el suelo, ni la angustia que se reflejó 14


en su expresión cuando descubrió que un error de cálculo le haría chocar contra el pedestal de la estatua. Lo único que la videocámara Sony captó fue el intento desesperado de la bestia por elevarse, y cómo lo hubiera logrado de no haber sido porque al escultor se le ocurrió dotar al héroe indígena de una lanza excesivamente larga, que desgarró el vientre del dragón como si fuera un bisturí. La explosión, provocada por la descompresión de las volátiles entrañas draconianas, fue captada por las cámaras de todos los noticieros y se transmitió durante dos días seguidos. Lo que ni Romy ni las cámaras vieron fue el infinito dolor que se alojó en sus ojos, pese a ser los ojos de un lagarto, al momento de morir. Yorch despertó horas después. Estaba golpeado, pero no más maltrecho que después de salir del slam. —Eso debe doler— dijo una chava a la que había visto de lejos en la rampa, pero que nunca se atrevió a abordar. La reconoció por el arete en la ceja y los mechones rojos del cabello. —¿Qué cosa? —Salvar al mundo. Al menos a mí— Romy se acercó. Hasta ese momento Yorch se dio cuenta de que iban en una ambulancia. —¿Yo hice eso? —Sí. —¿Y tú? —Yo estaba allá arriba. Presa. —Órale. Wow. —Oye... —Dime. —¿Qué se siente ser un héroe? —Mmm... Hambre. Romy pegó su rostro al de Yorch y lo besó largamente. Primero le mordió suavemente los labios y luego hundió su lengua en la boca del chico. Cuando se separaron, Yorch dijo: —¿Q-qué vas a hacer el sábado?

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D

aniela Tarazona (Ciudad de México, 1975) es autora de El animal sobre la piedra (México, Almadía, 2008 y Argentina, Entropía, 2011). En 2012, publicó su segunda novela El beso de la liebre (Alfaguara), que resultó finalista del premio Las Américas (Puerto Rico) en 2013. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores en 2006 y del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. En 2011, fue reconocida como uno de los 25 secretos literarios de América Latina por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. 16


Ceremonia

L

Daniela Tarazona

os comensales se sentaron a la mesa. El mantel de terciopelo verde y bordado en colores era elegantísimo, apenas para esa noche. La concurrencia celebraba la boda de dos hijos de familias nobles. El cristal de las copas otorgaba luces al terciopelo. Algunos tenían las piernas cruzadas y ocultaban sus colas. Desde la cocina, veíamos los movimientos de ellas. La cola del padre del novio, gruesa y con pelo ralo hacia el final, sumaba ya tantas arrugas que su color primitivo se perdía entre los pliegues. Con toda seguridad, en sus mejores años debió tratarse de una cola verde esmeralda majestuosa y rutilante porque, como debía ser, el padre la había peinado con gelatina de petróleo. Las colas se tocaban ahora por debajo de la mesa. Era el momento más solemne de la reunión. Una cola se abrazaba a la otra, se acariciaban entre sí; las más esbeltas quedaban perdidas entre la carne de las gruesas, eran retráctiles y parecían lombrices de otros reinos. La novia levantó su vestido para permitir que se distinguiera el maravilloso arreglo nupcial de su cola; una dama de compañía talentosa le había adherido pedrería cara, lentejuelas de colores, encajes finos, para dejarla cubierta de buen gusto y convertirla así en la más bella de la reunión. El padre de la novia se puso de pie, hizo la silla hacia atrás y alzó su cola, envuelta en una tela estampada con pequeños planetas de colores, para comenzar el discurso anterior al brindis y el goce de los alimentos. La piel del jabalí hacía visos tornasolados desde el centro de la mesa rectangular. El padre habló: —Es un día feliz. Mi hija sonríe de manera franca. Hemos acordado esta unión con los ojos puestos en un futuro glorioso para nuestra descendencia. Jamás se han visto rostros tan semejantes ni colas tan complementarias. Hija, las crías de tu vientre serán bellas. El padre miró la cola de su hija y no pudo evitar que los ojos se le convirtieran, por un momento, en esferas de vidrio. Los comensales experimentaron alegría ante la escena. El padre tomó su silla e hizo descender 17


despacio su apéndice hasta que desapareció detrás de su cuerpo, l luego se sentó. Los novios comieron las piernas del jabalí de manera atroz, el nerviosismo de la boda había aumentado su hambre habitual. Los comensales imitaron estas acciones. La madre, de cola bien peinada, hablaba con su hermana acerca de las necesidades del planeta, cuando pronunciaba la palabra “nosotros” —una maña que no podía quitarse—, su cola se afantasmaba y era atravesada por la luz de los candiles. Se dio cuenta que los otros habían comenzado a comer, entonces dejó de hablar y también comió. La mesa iba vaciándose con el paso de las horas. Los rostros de los comensales se tornaron brillosos por el sudor, los dedos de sus múltiples manos se engrasaron con los jugos del jabalí y ellos los hundieron en el agua de los pequeños cuencos de plata, perfumados con limón y pétalos de rosa. El padre terminó de masticar justo al final de todos. Era el momento de llevar los postres a la mesa, así que vaciamos la jalea del molde en forma de pescado y embarramos el betún al pastel de chocolate. Teníamos instrucciones de colocar en la mesa los postres al mismo tiempo. La cola del padre del novio se levantaba contra su voluntad. El novio, que había permanecido en silencio, se puso de pie. Su cola era delgada y llevaba una pelota de billar atada a la punta que significaba el triunfo reciente en algún torneo. Las vértebras que la coronaban estaban dobladas por el peso de la pelota. Colocó una mano sobre su vientre y con los dedos escondidos bajo la tela del saco, habló: —Ella y yo estamos alegres por su presencia. Diré que la noche cuando le di el aro para adornar su bellísimo apéndice, hacía frío. Octubre fue un mes cruel, como sabemos. Ella me miró con sus ojos purpúreos, con una ternura que soy incapaz de describir. Me dijo que sí. Nuestro matrimonio viene del poder de nuestras familias. Yo confío en que el paso de los años será benigno para todos. Las empresas serán mayores, y mayores las ganancias. Los comensales miraron los postres. Habían escuchado al novio hablar, sin embargo, les interesaba más comer. Una mujer de estatura mediana llevaba la cola depilada y tersa por el buen uso de las cremas. Miró a la novia como si estuviera observando a 18


una extraterrestre. Y lo era. Las mejillas de la novia se iluminaron de inmediato, y la bioluminiscencia se extendió por su rostro. Íbamos a llevar las jarras de agua para que los invitados bebieran copiosamente, pero tuvimos que detenernos en seco en el umbral de la puerta del comedor. La novia se había puesto de pie; su apéndice encima de la cabeza nos indicaba su concentración, y no hacía más que mirar una cucharilla de plata, la miraba de un lado, le daba la vuelta, buscaba la luz del candil para ver sus brillos y, aunque estaba limpia se la metía a la boca, la chupaba largamente, y volvía a sacarla para observarla de nuevo. Ella quería decir algo con eso. Esperamos la indicación de la madre de la novia para continuar nuestro servicio, aunque ella tenía los ojos bordeados de luz, fijos en su hija, como si comprendiera. La novia lamió la cuchara entera de nuevo y se sentó. Los comensales se miraron entre sí, algunos contenían la risa, otros mostraban angustia y se acomodaban en las sillas esperando que cualquiera rompiera con la tensión. El padre, que había mirado a su hija hacer, prefirió dejar pasar la escena. Tenía enfrente la jalea y extendió la mano para cortarla. En el extremo de la mesa estaban dos jóvenes amantes. Sus colas se trenzaban abajo, apretándose. Comenzamos a limpiar la mesa. Los comensales que restaban tenían sueño y el silencio predominaba.

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R uy Feben (Ciudad de México, 1982) es narrador. Su libro de relatos, Vórtices viles, ganó el Premio Nacional de

Cuento Joven Comala 2012. Además, ha publicado textos en revistas como La peste y Tierra adentro, así como en antologías mexicanas y extranjeras. En 2013, coordinó la colección Mexican Speculative Fiction, una traducción de cuentos de jóvenes escritores mexicanos para el proyecto británico Palabras Errantes. 20


Blattodea S.A. de C.V.

Ruy Feben

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egún el folio que consta en el archivo, una de las razones por las que el Departamento de Recursos Humanos decidió contratar a R.D. fue su “ejemplar capacidad para seguir instrucciones sin cuestionarlas”. Cualidad tan apreciada en Blattodea S.A. de C.V. (“la única empresa que sobrevivirá el fin del mundo”, reza su orgulloso eslogan), que incluso la también ejemplar idiotez que R.D. mostraba para cualquier otro asunto fue hecha de lado. Quizá la idiotez es incluso un concepto demasiado complejo, podría decirse abismalmente pluricelular, para R.D., que en realidad usaba su falta de expresión y sus movimientos erráticos y torpes sólo como bisagra para la mediocridad (otra cualidad que, según lo que se murmuraba en los pasillos y fuera de todo documento oficial, Blattodea S.A. de C.V. apreciaba hasta cierto punto): se comportaba como si su definitiva ambición fuera la supervivencia (más por instinto que por valentía, hay que decirlo), cosa que le bastó al corporativo para asignarle un espacio en las oficinas centrales, un cubículo que era, al mismo tiempo y sin variación posible, su inicio y su fin en la empresa. R.D. tenía sus responsabilidades tan poco claras que actuaba con perfecta concordancia a ellas: se pasaba el día repartiendo oficios y mascando tentempiés en el comedor, o directamente echando la siesta de un modo tan domado que nunca nadie se molestó o hizo notar molestia alguna. Es cierto: nunca sería uno de esos directivos legendarios que salían a explorar mercados vírgenes repletos de nuevas oportunidades, pero sobrevivía, y eso le parecía bien. Hasta que un buen día, cuando sus compañeros lo habían dejado sin bocadillos, sentado a la computadora, hipnotizado por la pantallita que parpadeaba su número de extensión en el teléfono, alcanzó a ver en un rincón de su escritorio un libro. . Torpemente (como siempre) lo abrió: una copia del Manual del buen empleado, sexta edición, 66 páginas, que R.D. nunca había notado. Aburrido, hambriento, se puso a leer con el tórax gris aplastado sobre el respaldo de la silla giratoria: en la portadilla del librito decía claramente que se trataba de los “procedimientos, 21


objetivos y filosofía que todo empleado debe conocer a la perfección y seguir al pie de letra”. Tamborileó el piso con ansiedad: aquel artefacto parecía lleno de instrucciones en las que él no había reparado. Nervioso, erró por las páginas llenas de textos largos hasta que, al saltar el prólogo, se encontró con una frase que parecía una instrucción clara. La repasó una y otra vez hasta creer que la había entendido: justo después de un interminable discurso de carácter motivacional decía, en una sola línea, negra, pesada, que “la regla más importante de Blattodea S.A. de C.V. es que lo que no crece se extingue”. R.D. leyó esa suerte de mandamiento sin entender muy bien: observó los otros cubículos, que se extendían a lo largo de un pasillo que no parecía tener fin, y vio que sus colegas eran todos del mismo tamaño que él. Hizo cálculos: se preguntó cómo era posible que esos empleados llevaran allí muchas semanas o meses más que él sin haber seguido la primera instrucción, tan obvia como era; se rascó la cabeza tratando de entender cómo podían haber conservado el tamaño normal de un empleado sin haberse extinguido. Pensando en ese azar de la supervivencia, R.D. usó la bisagra de su idiotez y, tras ponderar desatinos (pensó que quizá esa regla se refería al edificio, que tal vez en realidad la empresa ya se había extinguido sin que nadie lo notara, que probablemente todo se trataba de un engaño), concluyó lo único que su ejemplar capacidad para seguir instrucciones le permitió concluir: que sus compañeros seguramente habían sido mucho muy pequeños en su primer día de trabajo y que habían crecido hasta ser gigantes comparados consigo mismos, aunque él los viera de su misma talla. Cerró con tremendo golpe el libro: en cuanto se percató de que estaba trabajando con enanos que habían logrado un tamaño normal a fuerza de acatar la regla más importante de Blattodea S.A. de C.V., sintió la necesidad de ponerse al día antes de seguir leyendo. “Lo que no crece se extingue”, se dijo sin la menor intención metafórica; “la regla más importante, la más”, se repitió como quien debe recordarle a su cuerpo cómo respirar. Enderezó su postura en la silla, se sujetó fuerte de los descansabrazos, se estiró contra el suelo. ¿Cómo se hace para crecer así de pronto? De algún modo los enanos habían logrado hacerlo a tamaño normal en cuestión de semanas o meses. Las capacidades ejemplares de R.D. venían acompañadas de un tesón a prueba de toda lógica: 22


se dedicó a mirar sus extremidades y presionarlas así a crecer tan rápido como pudieran, para terminar pronto con el mandamiento más importante y poder echar una siesta. Pasó así toda la jornada; vio o creyó ver que algo se le notaba más ancho bajo el pantalón. Pasaron dos días más, dos semanas: al terminar cada turno veía o creía ver la intención de nuevos miembros sobre su cabeza, entrecerrando los ojos miraba en el espejo algo raro en su boca, una protuberancia saliéndole en medio de la cara. Lo único que le crecía claramente era la voluntad, que había mutado de simple supervivencia a auténtica ambición: llegó a imaginarse lejos, recorriendo un territorio virgen con nuevos cubículos y pasillos sin fin a cuestas. Pero no estaba seguro y estuvo a punto de claudicar muchísimas veces y, con ello, perder su puesto en Blattodea S.A. de C.V., el único corporativo que sobreviviría el fin de todo. Un mes después ocurrió el milagro. R.D. estaba sentado en una de las cientos de mesas del enorme comedor de la empresa, comiendo con especial hambre un bocadillo de olor putrefacto, cuando uno de sus colegas le gritó que no se moviera: cauteloso como casi ninguno de los empleados de Blattodea S.A. de C.V., el colega se acercó hasta dar un golpe seco contra el bocadillo. “Tenías un bicho…” empezó a decir heroicamente el colega, cuando tanto él como R.D. como decenas de otros colegas vieron que el aparente bicho no había muerto y no era tal: entre el apestoso bocadillo y la extremidad abultada de esfuerzo con la que R.D. lo sostenía había un pequeño muñón que se movía solo. Más colegas se arremolinaron junto a R.D., quien veía con orgullo el anexo: el color de su piel se había deslavado por estiramiento, y junto a ese tumor crecían otros cuatro. Conforme lo observaban se volvió evidente que sobre su cabeza salían largos pelos, que su altura había crecido varios centímetros y que en medio de su cara surgía un monte; sus zapatos lidiaban con un pie huesudo siempre a punto de rasgar el cuero. “¿Qué has hecho, R.D.?”, le preguntó otro colega. “Seguir la más importante de las reglas —contestó él—, como todos ustedes: lo que no crece se extingue, ¿recuerdan?”. Los colegas lo vieron confundidos con la interpretación súbitamente volteada. Con las miradas cada vez menos frontales, R.D. se nubló: las extremidades creciéndole, palpitando independientes a él y a su esfuerzo de meses, elevándose como fallas geológicas, volviendo los valles codos y 23


rodillas como accidentes rocosos del segundo infierno. La mesa se volteó cuando R.D. sintió una columna vertebral naciéndole de la cola. “¿Pero es que al menos has llegado al fin del manual, R.D.?”, le preguntó un colega viejo casi blanco que había visto doblarse la cantidad de empleados en sus muchos años de leal labor y que, moviéndose rápido, se le había parado junto a un zapato hecho trizas. R.D. se desbarrancó por un peso que no sabía controlar. Sus colegas quedaron abajo, muy abajo, y dejó de entender las voces que se multiplicaban en medio del caos. Su gafete se perdió en aquel lodazal de exoesqueletos justo antes de que sus últimas antenas cedieran a la aparición de esos brazos de primate tan extraños, tan mal vistos por los directivos que con Blattodea S.A. de C.V. sobrevivirían el fin de todo. Se miró la mano y sintió una nueva garganta mamífera articulando sus primeros sonidos, tan distintos a los de su especie. Con sus primeros rugidos dijo o creyó decir: “¿El fin? ¿No se supone que todo esto no tiene un fin? ¿Cuál es entonces el fin? ¿Cuál?”, mientras sus colegas se desperdigaban bajo las grietas y coladeras, de vuelta a los cubículos, de vuelta a un manual que a sus ojos humanos se había vuelto una mota de polvo, una avalancha invisible.

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A

ntonio Ramos Revillas (Monterrey, 1977) es egresado de la carrera en Letras Españolas de la UANL. Ha sido becario de distintos instituciones y ha publicado libros para jóvenes, niños y novela. La más reciente se llama Los últimos hijos. En 2015 recibió el Premio a las Artes UANL en la categoría de Letras.

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Hormigas Antonio Ramos Revillas

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l valle se extendía kilómetros más allá de la breve cadena montañosa que empezaba a difuminarse en sus bordes por la extracción de roca que la cementera Helios llevaba a cabo con paciencia desde hacía años. Desde el sitio donde esperaba Ramón se oía el último roer de las máquinas sobre la superficie acerada de la montaña, lisa por el corte de las lajas de tierra que se volverían más tarde cemento y bloques de construcción. También desde el sitio donde el chico observaba, se distinguía a lo lejos la ciudad: la inmensa urbe había ido comiéndose las montañas que la rodeaban y una inmensa plancha de cemento recibía ya el sol de las once de la mañana. Una gruesa nata de smog coronaba la superficie y Ramón no lograba distinguir bien a todos los edificios y la torre mayor que era el gran logro en construcción de la cementera. Como decían los anuncios publicitarios, Helios había logrado construir la torre más alta de la ciudad: toneladas de cemento vertidos sobre apenas ochocientos metros cuadrados y más de 35 pisos de alto. Ramón devolvió su atención a la valla perimetral que delimitaba a la cementera del desierto. Pesados traxcavos iban por un pequeño camino que salía de la explanada ante la cual se levantaban las oficinas principales de la empresa y se internaban en las laderas de la sierra. No muy lejos estaban los depósitos, los baños y un pequeño edificio para los vestuarios. El ruido seco de la roca triturándose llegaba del cañón que cada vez iba haciéndose más pequeño, más frágil, como si toda la sierra empezara a volverse un fantasma. Ramón ya había visto a las sierras y a las montañas desaparecer. Esas moles de roca, tan poderosas a simple vista, exhibían su incapacidad para defenderse de la maquinaria pesada y en cuestión de años desaparecían. No muchos años atrás Ramón había jugado con sus primos en esa serranía. Solían salir muy temprano los sábados para internarse entre los vericuetos de la sierra y cazaban alimañas o bien, se 26


llevaban a los perros para que los ayudaran a cazar liebres. Comían allá lo que lograban rapiñar de las despensas familiares y regresaban cuando el sol empezaba a caer. Pero luego todos crecieron y Ramón empezó a trabajar en la cementera cuando ésta se instaló y colocó las mallas para separarse del pueblo. Le vino el recuerdo de la arena en sus manos cuando trazaba con los dedos una bebeleche. Esa misma sensación lo regresó a donde se encontraba. El sol ya empezaba a calar y el chico tenía ahora la boca reseca. Toda la noche anterior la había pasado con el estrés previo del que va a cometer una locura. Sentía la boca pastosa y un ligero temblor le sacudía la mano izquierda. Se puso en pie mientras recordaba las toneladas de roca que había visto sacar de esa sierra, los cadáveres de liebres y conejos que siempre terminaban triturados y de los que al final sólo quedaban manchones de sangre. Recordó que hacia un par de años había encontrado, al excavar en la montaña, uno de los hormigueros más grandes de su vida. Medía cerca de doscientos metros, tenía tal cantidad de cavernillas, pasadizos y salidas a la superficie que lo habían regañado por detener la excavación para observar aquello. ¿Cuántas veces se puede mirar esto?, se dijo cuando su jefe lo había amenazado con correrlo por flojear. Desde entonces había iniciado un camino en dos direcciones: detenerse cada que algo en la sierra lo sorprendía y el enojo del capataz de la excavación. Las sierras esconden cadáveres de animales ultrajados por las máquinas. Él empezó a detener su trabajo para separar a los animales de entre los escombros. Cuando le dijeron que debía instruir a otro en el manejo de la máquina supo que las cosas iban de mal en peor y aunque pospuso aquello, fue inevitable que un día le dieran la orden de salir de la cabina de la cavadora y que se regresara a los vestuarios donde debía encargarse de limpiar y mantener limpios los pisos, regaderas y sanitarios. De lejos le llegaba el ruido agónico de la montaña y recordó cómo con los años ésta fue disminuyendo y él también, ahí, metido dentro de las cuatro paredes y las galerías que formaban los lockers en los que los empleados guardaban su ropa, sus alimentos, tantos lockers que apestaban a sudor y pie de atleta guardados, concetrado en ese hormiguero de metal. 27


Lo corrieron cinco semanas antes del fin de la excavación cuando ebrio, aburrido, había golpeado a su jefe. Después todo había sido idear el golpe. Rumió un coraje que se mezclaba con la tristeza cuando se metió del otro lado del cañón que conducía a la sierra y vio el cascarón vacío de lo que era su montaña, en la que jugaba con sus primos, una montaña ahora siniestra por su vacuidad. No había ya restos de animales ni de los arbustos, sólo roca tierna, recién arrancada para que más lejos se levantara otra ciudad gracias a ese cemento. Se burló al recordar que a la ciudad la llamaban la ciudad de las montañas: era cierto, había acabado con ellas para lograr sus arterias de asfalto y cemento. Ramón avanzó a paso firme y se saltó la barda. Uno de los guardias lo vio y le llamó la atención. La llave de la cavadora estaría donde siempre; nadie la movería. Mientras los silbatos de los hombres de seguridad inundaban la explanada Ramón corrió lo más que pudo los casi seiscientos metros que lo separaban de la máquina. Llegó agitado, con el polvo de la sierra metiéndosele en cada bocanada, animándolo. Cuando encendió el motor y el diesel impulsó la pesada maquinaria y la empezó a dirigir hacia los edificios de la cementera, ya sabía que nunca detendría la muerte de las montañas y de las sierras, el fin del reino de las hormigas, pero de algo estaba seguro. Cuando la inmensa sierra dentada tocara las débiles paredes de bloques donde estaban las oficinas algo en el corazón de la tierra se sentiría vengado; manchones de sangre y polvo, ya sabía que una cueva en la cordillera cercana se abriría para recibirlo en forma de cárcel, de refugio, aunque era más probable que de tumba.

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Pepe Castillo Editor gráfico y fotógrafo, se especializa en retrato y fotografía de viaje. Actualmente es editor del grupo Expansión en la ciudad de México. Su proyecto “Retratos a partir de la tristeza”, que recoge imágenes de artistas mexicanos, pronto será publicado en un libro.

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Ciudades, Paisajes y superficies

Alejandro Tarrab Tania Favela Bustillo Maricela Guerrero Reyes

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Foto Alfredo Pelcastre

Alejandro Tarrab (Ciudad de México, 1972). Poeta y

ensayista. Estudió la maestría en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de los libros: Siete cantáridas (2001); Centauros (2001); Litane (2006); Degenerativa (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, 2009); Maremágnum (2013) y Caída del búfalo sin nombre. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al portugués, al checo y al serbio.

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VARIACIÓN A UN PASAJE DE WALTER BENJAMIN EL TEDIO ES UN PAÑO CÁLIDO Y GRIS FORRADO POR DENTRO CON LA SEDA MÁS ARDIENTE Y COLOREADA. EN ESTE PAÑO NOS ENVOLVEMOS AL SOÑAR. EN LOS ARABESCOS DE SU FORRO NOS ENCONTRAMOS ENTONCES EN CASA. PERO EL DURMIENTE TIENE BAJO TODO ELLO UNA APARIENCIA GRIS Y ABURRIDA. Y CUANDO LUEGO DESPIERTA Y QUIERE CONTAR LO QUE SOÑÓ, APENAS CONSIGUE COMUNICAR ESTE ABURRIMIENTO. PUES ¿QUIÉN PODRÍA VOLVER HACIA FUERA, DE UN GOLPE, EL FORRO DEL TIEMPO? Y SIN EMBARGO, CONTAR SUEÑOS NO QUIERE DECIR OTRA COSA. Y NO SE PUEDEN ABORDAR DE OTRA MANERA LOS PASAJES, CONSTRUCCIONES EN LAS QUE VOLVEMOS A VIVIR COMO EN UN SUEÑO LA VIDA DE NUESTROS PADRES Y ABUELOS, IGUAL QUE EL EMBRIÓN, EN EL SENO DE LA MADRE, VUELVE A VIVIR LA VIDA DE LOS ANIMALES. PUES LA EXISTENCIA DE ESTOS ESPACIOS DISCURRE TAMBIÉN COMO LOS ACONTECIMIENTOS EN LOS SUEÑOS: SIN ACENTOS. CALLEJEAR ES EL RITMO DE ESTE ACONTECIMIENTO. EN 1839 LLEGÓ A PARÍS LA MODA DE LAS TORTUGAS. ES FÁCIL IMAGINAR CÓMO LOS ELEGANTES IMITABAN EN LOS PASAJES, MEJOR AÚN QUE EN LOS BOULEVARES, EL RITMO DE ESTAS CRIATURAS.

Mi padre entonó el sueño de los tedios. Sacudió los cabellos de su mesa de trabajo todas las noches. Mi padre tiñó las órbitas de la caligrafía; escribió el signo de las cruzadas en mi cabeza. Yo replico esos tonos en su nombre. Me envuelvo en el mismo paño cálido y gris, con visos de seda ardiente, con que él se cubrió para soñar. Sueño, como el embrión que emprende, desde el santuario de la noche, la vida de los animales. Para volcar de un solo golpe el revestimiento de los días. Entonces me siento a escribir y entono las visiones grises y aburridas de mis antepasados, que son las visiones de mi cuerpo y de mi pensamiento. Miradas deslucidas de caminatas largas por la ciudad. El pulso acompasado de los pasajes donde compramos, por decir, una tortuga de pecho quebrado. El desaforado pulso con que observamos ese animal recluido, para después salir desaforadamente a encarnar otras visiones. Con el pulso siempre de estas criaturas quebradas y rollizas. De Degenerativa (2010) 37


CABLES En la ciudad hay cables. La ciudad es el espacio, los cables la secuencia. Cables tendidos, perpendiculares al lugar de mi mente, en ese intervalo. Perseguidas cuerdas por una cámara lo más pequeña para mil novecientos ochenta y tres u ochenta y seis: mini-DV, D1, 8mm sin cables. Algo digital escondido en el airón de un pájaro, un ave de tomas aéreas. Tomas paralelas, recíprocas a los cables. Cables. Instalados firmemente de A hacia B —en el espacio visual—, un C a D casi desatado. Recuerdo electrocutados por cables. Descargas que pararon trenes. Mi espacio visual fue, durante largo tiempo, un eje. No hileras de convoyes, rectángulos pequeños. Troles impulsados por cables movidos por descargas. Mi embalaje, mi punto de observación. Cables curvos como el horizonte de la tierra, líneas que desembocarían en lenguajes extraños: trabalenguas, disparates, marañas arrojadas por la boca. Me recuerdo frente a la ventana hostigado por la vista de los cables. Con un gesto suicida, arrojando por la boca. Recuerdo hebras de mi garganta seguidas por cables conectados a fragosidades: había una madre godable, pericotable y tantarantable que tenía un hijo godijo. Me he sentado hoy a la orilla, a la orla para describir esta mentira: hay cables con rótulos, con proclamas no pude, no resistí. Sábanas negras con palabras difíciles para esos años. Con gis blanco: aramida, butilo, polivinil, gradiente. Hay cables aislados que cuelgan sin descarga, como un doble asesinato. Entretejidos alambres con zapatos de correa. Cables seccionados por tenis, botitas de vecinos que colgaron sus agujetas. Cables mausoleo. Pudridero de cables con añicos. Lianas que provocan polilla, ocelo, saquitos de avispa. Los cables de mi observación son los cables del rojizo mundo de estampa, postal violenta de una ciudad con dragones, estotra cosa artificial. Hules oscuros, membranas que llevan fugaz, guiños de beat por segundo. En la ciudad, en esta ciudad charreada, ocurren cables que uno lleva a su niñez: lombrices dilatadas por engrudo y plasma. La secuencia que al entrecerrar los ojos se torna en cables con pequeños seres caminando, balanceados apenas. Se puede matar con el mismo juego, llevando cables a los cuellos de las personas, despeinando sus cabezas con la estática. Sus aureolas atadas lentamente, suspendidas como un tendedero de apóstoles en cables. A saber mil novecientos ochenta y tres o uno nueve ochenta y seis, de C hacia D. Desatados cables desde mi embalaje, desde el puesto de observación, en maraña, ahí se precipita. De Degenerativa (2010) 38


PASAJE K (CIUDADES, PARAÍSOS EX PATRIA)

En aquel viaje de vida no hacíamos más que comer, beber, dormir toda la mañana, trabajar por las noches, dar algunos “paseos” más o menos breves, más o menos inconscientes (lo que algunos, la mayoría, calificarían de ocio desmedido, paraíso o aburrición, pero que en verdad contenía una carga fuerte, una sacudida de infierno, no por el sufrimiento, sino por la abulia, el tedio). Comíamos en los lugares más baratos, en la medida de lo posible lejos de casa. Intentábamos conocer aquella ciudad, cuando menos aquel barrio nuestro, pero por alguna razón no salíamos de la cama o salíamos poco, abatidos siempre por el calor o por alguna otra idea o circunstancia (el propio deber, el hecho absolutamente cargado de tener que conocer), dábamos vueltas y regresábamos al mismo punto, dábamos vueltas y seguíamos hasta la misma plaza, el mismo puesto junto al mismo café, el mismo bar. Es decir, tal como se hace en una verdadera ciudad de vida, con el mayor ensombrecimiento y la más grande de las penas: saberte atrapado en la inercia, no del flâneur, sino del habitante sin sentido, aquél que intenta construirse un hecho, una labor; apropiarse los muros, los basureros donde se entregan rutinariamente los desechos... Éste fue, durante largo tiempo, nuestro lugar, nuestro paraíso ex patria.

De Degenerativa (2010) 39


VARIACIÓN A EL ORIGEN DE THOMAS BERNHARD

QUIEN SE HA CRIADO EN ESA CIUDAD, SEGÚN LOS DESEOS DE QUIENES TENÍAN SOBRE ÉL LA PATRIA POTESTAD PERO EN CONTRA DE SU PROPIA VOLUNTAD Y, DESDE SU MÁS TEMPRANA INFANCIA, CON LA MAYOR PREDISPOSICIÓN SENTIMENTAL E INTELECTUAL A FAVOR DE ESA CIUDAD, HA ESTADO ENCERRADO POR UNA PARTE EN EL PROCESO ESPECTACULAR DE LA CELEBRIDAD MUNDIAL DE ESA CIUDAD COMO EN UNA PERVERSA MÁQUINA DE BELLEZA EN TANTO QUE MÁQUINA DE FALSEDAD, PRODUCTORA DE ORO Y OROPEL Y, POR OTRA PARTE, CON LA FALTA DE MEDIOS Y DE AYUDA DE SU INFANCIA Y JUVENTUD, POR TODAS PARTES DESAMPARADAS, COMO EN UNA FORTALEZA DE MIEDO Y DE HORROR, CONDENADO A ESA CIUDAD COMO LA CIUDAD EN QUE DESARROLLARÍA SU CARÁCTER Y SU ESPÍRITU, TIENE DE ESA CIUDAD Y DE LAS CONDICIONES DE EXISTENCIA EN ESA CIUDAD UN RECUERDO, PARA NO EXPRESARLO EN FORMA DEMASIADO GROSERA NI DEMASIADO FRÍVOLA, MÁS BIEN TRISTE Y MÁS BIEN OSCURECEDOR DE SU PRIMERÍSIMO Y PRIMER DESARROLLO, PERO EN CUALQUIER CASO FUNESTO, CADA VEZ MÁS DECISIVO PARA TODA SU EXISTENCIA Y HORRIBLE, Y NINGÚN OTRO.

Nos alejábamos apenas, no por lo infranqueable o por la furia de los límites de aquella fortaleza, sino por nuestro propio carácter oscurecido, desde el primer momento condenado al miedo y al horror del miedo, que nos mantenía lejos de nuestro impulso y pensamiento. Algo que pudo ser heroico y que, por razones ajenas a nuestra naturaleza, había quedado subyugado, aterido, desde nuestro primer desarrollo. La ciudad-fortaleza era entonces un centro de corrección y tachadura, en donde quisimos ver —insistencia— una ciudad más vasta y colorida, que se extendía lejos de aquellos límites de nuestra imaginación constreñida. Una ciudad, ya lo veríamos, perversamente receptiva, que lesionaba por la espalda a la misma gente que había acogido. Una ciudad, una máquina de 40


falsedad, arrodillada, arrebatándose las figuras de sus libertadores, crucificándose, apedreándose. Una ciudad, una máquina de la belleza, que aprendimos a amar desde la más temprana infancia, como pequeños dioses omnipotentes, cautivados, con el recuerdo siempre funesto de un origen triste y despavorido. De Degenerativa (2010)

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Tania Favela Bustillo

(Ciudad de México, 1970), publicó el libro de poemas Materia del camino (Compañía, 2006), la traducción del libro En la tierra de Robert Creeley (Textofilia, 2008), el libro de poemas Pequeños resquicios (Textofilia, 2013) y la antología de poesía El desierto nunca se acaba de José Watanabe (Textofilia, 2013). Del 2000 al 2011 formó parte del Consejo Editorial de la revista El poeta y su trabajo dirigida por el poeta argentino Hugo Gola.

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…Mientras las oropéndolas hacen su reclamo en los tupidos bosques. Las aguas del río, acrecentadas por las lluvias de verano se desbordan velozmente… Wei Ying-Wu Allá río abajo aquí (adentro) otro río desciende otros ríos profundos y rápidos descienden (choque de piedras)

ni el miedo ni el coraje nos salvarán

(piensas) cómo se llama aquel pájaro de alas amarillas y cola amarilla oropéndola marinero oropéndola el canto allá (afuera) amarillo navega y (adentro) punza la voz como mordida de hormiga punza y se expande por la espalda por los ríos que descienden furiosos mariposas revoloteando (chocando como piedras) encendiendo de color al río (gritan) canta la oropéndola navegando el aire …y si el río se seca (y si el corazón se achica) si el agua se estanca (digo) (dice) la oropéndola canta y su canto se alza ¡no se vaya a secar este río! ¡no se vaya a morir este oro! no se vaya a estancar este corazón que se atora en todas las esquinas (grita) navegando ni el miedo ni el coraje nos salvarán (choque de piedras) mariposas revoloteando adentro ríos profundos descienden

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a Carlos Bustillo cazahuate ni este invierno ni el próximo florecerás te talaron en marzo de noche manos silenciosas en marzo la muerte andaba suelta lo sé porque mi tío murió y también tú y tus flores blancas y la música que lo acompañaba día y noche dejaron de existir en marzo murió también el elefante gris el zoológico quedó vacío y la calle y la casa te lo digo a ti cazahuate que ya no estás en marzo la muerte andaba suelta yo fui testigo

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“Tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero” (dijo Moses) Robert Moses y abrió con hacha en mano la autopista del Bronx millares de automóviles a toda velocidad cruzando el Bronx millares de automóviles pisando el acelerador hacia Long Island New Jersey y a todos los puntos del sur millares de automóviles a toda prisa zigzagueantes a toda velocidad cruzando la autopista millares de automóviles veloces millares de millares de ruedas rodando hacia el sur millares de motores baterías radiadores alternadores distribuidores millares de amortiguadores de frenos de suspensiones de bujías millares de escapes tambores parrillas ventanillas puertas millares de cajuelas llenas repletas millares de techos parabrisas parachoques matrículas rodando a toda velocidad tienes que abrirte paso tienes que abrirte paso (dijo) y abrió la ciudad de lado a lado machacando perforando cortando desgarrando como buen carnicero de lado a lado casas (que se interponen) (dijo Moses) gente (que se interpone) (dijo) tienes que abrirte camino eso es todo aplanando aplastando abrirte camino como buen carnicero miles de autopistas en todas las grandes ciudades

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miles de hachas atravesando el mundo buenos carniceros abriéndose camino hacia caminos impensables a través de barrios y barrios (que se interponen) casas y casas (que se interponen) gente (que se interpone) eso es todo todo entra en la estadística del buen carnicero todo entra en los números del buen carnicero todo entra en los planos del buen carnicero en la geometría en los esquemas índices volúmenes costos del buen carnicero la tierra es un pedazo de carne la tierra (piensa con ternura)

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hay que atravesarla


Foto Pascual Borzelli

Maricela Guerrero Reyes (Ciudad de México,

1977), trabaja en una agencia de colaboración contra los zombis-vampiros en Archivo Cacique mientras compone poemas y otras sustancias activas. Le han publicado libros de poesía Desde las ramas una guacamaya, (Bonobos-CONACULTAFONCA, Toluca, 2006); Se llaman nebulosas, (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010, Conaculta, México, 2010); Peceras, (Filo de caballos, México, 2013) y muy recientemente De lo perdido, lo hallado, (CONACULTA-FONCA, 2015). Ha participado en diversos festivales y encuentros de poesía: Rosario, Argentina, octubre de 2012; Festival Café Bagdad, Estocolmo, Upsala, y Gotland, Suecia, septiembre de 2012; Festival de Letras, San Luis Potosí, México, 2012; Festival Latinale, Berlín y Renania, Alemania 2011, entre otros. 47


E N R O J E C E R Resumen histórico de la erosión: Este tipo de desgaste comenzó a ser un problema hace mucho tiempo, pero la erosión como tal, sólo se comenzó a estudiar con seriedad en los dos últimos siglos. Partículas duras chocando contra una superficie han sido un problema serio y constante para muchas industrias. Aunque por otro lado, se tienen algunas aplicaciones importantes que utilizan el proceso erosivo, como por ejemplo, durante el pulido de piezas con un chorro de arena. El peligro está en el rojo. ¿Conoce usted a las colonias de cangrejos que realizan grandes migraciones para llegar al ancho mar? Millones de cangrejos felices que al llegar al mar bailan y bajo un cielo infinitamente azul y feliz chocan sus pinzas y alardean. Acaban de nacer, son breves y rojos, crepitan parece y los depredadores acechan. Hay peligro en esas aguas en esas migraciones, pero se ven tan felices de haber tocado por primera vez el gran charco, mire parece que bailan así: iui iui iui iui iui iui iui iui y saltan mucho Crepitan Crepitar debería ser un verbo feliz, aunque uno nunca sabe. Si supiera, claro que a todos nos gustaría saber; sí, cómo no. Aunque en realidad, ¿qué es lo que sabríamos? Sabríamos que las cosas como las imaginamos o las pensamos son distintas, diversas; que no importa lo que hagas, que hagas lo que hagas tienes que aprender a caer como los gatos, evitar las fricciones, evitar el desgaste de los nódulos, evitar lo sombrío, Y que a veces, andar por la sombrita es una forma de guarecerse y crepitar.

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F R I CC I Ó N E N T R E L A S S U P E R F I C I E S Cuando dos superficies entran en contacto y una de ellas se pone en movimiento existe una fuerza que se opone, dicha fuerza recibe el nombre de fricción y es la causa de que se produzca calor cuando se frota una superficie contra otra. Desperté sobre una plancha, millones de mariposas blancas aleteando alrededor de mi cuello: como una nube de arroz sobre un novio en negro y una novia en blanco en las escalinatas de una catedral. Afuera el ruido blanco de un televisor sin señal: estática. Desperté sobre una plancha, estática, como una ecuación con dos incógnitas. Lo que no conozco, lo que no intuyo es cómo atajar este problema. ¿Tú crees que el mobiliario de los parques sobreviva a los planes sexenales y a las promesas de campaña? ¿Tú crees que la vida tal y como la conocemos siga un plan cósmico? Hubo una vez un parque con una resbaladilla gigante: una mole de concreto porcelanizada, lisa y brillante. Dice el ingeniero que habrá que plantearse un problema. Plantearse un problema es una forma de entrar en movimiento. Los ingenieros se plantean problemas y sonríen. Hay problemas con soluciones y problemas sin soluciones: problemas redondos y alegres que rebosan: se deslizan en las conversaciones de los que menos tienen, se esparcen esporádicos, 49


¿cuántas formas posibles de fecundación habrá en el plan cósmico?

Un problema puede ser el desgaste de los materiales,

otro problema puede ser, cuánto dura una ficción al ponerse en contacto con una realidad posible e imposible al mismo tiempo: como cuando tu mano izquierda no sabe lo que hace tu mano derecha y al revés: el revés es una hermosa y blanca ficción. ¿Puede la vida sobrevivir en una luna donde llueve metano y otros gases? Como en los chistes puede que haya ficciones blancas y ficciones coloridas o coloradas. Más vale una vez colorada que cien descoloridas, eso mi abuela decía y parecía una ley de la física, una verdad científica probada por ingenieros y mentes brillantes. Otro problema podría plantearse así: dígame usted, señor, señora, señorita ¿cuánto calor produce la fricción entre dos superficies conocidas o desconocidas? Si el movimiento produce fricción y la fricción calor, ¿Por qué estoy tan fría? Pensó y pensó mientras mariposas blancas aleteaban alrededor de su cuello. Otro y otro y otro y la anémona se quedó pensando en los miles y millones de problemas que podría plantearse y cada problema era una mariposa blanca aleteando alrededor del cuello de una ballena blanca y hambrienta varada en una plancha de disección. Las bacterias que pueden sobrevivir en charcos de ácido a veces son las que menos tienen. La vida en una luna de Saturno es rara como los organismos que respiran nitrógeno e hidrocarburos y excretan metano. 50


El plan sexenal impulsará traer hidrocarburos de charcos lejanísimos y bacterias para los que menos tienen. La vida como la conocemos es una fricción infinita de fuerzas que se caen bien y de fuerzas que se repelen: de fuerzas que danzan y de fuerzas que se paralizan sobre planchas de disección infinitas. Ahora no sé si las bajas temperaturas, si las mariposas serán un problema con solución.

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LATIN AMERICAN and CARIBBEAN STUDIES at Indiana University

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Yoshua Okón & Santiago Sierra El excusado, installation view. Zona Maco, Ciudad de México, México, 2016.

Entrevista a Yoshua Okón

por Mariana David con motivo de El excusado, su reciente colaboración con Santiago Sierra presentada en la décimo tercera edición de la Feria Zona Maco en la Ciudad de México del 3 al 7 de febrero de 2016. 53


Pecunia non olet o el dinero no huele

L

a frase Pecunia non olet proviene del impuesto que el emperador Vespasiano designó a la orina, altamente apreciada en la Antigua Roma por los curtidores y lavanderos debido a su alto contenido en amoniaco. Al preguntarle como era capaz de sacar dinero de las letrinas el emperador dio a oler una moneda de oro y preguntó “¿Es molesto su olor?”. La respuesta negativa dio paso a su afirmación “Y sin embargo procede de la orina.” Es así como dicha consigna se utiliza para referirse a que la procedencia del dinero no está relacionada con su valor. Mientras se produzca un beneficio económico no importan las implicaciones sociales o ambientales. En un contexto global donde el capitalismo de consumo y la lógica del beneficio -político y económico- imponen un crecimiento urbano deshumanizado y catastrófico en términos ecológicos, es necesario replantear el frágil equilibrio que ha sido roto por las tendencias de crecimiento y desarrollo. El Museo Soumaya de la Ciudad de México representa la acumulación de capital financiero ligado a la construcción y especulación inmobiliaria, ubicado en un enclave de reciente gentrificación donde se han erigido museos de arte. El edificio es famoso por su vistoso diseño, con una estructura asimétrica recubierta con más de 16,000 placas de aluminio hexagonales donde la única abertura visible es la puerta de entrada. Los paneles que lo conforman no se apoyan en el suelo ni se tocan entre sí, por lo que dan la impresión de flotar alrededor del edificio. Los artistas Yoshua Okón (México, 1970) y Santiago Sierra (Madrid, 1966) lo retoman como símbolo de este poder depredador transformando el diseño del polémico edificio en una pieza escultórica que funciona como un retrete. Tanto Sierra como Okón son ya reconocidos por su trayectoria dentro y fuera de México, sus obras forman parte de colecciones internacionales y 54


ambos han sido figuras clave en la escena artística local. Okón es uno de los fundadores de SOMA, plataforma que fomenta el intercambio cultural y la enseñanza en las artes. Por su parte, Sierra ha producido esculturas minimalistas de excremento humano obtenido de la India, entre muchas obras que resultan polémicas o incómodas para muchos. Mediante su trabajo, ambos pretenden confrontar al público con las relaciones de poder implícitas en nuestra sociedad, aquellas que el sistema del arte prefiere obviar u ocultar, como los modos de producción detrás de las obras de arte.

M.D: En El derecho a la ciudad, Henri Lefebvre afirma que “la industrialización conduce al colapso de la ciudad tradicional, imponiéndole una lógica del beneficio y la productividad que destruye todas las formas de creatividad y espontaneidad atacando la propia cotidianidad, que queda así alienada y marcada por la desintegración de la vida social y la destrucción de la vida mental”. Sé que coincides con él en que la ciudad debe ser una obra colectiva y no un producto. ¿Qué pasó con los proyectos utópicos de transformación de la sociedad donde los artistas se reconocían primero como ciudadanos? Y.O: En efecto, no podría coincidir más con Lefebvre. Y pienso que desde hace por lo menos un par de décadas, cuando ocurre la explosión del mercado del arte, la industrialización que se describe en tu pregunta ha ya también penetrado gran parte del mundo del arte. A partir de algunas vanguardias de principios del siglo XX, hubo un gran cambio de paradigma en el arte. Una de las características principales de este nuevo paradigma fue que el discurso del artista, o del colectivo de artistas, se coloca en el centro. Es decir, los artistas se entienden como agentes libres e independientes con una visión de transformación de su entorno y no como eslabones dentro de una cadena de producción. Este punto es fundamental. En 2002, siendo su alumno, Paul McCarthy en una ocasión me dijo: “Los sesentas y los setentas fue la era de los artistas, los ochentas y los noventas la era de los curadores y 55


“lo que se critica con El excusado no es la idea de mercado en sí, sino más bien un modelo de mercado y de economía muy específicos: el modelo corporativo neoliberal, que pone el lucro por encima de consideraciones humanistas, culturales, ambientales, etc…”

Yoshua Okón, Octopus, installation view Hammer Museum, LA, 2011

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ahora vivimos en la era de los coleccionistas”. Esto se me quedó muy grabado ya que básicamente lo que Paul estaba sugiriendo es que los empresarios se han adueñado de nuestro mundo y que por lo tanto el arte ahora opera con una lógica de industria y que por lo tanto estamos perdiendo una valiosa tradición. La lógica de la cultura del consumo ha ya penetrado el mundo del arte hasta sus entrañas y que los parámetros están siendo mucho más determinados por los coleccionistas (empresarios) que por los mismos artistas, cuando debería ser al revés. Esto significa una gran derrota para el arte y para la sociedad. En otra ocasión una galerista de Milán me dijo que debería de aprender de Takashi Murakami, quien ya operaba como empresario. Recuerdo haber contestado que la finalidad de un empresario es lucrar y que ésa no es la razón por la que decidí ser artista. Es importante como artistas no perder de vista la importancia de conservar nuestra agencia y, aunque esto sea cada vez más difícil, creo que la plataforma del arte todavía otorga esta posibilidad. Pero como bien sugieres en tu pregunta, desafortunadamente pocos son los artistas que hoy en día se entienden como agentes libres. Desde hace tiempo Santiago Sierra y tú tenían en mente hacer una colaboración que recientemente se materializó con El excusado. Siendo el trabajo de ambos tan distinto -el tuyo asume un sentido del humor y cierto juego con la realidad mientras que la obra de Sierra se presenta en un tono de seriedad y sobriedad¿en donde encuentran los puntos en común? ¿Cómo se ha desarrollado este diálogo? Es cierto que hay diferencias entre mi obra y la de Santiago. El trabajo de Santiago suele tener un tono más solemne y yo utilizo más humor. También su obra tiende a ser más sintética que la mía. Pero también existen muchos paralelos en cuanto a ciertas estrategias, preocupaciones y contenidos. Por ejemplo, una estrategia similar es la incorporación de gente (no actores) que se representa a sí misma en situaciones performáticas donde el espectador de inmediato piensa en las negociaciones que hay detrás de la obra. Un ejemplo de esto es mi serie Oríllese a la 57


orilla en la que invité a policías a actuar en mi estudio frente a la

cámara. También creo que ambos venimos de una tradición de humanismo anarquista y de las vanguardias y pensadores que se desprenden de esta tradición. En nuestros contenidos hay muchos paralelos así es que el diálogo se enfocó en lo que sí tenemos en común. Además de que, aunque su obra no siempre lo refleje, Santiago tiene un gran sentido del humor. El edificio diseñado por Fernando Romero y construido por el multimillonario Carlos Slim que alberga la Colección Soumaya es apodado por los ciudadanos de distintas maneras, una de ellas es, “el excusado del diablo”. Sierra y tú retoman esta referencia popular para apropiarse de un símbolo del poder político y económico local en la era neoliberal. En la actualidad ¿donde reside el poder de lo simbólico en el arte para posibilitar algún cambio en el ámbito de lo social? Es importante no confundir al arte con el activismo. Como lo dices en tu pregunta, el poder del arte es simbólico y en este sentido su capacidad de cambio no es calculable ni cuantificable. Es decir, a diferencia del activismo que cuenta con agendas muy específicas y con estrategias puntuales de injerencia sobre diferentes aspectos en el mundo, el poder simbólico del arte tiene la capacidad de modificar la forma en la que percibimos el mundo e interpretamos la realidad. Y esto a su vez tiene el potencial de traducirse en cambios, ya que nuestra forma de percibir al mundo en gran medida lo va moldeando. Pero esto ocurre de forma indirecta, a largo plazo y muchas veces de maneras inesperadas.

Además de las referencias de El excusado a La fuente (1917) aquel mingitorio presentado como objeto encontrado y atribuido a Marcel Duchamp, me interesa el juego de palabras del excusado; al mismo tiempo retrete y aquel que ha sido exculpado, justificado, eximido. Así es, en México se utiliza la palabra excusado para referirse a un retrete. Pero el título también alude al estado de excepción con el que cuentan las corporaciones, al hecho de que en la mayoría de los casos éstas se rigen bajo sus propios parámetros, más allá de 58


la legalidad y la ética. En el pasado trabajamos juntos en tu proyecto Risas enlatadas, realizado en Ciudad Juárez, donde creaste una maquiladora ficticia de risas enlatadas para su exportación a EE. UU. En aquel entonces discutíamos mucho sobre la responsabilidad del Estado en la violencia sistémica que la globalización y el capitalismo de consumo han impuesto en todo el mundo. Tú argumentabas que el Estado ha dejado de existir y que habría que reconocer la nueva configuración del poder hegemónico más allá de él. ¿Cuál es entonces el papel y la responsabilidad de aquello que se llama Estado dentro de esta administración y legitimación del poder? Vivimos en un mundo en el que las corporaciones transnacionales han acumulado más poder que los estados. Este nuevo des-orden mundial ignora fronteras ya que opera de manera transnacional. Entonces la pregunta central, la más urgente, es, ¿de que forma podemos regular y poner límites a las corporaciones? Éstas sobre explotan a seres humanos, animales, medio ambiente y recursos ya que su único parámetro es la acumulación. Están depredando nuestro mundo, generando pobreza y parece que nadie les puede poner un límite. Son también la causa del debilitamiento de las instituciones, para así evitar cualquier tipo de regulación. Y con instituciones débiles el mundo se vuelve vulnerable al crimen organizado y la violencia. Desde mi perspectiva, son la raíz de la gran crisis que estamos viviendo. Para estas alturas ha quedado ya muy claro que el modelo de estado nación no puede hacer frente a las corporaciones. Pienso que este modelo es ya obsoleto y estorba más de lo que ayuda. Necesitamos inventar otros modelos. Creo que si se pudiera lograr poner límites a las corporaciones esto tendrá que ocurrir a nivel global. Es decir, tendríamos que empezar a ver el planeta como un solo organismo, a pensar en nosotros como habitantes del planeta y no como habitantes de países con fronteras. Y empezar a ser más conscientes de nuestras interdependencias dentro de las ecologías sociales y ambientales para, a partir de eso, crear instituciones globales que regulen y pongan límites sustentables 59


a los grandes depredadores corporativos. Esto no querría decir que tengan que desaparecer las diferencias culturales y la diversidad (históricamente la invención del Estado Nación es muy reciente y en todo caso este modelo ha afectado a la diversidad cultural). Pero si querría decir que tendrían que desaparecer los estados y las fronteras. Durante el proceso de producción de la obra El excusado, ¿que problemas enfrentaron? ¿Qué controversias generó esta pieza en la Feria MACO además de obtener una visibilidad mediática? Un par de productores, que en un principio parecían muy interesados, se echaron para atrás de última hora. Mi impresión es que fue una especie de autocensura por miedo a meterse en problemas, pero no estoy seguro. En su presentación, la pieza tuvo el efecto deseado ya que fue una obra pensada para volverse viral, y así ocurrió. Creo que en términos generales la pieza fue leída de manera muy directa, pero una de las pequeñas controversias que surgió fue en torno a que algunas personas se centraron en la supuesta contradicción de que se critique a un multibillonario en un contexto de mercado. Además de ser ésta una crítica bastante hueca, ya que la idea de criticar “desde afuera” es una imposibilidad (en la última respuesta explico con más detalle por qué), esta lectura desvía la atención con respecto al contenido central de la pieza. Es decir, creo que es una manera de evadir lo que se está poniendo sobre la mesa, ya que lo que se critica con El excusado no es la idea de mercado en sí, sino más bien un modelo de mercado y de economía muy específicos: el modelo corporativo neoliberal, que pone el lucro por encima de consideraciones humanistas, culturales, ambientales, etc… El primer día de la Feria MACO el público podía ver a los trabajadores terminando El excusado. Este es un recurso común en la obra de Sierra, quien insiste en mostrar la mano de obra y dejar evidentes los trazos del trabajo. ¿Cuáles son las implicaciones de haber presentado el proceso de factura de la pieza? ¿Cuál fue la reacción del público acostumbrado a asistir a una feria donde todo está terminado y listo para vender? 60


Tanto en el trabajo de Santiago como en el mío, los miembros del público se entienden como sujetos activos que siempre están implicados. En este sentido, los mecanismos que hay detrás de la producción quedan al desnudo ya que las obras se diseñan de tal manera que el público no solo se pregunte sobre la relación de los artistas con el proceso de producción (el detrás de las cámaras), sino que también se pregunten sobre su propia relación y conexión con lo que están mirando, con lo que los rodea. Esto es algo difícil de lograr en una feria de arte, ya que el formato expositivo en sí mismo esta diseñado para el consumo pasivo y tiende a descontextualizar las obras, pero creo que con El excusado hemos logrado darle la vuelta a dicho contexto.

Yoshua Okón, Oracle, photograph 2 x 1.30 m, 2015

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Yoshua Okón, Octopus, video still, 2011.

Has sido un actor muy importante en el desarrollo del arte en México desde la década de los noventa, cuando abriste y mantuviste el espacio independiente La Panadería. Mucho ha cambiado desde entonces; el arte producido en el país ha entrado de lleno en el circuito internacional y en el mercado, quizás beneficiando a grupos selectos. Los museos y las galerías comerciales dejaron de ser conservadoras incluyendo la crítica institucional a sus agendas; se han multiplicado los espacios y plataformas para artistas como también se ha incrementado considerablemente el flujo de extranjeros a la Ciudad de México. ¿Qué ha ocasionado esto? ¿Cómo percibes el contexto artístico en México hoy en día? ¿Qué sobra y qué falta?

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La escena del arte en la Ciudad de México pasa por un muy buen momento. Es muy compleja. Pero éste es un fenómeno bastante reciente. En términos muy generales, en los noventa existían muchos espacios de artistas y había un fuerte énfasis en el discurso. Pero las instituciones eran muy cerradas y disfuncionales y el mercado muy precario. Después, en la década del 2000, llega la explosión del mercado y la globalización del mundo del arte. En ésta cierran los espacios independientes, las instituciones se abren y profesionalizan y el mercado adquiere un peso desproporcionado que resultó bastante dañino a nivel de discurso, ya que el énfasis estuvo sobe todo en el espectáculo. A partir del 2010 vuelven a empezar a abrir espacios independientes de artistas al igual que espacios y publicaciones para la crítica, con un fuerte énfasis en el discurso. Pero a la vez tanto el mercado como las instituciones se mantienen fuertes. Esto ha generado un buen balance y una gran diversidad y complejidad, una bonanza cultural que quizás sólo tenga precedente en la década de los cincuenta. Vamos a ver cuanto dura. En referencia a la Feria MACO se leía en la prensa local que los museos definen el mercado. ¿Qué opinas de que el arte gravite cada vez más alrededor de éste? ¿Donde quedan los discursos críticos o es posible ser crítico dentro de este sistema? Definitivamente pienso que la explosión del mercado del arte que ocurrió hace unos 15 años, y la enorme industria que esto generó, han tenido mucho que ver con la banalización del arte y la complicidad de éste con el poder. Pero hay que tener mucho cuidado con no satanizar al mercado ya que el mercado en sí mismo no es el problema, sino más bien el modelo neoliberal de mercado que predomina, el cual impone al lucro como la única medida, como si éste fuera un fin en sí mismo. Sin embargo, los intereses de mercado pueden coexistir con intereses culturales y sociales. Existen empresarios y galeristas responsables. Es por eso que es importante preguntar ¿cuales son las reglas del juego del mercado del arte y de que forma se pueden poner límites y regulaciones para que los intereses comerciales no pasen por encima de los intereses estéticos, críticos y discursivos?, ¿de que manera se evita comprometer la agenda de los artistas en un 63


contexto de mercado? Como ya lo dijo Foucault hace décadas, el afuera no existe, todos formamos pare del sistema y sólo podemos trabajar desde adentro. Así es que la pregunta no es si debemos participar o no en el sistema, sino más bien ¿de que forma participamos en el? El reto para los artistas entonces es encontrar la manera de participar en el mercado, y así sostener sus prácticas, su economía y obtener visibilidad, sin comprometer su posición y sus ideas. Es un balance muy complicado pero creo que se puede lograr. Afortunadamente en el mundo del arte no todo opera desde una lógica empresarial y de lucro, hay muchos más intereses y agendas que coexisten con el mercado y que dan espacio a distintos tipos de dinámicas. Como lo describí en la pregunta anterior, éste es un mundo diverso y complejo.

Yoshua Okón, Freedom Fries, video still, 2014.

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Yoshua Okón, The Indian Project, video still, 2015.

Yoshua Okón (Ciudad de México,

1970) experimenta con elementos cuasi-sociales mediante la mezcla de situaciones actuadas, documentación e improvisación —ejecutados ante una cámara— con el fin de cuestionar las percepciones habituales de la realidad y la verdad, la individualidad y la moralidad. En 2002 obtiene su máster en Bellas Artes en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) con el apoyo de una beca Fulbright. Entre sus exhibiciones individuales se encuentran: Salò Island, UC Irvine, Irvine; Piovra, Kaufmann Repetto, Milán; Poulpe, Mor Charpentier, París; Octopus, Cornerhouse, Manchester y Hammer Museum, Los Ángeles y SUBTITLE, Kunsthalle, Múnich, entre otras. 65


Victoria Guerrero Peirano

Poetry

Poesía

P

oet, educator, and researcher, holds a PhD in Literature from Boston University. She has been a guest at the World Village Festival in Helsinki, the Bogotá Book Fair, the Parnassus Festival in London, and Berlin Latinale, among other cultural events. Among her publications are the poetry compilation Documentos de Barbarie (Poetry 2002-2012) (Lima, 2013) which includes her previously published books El mar ese oscuro povernir, Ya nadie incendia el mundo, Berlin, and Cuadernos de quimioterapia, Zurita + Guerrero (Guayaquil, 2014) with Chilean poet Raúl Zurita, and Un golpe de dados (novelita sentimental pequeño burguesa) (Cusco, 2015 and Tijuana, 2014). Her works have appeared in various anthologies and have been translated to German, English, French, Portuguese, and Finnish. She currently teaches at Pontificia Universidad Católica del Perú in Lima. 66


Translators/ Traductores * Time to Come /Porvenir

Sarli E. Mercado

* A Letter/ Una carta

* Another Letter (to the Kind Butcher)/ Otra carta (al amable

carnicero

*Celebration/ Celebraci贸n

* Today I Fly in Airplanes/ Hoy d铆a viajo en los aviones

Toshiya Kamei

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TIME TO COME I have traveled all night toward a country whose tongue is unknown to me and deep wounds have been torn open in my mother’s breast i am bitter, contrite—I pray in the pavilion of the damned while winter envelops me husband look god’s dark age has opened before my eyes i’ve put salt under my eyelids because the light of the future blinded me the blood that fell from my eyes has shattered the winter i tasted it with the edge of my tongue and trembled as I felt my own burning as in other times the burning of the word that splintered on our lips my love sink your tortuous fingers in my eyes of wax lean my bloodied face under the tongue of a thirsty animal shatter, you as well, the winter since on my body many traces I have left of this unbounded pain

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Porvenir he viajado toda la noche hacia un país cuya lengua desconozco y se han abierto profundas heridas en el seno de mi madre estoy amargada contrita rezo en el pabellón de los condenados mientras el invierno me envuelve esposo mira la oscura edad de dios se ha abierto ante mis ojos he puesto sal en mis párpados porque la luz del futuro me cegaba la sangre que ha caído de mis ojos ha quebrado el invierno la he saboreado con el filo de mi lengua y he temblado al sentir mi propio ardor como en otro tiempo el ardor de la palabra que se astillaba en nuestros labios amor mío hunde tus dedos torcidos en mis ojos de cera recuesta mi rostro ensangrentado bajo la lengua de un animal sediento quiebra tu también el invierno pues sobre mi cuerpo he dejado hartas huellas de este inmenso dolor

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A Letter Dear husband, before you arrived I saw small animals peek out from the bushes. You have no idea how much I loved to feed them while I waited for you. On afternoons I took the train to the nearest lake. All the children trampled dry leaves when school let out. Throngs of children wait to plunge their boots into the winter snow. I made the trip every afternoon just to listen to the leaves rustle under their dusty boots. Then I saw you walking in the distance, along the streets where a foamy wave seeps through the dreams. All night I felt you breathe down my neck and your body tense as you rode the waves. Your image appeared and then disappeared. The water flung salt and sand over your boiling piss. I didn’t know how to take hold of you. I took many photos of you and me so that I could recognize you when I opened the door. But I forgot the image is ephemeral and threw a stone into the lake and went crazy when I saw my other faces. I had spent too many afternoons there. So I could only recognize you by the suffocation you bring from the other side.

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Una carta Querido esposo, antes de que vinieras he visto surgir pequeños animales entre los arbustos. No has visto con qué amor los he alimentado esperando tu llegada. Por las tardes he tomado el tren para llegar al lago más cercano. Todos los niños pisoteaban las hojas secas del bosque al salir de la escuela. Hay caravanas de niños que esperan hundir sus botas bajo la nieve del invierno. Yo he viajado todas las tardes solo para oír el crujido de las hojas bajo sus botines polvorientos. Luego te he visto caminando allá lejos, por las calles donde una ola espumosa atraviesa los sueños. Toda la noche he sentido tu asfixia y la tensión de tu cuerpo cabalgando sobre las olas. Pronto tu imagen aparecía como desaparecía. Las aguas arrojaron sal y arena sobre tu orina hirviente. Yo no sabía cómo asirte. Entonces hice muchas fotos tuyas y mías para que al abrirte la puerta pudiese reconocerte, pero olvidé que la imagen es efímera y tiré una piedra al lago y me volví loca al ver mis otros rostros. Había pasado demasiadas tardes allí. Así que sólo pude reconocerte por la ansiosa asfixia que traes del otro lado.

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otra carta (al amable carnicero) El olor de la carne descompuesta me atrajo hacia el mercado. Caminé bajo el condenado sol que no desaparece nunca. El amable carnicero permanecía al fondo. Su habitación quemaba como una antorcha iluminando un cuerpo. Yo lo vi venir desde lo hondo. En la esquina filosa brillaba el puñal en lo oscuro. El puñal era guía entre sus manos sudorosas y ensangrentadas. Cogió un cuerpo y lo horadó hasta el fondo. Yo permanecí sentada bajo el fuego del sol. Afuera todos cuidaban las jugosas frutas de las manos extrañas. De su boca salía un lenguaje que no podía comprender exactamente. Hasta que una mañana pude entender lo que ellos decían: no comas ni bebas de nuestra mercancía. Entonces añoré la casa del carnicero por su alma sangrante y me dirigí a ella como se dirige un niño hacia un río de agua pura. Tomé en mis manos extrañas aquel cuerpo desollado y lo metí en una bolsa transparente para que todos vieran la presa que iba dentro. Y la mostré como una prueba de amor.

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Another Letter (to the Kind Butcher) The aroma of rotting meat drew me toward the market. I walked under the wretched sun that never disappears. The kind butcher stayed in the back. His room burned like a torch lighting a carcass. I saw him coming to the front. In the sharp corner, the knife glowed in the dark. It guided him between his sweaty, bloody hands. He picked up a carcass and drilled a deep hole into it. I kept sitting under the fire of the sun. Outside everyone guarded juicy fruits against strange hands. They spat out words I couldn’t quite understand. One morning it dawned on me what they were saying—don’t eat or drink our merchandise. Then I longed for the butcher’s house for his bleeding soul. I hurried toward his house like a child running toward a river of pure water. I grabbed the skinned carcass with my strange hands and put it in a transparent bag so that everyone could see what was inside. And I showed it as a proof of love.

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Celebration

there is a body lying down next to a tree there is a black nail tearing the flesh with violence there is an animal licking a wound and thousands of flies buzzing around its eyes there is an abandoned horse head on a deserted beach there is dark urine that gets lost painfully there are mother of pearls fire and corals that fall upon a barren womb there is a dancer crying over the death of his best friend there are blood tears that fall down on thirsty lips there is rain again in the closet and a train that passes continuously over a demolished path there is a seven-month baby girl born today from her mother’s armpit de El mar, ese oscuro porvenir (Santo oficio, 2002) from The Sea, that Osbcure Future

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Celebración

hay un cuerpo tendido junto a un árbol hay una uña negra que rasga la carne con violencia hay un animal que lame una herida y miles de moscas que zumban alrededor de sus ojos hay una cabeza de caballo abandonada en una playa desierta hay una oscura orina que se pierde con dolor hay madreperlas fuego y corales que caen sobre un vientre estéril hay un danzante que llora la muerte de su mejor amigo hay lágrimas de sangre que caen sobre unos labios sedientos hay lluvia otra vez en el clóset y un tren que pasa una y otra vez sobre un sendero derruido hay una niña sietemesina que nace hoy de la axila de su madre

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Today I Fly in Airplanes and it doesn’t move me anymore that the only way to find myself in me is through them The panorama from here is touching if you start thinking about all the bombs that are exploding down there and the wild children who are shouting their innocence with no chastity Today this landscape is my heart and the future is only an adventure I travel without money my health is precarious but my spirit is strong like an explosion in the night Today I am a torch a great halo of fire and sobs I don’t lament my tears because they’re beautiful and they quench my infinite thirst The airplanes are luminous stars tonight Clumsy birds of multicolored lights I’d like the taking-off to be more daring like a smile that stares you in the eye without blinking Today is one of those voyages in which the body travels weighed down and the memories appear again and again to strike you in the face and you begin to fall asleep because nostalgia is huge and the images of you shimmer behind any cloud 76


And you fall asleep and the airplanes don’t exist; but rather only mothers who lull you in a night of high fires Buenos Aires, July 17, 2005

Hoy día viajo en los aviones y ya no me conmueve que la única forma de encontrarme en mí sea en ellos El panorama desde aquí es enternecedor si te pones a pensar en todas las bombas que explotan allí abajo y en los niños salvajes que gritan su inocencia sin pudor Hoy este paisaje es mi corazón y el porvenir es sólo una aventura Viajo sin dinero mi salud es precaria pero mi espíritu es fuerte como una explosión en la noche Hoy soy una antorcha un gran halo de fuego y llanto No lamento mis lágrimas porque son hermosas y sacian mi sed que es infinita Los aviones son estrellas luminosas esta noche Torpes pájaros de luces multicolores Quisiera que el despegue fuese más atrevido como una sonrisa que te mira a los ojos sin pestañear 77


Hoy es uno de esos viajes en que el cuerpo viaja hecho polvo y los recuerdos aparecen una y otra vez a golpearte el rostro y te vas quedando dormida porque la nostalgia es grande y las imรกgenes de ti centellean detrรกs de cualquier nube Y te duermes y los aviones no existen sino sรณlo madres que te arrullan en una noche de altos fuegos Buenos Aires, 17 de julio 2005

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Víctor Manuel Ramos

H

e is a bilingual writer and newspaper journalist and author of the novel La vida pasajera, which won the first literary award of the Academia Norteamericana de la Lengua Española (North American Academy of the Spanish Language) in 2010. He has also published the short story collection Morirsoñando: cuentos agridulces. His fiction has appeared in Popshot Magazine in London, England; VoCeS: Cuadernos de Literatura in Granada, Spain, and Cuadernos de ALDEEU in Miami Shores, Florida. He lives on Long Island, New York.

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Merry-go-round

W

hat wouldn’t Diego give to be that child again, to walk the streets of the old neighborhood, shoes sullied by a layer of dust, soles twisted over scattered stones, eyes looking at the horizon, where a distant mountain appeared to grow if he stepped back and to shrink if he walked toward it? Like that time his mother called him, air bursting with the syllables of his name, her cry saying: Where are you, boy, don’t you know you need to keep your clothes clean? Don’t you know we’re going out today? She walked out the door clad in one of those dresses of repeated geometric patterns that she wore when they went to the city, black lines on a shade of cyan, its seams held by a cloth string across the waist. She was clutching that little coin purse where she kept thin rolls of pesos smelling of people’s sweat. Diego followed her up the hill that afternoon. He studied the misshapen stones beneath them, some splintered in violent ways, and he glanced at the unpainted cinder blocks marking the edges of yards. The sky was a distant mix of faint blues and grays where light prevailed above all tints. The street walls had new layers of political graffiti with the grins of politicians who boasted slogans such as “If I Win, We All Win” and “United We Will Triumph,” and on that road they approached the incline that led to the public transportation route. They were going to the city fair advertised on morning radio for weeks, where Diego expected to see machine rides, exotic animals and threadbare old clowns. 80


They rode a crowded fare-car smelling of currency and walked by the edges of muddied roads where dragonflies in armors of green hues sampled puddles. Diego followed his mother toward the crowded entrance and from there to a booth, where she asked a mustachioed man behind the glass how much the tickets were. The man pointed to a sign taped on the transaction window, but she asked again. She looked in the distance as he spoke. She said to give her eight tickets and she handed her pesos to him. Those were days when Diego held on to his mother’s hand so they would not be separated in crowds. They made it to the animal pens, where they stood for a long time and looked at heavyset oxen pestered by flies. The animals eyed them back with shame. His mom told Diego to take it all in. She said that she only had tickets for a few rides. He had to try the bumper cars. The wait in line was much longer than the time it took Diego to choose an electric blue car, strap himself in and drive smack into another steered by a very fat girl moving away from him in the middle of the rink. Others crashed into them and, from thereon, they lurched from one bump to the next as time ticked away. He used another set of tickets for a second ride and, that time, he raced around the rink’s edges, evading collisions until the power was cut off. They walked looking at rides with names like “The Amazing Flying Chairs,” “The Hairy House of Terror,” “The Hall of Smoke and Mirrors” and “The Magical Ferris Wheel.” They eventually found an amusement that accepted the two tickets Diego had left. He waited in line with all the other kids. He climbed on an effeminate horse in lacquered wood, its sole trick consisting of sliding up and down a metal pole in no hurry. He held on to the horse’s ears. He pretended to gallop as it curved by some hedges. He emerged to the sight of adults waiting behind barricades. Up and down he went, round and round, and it was then that he noticed his mother, shrinking and growing like the mountain. 81


Lorena Ganser Maldonado Cover Artist 82


I am still learning and finding my voice as an artist.

Thus far, it is the actual process of making a piece, more so than medium or style, that allows me to convey my artistic vision. I tend to start with a mark, fix the “mess,� thereby letting each piece take its own organic and gestural form. Very rarely do I have a clear image or plan of how I want something to look. I rely, instead, mostly on intuitive abstraction and experimentation with marks and media. 83


d shape is between line an p hi ns tio la re really he T all of my work. I in e or pl ex to y tr e two in a something I ony between th rm ha e th ng di ways to enjoy fin taneously finding ason, ul m si le hi w n, that re compositio ue qualities. For iq un to r ei th te ua accent fortable medium m co t os m y m ably sive, charcoal is prob elf to fast, expres its s nd le l oa rc work with. Cha s. malleable stroke omposition, I was ec D k, or w ar ul ic of the In this part ral organic flow tu na e th t ec ure nn hoping to co contained struct r, ea lin l, ca pi ty e tween charcoal with th e correlation be th ho ec to k t. ar of a pen m the environmen d an e) ad m an trying to humanity (the m lance I found in ba e th is e ec pi oke The finish y hope is to prov M s. ct pe as o tw tricable negotiate the humanity’s inex on ct fle re to out it as er the view world, to think ab l ra tu na e th ith -pull, relationship w ate of push-and st a in ly nt ta ns gs. Ideally, one big mess, co and distinct thin te ra pa se o tw rather than rstand that, they de un to e m ca ly once people real ghtful of the consequences of thou would be more their actions. ore aware me more and m co be ly nt ce re sa I have a latina artist. A as le ro y m of ety, I feel a of the importance ed group in soci nt se re ep rr de fy the part of an un in order to magni e ic vo y m d ad currently working responsibility to am I . ity un m m o co ng that voice of the latin tity and expressi en id l ra ltu cu y m at will take on reinforcing ow what form th kn t n’ do I k. or in my artw to find out. but I am excited 84


Decomposition

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Librero Librero Librero

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Huaytán Martínez, Eduardo La voz, el viento y

la escritura. Representación y memoria en los primeros testimonios de mujeres en el Perú. Lima: Fondo Editorial de

la Universidad San Ignacio de Loyola, 2013.

La voz, el viento y la escritura. Representación y memoria en los primeros testimonios de mujeres en el Perú del investigador peruano Eduardo Huaytán Martínez,

puede ser leído como una extensión de los cambios en el concepto de canon literario (entendido actualmente como una construcción vinculada a mecanismos de poder y legitimación). Esto se debe a que su objeto de estudio es un género no canonizado en los estudios literarios peruanos (el testimonio), y privilegia el análisis de la construcción de la voz femenina en la tensa dinámica entre testo y gestor. Es decir, este libro constituye también una suerte de cuestionamiento a la investigación literaria: no solo comprende la importancia de la apertura disciplinaria, además permite entender la necesidad de acercar los estudios literarios a los procesos sociales.

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Un aspecto fundamental es la revisión que Huaytán Martínez realiza del debate latinoamericano –entre intelectuales radicados en Estados Unidos– sobre el testimonio: el autor confirma así sus aportes; pero también cuestiona la predilección por ciertas líneas teóricas o metodológicas, y el estudio de algunos pocos textos. Este planteamiento y la aplicación del enfoque de género le permiten afirmar que el testimonio constituye la mejor plataforma para la expresión y la representación de la mujer. Por esa razón, se considera que el género testimonial se impone sobre la narrativa indigenista, ya que permite la representación no solo del hombre andino, sino de otros sujetos subalternos, que constituyen una voz “real” mediada por el gestor y la institución letrada. Por último, el análisis textual en el libro revela que los testimonios de mujeres en la década de los setenta pueden ser clasificados en dos momentos: el primero incluye los testimonios de Agustina Huaquira Mamani (en Huillca: habla un campesino peruano, 1974) y Asunta Quispe Huamán (en Gregorio Condori Mamani. Autobiografía, 1977), y se caracteriza por la aparición de la voz femenina invisibilizada por la atención prestada a los testimonios de los esposos. El segundo momento representa la consolidación de esa voz e incluye los testimonios colectivos de Ser mujer en el Perú (1977) y

Cinturón de castidad. La mujer de clase media en el Perú

(1979).

Por otro lado, en el libro, es posible identificar planteamientos útiles para otras investigaciones. Por ejemplo: la idea que, en los setenta, la literatura fue desplazada por las ciencias sociales como el mejor medio para la representación profunda de la realidad peruana; por eso, se publican textos literarios en clave antropológica y textos antropológicos en clave literaria. Es decir, Huaytán Martínez entiende la literatura como un sistema autónomo, pero incluido en otros más generales; por lo tanto, solo puede ser comprendida cabalmente como función dentro de su entramado sociocultural. Por otro lado, en algunos 89


párrafos, se confunden dos actividades en los estudios literarios: la explicación y la valoración. Esto ocurre especialmente en una de las propuestas más polémicas del libro: el testimonio supera el discurso indigenista (probablemente, se debió usar términos con menor carga semántica: ‘desplazar’ en lugar de ‘superar’, por ejemplo). Sin embargo, se debe destacar que Huaytán Martínez nos recuerda así la importancia del género literario como objeto de estudio pertinente para entender el cambio histórico en la literatura. Es así que La voz, el viento y la escritura constituye no solo un importante aporte en el ámbito de la literatura y las ciencias sociales, también es una clara muestra de cómo la investigación académica puede colaborar en la construcción de una sociedad más equitativa. Daniel Carrillo Jara

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